AGLI Recortes de Prensa   Viernes 15  Diciembre 2017

Lo que nos hace parecer zombis
José Luis González Quirós vozpopuli.es 15 Diciembre 2017

Una de las reacciones más comunes ante el acusado cansancio general por los persistentes enredos del supremacismo catalán es la tentación de pasar página, una equivocación que admite muy diversas versiones, desde la de Rajoy, convocando elecciones inmediatas a ver si el asunto amaina, hasta la de Iceta, proponiendo el indulto a los sediciosos, porque aquí no ha pasado nada, sobre todo si Iceta fuese el beneficiado mayor del quilombo. Pero, por más que nos pueda molestar, no es un problema de otros, es inevitablemente nuestro.

Ganar la normalidad
Resulta descorazonador, en efecto, que los esfuerzos hechos por normalizar el conflicto territorial, el único que queda desgraciadamente vivo de los grandes problemas que desgarraron la convivencia española en los años treinta, hayan resultado tan baldíos como lo pone de manifiesto no solo el caso catalán, sino el general desbarajuste que está suponiendo el estado autonómico, esa recaída en los reinos de taifas que, por poner el último ejemplo, se permite el lujo de dilapidar un dinero que no tenemos para engrasar las ruedas del régimen andaluz con los cerca de mil millones de euros que se han descuidado en los ERE.

Tendríamos que hacer serios esfuerzos de reflexión y debate público para preguntarnos por las razones de semejante epidemia de disparates y dejar de pensar en que la culpa es siempre de “otros”, de los vascos o de los españoles, de los catalanes o de los andaluces, de quien haga falta, menos de uno mismo. Y no estaría de más que empecemos a considerar si esa clase de males no estará esencialmente unida a la forma en que se hace la política en España, una ausencia insana de debate, y una mezcla confusa de posiciones entre los supuestos rivales, que ha conducido rápidamente a una carencia absoluta de control sobre lo que en realidad se cuece por parte de los ciudadanos. Naturalmente, la culpa recae no solo en quienes engañan, sino muy especialmente, en quienes se dejan engañar, en quienes han renunciado a cualquier objetivo ideal a cambio de que no le toquen demasiado lo que más le interesa, una actitud que multiplica casi al infinito la tendencia a la supuesta dádiva de los políticos y, en definitiva, a que la deuda no deje de crecer, ya pagarán los que vengan.

Acostumbrados a gastar lo que no tenemos, hemos renunciado, de algún modo sin saberlo, a cualquier soberanía efectiva, preferimos seguir creyendo en fábulas absurdas, renunciando al sentido común, para confundir la normalidad con cualquier mentira que nos resulte grata.

Los privilegios primero
Hemos querido hacer una democracia, pero desde el principio hemos olvidado que la igualdad de derechos y obligaciones en asuntos básicos es una condición indispensable, y, en consecuencia, hemos puesto por delante los privilegios, personales y territoriales. Hemos consentido que los políticos tengan un régimen jurídico completamente aparte, los famosos aforamientos que solo Ciudadanos parece dispuesto a suprimir, y hemos tragado con que la democracia que articulan los partidos no tenga nada que ver con su régimen interno, de modo que Rajoy puede decir quién ha de ser su candidato a alcalde por Madrid, pero Junqueras también puede delegar su liderazgo en Marta Rovira. Así, hemos consentido que, con escasas excepciones, los partidos se conviertan en una suerte de oficinas de empleo en las que los empleados se lo deben todo a su líder, y nada a los ciudadanos. Con ese espíritu no es raro que los supremacistas catalanes hayan teorizado su derecho a decidir, el yo primero, una manera de afirmar que no se acepta ninguna clase de límites porque para eso se está en política, para hacer y deshacer sin dar cuenta a nadie del balance: basta con mentir lo necesario si alguien insinúa un mohín disconforme.

La soberanía es de los que mandan
Que los partidos viven casi enteramente para sí mismos lo confirma la promesa electoral de ERC, que sacarán a Junqueras de la cárcel (¿cómo?), dando por supuesto que el nivel de sometimiento de sus votantes es tal que subordinarán todos sus ideales e intereses a la milagrosa excarcelación del piadoso Oriol. El supremacismo de los separatistas no es nada muy distinto a la cultura política imperante en el resto de los partidos, es solo su versión más radical y eficaz, el partido convertido en el mismo pueblo en marcha, sin ninguna separación concebible entre gobernantes y gobernados. Lo peor de esa manera de ver las cosas es que supone la renuncia completa a la deliberación, que mata cualquier libertad y la somete al fanatismo.

No es muy distinto lo que hace y dice Iceta entre baile y baile, que prometa indultos si cree que le puede venir bien (tampoco podría darlos, pero eso se ha vuelto irrelevante), o la inaudita creencia de Rajoy en que su sola presencia en Cataluña podría atenuar los deletéreos efectos sobre el PP que han causado sus políticas, tratar de arreglar en cuatro días lo que ha destrozado en más de diez años. Es característico de los líderes que lleguen a considerarse seres sobrenaturales, auténticos taumaturgos, que pueden dar bandazos, contradecirse y cometer toda suerte de tropelías sin que nadie tenga el menor derecho a exigirles responsabilidades, basta que ellos crean que, como dijo Rajoy, no han hecho nada tan malo.

El delito de bandera
Particularismo y acción directa eran los dos síntomas de la enfermedad española que Ortega diagnosticó hace ya más de cien años. Muchas cosas han cambiado para bien desde entonces, pero todavía está vigente una confusión irracional entre lo que nos puede parecer deseable y nuestro derecho a imponerlo como fuere, esa absoluta falta de respeto que también aflora en el desparpajo de los partidos a la hora de saltarse la ley cuando les convenga. El mal llega a extremos de delirio en la actitud de esos salvajes que teorizan y practican la violencia, en el miserable espíritu de quienes no toleran a los demás que exhiban unas preferencias que no comparten. España debe ser el único país del mundo en el que un descerebrado se siente con derecho a golpear hasta la muerte a quien cometa el delito de exhibir nuestra bandera. Y tal vez eso, con ser monstruoso, no sea lo más grave, peor es que haya políticos que teoricen esa agresión como autodefensa, que la enmarquen en una supuesta lucha por el paraíso, que no se atrevan a reconocer que les siguen asesinos, y que algo debieran hacer para que eso deje de ser cierto. Más allá de cualquier tipismo que pudiera gustar a periodistas anglosajones, necesitamos que el respeto al discrepante y el sometimiento a la ley común se conviertan en religión, en cultura viva, y mientras no se logre, seguiremos pareciendo zombis, muertos que parecen vivos, pero no van a ninguna parte.

Les gusta
El desvarío rupturista no disuade a un sector social enfermo de agravio, envuelto en una burbuja emocional mitológica
Ignacio Camacho ABC 15 Diciembre 2017

Una amplia mayoría de catalanes, entre el 60 y el 70 por ciento según la media de las encuestas, piensa que la declaración de independencia fue una barbaridad o una chapuza que ha perjudicado la economía de Cataluña. Este último punto no admite discusión objetiva: ha aumentado el desempleo, descendido la recaudación comercial y turística, tres mil empresas se han ido y los bancos han perdido nueve mil millones en depósitos. Pero más de un 70 por ciento considera que ese quebranto no influirá sobre su voto, y casi la mitad se declara dispuesta a respaldar de nuevo a los partidos separatistas que han causado el destrozo. Cero propósito de enmienda; hay una sociedad enferma de agravio, envuelta en la burbuja emocional de un sueño mitológico. La mayoría rechaza la aplicación del 155 -es decir, la restauración de la legalidad- tras afirmar que los independentistas, en su fuga hacia ninguna parte, se volvieron locos. Se trata de un caso de patología social, un paradigma de desvarío obstinado y contradictorio que deberían estudiar los psicosociólogos.

Este voto visceral no es patrimonio exclusivo del nacionalismo. Constituye una expresión terca de ofuscación sentimental que determina las decisiones políticas desde un prisma emotivo. Estos días se sienta en el banquillo la antigua cúpula socialista andaluza, presunta responsable de un monumental fraude que, pese a causar hondo repudio en la opinión pública, no ha bastado para apear del poder a su partido. Gil obtuvo en Marbella tres arrasadoras victorias consecutivas cuando su cleptocracia era un fenómeno perfectamente conocido. Y el propio PP, aun castigado con severidad en las urnas, sigue en el Gobierno tras la cascada de escándalos que en una democracia de estándar europeo hubiese triturado sus expectativas de continuismo. La razón es que, por muchas evidencias que se acumulen, el elector convencido decide por razones meramente grupales, que tienen que ver con su sentido de pertenencia a una tribu. Ese impulso gregario diluye toda objeción y le lleva a absolver políticamente incluso a quienes le han causado un perjuicio objetivo. Disfraza de ideología lo que no es más que pura parcialidad, mero corporativismo: la distinción primaria, elemental, pasional, entre amigos y enemigos. Los otros y los míos.

En Cataluña funciona además un eficaz mecanismo de ensimismamiento. Décadas de pedagogía supremacista intensiva han generado una emocionalidad blindada, una exaltación autocomplaciente de supuesta superioridad colectiva inmune a toda clase de errores o defectos. El nacionalismo tiene impunidad porque representa lo propio, la catalanidad genuina frente a la agresión de un elemento externo, y todos sus disparates gozan de bula en un amplio segmento de ciudadanos aferrados a una creencia victimista invulnerable al razonamiento. El fracaso no sólo no les disuade: les gusta. No hay remedio.

Las urnas y el golpe
Cristina Losada Libertad Digital 15 Diciembre 2017

Ya es un lugar común decir que estas elecciones catalanes son unas elecciones peculiares. Lo más común, y lo menos cierto, es lo que se suele decir a continuación. Suele decirse que son peculiares porque hay candidatos que están en la cárcel. O huidos, en otro país. Es curioso que haya tantos lugares comunes políticos que se instalan en contra de los hechos y de la verdad. Porque la peculiaridad de estas elecciones es que se celebran después de un intento de golpe del separatismo catalán. Y lo lógico, pues hubo golpe y golpistas, es que los cabecillas, al menos algunos de ellos, estén en prisión provisional. Lo peculiar y bochornoso es que unos partidos pongan de candidatos a unos golpistas, y confirmen de ese modo su desprecio autocrático por la ley y la democracia.

Es preocupante que los hechos de octubre, los de este año, hayan encontrado tan pronto un lugar común en el olvido. Y si no en el puro olvido, en algo peor: en la papelera de los hechos sin importancia. Sin tanta importancia. A fin de cuentas, el golpe se paró, y eso permite que hoy campe a sus anchas una tendencia a la minimización del intento de ruptura de España y su orden constitucional. A esa minimización contribuyen las promesas de pedir el indulto para los golpistas que ha hecho Miquel Iceta con el bonito envoltorio de promover una reconciliación. La iniciativa del PSC viene a significar que lo que hicieron los acusados de delitos contra la Constitución no fue tan malo ni tan dañino como el propio PSC dice, por otro lado. Y sugiere una interpretación peligrosamente próxima a la que dan los propios golpistas: como la naturaleza de sus actos fue política, esos actos suyos están por encima de la ley.

Los gestos equívocos del PSC, decidido a vender su catalanismo a un público que igual no está ahí, no pueden compararse, sin embargo, con el tono del entramado separatista. Parecía difícil que se superaran en materia de mentiras y de odio, pero en la campaña están batiendo sus récords, una proeza a la que los empuja la necesidad. Tienen que evitar la desmovilización de parte de ese electorado al que han mantenido en vilo y fidelizado durante los últimos años. Tienen que evitar que cunda el desencanto y su consecuencia más frecuente, la abstención. Hasta un desencanto pequeño puede tener ahora grandes efectos. De ahí que suban el volumen de las mentiras, el odio y el victimismo. Y que no se apeen del burro.

Los separatistas pregonan que si obtienen la mayoría en estas elecciones quedará legitimado todo lo que hicieron hasta que, por fin, se aplicó el 155. Quieren hacer creer que si consiguen otra mayoría quedarán refrendados, bendecidos por los votantes, su ilegal referéndum del 1 de octubre y sus atropellos a la legalidad democrática. Eso es imposible. Aunque saquen mayoría de votos o de escaños, el golpe no se legitimará. En ningún caso. Antes de que esta mentira circule más, y antes de que pueda considerarse una interpretación razonable de los resultados, habrá que aclarar que no es verdad. Para el separatismo catalán, las urnas son instrumentos del golpe. Para la democracia, son instrumentos de la democracia. Y ningún porcentaje de votos ni de escaños puede legitimar la vía insurreccional.

Iceta, obcecado en el error y la traición
EDITORIAL Libertad Digital 15 Diciembre 2017

El PSC y su líder no pierden ocasión para demostrar que son indignos de la confianza de los demócratas.

El candidato del PSC en las próximas elecciones catalanas, Miquel Iceta, se ha descolgado en esta fase de la campaña con la propuesta de que los políticos que sean condenados por los delitos relacionados con el golpe de Estado separatista sean indultados por el Gobierno.

Es en sí misma una idea repugnante: un político pidiendo que políticos indulten a políticos que han cometido gravísimos delitos. Pero es mucho más que eso: entre otras cosas, la constatación de que aún hay quien cree que hay una casta que, por el mero hecho de haber alcanzado las cúpulas de los partidos, están por encima de los ciudadanos y de la ley.

Es también la constatación de que Iceta y su PSC no son socios fiables. La voluntad del candidato socialista de nadar entre dos aguas es vituperable: no se puede estar a medio camino entre la ley y el delito, entre la Nación y los que pretenden destruirla, entre la libertad y sus dinamiteros. Con aquel que no tiene claro de qué lado está cuando la elección es tan sencilla es casi imposible llegar a ningún tipo de acuerdo que pueda ser de utilidad para Cataluña y para el resto de España.

Pero además de una inmoralidad, la propuesta de Iceta es un tremendo error: porque, como se ha constatado en los últimos 40 años, el apaciguamiento y la cesión no funcionan con los separatistas y porque, con sus desesperados intentos por colocarse en una posición en la que puedan votarle unos y otros, Iceta puede perfectamente conseguir que no le vote nadie.

Es el tremendo error que el PSC viene cometiendo desde hace tanto tiempo ya, que le ha supuesto una auténtica sangría de votos (mirar su historial es un espectáculo estupefaciente) y que las encuestas advierten no le va a servir de revulsivo. Significativamente, el PSC va perdiendo fuelle a medida que se alejan los días en que su líder se dejaba identificar con los que salieron masivamente a la calle en Barcelona en defensa de España.

Sólo queda esperar que el rechazo que, aparentemente, ha generado la nefasta idea de Iceta en otros partidos y en el propio PSOE no sea cálculo electoralista. Un apaño así sería intolerable, y todos aquellos que participasen en él deberían ser objeto del desprecio que merecen los peores traidores.

Las víctimas andaluzas

BERTA GONZÁLEZ DE VEGA El Mundo 15 Diciembre 2017

South Park lo ha explicado mejor que nadie, con sarcasmo: Ahora, los triunfadores son las víctimas. El marco narrativo actual necesita de opresores y de oprimidos y todos quieren proclamar la superioridad moral de sentirse los segundos. Es algo incómodo porque si, como mujer, no te crees víctima del heteropatriarcado pasas a ser un juguete del machismo. Así todo. Por eso, si recuperamos la educación del carácter, como parece, habría que empezar por criar a los niños sin miedo a lo que diga la gente, "presión social" en artículos académicos.

Con el juicio de los ERE, puedo retratar a las víctimas andaluzas. Currantes en lo privado que sufren lo indecible cuando necesitan un trámite en una Junta atrofiada. Los contribuyentes en una de las regiones con más presión fiscal testigos de la vista gorda con la economía sumergida -de algo tendrán que vivir las criaturas, dijo nuestra presidenta- y de una red tupida de empleados públicos que existe para ayudar a emprendedores. Pagadores de impuestos que gastan dinero en colegios privados en la región que es el farolillo rojo en PISA. O en seguros que eviten las listas de espera, sabiendo, eso sí, que si es algo de vida o muerte serán bien atendidos por personal de lo público con contratos precarios.

Pero no somos víctimas. Somos ciudadanos en una región gobernada durante 35 años por un PSOE al que le han votado la vez que menos un 35% de andaluces, suelo electoral logro de Susana Díaz. La lluvia fina de los premios discrecionales de ayudas, subvenciones y proyectos humo empieza a no llegar a todos los necesarios para seguir sin alternancia. Si eso ocurriera, muchos habrían cambiado su voto por unos principios peculiares: el enfado por no ser receptor de unos fondos que se reparten con la alegría nepotista que se juzga en Sevilla. Sin olvidar que parte del mérito es de una oposición, a remolque de unos pocos periodistas, incapaz de leerse unos presupuestos donde iban los llamados fondos de reptiles. Víctimas, no. Aquí sobran responsables. Los primeros, los miles que miraron para otro lado. O no miraron.

Tema 1 de Educación del Carácter, localización, sobremesa familiar: El metadebate. Responsabilidad individual, dilemas éticos, lo que diga la gente. Prueben. A los niños les divierte con ejemplos. ¿Qué harías tú si la Junta te ofrece una paguita a través de un primo del PSOE de tu amigo Manolo? (Poner tono de que eso es normal y está fenomenal).

¿Legitimar una nueva aristocracia territorial y desleal?
El autor explica cómo se está imponiendo una nueva lucha de clases de base autonómica que pretende romper la cohesión social e imponerse al resto de forma insolidaria.
Alberto G. Ibáñez elespanol 15 Diciembre 2017

Imaginemos que un conjunto de partidos defendieran en pleno siglo XXI el que algunas personas, por razón exclusiva de nacimiento u origen, debieran tener más derechos o recibir más dinero que el resto, hablar un lenguaje propio excluyendo a la lengua común, pagar menos impuestos, organizarse y gobernarse separadamente, renunciando a su obligación de solidaridad con los que no pertenecieran a esa saga, casta o clase territorial.

Añadamos que ese grupo de personas fueran los más ricos del país y que todo ello se enmascarara bajo el principio democrático. ¿Sería esta idea admisible? Pues esto es precisamente lo que está pasando en nuestro país, con la compresión o incluso complicidad de algunos partidos de izquierdas.

La revolución francesa acabó con los privilegios de la nobleza y la aristocracia en nombre de la igualdad, quedando reducidas a un mero título honorífico. Sin embargo, otra aristocracia está surgiendo entre nosotros, cual hidalguía universal renacida, que mira por encima del hombro a los demás para potenciar su identidad y autoconfianza (Joshua Searle-White, The Psychology of Nationalism). Sin ni siquiera sentir la necesidad de legitimar ese estatus en los grandes servicios prestados al Estado por sus antepasados, ni en poner todo su empeño en el futuro para seguir haciéndolo. Por el contrario, se fundamenta en una interpretación de la historia maleada y falsificada que ensalza sus traiciones y ataques a la idea común de España, así como en su firme propósito de continuar atacándola dentro y fuera de sus fronteras. Basta mirar al papel jugado por las embajadas catalanas.

Ni Europa, ni al parecer gran parte de España, se percata de lo que nos jugamos con el movimiento separatista. Una nueva lucha de clases se está imponiendo, solo que de base territorial, que trata de romper la cohesión social e imponerse al resto de forma desleal e insolidaria. Algunas personas pueden ostentar derechos específicos en razón de sus especiales características, pero normalmente coincidirán con los menos favorecidos: discapacitados, pensionistas, parados…

El separatismo defiende lo contrario: que aquellos que están mejor situados obtengan mayores ventajas que los demás; olvidando además el trato especial que han recibido por parte del gobierno central durante siglos: política proteccionista y privilegios comerciales para Cataluña, política industrial para el País Vasco.

Una cosa es que se reconozca sus particularidades derivadas de la lengua y aspectos culturales, y otra muy distinta que eso sea base para nuevas ventajas económicas o competenciales. Tanto que se habla de Quebec, a menudo se oculta que las singularidades aceptadas en Canadá con esta región se refieren precisamente a aspectos lingüísticos y culturales. A pesar de ello, la mejor Universidad de Montreal (la McGill) utiliza como lengua vehicular exclusivamente el inglés, lengua mayoritaria de Canadá. Sigue siendo paradójico que en nuestro país el inglés tenga más derechos en las escuelas públicas y concertadas bilingües (dos asignaturas al menos se imparten esta lengua) que el castellano/español (la común del Estado y segunda más hablada del mundo) no sólo en las escuelas catalanas, sino en otros territorios como Valencia o Baleares, donde se extiende esa plaga venenosa.

Existen varios modelos de organización territorial en nuestro entorno: el francés (centralista); el alemán, austríaco y norteamericano (federal); y el suizo. Este último confederal solo nominalmente pues su gobierno central tiene más competencias de inspección que el español y puede crear escuelas y universidades propias en cualquier cantón; una competencia que reconocía al Estado el Estatuto de Nuria de 1932, razón por la cual los nacionalistas se negaron a su restablecimiento.

Esos modelos son legítimos en función de la estructura, acuerdo e historia de cada país, todos ellos democráticos, todos con sus particularidades, pero todos con elementos comunes: el sentido de pertenencia a la nación compartida, la intención clara de caminar juntos y la lealtad interterritorial y hacia las instituciones comunes, el objetivo de crear un gobierno central fuerte, y una coordinación política de facto asegurada por los grandes partidos nacionales presentes en todo el territorio (en Alemania, la CSU bávara sólo se presenta a las elecciones estatales, mientras a nivel federal está aliada con la CDU).

El caso de España constituye una rara avis en el panorama internacional: el sentido de pertenencia y lealtad no existen, y los partidos nacionales son minoritarios en al menos dos regiones, a pesar de lo cual tampoco comparten un proyecto común de país. Los separatistas echan la culpa de dicha desafección al “terrible” Estado español e incluso, los más osados, se retrotraen a los supuestos excesos de la monarquía absoluta y borbónica, y por supuesto del franquismo a pesar de que incluso bajo éste (que solo supuso 37 años en la historia de España) se mantuviera el régimen de concierto con Navarra y Álava, y la política industrial y comercial siguiera favoreciendo a los de siempre.

Este análisis no resiste el mínimo rigor en el estudio comparado. En cualquier otro país la monarquía o la república central han sido mucho más agresivos con los diversos territorios (basta mirar al norte de los Pirineos), a la hora de forzar la integración y reducir singularidades. Es hora de plantear que la situación que estamos viviendo puede deberse paradójicamente a una postura especialmente complaciente e ingenua del Estado español, mantenida en el tiempo, respecto a algunas regiones, pensando que dando más recibirían mayor reconocimiento, cuando en su lugar han obtenido menosprecio, agravios y victimismo.

La Historia es mala maestra pues seguimos premiando a lobos depredadores e insaciables, aunque por pura estrategia puedan de vez en cuando venir disfrazados de corderos. Seamos claros: si en España sólo se ha reformado la Constitución en dos ocasiones por presión de Europa, no es porque sea más rígida que otras o porque nuestros políticos sean necesariamente mucho más inmovilistas. Sino porque aquí a diferencia de otros países, abrir el melón constitucional puede llevar a poner en peligro la subsistencia del propio país, tanto por la ausencia de un proyecto nacional común entre los partidos españoles, como por la deslealtad probada de los partidos nacionalistas que con singular denuedo y persistencia deshilachan el cordón umbilical que les une al resto de España, hasta hacerlo tan débil o frágil que baste un soplo para romperlo. Por esta razón, importar soluciones federales que funcionan de forma eficaz como instrumentos de cooperación en otros lares puede resultar aquí contraproducente. El contexto importa.

Cualquier reforma constitucional debe venir acompañada de un nuevo proyecto nacional de objetivos compartidos que sepa qué quiere y dónde quiere ir España. Ese proyecto existía en los años 70, pero hoy lo hemos perdido. Del mismo modo, la reforma debe llevar aparejada la renuncia formal a la independencia de los separatistas, acompañada en su caso de la renuncia del resto a volver al centralismo. Estas cláusulas de intangibilidad son comunes en las Constituciones de nuestro entorno: Francia, Alemania e Italia. Por tanto, no hay por qué asustarse, al menos que sigamos creyendo lo que se decía durante el franquismo que “España es y debe ser diferente”. Pero se piense lo que se piense, una cosa está clara: no se puede apagar el fuego ni evitar nuevos incendios dando más gasolina a los pirómanos.

*** Alberto G. Ibáñez es autor de 'La Conjura silenciada contra España'.

Islamistas en el corazón del Estado francés
Yves Mamou  latribunadelpaisvasco.com 15 Diciembre 2017

Artículo publicado inicialmente en la web del Gatestone Institute

El 25 de octubre de 2017, el más alto tribunal administrativo francés, el Consejo de Estado (Conseil d'Etat), ordenó la retirada de una cruz católica romana de la parte superior de un monumento dedicado a Juan Pablo II en una plaza pública de Ploërmel, en Bretaña. Según el tribunal supremo administrativo de Francia, dicha cruz vulneraba el carácter laico del Estado. No la estatua del antiguo papa Juan Pablo II en sí, sino la cruz sobre ella.

Las redes sociales, en Francia y el extranjero, y especialmente en Polonia, donde nació Juan Pablo II, se convirtieron inmediatamente en un clamor: ¿Cómo es posible que el gobierno de un país considerado "la hija más anciana de la Iglesia Católica" pidiera la retirada de una cruz católica en una diminuta localidad que nadie conocía antes de este incidente?

El Consejo de Estado es un organismo jurídico independiente que tiene jurisdicción sobre los pleitos que atañen a las libertades civiles, la policía administrativa, los impuestos, los contratos públicos, el funcionariado, la sanidad pública, las normas sobre competencia, las leyes medioambientales y el laicismo, por nombrar sólo algunos de sus cometidos. El Consejo de Estado es también —como su propio nombre implica— el principal asesor de todos los departamentos del Gobierno. Cada vez que un ministro o primer ministro tiene que tomar una decisión política difícil, envía el caso al Consejo de Estado. Por lo general, las recomendaciones del Consejo de Estado se convierten en leyes.

El enorme respeto que se le tiene al Consejo de Estado parece ser la causa de que incluso los observadores más agudos hayan pasado por alto que, en todas las cuestiones dedicadas a la inmigración y el islam, el Consejo de Estado se ha convertido en un organismo islámico-izquierdista dedicado a fomentar la inmigración musulmana y proteger la expansión del islam y el islamismo en Francia.

Algunos ejemplos:
1978. El derecho a emigrar y trabajar en Francia sin un contrato de trabajo. El Consejo de Estado anuló la decisión del Gobierno de exigir un contrato de trabajo para que un extranjero emigrara y trabajara en Francia.

1978. El derecho a la reunificación familiar. Contra la voluntad del Gobierno, que quería adaptar los movimientos migratorios a un crecimiento más lento de la economía, el Consejo de Estado dictó que los inmigrantes no franceses tienen el "derecho a una vida familiar", lo que significa que las esposas e hijos de los migrantes tienen autorización para venir, vivir y trabajar en Francia como si fuesen ciudadanos franceses. A partir de esa fecha, la "reunificación familiar" se convirtió en una puerta abierta a los migrantes del norte de África y el África subsahariana.

1980. El derecho a la poligamia. Un ciudadano extranjero puede emigrar a Francia con todas las mujeres con las que esté casado en su país de origen. En 1993, una ley anterior había impedido que las segundas esposas obtuviesen el visado.

1985. El derecho a la inmigración ilegal. El Gobierno quería expulsar a los trabajadores extranjeros inmediatamente después de la anulación de su permiso de trabajo. Gracias al Consejo de Estado, la deportación se retrasaba 24 horas, tiempo suficiente para escapar y convertirse en un inmigrante ilegal.

1989. El velo islámico en las escuelas no es "incompatible" con el laicismo. Desde el siglo XVIII, las escuelas públicas eran un instrumento del Estado para construir un sistema educativo alejado de la influencia de la iglesia católica. En 1989, con la autorización a las alumnas de llevar el velo islámico, el Consejo de Estado introdujo el derecho a que una religión influyera en un sistema educativo laico. Tras quince años de encendida polémica, una ley de 2004 revirtió esa sentencia y volvió a prohibir el velo islámico en el sistema de educación primera y secundaria, pero no en las universidades.

2004. Licencia a Al Manar, el canal de televisión de Hezbolá, virulentamente antisemita, para emitir en Francia. No obstante, tras las fuertes protestas de los líderes de la comunidad judía, el Gobierno aprobó una ley que obligaba al Consejo de Estado a prohibir el canal islámico.

2010. El Consejo de Estado se opuso firmemente a la decisión del Gobierno de prohibir el burka en los espacios públicos. Finalmente, se aprobó una ley que prohibía el burka.

2011. Se permite el uso de dinero público para construir mezquitas después de que el Consejo de Estado ignorara la ley sobre laicismo de 1905.

2013. El Consejo de Estado da derecho a las madres con velo a participar en las excursiones de los colegios públicos. Antes de eso, las excursiones escolares se consideraban una extensión de la escuela. En consecuencia, la ley de 2004 que prohibía el velo islámico en el colegio se aplicó contra las madres que llevaban el velo. Sin embargo, en 2012, esa ley se derogó. Ahora, las madres con velo pueden acompañar a los alumnos en los viajes escolares.

2013. El Consejo de Estado se opuso al despido de una empleada que llevaba el velo en una guardería, Baby Loup. La controversia sobre Baby Loup, que duró cinco años, movilizó a los medios nacionales e internacionales, a los políticos y a gran parte del aparato judicial. La pregunta era: ¿Tiene derecho una empleada a llevar el pañuelo islámico, aunque las normas de la empresa lo prohíban? Al final, despidieron a la empleada, y Baby Loup, que se ubicaba en un barrio musulmán de la periferia, se trasladó a otra parte.

2016. El Consejo de Estado permitió a las mujeres llevar el burkini, el bañador que cubre todo el cuerpo. El dictamen afecta a lugares turísticos como Niza, y a lugares donde el burkini no suponga un problema de desorden público. En agosto de 2016, empezaron a aparecer burkinis en las playas francesas. En Niza, la capital de la Costa Azul, unas pocas semanas después de que un terrorista islamista asesinara a 82 personas el 14 de julio, cuatro policías advirtieron a una mujer tapada con el burkini que estaba tumbada en la playa. Las imágenes en el Daily Mail de los policías rodeando a la "pobre musulmana aislada" se publicaron en todo el mundo. El Consejo de Estado dictó que cualquier ordenanza municipal que prohibiera el burkini era ilegal, salvo que el burkini crease un problema de orden público.

2016. Más dinero para los "refugiados". El Consejo de Estado dictó que el Estado tenía que dar más dinero para ayudar a las decenas de miles de "refugiados" para encontrar un lugar donde dormir mientras las autoridades de inmigración revisaban sus expedientes, a diferencia de otros solicitantes.

2017. Una megamezquita financiada por el Gobierno en París. El Consejo de Estado ayudó a la alcaldesa de París a construir legalmente una mezquita gigante y donarla como regalo a una asociación islámica.

2017. El velo islámico en las escuelas de enfermería. El Consejo de Estado autorizó el velo islámico en las escuelas de enfermería a pesar de que las normas internas prohíban la exhibición de símbolos religiosos.

2017. Duchas y baños públicos para los migrantes. El Consejo de Estado dictaminó que el Gobierno tiene la obligación de proporcionar a los inmigrantes ilegales duchas públicas y servicios públicos en Calais, donde miles de jóvenes de África y Oriente Medio intentan cada día cruzar ilegalmente el Canal hacia Inglaterra. Curiosamente, esta sentencia se basa en el Artículo 3 de la Convención Europea sobre Derechos Humanos, que dice que esta obligación se tiene únicamente con los prisioneros de guerra. ¿Considera el Consejo de Estado que el Estado francés es un carcelero de inmigrantes? En el dictamen no hay ninguna mención de clase alguna de las consideraciones sobre salud pública.

Aunque la lista de arriba no es exhaustiva, las sentencias del Consejo de Estado a favor del islam, el islamismo y la migración sin límites ni vetos son sistemáticas.

La pregunta es: ¿por qué? Muchas élites francesas parecen profesar una ideología globalista sin fronteras ni reglas, sólo los "derechos humanos" de los migrantes de otros países contra a los derechos de los ciudadanos de Francia.

Tal vez muchas élites se sienten culpables porque el Estado francés colaboró activamente con los nazis, especialmente contra los judíos, durante la Segunda Guerra Mundial, así que ahora están intentando ayudar a los musulmanes, cuya cultura y objetivos no podrían estar más lejos de los de los judíos. Sin embargo, muchos parecen pensar en los judíos como los "judíos" del siglo XXI.

Quizá hay mucha gente entre las élites que desprecia secretamente su país.

O quizá muchas élites están buscando la "redención" después de que Francia colonizara partes de África y del norte de África. Olvidan, sin embargo, que fueron los musulmanes los que colonizaron Oriente Medio, el Imperio cristiano bizantino, el norte de África, Grecia, gran parte de Europa Oriental y Asia, el norte de Chipre y España.

Quizá es una mezcla de todas esas culpas. Lo que es seguro es que después del colaboracionismo del Estado francés con los nazis, los jueces del Consejo de Estado están colaborando de nuevo con otra ideología totalitaria: el islam político.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
Táctica y estrategia de la ruleta rusa: el 21-D.

Javier Orrico Periodista Digital 15 Diciembre 2017

Un buen movimiento táctico, como el de Mariano Rajoy al convocar elecciones inmediatas tras su simulacro de desembarco en Cataluña, puede resultar un desastre si no va más allá de sí mismo, si no sirve a una estrategia ganadora. Y, menos aún, si no sirve a ninguna. Cuando hice la mili, de la que tanto renegué, y a la que tanto echa de menos hoy España, me enseñaron a distinguir entre estrategia y táctica.

Según mis ya lejanas lecciones para acceder al grado de Sargento de Transmisiones (a los de Letras nos mandaban a Ingenieros a tirar cable y hablar por teléfono, que se suponía era lo único para lo que servíamos), la estrategia sería el plan general ideado para intentar ganar una guerra. Y la táctica, los movimientos concretos de tropas que permiten que esa estrategia alcance su fin y la victoria. De esto saben mucho también los jugadores de ajedrez, los seductores fracasados y las mujeres. Se puede, tácticamente, sacrificar un peón, perder una batalla, irte a tu casa solo como un perro. Pero lo que no se puede es hacer un movimiento táctico muy brillante para acabar jugando a la ruleta rusa con el futuro de tu nación. Y con que siga siéndolo.

Si lo que se pretendía era sólo sorprender a los separatistas (que ya se han recuperado) y repetir las elecciones, en la esperanza de que dos millones de fanáticos vieran la luz y se convirtieran de golpe (nunca mejor dicho) a la democracia y al amor constitucional, entonces el movimiento fue acertado. Y así se aplaudió por todos los tacticistas que pueblan nuestra bien pertrechada clase política. El problema es que los tacticistas, los hombres de un permanente ‘cortoplazo’ son los que nos han traído hasta aquí, los que en tantas ocasiones no vieron más allá de la siguiente legislatura o los próximos presupuestos.

Porque, mientras, los nacionalistas seguían un muy meditado plan, una estrategia a treinta años vista, a cuyo servicio desplegaron toda su inteligencia táctica: el control de la educación, cedida por el Estado central, forzando además la marcha de todos los profesores venidos de otras partes de España; la imposición del catalán como lengua única de la cultura y la Administración; el despliegue de una política internacional propia; la conversión de casi todos los medios de comunicación en sucursales de la Generalitat; y la compra, directa o indirecta, de destacados charnegos para hacer visibles las ventajas de todo tipo que esperaban a los convertidos como Montilla o Rufián. En fin, la lenta reconstrucción de un estado neomedieval (la Corona de Aragón sin Aragón) que suplantara al Estado y que no dejara huella de lo que una vez fue España en aquellas tierras que siempre lo fueron. Y nunca encontraron para ello mejores aliados que aquellos, nosotros, cuya derrota y expulsión buscaban.

Y a todo eso, a treinta y seis años de pujolismo creciente, a la ocupación completa de una sociedad, a la implantación de una tiranía ideológica xenófoba y racista que no dejaba más resquicios que el de unos cuantos opositores condenados al destierro o al exilio interior, cuando no a la persecución, han pretendido hacerle frente Rajoy y su ¿aliado? Pedro Sánchez, y hasta Rivera con su fe suicida en la derrota separatista, con mes y medio de 155. Y simulado, porque haber dejado TV3 intacta ha sido como prohibir el nazismo y permitir a Goebbels seguir suelto.

Si hubiera habido una verdadera estrategia, si de verdad se hubiera querido impedir un nuevo ensayo secesionista, mañana o dentro de diez años, habría debido agotarse la legislatura hasta 2019, propiciar una reforma constitucional que recuperara la educación y las políticas lingüísticas, y definir para siempre las competencias exclusivas del Estado. Y si el PNV se hubiese empeñado en impedir los presupuestos para ayudar a sus primos de la otra raza superior, que le hubieran ido dando al PNV y a su Concierto económico. A ver quién pierde más.

Pero cambiar presupuestos por la ruleta rusa del próximo jueves es lo de siempre, prolongar la agonía, seguir jugando a que la pistola esté descargada y a que todos pongamos cara de no saberlo.

La trivialización del proceso
Emilio Campmany Libertad Digital 15 Diciembre 2017

Una de las consecuencias que ha tenido la relativamente pacífica aplicación del 155 es que el proceso independentista es contemplado como una peripecia más o menos trivial. Lo más sorprendente es que esta banalización es aceptada tanto por los separatistas como por los constitucionalistas. El caso de estos últimos es más grave porque se supone que son quienes defienden la legalidad. Pues bien, en vez de formar un frente común que ofrezca una posibilidad razonable de hacerse con el Gobierno de Cataluña y desmantelar desde ahí el aparato de propaganda independentista, que es la vitamina de la que se alimenta el separatismo, compiten unos contra otros por el mismo electorado como si éstas fueran unas elecciones normales.

El PP se atribuye el mérito de haber sido más valiente que PSOE y Ciudadanos a la hora de aplicar la ley, como si Rajoy no hubiera puesto como condición para actuar hacerlo de consuno con los otros dos partidos constitucionalistas. Ciudadanos lo ha fiado todo a que se convocaran inmediatas elecciones autonómicas porque tiene una limitada probabilidad de ser el partido más votado, como también la casi absoluta certeza de que no gobernará. Y el PSC trata de distanciarse de ambos presentándose como el buen pastor que volverá a introducir en el redil a los díscolos independentistas. Iceta sueña con prestar este impagable servicio a España desde la presidencia de la Generalidad que espera le ofrezcan en bandeja las descarriadas ovejas una vez hayan vuelto al corral.

Por su parte, los separatistas tampoco se toman muy en serio lo que perpetraron hace un par de meses. Esquerra cree que ha habido errores tácticos y que todo puede solucionarse con un mero cambio de estrategia, consistente básicamente en buscar una alianza con la izquierda española para lograr un referéndum legal de independencia en Cataluña. Puigdemont cree en cambio que el proceso, aunque esté muerto, puede refundarse sobre su cadáver. Una contradicción insalvable que sin embargo atrae al electorado independentista en cuanto apela a los sentimientos y abomina de la razón, que es algo corriente en los movimientos nacionalistas.

En todos ellos hay una especie de voluntad de reemprender el camino, de volver al trabajo, de olvidar lo ocurrido. En el caso de los constitucionalistas, fingiendo, unos más que otros, que aquí no ha pasado casi nada. Y en el caso de los independentistas, dando por hecho que el proceso puede retomarse desde el punto en que descarriló, discrepando entre ellos sólo en cuanto a si lo hizo antes o después. La realidad es que todos ellos no hacen más que reflejar la actitud de la mayoría de los catalanes, independentistas o no. Casi nadie allí quiere aceptar que lo sucedido ha sido muy grave, que nada volverá a ser igual y que las consecuencias, vaya hacia donde vaya Cataluña, serán en todo caso enormes, no sólo en el ámbito judicial. Ignorar la realidad es muy peligroso porque suele ser el preámbulo de los peores desastres.

Del oasis catalán al desierto legal

Fernando Ónega La voz 15 Diciembre 2017

Quiero poner la máxima contención verbal en lo que escribo, porque la exaltación es fácil, pero no aconsejable a menos de una semana de las elecciones. Durante los últimos dos meses, aquel paisaje idílico que llegó a llamarse «oasis catalán» ha degenerado en una selva de comportamientos que situaron a multitud de personas fuera de la ley. Acciones presuntamente delictivas se convirtieron en una práctica habitual. No hablo de toda Cataluña, naturalmente. Ni siquiera de la totalidad de su clase política. Hablo de su último Gobierno y de aquellas instituciones que dependían de este Gobierno. Y hablo a partir de hechos que todos hemos visto y de historias descubiertas por la Guardia Civil.

Si nos remontamos al referendo del 1 de octubre, encontramos actuaciones que, si no fuesen políticas, parecerían propias de la delincuencia organizada: fabricación clandestina de urnas; impresión de papeletas y documentación electoral como si fuesen billetes falsos; ocultación del dinero público gastado como si hubiera sido producto de atracos; conspiración con las asociaciones cívicas para coaccionar a los poderes del Estado; y, todo eso, coronado por una imagen que todos recordamos: el jefe de todos esos agentes cambiando de coche debajo de un túnel para despistar al helicóptero de la policía que lo seguía.

Hace unos días se hicieron públicas algunas anotaciones del número 2 de Oriol Junqueras, Josep María Jové, en las que narra reuniones de alto nivel para la preparación y ejecución del procés. Ahí sale el núcleo duro de la conspiración, las formas de engañar al Estado, los riesgos que los conjurados veían en el horizonte, el doble lenguaje que usan cuando hablan entre ellos o cuando hablan en público, la ocupación de espacios, la colocación de afines… Todo ello, en un clima de oscurantismo que recuerda al que nos mostraban algunas películas del Chicago de los años 20. El juez que instruye el caso, Pablo Llarena, tiene en esa libreta de notas una generosa base documental para llamar a más gente a declarar.

Y lo último, los Mossos d’Esquadra: tenían una división para espiar a dirigentes políticos de otros partidos. Cuando se descubrió algo parecido en el ministerio del Interior (la famosa policía patriótica), los nacionalistas reprobaron al ministro y provocaron su caída. ¡Y ellos hacían lo mismo, con identidades falsas y técnicas de la guerra fría! Y encima, fabricaban información y propaganda a favor de la secesión. Y el bochorno final: estaban tan seguros de que cometían una ilegalidad, que intentaron quemar las pruebas. Esa es la «limpia ejecutoria» de una administración pública. Pero no hable usted de eso a los votantes independentistas. Si lo hace, le responderán: «si el Estado nos oprimía, era lícito hacer algo ilegal». Y desde esos supuestos se disponen a votar.

La ley electoral española que prima a los nacionalistas
La proporcionalidad exigida por el sistema electoral beneficia a los territorios más nacionalistas, como a Lérida, donde el 5,6%de los electores elige al 11,1% de los diputados
D. TERCERO ABC 15 Diciembre 2017

Cataluña es la única región de España cuyo parlamento autonómico no ha sido capaz de aprobar una ley electoral propia en casi treinta y ocho años de historia. Desde la primera elección al Parlamento de Cataluña, en 1980, y, al menos, hasta la cita del 21 de diciembre de este 2017, todas las elecciones autonómicas se han convocado en base a la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de Junio, del régimen electoral general (Loreg), que a su vez recoge las normas electorales aprobadas desde 1978.

Es este marco legal el mismo que establece las normas para las elecciones generales al Congreso de los Diputados. Es decir, las instituciones de autogobierno de Cataluña, pese al amplio grado de autonomía del que disfrutan, no han encontrado el momento adecuado –en casi cuatro décadas– para aprobar su propia ley electoral. ¿Por qué? Básicamente, porque la Loreg beneficia a los territorios donde es mayoritario el voto que tradicionalmente opta por los partidos nacionalistas. Y porque, para aprobar una norma electoral autonómica, el Estatuto, en su artículo 56.2, fija que se tiene que hacer a través de una mayoría cualificada de dos terceras partes de los diputados del Parlamento de Cataluña y el sistema debe mantener una «representación proporcional y debe asegurar la representación adecuada de todas las zonas del territorio de Cataluña». Por lo tanto, sin el visto bueno de los partidos nacionalistas no hay manera de reformar la ley electoral.

Teniendo presente la base legal, los 135 diputados a elegir entre los electores catalanes el próximo 21-D se distribuyen de la siguiente manera: 85 por la circunscripción de Barcelona, 18 por Tarragona; 17 por Gerona; y 15 por Lérida. El cuerpo censal total es de 5.554.394 personas, que es la suma del censo de las cuatro provincias. En Barcelona, 4.156.259 personas; en Tarragona, 566.341; en Gerona, 517.881; y en Lérida, 313.913.

Es decir, los 85 escaños de Barcelona, que corresponden al 62,9% de los escaños totales del Parlamento autonómico, representan en realidad al 74,8% de los electores catalanes. De esta manera, la provincia de Barcelona (industrial, urbana y mestiza) está infrarrepresentada en la Cámara regional. Un efecto que se invierte en las otras tres provincias. Los electores de Tarragona suponen el 10,1% del total de los catalanes y escogen al 13,3% de los diputados. Los de Gerona son el 9,3% y eligen al 12,5% de representantes. Y los electores de Lérida, que son el 5,6% de los catalanes, votan al 11,1% de los diputados. Barcelona, circunscripción electoral más poblada y con un voto mayoritario a partidos de ámbito nacional, sale penalizada en favor de las zonas rurales en donde el voto tradicional es mayoritario a CiU y ERC.

No es casualidad, entonces, que el PDECat y ERC no tengan entre sus objetivos aprobar una ley electoral propia, pues la aplicación de la Loreg les beneficia.

En la encuesta de GAD3 que hoy publica ABC, Ciudadanos ganaría en Barcelona ampliamente obteniendo 21 escaños y el PSC podría estar dispuntando a ERC la segunda posición. Sin embargo, la distancia de Ciudadanos con Junts per Catalunya (JpC) y ERC quedaría reducida a un empate o a una victoria por la mínima al sumar los escaños obtenidos en las otras tres provincias. En Lérida, donde la brecha entre elector y representado es mayor, Cs, el PSC, el PP y CatComú sumarían juntos cinco escaños, lo mismo que JpC y ERC obtendrían cada uno.

El nacionalismo como patología
Roberto L. Blanco Valdés La voz 15 Diciembre 2017

Día a día, desde hace varios meses, se confirma la trágica irresponsabilidad de los dirigentes políticos conjurados en Cataluña a favor de la rebelión secesionista. Sabíamos ya de su aventurerismo, de su maltrato al pluralismo interno de la sociedad catalana, de su desprecio a las leyes que debían guardar y hacer guardar y de la desvergonzada cobardía con que metieron a dos millones de personas en un mayúsculo follón tras convencerlas, con métodos abyectos, de que caminaban hacia un seguro paraíso.

Ahora, tras haber encontrado la Guardia Civil un dietario detallado sobre la marcha del procés escrito por Josep María Jové, el número dos de Oriol Junqueras, sabemos, además, que los principales dirigentes del nacionalismo eran plenamente conscientes de que no tenían posibilidad alguna de ganar el pulso que le habían planteado al Estado, pero que, pese a ello, siguieron adelante con la única finalidad de avivar un grave enfrentamiento con la malvada España que pudiera servir para mejorar su posición personal cuando se produjera la derrota que casi todos los líderes separatistas daban por segura.

Desgraciadamente la acción política de los independentistas acabó provocando en una parte de la sociedad catalana una espiral de locura, fanatismo sectario e irracionalidad que ha estado en el origen de otra irresponsabilidad si cabe más perturbadora: aquella por virtud de la cual la práctica totalidad de los votantes nacionalistas han decidido que bendecirán el día 21 a quienes han provocado en Cataluña un destrozo verdaderamente formidable.

Y como, al parecer, nadie se atreve a decirlo sin tapujos, lo haré yo: según todos los sondeos, hay al parecer en Cataluña en torno a dos millones de votantes a los que no les importa nada haber estado gobernados durante años por la cleptocracia pujolista, ni menos aún haber puesto después el poder autonómico en manos de un grupo de tarambanas, formado en diferente proporción por desaprensivos e insensatos, que han destrozado el buen nombre de Cataluña y dañado el de España gravemente, que han hecho cisco la convivencia entre catalanes nacionalistas y no nacionalistas y han provocado un daño enorme a la economía catalana y española en su conjunto. Unos irresponsables dirigentes a los que dos millones de catalanes, rompiendo una regla de oro de la democracia, no están dispuestos a exigir que rindan cuentas. Esos, para los que un Iceta completamente desnortado y abducido por el nacionalismo pide ya el indulto, como si sus presuntos delitos fueran una coña marinera.

Escribía el filósofo y novelista hispano-norteamericano Jorge Ruiz de Santayana que la sabiduría llega con las desilusiones, lo que, siendo indiscutible con carácter general, no corre, por lo que se ve, para el electorado nacionalista catalán, que se muestra dispuesto a tropezar en la misma piedra sin parar aunque con ello solo consiga caerse de bruces y abrirse la cabeza. Y abrírnosla, de paso, a otros muchos millones de españoles.

La anomalía catalana
Antonio Robles Libertad Digital 15 Diciembre 2017

Inés Arrimadas: "Cs es el único partido que puede derrotar al secesionismo el 21-D". Es posible, incluso probable. La cuestión no está en derrotar al secesionismo el 21-D, sino en derrotarlo a partir del 21-D. Y por las declaraciones que acaba de hacer Miquel Iceta pidiendo el indulto cautelar para los golpistas del 1-O, nada hace prever que tal empresa sea posible.

Si la declaración de principios que el PSC hizo al inicio de campaña prometiendo todas las reivindicaciones históricas del nacionalismo que nos han traído hasta aquí (modelo de escola catalana, relaciones bilaterales, condonación de la deuda, federalismo asimétrico, modelo de financiación similar al concierto y el cupo vascos, agencia tributaria propia, anulación de la sentencia constitucional sobre el actual estatuto para disponer de un TSJC como última instancia judicial… plurinacionalidad, monolingüismo institucional en Cataluña y multilingüismo para el resto de España), ¿qué acuerdo para formar Gobierno saldría del triunfo del bloque constitucionalista? Con estos mimbres, ¿qué derrota podría infligir Cs al secesionismo a partir del 21-D? ¿Cómo podría garantizar Cs los derechos civiles de todos los catalanes y restaurar la democracia en Cataluña?

Una vez más, la anomalía catalana nos recuerda el error o la renuncia de Cs a sus principios fundacionales al optar por suplantar al PP en lugar de acabar con la complicidad histórica de la izquierda con el nacionalismo, verdadera causa sociopolítica de la hegemonía moral de éste. Sin el concurso de la izquierda en general y del PSC en particular, nunca hubieran prosperado en política personajes esperpénticos como los que encabezan esta berrea flamenca.

En lugar de bailarles el agua, deberían haberlos combatido y desenmascarado. Porque lo que entonces vendieron por greuges hoy es supremacismo, desprecio, exclusión, clasismo, racismo cultural. Y con eso no se convive, se combate.

La anomalía catalana sigue ahí, más presente que nunca. Es la falta de una izquierda emancipadora, ilustrada, democrática, defensora del bien común, tan alejada del clasismo y de los derechos históricos como cercana a los derechos civiles y sociales, tan cercana a los derechos individuales y la libertad como alejada de los privilegios territoriales o las imposiciones identitarias. ¿Dónde está esa izquierda hoy en Cataluña? ¿Quién nos puede garantizar una sociedad posnacionalista sin esa fuerza emancipadora? Domènech no, Colau menos, el PSC nunca. Cs y el PPC, enredados mutuamente en aumentar su espacio electoral a consta del otro, no llegan.

¿Qué hace falta urgentemente en Cataluña para acabar con esa anomalía? Romper con la equidistancia interesada, acomplejada o instrumental del PSC ante el nacionalismo. Para eso nació Cs como tarea inicial. Ahora la han relegado en nombre de paraísos electorales donde nacieron y crecieron el 3% y la inmersión. Una apuesta de poder sin ningún poder para ejercerlo después, pues nada se puede construir sin antes neutralizar esa atmósfera social donde todo seguidor del lazo amarillo considera cualquier coz a la ley una oportunidad para la democràciay cualquier apuesta ilegal de sus políticos, el camino legítimo a la llibertat. Y con buena conciencia. Es el aliento del rebaño, la amenaza de la manada, la sinrazón de la razón y la muerte del Estado de Derecho, la grieta por donde se colaron todas las tragedias del siglo XX.

Una lástima, Centro Izquierda de España (dCIDE) convocó a los partidos constitucionales a un pacto para garantizar 7 puntos universales imprescindibles para empezar a acabar con esa anomalía catalana. El PPC acusó recibo a través de su presidente, Xavier G. Albiol, y Miquel Iceta agradeció el ofrecimiento, aunque declinó el pacto. Cs ni siquiera contestó. ¡Cómo cambia el mundo desde el cielo! Cuando Cs no era gran cosa, Albert Rivera se lamentaba de los desaires de Rosa Díez a Cs por no compartir lo que les unía en lugar de ignorarse. Ahora ni siquiera contesta al partido que trata de enmendar los errores que tanto criticó entonces y hoy ha olvidado. Estas pequeñas cosas delatan cómo pueden hacerse las grandes.

La anomalía catalana seguirá sin oponente.

Morir por amar a España
Los podemitas que ampararon al asesino de Víctor Láinez son odiadores henchidos de buena conciencia
Isabel San Sebastián ABC 15 Diciembre 2017

Víctor Láinez había decidido lucir la bandera de España en los tirantes. Otros la hemos colocado recientemente en la fachada de nuestras casas. Es nuestra enseña nacional; un símbolo demasiado tiempo escondido por los complejos reinantes entre muchos de nuestros políticos. Es un emblema recuperado al fin para la vida pública, tras largos años de exilio, que los españoles exhibimos con orgullo creciente a medida que aumentan las ofensas que le infligen quienes han hecho del odio su oficio y de la mentira su negocio. Rodrigo Lanza, asesino (presunto) del compatriota zaragozano cobardemente abatido por manifestar de ese modo su amor a la bandera de todos, es un exponente claro de la ralea a la que me refiero.

Ralea de odiadores henchidos de buena conciencia son los podemitas que ampararon a este sujeto violento cuando cumplió su primera condena por dejar tetrapléjico de una pedrada a un guardia urbano de Barcelona que trataba de llevar a cabo un desalojo. Cinco años de prisión le cayeron. Poco, muy poco tiempo de reclusión, considerando que su víctima vive atada a una silla de ruedas. Por aquel entonces Pablo Iglesias se emocionaba (sic) al ver cómo la turba agredía a un policía antidisturbios de Madrid. Le conmovía esa "expresión de rabia", sabiamente agitada por él, y salía lógicamente en defensa del rabioso barcelonés venido de tierras chilenas, brindándole todo el apoyo de su formación política. También Ada Colau, actual alcaldesa de la Ciudad Condal formada en las filas de los movimientos antidesahucio, pese a no haber conocido la experiencia, hacía frente común con el agresor, llenando las redes sociales de mensajes de respaldo. No en vano el tal Lanza se ha dedicado a vivir del cuento en calidad de "okupa"; es decir, de gorrón con patente de corso. "Antisistema", se denominan los de su calaña, mientras ese sistema al que denuestan les da de comer, les educa y les cura cuando enferman, con cargo a los impuestos que pagamos otros trabajando. "Antifascistas", se autoproclaman, empuñando una barra de hierro para golpear por la espalda a un hombre cuyo "fascismo" consiste en llevar unos tirantes con los colores de la rojigualda. ¡Y no se les cae la cara de vergüenza! Ni siquiera ayer, a la vista de los hechos, tuvo el ayuntamiento podemita de Zaragoza la decencia de condenar sin paliativos lo sucedido. Se limitaron a deplorar "cualquier tipo de agresión", como hacían los batasunos y sus amigos peneuvistas cada vez que ETA "sacudía el árbol" con un atentado terrorista. Rechazamos la violencia "venga de donde venga", repetían. Cuñas de la misma madera podrida…

Lanza encarna, junto a sus valedores de extrema izquierda totalitaria, lo peor de una España minoritaria, resentida, envenenada de ira y de odio hasta el punto de matar por unos tirantes. Lo más siniestro de una patria grande que, pese a ellos, nos acoge a todos en libertad. De esta España escarnecida, amenazada, saqueada e insultada por muchos de sus propios hijos, mientras los demás, la mayoría, honramos sus emblemas y sus símbolos con la cabeza bien alta. En el extremo opuesto de la Nación se encuentra la mejor versión de sí misma. Instituciones como la Corona, las Fuerzas Armadas y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, cuya labor ejemplar se inspira en un alto sentido del honor, en la vocación de servir y en la lealtad a esa bandera que simboliza, precisamente, lo que es y representa nuestra España. La de verdad.

EL ASESINATO DE VÍCTOR LAÍNEZ
Los seis pasos para blanquear agresiones y asesinatos de la ultraizquierda
Juan E. Pflüger gaceta.es 15 Diciembre 2017

Medios de comunicación, políticos de todo signo y usuarios de redes sociales están empeñados en manipular la realidad para justificar asesinatos como el de Laínez

El asesinato de Víctor Laínez vuelve a dejar claro que existe un método organizado, un manual asumido por una parte del sistema político y mediático para blanquear los crímenes contra aquellas personas que no tienen ningún miedo a mostrarse como patriotas. La estrategia es más que clara y, en este caso se están cumpliendo todos y cada uno de los pasos.

Es más que interesante analizarlos uno a uno. Establecer ejemplos de cómo desde muchos medios de comunicación, partidos políticos, instituciones públicas y desde las redes sociales se está cumpliendo este manual. Con ello consiguen que casos como el de Laínez, asesinado por llevar una bandera de España, acaben siendo asumidos por una parte importante de la sociedad como algo natural.

1.- Ocultar el ataque
En esto existe una connivencia clara entre la mayoría de los medios de comunicación y los responsables políticos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La mortal agresión contra Laínez se produjo en la noche del viernes al sábado pero hasta tres días después, y solamente gracias a la acción de algunos usuarios de las redes sociales que mantenían contacto con familiares y amigos de la víctima, no empezó a hablarse de la noticia. Primero fuimos algunos medios los que investigamos y publicamos la información, pero hubo que esperar hasta el martes para que los grandes grupos de comunicación se hicieran eco.

Esta forma de actuar choca con otros casos, como el de Carlos Palomino, un joven perteneciente a grupos de la ultraizquierda que fue asesinado el 11 de noviembre de 2007 por la mañana. Su asesinato abrió todos los telediarios de aquella tarde. Fueron suficientes unas pocas horas para que ese asesinato fuera elevada a la noticia más importante del día. En el caso de Laínez hubo que esperar tres días para conocer la agresión que había sufrido supuestamente a manos de un grupo de radicales de izquierda.

2.- Dar datos confusos o falsos
Esta es una de las técnicas más depuradas de todo el proceso. Es la parte con la que más se manipula a la opinión pública. Ante la falta de informaciones, las redes sociales juegan un papel muy importante en este proceso. Basta con que alguien suelte una ocurrencia como para que se convierta en una verdad. El problema es que muchas de esas ocurrencias son filtraciones interesadas por parte de quienes participan en el blanqueamiento del crimen.

El ejemplo más claro en este caso es el juego con la nacionalidad del detenido y principal sospechoso, Rodrigo Lanza. Primero se dijo que era chileno, luego, tras la publicación en un medio de comunicación, se informó de que tenía la doble nacionalidad chilena e italiana. El debate ya no era si la acción que se le achacaba por parte de los investigadores policiales era un crimen brutal, el debate es si se le debía haber expulsado de España tras pasar cinco años en la cárcel por dejar tetrapléjico a un guardia urbano de Barcelona.

La información, con un claro contenido tendencioso, ha sido desmentido a La Gaceta por fuentes policiales que aseguran que Lanza tiene la doble nacionalidad, pero que es chilena y española. Y no es la única falsedad. Desde el entorno del detenido se viene dando informaciones falsas sobre su pasado. El único objetivo es el de desviar la atención para que nadie recuerde que la víctima fue asesinada por llevar unos tirantes con la bandera de España.

3.- Ocultar la identidad del agresor
Desde que a primera hora de la mañana del pasado lunes se empezara a dar información con cuentagotas sobre la agresión que había dejado en estado de muerte cerebral a Laínez, desde el Ministerio del Interior se evitó dar la identidad del supuesto agresor detenido. Y cuando empezaron a darse datos se dieron las iniciales. Curiosamente primero se dieron mal ¿un error? No, porque cuando los medios de comunicación conseguimos la identidad del agresor cambiaron los datos en su segunda nota de prensa, sin ninguna mención al cambio de iniciales.

Todos los medios publicaron que se había detenido a un individuo llamado R.L.I. y en ningún caso se dio su identidad. Es más, se ocultó que el mismo lunes había sido detenida una segunda persona para ser interrogada por su relación con la agresión. Interior solamente cambió las iniciales por las reales, R.L.H. cuando ya muchos medios llevábamos el nombre del detenido.

4.- Blanquear al culpable
Tras conocerse la identidad del detenido por la agresión de Laínez, desde los medios más afines a la izquierda española empezaron a publicarse informaciones que señalaban que su anterior condena, por dejar parapléjico al guardia de Barcelona, había sido fruto de un “montaje policial y judicial”.

Es más, todos estos medios se hicieron eco rápidamente de documentales, programas y conferencias en las que se le había dado voz a Lanza para que defendiera su versión frente a la decisión judicial. Un intento claro de señalar que era una víctima, no un culpable. Generar una corriente de opinión dentro del sector más radicalizado de la opinión pública -y en el no tan radical- que pensara que si se había “manipulado” una vez, no era extraño que esto sea una manipulación.

5.- Criminalizar a la víctima y a quienes cuentan la verdad
Es uno de los puntos más crueles e injustos de toda esta planificación. Se trata de buscar antecedentes en la vida de la víctima para que el asesinato quede justificado. Como si un asesinato de estas características pudiera tener justificación. Encontraron que durante muchos años Laínez había militado en Falange Española de las JONS, y encontraron su presa. Ninguno de los medios o responsables políticos que han hecho referencia a ello, salvo honrosas excepciones, ha explicado que Falange es un partido legal, registrado como tal y que cumple escrupulosamente con la Leyy de Partidos.

Ya lo han señalado como “un fascista”, que además tiene fotos con gente que lleva simbología fascista. Para muchos esto es más que suficiente para que se merezca la brutal agresión de la que fue víctima. Y se encuentran comentarios como el de Oscar Reina, alias “el pancetas”, secretario general del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT). Declarado admirador del etarra Otegi, que no ha dudado en calificar el asesinato de Laínez como un acto de autodefensa frente a una agresión fascista:

Una opinión que retrata a quien la expresa porque justifica un asesinato por cuestiones ideológicas. Como él, muchos usuarios de redes sociales de marcada ideología ultraizquierdista han seguido el mismo argumento para criminalizar a la víctima.

A partir de ese momento, todo aquel que tenga la ocurrencia de señalar la mentira de este argumento y diferenciar claramente entre víctima y asesino, queda tachado de fascista, al igual que cualquier medio que mantenga la fidelidad a la realidad, alejándose de las manipulaciones.

6.- Señalar que los malos son los fascistas
Completa el paso anterior, porque desde los medios y políticos que se suman a esta manipulación, entre los que se encuentran muchos que no son de izquierdas, lo que denominan fascista está criminalizado per se. Mientras tanto, los radicales de izquierda son tratados con toda la cortesía política y profesional que son capaces de desarrollar.

Son los mismos medios de comunicación y políticos que jamás se hacen eco de los informes realizados por la Policía que señalan que la violencia protagonizada por la extrema izquierda duplica a la de la extrema derecha. Que existen más del triple de grupos anarquistas y comunistas violentos que del otro espectro ideológico y que por cada muerte a manos de un “ultra”, se producen en España tres a manos de un “antisistema”.

Con esta forma de actuar no consiguen sino animar a unos violentos que cada vez cuantan más con la impunidad que les da la protección de muchos medios de comunicación y de políticos. Una impunidad que les lleva a radicalizarse más en sus posturas violentas. Y una radicalización que les lleva a cometer cada vez más crímenes. La última víctima ha sido Víctor Laínez ¿quién será la próxima?

Esta forma de actuar ya está siendo denunciada en las redes sociales por algunos usuarios. No es nada nuevo, porque en España se lleva padeciendo muchos años. Pero quizá denuncias como esta y las que se encuentran en las redes sociales ayuden a parar el blanqueo de unos crímenes que, por lo que parece, no se van a detener.

Cuenta atrás para la traición a España (-8)
Vicente A. C. M. Periodista Digital

MIQUEL ICETA QUIERE RECONCILIAR A LOS CATALANES Y PEDIRÁ INDULTO PARA LOS GOLPISTAS. PUIGDEMONT PIDE PERSONARSE EN SU PROPIA CAUSA Y EL JUEZ LLARENA LE PIDE QUE VENGA A PERSONARSE ANTE ÉL.

Que Miquel Iceta es un impresentable en el que no se puede confiar, no creo que a estas alturas nadie lo ponga en duda. Y aquí no vale poner como excusa la campaña electoral para justificar los posibles excesos verbales y estas propuestas fuera de lugar y de tiempo. Porque este sujeto que un día se declara constitucionalista y otro día se propone como el intermediario entre posiciones radicales, queda retratado como lo que es: un demagogo vendedor de feria que reparte lisonjas a todos y a todas (y perdonen esta majadería de usar dos plurales impuesta por un progresismo cateto), con tal de vender su producto. En esta ocasión, insiste, para que nadie piense que ha sido un lapsus, en que, si los golpistas son condenados en firme por el Tribunal Supremo por sus delitos de rebelión, sedición y malversación, pedirá que se les conceda el indulto, y todo en aras de la reconciliación entre los catalanes y para cerrar heridas.

Y le pregunto yo a este bailongo karaokista ¿y qué pasa con la reconciliación de los catalanes con el resto de españoles a los que nos han insultado, agredido en nuestros derechos constitucionales y acosado por sentirnos orgullosos de ser españoles? ¿Dónde está la condena o el mínimo reproche por la muerte de un español a manos de un asesino reincidente por el simple hecho de llevar unos cinturones con los colores de la bandera de España? Y habla este sujeto de indulto a quienes no tuvieron empacho en violar la Constitución, en injuriar a España y a los españoles, en sonreír mientras se pitaba su himno en presencia del Jefe del Estado, en quemar banderas y en quitarlas de las Instituciones públicas para sustituirlas por unas ilegítimas e ilegales banderas con una estrella. Para reconciliarse, lo primero que tiene que haber es arrepentimiento por parte del que ha vejado y pedir perdón. Justo lo contrario que exigen los golpistas, que además de injuriar, insultar y perseguir a quienes disienten de sus objetivos, quieren que les pidamos los españoles perdón por haberles sometido durante siglos. No quieren reconciliación sino independencia.

Es por eso que aún resulta mucho mas lamentable y cínica la postura de este Miquel Iceta y de su partido nacional socialista que nada tiene que ver con el PSOE, al menos el que no comulga con las tesis de Pedro Sánchez y su Ejecutiva. Porque esos son los que dicen ahora que “respetan” la propuesta de su socio federal, como si esa proposición fuera respetable y no un acto de connivencia con los golpistas disfrazado de conciliación. Los delitos no pueden quedar impunes porque los golpistas son los responsables de las graves consecuencias que estamos soportando todos los españoles en cuanto al daño a la convivencia, a la economía y al prestigio y fama de España a nivel internacional. No se puede negar la existencia de esos delitos y querer pasar página como si nada hubiese ocurrido. Porque la realidad es que ocurrió y sigue ocurriendo con el vergonzoso espectáculo que dan Carles Puigdemont y el resto de fugados de la Justicia de España y que se refugian en Bélgica, no fue un espejismo ni un mal sueño y el mal ya está hecho.

Y la verdad es que estoy más que harto de este impresentable sujeto, Miquel Iceta, y también de un PSOE incapaz de desligarse de este grupo de nacionalistas que si no se declaran independentistas es porque saben que sus votantes no lo son, al menos la primera generación, esa de los inmigrantes y sus hijos integrados en los cinturones industriales de las grandes ciudades catalanas. Los mismos que permitieron poner en el poder a socialistas como Maragall o Montilla en contraposición con el ultranacionalismo de CiU y el todo poderoso Jordi Pujol que mangoneó Cataluña a su antojo durante décadas creando la base de este independentismo radicalizado tras su retirada de la primera línea mientras gobernaba desde la segunda a través de su pupilo Artur Mas, que intenta recuperar lo perdido y anular al ambicioso Carles Puigdemont.

Porque la realidad es que el nacionalismo es rentable mientras se mantenga el status quo que existía hasta que se decidió realizar la hoja de ruta del “procés” y culminarla con el delirio de la declaración unilateral de independencia sin que se dieran las condiciones para ello. Así que esa reconciliación es la que intentará Artur Mas protagonizar y acaparar presentándose como el nuevo pujolismo moderado que tan buenos réditos les ha dado en su relación con el Estado, es decir, con los diferentes Gobierno de España del PSOE y del PP. Y en ese escenario, alguien como Miquel Iceta y su PSC que va por libre, no tienen cabida. Lo pragmático es mantener la llama identitaria pero sin forzar la situación y sin mencionar a “la bicha” de la independencia.

Y no deja de ser digno de analizar el descaro del fugitivo Carles Puigdemont que, supongo que a través de sus abogados, ha pedido personarse en las causas que lleva el juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, contra todo el entramado golpista en el que Puigdemont se encuentra encausado y declarado en rebeldía con una orden de búsqueda, detención y puesta a disposición judicial. Antes en toda la UE con una euroroden anulada y ahora solo en el territorio español. Así que no puede extrañar que el juez haya respondido negativamente a esta petición, recordándole lo anterior y que lo que tiene que hacer es personarse físicamente ante él regresando a España.

No pasa ni un día en que este fugitivo aparezca en videoconferencia ante sus incondicionales en una gran pantalla en el escenario de cualquier local donde se celebren mítines. No hay duda de que sabe muy bien aprovechar su fuga y los medios técnicos de comunicación para mantener esas comparecencias virtuales, como hacemos cualquiera de nosotros usando el programa Skype con videollamadas a través de la red de Internet. Cuentan con medios y con fondos de esa inagotable Caja de Solidaridad de la ANC, que sigo esperando a que Hacienda, la del Sr. Montoro, investigue la procedencia legal y justificada de todos los ingresos y donaciones habidas durante los últimos años fiscales y si han sido debidamente declarados. ¿Le importaría Sr. Montoro cumplir con su obligación y auditar las cuentas?

El caso es que como ya dije en otra ocasión, el que está en clara inferioridad es el preso Oriol Junqueras, que se debe conformar con la remisión de cartas a sus colaboradores de ERC para que sean leídas en mítines, o como sucedió ayer sea leída por el Diputado de ERC, Joan Tardá en el Congreso (de los Diputados),- lo pongo así por la enésima necedad de una feminista que asegura que es sexista el actual nombre, ya que habría que decir también "y las diputadas"-. Y claro lo que no se dice es que el que debería estar en prisión acompañando a Junqueras es Carles Puigdemont como máximo responsable. Hay una injusticia, pero solo porque Carles Puigdemont se fugó de España para evitar la cárcel. Y la otra injusticia es que los golpistas puedan volver a presentarse como candidatos a las elecciones, por la sola razón de no haber sido aún condenados a inhabilitación, cosa que se merecen, así como que sus respectivos partidos PDeCAT y ERC sean ilegalizados y las asociaciones civiles ANC y OMNIUM ilegalizadas o suspendidas. Y aquí el acudir a antecedentes jurídicos como el de un representante de BATASUNA que tomó posesión del Acta de Diputado, en una Partido que fue ilegalizado por su pertenencia a ETA, es querer justificar lo que sería un fraude de Ley y pervertir el “fair play” de la democracia real.

Mejor harían los legisladores en resolver estas deficiencias graves y carencias de la Ley en cuanto al mantenimiento de derechos en casos tan excepcionales como los que se han producido con el golpe de Estado en Cataluña. Hay que recordar que el Gobierno de la República no se anduvo con tantas reticencias y sofocó el golpe de Estado y encarceló a sus responsables

¡Que pasen un buen día!.

La caza de fascistas
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 15 Diciembre 2017

Parecía imposible superar el sectarismo ideológico de la inolvidable portada de El País tras el atentado contra las Torres Gemelas: "El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush". Casi 3.000 muertos en Manhattan y lo que preocupaba al mundo de Cebrián era la reacción del país agredido, no la agresión, porque el malo tiene que ser Occidente, nunca el Islam. Pues bien, con el asesinato de Víctor Laínez, la criatura de tinta predilecta de Soraya y Rajoy se ha superado. Así daba la noticia en un minúsculo recuadro su portada de ayer: "El crimen de Zaragoza enciende las alarmas sobre el odio político: En la ciudad no se explican que unos tirantes de la bandera de España causaran la agresión. El acusado es un joven de origen chileno, nieto de un militar de la dictadura".

Es difícil tergiversar tantos hechos en tan pocas líneas. Se oculta -y desprecia- el nombre del muerto; se elude -y protege- el de su asesino. Y los únicos datos sobre ese "odio político" que "enciende las alarmas", nos remiten a Pinochet, cuyo espíritu se habría manifestado en Zaragoza. De creer al diario más protegido de sus accionistas por el Gobierno del PP, lo que Zaragoza no se explica es que el pinochetismo asesino se equivocara de bandera, y en vez de matar a un rojo, matara a un nacional.

El editorial, que oculta la ideología comunista del presunto asesino, niega que tras el crimen haya nada organizado -Lanza pertenece a Zaragoza Antifascista, Juventudes Libertarias y al grupo okupa Kike Mir, protegido por el alcalde Santisteve-, con lo que sobrarían "las alarmas", y generaliza un odio que es sólo parcial aunque creciente: el de las ideologías defendidas por El País desde hace décadas, la izquierda y el nacionalismo antiespañol. Pero apalear chicas con la camiseta de la Selección de fútbol, pegarle fuego a una casa por tener una bandera española en el balcón, atacar sedes y militantes de PP, Cs, PSC o Sociedad Civil Catalana, los alardes de masas contra España y los españoles en el Camp Nou y TV3 o el deporte de "cazar fascistas", ensalzado por Pablo Iglesias, no tienen equivalencia en el bando siempre agredido que es el de los españoles. Cebrián querría haber titulado: "España en vilo a la espera de las represalias de Rajoy"; pero como es su padrino empresarial, tuvo que resucitar a Pinochet.

Los colores de la bandera
IVÁN VÉLEZ El Mundo 15 Diciembre 2017

Unos tirantes con los colores de la bandera española accionaron el resorte homicida de Rodrigo Lanza. Víctor Laínez pagó con su vida la exhibición de un símbolo común y varias veces centenario, republicano incluso durante el siglo XIX. Muerto el legionario, no han faltado las habituales voces que han tratado de buscar algo muy parecido a la justificación del crimen: Laínez, según se ha comentado, simpatizaba con Falange, y Falange conduce inevitablemente a Franco y a una España eterna, prisión de naciones. Estremera sería el acabado símbolo de Francoland.

«España es una unidad de destino en lo Universal». Durante el franquismo, esta definición de tintes esencialistas fue omnipresente. Sin embargo, antes de formar parte de la terminología habitual del Régimen, la expresión ya figuraba en 1933 en un documento titulado Puntos iniciales que daban sintético cauce al ideario de una Falange Española que todavía no había añadido a sus siglas la T de un tradicionalismo en el que muchos vieron la semilla disolvente del anhelo revolucionario que atravesaba al partido de José Antonio. El texto, apenas un prontuario, afirmaba que España era -repárese en el tono paritario- «un agregado de hombres y mujeres», una realidad histórica que, ajustada a los quicios orteguianos, había cumplido, y aún tenía pendientes «misiones universales». Frente a tan elevadas expectativas, la grave amenaza de la división se cernía sobre España. Tres eran los elementos desestabilizadores señalados: los separatismos locales, las pugnas entre partidos políticos y la lucha de clases.

En cuanto a la cuestión territorial, con un separatismo que había mostrado su vigor especialmente tras la pérdida de Cuba, el texto, en el cual se emplea la expresión «lengua propia», daba cuenta de la diversidad española. Lejos de presentar una visión monolítica y homogénea de España, se reconocía la existencia de unos pueblos que habían cumplido su destino «bajo el signo de España». Tal visión, compatible en cierto modo con el actual Estado autonómico que resultó de la transformación del franquismo -la transición frente a la ruptura-, explica el hecho de que algunos camisas viejas, por ejemplo Dionisio Ridruejo, divisionario azul devenido en socialdemócrata, tras comprobar la pérdida de peso de Falange más allá de la persistencia de su simbología, rescataran una estructura territorial que encajaba con la existencia, al parecer también eterna, de dichos pueblos. Ex trotskistas, jesuitas, socialistas y nacionalistas fraccionarios fueron configurando unas bases ideológicas que prefiguraron el actual Estado.

No obstante, pese a que la fórmula «España es una unidad de destino en lo Universal» se asocia pavlovianamente a Falange y a Franco, el rótulo tenía unos antecedentes muy anteriores a José Antonio, líder de lo que denominaba un «antipartido». Muy influido por Mussolini, quien se convirtiera en El Ausente, también lo estuvo por Ortega, a través de cuya obra se había filtrado la filosofía alemana en muchos de los ambientes frecuentados por Primo de Rivera. El filósofo madrileño había tomado prestada la expresión del socialista alemán Otto Bauer, cuyo influjo también se extendió a algunos de los redactores de la actual Constitución. Antes de alcanzar su gran popularidad, existía, no obstante, un precedente en un escrito del que fuera presidente de la I República española, el federalista Emilio Castelar, separado de su cátedra de Historia y Filosófica de España en la Universidad Central de Madrid en 1865 por publicar el artículo El rasgo (La Democracia, Madrid 25 de febrero de 1865), en el que se mostraba muy crítico con el patrimonio de la reina Isabel II. El republicano, luego involucrado en la Revolución de 1868, es el autor de otro texto -Sobre la libertad de la Iglesia, La América, Madrid 25 de febrero de 1964-, en el que se unían dos líneas muy presentes en los textos joseantonianos: el cristianismo y la impronta filosófica alemana, incluyendo en esta última a Krause, tan influyente en la socialdemocracia española. Castelar vinculó la expresión «unidad de destino» a la trascendencia, a una universalidad que tenía la escala de la Humanidad. Démosle la palabra al gran orador gaditano: «Así ha decaído la caridad, el amor, la fraternidad, ese generoso sentimiento que proviene de la unidad de origen y de la unidad de destino en todos los hombres».

Estas fueron las palabras de Castelar, que se dolía de la ausencia del ardor patriótico exhibido durante la Guerra de la Independencia o durante los días en que se redactó la Constitución de Cádiz, al tiempo que mostraba su fe en la democracia, favorecedora de la libertad y a la vez beneficiada por la faceta social de la Iglesia, asociación esta que un siglo más tarde se hizo visible en la España franquista de los 60 que manejaba el concepto de «democracia orgánica». Siete décadas más tarde, José Antonio ajustó la escala de Castelar a una sociedad política concreta: España.

La pretendida inmarcesibilidad de España, afirmada por José Antonio, contrastaba con una serie de corrientes anarquizantes que ya habían comenzado a operar, no sin recibir la dura crítica de Federico Engels, en la España de Castelar. Neutralizado el cantonalismo al que condujo la urgencia de los seguidores españoles de Bakunin, la década de los años 20 estuvo marcada por el rebrote del anarquismo, que floreció especialmente y de un modo criminal, en la ciudad de los prodigios. Desde esa misma Barcelona erigida sobre la cuadrícula burguesa de Cerdá, se reclamaron medidas para terminar con un movimiento que contaba incluso con la dimensión pedagógica, la otorgada por Francisco Ferrer y Guardia. No en vano fue el bibliotecario de la Escuela Moderna, Mateo Morral, quien lanzó un ramo de flores, con una bomba alojada en su interior, al paso de la comitiva nupcial protagonizada por Alfonso XIII y Victoria Eugenia. El encargado de neutralizar el pistolerismo fue Miguel Primo de Rivera, padre de quien se declaró partidario del empleo de «la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria».

Un siglo más tarde, el publicitado pluralismo barcelonés ha permitido hacer convivir a los devotos y pulcros hombres del 3% con una serie de subproductos catalanistas englobados bajo la etiqueta antisistema. Tanto unos, los catalanistas más conservadores, como muchos de los que se miran en el estridente espejo abertzale, comparten su fobia a España, convergencia que alcanzó su momento estelar cuando el anterior alcalde de Barcelona corrió con los gastos de la grey okupa a la que tan afecta su sucesora Colau. Dinero público sirvió también para arropar a Lanza, protagonista de un documental de macabro título que hizo las delicias, entre otros, a Rufián y Évole, conmovidos ante un filme que trataba de mostrar la persistencia de un sistema, el judicial español, que mantendría la inercia corrupta del franquismo cuyas esencias seguirían cultivándose en ambientes como los que Laínez, novio de la muerte, conocía.

En 1917, Picasso pintó El Paseo de Colón. El lienzo ofrece una vista cubista desde una de las habitaciones del Hotel Ranzini tras cuyo balcón se ve la bandera bicolor española, con la estatua de Colón al fondo. Cien años después, los mismos colores que han llevado a Laínez a la tumba, cubrieron las calles de Barcelona en la multitudinaria manifestación del 8 de octubre de 2017, mostrando hasta qué punto la nación se resiste a ser aniquilada, ya sea en la oscuridad de la noche ya en la cálida atmósfera de los hemiciclos.

Iván Vélez es filósofo y autor, entre otros, de Sobre la Leyenda Negra (Encuentro, 2014) y El mito de Cortés (Encuentro, 2016).

España, un «Estado plurinacional» en los libros escolares catalanes
Los manuales de secundaria de esta comunidad relatan la Historia como un «conflicto constante» entre España y Cataluña donde «el gobierno español es el malo y el catalán el bueno»
E. ARMORA / P. CERVILLA ABC 15 Diciembre 2017

«Un cuento de buenos y malos». Los libros que utilizan los alumnos de Educación Secundaria (ESO) en Cataluña relatan la historia de nuestro país como «un constante conflicto entre España y Cataluña, donde los gobernantes españoles son los malos y los catalanes los únicos que lideran los episodios positivos». Así lo revela el último informe del sindicato docente Acción para la Mejora de la Enseñanza Secundaria (AMES), centrado en los libros que se utilizan actualmente en los institutos catalanes y al que ha tenido acceso este diario. El informe, que será presentado íntegramente el próximo lunes y que analiza los textos de 19 libros de esta etapa, demuestra una vez más como la palabra España está prácticamente desterrada de los textos escolares, que es sustituida de forma generalizada por «monarquía hispánica» o por «estado español», que los autores señalan como «plurinacional».

«Dan por sentado que España es un estado plurinacional y aluden a la Constución para justificarlo», denuncian los autores del informe. «El hecho de que la Constitución, que también califica a España como nación, establezca la existencia de nacionalidades (sinónimo de nación) permite afirmar que el estado español es plurinacional», apunta uno de los libros analizados en su página 19 el libro ().

En otro de los manuales se muestra un mapa de Europa coloreando las regiones donde hay un porcentaje de personas que desean la autodeterminación, «sin indicar que en muchas de ellas ese porcentaje es muy pequeño», apunta el sindicato. Denuncia, asimismo, que en el citado gráfico se señala junto a Cataluña, también a la Comunidad Valenciana y a las Islas Baleares, intentado generar la idea de que todos los «países catalanes» quieren la independencia».

Por otro lado, en la mayoría de los libros de texto revisados, la Historia de España se presenta como un constante conflicto entre España y Cataluña. De este modo, los tres enfrentamientos más repetidos en los manuales son la «Guerra dels Segadors», la «Guerra de Sucesión» y la proclamación de la «República de Cataluña». En uno de los manuales consultados por este diario, la Guerra de Sucesión se presenta como la oportunidad que aprovechó el rey Felipe V para «castigar a los catalanes, a su cultura y a sus instituciones». «Nada se dice de la traición que cometieron los gobernantes catalanes con su rey al alinearse con el otro pretendiente de la corona», señalan portavoces de AMES.

En el contexto de esta «permanente tensión» entre los dos gobiernos, en muchos de los libros revisados «los gobernantes de España siempre aparecen coartando las libertades, las costumbres, las tradiciones y la lengua propia de Cataluña, mientras que los gobernantes catalanes siempre aparecen defendiéndolas y sin cometer error alguno. Generalmente no se hace ninguna referencia a acciones positivas por parte del Gobierno de España, ni a proyectos comunes, ni a éxitos conjuntos, etc.», asegura el sindicato denunciante.

Tal como avanzó ABC en su edición del pasado 28 de octubre, este segundo análisis sobre los libros, basado en manuales de 2º, 3º y 4º de ESO de las editoriales Barcanova, Cruïlla, Edebé, La Galera, Santillana, Teide y Vicens Vives, revela, entre otras cosas, que se evita de forma premeditada el uso del término español, llegando algunos autores al extremo de tildar, en el contexto del siglo XVII, a artistas castellanos como «artistas extranjeros».

En el bloque de Historia del libro «Geografía e Historia» de 3º de Secundaria de la editorial Cruïlla (2017), «prácticamente no aparece el nombre de España, ni en los textos, ni en los mapas», precisa AMES. «En su lugar, el libro se refiere a los diferentes Reinos que se unieron para constituirla, es decir, la Corona de Castilla y la Corona de Aragón, que en el libro se denomina Corona catalanoaragonesa, un término que carece de rigor histórico», aclara el sindicato.

En el mismo manual, en la página 23, se presentan, en el contexto del siglo XVI, a los «artistas castellanos» en el grupo de artistas extranjeros. «En escultura y en pintura las novedades renacentistas fueron introducidas por artistas extranjeros (castellanos, italianos y flamencos...)». Dos páginas después, aludiendo al mismo siglo, se incluye un mapa de las religiones en Europa y, al referirse a España, se usa el nombre de Monarquía Hispánica «en lugar de Monarquía de España», apunta AMES. «No es un detalle menor –dice el sindicato–, porque no se habla de Monarquía francesa sino de Francia, ni de Monarquía portuguesa, sino de Portugal, etc..». Se presenta a los Reyes Católicos como «una monarquía autoritaria» e insinúan que «eran enemigos de la diversidad de culturas y de lenguas».

Tras afirmar (pág. 33) que «los Reyes Católicos empezaron a implantar una monarquía autoritaria, que se preocuparon de expandirla territorialmente y que reforzaron su poder sobre los diversos grupos sociales», se lanza la pregunta: «¿Crees que los dominios de los Reyes Católicos era un estado pluricultural, plurilingüe y plurirreligioso?». «Es evidente –añade el sindicato denunciante– que los autores no animan a los lectores a valorar positivamente el esfuerzo de estos reyes por unir y modernizar España, sino que los presenta como enemigos de la diversidad de culturas y lenguas».
Carlos I, ¿de dónde?

El objetivo de «ignorar la palabra España» lleva a los autores del manual «al extremo de referirse al nieto de los Reyes Católicos, no como Carlos I de España y V de Alemania, sino como Carlos I (V de Alemania)». «Entonces, ¿sería Carlos I, de ningún sitio, y V de Alemania?», se pregunta el sindicato.

En otro manual (Libro de «Sociales» de 2º de ESO de Barcanova), se alude a la «independencia de Cataluña» en el contexto del s. XIII, con frases como «...hasta el tratado de Corbeil (1258), firmado entre Luis IX de Francia y Jaime el Conquistador de Cataluña-Aragón, que se reconoció legalmente la independencia de Cataluña» (pág. 172). Antes, (pág. 168) los autores afirman que «se iniciaba la dinastía del Casal de Barcelona, el primer paso hacia la independencia de Cataluña».

«En todos los manuales hay una gran desproporción entre la extensión que tienen los contenidos relacionados con Cataluña y el poco espacio que se dedica a explicar los episodios relacionados con el resto del territorio hispano», se afirma en el informe, en el que se alude a que «esta manipulación de la historia para adoctrinar desde la enseñanza no es algo improvisado en dos o tres años, sino que responde a un plan o estrategia que la Generalitat ideó hace años y ha ido aplicando en las escuelas desde la época del presidente Jordi Pujol».

La víctima de ETA humillada en un instituto: «Me habría encantado debatir con los de las pintadas»
Cristina Cuesta Gorostidi destaca la «actitud impecable» de los alumnos del IES Isaac Newton
Aitor Santos Moya ABC 15 Diciembre 2017

La charla de una víctima de ETA que acabó con pintadas terroristas en un instituto

Con solo 20 años, Cristina Cuesta Gorostidi recibió el 26 de marzo de 1982 la noticia de que su padre, el delegado de Telefónica en Guipúzcoa, Enrique Cuesta Jiménez, había sido asesinado a manos de la banda terrorista ETA. Aquel trágico suceso la obligó a dejar sus estudios de Periodismo en Bilbao y ponerse a trabajar. Su hermana tenía entonces 14 años y la situación económica requería aunar esfuerzos en un escenario marcado por el terror.

El pasado martes, tres décadas y media después, Cuesta Gorostidi acudió al Instituto de Educación Secundaria Isaac Newton (Joaquín Lorenzo, 2) para relatar su experiencia a los alumnos de cuarto de la ESO, en el marco de un proyecto piloto impulsado por la Consejería de Educación y los Ministerios del Interior y de Educación, Cultura y Deporte. «Fue una de las charlas en la que más estudiantes agradecieron mi presencia», explica a ABC, con el lógico dolor tras lo acontecido horas después en el centro.

Pasada la medianoche, dos individuos cubiertos con pasamontañas sortearon la valla del recinto para pintarrajear, entre otras consignas, «¡Profesorado rancio y fascista, no gracias!», «Traer a dar conferencias a afectados por el terrorismo español», «Libertad presos políticos» o «Euskal presoak, amnistía osoa» (Presos vascos, amnistía total). Pese a que las soflamas fueron ayer borradas de la fachada, la desazón en el seno del Isaac Newton continúa muy latente.

Perdón y reconciliación
«Las pintadas son el reflejo de la cobardía, la manipulación, la ignorancia y la banalización de la violencia», señala la ponente, sin dejar de destacar el comportamiento impecable de todos los asistentes. «Me habría encantado que las personas que las hicieron hubieran estado para poder debatir con ellos», prosigue, cuestionándose el porqué de un fanatismo cargado de odio, cuando, precisamente, el acto versó sobre el perdón, la reconciliación y la justicia. «Yo no puedo educar a mi hijo en el odio porque estaría perpetuando la cadena», remarca.

El consejero de Educación e Investigación, Rafael Van Grieken, realizó a primera hora de ayer una visita para mostrar su solidaridad con el equipo directivo del centro que, según sus palabras, «tomó libremente» la decisión de incorporar un plan que «aboga por la paz e intenta no perder la memoria histórica de las víctimas del terrorismo». En esa línea, Cuesta Gorostidi recuerda que «aunque estamos en un sistema democrático imperfecto, hay que recordar que nuestros familiares fueron asesinados en defensa de la democracia que todos disfrutamos».

Los hechos, denunciados ayer por la tarde en la comisaría de Fuencarral-El Pardo, están siendo investigados por la Brigada Provincial de Información de la Policía Nacional. A través de las cámaras del instituto que registraron la entrada y salida de los dos asaltantes -no así las pintadas-, los agentes revisan ahora cualquier detalle que pueda arrojar luz sobre su identificación.

La asociación de estudiantes del Isaac Newton, que difundió una nota desvinculándose por completo de lo acontecido, realizó una asamblea a la hora del recreo para acordar futuras medidas en caso de repetirse algún episodio similar. Uno de sus miembros recalcó que «en vez de entrelazar lazos los españoles, estas pintadas provocan, justamente, todo lo contrario».

Soflamas que no impedirán a Cuesta Gorostidi volver a ofrecer su testimonio «en los centros educativos o cualquier otro lugar que requiera de mi experiencia». «Es importante mandar un mensaje de unidad para que unos pocos no se salgan con la suya. Cuando terminó el coloquio, varios alumnos se acercaron y nos dieron las gracias», recuerda, sin ninguna intención de dejarse amedrentar.


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