AGLI Recortes de Prensa  Miércoles 20  Diciembre 2017

21-D: es hora de hacer memoria
EDITORIAL El Mundo 20 Diciembre 2017

Toca a su fin la campaña más delirante de las elecciones más serias. Toda campaña es una escenificación, y no es la primera vez que lo grotesco y lo dramático se dan la mano sobre las tablas de un teatro: esa originalidad corresponde a Valle-Inclán. Pero habrá que recordar este 2017 como el año en que el esperpento cuajó su mejor imitación de la vida. El año en que concurrieron como cabeza de lista un preso por rebelión y un fugado por cobardía. El año en que una comunidad próspera asistió a una huida de empresas y capitales que no comportó una huida correlativa del voto a alternativas sin responsabilidad en la quiebra de la seguridad jurídica. El año en que el populismo sufrió el castigo de sus votantes, confundidos por su complicidad nacionalista. El año en que un socialista de elástica cintura quiso pescar en caladeros democristianos y comunistas, a la vez que proponía soluciones vascas e imploraba indultos antijurídicos. El año en que un partido no nacionalista creció hasta liderar la intención de voto en el CIS. Y el año en que el partido del Gobierno no fue capaz de capitalizar la decisión de ejercer por fin su propia autoridad.

Ha sido el año de la ruptura unilateral y también de la reacción fraterna. Del silenciamiento de la oposición y del grito que estrenó en la calle la mayoría silenciosa o silenciada. De la traición de algunos mandos policiales y de la abnegación de otros muchos alojados en un barco de dibujos animados. Del cinismo de élite retratado en una agenda y de la fe ciega de los consumidores de su averiada mercancía. De la metamorfosis del partido burgués en movimiento insurreccional y de la epifanía mística de un republicano de izquierdas. Del fracaso de la inmersión lingüística acreditado no ya por el adoctrinamiento sino por la incapacidad de comunicarse en un castellano inteligible. De la propuesta de un diputado jornalero de canjearse por un preso y del entierro de Montesquieu a cuenta de toda una vicepresidenta. De la posverdad tuitera y del hackeo ruso. De los falsos heridos del 1 de octubre y del asesinato real de Víctor Laínez. De los medios subvencionados y de las embajadas cerradas. De niños usados como escudos y de iconos antifranquistas calumniados como franquistas. De un choque de trenes planeado por maquinistas de la desconexión y del deseo de conectarse de los extremeños sin tren. De la política real inventada para convivir y de la política simbólica diseñada para segregar. Del secuestro absoluto del debate público. De la muerte de la responsabilidad y de la vigencia del periodismo. De la vergüenza y del honor.

Y ha sido, en fin, el año en que los españoles se esperanzaron con el fin del chantaje nacionalista. En que colgaron de sus balcones una bandera que hace mucho que sólo simboliza democracia, afán de vivir juntos los distintos, libres e iguales, sin agresiones supremacistas ni pleitesías medievales. Hoy toca reflexión. Mañana, memoria.

Por qué las elecciones catalanas solo empeorarán la situación
Pío Moa gaceta.es 20 Diciembre 2017

los mitos del franquismo-pio moa-9788490603499
*******************
Hablábamos el otro día del problema de Gibraltar como retrato de una clase política siniestra que no cesa de crear problemas que no puede ni sabe ni quiere resolver. El problema de los separatismos es básicamente el mismo: Gibraltar se ha engrandecido y convertido en un emporio de negocios sucios en beneficio de la potencia invasora, conla colaboración de una infame y servil casta política española; y los separatismos son el resultado de muchos años de apoyo a ellos y de financiación por parte de los gobiernos tanto del PSOE como del PP, que en ningún caso han defendido a España, a la que desprecian en lugar de despreciarse a sí mismos. Entre todos han creado un ambiente turbio y han fraccionado la sociedad no solo en Cataluña y Vascongadas, también en el conjunto del país. Y, por supuesto, las elecciones del jueves no van a solucionar nada, pues todo se ha convertido en una farsa esperpéntica que puede terminar en tragedia. Pase lo que pase, el resultado de esas elecciones será un triunfo de los separatistas, porque cada vez que estos han salido del poder, sus sustitutos han continuado una política igual, incluso incrementándola, recuérdese el período del socialista Maragall y su gente. Con el gobierno del PSOE dejando en residual la presencia del estado en esa región mediante un estatuto votado por una minoría, y aceptado de hecho por el PP e imitado por él en otras autonomías, después de haber molestado a cuatro millones de firmantes en contra.

Toda la estrategia del actual gobierno y de los otros partidos se basa en mantener una apariencia constitucional hasta que la soberanía española quede disuelta en la UE. Se trata de liquidar a España, sea por disgregación sea por disolución en lo que llaman Europa. Nada de eso es constitucional, y el llamado “bloque constitucionalista” es una burla sangrienta. ¿Ha sido constitucional la inmersión lingüística? ¿Ha sido constitucional la financiación de organismos destinados a atacar, ridiculizar y denigrar la idea de España, desde la escuela a los medios de masas? ¿Es constitucional el estatuto al que se quiere volver? ¿Tiene algo de constitucional la colonización cultural por el inglés promovida por todos los partidos desde la misma escuela pública? Todos estos actos y muchos otros parecidos los han defendido y defienden estos “constitucionalistas” de farsa. Por otra parte, lo que está en riesgo no es la Constitución, es España misma. Es decir, el evidentísimo proyecto de los llamados constitucionalistas consiste en disolver una realidad histórica y cultural como España en un proyecto difuso y cada vez más totalitario al que llaman inadecuadamente Europa.

España es una realidad histórica y cultural tan sólida que aún no han conseguido demolerla los actuales partidos en varias décadas de atacarla conjuntamente. Aunque el daño es ya enorme. Y el tiempo de las quejas ya pasó. Es precisa la reacción popular, más organizada y amplia que la que hemos visto en semanas pasadas.

***************
*¿Cómo es que está en la cárcel Junqueras y su mayor cómplice, conseguidor y financiador está libre y mangoneando el país desde la Moncloa?
*Rusia y el separatismo catalán: un enfoque:https://www.youtube.com/watch?v=gx59xOtUqLQ&t=5s …
*Cómo un deficiente mental cambió la historia de España y convirtió a sus “ideas” a todos los partidos: https://www.youtube.com/watch?v=Xs-opkHOO5g …

Cs, el voto útil del constitucionalismo catalán
EDITORIAL Libertad Digital 20 Diciembre 2017

Que los voceros del PP justifiquen el protagonismo de Mariano Rajoy en la campaña de Xavier Garcia Albiol como un intento de frenar el batacazo que las encuestas auguran al partido en las elecciones de este jueves es una auténtica desfachatez. El presidente del Gobierno es el gran responsable de la decepción que muchos catalanes constitucionalistas sienten con un PP remiso a combatir al nacionalismo en estos años de desafío secesionista a la Nación y el Estado de Derecho. El candidato popular, de natural combativo con el nacionalismo, se ha contenido en muchas ocasiones para hacer de correa de transmisión de ese decadente PP de Rajoy que no deja de ser el suyo –evidentemente, nadie le obliga a estar donde está–. Pero, por eso mismo, el presidente del Gobierno, más que un salvavidas, ha sido una tremenda losa para la candidatura de Albiol y una gran razón para que muchos votantes populares se decanten este jueves por Ciudadanos.

Por lo que hace al PSC, su pretensión de que el voto de los catalanes leales a la Constitución y a España se decante por Miquel Iceta resulta estupefaciente. La denuncia que formularon los socialistas ante la Junta Electoral de Zona de Barcelona contra Cs por lucir una bandera española junto a la catalana en su despacho del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramanet –denuncia lógicamente desestimada– fue una verdadera infamia... harto elocuente. Si los socialistas no quieren saber nada de la bandera nacional para atraerse el voto del muy mal llamado "nacionalismo moderado", es problema suyo; lo que no pueden es impedir a los demás hacer uso de su derecho a lucir unos símbolos nacionales que, evidentemente, no son de carácter partidista. Si los socialistas se avergüenzan de su condición de españoles, no pueden aspirar al voto de los catalanes hartos de que se les margine y desprecie por saberse y proclamarse españoles. El PSC, en mayor medida aun que el PP de Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, representa la condescendencia y el apaciguamiento ante un nacionalismo inherentemente antiespañol e insaciable. Iceta no sólo no ha reclamado en ningún momento una acción penal contra los golpistas que tanto daño están causando a Cataluña, sino que, para colmo, ha clamado por su indulto cuando ni siquiera han sido todavía condenados.

Así las cosas, no hay que extrañarse de que también el PSC pueda perder votantes en beneficio de Ciudadanos, por mucho que los pueda compensar atrayendo votantes nacionalistas o incluso de la facción podemosa contraria a la secesión.

Aunque Ciudadanos sea tan responsable como el PP y el PSOE en la tardanza de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, y de que se haya llevado a cabo con la disparatada finalidad de convocar unas elecciones autonómicas en Cataluña tan sumamente prematuras, el voto a la formación de Albert Rivera e Inés Arrimadas es el que mejor puede evitar un nuevo triunfo electoral de las formaciones golpistas. Ciudadanos es, con gran diferencia, la formación parlamentaria que con menos complejos ha combatido los liberticidas y empobrecedores delirios identitarios del nacionalismo. De hecho, para eso nació, tal y como parece haber recordado en los últimos tiempos. Por eso, tanto como por razones de utilidad, es la formación que merece el voto de todos los catalanes que aspiran a que Cataluña deje atrás la pesadilla separatista.

Manque pierda
José María Albert de Paco Libertad Digital 20 Diciembre 2017

El manifiesto que dio pie a la fundación de Ciudadanos, presentado en la primavera de 2005 en el restaurante Taxidermista, no sólo enumeró de forma preclara los estragos de más de dos décadas de nacionalismo (conservador, primero, y de izquierdas después). Además, aventuró la posibilidad de que esa Cataluña uniforme (en el lenguaje del régimen, integradora), de la que manaban casi a diario proclamas de país, tal vez no lo fuera tanto. A los quince intelectuales que elaboraron el texto (probablemente, uno de los documentos políticos más influyentes de nuestra democracia) les asistía la certeza de que Cataluña era una comunidad heterogénea. En cierto modo, no tenían más que mirarse a sí mismos y a la mayoría de las gentes de su entorno fraternal o familiar para inferir que no todos los catalanes creían que el castellano era una lengua impuesta por el franquismo, o que los problemas se resolvieran aflojando los vínculos con España. De hecho, los firmantes presumían que, si bien no todas, algunas de las soluciones bien podrían venir del restablecimiento de esos mismos vínculos, en los que, lejos de ver un yugo, intuían una trama de afectos.

¡Qué fría estaba el agua aquel 7 de junio en Barcelona! Mas se lanzaron, reclamando la creación de un partido que se identificara con la tradición ilustrada, los valores laicos y los derechos sociales, y que tuviera como objetivo inmediato la denuncia de la ficción política instalada en Cataluña. El temor que aquel llamamiento infundió en palacio no tardó mucho en aflorar. Se evidenciaba, sobre todo, en la nerviosidad de las risas, que pronto devinieron en insultos ("lerrouxistas", "inadaptados", "fascistas") amenazas y agresiones.

Ni el diagnóstico ni el remedio estaban errados. Ciudadanos, el partido que más se parece al que los 15 bosquejaron en interminables sobremesas, está en condiciones de ganar las elecciones autonómicas, lo que da perfecta cuenta de la ingente cantidad de figurantes que deambularon, que deambulamos, por el plató catalán. Sin embargo, aunque las pierda o no llegue a gobernar, habrá satisfecho el propósito capital para el que fue concebido: restaurar la realidad.

LLENAN LAS CALLES DE CARTELES
El separatismo se lanza a la caza del voto musulmán
La Gaceta  20 Diciembre 2017

El separatismo está pidiendo el voto de los musulmanes, que representan un alto porcentaje de los inmigrantes en Cataluña, para conseguir el poder el próximo 21 de diciembre.

Las entidades separatistas están colgando por las calles catalanas carteles solicitando el voto a la comunidad islámica. “Mi nombre es Fátima, tengo 28 años, vivo en Reus. No tengo sangre catalana en mis venas pero tengo Cataluña en mi corazón. El 21 de diciembre es la oportunidad para la república”, reza uno de ellos tal y como ha publicado Libertad Digital.

Otras de las octavillas con la que los voluntarios están forrando el mobiliario urbano explican las diferencias entre Cataluña y el resto de España en materias como la convivencia entre comunidades.

Detrás de la campaña están los Comités de Defensa de la República.

Pujol y su predilección por la migración musulmana
Los musulmanes han llegado a nuestro país no solo a través de vías ilegales (saltos a las vallas de Ceuta y Melilla o en patera por el Mediterráneo). Incluso antes de la Alianza de Civilizaciones impulsada por Zapatero -y sus conocidas consecuencias migratorias- y el boicot permanente de la Unión Europea y de algún magnate como Soros a las fronteras, ya había una región española que facilitaba la llegada de población islámica.

“Es más difícil integrar a un latinoamericano que a un andaluz; […] y más que a un marroquí, religión aparte”. Son palabras de Jordi Pujol en 2008 que hoy cobran especial relevancia. Así, bajo este pretexto, el nacionalismo ha facilitado la llegada de musulmanes a su tierra. La tesis separatista es muy sencilla: la falta de lazos de la población musulmana con España haría más fácil su seducción por el independentismo, a diferencia de los hispanoamericanos.

El resultado: Cataluña ostenta el honor de ser la región más islamizada de nuestro país, alberga el 80% de mezquitas salafistas (98) que hay en nuestro territorio y registra la mayoría de operaciones antiterroristas.

COVITE
Víctimas acusan al Gobierno vasco de seguir blanqueando la historia de ETA
La Gaceta  20 Diciembre 2017

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE) ha acusado al Gobierno vasco de seguir blanqueando la historia del terrorismo de ETA, esta vez promoviendo un falso empate entre víctimas del terrorismo y de supuestas torturas.

El pronunciamiento del colectivo se produce tras conocerse un informe del Instituto Vasco de Criminología promovido por el Ejecutivo de Íñigo Urkullu en el que se cifran en más de 4.000 los casos de torturas en el País Vasco.

COVITE ha censurado que el Ejecutivo “dedique todos sus esfuerzos en materia de memoria a apuntalar la teoría del conflicto”. En esta línea, el colectivo ha recordado que en los últimos meses “hemos visto cómo un condenado por pertenencia a ETA participaba en la Ponencia de Memoria del Parlamento vasco en calidad de ‘víctima de la dispersión’ y al mismo nivel que una víctima del terrorismo” y ha añadido que ahora, “en una nueva vuelta de tuerca, asistimos al último intento de retorcer la realidad para ajustarla al relato de la tortura sistemática promovido históricamente por el entorno de ETA”.

Por otra parte, el la asociación liderada por Consuelo Ordóñez ha criticado que el secretario de Derechos Humanos y Convivencia, Jonan Fernández, afirmara que el informe pretende “clarificar” las supuestas “vulneraciones de derechos humanos”.

Desde COVITE consideran contradictorio que se trate de dar luz a este asunto utilizando “una metodología difusa basada casi en exclusiva en los testimonios de las supuestas víctimas”.

“Se trata de un desprecio al Estado de Derecho, ya que se pasa de puntillas por el hecho de que apenas existe una veintena de sentencias firmes por este tipo de delitos”, han señalado las víctimas. Por todo ello, desde COVITE han pedido a los partidos políticos participantes en la Ponencia de Memoria del Parlamento vasco que no den por buenas las conclusiones del informe, ya que “analizada la metodología utilizada, carecen de credibilidad”.

Por último, COVITE ha recordado que “es ETA quien ha ejercido la tortura sistemática” contra ciudadanos a los que secuestró, interrogó, asesinó o convirtió en objetivos de la violencia de persecución.

El colectivo ha recordado “la flagrante ausencia de atención del Gobierno vasco” a casos como los de José Humberto Fouz Escobero, Jorge Juan García Carneiro y Fernando Quiroga Veiga –jóvenes gallegos a los que miembros de ETA arrancaron los ojos con un destornillador y cuyos cadáveres continúan desaparecidos–, Jesús María González Ituero y José Luis Martínez Martínez –policías torturados en Francia–, Javier Ybarra y Bergé y Alberto Martín Barrios –torturados y asesinados– o José Antonio Ortega Lara –sometido a padecimientos inhumanos–. “La lista de torturas ejercidas por ETA es interminable”, ha sentenciado.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El plan PP-PSOE para Cataluña y contra España toma forma
Juan Carlos Bermejo vozpopuli.es 20 Diciembre 2017

Hace algo más de dos meses anuncié en este medio que PP y PSOE perpetraban la mayor traición de la historia de España para conceder a Cataluña unos privilegios que provocarían el fin de nuestra nación tal y como la conocemos, así como el empobrecimiento generalizado en el resto de regiones que pasarían a ser, literalmente, colonias de Cataluña y del País Vasco.

Al instante salieron como fieras altos cargos del PP a desmentirme (cosa que el PSOE no ha hecho). Sin embargo, las pruebas demuestran que la hoja de ruta diseñada se está cumpliendo a la perfección, a pesar del contratiempo que les supuso la negativa de Puigdemont a la oferta inicial de Rajoy, quién huyó despavorido al saber con total certeza la respuesta que iban a tener los jueces sobre la gravedad de los delitos cometidos y a sabiendas que ni siquiera el Gobierno del PP podría evitar su encarcelamiento, como sí ocurrió con los que no huyeron.

El Plan pactado por PP y PSOE tiene como objetivo llevar a Iceta a la presidencia de la Generalitat y, posteriormente, realizar las reformas necesarias que otorguen a Cataluña un autogobierno jamás conocido, el estatus de nación como estado asociado al reino de España y el concierto económico.

Con ello esperan relegar a los nacionalistas a un segundo plano para varios lustros, y sobre todo, acabar con el grave peligro que suponen para ellos Podemos, y especialmente Ciudadanos, como alternativa de gobierno en España, ya que acabarían con toda la industria política que PP y PSOE han construido durante cuarenta años, cosa que no están dispuestos a permitir bajo ningún concepto.

Estas son las fases del plan que han trazado PP y PSOE para el futuro de Cataluña y de España:
Primera. PP y PSOE acordaron la aplicación de un artículo 155 “de broma” donde se convocaban elecciones a toda velocidad y se dejaban intactas todas las instituciones catalanas sin tomar el control de ninguna de ellas para no crear un clima que, según ellos, pudiera derivar en enfrentamientos con víctimas civiles de las que luego tuvieran que dar cuentas ante la opinión pública internacional.

Segunda. Debían crear un escenario mediático en los ciudadanos catalanes que propiciara con toda seguridad que los partidos separatistas no alcanzaran los 68 escaños (mayoría absoluta). Para conseguirlo se han basado en dos premisas:

La primera es que ambos partidos tenían la completa seguridad de que los tribunales mantendrían a los cabecillas independentistas en prisión y a Puigdemnot alejado en Bruselas, a pesar de que toda la opinión pública pensaba lo contrario (yo mismo ya anuncié este hecho en redes sociales un día antes de que el juez dictara el auto de permanencia en prisión de Junqueras y “los Jordis”). Este hecho, según ellos, provocaría una caída, o al menos, un no crecimiento del voto independentista al no poder hacer campaña los líderes y dejar en manos de personajes de segunda fila tal responsabilidad, como se ha demostrado en el resultado de los debates electorales.

La segunda consiste en que, dado que ni PP ni PSOE están en condiciones de movilizar el “voto silencioso” en Cataluña, es decir, el voto abstencionista, que es el único que puede revertir la mayoría independentista en escaños, otorgan dicho papel al único partido que hoy puede concentrar ese voto contra el independentismo, es decir, a Ciudadanos.

Para ello, todos sus aliados mediáticos han creado un escenario dónde Ciudadanos lidera todas las encuestas y es considerado el gran favorito, con el fin de provocar que vaya a votar el mayor número personas y de ese modo se reduzca la influencia del voto independentista en la consecución de escaños para que no alcancen los 68. La prueba de que esto es así es que tanto PP como PSOE (PSC), con presupuestos muy superiores, han invertido menos dinero en la campaña electoral que Ciudadanos, ya que confían en que sea mi partido el que concentre el mayor número de votos posibles.

Tercero. Ambos partidos concluyen que, ante una derrota independentista y una victoria de Ciudadanos, Inés Arrimadas no podría ser investida presidenta, ya que es imposible que la suma de los escaños de los partidos llamados constitucionalistas (Cs, PP y PSC) alcance los 68 escaños, y tampoco lo sería en el caso de que Podemos se abstuviera (mensaje estéril de Cs a Podemos), ya que la suma de los votos negativos de los independentistas siempre sería mayor que la de los positivos. En resumen, la única forma de que Arrimadas sea presidenta sería con el apoyo de Podemos, y esa hipótesis para PP y PSOE es imposible.

Cuarto. Conseguido todo lo anterior, es decir, la derrota independentista en escaños y la imposibilidad de que Arrimadas sea presidenta, ambos partidos, con el apoyo de los medios afines, martillean a los ciudadanos con la que, según ellos, es la única solución para investir un presidente no independentista, la fórmula Iceta, que obtendría el apoyo del PP, de Podemos y de un resignado Ciudadanos que se prestaría a ello por deber patriótico a cambio, probablemente, de varias consejerías y la vicepresidencia del Gobierno.

Quinto. Investido presidente, Iceta pondría en marcha las medidas ya anunciadas por él mismo en la campaña, para otorgar más autogobierno y un nuevo modelo de financiación, contando con el apoyo en Madrid tanto del PP como de PSOE, y muy probablemente de los colaboradores útiles de Podemos, para concluir con el plan.

Sexto. Realizados estos cambios durante la legislatura, PSOE y PSC esperan recuperar fácilmente grandes masas de votantes, ahora independentistas, Comunes y de Ciudadanos, que le volverían a dar la hegemonía de la que gozó en la época de Maragall y Montilla para revalidar la presidencia. El PP por su parte, dado que no le interesa Cataluña salvo por los escaños de las elecciones generales, vería como el “efecto Ciudadanos” se diluye esperando recuperar sus votantes tradicionales y preservar sus opciones en Madrid. Finalmente, tanto Podemos como Ciudadanos quedarían relegados a un tercer plano sin provocar ningún peligro para conservar su industria política y seguir devastando a España con sus centenares de miles de enchufados, familiares y correligionarios que saquean el erario público.

Este perverso plan, de llevarse a cabo, provocaría a largo plazo la destrucción de España, siendo ésta la antesala de la desmembración de una de las naciones más antiguas de Europa.

La victoria de los separatistas en escaños, que truncaría este plan, pero también supondría la destrucción de España, parece ser lo único que quita el sueño a estos dos entes malvados que han sido los verdaderos artífices de la criatura independentista por sus sonados desgobiernos a lo largo del régimen del 78.

Una victoria de Ciudadanos el 21 de diciembre sería una gran noticia, pero será el tamaño de la distancia con el segundo la variable que determine el éxito, o no, de este plan, y lo que marcará el futuro de Cataluña y de España en los próximos años.

PD: Hoy les dedico el tema “The Loner” de Gary Moore https://youtu.be/6gcPdeL4Dnc

El desastre
David R.  latribunadelpaisvasco.com 20 Diciembre 2017

Creo que no todos los problemas que nos planteamos los seres humanos tienen solución, pese a que con frecuencia insistimos en buscarla más allá de lo razonable.

En Cataluña, los secesionistas han creado un gigantesco problema que no tiene solución, lo que incrementa hasta dimensiones desconocidas su perfil catastrófico y trágico; así como las responsabilidades de sus miserables creadores.

Demasiado tiempo sembrando elementos venenosos; la cosecha ya se está recogiendo y los frutos resultantes son tan tóxicos como contagiosos.
Tras la equivocada y tardía reacción de los gobiernos españoles, los secesionistas, indistintamente del resultado de las elecciones del próximo día 21, ya se están reorganizando, reestructurando, ajustando las tácticas sin cambiar la estrategia, el gran objetivo final se mantiene como símbolo incuestionable, desde la certeza de que:

- Muchos de ellos tendrán que cumplir condenas de prisión cuando los procesos judiciales concluyan, procesos que ellos han activado, pero que ya no pueden desactivar. Para ello, están preparando los necesarios relevos, como lo hizo la autodenominada Izquierda Abertzale en el País Vasco cuando la acción de la justicia empezó a encarcelar a sus dirigentes.

- Tendrán que minimizar las constatadas y constatables fracturas sociales en Cataluña, y entre Cataluña y España, y las nefastas consecuencias económicas que no han hecho más que empezar a materializarse.

- Reforzarán los mecanismos de sus sistema de educación y de los medios de comunicación que directa o indirectamente siguen controlando, instrumentos vitales para mantener el gran objetivo: la sacrosanta independencia.

- Perfeccionarán el uso fraudulento del dinero público, con dificultades añadidas porque mecanismos como el sistema del 3% y otros instrumentos financieros fraudulentos se están desmoronando. Se ha evidenciado que para ellos el dinero es más importante que la causa, y por eso es necesario sustraérselo al ciudadano (robárselo), porque los patrimonios personales son sagrados, si es menester pido limosna, aunque viva en un piso en el centro de Barcelona, del que soy propietario y que está tasado en un millón de euros.

- Actualizarán logotipos, símbolos, emblemas, tópicos, discursos, argumentos, justificaciones, y crearán algunos nuevos fortaleciendo la figura del "enemigo".

- La española lengua catalana (Título Preliiminar - Art. nº-3-2 de la CE) continuará su desarrollo evolutivo al margen de este mismo artículo que le otorga la categoria de lengua co-oficial, porque han comprobado que su eficacia instrumental va incluso más allá de lo que habían pensado los secesionistas más optimistas. La dirigente secesionista Marta Rovira es vivo ejemplo de cómo una persona de su generación, y edad, tiene auténticas dificultades para expresarse en castellano (y probablemente para comprenderlo), porque allí la lengua de todos los españoles se ha pulverizado; este problema irá a más según transcurran los años, es la inevitable consecuencia de haber transferido la competencia en materia de educación a unos nacionalistas secesionistas, y de haber tolerado su conocida actuación década tras década. Es como si al reconocido y sistemático asesino se le regalo por Navidad una pistola con el cargador lleno de munición.

- Los vulgares políticos (en términos generales) que tenemos en España no pueden ni podrán frenar este movimiento secesionista, su visión cortoplacista, ponderada únicamente por los tiempos que marca el sistema electoral y una posición ambiciosa y egoísta se lo impide. Su actuación está animada por algunas parecidas pretensiones fundamentales a las de los secesionistas: la ambición de poder o de más poder. No son ni grandes, ni medianos estadistas, son únicamente hábiles pero mediocres ciudadanos elegibles, que buscan o se aferran a una poltrona.

- Los principales enemigos de los secesionistas seguiremos siendo España y los españoles, y aparecerán posiciones más nitidas que defiendan la Acción Directa (AD) contra los identificados enemigos. AD en el sentido de instrumento de combate que contempla incluso el ejercicio del terrorismo, como el grupo homónimo AD francés en la década de los ochenta; surgirán al amparo de organizaciones ya existentes u otras nuevas. ¿Se acuerdan de Terra Lliure?

- El racista supremacismo que subyace al discurso secesionista se radicalizará con grandes dosis de autojustificación ideológica, pero también como elemento justificador de una violencia que ya observamos con frecuencia incremental.

Todo esto debería ser motivo de reflexión, pero no para intentar en estos momentos tan delicados una absurda modificación de la Constitución de 1978 en una dirección más diluyente del Estado, sino para analizar en serio el fracasado, pernicioso y costosísimo modelo de Estado de las Autonomías.

Dicen que la ignorancia es muy atrevida, me parece cierto, pero también creo que es muy peligrosa, y los momentos que vivimos en España son un punto de inflexión en la historia de nuestro país, una coyuntura histórica que ya nos está pasando una factura que se antoja incalculable e infinita.

Mientras tanto, muchas personas con capacidad de influir en la sociedad lanzan un absurdo y demencial discurso: "El nacionalismo existe, por lo tanto hay que convivir con el nacionalismo".

Me parece que a los nacionalismos hay que combatirlo hasta su total destrucción, sino queremos repetir las más terribles páginas de la historia contemporánea de Europa.

¿Qué mayoría?
Emilio Campmany Libertad Digital 20 Diciembre 2017

No deja de ser revelador que a los separatistas les resulte más atractivo el cobarde granuja que escapa que el heroico necio que se deja encarcelar.

Es curiosa la reacción del electorado independentista. Cuando se convocaron las elecciones, parecía matemáticamente posible un acuerdo de gobierno entre la Esquerra, el PSC y los comunes, sea quien sea quien mande allí, que no se sabe muy bien si es Colau, Domènech o Iglesias. Esta combinación agradaba a todos. A Esquerra le permitía librarse de los convergentes y su obstinado hedor a corrupción. Al PSC (y al PSOE) le consentía separarse de Ciudadanos y del PP y sacudirse la acusación de ser lo mismo que ellos tras haber combatido juntos el proceso independentista. La certeza de que Ciudadanos obtendría además muchos más escaños que ellos hacía para los socialistas especialmente atractiva una operación que les permitía marcar distancias con los de Rivera. Y encima podrían vender la imagen que quieren dar de gente moderada que sabe pastorear a los asilvestrados soberanistas y meterlos mal que bien dentro de la Constitución a cambio de reformarla. Por último, a los comunes les ofrecía la posibilidad de partir el bacalao sin tener que pagar el exceso con la tacha de ser cómplices de los independentistas, pues no estarían haciendo más que colaborar con el PSC.

Sin embargo, este plan se ha ido al garete. Y quien lo ha desbaratado ha sido el flamenco Puigdemont, que desde que hace campaña desde Flandes no para de subir en las encuestas. Es éste un fenómeno digno de estudio, pues demuestra que en el martirologio independentista catalán puede más el marchamo de prófugo de la Justicia que el sello de haber sido encarcelado por ella. No deja de ser revelador que a los separatistas les resulte más atractivo el cobarde granuja que escapa que el heroico necio que se deja encarcelar.

Sea como fuere, las dos únicas alternativas posibles de mayoría pasan por los comunes, pero nadie, ni siquiera Iglesias, Domènech o Colau, muestran gran entusiasmo por acordarla. Esquerra y los Junts no suman mayoría ni siquiera con la CUP, que tampoco parece esta vez dispuesta a colaborar. Los podemitas podrían redondear esta mayoría, pero ¿querrán hacerlo? Y, aunque quisieran, ¿se pondrían de acuerdo Junqueras y Puigdemont sobre quién debe ser el candidato a presidir la Generalidad?

La otra combinación es más improbable todavía, pues el bloque constitucionalista podría alcanzar la mayoría con la ayuda de los votos de los podemitas, pero ¿querrán éstos unirse al bloque del 155? Y, aunque estuvieran dispuestos, ¿se dejaría Iceta mangonear por Arrimadas?

En definitiva, el panorama que sugieren las encuestas es el de la imposibilidad de formar Gobierno, salvo que uno o varios partidos vayan abiertamente contra sus instintos. El poder puede empujarles a hacer eso y mucho más, pero en esta ocasión las apuestas son elevadísimas y nadie parece estar dispuesto a renunciar a todo lo que tendría que renunciar para formar una mayoría. Siempre que las encuestas no se equivoquen, que en España es algo que sabemos sucede con frecuencia. Veremos.

La hora de los no independentistas
Antonio Martín Beaumont  El Semanal Digital 20 Diciembre 2017

Una de las lecturas más llamativas de la carrera electoral la protagonizó Pablo Iglesias ante Pedro Sánchez en el Salón de Pasos Perdidos durante el reciente aniversario de la Constitución. “Como ERC jamás votará la investidura del candidato del PSC y el PSC nunca hará lo propio con el de ERC, la solución pasa por hacer presidente a Xavier Domènech”.

No es que le falte lógica al razonamiento del secretario general de Podemos. Lo sorprendente en Iglesias es que plantee con descaro un escenario tan perjudicial a su hipotético acompañante. Porque la participación del socialismo catalán en un frente de esa naturaleza supondría el “suicidio” de Sánchez. Acariciar el pacto con ERC y Catalunya en Comú laminaría sus posibilidades de constituirse como alternativa en las próximas generales en el resto de España. Un precio que difícilmente podría pagar el secretario general del PSOE.

Una cosa es que Miquel Iceta haya buscado atraerse votantes de Catalunya en Comú con fugaces iniciativas como el indulto para los ex consellers secesionistas encarcelados… y otra embarcarse en una suerte de tripartito radical totalmente contraproducente para la marca PSOE en el resto del país.

La cita del 21-D debe servir para oxigenar la vida pública catalana. Pedro Sánchez, al igual que Mariano Rajoy y Albert Rivera, cruzan los dedos con la esperanza de que, a falta de mayorías absolutas del lado de un bloque o del otro, las urnas generen la gran ocasión de formar un gobierno no independentista con una cierta estabilidad. Contribuir a ello es una responsabilidad que los tres líderes deberían asumir. A Inés Arrimadas, como la fuerza constitucionalista a todas luces más votada, le competiría iniciar el proceso y a socialistas y populares, además de los comunes, sentarse con C´s para negociar unas condiciones –pacto de investidura, gobierno de coalición o apoyos parlamentarios– con las que poder poner en marcha un ejecutivo con el suficiente respaldo como para afrontar la nueva etapa que indudablemente necesita Cataluña.

Será complicado, sin embargo, que esa pretensión llegue a producirse. Arrimadas repele a Domènech. De ahí que Miquel Iceta juegue a intentar gobernar en solitario. Para ello, el primer secretario del PSC buscará poner sobre la mesa algunas prioridades básicas con las que poner de acuerdo las distintas formaciones: creación de empleo o políticas sociales. Por más que, visto en frío, enseguida haya que colocar en entredicho el éxito de esa operación. Eso sí, la apuesta al menos le ha servido a Iceta para construir su relato de una campaña catalanista y transversal, abrirse un hueco como presidenciable en una carrera tan polarizada entre frentes e intentar ocupar en la sociedad catalana el espacio de la antigua CiU.

Alguien tan pragmático como él, curtido en demasiadas lides, ha tenido clara la necesidad de pescar en caladeros ajenos (dado que, según las empresas demoscópicas, la fidelidad del voto al PSC ronda el 42%) y “venderse” como imprescindible en un escenario caótico. A estas alturas de la jugada, Xavier Domènech aún debe estar preguntándose cómo Iceta ha sido capaz de robarle la cartera y el papel para el que se creía único protagonista.

En el PSOE no ocultan su satisfacción ante la estrategia dirigida por el secretario de Organización del PSC, Salvador Illa, si bien ahora mismo manifiestan sus dudas sobre si han doblado o no el brazo a los sondeos de intención de voto. C’s le había ganado demasiado terreno ya. Sin embargo, el entorno de Pedro Sánchez tiene la confianza puesta en la capacidad de Iceta de salir reforzado del envite y acercarse en el resultado final a la que más figura en todas las quinielas como ganadora: Inés Arrimadas.

Los sediciosos catalanes tiraron a la basura la última legislatura
José Manuel Otero Lastres ABC 20 Diciembre 2017

De todos es sabido que, en las democracias, los partidos políticos proponen a los ciudadanos los programas con los que gobernarán, en caso de ser elegidos, durante la correspondiente legislatura. Los programas consisten, por lo tanto, en una declaración previa de cada formación política respecto de lo que se compromete a hacer en caso de gobernar. Razón por la cual el contenido de los distintos programas consiste en propuestas concretas sobre el modo en que se van a gestionar los distintos aspectos de la vida ciudadana.

De acuerdo con este planteamiento, parece lógico esperar del partido que forme gobierno que se dedique intensamente a ejecutar actos a través de los cuales se vayan cumpliendo las distintas promesas hechas a los ciudadanos. De los partidos de la oposición, se espera, en cambio, una crítica positiva de las propuestas del partido en el Gobierno, lo cual implica el planteamiento de otras alternativas que supuestamente mejoran aquéllas. De lo que se acaba de decir se desprende que, si el Gobierno y la oposición se dedicaran a las tareas que tienen encomendadas, no solo tendrían que desplegar a un arduo y duro trabajo, sino que de su actuación se derivarían beneficios indiscutibles para todos los ciudadanos.

Pues bien, si analizamos lo que ha sucedido en la última legislatura en Cataluña, se comprueba que los partidos del “govern”, lejos de dedicarse a gestionar los asuntos públicos ordinarios (el ABC de ayer habla de un recorte de mil millones de euros en Sanidad en el ultimo lustro), centraron sus esfuerzos en transitar a través de un catastrófico “procés” hacia la independencia. Consecuentemente, la oposición, en lugar de hacer una crítica constructiva de una inexistente gestión ordinaria de los asuntos públicos, tuvo que oponerse al grave e inadmisible incumplimiento de la Constitución y el Estatut por parte del “govern”. Venimos, pues, de una legislatura fracasada en la medida en que los partidos en el gobierno y los de la oposición se dedicaron a actividades insólitas desviadas de sus verdaderas finalidades.

Por eso, no es exagerado afirmar que la actuación de los partidos catalanes en la presente legislatura parece haber deformado su actividad política genuina hasta convertirla en una especie de confrontación en la que, haciendo uso del símil futbolístico, el equipo del “govern” se presentaba a jugar en un terreno de juego que estaba fuera del Estadio de fútbol, mientras que el equipo de la oposición lo esperaba dentro del Estadio e insistía en que el partido tenía que jugarse necesariamente en aquel reciento. Y claro así era imposible que pudiera jugarse el partido.

Ante semejante desvarío, el árbitro (el gobierno de la Nación) decretó el final de aquel absurdo partido (aplicó el artículo 155 CE) y convocó a todas las formaciones políticas para jugar uno nuevo (las elecciones) con los dos nuevos equipos contendientes que salieran de las mismas. Pero, tal vez por las singularidades del caso, en estos días de campaña electoral no se habla de programas con propuestas referidas a la gestión de la vida diaria de los ciudadanos, sino de una pura lucha por el poder y, sobre todo, de posibles coaliciones de gobierno.

En cualquier caso, y como sufrido ciudadano -pero solo espectador de la contienda electoral catalana- afirmo que es un indisculpable desperdicio de energía democrática convertir la vida política de una región de España en una larga, tediosa, insoportable, ineficiente e inútil campaña electoral. Ojalá que los resultados del 21 D no conduzcan a tener que repetir las elecciones y a prolongar, en consecuencia, tan indeseable situación. Los ciudadanos merecemos otra cosa.

Una participación masiva para el cambio en Cataluña
Editorial larazon 20 Diciembre 2017

El Parlament declaró la independencia de Cataluña el pasado 27 de octubre en una cámara semivacía, por 70 votos de un total de 135 escaños emitidos secretamente. Con este acto, realizado sin el menor decoro y legitimidad, los dirigentes independentistas situaron a Cataluña en la ilegalidad. De esta encrucijada –inédita en cualquier país europeo democrático– la única solución sólo podía pasar por la restitución de la ley, lo que justificaba la intervención de la Generalitat siguiendo el mandato constitucional, y el desbloqueo político de esta situación. Para ello, y en aplicación del artículo 155, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, convocó elecciones la misma tarde en que fue declarada la secesión. El entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, animado por la mayoría de su partido –y de su oscuro «estado mayor»–, ERC, la CUP, además de las organizaciones movilizadoras ANC y Òmnium, se negó a concurrir en las urnas y apostó por el enfrentamiento con el Estado, con las desastrosas consecuencias penales ya conocidas. Las elecciones que se celebrarán mañana, por lo tanto, tienen la función de desbloquear una situación política condenada al deterioro de la vida económica y social: más de 3.000 empresas dejando Cataluña y una gran fractura en la convivencia.

Si el «proceso» ha dejado algo positivo en el camino es la toma de conciencia social ante una ataque tan flagrante y deliberado a nuestras instituciones democráticas, que creíamos a salvo. Hasta ahora no habíamos asistido a la aplicación de un plan tan premeditado para abolir la Constitución, el Estatut y toda la legalidad vigentes como lo sucedido en el Parlament con la aprobación de la Ley de Transitoriedad y los planes secretos descubiertos por la investigación judicial. El llamado bloque constitucional ha sido el resultado de este asalto perpetrado por el independentismo y la constatación de que era necesaria una actitud activa en la defensa del estado de Derecho, una línea divisoria con la que no quedara margen de duda de que el plan independentista no podía salir adelante. Si bien nuestra democracia no es militante y acepta que la Constitución también ampare a los que quieren acabar con ella –y así se vuelve a ver en los programas de los partidos independentistas que concurren a las elecciones–, el «proceso» ha dejado claro que estábamos ante un verdadero golpe contra la legalidad y que debía ser parado. Los constitucionalistas –Cs, PSC y PP– rozan la mayoría absoluta, incluso la candidata Inés Arrimadas se sitúa como la más votada, por encima de ERC, el partido favorito hasta hace poco, algo que de alcanzarse marcaría un antes y un después en la política catalana de los últimos cuarenta años y acabaría con los planes del independentismo y su programa de forzar la realidad social y política de Cataluña –aunque vuelva a demostrar que no puede restringirse al ideario nacionalista, que es más abierta y plural que lo imaginado por los separatistas– hasta llevarla a un estado segregacionista dividido entre buenos y malos catalanes.

Los tres partidos constitucionalistas tienen en común un mismo sentido integrador de la nación española, la defensa de las instituciones de autogobierno catalanas y su europeísmo. En estos momentos debe primar el sentido de Estado y la responsabilidad cívica. Son legítimas las aspiraciones del líder socialista Miquel Iceta de convertirse en presidente de la Generalitat, aún no alcanzando la mayoría de los votos –incluso siendo la cuarta fuerza–, pero debe mantener ante todo su compromiso constitucional y rechazar el tripartito con ERC y CC-Podem. El PSC no debe vetar a Cs y el PP, dos partidos que, cada uno desde su posición, han defendido la legalidad y un modelo de Cataluña abierto y tolerante, si así se lo exige el partido de Colau e Iglesias.

La realidad es que el cambio es posible, que cambiar el gobierno de la Generalitat no es sólo una cuestión de alternar el color político, sino de romper una hegemonía nacionalista asfixiante que ha agotado su proyecto. Ya sabemos que alcanzar la independencia suponía acabar con el estado de Derecho, subvertir la legalidad y romper la convivencia cívica. Cataluña no puede estar sometida de nuevo a una legislatura dedicada exclusivamente al «proceso», de ahí la necesidad de un gobierno constitucional centrado en reconstruir las instituciones, su neutralidad y eficiencia; en recuperar la confianza en la economía y volver a un espacio público común sin la apropiación que ha hecho el aparato nacionalista. Todas las previsiones indican que habrá un voto masivo, en la línea de la tendencia marcada desde 2010, que se situaba en 59% de participación y en las elecciones de 2015 alcanzó el 77%. Es la hora del cambio en Cataluña.

La ilusión de los ilusos
Javier Barraycoa gaceta.es 20 Diciembre 2017

Mañana votarán. Votarán muchos catalanes deseosos de sacudirse del yugo del nacionalismo.

Un yugo que se ha ido larvando durante demasiadas décadas y que sólo se ha manifestado con su omnipotencia supremacista en los últimos cinco años. No obstante, el espejismo bajo el que marcharan los disciplinados votantes que se conforman que un “reequilibrio constitucional”, por obra y gracia de las milagrosas urnas (esta vez legales), es una ilusión propia de los ilusos.

Y eso que el llamado bloque “constitucionalista” conseguirá sacar del limbo de la comodísima abstención a muchos sufragistas. Pero ese voto llegará y marchará. No es de los que se queda para siempre.

En definitiva, la ilusión de los ilusos proviene de los mantras de los partidos constitucionalistas que quieren hacernos creer que en estas elecciones se decide todo, cuando en realidad -de facto- no se decide nada. Concediendo mucho al lector, afirmaremos que serán los pactos poselectorales –si es que se logran- los que dibujarán muy someramente una nueva pantalla en este interminable juego entre poderes e imaginarios que se está librando en esta agitada periferia de la marca hispánica.

Las razones para desilusionar a los ilusos son, a vuela pluma, las siguientes:
1.-Nos han hecho creer que el bloque constitucionalista lo componen partidos como el PSC o los Comunes, junto al PP y Ciudadanos. Craso error. PSC y Comunes son la perfecta expresión de una más que calculada ambigüedad, como la recién reconocida bisexualidad de Colau. Estos últimos no son constitucionalistas sino que su sueño es derrocar la Constitución, pero para ello lo quieren realizar desde el interior de la propia arquitectónica constitucional; y no desde fuera como pretenden los secesionistas radicales. Si contamos en puridad el constitucionalismo, el peso del voto de Ciudadanos y el PP en Cataluña, no pasará del 30% de sufragios. Triste para los ilusos con ilusiones, pero es así. Los sondeos no se pueden estirar más.

2.-Aunque Ciudadanos explosione en la recolección de votos, en ningún caso los partidos con representantes electos, permitirán un pacto por el que resulte elegida Inés Arrimadas como Presidente del Parlament. Y el primero en establecer esta línea roja ha sido Iceta, entre samba y mambo, ha dejado claro que sólo existen él y Narciso (que son lo mismo). El subidón de votos que le auguran las encuestas se ha escalado hasta su cabeza y cree que puede marcar las líneas maestras de la futura política catalana. Es probable, pero necesita demasiadas carambolas con los resultados globales que se auguran. Del PP mejor no hablar por que está apunto de experimentar el significado de la expresión “implosión final”.

3.-En el bloque independentista las aguas están también revueltas. Las líneas rojas son tantas que parecen esas redes de rayos láser que se encuentran los espías en las películas cuando quieren robar algo en un museo. No hay quien pase. Puigdemont quiere volver como Presidente, pero no regresará sin haber pasado primero por prisión cautelar. Esquerra no puede permitirse ceder la presidencia del gobierno regional, ante la ausencia de Junqueras, y darle oxígeno al PDeCAT para que resucite el partido-cadáver. Y entregarle el poder a Marta Rovira, superaría el surrealismo del rostro de Rossy de Palma. De la CUP mejor ni hablar. En el hipotético caso de una mayoría de escaños de los tres partidos explícitamente independentistas, y de que se pusieran de acuerdo en una investidura, Cataluña seguiría siendo ingobernable. ¿La razón? Que varios de los diputados elegidos deberían permanecer en prisión cautelar y, por tanto, no podrían ir a las sesiones parlamentarias. Con lo cual la aprobación de leyes se haría más que difícil.

4.-Por último queda el conejo de la chistera. Entre ERC, PSC y Comunes sumarían casi un 45% de votos y rozarían una mayoría parlamentaria suficiente si no enervan demasiado al PDeCAT y consiguen arrancarle apoyos puntuales. ¿Pero cómo conseguirlo con lo egos de los liderazgos nacionalistas subidos? El sainete catalán puede encontrarse con un futuro Parlamento regional incapaz de lograr un gobierno estable. Con un Puigdemont que aparezca de golpe o que nunca salga de su escondite; con un Junqueras imposibilitado para pisar el Parlament; con una CUP fagocitada por su facción más radical, “Endavant”, liderada desde la sombra por Anna Gabriel, aquí no hay quien gobierne.

Si hay estabilidad en el Parlamento regional de Cataluña, sólo será explicable por un pacto secreto con las fuerzas económicas, sociales y políticas reales del entramado de poder y no por el voto de los ciudadanos. El tripartito que hemos descrito sólo es posible que funcione si alguien desde “arriba” ordena que funcione.

¿El precio a pagar que exigirá ERC para evitar que su propio electorado le linche si forma este tripartito? Es más que previsible: un blindaje de la transferencia de la educación, de seguridad y medios públicos. Y por supuesto, una quita o trato de favor del Ministerio de Economía, para paliar el desastre económico en que nos ha dejado el nacionalismo.

Todo este hipotético y casi imposible equilibrio dependerá de factores como los egos personales; de si el nacionalismo se siente agraviado por algunas condenas en firme de algunos de sus líderes y decide romper la baraja o por una desestabilización del propio gobierno central. En fin, demasiadas variables para esperar que todo vaya a volver a la normalidad gracias a las urnas.

Cabe preguntarse si alguna vez ha existido la aplicación del 155, o simplemente nos han ofrecido un espectáculo de fuegos de artificio, mientras cambiaban el escenario político de una situación que ya se había vuelto inoperable. Pero pasadas las elecciones nos encontraremos de nuevo con la misma Cataluña, los mismos agentes políticos y esencialmente el mismo problema. Se ha liberado un poco de presión para evitar que la olla exprés explote, pero el agua sigue hirviendo. Y la ilusión de los ilusos pronto finiquitará cuando descubran que su voto no ha servido para mucho. Porque, a ver si lo aprendemos de una vez, al nacionalismo se le derrota trabajando día a día, no simplemente votando cada cuatro años.

De Quebec a Ulster, pasando por Cataluña
MANUEL MOSTAZA BARRIOS El Mundo 20 Diciembre 2017

Desocupado lector, seamos francos: ninguna encuesta adivinará el resultado que saldrá de las urnas en las elecciones de mañana porque las encuestas no se dedican a adivinar nada. Cuando nos hacemos adultos, dejamos de ser historicistas y entendemos que, como el futuro no está escrito en parte alguna, es imposible de predecir. A lo que ayudan las encuestas es a entender una realidad social que, en el caso catalán, es tan compleja como desconcertante. Por eso, es bueno ir más allá de la intención de voto cuando se analiza un sondeo porque mirando sólo los porcentajes del voto estimado corremos el riesgo de hacer como el tonto que se quedaba mirando el dedo cuando el sabio señalaba la luna.

Como punto de partida, las encuestas de los últimos meses muestran una sociedad dividida, más cercana a la quebequesa que al mito de un sol poble del nacionalismo catalán: el secesionista tipo se expresa y se informa en catalán, es alguien de clase media-alta, que vive en el medio rural y en ciudades de tamaño medio. Y, por cierto, es alguien muy interesado en la política. Frente a este, la otra mitad del país: una Cataluña que vive y se informa en castellano, desarrolla su vida en grandes ciudades, tiene un nivel de renta y socioeducativo más bajo y está menos interesado por la política. Esta escisión en dos comunidades se visualiza en el elevado número de partidos presentes en el Parlamento, consecuencia de la incapacidad para construir espacios transversales que agrupen a ambas comunidades, lo cual abocará a Cataluña a medio plazo a un modelo de democracia consociativa, como el de los Países Bajos o el de Ulster, propios de sociedades escindidas en varias rupturas identitarias.

En este escenario, nos enfrentamos a unos comicios en los que hay que tener en cuenta varias claves para entender lo que puede pasar mañana. En primer lugar, la participación. De manera tradicional, las elecciones autonómicas eran consideradas por una parte de los catalanes como unas elecciones de segundo orden, por lo que la participación estaba varios puntos por debajo de las elecciones generales. Esta situación comenzó a cambiar conforme una parte de la élite nacionalista se pasó al secesionismo y así las elecciones de 2015 tuvieron ya una participación inusualmente elevada: un 75%. Todas las encuestas publicadas en la última semana prevén que esta participación incluso se supere, pudiendo quedarse en una horquilla de entre el 78% y el 81%. Se trata de una cifra muy alta y que refleja la importancia que la sociedad otorga a estos comicios; pero no es probable que la participación vaya más allá porque, aunque al lector de un periódico le pueda parecer sorprendente, en todas las sociedades europeas hay entre un 15 y un 20% de adultos a los que no les interesa nada la política o que, por diferentes razones, no han votado nunca. La clave va a estar en cuál de los dos bloques es capaz de mantener la movilización de sus votantes hasta mañana, sobre todo, en el área metropolitana de Barcelona, provincia en la que se eligen casi dos tercios del total de diputados al Parlamento. Ambos bloques son sólidos, y parecen estancos: las encuestas señalan que unos 50.000 votos del bloque nacionalista (antiguos votantes de Unió), pueden ir al PSC gracias a la presencia de Ramón Espadaler, y unos pocos miles de socialistas pueden irse a Esquerra, quizá como rechazo a la aplicación del 155.

En el secesionismo, todas las encuestas coinciden en que ganará Esquerra, si bien no está claro por cuánto. Una situación impensable hace pocos años, cuando la vieja Convergència triplicaba los votos y escaños de los republicanos. Sin embargo, el intento de generar una lista de país, articulada a través de Junts per Catalunya, parece haber reactivado al votante convergente y todas las encuestas detectan una subida en las últimas semanas de la lista del huido Puigdemont (en detrimento de Esquerra), un candidato por cierto mejor valorado entre los votantes secesionistas que Junqueras. Habrá que ver si los últimos días de campaña permiten el sorpasso dentro del bloque secesionista. El que aparece como un tercero marginal en términos de votos sigue siendo la CUP, partido de extrema izquierda antisistema y de carácter dudosamente democrático, que puede perder alguno de sus escaños al trasvasar votos a Esquerra, pero que, en función del resultado, puede volver a tener un papel decisivo en la próxima legislatura.

Enfrente, parece claro que la victoria en el bloque no nacionalista será para Ciudadanos. Se trata de una estimación en la que coinciden todos los sondeos (Sigma Dos le daba siete puntos de ventaja sobre el PSC en este periódico el viernes pasado), aunque hay que tener en cuenta que la estimación de este partido en Cataluña es complicada (el recuerdo de voto nunca es limpio, ya que sale de manera recurrente muy inferior al real, y el voto directo siempre es muy bajo). El partido de Arrimadas ha arrebatado gran parte de sus votantes a un Partido Popular, que paga ahora el perfil bajo que ha tenido durante años y no parece que la llegada de un perfil claramente hostil al nacionalismo como García Albiol sea suficiente para parar la sangría de votos: más de la mitad de los votantes del PP se plantea votar a Arrimadas, una candidata a la que valoran mejor que a Albiol; es el clásico efecto caballo ganador que prima el voto útil frente al ideológico, cuando se acerca el día de las elecciones. Una de las sorpresas dentro del bloque no nacionalista ha sido el PSC de Miquel Iceta. Sabedor de que jugaba un papel secundario, su arriesgada apuesta por la transversalidad (metiendo en la misma lista a Sociedad Civil Catalana, a Espadaler y a Jiménez Villarejo) puede darle réditos y todas las encuestas indican que, con cuatro o cinco escaños más, mejorará los resultados de 2015. Estas buenas perspectivas se explican por la buena valoración de Iceta entre los votantes de Catalunya en Comú y de Ciudadanos, y por el hecho de que uno de cada cinco votantes del partido de Domènech se plantee ahora votar a los socialistas.

En el caso de esta lista impulsada por Ada Colau, su indefinición es su mayor virtud, pero también su mayor riesgo. Su electorado es un reflejo de las contradicciones en las que se mueve una parte importante de la izquierda catalana, ya que está formado por una minoría independentista y una mayoría a favor del referéndum, pero contraria a la secesión. Así de complicado. En un escenario como éste es posible que la apuesta salga mal y una parte de sus votantes busquen refugio en el PSC o Esquerra Republicana, al contrario de lo que suele pasarle en las elecciones generales. Cuenta con dos bazas, según los sondeos: un candidato poco conocido, pero bien valorado por los votantes de la izquierda independentista, y aquellos indecisos que no votaron en 2015, pero que simpatizan con ellos. Su problema es que casi un tercio de sus votantes no tiene aún decidido el sentido de su voto y corren el riesgo de sufrir el efecto caballo ganador, pero en este caso a favor del PSC.

¿Qué pasará mañana? Todo apunta a que las elecciones se decidirán por pequeños detalles y es probable que nos despertemos al día siguiente con un escenario de difícil gobernabilidad. Pese a sus discursos para mantener motivada a la parroquia, las élites secesionistas han entendido que la vía unilateral no va a ninguna parte. Pero el peso de los que reclaman un referéndum para desbloquear el problema sigue siendo mayoritario. Si los números cuadran, podríamos ir a una solución a lo Borgen (hacer presidente al líder del cuarto partido, en este caso Iceta, al ser el menos vetado), aunque todo indica que esa u otra solución dependerá de la postura que tome la lista de Ada Colau, una postura que, sea la que sea, le costará votos y capital político, en Cataluña y en el resto de España. Por eso, no sería descartable una repetición de elecciones en pocos meses; ya se ve que tampoco en esto los catalanes son tan diferentes al resto de los españoles.

En 1970, The Times preguntó a un vecino de Belfast por la situación en Ulster pocos meses después de que estallara de nuevo el conflicto entre católicos y protestantes. La respuesta fue lapidaria: "Aquí el que no esté confundido es que no se entera de nada de lo que está pasando". Pues eso.

Manuel Mostaza Barrios es director de Asuntos Públicos de la consultora de comunicación Atrevia.

El tonto útil español independentista
Si alguna vez se llegase a la independencia, lo abandonarían en la cuneta.
Carmelo Jordá Libertad Digital 20 Diciembre 2017

La aparente ausencia de violencia, sus muchos años avanzando como de tapadillo y unos medios entregados desde el minuto uno, cuando no directamente comprados, han servido al independentismo catalán para labrarse un prestigio increíble no sólo entre la izquierda en la propia Cataluña, y entre determinados sectores de las provincias a las que quiere extender su imperi, sino incluso entre buena parte del progresismo en el resto de España.

Lo cierto es que casi todos hemos sido víctimas en mayor o menor medida de la que podría ser nombrada la mejor campaña publicitaria a largo plazo de la historia: esa que nos decía lo moderna y maravillosa que es Cataluña, lo distinta que es del resto de España, lo graciosos y cultos que son sus cómicos, lo estupendos que son sus periodistas, lo listos que son sus votantes… Y así con casi todo.

Era difícil resistirse… al menos hasta que constatamos fehacientemente que el Oasis era la charca en la que marraneaba la familia Pujol prácticamente al completo, que el hecho diferencial sólo es un cuento para niños basado en cuatro tradiciones menores, que ya no quedan cómicos como Eugenio y que los periodistas, si exceptuamos algunos como Pablo Planas y sus maravillosas crónicas del procés, son como mínimo bastante mejorables.

Sin embargo, pese a la caída del castillo de naipes propagandístico, los hay que siguen inasequibles al desaliento y cada día son más furiosamente partidarios de esa Cataluña ficticia, sí, pero sobre todo republicana e independiente. Son lo que podríamos llamar el tonto –y la tonta, que de todo hay– útil español e independentista, en la mayor parte de los casos fascinantes ejemplos de un extraño síndrome de Estocolmo que les lleva a admirar a aquellos que, más en la superficie que en el fondo, en realidad les desprecian.

El tonto útil español e independentista cree que la Cataluña independiente le va a ayudar a librarse de esa España a la que odia por no ser lo suficientemente roja, por ser demasiado española y, sobre todo, porque ser un país tan paleto como para no haber reconocido su inmenso talento como actor, pensador, escritor, político o lo que cada uno sea, razón última de la mayor parte de ese rencor.

Por suerte para ellos, lo más probable es que nunca llegue el día en el que tengan que descubrir que sus amigos independentistas sólo se servían de ellos como de mascotas, graciosas curiosidades de feria a las que, si alguna vez se llegase a la independencia, abandonarían en la cuneta ante la constatación de que seguirían siendo tontos y seguirían siendo españoles, pero habrían dejado de ser útiles.

Por unos comicios limpios el 21-D
Clemente Polo.  latribunadelpaisvasco.com 20 Diciembre 2017

Catedrático de Fundamentos del Análisis Económico Universidad Autónoma de Barcelona

Desde hace 40 años se vienen celebrando en España elecciones europeas, españolas, autonómicas y locales sin apenas incidencias reseñables. Las interferencias detectadas en la campaña del Brexit en el Reino Unido, en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, Francia y Holanda, y los casos de manipulación informativa que se produjeron con motivo de la consulta ilegal celebrada el 1 de octubre en Cataluña, han hecho saltar las alarmas y creado cierta psicosis sobre la fiabilidad de los comicios autonómicos que tendrán lugar en Cataluña el próximo 21 de diciembre (21-D). No está muy claro si ese temor se circunscriba a hipotéticas interferencias rusas durante la campaña electoral o se extiende incluso a la fiabilidad de los mismos resultados.

Hace unos días, Sáenz de Santamaría aseguraba en la Comisión sobre gastos reservados del Congreso que se habían adoptado las medidas pertinentes para asegurar la fiabilidad y limpieza del proceso electoral. El 18 de diciembre, la vicepresidenta del Gobierno compareció en el Senado a petición propia para reiterar el compromiso de la UE con la ciberseguridad en los procesos políticos y expuso las medidas que el Gobierno ha adoptado para reforzar diversos aspectos del proceso electoral, tales como la recogida de datos, el recuento de papeletas y la publicación de datos provisionales, a fin de evitar intromisiones indeseables y asegurar la fiabilidad de la información trasladada a los medios de comunicación. De todo lo dicho se deduce que el Gobierno ha adoptado las medidas apropiadas para asegurar la limpieza del proceso electoral.

Hay un aspecto, sin embargo, del proceso electoral más difícil de controlar. Me refiero a las medidas que se van a adoptar para asegurar la neutralidad de las mesas constituidas y la limpieza del recuento en localidades pequeñas donde no todos los partidos políticos tendrán interventores para seguir las incidencias de la jornada electoral y supervisar el recuento de las papeletas. En este sentido, Sáenz de Santamaría se limitó a avanzar que habrá "una patrulla por colegio". La pregunta que me hago es si esta medida será suficiente para garantizar la limpieza del proceso electoral el 21-D, máxime habida cuenta de la falta de neutralidad y profesionalidad de que hicieron gala los Mozos de Escuadra el pasado 1-O, por no hablar del incumplimiento flagrante de la de la orden judicial que exigía a la policía autonómica de Cataluña sellar los centros electorales para impedir la consulta, hechos ambos gravísimos por los que sus mandos están siendo investigados.

Hasta hace unos meses, la duda que acabo de plantear habría sido considerada extemporánea y fuera de lugar, si no ofensiva para nuestra democracia. Hoy, ya no podemos estar tan seguros. Los partidos secesionistas, ERC, Junts per Catalunya y CUP, cuyos líderes se llenan la boca con la palabra democracia, han dado suficientes pruebas durante la pasada legislatura de su profundo desprecio a las leyes y los procedimientos democráticos. No contentos con atribuirse la representación y voluntad del ‘pueblo’ de Cataluña, cuando en realidad no representaban siquiera a la mitad de los votantes y a un tercio del censo, se han mostrado dispuestos a cometer cualquier tipo de ilegalidades con tal de conseguir sus objetivos. Para ellos, saltarse la ley y los procedimientos democráticos más elementales son sólo pequeños detalles, justificables por el fin más elevado perseguido: hacer república, como ellos dicen.

Ahora los partidos secesionistas se enfrentan a una prueba decisiva en las urnas el 21-D, a unas elecciones que ellos contemplan no como lo que son, meras elecciones autonómicas, sino como un plebiscito sobre la aplicación del artículo 155. Su pretensión es demostrar al mundo que las observará que el ‘pueblo’ de Cataluña rechaza la intervención de la Generalitat, y exige la reposición del gobierno ilegítimamente cesado por el PP. Para ellos cualquier cosa que no sea obtener la mayoría absoluta constituiría un sonado fracaso y dejaría en evidencia que no representan al ‘pueblo’ de Cataluña, ni siquiera a la mitad más uno de los votantes. Para evitar tentaciones innobles como las que se produjeron en la consulta del 1-O, resultará imprescindible cotejar las actas en Ayuntamientos adscritos a la AMI donde los partidos constitucionalistas no tengan interventores destacados.

Vergüenza' o Soraya 'fake'
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 20 Diciembre 2017

La serie de Movistar Vergüenza, que también podría llamarse Vergüenza ajena, es la historia de dos metepatas que compiten en una especie de olimpiada de la necedad para hacer el ridículo con las frases y gestos más contraproducentes en la situación más inconveniente. El éxito está siendo enorme entre los que se atreven a pasar ese alipori o vergüenza ajena, clásico pecado social del país del qué dirán, o sea, España. Yo no pasé del cuarto de hora viendo a Bouvarda y Pecucheto, pero los amigos del gore social ya están pidiendo la segunda temporada. La tendrán. Y me parece el momento de encargar una nueva serie, entre Vergüenza y Veep, basada en la vergüenza ajena que produce la casta política.

El separatismo catalán y las tribus podemitas protagonizan a diario espectáculos lamentables, pero más que vergüenza producen indignación. En cambio, el Partido Popular está protagonizando episodios sorprendentes para avergonzar a sus votantes y a la familia que los vea en la telebasura. El final de la vergonzosa campaña electoral catalana, que no debió empezar antes de acabar de juzgar y mandar a la cárcel a todos los golpistas y de desarticular su estructura de poder mediático, económico e institucional, está teniendo la dudosa virtud de convertir al gran responsable de esta situación, que es el Gobierno del PP, en involuntario actor de charlotadas, payasadas y astracanadas que han convertido la recuperación, casi el acceso a la democracia en Cataluña, en un plebiscito sobre el futuro de Rajoy.

El bailoteo para diversión de Wyoming de Rafael Hernando e Irene Montero, que suele definir al PP como materia encarcelable, es uno de esos momentos maricomplejinescos que producen rubor en el votante pepero. En lo que va quedando, que es apenas dos terceras partes de lo que había y que va reduciéndose cada vez más. El correteo tuitero de Rajoy dando los buenos días a Cataluña y España mientras a su lado suena el camión de la basura, es otro momento cumbre de la creatividad monclovea. Pero nada como la vicepresidenta del Gobierno y presidenta de la Generalidad de Cataluña, que dijo en el Senado que los más engañados en el golpe de Estado catalán han sido los independentistas porque el prusés era un fake. Yo creo que lo que realmente es un fake es Soraya. Y, a este paso, lo serán Mariano y el PP.

Enseñar a los niños que España no existe
Julio Valdeón. larazon 20 Diciembre 2017

En una Barcelona prenavideña, en una librería del Carrer de Pau Claris, Laie, tres profesores, Veracruz Miranda, Antonio Jimeno y Francisco Oya, entregaron el informe más demoledor sobre la manipulación de la enseñanza de la historia en Cataluña. Una Comunidad Autónoma cuyos escolares estudian que Carlos I era, uh, Carlos I y V de Alemania. Sin mención a España.

La esquizofrenia permite hablar de los condes de Barcelona y al mismo tiempo largar sobre una hipotética y delirante corona catalanoaragonesa. Abundan, según los ejemplos leídos por los profesores, los textos que, un suponer, contraponen el anarquismo andaluz, torvo y violento, con el bondadoso y pacífico anarquismo catalán. Qué decir de las trolas relativas a la absoluta prohibición de la lengua catalana. Suma y sigue. Josep Pla, Martín de Riquer o Salvador Dalí nada tuvieron que ver con el franquismo. Los cardenales Gomá y el Pla y Deniel no fueron decisivos en la idea del alzamiento del 18 de julio y la ulterior Guerra Civil como Cruzada.

La terminología que emplean es la que se inventaron para designar una nación catalana que no existía (si no, de qué habría que construirla). Los libros de texto, por ejemplo, hablan de una confederación de Estados, incluso de un estado español, nunca de España, en pleno siglo XIII. «En unos libros habrá más y en otros menos adoctrinamiento», comentó el profesor Antonio Jimeno, «pero la terminología está en todos».

Así las cosas, comentaba el profesor Oya, los alumnos, horrorizados por las muestras de imperialismo castellano, acaban por echarse las manos a su trémula cabecita: «Oh, qué barbaridad», dirán con la respiración alterada cual ametralladora, «cómo se ha oprimido a Cataluña por parte del malvado estado español, y claro, hay una solución, la independencia». Y cómo no independizarse cuando los libros que estudian, un suponer, hablan de emigrantes dentro de su propia nación. «Algo impensable», según Oyá, «en EE UU o en Francia, donde a un señor que se traslada de Florida a Nueva York, o de Nantes a París, nunca se le llamaría inmigrante».

O este texto, leído a vuelapluma de uno de los libros estudiados: «Las elecciones del 27 de setiembre de 2015 (porque sí, sí, la delirante deriva independentista de este último lustro ya está en los textos, y no precisamente con un pluscuamperfecto alarde de objetividad) fueron planteadas como un plebiscito, gran parte de las fuerzas soberanistas se unieron en Junts Per Sí, pero sin llegar a la mayoría absoluta».

Otro momento supremo, en esta noria de instantes Monty Python, son los análisis y explicaciones del descubrimiento y conquista de América. Ni en los mejores brebajes de la leyenda negra, denunciados con tino francotirador por la gran María Elvira Roca, aparecen desatinos como los que estos profesores tuvieron a bien leernos. Así, en la conquista los indios habrían sido esclavizados y exterminados como si estuviéramos ante el genocidio de aborígenes de Australia. Pero hubo muchos aspectos positivos, recordaban los valientes profesores, hubo mestizaje, y se levantaron ciudades, y por supuesto que los indios eran considerados ciudadanos, y se crearon universidades, y sin embargo nada de eso aparece en estos textos miserables.

Tampoco, claro está, los modernos estudios que demuestran hasta qué extremos inauditos descendió la tasa de muerte violenta en los territorios incorporados a la corona de España. Véase, por supuesto, el magnífico libro de Steven Pinker y esos ángeles que guían los mejores momentos de nuestra naturaleza. A estas alturas el forastero, el viajero alucinado y triste, apenas si puede transcribir la sarta de mendicidades intelectuales y agresiones a la razón que supuran unos libros incalificables.

España, qué cosas, si aparece mencionada en el momento de referirse al negocio entorno a la esclavitud, pero no Cataluña, por más que gran parte de los barcos dedicados al comercio de esclavos eran catalanes. Y así una y otra y otra vez más. Hasta achicharrar los sesos de los escolares. «Ha sido una imprudencia y un error», sentenció cabizbajo el profesor Jimeno, «Si entregas la cartera de enseñanza, especialmente con dos carteras, lengua y e historia, le doy la vuelta. Si tengo la lengua, que sea diferente, y puedo cambiar el relato histórico, al cabo de poco tiempo ya tenemos otro país».

ACTO CONJUNTO FLORIDABLANCA-SCC
Valentí Puig: ‘El independentisimo seguirá, pero el procés está agotado’
Rafael Núñez Huesca gaceta.es 20 Diciembre 2017

Valentí Puig y Miriam Tey han debatido sobre la situación que atraviesa Cataluña, su presente y el futuro inmediato que puede deparar el 21D. Ambos han coincidido en celebrar la aplicación del Artículo 155 y el “punto de inflexión” que supusieron las manifestaciones constitucionalistas

Floridablanca y Sociedad Civil Catalana han celebrado un café-coloquio sobre las inminentes elecciones catalanas. Han participado Miram Tey, vicepresidenta de SCC, y Valentí Puig, escritor y periodista, moderados por Isabel Benjumea, directora del think tank.

Tey y Puig debatieron sobre las razones que han llevado a Cataluña (y al conjunto de España) hasta la situación actual, cómo ha reaccionado el Estado o qué posibilidades tiene el constitucionalismo de lograr la victoria.

Miriam Tey puso en valor las históricas manifestaciones del 8 y del 29 de octubre, a las que concurrieron más de un millón de personas, como “un punto de inflexión frente a la deriva del nacionalismo” que supuso que muchos catalanes se plantaran: “Vamos a exigir respeto a partir de ahora. Vamos a exigir que se respeten nuestros derechos”.

La vicepresidenta de SCC, que en declaraciones a La Gaceta ha apoyado la actuación del Gobierno en la última fase del procés, ha subrayado en este sentido que “sólo con la Ley podremos recuperar la convivencia”. Y ha denunciado que el separatismo se ha dedicado a invadir todas las esferas de la vida, también la privada: “estamos hartos de que nos pregunten qué sentimos y qué pensamos. Queremos ser iguales ante la ley y mantener la diversidad de la sociedad”.

Para el periodista Valentí Puig “el independentismo ha querido hacernos creer que era posible una gestión simple de una sociedad compleja”. Sin embargo, la realidad ha demostrado el pluralismo de la sociedad catalana, que no puede reducirse a dos bloques. Según el escritor, “el procés está agotado. El independentismo seguirá, pero el ciclo de excitación emocional se ha acabado”. El escritor mallorquín ha dicho que como las “pasiones amorosas y las excitaciones eróticas”, el procés también tiene un final. “No duran siempre”. Y el final abrupto del procés habría sido consecuencia natural del artículo 155.

El poder de las palabras
Tey ha destacado que “lo más grave que ha ocurrido es que nos han pervertido el lenguaje y se lo hemos comprado”. Ha puesto ejemplos tales como “Democracia”, “Identidad”, “Pueblo”… palabras todas cuyo significado habría sido impuesto por los nacionalistas. Puig también ha denunciado lo que considera una “manipulacion semántica” del separatismo.

Isabel Benjumea ha cerrado el acto llamando a la reflexión y a la acción para que no vuelvan a cometerse errores pasados: “si algo ha quedado claro es que la Constitución es la solución, no el problema”.

Recortes de Prensa   Página Inicial