AGLI Recortes de Prensa   Viernes 22  Diciembre 2017

¿A dónde vamos? Un destino incierto.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 22 Diciembre 2017

CATALUÑA SE HA PRONUNCIADO POR LA INDEPENDENCIA, ES LA HORA DE QUE ESPAÑA SE PRONUNCIE. UN GOBIERNO INCOMPETENTE, UNA JUSTICIA INEFICAZ, UNA LEY ELECTORAL ANTIDEMOCRÁTICA, ¿A DÓNDE VAMOS?

Como viene siendo habitual ninguna de las encuestas ha acertado y el fugitivo Carles Puigdemont ha logrado situarse como segunda fuerza en escaños y el tripartito independentista lograr de nuevo la mayoría absoluta con 70 escaños frente a los teóricos 65 escaños que suma el mal llamado bloque constitucionalista. Sí, CIUDADANOS con Inés Arrimads ha obtenido un triunfo histórico para su formación y ha superado el millón de votos, pero no ha logrado convencer a ninguno de los independentistas para que elijan soluciones más moderadas. Su triunfo es pírrico y se debe al batacazo de un PSC que aunque sube un escaño respecto al 2015, ha provocado la debacle del PP que queda en último lugar con 3 escaños de los 11 que tenía. ¡Gracias Albert Rivera, gracias Pedro Sánchez, por haber forzado a Mariano Rajoy a cometer la peor torpeza de su carrera política! Ni siquiera seis meses hubieran bastado para solucionar un problema que está tan enquistado, también gracias al error de los diferentes Gobiernos de España y los partidos que les sustentaban de ceder al chantaje de los separatistas.

Mariano Rajoy está políticamente muerto tras este estrepitoso fracaso en el que se ha jugado no solo su prestigio personal, sino posiblemente el futuro de España. Se lo ha jugado todo en unas elecciones convocadas torpemente y sin necesidad de un modo precipitado y casi diría que suicida asociándola a una intervención ineludible pero muy limitada para que fuese eficaz y a una situación de crispación de una sociedad catalana, en la que la mitad ha dejado de sentirse española. Rajoy nunca quiso intervenir la autonomía ni aplicar el artículo 155. Por eso se limitó a proponer unas medidas mínimas y convocar estas elecciones sin haber dado tiempo a la Justicia a terminar con su trabajo. Un tiempo necesario para demostrar que España es un país que no duda en actuar contra aquellos que intentan destruirla. Y los golpistas lo hicieron sin que el Gobierno hiciese algo más que dar palos de ciego.

Carles Puigdemont se sigue riendo de España y de los españoles desde su refugio de Bélgica. Anoche volvió a montar su circo particular con la comodidad de quien se siente en ese país casi como si estuviese en casa. No solo ha realizado una campaña mediática intachable y mucho más eficaz al poder aparecer en decenas de eventos a la vez gracias a la videoconferencia, sino que su imagen de “Presidente legítimo en el exilio” ha calado en un electorado que le ha visto como un héroe, cuando la realidad es que huyó de forma cobarde de la Justicia dejando a sus compañeros a su suerte. Su triunfo en el independentismo ha sido un mazazo para las aspiraciones de una ERC que se las prometía muy felices, pero que finalmente ha visto el hándicap de tener a su líder Oriol Junqueras con aspecto monacal en retiro espiritual, en prisión con la agravante de su mensaje de “amor y moderación” a un partido y militantes que no se caracterizan precisamente por esas virtudes. El sucedáneo de Marta Rovira ha sido un bluf al quedar demostrado su bajo nivel para aspirar a algo más que machaca revolucionaria de barrio obrero.

Y otro descalabro real ha sido sin duda el de la super coalición de los Comunes y PODEMOS que han pasado de 11 a 8 escaños a pesar del tirón de Ada Colau y sus infundadas ambiciones a verse como una candidata a Presidenta del Gobierno de la Generalidad, cuando si ha llegado a alcaldesa ha sido a fuerza de coaliciones múltiples. Y poco se puede decir de un PSC que aspiraba a mucho más con su mensaje de reconciliación y de concordia entre dos bloques, como si ellos no perteneciesen a uno de ellos, aunque se difícil definir a cuál, dada su ambigüedad y camaleonismo con mensajes dispares. Así que pasan a ser una fuerza de cuarto orden sin ninguna relevancia ni influencia en el futuro de esa comunidad.

La conclusión parece evidente, en votos totales válidos emitidos ha ganado el bloque constitucionalista por más de 150.000. Con ello, como dijo Inés Arrimadas, los independentistas no tienen derecho a hablar de Cataluña y en nombre de todos los catalanes cuando, si estas elecciones fuesen plebiscitarias, que no lo son, han dado la victoria a aquellos que no reniegan de ser ni sentirse españoles. Y no, no ha sido vencido el 155 y gana la República como dice Puigdemont, la triste realidad es ver una sociedad enfrentada y dividida que va a necesitar mucho tiempo para buscar un equilibrio basado en el respeto y no en la intolerancia ni en la imposición. Pero para ello hay que abandonar utópicas aspiraciones y aceptar un marco de convivencia con el resto de las comunidades que conforman España sin exigir prebendas ni contraprestaciones que ahonden en la desigualdad y en la insolidaridad.

Cataluña se ha pronunciado en unos momentos en que los sentimientos se han impuesto sobre la razón y se ha constatado la fuerte división de la sociedad catalana. Todo sigue igual. Gracias a la infame y anti democrática Ley D’Hont, por la que un voto no tiene el mismo valor ni suma lo mismo a la hora de asignar escaños a los partidos políticos, hemos vuelto al mismo escenario en el nuevo Parlamento autonómico donde el independentismo vuelve a disponer de una mayoría absoluta con 70 escaños, pero con la salvedad de que ahora los votos de la CUP ya no son tan necesarios para la gobernabilidad. Eso permitiría no actuar de la forma tan radical como la que llevó a la realización de un referéndum ilegal, la aprobación de leyes inconstitucionales y contrarias al Estatuto de autonomía y a la declaración unilateral de independencia de la República de Cataluña. Pero no elimina el retorno del mismo Gobierno de la Generalidad que fue cesado por el Gobierno de España en la intervención, ni la perseverancia en retomar la hoja de ruta hacia la declaración final de la independencia real tras un referéndum pactado con el Estado. El CATALEXIT nacional que abre el melón de la descomposición de España.

Todo lo anterior siempre que la Justicia no decida acelerar en sus actuaciones y acabar con la impunidad de los golpistas y obligue a los independentistas a poner a otros interlocutores. El fracaso es que el fugitivo y cobarde Carles Puigdemont pueda volver a ser Presidente del Gobierno de la Generalidad. España y todos los españoles debemos pronunciarnos ya, porque nadie nos ha consultado y nos quieren robar nuestra soberanía. Y esa es la traición que ni debemos ni podemos consentir. Si hay un referéndum, deberá ser a nivel de toda la Nación, y aquí solo hay una Sr. Sánchez, Sr. Iglesias,¡ ESPAÑA! Y la pregunta debe ser clara e inequívoca sobre si estamos dispuestos a que España deje de serlo. Y no basta con unas nuevas elecciones generales, que también, hay que exigir nuestro derecho inalienable a decidir nuestro futuro como nación y como pueblo español. Nadie tiene derecho a negociar en nuestro nombre.

Mariano Rajoy y el Gobierno de España han dado muestras de haber cometido un grave error de apreciación y de valoración de la situación real. Su pusilanimidad al tomar medidas en respuesta al traidor desafío secesionista dado por el Gobierno de la Generalidad y el disuelto Parlamento de Cataluña, nos han traído a esta situación previsible donde el independentismo se ve reforzado al aumentar su cuota de poder autonómico y presentarse como ganador, una victoria previsible gracias a una injusta y anti democrática Ley D’Hont por la que no todos los votos valen ni suman lo mismo. Una situación agravada por una Justicia lenta e ineficaz incapaz de dar respuestas ágiles a asuntos que requieren celeridad en su resolución y dar un mensaje de tranquilidad y confianza a los ciudadanos sobre el viejo lema de “quien la hace, la paga”. El simple hecho de que los golpistas hayan podido presentarse de nuevo y hayan sido elegidos es una aberración jurídica que no puede ser entendida. Lejos de castigar a los golpistas con severas sentencias acordes con la gravedad de sus delitos y el daño causado, se les da total libertad para reincidir y optar a seguir delinquiendo al recuperar sus cargos.

Y la pregunta es ¿A dónde vamos? Ahora mismo no soy capaz de dar una respuesta, pero desde luego, el camino que se nos presenta no es nada halagüeño. Esta victoria del independentismo pone al Estado de Derecho en una posición desairada en la que deberá tomar decisiones mucho más drásticas si quiere tomar el control real de la situación. Hasta ahora en estos escaso dos meses solo ha sido una tregua forzada donde los independentistas esperaban tomar revancha como finalmente ha sucedido con estos resultados. Mariano Rajoy es culpable de haberse dejado chantajear por las ambiciones de CIUDADANOS al que le falta visión política de Estado y por otro lado las ambiciones de un desquiciado PSOE de Pedro Sánchez, incapaz de pensar en mantener la unidad de España cediendo a los chantajes de los nacionalistas.

Realmente los españoles no nos merecemos lo que nos esta pasando, o sí, porque no hemos hecho nada para impedirlo. Desde aquí exijo la convocatoria de un referéndum a nivel nacional para pronunciarnos sobre la no delegación de nuestra soberanía y unas elecciones generales para dilucidar las responsabilidades políticas de estos partidos que nos han llevado a esta grave crisis identitaria y de futuro como Nación. Desde aquí les maldigo y les hago responsables únicos de los acontecimientos que se deriven de etas elecciones autonómicas precipitadas.

¡Qué pasen un buen día! Y espero que la lotería nacional de Navidad sea generosa con todos ustedes y se cumpla aquello de “las penas con pan, son menos”.

Biplebiscito letal
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 22 Diciembre 2017

Convertidas en plebiscitarias por la premura estúpida en convocar elecciones por parte del PP, PSOE y C's (aunque la responsabilidad sea esencialmente del Gobierno), las elecciones catalanas han acabado por ser un biplebiscito del que sale herido de muerte el bipartidismo en el conjunto de España y nace lo que, tras la desnazificación del Oasis pujoliano, podría ser un bipartidismo en Cataluña entre Ciudadanos y un partido nacionalista.

La fosa que se han labrado solos los populares, con Mariano y Soraya Fake a la cabeza, y a pesar de Albiol, lo único reconocible en una campaña que acabó fiándolo todo al supuesto tirón de Rajoy, prueba el agotamiento del PP como partido nacional y como voto-refugio frente al separatismo y la izquierda socialcomunista. No es lo mismo tener más o menos la mitad de votos y escaños en Cataluña, como tenía el PP con respecto al partido de Rivera -11 a 25- que perder por nueve a uno tras la mayor movilización electoral de la Historia, es decir, con todos los que sólo votaban en las generales y han favorecido siempre al PP o al PSC-PSOE.

Pero no es menos grave el fracaso del PSC, convertido en PSC-CiU, que deja a Sánchez en una situación horrible. Su plurinacionalismo icetáceo se ha topado con una evidencia: nadie cree en el PSOE como recambio del PP. Iceta se empeñó en no cerrar TV3 y el resultado es que su candidato, que ha sido Puigdemont, ha puesto el sistema patas arriba. Doña Soraya la Nula, que lo tenía todo previsto, deberá explicar por qué el CNI lo dejó escapar a Bélgica. Y qué va a hacer ahora con ese panorama en el Parlamento de Cataluña, abonado al golpismo, y en toda la vida política de la Nación, abonada sólo a Albert Rivera.

Es probable que hoy los infinitos sorayos mediáticos digan que sólo se trataba de unas elecciones regionales. No es verdad. Rajoy ha presumido hasta la mismísima jornada de reflexión de que él, o sea Él, era el único que garantizaba la legalidad en España. Nadie lo ha creído. Sánchez ha sido aún más tonto: ha dicho que lo que necesitaba Cataluña es una política de mano izquierda y de más izquierda. Los dos se han conjurado para no aplicar la Ley. El resultado es que no sólo ellos, sino sus partidos, sin un cambio de liderazgo que nadie espera, han pasado a mejor vida. España, a peor. Los federalistas de Prisa pueden federarse con Bruselas.

El gran engaño y no el gran día
Antonio García Fuentes Periodista Digital 22 Diciembre 2017

Ayer fue el “gran día de la prueba” y fue fijado así por Mariano Rajoy, por aquello del viejo chiste de aquella pareja de fornicadores, en la que el fornicador y en el momento máximo del clímax sexual y ante el grito de alarma de la fornicada, responde ya sin freno humano… “Da igual si sale con barbas San Antón y sino la ejem, ejem” (hay muchas versiones que el lector busque la que más guste).

Y el político buscó este día, por cuanto es la víspera del día que yo entiendo como el del “gran engaño” y también en el que las masas se dislocan y se olvidan de todo pensando en los millones del gran engaño y que nunca le llegan al iluso; o sea el día de “la lotería de Navidad”, que es hoy mismo 22 de diciembre. Hecho que da cuerda a la invasión de informadores, que lo tienen “chupado”, para entretener al máximo y por varios días a la masa de individuos y así los aíslan de todos los problemas que les pueden ocupar o preocupar mentalmente; en este señalado día, fue el de las tan controvertidas votaciones en Cataluña, que como era de esperar han sido un gran fracaso para el gobierno central (pero de esto ya hablaré más tarde y más reposado) que como “han cantado las urnas”, ha quedado como “el gallo de Morón”, sin plumas y cacareando, lo que lo sitúa a mi entender, en espera del gran fracaso que puede esperar cuando se someta a las urnas nacionales.

Por otra parte este día “grande” es el día más grande en que la Hacienda Pública, extrae los mayores ingresos diarios de cada año, puesto que en este día y debido a los impuestos que se quedan de la lotería, yo estimo que se queda con el cincuenta por ciento del valor del sorteo; ya que además, estudiado al máximo, la mayoría de los reintegros que devuelve ese día, los ilusos jugadores se los van a jugar en el otro señuelo cual es la denominada “lotería del niño”, en la que ya y por los mismos motivos, el Estado “se llevará hasta el manso”; y es por lo que yo mismo (supongo que muchos más) no jugamos a la lotería o loterías españolas (hay muchas) ya que en general, los juegos de azar, a los únicos que son rentables son a los inventores o mejor dicho, a los que explotan el negocio de forma monopolista; de ahí que el Estado no permita competencia, salvo a “la de los ciegos” y que como sabemos, fue así por obra y gracia del tan criticado Caudillo Franco que les regaló el monopolio, lo que luego después lo han ampliado hasta donde les ha dado la gana y de ahí la potencia de “los ciegos españoles y asociados”.

La mejor lotería y como decían las personas sensatas de cuando yo era niño, la sintetizaban con la siguiente e ilustrativa frase: “La economía es la mejor lotería”. Lo que tristemente, lo han cambiado los que están destruyendo al mundo y de paso a sus habitantes, con la imposición del consumo criminal que ya devasta a la incivilización actual; pero de esto “no interesa que hablemos”; es mejor seguir “lo que aquel fraile del cuento decía sobre San Antón o la virgen” y caiga quié caiga.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

Un horizonte económico de difícil gestión
Primo González republica  22 Diciembre 2017

El horizonte político que se acaba de abrir en Cataluña no es bueno para la estabilidad económica de esta región española y queda por ver hasta qué punto puede afectar también de forma significativa al conjunto de la economía nacional. Es tal el equilibrio de fuerzas entre los partidos favorables a la secesión y los que se mantienen fieles a la Constitución que la gobernación de Cataluña tendrá que moverse en un delicado punto de equilibrio, que desde luego no aventura una conducción eficiente de la economía.

Es lógico que este resultado tan equilibrado esté inquietando a los inversores, tanto nacionales como extranjeros, porque nadie sabrá a qué atenerse con un territorio en el que las instituciones democráticas (básicamente el Parlament) reflejan una mayoría absoluta de partidarios de la secesión (mayoría parlamentaria) mientras la mayoría de los ciudadanos está lejos de comulgar con tales pretensiones. Esta distorsión entre la mayoría social y su representación parlamentaria (y por lo tanto con el Gobierno que saldrá de dicho Parlament) plantea graves incógnitas para el funcionamiento de Cataluña.

Las señales que se vienen observando en Cataluña en los dos o tres últimos meses son bastante concluyentes sobre la desafección de los medios económicos y empresariales hacia el estado de cosas que se va definiendo. Las empresas han tomado el rumbo hacia otros territorios en un elevado número (más de 3.000, entre ellas las más importantes de Cataluña), las inversiones extranjeras se han derrumbado, la afluencia de turistas (una de las fuentes de riqueza más potentes de la región) se está desinflando por momentos, los precios de las viviendas están cayendo de forma significativa (lo que afecta al patrimonio de cientos de miles de ciudadanos catalanes),… Son muy numerosas las señales que han detectado la inviabilidad, desde el punto de vista económico y también financiero, del modelo independentista, sin que nadie haya logrado poner en claro las ventajas económicas de esa opción.

La opción independentista, en otro orden de cosas, tiene escasas posibilidades y medios para desarrollar su principal objetivo, que es la creación de un Estado propio y diferente del resto de España. No es posible, por lo tanto, sacar a Cataluña de la Unión Europea, lo que constituye un dato importante a valorar por los inversores y por los empresarios.

Este hecho no implica, en todo caso, que la situación catalana resulte manejable para el ejercicio de las actividades económicas, entre otras cosas porque si el bloque de partidos independentistas logra formar un Gobierno con mayoría suficiente, la propia falta de entendimiento entre los tres partidos que podrían prestar su apoyo a un Gobierno secesionista parece plantear serias dudas sobre la estabilidad y credibilidad en la conducción de la economía. En este sentido, el horizonte económico con un Gobierno claramente enfrentado al Gobierno del Estado español es cuando menos complicado y de muy difícil gestión.

La búsqueda de puntos de encuentro entre los dos o tres grandes partidos que han obtenido los mejores resultados en estas elecciones aparece como la única forma de arreglar este difícil y enrevesado panorama. Unas nuevas elecciones parecen inevitables, aunque siempre con la sospecha de que sus resultados, a la vuelta de un año, no permitan obtener mejores vías de acuerdo y de gobernabilidad. Claro que para entonces, el estado de la economía catalana desgraciadamente no será el mismo.

Pasó el tiempo de las quejas
Pío Moa gaceta.es 22 Diciembre 2017

Como dije, y como cualquiera puede ver, las elecciones convocadas por el asno solemne no han arreglado nada, y en realidad empeoran todo. Los separatistas han conseguido mayoría absoluta (70 escaños, dos más de los necesarios); los proseparatistas (PP, PSOE y Podemos) suman 28 más; y los mayores partidarios de disolver a España en la UE, es decir, Ciudadanos, consiguen 37. Ni uno solo de esos partidos defiende a España. Ciudadanos lo parece porque al menos no es proseparatista como el PP y el PSOE.

Casi todos los analistas, que no superan el nivel del cotilleo político ni dicen otras cosas que las que resultan obvias a un paisano en la barra de un bar, han estado hablando de “bloque constitucionalista”, una ficción más del esperpento permanente que es la política actual. Y ello por dos razones evidentes: en primer lugar porque la pugna no es entre Constitución y secesión, sino entre integridad de España y disgregación. Constituciones puede haber muchas, de hecho España tiene ya una buena colección de ellas, pero Españas no puede haber muchas ni puede tolerarse que se desmembre en una especie de vuelta a la edad media, entre varios estados minúsculos, atrapados por la discordia y el resentimiento, insignificantes en el contexto internacional y objeto de las intrigas de otras potencias. Pero la unidad de España no la ha defendido ninguno de los partidos-mafias ni de sus delincuentes políticos. Lo más aproximado ha sido Ciudadanos, por eso ha arramblado con tantos votos, pero la defiende a condición de disolver su soberanía en lo que llaman Europa, por una mezcla de ignorancia y mala fe.

Y por otra parte, tampoco ninguno de los farsantes partidos constitucionalistas ha defendido jamás la Constitución. Al contrario, PP y PSOE han amparado y financiado todo tipo de ilegalidades: ¿Ha sido constitucional la inmersión lingüística? ¿Ha sido constitucional la financiación de organismos destinados a atacar, ridiculizar y denigrar la idea de España, desde la escuela a los medios de masas? ¿Es constitucional el estatuto al que se quiere volver? ¿Tiene algo de constitucional la colonización cultural por el inglés promovida por todos los partidos desde la misma escuela pública? ¿Es constitucional reducir a residual e inoperante la presencia del estado en Cataluña o Vascongadas? ¿Es constitucional la continua entrega de “grandes toneladas de soberanía” a la burocracia de Bruselas? Todos estos actos y muchos otros parecidos los han realizado estos “constitucionalistas” de farsa. Si se ha llegado a la situación actual ha sido gracias a ellos.

Hace días escribí: pase lo que pase, el resultado de esas elecciones será un triunfo de los separatistas, porque cada vez que estos han salido del poder, sus sustitutos han continuado una política igual, incluso incrementándola, recuérdese el período del socialista Maragall y su gente.

Toda la estrategia del actual gobierno y de los otros partidos se basa en mantener una apariencia constitucional hasta que la soberanía española quede disuelta en la UE. En disolver una realidad histórica y cultural de la enorme entidad que es España, en un proyecto difuso y cada vez más totalitario al que llaman inadecuadamente Europa Se trata de liquidar a España, sea por disgregación sea por disolución.

El asno solemne de la Moncloa cree que la economía lo es todo, y que la retirada de empresas de Cataluña resolvería la situación. Su necedad insondable le ha impedido ver que esa retirada ha reforzado los argumentos del “España nos roba”, y si tuviera al menos una ligera idea de historia recordaría cómo el enorme ridículo de Companys fue transformado en la enorme heroicidad de Companys, como ha pasado ahora con Puigdemont. Creía también el asno que internacionalizando el conflicto y logrando apoyo de la UE el asunto estaba resuelto. Pero es en los medios y en la opinión pública de la UE donde más puntos han ganado los separatistas, gracias a los rebuznos ocasionales del asno.

Un punto positivo ha sido al menos el hundimiento del PP en Cataluña. Espero que le pase lo mismo en el resto de España. Y lo espero con preocupación al mismo tiempo, porque el asno solemne ha arrasado a su propio partido, en el que no hay recambio para él. Los que podrían haber significado ese recambio hace años han venido tragando tal cantidad de bazofia política que han quedado contaminados y ya no valen para nada.

¿Y fuera de ese partido? Llevo diciendo que Vox es lo más aceptable o lo menos inaceptable. Pero una alternativa debe tener discurso, programa y liderazgo, y a VOX le falta bastante para eso. Dan imagen de pobrecillos perdedores que aspiran a un solo escaño, y eso es lo peor que puede pasarle a un partido que quiere representar una alternativa a la basura política actual.

Nada resolverán ya estos partidos que han creado enormes problemas al país y a la democracia por sus intereses particulares. Pero, en fin España es una realidad histórica y cultural tan sólida que aún no han conseguido demolerla los actuales partidos en varias décadas de atacarla conjuntamente. Aunque el daño es ya enorme. Y el tiempo de las quejas ya pasó. Es precisa la reacción popular, más organizada y amplia que la que hemos visto en semanas pasadas

Ha ganado el golpe
Emilio Campmany Libertad Digital 22 Diciembre 2017

Cuando en 2015 ganaron los partidos independentistas pensamos que se debió a que simplemente la mitad de los catalanes querían la independencia. La tardía aplicación del artículo 155 tuvo, junto a muchos inconvenientes, la ventaja de dar tiempo a que los catalanes se dieran cuenta de las consecuencias que podía tener su declaración. A pesar de que se hizo sin fe y contando con que la intervención del Estado evitaría males mayores, los efectos económicos se dejaron sentir inmediatamente. Si hubo catalanes que en 2015 votaron a los independentistas creyendo que la futura república catalana sería Jauja, se hizo enseguida evidente que habían sido engañados. En buena lógica, cabía esperar que algunos de ellos, los más sensatos, se replantearan en esta ocasión su voto. Es evidente que no lo han hecho. Al contrario, no sólo siguen queriendo la independencia, sino que la quieren les cueste lo que les cueste.

Con ser grave que a la mitad de los ciudadanos les importe una higa que su región se despeñe económicamente persiguiendo un sueño, no es, ni mucho menos, lo peor. En 2015 votaron a favor de la independencia, pero los partidos vencedores concurrieron a las urnas sin aclarar qué métodos emplearían para alcanzarla. Hoy se sabe que están decididos a imponerla a la otra mitad de los catalanes con los medios más rastreros, ilegítimos y antidemocráticos, sin excluir la violencia más que en los casos en que se crea que es tácticamente contraproducente. Pues bien, ahora que se conocen los métodos que están dispuestos a emplear, han conseguido revalidar holgadamente la mayoría absoluta de la que disfrutaron en la anterior legislatura. Esta vez, los votantes independentistas no sólo han avalado con su voto la búsqueda de la independencia como objetivo, sino también los medios que se han estado empleando hasta hoy para alcanzarla.

El resto de los españoles podemos engañarnos poniendo el foco en la victoria de Ciudadanos. También nos cabe culpar del resultado a la tibieza de Iceta y Colau. Podríamos incluso enredarnos especulando con la posibilidad de que las responsabilidades penales impidan a Puigdemont ser presidente de la Generalidad. Y, en el colmo de la ingenuidad, llegar a creer que el Gobierno independentista que de una u otra forma se constituirá, ante el temor de una nueva aplicación del 155, se limitará a gestionar los asuntos corrientes de la región. Minucias. Lo relevante es que la mitad de los votantes de una región, dando a sus partidos la mayoría absoluta en su asamblea legislativa, respaldan el incumplimiento de la Constitución, la inaplicación de la ley, la desobediencia a las resoluciones judiciales, la imposición de una ideología sectaria y xenófoba en la escuela, el recurso consciente y constante a la mentira y la malversación de fondos públicos para la difusión de propaganda. Y, para colmo, lo hacen sabiendo que todo ello traerá pobreza para todos. No hay disculpas. La mitad de los catalanes lo quieren así. Ellos sabrán.

Lo único positivo del desastre
Guillermo Dupuy Libertad Digital 22 Diciembre 2017

Lo único positivo del desastre sin paliativos al que nos ha abocado –tal y como era previsible– la ridícula aplicación –más bien, denigración– del encomiable artículo 155 de la Constitución para que los catalanes pudieran legalmente votar por cuarta vez en los últimos siete años es el vuelco que se ha producido en el seno del mal llamado "bloque constitucional". Mientras hace escasos siete años lo dominaba una formación tan próxima al nacionalismo como el PSC, seguido de un PP de Sánchez Camacho ya adulterado por el rajoyismo y, finalmente y muy de lejos, por una casi testimonial presencia de Ciudadanos, hoy la formación que lidera Albert Rivera prácticamente copa por sí sola la resistencia constitucionalista al régimen nacionalista.

Algunos dirán que es un escaso consuelo frente al persistente dominio nacionalista, que también se ha radicalizado en sus aspiraciones separatistas. Con todo, no considero para nada negativo esta polarización entre los bloques, habida cuenta de que la gran crisis nacional que nos aqueja, así como la independencia de facto que la Cataluña nacionalista goza desde hace décadas, es el resultado del cambalache y el pasteleo entre formaciones nacionalistas supuestamente moderadas y formaciones supuestamente constitucionalistas como el PSC y el PP de Rajoy.

Aunque Ciudadanos haya sido la autora intelectual del disparate de esta bochornosa aplicación del artículo 155 de la Constitución, y del colosal ridículo internacional que España ha hecho con esta ridícula intervención de una autonomía diríamos que estructural e institucionalmente en rebeldía contra nuestro ordenamiento jurídico, la responsabilidad del esperpento ha sido de un Gobierno como el de Rajoy que no ha renunciado en ningún momento a alcanzar algún acuerdo con los nacionalistas aun después de perpetrar estos su segunda consulta secesionista.

La renuencia del PP de Rajoy –no digamos ya del PSC– a la hora de combatir el nacionalismo en el terreno de las ideas ha tenido como injusta víctima a García Albiol y como inmerecida beneficiaria a Inés Arrimadas por el hecho de pertenecer esta última al partido que, con gran diferencia, con menos complejos denuncia los estragos del nacionalismo.

Hoy el separatismo ha cosechado un innegable triunfo, pero quiero pensar que también ha triunfado la mejor forma de combatirlo, no sólo en Cataluña sino en toda España.


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Hasta aquí, presidente
EDITORIAL Libertad Digital 22 Diciembre 2017

El resultado es tan malo, la situación tan dramática y la debacle del PP tan formidable que se hace imprescindible que Rajoy asuma su responsabilidad.

Pese al excelente resultado de Ciudadanos, cuya victoria tiene un innegable valor simbólico y político, lo ocurrido este jueves en Cataluña sólo puede ser calificado como un desastre sin paliativos: después del desastre del procés, después de la deriva de los últimos años y tras recurrir a una decisión de tanta transcendencia como aplicar el artículo 155 de la Constitución el resultado es una nueva mayoría absoluta separatista y, por tanto, una situación que es ahora mucho peor que el 30 de septiembre gracias a una gestión absolutamente lamentable del Gobierno. La pretendida solución sólo ha agravado el problema.

Lo ocurrido en Cataluña, sin embargo, sólo puede sorprender a los que confunden los deseos con la realidad. En Libertad Digital ya advertimos de que era inevitable que la estrategia de Rajoy ante el golpe de Estado perpetrado por el separatismo conduciría a España a esta complicadísima situación.

Mariano Rajoy nunca quiso aplicar el artículo 155 de la Constitución y así lo ha reconocido en muchas ocasiones. Sólo cuando el golpe catalán se hizo tan grosero que no admitía otra respuesta se decidió a dar el paso, pero en la práctica nada ha cambiado y la vida política de Cataluña ha seguido desarrollándose en la ilegalidad y el golpismo.

En lugar de enfrentarse al golpe el Gobierno ha seguido hasta última hora en una "operación diálogo" en la que sólo creían ellos, y ha dejado pasar un 155 que finalmente sólo ha sido la enésima oportunidad perdida por un Rajoy cuya carrera política será recordada, sin ningún género de duda, por haber dejado pasar prácticamente todas las posibilidades de solucionar de verdad los problemas de España que han pasado por su lado.

Y es que era evidente que iba a ser imposible que el objeto de la aplicación del 155 –devolver el orden constitucional a la comunidad sublevada– se alcanzase convocando las elecciones en un plazo de menos de dos meses y manteniendo el tejido propagandístico de los medios públicos catalanes intacto y a pleno rendimiento.

Porque a pesar de que Soraya Sáenz de Santamaría presumiese de haber "descabezado" al separatismo, la realidad es que los únicos que han asumido al menos parte de sus responsabilidades han sido el Poder Judicial y la Corona, en la mayor parte de las ocasiones en contra del criterio de un Ejecutivo políticamente inoperante.

El PP de Cataluña ha pagado por los errores de Rajoy un precio altísimo hundiéndose en el último puesto del Parlament con sólo tres diputados. Un resultado ridículo, dramático. Sin embargo, aún más alto será el precio que va pagar España: la situación se va a volver insoportable no sólo en Cataluña, sino que todo el tejido institucional español y el sistema constitucional corren serio peligro de saltar por los aires. No es Cataluña: es toda España la que se asoma al abismo, la que está mucho más cerca del precipicio ahora que el pasado 30 de septiembre.

El resultado es tan malo, la situación es tan dramática y la debacle del PP es tan formidable que se hace imprescindible que el presidente del Gobierno asuma sus responsabilidades: Rajoy debe dimitir y convocar elecciones generales, porque ha quedado meridianamente claro que ni sabe, ni quiere, ni probablemente puede ya estar a la altura de los tremendos retos que se abren ante España, en buena parte por culpa de un presidente al que sus propios errores han llevado al fracaso.

Hasta aquí, señor presidente, es hora de irse.

El imperio de la mentira
Cristina Losada Libertad Digital 22 Diciembre 2017

Las urnas no avalan ni pueden avalar la vía insurreccional. No está claro qué querrán hacer, pero está claro qué es lo que no pueden hacer.

No hay que esperar milagros políticos. No los hay. La única fe que se puede tener, en materia tan terrenal, es fe en la razón. No era fácil tenerla en estas elecciones autonómicas catalanas. Unas elecciones que no eran anómalas por el hecho de que algunos de los candidatos estén en la cárcel o prófugos en Bruselas, como tanto lagrimean los separatistas, sino por los hechos. Exactamente por los hechos que condujeron a esa tropa a los tribunales y a la prisión provisional: el golpe que dieron desde septiembre hasta octubre. De ahí, del golpe, tan cercano en el tiempo que era imposible pasar página, la gran incógnita sobre el comportamiento electoral.

El separatismo había mostrado a lo largo del lustro de monocultivo del procés que disponía de un electorado rocoso y reacio a reconocer la realidad. Por no decir fanatizado, que también. ¿Quedaría ahí alguna brizna de razón? ¿Alguna capacidad para aprender de la prueba y el error? ¿Algún resto de responsabilidad? La campaña de los partidos separatistas no se propuso incentivar ninguna de esas cosas, sino las contrarias. Fue un derroche de mentiras, victimismo y vindicación del golpe. Un compendio agravado de lo peor del lustro procesista. Para evitar cualquier desencanto –y su efecto más frecuente, la abstención–, tenían que evitar el encuentro, aunque fuera efímero, con la realidad y la responsabilidad.

Ni los de Puigdemont ni los de Junqueras, por no hablar de los cupaires, dieron señales de corregir el rumbo. Cierto que apenas hablaron de su proclamada república, ficción que quedó para uso de la CUP, quizá porque mentarla evocaba la ridícula espantada de los líderes y la irrealidad dañina de todo cuanto hicieron. Pero negaron descaradamente todos los perjuicios reales que causó su delirio aventurerista, incluidos los infligidos a la economía. Y lejos de asumir la falta de apoyo a su golpismo en Europa como un mentís a sus bravuconadas sobre el respaldo que iban a tener, subieron el tono de la bravata y metieron a la UE en el saco de los no democrátas.

En Sangre y pertenencia, Michael Ignatieff dice que la democracia no es "un antídoto eficaz frente al nacionalismo". Los fantasiosos, constata el liberal canadiense, son más atractivos que los que dicen la verdad. Para Ignatieff, el nacionalismo es un idioma de fantasía. De fantasía y de evasión. También lo es de hostilidad. En estas elecciones, la enorme dificultad era sacar de la fantasía, la evasión y la hostilidad a una parte de casi dos millones de votantes de los tres partidos separatistas. ¿Se avendrían a lo razonable en aras, si no de la convivencia democrática, al menos de la prosperidad y la seguridad? Y aquellos votantes estratégicos del separatismo, los que apoyaron el procés esperando que funcionara como chantaje, ¿iban a bajarse del carrilet estrellado?

La respuesta a la primera pregunta es evidente en los resultados electorales: no. La puesta a prueba de la fantasía separatista en la realidad, ese ensayo que afortunadamente no pudieron continuar, no ha hecho recapacitar sino todo lo contrario. El cierre de filas y de mentes ha sido total. De todas las malas noticias que podían traer las elecciones, se ha dado quizá la peor: los partidos separatistas suman, si unen fuerzas, la mayoría absoluta del Parlamento. La otra parte de la incógnita atañía a los no separatistas, un cuerpo de votantes más heterogéneo, ubicado principalmente en zonas urbanas que la ley electoral castiga, al tiempo que beneficia a la Cataluña profunda, y profundamente nacionalista. ¿Irían a las urnas masivamente? ¿Su participación permitiría remontar el obstáculo de la norma electoral? La respuesta a la segunda pregunta es visible en el reparto de escaños: no. La buena noticia es que el partido más votado en Cataluña, y el partido con más escaños, es un partido no sólo constitucionalista, sino opuesto al nacionalismo como Ciudadanos.

El proceso separatista creció en el imperio de la mentira. Su enloquecido golpe fue la apoteosis del engaño. Pero no hay que engañarse: todo ha sido engaño y autoengaño. Hay ahí una larga convivencia y connivencia con la mentira que hace que el separatismo catalán pueda sobrevivir casi indemne a la puesta en evidencia de sus engaños. Pero la mentira no deja de ser mentira porque triunfe. Ni el golpe separatista deja de ser un golpe porque sus autores obtengan un porcentaje de votos. Las urnas no avalan ni pueden avalar la vía insurreccional. No está claro qué querrán hacer, pero está claro qué es lo que no pueden hacer. Frente al imperio de la mentira está el imperio de la ley. Aunque vistos los resultados, bien pueden decir, como dijo en una ocasión Engels: "Por el momento, la legalidad nos favorece tanto que tendríamos que estar locos para abandonarla". ¿Lo estarán?

Cataluña y las razones que la razón no entiende
Jesús Cacho vozpopuli.es 22 Diciembre 2017

Las últimas encuestas andorranas habían sumido en la depresión a más de uno al anunciar que, según la acreditada frutería que GESOP gestiona para El Periòdic d'Andorra, el bloque secesionista no dejaba de ganar terreno en la recta final sin que se supiera muy bien por qué motivo, de modo que a última hora del miércoles los indepes se situaban en una horquilla de entre 67 y 70 escaños, con el umbral de la mayoría absoluta en 68. ERC, el partido del prisionero de Zenda en Estremera, ampliaba su ventaja a costa de JxCat y la CUP, las otras fuerzas independentistas. En su particular mano a mano, ERC y C’s empataban en estimación de voto, pero los republicanos sacaban al partido naranja hasta cinco escaños de ventaja en virtud de una escandalosa ley electoral que prima la Cataluña rural carlista en perjuicio de la urbana.

De modo que quienes anhelaban una victoria, siquiera simbólica, del bloque constitucional, abordaron la jornada de ayer con aprehensión apenas enmascarada por el profundo cabreo causado por el hecho de que los partidos que han propiciado el golpe de Estado catalán no solo se hayan podido presentar a unas nuevas elecciones como si aquí no hubiera pasado nada, sino que han sido incapaces a lo largo de la campaña de cualquier asomo de autocrítica por haber roto familias y haber situado la región al borde de la quiebra económica para mucho tiempo. Lo cierto y verdad es que no solo no han hecho autocrítica, sino que, muy al contrario, en las últimas dos semanas hemos asistido impávidos a la confirmación de su voluntad de seguir delinquiendo, seguir atentando contra la Constitución, seguir propalando su determinación de llevar a estación término esa enloquecida República Independiente de Cataluña capital Tirana.

Por eso era tan importante lo que pudiera ocurrir ayer. Porque con un Gobierno de pusilánimes en Moncloa, incapaz en sus miedos, sus complejos y en sus mochilas cargadas de corrupción, de poner pies en pared y mandar parar a los sediciosos, solo la movilización ciudadana podía rescatar a España de este su mayor aprieto en décadas, quizá en siglos. Siempre he sido optimista, a pesar de la contumacia de unas encuestas que, en contra de cualquier raciocinio, seguían dando la victoria sin paliativos a los causantes del desastre. Lo he sido desde que el 29 de octubre paseé a cuerpo gentil por la Diagonal y el Paseo de Gracia como uno más de los cientos de miles de ciudadanos catalanes que salieron, banderas de la España constitucional al viento, a defender sus derechos, despertando del suicida letargo que ha permitido medrar a su antojo a los apóstoles de la mentira.

Las encuestas andorranas tenían básicamente razón y mi optimismo era infundado. Noche triste. Magnífico el esfuerzo de Ciudadanos, representante hoy de la parte más sana de aquella sociedad. El que con casi 160.000 votos más que la segunda fuerza, el JxCat del prófugo Puigdemont, haya conseguido apenas dos diputados más, configura con tintes demoledores la irracionalidad de una ley electoral como la catalana diseñada en su día a la medida por el gran golfo y padre del prusés, Jordi Pujol, para ganar elecciones regionales ad aeternum contando con la adhesión de la Cataluña profunda, trampa consentida, como tantas otras cosas, por los Gobiernos centrales. La de Inés Arrimadas es una bella victoria, una extraordinaria victoria lograda en las peores circunstancias posibles, pero es también una amarga victoria, puesto que no le va a permitir gobernar Cataluña. Es ganar la costa a nado para morir en la orilla.

Cataluña es la tumba del PP
Lo único que al parecer no habían detectado las encuestas de la fruta de Andorra era la victoria de los restos de Convergencia, ahora llamados JxCat, sobre sus conmilitones de ERC. De la jornada de ayer queda una Cataluña totalmente italianizada, que se configura como un enloquecido camarote de los hermanos Marx, una realidad ingobernable de la que van a seguir saliendo empresas, si es que queda alguna que no lo haya hecho ya, para consolidar ese horizonte de declive económico, de paro y pobreza. Una realidad que confirma la fractura social, la ruptura de Cataluña en dos mitades irreconciliables a corto plazo, demostrando que la droga del independentismo ha dejado muy tocada a media Cataluña, que la adicción es muy grave y que haría falta un gigantesco sanatorio de desintoxicación para bajar a esa gente a la realidad, para sanar a una sociedad enferma que sigue prefiriendo despeñarse por un barranco abducida por las groseras mentiras de este nacionalismo reaccionario convertido hoy en secesionismo. En Cataluña hay razones que la razón no entiende.

Derrota del PP sin paliativos. No la del PPC, al final una víctima más de la alargada sombra de una política de pactos con CiU que embarcó a los Gobiernos de González y de Aznar con las tropas del mariscal Pujol, resumida en el cuento de que tú me apoyas en Madrid a cambio de que puedas hacer de tu capa un sayo en Cataluña, que yo no me voy a rasgar las vestiduras por mucho que robes allí siempre que yo pueda robar aquí. Derrota radical y fin de fiesta de la derecha española que desde la muerte de Franco ha venido representando el Partido Popular. Doble fiasco. El de una vicepresidente que, virreina de Cataluña por un día, campeona de una supuesta “operación diálogo”, se dedicó a viajar más allá del Ebro para someterse a los masajes de un Junqueras que, ante sus mismas narices, preparaba con mimo la fiesta del golpe del 6 y el 7 de Septiembre y la farsa del referéndum del 1 de octubre. Y fracaso radical de un presidente que, víctima de sus miedos a hacer política, creyó sorprender al mundo con unas elecciones precipitadas que dejaban intacta la columna vertebral del independentismo. La realidad ha demostrado que ganar el pulso a estos mangutas sin desmontar sus estructuras de poder era, más que una pretensión vana, un suicidio. Bien, Mariano, bien: has hecho un pan como unas tortas. Cataluña es la tumba de Soraya y también, y por mucho que se empeñe, la de Mariano. Pero sobre todo es la tumba del PP.
Pelear o rendirse: no hay alternativa

Los catalanes constitucionalistas seguirán soportando la represión violenta de todo lo español que sobre ellos ejerce un secesionismo capaz de desplegar contra el discrepante la espada de fuego del creyente (“Les catalans plus cons que les corses”). Los resultados plantean con toda crudeza una realidad agobiante de la que los españoles de vida muelle, miembros de esta infantilizada sociedad en la que vivimos, no quieren ni oír hablar: al final de todo conflicto de secesión debe haber vencedores y vencidos, ganadores y perdedores. Así han sido las guerras a lo largo de la historia. Pretender otorgar nuevas concesiones a quien desprecia todas y cada una de ellas en aras de un único último objetivo, es absurdo. Respetar los derechos de esos millones de votos catalanes y españoles solo se podrá lograr derrotando a un supremacismo cada día más descaradamente nazi. Haciendo triunfar la democracia, obligada a defenderse con el uso legítimo de la fuerza, lo cual ineludiblemente pasa por convocar a los españoles a las urnas para ver qué quieren hacer en su conjunto con el nacionalismo catalán. Creer que este envite xenófobo tiene solución templando gaitas, es una falacia. De modo que si España quiere mantener Cataluña como una parte del Estado deberá atarse los machos. Esto no lo va a arreglar un político demiurgo dispuesto a hacernos tragar una pastilla milagrosa para vendernos que el problema desaparecerá de un día para otro. Y el menos capacitado de todos para ganar ese envite es Mariano Rajoy. Todas las generaciones tuvieron que pelear por su futuro. Pelear o rendirse de antemano. No hay alternativa.

El error de convocar elecciones tan pronto
OKDIARIO 22 Diciembre 2017

La dictadura independentista revestida de aparente democracia continuará en Cataluña a pesar del triunfo histórico de Inés Arrimadas. La candidata de Ciudadanos se ha impuesto en votos —más de un millón— y en escaños —37— para superar de manera arrolladora los 25 diputados que consiguió en 2015. Una cifra que, a pesar de que supuso el espaldarazo definitivo de la formación naranja, queda en nada al lado del hito conseguido este jueves: es la primera vez que un partido constitucionalista gana en la región. Lo dramático, tanto para los catalanes como para el resto de España, es que la victoria no servirá para formar gobierno entre fuerzas leales a la legalidad vigente. Entre los muchos motivos de este triunfo con final agridulce destaca el error de convocar tan pronto los comicios autonómicos. Un entramado social, educativo y civil como el que han ido labrando año tras año los sediciosos durante casi cuatro décadas no puede desmantelarse, por muy oportuna que fuera la aplicación del artículo 155, en tan sólo 54 días. Menos aún cuando los sediciosos siguen controlando los principales medios de comunicación de la comunidad autónoma y a través de ellos difunden su propaganda falaz.

Un periodo tan corto ha condicionado sin duda la capacidad de los grandes partidos nacionales para hacer una campaña más oportuna. Del mismo modo, los golpistas han aprovechado el reciente encarcelamiento de sus líderes para convertirlos en mártires y así sacar rédito político de una ilegalidad. Algo que, por mucho que nos pese a todos los que creemos en la ley, ha sido un indiscutible éxito en las urnas. A excepción de la CUP, cuyas veleidades los han dejado con sólo cuatro representantes, los otros partidos rupturistas han conseguido sacar más votos por separado que juntos. En el caso de Junts per Catalunya, además, han logrado consolidar su posición frente a ERC. Como bien apunta la catedrática de Derecho Constitucional Teresa Freixes en su artículo de OKDIARIO: “¿Cómo es posible que haya tanta gente en Cataluña que voten una opción cuyo líder es un prófugo de la justicia? Por increíble que sea, el caso es que ha sucedido. No obstante, los independentistas no deberían celebrarlo tanto. Puigdemont debe ser arrestado en cuanto ponga un pie en España y Junqueras sigue en la cárcel, amén de que la causa por rebelión, sedición y malversación aún pueda tener más implicados, incluidos algunos integrantes de las listas.

De los resultados destaca de manera insoslayable el fracaso de los dos grandes partidos: PP y PSOE. La formación de Xavier García Albiol tendrá que hacer un profundo ejercicio de reflexión y renovación, ya que han sido incapaces de conectar con el electorado hasta el punto de reducir su representación a unos pírricos tres diputados. Y aunque no ha sido un descalabro tan grande, los cierto es que el socialista Miquel Iceta también ha cosechado una derrota sin paliativos. El segundo peor resultado en la historia de la formación en Cataluña. Esto ha de servir como aviso a Pedro Sánchez: el PSOE sólo volverá a ser grande si va de la mano de la Constitución. Experimentos como el de Iceta, que por momentos parecía el más independentista entre los independentistas, no les da resultado ni siquiera a corto plazo, además de traicionar los principios de su partido en el resto de España. No se puede jugar a gran formación de Estado en Madrid, y a pseudoindependentista en Cataluña. Los golpistas nunca los votarán y su electorado en el resto de comunidades puede retraerse en próximos comicios. Lamentablemente, estas elecciones sólo han servido para volver al punto de partida de una sociedad partida por la mitad. El Gobierno tendrá que hacer un esfuerzo extra para que la legalidad no vuelva a convertirse en una filfa en manos secesionistas. Los catalanes han desaprovechado una ocasión única de enterrar un pasado de represión, ruina y adoctrinamiento.

Las dos Cataluñas y el doble dilema de Puigdemont
Da igual que la participación baje o suba hasta la estratosfera. Siempre saldrá la misma cifra: dos millones de votos separatistas
Ignacio Varela elconfidencial 22 Diciembre 2017

Da igual que se cuenten en unas elecciones plebiscitarias como las de 2015, en un referéndum con pucherazo como el del 1 de octubre, en encuestas más o menos despistadas o en una elección intervenida y con sus líderes en prisión o fugados. Da igual que la participación baje o suba hasta la estratosfera. Siempre saldrá la misma cifra: dos millones.

Mil veces pondremos las urnas y mil veces aparecerán dos millones de votos separatistas. Nada menos, pero nada más. Hay dos millones de catalanes dispuestos a irse de España cueste lo que cueste y les cueste lo que les cueste. Son de cemento armado: no hay terremoto capaz de hacer que esa cifra disminuya, pero tampoco que crezca. Los unionistas deben asimilar que esos dos millones seguirán estando ahí y no se puede ignorar su existencia. Y los separatistas deberían comenzar a aceptar que con dos millones sobre una población adulta de cinco millones y medio pueden hacerse muchas cosas, pero no romper un Estado de 500 años para fundar otro sobre el aire.

Ayer se confirmó por enésima vez que Cataluña está partida en dos mitades cada vez más irreconciliables. Mucho tiempo después de que Antonio Machado acuñara la idea feroz (por verdadera) de las dos Españas, alguien podría hoy cantar: catalanito que vienes al mundo, te guarde Dios, una de las dos Cataluñas ha de helarte el corazón.

Pero las urnas reasignaron drásticamente las fuerzas dentro de cada una de esas dos mitades. En una elección cargada de emocionalidad, los partidarios de cada bando han premiado a quienes supieron conectar con los sentimientos (Puigdemont, en un lado, y Arrimadas, en el otro) y han castigado a los especuladores profesionales de la política (Junqueras, Iceta) y a los diseños de laboratorio como el de Iglesias-Colau.

Hemos de estar agradecidos a Oriol Junqueras. Su astuta decisión de romper Junts pel Sí para lanzar una opa hostil a una Convergència en ruinas ha obrado el milagro de que un partido como Ciudadanos gane estas elecciones; y además, ha resucitado al muerto. La secesión del secesionismo ha resultado providencial, porque juntos habrían sacado 18 puntos de ventaja a Arrimadas y su triunfo habría sido incontestable.

Algunos dirán que de poco consuelo sirve la victoria de Arrimadas si finalmente gobernarán los independentistas. Pero en esta batalla en que lo simbólico lo es todo, el hecho de que tras dos años de 'procés' el partido más votado por los catalanes sea precisamente el que más consustancialmente representa la oposición al 'procés' tiene un efecto político de gran calado. Es imposible seguir sosteniendo la leyenda del mandato-popular-por-la-independencia cuando alguien como Arrimadas les ha sacado varios cuerpos en la línea de meta y ha tenido que ser otra vez la ley electoral, que castiga a Barcelona y premia a las provincias pequeñas, la que les dé la mayoría de escaños.

Tuvo razón Albert Rivera en su discurso: Inés Arrimadas cumplió su parte del trabajo. A través de ella, ayer ganó el espíritu del 8 de octubre, el de la Vía Layetana, el de la resistencia democrática al aplastamiento nacionalpopulista. Y sí, ya se sabía que para que Ciudadanos ganara como lo hizo era preciso que el PP se hundiera. Quien no cumplió fue el PSC de Iceta, que, soñando con carambolas imposibles, se olvidó de que esto iba de ganar votos y no de ser el más hábil equilibrista del circo. Ni siquiera fue capaz de aprovechar la doble oportunidad que le brindaron la crecida de la participación y la debilidad del partido de Colau. Lástima de esos alcaldes socialistas que dieron la cara ante la intentona del 1 de octubre, el suyo era el espíritu adecuado y no el de las elucubraciones de moqueta. Últimamente el Partido Socialista se ha poblado de dirigentes especializados en ganar congresos y primarias y en perder elecciones.

Este resultado deja las cosas más claras de lo que se esperaba. No habrá repetición de elecciones, gobernarán los separatistas y quien llevará la batuta no será ERC, sino Puigdemont. Pero el segundo ganador de anoche —la primera, no se olvide, fue Arrimadas— afronta ahora un doble dilema:

Por un lado, qué hacer consigo mismo y sus compañeros de fuga. Su presencia física en el Parlament es indispensable para ganar la votación de investidura. Sin ellos, la mayoría absoluta se evapora. Pero si se hacen presentes, no será para entrar bajo palio en el Parlament sino en un centro penitenciario. Así que si siguen en Bruselas y no renuncian al acta, dejarán a su bando en minoría. Y si regresan y los encarcelan, también.

Se sabía que la situación judicial derivada del intento de golpe se convertiría en un factor político de primer orden tras estas elecciones. El problema inmediato es el de los fugados de Bruselas. Pero también está el de los encarcelados de Estremeras; y no olvidemos que ayer fueron elegidos más de 15 diputados que pronto estarán en el banquillo afrontando posibles penas de varios años de cárcel.

Puigdemont no estará en condiciones de presentarse a la investidura; y, definitivamente, no podría ejercer como presidente desde Bruselas o desde la prisión, que son sus dos únicos destinos concebibles en el próximo futuro. Así que tendrán que buscar otro candidato entre los diputados de Junts per Catalunya que están en libertad —aunque sea provisional—.

La Justicia tiene que seguir su curso, pero pronto escucharemos el discurso impugnatorio de que la represión del Estado español no permite hacer efectiva la voluntad popular. Explicarlo fuera no será tarea sencilla.

El otro dilema es con quién y en qué términos negociarán para gobernar. Él lo dijo ayer: puesto que su candidatura y la de ERC suman 66 escaños, tienen mas libertad de movimientos que cuando precisaban el apoyo activo de la CUP. Pueden gobernar en minoría… Siempre que cuenten con la abstención de alguien, que siempre tendrá un precio.

Ese alguien puede ser la CUP o los comunes. La CUP exigirá un programa rupturista para seguir adelante con la DUI, lo que conduciría a la reactivación del 155. Los comunes reclamarán abandonar la unilateralidad y regresar a la plataforma del derecho a decidir y el referéndum pactado. Liberarse del yugo de la CUP es una tentación largamente acariciada por el independentismo institucional, pero renunciar a la unilateralidad equivale a renunciar a la independencia, porque no existe un camino bilateral hacia la secesión de España.

Y queda mencionar la onda expansiva de esta elección sobre la política española. Rajoy, Sánchez e Iglesias tienen motivos para preocuparse y pensar. Aunque pensar no esté de moda.

Esquerra, control mesa a mesa
Javier Caraballo elconfidencial 22 Diciembre 2017

“En la plaza de Sant Jaume, madre, hay un independentista”. Es necesario detenerse ante el momento porque es probable que ni el más ocurrente de los guionistas de series televisivas hubiera imaginado una escena como esta que está delante, mientras pasan los grupos de turistas japoneses con sus cámaras y sus móviles pegados a los ojos. Sin que nadie haya buscado el simbolismo, las nobles puertas de madera de la sede de la Generalitat en la plaza de Sant Jaume están cubiertas con plástico, como si las hubieran embalado para un traslado. Debe ser una simple obra de mantenimiento y albañilería en el interior, pero en este edificio histórico, en el que tantos esperaron que se arriara la bandera española tras la declaración de independencia en la revuelta de octubre, en esta plaza hervidero de esteladas impacientes, impresiona ver que en el día clave de las elecciones de Cataluña, con medio Gobierno catalán en la cárcel y el otro medio huido en Bélgica, solo hay un tipo con una guitarra y un lazo amarillo, cantando villancicos de presos políticos.

La dignidad tiene un precio, y muchas veces el precio es la superación del miedo al ridículo. El independentista que se ha venido a la plaza de Sant Jaume ha superado ese miedo: está solo, con su guitarra, en medio de ese tránsito incesante de turistas que lo consideran un exorno más frente a las nobles puertas embaladas de la Generalitat. En medio de la plaza, han colocado uno de esos montajes posmodernos de la Navidad, un bosque de figuras belenísticas, los ángeles, los pastores, la mula, el buey, la Virgen y el Niño Jesús, fabricados en siluetas blancas. Cada una de esas figuras tiene una inscripción en el mástil que las soporta: “la esperanza”, “la determinación”, “la constancia”, “la humildad”…

El independentista se ha colocado debajo del que ensalza “la imaginación” y ahí se ha quedado, en una esquina, a la espera de que el público se le acerque, porque lleva una guitarra, un lazo amarillo y un letrero que dice 'Libertad presos políticos'. Pero pasa el tiempo y nadie se le acerca. Es entonces cuando llega el momento imposible para la imaginación de los guionistas: el independentista coge la guitarra y mete por villancicos la retahíla de consignas aprendidas en estos últimos días: “La llibertaaat de expressióóó, fún, fún, fún/ Per als presos polítiiiics, fun, fun, fun...”. Meter por villancicos una consigna política es un mérito al alcance de muy pocos militantes friquis de causas perdidas o activas. Por eso se le debe valorar.

Malabarismos en Cataluña para votar en un día laborable
Pero está solo; el independentista con guitarra del Palacio de Sant Jaume está más solo que la una en esta jornada clave de las elecciones en Cataluña frente al simbolismo del balcón en el que tantas veces ha soñado que se declara la república independiente de Cataluña. ¿Dónde están todos los demás? La duda, a ver, tiene una explicación. Existe una tendencia inevitable en cada uno de nosotros que solo pretende anticiparse al final. En estas elecciones de Cataluña, por ejemplo: todos buscan en el aire un signo que les pueda anticipar la victoria o la derrota de los unos o de los otros. Además, dicen que es aquí, en Barcelona, con todo su ancho perímetro de área metropolitana, donde se van a decidir las elecciones del 155, con lo que el escrutinio de los detalles durante la jornada de votaciones es meticuloso. En uno de los puestos de Navidad que hay frente a la catedral, un puesto de ‘caganer’ tiene a la vista todas las figuras de los independentistas en posición fecal, menos uno: ‘el Puigdemont’, que está en un rincón, embalado en plásticos también, como las puertas de la Generalitat. ¿Es una premonición, una metáfora o, acaso, una cautela del dependiente?

La imaginación puede trazar peripecias equivocadas en el aire porque, en realidad, la soledad del independentista de Sant Jaume y los embalajes del ‘caganer’ lo único que demuestran es que, en este día de elecciones catalanas, los independentistas no están para exhibiciones de calle, sino para demostraciones de poder. La entrada en un colegio electoral lo deja todo claro. Cada votante que llega se encuentra con los ‘buenos días’ o ‘buenas tardes’ de recibimiento de uno o dos apoderados de Junts per Catalunya o de la CUP y, cuando pasa al interior, se encontrará con muchos más que le indican donde están las papeletas, la cabina y las urnas.

Al llegar a las mesas electorales, la escena se repite: a los dos lados del presidente y los vocales, sendos interventores de Esquerra que preguntan los datos a cada votante y los anotan, si no se oponen. Resultado: cada una de las mesas electorales está custodiada por dos o tres interventores de Esquerra. “Se han acreditado 17.000 personas en nombre de Esquerra”, explica a El Confidencial uno de los responsables de la organización de estas elecciones catalanas. “La cifra es significativa porque, en el resto de partidos, no llegan a 4.000 personas los acreditados como interventores o apoderados”.

Dicen que la Ley Electoral lo permite, que permite ese desnivel entre representantes de unos partidos y otros, y añaden luego que es lo normal que ocurra porque Ciudadanos apenas tiene una estructura de partido en Cataluña, que el PSC no se ha recuperado aún de sus batacazos electorales y el Partido Popular, aislado en un rincón, ha tenido que llenar trenes y autobuses de otras provincias de fuera de Cataluña para no quedarse sin interventores. ¿Por qué estaba solo el friqui independentista de la plaza de San Jaume? Solo existe una respuesta: porque los demás estaban en el tajo electoral. Esquerra controla estas elecciones mesa a mesa.

No hay milagros sin coraje
Hermann Tertsch ABC 22 Diciembre 2017

Las calles del centro de Barcelona no parecían dispuestas a salirse del bullicio sosegado y navideño de la tarde ni siquiera cuando los resultados anunciaban ya de nuevo tormenta. No servirá para casi nada la alegría muy genuina de Ciudadanos que han culminado una gesta insólita con Inés Arrimadas, se han impuesto rotundamente en votos y escaños a los partidos separatistas y son ya el partido de referencia de la nación española en Cataluña. Porque los otros partidos que podrían eventualmente ser aliados en un bloque constitucionalista, el Partido Popular y el PSC, han sufrido un terrible descalabro uno y la frustración de todas sus ilusiones el segundo. Quienes esperaban por tanto de las elecciones de ayer una rebaja de la tensión y una salida del drama con expectativas prometedoras se han vuelto a columpiar. Y quienes lanzaron la pelota al frente y convocaron unas elecciones en octubre para diciembre con la única esperanza perfectamente infundada de encontrar una solución que les permitiera evitar imponer la ley con la legítima fuerza del Estado si fuera necesario se han columpiado aun más.

Porque la gobernabilidad no va a ser más fácil y porque el presidente Mariano Rajoy y su «experta en Cataluña», la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, han sufrido un revés aniquilador que posiblemente sea irreversible. Y cuyas consecuencias en la política nacional se habrán de ver pronto y serán cuantiosas por mucho que se intenten tapar en La Moncloa. El resultado de la aventura ha dejado al PP en la insignificante marginalidad en la comunidad autónoma, ha coronado a Ciudadanos como el nuevo partido nacional ya dispuesto a repetir en toda España lo que le ha hecho al PP en suelo catalán y ha resucitado a Puigdemont como líder del separatismo catalán que ya exige el reconocimiento como el legitimo presidente de antes y de ahora. Se provoca además el choque de bruces de nuevo entre la política y las leyes porque ahora hay que esperar que Puigdemont se presente en España y sea detenido y volvamos a tener la fiesta publicitaria que acabará por lastrar realmente la economía de toda España y no solo la catalana que puede darse por condenada.

Lo más militante del día habían sido los lacitos amarillos en las colas ante los colegios, la mala cara de algunos al reconocer a ciertos periodistas de Madrid identificados como agentes del mal absoluto españolista y las declaraciones de Carles Puigdemont desde su Nido del Águila de Ikea en Bruselas. Muchos se han reído mucho de Puigdemont y al final va a ser el ridículo paseante de los bosques de Flandes que cumple todos sus deseos. Los separatistas mantienen su mayoría absoluta en el Parlamento de Cataluña ya veremos si con su total desafío contra el Estado y la ley. Dicen muchos que no será ahora mismo en ningún caso. No lo excluyan. Porque Puigdemont tenía el reto de sobrevivir con una candidatura inventada en torno a su no siempre muy digna persona. Y no iba a ser nada fácil. Enfrente tenía a Esquerra Republicana, un partido de cuadros magníficamente engrasado y motivado, dispuesta a erigirse en único intérprete del independentismo.

Pero la magia de la fabulación nacionalista mueve montañas y ha sido Puigdemont el triunfador con sus 34 escaños frente a los 32 de una ERC que ayer mostraban unas caras muy largas y no lograban reunir ánimos para arrancar la fiesta en Barcelona. Otro foro con caras larguísimas era la fiesta que no fue del PSC, cuyos 17 escaños son un triste balance de una campaña en la que Iceta acabó creyéndose realmente que era el elegido para sacar a Cataluña de la crisis. Era muy evidente que no era así y ni Borgen ni nada le va a servir para jugar un papel en un parlamento que vuelve a estar dominado por los enemigos del Estado. Que lo serán más por el hecho de que sus cúpulas tienen un horizonte penal oscuro como la noche. Que no va a poder aclarar ninguna maniobra de las que el propio Iceta pretendía. Porque España, que es mucho más que Cataluña aunque no lo parezca en los medios desde hace mucho tiempo, demanda una solución al desafío independentista que no va a poder ofrecer el parlamento catalán ni con un grupo tan cuantioso como el de Inés Arrimadas. Con los cuatro de la debilitada CUP, Puigdemoint y ERC tendrán otra vez el aparato del régimen a su plena disposición para proseguir un proyecto que es la prolongación del golpe de estado iniciado en octubre.

Los catalanes que ayer salieron como nunca a las calles a votar están presos de décadas de adoctrinamiento, de las más obscenas mentiras continuadas a lo largo del tiempo. Que una mitad haya salido a intentar romper las cadenas les honra. No es suficiente. Pero eso se podía haber tenido muy claro hace dos meses cuando se convocaron unas elecciones sin cambiar en absoluto la brutal presión social que los separatistas han construido en décadas y que el 155 podía haber al menos debilitado pero ha dejado intacto. Sin esfuerzos ni asumir riesgos no suele haber grandes conquistas Y mucho menos milagros.

Peor que antes
Luis de Velasco republica 22 Diciembre 2017

Varias conclusiones se pueden obtener ya de los resultados de las elecciones catalanas. La principal es que la situación ahora y el inmediato panorama son peores que antes. Y recordemos que se supone que el propósito de Rajoy para convocarlas era facilitar una derrota o, al menos un debilitamiento del independentismo. Si fue así, el tiro le h salido por la culata. Segunda conclusión: el independentismo sale fortalecido pues ha ganado en escaños. Ha perdido en porcentaje de votos pero lo que cuenta son los escaños y ahí esas leyes electorales con proporcionalidad corregida. Los indepes podrán seguir alardeando que cuentan con respaldo mayoritario de los catalanes. Es más: lo hacen tras una participación record (se pensaba que eso favorecería a los constitucionalistas (otra decepción).Salen con la moral altísima tras un campaña dura para ellos que la han vendido como “contra ellos” por la actuación de la entente gobierno –jueces. Más victimismo que siempre pesa sobre todo por los tiempos judiciales. Cuando temían perder, ganan. Gran “chute” de moral. El New York Times lo resume muy bien en un titular:”Duro golpe (“HARD blow”) a la unidad española”.

Lo opuesto en el otro campo. Gran victoria de Ciudadanos pero, de momento y salvo de lo que pase sobre acuerdos o desacuerdos a partir de hoy, es sólo una gran victoria “moral” y ya se sabe que de victorias morales está llena la segunda división, al menos en el fútbol. Pero aunque solo se quede en “moral” es muy buena noticia por encabezar la oposición un partido aunque joven ya veterano con ideas muy claras y valiosas en este asunto y acerca de cómo tratar a y con los indepes. En principio no hay votos para gobernar por el fracaso de los otros partidos de ese bloque, especialmente del PP, fracaso estrepitoso, mayor que el esperado, justo castigo a su absentismo en este tema y en otros, siguiendo el estilo de esa santa casa.

Como también fracaso, aunque menos, del PSC. Con su llamada al “catalanismo razonable”. Primera duda es si eso existe porque si es así es una etapa entre el constitucionalismo y el independentismo. Esos catalanistas de hoy son los indepes de mañana y lo hemos visto estos meses y ha salido a la luz ayer (ya nadie les llama “catalanistas o nacionalistas” como antes sino “independentistas”), Mejor así. Cuanta más claridad, mejor…

El independentismo “abierto” y a la luz del día saca casi un cincuenta por ciento y recogen ahora los frutos de lo que sembró el pujolismo con su ingeniería social desde los medios de comunicación (los propios y los pagados) hasta la enseñanza en las escuelas. Todo un muy largo y tenaz proceso mientras “Madrit” miraba a otra parte o incluso pactaba con ellos olvidando que “cuando pactas con el nacionalismo el que gana es él”. El PSC y su casa matriz que hace años descabezó a su federación allí (con J.M. Triginer la primera víctima) sustituyéndolos por nacionalistas emboscados tipo los Maragall, Obiols y otros sabe mucho de eso.

Otros damnificados (menores) en el campo perdedor. A Podemos (o como allí se llamen) la dura realidad los va colocando donde merecen por su activismo sin rumbo como única profesión: hacia la insignificancia, tanto allí como, por estas mismas fechas, en Madrid, en su Ayuntamiento. Los de la CUP ahí siguen y como buenos marxistas tratando de agudizar las contradicciones para abrir camino a la revolución (aunque no se sepa cuál. ¿La de Puigdemont-Kerenski?

O sea, fin del primer acto y queda el segundo, tratar de formar gobierno, mucho más complejo que el acto de ayer. Han desaparecido algunos personajes, vuelven otros y hay debutantes. Muchas incógnitas pero no desesperemos. Los meses recién transcurridos del procés han mostrado a Cataluña como tierra de “sorprendentes sorpresas”. Por eso, un poco de paciencia y no nos pongamos nerviosos. Seguro que la Moreneta ayudará.

Cataluña, 100 años de pobreza
Miguel Alba. vozpopuli  22 Diciembre 2017

Cataluña es más pobre que en los días posteriores al 1-O, cuando centenares de empresas comenzaron a fugarse de su tierra por la inestabilidad política. Hoy nadie lo duda. Salvo esa parte de la población catalana ciega por esa sed de independentismo que condenará a Cataluña a 100 años de pobreza. La posibilidad de un nuevo gobierno independentista tras el 21-D incrementa la inestabilidad de Cataluña como foco de atracción económica. Un efecto devastador a medio y largo plazo que la adrenalina independentista todavía no ha reparado. Un efecto ya devastador en el corto plazo para todas aquellas profesiones –notarios, registradores- que certifican a diario decenas de operaciones en Cataluña que generan cada una de las empresas que han emprendido la tocata y fuga. No se engañen, cuando Caixabank o Sabadell completan una emisión de cualquier tipo de deuda, ese acto genera riqueza directa en Cataluña. Ahora, esos efectos directos se han trasladado directamente a Valencia o Alicante. Y no hay camino de retorno. El argumentario independentista asegura que las empresas retornarán a Cataluña. Lo mismo dijeron muchos líderes políticos vascos hace décadas ante la fuga de firmas. Los órganos de decisión de BBVA nunca regresaron a Bilbao. Idéntico viaje realizó Iberdrola. El traslado de sede social no es un mero billete de Euromed o AVE para el consejero de turno de Barcelona a Valencia, Alicante o Madrid. Es el inicio de un silencioso movimiento de estructuras que apoyan el cambio social y fiscal, en algunos casos. Estructuras que moverán personas y reestructurarán las organizaciones. Tiempo al tiempo.

Un total de 3.120 compañías han trasladado su sede social de Cataluña a otras regiones de España desde el ilegal referéndum del pasado 1 de octubre, según datos del Colegio de Registradores. Anteayer, 20 de diciembre, se fugaron otras 24 empresas más. Y aunque el cambio de sede no tiene porqué ir acompañado del de domicilio fiscal, hasta los primeros días de noviembre, cerca de 1.000 empresas cambiaron su sede fiscal de Cataluña a otras regiones, según la Agencia Tributaria. El traslado social no implica ningún cambio operativo para la empresa, pero el fiscal sí exige que se trasladen las juntas y parte de la gestión operativa a la nueva sede. Las 62 principales empresas que han trasladado su sede social fuera de Cataluña suponen un impacto directo en el PIB catalán de 11.540 millones, lo que representa un 5,4% de la economía catalana y un 1% de la economía española en su conjunto. Pobreza motivada por el órdago independentista.

La fuga de empresas tiene otro efecto demoledor para la economía catalana. Cataluña ha dejado de ser el number one de aportación al Producto Interior Bruto (PIB) nacional en detrimento de Madrid. Una posición que es mucho más que un eslogan para las empresas y los grandes inversores a la hora de tomar decisiones. Otra pésima ‘x’ en la casilla de Puigdemont y compañía. Pero el mayor efecto del 21-D es, sin duda, la incertidumbre política, sinónimo también de pérdida de riqueza. Las gentes del dinero, fondos y similares, saben cómo manejar este tipo de situaciones para lograr importantes descuentos en sus inversiones. Baste un ejemplo. Un importante fondo ha decidido reducir sensiblemente el precio de la cartera catalana de un gran paquete inmobiliario nacional que tiene a la venta una entidad financiera. Minimizar el riesgo ante lo que pueda suceder.

Pero volviendo al asunto principal: los independentistas deberían saber que ningún Gobierno responsable, ni hoy ni mañana ni pasado mañana, va a permitir al gobierno de la Generalitat saltarse la Constitución y apropiarse de una parte del territorio de todos los españoles. Así que no insistan y dejen de dañar la convivencia y perjudicar los bolsillos de todos. Porque desgraciadamente, el tema catalán amenaza no sólo con ralentizar el crecimiento de la economía española sino con convertirse en un castigo de hondas consecuencias para la economía española.

Por eso, la cohorte independentista no habla de economía salvo en esa ‘moleskine’ en las que niegan el pan y la sal a la viabilidad económica de la república catalana. Ni rastro de economía en su ley de Transitoriedad ni tampoco en programa electoral alguno. Quizás, simplemente, porque su plan para empobrecer a los catalanes –eso supondría la independencia- es a nivel económico tan a las bravas como lo ha sido a nivel institucional. No reconocer las deudas con el Estado, como anticipo de un probable impago, en base a esa legitimidad en la que impusieron la aprobación de las leyes del referéndum y de la desconexión.

El castigo del independentismo a la economía catalana es superlativo. Un último dato. La inversión extranjera productiva ha caído un 75% en Cataluña en el tercer trimestre del año, según datos del Ministerio de Economía a los que ha tenido acceso este periódico. Estas cifras no recogen aún el efecto post referéndum, pero sí toda la campaña previa. Es decir, que puede que cuando se conozcan las cifras del cuarto trimestre la caída en Cataluña sea incluso mayor y más preocupante. Y es que si Cataluña recibió en el tercer trimestre de 2016 más de 2.000 millones en inversión extranjera, este año ha recibido solo unos 500 millones.

Gabriel García Márquez escribió ‘100 años de soledad’. Puigdemont, el político a la fuga que puede volver a ser investido ‘president’ antes de acabar con sus huesos en la cárcel, relata ya otro título para Cataluña: ‘100 años de pobreza’.

Las 10 consecuencias económicas de la victoria independentista
Recesión, paro, deslocalizaciones e inestabilidad en los depósitos son algunos de los males que puede generar el nuevo escenario político.
Teresa Lázaro. Jorge Zuloaga vozpopuli.es 22 Diciembre 2017

Los peores augurios se han cumplido. Los partidos independentistas han ganado la batalla a los constitucionalistas en unas elecciones históricas y tienen en su mano la capacidad de formar Gobierno de nuevo en Cataluña. La victoria supone el inicio de un periodo incierto para la comunidad. No podemos saber con certeza cómo ni cuánto va a afectar el resultado a su economía y a la economía española, pero sí podemos vaticinar que con este resultado Cataluña se asoma a un abismo económico. Éstas son las 10 consecuencias económicas de la victoria independentista:

Recesión en Cataluña
Lo más probable es que la comunidad pase de haber liderado el crecimiento económico de España en la salida de la crisis a entrar en recesión. Ya lo dijo el Banco de España en su último informe de estabilidad financiera: nuevos aumentos de la incertidumbre pueden llevar a que la comunidad caiga en una larga recesión entre 2017 y 2019. De hecho, el PIB ya se ha ralentizado en el último tramo de 2017 y crece la mitad de lo previsto hace unos meses, según la Autoridad Fiscal.
Menor crecimiento en España

Inevitablemente, la economía catalana contagiará a España. ¿Cuánto? Depende de lo que haga el nuevo Gobierno y de cómo afecten sus decisiones a los hogares y las empresas, que probablemente contendrán su consumo y su inversión. Solo el aumento de la incertidumbre que va a provocar el nuevo escenario político puede hacer que el PIB se contraiga más de 2,5 puntos en términos acumulados entre 2017 y 2019, según el peor escenario que planteó el Banco de España. Otra derivada es que un rebrote de las tensiones en Cataluña puede bloquear de nuevo los Presupuestos.

Menos empleo
Si la economía crece menos y las empresas paralizan sus planes de inversión, también se creará menos empleo tanto en Cataluña como en el resto de España. El Consejo de Economistas ha sido de los pocos que ha atrevido a mojarse en este sentido y asegura que, en el escenario menos favorable, que es el más probable tras el resultado de las elecciones, la economía española podría incluso crear 200.000 empleos menos.

Menos turismo
El turismo será sin duda uno de los grandes sectores afectados por el agravamiento de la crisis catalana. No hay que olvidar que Cataluña sigue siendo la comunidad con mayor afluencia de turistas extranjeros y que atrae al 20,5% del total. Las consecuencias del procés se empezaron a notar en las cifras de octubre, cuando el número de visitantes foráneos bajó un 4,5% en la comunidad autónoma. Y podrían notarse con más virulencia los próximos meses.

Fuga de empresas y deslocalizaciones
Más de 3.000 empresas han trasladado ya su sede social de Cataluña a otras comunidades o han manifestado su intención de hacerlo. Los resultados del 21-D pueden hacer que este número vuelva a dispararse e incluso que alguna empresa se plantee llevarse la producción a otra región. El presidente del Instituido de Estudios Económicos, José Luis Feito, dijo a principios de semana que ya había algunos síntomas de deslocalización en Cataluña. Esto sería demoledor para su economía.
Incumplimiento del déficit

Las cuentas públicas también acusarán la situación. La incertidumbre generada hasta ahora no iba a impedir que Cataluña cumpliera su objetivo de déficit. Pero la victoria de los independentistas pone en riesgo no solo el objetivo de Cataluña, sino el objetivo global de déficit de 2018, que pasaba por salir del procedimiento de déficit excesivo y de la estrecha vigilancia de Bruselas en el primer trimestre del año que viene.

Desplome de la inversión extranjera
La temida inversión. Cataluña siempre ha sido una comunidad muy atractiva para el inversor extranjero. Ya en el tercer trimestre del año este tipo de inversión se desplomó un 75% y eso sin tener en cuenta el reférendum y los resultados de las elecciones. Lo más probable es que la inversión se hunda de nuevo en el cuarto trimestre, lo que puede llevar a Cataluña a sus peores registros en la última década.

Inestabilidad en los depósitos
La victoria independentista también puede resucitar el nerviosismo entre los catalanes respecto a sus depósitos. En octubre se calcula que salieron entre 6.000 y 10.000 millones de las entidades catalanas y que se abrieron unas 300.000 cuentas espejo. Esta fuga se frenó e incluso se recuperó parte del dinero tras el cambio de sede de CaixaBank y Sabadell y la aplicación del artículo 155. Los resultados conocidos este jueves pueden devolver los temores de los clientes, siempre en función de quién toma el mando del Govern y sus primeras medidas.

Pinchazo crediticio
Uno de los grandes temores de la banca es que la ralentización de la economía catalana se acabe trasladando a una menor concesión de créditos y un aumento de la morosidad. Fuentes de una de las principales entidades de la comunidad explican que se está supervisando a fondo cómo se comportan los préstamos de empresas más ligadas al consumo y afectadas por el procés, como las cadenas hoteleras, las imobiliarias y los restaurantes.

Caídas en bolsa
Octubre fue un mes de grandes caídas a medida que se conocían los planes de la Generalitat y subidas tras la aplicación del artículo 155. Esta última medida ha hecho que los grandes inversores internacionales se olviden de la crisis catalana durante casi dos meses. Pero las elecciones hacen que este asunto vuelva a estar en el foco de las grandes casas de inversión extranjeras. Pronostican un menor impacto que en octubre, ya que "el Gobierno español ya ha demostrado que no permitirá a Cataluña tomar decisiones unilaterales para independizarse", explican desde Rabobank. Aun así, habrá volatilidad en los próximos días: "Una victoria pro-independencia provocará disturbios en el corto plazo", añaden desde Commerzbank.

LOS CONSTITUCIONALISTAS NO SUMAN
Las elecciones de Rajoy (y sus socios del 155) consolidan el separatismo
Rosa Cuervas-Mons gaceta.es 22 Diciembre 2017

Las elecciones del 21D evidencian que cuarenta años de la España de las autonomías, de los privilegios catalán y vasco y de la política educativa del catalanocentrismo han dado sus frutos.

Es ahora, cuando en la sede del Partido Popular parece que estuvieran de funeral y cuando las calculadoras electorales confirman que el constitucionalismo de Ciudadanos, PP y (aceptamos pulpo como animal de compañía) PSC no es suficiente para neutralizar al separatismo, cuando seguramente más de uno eche la vista atrás y lamente alguna que otra frase, algún que otro gesto.

No habían pasado ni dos días desde la aplicación del 155 y la apresurada convocatoria de elecciones cuando desde el Gobierno de España se decía aquello de “recibiremos con agrado la candidatura de Carles Puigdemont”. Que hablen las urnas, decían, mientras el separatismo radical -ya acostumbrado a lanzar guantes envenenados- voceaba su pregunta: “¿Respetará España el resultado de las elecciones?”.

Y como en política los gestos lo son (casi) todo, estas elecciones autonómicas se han convertido en una “cita histórica”. ‘Histórica’, decían los separatistas soñando con la República. ‘Histórica’, repetían Ciudadanos y PP apelando al vuelco electoral, a la derrota del separatismo, al cambio… ‘Que salga todo el mundo a votar’, decían, como si en 55 días quienes pusieron a España al borde del precipicio con ayuda de sus votantes fueran a convertirse en disciplinados ciudadanos dispuestos, si fuera necesario, a jurar bandera rojigualda.

Ya hemos tenido las reclamadísimas elecciones y el panorama es el que sigue:
–Récord de participación. O, lo que es lo mismo, que el resultado de las urnas es lo que hay. Sin adornos, sin excusas. Que nadie -o muy pocos- se han quedado en casa y que el bloque separatista, el bloque que apoya al fugado y presunto sedicioso y malversador Puigdemont, suma más que el bloque que todavía siente a España como suya. Son, con el 98,5% de los votos escrutados, 2.040.351 votos los que suman Junts per Catalunya, ERC y las CUP frente a 1,863.570 votos que suman Ciudadanos, PSC y PP. Coloquen a los comunes y sus 319.000 votos donde prefieran.

-Histórico, sí… histórico fracaso del PP. El partido del Gobierno de España, el partido que un día se vio como la única alternativa al separatismo; el partido que, junto con el PSOE, conjugó como nadie el quid pro quo con el independentismo catalán y vasco se convierte en una fuerza residual incapaz, incluso, de rentabilizar al escaso electorado contento de la aplicación del 155.

La prensa internacional ya se ha hecho eco del fracaso y, por ejemplo, Financial Times habla de ”golpe para Rajoy, ya que el independentismo tiene suficientes votos para formar gobierno”.

-De nuevo, el proceso. O cambian mucho las cosas, o la Cataluña sumida en el proceso y conducida por políticos fanatizados incapaces de hacer política de verdad -pagos a proveedores, estado del bienestar, cohesión social…- seguirá exactamente igual que hasta ahora. Y decir eso es decir, por ejemplo, con más de 5000 empresas menos que antes del último desafío del procés.

Quizá hoy alguno, alguien, lamente haber precipitado una cita electoral; quizá alguien se arrepienta de haber permitido una página web del ‘Govern en el exili’; quizá se perciban como prematuros los mensajes triunfadores – “Mariano Rajoy ha descabezado al separatismo”, acertó a decir Sáenz de Santamaría-, quizá se den cuenta ahora de que se vendió la piel del oso mucho antes de cazarlo.

Cuarenta años de la España de las autonomías, de los privilegios catalán y vasco y de la política educativa del catalanocentrismo han dado sus frutos. Es el triunfo del procés. Triste y trágico triunfo del procés.

La única salida a una gran crisis nacional
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 22 Diciembre 2017

Rajoy se jugó Cataluña y la estabilidad de España echando una moneda al aire y le ha salido cruz. Desde el primer minuto dijimos en estas páginas que la convocatoria electoral del 21-D era un error y una irresponsabilidad por su parte. Nos quedamos prácticamente solos en esa denuncia. Y no hay nada que nos hubiera gustado más esta vez que habernos equivocado. Pero aquella temeridad del presidente del Gobierno nos aboca hoy a una crisis nacional sin precedentes.

Esa circunstancia empaña el triunfo histórico de Ciudadanos, un partido que con solo 11 años de vida consigue, por primera vez, que una formación no nacionalista gane las elecciones catalanas, quedando como primera fuerza en tres de las cuatro capitales de provincia. La victoria de Inés Arrimadas y de Albert Rivera, superando el millón de votos, tiene una evidente lectura nacional y anuncia un posible vuelco en el centro político español.

El error del 155 blando y fugaz
El Gobierno de Rajoy ha cavado su propia tumba al ofrecer gratuitamente al bloque separatista la legitimidad que buscaba, y que ahora podrá exhibir ante la comunidad internacional. Los independentistas han ganado unas elecciones en las que partían con ventaja; la ventaja de controlar las estructuras creadas durante años de nacionalismo a machamartillo, la ventaja de tener bajo su control los medios de comunicación y la ventaja de explotar el victimismo con el expresidente en el exilio y exmiembros del Govern y de las asociaciones independentistas haciendo campaña desde la cárcel.

Lejos por tanto de resolver el problema, el 155 blando y fugaz de Rajoy lo ha agigantado. El separatismo, al imponerse en unas elecciones que han sido las de mayor participación de la historia democrática, utilizará el resultado como un plebiscito, por más que en número de votos haya quedado por debajo de los no separatistas. Queda así en jaque la integridad de España a la vez que Cataluña se hunde en una sima de incertidumbre.

Elecciones a la mayor brevedad
Baste decir que la llave de la gobernabilidad vuelve a quedar en manos de una CUP disminuida, pero que está resuelta a hacer valer sus escaños y que ya exige la independencia inmediata y unilateral. Con ese panorama es fácil imaginar el pésimo futuro inmediato que se abre ante Cataluña desde el punto de vista económico y social. La situación, además, significa una grave contrariedad para la UE.

Dado que el separatismo va a usar los resultados electorales para hacerse fuerte en sus reivindicaciones, puesto que Rajoy ya no tiene autoridad para intentar aplicar el 155 de otra manera, y conocidas las diferentes propuestas con que los partidos nacionales afrontan el desafío independentista, no queda otra que convocar elecciones generales a la mayor brevedad posible.

Que los españoles decidan
Después de haberse quitado de encima el 155 como una patata caliente, después de haber obtenido un 4% de los votos en Cataluña, el PP no puede mantener un discurso de firmeza. Y el Estado va a tener que rearmarse moralmente para hacer frente a las situaciones que van a seguir sucediéndose, como la investigación y el juicio a los cabecillas del proceso y su más que probable condena a prisión.

Los españoles tienen derecho a elegir entre las distintas soluciones que los partidos ofrecen para superar el problema catalán, y que van desde negociar un referéndum pactado de autodeterminación, a ceder más autonomía a la Generalitat o a negarse en redondo a seguir premiando a los nacionalistas. Quien gane esas elecciones estará legitimado para tratar de resolver el gravisímo panorama que ahora se presenta ante España.

El fin del Marianismo
Arturo García gaceta.es 22 Diciembre 2017

Sostenía Winston Churchill que el éxito consistía en aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse. Ahí Rajoy no tiene rival.

El resultado del 21D, más allá de la victoria de Ciudadanos y el segundo puesto de Puigdemont, evidencia que cuarenta años de la España de las autonomías, de los privilegios catalán y vasco y de la política educativa del catalanocentrismo han dado sus frutos. Hubo de celebrarse un referéndum ilegal y proclamarse una supuesta república independiente para que Mariano Rajoy acudiera a la Constitución y aplicara el artículo 155.

Apenas habían pasado dos días de la convocatoria de los catalanes a las urnas, cuando desde el PP invitaban a Carles Puigdemont a presentarse a las elecciones. “Que hablen las urnas”, decían en el número 13 de la calle Génova como si aquellos que habían llevado España al borde del precipicio estuvieran dispuestos a aceptar la legalidad y regresar a la normalidad política. Ingenuos ellos.

El panorama que se abre ahora en Cataluña es incierto. La estéril victoria de Arrimadas sólo le ha valido para aglutinar las críticas populares y en el bloque separatista, las relaciones entre las tres formaciones son tirantes. Los encarcelados no comprenden la huída de Puigdemont a Bruselas y no comparten sus últimas declaraciones desde la capital de la Europa comunitaria.

No obstante, o cambian mucho las cosas, o la Cataluña sumida en el proceso y conducida por políticos fanatizados incapaces de hacer política de verdad -pagos a proveedores, estado del bienestar, cohesión social…- seguirá exactamente igual que hasta ahora.

Sostenía Winston Churchill que el éxito consistía en aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse. Ahí Rajoy no tiene rival. El presidente del Gobierno tiene la virtud de mantenerse impasible en las tormentas más oscuras y hace unos días abrió la puerta a presentarse a una tercera reelección y aseguró “encontrarse con muchas fuerzas”. Seis años en el poder que han servido para traicionar a las víctimas de ETA, validar la ley del aborto de Zapatero y permitir una crisis sin precedentes en Cataluña.

El PP es hoy una fuerza residual en Cataluña y en Génova nadie se atreve a mirar a Moncloa para exigir explicaciones. Los populares, que siempre se anunciaron como la única alternativa al separatismo, han sido incapaces de rentabilizar al escaso electorado contento con la aplicación del 155.

El País Vasco podría ser el siguiente. Los nacionalistas están encantados con las rebajas fiscales y la financiación del Estado, que a través de los Presupuestos ha validado el principio que establece Comunidades Autónomas de primera y segunda categoría. El ‘procés’ catalán comenzó cuando Zapatero miró a la hucha ante las exigencias de Mas y vio que no había más monedas que repartir. Tiempo al tiempo.

Hoy los periódicos disertarán sobre la victoria naranja, el porcentaje de votos o un sistema electoral injusto. Todos tendrán razón. No obstante, la realidad es que la victoria independentista sólo ha sido posible gracias a la inoperancia del Gobierno y al fracaso del Estado durante los últimos 40 años en el ámbito autonómico.

Cataluña no tiene un problema político sino moral
Cristian Campos elespanol 22 Diciembre 2017

La rotunda victoria en votos y escaños de Ciudadanos, la primera de un partido no nacionalista en unas elecciones autonómicas catalanas, es una conquista cuya relevancia puede resultar difícil de comprender para cualquiera que no haya vivido durante los últimos cuarenta años inmersionado a la fuerza en la irrespirable atmósfera del pantano carlista catalán.

Pero no servirá de nada.
No servirá de nada porque casi 200.000 catalanes han votado a un partido que presume de gandhiano pero en cuya lista electoral figuran antiguos terroristas y otros no tan antiguos simpatizantes de ETA. De la ETA que mató a veintiún catalanes el 19 de junio de 1987 en un centro comercial de Barcelona.

No servirá de nada porque más de 900.000 han votado a un partido cuya lista electoral rebosa presuntos delincuentes. El primero de ellos su líder, fugado en Bruselas, repudiado por Europa y acogido por la ultraderecha belga. Un partido heredero, ideológica y financieramente, de la CiU de los casos Palau, 3%, Pretòria, ADIGSA e ITV. Un partido que ha convertido Cataluña en la región más corrupta de España (y esto son datos oficiales). Es decir en la región más corrupta de Europa si atendemos a sus propias denuncias de España como “el país más corrupto de Europa”.

No servirá de nada porque más de 900.000 catalanes han votado a otro partido cuyo historial de méritos presiden dos golpes de Estado y una guerra civil, además de los más de ocho mil catalanes asesinados bajo el mandato de su principal referente histórico, un fanático llamado Lluís Companys. Un partido al que no se le cae la palabra “amor” de la boca pero que ha albergado en su seno a los más desacomplejados xenófobos nacidos en este rincón del noreste peninsular, con Heribert Barrera al frente de todos ellos y un Oriol Junqueras al que le gusta buscarse semejanzas genéticas con los franceses y diferencias, también genéticas, con los españoles.

Y no servirá de nada porque otros 300.000 han votado a un partido que se dice no independentista, Catalunya en Comú Podem, pero cuyas diferencias con ERC, JxCAT y CUP son las mismas que las existentes entre wahabismo y salafismo: minúsculos matices doctrinales, imposibles de percibir por un observador imparcial, para clérigos y catedráticos de la cosa.

"Dos millones de catalanes independentistas no van a desaparecer el día después de las elecciones", se han hartado de decir durante los últimos meses esos fanáticos nacionalistas, generalmente pertenecientes a la izquierda caviar, que se pretenden equidistantes entre el criminal y su víctima. Muy bien, yo tampoco creo en la magia. ¿Pero acaso han desaparecido hoy los más de dos millones de catalanes que no votaron ayer independentismo?

Que de forma sistemática se ponga el foco en los catalanes nacionalistas como si fueran merecedores de algún tipo de prerrogativa por el mero hecho de existir mientras esos mismos catalanes nacionalistas siguen votando a partidos que en países europeos tan poco sospechosos como Francia o Alemania ya habrían sido ilegalizados por incitación al odio es señal de que el problema catalán, ese que no queda más remedio que conllevar, no es político sino moral.

En Cataluña no hace falta diálogo, como pedía ayer Marta Rovira, sino ley. Que es como se solucionan los problemas morales en el siglo XXI. Si algo han dejado claro estas elecciones es que la llegada de la modernidad a una Cataluña anclada en los mitos románticos de finales del siglo XIX se está retrasando más de lo conveniente. Pero este es el país que tenemos y con estos bueyes hay que arar.

España está rota y lo peor es que aún no lo sabe
Enrique Arias Vega  latribunadelpaisvasco.com 22 Diciembre 2017

El que el parti­­do que gobierna­ en España sea el último con representación parlamentaria en Cataluña demuestra la ruptura política existente en nuestro país. Por otra parte, el grupo político que acaba de salir como mayoritario en el Principado, Ciudadanos, no tiene ningún diputado en las Asambleas de Euskadi, Galicia o Navarra, por ejemplo. O sea, nos quedamos sin partidos nacionales, con representación territorial generalizada, y cada región va a la suya.

No se trata sólo del caso de Cataluña. Ya no hay discurso interregional que valga y salen a relucir agravios comparativos, balanzas fiscales deficitarias, financiación comunitaria insuficiente… y se acaba hablando de los derechos históricos diferenciales de los territorios, en vez de los derechos generales de las personas físicas actuales, que debería ser lo que de verdad contase.

Para concluir, en las elecciones del día 21 los secesionistas catalanes obtuvieron el 47 por ciento de los votos y la mayoría absoluta de los escaños parlamentarios. Legítimo, sí, pero devastador si tenemos en cuenta que su único programa real es el odio a lo que representan España y sus ciudadanos y el deseo de emanciparse de ella al precio que sea, incluso al de la catástrofe económica tanto de abandonantes como de abandonados, al igual que en algunos matrimonios en que lo importante parece ser el mal ajeno incluso a costa de perder el bienestar propio.

El ejemplo próximo puede radicar en la renovada aceleración de huida de empresas, visitantes e inversiones, al ver que, como en el juego del Monopoly, volvemos a estar en la casilla de salida, en un inmovilismo permanente que sólo puede conducirnos al desastre final.

Los independentistas, que ya proclamaron en su día una República catalana —que, aunque nunca pusieron en práctica, tampoco llegaron a abrogar—, vuelven a hablar de “diálogo con el Estado”. En su concepción, no se trata de hablar para ver qué pasa, sino simplemente de cómo se hace la ruptura al precio más barato posible para ellos.

¿Quién puede hablar de qué, si tenemos un Gobierno más débil que nunca, partidos nacionales enfrentados, crecientes diferencias regionales y la estupefacta mirada de una Europa aterrada ante la que se le viene encima?

El resumen de todo ello es que la unidad territorial de España ya no existe y que, aunque todavía no lo sepamos, estamos cayendo por el precipicio sin saber si existe o no red alguna al final de la caída.

¿Da igual quién gane?
Eduardo Arroyo gaceta.es 22 Diciembre 2017

Un tal Xavi (para mi desconocido porque no me interesa el fútbol), exjugador de la selección española y del Barça, dice que quiere un referéndum en Cataluña porque “no quiere presos políticos”. Este memo es uno de los ejemplos más fehacientes del deterioro humano en el que está sumido el país. Es “la democracia realmente existente” en acción; es decir, un sistema político que se sostiene en primer lugar por el “derecho” del que parece estar investido cualquier bípedo implume, a que su “opinión” sea “respetada”, da igual que tenga fundamente o que sea un puro delirio, como es el caso que nos ocupa. A partir de aquí decir que una persona sin la más mínima formación no tiene el mismo criterio que otra que sí que lo tiene suscita las iras del más terrible fundamentalismo –el “fundamentalismo democrático”, que tanto estudió Gustavo Bueno-, no muy diferente en esencia de otros fundamentalismos que gozan de muy mala prensa.

Ya, se dirá, pero esto, ¿tiene consecuencias? Pues sí. Y muchas. Porque a esta situación se ha llegado gracias a la artera estrategia de hacer pasar por “información” o “formación” lo que no es si no propaganda. Esto es precisamente lo que ha hecho TV3, “El Periódico”, “Avui”, etc, durante décadas y, en otro sentido, pásmense, TVE o RNE, amén de la totalidad del espectro político y mediático. Así, mientras que en los primeros casos está claro lo que hoy todo el mundo descubre (¡después de cuarenta años!) como “adoctrinamiento”, en los segundos la estafa ha consistido en difundir dos falsedades esenciales: primero, que España es la constitución de 1978; segundo, que mientras que se mantenga la constitución y se respete “la legalidad”, el resultado no tendrá consecuencias. Estas dos ideas, esencial y totalmente erróneas, son las que han divulgado no solo nuestros medios de comunicación públicos, si no también nuestra clase política y, en general, nuestra clase dirigente. Las consecuencias las hemos visto el 1-O, cuando una parte significativa de la población en Cataluña, que ha respetado “la legalidad” y que gracias a la tolerancia institucional ha formado a varias generaciones en la ruptura y el odio hacia España, ha empezado a exigir sus derechos. Lo sorprendente de todo esto es el grado de solidez de la nación española, que aún después de cuatro décadas de narcosis institucional por parte de gobiernos de UCD, PSOE y PP, ha sido capaz de suscitar en calles y plazas de la Cataluña profunda y de toda España una reacción de patriotismo popular que el “establishment” ha intentado controlar, erigiendo como portavoces de la protesta a personas como Josep Borrell o Vargas Llosa.

Ante este panorama, lo que me pregunto es: la victoria “constitucionalista” o la pérdida de la mayoría absoluta por parte de los independentistas, ¿realmente va a redundar en un fortalecimiento de la nación española? Desde mi punto de vista la respuesta es negativa. Por eso he estado pensando solo fugazmente si trasnochar o no para saber cuales serán los resultados electorales. Solamente alguien con visión de Estado y a largo plazo puede estar en condiciones de arreglar el desbarajuste. En este sentido ha escrito Pio Moa recientemente. Es muy difícil creerse que los que acaban de descubrir el “adoctrinamiento” puedan siquiera arreglar nada., ni tampoco los que piensan que decir “España” es decir “constitución”. El aparato financiero-mediático-institucional que nos ha llevado a la presente situación no tiene quién lo desmonte y tampoco es considerado en toda su importancia.

Por todo esto, da igual quién gane y lo que digan los periódicos: los problemas tienen todas las trazas de subsistir tal y como los hemos conocido hasta ahora. Así que, o se cambia de perspectiva o el caos irá en aumento.

Cada vez tengo más claro que la salvación no vendrá de la política, sin que por ello haya que dejar de dar la batalla política también. Feliz Navidad a todos porque solo un Dios puede salvarnos.

¿Dónde está la salida del laberinto?
César Casal La Voz 22 Diciembre 2017

Más de un millón de votos para Inés. Más de un millón para nada. La victoria más cruel. 37 escaños, un alarde catastrófico. Una clave: por el lado secesionista se presentaron esta vez tres fuerzas. Por el constitucionalista (si es que se puede contar la calculada ambigüedad de Podemos) se repartieron las papeletas cuatro fuerzas. La noria de la ley D’Hondt premió más veces al primer grupo.

Otro detalle fulminante: la sobrerrepresentación de las tres provincias pequeñas frente a Barcelona. Resultado, la secesión pierde dos escaños, pero mantiene una mayoría de 70 diputados, que no se verá afectada por baile de restos o de voto exterior.

La fractura del país sigue siendo tan absoluta como la mayoría de Puigdemont, Junqueras y la CUP. En votos gana España. En escaños, no. Se puede rezar desde Madrid para que los líos y peleas entre el presidente fugado, el candidato encarcelado y los radicales cuperos entierren la posibilidad de un nuevo gobierno independentista. Pero lo que salió ayer fue eso. Encima con el aval de un 82 % de participación masiva.

Aunque el constitucionalismo llega casi a dos millones de papeletas, el partido se ha perdido. Se pueden dar mil explicaciones. Se puede caer en la des-facha-tez típica que vimos con el brexit y con Trump y subrayar que ganaron los malos porque sus votos vienen del rural y de las provincias del interior. Que pierden en la luminosa Barcelona, porque los urbanitas son más listos. Pero transitar esa ruta es cargarse la democracia. No se puede luchar contra décadas de cebar con la chequera al enemigo.

Este despropósito nació, creció y se desarrolló con la pólvora del rey, de un Rey al que le faltaron en la manifestación por el atentado yihadista. Viene de antes. Franco les regalaba fábricas para tenerlos tranquilos, como altos hornos al País Vasco. No solo se les reconoció la identidad, además se regó con millones de pesetas, primero, y, luego, de euros. Para tenerlos tranquilos. Hasta que llegó la crisis y explotó el café para todos.

Entonces nos encontramos una crisis territorial sin precedentes. Generaciones y generaciones adoctrinadas en el España nos roba. Los números de la herida son tan dramáticos que repetirlos enferma. Dos millones de votos españoles (sumando a Podemos). Y 1,9 millones de independentistas. Cataluña partida, dañada, ¿para siempre? ¿Cómo se sale de este laberinto? La curiosidad más fuerte: hizo más caja con la fuga Puigdemont que Junqueras con la prisión. Puigdemont recaudó más con la fórmula de president en el exilio. 68 era el número de la cábala santa y lo superaron. Bingo. La cifra para enredar. El corazón tiene razones que la razón ignora (Blasie Pascal, siglo XVII, Francia). Es más fácil movilizar manipulando, vendiendo la agresión, el ataque, los presos, los lazos amarillos. Demasiado triunfalismo en España con el 155. Nunca hay que celebrar hasta que se pita el final. No fue suficiente el susto tremendo de la economía (el miedo más fuerte: el de perder las nóminas). Ahora se multiplicará la fuga de empresas. Habrá más daño económico. Había identidad catalana.

La república que los parió
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 22 Diciembre 2017

La república que los parió tenía taras congénitas. E inevitablemente las heredaron sus vástagos catalanes. Hostiles al modelo sobre el que descansa la grandeur –imperfecta como todas– de Francia, abrazaron el de los Estados totalitarios, endogámicos y maniqueos. Despotismo caudillista en muchas repúblicas de América Latina. Despotismo tribal en casi todas las de África. Despotismo oligárquico-mafioso en las que formaron parte del imperio soviético. Y en Cataluña una tentativa de saltarse el marco del Estado de Derecho en medio de una pugna feroz entre los clanes de cainitas que fueron paridos por la república tarada para desmontar el Reino de España. Terminator Puigdemont contra fray Junqueras.

Por fin, elecciones
Enric Juliana quiso conocer la opinión de intelectuales italianos residentes en Cataluña acerca del movimiento insurreccional, y la profesora Paola Lo Calcio lo describió con impecable precisión ("Sguardi sulla Catalogna", LV, 18/12):

Pugnan por la hegemonía. Pugnan por ser el Partit de Catalunya. Es una competición muy táctica, muy espesa y muy minuciosa. Una competición intrigante que ha emitido mucha toxicidad. (…) La lucha por el Partit de Catalunya vacante ha enconado el choque de identidades, provocando una colosal división en la sociedad. Existe el riesgo de que la comunidad soberanista acabe muy encerrada sobre sí misma, resentida, dolorida y sin capacidad de autocrítica.

Entiéndase bien: el choque de identidades y la colosal división de la sociedad a los que alude la profesora son los que se producen dentro de la comunidad secesionista. Mucho más devastador es el abismo que estas camarillas de crápulas han abierto en el conjunto de la sociedad catalana, ninguneando e intimidando a la mayoría constitucionalista, corrompiendo las instituciones y empobreciendo a todos, incluidos sus seguidores. La nación, la patria, la república, el poble, les importan un rábano a estas sanguijuelas, que solo los utilizan como fetiches para pescar incautos.

Por fin ha habido elecciones. Elecciones que los secesionistas temían como a la peste y por eso convocaban marchas típìcas de todos los regímenes totalitarios y referéndums con la misma impronta. Optaron por la DUI suicida para evitar las elecciones. La mayoría constitucionalista debe agradecer al Gobierno del Reino de España que desempolvara el artículo 155 de la Constitución para reimplantar el sistema democrático en Cataluña. Un sistema que cualquiera de los dos líderes supremacistas enfrentados por la pasta habría enterrado definitivamente con su república tarada.

El voto de los purines
El sistema electoral tramposo que duplica el valor del voto de los purines en perjuicio de los del montaje de automóviles todavía puede dar una oportunidad a la marabunta depredadora de Cataluña. Si el penitente de Estremera, el histrión cobarde de Bruselas y los mamporreros antisistema de la CUP entierran transitoriamente las navajas con que se despellejan los unos a los otros, los tendremos nuevamente encima con su hoja de ruta suicida: éxodo continuado de empresas, bloqueo de inversiones, aumento del paro, caída del consumo y las ventas, persistencia del adoctrinamiento en la escuela, debilitamiento del sistema de seguridad. Y, ahora sí, un referéndum para salir de la Unión Europea. Todo esto envenenado por la fractura social.

Bomba de relojería
La fractura social es lo que ha convertido el resultado de la elección del 21-D en una bomba de relojería. Lo diagnosticó (con datos de 2015) Joan Botella, decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la UAB ("La Contra", LV, 19/12):

Nuestra división política en dos bloques refleja la de Catalunya: si usted traza una línea entre Lleida y Girona, el segundo partido más votado al norte es la CUP, y al sur, Ciudadanos. Hemos perdido el consenso constitucional que representaban socialistas, convergentes e Iniciativa. (…) El riesgo es que hoy en Catalunya partidarios y contrarios a la independencia están separados geográfica y sociológicamente.

El voto secesionista, sumados todos los componentes de la olla podrida, asciende a 2.000.000 de los 4.345.000 emitidos y los 5.550.000 del censo total. Como siempre, el secesionismo suma el 36% del censo. Ni la mitad más uno, ni la mayoría excepcional que se atribuían sus líderes y sus portavoces.

El bloque constitucionalista tiene la inmensa responsabilidad de desmontar la bomba de relojería y de hacer valer su mayoría de votos para frenar a la minoría parasitaria. Es probable que Márius Carol esté arrepentido de haber sido tan elocuente, pero la consigna rotunda que enunció ya es de dominio público y debemos convertirla en nuestro mantra:

O enterramos el procesismo o cavará nuestra tumba.

Enterrarlo con la ley y el artículo 155 de la Constitución en la mano.

Puigdemont marcará la pauta, el caos está garantizado
Tomás G. Morán La Voz 22 Diciembre 2017

La política catalana llegó a la situación actual de no retorno porque nadie en ERC ni Convergencia tuvo el coraje de ser el primero en admitir que todo era una patraña y tirarse del tren. Las notas descubiertas por la Guardia Civil en la libreta moleskine de un subalterno de Junqueras han servido para constatar una evidencia: que el mundo indepe vive desde hace años en la caverna de Platón, encadenado mirando a la pared y confundiendo o, mejor dicho, haciendo que los suyos confundan las sombras con lo que ocurre fuera de la cueva, aunque la tozuda realidad haya demostrado con toda su crudeza que la independencia indolora y sin coste jamás será posible. Es decir, que España y Europa exigirán un precio imposible de pagar, y que toda una generación de catalanes está condenada a vivir frustrada durante el resto de su vida con DNI español.

En ese contexto, los diabólicos resultados de esta noche solo servirán para que media Cataluña siga instalada en ese realismo mágico que no lleva a ningún lugar. El independentismo va a despreciar al millón de catalanes que han votado a Ciudadanos. La mayoría absoluta del soberanismo garantiza la continuidad del procés. Centenares de políticos y cargos a dedo recuperarán su sueldo y podrán manejar un presupuesto desorbitado, da igual si a cambio de arruinar al resto del país. Además, la polarización del voto ha dejado muy débil a la CUP y será muy difícil que se atreva a vetar la presidencia de Puigdemont, pese a lo anunciado en campaña.

Pero ese empate casi perfecto, con poco más de 900.000 votos, entre ERC y JXCat, es un regalo envenenado. El hecho de que no haya ningún ganador les obliga a mantener la puja al alza. Ninguno de los dos va a tener el coraje de admitir que la independencia es una quimera que además está haciendo añicos la economía del país. Será muy difícil que convivan, después de todo lo ocurrido en octubre, porque además tienen sobre su cabeza la espada de damocles de la legislación española. Y saben que a la primera tontería que hagan, el Gobierno volverá a aplicar el 155, en este caso sin ningún miedo a la reacción ciudadana, ni en Cataluña ni en el resto de España..

Pero enredarán todo lo que puedan. A Puigdemont le ha salido bien la estrategia desesperada y será quien marque el tono, así que el caos está garantizado: un presidente que vive en Bruselas, un presidente que entra en Cataluña y duerme en Estremera… La combinación de posibilidades es amplia.

Adeu Mariano
Enrique Navarro Libertad Digital 22 Diciembre 2017

Hay una certidumbre clara y definitiva, que muchos barruntamos desde 2004: Mariano Rajoy ha sido, es y será un cáncer para España.

Los resultados autonómicos en Cataluña han abierto muchas incertidumbres de cara a su futuro. No tengo claro que Junqueras le perdone a Puigdemont las navidades que pasará en la celda mientras él se pasea con la familia por la Grand Place. Tampoco tengo seguro que la CUP vaya a aliarse con los separatistas para decidir algo de cara al futuro cuando han sufrido un gran varapalo por su baño institucional. Pero lo cierto es que la mayoría de votos no independentistas y que Ciudadanos sea la primera fuerza política en Cataluña, como el movimiento nacional español en Cataluña, inhabilitan que una ruptura puede tener visos de credibilidad.

Cataluña en su conjunto ya había perdido, y en las elecciones ha decidido condenarse de forma colectiva. Han enviado a su gran país a Estremera. Cuatro años más de dudas políticas van a ser nefastas para Cataluña. En 2021, lo que pase en Cataluña será tan relevante para España como lo que pueda ocurrir en Cantabria. La caída de la inversión el deterioro económico se va acentuar y el desempleo crecerá de forma significativa. La fuga de empresas tomará fuerzas ya a partir de la semana que viene, y los catalanes deberán asumir sus responsabilidades. ¡Allá ellos!.

Pero hay una certidumbre clara y definitiva, que muchos barruntamos desde 2004, Mariano Rajoy ha sido, es y será un cáncer para España. No ha sabido sacudirse el fantasma de la corrupción, y cada vez es más claro que las afirmaciones de la fiscalía sobre la utilización del PP para el enriquecimiento de sus líderes y financiación del partido son una realidad que todavía agravará más la situación del partido.

El artículo 155 blandiblú, nos ha traído estos resultados históricos para el españolismo gracias a la alta participación. Estas elecciones no deberían haberse celebrado ahora, pero Rajoy en su infalibilidad, pensó que era más importante mantener su presidencia en España sacrificando Cataluña. En el fondo, la estrategia de Rajoy no es otra que permitir la independencia de Cataluña a cambio de ganar un año o dos más en la Moncloa, gracias al apoyo del PNV. Esa gran visión histórica de ganar un día más de arriendo gratuito en La Moncloa, con el argumento de que a España le va bien esta continuidad. Pues no nos equivoquemos, a España no le va nada bien, ni a su economía, esta sinrazón.

Nada tan anunciado como el referéndum de Cataluña para una respuesta tan infantil, tan improvisada, tal como es el presidente. El primero de octubre demostró que el gobierno de España no tiene ni solución, es más, ni idea de qué hacer con Cataluña. Hasta los españolistas le han vuelto la espalda al partido popular en Cataluña.

¿Y ahora qué? Rajoy venderá estas elecciones como un éxito del 155; dirá que la Justicia continuará con sus pasos encarcelando a los que han ganado las elecciones; lo que acabará con indultos, y entonces se confirmará el dicho de que "nada envalentona más a los pecadores que la seguridad del perdón". Luego acudirá al PNV con este fracaso a pedir apoyo a los presupuestos, y con estos dos grandes logros, a su juicio, esperará a que la tormenta amaine y los españoles a pagar a catalanes y vascos por sostener a Mariano en la Moncloa.

Sin embargo, España no puede continuar un día más con un presidente incapaz de gestionar las decisiones y los acontecimientos importantes; que ha perdido el liderazgo del centro derecha que ya le ha ganado Ciudadanos, y que nos condena a una incertidumbre judicial que podría terminar con el partido condenado como organización delictiva.

No podemos esperar el sentido de estado que significaría la disolución del Congreso y la convocatoria de elecciones generales, para que todos los españoles podamos juzgar el desastre. La economía española se verá sometida a grandes tensiones si no hay dinamismo y liderazgo. Administrar y gestionar no va a ser suficiente para mantener el crecimiento del empleo ni superar el batacazo catalán. Los trucos de vaciar la hucha de las pensiones para no reconocer la insolvencia de nuestro modelo de estado, o de subirnos a un carro de recuperación basado en unos condicionantes internacionales que se agotan, no le van a servir.

España abordará en 2018 un triple reto: manejar y superar el desafío independentista manteniendo la unidad de la nación; mantener el crecimiento económico para lo que son necesarias reformas estructurales y generar confianza en las instituciones entre los ciudadanos que cada vez sienten la política como algo lejano e irrelevante. Sólo un nuevo congreso que reconozca la nueva realidad política española, muy distinta de la nacida en las últimas elecciones, será capaz de conseguir un impulso que es lo que España necesita; una nueva mayoría, más transversal para generar un nuevo gran impulso nacional que resuelva las tensiones y genere confianza. Solo hay un obstáculo para que esto sea posible; su nombre Mariano Rajoy.

La soledad de la razón ciudadana
EDITORIAL El Mundo 22 Diciembre 2017

Y Cataluña votó. Votó como nunca había votado, batiendo todas las marcas de participación, movilizada por la conciencia de un momento decisivo. La histórica participación es la respuesta de un pueblo plural sometido a una presión absolutamente singular desde que en 2012 Artur Mas decidió irresponsablemente prender la mecha del procés. Desde entonces un estado de agitación creciente se fue apoderando de Cataluña, acompañado por el progresivo desprecio a la legalidad vigente, en una espiral que culminó con el despojo de los derechos políticos de la oposición en el Parlament, la celebración de una referéndum prohibido, la proclamación unilateral de la independencia y la contestación del Gobierno -apoyado por PSOE y Ciudadanos- en forma de artículo 155 de la Constitución.

Al amparo de la norma constitucional fueron convocadas unas elecciones legales que han devuelto la palabra a los catalanes con todas las garantías democráticas. Cuando repite que estos comicios se han celebrado en circunstancias anómalas, el independentismo incurre para variar en una verdad. Lo que no añade es que la anomalía empieza por el golpe al Estado de derecho que el propio Govern lideró, y que exigió una respuesta proporcional del Estado en defensa propia. Fue una agresión sin precedentes a la democracia, y un ataque de inspiración supremacista a los principios de libertad, igualdad y solidaridad que articulan la Nación española. Conviene recordarlo, como conviene recordar que el propio independentismo -incluida la CUP- legitimó con su participación esta convocatoria electoral, la más representativa de la serie histórica, al mismo tiempo que extendía sombras de sospecha preventiva sobre los resultados. Ahora que éstos les han sonreído veremos cómo se esfuma cualquier recelo, y cómo blasonan de una representatividad cuyo mejor avalista no ha sido otro que su odiado Estado español.

Los actos de los promotores del golpe ya están siendo juzgados en los tribunales. Sin embargo, desmoraliza la constatación de que el procés ha logrado fanatizar a una porción tan considerable de la sociedad catalana, cuyos graníticos electores han renunciado a examinar la gestión de sus líderes a la luz de la razón crítica. Resulta extraordinariamente preocupante que el engaño, la traición y el fracaso del independentismo no haya sido castigado en las urnas. Ningún pueblo se merece el destrozo económico y social provocado por el secesionismo, pero es evidente que un porcentaje muy elevado de catalanes sigue primando el voto sentimental más primario sobre el estrictamente ideológico o racional. Los resultados cosechados por Carles Puigdemont y Oriol Junqueras -dos políticos, entre otros, sobre los que pende un proceso penal tan duro como inexorable- revelan la victoria de una esperanza estúpida: la de que los votos laven los delitos. Pero igual que la corrupción no se depura en las urnas, el banquillo sigue aguardando a los imputados por rebelión y sedición.

Por eso no se entiende bien la sonrisa de Puigdemont en Bruselas, más allá de la satisfacción de probar su influjo sobre un número suficiente de catalanes como para alzarse con la hegemonía del bloque separatista a costa de ERC. Lo previsible es que se reedite la conjunción en el poder de las tres siglas que llevaron a Cataluña a esta situación. Lo previsible, por tanto, es que una unilateralidad retomada vuelva a topar con el 155, que solo se revocará si es investido un president respetuoso de la ley. Lo previsible, por desgracia, es que la fuga de empresas no solo no se revierta sino que se acelere a partir de hoy mismo. Porque los motivos que llevaron a los empresarios a marcharse de una comunidad sumida en la inestabilidad política y la inseguridad jurídica no sólo siguen vigentes, sino que se han renovado. El eterno retorno del procés amenaza con lastrar seriamente la recuperación económica y embarrancar definitivamente el progreso y la convivencia en Cataluña.

La reedición de una mayoría de fuerzas independentistas -en escaños, que no en votos- invitaría a entregarse a la melancolía de no ser por la hazaña protagonizada por Ciudadanos, que se convierte en el partido más votado de Cataluña. Ni Maragall en su cima lo logró. Una fuerza que nació hace una década por el coqueteo del bipartidismo con los nacionalistas, decidida a combatir de frente la ideología que se ha conducido como si toda Cataluña fuera de su propiedad, se ha proclamado vencedora en votos y escaños por primera vez en la historia de la autonomía catalana. Inés Arrimadas es la política más votada de Cataluña: lo fue incluso en el pueblo de Junqueras. La movilización en las comarcas menos proclives al soberanismo refleja el enojo y la contestación del ciudadano que no se resigna a tener que escoger entre ser catalán o español. Ha hablado alto una Cataluña que desea manejar su autogobierno con lealtad a la Constitución y en solidaridad con el resto de españoles. No cabe relativizar semejante gesta, que demuestra que los votantes premian la clara contundencia del discurso de Arrimadas. A su formación le corresponde el liderazgo de una numerosa soledad, valga el oxímoron: la de la noción ilustrada de ciudadanía en una región dominada por el primitivismo de la emoción identitaria.

El PSC de Iceta, en cambio, ha pagado su errática estrategia y ha dejado de ser una referencia en la lucha contra el nacionalismo porque su propio líder, en realidad, nunca quiso marcar las debidas distancias: antes bien jugó la baza de la ambigüedad, el buenismo y la complicidad. Los comunes de Domènech y Colau respiran aliviados: ya no son necesarios para decantar mayorías y podrán seguir practicando su cómoda equidistancia.

En cuanto al PP, su descalabro merece comentario aparte. Primero porque siendo el partido del Gobierno que aplicó el 155, no ha sabido capitalizarlo. El fracaso de Albiol aconseja su dimisión, pero en su lugar compareció para arremeter contra Cs en un acto reflejo de defensa que parece premonitorio: la formación naranja sale de estos comicios lanzada a la disputa abierta del espacio político del PP en toda España. Sin experiencia pero con coraje, sin corrupción ni pasteleos con el nacionalismo, los de Rivera se perfilan como el futuro próximo del centro derecha español.

El lenguaje separatista, esa droga sutil
Antonio R. Naranjo El Semanal Digital 22 Diciembre 2017

El secesionismo ha construido su estrategia sobre un edificio falso pero vistoso: crear conceptos falsos y recubrirlos de emociones. Éstos son sus principales trucos.

Un físico norteamericano, Alan Sokal, escribió hace 20 años un artículo en una prestigiosa revista sociopolítica que tituló con una larga y antológica expresión: "Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravitación cuántica". No pocos se maravillaron por la lucidez del texto, aplaudido en su ámbito con fruición, y no faltaron tampoco quienes destacaron, por encima de todo, la claridad de expresión.

Un mes después el propio autor reveló que todo era un experimento, que él mismo no sabía qué demonios estaba diciendo y que era muy probable que su retorcida expresión y su farragoso artículo, elaborado como un Frankenstein del análisis escrito con retales inconexos de otros trabajos, no significara nada.

Pero lo decía todo: con un uso adecuado de las palabras, se podía recubrir la nadería y lograr un objetivo manipulador sin demasiados problemas. Las palabras son como Rayos X capaces de penetrar todo, explicaba el autor de '1984', aquel George Orwell convertido luego en el epítome del control político de la voluntad inidividual y la inducción de estados de ánimo colectivos.

Y así ha sido y será siempre, con una intensidad desbocada en regímenes totalitarios como Corea del Norte, la China de Mao o a la Alemania del Reich y, en una versión más sutil pero igual de intencionada, la España de Franco o la Cataluña secesionista de Mas y las CUP. Las técnicas de persuasión, una herramienta de construcción masiva de idearios perversos, están en la raíz del auge de populismos, fascismos y nacionalismos, con el constante recurso a figuras retóricas casi heroicas, a metáforas grandilocuentes y a una constante subordinación de la razón a un corazón forzado anímicamente.

El nacionalismo catalán, en su deriva independentista, se ha convertido en una máquina de control del lenguaje para envolver un proceso de ruptura ilegal y unilateral, mediante la recreación lingüística de un universo paralelo de agravios, esperanzas, frustraciones y objetivos con lo que modelar el entorno social y lograr eso que el pisiquiatra JC Brown recogió el el tratado 'De la propaganda al lavado de cerebro'. En este caso, las pruebas de esa estrategia ni siquiera se han escondido demasiado. La Corporación TV3, un frondoso aparato mediático, ha sido la infantería catódica de una campaña lanzada durante años con la ayuda de prestigiosos profesionales de la publicidad comercial, de primeras agencias del ramo, volcados en excitar la epidermis del catalán medio para sumarle a la odisea nacionalista.

Esa estrategia perfectamente engrasada ha ido de la mano, durante décadas, de una voluntariosa 'dimisión' de la presencia de España en Cataluña, un ingenuo pero bienintencionado intento de integrar al separatismo por la vía de dejarle campar a sus anchas: la imposibilidad de estudiar en español en la escuela pública en una parte de su propio territorio resume ese intento constitucional de matar a besos al secesionismo, que lógicamente ha optado por el camino inverso, acuñando en el viaje una serie de imágenes, palabras y paisajes que resumen, con marketing político perfectamente engrasado, algunas estampas cotidianas frente a las que pocos han sabido responder. Éstas son los cinco grandes trucos lingüísticos sobre los que se han consolidado un desafío de incierto desenlace.

El 'choque de trenes'. La metáfora 'ferroviaria' ha intentado alojar en el subconsciente colectivo una pugna entre iguales que, por un lado, concede grandeza a la cruzada separatista y, por otro, reclama una negociación de igual a igual. En realidad España es la estación y el independentismo es una locomotora a vapor conducida por maquinistas kamikazes que sólo pueden estrellar el convoy al final del trayecto. Pero pocos lo han dicho.

La 'Democracia'. Es el concepto más manoseado e invocado por el secesionismo; también el más pisoteado. Pero ha calado en buena parte de la sociedad catalana, que contrapone un deseo genuinamente democrático suyo al antipático e impersonal imperio de una ley impuesta desde Madrid. En realidad es al revés. Apenas un 5% de la población soberana quiere imponer al 95% restante un estatus que afecta al todo. No es una opinión, sino un hecho cuantitativo, cualitativo y legal. Subjetivo es, por contra, insistir en que lo único democrático es dejar decidir y votar a una parte del conjunto, la más aleccionada por el pancatalanismo independentista. Y, sin embargo, el discurso imperante carga la necesidad de justificarse a quien recuerdan que no hay democracia sin ley y mayorías y no a quien se salta la primera y amputa de la segunda a una inmensa mayoría a la que considera adversa.

La manipulación judicial. Otro de los grandes mantras del secesionismo, que pese a invocar constantemente el concepto de libertad y democracia, no respeta uno de los pilares básicos que garantiza ambas: la separación de poderes. Vincular las decisiones judiciales adversas, especialmente las del Tribunal Constitucional, a una directriz política; es uno de los sainetes más habituales en quienes en realidad sí buscan eso que denuncian: el control fiscal y judicial en una hoptética 'República Catalana' son dos de los anhelos menos disimulados del movimiento encabezado por Artur Mas.

Derecho a decidir. Es la manipulación lingüística por antonomasia. Envuelve un concepto ilegal -la secesión unilateral- en una entelequia romántica al objeto de esquivar las repercusiones legales y disimular una violencia política conceptual: la ruptura con el conjunto y la división interna de los propios catalanes.

Nuestro dinero. El agravio económico se sustenta en un discurso egoísta que, sorprendentemente, goza de predicamento en la izquierda: el secesionismo, con buena parte del PSOE y casi todo Podemos asintiendo, dibuja un paisaje económico según el cual el resto de España se aprovecha de la prosperidad de Cataluña. Basta cambiar Cataluña por Alemania y los mismos que defienden aquí ese discurso exigen a la malvada Merkel que comparta su riqueza con los países más desfavorecidos del Sur de Europa. La idea de 'redistribuir la riqueza', sustento del Estado de Bienestar, se convierte aquí en una suerte de atraco de la periferia catalana que, además, es falsa: ningún territorio paga rentas, lo hacen a título individual los ciudadanos con sus ingresos personales. Y en el caso de Cataluña, la aportación al conjunto es muy inferior a la de la Comunidad de Madrid; su PIB depende de las generosas ventas al resto de España y, finalmente, el Estado ha concedido a la Generalitat a través del FLA casi tanto dinero como la UE a Grecia: desde 2012, más de 63.000 millones de euros.

La política internacional, con Trump como emblema, vive sumida en una penumbra donde los discursos hegemónicos se sustentan en un metalenguaje emocional, al margen de los hechos, victimista y frentista a partes iguales; que busca la identificación de un enemigo verosímil en el que cargar todos los males. Y es ahí donde nacionalismo y populismo se dan la mano y enlazan, a su manera, con las dos grandes corrientes que explotaron esa lógica discursiva hasta prosperar y medirse entre ellas: el fascismo y el comunismo, en los que no es difícil encontrar similitudes con las nuevas tendencias políticas, ora en nombre de un pueblo abstracto poblado de desahuciados por las castas, ora en el de un pueblo más provinciano definido por sus señas de identidad incompatibles con el resto.

En célebre debate entre Josep Borrell y Oriol Junqueras, el aterrizaje de los mitos y los agravios en la realidad de los hechos y las leyes fue tan elocuente que el propio líder de ERC apenas pudo balbucear alguna réplica. Pero no importa. El secesionismo no se basa en los datos ni en las evidencias, sino en los sentimientos y la demagogia, esa bisutería del conocimiento que difraza ideas menores con palabras mayores, según Abraham Lincoln. Tal vez el único gran hombre al que ese mismo movimiento no se ha atrevido a reivindicar como catalán de pura cepa. Cervantes o Colón no corrieron la misma suerte y sí cayeron presa de ese desvarío tan hilarante como indiciario de cómo se las gastan allá.

Cataluña, bloqueada y sin salida

Roberto L. Blanco Valdés La Voz 22 Diciembre 2017

Nada de lo que cualquier observador sensato puede ver en Cataluña cuando la recorre de norte a sur y de este a oeste justifica, ni menos aún explica, como es posible que, en una de las regiones más ricas y desarrolladas de Europa, una parte sustancial de su población haya estado apoyando durante años, con sus votos y en la calle, a un conjunto de políticos que son los más irresponsables, embusteros y manipuladores de Europa occidental.

Si alguien tenía alguna duda de hasta qué punto la rebelión secesionista ha arrasado el tejido político y social de Cataluña, las elecciones de ayer la han despejado: con el Parlamento salido de las urnas será imposible articular una mayoría de gobierno. Entiéndaseme bien: no quiero decir que los independentistas (ERC, Junts per Catalunya y la CUP) no sumen para elegir un presidente, pero, obviamente, tal mayoría lo será -ya lo hemos visto- para el desbarajuste y no para hacer eso que en democracia llamamos gobernar.

Porque gobernar exige, como mínimo, dos cosas: primero, un programa, es decir, un conjunto de medidas que expresen lo que tienen en común quienes lo apoyan, algo que está muy lejos de suceder entre los independentistas que elegirán presidente a un candidato que se ha dado a la fuga tras ser imputado por gravísimos delitos; segundo, que ese programa sea realizable, condición que no cumple el único proyecto que sirve de pegamento a la entente, nada cordial, secesionista: la consecución de un referendo de autodeterminación que el Gobierno se ha cansado de repetir que jamás tolerará.

El que habría sido el único cambio político real -un Gobierno de los no independentistas (Ciudadanos, PSC y PP)- queda descartado, pese al resultado excepcional de Inés Arrimadas, que se ha convertido en la líder indiscutible de la Cataluña plural, solidaria con el resto de España y respetuosa con el Estado de derecho. Pero el anuncio de Iceta de que no votaría a la candidata de Ciudadanos aunque hubiera sido parlamentariamente posible hacerla presidenta queda ya para la historia y será para los socialistas catalanes un baldón imborrable en su errática y oportunista trayectoria. Porque eso que Iceta llamaba transversalidad no era más que la forma de evitar que, por fin, y tras cuarenta años de nacionalismo puro o disfrazado, hubiera habido en Cataluña una verdadera alternancia democrática.

Ayer perdió no solo el cambio sino también la gobernabilidad, con la que sucede lo que con la salud: que solo se aprecia su valor cuando se pierde. Pero hay algo más en lo que una y otra guardan mucho parecido: en que una vez destruidas las bases que la sostienen, recuperarla puede llegar a resultar muy complicado. En ese pozo se ha metido Cataluña por la mala cabeza de los políticos independentistas y de quienes han decidido seguir apoyándolos pese a haber conducido a Cataluña hacia el desastre. Es lo que tienen las ideologías fanático-fantásticas: que privan a sus seguidores de toda capacidad de ver la realidad.

La factura del ‘proces’: dos meses negros para la economía catalana
Fuga de empresas, caída de turistas, frenazo inmobiliario... El desafío separatista ha golpeado en todos los sectores de la economía catalana.
Beatriz García Libertad Digital 22 Diciembre 2017

Con la celebración del referéndum ilegal del 1 de octubre el independentismo catalán encendió la mecha, y ahora, tras las elecciones, los catalanes han vuelto a mover ficha. El hecho de que el bloque independentista haya conservado su mayoría absoluta implica que la inestabilidad se mantendrá, cuya factura se sumará al negativo impacto que ha tenido el 'procés' hasta el momento.

Desde el 1-O, la incertidumbre se apoderó de los mercados, que empezaron a observar con pavor el desafío separatista. Las quinielas sobre una hipotética independencia se pusieron sobre la mesa, las reacciones de los portavoces de la Unión Europea se analizaban con lupa y los cálculos sobre lo que supondría una salida de Cataluña del euro empezaron a ejecutarse en tromba.

Las empresas con sede en Cataluña fueron las primeras en ejecutar su plan B. Primero, empezaron los bancos, que debían salvaguardar su acceso al BCE y tranquilizar a los ahorradores. A las entidades financieras les siguieron las grandes compañías del Ibex, las cotizadas y una fuga de empresas que aún no ha terminado.

Tras el 1-O, las manifestaciones y la violencia en las calles espantaron a los cruceristas, que empezaron a desviarse de ciudades como Barcelona a puertos como Valencia. Hoy el turismo en Cataluña sigue sufriendo las consecuencias de la deriva independentista. A este y a otros sectores de la economía catalana les lleva pasando factura el proces más de 2 meses.

El impacto, por sectores
Turismo: el efecto sobre uno de los principales motores de su economía fue inmediato. Tras el referéndum ilegal y ante la inminente declaración de independencia por parte del Gobierno de Puigdemont, los cruceros empezaron a desviarse de Barcelona para evitarle cualquier situación conflictiva a sus clientes. A pesar del puente de noviembre y el macropuente de diciembre, Cataluña no ha logrado atraer a los turistas y ha llegado a situarse a la cola en ocupación hotelera. Y todo ello a pesar de que los hoteles se han visto obligados a bajar los precios. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes al mes de octubre, el número de visitantes descendió un 4,7%.

Comercio: la caída del turismo, las movilizaciones callejeras y las huelgas han hecho que el comercio de Cataluña fuera el que más ventas perdió en el mes de octubre. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), esta autonomía lideró los números rojos con una caída del 3,9%. Por modos de distribución, la crisis política ha pasado factura al negocio del pequeño comercio catalán, que descendió un 0,6%; al de las pequeñas cadenas, con un desplome del 3,6%; al de las de mayor tamaño, que pierden un 0,5%, y al de las grandes superficies, que baja un 4,9%.

Boicot: el proces ha logrado que muchos consumidores recelen de cualquier producto fabricado en la región. Según un estudio elaborado por el Instituto Sondea, uno de cada cinco españoles no comprará nada catalán esta Navidad. Son sobre todo, los murcianos (45,16%), castellanoleoneses (36,54%), riojanos (35,71%), cántabros (34,62%) y aragoneses (33,93%) los que más boicot le harán a Cataluña en estas fiestas. La encuesta revela también que más de la mitad de los españoles (el 55,28%) cree que la crisis catalana estará presente en sus conversaciones navideñas. Además, un 62,10% cree que esta situación ha aumentado la inseguridad en Cataluña. En la misma línea ha ido un estudio publicado recientemente por Reputation Institute, que desvelaba que un 23% de españoles afirma haber dejado de comprar productos catalanes, a lo que se sumaría otro 21% si se produjera una hipotética independencia.

Fuga de empresas: aunque desde la aplicación del artículo 155 se ha frenado la sangría, el éxodo continúa, y todos los días se siguen marchando decenas de compañías de la región. De hecho, ya son 3.120 empresas las que han abandonado Cataluña desde el 2 de octubre, según los últimos datos del Colegio de Registradores de España a cierre del pasado miércoles. Los días con el mayor número de traslados de sede de Cataluña fueron el pasado 19 de octubre, con 268 compañías y el 9 de octubre, con una fuga de 212 empresas. Dentro del Ibex 35 todas las catalanas (Banco Sabadell, CaixaBank, Gas Natural, Colonial, Abertis, Cellnex y Colonial), excepto la farmacéutica Grifols, se han marchado. Otras grandes compañías, como VidaCaixa, Aguas de Barcelona, Cervezas San Miguel, eDreams, Axa o Bimbo, también han hecho las maletas.

Caída de recaudación: el Impuesto de Sociedades, uno de los principales gravámenes, es recaudado por el Estado, por lo que no supone una pérdida real para Cataluña. A pesar de esto, cabe destacar que los ingresos por este impuesto cayeron en Cataluña un 23,4% el mes que se celebró el referéndum, según datos de la AEAT.

Fuga de inversiones extranjeras: los inversores extranjeros ya empezaron perder el interés por Cataluña antes referéndum del 1 de octubre. Según los últimos datos del Registro de Inversiones Exteriores (RIE) del Ministerio de Economía relativos al tercer trimestre, la inversión productiva extranjera se hundió un 75% de julio a septiembre registrando una bajada de 1.552 millones de euros, hasta los 519 millones.

Vivienda: la crisis catalana ha frenado las ventas de pisos. Mientras que en el mes de octubre la compraventa de inmuebles en el conjunto de España disparó su crecimiento al 25,7%, en Cataluña solo subió un 12,4%, la peor tasa del territorio nacional. El precio de los pisos también ha echado el freno en la región.

Ampliaciones de capital: las ampliaciones de capital efectuadas por las sociedades mercantiles asentadas en Cataluña durante los meses de octubre y noviembre acumularon un importe total de 516,74 millones de euros, lo que supone el peor dato para esta región durante estos meses del año desde la entrada en vigor del euro en 2002, según los datos analizados por Axesor.

Empleo: Cataluña registró el mayor aumento del paro en un mes noviembre desde 2009. En el penúltimo mes del año, la región sumó 7.391 desempleados más hasta llegar a los 422.462 parados. En octubre, el paro aumentó en 14.698 personas, el peor dato desde 2008. A los nuevos parados de Cataluña habría que sumarle otros empleos que ha dejado de ganar la región, como los 900 trabajadores que podría haber traído la Agencia Europea del Medicamento (EMA) cuya candidatura de Barcelona quedó eliminada de la primera ronda.

PIB: tanto el Gobierno como organismos como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) coinciden en que la tasa de crecimiento de la economía catalana se situará entre el 0,4% y el 0,5% en el cuarto trimestre. Esa subida casi la mitad que el trimestre anterior, cuando la riqueza de esta región se incrementaba a un ritmo del 0,9%.

Los enfermeros que se van de Ibiza: «Se valora más un título de catalán que la experiencia y la formación»
Decenas de profesionales están abandonando Ibiza ante la inminente aprobación del decreto que exigirá el catalán al personal sanitario en Baleares
Josep María Aguiló ABC 22 Diciembre 2017

El Sindicato de Enfermería (Satse) de Baleares ha confirmado esta semana que decenas de enfermeros y enfermeras que estaban trabajando en Ibiza están abandonando la isla, ante la inminente aprobación del decreto del Gobierno regional que exigirá el catalán a todo el personal sanitario. El Ejecutivo que preside la socialista Francina Armengol, con el apoyo de MÉS y de Podemos, ha decidido que la lengua catalana será un requisito para los auxiliares, enfermeros y médicos que se presenten a oposiciones.

Los auxiliares deberán acreditar el nivel B1 o básico, mientras que médicos y enfermeros deberán tener el nivel B2 o avanzado para poder optar a una plaza en la sanidad pública. El citado decreto contempla, aun así, que cuando haya menos aspirantes que plazas a cubrir, no se exigirá el conocimiento del catalán. Armengol, defiende, por su parte, que ninguna plaza sanitaria quedará sin cubrir por ninguna razón lingüística.

Sin embargo, muchos trabajadores tienen una visión muy distinta a la de la presidenta balear. Una auxiliar de enfermería, A.A.M., que estuvo trabajando hasta este mismo mes de diciembre en el Hospital de Can Misses de Ibiza, explica su caso a ABC. Natural de Asturias, en donde nació hace 40 años, esta auxiliar llegó a la isla pitiusa hace dos años. Hasta ahora había estado cubriendo una baja larga, pero hace unos días pidió el cese voluntario y decidió regresar a su tierra. Por dos motivos, por la exigencia del catalán y por el actual elevado precio de los alquileres en Ibiza.

«¿Qué necesitamos, sanitarios o lingüistas?», se pregunta esta auxiliar, y añade: «Ahora se valora más un título de catalán que la experiencia y la formación». En ese contexto, indica que en Can Misses «sólo se hablan dos idiomas», el castellano y el inglés. «Es cierto que la gente muy mayor se expresa mejor en ibicenco, pero nunca ha habido ningún problema en ese sentido», concluye.

En la misma línea crítica se pronuncia Juan Talavera, de 43 años, que trabaja como enfermero en Can Misses desde hace una década. Natural de Linares, en Jaen, llegó a Ibiza hace 15 años. Juan recalca que la mayor parte de los profesionales sanitarios llegados a la isla vienen de fuera.

Consecuencias para los pacientes
«Quieren restringir nuestros derechos con ese decreto», lamenta, al mismo tiempo que indica que sobre todo le preocupa que «a medio plazo se verá afectada la salud de los pacientes» por la nueva norma lingüística del Govern. Juan está perfectamente integrado laboral y socialmente. Tiene casa propia en Ibiza, en donde vive con su esposa y su hijo, pero aun así está pensando seriamente en marcharse.

Según el secretario general de Satse en Baleares, Jorge Tera, «ningún profesional cualificado admite que se le etiquete como de segunda clase, que es lo que está ocurriendo con el decreto del catalán». A su juicio, «los verdaderos efectos del decreto se van a ver en dos o tres años, cuando lo que ha sido hasta ahora un efecto llamada se convierta en efecto rechazo».

Desde el citado sindicato se considera también que «estar tramitando un decreto para excluir a profesionales cualificados del acceso al empleo público en una situación como ésta es una irresponsabilidad». Por ello, el Satse pide a la presidenta del Govern y a la consejera de Salud, la socialista Patricia Gómez, que «den marcha atrás y que no permitan que un criterio político impuesto por el socio minoritario —MÉS por Mallorca— ponga en peligro la asistencia sanitaria».

El Sindicato de Enfermería (Satse) del Archipiélago y el Sindicato Médico de Baleares (Simebal), mayoritarios en el sector, son las dos entidades que hasta ahora se han opuesto con mayor firmeza a la exigencia del catalán en la sanidad isleña. Ambos sindicatos anunciaron el pasado mes de noviembre que impugnarían el mencionado decreto autonómico. Simebal y Satse defienden que el dominio de la lengua catalana sea sólo un mérito y no un requisito.

Excluidos de las oposiciones
La citada polémica lingüística ha coincidido ahora con el hecho de que 423 auxiliares de enfermería que querían presentarse a las oposiciones que, el año próximo, convocará el Govern, han quedado fuera del listado provisional de admitidos por no poder acreditar el nivel de catalán exigido, el B1 en este caso. De momento, sí han sido admitidas, en cambio, 2.305 personas, que podrán optar al total de 253 plazas ofertadas. Del citado total, 134 plazas son de turno libre y 119 de promoción interna.

Por tanto, por razones lingüísticas han quedado excluidos, provisionalmente, el 18 por ciento de los auxiliares de enfermería inscritos. Una vez que salga ya el listado definitivo de admitidos, tras estudiarse las alegaciones y subsanarse los posibles errores, las personas que hayan quedado finalmente excluidas reclamarán, en principio, la tasa de 11,29 euros que han tenido que abonar para poder presentarse a dichas oposiciones.

Entre los excluidos ahora provisionalmente hay auxiliares que tienen el nivel A2 de catalán, que es el inmediatamente inferior al B1 solicitado ahora. El nivel A2 acredita que el hablante tiene un dominio de la lengua, tanto oral como escrito, que le permite resolver situaciones habituales básicas de comunicación.


 


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