AGLI Recortes de Prensa   Sábado 23  Diciembre 2017

Camino a la secesión pactada
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital 23 Diciembre 2017

Empecemos constatando dos datos que deberían ser suficientes para la alegría. El primero es que un partido antinacionalista ha ganado las elecciones catalanas. Por primera vez, y después del loco intento de secesión, quien gana es Ciudadanos. El segundo es que, después de 37 años de presión diaria y total a favor del secesionismo, los partidarios de la independencia apenas pasan de 2.000.000, sobre un censo de 5.300.000. Qué fracasados tienen que sentirse Pujol y todos sus continuadores. ¿Dónde se ha visto un movimiento totalitario que en cuatro décadas tiene a más de la mitad de la población en abierta disidencia?

Dicho esto, los resultados de las elecciones catalanas del 21 de diciembre permiten que se forme de nuevo un Gobierno secesionista, sin siquiera necesitar el voto favorable de la CUP. He ahí el fruto de la decisión de Rajoy de simular que aplicaba el artículo 155, cuando en realidad lo que hacía era inutilizar su aplicación. El "genial manejo de los tiempos" conduce indefectiblemente a la derrota y a la ignominia.

No van a tardar en escucharse voces que pedirán una solución de compromiso, un compromiso pactado que satisfaga a todos. Las primeras serán las voces mediáticas de la izquierda tradicional, seguidas inmediatamente por el PSC y el PSOE. Se unirán los nacionalistas hoy desorientados, pero añorantes del calorcito del rebaño. Poco a poco el coro levantará la voz: "Ustedes que pueden, dialoguen", dirán otra vez.

Y Rajoy lo hará. Lo hará porque en realidad siempre quiso hacerlo. Para todos, el 155 era un nuevo rumbo y una oportunidad histórica para desmontar la estructura de poder totalitario nacionalista. Para todos, menos para él. Para Rajoy el 155 era un fastidio al que con habilidad dio la vuelta para desactivarlo y dejarlo inservible. Mejor unas elecciones que un cambio de política. Y aquí estamos.

Rajoy no tuvo nunca voluntad de hacer otra política en relación con el secesionismo catalán. Por eso pretendió que jueces y fiscales hicieran el trabajo que corresponde al Ejecutivo. Por eso renunció a su responsabilidad constitucional convocando unas elecciones a sabiendas de que conducirían al punto de partida.

Veremos cómo lo disfraza. Vendrán comisiones de expertos y llegarán voces del exterior que animarán a lo que seguramente Rajoy ya tiene decidido hacer: retorcer la Constitución hasta que diga lo que no dice: que un referéndum pactado a la escocesa es la mejor solución.

Ya llegó el día después
Jesús Laínz Libertad Digital 23 Diciembre 2017

Tras cuatro meses trepidantes –o cargantes, según se mire– por la penúltima crisis catalana, ya llegó el día después. Y este juntaletras, hombre de poca fe en supersticiones aritméticas, confiesa, con compungida consciencia de su perversión, que el resultado de las elecciones le trae sin cuidado. Tanto es así que estas líneas, en vez de esperar al resultado, fueron escritas una semana antes de la votación, pues, lamentablemente, lo que haya salido de las urnas será indiferente para el futuro de España.

La duda, alimentada mediante la pueril agitación de encuestas, está en qué partido obtendrá más votos, pero eso será de importancia secundaria frente a la evidente inferioridad de las opciones que se llaman a sí mismas constitucionalistas, es decir, el PP y Ciudadanos. Porque el PSC no lo es. El PSC es un partido nacionalista más, y hay mil palabras, obras y omisiones que lo han probado en el pasado y lo siguen probando cada día. Quien siga negando esta evidencia está ciego, sordo y tonto. El PSC es el mamporrero del separatismo. Siempre lo ha sido y siempre seguirá siéndolo. En cuanto al PP, su temblorosa reacción frente al golpe de Estado ha demostrado por enésima vez que se trata de un partido totalmente inútil y merecedor de pagar las mil traiciones a su electorado con su desaparición por las cloacas de la historia.

Sorprende que haya quienes crean que se va a barrer a los separatistas en las urnas. Para conseguir eso habría que haber empezado impidiendo el disparate de que encarcelados y fugados se presentasen a las elecciones. Por ejemplo, prolongando la vigencia del artículo 155 hasta que hubiese sentencia firme sobre los procesados por el golpe de Estado. Y en segundo lugar, dicho 155 tendría que funcionar a fondo para abrir las ventanas de Cataluña de par en par hasta que se disipen los aires mefíticos con los que cuarenta años de régimen totalitario han asfixiado a los catalanes. ¿Cómo? Eliminando organismos ilegales, anticonstitucionales, golpistas y delictivos, extirpando de raíz y para siempre el odioso adoctrinamiento ideológico en las aulas, garantizando la limpieza y neutralidad de los medios de comunicación públicos y procesando sin contemplaciones a los responsables de todo ello. ¿Qué esto llevaría meses e incluso años? Puede ser, pero ¿cuál es el problema? La autonomía de Irlanda del Norte ha sido suspendida por el Gobierno de Londres en varias ocasiones –y durante años– y no ha pasado nada.

La muy criticable decisión de Rajoy de acompañar la entrada en vigor del artículo 155 con la inmediata convocatoria electoral ha tenido como lógica consecuencia el planteamiento por parte de los separatistas de unas elecciones regionales como un plebiscito, esta vez legal, de secesión. Y su victoria, o el empate en el mejor de los casos, significará el fortalecimiento de su aberrante exigencia de entablar negociaciones con el Estado para acordar un procedimiento secesionista en el marco de la ley.

Pero eso sería –lamentablemente, será– una formidable negación de la democracia y del Estado de Derecho, pues implicaría aceptar que un partido está legitimado para negociar con un Estado sus aspiraciones políticas a cambio de dejar de dar golpes de Estado. Es decir, aceptar que alguien pueda beneficiarse de sus actos ilícitos. Y también implicaría admitir que una sociedad puede tomar decisiones electorales sensatas –¡y nada menos que sobre la existencia o inexistencia de naciones!– tras llevar décadas amordazada, manipulada, engañada, envenenada y coaccionada por un régimen totalitario.

Pero lo más grave de todo es que, sea cual sea el partido que obtenga mayor número de votos, es opinión prácticamente unánime que hay que abrir un proceso de reforma constitucional para acomodar a los separatistas dando nuevos pasos en la dirección deseada por ellos. Lo que desee la inmensa mayoría de los españoles no parece contar.

Y lo tragicómico del asunto es que, aun en el caso de victoria de los partidos llamados constitucionalistas, serán éstos los que demostrarán su anticonstitucionalismo poniendo la Constitución patas arriba para satisfacción de los separatistas. No es suposición, puesto que ya lo han anunciado. Por eso es indiferente quien gane las elecciones. Lo único que podría cambiar levemente, según lo que salga de las urnas el jueves 21, es la velocidad de las modificaciones disgregadoras de la nación. Pero a medio y largo plazo los separatistas acabarán ganando. Ya está decidido.

www.jesuslainz.es

La vida sigue (casi) igual
Ramón de España cronicaglobal 23 Diciembre 2017

Todo parece indicar que la matraca independentista no va a remitir a corto plazo. Puede que los soberanistas no consigan ampliar la base social para llevar a cabo sus planes, pero con la que tienen les basta para ganar todas las elecciones que les pongan por delante. Hay dos millones largos de catalanes que son de una fidelidad perruna a sus obsesiones y que se lo perdonan todo a sus líderes: que declaren la república y se vayan de fin de semana, que las empresas huyan despavoridas, que el principal responsable de la movida se fugue a Bruselas dejando tirados a sus secuaces... Todo eso les da igual, ya que la culpa de todo es de España, de Mariano Rajoy y del artículo 155 de la Constitución. Esos dos millones largos de catalanes componen la que, con toda probabilidad, es la secta destructiva más numerosa del planeta, y hasta que la cosa no afecte a sus bolsillos, seguirán en sus trece.

Como no hay manicomio capaz de albergar a tanta gente, no nos queda más remedio que convivir con ellos, aunque nos estén amargando la existencia. En teoría, debería ser posible la convivencia educada entre unos y otros, a condición de que los ganadores de las elecciones no dediquen todos sus esfuerzos a jorobar al que no piensa como ellos. Es lo que pretendía el pobre Iceta, y ya ven sus gloriosos resultados. El matonismo de los nacionalistas ha llevado a una situación en la que las dos mitades de Cataluña se detestan mutuamente y acaba imponiéndose el voto del odio. Los maltratadores se consideran maltratados y querrían perder de vista a los genuinamente basureados. Estos, a su vez, se radicalizan también y acaban votando a Ciudadanos --partido ganador de las elecciones, aunque no le sirva de mucho-- porque la cantinela progre de Domènech no va a ninguna parte y porque, para seres de luz, ya tienen que aguantar al beato Junqueras y no necesitan que Iceta, con toda su buena intención, proponga indultar a unos políticos que todavía no han sido ni juzgados.

Me pongo a mí mismo de ejemplo: estuve dudando hasta el último minuto entre Iceta y Arrimadas, pero en el momento de la decisión final solo pensaba en jorobar a los indepes que me joroban a mí y les deseaba lo peor, así que acabé cogiendo la papeleta de Ciudadanos, aunque cada día sea una formación más de derechas que no se parece mucho a lo que fue en sus inicios.

Opté, lo reconozco, por el voto del odio. Igual que los independentistas. La situación ha devenido tan tensa y desagradable, se ha radicalizado tanto y se ha hecho tan bronca, que a unos y a otros el cuerpo nos pide marcha. Como decía Borrell, un día de éstos llegaremos a las manos. Por la actitud dictatorial del Gobierno español, según los indepes. Por la intolerancia y el matonismo de los soberanistas, según los que no lo somos. En cualquier caso, un panorama lamentable que invita al exilio o a no salir de casa. Y también, eso sí, una evidencia: por mucho que nos reviente, a la hora de votar, ellos son más que nosotros y no tienen contemplaciones con los disidentes. Delante ya solo tienen a Ciudadanos, ya que el PSC se ha dado una buena torta con las urnas y el PP debería ir pensando en cerrar sus delegaciones en Cataluña. Y la cosa aún podría ser peor: 1.100.000 votos para Inés Arrimadas son un montón de votos y demuestran que los independentistas no lo van a tener tan fácil como creen. No se me ocurre otra cosa a la que agarrarme, la verdad. Hasta que la secta de los dos millones no sufra en sus carnes las consecuencias económicas de sus deseos, dudo que recapacite. Y algunos no lo harán nunca porque, para ellos, siempre se equivocan los demás: si no se les da la razón, se van de España, de Europa y hasta del sistema solar.

La voluntad popular
José Luis González Quirós vozpopuli.es 23 Diciembre 2017

Las elecciones catalanas de ayer han sido un intento más de conseguir algo que es idealmente posible, pero que tropieza, en la práctica, con numerosas dificultades: hacer real la democracia, la voluntad popular. El principio de representación supone siempre un proceso de simplificación, el mapeo de una realidad que se resiste a ser tratada como tal y recurre a un esquema de sí misma, pero eso es siempre un cierto falseamiento y no solo porque la relación entre votos y escaños no sea homogénea (vale más un voto del Ampurdán que uno de Barcelona), sino porque la voluntad de millones queda reducida a las decisiones de unas docenas, y eso es algo que no puede lograrse sin un sinfín de condiciones adicionales, nada fáciles por otra parte.

La magia de la democracia consiste en ocultar con un acopio de legitimidad esta clase de dificultades, y ese milagro suele conseguirse cuando los elegidos saben hacer bien su papel. En la Cataluña de comienzos de 2018, las dificultades para llevar a cabo las tareas de gobierno van a ser ímprobas, y no solo porque los resultados electorales puedan haber sido precarios, sino porque la pésima conducta de los diputados anteriores ha conducido a los catalanes a un enfrentamiento político completamente agónico, y es ilusorio imaginar que la convocatoria pueda bastar para restaurar una convivencia gravísimamente dañada.

El principio de exclusión
Una parte muy significativa de los ciudadanos catalanes se ha empeñado en empujar a otra parte fuera del sistema común, ha negado en la práctica el derecho a la diferencia (en el que, paradójicamente, quieren fundarse), y eso no ha sido una mera declaración política, algo reducible a la retórica, sino que ha empezado por un asunto fundamental, el empeño en obligar a una buena parte de los catalanes a expresarse exclusivamente en una lengua, prohibiendo sañudamente el empleo del español.

Al actuar de ese modo, con el consentimiento culposo del Estado, han ignorado que el principio de exclusión tiene exactamente la misma lógica que el de asimilación, y que su pretensión de separarse de España se basa en una legitimidad idéntica a la que podrían reclamar, por ejemplo, los aragoneses, o los franceses, si pretendiesen adueñarse políticamente de Cataluña, de forma que el derecho a decidir con el que pretendían fundar su voluntad implica inevitablemente una privación a terceros. Separar y conquistar poseen la misma lógica e implican un mismo uso del poder, de forma que el gobierno catalán ha llevado a cabo su política de exclusión de la única manera posible, mediante la mentira y el engaño, abusando de la pasividad inducida de las víctimas de ese proceso privatizador.

Que esa política conduciría a un enfrentamiento civil ha sido un secreto a voces, e ignorar que esa política tropezaría con obstáculos mucho más poderosos que la voluntad de sus promotores ha sido un caso de irresponsabilidad apenas sin parangón en la historia. El resultado de ello es que se ha roto el principio mismo que hace que la representación política pueda surtir sus benéficos efectos, porque se ha atentado contra la convivencia civil y no se ha respetado el principio de que los representantes tienen que dedicarse a construir, y a hacerlo sobre bases no quiméricas, y no a destruir irresponsablemente las instituciones en cuya legitimidad se asientan.

No basta la reacción
La reacción política a esos desafueros ha sido vigorosa, sorprendente y, por fortuna, pacífica. Pero esa reacción podrá haber resultado insuficiente si no se recupera la normalidad civil, el uso pacífico y plural de los espacios públicos, la plena libertad política y el respeto a la ley común sin la que la democracia es sencillamente imposible. En este sentido el nuevo parlamento catalán puede ser un comienzo de solución o la segunda certificación de un fracaso. La campaña electoral no ha dado lugar a muchas esperanzas, porque, además de escenificar con particular virulencia la división existente, no ha dado muestras suficientes de que los que han roto las reglas del juego quieran volver a respetarlas. Es uno de los inconvenientes de la política entendida como religión, que es lo que da fuerza al nacionalismo, que nunca se contempla como posible aquello que no satisfaga por completo las exigencias de los supremacistas. En realidad han vuelto a retratarse y no hay muchas esperanzas de que la mera derrota electoral sirva para que se corrijan: cuando alguien se atreve a decir que “debería ser obligatorio votar a Tardá”, hace evidente que su relación con la democracia y con la política entendida como convivencia y pacto es meramente instrumental, que es un lobo que apenas resiste el disfraz de cordero.

Mientras no se produzca la vuelta de los excluyentes al pacto de inclusión que supuso la Constitución, aprobada con el concurso del 94 por ciento de los catalanes, ninguna elección arreglará nada, porque las elecciones no son la esencia de la democracia sino la manera en la que las democracias pueden avanzar y renovarse cuando se respeta su esencia no excluyente, el principio de igualdad que los supremacistas catalanes insultan cuando le piden a Arrimadas que “se marche a su casa” o cuando la llaman “fascista”, porque hasta ese punto ignoran su propia condición totalitaria.

El último error de Rajoy
Rajoy ha demostrado, una vez más, que su política consiste siempre en quitarse de en medio a esperar que escampe. Al convocar elecciones de manera tan apurada, Rajoy optó, en primer lugar, por presentar el caso como un asunto exclusivamente catalán, cuando no lo es de ninguna manera, y, en segundo lugar, por tratar de que algún resultado especialmente afortunado lo disolviera, cosa que raramente podría ocurrir. Aunque tuvo la oportunidad de pedir un pronunciamiento al conjunto de los españoles, no se atrevió a hacerlo, y es posible que con esa decisión haya puesto un nuevo clavo en su ataúd, en especial si la cosa le sale no solo mal, sino rematadamente mal. De cualquier manera, al adoptar el camino fácil de las elecciones rápidas puso de nuevo a su partido en una tesitura dramática, creyendo que podría volver a chantajear a sus electores insistiendo en la opción entre el caos y su continuidad, pero seguramente no estuvo fino en su análisis, y ese error no hará otra cosa que agrandarse en su contra, aunque el tiempo habrá de confirmar hasta qué punto es capaz la voluntad popular de sobreponerse a las onerosas argucias de quienes la representan.

Historia clínica de Cataluña
José Carlos Rodríguez vozpopuli.es 23 Diciembre 2017

Los partidos que han impulsado la secesión de Cataluña han renovado la mayoría parlamentaria, que pueden volver a disfrazarla de Parlamento Nacional y lanzar a la región contra la ley y contra el resto de España. No cabe el consuelo de que esas tres formaciones han superado la mitad del voto, porque una parte relevante del mermado apoyo a los comunes es también secesionista. No cuenta más voto que el emitido; la nostalgia por lo que nos habría aliviado lo que ha caído en la abstención carece de justificación. Además, en estas elecciones, el espacio para la nostalgia se ha reducido en cuatro puntos porcentuales y medio.

La victoria del secesionismo es inapelable. Y es aún más contundente si tenemos en cuenta que la realidad, impermeable a las enseñanzas de TV3, ha hecho añicos el relato nacionalista. La España que les acosa y les roba, financia su aventura independentista. La Cataluña que iba a ser la admiración del mundo por su capacidad de crear riqueza, ve cómo se le escapa entre los dedos como la arena del desierto. La Cataluña que iba a darle la alegría a Europa sumándose a la UE, se ha encontrado que esa misma Europa le ha dicho que será un tercer Estado hasta la séptima generación de la séptima generación. Esa unidad inmanente del pueblo, instrumentalizada generosamente por sus líderes Puigdemont y Junqueras, no existe; nos lo han dicho millones de catalanes en las calles con la bandera de España. Cataluña era el único pueblo ibérico con una historia propia, e iba a salir de su prisión tras una negociación con el Estado que, como su propio nombre indica, es un actor vacuo y endeble. Y se han encontrado con que España existe y que se ha aferrado a sí misma por medio del artículo 155.

Todo ello ha dado igual. Hoy, como en octubre, como en las elecciones de 2015, hay dos millones de catalanes que quieren dejar de ser españoles. Por eso es urgente escribir una historia clínica de Cataluña. Como la de aquellas personas que tienen delirios de grandeza. Como la de quienes ven alucinaciones. Como la de quienes escuchan voces que les compelen a hacer cosas estúpidas. Una buena historia clínica que sólo puede concluir con un diagnóstico: nacionalismo.

El nacionalismo es una enfermedad que engaña los sentidos, suspende la razón, y sume a nuestras almas, tan frágiles, en un permanente estado de estupefacción. Es fácil de diagnosticar porque inflama los sentimientos de admiración y de odio; nos retrotrae a nuestra existencia más atávica, al arcano recuerdo de nuestros milenios en la tribu. Nos habla desde una inteligencia basal; primitiva. Y nos conduce al delirio colectivo.

Hay que evitar que el delirio nos conduzca a la catástrofe. Pero también hay que reconocer la enfermedad que nos aflige, y curarla. Gran parte de la cura pasa por abrir las ventanas y permitir que la realidad se cuele por sus medios de comunicación. También habrá que abrir en canal y extirpar algunos focos infecciosos en la escuela, en los medios. Y dejar que corran los lustros.

Pero no nos engañemos, no vamos a tener que esperar mucho para que la realidad le vuelva a dar un arreón al nacionalismo. La fuga de empresas se ha acelerado a esta hora. El capital mira en sentido opuesto a Barcelona. La caída en la actividad económica va a mermar primero el empleo y luego los sueldos. El talento no encontrará tanto hueco en aquélla región. Los ingresos fiscales van a caer a plomo. Y la contribución de Cataluña al resto de España, moderada ya por una abierta y franca insolidaridad, se va a volatilizar. Y pasará a ser la nueva Andalucía. El resto de España tendrá que subvenir una Administración corrupta y que mantiene a millares de familias sólo por su cercanía al poder. Y cerraremos el dislate nacionalista escuchando “¡Cataluña nos roba!”.

Balance de una secesión inconclusa
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 23 Diciembre 2017

Como dice Enrique Arias Vega en su artículo de esta semana, tras las elecciones catalanas del día 21, España está rota y lo peor es que aún no se sabe.
Así es.

Las elecciones catalanas no han servido para nada, salvo para que Ciudadanos haya dado el salto en la representación de los no nacionalistas. Pero, en el fondo ningún problema en el tema catalán y, en consecuencia, en la cohesión territorial de España, que es el problema de España, tiene a la vista una solución posible y efectiva. Todo sigue igual si no peor.

Volvemos al estado de inicio. La situación sigue estancada y el bloque independentista impondrá la segunda fase del proceso de desconexión, puesto que este 155 deslavazado, frívolo y tenue, que ha culminado en unas elecciones que producen un escenario similar al que había antes, deja las cosas en estado de pausa, y con la previsión de que el “play” se active en cuanto se vuelvan a unir las fuerzas independentistas bajo el formato de un nuevo gobierno sin Puigdemont o con él. ¿Y después qué? Pues después llegará la reforma de la Constitución y del Estado, para llevarnos a lo que llaman un Estado federal que en realidad tendrá forma de confederación. En fin…. un cachondeo.

Aquí tenemos varias causas de este proceso a estudiar:
En primer lugar, el adoctrinamiento y la aculturación de las masas para formar un imaginario colectivo que lleve a mucha gente a votar bajo el síndrome de la emoción, dejando a un lado la razón. Manejar las masas es relativamente fácil, sobre todo si a los que mueven los hilos del lavado de cerebro se les deja hacer a sus anchas, que es lo que ha ocurrido durante décadas.

En segundo lugar, si España es un Estado débil, con un panorama constitucionalista fraccionado y dominado por los exclusivos intereses de parte, donde la Nación queda orillada y adquiere un interés subordinado.

En tercer lugar, como causa del anterior, si tenemos un sistema electoral que genera un producto antidemocrático que devalúa la calidad de nuestra democracia, donde los territorios tienen preeminencia sobre los ciudadanos a la hora de traducir los votos en representantes; donde el que gana las elecciones no puede formar gobierno si se alían otros que han perdido pero que pueden unir sus fuerzas para desplazar al ganador; donde el voto rural se sobrevalora por encima del urbano, etc. El resultado está a la vista.

En cuarto lugar, donde el sistema jurídico ha perdido fuerza y se constituye en un elemento subordinado al poder de la calle y la sublevación del orden constitucional por las masas. En este estado de cosas la inseguridad jurídica rompe todos los equilibrios de convivencia y de progreso económico y se impone la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón.

En quinto lugar, los motivos por los que la idea de nación, para calificar a lo que es una trayectoria cultural e histórica de España, ha perdido fuerza para ser sustituida por entelequias tragicómicas como nación de naciones, que no tienen ningún rigor conceptual ni práctico, pues no pueden existir ideas excluyentes entre sí para definir una cosa. De esos lodos estos barros. Y gran culpa de todo esto lo tiene la izquierda en este país, aunque por otra parte la derecha es una cosa amorfa sin ningún sentido de Estado ni sustrato ideológico de ningún tipo.

Con este devenir de situaciones acumuladas se producen hechos como que…
... Se aplique un 155 de medio recorrido que ha permitido a los que romper el orden jurídico y se constituyen en colectivo para delinquir que sigan campando a sus anchas por sus fueros.
... Se convoquen unas elecciones sin mayor análisis de previsibilidad y de resultados indeseados para la unidad de España.
... Se deje a la justicia y a los órganos ejecutores de ésta al píe de los caballos.
... No haya la más mínima intención de unidad de acción para la defensa de la igualdad de todos los españoles y la unidad de los territorios de España, y predominen los intereses de partido sobre el bien común.

Señores. Así no hay solución posible.

Cataluña ha votado suicidarse, pero nos les vamos a dejar
Ramiro Grau Morancho.  latribunadelpaisvasco.com 23 Diciembre 2017

Abogado. Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

El resultado electoral del 21 de diciembre ha confirmado mis peores augurios, expuestos en artículos anteriores.

Cuando se vota con el corazón, y no con la cabeza, pasan estas cosas. Y convocar las elecciones a solo dos meses de la intervención del Cataluña por el Estado, cuando podían haberlo hecho al medio año, solo es propio de imbéciles congénitos, y abogadas del Estado que se creen muy listas porque se saben todo el temario de memoria…

Pero la política es mucho más complicada que aprenderse varios cientos de temas de memoria, y hay que intuir la reacción de la gente, la visceralidad del catalanismo imbuido a los niños desde los tres años en las escuelas, los cuarenta años de adoctrinamiento en el odio a España, a quien se acusa de todos los males, como es propio de todos los nacionalismos, que siempre buscan un enemigo exterior, que justifique los errores y latrocinios propios, etc.

El PP ha cosechado lo que ha sembrado: corrupción, cobardía, indecisión y estulticia manifiesta, mucha estulticia.

Los catalanes necesitan viajar y leer, que son las dos curas contra el nacionalismo, según las recetas de don Pío Baroja y don Miguel de Unamuno.

Y votar con la cabeza, no con el corazón.

Todo esto ya lo advertía José Antonio Primo de Rivera en su artículo (creo recordar, pues escribo de memoria) “La gaita y la lira”. Para todos nuestro pueblo, la comarca, la provincia, o la comunidad autónoma, son el ombligo del mundo…, hasta que viajamos, o incluso sin salir de nuestra casa, accedemos a otros mundos y datos históricos, por medio de la lectura y el estudio.

Pero en una comunidad autónoma donde los niños son sumergidos en un catalanismo rampante desde la infancia, se les da una visión de la historia totalmente distorsionada, en donde cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, y se señala a España como el enemigo a batir, ¿pues que esperaban estos lelos del partido prostituido…?

Rajoy y su equipo han vuelto a meter la pata hasta el corvejón. Y con la unidad de España no se juega. ¡Salvo que fuera este el resultado que buscaran, para así tener justificación para seguir haciendo concesiones a esa nueva Cataluña, un país independiente de facto, pero subvencionado y mantenido por España y los españoles!

Y a eso me niego, como creo que nos negaremos la mayoría de los españoles.

Si quieren ser independientes, y no hay más remedio, que se vayan, pero que se paguen sus gastos ellos, que los españoles ya estamos cansados de mantener a tanto parásito, que no aporta nada, o que, por lo menos, reciben más de lo que aportan, y encima quieren todavía más, con una total y absoluta insolidaridad.

Los catalanes han votado suicidarse…, pero no les vamos a dejar.
www.ramirograumorancho.com

Cataluña y las dos maldiciones de Aznar
José Antonio Zarzalejos elconfidencial 23 Diciembre 2017

Escribe Carles Campuzano, portavoz en el Congreso de los ex convergentes catalanes, que "el éxito de Aznar (…) radica en que su concepción de España es la hegemónica; es compartida por buena parte de la elite intelectual y económica, incluida la izquierda bien pensante (…). No existe una alternativa seria y rigurosa a esa alternativa. Y aquello que tiene un punto de trágico es que quienes como Aznar se opusieron a los acuerdos durante la transición, para intentar encajar la realidad catalana en el marco constitucional, sean hoy los que determinan las ideas fuertes que marcan el proyecto español en un sentido amplio". ('Cataluña, una desconexión anunciada', Ediciones El Siglo).

Campuzano tiene razón, pero el papel que atribuye a las ideas fuertes de Aznar se debe en buena medida al disparate separatista que ha despertado una nueva forma de asumir la españolidad y de exhibirla sin complejos. Tal realidad se debe al estímulo del proceso soberanista y a todas las arbitrariedades —y presuntos delitos— que sus dirigentes han perpetrado. El expresidente, huraño, antipático y hasta displicente, advirtió en el lejano octubre de 2012 que antes se rompería Cataluña que España. Y así ha sido.

Las elecciones catalanas del jueves acreditan que Cataluña está partida en dos en su identidad, que ha desaparecido el conjuro de "un solo pueblo", que se acuñó con el libro 'Los otros catalanes' de Francisco Candel, y que el sentimiento unitario de los españoles se ha ido consolidando durante el trayecto carlista del proceso soberanista.

La victoria de Ciudadanos el 21-D es la concreción electoral de la ruptura interna de Cataluña, la dilución completa del catalanismo (Iceta no lo ha resucitado), y el enfrentamiento entre la Cataluña interior y la barcelonesa. Una división que auguraba Aznar y que se ha ido consagrando en los cuatro procesos electorales catalanes celebrados desde 2010 hasta el jueves pasado.

De ahí que la mayoría parlamentaria de los separatistas sea, además de recesiva (menos votos y menos escaños que en los comicios anteriores), también pírrica porque ha alterado irreversiblemente la morfología del país y quebrado todos sus mitos consensuales. Sin conseguir que España se rompa pero logrando que lo haga Cataluña. Al tiempo, los constitucionalistas, no solo se han colgado la medalla de oro (Cs), sino que, además, suman escaños (+5) y aumentan el porcentaje de voto. Y el plebiscito no salió en 2015 y sigue sin salir en 2017. Pese a la participación extraordinaria del 21-D (casi el 82%) siguen lejos del 50% de los sufragios emitidos. Menos pesimismo y más lucidez de análisis.

José María Aznar —segundo acierto/maldición— ha venido advirtiendo que el PP caminaba hacia la irrelevancia. Pudo decirlo de otra manera pero prefirió invitar en junio de este año a Albert Rivera a su Instituto Atlántico en donde a través de Gabriel Elorriaga elogió generosamente al líder de Ciudadanos. Las elecciones del jueves, también le han dado la razón. Porque la victoria de Cs en Cataluña, histórica en una dimensión extraordinaria, se debe, primero, a la política de omisiones y dilaciones de Rajoy y del PP que preside, y, segundo, al activismo de los naranjas que sí han tenido una narrativa opuesta a la separatista.

Rajoy y el PP —descalabrados ambos en Cataluña— han pagado la factura, no del 155, sino de cinco largos años de abdicación de la política, de la desaparición de un modelo de confrontación dialéctica e ideológica con el secesionismo y con la petrificación de un discurso funcionarial que les ha llevado a un progresivo adelgazamiento del partido en prácticamente toda España. El gobierno popular ha sido más espectador que actor, mientras que Rivera ha tenido siempre afán de figurar en el elenco de los protagonistas. Aznar, primero, lo advirtió suavemente, pero después lo hizo explícito. Hoy la alternativa al PP —aunque la extrapolación no sea del todo rigurosa— resulta verosímilmente Ciudadanos.

La izquierda sigue marrando el tiro. El concepto de la transversalidad no funciona porque responde a buenismos inútiles frente a un separatismo radical y fundamentalista y porque España ha superado la fase de la adolescencia democrática. La constante aquiescencia a buena parte de las razones del nacionalismo es una estrategia estéril en la que la izquierda persiste increíblemente.

Para ese espectro político, en Cataluña ha ocurrido lo que ha escrito Javier Cercas (EPS de 17 de diciembre): "Si los independentistas no hubieran ganado las elecciones catalanas, Cataluña no estaría partida por la mitad y los catalanes no hubiésemos sido colocados, gracias a la complicidad activa de Ada Colau y Pablo Iglesias, al borde del enfrentamiento civil y la ruina económica". Mensaje nítido a la izquierda que por radical (comunes y morados) o por complaciente (PSC-PSOE) siguen sin cuajar una estrategia ganadora, entre otras cosas porque la cuestión territorial les enfrenta en vez de cohesionarles. Mientras, Aznar —y eso duele mucho a según quienes— ha tenido razón.

ABC le sacude una buena tunda editorial a un inoperante, resentido y censor Partido Popular
"ABC no se rige por afinidades personales, no se pliega al Rajoy o al Rivera de turno, sino que actúa a tenor de sus principios editoriales"
Juan Velarde Periodista Digital

El quemazón en el PP por los resultados obtenidos el 21 de diciembre en las elecciones de Cataluña, lejos de enfriarse, va a más.

Ahora ya no sólo se mete con Ciudadanos, sino que además carga contra un medio afín como es el ABC al que pretende empurar por la entrevista que concedió a ese diario Inés Arrimadas, la ganadora de las elecciones del 21-D, y que se publicó en la jornada de reflexión.

Pues bien, este 23 de diciembre de 2017 el periódico responde al Partido Popular con un contundente editorial en el que deja claro que la formación de Génova 13 sólo responde a un resentimiento por los malos resultados cosechados en las urnas y le demuestra con ejemplos que otros medios han hecho lo mismo y no ha habido respuesta de los populares:

El PP ha denunciado a ABC ante la Junta Electoral y ha remitido a la Fiscalía una acusación contra este periódico "por si pudiera ser constitutiva de delito". La denuncia atiende a que el pasado día 20, en la llamada jornada de reflexión, llevamos a portada una fotografía y unas declaraciones a nuestro diario de Inés Arrimadas, la candidata de Ciudadanos que al día siguiente ganó las elecciones catalanas, lo que da fe de la pertinencia de la información.

Explica que:
Del mismo modo, en ese ejemplar de la jornada de reflexión recogíamos las manifestaciones de la víspera de otros candidatos, incluido por supuesto el del PP. ABC destacó a Arrimadas en su portada por puro criterio informativo, pues era la única opción del constitucionalismo. Lo hicimos del mismo modo que un periódico catalán optó libremente por abrir con una entrevista con Iceta. Es revelador que nuestro colega no haya sido objeto de denuncia alguna del PP, lo que indica que el ataque a nuestro periódico responde al resentimiento del Partido Popular ante la crecida de Ciudadanos, formación que ha ido a más ante la inoperancia de los populares a la hora de defender a España con el vigor y celeridad que requería la sociedad española ante un golpe de Estado.

Le recuerda que al PP le vino de perlas la entrevista a María Dolores de Cospedal que en jornada de reflexión se publicó en las páginas de ABC:
Recurrir a un recoveco legal -obsoleto en la era de la internet- para coartar la libertad de expresión de ABC no está a la altura de lo que se espera del partido que hoy gobierna, y menos amenazar con una denuncia penal. Es notable también que no hubo queja alguna por parte del PP cuando con idéntico criterio de interés público divulgamos, también en jornada de reflexión, una entrevista con su secretaria general, entonces candidata en Castilla-La Mancha.

Y deja bien a las claras que no va a dejarse mangonear por ninguna formación:
ABC es un periódico que en unos días cumplirá 115 años. Nuestra cabecera se orienta por unos valores que comparte con sus lectores: una ideología de centro-derecha, el liberalismo, la moral cristiana y la defensa de la unidad de España y los principios democráticos y constitucionales de la nación. ABC no se rige por afinidades personales, no se pliega al Rajoy o al Rivera de turno, sino que actúa a tenor de sus principios editoriales. Que el Partido Popular pida adhesiones inquebrantables y pretenda mutilar la libre opinión y expresión del gran periódico conservador español, consagrada en el artículo 20 de la Constitución, retrata la situación intelectual y ética de esa formación.

‘ES URGENTE’
La solución de Santiago Abascal para la situación en Cataluña, en un minuto
La Gaceta  23 Diciembre 2017

El líder de VOX, Santiago Abascal, ha calificado los resultados de las elecciones autonómicas catalanas celebradas este jueves como “una mala noticia para España”.

Cree que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con la presión del PSOE y de Ciudadanos, “ha malgastado el artículo 155 de la Constitución con la convocatoria precipitada e irresponsable” de unos comicios que han sido convertidos por los separatistas en “un plebiscito sobre la unidad de España“ y ha añadido que “Rajoy se ha jugado la unidad de España en una tómbola y ha perdido”.

En este sentido, cree que “tiene que asumir las responsabilidades por las decisiones que ha tomado” y eso solo nos puede conducir a “una convocatoria urgente de elecciones generarles tras un referéndum nacional para la recuperación de competencias de las autonomías que en manos de los separatistas nos ha traído hasta donde hoy estamos”. “Ahora es el momento de que hablemos los españoles, tenemos el deber y el derecho de hacerlo”, ha finalizado.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
Cs, un triunfo simbólico ante una amenaza real

Antonio Robles Libertad Digital 23 Diciembre 2017

Cs ha ganado las elecciones catalanas. El resto es derrota. El bloque separatista volverá a formar Gobierno con mayoría absoluta. Y esta vez con la soberbia de quien le ha perdido el respeto al Estado, a la ley, y al hundimiento económico de Cataluña.

Quienes confundieron los resultados de las elecciones catalanas con un pulso plebiscitario al separatismo se sienten abatidos. Es la consecuencia de quienes desconocen por completo la naturaleza del problema y cómo resolverlo. Si es que tal cosa es posible a estas alturas.

Algunos llevamos tantos años señalando el origen del mal, y cómo atajarlo, que desespera tanta sordera. ¿O llegaron a creer que, descabezando al grupo duro del separatismo, desaparecerían por encanto 40 años de adoctrinamiento en el odio a España? ¿Realmente llegaron a creer que aplicando un 155 light para convocar unas elecciones inmediatas sin antes limpiar la escuela de mercenarios del separatismo, sin antes despiojar TV3 de predicadores de la nación robada y oprimida, podría haber un escenario electoral neutral? ¿Acaso llegaron a creer que podrían ser vencidos sin antes convertir a los Mozos de Escuadra en una policía judicial, sin antes acabar con todas las subvenciones a medios y organizaciones activistas del independentismo, sin hacer una auditoría económica general del régimen del 3%, y sin combatir con medios intelectuales, científicos, económicos e históricos todas sus mentiras? ¿De verdad se llegaron a creer que podían acabar con su hegemonía moral, de la noche a la mañana, sin exponerse?

La ciudadanía nacionalista ha renunciado a juzgar a sus gobernantes. No le importa si han robado, si han hundido la economía, si han incumplido las leyes o han prostituido el lenguaje de la democracia. Como no le importa a un hooligan que su equipo gane en el último minuto de penalti injusto. Está en comunión con ellos, es tan corrupta como ellos, los resultados lo demuestran. Estaba advertida, sabía los límites de la ley, pero aun así votaron en manada con los procesados. 2.059.065, o sea, la misma cifra de siempre. Su capacidad de raciocinio y crítica con los propios no es mayor que la de un hooligan del Barça cuando su equipo se enfrenta al Madrid. Muerta la individualidad, inflamada la fe en la tribu, la sociedad nacionalista ha cambiado el concepto político de nación como conjunto de ciudadanos soberanos, por un rebaño sentimental acogido a sagrado y a salvo de sus fechorías en el Club Independentista de Cataluña.

El escenario que produjo espanto a las 3.000 empresas que han cambiado su sede social ha empeorado y acelerará la estampida. No solo de empresas. Hay miles de personas que temen lo peor, y se irán en un goteo interminable. Y eso no es lo peor. Lo peor será la actitud de los nacionalistas. Su lectura podrá parecer puro desvarío, pero no les espantará tal escenario, muy al contrario, verán una oportunidad para deshacerse de miles de votos que les impiden ser mayoría suficiente. Para ello trabajan hace años. Estos procesos solo acaban cuando el daño es irreparable. Y de momento viven de ello.

Por lo demás, los resultados nos han desvelado el fin de una leyenda: la mayor participación no era el granero callado de los constitucionalistas, sino un indicio trasversal del miedo que está provocando la ruptura social en Cataluña. Una prueba más de lo generalizada que es la infección nacionalista. Y de paso han confirmado el talón de Aquiles del independentismo: ha llegado a su techo, en esta ocasión, con una tendencia a perder electorado. Ha bajado un 0,3% respecto a las elecciones de 2015 y 2 diputados, mientras el constitucionalismo ha ganado 6 diputados y aumentado un 4,4 %. Aun así, el independentismo (JxCat, ERC, y CUP) suma 2.059.065 votos, o sea, 176.585 más que el constitucionalismo (Cs, PSC y PPC), con 1.882.480. Dejo en tierra de nadie a CatCP, los confederados plurinacionales de Colau y Pablo Iglesias (8 diputados. Pierde 3 de 11). En caída libre. España lo agradecerá.

Por fin unas elecciones nos impedirán seguir buscando coartadas para no hacer lo que se debería haber hecho y sigue siendo necesario hacer.

Cataluña vota en contra de su prosperidad

EDITORIAL Libertad Digital 23 Diciembre 2017

El hecho de que el bloque separatista haya revalidado su mayoría absoluta en las elecciones regionales del 21-D garantiza el mantenimiento de la inestabilidad y la incertidumbre en Cataluña, con todo lo que ello supone en materia económica. Es evidente que el voto de los separatistas evidencia que buena parte de la sociedad catalana no responde a criterios economicistas ni pragmáticos, ya que poco o nada les importa el declive al que, por desgracia, está condenada esta región por culpa de la sinrazón nacionalista.

Cataluña se ha embarcado en un desastroso y destructivo proyecto de carácter sectario, racista y excluyente, cuyo único fin es alcanzar la ansiada segregación del resto de España y, como consecuencia, también de Europa, sea al coste que sea. Da igual que por el camino se empobrezca una de las regiones más ricas de España o que, una vez logrado el objetivo, el conjunto de los catalanes sean expulsados de la UE y del euro para, a cambio, estar gobernados por una élite política profundamente corrupta, liberticida y radical cuya única obsesión es mantenerse en el poder, tras más de 30 años de hegemonía indiscutible al frente de la Generalidad. Solo así se puede entender que, tras la grave factura social y económica que ha dejado tras de sí el procés, los independentistas hayan sacado 200.000 votos más que la suma de Ciudadanos, PSOE y PP, hasta el punto se conseguir incluso 50.000 votos más que en los comicios autonómicos de 2015.

El clima de inseguridad jurídica que ha causado el separatismo tras la celebración del referéndum ilegal del 1-O se ha cobrado, hasta el momento, la fuga de más de 3.000 empresas, muchas de ellas grandes y medianas compañías que vertebran, en gran medida, la estructura productiva de Cataluña; un fuerte retroceso en la llegada de turistas; la ralentización del mercado de la vivienda; la caída del comercio y del consumo; una preocupante paralización de inversiones foráneas y el mayor aumento del paro desde 2009. Y todo ello en tan solo los meses de octubre y noviembre.

Como consecuencia, la economía catalana, que hasta ahora lideraba el crecimiento del PIB a nivel regional, con un avance superior al 3% interanual, pasará a crecer la mitad el próximo año, situándose así a la cola de las CCAA, según las previsiones de las mayoría de analistas. El problema, sin embargo, es que, en caso de agravarse la inestabilidad, cosa que está garantizada si Puigdemont revalida el cargo, la economía catalana acelerará su marcha hacia el precipicio, de modo que no se puede descartar una posible recaída en la recesión.

Los separatistas no votan ni con la cabeza ni con el bolsillo, sino con las entrañas del odio irracional que han inoculado en la sociedad sus líderes políticos tras años de manipulación informativa y adoctrinamiento ideológico en las escuelas, sin que el Estado, por cierto, haga nada para impedirlo.

El largo camino a la normalidad (1)

Vicente A. C. M. Periodista Digital 23 Diciembre 2017

SE OLVIDA LO IMPORTANTE Y LA IMPORTANCIA DE LA VICTORIA DE CIUDADANOS. LA MACROCAUSA DEL GOLPE DE ESTADO AVANZA SOLO EN IMPUTACIONES.

Ayer fue el día de resaca de la tensa jornada electoral del ya marcado 21 de diciembre tras una noche de euforia de los partidos ganadores y el lamento plañidero de los grandes derrotados, COMU-PODEM, la CUP y el PPC. Un día que tuvo su sordina con la popular retransmisión y seguimiento del sorteo de Navidad de la Lotería Nacional. Se cumple el viejo dicho de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. Y es que los ciudadanos estamos ya hartos de este interminable culebrón de Cataluña y la lucha entre capuletos y montescos por imponerse. Pero aquí no hay una pareja de enamorados tipo Romeo y Julieta de Shakespeare con una historia de amor imposible, por mucho amor que predique Oriol Junqueras. La realidad es que estamos ante una sociedad fuertemente dividida y enfrentada por culpa de la labor de zapa de adoctrinamiento de las generaciones de catalanes del nacionalismo secesionista de una derecha burguesa corrupta, como era la que lideraban personajes como Jordi Pujol, junto al auge del radicalismo de una izquierda enraizada en el terrorismo de Terra Lliure y la aparición de grupos antisistema y la connivencia de los Gobiernos de España en una actitud de no injerencia y abandono de aquellos españoles que se han visto sojuzgados y reprimidos en sus derechos por este independentismo.

Y la palabra que vuelve a resurgir con fuerza es la de “diálogo” (diàleg en catalán) que en la RAE entre las definiciones contempla la de “Discusión o trato en busca de avenencia”. Pero también contempla diferentes matices como “de besugos “o “de sordos”, por incoherentes en el contenido o por la nula disposición a llegar a acuerdos. Es entonces cuando adquiere su perverso significado que encierra la verdadera intención de quien lo exige desde una posición de intransigencia. Lo que se conoce como claudicación o rendición incondicional del contrario tras esgrimir una victoria aplastante. Y es ese diálogo el que reclama a Mariano Rajoy el fugitivo de la Justicia y cabeza de cartel de la formación Junts per Cataluñya, Carles Puigdemont, desde su refugio en Bélgica. Y esto lo hace en la creencia que podrá reeditarse el tripartito junto a ERC como fiel escudero y una CUP cuyo apoyo siempre estará condicionado a su mono idea de hacer efectiva la República independiente de Cataluña. Una idea que Puigdemont da ya por sentado al decir que “la república ya está proclamada”.

¿En qué quedamos? ¿Está proclamada ya, o solo fue una especie de declaración virtual y simbólica? Lo primero que deberían hacer es aclararse sobre lo sucedido, ya que la opinión de los jueces, sobre todo el del Tribunal Supremo que lleva ya la mayoría de las causas del golpe de Estado, es la de que se produjo una ilegal e inconstitucional violación de la legalidad. En un plan dicharachero, Carles Puigdemont dijo cosas tan tabernarias como que “España tiene un pollo de cojones” y que el resultado de las elecciones hay que interpretarlo como “Rajoy pierde y los independentistas ganan”, cuando el que ha ganado las elecciones con 1.100.000 votos ha sido CIUDADANOS e Inés Arrimadas a los que interesada e hipócritamente ignoran. Es como decir que el Real Madrid no es el máximo Campeón de la Champions League porque la coalición Bayern de Munich, Manchester City, Barcelona suman más copas. Una pataleta de mal perdedor.

Porque lo que es anti natura es precisamente esa coalición de la derecha burguesa catalana más corrupta incrustada en la antigua Convergencia Democrática de Cataluña, con una izquierda extrema y radical como es la que representan ERC y la CUP. Una coalición basada exclusivamente en la confluencia de intereses en independizarse de España y crear una República, pero con muy diferente concepción de si será realmente democrática o tipo soviético. Y la verdad es que conociendo a los de la CUP y algunos de los de ERC, me inclino a pensar que optarían por la pro soviética que de ética no tiene nada y el viejo eslogan de la lucha de clases, el soviet asambleario y el partido y pensamiento único. ¿Hay algo más esperpéntico? Y es una verdad indiscutible el que este tipo de alianzas temporales de conveniencia se han producido a lo largo de toda la historia aplicando aquello de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Lo que resulta sorprendente es la actitud de ERC que se ha sumado a apoyar el retorno del fugitivo de la Justicia Carles Puigdemont y reconocerle como el Presidente del Gobierno de la Generalidad, sin esperar a que su candidato cabeza de cartel y líder amado Oriol Junqueras logre sortear a la Justicia de sus pecadillos de rebelión, sedición y malversación que le pueden llevar a la inhabilitación y a prisión por unos cuantos años.

Bueno, todo eso siempre que esa Justicia, cuya cabeza visible actual es la del juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena, permita que los candidatos sigan libremente ejerciendo como si con ellos la causa judicial no tuviera nada que ver. El caso es que esta macro causa que lleva este juez, lejos de avanzar hacia el cierre de la Instrucción, avanza en las imputaciones abriendo el abanico de los investigados como responsables e instigadores del proceso de rebelión y sedición, o sea del golpe de Estado. Entre los nuevos encausados citados a declarar por el juez Llarena se encuentran personajes como Marta Rovira (ERC), Artur Mas (PDeCAT), Anna Gabriel (CUP), Marta Pascal (PDeCAT), Mireia Boyá (CUP) y Neus Lloveras (presidenta Asociación de Municipios por la Independencia). Por su parte, la Fiscalía del TS ha solicitado que se cite a Josep Lluis Trapero (exMayor de los Mossos cuya causa lleva la jueza de la AN Carmen Lamela) y a Josep María Jové (exSecretario General de Vicepresidencia) aún no encausado.

La sorpresa de los nuevos encausados, como la que mostró Marta Rovira, se hizo patente cuando acusó a la Justicia de haber filtrado el Auto a los medios de comunicación antes de comunicárselo a los afectados por la citación. Y la verdad dudo mucho que el juez haya sido tan torpe de incurrir en un burdo error de procedimiento permitiendo esa filtración que pondría en duda sus actuaciones bajo la sospecha de no ser independientes. Y aquí se puede entrar si es que Mariano Rajoy sigue delegando en los jueces su responsabilidad en la resolución del conflicto separatista en Cataluña. Y es verdad que este grave delito del golpe de Estado, con el esperpento de los fugados, debe ser sancionado por quien tiene potestad para ello, que es el Tribunal Supremo de España. Pero eso no excluye el que, en paralelo, se mantenga el orden constitucional con acciones de Gobierno. Y esas son responsabilidad exclusiva del Gobierno y del Parlamento de España, Congreso y Senado. Mariano Rajoy no puede eludir esa responsabilidad y no debe permitir que continúe con total impunidad el desafío de los golpistas, cuya cabeza visible sigue siendo el fugitivo Carles Puigdemont.

Y algo sigue fallando en la comunicación con el exterior cuando todos los medios de información sin excepción, han recogido los resultados de las elecciones autonómicas en Cataluña como una suerte de plebiscito, donde el ganador es el independentismo y el perdedor Mariano Rajoy Y además sin mencionar en ningún momento el triunfo histórico de CIUDADANOS superando el millón de votos. Y es que tras una participación del 82% del censo, que técnicamente se considera como plena, ya nadie podrá seguir aludiendo a esa “mayoría silenciosa” que dejó de serlo en las dos manifestaciones multitudinarias en Barcelona y ahora en su participación en las elecciones. El Gobierno sigue mudo y paralizado en su acción de comunicación mediática permitiendo que los enemigos de España marquen la agenda y se atrevan a exigir ese diálogo que traté antes. Una vergüenza y una torpeza inadmisibles en quien tiene la responsabilidad de defender el Estado de Derecho en todos los frentes. Una vez más este Gobierno de España de Mariano Rajoy se muestra incapaz y absolutamente incompetente en algo tan crucial como es la comunicación. Y así tiene la batalla perdida de antemano.

No sé si la repentina designación como representante en la ONU de Jorge Moragás, cesando en su cargo de Jefe de Gabinete de Presidencia, tendrá algo que ver con lo anterior y el hundimiento del PPC en Cataluña. Desde luego hay muchas cosas que se han hecho muy mal, pero esos errores terminamos por pagarlos todos los españoles. Y eso debe tener una respuesta política y una auto crítica pública y notoria y no lavar los trapos sucios en casa como si nada hubiera pasado. Es la hora de plantearse si este Gobierno está dispuesto a mantener el orden constitucional o seguirá cediendo a las presiones de otros, a los que puede que se sumen los socios de la UE. Carles Puigdemont ha triunfado en internacionalizar el conflicto y poner a los medios de comunicación extranjeros de su parte. Y como dice mi paisano Federico Trillo: “Manda huevos” y aquí sí que tenemos “un pollo de cojones”.

Nos queda un mundo de días angustiosos y de incertidumbre que nos pueden llevar a una involución en la precaria recuperación que hemos emprendido. La lucha de egos y las posiciones encontradas como la manifestada ya por Pedro Sánchez, no auguran nada bueno. habrá que estar muy atentos a ver cómo se van desarrollando los acontecimientos.

¡Que pasen un buen día!

Variantes sobre los perdedores
Marcello republica 23 Diciembre 2017

Hay muchas maneras de valorar los resultados del 21-D en Cataluña y tiene razón Puigdemont, que está absolutamente enloquecido, cuando dice que ‘España tiene un pollo de cojones’. Es verdad pero él tiene ante sus narices un horizonte penal de larga duración y por ello no podrá volver a presidir la Generalitat. Y si viene a España entrará en prisión y cuando llegue el juicio será condenado a varios años de cárcel y quedará inhabilitado por mucho tiempo y hasta que las ranas críen pelos y los escarabajos plumas.

Y entonces ¿de qué se ríe este prófugo y delincuente? Pues se ríe de que la Ley Electoral catalana -lo que tiene que cambiar el Parlamento español no es proporcional sino fraudulenta en provincias como Lérida y Gerona, y es sólo por eso por lo que los independentistas aún tienen mayoría de escaños en su conjunto pero no de votos.

Y de ahí también el meritorio triunfo de Arrimadas, en votos, escaños y contra el viento y la marea de la tramposa Ley Electoral catalana, similar a otras que también hay que cambiar como la nacional. Y si hace falta con una reforma constitucional y cuando antes mejor.

Puigdemont está como un cencerro y canta excelencias de una Republica catalana que no existe y dice que la mayoría de diputados que apoyan la independencia han derrotado a ‘la monarquía del 155’. Lo que no es así porque el españolismo constitucional ha ganado las elecciones en votos con el 52,5 % frente al 47,5 % de los secesionistas, luego parece claro que la mayoría de los catalanes han dicho ‘no’ a la independencia y ‘si’ al 155.

De manera que menos lobos porque la Caperucita Arrimadas ha sido sin lugar a dudas la verdadera triunfadora de las elecciones del 21-D.

Y dicho esto vamos a repasar la lista de los derrotados:
-Rajoy, Albiol y PP. El hundimiento del PP en Cataluña fue espectacular. De 11 escaños se han quedado en 3, y no suman el 5 % de los votos por lo que tendrán que ir al grupo mixto del Parlament en compañía de la CUP. Albiol, descortés con Arrimadas en la noche electoral, ya debía de haber presentado su dimisión. Y Rajoy, si España fuera una democracia de corte anglosajón y occidental debería abrir en el PP su sucesión en pos de unas elecciones generales anticipadas, porque la legislatura actual está acabada –por mas que el PNV le ofrezca un respiro a Rajoy- sobre todo si C´s corta amarras con el PP.

-También salen tocados el PSOE y el PSC. Iceta jugó con el indulto de los golpistas, se opuso al 155, pidió diálogo con los que ya están fuera de la ley y apostó, como Pedro Sánchez, por su proyecto federal de la tercera vía, plurinacional y de la declaración de Granada, que ahora está muerto. Se acabó el discurso federal del PSOE, porque el soberanismo ha consolidado sus 2.000.000 de votos y no piensa dar marcha atrás. Mientras en el seno del Partido Socialista y en su entorno crece la enfermedad o la epidemia de los socialdemócratas que afecta a las primeras naciones de la UE. Francia, Alemania, Italia y España.

-Los Comunes de Ada Colau y Pablo Iglesias también se han dado un buen batacazo, y de manera especial Domenech y en Barcelona lo que pone a Colau en difícil situación. Además no son la llave del nuevo gobierno de los independentistas porque la siguen teniendo en la CUP. A lo mas son la llave de repuesto en caso que la CUP apriete demasiado a PDeCAT y al PP.

Podemos ha jugado con el fuego secesionista, se ha quemado en Cataluña y pronto dejará de ser el tercer partido nacional, porque ese puesto será para C’s.

-La CUP ha perdido la mitad de sus escaños (de ocho pasa a cuatro) y miles de votantes y condiciona su apoyo al nuevo Gobierno secesionista a que la republica catalana, que no existe, siga enfrentándose con la realidad y con la Justicia. Su dirigente Ana Gabriel ya está imputada en el golpe de Estado lo que le ha causado gran alegría porque quería ser víctima con notoriedad.

-PDeCAT. Están como unas castañuelas porque han derrotado a ERC y los secesionistas aún tienen mayoría en el Parlament. Pero no tiene una nueva alternativa a Puigdemont que si viene a España entra de cabeza en prisión.

Y además, Artur Más que es el ‘elefante blanco’ del golpe catalán acaba de ser imputado por el Tribunal Supremo, y si Puigdemont sigue huido y Mas empitonado por la Justicia, ¿quién lidera el PDeCAT? Y ¿qué hará en los próximos meses el Gobierno secesionista, cercado por las líneas rojas de la Ley, bajo la amenaza del 155 y en plena fuga de empresas -que aumentará- y de inversores que no volverán? Menudo panorama le espera al futuro presidente de la Generalitat (que no puede ser Puigdemont) bajo la atenta mirada de la Justicia y en medio del caos económico y social.

-ERC. Junqueras pensaba ganar las elecciones, reprochó a Puigdemont su fuga y al final se quedó tercero y sin perspectiva de salir de prisión, lo que no será posible hasta que se culmine la instrucción del sumario y hasta que regrese Puigdemont. Además a su pupila Marta Rovira la acaba de imputar el juez instructor del Supremo, con lo que, a igual que ocurre en PDeCAT la pregunta es sencilla ¿quien manda en ERC.

Y luego otro dato que no conviene descartar: ¿qué pasará con los escaños de Sánchez, Junqueras y de Puigdemont, si no dimiten para que otro los pueda sustituir a los partidos los partidos soberanistas les faltaría un voto para la investidura de no sabemos quién.

Cuando falla el diagnóstico, la terapia nunca puede acertar
La estrategia y la campaña, en caliente y con las heridas abiertas, han sido vistas como agresiones por una parte importante de catalanes que se ha movilizado
Fernando Garea elconfidencial 23 Diciembre 2017

Si las elecciones catalanas del 21-D se hubieran celebrado en Valladolid, con toda seguridad habrían ganado los constitucionalistas, quizás encabezados por el PP, y los partidos independentistas de Cataluña hubieran sido extraparlamentarios. La estrategia de Mariano Rajoy se hubiera contrastado como acertada y el presidente del Gobierno viviría hoy otro día feliz.

El pequeño detalle que le ha fallado es que las elecciones se celebraron en Cataluña. No lo tuvo en cuenta en el diagnóstico, en la terapia y las medidas a adoptar, en la urgencia de unas elecciones en caliente y con las heridas muy abiertas y, mucho antes, en la manera de abordar el asunto durante años, porque retrasar las decisiones a veces empeora la situación. Se creyó que en dos meses se diluiría la mayoría parlamentaria independentista y muchos le acompañaron en esa ilusión.

Si las elecciones no se hubieran celebrado en Cataluña, los electores habrían acudido a las urnas con el convencimiento de que el Gobierno, de forma legítima, actuó el 1 de octubre para impedir que se cometiera una ilegalidad. Habrían tenido claro que los políticos presos lo están por haberse saltado la ley y por haber hecho caso omiso a decisiones judiciales y a informes jurídicos de la Generalitat y el Parlament.

Los votantes habrían sido conscientes de que el expresidente de la comunidad ha huido de la Justicia y ha eludido su responsabilidad, mientras otros están en la cárcel.

Puigdemont: "La República catalana ha ganado a la Monarquía del 155".

Si se hubiera votado fuera de Cataluña se entendería como normal que La Moncloa fuera el convocante de las elecciones, en virtud del artículo 155 de la Constitución.

No habría pegas a que uno de los argumentos de campaña fuera cuestionar todo el sistema educativo, porque fuera de Cataluña no hay problema para que se hable de adoctrinamiento en las escuelas catalanas. El constitucionalismo hubiera arrasado.

El problema para Rajoy es que votaban los catalanes, lo hacían con las heridas en carne viva y con una perspectiva diferente en gran parte de su población. Hay unos dos millones de personas que creen que hay una intervención ilegítima en su comunidad, que los políticos encarcelados lo están injustamente y que su 'president' legítimo vive en el exilio. Consideran también que tienen un modelo educativo que es pacífico y admitido en la sociedad y viven como una agresión que se cuestione. No les afecta en su sentimiento ni en su voto que se insista desde el Gobierno en el apocalipsis económico que se avecina ni que se ponga un contador para ver en tiempo real cuántas empresas se marchan.

Se puede estar de acuerdo o no con esa visión de dos millones de catalanes, puede parecer disparatada esa impresión o influida por medios de comunicación y un sistema educativo que les adoctrina, pero, si se aplica una estrategia política para Cataluña es necesario tener en cuenta que esa realidad existe, que los que van a votar no son los de Valladolid, Almería o Soria. Que el problema principal no son las noticias falsas sino la realidad. Que alguna responsabilidad y explicación debe alguien sobre los errores del 1-O.

Que no es conveniente hacer una campaña electoral en la que se hable de "descabezar" a su líderes, de "desinfectar" o de poner "personas normales" al frente de sus medios de comunicación públicos. Si falla el diagnóstico, falla siempre la terapia. Y según qué tratamiento se aplica puede hacer sangrar aún más heridas.

Sobre todo porque las elecciones del 21-D pretendían ser parte de la solución y no debían servir para reestablecer la situación previa, pero con heridas nuevas y abiertas.

No hubiera estado de más tampoco tener en cuenta los precedentes. Que cuando en 2001 Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros se veían ganadores de las elecciones en el País Vasco, con apoyo de todos los medios españoles, el nacionalismo se movilizó frente al "adversario exterior" y venció. Entonces, como ahora, fallaron la perspectiva de quien diseñó la estrategia y la campaña y el diagnóstico.

En términos bélicos o de pelea, casi siempre tiene las de ganar el que puede hacerse la víctima con un adversario exterior.

Una nueva mayoría española
CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO El Mundo 23 Diciembre 2017

El 10 de octubre de 2006, Xavier García Albiol me protegió de una lluvia de piedras y huevos a las puertas del Centro Cultural de Martorell. Habíamos acudido juntos a un mitin de Ángel Acebes y Josep Piqué -por entonces, respectivamente, secretario general del Partido Popular y líder del partido en Cataluña- y a la salida nos encontramos con que unos 90 energúmenos nacionalistas bloqueaban la puerta. Impresionada, incluso fascinada -mi bautismo en la violencia política-, pegué la nariz al cristal. Un grupo de niños, vocecitas de San Ildefonso, gritaban desquiciados: "¡Fascistas, fascistas!". A su lado, jaleándoles, el simpático líder de las Juventudes Socialistas del lugar. Durante algo más de una hora esperamos que llegaran refuerzos policiales. Pero los Mossos ya eran los Mossos y además gobernaba José Luis Rodríguez Zapatero. Un escolta nos sugirió huir por la puerta de atrás, pero Acebes se negó y encaramos el pelotón. Albiol, dos metros, voluntarioso y valiente, fue nuestro escudo humano. Se llevó varios golpes y también dio alguno, lo que motivó que la izquierda y el nacionalismo en bloque exigieran, escandalizadísimos, su cabeza. Lo típico: la víctima convertida en agresor.

Recordé aquel día y aquella lluvia mientras caían los resultados electorales del PP. Qué absurdo pedir la dimisión de Albiol, pensé, cuando nunca pecó de pusilánime y cuando la política sobre Cataluña ha sido diseñada y dirigida desde la atalaya de La Moncloa. Pero, sobre todo, qué ridícula su propia reacción. Este pobre tuit: "Hoy los resultados serían distintos si no hubiese habido ese empeño por parte de Ciudadanos y cía. de hundir al PP para ganar, en lugar de sumar". Al rato, el portavoz Rafael Hernando reincidía en la consigna: "Si Arrimadas ha ganado las elecciones lo lógico es que pueda formar gobierno. Si no de qué ha servido el campañón contra el PP. ¿Todo para nada?". Pocos espectáculos más desasosegantes que un dirigente político aferrado a una teoría de la conspiración. Por lo que revela sobre su capacidad de análisis. Y sobre todo por lo que sugiere respecto a su futuro.

Nadie ha hecho más para hundir al PP en Cataluña que el PP. Da hasta pudor repasar la lista de errores cometidos en los últimos años. Y yo me reprimiré. Sólo diré que nunca una debacle fue más previsible ni tuvo más amigos que la pronosticaran. Y que sus consecuencias serán graves. Las elecciones catalanas del 21 de diciembre son para el PP lo que fueron las elecciones andaluzas del 23 de mayo de 1982 para UCD: la evidencia sangrante de que el partido ha perdido su utilidad social. Cataluña no es una comunidad cualquiera. Es el lugar de España donde hoy más dramáticamente se libra la batalla entre la democracia y sus enemigos, entre la razón y la reacción. Y sus ciudadanos han dicho que no consideran al PP, ¡el partido del Gobierno!, un instrumento útil para este crucial desafío. La pregunta es inevitable: ¿Y entonces para qué sirve?

El presidente Rajoy minimizó ayer la fuerza de Ciudadanos en el resto de España y recordó los resultados de las dos últimas elecciones generales. Es cierto que las extrapolaciones son pura materia tertuliana. Y que las expectativas nacionales sobre Ciudadanos han resultado hasta ahora exageradas. Sin embargo, el presidente obvia un dato fundamental. Ciudadanos, de nacimiento heroico y adolescencia dispersa, está madurando. Reconciliándose con sus orígenes, digamos. Ha aprendido de sus errores de 2015, cuando en lugar de situar el eje del debate entre demócratas y nacionalpopulistas lo hizo entre viejos y jóvenes. Aquel colegueo con Pablo Iglesias, con Évole de tutor. Aquella liviandad de márketing: "Hablar de nacionalismo nos escora hacia la derecha".

En el PP protestan que hasta el pasado mes de septiembre Albert Rivera abjuraba del artículo 155. Y es verdad. La propia Inés Arrimadas se oponía a su aplicación con el argumento rasante de que "perjudicaría a los catalanes". Pero llegó octubre, con su golpe, su rey y sus dos manifestaciones, y todo cambió. Por oportunismo o porque de pronto reabrió los ojos, Ciudadanos ha asumido, y reivindicado, y ejercido una idea que en España tiene pocos precedentes y cada vez más partidarios: lo moral es lo eficaz. Es una idea emocionante y más fácil de poner en práctica de lo que la estúpida tiranía de la corrección política ha hecho creer. La superficie, la costra vieja, se resiste. Pero debajo hay una corriente que empuja, optimista. Cuarenta años de nacionalismo habrán convertido a dos millones de individuos en autómatas xenófobos, entregados a la anti-lógica del morir matando. Pero cuarenta años de Constitución también han dejado huella, y es benéfica. Hoy un murciano no acepta sin más la condición de ciudadano de segunda. Hoy el primer partido catalán rechaza los privilegios, promueve la solidaridad y se envuelve en la bandera española como símbolo de libertad. El día que el líder del PP vasco, Alfonso Alonso, defendió el Cupo entre ataques a Ciudadanos -lo acusó de hacer "nacionalismo a la inversa"-, el monitor del PP exhibió una línea plana y empezó a emitir pitidos. Ya no se puede hablar de una división del centro-derecha. Ha comenzado el proceso de sustitución.

El presidente del Gobierno no va a convocar elecciones generales. Pedirle que lo haga es un homenaje a la melancolía. Pero quizá también un acto de responsabilidad: por pedir que no quede y, sobre todo, que por mí no quede. España necesita una nueva mayoría política. Emancipada del nacionalismo. Lúcida, consciente y movilizada. Dispuesta a encarar sin hipotecas y con el máximo aval popular la etapa abierta por las elecciones catalanas. Esta nueva etapa ya no estará definida por la unilateralidad ni por la revolución ni por el ataque frontal a la legalidad, sino por una propuesta aviesa, todavía más difícil de combatir. Lo anticipó hace unos días el lehendakariUrkullu, referente de la moderación, según el Madrid gagá. Ante el Partido Demócrata Europeo reunido en Roma, reclamó solemnemente a la Unión Europea que elabore una "Directiva de Claridad" que ofrezca a "las naciones sin Estado, como Cataluña y Euskadi, un cauce legal para poder consultar a la ciudadanía con garantías". Es la trampa canadiense, el referéndum pactado, la Constitución vaciada, el territorio donde se congregarán, felices y seguros de sí mismos, todos los colores del arcoíris antiespañol: los identitaristas, los tácticos, los equidistantes, los coquetos, los editorialistas anglo-condescendientes, algunas cancillerías europeas y por supuesto las retroizquierdas de Zapatero. Enfrente, la mayoría de los españoles. Sí, la mayoría. Millones de ciudadanos españoles que piensan distinto sobre muchas cosas pero lo mismo sobre lo esencial: España es un vínculo vivo y su defensa es una prueba de civilización. Y ahí estarán también millones de ciudadanos europeos, que comparten con nosotros el compromiso de combatir las ideas malignas que sembraron nuestro continente de odio y de muerte. A los europeos nos espera una batalla épica contra el nacionalismo. Y España tiene la capacidad y el deber de encabezarla. Promovamos un internacionalismo anti-xenófobo. Exijamos un liderazgo limpio, sometido sólo al imperio de las convicciones. Procuremos consolidar para España y para Europa un gran partido de ciudadanos.

EL ANÁLISIS DEL DÍA DESPUÉS
‘El presidente ha permitido legitimarse a los independentistas’
Rosalina Moreno gaceta.es 23 Diciembre 2017

Personalidades de diferentes ámbitos analizan en ‘La Gaceta’ el resultado de las elecciones catalanas, en las que Ciudadanos ha ganado 37 escaños pero el separatismo mantiene la absoluta.

Javier Ortega Smith, secretario general de VOX: Se ha confirmado lo que muchos veníamos anunciando. Estas elecciones, convocadas por Mariano Rajoy, han sido un auténtico error. Se ha permitido a los golpistas legitimar el golpe de Estado, blanquearse en las elecciones. Ahora todavía va a ser más difícil desacreditarlos. Lamentablemente ayer perdió España otra vez, perdió el Estado nacional, y el Estado de derecho. Desde VOX vamos a seguir peleando desde la acusación popular y desde nuestra posición política para que se recupere el terreno perdido. Vamos a intentar como primera medida urgente el hecho de que no puedan llegar a tomar posesión, de que el juez Llarena no les permita permisos carcelarios. Y, por supuesto, que los que están fugados, en el momento en el que pisen la frontera, sean inmediatamente detenidos e ingresen en prisión. Desde el punto de vista político vamos a seguir denunciando que algunos por egoísmo, bien desde el Gobierno o desde Cs o del PSOE, han primado sus intereses electorales a costa de poner en riesgo en una absurda ruleta rusa o ruleta española la unidad de España. Ahora los golpistas se creen más fuertes, más legitimados y esto se lo han regalado quienes de una manera absolutamente irresponsable, PP, PSOE y C’s, han convocado unas elecciones autonómicas sin dar tiempo a una aplicación rigurosa, que era lo que nosotros pedíamos de la intervención del artículo 155, especialmente los medios de comunicación, en la Educación, y en el control de los Mossos. No se ha querido hacer. Y nos toca recuperar todo el terreno perdido, pero los españoles tienen que saber que VOX no se rinde jamás.

Francisco Caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana: Se ha consumado lo que era previsible. La no aplicación del 155 porque no se ha aplicado. Fue un disparate convocar estas elecciones, era absolutamente innecesario. El PP podría perfectamente, con independencia de lo que opinara el PSOE y Ciudadanos, haber aplicado con efectividad el 155.

Ahora estamos peor que antes. Ha convertido estas elecciones en un plebiscito. Es un obsequio de Rajoy al nacionalismo, un perjuicio gravísimo para los españoles que vivimos en Cataluña.

Las movilizaciones de la sociedad no se han traducido en las urnas. Ese es el grave problema español, de articulación de la sociedad de una nación. Esas dos grandes manifestaciones se han convertido simplemente en un desahogo de muchos años de estar sometidos gran parte de la población catalana, aquellos que hablamos castellano y no comulgamos con la ideología nacionalista, pero simplemente ha sido un desahogo. A la hora de la verdad la alta participación demuestra que evidentemente los controles políticos de los nacionalistas y pactos, el espectáculo al que hemos asistido, y la debilidad del Estado español ha sido y seguirá siendo pasmosa. Haciendo campaña unos delincuentes después de haber dado un golpe de Estado, les monta un plebiscito para que tengan la posibilidad de legitimarse.

Lo tendría que haber hecho es haber aplicado el 155. Ahora a Rajoy no le queda más remedio que dimitir y dejar la política porque es un necio políticamente hablando. Es un absoluto necio.

Julio Ariza, presidente del Grupo Intereconomía y director de La Gaceta: Lo que me preocupa, siempre me ha preocupado y hoy me preocupa más, es la defensa de los derechos y las libertades individuales de los que viven en Cataluña. Lo demás me parece menor, sinceramente. Fue un absoluto error convocar elecciones. Un completo error. Ayer Puigdemont lo primero que dijo fue que se mantiene en el delito de rebelión y sedición.

¿Por qué se ha aplicado el 155? Porque los que gobernaban en Cataluña han dado un golpe de Estado. Ahora resulta que Puigdemont planea volver tras haber dado un golpe de Estado y dice que se mantiene en sus trece.

El Gobierno no tiene que levantar el 155 mientras no acaten especialmente la Constitución y digan que no hay República catalana, y el PP debe refundarse. Es un disparate todo. No tengo palabras ya. La dimisión de Rajoy y de Soraya debería producirse hoy.

Alejo Vidal-Quadras, físico y político, y columnista en este diario: Ha habido un hecho determinante, que es que el partido más votado, que ha ganado las elecciones de manera clara y rotunda haya sido una formación constitucionalista. Esto no se había producido nunca desde que existe la autonomía catalana, desde hace tres décadas, y se puede calificar de histórico y cambia completamente el panorama social de Cataluña. Ya no es una fuerza nacionalista la que lidera, sino una fuerza comprometida con la Constitución, con la legalidad y con la unidad nacional. Para mí este es el que tiene más fuerza simbólica y que se proyecta sobre el resultado de estas elecciones.

Por otra parte, el PP desaparece. Pasa a ser irrelevante en Cataluña. Ya lo es en el País Vasco. Por tanto, la señal que envían estas elecciones al resto de España es que se produce un relevo en el centro y en el centro derecha donde el partido hasta hoy ejemónico en este sector social, que era el PP, es reemplazado por una nueva formación, Ciudadanos. Lo mismo que ha pasado en Francia. El partido de los republicanos ha sido sustituido por el del presidente Macron.

Los dos hechos fundamentales son estos: la gran victoria de un partido constitucionalista y el anuncio que hacen de que en el centro derecha español se produce un relevo de un partido antiguo, corrupto, sin ideas, sin convicciones por un nuevo partido de gente más joven, comprometida con sus convicciones.

Después, los nacionalistas, debido al sistema electoral catalán, tendrán una mayoría en escaños, pero no cabe duda de que el camino hacia la independencia o a la DUI está vetado porque ya sabemos que si lo vuelven a intentar, el Estado de derecho volverá a actuar.

El PP debe renovar su cúpula completamente y desaparecer Mariano, Soraya, Arenas y toda esta gente que está incinerada, y ser sustituidos por una generación de gente más joven, sin corruptelas, que tenga algún principio, como Pablo Casado. Una renovación completa, que además debería ir precedida de un congreso del partido en el que efectivamente el aparato no influyese y los militantes pudieran elegir. Si el PP no hace una operación quirúrgica de renovación total, está condenado a que le pase en España lo mismo que en el País Vasco.

Josep Bou, presidente de la plataforma Empresaris de Catalunya: Ha sido una oportunidad perdida para Cataluña y los catalanes. Los empresarios precisábamos y queríamos otro tipo de resultados que dieran más estabilidad política y jurídica, que no diera miedo a los mercados, pero es un suma y sigue. Entendemos que se va a poder configurar un gobierno independentista con la CUP y seguiremos en el camino de la zozobra.

Muchos querrán seguir con este proceso, que ha traído muchos problemas económicos y de convivencia en Cataluña. Nuestro llamamiento es que abandonen el camino del proceso separatista y que se puedan llegar a acuerdos con ellos dentro del marco legal. A ver si es posible. Lo que pasa es que nosotros los conocemos y tienen muy interiorizado esto de la República y todas esas cosas que andan por ahí pintando y, por tanto, nos mostramos un tanto inquietos y esto se va a traducir en que las empresas seguirán deslocalizándose. La zozobra y el malestar crecerá debido a que la incertidumbre existe.

Estamos en el punto de partida prácticamente. Parece que han cambiado muchas cosas, pero no ha cambiado casi nada. Solamente saber, aunque sea moralmente, que un partido constitucionalista ganen las elecciones, pero es una victoria sin alas, poco valdrá.

-¿Qué opina de que en Sant Sadurní d’Anoia, la capital del cava, haya barrido el independentismo?
Que por desgracia, en Cataluña, sobre todo el mundo secesionista, está votando muchísimo por un tema emotivo, de sentimientos, y no es capaz de reaccionar sobre que lo que interesa realmente es la economía, el empleo, el crecimiento, y todo eso va a quedar paralizado en estos momentos si el nacionalismo sigue con su ruta. Una parte del pueblo catalán ya ha abandonado el concepto del seny porque no tiene ninguna explicación lógica, deberían estar agradecidos a estas grandes empresas, que se han deslocalizado, pero que siguen manteniendo sus unidades de producción en Cataluña. ¿Quieren que se vayan y los dejen en el paro?

Xavier Horcajo, periodista y escritor, presentador de La Redacción abierta de la tarde, de Intereconomía: 2.021.000 catalanes siguen en la locura de la independencia y 1.847.000 suman todos los que no, los que están en la Constitución y quieren defender la unidad de España. Desde ese punto de vista, las elecciones han sido un solemne fracaso. Han servido para que veamos que los partidos independentistas siguen teniendo una mayoría de votos a pesar de la comedia de que han votado a un tipo que está fugado de la Justicia española, lo cual supone un desafío.

¿Qué pasará ahora? Que montarán gobierno los independentistas porque para eso se van a entender perfectísimamente. Se les puede plantear algún problema a la hora de votar la investidura si es que el Gobierno cumple, y la Justicia cumple y sigue manteniendo en la cárcel a los golpistas, a lo mejor tienen algún problema y alguien les tiene que prestar algún voto. No creo que tengan enormes dificultades para conseguirlo, de modo que esto va a producir muchísima frustración. La de todos los españoles que han salido a la calle dos veces y que ayer fueron a votar, que ahora se dan cuenta de que eso no ha servido de gran cosa. Ayer fue muy bonito ver a Arrimadas ser la más votada y la que más escaños sacaba, pero eso no sirve para nada. Cataluña sigue dividida, las empresas se seguirán marchando porque no ha cambiado nada y siguen amenazadas sus estructuras allí, el empleo, y el futuro de los catalanes sigue enormemente amenazado.

Esto es un error descomunal de Mariano Rajoy, que encima resulta que el PP ahora es un partido absolutamente irrelevante en Cataluña, como nunca de irrelevante. No se han hecho las reformas a tiempo, la ley electoral es una basura y el resultado es el que tenemos. A partir de ahora, con un gobierno revalidado de unos ‘indepes’ crecidos, que creen que siguen gozando de la confianza para cumplir un programa que por la República, que decía Trapero fuera, amnistía para todos y olvídense del delito es un disparate.

Ayer escuchábamos a Puigdemont decir que quería una disculpa del jefe del Estado, y continuará con el procés porque todo lo demás les da igual. Y eso es un estado de enajenación que comparten más de 2 millones de catalanes, ayer lo demostraron.

RECONOCIMIENTO DE DOLÇA CATALUÑA
21D: El premonitorio artículo de Javier Barraycoa
La Gaceta  23 Diciembre 2017

Dolça Catalunya se hace eco del artículo de nuestro colaborador Javier Barraycoa, al que califica de “el mejor analista del nacionalismo”. A continuación reproducimos el texto íntegro.

Un yugo que se ha ido larvando durante demasiadas décadas y que sólo se ha manifestado con su omnipotencia supremacista en los últimos cinco años. No obstante, el espejismo bajo el que marcharan los disciplinados votantes que se conforman que un “reequilibrio constitucional”, por obra y gracia de las milagrosas urnas (esta vez legales), es una ilusión propia de los ilusos.

Y eso que el llamado bloque “constitucionalista” conseguirá sacar del limbo de la comodísima abstención a muchos sufragistas. Pero ese voto llegará y marchará. No es de los que se queda para siempre.

En definitiva, la ilusión de los ilusos proviene de los mantras de los partidos constitucionalistas que quieren hacernos creer que en estas elecciones se decide todo, cuando en realidad -de facto- no se decide nada. Concediendo mucho al lector, afirmaremos que serán los pactos poselectorales –si es que se logran- los que dibujarán muy someramente una nueva pantalla en este interminable juego entre poderes e imaginarios que se está librando en esta agitada periferia de la marca hispánica.

Las razones para desilusionar a los ilusos son, a vuela pluma, las siguientes:
1.-Nos han hecho creer que el bloque constitucionalista lo componen partidos como el PSC o los Comunes, junto al PP y Ciudadanos. Craso error. PSC y Comunes son la perfecta expresión de una más que calculada ambigüedad, como la recién reconocida bisexualidad de Colau. Estos últimos no son constitucionalistas sino que su sueño es derrocar la Constitución, pero para ello lo quieren realizar desde el interior de la propia arquitectónica constitucional; y no desde fuera como pretenden los secesionistas radicales. Si contamos en puridad el constitucionalismo, el peso del voto de Ciudadanos y el PP en Cataluña, no pasará del 30% de sufragios. Triste para los ilusos con ilusiones, pero es así. Los sondeos no se pueden estirar más.

2.-Aunque Ciudadanos explosione en la recolección de votos, en ningún caso los partidos con representantes electos, permitirán un pacto por el que resulte elegida Inés Arrimadas como Presidente del Parlament. Y el primero en establecer esta línea roja ha sido Iceta, entre samba y mambo, ha dejado claro que sólo existen él y Narciso (que son lo mismo). El subidón de votos que le auguran las encuestas se ha escalado hasta su cabeza y cree que puede marcar las líneas maestras de la futura política catalana. Es probable, pero necesita demasiadas carambolas con los resultados globales que se auguran. Del PP mejor no hablar por que está apunto de experimentar el significado de la expresión “implosión final”.

3.-En el bloque independentista las aguas están también revueltas. Las líneas rojas son tantas que parecen esas redes de rayos láser que se encuentran los espías en las películas cuando quieren robar algo en un museo. No hay quien pase. Puigdemont quiere volver como Presidente, pero no regresará sin haber pasado primero por prisión cautelar. Esquerra no puede permitirse ceder la presidencia del gobierno regional, ante la ausencia de Junqueras, y darle oxígeno al PDeCAT para que resucite el partido-cadáver. Y entregarle el poder a Marta Rovira, superaría el surrealismo del rostro de Rossy de Palma. De la CUP mejor ni hablar. En el hipotético caso de una mayoría de escaños de los tres partidos explícitamente independentistas, y de que se pusieran de acuerdo en una investidura, Cataluña seguiría siendo ingobernable. ¿La razón? Que varios de los diputados elegidos deberían permanecer en prisión cautelar y, por tanto, no podrían ir a las sesiones parlamentarias. Con lo cual la aprobación de leyes se haría más que difícil.

4.-Por último queda el conejo de la chistera. Entre ERC, PSC y Comunes sumarían casi un 45% de votos y rozarían una mayoría parlamentaria suficiente si no enervan demasiado al PDeCAT y consiguen arrancarle apoyos puntuales. ¿Pero cómo conseguirlo con lo egos de los liderazgos nacionalistas subidos? El sainete catalán puede encontrarse con un futuro Parlamento regional incapaz de lograr un gobierno estable. Con un Puigdemont que aparezca de golpe o que nunca salga de su escondite; con un Junqueras imposibilitado para pisar el Parlament; con una CUP fagocitada por su facción más radical, “Endavant”, liderada desde la sombra por Anna Gabriel, aquí no hay quien gobierne.

Si hay estabilidad en el Parlamento regional de Cataluña, sólo será explicable por un pacto secreto con las fuerzas económicas, sociales y políticas reales del entramado de poder y no por el voto de los ciudadanos. El tripartito que hemos descrito sólo es posible que funcione si alguien desde “arriba” ordena que funcione.

¿El precio a pagar que exigirá ERC para evitar que su propio electorado le linche si forma este tripartito? Es más que previsible: un blindaje de la transferencia de la educación, de seguridad y medios públicos. Y por supuesto, una quita o trato de favor del Ministerio de Economía, para paliar el desastre económico en que nos ha dejado el nacionalismo.

Todo este hipotético y casi imposible equilibrio dependerá de factores como los egos personales; de si el nacionalismo se siente agraviado por algunas condenas en firme de algunos de sus líderes y decide romper la baraja o por una desestabilización del propio gobierno central. En fin, demasiadas variables para esperar que todo vaya a volver a la normalidad gracias a las urnas.

Cabe preguntarse si alguna vez ha existido la aplicación del 155, o simplemente nos han ofrecido un espectáculo de fuegos de artificio, mientras cambiaban el escenario político de una situación que ya se había vuelto inoperable. Pero pasadas las elecciones nos encontraremos de nuevo con la misma Cataluña, los mismos agentes políticos y esencialmente el mismo problema. Se ha liberado un poco de presión para evitar que la olla exprés explote, pero el agua sigue hirviendo. Y la ilusión de los ilusos pronto finiquitará cuando descubran que su voto no ha servido para mucho. Porque, a ver si lo aprendemos de una vez, al nacionalismo se le derrota trabajando día a día, no simplemente votando cada cuatro años.

La lengua y la culpa
Javier Orrico Periodista Digital  23 Diciembre 2017

A todos mis amigos catalanes, castellanohablantes y catalanohablantes, que llevan muchos años clamando por un bilingüismo que hoy vuelve a parecer una utopía.

Nadie habló de ella. De la lengua. Durante la campaña electoral de las elecciones de ayer, nadie se refirió a la inmersión lingüística, a la prohibición práctica de la lengua española en la enseñanza, en la Administración de la Generalitat, en las empresas públicas… hasta en la Iglesia. La lengua culpable no debe ser nombrada. El catalanismo ha conseguido que el dogma esencial de toda su estrategia política, “la única lengua de Cataluña es el catalán”, haya sido asumido, interiorizado, aceptado también por los castellanohablantes catalanes y, por supuesto, por el Gobierno central y las élites españolas, ese oxímoron, élite española, que hubiera dicho mi añorado amigo Pepe Perona.

Independientemente de los resultados de ayer, esa es la derrota: no haberse atrevido ni siquiera a hablar sobre el derecho a usar, estudiar o ser atendido en los servicios públicos en la lengua oficial que se desee. Es decir, lo mismo que siempre, y con toda razón, reclamaron los catalanohablantes antes de hacerse con el poder e instaurar su régimen. Un régimen fundamentado, precisamente, en el supremacismo de la lengua como metáfora y muralla del otro y verdadero supremacismo: el de la etnia y la clase, el que facilitó la utilización del dinero público para el enriquecimiento personal, la consolidación de la casta autóctona, el crecimiento del mundo empresarial afecto de los ocho apellidos catalanes y la construcción de un estado dentro del Estado preparado para escapar en cuanto alguien se atreviera a olfatear siquiera su podredumbre.

Cataluña vive sobre una ficción y una esquizofrenia, pero a sus amos no les importa. Al contrario, son los que han redactado y justificado una ficción esquizoide semejante a la que aducen haber sufrido durante el franquismo: la de una comunidad bilingüe en la que una de sus dos lenguas ha sido excluida, ocultada, condenada por impura y extraña, negando con descarada manipulación de la historia el hecho de que hace quinientos años que se usa como lengua de cultura, literaria y de prestigio, y que es mayoritaria en sus ciudades desde hace un siglo.

Pero para negarlo inventaron esa curiosa fórmula de la lengua propia, lo que suponía la existencia de una lengua impropia. Y no, las lenguas no son -aunque la fascinación germánica del catalanismo lo sostenga- más que sistemas de comunicación que pertenecen a quienes las hablan y duran mientras ellos quieran. Hoy, en Cataluña, la lengua materna mayoritaria es el castellano, un 54%, mientras los catalanohablantes maternos sólo constituyen el 36%, aunque algunos datos hablan ya del 31%. El resto usan árabe, bereber, ruso, chino y la tira, pero tienen también mayoritariamente como lengua de intercambio el español, un idioma que nació para eso, como criollo entre distintos, como Koiné peninsular.

¿Cuál es la razón, entonces, para que no se aplique en la vida oficial y en la enseñanza lo que es normal en la calle, como decía Adolfo Suárez? Obvio: que si el catalán (y los apellidos que conlleva) dejara de ser el filtro de acceso a la casta, pondría en peligro la muralla construida, cínicamente en nombre de la democracia, contra la democracia verdadera que sólo llegará el día en que cualquiera, en la lengua que desee, sin tener que adaptar ni su nombre ni sus apellidos, pueda alcanzar la cumbre social sin haber pagado en el camino todos los peajes de adhesión al catalanismo que hoy se exigen.

Es decir, el día en que se acepte que el español es tan lengua de Cataluña como el catalán, y que sus hablantes tienen los mismos derechos. Porque es de eso de lo que estamos hablando, de la igualdad de derechos, sin la cual hablar de democracia es un sarcasmo. Supremacista.

El bilingüismo obligatorio como origen del problema

Nota del Editor 23 Diciembre 2017

Muchos caen en el sempiterno fallo de querer perdonar a otros el deber de conocer el español. En cuanto haya alguien que tenga derecho a ser atendido en su lengua regional, aparece la discriminación contra los español hablantes.

LOS PEORES DATOS EN 15 AÑOS
Pánico empresarial en Cataluña
M.B elsemanaldigital 23 Diciembre 2017

Nunca en 15 años las ampliaciones de capital de las empresas catalanas habían sido tan modestas. El espanto económico que provoca el procés se cobra así otra víctimas. Y van muchas.

Más de 3.000 empresas han cambiado su sede social o fiscal por el 'procés' desde octubre, mudándose desde Cataluña a Valencia, Alicante, Zaragoza o Madrid, entre otros destinos. El pánico económico provocado por el independentismo no se limita a ese dato, hay muchos más: la caída del turismo, la disminución de ventas al resto de España, el hundimiento del pequeño comercio, el mal dato del paro o el bajón de reservas hoteleras atestiguan el impacto negativo del desafío soberanista.

Los estragos económicos del procés hacen retroceder a Cataluña hasta 15 años en algunas variables

Y ahora se ha sabido una cifra más, especialmente inquietante: las ampliaciones de capital efectuadas por las sociedades mercantiles asentadas en Cataluña durante los meses de octubre y noviembre acumularon un importe total de 516,74 millones de euros, lo que supone el peor dato para esta Comunidad durante estos meses del año desde la entrada en vigor del euro en 2002, según los datos analizados por Axesor.

Las ampliaciones de capital suelen obedecer al fortalecimiento de la empresa que las emprende, bien con la entrada de socios nuevos o por el esfuerzo inversos de los que ya tenga; o una apuesta por salir adelante ante la crisis. Son indiciarias, siempre, de la confianza de los propietarios en el futuro de su actividad. Algo que parecen haber perdido, con estos números.

En España
En el conjunto de España, la cifra relativa a las ampliaciones de capital desde el pasado 1 de octubre hasta finales de noviembre también fue "especialmente débil", concentrando tan solo el 9,8% del importe total acumulado del año. Por ejemplo, en Madrid se registró un volumen de operaciones valorado en 1.462,31 millones de euros, el dato más bajo para esta Comunidad desde el año 2013.

Sin embargo, en el acumulado del año, el importe ascendió a 38.516,75 millones de euros, un 33,2% más que en 2016, cifra que rompe la tendencia bajista que caracterizó a las ampliaciones de capital en los tres últimos años.

De este importe, 22.094,4 millones de euros se registraron solo en Madrid, lo que representa el 57,3% del total. Le sigue Cataluña, con 5.135,79 millones de euros, cifra que solo representa el 13% del total, si bien supone un ascenso del 3,6% respecto al pasado año.

La Banca
Durante el mes de noviembre, el importe nominal de las ampliaciones de capital efectuadas fue de 2.608,17 millones de euros, cifra muy inferior a los 4.457,51 millones registrados el mismo mes de 2015.

En el undécimo mes del año, el 45,5% del importe total registrado perteneció al sector financiero y asegurador. Con un total de 1.186,92 millones de euros, la banca disparó las ampliaciones hasta registrar máximos de 13 años.

El 65% de todo el capital movilizado por las entidades financieras se efectuó en Cantabria, sede del Banco Santander, donde se registró una sola operación por valor de 776,9 millones de euros. Gracias a este dato, el ascenso en la Comunidad cántabra fue del 904%, respecto al mismo mes de 2016, hecho que "pone de manifiesto el enorme peso en la estadística de las grandes empresas".

Mucha deuda
Paralelo al procés, aunque sin apenas aparecer en el centro del debate de las urgencias y necesidades, el endeudamiento de Cataluña se ha disparado también en los últimos meses. En concreto, la comunidad catalana cerró 2016 con un incremento del 376% de su deuda pública respecto a 2007, el año en el que estalló la última gran crisis económica, y ya representa el 27% del pasivo total que acumula el conjunto de las Comunidades Autónomas, según se desprende del estudio Deuda Pública 2017 realizado por la EAE Business School.

Con este nivel de deuda, Cataluña se convierte así en la región más endeudada de España, con un pasivo total de más de 75.000 millones de euros tras experimentar un incremento de casi 60.000 millones desde los 16.000 que registraba en el año 2007.

ARTÍCULO EN LA RAZÓN
Alfonso Ussía despelleja a un "cobarde e indolente" PP y manda al INEM a Soraya Sáenz de Santamaría
"Me aplaudo con las manos y las orejas. Inés Arrimadas ha pulverizado al PP en Cataluña, y simultáneamente ha elevado a Ciudadanos a opción nacional de Gobierno"
Juan Velarde Periodista Digital 23 Diciembre 2017

Mal día para el Gobierno de Rajoy este 23 de diciembre de 2017. Mire por donde mire, se va a encontrar palos a tutiplén y con el agravante de que muchos de esos palos vienen por parte de la prensa afín.

Alfonso Ussía, en La Razón, le dedica un contundente artículo a la victoria de Inés Arrimadas en las elecciones del 21 de diciembre en Cataluña, al tiempo que despelleja al PP y al Gobierno de España por su cobardía e indolencia para con los nacionalistas-separatistas:

Fue piropeada con educación y civismo. Le dijeron «cerda fascista». La cerda y fascista ha ganado las elecciones de Cataluña, en escaños y votos. La cerda fascista ha vencido en las diez ciudades más pobladas de Cataluña. No podrá gobernar, porque el caprichoso sistema electoral imperante en España que ni Felipe González, ni José María Aznar ni Mariano Rajoy con sus mayorías absolutas se atrevieron a modificar, beneficia al campo y perjudica a la ciudad. Pero nadie podrá poner en duda que un partido emergente, español, de centro y constitucionalista ha ganado en Cataluña las elecciones. Aunque no gobierne. Y que la cerda fascista, esa mujer joven y prodigiosa que se llama Inés Arrimadas, ha sido la causante de la derrota de los que van a gobernar.

Recuerda los orígenes de Arrimadas:
Inés Arrimadas es de Jerez de la Frontera. Sus padres de Salamanca. Llegó a Barcelona hace diez años y se enganchó a la novedad de Albert Rivera. Habla un catalán perfecto, además de un español rotundo, francés e inglés. Como Zapatero y Rajoy, por poner dos ejemplos de políglotas. Y con su serenidad y sentido común -«no me consideran ni charnega»-, ha superado el millón de votos y aventajado en tres escaños al partido del cagueta fugado, y en cinco al de Junqueras y Marta Rovira, que como todos sabemos, es la propietaria del sentimiento catalán. Hacerse catalana habiendo nacido en la luz de la Baja Andalucía y llevando en su sangre la austeridad y la decencia de la Alta Castilla, tiene su mérito. Lo único que me chirría de esta gran mujer es su predilección por el Fútbol Club Barcelona. Fatalidad superable.

Ussía subraya que él ya vaticinó el triunfo de Arrimadas:
Nuestro querido y admirado fundador de La Razón, Luis María Anson, frecuentaba una fórmula acertada y ventajosa en su brillante quehacer periodístico. Cuando se producía un hecho previamente aventurado por su pluma, reproducía la totalidad de su texto. «El 6 de diciembre escribí:» Y transcribía su artículo al completo. Copio su fórmula. El pasado 19 de diciembre de 2017, y con el título «Errores», escribí en La Razón: «El Gobierno de Rajoy aplicó con mucho retraso el artículo 155. Y después de aplicado, lo desarrolló con mansedumbre. Resulta inconcebible su inacción ante las continuas calumnias, injurias, mentiras y manipulaciones de una televisión pública, TV3, gozosamente alineada en el golpismo y financiada por todos los españoles.

Y ahora, ante el descalabro que las encuestas vaticinan al PP en Cataluña, se reconoce la precipitación en elegir la fecha de las elecciones. Un golpe de Estado, con los golpistas libres y los rebeldes formando parte de las listas electorales, no se resuelve en treinta días. Tampoco ha acertado el PP en la designación de su candidato. Albiol es mejor que Sánchez Camacho, pero uno y otra no superan el límite de la grisura, la vulgaridad. -Cada vez que aparece Alicia en un informativo de televisión, perdemos cinco mil votos en Cataluña-, me dijo un altísimo responsable del Partido Popular. El Artículo 155 lo ha sacado adelante el PP con el apoyo social de Ciudadanos y el PSOE. Ha sido tanta la mesura y tan aguda la prudencia en llevarlo a cabo, que el gran beneficiado por la excepcional medida ha sido Ciudadanos. Lo han hecho muy bien. Y tienen una candidata excepcional, que entra con educación en todas las casas, que dice lo justo y pertinente, que habla como una mujer normal y no usa de los tópicos y lugares comunes del resto de los políticos. Si Inés Arrimadas, al frente de Ciudadanos, fuera la vencedora de las próximas elecciones tan precipitadamente convocadas por el señor Rajoy, el Presidente del Gobierno de España tendría que dimitir. Dimisión con elecciones, no con sucesor, por cuanto la presidencia del Gobierno en manos de Soraya Santamaría sería digno de un juguete teatral tragicómico».

Y sentencia:
Admitan mi esplendoroso acierto en el vaticinio. Me aplaudo con las manos y las orejas. Inés Arrimadas ha pulverizado al PP en Cataluña, y simultáneamente ha elevado a Ciudadanos a opción nacional de Gobierno. La cobardía y la indolencia tienen malos resultados. Y gracias a Inés Arrimadas, la cerda fascista, nadie en Cataluña podrá decir que un partido independentista es el más votado y el que más escaños acumula. Ha ganado una mujer a la que niegan su condición de ínfima charnega. El naranja, avanza y convence.

Entre lerdos anda el juego
Rajoy al borde del abismo
Miguel Massanet diariosigloxxi 23 Diciembre 2017

Si intentamos ser objetivos no nos queda más remedio que reconocer que, este círculo vicioso de la política catalana en el que se ha convertido el tema independentista, nos ha vuelto a arrastrar, como si no hubiera sucedido nada en este par de meses que nos han precedido, a su mismo punto de origen. Tenemos la desagradable sensación de que se ha perdido miserablemente un tiempo precioso jugando a aplicar el Artº 155 de la Constitución, exhibiéndolo como una amenaza a los secesionistas pero que, a la hora de aplicarlo con decisión, valentía, efectividad y buenos resultados, todo ha quedado reducido a un mero simulacro, un fantasma con el que se ha pretendido asustar a los levantiscos catalanes pero que, a la postre, se ha convertido en un mero espantajo que, lo único que ha conseguido, ha sido aumentar su confianza en el éxito final a aquellos insurrectos que iniciaron la revolución independentista; les ha favorecido ante sus seguidores y una parte de las naciones que nos están observando, dándoles el escenario ideal para poderse exhibir como víctimas inocentes, acusados por “ideas políticas” y acosados por los gobernantes “intransigentes e intolerantes” que se han querido “cebar” sobre unas minorías inermes ante el todopoderoso Estado.

La proeza de Arrimadas de levantar el techo de su partido hasta los 37 escaños ( 12 más que en los anteriores comicios) no ha sido más que un espejismo si se tiene en cuenta que, a efectos de sumar a favor del bloque constitucionalista no ha servido de nada debido a que, la mayoría de los nuevos votantes de Ciudadanos, han procedido de la debacle del PP; en forma alguna achacable al señor Albiol, enfrentado al resultado de los errores de la cúpula de Madrid, dirigida por un mal informado Rajoy y acompañado por la señora vicepresidenta, una mujer que hace tiempo que debieran de haber devuelto a su casa. La petulancia y la soberbia de esta señora corren pareja con su incapacidad para enfrentarse con un problema de tanta enjundia como es el catalán, mientras su temeridad a la par que su inexperiencia y autosuficiencia se ha puesto de manifiesto cuando ha querido enfrentarse con unos señores (los políticos nacionalistas catalanes), todo lo independentistas que se quiera, todo lo marrulleros y desleales como nos guste calificarlos, pero sin un pelo de tontos, capaces de darle mil vueltas a Soraya y dejarla, finalmente, agarrada a la brocha colgando del techo.

En realidad, dejando para el final comentar la situación en la que ha quedado el PP, el resultado de las elecciones, con la victoria meritoria pero pírrica de C´s, dado que se espectacular triunfo no le permite gobernar al no existir ninguna combinación viable para que pudiera acceder a la presidencia de la Generalitat; ha dejado el panorama político catalán en las manos de los mismo culpables de que el Gobierno tuviese que aplicar el 155. Serán los partidos independentistas como JuntsxCat y ERC los que están condenados a ponerse de acuerdo si es que desean llevar adelante sus proyectos de mantener un gobierno separatista, mientras se resuelven los problemas con la Justicia que la mayoría de los personajes, con aspiraciones a formar parte del gobierno catalán y de su Parlament, tienen pendientes ante los Tribunales que, a diferencia de lo que va esparciendo el señor Puigdemont por todos los ambientes informativos que quieran escucharlo; atribuyéndose su situación de prófugo de la justicia a una persecución política del Estado español, un tema en el que sabe que está equivocado y que tiene todos los triunfos para que se resuelva por la Justicia en su contra, si se tiene en cuenta que, contrariamente a lo que intenta demostrar, está acusado de delitos comprendidos en el CP español, que nada tienen que ver con sus ideas políticas y sí mucho con sus comportamientos, todos ellos calificados como delitos graves, que es con lo que van a tener que apechugar para evitar que se les prive de libertad o se les incapacite para ejercer cargos públicos.

Llama la atención la pasividad del magistrado del Supremo, señor Llarena, respecto a la actuación que, durante la campaña electoral en la que han participado aquellos encausados a los que permitió abandonar la cárcel mediante el pago de una fianza de 100.000 euros. Ninguno de ellos se ha abstenido de manifestar públicamente que, si ganaban las elecciones (y si las perdían también) iban a continuar con su enfrentamiento en contra del Estado español, atribuyéndose la legitimidad para seguir incumpliendo la Constitución y las sentencias de los tribunales ya que, lo que ellos propugnan es que, tanto la Constitución como el resto de leyes españolas, no cuentan y están por debajo de lo que ellos consideran su “derecho democrático a vulnerar los obstáculos que el Estado español les pudiera poner para evitar que alcanzaran su propósito de la independencia de Cataluña”. Todos nos imaginamos que, cuando los llamó a todos s declarar antes de tomar la decisión de soltarlos bajo fianza, se había asegurado de que todos ellos se comprometieran a actuar siempre dentro del amparo de la Constitución y demás leyes y sentencias de los tribunales. No lo han hecho y, por ello, choca que ninguno de ellos haya sido advertido o devuelto a la prisión algo que, curiosamente, parece en contradicción con lo que le ha sucedido al señor Junqueras que ha sido expedientado y castigado por enviar una comunicación a la prensa a través de una conferencia telefónica. Ninguna de las dos cosas les estaba permitida, pero en el caso que nos ocupa sentimos la sensación de que no se ha actuado con ecuanimidad.

En todo caso, lo que no podemos dejar de comentar es el estrepitoso fracaso que ha experimentado el PP de Cataluña. Bajar de 11 a 3 escaños en toda Cataluña es, como no se puede ocultar, el dejar de tener la más mínima influencia en toda la autonomía catalana, quedando reducidos a la humillación de pasar a formar parte del grupo mixto puesto que, con tres representantes, no tienen derecho a formar grupo propio. Excluyendo de esta crítica al señor Albiol (que ha tenido que enfrentarse sin armas políticas suficientes contra todos los demás partidos que han ido a saco contra el PP), al que no se le puede negar entrega, buenas maneras y respeto hacia sus adversarios políticos; en lo que no se puede transigir, lo que no se puede negar es la responsabilidad del señor Mariano Rajoy que, tratándose del tema de Cataluña, desde el principio al fin ha desarrollado una política equivocada y no por las causas que sus adversarios separatistas argumentan; no, no señores, aquí no se han perdido los papeles por negarse a dialogar con los separatistas respeto a cómo facilitarles una salida económica ni a darles facilidades para crear una España federal en la que integrarse (ellos mismos se han negado a aceptar semejante solución). El problema de Rajoy y su gobierno es que no han querido seguir las líneas del señor Fraga, se han dejado arrastrar por un tipo de liberalismo imperfecto y siempre ha primado en su política el intentar solucionar los problemas que se les han presentado, buscando el modo de que no les pudiera afectar en cuanto a sus posibilidades electorales. Dejando aparte la gravedad de sus casos de corrupción, de la lentitud y falta de perspicacia demostradas para enfrentarse a ellos y las torpezas cometidas en la forma de buscarles una rápida solución; es evidente que no han sabido en ningún momento salir al paso con contundencia cuando se les ha acusado de la forma de gobernar el país, de la supuesta miseria en la que vive “una parte importante del país” y, en especial, en la nula eficacia en ir desmintiendo las mentiras, los errores, las calumnias, la inexactitudes que los independentistas han estado explotando, para que sus seguidores llegaran a creerse ( como se ha demostrado en estas recientes elecciones) que el resto de España se ha estado “aprovechando” del trabajo de los catalanes, a los que han estado “esquilmando” arrebatándoles su riqueza y las de sus ciudadanos. Contra ello, la callada por respuesta.

Muchos, que vemos con ojos críticos esta deriva del gobierno de Rajoy, creemos que, con este último fracaso, toda la confianza, el crédito, la fe en su capacidad de gobierno y su habilidad para conseguir mantener la unidad de España han quedado puestas en cuestión y, en consecuencia, de cara a otras futuras confrontaciones electorales, creemos que debe de haber importantes cambios en la cúpula del PP, capaces de que todos los que hemos dejado de votar a ese partido podamos recobrar la confianza en ellos y en los valores que defienden algo que, por desgracia, no ha sucedido con el equipo que actualmente ocupa la Moncloa, que cuesta identificarlo con los gobiernos del PP anteriores, en los que se mantuvieron a capa y espada los valores que siempre se habían defendido por el centro derecha español; algo que no sucede con el actual equipo de gobierno, más preocupado por evitar roces con la izquierda que en defender el mandato que le otorgaron sus votantes, cuando los eligieron a ellos.

Es preciso, como hemos repetido en multitud de ocasiones, que se produzca una catarsis en el PP que acabe con todos estos “modernismo” implantados por sus actuales gestores; que lo devuelvan al espíritu que le dieron sus fundadores y que, aunque les suponga una pérdida transitoria de votos, vuelvan a potenciar todos los valores (actualmente cuestionados por sus directivos) que fueron la esencia de la creación de Alianza Popular, aunque hoy parecen que han dejado de importar, a partir de que el señor Aznar abandonara, en manos de Rajoy, las riendas del partido.

Así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, como simples simpatizantes (antes miembros), nos duele ver como en lugar de ir avanzando, aunque fuera a contra marea, el PP de los actuales gobernantes va perdiendo su identidad a medida que se va transformando en un partido semejante, en sus ideas, a cualquiera de los otros de la oposición; de forma que no duda en ir cediendo terreno ( lo ha hecho en materia de los matrimonios de homosexuales, en la adopción de niños por familias del mismo género o del tema catalán en el que, como se ha demostrado en las últimas elecciones, ha fracasado de una manera dramática) sin que, al parecer les importe a quienes parecen más interesados en continuar en sus sillones que en la regeneración de sus valores, perdidos a medida que la política de sus gobernantes se ido haciendo más permisiva, libertaria, laica y condescendiente con las ideas relativistas que se han apoderado de una parte importante de los españoles. O rectifican, se renuevan e inician una nueva etapa más democrática o van a experimentar, en las próximas generales (así como está la política en España es posible que sean antes de lo esperado) uno de los peores resultados de toda su historia. Deberían tomar nota de todo ello.


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