AGLI Recortes de Prensa   Lunes 25  Diciembre 2017

Adiós, Cataluña
Amando de Miguel Libertad Digital 25 Diciembre 2017

Primera providencia: la reciente intervención del famoso artículo 155 de la Constitución por parte del Gobierno de España no ha servido de nada. En todo caso, para que se evapore de Cataluña el Partido Popular. El mal de Cataluña sigue enquistándose. Volvemos a la casilla de salida, como ahora se repite. Es decir, otra vez se va a plantear la independencia de Cataluña, esta vez con más legitimidad. Lo que parecía una febrícula pasajera realmente es un tumor maligno. Solo cabe extirparlo, pero no hay cirujano que se arriesgue. Podría parecer exagerada la metáfora clínica, pero es claro que Cataluña padece una grave enfermedad para su población y para el resto de España. Sencillamente, más de la mitad de los parlamentarios de Cataluña están dispuestos a constituir una República independiente con todas las de la ley. Solo que tal desenlace resulta inviable. Es como si los españoles todos quisieran ser africanos y no europeos.

La situación se presenta después de unas elecciones limpias y pacíficas, bien que convocadas por el Gobierno de España y con algunos candidatos presos o proscritos. No son pocas anomalías.

Todos los políticos y comentaristas alaban la altísima participación de los comicios catalanes. Sin embargo, esa es una tacha que más bien caracteriza a los regímenes autoritarios, no a las democracias avanzadas.

El abanico de siete partidos hace ingobernable a Cataluña, se constituya o no en República independiente. La heptarquía ideológica de Cataluña resulta extraña en el panorama político europeo, sobre todo porque no es fácil dilucidar qué formación se halla en la izquierda o en la derecha. El partido más votado ha conseguido registrar el nombre de Ciudadanos, como si los demás fueran súbditos. Lo fundamental es que no podrá gobernar de modo estable. Claro que a muchos políticos les basta con calentar su escaño en la oposición para colmar su apetito de poder. El cual consiste hoy en dispensar una cascada de favores y subvenciones a costa del erario. Es lo que luego llaman "políticas"; si se visten de "sociales", todavía mejor.

Lo fundamental es que el llamado "bloque independentista", mayoritario en el Parlamento catalán, es más bien una macla con diversas cristalizaciones. Dentro de ella, el partido con más votos ostenta la cualidad de ser el más corrupto de España, que ya es decir. Al igual que muchos delincuentes profesionales, cambia constantemente de nombre. Su cabecilla anda ahora fugado de la Justicia; ni siquiera ha enviado su voto por correo en los recientes comicios. Se le podría aplicar el retrato que hizo José Ortega y Gasset de un eminente escritor: "Es un tonto en cuatro idiomas". Pero en este caso tiene todas las bazas de llevarse el gato al agua, más que nada porque sus oponentes no tiran al unísono de la maroma.

Seamos realistas. El foso que separa la Cataluña escindida en dos no es el que enfrenta a los secesionistas contra los españolistas, ni siquiera las izquierdas contra las derechas. La verdadera distinción se establece entre los que siempre han mandado en Cataluña y los que no. Estos últimos son mayormente los venidos de otras regiones españolas o sus descendientes. Queda fuera del cómputo la casta de los inmigrantes extranjeros, exceptuando los profesionales. En donde se prueba que todo nacionalismo acaba siendo racista.

En el entretanto se ha producido lo que de verdad importa: la paulatina decadencia económica de Cataluña, que los secesionistas no quieren reconocer. Se trata de una tendencia tan firme que ni siquiera se podría parar con el triunfo imposible de los españolistas. La impensada consecuencia es el auge económico de la pequeña nación de Madrid, convertida así en la verdadera capital económica de España, o de lo que queda de ella. Al final, todos salimos perdiendo. A veces en la Historia se producen extraños juegos que conducen al perjuicio de todos los contendientes.

Democracia, Estado del Bienestar y nacionalismo
El Club de los Viernes Libertad Digital 25 Diciembre 2017

En las recientes elecciones regionales catalanas, hemos asistido a un ejercicio práctico de democracia representativa en el cual más de la mitad de los votantes españoles residentes en Cataluña han respaldado con sus votos la vulneración, por parte de un poder ejecutivo regional, de las leyes vigentes, la desobediencia a las resoluciones judiciales, la imposición ideológico-lingüística, el robo de fondos públicos, la vulneración de derechos civiles, la inacción policial ante delitos flagrantes, etc. Y lo han hecho tras la intentona secesionista del 1 de octubre y la constatación de sus ya conocidas nefastas consecuencias económico-sociales, siendo plenamente conscientes de que ese conjunto de arbitrariedades, ilegalidades, delitos y estafas, que ellos han respaldado con sus votos, va a conducir, está conduciendo ya, a la sociedad catalana a un horizonte de pobreza.

El pueblo ha hablado, y ha hablado sin posibilidad de excusar su voto en un supuesto engaño por parte de los poderes públicos. Les han abierto la puerta, han visto el abismo y han decidido, voluntaria y conscientemente, seguir hacia adelante. Han leído el cartel "Vos, qui intratis, omni spe auferte"(vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza) y han decidido cruzar el umbral.

Ante este panorama, hay una pregunta que a buen seguro estará rondando en la cabeza de muchos de ustedes: ¿cómo es posible este comportamiento abiertamente irracional en una población supuestamente informada? ¿Cómo es posible que, siendo conscientes del desastre económico al que se abocan con su voto –salida del euro, fuga de empresas, caída de la actividad económica, impago de la deuda–, sigan manteniéndose inamovibles en su decisión?

La triste realidad es que la mayoría de la población española, incluidos los residentes en Cataluña, sufre una evidente desconexión con la realidad. Una desconexión propiciada, motivada y alentada por el poder estatal mediante las mal llamadas "políticas sociales y del Estado del Bienestar". Mediante estas políticas, los diferentes partidos políticos han logrado convencer a la mayoría de los ciudadanos de que sus necesidades económicas y sociales estarán siempre garantizadas por el Estado, con independencia de la situación política. Que la vasta red de asistencialismo estatal es un derecho inamovible del que podrá disfrutar el conjunto de los ciudadanos, con independencia de sus acciones y decisiones individuales. En definitiva, han convencido a los ciudadanos de que no es necesario ejercer ni mantener una responsabilidad en los actos individuales (incluido el voto democrático), ya que no existe una relación causa-efecto entre nuestros actos y nuestro derecho al disfrute del maná estatal. De que las pensiones, el paro, las nóminas, el precio de los bienes de consumo, etc., no están, en última instancia, relacionados con nuestras acciones individuales y responsables, dado que esa responsabilidad recae por entero en el Estado Protector. Con sus políticas populistas, agrupadas en torno a la idea de un Estado asistencialista y todopoderoso, han logrado convencer a la mayoría de la sociedad de que no debe preocuparse por la pobreza que sus actos pudieran traer, ya que el Estado siempre estará ahí para asistirnos, ayudarnos y salvarnos, con independencia de la situación político-económica.

Y así, una vez roto el vínculo causa-efecto entre nuestras decisiones individuales y sus posibles consecuencias, podemos permitirnos el carísimo lujo de mantener posiciones ideológicas sin tener en cuenta las consecuencias que se derivarían si nos atreviésemos a llevarlas a la práctica. Dice una conocida locución latina: "Primum vivere deinde philosophari" (primero vivir, después filosofar). El Estado ya ha logrado convencernos de que no tenemos que preocuparnos por vivir, que de eso ya se encarga él, y de que por lo tanto podemos abandonarnos confortablemente al consumo del moderno sustituto de la filosofía, que no es otro que la ideología política.

Y los políticos otra cosa no sabrán hacer, pero vendernos ideología es una cuestión que manejan bastante bien. No en vano es de lo que viven. Para cuestiones más terrenales, siempre podrán subirnos los impuestos.

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El futuro político y económico de España
Roberto Centeno elconfidencial 25 Diciembre 2017

¿Cómo puede Rajoy pretender seguir siendo presidente, sin antes someter en la urnas al veredicto de los españoles una gestión tan desastrosa de la crisis catalana – ideada por su “estratega” Sáenz de Santamaría – que clama al cielo, y sus gravísimos y reiterados dislates políticos?. Aplicó un 155 irrisorio dejando todas las estructuras de poder, el control de los medios y la capacidad de coacción, en manos de los golpistas, y que improvisó unas elecciones exprés que nadie pedía, antes de haber restaurado la democracia secuestrada por una “organización criminal” según el auto de la juez Lamela. Rajoy se ha mofado de los millones de españoles que en la calle y en sus balcones le exigieron acabar con los delincuentes de la Generalitat, a los que ha permitido legitimar el golpe de Estado.

Por mucho que Rajoy pretenda “sostenella y no enmendalla”, con el apoyo de los grandes medios que ha salvado de la quiebra con nuestro dinero, la hecatombe electoral en Cataluña generará una crisis de Estado de consecuencias imprevisibles, y donde la oligarquía bipartidista de la Transición se hundirá definitivamente. Previendo esta catástrofe anunciada, el grupo de profesores y economistas independientes¹ que venimos denunciando reiteradamente la grosera manipulación de la Contabilidad Nacional desde 2008, realizamos en el Salón de Actos de la Escuela de Minas y Energía de Madrid una exposición pública sobre el futuro político y económico de nuestra querida y desgraciada España.

Allí expusimos con hechos y cifras el desastre político, económico y social causado por el nefasto Régimen del 78, que nos robó la democracia primero imponiéndonos una monarquía oligárquica de partidos sin separación de poderes, y expolió nuestra riqueza después repartiéndose España como si fuera un solar, a cuyo fin la dividieron en 17 reinos de taifas contrarios a nuestra realidad geográfica e histórica, a los que dotaron de todas las instituciones y organismos propios de naciones soberanas, para enchufar a cientos de miles de amigos. Estos funcionan con una autonomía frente al Estado superior a la que tiene España frente a la UE, y hasta han destruido la unidad de mercado. No existe ninguna otro nación con mayor descentralización del gasto – el doble de un estado federal - y a la vez con menor control, un despilfarro anual de 100.000 millones de euros. Como consecuencia, España ha experimentado el mayor retroceso político, económico y social respecto a los países de nuestro entorno de todo el mundo desarrollado.

El desastre político
Al contrario de lo ocurrido a partir de 1989 con las democracias populares de los países del Este, donde las dictaduras comunistas dieron paso a verdaderos Estados de Derecho con separación de poderes. En la política española las élites franquistas que habían estado a raya en lo económico en vida de Franco, la izquierda y los nacionalistas que llevaban 40 años de vacaciones, con la única excepción del PC, nos engañaron con la patraña de evitar un enfrentamiento entre españoles, algo imposible porque la democracia era la única opción posible en un mundo democrático y con el famoso consenso, que no era otra cosa que la renuncia a sus ideologías y principios, para el reparto amigable del botín y el mantenimiento – hoy por ti y mañana por mí- de lo robado.

Adicionalmente, se impuso un sistema electoral que favorece escandalosamente a los nacionalistas - sus votos valen cinco veces lo que los no nacionalistas- lo que les ha permitido convertirse en árbitros de la formación de gobiernos y chantajearlos sin contemplaciones, para obtener concesiones inauditas en dinero y en soberanía que han llevado, entre otras cosas, a un régimen fiscal en el País Vasco que les permite el expolio de 12/13.000 millones de euros anuales al resto de España, y a la hecatombe del 21-D, donde la negligencia de Rajoy ha fortalecido el sentimiento independentista, que dará paso a una situación de preguerra civil que como es imposible se convertirá en la destrucción de la convivencia dando paso a la coexistencia como en la Guerra Fría. Nunca se había llegado a ese extremo de odio y de incompatibilidad para la convivencia en una región española.

El desastre económico y social
Pero así como del desastre político son ya conscientes la mayoría de españoles, del económico muy pocos entienden la gravedad y la profundidad de nuestro retroceso respecto a los países de nuestro entorno. Y menos aún el desastre que se cierne sobre las generaciones futuras, donde por primera vez en siglos los hijos viven peor que los padres, y donde la gigantesca burbuja de deuda ya imposible de devolver arruinará la vida de los españoles durante los próximos 50 años. Y es que las personas solo se fijan en las cifras absolutas, cuando son las relativas - la comparación con los demás - las únicas que permiten comprender la realidad. Hoy gracias al espectacular desarrollo de la tecnología hay más de todo que en 1975 tanto en España como en el último país del planeta, dando la sensación que en economía las cosas van bien cuando la realidad es justo la contraria.

España ha experimentado el mayor retroceso respecto al resto del mundo desarrollado de toda Europa. Durante 40 años España ha crecido por debajo de su potencial, tanto que en 1975 Irlanda que tenía la misma renta per cápita que España, 12.000 $ hoy tiene un 144% más, 68.500 $ y nosotros 28.000; tanto que nuestro potente sector industrial ha sido aniquilado, pasando del 36 al 15% del PIB ; tanto que de una deuda externa cero hemos pasado a un billón de euros, una de las mayores del mundo; tanto que casi un tercio de la clase media ha sido destruida; tanto que la distribución de la renta y la riqueza ha pasado a ser la más injusta de la UE, con un tercio de los niños viviendo por debajo del umbral de la pobreza, y tanto que han llevado a la quiebra el sistema de pensiones y nuestros pensionistas acabarán perdiendo casi un tercio de sus ingresos, lo que llevará a la miseria a millones.

Hitos de este desastre fueron la destrucción de la enseñanza pública, que ha dejado de ser el gigantesco ascensor social que fue en el pasado. El desastroso mecanismo de insolidaridad y desigualdad territorial. El desguace de varias centrales nucleares casi terminadas, que producirían hoy electricidad a la décima parte del coste de las renovables, lo que nos lleva a pagar la electricidad más cara de Europa cuando teníamos la más barata. El desmantelamiento industrial – "reconversión" – para entrar en la UE a toda prisa, un peaje que ningún otro país ha pagado. La venta a precio de saldo de las empresas públicas por Aznar a los oligarcas para entrar en el euro sin analizar un segundo sus consecuencias. La negación de la burbuja inmobiliaria y de la crisis, y la comportamiento delictivo del BdE, causa de la destrucción del sistema de Cajas de Ahorro, la mitad del sistema financiero y refugio seguro del ahorro popular durante 180 años.

A la plaga bíblica que supuso Zapatero, le sucede un Rajoy con poder de sobra para haber reconducido totalmente la situación. Hizo lo contrario. Al revés de lo prometido, elevó los impuestos sobre la clase media y trabajadora a su máximo histórico – el doble de EEUU después de la bajada de Trump - . Se negó a recortar en despilfarro político, “eso ni se toca” diría, y en su lugar lo mantuvo y financió con más de 200.000 millones de euros a las CCAA a interés cero. En vez de pedir como Grecia un rescate que implicaba una reducción de nuestra deuda del 50% a cambio de recortes del despilfarro político, se plegó ante Merkel devolviendo lo prestado por las cajas alemanas que habían financiado la burbuja inmobiliaria, algo que no hizo ningún otro país, endeudando a los españoles en más de 600.000 millones de euros, la mitad para devolver la deuda a las cajas alemanas, el rescate bancario y los agujeros de los oligarcas del IBEX, y la otra para financiar el despilfarro autonómico fuera de control.

Y mientras tanto, el país sigue arrastrándose en medio de su decadencia económica y social y su inmensa podredumbre moral en un mundo que cambia a toda velocidad y que nos sigue dejando atrás a marchas forzadas. En palabras del mejor pensador político español, D. Antonio García Trevijano: “El futuro de España es absolutamente incierto, porque la tendencia que prospera entre los españoles es la dejadez mental y moral ante los desastres nacionales, y cualquier vaticinio requiere una lógica que no puede contemplar las consecuencias de la actual disolución del carácter y de la moralidad nacionales, es decir, de la inteligencia y de la voluntad colectivas. Puede pasar cualquier cosa, porque tenemos un monarca y una clase política cobardes, que serían incapaces de emplear a la jurisdicción militar como prevé el Art. 116 de la Constitución si el Supremo no se atreve a aplicar la Ley como se haría en cualquier Estado de Derecho, ya no queda ni valor para eso”.

(1) Juan Laborda, J.C. Barba, J.C, Bermejo y servidor.

Barcelona contra CatalunyaS
Santiago Navajas Libertad Digital 25 Diciembre 2017

El maridaje entre xenofobia y populismo está amenazando con destruir España pero también la UE. Por el lado europeo son el Brexit y los Gobiernos ultraconservadores de Polonia y Austria los que ponen en cuestión la apuesta por la unidad política y el mercado único. Por lo que toca a España, son los nacionalismos y la extrema izquierda los que, a través del terrorismo y el golpismo, han puesto contra las cuerdas en repetidas ocasiones a la democracia constitucional. Hasta ahora, y gracias a líderes fuertes como Suárez, González y Aznar, habíamos conseguido superar las dificultades. Pero la emergencia de políticos débiles, intelectual y moralmente, como Zapatero y Rajoy, émulos contemporáneos de Alcalá Zamora y Azaña, están llevando al Estado español a la rendición de facto frente a los sediciosos.

Cabe reaccionar de manera que, al menos, se salven los muebles, ya que la casa común, tanto la europea como la española, está en peligro de desaparecer. El alcalde de Londres ha recordado a la primera ministra Theresa May que la capital del Reino Unido votó a favor de permanecer en la UE. Y le pide, en consecuencia, que negocie un estatuto especial para la ciudad, de manera que siga teniendo una relación especial con la UE. En el caso barcelonés, una plataforma de empresarios y ciudadanos (Barcelona Via Fora) está promoviendo una solución ingeniosa al callejón sin salida independentista: pedir la conversión de la ciudad en una comunidad autónoma, independizándose del resto de Cataluña, lo que permite la Constitución.

Barcelona y las comarcas mediterráneas que la flanquean son votantes de partidos constitucionalistas, sobre todo de Ciudadanos, y están sosteniendo económicamente al resto de Cataluña, nacionalista. Por tanto, cabe sostener, siguiendo el dicho catalanista, que Cataluña está robando a Barcelona, lo que sería motivo y justificación, según la lógica empleada por el tándem Puigdemont-Junqueras, para que la Ciudad Condal se independice de la Cataluña nacionalista, subvencionada y dependiente. Además, debido al sistema electoral catalán, cada voto de las comarcas nacionalistas pesa más en el cómputo final que el voto de las zonas constitucionalistas, por lo que Barcelona y las comarcas más dinámicas e innovadoras van a estar siempre sometidas a los territorios más atrasados, donde el catalán es el idioma predominante.

El alcalde Londres ha declarado:
Creo que Londres es diferente al resto del país. ¿Por qué? Porque somos la única región que votó permanecer en la UE. ¿Por qué? Porque no sólo necesitamos la inmigración, sino que queremos a los inmigrantes.

Podríamos decir algo muy parecido de Barcelona respecto al resto de Cataluña, en contraposición a los catalanistas y su odio a los españoles. Romper Cataluña en diversas comunidades autónomas acabaría con diversos dogmas nacionalistas. Del historicista, que se basa en pretendidas injusticias cometidas hace cientos de años, al lingüístico, dado que en Barcelona el idioma más usado es el español, pasando por el étnico, ya que la nueva comunidad se basaría no en una afinidad genética (por usar una querencia de alguien como Junqueras) sino en las afinidades electivas de los ciudadanos. Frente a la España de las comunidades, que están rompiendo la unidad nacional debido a la lógica centrífuga del Estado de las Autonomías, ha llegado la hora de las polis, de ciudades y comarcas con una vocación de servicio a los ciudadanos y de colaboración con otras ciudades dentro de un marco de colaboración supraurbano. A más Barcelona, menos Catalunya. Pero más Cataluña y más España.

Paisajes después de la batalla
Manuel Gómez Acosta cronicaglobal 25 Diciembre 2017

Una parte de la Cataluña postelectoral se instala en la infalibilidad del procés y en la vivencia de una república inexistente abortada por sus propios promotores. La Cataluña "resistente" se alimenta de los supuestos "agravios" del país vecino, de una fe cuasi religiosa en su "unidad de destino en lo universal" y de un líder mesiánico que ha sido capaz de transformar el ridículo más espantoso de una fuga rocambolesca, en persecución y exilio.

El 21D fue sin duda una batalla democrática que nos deja un paisaje desolador, una economía gravemente dañada y una confrontación ciudadana que pone en peligro la convivencia. Hagamos una serie de consideraciones que nos ayuden a describir el devastador paisaje. La transformista Convergència reconvertida una vez más en el partido de un líder mesiánico, otrora Pujol, en la actualidad Puigdemont, adelanta en la cinta de llegada a una perpleja ERC que pierde sus opciones de gobernar la non nata república. La radicalidad excluyente del procés conduce a muchos votantes del cinturón industrial a elegir la opción de Ciudadanos como la más beligerante para oponerse a la agresión que significa para la clase trabajadora el procés secesionista.

Los resultados del 21D nos obligan a detenernos en el árido paisaje de la izquierda catalana. Los resultados de Barcelona capital anuncian dificultades para la alcaldesa Colau en conservar el gobierno de la ciudad para 2019. Su electorado ha castigado su ambigüedad, sus propuestas soberanistas que siempre terminan auxiliando al secesionismo y la subordinación de su agenda social al llamado "debate nacional". El PSC está obligado a reflexionar sobre el escaso entusiasmo que provoca entre sus votantes su defensa del catalanismo en estas circunstancias. Quizás ha llegado el momento de plantearse qué aporta el catalanismo a la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de los barrios populares.

Mi reflexión parte de la perplejidad del que observa cómo el tsunami catalán está a punto de hacer irrelevante a la izquierda catalana. Hubo tiempos en que el PSC y el PSUC fueron determinantes en la política catalana, hoy sus herederos suman 25 escaños de los 135 del Parlament. La dinámica perversa del procés los ha barrido. La izquierda ha perdido en los últimos años más de la mitad de sus votantes y, lo que es más grave, ha dejado de ser un referente del cambio y la transformación social. Pero no es solo la izquierda política, sino que organizaciones tradicionalmente vinculadas a la izquierda social como los sindicatos sufren profundas crisis internas al ser vulnerables al activismo independentista.

Las fuerzas de progreso en Cataluña deben asumir sin complejos la defensa de los valores constitucionales y no permitir que el llamado debate "nacional" secuestre sus propuestas sociales. Las izquierdas catalanas debe perder su complejo de inferioridad ante el nacionalismo, deben explicar con claridad meridiana los déficits de gestión de los governs nacionalistas desde el ámbito de las infraestructuras hasta la ausencia de una estrategia industrial innovadora que hubiese paliado la desindustrialización del país, denunciar las consecuencias de unos recortes del gasto social que han propiciado el crecimiento de la desigualdad, todo ello nos llevaría a la conclusión evidente que el secesionismo ha sido el mayor enemigo de la clase trabajadora catalana.

Cataluña necesita un paisaje smart, que conecte al territorio de forma equilibrada, con ciudades sostenibles e infraestructuras inteligentes. Una sociedad smart y no una sociedad tribal soportada por el nacionalismo identitario. Una Cataluña smart con una capital Barcelona que ejerza de "ciudad global", en lugar de la Cataluña del agravio y del victimismo. El próximo president de Cataluña tendría que ser "el president de tots els catalans", y me temo que Carles Puigdemont no cumple esa condición.

La dictadura lingüística en Baleares deja sin enfermeras a los hospitales de Ibiza y Formentera

Gonzaga Durán okdiario 25 Diciembre 2017

Los hospitales de Can Misses (Ibiza) y Son Espases (Palma de Mallorca) se están quedando sin enfermeras. ¿La culpa? El decreto lingüístico que exige tener un título que acredite el conocimiento de catalán para seguir trabajando en el sector. La bolsa de empleo se ha agotado y ya no quedan más disponibles. Lo denuncia el Sindicato de Enfermería de las Islas Baleares.

El SATSE explica también que se está produciendo el éxodo “de decenas de enfermeras de Ibiza a otras Comunidades Autónomas, ante la perspectiva de exigencia del certificado lingüístico”.

El decreto fue aprobado hace unas semanas por a Mesa Sectorial de Sanidad de Baleares, gobernada por la socialista Francina Armengol con la complicidad de Podemos y la formación nacionalista de Més.

Las gerencias de Ibiza y Formentera son las más afectadas por la escasez de personal en las bolsas de empleo y por el decreto del catalán. “Tampoco hay disponibilidad en Bolsa para contratar Enfermeras Especialistas en Salud Mental ni en Ibiza y Formentera ni en Menorca, y que este mismo año puntualmente se ha agotado también la Bolsa de Matronas“, apuntan desde el sindicato SATSE.

En ambas gerencias se “están incumpliendo ya el requerimiento legal de exigencia de certificación lingüística” y pidiendo a los empleados la realización de horas extra extraordinarias para suplir la falta de personal. “Cualquier procedimiento de contratación que se inicie en la actualidad y no tenga el respaldo de una convocatoria previa al 1 de junio de 2017 (la Bolsa única de empleo sí dispone de ese respaldo) está sujeto al requisito según la ley 4/2016, ya que el decreto del catalán no ha entrado aún en vigor”, puntualizan desde SATSE.

El secretario general del sindicato, Jorge Tera, advierte de que las consecuencias del decreto del catalán irán a peor en los próximos años: “Las enfermeras son profesionales muy cotizadas en cualquier Comunidad Autónoma y por supuesto en el resto de Europa y por eso están empezando a marcharse, sobre todo aquellas con menos arraigo en las Islas Baleares. Pero los verdaderos efectos del decreto se van a ver en dos o tres años, cuando lo que ha sido hasta ahora un efecto llamada se convierta en efecto rechazo”

“Estar tramitando un decreto para excluir a profesionales cualificados del acceso al empleo público en una situación como ésta es una irresponsabilidad”, lamenta Tera, al tiempo que pide al Gobierno de Baleares que “dé marcha archa atrás y que no permitan que un criterio político impuesto por el socio minoritario del Govern ponga en peligro la asistencia sanitaria y la gobernanza de la sanidad”.

Ibiza se queda sin su única neuropediatra
La isla de Ibiza dejará de contar también con los servicios de su única neuropediatra, Ileana Antón, que trabaja en el Hospital de Can Misses. Ella no tiene el título de catalán que le exigen para poder seguir ejerciendo su cargo.

“Soy interina y la única neuropediatra que hay en Ibiza. Va a haber oposiciones y sin el catalán no puedo presentarme al examen”, afirma Antón.
Esta pediatra, originaria de Argentina, lleva residiendo en Ibiza desde hace cuatro años. A pesar de entender y tener conocimientos de catalán, no tiene el título que lo acredite, por lo que el decreto aprobado la empuja a perder su puesto de trabajo en el Hospital.

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