AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 27 Diciembre 2017

El suicidio catalán
Pablo Molina Libertad Digital 27 Diciembre 2017

La democracia garantiza el derecho de los pueblos a suicidarse políticamente. Lo que pasa es que, visto de cerca, el espectáculo no deja de impresionar.

En los sistemas democráticos, los partidos son entidades políticas que participan en las elecciones y tratan de alcanzar el poder para aplicar un determinado programa ideológico, compartido por sus militantes y votantes. Se trata, al menos sobre el papel, de mejorar la vida de los ciudadanos poniendo en marcha determinadas medidas de todo tipo, distintas de las que preconizan los adversarios. Las fuerzas políticas forman así un espectro en el que se puede determinar lo cerca o lo lejos que están unas de otras. En el ámbito español, por ejemplo, parece evidente que el PP tiene más puntos de encuentro con Ciudadanos que con Podemos, y que el PSOE tiene una mayor proximidad ideológica con Izquierda Unida que con el partido de Rajoy.

En Cataluña, sin embargo, esta lógica que permite entender la política en función del viejo esquema izquierda-derecha salta por los aires a causa del proyecto independentista. Desde hace bastantes años, pero de manera más clara tras las elecciones del pasado día 21, la cercanía en la política catalana –y en consecuencia las posibilidades de establecer alianzas– se forjan en función de la división independentismo-constitucionalismo.

La consecuencia de esta perversión de la política de partidos hará que los catalanes tengan un Gobierno integrado por fuerzas que defienden medidas radicalmente antagónicas en todos los ámbitos. Los partidos que sostengan al Gobierno regional catalán, previsiblemente los sucesores de CiU, ERC y la CUP, están profundamente en desacuerdo en materia económica, fiscal, medioambiental, comercial, territorial o social, es decir, aquellos ámbitos que los ciudadanos suelen estimar como fundamentales para garantizar una cierta prosperidad compartida. La única argamasa que unirá al nuevo Ejecutivo será la lucha por la creación de una república independiente, a pesar de la evidencia palpable de que se trata de un proyecto delirante que amenaza con arruinar a la región para varias generaciones.

Lo normal sería que el partido de Puigdemont se entendiera con el de Arrimadas por la semejanza de su programa político. En cambio, el partido de la burguesía nacionalista catalana gobernará con el apoyo de una fuerza de extrema izquierda que quiere acabar, precisamente, con esa misma clase media-alta. Pero eso es lo que han querido los catalanes y eso es lo que tendrán, porque la democracia garantiza el derecho de los pueblos a suicidarse políticamente. Lo que pasa es que así, visto de cerca, el espectáculo no deja de impresionar.

El largo camino a la normalidad (5)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 27 Diciembre 2017

EL PP ANIMA A CIUDADANOS A PRESENTARSE A LA INVESTIDURA

Ya lo dice el refrán “consejos doy que para mí no tengo”. Anda el PP, tras su gloriosa debacle electoral en Cataluña, animando a Inés Arrimadas y CIUDADANOS a presentarse a la investidura para la Presidencia del Gobierno de la Generalidad, con el solo fin de visualizar el equilibrio de fuerzas en el Parlamento de Cataluña. La respuesta no ha podido ser más clara, diciendo que “si el PP sabe sumar”. Y es que no hace mucho que Mariano Rajoy rehusó presentarse a la investidura por no disponer de mayoría suficiente. Entonces parece que sí sabía sumar y ver que no llegaba ni de lejos. Sin embargo, a la segunda, tras lograr apoyos casi imposibles con un voto prestado y condicionado del socio canario del PSOE, sí que pudo lograr sumar lo suficiente y ser investido como Presidente del Gobierno. Porque la cruda realidad del sistema español, a diferencia por ejemplo del francés, que contempla una segunda vuelta donde solo se vota a las dos formaciones más votadas en la primera ronda, en España se hace necesario buscar apoyos y pactos transversales para lograr el número mágico de diputados que conforman mayoría de la mitad más uno.

No deja de ser curioso que los mismos que pensaban aquello del genial humorista José Mota de “Si no es por no ir, pero es que ir pa ná es tontería”. Y efectivamente sumando los votos de CIUDADANOS, PSOE y PP se logra un insuficiente total de 57 diputados frente a los 66 que suman JxCAT y ERC, más 4 de la CUP y la abstención más que probable de COMÚ – PODEM con sus 8 diputados. En el más optimista de los casos estaríamos en un 70 contra 65, con lo que cualquier intento de investidura está de antemano condenado al fracaso. El PP intenta con este movimiento diluir su responsabilidad en el fracaso, del que hipócritamente culpa a CIUDADANOS, cuando ha sido precisamente el PP el que ha hecho una contra campaña electoral poniendo el foco en CIUDADANOS y no en JxCAT y el fugitivo, que si lo es, ha sido por la incompetencia del Gobierno de España, del mismo que no ha hecho nada por modificar la infame y anti democrática Ley D’Hont.

Acusa a CIUDADANOS de no querer gobernar y tomar decisiones. La realidad es que ha sido el PP el que ha eludido sus responsabilidades y se ha refugiado en la Justicia para que le hiciese el trabajo sucio. Mariano Rajoy nunca quiso aplicar el artículo 155, y cuando lo ha hecho ha sido para que todo siguiera igual. Y eso solo deja dos alternativas, o se demuestra una incompetencia y una irresponsabilidad supina, o lo que subyace es una cobardía para enfrentarse a un problema que lleva enquistado desde la transición. En cualquier caso, si estamos aquí ha sido por culpa de la dejación y desidia, cuando no connivencia, de los diferentes Gobiernos de España de PSOE y PP. Y resulta cínico el que ahora, los responsables máximos, Felipe González o José María Aznar, quieran venir como salvadores como si ellos no hubieran tenido nada que ver con el problema. Ahora dan soluciones a lo que nunca se atrevieron a solucionar por intereses partidistas justificados por la “gobernabilidad de España”. Hipocresía y cinismo.

CIUDADANOS tiene razón al negarse a hacerle el trabajo al PP. Curiosamente, sorprende el silencio sepulcral del dicharachero Miquel Iceta, al que supongo preparando una pirueta para ofrecerse como puente entre Madrid (con un Pedro Sánchez investido y triunfante sobre Mariano Rajoy) y el Gobierno de la Generalidad para buscar el encaje en una Constitución que permitirá la creación de la República de Cataluña con la independencia suficiente para no tener que renunciar a salir de la UE incluyéndose en esa otra República federal de Naciones de España, una especie de “Reino Unido” pero en plan república y a la española, juntos pero no revueltos y manteniendo fueros, conciertos y demás prebendas. No creo que tarde demasiado Miquel Iceta en sorprendernos con este nuevo pase de baile.

Haría bien Mariano Rajoy en “atarse los machos” e ir pensando en lo que se le viene encima en pocas jornadas. El que Carles Puigdemont siga libre y conspirando en Bélgica, es una imagen de la derrota del Estado de Derecho y una bofetada a todos los españoles. SI fuera un enemigo de Israel y en vez del CNI tuviésemos al MOSSAD, ¿Creen ustedes que seguiría allí o estaría frente a un tribunal de jueces israelitas siendo juzgado? Esto se llama una pregunta capciosa y la respuesta no creo necesario darla porque todos habrán llegado a la misma conclusión. Pero no somos Israel, ni nuestro CNI el MOSSAD. Es más, tenemos el esperpento de la existencia de un CNI catalán que se dedicaba a investigar a todo bicho viviente, sobre todo si no era independentista. Y eso pagado con dinero público de todos los españoles. ¿Ha hecho algo el Gobierno de España en su intervención para cavar con esta organización paralela de Estado que se mantiene en Cataluña?

En fin. Creo que ya está bien de hacer el ridículo y sería mejor que el PP se guardase sus consejos y se dedicase a organizar su propia casa. Lo necesita de forma urgente si no quiere acabar como su delegación en Cataluña y pasar a ser un partido residual en España. Y es que cada quien tiene el final que se merece.

¡Que pasen un buen día! Les deseo una feliz entrada y salida de año y lo mejor para el 2018. Olvídense por unos días de todo e intenten ser felices.

El año que viviremos peligrosamente
NICOLÁS REDONDO TERREROS El Mundo 27 Diciembre 2017

En Los Demonios de Dostoyevski, un personaje sin trascendencia en la novela dice a otro: "Si Dios no existe, ¿qué clase de capitán soy?". En otro pasaje, Shatov, uno de los protagonistas de la trama, exclama: "Si una gran nación no se cree depositaria exclusiva de la verdad... se convierte al momento en un conglomerado etnográfico y no en un gran pueblo". Esas dos frases muestran la vinculación inevitable entre el nacionalismo y el fanatismo.

Justamente en la primera frase, esa que aparece sin importancia en un diálogo innecesario, es en la que el autor ruso traspasa el espacio y el tiempo acercándose a la universalidad de un arquetipo: el fanático. Habla de las personas que necesitan una religión, una clase o una nación para dar sentido a toda su vida. Como ustedes comprenderán, no estoy en contra de los que creen en una religión, pertenecen a una clase social o se enorgullecen por ser hijos de una nación. Me irritan y me ofenden quienes utilizan, a falta de otras virtudes, esa religión, esa clase o esa nación para explicar todo lo que sucede a su alrededor y aun su propia existencia. Creímos que la historia nos había escarmentado, pero en un revoltijo ideológico provocado por la crisis que vivimos en Occidente, han vuelto a aparecer las fuerzas contrarias a la razón: el terrorismo de origen religioso, los populismos neocomunistas y el nacionalismo agreste. La razón humana, a través de la penumbra de lo desconocido, ha ido construyendo durante siglos los sofisticados tejidos institucionales y el sutil y a la vez estable equilibrio de diferentes poderes en los que el sistema social-liberal se basa, y que son precisamente los enemigos declarados de los fundamentalismos religiosos, de los populismos y de los nacionalismos. Es la guerra que siempre ha mantenido la razón contra las pasiones, las utopías milenaristas o la fe a la hora de configurar el espacio público. Estas reacciones, inalcanzables e incomprensibles para la razón humana, son las que hemos visto en vivo y en directo en Cataluña. Los dirigentes independentistas prometieron a los catalanes reconocimiento internacional y no obtuvieron la más mínima audiencia en las cancillerías; les prometieron una economía próspera y más de 2.000 empresas abandonaron Cataluña; ofrecieron independencia y república y obtuvieron la contestación democrática y legítima del Estado. Hablaron en nombre de un pueblo y más de la mitad de ese pueblo no ha compartido sus tesis nacionalistas, pero han vuelto a las urnas con la misma fe ciega, inexpugnable y fanática. Shatov, en la novela de Dostoyevski, confirma la existencia de comportamientos humanos de esta naturaleza: "Si alguien le demostrara matemáticamente que la verdad residía fuera de Cristo (fuera de la nación), preferiría quedarse con Cristo (con la nación) antes que con la verdad".

Los independentistas, impulsados por una base ideológica compartida con el antiguo carlismo y apoyados por las subvenciones de la administración autonómica -ante la negligencia del Estado y la complicidad de una izquierda que ayuna de discurso se ha dedicado a bailar el rigodón- llevan 40 años considerando invisible a más de la mitad de los ciudadanos catalanes. A pesar de esta inamovible y poderosa estrategia, multiplicada por el poder y el tiempo que han gobernado Cataluña, en estas últimas elecciones autonómicas los catalanes mayoritariamente han dado su confianza a Ciudadanos, un partido español, moderado y reformista. Las desmoralizadoras interpretaciones de los resultados electorales han sido provocadas por una interpretación penitencial de la política española: "Oh, Dios mío, purifícame los pecados que ignoro y perdóname todos los demás". La tendencia a ver todo blanco o negro de los españoles ha ayudado a cimentar el discurso de la victoria nacionalista contrario al pluralismo y a la razón. Sin querer hemos colaborado a que prevalezca una idea medieval de la sociedad: la unidad ficticia del pueblo expulsa a la pluralidad real de la sociedad.

Esa visión triste de las consecuencias de los resultados electorales del 21-D y el envalentonamiento de los nacionalistas nos plantea cuestiones de máxima gravedad para Cataluña, pero también para el resto de España. Los nacionalistas vuelven a imponernos su coalición política como la única realidad que representa a la sociedad catalana, mientras que los resultados electorales muestran la división, la ruptura de esa sociedad, dominada siempre por el discurso del miedo. Miedo a los conflictos que se plantean en las sociedades modernas, miedo a relacionarse con el resto si no es con sus condiciones restrictivas, miedo a dejar de ser lo que fueron... siempre el miedo en la política nacionalista. Efectivamente, el temor y la división serán el marco de discusión de los próximos años en Cataluña y detrás vendrá su empobrecimiento económico. Si no reaccionamos a tiempo, esa crisis política, social y económica catalana removerá sin tardar mucho las actuales bases de la política española.

Sería conveniente recordar que nuestra situación no es única: los británicos con su Brexit, los EEUU con su peculiar y peligroso presidente o los franceses con una gran parte de su sociedad apoyando a la extrema derecha, han vivido o están viviendo crisis de la misma envergadura que la nuestra. La gran diferencia es que nuestras instituciones no tienen la fuerza y la legitimidad social que prestan las democracias consolidadas a través de unos consensos labrados durante una larga historia en gran parte compartida. Esa realidad, que no se nota en el día a día, la muestran situaciones de crisis como las provocadas por los nacionalistas catalanes. Efectivamente, la demagogia nacionalista, la confusión de una gran parte de la clase política entre un Estado autoritario y un Estado con autoridad -los 40 años de franquismo siguen, querámoslo o no, pasando factura- y el sectarismo partidario han puesto en evidencia las debilidades de nuestro Estado.

A estos graves problemas de envergadura estratégica se unen, después de las elecciones autonómicas, otros de coyuntura no menos graves. Si los populares achacan el resultado a la campaña electoral de Albiol o a que fue el Gobierno quien aplicó el artículo 155 de la Constitución o a que Ciudadanos se haya convertido para la mayoría de electores en receptor del voto útil, se equivocan. Pero a mí me preocupa, más que el desastre electoral del partido de Rajoy, ver cómo el Gobierno de la nación se enfrentará al renovado pulso de los independentistas. Su representación en Cataluña es la menor de todo el arco parlamentario y si, en periodos de normalidad, una coyuntura parecida sería peculiar, en esta situación excepcional se transforma en grave. Por otro lado el Gobierno se mantiene gracias a un acuerdo con Ciudadanos, claro ganador de estas últimas elecciones autonómicas, haciendo todo más complicado para el Ejecutivo de Rajoy (¿Qué papel jugará Ciudadanos en cualquier decisión del gobierno sobre Cataluña? ¿Estarán dispuestos, siendo el primer partido en Cataluña, a ser un simple monosabio de Rajoy?). Todavía se les complica más el futuro a los miembros del Gobierno si introducimos en esta ecuación compleja un nuevo dato: el otro socio imprescindible es el PNV, que variará su posición una vez sabidos los resultados electorales del 21-D y tras haber llegado a un acuerdo sobre el Cupo vasco.

En esta situación lo menos inseguro para el sistema del 78, lo que dicta la necesidad, lo que impondría un arraigado sentido de la responsabilidad democrática es pensar en el momento más oportuno para convocar unas elecciones generales que servirían para renovar legitimidades y mayorías. Los españoles, una vez que los independentistas se organicen en el gobierno catalán, debemos poder expresar nuestra opinión sobre el futuro. Ha sido de tal relevancia todo lo que ha sucedido en Cataluña -victoria de Ciudadanos, desastre electoral del PP, fracaso de las expectativas del socialismo catalán, renovación del Gobierno independentista recientemente disuelto por el Ejecutivo nacional- que unas elecciones no entrarían dentro de lo esotérico. Probablemente Rajoy no sólo piense que unas elecciones generales son una locura innecesaria, sino que tampoco verá razones para cambiar su gobierno después de las elecciones autonómicas. Un inmovilismo envuelto en una desasosegante capa de tranquilidad puede terminar siendo el mayor peligro para todo el sistema.

Ya sé que no me he referido al Partido Socialista en este artículo. Pero el PSC, su campaña y su futuro requieren otra reflexión de dimensiones parecidas a la que voy terminando. Sólo diré que jugar a ser presidente sin tener en cuenta los resultados, llevar a la campaña de Iceta a líderes de otros partidos que compiten con los socialistas en otras comunidades, muestran la levedad de la política del socialismo catalán. Si además, mientras algunos contrincantes están en la cárcel, el PSC se inventa un producto farmacéutico para lograr la felicidad, y el candidato sigue mostrando sus dudosas aunque entrañables virtudes de bailarín, a la levedad debemos sumar la banalidad y la falta de comprensión de una realidad dramática para todos. Sólo el gilismo de Puigdemont ha podido competir con esa forma frívola de ver la política, con la diferencia de que éste último ha sido bendecido por el éxito electoral. Pero como el PSOE no gobierna, y Sánchez ha logrado hace pocos meses imponerse a varios adversarios internos, tiene más tiempo y posibilidades de rectificar, sólo con cambiar la política de personas basada en la confianza por una que legitime el mérito, ya habrá recorrido un buen camino.

Ahora, los socialistas, los populares y, muy especialmente después del 21 de diciembre, los de Rivera bien harían en prepararse para tiempos difíciles en los que la política, respetando las leyes desde luego, se encontrará más allá de los códigos, las formalidades y lo previsible.

Nicolás Redondo Terreros es miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

¿Arrimadas a la investidura?
EDITORIAL Libertad Digital 27 Diciembre 2017

Sería una forma muy llamativa de asentar que el más votado fue un partido que hace gala de su españolismo y su compromiso con la Constitución.

Aunque resulta grotesco que se lo exijan los palafreneros de Rajoy que elogiaron a éste por hacer todo lo contrario, lo cierto es que Arrimadas y Ciudadanos deberían aceptar el reto y presentarse a una sesión de investidura en el Parlamento regional catalán.

Y deberían hacerlo por varias razones. En primer lugar, sería la primera consecuencia política real del resultado de las elecciones del 21-D y una forma muy llamativa de asentar que, pese a que al final el juego de las mayorías parlamentarias entregue el poder de nuevo a los separatistas, el más votado fue un partido que hace gala de su españolismo y su compromiso con la Constitución.

Por otro lado, la exposición de un programa de gobierno radicalmente distinto del que el nacionalismo liberticida lleva décadas imponiendo sería algo histórico; una ocasión extraordinaria para que los catalanes asumiesen que podría haber un Govern no golpista, que se preocupase de los auténticos problemas de los catalanes, que no distinguiese entre catalanes de primera y de segunda ni instigase el odio a España.

Teniendo en cuenta las excelentes dotes oratorias de Arrimadas, es más que probable que, más con independencia del resultado final de la votación, ese momento parlamentario se saldase con una fenomenal derrota de unos separatistas muy poco acostumbrados a debatir en igualdad de condiciones y que hacen gala de un ideario que, tal y como está demostrando la cuestión de Tabarnia, es, además de infame, insostenible por sus numerosas y bochornosas contradicciones.

Esa sesión de investidura podría servir también para marcar la agenda política de Cataluña: el separatismo lleva años –por no decir décadas– decidiendo de qué y de qué no se puede hablar en las instituciones catalanas, a las que están haciendo un daño tremendo.

Por último, podría servir para hurgar en la herida abierta del caos que se vive en las filas separatistas. Con ocho diputados electos en prisión preventiva, ERC y JxC podrían incluso verse forzados a acabar de una vez con el teatrillo pseudoheroico que ha sido la inclusión en las listas de Junqueras y compañía.

En política hay ocasiones en las que se tienen que poner en marcha iniciativas y tomar decisiones que no darán una rentabilidad práctica inmediata. Ciudadanos y el propio Albert Rivera lo entendieron a la perfección cuando apoyaron en el Congreso la investidura de Pedro Sánchez (las circunstancias no son las mismas pero sí cabe establecer alguna comparación). Ahora, es prácticamente imposible que Arrimadas sea presidenta de Cataluña, pero valdría la pena que se viese que ésta es una posibilidad real que quizá pudiera darse en las próximas elecciones.

Escolares en el gueto
RAÚL DEL POZO El Mundo 27 Diciembre 2017

Llega Bruno, el temporal de invierno entre dos años. Se aproxima desde el Atlántico. Es una profunda borrasca de escarchas polares y nieve. Las llamadas heladas de la Epifanía, con árboles plateados y sonámbulos, despedirán el año. Esperamos lluvia, porque la situación es desesperada. Los regantes de Levante piden agua de socorro para evitar que mueran en primavera 44 millones de árboles frutales.

Esta sequía de sol majestuoso prueba que Mariano Rajoy no tiene dotes de profeta. No es que sea uno de esos falsos agoreros de visiones falsas y necias, tan perseguidos en la Biblia; es que le preguntaron si iba a subir el recibo de la luz y, acorralado como el avefría, anunció que llovería, y no llovió. Tampoco acertó al prometer que no habría referéndum, y lo hubo.

Pasaron los meses y Puigdemont sigue encerrado en una cáscara de nuez desafiando al Estado. El fracaso en Cataluña es el otro temporal que azota a Génova. Los revoltosos piden un congreso extraordinario porque creen que el PP está a punto de desaparecer. Exigen un congreso de renovación. Pero Mariano Rajoy ha sorteado momentos peores. Antes de que decidiera aplicar el artículo 155, en Cataluña -como en la propia Tierra antes de nada- sólo existía el caos. El presidente ha restablecido las leyes y las elecciones libres en un territorio donde habían sido quebrantadas y atropelladas. Es la izquierda la que no supo ver que el debate no era ideológico, sino sobre la continuidad de España como Estado.

Cuando el presidente Abraham Lincoln mandó a los soldados a la guerra, dijo: "Mi objetivo primordial en esta guerra es salvar la Unión". El intento de abandonar la confederación fracasó y, desde entonces, nunca más se pondría en cuestión la unidad. Ante la sedición suelen aplicarse los estados de sitio, y este Gobierno sofocó la rebelión sin un muerto. No creo que sean el PP y su presidente los que estén a punto de desaparecer. Más bien, el futuro se juega entre dos derechas, con una izquierda desorientada y menguante.

El problema no es quién gane en España, sino cómo se alcanza el fin de un odio que circula libremente por las calles y las instituciones. Ayer mismo, la Fiscalía llamó a 12 profesores por los comentarios ofensivos que hicieron a los alumnos hijos de guardias civiles, como si fueran niños de un gueto. Escribió François Furet, el historiador de la Revolución francesa, que el rasgo de las democracias es su capacidad de producir niños que odian al régimen en el que nacieron. En este caso no eran los alumnos, sino los propios educadores, los que inculcaban a los escolares el odio al aire que respiran.

Va a ser muy difícil restablecer la paz; ni siquiera utilizando el olvido, esa forma sofisticada de la memoria.

Las políticas lingüísticas afectan a nuestra vida
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 27 Diciembre 2017

Todavía hay almas de cántaro que piensan que el uso de las lenguas con finalidad nacionalista no afecta a nuestra vida cotidiana. La realidad empírica nos demuestra lo contrario. Hoy voy a emplear estas líneas a demostrar como pueden incidir en nuestro bienestar, perjudicándolo gravemente.

Acabo de leer un artículo suyo que me ha enviado Jorge Campos, presidente de Círculo Balear donde muestra descarnadamente los efectos letales que las políticas del Gobierno balear están teniendo sobre los ciudadanos en las islas del archipiélago balear.

Me explico detenidamente: En su artículo en el Diario Mallorquín (www.mallorquindiario.com) Jorque Campos dice que hay 7.000 quejas recibidas en el servicio de salud balear, de las cuales solamente cinco de ellas son en catalán, lo que refleja el bajo índice de uso real de esa lengua en las relaciones con la administración. No obstante, el Gobierno de Francina Armengol (Francisca para más señas), socialista, ha dictado un decreto por cuyo efecto sin título de capacitación lingüística en catalán no va a ser posible trabajar en la sanidad. Y no es que sobren los médicos en Baleares, precisamente, entre otras cosas porque el precio de los pisos supera la capacidad adquisitiva del promedio de los mortales. Es decir, que por el camino por el que está llevando la afecta al proceso de aglutinación catalanista es posible que el déficit de profesionales de la sanidad lleve a listas de espera inasumibles. Los isleños van a ver gravemente afectados sus derechos fundamentales, y no precisamente los que se refieren al uso o no del catalán, sino a los de la salud.

La obsesión por imponer el catalán en todo litoral mediterráneo y diseñar un pancatalanismo colonialista hace que se excluya a 340 médicos interinos, 3.500 enfermeros y más de mil auxiliares de clínica, según cita de voz autorizada Jorge Campos. Ahora, ustedes me pueden decir si eso es lógico y si se está pensando en el bienestar de los ciudadanos al que se deben los politicastros de turno o en fantasías banales que no llevan a ninguna parte.

Lo sorprendente es que esto lo hagan los socialistas. Desconozco si esta tendencia nada igualitaria, que afecta a la destrucción de los lazos que unen a los españoles y garantizan su igualdad ante la ley, tiene algo que ver con aquello que dijo Manuilski en 1933 a los estudiantes españoles de la Escuela Lenin de Moscú: “Sois un Estado en el que hay numerosas naciones. Tenéis los vascos, tenéis gascones (sic), tenéis Andalucía, Marruecos…” Este planteamiento contrario al devenir de la historia se postulaba para ocupar el espacio de nacionalistas y regionalistas, prometiendo por ello la autodeterminación a todas las áreas potencialmente separatistas. De ahí proceden las variantes de la izquierda en Cataluña y País Vasco, y la expresión de “Comité nacional” al referirse al órgano de dirección entre congresos. Lo cual ha contaminado de forma letal a los socialistas hasta el día de hoy. Es una triste paradoja pues no hay nada menos socialista que la desigualdad y el enfrentamiento entre compatriotas. Además, nada es menos de izquierdas, según la teoría clásica, que subordinar el desarrollo de los servicios básicos como son la sanidad y la educación, a políticas lingüísticas que abren una brecha insalvable entre los ciudadanos.

Hago mías las palabras del académico y lingüista Emilio Alarcos, que, con motivo de una celebración del milenario del uso escrito del castellano en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, pronunció unas palabras ante los Reyes de España, en el año 1977. Decía que “Hoy, creo sinceramente, son irrenunciables el derecho y la obligación de expresarse también en español, sin abdicar de las particularidades autóctonas. No estamos ya en los tiempos de la cultura de campanario. El ámbito en que nos movemos no son las reducidas hectáreas divisables desde la torre de la iglesia de nuestro pueblo, sino el amplio panorama que se abarca desde un avión a diez mil metros de altura, sino el amplio panorama que se abarca un avión a diez mil metros de altura, cuando no todo el globo desde un satélite. Si el hombre actual de nuestro país, con todas sus variedades y divergencias, tiene algo que decir en el mundo, ha de decirlo en español, porque de lo contrario, encorvándonos en el fondo de nuestras particularidades y diversas guaridas, terminaremos constreñidos a decirlo en inglés, en ruso o en chino”.

Emilio Alarcos añadía en el discurso de investidura de doctor honoris causa en la UNED en el año 1998 que “Subterfugios políticos de radio estrecho han inducido a identificar la lengua con esos entes gaseosos que se llaman nacionalidades, y no digo razas, porque ya casi nadie, a no ser algún racista trasnochado de sacristía mohosa, se atreve a hablar de ellas como si la sangre y las demás particularidades genéticas de cada hombre condicionasen sus creencias y sus teorías políticas y sociales. Nación y lengua no coinciden en sus circunscripciones respectivas. Hay naciones sólidas y “multilingües, y hay lenguas vigorosísimas y multinacionales. No es preciso apuntar ejemplos, en la mente de todos.”

Pues eso mismo. Quien crea que estas veleidades lingüísticas de tercera regional no le afectan en su vida cotidiana ya se enterará tarde o temprano. Para empezar, si es funcionario de servicios esenciales ya sabe que tiene una barrera, una frontera insalvable, para trasladarse a esas comunidades aquejadas por el virus nacionalista que ha contagiado a una izquierda sin principios.

Islamismo: la amenaza que nadie quiso ver
Arturo García gaceta.es 27 Diciembre 2017

El término ‘no-go zone’ ya no es ajeno a las autoridades españolas. El islamismo radical ha llegado a nuestras ciudades para quedarse.

Europa ya no es lo que era. Las irresponsables decisiones tomadas por los dirigentes durante las últimas décadas han modificado los pilares culturales de cada nación hasta el punto de, en algunas zonas, dinamitarlos. La implementación del islamismo y la connivencia de las autoridades han propiciado la proliferación de zonas en las que rige la ley islámica y los agentes de Policía tienen prohibido de facto acceder. Ocurre en Reino Unido, Francia, Bélgica y ahora también en España.

La Policía española ha admitido la existencia de cuatro ‘no-go zones’ repartidas a lo largo y ancho del país. Allí la única ley válida es la islámica, la misma en la que se ampara el ISIS para llevar a cabo sus atrocidades o Arabia Saudí para batir, año tras año, su propio récord de ejecuciones públicas, y el poder está en manos de los imanes convenientemente colocados por las autoridades islámicas del Golfo.

Los derechos de las personas que profesan otras religiones desaparecen en cuanto se cruzan las lindes del barrio, las mujeres deben cubrirse el rostro, no existen comercios de comestibles que no cumplan el precepto halal y los niños son educados fuera del sistema escolar del país. Molenbeek, el barrio islamista de Bruselas, se convirtió en la cantera de los terroristas que han asediado Europa durante los últimos dos años y medio. Sus calles sirvieron de refugio a los radicales y muchos de ellos crecieron en la zona impregnándose día a día del odio hacia Occidente.

Desde que Abu Bakr Al Baghdadi autoproclamó el califato islámico, los islamistas señalaron a España (Al Ándalus) como uno de los objetivos esenciales para impulsar la religión de Mahoma por Europa. El grupo terrorista vive sus momentos más bajos, pero sus soflamas contra nuestro país no han cesado. Los líderes ya no hablan de recuperar la “tierra de sus antepasados”, sino de “asesinar al mayor número de infieles posibles”.

Los islamistas ven Europa como un objetivo factible y motivos desde luego no les faltan. La mayor parte de los países han renegado de sus raíces cristianas amparándose en la corriente laicista predominante en el mundo. En palabras del primer ministro húngaro, Viktor Orbán: “Quieren que nos avergoncemos de nuestra historia, de nuestro pasado, pero eso no es posible. Somos de donde venimos y eso nada lo va a cambiar”.

España aún está a tiempo de reaccionar y frenar esta corriente de islamismo radical en su interior. Sin embargo, permítanme ser pesimista. Y es que los complejos de la sociedad española hacen imposible una reacción contra el islam extremista que crece en su interior. Los mismos grupos feministas que denuncian la violencia contra las mujeres guardan un comprometedor silencio con los preceptos de las leyes islámicas e incluso, en un gesto sin precedentes, se colocan el niqab, la prenda islámica que oprime a las mujeres y esconde su rostro, en señal de protesta contra los dirigentes.

Charles Haddon Spurgeon, conocido como el ‘Príncipe de los Predicadores’, explicó que la “cercanía a Dios trae parecido a Dios, pues cuanto más veas a Dios, más de Dios será visto en ti”. Europa hoy, desgraciadamente, camina en rumbo opuesto.

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El cáncer del nacionalismo en el PP
En sólo ocho meses un cargo del PP pasó a ser el respnsable de la versión balear de la ANC catalana
Ramón Pérez-Maura ABC 27 Diciembre 2017

La cita en catalán se entiende lo suficiente: El Principat de Catalunya ha dit la seva, ni rei ni Rajoy. Ara teniu la pilota a la vostra teulada. Us pensàveu guanyar, heu perdut, la majoria indepe ha guanyat amb escreix al Principat. Això, podeu estar ben segurs, accelerarà la mobilització a les Illes Balears i al País Valenciá. Què fareu? Després de quaranta anys heu aconsseguit començar a desfer calça, soy gent ufana i superba, el vostre fí està arribant. Els Països Catalans començam a reaccionar! Estam farts de tot, de l’espoli, de la vostra prepotència, de la ignorància de la nostra identitat, del menyspreu a la nostra llengua i cultura... De tot plegat!

¿Será esta una cita de alguien de ERC? ¿De la ANC? ¿De Òmnium Cultural? No. La cita la publica en su Facebook Cristòfol Soler Cladera. Antaño Cristóbal Soler, activista de la OJE del Frente de Juventudes. Soler tuvo una carrera política notable hasta el punto de que el 1 de agosto de 1995 se convirtió en presidente de Baleares, designado por el caído Gabriel Cañellas, a quien la corrupción se había llevado por delante. Desde el principio su política catalanista fue clara. Su promoción de la idea de los Països Catalans en la educación balear se puso en marcha desde el primer minuto. Unos meses después desde ABC denunciamos la manipulación de los niños en la educación balear. Estuvimos semanas recopilando miles de firmas contra Soler y la incongruencia del catalanismo del PP balear se convirtió en tal clamor que Aznar puso punto final y el propio PP votó una moción de censura que se llevó por delante a Soler.

A pesar de que Cristòfol Soler había actuado con toda claridad y de que su catalanismo expansionista era clamoroso, el PP no lo expulsó de sus filas. Antes al contrario, siguió alimentándolo. Y entre otras bicocas se le colocó como responsable del Centre Balears Europa, donde siguió cobrando un sueldo hasta que en 2014 el presidente balear, José Ramón Bauzá, puso fin a aquel despropósito. El 1 de septiembre de 2014 Soler se daba de baja en el PP y ocho meses después, en abril de 2015, era elegido presidente de la Assemblea Sobiranista de Mallorca. Algún mérito debió de acumular desde los cargos del PP para alcanzar en sólo ocho meses ese sillón, equivalente en Baleares a la presidencia de la ANC en Cataluña.

Después de lo que hemos vivido a lo largo de cuatro décadas en el País Vasco y Cataluña, a mí me gustaría ver firmeza por parte de PP. Igualmente en Mallorca, donde cuando menos, me parece dudoso que el actual presidente del PP, Biel Company, no sea también partidario de un «catalanismo moderado». El cáncer del nacionalismo ha hecho ya mucho daño al PP. Y esta es una enfermedad que sólo se cura con un pronto diagnóstico y tratamiento brutal de quimioterapia. Ánimo.

Ciudadanos debe cesar a Rajoy y convocar elecciones
Juan Carlos Bermejo vozpopuli.es 27 Diciembre 2017

Son muchos los amigos y familiares que me han felicitado en los últimos días por el triunfo de Ciudadanos en las elecciones catalanas. Sin desmerecer el gran esfuerzo que han hecho todos los militantes, simpatizantes y la voluntad de más de un millón de votantes, a todos ellos, les he respondido lo siguiente

“Efectivamente, para Ciudadanos ha sido muy bueno. Ahora tendremos más despachos, más dinero, más coches oficiales, más asesores, más poder institucional… además de la indiscutible relevancia que ha tomado Inés Arrimadas a nivel nacional, para alegría de muchos y recelo de otros. Sin embargo, para España, el resultado de las elecciones es un auténtico desastre, ya que, tal como anuncié hace dos meses , convocar comicios anticipados era un tremendo error y la lamentablemente la mayoría independentista se ha repetido. Con unos sediciosos al frente de la Generalitat y con un cobarde patológico en Moncloa, España, si no lo impedimos, está condenada a años de recesión y sufrimiento, si no, a su desmembración como nación”.

La decisión de Rajoy de convocar elecciones a toda velocidad, empujado por Sánchez y Rivera, sin antes intervenir las instituciones e instaurar una ley electoral justa, ha demostrado ser totalmente equivocada.

La esperanza que PP y PSOE albergaban para llevar a cabo su plan, con la ayuda de sus medios y casas de encuestas afines, donde era vital que los separatistas no alcanzaran la mayoría absoluta, resultó un completo fracaso, y al menos de momento, España se ha salvado de las consecuencias que hubiera supuesto la concesión del concierto económico y más autogobierno para Cataluña.

No obstante, la mejor noticia es que el resultado ha dejado a ambos partidos heridos de muerte, así como a la coartada que había creado el sistema, es decir, a Podemos.

Las consecuencias inmediatas del resultado del 21-D, serán las siguientes:

La creación de un gobierno separatista con el control absoluto de las instituciones, los medios y la educación, agrandará aún más la fractura social entre los catalanes, así como con el resto de españoles.
Un gobierno independentista, unido a un gobierno inicuo en Madrid, supondrá que la inversión extranjera y nacional caigan a plomo, tanto en Cataluña como en España.
La salida de empresas de Cataluña aumentará considerablemente, así como el traslado de centros de producción y distribución. Muchas de ellas, las foráneas, incluso se trasladarán fuera de España debido a la incertidumbre política y a la inseguridad jurídica.

Se intensificará el boicot a productos y servicios catalanes, proliferando la creación de negocios competidores en el resto de España que empobrecerán la economía catalana y provocará migraciones de ciudadanos catalanes a otras regiones de España.
Habrá recesión en Cataluña en 2018, con una caída del PIB entre el 1,3% y el 1,5%
En España el PIB crecerá en 2018 no más del 1,8%, lo que truncará todos los acuerdos presupuestarios y de déficit pactados con Bruselas.

La hecatombe electoral en Cataluña generará una crisis de Estado de consecuencias imprevisibles, donde la oligarquía bipartidista de la Transición se hundirá definitivamente.

Previendo esta catástrofe anunciada, el grupo de profesores y economistas independientes que venimos denunciando reiteradamente la grosera manipulación de la Contabilidad Nacional desde 2008, realizamos en el Salón de Actos de la Escuela de Minas y Energía de Madrid una exposición pública, ante un nutrido aforo, sobre el futuro político y económico de España, tras 40 años de Régimen del 78. Estas fueron las conclusiones:

El Régimen del 78 ha hurtado la democracia a los españoles. En lugar de crear un sistema representativo y con división real de poderes, se dejó el poder en manos de una oligarquía de partidos que se enriquece a costa de crear un estado autonómico insostenible y desleal, fuente de la corrupción institucional perpetuada.

El Régimen del 78 ha hecho que España haya crecido muy por debajo de su potencial si nos comparamos con los países de nuestro entorno. España ha pasado de ser la octava potencia a la quinceava. Han desindustrializado el país, pasando del 36% al 15%. Países como Irlanda o Corea del Sur que estaban a nuestro nivel, ahora más que nos duplican en renta per cápita. El modelo productivo está basado en salarios bajos, empleo precario, envejecimiento exponencial de la población, sistema de pensiones quebrado y generación de exportaciones de bienes y servicios de bajo valor añadido.

La supuesta recuperación económica es una gran farsa, ya que está basada en la generación de una enorme burbuja de deuda pública, no mutualizada y que no para de crecer, propiciada por el BCE, que supone endeudarse el triple de lo que se crece. España no es soberana, ya que está en manos de sus acreedores. Los españoles no son conscientes del grave problema que esto supone porque la deuda se refinancia al ser impagable, hasta que nuestros amos digan basta, y entonces las consecuencias serán irreversibles.

El Régimen del 78 ha convertido a España en un país irrelevante internacionalmente. Ningún español dirige ni está presente en la ejecutiva de los organismos internacionales de primer nivel. Nuestros diplomáticos son prisioneros de los nefastos gobiernos de turno. El último ejemplo ha sido la crisis de Cataluña, donde los separatistas han conseguido que gran parte la opinión pública internacional acogiera sus tesis, sin réplica eficaz y contundente por parte de nuestra diplomacia. Con presidentes cobardes, que no hablan idiomas, ministros incompetentes y un modelo económico que carece de proyecto y soberanía, España se encamina a ser un país de tercera en la esfera internacional, cuando, por su posición geoestratégica, debería ser uno de los países más influyentes del planeta.

Para revertir esta situación, todo pasa abordar por una reforma constitucional que contemple la separación de poderes efectiva, la dimensión y competencias del estado autonómico y la adecuada representación ciudadana, con el fin de convertir a España en una democracia real, lejos de las fauces de la oligarquía de partidos.

Mientras España se hunde social y económicamente, Rajoy, en un nuevo acto de felonía, lejos de hacer autocrítica, sólo piensa en cómo frenar a Ciudadanos.

Tras culpar de forma miserable a nuestro partido de la “derrota constitucionalista” en Cataluña, ha dado instrucciones para que toda su estructura orgánica se centre en la derrota de Ciudadanos. Para ello, espera contar con la ayuda inestimable de los grandes medios de comunicación, aunque lo tendrá difícil, porque también ellos son conscientes de que apoyar a Rajoy supondrá su inevitable destrucción.

En la última reunión del comité ejecutivo, Rajoy insistió varias veces si, tras su exposición, alguien tenía alguna pregunta. Nadie respondió, lo que indica que en España gobierna un personaje de extrema sencillez acompañado de un grupo de siervos que sólo piensan para sí mismos y no para España.

¿Puede nuestro país permitir que sigan gobernando? ¡Claro que no!

Poner en marcha un proceso de reformas que salve a España del desastre pasa obligatoriamente por la destitución de Mariano Rajoy como presidente del gobierno, algo que la gran mayoría de españoles están pidiendo a gritos, y que, a día de hoy, sólo puede ocurrir si Ciudadanos le retira su apoyo parlamentario y se convocan elecciones generales.

En ese caso, los españoles podrán reaccionar como lo han hecho en Cataluña, dando su apoyo mayoritario a un proyecto integrador que trabaje por el bien común para todos los españoles y que realice las reformas necesarias.

Resulta comprensible que la ejecutiva de mi partido se tome un tiempo para reflexionar el cómo y el cuándo, pero no más de unos pocos meses, ya que los ciudadanos comenzarán a sufrir las terribles consecuencias en breve.

Estamos ante un momento histórico. ¡Hagámoslo! De lo contrario será tarde. Los ciudadanos nos lo están pidiendo. No les fallemos ¡Ahora o nunca!

PD: Hoy les dedico el tema de la película Matrix titulado “Clubbed To Death” de Rob Dougan https://youtu.be/nokUmuhZ0D4

Venganza Catalana
Javier Barraycoa gaceta.es 27 Diciembre 2017 

No hablamos de la “venganza catalana” que se urdió en Neopatria o en la lejana Atenas, sino de la que se está cociendo en la cárcel de Estremena. Como tuvimos a bien aventurar contra todo pronóstico, en esta misma tribuna, Puigdemont iba a dar un “sorpasso” a ERC. Además el adelantamiento iba a ser por la izquierda. Y así se ha cumplido, pues su victoria sólo se entiende por haber arrastrado votos del caladero de los pijo-cuperos. Para ellos Junqueras es un blandengue e incluso un tibio. La estrategia electoral de Puigdemont, fundamentada en un relato quijotesco, ha funcionado. Pero el tiempo empieza a correr y el despertador sonará y la realidad amanecerá para los que aún creen que Puigdemont es el actual “presidente de la Generalitat” en el exilio.

Y la realidad se concreta en que, en pocas semanas, se tienen que recoger las actas de diputados autonómicos, constituir los grupos parlamentarios, el Parlamento y la investidura del nuevo presidente de la Generalitat. Cosas banales, suele ocurrir en todas las democracias. Y ahí vendrá el problema para los que siguen en el alucinante Wonderland de Puigdemont. ¿Cómo un Presidente que vuelve del exilio reclamando su cargo, pues “nunca ha sido cesado”, puede ser investido. Es como si el retorno del Rey legítimo en el exilio exigiera que volviera a ser coronado. Un absurdo. Además, la restauración de la “normalidad” que exige el relato de la campaña electoral de Junts per Catalunya exige que Carme Forcadell vuelva a ser la Presidente del Parlament. Pero ella es más realista y sabe que ese cargo, en su actual situación judicial, quema y le pueden llevar a agravar más su horizonte penal. Por mucho que “Puchi” no lo desee, abrigado con su bufanda vileda XXL, la realidad ha cambiado.

Junqueras ha sido indirectamente humillado durante toda la campaña. El relato puidemondiano se resume en que su vicepresidente se ha “rendido” al Estado español y ha renegado del “vigente” govern que encabeza Puigdemont en el exilio. Por eso no es de extrañar, que tras la humillante derrota electoral de ERC, se estén afilando los cuchillos en la formación republicana para la venganza catalana. Junqueras es paciente. Lo ha demostrado muchas veces. Él y los suyos ya barajan cómo quedar bien ante el secesionismo y, a la vez, impedir la investidura de Puigdemont. La artimaña parece complicada, pero las piezas con un poco de suerte pueden ir encajando solas.

En primer lugar, Puigdemont sólo ha realizado una promesa electoral: si ganaba las elecciones volvería a España como Presidente de la Generalitat a ser restaurado en su cargo (ni siquiera se acuerda que existe un partido llamado Ciudadanos que le ha ganado en votos). El retorno de Puigdemont, si se produce, supondrá un quebradero de cabeza judicial, policial y político. Nadie sabe cuál será su situación de cara siquiera a la posibilidad de ser candidato a la investidura. Igual acaba en Estremena en compañía de un gitano fan de manolo Escobar (hecho denunciable por Amnistía internacional).

En segundo lugar, a Junqueras aún le queda un estrecho margen para acudir ante el juez Llanera y matizar sus declaraciones, conseguir a que le levante las medidas cautelares y pueder estar presente en los debates de investidura. Es un escenario muy complicado, pero no imposible. A su favor, Junqueras sabe que par el Gobierno español la mejor arma que tiene contra Puigdemont es el propio Junqueras. A malas, aunque Junqueras no pudiera ser elegido un presidente ejecutivo, por tener que permanecer bajo medidas cautelares, siempre podrían votarle como “Conseller en cap”, “presidente honorífico” o cualquier otro cargo que se inventen para el caso. La cuestión es que ERC, con tal de que Puigdemont no siga subido a la parra, debe maniobrar con la frialdad y la precisión de un cirujano. Debe representar ante su público que es imposible investir a Puigdemont o al sucedáneo que designe de su candidatura, y convencerle de que la única salida para salvar el “proceso” es que él esté -de una u otra manera- como cabeza visible del mismo.

La preocupación de ERC es cómo escenificar la ruptura con Junts per Catalunya. Lo demás vendría solo. La estrella de Navidad se le aparecería a Iceta y los Comunes, pues serían los respaldos que necesitaría Junqueras. Ello les permitiría cobrar un protagonismo que las urnas les ha arrebatado. Por otro lado, esta alianza (que ya hemos anunciado varias veces como la más realista para salir del atolladero), deja a Ciudadanos y al PP como invitados de piedra. El partido más votado y el menos votado tendrán el mismo protagonismo en la política catalana: cero. Venganza catalana y absurdo democrático.

Habrá venganza catalana, o mejor dicho catalanista. Esta puede adoptar dos formas. La primera intentar mantener el relato de la épica con un falso pacto entre ERC y los de Puigdemont, pero con un elenco de diputados y consejeros que vayan siendo juzgados y pasando por la cárcel, desestabilizando el Parlament; la segunda el pacto ERC, PSC y Comunes que en segunda vuelta con la abstención del PP tendrían más que suficiente y ello culminaría la venganza se Junqueras y Puigdemont. Las dos formas de venganza se sintentizarían en una: convertir Cataluña en un espacio político endémicamente inestable.

Sea como sea, la venganza catalanista se impondrá. Y lo peor para el Estado español y su gobierno no es una confrontación entre nacionalistas y no nacionalistas en Cataluña, sino una guerra civil entre independentistas que convierta Cataluña en tierra quemada y de paso en un lastre que hunda España. Y en eso de dejar tierra quemada de por medio los descendientes de los almogávares sabemos mucho.

SOMETIDAS A LA SHARIA
La Policía califica cuatro barrios españoles como ‘no go zones’
Juan E. Pflüger gaceta.es 27 Diciembre 2017

No es una cosa de Francia, Bélgica o Inglaterra. Las “no go zones” están en España y preocupan mucho a la Policía

Desde que se descontroló la inmigración en Europa, son muchos los barrios junto a grandes ciudades en los que es peligroso para un europeo dejarse ver. Ciudades como Londres, París, Bruselas,… tienen barrios en los que ya hay una mayoría de población islámica y rigen sus propias normas emanadas de la Sharia o Ley Islámica. Hasta ahora, parecía que esto no estaba ocurriendo en España. Pero las cosas llevan un tiempo cambiando y, entre los agentes de las diferentes policías españoles, ya hablan de la existencia de, al menos, cuatro zonas claramente controladas por la comunidad musulmana más radical.

En esas zonas, los no musulmanes son expulasados, las mujeres deben andar tapadas, no existen comercios de comestibles que no cumplan el precepto halal y los niños son educados fuera del sistema escolar que rige en nuestro país. Además, la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad son casi inexistentes por la imposibilidad de desarrollar operaciones que en otras zonas de nuestro territorio nacional son normales.

Los dos primeros lugares en los que se implantó el territorio “no go zone” furon en las ciudades de Ceuta y Melilla. Allí se encuentran las barriadas de “El Príncipe” y la “Cañada de la Muerte”. Lugares prohibidos a la Policía, pero también a quien no sea identificado como musulmán.

La Cañada de Hidum, conocida como la “Cañada de la Muerte” en Melilla, es una barriada que empezó a gestarse a mediados de los años ochenta con la acumulación de musulmanes. “Entonces facilitaba la convivencia”, asegura a La Gaceta un agente de la Policía Nacional destinado en esa ciudad española del norte de África. “Eran pocos y, al estar concentrados se les podía controlar”, afirma. Pero también explica como esa permisividad que se vivió en Hidum les llevó a que cada vez se desplazaran más musulmanes, muchos de ellos entraron ilegalmente desde Marruecos y, a día de hoy, son un gueto cerrado en el que no pueden entrar no musulmanes, o si entran “corren un grave peligro”.

Algo similar ocurre en la barriada de “El Príncipe”, en Ceuta. Allí hace ya años que las actuaciones de la Policía Municipal se realizan con mucho desplazamiento de agentes y suelen estar protagonizadas por Unidades de Intervención Policial o por el Grupo de Operaciones de la Policía Nacional. El control de estas zonas es ejercido directamente por imanes, líderes de la comunidad religiosa que son a la vez los que imparten la justicia en las zonas. Las fuentes policiales consultadas explican que estos barrios están fuera del control de las autoridades españoles “porque se les ha permitido crecer sin poner freno a una deriva integrista que era clara desde hace por lo menos una década”.

Pero las “no go zones” españolas no se encuentran solamente en las ciudades de Ceuta y Melilla. Existen dos en las proximidades de Madrid y Barcelona. En Madrid se encuentra en la Cañada Real Galiana, en el conocido como sector VI, donde las 150 familias que lo habitan -según el censo, aunque seguro que son más a juzgar por miembros de la Policía Municipal consultados por este diario- son musulmanes con un alto grado de radicalización. El sector VI funciona como un pueblo islámico a media hora del centro de Madrid.

Esa zona de la Cañada Real fue poblandose por musulmanes hace quince años. Ahora no queda ni un solo habitante que no profese esa religión. El último español, de etnia gitana, tuvo que marcharse hace dos años ante la imposibilidad de convivir con sus vecinos. Allí, las autoridades religiosos dictan las normas y solamente existen dos comercios, ambos halal. La radicalización de esa zona preocupa mucho tanto en la Comunidad de Madrid como en el Ayuntamiento.

No es para menos, fuentes policiales han asegurado a La Gaceta que muchos de los detenidos por su vinculación con el yihadismo en España han pasado por el Sector VI de la Cañada o mantienen allí importantes contactos. Desde hace dos meses existe un acuerdo entre Ayuntamiento de Madrid y Comunidad para proceder al desalojo de esa zona de la barriada y su reasentamiento en varios puntos. Se pretende separar a las familias radicalizadas para evitar que sigan funcionando como un gueto en el que se prohibe el paso de no musulmanes.

Allí rigen las tradiciones y las normas islámicas, especialmente en lo que se refiere a las mujeres. La mayoría de las niñas padecen la ablación -mutilación genital femenina-, también son frecuentes los matrimonios concertados, incluso a edades tempranas por debajo de la edad legal -con 13 y 14 años- y se impone la vestimenta femenina islámica con las mujeres paseando con todo su cuerpo tapado.

Ahora, las administraciones públicas han desarrollado un plan de realojamiento para evitar que siga creciendo ese núcleo de integrismo. “No lo dirán públicamente”, asegura un agente de la Policía Nacional a este periódico, “lo están camuflando dentro de los planes para evitar la exclusión social”, pero la realidad es que los 18 millones de euros que se van a gastar Ayuntamiento y Comunidad de Madrid en poner fin a ese núcleo de islamismo en los próximos dos años, solo buscan la dispersión de los elementos radicalizados.

En Cataluña la situación es “grave”, según las fuentes consultadas dentro de la Policía Nacional. En primer lugar, porque son muchas las zonas que corren el riesgo de acabar como las anteriormente explicadas; y en segundo lugar porque “la falta de información de los Mossos nos hace que no podamos valorar con la misma fiabilidad la situación que se vive en esa zona de España”.

Allí existen varias áreas donde se aprecia radicalismo, pero especialmente hay dos que preocupan a la Policía. En Santa Coloma de Gramanet hay barrios que están controlados por el islam más radicalizado, pero no son propiamente “no go zones”, al existir presencia policial, aunque no suficiente como para parar costumbres impuestas que chocan con “nuestra legalidad”.

Donde afirman que empieza a haber un problema serio es en el barrio de “La Mina”, en Sant Adriá del Besos, en el límite con el término de Barcelona. Esa barriada fue levantada a finales de los años sesenta para combatir el chabolismo, pero durante los años ochenta fue ocupada por población de etnia gitana. En los últimos años, una parte importante de las casi tres mil viviendas que existen han sido ocupadas por población islámica y hay “tres bloques” en los que la presencia es exclusivamente musulmana. Son unas cien familias que han formado un gueto, “han logrado desalojar a la población gitana” y están implantando sus normas y costumbres. Allí “no entran los Mossos ni la policía local y es una pequeña no go zone”, aseguran fuentes policiales.

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