AGLI Recortes de Prensa   Jueves 28 Diciembre 2017

¿Remendar la Constitución para los secesionistas?
RAMÓN PARADA El Mundo 28 Diciembre 2017

Los españoles fuimos libres e iguales, pese a los carlistas, durante la vigencia de las constituciones liberales que construyeron un Estado centralizado a imagen y semejanza del Estado francés. Así fue desde la Constitución de Cádiz y sigue con las de 1845, 1869 y, sobre todo, durante el gran periodo de vigencia de la Constitución de 1876. Y seguimos siendo iguales, pero ya no libres, durante la Dictadura de Primo de Rivera y nuevamente libres pero ya no tan iguales con la Constitución de 1931 que inventó las regiones autónomas, dando la espalda al modelo francés. Y dejamos de ser libres, ¡y de qué manera!, aunque volvimos a ser iguales, por mantenerse el centralismo precedente, durante el nacionalcatolicismo del general Franco. Después, la Constitución de 1978 nos hizo de nuevo libres pero profundamente desiguales al introducir los derechos históricos y privilegios forales y una profunda descentralización. Dicho más claramente: cambiamos el modelo francés y liberal patrio por el sueño carlista. A ese diseño descentralizado y foral debemos una desigualdad fiscal, otra en el nivel de prestación de los servicios públicos de educación y sanidad, en el acceso al funcionariado autonómico, municipal y docente, menosprecio del sentimiento nacional español en aras de los subvencionados sentimientos regionales, pérdida de una lengua común oficial; amén de haber creado, entre otros males (duplicidad de competencias, sobrecostes, insufrible conflictividad interterritorial ante el laberinto de la financiación autonómica), una enmarañada y desigual legislación autonómica fuera de límites constitucionales que afecta gravemente a la seguridad jurídica y, por ende, a la unidad del mercado y a la inversión extranjera, de modo que, salvada la distancia, retornamos al austracismo del siglo XVII.

Y por si fuera poco, a esa "inocente descentralización" también debemos el problema de Cataluña. Así que, aunque desiguales como nunca en los dos últimos siglos, libres sí que somos los españoles; tan libres, tan libres que ya es posible, haciendo escarnio de la Constitución y atropellando el Estado de derecho, seccionarse por regiones con retransmisión en directo en el mundo entero y salir del trance como si nada hubiera ocurrido, permitiendo a los protagonistas de la secesión optar de nuevo a los mismos cargos de que se sirvieron para perpetrarla.

Y en esta andábamos cuando un grupo de ilustres catedráticos de Derecho, de cuya sapiencia y desinterés puedo dar fe, sin el menor diagnóstico histórico, obviando el virus descentralizador como origen etiológico de la patología institucional que padecemos, tiran de recetario y en 10 folios dan con una nueva solución constitucional para resolver la enfermedad catalana de la incomodidad constitucional. En substancia, nos proponen: aclarar (?) y reforzar las competencias del Estado, ¡sin decir cuáles!, y remitir a las comunidades autónomas la aprobación de sus constituciones particulares o estatutos; y, a mayores, como premio a los recién secesionistas, una consulta o referéndum solo para catalanes sobre una ley de Cataluña que adapte el Estatuto, lo reforme y mejore; incluso simultáneo con otro referéndum en el que se pronuncien todos los ciudadanos del Estado, pero únicamente sobre la adaptación de la Constitución al nuevo modelo de organización territorial.

En resolución, se trata de combatir la patología descentralizadora con más descentralización, y no menos, de la prevista en la Constitución de 1978. Lo de siempre: apagar el fuego con gasolina, obviando que el profundo y tenaz fervor religioso que arrastra desde hace siglos a los separatistas catalanes a la secesión no terminará con un remiendo más descentralizador a la Constitución vigente, como acaban de proclamar a todos los vientos sus candidaturas en las recientes elecciones, sino, como la Historia ha documentado reiteradamente, manteniendo a ultranza la legalidad vigente con derrota del independentismo; y que ya no tiene, ni debe, ni puede ser como en los siglos XVI y XVII y el 6 octubre de 1934 (ante una cruenta rebelión contra la República, bastante antes de la de Franco, en julio de 1936), militar, pero sí judicial y diplomática en toda regla; e inevitable, pues la alternativa es el escarnio y la desarboladura del Estado de derecho. Estamos ante una tragedia nacional, cuyo precio, no nos hagamos ilusiones, pagaremos todos los españoles, tan culpables como los catalanes por haber caminado durante cuarenta años por la senda descentralizadora sin parar mientes, a la vista de sus evidentes patologías, en las experiencias y advertencias del pasado.

Advertencias como las que formuló Montero Ríos, también catedrático de Derecho y con inestimables trienios de servicio público (Ley Orgánica del Poder Judicial, matrimonio civil, amarga firma del Tratado con Estados Unidos tras la derrota de Cuba, etc.) y que siendo Presidente del Gobierno, en 1905, frente a la modesta descentralización territorial que Maura pretendía y ante la misma cuestión catalana afirmaba: "El pueblo catalán en su inmensa mayoría es correcto, es leal, es patriota; es un pueblo que puede aspirar a cuantas libertades en el orden administrativo y económico entienda que le conviene con el mismo derecho, con la misma legitimidad, con la misma libertad que todos los demás pueblos de la península española, pero siempre que esa aspiración esté encerrada en un cuadro inflexible, en el cuadro de la unidad de la Nación española, de la personalidad del Estado español. Nada que directa o indirectamente contraríe esa unidad y esa personalidad, puede ni este Gobierno ni creo que ningún español tolerar".

En esta argumentación insiste Montero en el Senado, el 28 de enero de 1909, en el debate sobre el Proyecto de Ley de Mancomunidad de Diputaciones, ya aprobado, el 5 de junio de 1912, por la Cámara Baja, en aplicación de la tímida descentralización maurista: "Se me requiere", dijo entonces, "para preguntarme qué juicio me merecía eso que se llama el nacionalismo, que ha venido a proclamarse esta tarde ante el Senado español y tengo que decir que el nacionalismo es contrario a la Constitución del Estado que no admite más que una Nación, cuyos representantes según la Constitución misma, no son representantes de Cataluña, de Asturias ni de Galicia, no son representantes de ésta o de aquella otra región, son representantes únicamente de la Nación española. No hay otra nacionalidad, no puede haberla, porque ello sería incompatible con la unidad constitucional de la España moderna. ¡Nacionalistas! Tengo la completa seguridad de que ni mi partido, ni ningún otro, no profesa, no profesará jamás ideas semejantes; pero si las profesara yo dejaría de ser liberal, yo no pertenecería a ningún partido político, para ser español, siempre español, y defensor de la unidad de mi patria. Al fin se han aclarado ya esas nebulosidades con que la opinión pública se extraviaba; al fin ya sabemos a lo que se aspira; al fin ya sabemos que lo que se quiere es constituir Cataluña en una nación, que por ser nación tenga derecho a su independencia a su propia soberanía". Montero dimitiría, en 1913, de la Presidencia del Senado ante la inminente aprobación de la Mancomunidad de las Diputaciones catalanas, el remiendo de entonces para comodidad de los nacionalistas y origen de la moda descentralizadora en las Constituciones de 1931 y 1978, así como de la recreación de la Generalidad de Cataluña. De seguro que ante éste remiendo constitucional que ahora postulan sus colegas de este siglo, don Eugenio, levantando los brazos, exclamaría: ¿Más descentralización, más desigualdad entre los españoles? ¡No, gracias!

Ramón Parada, ha sido catedrático de Derecho Administrativo de las Universidades de Barcelona, Complutense y UNED.

Como siempre... cornudos y apaleados
Antonio García Fuentes Periodista Digital 28 Diciembre 2017

Cornudos y apaleados, son palabras que he empleado en titular diferentes artículos (están en mi Web para comprobación) para significar, la situación de los casi siempre, súbditos o cuasi siervos españoles; puesto que así nos han tratado los que dicen gobernarnos, desde antes de “Recaredo, Wamba o Don Rodrigo”; los que tras saquearnos hasta cuasi el exterminio, la mayoría escaparon al extranjero a vivir como reyes y ese es el motivo del hundimiento continuo de una nación muy rica y que pese a todo y a todos, se sigue conociendo como España.

Aquí se ha gobernado siempre sobre una base terrible cual es “LA MENTIRA” y así seguimos, en la España actual y sus diecinueve virreinatos, autonomías o como dijo aquel iluminado intelectual valenciano (Vizcaíno Casas), “autonosuyas”. Aquí nadie o muy pocos fueron capaces de responder de nada que justificara los grandes desastres, los que fueron asumidos o miserablemente tapados por inútiles historiadores nativos; y si sabemos mucho de lo que la mayoría ignoran es por cuanto los extranjeros escribieron “a tumba abierta” de lo que en realidad ha sido la historia de España.

En economía y salvo los dos periodos prósperos de las dos dictaduras militares del pasado siglo (Primo de Rivera y Franco) después, todo ha sido vivir de lo que las mismas produjeron o del ahorro de los verdaderamente austeros nativos, que supimos ahorrar y crear riqueza, o de la brutal y ya “suicida” deuda que en la nueva época nos han echado sobre las espaldas, principalmente en los desastrosos gobiernos de Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy; ambos aun presumiendo de no se sabe qué; pues todo lo que no sea “la economía real y que aconsejaba mi abuela” (“si ganas cinco pesetas jamás te gastes más de tres, porque el resto te hará falta en el porvenir”), es ir cavando la propia sepultura en que serás enterrado tú mismo por tu imprudencia.

El cuento de “la lechera”, nos lo dice de forma más suave, puesto que los “sueños, sueños son” y la realidad “o poner los pies en el suelo” es la verdad que siempre alcanza al hombre, “salvo a los bandidos que controlan a masas de hombres y los explotan y explotaron simplemente como se explotan los cerdos o los borregos”.

La ruina que tenemos en España y que hábilmente tienen tapada todos los políticos españoles (no se salva ni uno) es de tal envergadura, que los que tengan que enfrentarse a ella, por causas ya inaguantables, se van a acordar de todos los culpables y de “todos sus muertos”; pero entonces aparte de ya no tener remedio, estos habrán desaparecido y sólo quedará una más de las muchas páginas negras, de este país, siempre condenado a protagonizarlas negras o más negras, salvo algunas que sin llegar a ser brillantes nunca, pero al menos paliaron los siempre hambrientas panzas de la mayoría de nativos de “la Hispania de siempre”; también de “hambrientos cerebros”.

Y por mi parte hoy no digo más; mejor lean con atención lo que ha publicado uno de los mejores escritores e intelectuales de la actualidad, y luego opinen lo que quieran, si es que son capaces de hacerse cargo de la realidad que tenemos y no hacen caso de las enormes mentiras que nos cuentan, los políticos de todos los partidos; puesto que reitero son culpables todos, unos por acción y otros por omisión; puesto que callando otorgan.

Les dejo la dirección que les indico:
http://www.vozpopuli.com/opinion/dispuestos-pagar-pensiones-acumulando-deuda-jubilados-seguridad-social-ocde_0_1087692905.html (Jesús Cacho en “Vozpópuli”)

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)

Dejar de mirarnos al ombligo
Rafael Bardají gaceta.es 28 Diciembre 2017

Si tuviera un deseo para España en el año que entra, el 2018, sería que dejáramos como país de mirarnos al ombligo. Desde Zapatero España entró en una etapa de ensimismamiento narcisista que ha tenido su prolongación con Mariano Rajoy al frente del Gobierno. La consecuencia, un grave desinterés de lo que acontece más allá de nuestras fronteras y una creciente irrelevancia en el ámbito internacional camuflada, como en épocas anteriores, con soflamas tan sonoras como huecas de contenido. El problema del separatismo catalán no ha hecho sino agravar nuestro ensimismamiento, llevando a que la vida política sólo sea un monotema, Cataluña.

Y, sin embargo, el mundo no ha parado de girar. De hecho, lo que ha hecho es acelerarse, aunque no nos queramos dar cuenta. Pues bien, aquí van algunos de los asuntos, los ignoremos o no, que van a ser relevantes para nuestra vida.

El primero, el nuevo Oriente Medio. Desde que el 17 de diciembre de 2010, aquel vendedor tunecino, Mohamed Buazizi, se auto-inmolase en señal de protesta y sirviera de espoleta a la llamada “primavera árabe”, se han sucedido muchas cosas. La mayoría malas, pero algunas buenas. Entre éstas última tenemos que prestarle especial atención al auge en Arabia Saudí de Mohamed Bin Salman, ascendido al puesto de heredero y verdadero hombre fuerte de la monarquía. MBS, como es conocido, se enfrenta a grades retos internos y externos, pero a ambos frentes está dando respuesta. Apertura social y reformas económicas en el frente doméstico; resistencia al auge de Irán en toda la región. El futuro de MBS será un tema a seguir el año que viene. Si logra reducir el papel de los líderes religiosos de su país, supondrá no sólo mayor apertura interna sino también, un islamismo moderado de cara al exterior y, por tanto, una ayuda imprescindible para acabar con el wahabismo y sus enseñanzas extremistas en nuestro suelo. Ayudar a que el príncipe heredero se consolide es de nuestro máximo interés estratégico pues cualquier alternativa sería regresiva y pondría en peligro la estabilidad de Arabia Saudí cuando menos necesitamos una cosa así.

El segundo asunto a tener presente es Siria. A pesar de la derrota del Estado Islámico, Siria seguirá siendo un auténtico avispero. Por un lado está la cuestión rusa y su futuro papel en la región. A todos pilló desprevenidos la ofensiva militar de Putin en socorro del dictador Basher el Assad y a muchos ha cogido de sorpresa de nuevo el reciente anuncio de Putin de haber alcanzado sus objetivos militares. Y casi tofos nos preguntamos ahora qué quiere hacer el Kremlin en el Oriente Medio. A mirar con lupa. Por otro lado está Irán, uno de los pocos ganadores de la guerra civil siria. Sus milicias, dirigidas, entrenadas y pertrechadas directamente por los mandos de la Guardia Republicana iraní, ha ido ocupando progresivamente el espacio ganado al Estado Islámico y, antes, a otros grupos de la oposición, islamista o no. La mano de Irán se ha ido alargando alarmantemente tras el “decoro” diplomático otorgado por el anterior presidente americano, Barak Hussein Obama. La consolidación de un arco shií de Teherán al Levante es lo que estará en juego en 2018. Evitarlo también es de interés estratégico para España y sus aliados.

En tercer lugar está Donald Trump. Por mucho que le pese a los europeos, el actual presidente americano seguirá en la Casa Blanca también el año que viene y los siguientes. La trama rusa parece que se desinfla y el impeachment es un delirio de algunos demócratas alejados de la realidad. A pesar de la guerra mundial y civil a la que se enfrenta cotidianamente, poco a poco se va abriendo paso y sus promesas electorales se van cumpliendo, de la reforma fiscal, a la desregulación o el reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel, entre otras muchas cosas. En la próxima cumbre de la OTAN los aliados no le van a encontrar más debilitado, sino más consolidado y convencido de que sus ideas son las apropiadas para el futuro de la organización y del mundo.

En cuarto lugar se encuentra Steve Bannon, el exasesor estratégico de Donald Trump. Desde su salida de la Casa Blanca, lejos de recluirse en sus asuntos financieros, Bannon ha desatado una implacable guerra contra los que el considera es el “pantano” republicano, comenzando por el jefe del grupo parlamentario, Mitch Mcconnell. No siempre ha salido victorioso de sus batallas, como ha sido el caso del candidato al senado en Alabama, el juez Roy Moore, pero no cabe duda de que, hoy por hoy, Steven Bannon es un poder real, superior al de la mayoría de sus adversarios. Tanto que ya hay quien habla de que podría ser uno de los candidatos a la presidencia en un tiempo futuro. Y quizá no tan futuro si Trump no se presentase a su segundo mandato. El auge o caía de Bannon dará forma a la vida política americana en los próximos meses y si sus candidatos anti-establishment ganasen, para años. Sólo por eso ya merece la pena seguir sus andanzas.

En fin, está también Libia y la estabilidad del Norte de África, el mal llamado populismo en Europa, la Rusia de Putin, el futuro de Venezuela… todo un mundo en ebullición. Lástima que, a diferencia de la recién publicada estrategia de seguridad americana, la última estrategia de seguridad nacional española tenga poco de seguridad y nada de nacional, dibujando un mundo rosáceo donde la mayor amenaza proviene de un puñado de hackers supuestamente encerrados en un cuarto oscuro de algún sótano ruso. Nuestros estrategas sólo saben de modas, justo lo opuesto a cualquier estrategia. Lo nuestro es, en realidad, buscar urnas que no se encuentran, invocar en vano el cacareado artículo 155 de la constitución y encomendarnos al mensaje navideño de su majestad el Rey. Eso sí que es estrategia nacional. Que del mundo se ocupen otros, que nosotros ya estamos demasiado ocupados.

UNA DERROTA REPUBLICANA
El Ebro, la nueva e hipócrita batalla de la Memoria Histórica
Juan E. Pflüger gaceta.es 28 Diciembre 2017

La Memoria Histórica sigue usándose para borrar los fracasos y los crímenes de la izquierda durante la Segunda República y la Guerra Civil

La sectaria aplicación de la Ley de Memoria Histórica parecía haber dado ya todos los ejemplos posibles de manipulación. Hemos visto nombres de calles “franquistas” dedicadas tras su nueva denominación a criminales del otro bando como Santiago Carrillo, La Pasionaria o Largo Caballero. Hemos visto el intento de eliminar los crímenes del comunismo del callejero de muchas ciudades eliminando placas de víctimas de la persecución religiosa, o nombres como Mártires de Paracuellos. También borran nombres supuestamente franquistas de personas asesinadas antes de la Guerra Civil como las dedicadas a Calvo Sotelo o al falangista extremeño Juan Jara, asesinado tres años antes del inicio de la Guerra.

Ahora, en Alicante, vemos como una batalla iniciada por los republicanos como último intento de no perder una guerra que ellos mismos se dejaron ganar, es considerada como un recuerdo del franquismo. Una hipocresía más. La decisión de borrar la Batalla del Ebro del callejero de Alicante no deja de mostrar la vergüenza de la izquierda ante sus propios fracasos e intentos criminales de dar la vuelta a una contienda, aun a costa de ocasionar una carnicería.

En el mes de julio de 1938 el Ejército Popular de la República inició una importante concentración de tropas al norte del río Ebro. Pretendían lanzar una ofensiva que les permitiera retomar la iniciativa de la guerra. La decisión se tomaba contra el criterio del general Rojo que proponía atacar desde Castilla La Nueva a Extremadura y avanzar hacia el norte que era la zona menos guarecida de las tropas de Franco.

Los argumentos de Rojo no sirvieron de nada y los 100.000 hombres del ejército del Frente Popular cruzaron el 25 de julio el río Ebro a la altura de Mequinenza logrando romper las modestas posiciones defensivas del Ejército Nacional. La batalla duró casi cuatro meses y fue la más sangrienta de la Guerra Civil. Las tropas republicanas perdieron más de un tercio de sus efectivos, y las Nacionales más de 20.000 hombres.

Como es bien sabido, el fracaso de la gran batalla diseñada por los dirigentes republicanos dejaron campo libre para que la contraofensiva de Franco tomase Cataluña sin apenas oposición y la guerra quedó decidida, terminando cuatro meses después de la derrota de los frentepopulistas en el Ebro.

En ese absurdo intento de las tropas republicanas se dejaron la vida más de veinte mil españoles de ambos bandos y casi setenta mil resultaron heridos. Fue una iniciativa y un fracaso del bando perdedor de la guerra, que ahora venden como una batalla franquista para sacarla del callejero de Alicante. La calle Batalla del Ebro se llama, desde hoy en esa ciudad del Levante sencillamente Calle del Ebro.

No es un cambio de nombre por razones franquistas, como pretenden vender los miembros del tripartito municipal -PSOE, Podemos y Compromís- con el aplauso cobarde y acomplejado de la oposición del PP. Es un intento de ocultar la realidad de la Guerra Civil en la que los republicanos lanzaron a sus hombres a una batalla que tenían perdida en un intento absurdo de mantener la guerra para hacerla enlazar con la que se preveía en Europa, como repetía constantemente Juan Negrín, jefe del Gobierno republicano.

La Memoria Histórica está sirviendo, como en este caso, como una fuente para imponer una historia que oculta los crímenes de la izquierda a la vez que oculta sus fracasos en un intento de vender una Segunda República sectaria y revolucionaria como si fuera el paradigma de las virtudes de la libertad.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
ANTE EL SECESIONISMO
Cataluña y los siete errores de la Moncloa
Carlos Esteban gaceta.es 28 Diciembre 2017

¿Todos? No, en absoluto. Hay una serie de personajes de nuestra vida política que, si bien no van a ser imputados ni probablemente puedan serlo.

Carles Puigdemont, el ex presidente de la Generalitat que convocó y organizó el referéndum ilegal del día 1 de octubre y proclamó la efímera República Catalana es un prófugo en Bruselas, de donde no se atreve a volver porque sabe que sería detenido y puesto a disposición judicial. Sus cómplices en el golpe, unos ya han pasado ante el juez, entre ellos algunos siguen en la cárcel, y para un futuro cercano se espera que pasen nuevos responsables políticos por los juzgados.

De todo esto podría deducirse que quien la hace, la paga, y que los responsables de la situación crítica creada en Cataluña van a responder de sus actos. ¿Todos? No, en absoluto. Hay una serie de personajes de nuestra vida política que, si bien no van a ser imputados ni probablemente puedan serlo, tienen una parte tan grande o mayor que todos los encausados en este estado de cosas: los sucesivos inquilinos de la Moncloa. Todos ellos.

Y estos son sus errores.
1. El régimen autonómico consagrado en la Constitución. La descentralización administrativa es una idea estupenda que se ajusta al principio de subsidiariedad y acerca el gobierno al ciudadano. Pero todos sabemos que no fue esa la principal razón de ser de la construcción de las autonomías, sino la de desactivar los separatismos vasco y catalán.

La idea era saciar las ansias de autogobierno de esas dos regiones para acabar con el problema, y a la vez diluir sus aspiraciones en un régimen que concedía el mismo régimen a zonas de España que nunca se habían gobernado a sí mismas o que no habían expresado el menor deseo de volver a hacerlo.

El resultado -perfectamente previsible y previsto en su día por un puñado reducidísimo de políticos y pensadores- fue crear un incentivo para azuzar esas ansias y dar a los caciques locales los medios para ‘hacer país’ y preparar la desconexión.

Hoy el sistema hace aguas por todos lados, es un dislate financiero, fomenta cosas como el intento de institucionalizar el ‘asturiano’ -variante del castellano que solo se emplea como primera lengua en aldeas- y, en general, duplicar administraciones con un costo inasumible.

2. La sobreponderación electoral de los partidos nacionalistas. El juego electoral ha convertido a los partidos que solo tienen implantación en sus respectivas regiones en verdaderos ‘hacedores de reyes’ esenciales para aprobar leyes y presupuestos.

El sistema electoral está pensado de forma que los nacionalistas necesitan menos votos para conseguir cada escaño. La consecuencia es que partidos que en su propio nombre proclaman la intención de ocuparse solo de su tierra chica adquieren un peso desproporcionado en la vida política nacional.

No ha habido partido en el poder que no haya entrado en oscuros cambalaches con los nacionalistas por un puñado de votos a cambio de más competencias, concesiones y, sobre todo, de hacer la vista gorda con una interpretación más que elástica de la legalidad en un sinfín de materias, desde el idioma a la educación o el uso de los símbolos nacionales.

3. La cesión ante la legalidad. Lo último que hemos citado ha sido uno de los más graves errores del gobierno de España -cualquiera- frente a lo separatismos catalán y vasco. El castellano, idioma oficial de la nación y el más hablado en Cataluña, lleva décadas marginado oficialmente, en los colegios se enseña una historia que llamar ‘sesgada’ es quedarse muy corto y, en general, se refuerza desde todas las instancias oficiales la idea de que España es una potencia ocupante que tiene sojuzgada a la ‘nación’ catalana.

4. La ceguera ante el evidente proceso secesionista. De esto peca especialmente el Partido Popular, ahora en el Gobierno, que ha cedido a sus enemigos la tres fuentes principales mediante las cuales se forma la opinión de la gente: educación, cultura y medios.

No es algo que suceda exclusivamente con el nacionalismo, como se ha podido observar con el extraordinario -y misericordiosamente fugaz- auge de un partido de ideas disparatadas y suicidas como es Podemos.

Han dejado en manos de los nacionalistas el guión, lo que se conoce como ‘construcción del relato’, y el daño de esa estupidez a largo plazo es difícil de medir.

5. La imprevisión. Todo lo que ha dado por supuesto el Gobierno en cuanto al ‘procés’ ha fallado. Confiaban en que el referéndum no se produciría, y se produjo; que los Mossos colaborarían con la policía para impedirlo, y ayudaron a garantizarlo; que Puigdemont no se atrevería a proclamar la independencia, y lo hizo.

Aunque llamar a eso ‘imprevisión’ es, una vez más, quedarse muy corto, porque los secesionistas no han sido especialmente discretos en sus declaraciones. Cataluña

6. La reacción policial. Por supuesto, nada que decir contra la acción de los agentes del orden el 1-O, policía y guardia civil. Hicieron lo que tenían que hacer y, pese al mito de los miles de heridos -de los que no se ha publicado un solo parte médico-, con profesionalidad.

Pero fue un error. Venidos en un barco con la efigie de Piolín masivamente, proporcionaban la foto perfecta de un ejército invasor, exactamente lo que ansiaban los independentistas. Fue un verdadero desastre de imagen fácil de evitar con la detención discreta de los verdaderos responsables de la astracanada, y el resultado hubiera sido mucho más eficaz.

7. El cero en comunicación del Gobierno. Ni entonces ni ahora ha hecho el Gobierno de Mariano Rajoy el menor esfuerzo por diseñar un relato alternativo, por comunicar un cuadro tan ilusionante y positivo, al menos, como el que han venido dibujando los nacionalistas catalanes durante décadas.

“Es ilegal” es, no lo negamos, una razón contundente, pero insuficiente. Limitarse a la demonizar los afectos naturales hacia la propia comunidad y la propia tierra, en lugar de ampliar ese cuadro a algo mayor como es España, es un error de libro.

A los propios vencedores (parciales) de las elecciones autonómicas, Ciudadanos, se les ve mucho más cómodos recurriendo a ‘Europa’ -en realidad, la UE, un espacio fundamentalmente económico aún- que a España, un concepto que se evita como si quemara.

Ahora bien, los seres humanos somos tribales y territoriales, y ese constante avergonzarse de España no nos va a convertir en desarraigados cosmopolitas de la noche a la mañana, sino que empuja a muchos a satisfacer ese deseo de pertenencia en quienes les ofrecen patria y orgullo colectivo, es decir, los nacionalistas.

ANÁLISIS DE DOLÇA CATALUÑA
¿Por qué se ha producido la debacle del PP en Cataluña?
La Gaceta  28 Diciembre 2017

Desde Dolça Cataluña han querido ayudar al PP a entender “lo que les ha pasado en las elecciones del 21-D”.

Dolça Cataluña ha analizado el fracaso del PP en las pasadas elecciones catalanas del 21-D. La plataforma antiindependentista recuerda que en sólo dos años, el PP ha pasado de 11 diputados a cuatro y de 349.000 votos a 184.000. “Nos consta que antiguos ministros justificaban en privado el voto a otras formaciones, que afiliados han votado en masa a la oposición y que dirigentes locales han hecho lo mismo”, aseguran.

“Como en el PP van a celebrar muchas reuniones para entender lo que les ha pasado -continúan-, os queremos ayudar… Esto es lo que os ha pasado, amigos del PP:

– Algunos catalanes que siguen votando PP perciben que lo ha hecho bien porque no ha exacerbado al separatismo, no ha aplicado sanguinariamente el 155, no ha sido contundente los días de huelga y, sobre todo, porque parece que el PP mantiene ciertos valores morales (¿cuáles?). Son pocos, entregados y fieles.

– Muchos exvotantes pensaban que el PP con mayoría absoluta (2011-2015) abordaría con decisión la superación del nacionalismo. Como no lo ha hecho, la mayoría ha pasado absolutamente del PP.

– Muchos exvotantes han percibido que el PP les estaba haciendo otro Vidal Quadras. Sí, aquello de aupar a un paladín contra el nacionalismo para después cortarle la cabeza y entregársela al nacionalismo, porque en Cataluña sólo pueden gobernar ellos, y así nos apoyan en Madrid. Es lo que ha sucedido desde los años 80, lo que sucedió el 9N (pacto bajo la mesa de Mas y Rajoy), y otra vez a finales de octubre, cuando el PP pactó con Puigdemont no aplicar el 155 si el Motxo era bueno y no hacía una DUI. No importaba que los votantes del PP estuvieran pidiendo a gritos desde hacía años una intervención contundente. Así que Estos han votado a quien está dispuesto a hacerla.

– Muchos exvotantes han percibido que el PP no hacía su trabajo y hasta tenía que venir el Rey a poner orden. Así que han votado a quienes tienen claro lo del nacionalismo.

– Muchos exvotantes han percibido que la gente del PP en Cataluña no pinta nada. Ya podían explicar Albiol, Millo o Arza lo que pasaba en Cataluña, que Sorajoy lo sabía mejor, bastaba con reunirse con los del puente aéreo, esto era un suflé y se arreglaba con más dineretes a los de siempre. Así que han votado a quienes realmente pintan algo.

– Muchos exvotantes han percibido que el PP ya no tenía los valores morales que les gustan: familia, vida, fe, libertad, Estado limitado, iniciativa social. Y como nadie los tiene, han votado a otros sin problemas.

– Muchos exvotantes han percibido que el PP no les lideraba en la calle; se han tenido que montar ellos solitos las manifestaciones, muchas veces (21 septiembre ante la ANC, 30 septiembre en plaza San Jaime) contra las instrucciones del Gobierno y siempre exitosas contra las previsiones del Gobierno. Y como esas manis son las que han desembocado en las 2 gigantescas movilizaciones de octubre, han pasado del PP.

– Muchos exvotantes han percibido que el PP estaba perdido en temas de comunicación. Alguien que el 30 de septiembre dice que el 1-O se trata de irse a la playa, o que durante la huelga del 8-N dice que no hay que provocar a los que impiden la libre circulación de la gente, es alguien que no sabe de qué va el juego. Y a esos no se les vota.

– Muchos exvotantes han percibido que el PP no trataba bien a policías y guardias civiles, a quienes hacinaba en camarotes diminutos y enviaba a una encerrona el 1-O porque no tenía ganas de cancelar las vacaciones de la BRIMO de los Mossos. Es verdad que Albiol se tuvo que escapar para animar a los policías acosados en el litoral, pero no le dejaron hacer más. Pues a quien hace esto no dan ganas de votarle.

– Muchos exvotantes han percibido que el PP no quería invertir 1€ en apoyar a los medios, las organizaciones y las iniciativas libres de nacionalismo en Cataluña; y al final lo poco que hizo fue muy poco, y estas iniciativas han triunfado sin el PP. Y claro, a alguien innecesario y que no quiere jugar el partido no se le vota.

– Muchos exvotantes han percibido que el PP no tenía ganas de crear un mensaje diferente para superar el nacionalismo. Era necesario construir un campo de juego distinto, pero de eso se encargaba Madrid y no llegaba nunca. Y cuando han visto que lo creaban otros, se han ido con ellos.

– Muchos exvotantes han percibido que el PP seguía en manos de los de siempre (los Fernández Díaz), y que algunos candidatos eran mediocres que les venían impuestos de Madrid (¿Qué hace Andrea Levy de top 3 en las listas?). Así que si esto es una familia, mejor voto a la mía.

– Muchos exvotantes han percibido que el PP no ha hecho nada en la Generalitat con el 155. En las consejerías han seguido colgando cartelitos de los “presos polítics” y nadie ha abierto diligencias para cesar los desmanes del separatismo estos años, en los Mossos mandan los de siempre y no ha habido depuración, y en los medios más de lo mismo. Pues si esto es lo que hacen cuando mandan, como para votarles.

– Muchos exvotantes han percibido que el PP no les ha dado las imágenes que querían. Querían que el 8-N los Mossos despejaran las carreteras y vías de inmediato, y no se hizo “porque no queremos más imágenes de violencia”. Pues voto a quien me enseña lo que necesito ver, y no lo que quieren ver los separatistas”.

La retirada de Cataluña
Pablo Planas Libertad Digital 28 Diciembre 2017

Les asusta hasta el vuelo de un tábano, pero el miedo les hace más peligrosos. Entre tanto, el Estado se despide otra vez de Cataluña.

El Gobierno del Partido Popular ha cumplido la primera de las exigencias de Carles Puigdemont para retornar de Bélgica. Se trata de la "repatriación", según la terminología separatista, de los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional que el pasado septiembre acudieron a Cataluña para frenar el golpe. El sábado zarpan del puerto de Barcelona los dos últimos barcos en los que han habitado en deleznables condiciones los herederos de los últimos de Filipinas.

Confundidos por lo de Tabarnia, los nacionalistas no han reparado en el calado del gesto gubernativo. El Estado emprende un repliegue en el que el próximo jalón será el decaimiento del artículo 155, cuya cuidadosa aplicación ha sido un gesto de cara a la galería, pero la separatista. Se dará satisfacción así a la segunda petición del expresidente regional fugado. En cambio, la tercera condición para su vuelta no está en las manos del Ejecutivo, puesto que se reclama el archivo de todas las actuaciones judiciales relativas al golpe de Estado del nacionalismo catalán contra la democracia en España.

Los pedestres dirigentes independentistas creen como el ladrón que todos son de su condición, por lo que no les cabe en la sesera el concepto de la separación de poderes y pretenden que Rajoy, con un partido a los pies de los banquillos, puede determinar el sesgo de las actuaciones de los jueces interesados en las bellaquerías separatistas con sólo levantar un teléfono. Resulta que no todos los togados en España son tan influenciables como el exmagistrado y exsenador de ERC Santiago Vidal o el exvicepresidente del Tribunal Constitucional y arquitecto de las leyes golpistas catalanas Carles Viver Pi i Sunyer, que todavía puede presumir de la Gran Cruz de Isabel la Católica y de la Orden al Mérito Constitucional. El contraste entre el mantenimiento de tales distinciones pensionadas para este Viver con el maltrato a los agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil desplazados en Cataluña ilustra a las claras sobre la crisis del Estado en general y en Cataluña.

El separatismo presume de músculo y comienza las negociaciones internas para formar un nuevo Gobierno golpista mientras el corneta Zoido sopla retirada. Al tiempo, socialistas y populares, grandes fracasados de la contienda electoral, exigen a Ciudadanos, la lista más votada, que haga el ridículo de inmolarse en una investidura imposible. Siguen sin entender nada del temor de los puchimones a las consecuencias de sus actos ni de la rabia de los rufianes contra Tabarnia. Los golpistas han ganado las elecciones, pero se comportan como perdedores. Les asusta hasta el vuelo de un tábano, pero el miedo les hace más peligrosos. Entre tanto, el Estado se despide otra vez de Cataluña.

El nacionalismo lastra a España
 larazon 28 Diciembre 2017

El Banco de España concluye en su último informe que la economía española ha mantenido el cuarto trimestre su ritmo de crecimiento del PIB, en torno al 0,8 por ciento, pese a la desaceleración de Cataluña, afectada por la incertidumbre política. De esta forma, en 2017 la economía habrá crecido un 3,1 por ciento, dos décimas menos que en el año anterior, pero por encima de lo esperado. Ha sido el buen comportamiento del sector exterior, que ha aumentado las exportaciones de bienes y servicios, lo que ha impedido que el menor crecimiento catalán haya acabado por arrastrar al resto de la economía nacional.

En cualquier caso, se trata de una mala noticia, primero para los ciudadanos de Cataluña, que son los que van a sufrir la mayor parte del impacto, pero, también, para el conjunto de la sociedad española, que, sin el lastre del separatismo, podría haber aprovechado en mayor medida la reactivación económica registrada en los últimos meses del año. La situación adquiere tintes oscuros si tenemos en cuenta que en los trimestres precedentes la economía catalana venía registrando un crecimiento superior a la media española y daba señales muy positivas de consolidación.

La caída hay que atribuirla al frenazo del gasto privado y el turismo registrado en Cataluña, pero para valorar en su conjunto cuál ha sido el impacto total de la crisis catalana hay que esperar a que se conozcan otros indicadores, como el de las inversiones de capital extranjero o la fuga de empresas –que no se ha detenido, como demuestra que más de 40 compañías con sede en Barcelona cambiaran de domicilio social o fiscal los días 21 y 22 de diciembre–, que corregirán, si duda, al alza la brecha entre el crecimiento catalán y el del resto de España. Desde el Gobierno, por medio del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se dan mensajes cargados de optimismo por cuanto afirman que la aplicación del artículo 155 de la Constitución está comenzando a dar buenos resultados y que el mes de noviembre ha sido en Cataluña, en lo que se refiere al consumo interno, mucho mejor que el de octubre, aunque, de nuevo, se haya mantenido por debajo de la media española.

No dudamos de la interpretación del ministro, pero sí de que los dirigentes de los partidos nacionalistas catalanes, que, en principio están llamados a dirigir de nuevo la Generalitat, sean capaces de asumir su responsabilidad para con el conjunto de la sociedad catalana y rectifiquen unos comportamientos que sólo pueden agudizar los problemas económicos del Principado. Sin seguridad jurídica ni estabilidad social, que es la percepción que tienen de la actual situación catalana inversores, empresarios y ciudadanos, es improbable que se recuperen los niveles de crecimiento y, por ende, el mercado laboral. El peor perjuicio es la falta de confianza en la institucionalidad de Cataluña que se ha instalado en el imaginario colectivo, pese a que el Gobierno de la nación, con los instrumentos del Estado a su disposición, haya conseguido restablecer la legalidad constitucional en la región sin mayores problemas.

 Pero, a veces, la pura realidad de los hechos no basta para disipar temores y acabar con la desconfianza. Y hay que decirlo, la actitud de los dirigentes separatistas no ayuda al retorno de la estabilidad. Sólo un nuevo Ejecutivo de la Generalitat, aunque esté compuesto y respaldado por una coalición nacionalista, que acepte el fracaso del proceso de ruptura y se muestre públicamente dispuesto a acatar las leyes que a todos nos gobiernan, podrá devolver la confianza a los ciudadanos. Bastaría con gobernar pensando en el interés común, o lo que es lo mismo, en todos los catalanes.

Podemos y los secesionistas son lo mismo
OKDIARIO 28 Diciembre 2017

El informe de la Guardia Civil no hace sino certificar las evidencias que llevamos meses ofreciéndoles: el multimillonario trotskista Jaume Roures movía los hilos del triunvirato que tenía como objetivo principal acabar con la unidad de España. Podemos es lo mismo que los secesionistas y los secesionistas son iguales que Podemos. Por eso Xavier Domènech y Oriol Junqueras tenían la orden de coordinarse con el partido de Pablo Iglesias a través de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, para asestarle un golpe de gracia a eso que denominan de un modo despectivo “el régimen del 78” y que, en honor a la verdad, nos ha dado los mejores 40 años de nuestra larga historia. De hecho, Colau otorgó 150.000 euros a una asociación de municipios independentistas (ACM) que junto con la AMI habían realizado “actos inequívocos de promoción y organización” del referéndum ilegal del pasado 1 de octubre según la propia Fiscalía.

Y es que el plan contra España lleva tiempo fraguándose. Podemos no nació para luchar por los más desfavorecidos. Eso fue mera propaganda para ganarse la voluntad de los desencantados durante el 15-M. El germen de Podemos se coció a fuego lento desde su fundación, creció y se expandió gracias al dinero de Venezuela e Irán y se hizo formación política para instaurar en Europa los principios populista que, entre otros objetivos, persiguen la desmembración de España en connivencia con los independentistas. Por eso los preparativos del golpe separatista en Cataluña arrancaron en 2016 con la ambición ilegal de asentar las “estructuras de país”, tal y como certifica la Benemérita. Otra prueba más de que Podemos es la sucursal del independentismo con sede en Madrid es que el propio Iglesias ha incrementado su beligerancia contra el Rey hasta niveles intolerables para un hombre que participa en las instituciones públicas de la monarquía parlamentaria que nos da forma como nación.

El secretario general de los morados no ha dejado de lanzar diatribas para desprestigiar la imagen de Felipe VI ante la opinión pública. La última fue el pasado 24 de diciembre cuando, tras el tradicional mensaje navideño del jefe de Estado, dijo en una red social que “España no necesita reyes”. Es su manera de desestabilizar España. Un ataque que tiene más importancia —e irresponsabilidad— si cabe dado el contexto de profunda división que padece Cataluña. Afortunadamente para los españoles — desafortunadamente para la ya tristemente célebre ‘vía Roures’— Podemos carece de credibilidad alguna y es ya la caricatura de un partido menguante al que los ciudadanos rechazan mucho más que apoyan.

'Tabarnia', o la refutación del 'derecho a decidir'
EDITORIAL Libertad Digital 28 Diciembre 2017

'Tabarnia' tiene la enorme virtud de situar al nacionalismo ante sus propias contradicciones.

A medio camino entre la propuesta política y la chufla escarnecedora,Tabarnia es la denominación dada a una parte del territorio de Cataluña –buena parte de las zonas costeras de Barcelona y Tarragona– que un movimiento cívico y transversal quiere convertir en una nueva comunidad autónoma. Dicho movimiento aduce que las comarcas pertenecientes a Tabarnia, donde las formaciones constitucionalistas obtienen la mayoría de sus votos en el Principado, son cosmopolitas, orgullosamente bilingües, urbanitas y culturalmente mestizas, y que están intensamente conectadas con España y Europa; y que el resto de Cataluña, mayoritariamente independentista salvo en enclaves como el Valle de Arán, está obsesionado con la identidad, es muy hostil a la lengua castellana y tiene una economía bastante menos desarrollada y depende mucho de las subvenciones y de las transferencias de renta de la propia Tabarnia.

Aunque no tenga el respaldo de ninguna formación parlamentaria, semejante propuesta ha puesto de los nervios a los nacionalistas no sólo por el impresionante eco que ha logrado en las redes sociales, y hasta en la prensa internacional, sino porque tiene la enorme virtud de colocar al nacionalismo ante sus propias contradicciones. Así, si Cataluña podría dejar de ser España por el hecho de que así lo desease en un momento dado una mayoría de catalanes, ¿por que no podría Tabarnia dejar de formar parte de Cataluña si así lo desease una mayoría de tabarneses partidarios de seguir en España? El mal llamado derecho de autodeterminación, como todo falso derecho de titularidad colectiva, se anula a sí mismo y en lugar de ser un mecanismo pacífico de resolución de conflictos puede agravarlos o hasta propiciar nuevas querellas. Y esto es así porque, en la práctica, no puede materializarse en que todo colectivo disponga de un Estado independiente y soberano. Las minorías tienen derecho a recibir protección del Estado del que formen parte, no a crear uno. Más aun si es para someter a sus habitantes a un liberticida molde identitario como el que el nacionalismo quiere imponer a una sociedad tan diversa y plural como la catalana.

España hace mucho tiempo que se constituyó en Estado democrático de Derecho, respetuoso de los derechos individuales y celoso de una diversidad que se ha de dar tanto en el conjunto como en el seno de las partes que lo integran. Son los límites al poder, y no la extensión territorial de los Estados, lo que identifica a una sociedad libre. Y es a esos límites, base de la libertad a la que tienen derecho todos los individuos –que no los territorios–, a los que hay que someter a permanente escrutinio, tanto en Cataluña como en el resto de España.

Justicia más real que Tabarnia
EDITORIAL El Mundo 28 Diciembre 2017

No se insistirá lo suficiente en que la primera consecuencia de la digitalización de la vida política es la porosidad de la frontera entre realidad y ficción. Hasta el punto de que las batallas que nacen y se entablan en la Red acaban condicionando el régimen de opinión pública en que vivimos. El último fenómeno de guerra digital contra el independentismo catalán se llama Tabarnia. No sin humor, postula que Tarragona y Barcelona -regiones más productivas, mestizas y cosmopolitas donde predomina el voto constitucionalista- se independicen de la Cataluña interior, más homogénea y sobrerrepresentada por la ley D'Hondt, que ha vuelto a entregarse graníticamente en las elecciones al separatismo. Tabarnia, antes que una reivindicación viable -tampoco deseable, porque ningún territorio español nos es ajeno aunque en él gane Puigdemont-, sirve como operación de pedagogía inversa por el procedimiento de reducir al absurdo el argumentario separatista del derecho a decidir de una parte por el todo. Una pretensión naíf que, llevada hasta el final, muestra su verdadero rostro antijurídico y fratricida. Que el recurso tabarnés funciona en el plano retórico lo prueba la reacción airada del independentismo, algunos de cuyos portavoces no sólo han entrado solemnemente al trapo -preocupados por el espejo deformante en el que se veían reflejados- sino que se defienden reivindicando ahora la cualidad indivisible de la nación. Ahora son ellos los unionistas.

Pero más allá de estas estrategias discursivas, que son bienvenidas si sirven para que algún fanático descubra la inconsistencia de su fe y lo contraproducente de su propósito, la realidad institucional se impone fuera de internet: en concreto en los tribunales. Ajena a cálculos postelectorales -como debe ser-, la Justicia prosigue su tarea de depuración de responsabilidades y ya tiene abierto casi medio centenar de procesos en Cataluña asociados al procés. No sólo se investiga a políticos sino también a mandos policiales, activistas y, desde ayer, a 13 profesores y dos concejales de la CUP acusados de incitar al odio. Estos últimos firmaron un manifiesto contra la presencia de la Policía Nacional en Reus y después se negaron a presentarse ante el juez cuando fueron llamados a declarar, como sí hizo el resto de ediles imputados. En cuanto a los profesores, se les investiga por hostigar a hijos pequeños de guardias civiles con comentarios insultantes sobre sus padres. El adoctrinamiento no sólo es inmoral: además puede llevar al delito.

El poder judicial está dejando claro que la impunidad nacionalista ha dejado de existir en Cataluña. Más allá del contexto político y de las fantasías territoriales de cada cual, los hechos tienen responsables y los delitos no se lavan en las urnas. Tabarnia no, pero el Estado vaya si existe.

Si los Mossos actúan como una mafia que los cierren
OKDIARIO 28 Diciembre 2017

Los Mossos tienen que estar al servicio de la ley y no como siervos de los que van en contra de ésta. En este tema no hay lugar para la tibieza ni para los tonos grises: o se reformulan o tendrán que cerrarlos. Lo que no puede ser bajo ningún concepto es que se comporten como una mafia y se dediquen a espiar y presionar a los ciudadanos en vez de garantizar los derechos fundamentales de los mismos. El último caso de esos abusos de autoridad lo encontramos en la figura de Victoria Álvarez. La policía autonómica catalana siguió a la garganta profunda del caso Pujol por el mero hecho de denunciar las infinitas corruptelas del mayor clan delictivo de Europa.

Un comportamiento que recuerda al estado policial que imponía la Stasi en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Impropio de un país democrático del siglo XXI. Victoria Álvarez no había cometido delito alguno. Sólo puso en conocimiento de la justicia el latrocinio endémico de los Pujol. Un acto valiente que, además de ser bueno para la sociedad, retrataba a los que durante tanto tiempo habían hecho de Cataluña su hacienda particular. No obstante, los Mossos decidieron ir contra ella. Además del espionaje policial, Álvarez lleva años recibiendo amenazas y mensajes anónimos en los que alguien le advierte de que es mejor para ella que se mantenga en silencio. La policía autonómica debería estar para esclarecer ese tipo de casos oscuros y no para espiar a personas que no tienen ninguna cuenta pendiente con la ley.

Desgraciadamente no es así. Bajo el mando de Josep Lluís Trapero y la presidencia de Carles Puigdemont también han espiado a políticos y jueces. Por ejemplo, al magistrado Ramírez Sunyer, instructor clave en las investigaciones del 1 de octubre y de sus fases preparatorias. También a la líder del Partido Popular en Cataluña, Alicia Sánchez Camacho. Prácticas de un grupo policial que necesita una profunda depuración en todas sus estructuras así como asegurar que acatarán la ley de manera que no se vuelvan a repetir comportamientos conniventes con los golpistas como los que acaecieron durante el referéndum ilegal del pasado 1 de octubre. Aquel día, la inacción de casi 4.000 mossos fue tan ilegal como el comportamiento de los propios organizadores. El Gobierno no debe permitir que eso vuelva a ocurrir jamás. Por eso, reformulación o cierre. No hay otra opción.

Barcelona recoge firmas para defender el español por ley
Antonio Robles Libertad Digital 28 Diciembre 2017

Ya que los políticos no nos garantizarán lo que el artículo 3.1 de la Constitución sí, es preciso recoger diez millones de firmas.

La hermosa lengua de Cervantes, la lengua común de todos los españoles, reivindicará el derecho de sus usuarios a ser respetada después de cuarenta años de mezquindad, desprecio y exclusión.

Este viernes, la asociación Hablamos Español recogerá firmas en Barcelona para llevar al Congreso la propuesta de libertad lingüística mediante una Iniciativa Legislativa Popular (ILP), admitida ya por el Parlamento de España. Desde las 11 de la mañana hasta las 8 de la tarde, numerosos voluntarios, incluidas dos de las impulsoras de la iniciativa, Marita Rodríguez y Gloria Lago, instalarán puntos de recogida de firmas en L’illa(Diagonal, 557, esquina Numancia).

Pasó el tiempo de engatusarnos con chantajes emocionales como En català, si us plau o la normalització lingüística. Hoy sabemos que todo fue una excusa para excluir el derecho a estudiar en la lengua española en las mal llamadas comunidades históricas. Comenzó en Cataluña en 1980 y se ha extendido por las demás comunidades con más de una lengua. Hoy es imposible estudiar en español en los colegios públicos y concertados de Cataluña, y se extiende la misma exclusión, inexorablemente, al resto de las comunidades bilingües. Aunque parezca mentira, hoy en España no todos sus ciudadanos pueden estudiar en la lengua oficial del Estado. Comparen la anomalía con Francia, Alemania o Reino unido. De hecho, no hay un solo lugar del mundo donde a un niño se le impida estudiar en su lengua materna si ésta es idioma oficial del Estado. Menos en "este país".

En España las lenguas ya no sólo son instrumentos de comunicación, los nacionalistas las han convertido en armas de demarcación, en instrumentos identitarios que legitimen la diferencia étnica y, con ella, la imposición de fronteras emocionales y rangos. En Cataluña justifican la imposición de estudiar solo en catalán en nombre de la cohesión social. Son coherentes con su clasismo separatista, si una lengua sirve para cohesionar, prohibir la lengua común de todos los españoles es propiciar la ruptura de la cohesión nacional. De hecho, en Cataluña ya se percibe en la propia demografía del voto.

Esta perversión de la enseñanza y el uso de las lenguas ha sido causada por la malicia de los Gobiernos nacionalistas y la dejación de los Gobiernos de España. Esperar que una ILP en defensa del derecho a estudiar español en cualquier lugar del Estado logre en el Congreso sus objetivos es harto difícil, pues los mismos que han consentido y legislado la exclusión y tolerado sus abusos no lo consentirán.

Por eso, y ya que los políticos no nos garantizarán lo que el artículo 3.1 de la Constitución sí, es preciso recoger diez millones de firmas, y no sólo las 500.000 que exige la ley para debatirla en el Congreso. La iniciativa popular tendría más fuerza que cualquier otro partido. Sólo así se podría poner contra las cuerdas a los políticos que nos niegan el derecho a estudiar en español y a utilizarlo en cualquier institución y espacio del territorio nacional. ¿Qué otro partido tendría tantos votos? ¿Con qué autoridad se negarían a dar la espalda a esta reivindicación? Al fin y al cabo, esta iniciativa no va contra ninguna de las otras lenguas regionales, sino en legítima defensa de la lengua común de todos los españoles. Porque, si bien todas ellas son españolas, sólo la lengua española (artículo determinado) es común a todos sus ciudadanos.

PS. Dedico estas líneas a un amigo del alma asediado hoy por la ruleta de la vida, José Sánchez, el fotógrafo de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña, un luchador incansable por la libertad, por la lengua de sus padres, por la justicia social y por la herencia común, que él llamaba, con emoción, España.

Con ocasión de la presentación en Madrid de esta iniciativa, la presidenta de Hablamos Español, Gloria Lago, le decía a Dieter Brandau en las ondas de esRadio: Iniciaremos la recogida de firmas en la Puerta del Sol, el corazón de España. La corrigió el entrevistador: "No, la Puerta del Sol sólo es una plaza, vosotros sois el verdadero corazón de España". Palabras acertadas aplicables hoy a tantos ciudadanos anónimos, como José Sánchez, que luchó durante años por la libertad y la igualdad de derechos en España. Va por ti, José, amigo del alma.

Puig utiliza hasta los regalos de Reyes para la ‘catalanización’ de la Comunidad Valenciana
OKDIARIO 28 Diciembre 2017

La Generalitat Valenciana de Ximo Puig y Mónica Oltra no duda en emplear todos los medios a su alcance para difundir la utilización del valenciano, en detrimento del castellano. Incluso por los métodos en apariencia más inocentes:

Puig utiliza hasta los regalos de Reyes para la ‘catalanización’ de la Comunidad Valenciana

El papel de regalo que los comercios utilizan para envolver los regalos de los Reyes Magos, y que ha sido distribuido desde la Generalitat, no incluye ni una sola palabra en castellano. “La Navidad es valenciana”, se puede leer, seguido de varios términos que evocan a estas fiestas.

Puig utiliza hasta los regalos de Reyes para la ‘catalanización’ de la Comunidad Valenciana

La Generalitat lleva tiempo impulsando su estrategia de ‘catalanización’, con medidas controvertidas.

Es el caso del denominado ‘decreto del plurilingüismo’, suspendido por el Tribunal Constitucional, y que ligaba la enseñanza en valenciano a un mayor nivel de inglés. De este modo, los alumnos que quisiesen obtener un certificado de acreditación en lengua extranjera al final de sus estudios deberían optar por el itinerario con menos horas en castellano.

Pese a la suspensión, el gobierno regional aprobó un decreto ley exprés para implantarlo en las aulas de Infantil de 3 años y experimentales de 2 años.


 


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