AGLI Recortes de Prensa   Viernes 29  Diciembre 2017

España ha perdido
Agapito Maestre Libertad Digital 27 Diciembre 2017

El 21-D, hace una semana, España fue derrotada. El fracaso del Gobierno de Rajoy ha sido total. El presidente del Gobierno debería haber aceptado su derrota. Convocó unas elecciones para no asumir su responsabilidad de castigar a los golpistas del 1 de Octubre y perdió. No tiene alternativa. La dimisión es su salida. Es un cadáver político, porque supeditó la Nación a una consulta popular. O sea condujo a la parte más delicada y frágil de España, la Nación, a una arriesgada operación. Cuando un político juega con lo más sensible del pueblo español, la Nación, y lo somete a control por la parte más tribal del país, corre el riesgo de ser arrasado. Podía haberle salido bien la cosa, pero ha resultado una tragedia. No hablemos más, pues, del futuro de Rajoy porque no tiene. Lo ha perdido todo. O se marcha o elecciones anticipadas ya. Cualquier otra cosa que haga, será sufrimiento para todos los españoles, o sea, para España. Levantaremos acta de esas calamidades.

A partir de ahora se impone una dinámica política radicalmente diferente. Los de abajo, sin duda alguna, volverán a la situación terrible de hace más de 40 años. Crecerá la persecución de los españoles en Cataluña. El empobrecimiento económico de las clases populares les hará retrotraerse hasta los niveles de las grandes migraciones de los años cincuenta y sesenta y, por supuesto, tendrán que aprender catalán hasta para trabajar de peón de albañil. A los de arriba, sí, a los separatistas la crisis económica apenas les afectará, sencillamente, porque seguirán viviendo de robar a España. Solo hay, repito, una enseñanza de esta tragedia: la recomposición de la nación española, después del golpe de Estado del 1-O, nunca debió supeditarse a una consulta popular. La Nación jamás debió ser objeto de juego político o constitucional. España estaba por encima de todo, pero Rajoy la echó al barro de sus enjuagues políticos. Su fracaso es histórico. España ha salido derrotada.

Y, ahora, ¿qué dice el partido constitucionalista ganador de esas elecciones? Poco o nada que no forme parte de los tópicos de un ganador moral consciente de que no reúne la mayoría suficiente de la asamblea catalana para gobernar. Ciudadanos solo espera que se pongan de acuerdo los separatistas para repartirse las consejerías y conformen un protervo Gobierno que insista en la principal maldad de su peculiar historia: España no es nada. Cuando eso ocurra, sospecho que ellos gritarán: España es todo. ¿Cómo demostrará Inés Arrimadas la verdad de su aserto?, ¿qué propuestas hará más allá de las consignas electorales para embridar a los separatistas en el parlamento regional?, y, sobre todo, ¿cuáles son los planes del partido de Rivera para levantar a España de su caída en Cataluña? Pronto tendrán que contestar los líderes de Ciudadanosa estos interrogantes si no quieren que su victoria languidezca hasta marchitarse en una derrota honrosa.

Es obvio que la primera decisión de Arrimadas es realista, pero a la par refleja el primer síntoma de la derrota de España en Cataluña. Esperar a que los separatistas formen Gobierno para hacer propuestas, ay, es tirar por la borda la gran victoria de un partido constitucionalista. Quien se muestre expectante ante la decisión de los separatistas, corre el peligro de caer en sus redes. Ciudadanostiene que ser implacable con ese personal: muestre sus credenciales políticas, es decir, es el partido más votado en Cataluña y, en segundo lugar, ponga las condiciones políticas para negociar con los separatistas: España no se negocia, entre otros motivos, porque los separatistas no tienen mayoría social. Dejarle la iniciativa a los secesionistas es, sin lugar a dudas, un signo de debilidad. Un terrible símbolo de la derrota de España.

Cataluña, la herencia del 17 y el marrón del 18
Ahora estamos en pleno tránsito entre la digestión de lo que ha pasado y la incubación de lo que pasará
Ignacio Varela elconfidencial 29 Diciembre 2017

El siglo llega a la mayoría de edad. Pero nada ni nadie nos librará de pasarnos el año 18, como el 17, hablando y escribiendo sobre Cataluña. Ahora estamos en pleno tránsito entre la digestión de lo que ha pasado y la incubación de lo que pasará. Quizá comprender lo primero nos ayude a vislumbrar lo segundo.

La herencia que nos deja el año traumático de 2017 en relación al problema más desestabilizador que ha conocido la democracia española se resume en unos cuantos rasgos:
Se ha constatado que este Estado democrático puede ser desafiado y gravemente dañado, pero no mutilado ni derrotado. Ya se probó frente al terrorismo de ETA; ahora se ha demostrado ante una insurrección gestada desde dentro del propio Estado. Lo bueno es que ya lo sabemos todos: los que intentaron derribarlo y fracasaron y los que, queriendo defenderlo, llegamos a dudar de su solidez.

Se reproduce un equilibrio tenaz en el que ambos bandos carecen de la fuerza necesaria para imponer su proyecto. En el horizonte divisable, los separatistas deben abandonar la fantasía de desprender a Cataluña de España; y los unionistas la de que la pulsión independentista se disuelva o se debilite decisivamente. Sostener esas dos ilusiones es engañar o engañarse.

De resultas de las elecciones del 21-D, habrá un gobierno independentista en Cataluña. Será con Puigdemont de presidente, con Junqueras o, verosímilmente, con cualquier otro; con o sin trampas reglamentarias; con voto telemático, delegación de voto, discurso por plasma o aparición de un holograma del fugado. Pero el hecho es que disponen de la mayoría parlamentaria y con ella gobernarán, aunque será un gobierno independentista sin 'procés' y sin un plan de secesión realizable. Todos tendremos que aprender a convivir con esa realidad.

La Constitución y el Estado salen fortalecidos de esta fase de la crisis, pero sale debilitado el Gobierno y averiados tres de los cuatro partidos nacionales (PP, PSOE y Podemos). Se presagia un nuevo tsunami en la política española y en el sistema de partidos. De momento, el influjo del espectro del 'sorpasso' ha pasado del campo de la izquierda al de la derecha.

Recibimos también en herencia un proceso judicial que marcará políticamente el año 2018 más que ninguna otra cosa. Ya está condicionando la constitución del Parlament y la investidura; pero la situación será aún más tremenda cuando, concluida la instrucción, se abra el juicio oral con la imagen de toda la cúpula del nacionalismo catalán sentada en el banquillo (incluidos muchos de los que, probablemente, en ese momento formarán parte del Govern, quizá su propio presidente).

El cisma en la sociedad catalana se agudiza de forma difícilmente soportable para sus habitantes. Antes unos dominaban el espacio público y los otros callaban; pero ahora ambas partes están igualmente movilizadas y encaradas en agria enemistad. Es el retrato inconfundible de un enfrentamiento civil: no con violencia física, pero sí cargado de violencia ambiental. Cualquier gobernante responsable de Cataluña –si quedara algún ejemplar de esa especie- consideraría que su misión principal es restablecer la convivencia entre sus ciudadanos –no solo la dolorosa conllevancia.

Todo obliga a buscar una vía de salida. Pero la ventana de tiempo disponible es pequeña: en el mejor de los casos, se limita al año 2018. A partir de 2019 entraremos de lleno en un nuevo ciclo electoral (municipales y autonómicas, europeas, generales). Y entonces, ya todos contra todos, cualquier intento racionalizador que incluya concesiones o renuncias será impracticable.

Por otra parte, el esfuerzo que se requiere para ello ofrece pocos incentivos y demasiados obstáculos:
En primer lugar, la extrema debilidad en que ha quedado el Gobierno tras el 21-D. Cada día sentirá mayor soledad y le lastrará más su posición minoritaria. El apoyo del PNV es muy problemático con nacionalistas encarcelados o fugados, y definitivamente inviable si se cumple lo de “Puigdemont a prisión”. El PSOE se dispone a despegarse a toda velocidad del PP para competir con Podemos en el espacio de la izquierda. Y Ciudadanos, crecido tras la victoria, huele ya la presa nacional y hará valer sus credenciales para marcar al Gobierno la política respecto a Cataluña y a otras muchas cosas. Además, las causas judiciales por corrupción siguen ahí, emitiendo azufre.

Otro obstáculo de gran dimensión es el proceso en el Tribunal Supremo. Como ha explicado Antoni Puigverd, el bloque independentista necesitaría distensión y serenidad para corregir el rumbo, rehacer la estrategia fallida y templar el discurso. Pero la instrucción judicial y el juicio posterior (vivido como una causa general contra el nacionalismo) obrarán el efecto contrario: un estrés emocional sostenido durante meses, incompatible con la moderación. No digamos si al final hay sentencias carcelarias.

En el campo constitucional, la disputa entre el PP y Ciudadanos por el espacio del centro-derecha recalienta el ambiente y es disuasorio para las políticas templadas. En la opinión pública española se han instalado un dolido resquemor y una desconfianza profunda hacia Cataluña, y cualquier gesto político de flexibilidad con el nacionalismo resultará sospechoso a quienes desde hace meses exhiben en sus balcones la bandera española.

El cuadro se completa con la crisis existencial de la izquierda, cada día más absorta en su ensimismamiento. Además del fiasco de Iceta y su operación Borgen, La milagrosa “comisión Sánchez” de la que tanto esperaban es un juguete roto antes de empezar su andadura. En cuanto a Podemos, la estrategia pablista de Vistalegre 2 es un fracaso ya inocultable. Iglesias fue sacando de la foto, uno por uno, a todos sus compañeros iniciales de viaje para descubrir, a mitad del camino, que ellos tenían razón y que él se ha quedado solo con su error y sus cortesanos. Ya no le funciona ni lo de Colau.

Si me permiten la alegoría clínica, lo de Cataluña en los últimos meses es como si un paciente ingresara en urgencias con un infarto y un cáncer. El infarto, que era lo más perentorio, se ha salvado con un tratamiento de choque. Pero al pasar de la unidad coronaria a oncología, comprobamos que la metástasis sigue ahí, progresando. El problema es que la solución quirúrgica no sirve, que queda poco tiempo para actuar, que el paciente no colabora y que la pericia y la cohesión del equipo médico son, por decirlo suavemente, manifiestamente mejorables.

Esta es la herencia envenenada que nos deja el año 17 y el maldito marrón que nos aguarda en el 18. Por lo demás, feliz año nuevo.

SE REÚNEN TRAS EL 21-D
La ‘ingenuidad’ de Rajoy y Rivera: ‘El Gobierno catalán debe respetar la ley’
La Gaceta  29 Diciembre 2017

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha mantenido este jueves una reunión en el Palacio de la Moncloa con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en la que han analizado la situación en Cataluña y han coincidido en que el futuro Govern debe respetar la Constitución y cumplir la ley.

Tanto el Ejecutivo como Ciudadanos han informado de este encuentro que ha tenido lugar en la sede de la Presidencia del Gobierno durante hora y media, en el que también han abordado las negociaciones para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de 2018.

Rajoy y Rivera han hecho un balance de la actual situación política tras todo lo acontecido en los últimos meses en España y, en especial, en Cataluña.

Una vez celebradas las elecciones catalanas del 21 de diciembre, ambos han coincidido en ratificar que el futuro gobierno de Cataluña tiene que respetar la Constitución y cumplir las leyes democráticas con el objetivo de recuperar la normalidad democrática y la convivencia.

Ciudadanos ha precisado que, además, su líder y el presidente del Gobierno han valorado la aplicación del artículo 155 de la Constitución tras lograr el aval preceptivo del Senado y su permanencia en vigor hasta que se constituya el nuevo gobierno en Cataluña como garantía de acceso a los servicios públicos de todos los catalanes.

Rajoy y Rivera ya habían hablado telefónicamente tras las elecciones del 21 de diciembre y el jefe del Ejecutivo había transmitido a su interlocutor su felicitación por los resultados logrados por su formación política en esos comicios.

Pero esta ha sido la primera reunión entre ambos desde entonces y, aunque no hay confirmación oficial por las partes, se da por hecho que habrán abordado la polémica en torno a si la líder de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, debería intentar formar gobierno al ser la lista más votada y aunque no tenga la mayoría suficiente.

El presidente del Gobierno y Rivera han acordado también retomar en breve las negociaciones para la aprobación de los Presupuestos de 2018.

De la misma forma, han coincidido en que sería conveniente aprobar de forma urgente un nuevo sistema de financiación autonómica para dar solución a los problemas de las comunidades respecto al mantenimiento de los servicios públicos.

Los peligros de la actual democracia
FELIPE FERNÁNDEZ-ARMESTO El Mundo 29 Diciembre 2017

La vida política es de miedo. Los de mi generación empezamos temiendo el comunismo. Casi el primer recuerdo político que tengo es de fotos de los carros de combate soviéticos en las calles de Budapest en 1956. Vivíamos bajo la sombra de la bomba atómica, ante el temor al choque de los bloques que compartían el mundo. Experimentamos una serie de crisis, cada una de las cuales pudo acabar en el apocalipsis. Luego, en los 60, vinieron los excesos del imperialismo yanqui en Vietnam: estábamos entre dos aguas ideológicas. Entonces el maoísmo, tan admirado por los bienpensantes de aquel entonces, se mostraba como un totalitarismo más, tan cruel y agresivo como los demás. En 1968, todo daba miedo: el anarquismo de los hippies, el endurecimiento de los autoritarios. En los 70 nos enfrentamos al reto de las ambiciones de los países exportadores de petróleo y los funestos efectos económicos de los precios altos que impusieron. Tras un momento de optimismo, hacia el fin del milenio, con la caída de tantas dictaduras, volveríamos a sentir miedo, esta vez por el terrorismo, que nunca había dejado de amenazar la paz y la civilización pero que estalló de nuevo en 2001 con la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York. Desde entonces, los motivos de temor han ido acumulándose: los fanatismos religiosos, los nacionalismos, el populismo en Rusia, EEUU y los países marginales de la UE, con sus ecos de fascismo.

Ahora, lo que más miedo me da es la democracia. O, mejor dicho, su fracaso, o los cambios corruptores que acaban por transformarla. Ya creíamos que se conocían perfectamente tanto los vicios de la democracia como sus virtudes. Aristóteles dio a conocer el gran peligro de que el vulgo confiara en un demagogo. Efectivamente, Atenas, la gran democracia del mundo antiguo, había elevado a Pericles, apoyado por las masas, para ser un dictador, suprimiendo a sus opositores y manteniendo bien atados a los aristócratas. Así que hasta la Ilustración, la democracia parecía poco apetecible a las élites europeas, que preferían dejar la elección de los líderes en las manos fiables de Dios, confiando en que el monarca se sometiera a los consejos divinos y evitara ser un tirano. El sistema funcionaba de una forma precaria. A Luis IX de Francia, por ejemplo, el cronista Philippe de Commynes lo calificó como el «mejor de los reyes, ya que, aunque oprimía a sus súbditos, no permitió que les oprimiese nadie más».

Los filósofos del Siglo de las Luces sabían más y mejor, o eso creían. Inspirados por el "salvaje noble" de las selvas americanas y las arenas del Mar del Sur, descubrieron la supuesta sabiduría del "hombre común", a quien el romanticismo de fines del siglo XVIII prestó un matiz creativo, ensalzando la literatura popular, los cuentos de hadas y los poemas de Der Völk dichte. Los efectos fueron desastrosos. Cuando los aristócratas franceses cedieron poder al hombre común, éste a aquél le cortó la cabeza, no sé si por ejercer su sabiduría o su salvajismo. Menos en Norteamérica, exenta de los horrores de la Revolución francesa y los desastres de las guerras napoleónicas, el mundo civilizado decimonónico huyó de la democracia, encerrándose en los "edificios desmoronados" celebrados por Metternich.

El modelo de EEUU, empero, con sus grandes éxitos en comercios y conflictos, convencía poco a poco a los demás de que valía la pena ensayar la democracia representativa, recomendada por La democracia en América (1835) del liberal francés Alexis de Tocqueville, o El bien público americano (1880) del conservador inglés, James Bryce. Para frustrar los oráculos aristotélicos sólo hacía falta implementar las precauciones constitucionales estilo estadounidense: la separación de poderes, que no permitiera a ninguno de los órganos del Estado predominar sobre los demás, ni a un presidente convertirse en dictador; y el Estado de derecho, que restringiera los excesos de la plebe y previniera contra la tiranía de las mayorías.

Por supuesto, el sistema no podía ser perfecto: de allí el famoso chiste de Churchill, de que la democracia es el peor sistema de todos, menos los demás. A veces anomalías electorales en el sistema representativo dan mayorías legislativas a coaliciones minoritarias, tal como sucedió en Alemania en 1933 y en Cataluña en 2016, o favorecen a líderes apoyados por una minoría del electorado, como sucede a menudo en EEUU, con impudicia descarada en el caso de Donald Trump, que recibió tres millones de votos menos que su rival. A veces una alianza entre Ejecutivo y Judicial, como en la Venezuela de Maduro, o de Legislativo y Ejecutivo, como en la Cataluña de los secesionistas, se burla de la separación de poderes. La palabra democracia transpira un aire de legitimidad del que se abusa fácilmente, como en las repúblicas sedicientes democráticas de estalinistas y maoístas.

Todos estos defectos, por graves que fueran, eran soportables. La gran democratización del mundo empezó en 1945, cuando Francia, Alemania e Italia volvieron a abrazar el sistema. Desde los años 70 del siglo pasado, con las transiciones de Grecia, España y Portugal, a los 90, cuando se disolvió el imperio soviético y la democracia volvió a establecerse en América Latina, Sudáfrica, y el resto de Europa, pareció que la dialéctica histórica tocaba a su fin y que la democracia era el destino inevitable del mundo. La última fase democratizadora fue la Primavera árabe. Casi en seguida, las nuevas democracias empezaron a deshacerse. Nos dimos cuenta de que el triunfo había sido ilusorio. A pesar de todo, hubiese sido razonable seguir creyendo en la democracia, por lo menos como un sistema ideal que quedaba por realizarse, salvo por dos circunstancias nuevas que se insinuaban casi sin detectarse en el nuevo milenio.

En primer lugar, los medios sociales cambiaron las reglas del juego político, aumentando el poder de los demagogos, quienes ya pueden incitar a sus seguidores instantáneamente sin hacer caso ni a la verdad ni a la crítica. Con un toque al teclado se organiza una manifestación para inhibir y silenciar a los conciudadanos. Se llenan las calles de atropello. Se arma una revolución. Se ordena un referéndum ilegal: fue por su superioridad en manipular los teléfonos móviles que los secesionistas flanquearon los esfuerzos del Gobierno español del 1-O. Con el abuso de Twitter, Donald Trump domina los medios, y lanza mentiras que vuelan tan rápidas que han circulado por el mundo antes de que la verdad se haya puesto las botas. A sus seguidores les quita el tiempo de reflexionar. A sus opositores les sustrae la oportunidad de someter sus burradas e insultos a la crítica racional y detenida.

Extravíos extremos -fanatismos políticos y religiosos- tienen el mundo a su alcance. Sectas y celdillas se convierten en movimientos y hasta en Estados islámicos. Piratas electrónicos intervienen en las elecciones y aspiran a controlarlas. Internet se disuelve en lo que llamo cibercélulas, donde los que comparten sentimientos se reafirman en los prejuicios. La democracia viable en su sentido tradicional depende del discurso racional, el debate público, la oportunidad de escuchar a todos los partidos y discrepar entre ellos. La oportunidad se ejerce cada vez menos. El discurso se silencia ante el ruido de los tuiteos. Los medios tradicionales -la prensa, las emisoras serias- están muriendo por falta de apoyo público. Cada vez que se les abandona, la democracia muere un poco.

Mientras tanto, el cambio más inesperado es algo que hubiera sorprendido mucho a Aristóteles. Sigue aliándose con los demagogos que Aristóteles temía. Pero ahora está surgiendo una nueva alianza absolutamente diabólica entre la democracia y la plutocracia, principios que el sabio griego creía opuestos e irreconciliables. En EEUU los electores ya no votan según sus intereses económicos sino para expresar su odio hacia élites tradicionales y minorías desgraciadas. El populacho confía en millonarios populistas que saben cómo explotar a sus obreros y clientes y siguen practicando la explotación cuando alcanzan el poder. El presidente Trump está convirtiendo el Gobierno de EEUU en un negocio más para aumentar su propia fortuna y la de sus familiares y compinches. Los oligarcas que dominan el Congreso acaban de aprobar un presupuesto que enriquece a los ya ricos. La democracia se ha vuelto temible. Pero no existe otro sistema mejor. Sólo hay que aguantar e intentar adaptarse.

Felipe Fernández-Armesto es historiador y titular de la cátedra William P. Reynolds de Artes y Letras de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU).

El nacionalismo como triturador de partidos
Joaquín Romero cronicaglobal 29 Diciembre 2017

En las escuelas de negocios se suele decir que la tercera generación de las empresas​ familiares es la más delicada. El abuelo crea, el hijo mantiene y el nieto dilapida. En castellano antiguo existía un refrán, ya en desuso, que lo definía de forma cruel: “Padre comerciante, hijo caballero, nieto pordiosero”.

Aunque se aplique habitualmente en los temas económicos, lo cierto es que la continuidad es el verdadero reto en todos los ámbitos. Y también en la política. Los avatares que ponen a prueba las empresas políticas --los partidos-- no son la conquista de nuevos mercados, la actualización tecnológica o la habilidad ejecutiva de los herederos, sino los desafíos del propio país.

La transición fue el primer embate que puso en apuros a dos de las organizaciones preeminentes del momento. AP de Manuel Fraga tuvo que reconvertirse, cambiar de nombre y hacer el relevo generacional. Al PCE le ocurrió otro tanto. Los españoles querían pasar página y no apoyaron a los herederos del franquismo ni a quienes les recordaban la misma guerra, aunque como perdedores.

La UCD, que gobernó dos breves legislaturas, se deshizo tras el desgaste de pilotar el paso de la dictadura a la democracia.

La crisis económica y las reformas que reclamaba una economía vetusta fueron la gran misión del PSOE. Rompió con su brazo sindical, la UGT, y jubiló anticipadamente a una generación de políticos brillantes.

En Cataluña, el problema siempre ha sido el mismo: el nacionalismo. Primero en su cara amable de CiU y después con la evolución independentista

Pero en Cataluña, el problema siempre ha sido el mismo: el nacionalismo. Primero en su cara amable de CiU y después con la evolución independentista.

El PSC es el partido que durante más tiempo ha padecido los efectos de esa especie de catalizador. Sus convulsiones se han repetido con cambios de ejecutivas y de caras. Hasta la última, la que pueda derivar del fracaso de la apuesta de catalanidad (¿viejuna?) de Miquel Iceta el 21D. Hay que reconocer, no obstante, que llevan así cuatro décadas y aún se mantienen en pie.

CDC ha sido, contra todo pronóstico, la principal víctima del nacionalismo. No porque éste haya entrado en crisis, sino porque en su huida hacia delante el partido no pudo resistir el acoso de la corrupción propia y la del clan del fundador, Jordi Pujol. Ha tenido que cambiar de nombre y, dado el cariz de las relaciones entre Carles Puigdemont y la dirección del PDeCAT, se le abren unas perspectivas muy oscuras.

UDC, fundada a principios del siglo pasado, ha desaparecido también envuelta en deudas y corrupción. Su vertiginosa caída parece dar la razón a quienes sostenían que su existencia solo respondía a la voluntad de Pujol de mantener un halo democristiano en torno a CDC.

La izquierda del PSC, el espacio que ocupaba el PSUC, ha sucumbido en su extravagante perseverancia nacionalista/internacionalista

La izquierda del PSC, el espacio que estuvo ocupado por otra organización histórica --el PSUC--, ha sucumbido en su extravagante perseverancia nacionalista/internacionalista, con unas jóvenes generaciones siempre deseosas de estar a la última, de distanciarse del viejo comunismo estalinista, de ser modernos, verdes y, finalmente, comunes. Veremos qué sale tras el varapalo del 21D. Xavier Domènech tiene una llave que no abre ninguna puerta. Y en el camino se ha dejado muchos cadáveres.

El desastre del PP era imposible de prever. Muchos de los ciudadanos que estaban de acuerdo con la aplicación del 155 han preferido apoyar a un partido nuevo, Ciudadanos, que por carecer de experiencia ni siquiera ha gobernado un ayuntamiento.

Pese a su habilidad para mantenerse a flote, Mariano Rajoy no lo tendrá fácil para salir vivo de este tropiezo. La aplicación de la ley frente al separatismo no le ha dado réditos, solo quebraderos de cabeza.

ERC, por su parte, ya tuvo su crisis. De hecho, fueron dos. El viejo partido irrelevante de Heribert Barrera tomó nuevos bríos en la etapa de Josep-Lluís Carod-Rovira, pero una revuelta interna cambió la dirección, que pasó a manos de Oriol Junqueras, con apenas cuatro meses de militancia en aquel momento.

Las encuestas le daban ganador, pero no ha sido así. El acelerón nacionalista ha activado a los votantes del otro lado, que han hecho de Cs el primer partido de Cataluña. Y también ha colocado en segundo lugar al PDeCAT, la antigua Convergència, ahora está en manos de un político que se ha echado al monte, ha doblado la apuesta y ha conseguido el apoyo de 940.000 catalanes.

¿Qué harán los republicanos? ¿Mantendrán el pulso de radicalización con los antiguos convergentes? ¿Hasta dónde? ¿Permitirán que el procés triture su partido como ha hecho con los demás?

Ciudadanos no puede abandonar ahora
Jorge Vilches vozpopuli.es 29 Diciembre 2017

El problema de la “nueva política” es que pasa a ser “vieja” en menos de una legislatura. Nadie, nunca, ha escapado a los vicios y maneras de la política práctica. En cuanto juegan en las instituciones con cargos y presupuestos, contratan asesores de marketing electoral, gabinetes de prensa y coach de liderazgo, y viven obsesionados por su visibilidad en la infantil sociedad del espectáculo , todo ese embrujo novedoso se esfuma.

Podemos ya ha pasado por esa situación debido a que su partido-movimiento reúne a dogmáticos de distintas familias de la izquierda, dispuestos siempre al reproche, la purga y la estalinista autocrítica. Muchas voces acusan a Pablo Iglesias de acomodo y aburguesamiento, de pasar de la ruptura y la barricada al postureo acomodaticio. No les falta razón. No en vano, en Madrid va a colocar a Errejón no para tomar el cielo por asalto, sino para competir por el electorado del PSOE; sí, el otrora “partido de la casta”.

Nadie escapa a la ley de hierro de las oligarquías que expuso hace más de cien años el socialdemócrata Robert Michels: el poder siempre recae en unos pocos, quienes acaban condicionando la política de su organización a mantener y aumentar su poder personal.

No obstante, existe en esta cuestión una gran diferencia entre Podemos y Ciudadanos. Los primeros tienen una teoría del poder a la que someten táctica y estrategia, y ansían tener el gobierno. Los segundos, no. Es incomprensible que parezcan acomodados al papel de grupo de presión e influencia, desde la oposición parlamentaria y el altavoz mediático. Esto les ha permitido hasta aquí mantener la ficción de “nueva política”, pero la victoria electoral en Cataluña lo ha cambiado todo.

El catalán que votó a Ciudadanos el 21-D lo hizo para respaldar una política de partirse la cara con el supremacismo, presentar batalla y demostrar que se tiene razón a la hora de defender el orden constitucional. Por eso el partido de Arrimadas se convirtió en el receptáculo de los votos antisistema, de los socialistas que no confiaban en un Iceta que pedía indultos para los golpistas, ni en un Albiol dirigido desde Moncloa.

No iniciar una ronda de entrevistas con los jefes de las otras formaciones e intentar una investidura es un tremendo error. La situación de Cataluña es excepcional, con un golpe de Estado tras cuarenta años de preparación, en una sociedad clientelar y rota, en decadencia, y llevada al umbral del enfrentamiento. No se trata de una legislatura al uso, sino de una situación trascendental, única e histórica, no solo para Ciudadanos sino para aquellos catalanes que decidieron salir del armario político.

Si no han entendido que se les votó el 21-D para liderar a campo abierto, a cara descubierta y sin miedo la respuesta al supremacismo es que van a desperdiciar la ocasión de hacer algo grande en Cataluña y en España. Porque la decisión de no dar un paso adelante no se debe al interés de los catalanes, sino a cálculos partidistas: evitar el desgaste de Arrimadas y de su formación. De hecho, ha sido Miguel Gutiérrez quien ha salido a explicarlo, no la jefa catalana. Es un tic de la vieja política.

Es decepcionante que el mundo entero no pueda ver una sesión de investidura donde se presente el vencedor electoral de la Cataluña moderna, cosmopolita, demócrata y plural, dentro de España y la Unión Europea, frente al secesionismo tragicómico y empobrecedor que se codea con los populismos nacionalistas europeos.

Es triste que no sea correspondida la valentía de la gente que salió a la calle a manifestarse como nunca antes, e incluso de muchos concejales de Ciudadanos que sufren el acoso a diario desde hace años y que vieron en la victoria del 21-D una recompensa a su impagable dedicación. No se puede alentar a la “mayoría silenciada” para que pierda la vergüenza o el temor, y luego no dar la cara en el Parlamento de Cataluña.

Es más; no se comprende después de que, en pleno golpe de Estado, entre el 6 y 7 de septiembre, Arrimadas pidiera una moción de censura, y ahora se niegue a iniciar el protocolo para la investidura. La líder de C’s tomó la iniciativa sin saber si tenía apoyos suficientes, sino con el ánimo de mostrarse como la alternativa al gobierno de Puigdemont. Es la misma situación actual salvo que en un escenario más favorable: la victoria en las urnas. En aquellos días, Arrimadas decía que confiaba en que hubiera miembros de los grupos independentistas que apoyaran su propuesta , porque si no se podía gobernar se forzarían unas elecciones.

Las contradicciones son la norma de Podemos porque su objetivo no es ser coherente, sino debilitar el orden constitucional. Sin embargo, sería deseable que no fuera así en Ciudadanos. El caso recuerda al Partido Reformista de Melquíades Álvarez, la última esperanza de la izquierda moderada para la regeneración tranquila del decrépito régimen de la Restauración. Sus incoherencias acabaron con la formación, como recordaba Manuel Azaña, uno de sus miembros.

El asunto no ha pasado desapercibido a los partidos del sistema, al PP y al PSOE, quienes ya han encontrado el punto débil de Ciudadanos : la realidad del poder, la madurez de dar el paso de la oposición al gobierno, la dificultad de liderar el grandilocuente discurso regeneracionista, el peso de la responsabilidad y el temor a los medios de información.

Maquiavelo escribió que una de las claves para conseguir el poder era tener las cualidades necesarias en el momento oportuno, la virtud en la fortuna. Por el contrario, cuando no se aprovecha la ocasión es que quizá se sobrevaloraron las cualidades.

El PSOE se enreda con la "plurinacionalidad"
Gabriel Sanz. vozpopuli.es 29 Diciembre 2017

"Preguntado por cuántas naciones hay en España, Ábalos ha sostenido que cada comunidad debería decidir si se define así en su Estatuto de Autonomía, como decidieron en su momento si se definían como región, nacionalidad o nacionalidad histórica, previo debate en su Cámara de representación, incluso en algunos casos con referendos".

17 potenciales naciones, 17 posibles referendos en medio millón de kilómetros cuadrados, una superficie más pequeña que Texas ¿Hay quien dé más? Confieso que he tenido que releer el entrecomillado de la agencia Efe para entenderlo y he llegado a la conclusión de que no es un problema de falta de claridad de quien haya resumido la entrevista al secretario de Organización de los socialistas en Radio Nacional.

El problema lo tiene, y gordo, un PSOE que ha ocultado en estos tres meses la "plurinacionalidad" de la que venía hablando Pedro Sánchez desde el verano, aunque solo fuera porque entra en abierta contradicción con la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Le ha bastado solo una semana desde el fiasco del PSC en las elecciones del 21-D para volver a las andadas.

Empecemos por recordar que hablamos del único partido centenario que queda en España, el único que se define "español". Pues bien, aún cuando aceptemos que nuestro Estado alberga tres naciones (España, Cataluña y País Vasco) ... ¿Qué razón hay para ampliar el abanico a 17, en una reedición de aquel café para todos autonómico en el inicio de la Transición que justamente ahora demonizamos?

¿Garantizará eso más igualdad entre españoles, santo y seña del PSOE desde hace 140 años? ¿Lo demandan sus votantes, individuos de más de 45 años, residentes en núcleos urbanos pequeños o rurales, y educados en la España preautonómica? ¿Convencerá a la parte independentista de la población catalana, que lo que quiere lisa y llanamente es irse de España? ¿Es esta una preocupación real para los ciudadanos de Oviedo, Huelva, Murcia, Teruel, Madrid o Soria?

Mi respuesta a esas cuatro preguntas es no, y un sí rotundo a esta que viene a continuación: ¿No sería más honesto reconocer que llevamos 40 años hablando del encaje de Cataluña y no solo no hemos logrado encajarla sino que con propuestas como esa estamos desencajando al resto?

El PSOE, junto con PP y Ciudadanos, afrontará en próximas semanas la negociación de un nuevo sistema de financiación autonómica en la que la tensión por los dineros que se lleva cada cual va a ser inevitable. ¿Ayudará la "plurinacionalidad" a desatascar esa negociación o mas bien introduce elementos de recelo entre unos y otros? Juzguen ustedes.

A veces da la impresión de que los socialistas españoles, arrastrados por un PSC que acaba de darse cuenta de que el catalanismo moderado ya no existe en forma de voto porque la gente demanda claridad, no pierden ocasión de centrifugar su voto hacia Podemos, los independentistas o Ciudadanos -en zonas urbanas- con cualquier causa que se les ponga por delante.

Solo así se explica que la anterior intervención de José Luis Ábalos fuera una rueda de prensa en Ferraz para anunciar "asambleas abiertas" en las 52 provincias con el fin de hablar de... pensiones, y que ayer volviera al discurso de las 17 naciones que tanto les perjudica porque su votante siente extraño al PSOE en ese discurso... Pero ahí siguen.

El túnel cegado del 11-M
Gabriel Moris Libertad Digital 29 Diciembre 2017

Si alguien alude al 11-M en algún foro, la respuesta más suave que puede obtener es: “¿No es un asunto cerrado?”.

Una vez más, contemplamos "cómo se pasa la vida, tan callando...", según expresó Jorge Manrique de forma magistral. Cada final de año cerramos una etapa y se nos abre otra nueva. La añoranza y la esperanza se apoderan de nosotros. Hace unos días felicité en su cumpleaños a una persona joven que es muy entrañable para mí; me hizo una reflexión interesante: "Yo no he hecho nada por lo que merezca ser felicitada, ya que, en lo de nacer como en lo de cumplir años, no tengo ningún dominio". No parece ilógico el razonamiento.

En mi opinión, el túnel al que me voy a referir comenzó antes de llegar a la boca del mismo, fue un acto voluntario. Creo que la obra estaba planificada con antelación. Algo tan trascendente, como lo que estamos viviendo, no puede ser fruto de la improvisación ni de unos ingenieros con tan bajo nivel de formación o tan inexpertos como los que nos han mostrado durante estos casi catorce años.

El "No a la guerra", el "Nunca mais", Perpiñán, Cañaveras, etc., fueron quizás el preludio de una sinfonía patética, escrita para las víctimas y para el pueblo español. Hasta hoy, caminando por la segunda década, dicha sinfonía parece estar incompleta. Al menos esa es mi percepción, yo soy falible, como todo ser humano.

La boca del túnel se abrió el día once de marzo de 2004 a las 8:40. Ese es el momento en que la democracia española inicia una deriva hacia un tiempo nuevo, según dijo algún informador que hábilmente desinformó con la mentira de los terroristas suicidas. La autoría de ETA, aceptada por unanimidad, fue reemplazada por consenso, por la falsedad en la que aún estamos. Las víctimas y el pueblo español, utilizados como víctimas propiciatorias, seguimos representando a la perfección el papel que nos asignaron los mal llamados autores intelectuales que planificaron la masacre.

¿ Quién cegó y sigue tapando el túnel en que nos sumieron? Me atrevo a afirmar que ninguna de las tres personas condenadas por los hechos. Y ¿esto es todo? Espero que alguien mejor informado que yo pueda responder con toda la verdad de los hechos a esa pregunta tan sencilla.

Voy a intentar enumerar algunos de los materiales que ciegan el túnel:

La Instrucción Judicial.
La investigación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad e Inteligencia.

La voluntad política y legislativa para no investigar totalmente los hechos y sus ramificaciones.
El simulacro de juicio celebrado en la Casa de Campo y televisado por plasma.

La Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo que nos vendieron la falsa moneda de que el 11-M es un caso cerrado.
Las víctimas y el pueblo que hemos mordido los anzuelos que nos han lanzado a la ciénaga.

Lo que antecede no es una descalificación total a los grupos y a las instituciones, sólo trato de señalar los lugares desde donde se hizo la labor de zapa de la verdad y la justicia –pendientes todavía–. No podemos olvidar a los medios de comunicación.

Me gustaría hacer estas reflexiones con un espíritu constructivo y agradecido, pero ni la memoria permanente de mi hijo ni mi conciencia de ser humano me lo permiten. El cristianismo y el europeísmo, raíces de nuestra civilización occidental, tampoco pueden ser indiferentes ante este crimen de lesa humanidad, ya que ambos propician el derecho a la vida, la justicia y la paz; éstas no son compatibles con los crímenes impunes a los que nos referimos.

Desde el treinta de noviembre de 2007, fecha en que se dictó la sentencia del único juicio, sorpresivamente sin autores, España ha cambiado claramente su rumbo como país. Parece como si el aludido tiempo nuevo fuera la consigna compartida por todos los partidos con representación parlamentaria.

La investigación de los hechos sigue en suspenso frente a algunas promesas hechas en sentido contrario. El silencio y el olvido son parte de la consigna. Las víctimas parecemos contagiadas por el ambiente generalizado. Si alguien alude al 11-M en algún foro, la respuesta más suave que puede obtener es: "¿No es un asunto cerrado?".

Efectivamente, lo es, al menos para los que siguen cegando el túnel.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Ni engaño ni fanatismo
Alejandro Molina Olías cronicaglobal 29 Diciembre 2017

Si hay una crítica al secesionismo que a día de hoy ya no se sostiene es la de que sus dirigentes habrían engañado a sus electores, sorprendidos en su inocencia y buena fe por las falsas promesas o tergiversaciones de los primeros. Si en las autonómicas de 2015 ya era difícil atribuir al expediente del engaño y la mentira el que los votantes separatistas creyeran que con la independencia Cataluña no saldría de la UE, que las empresas no se deslocalizarían, que habría una mediación internacional que forzaría al Estado a negociar, que no se perseguirían judicialmente el desacato y quebranto del orden constitucional, que las "estructuras de Estado" no eran un mero desiderátum y tenían trasfondo real (¿algún independentista creyó que El Prat o el paso de La Junquera sería tomado por cuatro exaltados de la CUP y una docena de mossos la noche del sainete proclamatorio del Parlament?) o que se evidenciaría ante el mundo una España totalitaria continuadora del franquismo, a la vista de los hechos incontrovertidos de los últimos dos meses, se antoja imposible que alguien, para decidir su voto en las elecciones del 21D, haya creído en la veracidad de ninguna de esas mendacidades.

Del mismo modo se antoja intelectualmente inviable mantener que esos dos millones de electores hayan votado el 21D confiados en la certeza de la nueva hornada de embustes facturada para la nueva cita: que una eventual victoria electoral del separatismo extinguiría ipso facto la acción penal contra los candidatos encausados por la justicia, que dicho triunfo derogaría el 155, o que con ello se reinstauraría por ensalmo la república independiente mandatada por el 1-O y proclamada por el Parlament colocando de nuevo al Govern destituido en su puesto.

Evidentemente ningún engaño cabe invocar aquí: todos esos electores sabían que nada de eso es cierto. Por eso, el 21D, aun conscientes de la apabullante falsedad de aquellas primeras mentiras y de las difundidas para la nueva cita electoral, no ha habido ninguna defección significativa de los supuestos separatistas desengañados.

Una proporción importante de la sociedad catalana tiene subvertidos sus valores de ciudadanía, de suerte que su ideal de res pública se guía por un narcisismo colectivo teñido de supremacismo etnicista e insolidaridad xenófoba

Tampoco se sostiene la tesis de un fanatismo irracional que le garantizaría al separatismo la adhesión de sus votantes en una suerte de colectiva disonancia cognitiva que les privaría de su capacidad crítica como electores, abstracción hecha del sesgo distópico de semejante hipótesis referida a dos millones de personas adultas.

No es así, es simplemente algo que la historia ha demostrado que puede ocurrir y que aquí está ocurriendo: que existe una sociedad, la catalana, que en una proporción importantísima tiene subvertidos sus valores de ciudadanía, de suerte que su ideal de res pública se guía por un narcisismo colectivo teñido de supremacismo etnicista e insolidaridad xenófoba. Votantes convencidos de su mejor condición respecto de la de sus conciudadanos, y hasta de la de sus inmediatos vecinos, a los que quieren convertir en extranjeros contra su voluntad; todo lo cual, para ellos avalaría incluso la supuesta comisión de actos criminales: como para dejar de avalar sus simples mentiras.

Atribuir a la mentira de sus dirigentes o al fanatismo irracional de su electorado el voto secesionista no sólo es una falacia: es una injusticia, porque ilegítimamente absuelve a esos ciudadanos de su responsabilidad por su consciente y serena inmoralidad.

Covite denuncia que se han celebrado 77 actos de enaltecimiento de la banda terrorista ETA en 2017
OKDIARIO 29 Diciembre 2017

El colectivo de víctimas del terrorismo Covite ha contabilizado 77 actos de enaltecimiento del terrorismo de ETA durante este año en Euskadi, Navarra y Francia en su espacio web denominado ‘Observatorio de la Radicalización’. Además, ha presentado ocho denuncias ante la Audiencia Nacional (AN) por estos hechos y una por la vía administrativa.

La presidenta de Covite, Consuelo Ordóñez, ha explicado que del total de los actos de enaltecimiento del terrorismo contabilizados, “34 han tenido lugar en Guipuzkoa, 17 en Bizkaia, 16 en Navarra, seis en Álava y cuatro en Francia”.

En un comunicado, ha destacado que “España es el único país de la Unión Europea que permite que se homenajee en las calles a terroristas sanguinarios orgullosos de su pasado, con el riesgo que entraña para las nuevas generaciones”. “Aplicar políticas de prevención de la radicalización es una urgencia”, ha exigido.

Según ha apuntado, “la tipología de la mayoría de los actos de enaltecimiento del terrorismo celebrados, un total de 43, es de recibimientos a presos de ETA en sus localidades de origen o de lugar de residencia tras salir de prisión una vez cumplida su condena por terrorismo”.

“Especialmente numerosas fueron las bienvenidas dedicadas a terroristas como José Miguel Gaztelu, que acumulaba penas de cárcel de 32 años por el secuestro de Ortega Lara, 14 por el secuestro del empresario Julio Iglesias Zamora y 178 años de cárcel por el asesinato de tres guardias civiles en Bergara el pasado 4 de octubre”, ha apuntado.

Asimismo, la presidenta de Covite ha citado los recibimientos a los expresos de ETA Aratz Gómez y Arkaitz Sáez en Ascain (Francia) el pasado 28 de octubre, o a Felipe San Epifanio, en Bilbao el pasado 14 de julio. También se ha referido a las “llamadas jornadas de lucha, término utilizado por los radicales para referirse, por ejemplo, al ‘día del inútil’ dedicado a la Guardia Civil, como el que se celebró en la localidad navarra de Etxarri-Aranatz el 5 de agosto”.

Ordóñez ha indicado que esta jornada incluyó la celebración del ‘tiro al fatxa’, “acto consistente en arrojar objetos a imágenes de representantes públicos”, a lo que ha añadido que “se han llevado a cabo un total de quince actos de este tipo”.

También ha apuntado que a lo largo de 2017 ha habido diez fiestas populares que “los violentos han aprovechado para lanzar proclamas de excarcelación de terroristas de ETA” y, como ejemplo, ha citado que el pasado 12 de octubre, durante las fiestas del municipio vizcaíno de Basauri, “decenas de personas se concentraron para pedir la salida de prisión de etarras con pancartas que exhibían siete imágenes de miembros de la banda terrorista”.

“Unos días antes, el 7 de octubre, durante las fiestas del municipio alavés de Salvatierra, otras decenas de personas se concentraron para pedir la excarcelación de terroristas de ETA”, ha incidido. Además, ha afirmado que “los nueve actos de enaltecimiento documentados restantes se reparten entre homenajes a etarras fallecidos (Kepa del Hoyo, homenajeado en Galdakao; Mikel Castillo, honrado en Pamplona en el aniversario de su fallecimiento; o Belén González Peñalva, en Lazkao y San Sebastián) y otras escenas” como “una cena de Nochebuena en pleno centro de Galdakao en honor a once miembros de ETA originarios de la localidad y que se encuentran en prisión”.

“Culto al terrorista”
Ordóñez ha denunciado que “el culto al terrorista es el pan de cada día en las calles del País Vasco y Navarra debido a la inacción de las instituciones y a la pasividad de la Justicia”, ha sostenido Ordóñez.

En este sentido, ha recordado que este año Covite ha presentado ocho denuncias ante la Audiencia Nacional, de las cuales tres han sido archivadas de forma definitiva.

Al respecto, ha explicado que el Colectivo ha decidido no recurrirlas. Se trata de las interpuestas por el recibimiento en San Sebastián al expreso de ETA Javier Balerdi; otra contra la familia Gogeaskoetxea por “enterrar a uno de sus miembros envuelto en una bandera de ETA”; y otra contra el histórico miembro de la izquierda abertzale Tasio Erkizia por “alabar a ETA”.

“De las cinco restantes, tres están pendientes de recurso”, ha indicado, para explicar que se trata de “la interferida al etarra Andoni Ugalde por enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas; la respectiva al homenaje al secuestrador de Ortega Lara, José Miguel Gaztelu, por enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas y la presentada ante los familiares de los terroristas que cometieron el atentado de la casa cuartel de la Guardia Civil de Vic por publicar un artículo que enaltece el terrorismo”.

Finalmente, ha apuntado que las otras dos están en curso, una contra el acto de homenaje a la miembro de ETA fallecida Belén González Peñalva y el homenaje al miembro de ETA Felipe San Epifanio.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial