AGLI Recortes de Prensa   Domingo 31  Diciembre 2017

El año del disparate, o también...
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 31 Diciembre 2017

O también el del absurdo, el desatino, la insensatez, la incoherencia, la incongruencia, el despropósito, la necedad, la sinrazón, la tontería, la temeridad, la barbaridad, la imprudencia, la locura, el exceso o la enormidad. Todo ello ha sido, en grandes dosis, el año que termina para la política española a cuenta del llamado contencioso catalán, forma fina ¡y embustera! de calificar la rebelión secesionista contra nuestra democracia.

Y todo, claro, limitándome a los términos de uno de los varios diccionarios de sinónimos que utilizo como instrumento de trabajo. Porque el 2017 ha sido, así mismo, gracias a las locuras del independentismo y de quienes lo ha apoyado desde el izquierdismo podemita y los nacionalismos periféricos, el año de la farsa y la mentira, de la trola y el esperpento, del bulo y de la bola, del cuento chino y la patraña, de la caradura y la desvergüenza, de la jeta y el descaro.

De hecho, el 2017 termina, por desgracia, como comenzó: con la política española convertida en un espectáculo risible, en un circo donde maldita la gracia que tienen los payasos. Vean si no.

El debate es ahora si un político fugado de la acción de la justicia tras haber sido imputado por gravísimos delitos puede dirigir desde el extranjero el gobierno catalán. ¡Ahí queda eso! ¡Con dos narices! Es tal el nivel de mamarrachada en el que nos hemos ido instalando casi sin darnos en cuenta que aquí resulta ya posible hablar de majaderías formidables como si fueran debates políticos dignos de respeto. Lo que no es de extrañar tras lo ocurrido en España a lo largo del año que termina.

Los españoles que sabemos que si incumplimos la ley lo pagaremos, hemos visto al gobierno y al parlamento catalanes patear la Constitución, las leyes y la sentencias de los tribunales de justicia; al nacionalismo organizando una rebelión, cuyo fracaso conocía de antemano, pese a saber que supondría una durísimo golpe a la convivencia y a la economía regional y a la de España en su conjunto; a un vicepresidente del TCE actuar como el leguleyo de la secesión; a Podemos y sus confluencias convertidos en el caballo de Troya de la estrategia delictiva de los secesionistas; a cientos de miles de personas convencidas de que los rebeldes encarcelados por orden judicial en un Estado democrático son presos políticos y exiliados los políticos fugados; y a mucha prensa extranjera, de esa que solemos citar con reverencia, dando crédito a todas las patrañas inventadas por los independentistas y sus diversos aliados.

El 2017 acaba, repito, al fin, como empezó: con las chaladuras impulsadas por un grupo de chiflados que han puesto en jaque a un gran país de cuarenta y siete millones de habitantes que trabaja, cumple la ley y trata de salir adelante mientras el independentismo y el extremismo izquierdista colocan en las ruedas del Estado todos los palos imaginables con la esperanza de que España descarrile. Esa, exactamente esa, es toda su política.

El prematuro declive de Podemos
EDITORIAL El Mundo 31 Diciembre 2017

Podemos irrumpió en la política española en 2014 a lomos de los devastadores efectos de la crisis y de un mensaje de cambio como antítesis frente a los viejos partidos. Poco o nada queda de aquel efecto ilusionante que fermentó en la primera asamblea de Vistalegre. La formación morada, pese a su raigambre populista, se convirtió el año pasado en la tercera fuerza parlamentaria. En cambio, este 2017 lo va a cerrar anclada en una posición gregaria del resto de fuerzas, sin haber cumplido su meta de hegemonizar la izquierda y sin capacidad de marcar la agenda política.

Entre los errores que explican el prematuro envejecimiento de Podemos se encuentran sus bandazos políticos, la división interna -incluidas las purgas a los discrepantes- y la falta de coherencia con relación a Cataluña, un asunto que ha puesto de relieve la carencia de proyecto nacional de Podemos y el lastre que supone la dependencia de sus confluencias.

Si el año que hoy se cierra ha acabado siendo el annus horribilis de Podemos ha sido en gran medida al laberinto catalán, donde Iglesias y sus socios han desplegado un tacticismo que les ha hecho naufragar en la ambigüedad. A ello hay que sumar la eterna pubertud de una formación refractaria a la dinámica institucional y el empeño en explotar anacrónicos clichés izquierdistas, como muestra la ofensiva contra el Rey. En síntesis: un pobre y decepcionante saldo para quienes ansiaban asaltar los cielos. No es extraño que a Iglesias, desaparecido de la primera línea, no le hayan quedado ganas de salir a la tradicional comparecencia de balance del año.

Catarata de normas en el último Consejo de Ministros del año
El Estado publicó mil páginas en el BOE el último día hábil del año
CEOE y asesores fiscales critican las trabas administrativas que genera esta práctica
Javier Tahiri ABC 31 Diciembre 2017

La mañana de ayer no fue una cualquiera para asesores fiscales y abogados. Pese a ser sábado 30 de diciembre, víspera de Nochevieja, el Estado publicó en el BOE casi mil páginas de decisiones adoptadas sobre la bocina con efectos desde el día de mañana. En concreto, 972 páginas, una catarata de normativas que reflejan lo que dio de sí el último Consejo de Ministros del año, en el que se acumularon las medidas de última hora. Hasta 15 decretos y 5 órdenes ministeriales que modifican aspectos relevantes sobre la nueva regulación fiscal para Airbnb y demás plataformas de alquileres turísticos, la posibilidad de que los Tribunales Económico- Administrativos Central impongan costas judiciales a particulares que litigien contra la Administración hasta un nuevo sistema de sanciones en el IVA. Mañana 1 de enero cambiarán todas estas normas, lo que ha aguado el final de año a los departamentos jurídicos y fiscales de las empresas.

«Desde el punto de vista de la seguridad jurídica, es lamentable», denuncia Esaú Alarcón, jurista y profesor de derecho financiero. Hasta el punto de que la Asociación Española de Asesores Fiscales (Aedaf) estudia impugnar varios reglamentos tributarios publicados ayer ante la Audiencia Nacional, ya que a su entender vulneran la Ley de Procedimiento Administrativo que, como describe Alarcón, «establece que todo reglamento de tipo administrativo tendrá una entrada en vigor diferida de seis meses».

Empresas y asesores piden más certidumbre. Pese a que muchas de las normas conocidas el pasado viernes ya se habían recogido en procesos de información pública, el problema es similar: se publicó todo en los últimos días antes de verano de golpe. Solo Hacienda sacó ayer 190 páginas en el BOE.

Esta maraña normativa cambia las normas de juego para el 1 de enero. Por ejemplo, uno de los decretos fija que las empresas que entren en el Sistema Inmediato de Información (SII) para declarar el IVA en tiempo real tendrán sanciones del 0,5% de la factura si se retrasan. «Un instrumento como el SII pensado para facilitar trabas se convierte así en un arma sancionadora. Todo esto se podría haber aprobado a lo largo del año», critica Alarcón.

Inseguridad jurídica
Cada año, a final del ejercicio se acumulan medidas pendientes, haya Presupuestos o no. Patronal y asesores coinciden en que esta práctica lastra la competitividad de las empresas y el atractivo de España ante los inversores. CEOE denuncia el elevado ritmo de producción normativa, en un observatorio en el que recopila el número de leyes y las páginas publicadas en el BOE. En la patronal aún recuerdan cómo el 30 de septiembre de 2016, Hacienda aceleró la aprobación del alza de la retención en Sociedades a las grandes empresas en el pago de octubre. La norma se publicó de urgencia en una sesión vespertina del BOE a las 21:00 de la noche, de forma que entró en vigor tres horas más tarde.

«Las empresas se enfrentan a un nivel de regulación muy elevado, que genera un marco normativo muy denso y complejo que provoca distorsiones en el mercado y un alto nivel de cargas administrativas», alerta la patronal en dicho observatorio. Pese a que en 2016 el Gobierno estuvo en funciones, publicó 171.905 páginas en el BOE. Al abandonar la interinidad el Ejecutivo, el número de normas ha engordado en 2017.


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El fin del Estado menguante

José Luis González Quirós vozpopuli.es 31 Diciembre 2017

Las consecuencias de las elecciones catalanas están por ver, en especial por lo que se refiere a la reacción política de fondo del electorado español en su conjunto. La gran paradoja, que muchos habían previsto, es que la premura rajoyana por salir del mal paso en que se metió por su fracaso al aplazar el 155, que debiera haber servido para impedir el referéndum del 1 de octubre de manera terminante, le han conducido a un atolladero del que busca salir desesperadamente: se le ocurre de todo, por ejemplo, subir el salario mínimo con foto, menos lo que se le tendría que ocurrir, que es rectificar su política. Rajoy ha sido, una vez más, previsible, pero seguramente no alcanza a vislumbrar cómo esa supuesta impavidez le puede acabar sepultando.

La fórmula del problema
El problema con el separatismo supremacista catalán es tan grave como pueda serlo cualquier dificultad mal tratada y cogida a destiempo. Rajoy, llevado por su tendencia a la inercia, creyó que podría repetir las políticas que hicieron posible la deslealtad de los independentistas, incluso una vez que estos la habían convertido en un plan político preciso y nítido, tan obvio como disparatado, pero nada que pudiera tener otra interpretación que la literal. Esa política consistió en la deserción del Estado, en el abandono completo de sus estrategias de legitimación, en la confianza de que la lealtad al pacto constitucional no sería puesta en entredicho. Aquello fue un error, un error histórico no menos grave por explicable, pero persistir en esa actitud de fondo, ofreciendo diálogo, cuando los separatistas comenzaron a legislar como si ya fuesen de hecho soberanos, consentir el menoscabo continuo de un Estado menguante, no ha sido sólo un error sino un auténtico crimen.

Tras el resultado electoral, no cabe persistir ni un minuto más con esa clase de políticas, y el problema consiste en que los electores se temen que Rajoy pueda ser incapaz de aplicar cualesquiera otras, de dejar de esconderse detrás de los Tribunales para cumplir con su obligación de acatar la ley y hace que se acate por todos.

Responder a las provocaciones
Desde que el mundo es mundo, las políticas de apaciguamiento han respondido a una esperanza casi invariablemente vana, la de que los agresores se conviertan en palomas de la paz. Ahora tenemos a los supremacistas dispuestos a repetir una por una sus maniobras de desestabilización, su abuso del derecho, queriendo investir a un prófugo que perora tras una pantalla repitiendo toda clase de sandeces. Si la política tradicional de los gobiernos ha sido la de dejar pasar, mirando para otro lado, ahora ya no se puede actuar así, y Rajoy debería saberlo. No se puede porque los catalanes no secesionistas, que no son minoría, se han puesto en píe frente a los abusos del supremacismo, y porque el conjunto de los españoles, se ha dado cuenta de que algo hay que hacer para que no se les robe un bien muy querido, la igualdad de derechos, la libertad política, la unidad de la patria común, de la única nación política que se llama, desde hace siglos, España.

El presidente del Gobierno deberá responder a esa clase de desafíos perfectamente previsibles de manera nítida, y cabe sospechar que Rajoy no se atreverá a hacerlo con la debida diligencia. Como nadie mejor que él sabe hasta qué punto esto pueda ser así, Rajoy estará sopesando sus escasas alternativas y, diga lo que diga, decidirá más pronto que tarde, si convoca elecciones de manera inmediata para tratar de salir del mal paso en el que le ha metido su tradicional, y desquiciada, prudencia, o si trata de sobrevivirse a cualquier precio. Él verá el asunto desde su peculiar ángulo, pero el panorama con el que tiene que contar para decidirse le resultará particularmente incómodo.

El paisaje electoral
El electorado español en su conjunto, no presenta la misma consolidación de fondo que se ha hecho evidente en Cataluña, donde han cambiado los representantes pero sigue existiendo una brecha ciudadana perfectamente definida. En España, en buena medida por el efecto catalán, todo indica en que las fronteras políticas se pueden estar moviendo de manera difícil de controlar.

Si Rajoy convoca de manera inmediata, puede aspirar a hacer valer una cierta mayoría, muy en riesgo de cualquier modo, mientras que, si tarda en hacerlo, puede encontrarse con que el PP bajo su dirección emprenda un camino similar al de la UCD, tal vez sin tintes tan extremos, pero con una melodía decadente muy similar. Nuestro sistema electoral ha permitido tres modelos parlamentarios bastante distintos: el de 1977 y 1979, con dos partidos en la derecha y predominio del más moderado, y dos partidos en la izquierda; el de la hegemonía del PSOE sobre una única derecha muy alejada del centro, que duró de 1982 a 1996, y el que inauguró el aznarismo tras recuperar el voto del centro derecha, y que es lo que habitualmente se conoce como bipartidismo (imperfecto), que ha estado vigente desde 1996 hasta ahora mismo.

En la actualidad todo indica que el modelo de resultados va a cambiar, puesto que Ciudadanos ha emergido en Cataluña como una fórmula preferible para buena parte de los votantes populares; sería insensato negar que Cataluña es muy distinta, por ejemplo, de Galicia, pero Rajoy deberá escoger el momento preciso para la prueba de fuego: de lo que no cabe duda es de que el PP que construyo Aznar en 1996 está ahora mismo muerto.

Lo que conviene a España
España ha superado con éxito una prueba constitucional bastante difícil, y lo ha hecho apoyándose en factores que persistirán: la solidez del Estado, magníficamente defendida por el Rey como máxima expresión simbólica, la inequívoca solidaridad europea e internacional, la realidad económica, y el impulso ciudadano que ha sido incuestionable y muy poderoso. Pese a todo eso, los que nos han desafiado, tratarán de repetir, porque todavía siguen creyendo en que todos esos factores son tigres de papel que no resistirán nuevos embates del poble con el que sueña Puigdemont.

Lo que es evidente es que España no se puede permitir ningún nuevo error, ninguna marcha atrás, ni una sola debilidad de Estado menguante, y que eso deberá hacerse con un Gobierno sólidamente apoyado por la opinión y por la mayoría de las fuerzas políticas, por un Gobierno sin miedo. Caben muchas dudas respecto a que el actual Gobierno sea capaz de hacerlo, y de ahí que un nuevo Gobierno sería lo mejor que pudiera pasarnos. Tal vez Rajoy tema que ese nuevo Gobierno no pueda ser suyo, pero no cabe duda de que debiéramos exigirle que sepa poner el bien de todos por encima del propio, que, en cualquier caso, está bastante en el aire.

España 2018: un barco encallado en el arrecife catalán

Jesús Cacho. vozpopuli 31 Diciembre 2017

Comenzó 2017 cual Ave Fénix renacido de las cenizas del batacazo electoral del 20 de Noviembre de 2015, lance en el que perdió 63 de los diputados de que había dispuesto en la legislatura. La convocatoria de nuevas generales (26 de junio de 2016) ante la imposibilidad de formar Gobierno, devolvió la vida a un tipo por el que nadie apostaba un duro. El panorama desde el puente en enero pasado mostraba a un presidente que, con 137 diputados, se manejaba con la misma aparente solvencia que cuando tenía 187. En su derredor, el PSOE seguía enfangado en su crisis, mientras los líderes de Podemos se acuchillaban sin piedad, como manda la tradición leninista, en lucha por el poder del partido. Ciudadanos, por su parte, que había hecho posible la investidura del líder del PP, veía como éste le ninguneaba a conciencia pactando lo habido y por haber con Javier Fernández, a la sazón responsable de la gestora socialista. Era la resurrección de Mariano, el hombre sin atributos de Musil, frío hasta parecer témpano, sin sentimientos a flor de piel, sin más ideología que la del conservador empeñado en dejar la estafeta tal como se la entregaron. En las antípodas del sabio popperiano. El perfecto antihéroe.

Este escenario se ha venido abajo con estrépito en este final de año tras el estallido de la crisis catalana, el pulso que el independentismo le ha echado al Estado y que el Estado, al menos de momento, no ha sabido ganar. Las víctimas del destrozo causado por las autonómicas del 21-D son numerosas. Empezando por Podemos, que ha venido a ratificar en la consulta catalana la cuesta abajo por la que circula desde hace tiempo y que las encuestas reflejan. La sombra alargada de la insignificancia de IU planea sobre Iglesias, ese trilero dispuesto siempre a castigar al prójimo con su verborrea de macho alfa. No menos limpio sale del lance el amigo Pedro Sánchez, todo un experto en ganar primarias en el PSOE y en perder elecciones, sean generales o autonómicas. Amarrado al yugo de un PSC dispuesto siempre a fer la puta i la ramoneta, el bello Sánchez ha chamuscado en el envite catalán esa cierta primavera que para el PSOE supuso su vuelta a la fortaleza de Ferraz.

Nadie tan castigado, sin embargo, como el PP y el propio Gobierno, y ello porque, en una extraña combinación de falta de talento, exceso de precaución y ausencia de patriotismo, ha sido incapaz de utilizar el 155 para sentar las bases de una paulatina recuperación de aquel territorio para la causa constitucional, prefiriendo en cambio una aplicación light del mismo que no ha resuelto el problema y ha cabreado a unos y otros: ni ha desalojado a los facciosos de los centros de decisión que ocupan, ni ha confortado a quienes, sintiéndose catalanes y españoles, han sufrido las consecuencias del prusés en los últimos años. ¿Resultado? El votante constitucionalista catalán le ha tomado la matrícula a este Gobierno cobardón y le ha castigado dejando al PPC reducido a mera figura decorativa. El PP se ha convertido en una marca residual tanto en el País Vasco como en Cataluña, ha dejado de ser el partido con capacidad para vertebrar el territorio que siempre fue. Un golpe de imprevisibles consecuencias futuras.

Se entiende la decepción que ello ha provocado en las filas del partido, la profunda crisis que hoy recorre la organización y que la nomenklatura de tiralevitas que rodea a Mariano va a intentar taponar por todos los medios. Víctima principal del desastre es la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, cuya gestión de la crisis catalana no puede ser calificada mas que de desastrosa. La Soraya que soñó con arreglar ella sola el problema, que imaginó en el encargo rajoyesco la oportunidad de acumular prestigio bastante para encaramarse un día a la presidencia del Gobierno en sustitución del propio Mariano, sin sospechar la trampa que se le tendía, ha terminado haciendo de Barcelona su Stalingrado, asumiendo el papel de nuevo Von Paulus obligado a firmar la rendición en nombre del Führer refugiado en el bunker de Moncloa.

Ciudadanos y la hegemonía del PP en el centro derecha
El gran triunfador del envite ha sido Ciudadanos, convertido desde la nada en el partido más votado en Cataluña. El atractivo de su marca se extiende cual mancha de aceite por el resto del territorio español, amenazando seriamente la hegemonía que en el centro derecha ha ejercido el PP desde finales de los ochenta. ¿Caminamos hacia la reedición de lo ocurrido con la UCD de Calvo Sotelo en 1982, o se trata de una mera alucinación causada por el espléndido fogonazo de esa victoria? Es evidente que existen no pocas incógnitas aun por despejar en torno a C’s, relativas, en lo material, a su falta de estructura para convertirse en un partido de poder a nivel del Estado, pero también lo es que la batalla por la supremacía del centro derecha se va a librar, más o menos descaradamente, más o menos tras las bambalinas, a lo largo de este 2018 que ahora comienza.

Toda la presión, mediática y de la otra, sobre C’s y sobre su líder. ¿Qué va a hacer Albert Rivera? ¿Cuáles son sus planes? Muy bien podría abrir el banderín de enganche en toda España, decidido a captar los eficientes cuadros del PP de los que carece para con ellos construir esa plataforma lista para el asalto al poder. O muy bien podría dejar pasar el tiempo, en la mejor estrategia Rajoy, en espera de que el pescado pasado de fecha que venden los populares empiece a oler. Podría simplemente anunciar la retirada del apoyo parlamentario al PP para forzar esas generales que muchos reclaman tras el fiasco catalán. El joven ha dicho, por el contrario, que el suyo es un partido que cumple los pactos que firma, lo que descarta decisiones traumáticas capaces de poner fin a la legislatura de forma abrupta. Rivera necesita tiempo. Rivera apuesta por la estabilidad.

Algo habrá que hacer con Cataluña (algo también con Valencia y Baleares, donde la deriva nacionalista comienza a hacer estragos ante un PP empeñado en mirar hacia otro lado), porque el desafío lanzado por el independentismo va a seguir proyectando su sombra ominosa sobre la política española. Entre el establishment patrio gana fuerza una corriente de opinión partidaria de jugar la carta de Oriol Junqueras en detrimento del loco de Puigdemont. Todo parece haber surgido del último párrafo de la carta escrita por el líder de ERC a su familia el sábado 23 de diciembre: “Feliz Navidad a todos, a todos sin excepción (…) Se lo deseo de todo corazón y les recuerdo, a todos, que nunca se ha construido nada desde el odio y el rencor. El futuro lo tendremos que construir entre todos y para todos, con respeto y teniendo siempre presente que es la ciudadanía catalana la que debe decidir democráticamente su futuro”. Al clavo ardiendo de esa cierta posición conciliadora -más algunos mensajes privados deslizados por el propio Oriol desde Estremera a quien corresponde-, parecen agarrarse ahora los linces de Moncloa, dispuestos a engrasar con dinero algún tipo de acuerdo de mínimos, pasta proveniente de un acuerdo sobre financiación autonómica que vendrá propulsado por la salida de España del Procedimiento de Déficit Excesivo –algo que se espera llegue de Bruselas en las próximas semanas-, lo que daría a Montoro y demás amigos de lo ajeno la posibilidad de gastar de nuevo alegremente.

De momento, el problema territorial frena en seco cuestiones de tan vital importancia como la mejora de la calidad de nuestra democracia, bien mediante la consiguiente reforma de la Constitución allí donde sea necesario o fuera de ella. Mariano, Pedro y Pablo son líderes quemados, con los que resulta pura entelequia contar siquiera para hincarle el diente a las grandes cuestiones pendientes. El horizonte electoral (con municipales y autonómicas en mayo de 2019), que comenzará a hacerse presente según avance el año, hará más complicado aún intentar siquiera plantear esos retos. Cuestiones tan graves como las pensiones, que reclaman un urgente pacto de Estado, van a resultar muy difícilmente abordables en la aguda crisis política en la que navega el país, hasta el punto de que tal vez haya que olvidarse de las grandes reformas en lo que quede de legislatura.

Hacer crisis de Gobierno y despedir a Soraya
Si el 2016 fue el año de la implosión del PSOE, el 2017 ha sido la del PP, con Cataluña como espoleta. La enfermedad que aqueja a los “partidos del turno” parece ya incurable. Son el pasado. Es obvio que el aparato del PP va a intentar evitar que la onda expansiva del batacazo catalán se propague por el resto de España. El pesimismo en el partido es total. Y lo es porque las metástasis del cáncer parecen inextirpables a estas alturas. El PP no es más que Mariano Rajoy y su real voluntad, que había más democracia en el Partido Comunista Búlgaro que en este partido. Fuera de Mariano no hay nada. Para su desgracia, en el horizonte ha surgido una formación política que le ha arrebatado la bandera del futuro, la ilusión por el porvenir, y cuando eso ocurre salir del barro exige un milagro, porque milagro sería que Rajoy decidiera dar un paso al frente para insuflar un poco de vida al difunto, lo cual pasaría necesariamente por hacer crisis de Gobierno, despedir de una vez a doña Soraya, la metástasis más obvia, pero no la única, del mal del PP, e incluir en el Ejecutivo gente independiente capaz de aportar futuro a este proyecto del pasado.

Abrasados los dos grandes protagonistas de la Transición, y consumido cual fuego fatuo ese ingenio pirotécnico llamado Podemos (cuyo líder, curiosamente, lleva días desaparecido en combate), corremos el riesgo de que esta sea una legislatura baldía, con España y los españoles enfrascados en su secular ensoñación existencial.

También hay motivos para la esperanza, tal que la consolidación en la jefatura del Estado de un Rey que ha sido capaz de conectar con las aspiraciones populares; buena noticia es, desde luego, la confirmación de C’s y Rivera como alternativa no contaminada por la corrupción en el centro derecha, e incluso la existencia en la sombra de otro joven con capacidad de armar una izquierda posible, el tiempo dirá si sobre los escombros del PSOE, en la persona de Íñigo Errejón. No todo es, pues, tan malo. Hay mimbres para empezar a armar una nueva casa común. Partidarios de una sociedad abierta y plural, creadora de riqueza en libertad, quienes hacemos este diario seguimos creyendo en las capacidades de esta gran nación para superar el bache y salir a flote. Para inyectar utopía al desencanto. Para dotarnos de un proyecto de país capaz de dar cauce a las aspiraciones de la mayoría. Estamos a tiempo. Parodiando a Pérez Galdós, no será necesario esperar otro siglo para que “nazcan dirigentes más sabios y menos chorizos de los que tenemos actualmente…” (“La fe nacional y otros escritos sobre España”). Se trata, se ha tratado siempre, de mejorar radicalmente la calidad de nuestra democracia. ¡Feliz 2018 a todos los lectores de Vozpopuli!

La decimoctava autonomía

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 31 Diciembre 2017

Ya puestos, ¿qué importa una más? Puigdemont, Junqueras y sus cómplices abrieron el 1 de octubre la caja de Pandora de los demonios manes, lares y penates del Panteón ibérico. Difícil será devolverlos a sus nichos.

España vino al mundo con el genoma dañado por un virus incurable. Gajes de ser o de haber sido zona vertical de paso entre el orden europeo y el caos africano, y cauce horizontal de trasvase entre la cultura clásica (el Mediterráneo) y la moderna (el Atlántico).

En la Península Ibérica todo ha tenido cabida. Su heterogeneidad demográfica, étnica, religiosa, ideológica, jurídica, consuetudinaria y cultural nos condena al tribalismo, a los Taifas, a los fueros, a los cantones, al viva Cartagena, a las comunidades y a las guerras civiles.

Fue Zapatero, con su beligerante Ley de Memoria Histórica y el pusilánime entreguismo de los Estatutos de Autonomía, quien descerrajó el cinturón sanitario con el que Franco mantuvo a raya el desguace del país. El genio (el mal genio) está ya fuera de la botella y a ver quién es el guapo que lo captura. España vuelve a ser lo que nunca dejó de ser: el far west del imperio romano, la Última Thule, el finisterre al oeste del Pecos en el que la gente dirime sus diferencias a tiro limpio o con insultos y la ley de Lynch.

Cierto es que ya (o aún) no hay disparos ni sogas, pero la violencia no necesita de ellas. ¡Marchando una de derecho a decidir! A los separatistas catalanes les ha salido media Cataluña respondona. No sólo la del No es No (los partidos constitucionalistas, con Ciudadanos tirando del pelotón, el PSOE braceando entre dos aguas y el PP de farolillo rojo), sino también la de Tabarnia, que bien podría ser, por estrambótica que la iniciativa nos parezca, la solución que el far east ibérico necesita.

El separatismo se reproduce por fisiparidad. Sus cromosomas se dividen una y otra vez. Cartagena, cuando el Cantón, a punto estuvo de declarar la guerra a Alemania, que se echó a reír. La Hemicataluña del 1 de octubre ha declarado la guerra a Europa, que también se descojona. Tabarnia es la España de la Ilustración, el seny y el humor; los Països Catalans y cañís son la de charanga, pandereta, pataleta y el ceño fruncido... Una tabarra. Si Madrid se independizó de Castilla, ¿por qué Barcelona y Tarragona no van a independizarse de Gerona y Lérida? Sonriamos, sí, pero no nos lo tomemos a chacota. ¡Visca Tabarnia Lliure, catalana, española y europea!

Alejo Vidal-Quadras: "El PP debería deshacerse de su cúpula, que está políticamente incinerada"
"Las frases favoritas de Rajoy son 'las cosas son como son' y 'uf, qué lío'” / "El Estado autonómico actual es un artefacto disfuncional políticamente inmanejable" / "Hay que olvidarse de integrar a los nacionalistas porque no son integrables" / "La salud democrática de la sociedad catalana es muy mala. El 155 es la UCI".
Cristian Campos elespanol 31 Diciembre 2017

Alejo Vidal-Quadras (Barcelona, 1945) elevó al PP en 1995 hasta los que eran en ese momento los mejores resultados de su historia en Cataluña y Aznar le decapitó apenas un año después a petición de Jordi Pujol. Desde su dimisión como presidente del Partido Popular de Cataluña en 1996, no ha vuelto a aparecer en el panorama político catalán un crítico del nacionalismo tan implacable, persistente y despiadado como él. Hasta la llegada de Ciudadanos e Inés Arrimadas, por supuesto. Algo que él reconoce abiertamente.

Tras un breve paso por VOX en 2014, Alejo Vidal-Quadras, catedrático de Física Atómica y Nuclear que vive desde hace diecisiete años en Madrid, reparte ahora su tiempo entre la escritura, la lectura y las lecciones de física a su hija pequeña. Sin embargo, sólo hace falta mencionar la palabra "nacionalismo" para que Vidal-Quadras se lance a porta gayola contra el miura independentista. Aunque es bastante probable que el exvicepresidente del Parlamento Europeo entre 2004 y 2014 prefiera atribuirle al nacionalismo el calificativo de "inválido manso escachifollado" más que el de "miura". Otra cosa diferente es que PP y PSOE confundan los molinos con gigantes.

"Me alegro de hablar contigo porque debes de ser una de las diez personas en este país, junto con Albert Boadella, Arcadi Espada y por supuesto yo mismo, que más odiamos el nacionalismo catalán" me dice antes de la entrevista. También me explica una anécdota que data del año en el que el PP de Aznar le cedió al nacionalismo catalán el control de las carreteras y que vamos a dejar para su libro de memorias, si es que alguna vez lo escribe. Debería, porque la historia de Vidal-Quadras es inseparable de la historia de la lucha contra el nacionalismo catalán, y si alguien conoce mejor que nadie las tripas de la bestia, ese es él.

Dos millones de catalanes han votado nacionalismo en las recientes elecciones catalanas. ¿Qué le dice eso de la salud democrática de la comunidad catalana?
Si por salud democrática se entiende una comprensión correcta de lo que es y significa la democracia como forma de organizar la vida colectiva, me temo que la sociedad catalana está gravemente enferma. Cerca de la mitad de los catalanes creen hoy, como resultado de un proceso de adoctrinamiento masivo de treinta y ocho años de duración, que una mayoría puede decidir saltarse la ley porque no entienden que, sin cumplimiento de la ley, no hay democracia. La regla de la mayoría es un elemento esencial de la democracia, pero no es el único. Hay otros dos igualmente definitorios, el principio de legalidad y el respeto a las minorías.

Pues bien, los dirigentes separatistas, empezando por el Muy Imputable Jordi Pujol y siguiendo por sus herederos, han convencido a dos millones de sus conciudadanos de que pueden arruinar Cataluña, liquidar España, pasar por encima de los catalanes que todavía pueden razonar y fracturar la sociedad en la que viven, simplemente porque les apetece.

Además, como pese al intenso trabajo de propaganda y compra de voluntades que han desarrollado incansablemente no han conseguido el apoyo de más del 50% de votantes, al final han intentado dar un golpe de Estado. Me pregunta usted por la salud democrática de la comunidad catalana. Pues la verdad es que esa salud es muy mala, tan mala que Cataluña está ahora en la UCI. El 155 es la UCI.

¿Cree que existe riesgo de confrontación civil en Cataluña?
Por parte de los partidos constitucionalistas, ninguno. Han soportado mansamente acoso, vandalización de sedes, insultos, vejaciones y desprecios a lo largo de tres décadas sin responder más que con educadas quejas o denuncias en comisaría. Yo mismo estuve a punto de ser linchado por dos centenares de energúmenos el 11 de septiembre de 1995 y me salvé por los pelos. Si el tornillo que me lanzaron con un tirachinas de reglamento en vez de darme en la parte externa de la oreja me golpea en la sien quizá no estaría ahora contestando a sus preguntas. Y eso fue hace veinte años.

La violencia extrema de los separatistas quedó patente en la actuación de la turba que rodeó la Consejería de Economía el pasado 20 de septiembre espoleada por el presidente de la ANC, Jordi Sánchez, que la enardecía megáfono en ristre. La gente de la CUP y las juventudes de ERC y de Junts per Catalunya son muy agresivos y cuando actúan en manada, sumamente peligrosos. Es lógico que sean violentos porque una aberración como la que proponen sólo se puede imponer mediante la fuerza bruta.

Durante nuestra conversación telefónica previa a la entrevista, me dijo algo muy interesante: el nacionalismo tiene un plan a largo plazo y lo ha ido cumpliendo, con las obvias adaptaciones a la realidad de cada momento. Pero España no tiene un plan ni un proyecto de país. ¿Quiénes cree que son los responsables de esa carencia de un proyecto de futuro para España?
Los dos grandes partidos nacionales, primero UCD y PSOE y después PP y PSOE. Ninguno de los sucesivos presidentes del Gobierno, Suárez, González, Aznar, Zapatero y Rajoy, han querido hacer nada efectivo para neutralizar a los separatistas. Su relación con ellos siempre ha consistido en una mezcla de oportunismo, relativismo, cortoplacismo, complacencia y pasividad. Ni siquiera los dos que mostraron una cierta ambición para poner a España en el mapa, González y Aznar, hicieron otra cosa que facilitar a los nacionalistas su tarea de demolición de la unidad nacional. Y lo curioso es que ninguno de ellos ha hecho nunca autocrítica. Es sorprendente verles, ya retirados, pontificando a estas alturas de la película de la que fueron protagonistas y guionistas principales.

¿Cuál cree que debería ser ese proyecto de país para la España de la década de 2020 y 2030? ¿Cuáles deberían ser sus líneas maestras?
En 2011 publiqué un librito, Ahora, cambio de rumbo, donde trazaba las líneas directrices de las reformas estructurales que a mi juicio España necesitaba. Se lo envié a la vicepresidenta y al presidente, con los que todavía mantenía una relación correcta, y es obvio que lo leyeron porque no sólo no hicieron apenas nada de lo que yo recomendaba, sino que en la mayoría de ámbitos allí mencionados tomaron la dirección exactamente contraria. No parece que el resultado de no escuchar ni siquiera a los que éramos teóricamente los suyos haya sido especialmente logrado.

Necesitamos un Estado más fuerte, más eficiente, con más presencia efectiva en todo el territorio nacional y una sociedad competitiva en la que los valores de honradez, patriotismo, esfuerzo, mérito y búsqueda de la excelencia inspiren a los actores públicos y privados, una sociedad capaz de adaptarse ágilmente a los cambios acelerados de un mundo global, formada por ciudadanos que estén tan atentos a sus obligaciones como a sus derechos y en la que se ayude al que lo necesite y no al que lo exija mientras no pone nada de su parte para remediar sus carencias. Y, por supuesto, la transformación de la partidocracia extractiva y corrupta que padecemos en una democracia constitucional saludable en la que los gobernantes dependan de verdad de los gobernados.

El nacionalismo catalán ha empleado las mismas tácticas populistas de Podemos: aprovecharse de las instituciones democráticas para dinamitarlas desde dentro. ¿Qué puede hacerse contra aquellos que se aprovechan de la democracia para acabar con la democracia en España, léase Podemos y los nacionalismos vasco y catalán?
La prohibición de partidos que tienen como propósito explícito la destrucción del orden constitucional o que defienden principios incompatibles con la sociedad abierta y la democracia es una posibilidad que, por cierto, existe en las previsiones constitucionales de algunos países europeos. Pero sin llegar a una cautela tan radical, por lo menos, cuando se detecta el peligro que representan formaciones de este tipo, hay que intentar neutralizarlas mediante el combate implacable a sus ideas y su reducción al ostracismo político. En España, el PP y el PSOE se han dedicado a colaborar con los separatistas y a bailarles el agua, y lo mismo está haciendo actualmente el PSOE con Podemos. En lugar de cerrar filas para aislar a los totalitarismos, los dos grandes partidos han preferido sistemáticamente aliarse con los peores enemigos internos de la Nación contra el otro gran partido nacional. Esta ceguera nos ha llevado a la catástrofe.

Hace dos años se hablaba de “competencia” entre PP y Ciudadanos. Ahora se habla ya abiertamente de “sustitución”. ¿Cree realmente posible que Ciudadanos llegue a sustituir al PP como gran partido de centro-derecha español?
Sin duda el PP ha hecho sobrados méritos para ser reemplazado por Ciudadanos como el principal referente en España de los sectores sociales moderados y sensatos en lo político y productivos e innovadores en lo económico. Ciudadanos nació para llenar el enorme hueco que el PP dejó en Cataluña cuando decidió desmantelar ideológica y socialmente su partido en esa comunidad en 1996. El salto a nivel nacional se tenía que producir tarde o temprano porque la falta de convicciones del PP no se limita sólo a su relación con los nacionalistas, sino que se extiende a toda su acción de gobierno.

Los pueblos no siguen a los meros gestores y administradores rutinarios del poder, necesitan gobernantes con visión, voluntad, coraje y entusiasmo. El mismo fenómeno que se ha producido en Francia con la irrupción inesperada de Macron, puede tener lugar aquí protagonizado por Albert Rivera. La señal emitida al resto de España por el resultado de las elecciones del 21-D ha sido muy fuerte y tendrá consecuencias, sobre todo si Rajoy se presenta por sexta vez como cabeza de cartel del PP.

¿Cuál cree que es el motivo último de los complejos de los dos grandes partidos españoles, PP y PSOE, a la hora de lidiar con el nacionalismo catalán? ¿Desinterés, inocencia, ignorancia, complicidad, incompetencia?
Es una combinación de ignorancia de la historia, comodidad, confusión conceptual, ingenuidad y, básicamente, una llamativa carencia de convicciones. La aceptación como interlocutor y aliado de un movimiento político que pone la identidad étnico-lingüística por encima de la libertad, la igualdad y el imperio de la ley, revela una concepción de la política como pura conquista, conservación y explotación del poder ajena a cualquier principio moral. Así se explica el nivel de corrupción al que hemos asistido en España. Si las elites políticas están desprovistas del discernimiento ético que les permitiría percibir al nacionalismo identitario como lo que es, la semilla de las mayores monstruosidades del siglo XX, es lógico que meter la mano en la caja les haya parecido una trivialidad.

El nacionalismo nos lleva cuarenta años de ventaja en la construcción de una “conciencia nacional” entre los niños y los jóvenes catalanes. ¿Cómo revertir en poco tiempo lo que ellos han tardado cuarenta años en consolidar?
Es imposible hacerlo en un tiempo corto. Han envenenado impunemente a tres generaciones ante la indiferencia de los dos grandes partidos nacionales. Han dispuesto de medios de comunicación públicos muy potentes, han podido comprar a los privados, han controlado férreamente las escuelas y han colonizado a la sociedad catalana regándola de subvenciones. Donde no han llegado con estos métodos, han recurrido a la coacción psicológica, al amedrentamiento, a la represalia y a la demonización.

Revertir la labor tóxica de una máquina tan formidable de fabricar agravios inexistentes, de inventar la historia y de inyectar odio, no se puede conseguir si no es actuando con firmeza, constancia y valentía durante una década como mínimo en los terrenos de la reforma constitucional, de la acción legislativa, de la comunicación, de la educación y del combate intelectual. Por desgracia, los dos grandes partidos no son conscientes de la gravedad del problema y carecen de la voluntad de emprender una tarea que requeriría una claridad de ideas, un coraje y una perseverancia que nunca han demostrado.

Usted ha afirmado: “España es el único caso conocido de Estado que le entrega a los enemigos que quieren destruirlo las herramientas y la financiación para hacerlo”. Pero ¿tiene esto marcha atrás? ¿No es demasiado tarde ya para recuperar competencias en educación, sanidad o seguridad pública?
Nunca es tarde si existe la voluntad y la determinación de hacer lo correcto. Ahora bien, para que esta ingente empresa de revitalización democrática y ética tuviese lugar, el PP debería deshacerse de su cúpula, que no sólo está políticamente incinerada, sino que es incapaz de entender una sola línea de lo que estoy exponiendo en esta entrevista, y proceder a una renovación total de su dirección dando entrada a nuevos rostros y personalidades equipados con el bagaje intelectual y ético que la profunda crisis que atravesamos requiere.

El PSOE, por su parte, tendría también que recuperar su vocación de fuerza nacional vertebradora y olvidarse de sus coqueteos con evanescentes federalismos asimétricos, en otras palabras, tendría que arrumbar a Miquel Iceta y volver a Nicolás Redondo.

En cuanto a Ciudadanos, ha de mantenerse en la senda de ambición regeneradora y de compromiso inequívoco con la unidad nacional y con los valores de la sociedad abierta que tan buena acogida le está proporcionando en el electorado.

Diré más, el partido que comprenda la auténtica naturaleza de nuestros males y presente a los españoles un proyecto en consonancia obtendrá la mayoría absoluta en las próximas elecciones generales porque la gente ya le ha visto las orejas al lobo.

Se habla de reformar la Constitución e incluso en determinados sectores del PSC, de un referéndum pactado para la independencia de Cataluña. Entiendo que no está obviamente a favor del segundo, pero… ¿es usted partidario de una reforma de la Constitución? ¿En qué sentido?
A la luz de la experiencia acumulada desde la Transición, es innegable que la Constitución de 1978 tiene imperfecciones, lagunas e inconsistencias. Por ejemplo, el artículo 150.2, en virtud del cual se puede transferir una competencia exclusiva del Estado a una comunidad autónoma mediante una ley orgánica. Si es exclusiva del Estado, es absurdo establecer un método para transferirla. Otro ejemplo, la introducción del término “nacionalidades” en el artículo 2 sin especificar qué es una nacionalidad. Otro, la disposición transitoria cuarta, que coloca una espada de Damocles pendiendo sobre Navarra con periodicidad quinquenal. Y otro, el artículo 68, en el que se establece un sistema electoral que elimina cualquier vínculo posible entre representante y representado y que ha permitido una ley electoral que convierte a los diputados en empleados del jefe de partido.

Le podría citar unos cuantos preceptos más que son políticamente nocivos, imprecisos o absurdos. Por consiguiente, una reforma de nuestra Ley de Leyes sería conveniente para configurar un Estado más fuerte, más eficiente y con mayor presencia efectiva en todo el territorio nacional. Asimismo, se deberían clarificar sin ambigüedad las competencias del Estado y las de las comunidades, garantizar la democracia interna de los partidos y asegurar la igualdad de derechos y deberes de los ciudadanos, sea cual sea la comunidad en la que residan. Resulta asombroso que haya quién proponga, después de lo que hemos visto y tenido que sufrir en Cataluña, que se proporcionen todavía más y más potentes instrumentos a los golpistas para que la próxima vez tengan éxito.
Vidal-Quadras es físico de formación.

Visto con la perspectiva de casi cuarenta años, ¿cree que el saldo del Estado de las autonomías ha sido positivo para España?
El balance es negativo y causa asombro que se siga insistiendo en que ha sido excelente. El Estado de las autonomías se creó para pacificar a los nacionalistas, para atenuar las diferencias de renta entre territorios y para articular una administración más ágil y eficiente. Pues bien, los nacionalistas se dedican a dar golpes de Estado, las diferencias de renta siguen inalteradas y hemos deteriorado la unidad de mercado a la vez que multiplicado el número de empleados públicos por cuatro y el de leyes hasta extremos asfixiantes. El Estado autonómico actual es un artefacto disfuncional políticamente inmanejable y financieramente insostenible que requiere una reforma amplia y profunda.

Cuando usted se fue del PP acusó a Rajoy de “fatalismo escéptico”, de “falta de pasión” y de “aceptación del riesgo”. El tiempo le ha dado la razón. ¿Cree que Rajoy da por perdida Cataluña y ha decidido abandonar a los catalanes no nacionalistas a su suerte?
Rajoy hace tiempo que lo da todo por perdido y es obvio, porque no lo disimula, que lo que pase en el futuro le tiene sin cuidado. Sus frases favoritas son “las cosas son como son” y “uf, qué lío”. Con esto, está todo dicho sobre lo que se puede esperar del actual presidente del Gobierno.

Rajoy no parece muy dispuesto a convocar elecciones generales anticipadas ni a hacer cambios en su Gobierno o en su estrategia para Cataluña. ¿Cómo actuar entonces frente al separatismo y con qué armas a partir de ahora, cuando los nacionalistas se sienten reivindicados por las urnas?
En primer lugar, hay que hacer cumplir la ley. Si vuelven a salir de la legalidad, el Estado debe actuar con toda contundencia para mantenerla. Les ha de quedar claro que una mayoría de escaños en el Parlament les permite formar gobierno para ejercer las competencias estatutarias, pero siempre dentro del marco constitucional. A partir de aquí, tal como ya le he respondido en una pregunta anterior, hay que olvidarse de integrarlos porque no son integrables y hay que poner el máximo esfuerzo en derrotarles en el campo de las ideas y en las urnas.

¿Cree que Inés Arrimadas debería intentar formar Gobierno aun sabiendo que los números no dan?
Inés Arrimadas es una mujer extraordinaria. Gracias a su inteligencia, su valentía y su carisma, el partido más votado el 21-D ha sido una fuerza constitucionalista. Su hazaña en Cataluña es el anuncio de lo que puede hacer pronto Albert Rivera, otro valor muy destacado de nuestro por tantos motivos deprimente panorama político, en el conjunto de España. Arrimadas no ha de desperdiciar energías en una misión imposible porque por desgracia, pese a su magnífico resultado, no cuenta con una mayoría suficiente en el Parlament que la respalde para ser investida debido a la escasa cosecha de votos de sus dos eventuales socios de gobierno. Debe continuar la magnífica labor que ha venido desarrollando para ser presidenta de la Generalitat en la próxima ocasión.

Cayetana Álvarez de Toledo, a la que entrevisté hace una semana, me dijo que ese nacionalista moderado que el PSC ha buscado durante toda su vida no existe. Que es un mito: el gamusino de la política. ¿Está usted de acuerdo con ella?
Cayetana Álvarez de Toledo tiene una cabeza muy brillante. Lo sé porque coincido con todo lo que dice y escribe. Y en eso también tiene razón, nacionalista moderado es un oxímoron, es como tigre vegetariano o azúcar salado. Un nacionalista no puede moderarse porque si lo hace deja de ser nacionalista y se convierte en una persona razonable, lo que es contrario a su naturaleza.

Usted ha avisado durante toda su vida política de lo que el nacionalismo estaba gestando en Cataluña. De nuevo, y como en el caso de Rajoy, el tiempo le ha dado la razón. ¿Por qué nos cuesta tanto en España percibir las amenazas y actuar con contundencia contra ellas cuando todavía son embrionarias, y por lo tanto controlables, en vez de reaccionar tarde y mal contra sus consecuencias cuando esas amenazas ya son existenciales?
Por pereza, por miedo, por ignorancia, por comodidad, por oportunismo. No pocos de nuestros políticos son un dechado de todas estas virtudes y nuestro sistema electoral y de partidos hace que los que reúnen esas edificantes cualidades tienen más probabilidades de llegar a los puestos de máxima responsabilidad que los que son trabajadores, valientes, ilustrados, sacrificados y coherentes. Nuestro sistema de selección de líderes políticos funciona por el principio de calidad inversa, cuanto peor, más arriba. Los casos de Inés Arrimadas y Albert Rivera son un milagro. De hecho, ha tenido que crearse un nuevo partido, Ciudadanos, para que emergiesen. Es crucial que Ciudadanos no se contamine de los vicios de los viejos partidos

¿Cómo reparte su tiempo hoy en día Vidal-Quadras? ¿Qué tiene entre manos?
Como siempre, leer, escribir, pensar, ayudar a la que gente que lo merece y seguir luchando por las cosas en las que creo. O explicarle a mi hija pequeña, que está en segundo de Secundaria, la fórmula del binomio de Newton. La entendió a la primera. La vida puede ser maravillosa.

Me gustaría hacerle una última pregunta no relacionada con el tema de España pero que me interesa personalmente. Usted es físico de formación, pero ¿es usted creyente? Y en el caso de que la respuesta sea positiva, ¿cómo resuelve intelectualmente esa contradicción, que quizá usted no ve como tal?
Esta pregunta sólo se la puedo contestar en presencia de mi confesor y de mi abogado y no tengo confesor ni abogado. Dicho de otra forma, y tal como sentenció implacable Wittgenstein, de lo que no se puede hablar, hay que callar.

Tabarnia, España y la unidad nacional
Ricardo Ruiz de la Serna gaceta.es  31 Diciembre 2017

Arrinconados por una retórica que cohonesta el humor, la inteligencia y el coraje, han tenido que echar mano de los argumentarios que durante tanto tiempo trataron de refutar.

La irrupción de Tabarnia en la conversación pública -esa que venimos manteniendo desde los medios de comunicación, las redes sociales y, en general, los lugares donde nos encontramos los ciudadanos- esa irrupción, digo, ha tenido el efecto de un huracán entre los separatistas catalanes. Arrinconados por una retórica que cohonesta el humor, la inteligencia y el coraje, han tenido que echar mano de los argumentarios que durante tanto tiempo trataron de refutar. La hipótesis de que algunos territorios quisieran permanecer en España en el caso de una hipotética Cataluña independiente -habría que ver si una Cataluña separada de España sería realmente Cataluña o si, más bien, sería una ficción como los mismos separatistas denuncian de Tabarnia- aquella hipótesis, insisto, se aparece ahora como un fantasma convocado para arruinar las celebraciones de la mayoría de escaños en el Parlament. En los lejanos días del Plan Ibarretxe, los alaveses ya plantearon esa posibilidad de permanecer en España -es decir, de seguir siendo Álava en su sentido más auténtico- si el resto del País Vasco seguía el camino que pretendía el lehendakari.

Sin embargo, Tabarnia desvela un rostro mucho más inquietante de la vida política española que los partidos separatistas han tratado de ocultar: la profundidad de la fractura que hoy se vive en nuestro país. La retórica de las tensiones entre el campo y la ciudad, entre la Cataluña urbana, cosmopolita y globalizada y la Cataluña de “las comarcas” nos muestra un conflicto que corre el riesgo de desgarrar la convivencia en toda España. Si es cierto, como escribió Guilluy que existe un “Francia periférica”, todo parece indicar que podría existir una “España periférica” a la que no se debe soslayar.

En efecto, los nacionalistas y los separatistas -pudo haber matices en el pasado, pero poco a poco se han ido diluyendo durante el “procés” hasta hacerse casi irrelevantes- han aprovechado durante décadas la debilidad, la irresponsabilidad y la cobardía del Estado a la hora de imponer su autoridad. Gracias al control de la Administración autonómica, todos los factores que cohesionan una nación quedaron bajo el control de los separatistas. El Estado falló a la hora de afirmar la unidad nacional y la cohesión con el resto de España frente a los avances de los separatistas.

No sólo fue responsable el Estado. La propia ordenación autonómica nacida de la Constitución de 1978 encaja mal con la estructura provincial española heredera de la división de 1833 que diseñó Javier de Burgos. Al centralismo de Madrid, lo sustituyó el centralismo de las capitales autonómicas. Algunas cuestiones que nunca se resolvieron por completo -la reforma agraria, por ejemplo- se agravaron por el éxodo del campo a la ciudad. El abandono de los pueblos empeoró con una política de infraestructuras que primaba minusvaloró la importancia que tenían como vertebradoras del territorio. Es escandaloso que Extremadura siga padeciendo infraestructuras ferroviarias del siglo pasado (o incluso del anterior). Tras movimientos sociales como Milana Bonita, hay una indignación legítima fruto de décadas de olvido. Hay una España alejada de los grandes polos de desarrollo a la que se le plantea una alternativa diabólica: la emigración o la exclusión. Los fondos europeos evitan que esta situación estalle, pero una nación no puede depender sólo de las ayudas de la Unión Europea.

Quizás aquí radique el fondo del problema. La idea de las “políticas de gestión” no agotan las necesidades de una sociedad. Así, poco a poco, la vertebración nacional se ha ido quebrando a medida que ciertas zonas se iban desarrollando mientras otras caían en el olvido. En Cataluña, ese olvido fue aprovechado por los separatistas. La retirada del Estado permitió a los nacionalistas ocupar, al igual que hace el gas, todo el espacio que se les dejaba.

Así, el desafío que afronta la unidad nacional no es sólo el de los separatistas de Cataluña sino también el diseño de políticas que rescaten esas zonas de la España a las que se está condenando. A los habitantes de algunas de esas provincias, digámoslo de pasada, solo les queda la ley D´Hondt para responder a la exclusión que vienen padeciendo.

La falacia nacionalista de que el castellano fue impuesto a la fuerza en Cataluña

CÉSAR CERVERA ABC 31 Diciembre 2017

La posición estratégica de Cataluña, puerta hacia el resto de Europa y bañada por el Mediterráneo, ha convertido su historia en un constante mestizaje cultural. Al contrario de lo que afirman los nacionalistas, en esta región española el catalán no ha sido el único idioma y, desde luego, el castellano nunca fue introducido a la fuerza. Ambos idiomas, y otros, convivieron en Cataluña sin confrontación hasta el siglo XX.

Como relata Jordi Canal en «Historia mínima de Cataluña» (Turner), el catalán se originó en el noreste peninsular y en el sur de la Galia a partir del latín vulgar que introdujeron los romanos durante la conquista. La alta penetración que tuvo la cultura romana, sobre todo en el litoral, hizo a su idioma inmune a la influencia celta, griega, fenicia e ibérica. Solo en la zona pirenaica la influencia latina fue menor, hasta el punto de que en Ribagorza y Pallars se habló hasta la época carolingia una modalidad del vasco.

Al igual que con otras lenguas peninsulares es imposible saber el momento exacto en el que el latín vulgar, en la variante de este territorio, evolucionó a un incipiente catalán. Algunos filólogos sugieren el primitivo romance se conformó entre los siglos VII y VIII. Lo que está claro es que durante la Edad Media Cataluña y el resto de territorio peninsular fueron multilingües. El catalán –como señala Jordi Canal– «nunca, a lo largo de la historia, ha sido la única lengua en Cataluña. Ha coexistido, tanto en sus formas habladas como escritas, con otras lenguas, igualmente consideradas como propias por una porción más o menos amplia de catalanes». De esta forma, la convivencia entre el latín, la lengua de oc, el aragonés y el catalán fue lo habitual en Cataluña.

La lengua de oc o provenzal fue la lengua cultural de lo que es hoy en día el sur de Francia y las regiones vecinas durante todo el periodo medieval, particularmente a través de los trovadores y trobairitz. En Cataluña la penetración fue amplia e, incluso cuando dejó de usarse a nivel oral, la poesía se siguió cultivando en lengua de oc durante siglos, no así la prosa. De modo que esta tradición no se rompió definitivamente hasta el siglo XV con la obra del valenciano Ausìas March, autor de «Llir entre cards», aunque hay que aclarar que se trató de un texto en valenciano.

La convivencia entre el aragonés y el catalán también se extendió durante varios siglos. No obstante, dentro de la Corona de Aragón, conformada por los reinos sometidos al Rey de Aragón (Aragón, los Condados catalanes, Valencia, las islas baleares, parcialmente Sicilia, Córcega, Cerdeña, Nápoles y los ducados de Atenas y Neopatria), la lengua no era el eje vertebrador, ni el factor común, sino la sumisión a la jurisdicción de un Rey y de una dinastía, la Casa de Aragón. Cada uno de los territorios conservó su propia lengua y en la Cancillería real, organizada por Jaime II, los funcionarios dominaban a la perfección el catalán, el aragonés y el latín, del mismo modo que lo hacían los comerciantes y la incipiente burguesía. En la Corte, por su parte, se hablaba o el aragonés o el catalán dependiendo del lugar en el que estuviera establecida. La influencia entre ambas lenguas fue inevitable.

Más adelante, en la unión dinástica que se produjo con los Reyes Católicos, Castilla y su idioma adquirieron un papel preeminente con respecto al resto de reinos debido a que la población castellana suponía el 80% de España y ocupaba tres cuartas partes del territorio peninsular. El castellano se convirtió en la lingua franca, la lengua común, en España. En cualquier caso, como Henry Kamen recuerda en su libro «España y Cataluña: Historia de una pasión» (La Esfera de los libros), Castilla no trató de imponer su lengua en ningún momento y los monarcas de la dinastía de los Habsburgo procuraron, al igual que en otros rincones de su imperio, que se respetaran los idiomas locales. Es más, la clerecía no catalana llegada en esos años se esforzó en aprender la lengua catalana y los jesuitas, por ejemplo, se cuidaron de escoger solo a catalanes para trabajar en la región.

La lengua de las élites: el castellano
La edad de oro de la literatura castellana, entre los siglos XVI y XVII, vincularon en Cataluña la idea de que este idioma era propio de las letras cultas. De las 38 obras impresas en Lleida en las dos primeras décadas del siglo XVII, doce eran en latín y el resto en castellano; mientras que ninguno en catalán. Pero mientras en las librerías catalanas las obras más vendidas eran en castellanos, con un éxito inédito de los textos de Santa Teresa de Ávila; en las calles casi todo el mundo hablaba catalán. «En Cataluña el pueblo común no entiende el castellano», afirmaba todavía en 1636 un clérigo de esta región española. Entonces, ¿cómo y cuándo se produjo el proceso de asimilación del castellano entre las clases bajas?

El proceso comenzó con la práctica de las élites de Barcelona del bilingüismo por una razón pragmática e inmediata. La administración del virrey y la Inquisición manejaban el castellano como lengua vehicular y quien quería influenciar en estos organismos requería conocer esta lengua. Un amplio sector de las clases altas prefería hablar castellano en vez del idioma del vulgo y educar a sus hijos en esta lengua, así como realizar los discursos públicos en ella. De las élites, el castellano se trasladó finalmente al pueblo con el paso de los siglos, pese a lo cual el catalán sobrevivió en una «modalidad infradesarrollada», de espaldas a la alta cultura.

La lengua hablada en Cataluña fue casi exclusivamente el catalán hasta finales del siglo XIX. Lo que contradice el mito nacionalista de que después de 1714, cuando se produjo el asedio de Barcelona que puso fin a la Guerra de Sucesión, hubo un intento desde la Corte de Madrid de erradicar el catalán. En este sentido, sí es cierto que las Leyes de Nueva Planta exigieron el uso general del castellano en la administración, con el fin de unificar las ordenanzas administrativas. Lo que no evitó que el catalán siguiera usándose en la vida pública y privada de forma mayoritaria. Así las cosas, no hay que olvidar que en la corte de Felipe V la lengua oficial era el francés y los despachos importantes se realizaban en esta lengua. El castellano no era ya una lengua tan predilecta como se podría esperar... En cuanto a la alta cultura, el idioma efectivo era el italiano, lejos de la edad de oro de la literatura castellana un siglo antes.

De la represión franquista a la nacionalista
El castellano fue asimilado de forma progresiva desde arriba, mientras que el catalán seguía vivo abajo sin que fuera objeto de agresiones de ningún tipo. A finales de siglo XIX fue perdiendo influencia, sobre todo en las grandes ciudades. Durante la dictadura de Primo de Rivera se intentó limitar su uso, pero aquella intentona tuvo pocos efectos prácticos. No así con la dictadura Franquista, donde la lengua catalana fue penalizada en todos los ámbitos a modo de castigo contra una zona considera rebelde por el bando nacional. La publicación y venta de libros en catalán quedaron restringidos, e incluso hubo intromisiones en la esfera privada con la obligación de bautizar a los niños con nombres castellanos. Una vez finalizó el periodo dictatorial, la Generalitat trató de revertir todo el proceso valiéndose de algunos de los mismos instrumentos represivos pero, esta vez, contra el castellano. El objetivo de las últimas décadas ha sido el de controlar y casi eliminar el papel del idioma más hablado hoy en la vida pública y privada de Cataluña: el castellano.

Los nacionalistas han empleado el separatismo lingüístico como arma arrojadiza y la Generalitat ha relegado el castellano a una posición secundaria, a pesar de que los estudios sobre el uso del catalán apuntan a que el castellano es el idioma más habitual. Según la encuesta de usos lingüísticos de la población de 2013, realizada por la Generalitat, el catalán es el idioma habitual del 36,3% de la población de Cataluña, mientras que el castellano lo es para el 50,7% de los habitantes.

La tendencia parece clara. En el mencionado libro de Kamen, se atreve a pronosticar que en el futuro el catalán pueda acabar en la lista de la UNESCO de lenguas europeas en amenaza de extinción, como le ha ocurrido al euskera recientemente. «No es sorprendente, porque el bilingüismo regional nunca ha funcionado en ninguna parte, en ningún país. En España, todas las lenguas minoritarias están amenazadas por el avance del castellano», sostiene el hispanista.

 


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