AGLI Recortes de Prensa   Viernes 5  Enero 2018

 La democracia y la verdad
José Luis González Quirós VZ 5 Enero 2018

El señor Macron, que está de moda, acaba de anunciar una ley “contra las noticias falsas”, contra las mentiras, aunque solo en caso de elecciones. Cuando la idea de verdad se pretende contraponer a la mentira se penetra, tal vez inadvertidamente, en un terreno que puede ser resbaladizo. Macron podría haberse inspirado en nuestro Fraga que estableció en el artículo segundo de su famosa “ley de prensa”, el respeto a la “verdad objetiva” como principio fundamental. A primera vista, nadie sensato podría estar en desacuerdo, pero bastará recordar a Humpty Dumpty (“La cuestión es, simplemente, quién manda aquí”), para caer en la cuenta de los riesgos que implica poner nuestra conciencia en manos de la autoridad, porque exactamente eso es lo que se pone en riesgo cuando se encomienda al poder político que proteja nuestra inocencia. Macron, y Fraga, y Trump, y Maduro, y tantos que no quieren admitir límites a su poder pretenden garantizarnos la verdad a cambio de ser ellos quienes la establezcan. Pésimo negocio.

Engañar mucho, engañar a todos
Vivimos en sociedades que no solo soportan la mentira con gran facilidad, sino que aspiran a vivir de ellas, que las han convertido en una industria. Poseemos los medios para multiplicar, prácticamente hasta el infinito, cualquier “versión” o apariencia, y, por supuesto, cualquier falsedad, especialmente cuando se hace, y se hace extraordinariamente a menudo, para que puedan pasar por verdaderas afirmaciones que distan muy mucho de serlo, para engañar. Se ha llegado a vender como un progreso la idea de que vivimos en la época de la posverdad.

Pero constatar esa realidad, y los peligros que encierra, no debiera llevarnos a un refugio infinitamente más peligroso, a depositar en el Estado, o en cualquiera de sus ersatzs, el peso de nuestra conciencia. Como muy bien dijo James Madison en un discurso en el Congreso en 1794, “si atendemos a la naturaleza del gobierno republicano nos encontramos con que el pueblo tiene poderes de censura sobre el gobierno, y no el gobierno sobre el pueblo”, de forma que poner en manos de los poderes públicos la única garantía de la veracidad sería un verdadero disparate. No vale cualquier defensa de la verdad, ni de la libertad, no vale imponer el bien, es un absurdo, y por eso Orwell escribió en cierta ocasión que, si alguna vez el fascismo llegase a triunfar, la haría en nombre de la libertad, de una falsa libertad, por supuesto.

Para protegernos de la mentira solo podemos usar de nuestra libertad de juicio, de las fuentes en que confiemos, de ninguna manera en el poder, que nunca es angélico, que no puede serlo. Hasta ahora ha venido siendo cierto que se puede engañar a muchos siempre y a todos un tiempo, pero no a todos siempre, aunque medidas como la que propone Macron podrían acabar por conseguirlo.

Lo verosímil y lo verdadero
Distinguir lo que es verosímil de lo que es verdadero, aunque pueda parecer inverosímil, no es un ejercicio sencillo, supone inteligencia, voluntad, esfuerzo. Eso explica muy bien la gran facilidad con la que nos entregamos a las falsedades bien acicaladas, a las mentiras piadosas, al eufemismo y las posverdades. En política existe toda una industria del disfraz, para que parezca lo que no es, y desaparezca lo que es cierto, pero la democracia solo podrá subsistir si es suficiente el número de los ciudadanos que castigan ese proceder, que no lo perdonan, aunque sea el proceder de los supuestamente “suyos”.

El éxito de muchas políticas consiste, precisamente, en hacernos insensibles al engaño, en convencernos de que nos conviene aceptar por cierto lo que bien sabemos (o, tal vez, no) que no lo es. Eso puede hacerse porque, en primer lugar, el mundo está radicalmente dividido respecto a verdades muy básicas, y, en segundo lugar, porque muchas verdades importantes, como las verdades de la ciencia, por ejemplo, pueden ser contraintuitivas, parecer falsas a primera vista, pueden ir contra ciertas convenciones muy extendidas, y, en su lugar, acabamos aceptando como beneficiosas las falsedades más necias. Hace falta valor para proclamar, por ejemplo, que ciertas medidas de protección social perjudicarán a los más débiles, enriquecerán a los que las promueven y no servirán para lo que proclaman, y hace falta valor porque eso puede hacer que se pierdan votos, los votos de quienes prefieren ser engañados y felices, pero esclavos de prejuicios y falsas creencias.

Cataluña y las pensiones
Dos ejemplos de libro. El de las pensiones, en primer lugar. Es obvio que el sistema español conduce directamente a una quiebra de resultados imprevisibles (catastróficos, en cualquier caso), pero mientras se pueda seguir tirando, engordando la deuda pública, nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato, porque se confía en que cuando el asunto estalle ya estemos todos muertos, o, incluso, en que alguien haga un milagro para arreglarlo. Pero no será el caso. Unos tras otros los Gobiernos persisten en engañarnos, y lo hacen sobre la evidencia moral de que la solidaridad es mejor que el egoísmo, pero esa verdad ética no se puede trasladar sin más a un sistema contable.

El problema de Cataluña se ha abordado como si fuese un problema político ordinario, y no lo es. No lo es porque la política solo puede darse entre quienes respetan las convenciones comunes (las leyes), y los separatistas han hecho evidente que están dispuestos a saltárselas. No se puede juagar al fútbol con quienes afirman tener derecho a meter goles con la mano, pero se nos miente al respecto porque afrontar la verdad del caso requiere unas dosis de coraje que no abundan. La prueba es que ha habido que someter al Rey al desgaste de hablar de la “deslealtad insoportable”, cuando ni uno solo de nuestros líderes con mando en plaza se había atrevido a enfrentarse al problema sin tratar de confundirlo, por ejemplo, con una clase de baile.

La excusa del progreso
Vivimos sometidos a una especie de dictadura de quienes dicen hablar en nombre del progreso. Es duro llevarles la contraria, porque las palabras nos han hecho trampa y nos sometemos con facilidad a esos modelos ideales de avance, aunque sepamos que llevan al disparate, a Maduro o a Teherán, a los Castro o a Corea del norte. El ayuntamiento de Madrid coloca una carroza gay en la cabalgata de Reyes para hacer más visible la diversidad, pero es seguro que evitaría una carroza conservadora en el día del orgullo gay, porque eso no sería progresista, es decir porque no les sale de las narices.

Toda forma de conocimiento está rodeada de inmensos racimos de ignorancia, con un aire de familia muy parecido al del saber verdadero, sin que sea tarea sencilla distinguir el grano de la paja. Y toda verdad moral puede venir rodeada de subterfugios, de manipulaciones y de abuso de poder.

Lo que parece suceder es que la mayoría de la gente se conforma de manera habitual con una verosimilitud tolerable, aunque sea muy tenue, y con cualesquiera fines que se proclamen con palabras biensonantes. Es un fenómeno que Marcuse describió con claridad en los años sesenta, la conformidad con una ausencia de libertad que resulte “suave, razonable y democrática”. El problema está en que, mientras, consintamos en esas dosis de veneno lento y de paladar grato, podemos acabar pereciendo en manos de quienes mecen la cuna. Lo único que puede tranquilizarnos es que esos que aparentan saber a dónde van sean, como es frecuente, bastante incompetentes, más necios que malévolos. Pero si no conservamos un mínimo de respeto a nuestra libertad, si dejamos, por ejemplo, que se nos diga que si discrepamos somos violentos, podemos acabar siendo auténticos esclavos sin apenas darnos cuenta.

Constitucionalismo y coherencia
Emilio Campmany Libertad Digital 5 Enero 2018

El propósito de toda la oposición de derogar la prisión permanente revisable ha cobrado inusitada relevancia tras la detención del asesino de Diana Quer, debido al escándalo que genera que ese criminal pueda resultar beneficiado. Una de las razones que se alega para derogar la institución es su inconstitucionalidad. En efecto, nuestra Constitución dice que las penas estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social, y no parece que una pena consistente en la prisión permanente, por muy revisable que sea, tenga esa orientación. No obstante, puede defenderse con algún fundamento que, siendo revisable, la prisión permanente cabe en nuestra Constitución. Lo que no es discutible es que hay dudas acerca de su constitucionalidad, y que empeñarse en introducirla supuso cuando menos forzar las costuras de nuestra Carta Magna.

En la lucha contra el separatismo vasco y catalán, los españoles que no son nacionalistas podían haberse llamado unionistas o españolistas, pero alguien decidió que se llamaran constitucionalistas. La denominación es muy desafortunada porque defender la unidad de España es algo mucho más serio que defender una concreta Constitución, que puede cambiarse e incluso derogarse sin que eso tenga que ser ninguna tragedia. En cambio, la destrucción de España sí que lo sería. El caso es que, para bien o para mal, la defensa de España se identifica con la defensa de la Constitución dando por hecho que los independentistas nunca tendrán fuerza suficiente para reformarla en el sentido de permitirles destruir España. De esa forma el soberanismo catalán y el vasco quedan desautorizados porque violan la Constitución, no porque quieran acabar con nuestra nación. Esto permite al independentismo contraatacar acusando a los constitucionalistas de interpretar la Constitución del modo que les parece, en perjuicio de los nacionalistas, apoyándose en un tribunal político que respalda esa interpretación torcida. Y he aquí el problema, que algo de razón tienen. Y el caso de la prisión permanente revisable lo demuestra.

Si exigir el cumplimiento estricto de la Constitución va a ser el modo en que se va a defender la unidad de España, más valdría que el unionismo fuera coherente y protegiera nuestra Ley de Leyes siempre, y no forzar su interpretación cuando conviene. Porque si se puede forzar para imponer una cadena perpetua que obviamente el legislador constitucional quiso prohibir, aunque no lo hiciera con la suficiente claridad, también podría forzarse para que fuera constitucional, por ejemplo, un referéndum de independencia en Cataluña. Y si el Tribunal Constitucional ha de ser un baluarte desde el que proteger la unidad de la nación, debería preservarse su independencia y prestigio y no obligarle a decir cosas como que el matrimonio homosexual es constitucional, cuando es obvio que no lo es. Si se quiere introducir la cadena perpetua o se desea que puedan casarse personas del mismo sexo, lo que hay que hacer es reformar la Constitución y no estirarla como un chicle, con la complicidad del tribunal encargado de defenderla. Esto ya es suficientemente malo en sí mismo, pero lo es mucho más cuando resulta que son esa ley y ese tribunal las últimas trincheras desde las que se va a defender la unidad de España.

Contra esta insólita España de taifas
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 5 Enero 2018

La noticia la publicaban ayer varios diarios, entre ellos el que el lector tiene en su pantalla o en sus manos: nadie vio técnicamente la noche del pasado 31 la emisión de las campanadas de fin de año que la televisión de Castilla y León emitió desde el precioso pueblo soriano de Salduero. Digo técnicamente porque, aunque es posible que conectasen el canal autonómico algunos castellano-leoneses, no lo hizo ninguno de los que tienen en su casa un aparato medidor de las audiencias, lo que dio por resultado que el share del programa fuera ¡cero patatero!

La cosa daría para hacer unas risas si no fuera porque es la muestra palpable de un problema de fondo que en nuestro país crece día a día: su progresiva conversión en un conjunto de reinos de taifas, como aquellos en que se dividió hace siglos la España musulmana tras la disolución del califato cordobés. En Estados Unidos, que es una unión federal desde que surgió como nación en 1787 en Filadelfia, la inmensa mayoría de los norteamericanos celebran el 31 de diciembre viendo la caía de la bola de cristal en la neoyorquina Times Square.

Es verdad que hay otras celebraciones locales, pero la que une a los estadounidenses es la que se ha convertido en una tradición nacional, como el Día de Acción de Gracias, el Día de la Independencia o el Labor Day. Aquí, sin embargo, no solo emiten las campanadas todas las cadenas de cobertura nacional sino que lo hacen también las autonómicas, dando aire a ese sentimiento localista que se favorece cada día de mil maneras diferentes.

Una de ellas: como hay un discurso navideño del Jefe del Estado, hay también 17 discursos navideños de los presidentes autonómicos, que se comportan, de facto, como 17 jefes de Estado regionales cuando su equivalente no es el Rey sino el presidente del Gobierno, quien, curiosamente, es el único de los 18 que existen en España que no se dirige a nadie por la televisión. Todo esto, claro, podría considerarse anecdótico si no fuera el síntoma de un proceso de pérdida de los elementos de cohesión cultural y de las sanas tradiciones comunes que hacen que un país perviva a lo largo del tiempo por encima de la enriquecedora diversidad de sus diferentes territorios.

El empeño de los nacionalistas en extirpar el castellano de las zonas donde existen lenguas vernáculas (en mala hora definidas legalmente como propias) es la más peligrosa de esas manifestaciones y la que más vulnera los derechos personales. Pero no es la única. No hay país en el mundo donde una parte de sus fuerzas políticas se manifiesten en las calles desde hace años con una bandera que no es la constitucional o se silbe al himno de todos mientras cunde la emoción con el particular de cada territorio. Esa es, como tantas, una anomalía española.

Y, claro, de esos polvos estos lodos. El catalán, sin ir más lejos, resultaría de otro modo completamente inexplicable.
La cosa daría para hacer unas risas si no fuera porque es la muestra palpable de un problema de fondo que crece día a día

Los réditos de la victoria de Cs
Antonio Robles Libertad Digital 5 Enero 2018

Hace ya mucho tiempo que Cataluña es un escenario de ficciones, su política, una pulsión digital diseñada por creativos de comunicación, y sus dirigentes, hechiceros.

En este escenario nunca hubiera brotado el método científico; y sin embargo no podemos prescindir de él. Es preciso que quien tuvo la oportunidad de ganar las elecciones tenga la obligación de ponerlas al servicio de un nuevo paradigma político basado en la razón y en la realidad. Empezando por hacer pedagogía.

De momento, la actitud pusilánime de Cs ante la investidura ha provocado que su triunfo haya pasado desapercibido en beneficio de Puigdemont. Rufián repetía hoy mismo el mantra que ha esparcido el fantasma de Bruselas desde la misma noche electoral: es inaudito que se encarcele a alguien que "ha vuelto a ganar las elecciones".

Inés Arrimadas (Cs) es quien ha ganado las elecciones, y esa ventaja le otorga el derecho a presentar su investidura, además de serle reconocida la victoria en votos y escaños. La matemática no le garantiza la mayoría, pero le ofrece la oportunidad de denunciar ante Europa la naturaleza perversa del nacionalismo, y mostrar a los catalanes lo que es un Estado de Derecho y lo que no lo es. Dejar a esos hechiceros ante los suyos como lo que son, meros farsantes. Esa es la batalla que aún no ha ganado el constitucionalismo.

Es imprescindible hacer realidad, la realidad, y la realidad es que Cs, un partido constitucionalista, ha ganado las elecciones. Esto lo deben saber en Europa, y lo deben interiorizar ellos; es preciso que los europeos sepan que los nacionalistas no pueden seguir hablando en nombre de Cataluña. Cataluña no son ellos, ellos sólo son catalanes separatistas. El mero proceso formal de investidura ya dejaría constancia de tal evidencia ante los medios extranjeros.

Inés ha de tomar conciencia de que es la primera vez que el nacionalismo no ha ganado las elecciones, sino el partido que nació para acabar con él. Inés tendría un tiempo ilimitado para defender su candidatura a la presidencia. Dispondría de la oportunidad, no sólo de exponer su programa constitucionalista, sino de dar una lección magistral de todas las mentiras que nos han traído hasta aquí. De todas y en todos los campos. Incluso de obligar a los falsos equidistantes a mostrar sus cartas, a desvelar su falso coraje constitucional. Claro, siempre y cuando conserve algo de la audacia y generosidad que fundó Cs y le importe más la defensa de una Cataluña posnacionalista que el cálculo electoral. Apostar todo a que los nacionalistas se cuezan en su propia salsa, al modo y manera que ha obrado Rajoy, puede ser una opción posible, pero impropia de un partido que pretende sustituir al PP para no hacer lo mismo que él.

¿A nadie en Cs se le ocurrirá reunir a un equipo de historiadores neutrales que preparen una clase magistral de historia para que Inés muestre a la sociedad catalana del hemiciclo la gran mentira colectiva desde la que el nacionalismo ha construido sus agravios y embaucado a sus hijos?

¿Tan difícil es hacer un recuento de todas las exclusiones sociales, políticas, mediáticas, educativas, empíricas, contrastables y verificables para dejar negro sobre blanco su falsa cohesión social? ¿No se puede hablar de economía sin echarle la culpa al otro del derroche propio? ¿Tan difícil es preparar una exposición magistral sobre la democracia, sobre el Estado de Derecho de forma académica y seria, sin caer en la frivolidad periodística para dejar en cueros su falsa revolución de las sonrisas y el tráfico obsceno del lenguaje?

¿No sería imprescindible explicar con exquisito paladar retórico que, independientemente de que el separatismo sea una opción política legal, eso no absuelve en absoluto su impronta supremacista? ¿Por qué reducirse a denunciar su tendencia a la unilateralidad, cuando es, en sí mismo, la manera más obscena, egoísta, clasista, peligrosa y retrógrada de cuantas pueden arruinar a una sociedad, enfrentar a sus ciudadanos y desentenderse de la suerte de los más desfavorecidos en la ruptura?

Sin tiempo, tomándose todas las horas que hicieren falta para nombrar todos los abusos y estrategias para envenenar a la sociedad catalana que han llevado a cabo desde 1980. Es preciso una catarsis. Cataluña necesita despertar de esta pesadilla. Y Cs tiene la oportunidad de hacer pedagogía. He ahí el sentido y rédito de su victoria.

La congruencia
Dice que le «avergüenza» que se encarcele a opositores... salvo en Irán
Luis Ventoso ABC 5 Enero 2018

A Jeremy Corbyn, el líder laborista británico, lo están poniendo verde en su país por no haber condenado todavía la ola de represión de estos días en Irán. Van 22 muertos y las calles están tomadas por guardias de élite fuertemente armados. En 2009 la dictadura teocrática iraní ya reprimió otra revuelta. Entonces se trató de jóvenes aperturistas de clase más bien acomodada, saturados de la jaula de los ayatolás. Está vez las protestas han comenzado en depauperadas poblaciones de provincias y se deben a la carestía de lo básico y a la hiperinflación. Una subida del precio de los huevos fue el detonante, pero en las marchas también se denuncia la corrupción rampante del régimen. Además de reprimir las libertades más elementales, la tiranía chií ha sumido al país en el descalabro económico. Por su parte Estados Unidos los acusa de fomentar el terrorismo. El silencio de Corbyn resulta especialmente ominoso, porque se sabe que en su día cobró 20.000 libras como tertuliano de Press TV, una cadena de televisión propiedad del Estado iraní. El canal emitía en el Reino Unido, pero las autoridades británicas le retiraron la licencia en 2012 por las aberraciones que allí se propagaban.

El régimen iraní no solo abrió canales de propaganda en Gran Bretaña. A finales de 2011 lanzó en España la televisión HispanTV, propiedad del Servicio de Radio Difusión de la República Islámica de Irán. Allí cobra y allí emite Pablo Manuel Iglesias Turrión, madrileño mayor de edad, su programa de denuncia política «Fort Apache». En su tertulia, el secretario general de Podemos se dedica a arreglar el mundo con grandes arengas de un marxismo camp. La diana estelar de sus denuncias es su propio país, España, al que constantemente denigra y vitupera. En el golpe de Estado de los xenófobos separatistas del pasado octubre, Iglesias se posicionó del lado de los sediciosos (lo que ya paga en las urnas). Desde la ejemplar plataforma de la dictadura iraní explicó que le «avergüenza que en España haya presos políticos».

Aunque posee cierta inteligencia pícara y buenas dotes oratorias y actorales, siento concluir que Iglesias es un cantamañanas. Y no es un epíteto descortés, sino un sustantivo inevitable para definir a quien critica la excelente democracia española pero calla ante los atropellos de uno de los regímenes más tenebrosos del mundo. Iglesias aplaudía los escraches, pero en cuanto vio en un mitin de Zaragoza a veinte pacíficos vecinos a la puerta del polideportivo, portando banderas españolas, llamó a Rajoy al móvil demandando protección policial. Iglesias, cuyas ofertas sociales bailan en 30.000 euros de una elección a otra, denotando un desacomplejado analfabetismo contable. Iglesias, paladín de la nueva política que se ha abonado de inmediato a la más vieja y roñosa: la purga del disidente. Iglesias, empleado de los ayatolás, el régimen homófobo por antonomasia, que busca votos envolviéndose en la bandera arcoíris. Congruencia cero y faz de hormigón armado. Un tocomocho.

La España separadora
Manuel Trallero cronicaglobal 5 Enero 2018

Transcurridas dos semanas desde las elecciones catalanas, bien podría afirmarse que para algunos aquí no ha pasado nada y que se ha vuelto a repetir la foto finish de las anteriores y --de no cambiar muchas las cosas-- una premoción de las siguientes elecciones y así sucesivamente. Mas allá del éxito electoral de la señora Arrimadas, convertida en una victoria pírrica, por mucho que las patronales catalanas se empeñen en su política recreativa de querer formar un gobierno imposible y contra natura en las actuales circunstancias, la autocrítica de los partidos no independentistas no solo ha brillado por su ausencia --ya no digamos las dimisiones que acarrean las derrotas electorales en los países normales-- sino que prevalece la actitud de sostenerla y no enmendarla. Los partidos de ámbito estatal en Cataluña, excepción hecha de Ciudadanos, --tanto los de la vieja como la nueva política-- han quedado reducidos a la simple dimensión testimonial y corren el peligro de entrar en vías de extinción como los dinosaurios sobre la capa de la tierra. Sin ganar en Cataluña, tan solo el PP es capaz de ganar en toda España. Eso es público y notorio.

Aquellos que tenemos la dicha de vivir sobre el terreno y pisar la calle y no solo la moqueta de los despachos, los que no gozamos ni deseamos la condición de consejeros áulicos ni de la Moncloa, ni de Ferraz, ni de la CEOE, ni de Fomento, ni del Ibex 35, ni habitamos el palco del Bernabéu, ni ejercemos de salvadores de la patria a horas convenidas y caché estipulado, ni correteamos por los mentideros de la Villa y Corte, ni hacemos de correveidile, nos preguntamos: ¿Y ahora qué? ¿A seguir tal como estábamos cuatro años más? ¿Alguien tiene una idea de lo que hay que hacer? Es más ¿alguien cree necesario tenerla? Por lo visto, no.

Aquellos que en Cataluña mantenemos nuestra convicción personal de ser catalanes y españoles a un mismo tiempo, sin aspavientos, nos preguntamos: ¿Qué está haciendo España por nosotros?

¿Hay vida --sobre todo vida inteligente y, por ende. inteligencia emocional-- más allá del 155? España se ha esfumado de Cataluña, ha desaparecido, no existe. Aquellos que en Cataluña mantenemos nuestra convicción personal de ser catalanes y españoles a un mismo tiempo, sin aspavientos, ni dramatismo impostados, ni luciendo musculatura de mártires, llevando con esmero nuestra condición de estar muertos socialmente, de ser unos meros zombis, puedo bien asegurarles que nos sentimos solos, muy solos, abandonados a nuestra propia suerte, asumiendo un día tras otro como somos tratados de fascistas, antidemócratas, descendientes de franquistas y de colonos españoles.

¿Qué está haciendo España? por nosotros? ¿Qué están haciendo el resto de los españoles? ¿Esta España es nuestra patria, con la cual se llenan la boca? Y sobre todo ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar todo lo que estamos aguantando, sin rechistar?

Es bien sabido que el que avisa no es traidor, sino simplemente avisador.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
El largo camino a la normalidad (7)

Vicente A. C. M. Periodista Digital 5 Enero 2018

REITERACIÓN DELICTIVA, ALGO MÁS QUE UNA POSIBILIDAD. ¿DEBEN ILEGALIZARSE PARTIDOS QUE HAN APOSTADO POR LA VÍA UNILATERAL PARA DELINQUIR, REBELARSE Y COMETER SEDICIÓN?

No dejaré de insistir en que el mayor esperpento de esta no vuelta a la normalidad reside precisamente en que los mismos golpistas encausados, cinco de ellos huidos de la Justicia y refugiados en Bélgica sin que el Estado haga nada por remediarlo, hayan podido formar parte de listas electorales y salir elegidos y ahora reclamen para sí el ejercicio libre de sus cargos de responsabilidad en el nuevo Parlamento autonómico, que una vez más vuelve a disponer de una mayoría independentista. Una situación vergonzosa que puede llegar a permitir esa “restitución de la legitimidad” que según los golpistas fue violada por la aplicación de las medidas intervencionistas amparadas bajo el artículo 155 de la Constitución. Su exigencia, trasmitida por el fugitivo Carles Puigdemont es la de boicotear la constitución del nuevo Parlamento autonómico pidiendo la ausencia de los diputados independentistas si no se retiran esas medidas del 155. Pretenden de forma descarada escenificar el triunfo del secesionismo sobre el Estado de Derecho y restituir todas y cada una de las Instituciones intervenidas, comenzando por el Gobierno de la Generalidad y la Mesa del Parlamento imponiendo su mayoría parlamentaria para poder tener las mismas condiciones que permitieron la comisión de los delitos de rebelión, sedición y violación de la Constitución de España y del Estatuto de autonomía de Cataluña.

Y haber llegado a esta situación aberrante es responsabilidad compartida de los tres partidos políticos que pactaron acometer esas medidas, que algunos consideramos como tímidas y paliativas, además de precipitadas como lo fue la convocatoria exprés de las elecciones autonómicas sin que las circunstancias ni el sentido común lo aconsejasen. Y es que, como en otras tantas ocasiones, han prevalecido estrategias de partido sobre el interés general de España y de los españoles, en una imprevisión no exenta de irresponsabilidad que no ha alcanzado las expectativas de cambio y ha evidenciado simplemente la fractura de la sociedad catalana y la persistencia del apoyo consolidado al independentismo manteniéndose en el entorno del 48% en votos frente al 43% de los llamados constitucionalistas o unionistas. Como se dice vulgarmente “hemos hecho un pan con unas tortas” y “para este viaje no hacían falta alforjas”.

Porque el error de criterio parte de no haber analizado la gravedad de una situación y confiar en que el miedo al aislamiento en una UE, asustada por la inestabilidad de uno de sus países miembros mas importantes, ni las medidas económicas de inyecciones de fondos públicos para tapar los desmanes de gestión de los golpistas y sediciosos, han sido suficientes para movilizar y hacer cambiar a una sociedad que lleva décadas enfrentada, donde una parte ha sido sometida por la otra bajo la total indiferencia de los distintos Gobiernos de España, en una política suicida de “dejar hacer”. Una actitud cómplice plasmada en la incapacidad de hacer cumplir las leyes y las sentencias de los Tribunales de España en asuntos tan esenciales como el respeto a la lengua común de todos los españoles, convirtiendo a la autonomía de Cataluña en una especie de territorio sin ley donde campaban a sus anchas los independentistas. Y aquí me viene la certeza de que solo partidos corruptos incapaces de luchar contra la corrupción propia pueden mirar para otro lado cuando otros partidos, de su esfera ideológica, cometen las mismas o peores tropelías. Casos como los del clan de los Pujol, caso Palau, caso Casinos y Banca Catalana, no hubieran sido posibles de no existir otros como los que han salpicado desde la transición a PSOE y PP en temas de financiación ilegal, enriquecimiento ilegal por comisiones, como el de los casos de los falsos ERE’s, el BOE, Lezo, Púnica, Canal Isabel II, etc.

La falta de previsión es haber querido convencer a los españoles de que, tomando el control económico, o cerrando las “embajadas”, era suficiente para reconducir una situación enquistada durante décadas. Un error agravado por haber cedido a las presiones de PSOE y de CIUDADANOS cuyos objetivos claramente eran contrarios a lo que la situación requería. No se ha intentado devolver la legalidad, sino apresurarse en cumplir con el expediente, causar el menor impacto posible y limitar al mínimo la duración de la intervención de la autonomía. Una respuesta que evidenciaba en primer lugar la cobardía a asumir el papel de Gobierno de España y garante de la legalidad. Y en segundo lugar la improvisación sin haber considerado las acciones necesarias para impedir lo que finalmente ha sucedido, el que los golpistas vuelvan a recuperar sus cargos y posibilitar la reiteración en la comisión de delitos para conseguir sus objetivos de secesión e independencia de Cataluña.

Así que en este escenario donde los golpistas han vencido en las urnas, no es de extrañar el que se sientan legitimados para mostrarse fuertes en sus reivindicaciones y amenazas, tanto desde la cárcel como desde un voluntario exilio. Las urnas les vuelven a dar el poder a pesar de que son delincuentes, golpistas y traidores a España, algo que en ningún momento ha sido impedido, sino más bien alentado desde el propio Gobierno de España, en el que suplicaban su vuelta a la normalidad participando en las elecciones autonómicas. Y así lo han hecho y han ganado y ahora se atreven a cuestionar la legitimidad de mantenerles en prisión o en búsqueda y captura en una especie de redención de todos sus delitos por el “blanqueo” de unas elecciones que, en cualquier caso, han considerado de carácter plebiscitario y como medio para volver al poder y restituir lo arrebatado por las medidas de intervención. Es evidente que la reiteración delictiva, ya profusamente expresada durante la campaña electoral, es más que una posibilidad. Es una vergonzosa realidad que deja la legislación española en muy mal lugar al haberlo permitido.

Y esto me lleva al reiterativo asunto de la única defensa que tiene la democracia para protegerse de aquellos que quieren destruirla. Y aquí volvemos a chocar con el hipócrita “buenismo” de un PSOE populista y demagogo escorado hacia la ultra izquierda más radical en un malentendido progresismo garantista de supuestos derechos. Porque parece de sentido común que al igual que se ilegalizó a la formación terrorista BATASUNA y todas sus marcas, con la inexplicable excepción de BILDU, o en Alemania está ilegalizado el partido nazi, se hiciera lo propio con estas formaciones separatistas en Cataluña y con las radicales de ultra izquierda como la CUP que han demostrado no respetar las mínimas reglas democráticas y han usado y abusado de su poder para imponer resoluciones, incumplir sentencias de los Altos Tribunales de España y violar derechos constitucionales de españoles nacidos o residentes en esa comunidad. Porque si es verdad que se pueden defender todo tipo de ideas y aspiraciones políticas, siempre que no atenten contra derechos de terceros, no lo es el que esa defensa se haga de forma anti democrática y fuera de la legalidad.

Lo que han hecho, e intentan seguir haciendo, los partidos independentistas en Cataluña es imponer a todos los españoles sus objetivos por la fuerza de los hechos consumados y por la rendición del Estado de Derecho, forzando un proceso de negociación bilateral entre el Estado y Cataluña, representada por el Gobierno de la Generalidad apoyado en una mayoría parlamentaria. Un proceso inasumible, inaceptable bajo cualquier consideración al querer equiparar a un Estado con una de sus autonomías que, si lo es, es solo por delegación de competencias, no por cesión de soberanía.

Sigo creyendo que partidos que propugnan y están dispuestos a todo para conseguir sus objetivos, incluida la violación de leyes fundamentales de España, e intentan destruir nuestra unidad como Nación y como pueblo español, no pueden seguir legalizados y deben declararse proscritos y sus dirigentes ser juzgados y condenados por los graves delitos de rebelión y sedición que han cometido en el ejercicio de sus cargos de responsabilidad. Lo aberrante es que hayan podido acceder de nuevo a esos cargos.

¡Que pasen un buen día!

Deficiente apoyo al adelanto electoral en Cataluña

Editorial EL RUGIDO DEL LEÓNelespanol 5 Enero 2018

La aplicación de un 155 exprés en versión light y el adelanto de las elecciones catalanas del 21-D fueron los dos grandes decisiones de Rajoy ante la crisis catalana. Pues bien, ahora queda patente que aquellas dos balas de plata no sirvieron para solucionar la crisis territorial y que ni siquiera el Gobierno puede arrogarse el consuelo de contar con el aplauso de la opinión pública.

Por un lado, los partidos soberanistas mantienen la mayoría en el Parlament después de que el 21-D fuera planteado como un juicio en las urnas al procés: es decir, el problema se ha enquistado. Por otro, la valoración de los ciudadanos sobre las dos decisiones adoptadas dista mucho del respaldo que cabría esperar si tenemos en cuenta que fueron apoyadas por PP, PSOE, Cs y que, en el caso del adelanto electoral, ni siquiera Podemos se opuso.
Un 43% en contra del adelanto

La última muestra del macrosondeo de SocioMétrica para EL ESPAÑOL que publicamos este viernes así lo refleja. En lo que atañe al 155, aunque un 45% opina que su aplicación fue “correcta”, un 46% opina lo contrario: bien porque no se debió aplicar (11%), porque su aplicación fue demasiado blanda (20%), o porque fue excesivamente dura (13%). En lo que refiere al adelanto electoral, aunque el 50% mantiene que fue una decisión “acertada”, un 43% cree lo contrario: un 25% opina que “se tenían que haber convocado más adelante” y un 18% que “en ningún caso”.

Rajoy puede darse por sastisfecho con que aproximadamente la mitad de los ciudadanos dé por buenas sus dos grandes decisiones en la crisis catalanas: al fin y al cabo son muchos más de los que le votaron a él. Pero si tenemos en cuenta que PP, PSOE, Cs y Podemos sumaron el 89% de los sufragios en las generales, no hay ninguna duda de que ambas medidas gozaron de un respaldo muy insuficiente.
Distancia entre sociedad y partidos

El modo en que se aplicó el 155 y la convocatoria urgente de elecciones en Cataluña se han revelado dos decisiones políticamente fallidas y socialmente mal aceptadas. También demuestran la enorme distancia que a veces hay entre las cúpulas de los partidos y sus bases sociales.

Aunque al Gobierno cabe atribuirle sin ninguna duda el fiasco en la gestión de la crisis catalana -de hecho un 47% califica su actuación de “mala” o “muy mala” frente al 31% que la considera “buena” o “muy buena”-, la oposición debería también mirarse en el espejo de la gente antes de, por seguidismo o por mero tacticismo, volver a hacer de comparsa de Rajoy en un asunto que afecta de lleno al interés general.

Junqueras y los comuneros
RAÚL DEL POZO El Mundo 5 Enero 2018

Pasarán más de 10 años para recuperar la paz civil en Cataluña y, por lo tanto, en España. El procés ha cambiado de forma y los rebeldes han pasado de los gestos de desafío a los de autodefensa. No están de moda los héroes que quieren cambiar la historia. Se aclama más a los deportistas y a los cantantes que a los líderes políticos. Los héroes de hoy suelen ser desconocidos, gente que vive con los ratones en los laboratorios, no políticos que proponen utopías que acaban en catástrofes.

Los separatistas de Cataluña han bajado el nivel del desafío. Sólo Puigdemont aguanta el tirón y reta cada día a Europa y al Estado español. Expresa su valentía en Flandes pero, si no se arriesga a hacer el paseíllo en el ruedo de la cabila, quedará muy mal parecido en su retrato para la historia. Los dos cabecillas, él y Junqueras, pelean más, como escribía ayer, por su libertad que por la de Cataluña.

Junqueras, preso en Estremera, ha forzado la pose, entre trágica y grotesca, de héroe a la fuerza. No deja de hacer frases para la historia que lean los niños republicanos del futuro. Pretencioso y vulgar, antes de comparecer ante el TS ha dicho: "Me clavo en el pecho la espada que ya no me sirve para combatir". Lleva en Estremera desde el 2 de noviembre y se comprende su deseo de salir de la sombra. Su táctica política de "suavidad en las formas, firmeza en el fondo", se ha ido resquebrajando porque es muy duro escuchar los pasos de asesinos.

A pesar de que el heroísmo es un peligro y se ha pasado de moda, se puede recordar que también tiene geografía e historia. Me he acordado estos días del cuadro pintado en pleno Romanticismo por Gisbert, que refleja el momento de la ejecución de los comuneros de Castilla. Padilla, el caudillo de la rebelión, les dice a Juan Bravo: "Señor Bravo: ayer era día de pelear como caballero... hoy día de morir como cristiano". El cuadro pasa inadvertido en el Congreso aunque nos enseña que también Castilla luchó por sus libertades. Los comuneros se sublevaron contra el poder absoluto y la excesiva recaudación de impuestos. Fueron decapitados por un verdugo con una espada de grandes dimensiones. Todo empezó cuando Carlos I se negaba a aceptar los fueros de Castilla y las Cortes le recordaron que si no las acataba, no sería reconocido como rey de España. El emperador tragó y le recordaron: "Habéis de saber señor, que el rey no es más que un servidor retribuido de la nación". Carlos intentó transformar la monarquía feudal en monarquía y estalló la guerra civil. "El emperador -escribía Marx- atacó los pilares de la libertad española: las Cortes y los ayuntamientos". Y en la derrota, los castellanos se comportaron como verdaderos héroes.

Junqueras sigue en el golpe de Estado
Pablo Sebastián republica 5 Enero 2018

Como si los jueces fueran idiotas y la política (o las elecciones del 21-D) pudiera cambiar el curso de la Justicia, este presunto gran delincuente que es Oriol Junqueras ha acudido a la Sala Penal del Tribunal Supremo con el solo discurso -más propio de un villancico- de que él es un ‘hombre de paz’.

Sin reconocer nada de lo que hizo ni prometer que nunca lo repetirá, porque Junqueras sigue subido en el golpe de Estado del 27-O, cuando violó la Ley, el Estatuto y la Constitución. Y sobre él pesan muy serias sospechas de malversación de fondos públicos en las vísperas del 1-O, cuando favorecía -ayer se lo recordó el Fiscal- tumultos contra la Guardia Civil a las puertas de la Consejería de Economía que presidió. Y todo ello para, finalmente, exigir él a Puigdemont, el 26-O, la declaración unilateral de independencia, lo que se consumó y por ello Oriol Junqueras está en prisión y ahí debería seguir.

Vamos, el tal Junqueras es una perita en dulce ‘muy buena gente y religioso’ dice de sí mismo, que habla, sin sentido del ridículo (como si el Tribunal Supremo fueran los Reyes Magos), de ‘paz, amor, diálogo y negociación’. De todo eso que él, desde el Gobierno de la Generalitat nunca practicó en favor del conjunto de los catalanes para solo favorecer a los secesionistas. En un tiempo en el que se dedicaba a planificar una ‘organización criminal’ -así lo definió la juez Lamela-, para dar el golpe de Estado del 27-O.

Junqueras es un caradura y un mentiroso que carece de pudor y de valor. Y un cursi insufrible que dice que se ‘clavará la espada’ de gladiador. Y que para colmo pretende que el Tribunal Supremo le habilite un apartamento con cierta vigilancia para presidir la Generalitat, aprovechando que su compadre Puigdemont, delincuente huido de la Justicia, no se atreve a volver a España porque entraría de cabeza en prisión.

Puigdemont es otro pájaro charlatán que tal baila, como Junqueras, y que les pide al Gobierno de Rajoy y a los jueces un ‘pacto político’ para regresar a España, sin ir a la cárcel y presidir la Generalitat, que le quiere quitar el preso Junqueras.

Y así están los dos, Junqueras y Puigdemont, disputándose la Generalitat uno como prófugo en Bélgica y otro como preso preventivo. Y ambos sin parar de decir bonitas tonterías como si estuvieran escribiendo una carta a los Reyes Magos, que en su opinión serían el Gobierno, el Tribunal Supremo y la Fiscalía. Y todo después de haber insultado a la Justicia, España, la UE y las instituciones de este país. Y de haber fracturado la sociedad catalana y haber arruinado de manera creciente su economía y el empleo.

Y ahí está el campanillero Junqueras en el Supremo tocando la zambomba y cantando ‘Noche de paz’ mientras coloca sus zapatillas en la ventana de su celda de Estremera a ver si los Reyes Magos le dejan presidir la Generalitat.

La locura catalana
Cayetano González diariosigloxxi 5 Enero 2018

MADRID, 4 (OTR/PRESS) El surrealismo al que los partidos independentistas catalanes y sus líderes están sometiendo desde hace tiempo a la política en esa Comunidad Autónoma -ellos hablarían de República Independiente de Cataluña- está alcanzando unos niveles difícilmente imaginables y, desde luego, nada equiparables a los parámetros de una democracia normal.

Ahora resulta que el expresidente huido en Bruselas quiere someterse a la investidura vía telemática, algo inaudito y que no tiene ningún precedente, porque sabe que si pone un pie en España, va a ser detenido y enviado a prisión. Según algunas informaciones, que normalmente salen del entorno del interesado, Puigdemont y los suyos barajan también poner en el Palau de la Generalitat a un "hombre de paja", para administrar los asuntos del día a día, mientras que las cuestiones de mayor calado, serían gobernados y decididos desde Bruselas donde seguiría viviendo el interfecto expresidente Puigdemont. Es decir, una locura.

Mientras, los de la Esquerra Republicana de Cataluña, que de alguna manera fueron los grandes derrotados de las elecciones autonómicas del pasado 21-D, al tener menos votos que la candidatura de Juntos por Cataluña, no renuncian a que su líder, Oriol Junqueras, sea el candidato a la Presidencia de la Generalitat en caso de que Puigdemont no se decida a volver a España y no pueda por tanto ser investido Presidente.

El problema, no menor, que tiene Junqueras es que de momento -en estas horas el Supremo decidirá al respecto- sigue de manera preventiva en la cárcel de Estremera y en cualquier caso, tendrá que someterse dentro de unos meses a un juicio en el que le podría caer una pena importante de años de prisión por varios delitos cometidos cuando era vicepresidente de la Generalitat y uno de los principales impulsores del proceso secesionista.

Si no hubiera sido suficiente la locura en la que ha vivido la política catalana en los últimos años, ahora la sociedad catalana que acudió masivamente a votar el pasado 21-D se encuentra con el hecho de que la mayoría independentista que se reeditó ese día en las urnas tiene muy difícil llegar a formar gobierno y, lo que es más importante, dar estabilidad política e institucional de la que tan necesitada se encuentra Cataluña. Ni la fuga de más de 3.000 empresas, ni los malos datos económicos, como el aumento del paro, conocidos en estos días, parece que vayan a hacer reflexionar a los líderes independentistas atrapados en su propia máquina infernal que pusieron en funcionamiento hace unos años, y que ahora son incapaces de parar o al menos de reconducir. Si de aquí a mediados de febrero nadie es investido Presidente de la Generalitat, habrá repetición de elecciones en la primavera, lo que no asegura ni mucho menos que eso vaya a solucionar algo. Lo dicho, una locura.

Profesores de odio
Cristina Losada Libertad Digital 5 Enero 2018

Seis profesores del instituto El Palau, de Sant Andreu de la Barca, han ido a declarar en la investigación abierta contra ellos por un delito de incitación al odio cuyas víctimas son hijos de guardias civiles que tenían como alumnos. Los hechos ocurrieron el 2 de octubre. En los días posteriores al ilegal referéndum, los separatistas, esa grey que se vanagloria de ser la gente más pacífica, culta, educada, europea y demócrata del universo mundo, realizaron feos actos de acoso contra agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional en muchos lugares de Cataluña. Pero no les bastó. No les bastó con ir a insultarlos a los hoteles donde se alojaban, ni con presionar y amenazar para que los echaran de sus alojamientos. Fueron más allá. Siempre van más allá.

Así fue cómo en los centros educativos los profesores separatistas, en nombre de la paz y la convivencia, organizaron actos de protesta contra la actuación policial del 1 de octubre e implicaron a los alumnos en un pronunciamiento político del todo fuera de lugar en las aulas de un país democrático. Así fue cómo los hijos de guardias civiles que estudian en algunos de esos centros llegaron a casa llorando por los comentarios despectivos que tuvieron que escuchar y los actos en los que se vieron forzados a participar para no verse señalados como "fachas" o partidarios de los "asesinos". De ahí las denuncias, que presentaron los padres, y una investigación que abarca a más profesores del mismo instituto y de otros centros.

Los hechos, tal como constan en el verosímil relato de los afectados, descalifican a los profesores implicados como personas y como maestros. Sin embargo, lejos de investigar por su cuenta el asunto, los responsables de Enseñanza de la Generalitat apoyan sin fisuras a los denunciados. Es lógico: la trama del adoctrinamiento en las aulas se mueve desde arriba. Esto no quita un ápice de responsabilidad a los directores de centros y profesores que participan. Al revés, la acrecienta.

Esos profesores, que son antes separatistas que profesores, se entregan a la manipulación política de los alumnos sabiendo que sus superiores no les pedirán cuentas y les respaldarán si alguien los lleva ante la Justicia. Están seguros de que comportándose de la manera en que lo harían los profesores de un régimen totalitario no corren ningún riesgo. Se saben protegidos. Y hay que remarcar la vergonzosa asimetría. Los adoctrinadores están protegidos, mientras que los hijos de guardias civiles a los que sometieron a mortificación aquel 2 de octubre se encontraron totalmente desprotegidos.

Al declarar en la investigación, los profesores se han querido escaquear. Dijeron que el "debate" sobre la actuación policial del 1 de octubre no había sido iniciativa suya, sino de los alumnos. Incapaces siquiera de asumir la responsabilidad de lo que sucede en sus clases, pretenden desviarla hacia los chavales. ¡Fueron ellos! Pues aunque fuera así, que no lo creo. El profesor tenía la posibilidad, incluso la obligación, de reconducir ese tipo de iniciativas. Sobre todo cuando están en línea con su ideología y sus objetivos políticos. Pero aún dieron una explicación-exculpación más abracadabrante. Alegan, así lo dijo la directora de los servicios territoriales de Enseñanza de la Generalitat del Baix Llobregat, Núria Vallduriola, que no sabían que había hijos de guardias civiles entre los alumnos. ¿Y qué? ¿Qué cambia eso? ¿Acaso puede un profesor permitir y alentar comentarios despectivos sobre la Guardia Civil porque no están presentes hijos de miembros de ese cuerpo?

A ver si Vallduriola, que estuvo allí a modo de guardaespaldas de los manipuladores, se atreve a decir lo mismo si un profesor permite en las aulas comentarios despectivos sobre las mujeres, los homosexuales, los gitanos, los judíos o los musulmanes. Ya imagino que no le importaría nada que se hicieran tales comentarios sobre España y los españoles, por eso no lo pongo como ejemplo.

Yo espero que esos profesores que no lo son, esos maestros de la manipulación política, salgan de las aulas. Espero que esos adultos que se valen de su condición profesoral para adoctrinar no vuelvan a enseñar. Espero y deseo que se los inhabilite. Porque no es incompatible ser profesor y ser separatista. No lo es. Pero es incompatible ser profesor y utilizar a los alumnos como carne de cañón para la batalla política. En los centros de enseñanza no puede haber sitio para la pedagogía del odio.

¿Estamos en condiciones de volver a la normalidad?

En alguna ocasión llegamos a sentirnos como aquel personaje, Jack Nicholson, protagonista de "Alguien voló sobre el nido del cuco”
Miguel Massanet diariosigloxxi 5 Enero 2018

Un delincuente es internado en un psiquiátrico y se encuentra sometido a la inflexible disciplina de aquel centro, que contrasta con su espíritu libre y su tendencia al desorden. La influencia del personaje, Randle McMurphy, sobre el resto de internados llega a provocar una guerra entre el personal del hospital y los enfermos internados en el mismo. En realidad, si alguien hace apenas ocho años nos hubiera predicado en qué situación estaría España en este año del Señor de 2018, todos, sin duda, lo hubiéramos tachado de loco, merecedor de ser internado en un nosocomio para que lo sometiesen a una terapia contra la esquizofrenia. No obstante, por mucho que nos cueste admitirlo, el pueblo español se ha dejado atacar por el virus de la irresponsabilidad, la autodestrucción, el enfrentamiento y la enajenación, capaz de conducirnos a todos a la situación más caótica que nunca pudimos imaginarnos. Hubo un tiempo en el que se afirmaba que un arácnido, el escorpión, en situaciones límite era capaz de suicidarse clavándose su propio aguijón. Hoy en día, como ha ocurrido con tantas leyendas fundadas en observaciones incorrectas, se ha averiguado que lo que ocurre es que estos bichos tienen poca resistencia al fuego y cuando se encuentran en un lugar en el que la temperatura es superior a la que son capaces de resistir, se arrugan y se mueren, sencillamente a causa su incapacidad para soportar temperaturas elevadas.

Cuando los ciudadanos de a pie, los que no alcanzamos a encontrar una explicación razonable a lo que está sucediendo en nuestro país, nos vemos inmersos en una situación capaz de superar nuestra capacidad de asombro; de traspasar, aniquilándolo, nuestro sentido de lo correcto y justo o de atentar contra todo aquello que considerábamos que formaba una parte inherente a nuestra naturaleza humana, que estaba integrado en nuestra cultura y que procedía de la herencia ancestral romano-cristiana; nos vemos obligados a observar, entre escandalizados e impotentes, la destrucción de los valores en los que nos hemos apoyado durante toda nuestra existencia; la desfachatez con la que los que han decidido abjurar de nuestras tradiciones o desprenderse del peso de la moral y la ética, para dar prioridad a sus impulsos primarios, renegando de sus propios familiares, de quienes intentan convencerles de su equivocación y de aquellas instituciones públicas encargadas de mantener la democracia en la que nos instalamos voluntariamente, precisamente para huir de franco tiradores de la política anarquista y de sus consecuencias letales. En definitiva, como el escorpión, sentimos que nos arrugamos y perdemos nuestra fe en la humanidad.

Si los propios clérigos de la iglesia catalana no tienen inconveniente en declararse separatistas, sin importarles colaborar en actos ilícitos, como fue el recuento de las papeletas del 1O mientras se celebraba una ceremonia religiosa ¿qué podemos esperar de los feligreses que acuden a semejantes actos de enfrentamiento directo al Estado de Derecho? O ¡qué me dirán de aquellos ciudadanos que, aun sabiendo que los revolucionarios que se levantaron contra el Estado, incurriendo en graves responsabilidades penales, ahora, estando sometidos a procedimiento penal por sus supuestos delitos, son los mismo que pretenden (con el apoyo de una parte importante de los ciudadanos catalanes), a volver a los puestos de los que fueron desposeídos por su traición a la patria! Por mucho que pueda extrañarles esto sucede porque nuestras leyes garantistas lo permiten y, aunque a todos nos parezca una pifia, van a tener derecho a volver a ocupar los escaños que perdieron en el Parlamento catalán o sus cargos en el gobierno de la Generalitat, de los que fueron expulsados.

¿Pueden ustedes llegarse a imaginar una situación más rocambolesca que aquella en la que se ha situado el señor Puigdemont, prófugo de la Justicia española, acogido en un país que está integrado en la CE que, no obstante, se aviene a apoyar a un sedicioso, que utiliza la inmunidad de la que goza para insultar a España, a su legítimo gobierno y a los países de toda la UE que se han manifestado en contra de la revolución catalana? Y este sujeto, señores, sabedor de que si vuelve a España va a ser detenido e ingresado en una cárcel, pretende, con toda la cara, incluso poder gobernar y tomar posesión de presidente de la Generalitat, si acabasen nombrándolo, a través de un “mandatario” que haría las veces de “corre, ve y dile”, del gran pachá que dirigiría Cataluña desde su residencia belga. Y, este elemento, está dispuesto a gastarse la pasta de los contribuyentes en técnicas visuales que le permitan comunicarse por videoconferencias a distancia y, si no se acaba con ello, hasta presentarse en forma de holograma para tomar posesión de su cargo.

Este es el caradura que pretende ponerse a la misma altura que el gobierno de España, al pedir un “pacto político” que le permita eludir la acción de la justicia por los delitos cometidos y, por si fuera poco, llevarse en la cartera un plan que le permita llevar a cabo sus pretensiones de independizar Cataluña del resto de la nación española. Este ha sido el culpable de que Cataluña lleve años despreocupándose de los verdaderos problemas de sus ciudadanos; también es el causante del gran endeudamiento en el que se ha situado la comunidad catalana, con sus despilfarros para ir subvencionando a todos aquellos que se han encargado de mantener viva la idea independentista, como Omnium C. o la ANC, aparte de los euros desviados para ir creando instituciones paralelas, como la Hacienda Catalana, para la que, incluso, ya tenían contratados a especialistas. Un lector de La Vanguardia se preocupaba por el gasto que suponía traer barcos en los que alojar a los policías precisos para la aplicación del 155, sin que, al parecer, cuente los millones que le viene costando a Cataluña este intento fracasado de independizarse de España, si es que se toman en cuenta las 2300 empresas que han cambiado de sede; la disminución de las inversiones registras en estos últimos meses y la caída de la demanda turística, aparte del posible bloqueo que se haya producido respecto a los productos catalanes, que todavía no ha sido cuantificado. Y lo peor está por venir según sea el gobierno de la Generalitat que salga elegido o el Parlamento que vaya a salir de la confabulación entre ERC y la PDEcat, si es que consiguen ponerse de acuerdo y superan sus egoísmos partidistas; algo que, de confirmarse la predicciones que se hacen, con toda seguridad va a provocar otra huida masiva de sociedades ante la posibilidad de caer en manos de gobiernos de izquierdas, cuyos fines van a consistir en aumentar la carga fiscal para poder atender a sus proyectos, como sería el establecimiento de una renta básica, algo de lo que se ha hablado insistentemente sin que, por lo visto, nadie se haya molestado en averiguar el coste de semejante y descabellada idea reportaría para las, ya exhaustas arcas, de la comunidad catalana (endeudada en 80.000 millones de euros.)

Y me voy a permitir recoger una idea de un columnista de La Vanguardia, que me ha llamado la atención: “…mientras la política catalana esté atrapada en los ideales, más allá de la ideología, mucho más allá de la realidad, difícilmente se podrá gobernar para restablecer las instituciones y la normalidad”. Esto, que debía de haber hecho meditar a los dirigentes de la Generalitat y del Parlament Catalá, antes de lanzarse al vacío con aquella ridícula seudo-declaración de independencia, que apenas duró unos instantes, para después declararla suspendida; no parece que, visto lo visto y, con toda seguridad, dependiendo de lo que decidan los magistrados respecto a la posible excarcelación de Junqueras, tenga visos de tener una fácil solución.

Para finalizar, un dato preocupante que debiera alertar al Gobierno de España y recordarle lo que sucedió en día 1 O cuando la policía autonómica se negó a cumplir con las órdenes emitidas por la Audiencia y que permitió, cuando no colaboró, en la instalación de las urnas en los colegios electorales en los que no debían haberse constituido las mesas electorales. Ahora, un sector de los Mossos d’Esquadra se ha declarado disconforme con las nuevas disposiciones por las que se rige el cuerpo después del 155 de la Constitución y parece que se han organizado “para resistir el 155”, difundiendo consignas en contra del Estado y su nuevo jefe, Ferrán López. Si algunos ya están acusados por los hechos del 1O, deberemos esperar que, ante una provocación semejante y actitud de rebeldía como la que parece que han adoptado estos mossos, deberemos esperar que, por parte del Gobierno, se tomen las medidas disciplinarias pertinentes y se formulen las correspondientes denuncias, ante los tribunales correspondientes, para que sean investigados por los presuntos delitos cometidos.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda más remedio que expresar, ante todos los políticos que dicen representarnos, nuestra disconformidad con sus actuaciones, nuestra desconfianza de que sean capaces de sacar a esta España en la que nos ha tocado vivir, de esta encrucijada en la que todos los partidos del vigente arco parlamentario nos han colocado; con el evidente peligro de que, de no producirse un entendimiento, de no olvidarse todos ellos de sus políticas partidistas en orden a establecer un acuerdo común que nos saque del estancamiento en el que nos han estado metiendo; no hay duda de que el futuro que se presenta para nuestra nación dependiente, en muchos aspectos, de las directrices europeas, está en peligro de que: a una situación interior de gran penuria para el pueblo español, se le añada otra externa derivada del rechazo de Europa a admitir a una España que no sepa cumplir con los condicionamientos de la política de la CE. No perdamos de vista al comunismo que sigue agazapado esperando su oportunidad.

El precio de la disidencia
Xavier Salvador cronicaglobal 5 Enero 2018

En Cataluña es más fácil vivir que pensar. Lo primero resulta sencillo, es una tierra avanzada, o al menos lo era, pero lo segundo se está poniendo realmente difícil. No sólo para el pensamiento disidente del oficial --proceder así se considera un ultraje a la patria y a la nación--, sino incluso para el propio (vean los mamporros que se dedican los independentistas? entre sí). El discurso es tan único, unívoco y finalista, que ha alcanzado un estadio en el que no se admiten ni tienen cabida los matices.

Pensar de manera opuesta al nacionalismo? hegemónico en el poder político se ha puesto complicado en la escuela, el trabajo, la universidad y hasta en el uso del tiempo libre. Imagínense, por tanto, la hercúlea tarea que supone editar desde Barcelona un medio de comunicación que se enfrenta a esa unicidad ideológica y que defiende valores constitucionales por encima de cualquier partidismo coyuntural.

A Crónica Global jamás nos lo han puesto fácil. Tampoco lo pretendíamos, dicho sea de paso, y por lo tanto jamás pedimos una subvención pública ni solicitamos a la Generalitat que nos incluyera entre los medios de comunicación con los que distribuir sus campañas publicitarias. Ejercer el periodismo a favor de un gobierno es, en cualquiera de los casos, una experiencia profesional desaconsejable.

A los regentes nacionalistas de los últimos años les importa poco nuestra existencia porque intentan balancearla inyectando ingentes cantidades de dinero público en estimular a nuestros competidores. Esa es la triste realidad con la que convivimos en la defensa de nuestras convicciones. Si acaso, nuestra presencia crítica les incordia, como le pasaba al exconsejero de Salud Antoni Comín cuando pusimos de manifiesto su incapacidad para la gestión de algo tan importante como la sanidad pública. Al final, tenemos la amarga sensación de competir en un mercado periodístico con un brazo atado a la espalda, con un pesado lastre que persigue frenar nuestro avance.

Pese a eso, pese a los ataques vandálicos que hemos registrado en los últimos tres meses --los mismos en los que la efervescencia política ha subido peligrosamente de tono--, los lectores se han empecinado en darnos su apoyo y cobertura. Es todo un consuelo que existan quienes, en un entorno en el que la disidencia tiene tan alto precio, se cobijen en la actitud intelectual crítica de este medio y en el rechazo al uniformismo al que pretenden someternos desde los poderes políticos y las instituciones públicas. Es caro, pero todo lo bueno al final tiene un precio que conviene pagar en defensa de los verdaderos valores democráticos. No es ni tan siquiera heroico sobrevivir en un entorno tan hostil, sino más bien una obstinación profesional en nombre de los que se niegan a renunciar. No pasa nada porque sean otros quienes emitan arengas de defensa de la democracia porque empieza a resultar evidente que en el subyacente de sus discursos encierran un totalitarismo de baja intensidad que propina un daño terrible a nuestra comunidad.

Artur Mas usó el CNI catalán para tapar la corrupción y purgar a los críticos del PDeCAT
M.A. Ruiz Coll okdiario 5 Enero 2018

El ex presidente de la Generalitat Artur Mas utilizó la agencia de ciberseguridad CESICAT (el “embrión del CNI catalán”, según la Guardia Civil) para tapar la corrupción de su partido y purgar a los críticos del PDeCAT.

Bajo la presidencia de Carles Flamerich (entre 2011 y 2013), el CESICAT encargó y pagó informes sobre medio centenar de personalidades y empresas. Según ha podido constatar OKDIARIO, cerca de una decena de estos dossieres alude a casos de corrupción en los que se han visto envueltos dirigentes del PDeCAT.

Sin embargo, el “CNI” de la Generalitat no utilizó dichos informes para denunciar los casos de corrupción en los tribunales. Los dossieres acabaron en un cajón y, sólo en determinados casos, fueron utilizados para purgar a políticos convergentes que no comulgaban con el independentismo más radical.

Entre los investigados por el “CNI catalán” se encuentran varios implicados en la trama de corrupción del 3% del PDeCAT. Entre ellos, Germà Gordó que ha sido gerente de Convergència y conseller de Justicia (entre diciembre de 2012 y enero de 2016).
Implicados en el Palau y el 3%

Gordò ha quedado ahora relegado por la dirección de su partido, después de que varios empresarios imputados en la causa del 3% le hayan señalado como el intermediario con el que negociaban las mordidas que debían de pagar al PDeCAT, a cambio de obtener contratos públicos.

El “CNI catalán” también elaboró un informe confidencial sobre Joan Lluís Quer, al que la Fiscalía Anticorrupción investiga ahora en la misma trama de sobornos del 3% por amañar contratos de GISA, la empresa pública encargada de adjudicar las grandes obras de infraestructuras de la Generalitat

Cuando Quer fue investigado por el “CNI catalán”, ya había incurrido en conductas similares. Como ha informado OKDIARIO, Joan Lluís Quer fue gerente de la Agència Catalana de l’Aigua (ACA) de la Generalitat hasta 2004. Aquel año abandonó la Administración pública para montar su propia consultora, Auditoría e Ingeniería SA (Auding), que en 2008 se benefició de un contrato amañado de 7,6 millones de euros, adjudicado por la misma empresa pública de la Generalitat que él mismo había dirigido.

El presidente del CESICAT, Carles Flamerich, también encargó un informe confidencial sobre David Madí, que fue portavoz de CDC y responsable de varias campañas electorales como hombre de la máxima confianza de Artur Mas. Madí abandonó la política a finales de 2010 para incorporarse a la empresa privada.

Las ITV y la trama de facturas falsas
Desde el pasado mes de julio, está imputado por su participación en una red de facturas falsas junto al empresario Juan Manuel Parra, uno de los implicados en el caso Palau. Del mismo modo, el “CNI catalán” encargó un informe sobre la concesionaria de una de las mayores obras públicas ejecutadas en Cataluña, el Canal Segarra-Garrigues que debe facilitar los regadíos en varias comarcas de Lérida.

Como ha informado OKDIARIO, varias empresas que han participado en esta obra pública (adjudicada también por GISA) emitieron facturas falsas por importe de más de 600.000 euros, que habrían servido para encubrir el pago de mordidas.

El presidente del CESICAT, Carles Flamerich, encargó otro informe sobre la presunta relación del entonces secretario general de la Conselleria de Empresa, Enric Colet, con el caso de las ITV. Dos años después, Colet fue imputado en esta causa, en la que Oriol Pujol Ferrusola ha pactado con la Fiscalía una condena de dos años y medio de cárcel, tras reconocer que cobró comisiones a cambio de amañar las adjudicaciones.

Como ha informado OKDIARIO, también el abogado Heribert Padrol (actual novio de la jefa de campaña de Puigdemont y diputada de Junts per Catalunya Elsa Artadi) negoció directamente el reparto de las concesiones con Oriol Pujol. Pese a ello, Heribert Padrol no ha llegado a ser imputado en la causa.

El espionaje en el Barça
Por último, el “CNI catalán” también investigó a Xavier Martorell, que ha sido director de los Mossos d’Esquadra y director general de Servicios Penitenciarios de la Generalitat. Su nombre llegó a sonar como probable conseller de Interior, pero Artur Mas optó finalmente por Felip Puig.

Martorell se vio obligado a dimitir como director general de Servicios Penitenciarios después de que trascendiera que, durante su etapa como director de seguridad del Barça, utilizó dinero del club para encargar a la agencia de detectives Método 3 el espionaje a distintas personalidades públicas. Entre las personas espiados había empleados y directivos del Barça, pero también políticos y periodistas. Xavier Martorell fue imputado por estos hechos, pero finalmente la causa quedó archivada en 2015.

EDITORIAL EN 'HERRERA EN COPE'
Carlos Herrera destroza a los 'cagones' profesores que acosaron a hijos de guardias civiles: "Miserables ratas"
"Tienen valor para adoctrinar indecentemente, pero luego ante el juez se les relajan los esfínteres"
Juan Velarde. Periodista Digital 5 Enero 2018

Carlos Herrera le ha metido este 5 de enero de 2017 un repasito en toda regla a los profesores del instituto El Palau de Sant Andreu de la Barca. Esos maestros son los que, tras la votación ilegal del 1 de octubre de 2017 en Cataluña, acosaron a los hijos de los guardias civiles.

El presentador estrella de COPE fue directo a la yugular:
Ayer estaban ante la Fiscalía de Barcelona los profesores del instituto el Palau de Sant Andreu de la Barca. ¿Por qué estaban estos profesores delante de la Fiscalía? En ese colegio, hay muchos niños hijos de guardias civiles que tienen el cuartel al lado. Los comentarios en ese colegio sobre los policías y los guardias civiles hicieron que muchos niños llegaron a la casa-cuartel llorando. "Te avergonzará lo que hizo tu padre en el 1-O", les decían.

Detalla como los maestros, en sede judicial, se acobardaron y quisieron echar la culpa al empedrado, es decir a otros alumnos:
Ahora todos estos han llegado ante la Fiscalía y dicen "no no, este debate lo originaron de forma espontánea los alumnos". Es lo típico de esta gente cuyo valor no es su principal característica. Tienen mucho valor para adoctrinar indecentemente a los niños, para inocularles todo el resentimiento posible. Pero llegan ante el juez y ante el fiscal, y tienen una relajación de esfínteres... Y luego echan la culpa a los alumnos. ¡Qué tipos más cobardes y miserables!

Y les daba la puntilla:
Menudas ratas de almizcle, menudas ratas de almizcle.

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