AGLI Recortes de Prensa   Sábado 6  Enero 2018

Cara y cruz de la economía en 2017
EDITORIAL Libertad Digital 6 Enero 2018

La economía nacional cerró el pasado año con un sabor agridulce ya que, si bien el sector privado ha mostrado claros síntomas de avance y dinamismo, las cuentas públicas siguen sin registrar el equilibrio y saneamiento que deberían para poder garantizar el mantenimiento de una sólida recuperación a medio y largo plazo.

En el lado positivo de la balanza destaca, sobre todo, el excelente comportamiento del mercado laboral. España creó más de 610.000 puestos de trabajo en 2017, un hito histórico, tan solo equiparable al anómalo ejercicio 2005, donde la regularización masiva de inmigrantes terminó por aflorar cientos de miles de empleos sumergidos. La afiliación a la Seguridad Social avanzó a un ritmo superior al 3,4% interanual, hasta rozar los 18,5 millones de ocupados, la segunda mayor cifra desde finales de 2008. Desde febrero de 2013, momento en el que la afiliación registró su nivel mínimo, la economía española ha logrado crear 2,3 millones de empleos, recuperando así cerca del 70% del trabajo destruido durante la crisis. Y todo ello, con un volumen récord de contratación indefinida.

Estas buenas cifras reflejan, por un lado, las bondades de la reforma laboral que aprobó el Gobierno en 2012, puesto que la moderada, aunque todavía insuficiente, flexibilidad que aportó dicho cambio normativo facilitó, en gran medida, la recuperación laboral. En un primer momento, frenando la brutal sangría de parados que estaba propiciando la crisis durante los años de recesión y, posteriormente, impulsando la creación de nuevos puestos de trabajo en cuanto el PIB volvió a crecer. Pero, por otro lado, la buena marcha laboral también es un síntoma inequívoco del buen hacer de las empresas y las familias españolas, cuyo esfuerzo, sacrificio y capacidad de superación están sacando al conjunto del país de la crisis, a pesar de las enormes trabas y dificultades que imponen la Administración y la clase política. España no es un país fácil para hacer negocios ni para crear empleo en comparación con otras grandes potencias y, pese a ello, el sector privado se esfuerza día a día para salir adelante.

El problema, sin embargo, reside en que la burbuja del sector público permanece prácticamente intacta. El nivel de gasto real per cápita se mantiene en niveles previos al estallido de la crisis, con una estructura sobredimensionada y un funcionamiento ineficiente, cuyo elevado coste descansa sobre los hombros del sufrido contribuyente. El esfuerzo fiscal que realizan las empresas y familias españolas para sostener semejante factura es, simplemente, ingente, tras las numerosas y lesivas subidas de impuestos que aprobaron PSOE, primero, y PP, después, durante la crisis. Cabe destacar la especial saña de Montoro que ya prepara nuevas subidas para 2018.

A ello su suma un peligroso déficit público y una deuda próxima al 100% del PIB que, en caso de que vuelvan a surgir turbulencias financieras a nivel internacional, dejan escaso margen de maniobra. No en vano, España es el país con mayor descuadre fiscal de la zona euro, el único que todavía incumple los límites presupuestarios que marca la UE, a pesar de haber sufrido una burbuja crediticia muy similar a la de otros países europeos, como es el caso de Irlanda, los bálticos e incluso Grecia. Y lo peor de todo es que ningún partido del arco parlamentario aboga por llevar a cabo una profunda reforma del Estado con el fin de racionalizar el gasto, mejorar su funcionamiento y reducir de forma sustancial los impuestos. Mientras España siga contando con la actual losa administrativa y fiscal, la recuperación correrá el peligro de truncarse de una u otra forma.

El DÍA DESPUÉS DE RAJOY
Corrupción y fin de un partido
Óscar Elía Mañú gaceta.es 6 Enero 2018

Si quieren un pronóstico de fin de año, se lo daré.

2018 supone el inicio del fin de Mariano Rajoy. Generalmente, todo partido político comienza a corromperse cuando sus responsables tienen como único objetivo la supervivencia: que es lo que ocurrió en el famoso congreso de Valencia de 2008, que Rajoy ganó in extremis, inaugurando un liderazgo debilitado. A la crisis moral suele seguir la crisis intelectual: el partido pasa a tener como único objetivo la conquista y mantenimiento del poder, pasando las ideas a ser simple coartada para ello. Lo cual lleva ocurriendo desde 2011, con el ideario del PP al servicio del Gobierno y no al revés. En una última etapa, vacíos de ideas y de programa, convertidos en simples estructuras de poder, los partidos acaban derrumbándose de manera rápida: ocurre tan pronto como sufren un revés importante, para el que no tienen herramientas de respuesta. El último episodio es lo ocurrido en 2017 en Cataluña: el desplome electoral de un partido sin ideas ni principios.

Desde 2008, el PP se ha ido convirtiendo en simple máquina de poder al servicio de Rajoy. Así ha acabado degenerando en sorayismo: la mezcla de burocracia, tecnocracia y propaganda centrada en un único objetivo, mantener el gobierno a cualquier precio, puro instinto de conservación. Un partido así es un partido sin cerebro, pero también sin alma. El cuerpo aún le sigue, puesto que decenas de miles de buenas personas, militantes y cargos en diputaciones o ayuntamientos, lo mantienen vivo. Por fidelidad al propio partido son infieles a sí mismos, apoyando más socialdemocracia, más Ideología de Género, más impuestos, más burocracia.

Pero el poder local y las buenas intenciones no salvarán al partido, que entra en una época de autodestrucción. Buena gente se verá sorprendida y arrastrada por el fin del marianismo. En el Gobierno, en el partido y también en la base social.

Del PP a Ciudadanos
El PP pop tiene dos problemas que le conducen a la crisis: el primero, que sin ideas se sustituye el programa por propaganda. La propaganda es, en el fondo, publicidad construida sobre hechos falsos o banales en los que uno no cree. El PP se define precisamente por carecer de ideas fuertes, y eso lo convierte en algo sumamente débil al pasar por las urnas: el voto del miedo funciona una o dos veces, pero no puede sustituir al programa y los principios. El desastroso desenlace el 21D de la política de Rajoy y Soraya en Cataluña muestra que la propaganda, ante situaciones excepcionales, tiende a derrumbarse fácilmente. Que Arrimadas dejase al PP en la indigencia parlamentaria se explica porque, aunque discutibles, ella al menos tiene ideas y cree en ellas. No hace propaganda, sino política.

Cuando así ocurre, se vence, como el propio PP hizo en los noventa. En 2017 ha ocurrido a nivel regional, pero el desplome ocurrirá a nivel nacional, porque la lógica de la propaganda emana de Génova y Moncloa, y será la base con la que el PP se prepara para 2019.

El segundo problema es que para jugar al modernismo político, naif y superficial, ya está Ciudadanos. En no pocos aspectos, se ha convertido en un partido más de fiar que la gerontocracia pintada de rosa que ocupa La Moncloa: Cataluña lo ha demostrado. El 21D no había ningún motivo para preferir votar al PP antes que a Arrimadas, como no lo habrá para preferir votar a Rajoy antes que a Ciudadanos. En términos electorales, Ciudadanos ha arrebatado al PP el voto urbano, joven y de clase media: justo el que Aznar arrebató a González en 1993. No solo Rivera asaltará los votos populares, sino que vista la deriva del PP, es justo que lo haga ¿para que votar a un partido superficial del siglo XIX si se puede optar por uno igualmente superficial pero del siglo XXI?

La crisis del PP que se nos viene encima puede satisfacer al conservador hastiado de mariano-sorayismo. No obstante, ningún conservador puede estar satisfecho con la sustitución del Partido Popular por Ciudadanos: más allá de cuestiones relacionadas con la unidad nacional, el partido de Rivera se ha convertido en poco tiempo en pilar fundamental del consenso socialdemócrata, sea desde el punto de vista económico, moral, educativo o intelectual. Desde esta perspectiva, Ciudadanos no es, en absoluto, una alternativa válida al moribundo Partido Popular. Tanto si Rajoy llega indemne a las elecciones de 2019, como si el cataclismo ocurre en aquellas elecciones, el voto a ls de Rivera no parece una buena decisión para el conservador español actual.

¿Qué hacer?
Más allá de la política de tierra quemada de Génova y Moncloa en el PP, Rajoy dejará en los próximos meses una derecha social fraccionada en lo social, desmoralizada en lo intelectual y desorientada en lo político. Ciertamente, Rajoy va a dejar un Partido Popular sin personalidad política, sin ardor, sin cohesión social. Dicen los expertos que lo normal en estas circunstancias es la guerra civil: pero de una guerra civil protagonizada por los restos flotantes del marianismo –Feijoo, Casado, Cifuentes, Soraya- no puede salir un partido fuerte y con ideas. Dado el grado de relativismo, de cinismo político y de degradación intelectual y moral, no hay regeneración posible del PP. No al menos regeneración que sirva a valores y principios y no al revés.

Quedan así dos alternativas: o buscar un nuevo partido de la derecha construido desde fuera aglutinando esfuerzos diversos; o es VOX quien deba por fin aglutinar el voto conservador frente al progresismo liberal de Ciudadanos, con un espacio en la derecha ciertamente fraccionado.

En ambos casos, tras los años tristes de Rajoy, la derecha se la juega en los próximos dos años. A diferencia del periodo 1996-2004, poco hay en la política de este Gobierno que merezca ser recuperado para el futuro. Pero hay que afirmar además que los problemas no se limitan a esta derecha política. La derecha social, intelectual o mediática es también culpable, o si se prefiere, tiene también no pocos problemas que debe afrontar. Si quiere sobrevivir al desastre que va a provocar el marianismo y salvaguardar principios y valores, deberá solucionar al menos tres cuestiones.

El primer problema es que la derecha española una derecha reaccionaria, en el sentido estricto del término: se posiciona políticamente sólo cuando la nueva izquierda pone sobre la mesa cualquiera de sus locuras, sean transexuales, alianza de civilizaciones o nuevos impuestos. Da igual que se trate de liberales, de conservadores o de tradicionalistas: todos carecen a día de hoy de un discurso propio, y sólo reaccionan ante estímulos izquierdistas, a menudo tarde y sin alternativas. De esto no tiene la culpa el PP: no cuesta observar como es la izquierda quien lleva la iniciativa intelectual y política en España, y la derecha tiende a conceder este privilegio llegando después a la discusión. Pues bien, mientras la derecha no política no sea capaz de arrebatar esta iniciativa, y construir su propia cosmovisión, el partido de la derecha será incapaz de resistirse la presión progresista.

El segundo problema es ser una derecha excesivamente política, con tendencia a buscar en los partidos políticos su razón de ser y de actuar. Por esta razón, cuando un partido se suicida hace tanto daño a su base social e intelectual: es lo que ocurre con el PP de Rajoy. La derecha española en sentido genérico, muy al contrario, debe aprender a vivir al margen de la política, incluso frente a ella. La cercanía a la política corrompe los valores. Pero el lobbismo y el asociacionismo liberal-conservador en España está poco desarrollado, poco extendido socialmente, y poco independiente del dinero público. Muy pocos medios, organizaciones o think tanks en España son realmente independientes del poder político: sin serlo se pierde la capacidad de pedir o exigirle determinadas ideas o comportamientos. Más bien al contrario, son los partidos los que acaban usando asociaciones cívicas para su propio uso: el PP del futuro o VOX no deben ser más que vehículos de un conglomerado social fuerte.

El tercer problema es la dificultad que los españoles encuentran para utilizar los canales alternativos de comunicación: paradójicamente, en esto también la izquierda lleva la iniciativa. La derecha española no ha encontrado aún la capacidad creativa, organizativa e intelectual para ejercer el activismo político en la era de Internet. Los medios, blogs y portales se caracterizan por estar fraccionados y aún enfrentados, por su escasa capacidad ofensiva, y por cierta desconfianza de las redes sociales. El resultado es que los políticos del PP temen más a la izquierda que a ellos mismos ¿cómo extrañarse de su comportamiento?

Creo que 2018 marca el inicio del fin de Rajoy. No sé si llegará como candidato a unas elecciones generales de las que no saldrá indemne, o si la debilidad electoral que ya se percibe acabará con él antes de esa fecha. Visto con perspectiva, eso ya es secundario: se trata de salvaguardar y recuperar el terreno perdido ante el progresismo en la última década. Por eso el momento es delicado para la derecha en su significado más amplio: hay que preparar ya el postRajoyismo. El estado limitado, la familia, el patriotismo, la religión, la defensa de los valores occidentales debe ser cimentada, antes que en política, fuera de ella, y frente a ella. El éxito de Trump es un buen ejemplo de ello: se puede a veces frenar la tendencia izquierdista. Pero para ello, la tarea pendiente es rearmar intelectual, mediática y socialmente los principios conservadores.

No serán dos millones
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 6 Enero 2018

Durante la reunión de la noche de Navidad desobedecí el consejo que hacían circular las personas sensatas y entablé una discusión –cordial y civilizada– con un joven partidario de la independencia de Cataluña. Cada uno empleó los argumentos consabidos de su bando, alternadamente racionales y emocionales, para terminar tan discrepantes como al principio aunque, afortunadamente, sin lesionar los lazos de afecto.

La clave es el realismo
Llegó la despedida y, como ocurre siempre en estas ocasiones, cada uno se preguntó qué recursos dialécticos debería haber empleado para rebatir los del contrincante y convencerlo de su error. Fue en ese trance reflexivo, ya en la cama y sin poder conciliar el sueño, cuando tuve una revelación luminosa, catártica. Y me permito la licencia de transmitirla por si puede contribuir a serenar los ánimos de aquellos con quienes comparto el fervor constitucionalista, aportando una visión más realista del conflicto que la que ahora nos moviliza. Y tal vez así también se pueda conseguir que ese realismo modere la ofuscación de nuestros adversarios. La clave es, lo repito, el realismo.

La revelación luminosa nació a partir de una escala de preguntas muy elementales. ¿Cuál era el tema de la discusión? La independencia de Cataluña. ¿Cómo se materializa esa independencia? Proclamando la república. ¿Dónde viven los ciudadanos de esa república? En la región del Reino de España llamada Cataluña, por supuesto.

La Tierra es plana
Aquí se produce la eclosión de realismo. Estamos derrochando saliva inútilmente, porque la controversia gira alrededor de la Nada. El defensor de la república no tiene un punto de apoyo material al cual asirse, porque la república en cuestión es un espejismo; su adversario pone –pongo– en tela de juicio algo que no existe y que por lo tanto no es posible abordar con criterio práctico.

Miquel Porta Perales explica en su ensayo Paganos (EDLibros) que la necesidad de creer está implantada en el cerebro humano, y por consiguiente no debe extrañar que en situaciones de crisis la buena gente comulgue con las ruedas de molino más estrambóticas. Si existen aficionados a las pseudociencias que abrazan doctrinas esotéricas o acuden a simposios donde se afirma rotundamente que la Tierra es plana, ¿por qué los aficionados a la pseudopolítica no habrían de encolumnarse detrás de los falsos mesías de la inexistente república catalana? Una inexistente república catalana que podría estar situada en la inexistente Tierra plana.

Víctimas voluntarias
Muy ingenioso, me dirán, pero dos millones de ciudadanos creen en esa entelequia y, por un fallo del sistema electoral, están en condiciones de seguir demoliendo Cataluña. Es cierto. Sus representantes en las instituciones conquistaron el poder hace treinta y seis años sembrando patrañas etnocentristas y lo han conservado con tácticas torticeras hasta que entró en vigor el artículo 155. Los dos millones son muchos, es verdad, pero no superan el 38 por ciento del censo electoral y suman menos votos que los que cosecharon los partidos no secesionistas. También es verdad que están muy predispuestos a dejarse engañar. Cito nuevamente al filósofo presocrático Anaxágoras: "Si me engañas una vez, eres culpable. Si me engañas dos, el culpable soy yo".

De acuerdo. Ahí están los dos millones de víctimas voluntarias del engaño. Pero es precisamente su impermeabilidad a los razonamientos realistas lo que hace que tanto el defensor como el impugnador de la república quimérica pierdan lamentablemente, con estas discusiones, el tiempo que podrían dedicar a otros menesteres más útiles y fecundos.

Ente espurio
No será fácil disuadir de sus prejuicios a quien los adoctrinadores han convencido de que es posible y necesario erigir nuevas fronteras para separar con ellas a quienes han convivido hasta hoy en un mismo país como compatriotas, o para interrumpir el libre intercambio humano y comercial con el resto de los países europeos. Tampoco digerirá la noticia de que no habrá documentos republicanos reconocidos para atravesar ni las fronteras tradicionales ni las inventadas por capricho, en razón de lo cual hasta los más furibundos enemigos de la monarquía deberán viajar por el mundo con la prueba documental de que son ciudadanos del Reino de España. Que es la única identidad válida, porque ningún país ni institución internacional reconoce ni reconocerá a un ente espurio que carece de existencia jurídica. Solo el terrorismo islamista aplaudirá la existencia de este territorio caótico y desprotegido, porque le servirá para consolidar, como se ha visto, una de sus mayores bases de operaciones en Europa.

A pesar de todos los malentendidos y desencuentros, nuestro humanismo ilustrado nos obliga a aceptar a esos dos millones de engañados reincidentes como compatriotas predestinados al reencuentro. Pueden ser excesivamente vulnerables a las emociones y refractarios a los razonamientos. Pero la realidad –siempre la realidad– opera a favor de la sensatez. Y la realidad les transmite un mensaje irrefutable. Según los últimos cómputos del Colegio de Registradores de España, ya son 3.180 las empresas que han abandonado Cataluña. La economía catalana ya crece menos que la media española. Aumenta el número de turistas en España y disminuye en Cataluña. Crece el paro en Cataluña. Disminuye el consumo en Cataluña. Cataluña ha perdido la Agencia Europea del Medicamento. Cataluña se encamina hacia el abismo.

Estos son los auténticos porrazos traumáticos que han recibido todos los catalanes sin distinción –constitucionalistas y secesionistas– a partir del 1-O. Y todavía hay quienes, entre los segundos, ostentan lazos amarillos para pedir la libertad de los responsables de la hecatombe. O los votan.

Megalómano y taimado
Dialogar con prudencia, de igual a igual. Argumentar con rigor, enumerando datos, datos y más datos veraces, que son los que nos sobran. Y estimulándoles, discretamente, el sentido del ridículo.

Colocándome, aunque me cueste mucho, en el lugar de los secesionistas, entiendo que les duela ver presos a algunos de sus líderes alzados contra las leyes, detrás de los cuales marcharon, prietas las filas. Discrepo radicalmente con los dolientes, porque pienso que la cárcel es el alojamiento apropiado para quienes se alzan contra las leyes, sean políticos, empresarios, militares, sacerdotes o barrenderos, pero entiendo su disgusto. El respeto a las leyes no figura en su hoja de ruta subversiva avalada por el patibulario Arnaldo Otegi.

En cambio, no entiendo cómo no se les cae la cara de vergüenza al presenciar las patochadas que monta el megalómano y taimado Terminator Puigdemont cuando usurpa el título de presidente en su sanctasanctórum bruselense, donde instaló una sibarítica República de Saló para su disfrute personal. Desde allí, el prófugo de la Justicia española tiene el cinismo de despotricar contra la Unión Europea, que define como un club de "países decadentes, obsolescentes, en el que mandan unos pocos ligados a intereses económicos discutibles", ocultando que esta descripción se aplica literalmente a su república fallida. Lo imagino al cabo de pocos años, hirsuto y patético, apostado todavía junto al pintoresco Manneken Pis, luciendo una insignia presidencial de bisutería y predicando a los turistas, en un inglés impecable, que Cataluña es una república ocupada por el invasor español y que la Tierra es plana.

Brujos de la bancarrota
Si los acontecimientos siguen un curso lógico, el bloque de los dos millones se irá encogiendo a medida que se agudice la crisis que han provocado los sediciosos y a medida que estos exhiban la codicia patológica que los enfrenta entre sí. No serán dos millones si la clase media escucha el clamor con que su diario de cabecera despide el año 2017 en el editorial "Dejar atrás la excepcionalidad" (LV, 31/12):

Produce pavor imaginarse un 2018 en clave 2017, en el que se agraven la fatiga, la tensión, la división y la merma de capacidades de la sociedad catalana. En esta página hemos advertido reiteradamente de los efectos que ha tenido el proceso sobre la convivencia, algo que, por decirlo rápidamente, ha reducido a la mitad la influencia de los catalanes en tanto que colectivo. Y hemos hablado de los efectos económicos, plasmados en la fuga de empresas y de talento, en la retracción de la inversión exterior y del consumo interior, que pronto tendrán su lesivo reflejo en el mercado laboral. Esta no es una lectura tremendista de la coyuntura, como pretende el soberanismo, sino simplemente desapasionada.

Ni más ni menos que aquel escueto "o enterramos el procesismo o cavará nuestra tumba", que publicó con su firma el director del mismo diario, Màrius Carol (4/12).

Mientras tanto, y hasta que los dos millones queden reducidos al núcleo duro de fanáticos y parásitos, la sociedad civil constitucionalista, hoy encabezada por Ciudadanos, continuará siendo la barrera más eficaz contra los brujos de la bancarrota y sus secuaces, que se están desollando vivos los unos a los otros por su afán de rapiñar los restos cada día más menguados del festín. Y con el artículo 155 siempre al alcance de la mano para evitar que las luchas intestinas de los cainitas incorregibles y sus agresiones al Estado de Derecho completen el ya avanzado desguace de Cataluña.

Las tres brujas de Macbeth
Jimmy Giménez-Arnau OKDIARIO 6 Enero 2018

Todos los separatistas mienten sobre la misma cosa pero de distinta manera. En lo único en que están de acuerdo los líderes de las dos instituciones políticas más relevantes de Cataluña —la Generalidad y la Alcaldía de Barcelona— es en cómo subdividir y, de paso, estafar a España. Para seguir siendo un capo en una sociedad golpista hay que ser un aficionado en todo, nunca un profesional. Basta con verter falsa emoción envenenada sobre los adeptos. Que reclutar imbéciles a través de una causa iconoclasta sin sentido siempre fue tarea fácil.

La fregona Puigdemont, el místico Junqueras y la erótica Colau han propiciado el auge del desastre del nordeste de la península ibérica, reventando el buen convivir de los hispanos. Sin tales brujos ineptos, sin esas tres brujas de Macbeth revividas, no habría sido posible la ruina momentánea de dicha región, porque las provincias catalanas volverán a ser las prósperas que fueron una vez que encarcelemos a todos esos sediciosos y enviemos a la hoguera a esos chamanes que se han empeñado en sembrar el desasosiego en nuestra gran nación.

Tal tragedia de Shakespeare señala el camino cuesta abajo adonde lleva la ambición de un mejillón a la fuga que se pudre en Bruselas. Condenado, por cobarde, a un exilio que se ha sacado de la manga, a Puigdemont le queda alimentar el falso sueño de volver a España para disfrutar de una vida en prisión y convertirse en una réplica de Nelson Mandela. Tan zafio resulta este personaje. Junqueras prefiere penar sus actos entre barrotes y convencer a los jueces de que cree en Dios. Dichos golpistas basura, no merecen salir de donde están.

Otra que merece ir a la trena de inmediato es la Colau. Tras arruinar, y de qué modo, la Alcaldía de Barcelona, se ha transformado en la nueva e irreverente víbora que odia a todo aquél que se considere, además de catalán, un ciudadano español. Sólo por el mal que destila la arpía y por el daño que le ha hecho a cuanto tenga que ver con España, debería ser defenestrada. Afortunadamente, las últimas encuestas, colocan a esta alcaldesa en vías de extinción. Una ciudad con la categoría de Barcelona, más que una bruja, merece una diosa.

PÍO MOA RESPONDE A GARCÍA CÁRCEL
‘Franco ganó la guerra sin perder ninguna batalla importante’
La Gaceta  6 Enero 2018

El historiador Ricardo García Cárcel escribía hace algunos días en El Español un texto hipercrítico con el régimen franquista donde arremetía duramente contra el general. Moa responde, uno por uno, a lo que considera “mitos” de García Cárcel.

Ricardo García Cárcel se ha creído en la obligación de clarificar lo que llama “el mito de Franco”, que según él gira “En torno a cuatro ejes: que Franco ganó la Guerra Civil con habilidades estratégicas dignas de Napoleón; que salvó a España de la destrucción al resistirse a entrar en la órbita de Hitler; que pilotó la salida de España del hundimiento económico y que fue el que urdió el proceso de la transición a la democracia. Vida privada y vida pública impecables conjugadas. Tenacidad, serenidad, sobriedad, desconfianza gallega y laboriosidad serían sus principales cualidades. Los defectos o más bien excesos se le atribuirían a su mujer. La nómina de elogios ha sido abrumadora y entre sus virtudes añadidas se han destacado su condición de gran cazador y pescador, experto en poderes sobrenaturales y hasta dominador extraordinario de las constantes fisiológicas. Hoy el relato épico y heroico de Franco está agotado pese a los intentos de Pío Moa. Los historiadores, ya desde la derecha (Payne), ya desde la izquierda (Preston), están todos de acuerdo en asumir la extrema mediocridad del personaje, su falta de ideas, su ambición de poder, su capacidad de supervivencia, su cercanía a dictadores latinoamericanos más que al propio fascismo europeo, su inserción en una historia larga de reaccionarismo ideológico español y de guerracivilismo”.

Esta sarta de… lo que sea, ha sido publicada en El Español bajo el rótulo de pensamiento, y ciertamente da una idea de lo que es el pensamiento antifranquista. Por partes: Franco ganó la guerra sin perder ninguna batalla importante. Napoleón perdió la guerra y además varias batallas cruciales. No hay, por tanto, comparación, salvando las escalas. Además, Franco partió de una posición prácticamente desesperada que habría hecho abandonar la partida por anticipado a casi cualquier otro general o político. Y la terminó elegantemente, sin disparar un tiro, después de haber adquirido poco a poco una superioridad aplastante, mientras sus enemigos se masacraban y fusilaban entre ellos mismos. ¿Ignora estos datos elementalísimos el señor García Cárcel? Pues, la verdad, no me extrañaría, dado el penoso estado de la universidad. La guerra, además, no se hizo porque sí, no la hicieron cuatro locos como pretende Pedro J, otro pensador antifranquista. Se hizo para salvaguardar la unidad nacional, la cultura cristiana, la propiedad privada y la libertad personal, aunque para todo ello fuera necesario restringir las libertades políticas. Y la iniciaron las izquierdas, no los “reaccionarios” como sugiere García Cárcel.

Luego, España no entró en la guerra mundial, con Franco ostentando la máxima autoridad; pero al pensamiento antifranquista le parece que no hay ninguna relación entre una cosa y la otra: la neutralidad, afirman, no se debió a Franco. Aquí, el retorcimiento argumental escala cimas muy altas. Sin Franco, les guste o no, habría sido imposible evitar para España una guerra mucho más devastadora que la civil. Y ello se logró en medio de tremendas presiones y peligros, en situaciones rápidamente cambiantes en Europa. Fue una hazaña solo muy poco inferior a la de haber vencido a un Frente Popular compuesto de totalitarios, separatistas y golpistas e indirectamente a su tutor Stalin. ¿O le parece al señor García Cárcel que se trata de una fruslería que habría realizado cualquiera? En el fondo, los pensadores antifranquistas desearían que España hubiera sido arrastrada al conflicto para poder ser “liberada” después por los bombardeos y tanques useños; y volver al caos de la república o de una monarquía como la que engendró aquel caos. Les da igual el torrente de sangre que habría costado tal “liberación”, no solo a España, sino a los demás países, incluidos los finalmente vencedores. ¿O no entran estas consideraciones en los análisis de García Cárcel?

Por otra parte, nadie, que yo sepa, sostiene que Franco urdiera o pilotara la transición a la democracia, como afirma nuestro pensador. Sí, en cambio, son ciertas dos cosas: que sin la transformación social y económica del franquismo, la democracia habría sido inviable; y que, efectivamente, la transición se hizo de la ley a la ley, es decir, a partir del franquismo, de su legitimidad; y no a partir del criminal Frente Popular, como propugnaban y propugnan los descerebrados antifranquistas. Estas no son opiniones sino hechos históricos que no podrá borrar la retórica hueca al uso, que está pudriendo la democracia hasta hacerla irreconocible.

En cuanto al carácter personal de Franco, es indudable su sobriedad, que no deja de ser una acusación a los políticos corruptos hoy tan frecuentes; o su valor, reconocido por sus enemigos (“alcanza el grado supremo del valor: es sereno en la lucha”, admitía el socialista Prieto). Y su inteligencia militar y política está fuera de duda, salvo para ciertos descerebrados: durante cuarenta años venció sistemáticamente a todos sus enemigos, militares o políticos, internos o externos… ¡el condenado mediocre! Pero García Cárcel, siguiendo una línea permanente en el antifranquismo, caricaturiza opiniones contrarias para permitirse el gusto pueril de reírse de ellas.

Por lo demás, otros méritos contribuyen al “mito” de Franco: venció también al maquis, una difícil guerra de guerrillas comunista como la que en Grecia obligó a Inglaterra a tirar la toalla. Venció asimismo al aislamiento internacional, que perseguía el bonito objetivo de sembrar hambre masiva en España, a ver si los españoles se decidían a derrocar a Franco. Un aislamiento decidido por regímenes comunistas, demócratas y dictaduras variopintas, todos juntos y en unión: no alcanzaron su objetivo y tuvieron que tragar, resignarse al régimen español, aunque no dejaran de hostigarlo. Un régimen históricamente necesario y que no habría podido resistir a tales presiones y hostilidad sin un enorme apoyo de la gente. Pues el pueblo recordaba muy bien lo que habían sido la república y el Frente Popular, no como ahora, cuando sus panegiristas los pintan contra toda evidencia como un ridículo paraíso de libertad y progreso. Y al morir Franco, España era uno de los países más ricos y con mayor esperanza de vida del mundo, había salido de la miseria y degradación de la república y el Frente Popular, y olvidado los odios que ahora vuelven a resurgir por obra de los geniales antifranquistas.

En fin, traten ustedes de pensar en otro general o político del siglo XX, demócrata o no demócrata, español o extranjero, con un historial de logros comparable al de Franco. Hagan este pequeño ejercicio intelectual, que propongo en el libro Los mitos del franquismo.

Pero, concluye García Cárcel repitiendo la letanía de rigor: Franco era un mediocre lamentable, sin ideas y con no sé cuántas deficiencias más. Vamos a ver hombre, mírense ustedes al espejo y verán un perfecto reflejo de ese Franco que ustedes se empeñan en imaginar.

Mientras no salgamos de esta miseria intelectual y moral, la sociedad continuará descomponiéndose. Y en esto no hay que transigir. Porque existen también tendencias que intentan pasar por imparciales y objetivas a base de dar una de cal y otra de arena: “Hay quien dice que dos y dos son cuatro, otros afirman que son seis. Pongámonos en el justo medio: son cinco”.

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El largo camino a la normalidad (8)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 6 Enero 2018

PUIGDEMONT AMENAZA CON BOICOTEAR LA CONSTITUCIÓN DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA: ¿PODRÍA HACERLO? MIQUEL ICETA CALIFICA DE DESPROPORCIONADO MANTENER EN PRISIÓN A ORIOL JUNQUERAS.

No hay como sentirse seguro y lejos del supuesto “largo brazo de la ley” como para lanzar amenazas y provocaciones desde esa barrera que le concede un país como Bélgica, siempre dispuesto a cuestionar a los demás su compromiso con los derechos humanos. Un país que es el mayor refugio de yihadistas que lo usan como base para sus operaciones terroristas y que campan a sus anchas en auténticos guetos convertidos en territorios hostiles para las fuerzas policiales. No hay como sentirse superior a los demás y querer dar lecciones morales, como para corroborar aquél viejo dicho de “dime de qué presumes y te diré de lo que careces”. No fue casualidad que el cobarde Carles Puigdemont, alias “puchi”,- un adjetivo que mancha la memoria de ese otro entrañable “puchi”, el famoso doctor Julio Iglesias Puga -, hubiera salido huyendo despavorido a Bélgica conocedor de las intenciones de la Fiscalía de encausarles como investigados y esperar, como así fue, a la decisión de la jueza Carmen Lamela de la Audiencia Nacional de decretar para todos penas de prisión preventiva sin fianza para los máximos responsables y eludible con fianza para el resto de los cesados Consejeros del Gobierno de la Generalidad.

Su fuga fue inmediatamente respondida con una Euroorden de búsqueda y detención para la entrega a la Justicia española, que ya se sabía que tendría una contestación en forma de recursos interminables por parte del bufete de abogados especializados y sin garantías de que finalmente la Justicia belga accediese a la extradición basada en todos los delitos que se les imputaban. Tras las dilaciones del juez belga encargado del caso y su reticencia a considerar los delitos más graves, el nuevo juez del Tribunal Supremo encargado del caso, Pablo Llarena, decidió dejar en suspenso la Euroorden y mantener la petición de detención solo en el territorio nacional. Eso ha dejado a Carles Puigdemont en una especie de exilio voluntario y total libertad de movimientos, al menos en teoría, pero con la certeza de que, si regresase a España y se detectase su presencia, sería inmediatamente detenido y llevado ante el juez del Tribunal Supremo a prestar declaración. Y lo que es indudable es que este delincuente fugitivo ha sabido aprovechar la hospitalidad de la Justicia belga, así como la de partidos tan secesionistas como el que representa a la facción flamenca que aspira a su integración con Holanda, a la que le unen lazos históricos y lengua común. Y todos sabemos el nulo aprecio que sienten esos nacionalistas por España.

Es innegable que hasta ahora Carles Puigdemont ha sabido jugar bien sus cartas con su antiguo partido, al que ha anulado por completo y silenciado a sus máximos representantes como Artur Mas, logrando que aceptasen su liderazgo y las listas electorales bajo las nuevas siglas de Junts per Cataluñya que elaboró junto a sus exconsejeros fugados. El hecho es que con esa lista ha sido la primera fuerza del independentismo con 34 escaños mientras ERC obtuvo 32 y una devaluada CUP se quedó con solo 4. Y es aquí donde entra en juego la formación de Colau y Domenech, la coalición Comunes - Podemos que con sus 8 escaños se convierten en socios preferenciales. Y aquí está la clave de esa amenaza que Puigdemont ha lanzado desde su refugio. La primera es que se erige como único candidato del bloque independentista, negando a su ex socio Oriol Junqueras y a ERC poder aprovechar su ausencia para postularse a la presidencia del Gobierno de la Generalidad. Y la segunda amenaza consiste en que, si no puede regresar a Cataluña para ser investido, boicoteará la constitución del Parlamento y exigirá la convocatoria de nuevas elecciones.

La duda viene de si podrá cumplir esas amenazas. Y la verdad es que el tema es algo complicado y requiere necesariamente la colaboración de los COMUNES – PODEM para llevarlas a cabo. Lo primero es que para la mayoría parlamentaria se necesita, mientras no se modifique el Reglamento del Parlamento, acudir de forma presencial el día de la constitución. Es decir que Carles Puigdemont con sus cuatro exconsejeros deberían volver y hacer acto de presencia, momento en que las FFYCCSE procederían a su detención antes de poder iniciarse la sesión plenaria. Por otro lado, no parece probable que el juez del Tribunal Supremo vaya a permitir la asistencia de los tres diputados electos actualmente en prisión. Eso supondría un déficit de 8 escaños de los 66 que suman JXCAT y ERC, quedándose en 58, que junto a los 4 de la CUP no lograrían la mayoría de 68 necesaria. Es por eso que es fundamental contar con el apoyo, aunque sea puntual de los COMUNES -PODEM y sus 8 escaños. Y eso es algo más que una posibilidad habida cuenta de la inclinación proindependentista de la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, que nunca ha ocultado su simpatía por el proceso separatista y su actitud colaboradora. El acuerdo con los Comunes-Podemos debería estar cerrado antes del 17 de enero, fecha prevista para la constitución del nuevo Parlamento. Si se alcanza el pacto, se podría incluso modificar el Reglamento y forzar la investidura en ausencia del candidato.

Lo que es evidente es que CIUDADANOS e Inés Arrimadas, pese a sus 36 escaños, no tiene nada que hacer y que es hipócrita y maliciosa la sugerencia del PP, que solo consiguió 4 escaños, de que tiene el deber de presentarse a la presidencia del Gobierno de la Generalidad. Y eso lo dice el mismo partido de Mariano Rajoy que declinó ante el Rey D. Felipe presentarse y dejar que lo hiciese el candidato Pedro Sánchez del PSOE con el apoyo de CIUDADANOS. Y es que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Por mucho que sumemos, las cuentas no salen, 36+4+17= 57 y sumando a CAT-comú – PODEM, que es mucho aventurar, daría un total de 65, a tres escaños de la mayoría. Lo malo es que al fugitivo Carles Puigdemont le basta con la abstención de CAT-Comú -PODEM, ya que, en segunda votación, el número de síes 58 (contando con la ausencia de los fugados y presos) supere al número de teóricos noes, 57. Cosas de las matemáticas elementales y los caprichos de unos resultados cocinados por una ley electoral antidemocrática.

O sea, Carles Puigdemont está en condiciones de poder cumplir con sus amenazas sin que haya nada que se lo impida. ¡Gracias Mariano! ¡Gracias CNI! Por haber permitido que se produjese esa fuga al airear a los cuatro vientos las intenciones de la Fiscalía con un largo fin de semana de por medio.

Y solo faltaba volver a comprobar hasta qué punto el PSC del mezquino Miquel Iceta está comprometido con su posición de intermediario y pacificadores en el proceso separatista, ofreciéndose como solución de consenso para avanzar en una vía de encaje o desencaje pactada. Es por eso que ha calificado de “desproporcionada” la decisión de los jueces de la Sala de Apelación del Tribunal Supremo de mantener en prisión a Oriol Junqueras y a los “adheridos” a su recurso. Claro, para este sujeto, haber dado un golpe de Estado, enfrentado a la sociedad catalana, de la que forma parte, y contribuido a incitar acosos, escraches con actos de violencia innegables a las FFyCCSE y a agentes judiciales en el desempeño de su labor, son cosas sin importancia que quedan supeditadas a la labor política y al diálogo. ¡Hace falta ser miserable! Y aquí todos dicen respetar las sentencias de los jueces, pero a continuación se lanzan en tromba a proferir duras críticas cuestionando la idoneidad y oportunidad en una clara injerencia e intento de supeditar la acción de la Justicia a los tiempos e intereses políticos.

Nunca dudé de que el PSOE de Pedro Sánchez, que ahora usa a este impresentable como vocero, iba más pronto que tarde a traicionar al Estado alineándose por una vía de diálogo imposible con los golpistas. Pero lo grave es que en el fondo coincide con la posición del PP y de su Gobierno con un Mariano Rajoy y una Soraya Sáenz que siguen apostando por un diálogo con un inexistente separatismo moderado, cuya imagen es el santurrón hombre de paz Oriol Junqueras. Así que ya no queda nadie para defender a España, salvo nosotros, el pueblo, al que tampoco veo con la preocupación ni con el ánimo suficiente para oponerse a esta traición a España y a todos los españoles. ¿Por qué nadie ha pedido responsabilidades políticas al Gobierno de España sobre la fuga y el vergonzoso espectáculo que sigue protagonizando Carles Puigdemont desde su exilio voluntario? Cada pueblo tiene el Gobierno que se merece.

¡Que pasen un buen día! Poco a poco nos van quitando nuestras tradiciones más queridas sin que hagamos nada por evitarlo. Así que se merecen que los Reyes Magos de Oriente les pongan carbón.

De la gran Cataluña a la pequeña no-Tabarnia: las cifras de la peor pesadilla del nacionalismo catalán
El independentismo, frente a una realidad que nunca quiso ver: tras la secesión se intuye un país más pobre, pequeño e irrelevante.
D. Soriano Libertad Digital 6 Enero 2018

Un país algo más pequeño que Albania o Guinea Ecuatorial. De menos de dos millones de habitantes, como Letonia o Kosovo. Con un PIB de unos 47.000 millones de euros, entre Lituania y Túnez. Y un PIB per cápita de unos 25.000 euros (suponiendo, que es mucho suponer, que no hubiera todavía más fuga de empresas, inversiones y población).
Eso sería Cataluña sin Tabarnia. No es mucho. Hablamos de un territorio pequeño, con poca industria y sin demasiados atractivos turísticos, aislado de sus mercados naturales (de los que se habría separado de forma poco amistosa) y fuera de la UE. Con déficit en las cuentas públicas y en el sistema de pensiones. Eso sí, con Carles Puigdemont de presidente.

No sería la primera vez que ocurre. El nacionalismo es una ideología con una obsesión por la homogenización. De hecho, resulta curioso como muchos de sus líderes dicen querer irse de España porque no les entienden, no saben cómo integrarles a ellos, que son diferentes… y al mismo tiempo no permiten la más mínima desviación del dogma: sólo hay una forma de ser catalán y es la suya. Por eso, no sería extraño que en caso de independencia o de cronificación de la crisis ocurriera aquí lo mismo que ha ocurrido en el pasado en muchos otros lugares: a más nacionalismo, menos territorio y población sobre el que ejercer el control. La ceguera identitaria genera una contrarreacción en los territorios y habitantes más alejados de la pureza nacionalista que comienzan a buscar otras opciones. En Cataluña, esa opción es Tabarnia.

Por eso, la iniciativa causa tanto miedo en las filas secesionistas. El ataque de nervios de las últimas semanas está directamente relacionado con los argumentos tabernienses (que, como explicábamos este viernes, son exactamente los mismos que los del independentismo) pero también con las cifras que se intuyen tras este desafío a su dominio. Tabarnia no sólo sería viable, sino que cualquiera puede imaginarse una región rica, con una economía diversificada, con acceso a los mercados exteriores y no especialmente dañada por perder a la Cataluña interior. No puede decirse lo mismo del resto la actual comunidad autónoma

Las cifras
En cuanto a la población, en Tabarnia viven casi el 75% de los habitantes de Cataluña. O lo que es lo mismo, lo que queda, aunque más grande en territorio, está mucho más despoblado. Y eso si contamos todas las demás comarcas como partes de esa hipotética república catalana, algo que no está nada claro. Muchos territorios fronterizos con Aragón están muy lejos del furor secesionista (por ejemplo, el Valle de Arán, en el que existe una clara mayoría constitucionalista).

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Como vemos en el cuadro, si hablamos de PIB (con cifras de Idescat, el Instituto de Estadísticas de la Generalidad), la cosa todavía empeora para los nacionalistas. Casi el 78% de la riqueza catalana se genera en Tabarnia. Y buena parte de la que se genera en el resto depende en buena medida de sus relaciones con estas comarcas. Vamos, que no parece que el interior de Cataluña pudiera ir muy lejos en solitario.

Porque además, hablamos de un territorio con un nivel de renta por habitante inferior a la media regional: mientras Tabarnia es más rica que el conjunto de Cataluña (105 sobre 100), el interior es bastante más pobre (87 sobre 100). Seis de las diez comarcas de Tabarnia están entre las 12 más ricas en renta per cápita de Cataluña (y otra es el Valle de Arán). Destaca el caso de Barcelonés, que integra la ciudad de Barcelona junto a otros municipios de su área metropolitana y acumula buena parte de la riqueza y la producción de la región.

Y no es sólo una cuestión de cifras absolutas. Como hemos apuntado, la economía de cualquier comarca catalana (y española) está absolutamente integrada y conectada con las comarcas de su entorno, las de su región y las de su país. Se ha dicho mucho que una Cataluña independiente sería más pobre desde el mismo momento de la ruptura incluso aunque esta fuera amistosa, sólo por el efecto frontera y la readaptación de las relaciones comerciales construidas durante años. Imagínense en el caso de una ruptura dentro de la propia región. Sí, Tabarnia también lo pasaría mal, pero ni mucho menos el impacto sería como el que sufriría el resto de Cataluña. Como muestra, un botón: las cuatro comarcas más industrializadas de la región estarían en esa nueva autonomía que sus promotores quieren instituir. Sin Tabarnia, lo que queda es un territorio pobre, sin industria, con poco turismo y dependiente en buena medida de la agricultura.

Todo ello sin contar el efecto sobre las cuentas públicas. Una Cataluña independiente lo tendría muy complicado en cualquier escenario que nos queramos imaginar. Sin acceso a los mercados financieros, sin moneda, con un enorme déficit… Pero si le sumas una posible secesión tabarnesa, la imagen que queda es desoladora. Ya explicamos este viernes que la Cataluña rural es receptora neta de fondos del resto de Cataluña y del resto de España. Sin ese respaldo, la situación de todos aquellos que dependieran de rentas públicas (de parados a pensionistas) sería desesperada. Habrá quien diga, desde el nacionalismo, que también otras regiones españolas son receptoras netas de gasto público. Y es cierto. Pero con una diferencia: esas regiones no quiebran y sus administraciones pueden seguir manteniendo su nivel de gasto porque el resto de España las apoya. Ellas no han decidido irse. Pero eso es lo que quieren los nacionalistas, marcharse… entre otras cosas, dicen, para acabar con el expolio fiscal. Que tengan cuidado, porque sin Tabarnia las cuentas no les saldrían por mucha inventiva que pongan (y eso que en los últimos años, en este tema al menos, creativos han sido de lo lindo).

“Todos los presidentes españoles han roto el estado de Derecho”
Jesús Laínz: “Buena parte de la izquierda es tan enemiga de España como los separatistas”
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 6 Enero 2018

Era el año 2004 cuando llegó a mis manos el libro “Adiós España. Verdad y mentira de los nacionalismos” de Editorial Encuentro. Creo que me lo envió la propia editorial. Aquel libro premonitorio fue providencial para mí; porque era la ruptura de una línea historiográfica desde la izquierda para integrar a los separatismos en el espacio llamado progresista. Un oximorón que no hay quien lo entienda.

Aquel libro fue el descubrimiento de que mis ideas no eran tan raras, y, además, tenían fundamento en las fuentes históricas, con lo que me entusiasmé con su lectura.

Después se sucedieron los acontecimientos que nos abruman. Tiempo de ruptura, de independentismo sentimental. A Jesús Laínz le conocí por aquellas fechas y entablé una profunda amistad y sintonía intelectual, de tal manera que he participado en varias de las presentaciones de sus sucesivas obras. Su trabajo está fundamentado en una profunda investigación de fuentes primarias que hasta ahora nadie ha rebatido. Todos esos libros tienen como telón de fondo el derrumbe del edificio construido desde la Transición por un nacionalismo montaraz, tergiversador de la realidad histórica y mentiroso hasta grados patológicos.

Jesús Laínz acaba de publicar “El privilegio catalán”, un libro que contiene una exposición detallada y documentada de los intereses crematísticos que forman el telón de fondo del separatismo catalán desde sus orígenes en torno al Desastre del 98. Y desvela las causas que originaron las tendencias secesionistas de una región de España tan española como la que más.

Jesús, ¿qué ha cambiado en el panorama político desde aquel primer libro que publicaste, Adiós, España?
Pues nada más y nada menos que el epicentro del terremoto. En 2004, con el Plan Ibarretxe y ETA todavía activa, el problema separatista más grave y urgente era el vasco. Por eso dediqué el grueso de aquel libro al separatismo vasco. Hoy, por el contrario, con casi tres lustros más de lavado de cerebro masivo, la urgencia está en Cataluña, como es evidente.

¿Cuál es la intención de fondo que ha motivado la escritura de este libro?
Responder al infame eslogan de “España nos roba”, ese último escalón en la estrategia independentista aprovechando la última y repentina crisis económica. Echando un vistazo a la historia, lo que salta a la vista es que la prosperidad de Cataluña se debe a su pertenencia a España. Y no sólo eso, sino que la burguesía catalana se ha beneficiado privilegiadamente de las políticas proteccionistas de los gobiernos españoles, sin excepción, desde que hace tres siglos llegaran al trono los pérfidos Borbones, esos supuestos enemigos de Cataluña.

Hay un párrafo en tu libro que para mí resume en pocas líneas el contenido fundamental del libro. Lo reproduzco: “No es casualidad que los separatismos, el catalán y el vasco, nacieran y comenzaran a desarrollarse en aquellos días [1898]. De haberse encontrado España en buena situación política y económica, ni se habría tendido interés en la separación ni se habrían elaborado excusas. La burguesía catalana, que tanto tenía que perder en Cuba y Filipinas, se había distinguido durante todo el siglo XIX por su apoyo incondicional a la política colonialista. E incluso en bastantes casos, como hemos visto más arriba, esclavista. Pero tras la derrota muchos creyeron ver en la separación, o al menos en una profunda descentralización, el remedio a sus problemas económicos”. ¿Crees que es así o te parece que hay que completarlo con alguna idea más?
El siglo negro de la historia de España es el XIX, cuyas facturas seguimos pagando los españoles del siglo XXI. En aquel momento arrancaron tanto el odio a España de los separatismos como la hispanofobia de la mayoría de la izquierda española. Sin esta pinza separatismos-izquierda no se puede entender la España del siglo XX, empezando por una guerra civil que los tuvo en el mismo bando y continuando en nuestros días, en los que buena parte de la izquierda (gracias a Dios, no toda) es tan enemiga de su propia nación, esa cosa “discutida y discutible”, como los separatistas.

Cataluña ha tenido desde el siglo XVIII una posición privilegiada en España. ¿Cuál es el motivo de esta deriva hacia la locura que rompe cualquier expectativa de desarrollo futuro en esa región?
Evidentemente, el lavado de cerebro y envenenamiento de los corazones efectuado con admirable constancia por Convergència i Unió desde los tiempos del nefasto Jordi Pujol hasta nuestros días. Y con la complicidad destacada del PSC de los igualmente nefastos Maragall y Montilla. Y, por supuesto, con la delictiva y anticonstitucional actitud de unos gobernantes de la nación que, desde Suárez hasta Rajoy, han pactado con los separatistas y permitido la construcción de un régimen totalitario y mafioso en una parte de España. Bueno, de dos, pues no debemos olvidar el País Vasco, donde además hay que añadir el terrorismo etarra que ha regado España con la sangre de casi mil personas. Terrorismo que, por cierto –hay que recordarlo sin cesar–, fue un factor fundamental en el diseño del suicida Título VIII de la Constitución, causa de todos nuestros males actuales y redactado para satisfacer a unos separatistas vascos y catalanes que, evidentemente, siguieron con su plan de destrucción de España.

La burguesía catalana siempre ha mantenido posiciones nítidamente conservadoras. Tanto es así que eran exacerbadamente proteccionistas y celosos guardianes de los aranceles. Fueron los más férreos defensores del colonialismo, negándose a la más mínima autonomía de Cuba. Ello ocasionó una guerra que luego fue la excusa para que esos mismos burgueses renegaran de su españolidad. Pero también fueron unos exaltados defensores de las dos dictaduras conservadoras del siglo XX.

¿A qué se debe, pues, ese empeño pertinaz en romper España y desligarse de ella?
A que el dinero no tiene patria, y en el caso de la burguesía catalana es especialmente evidente. Cuando la casilla del negocio era el imperio español, a ella apostaron su dinero. Pero cuando dejó de serlo, cambiaron a la casilla del separatismo. Y cuando el terrorismo anarquista en los años 20 y la revolución marxista en el 36 amenazaron sus vidas y haciendas, fueron los más entusiastas partidarios de Primo de Rivera y de Franco.

¿Quiénes son los beneficiarios de esa estrategia aparentemente suicida?
Quienes creen que con una Cataluña independiente serán más ricos e influyentes en el nuevo Estado. A lo que hay que añadir el fanatismo identitario que ha calado en las masas, incluso en los recién llegados a Cataluña, que para camuflarse en la manada se han dejado contagiar por el odio contra su propia patria. De psiquiátrico.

En tu libro se recoge una frase pronunciada por Pujol en una entrevista con Fernández Ordoñez, el que fue ministro en la primera etapa constitucional: “La independencia es cuestión de futuro, de la generación de nuestros hijos. Por eso los de la actual generación tenemos que preparar el camino con tres asuntos básicos: el idioma, la bandera y la enseñanza”. ¿Qué tienes que comentar al respecto?
Que los principales responsables de la situación actual son, evidentemente, los separatistas con su campaña de mentiras y odio que ya lleva durando cuarenta años. Pero eso ha sido posible por la destrucción del Estado de Derecho por parte de los ministros y presidentes desde Adolfo Suárez hasta hoy. Han incumplido leyes y Constitución tanto como los separatistas.

Cataluña ha sido la región más industrializada de España, en buena parte debido al apoyo y privilegios concedidos por todos los gobiernos españoles, incluso durante el régimen franquista.
Yo diría que muy especialmente durante el régimen franquista. No hay que olvidar la destacada participación de Cambó y la Lliga Regionalista en pleno en el alzamiento del 18 de julio. Y la ingente participación de catalanes en los altos cargos ministeriales, políticos, diplomáticos e industriales del régimen. Empezando por los dos ministros catalanes en el gobierno de Burgos en 1936 y continuando por ministros tan importantes como Eduardo Aunós o Pedro Gual Villalbí, ministro sin cartera con la única función de representar los intereses de la oligarquía catalana en los consejos de ministros de Franco. Ninguna otra región gozó de tan alto privilegio.

Si tuvieras que proponer una recomendación, consejo o idea a los catalanes, ¿qué les dirías?
Algo que no está al alcance de todos: que tengan dignidad, se salgan del rebaño, dejen de gritar y empiecen a informarse y pensar.


Otra empresa que suprime el español: las tiendas de Vodafone en Cataluña sólo rotulan en catalán
OKDIARIO 6 Enero 2018

Las tiendas de Vodafone en Barcelona rotulan únicamente en catalán, omitiendo la información de sus ofertas, productos y promociones en castellano, según ha podido comprobar OKDIARIO. Por el momento, la empresa no ha querido pronunciarse al respecto.

La compañía de telefonía tiene en varios de sus establecimientos de Barcelona toda la cartelería únicamente en uno de los dos idiomas oficiales, el catalán, mientras que apenas puede encontrarse rótulos en castellano.

En concreto, OKDIARIO ha podido comprobar que esto sucede (al menos) en las tiendas del centro comercial de plaza de las Glorias, en la de Ronda de Sant Pere y en la de Portal del Angel.

En los últimos días, varias cadenas como Starbucks o Fnac se han visto envueltas en polémicas lingüísticas similares a omitir el español en la cartelería de sus establecimientos en suelo catalán.

Starbucks fue protagonista en las redes sociales por no haber incluido el castellano en sus carteles de prevención de robo colocados en sus tiendas. Para la marca rotular en catalán e inglés es suficiente. ¿Su excusa?: “La cartelería está en catalán porque se trata del idioma oficial en Cataluña”.

Posteriormente, gracias a las quejas de numerosos usuarios, la cadena se disculpó por el hecho de que los rótulos de sus locales de Cataluña sólo estén en catalán e inglés, obviando el idioma español.

Tras la publicación de la noticia Starbucks se ha afanado en explicar que toda la polémica nace de un malentendido “por no habernos expresado correctamente” y, en un mensaje en la red Twitter, la empresa se ha comprometido a buscar soluciones.

El caso de Fnac es muy parecido. La compañía francesa especializada en la venta de artículos electrónicos, ordenadores, artículos fotográficos, libros, música y vídeo tiene en su tienda de Barcelona (del centro comercial de la plaza de las Glorias) numerosos carteles que únicamente informan en catalán, como los que indican las diferentes secciones del establecimiento, los que o incluso las especificaciones de los productos, como el iPad.

POR LOS CHEQUISTAS
El alcalde de Lérida que fue fusilado por Companys por celebrar una cabalgata
Juan E. Pflüger gaceta.es 6 Enero 2018

Juan Rovira y Roure era un político perteneciente a la Liga Catalana que fue mantenido como alcalde de Lérida por Luis Companys cuando se hizo cargo de la presidencia de la autonomía catalana al frente de Esquerra Republicana de Cataluña. Su gran arraigo social y su popularidad así se lo aconsejaron al traidor que quiso proclamar la independencia catalana aprovechándose de la revolución de Asturias en octubre de 1934.


Su formación académica, además de la tradición familiar, le hicieron ser un católico practicante que, durante la República, le costó no pocos problemas con la persecución religiosa que se inició en mayo de 1931.

En Lérida, el 5 de enero de 1936 se celebró la tradicional cabalgata de Reyes con la autorización expresa del alcalde. Poco después, la unidad de Mossos d’Esquadra que quedaba en el municipio fue retirada con la excusa de que hacían falta en Barcelona. La realidad es que Rovira y Roure había mantenido el orden, en la medida de sus posibilidades, y se enfrentaba a los milicianos que pretendían instaurar el terror revolucionario desde la checa que habían establecido en la ciudad catalana.

Tras la salida de los Mossos, los chequistas implantaron un régimen de terror en la localidad que llegó a la detención, el 18 de agosto de 1936, del propio alcalde que fue fusilado el 27 de agosto en los muros del cementerio municipal. Su cuerpo, sin tiro de gracia, fue arrojado a la fosa común donde compartió destino con los cientos de represaliados por anarquistas, socialistas y comunistas.

En el sumario de la “causa” instruida contra Rovira y Roure consta como una de las acusaciones que le costaron la vida que “había hecho celebrar la cabalgata de los Reyes Magos”, una cabalgata que había sido suprimida o cambiada en la mayoría de los municipios de España.

Uno de los enterradores del cementerio, que declaró en la causa general, aseguró que el alcalde murió perdonando a quienes le habían torturado en la checa y le fusilaban en ese momento, a la vez que “invocaba a Jesucristo”.
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Juan Rovira y Roure estaba casado y había tenido tres hijos, uno de los cuales murió a edad muy corta en 1930. Fue canonizado en los procesos abiertos por la Iglesia Católica sobre los mártires de la Guerra Civil.
 


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