AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 24  Enero 2018

Puigdemont I de Babia
OKDIARIO 24 Enero 2018

El parentesco de Carles Puigdemont con el ridículo es muy estrecho. De tanto practicarlo, la línea que delimita donde acaba uno y donde empieza el otro es cada vez más difusa. Casi se han convertido en lo mismo. Tras cosechar un nuevo fracaso internacional en Dinamarca —y la cantidad ya resulta innumerable— el expresident huido sigue exprimiendo con ahínco su cerebro para conseguir que el ridículo de mañana siempre supere al ridículo de ayer. Ahora pretende crear un bitcoin catalán como moneda de su “república digital”. A este paso, se convertirá en Puigdemont I de Babia, el único lugar —al margen de la incomprensible Bélgica— donde le darían asilo, aunque sólo fuera porque allí residen sus pensamientos prácticamente siempre.

No obstante, hay que reconocer que ex mandatario regional no va del todo desencaminado dentro del universo paralelo en el que reside. Una moneda basada en la nada es lo que mejor se acopla a una república basada en la ilegalidad. Lo más preocupante de Carles Puigdemont es que no tiene la capacidad de parar. Esta idea peregrina del bitcoin catalán, a mayor gloria de una propaganda independentista que roza el delirio, no es más que el siguiente capítulo de su propuesta estrella: crear un sistema digital que le permita gobernar desde Bélgica. Conviene no tomarse muy en serio a Puigdemont porque la estupidez es una de las pandemias más contagiosas que existen.

Seria, sin embargo, sí es la situación de inestabilidad política y social que la demencia de Carles Puigdemont y sus adláteres han dejado tras de sí en Cataluña y a los catalanes. La situación económica comienza a ser muy preocupante. El turismo, uno de los principales motores de la economía autonómica, ha caído en 126.000 turistas desde el pasado 1 de octubre. Mientras el resto de España sigue creciendo y presenta un aumento de 722.000 personas más que en el mismo periodo de 2016, los números se desploman al otro lado del Ebro como consecuencia de una deriva que, lejos de cesar en sus veleidades, amenaza con volver a repetirse paso por paso. Mientras los ciudadanos sufren, Puigdemont tiene tiempo para idear sistemas informáticos que le permitan “gobernar” desde Bélgica así como una moneda de humo para ahondar en una crisis que empieza a notarse y mucho. Ecce homo, ese el hombre que los independentistas quieren que vuelva a ser el presidente de todos los catalanes.

Puigdemont ha perdido la chaveta
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 24 Enero 2018

Ocurre desde hace tiempo en Cataluña que los árboles no dejan a mucha gente ver el bosque o, por decirlo con la precisión que requiere el intento desesperado de mantener en pie un secesionismo de opereta, que las payasadas del iluminado Puigdemont y los chalados que lo acompañan impiden a muchos ver el circo.

Bastó con que en su primer discurso, tras haber sido elegido para el cargo, el nuevo presidente de la cámara autonómica, Roger Torrent, dijese que el Parlamento debía ser de todos y que él velaría por la pluralidad y la convivencia, para que los representantes del PP y el PSC alabasen unas palabras que, según ellos, marcaban el inicio de una nueva etapa en Cataluña.

¡A ese extremo hemos llegado! A valorar como un gran mérito que el presidente de una institución plural que representa a todos los catalanes afirme que representa a todos los catalanes y proclame que defenderá la pluralidad del Parlamento. Es, para el caso, como si consideráramos un gran médico al que hace público propósito de no darle matarile a sus pacientes o un gran farmacéutico al que no administra matarratas a los clientes que piden antisépticos.

Han bastado, sin embargo, cuatro días, para que el tal Roger Torrent, que iba a abrir una nueva etapa en Cataluña, se haya descubierto como lo que es en realidad: un peón de brega del independentismo. Al proponer a Puigdemont para candidato a presidente confirma Torrent los peores presagios, los que ya por cierto, en contraste con la increíble ingenuidad de PSC y PP, había adelantado Inés Arrimadas, que con toda seguridad barrió en las elecciones por su capacidad para ver el circo que el secesionismo intenta esconder tras sus inenarrables payasadas.

La que nos espera es de antología: un huido de la justicia, que en su desvergonzado desvarío se proclama exiliado de un régimen político que él y los suyos consideran ¡neofranquista! y afirma que la única forma de evitar que se le fuerce a ser el primer presidente telemático de la historia de la humanidad es que el poder judicial que lo ha imputado por gravísimos delitos le garantice la impunidad si vuelve a España. Eso, la impunidad, exige un Carles Puigdemont que, instalado ya en un frenético delirio, es incapaz de distinguir la forma de funcionamiento de un Estado democrático de la de una república bananera como la que quieren instalar en Cataluña.

Y la verdad es que ya está bien: ya esta bien, sí, de que cuatro gatos tengan desde hace años en jaque a toda España, de que el primer tema político de una de las grandes democracias europeas consista en aceptar las enloquecidas baladronadas de un prófugo que exige al Estado elegir entre una presidencia impune o una presidencia telemática; y de aguantar los constantes insultos que dirigen al Estado democrático, que con gran esfuerzo hemos construido, una caterva de facinerosos que lo único que buscan a fin de cuentas es librarse de ir a la cárcel por los gravísimos delitos que hoy se les imputan.

PSOE: descanse en paz
Beatriz Talegón okdiario 24 Enero 2018

Que al Partido Popular lo va a sustituir Ciudadanos va quedando claro. Los medios de comunicación comienzan a “sacudir” con fuerza a Mariano y a los suyos. Hasta los que suavizaban “sus casos aislados” van dando bofetadas con la mano abierta. Es evidente. Albert es nuevo, aire fresco, el nuevo muchacho aplicado que la derecha aúpa, sobre todo Aznar. Acaban de llegar y ya tienen que dar explicaciones de unos nueve millones al Tribunal de Cuentas. Ante las preguntas sobre su financiación de la campaña electoral en Cataluña —donde han gastado más de dos millones de euros—, ellos explican que lo han hecho gracias a “ahorrar en cafés”. Por lo tanto, la renovación tiene pinta de ser en el nombre, en el color, pero tiene toda la pinta de ser más de lo mismo. O peor, porque están consiguiendo emocionar a la derecha más extrema. Nadie quiere contestar sobre la financiación de la manifestación de JUSAPOL el pasado sábado en Barcelona. Pero son ya bastantes las voces que señalan que Ciudadanos podría saber bastante sobre el asunto. No fue casual, por tanto, que encabezasen la concentración de policías y que Albert Rivera diera un discurso en ella.

Por su parte el Partido Popular, enrabiado porque no le han querido dar un diputado para que forme grupo propio y pueda cobrar casi un millón de euros. Así es la derecha: insolidaria y egoísta. Parece mentira que sea el Partido Popular el que desconozca estas cuestiones y se sorprenda de la peineta que le ha hecho Arrimadas —metafóricamente hablando, claro—. De todos modos, resulta llamativo eso de pedirse diputados como si fuera un cartón de leche entre vecinos. Demuestran una vez más que aquello de la voluntad del pueblo está para pasar por encima de ella. Podemos anda despistado, mareado, sin saber bien cómo conseguir que su discurso se escuche y se entienda. Pablo, recluido preparando un documento que pueda enfocar todo correctamente. Pero adivinando ya que ha perdido el apoyo de los medios. Quizás comprenda ahora Iglesias para lo que vino Podemos, puede que él ni siquiera lo supiera. Pero ya parece estar claro.

Si se pretendía regenerar a este país había que crear dos formaciones nuevas: prototípicas, claro. Una de derechas y otra de izquierdas. O al menos que dieran la imagen de serlo. Un producto de marketing que ha convencido a mucha gente que se ha acercado a ellos con la mejor voluntad, hastiada del Partido Popular y del PSOE. ¿El PSOE? Pobre de su militancia y sus votantes. Porque si los anteriores están protagonizando sus particulares sainetes, el drama del PSOE no tiene parangón. Solamente le queda echar el cierre y despedirse sin hacer ruido. Después del Sí es Sí, del No es No, ahora a uno casi le recuerda al juego aquél de “si tú eres tú y yo soy yo….”. En efecto, ya sabe lo que viene. Y sin duda, la respuesta en todo esto, parece tener un sujeto claro: el PSOE. Que acaba de protagonizar su mayor ridículo, quedando en evidencia. A pesar de contar con los apoyos de los nacionalistas e indepedentistas para una moción de censura a Rajoy a cambio de nada, se niegan.

Ya lo tienen ustedes, para eso ha quedado el PSOE: para ser la comparsa necesaria del Partido Popular. Eso sí, haciendo el teatro diario de la dura crítica de los rojos molestos por las políticas terribles que lleva a cabo “Rajoy, el malo malísimo”. Pero haciéndose la foto con él cuando “toca”. Tendrá el PP sus feligreses, subirá como la espuma Ciudadanos por el efecto que provocarán los medios de comunicación, Podemos quizás baje un poco pero mantendrá sus asientos, pues ya tocó techo. Sin embargo, el PSOE, de seguir como va, caerá en picado sin remedio. Ya no engaña a nadie. No tiene justificación el hecho de poder deslajolar a un Partido Popular desbordado por corrupción, injusto, cruel y culpable de la fractura real de España. Pudiendo evitarlo, el hecho de no hacerlo les convierte en los peores cómplices. Descanse en paz.

Iglesias, cada vez más Maduro
OKDIARIO 24 Enero 2018

Pablo Iglesias cada día se parece más a su financiador Nicolás Maduro. El secretario general de Podemos maneja la formación con puño de hierro. Algo que está provocando que los cismas cada vez sean más constantes y notorios. No es de extrañar, sólo al populista más ponzoñoso —al represor más empecinado— se le ocurría hacer de las purgas la dinámica habitual de convivencia dentro del partido. Iglesias es el sectarismo que no cesa. Por momentos, incluso, da miedo. La última ocurrencia ha sido fotografiar a los asistentes a las asambleas para que no se cuelen los que no están de acuerdo con sus doctrinas y, por ese mismo motivo, han sido represaliados.

La gestión del madrileño deja mucho que desear. Las persecuciones y su dinámica de ordeno y mando hace tiempo que hicieron explotar un partido que en teoría se había constituido como la quintaesencia de la democracia participativa y que, en realidad, no es más que un grupo totalmente presidencialista donde la libertad acaba donde acaba la voluntad y las filias del líder. Igual que en la Venezuela bolivariana, igual que en la Cuba castrista, igual que Stalin y tantos otros que podrían ponerle nombre y apellido del mismo modo absoluto y represivo que lo pone Pablo Iglesias.

El partido, que en teoría nació con vocación asamblearia al servicio de los ciudadanos, está atado a los deseos de Pablo Iglesias, ya sea para elegir su relevo al frente del mismo, para imponer el ideario e, incluso, para designar a través de la dedocracia a una hipotética sucesora: Irene Montero. Una actitud que, obviamente, no le está saliendo gratis, ya que aunque para el ego de Iglesias sea impensable, el mundo sigue girando a pesar de él. De ahí que Marea de La Coruña haya decidido no ir en coalición con Podemos. No es la primera vez, ni será la última. Hace sólo una semana, Teresa Rodríguez dio otro paso más para independizarse de la matriz nacional del partido al registrar ‘Marea Andaluza’. Todos estos hechos tienen su reflejo en las encuestas. El partido morado toca el subsuelo barómetro tras barómetro mientras va camino de la intrascendencia y la marginalidad absoluta en la política española. El Maduro Iglesias se lo ha ganado a pulso con sus veleidades.

Que Puigdemont no te confunda
Javier Caraballo elconfidencial 24 Enero 2018

Que Puigdemont no te confunda, ni te conduzca a la desolación, cuando le veas, como ayer, pasearse libre por Europa, difamando una vez más a la democracia española, que es como insultarnos a cada uno de nosotros, hombres y mujeres libres de un país con una gran historia y un honroso presente que conquistamos todos cuando el dictador se murió tras un largo periodo de oscurantismo y represión en España.

Tuvo que pasar España por una Guerra Civil, soportar la incomprensión y la displicencia de quienes pudieron ayudarnos entonces y no lo hicieron, y ahora que hemos conquistado la democracia, ahora que España está integrada y reconocida en una Europa nueva, ahora que disfrutamos del periodo de mayor prosperidad y libertad de toda nuestra historia, tenemos que soportar la infamia de quien va diciendo que en España sigue imperando la sombra alargada de Franco, que nuestra democracia es solo una democracia sobre el papel.

Puede Carles Puigdemont decir todo eso, pasearse por Europa, mirar a la cámara y esbozar la sonrisa burlona que se te clava en el alma porque parece que es de todos nosotros de quien se ríe. Puede mofarse de la Justicia española, de las leyes españolas y de la Policía española, pero no puede detener el reloj del tiempo, el tiempo judicial y policial, que nunca se detiene. Es normal que todo eso te indigne, lo sé, pero debes saber que solo es apariencia, que la burla acabará el día en que ese tipo, que tanto daño nos está haciendo a todos, acabe en la cárcel. Y ese día llegará.

Que Puigdemont no te confunda, ni te conduzca a la desolación, España es un Estado de derecho y, por suerte para todos, un Estado de derecho le impone al poder grandes limitaciones en su ejercicio, también al poder judicial; limitaciones que evitan que en una democracia el poder se pueda ejercer como en una dictadura. Todo eso son garantías para los ciudadanos libres, pero es inevitable que se conviertan en artimañas y escapatorias que utilizan delincuentes y sinvergüenzas. Si ese tipo, junto a los otros que formaron parte de la rebelión independentista, se ha fugado de España y lleva 80 días viviendo en Bélgica, es solo por el cálculo preciso que ha realizado sobre las garantías judiciales de las que goza como ciudadano español, y las está utilizando para ofrecer una falsa imagen de impunidad.

Su huida, su estancia en Europa, sus ruedas de prensa, sus conferencias y sus paseos por Flandes son la mejor demostración de que España no es el Estado represor que él denuncia, sino la democracia consolidada y el Estado de derecho que le permite utilizar las garantías de las que disfruta todo ciudadano libre incluso para pervertirlas. Es normal que todo eso te indigne, lo sé, pero debes saber que solo es apariencia, que la burla acabará el día en que ese tipo, que tanto daño nos está haciendo a todos, acabe en la cárcel. Y ese día llegará.

Que Puigdemont no te confunda, ni te conduzca a la desolación, porque, por muchas veces que lo repita, no existe un Estado democrático en todo el mundo en el que sus dirigentes puedan saltarse la ley sin que nada ocurra a continuación. “No hay derecho sin obligación, y no hay ni derecho ni obligación sin una norma de conducta”, decía el gran politólogo italiano Norberto Bobbio. La democracia implica una ética, una norma de conducta, derechos y obligaciones, y todo eso lo desconoce quien, en su delirio extravagante, se proclama presidente de Cataluña en el exilio. No existe ninguna Constitución democrática que permita el derecho de autodeterminación; la unidad de los territorios es una de las normas fundamentales de todos los textos constitucionales.

Por mucho que lo repita, incluso en Dinamarca se hubiera dictado una orden de detención contra él si, como presidente de alguna de las regiones de ese país, hubiera proclamado la independencia. Porque Dinamarca, igual que el resto de países de Europa, es un Estado unitario que no contempla la secesión de su territorio. Lo repetiremos otra vez: Si España es franquista por incluir y defender en su Constitución la “indisoluble unidad de la nación española”, podemos encontrar por todo el mundo decenas de ejemplos de ‘países franquistas’ en los que jamás estuvo Franco ni nada que se le pareciera. Es normal que todo eso te indigne, lo sé, pero debes saber que solo es apariencia, que la burla acabará el día en que ese tipo, que tanto daño nos está haciendo a todos, acabe en la cárcel. Y ese día llegará.

Que Puigdemont no te confunda, ni te conduzca a la desolación, cuando lo veas entrar en una universidad europea, como si fuera un gran estadista, una celebridad, o un político aclamado por las masas. La fama, sobre todo en estos tiempos que vivimos, es una bolsa vacía, llena de aire, tanto que a veces no es posible distinguir siquiera entre la fama y la mala fama. Lo de Puigdemont es la notoriedad del despropósito, que también se alcanza, y solo el estulto no logra diferenciarla de la fama por la excelencia. No es admiración, es curiosidad. Calderilla. Tan artificial es todo, tan falso, que ni siquiera había sido invitado a dar una conferencia en la Universidad de Copenhague, como se ha repetido en España.

Menos mal que lo ha aclarado en El Confidencial Marlene Wind, profesora de esa universidad, que estuvo presente en la conferencia de Puigdemont y supo desmontar al personaje, su retahíla falsa y victimista, y presentarlo como el peligro público en el que se ha convertido para toda Europa. “Nosotros ni siquiera le hemos invitado. Él se invitó solo y la universidad aceptó porque es un espacio libre donde se permite el debate. Nos ha tomado como rehenes para montar su circo”.

También de Marlene Wind se acabó burlando Puigdemont cuando escuchó sus críticas; le espetó algo que suelen repetir los independentistas en España, que aquí nadie los comprende, que nadie los entiende, porque no conocemos sus problemas ni su realidad. Sucede lo contrario, que es la fiebre independentista la que ha provocado que cientos de miles de catalanes hayan dejado de escuchar, de entender, de razonar. Y de todo eso se aprovecha Puigdemont para desplegar, cínicamente, su populismo. Es normal que todo eso te indigne, lo sé, pero debes saber que solo es apariencia, que la burla acabará el día en que ese tipo, que tanto daño nos está haciendo a todos, acabe en la cárcel. Y ese día llegará.

A esta Barcelona ya no quieren viajar
Carmelo Jordá Libertad Digital 24 Enero 2018

Están haciendo de la Ciudad Condal un auténtico engendro

La CNN, que será todo lo progre que quieran pero sigue siendo uno de los medios de comunicación más influyentes del mundo, ha desaconsejado viajar a Barcelona y, para hacer más humillante la cosa, recomienda en su lugar ir a Valencia.

La cadena americana da dos razones que pueden parecer contradictorias: el rechazo al turismo y la masificación. Respecto a la primera, es obvio que llamar "terroristas" a los turistas no es una gran estrategia de marketing, y pretender que estos desatinos no van a impactar en tu imagen es la típica negación de la realidad nacionalista, sobre todo cuando hace años que viene reflejándolos la prensa de medio mundo.

Por el otro lado, es cierto que Barcelona tiene muchos turistas, pero no es ni tan siquiera una de las veinte ciudades más visitadas del mundo y, aunque sí es posible que sus zonas turísticas sean de menor extensión que las de Hong Kong, París o Nueva York, esa sensación de masificación se debe en un porcentaje muy elevado a determinadas decisiones políticas y también a un interés muy peculiar de algunos medios por transmitirla.

Sí, por supuesto que hay colas para entrar a la Sagrada Familia, pero ¿cómo no va a haber colas para ver la Sagrada Familia? Las hay, por supuesto, como las hay para subir a la Torre Eiffel o para entrar en el Museo del Prado, y todos las vemos como algo normal. Algo normal y bueno, cabría añadir: esas colas significan que el turismo y disfrutar de la belleza del mundo ya no son patrimonio exclusivo de los ricos.

Tampoco creo que el último fervorín político sea el culpable de que Barcelona esté dejando de ser esa ciudad mediterránea, divertida, atractiva y hermosa a la que toda Europa quería ir. Está claro que el desbarajuste político que se ha desatado desde septiembre no ayuda, como no creo que ayude el show internacional de un presidente huido viajando por Europa y por otra realidad.

Pero lo esencial de este asunto viene de mucho más atrás: del momento en el que los dirigentes políticos, mediáticos y culturales de Barcelona decidieron que ésta tenía que dejar de ser la ciudad que era para convertirse en la capital de un país ficticio.

Llevamos ya unas décadas en las que Barcelona no es algo creado libremente con la aportación de todos sus ciudadanos y se está convirtiendo en un engendro que es muy catalán, sí, que no puede ser más políticamente correcto, sí, pero que ya no es tan atractivo.

El problema, en suma, es que a la Barcelona que han creado los nacionalistas ya no quieren viajar todos… y aún querrán viajar menos.

LA PROFESORA QUE ACORRALÓ A PUIGDEMONT
«El discurso de los independentistas no lo escuchábamos en Europa desde la II Guerra Mundial»
Marlene Wind, la directora del Centro de Política Europea de la Universidad danesa, denuncia que los argumentos separatistas llevan a «romper europa»
Rosalía Sánchez ABC 24 Enero 2018

El escenario estaba preparado: termos de café y bandejas de deliciosos Kanelsnurrer junto a la entrada, un enjambre de fotógrafos en primera fila y un nutrido grupo de jóvenes catalanes, muchos más que daneses, que aplaudieron con alborozo a Carles Puigdemont a su llegada al salón de la Facultad de Políticas de Copenhague. Incluso una señal de wifi accesible desde la sala en la que tenía lugar el debate saludaba a los internautas con las palabras «Free Political Prisoners» («Libertad presos políticos»). El acto, sin embargo, no transcurrió como el invitado esperaba.

Primero fue el director del departamento, Mikkel Vedby Rasmussen, el que advirtió que «esto no es un mitin político ni un evento periodístico, sino un acto académico», limitando el turno de exposición del político catalán para ampliar el tiempo de confrontación con los expertos. Y después llegó la artillería pesada, con la profesora Marlene Wind, directora del Centro de Política Europea de la Universidad danesa y columnista del diario Politiker. «He planteado mi intervención como una serie de preguntas… ¿tiene preparado su bolígrafo para tomar nota?», disparó de entrada. «Habitualmente no tengo tantos alumnos en mi clase», ironizó Wind en referencia al público catalán infiltrado, «así que empecemos por la democracia… ¿qué es para usted la democracia? ¿Se trata solamente de referéndums y encuestas o tiene que ver también con respeto a la ley y a la Constitución?». A esta siguieron varias ráfagas de preguntas con las que Puigdemont quedó acorralado y que sorprendieron en España por su puntería. Horas más tarde, cuando hablaba con ABC desde su despacho, la experta en asuntos europeos se mostraba todavía más preocupada que antes de debatir con Puigdemont sobre la situación en Cataluña.

A menudo, cuando analistas extranjeros hablan sobre Cataluña, caen en ciertos tópicos o imprecisiones. Es un asunto complejo que a veces ni siquiera los españoles conseguimos explicarnos del todo. Pero usted parece tener dominio certero de la cuestión. ¿Tiene algún interés personal por Cataluña o cómo se documentó para el debate?
–Como profesora de la universidad, parte de mi trabajo consiste en ocuparme de estar informada sobre lo que ocurre en Europa. Es obvio que tengo que investigar y estar al tanto de cualquier cosa que se esté haciendo con el objetivo de romper Europa y eso es lo que está haciendo el señor Puigdemont. Ya sé que él dice que quiere pertenecer a Europa, pero el desarrollo de su discurso apunta a fragmentar Europa. También sigo la situación en Bélgica, en el norte de Italia, un país en el que he vivido dos años… Dije en mi introducción anoche que no me considero una experta, pero eso no quiere decir que no estudie. No soy una experta en Cataluña, pero soy una experta en democracia.

¿Considera que la situación en Cataluña es un problema de España o un problema de Europa?
–Es sin duda un problema español que ha de ser resuelto en el ámbito español, pero se convierte en un problema europeo cuando el movimiento independentista trata de hallar vías en los medios de comunicación europeos. Entonces no podemos permanecer pasivos, tenemos que actuar. Como académicos, no podemos dejar que los populismos campen en la opinión pública sin enfrentarlos a los auténticos argumentos. No se trata de entrar a formar parte del circo de Puigdemont, pero como personas que estudian a fondo esos temas, tenemos la responsabilidad de cuestionar, de confrontar y de ser críticos.

¿Y cuál es su valoración personal sobre el problema?
–En mi opinión es muy, muy peligroso. Europa es una realidad de colaboración, una cuestión de multiplicidad de identidades, de diversidad, y de trabajo conjunto. Europa no tiene nada que ver con grupos que creen que por tener una lengua propia o una identidad o una cultura específica tienen más derechos que el resto. Es muy peligroso que haya movimientos nacionalistas y populistas moviéndose en esa dirección, que argumentan: «nosotros somos los buenos, vosotros los malos», «nosotros sabemos de qué se trata esto, vosotros no». Eso es algo que no escuchábamos en Europa desde la II Guerra Mundial, en Alemania. Y ese es el discurso de estos movimientos independentistas.

Y después de debatir cara a cara con Puigdemont, ¿cuál es su impresión? ¿Considera que es un líder capaz de llevar su desafío hasta el final?
–Desde luego está muy entrenado en ser el centro de atención y se le ve muy capaz de manejar al público, de llevar a la audiencia hacia ciertas conclusiones evitando el debate en profundidad. En definitiva, es muy capaz de agitar a sus seguidores. Pero en lo que realmente es un experto es en el arte de no responder a las preguntas que se le formulan. De todas las preguntas… no respondió a ninguna. Solo entró a los temas que estaban en su propia agenda. Y eso no es debatir. Con esa agitación se hace daño a Cataluña, se hace daño a España y se hace daño a Europa.

¿Quién sale ganando, entonces, con el separatismo catalán?
–Me temo que, si los independentistas catalanes triunfan, habrá otros populistas que traten de ganar poder por el mismo camino. Surgirán movimientos que rompan otros Estados europeos. Podemos encontrarnos con una Europa de más de cien Estados, peleándose los unos con los otros. Y al único que ese escenario beneficia es a Putin. Es muy triste decirlo, pero los independentismos alimentan, en el plano global, la ambición rusa de una Europa debilitada y, si es posible, rota.

¿Fue ese el movito por el que invitaron a Puigdemont?
–No, no lo invitamos nosotros. Fueron personas de su delegación las que se pusieron en contacto con la universidad para decir que estaba en Dinamarca y ofrecer el acto. Creo que su objetivo era lograr la atención de los medios de comunicación. Lo pensamos mucho porque no queríamos que nos utilizase ni contribuir a su circo. Pero era una pena perder la oportunidad de confrontarlo y finalmente aceptamos desde un planteamiento crítico. No es que decidiésemos ser críticos con motivo del evento, sino que realmente lo somos. Porque es muy necesario ser crítico con los populismos.

Un Supremo politizado
Emilio Campmany Libertad Digital 24 Enero 2018

Todos sabemos que nuestra Justicia está politizada. Pero sería deseable mantener al menos las formas. Desde el principio, el juez Llarena ha recurrido a argumentos políticos para justificar sus decisiones judiciales. Sin embargo, el último auto rechazando la petición de la Fiscalía de que se decretara una nueva orden de detención contra Puigdemnont constituye un monumento a esa politización. Se alega que lo que pretende Puigdemont es forzar su detención. ¿Y qué? ¿Es que no se debe detener a quien se entregue? Tiene en consideración el juez las supuestas intenciones de Puigdemont, que, fueran las que fueren, el magistrado no puede conocer y que, en todo caso, son irrelevantes. Dice Llarena que Puigdemont pretende con su detención justificar su ausencia del pleno y, en virtud de ello, poder alegar incapacidad legal de asistir al de investidura. ¿Y qué? No es posible negar una detención con el argumento de que, en caso de ser detenido, la situación política del investigado mejoraría. Nuevamente, eso es irrelevante. Lo único que debiera haber considerado el juez es si hay fundamento suficiente para ordenar su detención.

Por último, para colmo de males, dice el juez que el objetivo de la causa judicial contra los líderes independentistas es "poner término" a "la estrategia anticonstitucional e ilegal" del Gobierno autonómico destituido y que Puigdemont quiere "restablecer". Esto no es así. El objetivo de la causa judicial nunca puede ser ése. Su objeto es acreditar unos hechos, calificarlos y decidir si son o no constitutivos de delito, comprobar que los mismos son imputables a los investigados y, en consecuencia, imponerles las condenas señaladas en la ley. Que eso convenga más o menos políticamente no está al alcance del juez valorarlo.

El juez Llarena está actuando conforme a un plan, que él considera idóneo, para evitar que Puigdemont obtenga un rédito político de su persecución. Pero esa clase de planes se diseñan en un Consejo de Ministros, no en la sala de un juzgado, por muy supremo que sea. Lo gracioso del caso es que, aunque se pueda creer que es una táctica diseñada por el Ejecutivo que el juez Llarena se está limitando a ejecutar, lo cierto es que en el Gobierno no hay nadie capaz de tanta sutileza. Pero, tanto si ha salido del magín del propio juez como si lo ha hecho del de algún compañero que le esté susurrando al oído lo que hay que hacer, el inconveniente de actuar así no es si es o no eficaz para combatir a los independentistas.

El verdadero problema es que el juez está actuando con total ausencia de fundamentos jurídicos amparándose exclusivamente en argumentos políticos. El modo grosero con el que lo hace perjudica gravísimamente a la imagen de España con independencia del éxito que en su guerra con Puigdemont tenga. Está poniendo en evidencia una realidad que hasta ahora no era más que una bien fundada sospecha. Esto es, que los altos tribunales españoles son organismos políticos que actúan en base a motivaciones políticas. Esta clase de munición es de las más letales que se puede proporcionar a los independentistas. Qué razón tiene el refranero cuando recuerda que el infierno está empedrado de buenas intenciones.

Tres horas con Pedro J.
Mariano Gasparet elespanol 24 Enero 2018

La comparecencia de Pedro J. en la comisión de investigación sobre la financiación irregular del PP en el Congreso de los Diputados ha tenido la virtualidad de un desquite ético y estético con la impunidad y los golpes bajos, que son los afanes naturales de los políticos malandros.

Además, ha servido para compendiar en apenas tres horas de preguntas y respuestas los ángulos más siniestros de nuestra democracia perfectible: desde los GAL, Filesa y el ocaso del Señor X, a la corrupción inabarcable del PP -de los papeles de Bárcenas a Gürtel pasando por Lezo- y el derribo de periodistas incómodos durante este interminable rajoyato.

También para reflexionar sobre las razones de la devaluación de un oficio en estado de carestía; los contubernios entre la clase política y empresarial merced al maná de los contratos; el adormecimiento crítico; el duopolio televisivo; y sobre algunas reformas perentorias, empezando por la del sistema de financiación de los partidos.

Habrá quien legítimamente alegue que Pedro J. respira por la herida de su destitución en El Mundo, cuando el costurón en todo caso habría de servir no para relativizar la gravedad de lo denunciado sino para constatar el estado de putrefacción de la pecera.

Fue un desquite ético contra la impunidad porque, si no es infrecuente que el marasmo de causas judiciales vivas y latentes acabe amodorrando la capacidad de indignación de los ciudadanos, quien tenga la oportunidad de ver la comparecencia de Pedro J. no dudará un instante en cargarse de razones para sospechar que en Génova 13 las sentinas empiezan en la planta siete.

Y fue un desquite estético e incluso proteico porque han sido tantos, tan detallados y tan fundamentados los indicios que apuntan a la responsabilidad de Rajoy en la trama de financiación irregular de su partido que, en ocasiones, parecía que era Pedro J. quien llevaba las riendas de la comisión en lugar de sus señorías.

El PP se ha retratado como el partido decadente que es: primero, intentado impedir a toda costa la comparecencia del director de EL ESPAÑOL, y segundo, atacándolo con alusiones personales. Mal iremos si, después de las tres horas con Pedro J. en el Congreso, la única penitencia que tenga que asumir el partido del Gobierno sea la del bochorno ajeno que produce su juego sucio cuando de lo que se trata es de intentar silenciar a un periodista.

A PESAR DE LAS QUEJAS
Bruselas pone a España como modelo por su protección del catalán
La Gaceta  24 Enero 2018

“España no se conforma sólo con el mayor compromiso en Cataluña, sino también por ejemplo en Baleares”, afirma el informe aprobado por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE).

La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE) aprobó un informe sobre la protección de lenguas regionales o minoritarias que pone a España como modelo, junto a Finlandia, “por los firmes compromisos adoptados en la enseñanza superior” sobre el catalán y el sueco.

Asegura el informe que “en el caso del catalán, España no se conforma sólo con el mayor compromiso en Cataluña, sino también por ejemplo en Baleares, donde el castellano y el catalán son ambas lenguas oficiales”.

La otra cara la ofrece la Universidad de Medicina y Farmacología de Targo Mures (Rumanía), que “rechaza organizar la formación en lengua húngara, a pesar de las claras disposiciones de la ley”.

La resolución del informe, aprobada por 130 votos a favor, 10 en contra y 24 abstenciones, pide a 22 Estados de la organización paneuropea que firmen la Carta europea de lenguas regionales y minoritarias.

España la ratificó en 2001 y países como Italia, Turquía, Bélgica, Lituania, Letonia o Estonia aún no lo han hecho.

También pide “asegurar la posibilidad de estudiar en la lengua regional o minoritaria durante toda la formación”.

La resolución apoya la financiación de medios de comunicación que representen a las minorías para promover la calidad y llamar la atención sobre su identidad, lengua, historia y cultura, y pide evitar cuotas obligatorias de emisión en la lengua oficial.

La Cámara paneuropea -que celebra esta semana su sesión de invierno- también apoyó una recomendación al Comité de Ministros de la organización para crear un premio anual que reconozca la labor de los países que promueven activamente la utilización de lenguas regionales o minoritarias.

Miserables
Nota del Editor 24 Enero 2018

Desgraciadamente ya estamos acostumbrados a sufrir la ignominia del Tribunal de Derechoss anti Humanos de Strassbourg lo mismo que de estos también miserables de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Ambos grupos de miserables se pasan los derechos humanos, constitucionales, el sentido común y la razón por el arco del triunfo. ¿Quién les financia su estupidez, su locura, su idiotez ?.

Violación de europeas: un paso más en la agenda de islamización y conquista
Yolanda Couceiro Morín lagaceta.eu  24 Enero 2018

Las agresiones sexuales masivas de Colonia y otras ciudades alemanas, ocurridas desde 2015, nos han puesto ante la realidad, anticipada por unos y negada por los demás, de la verdadera naturaleza y dimensión del choque de culturas en marcha. Antes de Colonia, esta realidad nos golpeaba en medio de la ocultación de las autoridades o la indiferencia de un público adormecido por el narcótico de la propaganda del Sistema, difundida, mañana, tarde y noche por una multiplicidad de canales y medios. Los acontecimientos de la Nochevieja de hace dos años, por su carácter masivo y por la circunstancia añadida de la reciente ola de "refugiados" acogidos por la soberbia inconsciencia de Mamá Merkel, de cuyas filas provenían no pocos de los agresores, no pudieron ser ocultados. Desde entonces Colonia está en todas partes. No pasa un día sin un episodio, masivo o individual, de este género. Las violaciones en grupo o en solitario de mujeres europeas a manos de musulmanes están convirtiéndose en parte de la cotidianidad de un continente, que hasta hace muy poco era sin duda el lugar más seguro para las mujeres en todo el orbe.

¿Qué está ocurriendo? O mejor dicho ¿por qué está ocurriendo? Los inmigrantes y los "refugiados", acogidos a la generosa hospitalidad de los europeos, están agrediendo y violando a las mujeres de sus benefactores. Las peores predicciones se han cumplido, los malos presagios se han materializado. Ante la imparable islamización de Europa, con el golpe de acelerador de la acogida de millones de nuevos inmigrantes musulmanes que vienen esta vez con la etiqueta de "refugiados", nada de lo que está pasando había escapado a la capacidad de anticipación de las mentes más esclarecidas. No está ocurriendo nada que no estuviera previsto desde hace tiempo. Estamos viviendo el penúltimo capítulo de una larga historia basada en el binomio civilización/barbarie. No es nada nuevo.

Ante la realidad de un mundo que quiere entrar en nuestra casa por las buenas o por las malas, unos advierten de los peligros de abrir las puertas de par en par, mientras tanto otros esperan en el umbral de sus casas con ramos de flores y pancartas de "Welcome Refugees". Pero los roles están distribuidos sin posibilidad de modificación: los "malos" se oponen a acoger toda la miseria y la barbarie del mundo, los "buenos" les abren los brazos y sus corazones. La prudencia de los que todavía no han sido sometidos mentalmente por la propaganda oficial es considera simplemente como la perversa manifestación del egoísmo, del odio, del rechazo, de la intolerancia, etc, etc... El cínico cálculo político de los dirigentes ha sido acogido con aplausos por el buenismo. Hemos asistido a escenas grotescas: jóvenes europeas esperando en los andenes a los "refugiados" con letreros de acogida y repartiendo abrazos y besos.

¿De dónde proviene ese angelismo? La acogida del "refugiado", del demandante de asilo, que supuestamente huye de alguna guerra en Oriente Medio o más allá, se basa en una sobredosis de ingenuidad. Todos estos buenos humanitarios, tan contentos de sí mismos por la exhibición de su solidaridad con los recién llegados, sólo ven en esos "refugiados" su supuesto estatus de perseguidos y desamparados, no su cultura ni sus costumbres. Este "refugiado" es la víctima que recoge la proyección del occidental, la convicción de su deber humanista o su sentimiento de culpabilidad. En ese "refugiado" ven al sobreviviente de una tragedia y olvidan que éste viene de una cultura que tiene su propia visión de Dios, del mundo, del hombre, de la mujer, y de todo lo demás.

La compasión, artificialmente creada por una poderosa red de medios, ha obnubilado a las mentes y la sensiblería ha reemplazado el análisis exacto que la fría racionalidad exigía. Estamos pagando las consecuencias de ese empacho de buenismo, de esa crasa falta de inteligencia, de ese razonamiento viciosamente equivocado, de esa vulgar soberbia autocomplacida que niega la realidad en aras de una ficción que los hechos pronto ha desmentido.

En Occidente, el llamado refugiado y el inmigrante salvará su vida, mejorará su existencia, pero no por ello abandonará su cultura. Precisamente, ocurrirá lo contrario, porque su cultura es lo único que le queda frente a la pérdida de sus raíces y al choque con un nuevo país. La relación con la mujer, un punto esencial de la modernidad occidental, le será incomprensible durante todo el tiempo que permanezca atado física y mentalmente a su cultura de origen, o sea para siempre en la inmensa mayoría de los casos. Sólo tenemos que ver el grado de aceptación de la cultura occidental, la asimilación de la población musulmana en Europa a sus costumbres y valores: después de 3 y hasta 4 generaciones (como en Francia), los musulmanes siguen siendo refractarios a toda forma de integración en sus países de acogida. Y es que ellos nunca se han visto como futuros o cumplidos ciudadanos de tal o cual país, sino como colonizadores destinados a conquistar y dominar.

Y esa conquista y dominación se empieza a ejercer con la mujer del país que le abre las puertas a esa humanidad que no conoce más ley que la supuesta superioridad que le da su condición de creyentes de la verdadera fe frente a la corrupción de la sociedad de acogida. Nuestros países son considerados con el mismo criterio que nos aplican como mujeres europeas: un territorio a conquistar, un objeto a someter, una propiedad disponible.

El musulmán viene de ese universo doloroso y angustioso que es la miseria sexual en el mundo de Alá, la relación enfermiza con la mujer, el cuerpo y el deseo. Acoger a estos "refugiados" en nuestras sociedades no los cura de todos esos males, al contrario exacerba sus frustraciones y sus apetitos y le permite dar rienda suelta a su desenfreno. Si en sus países de origen la brutalidad ambiente ponía freno a sus instintos, con la seguridad de un castigo despiadado a cualquier infracción a los códigos locales, aquí, en el continente de la tolerancia, la acogida, la democracia y los derechos humanos, estas fieras se entregan a la comisión de desmanes bárbaros sin el miedo a unas represalias contundentes.

Esa libertad, el inmigrante, el "refugiado" musulmán es incapaz de asumirla. Occidente es visto a través el cuerpo de la mujer: la libertad de la mujer es vista a través de la categoría religiosa del pecado o de la virtud. El cuerpo de la mujer no es visto como el lugar de la libertad esencial como valor de Occidente, sino como una decadencia, un pecado, una tentación.

El sexo es la mayor miseria en el mundo de Alá. Eso es así al punto de que ha dado nacimiento a ese porno-islamismo que predican esos islamistas para reclutar a sus fieles: descripciones de un paraíso más cercano del burdel que de la recompensa para gente piadosa, fantasías sobre vírgenes para los hombres-bomba, caza de cuerpos en los espacios públicos, puritanismo de las dictaduras islámicas, velo y burka.

El islamismo es un atentado contra el deseo. Y ese deseo viene, a veces, a explotar en Occidente, allí donde la libertad es tan insolente. Porque en tierra de islam sólo hay salida después de la muerte y el juicio final. Mientras tanto, esa prórroga fabrica zombíes, hombres-bomba que sueñan con confundir la muerte con el orgasmo, o frustrados que sueñan con alcanzar Europa para escapar a la trampa de su frustración sexual sin pasar por el martirio y sus soñadas recompensas en el más allá. El islamista no ama la vida, todo en él es una manifestación del odio a la vida, al deseo de vivir, a la creación y la libertad. Pare él la vida no es más que el paso previo a la eternidad, una tentación, un tiempo inútil, un alejamiento de su dios, un retraso a su cita con Alá. La vida no es más que la preparación para ese momento, una oportunidad para hacer méritos de cara a ese gran encuentro.

Las agresiones sexuales contra mujeres europeas y los atentados terroristas de los yihadistas en nuestro suelo son una misma cosa: la violación de una cultura, una civilización y unos valores que están siendo sometidos a la ferocidad vengadora de los soldados del Profeta. Toma de posesión de las mujeres de los infieles, conquista de sus tierras : éste es el programa, y ésta es la función que se está representando en el teatro de nuestra aterradora insensatez, de nuestra imperdonable pasividad, de nuestra inaceptable pusilanimidad.

Colonia nos puso ante una alternativa crucial: cerrar las puertas o cerrar los ojos. El buenismo estúpido, el angelismo suicida, ha decidido cerrar los ojos. Si no nos resignamos a ser arrastrados por esta locura, sólo nos queda someter nuestra inteligencia a la cruda realidad de la tragedia en marcha y cerrar las puertas.


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Mahatma Puigdemont

Jesús Laínz Libertad Digital 24 Enero 2018

Uno de los ideólogos de Esquerra Republicana, el profesor de Derecho Constitucional Antoni Abat Ninet, ha declarado que lo que el separatismo catalán necesita para que Europa reaccione a su favor es la paralización de la economía y diez muertos. Lástima que Abat no se postule para ser uno de ellos. ¡Con qué facilidad desean los canallas la muerte de los demás para su propio beneficio! Por otro lado, ante la salida de "los del Piolín" del puerto de Barcelona, el aguerrido Abat se pregunta a qué esperan los catalanes para practicar una "desobediencia civil fuerte" y para acompañar en masa el regreso de Puigdemont para evitar su detención.

Ya hace un siglo definió Unamuno nuestros separatismos como una "chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia". Recordemos la interminable tabarra sobre las barras de sangre, los segadors, 1714 y otros episodios históricos manipulados o directamente imaginados. Y cuando nuestros obsesos separatistas se aburren de los mitos propios, se arriman a los foráneos en busca del más apropiado para cada momento. Del mismo modo que sus colegas vascos desearon reproducir en su tierra el enfrentamiento civil irlandés, los catalanistas, menos aficionados a los tiros, se han apuntado algunas veces a Quebec, otras a Kosovo o a Eslovenia, y más recientemente a Escocia. Aunque más que a Escocia quizá habría que decir a Braveheart, pues en nuestros analfabetos tiempos cualquier película de aventuras tendrá siempre más influencia que el conocimiento serio de la historia.

Pero, enmohecido el ejemplo escocés tras el patinazo de Alex Salmond en 2014, el modelo ha vuelto a cambiar. Modelo, una vez más, cinematográfico. En este caso, la película con la que Richard Attenborough consiguió ocho óscars en 1982: Gandhi. Porque no le quepa duda, cinéfilo lector, de que los ingenieros del prucés se han atiborrado de esta película en busca de inspiración para sus movimientos.

La clave de la cuestión reside en que los dirigentes separatistas, intoxicados por sus propias mentiras, han conseguido convencerse de que los catalanes y la España de principios del siglo XXI son equivalentes a los indios y el Imperio Británico de principios del XX. De ahí, por ejemplo, su obsesión por escenificar ante el mundo la pantomima de una supuesta lucha del pacifista pueblo catalán contra la opresora España.

–La función de un resistente civil es provocar una respuesta. Y continuaremos provocando hasta que respondan o cambien la ley. Ellos ya no mandan. Mandamos nosotros. Ésa es la fuerza de la resistencia civil.

Así explicó Gandhi a un periodista extranjero la estrategia basada en la evidencia de que el incumplimiento masivo de leyes, sentencias y multas había acabado provocando que los gobernantes británicos, hartos e impotentes, renunciasen a hacerlas cumplir; e incluso que los jueces, obligados a aplicar leyes que consideraban injustas, proclamasen públicamente que la razón estaba del lado de los delincuentes.

No olvidemos que han sido los gobernantes españoles los que, desde Suárez hasta Rajoy, han puesto en bandeja a los separatistas la ilusión de que podrían seguir incumpliéndolo todo sin que institución española alguna reaccionase jamás. Cuarenta años de vulneración del Estado de Derecho por parte de los gobernantes no pasan en balde.

–Cien mil ingleses no pueden controlar a 350 millones de indios si éstos se niegan a cooperar. Y precisamente eso es lo que pretendemos: no cooperación de modo pacífico y sin violencia hasta que comprendan ustedes la conveniencia de abandonar la India –explicó un envalentonado Gandhi a sus atónitos interlocutores británicos.

Y, efectivamente, dicha no cooperación consistió en huelgas generales para paralizar el país, el llamamiento a los funcionarios indios para que impidiesen el funcionamiento de la administración colonial y el estrangulamiento de la economía absteniéndose de adquirir ropas inglesas y la sal producida por el monopolio estatal.

Exactamente lo mismo han intentado repetidamente los separatistas en Cataluña. Pero no han tenido éxito porque, evidentemente, ni Cataluña es una colonia española, ni todos los catalanes forman un bloque contra España ni la muy acomodada Cataluña del siglo XXI tiene nada que ver con la paupérrima India de hace un siglo.

Recién acabada la Gran Guerra, Londres endureció las medidas contra unos independentistas que pretendían rentabilizar la lucha de miles de soldados indios en las trincheras europeas. Durante una asamblea popular celebrada en Amritsar en abril de 1919, el ejército abrió fuego contra la multitud desarmada. La muerte de cientos de personas marcó un punto sin retorno en el destino de la India británica.

Casi un siglo después, el 1 de octubre de 2017, los separatistas catalanes intentaron conseguir su Amritsar, como se trasluce del lamento de Abat Ninet. La estrategia consistió en vulnerar una vez más la ley con la máxima publicidad internacional posible. Y qué mejor manera que pretendiendo votar contra la "antidemocrática" Constitución española para provocar la violencia policial previa felonía de la policía regional catalana. Filmándolo, todo el planeta lo vería y se tragaría la patraña. Naturalmente, el desalmado plan de los dirigentes separatistas volvió a salir mal porque ni el Estado español de 2017 es el Raj británico de 1919 ni la Policía Nacional y la Guardia Civil son las tropas del general Dyer.

Dado que no se han podido conseguir los disparos de los soldados españoles contra el pueblo catalán, quizá les quede a Abad Ninet y sus camaradas la esperanza de que, al igual que la violencia desatada entre hindúes y musulmanes hizo inevitable la partición de India y Pakistán, la violencia entre civiles españoles y catalanes provocará idéntica partición aquí. Ahí tienen a Roger Torrent, flamante presidente del nuevo parlamento regional catalán, anunciando alegremente que "lloverán hostias". Evidentemente, los separatistas van a continuar con su especialidad, la agitación del odio en todos los ámbitos sociales, pero, aparte de que estamos en otro siglo y otro continente y de que aquí no hay violencia entre dos bandos religiosos, la gran mayoría de los ciudadanos catalanes son inconmensurablemente menos canallas que sus gobernantes, por lo que éstos pueden ir abandonando la esperanza de que estalle una guerra civil.

Finalmente, a Gandhi, en sus marchas de protesta, le escoltaron miles de personas para impedir que fuera detenido por los ingleses. Nuestros separatistas son expertos en organizar a su rebaño en manifestaciones, desfiles de antorchas y cadenitas kilométricas, y ya se ha oído varias veces la propuesta de traer a Puigdemont a España rodeado de una multitud para impedir su detención.

Tomen nota quienes puedan y quieran, empezando por Mariano Rajoy y demás componentes de ese gobierno que se supone que existe en la Moncloa, aunque cada vez hay más españoles que sospechan que se trata tan solo de un holograma: abandonen durante un rato la lectura del Marca y vean la magnífica película de Attenborough. Les será muy útil para comprender lo que ha sucedido en Cataluña y, sobre todo, para prever lo que pueda seguir sucediendo.

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Los Mozos de Escuadra y la destrucción de pruebas
EDITORIAL Libertad Digital 24 Enero 2018

Primero se supo que entre las más de 30 cajas de documentación que los Mozos de Escuadra quisieron destruir el pasado 26 de octubre en una incineradora de Sant Adrià de Besòs había pruebas de la negativa de algunos mandos de la Policía autonómica a cumplir con su deber de impedir la celebración de la consulta secesionista del 1-O. Hace escasas semanas se supo también que entre la documentación felizmente interceptada por la Policía Nacional –siguiendo órdenes de la juez Lamela– había una prueba de un desvío de tres millones de euros procedentes del Fondo de Liquidez Autonómica, que los golpistas habrían destinado a sufragar su referéndum ilegal. Finalmente, esta semana se ha hecho público que entre la referida documentación estaba también la alerta emitida por los servicios de inteligencia EEUU sobre la amenaza de un ataque terrorista en Las Ramblas de Barcelona meses antes de que se produjera.

Respecto a esto último, recuérdese que ya el 31 de agosto El Periódico desveló la existencia de esa nota emitida el 25 de mayo por los servicios de inteligencia estadounidenses en la que se alertaba sobre un posible atentado islamista en Las Ramblas; aviso que, tras los atentados yihadistas del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils, Puigdemont, su consejero de Interior, Joaquim Forn, y el entonces mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, tuvieron la desfachatez de desmentir calificándolo de montaje y asegurando que carecía de toda "veracidad".

Está visto que –con las encomiables excepciones que muchos de sus agentes puedan ofrecer a título individual– los Mozos son una policía ominosamente politizada, hasta el extremo de seguir fielmente a los independentistas en la senda de la mentira y el delito. Y lo que resulta inaudito es la escasa reacción de las formaciones constitucionalistas ante noticias de tan grave calado.

Sólo desde la conciencia del error que supuso la tan tardía aplicación del artículo 155 y del aún más criticable disparate que ha supuesto intervenir la Generalidad en rebeldía para convocar inmediatamente nuevas elecciones, que han vuelto a arrojar una mayoría separatista, puede explicarse tan clamoroso silencio constitucionalista. De hecho, la única reacción que se ha producido al intento de destrucción de pruebas por parte de los Mozos ha sido la de Ciudadanos; formación que, aun desechando la petición de responsabilidades políticas y sin centrarse en la flagrante mentira de los separatistas respecto de la advertencia de la CIA, al menos ha solicitado una comisión de investigación en el Congreso sobre los atentados en Cataluña y los eventuales "fallos" de coordinación policial.

Con todo, el requisito previo a todo intento de enmendar cualquier fallo de coordinación policial pasa por asegurarse que todos los cuerpos están al servicio de la ley. Y ese, evidentemente, no es el caso de los Mozos de Escuadra cuando se les deja a las órdenes de unos golpistas.

Pues claro que ha habido violencia, señor juez
Cristian Campos elespanol 24 Enero 2018

Lleva semanas oyéndose la matraca de que los veintiocho imputados en la causa del golpe de Estado catalanista -treinta si se acaban sumando al sumario Josep Lluís Trapero y Josep Maria Jové- serán probablemente condenados por sedición y malversación (échenle más de veinte años de cárcel a cada uno) pero no por rebelión por no concurrir el requisito de la violencia. Es falso. Entiéndanme: yo no sé lo que dictaminará el juez. Lo que es falso es que no concurra el requisito de la violencia.

No hace falta bucear mucho en los manuales de derecho penal para encontrar definiciones de violencia que no se limitan a la violencia física que todos asimilamos a un alzamiento militar con muertos en las calles. La violencia en democracia no siempre es física y es un logro moral que así lo consideremos. Tampoco hace falta investigar mucho para encontrar definiciones de golpe de Estado que no implican violencia física. Lean a Curzio Malaparte, por ejemplo.

Ni siquiera hace falta recurrir a la definición de la RAE, que dice que violento es aquel que actúa con ímpetu y fuerza y se deja llevar por la ira, que emplea una fuerza e intensidad extraordinarias o que emplea la fuerza física o moral.

Basta con remitirse a algunas resoluciones de los tribunales españoles (del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco y también del de Cataluña) que señalan que el concepto de violencia incluye no sólo el ejercicio de la fuerza física sino también la amenaza seria y fundada de una hipotética violencia futura.

El debate es absurdo para todos aquellos que vivimos en Cataluña. Que el independentismo catalán ha hecho uso de una violencia extrema para la consecución de sus fines es una evidencia al alcance de cualquiera no abducido por la revolución de las sonrisas. Los asaltos a las sedes de los partidos políticos de la oposición, las palizas callejeras a sus militantes, las huelgas patronales, los cortes ferroviarios, las amenazas diarias en las redes sociales, la marginación de los padres que piden que sus hijos sean educados en castellano, los insultos en los medios de comunicación públicos y privados, la pasividad de los Mossos frente a determinados delitos, la llamada resistencia pasiva (que no es más, en un sentido estrictamente jurídico, que resistencia a la autoridad), el aplastamiento de los derechos de la oposición en el Parlamento catalán y, por supuesto, la desobediencia de las sentencias judiciales y la ruptura de la legalidad constitucional y estatutaria son pruebas evidentes de una violencia radical, constante y gradual que ha desembocado en un golpe de Estado de manual de primero de derecho.

Es más. ¿Cómo pensaban los cabecillas independentistas mantenerse en el poder tras un golpe de Estado ejecutado contra el 53% de los ciudadanos catalanes y una amplia mayoría de los del resto de España? ¿Con talante? ¿O quizá esos 17.000 hombres armados que responden al nombre de Mossos d'Esquadra habrían tenido algún papel que jugar en la represión de los contrarios al golpe?

Aquí habrá que recordar también, porque en la Cataluña del régimen se ha borrado cualquier recuerdo al respecto, que la banda terrorista catalana Terra Lliure fue desmantelada en fecha tan reciente como 1992. ¿Franco, que murió en 1975, es una presencia viva en la Cataluña de 2018, pero los terroristas de Terra Lliure, muchos de los cuales siguen activos en los partidos políticos catalanistas y sus organizaciones civiles y medios de comunicación afines, son negligibles? ¿O cómo funciona esto?

Sí, señor juez: violencia. Haga justicia aunque perezca el mundo.

Los daños colaterales de la locura de Puigdemont

“Nace una ilusión y muere; pero su cadáver mismo queda insepulto en el alma y siempre en la mente fijo.” G. Núñez de Arce
Miguel Massanet diariosigloxxi 24 Enero 2018

Sólo algunos descerebrados o ignorantes pudieron pensar que, lo que ha acontecido y sigue ocurriendo en estas tierras catalanas con el desafío separatista, la ocupación de la capital catalana por las huestes de una alcaldesa comunista, que se dio a conocer como una antisistema, activista, agitadora y revolucionaria, la señora Adda Colau, con sus prejuicios hacia el turismo y sus decisiones ilegales; la actitud levantisca del propio Parlament catalán en contra del Estado y de la Constitución; el comportamiento inexcusable de un presidente, destituido por ser el causante del levantamiento de la autonomía catalana en contra de la Constitución y de la unidad de España que, no sólo se ha fugado a Bélgica para, desde allí, a salvo de la policía española, despotricar, inventarse situaciones kafquianas que nada tienen que ver con nuestra democracia, calumniar a nuestra Justicia y gobernantes y vivir a costa de los contribuyentes españoles, acompañado por un grupo de cómplices que le ríen las gracias, convencidos de que su única esperanza se basa en eludir a la Justicia, lo que únicamente puede suceder si permanecen huidos; sino que, desde su refugio en Bélgica, sigue intentado lo imposible: que el Gobierno español ceda y negocie con ellos para que les permita regresar a España inmunes a las acusaciones que la Justicia española que es lo que, en definitiva, no se cansa de repetir este “´héroe” de pacotilla, pretende que ocurra. Sigue aferrándose a su título de “presidente”, pese a que hace ya tiempo que fue legalmente destituido de tal dignidad; pretendiendo que toda su trayectoria de delincuencia quedara en agua de borrajas, que las aguas volvieran a su cauce y que nada de lo ocurrido en perjuicio de Cataluña, del turismo, de su industria y comercio y de sus relaciones con España y el resto de Europa, pudiera salpicarle o causarle perjuicio.

Las primeras andanadas les han llegado desde donde ellos pensaban que nunca iba a ocurrir: desde su industria, sus sociedades, los bancos y toda esta serie de sociedades que, sólo olerse que se cernía el peligro de que se produjese una situación tensa en Cataluña, que se entrase en una espiral de confrontación con el legítimo Gobierno del país, decidieron que lo mejor era cambiar sus sedes sociales por si, en algún momento, como sucedió en el caso de los bancos, el pánico cundía entre los ciudadanos sólo de pensar que iban a quedar excluidos de España, de Europa y de la financiación externa. Las empresas que han cambiado de sede social pasan ya de las 3200 y, muchas de ellas, han cambiado también su sede fiscal para evitar quedar atrapadas por un infierno de impuestos que, con toda seguridad, sería lo primero que los separatistas tendrían que imponer para poder atender sus necesidades más perentorias.

Los otros efectos que ya se venían intuyendo cuando la señora Colau se empeñó en hacerle la guerra a los visitantes extranjeros que visitaban Barcelona y a los establecimientos relacionados con la restauración y la hostelería, decretando una moratoria que cortó de raíz proyectos que habían sido autorizados por el mismo ayuntamiento de la ciudad Condal. Luego se ha visto que el procedimiento fue abusivo y que, uno tras otro, los recursos que las distintas empresas fueron presentando reclamando en contra de la arbitrariedad de la municipalidad, han ido cayendo de parte de los reclamantes. Pero a la señora Colau, acostumbrada a navegar a contracorriente, a saltarse las leyes a la torera y a darle salida a cualquier ocurrencia, por muy peregrina que fuera, que saliese de su mente perturbada, todo esto la tiene sin cuidado y sigue en su pertinaz intento de amargarles la vida a todos los propietarios de inmuebles de Barcelona, pretendiendo convertirse en la administradora de todas las viviendas vacías, sin que le importe ni poco ni mucho si tiene derecho a imponerles impuestos intervencionistas o si se está extralimitando en sus funciones; algo que, como viene ocurriendo, deben de ser los tribunales los que le recuerden sus limitaciones.

Si primero fue poner obstáculos a la llegada de cruceros turísticos y después a que los turistas pudieran circular a su aire por toda la ciudad, obligando a que se organizasen en grupos para que, de esta manera, los ciudadanos catalanes no se sintieran molestos por tener que convivir con aquellos que venían inundando la ciudad de prosperidad, riqueza y desarrollo. Poco a poco ha tenido que ir rectificando pero, cuando ya daba la impresión de que una cierta cordura se había apoderado de los políticos municipales, se produce la gran boutade, se abren las puertas del desatino e irrumpen, como elefante en cacharrería, las turbas separatistas con la pretensión de echarle un pulso al resto de España. La propaganda nacionalista no se dio tregua y fueron muchos los miles de catalanes que pensaron que había llegado el momento de su revancha contra España, aquella que los hizo perder la Guerra Civil, aquella que condenó al exilio a todos aquellos que formaron parte de aquellos brigadistas que se mancharon las manos de sangre, acabando con las vidas de quienes tenían cuentas pendientes con ellos o, simplemente, por ser personas religiosas, ser de derechas o monárquicos. El Gobierno de Madrid era el “culpable” de todo lo que no funcionaba bien en Cataluña; el resto de autonomías “chupaban la sangre” a los catalanes y se hizo correr la bola de que España estaba “robando” a los catalanes. Argumentos fácilmente refutables, pero que el Gobierno del PP ha sido incapaz de contrarrestar, a pesar de tener todos los medios y pruebas precisos para hacerles tragar sus mentiras a quienes se aprovechaban de la pasividad del señor Rajoy para ir haciendo proselitismo de entre los catalanes. De apenas un 15% de separatistas, en unos pocos años han pasado a ser más de un 47% los partidarios de una nación catalana; lo que resulta todavía más incomprensibles si tenemos en cuenta que, la mayoría de ellos, saben perfectamente las nefastas consecuencias que separarse de España traerían para una Cataluña republicana e independiente.

Mientras, Puigdemont sigue galleando por el extranjero, Junqueras se pudre con los Jordis en la cárcel y el nuevo presidente del Parlament Catalá, señor Roger Torrent, que parecía dispuesto a aceptar la legalidad y adaptarse a los mandatos constitucionales, no se ha cortado un ápice, a la primera ocasión que se le ha presentado, de mostrar cuál es su verdadero talante político. Sin que le temblara la voz anunció que el candidato para presidir la Generalitat era don Carlos Puigdemón, fugado de la Justicia, acusado de rebelión, malversación de caudales públicos, desobediencia y prevaricación. La primera en la frente y las que le van a seguir, o mucho nos equivocamos o van a adaptarse al mismo camino que ya trazó, en su día, la anterior presidenta de la cámara, C. Forcadell. La aplicación descafeinada del 155 de la Constitución ha venido ahora a demostrar su inutilidad al permitir que, todos los factores que condujeron al éxito del desafío soberanista del día 1O, aunque los verdaderos vencedores fueron los de la señora Arrimadas, de Ciudadanos o al relativo éxito del referéndum, si es que se le puede llamar así a la seudo consulta del 9N del 2014; esté en condiciones de repetirse si, como es evidente que va a ocurrir, se consigue reeditar un nuevo govern separatista en la Generalitat y un parlamento de mayoría nacionalista en el Parlamento catalán.

Por si faltaran malas noticias acabamos de conocer la nueva de que, la cadena CNN americana, que cada año elabora una lista de ciudades que los turistas deben evitar por distintas razones, para este 2018 ha incluido en su ranking a la ciudad catalana de Barcelona. Al parecer en el último trimestre del pasado 2017, en plena ebullición nacionalista, la llegada de visitantes sufrió un bajón de 127.000 personas en Cataluña con respecto al mismo periodo del 2016 (un 3´4% interanual). Los hoteles catalanes, pese a los intentos de deformación de la verdad de las autoridades catalanas han intentado, perdieron casi 41.000 visitantes nacionales y otros 86.000 extranjeros entre octubre y diciembre, mientras el resto de España con los 850.000 clientes hoteleros extra, demostró ser capaz de seguir atrayendo al turismo.

Seguramente, el señor Puigdemont, debe mostrarse satisfecho de lo que viene consiguiendo con sus excentricidades, su obsesión separatista y el terror que tiene a que lo ingresen en la cárcel por una larga temporada. No obstante, el resto de catalanes que siguen apoyándole, seguramente no van a tardar en poder comprobar la gran cantidad de efectos colaterales que, para Cataluña, van a tener sus intentos de crear más confusión, especialmente fuera de España, empeñándose en crear situaciones incómodas a los gobernantes de los dos países que hasta ahora ha venido visitando. Resulta alentador ver cómo, en el caso de la universidad danesa, una de las profesoras de Copenhague, la señora Marlen Wind, fue capaz de poner en graves aprietos a un desconcertado y evidentemente desarbolado Puigdemont, que no tuvo otra salida que atribuir a los españoles seguir viviendo en el franquismo aunque, la realidad, que pueden confirmar los 82 millones de turistas que nos vistan, puede que sea el país más democrático de toda Europa. Claro que, si no se tiene la razón, si se carece de argumentos constatados este traidor a España, no le va quedando más remedio que poner en marcha el ventilador de las heces, aunque el que más ensuciado se quede, sea el mismo.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, seguimos pensando que, si no se le hubiese ido dando tanta cuerda, si se hubiera cortado por lo sano hace años y si se hubiera aplicado mucho antes el 155, España se hubiera evitado muchos sinsabores, situaciones tan extremas como las que estamos viviendo y tener un Gobierno que se ve obligado a gobernar en minoría, vigilado de cerca por el resto de partidos que siguen al acecho esperando el momento en el que se les presente la ocasión de rematarlo. Ni Rajoy ni el resto de paniaguados de su camarilla parecen dispuestos a darles el relevo a personas que no tengan que responder de tanta inmundicia acumulada por quienes no han sido capaces de mantener su honradez, ante las tentaciones que se les han presentado. Sólo una catarsis sin concesiones puede salvar al PP de volver a la oposición por muchos años. Y lo decimos con profundo pesar, créannos.

Luchando a lazo partido
Pablo Molina Libertad Digital 24 Enero 2018

Los lazos reivindicativos son tendencia en la política actual, y es raro el político que a lo largo del año no luce en la solapa varios de ellos de forma sucesiva. El separatismo catalán se hizo también con el suyo en cuanto comprobó que los intentos de golpes de Estado no salen gratis. La elección no fue fácil porque, a pesar de que los hay de todos los colores, algunos de ellos tienen tantos significados que difícilmente podrían admitir uno más sin mover a confusión. Por ejemplo, el azul marino, color elegante y muy de vestir (y tal vez por ello de los más demandados), que en estos momentos representa la lucha contra la artritis, el maltrato infantil, la baja calidad del agua y la falta de libertad de expresión. En un tono más clarito representa la lucha contra el cáncer de próstata, por los derechos civiles en EEUU y por las víctimas del huracán Katrina.

Pues bien, los separatistas catalanes, ya digo, han irrumpido en este mercado saturado y se han decantado por el amarillo, pero en un tono muy concreto. Conviene tener presente la gama del Pantone, porque un matiz más cercano a la mostaza ya no representaría la lucha por la liberación de los presus pulitics, sino que nos remitiría a la prevención del suicidio, la endometriosis, las personas desaparecidas y contra la pena de muerte. El amarillo-tractoruña es de una tonalidad muy concreta que solo es compartida con el combate contra la espina bífida. Lo demás, pura imitación.

El presidente del Parlamento de Cataluña va al trabajo cada mañana con uno de estos lacitos amarillos. El hecho es relevante no ya porque socava definitivamente la apariencia de neutralidad que exige un cargo institucional de esa naturaleza, sino por la profunda contradicción que implica llevar agarrado a la solapa ese símbolo de lucha contra un Estado totalitario, precisamente por parte de personas que están donde están (y trincan lo que trincan) gracias a ese Estado fascista que presuntamente buscan destruir y al cual representan.

Ningún independentista de lacito en pecho debería estar en el Parlamento catalán si de verdad creyera las barbaridades que proclama a diario. Si porta el lacito y forma parte de las instituciones de la democracia española es un traidor de la peor especie, al que sus votantes deberían correr a barretinazos. Pero son tan cobardes que si algún día sospecharan que llevar el lazo amarillo les podría acarrear un perjuicio personal, rápidamente se olvidarían de los Jordis y afirmarían que solo querían concienciar del grave problema de la espina bífida. Esa otra lacra españolista.

Cataluña: la ‘nueva etapa’ más corta de la historia
Andrea Mármol. vozpopuli  24 Enero 2018

Carles Puigdemont es hoy el único nombre propuesto para convertirse en el próximo presidente de la Generalitat. Lo es una semana después de que el nuevo presidente del parlamento catalán, Roger Torrent, pronunciara un discurso que le valió no pocos elogios por el ya legendario “tono conciliador” y en el que una parte importante de la opinión pública española quiso ver el inicio de una nueva etapa en la política catalana. Los hechos demuestran que los optimistas vaticinios pecaban, acaso no de ingenuidad, pero sí de un incontenible deseo de alivio que pronto se ha descubierto sin apenas fundamento.

Resultan comprensibles, llegados a tal nivel de degradación institucional en Cataluña, las interpretaciones benevolentes de las palabras de Torrent. Al cabo, tras escuchar a Ernest Maragall, bienvenidas son las anotaciones a pie de página para paliar el abuso institucional que se hizo del parlamento por parte de las fuerzas independentistas. Y aunque Torrent se ahorró el detalle de asumir las culpas de la quiebra de la convivencia que ha provocado el nacionalismo, no es asunto menor que un dirigente de ERC reconozca la fractura social catalana, observación no hace demasiados meses relegada sólo a agoreros y exagerados.

Sin embargo, más allá de ese analgésico de corta duración, los presagios de una racionalización sobrevenida del independentismo o son precipitados o interesados. Las sempiternas disputas entre las fuerzas nacionalistas suelen ser vistas como alentadoras porque siempre hay uno de los contendientes que, no por convicción sino por estrategia, mantiene una apariencia de mayor laxitud en su insistencia en los postulados rupturistas. Lejos de traducirse en hechos que reflejen esa templanza, dichas diferencias se dirimen sin rectificación. Baste recordar la negativa de Puigdemont a convocar elecciones mientras chantajeaba con una declaración de independencia si no se producía la llamada 'mediación' que exigía como moneda de cambio a los derechos y libertades de los catalanes.

Los mismos que entonces permanecían esperanzados -¡y casi convencidos!- de que se produjera una marcha atrás, parecían tener mucho que celebrar hace una semana. Sucede en nuestro país que a algunos el moderantismo parece valerles más como excusa para no dar la batalla contra el nacionalismo que como instrumento útil para cambiar las cosas. A ello, ahora hay que sumar las ganas de la izquierda de desterrar la cuestión catalana de las tertulias de los medios de comunicación, a quienes consideran culpables en última instancia de su mala salud electoral a cuenta del debate territorial.

En cualquier caso, la realidad se ha encargado de dar portazo a esas expectativas: ni Torrent tiene previsto admitir los errores de la legislatura pasada que han acorralado independentismo -más allá de perjudicar con artimañas a la formación de Puigdemont, que les hizo el sorpasso el 21-D-, ni los intentos del ex presidente en Dinamarca de presentar el independentismo como una cuestión de democracia (“no tenemos ningún problema con España”) harán que su candidatura deje de perseguir el enfrentamiento entre catalanes.

Sin duda el nacionalismo catalán tendrá que aparcar la vía unilateral y dejar constancia de que el salto al vacío fuera de la Constitución, del que son los únicos responsables, ha supuesto el período más negro para la economía, las instituciones y la convivencia en Cataluña desde 1978. Los resultados de los comicios impiden que puedan seguir abusando de la sinécdoque catalana que dice ‘catalanes’ cuando quiere decir ‘catalanes nacionalistas’. Una lección que no es sólo para Puigdemont o para Torrent, que quién sabe si la querrán aprender.

Lo es, sobre todo, para quienes en la cuestión catalana han reservado su empatía para las demandas nacionalistas. Para los que ven en la aplicación de la Constitución “deseos de venganza más que de reconciliación”, como si no fuera la ley lo que protege a los ciudadanos de las arbitrariedades de sus dirigentes y lo que impide la venganza de unos contra otros. Ojalá, con prontitud, haya fundamentos para celebrar una verdadera rectificación, pero, mientras esperamos, hay tareas pendientes y urgentes que no dependen de un ataque de lucidez de Puigdemont.

El sindicato Steilas o la ignorancia sobre la educación
Paulino Aldasoro  latribunadelpaisvasco.com 22 Enero 2018

Educación a la vasca
Resulta atrevido denominar educación a lo que se intenta por el Gobierno vasco. Durante años asistimos a una permanente autocomplacencia y chulería de los responsables de Educación en el sentido de que lo que ellos definen como “la mejor educación del mundo”.

Si desde las altas instancias del Departamento de Educación se pretenden unos objetivos sin perspectiva científica y escasas bases pedagógicas coaccionando a los alumnos a unos recorridos sin fundamento ni futuro, la aparición en la escena del sindicato de docentes Steilas, pone la guinda al pastel.

Steilas se vuelve en contra de las pruebas PISA y de las evaluaciones de la denigrada LOMCE de l ministro Wert para anunciar que “se pondrá en contra porque son pruebas que favorecen al mercado y al neoliberalismo…”
Steilas es un sindicato nacionalista mayoritario entre los profesores del País Vasco.

Mi experiencia como docente universitario en esa tierra vasca me da argumentos para opinar sobre el sistema educativo más pobre e inoperante de Europa.

Vaya por delante que en la educación la evaluación es capital para determinar en qué puntos fallamos y qué debemos hacer para corregir métodos, asignaturas, contenidos y las pruebas PISA diseñadas por Andreas Schleicher son un modelo al que cada cierto tiempo se añaden más países de forma voluntaria.

Schleiser no es ningún indocumentado como estos señores de Steilas, sino el director de Educación de la OCDE. Es un experto en evaluación y, con motivo de la entrada en vigor de la LOMCE, aseveró que sus reválidas eran correctas y el mejor sistema para mejorar el sistema educativo español.

No soy experto en evaluación. Tampoco en reválidas. Lo cierto es que en casi todos los países existen casi siempre cada dos años estas pruebas evaluadoras para, por un lado, conocer cómo los alumnos progresan en sus conocimientos y a través de sus resultados estar al tanto de cuál es el nivel de los profesores.

Y ese es el fondo de la cuestión. Cuando los alumnos fallan, la evaluación negativa se aplica a sus docentes.

Qué vamos a decir de los enseñantes del País Vasco cuando asistimos a las negativas a formarse y reciclarse en programas ERASMUS PLUS.
El profesorado es de escasa o muy pobre formación inicial, no quiere formarse, su edad es avanzada y su motivación escasa o nula. Eso sí, es muy combativo a la hora de movilizarse para defender sus derechos.
Entre los que, al parecer, incluyen el de no evaluar a sus alumnos.

Desde tiempos inmemoriales tanto el Gobierno Vasco como los sindicatos de profesores defienden las bondades del euskera como lengua vehicular de la enseñanza. Demuestran que los alumnos que siguen el modelo de “todo en euskera” obtienen mejores resultados que los que siguen el “modelo en español con varias horas de euskera”.

Tramposos.
Llegan al éxtasis con el consenso de la UPV de incorporar la lengua vasca a las asignaturas clave como Matemáticas con igual nota…

El objetivo de Educación del País Vasco es poner por encima de todo al euskera en la enseñanza. Es prioritaria en todos los ámbitos del sistema educativo.

Un profesor y licenciado de inglés con su QTS (Qualified Teacher Status) que faculta para enseñar inglés en secundaria del Reino Unido NO puede dar clases de esa lengua en esos lares porque no tiene el EGA (título oficial de reconocimiento del euskera).

La pregunta que nos hacemos es cómo Educación se preocupa por atraer talentos si en esa ni hacen falta y se les cierra el paso al no hablar euskera.

La lengua milenaria es obligatoria para cualquiera de las oposiciones a profesores de secundaria del País Vasco con ese nivel C1 del EGA.
La ínclita UPV presume de universidad bilingüe… con casi el 50% de las carreras en euskera. La mayoría de las universidades ofrecen sus másteres de dos años en inglés y en muchos países de Europa como Polonia, Chequia, Eslovaquia y casi todos los Bálticos proponen carreras de ciencias, ingeniería y medicina exclusivamente en inglés…
Aquí sustituimos el inglés por el euskera. Todo está dicho.

El que se opone al euskera como lengua obligatoria se le califica de fascista… No debe haber espejos en mi tierra.

Nadie duda de que la enseñanza de las Matemáticas es central para el desarrollo de la tecnología. En la América de Obama pusieron de moda – y siguen – las siglas STEM como paradigma de la enseñanza, Science, Technology, Engineering and Mathematics con un inciso en la lengua materna.

La lengua materna debe de ser vehicular de la enseñanza en cualquier sistema educativo, menos en el País Vasco, lugar en el mundo donde prefieren priorizar el euskera que solo es lengua materna de un 15% de los alumnos…

Además de establecer como vehicular es imprescindible desarrollar el conocimiento de esa lengua materna y vehicular, repito.

El sistema educativo de Wallonie-Bruxelles, es modelo de calidad, método, rigor y libertad de elección de recorridos pedagógicos. Justo lo contrario a la del País Vasco. Por supuesto que, en su Secundaria, cada dos años hay una reválida común para todos los alumnos de esta Comunidad. Aceptada universalmente. Y nadie puede dudar de la democracia belga. No son fascistas y se puede opinar sin descalificaciones.

Esa libertad de elección del recorrido pedagógico de los alumnos pretende que sean los padres los que elijan, por ejemplo, el euskera como lengua vehicular para sus hijos o que el español sea otra de las elecciones sin excluir como en muchos colegios que la vehicular sea el inglés, alemán o francés. Libertad de elección sin amenazas ni descalificaciones ni coacciones como es habitual en el departamento de Educación de la señora Uriarte.

Si la lengua vehicular es vital en la enseñanza a nivel de los alumnos aún es mayor en el caso de los profesores.

En el caso de las Matemáticas, que es la materia del que escribe, y puedo hacerlo largo y tendido con conocimiento de causa por ser docente, la UPV propone la carrera de cuatro años de esta asignatura en euskera. Para un gran número de alumnos las matemáticas suelen ser una materia infranqueable con fuerte rechazo alegando que no entienden nada. No voy a entrar en cómo se enseñan porque sería harina de otro costal y estoy dispuesto a acudir a cualquier debate sobre cómo hacerlo y hay literatura científica para aclarar posiciones de que las matemáticas se enseñan muy mal en el País Vasco.

En junio-julio de 2016 se publicó en “El Correo” una noticia sobre oposiciones a profesores de matemáticas de secundaria. Por desgracia no he conseguido su texto, solicitándolo al subdirector de ese digno diario sin que se haya molestado en facilitarme la información exacta.
Hablo de memoria por lo que pido perdón por adelantado por incurrir en un posible error.

La oposición de secundaria exige a los participantes el certificado EGA o nivel C1 en euskera. Es condición necesaria. Al final de la prueba la puntuación refleja el mismo puntaje que un doctorado en Matemáticas. Los optantes a profesores de otras comunidades que no aportan el EGA, no son aceptados. Queda la oposición para los licenciados en Matemáticas con EGA y creo que los Ingenieros antiguos con el mismo diploma de euskera pueden acceder. El CUP o el Máster de Formación del Profesorado son también imprescindibles.

La oposición comienza con una prueba en español o euskera en que se requiere resolver un problema entre dos propuestos… Estimo que a un futuro profesor del ramo se le dé a elegir entre dos opciones es un auténtico despropósito. Se debería exigir la resolución o bien de uno o de dos problemas. Jamás la opción.

Lo grave de aquella oposición de hace un par de años fue que de 150 opositores solo resolvieron uno de los dos problemas alrededor de 25…
Nunca en la historia de oposiciones de Matemáticas en comunidades donde no se exija el EGA, en una primera prueba ha sucedido tamaña escabechina…

¿La causa? Mi opinión es el euskera (la imposición del euskera).

Las Matemáticas no son una dificultad cuando se explican bien. Existe una Didáctica de las Matemáticas y una Didáctica del Español. En el peregrinar por Google no encuentro ni lo uno ni lo otro en euskera.

Alguien alegará que los profesores para presentarse a la oposición deben de realizar o bien el viejo CAP o el Máster de Formación del Profesorado.
He leído los contenidos/materias de ambos en UPV, Deusto y Mondragón. Nada de nada. Parece que la formación de Didáctica de las Matemáticas no existiera, así como la del euskera.

El euskera es una batalla perdida e imponerlo bien entrados en el siglo XXI frente a los retos de la globalización y la presencia omnipresente de Internet, es una destrucción de recursos monetarios muy necesarios para otras asignaciones.

Nuestra tierra es exportadora de bienes y las autoridades deberían cambiar el chip del euskera siguiendo las directrices de la Unión Europea. Esta, en su último programa Erasmus Plus, promovió por primera vez el acercamiento entre centros educativos y empresas para establecer las lenguas necesarias para la exportación en cada territorio.

Educación del País Vasco, en su ignorancia a todo lo que no sea su objetivo – el euskera - , ha obviado esas recomendaciones.
Para la UE, la exportación es prioritaria y la enseñanza de lenguas también porque es la forma más fácil y evidente de promoverla.

Los países a los que se exporta desde el País Vasco son casi todos de lengua inglesa (Reino Unido y Estados Unidos) y de lengua francesa (Francia, Bélgica y Suiza). Solo se han hecho los deberes en lo que se refiere al inglés. Respecto al francés, al día de hoy, no se ha tomado ninguna forma de promoción y es imprescindible, porque Francia es nuestro primer comprador y Bélgica un pequeño país tiene unas posibilidades inmensas para la importación de productos guipuzcoanos.

Si mal no recuerdo, Bélgica es el sexto o séptimo comprador de productos españoles. Y está a tiro de piedra.

Mucho tiene que cambiar la educación en el País Vasco y en la mentalidad de políticos y sindicatos de profesores para que se pueda mejorar. De momento, es misión imposible.

La regla de tres que señala a Rajoy
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 24 Enero 2018

La declaración del director de EL ESPAÑOL en el Congreso de los Diputados que infructuosamente intentó suspender el PP ha permitido presentar en la Comisión Bárcenas 13 episodios y ocho elementos de prueba sobre la implicación de Rajoy en la caja B de su partido. Pedro J. Ramírez aportó desde los detalles que prueban la familiaridad que existía entre el presidente del Gobierno y el extesorero, hasta los pormenores de los pagos de éste a dirigentes del PP.

De la prolija exposición de Pedro J. Ramírez, que se extendió por espacio de tres horas, cabe colegir que es imposible que los sobresueldos fueran falsos. Como él mismo argumentó, no es creíble que Álvaro Lapuerta y Luis Bárcenas empezaran a configurar pruebas falsas años atrás, en forma de contabilidad B, y hacerlo día a día, para poder emplearlas en un futuro como elemento de coacción si tenían problemas con el partido.

En el despacho de Rajoy
El periodista, que explicó cómo la denuncia de la financiación irregular del PP le costó su cargo de director de El Mundo en 2014, pidió a los diputados que dejen a un lado sus discrepancias y adopten medidas de regeneración democráticas para que situaciones así no vuelvan a producirse.

Cuando se le preguntó si creía que Rajoy estaba al tanto de lo que ocurría, manifestó que era imposible "manejar cantidades" tan grandes a espaldas del máximo responsable de la organización: "Todo desembocaba en el despacho de Mariano Rajoy, tanto cuando estaba en Génova [sede central del partido] como cuando estaba en la Moncloa", dijo tajante.

Los nervios del PP
El argumento más claro en este sentido lo dio cuando, inopinadamente, se le planteó desde las filas del PSOE si podía afirmar que Rajoy era "el Señor X" del PP. Pedro J. Ramírez explicó que de la misma forma que el Supremo ha mantenido en la cárcel a Junqueras al no dar crédito a su versión de que desconocía lo que hacían sus subordinados en la Generalitat, e igual que resulta imposible que González no supiera lo que hacían Vera y Barrionuevo en el caso de los GAL, tampoco cabe creer que Rajoy desconociera lo que hacía el tesorero del PP.

Vista la intervención del director de EL ESPAÑOL se comprende que el grupo parlamentario del PP intentara callarle y que se opusiera a su compareciera en la Comisión Bárcenas. Al final, su diputado Eloy Suárez, ante la impotencia de no poder rebatir los argumentos e indicios aportados recurrió al ataque personal, en una actitud que se califica por sí sola. Lo que quedó patente tras la intervención del periodista y que es de puro sentido común, es la vigencia de esa regla de tres que sirvió para Junqueras y González y que hoy señala al presidente del Gobierno.

Goyo Ordóñez, un mito contra el nacionalismo que sigue vigente en España
Editorial esdiario 24 Enero 2018

España tiene una deuda con las víctimas del terror que, como Ordóñez, resistieron por todos el pulso y pagaron con su vida. Su lección es bien vigente: el nacionalismo siempre es perverso.

Se cumplen ahora 23 años del asesinato de Gregorio Ordóñez, ejecutado por la espalda por ETA mientras departía el dirigente del PP vasco departía con sus compañeros en una cafetería de San Sebastián.

Su muerte a balazos, pocos meses antes de que su partido ganara las Elecciones Municipales en Donosti, cercenó la carrera del probable alcalde de aquella ciudad e intentó acallar una de las figuras más valientes, decisivas, comprometidas y ejemplares contra el terrorismo etarra y la ideología y objetivos que movía a la repugnante banda.

Goyo, como le conocían sus amigos, es un icono de la resistencia, un valor inmortal de la dignidad política y un ejemplo simbólico del martirio que cientos miles de personas sufrieron en el País Vasco durante cuatro décadas: casi un millar fue asesinado, como él; pero muchos otros sufrieron coacciones, ataques, extorsiones, heridas o exilio.

La esperanza
Frente a aquel inmenso drama, olvidado en demasía en supuesto pago a una paz que nunca será decente ni total si no va a acompañada de la memoria y justicia, personas como Ordóñez representaron la esperanza y el valor imprescindibles para lograr, a un precio inmenso, la victoria frente al horror.

Si Ordóñez estuviera vivo, hoy sería enérgico en su oposición al secesionismo y brillante a la hora de describir su letal carga supremacista

Y resulta muy triste que su aniversario no haya tenido el eco y la dimensión que merecía, no sólo en agradecimiento a la persona, sino también en reconocimiento a los valores que encarnaba y que hoy siguen estando vigentes. Porque la ideología que impulsaba al terrorismo es la misma que hoy alimenta el conflicto en Cataluña, y aunque los medios sean distintos, los objetivos son idénticos: fracturar un país democrático, pisotear el Estado de Derecho y convertir la convivencia en un infierno.

España no se vacuna
De hecho, es sorprendente que un país como España, damnificado por el mayor fenómeno terrorista de toda Europa inspirado en tensiones territoriales, se haya visto sometido de nuevo con tanta facilidad a una variante del mismo problema: si alguien debía de estar inmunizado es quien lo sufrió, pero aquí ha ocurrido todo lo contrario y, lejos de ser el caso vasco un antídoto para el catalán, parece haber sido un estímulo.

Eso dice mucho de la imperiosa necesidad de cerrar los capítulos más negros de la historia de un país con dignidad: saber quiénes fueron los buenos y quiénes lo malos es, además de un acto de justicia, una necesidad para vacunar a una sociedad de enfermedades similares.

Seguramente si Ordóñez estuviera vivo, hoy sería enérgico en su oposición al secesionismo y brillante a la hora de describir su letal carga supremacista y excluyente. Recordar a Goyo es, en fin, reforzar la democracia e inocular en la sociedad una vacuna, siempre necesaria, contra los abusos sistémicos y las políticas perversas.

Las víctimas del terror no son sólo un testimonio dramático de una época, también son una invitación dolorosa a la prevención: su inmenso martirio nunca tendrá un sentido completo, pero si algo adecenta su sufrimiento es que seamos capaces de aprender la lección formidable que nos dieron en vida y cuando murieron. Por nosotros, por la democracia.

COVITE DESMONTA LAS MENTIRAS
Francia niega la versión del Gobierno vasco sobre el acercamiento de etarras
La Gaceta  24 Enero 2018

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo critica al Gobierno de Mariano Rajoy por no impedir la campaña de descrédito al Estado de derecho.

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) ha mantenido este martes en París una reunión en el Ministerio de Justicia francés para abordar las últimas informaciones que apuntan a un posible traslado de presos de la banda terrorista de ultraizquierda ETA.

Tras el encuentro, mantenido con la magistrada Helene Davo, las víctimas han cargado contra los mediadores de los presos etarras y contra el Gobierno vasco por orquestar y dar pábulo a una “campaña de confusión para presionar y lograr cambios en política penitenciaria”.

Tal y como ha confirmado la presidenta de Covite, Consuelo Ordóñez, Francia no está negociando con los mediadores porque, como aseguran desde el Ministerio, “no hay nada que negociar”.

En esta línea, a los presos de ETA en el país galo se les va a aplicar el derecho común, que establece que se atenderán las solicitudes de forma individualizada y se podrían aplicar a quienes les queden menos de tres años de cumplimiento de pena, quienes cumplan requisitos de seguridad y quienes tengan buen comportamiento en prisión. La organización de víctimas ha confirmado que no se tomará ninguna medida colectiva que afecte al conjunto de los presos.

Covite ha celebrado las líneas rojas marcadas por el Ministerio de Justicia francés, que asegura que no se concederán traslados a presos con delitos de sangre ni a aquellos con condenas o causas pendientes en España.

Tras la reunión, Consuelo Ordóñez ha criticado a la delegación nombrada por los presos de ETA para entablar contacto con el Gobierno francés y al propio Ejecutivo de Íñigo Urkullu por “orquestar una campaña de falsedades y mandar mensajes interesados sobre supuestos cambios en política penitenciaria sabiendo que son inexistentes”.

El único cambio, ha señalado Covite, es “la actitud de los etarras, que han decidido someterse a la legislación francesa“. Además, el colectivo ha culpado al Gobierno de Mariano Rajoy de permitir que “se juegue con la ley y se ponga en entredicho el Estado de derecho”.

“Es totalmente ilógico que una organización de víctimas tenga que desmontar una campaña de mentiras favorables a terroristas presos ante la pasividad total del Ejecutivo español”, ha lamentado.


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