AGLI Recortes de Prensa   Jueves 1 Febrero 2018

El engendro de las asambleas o "parlamentos"
Antonio García Fuentes Periodista Digital 1 Febrero 2018

Creo recordar que fue Voltaire el que sentenció lo siguiente: “Prefiero ser juzgado por un tirano a serlo por una asamblea; al primero si me deja hablar, podría convencerlo, a la asamblea jamás, pues sería condenado”. El también famoso francés Napoleón cuando quería solucionar algo, buscaba a la persona más conveniente para que lo solucionase; si lo que trataba es de lo contrario nombraba una comisión, para como mínimo dilatar el asunto por tiempo indefinido. Estoy citando de memoria, pero el “extracto se atiene a la realidad de los hechos”.

Y es que como ya deduje hace muchos años, “el individuo es superior a la masa y por tanto las decisiones cruciales las toma siempre este”. Lo podemos apreciar en “las simples reuniones domésticas” (comunidades de vecinos o propietarios por ejemplo) y en las que siempre hay “follones” y la mayoría de los pocos asistentes, lo que van es a incordiar y a hacer perder el tiempo a los inteligentes; por lo tanto “eso de un hombre un voto”, es más que discutible, salvo para los demagogos que siempre van “a la pesca en río revuelto”; pienso sinceramente que “por asamblea aún estaría América por ser descubierta, o el cerciorarse de que “El planeta era redondo”.

Me sugiere ello mis pensamientos mientras escribo hoy y que lo hago pensando en ese “monstruo ingobernable” cuál es el denominado “Parlamento Europeo”; y el que de 751 miembros, tan pronto se vayan los ingleses, tiene que ser reducido en 73 escaños.

Pues bien, en vez de reducir “al monstruo” en ese número y sin más, “los muy listos” beneficiarios de ese gran hueco (que nos cuesta una cantidad enorme de dinero inútil) se les ocurre que mejor que anular los asientos, sean repartidos los mismos entre los que quedan, por lo que se estima en principio que cinco de esos escaños, serían asignados a España; por lo que seguro estoy que ya se les hace “la boca agua”, a los que pudieran aspirar a los mismos, pues menuda bicoca para los que viven de la política.

Cuando lo lógico es que todos “esos tinglados” funcionaran con muchos menos “chupópteros” de los que nos obligan a mantener, y por aquello que practicaba Napoleón y que dejo en boceto líneas más arriba.

Pero no, aquí de lo que se trata es de ir cargando al indefenso contribuyente, con ejércitos de parásitos, que llenen “departamentos que no nos sirven para nada útil”, y caiga quien caiga, puesto que la política hoy es “una masa de inútiles que son la fuerza de los jefes (que no líderes) de partidos, que como tales (partido ya lo dice la palabra “es una parte” y no un todo) lo que pretenden es eternizarse en el mando, hacer lo que les dé la gana y no responder nunca de nada; o sea volver “a la inviolabilidad de los reyes que eran designados nada menos que por “el dios de los cielos y además como dueño y señor del reino o imperio”; y además como ocurre hoy que seguimos en una decadencia horrenda por lo enorme, decirnos con toda la cara dura del mundo, que nos mantienen en progreso, aunque ese progreso sea en sentido contrario y caminando hacia tumbas insondables y de las que nadie puede predecir cuándo y cómo saldrán de ellas los que al final, las van a llenar.

Como “es natural” de todo esto nadie hablará nada en favor de los grandes reajustes que serían necesarios, puesto que ello lo consideran “no político” los responsables de las grandes reformas necesarias, por lo que lo que nos espera, pero agravado es lo que sintetizan las palabras… “más de lo mismo”: Amén.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

De la dictadura de Franco a la dictadura de la Memoria Histórica
OKDIARIO 1 Febrero 2018

El PSOE sigue empeñado en utilizar el pasado para seguir haciendo política en el presente, lo que denota una nula visión de futuro. Se le atribuye al romano Marco Tulio Cicerón, uno de los pioneros de la política moderna, una frase clarividente: “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”. No obstante, tan malo es olvidarla como manosearla hasta el punto de convertirla en un objeto arrojadizo contra el que piense diferente. De ser así, volvería a exacerbar de manera kamikaze la confrontación. El mismo error que provocó el inicio de una de las páginas más negras de nuestra historia. La dictadura de Franco no puede ser la excusa para imponer la dictadura de la Memoria Histórica como intenta hacer el Partido Socialista. Menos aún si es con la intención de criminalizar a parte de la sociedad española y sacar réditos electorales mediante ello.

Plantean la reforma de la ley de tal manera que parece que el fin último es castigar —hasta con penas de cárcel— a los que no piensan como ellos. Bordearían además la violación del artículo 20 de la Constitución española, donde se recogen los derechos fundamentales y de las libertades públicas. Un espíritu punitivo que posee un cariz cuasi sectario, hasta el punto de crear una ‘Comisión de la Verdad’ que suena a Inquisición y censura en pleno siglo XXI más que a reflexión y estudio sobre nuestra historia. Nadie duda de que la Guerra Civil fue lo peor que le pudo suceder a España. “Una guerra de malos contra malos”, como la definió el prestigioso hispanista Stanley G. Payne. El resultado hubiera sido igual de trágico fuera cual fuera el ganador: muertes, destrucción y miseria, amén de un contexto dominado con puño de hierro por uno de los dos polos que dominaban la política internacional.

Ganó Francisco Franco y sometió a los españoles a un régimen represivo que se extendió durante 40 años. No obstante, si hubiera ganado el Ejército Popular de la República, España hubiera quedado sepultada bajo el yugo soviético y las órdenes que Joseph Stalin hubiera dado desde Rusia. Con semejante panorama, la fatalidad iba a alcanzar a España sí o sí, un país que además estuvo a merced de la sinrazón de los políticos de la época. Culpables de que se creara un ambiente social e institucional irrespirable. Sin embargo, lo que no deben hacer nuestros representantes públicos en la actualidad es jugar con la Historia como quien juega con un capricho. Es muy peligroso llevar y traer el pasado hasta el presente, especialmente si con ello se pretende estigmatizar y señalar al que piensa distinto. España debe mirar hacia el futuro. Respetando y conociendo su historia, desde luego, pero siendo conscientes de que la apuesta por conquistar el futuro la hará evolucionar y crecer como sociedad.


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El plan del Gobierno de España.

Vicente A. C. M. Periodista Digital 1 Febrero 2018

UNOS SMS INCREIBLEMENTE EXPUESTOS. EL PLAN DE MONCLOA: INDULTAR A LOS GOLPISTAS.

Que Carles Puigdemont sufriera una crisis depresiva al no ver cumplido su deseo de ser investido, es algo comprensible en un sujeto megalómano y acostumbrado en estos dos años a que todos le reconocieran como el “amado líder” carismático del independentismo. Una imagen que se contrapuso pronto a la de su antecesor en el cargo, el “astuto Artur Mas” que fue censurado por la CUP y obligado a abdicar en favor de este ultra radical militante exalcalde de Gerona. Una depresión al ver que todos sus “sacrificios” se vieron traicionados por su exsocio ERC al aplazar la sesión de investidura “sine die” a la espera de lo que resuelva el Tribunal Constitucional sobre la admisión a trámite del recurso del Gobierno de España. Un estado anímico, el típico bajonazo de “llorera” que suele acompañar al consumo excesivo de bebidas con alto contenido etílico. Un desahogo normal en quien tiene morriña de su tierra y de disfrutar de una buena “calçotada” tras tres meses de turismo involuntario en Flandes.

Lo que resulta sorprendente es la actitud descuidada del receptor, subordinado compañero de exilio y paño de lágrimas ocasional, el “paraca” Toni Comín exconsejero de Sanidad. Porque extraña mucho la exposición pública de su teléfono móvil estando rodeado de periodistas y cámaras de diferentes medios de comunicación que se destacan por su habilidad para captar momentos privados que comprometen a personajes públicos, sobre todo políticos, en su misión de ir por la noticia. Basta recordar las múltiples pilladas a micrófono abierto o las fotografías de pantallazos de móviles, tabletas, ordenadores durante sesiones de trabajo en el Congreso de los Diputados. Un ejemplo fue la pillada de la Presidenta de la Mesa, la Diputada del PP Celia Villalobos jugando al conocido juego del Candy crush. O Las pilladas de conversaciones entre el Presidente y candidato José Luis Rodríguez Zapatero y el periodista Iñaki Gabilondo cuando dijo lo de “lo que pasa es que nos conviene que haya tensión”. Y siempre se ha aducido la prevalencia del derecho a la información en ese contexto, diferenciándolo de otros métodos como el de micrófonos o cámaras ocultas, “pinchazos” de teléfonos y otros medios de espionaje ilícitos sin orden judicial.

Y es que lo que extraña es en primer lugar la propia “conversación” en la que el receptor no intercala respuestas y se limita a ir visionando los sucesivos mensajes y tan absorto que pierde la noción del entorno donde se encuentra rodeado de auténticos halcones de la información. Un descuido imperdonable en el mejor de los casos, o pensando mal, un acto consciente de difusión disfrazado de descuido. Y la verdad, dada la trayectoria política de Toni Comín y su negativa a delegar el voto y renunciar al Acta de Diputado, podemos pensar cualquier cosa. Una actitud coherente con lo que define a este sujeto ejemplo dl transfuguismo político y de la falta de ideología, algo que se definió muy bien en un artículo del periodista Antonio Fernández Barcelona en el CONFIDENCIAL titulado “LA EMPECINADA CARRERA DE UN TRÁNSFUGA”. Y a veces lo que parece termina por ser lo que es, una maniobra personal para contribuir al derribo de Carles Puigdemont que ha iniciado su actual partido ERC con Roger Torrent y la bendición de Oriol Junqueras, cuya respuesta no puede ser más contundente y elocuente “90 días en Estremera, 107 en Soto”.

Así que estos SMS hay que tomarlos como lo que son, un momento de debilidad y de frustración de un hombre acostumbrado a detentar poder y a ver cumplidos todos sus deseos que ha visto cómo se le escapa su oportunidad de “montar el pollo” al Gobierno de España y al Estado de Derecho. Un monólogo en horas bajas como el que relatan los evangelios sobre las horas previas a la detención de Jesús de Nazaret en el huerto de los olivos por la soldadesca de los Fariseos y la traición de Judas. Aquí, a los ojos de Carles Puigdemont, el Judas es Joan Tardá que no dudó en admitir que podría ser sacrificado en aras del “proceso”. Y como Hitler, Carles Puigdemont se identifica él mismo con ese proceso y el movimiento independentista, creyendo firmemente que si el desaparece (como líder indiscutible) el proceso habría muerto con él. Y eso queda perfectamente claro cundo dice en su SMS lo de “Supongo que tiene claro que esto se ha terminado. Los nuestros nos han sacrificado. Al menos a mí” o lo de “Volvemos a vivir los últimos días de la Catalunya republicana”.

Todo lo anterior no quita para que tengamos que plantearnos una duda sobre una frase enigmática en la que se habla de un plan de Moncloa. El mensaje dice “El plan de Moncloa triunfa, sólo espero que sea verdad y que todos puedan salir de la cárcel…” ¿Qué clase de plan es al que se refiere que contempla la excarcelación de los golpistas? ¿Está el Gobierno de España pactando con los que ya Soraya Sáenz consideraba como “moderados”, incluyendo al beato Oriol Junqueras? ¿Está la Fiscalía colaborando en ese plan al insinuar que debería reactivarse la Euroorden de detención contra los fugados, a sabiendas del riesgo de que se limiten los delitos por los que pueden ser imputados Carles Puigdemont y el resto de fugados? ¿Se considera imposible acreditar los delitos de rebelión y de sedición? Son demasiadas preguntas que requieren una respuesta en sede parlamentaria, esto es en el Congreso de los Diputados, además de aclarar la vergonzosa actuación de los Mossos en su misión de defender el Parlamento de Cataluña y a los parlamentarios del acoso de las hordas de la ANC y OMNIUM convocadas el día del pleno de investidura suspendido.

El Gobierno ha respondido que no existe ningún plan, lo cual es aún más increíble, aunque no tanto si consideramos la chapuza de intervención que ha culminado con unas elecciones precipitadas que han dejado las cosas igual o peor de lo que estaban antes de la intervención, con el triunfo del bloque independentista, con el descalabro electoral del PP y del PSOE incluidos y la hegemonía de CIUDADANOS como única fuerza constitucionalista obligada a seguir en la oposición. Una situación que solo se explica desde la perspectiva de considerar la existencia de un plan tipo gatopardo de “cambiar todo para que nada cambie”. Es decir mantener el antiguo “status quo” de equilibrio estable donde el nacionalismo independentista gobierna pero se aviene a mantener sus aspiraciones dentro del marco legal, intentando sacar el mayor provecho y autonomía máxima que haga innecesaria la segregación de forma abrupta unilateral, ya que la pactada no sería viable.

El hecho de que realmente existía un plan fue el empeño del Gobierno en pactar con Oriol Junqueras con una Soraya Sáenz en plan “comisionada para asuntos catalanes” desplazada a Cataluña durante semanas. Y otro detalle fue sugerir insistentemente al golpista Carles Puigdemont que abandonase su desobediencia y convocase elecciones autonómicas presentándose como candidato. Algo que aceptó cuando ya estaba exiliado y perseguido por la Justicia, al verse como ganador mejorando los resultados y creando su propia marca ninguneando a su partido. Un plan que ahora se ve reforzado si tras no lograr la investidura consigue forzar unas nuevas elecciones donde cree que logrará mejorar sus resultados. Y siempre queda la posibilidad que fuera condenado solo por delitos menos graves como el de malversación o conseguir un oportuno indulto en aras de la vuelta a la legalidad y la normalidad previas del pujolismo. Y es que el entendimiento es fácil entre iguales y como se dice, lobos de la misma camada cazan juntos. En este caso, entre corruptos es fácil entenderse.

Hay que exigir aclaraciones urgentes en el Congreso de los Diputados y que el Gobierno responda si existe o no ese plan que menciona Carles Puigdemont. El futuro y la confianza de los españoles depende de ello y está algo más que la democracia en juego.

¡Que pasen un buen día!

El Tribunal Constitucional tumba las multas lingüísticas de la Generalitat
En una sentencia sobre el Código de Consumo, señala que no puede imponerse el uso de una lengua en las relaciones entre particulares y, por tanto, tampoco cabe establecer un régimen sancionador
Alejandro TerceroCronica Global 1 Febrero 2018

El Tribunal Constitucional ha declarado inconstitucionales las multas lingüísticas de la Generalitat. En una sentencia --la segunda-- sobre el Código de Consumo de Cataluña, el alto tribunal, recogiendo la jurisprudencia existente, ha señalado que, en el ámbito de las relaciones entre particulares --y a diferencia de lo que ocurre en las relaciones entre los poderes públicos y los ciudadanos--, no puede imponerse el uso de una de las lenguas oficiales.

Consecuencia de ello es que, en el ámbito de las relaciones entre privados, tampoco cabe establecer un régimen sancionador frente a eventuales incumplimientos de dicha norma autonómica, pese a que así lo recoge la propia ley para las empresas que no utilicen el catalán en sus relaciones con los consumidores.

No puede obligarse a una empresa a usar una lengua
La sentencia no anula los preceptos recurridos por el Grupo Popular en el Congreso, entre ellos, el apartado 1 del artículo 128-1 --que prevé el derecho de los consumidores a ser atendidos oralmente y por escrito en la lengua que escojan--, pero establece que estos deben ser interpretados de esta forma. "Ni el reconocimiento de un derecho ni el establecimiento de un deber de disponibilidad lingüística de las entidades privadas, empresas o establecimientos abiertos al público, puede significar la imposición a éstas, a su titular o a su personal, la obligación de uso de cualquiera de las dos lenguas oficiales", indica el alto tribunal.

E insiste en que no cabe imponer cualquiera de las dos lenguas oficiales de modo general, inmediato y directo y, menos aún, "establecer régimen sancionador alguno frente a un eventual incumplimiento de unas obligaciones individuales que nunca podrán ser tales".

Un 'procés' que ni empezó ni termina con Puigdemont
Editorial  Libertad Digital 1 Febrero 2018

Resulta iluso pensar que con la caída del payaso Puigdemont se acaba un circo del que no sólo son responsables las formaciones separatistas.

Resulta comprensible la satisfacción constitucionalista por el hecho de que este martes se haya evitado el insuperable ridículo internacional –y, lo que es más grave, la clamorosa ilegalidad– que habría supuesto la investidura como presidente de la Generalidad del depuesto y prófugo golpista Carles Puigdemont. No menos lógico resulta que se celebren las debilidades y flaquezas que destilan los mensajes de móvil del personaje, ya sean interceptados o filtrados.

Ahora bien, aun cuando Puigdemont estuviera dispuesto a arrojar la toalla –lo que todavía está por ver–, o los separatistas a desembarazarse de él –lo que parece ser el caso–, hay que tener presente que el ilegal proceso secesionista iniciado en Cataluña en 2012 –el mismo que, desde entonces y cada dos o tres meses, tantos insisten ilusamente en dar por muerto– ni empezó con la llegada de Puigdemont a la Presidencia de la Generalidad ni tampoco va a acabar el día en que constate definitivamente su imposible regreso al cargo. Puigdemont podrá estar tan muerto políticamente como llegó a estarlo Artur Mas, pero eso no significa, en modo alguno, que lo esté un desafío a la Nación y al Estado de Derecho que sigue contando con innumerables redes clientelares, durmientes cuando no activas estructuras de Estado e ingentes cantidades de dinero público.

Al margen de la cantidad de puigdemones y de junqueras que ERC y Junts per Catalunya disponen para relevar a los originales, hay que tener presente que el problema real que aqueja a Cataluña y a toda España no es tanto el reconocimiento o la proclamación de ningún nuevo Estado soberano, sino la muy real y persistente independencia de facto de la Cataluña nacionalista, que hace posible que, sin necesidad de república alguna y bajo el supuesto imperio del artículo 155 de la Constitución, se siga predicando el desprecio y el odio a España en las escuelas y en los medios de comunicación o proscribiendo el español en la enseñanza.

Por otra parte, resulta delirante que el PP utilice de forma triunfalista los mensajes telefónicos de Puigdemont como supuesta demostración del triunfo de la estrategia del Gobierno en defensa del Estado, cuando lo cierto es que el Tribunal Constitucional tan sólo ha paliado parte de los efectos de la disparatada decisión de aplicar el artículo 155 para convocar elecciones autonómicas; aplicación del 155 que, tal y como denunciamos en noviembre del año pasado, "no preveía nada" y ante la cual "sería necesario una medida cautelar muy especial como la de inhabilitar preventivamente a los acusados para evitar que estos pudieran concurrir y ser elegidos el 21-D".

Aun cuando ahora el Tribunal Supremo, ya siguiendo los automatismos que establece la Ley de Enjuciamiento Criminal, privase preventivamente a Puigdemont de su acta de diputado y del derecho al sufragio pasivo, será necesario que Torrent no se limite a suspender o a aplazar la investidura del prófugo, sino que la sustituya por la de otro candidato, pues sin esa votación de investidura ni puede haber nuevo presidente de la Generalidad ni tampoco nuevas elecciones autonómicas.

Como para pensar que con la caída del payaso Puigdemont se acaba un circo del que no sólo son responsables las formaciones separatistas.

¿Plan Moncloa?
Pablo Planas  Libertad Digital 1 Febrero 2018

El pirómano Puigdemont ha sufrido una pájara espectacular, un derrumbe colosal, puede que el colapso definitivo. Está al final de la escapada y ya ha pasado de la negación al enfado. Culpa de todo a los demás, a los suyos primero, que dice que le han sacrificado. Si él mismo se da por vencido será porque se ha quedado sin conejos en la chistera, aunque el tipo es capaz de hacer un Assange en alguna embajada bolivariana para seguir dando la brasa con lo de que es el presidente legítimo y toda la vaina proclamada.

El material de sus mensajes de móvil acentúa un par aspectos del sainete catalán. De primeras, que Puigdemont llama a resistir hasta la última bala a los bomberos del proceso y las tietas amarillas mientras teclea en privado que todo está perdido en "los últimos días de la Cataluña republicana" porque le han sacrificado nada menos que a él, que va a dedicar el resto de su vida a defender su reputación. Pues como dijo Trapero, muy bien, nen.

En segunda instancia alude Puigdemont a un "plan Moncloa" del que no se tenía noticia y que a mayor abundamiento "triunfa" desde el punto de vista de Puigdemont. "Sólo espero que sea verdad que gracias a esto puedan salir de la prisión todos. Porque si no, el ridículo histórico es histórico", añade el expresidente en sus melancólicas confesiones telefónicas al también fugado Comín. Apesta a enjuague.

Si, como se infiere del texto, el Gobierno aplica la Doctrina Iceta a cambio de que los separatistas tengan a bien cumplir la ley, no será Puigdemont el derrotado de este lamentable ciclo histórico, sino la propia España que afloró en las calles de media Cataluña durante lo más crudo del golpe, cuando los de las sonrisas acosaban a los policías en las pensiones donde estaban alojados y cortaban vías y carreteras en sus huelgas por la república.

Sin el horizonte penitenciario, los golpistas habrían arrasado con todo y el éxodo no sería sólo empresarial. Demostraron que estaban dispuestos a llegar hasta el final porque llegaron hasta el final. Otra cosa es que fueran unos incompetentes y no tuvieran casi nada preparado, que el mundo les diera la espalda y que a la hora de la verdad no controlarán casi ni los Mossos. ¿Qué hay que negociar con esta gente? ¿Que no lo volverán a hacer? No saben hacer otra cosa. Llevan cuatro décadas sembrando odio en las escuelas y en los medios y si Puigdemont está deprimido no es porque el proyecto separatista se hunda, sino porque sus colegas le han dejado tirado cual tonto útil, como a Mas.

La más mínima concesión a estos políticos pone en peligro lo poco que se ha avanzado desde que el 8 de octubre y en un contexto siniestro un millón de personas tomara las calles de Barcelona para decir "¡basta!" y "¡Puigdemont, a prisión!". De entonces acá, se repitió esa manifestación y los ciudadanos no nacionalistas saben que no son la minoría residual y no asimilada que se difunde en los medios del proceso. La lista preferida de esa gente ha sido la más votada y no es una fuerza menor. Es más, como el PP y el PSC sigan considerando que Torrent es un chaval la mar de majo, aumenta el potencial de crecimiento de Ciudadanos.

Si en Moncloa, tal como parece, se creen que han triunfado porque lo dice un misil extraviado que no puede ser presidente, confunden sus deseos con la realidad. El próximo Puigdemont será peor y el Estado quedará más debilitado en Cataluña. No pararán a menos que se les obligue a cumplir la ley sin rodeos y con todas sus consecuencias. De lo contrario, tendrán toda una legislatura para lamerse las heridas, ajustarse las cuentas y preparar el próximo asalto contra más de la mitad de la población con el manejo de los presupuestos, el control de las escuelas y los medios y una ley electoral que les favorece. Un par de operaciones diálogo más y en vez de los últimos días de la Cataluña republicana serán los de la Cataluña española.
 
El cinismo de Puigdemont, al descubierto
EDITORIAL El Mundo 1 Febrero 2018

Que el proceso soberanista cabalga desde sus inicios a lomos de una farsa política de oneroso coste era cosa sabida. Sin embargo, faltaba que el cinismo de los líderes independentistas, capaces de esgrimir un discurso oficial diametralmente opuesto al mantenido en privado, se mostrara a ojos de toda la opinión pública en toda su crudeza. Ahí radica el valor de los mensajes que Carles Puigdemont envió a Toni Comín, revelados ayer por Telecinco. Se trata de un contenido de indudable interés informativo, cuya veracidad confirmó el propio ex president, captado durante el acto público de los nacionalistas radicales flamencos en el que participaba Comín. No procede, por tanto, que el abogado de éste denuncie un presunto delito de revelación de secretos para cercenar la difusión de unos comentarios que han provocado una catarsis en el secesionismo.

Alejado de su alambicada retórica, Puigdemont admite a Comín que el procés "se ha terminado" y reprocha a Roger Torrent el aplazamiento de su investidura: "Los nuestros nos han sacrificado". Además, reconoce que se hallarían ante un "ridículo histórico" si no logran la excarcelación de los líderes separatistas que permanecen en prisión preventiva. Puigdemont demuestra con sus palabras que sigue ignorando el funcionamiento de un Estado de derecho. Pero, por primera vez, al margen de las conjeturas desatadas por la captación de los mensajes en la pantalla del móvil de Comín, hay que reconocerle al candidato de JxCat un gesto de realismo.

Las anotaciones recogidas en la Moleskine de Josep María Jové, ex número dos de Junqueras, ya dejaron al descubierto la división interna entre los independentistas, y la distancia entre las consignas lanzadas para consumo de las bases y las discusiones entre los miembros del Govern cesado antes de perpetrar el golpe del referéndum. Ahora, la confesión de Puigdemont pone a sus seguidores -y a todos los que en algún momento creyeron de buena fe en el cuento del derecho a decidir- frente al espejo de la monumental estafa. Se trata de una victoria nítida del Estado. Pese a las torpezas cometidas por el Gobierno y la aplicación de un 155 laxo, la democracia española ha logrado hacer prevalecer la ley. Esto es lo que subyace a las confidencias de Puigdemont: el triunfo de la legalidad frente al rupturismo.

No cabe descartar, tras el aplazamiento de su investidura, que Puigdemont aspire a forzar otras elecciones. Con independencia de sus añagazas, sigue estando en manos de ERC la formación de un Gobierno de mayoría parlamentaria independentista pero dentro del cauce legal. Para ello no debe ceder al chantaje personalista de su ex socio, que pretende hacer pasar la intención de ERC de hacer viable la legislatura como una traición a la causa soberanista.

Puigdemont, terminado
Cristina Losada  Libertad Digital 1 Febrero 2018

El que pasó de ser número tres de la lista por Gerona a presidir durante diecinueve meses la Generalitat no era más que el tipo que se tenía que estrellar. Esa era su función. Y es que el procés no conducía, como tanto se dijo, a un choque de trenes. Fue conducido por el separatismo a un callejón sin salida en el que sólo podía hacer una cosa: seguir su bandera hasta el estrellado final. Como por selección natural, apareció el conductor para la tal maniobra, este Carles Puigdemont que al modo de lo que pedían las circunstancias parecía capaz de lanzarse contra la pared y provocar el mayor estropicio posible.

Cabe recordar que, en vísperas de dar el golpe, no se atrevieron a decirle desde la Consejería de Economía, que ocupaba Oriol Junqueras, que no tenían nada preparado –ni lo podían tener– para que una declaración de independencia pudiera producir la independencia. Lo notable del caso es que Puigdemont no supiera eso, sin necesidad de que se lo dijeran. Claro que tampoco sabía que su proclama de secesión no iba a tener apoyo internacional, ni tantas otras cosas. Hubo un instante en que pudo enterrar aquella declaración, convocar elecciones y evitar la aplicación del 155, pero siguió. Obcecadamente. Lo hizo empujado, entre otros, por Esquerra.

Supo, en cambio, que podía ser detenido y puesto a disposición judicial, razón por la que huyó. También supo lo suficiente como para componer las listas del 21-D con leales a su persona para asegurarse el control del grupo parlamentario. Y resulta que superó a Junqueras. Para que luego digan que el nacionalismo quiere y necesita mártires y que mucho ojo con dárselos. Pues nada, el encarcelado, que venía a ser el mártir de la ocasión, quedó por detrás del que escapó para librarse del martirio carcelario. Las oraciones del de Esquerra en la soledad de su celda no le sirvieron de mucho frente a los números mediáticos del prófugo en Bruselas. Confirmada la mayoría parlamentaria separatista, Puigdemont tenía el viento a favor para exigir la investidura.

Para el huido, ser investido era crucial. Cuestión de supervivencia. Dado el salto al vacío, tenía que mantenerse flotando en el limbo con el manto de presidente legítimo el mayor tiempo posible. De lo contrario, le esperaba el deprimente destino de los juguetes rotos, además del destino incierto del prófugo. Pero esto, que para Puigdemont era solución, para otros era problema. Es un problema para los que quieren recuperar cuanto antes el Gobierno autonómico y el maná del presupuesto. Porque cuando dicen que quieren recuperar el "autogobierno", hablan de eso. No hubiera llegado el separatismo a lo que llegó sin el poder político y económico de la Generalitat.

He ahí un choque de intereses. No es que los de Esquerra sean menos fanáticos que Puigdemont. Pero entre una prolongación del 155, repetir elecciones o volver a tener ya mismo el erario y el poder, lo último les resulta –a ellos y a otros– más apetecible. El auto del Constitucional, que establece que una investidura de Puigdemont tiene que pasar por su entrega a la Justicia, marcó claramente los términos del dilema. La decisión de Torrent de suspender el pleno de investidura, por más que la envolviera en retórica de confrontación, indicó la salida. El pantallazo con los mensajes en los que Puigdemont reconoce el final, y su final, es el empujón. Nada sabemos de la respuesta de Comín, pero la que viene al pelo es un "sayonara, baby". El fin de Puigdemont, como el de Mas, como el de la antigua Convergència, no hace más que confirmar el viejo axioma: la revolución devora a sus hijos. Pues no aprenden.

Mariano, Soraya: esto no ha terminado en absoluto
Jesús Cacho. vozpopuli 1 Febrero 2018

“Esto se ha terminado. Los nuestros nos han sacrificado, al menos a mí”. La frase que ha venido a certificar la defunción de Carles Puigdemont como mariscal tocapelotas del cuarto Estado más importante de la UE no ha sido conseguida por el CNI, esa legión de agentes secretos españoles que según el ministro del Interior Zoido, medalla de oro en la olimpiada de los torpes, sigue en Bruselas los pasos del líder independentista las 24 horas del día.

Ha sido un fotógrafo listo quien, durante un acto en Lovaina en el que iba a participar el gran Puchimón, presenció como el expresidente se desahogaba en el móvil del exconseller Comín y cantaba la gallina. El fotógrafo, situado a sus espaldas mientras recibía los mensajes, se dio un festín: “El plan de Moncloa triunfa, solo espero que sea verdad y que gracias a esto puedan salir todos de la cárcel porque si no el ridículo histórico, es histórico", escribe el de Gerona, que admite estar viviendo “los últimos días de la Cataluña republicana”.

¿Los últimos de Filipinas de la República Independiente de Tractoria? Menos lobos. Lo que el bocas gerundense ha venido a poner de manifiesto en su desahogo emocional (“Sóc humà i hi ha moments que també jo dubto”) es algo sabido por casi todos, pero que nadie con autoridad bastante en la nazionalpolitik catalana se había atrevido a manifestar: que el universo indepe es hoy un volcán a punto de entrar en erupción, y que queda cuarto de hora para que empiecen a volar hostias como panes entre Puchimón y una ERC que no puede seguir soportando el ninguneo al que, con Junqueras entre rejas, le tiene sometido el aventurero de Flandes, y entre éste y la cúpula de la antigua Convergencia que ha visto como aquél ha sido capaz de edificar su propio y personal partido fagocitando al PDECat, sobre las ruinas del propio PDECat.

El resultado es que JxCat (el partido del carismático líder) y la CUP forman hoy una minoría dentro del bloque indepe que no está en condiciones de imponerle como presidente, pero sí de impedir cualquier iniciativa que pretenda, por ejemplo, elevar a los altares a Elsa Artadi, la Evita Perón del independentismo. ERC estaba pidiendo a gritos que el Estado le hiciera el trabajo sucio de acabar con la carrera política del cantamañanas gerundense, y el Estado, que no este Gobierno cobardón e inepto que padecemos, o una de sus instituciones más representativas, el Tribunal Constitucional, ha terminado haciéndoselo con la resolución del sábado noche. Pero, ¿realmente esto se ha terminado? Ni hablar.

Confundir los avatares personales del fabulador de Flandes con la suerte o el destino del Movimiento Nacional catalán sería un grosero error cuyas consecuencias podrían ser graves. Los llamados creadores de opinión se afanaban ayer en dilucidar cuándo y en qué condiciones empieza a correr el reloj de los plazos exigibles para, en caso de que no llegara a formarse Govern, acudir a la celebración de nuevas autonómicas, y a quien esto suscribe esa le parece una discusión inútil. Básicamente porque, no sin marear la perdiz hasta volverla loca, no sin apurar los plazos, el independentismo se unirá en el último minuto para investir un president y recuperar el gobierno de la Generalidad.
Reforzar la base social del independentismo

El separatismo no puede correr el riesgo de acudir a unas nuevas elecciones en un entorno de cansancio generalizado del electorado, pero sobre todo no puede permitirse el lujo de renunciar a ocupar la Generalidad y volver a pactar sobre un Presupuesto del que probablemente viven, directa o indirectamente, más de cien mil familias (la primera gran empresa catalana); no puede renunciar al Poder, porque al final es el Poder, más incluso que la independencia, lo que está en juego en esta aventura enloquecida en la que se han embarcado los herederos del padre padrone Pujol.

Hacerse con el poder y librarse cuanto antes del 155, algo que Mariano Rajoy estaría encantado de otorgar mañana mismo con tal de que los “malos” prometieran dejarle tranquilo para poder seguir con su secular sesteo. ¿Y para qué necesita el separatismo recuperar el Poder y liberarse del 155? Para dedicarse en cuerpo y alma a lo único que saben hacer: seguir ampliando su base social mediante la utilización partidaria de la educación y los medios de comunicación y propaganda.

Lo confesó Artur Mas en noviembre pasado, en la única ocasión en mucho tiempo en que este irresponsable, uno de los grandes culpables del desastre, dijo la verdad: el independentismo, clavado elección tras elección en torno al 47% del voto, no tiene mayoría suficiente para imponer la independencia de Cataluña. “Yo siempre he sido partidario de mayorías reforzadas, porque de lo contrario no se tendrá la eficacia suficiente (…) “no es lo mismo tener la fuerza para declararse independiente que tener la fuerza para actuar como independiente”, entre otras cosas porque “lograr esa mayoría social es requisito para lograr apoyos internacionales”. Y el 8 de enero pasado, en la ejecutiva del PDECat, volvió a insistir: “los independentistas no tenemos una mayoría suficiente para imponer nada”, de modo que es imprescindible “un Govern estable que permita una legislatura larga, para ensanchar nuestra base social de forma que permita alcanzar objetivos más ambiciosos”. Verde y en botella.

Necesitan volver a gobernar para recuperar el control de las instituciones, y sobre todo de ese Presupuesto capaz de permitirles, con nuestro dinero, con vuestro irresponsable silencio, Mariano, Soraya, seguir ampliando la nómina de fieles cruzados dispuestos a hacer realidad la ínsula Barataria de los ricos golfos de la Convergencia de siempre. De modo que el “Esto se ha terminado” del loco de Flandes es una simple anécdota. Aquí no ha terminado nada, Mariano, Soraya. Puede que hayáis ganado una batalla, tal vez incluso una simple escaramuza: el independentismo cree que, contando con vuestra criminal indolencia, terminará ganando dentro de unos años la batalla definitiva de la perseverancia y el tiempo. ¿Vais a hacer algo para evitarlo? ¿Vais a tomar alguna medida para devolver el Estado a Cataluña, para recuperar Cataluña para el Estado? ¿Tenéis alguna idea sobre cómo revertir aquel Programa 2000 que Pujol implantó para, sobre el control de la Educación y los medios de comunicación, llegar un día a romper definitivamente España?

Somos todo oídos, Mariano, Soraya.

La gran mentira del «proceso»
 La Razon 1 Febrero 2018

El largo «proceso» independentista creyó tener ganado su choque con el Estado porque habían sabido construir un «relato». Es decir, tenían una motivación –agravio económico y expolio– y un objetivo por el que luchar –un Estado propio donde colmar sus anhelos–, mientras que el gobierno de España sólo tenía la Ley. Ese «relato», como toda narración, se escribe con hechos reales trufados con otros de ficción.

En el caso del independentismo, mantener viva la llama y el convencimiento de que, al final, el Estado claudicaría a sus pretensiones y aceptaría que una parte de España se desgajara y la resultante fuera acogida con los brazos abiertos por la comunidad internacional, pasaba por persistir en la mentira. El abuso de la ficción, cuando es una herramienta para moldear conciencias, es un acto inmoral.

No cabe duda de que el desafío secesionista había falseado la opciones reales de salir victorioso, pero, por si había dudas, los mensajes que Carles Puigdemont envió al ex consejero, también fugado, Antoni Comín, deja claro que mentían a conciencia. «Esto se ha terminado. Los nuestros nos han sacrificado, al menos a mí», dice uno de ellos. Y prosigue: «El plan de Moncloa triunfa, solo espero que sea verdad y que gracias a esto puedan salir todos de la cárcel porque si no el ridículo histórico, es histórico». Aun y así, insistía en una declaración grabada a la misma hora que seguía siendo el único candidato a presidir la Generalitat, aunque esté en Bruselas, y hacía un llamamiento a desobedecer al Tribunal Constitucional.

Estos mensajes son la prueba irrefutable de que el «proceso» está agotado y no tiene salida, que negarse a la evidencia al grito de «ni un paso atrás» es optar, de nuevo, por la mentira. No es la primera vez que trasciende que para los dirigentes del independentismo el «proceso» era inviable. Recordemos cuando se revelaron las conversaciones que mantenían los colaboradores de Oriol Junqueras en la consejería de Economía –que servía de cuartel general del golpe– y en las que reconocían que la Generalitat no estaba preparada para declarar la independencia al día siguiente del referéndum: «Cualquiera que tenga dos dedos de cerebro lo sabe». «Hay un tema de fondo, en algún momento a alguien le ha de interesar este puto proceso en el mundo real», añadían. Sin embargo, se persistió en esa estrategia suicida, al punto de que el propio Junqueras y su partido fueron los que se lanzaron a declarar la «república catalana» con la consecuente aplicación del 155.

El último engaño es difundir la idea de que existe una mayoría social que permite la vía unilateral, cuando los resultados electorales no lo avalan y dicha vía sólo conduce a un choque frontal con el Estado de Derecho con las consecuencias penales ya conocidas. «Alea jacta est». La suerte del «proceso» ya está escrita: prolongará esta situación de bloqueo por la propia incapacidad de los partidos independentistas de elegir un candidato, teniendo en cuenta la guerra abierta entre el JxCat y ERC. Otra cosa será aceptar que la declaración unilateral de independencia tiene un recorrido corto y traumático.

La vuelta a la legalidad no será fácil porque ambos partidos –ya no digamos la CUP– llevan cinco años dedicados a la destrucción del actual marco de convivencia –Constitución y Estatuto– y reformular una nueva estrategia no está a la alcance de unos cuadros radicalizados. El futuro de Puigdemont y de los dirigentes de «proceso» puede dilucidarse más pronto de lo esperado si se sustenta el delito de rebelión y el Supremo decide la inhabilitación antes de la sentencia. El desastre ha sido más grande de lo esperado y no aceptar esta derrota es perpetuar un engaño que sólo perjudicará a la sociedad catalana.

El soberanismo claudica, se divide e intenta zafarse del chantaje de Puigdemont
Editorial esdiario 1 Febrero 2018

El Parlament ha renunciado a cometer un nuevo delito con la investidura ilegal de Puigdemont. Por mucho que lo adornen, ésa es la realidad. Y evidencia la fractura del independentismo.

El presidente del Parlamento de Cataluña, Roger Torrent, suspendió el pleno de investidura para la que él mismo había propuesto a Puigdemont, desoyendo así las presiones de éste y de su entorno para proceder a su designación a toda costa: con él ausente, tras montar un circo que incluía su presencia por sorpresa; y a pesar de las estrictas instrucciones del Tribunal Constitucional.

Por mucho que el dirigente de ERC pretendiera presentar su decisión como un épico acto -el enésimo- del independentismo en defensa de su líder en el exilio; lo cierto es que se sometió a la ley por temor a terminar como su predecesora, Carmen Forcadell: procesado por delitos muy graves y además inútiles, pues el candidato del Junts pel Catalunya no va a volver a ser presidente de la Generalitat y sus días venideros pasarán bien en prisión, bien fugado en el extranjero.

La renuncia del Parlament a pisotear de nuevo al Constitucional, como hicieron en el pasado los cabecillas del procés, sirve además para visualizar con estruendo la inmensa división del soberanismo, que intenta simular una unidad retórica que los hechos desmienten.

Primero se negó a acudir en bloque a las Elecciones del 21D, lanzando un mensaje contradictorio a los catalanes: decían representar a un inexistente pueblo unido, pero ni quiera fueron capaces de organizar una candidatura conjunta. Después respondieron a las consecuencias legales de su comportamiento de manera antagónica: unos personándose ante el juez; otros escapando a Bruselas.

Y, finalmente, han mostrado una fractura profunda a la hora de llevar el pulso hasta las últimas consecuencias: Junqueras dejó escrito hace un mes que no se podía presidir el Govern sin estar presente físicamente en la investidura; Puigdemont ha retado a ERC a llevar esa máxima a la práctica para monopolizar él la bandera soberanista y, por último, todos han mantenido una función ficticia hasta que el calendario les ha quitado la careta.

La fractura
Porque ni ERC se va a inmolar por un prófugo; ni el prófugo va a dejar de serlo, al precio de entrar en la cárcel tal vez, por llevar a la práctica en persona lo que les exige a todos los demás. El retrato del separatismo es demoledor por sus luchas intestinas, sus poses, sus contradicciones y sus intereses y, en ese sentido, las últimas semanas han servido para poner todo ello de manifiesto.

Cataluña tendrá un presidente soberanista, pero no uno golpista: ese matiz es una victoria del Estado
Al Estado no se le debe echar un pulso y, cuando se le echa, siempre termina perdiéndose. Ahora le toca a los partidos de ese espectro ideológico, perverso y empobrecedor, buscar una alternativa que necesariamente pasará por el respeto al marco constitucional: las otras dos opciones son caer en el juego de Puigdemont e inmolarse judicialmente o repetir, de nuevo, Elecciones autonómicas.

Y no parece probable que a ERC le interese ninguna de ambas posibilidades, pues en el primer caso el coste sería personal para sus dirigentes y en el segundo colectivo para sus siglas. Cataluña, si nada cambia, tendrá en pocas semanas un presidente independentista, pero no uno golpista: la primera condición es lamentable pero legítima; la segunda es ilegal e inviable.

Más España en Cataluña
Quedará luego por subsanarse, si es posible, la formidable herida generada por el procés en la sociedad catalana, de la que algunas imágenes en el entorno del Parlament son buen ejemplo. Un reto complicado por la certeza de que el discurso soberanista seguirá empapando la actitud del venidero Govern. Y quizá por eso, una vez sofocado definitivamente el golpe, sea imprescindible no bajar la guardia ni retroceder en la defensa de la legalidad ni en la presencia de España en la autonomía.

Por mucho que el independentismo y sus altavoces repitan que el 'españolismo' ha sido una fábrica de separatistas; lo cierto es que ha sido justo a la inversa: el soberanismo ha sido una máquina de multiplicar españoles cansados del desprecio a la ley, del ataque a la convivencia y del agravio reiterado a un sistema democrático que nadie tiene derecho a poner en peligro. Ese patriotismo renacido, sustentado en una idea cívica de Nación, ha llegado para quedarse. Y la clase política tiene obligación de cuidarlo y estimularlo, especialmente en Cataluña.

La gran mentira del hombre que quiso gobernar por Skype acaba devorándolo
Editorial esdiario 1 Febrero 2018

Los mensajes del expresidente de la Generalitat entierran del todo el "procés", pero además le presentan como un peligroso cínico capaz de incendiar las calles mientras le consta su fracaso.

Seguramente no es muy presentable grabar a escondidas y difundir luego los mensajes privados de nadie y, en ese sentido, la sociedad tiene pendiente un debate profundo sobre el valor de la privacidad y de la intimidad, hoy menos respetadas que nunca.

Pero es imposible, una vez conocidos los mensajes de Puigdemont, limitar el análisis a un aspecto que, sin ir muy lejos, ni se valoró en el famoso caso de los recados entre Mariano Rajoy y Luis Bárcenas.

Lo que ya se intuía ahora es, simplemente, un hecho: Puigdemont se sabe derrotado por la ley y por sus propios compañeros en el delirante procés; es consciente de que no va a ser de nuevo president de la Generalitat; le consta la profunda división del bloque independentista y tiene asumido que la separación de Cataluña es imposible.

Puigdemont no va a ser presidente y Cataluña no se va a separar: lo sabe y lo escribe en privado

Todas sus expectativas se limitan a intentar evitar la cárcel o a que salgan de ella quienes ya están dentro, para "no hacer un ridículo histórico", según sus propias palabras.

El precio del procés
Es decir, cuando Puigdemont se sincera y dice lo que de verdad piensa; se expresa como cualquiera de los observadores serios que repetimos ese mismo diagnóstico porque, simplemente, no puede haber otro. Lo que siempre ha estado en juego en Cataluña es el precio de la restitución del orden constitucional, y no la derrota de éste.

Los mensajes de Puigdemont son importantes sobre todo para que ese precio, en términos de convivencia y confrontación civil, sea muy bajo. Y a ser posible inexistente. Porque evidencian el cinismo irresponsable de un dirigente que, desde su cómodo retiro en Bruselas, intenta incendiarlo todo aun siendo consciente de que el fuego será inútil.

El 'Moncloa ha ganado' resume a Puigdemont: piensa lo que cualquiera con sentido común, pero en público incendia la calle

La decisión del Parlament de ayer, negándose entre eufemismos a saltarse la ley y proceder a la investidura telemática del prófugo, tiene aún más sentido con estas revelaciones. Y acaba con la absurda idea de que, en los próximos días, puede intentarse de nuevo la designación del fugado.

Con mensajes o sin ellos, el Parlamento de Cataluña sólo tiene dos opciones: o investir a un candidato nuevo que respete el marco constitucional y se desmarque de las andanzas de Puigdemont, o repetir Elecciones.

O normalidad o 155
Si después de escuchar al vecino más incómodo de Bruselas aún queda alguien que persiste en el error de apostar por él, no quedará más remedio que mantener la aplicación del 155 e intensificar incluso su hegemonía en la acción gubernamental en Cataluña. Lo ideal sería que el independentismo entrara de una vez en razón y limitara sus aspiraciones políticas al lenguaje retórico, incluyendo sus decisiones y gestiones en el ámbito legal que les obliga y faculta para gestionar el amplio espectro competencial de la Generalitat.

Y resulta más sencillo sacudirse el chantaje de Puigdemont una vez se han conocido sus reflexiones más íntimas. Las de un dirigente alocado que exige una inmolación de todos los demás en un viaje suicida abocado al fracaso del que, además, él intenta librarse.

Especialmente si prospera la tesis del Tribunal Supremo, contada por Esdiario, y se impulsa la más que lógica inhabilitación exprés de todos los cabecillas del procés de cara a una hipotética convocatoria de comicios en los que ellos, afortunadamente, ya no podrían participar.

Una heroína danesa frente a Puigdemont
Teresa Giménez Barbat okdiario 1 Febrero 2018

Marlene Wind for president. El revolcón que la danesa dio a Carles Puigdemont ha suscitado en España tal entusiasmo que casi me atrevo a asegurar que, si la brava profesora concurriera a unas elecciones en nuestro país —por desgracia sólo podría hacerlo a las municipales— lograría más votos que muchos políticos nacionales. Así se lo expresé hace poco en un correo personal en que le reiteraba mi agradecimiento por su intervención en el debate de marras y le reiteraba mi invitación a un acto en el que también participarían dirigentes de entidades cívicas de Cataluña. La idea era que tratase directamente con esa parte tan importante de la sociedad catalana que sólo recientemente empieza a ser conocida. En su respuesta, Wind se mostraba encantada de acudir al encuentro —ya confirmado para el próximo mes de marzo— aunque manifestaba sus reparos respecto a que éste se celebrara en Barcelona —la propuesta era que tuviera lugar en la oficina de que dispone el Parlamento Europeo en la capital catalana—.

Según relataba a continuación, dicha prevención se debía a que sus palabras no sólo habían despertado un profundo sentimiento de gratitud entre los ciudadanos no nacionalistas, sino también la ira de una nada despreciable cantidad de adeptos del secesionismo, que le habían llenado de amenazas e insultos el contestador del teléfono de su despacho. La directora del Centro de Política Europea conocía, así, el agrio reverso de la revolución de las sonrisas, al que yo misma aludí en este diario con el bíblico sintagma de “manantial de mala leche”. La conclusión que ha sacado de estos mensajes es que su integridad podría verse amenazada si pusiera los pies en Barcelona. Y no la culpo aunque exagere. Al hilo de estos hechos, no dejo de pensar en los baldíos, histéricos esfuerzos del exconsejero Romeva por presentar el independentismo catalán como el último baluarte del bucolismo y el happy flowers. O en la suerte que habríamos corrido los desafectos a la causa en una hipotética Cataluña independiente.

Luego de sugerirle la sede del Parlamento de Bruselas para celebrar el encuentro en el último de sus correos recibido esta misma mañana, Wind no sólo da su conformidad a Bruselas en marzo, sino que se anima a ir a Barcelona en abril, lo que evita la desagradable posibilidad de que el achique nacionalista acabe condicionando nuestra agenda. Con ello pretendo aportar mi granito de arena a una tarea que considero crucial: la divulgación del daño que el nacionalismo ha infligido a Cataluña, con especial virulencia desde que echó a andar el llamado procés. Se trata, en efecto, de invertir los términos de lo que Romeva denominaba internacionalización del conflicto, y que seamos nosotros, el sector no nacionalista, quienes expliquemos en todos los foros que tengamos a nuestro alcance qué sucede en nuestra comunidad.

He invitado a Sociedad Civil Catalana, a Empresaris de Catalunya y a diversas asociaciones o particulares que desde su catalanidad plantan cara al secesionismo. Que por lo menos en Europa sepan del adoctrinamiento escolar —ayer tuvimos a Ana Moreno y a Ignasi Rul en el Parlamento—, de la manipulación mediática, de la pedagogía del odio, del señalamiento del adversario. Se me dirá, y con razón, que Wind es una convencida. Sí, pero gracias a su influencia, muchos otros daneses tendrán un conocimiento más pormenorizado de hacia dónde conduce el nacionalismo, sobre todo cuando enfrente no tiene a nadie que le pare los pies como, lamentablemente, ha sido el caso de España hasta hace bien poco. Tengamos en cuenta, además, que el adversario no se concede un respiro: hoy mismo hay previsto en el PE un acto de Tremosa y los suyos en que, previsiblemente, pondrán a caer de un burro al Estado español. Pues eso.

Que se enteren: ETA no ha desaparecido
OKDIARIO 1 Febrero 2018

La cúpula del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) se equivoca al retirar el plus de peligrosidad a 200 espías destinados en el País Vasco y Navarra. ETA no ha desaparecido. Ambos territorios siguen padeciendo la amenaza de la banda terrorista, ya sea a través de la violencia callejera o mediante manifestaciones de antiguos líderes etarras que suenan a amenazas veladas. De ahí que los agentes secretos continúen soportando un contexto de máxima tensión y que, por lo tanto, mermarles el sueldo sea también mermarles la calidad de vida. Algo que puede afectar al rendimiento de un trabajo clave para la seguridad del país.

El Ministerio del Interior ha garantizado la equiparación salarial de Guardia Civil y Policía Nacional con respecto a los cuerpos autonómicos. No es oportuno que los jefes del CNI se descuelguen con este agravio comparativo y dejen a sus profesionales sin 600 euros del sueldo. Especialmente cuando sigue habiendo mucha actividad sensible con respecto a la violencia que durante décadas tuvo secuestrada a la sociedad vasca. Sólo hay que recordar la brutal paliza que recibieron dos agentes de la Benemérita en la localidad navarra de Alsasua por parte de los miembros de la kale borroka. Una tendencia que no ha disminuido y que sigue muy presente en el día a día de la región.

Por no hablar de las recientes declaraciones de David Pla. El que fuera uno de los jefes de ETA dijo que “no lamentamos lo que hicimos” e insistió en que “no hubo consideraciones morales para detener la lucha armada”. Con semejantes declaraciones, no se puede dar por desarticulada a ETA. Menos aún cuando el acercamiento de los terroristas encarcelados está encima de la mesa en las distintas negociaciones políticas y de no materializarse —que será lo más probable— sus consecuencias son imprevisibles. Por lo tanto, los agentes del CNI destinados al País Vasco y Navarra deben seguir cobrando su plus de peligrosidad. Es justo dado lo sensible de su trabajo de inteligencia allí y también es un justo reconocimiento a una labor esencial.
 
LA AVT VIAJA A PARÍS
“No mantener esa dispersión supondría ceder a las reivindicaciones tradicionales de la organización terrorista”, advierten.
La Gaceta 1 Febrero 2018

El presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), Alfonso Sánchez, se reúne este jueves con responsables del Ministerio de Justicia francés, a quienes expresará su deseo de que se mantenga la dispersión de los presos de ETA.

Según informa la AVT, Sánchez viaja a París para mantener un encuentro con la subdirectora de gabinete de la ministra de Justicia, Helène Davo, y conocer los planes del Gobierno francés respecto al acercamiento de presos etarras al País Vasco.

Recuerda esta asociación que las reuniones de los colectivos de víctimas con el Ejecutivo galo “se activaron a partir de una misiva” que la asociación remitió al presidente de ese país, Emmanuel Macron, donde solicitaba que “interrumpiera los contactos con los interlocutores de los 307 presos de ETA que continúan cumpliendo condena sin desvincularse de la banda terrorista ni colaborar con la Justicia”.

A la carta le acompañaba un dossier en el que se recordaban los 3.517 atentados y las 860 víctimas mortales de la banda terrorista.

“Voy a París a manifestar la posición de la AVT, que no es otra que mantener la dispersión. En España ha quedado ampliamente demostrado que es efectiva porque favorece la reinserción de los presos y porque entre los derechos de los reclusos no está recogido en ningún momento que deban cumplir la condena cerca de su domicilio”, subraya Sánchez en un comunicado.

“No mantener esa dispersión supondría ceder a las reivindicaciones tradicionales de la organización terrorista y podría ser valorado por ETA como una victoria frente a la fortaleza del Estado de derecho”, resalta el presidente de la AVT.

El pasado día 25, la presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo (FVT), Marimar Blanco, también se reunió con cargos del Ministerio de Justicia y tras el encuentro explicó que el Gobierno francés no ha variado su política para permitir el acercamiento al País Vasco de presos etarras, sino que han sido estos quienes han decidido acogerse a los beneficios penitenciarios.
 


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