AGLI Recortes de Prensa   Lunes 12  Febrero 2018

Horas decisivas: faltan las decisiones.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 12 Febrero 2018

YA ESTÁ TARDANDO PABLO LLARENA EN CERRAR LA INSTRUCCIÓN E INHABILITAR A LOS GOLPISTAS.

Si hay algo que no soporto es la infamia que la RAE define como “Descrédito, deshonra” ni la injuria “Agravio u ofensa de palabra o de obra” ni la mentira (ya saben lo que significa). Y eso es precisamente los que los golpistas, y aquí incluyo al Presidente de la Mesa del Parlamento de Cataluña, Roger Torrent, tienen la desfachatez de hacer cuando declaran sin ningún pudor que el Estado mantiene rehenes políticos. Un nuevo mantra que no está siendo lo suficientemente contestado por los demócratas, o aquellos que se consideran como tales sin serlo. Pero es que la palabra rehén tiene aún un significado más perverso que el otro mantra de “presos políticos”, término usado por aquellos que defienden y han defendido y justificado el terrorismo de ETA y ahora por estos golpistas. Y en ambos casos se intenta aplicar la técnica goebeliana y fascista de la manipulación del lenguaje para deformar una idea hasta convertirla en algo totalmente opuesto a la realidad. Ejemplos de ese nazismo propagandístico los tenemos en expresiones como “reeducación”, “realojamiento”, “solución final”, llegando a su máxima expresión con aquella que recibía a los desafortunados detenidos, trasladados y masacrados del campo de concentración en Auschwitz: “el trabajo libera”, no se sabe si referido al de los pocos confinados supervivientes o al de los guardianes en su terrorífica misión de exterminio planificado.

Rehén es según la RAE “Persona retenida por alguien como garantía para obligar a un tercero a cumplir determinadas condiciones”. Y preso político es aquella persona que está en prisión por su ideología y porque supone una amenaza para el sistema político instaurado en una determinada sociedad. Los golpistas han querido desde el primer momento acusar al Estado de Derecho de represión y de mantener en prisión a sus líderes por motivos políticos y no por haber delinquido cuando perpetraron el golpe de Estado. Su primera acusación fue la de calificarles de presos políticos y defender la falacia de que un acto parlamentario de declaración de independencia, aprobado de forma reglamentaria por la mayoría de diputados independentistas, era simbólico y no efectivo. Una declaración que tuvo su respuesta con la aprobación en el Senado por mayoría de los senadores, de las medidas de intervención amparadas bajo el artículo 155 de la Constitución. Un acto que no tuvo nada de simbólico y que sirvió para neutralizar el golpe de Estado y a sus cabecillas que, acto seguido, fueron denunciados y enviados a prisión, con excepción de aquellos que cobardemente huyeron fuera de España a refugiarse en un país del que podían esperar de su Justicia un amparo ante la Justicia de España. Es decir, se trataba de “políticos presos” o en libertad condicional y de políticos fugitivos de la Justicia pendientes de captura y puesta a disposición judicial.

Pero esa intervención tenía serias taras y errores de bulto, quizás debidos a la premura y urgencia en su aplicación y a la ambigüedad de un texto en un artículo que nunca fue desarrollado, por no considerarse prioritario por la alta improbabilidad de llegar a un escenario donde fuera preciso aplicarlo. Aquello de "dejarlo para luego" y meterlo en un cajón. Una apreciación errónea e irresponsable que ha tenido la consecuencia de haber obligado a la improvisación y a la precipitación en la adopción de medidas. Algo que finalmente se ha demostrado insuficiente para revertir una situación enquistada durante décadas y que ha aflorado en los últimos cinco años con la radicalización de las fuerzas nacionalistas que se han convertido en golpistas y fuera de la ley. El hecho es que de forma absurda se optó por una actuación contenida y minimalista en cuanto a impacto, tanto en el tiempo como en el control real de la situación. La disolución fulminante del Parlamento de Cataluña y la convocatoria de elecciones fue un craso error por no darse las condiciones políticas ni sociales al no haber realizado ninguna medida tendente a apaciguar el radicalismo y comenzar una etapa de reconciliación, algo que requiere, sobre todo, tiempo. Pasada la hora de neutralizar la rebelión, debía venir otra etapa más larga y difícil, la del diálogo sosegado y sensato. Una labor ardua que debía contrarrestar décadas de abandono del Estado a esa sociedad catalana, de manipulación ideológica, de adoctrinamiento, de política de exclusión, y de odio a España, a su lengua y a su cultura diversa y plural de la que Cataluña es una parte relevante.

Una convocatoria que no pudo impedir el que los golpistas pudieran volver con toda impunidad a presentarse a las elecciones al no haber sido enjuiciados ni condenados ni inhabilitados para desempeño de cargo público, manteniendo todos sus derechos intactos como el del sufragio pasivo. Una situación aberrante que el juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, intenta enmendar acelerando la Instrucción para emitir un auto de procesamiento, momento en el cual se establecería una inhabilitación provisional hasta su confirmación en la probable sentencia tras el juicio. Una decisión que intentará fundamentar, pero que no está exenta de debate y que puede ser con toda probabilidad recurrida por los enjuiciados. Pero en cualquier caso, se trata de una decisión de pura lógica que ya debía haber estado contemplada en la legislación, dada la naturaleza de los delitos que se les imputan, el de rebelión, y sedición, principalmente, realizados por representantes públicos en el desempeño de sus cargos y abusando de sus atribuciones y posición de poder. Un acto de deslealtad institucional y personal que no puede quedar impune ni mantener derechos que permitan reincidir en los delitos cometidos.

Creo sinceramente que el juez Pablo Llarena debería acelerar al máximo el cierre de la Instrucción principal y segregar aquellas partes con menor incidencia y secundarias. Se trata de evitar que los golpistas se sigan aprovechando de las debilidades del procedimiento judicial para pervertir la realidad y mostrarse como víctimas cuando han sido los verdugos de la democracia. Son delincuentes y traidores a España que han intentado de forma indubitable segregar una parte de la nación declarando de forma unilateral y anti democrática la independencia de su autonomía, en lo que solo se puede calificar de golpe de Estado. Esos golpistas, por la torpeza del Gobierno de España y la presión política de partidos como el PSOE, CIUDADANOS , PNV, toda la izquierda nacionalista y la cómplice oposición del comunismo radical más rancio de UNIDOS PODEMOS, han permitido que ahora tengamos un Parlamento autonómico en Cataluña donde los golpistas han conseguido otra vez la mayoría de diputados y el que sus líderes, ya presos, en libertad condicional o huidos, estén en condiciones de formar un Gobierno de la Generalidad teledirigido desde el extranjero por una especie de "Consejo de la República" presidido por el fugitivo Carles Puigdemont.

Dice el Gobierno de España y los del PP, que no lo van a permitir. También dijeron que no iban a permitir la consulta ilegal del 9 de noviembre del 2014 y se realizó. También dijeron que no se celebraría el referéndum inconstitucional del 1 de octubre del 2017, y se celebró. También dijeron que tomarían el control de la Autonomía y dejaron intacta la estructura de los golpistas, incluidos los independentistas incrustados en las fuerzas de Seguridad autonómica, los Mozos de Escuadra. No se puede confiar en quien tantas veces ha incumplido aquello que prometió cumplir. No se puede confiar en quien actúa más mirándose el ombligo de sus intereses partidistas y las consecuencias electorales de sus acciones, que pensando en el interés general de España. No se puede confiar en quien se deja influenciar por la hipocresía de otros partidos que buscan un rédito político, demostrando su nula conciencia nacional, en la que algunos como el PSOE llegan a cuestionarla defendiendo una plurinacionalidad incompatible con la unidad y la solidaridad entre regiones y españoles.

Es lamentable que la defensa de los valores y del Estado de Derecho haya quedado solo en manos de la Justicia, que por otra parte se ve maniatada por sus propias deficiencias estructurales y procedimentales, amén de una legislación con graves lagunas e indefiniciones. Hay una extensa legislación, en un sistema aberrante de taifas autonómicas, pero falta legislación y concreción en lo importante, en lo que debería ser el núcleo legislativo que desarrolla la Constitución de España. Un hecho confirmado por el mismo Tribunal Constitucional que reconoce andar en terreno desconocido e inédito en asuntos como los planteados en el desafío de los golpistas secesionistas catalanes. Y lo normal es ir con prudencia a la hora de dar pasos en una determinada dirección, con el temor adicional de cometer errores cuyas consecuencias no pueden preverse.

Pero es que, ante la falta de una reacción del Ejecutivo y del legislativo, la “patata caliente” está en manos del último pilar de la democracia, el Poder Judicial, y en concreto en los dos más altos Tribunales de España, el Supremo y el Constitucional. Un papel para el que no están preparados ni entra dentro de sus funciones constitucionales. Una situación que deberían hacer patente en sus Autos recriminando a los otros dos poderes del Estado su dejación y su inhibición. Como dice el refranero popular que “cada palo aguante su vela” y "zapatero a tus zapatos”.

¡Que pasen un buen día!

Los separatistas vascos toman el relevo
Santiago Abascal Libertad Digital 12 Febrero 2018

Estaban agazapados. Y han saltado para sorpresa solo de incautos. Íñigo Urkullu, presidente del Gobierno regional vasco, manifestó el otro día su intención de impulsar una reforma del estatuto de autonomía que incluya el reconocimiento del pretendido derecho de autodeterminación del pretendido pueblo vasco, así como el establecimiento de relaciones bilaterales con el Gobierno de España. Como si de un Gobierno extranjero se tratase. Todo ello en el marco de un onírico Estado confederal.

Sostiene Urkullu –como ya lo hiciera por primera vez el tarado de Sabino Arana– que los vascos tenemos una lengua, una cultura y una historia propias que hacen que reunamos todas las condiciones necesarias para ser reconocidos como una nación por la comunidad internacional.

Y si nuestro Gobierno de España no fuera un Gobierno de felones, acomplejados y asustadizos, alguien habría contestado ya al pregolpista Urkullu que los vascos tenemos también otra lengua, el español, la lengua común de nuestra Patria grande. La lengua que mayoritariamente hablamos los vascos, sin necesidad de que se imponga en las aulas ni se gasten ingentes cantidades de dinero público en fomentar que los vascos la aprendamos. Porque es la lengua de cuna de la mayoría de los vascos.

Más tranquilos estaríamos también si alguien desde el Gobierno le hubiera contestado que no compartimos sólo una lengua, sino también una heroica y gloriosa historia común como nación, en la que fueron parte esencial los vascos más grandes e ilustres, como el almirante Blas de Lezo, el navegante Juan Sebastián Elcano o los ilustres Irala, Ibarra, Legazpi y Urdaneta, conquistadores de Paraguay, México Occidental y Filipinas. Todos ellos vascos y españoles que sirvieron con lealtad a su Rey y a su Patria, al mismo tiempo que se sentían orgullosos de sus raíces vascongadas.

Si el Partido Popular del País Vasco fuera hoy en el partido de Gregorio Ordoñez, el Gobierno de España habría contestado con contundencia al separatista Urkullu, aunque solo fuera por no escuchar a aquel valiente contestatario.

Pero ni el Gobierno ni el PP vasco han replicado con la confrontación que merecen las mentiras de Urkullu, ni han responido al anuncio de su estatuto golpista con la firmeza y la fiereza necesarias. Un Mariano Rajoy constitucional y constitutivamente blando se ha limitado a mostrar confianza en que el Gobierno vasco desista del supuesto derecho a la autodeterminación. Sus palabras textuales han sido: "Tendrán que hacer un esfuerzo por construir respetando los marcos y los procedimientos". ¡Qué tranquilos nos dejas, Mariano! Tú firmeza en Cataluña te avala.

Este es el Gobierno que tenemos; formado por un hatajo de burócratas sin convicciones que son incapaces de defender con vehemencia y con eficacia la unidad de nuestra Patria. Con la estrecha mentalidad de los leguleyos, su única preocupación es que se respeten los marcos y procedimientos legales. Como ya nos ha dicho alguna vez la madre putativa de Pablo Iglesias –Soraya Sáenz de Santamaría–, en España es perfectamente legítimo aspirar a destruir la Nación española, siempre que se respeten los procedimientos. Miran para otro lado, claro, ante el hecho incontestable de que no hay Constitución que valga sin Nación española, cuya unidad, previa y superior, es la base y el fundamento constitucional. Eso les da igual a los pávidos funcionarios de La Moncloa.

Mientras tanto, mientras los burócratas del Gobierno abandonan la defensa de la Nación Española e imploran respeto a los procedimientos, los separatistas del País Vasco, Cataluña, Navarra, Baleares y Valencia continúan gobernando. Continúan adoctrinando a la juventud por medio de unos contenidos educativos que niegan la existencia de la Nación Española. Y continúan envenenando a la sociedad con unos medios de comunicación públicos y fomentando el desarrollo de asociaciones separatistas por medio de subvenciones públicas.

Pero estemos tranquilos, en la Moncloa ya están estudiando cómo pueden aplacar a los separatistas vascos. Les necesitan para aprobar los Presupuestos. Una vez más, Rajoy y Soraya entregarán a la fiera un nuevo pedazo del interés general con tal de que les dejen gobernar un ratito más.

Y mientras todo eso sucede, otros señalaremos el único camino posible para una solución de verdad: el camino de la recuperación de las funciones esenciales del Estado y el de la ilegalización definitiva de las facciones separatistas.

Santiago Abascal, presidente de Vox.

El mapa del tripartidismo
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 12 Febrero 2018

Lo que aparece con claridad en todas las encuestas no es sólo el fin del bipartidismo, fenómeno cantado desde las últimas elecciones europeas que alumbraron el nacimiento de Podemos y el de Ciudadanos y UPyD, que juntos, como ahora van sus votantes, superaban a los podemitas. Tampoco el multipartidismo de hace un año, con cuatro grandes partidos: PP, PSOE, Podemos y, en menor medida, Ciudadanos, y los separatistas. El Golpe de Estado en Cataluña y su fracaso, pero también el desfondamiento del Gobierno, alumbra un mapa tripartidista, con tres grandes partidos (PP, PSOE, Cs), dos de ellos nacionales (PP y Cs) y uno esquizonacional (el formado por PSOE, PSC y los socialcatalanistas de Valencia y Baleares) que obtendrían tres cuartas partes de votos y escaños. Los pocos escaños por voto de Cs se equilibran con los pocos votos por escaño de PP y PSOE. De hecho, el PP gana los mismos escaños menos uno que le quita a Ciudadanos la Ley D'Hondt.

Pero ese tripartidismo que venía apuntándose hace casi un año y que se dispara a partir de octubre con el impune Golpe de Estado en Cataluña tiene una peculiaridad: producido por una fundadísima inquietud nacional, favorece a los partidos que tradicionalmente han mostrado más claridad en defensa de la soberanía nacional española y la igualdad de los ciudadanos ante la ley. En el primer caso, el PP histórico; en el segundo, Ciudadanos, sobre todo en la medida en que recoge el discurso igualitarista de UPyD.

Es verdad que el PP ha acabado favoreciendo la disgregación autonómica y, en la práctica, el separatismo a caballo de la discriminación lingüística; y no es menos cierto que la propuesta reciente de Cs para que el catalán no sea obligatorio para acceder a un puesto de trabajo en las comunidades bilingües ha ido acompañada de un eclipse en lo fundamental, que sí mantenía UPyD: la libertad de elección de lengua vehicular en toda la enseñanza, no ese subterfugio cobarde del régimen trilingüe, copiado del viejo PP valenciano e igualmente inane, sino el derecho a escolarizarse en español, y a poder trabajar en español, en toda España. Nada hace el PP y Cs está por ver que lo haga, pero PSOE y Podemos deshacen: son el ariete para la eliminación del español en toda la vida pública. Gana, pues, el centroderecha, y ganaría la izquierda si fuera nacional.

Fracasado modelo de Estado
David R.  latribunadelpaisvasco.com 12 Febrero 2018

España es un Estado, social y democrático de Derecho, y su forma es la Monarquía parlamentaria, así es desde su nacimiento con la Constitución de 1978 (CE) y así está plasmado en su título preiminar.

Se organiza en 17 Comunidades autónomas más dos ciudades autónomas (17+2), modelo definido en el Titulo VIII "De la Organizacion Territorial del Estado" (Art.-136 a 158), y en las Disposiciones transitorias (1ª a 7ª). Lo llamamos Estado de las Autonomías.

La génesis del model actual estuvo condicionada desde el primer momento por el lastre de una dictadura que duró casi 40 años, por presiones internacionales, y por los nacionalismos perifericos.

Su desarrollo ha sido determinado por los propios Estatutos de Autonomía, que son la norma básica y principal de cada Comunidad, por las leyes orgánicas que se han tenido que redactar para la ejecución de tranferencias o delegaciones competenciales, y por las múltiples sentencias del Tribunal Supremo (TS) y del Tribunal Constitucional (TC) que han creado jurisprudencia al intervenir en los cconflictos entre Comunidades, entre Comunidades y el Estado, e incluso entre perssonas jurídicas o físicas con las Comunidades.

La evolución en el tiempo nos ha llevado al presente, que es un desastre:

- Se ha producido, en contra de la lógica, el Derecho, y la propia CE una flagrante vulneración del principio de igualdad entre los ciudadanos españoles, de tal manera que no se tienen los mismos derechos en unos territorios que en otros. El Estado ha ido cediendo competencias, como si de moneda de cambio se tratasen, y progresivamente se ha hecho más pequeño y débil.

- La consolidación de las desigualdades económicas y sociales ha acabado con el principio de solidaridad. Las diferencias inherentes a la evolución demográfica y poblacional de nuestro país, que varía mucho de unos territorios a otros, han agrandado esas desigualdades y han generrado tensiones adicionales. Los privilegios se han convertido en banderas reivindicativas que soslayan una realidad social, y es tan fácil de comprobar como practicar el sano ejercicio de viajar por España, ver y comparar.

- El modelo, en vez de aprovechar las nuevas tecnologías para simplificar la Administración, la ha complicado, y no es un problema de "duplicidades", es un problema mucho más grave. Yo vivo en la Comunidad Autónoma Vasca y sobre mi tengo cinco administraciones: el Ayuntamiento, la Diputación Foral, el Gobierno Vasco, el Gobierno Central, y la Unión Europea; a todos les pago dinero, a todos contribuyo con mis impuestos, pero todos me exigen requisitos y me marcan normas, que con frecuencia entran en conflicto.

- A los nacionalismos periféricos se les ha dotado de los recursos financieros y logísticos para desarrollar sus egoístas propósitos, de los instrumentos que necesitaban para intentar saciar su insaciable ambición de poder y supremacia. Desde hace algún tiempo se está diciendo que "el nacionalismo es un proyecto de poder", creo que es cierto, pero también creo que el modelo y los gobiernos les han dejado llegar demasiado lejos en la destrucción del propio modelo que les permite actuar en un marco legal. De manera aberrante el modelo financia ilegalidades, supremacismos y su propia destrucción.

- Ahora tenemos 17+2 historias de España, y algunas de ellas tan agresivas y diferenciadoras que denostan a muchos españoles. Algunos de esos relatos son tan divergentes y falsos que sonrojan; pero se les ha inculcado a los niños. Me quedo corto si digo que se ha inculcado a las nuevas generaciones, porque las personas jóvenes que hoy ya tienen poder en las comunidades autonómas son el resultado práctico y efectivo de esa educación tergiversadora; el daño ya está hecho, aplicado y operativo. Y las lenguas co-oficiales están dejando de serlo porque pasan a ser lenguas principales, vehículos básicos de la diferencia con el otro.

- Gracias a este desastroso y fallido modelo, en España se acabaron los Principios Generales del Derecho como los conociamos hasta ahora, y la unicidad jurídica, porque ahora tenemos un sistema judicial que en cada Comunidad encabeza un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en el que culmina la organización judicial dentro del ámbito territorial de las Comunidades, marcando diferencias en las instrucciones, en los procesos y en las sentencias; no es casualidad que Carmen Forcadell esté solicitando, genuflexa, que su causa se traslade al TSJ de Cataluña.

Cuando hablo de esta importante cuestión con personas de diferentes comunidades autónomas que ocupan cargos de alguna responsabilidad o los han ocupado, en privado muchos opinan de manera parecida y reconocen el fracaso del modelo, pero la mayoría me dice que son tantas las personas que están conectadas al sistema, que se han benefeciado de él, que lo están haciendo, o que aspiran a hacerlo, que debatir al respecto es una simple perdida de tiempo. Demasiados beneficiados en mayor o menor mediad, demasiados favores concedidos, demasiados "clientes", demasiadas deudas contraidas, demasiado cinismo.

El modelo ha fracasado estrepitosamente. Ha potenciado la ineficiencia, la ineficacia, las desigualdades, los desequilibrios territoriales y sociales, las injusticias, el clientelismo, la corrupción, los costos directos e indirectos, el gasto innecesario, los nacionalismos supremacismos y la mentira.

Aunque resulte una idea extraña e inhabitual, pienso que es fácil desarrollar un ejercicio mental consistente en imaginar una España con un modelo de Estado centralista, en el que no existiesen 17+2 cortijos, y a continuación llevar el pensamiento a establecer una comparación entre las situaciones, la actual y la hipotética: el modelo actual y un modelo más centralista.

Tampoco estaría mal reflexionar hacia donde nos lleva el actual modelo.

El necesario fortalecimiento de España
Carlos Herrera ABC 12 Febrero 2018

Arenas movedizas

Tengo por los intervinientes en la charla múltiple El necesario fortalecimiento de España un afecto de antiguo. Soy de los que creen que Bauzá, el expresidente balear, no fue el causante de todos los males de su partido; Bonig, la jefa de oposición en Valencia, tiene un difícil camino por delante para restablecer lo que fue el PP en su comunidad –no arrugarse en según qué momentos habla bien de quienes se atreven a pisar los terrenos del toro–; Girauta es viejo amigo y compañero de batallas, con quien cada noche del 22 de diciembre ceno en agradable compañía con la intención de soliviantar a los tontorrones de Twitter; Fidalgo, José María, es una suerte de Shrek: culto, serio, desacomplejado y mucho más afectuoso de lo que él se permite ser y de lo que se creen quienes lo conocen a medias; Rosa Díez es aquella a quien no quieren escuchar los que hacen de la intolerancia fanática una suerte de norma de vida: de aspecto fibroso, rocosa, resuelta y tocacojones, la vizcaína puede apuntarse en su haber alguna de las más frescas y sólidas ideas de estos últimos años. Seguramente también podrá apuntarse las que caben en el debe, que de esas también hay, incluidos errores de estrategia, pero su balance la hace más un activo que un pasivo a ojos de quienes han venido reclamando cierto aire de regeneración en nuestra siempre apasionante vida política. María San Gil, a quien tanto admiro por su valentía y su discurso no variado tanto en el frío como en el calor, no me invitó al foro organizado por la Fundación Villacisneros – Valores y Sociedad y se lo tendré en cuenta, porque ese era un sitio al que merecía la pena acudir. Sólo se lo perdonaré mediante una buena mesa en San Sebastián.

¿Qué se dijo en ese auditorio como para lamentar no haber estado ahí?: se habló de España, sin el dolor contrito mal exhibido por los agoreros de largo recorrido ni el desprecio mal disimulado de los emergentes populistas. De España sin complejos, sin disimulos, sin justificaciones, sin recelos, sin excusas y sin tener que buscar atajos explicativos. Esa fundación dedica mucho tiempo a ello, a «promover los principios y valores que emanan de la dignidad de la persona y constituyen la esencia de la civilización occidental» y a divulgar conocimiento de la Historia de España y su patrimonio cultural, lo que la hace merecedora de atención en todas sus convocatorias.

Adversarios muy serios del nacionalismo todos los intervinientes, coincidieron en que las concesiones a los nacionalistas sólo sirven para debilitar España y, a la larga, para la destrucción del Estado. Fidalgo lo tachó de arcaico, dañino, supremacista, xenófobo y racista. Girauta –al que no sé por qué algunos lo llaman ahora ‘Yirauta’– añadió el calificativo de ‘antieuropeísta’. Y Rosa Díez concluyó de forma aplastante: ser español es revolucionario y lo arriesgado es decirlo. Llevo muchos años afirmando algo que he visto también en su speech: parece que los españoles no existieran y que, cuando alguien ataca cualquier esencia de España, la gente se refugia en su condición de valenciano, canario, gallego o andaluz.

De la misma manera, cuando el nacionalismo más vulgar masculla contra España cualquier vituperio, no se atreve inmediatamente a bajar un escalón: no se atreve a decir lo mismo singularizado en los mismos valencianos, canarios, gallegos o andaluces, los cuales se refugian en su condición local como si con ellos no fuera la cosa. Nadie habla en nombre de España, dice Rosa, en nombre de lo que nos une, frente al mito nacionalista que vertebra a los separatistas. Y si lo hace recibe el esputo del populismo, atribuyendo sus acciones al resurgir de la extrema derecha en España, del fascismo dormido, que por lo visto anda oculto en alguna cueva remota a la espera de dar pequeños saltos. Si todos los que se manifestaron en Barcelona los pasados meses fueran fascistas, en España tendríamos un conflicto único en el mundo.

Voces como las de este foro son necesarias de forma machacona, un día y otro, para aligerar el acartonamiento de tantos españoles que se tienen por tales y que padecen un miedo cerval a que los tachen de fachas. Vayan despertando de tan larga siesta. Enhorabuena por el acto.

La gilipolítica Irena Montera
EDUARDO INDA OKDIARIO 12 Febrero 2018

Prodigiosa es la capacidad que atesora Podemos para trincar sin que les pase nada, para insultar y que todos miren hacia otro lado o les rían las gracias y últimamente para hacer el ridículo más espantoso. No sé cuántas veces habré comentado, si no son 50, serán 100, y si no son 100 estaremos rondando ya las 200, que la ciudadanía puede llegar a perdonar la corrupción a un político por esas razones del corazón que la razón desconoce, por esos sentimientos que han resucitado peligrosamente un populismo que se nos antojaba enterrado en el baúl de los recuerdos. Las más de las veces, el carisma es el pasaporte infalible a la impunidad y la inmunidad. Ahí tienen los ERE andaluces que no han tumbado al PSOE, la Gürtel valenciana que inicialmente no pesó en las urnas o ese felipismo que tardó en caer más de lo que tocaría en una democracia occidental porque Felipe era un encantador de serpientes al que se le perdonaba todo. Hasta la mala gestión puede salir gratis si el político, politiquillo o politicastro exhibe una flor en el trasero, si los astros se confabularon a su favor o si goza de esa baraka que es como en Marruecos se denomina a lo que más acá del Estrecho conocemos como “suerte”. Lo que normalmente nunca perdona Juan Español es el político ridículo, el payasete o payaseta o el gafe (que se lo digan al pobre de Luis Yáñez que padeció esa injusticia en carne propia). Estas tres subespecies están sentenciadas en el mismo momento en el que la ciudadanía les cuelga el sambenito.

Podemos, en caída libre, de derrota en derrota hasta el sopapo final, ya no sabe qué hacer para llamar la atención. Para que las cosas vuelvan a ser lo que eran cuando casi todos los medios hacían ji-ji-ja-ja a estos indeseables comunistas que cobran de la dictadura venezolana que mata a sus conciudadanos en las calles y de esa teocracia iraní que lleva a cabo prácticas tan poco progresistas como ahorcar a los homosexuales, lapidar adúlteras y tratar a las mujeres peor que a los perros (que ya es decir por aquellas latitudes). La suerte de Podemos es directamente proporcional a las neuras de Pablo Iglesias. Teniendo en cuenta que cada vez está más obsesionado con todo y con todos, que no se fía de nadie, que padece una suerte de manía persecutoria, no es de extrañar que vayan de nalgas, cuesta abajo y sin frenos.

Pero hete aquí que Irene Montero rescató esta semana de su patética chistera un término que ya había pronunciado la primavera pasada: “Portavoces… y portavozas”. Sí, ¡¡¡portavozas!!! Como digo, no era una frivolité nueva. Lo que sucede es que entonces aún estaban bendecidos por la opinión publicada, consecuentemente por la dócil opinión pública, y ahora no. El eco de semejante imbecilidad ha sido tal que las carcajadas aún se escuchan de un lado a otro del mapamundi: Los Ángeles, Sídney, Ciudad del Cabo y Reikiavik.

Irene Montero, que sustituyó al brillante Errejón como portavoza (¿portavoz?, ufff, qué lío porque Errejón es hombre) podemita en el Congreso por ser la novia de Iglesias (esto no es machismo sino la puñetera realidad), pensaba que esta charlotada lingüística iba a hacer furor. Que iba a abrir un debate serio sobre el sexismo en el lenguaje, vamos, que iba a meterle un meneíto al metalenguaje patrio. Se encontró que donde el baboseo patrio antes le decía “genio”, perdón Irene, “genia”, ahora le llama de todo menos espabilada. Los calificativos son irreproducibles por razones, perdón, “razonas”, de buen gusto, quería decir “buena gusta”. La preescolar política ascendida a la gloria en tiempo récord pensaba que su gesto iba a ser como el de la afroamericana que hizo historia al negarse a ceder su asiento a un blanco en el autobús, Rosa Parks, o como el de la madrileña que pagó con el exilio la instauración del sufragio femenino, Clara Campoamor. Cosas de alguien o alguiena que, al igual que su Pablo y la mayor parte de la bancada morada, no da para más. Por cierto: nuestra protagonista tuvo la osadía de compararse con Rosa Parks y Clara Campoamor en la moción de censura de junio (con dos cojones, ¿cojonas, tal vez, querida Irena?). La historia que cuento en esta columna no es ninguna broma. O quizá sí, vaya usted a saber, pero una broma de mal gusto, naturalmente.

El drama de Irene Montero es el mismo que el de Pablo Iglesias: van de listos, políglotas, intelectuales, tolerantes y modernos cuando en realidad son analfabetos funcionales, iletrados, chisgarabís, tan sectarios como rencorosos y en el fondo más carcas que mis tatarabuelos. De haber pensado un poquito y revisado esa wikipedia que es su única fuente de saber, sabrían que el sustantivo “portavoz” es común a ambos géneros. Esto es, único tanto en su acepción masculina como en la femenina. ¿Te has preguntado alguna vez, estimada Irene, por qué se dice sólo periodista, astronauta o pianista? Te-lo-ex-pli-co. O, según tu peculiar modo de interpretar el Diccionario de la Real Academia, “te-la-ex-pli-ca”. Pues porque es igual en masculino que en femenino y no por eso los hombres ponemos el grito en el cielo y hablamos de “periodistos”, “astronautos” o “pianistos”. Como tampoco nadie emplea “gilipollos” para referirse sinonímicamente a los seres con pene (¿pena?) que son “estúpidos” o “necios”.

El problema de Podemos que ratifica que Podemos es un problema no es sólo que puedan cargarse España si, Dios y sobre todo el diablo no lo quieran, gobiernan aplicando esas teorías económicas que han conducido a la ruina a todos los países comunistas sin excepción. O que instauren una sucursal bolivariana en España con las implícitas consecuencias en términos de libertad que ello conllevaría. No. Ideologías al margen, lo más grave sería que nos gobernase esta panda de indocumentados. El laboratorio madrileño carmenita da para escribir una enciclopedia que suscribiría el mismísimo Homer Simpson: concejales que nunca habían cotizado a la Seguridad Social hasta que llegaron a la Casa de la Villa, otros que pasan de ir al despacho porque es “una práctica burguesa”, zapatas de la vida que odian a los judíos y se mofan de las niñas de Alcácer, Irene Villa y Marta del Castillo y sánchezmatos que desconocen que dos más dos son cuatro. Una fauna que se asemeja a los burros: arrasa todo lo que pilla a su paso en una suerte de piojosa política de tierra quemada.

El genio entre los genios, José Mota, anticipó hará cosa de dos años lo que iba a ocurrir con el gilipollismo imperante en una desternillante parodia en la que el portavoz del PSOE convertía en femeninos los palabros masculinos y viceversa. Otro que no le va a la zaga, el gigante Carlos Herrera, hablaba el viernes de “carga pública” a la hora de referirse a “Irene Montera”. La “portavoza” podemita, que se cree un mix de Golda Meir, Indira Gandhi y Hillary Clinton, se las prometía muy felices y pensaba que su estratosférica memez iba a suponer un pequeño paso para ella pero uno grande para equilibrar el notable gap aún existente entre la mujer y el hombre. Sí, ha sido, un gran paso, pero cangrejil: hacia atrás. Ha dado argumentos al tan peludo como irredento machismo patrio que tiene incrustado en el cerebro ese cavernícola concepto del “sexo débil” y a esa tan insoportable como impresentable misoginia que aún es moneda de uso corriente en algunos estratos de nuestra sociedad. Afortunadamente, el 99,999999% de las mujeres no es Irene Montero, básicamente, porque acumula más neuronas (¿los hombres tenemos neuronos?) que ella. No puede, por tanto, representar al resto porque bastante tiene con intentar representarse a sí misma. Tomo prestada la frase que empleó esa sabia al cubo que es la gran bibliotecaria Milagros del Corral: “Antes de llegar al Parlamento, los políticos deberían superar un examen de ingreso. Esta señora debería volver a Primaria”. Pues eso: Irene no tiene un problema de desigualdad de género (“génera” en el diccionario ireniano) sino intelectivo. En eso el género Pablo es idéntico al género Irene. Son tal para cual o cual para tal.

Por la cultura
Fernando Paz gaceta.es 12 Febrero 2018

Dado que las cavilaciones progresistas presuponen la irresponsabilidad personal, en su imaginario la cultura juega un papel determinante en la explicación de los males humanos.

La cosa es muy antigua: Platón recoge de Sócrates el intelectualismo moral que, al afirmar que la sabiduría y el bien son una misma cosa, viene a colegir que si el hombre hace el mal es por ignorancia. Por supuesto, la realidad es un mentís cotidiano del intelectualismo moral, pero ¿quién ha dicho que al pensamiento progresista le interese la realidad?

Lo que pasa por ser pensamiento progresista – habitualmente poco más que un apresurado manojo de tópicos mal digeridos – no es sino una particular emanación socrático-rousseauniana, que se traduce en vulgares creencias mágicas: las cogitaciones progres siempre desembocan en la magia. La afirmación de que la humanidad progresará por los siglos de los siglos amén, y que a través de ese progreso alcanzaremos la felicidad y un conocimiento universal que nos permita desentrañarlo todo, es quizá el mayor acto de fe que haya tenido lugar desde el big-bang.

A partir de la Ilustración, y aún más desde Marx, la caterva progre compone una pose de afectada superioridad antes de explicártelo: es la cultura, chaval. La evocan como a la piedra filosofal, llevan centurias en ello. Al final – se veía venir – en el progre la cultura es su coartada.

Creen, obedecen y combaten por la cultura. Por la cultura destruyeron antiquísimas iglesias y ermitas en la mitad de las provincias de España, la fruslería de unas 20.000; por la cultura volaron la Cámara Santa de la catedral de Oviedo, por la cultura destruyeron la catedral nueva de Lérida, el convento de san Juan en Toledo, una joya del plateresco mudéjar del XVI; por la cultura fusilaron el Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles; por la cultura, no dejaron un templo en pie en regiones enteras de China, extensas como Europa Occidental; por la cultura – sí, coño, sí, por la cultura – dinamitaron la catedral de Cristo Salvador de Moscú.

Por eso, cuando en su soberbio “Diccionario para un macuto”, Rafael García Serrano evoca el papel de los llamados “milicianos de la cultura” durante la guerra civil, no puede extrañarnos que, siempre que oyera hablar en ciertos sitios de la defensa de la cultura, eligiese un “lugar seguro, algo elevado, con agua abundante, flancos cubiertos, retaguardia firme, accesos batidos…” y se parapetara en él.

Lo de nuestro eximio falangista viene a ser la versión navarra del “cuando oigo la palabra cultura echo la mano a la pistola”, que el progre lleva eones considerando copyright Göbbels o Göring, según versiones, aunque todo el mundo – un poco leído – sepa que lo más parecido lo pronunció un personaje del “Schlageter”, de Hanns Johst. Lástima que, con el paso de los años, la pereza le vaya privando a uno del regusto de la mofa.

Total, si quemaron miles de iglesias, bibliotecas enteras, catedrales, cuadros y tallas por quintales, no sé a qué viene ahora el escándalo a cuenta de la memoria histórica y el previsto secuestro de libros, la voladura de monumentos, las reconversiones del patrimonio, la limpieza de cementerios y la iconoclastia destructora de escudos en las fachadas, por no hablar de la cárcel y las multas para los disidentes, con especial dedicatoria al estamento docente.

En el fondo todo eso es cultura, aunque sea en esa deriva talibán que condujo a Sartre a la reflexión de que no existía país alguno en el mundo que tomase la literatura tan en serio como en la URSS: solo allí te podían llevar a un campo de concentración por escribir. ¿Qué mejor prueba de la importancia que se le daba?

Así que nuestra izquierda nos promete de nuevo un paraíso que, como tantas otras veces, vendrá prologado por las multas, la cárcel y el universo concentracionario que Solzenitsin radiografió tan precisamente.

Todo fue, siempre, por la cultura. Y así sigue siendo.

Prolongar la agonía: contra la (mala) política
Rafael Jiménez Asensio. vozpopuli  12 Febrero 2018

“El escalofrío otoñal, tan típicamente barcelonés, es la primera sensación del cambio de tiempo” (Josep Pla, El cuaderno gris, Destino, 2001, p. 782)

“¿Hasta qué punto el derecho (como doctrina de las bases y de los fines de la política democrática) puede someter a la política? He aquí una cuestión que está destinada a alimentar por un buen tiempo la reflexión” (Marcel Gauchet, La condition politique, Gallimard, París, 2005, p. 533)

No se puede decir la verdad, porque molesta. Aunque hay evidencias que no pueden orillarse, por mucho que se pretenda. Enrocarse puede estar muy bien en el juego de ajedrez, que está también vinculado a los orígenes de la inteligencia artificial, pero en política es mala solución. La inteligencia política es otra cosa. Lo primero en política, además de tener proyecto, es ser serios y no payasos o leguleyos. Son estas últimas profesiones dignas, pero nunca adecuadas para gobernar, menos aún la complejidad. El circo en política o el escaparate de los tribunales cotizan alto en las redes sociales y, más aun, cuando lo viral es dominante. Pero eso es espectáculo, no política. Tampoco Derecho. Y pronto pasa alta factura al pueblo que padece tales actitudes, también a quien las promueve.

La política requiere un mínimo de seriedad. Y algo tan obvio al parecer a algunos les cuesta. En efecto, hay políticos con discapacidad absoluta para tal menester. La política se puede vivir como fantasía o como proyecto. La primera opción siempre se da de bruces con el muro de la realidad. La prestidigitación combina mal con la política. Tampoco es razonable usar las instituciones como un kleenex.

En política no se puede fallar a la palabra e ir de ocurrente y manipulador, por mucho que se utilicen todos los trucos digitales o marrullerías habidas y por haber, aunque algunas veces se vuelvan en contra cuando el móvil (o su dueño) “se despista”, aunque luego le importe un “comino”. Tampoco se puede ir de Tancredo y endilgar tristemente los asuntos políticos a los jueces. Solo en ocasiones excepcionales el poder judicial debe jugar su inevitable rol político, que lo tiene. Pero el foro habitual para hacer política es otro y los actores también. Las actitudes manipuladoras desgastan las instituciones. Las tramposas o astutas, si no esperpénticas, elevan la factura. Como decía Madame de Stäel, “recurrir a la astucia únicamente genera desconfianza en los gobiernos representativos”. Y de inmediato viene la pérdida de respeto. Primero a las personas, luego a los partidos y después a los pueblos o a los Estados. Seriedad no es ser huidizo o ponerse de perfil. Es otra cosa. Más en política.

Pascal hace más de tres siglos decía que la política es “un hospital de locos”. Cabe preguntarse qué diría ahora con la que está cayendo. El esperpento es la moneda corriente en este mercado político bastardeado hasta el infinito, aunque con gente alineada inamoviblemente en ambos lados. La hija de Necker lo expresó una vez más de forma inigualable: “El gran error de los hombres apasionados por la política es atribuir toda clase de vicios y bajezas a sus adversarios”.

Pues nada, a seguir con la monserga. A continuar banalizando las situaciones de excepción por parte de unos, mientras que otros echan mano hasta la náusea de la hipérbole represiva. En honor a la verdad, la excepción (que no la represión) cohabita últimamente con nosotros, mordiendo la normalidad constitucional hasta destruirla imperceptiblemente. No puede haber normalidad institucional cuando ni los actores ni las instituciones actúan normalmente, cuando no se hace política ni se gobierna, cuando solo se piensa en clave esencial o electoral. Nadie legisla, nadie ejecuta y solo se (mal) juzga. No hay poderes: están de vacaciones. Y se han ido juntos, que no separados. El pergamino constitucional lo están devorando primero los roedores políticos de la periferia y, más tarde, los del centro. La excepción constitucional es la quiebra de la Constitución admitida por ella misma basada en una quiebra precedente anterior que le da entrada. Cada quiebra tiene su relato. Y sus altavoces, siempre listos.

Una orquesta desafinada nunca puede ser un grupo armónico, menos aún dar lecciones de integración. Y en eso estamos, volviendo a tocar sin orden ni concierto. Así no hay partitura que aguante. Fracaso estrepitoso de la mala política, de la barcelonesa y de la madrileña, ambas incompetentes. Vayan, por tanto, armándose de paciencia, que este lío tal vez no ha venido para quedarse, pero sí para estar un buen tiempo entre nosotros. Las noticias cansan, cuando no agotan. Ahora, por ejemplo, alguno se saca de la chistera el Ejecutivo bicéfalo: una suerte de presidencia drag queen, tras el fracaso estrepitoso del Directorio. De nuevo a retorcer las reglas, enésimo e inútil intento. Y, en la otra orilla, una vez más agitan el código y las togas como espantapájaros, poco efectivos para mover voluntades o coser pueblos rotos.

Ante una mala clase política incapaz de pactar nada (“cintura de hormigón”) y embozada en su bandera, que cuando así actúa se niega a sí misma y muestra su impotencia, poco puede hacer una ciudadanía desorientada: esperar que la buena política entre en escena, proponga y pacte.

Gobernar se ha convertido en un verbo que nadie sabe conjugar, ni aquí ni allí. Y conforme huele a elecciones, el gobierno enmudece y se paraliza. Gobernar es tomar decisiones, actuar, hacer. La anomia gubernamental pasa factura carísima. ¿En qué país vive ese conjunto de malos políticos subsidiados por nóminas públicas, precisamente no escasas? No hacen, deshacen. La política como negación. Somos, sin embargo, conscientes de la inservibilidad absoluta de esa mala política, pues nada resuelve, a pesar de los minutos, horas o días que consume en pantallas, papeles u ondas radiofónicas. Cuánto tiempo y dinero perdido, cuántas personas analizando banalidades o especulando sobre intenciones. Mientras tanto, el país aplaza sine die sus problemas. Hace uso de su verbo preferido: procrastinar. Lo ha sugerido recientemente Luc Ferry: “que nuestros políticos (…) hagan el esfuerzo de formarse, de invertir tiempo e inteligencia en comprender el mundo venidero en lugar de contentarse, como es todavía el caso, con los debates del siglo XIX” (La revolución transhumanista, Alianza, 2017).

Vender humo es muy fácil, transformarlo en algo visible o tangible más complejo. El entusiasmo, como decía Emerson, es un bien efímero. Y el tiempo se está agotando. Luego viene el duelo o la frustración enquistada. Y en ello más temprano que tarde se entrará, si no se ha entrado ya. Quedarán rescoldos del espectacular fuego que amenazaba con abrasarnos, pero que al final no se consumó, al menos de momento. A pesar de algunos, que en uno y otro lado han puesto no poco empeño. Fracasados, es la palabra que les une. Malos políticos, pues nada resuelven. No merecen dedicarse a ese digno oficio, menos aún a que se les preste tanta atención mediática. El daño ya está hecho. Y habrá que pagar el peaje. Nada barato, por cierto.

La izquierda funeral
Pedro de Tena Libertad Digital 12 Febrero 2018

El carácter funeral de la izquierda española, en su aspecto de congénita inclinación a la imposición de su dogma a todos los ciudadanos incluso si en tal empeño se obtuviese resultado de muerte –muerte ajena, claro–, es notable. Pero en dicha actitud ha coincidido con todos aquellos que, y en la Historia son muchos, han querido decretar cómo debe ser la vida de los demás. Usar la democracia para adquirir el poder de destruirla por todos los medios legales e ilegales ha sido la estrategia común del socialismo y su derivado, el comunismo, desde finales del siglo XIX. Su clamorosa derrota en 1939 dejó a los españoles en manos de otra clase de imposición dictatorial resultante. El culto a la muerte no era sólo seña de identidad del nazismo y algunos nacionalismos de derechas, sino que, desde las checas al Gulag, muchas de esas violaciones de los derechos humanos fueron utilizadas o aplaudidas por esta izquierda funeral. Esto es sabido aunque en el complejo político-mediático-universitario se hable casi exclusivamente de fascismo y de nazismo como muertos vivientes.

El PSOE pareció decidido a diferenciarse del terror comunista tras haber sentido en sus carnes la mirilla de sus armas durante la Guerra Civil. Un ejemplo. El propio Indalecio Prieto, nada ajeno al uso de la pistola como elemento de diálogo, estuvo en el punto de mira de sus ex compañeros socialistas, luego comunistas. Tras la derrota de la Guerra civil, el socialismo histórico se enfrentó a la conducta totalitaria de los comunistas. El propio Felipe González ha mantenido siempre una posición hostil al crecimiento del comunismo. Pero ¿y las piruetas de Pedro Sánchez?

Las izquierdas contemporáneas españolas esenciales son cuatro. Por orden de aparición en la escena histórica: sindicalistas reformistas, anarquistas, socialistas y comunistas, que se afanan hoy en otros funerales, los de sí mismos. Los primeros, defensores de los derechos y deberes, no se olviden éstos, de los trabajadores, fueron destrozados por las ideologías revolucionarias. Los anarquistas y anarcosindicalistas fueron eliminados, durante y después de la guerra, con gran pesar del franquismo inteligente que los cultivó por su anticomunismo. El PSOE Y el PCE, desconcertados por el regalo de la democracia por parte del franquismo, por el tráfico de información descontrolada de los nuevos media y desorientados por los cambios de las relaciones de producción globales, que siguen sin entender, se empeñan en su propio funeral a cámara lenta descomponiéndose poco a poco a la vista de todos.

Yo creo que se trata de un suicidio ignorante de la muerte que los mata: la libertad creciente y crítica de las personas en el siglo XXI a pesar de todo. De una parte, su incapacidad de reflexionar críticamente sobre su propia historia. El método científico que al menos Marx pareció usar ha sido sustituido por el método propagandístico. Ni una condena de los asesinados en su nombre, ni en España ni fuera de España. Ni una contra sus dictaduras. De otra, su incapacidad moral para defender los valores que hacen posible, demostradamente, la convivencia, desde la vida a la democracia. Tercero, su inclinación creciente al nihilismo político. Todo vale si proporciona votos, aunque sean tonterías y desmanes lo que se defienda. Encuadren ahí lo de "portavozas", lo del feminismo anti Guindos (Maleni, di algo), lo del secuestro justificado de hijos por sus madres en un sexismo amoral, etc., y todo su deslizamiento irracional hacia lo antiespañol, lo verde, lo blanco (¡pacífico, dicen!) y lo violeta antes que hacia el desarrollo racional y democrático de la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, tengan o no tengan, sean del sexo que sean, nazcan donde nazcan, vivan donde vivan, piensen lo que piensen…

Lo dicho, un funeral. A los trenos intuitivos, ya abundantes, sucederá, si todo sigue así, un réquiem definitivo. Y merecido, sin duda.

Reflexiones (sin prejuicios) sobre separatismos
Jesús López - Medel elconfidencial 12 Febrero 2018

La cotidianidad, los sobresaltos y las pasiones mezcladas con prejuicios han invadido buena parte de lo escrito sobre lo acontecido en Cataluña. Aunque también ha existido reflexión equilibrada, no ha sido lo más frecuente. Las heridas siguen muy abiertas.

Este es un esbozo de ideas sueltas sobre separatismos que van más allá del presente o las especulaciones sobre pactos y futuros o de lo acontecido estos últimos meses en Cataluña, intentando por mi parte solo generar pensamiento y no bilis, que sobra mucho. Empezamos.

Los estados tienen derecho a su integridad. Los pueblos tienen derecho a su identidad. Esto último supone, guste o no, el poder decidir su futuro. Pero siempre con unas condiciones básicas, entre las cuales está el respeto a la legalidad nacional e internacional.

Siempre hay que aprender de la historia, siendo indudable que el cambiante atlas de Europa muestra cómo han surgido 24 Estados treinta años

Pero tan importante como ello, es hacerlo en un contexto pacífico, en unas condiciones éticas y participativas fundamentales y, de modo muy importante: respetando las opciones diversas y lo que pueda ser el pluralismo social. Esto es democracia.

Siempre hay que aprender de la historia, siendo indudable que el cambiante atlas de Europa muestra cómo han surgido veinticuatro estados en menos de treinta años, bastante de ellos a modo de avulsión. En efecto, dos son los grandes procesos secesionistas o de desintegración que hacen surgir de dos estados, antes más o menos unitarios, una pléyade de nuevos entes soberanos independientes.

Dejo a un lado los quince surgidos en los cuatro últimos meses de 1991 en lo que era la Unión Soviética, cuyo proceso de derrumbe fue bastante semejante donde quedaron repúblicas huérfanas y repúblicas liberadas.

Me centraré, en cambio, en la ex Yugoslavia, cuyas costuras se mantenían por la autoridad moral del Mariscal Tito pero que tras él se desgajarían en ocho estados nuevos. Y me referiré a dos casos de segregación singulares y muy diferentes como son Montenegro y Kosovo en cuanto a la forma de acceder a su independencia.

Así, el caso de Montenegro que se constituyó como Estado soberano en mayo de 2006. Esa posibilidad estaba contemplada en la Constitución de Serbia. Sin embargo, no estaba desarrollada en cuanto a los requisitos. Sobre ello ejerció una función tutelar la Unión Europea, exigiéndose un 50% de participación y que el voto afirmativo por la independencia obtuviese el 55% de los emitidos. Así tuvo el referéndum democrático en las urnas en un día histórico, emocionante y pacífico que tuve oportunidad de vivir allí.

El otro caso de secesionismo también afectaría poco después a Serbia con la segregación de Kosovo. En este caso, no existía previsión legal ni consensuada. Solo existió declaración unilateral. Aquí el proceso más que ser controlado por la UE o la OSCE, sería un país lejano, como EEUU y la isla del Reino Unido, quienes alentaron esta vía, que, sobre todo, fue criticada por Rusia y que sería invocada, en muchas ocasiones y con razón, por ésta como precedente de modo de mal hacer.

Dejo a un lado con estas pinceladas los casos de Quebec y Escocia y tangencialmente el reciente de Cataluña, aunque lo que se pueda decir a continuación vale para cualquier situación de un pueblo donde existe una aspiración secesionista. Es fácil constatar que en estos países o naciones sin Estado, siempre ha existido un pensamiento nacionalista nada despreciable. El asunto pasa a ser más problemático cuando estos movimientos pasan ya el umbral para trasformarse en independentistas con gran auge.

En todos ellos el elemento emocional es muy importante. El argumento del sentimiento o del corazón apenas es atendido por los más pragmáticos del unionismo que pretenden apabullar de cifras "sus" razones. No son capaces de valorar aquel otro factor. O acaso, reaccionan, cual dinosaurio dormido que despierta, de la misma manera, utilizando su simbología y su orgullo (no me refiero a la futbolística) de otro nacionalismo.

Un segundo elemento que debo destacar (que en Cataluña tiene una aplicación indudable) es cómo en ese incremento de independentistas o el paso a esta categoría de los que eran nacionalistas moderados, tiene como una de las causas importantes el rechazo no directamente al Estado central sino al Gobierno central y que acaba, para ellos, legitimando su ruptura. La confusión o identificación entre repudio a un gobierno concreto y al Estado que representa es triste, pero así es.

En el caso español, este dato está corroborado por cifras demoscópicas. Desde enero de 2012 el Ejecutivo central (además de su actuación catalanofóbica anterior sobre el Estatut) ha generado un impulso independentista del cual se tiene bastante responsabilidad por los dirigentes centralistas. Pero la miopía lo impide ver.

Hay otros factores que también pueden generar un mayor caldo de cultivo en los procesos (previos) al estallido de la expresión del nacionalismo, como es la situación económica, los recortes, el bien o malestar económico y social. Cuando esto se produce, es también un impulso del independentismo, como si todo se debiera a responsabilidades del gobierno central olvidando la que tuviera un autogobierno ya existente al cual se le omiten responsabilidades.

Otro elemento a ponderar y que se utiliza por el poder central es el argumento del miedo (sobre todo a gente mayor), asustando a la gente. Frente a los cantos de sirena de independentistas de una Arcadia falsa, el imbuir el miedo a lo desconocido (siempre a peor) es el paralelo sentimiento que por los otros se emplea.

Hay un elemento histórico comprobado que aumenta la tensión territorial. Se produce cuando a un nacionalismo se le enfrenta otro nacionalismo que adquiere más fuerza como elemento combativo. Este segundo no es un elemento de disuasión o encuentro sino al contrario, de más conflicto.

En los Balcanes el ejemplo más evidente fue la pretensión de la Serbia de Milosevic de imponer una concepción política y nacionalista propia y centralista a las comunidades que habían vivido bajo el mando de Belgrado pero que estaban queriendo asumir su propia identidad. Esa pretensión centralista produjo el efecto contrario: reforzar las identidades nacionales o autónomas de esas otras comunidades. En algunos casos, sobre todo, Bosnia, se llegaría a convertir ese elemento "disuasorio", la imposición nacionalista serbia, en una guerra y genocidios.

Aún con todos estos hilos sueltos, quiero llegar y subrayar uno que se utiliza como argumento contra el secesionismo: el principio de legalidad. Frente a reivindicaciones democráticas de independencia, la respuesta no puede ser solo legalismo. Frente a eso, hay que afirmar que el legalismo no basta como respuesta. Esa ha sido la insistencia, en el caso de Cataluña, de la entente del PP-PSOE y Cs: los postulados independentistas no cumplen la ley. No voy yo a llevar la contraria a ello, lo cual que es cierto, incluso de modo grosero, pero sí que insiste en que no puede ese de la legalidad ser la principal réplica. Legalidad sí, pero 'ma non troppo…'

Convertir un problema donde una proporción semejante de ciudadanos apuestan por la independencia frente a la otra mitad que desea lo contrario, no puede ser resuelto solo con soluciones legalistas, ni menos aún con las policiales y las muy desmedidas judiciales de carácter penal con las que “el sistema” reacciona, donde la independencia judicial real se revela falsa e inexistente.

La defensa estricta de la legalidad es un argumento que no conlleva una mínima expresión de apertura ni de inteligencia. Además, en no pocas ocasiones encierra la defensa de un estatus que no es el más adecuado para los derechos humanos. Solo cabe pensar en personas que en su compromiso con valores democráticos fueron capaces de enfrentarse a la "legalidad" en sus países en la conquista de fines que no estaban bien vistos social y legalmente pero que resultaron conquistas democráticas: Luther King, Nelson Mandela…

En todo caso, el ejemplo de estas personas demuestra que aunque sus ideas se estrellaran frente el "sistema", la idea de paz y no agresividad demuestra que siempre es mejor la rama de olivo que la espada.

* Jesús López-Medel es abogado del Estado y escritor

Ministra de Inmigración de Dinamarca
Inger Støjberg: “Los daneses hemos sido silenciados y derrotados por el islam”
www.latribunadelpaisvasco.com 12 Febrero 2018

Inger Støjberg, ministra danesa de Inmigración e Integración, ha explicado en un reciente artículo periodístico y en una publicación de Facebook que, en su opinión, los daneses han sido “silenciados” y “derrotados” por el islam y sus seguidores fundamentalistas.

Bajo el título de "La triste verdad sobre el islam”, el texto comienza explicando cómo el pasado 25 de enero se estrenó en Copenhague la obra teatral "El Libro de Mormón", protagonizada por un actor que es popular por su conocida mordacidad y por sus comentarios ofensivos. La ministra Støjberg relata cómo, ante algunas protestas surgidas, Kasper Holten, el director del drama, declaró en la TV2 de Dinamarca: "Si usted es un mormón y no quiere que nos burlemos de su fe, entonces no vaya a ver la obra”.

En opinión de la ministra danesa, esta aseveración es “correcta”, pero luego se pregunta si cambiando la palabra “mormón” por “musulmán” la respuesta hubiera sido la misma. Y se responde afirmando sin ningún tipo de duda que, en 2018, en Dinamarca, responderle a un musulmán “si no quieres que nos burlemos de tu fe, entonces no veas la obra…” es, por desgracia, “algo imposible”.

A continuación, Inger Støjberg cuenta una escena de la obra teatral “El Libro de Mormón” en la que un actor apunta con su dedo medio hacia el cielo y grita "maldición a ese bastardo”. La ministra pregunta: “¿Podrías imaginar a un actor, en Dinamarca, parado en el escenario con su dedo extendido hacia el cielo y gritando ‘bastardo estúpido' a Alá? ... ¡bajo ninguna circunstancia! Todos sabemos lo que sucedería. Protestas histéricas sobre ataques contra los sentimientos religiosos de los musulmanes. Manifestaciones contra la obra. Vandalismo. Amenazas de muerte contra actores y director. Nunca estaría permitido. La cuestión es que hemos perdido. Nos ha asustado una religión cuyos fanáticos nos han amenazado con silenciarnos”.

"Pero, ¿dónde están ahora todas estas personas ‘políticamente correctas’ cuando se ofende a los mormones?”, se pregunta Støjberg. "¿Dónde están los políticos enojados hablando de lo horrible que es que estos mormones estén siendo ridiculizados?”. “Desafortunadamente”, añade la ministra, “la respuesta es simple, porque aunque los mormones se ofenden, discuten y son dañados por las ofensas, no recurren a las armas y al terror. No hubo teatros incendiados y nadie fue asesinado”.

Y la ministra concluye: “No hay diferencia entre la sátiras ni en las molestias que éstas generan sobre las personas religiosas. La diferencia es que, en realidad, son principalmente los seguidores de la llamada 'religión de la paz', el islam, quienes se dedican a asustar con las armas, la violencia y el terror”.

Laurencic, el artista de las checas del terror
Era alto, rubio y de buena planta. Sin embargo, tras los exquisitos modales de este hombre de origen austriaco se escondía una de las mentes más aterradoras, capaz de concebir auténticas máquinas del horror en la Barcelona de la Guerra Civil, como las cárceles de Vallmajor y Sant Elies, que comunicaba directamente con el cementerio
Jorge Vilches. larazon 12 Febrero 2018

La gran diferencia entre las checas de Madrid y las de Barcelona es que la capital de España estaba sitiada por el enemigo, mientras que la Ciudad Condal disfrutaba de la retaguardia para hacer una estudiada y minuciosa purga. Hasta 46 checas se instalaron en pisos y edificios oficiales barceloneses. La más terrible fue la de Sant Elies, un auténtico matadero que comunicaba con los cementerios de Les Cortes o Montcada i Reixac. No faltó el horno crematorio, por supuesto. Miles de catalanes fueron víctimas de los «descontrolados de Companys», como escribió el historiador Javier Barraycoa; primero de los anarquistas de la CNT-FAI, entre julio de 1936 y mayo de 1937, y luego por los estalinistas de Erno Gerö.

El historiador César Alcalá, en su libro, «Las checas del terror» (2007) cifra en 8.352 los asesinados tras pasar muchos por las checas entre 1936 y 1939, lo que supone el 0,28% de la población catalana. Las acusaciones eran el ser «gente de misa», conservadores, fascistas, quintacolumnistas o sospechosos de ser poco proclives a una dictadura del proletariado poco conveniente, porque por allí pasaron también anarquistas y trotskistas. Pero fueron los menos: 139 frente a 2.039 religiosos, 2.163 «no izquierdistas», 1.199 carlistas y otros sin identificar. Todos sin juicio. Quizá uno de los casos más terribles fue el del católico Eusebio Cortés Puigdengolas: descuartizado en la checa de Sant Elies y dado de comer a los cerdos.

Barcelona no tuvo suerte. Uno de los más ocurrentes ingenieros de tortura apareció allí. Se llamaba Alfonso Laurencic, nacido en Enghien (Francia), en 1902, y se presentaba como director de orquesta y pintor, pero también arquitecto, y oficial de la Legión Extranjera y del ejército yugoslavo. El francés tenía todo el perfil de espía y de asesino político a sueldo. Cuando estalló el conflicto armado entre anarquistas y comunistas en Cataluña en la primavera de 1937, Laurencic, un funcionario del mal, consiguió sobrevivir y colocarse. Fue a parar dos veces a la checa de Puerta del Ángel por vender pasaportes falsos y robar dinero de la Administración del Servicio de Investigación Militar (SIM), poca cosa en aquella Barcelona del crimen organizado.

La liquidación del adversario y el régimen del terror debían de tener un orden, tal y como ya había puesto en práctica Lenin y continuado Stalin. Por esta razón, el SIM de Barcelona quiso construir un sistema carcelario idéntico al soviético, no como en Madrid, donde cualquier sótano o sala servía para encarcelar, torturar y asesinar. Era preciso un buen diseño. Santiago Garcés, el jefe supremo del SIM, nombró arquitecto a Alfonso Laurencic, un personaje que, a la vista de su ingenio para la crueldad, hubiera encajado perfectamente entre los técnicos de las SS que diseñaron los campos de exterminio en Polonia. El tipo dio entonces rienda suelta a su creatividad en dos checas: la de la calle Zaragoza y la de Vallmajor. Eran lugares donde, como ha escrito el historiador César Alcalá, «la barbaridad y el horror se convirtieron en arte».

Sin juicio y con odio
Los métodos de tortura iban desde el «submarino seco» –una bolsa de plástico en la cabeza–, la «banderilla» –inyecciones que provocaban infecciones–, hasta las más terribles barbaridades en genitales y órganos vitales. Los que tuvieron «suerte», unos cien mil, fueron enviados a campos de trabajo y concentración, hasta seis desperdigados por Cataluña. Los milicianos iban por los pueblos, de noche, en coche, y se llevaban a los «sospechosos». No había juicio ni garantías «republicanas». Solo odio, tribunales populares y «justicia proletaria». A muchos se les mataba delante de sus familias.

Susana Frouchtmann, periodista y escritora, ha investigado la vida de uno de aquellos constructores del terror en «El hombre de las checas. La historia de Alfonso Laurencic, el artista de la tortura» (2018). La autora confiesa que ha sido por una cuestión familiar: Meri, la mujer del chequista, fue su institutriz durante años después de la guerra. La búsqueda de información, dice, se convirtió en algo personal debido a la necesidad de conocer casi su propio pasado, y entender la posición de su padre, quien dejó la política en 1949 y al que Franco concedió la Gran Cruz de Sanidad el 1 de abril de 1970. Frouchtmann asegura que se negó a aceptar los relatos que definían a Laurencic como un «monstruo», e indagó en todas aquellas personas que podían haber tenido contacto con el chequista. Encontró en el francés a un «seductor consumado», amante de su mujer, un aventurero, también es cierto que con «poca humanidad». Por eso, la autora arremete contra el libro de Rafael López Chacón titulado «Por qué hice las checas de Barcelona. Laurencic ante el Consejo de Guerra», publicado en 1939, que recoge los papeles del juicio a dicho personaje, cuya obra denuncia como de «ideología franquista». Según la periodista, el perfil de Laurencic fue establecido entonces sin dejar margen a la otra realidad del personaje, un políglota, un oportunista que amaba el arte, y que acabó en Barcelona un periplo por media Europa.

Lo cierto, y Frouchtmann no lo niega, es que Laurencic planificó las checas y los medios de tortura. La idea de aquellos centros, como escribió el fiscal de la causa contra el chequista, era la tortura física y psicológica del preso antes de su muerte. En Vallmajor, por ejemplo, existía el «patio de los fusilamientos», donde había una fosa en la que se simulaban ejecuciones. Al otro extremo estaba «el pozo», donde se colgaba a los presos boca abajo para sumergirlos en el agua durante interminables minutos. También contaban con «la celda de los colores», donde los presos eran obligados a mirar figuras geométricas en movimiento, o con relojes que adelantaban cuatro horas al día haciendo un fuerte tic-tac constante. Los catres estaban inclinados 20º para que al coger el sueño la persona cayera y se sobresaltara. El suelo de las celdas, cuya superficie variaba entre el metro y el medio metro cuadrado, estaba erizado de ladrillos para impedir que se pusieran cómodamente de pie.

Luz para cegar
Luego estaban la celda de las campanillas, la «verbena» y la del «armario», que contaba con cajones con un fondo de 40 centímetros donde se introducía al detenido, al que se fijaban los párpados con un hierro y luego aplicaba una potente luz en los ojos para cegarlo. En ese «arte de la tortura» no faltaban suplicios consistía en potentes ruidos o en pequeñas y periódicas descargas. Todos estos diseños fueron obra de Alfonso Laurencic, autoría que nunca negó.

A la vista de las tropas franquistas, Barcelona se rindió y muchos huyeron, entre ellos Laurencic, quien fue detenido en El Collell (Gerona), y entregado al ejército alemán por tener nacionalidad austriaca. Devuelto a la justicia española, fue juzgado el 12 de junio de 1939. En el juicio, tras escuchar el terrible relato de algunos supervivientes, el acusado, sin ninguna muestra de arrepentimiento, contestó al fiscal que sus checas eran mejores que otras porque tenían servicios «más higiénicos».

Laurencic declaró que había sido una «víctima de las circunstancias», tesis a la que se apunta Frouchtmann (p. 209). Este ingeniero estalinista de las checas terminó el juicio gritando un desconcertante «¡Viva el Generalísimo Franco!». El 9 de julio de 1939 fue conducido al Campo de la Bota. Ante el pelotón de fusilamiento levantó el brazo e hizo el saludo fascista. Sus restos fueron llevados a la fosa común del Fossar de la Pedrera, en Montjuïc. Frouchtmann asegura que fue un «chivo expiatorio» del franquismo contra alguien que nunca mató personalmente, en una muestra de represalia contra los republicanos porque no pudieron juzgar a nadie más (pp. 214-215).


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Tormenta perfecta: salarios, pensiones y deuda

Roberto Centeno elconfidencial 12 Febrero 2018

Consecuencia directa de la desastrosa gestión de la crisis catalana por parte de Rajoy y su Gobierno, ha sido el hecho de que la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad desplazados a esta región viendo cómo los Mossos, cuya deslealtad no sería tolerada en un Estado de derecho, con una eficacia, preparación y carga de trabajo muy inferior a la suya ganan mucho más, les ha llevado a exigir lo obvio: la equiparación salarial.

Exigencia que han hecho suya la totalidad de funcionarios del Estado, cuyos agravios salariales en relación a los enchufados autonómicos —la mayoría ha accedido a su puesto a dedo o similar— son abrumadores. Hasta 21.000 euros anuales menos en el mismo puesto respecto a Cataluña y País Vasco.

Funcionarios y pensionistas, en pie de guerra
Sin embargo, esta discriminación sangrante no es nueva, es una de las muchas consecuencias del nefasto Régimen del 78. Las legiones de familiares, correligionarios y amigos enchufados en autonomías, empresas públicas y ayuntamientos, con salarios muy superiores a los funcionarios de carrera, fueron masivas. Y a día de hoy el descontrol es tal que ni siquiera sabemos cuántos empleados públicos hay. La EPA dice que tres millones; la Seguridad Social que 3,2 millones; el INE, siempre al servicio de las necesidades políticas del Gobierno de turno —lleva manipulando las cifras de PIB desde 2008—, 2,5 millones; la Agencia Tributaria en 'Mercado de trabajo y pensiones en las fuentes tributarias', la más exacta sin duda, 3,4 millones, ¡900.000 más que lo que cuenta el INE!

Pero además, según la 'Encuesta europea de condiciones laborales', los españoles son los empleados públicos de la UE que más cobran en relación a los del sector privado (debido a los sueldos disparatados de dos millones de enchufados), solo superados por Luxemburgo, un 44,3 % más. Entre 1999 y 2012, los salarios públicos crecieron sensiblemente por encima de los privados hasta superar la media de la OCDE, y desde 2012 a 2017 los salarios públicos apenas crecieron, pero los del sector privado se hundieron, lo que amplió aún más la diferencia. En los últimos 25 años, el número de empleados públicos se duplicó, algo que no ha sucedido en ningún otro país desarrollado, donde en la mayoría bajó como consecuencia de las espectaculares mejoras tecnológicas.

En todo caso, y con independencia de la insostenibilidad del despilfarro del Estado autonómico, lo cierto es que los empleados públicos, con la Policía Nacional y la Guardia Civil a la cabeza, están en pie de guerra contra Rajoy y su Gobierno que además les ha mentido. Pero no solo ellos, otro colectivo mucho más importante aún, los jubilados, está empezando a movilizarse, aunque de momento solo por la continua pérdida de poder adquisitivo. Y sin embargo esto es solo el chocolate del loro en comparación con los recortes que les esperan.

La OCDE ha presentado en Madrid, hace dos semanas, un informe demoledor sobre las pensiones valorando los efectos que sobre las mismas tendrán las últimas reformas, esas que la Sra. Bañez dice no saber cómo afectarán a las prestaciones futuras de los jubilados, cuando ha sido su ministerio quien las ha diseñado. Para la OCDE, que sí lo ha calculado, la conclusión es devastadora, “la tasa de sustitución —la cuantía que representa la pensión media respecto al salario medio— caerá del 83% actual al 46% en los próximos años”. En román paladino, las pensiones acabarán cayendo casi la mitad, y el secretario de Estado de la Seguridad Social lo justifica porque “la tasa de sustitución es una de las más altas de la OCDE”.

Pero lo que no dice es que las cuotas de la Seguridad Social son también de las más altas de la OCDE y que el salario medio es de los más bajos. O que durante los años ochenta los fuertes excedentes de la Seguridad Social cuando no había cajas separadas fueron empleados en financiar el gasto del Estado, decenas de miles de millones actuales expoliados a los pensionistas y nunca devueltos. Y menos aún que el factor de sostenibilidad que se aplicará a partir de 2019 —se reparte solo lo que hay en función de la esperanza de vida— supondrá un recorte drástico en las nuevas pensiones, y más reducciones en las actuales.

Y que ante este recorte de pensiones, ante los salarios de hambre en los nuevos empleos creados —entre 600 y 900 euros—, no es de extrañar el desplome en las expectativas de voto del PP, ya superado ampliamente por Cs. Tanto que dentro del desconcierto político actual solo una cosa es segura: Rajoy jamás volverá a ser presidente. Aun en el caso más optimista que pueda soñar la cúpula del PP, que no se hunda como UCD y vuelva a ser el partido más votado, con seguridad absoluta perderá escaños, pero con más seguridad aún ningún partido apoyará jamás un Gobierno del PP con Rajoy al frente. Esto es tan obvio que resulta incomprensible el que Rajoy no dé un paso atrás, solo el deseo de blindarse judicialmente puede explicarlo, aunque no justificarlo.

El BCE, a punto de cerrar el grifo
Y sin embargo en el Foro de ABC Deloitte, Rajoy no tuvo problema en afirmar que “hemos recuperado todo el PIB que destruyó la crisis, así como la recaudación fiscal y los dos tercios del empleo, avanzamos en la buena dirección”. Después de haber destruido un 12% de la clase media y empobrecido a toda ella, y arruinado a cientos de miles de pymes y autónomos. Después de endeudar a la nación en 1,1 billones de euros —457.000 millones Zapatero y 645.000 RajoyÃ, la mayor de nuestra historia en términos de PIB, después de llevar a la quiebra a las pensiones, tiene la osadía de afirmar que hemos recuperado toda la riqueza. Rajoy nos toma por imbéciles. Resulta que los euros de 2007 son iguales a los de 2017, y 1,16 millones de PIB y 509.000 millones de deuda en 2007 es igual a 1,16 millones de PIB y 1,58 billones de deuda hoy.

Respecto a la recaudación fiscal, oculta que ha elevado la carga fiscal sobre las familias al máximo de todos los tiempos. El PP ha subido 30 impuestos y sigue en ello, solo en 2017 subió 5.505 millones. En los grandes, en IVA el tipo reducido del 7% en 2007 es del 10% hoy, y además numerosos bienes han pasado del reducido al general; el tipo general, que era del 16%, es hoy del 21%. En IRPF, ha subido en todos los tramos y ha suprimido numerosas deducciones. En forma resumida, el salario medio en España fue de 23.106 euros en 2017, en 2011 este nivel de renta tributaba al 28%, hoy tributa al 30%. El IBI ha subido de media un 71% y hay nuevos 'catastrazos' para 2018. El expolio no cesa.

Y entre tanto, ¿quién se ocupa de los problemas reales de los españoles? Llevamos 16 meses sin gobierno y la parálisis continúa. Y lo más inaudito es ver cómo analistas reconociendo las catastrófica gestión en casi todo añaden, “excepción hecha de la economía y del empleo, que han mejorado”. Cuando cada nuevo euro de PIB necesita varios euros de deuda, cuando el 90% del empleo creado es tan miserable que, como afirma Bruselas, “no permite salir de la pobreza”, hablar de mejora es un desprecio a la verdad y un insulto a los españoles. En 2012 fue Draghi, y no Rajoy, quien salvó la economía española con sus préstamos ilimitados. Pero en lugar de sanear la economía y realizar los recortes necesarios, el irresponsable de Rajoy mantuvo el despilfarro y el descontrol del gasto con el FLA y el rescate bancario, generando un burbuja de deuda impagable del 137% del PIB, y no del 99% como afirman los analistas que no analizan, que arruinará a generaciones.

El BCE es el principal comprador de deuda, pero eso se acaba este año, y entonces ¿donde piensa Rajoy obtener los 230/240.000 millones de euros anuales que necesita para renovar vencimientos y cubrir los nuevos déficits? Además, en 2019 las subidas de tipos serán inevitables, ¿cómo nadie puede pensar que tipos de interés negativos en la deuda española, mientras en EEUU se paga el 2% hoy y el 3% a fin de año, son sostenibles? Cada punto de interés supondrá 15.800 millones al año más. Solo hay dos salidas, o la quiebra o el fin del Estado autonómico, que supone un despilfarro anual de 100.000 millones respecto a un Estado descentralizado. O autonomías o pensiones, o autonomías o salarios miserables para la mayoría, o autonomías o la ruina para los próximos 50 años.

La parida de Pedro Sánchez con la paridad en el BCE

Miguel Alba vozpopuli.es 12 Febrero 2018

El atrezzo actual del PSOE es un falso oasis. Hay líder. Pedro Sánchez. La militancia se encargó de volver a resituarlo tras el disparo al amanecer del aparato. Ese mismo 'establishment', alrededor de Susana Díaz, que le entregó el timón de la nave socialista a la espera de que llegue la tormenta que le haga abandonar la sala de máquinas para siempre. Nadie tiene ahora en mente un próximo cambio de líder, es cierto. Tan cierto, como se comprueba, en cuanto se rasca un poco en la piel del senedrín socialista, que aquellos que se posicionaron contra Sánchez en su primera etapa mantienen básicamente su opinión. La mayoría le acusa de andar desnortado por el (ausente) debate de las ideas. De tocar todas las teclas para componer esa melodía que atraiga, de nuevo, a los millones de electores socialistas que emigraron a otras latitudes tras sus dos candidaturas a la presidencia del Gobierno. Sánchez ha mutado a todo tipo de piel desde su reentré como líder socialista: moderado y radical de izquierdas, estadista y tajante opositor, españolista y plurinacionalista... y lo que te rondaré morena. Pero ninguno de esos disfraces tiene éxito, hasta la fecha, en el carnaval del CIS.

Ese ‘new age’ que abandera Sánchez no termina de calar. No empatiza en los caladeros de votos. Su brújula marca La Moncloa únicamente recuperando el liderazgo de la izquierda española, con la agresividad que conlleva ese posicionamiento. Lejos quedan esos días en los que Sánchez pactó con Rivera ser investido presidente del Gobierno. Apoyarse en el espectro político de Ciudadanos, más centrado, puede suponer la diferencia entre ser un partido de oposición o bien de Gobierno, como le ha señalado Felipe González en alguna ocasión. Lejos quedan también esos días en los que Sánchez abanderaba la búsqueda de una gran alianza de izquierdas, objetivo con el que volvió a Ferraz, pese a que ni siquiera sus bases más fieles lo aplaudían con entusiasmo. Sin embargo, este planning presenta algunas lagunas y muchas dificultades. Sánchez aspira a mantener el poder territorial del PSOE, pero las cuentas no saldrán si Podemos sigue cayendo. Y, pese a la mejora de sus expectativas, con un 25% de los votos es difícil pensar en que el PSOE vuelva a La Moncloa. Además, no todos son tan optimistas respecto a la falsa amenaza de Ciudadanos. Muchos socialistas repiten el mantra de que el PSOE ha gobernado cuando ha ganado las elecciones por el centro. La lección que emana de Felipe González se ha memorizado hasta la saciedad en el cuartel general de Albert Rivera, Inés Arrimadas y compañía. Y los números les han comenzado a cuadrar.

Sánchez se desgañita por poner el foco en la agenda social, cuando la luz del foco ilumina de lleno toda la periferia judicial del procés y la situación política en Cataluña, donde el PSOE también ha hecho aguas. No sólo no ha logrado obtener el resultado que se esperaba en las elecciones al Parlament sino que la realidad de sus 17 escaños le ha dejado en un papel irrelevante, cuando hasta una semana antes del 21D los socialistas fantaseaban con la posibilidad de que Miquel Iceta fuera el 'candidato Borgen' y llegara a la Generalitat. ¿Por qué ese giro descarado hacia la agenda social? A Sánchez le aterra el fangal catalán porque es un territorio en el que se mueve sin brújula. Carece de proyecto, de programa y de idea sobre qué hacer con España. Por eso cuela otras cuestiones de las que ocuparse. "Hay que hacer país con propuestas de izquierda socialdemócrata". Y ha enumerado Sánchez un racimo de problemas perentorios, como pensiones, la educación, el salario mínimo, la financiación autonómica. Vaya novedad. Y ha añadido otra vuelta de tuerca a la Memoria Histórica, con la puesta en marcha de una 'comisión de la verdad', que con sólo escuchar tal nombre, vienen recuerdos de checas y sacas. Este es 'el nuevo PSOE', al parecer.

Tomemos nota.
Como primera providencia, para arrancar, se rechaza frontalmente la candidatura de Luis de Guindos al BCE porque 'supone un desprecio a las mujeres". Una mala defensa de la paridad que suena a otra ocurrencia de última hora, a una parida superlativa ante la candidatura española a la vicepresidencia del supervisor bancario, más cuando ante la petición de un ‘alter ego’ femenino al ministro de Economía no sólo no se asocia nombre alguno ni siquiera se barrunta qué tipo de perfil debe tener. Más allá de que no figure un cargo político en su hoja de servicios. "En Europa las cosas funcionan de otra manera, no va por ideología ni por cuestiones paritarias sino por intereses nacionales", se lamentaba estos días un exdirigente socialista en alusión a que los lusos estaban devolviendo el favor del Gobierno español cuando apoyó al antecesor de Guindos, el portugués Vítor Constâncio. Ahora Sánchez exige una mujer independiente y técnica. Sin embargo Constancio era un hombre y había sido secretario general de los socialistas portugueses.

Los críticos con la decisión de Ferraz alertan del riesgo de que el PSOE haga el ridículo y se oponga a una candidatura que respaldan los socialistas de varios países de la Unión. Uno de los que ya ha sacado los colores a Sánchez ha sido el dirigente del partido socialista eslovaco SMER, Peter Kázimir, a la sazón ministro de Economía de aquel país. “Felicidades a Luis de Guindos, gran candidato con las habilidades y la experiencia necesarias para el puesto de vicepresidente. Mi voto es para Luis”, ha escrito en su cuenta de Twitter. No sólo son los socialistas eslovacos los que han confirmado su apoyo a Guindos. Lo han hecho públicamente los portugueses de Antonio Costa y, por los canales habituales, los socialdemócratas alemanes de Schulz, que acaban de suscribir el pacto de coalición con Merkel. Este apoyo garantizaría el voto de los países en la órbita de Berlín.

“Tácticamente nos hemos equivocado -señala una fuente en privado- porque si sale, quedamos mal. Y si no sale, nos echarán la culpa”, señalando al PSOE de atentar contra los intereses de España. En público solo el exministro de Industria del gobierno Zapatero, Miguel Sebastián, se ha atrevido a criticar a Sánchez por su "no" al actual ministro de Economía español. Otra fuente consultada señala: "Es un no sin argumentos. O dices que no y pones sobre la mesa un nombre alternativo, o apoyas a Guindos" porque, si no, “corres el riesgo de que se te acuse de antiespañol”.

Demuestra Sánchez poco espectro de miras al no apoyar a Guindos. Síntoma inequívoco de no entender (o entender poco) el peso en oro que implica el sillón de la vicepresidencia del Banco Central Europeo. Un puesto con botón nuclear para un sinfín de decisiones que afectan a la economía y banca española. Un interlocutor con ese necesario acento de Cervantes cuando el Gobierno de estas lides tenga que viajar a Francfort a pedir árnica sobre tal o cual cuestión. Guindos es el candidato porque sabe manejar los pasillos económicos de Bruselas, allí donde los juegos de poder condenan o salvan de un rescate. No castiguemos a Guindos por llamarse Luis en vez de Luisa. Como lamentaba estos días un destacado diplomático, “no preparamos a la gente para esos puestos de peso internacional y eso es un defecto como país”. “Por eso, en la mayoría de los casos”, proseguía, “los candidatos que presentamos son políticos. Y eso no es ni bueno ni malo, sino lamentablemente la única opción que existe en estos momentos”. La cosa va de talento, amigo Sánchez. No de paridad.

@miguelalbacar

Ilegalizar los partidos golpistas
Santiago Navajas Libertad Digital 12 Febrero 2018

La fuerza sin Estado de Derecho está ciega. Pero el Estado de Derecho sin la fuerza está vacío.

En el capítulo 27, "De los delitos, excusas y atenuantes", de su obra Leviatán comenta Hobbes los crímenes de "lesa majestad", aquellos en los que la hostilidad contra la organización del Estado da lugar a delitos más graves que los que se cometen contra individuos, pues el daño se extiende a todos. Delitos de este tipo son los actos de traición contra los propios ejércitos, o revelar secretos de Estado al enemigo; también, los atentados contra el representante del Estado, ya se trate de un monarca o una asamblea, y todos los intentos, de palabra o de obra, que estén dirigidos a disminuir la autoridad del soberano (...) consistentes en hacer planes o realizar actos contrarios a una ley fundamental.

Santiago Abascal, el líder de Vox, ha planteado la ilegalización de los partidos "separatistas", lo que no cabe en un Estado de Derecho, ya que plantear la independencia de un territorio es un fin legítimo (por muy estúpido y delirante que nos pueda parecer para el caso catalán). Y una democracia liberal tiene la manga muy ancha a la hora de tolerar ideologías extremistas, como ha mostrado el Tribunal Constitucional alemán, que no ha ilegalizado un partido neonazi porque, ha decretado, su ideario político es "incompatible con los principios de la democracia" pero no hay indicios de que pueda llevar adelante sus propósitos antisistema. O la misma España, donde partidos abiertamente separatistas y que cuentan con exterroristas en sus filas se presentan a las elecciones sin problemas.

Otra cosa, y por ahí va más bien la propuesta de Abascal, son los medios que se emplean para conseguir dicho fin. HB fue ilegalizada no por ser separatista sino por ser el brazo político de la organización terrorista ETA. Análogamente, cabe plantear la ilegalización de entidades que, como la CUP, el PDeCAT, ERC, ANC y Òmniun Cultural, han promovido, dirigido y organizado un golpe de Estado (emplear un eufemismo como "golpe a la democracia" no es sino una banalización del atentado contra el sistema democrático).

El problema no viene tanto de la cuestión filosófica, que es hobbesianamente trivial, como de los problemas prácticos para implementar dicha ilegalización. Por un lado, el miedo ("prudencia", dirán sus defensores) a la reacción que podría haber por parte de las multitudes que apoyan a dichos partidos. Pero tras el revuelo inicial no habría ningún problema para que se fundaran nuevos partidos que recogieran el sentir más o menos independentista de dichos ciudadanos. Sólo que con el compromiso explícito e irrenunciable de acatar y obedecer las leyes vigentes, amén de proponer su cambio exclusivamente por los procedimientos legales establecidos, sin triquiñuelas al estilo de la fórmula torticera "por imperativo legal". También habría que exigir respeto a las leyes con las que no se esté de acuerdo y rechazo a cualquier tipo de violencia explícita o implícita para destruirlas.

Recordemos en ese sentido que también se nos advirtió de que la ilegalización de HB, o la tolerancia cero con la kale borroka, llevaría a una situación de guerra civil en el País Vasco, y sin embargo la firmeza en la defensa del Estado de Derecho y el ataque a los violentos llevó a la derrota, rendición y, en el camino final estamos, destrucción de ETA.

Del mismo modo que en su momento famosos líderes de opinión, como Gemma Nierga tras el asesinato de Ernest Lluch, pretendieron que el Estado de Derecho dialogase con terroristas, hoy son otras estrellas mediáticas, como Susana Griso o Julia Otero, las que tratan de crear un ambiente a favor de que no se aplique la ley a los golpistas. Por eso resulta más peliagudo de contrarrestar la empatía que encontramos con la causa golpista entre la izquierda española, remisa siquiera a meter en la prisión a los golpistas catalanistas, como si hubiera una diferencia sustancial entre los mostachos de Antonio Tejero y Joan Tardà. Si Tejero y los golpistas de derecha usaron un violencia puntual y aguda, Tardà y los golpistas nacionalistas llevan años años instrumentalizando en Cataluña una violencia extensa y profunda en todos los órdenes sociales, intimidando, acosando, silenciando, chantajeando y expulsando a quienes no se someten a su supremacismo étnico y lingüístico.

En Alemania, donde sí tienen la lección aprendida desde que la República de Weimar se dejó derrotar por partidos políticos nazis y comunistas, que la consumieron desde dentro, se pueden prohibir partidos que atenten con una actitud agresiva y beligerante contra el orden constitucional, que amenacen con destruir el orden liberal-democrático o la misma existencia de la República constitucional. En base a estos criterios en defensa propia del país y del Estado, se han prohibido dos partidos, uno nazi y otro comunista.

Describía Juan Marsé en Últimas tardes con Teresa a los señoritos catalanistas que despreciaban a charnegos como él
Con el tiempo unos quedarían como farsantes y otros como víctimas, la mayoría como imbéciles o como niños, alguno como sensato, generoso y hasta premiado con futuro político, y todos como lo que eran: señoritos de mierda.

He recordado dicha descripción cuando Gerard Piqué ha despreciado a los seguidores del Espanyol de Barcelona por ser unos "desarraigados", término políticamente correcto de los "señoritos de mierda" con ocho apellidos catalanes para designar a los charnegos, catalanes con origen en otras regiones de España. Esta violencia lingüística lleva años en Cataluña minando la convivencia y cimentando un estado latente de guerra civil, no por incruento (salvo por los atentados terroristas de Terra Lliure, la banda nacionalista de extrema izquierda) menos fascistoide y criminal.

También escribía Hobbes en el Leviatán:
La disolución de los Estados depende de su institución imperfecta. Aunque nada de lo que los hombres hacen puede ser inmortal, si tienen el uso de razón de que presumen, sus Estados pueden ser asegurados, en definitiva, contra el peligro de perecer por enfermedades internas.

España tiene una mala salud de hierro y ha llegado a ser la nación más antigua de Europa no por haberse librado de padecer enfermedades internas sino todo lo contrario. Ninguna ha tenido más guerras civiles y conflictos violentos precisamente por no haber sabido configurar un Estado firme, sólido y bien anclado en principios liberales. Entre los que no está la indisoluble unidad de la nación, concepto discutido y discutible, pero sí que el límite de la tolerancia está en ser riguroso e implacable con los intolerantes que pretenden su disolución mediante la violencia y el incumplimiento de la ley. La enfermedad interna hoy en día en España es el nacionalismo golpista. Pero tan peligrosa como la enfermedad puede ser que el tratamiento se limite a la aplicación de remedios homeopáticos como el diálogo con los terroristas, antes, y los golpistas, ahora. La medicina que sí hará remitir la enfermedad golpista solo puede ser la aplicación de la fuerza en el Estado de Derecho. Porque la fuerza sin Estado de Derecho está ciega. Pero el Estado de Derecho sin la fuerza está vacío.

El PP no aprende la lección de los nacionalismos
EDITORIAL El Mundo 12 Febrero 2018

DURANTE cuatro décadas, los partidos nacionalistas hegemónicos en el País Vasco y Cataluña han actuado de bisagras para apuntalar el Gobierno de la Nación. Esta opción tenía una contrapartida, que es el encaje constitucional de las aspiraciones nacionalistas. En el caso catalán, la hoja de ruta separatista ha provocado la intervención del autogobierno. En el caso del País Vasco, el PNV siempre ha transitado por una doble vía: la más conciliadora, aprovechándose de la debilidad del Gobierno de turno; y la más radical, plasmada en el funesto Plan Ibarretxe, base de las pretensiones que la formación jeltzale pone ahora encima de la mesa. En ambos casos la respuesta de los gobiernos del PP y del PSOE ha consistido en apaciguar las exigencias del nacionalismo. Un error que parece perenne.

El Partido Popular, tal como publica hoy EL MUNDO, está dispuesto a intensificar su acercamiento al PNV, pese a que el partido que lidera Íñigo Urkullu ha hecho público un plan que, de materializarse, supondría la independencia de facto del País Vasco. Los nacionalistas vascos abrazan el derecho a decidir, defienden la bilateralidad en todos los niveles y reclaman a un sistema propio de pensiones. El PP moduló su primera reacción y, dentro del paquete legislativo que piensa desbloquear, se encuentra la reforma de la Ley de Secretos Oficiales -una demanda histórica del PNV cuyo fin es desclasificar miles de documentos de la Guerra Civil, el 23-F y los GAL- y el cambio de la Ley Mordaza sobre la base de la propuesta vasca. El objetivo, una vez que Ciudadanos ya ha mostrado su disposición a agotar la legislatura, es arrancar el voto favorable del PNV a los Presupuestos.

Dada su minoría parlamentaria y el desgaste por la crisis catalana, se entiende perfectamente que el PP busque apoyos de cara a no hacer descarrilar la legislatura. Abandonar la parálisis legislativa debe ser una prioridad para Moncloa. Lo que no se puede es pagar, a cambio, un precio oneroso. Máxime teniendo en cuenta que la factura por el apoyo vasco a las cuentas del pasado año ya fue desorbitada, incluida la mejora del Cupo.

Abrir el cajón de los secretos oficiales del Estado a quien acaba de proclamar de forma explícita su voluntad de segregarse del Estado no parece razonable. Pero aún es peor la tentación de incurrir en recurrentes cesiones a los nacionalistas, cuya voracidad soberanista resulta insaciable. En el País Vasco no se puede repetir el error de Cataluña, donde la torpeza y falta de reflejos del Gobierno le ha forzado a activar poderes de emergencia. Un partido puede caer una vez en la trampa de confundir una negociación con un chantaje. Lo inadmisible es persistir en ello, y además hacerlo cuando el nacionalismo vasco no tiene reparos en coquetear con la unilateralidad.

ANC, intolerable llamada al delito
 larazon 12 Febrero 2018

Una conclusión a la que deberían haber llegado los impulsores del proceso separatista en Cataluña es que el Estado de derecho dispone de medios jurídicos y legales más que suficientes para defender la democracia española de aquellos golpistas que pretenden atacarla. Y, sin embargo, esa obvia conclusión parece que se les escapa a los actuales responsables de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), cuyo secretariado hizo público ayer un comunicado de todo punto inaceptable en el que, textualmente, se afirma que «ahora hay que demostrar que unos y otros estamos dispuestos a asumir las responsabilidades y consecuencias penales ante el Estado demofóbico que tenemos abiertamente en contra», al tiempo que se amenaza con movilizaciones «para apoyar acciones valientes o para exigirlas», muy en la línea de lo que está supuesta asociación «cultural» ha venido haciendo y que, entre otras consecuencias, ha llevado a su presidente, Jordi Sánchez, a ingresar en prisión preventiva por orden de un juez del Tribunal Supremo.

Podrá argumentarse que esta inaudita declaración por parte de los dirigentes de una entidad que tiene abiertas, al menos, dos diligencias policiales y una instrucción judicial por actividades ligadas al proceso independentista, no tiene otro objetivo que incrementar la presión política sobre la dirigencia de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) para que se avenga al trágala del fugado Carles Puigdemont y sus seguidores de JpCat y que, en consecuencia, no habría causa penal suficiente para instar a su disolución, más todavía tratándose de una asociación que no se rige por la Ley de Partidos.

Con ser cierto, también lo es que otras entidades de la misma naturaleza jurídica que estuvieron vinculadas al entramado de la banda terrorista etarra, como Herrira, que controlaba a los presos, fueron disueltas en el mismo proceso que llevó a la ilegalización de Batasuna. Sin querer entrar en comparaciones, la ANC, con comunicados como al que acabamos de referirnos, no solamente auspicia una actuación contraria a la Constitución española y al ordenamiento jurídico, sino que, además, alienta directamente a incumplir la Ley y se muestra dispuesta a crear situaciones de presión en las calles de Cataluña. Por muy amplios e inconcretos que fueran los «fines» declarados en su momento para inscribirse en el registro de asociaciones, no parece que se incluyera el de la rebelión o la sedición contra la democracia y sus representantes judiciales.

De hecho, como ya hemos indicado, la ANC está incursa en varias investigaciones sobre su participación en el intento secesionista, de forma especial en lo que se refiere a la financiación del mismo, que, según un informe de la Guardia Civil, supuso el desembolso de 1,5 millones de euros, solamente entre los meses de septiembre y octubre de 2017. Serán, por supuesto, los tribunales de Justicia quienes tengan la última palabra en este asunto, pero, por la reciente experiencia, no parece que se vaya a pasar por alto cualquier actuación que desemboque en actos de violencia, como los sucedidos a raíz del registro judicial de la consejería de Hacienda de la Generalitat. Podría, incluso, dictarse una mera suspensión cautelar de actividades de la ANC, que no implica la disolución de la entidad. A menos que, de una vez por todas, sus responsables admitan la realidad de que ningún país democrático, y España es uno de ellos, puede tolerar el desprecio a la Ley.

España, un país sin
Ignacio del Río republica 12 Febrero 2018

A la moda de los productos y alimentos “sin”, sin colorantes, sin conservantes, sin azúcar y sin sal, se ha incorporado la política en España. Tenemos un Estado sin presupuesto, una Comunidad, Cataluña, sin Gobierno, un Gobierno, el de España, sin ministro de Economía y un PSOE sin sentido de Estado.Para que no falte nada, tenemos una política, la portavoz de Podemos, sin lenguaje.

La tradicional diferencia entre lo urgente y lo importante, debería servir para que saliéramos de lo “sin” y nos situáramos en el mundo de lo “con”. La Ley de Presupuestos Generales del Estado, es como dice su nombre del Estado y con una correlación de fuerzas como las que hay en este momento en el Congreso de los Diputados, permitiría una incorporación de medidas y criterios por todos los Grupos. Al menos, por todos aquellos a los que se presume una cierta racionalidad y equilibrio en su discurso.

Sería estimable que el PP, el PSOE, Ciudadanos y el PNV llegaran a un acuerdo de mínimos comunes denominadores que permitiera sacar adelante la Ley. Lo que no impide que cada Grupo oficie el debate parlamentario explicando sus diferencias con el Gobierno de Rajoy como le parezco y tenga por conveniente.

El ejemplo de Alemania con Merkel pactando con los socialistas se ha convertido en un desiderátum en la política española. Pero un acuerdo para sacar adelante los Presupuestos de 2018 que muy pocos españoles, por no decir ninguno, lee en su integridad, sería un ejercicio de responsabilidad de todos frente a los electores.

En un momento en el que la recuperación económica mantiene un cierto rumbo sostenido, es una negligencia política no llegar a acuerdos básicos.

Hay que recordar que la Ley de Presupuestos tiene un 80 por ciento de su contenido predeterminado para cualquier Gobierno.

El capitulo 1, retribuciones de funcionarios y personal al servicio de las Administraciones, es una partida tan fija como la partida destinada a pensiones o al servicio de deuda, sea amortizaciones o pago de intereses.

¿Hay alguna discrepancia entre los partidos a la hora de iniciar una aproximación de las retribuciones salariales de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado a las policías autonómicas o municipales? ¿O en la subida de las pensiones o la dotación al subsidio de desempleo? ¿O en la activación de una cierta recuperación en la inversión pública de Fomento que tiene su presupuesto vinculado por gastos plurianuales?

El segundo frente en situación de urgencia, enfangado en el “sin”, es Cataluña. Sin Gobierno, sin razón, sin seny, Y además sin aprender la lección y sin rectificar.

Los primeros que no se merecen soportar lo que está sucediendo son los ciudadanos catalanes, con Puigdemont desde Bruselas, prófugo de la Justicia, desplegando una estrategia pro domo sua, disparatada y profundamente destructiva que oscila entre lo bufo y lo ridículo.

Los catalanes se sienten cansados y hastiados del debate del mal llamado proceso que pasará a los libros de la historia política como el mayor ejemplo de inconsistencia, insensatez y paranoia que unos políticos han protagonizado en el siglo XXI.

Después de visto lo visto y oído lo que hemos oído, el Gobierno de Rajoy debió activar el artículo 155 bastante antes de cuando lo hizo. Nos hubiéramos evitado algunos espectáculos que han sido y siguen siendo insoportables para el más simple sentido común.

Y si Génova quiere analizar el control de daños de las últimas encuestas publicadas, debería valorar que su política autista en Cataluña, en la que parece seguir instalado, es la principal causa del desapego electoral que se manifiesta en los demás territorios de España.

La condena pendiente
MAITE PAGAZAURTUNDÚA El Mundo 12 Febrero 2018

Este es un texto políticamente no correcto.

El 8 de febrero, tras el asesinato de Joxeba Pagazaurtundúa, podríamos haber maldecido y marchado para siempre, envueltos en el frío y la niebla. No nos fuimos entonces. El 10 de febrero, desde Andoain, nos dirigimos directamente a ciertos sectores de aquella Euskadi cruel del año 2003.

Malditos -dijimos- vosotros los asesinos. En segundo lugar, malditos los chivatos que aconsejaron la muerte, y con ellos los falsos patriotas que alimentaron la locura. Después iban los ciegos por permitir a los falsos patriotas y a los locos y a los asesinos un espacio repitiendo la existencia de un conflicto como si cupiera un lugar intermedio entre el verdugo y la víctima. Todo lo que escribo es literal, tal y como lo pronunciamos en aquella tarde oscura de invierno en Andoain.

Nos equivocamos al pensar que eran ciegas tantas personas influyentes fuera del entorno político de ETA que, admitían la palabra fetiche conflicto y la estrategia de equidistancia, que conllevaba el chantaje moral y político hacia los perseguidos por el terrorismo nacionalista vasco. Por si no lo recuerdan ya el conflicto era la palabra que cimentaba la justificación antidemocrática última de los asesinos y de todo su sistema de persecución política y de control social.

Nos equivocamos al calificar de ciegos a los que, de alguna manera, admitían el mantra del conflicto pensando que era efecto del miedo, de los prejuicios compartidos en la familia política nacionalista vasca, o de la propaganda y pereza ideológicas. Nuestra ingenuidad derivaba seguramente de que vivíamos en la trinchera de los perseguidos y resistentes.

Quince años más tarde no nos quedan dudas de que los gobernantes nacionalistas que hacían seguidismo del marco narrativo del conflicto entre Euskadi y España, y cosas parecidas, no estaban ciegos en absoluto. Seguían una estrategia de fondo, para poner tiempo después, en ese espacio intermedio, la palabra sufrimiento compartido, retirar a los muertos y establecer por ley el edén vasco. Es una indecencia de fondo, pero con la correlación política suficiente y todos los recursos públicos a favor, no hay alma buena en Euskadi y Navarra que no utilice la nueva palabra mágica.

Al hilo de la nueva palabra de moda, este año hemos detectado mucho interés en preguntarnos por los aspectos humanos de la familia, especialmente, sobre su viuda e hijos, como buscando esa descripción del sufrimiento, de la ausencia, y ya, en la medida de lo posible, algún mensaje hermoso, catártico, de superación personal. Justamente para endulzar comunitariamente la nueva mirada del presente sobre el sucio pasado.

Pues bien, debemos indicar, sin embargo, que no hay nada más político en Euskadi y Navarra que despolitizar a las víctimas del terrorismo nacionalista vasco de ETA.

La política debe realizarse mirando hacia el futuro. Sin duda es así. Pero también lo es que las sociedades deben enfrentarse a sus heridas para sanarlas de forma que les ayude a regenerarse. El caso vasco puede otorgar lecciones sobre las formas en las que se crean y expanden fenómenos tóxicos en las sociedades, fenómenos de dominio, de radicalización violenta, de distorsión cognitiva colectiva, de deslegitimación del Estado de derecho.

También de los procesos de respuesta democrática desde la propia comunidad: porque también podemos resaltar la no venganza de las víctimas de ETA, su esfuerzo por visibilizar su dignidad completa y el mérito de los ciudadanos e intelectuales que, contracorriente -pagando caro por ello-, dieron la cara en contra del terrorismo y en favor del Estado de derecho.

Existe un gran esfuerzo desde los poderes públicos vascos por privatizar el significado político de las víctimas del terrorismo nacionalista vasco de ETA. Eludir la mirada al pasado incómodo y la exigencia de responsabilidades sociales y políticas no ayuda. Creemos que los acosadores y asesinos, y su entorno político, deben reconocer que nos persiguieron para cambiar a toda la sociedad vasca y convertirla obligatoriamente en nacionalista vasca. Reconocer esta fundamental cuestión no supone una humillación, sino una oportunidad de regeneración para ellos.

En otro caso, si a Joxeba le quitamos sus palabras y su crítica -lúcida y desgarrada- al poder político vasco... Si borramos el ecosistema de acoso, persecución, miedo y proselitismo en cada rincón del País Vasco y Navarra... Si dejamos de llamar a los terroristas nacionalistas vascos por no molestar en los nuevos tiempos... Si nos hacemos los despistados con las décadas de propaganda intensiva de los políticos de los partidos de ETA como inductores de la captación de miles de niños para el terror... entonces Joxeba Pagazaurtundúa y su vida como ciudadano comprometido con la libertad de pensamiento político, con la ley, con la democracia constitucional española se desvanece y se convierte en una víctima vacía, irreal, fantasmagórica.

En este momento de la política pública vasca y navarra, podemos considerar políticamente no correcto algo tan simple como que los poderes públicos dejen de utilizar el sufrimiento -mayoritariamente el nuestro- como pretexto para que ETA y sus siglas políticas se escaqueen de asumir su responsabilidad social, histórica y política. Y gracias a esta operación eludir desde el nacionalismo gobernante la mirada sobre sus ambivalencias y dureza con los perseguidos.

Quince años después de los días terribles que siguieron al asesinato de Joxeba, exigimos algo simple: la condena pendiente de Otegi y los suyos del terrorismo de ETA, de toda su historia, sin cesiones, ni maquillajes. Y exigimos que los Estados español y francés ejecuten la disolución de ETA, sin permitirles circos mediáticos. Lo exigimos porque no merecemos sufrir la humillación brutal de ver el teatro consentido. Eso que se llama la doble victimación, que hemos sufrido no dos, sino cientos de veces y de días. Lo exigimos porque es la oportunidad histórica de cerrar bien esta página terrible de nuestra historia y para poder enterrar bien a los muertos. Es lo mínimo que la decencia exige.

Maite Pagazaurtundúa, europarlamentaria, en nombre de la familia Pagaza.

Ni indulgencia, ni olvido, ni amnistía: Francia ante Córcega

Fernando González Urbaneja republica 12 Febrero 2018

Independentistas y autonomistas corsos consiguieron más del 55% en las últimas elecciones regionales y reabrieron las reivindicaciones identitarias, un reconocimiento de la diferencia. La respuesta de la República ha sido contundente, ninguna veleidad independentista, ni siquiera el amago. Y para dejarlo claro el Presidente Macron viajó a Córcega y habló empezando por el gesto de homenajear al prefecto asesinado hace veinte. El asesino seguirá en prisión: “ni clemencia, ni olvido, ni amnistía”. Claro como el agua cristalina. Y a partir de eso cabe alguna negociación de autonomía y reconocimiento de hechos culturales.

No conviene hacer comparaciones, ni Córcega se parece a Cataluña, ni la República Francesa es el Reino de España, ni sus Constituciones, ni sus historias son homogéneas. Francia es esencialmente centralista y jacobina y España es plural, compuesta y autonomista que es algo parecido a federal, sin serlo, más en algunos aspectos y menos en otros.

Pero merece la pena reparar en las convicciones y la firmeza para respetar el estado de derecho. En España pesa demasiado el pecado franquista, la anomalía salida de la guerra (in)civil que agudizó viejos problemas territoriales. La Transición, primero, y la democracia (la Constitución) parecían haber encauzado el problema territorial pero no ha sido así. Los independentistas vascos pusieron muchos muertos encima de la mesa para negociar su sueño, y negociaron demasiado, aunque fracasaron. Los terroristas no han purgado sus penas e pretenden justificar sus abusos por la naturaleza de la causa, por patriotas, aunque equivocados. Con una firmeza como la que acredita Francia no hubieran llegado tan lejos.

El “procés” catalán navega por cauces semejantes. En Francia no hubieran dado ni un solo paso, “ni indulgencia, ni clemencia, ni amnistía”. Los sediciosos dicen ser “hombres buenos”, curioso concepto que repugna la responsabilidad y la conciencia democrática. En democracia la bondad es un mérito que decae en cuanto se violan las leyes. ¿Justifica la bondad el perdón de las multas de tráfico? Pues eso, violar la ley (más aun la propia Constitución que es ley de leyes) es delito, sea cometido por hombres, buenos, malos o regulares. ¿Tan difícil es de entender?

Apuntan que el gobierno Rajoy va a mirar a otro lado ante irregularidades de los “indepes”, aparentemente menores, para no crispar. ¿Qué haría la República Francesa? Lo sucedido en Córcega estos días es ilustrativo, al menos como método. Buscando no crispar, tratando de apaciguar… la historia enseña que los incendios se convierten en devastaciones catastróficas.

¿Contemporizará el gobierno con desafíos tan extravagantes como una presidencia simbólica en el exilio? Ellos sabrán, pero el mensaje a la ciudadanía y al mundo no puede ser más desolador. Un ministro dice que la vicepresidenta ha hecho un “trabajo extraordinario” en Cataluña, quizá quiso decir “extravagante” para evitar “desastroso”. Aunque la responsabilidad no es de ella sino de quien la sostiene y alienta, ese presidente indolente que escribe penosas páginas para la historia. Cada día parece más evidente que resolver el “procés” pasa por despedir a Rajoy, que ha sido un fabricante de votantes “indepes” que no quieren la independencia pero están contra Rajoy.

Las voces estos días de las víctimas de ETA reclamando explicaciones, justicia, firmeza, forman parte del mismo drama, el de la labilidad del gobierno., también de los que predican la negociación perpetua para amansar a la fiera

"Los consellers, en prisión"
Más adoctrinamiento: hacen cantar a niños sobre Puigdemont y burlarse de Arrimadas
Nacho Doral okdiario 12 Febrero 2018

Nuevo caso de adoctrinamiento independentista en las aulas de Cataluña. En este caso se trata del colegio público Torrent de Can Carabassa, en Barcelona. En el vídeo llegado a OKDIARIO se puede escuchar a los niños entonando una canción popular ‘El Garrotín’, con una letra adaptada de los últimos acontecimientos políticos se que se han producido desde el 1-O y hasta la intentona de golpe de Estado de los separatistas. La estrofa cita a Puigdemont y su huida a Bruselas, así como a los consellers en la cárcel.
Tres profesoras les graban

La escena tenía lugar el pasado viernes en este colegio del distrito barcelonés de Horta. Un grupo de niños sobre un escenario canta mientras tres profesoras les graban y sacan fotos con sus teléfonos móviles. La canción, una antigua melodía del siglo XIX, tiene la siguiente letra, ‘tuneada’ a conveniencia del ideario que tratan de introducir los partidarios de la secesión de Cataluña hasta en los más pequeños.

“El día 1 de octubre, la gente quería votar
Y las urnas escondidas, al final las encontraron
Puigdemont está en Bruselas
Los consellers en prisión
Iceta baila que baila
Y la Inés de mal humor”

Los niños la cantan leyendo la letra ante los micrófonos, mientras las profesoras no sólo parecen disfrutar de la actuación, sino que en ningún momento hacen ademán de que paren o cambien de canción. En el patio de la Escola Torrent, el resto de críos juegan junto a unos muñecos de gigantes y cabezudos dispuestos para la celebración del carnaval.

Más de 200 casos
Un vídeo que ha dejado de ser anecdótico pese a los intentos de la Subdelegación de Educación de la Generalitat de Cataluña en las que recientemente desmentía que en los centros educativos se estén produciendo casos de adoctrinamiento. Y hay registrados más de 200.

Lo demuestra esta versión politizada de ‘El Garrotín’, un tema de origen asturiano, y que hicieron popular cantantes y bailaoras del mundo del flamenco como Pastora Pavón o Carmen Amaya. Incluso el rey de la rumba catalana, Peret, y que sin embargo en la Cataluña del ‘procés’ sirve ya para otro objetivo: el de continuar avanzando en la difusión del nacionalismo y en la burla a aquellas opciones políticas contrarias.Todo ello desde la edad más temprana y con la escuela como primer lugar para comenzar a adoctrinar.
 


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