AGLI Recortes de Prensa   Domingo 25 Marzo 2018

Gibraltar define la política exterior e interior de España
Pío Moa gaceta.es 25 Marzo 2018

En la Comisión de la verdad sobre el PSOE, en “Una hora con la Historia”, hemos tratado la política de robo a escala gigantesca, perpetrada por ese partido durante la guerra civil, así como su intento de mantener la guerra a toda costa para enlazar con la guerra mundial, que habría sido mucho más calamitosa. Hoy expondremos las instrucciones secretas para la guerra civil en 1934, algo que debiera ser conocido por todos, pero que por desgracia sigue sin serlo. https://www.youtube.com/watch?v=9wXD9Anf03Q&t=3s
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El territorio español de Gibraltar fue ocupado pen 1704 or una flota angloholandesa que previamente había bombardeado Barcelona tras fracasar en tomarla. La toma se hizo nominalmente en nombre de España y a favor del Archiduque Carlos, aspirante al trono durante la Guerra de Sucesión. Sin embargo Inglaterra se quedó con el peñón, lo que ratificó el tratado leonino de Utrecht. Desde entonces, Inglaterra no ha cesado de vulnerar el tratado a su conveniencia, invadiendo aguas españolas, extendiendo el territorio y construyendo en él un aeropuerto, aprovechando la debilidad de los gobiernos de España. Ha sido además sede de intromisiones en los asuntos internos españoles, favoreciendo pronunciamientos militares, actuaciones separatistas, etc.

Actualmente, Gibraltar es la única colonia en Europa, una colonia que invade el territorio español, una auténtica violación permanente de España, centro de espionaje, contrabando y todo tipo de negocios opacos. Una colonia que absorbe la riqueza del entorno, deprime la comarca en torno y la convierte en la de mayor desempleo del país, corrompe a las de por sí muy corruptibles autoridades políticas de la región, fomenta el tráfico de drogas, etc. Todo ello en un punto estratégico especialmente sensible para España, por ser el centro del eje defensivo Baleares-Estrecho-Canarias, que así queda en manos de una potencia que por el mero hecho de invadir nuestro territorio no puede ser amiga.

Esta permanente e intolerable agresión no se queda en la mera existencia de la colonia, sino que define la posición internacional de España. La define como país irrelevante y satelizado, que soporta lo que hoy no soporta casi ningún país no ya de Europa, sino del Tercer Mundo. Define asimismo la política internacional española, especialmente en relación con la OTAN. Esta organización se creó para contrarrestar el expansionismo soviético, pero tras el fin de la URSS continúa con objetivos poco claros, y en ella Inglaterra es la principal potencia después de Usa y en muy estrecha relación con ella. En la OTAN, España es, y no puede ser otra cosa, que un país lacayo precisamente de la potencia ocupante de territorio español.

Basten dos datos para exponer esta realidad: la colonia está cubierta por la OTAN, la cual no cubre en cambio las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, indicio bien claro de que en cualquier momento la OTAN puede encontrar interesante la entrega de esas ciudades a Marruecos. Otro dato: como miembro de la OTAN y al servicio de otros países, España ha participado en agresiones brutales como la que ha convertido a Libia, país soberano y antes próspero, en un caos de guerras civiles, algo directamente contrario a nuestros intereses. Como lo es también el despliegue de tanques y aviones españoles en el Báltico, a las órdenes indirectas de la potencia que invade y agrede permanentemente a España, para provocar a Rusia, que no nos amenaza en absoluto. Así convierten nuestras fuerzas armadas en un ejército lacayo, encargado de operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en idioma ajeno. Ningún país del mundo considera amigo y aliado a otro que invade su territorio. Ninguno salvo España, donde la clase política también se viene complaciendo durante decenios en el apoyo y financiación de los separatismos. Algo sin precedentes en nuestra historia y que nos plantea la necesidad de cambios en profundidad.

Así pues, Gibraltar es mucho más que Gibraltar. Durante siglos ha sido el símbolo y emblema de nuestra decadencia, hoy muy agravada por el servilismo de una casta política indecente. Los gravísimos males condensados representados por la colonia no afectan meramente a la soberanía del peñón y su entorno, sino a la propia política exterior de España, cuyos partidos han abandonado la tradicional neutralidad, de la que tanto se ha beneficiado el país e indirectamente el resto de Europa, para intentar satelizarnos a potencias que ni fueron ni son nuestras amigas. Y precisamente por ello afecta también muy directamente a la política interna, hoy en manos de unos dirigentes que no solo toleran tales cosas, sino que obviamente se benefician de ellas entregando la soberanía española a la OTAN y la burocracia de Bruselas, al paso que persisten en la financiación de los separatismos y de los ataques a nuestro idioma e integridad nacional. En los que se combina también la promoción de una verdadera colonización cultural por el inglés.

Los actuales políticos tienen el máximo interés en que estas realidades permanezcan ocultas para la opinión pública, o difuminadas como un asunto de escaso interés. Y por eso mismo es preciso que la sociedad civil se informe y reaccione.

Para comenzar una labor de información muy necesaria, vamos a realizar un seminario bajo el título “Gibraltar, cuestión acuciante”, con cuatro sesiones en el mes de abril. La primera la tratará José María Carrascal, sobre la victoria diplomática de España sobre Inglaterra en la ONU; la segunda,por Guillermo Rocafort, sobre la reapertura de la verja por el PSOE, que convirtió la ruina para Inglaterra en ruina para el entorno español; la tercera, el general Salvador Fontenla, sobre cómo ha evolucionado el problema en la historia hasta la guerra civil; y la cuarta, sobre opciones ante la situación actual del conflicto, la expondré daré yo mismo.

Serán los viernes del mes de abril, empezando por el día 6, a las 7,30 horas, en el Centro Riojano de Madrid, C. Serrano 25

Maestros de Berlín se quejan del acoso religioso de los musulmanes hacia los demás estudiantes
IslamWatch.eu lagaceta.eu 25 Marzo 2018

Los maestros en algunas de las escuelas más pobladas de inmigrantes de Berlín se han quejado del gran aumento del acoso religioso que protagonizan principalmente los estudiantes musulmanes.

Hildegard Greif-Gross, directora de la Escuela Primaria Peter Petersen en Neukölln, afirma que hay muchos ejemplos de acoso religioso incluso entre los estudiantes más jóvenes. Greif-Gross dijo que los estudiantes musulmanes intimidan a otros tan solo por traer un sándwich de jamón para su almuerzo porque el cerdo está prohibido en el Islam, informa Berliner Zeitung.

"Incluso los ositos de goma (golosinas) no se consideran limpios", añadió Greif-Gross y señaló que los musulmanes se oponen al uso de gelatina, que es un subproducto de la carne vacuna y que posiblemente no haya sido sacrificado según el rito halal.

Los docentes hicieron sus comentarios después del lanzamiento de una petición llamada "Pro Berlin Neutrality Act" que respalda la legislación vigente que ha prohibido los símbolos religiosos en las aulas de la capital alemana.

El antisemitismo también ha aumentado sustancialmente en las escuelas de Berlín con alta población de inmigrantes. El año pasado, los medios informaron sobre un niño judío que se vio obligado a cambiarse a otra escuela debido a amenazas, hostigamiento y agresiones físicas de otros estudiantes.

En ciertos patios de recreo de la capital, la frase "You Jew!" Se ha convertido en un insulto común, según el American Jewish Committee (AJC).


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Traidores de España
EDUARDO INDA okdiario 25 Marzo 2018

A Pablo Llarena no le van a contar lo que es la Cataluña contemporánea. Básicamente porque es vecino de Barcelona. El instructor de la causa abierta por el 1-O se pasa más de la mitad de la semana en Madrid, donde ejerce como magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, y el resto en Barcelona donde vive su familia. Nadie mejor que él para destripar sociológicamente la coyuntura existente en la antaño región más cosmopolita, liberal y europea. A su mujer, Gema Espinosa, directora de la Escuela Judicial de Collserola, tampoco le van a decir de qué va la vaina. Conoce perfectamente lo que es moverte en un ambiente en el que si no eres nacionalista, el matonismo imperante te mira mal, te aísla y te convierte en un paria. Lo que supone no ser catalanoparlante en una comunidad en la que los castellanohablantes se aproximan en desprecio pasivo al que sufría la población negra en la Sudáfrica del apartheid. El marrón que representa estudiar en una comunidad en la que el diktat lingüístico, la prostitución de la historia y el adoctrinamiento totalitario son las marcas de la casa y, lo que es peor, por ley.

Sin embargo, cualquiera que conozca al hombre tranquilo y reflexivo que es el burgalés Llarena sabe que no hace justicia con las tripas. “Pablo no es un talibán sino una bellísima persona con un sentido común, una sapiencia, un autocontrol y una moderación infinitas”, coinciden en la radiografía sus compañeros de toga. El golpe de Estado fue tan cantoso, tan apabullante y tan desahogado que ha dejado cientos de pruebas incontrovertibles que han agilizado una instrucción que en otras condiciones hubiera resultado eterna por procelosa. Si hubiera sido un coup-d’État al uso, pergeñado en secreto, con el factor sorpresa como garantía de éxito, la instrucción se hubiera eternizado. Los Puigdemont y cía, tan tontos como golpistas (fíjense, pues, sí serán tontos), se pegaron un tiro en la entrepierna cuando decidieron televisar sus actuaciones delictivas. La magistral labor de la Policía y la Guardia Civil ha simplificado y completado el camino con un aluvión de documentos que hacen materialmente imposible la exoneración de esta gentuza. Ellos y los magistrados Llarena y Ramírez Sunyer son los héroes por accidente de esta película de terror que llevamos contemplando demasiados años ya.

A Llarena le facilitó las cosas ese Derecho consuetudinario que de facto regía en Cataluña. Una costumbre que provocaba que todas las barrabasadas salieran gratis a los nacionalistas catalanes. ¡Que robas 3.000 kilazos, da igual porque te llamas Pujol y eres necesario para la gobernabilidad! ¡Que convocas un referéndum ilegal modelo Artur Mas, te dan un tironcete de orejas y a otra cosa, mariposa! ¡Que te limpias el ámbito corpóreo donde la espalda pierde su casto nombre con las sentencias que te obligan a educar también en español, tampoco pasa nada, pelillos a la mar! ¡Que te llevas la pasta a Suiza, Jersey o Guernsey, da igual porque Hacienda no somos todos! La impunidad psicológica llevó a Urdangarin a caer por el precipicio y la misma patología ha puesto caminito de Jerez a los tan prepotentes como paletos golpistas. Y la tan justa como proporcional intervención del Supremo ha salvado España de una situación límite y, lo que es mejor, ha enterrado para mucho tiempo esa sensación tan patria que teníamos todos de que nuestro país era un cachondeo (que diría un Pedro Pacheco que por mil veces menos lleva ya un tiempito en la trena).

Pocas veces presencié en mi carrera un caso tan fundamentado desde el punto de vista probatorio. Tal vez por eso, o no, porque son reincidentes, me llama poderosamente la atención la cantidad de colaboradores conscientes por acción u omisión que acumula el golpismo en el resto de España. La legión de partícipes a título izquierdoso que se pasan el día pidiendo “diálogo”, asegurando que “así no se arregla el problema”, menospreciando y corrigiendo a un Tribunal Supremo que está conformado por los Messis y Ronaldos de la judicatura, proclamando que lo del 1-O no fue un golpe de Estado sino un acto político y reiterando que son gente pacífica olvidando que invadieron los colegios electorales, retuvieron a la Guardia Civil y destrozaron sus coches. Donde más y mejores quintacolumnistas hay es en la clase periodística que relativiza cuando no justifica fechorías similares a las que protagonizaron Tejero, Milans y Armada.

Los mismos cínicos, por cierto, que censuraban al Gobierno de España, a la Fiscalía y a la judicatura por fomentar un “choque de trenes” al negarse al “diálogo”. Se ha aplicado el 155, se ha intervenido la Generalitat (a medias, eso sí), se ha trasladado al hotel rejas a esta caterva de delincuentes y no ha habido un solo muerto, no hay una guerra civil y la vida sigue igual. Miento. Igual no porque los independentistas han convertido económicamente su comunidad en un auténtico erial en el que los inversores se van por patas. Espero, confío y deseo que Juan Catalán pida cuentas a estos energúmenos cuando se quede en paro, cuando tenga que chapar su botiga porque la demanda se ha caído por los suelos y cuando sus hijos tengan que emigrar en busca de un futuro mejor de una Cataluña que proverbialmente fue El Dorado para millones de españoles provenientes de regiones más pobres.

Todos los países y todos los tiempos tienen sus traidores. Reino Unido a Kim Philby, distinguido miembro del Ministerio de Defensa que trabajaba en realidad para la KGB. Los Estados Unidos de América al matrimonio Rosenberg, que vendía secretos de Estado a Moscú en plena Guerra Fría. Si nos remontamos miles de años atrás nos topamos con Judas Iscariote o con Brutus, que asesinó a traición a su adorado Julio César. La España del siglo XXI no iba a ser menos. El elenco de judas es alargado en cantidad y en calidad: el número 1 es ese Pablo Iglesias que hace no tanto trabajaba a sueldo de la Venezuela chavista para desestabilizar la democracia que tanto nos costó conseguir. Los juditas, porque no dan para más, son Irena Montera y el argentino Echenique, que vino del Trópico de Capricornio para darnos lecciones de ética y patriotismo. El tal Domènech, el de los muerdes con el secretario general de Podemos, es otro que tal baila: en caso de duda entre el constitucionalismo y el golpismo siempre optará por lo segundo. La tercera es Ada Colau, una separatista compulsiva travestida de constitucionalista dialogante. Miquel Iceta y el PSC depende del día que toque. Los pares son más independentistas que la madre que parió a Companys y los impares se aferran de boquilla a la unidad de España. ¿Acaso alguien ha olvidado que Iceta pidió el indulto para los delincuentes que duermen en Estremera y Soto del Real?

Pero ninguno como el bello (jajaja) Roures. El hombre al que se ha otorgado en condiciones sospechosas el maná del fútbol televisado, el milmillonario trotskista que se mueve en Ferrari, el dueño del diario oficial de Podemos, Público, es el gran cerebro en la sombra del 1-O. El tipo que ha financiado un referéndum ilegal y una declaración de independencia que nos devuelve a ese 36 en el que comunistas, socialistas e independentistas se dieron la mano para trocear España. El sujeto que juntó en su casa días antes del putsch a Pablemos y Junqueras. El individuo que montó a todo tren el “centro internacional de prensa [sic]” el 1-O. El tipo que, según la Guardia Civil, estaba en la dirección del montaje delictivo que ha llevado a Cataluña al desastre.

Cuando pase todo esto, que pasará porque España es un país eminentemente pendular, espero que la ciudadanía tome nota. Que sepa quiénes estuvieron del lado de la Constitución y el Estado de Derecho y quiénes con los malos. Que discierna entre periodistas honrados y constitucionalistas y periodistas podemitas antiespañoles. Y que boicotee el fútbol televisado si se lo vuelven a adjudicar a dedo a Roures. Roma no paga traidores. Ni olvido ni perdón.

Soraya sigue fugada y Llarena cambia el guión
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 25 Marzo 2018

Aunque la última política fugada sea Marta Rovira (la de "ni un paso atrás"… pero todos por delante) la gran fugada de la política española es la responsable de su fuga, Soraya Sáenz de Santamaría, que une en su persona -en aplicación del Art. 155 de la Constitución- los cargos de Presidenta de la Generalidad de Cataluña –por delegación de Rajoy- y responsable del CNI, encargado de vigilar y prevenir los delitos de los enemigos del Estado. Ya lleva tres cabecillas golpistas fugados: Puigdemont, Gabriel y Rovira. ¿Cuántos más deben escapársele para que Rajoy la destituya de una vez?

El problema de fondo lo planteaba claramente ayer el editorial de LD:
"Una de dos. O bien la incompetencia de la vicepresidenta es muy superior a la que muchos ya atisbaban desde hace tiempo o bien los separatistas cuentan con la favorable connivencia del Ejecutivo, lo cual sería mucho más grave. Es inaceptable que nadie en el seno del Gobierno haya movido un dedo para evitar dichas fugas. En cualquier otro país europeo, este bochornoso episodio se cobraría, sin duda, la cabeza de uno o varios responsables políticos. La intocable Soraya, sin embargo, artífice, además, de la desastrosa "operación diálogo" con la Generalidad de Cataluña, sigue tan tranquila en su puesto, sin que nadie siquiera la señale. ¿Se imaginan algo así en EEUU? La prensa estaría triturando a la responsable de los servicios de inteligencia ante semejante ridículo y muestra de incompetencia, en el mejor de los casos. Pero en España, en la prensa que maneja con mano de hierro, Soraya es intocable."

El Gobierno ha permitido y sigue financiando el Golpe
La corrupción del Presidente al tolerar lo intolerable es sólo superada por la corrupción de los medios apesebrados por la propia Vicepresidenta. Y la corrupción mediática arrastra la de los partidos políticos. Podemos está a favor de la destrucción de España. No lo oculta. ¿Y Ciudadanos y el PSOE? ¿Cómo es posible que esta semana se empleasen con tanto fervor y furor en el alanceamiento de Cifuentes –programado por la propia Soraya, que repite las operaciones contra Soria, Aguirre y Rato a través de La Sexta y demás televerdugos a sus órdenes- mientras perdonan la responsabilidad más grave del Estado en los últimos meses, que es la de la Vicepresidenta? ¿Quieren convencernos de que es más importante que Cifuentes tenga en orden las notas de un master que, como tantos en la Universidad, no vale más que la matrícula que se paga para conseguirlo, que la clamorosa incompetencia del CNI y su máxima responsable ante la nueva fuga de una figura relevante del golpismo catalán? ¿Ante quien responden Rivera y Sánchez, ante los ciudadanos o ante García Ferreras, el Guardián del Secreto de la Impunidad de Soraya, a la que no critica jamás, porque ha sido –Rajoy mediante- la prevaricreadora de la empresa que lo hace rico?

La pregunta no es retórica. El auto del juez Llarena ha cambiado el guión que hasta ahora seguían la clase política y mediática para abordar el golpe de Estado en Cataluña. La diferencia esencial la señalaba ayer muy bien Joaquín Manso en El Mundo: en vez de referirse a "Enfocats" y demás documentos referidos al 1 de Octubre, el juez ha ido al origen de todo: el Libro Blanco del Separatismo de Artur Mas que en Diciembre de 2012 planteaba nítidamente los pasos para destruir el régimen constitucional español. Todo está ahí. Esa es la Piedra Rosetta del Golpe del 1 de Octubre, que es el de Septiembre y ya era aquel de Diciembre de hace cinco años y medio.

¿Y qué hizo entonces el Gobierno, cuando, como demuestra el juez, empezó el Golpe? Ahí está el cambio total de guión. Porque si vamos a lo que entonces empezó a pasar, que fue el Golpe, y a lo que ante él hizo el Gobierno de Rajoy y Soraya nos encontramos con algo peor que la inacción: la política de no combatir el separatismo sino pactar a cualquier precio con él.

Conviene recordar que los presupuestos de aquel Mas los apoyaba el PP, que contaba con la formidable, aplastante, todopoderosa mayoría absoluta cosechada sólo un año antes, en las elecciones de Noviembre de 2011. Aun dando por buena la excusa de que todo consenso era poco para afrontar la crisis económica heredada de Zapatero, ¿por qué Rajoy no hizo nada ante el plan abiertamente separatista de Artur Mas?

Peor aún: ¿por qué negó su misma existencia? ¿Por qué Jorge Fernández decía que no había ningún problema con la lengua en Cataluña, mientras Sánchez Camacho ofrecía un cupo a la vasca disimulado en un nuevo régimen fiscal especialísimo para Cataluña? ¿Por qué, frente a las manifestaciones norcoreanas coordinadas por TV3 y demás medios financiados por una Generalidad en quiebra, el Gobierno ofrecía mediante Margallo y Soraya, siempre Soraya, cualquier pacto que alejara –no cancelara- el calendario golpista de Juntos por el Sí?

Dicho más claramente: ¿Por qué el Gobierno de Rajoy, con mayoría absoluta, se negó a combatir el golpismo, pese a tener ante sus narices y sus Presupuestos los planos del atraco y la posibilidad de arruinar a los cacos? ¿Por qué frente a las tímidas protestas de Ciudadanos se emperró en que lo único importante era la economía, y en Cataluña pagar las nóminas de la Generalidad golpista?

¿Y por qué calló ante la humillación al rey en el Camp Nou? ¿Y por qué quiso pactar con Mas hasta el final? ¿Y por qué utilizó al PNV -a espaldas del Parlamento- como correo para que Puigdemont convocara nuevas elecciones? ¿Y por qué invitó Méndez de Vigo, después del Golpe, al propio Puigdemont a presentarse a las elecciones, mientras endosaban a los jueces –Audiencia Nacional y Supremo- la represión de la rebelión de la Generalidad?

En resumen: ¿Por qué Rajoy y doña Diáloga de Santamaría han sido –y son- los financiadores del golpe y no sus denodados enemigos?
¿Y las fotos de la brutalidad antipolicial?

Llarena ha ido más allá al establecer las bases jurídicas para el juicio al golpismo catalán. Tras establecer el lógico paralelismo con el 23F, que es la única experiencia golpista padecida por el actual régimen constitucional de 1978, hace una escalofriante relación de los muchos miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado heridos en el intento de reprimir el plebiscito golpista, por orden del TSJC que los Mozos de Escuadra se negaron a cumplimentar. ¿Cómo es posible que esas imágenes, en vez de la de Marta Dedos-rotos, no saltaran de inmediato a las agencias para, al menos, equilibrar las que los golpistas difundieron con tanto éxito a nivel nacional e internacional? ¿Cómo es posible que el gemebundo Millo, menino o minino de Soraya, pidiera perdón por la actuación policial en vez de fotografiarse junto a los policías heridos en cumplimiento de su deber, que es la defensa de la Ley?

El auto de Llarena no sólo respalda lo que muchos hemos defendido sobre el delito de auxilio a la rebelión que viene cometiendo este Gobierno, sino que sitúa el origen de esa actividad cómplice, delictiva y delictuosa, en los orígenes mismos de la rebelión de una parte del Estado, la Generalidad, contra la integridad del mismo, contra el régimen constitucional y la nación española, base del Estado que la configura como sujeto político soberano.

Puede discutirse, aunque poco, la responsabilidad de Rajoy en la continuidad del Golpe desde Diciembre de 2012. Lo que no cabe negar es la necesidad de destituir a los inútiles que la sirven. ¿Hasta cuándo hemos de pagar todos los españoles las jeremiadas golpistas en el Parlamento de Cataluña? ¿Hará falta una orden de captura internacional de la fugada Soraya, cabecilla oculta del Golpe o cómplice de los fugados, antes de que Rajoy la destituya? ¿O es que teme, con cierto fundamento, de que sea ella la que lo destituya a él? A estas alturas, empieza a ser la única explicación.

Al final de la escapada
Alfonso Rojo: "¿Dónde estaban el Gobierno, el TC, nuestros jueces, los partidos y medios de comunicación?"
Esa vergonzosa indolencia explica el descaro de los independentistas
Periodista Digital 25 Marzo 2018

Un alivio y un disgusto. Lo del regocijo viene al ver que los maleantes pagarán el precio de sus tropelías (¿Qué negro futuro les espera a los 25 golpistas catalanes empapelados por el juez Llarena?).

La pesadumbre, tras leer la minuciosa descripción que hace el juez Llarena de la campaña para romper España, llega cuando te preguntas cómo es posible que los golpistas perpetraran durante años tal rosario de delitos sin que nuestra democracia moviera un dedo para impedirlo.

Porque no fue cosa de un día o un hecho aislado. Como explica el magistrado, se trata de un plan iniciado como poco en 2013, en el que los ahora encarcelados o en fuga pusieron las instituciones de Cataluña al servicio de un golpe, acumulando un acto de rebelión tras otro, hasta llegar al esperpento de la declaración de independencia del 10 de octubre de 2017.

¿Dónde estaban el Gobierno, el TC, nuestros jueces, los partidos políticos y los medios de comunicación?
Se lo digo yo: tocando el violón y procurando ‘no meterse en problemas'.

Esa vergonzosa indolencia explica el descaro de los independentistas. Partían del error de pensar que España es sólo un gobierno pusilánime en Madrid, pero lo que les dio alas fue la impunidad.

Las lágrimas de este 23 de marzo, las caras de susto y la lividez, no se entienden sin tener presente que nunca imaginaron que su desafío entrañaría un precio y gravoso.

Hasta este viernes y aunque algunos como Puigdemont o Gabriel tomaron previamente las de Villadiego ‘por si acaso', los artífices del ‘procés', los fanáticos de TV3, los periodistas de plantilla, los subvencionados de Ómnium o la ANC, y sus numerosos seguidores no se habían enterado de lo que ‘vale un peine'.

El que haya transcurrido medio año desde la desafiante proclamación de la ‘República Catalana' hasta el empapelamiento de sus artífices, también alimentaba la idea de que España es un ‘tigre de papel' y no pasaría nada.

La catarsis que no logró el 155 aplicado con tantos melindres, la han hecho cristalizar en un pis-pas el procesamiento y la entrada en prisión de Turull y sus compinches.

En cualquier caso, con jueces no basta: o el Estado español va hasta el fondo, asume la educación y entra en la batalla de las ideas y los sueños, o volveremos a las andadas.

La muerte del “prusés” y el parto de un futuro para España
Jesús Cachon vozpopuli.es 25 Marzo 2018

Resultó que la sacerdotisa del Movimiento indepe, la aguerrida dirigente de ERC que llamaba a la resistencia numantina contra el invasor hispano, la que hace apenas unos meses exigía a Puchimón que ni un paso atrás, la que con ojos llorosos juraba que “nosaltres no ens rendirem, lluitarem fins al final”, puso el viernes pies en Polvorosa y, en lugar de dar la cara ante el juez Llarena, se fugó a Suiza en deslumbrante paradoja del destino del prusés, atronadora coda final al fracaso de un proyecto totalitario que ha fracturado en dos la sociedad catalana, ha malherido sus instituciones autonómicas y ha arruinado su economía. La farsa se ha derrumbado. Con su huida del escenario del crimen, la bella Marta, la Marta corta de entendederas que todos conocemos, se salvó de ingresar en prisión como le ocurrió al resto de líderes independentistas. Cuando das un golpe de Estado y lo pierdes, lo menos que puedes esperar es la cárcel. Antaño, quien se alzaba contra el poder establecido era pasado por las armas sin juicio previo en la playa de San Andrés o ante un tapial de adobe encalado. Afortunadamente hoy las cosas han cambiado. A la cárcel. No hay otro final posible en una democracia. Más de media Cataluña respira hoy aliviada.

El prusés se ha cocido a fuego lento en la salsa de su radical impostura. Algunos lo adelantaron hace tiempo: “éstos terminarán a tortas, porque las contradicciones son tan obvias que, privados de cualquier apoyo internacional, se vendrán abajo sin necesidad de que Madrid mueva un dedo para acabar con el quilombo”. El prusés se apaga, tras haber logrado embarcar en la aventura a dos millones de catalanes que cayeron en las redes de un Movimiento identitario supremacista y xenófobo. El Gobierno, en efecto, apenas ha necesitado mover ficha. Un triunfo del tancredismo de Mariano. Y un 155 blando que ni siquiera fue capaz de tocar la poderosa maquinaria de agitprop nacionalista. En una vergonzante demostración de falta de agallas, Rajoy ha dejado en manos de la Justicia el desmoche del golpe, perdiendo una oportunidad de oro para haber asestado al independentismo un correctivo capaz de ponerlo fuera de juego durante décadas. La cobardía de Rajoy y el miedo de un Felipe González, autor de esalamentable frase según la cual “Ojalá no se le ocurra [al magistrado Llarena] meter en la cárcel a ninguno de ellos”, en referencia a lo ocurrido el viernes.

La maquinaria judicial de ese Estado, lenta pero inexorable, ha llegado para poner a unos golpistas en fuga y a otros en prisión. Al margen de la destrucción que le es consustancial, el prusés no ha logrado ninguno de sus objetivos"

Felipe González y Mariano Rajoy. PSOE y PP. Las dos patas con las que ha caminado la Transición desde la muerte de Franco. Dos políticos amortizados; dos partidos en descomposición. Dos goletas gemelas, “El Prusés” y “La Transición”, que se hunden en el océano de las miserias de la historia. Los dos lastrados por el peso de la corrupción. El primero dinamitado por la soberbia altanería de quienes han pretendido acabar con la democracia española, echando un pulso a uno de los Estados nación más antiguos de Europa. La maquinaria judicial de ese Estado, lenta pero inexorable, ha llegado para poner a unos golpistas en fuga y a otros en prisión. Al margen de la destrucción que le es consustancial, el prusés no ha logrado ninguno de sus objetivos. El separatismo sale del lance fracasado y roto en al menos cuatro bloques. La vía emprendida en septiembre de 2012 está cegada. Anulada incluso la posibilidad de un Govern nacionalista operando dentro de los márgenes de la legalidad, sencillamente porque la CUP lo impediría, razones todas que abonan la inevitabilidad de unas nuevas autonómicas en julio.

Hay quien sigue opinando, por el contrario, que el separatismo no dejará escapar la oportunidad de formar Gobierno y acceder cuanto antes al Presupuesto. Bastaría con que Puigdemont y su acólito Comín renunciaran a sus escaños para que el bloque indepe pudiera elegir presidente –tal vez alguna de las tontas ilustradas que están en lista de espera- por 66 votos contra 65, con la abstención de la CUP. Seguir chupando del bote en la esperanza de, mediante el lavado de cerebro continuo que posibilita el control de la Educación y el aparato de agitprop, ensanchar la base social del independentismo –el gran objetivo-, de modo que dentro de unos pocos años seamos capaces de superar la barrera del 50% de los votos y lograr un cierto respaldo exterior. Porque el prusés ha muerto, pero el independentismo no. Para reducir el independentismo a sus porcentajes habituales, a los cauces por los que siempre discurrió hasta que el sacamantecas Pujol y su consejero delegado, Artur Mas, decidieron en 2012 echarse al monte para escapar de la Justicia, sería necesario desalojar primero a Mariano de la Moncloa y al PP del Gobierno.
El parto de un futuro para España

Derrotar al independentismo reclama como premisa hacer brotar del corazón de esta España atrapada en el fango del final de la Transición un poderoso impulso regenerador capaz de dar a luz un país distinto, capaz de diseñar un futuro digno de ser vivido por la inmensa mayoría. Una sociedad abierta, en una España democrática. Porque, lo hemos dicho muchas veces, hace muchos años, el problema no es Cataluña: el problema es España y la pobre calidad de la democracia española, atrapada en la corrupción en la que han medrado los grandes beneficiarios del sistema: PSOE y PP, los nacionalistas vascos y catalanes, y el rey Juan Carlos en la cúspide de la pirámide. La Transición es el pasado, cierto, pero lo que ha de venir, lo que está por nacer, no acaba de superar un parto que entre todos deberíamos intentar que fuera lo menos doloroso posible. El parto de un futuro para España. El de una democracia liberal que, bajo el imperio de una ley igual para todos, sea capaz de asegurar la prosperidad, la seguridad y la libertad de los españoles.

Todo lo ocurrido estos días está en el famoso discurso de Felipe VI, en el nítido mandato que el Monarca envía al poder judicial conminándolo a hacer cumplir la ley. Ese es el verdadero “auto” con el que un juez independiente como Llarena ha enviado a la cárcel a los sediciosos"

Es obvio que con los mimbres podridos de la Transición es imposible abordar siquiera el diseño de ese futuro. Tanto PP como PSOE han dejado de ser partidos democráticos, entendido ello en los términos que establece el mandato constitucional, para convertirse en algo parecido a bandas, grupos de poder corroídos por la división interna en los que los distintos clanes luchan a muerte por mantener a salvo su parcela, con desprecio del bien común. Algunas ramas verdes le han salido al viejo olmo seco español. La primera y más potente es la del rey Felipe VI, el motor capaz de poner en marcha, ante la insoportable indolencia, probablemente delictuosa, de Rajoy, la actuación de los jueces contra los protagonistas del golpe. Todo lo ocurrido estos días está en el famoso discurso de Felipe VI, en el nítido mandato que el Monarca envía al poder judicial conminándolo a hacer cumplir la ley. Ese es el verdadero “auto” con el que un juez independiente como Llarena ha enviado a la cárcel a los sediciosos. Porque el Gobierno Rajoy ya estaba dispuesto a pastelear de nuevo, poniendo al ex consellerForn en libertad a través del Fiscal General del Estado, pobre Sánchez Melgar. Ha tenido que ser el Supremo, en un rapapolvo histórico, quien impidiera el atropello que pretendía cometer un Gobierno que no cree en nada, una gente cuyo único interés reside en conservar el poder como sea.

Un partido y un Gobierno que, si pudiera burlar la vigilancia de los jueces y la presión de la calle, pondría a los golpistas en libertad para poder seguir ocultando su visceral incapacidad y sus miedos a afrontar la realidad, en la esperanza de que esos golpistas que ayer mismo, en el tono fanfarrón propio del totalitarismo, amenazaron a las instituciones democráticas con la violencia callejera, se avinieran a cumplir la ley por una especie de prodigio divino. Felipe VI ha rescatado el honor de la institución monárquica. El Rey, primero, y los cientos de miles de catalanes que se echaron a la calle en las dos memorables manifestaciones que en octubre llenaron Barcelona y que lograron despertar de su letargo a tantos españoles decididos a gritar basta desde sus balcones engalanados con la rojigualda. Parece un razonable punto de partida para abordar la construcción de un futuro. Y con el Rey, un partido, Ciudadanos, a cuya orilla está mutando en masa el que antaño fue voto PP y, en menor medida, PSOE. Con Rivera al frente y con esa esplendida realidad en que se ha convertido Inés Arrimadas. Ciudadanos como proyecto de esa nueva derecha liberal que reclama la modernidad española, sin que de momento se pueda contar con la izquierda moderada, convertida hoy en un agujero negro imposible de descifrar bajo el miserable liderazgo de un Pedro Sánchez podemizado.

Pedir opinión al pueblo español en referéndum
Un futuro que pasa por enterrar Procés y Transición al tiempo, y trabajar en la concreción de un gran proyecto de regeneración nacional capaz de embarcar las ambiciones de las nuevas generaciones hasta el 2050. ¿Qué tipo de España queremos para ese horizonte no tan lejano? Un futuro que pasa por una reforma de la Constitución y que, en algún momento, antes o después, debería contemplar una llamada a las urnas para, referéndum mediante, permitir al buen pueblo español manifestar opinión sobre qué tipo de organización territorial y competencial quiere para el Estado. Es hora de poner remedio a algunas cosas que han funcionado mal en un Estado autonómico convertido en un despilfarro muy al gusto de las elites extractivas locales. Poner remedio a aquel error que supuso el “café para todos”. ¿Será suficiente un buen acuerdo de financiación autonómica para satisfacer las aspiraciones de los millones de catalanes que quieren seguir siendo españoles? No se me ocurre ninguna forma mejor de saberlo que preguntando a los propios españoles. Nada se podrá hacer, sin embargo, mientras no logremos despojarnos del lastre en que para el futuro español se ha convertido Rajoy y el Gobierno del PP. Todo pasa, pues, por hacer realidad ese vuelco electoral que permita de una vez a este gran país levantar el vuelo hacia el futuro de libertad y progreso que merece. Hasta entonces, resignación.

La fuga del independentismo
FRANCISCO ROSELL El Mundo 25 Marzo 2018

En su libro La España Musulmana, Claudio Sánchez Albornoz historia la peripecia ejemplar de algunos jueces. Entre ellos, aquel que se negó a inhibirse en la causa que concernía a un favorito de Al-Hakam alegando que los demandantes habían probado su derecho y no cabía marcha atrás. Si al emir le apetecía anular una sentencia ajustada a justicia, podría hacerlo, desde luego, pero ateniéndose «a otros motivos». No lo hizo. Digerido el lógico entripao, aquel nieto de Abderramán El Justo, padre de la dinastía Omeya de Córdoba, concluyó que, para que exista justicia cierta, el poderoso también debe someterse a sus dictados, por muy amigo que sea del Trono. Al dar su brazo a torcer, Al-Hakam lo hizo persuadido de que sólo así la gente tendría confianza en la Justicia a la hora de acudir a ella para dirimir sus pleitos y pendencias.

Este pasaje del viejo manual de Sánchez Albornoz le da una pátina histórica al valor y la integridad moral que están mostrando determinados jueces, sin más armas que la ley, frente al golpe de Estado promovido por los independentistas en Cataluña. Como muestra de su infatigable labor, ahí está el último auto del juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, por el que el viernes procesaba por rebelión a los trece cabecillas, encabezados por el prófugo Puigdemont, de esta sublevación. Un levantamiento que compara implícitamente con la asonada del 23-F de 1981, cuando una compañía de guardias civiles comandados por el teniente coronel Antonio Tejero secuestró el Congreso.

Estos valerosos jueces no sólo han coadyuvado a conjurar que «el Estado de derecho se rindiera a la determinación violenta de una parte de la población que amenazaba con expandirse», como remarca la citada resolución, sino a evitar la tentación del Gobierno y de algunas fuerzas políticas para que, una vez sofocada esta «actuación criminal», se zanjara con un armisticio que hiciera que los hechos se tuvieran por no ocurridos.

De acuerdo con ese proceder, tras la aplicación de un artículo 155 de mínimos con el exclusivo objetivo de convocar unas elecciones, la cuestión se daría por finiquitada, y pelillos a la mar, ignorando la gravedad del envite y de que se trata de un proceso en marcha, como resalta Llarena. Es más, ayer mismo el presidente del Parlamento, Roger Torrent, se autoerigió en líder de la nueva fase, al promover un «frente unitario» (obviamente, separatista) al que se sumaron los comunes de Colau, perdiendo definitivamente la máscara el uno y los otros, si es que ésta no es el verdadero rostro de su impostura.

De hecho, el 155 ha dejado incólume muchos resortes del poder independentista, incluyendo el pago de las nóminas de partícipes en el golpe, hasta engallarse alguno de esos petimetres con el mismísimo Rey de España. Conviene no echar en saco roto que los preparativos del alzamiento -como enumera Llarena- se han llevado a cabo a la luz del día y con gran relumbrón mediático, por más que quienes debían atajarlos mirasen para otro lado o, cual avestruces, enterraran la cabeza bajo tierra figurándose que, por no ver la realidad, ésta no iba a verlos a ellos.

Los planes secesionistas han estado encima de la mesa, a la vista de quien quisiera verlos, al igual que la carta robada del célebre relato de Allan Poe. Pero, si aquel prefecto de París precisó del perspicaz Dupin para toparse con la evidencia de que la epístola sustraída reposaba sobre la mesa del despacho, y no en ningún escondrijo de imposible acceso, otro tanto ha acaecido con los jueces que han hecho honor a su oficio y a los que se puede extender aquel elogio con el que Churchill encomió el heroísmo -«Nunca tan pocos hicieron tanto por tantos»- de los intrépidos pilotos que libraron la Batalla de Inglaterra contra la todopoderosa Luftwaffe y que salvaron a su país de la invasión de la Alemania hitleriana.

No es el caso exclusivo del Llanera Solitario, como hiperbólicamente le ha bautizado el «cipotudo» de Jorge Bustos en este diario, pues esta vez ha habido jueces en Barcelona y Madrid, a la altura de aquel berlinés que hizo historia poniendo en su sitio al intocable Federico el Grande de Prusia. Ante órdagos de este calibre, cualquier juez que se precie de las puñetas que porta en la bocamanga de su toga nunca se plantea si debe apechar o no con un embolado, sino cómo afrontarlo con garantías y con aprecio al Estado de derecho, cuya salvaguarda tiene encomendada en última instancia.

Aunque a la Justicia se la represente con los ojos vendados, no quiere decir que sea ciega como para no advertir el juego que se trae entre manos el separatismo catalán. Pareciera, en cambio, que los que se hubieran puesto una venda hubieran sido los representantes políticos. Incluso en las jornadas más tórridas en las que la cruda realidad se abría paso como el café hirviente por el colador de tela.

Muchos disparates (y lágrimas) se habrían ahorrado si el artículo 155 se hubiera dispuesto el mismo día que Artur Mas firmó el decreto de convocatoria de la consulta soberanista del 9 de noviembre de 2014 y se hubiera empleado en suspender el proyecto en marcha. En vez de ello, se optó por hacer la vista gorda con la condición de que los convocantes no sacaran los pies del tiesto como inevitablemente ocurrió y podía discernir cualquier hijo de vecino con los pies en el suelo (o no habite en la Moncloa). Huyendo de unos males se incurrieron en otros mayores. De esos polvos vienen estos lodos.

Para colmo, cuando parecía despejado el temor a un apaño, se encendieron muchas alarmas esta misma semana. Con un Gobierno acuciado por la perentoriedad de que se interrumpa cuanto antes la aplicación del 155 a fin de que el PNV dé su venia para aprobar los Presupuestos del Estado, produjo sobresalto el giro copernicano que el nuevo Fiscal General del Estado, Julián Sánchez Melgar, imprimía a la estrategia seguida hasta ahora por el ministerio público con relación a los insurrectos encarcelados.

En un estreno de aúpa, éste enmendó la plana a su antecesor -el malogrado José Manuel Maza- y a los cuatro fiscales de Sala del Tribunal Supremo. Lo hizo al pedir, por su cuenta y riesgo, la libertad provisional para el ex consejero del Interior catalán, Joaquín Forn. Lo hacía, además, en base a una enfermedad que no consta en parte alguna y que ni siquiera manejaron los abogados del interesado.

Volvía a hacerse presente el fantasma del sometimiento de la Fiscalía a las conveniencias de cada momento del Gobierno. De hecho, recordaba a película ya vista con los etarras De Juana Chaos y Bolinaga, excarcelados a cuenta de su estado de salud. No obstante, el propósito torticero del Fiscal General de liberar a Forn quedó en nada, al sufrir el revolcón de la Sala de apelación del Tribunal Supremo. En ocasiones como ésta, la Fiscalía resulta más un misterio que el ministerio público que es (y debiera ser).

Al conocer el varapalo y quedar como la chata ante sus subordinados, Sánchez Melgar debió empalidecer hasta adquirir la tonalidad de la nieve. Todo ello, probablemente, por dar gusto a un Gobierno que, ciego como gato recién parido, quiso forzar la mano como en el póker para sentar al PNV en la mesa de la firma de Presupuestos. De no hacerlo antes de junio, adiós a los Presupuestos y una complicación añadida al nublado horizonte electoral del presidente Rajoy, pues difícilmente podría llegar en esas condiciones al 2020 como pretende sin ir antes a las urnas. Cuando el Estado parecía haberse olvidado de su propia fuerza como el elefante de Kipling a base de no ejercerla, lo que ha dado alas al independentismo, los jueces han actuado como resorte de un Estado al que nadie, fuera de una situación revolucionaria, puede ganarle un pulso de esas dimensiones, salvo que sus gobernantes declinen voluntariamente de su deber.

Tenía toda la razón del mundo la jefa de la oposición, Inés Arrimadas, en su gran catilinaria de ayer contra los secesionistas, cuando enfatizó el error de bulto de éstos de creer que se enfrentaban a Rajoy, haciendo trizas y público escarnio de los mandamientos judiciales, y no al Estado de derecho de una democracia consolidada en la Europa del siglo XXI. Pero apelar a la reflexión del iluminismo nacionalista es tanto como pedir peras al olmo.

Lo cierto es que «la nave de los locos» conducida por los capitostes del separatismo catalán, como aquella que pintara el genio indubitable de El Bosco y que simboliza la estupidez de los hombres, se ha desvencijado al chocar contra el rocadal del Estado de derecho. Justo cuando esta nao creía haber alcanzado puerto seguro en la idealizada Ítaca.

Es lo que ocurre a quienes se empeñan en ver lo que quieren ver cuando casi nunca lo que se quiere ver se corresponde con la realidad de las cosas. Contrariamente a quienes imaginaron que la Ilustración acabaría por hundir la nave de los locos, ésta no desaparece con el progreso, sino que avanza con él. Calamitosos tiempos éstos, sin duda, en los que los locos siguen guiando a los ciegos como antaño.

A los ciegos o a esos «cráneos deformados», a los que se refería Agustín de Foxá, tras visitar aquella exposición incaica donde observó con horror cómo los rudos turbantes habían alterado aquellas cabezas de indios expuestas al público. La tétrica visión le hizo concluir, no obstante, que esas desfiguradas testas no eran nada comparado con los millones de hombres que andan por el mundo con el cráneo vendado. Son las víctimas de una propaganda capaz de determinar quiénes son héroes y quiénes villanos, o de convertir a capricho a bandoleros en guerrilleros. Precisamente el nacionalismo se ha mostrado sumamente hábil en el manejo de ese valioso instrumento de manipulación.

Por eso, antes de proclamar verdades que se presentan como definitivas, habría que debatir los asuntos dos veces por lo menos, como hacían los godos, o sea, primero borrachos y después, pasada la borrachera. Quizá de este modo se evitaran investiduras tan estrambóticas como la que, con nocturnidad y alevosía, perpetró el jueves el presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, luego refrendado con el mitin que dio ayer desde su sitial de privilegio.

Todo lo dispuso para que Turull pudiera declarar al día siguiente ante el juez Llarena como President, si bien la farsa terminó como el rosario de la aurora, al romper los antisistema de la CUP el bloque independentista. Éstos volvieron a echarse al monte del que nunca se bajaron y al que han arrastrado a todos los que fiaron su suerte a ellos, dictando sucesivamente los destinos de Mas, Puigdemont y Turull, cuya desolación transmitía tener plena conciencia de que asistía a su velatorio.

Mientras éste entonaba su oración fúnebre, en forma de aparente programa de gobierno, la republicana Marta Rovira preparaba las maletas de su huida de la Justicia, presentando su acto de cobardía como una hazaña épica, cuando se suma a los que saltan del barco como ratas después de haber provocado la peste en su interior. No en vano, al oponerse a que Puigdemont convocará elecciones como tenía decidido, ella misma precipitó histéricamente la aplicación del 155 al que Rajoy se resistía como gato panza arriba.

Ahí se resume la saga/fuga de un nacionalismo que ha hecho de Cataluña un infierno donde sus ciudadanos tratan de sobrevivir, bien llegando a ser parte de él hasta que dejen de percibirlo como tal, bien identificando a quienes son parte del infierno y separarse de ellos, refugiándose en su particular Tabarnia, cuyo presidente en el exilio, Albert Boadella, aún con sus provocaciones de cómico, actúa con mayor seriedad y solvencia que quienes hacen aquello que nunca se debe hacer en política: el ridículo. El actual infierno catalán parece corresponderse con uno de unos bruscos estallidos que periódicamente asolan a Cataluña, sin resolverle nunca nada a ella, pero poniendo en vilo a España.

En todo caso, esta larga escapada camino de ninguna parte no ha acabado. A este respecto, se confunden aquellos que den por muerto el proceso. Difícilmente puede acabar lo que se ha encostrado en un pueblo que -oh paradojas- fue el que más respaldó la Constitución -el 91,09% de votos favorables-, pero que se entregó a aquellos que se pusieron a demoler la Carta Magna tan pronto como jubilaron a un Tarradellas al que algún iluminado quiso ingresar en un psiquiátrico. No en vano el ser humano es tan estúpido que, a veces, se deja fascinar por quienes le maltratan, por muchos jueces que velen porque no sea así e incluso lo hagan con diligencia y apremio, sabedores del viejo adagio de que «Justicia, retardada, justicia negada». Algo que sabían aquellos otros jueces inmemoriales historiados por Claudio Sánchez Albornoz.

Torrent se pone al frente de un golpe de Estado en marcha
EDITORIAL El Mundo 25 Marzo 2018

Emboscado hasta ahora tras una máscara de falsa moderación, Roger Torrent se descubrió ayer como el nuevo impulsor del golpe institucional iniciado por Artur Mas en 2012 y continuado por Puigdemont, Junqueras y Forcadell en la anterior legislatura. Tal y como reflejó el viernes el juez Pablo Llarena en su auto de procesamiento, nos encontramos inmersos en un movimiento secesionista en marcha que va cambiando de líderes en función de sus necesidades políticas. Procesados, encarcelados o fugados quienes lideraron la anterior embestida en favor de la independencia organizando el ilegal referéndum del 1-O, el presidente del Parlament se ha puesto a la cabeza de los golpistas haciendo un llamamiento a crear un frente «unitario y transversal» para seguir desafiando al Estado, a sus instituciones democráticas y a todos los españoles.

Tras el encarcelamiento de Jordi Turull a instancias del Tribunal Supremo, a Torrent no le quedaba más remedio que suspender la segunda votación de investidura, para no cruzar la línea roja que fijó el Tribunal Constitucional cuando estableció la obligatoriedad de que el aspirante a presidir la Generalitat deba estar presente en el debate. Sin embargo, decidió forzar el reglamento y convertir el Pleno en un plató con derecho a mitin que tanto los independentistas como los comunes aprovecharon para arremeter contra el Estado de Derecho. Frente a las anacrónicas y demagógicas referencias a la Guerra Civil hechas por miembros de la CUP y de ERC (¡No pasarán! y consignas por el estilo), Arrimadas volvió a destacar con un discurso lleno de coherencia y sentido común. La líder de Ciudadanos reprochó a los independentistas que hayan actuado como si disfrutaran de «inmunidad e impunidad» y creyendo que se estaban enfrentando sólo a Mariano Rajoy, cuando lo estaban haciendo a «una democracia del siglo XXI». Y ha concluido reclamando que acepten el fracaso de su proyecto para el que han sido incapaces de encontrar una salida en tres meses.

Lejos, sin embargo, de asumir su derrota y volver a la legalidad, Torrent ha escenificado en el auditorio del Parlament un acto que quedará para la historia de la infamia que están escribiendo los secesionistas. En un acto sin precedentes, el líder de ERC ha utilizado las instituciones democráticas para insultar e instar a combatir el Estado de derecho mediante la creación de un frente amplio que agrupe a todos los que estén dispuestos a romper el marco de convivencia de los españoles y la unidad territorial de España.

Su fanatismo nacionalista le ha llevado a pronunciar un agresivo discurso que bien pudiera haber sido el de un personaje de Orwell utilizando la neolengua e invirtiendo los valores de la democracia por los del totalitarismo. Para Torrent y para todos los que le arroparon, estamos ante un momento de «involución democrática», la legítima y ajustada a derecho resolución del Supremo sería un ejemplo de «represión política» y un «ataque al corazón de la democracia» y los tribunales no estarían al servicio de la Justicia sino de un «régimen autoritario». Más allá de la utilización de un lenguaje más propio de un añejo miliciano revolucionario que de un representante de las instituciones del Estado, el contenido del discurso de Torrent es absolutamente falso. Ni Puigdemont ni Marta Rovira son «exiliados», sino políticos irresponsables que han huido para no hacer frente a las consecuencias de sus actos. Junqueras, Turull o los Jordis no están encarcelados por sus ideas políticas, sino porque el Tribunal Supremo los ha acusado de los graves delitos de rebelión y malversación de fondos. España, en fin, no es un Estado autoritario que criminalice las ideas política, sino un Estado de derecho garantista y democrático. Es intolerable que Torrent se permita arremeter de esta forma contra las instituciones con total impunidad.

Pero ayer también mostró su verdadero rostro populista, nacionalista y antisistema Xavier Domènech. El líder de los comunes se alineó con la violenta ofensiva independentista de Torrent y aprovechó su turno de palabra para acusar a Llarena de querer «apartar a dirigentes políticos de la vida pública» y afirmar que en España «no hay Justicia». Podemos ha dejado el doble juego que ha mantenido con la intención de captar votos en diferentes caladeros, para situarse en frente de la legalidad. Desde ayer es ya cómplice de los golpistas que continúan poniendo en riesgo la estabilidad y el bienestar de todos los ciudadanos, que asisten estupefactos a un golpe institucional que empieza a ser algo más que una farsa.

¿Quién llora más?
ARCADI ESPADA El Mundo 25 Marzo 2018

Mi liberada:

La revolución de las sonrisas ha acabado siendo la de las lágrimas. Quien a hierro (sentimental) mata a hierro muere. Desde el 1 de octubre, circa, en todas las esquinas de Cataluña hay un hombre o una mujer que llora. Ha llorado Oriol Junqueras, ha llorado Marta Rovira, ha llorado Carme Forcadell, ha llorado Xavier Domènech, ha llorado Carles Campuzano, ha llorado García Albiol, ha llorado el futbolista Piqué y ha llorado Jordi Turull por citar a los especialistas más caudalosos. Yo creo que ni auténticos especialistas en los fluidos como mis amigos Santiago González (Lágrimas socialdemócratas, La Esfera, 2011) y Manuel Arias Maldonado (La democracia sentimental, Página Indómita, 2016) podrían prever hasta dónde iban a llegar las aguas. El espectáculo, porque no debe llamársele moralmente de otra forma, cumple los requisitos de la más obscena y elemental manipulación política. Cualquier hombre ha de desconfiar de sus lágrimas, sobre todo si se vierten en público. Las de Turull, exhibidas con gran generosidad en todos los medios el día de su ingreso en la cárcel por los gravísimos delitos contra la democracia que supuestamente ha cometido, son canónicas: más eficaz es una lágrima que cien escritos de defensa. Porque las lágrimas de estos presuntos delincuentes políticos operan en la argumentación central del Proceso, que es la de la legitimidad contra la legalidad. No hay lágrimas ilegítimas, dicen mientras lloran. Les ayuda, naturalmente, el drama que va aparejado. Es probable que Turull pase bastante tiempo lejos de su familia y de lo que ha sido su vida. Pero no está escrito que las lágrimas públicas deban ser la consecuencia automática, inexorable del drama.

Las lágrimas bajo los focos parecen hoy lo más natural, porque esta es una sociedad crecientemente sentimental. Los españoles acaban de pasar una fila de días llorando, por espitas abiertas en Las Hortichuelas, Lavapiés, Getafe y la plaza de la Villa de Madrid. Y ahora viene Semana Santa. Dejando de lado los impresionantes réditos que traen las lágrimas a medios y a políticos es posible que semejante apoteosis de lágrimas televisadas redunde en un aumento de la solidaridad intracomunitaria. Pero, incluso teniendo en cuenta el beneficio social, ante las lágrimas de estos revolucionarios catalanes es imposible no echar de menos la vieja y desusada palabra entereza. Entre otras razones porque, en el caso del que hablamos, es el zaguán de responsabilidad. Cualquiera que emprende un asalto de estas características contra lo moral y lo real debe saber que entre su previsible final está la cárcel. La falta de entereza no solo denota una inquietante falla intrínseca en el revolucionario, que si no es capaz de comerse las lágrimas de qué va a ser capaz en su arriesgado viaje a Ítaca. Es que, sobre todo, hace sospechar de su irresponsabilidad. Y la sospecha no se plantea solo respecto a los líderes, sino también respecto a los miles de llorones catalanes anónimos. No fueron capaces de perder una sola hora de trabajo o de ocio vacacional por la revolución frívola y grotesca que pusieron en marcha. Todo lo productivo que hicieron fue participar primero en la alegre y sentida sucesión de focs de camp que iba a llevarles a la independencia y llorar luego como terneros sentimentales (la expresión es de Pla, que también escribía xarnegos) cuando llegó la hora de caminar por las brasas.

La sesión de ayer, matinal infantil, del Parlamento catalán, o de lo que queda de él, resultó también instructiva respecto al valor y la calidad de las lágrimas independentistas. El presidente Torrent y los diputados afines se aseguraron de no cruzar el umbral que los habría llevado a llorar un día a la manera de Turull frente a la sede del Tribunal Supremo. Algo han aprendido. Pero refugiados en la impunidad parlamentaria, establecida por los ciudadanos españoles, se dedicaron a una sostenida y miserable difamación de la democracia española. Eran visibles los aprietos de algunos: tanta fue la acumulación de la porquería que, rozando ya su propia boca, llegó a convertirse en meritoria la tarea de seguir exhalándola. Esta es, en efecto, la gente que llora. Es natural. No se puede estar llorando sin tregua todo el día. A veces hay que escupir. La difamación rompió el habitual carácter de este tipo de ceremonias parlamentarias, donde el objeto es político, sea el gobierno o la oposición. Los diputados separatistas arrastraron por todos los fangos imaginables al Estado democrático, esto es a sus instituciones y a los ciudadanos que se ven representados en ellas. Su actitud no merece comentarios que no estén emparentados con las lágrimas. Como no los merecían cuando en vez de injuriar y calumniar mientras lloraban lo hacían mientras sonreían.

El doble fondo del nacionalismo catalán está muy descrito. La sorpresa desagradable e inquietante fue que ayer nadie defendiera en el Parlamento la democracia española. No lo hizo el vagabundo García Albiol, ante el que, dada su condición, hay que pasar rápido. Dijo algo así como que el pleno no había sido convocado en forma. ¡En forma después de tantos años de malformaciones! No lo hizo Miquel Iceta, ni nadie lo esperaba. Iceta es uno de esos tipos que hacen negocios en los entierros y en razón de sus principios trató de vender en el hemiciclo lo que vendió con el conocido éxito a los ciudadanos: lo gran presidente chimpón que sería, de cualquier cosa y con cualquier mayoría. Por el contrario a quien hay que tomarse en serio es a Inés Arrimadas. Porque ganó las elecciones y porque es la referencia del constitucionalismo en Cataluña. Su lamentable discurso, sin embargo, desnaturalizó todo ello. Arrimadas tiene un serio problema de fuelle. A los 3 minutos de discurso ya has oído todo su discurso. Pero esta vez el problema fue mucho más profundo. Toda su réplica consistió en decirles a los independentistas que ella, y los como ella, también tienen sentimientos.

Ni el gobierno ni los jueces han acertado siempre en su respuesta a los delincuentes. Desde el 9-N hasta el 155 Rajoy encadena una suma apabullante de errores, a los que hay que añadir su incapacidad policial y política para evitar que Puigdemont haga sus giras europeas de escarnio. Sobre la instrucción errática de Llarena baste preguntarle qué hace Artur Mas fuera del Proceso y por qué sacó de la cárcel a quien luego ha vuelto a meter con peor causa, reavivando un fuego que estaba en su rescoldo. Por no hablar de la retirada y reactivación de las órdenes de entrega: habrá que ver, aunque más bien habrá que creer, puro acto de fe, en qué medida el procesamiento de los nacionalistas cambia la renuencia belga a entregar a los prófugos para que sean juzgados por rebelión. Y recordarle, en fin, la suerte que tuvo el jueves de que la Cup parezca a veces una sucursal del CNI y no obligara al juez a encarcelar a un presidente elegido el día anterior. Pero ninguno de esos errores ni elevados al cubo desmienten la evidencia: la múltiple superioridad del Estado español sobre los aventureros xenófobos que han querido y quieren destruirla. Albiol, Iceta, Arrimadas. Para llorar hacia dentro.

Sigue ciega tu camino,
A.

El Estado de Derecho pone en el sitio que merecen a unos golpistas
Esdiario 25 Marzo 2018

Lo grave no es procesar o encarcelar a dirigentes políticos catalanes, sino lo que ellos han hecho e intentan desde hace 6 años: imponer, por la fuerza, la ruptura de España.

El juez Llarena ha decidido procesar por rebeldía a los principales cabecillas del Golpe de Estado en Cataluña, enviando además a prisión a cinco más de ellos, entre los cuales figura el candidato de paja a la presidencia de la Generalitat, Jordi Turull. Y también hubiera seguido el mismo camino Marta Rovira de no haberse sumado a Puigdemont o Anna Gabriel como nueva prófuga de la Justicia.

El magistrado ha adoptado una decisión muy dura, pero más que justificada en sucesivos autos aterradores en los que describe con enorme precisión la magnitud y longevidad de un desafío al Estado de Derecho como nunca ha sufrido España desde el 23-F, tal y como el jurista afirma con inapelable lógica.

El juez reconstruye seis años de preparación de un Golpe de Estado premeditado y dispuesto a usar la violencia

Llarena describe, con pruebas abrumadoras, cómo se concertaron energías, recursos, decisiones e instrucciones precisas de los inquilinos de la Generalitat para forzar la ruptura de España y arrastrar a Cataluña, por la fuerza y desde el choque, a una independencia ilegal e imposible.

Desde el Govern hasta el Parlament, pasando por los Cuerpos de Seguridad catalanes o las oficinas en el exterior, los ahora procesados por rebelión, secesión y malversación; todo se puso al servicio de un mismo objetivo, a sabiendas de su ilegalidad y pese a las incesantes advertencias políticas y jurídicas que se remitieron desde 2012, con el Tribunal Constitucional al frente.

Es decir, durante casi seis años, las instituciones catalanas y todos sus recursos han estado secuestrados por una auténtica organización rebelde que ha ignorado voluntariamente los avisos en la idea de que, a la fuerza, su objetivo sería imparable.

Llarena reconstruye los hechos con enorme puntillosidad, explica cada uno de los delitos cometidos, detalla la responsabilidad exacta de cada uno de los protagonistas y resuelve, con brillantez, el principal reproche interesado que se le hacía desde ámbitos políticos y mediáticos empeñados en negar la existencia de una rebelión por la supuesta ausencia de violencia: ahora se demuestra que la hubo, pues en sí mismo lo es la agitación callejera, el acoso a la Guardia Civil o la utilización de los Mossos como fuerza de choque. Y todo ello ocurrió.

Rovira les empuja a la cárcel
Tan absurdo era negar esta circunstancia como criticar la prisión preventiva, por dolorosa que resulte, arguyendo que los encausados no suponían ya un riesgo: la fuga de Rovira evidencia la necesidad de encarcelar a sus compañeros; del mismo modo que la insistencia en el procés de Puigdemont desde Bélgica impide confiar, por muchas dimisiones que se presenten en el último momento, en que han renunciado a la unilateralidad.

El procés es en su conjunto un gravísimo delito, y su mera puesta en marcha es necesariamente violenta, un concepto que no obedece en exclusiva al uso de armas en un momento determinado y que recoge, también, la creación de una tensión social, política y policial como la que éstos dirigentes sembraron en Cataluña durante meses: estaban dispuestos a todo, incluyendo el uso de la fuerza, pero simplemente no pudieron culminar sus deseos.

Un juez valiente
Tal vez la decisión de Llarena tenga unas consecuencias políticas aparentemente negativas en términos de crispación. Pero un juez debe aplicar la ley, no hacer política. En ese sentido, el magistrado se merece un reconocimiento por su resistencia las presiones y por su profesionalidad para justificar cada una de sus decisiones con una contundencia inapelable que sólo discuten los afectados y quienes, frívolamente, restan importancia a sus abusos ahora que han declinado.

Y en todo caso, mucho peor que imponer la ley es permitir que se sortee con impunidad: España no tiene que explicarse ni disculparse por hacer respetar su democracia y defender su Estado de Derecho; pero sus ciudadanos si podrían pedir explicaciones si alguien pretendiera incluir excepciones en esa máxima innegociable.

Nadie es procesado ni encarcelado ni condenado por sus ideas en España, un país donde se puede ser independentista -no así en otros- y vivir, a la vez, de las mismas instituciones que se denigra. Lo que no se puede ser es golpista, ni arrogarse una interpretación de las normas y la convivencia ajena al marco colectivo y en nombre de una autoridad superior que, en realidad, es inexistente.

En España se puede ser independentista, pero no se puede ser golpista: el juicio y la prisión no es por tener ideas, sino por saltarse la ley

El problema no lo tiene España ni sus instituciones ni sus partidos constitucionales, que pueden estar satisfechos del papel conjunto que han jugado y seguros de que, en adelante, han de seguir por la misma senda y reforzarla cuantas veces sea necesario para sofocar definitivamente esta insurgencia y cauterizar las causas tóxicas que la impulsan.

La normalización, pues, no pasa por ignorar los delitos ni por mantener sin desmontar la estructura institucional que los ha impulsado; sino por aceptar, desde los partidos independentistas, que fuera del marco constitucional sólo hay delitos necesariamente perseguibles por un Estado de Derecho digno de tal nombre.

El Estado se defiende
Está en la mano de Junts, ERC y la CUP, pues, acabar con este conflicto y gobernar de nuevo Cataluña. Basta con respetar la ley, una obligación que no requiere cambalaches ni premios ni agradecimientos de ningún tipo pero sí respuestas, todo lo contundentes que sean menester, cuando no se hace. Nadie ha metido en la cárcel caprichosamente a nadie: se han metido ellos solos al echar un pulso nefando al Estado de Derecho, creyendo que podían doblarle el brazo. Como eso es imposible, ahora les toca pagarlo.

Desde un punto de vista humano, es imposible no apenarse por ver en presidio a dirigentes políticos en un país genuinamente democrático como España; pero esa anomalía no es indiciaria de ningún problema en nuestro Estado de Derecho, sino probatoria del infame desafío desatado por una banda de irresponsables en vías de ser desmantelada.

Ahora queda desmontar también el veneno insuflado en Cataluña durante cuarenta años, un reto que sí es político y para que el que cabe esperar la misma capacidad y decisión que las exhibidas, en su ámbito, por el valiente juez Llarena.

España grita igualdad
La unidad no es deseo de imposición, la unidad es una ambición de igualdad
Francisco Igea Arisqueta EC

Baleares, miles de personas, médicos, pacientes y políticos, detrás de una pancarta que dice "Los idiomas no curan". Zaragoza, Sevilla, Barcelona… miles de policías tras una pancarta que dice "Equiparación Ya". Madrid 5.000 médicos gritan "Hay razones". Valladolid 2.500 estudiantes se manifiestan pidiendo una EBAU justa. Barcelona, Madrid, Burgos, Cáceres... España. Se llena de banderas constitucionales. Mujeres de toda clase y condición marchan por las calles. Funcionarios de prisiones se concentran delante de ayuntamientos y parlamentos. ¿Qué está ocurriendo? ¿Qué virus es este?

Igualdad es su nombre. Los ciudadanos ya no aguantan más que nadie les mire por encima del hombro. No aguantan que nadie les diga que, por ser de una provincia u otra, tienen más derecho a estudiar, a trabajar o a enfermar. No aguantan más vivir en un país fragmentado en sus derechos, parcelado en sus administraciones. Las españolas no aguantan más que su salario sea distinto por su carga genética. Los estudiantes no soportan ya que su futuro dependa del código postal y no de su esfuerzo. Los médicos aspiran a que se les reconozca por sus conocimientos y sus habilidades, y no por su lengua. Los pacientes quieren poder moverse por su país y ser tratados con respeto e igualdad. Recibir su mismo tratamiento también cuando están en otra provincia. Aspiran a que su suerte no dependa de haber nacido en Madrid o Soria. Los catalanes que se manifiestan con la bandera de España reclaman que nadie les mire por encima del hombro por su origen o por su acento. La unidad no es deseo de imposición, la unidad es una ambición de igualdad.

Rojo, amarillo y rojo, son hoy, más que nunca, los colores de la legalidad. Hoy la bandera es más simétrica que nunca. Hoy nuestra enseña no simboliza solamente orgullo. Hoy es un grito de equidad. Un grito que atraviesa España de norte a sur. Un tornado que derribara a aquellos que calculan que adulando lo pequeño, exaltando la diferencia y apelando al egoísmo del terruño podrán asegurar sus cómodos puestos en la política.

La mentira del halago nacionalista se derrumba. Los españoles han despertado, no quieren seguir avergonzados. Los españoles quieren poder reunirse en navidades con sus familiares de Cádiz, de Oviedo o de Lérida y no sentir el agravio, sino celebrar la convivencia. Quieren poder coger su coche rumbo al calor de Alicante y disfrutar bajo el sol del orgullo de una nación que trata a sus hijos por igual. Los españoles quieren poder recorrer a pie el camino De Santiago, de Rocesvalles a Galicia, disfrutando como propios, paisajes, historia y monumentos. Quieren pasear por las playas azules, grises y verdes del Cantábrico sin que importe el acento de quienes comparten con ellos la sardina o el bonito. Quieren ver las traineras bajo el 'txirimiri', sin que importe si es la playa de la Concha o la de San Lorenzo.

España celebra hoy que quiere ser, que quiere existir. Un país por encima de los egoísmos cortoplacistas. Los ciudadanos no reclaman privilegios. Los ciudadanos enuncian hoy más que nunca el grito de la revolución francesa: Liberté, Égalité Fraternité.

España grita igualdad. No nos tapemos los oídos. España merece ser escuchada.
*Francisco Igea es diputado de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados.

El «procés»: y colorín, colorado...
Roberto L. Blanco Valdés 25 Marzo 2018

Dos han sido, sin ningún género de dudas, aunque sea difícil saber en qué exacta proporción, las principales razones que han llevado al secesionismo catalán al absoluto desastre que ayer, entre llantos y caras desencajadas, puso fin definitivo a su delirante rebelión: la conciencia de impunidad nacida de la práctica histórica de un nacionalismo que ha gobernado durante años Cataluña como una finca privada, donde podía hacer lo que quisiera, incluido incumplir la ley, sin que jamás pasara nada; y la ceguera que provoca siempre el fanatismo, embotador de la capacidad para calcular las consecuencias derivadas de los actos que uno acomete convencido de que no tendrán ninguna.

Porque si sería fácil entender que políticos instalados en la marginalidad, como son los de la CUP, pudieran llegar a creer que era posible salir victoriosos de la rebelión contra un moderno Estado democrático, ¡en Europa! y ¡en pleno siglo XXI!, e incluso a convencerse de que en caso de derrota los implicados se saldrían de rositas; ni una ni otra cosa resultan comprensibles en políticos experimentados que llevan muchos años gobernando y, por tanto, imponiendo todo tipo de sanciones a los que, bajo sus administraciones respectivas, optaban por pasarse las normas municipales o las emanadas de la Generalitat por el arco del triunfo.

Sí, sí, estos mismos dirigentes que ahora protestan porque se les aplican unas leyes cuya existencia conocían o que, por idénticos motivos, proclaman que se marchan al exilio (que impúdica e inmensa desvergüenza en un país donde tanta gente tuvo que exiliarse ¡de verdad! huyendo del franquismo) han aplicado sus propias leyes con total tranquilidad, sin admitir que nadie les viniese con el cuento de que estaba exento de cumplirlas porque hacerlo no le convenía, atentaba a sus intereses o frustraba sus desvaríos.

Por eso, el que quienes han impuesto sus leyes a los demás durante años y años sin que les temblara el pulso, porque ese era su deber, pretendan ahora que sus presuntos gravísimos delitos (desobediencia, prevaricación, malversación, secesión y rebelión) no son tales porque ellos se limitaban a hacer política y a defender unos supuestos ideales solo puede ser efecto de una inconmensurable cara dura o de las alucinaciones que provoca el fanatismo.

Ninguno de los 25 dirigentes secesionistas catalanes que ayer fueron procesados acabarán ante un tribunal por hacer política o defender sus ideas, sino por utilizar presuntamente para ello medios delictivos. Por eso, sus acciones, no serán objeto de una negociación política, como solicitan los secesionistas, el PNV y todos sus aliados de extrema izquierda, sino de un proceso judicial: porque en los Estados de derecho -en el español y en cualquiera de los demás existentes en el mundo- los actos presuntamente delictivos no se resuelven negociando en una mesa sino en los tribunales de Justicia.

La Cataluña del miedo
Quién haya visto «La muerte de Stalin», magnífica recreación en clave cómica del fin del más absoluto genocida del siglo XX, entenderán el efecto paralizador del miedo
Sergi Doria ABC 25 Marzo 2018

La Cataluña secesionista quiso desbordar al Estado de derecho y acabó desbordándose a sí misma: hoy es la República del miedo. La pervivencia del nacionalismo –como movimiento totalista– bascula entre el dogma de la pureza y la represión del desviacionismo. Sucedió en la Lliga que colaboró en el Gobierno de España y acabó fracturada en Acció Catalana.

Le sucedió a Acció Catalana, desbordada por el coronel Macià y su Esquerra populista. Después del «Visca Macià, mori Cambó!», la Esquerra de 1934 se desgajó entre los «escamots» fascistas de Estat Català y el pragmatismo tarradellista que rechazó el 6 de octubre. La patética frase de Companys al culminar el golpe –«ara també em direu que no sóc prou catalanista?» (¿ahora también me diréis que no soy lo bastante catalanista?)– ilustra ese miedo a ser demonizado por los extremistas.

Los dietarios de Amadeu Hurtado –«Abans del sis d’octubre»– o las «Memòries polítiques» de Joan Puig i Ferreter –¿por qué nadie las reedita? ¿duele saber que ERC nunca fue un partido serio?– aportan más ejemplos del «miedo purificador» nacionalista. El pavor a ser etiquetado de «mal catalán» actúa de pegamento para el monolitismo que paraliza Cataluña. La retórica en años del Exilio –con mayúscula, no del turismo subvencionado de Puigdemont– consistía en proclamar quién la tenía más grande (la bandera): ¡Ay del que cuestionara que la guerra civil se hizo contra Cataluña!

Método castrador
El «contra Cataluña» es el mantra de la represión ideológica en el lobby nacionalista: su banderín de enganche. En los años sesenta, los «puros» comulgaban en la abadía de Montserrat, leían «Serra d’Or» y sufragaban Òmnium Cultural. Los «malos» –catalanes «de Burgos» que aprovechaban intersticios del Régimen y batallaban con la censura– escribían en Destino: Vergés, Agustí, Pla y compañía. Al lúcido Gaziel se le miraba de reojo, autor de «El desconhort» y «Meditacions en el desert», sobre las contradicciones de los derrotados.

El historiador Vicens Vives tampoco era de fiar: desmentía con rigor la leyenda de 1714: el Decreto de Nueva Planta «desescombró» Cataluña de instituciones feudales. Serrat era despreciado por su cantar bilingüe y Llach bendecido cual «escolà» montserratino. Òmnium le daba el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes al ruidoso Pere Quart y dejaba tirado en Bélgica al anciano Carner. Con el pujolismo se siguió aplicando ese método castrador: las lecturas obligatorias de los educandos sacralizaban la medianía de Pedrolo o Martí Pol mientras se ninguneaba a Sagarra y Pla...

Ese pasado explica actitudes del presente. Las redes sociales son la gasolina del linchamiento. Raimon se mostró dubitativo sobre la independencia y fue excomulgado, mientras que a Serrat se le llamaba fascista. Si Puigdemont no decidiera a golpe de Twitter –escribía Enric Juliana–, en lugar de condenar Cataluña al abismo de la DUI habría convocado elecciones. Pero le pudo el miedo.

No hace falta repetir los nombres de los linchadores: 155 monedas, rompedores de carnet, quemadores de retratos reales, abonados a la palabra «botifler»... Tampoco hace falta abundar sobre el moderado Santi Vila; atenazado por la presión del miedo abandonará el «bateau ivre» antes del hundimiento: el dúo Rull-Turull –fontaneros pujolistas que no saben lo que es trabajar de verdad– le llamará «rata».

La sociedad, contaminada
Un disidente del franquismo como Dionisio Ridruejo bautizó irónicamente a los inmovilistas del Régimen: «el macizo de la raza». Cuando lean estas líneas, la ANC culminará unas elecciones más propias de la democracia orgánica del movimiento que de la «democracia real» que vindican.

Si eso fuera privativo de estos demagogos que acusan al Gobierno español de autoritario mientras vetan candidatos, no habría de preocuparnos. El problema es que el peronismo de la ANC contamina la sociedad civil. Jordi Basté lo expresó antes de calificar el Procés de «enredada global» y «aixecada de camisa»: «Jo ja sé que m’estic jugant les cames» (yo ya sé que me estoy jugando las piernas).

Del símil futbolístico no se infiere un riesgo físico, sino de ser excluido de la «familia» nacionalista. Un miedo muy catalán: ser funcionario sin lacito o faltar a las movilizaciones «de país»; disentir de las «bondades» catalanas frente a las «maldades» españolas; admitir que no es franquista pedir más castellano en la escuela, salirse del whatssap patriótico...

La burguesía que llevará muy mal una investidura que les jorobe la Semana Santa en sus casoplones de La Cerdanya contemporiza con los antisistema; el político de comarcas Puigdemont teme que en su pueblo le llamen «traïdor».

El 21-D reveló que la Cataluña constitucionalista ha perdido el miedo al populismo institucional de la revuelta contra el Estado. Los independentistas se asemejan ahora a los jerifaltes soviéticos ante el cadáver de Stalin: ¿Quién amortajará la pintoresca República Catalana? ¿Quién será Beria? ¿Quién Kruschev?

Los Mossos metían a los ‘Jordis’ en sus reuniones y les daban información sensible de la Guardia Civil
Carlos Cuesta okdiario 25 Marzo 2018

Los Mossos colaron a los Jordis en reuniones policiales y les filtraron información sensible de la Guardia Civil. Les colaron en reuniones, incluso, con la propia Guardia Civil presente. El argumento usado por los Mossos era que se trataba de coordinar los pasillos de seguridad o la contención de los concentrados en las manifestaciones porque, según la versión que daban mandos de los Mossos, ambos iban a colaborar para evitar que se convirtiesen en actos violentos. El resultado fue el contrario: la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural convirtieron los actos como el registro del Departamento de Economía en enfrentamientos violentos en los que, además, gracias a las filtraciones de “información sensible” que les realizaron los Mossos pudieron conocer todas las previsiones de actuación y número de efectivos con los que contarían los agentes nacionales.

Se trata de una de las últimas informaciones que ha trasladado a la Guardia Civil al Tribunal Supremo. Una información recogida en un informe al que ha tenido acceso OKDIARIO y en el que se relata el desarrollo de reuniones “sensibles” que se mantuvieron por parte de los Mossos y de la Guardia Civil en los primeros días de la fase final del golpe separatista.

“Cabe dar relevancia a la importancia que tuvieron los representantes de la Asamblea Nacional Catalana, señores Jordi Sánchez y Xavier Vidal, y de Òmnium Cultural, señor Jordi Cuixart, quienes desde primeras horas de la mañana del día 20 de septiembre capitalizaron y dirigieron la concentración de protesta, siendo sus indicaciones secundadas en todo momento por los concentrados”, destaca el informe de la Guardia Civil. Los agentes nacionales subrayan en ese mismo informe un hecho desconocido hasta el momento y que explica la tremenda capacidad de anticipación de los violentos concentrados por ANC y por Òmnium: y es que los dos Jordis y Xavier Vidal “fueron invitados a participar en todas las reuniones que los mandos de los Mossos mantuvieron con los de la Guardia Civil, recabando su opinión sobre cuestiones operativas (pasillo de seguridad, contención de los concentrados) y aceptando sus sugerencias, permitiéndoseles que pusieran en marcha decisiones operativas”.

La Guardia Civil aceptó esta supuesta coordinación por un principio de buena fe y de colaboración y porque los Mossos avalaban el comportamiento de los representantes de ANC y Òmnium.

Ahora, al redactar el informe la Guardia Civil no duda en reconocer que “lo adecuado hubiese sido que los componentes del Área de Mediación de los Mossos hubieran mantenido entrevistas separadas con estas personas y luego hubiesen trasladado sus apreciaciones a los mandos del dispositivo”.
La Guardia Civil indica un nombre en concreto como responsable de lo ocurrido: “Además en varias ocasiones, concretamente la intendenta señora Laplana, les trasladó información sensible (llegada de detenidos, fin de los registros, salida de la letrada de administración de justicia)”, algo que, evidentemente daba una capacidad de actuación extra a quienes provocaban los tumultos violentos.

La información aporta aún más datos sobre el comportamiento de los Mossos durante el golpe. Y en especial durante aquella tarde noche del 20 de septiembre en la que se registró el Departamento de Economía de la Generalitat donde se encontró buena parte del material probatorio contra los golpistas.

Los documentos que los Mossos pretendían destruir en la incineradora de Sant Adrià de Besòs (Barcelona) el día 26 de octubre también incluían pruebas evidentes de que el entonces mayor, Josep Lluís Trapero, orquestó un equipo de mandos de la policía autonómica para controlar a los guardias civiles sitiados en el registro del Departamento de Economía ocurrido el 20 de septiembre y dejarles sin ayuda, pese a la exigencia legal -tal y como adelantó en su momento OKDIARO-.

“En el vehículo Ford Transit matrícula 0491-BSV, y dentro de las cajas nº1 y nº27, se han intervenido 4 borradores de minutas”, señalan los documentos que consiguieron salvar los policías que impidieron la destrucción de los documentos de los Mossos. Las minutas corresponden a cada uno de los cuatro agentes de la policía regional que estaban encargados de controlar los movimientos de los guardias civiles y de informar a su cúpula, eso sí, sin ayudar a los agentes de la Benemérita que, en esos momentos, se encontraban sitiados por violentos que destrozaron sus tres coches y llegaron a robar los fusiles Cetme.

Y, casualmente, el nombre que aparece en esos informe en primer lugar es el del mismo mando de los Mossos que daba “información sensible” a los Mossos: Teresa Laplana. “El primer borrador es de la intendente Teresa Laplana, en el cual hay numerosas correcciones de horarios y personas, así como subrayados a bolígrafo”, señala la documentación. De esta manera mantenían control de todo lo que ocurría y generaban información para que los violentos actuasen sin problema y para que la misma Guardia Civil a la que no ayudaron quedase sin capacidad de respuesta.

Javier Ortega, abogado de VOX, sobre los presos: "Estamos hablando de una organización criminal"
El procesamiento de los golpistas no se debe a la acción del PP o de Cs, sino a la querella presentada por Vox. Sin ella seguirían en libertad
Juanjo Alonso Libertad Digital 25 Marzo 2018

El abogado de la acusación popular y secretario general de Vox, Javier Ortega, ha celebrado la decisión del juez del Supremo Pablo Llarena de enviar a prisión a los golpistas del procés. Ortega ha asegurado que consideran "normal" que vayan a la cárcel porque "estamos hablando de una organización criminal, de una organización delictiva con una hoja de ruta perfectamente tratada y formada, con un reparto de papeles, con una desviación de fondos públicos de varios millones de euros. Y lo normal, cuando se habla de una organización delictiva, lo normal cuando funcionan las instituciones del Estado es que los golpistas estén en prisión".

"Es una decisión que consideramos en beneficio de la seguridad de España porque se ha descabezado la organización delictiva, aunque quedan otros fugados fuera de España", ha asegurado el abogado de VOX.

Sobre si quedan más golpistas que pueden acabar en la cárcel, Javier Ortega ha asegurado que "tenemos a los llamados ideólogos que todavía están en libertad y que pronto pediremos su ingreso en prisión". "Queda un segundo nivel muy importante que es quien ha llevado a la práctica la ejecución de las distintas instrucciones en materia económica, medios de comunicación, redes, estructuras de Hacienda, etc", sentencia Ortega

No ha querido dejar pasar la ocasión de contestar a Pablo Iglesias por un tuit en el que asegura que es "indecente" que se encarcele a los golpistas. "Pablo Iglesias debe de estar soñando con un sistema al estilo cubano, venezolano o iraní, pero la realidad es que en España hay un Estado de Derecho, no existen presos políticos, existen políticos acusados de graves delitos", aseguraba Ortega. "No se persigue las ideas, lo que se hace es que aquellas ideas que tienen resultados prácticos que son delictivos son los que se persiguen y, en último lugar, esas tesis de que hay que negociar con los golpistas nos parecen intolerables", continúa el abogado de la acusación popular.

"Nuestra actuación siempre va a estar regida por el principio de legalidad, que persigue un interés general para España. Pablo Iglesias dice esto porque probablemente está más cerca de las herriko tabernas y de los delincuentes que de quienes creemos en la democracia y en la aplicación rigurosa de la ley", ha terminado.

PORTAVOZ DE TABARNIA
Jaume Vives: ‘Un 155 que no mete mano a la Educación… gravísimo error’
Rosa Cuervas-Mons gaceta.es 25 Marzo 2018

Con el éxito del viaje presidencial a Waterloo reciente -“hemos hablado con televisiones suizas, belgas, francesas…”- el portavoz de Tabarnia, Jaume Vives, charla con La Gaceta para analizar los últimos sucesos del calvario judicial del procés -prisión incondicional para Turull, Rull, Romeva, Bassa y Forcadell- y para advertir de que el separatismo está herido, pero, atención, no muerto.

– Viaje presidencial de Tabarnia a Waterloo. ¿Parte de guerra?
El resumen de lo que pasó en Waterloo es ‘éxito total’. Día histórico y contrariamente a lo que se pueda pensar por la performance, serio e importante, que ha hecho mucho más por los catalanes que el nacionalismo en 30 años de régimen dictatorial.

– ¿Por qué?
Porque este jueves se hizo una demostración de que la respuesta a una injusticia, a la injusticia del nacionalismo, puede ser respuesta alegre y con humor. Un mensaje potente, pero con alegría. Llevamos muchos años de malas caras, gritos, de señalar a la gente, de difamar, de convertir a determinadas personas que no comulgan con lo que piensan en apestados… Esta alegría rompe esa dinámica. Los catalanes lo hemos pasado mal durante muchos años, hemos sido ninguneados por nuestros políticos y por el mundo asociativo y propagandístico. Lo que está haciendo Tabarnia ha dado algo a los catalanes que el nacionalismo no ha dado en 30 años: esperanza.

– Hablaba antes de esa performance, de ese vídeo casi humorístico. ¿Tabarnia tiene un mensaje más allá de ahí? ¿Les da miedo que no sea más que humor?
En estos días hemos hablado con teles suizas, alemanas, belgas, que comprenden el conjunto de Europa… Además de la performance hubo una rueda de prensa en la misma sala de prensa que hizo la suya Puigdemont y luego dimos una conferencia en el Parlamento Europeo.

– ¿Cómo recibe el mensaje de Tabarnia la gente a su alrededor?
La palabra es alegría y esperanza. Los que hemos vivido en Cataluña lo hemos visto. Ha parecido durante mucho tiempo que no existíamos, que daba igual que te llamaras Jaume Vives, que tuvieras ocho apellidos catalanes, que hubieras nacido aquí… Daba igual, tú no eras catalán porque no eras nacionalista. Ha habido gente que ha estado con la boca pequeña por miedo a ser señalados y apartados, por miedo a ser rancios, cutres, agresivos, porque esa era la imagen que se proyectaba de la disidencia. Hace falta humor porque estamos en un momento de crispación, pero con Tabarnia hemos elaborado un discurso, con nuestra rueda de prensa hemos dado una somanta de palos al nacionalismo… Y eso da esperanza, se ha visto que hay una respuesta posible al nacionalismo y que no hay motivos para seguir encerrados en casa sin abrir la boca.

– Del balcón de Balmes a la televisión como portavoz de todo un Gobierno. ¿Hasta dónde va a llegar Tabarnia?
Se lo pregunto porque mientras charlamos, el juez Llarena está enviando a prisión a principales líderes del procés, Marta Rovira se ha fugado a Suiza… ¿Si muere el procés muere Tabarnia?

No pienso que el procés esté muerto. Está herido, pero como el problema es que el nacionalismo es una nueva religión laica, va a tardar en desaparecer. Aunque no tenga guión -porque no lo tienen- van a improvisar, no van a quedarse aquí. Han metido en el corazón de cientos de miles de catalanes el sueño de ser libres y felices y les han dicho que el modo de serlo es el nacionalismo, ser independientes y esa gente no abandonará eso.

– Así que Tabarnia sigue…
Nuestra única razón de ser es combatir esa injusticia que clama al cielo. Dentro de unos años habrá una generación de nietos que le dirá a sus abuelos y padres ‘¿qué coño hicisteis?’. Viendo toda la mierda que el nacionalismo provocó a sus padres y abuelos dirán ‘por qué lo hicisteis, qué os pasó’. Llega un momento que lo que te obliga a dar la cara es mucho más que lo que te puede permitir estar callado, es una obligación moral levantarse contra eso. Si nosotros desaparecemos, que sería genial, será porque todo vuelve a la normalidad.

– ¿Será pronto?
Queda muchísimo porque tienen TV3, que está completamente infectada . Cuando pase a formar parte de Aguas de Barcelona y la depuren, entonces las cosas serán mejor. Tienen a los niños con la educación y a los adultos con los medios… es ese engranaje y el mundo asociativo, que se encargan de alimentarlo. Algunos dirigentes ya sabían que era imposible, ahora saben que además de ser imposible les trae consecuencias negativas, les va a perjudicar en sus vidas… Tanto lo saben que algunos ya están volviendo al autonomismo, se han hecho caca en los pantalones…

– ¿Va por Turull?
Sí, por todos, cada vez que visitan al juez, si les dejasen un rato más para hablar acabarían cantando el cara al sol. Su discurso es un insulto a la gente que salió a votar el 1 de octubre, el modo en el que han renegado de todo aquello por lo que hicieron salir a la gente a la calle. Mientras sigan copando los altos puestos de responsabilidad en la enseñanza, en los medios, en las asociaciones, en la cultura, seguirá habiendo procés, aunque a algunos líderes concretos se les vaya apartando.

– ¿Cómo es el día a día en Tabarnia?
Pues uno se levanta de buen humor, desayuna, con el presidente a veces que pasea por las calles. Se habla de cosas importantes, hay momentos para la broma, se ayudan unos a otros… Es un día a día de la ciudad normal y corriente, de una ciudad que no vive obsesionada por tonterías. La normalidad que nos han arrebatado, sin enfrentamientos en los trabajos ni en las familias, no hay gente que pierde su trabajo por culpa de los políticos, ni gente que se siente despreciada en los medios de comunicación de Tabarnia.

– Y en el ‘Palau de la Generalitat’ de Tabarnia, ¿qué se cuece, cuál es el próximo desafío?
Pararse, descansar, vivir la semana santa y observar la realidad. Hay una cosa en el nacionalismo, y es que la victoria que han tenido en las elecciones ha sido su derrota

– ¿Por qué?
Si hubieran perdido podrían decir ‘pues mira, hemos perdido, no podemos hacer nada’, pero tienen que hacer algo… y no tienen guión, no saben qué hacer. Hoy es Puigdemont, mañana Jordi Sánchez, pasado Turull y mañana no sabemos quién será. Dejan el escaño, se van al exilio… es un nivel tal de información y de cosas que nos lo ponen realmente difícil, es muy complicado hacer de espejo del independentismo. Necesitamos descansar, coger distancia mental, que el cerebro se relaje y después de vivir bien la Semana Santa ver de qué modo podemos seguir con la respuesta más efectiva al nacionalismo, pero te digo que no es fácil. Nuestro presidente ya lo decía, que está estudiando seriamente una denuncia al Tibunal de la Competencia por competencia desleal a su oficio de payaso.

– Puede hablar un rato con Mariano Rajoy. ¿Qué le diría?
Que ya está bien de jugar a la puta y la ramoneta, que hay mucha gente en Cataluña que lleva muchos años pasándolo mal y que parte de esta culpa es por la sucesiva inacción de los gobiernos de España. Que quizá lo que debería hacer el Gobierno de España es escuchar más a los catalanes no abducidos, que no son pocos para ver de qué modo podemos solucionar un problema que dentro de unos años se estudiará como situación surrealista que sucedió no se sabe cómo y que se cargó la paz de un pueblo entero.

– ¿Está pidiendo a Rajoy más contundencia?
Que escuche a los no abducidos…. que escuche lo que se vive desde hace años. Porque muchas veces fuera de Cataluña no se ha sabido comprender lo que aquí estábamos viviendo, incluso se pensaban que todos éramos nacionalistas. Hasta ese punto los nacionalistas han tenido el poder. Que se escuche a quienes llevan toda la vida viviendo y han vivido las consecuencias del nacionalismo… Un 155 que no mete mano en los medios de comunicación… grave problema. Un 155 que no mete mano en la Educación, gravísimo problema, gravísimo error. Es no tocar dos de los pilares más fuertes del nacionalismo. Necesitan unos buenos asesores que expliquen lo que aquí está pasando. Nuestro presidente estaría encantado de asesorar a quien hiciera falta de cara a defender la libertad y la dignidad de nuestro pueblo.

– Ahora tiene delante a Puigdemont. ¿Qué le diría?
Que fuese de cara ante la realidad. El nacionalismo tiene un problema muy serio con la realidad… Como cualquier ideología, desprecia la realidad. Tiene una ideas e intenta que la realidad se adapte a ellas. Cuando ven que la realidad no se adapta, la deconstruyen, se la inventan y a la amoldan. Que vaya de cara a la realidad, que estudie Historia… eso estaría muy bien. Sería un primer punto positivo. Que se preocupe por conocer la realidad social, sería interesante porque parece que solo existen los que le votan a él y el resto no existimos, somos anticatalanes inadaptados y gente de fuera… También estaría bien que conociera la realidad económica y tuviera en cuenta que está jugando con el pan de la gente. Que hay gente que ha perdido puestos de trabajo, ingresos, gente que se tiene que ir y gente que no se puede ir y no para de perder. Estaría bien también que dejara de fugarse porque al final es otra forma de no afrontar la realidad. Se fugó de la justicia, de sus votantes y de nosotros…

– Lo dice por el jueves…
Este jueves se lo pusimos muy fácil; hicimos la cumbre internacional en su jardín para que no tuviera que coger avión y sólo tuviera que quitarse el pijama y bajar al jardín y no lo hizo. Nosotros muertos de frío, allí con la lluvia. Es un desprecio absoluto a la realidad, y a la gente. Pero soy consciente si me tocase hablar con él de que es muy complicado que entre en razón.

– ¿Por qué?
Porque el nacionalismo es una ideología de las emociones. Muy primaria e infantil. Como la historia no me respalda, la economía tampoco, la realidad social tampoco, qué me queda: la voluntad, el sentimiento, me da igual todo pero yo no me siento españo. Ante una ideología así es muy complicado conseguir que alguien se pare, piense y esté dispuesto a renunciar. Por eso cuando uno critica al nacionalismo, aunque sea con muy buena educación, la respuesta que se encuentra es desproporcionada.

– ¿Cómo es Jaume Vives más allá de Tabarnia, más allá del balcón?
Antes de salir al balcón era un chico normal y corriente, lo sigo siendo. Soy periodista y en el primer año de carrera escribí un libro sobre la pobreza en Barcelona, Las putas comen en la mesa del rey; en segundo otro libro con la gente de la calle, y luego me fui al Líbano en 2014 a conocer el testimonio de los cristianos perseguidos. En 2015 me fue a Irak a hacer un documental sobre cristianos perseguidos, ’Guardianes de la fe’, y este año volví a Irak, con un segundo documental… En mi día a día estoy en colegios, universidades, parroquias o salas de cine haciendo conferencias, proyecciones del documental… En mi tiempo libre me dedico a la causa, a la otra causa. Cada vez trabajo más fuera de Cataluña y menos dentro, pero ya imaginaba eso, ya era así antes del balcón y asumí ese riesgo al salir al balcón. Llega un momento que es más lo que te hace salir que lo que te permite quedarte en casa.

Se me hincharon las pelotas y salí al balcón.

– ¿Se han metido con usted?
No, hay mucha cobardía. Voy tranquilo y sin medo.

Documentales en institutos
El gobierno de nacionalistas y socialistas en Valencia lleva la ‘represión franquista’ a las aulas
Nacho Doral okdiario 25 Marzo 2018

La Diputación de Valencia, en colaboración con la ‘conselleria’ de Educación que dirige el nacionalista Vicent Marzá (Compromís) va a distribuir para su visionado en los institutos un documental sobre la ‘represión y violencia franquista durante 40 años’. El filme se llama ‘Hijos del Silencio’, y los estudiantes de 12 a 16 años tendrán que trabajar en unidades didácticas sobre el contenido de la película. Los profesores también recibirán formación específica.

Se trata de un documental de 40 minutos que recoge testimonios de víctimas de la “feroz y sistemática represión franquista sobre la población valenciana” y entrevistas a profesores universitarios, bajo la dirección de una asociación de izquierda denominada Stanbrook (Centre d’Estudis i Documentació de la Memòria Republicana). Con ese nombre homenajean al buque que partió con casi 3.000 pasajeros rumbo al exilio al final de la guerra civil.

La consejería de Educación del Ejecutivo que presiden Ximo Puig (PSPV-PSOE) y Mónica Oltra (Compromís) parece más preocupada en el adoctrinamiento político sobre el pasado que sobre el actual. Por eso ignora sistemáticamente las numerosas denuncias que ha recibido por “adoctrinamiento nacionalista” y la imposición del catalán (el pancatalanismo de la Comunidad Valenciana así lo refiere) en la enseñanza.

La Diputación Provincial de Valencia lanza este documental dentro del programa ‘Memòria a l´escola’y que exigirá además la formación del profesorado para difundir sus materiales y contenidos. La Diputación está controlada por PSPV-PSOE (12 diputados), los nacionalistas de Compromís (6), la IU valenciana que representa EUPV (1) y la podemita Valencia en Comú (1). PP (12) y Ciudadanos (1) se encuentran así en minoría.

La diputada y delegada de Memoria Histórica de la Diputación, Rosa Pérez Garijo, ha explicado así su finalidad: “La ciudadanía más joven desconoce lo que ocurrió en la historia reciente y más oscura de nuestro país“. Para Pérez, a la sazón líder de Esquerra Unida del País Valencià (EUPV), es imprescindible “sensibilizar al alumnado sobre la represión sistemática ejercida por el franquismo”.

Los responsables de la cinta, con su directora a la cabeza, Rosa Brines (ex presentadora de la TV pública valenciana y rostro de los informativos durante los gobiernos del PSPV-PSOE) aseguran que han tratado de “explicar 40 años en 40 minutos” y de hacer “pedagogía sobre lo que supuso la violencia del régimen franquista en tiempos de paz“.
 


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