AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 28 Marzo 2018

El enemigo de España y la ley rabia
OKDIARIO 28 Marzo 2018

Algo tendrán que decir tres magistrados de tanto prestigio como Pablo Llarena (Tribunal Supremo), Carmen Lamela (Audiencia Nacional) o Juan Antonio Ramírez Sunyer (juzgado 13 de Barcelona) después de que el millonario trotskista Jaume Roures los haya acusado de ser unos “prevaricadores”. Una acusación tan grave no debe caer en saco roto. Menos si cabe cuando viene de un personaje tan siniestro como el dueño de Público y presidente de Mediapro. Roures ha de callar cuando se trata de dar lecciones éticas o morales, más si es para referirse con una falacia a tres profesionales íntegros e irreprochables. Cada vez que habla en esos términos hace el ridículo. Su credibilidad está por debajo de cero dado que es un coleccionista de mentiras.

Resulta paradójico que el empresario tenga una postura tan enconada contra el país que lo ha hecho rico gracias a los derechos televisivos. Una tendencia casi freudiana que incluso lo ha llevado a mover los hilos de un triunvirato que tenía como objetivo principal socavar la unidad de España y que durante una época reunió bajo su estricta supervisión a Pablo Iglesias, Xavier Domènech y Oriol Junqueras. Además de esto, su currículo es prolijo en contradicciones. Este hombre que tanto parece amar una Cataluña independiente lleva su dinero a paraísos fiscales e incumple de manera sistemática sus deberes como ciudadano. Cantidades ingentes que vuelan del fisco y que suponen un menoscabo para las pensiones, la educación, la dependencia o las infraestructuras, entre otros sectores.

No obstante, como ciertas personas poseen más osadía que razones, se atreve a insultar a unos jueces que están manteniendo una ejemplar independencia a pesar de soportar altísimos niveles de presión. Es el caso de Pablo Llarena, que ha tenido que abandonar Cataluña en compañía de su mujer para trasladarse a Madrid debido a las constantes amenazas que han recibido de los entornos separatistas. Estas declaraciones de Jaume Roures son, por tanto, como echar gasolina en el fuego. Atiza de manera irresponsable el clima de tensión que carcome la comunidad autónoma. Un hombre como él, que vive a cuerpo de rey gracias a los derechos del fútbol, tiene un perfil público que le exige ciertas responsabilidades. No obstante, carente de cualquier sentido cívico, ha disparado verbalmente contra los tres magistrados y los ha situado en el centro de la diana pública. La justicia debe responder ante este oprobio.

Violencia
Xavier Salvador cronicaglobal 28 Marzo 2018

Vivimos tan atrapados por el lenguaje que hemos aceptado denominar comités de defensa de la república a unos meros piquetes radicales que han decidido apoderarse del espacio público catalán con la connivencia de los partidos independentistas. No hay república que defender, estimados. No se puede defender aquello que no existe salvo en el reducido espacio mental de quienes con proclamas radicales e irresponsables se dedican a dinamitar la convivencia y la democracia.

Querer parar el país de forma gratuita es violencia. El final de las manifestaciones del domingo fue violento y todo un deleznable espectáculo de agresividad. La llamada revolución de las sonrisas guarda hoy más similitudes con el anarquismo violento de la Barcelona del siglo XX que con cualquier otro tipo de movilización pacífica. Es una violencia con múltiples expresiones, tan coactiva como represora, totalitaria en definitiva.

Cataluña corre un gravísimo riesgo. Ante el estancamiento político pueden emerger fenómenos incontrolados de imprevisibles y deplorables consecuencias. La violencia de esos piquetes financiados desde el nacionalismo radical acabará con un susto grave y entonces todos los políticos aquiescentes que ahora consienten se tornarán angelitos de la guarda y se echarán las manos a la cabeza.

Los cortes permanentes de vías de circulación, el perjuicio para el transporte de los ciudadanos y de las mercancías está injustificado en estos momentos. No hay ninguna violación de derechos democráticos que pueda justificar esta seudorevolución que algunos pretenden poner en marcha. Si acaso, la única vulneración de derechos es la que practican atentando contra la privacidad e intimidad de los jueces; o atacando la sede de los partidos políticos que no encajan en sus quiméricas reivindicaciones; y, por supuesto, cometiendo actos vandálicos contra medios de comunicación que, como Crónica Global, han optado por no acallar su actitud crítica ante la barbarie iniciada.

Algún día la historia pondrá al cobro la factura a quienes están alimentando, apoyando y animando un estado de crispación creciente. Avisamos cuando explicábamos que la no consecución de la independencia y las consecuencias que de ello se derivaban acabarían en frustración. Lo peor es que ese estado colectivo de excitación pueda catalizar en violencia, algaradas y desórdenes, como pronosticó Gabriel Colomé. El nacionalismo que ya campó por la Europa del siglo pasado volverá a mostrarse como lo que encierra y que Manuel Valls recordó con claridad en Barcelona: un fenómeno desintegrador, insolidario, etnicista y violento. El nacionalismo es la guerra, dijo el dirigente francés.

Seamos, pues, conscientes de adónde vamos. Otros piénsense adónde llevan a las masas que enfervorizan y alientan. La violencia empieza a resultar un preocupante fenómeno que puede acabar de rematar el negativo futuro que le espera a Cataluña en la próxima década.

UGT y CCOO, con el Golpe
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 28 Marzo 2018

UGT y CCOO, las mayores asociaciones de liberados de la penosa obligación de trabajar dizque para representar a los trabajadores (en justa correspondencia, ellos se niegan a pagar a unos zánganos como representantes) han anunciado una manifestación junto a las dos principales asociaciones golpistas de Cataluña, ANC y Omnium, cuyos líderes, los Jordis, están en la cárcel a la espera de juicio por su participación en el golpe de Estado.

Estos sindicalistos que no conocen más sudor de su frente que el del gimnasio, viven, como sus cofrades de la España que quieren romper, de los impuestos que el Gobierno impone a la ciudadanía. Pero si hasta ahora no pasaban de zafias marionetas del charneguismo subvencionado, acaban de ascender de cipayos a jenízaros, poniendo sus ajadas pancartas rojas al servicio de la destrucción de la soberanía nacional del pueblo español. Así rubrica la izquierda su definitiva genuflexión ante el separatismo. Y en el caso de que España tuviera Gobierno y no el Bufete de la Señorita Pepis, este sería el momento de privarlos de cualquier tipo de fondos públicos, lo mismo que a las organizaciones golpistas subvencionadas por Rajoy desde diciembre de 2012, fecha en que el juez Llarena sitúa el origen del Golpe.

Siempre he dicho que esas bandas autodenominadas patronal y sindicatos, cuya única función es hacerse una foto al año con el Gobierno que les paga sus sueldazos y los cursos de formación que no dan, deberían quedar fuera de los Presupuestos y financiarse con las cuotas de sus afiliados, si es que les queda alguno que pague alguna. Hace tres años, aún en activo, quiero decir mangoneando en UGT, Yogui Méndez, visitó España el jefe de los sindicatos alemanes y dijo, ante el estupor de los liberados ugetistas, peritos en EREs, que a él le parecería un insulto recibir un solo euro del Gobierno, sacado a la fuerza de los bolsillos ciudadanos y que comprometería la independencia sagrada de su sindicato; que, por cierto, allí cuenta con millones de afiliados que pagan su cuota puntualmente.

Si España fuera Alemania, UGT y CCOO, tras unirse al golpismo catalán -racista, xenófobo, discriminador, liberticida, violento y antiespañol-, serían prohibidas por intentar destruir la integridad de la República. Si quedan españoles en UGT y CCOO, deberían, al menos, romper el carné.

Si los golpistas se libran de la cárcel será gracias al PSOE
Liberal Enfurruñada okdiario 28 Marzo 2018

En 1995 el PSOE, IU y los independentistas vascos y catalanes, suprimieron del Código Penal un artículo que castigaba con prisión cualquier declaración de independencia. Era el artículo 214 y decía que “son reos de rebelión los que se alzaren públicamente para… declarar la independencia de una parte del territorio nacional”, sin ninguna mención al uso de violencia. El Código Penal reformado por el PSOE, exige, en su artículo 472, para que exista rebelión, que dicha declaración de independencia debe ser violenta. En su auto de procesamiento el juez Llarena imputa este delito de rebelión a Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Raül Romeva, Antonio Comín, Josep Rull, Dolors Bassa, Clara Ponsatí, Joaquim Forn, Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Carme Forcadell y Marta Rovira, además de imputar por malversación a los nueve primeros y por desobediencia a otros 12 imputados, entre ellos la fugada Anna Gabriel.

El delito de desobediencia tan sólo está penado con multa e inhabilitación para cargo público y el de malversación con un máximo de ocho años de cárcel. Así pues la clave para que los golpistas puedan ser condenados por rebelión a penas que conllevan condena de hasta 25 años de prisión se encuentra en que el juez demuestre que su alzamiento ha sido violento. Y aquí es donde comienzan las discrepancias entre juristas. Los términos violencia, violenta/o y violentamente aparecen 35 veces en un auto de apenas 70 páginas, lo que nos da una idea de la importancia que el juez otorga a su acreditación. Pero no todos coinciden en que lo haya conseguido porque la jurisprudencia del Tribunal Supremo, para apreciar que alguien ha actuado con violencia, exige que se haya “usado la fuerza física para producir un daño de intensidad suficiente para doblegar la voluntad de aquel contra quien se dirige”. O sea, que no cualquier uso de la violencia significaría un alzamiento violento, sino tan sólo cuando esta violencia fuera tal que sin ella no se conseguirían los objetivos de los alzados, opinan algunos.

Los hechos violentos en los que se centra el magistrado son los que ocurrieron los días 20 de septiembre, cuando convocaron a la población ante la sede de la Consejería de Economía, y 1 de octubre, cuando instigaron a los ciudadanos a obstaculizar que las fuerzas policiales cumplieran su cometido de impedir el referéndum. Y detalla una reunión ocurrida en medio de ambas fechas, el 28 de septiembre, en la que los máximos responsables de los Mozos se reunieron con el presidente de la Generalidad, su vicepresidente y el Consejero de Interior, para informarles de que “la gran cantidad de colectivos movilizados en aquellas fechas… hacían prever… una escalada de la violencia, con brotes importantes de enfrentamiento… Pese a ello, la decisión de los miembros del Gobierno fue que la votación había de celebrarse”.

El magistrado entiende que existe delito de rebelión porque ya hubo violencia el 20 de septiembre, el 28 de septiembre los jefes de los Mozos advirtieron de que el 1 de octubre habría enfrentamientos violentos y pese a todo ello, el Gobierno catalán celebró un referéndum ilegal que no se habría llevado a cabo sin el uso de dicha resistencia violenta, de lo que hace responsables a todos los imputados por rebelión. Ciertamente todos vimos que se produjeron tumultos violentos. La clave está en si, como exige la jurisprudencia del Tribunal Supremo, dicha violencia tuvo una intensidad decisiva o sólo fueron altercados de incontrolados entre una multitud mayoritariamente pacífica, y aquí caben interpretaciones. Lo que está claro es que si finalmente los golpistas se libran de la cárcel deberemos agradecérselo al PSOE.

Que tomen nota los clientes
OKDIARIO 28 Marzo 2018

United Colors of Benetton tendrá que revisar los acuerdos con sus franquicias para evitar que algunas de ellas se salten las condiciones a la torera y hagan negocio con referencias favorables al golpe de Estado independentista. A la popular compañía internacional de origen italiano no le hace ningún favor lo que ha sucedido en la tienda de Mollet del Vallès (Barcelona). En su escaparte han aparecido cinco maniquíes ataviados con bufandas amarillas. Un símbolo que ha servido para apoyar a los golpistas encarcelados tras el referéndum ilegal del pasado 1 de octubre. La empresa textil debe tomar medidas para evitar dislates como éste. Si no, de manera lógica, los clientes de toda España dejarán de comprar en sus negocios.

Por mucho que sólo sea en Cataluña, apoyar a unos pirómanos de la política que han tratado de romper España a base de inestabilidad política, social y económica resulta una idea nefasta para la imagen global de la marca. Ese lazo amarillo simboliza también la violencia que los independentistas radicales han desatado en las calles, la persecución del español en comercios y aulas y, en definitiva, las graves acciones que han llevado a la práctica totalidad de sus impulsores hasta la cárcel. Si quieren mantener su clientela en nuestro país, harían bien en desmarcase de esa línea y dejarlo claro entre sus tiendas asociadas. Apoyar a los golpistas es garantía de fracaso y ruina.

Hasta la Iglesia Católica ha comprobado cómo ha bajado el número de declaraciones de la renta que llevan la ‘X’ a su favor después de su continuada connivencia con los sediciosos en Cataluña. Benetton siempre se ha caracterizado por las polémicas campañas del publicista Oliviero Toscani. No obstante, la mezcla de política, razas y problemas sociales siempre les había acabado granjeando un innegable prestigio a nivel mediático. Un reputación que se esfumará —como se esfumarán los clientes— si no abandonan inmediatamente los guiños hacia uno movimiento ilegal que ya ha sido rechazado por la Unión Europea, por los tribunales y por el sentido común de los ciudadanos que quieren vivir unidos y con la prosperidad como diagnóstico del día a día.

La realidad de Irán: ejecuciones masivas, ahorcamientos públicos, torturas...
Majid Rafizadeh lagaceta.eu 28 Marzo 2018

En Irán, a mi generación, la primera después la llegada del islamismo al poder, se le llama la Generación Abrasada (Nasl-e Sujteh, en persa). Nos dieron ese nombre porque tuvimos que soportar la crueldad del régimen teocrático islamista desde la cuna. Esa crueldad se ha traducido en ejecuciones masivas y el despiadado empeño del régimen en fijar su poder, imponer sus normas bárbaras y restrictivas, lavar el cerebro a los niños y adoctrinar a la generación más joven con su ideología extremista en las escuelas, las universidades, los medios controlados por el Estado, las mezquitas y la promoción de eslóganes como "Muerte a América" y "Muerte a Israel".

Los hombres y las mujeres fueron segregados por sexos. A los adolescentes se les impidió realizar actividades cotidianas consideradas inofensivas en casi todo el mundo. Cualquier tipo de actividad social placentera fue prohibida, como escuchar música, bailar, beber, salir con chicas; que las mujeres participaran en campeonatos de ajedrez sin hiyab o asistieran a partidos de fútbol o a cualquier otro espectáculo deportivo masculino. Lo que te hiciera sonreír o diera esperanzas, seguramente iba contra la ley. Qué se podía llevar, con quién podías hablar, qué podías escuchar, si rezabas o no o ayunabas en Ramadán... Incluso los asuntos más personales y privados pasaron a ser asunto de las fuerzas del régimen.

El principal objetivo de estas restricciones y del férreo control de la población, especialmente de los jóvenes, era la expansión de la agenda islamista del régimen. Las leyes se hicieron cumplir con castigos crueles y violentos como la flagelaciónpública y la amenaza de represalias más extremas, como la lapidación, el ahorcamiento público o la amputación. Mi generación se crió en una atmósfera de terror. Mientras que el resto del mundo se hacía más moderno y desarrollado, nosotros teníamos que bregar con el cumplimiento de leyes y restricciones islamistas imposibles.

Lo que le pasó a mi generación iraní debería ser visto en Occidente como una advertencia. Casi todos los países (y agentes no estatales) subestimaron el poder que estos islamistas podrían acumular. Se pasaron por alto las señales. Nadie creyó que pudiera producirse e imponerse un cambio tan gigantesco. Muchos subestimaron los crímenes que estos islamistas estaban dispuestos a cometer para conservar el poder. Hasta el día de hoy, siguen demostrando que su crueldad y su falta de humanidad no conoce límites llevando a cabo ejecuciones masivas, ejecuciones de niños y embarazadas, lapidaciones, amputaciones, ahorcamientos públicos, flagelaciones, torturas y violaciones.

Muchos subestimaron la táctica que siguieron los islamistas durante décadas para alcanzar el poder, basada en la suavidad. La facción radical del ayatolá Jomeini engañó a numerosos iraníes y a la comunidad internacional haciéndoles creer que eran gentes pacíficas y divinas. Una vez obtuvieron el poder, se reveló la verdad; pero para entonces ya era demasiado tarde.

La generación de mi padre vivió en un Irán donde los clérigos islamistas se presentaban astutamente como gente inofensiva que apoyaba al pueblo y no tenía interés en el poder. De modo que, antes de la revolución, eran muchos los iraníes que no concebían que la facción jomeinista fuera a cometer las atrocidades que está cometiendo, ni que tuviese un hambre de poder tan insaciable.

Lo que creía el país es que estaba en una senda tranquila hacia la democracia; no imaginaba que habría un retorno a la barbarie. Hasta el entonces presidente de EEUU, Jimmy Carter, consideraba a Jomeini un bondadoso hombre de religión. Según documentos recientemente desclasificados, la Administración Carter incluso allanó el camino para el retorno de Jomeini a Irán. Numerosos intelectuales de fama internacional, como Michel Foucault, tenían en muy alta consideración la revolución islámica. El entusiasmo de Foucault se puede ver en los artículos que publicó en la prensa europea antes y después de la revolución.

Los islamistas se presentaban como los líderes del pueblo, como seres espirituales y pacíficos. Sin embargo, una vez llegaron a la cima, convirtieron el país en un infierno. En cuanto se hicieron con las riendas, cambiaron de marcha e impusieron uno de los regímenes más despiadados de la Historia. Una vez en el poder, se reveló su verdadera faz; entonces ya no hubo vuelta atrás.

Miles y miles de personas fueron ejecutadas simplemente por expresar sus opiniones. Muchos murieron por crímenes que seguramente no habían cometido. Se impuso a todo el mundo la ley islámica (la sharia) de la facción chií en el Gobierno. Se obligó a las mujeres a llevar el hiyab y las despojaron de sus derechos: ya no podían salir del país sin el permiso de sus maridos; no podíandesempeñar empleo alguno si sus maridos no estaba de acuerdo. El testimonio judicial de una mujer vale, según la sharia, la mitad que el de un hombre. A las mujeres se les impide desempeñar determinadas funciones en el ámbito educativo o ejercer de jueces, por ejemplo. Asimismo, tienen prohibida la entrada en espectáculos deportivos masculinos. Cuando se trata de repartir una herencia, las mujeres sólo reciben la mitad de lo que reciben sus hermanos u otros familiares varones.

A muchos les dejó estupefactos el hecho de que una facción política que hablaba sobre la religión de la paz hiciese tales cosas. Sin embargo, los iraníes no se sometieron sin más. Se alzaron en señal de protesta. Pero la rebelión se sofocómediante la tortura, la violación y la muerte. Como el régimen se mostró ávido de fulminar a cualquiera que se atreviese a oponer resistencia, la gente no tuvo más remedio que rendirse. Las actividades cotidianas de todo el mundo fueron sometidas al escrutinio de los islamistas.

En un periodo de cuatro meses fueron ahorcados unos 30.000 presos políticos, simplemente por ser sospechosos de pertenecer a organizaciones de resistencia a la teocracia como los Muyahidines del Pueblo de Irán. Este tipo de incidentes han sido en gran medida ignorados por los medios.

Estos son unos pocos ejemplos de las atrocidades que vienen perpetrando los islamistas que se apoderaron de un país otrora próspero y modernizador. Las informaciones sobre sus crímenes contra la Humanidad llenarían varios volúmenes. La realidad es peor, mucho peor. Según Human Rights Watch, la República Islámica de Irán es el país líder en ejecuciones de menores. La edad legal para casarse se rebajó a los nueve años. Las iraníes necesitan la aprobación de sus padres para casarse, y las niñas no pueden objetar a la decisión de desposarlas que tomen sus custodios.

Puede resultar difícil de creer que una fuerza tan criminal pudiera llegar al poder tan fácil y rápidamente. Lo que es importante entender es que los islamistas y sus secuaces trabajan de forma encubierta durante décadas para engañar al pueblo y llegar a la cúspide. La de Irán fue una toma del poder meticulosamente planeada que nadie vio venir. No se puede subestimar la paciente voluntad de poder de los islamistas.

Con todo, muchos seguirán pensando que es imposible que algo así pueda suceder en su país. Lo que no entienden es que Irán es un ejemplo de lo exitosa que puede ser esa meticulosa forma de tomar el poder.

Los islamistas de otros países, también de Occidente, han tomado nota y están empleando las mismas técnicas para hacerse con el poder. Es un proceso lento, sutil, hasta que un día te despiertas y te encuentras privado de derechos, en una cultura del miedo y sin garantías de que vivas en libertad o de que siquiera estés vivo al día siguiente.

Hoy, esos islamistas a los que casi todo el mundo quitó importancia no sólo llevan en el poder casi cuatro décadas, sino que han esparcido su ideología expansionista por otros países y conseguido ser el principal promotor estatal del terrorismo, así como uno de sus principales ejecutores.

Esta es una lección de la Historia que los países occidentales y no islamistas no pueden permitirse ignorar. No sólo se trata de la Historia; se trata de lo que puede ocurrir en cualquier momento, en cualquier país. Se trata de lo que está pasando ahora mismo delante de nuestras narices en el este de Asia, en Canadá, en Sudamérica y en Europa. La única forma de defenderse es reconocerlo y atacarlo de raíz, antes de que tenga la oportunidad de seducir a tus políticos. Una vez que se preocupan más por su popularidad entre los votantes que por el futuro del país, se acabó. Una vez que controlen las urnas, tendrán cada vez más control sobre los demás aspectos de tu vida, destruirán cualquier futuro que hayas planeado y dejarán en ruinas tu amado país.


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A VOX lo que es de VOX
Fran Carrillo okdiario 28 Marzo 2018

Dicen que España no premia a patriotas como Roma no pagaba a traidores. En los idus de marzo, cuando el país, en su mayor parte, celebraba la detención-retención de Putschdemont, el girondino de Waterloo, ciertos medios callan, esconden o niegan la crucial participación que en esa acción y de forma indirecta, ha tenido un partido político, un hecho no menor porque facilita el desconocimiento permanente de la opinión pública. Me refiero a VOX, esa formación en los márgenes demoscópicos que, como ya le pasó a UPyD, toma la iniciativa de la que otros dimitieron. Una constante nacional; cardar la lana para que otros, ya saben, se la acaben llevando. ¿Alguien se acuerda de UPyD cuando empeñó su tiempo y patrimonio en denunciar y perseguir a quienes saquearon Bankia? ¿Algún votante hizo un pacto de conciencia en esa búsqueda siempre inconclusa del político decente y honesto? No busquen recompensa en lo correcto. Los españoles aplauden la honradez, pero la premian en silencio.

De repente, la izquierda populachera se molesta y tacha de ultraderechista al único partido que se ha atrevido a llevar al independentismo ante la Justicia. Y no es fácil. Por la cantidad de tentáculos, dinero e influencias que mueve la maquinaria secesionista, enfrentarse a ella requiere de arrestos. VOX ha conseguido romper sus esquemas programáticos más allá de discursos y debates estratégicos. Si por pedir que se cumpla la ley y llevar a los tribunales a quienes la transgreden en pos de una causa utópica, simbólica y suicida ya eres un peligroso admirador de Hitler, España está llena de primorriveristas. Algunos echábamos de menos cierta testosterona política para enfrentar al golpismo, como pasó en 1981, pero entonces todos fuimos Fuenteovejuna porque Tejero era, simplemente, un señor con bigote y pistola.

En el relato de los hechos, VOX, con ese populismo mainstream —como definió Alain Minc a Macron— tan peculiar de la Europa actual, ejerció de acusación popular contra el Govern en las causas abiertas en el Supremo. Antes, en 2014, ya denunció a la Asamblea Nacional Catalana por hacer listas negras de ciudadanos no afines al procés en numerosas encuestas pro referéndum. Ello le costó a la plataforma independentista 83.000 euros, que tuvo que pagar a la Agencia de Protección de Datos. Luego vinieron las denuncias a Mas y Puigdemont, a Junqueras y los Jordis, a Forn y Turull, a Rovira y Gabriel, a TV3 y Catalunya Radio, en definitiva, a todos aquellos que hicieron de la Narnia indepe el paraíso de impunidad e inmunidad en el que vivían sin dejar vivir.

En lo que respecta a España como nación, sería pertinente una reflexión sobre nuestro futuro más allá de necesitar un relato propio que nos defina y unas esencias históricas que nos expliquen. Porque las hay. Y debería haberlo. Seremos un país maduro cuando se reconozca a los adversarios políticos su cuota de mérito en hacer que la libertad se ejercite y las leyes se ejecuten. Porque la igualdad empieza y termina cuando la ley se aplica. La libertad, por su parte, es el espejo diario en el que se mira una sociedad. Si está sucio, rajado, roto, tendremos gobernantes impúdicos y ciudadanos cómplices del voto comprado.

Nuestra salud democrática adquirirá robustez cuando pensemos más en la conveniencia nacional y menos en la salud del partido. Abrazar y aplaudir sólo las iniciativas, propuestas y actuaciones que emanan de las filas propias provoca un reduccionismo que somete los cimientos del país a entramados de intereses particulares y corrillos de influencers, que sólo buscan el cálido acomodo de la subvención y la tertulia. Y la historia será siempre la misma: nadie escribió aquel capítulo de agradecimientos a UPyD.

Hay que desarmar al separatismo
EDITORIAL Libertad Digital 28 Marzo 2018

Una de las muchas cosas que nos ha demostrado el proceso secesionista catalán inaugurado en 2012 es hasta qué punto el nacionalismo ha sabido moldear durante años a los mossos d´Esquadra como una auténtica policía política a su servicio. La lealtad y connivencia de los mandos y muchos de sus agentes para con sus superiores políticos llegó a ser en los últimos años tan decidida que no sólo se negaron a obedecer las órdenes de jueces y fiscales de impedir el referéndum ilegal del 1 de octubre, sino que trataron incluso de destruir, posteriormente, una serie de documentos que acreditaban tanto esa desobediencia como el espionaje y la falta de colaboración que brindaron a las fuerzas de seguridad del Estado.

Esa fidelidad y esa connivencia de los mossos a la causa secesionista de sus jefes políticos, tan esencial además para su propia promoción profesional dentro del cuerpo, se ha mantenido aun después de que los golpistas perpetraran su sedición y los jueces ordenaran la detención y juicio de sus cabecillas, entre ellos el destituido mayor del cuerpo policial José Luis Trapero. Así lo ilustró el surrealista hecho de que algunos agentes del cuerpo autonómico se turnaran en labores de escolta del fugado golpista y ex presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, o la lamentable renuencia o pasividad de un importante sector de la policía autonómica a la hora de sofocar las vergonzosas e ilegales protestas que ahora está causando en Cataluña la detención del prófugo.

Resulta obvio, en cualquier caso, que la profunda depuración que requiere no sólo la cúpula policial del cuerpo autonómico, muchos de cuyos agentes han mantenido su fidelidad al nacionalismo incluso cuando este ha incurrido en la más abierta y desafiante ilegalidad, no se logra con la convocatoria de unas elecciones o con la única destitución de Trapero. Si temerario fue mantener un cuerpo de 17.000 agentes armados a las órdenes de unos golpistas que en ningún momento ocultaron su intención de perpetrar una nueva consulta secesionista tras la que declararían la independencia de Cataluña, no menos temerario fue recurrir al articulo 155 de la Constitución, una vez consumado el delito, para convocar unas elecciones que tan previsiblemente iban a ganar las mismas formaciones secesionistas que apoyaron el ilegal "procés" del que todavía no se han retractado.

Si, al menos, tan irresponsable y prematuro restablecimiento de la administración autonómica en Cataluña, administración que todavía sigue en rebeldía, se hubiera acompañado con una suspensión parcial de algunas de sus competencias –como son los tanta veces mentados medios de comunicación autonómicos- , la educación o la disolución de este putrefacto y corrompido cuerpo policial, aun habría cierta esperanza de ver por fin sofocada la inadmisible y liberticida "independencia de facto" que durante tantos años ha gozado y sigue gozando la Cataluña nacionalista.

La ridícula aplicación del articulo 155 llevada a cabo parece, sin embargo, que se contenta con que esa tolerada independencia de facto no degenere nuevamente en un república independiente de iure como a la que todavía no renuncian las formaciones secesionistas que conformarán, dentro de escasa semanas o de escasos meses, el nuevo gobierno regional de Cataluña.

Así las cosas, y aun cuando los 17.000 mossos d´Esquadra fueran los más escrupulosos defensores de nuestra Carta Magna, cosa que reiteradamente han demostrado que no son, sería demencial volverlos a dejar a las órdenes de un gobierno presidido por un continuador de un Artur Mas o de un Carles Puigdemont.

Un ídolo llamado Arnaldo
Hermann Tertsch ABC 28 Marzo 2018

Nada define mejor la deriva moral y política del nacionalismo catalán que la irresistible ascensión del etarra Arnaldo Otegi como el icono viviente del proceso separatista y golpista. Las imágenes de pasados meses en las calles de Barcelona de colas espontáneas de nacionalistas a la espera de hacerse una foto con el terrorista y secuestrador como si se tratara de un ídolo de la música o el cine dicen más de la naturaleza real de lo que es hoy este separatismo que todas las proclamaciones solemnes e hipócritas sobre el carácter «pacifista», «democrático» o «no violento» del movimiento antiespañol. Desde que quedó en libertad de su última condena por dirigir la reconstrucción del brazo político de ETA, Otegui está más dedicado al campo de batalla catalán que al vasco. Y «Traktoria» lo abraza como un admirado y ejemplar enemigo de España.

Lógico. En el País Vasco hay poco que hacer. Allí las cosas van como él y los suyos quieren bajo esa falsaria normalidad que impone el nacionalismo del PNV en la administración mientras las organizaciones etarras prosiguen su proceso general de tribalización y adoctrinamiento hispanófobo de las nuevas generaciones. Incansablemente y con todos los recursos del poder y la economía vasca mimada y privilegiada por Madrid a su disposición. Porque la formación en el espíritu nacionalista del odio y desprecio hacia España y sus instituciones la comparten PNV y ETA/Bildu sin mayores problemas salvo en periodos electorales. Navarra es un símbolo de su éxito común. Esa región, en la que la presencia euskaldún era históricamente mínima y marginal, ha sido tomada por las fuerzas antiespañolas del nacionalismo vasco y el izquierdismo antisistema. Como lo fueron antes ciudades y zonas del País Vasco con sólidas mayorías de muy activa conciencia española y voto constitucionalista y antinacionalista. Este votante por España fue arrollado por la fuerza combinada de la amenaza etarra, la insidia y el chantaje político, social y económico del PNV y la desidia, la traición y la retirada y abandono de los partidos nacionales.

Aquellos desastres han traído estos dramas. Pero hay signos de un cambio pese al veneno cultural que destilan los medios y las instituciones autonómicas. Y la derrota total del golpismo catalán, la única forma de evitar un conflicto violento en España, va a cambiar también el panorama en el País Vasco. También allí pueden surgir nuevas fuerzas que entierren a las viejas y con ellas por fin sucumba la decimonónica mitología nacionalista vasca que lleva siglo y medio haciendo daño a diestro y siniestro.

La permanente presencia del etarra Otegui en Cataluña y en las redes sociales como adalid del «proceso» y su relación estrecha con los cabecillas golpistas no solo revelan la íntima colaboración entre quienes están unidos por su voluntad de destruir España. También evidencia ese reparto de papeles entre los separatistas –moderados y radicales por igual– de estas dos regiones españoles que siempre ha denunciado quien fuera líder popular vasco y ministro de interior Jaime Mayor Oreja. Que se remonta a la colaboración entre ETA, el Tripartito y Zapatero. Mientras el PNV insiste en que no apoya a Rajoy si no se levanta el 155 y se solidariza con los golpistas ya procesados, ETA con Otegui hacen visible la alianza de fuerzas antiespañolas, en una transversalidad del odio a España que ahora incorpora a Podemos. La exposición de todos ellos es máxima, porque coinciden en que es «ahora o nunca». Intuyen en que si no consiguen «matar a España» ahora, el cambio de conciencia no solo impedirá su triunfo sino supondrá su derrota histórica definitiva.

Resolver el conflicto
David Jiménez elespanol 28 Marzo 2018

Hay una frase que se escucha de un lado a otro de la península cada vez que alguno de los líderes del proceso secesionista catalán es apercibido, imputado o detenido. Es la de esto no resuelve el conflicto o, en su permutación más exitosa, ¿alguien cree verdaderamente que esto resolverá el conflicto? Con toda seguridad, la estaremos escuchando durante los próximos meses, años e incluso décadas. Porque es el razonamiento que permite a quienes han abanderado el proceso, o a quienes han actuado como sus aliados discursivos, sortear cualquier nueva refutación de sus tesis y reivindicar que ellos siempre tuvieron la razón. Lo que, a estas alturas, empieza a parecer su aspiración máxima.

Es conocido lo que la frase de marras tiene de trampa y de chantaje. Da a entender que la única salida posible a la crisis catalana sería ceder a las exigencias de los independentistas, cuando sería bastante más factible, beneficioso y -nunca sobra recordarlo- legal que fueran ellos quienes desistieran de un proyecto tan injustificado como dañino. Además, la frase obvia la importancia del precedente en la cultura política de las naciones y de los regímenes. Recordemos que hasta hace dos telediarios se dudaba de que, dada la naturaleza del Estado autonómico y su evolución durante las últimas décadas, el gobierno central pudiese llevar a cabo medidas como las que contempla el artículo 155, incluso cuando tuviera toda la razón para ello. También se dudaba de si la sensación de absoluta impunidad con la que actuaban los líderes independentistas estaría justificada. Ahí se veía de forma nítida, por ejemplo, la influencia del precedente que habían sentado el caso Banca Catalana o el incumplimiento de las sentencias relacionadas con el modelo lingüístico.

Pero hay algo muy acertado en la idea de que el desafío independentista siempre ha sido más que los individuos que lo lideran. No ver esto, acomodarse en el cortoplacismo que asume que con Artur Mas fuera de la Generalitat o con Puigdemont procesado nos podíamos desentender del problema, ha sido uno de los errores más graves del constitucionalismo en el conjunto de España.

El proceso independentista nos aboca a un debate muy profundo acerca de nuestro modelo territorial, de la relación entre las distintas instituciones del Estado y del modelo educativo de este país plurilingüe; por no hablar de la cultura política de nuestra ciudadanía y nuestros mecanismos de selección de élites. Las noticias relacionadas con el destino penal de Puigdemont y compañía no deben eclipsar jamás esas cuestiones. Por ello preocupan, por ejemplo, la escasa fiscalización que se está haciendo de la aplicación del 155, o el poco escándalo que provoca la aparente parálisis en el Congreso de las iniciativas de reforma del modelo autonómico. Al final, nadie nos obliga a elegir si la Historia la hacen los individuos o las estructuras. La hacen ambos, y ambos deberían preocuparnos.

Justicia y Democracia
Luis de Velasco republica 28 Marzo 2018

El conflictivo procés ha vuelto a poner en primer plano un tema recurrente años atrás en nuestro país como es de la “judicialización de la política”, algo así como recurrir al poder judicial para intentar resolver problemas que podrían y deberían resolverse en el ámbito estrictamente político, o sea mediante negociación a cargo de los partidos políticos que permita llegar a acuerdos. Ahora, el máximo adalid de esta tesis de la negociación política en el caso del conflictivo procés, aparte de los propios políticos indepes y sus altavoces, es Podemos como una y otra vez repiten, invocando que eso es lo democrático.

Pero en este caso ocurre que son los propios líderes indepes quienes, desde el inicio de este proceso, ignoraron la legalidad vigente con lo cual entraron en el terreno propio y exclusivo del poder judicial. En síntesis, su objetivo de lograr la independencia se articuló sobre un camino plagado de actos o bien, en el mejor de los casos, bordeando la ilegalidad o, más frecuentemente, situados en la flagrante ilegalidad. Por supuesto, ellos lo sabían y asumieron ese riesgo de enfrentar a la Justicia.

Su objetivo era y es todavía, hay que suponer, ir creando un poder paralelo al del Estado al que enfrentaban y sabían que eso no se puede hacer legalmente porque carecían de poder ( elemento clave en todo cambio social, sobre todo en los más profundos) para ello. Aún así optaron por ese camino minusvalorando de un lado el poder de un Estado democrático enfrente y de otro sobrevalorando la respuesta del resto de la UE y otros Estados democráticos (una independencia sin importante reconocimiento internacional no sirve para nada, véase el caso por ejemplo de Kosovo).Todo este asunto del Poder y de la creación de un Doble Poder ha sido analizado frecuentemente y a fondo por teóricos ( y también “prácticos” de las revoluciones, sobre todo los marxistas, leninistas y trotskistas como sin duda lo saben los dirigentes de Podemos).Implantaron su poder por vías ilegales lo que fue posible por tratarse de Estados y sociedades no democráticos y en profunda descomposición. Totalmente distinto al caso del procés.

Aquí este intento de golpe de Estado ha fracasado con un desolador saldo negativo político, económico y social. Está en la fase esperada, incluso por sus promotores y sus altavoces: ante el poder judicial. Ninguna sorpresa. Pero esta es la primera fase y sería ingenuo suponer que el asunto ha finiquitado. No es así porque lo que históricamente se denominó como “el problema catalán” viene de muy atrás y por ello tiene raíces muy profundas. Es un complejo, muy complejo tema que, pasada esta etapa aguda, habrá que encarar políticamente, entonces sí. Pero antes hay que dejar que la justicia actúe como corresponde en una democracia. Es decir, que investigue, pruebe, juzgue y, ultimo e igualmente importante, sentencie.

No es descartable, al contrario, que el procés entre en un nueva etapa con más presencia de disturbios (que siempre serán magnificados por medios proclives) y actuaciones de minorías que no son admisibles, como las ya realizadas de cortes de carreteras principales, u ocupación de vías férreas, así como acosos a personas o instituciones “enemigas”. Lo esperable es que este tipo de acciones no serán convocadas por los partidos indepes sino por sus secciones de juventudes o por grupúsculos poco representativos. No lo harán abiertamente los partidos indepes porque saben que ese tipo de acciones causan enormes molestias a sus conciudadanos y pueden provocar rechazo (aunque algunos de estos dirán que “la culpa de todas mis molestias la tiene Madrit”). Acciones de este tipo y otras más difíciles de imaginar son lamentablemente no descartables. El independentismo, en su afán por desprestigiar la institucionalidad española (objetivo ya paralelo al de la independencia) ha demostrado una imaginación volcánica. Seguramente la que resulta y caracteriza a todo nacionalismo, resultado de su impronta del “Odio al otro”. Vamos ver si esa “Revolución de las sonrisas” (sic) como la ha definido esta mañana una “señora bien” de Barcelona (pronúnciese esa “e” casi como una “a”) en una tele, continúa o se ha acabado.

Se creían sus propias mentiras
Ramón Pérez-Maura ABC 28 Marzo 2018

Preparado estaba. El pasado 25 de julio se celebraron varios actos para conmemorar los veinticinco años de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Allá fue el Rey a recordar lo que supuso aquella olimpiada como unión de esfuerzos. Ese día por la mañana el acto era en el Centro de Alto Rendimiento de San Cugat del Vallés. Hacía calor y las autoridades esperaban la llegada del Rey al sol. Uno de ellos, quizá un ministro del Gobierno de la nación, se percató de que el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, no estaba con el resto, sino apartado, acogido a la sombra de un árbol. «¡President, únete a nosotros!». A lo que éste contestó con sonrisa huidiza: «Yo prefiero estar aquí a la sombra, preparándome...». Alguno de los que lo escucharon ya pensaron entonces que él era consciente de que su futuro pasaba por prisión.

El giro violento que ha dado la situación en Barcelona es el resultado de la desesperación de quienes se creyeron sus propias mentiras. Quienes no pueden creerse que los mandos de la Policía, por más que sigan llamándose Mozos de Escuadra, obedecen las órdenes del ministro del Interior y reprimen esa violencia mientras intentan mantener el orden público. Que es lo que hace la Policía en cualquier país.

El objetivo ahora parece ser apartarse completamente de la ley. TV3 –«La Radio de las Mil Colinas»– llama a la violencia callejera, de lo que supongo que estará tomando nota la Fiscalía. Porque la impunidad de ese medio pagado con mis impuestos es algo clamoroso para lo que el consenso entre el PP y Ciudadanos debería ser suficiente para acabar con las emisiones de esa máquina del odio. Y los secesionistas dicen que ahora sí que hay que investir presidente «de verdad» a Puigdemont. Como ese «de verdad» es imposible, lo que cabe entender es que se pretende ignorar la legalidad vigente y nombrarlo presidente de la nada desde el calabozo de una prisión alemana o española. A eso llama ahora el secesionismo iluminado un presidente «de verdad». Una «verdad» que pretenden poner en práctica a partir del miércoles a las 10.00 horas.

Puigdemont y sus aliados están en el único sitio que podían estar: rindiendo cuentas a la justicia. Cuando nos decían desde Bélgica o Suiza que iban a internacionalizar el conflicto, no se daban cuenta de que en los países serios hay delitos como el de traición a la patria por el que te puede caer cadena perpetua. Ya puede dar gracias Puigdemont de que va a comparecer ante el juez Pablo Llarena, tan bien conocedor de la realidad catalana, y no ante un magistrado alemán. En la soledad de su celda en Schleswig-Holstein, Carles Puigdemont añora su Waterloo particular. Para eso hemos quedado, ex president...

El 155 no ha servido ni para destituir a los escoltas de Puigdemont
EDITORIAL El Mundo

La investigación de la Fiscalía a los dos mossos que acompañaban a Puigdemont en el momento de su detención revela la laxitud de la intervención estatal de la Generalitat. La Policía remitió la denuncia por si el comportamiento de ambos -un escolta y un agente de la escala básica- es constitutivo del delito de encubrimiento, castigado con prisión de seis meses a tres años y una inhabilitación de seis a 12 años si se considera que actuaron con abuso de sus funciones públicas.

Con independencia del recorrido judicial que tenga esta denuncia, lo cierto es que resulta del todo punto inverosímil que a estas alturas, después de cinco meses de aplicación del artículo 155, el ex presidente de la Generalitat pudiera seguir contando con los servicios de dos miembros de los Mossos d'Esquadra. Si el Gobierno no ha aprovechado esta medida excepcional para cercenar todos los instrumentos en los que se apoyó el golpe perpetrado por el independentismo, al menos cabe exigir que el máximo responsable de un Gobierno cesado al amparo del 155 no disponga de ningún recurso vinculado a la Administración catalana. Qué menos.
Mossos d'Esquadra, una policía rota y colapsada ante la violencia separatista

Un sector del cuerpo reniega del 155, boicotea las órdenes, se mantiene fiel a los golpistas y critica las intervenciones contra los CDR.
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 28 Marzo 2018

Los Mossos d'Esquadra son un cuerpo roto. El sector de mandos y agentes independentista se mantiene en la obediencia republicana y da cobertura al separatismo. Carles Puigdemont era protegido por al menos una quincena de mossos que se turnaban para darle la mayor seguridad posible, todo ello coordinado en Waterloo por el sargento Lluís Escolà, de baja médica. Otro mosso, Xabier Goicoechea, era el conductor del vehículo que intentaba introducir a Puigdemont en Bélgica por carretera. Otro de los acompañantes en el final de la escapada también es mosso. Se insiste en que todos ellos estaban fuera de servicio cuando prestaban auxilio a Puigdemont entre otras cosas para fugarse de España.

La credibilidad de los Mossos se resiente por la evidente implicación de un amplio sector del cuerpo en el golpe y por sus problemas para cumplir con determinados operativos, como en los pasados meses de septiembre, octubre y noviembre. Josep Lluís Trapero, arrinconado en un despacho, sigue ostentando la condición de "major". Para muchos agentes, es un héroe y su retrato preside algunas comisarías. Por lo demás, poco ha cambiado. La única sanción de la que se tiene constancia es la impuesta a un agente por cursar las denuncias efectuadas en español en el mismo idioma.

Entre tanto, sigue operativo el grupo "Mossos per la independècia", liderado por el agente Albert Donaire, conocido por sus soflamas supremacistas y sus insultos a los ciudadanos españoles en las redes sociales, y ha surgido otra facción separatista, los "Mossos per la democràcia", este de carácter clandestino, que se opone a la aplicación del artículo 155 y ha criticado con dureza la intervención policial para impedir el asalto a la Delegación del Gobierno.

Las nuevas órdenes no les cuadran
Por si no fuera suficiente, la brigada antidisturbios se encuentra con un agente entre los alborotadores que les lanzaban toda clase de objetos contundentes. La confusión en el cuerpo es total. Hace medio año la función que tenían asignada era la de colaborar en todo lo posible con la ANC y Òmnium y velar por la seguridad de todas sus iniciativas callejeras. La orden de disolver los tumultos de los CDR no les acaba de cuadrar y el presidente del Parlament, Roger Torrent, no colabora ni aunque se lo pida Ferran López, el sustituto de Trapero, de paisano.

El proceso ha sepultado por completo el crédito de los Mossos, al punto de que empiezan a surgir voces sobre la necesidad de incrementar las plantillas de Guardia Civil y Policía Nacional en Cataluña.

Policía politizada
El nacionalismo ha modelado durante años una policía a su servicio en la "Escola de Policia de Catalunya", el centro de formación de los agentes en el que son aleccionados con los principios nacionalistas. De ahí el éxito en el boicot a la orden judicial de impedir el referéndum y también la negativa a colaborar con Policía Nacional y Guardia Civil tras los atentados del 17 de agosto, en que Puigdemont, el entonces consejero Joaquim Forn, y Trapero vendieron la especie de que los Mossos eran la primera estructura de Estado de la inminente república.

El asedio separatista a una comitiva judicial que registraba la consejería de Economía el 20 de septiembre confirmó que los Mossos no estaban dispuestos a someterse a los jueces ni a impedir el referéndum ilegal. A pesar del destrozo de los coches de la Guardia Civil y del robo de las armas, los Mossos no actuaron. Se negaron a socorrer a la comitiva judicial.

Tampoco actuaron en los colegios que se suponía que tenían que cerrar. Una filtración procedente de un mando de los Mossos en Lérida permitió a los actuales Comités de Defensa de la República ocupar durante el fin de semana del referéndum los colegios destinados a la celebración del 1-O. Las comunicaciones internas de ese día delatan el incumplimiento flagrante de una orden del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

Además, el material que pretendieron destruir en una incineradora ha puesto de manifiesto el carácter de policía política del separatismo. En la documentación se mezcla información antiterrorista con seguimientos a políticos, periodistas y dirigentes de organizaciones no separatistas e informes sobre las actividades y manifestaciones desafectas al nacionalismo.

Otros "incidentes" como el intento de comprar armas de guerra, los debates "teóricos" sobre la necesidad de formar un ejército catalán sobre la base del cuerpo y su evidente falta de colaboración con lo que en sus comisarías llaman con desdén "policías españolas" tampoco contribuye a mejorar la imagen del cuerpo.

El final de la escapada
GABRIEL TORTELLA El Mundo 28 Marzo 2018

El pasado verano, nada más aprobar el Parlament aquellas leyes ilegales (obligado oxímoron) de "referéndum", "desconexión" y "transitoriedad", Victoria Prego comparaba el sistema judicial con un paquidermo que, cuando se pone en marcha, no hay quien lo pare. Y anunciaba que, lenta pero segura, la marcha del paquidermo terminaría arrollando a los alegres e inconscientes legisladores separatistas. Todo lo que anunció la periodista se ha ido cumpliendo punto por punto y el pasado domingo 25 de marzo el elefante judicial dio un paso decisivo al poner al fugitivo ex president Puigdemont en manos de la Justicia alemana, marcando así el punto final de la rocambolesca escapada del nuevo Fantomas separatista.

Las declaraciones de independencia catalanas acostumbran a ofrecer aspectos tragicómicos. Es bien conocida la huida por las alcantarillas de Barcelona, en plena rebelión de octubre de 1934, de Josep Dencàs (médico político, como Jordi Pujol), el fiero jefe de los escamots, irregular milicia separatista que, supuestamente, formaba parte importante de las fuerzas que iban a defender el nuevo Estat Català. Dencàs dejó que sus compañeros de aventura se enfrentaran solos con las tropas de la República Española comandadas por el general Domènec Batet. Apenas duraron unas horas. No hubieran durado más aunque Dencàs hubiera estado allí, esa es la verdad. Se trajo a colación este chusco episodio cuando el valeroso Carles Puigdemont escapó intrépidamente tras el fracaso del golpe parlamentario de 27 de octubre de 2017, que él mismo había organizado, dejando a sus compañeros a merced de las fuerzas del orden y comprometiendo la posibilidad de que se les concediera la libertad provisional, por cuanto hacía evidente la posibilidad de fuga. La omertà de rigor entre la colla independentista impidió que se hicieran públicos los comentarios de los otros componentes del equipo que se vieron así recluidos sin remisión en las cárceles de Extremera y Meco.

La rauda huida de Puigdemont en automóvil hacia Bruselas fue presentada como un gesto astuto que ponía en entredicho a las fuerzas del orden españolas y establecía una especie de gobierno catalán en el exilio. Indudablemente, desprestigiaba al Ejecutivo español el tener a un Pepito Grillo en el corazón de la Europa comunitaria agitando la bandera separatista. Pero después de los primeros días de sorpresa y titulares, el interés decayó y se hizo evidente que sólo la franja lunática compartía las tesis del separatismo catalán o simpatizaba con ellas. El desencanto y la irritación de los independentistas se hicieron patentes. Se pasó de "Cataluña, nueva nación de Europa" a "Europa es obsoleta y decadente". Entretanto, en vista de la vergonzosa pasividad de las autoridades belgas, Puigdemont decidió fijar allí su residencia, alquilando un palacete por 4.000 euros mensuales (no dude el paciente lector que sus impuestos contribuyeron al merecido confort del ex president). El nombre del lugar elegido resultó chistoso y premonitorio: Waterloo. Nuestro hombre sin duda pensó que debía seguir trabajando por la causa y viajar por el mundo predicando el evangelio separatista. Su vanidad le perdió y después de algunas expediciones a Dinamarca y Suiza, aprovechando que España había retirado la euroorden para su detención, emprendió una larga travesía a Finlandia para anunciar la buena nueva: Cataluña (en su versión) resistía.

Pero entretanto el juez Llarena había concluido la redacción del sumario contra los golpistas y decidió muy oportunamente renovar la euroorden con un nutrido acopio de cargos bien documentados. El ex president decidió tomar las de Villadiego en Helsinki sin siquiera despedirse. Por unas horas pareció que se le había perdido la pista. Una admiradora entusiasta, la elegante prosista Pilar Rahola, escribió en Twitter: "Es el puto amo. Carles burla la euroorden de España". Pocas horas más tarde, el "puto amo" caía como un chorlito por efecto de la euroorden. Había estado bajo vigilancia del CNI en todo momento. A cada Napoleón le llega su Waterloo.

¿Y ahora, qué? Como dijo Inés Arrimadas, los independentistas se creían que se enfrentaban sólo con Rajoy el prudente, pero no; se enfrentaban también con el paquidermo judicial, y a ese no hay quien lo pare: en un Estado de derecho, todos somos iguales ante la ley, los políticos como los demás, del rey abajo, ninguno. Si estos señores han delinquido, como parece evidente, y de modo muy grave, deben atenerse a las consecuencias. Recibieron toda clase de advertencias e hicieron oídos sordos. Ahora es ya muy tarde para acordarse de los cumpleaños de las nenas. En eso había que haber pensado antes, hace un año, aproximadamente.

Uno de ellos, de los que quedan fuera, al parecer le dijo a Arrimadas que estaba en Cataluña, y que se había equivocado de país. El que se equivoca de país es él: Arrimadas acababa de ganar las elecciones allí en Cataluña, donde él era un perfecto desconocido que a saber por qué estaba en las listas de Esquerra, y que ha emergido un poco porque los de primera fila están en Extremera. Pero es que los independentistas están doblemente equivocados de país. Si desconocen Cataluña, desconocen aún más a España. Están un siglo atrasados: creen que la España de hoy es la de entonces, cuando (gracias al sacrifico de los españoles, eso sí) Cataluña estaba muy por delante del resto de la nación económica y socialmente. Sometidos al adoctrinamiento pujolista, estos señores viven en 1714 y en 1914: no parecen saber que hoy hay varias comunidades españolas que superan a Cataluña en renta por habitante y en otros indicadores sociales. Y, desde luego que, según todos los indicadores, Cataluña es la autonomía peor gobernada de España.

Ahora bien: la escapada de Puigdemont ha llegado a su fin: "la fregona está en el cubo", en la jerga de los agentes del CNI. Pero, ¿ha llegado a su fin la escapada del separatismo catalán? La furia y la violencia con las que han respondido los independentistas a la detención del ex president induciría a pensar que sí, que estamos asistiendo a los últimos coletazos; en efecto, han recibido un golpe muy fuerte, una humillación ante la que reaccionan con ira y desesperación. Esto, normalmente, pasará. Es, sin embargo, muy de temer que la pánfila prudencia del presente Gobierno español sea incapaz de dar el golpe de gracia, por falta de la inteligencia y la decisión necesarias para ir a las raíces del problema, que son el sistema educativo y los medios de difusión.

Como decía Groucho Marx, la política es el arte de meterse en problemas, ofrecer el diagnóstico equivocado y dejar las cosas peor de lo que estaban. Según esta definición, nuestro Gobierno está compuesto de políticos consumados, presididos por el más consumado de todos. El problema catalán, que es el problema de España, no se resolverá mientras el sistema educativo público, pagado con los impuestos de todos los españoles, adoctrine a los niños catalanes en el odio a España, ese país opresor que derrotó a la nación catalana en 1714 y desde entonces la ha tenido sometida y aherrojada, le ha impedido hablar en su idioma y quién sabe cuántas cosas más. Mientras el Ejecutivo español subvencione la difusión de esas patrañas y las televisiones que las amplifican y que arengan a la violencia en las calles y al acoso a los no separatistas, los coletazos seguirán, porque seguirá habiendo una fracción sustancial de la sociedad catalana que ha sufrido la intoxicación y la radicalización, y que las ha asimilado y hecho suyas.

Es importante que la fregona esté en el cubo; pero más importante es que no haya más fregonas subvencionadas por nosotros.

Gabriel Tortella, economista e historiador, es autor, entre otros libros, de Cataluña en España. Historia y mito (coautores J. L. García Ruiz, C. E. Núñez y G. Quiroga), Ed. Gadir y Fundación Alfonso Martín Escudero.

El último fraude
Josep Maria Cortés cronicaglobal 28 Marzo 2018

No hay más tonto que el que no quiere aprender. Hoy es día de plenario en el Parlament y esta misma mañana los indepes tienen previsto estampar su último fraude: dos propuestas de resolución destinadas a que Puigdemont, Sànchez o Turull puedan ser investidos presidentes. ¡Cabezudos!. A los tres les ha negado este derecho el Tribunal Constitucional porque no pueden estar presentes al estar encarcelados. Pero ellos argumentan así: el Comité de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, ha puesto en duda la calidad democrática de España y este comité, como órgano consultivo internacional, tiene más rango que el Tribunal Constitucional español.

Así lo resuelven: si se produce una colusión de derechos, prima el internacional. Es el avieso argumento diseñado hace años por Carles Viver i Pi-Sunyer, el constitucionalista que ha tejido una tela de araña para que los indepes avancen por la vía de la legalidad paralela. Pero olvidan una cosa: el Comité de Derechos Humanos no tiene brazo ejecutor (no tiene jueces ni policías); el Constitucional sí los tiene porque traslada sus dictámenes al Supremo y allí te esperan Pablo Llarena y las pesquisas de la Guardia Civil, un cuerpo de listos muy listos que no tiene nada que ver con los naranjos y tricornios de la España profunda del pan negro, mal que les pese a los estetas de hoy, como Quim Torra, Elisenda Paluzie, Eduard Pujol, Elsa Artadi o al mismo Torrent, los ideólogos duros del momento, exjóvenes desprovistos de frenesí. Todos ellos dispuestos a ser el político capaz de viajar a los meandros de la conciencia para explicarnos el milagro de su aparición. Gentes sin trayectoria política, pero capaces de fingir tan completamente como aquel creador que finge el objeto que está plasmando. Ellos conocen el pecado original que los engendró aquel 6 de setiembre en el que secuestraron el Parlament para poner en marcha las dos leyes (de Referéndum y Transitoriedad) producto de la factoría Viver i Pi-Sunyer. Perseguidos por su propio arrepentimiento, se esconden detrás de la desmemoria, como en el adagio de Cicerón: “Recuerdo incluso lo que no quiero, porque olvidar no puedo lo que quiero”.

Los héroes de Puigdemont respetan el principio de que, para alcanzar un consenso, cuantos más seamos mejor pero, para articular una coalición, cuantos menos mejor. Sectarios como son, hijos de un éxito coyuntural (la victoria de JxCat del 21D, con menos votos que Cs), no son capaces de tender puentes hacia algo que no sean ellos mismos. Y se alejan a diario de formar un gobierno viable con el resto del bloque soberanista que solo les pide viabilidad. Sus deseos se encienden como la antorcha, pero les falta imaginación para mantenerla viva. Mantienen el estilo compartido de renegar de sus principios tan pronto como ven el mazo. Así le ocurrió a Viver, presidente del Consejo de la Transición y Comisionado para la Transición Nacional: sacó su carné de exmiembro del TC por Convergència y aseguró ante el juez instructor del número 13 de Barcelona, Juan Antonio Ramírez Sunyer, que él no era el arquitecto jurídico de la independencia. El fin de semana pasado apostaron por un president, Turull, que debía ser encarcelado al día siguiente y que si no era encarcelado habría llegado a la misma sala del Palacio Real donde Felipe VI no lo ratificaría objetivando a los ojos del mundo que el Estado español está en descomposición. Después, con Turull dentro y la detención de Puigdemont en Alemania, las cosas se torcieron.

Hasta llegar al pleno de hoy, en el que el independentismo se abrirá en canal para mostrar su enfermiza tricefalia: Puigdemont-Sànchez-Turull. La mayoría representada por Torrent --ha dejado de ser el presidente de todos-- apoyará su análisis en la palanca del derecho internacional, la misma que le sirvió de pretexto a Médicos sin Fronteras en Biafra o en Líbano, Irak o Siria y otras partes para circular por países en guerra si apenas visados, pero protegidos por el derecho a la injerencia cuando se trata de defender a indefensos. El pretexto moral humanitario en los hospitales de campaña, donde médicos, enfermeras y cooperantes entregan su vida a los excluidos, no valdrá para un pequeño pelotón de burócratas catalanes huidos para evitar la acción de la justicia, por discutible que esta sea. Cicerón ennobleció la justicia en la República y las leyes y uno de sus corifeos involuntarios se atrevió a remedarle en la ficción, como aquel Hércules Poirot de Asesinato en el Orient Exprés, donde el detective habla de la justicia rota en mil pedazos que “debemos recoger y juntar para volver a situarla en lo más alto”. Sin este imperativo categórico es casi imposible seguir.

Desde el momento de la DUI, Cataluña vive bajo la cobertura de los jueces, que han desplazado a los políticos. Estos últimos jugaron a ser cartógrafos artificiosos, artistas capaces de colocar a todo un país debajo de su estandarte sin darse cuenta de que la envoltura no coincidía con los accidentes geográficos. Ahora les salen picos, cimas, cenotes y ensenadas por las costuras, y llegará un día en que la explosión mestiza será tan rotunda que los nuevos solo sabrán que han sido envejecidos gracias a la gramática de la convivencia sin excesos. En palabras sobrias y exactas, acaba de decirlo la elegante señora Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional: Europa no podrá mantener su nivel de crecimiento y atender su bienestar si no acepta “una migración de millones y millones de ciudadanos de otros continentes”.

No podremos explicar el efecto devastador (renovador) de la nueva ola migratoria del mismo modo que todavía no imaginamos los efectos del blockchain, la tecnología utilizada en las criptomonedas, cuando se aplique para identificar a conjuntos de población. Es tan difícil evitar un gran hermano tecnológico (el caso Facebook lo demuestra) como lo fue en el XIX escapar del Estado nación. Sea como sea, migración y digitalización muestran un camino que habla más de la nube que de las fronteras, tan queridas por populistas como Mas, Puigdemont, Trump, Le Pen y Orbán, entre otros. El derecho internacional, al que apela hoy el último fraude del soberanismo, es papel mojado. Solo valdrá el día que se cocine planetario y en tiempo real; y para entonces, la retórica del jurisconsulto nacional, Viver i Pi-Sunyer será un mausoleo de latinajos. ¿Quieren decirme de qué habrá servido entonces la DUI?

Nunca más dormiréis tranquilos
Miquel Giménez. vozpopuli  28 Marzo 2018

Así reza una pintada que han hecho los separatistas en el local del PSC de Vilanova. Es más que una amenaza, es una promesa. Cortes de autopistas, de carreteras, bloqueo de la Estación de Sants, coacciones a hoteleros, a comerciantes, todo demuestra el conflicto que se vive en Cataluña. Lo último es la unión de los nazis del Moviment Identari Catalá con los Comités de Defensa de la República.

El nuevo pacto Molotov Ribbentrop
En la Autovía A-2 al paso por la localidad de Soses se ha producido una escena que hubiese hecho las delicias de Hitler y Stalin. Miembros del movimiento ultra radical nazi MIC cortaban el tráfico en franca camaradería con sus colegas de los Comités en Defensa de la República. Fascistas unos, comunistas los otros, racistas los dos. No es que la política haga extraños compañeros de cama, es que son lo mismo, disfrazados convenientemente para hacer creer al vulgo qué existe una variedad de opciones para elegir. El viejo truco del sistema. Tú piensas que hay posiciones distintas, incluso abiertamente opuestas, pero lo cierto es que representan los mismos intereses.

Eran unas doscientas personas que no se han dejado en el tintero ningún epígrafe de lo que dice el buen manual de la guerrilla urbana para estos casos. Han incendiado neumáticos, han puesto vallas, han imposibilitado el tránsito, bloqueando así a lo vehículos que venían desde Aragón a Cataluña y no han sido desalojados por los Mossos hasta poco después de las seis de la tarde. Las directrices recibidas por los grupos de saboteadores son claras en este sentido. Hay que boicotear al turismo de Semana Santa, incomodarlo, crearle la imagen de que el pueblo catalán está en lucha, para que así se vayan a sus casas o, directamente, no vengan.

En la Cerdaña hay previstas de cara a estas fiestas no menos de ocho acciones de boicot por parte de los CDR, incluyendo el cierre de la frontera. Este martes se han producido, aparte del incidente de Soses, cortes en la N-340 a su paso por Alcanar, en la AP-7 por Figueres, impidiendo la circulación en ambos sentidos durante más de seis horas, en la Estación de tren de Sants, donde para el AVE, se ha bloqueado las puertas, se ha impedido la circulación en las céntricas Avenida Diagonal y Avenida Meridiana de Barcelona, vías estratégicas para entrar y salir la Ciudad Condal, en fin, muchos y bien organizados actos de sabotaje que no pueden ser vistos bajo ningún concepto como “incidentes aislados” tal y como los democráticos y sonrientes dirigentes separatistas dicen o algunos pánfilos buenistas pretenden.

No es en modo alguno casual que todo esto pase, porque circulan por los grupos de WhatsApp separatistas instrucciones muy concretas acerca de lo que deben hacer los afiliados a estos grupúsculos. Desde la llamada “Coordinación de los CDR” se les insta a hostigar al turismo en todas las formas posibles. “Venid a nuestras sedes y aconsejaos con nuestros expertos legales para no tener problemas con la justicia o la policía”, sugieren, de la misma manera que proponen el acoso a las personalidades políticas más notorias mediante escraches o seguimientos hasta sus domicilios, así como tomar buena nota de los vecinos que tengan una bandera española colgada de su balcón o conminar a quienes hablen en castellano hacerlo en catalán. Circula por la red el vídeo de un jovenzuelo increpando a un mosso, al que señala acusadoramente diciendo que no habla catalán. Ese es el nivel, señores.

La cosa, por descontado, no quieren que se quede en cortar vías de comunicación, hacer de aprendices de Gestapo u organizar motines. Esto es una insurrección en toda la regla.

Las fake news
Para que este clima de confrontación civil tenga el adecuado apoyo entre la población separatista, es preciso mantenerla bajo la ilusión de que todo obedece a un plan maestro urdido por los dirigentes del proceso. Siguen al pie de la letra la propaganda orquestada por Goebbels cuando, estando los rusos a pocos cientos de metros del Búnker de Hitler, repetía por radio que el ejército del general Wenck estaba a puno de llegar y las Wunderwaffe, las armas milagrosas, creadas por el Fhürer iban a diezmar a sus enemigos. Hubo gente que, creyéndolo, salió a enfrentarse con un mísero Panzerfaust a los poderosos blindados T-24 soviéticos. Niños, mujeres, jóvenes, ancianos, todos perecieron por culpa del delirio de unos fanáticos que se empecinaron en no dar su brazo a torcer incluso cuando sabían que todo estaba fatalmente perdido para ellos.

En ese sentido, las fake news que se están haciendo circular son no menos asombrosas que aquellas armas de las que cacareaba el enano tullido del ministro de propaganda nazi. La primera es decir que si Puigdemont se ha dejado detener – como si lo hubiera buscado él solito – es para internacionalizar más el proceso, y que la cosa no prosperará porque, ahora sí, La ONU y toda Europa reconocerá la bondad de su causa, la de la independencia. La segunda es asegurar que entre los Mossos se han infiltrado agentes secretos pertenecientes a la Benemérita, a la Policía Nacional o al CNI, que tienen como única misión provocar disturbios y reprimir duramente a los pacíficos manifestantes. En el mismo sentido, aseguran que muchos de los enmascarados que han quemado containers buscando enfrentamientos - ¿en qué quedamos, hubo violencia el domingo o no la hubo? – son agentes provocadores al servicio de los cuerpos de seguridad españoles. Un ex director de TV3 y comentarista en una infumable tertulia diaria emitida por esa sectaria emisora dejaba caer que, claro, como los Mossos ahora no estaban a las órdenes de la Generalitat sino a la del Estado, podía esperarse cualquier cosa. Miquel Puig, se llama el señor.

La más risible, si no fuese porque estamos como estamos, es la fake new que diferentes tuiteros van esparciendo por ahí al estilo de aquel taxista marroquí cuando los atentados yihadistas de Barcelona. La de ahora dice que tienen un abuelo que está muy mal y que pregunta cada día por Puigdemont; para no darle un disgusto fatal, le dicen que todo va bien, que ha vuelto, que se han anulado todos los cargos, para acabar con un repugnante y lagrimoso lloriqueo acerca del abuelo y lo mal que se sienten engañándolo.

Han superado la técnica del ascensor, la que empleó Convergencia para desacreditar al por entonces alcalde de Barcelona Pasqual Maragall. Se trataba de situar a diferentes personas de su máxima confianza, convenientemente aleccionadas, en lugares muy concurridos, como unos grandes almacenes, para que conversasen en un ascensor de manera audible acerca de que el alcalde era un borracho. Se tenía que dar aspecto de verosimilitud con referencias tales como “lo he visto personalmente caerse ebrio en medio de la calle”, “me lo ha dicho un concejal socialista amigo mío”, “conozco al médico que lo está tratando de desintoxicar” y cosas similares. Para esta gente todo vale y la verdad no será quien les vaya a estropear su programa político de separación de España. No lo fue entonces y mucho menos lo es ahora.

Pero lo formidable es la flamante y pública cooperación de ultras racistas con ultras en teoría de extrema izquierda. ¿No se han enfrentado los fascistas contra los antifascistas? ¿No quedamos en que la república catalana tiene como primer objetivo la erradicación del fascismo? Ahora empieza a evidenciarse lo que algunos llevamos diciendo hace tiempo, a saber, que es la extrema derecha europea la que está detrás de Puigdemont a través de los nazis belgas, daneses, finlandeses, alemanes, austríacos. El supremacismo de los MIC no desmerece en modo alguno al de los CDR en lo que se refiere a España, ni ambos a lo que han dicho y escrito personajes como Jordi Pujol al referirse al hombre andaluz o Heribert Barrera con respecto a España.

Amenazan con que no dormiremos nunca más tranquilos, amenazan con que el juez Llarena y su familia no podrán volver a salir por la calle. Amenazan y amenazan. ¿Hasta cuándo, señor presidente del gobierno?

Al separatismo sólo le queda el berrinche
Cristian Campos elespanol 28 Marzo 2018

El domingo por la tarde en Barcelona, en la esquina de la calle Mallorca con Pau Claris, a apenas cien metros de la Delegación del Gobierno, no había más de quinientas personas recibiendo porrazos de los Mossos d'Esquadra. Mil a lo sumo. Se lo digo yo que estaba allí. Los planos cortos de TV3 y La Sexta impedían ver la magnitud del fracaso de convocatoria de los Comités de Defensa de la República -es decir de la CUP- pero con el material humano que había allí no se consigue la independencia ni de media baldosa del Paseo de Gracia. Pueden creerme.

Apenas unas cuantas docenas de esas personas, okupas sin lugar donde caerse muertos, tuiteros de segunda y karatecas truchos en su mayor parte, tenían redaños para colocarse en primera fila. Ni uno solo de ellos avanzó medio palmo durante las tres horas que ejerció de saco de golpes de los policías que le impedían el paso. Yo veía caer los porrazos desde una cómoda y periodística distancia, como si fueran la aguja de un metrónomo del sopapo educativo, y cuando me cansé de ver a los mossos abollar sus defensas en los lomos de la concurrencia, bostecé y me fui a casa a redactar la crónica de la jornada para EL ESPAÑOL.

En la otra manifestación de la tarde, la que se plantó muy inteligentemente frente al consulado alemán para insultar a Angela Merkel y la UE, no había más de diez mil personas. Pongamos veinte mil por aquello de que en las concentraciones independentistas la Guardia Urbana de Colau cuenta como manifestantes hasta los lazos amarillos. Hace apenas unas semanas, cualquier convocatoria de la ANC o de Òmnium reunía fácilmente a quinientas mil personas. El domingo, el día de la detención de Puigdemont, apenas lograron reunir a unos pocos miles.

Al día siguiente, los medios separatistas, con TV3 a la cabeza, pasaron de puntillas por los destrozos provocados de madrugada por un centenar de motivados y hablaron de "protestas masivas". En la televisión pública catalana, otro motivado sostenía la teoría de que Alemania había detenido a Puigdemont para obligar a España a negociar con los golpistas. La motivada alfa oficial de la cadena se preguntaba por su parte, y con total seriedad, por la posibilidad de que el fugitivo se hubiera dejado atrapar como parte de un indescifrable plan maestro. Sólo unas horas antes había tuiteado: "Puigdemont burla la euroorden. Es el puto amo".

Los separatistas acumulan ya tres o cuatro docenas de jornadas históricas y eso no hay cuerpo que lo aguante. Se ha escrito mucho acerca de la mentalidad de secta del nacionalismo, de sus chocantes disociaciones cognitivas y de su impermeabilidad a la razón. Pero hasta un independentista de los que piden el fin de la opresión españolista desde su butaca del Liceo o de los que se plantan frente a un mosso para que este le haga crecer la barba a palos necesita alguna vez una victoria que echarse al coleto. Una que no haya sido fantaseada por su enfebrecida imaginación. Aun es la hora de que les llegue la primera.

Habrá más jornadas absurdas como esta. A día de hoy, el desconcierto es total entre las filas del separatismo y su plan más osado no pasa del berrinche y la pataleta en dosis casi homeopáticas. El de hoy será otro pleno simbólico cargado de intensidad y desgarro teatral, tras el cual todo seguirá exactamente igual que ayer. Lo peor que podrían hacer los españoles o el Gobierno es creerse estas escenificaciones. No hay más verdad en ellas que en las caídas en el área de Luis Suárez.

Riesgo de 'kale borroka' en Cataluña
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 28 Marzo 2018

Aquella "revolución de las sonrisas" de la que presumían los promotores del procés, mientras se hacían selfies destruyendo los autos del Constitucional, está mostrando su verdadero rostro. Desde que el pasado viernes el juez Pablo Llarena decretó prisión provisional para Turull, Rull, Romeva, Bassa y Forcadell, las coacciones a jueces y políticos constitucionalistas, y los actos vandálicos contra sedes de Cs, PP y PSC, se han multiplicado en Cataluña.

La mayoría de estas acciones intimidatorias se producen en las redes sociales, pero la escalada de tensión ha pasado a mayores desde la detención de Puigdemont en Alemania. El domicilio familiar del magistrado del Supremo ha sido objeto de pintadas amenazantes contra él y su familia, por lo que la Fiscalía ya ha abierto una investigación. El clima hostil ha aumentado tanto que Interior ha ordenado reforzar la seguridad de personas e inmuebles susceptibles de estar en la diana de los violentos, y extremará la vigilancia de grupos radicales.

Un manual de 'kale borroka'
En el marco de estas actuaciones preventivas, los cuerpos de seguridad han detectado la difusión de un manual de guerrilla urbana, titulado Black block, en el que a lo largo de 72 páginas se imparten instrucciones precisas para fabricar cócteles molotov, montar barricadas, prender contenedores, camuflarse y repeler cargas policiales. También se enseña a identificar a los agentes, así como las estructuras y el funcionamiento básico de los operativos antidisturbios habituales.

Los cuerpos de seguridad hacen lo correcto al prepararse ante el creciente riesgo de agresiones porque hay demasiados indicios que apuntan en esa dirección. Lo insólito es que los mismos líderes independentistas que dicen tener a Mandela, Gandhi y Luther King como referentes no sólo no hacen nada por calmar los ánimos y no denuncian unos ataques que les permiten mantener viva la llama del procés.

Torrent, agitador
Al margen de quienes, desde las terminales mediáticas del secesionismo y en claro lenguaje batasuno, llaman a “aprovechar la oportunidad” y aumentar la tensión para “forzar una negociación” con el Estado, la responsabilidad de Roger Torrent en esta escalada resulta cada vez más evidente. El presidente del Parlament es ahora la primera autoridad de Cataluña -al margen del Gobierno central por vía del 155- pero en lugar de actuar como tal, se comporta como un activista sectario y exaltado. Por un lado llama a la calma, pero por otro agita la animosidad contra jueces y fiscales y alienta la idea de que los catalanes tienen que luchar contra un Estado represor. En este sentido, asume el papel movilizador que antes tuvieron Jordi Sánchez y Jordi Cuixart.

Torrent sabe perfectamente que promover un pleno para seguir postulando la candidatura de aspirantes inelegibles, como son Puigdemont, Turull o Sánchez, es un fraude que ni servirá para desatascar la situación, ni para desactivar el 155. Otra cosa es que quiera utilizar el Parlament como caja de resonancia para una agitación que puede traducirse en la calle en graves altercados.

Rajoy, como siempre, ausente
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 28 Marzo 2018

Cuando el pasado jueves Mariano Rajoy decidió anular un viaje oficial a Angola -donde tenía previsto entrevistarse con el presidente Joâo Lourenço- para seguir desde Moncloa el fallido pleno de investidura de Jordi Turull, todo el mundo entendió que ese cambio de última hora en su agenda oficial estaba plenamente justificado. Lo que no se comprende de ningún modo es que, tal y como está evolucionando la crisis catalana desde el ingreso en prisión de los ex consellers y la detención de Puigdemont en Alemania, el presidente se vaya de vacaciones de Semana Santa sin haber tomado alguna iniciativa que permita confiar en que el Gobierno controla la situación.

Cataluña está a punto de ebullición con numerosos flancos abiertos. El bloque independentista se cohesiona a marchas forzadas mientras trata de comprometer a los comunes de Ada Colau y Pablo Iglesias en el pleno de este miércoles en defensa de los “derechos políticos de los presos”.

Cada vez más tensión
La CUP borrokiza la calle; las amenazas y el acoso a políticos, jueces y fiscales va en aumento; los Mossos d’Esquadra se fracturan con facciones reacias a intervenir contra los Comités en Defensa de la República; las federaciones catalanas de UGT y CC.OO. hacen frente común con Òmium y ANC para apoyar a los encarcelados...

Por si esto fuera poco, cabeceras como The Times o Der Spiegel dan pábulo a la propaganda nacionalista de que España es un Estado opresor y centralista y la izquierda y los verdes alemanes se postulan a favor de la concesión de asilo político a Puigdemont porque creen que en nuestro país no tendrá un juicio justo.

La batalla de la opinión pública
Con este panorama, lo menos que cabría exigir al presidente del Gobierno es que estuviera al pie del cañón, que reforzara la aplicación del 155, que trabajara para reforzar la unidad de respuesta de los partidos constitucionalistas y que pusiera en marcha una contraofensiva diplomática para no perder la batalla de la opinión pública en el exterior.

Hasta ahora Rajoy se ha limitado a no hacer nada mientras los magistrados le resolvían la papeleta y su vicepresidenta tropezaba una y otra vez en la piedra de ERC. Su falta de liderazgo durante todo el desarrollo de la crisis catalana sólo ha contribuido a aumentar la sensación de zozobra. No es de recibo que, con España en vilo, siga como siempre ausente y se dedique a practicar senderismo en el campo gallego.

Lo de Cataluña apesta
Amando de Miguel Libertad Digital 28 Marzo 2018

Hace ya bastantes meses, años quizá, que lo de Cataluña empezó a aburrir a los españoles, incluidos los catalanes sensatos, que son la mayoría. Hemos tenido que soportar que, día tras día y año tras año, los sucesos de Cataluña abran cansinamente las noticias políticas de España.

Pero desde hace unas semanas lo de Cataluña, el famoso "prusés", empieza a estragar a los españoles; a algunos nos apesta. Me refiero primeramente a la asombrosa incapacidad de sus clases directivas para formar Gobierno y ordenar mínimamente la vida pública. Mientras tanto, los tales siguen cobrando. Se trata de una minoría incompetente con una trayectoria de robo sistemático en gran escala y de sedición en pequeño comité. Pasará a los manuales de ciencia política como una forma perfecta de cleptocracia. Fue la gran creación de Pujol. A través del tiempo, ha significado una selección al revés: la supervivencia de los más zotes. Su único mérito es lo bien que practican el "fulanismo", que dijera Unamuno de los políticos de su tiempo. Se trata de una forma muy simpática de solidaridad. Es la que distingue en todas partes a los delincuentes.

Por si fuera poco, últimamente, en la colla que manipula el poder en Cataluña, sobresale la pintoresca presencia de unos cuantos forajidos. Es decir, de acuerdo con el diccionario, los malhechores que escapan a la Justicia. (Por cierto, no sé por qué no se les llama lo que son: forajidos). Sueñan con una hipotética República de la nada, naturalmente subvencionada por el Estado español como compensación de siglos de explotación. Acabarán formando una especie de Gobierno en la sombra, instalado en algún cantón suizo o en la Antártida. Su primera ambición será conseguir que se dicte una generosa ley de amnistía para delitos políticos y económicos. Todo se andará. Los nacionalistas de todos los meridianos son verdaderos artífices en el arte de pedir. Hasta ahora esa capacidad la ha desplegado muy bien el catalanismo de todos los tiempos.

El estupefaciente espectáculo del "prusés" independentista recuerda más a los cobardes burgueses de La kermés heroica, y mucho menos a los altivos ciudadanos de Calais, inmortalizados por Rodin. De ellos se avergonzarían los caudillos del catalanismo político y cultural de hace un siglo. Estos de ahora, sus tataranietos bien instalados, manifiestan una profunda degeneración de la raza. Constituyen un tipo humano gallináceo, bragazas y mandinga. No me imagino yo que sean capaces de escribir libros, ni siquiera artículos, como hicieron sus antecesores. La única variación, por si fuera poca desgracia, es que ahora hay también catalanistas (ellos y ellas; esa es la novedad) aposentados en la oligarquía de la izquierda radical y revolucionaria. No se sabe bien de dónde han podido salir tales resentidos, rastacueros y tuercebotas. Pero influyen un montón.

Lo grave es que la sociedad catalana como tal ha ido perdiendo peso en el conjunto español. Ya no opera la selección natural que significó en su día el movimiento de una masiva emigración hacia Barcelona y sus comarcas industriales. Al contrario, son muchos los profesionales y empresarios que abandonan silenciosamente las otrora florecientes tierras catalanas para instalarse en Madrid o donde sea. Ese movimiento demográfico es el verdadero plebiscito silencioso de la República Catalana. Como es lógico, de avanzar todavía más, supondrá un constante refuerzo para el independentismo. En ello estamos.

La “cuestión catalana” refleja la putrefacción del sistema
Pío Moa gaceta.es 28 Marzo 2018

Los separatismos quedaron superados con el régimen de Franco, y este fue uno de sus mayores méritos. De aquellos solo quedaron algunos viejos nostálgicos y algunos intrigantes que disimulaban, como Pujol. En Vascongadas, los etarras se lamentaban de que nadie les hiciera caso, lo que les servía de argumento para justificar los asesinatos, una forma de llamar la atención. En la transición, separatistas e izquierdistas se unieron para imponer la ruptura, pero la inmensa mayoría, en todas las regiones, prefirió la evolución “de la ley a la ley”, desde la ley franquista y no contra el franquismo.

A continuación, unos políticos salidos del franquismo, pero frívolos e ignorantes del pasado así como de la significación histórica del régimen del que procedían, se propusieron impulsar los separatismos como muestra de “democracia”. Concedieron estatutos de autonomía exagerados, regalándoles nada menos que la enseñanza, entre otras muchas cosas. Desde entonces fueron los gobiernos, de UCD, PSOE o PP, los que más han hecho por estimular los separatismos, financiándolos, permitiendo medidas anticonstitucionales como la inmersión lingüística, e imitándola incluso en regiones donde no había ese problema. Se dice que ello se debe a un sistema electoral también deficiente y poco democrático, pero la verdadera causa está en la ausencia de sentido del estado y de la historia por parte de esos partidos y sus políticos.

Con Zapatero, el problema entró en una vía sin retroceso: nuevos estatutos solo queridos por los políticos corruptos del PSOE (la corrupción es quizá la seña de identidad más definitorias de ese partido). Estatutos muy aprovechados, claro está, por los separatistas abiertos. Con ellos se eliminaba prácticamente la presencia del estado en varias regiones. Y se acompañaban de una ley totalitaria de falsificación del pasado y exaltación de la cheka (“memoria histórica”), de leyes antijurídicas y antidemocráticas LGTBI, y del rescate de la ETA. Estas medidas han arruinado el estado de derecho, y con él la democracia.

Debe añadirse otro punto, muy característico de la clase, casta o chusma política actual: el amparo y sustento a la colonia de Gibraltar, invasión y violación permanente de España por una potencia que, solo por eso, no puede ser amiga de España. Aunque nuestros miserables politicastros se sientan amigos-lacayos de los invasores. y en beneficio de ellos utilicen nuestras fuerzas armadas en operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en idioma ajeno. La política actual trata de apartar estos hechos de la conciencia de los españoles, pero todo va en la misma dirección. Fue el PSOE el que abrió la verja, destruyendo la ventaja diplomática española y convirtiendo la ruina para los ocupantes en ruina para todo el entorno de Gibraltar. Todo ello continuado y agravado por los gobiernos del PP.

Por estas razones, el golpe separatista en Cataluña ha puesto de relieve a los ojos de quien no quiera cerrarlos, la situación general de putrefacción del sistema salido de la transición distorsionando primero y traicionando después la decisión popular de 1976: democracia a partir del franquismo, no contra él. Y por esto es preciso una alternativa global, regeneradora, que no se limite a la cuestión catalana. El problema fundamental no está en los separatistas, sino en la clase, casta o chusma política que desde Zapatero ha vuelto irreversible la multicrisis política: o España y la democracia se libran de esa gente o esa gente acabará con España y la democracia.

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Para hablar de lo que los partidos y políticos prefieren ocultar, haremos un seminario bajo el título “Gibraltar, cuestión acuciante”, con cuatro sesiones en el mes de abril. Se trata de iniciar un movimiento de concienciación de la opinión pública sobre este muy grave problema.

Día 6: José María Carrascal tratará la victoria diplomática de España sobre Inglaterra en la ONU;
Día 13: Guillermo Rocafort hablará de la reapertura de la verja por el PSOE, que anuló la victoria diplomática de España y convirtió la ruina para Inglaterra en ruina para el entorno español;
Día 20: El general Salvador Fontenla, expondrá la evolución del problema hasta la guerra civil;
Día 27, trataré la situación actual y sus opciones.
Serán los viernes del mes de abril, a las 7,30 horas, en el Centro Riojano de Madrid, C. Serrano 25.
Inscripción, a pagar en la entrada: 5 euros.
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Comisión de la verdad sobre el PSOE: después de esto, no creo que a nadie le queden muchas dudas sobre quién y cómo organizó la guerra civil https://www.youtube.com/watch?v=-n9Qqg4Uilw

¿Tiene solución el problema de Cataluña?
Mikel Buesa Libertad Digital 28 Marzo 2018

La situación política de Cataluña se mantiene en un permanente deterioro desde que, en las postrimerías de 2012, los partidos nacionalistas decidieron emprender el camino hacia la secesión sin tener en cuenta la estrechez con la que el ordenamiento jurídico español contempla esa y cualquier otra posibilidad política que conlleve un cambio constitucional. Su opción necesariamente habría de transformarse en un itinerario hacia la rebelión, como se ha evidenciado en los acontecimientos que rodearon el referéndum de independencia, primero, y su corolario declarándola, después. Tal apuesta podría haber resultado exitosa, toda vez que, en el largo recorrido transitado desde aquel año hasta 2017, el gobierno dio muestras de una extraordinaria debilidad al renunciar a abortarlo en sus primeros pasos, tal vez porque, en su ceguera, no creía que los nacionalistas pudieran llegar a la estación de destino. Que el gobierno se equivocó es evidente: el problema nacionalista no era un asunto que pudiera solucionarse con los abogados del Estado y ahí sigue a pesar del procesamiento de quienes lideraron la independencia, pues los han tomado el relevo siguen empecinados en plantear una situación de hecho que les separe de España.

Que los nacionalistas no pueden hablar en nombre de Cataluña es evidente, toda vez que, como muestran con reiteración los estudios sociológicos, algo menos de la mitad de la población adulta de la región les respalda. Pero lo mismo ocurre con los que, no sin eufemismo, solemos denominar constitucionalistas. Éstos también se ven apoyados por un poco menos de la mitad de los catalanes. La evidencia es simple: la sociedad está dividida casi por mitades, con concepciones políticas antagónicas que no es posible conciliar. Y sobre esta partición se superpone una fragmentación ideológica, dentro del eje izquierda-derecha, extraordinariamente amplia, hasta el punto de que, como también han evidenciado los acontecimientos de los últimos meses, resulta de momento inviable la articulación de un proyecto político de gobierno. Los nacionalistas se han mostrado incapaces de ello y los constitucionalistas ni siquiera lo han intentado.

Con estos mimbres, reconstruir la gobernación de Cataluña es una tarea casi imposible. Más aún, si no se buscan vías a través de las cuales pudiera encontrarse un marco de convivencia aceptable para todas las partes. Es evidente que, mientras exista un Estado en el conjunto de España, ese marco pasa necesariamente por el respeto a los principios constitucionales y su plasmación jurídica. En consecuencia, son los nacionalistas, toda vez que su intento de secesión ha sido frustrado, quienes deben hacer el mayor esfuerzo para volver al redil constitucional. Ya ocurrió en el caso vasco después de que Ibarretxe fracasara. Y por cierto, ello permitió al PNV, tras el anodino paréntesis de Patxi López en la lehendakaritza, reconstruir las bases de su poder sin renunciar a su programa de máximos, aunque sí reformulándolo —como demuestra su reciente propuesta de reforma estatutaria—. Sin embargo, en el caso catalán las cosas pueden ser más difíciles en tanto que los cuadros moderados del nacionalismo han sido cercenados y no se vislumbra, al menos de momento, qué grupo podría levantar de nuevo la señera de la antigua Corona de Aragón eliminando de su diseño la estrella que, en 1908, le añadió Vicenç Albert Ballester.

Pero que los nacionalistas lo tengan difícil no exime a los partidos que aceptan la Constitución, aunque sea a regañadientes, de adentrarse en una acción política que facilite el retorno a la normalidad autonómica, dentro de la que, como ha recordado varias veces el Tribunal Constitucional, puede plantearse un proyecto de independencia. Lo que no es de recibo es volver a pensar la manera de hacer la vista gorda ante las transgresiones mayores o menores que puedan hacer los gobiernos nacionalistas, como ocurrió en el pasado, para satisfacer su ego simbólico. Esa política —que se inspira en la famosa conllevanza orteguiana— se ha evidenciado como un rotundo fracaso tras el proceso secesionista. Ortega y Gasset se equivocó, sencillamente, porque no fue capaz de vislumbrar qué salida política podría tener el problema nacionalista dentro de la democracia. Y su prestigio intelectual no debe conducirnos a repetir los mismos errores como si la maldición de Sísifo fuera, en este asunto, inevitable.

Es precisamente en el marco democrático donde puede explorarse la solución a todo este embrollo, como demostró Stéphane Dion en el caso quebequés —que sin duda presenta notorias similitudes con el catalán, aunque también haya una gran distancia institucional entre ambos—. Dion dejó claro que los nacionalistas pueden ganar, pero también afirmó que ello no es motivo para tener que hablarles con suavidad. Y es precisamente esto último lo que ha de conducir a exigirles que sus acciones en pro de la independencia se ajusten estrictamente al principio democrático. Este principio remite necesariamente a una cuestión de procedimiento y, por tanto, lo que se requiere es establecer la manera a través de la cual puede constatarse fehacientemente que, después de un debate sereno, profundo y leal, existe una mayoría cualificada de la población —digamos que no menos de dos tercios— que quiere separarse del Estado asumiendo todas las consecuencias que para su bienestar económico y moral pueda llegar a tener una decisión de esta naturaleza.

He recordado aquí, en alguna ocasión, la propuesta que sobre todo esto formuló José María Ruiz Soroa, a cuyos conocimientos jurídicos me remito, en el libro La secesión de España. Retómense sus reflexiones y sugerencias antes de que la vorágine de los acontecimientos nos conduzca, de manera inevitable, a la violencia. Y no se piense que esto se arregla, sin más enjundia, repitiendo unas elecciones cuantas veces marque el reglamento.

El secesionismo no viaja ya a ninguna parte

Roberto L. Blanco VAldés la voz 28 Marzo 2018

La situación de los secesionistas catalanes va pareciéndose a paso de gigante a la de esos jugadores que no hacen otra cosa que perder y que, en su desesperación, intentan recuperarse subiendo la apuesta en cada mano… con lo que se hunden a gran velocidad.

Es posible, claro, que durante unos días, o incluso unas semanas, el secesionismo movilice a varias docenas de miles de personas en Cataluña y en el conjunto del país al grito de que España es un «Estado fascista y represor», donde no hay libertades y los discrepantes están en la cárcel o el exilio. Pero, dado que todo lo exagerado es insignificante -como ya dejó escrito hace más de dos siglos Talleyrand-, con un discurso situado a años luz de la realidad de la actual España democrática y plural, que cualquier observador objetivo puede desmentir, no solo los nacionalistas serán incapaces de sumar más apoyos a su causa, sino que incluso irán perdiendo, de entre los suyos, a los menos radicales.

Basta ver el bajísimo perfil del PNV en relación con el desafío secesionista catalán para captar hasta qué punto va mucha gente estando harta del fiasco formidable en que el llamado procés ha consistido. Y basta ver la reacción, cada vez menos pacífica y más minoritaria, al toque de rebato contra la respuesta judicial que ha dado a la rebelión nuestro Estado de derecho para darse cuenta de que la resistencia contra él está condenada a un fracaso tan seguro como estrepitoso.

La cosa, por tanto, no tiene duda: cuanto más tarde el secesionismo en tirar la toalla, pasar página y salirse del día de la marmota en el que lleva viviendo muchos meses, más complicado será abordar las dos tareas más urgentes que Cataluña tiene por delante: recuperar la normalidad política e institucional, lo que solo podrá hacerse dentro del marco autonómico cuyos límites vienen fijados en la Constitución; y comenzar la lenta y ardua tarea de recoser la sociedad que la rebelión ha destrozado, sembrando la peor cizaña que cabe imaginar: la de las identidades. Finiquitado el procés, es hora de abrir otro proceso: reconstruir la concordia donde se ha sembrado la discordia y reasentar el principio del imperio de la ley donde ha dominado el del abierto desafío a la legalidad. No será fácil, por supuesto, pero resultará tanto más difícil cuanto más se dilate en el tiempo el actual delirio.

Ponerle fin exige reconocer una evidencia: que los líderes secesionistas impulsores de la confrontación política y civil no podrán protagonizar la reconstrucción. Ahí reside el gran problema. Y también la razón que explica el círculo vicioso infernal en el que el secesionismo se ha metido. Abrir una nueva etapa en la vida catalana exige que quienes no estén implicados en causas judiciales y quieran seguir en política activa reconozcan su derrota y su propósito de la enmienda. Los que no quieran hacerlo o, por haber ido demasiado lejos, ya no puedan, sencillamente deberán volverse a casa.

Transversalidad
Javier Barraycoa gaceta.es  28 Marzo 2018

Hoy no prometo que esta tribuna sea de una claridad meridiana. Coincide -teóricamente- con otro pleno de investidura en el que se pretende resucitar a Puigdemont. Otro día tocará hablar de cómo la estrategia de unos pocos -la revolucionaria- se ha acabado imponiendo en las filas del separatismo incluso del conservador. Todo está acelerado y en modo surrealista para intentar reflexionar sobre la actualidad. Así que haré caso a mi ángel de la guarda y me dedicaré a una reflexión de mayor hondura y atemporal. Lamentablemente es una especulación sobre el nacionalismo, del que parezco condenado a estar unido de forma indisoluble.

Desde hace cuatro años no he parado de oír hablar de la necesidad de lograr la transversalidad para derrotar al nacionalismo. Lo malo de estar en el coso batiéndote el cobre casi día a día contra el nacionalismo, te impide esos momentos de reflexión decisivos que dedican los estrategas para diseñar las victorias antes de que se produzcan los combates. Cada vez estoy más convencido de que adolecemos de estrategas de calibre suficiente para derrotar al nacionalismo. Tenemos unos pocos y excelentes expertos en tácticas. Tenemos trincheras imbatibles y moral de vitoria (como se decía en el servicio militar). Pero … ¿Tenemos sobre un mapa diseñada la estrategia que ha de llevarnos a la victoria? O meramente el gobierno se ha dedicado a elaborar planes A, B, C, … para devolver las cosas a su estado inicial.

Como decía, -y fue craso error- muchos creíamos que crear movimientos transversales era la estrategia correcta e indiscutible frente al independentismo. A ellos -en teoría- les parecía funcionar. Aún recuerdo el besazo en la boca que le pegó el revolucionario Dani Fernández de la CUP al burgués Artur Mas, en pleno Parlament. ¡Eso era transversalidad morbosa en estado puro! Aprovechando que estos días se nos prometen agitados, he caído en la cuenta de la famosa tesis Thomas Kuhn, expresada en su obra La estructura de las revoluciones científicas. Su lectura, siendo más joven, me descubrió una nueva forma de pensar la realidad. Kuhn constataba que muchos paradigmas inamovibles para la ciencia, de la noche a la mañana perdían su legitimidad y credibilidad, cayendo como juguetes obsoletos. Así, teorías que estuvieron de moda y nadie dudaba de ellas, ahora están en el baúl de los recuerdos de la ciencia. Incluso muchas provocan risas cuando las lees.

Ello, no sé por qué, me ha llevado a plantearme la siguiente reflexión. ¿Nuestro paradigma “científico-político” de la transversalidad es una verdad inmutable? ¿Caerá como cayeron tantos paradigmas científicos que se creyeron inamovibles? Y lo peor, me ha dado por pensar, si alguien ha pensado en qué significa la transversalidad. Y me han entrado temblores primaverales. De hecho, dudo mucho que nadie haya pensado en serio en la transversalidad y eso que es la teórica estrategia que nos ha de llevar a la victoria. De forma preocupamnte, si uno piensa dos micro segundos, descubre que no puede existir una sola transversalidad, sino que como mínimo deben existir dos. Y aquí viene mi dificultad: ¿cómo expresar en escasas líneas algo que debería ser fundamental a tener en cuenta en nuestras decisiones tácticas y estratégicas? Lo malo es que cuando alguien plantea un cambio de paradigma en el pensamiento, suele acabar en las cárceles de la marginalidad o sufriendo la hilaridad por las espaldas. Pero ahí vamos. Intentaré explicarme.

Hasta ahora, en Cataluña, el asociacionismo ha invocado que los movimientos y asociaciones, plataformas y grupos han de ser transversales. Un cierto instinto político, me ha permitido descubrir que los que más hablan de transversalidad, actos unitarios y estrategias conjuntas, son las asociaciones más monolíticas y siempre -bajo mano- han intentado controlar a las otras asociaciones para imponerles “su” transversalidad. Pero eso es otra historia. El caso es que bajo nuestro corto paradigma visual actual, interpretamos la transversalidad como una imaginaria línea horizontal que va de la derecha a la izquierda o viceversa. Personalmente, creo que es una mera ilusión, pues esa línea no es paralela al suelo y se inclina hacia la izquierda siempre. Me explico. La transversalidad dichosa ha llevado a que muchas gentes y asociaciones hayan tenido que tragar carros y carretas, para tener contentas a las izquierdas en Cataluña. Se han vendido almas y comprado voluntades para que Iceta se dignara aparecer en público dos veces -dos veces, repito- en actos púbicos y teóricamente “unitarios” del asociacionismo. Un Iceta que se pasaría la transversalidad por el forro de la panceta, cuando desde ERC le tendieran la mano para recrear un tripartito.

El peso de la Izquierda en esta línea imaginaria de la transversalidad siempre ha sido mayor. Y no hacemos alusiones al peso específico-literal de Iceta. Nos referimos a que la vacuidad intelectual de la derecha es tal que pesa menos que el éter. Mejor dicho, es como el éter físico, que la teoría de la relatividad de encargó en demostrar que no existía. La llamada ideología de derechas es una réplica diluida y adaptada para celíacos políticos incapaces de pensar fuera de los parámetros ideológicos de la izquierda. O por resumir, es la expresión del acomplejamiento ante la izquierda. Por eso, la transversalidad frente al nacionalismo, siempre nos llevará a la estrategia pergeñada por la izquierda: un pacto, por no decir una indecorosa entrega. Eso sí, todos anestesiados con una droga llamada patriotismo constitucional y unos pequeños retoques estéticos en el articulado constitucional. Por suerte no soy ni de derechas, ni de izquierdas, ni mucho menos de centro, y eso me permite cierta libertad de espíritu.

El cambio de paradigma que propongo es empezar a hablar de la otra transversalidad: la vertical. La que va de lo inmanente a lo trascendente. No es difícil consensuar que los términos derecha e izquierda son planos. Peor aún, la ideología de izquierdas engloba a la de derechas que no es más que el pensamiento de izquierdas en dosis digeribles para buenas gentes sin ganas de complicarse intelectualmente la existencia. Pero la realidad ya no podemos enfocarla desde una perspectiva tan pobre y estéril. Hay trascendencia y hay inmanencia. La política, los movimientos sociales, la vida comunitaria en sí misma, debe aceptar como mínimo esta transversalidad que permite -al menos- la existencia de una vida social no encerrada en sí misma. La trascendencia, con otras palabras en la condición para que no se divinice la nación y se nos arroje al nacionalismo

Más aún ¿Acaso se construye una casa dejando horizontalmente en el suelo las vigas, unas orientadas a la derecha y otras a la izquierda? Los edificios, por definición, necesitan elevarse para ganar los espacios vitales. La transversalidad vertical de la trascendencia que proponemos, se refleja en las columnas que aúpan los grandiosos edificios. Acepto que no todos los que luchan por la unidad España puedan tener siquiera esa noción de trascendencia de esta lucha, pero igualmente son necesarios si este rebate se ha de ganar.

La única reflexión que puedo ofrecerles desde el fondo de mi corazón, es que, si una cierta trascendencia no ilumina nuestra praxis y lucha política, entonces más que una entrega patriótica, estaremos reaccionando frente al nacionalismo con otro nacionalismo. Y al nacionalismo no se le vence con sus armas. Sería tan absurdo como querer apagar el fuego con fuego o gasolina. Pero cada vez tengo más claro que si no cambiamos el paradigma de esta lucha, todo será estéril y lo que hoy parece un nacionalismo desquiciado y casi derrotado, brotará con más fuerza si cabe a no tardar.

La exasperante Cataluña. Amotinados independentistas cortan el tráfico
Grupos de revolucionarios antisistema provocan el caos circulatorio
Miguel Massanet SX 28 Marzo 2018

En este eterno serial catalán parece que no va a producirse tregua alguna que permita, a los ciudadanos que residen en esta autonomía, a la que algunos pretenden transformar en el reino de los disparates y de los descerebrados. Resulta evidente que, si el Estado no decide tomarse en serio su función de gobernar la nación, poniendo los medios adecuados para cortar de raíz la escalada que se viene produciendo en aquello que se ha pretendido vender como “una petición democrática y pacífica de ruptura del Estado español que permitiera la separación de él de la comunidad catalana” como si esa facultad estuviera en manos de ningún gobierno ni fuera práctica usual en ningún país democrático, regido por una constitución y dirigido por autoridades respetuosas con los cuatro poderes independientes existentes un Estado de derecho; se corre el peligro de que llegue un momento en el que, las masas incontroladas, lleguen a un punto en el que ni los propios activistas o agitadores que las incitan a revolucionarse son capaces de dominarlas y evitar que se dediquen a cometer desmanes o salvajadas. Muestra de ello la hemos tenido con el colectivo de manteros que, como sucedió en Lavapiés, al estar dirigidos por los comunistas bolivarianos de Podemos y obcecados por su situación de inmigrantes fuera de la ley, convencidos que el mero hecho de haber llegado a España ya les confiere derechos de los que carecen, no han dudado en actuar de forma irresponsable, provocar enfrentamientos con la policía, destruir mobiliario urbano y convertir una parte de la capital del reino en un avispero por el que era peligroso circular. Todo ello por haber recibido información tergiversada referente a la muerte de uno de ellos, que tuvo la fatalidad de sufrir un infarto mortal durante una de las revueltas que, hace unos días, se produjeron en aquel barrio madrileño.

Mientras los políticos de los partidos catalanes se encuentran en un impasse, aturdidos por la inesperada captura del responsable principal ( parece que el señor Mas ya ha desaparecido de la primera fila del separatismo catalán) del desafío catalán contra del Estado español y su Constitución, el señor Carles Puigdemont, seguramente por haber caído en el error de creerse más listo que aquellos que esperaban un descuido suyo para atraparle, una circunstancia que no desaprovecharon los del CIS que le tendieron una trampa en la que, el fugitivo de la justicia española, fue a caer de bruces; un hecho que, evidentemente, ha creado el brusco cambio de escenario que ha dado un vuelco a los planes de designación de otro candidato, mientras se le asignaba, al expresidente catalán, un papel meramente honorífico para que pudiera seguir en Bruselas, desempeñando el papel de presidente en el exilio de la, autoproclamada, República Independiente Catalana. Los del pdeCAT que después de caída la candidatura del señor Sánchez, el candidato relevo y últimamente, del señor Rull el tercero en discordia, ya se prestaba a buscar otro posible candidato, seguramente rebotados por un suceso que no pensaron que se produjera y que tiene visos de que, las autoridades alemanas sean mucho más proclives a devolverlo a España de lo que lo han sido sus homólogos en Bélgica o Suiza; ante la negativa de ERC, a la que le ha venido de maravillas que capturaran a Puigdemont (aunque no les quede más remedio que simular que están disgustados por ello), a aceptar otro candidato a presidente de la Generalitat que no sea uno de su partido y, mucho nos tememos que, la idea de los JxCAT de volver a poner a Puigdemont como candidato único y preferente, pese a la imposibilidad legal de poder adoptar a tal cargo, no va a ser la solución práctica y posible a la que aspiran los seguidores del señor Junqueras, que están deseando que se forme un gobierno que permita a los catalanes librarse de lo que, para ellos, significa la “ignominia” de estar intervenidos por el Artº 155 de la Constitución.

Por otra parte, mientras los comunistas y miembros de la CUP han decidido optar por alterar el orden en las calles ( algo que seguramente no les conviene nada ni a los de la antigua CDC ni a los de ERC, por darles munición a los partidos constitucionalistas que, como ya ha dicho el señor Zoido al referirse a los incidentes del día de ayer, como la evidencia de que las manifestaciones pacíficas en las que se han venido escudando los defensores de una Cataluña independiente, se ha demostrado que sólo eran un espejismo que se ha difuminado ante las muestres de extrema violencia y ataques a las fuerzas del orden que se están produciendo por los comandos de los “comités de defensa de la República Independiente Catalana”. Seguramente hasta de lo malo se aprende y, en este caso, han sido los noticiarios filmados de los incidentes catalanes los que han ocupado las pantallas de los televisores de todos los países a los que, los separatistas, estuvieron engañando con imágenes trucadas de la actuación de la policía española en los incidentes que se produjeron con motivo del registro del despacho de Junqueras por miembros de la policía y la Guardia Civil; en esta ocasión van a tener ocasión de ver cómo, en los mismos medios de comunicación, aparecen las imágenes veraces y constatadas de los vandálicos ataques de las turbas de separatistas y cuperos utilizando toda clase de instrumentos y objetos para atacar a las fuerzas del orden, que se limitaban a defenderse para evitar ser arrollados. Una visión que, con toda seguridad, no habrá agradado a quienes han estado trabajando, tan duramente, para vender una imagen de España, de sus tribunales y las fuerzas policiales que se quería presentarlos como si estuviéramos en una república bananera del Cono Sur de América, como Venezuela, por ejemplo.

Nos admira cuando, en La Vanguardia, el periódico catalán terreno abonado para los reporteros que apoyan el separatismo catalán, que se hallan como pez en el agua en dicho medio informativo, tal como es el caso de la señora Pilar Rahola, una contumaz defensora del brexit catalán que, en el artículo que publica hoy, titulado Momentum, no le queda otro remedio que reconocer, en un tono compungido, el gran despiste que hoy se produce en este mundo de la revolución, cuando admite que: “Parece que el desconcierto reina en solitario, ocupando los espacios donde debería germinar la estrategia”( refiriéndose al frente independentista), añadiendo sobre las algaradas callejeras que se vienen produciendo: “El ruido bronco sólo alimenta la represión ( ella designa así la legítima actuación de la Justicia en contra de los delincuentes), aleja las simpatías y contamina un movimiento que siempre ha sido cívico” Sí señores, ahí es donde les duele. Insiste, como acérrima partidaria de Puidemont: “Después de Turull, nadie más excepto Puigdemont (añadiendo un comentario sarcástico) a no ser que toquemos a rebato y pongamos a Riera”.

No sabemos lo que va a dar de sí esta Semana Santa ni si, las legítimas e ilusionadas profecías de los hoteleros respecto a la ocupación prevista se van a confirmar ( un 88%), se van a confirmar; no obstante, sin que quiera parecer cenizo, me atrevería a afirmar sin gran riesgo de equivocarme, que si las actuaciones que vienen poniendo en práctica todas estas pandillas de verdaderos fanáticos, de cortar las carreteras, impedir el paso de coches y camiones o interrumpir la circulación dentro de las ciudades principales de Cataluña, no sería de extrañar que estas temidas cancelaciones, como las que tuvieron lugar el 1 de Octubre, cuando se intentó proclamar la república catalana, sean más frecuentes de lo que estos optimistas miembros de la restauración se pudieran imaginar. Lo que sí es cierto es que, a pesar de que los medios de comunicación catalanes se empeñan en ignorar, las inversiones extranjeras en esta autonomía van de mal en peor, experimentando un bajón del 40%, mientras Madríd experimenta un aumento de un 25%.

Duele ver cómo el gobierno del señor Rajoy, no se sabe el motivo de ello, se mantiene ajeno a las actividades de la TV3 catalana que no ceja, tanto en sus servicios informativos, como en sus tertulias y entrevistas, en poner al gobierno de España y a sus instituciones de chupa de domine, como si se tratara de dictadores y no fuera, la española, una democracia consolidada y unánimemente reconocida por todos los países; lo mismo que sucede con medios como Cataluña Radio donde sin el menor rubor locutores, como Mónica Terribas, demuestran su falta de objetividad, sus sectarismo y fanatismo derramando toda la bilis que son capaces de producir sobre España y los españoles, a los que han pretendido convertir en objetivos directos de sus ataques y sus rencores. Incomprensiblemente, ahora parece que la 6ª se ha añadido a las defensoras del tema catalán, lo que no debería de extrañarnos teniendo en cuenta la pésima calidad de sus presentadores, verdaderos obsesos contra toda doctrina que no represente la más casposa, obsoleta y denigrada casta de la extrema izquierda, incapaces de ofrecer una noticia creíble y duchos en manipular cualquier información que no favorezca a sus espurios intereses. Si se está aplicando el artículo 155 con el fin de poner freno a la amenaza separatista, no resulta creíble que, cuando se sabe positivamente que, desde las cadenas mencionadas, se hace una verdadera apología de los delitos de revolución, desobediencia, apología de la delincuencia, sedición y colaboración en la perpetración de actos delictivos (cuando se facilitaban, el día 1 de octubre del 2017, datos a los piquetes que operaban para favorecer la apertura de los centros de votación prohibidos por el TC dando pistas a través de la TV de los lugares hacia donde se dirigían la policía nacional y la Guardia civil para que los activista pudieran huir antes de su llegada).

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, tenemos la desagradable sensación de que hay cosas que se nos han ocultado a los ciudadanos y que, una de ellas, es este misterio respecto a que un tema tan evidente de intromisión y apoyo al separatismo, no fuera neutralizado para evitar la propalación de información contraria a los fines que se proponía el Artº 155, que tenía por principal objetivo poner orden en Cataluña y evitar que, quienes habían sido los responsables de que se llegara a la situación insostenible en la que estaba Cataluña, pudieran hacerse de nuevo con el control de las instituciones y que, los que colaboraron con ellos de una manera evidente y descarada, fueran silenciados para evitar que pudieran seguir con su labor de proselitismo y e inducción al delito. Era algo de sentido común y esencial para evitar que, lo que ha acabado sucediendo, el retorno de muchos de los que fueron los cabecillas del enfrentamiento al Estado español, hayan regresado a la primera fila de la política y se les permita seguir en su tarea de mantener el separatismo catalán.

MosMovem se disuelve en el ombligo de Joan Pons
La Verdad Ofende  latribunadelpaisvasco.com 28 Marzo 2018

Que Baleares se despuebla de médicos es un hecho, gracias a la imposición del estándar lingüístico llamado catalán. Este éxodo tiene a más de 458 médicos con su plaza DENEGADA por no tener el certificado del estándar CAT. En el hospital de Can Misses hay especialidades sin médicos; VACÍAS. Literal.

La reacción de la sociedad civil fue la ilusionante aparición de la plataforma cívica #MosMovem, dirigido por el mal llamado por algunos sexo débil. El sábado 17 de febrero la policía municipal de Ibiza junto a la teniente de alcalde del municipio "marxista-pancatalanista", Elena López Boned, detenía a 3 mujeres por el "criminal" acto de recoger firmas para #MosMovem en una mesa de 2 metros cuadrados.

Tras la detención, aquellas tres valientes mujeres repetían el domingo la "criminal osadía" recogiendo firmas en la plaza del general Vara de Rey, ya sin mesa. Desde las 9 am las busque para apoyarlas (llegaron a las 10 am) y en apenas tres horas recogimos casi mil firmas junto a una espontánea voluntaria alemana que se unió. No dimos abasto.

Así conocí #MosMovem, plataforma ciudadana liderada por la menorquina Úrsula Mascaró y la catalana Manuela Cañadas. Gente valiente y comprometida, sin partidos, sin cobrar... a pelo.

En su comité apareció el joven y bien pagado "historiador" de la Fundación Jaume III Juan Pons, donde postula un "relato alternativo al secesionismo", defiende "la unidad del catalán" y "las lenguas de las islas" (sic) por el módico sueldo de 2.000 euros al mes. Pons va de la mano con Sociedad Civil Catalana (Ciudadanos) en la creación de Sociedad Civil Balear. En esta han incluido a Úrsula y a su pareja: Dan Comas.

Juan Pons defiende desde la Fundación Jaume III la "unidad del catalán" en sintonía con el recién llegado a Baleares Pericay, un filólogo catalán de Barcelona que preside "Ciudadanos" baleares. Lo asombroso es el protagonismo que Juan tiene ya en la directiva de #MosMovem, donde Úrsula le ha cedido la iniciativa de modo clamoroso. Hasta en las manifestaciones es Pons quien se dirige a los simpatizantes.

Conocí al bien pagado personaje hace cuatro años en Ibiza. Presentaban el facsímil "Toc Toc Balear". Fue un acto en el vetusto casino del puerto al que me uni por solidaridad. Juan me seguía en Twitter, se interesó en mí y mantuvimos varias charlas donde conocí su integrista cortesía. Tuvo la "gentileza" de hablarme íntegramente en menorquín, y solo en menorquín. Acababa de dar con un joven y amable provinciano supremacista menorquin al que la palabra español le provoca rechazo. Acabáramos.

El integrismo del menorquín Pons alcanzó ayer cotas lamentables cuando en el chat de #MosMovem le planteé mis dudas por sus tesis de "unidad del catalán". Pons intentó evitar debatirlo y sugirió hablarlo en privado o por teléfono. Yo me negué. Su discurso unionista lingüístico CAT afectaba a todos los que defendemos el uso del español en la plataforma y la falsedad de la imposición del catalán, así que insistí en debatir en abierto, ante todos. El se negó y mostrándome su decepción se despidió de mí. Tres minutos después su amiga Úrsula Mascaró me expulsaba del chat. Lo llaman sumar voluntades.

Esto ocurrió en el mismo chat donde la otra líder de la plataforma catalana, Manuela Cañadas, siete horas antes, nos anunció a todos que dejaba el proyecto por causas que no explicó, pero que cuesta poco entender, lo que desató varios abandonos. El joven historiador menorquín Juan Pons sorprendentemente ni se inmuto, y ha quedado con Úrsula al frente de una directiva timorata y sin voces discrepantes, para eso que llaman "sumar voluntades".

MosMovem nació según Úrsula para combatir el decretazo y disolverse después, pero lo cierto es que ya se ha disuelto en la recién creada Sociedad civil Balear, clon de Sociedad Civil Catalana, donde presumo que Juan obtendrá un trampolín para colocarse en Ciudadanos (el tiempo nos lo dirá) y compartir tesis lingüísticas de unidad del catalán con Pericay, recuerden, el filólogo catalán.

Según Juan, el catalán tiene diferentes modalidades y lo compara a las modalidades (sic) del español de México, de Argentina o Paraguay, obviando que para dar rango de lengua al Llenosi o Barceloni, Pompeyo Fabra expolió a principios del siglo XX gramáticas y diccionarios del mallorquín y el valenciano para CREAR el catalán estándar que hoy imponen en Baleares.

Contar esto hoy es un anatema por el que te llaman españolista o hasta fascista. Así es como acabó mi corto noviazgo de apenas dos meses con #MosMovem, tras plantear al provinciano e integrista "historiador" Pons sus contradicciones en una plataforma que defiende de modo valiente y gratuito el uso del español y donde, escondido tras las faldas de Ursula Mascaro, Pons dicta contra el discrepante y ella ejecuta. Lo llaman @verdadesofenden.

¿Porque es esencial para Baleares derribar la mentira del unionismo lingüístico catalán en que yo me empeño y que sostiene Pons? Porque el supremacismo CAT (paísos catalans) defiende la existencia de la nación catalana por la lengua.: "Una lengua, una nación".

Esta es la tesis política del catalán estándar (origen y objeto):

1- "Una lengua, una nación" (ideólogos del nacionalismo a inicios del siglo XX, Aribau, Prat de la Riba, Cambó).

2- El estándar catalán se fabrica EXPOLIANDO los diccionarios y gramáticas del valenciano y el mallorquín, reinos, no condados. El refrito lingüístico corre a cargo del químico Pompeyo Fabra. Hasta Pompeyo se llamaba Llenosi o Barceloni, La lengua D'Oc llega oficiosamente a Aragón tras la anexión de los condados francos de la marca hispánica en 1.258 (la Cataluña norte).

3- "Una lengua una nación" surge y se inspira en las leyes alemanas de Núremberg para el "Anschluss" (anexión) del "lebensraum" o tierra vital de habla alemana, léase, los paisos catalans de los separatistas CAT. Ambas teorías son contemporáneos y aparecen a principios del siglo XX.

4- Los juristas NAZIS se apoyan en el inventado "derecho a decidir" (¿os suena?) para poder anexionar territorios de habla germanófila separados de la gran Alemania. Se ocupó Alsacia y Lorena, los sudetes y Austria. Europa al borde de la guerra.

5-Con la llegada la democracia, el Partido Popular impone en el Estatuto de Autonomía de Baleares el estándar catalán, a costa de la lengua y cultura de los territorios insulares.

6. La marxista Francina Armengol publica el decreto y anula en la documentación oficial el español.

Conclusión: #MosMovem bajo la órbita del bien pagado Juan Pons se disuelve en "Sociedad Civil Balear" al servicio de Ciudadanos, partido al que voté y donde tengo buenos amigos. La chauvinista mordaza política menorquina actúa desde la tierra de mi abuelo menorquín, aplicada por quienes no gustan del término español.

"Nadie ofrece tanto como quien no va a cumplir". Fco. De Quevedo y Villegas (1580-1645)

Informe incautado por la Guardia Civil
La ANC adiestró a sus cachorros con expertos en lucha callejera: “Hay que rodear a las fuerzas represoras”
Carlos Cuesta okdiario 28 Marzo 2018

La ANC contrató a expertos en lucha callejera. Profesionales que, bajo el nombre de “resistencia pasiva”, adiestraron a los cachorros radicales de la Asamblea de Jordi Sánchez para “rodear a las fuerzas represoras”, “cortar su retirada” o para cortar el paso a infraestructuras decisivas o instituciones como el propio Parlament catalán.

El proyecto de lucha callejera, incautado por la Guardia Civil a la ANC entre sus comunicaciones internas -y al que ha tenido acceso OKDIARIO- demuestra que se preparaban con técnicas más propias de la ‘kale borroka’ que de lo que ellos definían como “resistencia pasiva”.

La ANC adiestró a sus cachorros con expertos en lucha callejera: “Hay que rodear a las fuerzas represoras”

Los correos internos interceptados dejan constancia de que contaron con instructores experimentados en este tipo de lucha callejera. Instructores que han practicado el mismo tipo de lucha en distintos escenarios y territorios.

“Hemos tenido una entrevista con un experto en resistencia a la Policía”, señalan entre ellos los integrantes de la ANC que tenían acceso directo a su presidente y hoy preso, Jordi Sánchez. “Nos ha hecho ver que no es suficiente con ponerse delante de una puerta para impedir el paso”, aclaran esas comunicaciones.

“El coordinador es el responsable de organizar las acciones de estrategia”, destaca la Guardia Civil en su informe sobre el material intervenido a la ANC. Un coordinador que actuó como verdadero entrenador en lucha urbana para los cachorros radicales separatistas.

Cercar el Parlament con 4.000 personas
El reclutamiento de expertos en resistencia a la Policía empezó hace ya años, cuando las estrategias de rodear el Parlamento catalán empezaron a formar parte de los objetivos de los golpistas. Estos días se pueden volver a ver en las calles catalanas como mecanismo de protesta por las recientes decisiones judiciales del Tribunal Supremo, su auto de procesamiento, los autos de prisión y la detención de Carles Puigdemont.

Por eso, los primeros diseños de estrategia de combate a las fuerzas de seguridad se centraron precisamente en poder controlar el Parlament con grupos organizados con disciplina militar de cerca de 4.000 personas.

“Un grupo de personas, miembros de la Asamblea Nacional Catalana hemos tomado la decisión de preparar un esbozo de proyecto para entregar a la ANC” para preparar las acampadas ante el Parlament. Así empezó su planificación en la lucha contra la Policía. Un combate que fue creciendo a medida que el proyecto se preparaba. La estrategia se planificó, entre otros motivos, para cercar el Parlament e impedir su actividad legislativa cuando no fuese del agrado de los radicales. Pero pronto los radicales vieron su utilidad en otros escenarios.

Para ello, el citado experto les entrenó diseñando grupos con un “número permanente de 3.000 personas”. Grupos que debían estar dispuestos a pasar “día y noche. Por turnos. Todos voluntarios”.

Lógicamente, para conseguir esa dimensión y disposición, la mejor opción era acudir a grupos radicales juveniles, algo en lo que la CUP, Arran, Endavant o las mismas ANC y Òmnium Cultural son especialistas.
La estrategia estaba perfectamente diseñada. “Antes de todo deberíamos cerrar todas las entradas (puertas, ventanas y otros) para impedir la entrada al Parlament fuera de la puerta principal”, definió el proyecto de lucha callejera ante el Parlamento catalán.

“150 personas robustas”
El diseño de su eficacia se alcanzaba por estructuras y disciplina puramente militares. “Deberían formar tres círculos concéntricos”, señala el manual de lucha callejera que el experto diseñó. “100-150 personas escogidas por su robustez, sangre fría y disciplina (deberían ser capaces de hacer “cebollas” y otras formas de resistencia pasiva). Esta gente formaría la primera línea de resistencia justo ante la puerta de entrada del Parlament”.

“Una segunda línea formada por unas 3.000 ó 4.000 mil personas dispuestas a rodear a las fuerzas invasoras que estarían ocupadas de en desmontar la primera línea” de la Policía, continua el plan de combate contra las fuerzas de seguridad. Porque, como explicaba el experto, “las fuerzas represoras lo que más temen es ser rodeadas y perder la posibilidad de retirada”.

Un tercera línea con el resto de integrantes de los grupos radicales se encargaría del tercer nivel de retención y lucha. De terminar de rodear y apoyar a sus compañeros. Y, sobre todo, de escenificar un supuesto pacifismo que se contradice por completo con la esencia de un plan de lucha mucho más parecido a la ‘kale borroka’ que a una mera movilización.

Hoy en día vemos la eficacia de estos grupos de combate agitando la calle. Grupos identificados ya por la Guardia Civil y liderados por la CUP, Arran, Endavant y distintos CDR -tal y como ha adelantado ya OKDIARIO-. Grupos que actúan como auténtica kale borroka entrenada para desestabilizar.

El apoyo de UGT y CCOO a los golpistas enfurece a sus afiliados en toda España
Javier Ruiz de Vergara esdiario 28 Marzo 2018

Han hecho caso omiso a las más de 3.000 empresas que se han marchado de Cataluña y los miles de parados del procés y se han sumado a una gran manifestación para la liberación de los presos.

El golpe y la rebelión de los independentistas contra España y la legalidad vigente ha provocado, al margen de la inestabilidad política y la división social, una gigantesca factura económica para todos los catalanes que se resume en dos datos escalofriantes: más de 3.000 empresas han abandonado Cataluña desde el referéndum ilegal del 1-O (con una facturación de 44.000 millones de euros) y, por primera vez, la comunidad estuvo a la cabeza de las regiones con mayor paro en España.

Curiosamente, tras la aplicación del artículo 155, ha vuelto a liderar la creación de empleo, según el dato conocido el pasado día 2.

Pero, pese a este desierto irrebatible, el próximo 15 de abril los sindicatos UGT y Comisiones Obreras recorrerán las calles de Barcelona del brazo de dos de las entidades independentistas señaladas por el Tribunal Supremo como la infantería de la rebelión contra la Constitución: la ANC y Òmnium de los encarcelados Jordi Sánchez y Jordi Cuixart.

Este mismo martes fue presentada la marcha en defensa de los "presos políticos" con la presencia, junto a varias entidades en favor del procés, de los secretarios generales de UGT y CCOO en Cataluña, Camil Ros y Javier Pacheco.

La manifestación está prevista para las 11.00 horas del próximo 15 de abril en el Paseo de Gràcia de Barcelona y coincidirá con los seis meses de estancia en prisión de los Jordis. Camil Ros (UGT) y Javier Pacheco (CCOO) decidieron sumarse a este nuevo desafío al Gobierno tras mantener este lunes un encuentro con el presidente del Parlament, Roger Torrent, dentro de su ronda para impulsar su "frente contra el Estado".

Cierto es que en el último año, las dos centrales mayoritarias en Cataluña han mantenido una posición equidistante durante el procés. Pero en los momentos culminantes, como el 1-O o la huelga general del 3-O, se desmarcaron del independentismo, dejando el protagonismo a la Intersindical-CSC, el brazo sindical del independentismo. En el último año y por razones políticas, CCOO y UGT han reconocido varios centenares de bajas entre sus afiliados, casi 400 en el primero, más de 150 en el segundo.

La cara oculta de su nuevo líder noquea a CCOO: alabó a los "demócratas" de Bildu
Pero la decisión de Ros y Pacheco de convertirse en el tonto útil del independentismo ha provocado una oleada de indignación entre los afiliados que las centrales que dirigen Unai Sordo (Comisiones) y José María Álvarez (UGT) tienen en Cataluña y en el resto de España. Sordo, que llegó a la Secretaría General de CCOO en junio pasado procedente del País Vasco, ya coqueteó en su día con Bildu.

En ese Congreso de junio, se certificó además el desplome de la afiliación del sindicato. En 2008, Comisiones sumaba 1,2 millones de afiliados, una cifra que en la actualidad se ha recortado a 913.000, por detrás de los 931.558 que dice tener UGT.

Su último salto al vacío puede ser también un paso en falso. Y a juzgar por cómo hierven en las últimas horas las redes sociales por su complicidad con el independentismo, esas cifras pueden seguir desplomándose.
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