AGLI Recortes de Prensa   Sábado 28 Abril 2018

Rajoy, contra los pensionistas y los contribuyentes
EDITORIAL  Libertad Digital 28 Abril 2018

Si algo ha demostrado el presidente del Gobierno es que está dispuesto a todo con tal de mantener el poder. El pacto que acaba de alcanzar con el PNV para aprobar los Presupuestos Generales del Estado ejemplifica a la perfección su desmedida ambición política, ya que el citado acuerdo, si bien le garantiza culminar la legislatura, condena a los españoles a una futura crisis fiscal, cuyos efectos sufrirán, muy especialmente, tanto los pensionistas como el conjunto de contribuyentes.

Mariano Rajoy acaba de firmar el pacto presupuestario más caro de la democracia en términos monetarios. La subida de las pensiones conforme al IPC y el nuevo retraso de la aplicación del factor de sostenibilidad hasta 2023 supone, ni más ni menos, que derogar por la puerta de atrás la reforma estructural de la Seguridad Social que aprobó el PP en 2013, tal y como venían exigiendo desde hace meses el PSOE y Podemos. La factura, sin embargo, será inmensa.

La citada reforma fue ideada en su día por un grupo de expertos para garantizar la sostenibilidad financiera del actual modelo de reparto a medio y largo plazo, ya que permitía ajustar a la baja y de forma progresiva las prestaciones de jubilación en función de la mayor o menor solvencia de las cuentas públicas y la evolución de la esperanza de vida. Este cambio, unido al que aprobó el PSOE en 2011, condenaba a los españoles a trabajar más años y a cotizar más para, a cambio, recibir unas pensiones cada vez menores, pero es que este y no otro es el resultado de mantener el actual sistema público debido al declive demográfico que sufre el país. Taparse los ojos y negar esta realidad no evitará que, tarde o temprano, se acabe imponiendo. Lo que ha hecho ahora Rajoy es mirar hacia otro lado con el único fin de garantizarse un año más de gobierno, evidenciando así, una vez más, su profunda irresponsabilidad política.

No en vano, el coste directo del citado pacto rondará los 35.000 millones de euros tan solo de aquí a 2023, ya que la revalorización de las pensiones es acumulativa, lo cual, unido al retraso del factor de sostenibilidad, se traducirá en un mayor déficit de la Seguridad Social y, por tanto, en más deuda pública. Y ello a pesar de que el actual agujero que registra el sistema asciende a unos 18.000 millones de euros al año, mientras que la deuda pública roza el 100% del PIB. Pero lo más grave es que, una vez abierta la espita, será muy difícil dar marcha atrás para restablecer la reforma de 2013, de modo que el gasto en pensiones se hará insostenible a medio plazo.

Todo ello condenará a España a una nueva crisis presupuestaria, de modo que los futuros pensionistas verán, una vez más, congeladas o reducidas sus prestaciones, al tiempo que los contribuyentes sufren fuertes subidas de impuestos para tratar de mantener en pie el sistema, a imagen y semejanza de lo que ha ocurrido en Portugal y Grecia en los últimos años. Por el momento, el Gobierno ya ha anunciado este viernes que subirá los impuestos a las empresas tecnológicas -es decir, a sus clientes- para financiar la nueva subida de las pensiones.

El cortoplacismo de Rajoy, cuya única preocupación es completar la legislatura, saldrá muy caro a los españoles. De las dos únicas reformas estructurales que ha aprobado el PP, la laboral y la de las pensiones, ya solo queda la primera y, por desgracia, es evidente que su vigencia no dependerá de sus buenos resultados, sino de la arbitraria e interesada voluntad del presidente.

Disparar con pólvora de rey ajeno
Daniel Lacalle El Espanol 28 Abril 2018

“You never give me your money; you only give me your funny papers” John Lennon, Paul McCartney

Uno de los incentivos perversos que está generando la disparatada política monetaria del Banco Central Europeo y la inadecuada gestión europea es el desplazamiento del sector privado a favor del público que genera una evidente competencia desleal, cuando dicho sector público accede a financiación en cantidad y condiciones completamente privilegiadas.

No es una sorpresa. Entre 2013 a 2017, los estados y empresas estatales se financian hasta a 150 puntos básicos menos que las grandes empresas, y hasta 300 puntos básicos menos que las medianas y pequeñas, según el BCE. A eso se añade el aumento de crédito al sector público a niveles de burbuja.

Un ejemplo de esa forma de tirar “con pólvora de rey ajeno” lo encontramos en los conglomerados estatales o semiestatales europeos. No solo acceden a cantidades y condiciones de crédito privilegiadas, sino que desplazan a la competencia privada porque se pueden permitir destruir valor en cantidades multimillonarias sin problema, ya que su objetivo no es el accionista, ni la rentabilidad, ni el consumidor –que sufre los excesos corporativos en su factura mensual-. No, el objetivo es la creación de imperio… con el dinero de los demás y plantando las semillas de la siguiente crisis.

Esta semana nos ha llegado una información aterradora. El BCE se ve obligado a retrasar las exigencias de limpieza de activos tóxicos de la banca por presión política de los estados. ¿Cuántos préstamos tóxicos acumula la banca europea? Más de un billón de euros. Más de un tercio de esa cantidad está en los bancos italianos. ¿Por qué se niegan los estados a que se limpien esos préstamos tóxicos? Porque entonces se pone en peligro la orgía de financiación a entidades públicas y semiestatales.

La banca italiana ha recibido más de 225.000 millones de euros en ayudas estatales (300.000 millones aprobadas) y, al contrario que otros países, incluida España, no se ha hecho una reforma en profundidad para eliminar el riesgo sistémico. El estado se beneficia de la imposibilidad de limpiar los activos tóxicos porque una gran parte son de municipalidades y empresas semiestatales, y algunos bancos prestan muy por encima de sus posibilidades reales porque se da la patada hacia delante por imposición política. Por supuesto que hay bancos italianos muy eficientes y sólidos, pero la maquinaria estatal está aprovechando los incentivos perversos de la política monetaria y la regulación para “crear imperio” desplazando a otros competidores privados.

El caso más reciente es el la polémica entre Iberdrola -100% privada desde su creación- con Enel en Brasil. Pero se ha vivido en el pasado con otros conglomerados semiestatales en toda Europa y en otros sectores, petróleo y telecomunicaciones incluidos.

Igual que hemos criticado en el pasado la política funesta de algunas constructoras a la hora de pujar por concesiones, tirando los precios a la baja para ganar concursos y luego “pedir revisiones al alza”, lo que estamos viendo con algunos conglomerados estatales es lo mismo, pero al revés. Pujar con precios desorbitados de manera evidente para ganar un concurso sabiendo que cuenta con financiación abundante y barata aunque el precio sea desproporcionado, porque será el accionista y el consumidor local el que pague el desaguisado.

La cuestión es que haya un proceso competitivo, abierto y transparente en fusiones y adquisiciones, y eso incluye que las empresas que participen tengan condiciones similares, como mínimo, a la hora de pujar. En Estados Unidos se revisa de manera rigurosa la participación de las empresas estatales en los procesos competitivos precisamente por ese riesgo. La empresa pública o semiestatal se presenta, lanza una oferta anti-económica, lo que es claro indicio de que las empresas privadas no pueden competir. Y “gana”.

Por eso se limitan y revisan de manera escrupulosa en Estados Unidos las pujas por parte de empresas estatales, porque se imponen en procesos competitivos usando criterios no económicos.

A la empresa estatal no le interesa pagar un precio que haga la inversión sostenible, sino que aumente su imperio, porque el exceso ya lo pagará el consumidor o el contribuyente.

La Unión Europea se encuentra, por lo tanto, ante un enorme reto. Porque engordando a sus mal llamados campeones nacionales solo se ha conseguido hacer las economías menos dinámicas y menos innovadoras, y además, ante la evidencia de competencia privilegiada, no solo pierden las empresas europeas privadas, sino que las norteamericanas y británicas, que se encuentran en la misma situación de desventaja, vuelven a sus países y muestran a sus reguladores y políticos las prácticas cuasi-monopolísticas y ayudas encubiertas. Y entonces reaccionan poniendo barreras.

Claramente, el estado que vende la concesión o la empresa se beneficia a corto plazo de los altos múltiplos pagados, pero –y lo hemos visto demasiadas veces- tras los múltiplos de oro llegan las reducciones de inversiones, los problemas financieros y las subidas de tarifas. Proteccionismo no es solo poner barreras vía aranceles. Es proteger conglomerados estatales y sostener sus veleidades megalómanas vía subvenciones directas e indirectas.

Una empresa privada, cuando hace una oferta competitiva en el mercado, recibe un escrutinio sin parangón de los bancos financiadores, exigiendo colaterales y todo tipo de análisis para asegurar la operación. Sus accionistas se lanzan a pedir explicaciones y detalles para que no se desmanden los múltiplos pagados. Los bonistas no dejan vivir al Director Financiero con explicaciones… Si es una empresa estatal, las palabras “lo garantiza el estado” –es decir, lo paga usted- nublan todo proceso de chequeos y evaluaciones. Si las privadas se equivocan muchas veces en sus expansiones inorgánicas, y lo hacen, imaginen cuando a todos los análisis de flujo de caja se puede añadir otro: “aumento de impuestos a los incautos”.

Si una empresa privada mete la pata en una adquisición, sus accionistas, bonistas y clientes se lo penalizan. Si lo hace una estatal, lo paga usted sí o sí.

Proteccionismo no es solo imponer aranceles. Es también que el estado permita que sus empresas controladas despilfarren, darles condiciones de financiación privilegiadas y permitir la destrucción de valor constante con el bolsillo del contribuyente. Eso es un arancel también. No al contribuyente del país en cuestión. A todos los europeos. Disparar con pólvora de rey ajeno.

Camellos y mosquitos
Luis Herrero ABC 28 Abril 2018

La actualidad política apesta. El hedor es tan irrespirable que acabará, antes o después, por obligar a los votantes a acudir a las urnas con máscaras antigás. Y el problema no es la corrupción, entendida como sinónimo de mangancia, sino algo más profundo. Lo que convierte la fosa séptica del sistema en un devastador foco de contaminación para el medio ambiente de la vida pública es la falta de principios. A los gobernantes actuales parece importarles un rábano, aunque en este contexto lo suyo sería decir una mierda, la diferencia entre el bien y el mal. La única distinción que les importa es la que discrimina lo que es útil de lo que es perjudicial para la consecución de sus intereses umbilicales. Esta semana, dos acontecimientos vuelven a colocar esa peste insoportable enfrente de nuestras narices: el mutis de Cifuentes y la entrada en escena de los Presupuestos.

Cuando pase el tiempo, el nombre de Cifuentes no quedará asociado al de una gestora razonablemente buena de los intereses madrileños, a pesar de haberlo sido, sino al de una tramposa desvergonzada que consiguió un máster por la jeta y fue sorprendida mangando cremas en un supermercado. En sí mismos, esos dos pecados son veniales y carecen de entidad suficiente para acabar con la carrera política de un presidente autonómico. Y aún menos para hacerlo con el estruendo horrísono que ha rodeado este caso. Si para poder lapidar a Cifuentes tuviera que ser necesario estar libre de esos mismos pecados, o de otros equivalentes, su escarnio hubiera decaído por falta de verdugos. Y sin embargo, ¡qué terrible paradoja!, fue el video del hurto frustrado lo que movió al PP a pasar del aplauso atronador de Sevilla a su ejecución inmediata.

El pecado mortal de Cifuentes fue el de haberse parapetado en la mentira y la negación para justificar sus errores de menor cuantía. Y ante ese hecho de profunda gravedad, sin embargo, tanto Rajoy como la mandamás del partido decidieron protegerla bajo su poderoso manto. ¿Por qué? ¿Qué mueve a ese extraño comportamiento de ser indulgente con la categoría y a ser implacable con una infracción anecdótica cuya existencia, para más inri, ellos ya conocían? ¿A qué viene esa hipócrita idiotez de colar los mosquitos y tragarse los camellos? ¿Por qué es menos grave mentir en un Parlamento que dejarse llevar por una pulsión cleptómana del pasado? La respuesta, me temo, hay que buscarla entre las tinieblas tenebrosas donde los príncipes del mal, los ajustadores de cuentas, los traficantes de dossiers, los mafiosos extorsionistas y los matones sin escrúpulos ventilan venganzas y lanzan mensajes de advertencia. El cadáver político de Cifuentes no es otra cosa que el badajo de la campana de Huesca.

En el oscuro episodio de la negociación presupuestaria con el PNV, la defensa de los principios también ha brillado por su ausencia. Lo único que parece importarle a Rajoy es resistir en el cargo hasta el final de su mandato. El precio es lo de menos. La consistencia de su discurso sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones no ha resistido la prueba del algodón de la exigencia nacionalista. Haberlo mantenido hubiera sido bueno para el país, al menos de acuerdo al punto de vista de las políticas que siempre ha defendido el Gobierno, pero malo para la longevidad de la legislatura. Ante esa tesitura, las prioridades del presidente del Gobierno han quedado manifiestamente claras. Lo menos malo que se puede decir de ese trueque es que se ha producido, al menos, con luz y taquígrafos. Otros, en cambio, se han sellado con opacidad clandestina.

El PNV había puesto como condición indispensable para apoyar las cuentas del PP que decayera la aplicación del 155. Y -oh, casualidad- ahora sabemos que podrá haber Gobierno catalán en segunda vuelta gracias a la habitación del voto a distancia del prófugo Comín que el Gobierno, inopinadamente, ha renunciado a recurrir ante el TC. ¿Cabe o no cabe la sospecha razonable de que se ha producido, entre bambalinas, un quid pro quo de naturaleza miserable? Pincho de tortilla y caña a que el Gobierno lo niega. Ya sabemos que la mentira, en su código ético, no es merecedora de castigo. Gracias a Dios, a juzgar por las encuestas, los votantes no piensan lo mismo.

La España de Rajoy y del PP y la democracia recitativa
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 28 Abril 2018

A la España que desde 2011 gobierna el PP, comandado férreamente por Mariano Rajoy, le cuadra a la perfección el concepto de "democracia recitativa" que ha acuñado en su último ensayo el historiador y pensador italiano Emilio Gentile ('La mentira del pueblo soberano en la democracia', editorial Alianza). La "recitativa" consiste en esa democracia "en la que el pueblo sigue siendo soberano en la retórica constitucional pero en realidad ha sido desoberanizado". Es también esa democracia en "la que los gobernantes expropian al pueblo de su soberanía en el mismo momento en que proclaman ser sus más genuinos y devotos representantes".

Gentile está lejos de ser un populista. Por el contrario, es un firme partidario de la democracia representativa cuyo deterioro lo mide por la desconfianza hacia la clase dirigente tanto por su corrupción como por la personalización del poder. La "democracia recitativa" es una variable patológica de las "democracias enfermas" en las que surgen fenómenos políticos y sociales que desean —a veces de manera contraproducente y estéril— la recuperación de la autenticidad del principio de que la soberanía reside en el pueblo. Y reclaman que su ejercicio no se limite a la emisión pautada del voto sino a la implantación de una cultura de conexión de los dirigentes políticos con los intereses sociales y su sometimiento a los mandatos éticos como criterio de comportamiento en la gestión pública.

El PP y Rajoy —en tanto que gobiernan— están convirtiendo la democracia en un sistema formal pero no real. Es una afirmación muy comprometida, pero contrastable. Este ejecutivo no solo ha eludido el control parlamentario durante sus diez meses en funciones (2015-2016), sino que ha vetado sin criterio selectivo —y ya con el correctivo del Constitucional— hasta 70 iniciativas de la oposición. Su inmovilidad —por estrategia o por ignorancia— ha gangrenado la crisis catalana hasta convertirla en una cuestión de supervivencia del sistema constitucional y en un asunto interno que ha alcanzado una negativa dimensión internacional para la imagen de España. El PP y el Gobierno no solo no han atajado la corrupción sino que con sus resistencias a depurarla —siempre a la espera de que provocara la putrefacción antes que una actitud proactiva y anticipadora— han incentivado la peores prácticas entre facciones de su organización como se ha puesto de manifiesto en el suicida empeño de sostener en su cargo a Cristina Cifuentes.

Las cuadernas del sistema chirrían. Institucionalmente España está profundamente desajustada. Resulta un fenómeno internacional que una sentencia como la dictada por la Audiencia Provincial de Pamplona haya indignado a una inmensa mayoría de ciudadanos que se han echado a la calle; resulta inexplicable que el responsable de Hacienda desbarate la instrucción de una causa penal en la que el Estado se juega su ser o no ser; causa perplejidad que se haya encumbrado a puestos de máxima responsabilidad a una persona con ya conocidas perturbaciones psicológicas; no es sostenible que en comunidades como Valencia y Madrid, sus responsables deban responder ante los tribunales de graves delitos de corrupción y algunos hayan pasado por la cárcel preventivamente; tampoco es digerible que los Presupuestos Generales del Estado se tramiten gracias a las concesiones exorbitantes a un partido minoritario, en beneficio de una comunidad y en detrimento de todas las demás; inquieta que los pensionistas se rebelen con una persistencia que delata su profunda indignación, que las mujeres —aquí más que en cualquier otro país de Europa— se sientan relegadas y que los jóvenes sigan siendo retribuidos en sus trabajos como si estuviéramos en plena crisis mientras los beneficios empresariales se recuperan hasta cotas solo conocidas antes de la recesión, produciéndose un distócico crecimiento sin distribución.

Todos estos hechos "desconsolidan" la democracia en expresión de Emilio Gentile y nos van conduciendo a una suerte de 'postdemocracia' que ha pasado del estrés al declive y reclama una regeneración profunda en la que los agentes sociales desaparecidos y antes vertebradores (medios de comunicación y sindicatos, por ejemplo) regresen a posiciones operativas en un régimen de libertades (en España el escándalo de las televisiones y radios públicas, y las estatales en concreto, forma parte de su desmantelamiento institucional favorecido por el Gobierno y el PP que se resisten a profesionalizar esos medios de servicio público).

En las democracias recitativas como es ahora la española, el objetivo esencial de la clase gobernante es el de durar, permanecer, continuar. En ese paradigma de resistencia —incluso contra la dinámica de renovación que es ya clamorosa— es en el que se inscriben las políticas reactivas de Rajoy y del PP que saben que ya no pueden instrumentalizar el "voto cautivo", sencillamente porque el hartazgo por su gestión ha quebrado inhibiciones y diluido miedos. El cambio político —su apartamiento del poder— es necesario para el PP, pero es imprescindible para que la democracia española deje de ser recitativa y vuelva a ser eficiente. Y los españoles, soberanos en un sistema representativo.

Lo conseguiste, Mariano
Javier Fernández-Lasquetty  Libertad Digital 28 Abril 2018

Se cumplen exactamente ahora diez años de uno de los discursos más destructivos de la historia contemporánea del centro-derecha español. El que pronunció Mariano Rajoy en Elche el 19 de abril de 2008. La obertura jactanciosa y estéril del congreso que el Partido Popular celebró en Valencia pocos meses después. El mítin interno en el que Mariano Rajoy nos invitó a los liberales y a los conservadores a que nos marcháramos del Partido Popular.

Entonces Rajoy impuso la consigna: cualquier cosa menos que el PP volviera a ser "un partido de doctrinarios". Diez años después podemos decir que Mariano Rajoy lo ha conseguido: ha desterrado del PP cualquier conjunto de ideas u opiniones políticas hasta un punto tal que ya no queda nada. Y cuando no hay nada, todo el espacio queda libre para el oportunismo, los dossieres y la deshonra exhibidos a la vista de todos.

No quiero decir que en el PP ya no quede nadie que valga la pena. Al contrario, hay muchísimas personas que siguen creyendo en las ideas y los valores de la etapa de José María Aznar. Pero han aprendido a disimularlo. Han desarrollado la habilidad para que no se les note que, si por ellos fuera, claro que habría confrontación ideológica con la izquierda. Han mecanizado el aplauso rítmico después de cada frase vacía de cada líder insustancial en cada mítin cansino. Y han visto cómo hacían carrera los más trepadores. No meterse en peleas ideológicas ha sido la consigna. Meterse en el barro de los dossieres y de las filtraciones ha sido la consecuencia.

Esta semana se ha completado la grotesca humillación de Cristina Cifuentes. ¿Por qué? Nadie lo sabe. ¿Por qué ocupaba el cargo que tenía? Eso sí lo sabemos: porque era la que más likes tenía. Pensaba que sin perfil ideológico –sin meterse en reformas sanitarias o educativas, por ejemplo- todo iban a ser aplausos, selfies y buen rollo. Pues no. Al revés: más dura ha sido la caída, y no me alegro nada por ello.

Actuar en política no es vivir por y para los likes, sino por y para las ideas. Y para quienes somos liberales, es vivir por y para las ideas de la Libertad. Max Weber, en su fantástica obra sobre "La vocación política" nos alerta contra el mayor riesgo para un político, que es la vanidad, y lo relaciona directamente con lo que para él es el peor pecado en política: la ausencia de una causa, lo que hoy diríamos un proyecto político, sin el cual "incluso los éxitos políticos llevan sobre sí la maldición de la inanidad".

Mariano Rajoy impuso hace años la erradicación de los ideales en el centro-derecha español, sustituidos por una mezcla de tecnocracia, vanidad y videos comprometedores. Sobre ello sustenta su poder. A su alrededor ya casi no queda nada. Cada vez que se pregunta al electorado –ya sea en elecciones o en encuestas- al PP de Rajoy se le marcha un tercio de los que votaban. Tal vez porque unos son liberales y otros conservadores.

Nos dijeron que por culpa de Aznar el PP era un partido antipático. Nos insinuaron que las elecciones se perdían porque había confrontación ideológica. Y no es verdad. Es todo lo contrario. El PP que reducía el tamaño del estado, privatizaba y bajaba impuestos, también ganaba elecciones. El PP que daba la guerra frontal hasta derrotar al terrorismo separatista, además conseguía mayoría absoluta. El PP que hacía de España una nación de primera línea en el mundo, con los sinsabores y responsabilidades que eso conlleva, era un PP que dotaba de sentido al deseo de millones de españoles de dar la batalla frente a la izquierda, y ganarla.

Por todo eso merecía la pena. Lo que hay ahora, diez años después de aquel ominoso discurso de Mariano Rajoy, es un derrumbamiento después del cual no va a quedar piedra sobre piedra. Porque Mariano quería que los que tuvieran convicciones se marcharan, y efectivamente la mayoría ya se han marchado.

Javier Fernández-Lasquetty, vicerrector de la Universidad Francisco Marroquín.

Segunda carta de Jardiel Poncela a Colau y Carmena
Jesús Laínz  Libertad Digital 28 Abril 2018

Ilustrísimas alcaldesas:
Aquí estoy de nuevo dándole a la tecla, que, salvo las mujeres, es lo que más me gustó cuando vivía allí abajo.

Vamos hoy con el asunto del golpismo, eso que tanto os gusta sacar a relucir cuando se trata de aquellos a los que llamáis fascistas de 1936 y de lo que os olvidáis cuando sus protagonistas son los socialistas de 1934 o los separatistas de 2018. Porque hay un detalle muy curioso que los izquierdistas nunca habéis explicado: ¿por qué, si la República había venido por sufragio –o sea, por la voluntad del país–, se la boicoteaba y atacaba constantemente, sobre todo por parte de los que más habían contribuido a proclamarla?

Pues hasta la Guardia de Asalto, la policía creada por la República, llegó a estar rebasada, y no por las derechas, ciertamente, que no podían ni mover un dedo, sino por las izquierdas que ya no querían república, como en el fondo no la habían querido nunca, y contra cuyos principales ataques tuvo esa República que dictar una ley especial –que se llamó Ley de Defensa de la República–, cuya lectura deberían practicar un rato todas las tardes los señores de la ONU para que supiesen lo que es canela y las libertades y la democracia que les concedía a los españoles el régimen legal que abatió el general Franco.

En nombre de la libertad de prensa, las izquierdas perseguían a los pocos diarios que no eran gubernamentales y los arruinaban a multas y a suspensiones. Ejerciendo sobre sus contrincantes todas las limitaciones posibles a la libertad, la República concedió, en cambio, a sus correligionarios cuantas licencias y libertades pueden existir en el mundo. La prensa no marxista dejó prácticamente de existir, mientras que la marxista llamaba a sus huestes al combate, anunciándolo próximo.

El resultado de semejante desigualdad de trato, propio sólo de un sistema de gobierno tiránico, pronto dio sus peores frutos y los partidos agitadores y los agitadores particulares comenzaron a campar por sus respetos, con la consecuencia de propagandas subversivas de todo género, huelgas parciales y generales, bombas y petardos en calles y edificios, sabotajes a ferrocarriles, fábricas, saltos de agua, centrales eléctricas, atentados personales, atracos en ciudades y carreteras, asaltos a bancos, robos a mano armada, etc.

En el último año del régimen antes del estallido de la guerra se encarcelaba a las derechas por redadas, que, sólo en Madrid, eran de 250 a 300 personas diarias. Ateneos libertarios y comités repartían consignas atroces, y hasta las organizaciones comunistas infantiles (los llamados pioneros) tuvieron señalada su misión futura. Se confeccionaron listas con los nombres de las personas que había que matar en el primer momento; y otras con los nombres de aquellos a quienes había que matar en segunda vuelta. Se repartían en los centros de izquierdas instrucciones de ataque enseñando el mejor manejo de todo instrumento ofensivo: desde la dinamita hasta la hoja de afeitar dispuesta en un mango, "instrumento propio para atacar a la víctima cuando ya está en el suelo" (textual, pues yo leí esas instrucciones). Y todo esto con la aprobación y el estímulo del Gobierno, del que era presidente Santiago Casares Quiroga.

Se hablaba franca y descaradamente de hacer la Revolución Roja en plazo breve. "¡Esta vez va a ser un 34 largo!", se oía en bares y tabernas, dicho a gritos, aludiendo a que se iban a repetir, aumentados, los sucesos de 1934. ¿Sabéis que el Movimiento de Franco se adelantó a una revolución comunista, planeada y decidida para octubre de 1936? Seguro que no. Y, sin embargo, en la España de aquellos días se sabía: era ya valor convenido. En junio de 1936 la situación era insostenible. Decir "¡Viva España!" era ya en junio un grito subversivo que significaba la cárcel inmediata. Pero "¡Muera España!" estaba admitido y se decía. También se decía por todas partes "¡Viva Rusia!" y "¡Rusia sí, España no!". Y cuando llegó el 18 de julio, fue el delirio en propaganda comunista, porque consideraban la guerra ganada en diez o doce días y ya no disimulaban su verdadero objetivo, que era la sovietización de España y la muerte de todo ser humano que no se sometiese a esa tiranía.

Vayamos ahora con ese pueril esquema de "democracia contra fascismo" en el que los izquierdistas os obcecáis desde hace casi un siglo. Pero, antes de explicaros mi opinión, estoy seguro de que, como buenas republicanas que sois, os gustará conocer lo que escribió al respecto Clara Campoamor, aquella eminente republicana que tuvo que huir del Madrid republicano para nunca poder regresar a España tras la victoria del otro bando:

La división, tan sencilla como falaz, hecha por el gobierno entre fascistas y demócratas, para estimular al pueblo, no se corresponde con la verdad. La heterogénea composición de los grupos que constituyen cada uno de los bandos demuestra que hay al menos tantos elementos liberales entre los alzados como antidemócratas en el bando gubernamental.

Efectivamente, hacia el año 34 y siguientes ya no se habló de derechas ni de izquierdas, pues surgieron dos palabras que las sustituyeron. Y así las izquierdas se llamaron a sí mismas "marxistas", aunque nadie había leído a Marx. Pero no hacía falta haber leído a Carlos Marx. Tampoco las masas marxistas tenían por qué saber qué era el marxismo; bastaba con serlo. Y a las derechas se las llamó "fascistas", también sin necesidad de que nadie supiese cuál era el ideario del fascismo: bastaba con saber –o con creer– que fascista era la concreción y el resumen de toda la perversidad y la vileza capaces de albergarse en pecho humano, y con eso ya se tenía la clave de la historia política contemporánea del mundo, a saber: la eterna lucha entre el Bien y el Mal; y el Mal, intrínseco y sin mezcla alguna de Bien, era el fascismo; y el Bien, intrínseco y sin mezcla alguna de Mal, era el marxismo. La cosa no podía ser ni más infantil, ni más idiota, ni más rudimentaria, ni más inverosímil ni más imposible de aceptar para cualquiera que tuviera dos dedos de frente y un mínimo de experiencia de la vida. Pero era infantil y rudimentaria, y toda idea infantil y rudimentaria entra como una barrena en el cerebro de las masas y allí se queda para siempre. Tendremos, pues, concepto antitético de marxismo-bien y fascismo-mal para tantos años, y quizá para tantos siglos, como hemos tenido concepto antitético de Dios-bien y Demonio-mal.

Entonces había que decir: soy un fanático de izquierdas, soy un marxista. Y al que no decía eso el fanatismo de izquierdas le consideraba automáticamente como un fascista asqueroso, como un enemigo repugnante contra el cual todo era lícito y justo; desde la muerte en adelante. Y a mí no me dio la gana de decir aquello. Entonces el señor y el señorito eran fascistas por el solo hecho de ser señorito y señor; y eran acreedores a la muerte. Luego iban a serlo sólo por llevar corbata o por usar el bigote recortado. Pues a todo eso se llegó. Y ésta es también la verdad.

"¡La libertad de todos proclamo en alta voz! ¡Y muera quien no piense igual que pienso yo!". Estos malos versos de un cantable de zarzuela encierran más doctrina política de izquierdas en España que todos los volúmenes que se han escrito, desde Adán y Eva, acerca de tal tema. Porque es claro, preciso, indiscutible e innegable que el fanatismo de nuestras izquierdas es mucho peor y mucho más feroz que el otro fanatismo y que todos los fanatismos.

Abandono aquí la tecla y regreso al arpa, ilustrísimas alcaldesas, convencido de que todo lo expuesto os ha entrado por una oreja y salido por la otra. Pues compruebo desesperanzado que, en mis días igual que hoy, el fanatizado de izquierdas es inmutable, cerril e inconvencible. Vosotras acabáis de demostrarlo una vez más.

Un beso de vuestro Enrique y hasta la vista, si Dios quiere.
www.jesuslainz.es

Factorías de corrupción
Roger Senserrich www.vozpopuli.com 28 Abril 2018

Una de mis historias favoritas de política local americana es la saga de los alcaldes de Waterbury, Connecticut. Waterbury tiene la reputación de ser extraordinariamente corrupta; el senador Joe Lieberman siempre bromeaba que cuando muriera quería que le enterraran en Waterbury para poder seguir activo en política. Es esa clase de sitio.

Durante una época gloriosa desde finales de los sesenta hasta mediados de los noventa, Waterbury envió seis de sus siete alcaldes a la cárcel por delitos de corrupción. Mike Bergin fue la única excepción, ya que se libró de ir a la cárcel por soborno cuando los fiscales estatales pifiaron su caso. Aun así, el tipo perdió las elecciones en 1995, y su sucesor, Philip Giordano, prometió limpiar la ciudad.

No lo hizo. Unos años después, el FBI ya tenía pinchado su teléfono, en lo que a estas alturas sólo podía calificarse como una investigación rutinaria por corrupción en el ayuntamiento. Tuvieron que dejar el caso sobre sobornos a medias, ya que en las grabaciones descubrieron que Giordano estaba pagando a una prostituta para tener relaciones sexuales con su sobrina de diez y su hija de ocho años. Fue detenido inmediatamente, y condenado a 37 años de cárcel. Bergin, una vez en prisión, tuvo la jeta de poner un pleito a la ciudad para reclamar que le pagaran los días de vacaciones y baja por enfermedad que no había cobrado cuando era alcalde.

Waterbury es un caso ciertamente extremo de corrupción y depravación política generalizadas (aunque todo hay que decirlo, post-Giordano llevan dos alcaldes que no han acabado en la cárcel), pero no es algo especialmente único o inusual. En Estados Unidos hay un número considerable de cargos políticos aparentemente malditos que tienen una tasa inusualmente elevada de acabar con sus ocupantes en chirona, a veces en repetidas ocasiones. Algunos Estados (siendo Illinois el más famoso) prácticamente sólo dan salida a sus gobernadores camino de un centro penitenciario. Providence, Bridgeport y Washington DC incluso han tenido alcaldes que han sido reelegidos después de pasar varios años en la cárcel.

Quizás sea hora de preguntarse si el problema no va más allá de algunas ‘manzanas podridas’ o luchas intestinas entre facciones y de lo que estamos hablando es de degeneración institucional

Todos estos casos de gloriosa perversión política me venían a la cabeza leyendo las historias de los últimos cuatro presidentes de la Comunidad de Madrid, y el hecho de que todos y cada uno de ellos han acabado en su carrera política salpicados por escándalos. Alberto Ruíz-Gallardón, Esperanza Aguirre, Ignacio González y Cristina Cifuentes están todos implicados, directa o indirectamente, en pufos de dudosa legalidad. Aunque es pronto para decir si el PP de Madrid llega a la escala de latrocinio y criminalidad de los grandes clásicos estadounidenses, quizás sea hora de preguntarse si el problema va más allá de “manzanas podridas” o luchas intestinas entre facciones, y no estamos hablando de un problema institucional.

En contra de lo que se dice habitualmente, la corrupción política no es un problema de gente sin escrúpulos y políticos de poca talla moral. Los políticos de media no son demasiado distintos de los ciudadanos que representan, y los seres humanos somos bastante parecidos en todas partes. En Dinamarca no hay menos corrupción porque el país esté lleno de daneses virtuosos que no caen la tentación del lucro personal y el desfalco. Lo que sucede es que en Dinamarca los políticos están mucho menos expuestos a la tentación que en sitios como Madrid. Mas en concreto, los políticos en ayuntamientos, gobiernos y empresas públicas de la comunidad tienen una capacidad enorme de influir en dos temas importantes: contratación pública y decisiones sobre urbanismo.

La inmensa mayoría de políticos, cuando tienen el poder de tomar decisiones discrecionales sobre quién hará una obra o cómo se recalificará un terreno, tenderán a hacer lo correcto, y simplemente darán el contrato a quien haya presentado la mejor oferta, o darán a un solar el uso que crean mejor para el municipio. Esta honestidad, sin embargo, no es generalizada; tarde o temprano algún político recibirá un favor o un regalo de un contratista antes de tomar una decisión, y descubrirán que esto de irse de vacaciones a Cancún gratis es algo muy relajante.

En parte para protegerse, en parte porque quieren ser generosos con sus amigos, empezarán a pedir favores para compañeros de partido, amigos y demás. Al cabo de unos años, es muy posible que todo el mundo en el ayuntamiento ande de mierda hasta las cejas, y dado que todos están implicados, protegiéndose mutuamente. Si este pequeño gran desfalco sucede en tiempos de bonanza económica, es además perfectamente posible que las “facilidades para hacer negocios” hayan contribuido a la popularidad del alcalde, y su capacidad de recaudar fondos para financiar las campañas del partido haya aumentado su poder dentro de este, y generado una pequeña legión de alcaldes intentando copiar el “modelo de gestión”.

En casos como Waterbury, Illinois o (me temo) el PP de Madrid, no importa realmente demasiado quién es alcalde o presidente. El problema es que el alcalde o presidente que lo sustituya estará sujeto a los mismos cantos de sirena que su antecesor y, además, probablemente, proviene de una estructura de poder que lleva años decidiendo quién “asciende” en el partido según su capacidad para recaudar dinero para campañas vía corruptelas y quién ha montado la mejor red clientelar. Por mucha gente que envíes a la cárcel, las instituciones están creando un sistema de incentivos que favorece la corrupción.

Los partidos a veces confían en “mirlos blancos”, alguien que, aunque había vivido dentro del partido, los dirigentes mantienen fuera del sistema de corrupción para que siga siendo políticamente viable. La ironía, obviamente, es que por muy limpio que sea tu líder, el resto del partido nunca va a tolerar que intente hacer limpieza.

Afortunadamente, es posible deshacer esta clase de estructuras; las reformas institucionales son bastante obvias. Cerrar agujeros en el sistema de contratación pública, limitar la regulación urbanística (o lo que pueden decidir los políticos), arreglar el sistema de financiación de los partidos, crear instituciones de fiscalización verdaderamente independientes son ideas fáciles, obvias y populares. El problema, obviamente, es que estas mismas reformas no son demasiado populares entre los políticos, especialmente con aquellos que están metidos en este sistema.

Que le pregunten a Cristina Cifuentes.

Desde la razón y contra el comunismo
Gonzalo Duñaiturria okdiario 28 Abril 2018

Me comentaban el otro día, con notoria sorpresa, que un diario de edición nacional informaba que el diccionario de la RAE no definía al comunismo como, al menos, “régimen totalitario”. En mi afán de confrontar semejante hecho, accedí a la definición establecida por nuestros “maestros de las letras”, abrigando la esperanza de que, por lo menos ellos, concretaran con claridad las características del sistema más mortífero de los dos últimos siglos. Vana fue mi esperanza. En efecto, se utilizan términos como “doctrina” o “movimientos y sistemas políticos”. Solo con este ejemplo he llegado a inferir los motivos por los cuales, a pesar de ser una “ideología” responsable de asesinar a más de 100 millones de individuos, está bien vista. He llegado a entender como un individuo que porte una bandera nazi puede ser detenido mientras que portar una bandera con la hoz y el martillo puede llegar a ser hasta admirable. Comprendo cómo no es legal un partido que exalte los valores del III Reich, como es comprensible, mientras que si lo es aquel que enaltezca los “valores” del comunismo.

La sociedad debe conocer la verdad, a pesar del tradicional y brillante sistema izquierdista de controlar la propaganda. El comunismo y todas sus caras y vertientes supone en todas las naciones donde se instauró, dictadura política y miseria económica. Demostrado a finales de los años 80 su fracaso y frente a la evidencia de sus desmanes, cambiaron de estrategia y se volvieron defensores de los derechos humanos, del feminismo, del medio ambiente, de los pueblos indígenas y de la democracia, para acabar masacrando, una vez más, todo ello. Pregonan una defensa sin par de la clase trabajadora cuando usurpan cual putrefacto virus la riqueza creada por empresarios y trabajadores. Extirpa la propiedad privada y los inalienables derechos de progreso y desarrollo del ser humano, pregonando una falsa y venenosa libertad y prosperidad para todos, causando en cambio hambre, miseria y la destrucción en cada nación donde han tocado o accedido al poder. Como trágico resultado, siniestra consecuencia, su potestad en Europa, Asia y África ha causado más de 100 millones de vidas en menos de 100 años, convirtiendo semejante monstruo en una máquina criminal e ideológica sin precedentes.

Pero para la cultura progre, para la cobarde cultura presuntamente “derechista” y para la incultura, lo anterior no importa. Se acepta, aunque muy a “regañadientes”, una Ley de Memoria Histórica que se ha impuesto como dogma ideológico que nadie puede dudar ni discutir sin ser tildado de “facha”, “fascista” o “franquista”. Se impone a base de decreto y se mantiene una visión sesgada con la que se está aplicando, con él insultante agravio de mantener calles, monumentos, menciones y todo tipo de reconocimientos a quienes sí fueron criminales. Crímenes cometidos para extender el comunismo, calles con criminales y personajes con las manos manchadas de sangre como Carrillo, La Pasionaria, Largo Caballero, Indalecio Prieto, Juan Negrín o el mismo Marx que, pásmense, reitero, tienen calles en España.

El comunismo nos ofrece una fraudulenta e hipócrita sociedad donde los buenos y los débiles tendrán cabida una vez que se extermine a los responsables de la opresión y explotación. Y si, se exterminó, pero se puede pasear una bandera con la hoz y el martillo. Nos lleva a un paraíso donde valen y se justifican los dilatados y extensos ríos de sangre que ha provocado. Solo hay que informarse, que leer, que pregonar a los cuatro vientos una indudable verdad. Como dijo el gran Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos: “Un comunista es alguien que ha leído a Marx, un anticomunista es alguien que ha entendido a Marx”.

Denuncian que los terroristas quieren impulsar una “campaña de propaganda” para sus herederos políticos
Víctimas del terrorismo e intelectuales preparan el manifiesto “ETA quiere poner el contador a cero”
www.latribunadelpaisvasco.com 28 Abril 2018

Ante los últimos movimientos propagandísticos puestos en marcha por la banda terrorista ETA para convertir su final en un espectáculo, víctimas del terrorismo y un pequeño grupo de intelectuales han elaborado un manifiesto titulado “ETA quiere poner el contador a cero”, en el que se denuncia que “ETA no ha cumplido los mínimos necesarios para un fin con Justicia”, que “no ha condenado la historia del terror" y que “no ha cumplido los mínimos necesarios para un fin con reparación”.

El texto, al que ha tenido acceso La Tribuna del País Vasco, está promovido por Fernando Savater, Maite Pagazaurtundua, Joseba Arregi, Consuelo Ordóñez, Teo Uriarte, Martín Alonso y Luis Castells, quienes afirman también que “ETA chantajea a las víctimas y a la sociedad” y “manipula el pasado”.

Los autores del documento, que se presentará en San Sebastián el próximo miércoles 2 de mayo, concluyen que el objetivo de ETA es “realizar una campaña de propaganda política para sus herederos políticos, a nuestra costa. ETA fue el fruto de una identidad política excluyente y contraria al pluralismo político que se convirtió en una identidad asesina. No pide perdón a toda la sociedad española y al Estado de Derecho que intentó destrozar. Solo si condena la historia del terror se puede aceptar el paso adelante”.

Por todo esto, los firmantes del texto exigen a la banda terrorista, lo siguiente: "el esclarecimiento de los crímenes sin resolver, que ascienden al menos a 358; la condena de la historia de terror, de manera que deslegitimen la violencia con vistas a generaciones futuras y para la consecución de cualquier objetivo político; el final de los homenajes públicos a terroristas; el respeto a todas las víctimas sin excepción, y el reconocimiento público de que ETA obstaculizó el desarrollo de la democracia en España y que a pesar de ello hay ahora en España una democracia indudable, que debe ser respetada y defendida por todos, constitucionalistas y nacionalistas”.


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Ok, let's go
CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO El Mundo 28 Abril 2018

En la Lonja de Barcelona cundía un optimismo de primavera y victoria. Desamparado durante décadas, víctima todavía hoy de una política de intimidación y de violencia, el constitucionalismo catalán se había congregado para oír a su mirlo blanco. En el patio neoclásico, antes del acto, y luego en la penumbra gótica del Salón de la Contratación, las conversaciones iban y venían sobre el mismo eje: "¿Tú crees que aceptará?".

El presunto candidato de Ciudadanos a la alcaldía de Barcelona subió al escenario consciente de la expectación. Lanzó una rosa a la afición en forma de refrán -Ronda el món i torna al Born-, pero evitó tranquilizarla del todo. Probablemente porque él tampoco está tranquilo. A Manuel Valls le preocupan muchas cosas. Las encuestas, felonas: "Que la gente luego tiene que votar, eh". El equipo, incierto: "Necesito 10 personas". Y a Carina Mejías. El amor, todavía tierno: su nueva pareja -que, por cierto, habla un suave español de ultramar- es portavoz del partido de Macron en la Asamblea Nacional y no quiere abandonar la scène ni la Seine. Y, por supuesto, las críticas: Valls, turista político. Ahí está, esperando que cualquier Collboni lo recicle, el lema que sepultó los sueños presidenciales de Michael Ignatieff: Just visiting.

Mientras Valls declamaba en catalán con énfasis francés, yo iba pensando en las evidentes ventajas y virtudes de su candidatura. Enumerándolas en mi cabeza como un argumentario de campaña.

1. Sería la prueba de que las antiguas fronteras ideológicas han caducado y de que los fundadores de Ciudadanos tuvieron más razón que sus herederos: ni socialdemócratas ni liberales; simplemente correctos. Civilizados contra el tribalismo y la reacción. A Valls podría votarlo tanto Félix Ovejero -intelectual de izquierdas, gran amigo, sentado en aquel momento a mi lado-, como cualquier pija rubia de derechas que haya sido militante o incluso diputada del Partido Popular.

2. Sería la constatación de que tampoco existen las fronteras morales. Esto se comprobó hace 80 años, cuando el general Eisenhower mandó a sus soldados a morir y matar en Normandía: "Ok, let's go". Pero algunos lo han olvidado. Barcelona es la zona cero del nacional-populismo mundial. Más que Washington, con su demente a cuestas. En sus instituciones y en sus calles se libra la contienda crucial de nuestro tiempo. El candidato Valls encarnaría la nueva política europea. Envés y antídoto del obtuso y rancio tribunal alemán. Evidencia física de que el proceso separatista no es "un asunto interno" de Cataluña. Ni siquiera de España.

3. Sería una lección para la izquierda española de Zapatero en adelante y en picado, de que las políticas identitarias son socialmente disolventes y electoralmente letales. Esto me ha quedado ingenuo: Pedro Sánchez ha decidido apoyar el reconocimiento del bable como lengua cooficial. No hay más preguntas, señoría. Ni más esperanza.

4. Sería un indicio de que Barcelona no está condenada a la decadencia. Es decir, a la ignorancia, el sectarismo, el empobrecimiento y la fealdad. Gestos y gestas recientes de la alcaldesa Colau: convertir una manifestación contra una masacre terrorista en un aquelarre contra una nación democrática; derribar la estatua del mayor empresario, mecenas y filántropo de la historia de Cataluña; torpedear la Feria que más dinero y foco internacional aporta a la ciudad; llamar facha a un héroe de la guerra de Cuba; y -lean a Juan Abreu- no tener la más remota idea de quién fue Cambó. Y luego dicen que a Valls le faltan conocimientos. Currículum, dijo el currito Errejón.

5. Sería la vuelta del orden a un territorio en proceso acelerado de selvatización. Y ya no me refiero sólo a Cataluña. Las primeras declaraciones de Colau como alcaldesa recogen y anticipan el hundimiento provocado por el separatismo, y también el enfrentamiento, a menudo histérico, entre una parte de la sociedad española y el Derecho. "Desobedeceremos las leyes que nos parezcan injustas", dijo nada más llegar a la alcaldía. A leyes añadan sentencias y ahora todos de cabeza contra los tribunales en nombre de un espectral, inasible y este sí por definición intimidatorio "veredicto social". Ah, y sigan acusando a Valls de autoritarismo. La autoridad acabará siendo, como lo es hoy para Macron, su principal baza electoral.

La candidatura de Valls podría convertir a Barcelona en La Ciudad que Fue (©Losantos) antes de degenerar en el Titánic (©Azúa). Eso piensa el propio mirlo blanco. Y aquí es donde quizás se equivoque.

He escuchado con atención los discursos españoles de Valls. Tanto el de la Lonja como el que pronunció en la última manifestación de Sociedad Civil Catalana. Su antinacionalismo es vibrante. Sin embargo, bajo los titulares de un demócrata en combate, asoman referencias a la "identidad catalana" como algo concreto. Y sobre todo una visión romántica de Cataluña, que no sólo carece de cualquier asidero político o cultural en el paisaje devastado por el Proceso, sino que ha contribuido a esa devastación. Por decirlo bruscamente, a modo de sumario, Valls confunde la aclaración de su origen catalán con la reivindicación del catalanismo. Me pregunto por qué lo hace. Quizá por melancolía biográfica: la figura del padre, el sol de la infancia, el mundo del arte y del ayer. Tal vez cree que así se blinda de los ataques xenófobos, lo que sí denotaría un grave desconocimiento del medio. Y seguramente siga el consejo de las élites barcelonesas. Esa gente que apoya su candidatura con entusiasmo por lógico horror a Colau y que se caracteriza por su formidable capacidad para hacer pasar la cobardía propia por la ausencia de convicción colectiva.

Incluso Sociedad Civil Catalana ha hecho de la palabra seny su bandera. ¡El seny!, la gran coartada del nacionalismo. No fue a gritos sino envuelto en el seny como Pujol socavó las bases de la convivencia en Cataluña. Como impuso un modelo educativo y lingüístico incompatible con la libertad. Como convirtió los medios públicos en ejércitos de choque. Como impuso una estrategia de intimidación que derivó prontísimo -no ahora- en escraches, marginación y violencia. Valls debe saber que los dos millones de catalanes que salieron a la calle el 8 de octubre de 2017 no lo hicieron por la recuperación del seny, sino contra la traición del catalanismo. Y aquí incrusto otro sumario: no es que el catalanismo fuera traicionado, es que el catalanismo traicionó a su ciudadanía. Lo ha hecho ahora: el catalanismo es al nacionalismo lo que el nacionalismo al separatismo y el huevo a la serpiente. Y lo hizo en los años 30 del siglo pasado. Hasta el punto de que un catalanista tendría que asumir hoy la insoportable paradoja de la implicación de su corriente reivindicativa y sentimental en dos golpes de Estado. Cambó, ¡contra Catalunya! Y si no me creen a mí -otra gabacha y además medio porteña- al menos lean a Boadella: "Cambó representa el fracaso del catalanismo en el plano político. Significa la imposibilidad de controlar una política sentimental más allá de aspectos puramente folclóricos. Su partido regionalista se escindió y derivó en la división y el enfrentamiento entre catalanes. Las masas acabaron gritando: ¡Visca Macià! Mori Cambó! En la etapa final de su vida y ante el desastre que llevó a la guerra civil, Cambó acabó tomando partido por Franco y contra la revolución. Este fracaso debería servir como gran lección a las nuevas generaciones para no alentar políticas identitarias. Son caminos que acaban afectando a la libertad y la igualdad entre ciudadanos y por consecuencia, causando graves estragos a la convivencia democrática entre españoles".

Y entre europeos.

Quizá sí convendría que Valls repasara este capítulo de la Historia antes de aceptar la candidatura a la alcaldía de Barcelona. Colau no puede. Repasar no es estudiar sino volver a hacerlo.

¿Ha llegado el momento de hablar sobre los presos de ETA?
Mikel Buesa  Libertad Digital 28 Abril 2018

El debate sobre este asunto ha de centrarse en la cuestión de los merecimientos de ETA para que se modifique la situación de sus presos.

Las presiones arrecian con relación al asunto de los presos de ETA. Por una parte está la propia banda terrorista haciendo gestos confusos –o sea, destinados a confundir– para mostrarse merecedora de la magnanimidad con el vencido; por otra, la izquierda abertzale no cesa de ejercer la presión callejera, pues como ETA no mata considera que los reclusos deben volver a sus casas; y luego está el PNV, más bien entre la espada y la pared, entre la presión radical, sus crecientes compromisos de moderación sobre los expedientes terroristas y su acercamiento a las víctimas.

Es cierto que, sorprendentemente, en estos días se ha producido una confluencia entre los que solemos considerar partidos constitucionalistas, en el sentido de rechazar, al menos de momento, cualquier alteración del statu quo y, por tanto, el acercamiento de los etarras encarcelados al País Vasco y, más allá, cualquier generosidad en la concesión de medidas de gracia. El PP es el que más ha insistido al respecto, tal vez porque su credibilidad está más bien en entredicho debido a su flojera general y a que, durante la etapa de Fernández Díaz en el Ministerio del Interior, se deslizaron mensajes confusos y, sobre todo, se hicieron cosas –como lo de Bolinaga o lo de la Doctrina Parot– que resultaron alarmantes. Además, sobre el PP pesa la sospecha, no sé si justa o injusta, de que sus trasiegos económico-presupuestarios con el PNV acaben en algún pacto confuso que dé oportunidades a los etarras. Pero también el PSOE y Ciudadanos se han pronunciado al respecto; por cierto que este último partido, en un ejercicio de oportunismo, ha mezclado el tema presupuestario con el de los presos, quizás más allá de lo que, por el momento, es prudente plantear. No obstante, en el PP se reconoce asimismo que el asunto etarra va a caer cualquier día debido a que, amparados en su embarullada propaganda, no es descartable que los nacionalistas radicales acudan a los tribunales a impugnar la política de dispersión y obtengan alguna resolución favorable a sus pretensiones.

Por ello, el debate sobre este asunto ha de centrarse en la cuestión de los merecimientos de ETA para que semodifique la situación de sus presos. A este respecto, son tres los argumentos que suelen esgrimirse por quienes ven llegado el momento de liquidar el tema a precio de saldo. El primero alude al hecho de que ETA ya no mata, han pasado años desde la última vez que lo hizo e incluso se ha renunciado a la lucha armada. Se trata de hechos bien establecidos, aunque obviamente inaceptables como razones para alterar la política penitenciaria, pues el cese del terrorismo vino impuesto por la acción policial y judicial del Estado, por la derrota –no reconocida como tal– de la organización terrorista, y no hubo acuerdo alguno que condujera a esa situación. Además, está el hecho de que los encarcelados de ETA cumplen condenas dictadas con todas las garantías jurídicas y, salvo casos excepcionales, no han hecho nada para hacerse acreedores al tratamiento favorable que el Código Penal establece para los arrepentidos.

El segundo argumento es el que se deriva del perdón solicitado hace tan sólo unos pocos días en lo que, según Arnaldo Otegi, es "un hecho histórico sin precedentes". Tiene razón Otegi porque no hay precedentes de que, en un papelito más bien escueto, ETA haya argumentado que todas sus víctimas son legítimas de acuerdo con las normas y usos del derecho internacional de la guerra. Porque lo que ETA ha señalado es que entre sus víctimas están los que han tenido y los que no han tenido "una participación directa en el conflicto"; o sea, están los combatientes asociados con el Estado –policías, militares, jueces, políticos y otras personas vinculadas a la acción represiva– y los no combatientes, los que la banda considera "ciudadanos (perjudicados) sin responsabilidad alguna" –por cierto, como si los primeros fueran responsables de su propia muerte–. De ellos últimos se dice, además, que cayeron "obligados por las necesidades de todo tipo de la lucha armada", sugiriendo así que se trató de daños incidentales o colaterales. Y, como sabemos, en las guerras las bajas de combatientes y las bajas incidentales son siempre legítimas si nos atenemos al Protocolo I, adicional a los Convenios de Ginebra de 1949. Por tanto, la petición de perdón de ETA –limitada a las víctimas que considera colaterales– no es más que un engaño que nunca debiera ser tenido en cuenta en las instancias judiciales ante las que, en su momento, se esgrimirá este argumento. No hay perdón real, ni arrepentimiento alguno, ni reconocimiento del daño causado. No hay razón en esto para la benignidad del Código Penal a la que antes me he referido.

Y el tercero vendrá de la mano de lo que ahora se prepara para los primeros días de mayo: la disolución de la organización terrorista. No sabemos cómo se formulará ésta, aunque todo parece indicar que nos enfrentaremos a una nueva parodia. Hace meses que ETA, en alusión a este asunto, señaló en un documento que mantendría vivo un núcleo dirigente para que se "respetase" su "legado" y para ofrecer sus "aportaciones" a la base social de la izquierda abertzale. Y en estos últimos días se especula con la "desmovilización" de lo que ampulosamente ETA considera su ejército. Más de lo mismo para poder sustentar una demanda de generosidad. Pues ETA en ningún momento ha reconocido su derrota, nunca ha anunciado su apartamiento de la política vasca e incluso sigue exigiendo, como dice en su más reciente comunicado, su "solución democrática" –una bonita manera de referirse a la autodeterminación e independencia del País Vasco–, para así "construir [las] garantías" que aseguren el final del "conflicto político e histórico", a partir del que reivindica la legitimidad de su existencia durante seis décadas de violencia.

Escuela Pia de Mataró
El examen a los alumnos de un colegio catalán: “Comentad el poema ‘Adiós España'”
Gonzaga Durán okdiario 28 Abril 2018

Nueva muestra de adoctrinamiento en la escuela catalana. La Escuela Pia de Santa Anna de Mataró (Barcelona) incluyó en sus exámenes una pregunta sobre el poema ‘Oda a Espanya (Oda a España)’ de Joan Maragall de 1898 y pidió a sus alumnos que explicasen el contenido de la estrofa que termina con el famoso “¡Adiós España!”.

“De todos los poemas posibles, en este examen de la Escola Pia Santa Anna de Mataró (véase la segunda pregunta) ponen la Oda a España (que termina con ese conocido “Adeú Espanya”) de Joan Maragall. Casualidad, seguramente…”, ha denunciado la entidad constitucionalista Societat Civil Catalana en su perfil de Twitter.

Se trata de un poema que escribió Joan Maragall (1860-1911), abuelo de Pasqual Maragall, presidente de la Generalitat entre 2003 y 2006. Compuso este poema a finales del Siglo XIX, concretamente en 1898, el año en el que el imperio español perdió sus últimas colonias: Puerto Rico, Cuba y Filipinas. Para algunos, Maragall pedía una España en la que se aceptasen y valorasen todas sus lenguas y culturas por igual. Los separatistas alegan que este poema fue el inicio del nacionalismo catalán.

La estrofa que aparece en el examen es la siguiente:

¿Dónde estás, España? – no te veo en ninguna parte.
¿No oyes mi voz atronadora?
¿No entiendes esta lengua que te habla entre peligros?
¿Has desaprendido a entender a tus hijos?
¡Adiós, España!

La respuesta
La respuesta a esta pregunta de un punto es la siguiente: “La voz poética se dirige en España ‘¿Dónde estás, España?’ / ‘No sientes mi voz atronadora?’. Habla explícitamente en nombre de los que hablan catalán y, como tal, hace un llamamiento a España a que cambie (se modernice y no se oponga al progreso catalán original del catalanismo político)”.

“Finalmente se despide de ella ‘¡Adiós España!’ (Un clamor a la desintegración de la nación española) pensando en una posible independencia. Las regeneracionistas creían en la ‘regeneración’-transformación de España, por tanto, la idea de separación no es del todo plausible”, concluye la respuesta.

Abrió sus puertas el 1-O
La Escuela Pia de Santa Anna de Mataró fue una de las escuelas que abrió sus puertas la jornada del 1-O para que los catalanes pudieran votar en el referéndum ilegal.

Una sentencia de finales de 2015 obligó al centro a realizar un 25% de las clases en castellano, a raíz de la denuncia de unos padres cuyos niños estaban en Primarias.

Los padres que pusieron la denunciaron optaron finalmente por cambiar de colegio a sus hijos. Este hecho provocó que la Escuela Pia no aplicase la sentencia y siguiera manteniendo el modelo de inmersión, con el catalán como lengua vehicular.
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