AGLI Recortes de Prensa   Domingo 13  Mayo 2018

No nos entienden
César Vidal larazon 13 Mayo 2018

Se trataba de una frase común en la época de la dictadura de Franco. Cuando en el exterior fruncían el ceño por cualquier conducta del Régimen –por regla general, inapropiada– se zanjaba la cuestión pronunciando con aire de superioridad un lapidario «No nos entienden». La verdad es que, siendo una monarquía constitucional, siguen sin entendernos. No entienden que en Cataluña haya violencia en las calles sin que a los canallas se les acuse de lo que son, es decir, terroristas callejeros. No entienden que el Gobierno sea el que pague puntualmente a los sediciosos y sus paniaguados sin que haya dimitido el ministro de Hacienda hace meses.

No entienden que buena parte de los catalanes siga apoyando el golpismo cuando ya han abandonado la región cerca de cuatro mil empresas. No entienden que el juez Llarena –que está mostrando un cierto temple en el cumplimiento de la ley– haya decidido, como en Nüremberg, que sólo una parte de los rebeldes comparezcan ante la justicia y la inmensa mayoría escape. No entienden que la educación siga en manos de los nacionalistas y que haya docentes canallas que acosan a niños por el terrible delito de ser hijos de guardias civiles. No entienden que TV3 y radios cercanas se hayan convertido desde hace años en una Radio Ruanda del golpismo e incluso de los asesinos de ETA sin que nadie eche el cierre. No entienden que la financiación del odio más monstruoso a España proceda de los bolsillos de todos los españoles.

No entienden que unos clérigos que dependen para llenar su andorga del dinero que aporta el Estado se permitan apoyar el golpismo incluso profanando la santidad de los templos que tienen a su cargo. No entienden que en grandes conglomerados mediáticos que cubren toda España se dé cabida a los que defienden el pisotear la legalidad y el orden constitucional y encima se coloque a esa chusma en vanguardia de todo tipo de premios y galardones. En las últimas horas, todavía entienden menos si cabe que pueda ser nuevo presidente de Cataluña un personaje que no ha dudado en insultar y difamar a España y a los españoles de la manera más grosera, vil, cobarde y descerebrada. No lo entienden y yo lo comprendo. Por más vueltas que llevo dándole al asunto desde hace décadas a mí tampoco se me ocurre una explicación racional.

La hispanofobia rampante
Hermann Tertsch ABC 13 Mayo 2018

¿Cómo es posible que la televisión pública RTVE envíe a un concurso europeo a representar a España a dos niñatos que solo han llamado la atención por sus ganas de insultar a España? ¿Cómo es posible la investidura en una región española de un presidente cuyo único bagaje conocido es su lista de insultos a España y delirantes desprecios racistas? ¿Cómo se permite romper la Constitución en la tribuna del Parlamento? ¿Por qué felicita el presidente del Senado a una energúmena que insulta y calumnia a España sin jurar la lealtad como debe para acceder al cargo? ¿Por qué unos inmigrantes argentinos metidos aquí en política pueden insultar a España y profanar públicamente su bandera, cuando un español que hiciera eso en Buenos Aires sería cuando no linchado, sí procesado y expulsado?

Cuenta Elvira Roca que en 1650 los españoles conocían bien la sarta de mentiras fabricadas para dañar a España por sus grandes enemigos. Y eran conscientes de que se trataba de falsedades con intención política. Lo grave es que, tal como señala la autora de «Imperiofobia y Leyenda Negra» (Ed. Siruela), en 1750, un siglo más tarde, los españoles ya se creían y difundían como ciertas aquellas mentiras. Y se hablaba mal de España para significarse personal y socialmente. En la corte, las elites y quienes les eran cercanos promovían falsas informaciones para desprestigiar a España. Se magnificaban problemas y ocultaban éxitos. Inmensas gestas eran ridiculizadas. Reveses menores tornaban en catástrofes. Todo invenciones de fuerzas extranjeras, entonces especialmente de Francia, que pujaba por relevar a la dinastía austriaca por una francesa, como en efecto consiguió.

Desde entonces cuestionar a España ha sido hábito, moda e interés. En las clases superiores que se elevan por encima de los demás con ese desdén hacia España. Solo las clases populares han mantenido una relación natural de lealtad a la nación española. Por eso fue capaz de defenderse en 1808, dio una lección a Napoleón y ejemplo al mundo. Las elites han mantenido siempre esa relación enferma con la nación. Y quien ha querido ser elite las ha emulado.

Esta perversión tuvo dos graves escaladas. Una fue la invención decimonónica de los nacionalismos vasco y catalán. A remolque de la tóxica e irracional moda alemana, los intelectuales llevaron el antiespañolismo hasta el extremo de la invención de nacioncitas para proseguir en la península la descomposición de la España americana. La otra se produjo como efecto posterior a la guerra civil y la dictadura. La izquierda identifica a la nación con la dictadura y convierte su odio a esta en odio a aquella. Así surge la actual furia antiespañola de la izquierda española y su alianza con las fuerzas hispanófobas nacionalistas. Quizás haya llegado el momento de poner pie en pared. Y de exigir a los gobernantes que persigan las ofensas a la nación española o se aparten porque no cumplen con dignidad. No se puede defender la seguridad, la libertad y la integridad si no se sabe defender y exigir el respeto.

El "mandao"
Vicente A. C. M. Periodista Digital 13 Mayo 2018

CRUCE DE AMENAZAS ENTRE EL RADICAL EXTREMISTA JOAQUIM TORRA Y MARIANO RAJOY.

Mariano Rajoy era plenamente consciente del fracaso de las medidas del 155 desde el momento en que el resultado de las elecciones propició la mayoría parlamentaria del bloque golpista. Me niego a llamarles de otra forma a esos partidos políticos cuyo objetivo es simplemente romper España y que debieron haber sido ilegalizados. Una situación agravada por la huida hasta hora impune de varios miembros del Gobierno cesado de la Generalidad tras el golpe de Estado, con un Carles Puigdemont que está sabiendo transmitir y aprovechar una imagen victimista y un discurso que no ha sido rebatido en los foros internacionales con la rotundidad y firmeza que correspondía. Y ha sido ese sujeto el que ha conseguido auparse como primera fuerza del independentismo en Cataluña y legitimarse para teledirigir los destinos de esa autonomía como líder indiscutible. La falta de contestación tanto de su antiguo partido como el de su exsocio ERC le permite actuar con la discrecionalidad y libertad de movimientos que más convengan a sus intereses personales. Y para ello no ha dudado en crear toda una tramoya llena de órganos colegiados ejecutivos: Asamblea, Consejo y Presidencia de la República con él al mando supremo que dicte las políticas y nueva hoja de ruta hacia la implantación efectiva de esa República.

Durante este periodo ha manejado a su antojo los tiempos, salvo cuando durante la investidura del segundo aspirante títere, Jordi Turull, el Tribunal Supremo por mano del juez Pablo Llarena, se interpuso justo en la mitad del proceso impidiendo que se produjese aquella y poniendo en marcha el reloj que marca el plazo de dos meses para que se designe a un nuevo Presidente de la Generalidad o se convoquen nuevas elecciones autonómicas. Un punto de inflexión donde Puigdemont realmente optaba por agotar el plazo y “marear la perdiz” con fuegos de artificio, al disponer de unas encuestas que le resultaban muy favorables y le devolvían a ser la fuerza más votada con unos 40 escaños, principalmente a costa de ERC. No obstante, las presiones de ERC le obligaron a optar por el plan alternativo de ceder a un candidato sin deudas judiciales previsibles, pero que fuera leal y sumiso y que no pusiese en cuestión su jerarquía como lider supremo y legítimo Presidente dela Generalidad.

Fue en la última reunión con su grupo en Berlín donde aceptó designar a su sucesor y poner como fecha límite el 14 de mayo para que existiese un nuevo Presidente en “el interior”. Un títere dócil que fuese un eficaz transmisor y ejecutor de todas las órdenes que viniesen desde esos órganos supremos de la República. Y entre todos los posibles aspirantes, optó por alguien cuyo perfil independentista radical era notorio y cuya lealtad quedó demostrada durante las oscuras horas de su prisión en la cómoda cárcel de la pequeña ciudad fronteriza de Neumünster en el Estado alemán de Schleswig-Holstein. Y es así que apurando los tiempos compareció en un nuevo vídeo grabado para informar la designación de un hasta entonces casi desconocido Joaquim Torra (i) Pla, abogado, editor, escritor y empresario implicado en un informe de la Guardia Civil como partícipe en la intendencia logística del referéndum ilegal del 1 de octubre.

Conocido el nombre del personaje y puesto bajo los focos mediáticos han empezado a publicarse datos y pasos de este supuesto “mirlo blanco” que entre hoy y el 14 de mayo se va a convertir en el 131 Presidente de la Generalidad, si la CUP no lo impide. Y lo primero que salió a la luz fueron sus injuriosos tweets donde insultaba soezmente a los españoles. La respuesta de la izquierda, PSOE y PODEMOS, no pudo ser más airada exigiéndole pedir perdón, cosa que el candidato hizo casi de modo casi inmediato achacándolos a un pasado lejano (ocho años) como si el tiempo fura una eximente para un comportamiento tan radicalmente obsceno y xenófobo.

Pero para nada es creíble ese repentino cambio de actitud. Sobre todo porque a las pocas horas no dudó en lanzar toda una soflama en un nuevo desafío con las actuaciones que piensa hacer en cuanto forme Gobierno, todas encaminadas a la restitución de los “daños” causados por las medidas de intervención del 155 y retomar el camino hacia la implantación de la República. Es decir, avisa de lo que ya era previsible, la nula voluntad de acatar la Constitución de España ni el Estatuto de autonomía. Esta claridad en su mensaje ha provocado la respuesta casi obligada del Presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, que desde un acto en Cádiz ha dicho que “el artículo 155 es ya un antecedente y que puede ser aplicado en caso de que se vuelva a requerir”.

Y aquí es donde me surgen muchas desesperanzas y bastantes dudas. La primera es que no parece creíble esa amenaza desde el momento en que Mariano Rajoy ha antepuesto el interés personal y del partido para mantenerse en el poder hasta el fin de la legislatura, con la obligación de ceder al chantaje del PNV para la aprobación de los presupuestos generales, a su deber de contener e impedir este nuevo fraude de ley que nos lleva a un nuevo escenario de conflicto con el golpismo en Cataluña. Y la gran duda es que no parece tan claro el que para esas nuevas medidas vaya a tener el consenso necesario con PSOE y CIUDADANOS para endurecer las medidas de intervención necesarias para sofocar esta nueva rebelión, o ya mejor decir complot para la sedición con violencia contenida ¿no Señoría?

Lo que resulta evidente es que el nuevo futuro Presidente títere de la Generalidad cumple el dicho de que “otros vendrán que bueno me harán”, ya que su radicalidad visceral independentista es bastante superior que la de el mismo Puigdemont. Yo creo, como ya dije ayer, que simplemente es un oportunista que ha sabido estar en el sitio y momentos oportunos para hacerse visible. Unas horas claves donde Puigdemont sentía por primera vez, aunque fuese de una manera tenue, lo que es estar en prisión, sin libertad de movimientos y ante una posible extradición y tener que presentarse ante esa justicia de España que había esquivado hasta ahora. Y es de bien nacido ser agradecido, y pensó en este personaje como un sustituto ideal para su plan. Un candidato que figuraba en el puesto 11 de la lista que él encabezaba por Barcelona, justo tras Elsa Artadi, que se había o la había descartado y que contaba quizás con mucha más confianza y afecto personal que el susodicho.

El caso es que tenemos hoy a punto de ser Presidente de la Generalidad a este avispado letrado vendedor de seguros y político oportunista de último momento (a partir del 2005), capaz de instalarse en la cabeza del movimiento consiguiendo ser Presidente de la ANC (interinamente) y de OMNIUM. Un destacado militante del independentismo, colaborador comprometido (el supuesto asunto de las mesas plegables y cajas con papeletas del referéndum lo corrobora) y leal camarada en los malos momentos. Un “prenda” que no duda en asumir el discurso de su nueva empresa de la que supongo espera obtener recompensa a sus desvelos y sacrificios. Porque debe ser muy duro pasar por títere, por una auténtica marioneta, el clásico correveidile, el “mandao” de los recados o el “tonto útil” que se deja manipular y menospreciar, cuando en realidad es un tiburón que ha sobrevivido y forjado su futuro uniéndose a ese gran banco de tiburones que lidera el independentismo. Sin duda un candidato perfecto para esta etapa en la que Puigdemont quiere consolidar la República y perpetuarse en el poder hasta que el Estado se vea forzado a sentarse a negociar el cómo y, sobre todo, el cuándo se independiza Cataluña.

Porque lo que se avecina es una temporada más de este culebrón, igual o peor que la sufrida con Carles Puigdemont hasta su huida. Y todo gracias a la pusilanimidad y cobardía del Gobierno de España y la actitud miserable del PSOE y de CIUDADANOS que contribuyeron a la ineficacia de unas medidas de intervención ya de por si muy livianas e inapropiadas para la gravedad del desafío secesionista y el golpe de Estado perpetrado por los independentistas catalanes. Cinco meses después del 21 de diciembre estamos a un paso de devolver el control y la financiación a los mismos golpistas que declararon de modo unilateral la independencia. Y este Gobierno y los partidos que ha sido responsables igual se merecen este castigo, pero en absoluto nos lo merecemos los españoles. En estos días se va a consumar una traición sin paliativos ante la pasividad e indiferencia de quien está por ley obligado a evitarla. Desde aquí solo me queda denunciarlo y exigir nuevas elecciones generales.

¡Que pasen buen día!

Islas Baleares
El PP balear culpa a la prensa de su apoyo a la dictadura lingüística de Armengol
Juanan Jiménez okdiario 13 Mayo 2018

El PP de Baleares acusa a la prensa de orquestar una campaña para dividir al partido tras las críticas recibidas por oponerse al recurso del Gobierno contra la dictadura lingüística de la presidenta balear Francina Armengol.

En un mensaje interno remitido a los cargos del partido en Baleares, la dirección del PP balear pide a todos cerrar filas con su presidente, Biel Company, y “ante llamadas o peticiones de declaraciones por parte de medios, la directriz sobre este asunto es remitirse a lo que dijo el presidente y no hacer ningún tipo de declaración para evitar matices“, asegura la nota.

Las declaraciones de Company a las que se refiere la nota interna las realizó tras conocerse la polémica: “No nos metemos en aspectos legales que pueda haber o dejar de haber”, dijo. “La directriz del PP en tema de lengua es clarísima: el partido tiene muy claro que hay dos lenguas oficiales, las queremos las dos y queremos potenciar las dos”, añadió.

Por eso, ahora la dirección del partido ha establecido una especie de omertà en la que le pide a sus cargos que no se mojen, que no hagan declaraciones a la prensa, a la que culpan del enfrentamiento interno entre los que defienden las tesis de Company y los que no. “En relación al tema de lenguas en nuestra comunidad, ya veis que hay toda una campaña orquestada para dividir al partido popular. Los medios tienen aquí un filón y depende solo de nosotros cerrar este tema cuanto antes”, señalan internamente desde la dirección del PP balear.

“Todos veis que lo que se pretende es buscar confrontación entre nosotros y no debemos hacerles el juego. Por tanto si se os pregunta algo en relación a este asunto, remitiros a las declaraciones del presidente y nada más”, concluye el texto remitido a los líderes del partido en Baleares.

Dictadura lingüística
El PP de Baleares se ha posicionado en contra del recurso interpuesto por la Abogacía del Estado contra el Ayuntamiento de Pollensa y su acuerdo de dictadura lingüística para eliminar el español en rótulos y cartelería de comercios, empresas y restaurantes. Una medida aprobada por unanimidad en este consistorio de Mallorca que ha contado con el voto a favor del PP.

Tanto el presidente autonómico del partido, Biel Company, como otros alcaldes ‘populares’ han criticado que se recurra porque “la Abogacía del Estado debería ocuparse de otras cuestiones“.

El PP balear suma voces contrarias a ese recurso del Estado contra la dictadura lingüística. Se trata de una convocatoria municipal de subvenciones para imponer la rotulación en catalán. Y los abogados del Estado exigen a los juzgados la suspensión cautelar de esas ayudas con dinero público cuyo objetivo es erradicar el castellano de la economía mallorquina. Y eso incluso después de que haya tenido que defender la necesidad de velar por las dos lenguas cooficiales (y no sólo por una) la misimísima delegada del Gobierno en las islas, María Salom.


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¿Quién nos está gobernando a los españoles?
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 13 Mayo 2018

Los últimos datos de las investigaciones sociológicas y tendencias de voto hechas por el CIS muestran un escepticismo del electorado respecto a la partitocracia gobernante y al sistema de turnismo político vigente; desplazando el foco de atención de los actuales dos principales partidos que se alternaban en el poder hacia terceros intervinientes, como Ciudadanos y Podemos que auguran nuevos escenarios de reparto del poder.

Es significativo también que el ya tradicional posicionamiento de los españoles en el espacio del centro izquierda se desplace al centro derecha. Esta tendencia de los españoles nos revela la decepción existente en las capas sociales por las veleidades desvertebradoras y diluyentes de las organizaciones de izquierda, que no tienen un proyecto para España y se alían con los que quieren destruirla. Y también nos proporciona una foto de la decepción que va cundiendo de manera bastante generalizada respecto a un Gobierno de España que rehúye atajar problemas estructurales y sistémicos; que nos engaña una y otra vez con falsas promesas y actitudes traicioneras; que muestra una incapacidad pasmosa; que no acomete con la proporcionalidad y contundencia debidas los retos que tenemos para mantener el legado común de todos los españoles y tolera inexplicablemente conductas absolutamente inasumibles en un Estado de Derecho.

Si una estructura de partidos políticos no afronta los retos principales que tienen los españoles en materia de seguridad, en los aspectos territoriales, en la lucha contra la criminalidad, en la sostenibilidad y organización el propio Estado, en la propia viabilidad económica de España para asegurar su futuro, en la lucha contra la corrupción, en la ejemplaridad que se supone deben proyectar los actores políticos para regenerar moralmente a la sociedad española en su conjunto, es que algo profundo atañe a la vigencia futura de España y a su progreso y desarrollo para bien de nuestras próximas generaciones; y que se hace urgente cambiar los instrumentos políticos y el marco jurídico que garantiza la viabilidad del propio Estado.

Están sucediéndose hechos inauditos en Cataluña y País Vasco que lo demuestran. El Gobierno, pese a que tomó las riendas de la Generalitat con el artículo 155, es como si fuera connivente con realidades muy alarmantes que se están generando en esa Comunidad.

La situación de Tv3 requeriría una intervención expeditiva. No se puede permitir que una entrevistadora actúe como colaboradora activa de un terrorista que se jacta de sus acciones criminales, con risitas cómplices. No es de recibo que se pasee a Otegui como si fuera un héroe por la televisión pública catalana sin que aquí se mueva un solo dedo para corregir la situación. No se puede admitir que la policía autonómica catalana se dedique de forma contumaz a espiar a todo aquel que se mueve en contra del independentismo, interviniendo teléfonos, metiendo troyanos en los ordenadores, vigilando movimientos de la gente reacia a las pretensiones secesionistas, actuando de correa de transmisión de los sediciosos, etc, como denuncia el presidente de Somatemps, el señor Barraycoa: “Un día pregunté a una persona de confianza, de la que no puedo dar datos evidentemente, si me podía confirmar qué nivel de preocupación estábamos despertando en los Mossos. La respuesta fue escueta: <<estáis monitorizados desde el primer día>>. ‘Monitorizado’ significa no sólo tener el teléfono pinchado, sino también el ordenador controlado, el GPS, etcétera. Uno de nuestros colaboradores encontró un dispositivo de seguimiento en su coche. Estaba tan mal puesto que se salió del plástico del volante donde lo habían introducido. En medio de la vorágine de reuniones preparatorias de lo que iba a ser la respuesta masiva de la ciudadanía contra el separatismo a partir del 30 de septiembre de 2017, acudí más que estresado a una reunión. Aparqué la moto. Al salir, había desaparecido. Con una media de varias reuniones al día, sin medio de locomoción quedaba anulado. Maldije mi suerte. Luego ya no he sabido qué pensar, en la medida que cascadas de informaciones van dejando un ambiente hediondo y de sospecha continuada. Toda hipótesis empieza a ser como mínimo plausible”.

Pero esto no es lo más significativo con ser grave. Lo peor sigue en el relato del representante de movimientos cívicos cuando dice lo siguiente: “Por primera vez en la historia se han creado unas cloacas de Estado antes de construir el Estado. Y claro, las cloacas apestan y más si no se tapan. Pero lo más demoledor ha sido comprobar en estos meses que las cloacas del Estado español, que también existen y esas sí que están bregadas, también han intentado todo tipo de acciones contra nuestro asociacionismo. Se han comprado voluntades para enfrentar grupos y así debilitar a unos y fortalecer a los que sirvieran a las tesis del Gobierno; han intentado acercarse a nosotros <<amigos>> del Estado con la única finalidad de saber qué se movía en nuestras asociaciones; y –hablo en primera persona por Somatemps--, se han dado instrucciones para que no seamos un agente importante en el proceso de lucha contra el soberanismo; con toda seguridad me atrevo a afirmar que se han dado órdenes explícitas para anular a Somatemps. Hemos visto actuar a los <<agentes>> de los partidos políticos envenenando el asociacionismo y dirigiendo ataques directos contra nosotros. A cambio, hemos puesto muchos dedos en muchas llagas y hemos denunciado servilismos imperdonables a los partidos políticos (quizá un día habrá que hablar de por qué asociaciones que dicen luchar contra el independentismo avalan las políticas de inmersión lingüística)”.

Efectivamente. Hace ya un tiempo narré en un artículo algunas experiencias al frente del Foro Ermua y los complots que sufrí, llegando a tirar la toalla ante las presiones recibidas, y la reducción significativa de la protección que entonces tenía mientras se la mantenían a otros con bastante menos exposición pública que yo, en un momento en que ETA estaba amenazando a los agentes sociales que nos movíamos contra el terrorismo y contra el nacionalismo secesionista en su máxima expresión de ruptura. Simplemente por no someterme a disciplinas ajenas a mi voluntad y conciencia.

Si los partidos políticos juegan a estrategias de potenciación de los movimientos segregacionistas poniendo en riesgo al Estado al que se supone sirven, es que algo muy grave está pasando.

Me refiero, por ejemplo, a los pactos presupuestarios con el PNV, cuya letra pequeña han ocultado para que no se vea lo que hay tras esos acuerdos que fortalecen el independentismo y construyen un nuevo espacio territorial hegemonista, anticonstitucional y de vulneración sistemática a la letra y el espíritu de las leyes. Para empezar, esos acuerdos vulneran gravemente el pacto de estabilidad presupuestario y los compromisos de contención de la deuda pública y el déficit.

Me refiero a la financiación a través del FLA, con dinero de todos los españoles del “procès” independentista catalán.

Me refiero a los compromisos para “tapar” el chivatazo a ETA, que permitió evadir dinero del llamado “impuesto revolucionario”, cuyos responsables principales siguen sin ser procesados y condenados. O a la ocultación de lo que realmente ocurrió el famoso 11M, más allá de sentencias “ad hoc”.

Me refiero al entramado de adoctrinamiento en la enseñanza catalana y vasca, a las coacciones a niños por ser hijos de servidores del Estado, como es la Guardia Civil, a la vulneración de los derechos del niño subsiguientes, al incumplimiento de las sentencias judiciales en materia de derecho a elegir la lengua materna como vehículo de aprendizaje, vulneradas por el actual gobierno en funciones en la Generalitat que es el Gobierno del Estado, con la desvergonzada justificación de que el 155 no ampara estas actuaciones, etc. Podría estar escribiendo durante horas sobre esto, pero mis informados lectores saben a todo lo que me refiero. No es cuestión de extenderse.

Romanones, entre otros, como Joaquín Costa, en su libro “Biología de los partidos políticos” identificaba a los partidos políticos como problema porque no servían -ni sirven- al interés general sino que se dedican a cultivar su exclusiva utilidad y son fuente de vicios y perversiones políticas, por eso afirmaba que <<vienen a ser la mayoría de las veces la usurpación que se hace, en nombre de una falsa representación de la voluntad nacional>>, tal como también afirmaba el insigne Gonzalo Fernández de la Mora cuando anunciaba las desviaciones de constitucionalismo que pronosticó con acierto. Costa hacía suya la afirmación de un diputado: <<Cuatro rateros con sombrero de copa y cuatro matones: esta suele ser la plana mayor de un partido. No hay en España, concepto que de ellos da la ciencia.>>

En fin… hago mía una frase que se ha convertido en viral en las redes sociales: <<Yo quiero votar personas, no partidos. Mi distrito, mi diputado>> O la razón pública es razón de Estado o pronto los buitres que ya empiezan a asomarse por nuestras costas se repartirán los despojos de España. Igual es eso lo que se está cociendo en todo este berenjenal y no lo acabamos de ver porque no es nada explícito.

Navarra, clave para los Presupuestos Generales del Estado
Julio Ariza gaceta.es  13 Mayo 2018

Al final la clave de los presupuestos del Estado va estar en Navarra. Este domingo, a las 12:00 de la mañana, se reúne la Asamblea Nacional de Unión del Pueblo Navarro. El presidente del partido, Javier Esparza, va a explicar a sus afiliados cuál es la posición en el tema de los Presupuestos Generales del Estado y el gran disgusto que tienen en su formación con la posición del Partido Popular en su negociación con el Partido Nacionalista Vasco.

Las concesiones realizadas al partido nacionalista por parte de Rajoy han generado una enorme alarma respecto a la entrega de Navarra a los intereses de la gran Euskal Herria. Así, si los navarros no ven claro que el Gobierno de España vaya respetar al máximo los intereses de la foralidad navarra y el respeto a las víctimas del terrorismo -específicamente en la política de acercamiento de presos- el Partido Popular puede llevarse una gran sorpresa y no contar con los dos diputados de Unión del Pueblo Navarro en la votación presupuestaria.

El 'procés' sigue en marcha con el títere de Puigdemont
EDITORIAL El Mundo 13 Mayo 2018

Quim Torra lanzó ayer un órdago a España en toda regla. El candidato designado a dedo por Puigdemont para sucederle en la Presidencia de la Generalitat, durante la primera sesión de su investidura, abrazó las tesis más radicales del independentismo, prometió "construir" la república y se marcó como meta cumplir el "mandato del 1 de octubre". Torra pronunció un discurso incendiario y extraordinariamente preocupante en la medida que, si se materializaran sus propósitos, el Gobierno catalán volvería a situarse fuera de la legalidad. El proceso soberanista, lejos de diluirse tras más de medio año de intervención de la Generalitat, no sólo sigue en marcha sino que ahora amenaza con agravarse. Todo ello aboca al Gobierno a reforzar la vigilancia para reactivar el 155 si el secesionismo persiste en vulnerar el marco constitucional.

Al apelar a la legitimidad de Puigdemont, Torra se reconoció él mismo como un presidente vicario y provisional. No parece, por tanto, que considere una ofensa atribuirle el papel de títere. Y es tal la subordinación que emuló a Puigdemont retando a Felipe VI desde la tribuna de oradores del Parlament en los mismos términos que verbalizó su mentor tras el discurso del Rey el 3 de octubre:"Majestad, así no". Resulta obsceno decir que se tiene la "mano tendida" al diálogo al mismo tiempo que se busca perpetuar un proceso que ha conducido a Cataluña a la fractura social, la ruina económica y la pérdida del autogobierno.

Torra acreditó durante su intervención su perfil ultranacionalista y ultramontano. Tanto en los comentarios vertidos en las redes sociales como en los artículos publicados, el candidato no ha tenido reparos en mostrar un despreciable supremacismo en el que ha atizado el odio hacia quien disiente del separatismo y no ha ahorrado expresiones insultantes hacia los castellanohablantes. De ahí que no resulte extraño que ahora pretenda ser el presidente de todos los catalanes a través de la provocación -comprometiéndose a restituir los organismos eliminados al amparo del 155 y recuperando las leyes suspendidas por el Tribunal Constitucional- y el engaño, alimentando otra vez la posibilidad de una declaración unilateral de independencia.

Seis meses después de la intervención de la Generalitat, la política catalana encara una fase inquietante. El separatismo propone un candidato sin imputaciones penales, pero cuya radicalidad y vasallaje a Puigdemont le impedirá coser la convivencia y restañar los daños del procés. Nada parece haber cambiado. El independentismo se empeña en mantener la ficción de la separación. La investidura de Torra depende ahora de la CUP, pero no habrá un Ejecutivo efectivo mientras el secesionismo no renuncie a la unilateralidad y la desobediencia. No basta con desbloquear la legislatura. El levantamiento del 155 debe quedar supeditado al acatamiento explícito de las normas de convivencia por parte del nuevo Govern.

Torra es ilegítimo, Rajoy se ha deslegitimado
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 13 Mayo 2018

Plácido Fernández-Viagas, letrado del parlamento andaluz e hijo del primer presidente de la Junta de Andalucía, luego senador por el PSOE y miembro del CGPJ, publicó ayer en El Mundo un gran artículo que, a mi juicio, ilumina la gravedad de la situación institucional española tras la proclamación del candidato "limpio" que buscaba Rajoy y que ha resultado ser un racista redomado llamado Torra, cuyo discurso de investidura fue una burla al Estado, un reto a los jueces y una llamada al conflicto civil entre catalanes, que son los separatistas, y los "fascistas españoles que viven en Cataluña", más de la mitad de los votantes que no aceptan el apartheid antiespañol. Nunca se vio con tal claridad la condición criminal del proyecto separatista y la gravísima responsabilidad de las instituciones españolas si lo aceptan.

La ilegitimidad del nombramiento de Torra
Aunque Rajoy, empeñado en conseguir, para evitar nuevas elecciones, un gobierno de la Generalidad a cualquier precio, salió de inmediato a decir que "no le gustaba" el discurso de Torra, pero que aguardaba a "sus hechos", la elección de alguien que anuncia que proseguirá el golpe de Estado plantea un problema no sólo ético -¿debe firmar el Rey el nombramiento de alguien que insulta a los españoles y proclama su empeño en la ilegalidad?- sino legal y político: ¿es legítima la elección de Torra con un programa guerracivilista?

Tres son los aplastantes argumentos de Fernández-Viagas. El primero es el del nombramiento de Torra y su elección por el Parlamento regional.

"¿Reúne los requisitos necesarios para superar los límites impuestos por la aplicación del artículo 155 de la CE? Es muy dudoso la verdad, sobre todo si se tiene en cuenta que participar en un proceso de carácter delictivo lo impediría claramente. No se puede incidir en una rebelión y, al mismo tiempo, presidir una de sus comunidades autónomas. Un Estado serio no puede aceptar, por comodidad, miedo, prudencia incluso, una actuación fraudulenta contra su ordenamiento jurídico."

A partir de ahí, esgrime tres argumentos. El primero, la continuidad de la actividad delictiva de Puigdemont, expresamente exhibida por ambos:
"La candidatura de Quim Torra ha sido impuesta por un señor, Puigdemont, que está encausado por hechos susceptibles de ser tipificados como rebelión, conspiración para la rebelión, o sedición, y que se considera aún presidente legítimo de la Generalitat. Más grave aún, pretende utilizar a Torra como un elemento meramente ejecutor de su proyecto calificado como delictivo. Si es consciente el candidato de todo ello, y no parece muy tonto, debería tener en cuenta que nuestro Código Penal cuando determina la responsabilidad criminal señala, en su artículo 29, que "son cómplices los que, no hallándose comprendidos en el artículo anterior, cooperan a la ejecución del hecho con actos anteriores o simultáneos", algo en lo que podría incidir claramente Quim Torra. ¿Cómo puede considerarse, entonces, legítima una propuesta dirigida a consolidar una rebelión?"

El segundo argumento, aunque no lo cite el artículo, cabría integrarlo en la instrucción del Juez Llarena en el Supremo y el agravamiento del delito:
"Sería disparatado no tener en cuenta que los efectos de los delitos de que viene acusado el señor Puigdemont no han sido consumados. Sus propios autores recuerdan que su único objetivo es "implementar la República". Y en ese propósito se enmarcan las actuaciones que vienen realizando a nivel internacional, los distintos hechos de resistencia, activa y pasiva, que se desarrollan en Cataluña y, sobre todo, la enorme campaña que su aparato de propaganda, desde medios oficiales incluso, sigue protagonizando. El proyecto criminal, de existir, se encontraría en una fase decisiva, la de consolidación del enfrentamiento con parálisis de nuestro aparato estatal."

Y el tercer argumento, escrito -ojo- antes del discurso de investidura de Torra, plantea el problema de fondo: la "vuelta a la normalidad"… golpista:
"Para restablecer la legalidad constitucional no basta con la elección de un "presidente limpio" de imputación penal. Es ridículo siquiera plantearlo, lo que es necesario es que no participe en forma alguna en hechos que, en su día, pudieran merecerla. Y lo cierto es que el señor Torra está siendo utilizado de manera instrumental en hechos muy posiblemente constitutivos de un delito de rebelión, que el Estado no puede tolerar."

Evidentemente, si los tres argumentos bastaban y sobraban para rechazar la investidura del candidato por lo que había manifestado antes de la sesión de investidura, el discurso de Torra despreciando la Ley, retando al Estado e insultando a los partidos españoles de Cataluña, lo convierten en absolutamente intolerable. Nadie que acepte la investidura de Torra podrá decir que no participa en el Golpe, porque lo hace. A PP y PSOE, que han hecho del borrón y cuenta nueva la política ante el golpismo catalán, les resultará difícil rectificar, pero si Ciudadanos mantiene -debe hacerlo- la ilegitimidad de la investidura de Torra, Rajoy y Sánchez serán socios de sus fechorías, al mismo nivel de Podemos. Pero el partido más afectado es el del Gobierno.
Ni normalidad, ni legalidad: insurrección que pagan los españoles

El "manejo magistral de los tiempos" de Rajoy, que tanto elogiaban sus turiferarios cuando tuvo una mayoría absolutérrima y no la usó para nada, se ha revelado como una pereza pavorosa a cualquier compromiso con la acción de Gobierno, que es para lo que está en la Moncloa. La vergonzosa dejación de funciones ante el separatismo catalán durante casi seis años, los que consigna Llarena en la instrucción del caso contra los golpistas, ha sido fundamental para que la situación haya desembocado en esto: la designación de un racista por un forajido para representar al Estado Español en Cataluña.

Pero Rajoy tiene un problema: al entregarse de pies y manos al separatismo para tirar año y medio en La Moncloa, sin otro plan que el de su particular y exclusiva supervivencia, sus socios debían procurar no delatarle. Urkullu lo ha hecho al elogiar su "sensibilidad" con los asesinos de la ETA, y ahora la famosa estrategia del "candidato limpio" desemboca en este Torra, que empieza re-proclamando la República, despreciando la Constitución e insultando a los españoles de Cataluña, en los que antaño tenía votos el PP.

Torra ha dejado en ridículo a Rajoy y a Pedro Sánchez a las primeras de cambio. Y le ha servido a Rivera el menú completo para hartarse de votos del PP y el PSOE, indignados por su actitud ante el golpismo vasco y catalán. La estrategia "normalizadora", de la que Rivera supo salirse a tiempo y que Arrimadas enterró ayer con otra gran actuación simbólico-parlamentaria, es un filón electoral sencillamente inagotable para Ciudadanos. Cada fechoría que haga Torra, y las hará a diario, porque es un fanático racista y místico, genuinamente pujolista, como explicaba ayer su examigo Miquel Giménez en Vozpopuli, se cargará en el debe de Rajoy; y en el de Sánchez; y en el de Podemos, porque comunismo y racismo separatista nunca encajan del todo.
El dilema del Rey

Por último, por si faltaba algo, está el dilema del Rey, que apareció en televisión justo cuando, por la deserción bipartidista, ganaba el golpismo y sacó a la calle a la nación española, mostrando la inmensa fuerza que atesora y los partidos desprecian. Afrentado institucionalmente por Torra, que además participó en un escrche contra él, debe firmar (o no firmar) su nombramiento como representante en Cataluña del Estado que quiere violentamente destruir. Porque cuando Arrimadas dijo que Torra no venía a presidir la generalidad sino los CDR dijo exactamente lo que va a hacer: la máxima violencia contra los catalanes no nacionalistas y el máximo desafío al Estado.

¿Y puede el Rey hacerlo como si estuviera respaldando cualquier nombramiento del Gobierno en el ejercicio de su papel constitucional? Dicho de otro modo: ¿es constitucional colaborar con el golpe anticonstitucional? No me extrañaría que, por prudencia y previendo violencias futuras, el Rey retrasara la firma del decreto de nombramiento de Torra como representante del Estado hasta tener un informe del Consejo de Estado sobre la legitimidad de ese nombramiento. Sólo entonces, si fuera positivo, debería firmarlo. En mi opinión, por las razones dadas al principio -o sea, tomadas de Fernández-Viagas- no debería hacerlo. En todo caso, y respetando la difícil decisión que tome, un gesto formal de reprobación sería necesario.

Y si Rajoy y Sánchez se atreven a alegar que eso es salirse de sus funciones, que se preparen. Todos hemos vimos que tuvo que salir en televisión porque ellos no las cumplieron, ni las cumplen, ni piensan hacerlo. España ha entrado en un terreno pantanoso por su personal y política cobardía. Ya veremos cuándo y cómo podemos salir.

El 155: ¿Puede un coche circular con el freno de mano puesto?
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli 13 Mayo 2018

El artículo 155 de la Constitución española está pensado, al igual que su homólogo de la Ley Fundamental alemana, el 137, para restaurar el orden legal en una Comunidad Autónoma cuyas autoridades lo hayan vulnerado o para defender el interés general de la Nación en el caso de que aquéllas adopten medidas que lo pongan en peligro. La eficacia de la activación de un precepto destinado a ser invocado en situaciones extremas dependerá, naturalmente, de que la intensidad del poder coactivo utilizado por parte del Estado sea suficiente para devolver al cauce constitucional las aguas que la imprudencia, la incompetencia o la traición de los responsables políticos regionales hayan hecho desbordar.

Visto desde esta perspectiva, es evidente que la forma en que el Gobierno de Rajoy está aplicando una previsión de la Norma Suprema de esta trascendencia tras el golpe perpetrado por los separatistas catalanes es, por calificarla suavemente, tímida e incompleta. En las escuelas catalanas se sigue adoctrinando impunemente a los niños y a los adolescentes, utilizándolos como fuerza de choque del independentismo, llegando esta manipulación al punto escandaloso de sacarlos a la calle a manifestarse con absoluto desprecio del deber de educar y proteger de todo sistema de enseñanza que se precie; en las aulas, profesores desaprensivos y fanatizados señalan públicamente a los hijos de los policías nacionales y guardias civiles excitando contra ellos la hostilidad de sus condiscípulos con una crueldad que hiela la sangre y que revela un grado de maldad difícil de imaginar en una sociedad civilizada; los medios de comunicación públicos continúan en manos de los comisarios ideológicos del secesionismo que programan sus contenidos para alimentar el odio a España, ensalzar a los prófugos de la justicia o a los encarcelados por graves delitos y falsear la realidad hasta extremos inauditos, triturando cualquier asomo de deontología profesional o de mínimo respeto a la verdad; los puestos clave de mando de los Mossos d´Esquadra no han sido asignados a miembros del cuerpo respetuosos de la legalidad, sino que los nombrados en su momento por los golpistas ejercen sus funciones como si nada hubiera sucedido y no hubiesen colaborado por acción u omisión a la rebelión organizada el pasado 1 de Octubre; bandas de facinerosos violentos atacan las sedes de los partidos constitucionalistas, agreden a políticos de estas formaciones, interrumpen servicios públicos esenciales o destruyen mobiliario urbano con absoluta impunidad ante la pasividad de la policía autonómica; y en el recién elegido Parlamento su presidente se salta diariamente la ley y el Reglamento de la Cámara -véase el voto delegado de Puigdemont y Comín desde su exilio cobarde- sin que nadie le meta en vereda.

Es muy preocupante que en este contexto de burla permanente al Estado la mayor prioridad del equipo monclovita sea lo que denomina “la recuperación de la normalidad”, es decir, la investidura de otro Consejo Ejecutivo de la Generalitat a cargo de los mismos que casi liquidan la unidad nacional hace apenas seis meses para que, se supone, pongan en marcha con brío renovado, tal como han anunciado, el malhadado “procés”, sumiendo a Cataluña y al resto de España en la pesadilla recurrente y obsesiva de la contumacia nacionalista. La evidencia de que la normalidad no consiste en el regreso a la perturbadora situación previa a la aplicación del 155, sino en la restauración de la legalidad mediante las facultades que la Constitución otorga al Gobierno de la Nación, es un concepto que aparentemente Mariano Rajoy no acaba de comprender.

El que sí parece que lo ha entendido es Albert Rivera, y de ahí su lógica indignación por la pasividad del Gobierno ante los desmanes de los separatistas, que operan con casi total impunidad. Su amenaza de retirar el apoyo de Ciudadanos si el Gobierno no ejerce sus competencias con firmeza y rigor para salvaguardar los derechos de los ciudadanos y para poner coto al desmadre nacionalista en Cataluña, lejos de demostrar irresponsabilidad o de tratarse de una pataleta infantil, como han declarado dos grandes estadistas del Partido Popular, responde a una percepción muy real de la marcha de los acontecimientos en esa Comunidad. Rivera ha señalado con indudable razón que el caos institucional y la fractura social que están arruinando a Cataluña no son el fruto de un estallido súbito e inesperado de enajenación colectiva, son el resultado de tres décadas de labor constante, artera y destructiva de las fuerzas separatistas, estimulada y facilitada por la inacción de los dos grandes partidos nacionales desde la Transición hasta el presente. Y es que lo que sulfura al cabeza de filas de Ciudadanos provoca asimismo la irritación de millones de españoles que asisten entre atónitos y soliviantados al espectáculo lamentable de que incluso hoy, cuando la felonía de los nacionalistas catalanes ha quedado sobradamente patente, tanto el PP como el PSOE se encogen amedrentados sin reaccionar como es debido a la magnitud del ataque a la democracia y a la libertad que estamos padeciendo.

El tan cacareado sentido común de Mariano Rajoy debería iluminarle sobre los inconvenientes de obligar a un automóvil a circular con el freno de mano puesto. La evitación de este descuido, ya solventado por el mecanismo de desconexión automática de los modelos modernos, todavía no ha sido incorporada al esquema mental del hombre que tan orgulloso se muestra siempre de su previsibilidad. No, estimados Coordinador General y Portavoz en el Congreso del Partido Popular, lo que se ha vivido en la sesión de control del pasado miércoles no ha sido una rabieta inmadura, sino, por el contrario, la expresión airadamente serena del agotamiento de la paciencia de los votantes que, precisamente porque han madurado, os están abandonando en masa.

La investidura del ventrílocuo Puigdemont
FRANCISCO ROSELL El Mundo 13 Mayo 2018

En un mundo de pícaros que no conoce tiempo ni lugar, siempre surte provecho la lectura de las andanzas del Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán. En uno de los episodios, el popular rufián sevillano pone rumbo a Italia y se cruza con dos labriegos manchegos que porfían sobre la naturaleza de la cría recién parida por una yegua. Uno de ellos atestigua que "jumento es" y el otro niega que sea un asno, sino que se trata de un muleto, un mulo joven, llegando a tenérselas tiesas en su testarudez. En esa disputa se enredaban cuando entró en liza un tercer lugareño. Miró a la bestia, fijándose en hocico y orejas, y concluyó irremisible: "¡Pardiós, no hay que discutir! ¡Tan asno es como mi padre!".

En pareja controversia a la de los gañanes manchegos, se enzarzaban quienes perseguían desentrañar la verdadera naturaleza de la criatura política prohijada por el prófugo Puigdemont y a la que ha ungido como president-títere de la Generalitat moviendo las cuerdas de la marioneta. Empero, en este caso, no ha sido preciso que terciara nadie para colegir que Puigdemont ha buscado en Quim Torra un presidente interino a su imagen y semejanza, una suerte de alter ego hasta el punto de aparentar ser siameses. Ambos parecen conformes con este reparto de papeles hasta que El Ausente pueda hacerse presente saltando de la pantalla de plasma y traslade, si es que la Justicia o eventuales medidas de gracia se lo permiten, este Retablo de las Maravillas en que ha devenido Cataluña.

En efecto, tan conformes que Torra habló ayer por su boca lo que el ventrílocuo Puigdemont le dictó con su vientre. De hecho, lo que se vota estos días en el Parlament es la investidura de Puigdemont por persona interpuesta, como perseguía éste desde primera hora. Por eso, cuando el ventrílocuo se apresuraba ayer a felicitar a su muñeco estaba haciéndolo -qué duda cabe- a sí mismo. De hecho, cuando Torra aseveró que él no debía estar en el ambón parlamentario, tenía toda la razón del mundo. Pero no por las razones que esgrimió, sino por la farsa que escenificaba en el Parlament.

Curiosamente, ambos emergieron para cometidos tan principales desde puestos hondos de las listas electorales, como si estuvieran agazapados hasta el momento de dar un brinco que les sacara de la madriguera. ¡Tan supremacista y xenófobo, en cualquier caso, el uno y el otro como ejemplares de la misma especie política!

Tras casi medio año de espera, Puigdemont ha resuelto como le ha dictado su real capricho. Si Calígula proclamó a su caballo Incitatus cónsul de Roma, él se ha permitido designar como primera autoridad de una autonomía moribunda y degradada a quien es representación viviente del fanatismo. Al tiempo, puede desplegar la misma desenvoltura de aquel sádico césar con un zapatero galo que le gritó "¡fantoche!" a la cara y al que Calígula le rebatió: "Es verdad, pero ¿crees que mis súbditos valen más que yo?".

Ciertamente, si eso hubiera sido así, se habrían desembarazado de aquel azote de Roma, al igual que lo habrían podido hacer los catalanes y sus fuerzas políticas rehenes de la política enloquecida de este timonel de la nave de los locos que ahora llama a su lado a un vicario para que ejecute sus órdenes sobre el terreno.

Se podrá argüir que, al igual que aconteció cuando Mas debió designar sucesor a Puigdemont por imposición de la CUP, Torra romperá inevitablemente amarras con su patrocinador, pues ello está en la realidad de las cosas. De hecho, un confuso Iceta aventuró que el nuevo hábito puede hacer de Torra otro monje distinto del que, por sus asedios y tuits infames, conocemos. Pero él ha despejado dudas desde el minuto uno, como no podía ser de otra manera por parte de quien ha hecho de ello su modus vivendi y ahora su modus operandi.

En todo caso, no puede quebrar el relato embaucador del populismo soberanista para generar nuevos e interminables embrollos que hagan definitivamente irresoluble el laberinto catalán si no se alcanza la independencia. Claro que la esperanza de todos sea imaginar que hay un hilo para salir del mismo, como enseña el maestro Borges.

Además, en aquel trance, Puigdemont precisaba matar al padre para solidificar su relación con quienes habían pedido la cabeza de Mas. Ahora, en cambio, en perfecta sintonía con la CUP, pese a la engañosa abstención de ayer, Puigdemont se refuerza poniendo como consejero jefe, más que presidente real, a un personaje delirante como Torra, que simpatiza tanto con éstos como su padrino. Al punto de que, como le espetó una atinada Arrimadas, "no ha venido a dirigir un Gobierno, sino un Comité de Defensa de la República (CDR)". Únase a todo ello que no se conoce ninguna marioneta que ande sin hilos, por mucho que lo intente, y no parece que Torra vaya a ser ninguna excepción.

Lo cierto es que, con su designación, se cierra un ínterin en el que Puigdemont ha estirado la cuerda todo lo que ha podido al servicio de sus intereses, sin que la aplicación apocada del artículo 155 haya servido para cosa más distinta que decepcionar a aquellos que salieron a la calle pidiendo su aplicación y luego dieron su mayoría a una opción constitucionalista. El president prófugo era plenamente sabedor de que no podía arriesgar la pérdida del Gobierno por parte del independentismo, que podrá proseguir su rebelión en marcha con todos los resortes del poder, además de imponer su propio calendario a la hora de decidir cuando convoca nuevas elecciones.

Así lo explicitó ayer mismo el ventrílocuo, advirtiendo a modo de aviso de navegantes: "Ahora se enterarán de cómo cambia la cosa". Al tiempo anunciaba que habrá un comisionado que investigue el 155 y que se amplificará la internacionalización del conflicto con cargo al Presupuesto. Tales desatinos abundan en el despropósito de que España es la única nación que paga su propia destrucción y suicidio, mientras su presidente del Gobierno se va a Jerez a presumir de crecimientos económicos difícilmente sostenibles con esos pies de barro.

La circunstancia de que Torra reúna las condiciones para ser elegible, al contrario de las tres opciones anteriores planteadas por Puigdemont, como reclamaba Rajoy en lo que todo el mundo interpretaba como unas ganas locas de éste de quitarse de encima esta patata caliente, no significa nada. Como en el célebre microrrelato de Monterroso, cuando el lunes sea investido, el dinosaurio todavía estará ahí. Aunque realmente no haya desaparecido ni durante estos más de 200 días de vigencia del artículo 155, como se han encargado de televisar a todas horas unos medios audiovisuales públicos al servicio del golpismo, a la par que se acosaba a los constitucionalistas.

Frente a ese estado de cosas, carece de sentido que el presidente Rajoy se haga falsas ilusiones sobre un proceso del que ya debiera estar curado de espanto. No puede permitirse ignorar la realidad que se presenta ante los ojos. Bien claro se lo dejó ayer el muñeco de Puigdemont: "Si el Gobierno levanta el 155, no habrá excusas para construir un Estado independiente en forma de república". Ello obligará, seguramente, a Rajoy a tener que reactivar el artículo 155 a las primeras de cambio.

Por saltar de la sartén, Rajoy puede caer en la brasa. A diferencia de otro de los cuentos cortos de Augusto Monterroso, que relata como "hubo una vez un rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió", el independentismo no cejará. Además, se producirá la confluencia de procesos parecidos que se apuntan en el País Vasco, en manos de cuya fuerza hegemónica se encuentra la suerte del propio Rajoy.

Por eso, a Rajoy, más que sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado, debiera inquietarle mucho más aún cómo preservar los presupuestos sobre los que se afirman la unidad de España y su Estado de derecho. Ello no va a ser posible, como en otra fascinante historia de Monterroso, aquella en la que narra «la historia del día en que el fin del mundo se suspendió por el mal tiempo». No siempre la providencia acude para arreglar entuertos del calibre de los desafíos que tiene planteados España.

El independentismo catalán ha ido creciendo a medida que éste le ha tomado la medida al Estado. Como le afeó el Tribunal Supremo, ni siquiera el Gobierno quiso ver delito de malversación en la consulta del 9-N, lo que hubiera reportado una mayor condena a los involucrados, con Mas a la cabeza, teniendo en cuenta que la comisión de ese delito fue flagrante -tal como ha certificado el Tribunal de Cuentas-, al emplearse en la misma incluso fondos estatales provenientes del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), esto es, de la partida estatal destinada a socorrer a Cataluña.

O gana el golpe o gana el Estado. Ése es el dilema de Rajoy, que sigue discurseando como Churchill -"cualquier ilegalidad será reparada y cualquier vulneración de nuestro marco constitucional será respondida"-, pero proclive a las componendas de Chamberlain, como acredita la inaplicación práctica del artículo 155. Más que bomba atómica ha sido bomba de humo con la que cegar los ojos de la opinión pública.

Entretanto, el independentismo más xenófobo se apodera del palacio de la Generalitat y reemprende su rebelión a lomos de un asno independentista -nadie dudará de su condición de tal, sin necesidad de que haya porfía de por medio- presto a cocear desde el Rey abajo a todos los que estén por la unidad de España y por sus valores constitucionales. Quien tenga oídos para oír, que oiga; quien tenga ojos para ver, que vea, si es que ya los ciegos no guían a los sordos.

Error contumaz
«Rajoy se avino a no recurrir ante el TC el voto delegado de Puigdemont y Comín para que Urkullu pudiera acudir en su ayuda sin ponerse colorado»
Luis Herrero ABC 13 Mayo 2018

Es un secreto a voces que el Gobierno estaba como loco por quitarse de encima el lío del 155. El PNV lo había puesto como condición para apoyar los presupuestos. La decisión gubernamental de no torpedear la precaria aritmética parlamentaria de los independentistas para que su plan D pudiera salir adelante en segunda vuelta fue fruto de la exigencia vasca. Rajoy, quiero pensar que a regañadientes, se avino a no recurrir ante el TC el voto delegado de Puigdemont y Comín para que Urkullu pudiera acudir en su ayuda sin ponerse colorado.

Gracias a ese cambalache, un supremacista recalcitrante, expresidente de Ómnium, independentista hasta el tuétano, pirómano de las redes sociales por sus mensajes de desprecio a todo lo que huela a España, se va a convertir en presidente de la Generalitat. Ha sido Puigdemont, sí, quien lo ha designado para el cargo con su dedo milagroso de protomártir berlinés, pero ha sido Rajoy quien le ha prestado el palio para que acuda a la investidura con todos los pronunciamientos canónicos que exige la ley.

Esa misma ley obliga ahora a rendir la eficacia del 155 ante los pies del honorable títere de quien se hace llamar presidente legítimo de la República catalana. Así que, en teoría, los tres compinches de la estratagema deberían estar contentos. Rajoy, Urkullu y Puigdemont ya tienen lo que querían. El primero, un lío menos. El segundo, las manos libres para seguir rentabilizando la importancia estratégica de sus cinco diputados en el Congreso. Y el tercero, la marioneta que necesitaba para gobernar a distancia manteniendo vacío su despacho en el Palau como símbolo visible de su poder en la sombra. Los tres se salen con la suya. Pero solo dos de los tres podrán presumir de lo que han logrado.

El lehendakari dirá que además de haber hecho posible que llegue a Euskadi dinero a espuertas por vía presupuestaria, ha contribuido a conseguir que el Estado opresor quite sus sucias manos del autogobierno catalán. Salvando los adjetivos, ambas cosas son verdad. El fugitivo errante dirá que el plan de sacar adelante el mandato popular del 1 de octubre sigue su curso gracias a la insobornable tozudez de su insistencia. Y tendrá razón. ¿Pero qué dirá el presidente del Gobierno? ¿Que se ha quitado un peso de encima? Aparte de ser un argumento ridículo, impropio de un custodio del interés general, ni si quiera es cierto. En todo caso se ha quitado un peso de encima para sustituirlo por otro de mayor tonelaje.

No hace falta una bola de cristal de última generación para saber que Quim Torra utilizará toda la potencia de fuego de las instituciones catalanas, cuyo control recuperará en cuanto supere el trámite de la investidura, para seguir tocándole las narices al Estado. Más de lo de siempre -inmersión educativa, propaganda diplomática, arbitrariedad policial, sectarismo informativo, subvenciones partisanas, estructuras sediciosas-, pero ahora con taimado sigilo para no darle argumentos penales al Tribunal Supremo que le permitan seguir incrementando la población reclusa de Estremera.

Ardo en deseos de saber qué le dirá Rajoy a sus votantes cuando se ponga de manifiesto que el 155 que tanto le quemaba en las manos ha servido para tan poco. ¿Dónde quedará la normalidad democrática que se comprometió a restablecer en cuanto el nuevo Gobierno catalán vuelva a las andadas? ¿Qué responderá cuando le pregunten por qué diablos abrió la puerta a más de lo mismo sabiendo de antemano que era exactamente eso lo que iba a ocurrir si permitía que el plan urdido en Berlín se consumara con éxito? ¿Qué cara pondrá cuando Rivera le mire a los ojos y le diga «te lo advertí»?

El nombramiento de Quim Torra carga de razón la actitud de Ciudadanos de dar por roto el pacto con el Gobierno y da pleno sentido a su requerimiento de no suspender la aplicación del 155. Rivera ya puede decir que no es cómplice de lo que suceda a partir de ahora. Rajoy, sí. Pincho de tortilla y caña a que las encuestas le pasarán factura. La del CEO que conocimos ayer mantiene al PP en el subsuelo del grupo mixto. La contumacia en el error forja las grandes debacles.

El asalto a la razón
Valentí Puig cronicaglobal 13 Mayo 2018

Custodio universal de la República catalana non nata, el prófugo Carles Puigdemont nombra testaferro en Cataluña a uno de sus adláteres más ofuscados. Por tierra, mar, Twitter y sucesivos despachos para el agit-prop, Quim Torra ha formulado la más agresiva de las propuestas para el Delenda est Hispania. Cataluña nunca fue España ni lo es ni lo será, ha sido siempre el mensaje unidimensional de Torra al que biografías de agencia atribuyen la condición de escritor siendo tan solo autor de unos panfletos. Habrá tiempo para fiscalizar el currículum de Torra aunque por ahora lo que importa es un discurso de investidura --amateur, anacrónico, deslavazado y grotescamente victimista-- en el que Puigdemont se manifestó de forma ventrílocua como presidente de la República catalana que ha secuestrado la legitimidad estatutaria, ahuyentando a miles de empresas, perjudicando el turismo y convulsionando una sociedad catalana cuyo regreso a la cohesión elemental no va a merecer el impulso del nuevo Gobierno de la Generalitat. En el horizonte, se divisa una versión más intensiva del 155, para que exista cierta normalidad y el asalto a la razón no se concrete en forma de grieta institucional irreparable. Es una perspectiva catastrófica porque la mayoría de catalanes viven en el siglo XXI mientras que Quim Torra sigue en 1714.

Ya se verá si ERC al menos intenta compensar el asalto a la razón con algún elemento pragmático pero no porque haya sido un partido ajeno al irracionalismo demagógico desde sus orígenes. Opera con tacticismo de poder y no por respeto al orden jurídico y a los intereses de la sociedad catalana. Es un asalto a la razón que lleva años preparándose en las salas de banderas del independentismo. El lenguaje de hostigamiento propio de Torra retrotrae a décadas oscuras del siglo pasado, en un momento en que en Europa el descrédito de la racionalidad política cundía brutalmente. Ahora, delegado por Puigdemont, Torra se dispone a adulterar aún más la vitalidad pública en Cataluña.

El apartamiento metódico de la realidad es uno de los rasgos del secesionismo. Por ejemplo: parece como si Cataluña, desconectada de España, pudiera así zafarse por derecho inalienable de los costes de la subida del petróleo --5.500 millones de euros-- debido al giro geopolítico de Trump con Irán. Los ensueños de la nación ficticia a veces también corroen la razón. Lo fundamental, según se ve, es que Cataluña tenga un presidente republicano infinitesimal como máxima representación del Estado. Después de raptar la convivencia plural en Cataluña, Puigdemont ha movido un peón para que, cuando el artículo 155? quede desactivado en unos días, luego tenga que ser reactivado en unas horas.

Fase de humillación
Existe un serio riesgo de que muchos españoles piensen que el 155 no ha servido de nada y que les han tomado el pelo
Ignacio Camacho ABC 13 Mayo 2018

La primera medida anunciada por Quim Torra para cuando sea presidente de la Generalitat -si logra que lo elijan- consiste en colocar en la fachada de la sede un gran lazo amarillo. De cómo gobernar no ha dicho nada todavía, pero su trayectoria de activista xenófobo permite hacerse una idea de su estilo. Va a ser una mezcla de provocación y victimismo, pura agitación institucional, confrontación, propaganda y desafío. Para eso lo ha elegido Puigdemont, para profundizar el conflicto, para insistir en la ruptura de facto con España, para mantener vivo el clima de enfrentamiento civil y de trastorno político. Para instalar a Cataluña en la anormalidad crónica, en el caos sostenido; y para utilizar de nuevo todo el aparato oficial al servicio de la estrategia del radicalismo.

Que nadie espere buena voluntad: lo que viene es una fase de humillación al Estado. Por eso el hombre es Torra, un antiespañolista de manual, un supremacista clásico. Un tipo mediocre, opaco, perfectamente consciente del papel de subalterno militante para el que ha sido designado. Su función no será la de organizar un nuevo asalto sino la de mantener caliente el sillón del expresident prófugo y devolver a toda la nomenclatura destituida a sus cargos, a esos despachos que el régimen opresor ni siquiera se atrevió a ocupar por espíritu timorato. El nuevo Govern va a lanzar su maquinaria clientelar a todo trapo para asentar desde el poder el imaginario de los derechos conculcados, de la persecución política, del país ocupado. Ésa es la prioridad: consolidar el relato del abuso autoritario, desplegar en Europa el falso argumentario de los presos de conciencia y martillear la opinión pública catalana con el mensaje legitimista del procés interrumpido y del «mandato democrático». La acción de gobierno como fábrica de gestos simbólicos para retar a las autoridades españolas y mantener al votante independentista movilizado.

En la medida en que cuiden de moverse dentro de la ley, aunque sea bordeándola en el procedimiento, el Gobierno de España se va a encontrar con un problema serio. Porque no podrá actuar -cuando podía tampoco lo ha hecho- más que con requerimientos judiciales y crecerá entre los ciudadanos una sensación de afrenta, de escarnio, de choteo. De que el 155 no ha servido de nada y que los separatistas vuelven a burlarse de ellos. Y eso es una bomba política, que puede detonar por desafecto, por desencanto… o por escarmiento.

De momento, los indepes no necesitan saltarse otra vez la legalidad para poner a los constitucionalistas en aprietos. Les basta con sobreactuar esa liturgia de apariencias en la que son consumados expertos. Si los españoles que en octubre colgaron las banderas sienten que han perdido el envite y que les faltan de nuevo al respeto, dirigirán su irritación contra aquellos a quienes consideren responsables de permitir una tomadura de pelo.

Fraude de ley
Torra, que no está acusado de ningún delito, ha incluido en su programa la voluntad explícita de cometer unos cuantos
Ignacio Camacho ABC 13 Mayo 2018

El aspirante a Muy Honorable señor Torra, don Joaquim, cometió ayer en su discurso de investidura algo muy parecido a un fraude de ley. Porque, dado que la Constitución y el Estatuto de autonomía le permiten presentarse a presidente al no estar en prisión, ni en fuga, ni acusado de ningún delito -en este último caso también podría salvo que lo encerrase un juez-, aprovechó para anunciar su voluntad de cometer unos cuantos. Vaya, que convirtió su programa en una declaración explícita de desobediencia: elaborar una Constitución propia, recuperar la legalidad paralela suspendida por el Alto Tribunal, trasladar la soberanía real a un fantasmagórico comité en el extranjero y responder, no ante el Parlamento, sino ante el prófugo de la justicia que lo ha designado para el cargo. Todo eso, en conjunto, constituiría de llevarse a la práctica otro desafío, si no otro golpe, contra el Estado. Y deja de nuevo a las autoridades españolas ante un dilema endiablado: el de decidir si la comunicación pública del deseo de transgredir el orden legal es suficiente para tratar de evitarlo utilizando preventivamente los poderes excepcionales que les concede ese mismo marco.

Hasta ahora, a tenor de la experiencia, el Gobierno ha concluido que no, que para actuar contra un delito éste debe ser antes cometido. Conocemos los resultados: los separatistas han acabado haciendo, punto por punto, todo lo que habían dicho. Lo que pasó en octubre no sólo estaba anunciado de palabra, sino puesto por escrito, pero nadie quiso dar crédito a tan reiterados avisos. El pensamiento optimista, ilusorio o acomodaticio imperante en nuestra política ha tropezado de forma recurrente con la terquedad proactiva del nacionalismo. Lo que Torra dijo ayer es que ni Puigdemont ni él ni los suyos piensan darse por vencidos y que reiteran su proyecto de conducir a la sociedad catalana bajo su designio «disruptivo». Después de lo vivido el último otoño, no ha lugar para que ningún responsable público se sienta engañado ni confundido: en lo único que los independentistas no mienten es en la claridad explícita con que señalan su camino.

Rajoy es libre, empero, de ignorar la advertencia. Puede que el Estado carezca de instrumentos jurídicos para anticipar una respuesta, pero el presidente debe explicar con detalle cuál es su margen operativo y cuál la base de su estrategia. Porque la nación está, y con motivo, irritada e inquieta; teme una segunda edición del procés, y teme aún más que su Gobierno reaccione igual que ante la primera. Sobre la valoración que mereció a los ciudadanos aquella actuación no hay más que consultar las encuestas; digamos suavemente que no apreciaron suficiente diligencia.

Cuando alguien se deja engañar una vez cabe una cierta justificación para diluir o atenuar culpas. Cuando sucede dos veces de idéntica manera no queda espacio para las excusas.

Preparados para lo peor con Torra
Editorial larazon 13 Mayo 2018

Encabezábamos nuestra posición editorial tras conocer la designación de Quim Torra como aspirante a la Presidencia de la Generalitat con la idea de que Carles Puigdemont había apostado por «una marioneta para la confrontación» con el Estado. Después de escuchar su discurso en la primera y frustrada sesión de investidura en el Parlament, los presagios más pesimistas deben darse por confirmados. Las palabras del candidato refrendaron el discurso golpista contra el orden constitucional que ha empujado a Cataluña al peor momento de su historia democrática y a que buena parte de los dirigentes separatistas se encuentren pendientes de que sus conductas insurrectas sean depuradas en los tribunales. Torra no templó gaitas, sino todo lo contrario, se manifestó con sus conocidos fanatismo y etnicismo. Quien esperara un ápice de templanza, sobrevenida tal vez por la responsabilidad institucional aparejada a su futuro cargo, erró de punta a cabo. Quedó claro que a Torra no le interesa esa mayoría de ciudadanos de Cataluña que no comparte el imaginario supremacista y ultra; para él, se ha cansado de decirlo, no son buenos catalanes y como tales los desprecia. En momento alguno se dirigió a ellos en términos de convivencia, entendimiento, comprensión y mano tendida para cerrar heridas. Lo suyo no es suturar brechas, sino provocarlas. Como Puigdemont, se arrogó la autoridad y la legitimidad como único depositario de la voluntad del pueblo catalán, sin que los disidentes tengan otro papel que someterse con mansedumbre a su ideario mesiánico. Por eso, Torra no presentó a la Cámara un nuevo comienzo para la comunidad, un programa de gestión de los asuntos públicos, un plan para responder a las necesidades de la gente en Sanidad, Educación, pobreza, dependencia, deuda o empleo, ni se acordó de las miles de empresas que el separatismo expulsó de Cataluña, sino que lo suyo fue el regreso al pasado reciente para reemprender la marcha a partir del 1-O –la consulta ilegal y fraudulenta–. Habló de que su mandato excepcional se centrará en la construcción de la república con la elaboración de una Carta Magna.

La prioridad será desactivar los efectos del 155, revertirlo en suma, con la reapertura de las denominadas embajadas y su expansión internacional, y recuperar el contenido de todas las leyes aprobadas por el Parlament y suspendidas tras los recursos del Gobierno. No faltó el victimismo, especialmente referido a la situación de Puigdemont, del que aseguró que más temprano que tarde será investido como president legítimo. Un discurso frentista y de odio contra España al que describió como un Estado opresor que vulnera derechos como si la probable presidencia de un integrista como él no enmendará por sí sola su verborrea infamante. Trufar una presunta disposición al diálogo con el Estado en este muestrario de insultos fue otra provocación como sus referencias maledicentes a Rajoy, el Rey y la Justicia con ese chulesco asumiremos «toda la responsabilidad que se deriva de nuestros actos». Sin duda, lo hará, como sus predecesores, pues el que nadie está por encima de la Ley es un principio medular de la democracia. Es cierto que Torra habló y habló, pero no concretó más allá de grandes palabras, o de empatizar con los diputados de la CUP –sin ellos no le salen las cuentas de la investidura– con referencias a la renta básica, el feminismo y la lengua. Con un nuevo gobierno en Cataluña, el 155 decaerá, pero es un recurso que deberá estar sobre la mesa tras la amenaza golpista vertida por Torra y por si fuera capaz de pasar de las palabras a los hechos, lo que nos tememos. Al Gobierno le toca estar vigilante, actuar con firmeza y preservar la unidad constitucionalista; al PSOE y Cs, no minar esa cohesión y a todos no perder de vista que el epílogo de esta oscura trama sean unas nuevas elecciones. Con Torra hay que estar preparados para lo peor.

¡Diálogo!
¿Cómo se puede negociar con quien ya se propone retomar la República?
Luis Ventoso ABC 13 Mayo 2018

Algunos días -bastantes- semeja que el PP se hubiese puesto como meta poner a prueba la paciencia de su parroquia y bajar aún más en las encuestas. Debería existir un razonable término medio entre el oportunismo riverista de bailar al son del termómetro emocional de pueblo y el indolente desapego del Gobierno de Rajoy, que a veces muestra el tacto de un cactus a la hora de atender el sentir de los españoles ante la afrenta separatista.

Rivera se pasó de frenada el miércoles, cuando exigió que se mantenga el 155 aunque el Parlamento catalán elija a un nuevo presidente de la Generalitat. A todos nos encantaría que el fanático que ha designado Puigdemont como testaferro no llegase al poder, así que las palabras del jefe de Ciudadanos encandilarán a millones de españoles y lo impulsarán todavía más en los sondeos. Pero por fortuna vivimos en un Estado de derecho y no se puede actuar preventivamente contra quien todavía no ha hecho nada. Lo que propone Rivera supondría propinarle un codazo a nuestra legalidad democrática.

Pero si Rivera peca por exceso, Rajoy lo hace por defecto. Ayer por la mañana, cuando ya se conocía el nombre del candidato Quim Torra y su perfil radical, al presidente del Gobierno y al PSOE no se les ocurrió nada mejor que ofrecer «diálogo» al nuevo Govern, lo cual es un imposible, y por lo tanto, un estruendoso absurdo. No se puede encausar a Torra antes de que cometa un delito, como casi parece pedir Rivera, pero tampoco se puede pretender dialogar con un enemigo declarado de los españoles, un fanático de probadas credenciales xenófobas. Torra concedió ayer su primera entrevista. Lo hizo en casa, en la televisión independentista TV3, que inexplicablemente sigue abierta, por la imperdonable displicencia de PP, PSOE y Ciudadanos, que deberían haberse puesto de acuerdo para apagar el mayor altavoz del separatismo. Hay que agradecerle a Torra que no recurrió a eufemismo alguno en TV3. Lisa y llanamente anunció que si gobierna su programa consistirá en retomar el golpe que abortó en octubre el Estado español. Anunció un «proceso constituyente» (continuar intentando armar la República catalana) y prometió recuperar las leyes sediciosas que anuló el TC. Ya con el claro afán de irritar al resto de los españoles, anunció también una comisión de investigación sobre el 155 y que las dependencias de la Generalitat se engalanarán con lazos amarillos (un símbolo de confrontación que excluye a más de la mitad de los catalanes).

El testaferro de Puigdemont está haciendo oposiciones a ganarse un 155 como un piano. Con tal panorama, resulta decepcionante que por puro interés personal Rajoy lo dé por bueno como mandatario catalán y hable hasta de «diálogo». Si Torra es presidente, el PNV levantará el veto para visar los presupuestos del Gobierno, de ahí la extraña urgencia de Rajoy por que Cataluña tenga un Ejecutivo, aunque sea con un fanático al frente. Pero esa estrategia de agotar la legislatura a cualquier precio tendrá un peaje: le va a dejar a Feijóo un PP en el chasis, porque los españoles quieren que se les defienda con energía ante los sediciosos separatistas, como bien sabe y explota Rivera.

Cataluña: el nacionalismo facineroso
roberto l. blanco valdés la voz 13 Mayo 2018

Desde que echó a andar la rebelión hemos calificado al nacionalismo catalán de maneras diferentes: separatista, secesionista, soberanista, independentista o sedicioso. Siendo todos ciertos, ninguno de esos adjetivos describe, sin embargo, la alucinada metamorfosis que tal nacionalismo ha experimentado tras haber optado por obtener por medios ilegales el ilegal objetivo que sabe que jamás podrá lograr cumpliendo las leyes que a todos nos obligan.

Si hemos de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, el catalán es hoy esencialmente un nacionalismo facineroso. Y es que, pese a sus diferencias, los partidos que actualmente lo componen y las asociaciones que lo apoyan tienen en común la decidida voluntad de actuar como si las leyes y los tribunales no existiesen.

Al igual que para cualquier organización de delincuentes, para el nacionalismo catalán no hay más leyes que las que dictan sus delirantes objetivos: esa república catalana independiente que han declarado ya dos veces con los desastrosos resultados de todos conocidos. Por eso, con la autonomía catalana aún intervenida, el candidato a la presidencia de la Generalitat señalado por el dedo del profeta Puigdemont dejó ayer claro que su único programa de gobierno es violar la ley en cuanto disponga de los instrumentos necesarios para ello: es decir, del poder de las instituciones autonómicas.

Dominados por una obsesión tan peligrosa como insana, los nacionalistas han perdido en Cataluña el más elemental sentido de la realidad y están dispuestos a repetir el proceso que provocó en España la mayor crisis de nuestra democracia. La respuesta constitucional al nuevo desafío secesionista (impulsar un «proceso constituyente») y a las mentiras siderales con las que pretende el nacionalismo mantener en pie de guerra a sus bases más sectarias (esa paranoia de la «crisis humanitaria» de la que habla el monaguillo del fugado Puigdemont) debe ser inmediata y debe ser adecuada a la increíble, y ya insoportable, contumacia de quienes han perdido toda capacidad para ver la inmensa distancia que existe entre delinquir y hacer política. Porque, a diferencia de hace un año, ahora sabemos que cuando el nacionalismo habla de proclamar una república catalana independiente quiere decir eso exactamente: derogar por un acto de fuerza la Constitución y el Estatuto de Autonomía en Cataluña. Tal dislate, que nos avergüenza, que está haciendo un daño inmenso a los intereses generales y que ha fracturado de un modo ignominioso a la sociedad catalana tiene que acabarse de una vez. Ninguna democracia puede resistir este ataque permanente, ni los españoles tenemos porque seguir soportando que se sigan malgastando en parar las baladronadas de unos facinerosos inmensas energías que deberían dedicarse a resolver los problemas de millones de personas.

El análisis del discurso: Post-imbéciles o pre-gilipollas
Toni Bolaño. larazon 13 Mayo 2018

Un periodista independentista acuñó una frase hace unos días. Lo hacía en su templo, en TV3. Lo sorprendente es que traslucía una cierta crítica al «líder de líderes». Dijo el señor en cuestión que Puigdemont «o nos toma por post-imbéciles o por pre-gilipollas». Y añado, no sólo Puigdemont también Torra, y el conjunto de fuerzas que no se atreven a decir que el rey está desnudo. El jueves anunció a Torra como candidato. El sábado Torra se envolvió en la estelada y anunció que su gobierno se limitaría a forzar otro pulso con el Estado. El mismo sábado, Puigdemont desveló su carta. Lo hizo en un tuit en el que señalaba que a partir del 27-O, o sea en cinco meses, elecciones si el Estado no se aviene a la voluntad. Y el discurso de Torra, sin duda, no invita al optimismo por muchas llamadas al diálogo que preñaron su intervención.

Lo que para unos –no sé si los post-imbéciles o los pre-gilipollas– es una demostración de fuerza ante el Estado, para otros –tampoco me podría definir– es simplemente una claudicación. La CUP hoy decidirá el sentido de su voto. No o abstención. Un aviso a navegantes, Carles Riera, afirmó que «PDeCAT y ERC presentan una candidatura que agrada al Estado». El motivo, que Torra no aplica la unilateralidad desde el primer momento. Que es débil y hace entreguismo. Si la CUP decide votar NO, Torra no será presidente y las elecciones estarán servidas. Los anticapitalistas vuelven al primer plano amenazando con noquear la estrategia de Puigdemont. Son necesarios en cualquier estrategia, y marcan la suya: independencia, ya.

ERC, que aspiraba a formar un gobierno estable y redefinir la hoja de ruta independentista desde un ejecutivo fuerte en el Palau de la Generalitat, miraba perpleja la situación –no me atrevería a decir si desde el pre-gilipollismo o desde el post-imbecilismo– con el silencio del que se siente cautivo y desarmado. Los republicanos aspiraban a formar un gobierno que rebajara la tensión y creara un clima que favoreciera la revisión de los criterios de la prisión preventiva lo que podría significar la puesta en libertad de Oriol Junqueras. Esta opción se ha diluido como un azucarillo en 24 horas. Puigdemont y Torra han dado al traste con el plan republicano dejándolos noqueados junto a las cuerdas. En su fuero interno, deben ansiar un No de la CUP. Cinco meses de tensión los dejarían a expensas de un Puigdemont que seguiría decidiendo la política catalana. Pero, ahora, además con el apoyo entusiasta y temerario de un supremacista sentado en alguna silla de algún despacho del Palau. Eso sí, nunca en el despacho de Puigdemont.

El resto no existe. Torra, y todas las intervenciones de los partidos independentistas, no hicieron ninguna referencia a los catalanes que abogan por la Constitución y el Estatut. Referencias a Rajoy, al Rey, al Estado Español, a Europa, apelaciones al diálogo, sin que este diálogo le sea reconocido a la mitad de los catalanes que no comulgan con las ruedas de molino del independentismo. Simplemente, no existen. O están locos «fuera bromas. Señores, si seguimos aquí algunos años más, corremos el riesgo de acabar tan locos como los mismos españoles», un ejemplo literato del candidato a presidente «provisional».

Hoy la CUP decidirá. Seguro que los contactos han sido intensos en estas horas. La CUP puede imponer sus condiciones. Si Puigdemont las acepta, Torra es sólo un «corre-ve-y-dile», habrá gobierno, pero se abre un nuevo período de final incierto rematado en elecciones en octubre. Si Puigdemont no las acepta elecciones en julio. Por cierto, Puigdemont es un pre-gilipollas o un post-imbécil. Pregunto, claro.

Es de miserables hablar mal de los muertos
Editorial La Tribuna del País Vasco 13 Mayo 2018
 
Iñaki Anasagasti, ex-senador y uno de los políticos más carismáticos, lenguaraces y dicharacheros del PNV, ha despreciado al recientemente fallecido periodista y presentador José María Íñigo asegurando que “los panegíricos que se le han hecho me parecen están sobredimensionados” y afirmando que “como ciudadano fue cero patatero”.

“Me parece que fue un buen profesional, aunque últimamente se le veía como fastidiado y aburrido de todo”, ha manifestado antes de criticar que “nunca le vio el menor compromiso” con Bilbao, con Euskadi, con lo vasco y con lo social”. Y ha añadido: “Jamás en ninguna manifestación, en ningún escrito, en nada solidario. Por eso todo los panegíricos que se le han hecho me parecen están sobredimensionados pues habrá sido un magnífico profesional, no lo pongo en duda, pero como ciudadano, cero patatero”.

Quienes llevamos viviendo en el País Vasco más años de los que podemos recordar sabemos que el ex-senador del PNV Iñaki Anasagasti siempre se ha caracterizado por tener la lengua larga y las ideas muy cortas. Tanto es así que este hombre que parece tan hábil a la hora de calificar de “vagos” e “impresentables” a la familia real, él, que toda su vida ha estado a sueldo público, y que tan presto parece estar para humillar a los muertos, tardó nada más y nada menos que casi 25 años, un cuarto de siglo, en descubrir que en el País Vasco existía la “kale borroka” (violencia callejera). De hecho, no la descubrió hasta el verano del año 2000, fecha en la que una pandilla de alimañas terroristas de Jarrai (antiguas juventudes de Herri Batasuna) quemó el autobús de línea en el que viajaba la madre del senador, provocando a la pobre mujer un susto de muerte. Lógicamente, su hijo se enfadó y fue entonces, no antes, cuando éste comenzó a entender que la violencia terrorista es sinónimo de totalitarismo y que los responsable de ésta son solamente “gentuza”.

Sí, qué gran ciudadano es Iñaki Anasagasti. Él sí que ha participado en múltiples iniciativas, especialmente para defender a etarras como Iñaki de Juana Chaos o para tapar las miserias de su partido y de sus dirigentes, hasta el punto de que por balar a las órdenes de un fanático como el ex-lehendakari Juan José Ibarretxe, Anasagasti, el comprometido, el aguerrido, el gran activo social, fue condenado por los tribunales de justicia a pagar un millón de las antiguas pesetas (6.000 euros) a las víctimas del terrorismo por humillar y atacar a éstas y a colectivos como Basta Ya! o el Foro de Ermua, al acusarlas gratuitamente, en un programa televisivo emitido en una televisión mexicana, de estar a “financiadas con fondos reservados para atacar al nacionalismo vasco”. Menos mal, que la Justicia española, ese país encabezado por esos Borbones tan odiados por Anasagasti, le absolvió del pago porque los suyo es “libertad de expresión”. Sí, qué ciudadano ejemplar es Iñiaki Anasagasti.

La política de Don Tancredo
Pablo Mosquera  latribunadelpaisvasco.com 13 Mayo 2018

En gallego tiene su propio dicho popular: "Estás a velas vir e deixalas pasar". En castellano, algo así como "aquellos problemas que no se resuelven solos, es que no tiene solución". Ambas filosofías forman parte del núcleo central del comportamiento de Mariano Rajoy. Añado una trayectoria en la que se han dado dos jugadas propias del futbol. Dejarse querer, sin hacer nada, para ser fichado. Intentar el achique de espacios para jugar en un campo lo más pequeño posible.

A lo que antecede se suman dos hechos históricos. No sólo ganó unas elecciones por mayoría absoluta. Es que nunca un Partido Político había alcanzado tanto poder. Pero no sirvió de nada. Los que votaron al PP para responder a la administración ZP-Pepiño Blanco, hartos de estar hartos de tanta mediocridad, zafiedad e inutilidad, se vieron desencantados por un PP dirigido desde la playa del Silgar en Sanxenxo.

Entre paseos o caminatas deportivas, y la lectura diaria del "Marca", el ilustre hijo de Compostela, se puso de perfil en medio de la crisis más intensa que ha vivido la democracia española tras el 23-F.

Una situación económica heredada, pero fruto de un sistema productivo basado en turismo, construcción-especulación, tamaño del Estado frente a la sociedad civil. La descubierta del Estado de la corrupción política. La ruptura del consenso constitucional con el órdago secesionista de Cataluña, tradicional granero de votos progresistas, o de alianzas para completar mayorías estables en las Cortes de España.

Pero hay una cuestión más. ¿Con quién se lleva bien Don Mariano?. Y es que hasta los gobernantes más antipáticos en el gesto, como el propio Aznar, se llevaban bien con los dirigentes de otras formaciones políticas. Ni que decir que, el "autoritario e intransigente" Don Manuel, se llevaba bien hasta con Santiago Carrillo. Y Adolfo Suarez llegó a ser calificado por Emilio Romero como "rey del teléfono, emperador del abrazo". Don Mariano, con su sorna galaica, ha provocado un rechazo hacia su persona entre los demás dirigentes de la política española. Pero es un misterio por escribir. Aparentemente, no es belicoso. Tiene la ironía propia del pueblo gallego. Su aspecto es de hombre provinciano, casi diría que de los descritos por Don Antonio Machado. Entonces. ¿Qué le sucede?.

Con el líder del PSOE llegó a cotas de intolerancia personal como nunca se vieron en un debate televisivo. Con Albert Rivera, la situación se ha vuelto irrespirable. Más por los silencios que por los ruidos. Más por gandulería que por equivocaciones en el mandar. En este último episodio, se ven las costuras del traje para hombre de Estado. Las del compostelano, son aquellas que practicaban los sastres antiguos, que ponían en aprietos determinados movimientos del caballero con su traje gris, muy propicio a descoserse en el momento más inoportuno.

Pero vamos al grano. Las diez de últimas en el casino provinciano se han dado con motivo de la crisis Cifuentes. Una vez más, Don Mariano empezó por no estar, ni saber, para luego apoyar y por fin dejar caer. Su socio Cs le advirtió por activa y pasiva. Además tengo sospechas que las zancadillas a la ex presidenta de Madrid, las pusieron desde algún despacho de la calle Génova, dónde están los fontaneros de Don Mariano. Al final, todos tuvieron razón. Aquello fue impresentable. Y como no se arregló de primeras, como se permitieron toda suerte de vendettas entre antiguos hombres y mujeres de la inefable Aguirre, hubo que recurrir al ridículo, o más bien al esperpento de Valle Inclán, en una sala para registrar a raterillos, quien sabe si más que por necesidad, por padecer cleptomanía. ¡Qué bochorno papi!.

Pero vamos a un asunto sin resolver. Cataluña y la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española. Vigente. De obligado cumplimento. Pues ahora resulta que la guardia pretoriana de Don Mariano o no se enteró o se dejó engañar. Lo digo por la desviación de fondos públicos que financiaron el proceso. Llegando a promover cierto enfrentamiento entre el poder judicial y el poder ejecutivo. Todavía no me explico cómo su señoría, que se la juega todos los días, no los ha mandado al carajo.

Y es que Albert Ribera está demostrando, no sólo talla de estadista, es que hace esfuerzos infinitos para aguantar acuerdos que sostengan al señor Tancredo-Rajoy, que además se ha puesto nervioso con las encuestas para intención de voto. ¿De verdad que puede sorprender la huida de votantes desde el PP a Cs?. ¿De verdad que puede sorprender que miembros de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado hayan pedido marcharse trasladados desde Cataluña a cualquier otro destino de España?. ¿De verdad que el Gobierno Rajoy no sabía la que se estaba liando en Cataluña desde hace años para alcanzar la meta de una declaración parlamentaria de República Independiente?.

Y, una vez que se aplica por vez primera el 155, que está ahí para aplicarse, se hace tarde, mal y cargado de complejos, entre culpabilidad, que dirán, o corremos el riesgo de pasarnos de frenada... Por lo de pronto seguimos instalados en la incertidumbre. Una vez le escuché a un paisano. "Si las circunstancias te obligan a dar una torta, que sea fuerte, que tire al contrario, que sirva de ejemplo a todos los efectos para evitar males mayores". Ahora resulta que los del proceso han logrado internacionalizar el conflicto. Ahora resulta que Don Mariano y su Gobierno, no sé si por indicación interesada del PNV, están dispuestos a mirar para otra parte y permitir votar a los ausentes, para que los presentes hagan otra vez un Ejecutivo Catalán propio de una República con mando a distancia. Y, ¿les extraña que un hombre serio como Rivera no lo tolere?.

No sé si a estas alturas queda alguien de valor entre los hombres del sanedrín. Pero a Don Mariano deberían jubilarlo lo antes posible. Además será mucho más feliz. Y desde luego, evitemos sufrir el último de los esperpentos. La designación dedal para el sucesor. Aunque a lo peor, ni merece la pena. Puede que para entonces hayan abandonado el barco la inmensa mayoría de la tripulación.

Manuel Cruz: "La independencia es ya la última épica disponible"
El diputado considera que los nacionalistas acaban apelando únicamente al "sentimiento" y que no tienen otras referencias para justificar el proyecto independentista
Manel Manchón cronicaglobal 13 Mayo 2018

Manuel Cruz (Barcelona, 1951), lo tiene claro. Manipulación de la opinión pública, y denuncia de los independentistas que dicen ahora que no quieren saber nada del nacionalismo, sin ser conscientes, o tal vez sí, con todas las consecuencias, de que el nacionalismo es el nutriente de todo el proceso soberanista. Manuel Cruz, filósofo, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona, se refiere a la utopía, la que algunos de sus colegas de profesión alentaban con el proceso. Entiende que no es utopía, sino “épica”, la única disponible por el independentismo en estos tiempos tan dependientes y globales. Curiosa paradoja.

--¿Se puede decir que, en el fondo, lo que ha habido es un proceso de deslealtad progresivo desde Cataluña?
--En el fondo y, volviendo a la pregunta inicial, en la forma. Llama la atención que hasta que el Jefe del Estado no denunció esta deslealtad en su intervención televisada del 3 de octubre las fuerzas políticas que debían haber formulado esa denuncia desde hacía mucho, hubieran sido tan renuentes a hacerlo.

--Y ya que lo ha planteado usted mismo hace un momento, ¿qué le sugiere que tantas personas mayores se manifiesten en las calles de las ciudades catalanas con lacitos amarillos?
--Con el debido respeto a todo el mundo, me parece expresión del déficit de cultura política de este país y de la preocupante credulidad de importantes sectores de la sociedad catalana respecto a los mensajes que no cesa de lanzar el oficialismo independentista. Hágase, si a alguien esta afirmación le parece exagerada, extraigamos las conclusiones pertinentes que se siguen de la lógica subyacente a la campaña de los lacitos amarillos: si quienes cometen delitos argumentaran que lo han hecho por razones políticas y que esta circunstancia les exime de toda responsabilidad, a quien hubiera cometido incluso las mayores atrocidades con dicha motivación nada le podría ser imputado. No estoy proponiendo ningún experimento mental imaginario. Cosas así se decían hace muy poco y bien cerca. Además de eso, qué duda cabe que, aunque ha quedado sobradamente demostrado que la independencia no es en absoluto la última utopía disponible, sí que parece ser para muchos la última épica disponible. Cuando escucho a tantos dirigentes independentistas declarar en platós de televisión o en emisoras de radio que están siendo perseguidos por sus ideas (tras exponerlas sin sufrir la menor represión) o que no pueden expresar libremente lo que piensan (después de hacerlo sin que nadie les haya silenciado) me pregunto si quienes les ven y escuchan no perciben la profunda contradicción que tales declaraciones contienen, o bien es que les trae completamente sin cuidado dicha contradicción (y cualquier otra). Las dos opciones me parecen francamente preocupantes.

--A propósito de cultura política, usted declaró en cierta ocasión algo que luego he visto que ha sido muy criticado, especialmente en las redes sociales. Dijo, y le cito textualmente, que "para ser nacionalista no hace falta haber leído un solo libro", lo que ha sido interpretado por algunos como un desprecio hacia los nacionalistas.
--Probablemente no me expliqué lo suficiente, o no lo hice bien, porque en ningún caso pretendía afirmar nada ni remotamente parecido a que los nacionalistas son incultos, lo que sería algo tan injusto como erróneo. Lo que pretendía señalar con la frase -que, por cierto, ni siquiera es mía, pero cuya autoría prefiero no explicitar aquí para no complicarle la vida a quien me la comentó: así está el patio- es que todas las posiciones políticas remiten a unos autores, que son considerados los clásicos de ese pensamiento y en los que se encuentran los fundamentos doctrinales de las perspectivas en cuestión. De tal manera que si alguien le pidiera, pongamos por caso, a un socialdemócrata, a un liberal, a un anarquista o a un comunista en qué consiste la propuesta política y social que defiende, cada uno de ellos le remitiría a los textos de Bernstein, Stuart Mill, Kropotkin, Lenin o cualesquiera de los muchos que han colocado los fundamentos de sus respectivos proyectos. Pues bien, lo que yo pretendía señalar con la frase por la que me pregunta es que, en la situación imaginaria de que alguien, ignorante por completo de la teoría política moderna, le preguntara a un nacionalista qué es el nacionalismo, no creo que aquel tuviera autor o texto clásico al que remitirle.

--¿Qué diría?
--Es altamente probable que si el nacionalista preguntado fuera catalán, le remitiera a aquello a lo que indefectiblemente suelen apelar todos ellos, el sentiment, como instancia última incuestionable. Dicho lo cual, me gustaría también añadir al respecto que no deja de ser digno de destacar el enorme interés que tienen los independentistas actuales en subrayar que lo suyo no tiene nada que ver con el nacionalismo, como si ser nacionalista se hubiera constituido últimamente para ellos en motivo de desdoro. Pero eso deberían explicarlo ellos, precisamente porque vienen de ahí, de ese lugar del que ahora quieren huir.

--Usted ha adoptado compromisos a partir de lo ocurrido en Cataluña. ¿Considera que existe una clerecía que se ha beneficiado del procés, y que es la gran responsable de que el independentismo llegara tan lejos?
--Respecto a la primera parte de la pregunta, creo que no es una cuestión de opinión, sino de hecho: son perfectamente conocidas las personas que han hecho de la apología permanente del procés su modo de vida, adopte aquel el signo que adopte y sea cual sea la decisión que en cada momento vaya tomando su dirección. Sin duda, esa clerecía tiene una gran cuota de responsabilidad en que el independentismo haya llegado tan lejos. En todo caso, no la mayor, entre otras cosas porque su función siempre fue la de intentar legitimar lo que otros iban decidiendo. La mayor responsabilidad, si acaso, correspondería más bien a quienes pusieron en marcha y condujeron todo este proceso hasta la disparatada situación actual. Por lo demás, ya sé que los independentistas se resisten a aceptar la crítica a los medios de comunicación públicos catalanes, pero no deja de ser significativo que el primer acuerdo al que llegaron Junts per Catalunya y ERC fue acerca de cómo repartirse el control de tales medios. Luego, todo fueron problemas, pero ahí hubo un acuerdo rápido y total. Debe ser que les importa sobremanera poder continuar utilizándolos como aparato de propaganda.

--¿Qué cuestiones cree que se deberían reformular en Cataluña para lograr un nuevo contrato social, que una sociedad plural como la catalana pueda compartir?
--Hay muchas cuestiones pendientes, sin duda. Entre otras razones porque, además de las cosas que se ha visto que no han funcionado correctamente en todos estos años, hay otras que, habiéndolo hecho no del todo mal, requieren una adecuación a las nuevas situaciones. En cualquier caso, los principios por los que se deberían guiar todas esas reformulaciones deberían ser, como mínimo, tres: respeto a la real pluralidad de la sociedad catalana, lealtad con las reglas del juego acordadas y claridad en las políticas que se sigan a partir de ahora. Porque si algo ha definido la situación que hemos vivido y padecido en Cataluña en estos últimos años ha sido precisamente que sus responsables políticos parecen haber adoptado como guía y criterio la negación de estos tres principios. Basta con remitirse a los hechos para constatar que lo que ha habido ha sido: exclusión de todo un sector de la ciudadanía catalana, deslealtad organizada desde el poder y manipulación sistemática de la opinión pública.

«El Gobierno no ha llegado a tomar posesión en Cataluña»
Tras capitalizar en las elecciones catalanas la respuesta constitucional al desafío independentista, Ciudadanos incrementó su exigencia a Rajoy. Esta semana ha dicho que se desmarca por cómo se ha aplicado y ha planteado que debe prolongarse el 155
Víctor Ruiz de Almirón ABC 13 Mayo 2018

José Manuel Villegs, secretario general de Ciudadanos
¿Qué valoración se hace de la candidatura de Quim Torra?
Tampoco esperabamos nada muy diferente. Una marioneta de Puigdemont. Si no ponía a su títere amenazaba con forzar elecciones. Puigdemont sigue dirigiendo el proceso.

¿Desde el constitucionalismo se esperaba otra cosa?
No se lo que esperaban cuando tenían ese discurso de que el 155 se acaba ya. Como si el mero nombramiento fuese a acabar con el conflicto separatista. No sé en qué basaban esas esperanzas o si les habían vuelto a engañar por enesima vez. No sé si tiene que ver con alguna conversación de la vicepresidenta con Junqueras, no sé quién es su contacto ahora en Cataluña. Les engañan diciendo que Junqueras es un hombre de acuerdo, les engañan con el dinero y las facturas, con el 1 de octubre, les engañan siempre.

¿Pero qué están pidiendo exáctamente? ¿Prorrogar el 155 o aplicar otro nuevo?
Es un mensaje político. Luego veremos cómo se articula jurídicamente, que si estamos de acuerdo políticamente se hará. Vemos a un Gobierno que dice que se va, y nuestra visión es de que esto no se acaba. Cómo se articula, si se extiende o si hay que hace runo nuevo se decidirá si hay que volver a llevarlo. Y en función del momento si se hace en forma de prórroga o planteando uno nuevo. Pero hay que hacerlo si no asumen el marco estatutario y el cumplimiento de la ley.

¿Qué se ha hecho bien con el 155?
El 155 sirvió en su momento para lo fundamental, que era parar un golpe que había encima de la mesa. Se paró tarde pero se paró. En mitad de la crisis aguada cumplió su función. Pero por la forma de aplicarse no ha acabado con el procés.

¿Y qué reclaman? Porque ustedes no quisieron intervenir TV3 y ahora sí son partidarios
Nunca planteamos al Gobierno que no se interviniera TV3. Fue una petición del PSOE y nosotros aceptamos. Pero habríamos apoyado el 15 con intervención de TV3. La lectura que hicimos era que al convocar elecciones había una Junta Electoral que podía controlar el tratamiento de temas, de hecho nosotros lo utilizamos y ganamos varios recursos. Cuando pasan las elecciones desaparece ese control. Y TV3 queda sin control. A partir de ese momento creemos que se podía haber intentado hacer algo.

¿A qué se refieren con que la forma de aplicarse no ha acabado con el procés? ¿Qué se ha hecho mal?
Ha habido una aplicación ineficiente. Ya en el control de las cuentas, que era previo al 155. Tendrán que asumir que les engañaron. Pero es que hay una actitud de no querer aplicarlo. Por miedo. Los ministros no han estao en las consejerías. Lo de los lazos amarillos todavía presentes en las consejerías, es simbólico, pero lo explica. No sé si la vicepresidenta habría ido alguna vez a su despacho, pero los ministros no. El Gobierno no ha llegado a tomar posesión en Cataluña con el 155.

¿Se refiere a tomar medidas con fondo legislativo o más a una actitud?
Es importante la actitud, que luego puede tener consecuencias prácticas. El trilinguismo por ejemplo lo sacó el ministro. Luego se demostró que era incapaz de hacerlo. El tema de los señalalamientos, ni siquiera se ha abierto expediente a esos profesores. Eso tendrá reproche penal o no, pero desde el punto de vista adminsitrativa de una consejería que ahora dirige el ministro, que se muestre que no se quiere investigar es un ejemplo de dejación de funciones. Creo que no le queda otra que rectificar. Los españoles no entenderían que se desentendiera ahora

¿Habría sido mejor no celebrar elecciones tan pronto entonces?
Nosotros lo que planteamos es que hubiera un horizonte de elecciones. No una fecha concreta. Pero eso estuvo bien. Nos hubiera gustado un gobierno diferente, pero con la mayoría que hay la obligación del Gobierno es asegurarse de que cumple ley y la Constitución. Si sigue habiendo un Gobierno en generalitat que propone la implementación de república al Gobierno de Rajoy no le queda otra. Nadie entendería que Rjaoy por prereza o por un pacto con el PNV se volviera a desentender.

¿Por qué Arrimadas no ha tomado la iniciativa para visibilizar que ganó las elecciones?
Creo que tomamos la decisión adecuada no promoviendo una investidura de Inés Arrimadas. Se iba a visibilziar un rechazo de al menos 70 votos en contra, al que incluso se sumaría Podemos. Iba a consolidar ese bloque y creo que volveríamos a hacerlo lo mismo si esa fuera la aritmética.

De Yugoslavia a Cataluña
Manuel Molares do Val Periodista Digital 13 Mayo 2018

La situación de muchos niños en Cataluña perseguidos y acosados por los nacionalistas es tan grave que sus padres, guardias civiles con empleo allí, han pedido que los proteja la UNICEF, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

La carta de la Asociación Pro Guardia Civil (APROGC) avergüenza al Gobierno por no defender a los hijos de sus funcionarios, y señala que los acosos y humillaciones que sufren en toda Cataluña recuerdan “el régimen nazi en Alemania y la guerra de los Balcanes”.

Denuncian su sufrimiento al ver a sus hijos acorralados por el odio y el fanatismo de algunos maestros que le contagian esos sentimientos a sus compañeros, aunque no todos los siguen, a una parte de la sociedad que se adhiere, y a los medios informativos como TV3, que los jalean.

Los separatistas justifican esta persecución porque sus padres actuaron tratando de impedir el referéndum ilegal del 1 de octubre para suplir la inacción de los Mossos d’Esquadra, que no acataron las órdenes judiciales.

Pero esos niños son sólo la punta del iceberg del creciente acoso moral, a veces físico, del separatismo sobre quienes se sienten españoles, y no sólo catalanes.

La referencia a los Balcanes es escalofriante, pues miles de guardias civiles estuvieron allí mediando para la ONU y viviendo entre 1991 y 2001 las masacres sufridas por las poblaciones durante las siete guerras que provocaron la disolución de Yugoslavia.

Unas conflagraciones iniciadas por separatistas que explotaban las diferencias regionales, culturales y religiosas, y que recuerdan al desencuentro que están creando ahora los independentistas catalanes.

Los guardias civiles participaron durante 23 años en la pacificación, hasta 2015, y testificaron cómo, con la destrucción del país, los nacionalismos produjeron 141.000 muertos y 4,2 millones de refugiados.

El ignorante señor Torra
Carlos Jiménez Villarejo

El aspirante a presidir la Generalitat se ha atrevido a decir que Cataluña padece "una grave crisis humanitaria". Como ya sabemos que no se refiere a los catalanes, señor Torra, cualquiera que sea su origen, que desde que gobiernan sus partidos independentistas han perdido una importante calidad de vida, suponemos que piensa en los escasos políticos que por motivos fundados en nuestro Estado de derecho están en prisión preventiva. Entendemos que la privación de libertad es, objetivamente, un mal pero, como corresponde a los principios democráticos que rigen nuestro sistema penitenciario, se encuentran debidamente asistidos y se respetan los derechos que, como internos, les corresponden.

Pero, de crisis humanitaria nada de nada. Como antiguo empleado de seguros y modesto editor desconoce muchas cosas. Para iluminarlo, si es que es capaz de entender algo que vaya más allá del problema catalán, le muestro el alcance de lo que significa una crisis humanitaria en el mundo que vivimos, que va más allá de los límites territoriales de Cataluña.

Para ello, me limito a pedirle que lea una mínima parte del recurso presentado por varias organizaciones catalanas ante el Tribunal de Luxemburgo, aún pendiente de resolución, contra el Tratado de la UE con Turquía sobre el rechazo de los refugiados..

Señor Torra, preste atención:
111. En septiembre de 2015 se aprobaron por el Consejo Europeo dos decisiones. La primera, la 2015/1523, de 14 de dicho mes. La segunda, la 2015/1601, del 22 del mismo mes. Ambas se adoptaron con el propósito de abordar "la situación de emergencia caracterizada por una afluencia repentina de nacionales de terceros países" en Grecia y en Italia. En la primera de ellas se hace constar "la reciente situación de crisis en Mediterráneo" y el reconocimiento de "flujos migratorios excepcionales", que se reflejan en los siguientes datos. En 2014, "más de 170.000 inmigrantes llegaron a Italia de forma irregular" con un aumento del 277% respecto a 2013. A Grecia llegaron "más de 50.000 inmigrantes irregulares", con un aumento del 153% respecto a 2013. Para afrontar esta situación se decide la "reubicación" en otros países miembros de los solicitantes de protección internacional, especialmente de los más "vulnerables", que son expresamente citados en el Considerando nº 27. En la segunda de dichas Decisiones se adoptan decisiones similares sobre una realidad que se ha agravado considerablemente. La finalidad de la segunda Decisión es, igualmente, proceder a la "reubicación" de los nacionales de terceros países en otros Estados de la UE. Entre las razones que se exponen para tomar estas medidas se citan, entre otras, que en Grecia, en 2015 "llegaron más de 211.000 migrantes irregulares" y que desde el comienzo de 2015 habían llegado a Italia "de forma irregular unos 116.000 migrantes". Más allá de las particularidades de estas decisiones, como el fortalecimiento de la Oficina Europea de Apoyo al asilo (EASO) o la aprobación del programa Solidaridad y gestión de los flujos migratorios (SOLID) se hace costar un dato tan esencial como abiertamente incumplido que es su vigencia hasta el 26/9/2017.

112. El objetivo de las Decisiones, como se ha dicho, era, en la primera de ellas, la reubicación de 40.000 solicitantes de protección internacional y, en la segunda, de 120.000 solicitantes que se hallaban en Italia y Grecia, entre otros Estados de la Unión. Medida que se dice se adoptará "a más tardar el 26/9/2016", salvo algunas excepciones, procediéndose a la reubicación "lo más rápidamente posible" y, en cualquier caso, "en un plazo no superior a dos meses", que podía prorrogarse hasta dos semanas más. Dichas Decisiones han sido abiertamente incumplidas.

113. El Acuerdo con Turquía, que, fraudulentamente, evita referirse a los "refugiados", agolpados, abarrotados, como estaban en las fronteras europeas, marca el fin de los objetivos perseguidos por aquellas Decisiones. En su lugar, se decide que "todos los nuevos migrantes irregulares que crucen desde Turquía a las islas griegas a partir del 20 de marzo de 2016 se devolverán a Turquía". Y añade, en términos realmente ofensivos para los refugiados, que lo hacen para "poner fin al sufrimiento humano y restablecer el orden público". ¿A que "orden público" se refieren ?. El único "orden público" que se ha alterado ha sido el provocado a través de actuaciones, tan violentas como delictivas, de las policías europeas y de los grupos de extrema derecha contra los refugiados en las fronteras internas de la UE. Eso sí, para obtener la colaboración de un Estado tan violento como el turco se "recompra" dicha colaboración con 6.000 millones de euros y su futura incorporación a la UE.

Señor Torra, expresar tales falacias ya lo desacreditan para presidir algo más que su editorial. ¡Qué tragedia para la ciudadanía de Cataluña!
 


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