AGLI Recortes de Prensa   Lunes 14  Mayo 2018

Torra, el racista chupacirios
RAÚL DEL POZO El Mundo 14 Mayo 2018

Fuentes muy bien informadas, cercanas a los altos tribunales, explican a este cronista: "Torra es un fanático e intentan mantenerlo hasta que llegue la sentencia. La consigna es: tensión, tensión, tensión. Quieren acelerar el indulto, pero lo tienen mal, porque los indultos son uno a uno, llevan tiempo y los jueces van a su aire".

Los separatistas intentan abortar el proceso judicial agitando la campaña mediática y basándose en la hipótesis de que Llarena es un juez chapucero y un mal jurista. En el debate de investidura soltaron como cabestro a Quim Torra para armar el taco. En el primer intento parlamentario, este ultra impresentable en la Europa democrática se dirigió aproximadamente a la mitad de los catalanes y no consiguió los 68 votos necesarios, sino 66, con 65 noes y cuatro abstenciones. Salvo imprevistos, lo conseguirá hoy, tras lograr el apoyo de la CUP.

Está claro lo que pretende el talibán. Lo explicó Domènech en su discurso de respuesta: han pasado de "Puigdemont o Puigdemont" a "Puigdemont o lo que diga Puigdemont". La pregunta clave, según el mismo Domènech, es: ¿Qué piensa usted, señor Torra, de los españoles? De los españoles, Quim Torra piensa fatal. Este miembro del aparatich de la joven guardia pujolista, del ala carlista del independentismo, chupacirios de los monjes de Montserrat, natural de Blanes -donde hubo partidas de boinas rojas con espingardas durante las guerras carlistas- dijo, cuando hacía méritos como rebelde, que si España mandara tanques a Cataluña ellos ganarían mucho y que no es natural hablar español en Cataluña.

Los nacionalpopulistas distribuían besitos pero, por fin, con este boche nos ha llegado el tufo supremacista y se ha subido a las barbas de Rajoy un tipo que, si no lo echan, llevará a los catalanes a la limpieza étnica. Es de esos racistas secretos que ve a los españoles como una raza bastarda con lana en la cabeza. Actualiza la xenofobia de los padres fundadores, que consideraban a los españoles semitas, mongólicos, mientras ellos se describen como godos y latinos. La palabra raza es de origen español; significa raya o casta. Claro que los españoles también han sido racistas, martillo de herejes moros e indios, aunque nunca esclavistas. Recuerden: Macià definía la emigración andaluza y murciana como una gitanada inmensa. Jordi Pujol, el padre de la república, escribió que el andaluz no es coherente, es un hombre destruido y anárquico.

Esa creencia o doctrina que defiende que una etnia, una comunidad, es superior a otras es la que practican algunos catalanes que tienen una relación sadomasoquista con España y que han encontrando en Torra su guía y director espiritual.

ANTE LA PEOR CRISIS
Europa consulta a sus ciudadanos
Fernando Paz gaceta.es 14 Mayo 2018

Conscientes de que la Unión Europea atraviesa por el peor momento de su historia (es difícil valorar de otro modo la crisis política interna, los problemas de la emigración, el Brexit, la política exterior…) y de que la desafección ciudadana alcanza cotas desconocidas, la UE ha lanzado una iniciativa para que los europeos participen en la creación del futuro de esta a través de la web.

La iniciativa no parece, empero, estar despertando un entusiasmo que podamos calificar de indescriptible.

Entre tanto, hace apenas una semana se ha celebrado el Día de Europa, que ha pasado con más pena que gloria. Europa – la Europa comunitaria – no parece despertar adhesiones inquebrantables, y las fuerzas políticas que se oponen a las élites que la dirigen ganan cada día más terreno.

9 de mayo, Día de Europa.
Cada 9 de mayo se celebra el Día de Europa, conmemorando el fin de la Segunda Guerra Mundial. La fecha es importante en el conjunto de Europa, por lo que representa: el comienzo de la paz tras casi seis años de terrible conflagración. La celebración del 9 de mayo, sin embargo, soslaya el que Europa quedó dividida durante cuatro décadas en dos mitades, una de las cuales en manos de otro totalitarismo letal, el soviético.

Si la fecha ha de conmemorar un acontecimiento que verdaderamente suponga algo sustancial en el camino de Europa hacia su unidad, quizá debiera ser la de la caída del Muro de Berlín. No puede, sin embargo, sorprender que eso no sea así por cuanto las mismas autoridades de la Unión que se han negado a reconocer la matriz cristiana de Europa, celebran el doscientos aniversario de la muerte de Karl Marx. Que la importancia de este para Europa (y para el mundo) no puede ser objeto de debate resulta obvio, pero mucho menos debiera serlo lo anterior.

En el origen
La idea de la unión de los países europeos, tal y como ha llegado a nuestros días, arrancó precisamente de la necesidad de evitar futuros conflictos en un continente prolijo en ellos desde el comienzo de los tiempos.

Pero también era una necesidad económica. Los vencedores de la guerra, en definitiva dos imperios extraeuropeos – los Estados Unidos y la Unión Soviética -, más otro imperio que también lo era – el británico, aunque arruinado -, constituían poderosas economías que dominaban el mundo y, previsiblemente, lo seguirían dominando en el futuro. La creación de un espacio económico único en Europa se hacía ineludible.

Ese espacio aunó las economías alemana y francesa, construyendo una identidad de intereses que bloquease la enemistad entre ellos. A los que se sumó otro gran país, como Italia, y tres desarrolladas pero pequeñas naciones como Holanda, Luxemburgo y Bélgica. El bloque pronto comenzó a funcionar de modo envidiable, y se convirtió en un club atractivo.

Atractivo pero con reparos
Pero los europeos nunca fueron demasiado entusiastas de la construcción de esa Europa. Preocupados al principio por la reconstrucción de sus países tras la devastación bélica, se acostumbraron a la idea del mercado único, pero siempre en el entendimiento de la preservación de su soberanía.

Con esa preocupación, algunos señalados Estados europeos quedaron voluntariamente fuera de la unión (de lo que, acertada y significativamente, se conocía como el “Mercado Común”), como fueron los casos de Suiza y de Noruega. Otros se sumaron con un más bien escaso entusiasmo que el Brexit no ha hecho más que refrendar. Incluso un beneficiario de la unión como era Francia defendió siempre la idea de construir una “Europa de las patrias”, en la que las cesiones de soberanía deberían ser las imprescindibles. O menos que las imprescindibles.

Una Europa de espaldas a los ciudadanos
La llamada construcción europea se ha hecho de espaldas a los ciudadanos. Las principales decisiones no se han consultado y, cuando se ha hecho, el resultado no ha sido el esperado: desde el principio, la construcción europea fue un asunto de las élites.

Los referéndum para aprobar la Constitución europea supusieron un rotundo fracaso, y hubo que retirar el proyecto; la respuesta de las élites al fracaso fue burlar la democracia haciendo aprobar por vía parlamentaria el Tratado de Lisboa, un texto muy similar al constitucional rechazado en Francia y Holanda.

Algo parecido puede estar pasando con respecto al Brexit. Apoyado por los británicos en referéndum, las negociaciones para concretarlo se están prolongando y, en el peor de los casos, parece que la relación que unirá al Reino Unido con la Unión Europea no será muy distinta de la anterior, sobre todo teniendo en cuenta que Londres estaba fuera de la eurozona.

Creciente rechazo
Las cifras de apoyo a la Unión varían considerablemente en función del país de que se trate. En su conjunto, solo un significativo 55% de los europeos se sienten ciudadanos de la UE (por un 71% de los españoles), mientras que el 92% lo hacen con respecto a su propio país (en España el 84%). Es decir, que las lealtades a la propia nación están mucho más extendidas que el sentido de pertenencia a la UE.

Curiosamente, aunque los españoles tienen unas expectativas de futuro peores que el conjunto de los ciudadanos europeos, su confianza en que la situación terminará por arreglarse desde la propia Unión Europea es mayor, lo que mide su europeísmo: por término medio, el europeísmo aumenta según descendemos en el mapa, mientras los países del norte se muestran más y más escépticos.

Por eso, el 76% de los jóvenes europeos ven la Unión Europea como un club económico, y no como una comunidad de valores, por lo que en principio están poco dispuestos a consentir las cesiones de soberanía. Este dato ha sido calificado de preocupante por la Fundación Tui, para cuyo portavoz “la fuerza cohesionadora de Europa basada en sus valores se ha dado por supuesta durante mucho tiempo, pero esta obviedad no es tal”.

Los españoles son, de nuevo, quienes se muestran más partidarios de la moneda única – nadie les ha explicado el papel que ha jugado en la crisis el carecer de soberanía monetaria -, pero los países que mantienen su moneda no muestran ningún deseo de perderla.

Igual sucede con la deseo de mantenerse en la UE: España es la primera y Grecia la última. En el país heleno, solo el 52% es favorable. Obviamente, el caso griego es singular por lo padecido porn sus ciudadanos a manosde su casta política y de las políticas europeas. En Grecia ha habido debate acerca de estas; en España, no.

Es posible que esta situación no se mantenga mucho tiempo en España por cuanto nuestra país ha dejado de ser beneficiario de los fondos de la UE y ha pasado a ser contribuyente neto. Las optimistas perspectivas de futuro pueden desvanecerse con rapidez; si surge una fuerza política que cuestione el papel que España desempeña en Europa, y el que Europa desempeña en España, el caudal de optimismo bien puede secarse en poco tiempo.

¿Votar? ¿para qué?
La convocatoria llamando a la participación a través de la web quiere proyectar una idea democrática sobre el proyecto europeo. Una forma de hacer también responsable a la población de la deriva de la UE, algo de lo que está muy necesitada la élite bruselense.

Esa construcción a espaldas de la voluntad popular tiene poco que ver con lo que los padres fundadores quisieron para el continente, erigida por unas élites que, como ha reconocido Javier Solana, han hecho de Europa el laboratorio de un gobierno mundial.

Esa transformación pasa por la destrucción de las soberanías nacionales, lo que implica la negación de las identidades de los pueblos de Europa sin que, a cambio, surja una identidad propia: porque tal destrucción se opera no para construir una Europa soberana, sino para construir una Europa concebida como una pieza más del engranaje del designio globalista.

El europeo de hoy no ignora esas cesiones de soberanía, que han conducido a que las instituciones que deciden las políticas básicas para su vida y su nación sean las comunitarias.

La baja participación, sin embargo, en las elecciones europeas, parecería apuntar lo contrario. Pues los comicios al Parlamento europeo suelen utilizarse para castigar al gobierno en una medida que no se produce en el caso de elecciones nacionales. Pero esa baja participación y ese carácter experimental de las elecciones europeas no significa que los europeos ignoren que es en Europa donde se decide su futuro, sino más bien de la convicción, o de la sospecha, de que la construcción europea tiene poco que ver con ellos.

Es poco probable que la web de la UE modifique, mediante una votación on.line, esa visión del comportamiento esencialmente antidemocrático de las instituciones comunitarias.

Europa: jubilación a los 50 y pensión de 9.000E mensuales
Nota del Editor 14 Mayo 2018

El 8 de mayo circulaba por Whatsup "Gran escándalo. Los "sátrapas" de Bruselas ha aprobado para sí mismos, la jubilación a los 50. ¡Viva laEuropa de los ladrones!. La jubilación a los 50 para los funcinarios de la Unión Económica Europea ha sido aprobada con pensiones mensuales de 9.000E." http://www.sauvegarde/%20retraites.org/docs/Retraite_Hauts_fonctionaires_europeens_Annexe_3_Etude_27.pdf

El infierno de las víctimas de Alsasua: "ETA ya no dispara, pero te mata igual"
La novia de uno de los guardias civiles que sufrió la dramática agresión en Alsasua cuenta en El Mundo el drama en el que han convertido su vida.
Libertad Digital 14 Mayo 2018

María José es la novia del teniente de la Guardia Civil que, junto con un compañero y sus parejas, fueron brutalmente agredidos en un bar de Alsasua, golpeados los cuatro casi hasta la muerte en un atentado que fue juzgado hace pocos días en la Audiencia Nacional y está a la espera de sentencia.

Como su novio y la otra pareja que aquella fatídica noche estaba en el bar Koska sufrió una tremenda agresión durante la que llegó a temer por su vida, pero el calvario no había hecho más que empezar: desde entonces ha sufrido un acoso que la ha llevado a abandonar el pueblo, tal y como cuenta en una escalofriante entrevista con Fernando Lázaro que publica este lunes El Mundo.

"Desde el minuto uno se nos estuvo atacando a mí y mi familia" cuenta asegurando que "sigo en tratamiento y sigo teniendo pesadillas". María José relata una serie de intimidaciones que fue sufriendo y que no dejaron de incrementarse hasta el juicio celebrado hace unas semanas: "Estaba secuestrada en Alsasua, en mi pueblo. En cuanto pisaba la calle sentía las miradas de odio. Y así consiguen hacerte daño, meterte el miedo".

La entrevista narra también la ausencia de solidaridad en el pueblo, cómo se ha visto abandonada por todos sus amigos –"se dejan llevar por la presión y el miedo"– y cómo las instituciones tampoco les han amparado: "No he recibido ningún tipo de solidaridad por parte del Ayuntamiento de Alsasua", ni por supuesto del gobierno autonómico de Uxue Barkos, ni de "ningún grupo" de feministas, a pesar del machismo evidente que supone hacer pasar un calvario a una mujer por la pareja que ha elegido: "Han atacado a una mujer que ha ejercido su derecho individual a estar con quien le de la gana".

"Amenazas constantes, de muerte, por redes sociales", llamadas "desde números ocultos"… María José va contando el proceso por el que finalmente se ha visto forzada a marcharse de Alsasua para concluir con unas frases demoledoras: "ETA ya no dispara, pero te mata igual. ETA no dispara pero te mata, yo estuve muchos meses muerta. No dispara pero mata y lo hace de una forma más cruel".

SOBRE EL SINDICATO DE ESTUDIANTES
España, el gobierno de los mediocres
Samuel Vazquez / Club Viernes esdiario 14 Mayo 2018

¿Un sindicato de estudiantes que no trabajan? ¿Una universidad tomada por sectarios? Las 'manifas' como excusa de un proyecto político que potencia la mediocridad, a juicio del autor.

Todo empieza en la cocina donde deberían formarse los futuros grandes chefs de la vida diaria de un país. Lo que tendría que ser una gran sala de máquinas no es más que un nido endogámico de mediocres a los que se les permite ir contratando amiguetes hasta convertir cada universidad en un cortijo.

El mérito, la capacidad y la experiencia no existen, sólo corrientes ideológicas para envenenar los cerebros más vírgenes a las que se van sumando los más mediocres para ir repartiéndose el botín del Estado primero a base de subvenciones en asociaciones y sindicatos de estudiantes, y luego a base de puestitos otorgados por compañeros de armas… ideológicas claro.

Así, lo que debería ser el templo de la sabiduría y el espíritu crítico, ese lugar heredero de las escuelas catedralicias desde donde San Agustín pretendía educar en las “artes liberales”: La gramática, la retórica, la dialéctica, la aritmética, la geometría, la astronomía y la música; y que sirvió de base a Carlomagno para sacar la cultura de las élites y extenderla a todo el pueblo, se ha convertido en el enésimo foro de adoctrinamiento masivo para generar soldados de uniformad intelectual y no de espíritu libre.

¿Sindicato estudiantil?
Y entonces, se empieza la casa por el tejado, y permitimos a los estudiantes sindicarse, a pesar de no ser trabajadores, y en una edad donde deberían dedicar todo su tiempo a empaparse de conocimientos, lo dedican en realidad a adoctrinarse con ideología, a entrenarse en el odio.

Les damos voz y voto en consejos donde se deciden los caminos futuros de la educación a chavales que todavía no saben nada de la vida, malcriándolos desde el principio.

No es de extrañar que a partir de ese momento, los que de verdad quieren formarse y aprender pasen a un segundo plano o tengan que emigrar a pesar de ser élite, mientras que los que hacen del sindicato de estudiantes una forma de vida subvencionada pasan de la treintena y siguen siendo el modelo juvenil al que entrevistan en la tele y que se sienta a decidir cómo debe ser la educación de nuestros hijos, y convocan manifas con muy poca educación y sí mucho adoctrinamiento donde se insulta a mujeres si no se pliegan a la ideología dominante y se decide quien habla y quien no en cada facultad.

En este ejercicio de fascismo clásico —eliminar la voz del disidente—, participaron de manera activa algunos profesores de la Complutense que hoy se postulan a gobernantes. Y todo ello desde un sindicato mayoritario que por si acaso pudiera quedar alguna duda de para lo que está y de qué cerebro tienen los que lo dirigen, se declara organización de izquierdas, antifascista, obrera y anticapitalista; que traducido viene a ser: esclavos desde la cuna, ¡vivan las caenas!

Desde las aulas
Y siendo estos los cimientos, ¿a quién le extraña como está la casa?, lo lógico es que se hubiera derrumbado ya. No podemos luego echarnos las manos a la cabeza si a lo alto de la pirámide jerárquica de cualquier área de nuestra administración, desde la policía a la sanidad pasando por la educación llegan siempre los más mediocres, los más dóciles, los advenedizos del poder.

Es una cultura que se ha mamado desde las aulas.

No podemos tampoco asustarnos si controlando la educación y la televisión, un grupo organizado dentro de un pueblo cuya especialidad es el latrocinio, ha conseguido envenenar a al menos la mitad de ese pueblo para que odie a la otra mitad, y de paso al resto de España.

¿Alguien piensa que en un país avanzado un personaje como Gabriel Rufián, que ha leído un libro en toda su vida y además se titulaba el pirata garrapata, hubiera llegado a diputado?

De ninguna manera nos debe resultar extraño que si dejas a otro grupo organizado liderar la comunidad Valenciana durante 30 años, esta se convierta en un nido de sinvergüenzas y ladrones, de corrupción y caciquismo.

De la misma forma que en otro sitio más al sur, otros iguales pero con ropajes de distinto color han logrado montar el caso de corrupción más grande y con más imputados de la historia de la unión europea, ahí es nada, y encima quitándole el dinero a los más vulnerables, gente en paro que no podía realizar su curso de formación porque se lo estaban gastando los representantes de los trabajadores en mariscadas.

¿A las manifas?
¿Por qué nos extrañamos si luego permitimos a nuestros hijos ir con 16 años a las manifas convocadas por el antes mencionado sindicato de estudiantes?
—Es que mi Juanito es muy reivindicativo y quiere lugar por sus derechos…

Su Juanito está como un burro señora, y sólo es otra oveja del rebaño del que unos pocos caraduras se aprovechan para vivir del cuento toda la vida mientras su Juanito se echa a perder… y por los derechos del chaval debe luchar usted, no él.

Él debe estar si hay huelga y los matones de turno no le dejan entrar al aula, en la biblioteca leyendo a San Agustín, o a Mariana, cuanto mejor le iba a ir en la vida. En todas partes, en todos los sitios, el “Gobierno de los Mejores” clásico no existe, sólo el gobierno de los mediocres.

ISRAEL, 70 ANIVERSARIO
La victoria de Jacob
JOSÉ SÁNCHEZ TORTOSA El Mundo 14 Mayo 2018

El 12 de marzo de 1938 se produce la anexión de Austria al Reich alemán. Ante la previsible huida de judíos, el 6 de octubre el parlamento de Polonia aprueba la ley según la cual los judíos polacos con residencia en el extranjero durante los 5 años anteriores pierden su condición de ciudadanos. El 28 de octubre el Gobierno de Alemania ejecuta la Polenaktionexpulsando a unos 15.000 judíos hasta la frontera polaca. Allí, sin ser admitidos en Polonia, quedan durante varios días en tierra de nadie y sin medios de subsistencia, convertidos en apátridas. Finalmente son readmitidos. Su destino es bien conocido. El hecho ejemplifica con descarnada precisión la condición del judío, en perpetuo exilio, extranjero en cualquier tierra, condenado a la intemperie política hasta la fundación del Estado de Israel.

Después de la Guerra y antes de 1948 a los supervivientes de la Shoá les quedaba la posibilidad de volver a sus países de origen, en los que el antisemitismo seguía existiendo y que apenas podían reconocer como hogar después de lo sucedido por cuestiones tan terrenales como la pérdida de las viviendas, trabajos, relaciones sociales. La posibilidad de encontrar acomodo en otro país implicaba problemas similares, dada la extendida aquiescencia o complicidad de buena parte de Europa. La tercera opción no estaba abierta: el retorno a Palestina.

El 14 de mayo de 1948 se funda Israel, desmintiendo el mandato bíblico que niega legitimidad a un Estado judío antes de la llegada del Mesías. En la literatura bíblica, Jacob es el que ve a Dios, el que se enfrenta al ángel (pues todo ángel es monstruoso, como sabía Rilke) y sobrevive. Es el guerrero victorioso pero herido que gana su nombre (Israel) y es condenado a cojear y a vagar por los senderos de la Historia de los hombres, siempre acechado y en perpetuo exilio, obsceno espejo de la condición humana.

La necesidad material de un Estado para la nación judía perseguida impulsa el sionismo, nacido a finales del siglo XIX como secularización del mesianismo religioso, blasfemo para la ortodoxia judaica que no reconoce Estado sin Mesías. El sionismo no es sólo una respuesta a la vieja judeofobia, que rebrota bajo la especie de antisionismo apropiándose de la palabra Palestina, denominación administrativa de la provincia romana del Imperio empleada por los judíos para designar su tierra de pertenencia desde mucho antes del nacimiento de Mahoma. Es la mutación en práctica política de una esperanza teológica. La Shoá no inmunizó a las sociedades civilizadas contra la judeofobia. La obligó a hacerse más sofisticada, a envolverse en harapos más aceptables y ofreció nuevas máscaras, como un antiimperialismo victimista que sólo sale en defensa de las víctimas que pueden ser adjudicadas a Israel, bajo las cuales odiar sin escrúpulo al judío identificado ahora con un país. El odio al judío, pulsión terca, grabada a fuego en lo más hondo de las sociedades humanas (de herencia cristiana y, sobre todo, islámica), mutó en odio a Israel, perpetuándose al dar a los judeófobos una justificación política y moral con la cual calmar sus atormentadas conciencias.

El mesianismo en política es fuente segura de desastres pero apenas hay política que no se alimente de alguna tentación de mesianismo. La cuestión estriba en si esa pulsión teleológica satura las artesanías del poder que gestionan las pasiones multitudinarias o si es contenida y regulada por ellas dentro de límites que retrasen o canalicen la destrucción del otro y el suicidio colectivo. En el caso del judaísmo, el sionismo tradujo a políticas materiales y secularizadas un mesianismo teológico dotado desde sus orígenes de una impronta política e histórica. Se trataba de una cuestión crucial en las disputas teológicas tardomedievales pero sus implicaciones eran inevitablemente políticas y, por tanto, materiales, es decir, territoriales, militares, económicas, demográficas, patrimoniales, implicaciones que enlazan con la situación actual del judaísmo político en Israel por una línea de continuidad histórica y cultural. El sionismo es judaísmo sin Mesías, es la afirmación de un Estado sin necesidad de esperar el cumplimiento de la promesa mesiánica. El sionismo, por su ruptura con el decreto de llegada del Mesías como condición del Estado, es ajeno a ese idealismo teleológico y se fundamenta en el insultante reto de sobrevivir. Es expresión política de un materialismo no mesiánico. Es la supervivencia material de una nación en peligro histórico de extinción.

Israel nació como Estado soberano en 1948 venciendo los obstáculos materiales que oponían las grandes potencias, como las restricciones y vetos a la emigración que impuso el Imperio Británico para no contrariar a la población musulmana del protectorado, y las amenazas de los enemigos de la zona. El derecho de Israel a existir se basa en la legitimidad estricta de su fuerza para subsistir en territorio hostil. No hubo que reivindicar una legitimidad trascendental, moral, política o histórica para iniciar las revueltas contra el nazismo en el gueto de Varsovia o en los campos de exterminio de Auschwitz, Sobibór o Treblinka. La fuerza de los que habían perdido el miedo y la esperanza se erigió en expresión desesperanzada de liberación y de resistencia a ser exterminado e hizo honor a la fórmula de Spinoza: el derecho es la forma regulada de la potencia de perseverar en el ser cuanto sea posible, sabiendo que nada de lo real es eterno, lo cual inmuniza contra el suicidio y contra la pretensión no menos suicida de convertir la política terrenal en sacralidad celestial.

Hoy Israel es dique de contención de la Yihad y protección de judíos y no judíos. Encarna la resistencia a perecer en una guerra cuya derrota implicaría su desaparición y que Europa no parece dispuesta a librar. Es la materialización política y, por tanto, territorial, militar, económica y tecnológica, además de simbólica, del judaísmo de la diáspora, acogido en un lugar propio, refugio material para una tradición literaria, histórica y religiosa cuyo nomadismo milenario puso a sus miembros al borde de la extinción en la Segunda Guerra Mundial, cuando su condición de ciudadanos fue eliminada y quedaron en el limbo mortal de los apátridas, abocados al dudoso privilegio de un cosmopolitismo indefenso. El derecho de Israel a existir con Jerusalén como capital se funda en la misma legitimidad que la de cualquier otro Estado, pero, además, por su peculiaridad histórica, en su potencia y en la grandeza de una sociedad que no se pliega al suicidio de las bellas almas, siempre entregadas al lujo de la ingenuidad cuando se está jugando la suerte de los demás.

La superstición progresista es una ceguera recurrente, un idealismo cargado de futuro. Los procesos históricos están sometidos a una concurrencia tan compleja de causalidades múltiples necesarias que la ingenuidad de esperar un futuro lineal, luminoso y angelical, es una tentación suicida y, por tanto, humana. La fe progresista es la secularización de una teleología que inyecta sentido trascendente a la Historia y que, por ello, en el límite, lo puede justificar todo, barriendo de la misma cuanto se interponga en la marcha gloriosa de los tiempos. Los esfuerzos por desperezarse de la sacralidad sublime heredada condujeron al ecosistema teórico y cultural del idealismo alemán y su grosera sentimentalización de lo político en la forma del nacionalismo y de la santificación de la cultura y el Volkgeist, Absoluto aun más metafísico y solemne, caldo de cultivo doctrinal de los mayores desastres del siglo XX. Israel es una de las expresiones de ese abrupto y despiadado despertar del sueño ilustrado, la necesaria cicatriz que suture la enfermedad histórica de una Europa manchada de sangre, fuego y humo, el aviso de los efectos inexorables que acarrea volver al sueño de la armonía planetaria. Su existencia, condición necesaria para la supervivencia de muchos judíos (y no judíos), desmiente el refinado desdén cosmopolita, cuya exquisitez, que se eleva graciosamente por encima de los Estados y de las fronteras realmente existentes, sólo podía ser disfrutada por aquellos sujetos dotados de una ciudadanía que les protegía y que no venía llovida del Cielo, de la Humanidad ni de la Razón Pura, sino de esos Estados manchados de sangre y barro sin los cuales no hay ciudadanía.

José Sánchez Tortosa es profesor de Filosofía, autor del ensayo El profesor en la trinchera (La Esfera de los Libros) y coautor de Para entender el Holocausto (Confluencias) y Guía didáctica de la Shoá (Comunidad de Madrid). Acaba de publicar la novela Los dados (Araña Editorial).

Los retos estratégicos de Israel
Rafael L. Bardají Libertad Digital 14 Mayo 2018

El estado hebreo aventaja sobradamente la potencia militar de sus vecinos, pero otros retos en la zona hacen que no pueda bajar la guardia.

Desde un punto de vista convencional, la seguridad de Israel nunca ha sido tan robusta como ahora. Tomando como base la metodología tradicional de los balances de fuerzas, ejercicios que comparan las ventajas, desventajas, fortalezas y debilidades de las fuerzas armadas de un país contra otro, Israel nunca se ha encontrado en una situación más envidiable: no sólo su ejército está mejor equipado y preparado sino -y sobre todo- sus enemigos se han ido desvaneciendo o han desaparecido por completo bajo la forma de ejércitos convencionales. El caso más evidente es el de Siria. Israel ya venció a los ejércitos de sus vecinos, y les volvería a ganar si tuviera que enfrentarse a ellos nuevamente.

Sin embargo, que el balance de fuerzas convencionales sea claramente favorable a Israel no justifica ninguna complacencia, habida cuenta de que en el Medio Oriente hay otras fuerzas distintas a las fuerzas armadas tan letales, si no más, que ellas mismas. Quizá el caso más paradigmático sea Hezbolá, un grupo chií fundamentalista, creado a comienzos de los años 80 en el Líbano por el Irán revolucionario del imán Jomeini.

Hezbolá no es una organización armada tradicional pues aúna la letalidad de un verdadero ejército y las tácticas de un grupo terrorista, la inspiración divina y la política mundana, el juego político y la intimidación y el asesinato, el tablero nacional y la total falta de respeto a las fronteras y la legalidad internacional. En 2006 ya se enfrentó directa y abiertamente a Israel y aunque tuvo que encajar un severo castigo, en estos últimos años, gracias a la ayuda directa de Irán, no sólo ha logrado reconstituir su arsenal, sino que ha adquirido misiles de largo alcance de creciente precisión. Así, de los más de cien mil cohetes a su disposición, la mayoría dispersos y ocultos en casas de pequeñas aldeas en el sur del Líbano, varios centenares podrían alcanzar cualquier punto en Israel con la precisión requerida para atacar instalaciones críticas.

Además, aunque es verdad que el uso iraní de Hezbolá para luchar en el sostenimiento del régimen de Basher el Assad en Siria le ha supuesto al grupo numerosas bajas, también le ha dado una inestimable experiencia en combate. Si tenemos en cuenta que su misión principal es acabar con el estado judío de Israel, celo antisemita en el que se regodean sus dirigentes, la situación de seguridad de Israel ya no puede pintarse tan boyante. Particularmente si los europeos se mantienen en la ficción de que una cosa es el Estado del Líbano y otra muy distintas la organización Hezbolá, algo cada vez más complicado de argumentar, particularmente tras la aplastante victoria parlamentaria de Hezbolá y sus acólitos en las recientes elecciones de comienzos de este mismo mes.

En segundo lugar, Israel se enfrenta a una amenaza a la que desde la revolución islamista de 1979 califica de existencial: Irán. Es verdad que una guerra convencional, con tanques y todo a lo que estamos acostumbrados, ha sido imposible de manera directa, habida cuenta de la separación geográfica de ambos potenciales contendientes. Pero en la actualidad esa separación física se ha evaporado en buena parte: Irán no sólo cuenta con organizaciones a las que utiliza para sus propósitos estratégicos, sino que ha ido aprovechando el caos político de la región para expandir su presencia más allá de sus fronteras. Así, desde 2014, bajo el paraguas de estar luchando contra el Estado Islámico se ha instalado militarmente en Iraq -donde, dicho sea de paso, el actual gobierno no puede ser más amigable hacia Teherán-, ha movilizado a milicias tanto en Iraq como en Siria -se calcula que algunas de ellas con una fuerza de 50 mil combatientes-, ha enviado asesores militares de primer nivel y la Guardia Revolucionaria cuenta con una presencia permanente y muy influyente sobre el ejército sirio y grupos afines al régimen de Damasco. El general Qasem Soleimani, jefe de las fuerzas Qods iraníes, ha sido fotografiado en numerosas ocasiones pasando revista de la situación de sus combatientes tanto en Iraq como en Siria.

Irán ha perseguido una estrategia de cerco de Israel por el Norte, Sur y Este que empieza a ser bien visible. La semana pasada fuimos testigos del riesgo que supone para Israel que Irán se haya acercado a sus fronteras como nunca antes. Desde que comenzó la guerra en Siria, Israel dejó claras sus líneas a rojas. Una de ellas era la no aceptación de una presencia permanente iraní en el sur de Siria. De ahí que el pasado día 4 destruyera unas instalaciones controladas por Irán al sur de Damasco y que estaban destinadas a servir de centros de mando para un eventual ataque contra Israel y para negar su capacidad de ataque aéreo. Desde ese día se sabía que los mandos del la Guardia Revolucionaria estaban preparando una represalia, incluso por encima de algunas voces más pragmáticas en Teherán. Esa acción de represalia fue el lanzamiento de 20 cohetes y misiles contra los altos del Golán del pasado jueves día 10. Muchos han visto en este ataque una reacción ante la decisión del Presidente Trump de abandonar el acuerdo nuclear con Irán, el conocido por sus siglas anglosajonas JCPOA. Pero no parece haber sido el caso. Todo lo contrario. El destinatario era Israel. Y por eso también la contraofensiva inmediata de Israel, quien no dudó en castigar significativamente a los elementos de las fuerzas Qods desplegados en el sur de Siria.

Yerran quienes vieron en este intercambio bélico el arranque de la Tercera Guerra Mundial, pero no cabe duda de que el acercamiento físico de las fuerzas iraníes y, más en concreto, de sus elementos más radicales, supone un riesgo altísimo. Aunque no esté en el ánimo de ninguno continuar con una escalada de la que no se puede saber su final a ciencia cierta, en el terreno militar todos conocemos que los planes a duras penas resisten la realidad y que las decisiones estratégicas normalmente se complican rápidamente. De ahí que quienes tienen la capacidad de influir en la situación en Siria, directa o indirectamente, se deban plantear cómo llevar a la salida de Irán de ese país. Y cuanto antes mejor.

De la misma forma, las factorías de misiles que Irán está construyendo en Líbano para Hezbolá, no sólo tienen que ser desmanteladas de inmediato, sino que las naciones que participan en la misión de la ONU, UNIFIL II, desde 2006 -incluida España-, tendrían que aplicarse para hacer cumplir el mandato impuesto por la propia ONU: el desarme de Hezbolá al sur de río Letani, algo, obviamente, que no se ha hecho por falta de voluntad política.

La buena nueva para Israel en lo que respecta a Irán es que, tras la decisión del presidente americano de repudiar el acuerdo nuclear, no sólo nuevas sanciones serán posibles, justo en un momento donde la economía iraní presenta un pésimo resultado, sino que una estrategia hacia Irán es posible por primera vez en muchos años. El sueño de Obama de ofrecer más y más concesiones a Teherán con el objetivo de volver a Irán un país normal ha sido en realidad una pesadilla para toda la zona, de Yemen a Gaza. Lejos de presentar una cara más moderada, Irán, al amparo y con el dinero del JCPOA, ha sido más osada en estos últimos años. Sin los Estados Unidos en el acuerdo nuclear se puede comenzar a cambiar esa situación y penalizar a Irán por sus acciones desestabilizadoras.

Con todo, hay un terreno donde Israel está en clara desventaja: en la defensa de su legitimidad. Baste con observar las múltiples reacciones internacionales a las acciones defensivas tomadas por las fuerzas israelíes en la defensa de su territorio, amenazado por sucesivas marchas desde la Franja de Gaza. "Marchas pacíficas", "bajas civiles", "desproporcionada reacción de Israel…", cuando en realidad todo no es más que una nueva forma de conducir el conflicto contra Israel por parte de Hamas, el grupo terrorista que controla Gaza. Las marchas, lejos de ser pacíficas, han estado orquestadas y perfectamente dirigidas. De la cincuentena de víctimas casi 40 han sido identificadas como militantes de Hamas o de otros grupos radicales; el uso de civiles por parte de los instigadores es ampliamente probado, al igual que la difusión de imágenes manipuladas o creadas ad hoc como parte de una campaña de propaganda... Pero nada de esto tiene repercusión pública alguna: en lugar de condenar a Hamas por empujar a sus ciudadanos a un riesgo innecesario e inútil se condena a los soldados que evitan que sus fronteras sean violadas.

Israel siempre ha creído que bastaría dar a conocer la verdad para que ésta triunfara, pero no calculó bien el peso de la maldad de sus enemigos y adversarios, ni el alcance del antisemitismo, latente o abierto, en nuestras sociedades.

Y no se trata solamente de aquello que afecta a la legitimidad de un Estado maduro como ya es Israel, quien ahora celebra su 70 aniversario, con el doble triunfo de Eurovisión y el traslado de la embajada americana a su capital, Jerusalén. Si los europeos hubiesen tratado a Israel como un socio normal, con sus virtudes y defectos, pero plenamente capacitado para tomar sus propias decisiones, hace años que se habría puesto punto y final al conflicto con los palestinos. Pero creando falsas esperanzas, regalando miles de millones y dándole siempre más tiempo a los palestinos, lejos de acercar posiciones y convencerles de negociar sobre términos realistas, lo que se alimentó fue todo lo contrario: intransigencia, maximalismo y corrupción. Pero eso es otra historia que sólo se superará cuando ambas partes estén maduras para sentarse honestamente en una mesa de negociación.

Rafael L. Bardají, director ejecutivo de la Friends of Israel Initiative.

Israel es nuestro Muro
Carmelo Jordá Libertad Digital 14 Mayo 2018

En Occidente también tenemos algunos Muros que nos separan de partes del mundo en las que no rige nuestro sistema de derechos y libertades.

En la archifamosa serie televisiva Juego de Tronos uno de los escenarios de la acción es el Muro, que además de un lugar físico es una referencia constante en muchos capítulos y casi un personaje en sí mismo. El Muro, situado en el frío y nevado norte separa unos reinos más civilizados –dentro de lo civilizado que puede considerarse el mundo que reproduce la serie–, de un ámbito siniestro, peligroso y salvaje que se extiende más allá de la enorme pared de hielo y piedra.

El Muro es, por así decirlo, una responsabilidad compartida de los territorios que viven al sur de la imponente barrera: todos lo entienden como algo propio y como una de sus obligaciones, aunque por supuesto no siempre cumplan con sus compromisos de la misma manera o con el mismo entusiasmo.

En Occidente también tenemos algunos Muros –no siempre físicos– que nos ayudan a mantenernos separados de partes del mundo en las que no rige nuestro sistema de derechos; separaciones que alejan de nuestras vidas y nuestros hogares el terror, el fanatismo, la violencia extrema de aquellos que desprecian la vida; muros, en suma, que nos separan de la Edad Media aunque esta no sea una separación perfecta.

Israel lleva 70 años siendo uno de ellos, probablemente el más importante. Pero, al contrario de lo que ocurre con el Muro de Juego de Tronos, no todos los que nos beneficiamos de esa barrera defensiva sentimos ya no la más mínima responsabilidad, sino tan siquiera un ápice de solidaridad, empatía o gratitud.

Por no agradecer ni les agradecemos lo mucho que su ayuda –y en no pocas ocasiones sus expertos– nos sirven para enfrentarnos a los problemas que ellos ya han sufrido: buena parte de la inteligencia y de los métodos que toda Europa usa para evitar o al menos minimizar el desafío terrorista nos llegan de ese pequeño país que ha tenido que sufrir en primer lugar prácticamente todas y cada una de las formas de terrorismo moderno, desde los secuestros de aviones hasta los atropellos.

Nadie como el estado hebreo ha desarrollado los métodos de defensa, de infiltración y de respuesta a la agresión del terrorismo islamista, en el mundo real, en las infraestructuras clave, en el cada vez más importante campo de batalla cibernético… Israel sufre, inventa, soluciona y finalmente exporta un conocimiento que todo el mundo aprovecha, un saber que salva vidas en muchos rincones de este planeta.

Pero hay algo aún más importante que eso: el hecho de que cuando Israel se enfrenta a la teocracia iraní o a sus esbirros en Líbano o Gaza está siendo el primer cuerpo de combate de una batalla que no es sólo suya, que es también nuestra y, muy especialmente, de los españoles.

Porque la guerra del Islam radical –ya sea en su versión chií o en la suní– no tiene como proyecto final la destrucción del estado hebreo, eso es sólo un primer paso: después de Israel llegaría la reconquista de todo lo que ha sido Dar al Islam, es decir, de nuestra Península Ibérica, y más tarde todo lo demás. Y es que esa ideología ultrarradical travestida de religión no está dispuesta a compartir el poder en ningún rincón del mundo con las 'decadentes' libertades que son la base de nuestra civilización… y de cualquier cosa que merezca llamarse civilización.

Sí, ya sé que un mundo dominado por un gobierno islámico teocrático nos parece una locura e incluso hará que algunos sonrían condescendientemente al leer este artículo, pero eso no les importa a los psicópatas que están dispuestos a matar y morir para lograrlo. Es más, nuestra arrogante sensación de seguridad no hace que Hezbolá, Boko Haram, Al Qaeda o Hamás se desmoralicen, al contrario: saben que esa es nuestra mayor debilidad.

Al fin y al cabo, tampoco todo el mundo en los Siete Reinos puede imaginar que los Caminantes Blancos son una amenaza real y fatal, pero los que sí lo sabían construyeron el Muro y saben lo importante que es defenderlo, como nosotros deberíamos saber lo importante que es defender Israel, nuestro muro.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.

AGRESIÓN A GUARDIAS CIVILES
Agentes de policía denuncian la dramática realidad de la Línea y Algeciras
La Gaceta  14 Mayo 2018

Las bajas condenas por tráfico de hachís y la falta de protección a los agentes de la autoridad son las claves en la agravación del problema.

El miedo en la población es la base de la trasformación de los grupos de crimen organizado en “mafia”. Sin duda alguna en el área del campo de Gibraltar estamos asistiendo por primera vez en la historia de España a la implantación de la “mafia”.

Aparte del reparto de tareas y la especialización de sus componentes, hay dos factores que son los que diferencian a los grupos de delincuencia organizada con la “mafia”. El primero de ellos es la estructura familiar de sus componentes y la segunda es la aplicación del miedo en la sociedad donde se desarrollan.

En La Línea de la Concepción y en Algeciras estamos asistiendo a la tercera generación de clanes familiares que viven del crimen. Si bien es cierto que los abuelos en los años ochenta se dedicaban al contrabando de tabaco, los padres en los noventa se dedicaban a una combinación entre tabaco y hachís, los nietos, hoy en día, se están dedicando en coalición con los clanes marroquíes, a la importación de hachís, para posteriormente ser vendida a los clanes marselleses, napolitanos, mafia de Liverpool y mafia irlandesa, que desde toda Europa viajan al campo de Gibraltar y regresan cargados de hachís para abastecer el mercado europeo.

Tal es el volumen de negocio, que las mafias de Europa del este y corsos principalmente, se organizan para asaltar con armas de guerra, tanto los depósitos de hachís de los clanes de La Línea, como los vehículos lanzadera que proceden de París, Holanda y Marsella, provocando con ello una adquisición de armas automáticas y explosivos destinadas a las estructuras mafiosas de La Línea, entrando con ello en juego los grupos de tráfico de armas asentados en Bélgica y Kosovo.

A esto último hay que sumar que en los últimos años, el puerto de Algeciras ha sido el elegido por los cártel mejicano de Sinaloa para introducir sus cargamentos de cocían procedente de Suramérica.

Otro ejemplo claro de organización “mafiosa” ocurrió el pasado 7 de febrero de este año, cuando un grupo de 20 encapuchados irrumpieron violentamente en el servicio de urgencias del hospital de La Línea de La Concepción, para liberar al supuesto líder de una red de narcotráfico que había sido llevado allí detenido, después de que sufriera un accidente de moto en una persecución con los agentes.

Tres factores son los que originan que el campo de Gibraltar sea la base donde se implanta la mafia más poderosa del mundo en lo que a tráfico de hachís se refiere.

1º.- Los ingresos inmediatos que produce en los participantes de la vigilancia, recepción, ocultación o protección, hacen que cualquier joven de la zona ingrese mil euros por noche, sólo con la misión de establecer un punto de vigilancia, consiente en permanecer en la playa con su teléfono móvil avisando a sus jefe, por medio de WhatsApp la presencia de alguna patrulla de las fuerzas de seguridad (es decir, que en dos noches, ganan más que un cualquier miembro de las fuerzas y cuerpos de seguridad). La ASP asegura que ‘la agresión perpetrada este fin de semana contra los agentes de la Guardia Civil en Algeciras no es más que una prueba de la impunidad con la que actúan los grupos de delincuencia organizada en el campo de Gibraltar’.

2º.- La estructura familiar de los componentes provoca que una red mafiosa sea impenetrable a la hora de conseguir arrepentidos o testigos que colaboren con la justicia.

3º.- La falta de protección jurídica por de la Fiscalía General del Estado a la hora de perseguir las agresiones físicas a los agentes de policía y Guardia Civil que ejercen sus funciones; ya que si bien es cierto que el código penal español contempla en el artículo 550 que cualquier persona que agreda físicamente a un agente de la autoridad está cometiendo un delito de atentado a la autoridad con una condena de entre 1 a 4 años de prisión, en la inmensa mayoría de los casos, las Fiscalías acusan por una falta contra el orden público con una pena que no supera los 50 euros de multa.

Por tanto, pedimos al Ministro de Interior que impida que el Director General de la Policía vaya a Algeciras a desinformar a la población, cuando el pasado jueves, dio una rueda de prensa anunciando que para el próximo verano van a reforzar con 80 futuros policías las localidades de La Línea y Algeciras, cuando resulta que en los meses de verano entre ambas plantillas estarán más de 300 policías nacionales de vacaciones , como así establece la instrucción del año 2009 de la propia Dirección General de la Policía; contando con el agravante de que los Policías que reforzarán dichas plantillas carecen de experiencia profesional, y no habrán jurado el cargo hasta la finalización de su periodo de prácticas.

Y por último, pedimos al Ministro de Interior que acuerde con el Fiscal General el Estado que se instruya a todos los fiscales de España, para que persigan las agresiones a policías por delito y no como falta.

Yihadismo y flujos migratorios incontrolados, las dos principales amenazas de España
YCM lagaceta.eu 14 Mayo 2018

Los españoles tienen una percepción “baja” del nivel de riesgo y amenazas, algo que choca con la realidad de nuestro entorno. En palabras del Coronel Ignacio Fuente Cobo, del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE): “Una discrepancia entre lo que está ocurriendo en nuestro entorno y la percepción que tiene nuestra propia sociedad”.

Ésta es una de las conclusiones de las XV Jornadas sobre Geopolítica y Geoestrategia dirigidas por el Vicedecano de Investigación y Doctorado de la UNED y Doctor en Relaciones Internacionales, Carlos Echeverría Jesús, que, bajo el subtítulo ‘Cultura de Defensa en España’, se celebraron la semana pasada en Ceuta.

Según señaló el Coronel Fuente Cobo, “la amenaza más importante no solamente para España, sino también para todo el entorno internacional, es el terrorismo internacional de corte yihadista”. Sin embargo, “hay un porcentaje importante de la población que percibe también que los flujos descontrolados o incontrolados de la población pueden ser una amenaza importante para las propias sociedades”, explicó el ponente.

En este sentido, el Coronel Pedro Baños señaló en su ponencia ‘Pensar la Defensa en el siglo XXI: análisis de riesgos’ los movimientos migratorios como uno de los factores que deben marcar cualquier estrategia de Defensa efectiva. El yihadismo, el cambio climático, los problemas sanitarios derivados de la resistencia a los antibióticos y las relaciones interestatales completan el conjunto de riesgos a tener en cuenta, en opinión de este analista.

Fran Perea vuelve a la música con un proyecto para divulgar el español en el extranjero
EFE REPÚBLICA 14 Mayo 2018

El cantante y actor está apoyado por el Instituto Cervantes y en el espectáculo combinará música, imágenes y caligrafía

El cantante Fran Perea estrena este domingo en la ciudad serbia de Novi Sad su proyecto “Viaja la palabra”, con el que retorna a la música después de ocho años y que busca divulgar el idioma español en el extranjero.

El proyecto global, apoyado por el Instituto Cervantes, combina en la escena música, imágenes y caligrafía para acercar más la lengua a los espectadores.

Perea declaró por teléfono desde Novi Sad que su proyecto combina dos aspectos personales.

“Es por un lado la música, la parte de contar emociones, de contar la experiencia de Fran, lo que soy yo, de mi vida, de llegar a los 40 años. Y, por otro lado, la sensibilización con un público que, además de seguir mis trabajos, muestra el interés por el aprendizaje de mi lengua materna”, dijo.

La serie española “Los Serrano” -popular en su momento en Serbia- y las canciones que interpretaba Perea, que protagonizaba a Marcos, motivaron a muchos serbios a estudiar español como lengua extranjera.

Perea declaró que eso le “ha sorprendido y comprometido”, que al inicio “no sabía la trascendencia de ello”, pero que, cuando empezó a “tirar del hilo un poco, se ha visto todo lo que hay detrás”.

“Me he comprometido con un proyecto más porque creo que es interesante que suceda eso, es una cosa que no es fácil que te ocurra”, indicó.

El concierto de Novi Sad tendrá lugar en el Teatro Nacional Serbio, una de los principales escenarios del país.

La idea de Perea, muy vinculado también el teatro ya que además de músico es actor, director y empresario teatral, ha sido aplicar a los conciertos las experiencias de las artes escénicas y espera que el estreno de Novi Sad sea “un dibujo de lo que sea todo este proyecto de ‘Viaja la palabra'”.

Explicó que en el escenario estará la banda de música y dos diseñadores: uno hará “la narrativa visual a través de una tablet”, y otros se encargara de la “caligrafía, con acuarela sobre todo”, y todo eso mezclado se proyectará en una pantalla, que formará parte del escenario.

“Todo ello para que el espectador tenga también un vínculo directo con las historias que estamos cantando y con la palabra“, agregó.

El concierto de Belgrado, que se celebrará el próximo martes en en el popular escenario Dom Omladine, no podrá incluir todos esos elementos, debido a diferentes cuestiones técnicas.

En ambas actuaciones, Perea interpretará sus éxitos e incluirá las canciones más representativas de su nuevo disco con un espíritu didáctico, una potente apuesta por el entretenimiento y sobre todo por la música de calidad, el auténtico idioma universal, según su productora “Let’s do it producciones”.

La hispanista serbia Bojana Kovacevic-Petrovic, de la Facultad de Filosofía de Novi Sad, coorganizadora de la pequeña gira de Perea por Serbia, declaró que el artista tendrá el lunes una reunión con los estudiantes, que le preparan “una sorpresa, un poco de flamenco y un poco de música”.

También será invitado de la Facultad de Filología de la Universidad de Belgrado y de la facultad belgradense Alfa.

ANIVERSARIO DE LA II REPÚBLICA
La tradición de la izquierda española de quemar iglesias
Juan E. Pflüger gaceta.es 14 Mayo 2018

Aquello de “Arderéis como en el ‘36” que gritaban Rita Maestre y sus amigas mientras asaltaban la capilla de la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, es el reflejo de una vieja tradición de la izquierda española. De la extrema, pero también de la moderada. La Segunda República, esa que nuestros políticos a la izquierda de Ciudadanos venden como el paradigma de las libertades y el respeto, se estrenó pocos días después de su proclamación con ataques a la Iglesia. Durante el Gobierno del Frente Popular, antes de estallar la Guerra Civil, también andaban quemando Iglesias. Luego su afición por la piromanía no se ciñe a los periodos bélicos. No es una cuestión de reacción frente a un alineamiento de la jerarquía eclesiástica con los alzados el 18 de julio.

Las primeras agresiones violentas contra centros religiosos se extendieron por España durante los días 11 y 12 de mayo de 1931. La República se había proclamado menos de un mes antes, el 14 de abril, tras las revueltas posteriores a unas elecciones municipales celebradas el domingo 12 de aquel mes. El día 10 de mayo de aquel 1931 era domingo. Los monárquicos inauguraban la sede del Círculo Monárquico Independiente. La música elegida para la apertura de los actos fue –no podía ser de otra manera- la “Marcha real”. Nada de lo que allí se hizo era ilegal ni contrariaba la legalidad republicana que se estaba constituyendo con el anuncio de que sería una democracia abierta en la que se respetarían todas las ideas políticas. Incluso las monárquicas.

Junto a la sede del Círculo se congregaron varios “convencidos republicanos” que insultaron a los que se encontraban en el interior. En ese momento llegaba un taxi con dos asistentes al evento de los monárquicos que discutieron con el conductor y con varios de los allí presentes. El resultado es que los republicanos empezaron a quemar los coches de los monárquicos que había aparcados en la puerta. Inmediatamente los revoltosos hicieron correr la falsedad de que el taxista había sido asesinado y los manifestantes se dirigieron hacia las oficinas del periódico monárquico ABC. Allí la Guardia Civil tuvo que disparar para evitar un asalto violento de las instalaciones del diario y murieron tres personas.

La respuesta de la muchedumbre fue asaltar un quiosco de venta del periódico El Debate, de inspiración católica, y el incendio de una librería especializada en textos religiosos. Si el incidente se había iniciado por un enfrentamiento entre monárquicos y republicanos ¿Por qué los izquierdistas se lanzan contra los católicos?

No son pocos los autores que señalan que los ataques contra instalaciones católicas estaban preparados y se iban a producir independientemente de la actitud que la Iglesia tomara y este fue el momento que aprovecharon para ponerlos en marcha.

Madrid fue la primera ciudad en verse asolada por una turba que pertenecía a los partidos que formaban parte del Gobierno provisional. Allí estaba la izquierda radical –socialistas, anarquistas y comunistas-, pero también miembros de partidos de la izquierda burguesa como la Acción Republicana de Manuel Azaña, que ocupaba la cartera de Guerra. En Gobernación estaba el único miembro de un partido de derecha moderada de aquel Ejecutivo: Miguel Maura, de Derecha Liberal Republicana, que abogó por sacar la Guardia Civil para frenar los ataques. El propio Azaña se negó, primero el día 10 y luego el 11 de mayo. Fue entonces cuando pronunció aquella frase que se ha hecho célebre: “Todos los conventos de España no valen la vida de un republicano. Si sale la Guardia Civil, yo dimito”.

Los radicales empezaron, ante la inacción del Gobierno, una orgía de incendios en Madrid. Entre la noche del 10 de mayo, todo el día 11 y las primeras horas del 12, momento en el que se declaró el Estado de Guerra en Madrid y se sacó a la Guardia Civil, fueron decenas de centros religiosos los atacados.

Los desmanes empezaron en la residencia de profesos de los Jesuitas de la calle Isabel la Católica, allí se incendió también la capilla adyacente al edificio. La izquierda, que lleva décadas considerándose la garante de la cultura frente a lo que consideran el obscurantismo de la Iglesia, no tuvo ningún problema a la hora de incendiar los casi 90.000 libros de la biblioteca de ese centro de estudios, entre ellos había numerosos incunables y primeras ediciones de miles de títulos clásicos. Después se pasó a incendiar el Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI), con su biblioteca de 20.000 volúmenes y el Colegio de la Inmaculada. De allí pasaron al Centro de Enseñanza de Artes y Oficios que se encontraba en la calle Areneros y en el que los jesuitas daban formación técnica a hijos de obreros que no podían pagar sus estudios.

También fueron pasto de las llamas en Madrid la Iglesia de los Carmelitas Descalzos en la Plaza de España, el colegio del Sagrado Corazón, el de Nuestra Señora de las Maravillas y su museo de ciencias, el colegio de María Auxiliadora y los conventos de las Mercedarias Descalzas y de las Bernardas de Vallecas. Además, otra docena de edificios se salvaron de las llamas o solamente fueron parcialmente destruidos gracias a la acción de los bomberos o de ciudadanos que lograron parar la acción de los izquierdistas.

La ciudad donde mayores daños causaron los ataques de los republicanos contra edificios religiosos fue Málaga. En la ciudad andaluza los ataques se habían producido desde el mismo momento en el que se proclamó la República: el 14 de abril se incendiaba la Residencia de los Jesuitas y el 15 el Seminario de la ciudad. El 11 de mayo volvieron a asaltar la residencia de los Jesuitas y la residencia del Obispo, que no llegó a ser destruida gracias a la actuación de la Guardia Civil que después fue retirada de las calles por orden del gobernador militar de Málaga, el general Gómez-Caminero, que dejó vía libre a los izquierdistas para que destruyeran durante 24 horas cuantos edificios religiosos quisieran. Así, en Málaga ardieron 42 iglesias y conventos, fueron asesinados seis religiosos, otros 27 resultaron heridos y más de 50 edificios próximos a los incendiados se vieron afectados por el fuego.

En Valencia ardieron seis edificios y fueron asaltados otros seis. En Sevilla, además del colegio de los Jesuitas de Villacís, fueron incendiados otras cinco iglesias y conventos y una docena recibieron ataques. En la provincia de Sevilla también se incendiaron templos en varias localidades como Lora del Río, Alcalá de Guadaíra o Carmona. En Granada se asaltaron dos diarios conservadores y católicos: Gaceta del Sur y El Noticiero Granadino y se incendiaron dos colegios, una iglesia y un convento. En Córdoba ardió el Convento de San Cayetano. En Cádiz y varios pueblos de su provincia fueron destruidos por las llamas 10 iglesias y conventos.

Ya fuera de Andalucía, en Murcia se quemó la Iglesia de la Purísima y los conventos de las Isabelas y las Verónicas, además de las oficinas del diario La Verdad de Murcia. Y en Alicante se incendiaron 15 centros religiosos.

Las reacciones desde los medios de la izquierda fueron más que llamativas. Todas ellas exculpaban a los pirómanos y asesinos –en toda España murieron cerca de 30 personas y más de 100 resultaron heridas de diversa consideración-, pero es especialmente significativo el editorial del diario El Socialista en el que se decía: “La reacción ha visto ya que el pueblo está dispuesto a no tolerar. Han ardido los conventos: esa es la respuesta de la demagogia popular a la demagogia derechista”.

Tras estos incidentes se produjo el ataque legal a los católicos. Se prohibió su actividad docente, lo que llevó a cerrarse miles de colegios en toda España, se expulsó a los Jesuitas y se incautaron sus bienes y se limitó la capacidad de practicar ritos de culto en público.

Durante la revolución de octubre de 1934 en Asturias se incendió la Universidad de Oviedo, parte de la Catedral y la Cámara Santa, el teatro Campoamor y diversos edificios religiosos en los municipios en los que los revolucionarios tuvieron el poder o cierta fuerza como en Gijón, La Felguera o Sama.

En el periodo de Gobierno del Frente Popular, ya en 1936 y antes del alzamiento militar del 18 de julio, los ánimos volvieron a crisparse y la deriva revolucionaria del nuevo Ejecutivo permitió que se retomasen los desmanes. Durante casi cuatro meses, el diputado José Calvo Sotelo empleó sus intervenciones parlamentarias para burlar la censura y hacer públicas las destrucciones de edificios religiosos, los ataques a personas y organismos, los asesinatos, secuestros, bombas y petardos que sumaron, según sus cuentas, 1.874 actos violentos en ese periodo.

Tras el asesinato de Calvo Sotelo, José María Gil Robles, líder de la CEDA, completó su trabajo y en la sesión especial en el Congreso de los Diputados del 14 de julio que trataba sobre la muerte del dirigente derechista hizo el último recuento antes de la Guerra Civil: “Desde el 16 de junio al 13 de julio, inclusive, se han cometido en España los siguientes actos de violencia, habiendo de tener en cuenta los señores que me escuchan que esta estadística no se refiere más que ha hechos plenamente comprobados y no a rumores que, por desgracia, van teniendo en días sucesivos una completa confirmación: Incendios de iglesias, 10; atropellos y expulsiones de párrocos, 9; robos y confiscaciones, 11; derribos de cruces, 5; muertos, 61; heridos de diferente gravedad, 224; atracos consumados, 17; asaltos e invasiones de fincas, 32; incautaciones y robos, 16; Centros asaltados o incendiados, 10; huelgas generales, 129; bombas, 74; petardos, 58; botellas de líquidos inflamables lanzadas contra personas o casas, 7; incendios, no comprendidos los de las iglesias”.

Ahora, desde las filas de lo que han dado en llamar la nueva izquierda vinculada a Podemos, vuelven las agresiones y ataques a la Iglesia: destrozos, pintadas, profanaciones,… y no se esconden a la vez que gritan: “Arderéis como en el 36”.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Sobre la propaganda en Cataluña
Ricardo Ruiz de la Serna gaceta.es  14 Mayo 2018

Para comprender lo que está sucediendo en Cataluña, debemos volver la vista a los últimos dos siglos y atender al poder formidable de la propaganda. Los separatistas han empleado en esta parte de España las mismas técnicas que los movimientos totalitarios utilizaron en Europa para alcanzar y mantenerse en el poder. Hannah Arendt ya señaló, en “Los orígenes del totalitarismo”, la estrecha relación entre propaganda y control total del individuo. Hoy los catalanes separatistas -que son una minoría, aunque copan buena parte de las instancias de poder en el sentido más amplio del término- esos catalanes, digo, nos brindan una muestra de lo que consiguen décadas de adoctrinamiento, mentira y manipulación.

Tanto la propaganda nazi como la soviética nos permiten identificar algunas de las características que hoy podemos reconocer en la comunicación y el activismo de los partidos separatistas y en las campañas de sus organizaciones satélite. En particular, la soviética nos permite valorar los efectos de décadas de exposición a mensajes persuasivos que distorsionan la Historia, se adueñan del arte para ponerlo al servicio de la política y señalan a pretendidos “enemigos del pueblo” para dirigir contra ellos el odio de la masa. En la hostilidad a los políticos constitucionalistas, en el uso del humor para humillar a los adversarios políticos y en los ataques contra la dignidad de los discrepantes resuenan los ecos siniestros del fascismo, el nazismo y el comunismo.

Las fuentes de las que beben los separatistas catalanes son muy diversas -como, de hecho, lo son las fuerzas políticas que, no obstante, coinciden en su odio a España- pero todas ellas comparten ciertos referentes, como el pensamiento de Gramsci sobre la “hegemonía cultural”, las tesis de Gene Sharpe sobre la “acción no violenta” y las de George Sorel sobre la violencia política. Por supuesto, todo se pone al servicio de la estrategia separatista de forma que, al mismo tiempo, es posible presentarse como “pacifista” y “no violento” y hostigar a los policías nacionales, atacar a los guardias civiles o acosar a sus hijos en los colegios. Basta presentar a los agresores, hostigadores o acosadores como “víctimas” que “se defienden” o, mejor incluso, “que están indefensas”.

Ante tal aparato propagandístico, uno corre el peligro de pensar que la resistencia es inútil. El control de la mayoría de los medios de comunicación y las industrias culturales, el sistema educativo, el sanitario y buena parte de la sociedad civil por los partidos separatistas hace que parezcan invencibles, pero es sólo una apariencia. También en esto el siglo XX nos enseña lecciones valiosas; por ejemplo: los límites de la propaganda. Toda forma de opresión genera su resistencia. Por eso, a la vez que se intensifica el desafío nacionalista, se oye con mayor fuerza la voz de la mayoría de catalanes que no son nacionalistas ni separatistas. El altavoz de Jaume Vives con Manolo Escobar a todo trapo resuena más cuanto más altos son los gritos de los jóvenes de Arrán.

Por eso, en estos días, debemos esforzarnos en desenmascarar las mentiras del nacionalismo y el separatismo tanto en el plano cultural -la historia, el arte, la literatura- como en el informativo de cada día. La tergiversación del lenguaje va pareja a la distorsión de la realidad que los separatistas necesitan para perpetuarse en el poder. Necesitamos devolver, como pedía Confucio, “su recto sentido a las palabras”.

Tanto la experiencia propagandística soviética como la nazi, que fue más breve pero no menos terrible, nos permiten entender e identificar lo que estamos padeciendo en Cataluña y en otras partes de España. Los esfuerzos por extender el separatismo a Valencia y las Baleares anticipan lo que cabe esperar allí si los nacionalistas triunfan. Cicerón dice en El Orador que “La Historia es la maestra de la vida”. En este tiempo, sus lecciones nos pueden ayudar a salvarnos. Ortega escribió en “Meditaciones del Quijote” que “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Si no hacemos frente a quienes quieren destruir España, tampoco nos salvaremos nosotros.

Gasolina para el pirómano
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 14 Mayo 2018

De todas las fechorías, delitos y traiciones cometidas por Rajoy en su carrera política, el más grave es ese del que hoy se felicita, porque se larga de Cataluña dejándola al borde la guerra civil, pero fingiendo que ha cumplido con su deber, que al parecer era devolverla a la senda del golpismo que le llevó a reclamar el artículo 155 de la Constitución para no cumplirlo. Hoy, si la CUP no lo remedia, el Gobierno entregará todos los recursos materiales, policiales y económicos del Estado en Cataluña a un redomado racista que ya ha anunciado que reinstaurará la República, se ciscará en la Ley y perseguirá a los que la hayan cumplido, en la leve aplicación del 155. Millo, bolita de sebo que habla por la bolita de azufre que representa a Rajoy, ha dicho que cuando se invista "al que sea", o sea, al xenófobo racista Torra, "como se habrá culminado el 155, automáticamente el diálogo se retoma".

Total, que para el Gobierno de Rajoy, su partido, sus aliados sociatas, su socio peneuvista y el coro podemita del diario festival de Sextavisión, la culminación del 155 era devolver Cataluña al estado de insurrección que le obligó a aplicarlo, sin cerrar los medios de comunicación, disolver los Mozos y cortar los fondos públicos a la Generalidad y los golpistas del 1 de Octubre.

No sólo se ha perdido una ocasión histórica de cortar por lo sano el golpismo catalán, sino que se le asegura una total impunidad en el presente y el futuro, por supuesto extensible al pasado, porque no tengo la menor duda de que la estrategia del bloque rajoyano-separatista (soga-cordón sanitario contra Ciudadanos) será ofrecer la salida de los presos golpistas -como los etarras- a cambio de moderar sus gestos de desafío al Estado y de humillación a los españoles. O sea, que el Golpe no se note mucho, que hay elecciones. Y si gana Albert Rivera, ahí le dejo un regalito: cinco comunidades autónomas a punto de rebelión.

Si Torra hace lo que ha dicho, con la CUP y Puigdemont -y lo hará-, entregarle los recursos del Estado no será, como desde tiempos de Mas y según ha dejado claro el Supremo, financiar el Golpe, sino la guerra civil en Cataluña y la voladura del edificio constitucional en un par de años, los que tiene Rajoy para darle -con Urkullu y Sánchez- abundante gasolina al pirómano.

En rigor, el pirómano es Rajoy.

Una respuesta contundente para el nacionalismo más ultra y xenófobo de Europa
ESdiario 14 Mayo 2018

Cataluña tendrá un presidente de discurso golpista e ideología racista que deberá ser respondido, con un 155 más duro, si intenta cumplir lo que ya ha proclamado de manera indigna.

Más allá de las ilegalidades que ha cometido su predecesor y las que él mismo ha anunciado que cometerá, conviene insistir mucho como preámbulo en la identidad ideológica de quien, gracias a la CUP, se va a convertir en nuevo presidente de la Generalitat: Quim Torra es el peor representante de la ultraderecha en toda Europa, un político racista y xenófobo, incompatible con el más elemental canon democrático, que ha dejado un reguero de declaraciones y escritos supremacistas contra todo aquel español, catalán o no, que no cree en la independencia.

Para entender la catadura del personaje, basta por cambiar el objeto de sus abyectas proclamas y sustituirlo por otros grupos étnicos, religiosos e ideológicos e imaginar cuál sería la reacción unánime del mundo civilizado. ¿Qué se diría si llamara "bestias" a los chinos? ¿O tratara de raza inferior a los negros? ¿O considerara que las mujeres no saben lo que tienen que pensar ni los musulmanes lo que hay que decidir?

Más importante que discutir sobre este 155 es preparar el siguiente, más duro, si a las palabras de Torra le acompañan los hechos

Con esas palabras exactas u otras parecidas se ha referido Torra a los españoles durante años; y con ese bagaje va a suceder a Puigdemont, auspiciado, a más inri, con un partido de ultraizquierda medieval que va a hacerle, paradójicamente, representante de todos los catalanes, gestor de un presupuesto de 34.000 millones de euros, jefe de 165.000 funcionarios y máximo responsable de los 17.000 Mossos que velan por la seguridad ciudadana.

La marcha de Selma
Para encontrarse un político similar, hay que retroceder a la América de los años 60 y al gobernador de Alabama. George Wallace, autor de una de las frases más deplorables de la historia que encaja perfectamente en el ideario del nacionalismo en general y de Torra en particular: "Segregación ahora y segregación siempre", referida al derecho al voto de los negros y detonadora de las tres marchas de Selma a Montgomety que hoy en día conformar el Sendero del Derecho al Voto.

El nacionalismo y Torra tienen un discurso similar al del KKK y su segregación racial, ideológica o por creencias

Que con ese pasado y ese discurso propio del Ku Klus Klan vaya a llegar a la presidencia resulta frustrante y estimula, sin duda, la sensación de que algo debería haberse hecho para evitarlo y, desde luego, para sostener en vigor la intervención constitucional del artículo 155.

Pero la democracia es procedimiento o no, y se sustenta en una ley incontrovertible que ha de respetarse siempre. En ese sentido, el mandato del Senado decae con la investidura de un nuevo presidente, y por mucho que existan dudas al respecto de la capacidad del Gobierno de España de haber frenado el voto delegado de dos prófugos; lo cierto es que antes o después el 155 hubiera declinado y, antes o después también, un personaje similar a Puigdemont hubiese alcanzado la presidencia.

La respuesta
Por eso, más importante que frenar el acceso de Torra o discutir sobre el mantenimiento de este 155, es preparar la nueva respuesta institucional para el caso de que el soberanismo mantenga un pulso que, entre otros muchos desperfectos, le genera uno a sus propios cabecillas en prisión preventiva: todos ellos hubieran podido salir -algo deseable que no presupone el resultado de sus juicios- de haberse aceptado desde la Generalitat el marco constitucional; pero es inviable su liberación si las instituciones que se encontrarían en la calle insisten en reincidir en los delitos.

Preparar un nuevo 155 más enérgico, que incluya esta vez el control de la deplorable TV·3 y la intervención de la educación pública, altavoz la primera y herramienta la segunda de una deplorable construcción nacional fascista, es mucho mejor que enredarse en disquisiciones sobre un capítulo ya agotado o a punto de estarlo. Y a esa tarea han de consagrarse PP, Ciudadanos y PSOE, sin medias tintas ni discusiones que debilitan a España y refuerzan al nacionalismo más soez de Europa.

Se llama España, no Francoland
Los autores reflexionan sobre el uso que se hace de los símbolos nacionales y la manipulación de los nacionalistas para tergiversar el sentido de los mismos.
Pedro Insua Teresa Giménez Barbat elespanol 14 Mayo 2018

“εν τούτῳ νίκα” (bajo este signo vencerás), Eusebio de Cesarea, 'Vida de Constantino'.

Existe hoy en España un combate sordo, un combate acallado por los medios de comunicación, que, alguno, ha bautizado con el difícil nombre de guerra vexilológica, o dicho más llanamente, guerra de símbolos. En efecto, en el contexto de la formación de la España autonómica, y a través de la beligerancia en contra por parte de las facciones nacionalseparatistas, los símbolos comunes relativos a la nación española son permanentemente puestos en cuestión cuando no, directamente, objeto de ultraje y ofensa (recogidos, por cierto, como delito en el Código penal).

Decimos que es un combate acallado y sordo porque las pitadas al himno en el contexto de grandes acontecimientos deportivos, o su interpretación con una letra más o menos inspirada por alguna cantante, son tan solo la punta del iceberg de esta gran obra de transformación que, a partir de la Transición, se ha llevado a cabo, en sordina (más allá de la polémica sonora de los pitidos al himno en los torneos futbolísticos), para ir ajustando los emblemas locales a la ideología nacionalfragmentaria.

Himnos regionales, banderas provinciales y autonómicas, se han ido puliendo institucionalmente, acomodándose a las exigencias de la historia-ficción nacionalista, para tratar de saturar el espacio simbólico con enseñas "autonómicas", y así no dejar sitio a la emblemática nacional común, vista ahora como representativa del abstracto "Estado español". Los corazones ya se ven conmovidos por la simbología regional, esta es la intención, de tal modo que himno, bandera y escudo nacionales sobran, si no es que, ya directamente, molestan o, incluso, ofenden en tanto que símbolos del "Estado opresor".

No es fácil, desde luego, discernir el origen de los vínculos entre una sociedad política y sus emblemas. Estandartes, pendones, banderas, escudos e himnos han cumplido, en diversas circunstancias históricas, distintas funciones, sobre todo ligadas al contexto bélico y comercial. No obstante, y desde el siglo XVIII, con el surgimiento de la nación en sentido contemporáneo, banderas, escudos e himnos se convirtieron en instituciones políticas que cumplen funciones representativas de la nación en su integridad, no de ninguna casa real, ni de ninguna institución o territorio en particular.

Así, mientras que el himno de España, la Marcha Real, es un paso de origen militar (en concreto, de los granaderos en época de Carlos III) que tiene entre sus características más notables la ausencia de letra, La Marsellesa llama con su letra -también nacida en un contexto bélico- a tomar las armas contra las "tiranías" que pretendían sepultar las ideas de 1789. Una llamada a las armas en la que coinciden muchos himnos nacionales, sin ir más lejos el portugués o el italiano. Por su parte, el God save the Queen (o the King) británico es una auténtica hagiografía de la realeza (hay que tener en cuenta que la Reina de Inglaterra es también la Papisa de la iglesia anglicana). Y si el himno de los Estados Unidos es un canto a su bandera, las Barras y Estrellas, el alemán, como el ruso, es una celebración de su unidad.

Las naciones contemporáneas, pues, y al margen del origen de su emblemática, han normalizado el uso de la misma en eventos internacionales, edificios oficiales, etcétera, y esos emblemas tienen funciones representativas, para bien o para mal, de la nación íntegra (no solo a sus gobiernos, o a sus ejércitos).

En España, sin embargo, esa guerra de símbolos ha tenido como resultado la primacía, en el escenario público e institucional, de los emblemas regionales por encima de los nacionales, y todo ello sin perjuicio de que algunos de esos símbolos locales sean incompatibles con la emblemática común (tanto la ikurriña como la bandera blanquiverde de Andalucía, inventadas por Arana e Infante respectivamente, son representativas de proyectos que prevén, de algún modo, la desaparición de España).

A esta falta de armonía entre la emblemática regional y nacional, se añade el hecho de que ésta última haya sido asociada de forma tendenciosa con el franquismo, cuando tanto la Marcha Real, la bandera rojigualda como el escudo -sobre todo el escudo, que de los tres es el emblema de origen más antiguo-, son muy anteriores al régimen franquista. Es decir, se ha terminado por convertir a la bandera e himno nacionales en la representación de un régimen dictatorial, pervirtiendo totalmente su sentido; y a las banderas regionales, con su tuneado particular correspondiente, en emblemas de proyectos separatistas.

De este modo, en esta dinámica balcánica en la que estamos inmersos, la guerra de símbolos en España se ha intensificado en los últimos tiempos con la puesta en marcha del procés, y se hace evidente, patente, con solo mirar las fachadas de los edificios de nuestras ciudades y pueblos, nunca antes expuestas a tal exhibición.

Frente a esta dinámica, grupos de ciudadanos en Cataluña, bajo la consigna Aixeca’t (Levántate), se vienen organizando para retirar de las calles la simbología separatista: lazos amarillos, pancartas de solidaridad con los "presos políticos", consignas contra políticos de Cs, PP y PSOE… La poda, que lleva aparejada el riesgo cierto de enfrentamientos con los llamados "comités de defensa de la República", pretende justamente eso, higienizar el espacio público para restituir su valor de pertenencia a la comunidad, pero sobre todo, evidencia el modo en que los apóstoles del terruño habían ido apropiándose del paisaje (con la connivencia, cuando no el apoyo, de las administraciones de signo nacionalista) y expulsando de él, hasta recluirlos tras los visillos de sus casas o reducirlos al puro silencio, a los que disentían. Cualquiera, en fin, que haya transitado por un pueblo de Guipúzcoa sabe de la cabal importancia de los símbolos (ese hacer hablar a las paredes) para amedrentar al adversario político.

El psiquiatra Adolf Tobeña, en La pasión secesionista, libro indispensable para conocer el arrasador resultado de imponer la simbología independentista en Cataluña, analiza el conflicto desde la psicología y la neurociencia social, y aborda la genética de las disposiciones etnocéntricas, terreno siempre muy resbaladizo, y los atributos vinculados a esas barreras entre poblaciones. Porque, en todo caso, es un error ver el nacionalismo moderno como un artefacto ideológico plenamente maleable (al albur del arbitrio de las voluntades individuales). Las identidades nacionales no son un invento ex novo, tienen raíces profundas, históricas, y de ahí que sea tan difícil tratar con ellas.

Así y todo, es posible ampliar el círculo solidario de las identidades sin que haya conflicto entre ellas (desde las locales y regionales a las genuinamente nacionales). Casi todos tenemos amigos, padres, abuelos, hermanos que nacieron en una región y se instalaron en otra. España es una red muy tupida de relaciones, y sería ciertamente indeseable pasar de vivir en una gran casa, con una serie de derechos adquiridos muy razonables -que es lo que representa la emblemática nacional (y no otra cosa)-, a hacerlo en un cuarto sin vistas y con los derechos recortados (entre ellos, el de decidir, por parte de unos pocos, lo que es o no es España).

Por eso arrasó en las redes sociales que Marta Sánchez pusiera letra al himno nacional, y por eso hay gente en toda España que exhibe en los balcones la enseña nacional. El uso de la bandera e himno como elemento de identificación tiene ya tal recorrido social (por edades, clases sociales, profesiones), que la fatua indignación del nacional-separatismo, y de cierta izquierda, a propósito de su exhibición en la pasada final de Copa del Rey, es, sin más, esperpéntica.

Análogamente, ya no hay quien trague con la versión propagandística separatista de que todos los que salieron a la calle en Barcelona el 8 de octubre de 2017 eran franquistas. Y es que, sea como fuere, se percibe en el ambiente un cierto afán de normalidad patriótica (así lo sugieren las manifestaciones del pasado otoño, también fenómenos como el éxito editorial de Elvira Roca Barea o el ya mencionado brote de rebelión que constituye Aixeca’t) por el que una gran parte de españoles se ha conjurado para acabar, por fin, con esta anomalía que supone el desprecio a los símbolos comunes.

Convendría, además, que las izquierdas asumieran ese anhelo de una vez por todas.

*** Pedro Insua es profesor de Filosofía y autor de los libros 'Hermes Católico' y 'Guerra y Paz en el Quijote'. Teresa Giménez Barbat es eurodiputada y está integrada en la delegación Ciudadanos Europeos, dentro d el grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa.

Cataluña y lo que va de Arrimadas a Torra
EDITORIAL Libertad Digital 14 Mayo 2018

Torra y Arrimadas no pueden ser más diferentes, como también sus objetivos y compromisos políticos y su calidad cívica y moral. La comparación sólo puede resultar odiosa para los enemigos de la libertad y, por supuesto, de Cataluña.

Parece que finalmente no habrá sorpresas y la batasunoide CUP permitirá este lunes, con la abstención de sus cuatro diputados, la investidura del indeseable Quim Torra como presidente de la Generalidad. El Ejecutivo regional catalán estará de nuevo controlado por los separatistas y su único proyecto de gobierno será seguir adelante con el golpe de Estado que pretendieron convertir en hecho consumado en la infame jornada tumultuaria del pasado 1 de octubre. Lo dejó meridianamente claro Torra, marioneta del cobarde prófugo Carles Puigdemont, en la sesión de investidura, en la que perpetró un discurso amenazante contra la mitad de Cataluña que abomina del separatismo liberticida que terminó de retratar al personaje.

Los separatistas proclaman su amor a Cataluña e incurren al respecto en alardes de bochornosa histeria colectiva, pero lo cierto es que no hacen otra cosa que vejarla, despreciarla, maltratarla, prostituir sus instituciones y dinamitar la convivencia. Las andanadas del indeseable Torra contra España y la Cataluña comprometida con la libertad vuelven poner de manifiesto que a estos fanáticos el bienestar de los ciudadanos y la prosperidad del Principado les importan muy poco. El desfondamiento económico de Cataluña, el éxodo empresarial y la entrega de la calle a los sectores más violentos de la izquierda supremacista no son suficientes para que los herederos de la corrupta CiU reflexionen y acaben con tanto desafuero. Todo lo contrario: también ellos se han batasunizado.

Frente a la dialéctica caótica y excluyente de la marioneta del cobarde golpista prófugo, que busca ahondar en la confrontación y volver a poner al Gobierno regional en abierta rebeldía, se plantó con encomiable contundencia la ganadora de las más recientes elecciones catalanas, Inés Arrimadas, con un discurso en defensa de la ley, la Constitución, la libertad y la democracia y de denuncia del tóxico golpismo liberticida.

Torra y Arrimadas no pueden ser más diferentes, como también sus objetivos y compromisos políticos y su calidad cívica y moral. La comparación, en este caso, sólo puede resultar odiosa para los enemigos de la libertad y, por supuesto, de Cataluña.

Impedir que el terror triunfe
EDITORIAL El Mundo 14 Mayo 2018

El desgarrador testimonio que publicamos hoy es la más dolorosa evidencia de la fractura que ha provocado en las sociedades vasca y navarra los 50 años de actividad terrorista. ETA ha anunciado su disolución, pero las heridas provocadas por su actuación asesina tardarán en cicatrizar. Porque lo ocurrido en Alsasua en octubre de 2016 demuestra que una parte del nacionalismo vasco no ha renunciado a la coacción y a la violencia para llevar a cabo su proyecto de ruptura de España. Y la experiencia de María José, que fue brutalmente agredida junto a su novio y dos amigos más por ocho abertzales, es la prueba más elocuente.

María José se vio forzada a abandonar Alsasua junto a su pareja, teniente de la Guardia Civil, pero no puede olvidar lo ocurrido: «Jamás se me va a quitar de la cabeza el odio, las miradas de odio, la rabia, la saña y el rencor». Y concluye con desesperanza: «Gana el terror, gana el miedo. Desafortunadamente, con mucho dolor lo digo, en mi caso han ganado, me han ganado». María José continúa en tratamiento y sus padres siguen recibiendo amenazas para que se marchen, asaltos al bar que regentan, ataques contra su vehículo... porque el nacionalismo es siempre excluyente y no tolera la discrepancia. Menos aún cuando sus prácticas criminales son denunciadas, como en este caso. Los ocho procesados se enfrentan a penas de cárcel que oscilan entre los 12 años y medio y los 62, ya que están acusados de delitos de lesiones y amenazas terroristas. Por eso resulta indignante que la presidenta navarra, Uxue Barkos, visitara Alsasua para mostrar su apoyo a los familiares de los detenidos, como denuncia María José.

Por desgracia, esta vergonzosa victoria del terror que denuncia María José está sirviendo de ejemplo para una parte del nacionalismo catalán. Las actuaciones de los matones callejeros que conforman los CDR (Comités de Defensa de la República), en realidad, formaciones violentas de activistas autoritarios, están aplicando las mismas técnicas de coacción y amedrentamiento que sus homólogos vascos y navarros. Y al igual que ellos, encuentran apoyo en determinadas instituciones y líderes políticos que muestran un absoluto desprecio por la legalidad. También, al igual que en el País Vasco y en Navarra, el odio se ha extendido contra la Guardia Civil. Algunos de sus miembros han denunciado el acoso que se lleva a cabo contra sus hijos en algunos colegios y hemos tenido que asistir a un intento de acallar a un periodista de este periódico por denunciarlo. La intolerancia ideológica está recurriendo en Cataluña a la violencia selectiva para imponer su modelo intransigente. Sobre el Gobierno recae la responsabilidad de detener esa deriva y evitar que, como en Alsasua, triunfe el terror. Los ciudadanos españoles no se merecen vivir con la constante amenaza y el permanente chantaje de un nacionalismo totalitario.

El juego del 'caganer': ¿Quién se baja los pantalones?
No es noticia que el futuro político de Cataluña está en un callejón sin salida. Lo relevante es que ni con elecciones aceptadas por todos se despeja el horizonte. Torra sigue la línea dura
Carlos Sánchez elconfidencial 14 Mayo 2018

El llamado 'buenismo' tiene mala fama. Muy mala. Probablemente, tan mala como las soluciones transversales. O como eso que, de una manera harto peyorativa, se denomina equidistancia. Se suele creer que cuando alguien —un político o un ciudadano de la calle—, propone una solución conciliadora, más o menos intermedia, para resolver los conflictos —inevitables en cualquier sociedad compleja— es, en realidad, un vendido a la causa.

En castellano, de hecho, hay una expresión muy cerril y un tanto machista —digna del pensamiento bizarro— que es 'bajarse los pantalones' como epítome de una renuncia a la esencia del discurso dominante. Incluso, lo que es peor, se habla de un traidor para referirse a alguien que propone soluciones templadas bien intencionadas para resolver el conflicto.

Eso ocurre, sobre todo, en las dictaduras o los regímenes totalitarios, donde cualquier desviacionismo —término estalinista por excelencia— respecto de la doctrina oficial se considera una traición. Cuando un dictador tiene problemas internos, la solución de emergencia que suele encontrar es construir un enemigo exterior. De esta manera, el pueblo se une en torno a un mismo adversario, a quien de forma recurrente se le acusa de injerencia en los asuntos internos.

El independentismo catalán ha hecho suyo este esquema desde hace ya al menos media docena de años. En concreto, desde que se puso en circulación el término ‘derecho a decidir’. Desde entonces, se considera que todo lo que ocurre en Cataluña depende de los catalanes, o para ser más exactos, de quienes son independentistas y, por lo tanto, cualquier versión edulcorada de lo que es la nación catalana es hacer un 'caganer'. Como se sabe, esas figuritas que se colocan en el belén de forma clandestina con los calzones bajados.

Quien haya escuchado o leído este sábado al candidato Quim Torra habrá entendido claramente que Roma no está para 'caganer' y que, por lo tanto, no paga traidores. O lo que es lo mismo, que —prietas las filas— el independentismo no está dispuesto a renunciar a ese núcleo irradiador, que diría Errejón, que es la república catalana, convertida en un tótem. Hasta el punto de que no hay un ápice de arrepentimiento por tanto daño causado, aunque se diga cínicamente que "no renunciamos a nada, ni tan siquiera a ponernos de acuerdo con el Gobierno [español]".

¿Un asunto de dinero?
Lo único que queda claro tras el discurso de Torra —que tiene muy poco de títere porque piensa lo mismo que Puigdemont—​ es que la cuestión catalana, al contrario de lo que muchos piensan, no es ya un asunto de dinero. Ni siquiera de transferencias. Hasta poco antes del 1-0 lo pudo ser, y Rajoy se equivocó cuando tuvo la oportunidad de iniciar una revisión de la Constitución que afectara a todos los territorios y no solo a Cataluña para actualizar el pacto del 78 a la luz de la nueva realidad del país, pero ahora el problema, lejos de encauzarse, se ha envenenado, con todo lo que ello supone desde el punto de vista de la fractura social.

Lo dijo claramente el candidato Torra citando al valenciano Joan Fuster: "La política que no hagamos la harán contra nosotros". De nuevo, la estrategia del ‘nosotros’ contra ‘ellos’, que es la semilla de los conflictos, y que es la que mantendrá el independentismo catalán al menos hasta el juicio de los procesados por el magistrado Llarena.

Tras el discurso, por lo tanto, no hay nada que esperar del independentismo hasta otoño, que es cuando, previsiblemente, se celebre el juicio y se desaten las emociones. Mientras tanto, mucho griterío, toneladas de victimismo e infinita retórica y nada de soluciones transversales —esas que tienen tan mala prensa en uno y otro lado— con el objetivo de meter presión al Estado. Aunque con una diferencia respecto de la situación anterior.

El soberanismo no está dispuesto —si finalmente sale adelante la investidura— a perder el poder. Desde la plaza de Sant Jaume, se puede hacer más ruido internacional ​—y beneficiar a Puigdemont y a la causa independentista—, que, desde la calle, y, de ahí que no haya que esperar movimientos en falso que desbaraten esa estrategia. ¿O es que alguien esperaba que el candidato Torra renunciara, al contrario de lo que hizo Turull pocas horas de entrar en prisión, en su primer discurso a la fantasmagórica república catalana cuando su nombramiento depende de la abstención de la CUP? A lo mejor habría que reflexionar sobre por qué Turull hizo un discurso conciliador (y fue inmediatamente encarcelado) y Torra incendiario.

Es entonces cuando surge un problema mayúsculo: ¿Qué hacer? Solo hay una evidencia jurídica. El acuerdo del consejo de ministros que habilitó el Senado con pequeños retoques deja claro que "las medidas contenidas en este acuerdo se mantendrán vigentes y serán de aplicación hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno de la Generalitat, resultante de la celebración de las correspondientes elecciones al Parlamento de Cataluña" (sic).
Defender la legalidad
Que se sepa, PP, PSOE y Ciudadanos respaldaron ese texto y, por lo tanto, hoy por hoy no hay nada que hacer. De la ley a ley, que decía Fernández Miranda. Entre otras cosas, porque de lo contrario estaríamos ante una situación singular que pondría en jaque el propio concepto de democracia: las elecciones no sirven para nada. Un motivo algo más que suficiente para que triunfen la razón de las urnas y la negociación, sin que nadie tenga que bajarse los pantalones. Es la hora del diálogo y de olvidarse de hacer política a través de los tribunales.

Si tras unas elecciones validadas por todos se destituye a un Gobierno por lo que dice —no por lo que hace— se estaría cuestionando el valor de la propia democracia. Sobran, por ello, los lamentos de Albert Rivera para ganar votos, cada vez más elocuentes. Pretender defender la legalidad desde la ilegalidad es un puro disparate. Y hoy, guste o no, ser independentista no es un delito. Y si alguien quiere ilegalizarlo, que lo plantee y se vote en la carrera de San Jerónimo. Negociar no es bajarse los pantalones. Al contrario, es tener sentido de Estado.

Otra cosa es que el nuevo Gobierno, si finalmente nace, opte por salirse de ley, lo cual, lógicamente, debe ser respondido de nuevo con la ley, que cuenta con innumerables instrumentos coercitivos. Pero a estas alturas del conflicto es algo más que temerario alimentar la estrategia de la tensión para ganar votos. Sobre todo, cuando la tensión es, precisamente, el escenario en el que mejor se mueven los radicalismos. El barro no es el mejor material para construir edificios sólidos. Y del barro político solo puede ser salir lo peor de la política.

Cuando la razón se apaga, florecen las vísceras, y ese es el mejor caldo de cultivo para que fructifique el desastre. Y en la medida que se degrade el clima político en España, mejor para el independentismo. ¿O es que Rivera piensa que su mera presencia en la Moncloa basta para liquidar el independentismo?

El 21D dijo lo que dijo y es, precisamente, por eso, por lo que hay que empezar de una vez por todas a hacer política con papeles, con ideas, con propuestas… Incluso, creando un Gobierno constitucionalista en la sombra formado por todos los partidos para romper el frente independentista. Una responsabilidad que le corresponde dirigir a Inés Arrimadas, que parece instalada cómodamente en la oposición, como si Ciudadanos no hubiera sido el primer partido de Cataluña gracias a que ha sabido capitalizar el voto constitucionalista. Más ideas constructivas y menos tuits incendiarios de esos que gasta Girauta para evitar la catástrofe.

También le corresponde a Mariano Rajoy, que, con buen criterio, ha aceptado la mediación del PNV, sin duda, el primer interesado en la 'normalización' de Cataluña. Entre otras cosas, porque sabe que la corriente recentralizadora que existe hoy en España puede acabar afectando a la amplia autonomía del País Vasco. Y en todo caso, sería ahora una tragedia abrir un nuevo frente territorial.

La política es esto: resolver conflictos sin esperar a que se pudran. Lo contrario sí que es hacer el 'caganer'.

'President' Torra: la 'chienlit' se apodera de Cataluña
Isidoro Tapia elconfidencial 14 Mayo 2018

En su reciente libro sobre el mayo del 68 francés ('El nacimiento de un nuevo mundo'), González-Férriz recuerda una esclarecedora anécdota sobre Charles de Gaulle. En mitad de la revuelta, con el barrio latino de París ardiendo noche tras noche, el viejo general se empeña, para estupefacción de su Gobierno, en mantener un viaje programado a Rumanía. “La visita es demasiado importante”. Rumanía está tanteando una vía intermedia entre el bloque soviético y el americano, y la 'grandeur' francesa es demasiado arrogante para perder la oportunidad de incrementar su influencia. A su regreso a Francia, a De Gaulle le preguntan por las revueltas de los estudiantes: reconoce que tal vez haya que atender algunas de sus reivindicaciones, pero que no puede permitir que el caos se apodere de Francia. “La réforme, oui; la chienlit, non”.

'Chienlit' no tiene una traducción exacta en español. Significa 'caos' o 'mascarada'. Aunque su etimología exacta es 'cagarse en la cama', una conducta que representa la culminación de no hacer nada, de la pasividad como actitud vital. Quizá la traducción más exacta sería 'carajal'. Exactamente eso es lo que ha terminado por hacer el Gobierno español: después de que fracasasen todos sus planes, ha decidido lavarse las manos y dejar en Cataluña un fenomenal carajal. Al contrario de lo que hizo De Gaulle, Rajoy ha elegido 'chienlit'.

¿Por qué digo que la situación en Cataluña es un carajal? Porque de todas las opciones posibles, hemos terminado con una de las peores. Al frente de la Generalitat habrá no un independentista con una tonalidad intermedia, no un nuevo Gobierno que busque tender puentes y recuperar espacios comunes. Habrá un supremacista étnico que toma posesión de su cargo en abierto desafío al Estado. En su discurso de investidura, Torra ha prometido la “construcción de un país con la máxima radicalidad posible”. Ha asegurado que en España hay “presos políticos y exiliados”. Es cierto que Torra buscaba hacer méritos para granjearse el apoyo de la CUP. Eso explicaría su discurso del sábado, no sus tuits y artículos supremacistas de los últimos años. Fue Charles de Gaulle quien dijo: “Patriotismo es poner delante el amor a tu pueblo; nacionalismo es poner delante el odio a otros”. Por los calificativos que ha dedicado estos años a los “españoles que viven en Cataluña”, Torra pertenece sin duda a la segunda categoría.

Hay algo más peligroso que un fanático, y es un fanático gregario, dócil, de cerviz blanda: Torra ha aceptado incluso las exigencias más humillantes de Puigdemont, como la de no utilizar el despacho presidencial. Torra, según se presenta él mismo, es un candidato provisional, encargado de mantener encendido el pebetero hasta que el verdadero príncipe Puigdemont sea repuesto en su trono. No hace falta bucear demasiado en la historia, o en el mundo animal, para comprobar que, efectivamente, son los gregarios que merodean a las abejas reinas los que tienen más capacidad de hacer daño.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Podía haberlo evitado Rajoy? ¿Hay algo que pueda hacer todavía? En mi opinión, hay indicios de sobra que indican que Rajoy ha aceptado la investidura de Torra como el menor de los males. El Gobierno podía haber recurrido la decisión del voto delegado de los fugados Puigdemont y Comín, imprescindibles para alcanzar los 66 votos favorables que harán presidente a Torra. Podía también, después del discurso de Torra en la primera sesión de investidura, haber recurrido al Tribunal Constitucional. O haber ordenado a la Fiscalía pedir medidas provisionales. Es obvio que ninguna de estas medidas tiene garantizado su éxito: tampoco lo tenía el recurso preventivo a la investidura no presencial de Puigdemont, que se hizo con el informe contrario del Consejo de Estado. Si el Gobierno de Rajoy ha decidido cruzarse de brazos y quedarse en la cama, si ha elegido 'chienlit', es sencillamente porque han fracasado todos sus planes alternativos. Y a estas alturas, ya no tenía más planes con los que seguir navegando.

La aplicación del art. 155 por el Gobierno de Rajoy no fue en realidad un golpe en la mesa sino un simple desiderátum: barajar de nuevo las cartas, con la esperanza de que unas elecciones anticipadas cambiasen la mayoría parlamentaria en Cataluña. El plan A era que los independentistas perdiesen su mayoría absoluta y se viesen obligados a rectificar. Este plan fracasó porque el 20-D los independentistas conservaron, aunque por la mínima, una mayoría por encima de los 68 diputados (entre JxCAT, ERC y la CUP suman 70 diputados).

El plan B (en realidad, el B y el C, como veremos a continuación) era que, aunque los independentistas mantuviesen su mayoría, fuese al mismo tiempo posible una mayoría alternativa, transversal, que tentase a ERC o a los sectores más moderados de la vieja CiU para reconducir el proceso soberanista hacia un estadio distinto, por ejemplo hacia un nuevo concierto económico. Seguramente el escenario preferido por Rajoy (el plan B) era que esta mayoría transversal sumase a los comunes y ERC (lo que parecía cocerse en la famosa 'cena de Roures'). ¿Por qué? Porque nada favorece electoralmente más a los populares que el protagonismo de Podemos en la vida política española. Con un Gobierno de izquierda radical en Cataluña, no solo se desactivaría el debate soberanista, sino que el PP recibiría viento de cola para afrontar el próximo ciclo electoral.

El plan C era una mayoría alternativa distinta, que incluyese a los socialistas. Por ejemplo, la reedición del tripartito de izquierdas. O lo que se conoció como la operación Borgen: una situación de bloqueo que hiciese presidente a Iceta. El plan C tampoco disgustaba a Rajoy: no solo cambiaba el tercio en Cataluña, sino que en la escena nacional permitía a los populares atizar a los socialistas, sacar el espantajo del tripartito catalán de izquierdas que tantos réditos electorales le reportó en su momento a Aznar.

También había un plan D: si era inevitable otro Gobierno independentista, al menos que lo liderase ERC, que había dado muestras de mayor pragmatismo (o al menos, de albergar alguna duda) durante los meses que condujeron al estallido del proceso soberanista.

Pero ni el plan B, ni el C ni el D superaron la aritmética electoral: pasaron dos hechos imprevistos en las elecciones del 20-D. El primero, que el voto constitucionalista (el tradicional voto obrero del cinturón industrial) apoyó masivamente a Ciudadanos, y tanto PSC como los comunes se quedaron muy por debajo de sus expectativas. El segundo imprevisto fue que con una campaña al estilo Trump, Puigdemont le comió la tostada a ERC dentro del bloque soberanista. También por una distancia mínima, pero decisiva, el partido del 'expresident' adelantó a los republicanos. La suerte estaba echada: ni mayoría transversal ni Gobierno liderado por los 'pragmáticos' de ERC.

Así que todo quedó a merced del plan E: la detención de Puigdemont y su traslado a España para pinchar el embrujo soberanista. Pero la decisión del tribunal regional alemán sobre la extradición de Puigdemont se cruzó en el camino y en lugar de apagar hizo resplandecer su aura mística.

Así que, llegados a este punto, deben pensar en Moncloa, mejor un 'president' sectario que un 155 eterno; mejor el caos en Cataluña que una España sin Presupuestos. Mejor no hacer nada que fracasar en un nuevo intento. Con un solo matiz, y el debido respeto: en realidad, no se han agotado todas las alternativas. Hay una que puso en práctica el propio De Gaulle pocos meses después de no enterarse de por qué ardía su país: un editorial de un diario madrileño lo llamó “retirarse a tiempo”.

El deber de hacer Justicia
 larazon 14 Mayo 2018

Salvo imprevistos de última hora, Quim Torra, el designado por Puigdemont, será investido hoy presidente de la Generalitat en segunda votación en el Parlamento de Cataluña. Las cuatro abstenciones de los antisistema de la CUP facilitarán que el aspirante que ha hecho del fanatismo y la xenofobia sus señas de identidad ocupe la más alta responsabilidad regional como sustituto-títere del prófugo de Berlín. El Consejo Político de los cuperos apostó por dar vía libre a la que se presume como una nueva fase del golpe secesionista por mucho que explicaran de forma patética su posición como un no apoyo ni a Torra ni a la gobernabilidad. Cataluña tendrá nuevo presidente y sobre su persona recaerán las consecuencias de las decisiones que adopte su gobierno por mucho tiempo excepcional al que se refiera y por mucho que Puigdemont guíe sus actos.

Ese nuevo proceso constituyente de la república, la recuperación de todas las leyes suspendidas por el Tribunal Constitucional, la apertura de embajadas y la voluntad de someterse únicamente a los designios de la Cámara autonómica y no a las resoluciones de los tribunales, no serán iniciativas de gobierno inocuas, sino actuaciones inicuas que tendrán sus efectos. Porque Torra, como el resto de los separatistas llamados a ostentar algún cargo público en la etapa que arranca, puede ser un candidato de los denominados «limpios», sin causas judiciales a diferencia de sus predecesores, pero eso no garantiza que los hechos futuros no respondan a sus palabras pasadas. Más bien al contrario. La Justicia no depende de los tiempos políticos. Ni puede ni debe condicionarse a ellos. Únicamente tiene que responder a su deber de preservar el principio de legalidad sobre aquellas conductas que atentan contra él. Quienes defienden que los tribunales sean permeables a factores o circunstancias exógenas, ajenas al Derecho, lo que en realidad quieren es una Justicia al dictado, pero eso es propio de otros regímenes que no son las democracias liberales.

Tanto Torra como Artadi, Pujol y, por supuesto, los políticos presos por su participación en el ataque al orden constitucional no pueden esperar que el Tribunal Supremo u otras instancias modifiquen lo que ha sido una línea de actuación ortodoxa y ejemplar, sujeta estrictamente a fundamentos jurídicos y con plenas garantías para los encausados. Veremos en los próximos días o semanas como la instrucción del juez Pablo Llarena concluye y se abre la fase del juicio oral con las consecuencias que el tribunal decida en su momento, como también comprobaremos como otros juzgados prosiguen con sus investigaciones sobre otros implicados en la asonada secesionista. Ni las resoluciones del nuevo gobierno catalán ni las del Parlamento pueden condicionar lo más mínimo el devenir de la Justicia y no lo harán. En todo caso, que Puigdemont, Torra y los suyos tengan tomada la decisión de persistir en su ataque a la unidad del Estado y al ordenamiento jurídico vigente en una actitud de abierta rebeldía agravará el horizonte de los políticos encarcelados pues demostrará que el riesgo de reiteración delictiva se mantiene y, lo que es peor para ellos, que, como avisó el juez Llarena en el auto que confirmó la prisión provisional de Jordi Sánchez, se ha restablecido «la dinámica política que condujo a las actuaciones de las que nacen las responsabilidades que este proceso penal contempla y que desembocó en la aplicación del artículo 155 de la CE». Hay que estar preparados para lo peor. El Estado está obligado a responder con firmeza en defensa del marco constitucional, que lo es de la libertad, sin renunciar a ninguna de las opciones de las que dispone.

El bastardo, el legítimo y el lelo
Pedro de Tena Libertad Digital 14 Mayo 2018

En estos días conmemorativos de los 200 años del nacimiento de Marx en Treveris, Renania, es natural que se hable de su hijo bastardo, el que tuvo con su asistenta, Helen Lenchen Demuth, y al que nunca reconoció. El bastardo del Moro, que así llamaban a Marx en familia, se llamaba Freddy Demuth. Todos, incluso su madre y sus hermanastras, le ocultaron de quién era hijo – se creyó que del general Engels, que cargó con la culpa bien a disgusto–, para no perjudicar la causa del comunismo. Muchos ven ahí el principio de la obsesión de los comunistas por la mentira y la ocultación. De hecho, hasta 1962 no se pudo demostrar que, en realidad, el humilde Freddy fue hijo del Moro. Fíjense en el arte del engaño de más de un siglo. Hay todo un libro titulado El bastardo de Marx, que su autor, Juan Carlos Ruiz Franco, considera una novela documental, que recoge las investigaciones sobre este acontecimiento y reproduce cartas y textos altamente instructivos. Con esta novela se puede completar el apunte de Carlos Alberto Montaner sobre la familia disfuncional de Marx, el descubridor científico de la ley de la historia humana, según Engels, en estas mismas páginas de Libertad Digital. Dos siglos después, aún respira en España bajo las barbas de Pablo Iglesias y su lacayo Garzón, bajo un Himalaya de mentiras (Besteiro), dictadura y crímenes.

Pero al lado de los bastardos, hijos de padre conocido pero no reconocidos, están los legítimos, sean hijos, sucesores o marionetas. Este pasado sábado presenciamos la actuación, memorable por tantas cosas que no deben olvidarse, del legítimo muñeco de Puigdemont, Quim Torra. Por un momento pensamos que habíamos vuelto al siglo XIX y que era otro redivivo Pompeyo Peius Gener el que dividía porque sí a los españoles en dos: la raza aria, sobre todo la raza catalana, que iba del Ebro a los Pirineos, y la otra, la que ocupaba desde el Ebro al Estrecho de Gibraltar, que era semita y presemita (esto es, esclavos) y aun mongólica o gitana.

Este Torra, el legítimo, mostró a todos los que escucharon su discurso de investidura como sucedáneo del payés errante (deuda con Pepe García Domínguez) que, además de un filonazi racista y absurdo, es realmente un totalitario, como su mentor. Puede comprobarse que más de la mitad de los catalanes no quieren la independencia ni albergan tal odio racista, pero a este iluminado le da lo mismo. Se trata de imponer dictatorialmente, al margen del derecho y de la ley, la voluntad de poder de su minoría a la mayoría. Esto es, este señor no sólo no va a resolver nada, sino que va a revolverlo todo. Su consigna es conducir Cataluña a las inmediaciones de una contienda civil gracias a la complicidad de un Rajoy que va a dejar España más loca que nunca jamás.

Y luego está el lelo, teledirigido y aupado por independentistas, que entona Els Segadors, hubiera preferido cantar en catalán y se llama García. Una pista, nos ha representado, dicen, en Eurovisión.

¿Qué está pasando en España, señoras y señores?

Subvenciones
Así se ganaron Mas y Puigdemont a UGT y CCOO: 15 millones en subvenciones durante el ‘procés’
Luz Sela okdiario 14 Mayo 2018

El ‘procès’ intentó ganarse el favor de UGT y CCOO regándoles de subvenciones. De acuerdo a los datos publicados por ambos en sus respectivos portales de transparencia, la cuantía de las ayudas concedidas por los gobiernos de Artur Mas y Carles Puigdemont desde 2012-fecha en que se fija el inicio del proceso hacia la independencia-ascendió a más de 15 millones de euros.

El grueso de las subvenciones fueron concedidas desde el Departamento de Empresa y Ocupación, por montantes que superan, anualmente, el millón de euros. Estas ayudas se justifican para la “participación institucional” de los sindicatos, en tanto “agentes sociales que tienen asignada la responsabilidad de participar en las cuestiones públicas del país”, de acuerdo a la Constitución, el Estatuto de Autonomía de Cataluña y la Ley de Libertad Sindical.

El resto se distribuyen entre Presidencia, Familia, Gobernación o Cultura, departamento en el que se inscriben, por ejemplo, distintos convenios para “promover el uso del catalán en el ámbito sindical y laboral”. El mayor aporte corresponde a 2016, año en que CCOO recibió 2.067.355 euros y UGT, 1.736.675,98 euros. Ambos sindicatos se reparten de una forma prácticamente equitativa las subvenciones.
Pérdida de afiliados

Los sindicatos han admitido que su apoyo a la causa independentista, evidenciada sobre todo en los últimos meses, ha provocado una pérdida de afiliados.

“Hubo bajas en 2017. Más de 500 personas a lo largo de 2017, porque aproximadamente una mitad pensaba que éramos demasiado cercanos al independentismo, y los demás que éramos unionistas”, explicó Camil Ros, secretario general de UGT en Cataluña, en una rueda de prensa para explicar la participación en la protesta convocada en defensa de los dirigentes golpistas encarcelados.

La manifestación, el pasado 15 de abril, fue impulsada por la plataforma independentista ‘Espacio Democracia y Convivencia’ y contó, además de con ambas centrales, con las entidades soberanistas ANC y Òmnium.

Tanto Ros como el secretario general de CC.OO. de Cataluña, Javier Pacheco, se habían reunido unos días antes con el presidente del Parlament, Roger Torrent, para trasladarle la predisposición sindical de construir un espacio de diálogo transversal con actores políticos y sociales.

“Los dos sindicatos tenemos que poder hacer de puente: somos organizaciones muy plurales y esto se debe aprovechar en positivo, no para enfrentar, sino para sumar a mucha gente”, destacó Ros.

Las polémicas no acaban ahí. En los últimos días, los sindicatos han mostrado su apoyo contra la “represión” de los docentes en distintos centros escolares catalanes, acusados de señalar a los alumnos hijos de guardias civiles.

Los sindicatos participan en la autodenominada “Mesa de Emergencia Docente”, constituida, según sus impulsores, para unir a los profesionales de la educación frente a la que consideran “represión mediática, judicial y policial que sufren docentes y centros educativos”.

Los firmantes expresan su “apoyo a los compañeros y compañeras que son objeto de la represión mediática, judicial y policial; tanto en los casos de San Andreu de la Barca y la Seu d’Urgell, como en el resto”.

“Los límites que se han cruzado evidencian la situación de emergencia en que nos encontramos, que pone en riesgo el espacio de confianza que son, y deben seguir siendo, los centros educativos y vemos amenazada no sólo la libertad de cátedra, sino también la libertad de expresión”, se puede leer en la declaración.

CCOO llegó a convocar una concentración ante la subdelegación de Gobierno en Barcelona para protestar “contra la LOMCE, los recortes de la escuela pública y contra la criminalización de docentes”.

“La criminalización que sufren muchos docentes por parte de determinados partidos políticos y algunos medios de comunicación con acusaciones gratuitas de adoctrinamiento, manipulación o incitación al odio”, consideró la federación de enseñanza del sindicato en un comunicado.

La Cataluña tenebrosa
Carlos Mármol cronicaglobal 14 Mayo 2018

Lo más increíble del (interminable) viaje hacia ninguna parte que desde hace décadas viene haciendo el nacionalismo en Cataluña, transmutado en soberanismo cuando el egoísmo cerril de la endogámica tribu original chocó con el interés general, que es la caja común del Estado, no es el vodevil del prusés, ni la fantochada del falso referéndum del 1-O; ni siquiera la aplicación (ganada totalmente a pulso) del artículo 155 de la Constitución, sino la traición del separatismo a su propia tradición cultural. A sus fuentes ideológicas previas.

En España hay quien piensa que el regionalismo catalán --una forma de reivindicación política no necesariamente rupturista-- es el verdadero origen de la calamitosa situación política de Cataluña. Otros, en cambio, creen que aquella fase histórica benefició no sólo a muchos catalanes, sino también al resto de España porque animó a otros territorios a aspirar a la misma idea de progreso que Cataluña ha representado (hasta ahora) desde finales del XIX.

Se prefiera una opción o la contraria, lo cierto es que hasta hace un lustro aún existía (independientemente de su exactitud) un mito político favorable sobre Cataluña sustentado básicamente en la imagen de Barcelona como espacio de vanguardia. Europeo. Moderno. Abierto. Las cañerías de las Ramblas, por supuesto, indicaban otra cosa distinta, pero entonces o no lo sabíamos o algunos --González, Aznar, Zapatero, Rajoy-- no quisieron verlo. Aquella leyenda urbana --la Cataluña interior siempre fue otra cosa-- parecía demostrar que era perfectamente posible concebir una idea de España diferente, alejada de su perfil histórico como país agrario, genéticamente contrarreformista y absolutamente refractario a los cambios. Esta ficción (asumida como verdad) saltó por los aires el día en que el pujolismo comenzó a mostrar su tramoya, la corrupción de los clanes familiares emergió como la verdadera sangre de un sistema mafioso y el desafío soberanista alcanzó el punto de no retorno.

Desde entonces Cataluña no sólo ha perdido empresas y prestigio internacional, sino la marca cultural que ha vendido con éxito durante decenios al resto de España y Europa. No cabe imaginar mayor destrozo para los catalanes, especialmente aquellos que se formaron en esa particular cultura del equilibrio entre la identidad y el interés. El resultado más evidente de la acelerada degeneración independentista es la investidura digital de Quim Torra, el ungido por el napoleoncito Puigdemont desde Berlín, que se ha fabricado una corte (pensionada) en un exilio que no es tal, por mucho que lo simule con la Virgen de Monserrat.

Torra, retratado en Crónica Global de forma magistral por el compañero Josep Maria Cortés, que es uno de los grandes periodistas catalanes, representa el final del sainete indepe y, probablemente, el principio del espanto fascista. La cara más tenebrosa de la Cataluña independentista. Un supremacista convencido. Un fanático cuyo motor es el odio al diferente, especialmente si es (como le sucede a todos los catalanes; lo acepten o no) español. Sus primeras palabras han consistido en advertir que seguirá con la espantada y colgará, siguiendo la estética totalitaria, un gigantesco lazo amarillo (pollo) en la sede del Palau de San Jaume.

El delirio soberanista se encarna así en un totalitarismo de libro, quitándose la careta pacifista y pasando del victimismo (infantil) a la agresión contra la mitad de la propia sociedad catalana, que no es partidaria de ruptura alguna con el Estado. Su designación (como regente) es más propia de una república bananera que de un país democrático. Ha sido consumada en los reservados de Berlín. Sin luz y sin taquígrafos. A la manera de los reyezuelos del Antiguo Testamento.

Cualquier antiguo republicano catalán, uno de aquellos que sí tuvieron que marcharse de Cataluña al exilio por la represión de la dictadura franquista, lloraría si viera cómo los cantos de libertad de entonces han acabado, exactamente igual que la Revolución Francesa, en esta dictadura orgánica que usa el Parlament como una casa de alterne, desobedece las leyes y está dispuesta a implantar, al Noreste de España, al Sur de la Europa civilizada, el mismo totalitarismo étnico que llevó al continente al desastre hace todavía menos de un siglo. El supremacismo catalán, igual que el batasunismo vasco, es una vulgar réplica del movimiento nazi. Y Torra es su nuevo profeta. Ya veremos hasta cuándo duran sus correajes.

Cataluña en el precipicio: no basta que exista un Gobierno
Teresa Freixes larazon 14 Mayo 2018

Autora del libro «155. Los días que estremecieron a Cataluña».

Siempre hemos estado comentando que había que entender el «procés» como la voluntad determinista de una mayoría parlamentaria que no tenía mayoría social. Ahora, ya claramente, hay que entenderlo como la expresión de un movimiento supremacista que pretende imponer una «república catalana» contra viento y marea. El discurso de investidura que pronunció el candidato Torra, radical ungido por el ex presidente prófugo desde Alemania, muestra a las claras que quieren imponer un programa político que desprecia a la mayoría de la población catalana, a toda aquella ciudadanía que pretende continuar siendo catalana, española y europea.

Se ha despejado también la formación del gobierno. Tras la reunión de la CUP habida en el día de ayer, esta formación se abstendrá para que el candidato pueda ser elegido, en segunda vuelta, por mayoría simple. ¿Por cuánto tiempo? Es difícil de prever, puesto que las legislaturas están previstas estatutariamente por cuatro años, pero llevamos varios votando cada dos como mínimo, por la inestabilidad que los partidos secesionistas han traído a Cataluña.

De acuerdo con el programa explicitado por el candidato Torra y que se aprobará con la votación de investidura, los ejes conductores del nuevo gobierno que se va a formar en Cataluña son los siguientes:

–Avanzar hacia la independencia, sin que importen los derechos individuales, considerados como «prescindibles» en aras de conseguir lo que «el sol poble» (el único pueblo) quiere.

–Construcción de la república independiente, poniendo en pie o reponiendo las estructuras de Estado que constaban en todas las hojas de ruta precedentes, incluidas las (pocas) que han sido controladas en aplicación del art. 155 de la Constitución.

–Internacionalización cada vez mayor del «conflicto» restableciendo las embajadas y las organizaciones de expansión del mensaje secesionista. Nada importa que ni la Unión Europea ni ningún gobierno haya reconocido a la nueva «nación» europea.

–Confrontación directa con los órganos estatales, especialmente el Tribunal Constitucional, el Gobierno y la judicatura, sin que preocupe lo más mínimo las repercusiones que ello puede tener en la debacle económica, política y social de Cataluña.

–Nueva aprobación de la legislación declarada anticonstitucional, especialmente la Ley de Transitoriedad Jurídica e instauración de la república y la Ley del Referéndum de Autodeterminación, aprobadas antirreglamentariamente, con el fin de favorecer una declaración de independencia efectiva.

Fundamentando este «programa» en lo que denominan el «mandato del 1 de octubre» (derivado de la pantomima de referéndum que hasta la Comisión de Venecia consideró que no cumplía con prácticamente ninguno de los requisitos/garantías que se exigen para considerarlos válidos), vamos a presenciar cómo se establece un régimen inspirado en el totalitarismo más rancio, en el que la ciudadanía deja de ser tal, por estar la mayor parte de ella excluida de la acción pública.

Efectivamente, bajo la vigilancia de la CUP y los CDR (Comités de Defensa de la República), las nuevas autoridades van a establecer un férreo control sobre cualquier institución, organización, sector socio-económico o, simplemente, sobre una ciudadanía que se va a ver expuesta a descalificaciones y acosos aún peores de los que actualmente padece. Lejos, pues, de que la instauración del gobierno consiga devolver la institucionalidad y reponer la democracia en Cataluña, el sector más radical se cobrará con creces el precio de los cuatro votos que van a permitir la investidura de Torra.

Y, frente a todo ello, ¿qué va a hacer el Gobierno de España? Durante los últimos meses ha centrado toda su estrategia en que se forme gobierno y se pueda dejar sin efecto el art. 155. Muchos nos hemos estado preguntando durante todo este tiempo si bastaba con se formara cualquier gobierno o si se requería que el gobierno que se formara renunciara a imponer vías imposibles por anticonstitucionales e irrealizables para entrar en un camino que nos devolviera esa Constitución y ese Estatuto que habían sido denostados, incumplidos y vejados desde el secesionismo.

Muchos creemos que no basta con que exista un gobierno. Ni en Barcelona ni en Madrid nos vale, desde el constitucionalismo, la existencia de cualquier gobierno. Necesitamos que en Cataluña se puedan ir cerrando fisuras que parecen agrandarse a marchas forzadas con los últimos acontecimientos y para ello hubiera sido necesario que algo, o alguien, hubiera conseguido que «el candidato libre de cargas procesales» estuviera también libre de supremacismo y de totalitarismo. Está visto que ni la transacción del cupo vasco lo ha conseguido sino que, por el contrario, le ha dado incluso más alas. El torpedo va directo a la línea de flotación, de Cataluña, de España y de Europa. Y no parece que se anuncien contramedidas que puedan desactivarlo.

Perplejos
Josep Burgaya cronicaglobal 14 Mayo 2018

Resulta difícil pararse a escribir sobre los múltiples vericuetos por los que se va metiendo el procés, ya no digo reflexionar, pues hace tiempo que la narrativa independentista catalana ha huido del campo de la razón. Estamos ante un juego de los disparates en el que no solamente resulta insólito que se juegue tan frívolamente por parte de un independentismo que parece haber perdido cualquier noción de la realidad, sino que la importante parte de la sociedad catalana que entró en su lógica, no se dé cuenta de la perversión. Esto es lo que resulta más preocupante.

La degradación de la política, pero también de la sociedad catalana era impensable tan solo hace unos años, y en los últimos meses parece que aún estamos lejos de haber llegado a su cénit. Reclamar ponderación, sentido común o seriedad tanto a los líderes políticos como la sociedad civil no sirve para nada toda vez que una buena parte del país parece sentirse a gusto en un caos que se experimenta y que curiosamente se vive como una diversión, cada vez con tonos más alocados. El mayor problema de discrepar públicamente de ello, no es pasar a formar parte del listado de “malos catalanes” o que te condenen al ostracismo, es que les ayudas a reforzar la dialéctica amigo-enemigo con la que los independentistas muestran sentirse tan a gusto. Quizá por ello predomina el silencio entre aquellos que, como yo, asistimos atónitos a una situación y a un despliegue de argumentarios a los que tildarlos de surrealistas, irresponsables, insensatos, absurdos o falaces, no bastaría para definir de manera completa y precisa el camino autodestructivo que se ha tomado. Buena parte del independentismo ha derrochado en la política práctica la parte de razón, las razones, que pudiera tener. Se ha menospreciado la diversidad de la sociedad catalana y se ha perdido cualquier noción de la proporción o del sentido común. Y tendrá que pasar mucho tiempo para que las instituciones catalanas puedan volver a resultar creíbles. El arrastre por el barrizal a que las han sometido y someten, va a resultar difícil de superar.

Parece evidente que idea-fuerza dominante que mueve la movilización independentista de antes y después del 21D es la de conseguir crear una situación de conflicto permanente y creciente entre el Estado y Cataluña, donde ya no se trata de disponer de mejores instrumentos para gobernar y llegar a acuerdos, sino proporcionar una dimensión europea a un enfrentamiento al que se pretende dotar de tonos dramáticos y connotaciones de tipo colonial. Poco les importa que tengan que forzar los hechos y terminar por hacer parodia. Se disponen de suficientes aparatos de propaganda y de propagandistas bien dispuestos para convertir las falsedades o medias verdades en realidades incuestionables. Como buen populismo, disponen de verdades alternativas y conciben la política únicamente como una performance. Se doblega el lenguaje hasta extremos vergonzosos, y se buscan paralelismos que ofenden a los que tienen memoria: represión, dictadura, presos políticos, exilio... Situaciones que desgraciadamente se sufren en muchos lugares del mundo y que aquí todavía hay gente que recuerda cuando esto se producía de verdad, no sólo como un simulacro.

Algún día convendrá explicar el por qué los sectores acomodados de la sociedad catalana abandonaron las pulsiones habituales que las hacían tender al orden y seguir a unos líderes políticos que les proponían poner en marcha una "revolución de las sonrisas" que trituraría las instituciones y acabaría con la cohesión de la sociedad catalana. Que apostarían por “darse un capricho”. Como también será digno de explicar por qué una parte muy importante de la izquierda se ha prestado gustosa proporcionar una república imaginaria para satisfacer las ínfulas de las clases dominantes de toda la vida.

Los resultados del 21D legitimaban la formación de un gobierno de fuerzas independentistas, pero la pregunta del ¿para qué?, no resulta baladí. No sé si el independentismo sabe muy bien cómo terminará el mes de mayo, y si el gobierno en ciernes que ha designado Puigdemont a dedo es solo de figurantes que proporcionen espectáculo hasta unas nuevas elecciones que coincidan con el juicio a los imputados del procés. Reina la improvisación en un mundo de estrategias contrapuestas y notorios odios personales, pero ha acabado por resultar sorprendente cómo los partidos independentistas aceptan el cesarismo berlinés. Se han puesto en manos de un iluminado que ejerce de piloto suicida, del que no cabe ninguna duda que acabará con los partidos independentistas actuales, para crear un Partit Nacional Català, a la manera de movimiento peronista. Aunque se forme gobierno con un presidente títere, en realidad de “gobierno” tampoco habrá. Subarrendar la presidencia para que se continúe llevando el timón --¿qué timón?-- desde Berlín, disuade de cualquier conversación razonable. Un juego de las sillas, de épica de pantuflas y sillón orejero, de actos fallidos, de plenos desconvocados, para terminar con un presidente de transición que es de risa, para supongo volver a unas nuevas elecciones dentro de unos meses que mantengan el espectáculo. Situados en este punto, quizás los partidos que aún conservan una cierta cordura, deberían apearse de esta ridiculización de las instituciones que quieren hacer girar hasta el infinito.

Pesadillas Puigdemont
Cuando el ex president se despertaba, la mayoría de sus paisanos seguían allí y se empeñaban en no ser tan catalanistas como él quería: un mundo peor al que acababa de abandonar en sueños.
Sabino Méndez. larazon  14 Mayo 2018

Semejante a una trirreme griega que navega por la costa hacia Itaca, sobrecargada de equinos aterrados y dando bandazos a la deriva, mientras va viendo alejarse y acercarse de una manera oscilante los dientes afilados de los arrecifes del litoral, así pasaba el pequeño Puchi sus noches de pesadilla.

Ya de infante, cuando mostraba afición por los juegos de nigromancia, sus mayores le decían que tenía demasiada imaginación. Nunca supo si se lo decían en sentido positivo o negativo. La imaginación producía en los sueños los mayores deleites y refinamientos, pero también producía, en las pesadillas, las más insufribles y angustiosas torturas. Contra lo que pudiera pensarse, lo más terrible no eran las pesadillas sino los sueños placenteros. Despertarse de una pesadilla era, al fin y al cabo, acceder a un realidad mejor, respirar aliviado. Despertarse en cambio de un sueño construido con todos los delirios y disfrutes de su potente imaginación hacía que, por comparación, la realidad cotidiana fuera sórdida, pastosa, desalentadora. Cuando se despertaba, la mayoría de sus paisanos seguían allí y se empeñaban en no ser tan catalanistas como él quería: un mundo peor al que acababa de abandonar en sueños. Él amaba al pueblo, pero el pueblo era tan bruto que no le correspondía con el mismo amor unánime. Es más fácil ser unánime cuando eres uno, pero eso Carles nunca acabó de absorberlo intelectualmente del todo. Sus paisanos no es que no quisieran ser catalanes, o no se sintieran catalanes, o tuvieran miedo a considerarse catalanes. Era simplemente que, como gentes razonables, se negaban en redondo a darle tanta importancia a ese simple hecho.

Puchi soñaba entonces con volar a Madrid evitando coger el puente aéreo, usando una línea extranjera, aunque fuera más caro, para poder desembarcar por entradas internacionales como si viniera de Cataluña y ésta fuera territorio extranjero. Soñaba con tener un cargo y un becario para poder enviarlo por delante a los hoteles y que intentara inscribirlo con un pasaporte europeo, a ver si colaba, para no tener que reconocer que su pasaporte era español. La familia empezaba a mostrarse harta de lo caras que le salían las chiquilladas de Puchi, así que Carles sintió que necesitaba buscarse mecenas de mucho bolsillo para que se las financiaran. La mejor manera de hacerlo era entrar en política porque la burguesía siempre se arrima al poder. Bastaba buscar las familias a las que esperaran grandes problemas fiscales en el futuro. Ellos le financiarían sus sueños más delirantes, como despojar de sus derechos constitucionales a los vecinos que no se arrodillaran ante su bandera, convocar votaciones con trampas y sin garantías para después anunciar resultados falsos, o convertir TV3 desde la mañana a la noche en un spot continuo de sí mismo al estilo de Tele Chávez.

En sus mejores momentos oníricos, imaginaba que se cumplían las órdenes de María Aurelia Capmany en los ochenta cuando decía aquello de que «todos esos bilingües deberían ya estar fuera». Imaginaba entonces deportaciones pacíficas y de buen rollo, justificadas con argumentos de fingida simulación democrática. Para realizarlos, contaba con el regalo imaginario que pensaba pedirles a los reyes (de Oriente, por supuesto; nunca Borbones): una republiqueta. Era un artefacto un poco mutante, inspirado en los regímenes bananeros de la latinoamérica decimonónica, donde al incauto ignorante se le convencía que democracia era sólo votar, a la vez que desde el poder se le preparaba simultáneamente el constante y calculado pucherazo. La republiqueta tenía que mantenerse siempre corriendo, porque si no se caía con ella de la cama. Descubría entonces que, aunque el nivel cultural de Cataluña había descendido estrepitosamente en las décadas de pujolismo, todavía quedaban catalanes que leían a Montesquieu, Diderot, Thoreau, Tocqueville o John Stuart Mill y que le sacaban la lengua. Como él en el fondo lo que quería era dormir tranquilo y soñar despierto, huyó. Sus sueños cambiaron entonces a aventureras odiseas de heroicos exiliados, siempre románticas y poéticas. Pero, aunque quedara poco sublime, se dio cuenta de que debía dejar a alguien a cargo de su dormitorio y del voto cautivo que había encerrado dentro. Lo primero que le dijo al palanganero es que le sacara el polvo al mobiliario, pero que ni se le ocurriera tocar sus juguetes. Estuvieron de acuerdo en que siguiera excitando el odio, la satanización del otro, los insultos; no fuera que a la gente se le ocurriera levantar la cabeza y, mirando, darse cuenta de que el de al lado no era un demonio. Esa era la base, pero lo más importante era decir que todo se hacía por el bien del país. De qué país hablaban, ni se sabe.

Un día, mucho años después, en una de sus cíclicas caídas de la cama, pequeño Puchi sintió que no llevaba pijama. Notó el roce, algo áspero y aromático de otras pieles, otras carnes. Pieles sudorosas, agrestes, que olían a calor de lucha y todo un poco a sobaco. Era gente pegándose por algo tan ridículo como sueños indemostrables. Gente que soñaba sus mismos sueños y gente que soñaba otros sueños, pero todos vociferando, enfebrecidos, enseñando los dientes. Pequeño Puchi dijo que lo iba a arreglar desde su exilio imaginado pero ya no podía. Era la realidad biológica que venía pidiendo lo suyo a los onirismos poéticos de sueldecito de político. Cuentan que Puchi se volvió insomne y nunca más pudo ya conciliar el sueño.

La persecución a los «cazalazos» amarillos
LA RAZÓN acompaña a las «brigadas de limpieza» que cada noche se encargan de quitar las enseñas independentistas que inundan los espacios públicos de Cataluña. Los CDR los acosan, insultan y amenazan con el beneplácito de los Mossos, pero ellos no desisten.
Ángel Nieto. Barcelona. larazon 14 Mayo 2018

Son las 22:15 de la noche. Una treintena de personas se dan cita en el punto de encuentro que en esta ocasión es una estación de metro al norte de Barcelona. Máximo secreto. Son la «Brigada 155», un grupo de voluntarios cuyo objetivo es limpiar Cataluña de lazos amarillos. Los objetivos son lugares públicos, nunca propiedades privadas, que han sido inundados de enseñas independentistas. Esther, la portavoz de esta brigada da las instrucciones. En primer lugar, todos deben poner el móvil en modo avión para evitar que los Comités de Defensa de la República (CDR) les persigan. Toda precaución es poca. Siguiente paso: la distribución de los integrantes en diferentes coches y seguir las señales de la portavoz. Realmente sólo dos personas saben dónde van. En alguna ocasión se ha filtrado su operativo y han sido atacados por los radicales secesionistas.

Arrancan los vehículos y comienza la acción que en esta ocasión tendrá lugar a 40 kilómetros de la Ciudad Condal. Llegan a San Antoni Vilamajor, un pueblo de unos 6.000 habitantes y donde todas las calles están plagadas de carteles de apoyo a los que los secesionistas denominan «presos políticos», lazos amarillos y esteladas. De los coches sacan bolsas de basura, escaleras, pértigas, tijeras y cúters para comenzar a trabajar. El silencio es clave, si levantan la voz pronto serán detectados y la avalancha de los CDR sería inminente. La primera parte de la «limpieza» es tranquila, centenares de lazos van siendo recogidos y guardados con cuidado en bolsas de basura. La brigada 155, que se fundó hace cinco meses y que actúa de media dos veces por semana, está integrada por unas cincuenta personas en total, «aunque no todos salen juntos siempre», dice Esther. Además en esta acción también cuentan con el apoyo de otros dos grupos de «cazalazos» amarillos: Resistència Vallès y Groc&Lloc. No es la primera vez que colaboran. Todos los integrantes de estos grupos realizan las tareas de limpieza en sus horas libres. Entre los miembros del equipo hay profesores, administrativos, médicos, estudiantes... Todos pueden ayudar. Carmen, por ejemplo, está jubilada. Tiene 67 años y se ha ganado a pulso el apodo de «la abuela de Tabarnia». «El mes pasado, cuando estábamos en medio de una acción en el barrio de Trinitat nos agredieron, me cogieron del brazo, me tiraron contra el suelo y luego me lanzaron contra una moto. Tuve moratones en la cara y el brazo no me lo partieron de milagro. Son unos salvajes», explica Carmen mientras recoge lazos que sus compañeros más jóvenes lanzan desde lo alto de los árboles. «Vivimos en un ambiente claustrofóbico, acosados por lo que nos quieren imponer los independentistas. No se pueden apropiar de las ciudades, por eso nuestra misión es liberar espacios que son de todos», asegura Albert, otro de los «brigadistas».

Ellos son conscientes de lo que conllevan estas acciones, pero son valientes y han perdido el miedo. Les pegan, les amenazan, insultan y acosan. Pero, aun así, siguen adelante. «Además, los Mossos les ayudan a hacer esto. Los CDR fotografían nuestras matrículas, les pasan esa información a amigos suyos de la Policía autonómica para que les faciliten nuestros nombres, la dirección de nuestra casa, nuestros centros de trabajo... y luego ellos lo hacen público para que nos acosen», detalla Esther. Ella sabe de buena mano lo que es que pinten la fachada de tu casa con insultos, que «te revienten» los coches o incluso que pinchen tu teléfono. «Estoy convencida de que nos los han pinchado. Por eso pedimos que se ponga siempre en modo avión para que no nos puedan rastrear», asevera.
La persecución a los «cazalazos» amarillos

00:15 Los CDR dan la voz de alerta y comienzan a salir a la calle para increpar a los «limpiadores». «Tabernícolas, hijos de puta, id a limpiar a vuestra casa», grita un joven con ira.
Otro factor importante es la nocturnidad. Hacer este tipo de acciones a la luz del día es extremadamente peligroso. Bien lo saben los integrantes «Els Segadors del Maresme». LA RAZÓN les acompaña también en dos arriesgadas intervenciones en territorio comanche (véase, de mayoría independentista). En una de ellas, en Cardedeu, quitan una estelada en una rotonda a la entrada del pueblo. El «spider» del grupo trepa con rapidez y en menos de tres segundos la bandera secesionista deja de ondear. Varios coches pitan, unos para darles su apoyo y otros para encararse con ellos. Después se dirigen a Vilassar de Mar. Allí la cosa es más compleja. El objetivo son un centenar de lazos que cuelgan de las vallas de la estación de tren. Son rápidos pero eso no quita para que algunos vecinos les increpen mientras están manos a la obra. «Empezamos a hacer esto un grupo de amigos y fue creciendo. Hay mucha gente que piensa como nosotros, pero les da miedo quitar lazos en solitario por la que se les puede venir encima. Pero al hacerlo en grupo todos nos sentimos más seguros», explica José, portavoz del grupo, quien ha sido «marcado» por su vecina tras realizar esta tarea. «Incluso se inventan cosas de mí, hacen reseñas en internet del sitio en el que trabajo para que pierda clientes, me llaman fascista... y yo lo único que quiero es que nos respeten. Que se pongan el lazo en la solapa, pero no en los lugares que son de todos los catalanes», añade. Una compañera suya, Mónica Lora, que además es portavoz de Plataforma por Cataluña, recibió un mensaje a través Facebook en el que debajo de la fotografía de Lora con sus dos hijos ponía: «Tres balas». Para evitar esto, la mayoría oculta su rostro durante las acciones con pañuelos y pasamontañas.

23:00 Usan escaleras, pértigas y tijeras para quitar los lazos. Los independentistas en ocasiones ponen alambres para que se corten o los untan con productos químicos.
Pasa la medianoche y la «Brigada 155» continúa su labor, hasta ahora tranquila. Pero el buen clima que reina en su trabajo pronto se empaña por un grupo de lugareños independentistas que salen a la caza de los limpiadores. Se acercan a ellos y comienzan a insultarles. «Anda, tabernícola, vete a limpiar tu puta casa y déjanos a nosotros en paz», les dice un joven. Ellos callan y siguen con su trabajo. Pero continúan increpándoles. Alzan la voz y más vecinos comienzan a sumarse al escrache. Llegan cinco coches de Mossos de Esquadra y el ambiente se torna violento. Los «brigadistas» intentan no responder pero los insultos no cesan. Los agentes les piden la documentación a los constitucionalistas, pero no a los independentistas. Ahora van camino de la plaza del Ayuntamiento y allí estalla la tensión.

Mientras los voluntarios recogen lazos y pancartas, los vecinos, en la acera de enfrente les agreden verbalmente. Esther no puede contenerse y les responde, pero un compañero le pide que no entre en su juego y ella aminora. «Tabernosos, asquerosos, fachas iros de aquí», les escupen los jóvenes desde la puerta de un bar. Comienza entonces el «plan de evacuación». Los independentistas les siguen por las calles. Los Mossos no les frenan. Al final es necesaria la intervención de agentes de paisano para calmar la ira de los vecinos. Pasan las dos de la mañana y consiguen llegar a sus coches. Misión cumplida. Ocho bolsas de basura repletas de lazos. La mayoría de ellos tiene que entrar a trabajar a las ocho de la mañana, pero merece la pena lo que han hecho y piensan ya en la siguiente acción.

Instituto de Estudios del Autogobierno
El Gobierno del 155 sigue subvencionando estudios sobre la independencia catalana
Luz Sela okdiario 14 Mayo 2018

El Gobierno del 155 mantiene la línea de ayudas a las investigaciones del Instituto de Estudios del Autogobierno, el polémico ente de la Generalitat encargado de asesorar a los dirigentes independentistas en sus planes de ruptura.

En concreto, el apartado de ayudas y subvenciones previstos para 2018 recoge 190.000 euros en ayudas a dicho Instituto para “investigaciones sobre la organización territorial del poder de los Estados”, una cuantía idéntica a la de los últimos años.

El pasado 31 de octubre, el Gobierno suprimió tres organismos “dedicados a preparar la independencia”: la Secretaría para el Desarrollo del Autogobierno, la Comisión Interdepartamental para el Desarrollo del Autogobierno y la Oficina para la Mejora de las Instituciones de Autogobierno. Y también cesó al director del Instituto de Estudios del Autogobierno, Carles Viver Pi-Sunyer, ex vicepresidente del Tribunal Constitucional y uno de los principales gurús del ‘procés’.

Pese al cese, el Instituto sigue operando. E, incluso, publicitando-a través de las redes sociales oficiales- acciones en favor de las tesis independentistas, como, recientemente, la conferencia ‘Procés catalá, procés europeu’, en el Ateneo barcelonés, con Ernst Maragall (ERC) y Elisenda Alamany (comunes) entre sus ponentes.

El Gobierno del 155 sigue subvencionando estudios sobre la independencia catalana

Entre los últimos proyectos de investigación seleccionados por el Instituto para ser subvencionados figuran varios relacionados con la secesión, como una estancia de seis meses en la Universidad Pompeu Fabra (11.950 euros) para el proyecto “Comunidades regionales empresariales, entre la autonomía y la independencia”, de Canadá, y otra, de 16.845 euros, para la investigación “Federalismo multinacional y movimientos secesionistas en una perspectiva comparada: el caso de Cataluña”.

Otros proyectos son “Pensando el patriotismo federal en Cataluña” (Kazakhastan, 6.313 euros), “Secesión, no violencia y desobediencia civil: una aproximación teórico-práctica” (2.000 euros) o “Efectos de la independencia regional: una comparación de Cataluña y Escocia” (36.000 euros).

La selección de estos trabajos se publicó el pasado 3 de noviembre, cuando ya el Gobierno había tomado el control de la Generalitat.

El Instituto de Estudios del Autogobierno fue el organismo diseñado por el gobierno independentista para diseñar la “desconexión”.

Su ex presidente, Carles Viver Pi-Sunyer, presidió anteriormente el Consejo Asesor para la Transición Nacional, organismo-anulado por el Alto Tribunal-y que redactó informes sobre cómo debería ser una Cataluña independiente en ámbitos como la economía, la defensa o las relaciones internacionales, entre otros.

Viver Pi-Sunyer, experimentado jurista convertido al independentismo, era el cerebro de la ley de transitoriedad jurídica, o lo que es lo mismo, la ley con la que los secesionistas pretendían romper con España. El jurista se ocupó de elaborar decenas informes al servicio de la Generalitat para explicar la arquitectura legal de una posible independencia.

Recientemente, el ministerio de Hacienda reclamó a la Generalitat que aclare los motivos por los que en 2017 le subió el sueldo a Pi-Sunyer, unos meses antes de la celebración del referéndum ilegal.

POR UN FIN DE ETA SIN IMPUNIDAD
La dignidad y la memoria de las víctimas de ETA acorralan a Rajoy
La Gaceta  14 Mayo 2018

Las víctimas se unen para exigir a Mariano Rajoy la publicación de las actas de negociación con ETA -tal y como se comprometió a hacerlo-, la detención de Josu Ternera y el esclarecimiento de los 358 crímenes etarras impunes.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aseguraba esta semana a las víctimas del terrorismo que no habrá ninguna cesión por la disolución de la banda terrorista de ultraizquierda ETA, una afirmación que las asociaciones no se creen. En concreto, siete: Voces contra el Terrorismo (VCT), S.O.S. Víctimas España, Reacciona por España, Dignidad y Justicia (DyJ), Asociación de Víctimas contra el Terrorismo de la región de Murcia (AVCTRM), Asociación de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado Víctimas del Terrorismo (ACFSEVT) y la Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo (ACAVITE).

Y es que, afirman movidos por la abogada Pilar Osorio, “ante este ‘fin de ETA’ que nos sirven con la hiriente impunidad de Josu Ternera y unos comunicados que humillan a las víctimas del terrorismo, es crucial” reclamar unidos un fin de ETA sin impunidad. Todos comparten la misma indignación y reclaman verdad, dignidad y justicia.

Por ello han decidido unirse para exigir a Mariano Rajoy la publicación de las actas de negociación con ETA -tal y como se comprometió a hacerlo-, la detención de Josu Ternera y el esclarecimiento de los 358 crímenes etarras impunes.

Las víctimas quieren participar en la construcción del relato y la deslegitimación de ETA, poniendo sobre la mesa todos los documentos y, advierten, “sin hurtarnos nada”. Tampoco las actas de negociación o los documentos que hubiera referentes a las negociaciones entabladas. “En un Estado de Derecho, certificada la disolución de ETA, es un deber moral y un imperativo democrático reclamarlos”, defienden.

A continuación reproducimos íntegramente por su interés el documento promovido por las citadas organizaciones:

“Por la detención de Josu Ternera y la publicación de las actas de negociación

Necesitamos esclarecer los más de 350 casos impunes. El 4 de mayo de 2018 se certificó oficialmente en declaración institucional leída por el presidente del Gobierno el anuncio de la disoluciónde ETA. Es un anuncio trascendental en nuestra historia tras décadas de terror padecido a manos del entramado terrorista ETA. A todos, a la sociedad en su conjunto, nos quedan ahora señaladas tareas pendientes: la construcción del relato, la deslegitimación del proyecto totalitario de ETA, la resolución de los más de 350 casos por esclarecer y la lucha contra la impunidad. En suma, nos resta no renunciar a la Justicia ni a la reparación efectiva de las víctimas; nos resta trabajar unidos para evitar la doble victimización. Para ello, las asociaciones de víctimas firmantes consideramos imprescindible:

1. Que el terrorista que más crímenes puede esclarecer, por haber sido durante más tiempo dirigente de la organización terrorista ETA, el lector del comunicado de disolución, José Antonio Urruticoechea Bengoechea, sea detenido e interrogado para que colabore en el esclarecimiento de los más de 350 asesinatos que siguen impunes.

2. La participación de las víctimas en la construcción del relato, sin hurtar los documentos esenciales de nuestra historia: las actas de negociación. Es un hecho controvertido y verdad judicial, que se negoció. Se ha certificado el fin de ETA. Ahora es un imperativo democrático no privar a las víctimas de su contribución al relato y al conocimiento de estos hechos; recabando Estado e instituciones toda la documentación y haciéndola pública.

3. Es esencial que se implementen medidas y políticas activas que tengan en consideración lo pedido por las víctimas ante el anuncio del final de ETA: por más de 20 asociaciones de víctimas en el comunicado conjunto del 20 de abril, encabezado por la Fundación de Víctimas del Terrorismo, así como en el Manifiesto ETA quiere poner el contador a cero, impulsado en abril por víctimas e intelectuales.
Por qué pedimos la detención de Josu Ternera y la publicación de las actas de negociación en un fin de ETA sin impunidad:

La declaración institucional en el Palacio de la Moncloa se producía tras el acto bautizado como ‘Encuentro Internacional para Avanzar en la Resolución del Conflicto Armado’, celebrado en Cambó (Francia), y la lectura de un comunicado por los terroristas Josu Ternera y Anboto. No fue un conflicto armado; esta es la posición del Estado. No hemos participado en ningún conflicto; esta es la verdad.

Los estándares de Resolución DDR: Desarme, Desmovilización y Reintegración, que se reclaman para el fin de ETA, son exigencias del Derecho Internacional Humanitario para situaciones de conflicto armado. No para situaciones de terrorismo en situación de paz, como la que hemos padecido. No permitiremos que insulten a las víctimas, a la memoria de nuestros familiares asesinados y a la sociedad.

Es evidente que la construcción del relato, la deslegitimación del proyecto totalitario de ETA y la resolución de los más de 350 casos por esclarecer son tareas pendientes. Este ha sido el panorama: desde 2002 denunciábamos la urgencia de la detención del jefe de ETA huido, José Antonio Urruticoechea Bengoechea. Sin embargo hemos tenido que contemplar, en un acto de cruel y póstuma humillación, cómo la pantomima del fin de ETA se ha promocionado con el anuncio de la intervención de este terrorista, con más de 15 años de orden de búsqueda internacional en vigor. Con el auspicio y amparo del centro Henry Dunant, dedicado al diálogo en conflictos armados, erigido como mediador. Con el protagonismo de un terrorista sobre el que pesa una acusación como inductor de la masacre contra las viviendas de la casa cuartel de Zaragoza (11 víctimas: niños y adolescentes, mujeres y hombres asesinados mientras dormían), a lo que suma su reciente procesamiento como criminal de lesa humanidad.

Tampoco puede pasarse por alto que la declaración de fin de ETA la realiza quien más tiempo ha sido su jefe. Y por tanto, por ser el terrorista que más tiempo ha permanecido en la jefatura de la banda terrorista, es él quien más puede contribuir al esclarecimiento de los casos sin resolver; a un fin de ETA sin impunidad. De otro lado, han sido reconocidas por nuestras instituciones y por nuestros tribunales las negociaciones de anteriores gobiernos con la organización terrorista ETA. Es un hecho controvertido y verdad judicial, que se negoció. Y seguimos sin saber qué, los términos de la negociación y lo acordado o no acordado.

No seríamos coherentes si exigiéramos que no haya impunidad para los más de 350 crímenes sin resolver y, a su vez, pasáramos por alto la impunidad de la que hace gala el terrorista que anuncia el fin, un negociador buscado por el asesinato de seis niños y de tantos otros, todos ellos víctimas inocentes. Como jefe histórico de la banda terrorista, el testimonio de este terrorista infanticida es imprescindible para esclarecer los cerca de 400 crímenes irresueltos. ETA se disuelve con el vídeo propagandístico protagonizado por Josu Ternera, haciendo alabanza de la “lucha de los exmilitantes con la responsabilidad y honestidad de siempre”. Sin condenar su pasado y con un perdón selectivo hiriente y falaz a las “víctimas colaterales del conflicto”.

Y lo hace en nombre de una organización terrorista que se niega expresamente a colaborar con la justicia. Todo esto no hace sino reafirmarnos en nuestra exigencia de firmeza y rigor en la política penitenciaria, manteniendo la necesaria política de dispersión y las competencias del Estado en la gestión de prisiones; ni concesiones, ni beneficios. No sólo no hay arrepentimiento o petición de perdón, se escenifica un acto final de impunidad y humillación, a la par que se continúan organizando continuos homenajes públicos en las calles del País Vasco y Navarra. Cierto que nos alegramos de que ETA anuncie el fin de las muertes, secuestros, torturas, extorsión, persecución… Pero la justicia, la batalla del relato y la deslegitimación de ETA siguen pendientes.

Y el relato de las víctimas no será completo ni veraz si se nos ocultan documentos esenciales y trascendentales en la historia del terrorismo que hemos padecido durante tantas décadas: las actas y documentos sobre las negociaciones entabladas. Sólo la justicia, la transparencia y la verdad certificarán la victoria de la democracia. Exigimos la inmediata detención y entrega de Josu Ternera y la publicación de las actas de negociación. Necesitamos un fin de ETA con justicia y sin impunidad”.

OBLIGADA A ABANDONAR SU PUEBLO
El estremecedor relato de la agredida en Alsasua: ‘Gana el terror y el miedo’
La Gaceta  14 Mayo 2018

La izquierda española mantiene que lo ocurrido en la localidad vasca no está relacionado con el terrorismo, pero los hechos apuntan en la dirección contraria.

El relato de María José, novia del teniente de la Guardia civil de Alsasua, estremece por la crudeza de los hechos y la realidad que se vive en la localidad vasca: “La vida en Alsasua, lo anormal era lo normal. Sabes que hay una especie de ley del silencio. Y te amoldas porque es con lo que has vivido siempre. No te parece extraño”.

En una entrevista El Mundo, María José ha explicado cómo comenzó a sentirse excluida del pueblo cuando comenzó a salir con Óscar: “Mis amigos me decían ¿ya sabes dónde te metes? Me decían que iba a tener problemas. Y pensé… ¿voy a dejar que me digan con quien puedo o no salir? Vivimos en un mundo libre, en el que una mujer puede salir con quien le dé la gana”.

“Pronto empezaron los cotilleos. Muchos me dejaron de saludar. Fui la comidilla del pueblo. Gente que te mira mal… No olvides que yo en ese momento tenía 19 años. La presión era fuerte. Un día, en la fiesta de la cerveza, me sentí ya observada, bueno, hostigada. Allí también se protesta contra la presencia de la Guardia Civil. Yo estaba con unos amigos. Se me acercó un chico y me preguntó ‘¿tú sales con un madero?’. Yo lo negué, le dije que no”, ha subrayado.

La joven aún no se ha repuesto de la brutal agresión sufrida la noche de 15 de octubre y ha recordado con amargura los pensamiento que le rondaron la cabeza mientras recibía la brutal golpiza: “De aquella noche aún me cuesta mucho hablar. Jamás se me va a quitar de la cabeza el odio, las miradas de odio, la rabia, la saña, y el rencor. Esas miradas… La fuerza con la que pegaban. Llegó un punto en que pensé que mataban a Óscar. Veía que lo podían matar: tendido en el suelo y la gente pateándole la cabeza, eso se me quedará siempre, con esas miradas de odio, con la boca sangrando. Me tiré encima, recibí todo tipo de golpes. Tengo pesadillas con esas imágenes. A mí me agarraron del cuello con una fuerza tremenda, era la fuerza del odio”.

María José ha recordado que su familia también ha sufrido el acoso del entorno abertzale y ha lanzado un mensaje a los grupos feministas que protestaron en favor de los detenidos durante el juicio.

La joven agredida también ha rememorado cómo fueron los días posteriores a la paliza: “Yo perdí a todos mis amigos, personas con las que estaba desde los tres años. Cuando se produce la agresión, pierdo a ciertas cuadrillas de amigos. Cuando se hacen las detenciones, ya pierdo a todos, algunos, incluso, han secundado las protestas contra mí. Se dejan llevar por la presión y el miedo. Puede más el querer ser aceptado”.

El catalán que puso la bandera española sale de prisión tras una denuncia falsa de los Mossos
M.A. Ruiz Coll okdiario 14 Mayo 2018

El catalán que puso la bandera española en el Ayuntamiento de Balsareny, Raúl Macià, quedó en libertad el pasado viernes tras permanecer siete meses en la cárcel de Lledoners (Barcelona) por una denuncia falsa de los Mossos.

Pocas horas después de salir en libertad, Macià pudo asistir a la cena organizada en el hotel Barceló Sants por Vox, en la que estuvieron presentes Santiago Abascal y Javier Ortega Smith, cuyo equipo de abogados mantiene la acusación popular en el Tribunal Supremo contra Carles Puigdemont y el resto de golpistas independentistas.

Antes de abandonar la cárcel, Raúl Macià había difundido en las redes sociales un mensaje en el que denuncia el acoso que los constitucionalistas sufren en su población, Balsareny, por parte de los Mossos d’Esquadra independentistas y del equipo de gobierno municipal que encabeza el alcalde de ERC Isidre Viu.

“En Balsareny muchos hemos tenido que sufrir que se nos señale, se nos persiga y se nos reprima con una violencia que ha llegado al extremismo y que pudo tener consecuencias fatales”, explica Raúl Macià, “no hablo de mi ingreso en prisión, hablo de cuando le incendiaron la vivienda a unos de mis mejores amigos, mientras su hija de 20 meses dormía a escasos metros de las llamas; o cuando la pediatra del pueblo (esposa del alcalde que nos odia y que prometió, en público, acabar con nosotros) le negó la asistencia médica a su hijo enfermo, por pertenecer a una familia que se considera tan catalana como española y que defiende la unidad de España sin complejos”.

“Adoctrinan a nuestros hijos en la escuela”
“Los separatistas han hecho lo imposible para que nos echen de nuestros empleos, poniéndose en contacto con las empresas donde trabajamos para coaccionarlas y lograr que nos quedemos sin poder mantener a nuestras familias”, añade, “en mi pueblo han practicado adoctrinamiento en la escuela con nuestros hijos, aún habiendo solicitado la enseñanza bilingüe que por Ley ha de prevalecer. En mi pueblo se recogieron cientos de firmas para pedir, y posteriormente para denunciar, el incumplimiento de la Ley de Banderas, y como se puede observar, eso es algo que siguen pasándose por el forro de la estelada. En el balcón del Ayuntamiento, si no me subo yo a poner la rojigualda, bandera de todos los españoles, no la pone nadie, ni siquiera cuando se trata de homenajear a las víctimas de un atentado terrorista“.

Aunque una juez de Manresa archivó el pasado 5 de abril la denuncia interpuesta por los Mossos d’Esquadra contra Raúl Macià, porque carecía de fundamento, la Junta de Tratamiento que depende de la Generalitat ha tardado más de un mes en ponerle en libertad. Los Mossos interpusieron esta denuncia falsa contra Macià después de que, el pasado verano, alcanzara una gran notoriedad en las redes sociales el vídeo en el que se encaramaba a un coche para colgar la bandera española en el balcón del Ayuntamiento de Balsareny, porque el alcalde se negaba a colocarla.

Justo un mes después de que se difundiera ese vídeo, los Mossos presentaron contra Raúl Macià el pasado 10 de septiembre la denuncia que le llevó a prisión. Le acusaron de intentar boicotear un acto independentista organizado por la ANC en Balsareny, una procesión de antorchas en la víspera de la Diada del 11-S.

La juez de Manresa ha constatado que se trataba de una denuncia falsa, pues Raúl recorría su pueblo junto a otras parejas, acompañados de sus hijos menores de edad. En su declaración ante la juez, dos Mossos reconocieron que habían puesto esta denuncia siguiendo instrucciones de la ANC y de tres concejales de ERC, entre ellos el alcalde Isidre Viu.

“Nos sentimos tan catalanes como españoles”
En su mensaje difundido antes de quedar en libertad, Macià explicaba lo siguiente: “A mi y a los míos nos han tildado de fachas, franquistas, ultranacionalistas, neonazis y extrema derecha, cuando solamente somos gente sencilla que se considera tan catalana como española y que defiende la Constitución, la Ley y nuestro Estado de Derecho de forma contundente, eso sí, pero nunca de forma radical ni violenta”.

Y añade lo siguiente: “Continuaremos igual que hemos hecho siempre; seguiremos haciendo frente a quienes intenten continuar con su delirio secesionista y pretendan arrastrar consigo al resto de la población. Y les haremos frente como siempre hemos hecho, de forma contundente pero legítima, sin salirnos nunca fuera del marco de la legalidad, actuando siempre dentro de la Ley. Porque ellos sí son unos delincuentes, en prisión deberían estar todos aquellos que atentan constantemente contra la unidad de nuestra Nación, que no es otra que España”.
 


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