AGLI Recortes de Prensa   Martes 15  Mayo 2018

Gracias a Rajoy, los golpistas vuelven a tomar la Generalidad
EDITORIAL Libertad Digital 15 Mayo 2018

Las previsiones se confirmaron y el indeseable Quim Torra ya es presidente de la Generalidad de Cataluña gracias a la abstención técnica de los cuatro diputados de la CUP, pero sobre todo a que Rajoy no ha querido impedir semejante desafuero recurriendo ante el Tribunal Constitucional el voto delegado de los golpistas prófugos Carles Puigdemont y Toni Comín.

Se llega así al vergonzoso hecho de que una región española va a estar dirigida por un personaje que ha medrado gracias a su repugnante hispanofobia, y que se declara dispuesto a cualquier cosa con tal de llevar a término el golpe de Estado separatista. Torra, marioneta dirigida por Puigdemont desde Alemania, no engaña a nadie y ya ha dejado claros sus planes: convertir nuevamente en presidente a su execrable amo, sustituir las instituciones democráticas por asambleas integradas únicamente por separatistas y abrir un proceso constituyente para proclamar la república catalana.

Lo tremendo es que este infame fanático va a tener a su disposición toda la Administración pública catalana y un presupuesto de 56.000 millones de euros. Si durante la aplicación del artículo 155 de la Constitución no se ha puesto fin al secuestro del sector público catalán por parte de los separatistas, es fácil suponer lo que puede ocurrir una vez estén de nuevo en sus manos los presupuestos y los demás resortes del poder.

Cataluña vuelve a estar sometida a un gang de liberticidas de la peor especie, liderados por un indeseable racista, que pueden acabar desencadenando un muy grave conflicto civil. La responsabilidad de Mariano Rajoy, que ha preferido entregar Cataluña a los peores enemigos de la propia Cataluña a cambio de garantizarse unos meses más en la Moncloa, es tremenda. Esta traición lo invalida definitivamente para seguir presidiendo el Gobierno de la Nación.

70 años de Israel: el milagro
José María Marco Libertad Digital 15 Mayo 2018

En el setenta aniversario de la fundación del Estado de Israel, ocurrida en 1948, hemos celebrado varios milagros. De los 650.000 israelíes de aquel momento Israel ha pasado a los ocho millones y medio de hoy y creciendo, porque es de las pocas democracias liberales que mantienen un alta natalidad gracias a un índice de fecundidad de 3,1 hijos por mujer. De aspirar al rango de utopía socialista se ha convertido en una de las economías más abiertas y dinámicas del mundo, con un PIB superior al de muchos países europeos. O de la relativa indefensión primera, que parecía llevar al nuevo Estado a depender de las potencias occidentales, ha levantado unas Fuerzas Armadas tan envidiadas como temidas en todo Oriente Medio.

Además, Israel se ha enfrentado a cuatro guerras, a varios levantamientos palestinos y a unas cuantas oleadas de ataques desde territorios vecinos. En estado de alerta permanente, Israel no ha desfallecido nunca en su voluntad democrática. Al revés. La libertad de opinión es completa. Como era de esperar dada la tradición judía de no dejar nada sin discutir –discutir de verdad, con argumentos y con pasión, lejos de la dulzona y un poco hipócrita "conversación" que ahora se usa-, todo está puesto en cuestión constantemente. El poder judicial no ha dejado de ser independiente, como lo demuestran los problemas que ha tenido con la justicia el propio Netanyahu, entre otros. Y por si todo esto fuera poco, el paisaje político se ha caracterizado tradicionalmente por un voto disperso. El gobierno lo es siempre de coaliciones que no impiden, sin embargo, la acción de gobierno. Hoy mismo Netanyahu, a quien nadie le negará el carácter y la capacidad de liderazgo, está al frente de una coalición de cinco partidos.

Otras democracias liberales parecen haber perdido esa capacidad de compaginar una acción política consistente, capaz de adaptarse a las nuevas realidades, con el debate propio de las sociedades pluralistas. Como si una cosa hiciera imposible la otra, hasta el punto que una parte importante del electorado acaba optando por soluciones populistas y otra empieza a sentir cierto escepticismo ante el propio sistema y a manifestar cierta simpatía hacia el resurgir de formas de caudillaje como los que se practican en Rusia o en China. No es una cuestión ideológica, aunque podría llegar a serlo. Por ahora, se trata de un asunto práctico, derivado de la sensación de que la democracia liberal dificulta la toma de decisiones hasta el punto de hacer más difícil la vida de los ciudadanos.

No ha sido así en Israel, y tampoco lo es ahora. Aunque una parte de la opinión pueda llegar a atribuir a Netanyahu la responsabilidad de una deriva populista, las instituciones funcionan con normalidad, como lo hace el control del gobierno por parte de la Knesset, el poder judicial y la opinión. El gobierno de Israel está sometido a un escrutinio implacable, como ningún otro Estado de la región. Y eso no impide, al contrario, la percepción de que las elites israelíes son capaces de articular políticas consistentes y arriesgadas: arrogantes, dirán muchos.

Para entenderlo hay que recordar que la población israelí se sabe amenazada. Amenazada por unos vecinos que no siempre han aceptado su existencia. Y amenazada, también, por un peligro más general, recuerdo de lo ocurrido en los años 30 y 40 en Europa, y de todas las oleadas de antisemitismo que han barrido Occidente y los países musulmanes. En algún momento los primeros israelíes pudieron pensar imaginar su nuevo país como un refugio para los judíos perseguidos. No bastaba con eso, y hoy Israel es el bastión orgulloso de un judaísmo que no está ya dispuesto a aceptar la vuelta atrás. Por eso en 2017, en Israel vivía un 43 por ciento de todos los judíos. Del asilo y la resistencia, Israel ha pasado a una noción de defensa proactiva y, cuando es necesario, de ofensiva, como está ocurriendo ahora mismo ante la estrategia imperial de Irán.

Israel, por otra parte, se acomoda mal a las nociones que sobre religión y cultura han triunfado en el resto de Occidente. De origen religioso, aunque no todos los fundadores lo reconocieran así, Israel no ha dejado de afirmarse como Estado judío, enraizado en una creencia o, al menos, en la necesaria supervivencia de un pueblo cuya esencia ha consistido –y aún lo hace, para muchos- la de dar testimonio de la existencia de Dios. Este fondo teológico, que se puede reducir a lo cultural aunque sea trivializándolo, fundamenta una forma de consenso perdida en otras democracias. Y resulta difícil de concebir que la vida israelí, a pesar de su hipermodernidad, llegue a olvidar del todo la santidad del lazo social que está en el fondo de su existencia como sociedad y como Estado.

Como es natural, estas realidades plantean otros problemas, desde la cuestión del territorio, que ha llevado a soluciones deficientes como es el establecimiento de colonos en tierras de administración palestina, hasta las disfuncionalidades generadas por la omnipresencia de la religión. Por otro lado, la experiencia única de Israel no sirve de ejemplo para las demás democracias. Aun así, a los setenta años de su fundación, hay muchas cosas que aprender del pueblo israelí y de un Estado que parece al mismo tiempo más veterano y más joven, menos cansado que otras democracias.

Israel: 70 años extraordinarios
Isaac Querub Caro Libertad Digital 15 Mayo 2018

El pasado 20 de abril, el columnista del New York Times, Bret Stephens, celebraba el aniversario de Israel elogiando el "poder judío" durante 70 años; mostraba como mayor logro de Israel haber servido de refugio para todos los judíos del mundo. El nacimiento de Israel encuentra explicación en la necesidad de que los judíos tuvieran un hogar. Es cierto; y Stephens tiene razón, pero sólo en parte.

Tras estos 70 años, el poderío militar y la defensa de los judíos allá donde corrieran peligro son insuficientes para explicar Israel. Israel es también, y principalmente, educación, libertad, igualdad, diversidad, esperanza, progreso ante las dificultades, independencia judicial, innovación tecnológica, disciplina y veneración por la vida, la cultura y el arte.

Es también la lucha diaria de sus ciudadanos por defender su régimen de libertades en un océano de despotismo y barbarie. En siete décadas, Israel no ha sufrido nunca una regresión autoritaria, nunca ningún dirigente ha estado por encima de la ley.

En este tiempo, un suspiro en la historia, Israel ha elevado el valor cotidiano de llevar sobre las espaldas el legado de miles de años basado en la erudición y en el estudio; en comprender el mundo que nos rodea, y luchar cada día por convertirlo en un lugar mejor. En este sentido, Marcos Aguinis dijo acertadamente que a Israel le obligaron a ser Esparta, pero nunca renunció a ser Atenas.

Israel es un país carente de recursos naturales, con una extensión similar a la de Galicia, rodeado de enemigos dispuestos a borrarlo del mapa, sometido a guerras y a oleadas de terrorismo indiscriminado y, pese a las adversidades, sus ciudadanos han sabido hacerlo crecer y prosperar.

Los israelíes no tenían nada salvo sus manos y su intelecto, y lo han puesto en movimiento durante estos 70 años. Mientras sus vecinos, con enormes recursos, han ahogado el bienestar de sus ciudadanos en corrupción, fanatismo religioso, mentiras, discriminación, populismos, demagogia y tiranías, los israelíes han trabajado abnegadamente por hacer de su país un lugar mejor en Oriente Medio.

Todo ello no se consigue exclusivamente con un poderoso ejército y unas eficaces fuerzas de seguridad. Golda Meir, quien fuera primera ministra de Israel en una época en que era difícil que una mujer ostentara puestos de poder político, fue clara a este respecto: "No nos regocijamos en victorias. Nos regocijamos cuando se cultiva un nuevo tipo de algodón y cuando florecen las fresas". Hoy, esas fresas son Waze, el USB, el Iron Dome, la PillCam, el Copaxone, y todos los demás avances que, con Israel como denominación de origen, están mejorando nuestras vidas. Las de todos.

Ha sido la veneración religiosa y milenaria por la educación, el compromiso con unos valores universales —los que hoy llamamos valores judeocristianos—, y el amor incondicional a una herencia común, los factores clave por los cuales hoy celebramos 70 años extraordinarios.

La educación, pues, ha sido una de las claves del éxito de Israel. Y será, también, la piedra Rosetta del advenimiento de la paz. La educación en el respeto por el prójimo, la libertad, la convivencia, la igualdad y la justicia –valores compatibles con el Islam bien entendido– es la asignatura pendiente para los palestinos y para todos aquellos que aún sueñan con borrar a Israel del mapa.

Una paz justa, duradera y estable será posible cuando la palabra tenga más valor que la espada, cuando el amor por los suyos supere el odio por los otros y cuando la aspiración por un futuro mejor eclipse a los falsos profetas del terror y la sangre.

La educación, el afán de hacer un mundo mejor y la convicción de que siempre se puede progresar seguirán siendo las fuerzas motoras del éxito israelí, y como predijo Theodor Herzl, fundador del Sionismo político medio siglo antes de la fundación de Israel: "Todo lo que intentemos lograr para nuestro propio bienestar repercutirá con fuerza y de forma beneficiosa a favor de la Humanidad".


******************* Sección "bilingüe" ***********************

****************

El bicho racista en la fruta
Cristina Losada Libertad Digital 15 Mayo 2018

Lo de Quim Torra, lo de sus artículos y tuits rezumantes, no puede coger a nadie por sorpresa. Será sorpresa para quienes, desde lejos o desde cerca, creyeran en el tópico elaborado por el nacionalismo catalán de nuestro tiempo. En eso de que, vale, quizás el nacionalismo vasco era etnicista –ahí estaba el esqueleto de Sabino Arana, nunca retirado, para confirmarlo–, pero el catalán, hombre, ¡por Dios!, ése era un nacionalismo cívico, un nacionalismo civilizado, un nacionalismo transversal y acogedor, dedicado, eso sí, a lo de la pela. Era el tópico amable encerrado en el lema de que es catalán "el que vive y trabaja en Cataluña". Al que añadían por lo bajini: "Y que quiere serlo".

Pero no. El bicho racista no acaba de aparecer ahora en la fruta melosa del nacionalismo catalán. No es un extraño corruptor de la carne cívica de esa fruta intachable. Siempre ha estado ahí. La singularidad del recién elegido presidente de la Generalitat es que, entregado al frente cultural, espoleado por la necesidad agitativa, llevado por la sensación de seguridad propia de los ambientes cerrados o por lo que fuera, que no vamos a hacerle el psicoanálisis, el hombre se soltó y puso negro sobre blanco, sin complejos, aquello que otros decían sólo cuando se descontrolaban.

El bicho viene con la fruta. Desde el principio. No hay más que leer a los precursores, a los padres doctrinales del nacionalismo catalán. Es habitual remitirse al contexto histórico para quitarle hierro a su basamento racista, pero si se ponen hoy sus ideas esenciales –y esencialistas– al lado del proyecto del nacionalismo catalán de nuestra época lo difícil es no ver correspondencias.

"Así pues, no podemos ser mandados por los que nos son inferiores. De ahí la potencia del catalanismo. Así, somos catalanistas y no regionalistas, porque el regionalismo supone iguales derechos y por tanto iguales energías y organización en todas las regiones, y eso es falso", decía Pompeu Gener en un artículo de 1905, en el que contaba cómo la pandilla de jóvenes que rodeaba a Almirall había abandonado el federalismo y los principios igualitarios en favor del catalanismo.

Antes, en 1887, en sus Heregias, sentenciaba: "España mira hacia abajo. Lo que aquí priva son las degeneraciones de esos elementos inferiores importados del Asia y del África". Y en la versión ampliada del libro, de 1903: "Conocemos [los catalanes] que somos Arios europeos y que como hombres valemos más en el camino del Superhombre".

Aquella degeneración de elementos inferiores, que enlazaría con algunos tuits de Torra sobre los españoles ("Lo que sorprende es el tono, la mala educación, la pijería española, sensación de inmundicia. Horrible"), la vio como un peligro inminente Hermenegild Puig i Sais, en 1915: "Desde el punto de vista social nuestra situación es peligrosa por cuanto la invasión [de inmigrantes] producida por el desequilibrio económico y demográfico ha de producir necesariamente efectos étnicos, una degeneración de nuestra raza que nosotros debemos empeñarnos en conservar pura y hasta hemos de sublimar sus cualidades características". La recomendación: "Conviene pues que procuremos aumentar el número de catalanes de pura raza para luchar en todos los terrenos".

En 1917 escribe Rovira i Virgili sobre aquella invasión: "Pero cuando la inmigración es copiosa se produce un fenómeno de gran importancia social y política desde el punto de vista nacional. La nacionalidad es invadida por infiltración, por así decir". Y advierte que los "elementos" foráneos podían ser "digeridos y asimilados", aunque puede también "que no se asimilen, no se diluyen, no se disuelven". ¿Qué hacer, entonces? "La nacionalidad así invadida por infiltración, ¿qué actitud debe adoptar? ¿Ha de combatir aquella inmigración? ¿Ha de tolerarla?" No lo tiene claro.

En esos miedos a desaparecer, a degenerar, a perder pureza racial y nacional, ¿no vemos la misma inquietud por los efectos de la llegada de españoles de fuera que está en la base de las obsesiones del nacionalismo catalán actual? Unas veces hablan de asimilación y otras, de integración. Es el tema digestivo que decía Rovira. Es de lo que está hablando Torra cuando clama contra "las bestias" que "viven en un país del que lo desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia" y "se pasean impermeables a cualquier evento que represente el hecho catalán".

"Pues te diré que aquel que no es catalanista no es plena, verdaderamente catalán", ponía Rovira i Virgili en su Diàleg dels catalans, de 1913. ¿No es precisamente eso –ser catalanista, ser nacionalista– el peaje que sigue exigiendo el nacionalismo para considerar que un ciudadano es catalán o se ha integrado adecuadamente en Cataluña? Es exactamente lo que sigue exigiendo. El elemento capital de ese peaje es la lengua. Ahora como entonces. Escribía Prat de la Riba en 1916: "La Nacionalidad es un principio espiritual (...) Y ese espíritu no existiría (...) si la unidad de la lengua (y esto es lo fundamental) no hubiese vaciado en un molde único el pensamiento colectivo".

El germen del proyecto de normalización lingüistica de Cataluña está ahí. Está ahí lo que lleva a Torra a escribir contra "la normalidad" de que se hable español en tierras catalanas y a decir: "Cuando se decide no hablar en catalán se está decidiendo dar la espalda a Cataluña". Algo similar sucede cuando se lee esto de Rovira i Virgili, de 1917: "Cada escuela oficial en lengua ajena es una fortaleza enemiga en territorio propio". Esta frase, ¿no da perfecta cuenta de la belicosidad con que el nacionalismo se opone al bilingüismo en la enseñanza? Ya le resulta difícil de aceptar que en la calle se hable español, como veíamos en Torra, pero que se use en la escuela, eso nunca jamás, de ninguna manera. Sería una fortaleza enemiga. Es un casus belli.

Durante un tiempo los nacionalistas catalanes mantuvieron el bicho fuera del discurso. Al menos, fuera de los focos. Un nacionalismo apoyado en lo cultural, valía; uno con huella racial no era presentable. Pujol fue hábil. Prefirió la metáfora a la diáfana y peligrosa claridad de sus predecesores. Hasta que la propia historia e histeria del procés han inducido al bicho a salir de nuevo a orearse. Pero esté oculto o visible, sin ese bicho no hay quien entienda esa fruta.

El supremacismo ya tiene el poder
EDITORIAL El Mundo 15 Mayo 2018

Se suponía que la investidura de un candidato sin cargas judiciales serviría para devolver a Cataluña a la legalidad, para que el artículo 155 decayera y para que los ciudadanos pudieran encarar un futuro de estabilidad política y distensión social. Pero tras oír el discurso de investidura de Quim Torra, tras soportar su retórica radical y el renovado desafío que lanza al Estado, solo queda en pie una esperanza para la recuperación de la normalidad democrática: que el nuevo Govern incumpla punto por punto su palabra. Cuando el cinismo de los gobernantes es el único refugio de los gobernados, es que la degradación institucional ha tocado fondo.

El problema es que Torra no parece ir de farol, ni pertenece a la casta de políticos profesionales que cultivan un discurso público en clave electoral mientras ejercen luego el arte de la transacción y el pacto. Torra es una fanático puro, insobornable, y por ello letal para la convivencia. Bajo la atenta mirada virtual de su jefe en Berlín, el elegido prometió restituir las leyes declaradas inconstitucionales, crear una asamblea de electos para negar la legitimidad a la Constitución y el Estatut y relanzar la construcción de la república interrumpida por la intervención del Estado. El nuevo president anuncia orgulloso el rodillo que pasará por encima de más de la mitad de sus gobernados. Usará el dinero de sus impuestos contra ellos, contra la mitad de una población que es mestiza, cosmopolita y abierta; y no homogénea, nativista y cerrada como la quiere el agresivo supremacismo que ya manda en Cataluña. Que dos fuerzas pretendidamente progresistas como ERC y la CUP encaramen al poder a una suerte de variante catalana del nacional-catolicismo franquista solo se explica por el aglutinante poder de sugestión del nacionalismo.

¿Se puede investir a un racista en la Europa del siglo XXI? Ya vemos que sí. Ya vemos que la memoria colectiva puede olvidar las lecciones más inolvidables del siglo XX. De nuevo accede al poder un sujeto imbuido de una misión redentora, abiertamente partidario de la depuración cultural de la sociedad que está a su cargo para forjar un solo pueblo, con una sola lengua y con un único destino de autodeterminación en lo universal. Pero Torra y el Govern que ahora forme llegarán exactamente hasta donde le deje el Estado. El presidente Rajoy, que ha reconocido que «no le gusta» lo que dice Torra pero que esperará a valorarlo por sus hechos, se reúne hoy con Pedro Sánchez y el jueves lo hará con Albert Rivera. Esperamos que la altura de miras prime sobre los intereses partidistas y vuelvan a acordar una posición común imprescindible para hacer frente a la provocación que desde el primer día encarnará una Generalitat dirigida por Torra. Si es preciso, el 155 deberá volver a activarse. Y esta vez procurando que sirva para llegar a un punto distinto de este naufragio al que ha llevado su primera aplicación.

Un 155 limitado en sus efectos, lo pagaremos todos
“Curiosamente los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado.” (Alberto Moravia)
Miguel Massanet diariosigloxxi 15 Mayo 2018

Consumatum est. No por esperado ha resultado menos traumático para un pueblo, el español, que se siente impotente a pesar de ser mayor en número, tener más poder en las dos cámaras de representación pública y estar dotados de una Constitución, la del año 1978, que garantizaba a todos los españoles que España, la patria de todos, estaría a salvo de cualquier intento de desmembración, provocado desde fuera de nuestras frontera o desde alguna parte del reino español; el intento más absurdo, descarado, sostenido en el tiempo, cada vez más intenso y con menos tapujos de esta parte del pueblo catalán, al que los sucesivos gobiernos que han pasado por la Moncloa no han sido capaces de contener, marcarle sus límites, impedirle sus sucesivos intentos de apropiarse de más potestades, hacer propaganda de sus intenciones independentistas y, como culminación a este proceso donde los gobernantes han ido de error en error y de cesión en cesión, contribuyendo en un intento verdaderamente absurdo de comprar a los catalanes a base de ir vertiendo millones de euros para que ellos, con absoluta impudicia, los fueran desviando hacia la preparación de un gobierno catalán paralelo al español, para tenerlo preparado para cuando, en la culminación de esta locura colectiva que está padeciendo este grupo de catalanes a los que se les ha convencido de que una Cataluña independiente de España, sería la tierra de Jauja en la que todos los catalanes vivirían, por su cuenta y riesgo, esta gran aventura propia de aquellas conocidas aventuras del “barón de Münchausen” ( 1988) que tanto nos impresionaron a los jóvenes de aquellos tiempos en los que aparecieron las primeras películas en tecnicolor.

Por desgracia para los ilusos que se creyeron a los Pujol, Mas, Rovira, Junqueras y toda la larga retahíla de personajes que se han atribuido el derecho a ir lavando el cerebro de los ciudadanos catalanes para imbuirles en ellos ideas absurdas acerca de un pasado que nunca existió y de un país independiente que sólo son capaces de inventárselo todos estos defensores de una historia apócrifa de Cataluña, sólo comparable a este gran engaño, perpetrado por las izquierdas españolas y puesto en marcha por el señor Rodriguez Zapatero, de la famosa Ley de la Memoria Histórica, mediante la cual, los que perdieron estrepitosamente y sin posible disculpa la Guerra Civil, que la II República o, mejor dicho, los que se la inventaron después de haber amañado los resultados de las votaciones del 14 de Abril de 1931(una manipulación que, más tarde en Febrero de 1936 volvieron a poner en práctica, con éxito dando paso a aquel execrable Frente Popular que con sus excesos y sus crímenes fue el que provocó el alzamiento del Ejército, al mando del general Mola), por sus enfrentamientos entre las distintas facciones que la gobernaban, por la falta de colaboración de los catalanes entretenidos en sus disputas internas y por los matones de la CNT y la FAY, incapaces de imponer la disciplina en sus columnas de combatientes, fueron tan estúpidos que, teniendo todas las ventajas a su favor, además del tesoro de oro del Banco de España, fueron derrotados sin paliativos por un inteligente, astuto y eficaz militar, bregado en la guerra con los moros africanos, el general Franco; todas las manipulaciones que han llevado a cabo no han conseguido otro efecto que, como ya pasó en 1936, sigan peleándose entre ellos con el único interés de hacerse con el poder para llevarse la parte del león en este supuesto reparto del botín catalán que esperan repartirse.

No obstante existe el peligro de que, en esta ocasión, ante un gobierno de derechas que, en uno de los más graves errores cometidos por Mariano Rajoy, aceptó formar gobierno cuando, unas elecciones le hubieran favorecido aumentando el número de escaños, en detrimento del PSOE y del partido de Ciudadanos (en aquellas fechas lejos de la popularidad que han ido adquiriendo posteriormente, gracias a las cantadas de los dos partidos que se disputaban el gobierno, el PSOE y el PP), muy debilitado y desgastado por los casos de corrupción que se le han descubierto entre sus dirigentes; por su fracaso táctico en el caso de la rebelión catalana dejando que el problema se fuera acentuando basándose en la errónea idea de que los intentos de buscar su independencia, con el transcurso del tiempo, se irían calmando hasta desaparecer por completo. ¡Craso error que, en la actualidad estamos pagando todos los españoles y, en especial los que nos vemos obligados a seguir viviendo en esta autonomía, hoy convertida en un polvorín que es muy posible que, en un momento de gran tensión, pudiera llegar a explotar con consecuencias imprevisibles para España y para los que vivimos en Cataluña.

La excesiva dilación del gobierno de Madrid en adoptar medidas adecuadas para desarbolar los intentos de dejar de cumplir las leyes de los catalanes o la falta de diligencia de los fiscales, con seguridad siguiendo las recomendaciones del fiscal general de la capital de España, han permitido que los independentistas catalanes fueran adquiriendo confianza, mostrándose cada vez más agresivos, menos inhibidos y más desafiantes ante el Estado español. La evidente falta de una información veraz que hubiera permitido contrastar la realidad con los engaños que fueron propalando los propagandistas del soberanismo catalán han dado lugar a que desde TV3 y Cataluña Radios se haya venido desplegando una actividad inusual con la asistencia de tertulianos especializados en la mentalización del ciudadano catalán de que España ha sido sy sigue siendo la causante de todos los males, reales o inventados, que afectan a Cataluña. Uno de los más graves errores cometidos por el Gobierno y los demás partidos que pudiéramos calificar de constitucionalistas, ha sido, sin duda alguna, el no haber aplicado con más intensidad y eficacia el 155, que permitía una intervención más amplia en la comunidad catalana y en sus instituciones, algo que no se ha producido y ha sido causa de que, con tantos miramientos, tanto miedo a propasarse, tanta permisividad y tolerancia con las demostraciones de desprecio y de hostilidad contra España, tanta retención a la acción de las fuerzas del orden para impedir que las calles estuvieran ocupadas y dominadas por grupos de activistas y maleantes que se han dedicado a destrozar todo los que se les ha puesto por delante sin que haya habido detenciones y los pocos que lo fueron a las pocas horas ya estaban de vuelta a la calle para que pudieran continuar su actividad vandálica.

El gran peligro que hoy amenaza Cataluña ya no es, ni tan siquiera, el de que se declare una República independiente, sino que muchos que pensamos en republicano, no estamos de acuerdo en que esta autonomía española sea una República en la que las derechas estén automáticamente excluidas, como es el caso de ésta que se nos ofrece, capitaneada por un independentista, el señor Quim Torra, mero corre ve y dile del señor Puigdemont, cómodamente instalado en Berlín, desde dónde pretende ( al menos parece que es lo que se imagina que va a poder hacer) dirigir todo el cotarro de esta imaginaria e imposible República Independiente de Cataluña. ¿Alguien se imagina lo que puede llegar a acontecer en Cataluña dirigida desde este separatismo de la CUB o desde la ERC? O ¿ es que hay alguien que todavía se crea que los de Junts per Cataluña, si se hacen con el gobierno de la Generalitat, bajo la presidencia del recién nombrado Quim Torra, un xenófobo, radical, cargado de odio hacia España y los españoles, va a ser un obstáculo para que quienes han contribuido a su elección, la CUP y los partidos de izquierdas separatistas catalanes, puedan dictar las leyes que nos desangren a base de impuestos y se carguen a las, cada vez menos empresas que quedan en Cataluña, que es evidente que, ante el negro panorama que se anuncia en estas tierras catalanas, cada vez van a ser menos con la posibilidad, para no decir certeza, de que los centros de trabajo que todavía permanecen en Cataluña, luego de la huida de sus domicilios sociales y fiscales, vayan desapareciendo a medida que la situación local vaya constituyendo un grave obstáculo para el libre desarrollo de sus actividades industriales.

La gran incógnita es si, como pronostica el mismo expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, este gobierno títere que se está creando para Cataluña tenga sólo una duración limitada para que, para octubre u otro mes cercano, se convoquen nuevas elecciones que, a juicio de los soberanistas, pudieran favorecerles con más escaños que reforzaran su preponderancia en el Parlament catalá. Y, señores, aquí tenemos la gran incógnita, en esta caso referida a lo que esperamos que haga el gobierno de la nación y, si nos apuran lo que van a estar dispuestos a hacer el resto de los partidos de la oposición que, hasta ahora han apoyado las decisiones ( las pocas que se han tomado desde el propio ejecutivo) del Gobierno que, en general, han quedado resumidas a recurrir, una y otra vez, ante los tribunales aquellos acuerdos adoptados desde el Parlament catalán que han estimado que eran contrarios a nuestra Constitución. Dudamos que si lo que está sucediendo en España hubiera tenido lugar en Francia o en Alemania los respectivos gobiernos de estas naciones hubieran tratado con tan “exquisito cuidado de no molestar demasiado” a quienes, de una forma ilegal y desafiante se hubieran atrevido a poner en duda la unidad de sus naciones o se hubieran atrevido a desautorizar las sentencias firmes de sus tribunales de justicia.

En todo caso, sin que esto tenga otra proyección que la expresión de una opinión personal, mucho nos tememos que el rumbo que el señor Rajoy y su grupo de asesores que lo apoya está imprimiendo a un partido que no es, por mucho que les interese hacerlo ver ante la ciudadanía española, una formación de centro-derecha, sino que sigue siendo, en cuanto a la mayoría de ciudadanos que han venido votando por él hasta estas fechas, un partido de derechas, cristiano, defensor de la propiedad priva y de la vida humana en todas las vertientes que, de alguna manera la afectan, así como un fiel mantenedor de nuestras queridas tradiciones que, como es evidente comportan un amor a la patria española y a todos aquellos aspectos como son la familia, la comunidad, el respeto por las leyes, la defensa de los derechos individuales y el respeto por los de los demás. Así como mantener la unión con los españoles del resto de comunidades que forman parte desde hace siglos de esta unidad que demostramos tener los españoles cuando, desde fuera de España alguna nación o grupo de ellas han pretendido intervenir en nuestros asuntos o han intentado ocupar una parte de nuestros territorios peninsulares. Puede que todos estos pensamientos, hoy en día, suenen a algo aarcaico, obsoleto o demodé como dirían los franceses pero como privilegio que se me debe conceder en atención a mi edad, deberé manifestar que en lo que respeta a mí, me tienen sin cuidado quienes piensen que en una España más librepensadora y menos dependiente de su paso se crean que pueden vivir mejor. ¡Allá ellos con las decisiones que tomen!

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, se nos ocurre que es muy posible que las nuevas generaciones piensen que, dejando que esta democracia amañada, investida de totalitarismo comunistoide, investida de un camuflaje populista y dejada en manos de dirigentes como algunos de los que se quieren promocionar para dirigir este reino que, para ellos, sin duda no sería una monarquía parlamentqaria, sino más bien un nuevo modelo de estado comunista, al estilo bolivariano que seguramente es lo que tienen en mente señores como Pablo Iglesias, Errejón, Monedero o el mismísimo señor Garzón de IU o la señora Colau de Barcelona que, al parecer se han decantado por apoyar al soberanismo catalán sabiendo que, cualquiera que fuere el resultado de esta revolución que se viene anunciando los principales beneficiados del desorden en Cataluña van a ser, sin duda alguna ellos. No sé si el señor Rajoy y su camarilla de desconocedores de la realidad catalana (algo que les hemos venido recordando, a través de estos comentarios, desde hace muchos años) más dedicados en conseguir que los vascos les apoyen los PGE, para lo cual no parece que pongan demasiadas exigencias al nuevo mandamás de la Generalitaat de Cataluña siempre que la constitución de un gobierno, sea el que sea, en la comunidad catalán, les sirva como excusa para retirar el 155 que es la condición que les impuso el PNV para empezar a negociar el “precio” que le van a poner al Gobierno por su apoyo a los indicados presupuestos.

Sabino Arana desembarca en Cataluña
Carlos Gorostiza. vozpopuli 15 Mayo 2018

Cuando Quim Torra borró y pidió disculpas por sus famosos tuits ya se vio claramente que mentía al excusarse: las expresiones “si alguien se ha sentido ofendido” o “no era mi intención” sirven cuando lo dicho con un propósito diferente podría ser interpretado como insultante por alguien, más o menos suspicaz, pero no cuando la ofensa es clara, directa, nítida e indubitativa. Cuando es así, y los tuits ahora borrados lo eran, cuando no cabe interpretar lo claramente expresado, las disculpas no pueden ser condicionadas. Una persona honorable y sincera debería haberse disculpado sin matices, asumiendo en solitario el error. Todo lo contrario de lo que hizo Torra, que mentía.

En cambio, el que ayer fue declarado Honorable President sí ha dicho la verdad en la tribuna, cuando se ha presentado como un supremacista y un político xenófobo, orgulloso de serlo y de la misión que la historia cree que le ha encomendado.

La misión de Torra y los suyos no es gobernar Cataluña sino adueñarse de ella, pero no en el sentido práctico de la palabra adueñarse que aplicaba la familia Pujol, sino en el de hacerse con la prerrogativa de decidirlo todo, absolutamente todo, empezando por quién es o no es catalán. Cuando, el pasado sábado, la portavoz del grupo al que más catalanes votaron en las últimas elecciones, la Sra. Arrimadas, clamaba escandalizada en la tribuna “nos quieren eliminar”, no sabía hasta qué punto estaba dando en la diana.

Ante la superioridad de la raza (hay escritos por ahí de Torra que no tienen desperdicio) todo decae. La visión de una Cataluña limpia de charnegos y de traidores, salvada del idioma español, pobre al principio pero pura y dueña por fin de su propio espacio vital en solitario, es tan arrebatadora para un nacionalista, sea Torra o su gemelo político, Sabino Arana, que no hay argumento que pueda hacer tambalear su sueño, así haya transcurrido más de un siglo.

Si queremos entender algo de lo que pasó y de lo que amenaza con pasar es imprescindible comprender que los secesionistas se sienten ahora ante su gran oportunidad histórica. Es el momento -piensan-, por eso les resbalan y les resbalarán los argumentos de que están partiendo en dos a Cataluña. Por supuesto que lo están haciendo ¡cómo no! si precisamente lo que ahora hace falta para ellos, que conciben la pluralidad como maldición, es cortar, dividir, separar, acallar y llegado el caso expulsar o eliminar a los desafectos a la causa, que sienten que simplemente no son catalanes, si acaso catalanes traidores y, por tanto, ex catalanes que tendrán que irse o a los que tolerarán mientras se mantengan en silencio.

El reproche de que no se ocupan de los problemas de los catalanes mueve a risa. En medio de la batalla final, la que sueñan que terminará con la presencia de España, del español y de los españoles, es simplemente ridículo que se les reproche la contaminación, la huida de empresas o el desempleo de los catalanes pobres. Fruslerías ante la cruzada que han desatado contra la España que dice Torra que les ocupa desde la guerra de sucesión española. Así que quien quiera hablar de los problemas reales de Cataluña, hoy tienen uno nuevo y bien real. Se llama Quim Torra.

No hay asomo de broma en esto. Lo que el sábado dijo el nuevo president en la tribuna no fueron sandeces, como he leído por ahí, ni tampoco, como creen otros, una posición impostada para ganarse ayer la abstención de la CUP. Fue mucho peor: era la verdad. Era lo que piensa él y muchos como él. Hablaba completamente en serio de romper Cataluña porque para ellos hacerlo no es un problema sino una oportunidad de expulsar de la vida pública a los catalanes que se sienten también españoles, la ocasión de librarse de esa “losa” que es como los ve el nuevo president. Ya me dirán si estamos o no ante un problema real.

155 veces
Ignacio Camacho ABC Mayo 2018

EN ninguna parte de la Carta Magna está escrito que el artículo 155 sólo pueda aplicarse para deponer a un Gobierno autonómico constituido. Ésa fue la fórmula que los partidos constitucionalistas eligieron en octubre porque su intención era sólo la de convocar elecciones, una prerrogativa personal de Puigdemont que, al negarse éste a ejercerla, obligaba a apartarlo del poder ejecutivo. Pero si de algo se acusa al famoso instrumento de coerción es de ambiguo: se limita a facultar al Gobierno para adoptar «las medidas necesarias» en caso crítico. El acuerdo del Senado para activarlo decae de forma expresa, por mucho que Ciudadanos reclame su continuidad, cuando Cataluña tenga de nuevo un presidente electo por un procedimiento legítimo. Sin embargo, nada impide volver a invocar el 155 para impedir que los separatistas persistan en sus objetivos. Y a la vista de las intenciones declaradas por Quim Torra, va a ser preciso. Rajoy puede ir ordenando a la vicepresidenta que active su brigada de expertos jurídicos.

Lo que el presidente ya no puede olvidar es que la política no consiste sólo en hechos ni expedientes legales, sino en sensaciones, en estados de ánimo. Sin salir del conflicto catalán tiene la prueba reciente y bien a mano. Si sus asesores salen a la calle en vez de limitarse a examinar informes en sus despachos podrán auscultar un ambiente de opinión pública que oscila entre la indignación y el desengaño. Los secesionistas lo van a acrecentar con provocaciones deliberadas, humillantes para el Estado. El programa (?) expuesto por Torra es en sí mismo un golpe de baja intensidad, un procés 3.0 formulado con mayor inteligencia y menos descaro. El sustituto de Puigdemont es más oblicuo y tiene un envase retórico más sofisticado, pero su proyecto es el de un independentista radical, un supremacista convencido y fanático. Y su primera misión es la de abrir una grieta en el bloque constitucional haciendo que los ciudadanos españoles se sientan chuleados.

Si eso ocurre, y está empezando a ocurrir, Rajoy habrá perdido el respeto de la calle. Rivera se le acabará de subir a las barbas y el apoyo parcial de Pedro Sánchez, en el caso de que lo conserve, no le procurará ninguna comprensión de sus votantes. Al soberanismo le conviene -trabajará en ello- que el centro derecha español, el depositario del proyecto nacional, se enfangue en una batalla interna de desgaste. Este tiempo requiere resolución, iniciativas audaces, y el mayor error que puede cometer ahora el Gobierno, sobre los que ya ha cometido, es dar la impresión de que quiere deshacerse del problema soltando la tutela de Cataluña cuanto antes.

Se trata de todo lo contrario. De quedarse hasta donde lo permita la ley interpretada en su sentido más ancho. Y de utilizar hasta el último recurso político disponible para no dejarse torcer el brazo. 155 veces si fuera necesario.

¿Está ya Cs a la altura de Vox?

Guillermo Dupuy Libertad Digital 15 Mayo 2018

Puede ser que Albert Rivera ya no sea el lamentable continuador de Rajoy que me ha venido pareciendo en los últimos años.

Aunque algunos parece que lo hayan olvidado y otros no quisieran que se sepa, conviene recordar que Albert Rivera y su partido siempre se negaron a suspender la Administración autonómica en rebeldía a pesar de la antelación y la claridad con que sus gobernantes golpistas tuvieron la gentileza de anunciar la celebración de las delictivas consultas secesionistas del 9-Nde 2014 y del 1-O de 2017.

También conviene recordar, frente a tanta desmemoria sobrevenida o mera ceguera voluntaria, que los representantes de Ciudadanos tampoco propusieron condicionar en ningún momento los fondos extraordinarios que el FLA destinaba a la Administración catalana a una retractación pública y un compromiso verificable de acatamiento del orden constitucional por parte de sus gobernantes golpistas.

Al igual que el PP de Rajoy y el PSOE de Pedro Sánchez, conviene recordar que el partido de Rivera, a lo largo de estos casi seis años de abierta rebelión institucional en Cataluña, tampoco se ha personado ante los tribunales contra los golpistas, como sí hicieron –aunque ya fuese en la segunda fase del procés– UPyD y, sobre todo, Vox.

Así mismo, convendría recordar cómo Ciudadanos fue un calco del PP de Rajoy y del PSOE de Sánchez a la hora de silenciar y ningunear las manifestaciones celebradas en toda España contra el procés que precedieron –y digo bien, precedieron– al tardío pero espléndido y decisivo discurso del Rey, que puso las pilas –aunque solo fuese por un rato– a nuestra indolente clase política constitucionalista sobre la extrema gravedad de lo que sucedía en Cataluña.

No menos exigible es recordar que Ciudadanos, lejos de estar al margen, fue el partido que tuvo la disparatada idea de invocar el artículo 155 no para suspender y someter a la Administración autonómica en rebeldía a largos años de cura constitucional, sino para convocar inmediatas elecciones autonómicas que liberasen a Rajoy de la desagradable y penosa obligación de hacerse cargo de esa parte de España.

Iniciada en marzo la que denominé "tercera fase" del procés con la conformación del previsible nuevo Parlamento golpista, también tuvo que ser la formación que lidera Santiago Abascal la que se querellara contra Torrent y la Mesa de dicha cámara por la tramitación de la reforma de la ley que pretendía la investidura de Puigdemont a distancia. Ciudadanos, por su parte, se limitaba hasta hace nada a pedir que ese Parlamento, claramente en manos de lo secesionistas, "controlara" a TV3, so pena de tener que hacerlo el Senado. Eso, por no recordar que Ciudadanos sigue siendo una formación que defiende las competencias autonómicas en la educación, así como una mayor financiación de nuestras Administraciones regionales a pesar de ser las mejor dotadas, comparativamente, de toda la OCDE.

Puede que Albert Rivera ya no sea el lamentable continuador de Rajoy que me ha venido pareciendo en los últimos años. Pero sigue teniendo una irresolutiva empanada mental, como evidencia su más reciente ocurrencia de mostrarse favorable tanto del restablecimiento como a la suspensión de la Administración catalana en aplicación del artículo 155. Grave es que la disparatada aplicación del 155 no haya significado nada, tal y como era perfectamente previsible. Pero no es menos grave e irresolutivo que su aplicación pueda significar cualquier cosa.

El calvario de Rajoy
Cayetano González Libertad Digital 15 Mayo 2018

El presidente del Gobierno está sólo a lo suyo, que, como es obvio, no es la defensa de España y de los españoles.

La jugada del presidente del Gobierno es tan lineal y evidente que hasta un ciego la puede ver: necesita el apoyo del PNV para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, es decir, para seguir en la Moncloa. Para lograr ese apoyo, era imprescindible levantar el artículo 155 en Cataluña y, por lo tanto, allanar la investidura de lo que él mismo llamó un candidato limpio, aunque fuera un racista y un xenófobo como Quim Torra. Un candidato que en su discurso de investidura ha dejado meridianamente claro que trabajará por la instauración de la República de Cataluña, retomará las leyes de desconexión, pondrá en marcha una comisión de investigación sobre la aplicación del 155... y todo esto lo hará siendo un títere de Puigdemont, al que este martes rendirá pleitesía en Berlín en su primer acto como presidente de la Generalitat.

Pero todo eso a Rajoy le da lo mismo. Él lo que quiere es permanecer en la Moncloa hasta junio de 2020. Le da lo mismo que su partido esté hecho unos zorros y hundiéndose cada vez más en las encuestas; le da lo mismo que más de la mitad de sus votantes no le quieran ya como candidato; le da lo mismo que la viuda de Gregorio Ordóñez le pida que no cambie la dignidad de las víctimas por los votos del PNV; le da lo mismo que en Cataluña vaya a seguir el golpe al Estado por parte de los independentistas. Él está sólo a lo suyo, que, como es obvio, no es la defensa de España y de los españoles.

Ante la grave situación que va a seguir produciéndose en Cataluña, a tenor del discurso y de las intenciones expresadas por el nuevo presidente títere de la Generalitat; ante lo que se dibuja cada día con más claridad en Navarra; ante las intenciones expresadas por el PNV en el seno la ponencia del Parlamento Vasco que estudia un nuevo marco estatutario; ante el avance del nacionalismo o del pancatalanismo en comunidades como Baleares y Valencia, una salida lógica y democrática sería que el presidente del Gobierno, en uso de sus prerrogativas constitucionales, y ante la falta de una mayoría parlamentaria estable, disolviera las Cortes Generales y convocara elecciones, dando de esa manera la oportunidad a los españoles de que se pronunciaran en las urnas en un momento tan delicado para la Nación.

¿Lo va a hacer Rajoy? De ninguna de las maneras. ¿Salir de la Moncloa por la puerta de atrás? Que nadie lo piense. ¿Perder ahora unas elecciones ante alguien a quien considerará en su fuero interno un chiquilicuatre, un recién llegado a la política, como Albert Rivera? Sólo faltaría. Por cierto, en la última sesión de control al Gobierno, Rajoy, ya se ve que contagiado por las largas conversaciones que mantiene con el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, Rajoy llamó "aprovechategui" al líder de Ciudadanos. Una vez más se cumple aquello de: "Cree el ladrón…"

No sé si Rajoy es consciente de que su calvario, de aquí hasta el final de la legislatura, va a ser muy duro: el nuevo Gobierno de la Generalitat seguirá con el intento de golpe de y al Estado; el PNV, presionando para que cambie la política penitenciaria respecto a los presos de ETA; los nacionalistas de aquí y de allá, junto con Podemos y veremos si con el desnortado PSOE de Pedro Sánchez, planteando una reforma constitucional que reconozca de alguna manera el derecho de autodeterminación; los tribunales, dictando sentencias sobre casos de corrupción que afectan al PP; y, para rematar, unas elecciones autonómicas, locales y europeas, dentro de un año, que pueden ser una auténtica debacle para los populares. Sobre todo, Rajoy se va a topar con unos ciudadanos que cada vez están más hartos, por diferentes motivos, de un presidente del Gobierno que, al paso que va, estará en condiciones de disputar a Zapatero el triste honor de ser el peor que haya tenido España en mucho tiempo.

Torra es sinónimo de enfrentamiento civil
OKDIARIO 15 Mayo 2018

Quim Torra es un peligro para la convivencia pacífica en Cataluña. Su nombre es sinónimo de enfrentamiento civil. El recién investido president de la Generalitat no ha dado ni un paso atrás en su última alocución en el Parlament. Todo lo contrario, ha vuelto a incidir en la independencia, el radicalismo y el desafío a España como la hoja de ruta que seguirá el gobierno títere que dirigirá Carles Puigdemont desde Alemania. No obstante, el títere principal, el propio Torra, tiene el peligro añadido de que se comporta como un pirómano de la política deseando echar fuego al incendio político, social y económico que desde el golpe de Estado del pasado 1 de octubre consume la prosperidad y la proyección nacional e internacional de Cataluña. Las más de 4.550 empresas huidas de la región no podrán volver con un dirigente así. La inseguridad jurídica paralizará el asentamiento de nuevas compañías. Caerá la llegada de turistas extranjeros, una de las principales fuentes de ingresos de la comunidad. Hasta el podemita Xavier Domènech ha reconocido que Torra representa “la Cataluña excluyente”.

En muchas ocasiones, el campo semántico que utiliza cada persona sirve para hacer un perfil bastante aproximado de su personalidad. En el caso de Torra resulta inquietante. Parece obsesionado por el “levantamiento” y el “alzamiento”, dos palabras incrustadas siempre en discursos con innumerables connotaciones violentas. Inservible para unir una sociedad como la catalana, partida en dos en estos momentos y cuya distancia se hará cada vez más grande porque a un delincuente como Puigdemont le ha seguido un xenófobo como el ínclito Quim Torra. Irresponsable hasta el punto de parafrasear las bravatas de Francesc Macià —presidente de la Generalitat de 1932 a 1933— para decir que “el día en que decidamos el alzamiento, el entusiasmo lo inflamará todo”. Ya sabemos cómo acabó aquella época… Si se trata de repetir errores del pasado en nuestro presente para estropear el futuro, Torra parece la persona idónea. Firme defensor de los CDR, —la kale borroka catalana— define a los españoles como “bestias carroñeras, víboras, hienas con una tara de ADN”. Parece del todo increíble que en una región de Europa pueda llegar a gobernar un sujeto con semejante historial.

Un ideario que rubricó en numerosos artículos de prensa y cuya idea de la “raza catalana” poco tiene que envidiar a uno de los mayores racistas de toda nuestra historia, el vasco Sabino Arana, o al ideólogo del nazismo Alfred Rosenberg. Con este contexto, sólo cabe apelar a la responsabilidad de los constitucionalistas en Cataluña, a los que el Gobierno deberá apoyar de manera incondicional. Van a enfrentarse a una situación complicada, repleta de provocaciones y momentos de máxima tensión, pero han de saber sobreponerse a cualquier veleidad haciendo una oposición responsable que no dé opción al sempiterno victimismo con el que los golpistas han tratado de excusar su radicalidad a lo largo de los años. La Fiscalía debe estar muy atenta al nuevo president, que podría restituir al sedicioso Trapero como jefe de los Mossos. Una persona como Torra bordea continuamente la ilegalidad. En el momento que caiga en ella, han de ser inclementes. Se trata de que la democracia prevalezca ante las pulsiones violentas de un radical peligroso para el porvenir de Cataluña y de España.

Una amenaza inadmisible.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 15 Mayo 2018

RAJOY SE EMPEÑA EN DIALOGAR CON QUIEN NO QUIERE / URGE UNA RESPUESTA INSTITUCIONAL AL DISCURSO DE TORRA.

Ya solo falta la firma del Rey hoy mismo, festividad de San Isidro en la Capital de España, Madrid, sancionando el nombramiento de Joaquim Torra i (no nos olvidemos de la i) Pla, comunicado por el Presidente de la Mesa del Parlamento, Roger Torrent, vía e-mail y que este se publique en el BOE y por tanto en el DOGC (Diari Oficial de la Generalitat de Catalnuya) para que sea oficial la designación de este radical y xenófobo independentista como el 131 Presidente de la Generalidad. Pero hoy mismo, sin esperar a esa oficialidad el susodicho al que yo comparo al personaje de Polichinela de marionetas, se ha apresurado a viajar a Berlín, sede provisional del fugitivo de la justicia de España y cesado exPredidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, a rendirle la pleitesía y agradecimiento por haberle designado, no para sustituirle, sino para hacer lo que él no puede desde su “exilio”.

Y es que Joquim Torra, ayer mismo en su discurso previo a su investidura, volvió a resumir sus intenciones, ya adelantadas en la primera sesión del 12 de mayo, para que no hubiese dudas ni interpretaciones. Sus palabras fueron: “los tres puntos esenciales que defendí el sábado, primero, que nuestro presidente es Carles Puigdemont. Segundo, que seremos leales almandato del referéndum de autodeterminación del primero de octubre, construir un estado independiente en forma de república. Y tercero, nuestro programa de Gobierno es la cohesión social y la prosperidad económica de Cataluña”. A continuación pasó a referir los cinco puntos clave de es programa de gobierno: “excepcionalidad, provisionalidad, responsabilidad de los miembros del Gobierno, diálogo y vida”.

En primer lugar, quiere avanzar en el tema constituyente. Dice que “Es así como pondremos en marcha les tres vías de acción política republicana. La primera, en el exilio o el espacio libre de Europa, con el Consejo de la República. La segunda, en Cataluña, a través del Gobierno de la Generalidad, el Parlamento y los ayuntamientos, y también con la creación de la asamblea de cargos electos, entidad destinada a tener un papel muy importante. Y la tercera vía de acción, naturalmente, con una ciudadanía apoderada, movilizada e involucrada en el proceso constituyente”. O sea, intenta dar cumplimiento a lo que Carles Puigdemont pergeño para perpetuarse en su retiro y no volver para enfrentarse a la justicia de España. Todos esos o´rganos colegiados que pretenden crear son totalmente inconstitucionales y espero que el Gobierno sepa actuar para impedir siquiera su tramitación a debate parlamentario. Por otro lado, está llamando a una rebelión ciudadana pidiendo su participación en ese proceso constituyente. Una llamada donde no puede excluirse la violencia.

Pasa a reivindicar la “nación plena”, esto es la independencia y la define como “Una nación libre, justa, próspera, que garantice el bienestar al conjunto de todos los ciudadanos que la componen. Les estoy hablando de una república de todos, de la república de todos los derechos” esto último lo repitió en aranés y en español. Lo podrá decir más alto pero no más claro. Este individuo está anunciando que va a delinquir y seguir los pasos del Gobierno cesado de la Generalidad vía artículo 155. Así que, habrá que esperar a los hechos, como dice Rajoy, porque como suele suceder en asuntos tan espinosos “del dicho al hecho hay mucho trecho”, sobre todo para cobardes que amagan, pero no golpean. Y si se atreven a golpear ya saben la respuesta que les espera.

Se reafirma en que su Gobierno con la ayuda de la mayoría parlamentaria está dispuesto a impulsar todas y cada una de las dieciséis leyes que el Gobierno de España recurrió ante el Tribunal Constitucional. Pone de ejemplo además que entre ellas se encuentran aquellas aprobadas por unanimidad con el voto favorable del PPC, como la del Cambio climático, la de pobreza energética o la de la igualdad entre mujeres y hombres. Hace una loa de la República a la que había legitimado precisamente por el resultado del referéndum inconstitucional del 1 de octubre del 2017 y refrendado por la mayoría parlamentaria, que no de votos, obtenida en las elecciones del 21 de diciembre. Una legitimidad basad en una ilegitimidad e ilegalidad. Un referéndum sin valor alguno, ni siquiera con las mínimas garantías democráticas. Una falacia, una ensoñación de lo que les hubiera gustado que hubiera sido y no la farsa grotesca y plagada de violencia que fue en realidad. Un discurso plagado de falsedades obscenas y de tergiversación de los acontecimientos.

Piensa realizar la cohesión social basándose en el modelo de escuela catalana. Precisamente la misma que lleva décadas siendo manipulada con un adoctrinamiento xenófobo, donde solo se inculca la cultura y la lengua catalana en detrimento de la común que une y cohesiona al pueblo español del que también forman parte. Una exclusión social que discrimina por origen, por lengua materna e incluso por aspectos familiares, como los despreciables hechos que afectaron a hijos de Guardias Civiles señalados por profesores fanáticos independentistas que están incapacitados para seguir ejerciendo como tales. Cuando dice cohesión Joaquim Torra quiere decir y piensa en "homogeneización" donde la disidencia no exista. Está hablando de una sociedad de ideología única y eso tiene solo un nombre, dictadura.

El resto del discurso no merece ninguna mención porque se parece mucho mas a una carta a Santa Claus llena de promesas de la arcadia feliz en la que se va a transformar esa nueva República con una sociedad “cohesionada”. Eso sí, piensa recuperar todo lo relativo a la Hacienda intervenida por el Gobierno de España y completar el despliegue de la Agencia Tributaria de Cataluña. Una misión que sabe que esta condenada al fracaso porque eso supondría delegar una competencia que es exclusiva del Estado en toda España salvo en las autonomías de El País Vasco y Navarra, blindadas constitucionalmente por el Concierto Vasco y los Fueros, respectivamente. Ningún Parlamento autonómico puede asumir unilateralmente competencias que no le corresponden y esa Agencia Tributaria no podrá nunca llegar a existir salvo cambio en la Constitución de España. Y eso es mucho decir dada la complejidad para hacer cualquier reforma constitucional de entidad como esta.

He de resaltar el énfasis que dio al cuerpo policial autonómico de los Mossos a los que se refirió como la fuerza policial integral de Cataluña. Afirmó que revertiría el “daño” provocado en el Cuerpo de los Mossos por la aplicación del 155. En esto, parece que su primera acción de Gobierno será la restitución del golpista exMayor de los Mossos Josep Lluis Trapero, a su cargo de máximo responsable. Y es que hay que condecorar y premiar a aquellos que se distinguieron y significaron en el golpe de Estado demostrando lealtad al proceso separatista. Lástima que la jueza Carmen lamela no se haya atrevido a mandar a la cárcel a este miserable policía que hizo todo lo posible por facilitar el referéndum y permitir el acoso a la policía judicial en los lamentables sucesos de septiembre en la Consejería de Economía en el ejercicio de su deber.

En fin, un discurso que define al personaje trasnochado de Joaquim Torra i Pla, que, como otros antecesores suyos, contribuirán a la indignidad y denigración de una Institución que representa al conjunto de los catalanes y no solo a los independentistas. El golpismo está condenado al fracaso. Aunque para ello necesitaremos que las fuerzas democráticas permanezcan unidas y defiendan sin fisuras la Constitución de España. La "iniciativa política" que pregona Pedro Sácnhez no puede ser ceder al chantaje secesionista, sino que debe ser la de neutralizar a los golpistas en todos los frentes , el nacional y el internacional Es el deber de todos los demócratas y su compromiso histórico en estos momentos en que los enemigos de España intentan destruirla. No lo permitamos. Acabemos de una vez por todas con estos involucionistas que pretenden acabar con nuestra pacífica convivencia y nuestro sistema democrático, que con tanto dolor y esfuerzo hemos logrado asentar tras una larga etapa de dictadura. No dejemos que triunfe otra dictadura en una región de España tan importante social e históricamente ligada a la de España y al resto de españoles.

¡Que pasen un buen día!

EL DÍA DESPUÉS DE TORRA
Traición
Marcial Martelo esdiario 15 Mayo 2018

El Golpe en Cataluña comienza en 2012 y tiene una explicación: intentar negociar la 'pax catalana' a cambio de impunidad para una mafia que quería seguir golfeando.

Siempre ha sido groseramente evidente cuál es la verdadera naturaleza del independentismo de las clases dirigentes catalanas. Para confirmarla basta con recordar en qué momento los dirigentes de la antigua Convergencia pasaron de su tradicional nacionalismo de mercadeo pactista a este soberanismo urgente y matón.

Fue en el año 2012 cuando, como consecuencia de las informaciones publicadas sobre el desvío de comisiones ilegales a sus bolsillos y la existencia de cuentas bancarias del clan Pujol en paraísos fiscales, el cerco judicial se fue estrechando. Entonces, y sólo entonces, la mafia convergente se despertó y lanzó su rugido de independencia al dormido pueblo catalán.

La estrategia era clara. Los líderes tribales azuzaron el fuego independentista para tener algo con lo que negociar su impunidad: su extinción a cambio del retorno a la perdida Pax catalana, en la que seguir golfeando a su gusto.

Impunidad a cambio de calma social. Éste era el juego. No había más. El independentismo de los dirigentes convergentes nunca fue una cuestión de Alta Política, sino un vulgar asunto de política penitenciaria.

El supremacismo
Pero ayer hemos descubierto que esta naturaleza ya no la tiene sólo para una de las partes, sino para ambas. Ayer ha sido investido presidente de la Generalitat de Cataluña un sujeto cuyas únicas credenciales son una aldeana combinación de supremacismo, fanático servilismo al líder e ideario tamaño pin; cuya única hoja de servicios podría servir de inspiración para cualquier manual sobre delitos de odio; y cuyo único programa de gobierno es consumar con éxito los delitos intentados por el iluminado que le precedió.

Pese a todo ello, Rajoy le ha ofrecido "entendimiento y concordia" y Enric Millo, el MiniYo de Soraya en Cataluña, no deja de repetir el mantra de que con su toma de posesión “se habrá culminado el 155 automáticamente”, por lo que “el diálogo se retoma".

El procés ya se ha convertido en un asunto de gestión de riesgos carcelarios para todos sus protagonistas

Traducido: el 155 se levanta. Rajoy ha comprado la permanencia en el poder que le proporciona el apoyo del PNV a los Presupuestos, pagando con la dignidad de la nación y con el elemental derecho de una mitad de catalanes a no seguir siendo discriminados en su propia tierra.

Con el cerco judicial estrechándose sobre la corrupción del PP, cuesta creer que tanta indignidad y deslealtad se deban a una obsesión de Rajoy por rebañar hasta el último minuto de la legislatura. Lamentablemente, más bien parece que el presidente no quiere prescindir de los poderosos instrumentos de control de daños que su cargo le proporciona.

Soflamas y mansedumbre
En definitiva, ni rastro de la glamurosa Alta Política. El procés ya se ha convertido en un asunto de gestión de riesgos carcelarios para todos sus protagonistas. A esta vulgaridad tan humana y doméstica se reduce hoy la clave que explica las encendidas soflamas independentistas de unos y las mansas invitaciones a la concordia de otros: evitar el trullo.

Un racista impropio para cargo público
Editorial larazon 15 Mayo 2018 15 Mayo 2018

Hemos dado un salto en el tiempo. A muy atrás. A la época de Sabino Arana y su etnicismo paleto. Al supremacismo ario. Y todo eso sin salir del Parlament. Quim Torra, el de los tuits insultantes contra «los españoles», el de los textos plagados de ideología ultranacionalista y supremacista –racista, al fin y al cabo– sería portada, día sí y otro también, en cualquier país de la Unión Europea. Sería articulista de culto –sectario– en una revista contracultural y antisistema. Lo que no sería, o al menos eso cabe pensar, es cargo público, como es el caso que nos atañe. Si hacemos el repaso a los comentarios realizados por Marine Le Pen, o el ultraderechista holandés Geert Wilders, se cuidaron muy mucho de expresarse con el desprecio y odio con que lo ha hecho el ya presidente Torra. Un cargo recién estrenado que dice mucho a favor de la democracia española o, también, de la dejación en la lucha contra los insultos y las ofensas, que cometen nuestros políticos, y que no sólo quedan sin castigo; son premiados con cargo público. Y no uno baladí. Uno desde el que seguir con su campaña de odio e inquina a todo aquel que es diferente. Esa misma Europa que hoy es salvaguardia de la estabilidad política española, por cuanto ha rechazado desde un principio el desafío independentista del «procés» y ha hecho causa común con las autoridades de nuestro país en favor de la Constitución y el Estado de derecho, también se manifestó ayer en contra de Torra. El Partido Socialista Europeo expresó su «tristeza», por la elección de Torra, autor de «comentarios racistas absolutamente repugnantes y que crean dudas profundas sobre su idoneidad para el cargo». ¿Le importa a alguien que ayer hubiese pedido perdón? ¿Que afirmase que todo formaba del debate «político»? El portavoz jefe de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, fue tajante al referirse a los tuits y escritos xenófobos del ya «president»: «No voy a dignificarlos con un comentario».

Pocos estaban ayer atentos al relato de gobierno de Quim Torra. Los suyos jaleando su deriva ultramontana, la CUP observándole de reojo por si se desvía de lo acordado y la oposición dispuesta a no dar un paso atrás y ceder terreno a una de las mayores amenazas que se ciernen sobre el futuro de Europa: el populismo racista de Cataluña. Frente a ellos sólo cabe unidad y discurso. Explicar y hacer pedagogía del exabrupto político y social que conllevaría el supremacismo de Torra. Ayer, el presidente de la Inteligencia alemana (la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, BfV), Hans-Georg Maassen, aseguró que el Gobierno ruso apoyó al separatismo catalán con una campaña de desinformación en los días previos al referéndum. ¿Cuántas más pruebas quieren algunios para asumir que los fanáticos se dan la mano con fanáticos para hacer caer nuestro sistema de libertades?

Hoy, Quim Torra se encontrará con el ex presidente Puigdemont en Berlín. Hasta allí correrá para dar cumplida información de lo perpetrado ayer en el Parlament. Luego hablarán a los medios de comunicación. Una comparecencia en la que se espera que ambos den más detalles de la futura estructura del Govern y del denominado Consell de la República. El coqueteo con los límites de la ley continúa. Y todo mientras los tribunales siguen su ritmo y los encausados por el «procés» hacen frente a sus responsabilidades. Una causa que, a la vista está, puede tener nuevos apartados. Todo hasta que se cumpla la ley, la Constitución y el Estatuto. El Estado prevalecerá frente a los golpistas.

Golpista interpuesto
Isabel San Sebastián ABC 15 Mayo 2018

El títere de ventrílocuo que será investido mañana presidente de la Generalitat es una versión histriónica del fugado Puigdemont, con menos pelo en la cabeza y menos educación.

En cualquier otro momento o cualquier otro país Joaquim Torras, «Quim», no habría pasado de ser un oscuro diputado obediente a la hora de apretar el botón o un mediocre «community manager» especializado en insultar a través de las redes sociales, como viene haciendo desde hace años con mensajes tipo «los españoles solo saben expoliar» o «vergüenza es una palabra que los españoles hace años que han eliminado de su vocabulario». Quien carece de argumentos para defender su posición o simplemente defiende una posición indefendible suele recurrir a estas tácticas de acoso y derribo, muy propias del nazionalismo (con zeta) supremacista y excluyente. En algunos lugares, como el País Vasco, el derribo se llevó a cabo hace tiempo por la banda terrorista interpuesta, mediante tiro en la nuca o coche bomba. En otros, como la Cataluña actual, el acoso se practica de manera sistemática e implacable desde las instituciones autonómicas, con cargo a los presupuestos y ante la impotencia cómplice de los órganos obligados a defender el orden constitucional pisoteado.

En cualquier democracia que se respetase a sí misma el discurso de investidura escupido por el tal Torras el sábado lo habría inhabilitado para optar al cargo al que aspira. Porque aquello no fue el relato de un proyecto de gestión, sino una sucesión de amenazas. Una enumeración detallada de iniciativas políticas abiertamente contrarias al ordenamiento jurídico vigente. La confesión orgullosa de una serie de delitos en grado de tentativa, cuya consumación supondría el fin de las libertades que aún conservan los catalanes leales a la Carta Magna (cada vez más recortadas) y la ruptura de la unidad consagrada en su artículo II.

En cualquier otro periodo de nuestra historia, con la única excepción de los mandatos de Zapatero, semejante desafío habría sido respondido por los distintos poderes el Estado con medidas destinadas a ponerle fin de inmediato. Los partidos constitucionalistas habrían cerrado filas. El Ejecutivo habría tomado la iniciativa, el Legislativo, legislado con urgencia, y el Judicial, actuado para sancionar el intento de quebrar el espinazo de nuestra nación a base de hechos consumados las más de las veces impunes.

¿Qué se está haciendo ahora en el empeño de parar los pies a estos golpistas? Poco o nada. El Rey dio un valiente puñetazo en la mesa cuando debía y consiguió despertar con ello la conciencia dormida de millones de españoles. El juez Llarena y algunos de sus colegas en la Audiencia Nacional o los juzgados catalanes tratan de cumplir con su deber heroicamente, sorteando los obstáculos que interponen en su actuación declaraciones como la de Montoro, al afirmar que «no se ha gastado ni un euro de dinero público en el procés», sin otro fin que el de salvar sus posaderas ministeriales. Ciudadanos y Vox protestan, alzan la voz y acuden a los tribunales, aunque carecen de fuerza suficiente para resultar efectivos. Los demás están de perfil, esperando a que la tormenta pase sin derribarlos de sus poltronas.

La modalidad de 155 activada es tan débil, tan temerosa, que no ha servido de nada. Las elecciones se convocaron con una precipitación suicida. La televisión autonómica sigue sembrando odio a la vez que jalea a etarras. Los prófugos de la justicia delegan tranquilamente el voto para investir a un individuo como el tal Quim, que alardea en el Parlamento de sus intenciones golpistas... Esto parece una versión catalana del festival de «Eurofrikivisión», que hasta resultaría cómica si no estuviera en juego España.

De mal en peor en Cataluña
Luis de Velasco republica 15 Mayo 2018

La cosa empezó, al menos oficialmente, en el mes de enero de 2016. Esta columna lo publicó el 12 de ese mes bajo el título “El procés como intento de golpe”, insistiendo en que los propósitos y objetivos enumerados por Puigdemont y los indepes (no hablaban todavía de “independencia” sino de “desconexión”) constituían un Golpe de Estado eso sí “blando” o sea sin tanques en la calle ni demás atributos de un golpe “clásico”. Y que se llevaría a cabo mediante la implantación progresiva de una doble legalidad, de un doble poder, supuesto estudiado por los clásicos en procesos de tipo revolucionario (y este es uno de ellos, no importan sus objetivos reaccionarios) y que por lo tanto sería por etapas con variaciones tácticas según la correlación de fuerzas. Y en eso estamos hoy todavía, abriendo una nueva etapa con un “termocéfalo”, Quim Torra, a la cabeza del esquema y con Puigdemont como poder detrás del President, moviendo la marioneta, su “mediopollo” al menos al principio.

Hay en este inicio de nueva etapa algunos datos de indudable interés. Como se dice líneas arriba ya no hay eufemismos y no se habla de desconexión sino de un claro objetivo de independencia y de una República. Puede parecer nimio pero así queda claro para todo el mundo hasta para los más patanes. Como también está ahora claro que se va desobedecer la legalidad e ignorar la institucionalidad españolas obedeciendo solo a las catalanas. Eso también se dijo claramente por Torra en el Parlament. Incluso hubo alguna alusión a una asamblea de electos (algo con reminiscencias venezolanas actuales) y a un llamado Espacio Exterior en el que estaría seguramente Puigdemont como director supremo de la función, más bien farsa. Nota importante: la CUP al hacer posible la presidencia de Torra con su abstención ha declarado que no apoya a este gobierno sino que estará en la oposición vigilante para que no se haga “autonomismo” sino república e independentismo. Vamos a entrar previsiblemente en una nueva etapa del golpe, una etapa de independentismo “hardcore”, es decir independentismo “porno duro”, solo para adultos. Veremos que opina la avispada prensa extranjera.

Otro dato de interés en esta segunda etapa del golpe en marcha es que la correlación externa de fuerzas o sea en el plano internacional ha experimentado cambios respecto de meses atrás y parece (insistimos en este verbo, lejos de una afirmación rotunda del “es”) menos desfavorable a los indepes de lo que era al inicio del proceso. A ello ha contribuido la lamentable acción o mejor “no acción” gubernamental que ha olvidado que lo que cuenta cada vez más no son tanto los hechos como las percepciones, alimentadas de mentiras, medias verdades, topicazos, etc. y en esto los indepes parecen haberse movido mejor, al menos en algunos medios externos formadores influyentes de opinión a lectores o televidentes ignorantes del tema. El tratamiento dado por medios extranjeros a lo ocurrido en la jornada del pasado 1 de octubre, la del referéndum ilegal, es un gran ejemplo de esos aciertos de unos y los errores de otros (el gobierno Rajoy una vez más a remolque). No es así (hay que suponer) en estamentos oficiales desde gobiernos a legislativos, etc. Ahí la ventaja no es de los indepes.

Todo esto no es sino el resultado de la “escasa” acción de un gobierno, el de Rajoy, caracterizado de siempre por dejar que el tiempo pase y las cosas se irán arreglando. No se critica aquí la llamada “judicialización” del proceso porque quienes lo colocaron en ese nivel fueron los indepes al infringir repetidamente la legalidad vigente (esa es la esencia del golpe) y el gobierno estaba y está obligado a responder en los tribunales. Pero no solamente en los tribunales y ahí está el déficit de su actuación. No se han explorado otras vías sin que esto quiera decir como repiten una y otra vez los indepes eso de “hay que sentarse a hablar, incluso a negociar”. Eso tiene trampa y no hay que caer en ella. Hablar/ negociar ¿para qué? ¿Alguien puede creer algo de quienes mienten, calumnian, agreden y tienen comportamientos muchas veces de tipo fascista? Pero lo claro es que hay otras cosas que hacer y corresponde al gobierno explorarlas y ponerlas encima de la mesa. Por eso es el gobierno. Difícil, sin duda porque además desde el primer aviso indepe hace más de dos años, aviso nítido y claro, la situación es mucho peor y por desgracia peor será previsiblemente salvo que el Gobierno, con los mayores acuerdos que logre en el arco de partidos constitucionalistas tome la iniciativa y deje de ir a remolque, con el mayor respaldo popular posible. Labor didáctica, información, inteligencia, decisión son cualidades imprescindibles y todas ellas, deben ser superiores a las de los adversarios. ¿Es mucho pedir? Veremos.

El Matrix de los constitucionalistas
Alejandro Tercero cronicaglobal 15 Mayo 2018

Racista, xenófobo, supremacista, provocador, mentiroso, fanático, victimista, totalitarista, filofascista, machista, pirómano... son algunos de los calificativos que periodistas, analistas y políticos constitucionalistas le han dedicado en los últimos días al nuevo presidente de la Generalitat, Quim Torra, escandalizados al conocer sus ideas y, tras los discursos de investidura, su intención de ponerlas en práctica.

Desde la izquierda a la derecha, todos se rasgan las vestiduras al constatar la determinación del secesionismo catalán de seguir adelante con el procés, de llegar hasta el final sin importarles saltarse de nuevo la ley, violentar la democracia y mandar al cuerno el progreso y la convivencia entre catalanes y entre una parte de estos y el resto de los españoles.

"¿No se dan cuenta de que no nos rendiremos nunca?", lanzó Torra durante una de sus intervenciones en el Parlamento autonómico. Una pregunta que sorprendentemente sorprendió --valga la redundancia-- a muchos ingenuos que esperaban del activista radical un proyecto para cauterizar heridas y reconstruir los puentes volados. Ingenuos a los que se les heló el alma después de exigir durante meses al independentismo que formase gobierno de una vez.

¿Pero de verdad alguien esperaba otra cosa? ¿En serio el Gobierno confiaba en que un nuevo Govern rectificaría tras el 155 de chichinabo que ha aplicado? ¿Realmente los sesudos analistas que ahora ponen el grito en el cielo tenían la esperanza de que los independentistas habrían aprendido de sus errores? ¿Sinceramente los dirigentes de PP, PSOE, Cs y Podemos creían que la solución al bucle procesista era formar un nuevo gobierno autonómico tutelado por Puigdemont? ¿Pero en qué clase de Matrix han estado viviendo los constitucionalistas durante los últimos años o décadas? ¿Pero qué diablos se creían que es el nacionalismo catalán sino Quim Torra y todo lo que él representa? No había que ser un lince para pronosticar lo que iba a ocurrir.

Terceristas, federalistas de salón, buenistas, pactistas, tibios, presuntos moderados defensores de los paños calientes, equidistantes, apologetas de una España plurinacional... todos ellos son (sois) responsables de la situación en Cataluña. De su degradación, de su decadencia, de su degeneración, de su empobrecimiento. Un hedor que alcanza al resto del país y del que no se librarán (no os libraréis) con solo taparse la nariz.

Todos son (sois) corresponsables del precio que pagan (pagamos) a diario los no nacionalistas en Cataluña; del acoso que sufren (sufrimos) los que osan (osamos) levantar la voz frente al nacionalismo intolerante en esta comunidad; de la ilegal e inmoral política de inmersión lingüística escolar obligatoria exclusivamente en catalán que hace décadas que aplica la Generalitat impunemente; del adoctrinamiento indecente que se perpetra en las escuelas públicas de Cataluña desde los tiempos de Pujol; del obsceno sectarismo fanático y partidista que rezuman los medios de comunicación públicos y concertados catalanes; del asfixiante clima nacionalista que impregna toda la sociedad civil catalana (sindicatos, asociaciones de vecinos, colegios profesionales, clubes deportivos, casales infantiles, campus universitarios, agrupaciones parroquiales, centros excursionistas, grupos de voluntarios, asociaciones de padres de alumnos, entidades cívicas y culturales, etc.).

Pero por encima de todos hay un responsable supremo: el Gobierno del PP. A pesar de que el nacionalismo ha preparado y ejecutado su desafío secesionista con luz y taquígrafos durante años, el Ejecutivo de Rajoy y Sáenz de Santamaría --cuyo partido tiene mayoría absoluta en el Senado-- solo respondió con el 155 después de dos referéndums secesionistas ilegales (9-N y 1-O) y otras dos declaraciones unilaterales de independencia (recordemos, una el 10 de octubre y otra el 27). Y lo hizo con un 155 light, absolutamente superficial y limitado en el tiempo.

Como era previsible, el independentismo radical volvió a sus cuarteles de invierno, ofreció una tregua trampa, se reagrupó, recuperó fuerzas y ahora vuelve a la carga de forma desacomplejada. Y a pesar de ello, el Gobierno sigue mostrándose loco por levantar el 155.

Hace poco más de un mes, Agustí Colomines, entonces director de la Escuela de Administración Pública de Cataluña --dependiente de la Generalitat--, uno de los principales ideólogos del procés y asesor de cabecera de Puigdemont, proclamó que "estamos en guerra".

Y yo me pregunto, parafraseando a Torra, ¿no se da cuenta el Gobierno de que los actuales dirigentes independentistas no se rendirán nunca? ¿Acaso no se entera de que le han declarado la guerra al Estado democrático de derecho? Y solo una pregunta más: ¿piensa hacer algo el Gobierno para frenar el desafío u optará por tender la mano a los que se han conjurado para seguir avanzando hacia la ruptura del país a cambio del apoyo del PNV a los presupuestos?

Tal vez el Gobierno debería tomar nota de la respuesta que Inés Arrimadas? le dio a Quim Torra durante la primera sesión del debate de investidura: “¿Qué se creen, que nos vamos a cansar nosotros? Luchar ante el nacionalismo excluyente identitario siempre vale la pena. Siempre. Y eso es lo que vamos a seguir haciendo. Siempre”.

Otra cuestión es si Cs estará a la altura en caso de que alcancen responsabilidades de gobierno. Pero esa es otra historia, y ya llegará el momento de exigirles que cumplan sus compromisos.

Los golpistas reconquistan la Generalidad con el visto bueno del Gobierno
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 15 Mayo 2018

Los Mossos d'Esquadra ya se cuadran ante el president Quim Torra, el número 131 de la Generalidad de Cataluña. A su salida del Parlament alzan los fusiles de ornamento y se llevan el dorso de la mano derecha al entrecejo. Los grupos separatistas, mayoría en escaños pero no en votos, han desencallado el arranque de la duodécima legislatura autonómica con la investidura del valido de Puigdemont, el prófugo de la justicia española refugiado en Alemania.

El Gobierno de Mariano Rajoy ha hecho todo lo posible por facilitar la investidura del ungido de Puigdemont. También la CUP a través de una abstención que permite al separatismo preservar a los antisistema como garantes desde la "oposición" del carácter republicano del nuevo gobierno de la "autonomía" catalana. El separatismo se anda sin rodeos, recupera la Generalidad para reanudar el golpe y reiniciar el "proceso constituyente".

Sea un instrumento de Puigdemont o tenga vida propia, el protagonista del día, Quim Torra, ha jurado fidelidad eterna al expresidente y su primera providencia es correr a Berlín a rendir pleitesía al presidente "autentico", recibir sus instrucciones y calibrar la tolerancia del Estado después de una nueva ceremonia republicana previa al traspaso de poderes entre el "régimen del 155" y el nuevo presidente, que ha prometido venganza, desobediencia e independencia.

En su última intervención antes de la votación y dirigiéndose a la CUP, Torra ha reafirmado el principal eslogan separatista. Las calles serán siempre suyas. Torra no es más que un voluntario al que le ha tocado en suerte presidir el Comité de Defensa de la Repúbica (CDR) de la Generalidad. Está dispuesto al sacrificio.

El factor alemán
El análisis de los líderes separatistas abunda en la internacionalización del proceso. Puigdemont está convencido de que la justicia alemana se pronunciará en contra de la extradición, como la belga. Cuentan con la debilidad diplomática española para revertir su situación judicial y para forzar una negociación "de igual a igual" con el Estado. Torra es un cartucho, alguien dispuesto a tomar y dar el relevo de la república catalana, un agitador mantenido con fondos públicos en pos de una foto histórica en un balcón oficial, pero sin mochila de partido ni grupos de fans a sus espaldas.

Su nombramiento debe pasar por el cedazo del Gobierno y del discurso como candidato no se infiere ni de lejos que esté dispuesto al diálogo y la negociación que propugna Rajoy. Más bien está dispuesto a negociar los términos de la capitulación del Estado en Cataluña.

Falta que su investidura sea publicada en el Diari y patrocinada por Rajoy antes de que el expediente llegue a la firma del Rey. En Moncloa se insiste en separar el trigo de la cizaña, en esperar a los movimientos concretos de Torra, pero de los primeros escarceos no se deduce más que la continuación del golpe. El Gobierno de Rajoy ha logrado que Puigdemont no sea el presidente oficial de la Generalidad. Puigdemont ha conseguido imponer a su candidato como nuevo presidente de la de la administración autonómica.

Regreso al 1-O
La sociedad catalana retrocede a la casilla del 20 de septiembre de 2017, cuando una turba alentada por los Jordis, Puigdemont y sus consejeros estuvo a punto de linchar a una comitiva judicial, muestra "cívica" previa al referéndum ilegal del 1 de octubre y a la proclamación de la república catalana el 27 de ese mes. Siete después, el separatismo retoma sus despachos, recupera posiciones y reinicia el órdago.

Ante el hecho consumado en el Parlament, Rajoy ya ha programado una reunión con el socialista Sánchez e incluso está dispuesto a hablar con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. Plantea un nuevo 155 con TV3 en la mirilla. Pero también quiere conocer a Torra, charlar con el recadero de Puigdemont y probar el "diálogo". El separatismo suma y sigue con Torra, el presidente 131, o el 130 bis en los cómputos de la corte ambulante de Berlín. Es cuestión de horas que el Rey se vea obligado a firmar el nombramiento de Torra, el nuevo presidente catalán.

Depende de Rajoy
Pablo Planas Libertad Digital 15 Mayo 2018

Quim Torra. El número once por Barcelona de la lista de Puigdemont es el presidente número 131 de la Generalidad catalana. Se debate en el diluvio si este personaje tiene vida propia o es un muñeco del expresidente autonómico catalán prófugo de la Justicia española. Todavía no es oficial el nombramiento. El primer trámite es que salga publicado en el Diari Oficial de la Generalitat, que aún depende de Mariano Rajoy.

Torra no se ha andado por las ramas en su consagración. Pide perdón a los españoles que se hayan sentido ofendidos por ser españoles y jura ser fiel a Puigdemont. Su primera providencia es correr a Berlín para dar una rueda de prensa conjunta con el president (este martes a las cuatro de la tarde), al que ha jurado lealtad, fidelidad y amor eterno al inicio de todas sus intervenciones en la última sesión de investidura en el Parlament.

Este caballero es todo un personaje, como demuestran sus cientos de mensajes y artículos alusivos a la superioridad catalana sobre la infrahumana raza hispana. Está dispuesto a ejercer de piloto de pruebas de Puigdemont tras superar con éxito la cuarta investidura gracias a la abstención de la CUP y a que a Rajoy no le ha dado la gana recurrir en el Tribunal Constitucional los votos delegados de Puigdemont y el otro fugado, Comín.

Carne de cañón voluntario, Torra no tiene más partido que el dedo de Puigdemont. Es cierto que su antecesor también era un don nadie antes de que Mas, el chiquilicuatre de Pujol, le ungiera depositario de la diputación identitaria en forma de generalidad republicana. Estudioso y depositario académico del auténtico catalanismo, el xenófobo, racista y fascista de Estat Català y Nosaltres Sols, Torra está a punto de cumplir el sueño de vida, presidir la recreación de las condiciones previas a una guerra civil. De primeras ya les ha dicho a las diputadas de la CUP que "els carrers seran sempre nostres". Arrivederci 155, ciao vendetta catalana. En las manos del Gobierno está parar al tal Torra, el presidente de los Comités de Defensa de la República. Es tan simple como aplicar de verdad el artículo 155 de la Constitución.

Furibundo catalán quiere una república
Antonio García Fuentes Periodista Digital 15 Mayo 2018

Al contemporizador gerundense Puigdemont y tras “sopesar y posponer tocando todos los huevos del gallinero para que se le reconozca que no hay en todas las cataluñas actuales, nadie como él y menos mejor que él, se saca de “las existencias de sus almacenes separatistas, a un tal Torras, el que bendecido por todos los que habrá tras de él que no deben ser pocos y poco pringados en los sucios negocios de toda la nueva era catalana” y que en tiempos encabezara lleno del máximo orgullo pirenaico el muy honorable Jorge Pujol y sus numerosas mesnadas de beneficiarios de su muy rentable virreinato o autonosuya de propiedad particular; y la que tan bien explotaron, todos los “muy honorables socios en tan brutales negocios de expolio público catalán”; que llena ya almacenes judiciales con escritos que lo que pretenden es que mueran en donde se encuentran en la actualidad y no salgan nunca a la luz pública, por cuanto puedan pringar a ni sabemos cuántas familias o clanes más.

Este nuevo paladín de la “muy sojuzgada y antigua Marca Hispánica”, entra en ese “muy capado parlamento catalán, español” (Noten que nadie se refiere a la otra Cataluña francesa a la que a la vista está; a su “Legión extranjera”, la temen mucho más que a la que fundara Millán Astray y en la que actuara el general Franco, puesto que se desconoce que los tan sojuzgados catalanes de hoy, hayan reclamado al gobierno francés, ni un solo mejillón o sardina de sus tierras del norte y donde naciera y reinara, su principal paladín de cuando Aragón como dueño de Cataluña, les hizo vivir verdaderos años de gloria, a saber Jaime el conquistador, que nació en el castillo de Mompelier y cuando aquellas tierras también eran y pertenecían a la España de entonces; puesto que la pertenencia de “los países catalanes” a las coronas de España, es tan vieja, tan vieja, como la crema catalana, por ejemplo.(1)

La historia de España y Cataluña, están ligadas por tantos hechos que es inimaginable una Cataluña independiente “en los tiempos que corren”; máxime que en muy lejanos tiempos, se separaron de España y se acogieron a los galos de Francia, pero allí los apalearon tanto, que volvieron con rapidez “a sus dueños naturales cuales eran las coronas españolas y la verdad, no les ha ido muy mal”. A su historia de siglos posteriores me refiero y en los que el resto de “las Españas”, le han comprado y le seguimos comprando hasta “el colacao o el cacaolat”, amén de los hilos e hilaturas imprescindibles para cosernos, los calzoncillos blancos; además son catalanas las empresas que controlan el dinero español y así, “hasta las agua del municipio de Granada” ¿Qué más quieren estos tan insaciables vecinos que siempre nos han costado carísimos? y hoy también, puesto que están en la ruina más espantosa y de todo esto no hablan sencillamente por cuanto no les interesa; puesto que seguimos siendo el resto “los cornudos y apaleados de siempre” y encima no paran de quejarse.

Así pues a ver cuándo les “cantan las cuarenta” de una puñetera vez, nos dejan en paz y siguen explotando “sus miserias”, como siempre han hecho, desde que pertenecen a una nación que los honra y cuyo nombre sigue siendo ESPAÑA.

Lo que hace falta y cuanto antes, es que se abran los juzgados, se saque toda la mierda catalana que debe haber oculta, se condene a quienes sean merecedores de ello y el resto a trabajar, que es el cometido que más nos conviene y en lo que muchos catalanes menos sinvergüenzas que los de hoy, dieron ejemplo en el pasado, esperando nos lo sigan dando hoy y mañana a las generaciones que vivan.
********
(1) Jaime I de Aragón el Conquistador (Catalán: Jaume el Conqueridor, Aragonés: Chaime lo Conqueridor, Occitano: Jacme lo Conquistaire) (Montpellier, 2 de febrero de 1208-Alcira, 27 de julio de 1276) fue rey de Aragón (1213-1276), de Valencia (1238-1276) y de Mallorca (1229-1276), conde de Barcelona (1213-1276), conde de Urgel, señor de Montpellier (1213-1276) y de otros feudos en Occitania, Burriana.

¿Quieren más ejemplos de lazos históricos? Pues a buscarlos, que los hay.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

De tonto útil a tonto inútil
Manuel Cruz elconfidencial 15 Mayo 2018

A Quim Torra le ha nombrado Carles Puigdemont jefe de campaña de las próximas elecciones autonómicas. Para que no hubiera el menor malentendido y nadie se pudiera llamar a engaño al respecto, lo manifestó públicamente en la alocución televisada del pasado jueves, en la que, por si alguien se distraía un momento y no prestaba sostenida atención a sus palabras, dejó claras en diversos pasajes unas cuantas cosas que definían con poco margen para el error el signo del nombramiento.

En primer lugar, se refirió a sí mismo como 'president legitim', en segundo, definió la situación que se abría a partir de ese momento como provisional y, por si hacía falta remachar el clavo, se permitió humillar a su elegido señalando las tareas que le correspondían a este y las que se reservaba para sí (aunque hay que reconocer que al menos tuvo el detalle de no informar por televisión de lo que supimos al día siguiente por los diarios, y es que le había prohibido utilizar el que fuera su despacho en el Palau de la Generalitat).

En ese sentido, no resulta difícil anticipar el cariz que adoptará una presidencia que se adivina tan fugaz como agitada. Ya se pueden ir preparando los ciudadanos catalanes a ver repetida la estrategia, ensayada con un cierto éxito 'publicístico' por parte de su antecesor en el cargo, de presentar propuestas inaceptables desde el punto de vista legal con el exclusivo objeto de provocar la intervención del Gobierno central.

La pieza a ganar está clara: disponer del consabido argumento victimista (que utilizaron hasta la extenuación en las pasadas elecciones autonómicas los políticos independentistas), adornándose, de paso y para tranquilizar a la CUP, con una aureola social que les supone un coste cero. Pero la pieza incluye otra ventaja añadida: sirve para continuar reiterando el mensaje de que el autogobierno que permite la legislación vigente constituye una herramienta inútil por completo y que la única perspectiva en la que resultaría pensable empezar a resolver los problemas que tienen planteados los catalanes es la de la independencia.

Precisamente por ello mismo, también deberían irse preparando los ciudadanos catalanes a que, junto a esta estéril (por fallida) producción legislativa, el Govern del Sr. Torra se aplique a un notable activismo verbal y simbólico destinado a mantener en lo más alto el ánimo del sector independentista. Dicho activismo, por cierto, es prácticamente seguro que dará lugar al efecto colateral (que no me atrevería a calificar de indeseado, aunque sí de perverso) de mantener irritado al sector de la sociedad catalana que no comparte el fervor independentista, pero, a la vista de la contumacia con la que el Sr. Torra ha despreciado a dicho sector de catalanes, parece claro que la irritación de estos nunca le ha importado en exceso.

¿Significa lo anterior que queda descartada por completo la posibilidad de que el recién investido 'president', una vez instalado en el poder, decida volar por su cuenta y no quedar relegado a esa condición de mera correa de transmisión que pretende asignarle Puigdemont? Por supuesto que esa posibilidad siempre cabe. Pero al respecto conviene introducir un matiz, antes de precipitarse a considerar que la materialización de aquella constituiría una buena noticia. Sin duda hay ocasiones en las que el rechazo a asumir el papel de tonto útil (en el sentido político de la expresión, obviamente) puede dar lugar a efectos positivos. Pero para que ello ocurra resulta imprescindible que se cumpla un requisito fundamental, a saber, el de que quien se rebela contra dicha condición disponga de criterio propio y tenga la inteligencia adecuada: en caso contrario, más le vale al sujeto en cuestión permanecer en una posición subalterna que no deje en evidencia sus limitaciones.

Por el momento, hay que reconocerlo, el 'president' entrante no parece interesado en sacar los pies del tiesto. Resultaba incluso un punto bochornoso escuchar que sus primeras palabras en el discurso de investidura fueran para afirmar que él no era en realidad el auténtico 'president', el 'president' legítimo, sino un mandado, alguien que estaba allí para cumplir el encargo de la presunta superioridad que lo había ungido como el sucesor.

Por supuesto que eran palabras poco menos que obligadas, habida cuenta de que no tenía todavía garantizados los votos necesarios para ser investido, y no hay que descartar, como tantas veces ha ocurrido en el pasado, que en el futuro sea precisamente el ejercicio del poder el que le haga cambiar de actitud. ¿O acaso no fue eso lo que le ocurrió a su antecesor, Carles Puigdemont, quien, tras jurar y perjurar que estaba de paso en el cargo, terminó por cogerle el gusto al mismo y ahora le vemos transformado en líder presuntamente carismático con pretensiones cesaristas?

En todo caso, lo que de hecho importa no es cómo se sienta cada cual (un mandado, un líder carismático o cualquier otra opción), sino que ese cual cumpla el requisito de autonomía de criterio e inteligencia antes aludido. Porque, de no cumplirlo, podría ocurrir que el aspirante a rebelde pasara de la condición de tonto útil para la que fue designado a la condición, desastrosa para la ciudadanía, de tonto inútil (siempre en sentido político, claro está). Pero hay que llevar el argumento hasta el final. Porque, puestos a decirlo todo, el desastre recién mencionado no es el único que amenaza a la ciudadanía. Tampoco habría que olvidar otra amenaza, tan o más preocupante que la anterior: la de estar en manos del tonto útil de un tonto inútil. Ustedes ya me entienden.

Informes del CNI alertan del “creciente riesgo” de enfrentamiento civil en Cataluña
Carlos Cuesta okdiario 15 Mayo 2018

Informes del CNI alertan del “creciente riesgo” de enfrentamiento civil en Cataluña va en aumento. Se trata de las primeras advertencias trasladadas por informadores de los servicios de inteligencia en los que se avisa de que las calles catalanas soportan demasiada tensión. Tanta, que se puede tornar en “enfrentamiento civil abierto” en Cataluña.

Hasta ahora sólo eran unos grupos los que salían a la calle: los radicales separatistas. Comandados por las CUP y los colectivos más radicales del resto de partidos anti constitucionales, los Comités de Defensa de la República (CDR) habían implantado su particular dictadura en las calles.

Pero en estos momentos hay un segundo colectivo que ha decidido aparecer en las calles y frenar el avance de los CDR: los Grupos de Defensa y Resistencia (GDR). Se trata de grupos organizados, cada vez más activos, y que ya han protagonizado amagos de enfrentamiento con los CDR.

Una de estas escenas se ha podido ver recientemente en Barcelona, en la Plaza de Francesc Maciá. Hace una semana que dos concentraciones simultáneas coincidieron en esta misma ubicación. Una, la de los separatistas CDR. Otra, la de los autodenominados “Cuerpos de Brigada de Limpieza”, convocada por los Grupos de Defensa y Resistencia (GDR). Por parte de los independentistas se llegaron a juntar 500 personas. Por parte de los GDR, cerca de 300. La situación de tensión hizo que se tuviera que formar un cordón policial de los Mossos.

Y la traducción de este hecho, unido a otros tantos similares, no ha tardado en llegar a los informadores del CNI. Porque a una acción violenta, la de los CDR, le ha empezado a salir una respuesta no controlada.

La situación de tensión fue obvia en la Plaza. Y la sensación de que ninguno de los dos grupos estaba dispuesto a dar un paso atrás, también. Y ello, pese a la diferencia numérica.

Entre las notas remitidas se han enviado los gritos que jaleaban los GDR. Consignas como “fuera guarros de nuestros barrios”, “Puigdemont a prisión”, “sí, sí, sí, Tabarnia está aquí“, o “ni un lazo más ni un paso atrás”.

Algunos de los informadores que han trasladado estas alertas han advertido de que la situación es muy grave y no habían visto hasta ahora un comportamiento organizado que hiciera frente al habitual dominio de las calles mantenido por los grupos de la CUP y sus ramificaciones juveniles, como Arran.

Los informes alertan igualmente de que los radicales separatistas están forzando el clima de provocación para generar un enfrentamiento civil violento y que, por lo tanto, los encontronazos con los GDR pueden ser utilizados con este fin.

Nueva Terra Lliure
Su análisis les lleva a pensar que no se trata de que pueda aparecer una nueva Terra Lliure. Ellos consideran que se trata de otro fenómeno diferente. De que la CUP y sus aparatos de agitación de la calle se encuentran en máximo apogeo y de que pretenden provocar un ambiente que acobarde a todos los que no piensen y vivan en clave separatista hasta el punto de provocar, o le silencio del divergente, o su salida de Cataluña con el consiguiente impacto electoral.

En resumen: que los GDR se han constituido en auténtica kale borroka, con los mismos fines que su grupo paralelo en el País Vasco. El clima de connivencia en Barcelona de la alcaldesa Ada Colau también preocupa. Y su creciente apoyo económico a colectivos antisistema exactamente igual.

Ante este clima, la organización y respuesta de los GDR será creciente. Y, por lo tanto, alertan, puede acabar en un claro y abierto enfrentamiento social.

Algunas de los advertencias adicionales que se han trasladado apuntan a otro tipo de hechos. Y ya no callejeros. En Sant Joan de Vilatorada unos de los últimos plenos alcanzó un nivel de tensión claramente excesivo. Tanto que hizo temer por el hecho de que pudiese acabar en alguna enganchada violenta.

Los informadores alertan de que el clima está en un punto de inflexión. Porque los GDR van en aumento y los CDR siempre han buscado estas situaciones para provocar un enfrentamiento civil abierto. Porque el objetivo de los separatistas siempre ha sido presentar ante la opinión pública internacional un mártir. Y para ello, la espiral de choque en las calles les beneficia.

La elección de un Govern totalmente separatista, como el que acaba de presentar Quim Torra, evidentemente no beneficia. Para empezar porque los GDR conseguirán más fondos a través de sus ramificaciones. Y la sensación de vuelta al punto de partida que tendrán muchos constitucionalistas provocará, igualmente, un aumento de la presencia, actividad y respaldo de los GDR.

Que marque la ‘X’ Francesc Pardo
OKDIARIO 15 Mayo 2018

A este paso, los españoles no tendrán más remedio que independizarse de la Iglesias Católica. La institución ofende a los millones de creyentes que hay en nuestro país con su actitud de apoyo constante y sistemático a los golpistas. Los actos a favor de los que pretenden subvertir la legalidad en Cataluña se suceden sin que los jefes de la Conferencia Episcopal se dignen a condenarlos o a rectificar la conducta veleidosa de algunos de sus sacerdotes y obispos. La Iglesia de Sant Pol de Mar, en Barcelona, —pertenece a la Diócesis de Gerona— ha dejado de ser un lugar de culto y respeto a unas creencias fundamentales en la historia de nuestro país y del mundo occidental para convertirse en un mero centro de exhibición de la perniciosa propaganda independentista.

El obispo de Gerona, Francesc Pardo, debería impedir la exaltación del secesionismo a través de los templos que están bajo su responsabilidad. Al igual que los sacerdotes tienen la obligación moral y ética de hacer el bien, deben evitar la politización de su labores. Lejos de eso, colaboran a echar más gasolina al fuego de un contexto que cada vez está más cerca de la confrontación civil, ya que la investidura del xenófobo Quim Torra como nuevo president de la Generalitat sólo empeora una situación que, de por sí, los independentistas han llevado hasta un extremo muy peligroso. Los obispos de Cataluña, con su actitud, serán también responsables de cualquier cosa que pueda pasar. El silencio no sirve de nada, sólo denota complicidad y cobardía. Ninguna de esas dos cosas ayudarán a solucionar la grave crisis que azota la región catalana.

Los templos deben estar destinados al culto, la oración y las obras sociales, no a ser enclaves de apoyo a delincuentes que, como en el caso de Puigdemont, están huidos de la justicia. De hecho, el magistrado del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, pide su extradición para juzgarlo por delitos tan graves como el de rebelión y malversación. Algo que, sin embargo, carece de importancia para los jerarcas eclesiásticos. Francesc Pardo es cómplice por su laxa actitud y también reincidente. El pasado 11 de mayo les contábamos en OKDIARIO como la fachada de la Catedral de Gerona servía para hacer propaganda a favor de la kale borroka catalana, los CDR. La Iglesia Católica aún tiene tiempo para rectificar, pero de seguir así sus responsables pasarán a la historia como cómplices de los golpistas. Los ciudadanos deben tomar buena nota. No se puede destinar ni un euro de nuestros impuestos para una institución que ayuda a los enemigos de España.

Los ciudadanos de Baleares dicen "no" a la imposición del catalán
Según un estudio realizado por el IBES para Última Hora, sólo un 20% está de acuerdo con obligar al B2 de catalán para ejercer en la sanidad pública.
Tolo Leal Libertad Digital 15 Mayo 2018

Un 75% de los ciudadanos de las Islas Baleares están en contra de la imposición del catalán para ejercer la sanidad. Un 4% no se pronuncia al respecto. Y un 21% está a favor. Así se desprende de la encuesta llevada a cabo por el Instituto Balear de Estudios Sociales (IBES) para el periódico Última Hora, que pretende valorar la aceptación por los baleares de varias de las medidas tomadas por el Govern durante la presente legislatura.

No es la única pregunta en este sentido. A la referente a la obligatoriedad del nivel B2 de catalán para ejercer de músico en la Orquestra Simfònica de Balears, un 82% de los encuestados ha afirmado estar en contra, mientras que sólo un 12% está a favor.

Sin duda, dos respuestas que confirman que existe un acuerdo mayoritario en la sociedad balear en el rechazo a exigir el conocimiento de catalán a los médicos y menos aún a los músicos. Contrasta, por tanto, con los mensajes que se lanzan desde el Govern de que es la mayoría de la población de las islas la que está de acuerdo con estas dos obligatoriedades. El sentir más generalizado en Baleares es, de hecho, el de que el catalán debe ser un mérito para alcanzar estos puestos, pero jamás un requisito.
División de opinión sobre el turismo

Si la negación de la imposición del catalán es más que evidente en el sentir de los baleares, no lo es para nada la postura a favor o en contra del turismo. Existe, siempre según la encuesta realizada por el IBES, una gran división de opiniones sobre diferentes cuestiones relacionadas con el turismo en las islas, como la limitación a la entrada de turistas (el 51% está a favor), la prohibición al alquiler de pisos turísticos en Palma (un 48% está a favor, y un 43% en contra), o las restricciones al alquiler vacacional y pisos turísticos, que cuentan con el apoyo del 58% de los encuestados.

Una palpable división de opinión de los baleares respecto a diferentes aspectos relacionados con el turismo, impensable hace menos de una década. Y es que aspectos como los continuos atascos durante toda la temporada, las playas y calas llenas de toda la isla, la imposibilidad de acceder a ciertos puntos de la isla, o la congestión de Palma con la masiva llegada de cruceros y aviones (más de 1.000 llegadas y salidas al día durante la temporada alta, más de un vuelo por minuto) han cambiado el parecer de los mallorquines, menorquines, ibicencos y formenterano respecto al turismo masivo.

Otros resultados que pueden destacarse de la encuesta encargada por Última Hora es la percepción favorable que tienen los ciudadanos sobre las medidas de carácter medioambiental llevadas a cabo por el Gobierno Balear, como prohibiciones al tabaco, a las bolsas de plástico, limitar las fiestas privadas en barcos en espacios protegidos, o los fondeos para proteger la posidonia; así como la gran división existente en la cuestión sobre la prohibición a las corridas de toros, con un 48% de los encuestados a favor y un 39% en contra.

Expedientado por enseñar a sus alumnos que los catalanes no son una raza superior
Francisco Oya es el primer docente sancinado por combatir el adoctrinamiento en las aulas. Contrarrestaba la «visión idílica» de los gurús nacionalistas en los libros de Historia
Esther Armora ABC 15 Mayo 2018

El profesor Francisco Oya lleva semanas de baja. Desde el pasado 18 de abril, fecha en la que la Generalitat le prohibió impartir más clases de Historia a sus alumnos de Bachillerato en el instituto Joan Boscà de Barcelona y le abrió un expediente sancionador –el primero impuesto a un docente por combatir el adoctrinamiento en las aulas–, Oya, militante de la causa bilingüe desde hace años y muy crítico con el proceso separatista catalán, ha decidido tomarse un respiro. Lo ha hecho, según afirma, «por prescripción médica».

«Los últimos meses de acoso a mi persona han sido muy duros. Tengo un problema de salud de base y me han aconsejado que salga de la primera línea de fuego», asegura Oya en declaraciones a este diario. Las autoridades educativas le apartaron de sus funciones, según denuncia, «por ir a contracorriente» en un momento de máxima sensibilidad política y «mostrarse crítico con las tesis independentistas».

Oya llevaba tiempo en la cuerda floja, aunque el detonante que hizo que le expedientaran fue, según dice, el material curricular complementario que entregó a sus alumnos de segundo curso de Bachillerato para contrarrestar la visión, a su juicio, «sesgada» e «idílica» que proprocionaba sobre el catalanismo el manual de Geografía e Historia que se utiliza en el centro, y cuyo autor es Agustí Alcoberro, exportavoz de la Asamblea Nacional Catalana (ANC).

«Me prohibió que los diera»
«Cuando acabó la clase los estudiantes fueron a entregar los textos al director y a quejarse. Éste no tardó en llamarme al despacho y prohibirme que se los diera a los alumnos. Después vino la inspección», explica Oya, que se negó a cumplir tal orden apelando a la libertad de cátedra.

«No podía consentir que mis alumnos llegaran a la selectividad con una información sesgada sobre el catalanismo y sus líderes. Pensé que para tener una visión más equilibrada y menos positiva debían conocer también su cara B. Saber quién fue Prat de la Riba en realidad, conocer su cara racista», denuncia el profesor del Joan Boscà. «Los alumnos han de conocer la historia, no la propaganda o la visión canónica de un determinado movimiento», añade el represaliado. Su acto de rebeldía acabó en un expediente disciplinario, que sigue en curso, y un castigo: dejar de impartir provisionalmente la asignatura. ¿Cuál es el contenido de los polémicos textos? ¿A qué figuras del catalanismo refieren? Los documentos, consultados por ABC, son una serie de escritos firmados por referentes del catalanismo, en los que se observa una «actitud de superioridad» con respecto al resto de España.

El dosier arranca con una cita del escritor Pompeu Gener (Heregías 1887): «En España, la población puede dividirse en dos razas. La aria (celta, grecolatina, goda) o sea del Ebro al Pirineo; y la que ocupa del Ebro al Estrecho, que, en su mayor parte, no es aria sino semita, presemita y aun mongólica [gitana] (…) Nosotros, que somos indogermánicos, de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores».

Otra de las figuras que aparecen en el dosier es la del político y escritor, Enric Prat de la Riba, considerado uno de los padres teóricos del nacionalismo catalán. Según Oya, la imagen que ofrece de este político el manual es «edulcorada» y «no ajustada a la realidad». Por este motivo, el profesor decidió entregar a sus alumnos algunos artículos de Prat de la Riba en los que éste alude a la supremacía de la raza catalana. «Cataluña tiene la fuerza de la prosperidad económica, con su acompañamiento natural de energías intelectuales, morales y artísticas; la tiene menos intensa, es verdad, que las naciones extranjeras bien gobernadas; pero es, con contadas si bien honrosas excepciones, prácticamente la única dentro de España, la principal representante de la civilización europea en ese fajo mal atado de kabilas africanos que el Estado español encarna», escribió en «La Veu de Catalunya».

«Un denominador común»
Algunos historiadores se han mostrado críticos con la iniciativa de Oya y consideran que «aunque los textos son reales, están descontextualizados». Así lo apunta el catedrático de Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universidad de Barcelona (UB), Joaquim Prats, quien en declaraciones a ABC apunta que «el componente racista es un denominador común en todos los movimientos prenacionalistas y nacionalistas europeos de la segunda mitad del siglo XIX, y no suponen un rasgo distintivo del nacionalismo catalán». «Los textos deben entenderse en su contexto histórico», en el que, según recuerda, «no ofendían como ahora».

En la misma línea, Martí Marín, profesor titular de historia contemporánea en la Autónoma de Barcelona, considera que el grueso de los textos seleccionados por Oya aluden a un periodo (1878-1935) en que «prácticamente todos los nacionalismos, incluido el español, se vinculaban en mayor o menor medida a ideas racistas». «Ofrecer información complementaria sobre la historia del nacionalismo catalán sin cruzar sus producciones ideológicas con las de otros nacionalismos coetáneos, particularmente el español, no es complementar, es sesgar en otra dirección», añade. En esta línea, Marín considera que de los quince personajes seleccionados por Oya, solo cinco tienen relevancia histórica. «Están escogidos y ordenados para conducir a una conclusión simplista y determinada», concluye.

Francisco Oya asegura en su defensa que su intención «nunca fue decir a los alumnos que el nacionalismo catalán es supremacista». «No en su totalidad, pero sí que es un componente importante y tiene una continuidad histórica hasta nuestros días. Esto me parece evidente», concluye el profesor.
La Justicia da más libertad al docente en Bachillerato

La actual legislación establece que el derecho a ejercer la libertad de cátedra tiene «un alcance más reducido» en los niveles de enseñanza no universitaria.

No obstante, a partir de la la Educación Secundaria Obligatoria y, en especial, en el Bachillerato, donde los alumnos tienen ya entre 16 y 18 años y una cierta capacidad crítica, el Tribunal Constitucional (TC) admite una mayor libertad del profesor para la exposición razonada de sus ideas y creencias.

El nacionalsocialista «Kim»
Los artículos de Torra contienen las expresiones que animaron los proyectos totalitarios y liberticidas del pasado.
Jorge Vilches. larazon 15 Mayo 2018

Los artículos de Quim Torra contienen ideas y expresiones propias del biologicismo que animó pasados proyectos totalitarios. No es un pensador, sólo repite lo que otros escribieron. En el siglo XX, el lenguaje de los totalitarios del siglo XX se llenó de conceptos y lenguaje biologicistas. Era la traslación del darwinismo a los seres humanos, en una jerarquía supuestamente natural que colocaba a una razas sobre otras. Las primeras eran las civilizadas y civilizadoras; las otras, las degradadas y contaminantes.

En las superiores se concentraban todas las virtudes físicas y morales, que se traducían en una mejor economía, urbanidad y una cultura elevada. En las inferiores se amontonaban los defectos más execrables, la miseria, el robo y la suciedad, y por eso emigraban, porque eran incapaces de hacer florecer su tierra y marchaban a otros lugares para vivir de sus habitantes. Esa concepción de la sociedad la usaron los leninistas en la Rusia de 1917 y, con especial vehemencia, los nacionalsocialistas en Alemania.

En España ya lo había utilizado Sabino Arana, fundador del PNV, quien motejaba a «los maketos» como raza inferior, inmoral, blasfema, sucia, pedigüeña y ladrona. No faltaba, como hacían los biologicistas y luego los nazis, la equiparación con animales: «Más que hombres semejan simios, poco menos bestias que el gorila». Al español, decía, «si sólo le oís rebuznar, podéis estar satisfechos». Esa animalización era algo muy campesino, que usaba los nombres de los animales «dañinos», feos o sucios como insultos.

Los nacionalismos populistas de la época, como el catalán, asumieron la raza como un argumento para fortalecer su ansia de un Estado propio echando al «extranjero». Los primeros estudios racistas del catalanismo fueron los de Sampere i Miquel, Batista i Roca, y Pompeu Gener. Sostenía que existía una raza catalana de origen ario, vinculada a los francos, superior a las semíticas peninsulares. Martí i Julià añadía que era una cuestión de «higiene social» impedir la entrada en Cataluña de «razas inferiores y decadentes». Prat de la Riba depuró el concepto de la raza catalana como «histórica», en la que lo castellano es espúreo.

Los ejemplos en las décadas de 1920 y 1930 son numerosos. Rossell i Vilar, miembro de ERC, autor de «La Raza», bramaba contra el mestizaje y pedía una «política raciológica». Hoy tiene una calle en Gerona. Daniel Cardona, fundador de Nosaltres Sols! y del Front Nacional de Catalunya, y militante de ERC, concebía la inmigración castellana como un «arma de guerra» contra la pureza racial y cultural de Cataluña. Hoy, Cardona, que tuvo contacto con el Partido Nazi, tiene una calle en Barcelona, y se le realizan homenajes como en el que participó Quim Torra en 2014.

El nuevo presidente de la Generalitat ha publicado una serie de artículos en «El Matí Digital» y «El Món» repitiendo ese racismo del nacionalismo catalán, que entronca con el biologicismo del XX y el nacionalsocialismo. No falta el argumento genético para insultar a los no catalanes cuando dice que hay «un pequeño bache en su cadena de ADN». Desde esa categoría subhumana, los españoles son como «bestias», expresado en ese juego del lenguaje tan propio del totalitarismo: «Carroñeros, víboras, hienas» («La lengua y las bestias»), y su aspecto es mugroso. Al respecto, Torra escribía sobre una azafata española que tenía un «sudor mucoso, como de sapo resfriado». Porque el castellano, dice, es propio de extranjeros que destruyen el «alma de la patria» («La “normalitat” de parlar en espanyol a Catalunya», 2.1.2012) y provoca la «suburbalización mental».

El contacto con España es nefasto ya que es un país, apunta el reciente Molt Honorable, «exportador de miseria, materialmente y espiritualmente hablando», compuesto por «expoliadores» y «extirpadores» («Día de la raza, però quina raça?», 11.10.2010). Una raza inferior como la española, en opinión de Torra, siguiendo el estilo nazi, sólo provoca miseria y subdesarrollo. Sería preciso poner barreras a los españoles porque su presencia es un «deterioro» de la cultura y el paisaje, porque «el castellano avanza, implacable, voraz» rechazando el talento y haciendo que «los simples y los vulgares campen a raudales» («Quin deteriorament!», 23.11.2009). Por eso, como escribió en «El Singular Digital» en 2008 había que «mirar al norte, donde la gente es limpia, noble, libre y culta», no al sur, a España.

Por supuesto, en el imaginario totalitario de Torra sólo es «buen catalán» el independentista que siente «la llamada de la tierra» («Tornar a l’origen: la patria dels catalans», 8.9.2015), y los otros eran memos o traidores. Llegó a escribir que Carmen Chacón era «una dentadura al servicio de España» («Les dents i les ungles de Carmen Chacón», 27.01.2012), o que Miquel Iceta era asimilable a la «raza socialista española», no comparable a la «honorable raza del socialista catalán». Y es que los «cruces» con el español habían cambiado «el propio ADN de los autóctonos» («El PSC i la cabra catalana»).

Con la elección de Quim Torra, en definitiva, por fin el nacionalismo catalán tiene un presidente que responde a su histórica raíz biologicista.

Algunos ejemplos de sus artículos
«La lengua y las bestias» 19-12-2012

Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, sin embargo, que destilan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con moho, contra todo lo que representa la lengua. Están aquí, entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos! Viven en un país del que lo desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia. Se pasean impermeables a cualquier evento que represente el hecho catalán. Les crea urticaria. Les rebota todo lo que no sea español y en castellano. Tienen nombre y apellidos las bestias. Todos conocemos alguna. Abundan las bestias. Viven, mueren y se multiplican. Una de ellas protagonizó el otro día un incidente que no ha llegado a Catalunya y merece ser explicado, como un ejemplo extraordinario de la bestialidad de estos seres. Pobres bestias, no pueden hacer más [...] Pero ¿por qué hay que movilizarse cada vez? ¿Cuando acabarán los ataques de las bestias? [...]

«El PSC y la cabra catalana» 13-5-2011
«La última vez que se vio un ejemplar de socialista catalán ya hace muchos años, a mediados de los 70 del siglo pasado. Tenía nombre, llamado Josep Pallach. De hecho, la raza del socialista catalán, que durante la República contó con un rebaño considerable, [...] , había entrado en un proceso de decadencia ineluctable, con la mezcla con la raza del socialista español. Las esperanzas puestas en el ejemplar Josep Pallach, desgraciadamente, se vieron frustradas por una muerte prematura. [...] Los cruces con la raza del socialista español fueron aumentando y aumentando hasta llegar a mutar el propio ADN de los autóctonos. Hoy nada es más igual a un socialista catalán que un socialista español. La vieja y honorable raza del socialista catalán se dará por extinguida, aunque, de manera totalmente acientífica, haya ciertos individuos que se reclamen continuadores [...] El PSC [...] ha desaparecido de la comunidad catalana. Por ello es urgente que Slow Food se ponga a trabajar de manera inmediata. Difícil, pero nunca se sabe si todavía podríamos encontrar un ejemplar de socialista catalán momificado del que pudiéramos aprovechar algo».

«El PSC y la cabra catalana» 13-5-2011
El catalanismo ha de basarse en una defensa encarnizada de nuestra identidad y nuestra cultura y del orgullo de ser catalanes. ¿O es que ustedes jugarían a una Catalunya independiente convertida en una inmensa Feria de Abril?
 


Recortes de Prensa   Página Inicial