AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 16  Mayo 2018

Un 155 contra Ciudadano
Emilio Campmany Libertad Digital 16 Mayo 2018s

El Gobierno de Mariano Rajoy y el PSOE de Pedro Sánchez se han puesto su mejor traje de hombres de Estado y han pactado que aplicarán el 155 en según qué circunstancias y con según qué alcance. Sus voceros justificarán la alianza en la gravedad de la situación. Nadie duda de esa gravedad. De lo que cabe dudar, y mucho, es de las intenciones de estos dos necios arrogantes. Si efectivamente Pedro Sánchez percibiera la gravedad de la situación que atraviesa España, habría ayudado al Gobierno en la tramitación de los presupuestos generales a fin de evitar el chantaje del PNV. Y si efectivamente Mariano Rajoy hubiera sido consciente de los peligros que acechan a la nación, jamás se habría sometido a la extorsión de un partido cuyo objetivo es destruirla. No sólo: si de verdad tuvieran tan clara la necesidad de colaborar, lo que harían sería formar un Gobierno de coalición y arremeter unidos con toda la fuerza del Estado contra quienes quieren romper España.

Nada de eso hay porque el peligro que perciben Rajoy y Sánchez es en realidad el mismo que empujó a los nacionalistas vascos a votar los presupuestos. Ese peligro se llama Ciudadanos. Los acuerdos a los que llegaron este martes Rajoy y Sánchez no tienen por objeto pactar una estrategia con la que hacer frente a los futuros desafíos de la Generalidad. Su razón de ser es aislar a Ciudadanos. Y la prueba está en la invitación a Pablo Iglesias que el pacto incluye. Tal invitación es absurda, toda vez que el invitado es el responsable de que su franquicia en Cataluña entregara la presidencia del Parlamento catalán a los soberanistas. Esto es así porque el pacto no está dirigido contra Torra, sino contra Rivera. Su propósito es demostrar al electorado que el partido naranja sufre un ataque de histeria, sobreactúa y está contraindicado para combatir el independentismo catalán. El mensaje es que los soberanistas sólo pueden ser vencidos con mesura y sosiego y no con la ansiedad y precipitación que empapan las propuestas de Ciudadanos. De manera que Rajoy y Sánchez no se unen para salvar España sino para salvar sus antifonarios. Es para este elevado fin para el que hay unidad.

Es evidente que Rivera cometió un gravísimo error cuando se permitió apoyar la ley de presupuestos junto con el PNV, pues eso lo convirtió en cómplice del chantaje. Quizá creyó que no debía desdecirse o le pudo más colgarse las medallas de las medidas que había logrado introducir en ellos. Sea como fuere, el caso es que hoy por hoy representa al único partido que cree que, mal que bien, la unidad de España es un bien a preservar. Lo que Rajoy y Sánchez pretenden en definitiva es destruir la única esperanza que les queda a quienes creen que merece la pena tratar de impedir que España se rompa, aunque sólo sea para proteger la libertad de los españoles que se tienen por tales y que viven en Cataluña.

No olvidemos Vox
Nota del Editor 16 Mayo 2018

Estamos entre el principio de Peter y el de Murphy. En el PP y PSOE se ha cumplido el primero y en Ciudadanos se está cumpliendo el segundo. Por eso no debemos olvidar Vox. Silenciado en el 99% de los medios, siguen avanzando y las próximas elecciones habrá sorpresas, ya no será un voto tirado, nunca lo fué, será un voto para que España deje de ser aún más hundida por sus profesionales de la política en el pozo de las desgracias.

¿Hasta cuándo Señor Rajoy?
Enrique de Santiago okdiario 16 Mayo 2018

Cuando estos días te enfrentas a los medios de comunicación y contemplas lo que está sucediendo en Cataluña, no te preocupa que una persona como el señor Torra sea investido presidente de Cataluña, ni que un señor como Rajoy sea el presidente de España o que unos y otros ocupen los puestos e instituciones, sino que lo realmente preocupante es que miles de personas sigan a unos u otros desde el fanatismo, desde la violencia, desde la mentira.

Si el señor Torra, que como el algodón no engaña, quiere una república catalana tiene dos opciones: una primera, llegar a las instituciones desde la aplicación de la norma, lo está haciendo, y cambiar las reglas desde los mecanismos democráticamente establecidos, concedidos por todos los ciudadanos; ya veremos si es el camino que sigue. Y, una segunda, olvidarse de las instituciones y asaltarlas desde la insurrección, el incumplimiento de la Ley, mediante la fuerza y la violencia que, en definitiva, es lo que algunos de sus acólitos desean.

En una y otra opción, siempre que se produce una acción debe de esperarse y cumplirse una reacción, de forma que, si la labor es política y legal, la resistencia deberá de discurrir por esos cauces; pero, si es violenta o ilegal, la reacción deberá de ser proporcional; lo que no es dable es que ante una acción de cierta intensidad, la reacción sea timorata o que, si la acción es liviana, su reacción sea demasiado firme o rotunda. Ante la primera, la reacción debe de ser la aplicación de la Ley; mientras que, ante la segunda, debemos de identificar la agresión, asumir que se está produciendo y actuar sin miedo, proporcionalidad y contundencia.

Para mesurar las acciones y reacciones ante los hechos, tenemos dos instrumentos: el poder judicial y el gobierno. El primero, da rienda suelta a sus interpretaciones siempre sometido a la Ley que le viene dada; mientras, el segundo, por más que sometido a la norma, puede, como hacen los independentistas en Cataluña, dictar la Ley que mejor proceda ante las situaciones que se le presentan. El gobierno está limitado por la Constitución y por el parlamento, pero puede proponer los cambios legislativos que considere oportunos, negocie y sea capaz de sacar adelante; pero, para eso, tiene no sólo que aparentar solvencia, rigor y profesionalidad, sino serlo, tenerla y saber utilizarla, dejando de ser engolados bomberos de oposición que no saben más que apagar fuegos de despacho.

En Cataluña, desde hace demasiado tiempo, no se hace nada de nada frente al racismo independentista, se abandonan desde el gobierno los intereses del Estado y la defensa de la mitad de la población catalana no independentista, generando un problema no sólo con la Nación, sino entre los catalanes que lo sufren en primera persona. Que Torras es un racista anti demócrata violento no hace falta más que verlo; pero que, el gobierno, tiene la obligación de tomar medidas preventivas que no va a implementar, también es algo evidente.

¿Cómo puede ser que un prófugo de la Justicia, con un procesamiento que le pueden suponer más años que por un asesinato, no tenga ni solicitada como medida cautelar una suspensión de empleo y sueldo y esté percibiendo los emolumentos de presidente que le paga España contra la que está trabajando y el gobierno no haga nada? Suspender de empleo y sueldo a los independentistas no es ilegal, no es inconstitucional, no precisa de orden judicial y sí es una acción administrativa aplicable, si es una acción preventiva que debería de haberse aplicado…¡a qué esperamos!

Partidos cerrados
ELISA DE LA NUEZ El Mundo 16 Mayo 2018

Hace ahora cinco años reflexionando sobre el origen de la debilidad de nuestras instituciones un grupo de amigos (Luis Garicano, Carles Casajuana, César Molinas y yo misma) llegamos a la conclusión de que el principal problema eran los partidos políticos y que cualquier reforma en profundidad sería inviable sin cambiar la forma en que funcionaban. Como dice César Molinas con su habitual claridad los partidos políticos funcionan rematadamente mal y esto es muy grave porque son la piedra de toque de nuestras democracias representativas de corte liberal. De esa convicción surgió el llamado Manifiesto de los 100 -por el número de personas relevantes de todos los ámbitos que lo suscribieron- que proponía una profunda reforma del funcionamiento interno de los partidos para garantizar más transparencia, más democracia interna, más contrapesos efectivos, más participación de afiliados y simpatizantes y mayor rendición de cuentas a la ciudadanía. Recordemos que entonces todavía no habían aparecido ni Podemos ni Ciudadanos como partidos de ámbito nacional. Nos dirigíamos, por tanto, a los viejos partidos. La reacción, más allá de las buenas palabras que también recibimos, fue sobre todo de asombro. ¿Cómo se podía ser tan inocente para pretender implantar este tipo de buenas prácticas nada menos que en un partido político? Los partidos (como nos explicó amablemente un representante electo) sencillamente no pueden gestionarse así. Aspiraciones como la de fomentar la democracia interna con congresos periódicos y a fecha fija y con posibilidad de destituir a los líderes si lo merecen eran consideradas como un torpedo en la línea de flotación de un partido digno de tal nombre. La ruina del que emprendiera tan peligroso camino estaba asegurada.

Pues bien, recientemente el Congreso de los Diputados ha aprobado un informe que se ha publicado en el Boletín Oficial de las Cortes Generales y ha sido elaborado por la Subcomisión relativa al régimen y la financiación de los partidos políticos (constituida en el seno de la Comisión para la auditoría de la calidad democrática, la lucha contra la corrupción y las reformas institucionales y legales) que viene a recoger muy mejoradas y mucho más desarrolladas la mayoría de las propuestas sobre democracia interna y rendición de cuentas del Manifiesto de los 100. Es el resultado de un intenso trabajo en sede parlamentaria con la colaboración de muchos expertos de todo tipo que han hecho valiosas aportaciones. Aunque lamentablemente el informe no ha merecido la atención que debería por parte de los medios -más allá de algunos extremos anecdóticos como la financiación pública de las primarias- se trata de un trabajo serio y riguroso que debería suponer un punto de inflexión en nuestra democracia. Por encima de todo tiene el mérito no pequeño de que son los propios representantes de los partidos políticos los que reconocen las carencias existentes en nuestro modelo y concluyen que su reforma es necesaria para incrementar la calidad de nuestra democracia y de nuestras instituciones.

Efectivamente, como se ha repetido hasta la saciedad los partidos han ocupado -y lo siguen haciendo- todas y cada una de las instituciones, incluidas las que debían servirles de contrapeso. Pero su influencia se extiende también a empresas, medios de comunicación y universidades, como acabamos de comprobar con el caso de la ex presidenta de la Comunidad de Madrid. Se mire por donde se mire la sombra del partido es alargada. Por eso en España "portarse bien" con el partido (por usar una famosa expresión de un político todavía en activo) es, todavía hoy, tan importante. Por eso también en los ámbitos muy politizados el talento y la independencia de criterio (que suelen ir unidos, no nos engañemos) son tan poco valorados frente a otro tipo de cualidades como la obediencia o el servilismo. Y es que son bastante más importantes para el futuro de sus poseedores que el mérito y capacidad. Cuál sea el partido es lo de menos, se entiende que lo principal es demostrar que se pertenece a un grupo político bien identificado y que se respetan sus reglas.

Pero quizás se ha puesto menos el foco sobre las consecuencias que tiene para un partido político la falta de mecanismos de competencia interna, de contrapesos, de rendición de cuentas y de apertura a la sociedad. Pues bien, basta con fijarse en el espectáculo que el PP nos lleva ofreciendo varios meses -prácticamente desde el comienzo de la nueva legislatura- para entender que lo que algunos califican de proceso de degeneración acelerada tiene su explicación en el funcionamiento interno del partido a lo largo de muchos años. Cegados los mecanismos de competencia interna entre líderes o aspirantes a serlo, cerrados los resortes para exigir rendición de cuentas en caso de pérdida de mayorías o de elecciones, inexistentes los debates ideológicos, estratégicos o de cualquier tipo a puerta abierta o cerrada y atrancadas las puertas y ventanas de forma que no lleguen las inquietudes de afiliados y simpatizantes el partido se convierte en una estructura rígida y momificada, incapaz de comprender -y no digamos ya de atender- las demandas de una sociedad que está cambiando muy rápidamente. Privado de recursos para entender lo que pasa en la calle y lo que la ciudadanía quiere el partido y sus dirigentes son como una veleta que gira con el viento que sopla más fuerte.

En ese contexto pueden enmarcarse las asombrosas declaraciones del ministro de Justicia en el caso de la sentencia de La Manada o las del ministro de Hacienda en relación con la financiación con dinero público del proceso separatista. No hay criterio político ni de ningún otro tipo porque sencillamente se han eliminado los mecanismos capaces de generarlo. Lo único que queda es la pura y simple voluntad de mantenerse en el poder aunque no se sepa muy bien para qué. Por eso lo que se percibe es que un partido en esa situación camina hacia su ruina que era precisamente lo que se pretendían evitar con la oposición a la implantación obligatoria de mecanismos de democracia interna.

Así las cosas, el proceso de sustitución de un partido anquilosado y rígido por otro nuevo y flexible parece mucho más comprensible. Ahora bien, conviene insistir en que los nuevos partidos tienen, hoy por hoy, un marco regulatorio y unos incentivos muy similares a los que han tenido los partidos tradicionales a lo largo de nuestra democracia. Pueden haber escarmentado en cabeza ajena pero esto no es lo habitual. Los últimos episodios vividos en Podemos en relación con la elección de su cabeza de lista para las elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid apuntan más bien en la dirección contraria. Y es que la democracia y los contrapesos internos -así como la sana competencia y la sana crítica- no son cómodos para los líderes de hoy pero pueden ser una garantía para el futuro del partido o, para ser más exactos, para que el partido tenga futuro.

Por supuesto que este problema no es solo español. El hundimiento del sistema de partidos tradicional en Francia -tan cercana a nosotros en tantos aspectos- no es casualidad. El que el éxito de Macron se haya basado no tanto en un partido al uso como en un movimiento -con todos los matices- como En Marche, tampoco. Los partidos políticos tal y como los hemos conocido viven horas bajas y los líderes políticos, sobre todo los de los nuevos partidos, harían bien en tomar nota e introducir innovaciones significativas en la forma de gestionarlos incluso aunque no se modifique el actual marco legal. Lo esencial es que si se quiere que un partido conserve su utilidad como instrumento de participación y representación ciudadana hay que convertirlo en algo mucho más flexible y menos rígido: hay que abrirlo a la sociedad, lo que quiere decir que tiene que parecerse más a un movimiento ciudadano y menos a una secta. En un partido político de nuevo cuño no tiene sentido eternizarse en política diseñando carreras políticas a 30 o 40 años vista desde las Juventudes hasta la jubilación sin pasar nunca por el sector privado, por mucho que se hinche el currículum. Tiene sentido intentar atraer a personalidades de todo tipo que puedan representar a capas muy amplias de la sociedad y más sentido aún contar con asesoramiento experto -cuanto más plural mejor- en las cuestiones complejas que son casi todas aunque no guste lo que se oiga porque siempre será mejor que oír solo lo que guste. Debe de existir competencia legítima entre líderes, transparencia y sobre todo rendición de cuentas política, que es la que se salda con dimisiones y retiradas a tiempo con dignidad y con luz y taquígrafos evitando el recurso a conductas indecentes que tanto daño hacen a las personas y tanto degradan la vida pública.

En definitiva, necesitamos líderes políticos con responsabilidad y con criterio y es eso lo que estamos echando tanto en falta. Porque en esto consiste el auténtico liderazgo, no en repartir prebendas y favores. Necesitamos todo lo contrario de lo que exhiben hoy algunos de nuestros políticos más importantes instalados en un perpetuo infantilismo que resultaría cómico si no fuera tan peligroso. Ya decía Tocqueville que es imposible construir y defender una democracia sin ocuparse por elevar la calidad humana e intelectual de los individuos que la integran. Y para eso es imprescindible que nuestros partidos políticos funcionen muchísimo mejor.

Elisa de la Nuez es coeditora de ¿Hay derecho? y miembro del consejo editorial de EL MUNDO.

La proporcionalidad
Pablo Molina Libertad Digital 16 Mayo 2018

El Partido Popular y el PSOE han pactado dar una respuesta "proporcional" al desafío que supone la elección de un racista irrestricto al frente de la Generalidad. A tenor del programa de gobierno esbozado en el discurso de investidura por el eufónico presidente Torra, la respuesta proporcional sería suspender la autonomía con carácter indefinido. Es la única contrapartida posible ante la amenaza de vulnerar el estatuto de autonomía y destruir el marco constitucional formulada por el presidente autonómico de Cataluña, si se quiere observar cierta reciprocidad.

Pero no parece que ese sea el concepto de proporcionalidad política de Sánchez y Rajoy. En su jerga electoralista, e influidos por las devastadoras encuestas para sus respectivos partidos, ambos dirigentes entienden ese concepto como la necesidad de hacer algo que cubra el expediente frente a sus electores de fuera de Cataluña (para los que les quedan dentro del Principado no vale la pena el esfuerzo), pero sin forzar la situación hasta extremos en los que sea imprescindible dar un golpe de autoridad. Total, una cosa razonable, que diría Rajoy, cuya capacidad para la equidistancia, la principal virtud política del dirigente democrático, es ciertamente inigualable.

Sin embargo, la verdadera proporcionalidad no admite grados. Algo es proporcional o no lo es, según responda adecuadamente o no a una condición previa. En su virtud, un Estado democrático no puede tolerar en su seno la existencia legal de partidos que buscan su destrucción. Por eso, la única decisión conforme al nivel de amenaza que representan las fuerzas separatistas es su ilegalización, que es precisamente lo que sucede en los países desarrollados y con democracias avanzadas, como una cuestión elemental de profilaxis política.

Ningún partido con representación parlamentaria se atreve a plantear una cuestión tan sencilla por el terremoto político que se desataría. Ahora bien, tienen la opción de consultar a los españoles, como pide Podemos para todas sus chorradas, a ver qué opinamos sobre el hecho de que los partidos separatistas vivan de nuestros impuestos y nos amenacen a diario con destruir el país. En otras palabras, un referéndum legal, el único proceso democrático cuyo resultado es innegablemente proporcional.

Declarar la independencia tiene que volver a ser delito
Liberal Enfurruñada okdiario 16 Mayo 2018

En 1995 el PSOE de Felipe González rectificó el Código Penal para que declarar la independencia sin violencia no fuera delito. En 2005 el PSOE de Zapatero eliminó del Código Penal el delito de convocar referéndums ilegales. El Partido Popular ha tenido mayorías absolutas con Aznar desde el año 2000 hasta el 2004 y con Rajoy del 2011 al 2015. Supongamos que mañana mismo Torrent convoca un pleno urgente del Parlamento catalán cuyo único punto del orden del día sea declarar la independencia de la República de Cataluña, obedeciendo el mandato del referéndum ilegal del 1-O, dejado en suspenso por Puigdemont, decisión que imaginemos que es aprobada por la mayoría independentista. Inmediatamente el presidente títere Torra sale al balcón, quita todas las banderas, coloca sólo la estrellada y declara la independencia. Así, sin gastar ni un euro de fondos públicos y sin el menor atisbo de violencia ni tumulto ninguno.

Torrent y Torra se podrían ir esa noche a dormir tranquilamente a sus casas, después de celebrar su audacia con una buena cena en el mejor restaurante de Barcelona, porque nadie podrá acusarlos por el golpe de Estado que han dado, ni por rebelión, ni por sedición ni por malversación. Tan sólo se les podrá acusar quizá por prevaricación y desobediencia, si el Gobierno de España y los tribunales han estado veloces para impugnar la convocatoria del pleno y sus acuerdos, delitos que sólo conllevan penas de inhabilitación y multa, que en ningún caso serán efectivas hasta la firmeza de la condena. A lo mejor PP, PSOE y Cs conseguirían ponerse de nuevo de acuerdo para aplicar otra vez el artículo 155 de la CE y así destituirlos a los dos mientras se inicia el larguísimo proceso judicial que en ningún caso podría enviarlos a la cárcel.

No es ciencia ficción, es un anuncio de lo que va a pasar en Cataluña si el Gobierno del Partido Popular no está hábil y se pone de inmediato a reformar el Código Penal que se ha demostrado absolutamente inútil para atajar una declaración de independencia no violenta ni tumultuaria. Torra puede acabar en la cárcel si conduce su coche a una velocidad excesiva o con dos copas de más, pero no por dar un golpe de Estado. Ya hemos visto las dificultades que está teniendo el juez Llarena y lo controvertidas que están siendo sus decisiones, por culpa del Código Penal que le han dado nuestros nefastos políticos. Y eso que a Puigdemont y sus secuaces la cosa se les fue de las manos y se produjeron los tumultos violentos que harán que den con sus huesos en prisión. Pero ese error no lo cometerán dos veces, el Gobierno de España tiene que estar preparado.

Y no sirve la excusa de no tener mayoría suficiente. Igual que se consiguió el consenso del PSOE y C´s para la aplicación del artículo 155, Rajoy tiene ahora la responsabilidad de convencerles de que, cuando ocurra lo que sin la menor duda va a pasar, los votantes no vamos a perdonar a quienes sean responsables de que el nuevo golpe de Estado quede impune por haberse negado a realizar las reformas legales necesarias. Eso es ahora lo más urgente, aunque evidentemente no sería suficiente para revertir este proceso. Mientras no tengamos un gobierno valiente y con la mayoría suficiente para retirar las competencias en Educación y cerrar TV3, tan sólo podemos esperar a que el lento pero incesante proceso de empobrecimiento económico al que los golpistas están conduciendo a los catalanes haga que dejen de votar a los independentistas que están arruinando a todos los catalanes.

Un racista en la corte del rey Sombra
Roberto L. Blanco Valdés La voz 16 Mayo 2018

Mark Twain escribió en 1889 una deliciosa novela de aventuras (Un yanqui en la corte del rey Arturo) que ahora me da pie para titular de un modo divertido acontecimientos que no tienen gracia alguna. Porque el dedazo de Puigdemont a favor de Joaquim Torra (Quim es de una familiaridad que me niego a tener con un sujeto de tan obscena catadura) y su designación por la mayoría del Parlamento catalán no constituye solo una desgracia política mayúscula para la normalización de Cataluña y la superación de la fractura que ha acabado devastándola. Suponen algo muchísimo peor: la llegada, por primera vez en España desde 1977, de un racista declarado a un cargo extraordinariamente relevante.

Fíjese el lector que lo de la corte del Rey Sombra es más que un recurso literario. Puigdemont, que ha montado la suya en Alemania, se comporta como un monarca absoluto cuya presunta legitimidad, que le reconocen los que como súbditos obedientes acatan sus ucases, nace de la historia, es decir, de haber sido presidente. Como un rey absoluto, designa sucesor provisional, dispone que nadie entre en su despacho y que el títere que ha puesto para que le vaya calentando la poltrona aguante en el puesto hasta que él mande disolver. No es casual que el primer acto político del nuevo monaguillo haya sido irse a Alemania a comparecer con el rey Sombra, pues la de Puigdemont resulta ya tan alargada como para que de su voluntad dependa toda la estrategia del nacionalismo catalán.

Lo del racista Torra es tan cierto como éticamente insoportable. Con casi cincuenta años, escribió el individuo cosas como estas: que, frente a la gente del sur, la del norte, entre la que están, of course, los nacionalistas catalanes, «es limpia, noble, libre y culta y feliz» (2008); que los que hablan castellano en Cataluña son «carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, sin embargo, que destilan odio», a los que «repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su cadena de ADN. Pobres individuos» (2008); y que «España, esencialmente, ha sido un país exportador de miseria, material y espiritualmente hablando. Todo lo que han tocado los españoles se convirtió en fuente de discriminaciones raciales, diferencias sociales y subdesarrollo» (2010).

¿Se imaginan la zapatiesta que estaría organizando el nacionalismo catalán si cualquier cargo público de España se hubiera atrevido a decir sobre Cataluña y los catalanes la diezmillonésima parte de atrocidades que ha vomitado Joaquim Torra sobre España y los españoles? ¿Puede alguien que odia de tal manera a la mitad de la población que va a gobernar ser su presidente? ¿Ha llegado el electorado nacionalista catalán a tal grado de insensibilidad y sectarismo para que nadie salga en defensa de sus vecinos, sus hijos o sus hermanos que no son nacionalistas? De las tres preguntas esta tercera es la más inquietante y su segura respuesta la más desoladora.

ASÍ SE EXPLICARÍA
¿Ocultan los sondeos de los grandes medios la llegada de VOX al Congreso?
La Gaceta  16 Mayo 2018

Los grandes medios continúan su cocina de encuestas mostrando un ascenso imparable del partido de Albert Rivera, mientras ocultan qué ocurre con otras formaciones extraparlamentarias.

La voz de alarma la ha dado el blogero Elentir, desde su portal ‘Contando Estrelas’ ha puesto el foco sobre el último estudio demoscópico publicado por El País el pasado mes de abril. Curiosamente, el diario de Prisa establece una correlación en la fuga de voto entre los diferentes partidos que deja huérfano a un alto porcentaje del mismo.

Esta es la reflexión de Elentir:
‘’Por ejemplo, el sondeo dice que el 30% de los votantes del PP se cambiaría a Ciudadanos y sólo un 1% se decantaría por el PSOE. Podemos no se llevaría ni uno. Curiosamente, el sondeo dice que un 5% de votantes del PP se cambiaría a “otros”, pero no indica a cuáles. ¿A qué partido o partidos iría ese 5%? Lo más llamativo es que este último epígrafe ha ido en aumento en los últimos meses. En febrero era del 1%, en marzo ya iba por el 3% y en abril subió al 4%. ¿Qué es lo que está engordando en ese epígrafe que El País se muestra tan incapaz de identificar? Teniendo en cuenta que incluso Podemos ni siquiera reúne a un 1% de votantes del PP, no parece probable que ese 5% se cambie a partidos de ultraizquierda o separatistas. ¿Falta algún otro partido que El País no quiere indicar, o que alguien superior al periódico no le deja indicar?

Hay un detalle aún más curioso en esta encuesta. Respecto de las Elecciones Generales de 2016, el PP pierde 14 puntos, el PSOE pierde 3,53 y Podemos pierde 2,85. Según El País, Cs subiría 15,7 puntos y otros partidos subirían 3 puntos. Un sencillo cálculo nos muestra que en total, tres opciones pierden un total de 20,38 puntos, pero las otras dos opciones sólo ganan 18,7. Faltan 1,68 puntos que la encuesta de El País no indica a dónde irían a parar. Alguien podría decirme que esa diferencia es atribuible a partidos separatistas, pero el caso es que esos partidos estarían incluidos en el epígrafe “otros”.”

¿Se le ha perdido algún partido a El País?
A la luz de otras encuestas, todo parece indicar que ese porcentaje desierto y anunciado bajo el genérico ‘otros’ pertenecería al partido de Santiago Abascal. Ya son varias las encuestas que pronostican, no sólo la irrupción de VOX en el Parlamento Europeo, sino su llegada al Congreso de los Diputados.

El último sondeo de SocioMétrica para El Español concede a la formación encabezada por Santiago Abascal un 1,5% en intención de voto y el correspondiente escaño de cara a las próximas elecciones.

Se consolida, de este modo, la imagen ofrecida por la encuesta que publicó El Español el pasado mes de enero, que otorgaba a VOX un 1,7% en intención de voto y también un escaño.

La inmigración masiva contra las patrias europeas: el triunfo de la hipocresía
Yolanda Couceiro Morín  latribunadelpaisvasco.com 16 Mayo 2018

Los promotores y defensores de la inmigración masiva, que invocan los valores de libertad, igualdad y fraternidad (por retomar la famosa trilogía "progresista" surgida de la Revolución Francesa) son unos hipócritas, ya que destruyen a sabiendas aquello que precisamente dicen defender.

1 - La inmigración masiva es un ataque a la libertad de los ciudadanos
La mayoría de los nacionales de los países afectados por la inmigración masiva consideran que hay demasiados inmigrantes. Las poblaciones autóctonas nunca han sido consultadas sobre la entrada de millones de extranjeros (con la salvedad de Suiza, donde los ciudadanos pueden organizar referéndum sobre la inmigración).

La inmigración masiva (ilegal o legal) es una imposición y una agresión contra la población nativa que se ve en la obligación de soportar y financiar la invasión de su país. Los Estados que han dejado que esa inmigración se instale a la fuerza contra la voluntad y los intereses de sus ciudadanos son cómplices de esa invasión. Esa invasión es una carga económica cada vez más pesada de llevar por las poblaciones que se ven obligadas a sufrirla. Cualquier inmigrante recién llegado tiene inmediatamente unos derechos desorbitados y se beneficia de todo el capital social del país al que llega sin haber contribuido lo más mínimo a él. Usa los transportes públicos, los hospitales, las escuelas, tiene acceso a la vivienda y a prestaciones sociales (muchas veces por delante de los ciudadanos del país), goza de todo lo que generaciones de nativos han creado a los largo de los siglos y que financian con sus impuestos. Los inmigrantes gozan de privilegios inmerecidos cuyo coste ahoga a los contribuyentes nativos y lastra la economía nacional de un peso muerto cada día más difícil de soportar.

La inmigración masiva es una situación impuesta contra la voluntad de la mayoría democrática. Todas las encuestas apuntan a un rechazo mayoritario de esa inmigración. La inmigración masiva es una agresión contra las libertades de los ciudadanos que ven cómo su marco vital cambia sin haberlo pedido y cómo sus condiciones de vida se degradan de manera imparable. Aumenta continuamente eso que los sociólogos llaman la "inseguridad cultural", es decir el sentirse amenazados por una invasión de personas de mentalidad y costumbres diferentes que quieren imponer su cultura a los que los acogen.

2 - No hay igualdad para los ciudadanos que sufren la inmigración masiva
Los beneficiarios de la mundialización invocan los derechos humanos para justificar la inmigración ilimitada, pero evitan personalmente convivir con ellas: son unos hipócritas y unos impostores. Los hechos mismos han desenmascarado a los promotores de la inmigración masiva, que pertenecen en su inmensa mayoría a las clases altas y medias, con su economía saneada y sus privilegios de todo tipo. El precio del suelo y de la vivienda hace que los inmigrantes no puedan instalarse en los mismos barrios que los burgueses y la oligarquía, los promotores de este nefasto cosmopolitismo. Esa segregación beneficia a los ricos, que no se ven obligados a convivir con esa inmigración que favorecen e imponen a las clases menos favorecidas de la ciudadanía. Son los pobres, los jóvenes, los parados, la clase trabajadora, la baja clase media que cotiza y paga impuestos, los que se ven forzados a convivir con la inmigración. Los beneficiarios de la inmigración (políticos, empresarios, las clases altas...) envían a sus hijos a colegios de pago y viven en zonas seguras donde la inmigración no tiene acceso y no constituye por tanto un problema. Los únicos inmigrantes que frecuentan esas clases sociales son los componentes de su servicio doméstico. Las escuelas públicas, cuyo nivel baja sin remedio a causa del número creciente de alumnos inmigrantes, son destinadas a los desfavorecidos de la población nativa. Los cosmopolitas ricos se libran de la convivencia con los inmigrantes al tiempo que la imponen a los más ciudadanos más humildes. La hipocresía es total.

3 - La fraternidad es incompatible con la "diversidad" migratoria
Estudios sociales de renombrados científicos sobre los barrios de las ciudades norteamericanas han demostrado que la confianza hacia los demás es más fuerte cuando la cultura es común. Cuanta más diversidad étnica y racial, menor es el grado de confianza entre los vecinos. Donde viven personas de misma cultura se pueden dejar las puertas de las casas abiertas. No es el caso en los barrios donde conviven gente de culturas diferentes. La fraternidad no existe más que entre hermanos de una misma cultura y unas mismas costumbres. ¿Qué fraternidad puede haber en un barrio en el que unas mujeres deben ponerse el burka y no pueden salir a la calle solas y menos tomarse un café en la terraza de un bar y otras son libres de vestirse como quieran, moverse libremente y relacionarse con persona del otro sexo sin vigilancia?

Los beneficiarios del sistema, la burguesía mundialista, viven en sus barrios reservados y van a escuelas privadas. La delincuencia y la criminalidad no los alcanzan, salvo excepciones. Ven las lacras que trae la inmigración masiva desde la barrera. Predican la fraternidad pero ésta sólo existe en sus círculos selectos donde pueden cenar, hacer deporte, trabajar y relacionarse con gentes que se les parecen. Para ellos todas las discriminaciones son malas, salvo la discriminación del dinero, de tal manera que nunca tiene que codearse con la inmigración que promueven e imponen a los demás.

Tenemos, por lo tanto, dos clases sociales enfrentadas. Los privilegiados cosmopolitas que aceptan una inmigración de la cual se protegen poniendo barreras y distancias con ella, pero que dan lecciones de generosidad y solidaridad a los ciudadanos de a pie. La otra clase, la de los pobres, los jóvenes de clase humilde y las personas mayores deben padecer la inmigración contra su voluntad (nada de libertad), debe resignarse a aceptar una convivencia con la inmigración de la cual los ricos se libran (nada de igualdad), y padecer la inseguridad de su entorno inmediato (nada de fraternidad).

La ideología mediática acusa a los que sufren esta inmigración de ser gente cerrada, racista, xenófoba y reaccionaria pero califican a los privilegiados de ser personas abiertas, tolerantes, generosas y modernas. Los privilegiados imponen sus visión del mundo cosmopolita ya que esta situación les beneficia, evitan los inconvenientes de la inmigración mediante sus privilegios económicos de clase y no practican para nada esa fraternidad tan cacareada fuera de sus círculos cerrados, lejos de las zonas donde vive y crece la inmigración.

4 - La paz civil amenazada
La paz no es posible sin libertad, sin igualdad y sin fraternidad. La inmigración masiva crea unas amenazas reales contra la paz en el seno de las sociedades que la padecen. Un país en el que se impone la inmigración masiva a sus ciudadanos es un país que desprecia las libertades civiles. Un país en el que los promotores de la inmigración masiva viven lejos de ésa gracias a sus privilegios económicos y sociales, sus escuelas privadas y sus barrios residenciales, es un país en el que el discurso oficial es hipócrita y busca enmascarar las desigualdades reales. Un país en el que la inmigración masiva crea una inseguridad cultural, física y social debe renunciar a toda fraternidad cotidiana. Cuando las fronteras están abiertas de par en par al final son necesarias milicias privadas y puertas blindadas.

La inmigración masiva que nos impone la ideología de los oligarcas en el poder destruye poco a poco los valores de libertad, igualdad y fraternidad necesarios para la buena marcha de toda sociedad. La libertad, la igualdad y la fraternidad son pisoteadas a diario y esa realidad es ocultada por los medios de información oficiales en manos de los hipócritas y los impostores.

Sólo una democracia directa (al estilo de Suiza, tal vez) puede permitir a nuestras sociedades defenderse de los gobiernos que las engañan y manipulan y volver a recuperar los valores históricos de nuestras naciones.

EL SENADOR AGRAMUNT
Acreditan con facturas los pagos de Soros al separatismo catalán
La Gaceta  16 Mayo 2018

De confirmarse, se trataría de una injerencia en toda regla en los asuntos internos de un Estado, algo que ha provocado recientemente que el gobierno húngaro legislase en contra de estos organismos financiados por el multimillonario.

El senador del PP Pedro Agramunt y el diputado del PDeCAT Jordi Xuclà comparecen este martes en París ante la Comisión de Reglamento de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE) para responder a las acusaciones de violar su código de conducta, según un informe sobre corrupción. “Las comparecencias comenzarán por la mañana y podría desarrollarse durante toda la jornada”, han informado a Efe fuentes de la Cámara europea.

Aporta facturas de los pagos
Agramunt aportará una serie de informes y facturas que acreditan la financiación del separatismo catalán por parte del entramado de fundaciones de George Soros, y de una supuesta campaña orquestada en su contra. Según El Mundo, la organizaciones que integran la Open Society del multimillonario llevan años aportando ingentes cantidades de dinero a la causa secesionista.

La documentación aportada por el senador del Partido Popular señala cómo Soros pagó, por ejemplo, 24.990 euros en 2015 y otros 52.968 euros en 2016 a las cuentas del Instituto de los Derechos Humanos de Cataluña. El director de dicha oficina, David Bondia, organizó un acto en apoyo al independentismo catalán el pasado 19 de marzo, cita a la que acudió el expresidente fugado, Carles Puigdemont.

Otra de las facturas muestra los 2,8 millones de euros donados al Independent Diplomatic Inc entre 2012 y 2016. Se trata de una especie de lobby que apoya los movimientos de autodeterminación como el catalán y el saharaui, o la rebelión contra el Gobierno sirio. A este organismo, según el diario, acudió Artur Mas en su etapa como presidente para ‘’sostener’’ el ya extinto Diplocat.

De confirmarse, se trataría de una injerencia en toda regla en los asuntos internos de un Estado, algo que ha provocado recientemente que el gobierno húngaro legislase en contra de este tipo de organismos contrarios a los valores nacionales. De hecho, el magnate multimillonario ha anunciado este martes que cesará toda actividad en Hungría.

El senador popular, acusado de corrupción
Agramunt ha recopilado toda esta información para rebatir las acusaciones de corrupción de las que es acusado por el Consejo de Europa. Denuncia haber sido víctima de la red Soros, aunque existe un informe de la comisión de investigación que habría dejado acreditados los presuntos sobornos que obtuvo.

Dicho órgano atribuyó a Agramunt la violación del citado código en su calidad de ponente sobre Azerbaiyán, “suavizando” las críticas hacia sus autoridades. Según las conclusiones del informe, “hay fuertes sospechas de que Agramunt fue parte de una actividad corrupta”, aunque matizó después que “no tiene evidencias claras”.

En el caso de Xuclà, se le acusó de no respetar el principio de confidencialidad en la misión de observador de las elecciones de 2015, si bien descartó una conducta irregular. Además de Agramunt y Xuclà, hoy comparecen el presidente del Grupo PPE, el rumano Cezar Preda, y el popular checo Ondrej Benesik.

La comisión hará públicas las conclusiones de las comparecencias en los próximos días. La sanción más grave que se puede imponer es la suspensión del derecho de voto.

La Cámara ya aprobó en abril una resolución que recordó “el principio de responsabilidad política individual, que incluye la posibilidad, para los cargos electos, de devolver sus actas”.

La Comisión de Reglamento, Inmunidades y Asuntos Institucionales está presidida por la legisladora belga Petra de Sutter, y cuenta con un total de 39 miembros, entre ellos, Jordi Roca (PP) y el propio Xuclà.

La épica de Don Pelayo, el caudillo astur que prendió la Reconquista con 300 guerreros
César Cervera ABC  16 Mayo 2018

El parlamentario de Compromís Carles Mulet aseguró la pasada semana en la Cámara Alta que el monarca asturiano Don Pelayo constituye un mito «franquista». «Es una imbecilidad histórica: La extrema derecha continúa con los mitos falsos del franquismo», apuntó sobre la historicidad del asturiano muerto en 737. Un mito franquista que, paradójicamente, murió 1.155 años antes del nacimiento de Francisco Franco y que, ya en el siglo IX, era presentado como vencedor de los árabes y «defensor del pueblo de los cristianos y los asturianos».

Pero, ¿quién era Don Pelayo y por qué es tan importante para la historia de España? Se data el nacimiento de Don Pelayo hacia el año 690, en Cosgaya (el extremo más occidental de Cantabria), y lo que se sabe de él viene recogido en dos crónicas del siglo IX, una denominada «la Albeldense» y otra la «Crónica de Alfonso III» (esta con dos versiones, la Rotense y «a Sebastián»).

Don Pelayo sería un hijo del duque visigodo Fávila refugiado en el norte al estimar asfixiante el dominio musulmán sobre Toledo, aunque ya en este punto existe una enorme controversia. En opinión de Julia Montenegro y Arcadio Del Castillo, autores de «En torno a la conflictiva fecha de la batalla de Covadonga», «no podía ser duque, pues, sin duda, lo hubieran consignado las crónicas, pero sí seguramente alguien muy próximo a la máxima autoridad del ducado». En esta línea hay autores que emplazan a Don Pelayo como un aristócrata godo (tal vez spatarius del Rey Rodrigo), con influencia en este territorio; mientras otros tantos le sitúan como un personaje local que saltó a la primera línea política a raíz de la batalla de Covadonga.

En ambas líneas de investigación, Don Pelayo es presentado como un caudillo tan poderoso en la zona como para congregar bajo su mando a las tropas del ducado de Asturias y enfrentarse a los musulmanes. La historia más canónica asegura que el origen de la rebelión fue la negativa al pago de impuestos a los musulmanes en una región que nunca se había plegado a imposiciones fiscales, ni con romanos ni con visigodos. Aquí habría que recordar que la conquista de la Península por parte musulmana se basó tanto en la imposición militar como en una serie de pactos firmados por los poderes aristocráticos para conservar su posición en distintas regiones españolas a cambio del pago de tributos. Tras el descalabro en la batalla de Guadalupe (711) muchos nobles godos huyeron a «tierra de los asturianos» y más allá de los Pirineos, mientras otros nobles locales se limitaron a pactar con los invasores.

Un territorio angosto
Don Pelayo vivía en Asturias gozando de cierta tranquilidad y responsabilidad política, pero sometido a la autoridad del prefecto musulmán de Gijón, cuando fue elegido por los refugiados godos para liderar la insumisión contra los musulmanes, según la crónica de «la Albeldense». No en vano, la versión Rotense de la «Crónica de Alfonso III» narra un entramado de razones, que rozan lo novelesco, por lo que Don Pelayo acabó al frente de la resistencia. Enamorado el prefecto de Gijón de la hermana de Don Pelayo, decidió enviar al caudillo local a Córdoba y casarse con esta joven, cuyo nombre se omite. Al enterarse de tan grave traición, el cristiano huyó de Córdoba y regresó a Asturias evitando a las tropas musulmanas que fueron en su búsqueda. La llegada de Don Pelayo a territorio astur coincidió con la celebración de una asamblea popular popular en la que se eligió al fugado cristiano como príncipe de aquella tierra.

El que fuera cierta la fuga –que paradójicamente no contiene elementos exagerados o legendarios en su narración– no resta importancia a la causa más probable del levantamiento: una región protegida por la accidentada geografía que se niega a pagar tributo al nuevo poder. La rebelión habría comenzado, según Sánchez-Albornoz, en el año 718, pero no fue hasta cuatro años después cuando los musulmanes, enfrascados en otros frentes, acometieron una expedición de castigo a cargo del general Alkama y el Obispo Oppa. Los primeros encuentros se saldaron con victoria musulmana, hasta el punto de aislar a los cristianos detrás de la fortaleza natural de los Picos de Europa. Claro que aquello resultó la perdición de las muy numerosas huestes musulmanas, cuyo número resulta difícil calcular y la «Crónica de Alfonso III» eleva hasta la irreal cifra de 187.000 hombres. Los guerreros astures, que no podían pasar de los varios centenares de efectivos (unos 300 hombres), atrajeron al enemigo hacia la zona más angosta del monte Auseva y aprovecharon en su beneficio lo estrecho de este escenario para presentar combate.

Los astures se situaron en la cueva excavada en la roca del Auseva y en las escarpaduras de las montañas que flanquean el valle para emboscar a los musulmanes. Las narraciones cristianas incluyen exageraciones desmesuradas y atribuciones divinas, pero confluyen, como los testimonios de los historiadores árabes, en que la victoria cristiana supuso la muerte del general Alkama y que el obispo Oppa, y otros personajes importantes, fueran hechos prisioneros. Cortada la retirada hacia el Oeste, el descalabro musulmán se incrementó durante la huida de la vanguardia musulmana a consecuencia de un desprendimiento de tierras que bien pudiera obedecer a causas naturales y que el cronista atribuye a intervención divina.

Las fuentes cristianas exageraron la victoria sin disimulo e introdujeron componentes legendarios con intención de subliminar de los orígenes de los nuevos reinos surgidos al inicio de la Reconquista; tanto como los textos musulmanes disimularon la derrota, sin poder negarla completamente. Restando importancia a la campaña, Ibn ayyªn e Isa al-Razi definen en sus textos a los astures como un reducido número de combatientes hambrientos, unos «treinta asnos salvajes»; y apuntan que la retirada musulmana estuvo motivada por las dificultades del terreno y lo escaso del botín de someter a tales brutos. El silencio más sorprendente es el de la «Crónica Mozárabe», del año 754, que se puede justificar por el nulo o escaso eco que entre los círculos cordobeses habría tenido una derrota acontecida en un lejano y apartado lugar de la frontera norteña.

Pero, más allá de la envergadura de la batalla o de cómo la vendió cada bando, lo que es incuestionable es que con aquella rebelión se inició el primer núcleo local independiente del poder musulmán con centro en Cangas de Onís, el origen de una dinastía de reyes llamados a ganar terreno a las fuerzas islámicas. Porque «detrás de las contradicciones de las fuentes, de los datos irreconciliables, de las deformaciones fantásticas que ofrecen en muchos casos y de unos silencios no tanto atribuibles a la inexistencia de los hechos como al desconocimiento o minusvaloración, impremeditada o consciente, de los mismos por quienes los historiaban, la realidad de Pelayo y Covadonga, de los sucesos que esos dos nombres evocan, es actualmente incuestionable y de general aceptación por la historiografía más autorizada», señala el catedrático de Historia Medieval Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar en la entrada que le dedica a Don Pelayo en el Diccionario Biográfico de la RAH.

Las dos principales crónicas coinciden en la datación de la muerte de Pelayo en el año 737, tras diecinueve de reinado, puntualizando que ocurrió en Cangas. No lo hizo como un príncipe godo que refundó el reino visigodo, sino como el Rey de un nuevo reino.


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¿Se ha pegado el independentismo un tiro en la sien con Kim Torra?
Jesús Cacho. vozpopuli 16 Mayo 2018

De “genial golpe de efecto” llegaron a calificar algunos la decisión de Mariano, 27 de octubre pasado, de ligar el cese de Carles Puigdemont y del Gobierno catalán en pleno con la convocatoria de elecciones autonómicas para el 21 de diciembre. Aquello fue una “hábil maniobra”, un “anuncio sorpresa” que iba a coger al independentismo con las bragas en los zancajos y el culo al aire. Una “iniciativa audaz” que podía dejarlo reducido a cenizas para mucho tiempo. Naturalmente la maniobra no pasaba de ser la típica añagaza escapista del cobarde redomado que no se atrevía a enfrentarse al toro que Puchimón le había puesto en el ruedo ibérico, y renunciaba a arremangarse y entrar en la Generalidad con la ley en la mano para desmontar de raíz el golpe de Estado faccioso, porque, aterido de miedo, lo único que le importaba, lo único que pretendía con esa salida de urgencia era lavarse las manos cual Pilatos para poder regresar cuanto antes al dulce sesteo de Moncloa.

Aún no se sabe quién fue el cerebro que, en contra de quienes en el propio PP hablaban de “no menos de seis meses” de vigencia del 155 antes de acudir a nuevas elecciones, le convenció para que, en un golpe de ingenio capaz de sorprender a medio mundo, las adelantara al 21-D. Los resultados a la vista están. En realidad lo han estado desde el mismo 27 de octubre. Hoy, casi 7 meses después de aquella infausta decisión, la situación en Cataluña es bastante peor de la que era entonces. No solo has malgastado la bala de plata que tenías a tu disposición para imponer la Ley y hacer respetar la Constitución, sino que has devaluado hasta arrastrarla por el fango la dignidad del Estado y sus instituciones. Es el precio que pagan los cobardes, siempre dispuestos a añadir guerra al deshonor. Mariano, puedes meterte el 155 por donde te quepa.

Y es que hace mucho tiempo que el independentismo te tomó la matrícula, Mariano, que te sabe un pusilánime capaz de convertir a Neville Chamberlain en un provocador, un osado dispuesto a batirse en duelo, cruz de navajas al amanecer, con el más pintado por un quítame allá esas pajas. Lo supo muy pronto Artur Mas y por eso decidió subirse, tan miedoso como tú mismo, al tren del separatismo que otros habían puesto en marcha, porque para el Movimiento Nacional catalán es ahora o nunca, es contigo, Mariano, o con nadie, que Carlos IV, aquel rey feble y traidor capaz de lamerle las botas a Napoleón en Bayona mientras vendía el trono, 210 años os contemplan, es un patriota comparado contigo; y lo sabe de sobra Puchimón. Sabe que el 155 te quema las manos y que sueñas con librarte del cepo a toda velocidad. Lo has repetido tantas veces que casi da vergüenza recordarlo: “yo lo que quiero esssss que elijan cuanto antes un presidente que no essssté imputado, Elsa Artadi, por ejemplo, creo que no esssstá imputada, para volver a la normalidad y a preocuparse por los problemassss de la gente…”

¿De qué normalidad hablas, Mariano? Los indepes te acaban de dar con tu “normalidad” en los morros. Estaba claro que no iban a dejar pasar la oportunidad de volver a controlar cuanto antes el Presupuesto, que no iban a correr el riesgo de hacer posible unas nuevas elecciones cuyos resultados carga el diablo. Lo que han hecho, con la lógica perversa de quien sabe qué es lo que más te puede molestar, ha sido elegir como nuevo presidente de la Generalidad al peor de los presentes en el casting, el peor de los candidatos posibles, el más iluminado, el más decidido a despeñarse por el barranco, un tipo dispuesto incluso al enfrentamiento civil, de modo que, Mariano, de dormir la siesta nada de nada, porque aunque vas a poder seguir en el machito año y pico más –has cometido la felonía de mercadear el 155 con el PNV a cambio de su apoyo a los Presupuestos Generales de Mariano (PGM)- vas a pasar las de Caín, no vas a poder tumbarte a la bartola, porque te han colocado en frente a un tipo que está justo en tus antípodas de supremo acollonado: alguien dispuesto a inmolarse por la causa.

No voy a reiterar las habilidades del xenófobo racista Kim Torra, de quien Miquel Giménez hizo aquí el sábado (“Las claves para entender a Quim Torra”) un extraordinario retrato. Estamos ante un tipo al que hay que calificar de nazi sin ambages, alguien convencido de la superioridad de una supuesta raza catalana, para quien los españoles (catalanes no indepes incluidos) somos “bésties”, mulas de carga, raza inferior, parásitos indeseables, no personas. “Los catalanes son una raza superior”, escribió en marzo de 2014. De modo que, para Kim, los no separatistas son esos “perros judíos” para los que Reinhard Heydrich y Heinrich Himmler, dos de los nazis más radicales, prepararon la “solución final”. Un personaje que ha manifestado su admiración por los líderes de Estat Català y por los hermanos Badia, “los mejores ejemplos del independentismo”; un violento que reclama “un nou Prats de Molló”, el intento de invasión de Cataluña planeado desde Francia por Macià y la dirección de Estat Català en 1926.

Kim Jong-un al frente de la Generalidad
“Ya no nos vale ningún Estatuto del mundo”, ha proclamado. Como ocurriera en los años 30 en la Alemania nazi, aquí nadie puede llamarse a engaño. Hitler anunció con tiempo suficiente cada uno de los pasos que condujeron al desastre; Torra nos adelanta con total determinación su voluntad de construir la República catalana y destruir el Estado. El desafío es total, ¿todavía no lo entiendes, Mariano? Estos van al choque frontal mientras tú sigues cual espantajo perdido en mitad del rastrojo en un triste atardecer de octubre, pánfilo atascado en tu infinita cobardía, en tu miseria moral. Puchimón ha decidido jugárselo todo a una carta, la del ahora o nunca, porque es contigo o con nadie, que jamás volverán a encontrar a alguien tan cobarde al frente del Gobierno, y ha colocado -con tu ayuda, cierto, y la del PNV- a este remedo de Kim Jong-un al frente de la Generalidad con el encargo de llevar el desafío hasta sus últimas consecuencias, confiando en que, si el enfrentamiento civil llegara a hacerse efectivo en las calles, la comunidad internacional no tendría más remedio que intervenir. Esa parece la apuesta del loco-cuerdo de Berlín.

La elección del president títere es, sin embargo, tan obscena; la nominación de este ultra xenófobo y racista, de sonrisa tan torva como su mirada, es tan aparatosa, tan escandalosa, que resulta casi inevitable, pasado el primer momento de sorpresa, pensar en que el Movimiento Nacional indepe se ha pegado un tiro en el pie si no lo ha hecho en plena sien, allí donde no hay cura humana posible. Resulta que la “revolución de las sonrisas”, ese Movimiento todo democracia, educación y buenas maneras, quintaesencia del pacifismo, que durante tantos años nos ha vendido la propaganda indepe, era esto: ¡racismo a palo seco! Lo sabíamos, claro está, pero Torra se ha encargado, gracias Kim, de ponerlo negro sobre blanco. Kim ha verbalizado lo que la mayoría de los líderes del independentismo piensan sobre los españoles y no se atreven a enunciar. Pero, si admitimos que el procés no ha pasado nunca de ser más que un escenario de cartón piedra basado en una eficaz e intensiva utilización de la propaganda, ¿con qué argumentos, con qué cara, con qué cuajo van ahora a “vender” los Puchimones la figura del SS-Obergruppenführer Torra en la Unión Europa y alrededores?

No hay vuelta atrás, Mariano, por mucho que te asuste el envite. Pon a trabajar al inútil de Dastis pregonando por las cancillerías europeas la buena nueva del nuevo Estat Català fascista que pretende encabezar Puchimón y su fiel Torra. Lo ocurrido obliga a todos los partidos del arco parlamentario a retratarse sin argucias que valgan. Preservar la unidad de España es condición sine qua non para asegurar las libertades democráticas, amén de la prosperidad económica. Si Torra demuestra su voluntad de cumplir lo prometido, no habrá más remedio que ir de una vez por todas a la suspensión de la Autonomía catalana por el tiempo que sea menester. Sin cataplasmas que valgan ni 155 reforzados. Está en la Constitución española. Puchimón acaba de ofrecerte, Mariano, una oportunidad histórica para acabar con el golpismo catalán de una vez. Ojo, con el golpismo. El prófugo berlinés te lo ha puesto a huevo, te lo ha servido en bandeja nominando como president a este racista ramplón, plato de imposible digestión para cualquier demócrata europeo y no digamos ya para los Gobiernos de la UE. Pero para dar ese golpe sobre la mesa hace falta un mínimo de entereza y dignidad, Mariano. Lo que tú no tienes. Tú eres el gran responsable de la vuelta atrás ocurrida en Cataluña, hasta el punto de que tendrías que haberte ido a tu casa este mismo fin de semana por simple imperativo moral. Ni lo has hecho ni lo harás, porque para abordar la solución del problema catalán con la entereza democrática que reclama la gravedad del caso, primero es indispensable sacarte a ti de Moncloa. Aunque sea a gorrazos.

Presupuesto golpista, no
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 16 Mayo 2018

Albert Rivera ha dicho que "los españoles no se merecen" el acuerdo de Rajoy y Sánchez para que recomience el golpe de Estado ese Hitleret que llama "bestias" a los catalanes y otros cuatrocientos cincuenta millones más que en el mundo hablan español. Cierto. Por eso los españoles dejan en masa de votar a los partidos que han usufructuado el régimen constitucional durante cuarenta años. Ahora, en el momento más grave de la historia de España desde 1936, Rivera debe demostrar que merece ser el presidente de esos españoles traicionados por los que, ante el requetegolpe de Estado, huyen en desbandada camino de unos jueces a los que Catalá y Robles ya han apuñalado preventivamente, por si Torra accediera a disimular un añito.

La parte de representación o parlamentaria ante el requetegolpe ya la ha desempeñado magníficamente Ciudadanos. Es difícil hacerlo mejor que Inés Arrimadas en las sesiones de investidura del que nos llama "bestias", sin que se inmuten esos medios de comunicación catalanes apesebrados y golpistas. Torra presume también de que toda su familia, como pidió en un tuit, es parte de los CDR, esos matones que agreden a los que en Cataluña se oponen a la dictadura xenófoba de un nacionalismo que, al fin, muestra su verdadera faz. También ha negado la legitimidad de su propio nombramiento, al reconocer que es otro y no él, pese a haberlo votado el parlamento regional, el presidente legítimo: el forajido, archicobarde y requetegolpista Puigdemont. También ha dicho que repondrá al paramilitar golpista Trapero -que debería estar en la cárcel- al frente de los 17.000 mozos de escuadra que son los que han de enfrentarse a tiros con la policía, la guardia civil y el ejército español. Y, por supuesto, ya ha dicho que a ver qué día decae el 155 y le dan la llave de la caja para refinanciar el requetegolpe, o sea, el enfrentamiento civil.

Ese dinero es el de los futuros Presupuestos del Estado, que serían los del requetegolpe pactado por Rajoy con Urkullu y sus borrokas. Y Rivera no debería votarlos jamás. Si Sánchez, que participa plenamente del proyecto golpista catalán en la Comunidad Valenciana y Baleares, quiere votarlos, que lo haga. Los españoles no merecemos que Rivera también nos traicione. Aunque no sea por patriotismo sino por interés, debe romper ya con Rajoy.

Comentarios repugnantes
EL RUIDO DE LA CALLE El Mundo 16 Mayo 2018

Los demócratas españoles tienen el deber de impedir que no se cumpla aquella maldición de Quevedo según la cual en tanto en Cataluña quede un solo catalán, tendremos enemigos y guerras. Pero hay que saber con quién nos estamos jugando el tipo.

Los análisis oportunistas llevan 40 años culpando a la derecha y al inexistente nacionalismo español de la crisis de Cataluña. Quizás ahora, algunos de los dogmáticos que concluyen que la derecha ha hecho cosas execrables, aceptarán que, en la cuestión nacional, derecha e izquierda estaban apoyando, por ignorancia o por vileza, la ascensión y el despliegue de un nacionalismo situado en la extrema derecha de Europa, un supremacismo similar al que expulsó de su territorio a la población que no era de su tribu o de sus creencias. A ver si ahora despiertan, como ha despertado el Partido Socialista Europeo que lamenta el nombramiento de Quim Torra: "Los comentarios racistas de Torra son completamente repugnantes y crean serias dudas sobre su adecuación al puesto".

Otra vez, como siempre, el despedazamiento nacional; Europa, por ahora, mantiene su apoyo al Gobierno de España. La UE ha rechazado los comentario racistas del nuevo president y Jean-Claude Juncker defiende la postura del Estado español. Su portavoz, Margaritis Schinas, ha dicho que no han cambiado su posición de defensa de la unidad de España. "No voy a dignificarlo con un comentario", declaró al ser preguntado por las injurias de Torra contra los españoles. Pero que nadie espere que Europa nos saque de la crisis de Estado ni que los separatistas dejen de ser la viruela de la Monarquía.

Los secesionistas han olvidado su tradicional opción pactista y burguesa para proclamar la independencia. Algunos diarios de prestigio alertan sobre el peligro que afronta la democracia española. La rebelión de Cataluña sigue sin contar con un apoyo mayoritario, pero asistimos a un proceso degenerativo en el que la desinformación lo inunda todo desde un poder instintivo que apela a su Historia después de inventarla. "Cada época -escribe Ortega- se camufla según el matiz de los tiempos, como los grandes ríos toman el color del cielo o de las nubes que sobre ellos pasan a la deriva".

Los nacionalistas con sed de poder incurren en la ilegalidad y la deshonestidad más flagrantes, convencidos de estar en algo más grande que ellos mismos, con la certeza de que todo esta permitido por su bandera de conveniencia. Tenemos el 99,6% de los genes idénticos a los del chimpancé y su mismo instinto para marcar el territorio. Ese instinto gobierna a los nacionalistas igual que a los gatos.

Desmarcarse de verdad del PP y del PSOE
EDITORIAL Libertad Digital 16 Mayo 2018

Mientras los voceros del Gobierno de Rajoy todavía tratan de vender una supuesta "vuelta a la normalidad" constitucional en Cataluña, el nuevo presidente de la Generalidad, el indeseable Quim Torra, reitera clara y públicamente su compromiso con la "República catalana", su "inquebrantable lealtad" a Carles Puigdemont y a su Gobierno destituido y a todo el ilegal proceso secesionista iniciado en Cataluña en 2012. Ni que decir tiene que Torra, como antes Puigdemont, no va a jurar la Constitución en su toma de posesión.

Por el contrario, fiel a ese "principio de restitución" que será la base de su Gobierno, según él mismo ha confesado, el indisimulado racista e hispanófobo al que se va a tolerar que presida la Generalidad no sólo rinde pleitesía a Puigdemont visitándolo en Berlín –visita que repetirá, como servil testaferro que es, "todas las veces que haga falta"–, sino que pretende que muchos de los exconsejeros golpistas y hasta el exjefe de los Mozos de Escuadra José Luis Trapero vuelvan a sus puestos.

El "principio de restitución" incluye además para Torra no sólo la reapertura de las embajadas catalanas en el extranjero o la contratación de los altos cargos de confianza destituidos, sino el fortalecimiento de todas las ilegales estructuras de Estado afectadas por la superficial y fugaz aplicación del artículo 155 de la Constitución. Eso, por no hablar de "impulso del proceso constituyente" que, según dijo en su discurso de investidura, "tiene que acabar en la propuesta de la Constitución de Cataluña".

Así las cosas, no es de extrañar que el indeseable Torra ya haya pedido a Rajoy que fije "día y hora" para levantar el 155 y "el control de las cuentas" de la Administración autonómica. Y es que, dado el proceso de ruptura en el que los nuevos gobernantes regionales pretenden seguir embarcados, no sólo será necesario que retomen inmediatamente el control de las cuentas, sino que el Gobierno de Rajoy les vuelva a ayudar a cuadrarlas con el Fondo de Liquidez Autonómica, tal y como tan vergonzosa como silenciadamente ya hizo durante las dos primeras fases del procés, que lideraran Artur Mas y Carles Puigdemont respectivamente.

El discurso del nuevo presidente de la Generalidad está tan abiertamente comprometido con el golpe de Estado que tanto Mariano Rajoy como Pedro Sánchez se han visto en la necesidad de silenciar lo de la "vuelta a la legalidad" y han tenido que acompañar su consensuada e irresponsable decisión de poner fin al 155 con el compromiso de volver a aplicarlo si Torras pasa de "las palabras a los hechos", así de vigilar, esta vez sí, las cuentas de la Generalidad.

No es de extrañar que de esa mal disimulada desidia e indolencia del PP y del PSOE se haya querido desmarcar el lider de Ciudadanos, Albert Rivera. Con todo, el tardío desmarque de Ciudadanos debe concretarse en hechos y en medidas concretas y coherentes, pues no hay que olvidar que las tres formaciones han sido compañeras de viaje en el disparate de no haber intervenido una Administración en rebeldía hasta cinco años después de haberse iniciado el proceso de ruptura. Eso, por no hablar del disparate todavía mayor que ha supuesto desvirtuar y reducir la aplicación del 155 a un mero mecanismo de convocatoria electoral, que, tal y como era previsible, no hizo otra cosa que restituir a los golpistas en el poder regional.

Para que el denostado oportunismo de Ciudadanos se convierta en algo verdaderamente oportuno; para que su no menos criticado electoralismo se convierta en un auténtico y encomiable compromiso electoral, el partido de Rivera debe dejar de ser –nada menos que junto al PNV– el sostén parlamentario de este Gobierno felón. Es necesario, además, que se comprometa de una vez a oponerse a todo auxilio financiero del FLA a la Generalidad mientras ésta siga en rebeldía; a no volver a invocar el 155 simplemente para convocar elecciones regionales; a defender abiertamente el derecho a estudiar en español sin desvirtuarlo con inmersiones trilingües; y a denunciar penalmente a los golpistas. Sólo entonces el desmarque de Ciudadanos será verdaderamente creíble.

Torra, el gran catalizador
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli  16 Mayo 2018

Quim Torra ya es presidente de la Generalidad. Será el número 131 desde que la Institución se creó hace siete siglos con el objetivo de recaudar los tributos destinados al rey. Generalidad en origen no era el nombre de la institución, sino del impuesto. La institución en sí se llamaba Diputación del General.

En todo este tiempo la Generalidad, creada en origen como una simple comisión temporal, ha atravesado infinidad de vicisitudes y hoy es simplemente el nombre que se aplica al Gobierno autonómico en Cataluña. Eso es desde hace poco más de 40 años. La Generalidad siguió existiendo en el exilio, pero fue a partir de 1977 cuando se le volvió a llenar de competencias.

Todas las recibió de la Constitución española, aprobada en referéndum con el voto afirmativo del 90% de los catalanes. Pero los que se hicieron con la Generalidad tras la salida de Josep Tarradellas en 1980 tenían otros planes. Querían convertir la antigua Diputación del General en una cosa bien distinta: en una plataforma sobre la que construir desde cero un Estado propio identificado con la nación catalana que habían teorizado los padres ideológicos de la Lliga Regionalista un siglo antes.

Eso implicaba tiempo y determinación. Tiempo ha pasado mucho. Dos generaciones completas han nacido desde entonces. Pero, a pesar de ello, la Cataluña soñada por los Bartomeu Robert, los Pompeu Gener y los Jordi Pujol no termina de materializarse. Los hechos están ahí. Tras una gigantesca operación de ingeniería social, la mayor que se ha practicado en España desde la posguerra, no han conseguido convencer ni a la mitad de los catalanes. Los resultados de las últimas elecciones, ya celebradas en un ambiente plebiscitario, son la prueba más palmaria.

No les ha bastado con el control absoluto del sistema educativo y el predominio en los medios de comunicación. Tampoco con la dejación sistemática del Gobierno central que, por conveniencia o por miedo, no ha osado incomodarles en cuatro largas décadas. Todo lo contrario. Desde Moncloa se les ha ido extendiendo una alfombra tras otra, Gobierno tras Gobierno, legislatura tras legislatura. Había que buscar un encaje, decían, pero lo que los nacionalistas querían encontrar era el desencaje.

Lo único que les queda es la determinación. Ahí hay que reconocerles una tenacidad asombrosa. Ni el estrepitoso fracaso del procés, tocado y hundido tras las jornadas de octubre. Ni el fastidioso veredicto de las urnas en diciembre, que ni les daba la mayoría en votos ni les colocaba como el partido más votado. Ni la aplicación del 155, ni la alarmante fuga de empresas, ni la enrarecida atmósfera que ellos mismos han creado les han hecho apartarse de su objetivo único, que no es otro que echar un pulso al Estado y ganarlo cueste lo que cueste.

La designación digital de Quim Torra como continuador de esta etapa final es, por tanto, la consecuencia lógica, casi necesaria. Es síntoma y efecto a la vez. Síntoma porque alguien así, engolfado en el radicalismo más ultramontano, es exactamente lo que los votantes de ERC y PdeCat desean. Es el líder con el que el independentismo exaltado soñaba en tanto que representa la plasmación químicamente pura de esas ideas en el Parlament.

Y es el efecto porque todas las locuras y desvaríos que hemos tenido ocasión de presenciar durante los últimos meses en las calles de Cataluña tienen en un sujeto semejante su culminación, la coda del delirio colectivo en el que vive inmersa la mitad de los catalanes desde que el insensato de Artur Mas inaugurase este absurdo hace ya seis años. Esto, evidentemente, tendrá consecuencias directas tanto en Cataluña como en el resto de España. Porque, aunque los independentistas repitan incansablemente que Cataluña no es España, lo es hasta el extremo de que lo que pasa allí retumba en todo el país con una furia inusitada.

Torra va a ser el gran catalizador, si lleva adelante sus planes -y todo indica que lo hará tal y como señaló desde estas mismas páginas Miquel Giménez hace unos días- el conflicto está servido. Ya se sabe que nunca segundas partes fueron buenas, de modo que si la primera nos pareció esperpéntica se acabarán los adjetivos para describir a la segunda. Esto traerá dos derivaciones inevitables: la aplicación de un 155 reforzado y la convocatoria de elecciones autonómicas.

Por último, si bien no menos importante, el corolario final podría ser algo que Rajoy no preveía, que el PNV se retire del acuerdo de los presupuestos y vayamos de cabeza a elecciones generales anticipadas. Todo antes de fin de año. Rajoy podría tratar de resistir, y en ello está, pero lo que se avecina en Cataluña es algo más que una tormenta perfecta, es un seísmo que podría echar abajo todo el edificio constitucional.

Pero lo más sorprendente de todo no es que los independentistas se porten como tales, sino que los que dicen defender la Constitución estén tan descolocados, tan en Babia haciendo cálculos políticos a corto plazo. Los independentistas saben a lo que se enfrentan, ellos ya se han preparado para lo peor; ellos, de hecho, ya están en lo peor.

La indignación de la ciudadanía con los políticos toca fondo
España no puede estar meses pendiente de que, los separatistas, sigan su juego contra la unidad del país
Miguel Massanet diariosigloxxi 16 Mayo 2018

Cuando un director de un periódico, después de criticar el contubernio entre Puigdemont, desde Berlín, y al hombre de paja que ha situado al frente de la Generalitat, Quim Torra, para que le sirva de lacayo, al frente de un grupo de viejas glorias del separatismo catalán que parece ser que volverán a aquellos cargos de los que fueron desalojados por el 155, si se confirman las palabras que ha pronunciado públicamente durante los pasados días; termina su editorial de hoy, como ha hecho el señor Marius Carol, de La Vanguardia, con la aceptación de la designación del señor Quim Torra, el candidato propuesto o impuesto, desde su retiro dorado en la capital alemana, por el expresidente prófugo de la Justicia, congratulándose de que, por fin, haya un presidente, aunque el escogido se trate de un sujeto impresentable, xenófobo, faltón y con todos los antecedentes negativos que los sitúan en un escalón por encima de señores como Tardá, Rufián o cualquiera de estos expertos en desbarrar, que han estado ejercitando su facilidad para el insulto contra todos los españoles, las autoridades de la nación y todos los que han luchado y siguen luchando para acabar con este intento de desmembración de España.; se demuestra que estamos ante una situación extremadamente preocupante, en la que cualquier cosa vale, todo se tolera y nada parece que pueda anteponerse a esta deriva independentista ante la cual no hay ley que valga, sentido común que prevalezca ni seny que se le resista; cuando, en realidad, de lo que se trata es de ir dando pasos hacia lo que los soberanistas, que han decidido nominar como la República Independiente de Cataluña, una comunidad que, por mucho que se empeñen los sediciosos, no es más que una más de las regiones de la nación española. Eso sí, capaces de acabar con la paciencia de cualquiera cuando, esta parte de la ciudadanía catalana se empeña en jorobar al resto de la nación.

Lo que está sucediendo es que, en realidad, con este nombramiento, evidentemente con la intención de romper la baraja de la convivencia con el resto de los españoles, tenemos la amarga impresión de que, el señor Rajoy, en el fondo, a pesar de sus gestos de enojado y sus advertencias al elegido de que no se atreva a salirse de los márgenes de la Ley, ha respirado a pulmón libre al poder, por fin, conseguir su más deseado propósito, ¡poder iniciar las negociaciones con el PNV, cueste lo que cueste y valga lo que valga, para conseguir el apoyo de esta formación vasca que, como es de esperar, conseguido su objetivo de que se retire el 155, ahora va a presentar sus particulares cuentas del Gran Capitán para darles un buen mordisco a las arcas del Estado español! Aquí conviene recordar una anomalía que, dado que se produce entre países pertenecientes todos a la UE, nos parece que merece una simple reflexión y es que, señores, semeja algo increíble que, desde una nación soberana como es Alemania, en la que se ha dado cobijo a un sujeto que ha intentado un golpe de Estado contra el gobierno español, todo ello a causa de que un tribunal de un länder alemán se haya salido de sus facultades incumpliendo una orden de detención europea; destinada, precisamente, a aligerar los interminables trámites de una extradición y para cuyo cumplimiento sólo es preciso que, el delito del que se le acusa a aquel que es el objeto de la petición de entrega al país reclamante, sea contemplado en el ordenamiento jurídico de la nación en la que ha sido detenido.

Y aún en el caso de que se siguiera negando el cumplimiento de la orden europea de detención y subsiguiente entrega del señor Puigdemont; parece incomprensible que, desde un país que, en teoría, es amigo de España, reconoce que se trata de una democracia en la que se respetan los derechos de sus ciudadanos y existe un Estado de derecho al menos, si no más, garantista que el que pudiera regir en la nación alemana. Y ante un situación tan anómala se le permite a este fugado de la justicia española que, desde su hotel o dónde sea que viva el señor Carles Puigdemont, pueda organizar una campaña de desafío y descrédito respecto al gobierno, las autoridades o la Justicia españoles con plena impunidad y sin que nadie le recuerde que está recogido en Alemania por cortesía de su gobierno. A mí se me ocurre que este caso empieza a tener las mismas características que las que concurren en el caso del señor Julián Asange, un prófugo de los EE.UU refugiado en la embajada en Londres del Ecuador, al que este país le hizo firmar un documento en el que, el interesado, asumía “el compromiso a no opinar sobre la política de Ecuador ni otros países”, algo que guarda relación con las normas de asilo que debe cumplir. Últimamente, debido a que Asange se extralimitó en sus críticas se le ha impedido que use el teléfono, dejándolo aislado dentro de la embajada.

Contrasta este ejemplo con la absoluta libertad de la que goza el expresidente de la Generalitat, en cuanto a poder utilizar su residencia en Berlín para poder dirigir cuantos improperios considere contra nuestro país y, lo que todavía resulta más incomprensible, que no se le haya advertido, por las autoridades alemanas, de que Alemania no puede consentir que un “gobierno títere” instalado en territorio alemán, pretenda gobernar una parte de España, como es la autonomía catalana, desde territorio de la nación alemana. No sabemos lo que hubieran pensado los alemanes si, desde España, un presunto gobierno del lände de Baviera, decidiera desoír la advertencia del TS alemán en la, escuetamente, se les advertía a los solicitantes que no había lugar a ningún intento de escisión de Alemania, ni siquiera posibilidad de intentarlo, debido a que los partidos independentistas, en aquel país, están completamente prohibidos, y ello decidiera dirigirlo desde Madrid.

Nos parece atorrante el que nuestro Gobierno siga manteniendo su política de esperar a que los soberanistas cometan delitos para poder formular recursos ante los tribunales. Existen leyes administrativas que se podrían aplicar perfectamente desde el Ejecutivo, que no precisarían que los delitos se consumasen y que podrían usar con carácter preventivo de modo que se evitara el deber enfrentarse a hechos consumados que, al estar ya en fase de no retorno su solución, aparte de requerir más tiempo cuando se trata de la aplicación de la justicia ordinaria, tiene el inconveniente de que, en casos como este que estamos tratando, donde la labor de propaganda, difusión, captación de proselitismo e intoxicación del pueblo, cuando se permite que se lleven a cabo ( el caso de la TV3 catalana , La Vanguardia, Avui y otros medios, como Cataluña Radio, son ejemplos flagrantes de lo que unos medios de comunicación, a los que se les ha permitido seguir con su línea de contaminación de la información, han resultado ser armas formidables para darles alas a los levantiscos separatistas catalanes) es inmediata y fácilmente divulgable.

¿Cómo puede el señor Quim Torra, anunciar, públicamente, que volverá a poner en marcha todas aquellas leyes inconstitucionales que el TS y el TC declararon ilegales? o ¿cómo se puede consentir que los de la CUP, un grupo del que ya se sabe que sigue sin acatar las leyes españolas, manifieste que no aceptará bajo ninguna condición que la supuesta nación catalana regrese a lo que (por cierto nunca lo ha abandonado) al autonomismo? O que, el nuevo presidente electo de la Generalitat diga que “se iniciará un nuevo proceso constituyente” cuando es evidente que, si el Parlamento Catalán vuelve a las andadas, el 155 se activará de nuevo. En este caso esperamos que, al menos, sirviera para algo más que para ayudarles a los insurrectos a seguir ganando adeptos y para poner en un brete a nuestra Guardia Civil y Policía Nacional.

Pero, para nuestro Gobierno del PP, contrariamente a lo que esperábamos de él los que lo hemos votado durante años, lo que verdaderamente le ha estado importando, por encima de lo que pueda afectar a los independentistas No olvidemos los preocupantes acontecimientos que tienen lugar en el País Vasco y Navarra, en cuanto al comportamiento de la población de dichas autonomías que, contrariamente a lo que dicta el sentido común y sin que parezca que las autoridades de dichas comunidades se sientan afectadas por la insurrección callejera, sino más bien la están apoyando, se protesta por la celebración del juicio que está teniendo lugar en Navarra, contra los gamberros abertzales que, en número muy superior, agredieron y golpearon fuertemente a dos guardia civiles y sus parejas a los que, de víctimas de la barbarie, el populacho convertido en defensor de los delincuentes, ha pretendido convertirlos en culpables de todo. ¡Claro, ellos no tenían derecho a vivir, pasear, disfrutar o tomarse unas copas en un bar que, para quienes los golpearon, no estaba ubicado en una autonomía española, sino en un país de superhombres de raza superior, al que Sabino Arana le enseñó a sentirse muy por encima del resto de españoles! Quizá por eso, cuando el general Franco, en un paseo militar, se apoderó del país vasco, a pesar de su jaleado cinturón de hierro, hasta los curas vascos se sintieron ofendidos.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, las personas decentes de este país, los que piensan que hay cosas del pasado que debieran conservarse y que las tradiciones nunca deben despreciarse, debemos mostrar nuestro rechazo a la forma en la que, los políticos que actualmente están al frente de los partidos y las instituciones españolas, están ocupándose de los problemas que afectan a todos los españoles y que, sin duda, no pueden abandonarse para intentar afianzarse en el poder y condicionar todo el futuro de la nación y de sus habitantes, a las conveniencias electorales de cada formación política, algo que, por desgracia se ha convertido en uso habitual de quienes nos gobiernan y de los que están instalados en la oposición. Nadie puede aventurar lo que va a ser de este país y de los partidos que hoy forman parte del arco parlamentario, pero lo que sí es evidente es que, si los acontecimientos siguen la deriva que los políticos parece que están dispuestos a mantener; lo más probable es que nuestra permanencia en la UE tenga los días contados y todo el bienestar que, a pesar de lo que los pesimistas intentan desacreditar, estamos disfrutando en España; es muy posible que, en manos de todos estos antisistema, progres, anarquistas y comunistas bolivarianos dispuestos a gastarse el dinero del que no disponemos en despilfarro que, como ha sucedido en los países en los que se han aplicado estas teorías marxistas, todos acabemos disfrutando de una miseria como la que, en la actualidad, existe en Venezuela en la que los únicos ricos, son aquellos que dirigen la nación desde las poltronas de la dictadura, eso sí “proletaria”.

155: el enésimo fracaso de Rajoy
Arturo García gaceta.es 16 Mayo 2018

El Gobierno concluye la aplicación del artículo 155 sin haber solucionado ninguno de los males que asolan Cataluña.

“Seguiremos vigilando”. Estas palabras de Mariano Rajoy ilustran la realidad en la que vive el Partido Popular, que parece completamente ajeno a lo que ha ocurrido en Cataluña en los últimos tiempos y a las intenciones de Quim Torra tras ser investido presidente de la Generalitat.
Torra ya ha dejado claro que no está dispuesto a cumplir la ley: “No acataré la Constitución”, aseguró en una reciente entrevista. Desde SOS Racismo han calificado de “peligroso, irresponsable e inaceptable” y “basado en prejuicios” el discurso del presidente catalán.

El Gobierno, con el apoyo del socialista Pedro Sánchez, concluye la aplicación del artículo 155 sin haber solucionado ninguno de los males que asolan la comunidad autónoma. Más bien al contrario. Rajoy, con Soraya Sáenz de Santamaría como brazo ejecutor en Cataluña, no ha sabido tomar las riendas de las instituciones autonómicas y los secesionistas han controlado en todo momento la situación.

TV3, terminal mediática del separatismo que no fue intervenida por petición expresa de Sánchez, continúa escupiendo su odio contra los españoles e incluso asesinos etarras han encontrado cobijo en la redacción de una televisión financiada con el dinero de todos los catalanes.

El bochorno nacional sólo ha sido superado por el que ha tenido lugar en la esfera internacional. Casi una decena de dirigentes independentistas, con Carles Puigdemont a la cabeza, han paseado por toda Europa vendiendo las lindezas del ‘procés’ y denunciando la escasa calidad democrática de nuestro país. El silencio ha sido la única respuesta de un Gobierno que ha demostrado no estar a la altura de uno de los desafíos más importantes de nuestra historia.

Ciudadanos y VOX han sido los dos únicos partidos que se han puesto de cara frente al desafío secesionista. La formación presidida por Santiago Abascal ha exigido a Rajoy que continúe el camino de Alemania e ilegalice a ERC, JuntsxCAT y la CUP por “comprometer la unidad de España”.

Rajoy situó a Cataluña en el centro de sus prioridades en 2011 y colocó a la vicepresidenta del Gobierno al frente del equipo que debía tratar con los líderes separatistas. Sin embargo, los populares no aprovecharon su mayoría absoluta y el asunto catalán quedó a un lado en un Ejecutivo únicamente centrado en la tan traída “recuperación económica”.

“Patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando el odio por los demás pueblos es lo primero”. Estas palabras del francés Charles de Gaulle evidencian la realidad de un proceso independentista basado única y exclusivamente en la aversión a España y que ha gozado de la absoluta complacencia de los sucesivos gobiernos. De aquellos polvos, estos lodos

Un pirómano para apagar el fuego
Ana Castells estrella digital 16 Mayo 2018

El gobierno de la Generalitat de Cataluña, que no de Cataluña, está a punto de caer en manos de un racista furibundo. Alguien que hace de su odio y desprecio a España y a los españoles su bandera ideológica. Que hace de la descalificación de otra “raza” su argumento de autoridad.

Alguien que habla de la “pureza” de la raza.

Creíamos que, después de los millones de muertos causados por ideologías análogas, nadie volvería a atreverse a utilizar este tipo de argumentos para establecer sus supuestos derechos o los de un pueblo.

Ni los pueblos ni los países tienen derechos, los tienen los individuos. Solo las personas pueden ser ciudadanos. Solo las personas pueden reivindicar su personalidad, su libertad, su diferencia.

Reducir a las personas a una masa amorfa, llámesela pueblo, país, o lo que es peor, raza es muestra del desprecio hacia las personas de quien utiliza tales términos.

Los separatistas catalanes continúan empeñados en hablar de Cataluña y de los catalanes como si todos los ciudadanos de aquella comunidad, sea cual sea su origen, estuviesen alineados bajo una misma bandera cuando la realidad ha demostrado repetidamente que no representan ni a la mitad de la población a la que pretenden dirigir.

Sin embargo, pese a todos los errores, ridículos internacionales incluidos, cometidos por los separatistas Cataluña está perdida para España.

El proyecto separatista lleva años regando, con el dinero de todos, personas e instituciones. Lleva años educando a la juventud en el odio y el agravio contra España. Lleva años convenciendo a la población de que, en los hospitales públicos, los enfermos tienen que pagar el agua que beben por culpa “de Madrid”, de que los trenes funcionan mal porque “Madrid” no se los regala (prescindiendo del hecho de que los que cuando los han gestionado han empeorado notablemente).

Llevan años machacando con el argumento de que “Madrid” ahoga el desarrollo de Cataluña porque hizo recortar un Estatuto que representaba la voluntad de la población, obviando el hecho de que ni la mitad de los votantes se había molestado en ir a votarlo. Lleva años utilizando descaradamente lo que llaman medios de comunicación de la Generalitat con el más abyecto método de “agitprop” que se haya visto en un país democrático.

Pero no todo el mérito es de los separatistas. El Estado ha desaparecido de Cataluña desde hace años por los intereses de los dos partidos que han ejercido el poder en España.

La necesidad de los votos nacionalistas para alcanzar el gobierno o para sacar adelante algunas leyes (y el recuerdo del fiasco del gobierno cuando intentó destapar el pufo de Banca Catalana) ha dado armas a los separatistas para ir laminando la presencia de las instituciones del Estado en Cataluña que lleva años funcionando con el convencimiento de que el Gobierno no se atrevería a hacer nada para pararles. Y razones no les han faltado para creerlo.

Ver de dónde vienen los problemas está muy bien pero el problema es ¿y ahora qué?

¿Tiene el gobierno un plan para evitar lo que parece mas que inevitable? ¿Tiene el gobierno un plan para recabar el apoyo internacional claro y decidido?

Y sobre todo, ¿están los partidos constitucionalistas dispuestos a olvidar sus miras electoralistas y actuar, por una vez, unidos y lealmente?

Me permito ser, moderadamente, pesimista...

Anna Castells
Licenciada en Derecho y periodista

La raza española
José García Domínguez Libertad Digital 16 Mayo 2018

Si algo se puede afirmar ya con certeza indubitada tras toda la bilis infecta vertida en la prensa de Madrid a raíz de la investidura de nuestro president, el Muy Honorable Quim Torra, es que los habitantes del Estado español, y muy especialmente los andaluces, resultan ser criaturas poco hechas y de natural anárquicas. Nada nuevo, por lo demás. Recuérdense si no las palabras que Jordi Pujol publicó a principios de la década de los sesenta del siglo pasado en un libro titulado La inmigración, problema y esperanza de Cataluña. Pues allí ya podía leerse esto:

El hombre andaluz no es un hecho coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido (…) es, generalmente, un hombre poco hecho, es un hombre que hace cientos de años pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de la comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España. Si por la fuerza del número la llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña.

Y difícilmente podría ser de otro modo teniendo en cuenta que, tal como con similar perspicacia el hoy preso político Oriol Junqueras reveló en cierto artículo del diario Avui aireado a mediados de 2008, los catalanes tienen más proximidad genética con los franceses que con los españoles; más con los italianos que con los portugueses, y un poco con los suizos. Mientras que los españoles presentan más proximidad con los portugueses que con los catalanes y muy poca con los franceses.

La pieza llevaba el sugerente título de "Bon vent"… Una expresión que todo buen patriota catalán sabe interpretar a la primera. Así las cosas, nadie debería escandalizarse a estas alturas de que el cociente intelectual de los españoles y las españolas sea muy inferior al característico de los catalanes y las catalanas. A fin de cuentas, esas diferencias genéticas también se dan en otros muchos Estados, tal como Heribert Barrera, inolvidable presidente del Parlament en su día y secretario general que fuera de Esquerra Republicana de Catalunya, explicó en relación a los negros norteamericanos. "El cociente intelectual de los negros de EEUU es inferior al de los blancos", concluyó aquel gran científico catalán. Para, acto seguido, añadir:

No pretendo que un país haya de tener una raza pura; esto es una abstracción. Pero hay una distribución genética en la población catalana que estadísticamente es diferente a la de la población subsahariana, por ejemplo. Aunque no sea políticamente correcto decirlo, hay muchas características de la persona que vienen determinadas genéticamente, y probablemente la inteligencia es una de ellas.

También a las enseñanzas de Barrera debemos otras aportaciones al acervo común del catalanismo cívico e integrador no menos valiosas que las anteriores. Como, sin ir más lejos, las que se contienen en esta otra reflexión suya:

El país en conjunto perdió [se refiere a la inmigración hacia Cataluña de los sesenta]. Ahora tenemos escasez de agua. Si en lugar de seis millones fuésemos tres, como antes de la Guerra, no tendríamos ese problema. Una de las propagandas del multiculturalismo es que el mestizaje es un enriquecimiento. ¿Por qué? ¿Qué ganamos con que en este momento se bailen en Cataluña tantas sevillanas? Nada.

De ahí, del acuciante problema de las sevillanas, que tantas madres catalanas teman con una comprensible mezcla de horror y pánico que sus hijos puedan topar con la prole de los inmigrantes andaluces en sus juegos infantiles. Algo, esa promiscuidad casual, que provocaría traumáticos lloros en los pobres chiquillos autóctonos, tal como Marta Ferrusola explicó en cierta ocasión al describir la intensa angustia de su retoño Oriol cuando tuvo que soportar en un parque a un montón de niños castellanohablantes. Qué le vamos a hacer si, tal como el mismísimo Prat de la Riba atestiguó en 1898,

los castellanos son un pueblo en el que el carácter semítico es predominante; la sangre árabe y africana que las frecuentes invasiones de los pueblos del sur le han inoculado se revela en su manera de ser, de pensar, de sentir, y en todas las manifestaciones de su vida pública y privada.

Por eso ahora pasa lo que pasa. Porque no hay derecho, tal como manifestó Duran Lleida cuando aún ejercía de portavoz de CiU en el Congreso, a que mientras un agricultor catalán no puede coger alguna fruta porque no le sale a cuenta, en otros sitios de España, con nuestra contribución, reciban un PER.

He ahí la razón última, por cierto, de que tantas voces sensatas y respetables dentro del catalanismo, como la de Josep Lluis Carod Rovira, sin ir más lejos, reclamasen a los combatientes de ETA que se fijaran bien en el mapa cuando pretendieran implementar alguna acción armada. Pues, como es lógico, deseaba que todos los muertos, huérfanos y mutilados por ese tipo de intervenciones puntuales fuesen, a ser posible, andaluces y andaluzas de pura cepa. En concreto, las palabras literales de Carod fueron, recuérdese, las siguientes:

Cuando queráis atentar contra España, situaos previamente en el mapa.

En fin, que tiene más razón que un santo el president Quim:

Los españoles en Catalunya son como la energía: no desaparecen, se transforman.

Ah, la sucia y maloliente inmundicia española, esa cruz que los catalanes todos deben soportar con su sufrida y admirable resignación europea. Ah, esa lerda, aciaga España racista.

Por un 155 de consenso y eficaz
EDITORIAL El Mundo 16 Mayo 2018

El texto del comunicado pactado ayer por el presidente del Gobierno y el líder de la oposición es más que una buena noticia: era una necesidad. Porque «la defensa del orden constitucional en España y ante los socios europeos» se vuelve imperiosa frente al relanzamiento del golpe prometido por el nuevo president de la Generalitat en su investidura. La sintonía entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez -Moncloa y Ferraz incluso hicieron público el comunicado al mismo tiempo- ante el principal desafío que amenaza a la democracia española refuerza la posición constitucionalista en el momento preciso: cabe felicitarse de que ambos líderes hayan dejado atrás sus sonadas diferencias cuando lo que está en juego es «la concordia civil, la legalidad vigente, la Constitución, la soberanía nacional y la unidad de España».

Sin embargo, lo deseable habría sido una reunión a tres que incluyera a Albert Rivera. Al priorizar al PSOE, Rajoy ha querido marcar distancias con Ciudadanos por sus discrepancias respecto del alcance del 155, que los líderes de PP y PSOE achacan a la «ansiedad» de Rivera. Pero Cs lidera en Cataluña la alternativa al supremacismo hoy en el poder. El presidente hará bien en atender sus propuestas el jueves, porque al constitucionalismo debe guiarlo ahora un único objetivo: la eficacia. La unidad es básica, pero no deja de ser el medio para alcanzar el fin para el que se concibió el 155: el restablecimiento de la plena legalidad en una autonomía instalada en la insumisión y la frontalidad. Ese objetivo -a la vista está- no se ha conseguido en su primera aplicación, y si las decisiones de Torra obligan a ello, habrá que velar esta vez para que los resultados sean satisfactorios; es decir, constitucionales. Por ejemplo, en lo que respecta a la vigilancia de las cuentas de la Generalitat, que según el juez Llarena no fue lo suficientemente estrecha como para evitar la malversación.

Los españoles están alarmados por la llegada al poder de un racista acreditado. Que, tras peregrinar a Berlín para rendir pleitesía a Puigdemont -en su afán por internacionalizar su causa ambos concedieron una rueda de prensa atestada de posverdad victimista-, se propone redoblar el órdago al Estado creando estructuras de república, ignorando el Estatuto y las sentencias judiciales y aplastando la representación de la mitad del pueblo. Del acuerdo entre Rajoy y Sánchez se desprende que una eventual reactivación del 155 ya no quedaría acotada a una convocatoria electoral, limitación que ya criticamos en su día. La experiencia ha demostrado que la deslealtad secesionista exige una intervención más profunda y duradera, hasta tanto los dirigentes nacionalistas no asuman el fracaso de su proyecto de segregación unilateral, reconozcan el marco autonómico y recuperen su autogobierno para gestionar las políticas públicas y no para perseguir utopías que causaron la ruina en el siglo XX.

Los Hernández y Fernández del separatismo
Miquel Giménez. vozpopuli  16 Mayo 2018

Quim Torra ha dado su primera rueda de prensa en Berlín al lado del fugadísimo Carles Puigdemont. ¿Y que han dicho? Pues lo mismo que aquellos inefables detectives de los cómics de Tintín: “Yo pediría diálogo, Hernández”, “Ah, pues yo diría más, Fernández, pediría diálogo”. Y así todo.
¿En qué quedamos, hacemos república o pactamos con Rajoy?

La mejor prueba de la esquizofrenia política del separatismo – bueno, y del rostro de cemento armado que se gastan – es la súplica del President Torra al ejecutivo de Rajoy: el hombre que consideraba a los españoles poco menos que basura, ahora se muestra partidario del diálogo, del consenso, del pacto con esa misma España que dice denostar. Sería de sainete si no fuese porque detrás de toda esta gesticulación, de ese histrionismo calculado, subyace el terrible problema que padece Cataluña – y España – actualmente. La investidura de Torra solo ha hecho que aumentar la inquietud entre los sectores financieros catalanes, y ya no digamos entre aquellos que, pudiendo invertir en esta tierra, prefieren hacerlo en otro lugar donde el número de orates sea constatable en un censo, a ser posible con domicilio en una institución psiquiátrica, y no en un despacho oficial.

Poca estabilidad puede presumírsele a Torra cuando hace un discurso incendiario en sede parlamentaria asegurando que está por la república independentista, por volver a activar las leyes rechazadas por el constitucional, por investir a Puigdemont y por volver a las asonadas de hace unos meses. De ahí que resulte algo chusco que pida desde Berlín a Rajoy que fije día y hora para reunirse. No menos hilarante resulta que uno de los “objetivos” de Torra sea finalizar la aplicación del 155, como si eso fuese algo tan difícil de conseguir como encontrar una cura para la alopecia galopante, y créanme, sé de lo que hablo. Torra sabe perfectamente que, con la ley en la mano, el 155 desaparecerá en cuanto se haya formado gobierno y que si no sea levantado hasta ahora ha sido por la incapacidad manifiesta de los separatistas a la hora de plantarle cara a Puigdemont y exigirle que se dejase de chorradas proponiéndose a él, a Jordi Sánchez o a Jordi Turull,todos con cuentas pendientes con la justicia.

Otra cosa es que el control por parte del Estado respecto a las finanzas de la Generalitat siga activo. Ah, amigo, ahí si que les duele a estos líderes revolucionarios de talonario en ristre y subvención para los amiguetes. Porque lo que pretende Torra es enviarle un suculento viático a su compi yogui Vicent Sanchís de TV3 y a sus no menos coleguis de las entidades separatistas. El día que se elabore un estadillo acerca de todos los que viven del cuento procesista de un modo u otro nos vamos a reír mucho.

Todo esto se produce, como no podía ser de otra manera, en la más hermosa de las armonías entre el del flequillo y el DE los adjetivos xenófobos y ojo, que no lo digo yo, lo dice la Unión Europea, esa que Romeva aseguraba que nos miraba y que lo hace, efectivamente, pero sintiendo vergüenza ajena al observar a Torra y a Puigdemont. Estos dos se realimentan el uno al otro en un bucle que no parece tener fin, en especial en todo aquello que se refiere a la “restitución” de Puigdemont, como si de un rey derrocado se tratase. Veo al actual President de la Generalitat enarbolando cualquier día el estandarte de los Capeto, vindicndo la figura del rey exiliado, del pobre monarca bondadoso, víctima de una conjura palaciega. Por ahondar en la cosa literaria de Torra, lo imagino como todo un Rassendyll salvando a su primo y, de paso, la corona de Zenda de las garras de su hermano Miguel y del no menos siniestro Rupert de Hentzau. Pero, como servidor no es Anthony Hope ni Quim Torra Stewart Granger, prosigamos con la bella e idílica reunión del saliente y del entrante.

Bla bla bla
Lo dicho, los Hernández y Fernández separatistas ha coincidido en todo: que si Europa debe implicarse en el lío que estos caballeretes han organizado, que si vivimos en pleno proceso constituyente – entonces, ¿a qué pactar con Rajoy? -, que si hay que redactar una constitución catalana - ¿otra? ¿cuántas llevan escritas, aparte de la del juez Santi Vidal? -, en fin, el viejo repertorio de greatest hits que tanto gustan de repetir, acaso por su incapacidad para aprender nuevas melodías. Que las antiguas todavía surten efecto entre sus admiradores es evidente, que a la mayoría nos suenan a disco rayado, también.

La verdad es que esta charlotada sería impensable en cualquier otro país que no fuera el nuestro. Ruedas de prensa en Berlín con un prófugo de la justicia española -además de cobarde, con sus más directos colaboradores en la cárcel, mientras él vive como un señorito en el extranjero-, viajecitos pagados por todos nosotros, declaraciones hueras que no llevan a ninguna parte, la leche, vamos. Por cierto, tanto insistir con la cosa telemática para la investidura de Cocomocho y ahora ¿tiene que desplazarse Torra en lugar de hablar via Skype? Nos ha jodido la tecnología separata.

Sinceramente, que los argumentos de ambos coincidan no me causa ninguna extrañeza. Hace tiempo que el separatismo ha adoptado veinte frases fuerza y las repiten constantemente, adaptándolas más o menos al momento, pero girando siempre alrededor de los conceptos gastados que ya empleaba en su día Pujol padre. Todas se resumen en un solo concepto: España es mala, vaga, fascista y ladrona, mientras que Cataluña es buena, trabajadora, democrática y generosa. Eso en mi pueblo se llama racismo, pero vaya usted a decírselo a cualquiera de los que llevan un lacito amarillo en la solapa y verá la que le cae encima, porque el fascista opresor, expoliador y machirulo será usted y solo usted, que hasta ahí podríamos llegar.

También en eso los dos tenores berlineses están de acuerdo. Todo lo malo proviene de España, mientras que todo lo bueno nace, crece y se reproduce en esta bendita tierra catalana, modelo de laboriosidad, parafraseando al NO-DO. Total, que el viaje a Berlín solo ha servido para una fotito, unas cuantas consignas sobadas, y, eso es lo substancial, tener contento a Puigdemont y que se crea que cuentan con su persona. Hay que ser bobo. Tengo por cierto que Torra lo está utilizando como un detente bala cualquiera y que lo arrojará a la papelera cuando ya no le sirva, que no será a mucho tardar.

Torra ha empezado a desarrollar una cierta aproximación a las izquierdas catalanas, que, digámoslo de paso, son más tontas que el que asó la manteca, dorándoles la píldora con alusiones a que él desea también la república para España o que asume su cargo con espíritu de fraternidad hacia todos los pueblos que la integran. Puro zapaterismo, señores. Ahí si que difieren Hernández y Fernández, y mucho. Torra pretende conseguir sus propósitos separatistas con la anuencia de socialistas y podemitas, porque sabe que las CUP dan miedo – y con razón – a los electores de centro izquierda catalanes, acostumbrados al PSC o a Iniciativa. De ahí su estrategia a medio plazo de intentar ganarse a esas izquierdas pálidas con, ya lo verán, proclamas sociales, demagogias baratas y propuestas imposibles de llevarse a cabo como la renta mínima garantizada por el simple hecho de que la Generalitat está en bancarrota financiera.

Cuando esto empiece a suceder, es decir, cuando los rojos de salón vayan dando su apoyo a tal o a cuál medida de Torra, verán como se acabarán los Hernández y Fernández. Quedará solito el de Bruselas cual capitán Haddock, bramando aquellos adorables insultos como bachibuzucs, marineros de agua dulce, cornucopias o mamelucos, todos dirigidos hacia Torra. Este los conoce muy bien, porque editó en su día en A Contravent un libro delicioso que recogía en catalán cerca de ochocientos insultos del buen capitán, nacidos de Joaquim Ventalló, el traductor de Tintín a la lengua de Pla. Llamp de llamp de rellamp de contra-rellamp, se titula.

Y es que, por ser, Torra es también tintinófilo. Este hombre lo tenía todo par ser un magnífico intelectual y ha preferido quedarse en ser un pésimo político. O témpora, o mores.

Sólo la unidad doblegará al golpismo
Editorial larazon 16 Mayo 2018

En los últimos días hemos mantenido que la designación del nuevo presidente de la Generalitat obligaba a la democracia y a los ciudadanos a estar preparados para lo peor en cuanto que la voluntad de los separatistas era redoblar el golpe contra el orden constitucional. Demandábamos de los representantes de los principales partidos del Estado que preservaran la unidad por encima de cualquier estrategia cortoplacista que, aunque legítima, era perniciosa. Queremos pensar, deseamos pensar, que la reanudación de los contactos al más alto nivel entre el Gobierno, el PSOE y Ciudadanos solo cabe interpretarla como una señal de que se ha comprendido la magnitud del peligro y la necesidad de que las estrategias particulares queden relegadas. El compromiso de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez con la unidad de España y el marco jurídico refrendado ayer fue una respuesta adecuada a los separatistas con un renovado mensaje de fortaleza y determinación. El 155 puede decaer en los próximos días cuando los consejeros catalanes tomen posesión, conforme al acuerdo del Senado, pero Rajoy y Sánchez coincidieron en que el instrumento es una opción muy probable si las soflamas de Quim Torra se convierten en hechos. Un 155 que debe corregir insuficiencias pasadas «en defensa de la concordia civil, la legalidad vigente, la Constitución, la soberanía nacional y la unidad de España».

El documento consensuado por Rajoy Sánchez reconoce la gravedad y la excepcionalidad del momento con una autoridad al frente de la administración catalana, y de todos sus resortes, integrista y xenófoba, enemiga acérrima de España. Un mandatario que está dispuesto a gobernar contra la mayoría de catalanes no independentista, que pretende recuperar a los políticos presos para dirigir al menos nominalmente varios departamentos y que quiere sostener política y financieramente una estructura de poder paralela fuera de Cataluña como guinda de un fraude colosal y una traición a los ciudadanos. Que Quim Torra rindiera pleitesía a su jefe en Berlín, Carles Puigdemont, un prófugo de la Justicia, en una imagen patética, siniestra y degradante para Cataluña, demostró el grado de degeneración moral e institucional que puede alcanzar alguien preso de fundamentalismo e intransigencia. Que ambos hablaran de diálogo sin condiciones con el Gobierno para acabar con España, pisotear la voluntad del pueblo español, dinamitar la Ley y legitimar así la violencia institucional de un movimiento subversivo, etnicista y ultra fue una provocación, además de una infamia.

Torra sabe cuáles son los límites para el entendimiento, como lo conocía Puigdemont, la Constitución y el Estatuto. Fuera de ellos, las opciones remiten a los tribunales. En la mano del nuevo presidente catalán está trabajar para mejorar las condiciones de vida de la gente en esa región en lugar de empobrecer su presente y alimentar un clima de enfrentamiento de consecuencias impredecibles. Pero no podemos engañarnos. Somos pesimistas porque todo hace pensar que Torra y su jefe buscarán la confrontación para forzar un escenario de desestabilización que aliente sus opciones electorales, ganar poder y multiplicar el desafío. El Estado, el constitucionalismo y los españoles debemos estar preparados para gestionar escenarios explosivos que nos exigirán responsabilidad y altura de miras, pero sobre todo cohesión y confianza. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez han dado ese paso con un acuerdo que prevé firmeza contra el golpe y vigilancia de las cuentas de la Generalitat. Albert Rivera debe sumarse al mismo más allá de retóricas cortoplacistas e inoportunas. El presidente de Cs es un político leal y como tal debe contribuir al consenso patriótico con sus planteamientos y una adhesión sin matices. Su encuentro de mañana con el presidente Rajoy debe certificarlo para enviar un mensaje a ese separatismo protofascista que amenaza nuestra libertad

Teloneros
Javier Barraycoa gaceta.es 16 Mayo 2018

Los teloneros de los conciertos siempre me han dado pena y me han provocado intriga. En primer lugar, hay que preguntarse de dónde los sacan, porque mira que los hay malos de solemnidad. En segundo lugar, nunca se sabe si los buscan tan malos a propósito para que destaquen los verdaderos protagonistas del concierto. Por último, qué pasa con la inmensa mayoría de ellos, pues casi todos desaparecen sin dejar rastro y muy pocos traspasan la frontera sagrada de la fama.

En la política catalana, la cuestión de los teloneros de la República parece seguir el mismo esquema, aunque se ha ido haciendo cada vez más estrambótica. Reconozco que, cuando todo el “proceso” ya nos parecía cansino y aburrido hasta el hastío, ha aparecido un nuevo telonero -Quim Torra- que promete levantar las pasiones enconadas en el respetable. Pero no adelantemos acontecimientos. Se trata de repasar cómo hemos llegado hasta aquí. Primero fue Tarradellas, un republicano traído de la mano de Suárez, el hombre del régimen franquista encargado de reciclarnos a todos en demócratas. Juan Carlos de Borbón le regaló a Tarradellas una institución republicana, la Generalitat, y eso que el régimen del 78 provenía del franquismo que se había levantado contra la República. Quedaba un poco raro todo. En agradecimiento a este rocambolesco gesto, el republicano Tarradellas aceptó un título nobiliario de Marqués. La verdad es que el espectáculo político prometía.

Pero la edad de Tarradellas y el pujolismo pujante, le convirtieron al primero en un telonero del segundo. ¿Qué decir de Pujol, el “español del año” según el ABC? Prestidigitador como ninguno, consiguió que se cumpliera la máxima que décadas después el flamante y supremacista nuevo presidente de la Generalitat lanzaba a las redes hace años: “los españoles solo saben expoliar”. Y claro, Pujol -como buen “español del año”- expolió todo lo que pudo y un poco más. A pesar de su tamaño biológico, la grandeza de Pujol residía en que era consciente de que él era también un telonero, un excelente telonero, pero el concierto debía empezar de verdad con sus hijos constituidos en una banda (désele el significado que el lector quiera). Pero para su desgracia, los hijos, que sobrepasaban la talla biológica del padre, no le alcanzaban en el talento. El último concierto de los Pujol fue decepcionante.

En las buenas tardes de toros, cuando todavía no había llegado la democracia y su baúl de normas y reglamentos, era habitual que saltaran a la arena “espontáneos”. Así ocurrió con Maragall y Montilla. Se lanzaron al coso de la Generalitat y el ridículo fue espantoso. Menos mal que había un mozo de cuadrilla de segunda clase que retomó el papel de telonero: Artur Mas. De su ”gobierno de los mejores”, pasó a la debacle en la gestión económica y política de la Generalitat. Interpretó que los silbidos del público indicaban que Cataluña marchara de España, aunque en realidad lo que pedían a gritos es que se marchara él de la Generalitat. El pecado de Artur Mas es que se creía la estrella del concierto o del cartel taurino. Y cuando arreció el mal tiempo buscó otro telonero para los conciertos: Puigdemont. Pero este nuevo concertista tenía ínfulas que había sabido ocultar bajo su cara de amish cultivado en comarca de La Selva (made in Gerona).

El telonero republicano con cara de atontado pero con la astucia de un muerto de hambre, desbancó al Rey Arturo Mas. A éste, en pocos meses, al ver que le crecían los enanos, el rostro le fue mutando. De Gran Timonel del proceso, pasó a ser grumete y se vio obligado a entregar todo el escenario a Puigdemont. Las masas independentistas creyeron que por fin este era el solista esperado y definitivo. Ya se sabe que el Mesías viene precedido de falsos mesías. Ahora no había duda. Todos los rivales a dirigir el trinquete a Ítaca, se habían evaporado: los Junqueras, Los Jordis, las Roviras y Gabrieles. Pero sólo había un problema burocrático: un Estado opresor y maligno le impedía ocupar su trono republicano en la anhelada utopía. Entonces tuvo que buscar, a su vez, un telonero. Un alter ego que por un breve tiempo ocupara su lugar y preparara su triunfal regreso. Y esta vez el escogido ha sido Quim Torra. Todo un fenómeno pues hasta el tonto de Puigdemont le ha considerado el siguiente tonto útil.

Nadie sabía de él, pero en escasas horas nos henos puesto al día. Es un artista de la pista con pedigrí supremacista, aunque su aspecto exterior lo desmienta y se parezca más a un señor de Cuenca que a un ario bajado de los Pirineos. Dicen que es un visionario culto e irónico, igual que Nerón. Pero Torra se las promete más incendiario si cabe. Su discurso de investidura deja a Puigdemont como una alelado moderado. No podemos adivinar el futuro, pero este nuevo telonero, convertido ya en protagonista, pinta que ya ha ensombrecido a Puigdemont; y siquiera ha entonado los primeros acordes. Menos mal que la política catalana da para muchos sustitutos, y para muchas tumbas olvidadas repletas de cadáveres políticos. Lo importante para el separatismo es que sigue la juerga, y Torra promete tardes memorables y alguna emocionante tragedia.

Grietas en el constitucionalismo
Manuel Marín  ABC 16 Mayo 2018

Las apariencias engañan. No son buenos tiempos para el constitucionalismo. La aparición de grietas en el bloque constitucionalista es la peor noticia posible cuando Joaquim Torra pretende reabrir «embajadas» catalanas en el extranjero, restituir a cargos públicos destituidos por el 155 o en prisión, fabricar un Parlament paralelo, imponer un Gobierno en rebeldía y convulsionar las calles de Cataluña. Por eso era imprescindible la cita ayer entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, y por eso era necesario que tomaran una iniciativa discursiva que, dada la indolencia de uno y de otro, mediáticamente lleva meses ganando Ciudadanos. Albert Rivera afirma una cosa y su contraria, y a las dos les saca provecho para asombro de PP y PSOE, paralizados e incapaces de reaccionar ante la demagogia, las prisas electoralistas y la euforia demoscópica de Ciudadanos.

La voracidad de la política y la vertiginosidad de los tiempos dejan ya en el olvido que, dos días antes de aplicarse el 155, Inés Arrimadas se mostró radicalmente contraria a esa excepcionalidad, y que Ciudadanos nunca quiso poner en marcha el reloj de la legislatura en Cataluña aunque fuera con una investidura fallida. Hasta esa parálisis táctica supo rentabilizar Ciudadanos sin que nadie le dedicase un solo reproche a su inacción.

Rajoy y Sánchez empiezan a vislumbrar la necesidad de una entente virtual como mecanismo de autodefensa y como herramienta de supervivencia frente a un Ciudadanos para el que cada día amanece con sol radiante y más votos en su haber. No es baladí que días atrás Rajoy afease a Rivera su deslealtad, sus eufóricas prisas por ganar las elecciones y su manejo interesado de los tiempos, porque la lírica electoralista le pesa más que una solución factible para Cataluña. Esas grietas en el constitucionalismo existen.

Hoy Torra infunde miedo. En muy pocos días, se ha revelado rehén de un pasado xenófobo y racista, protagonista de un presente títere del separatismo, y monigote de un futuro alarmante. El odio a España es su consigna para embravecer a un separatismo que había asumido su decadente realidad. El insolvente tacticismo del bloque constitucional ha rearmado anímicamente al independentismo. Ahora caben dos alternativas. Una, que Torra sea el holograma de una estrategia de sobreactuación, o un exceso de demagogia deliberada para dar una honrosa despedida del independentismo a Puigdemont, de modo que durante un tiempo parezca que mueve los hilos desde Alemania, pero poco a poco sirva para que Torra se adapte a las necesidades reales de Cataluña y a la lógica política.

Y dos, que Torra sea una marioneta real, una extensión de la psicopatía del odio, y se proponga declarar la independencia de Cataluña en unos meses para ser encarcelado. Sin embargo, hay una evidencia: en cinco meses nadie ha desobedecido en Cataluña. Ni siquiera Roger Torrent. El 155 y el Código Penal surten efecto por más que en la batalla de las apariencias y en la épica de consumo interno del separatismo se haya creado una entelequia de rebeldía permanente que objetivamente es irreal. El tiempo dirá quién se equivoca: si la paciencia vigilante de Rajoy y Sánchez, o la impaciencia exigente de Rivera.

La gran mentira histórica de los 131 presidentes de la Generalitat, el nuevo mantra del nacionalismo catalán
Quim Torra se proclama continuador de una remota institución medieval que nació para recaudar impuestos para la Corona de Aragón
César Cervera ABC 16 Mayo 2018

En su afán por reinventar la historia de Cataluña, el nacionalismo ha incorporado en las últimas fechas un nuevo y fabuloso mito: el de los ciento treinta y pico presidentes de la Generalitat, una vetusta lista de reyes godos a la catalana. Proclamaba Artur Mas, ya en 2014: «Tengo el honor de ser el 129º presidente de la Generalitat de Cataluña, institución creada en 1359 y que desde la primera presidencia de Berenguer de Cruïlles [un obispo de Gerona] ha reflejado durante casi siete siglos la voluntad de autogobierno de los catalanes». El problema es que la Generalitat no tuvo 128 presidentes antes de Mas, ni ahora 130 antes que Torra, porque la Generalitat que existió en tiempos medievales nada tiene que ver con la actual institución nacida con la Transición, si acaso hija o nieta de la surgida en tiempos de la Segunda República.

«Forma parte de la reinvención de la historia de Cataluña. El nacionalismo ha sabido convencer a los historiadores de que trabajasen en crear esta historia mitológica. Proclamar que hubo una Cataluña como estado y como nación en la Edad Media; y además hacer creer que era algo institucional y democrático. Se buscan continuaciones justificadoras del momento presente», apunta en una entrevista con ABC el historiador Jordi Canal, autor del libro «Con permiso de Kafka: El proceso independentista en Cataluña». Dos instituciones radicalmente distintas en épocas y de circunstancias políticas, sociales y culturales opuestas.

El sofisticado David contra el bruto Goliat
El relato nacionalista presenta la historia de Cataluña como un pueblo de elevado sentimiento de libertad, «entre los más avanzados y democráticos de Europa», según Josep Fontana, que ha tenido que enfrentarse desde tiempos medievales a los esfuerzos opresores de Castilla por acabar con su autogobierno. De tal manera, la Guerra de Sucesión es narrada por el nacionalismo como un conflicto de secesión, una lucha del progreso y la democracia catalana contra el absolutismo y feudalismo castellano. Omite el relato secesionista que la guerra fue, simplemente, un conflicto civil entre españoles, donde hubo casi tantos catalanes a favor del bando borbónico como del bando austracista; y donde ninguno era más democrático que el otro.

El mito reclama el 11 de septiembre de 1714 como el «día que Cataluña perdió sus libertades», a pesar de que aquellas cacareadas libertades eran unos privilegios administrativos, en el sentido medieval, de los que gozaba esta región de España respecto a otras, como señala el hispanista Henry Kamen en su prolífica obra.

Aquellas «libertades» suprimidas al final de la guerra incluían la eliminación de la Generalitat surgida en la Edad Media. La Diputación del General, más adelante conocida como Generalidad o Generalitat, tuvo su origen más remoto en las comisiones que, desde finales del siglo XIII, se ocupaban en la Corona de Aragón de recaudar los tributos votados y ejecutar los acuerdos de las Cortes. No en vano, la institución no solamente funcionaba en Cataluña, sino también en los reinos de Aragón y Valencia. Se trataba de un órgano formado por tres representantes de cada estamento (militar, eclesiástico, real), presidido por un representante del brazo eclesial y dotado de recursos propios. De organismo de carácter esencialmente económico pasó, solo con el tiempo, a serlo político y de gobierno, aunque en ningún caso democrático.

Más de dos siglos después de la Guerra de Sucesión, se recuperó su nombre y su simbología cuando se aprobó el Estatuto de autonomía de Cataluña en tiempos de la Segunda República. El organismo autonómico resultante tomó el nombre histórico de Generalitat por sugerencia del político andaluz Fernando de los Ríos, pero en ningún caso implicó continuidades o restauraciones imaginarias. El republicano Francesc Macià fue así el primer presidente de la Generalitat de Cataluña.

Josep Tarradellas, que pasó largos años en el exilio francés, negoció con Adolfo Suárez el restablecimiento de la Generalitat, lo que quedó plasmado en un decreto del Gobierno español a finales del mes de septiembre de 1977. En aplicación del Estatuto de Autonomía de 1979 fueron elegidos Pujol y Maragall y en aplicación del nuevo estatuto de 2006 lo han sido Montilla, Mas, Puigdemont y ahora Torra.

Estúpida y bobalicona tolerancia
Miguel Font Rosell Periodista Digital 16 Mayo 2018

Son muchos, y lo han sido a lo largo de los siglos, los campos en los que los españoles podemos estar orgullosos de serlo y de mantenernos como un país en el que la diversidad nos ha enriquecido hasta convertirnos, a pesar de nuestros incomprensibles complejos, en uno de los países mas admirados del mundo.

Hoy, con independencia de progresar en aquellos campos en los que podemos ser cada vez más competitivos y de ofrecer al mundo un sistema de vida envidiable, existen dos cánceres que atentan contra todo lo que a lo largo de los siglos nos ha hecho grandes y contra los que no se puede ser flojo, ni débil, ni ingenuo, ni tolerante: el fascismo y el fundamentalismo. En definitiva, lo de siempre: la política y la religión, dos asuntos que en España siempre han sido los lastres que le han impedido progresar al ritmo que lo hacía Europa.

En cuanto al fundamentalismo religioso, protagonizado largos siglos por la religión católica, finalmente nos hemos conseguido librar de sus intolerancias, sus barbaridades y su lucha contra la libertad, la ciencia y la cultura, al quedar de ello solo pequeñas muestras de ese fundamentalismo, hoy en día afortunadamente sin poder para con la ciudadanía, libre ya de su históricas e histéricas imposiciones.

Hoy, un nuevo, para nosotros, fundamentalismo religioso, nos amenaza a medio y largo plazo no solo con la intolerancia, la imposición y la ruina mental, sino con la desaparición como pueblo en un par de generaciones, y me refiero al fundamentalismo islámico, un sistema de vida medieval de incultura, y de retroceso histórico altamente alarmante, que se va imponiendo poco a poco aprovechándose de nuestra desidia, confianza, ignorancia, buenismo bobalicón e irresponsabilidad.

Para nada debe ser una disculpa el que también ocurra en Europa y que países como Francia, Bélgica, Holanda, e incluso Inglaterra y Alemania, lo sufran ya con mayor intensidad que nosotros, para actuar ya y de forma dura y terminante, si queremos no desaparecer y defender nuestros principios, nuestros logros y nuestra forma de vida.

La invasión no ha comenzado recientemente, sino que ya lleva años en marcha, siendo ya más de 2 millones los musulmanes residentes en España, lo que supone ya alrededor del 5%. Por comunidades autónomas, las cinco primeras en cuanto a receptores son: Cataluña con unos 525.000, seguida de Andalucía con unos 320.000, Madrid con unos 285.000, Comunidad Valenciana con 210.000 y Murciana con unos 102.000. Salvo en el caso de Madrid, la población en su mayoría reside en el Mediterráneo, de manera que las comunidades con menor población musulmana son Galicia, Asturias y Cantabria, zonas con menor tradición en cuanto a sus aspiraciones.

El problema no es tanto la existencia de diversas comunidades en una España que siempre ha sido un crisol de pueblos y civilizaciones, sino el deseo de estos grupos de hacerse con el país, algo ya manifestado sucesivas veces, aunque miremos hacia otro lado, por la parte más fundamentalista de su población, sino su alarmante indice de natalidad (2,49 en Marruecos y con el Africa negra que emigra supone un indice de alrededor de 4) que, en contraposición al nuestro en este momento (1,34), supone una proporción aproximada de 3 a 1, y siguen entrando en el país en altas proporciones.

En la proporción expuesta, en tres generaciones (75 años) nos superan fácilmente, lo cual significa que entonces, si nada cambia, habrá en el país más musulmanes que cualquier otro colectivo en España, llegando a hacerse con el poder sin tener que cambiar el sistema, por pura aplicación democrática en cualquier comicio que se organice. Consecuencia de ello y si la esperanza de vida en España siguiese siendo la actual de 83,5 años (80 hombres y 86 mujeres), todos los que hoy tengan menos de 8 años, acabarán viviendo en un país islámico, con las consecuencias que de ello se deriven.

Si esto es una amenaza brutal y real para España como tal, no lo es menos el fascismo catalán y vasco, del que también huimos en reconocer, nos ponemos de perfil, y al igual que con la religión, nos engañamos infantilmente, llamándole de formas mas discretas, suaves, o bobaliconamente estúpidas.

Los fascistas vascos, en colaboración con los “nacionalistas” mas blanditos (dejad que ellos muevan el árbol y yo recogeré los frutos, que decía Arzallus), tras comprobar que por la vía de la violencia no han conseguido sus objetivos, han retrocedido a la espera de ver que hacen los catalanes por la vía de la no violencia.

El fascismo, como tal, no tiene prácticamente ni un siglo de existencia, pero ya ha dado origen a dos guerras mundiales (nacionalistas servios en la primera y alemanes en la segunda) y aunque nace en Italia con Mussolini, tiene en consonancia con el otro látigo del pasado siglo, el comunismo, un origen socialista que derivó posteriormente en un nacionalismo excluyente y de exaltación de la raza y sus supuestos valores, superiores al resto de los pueblos con los que se convive.

Hoy, sobre todo la juventud mal informada y algo fanatizada, le adjudica todos los males, sean cuales sean sus orígenes: si alguien es autoritario es un fascista, si aplica la ley con rigor es un fascista, si es de derechas es un fascista, si opina de forma distinta es un fascista, etc., ya no digamos si se habla de Franco, un personaje que ya considera un fascista la mayoría de un país como el nuestro, cada vez menos interesado en el análisis histórico de nuestros hechos, ni siquiera de los más recientes. Fascistas fueron Benito Mussolini, Adolf Hitler y José Antonio Primo de Rivera, entre otros franceses, austriacos húngaros, etc. Franco fue simplemente un militar cuartelero sin mas ideología que la castrense, convertido en un dictador, mezcla de gallego, bananero y norte africano, sin demasiados escrúpulos, con una larga lista de asesinatos en pro del “orden” como máxima virtud política, protegido y protector de la iglesia católica, en lo que se llamó un nacional-catolicismo absolutamente castrante, aburrido, gris y desesperanzador, pero poco más, ni menos.

El fascismo, que se alimenta casi exclusivamente del nacionalismo, tiene otros fines, y aquí no hago distinciones entre tipos de nacionalismo, pues con independencia de los métodos o del carácter de cada uno, un nacionalista, no es alguien que quiere a su tierra, sin más, pues eso nos pasa a todos, sino que no solo la quiere por encima de todas las demás, del país y de cualquier otra cosa, sino que la quiere solo para él, para los que considera suyos y en exclusividad, dispuesto a matar por la “patria” si es preciso, o a huir disfrazándolo de acto heroico. Un nacionalista siempre quiere ir por libre, son los elegidos, no los distintos (todos lo somos) sino los mejores, y no verlo así creo sinceramente que es engañarse o no querer verlo.

Hoy en Cataluña existe una sociedad profundamente dividida, en la que una parte representa un fascismo moderno, de diseño, de “cultureta”, progre, de exaltación rural, de sus “sagradas” tradiciones, que acusa sintomáticamente al resto de fascistas, pero que son el más vivo retrato de las “virtudes” de un fascismo puro y duro, del que el nuevo presidente de la Generalitat es el más vivo retrato, pues no es preciso otra cosa que leer sus manifestaciones, incluso publicadas, para imposibilitar el negarlo.

Curiosamente mantienen una estética algo similar al fascismo vasco, donde el aro como pendiente era un lugar común entre los etarras y el peinado a rastrillo entre las etarras, algo que mantienen, con ciertas diferencias, los nacionalistas antisistema en Cataluña, mientras los teóricamente más moderados apuestan por una estética “Guardiola”, de negro, más apretaditos y con modos de intelectualoide.

Su objetivo es el de independizarse a la mayor brevedad, arrastrando a toda la sociedad catalana a la que durante años han estado mintiendo, aleccionando, presionando y chantajeando con el idioma, con su versión de la historia, con la rivalidad con Madrid, con la idea imperial de España y haciendo de nuestro país (que es el suyo aunque no quieran) su enemigo, como enemigo de Cataluña y de su historia.

Siendo así las cosas, ¿que es en definitiva lo más preocupante en cuanto a esos dos peligros de la talla del fascismo y del fundamentalismo?. A mi entender la exasperante inmovilidad, dejadez, hipocresía y falta de responsabilidad de un gobierno que no solo pasa de todo, sino que, en el mejor de los casos, se pone de perfil permanentemente ante estos problemas, cuando no se vale de ellos para su propio interés y supuesta supervivencia.

En esa linea, la política de hoy del gobierno Rajoy, consiste en anular cuanto antes el famoso 155, a efectos de que la condición impuesta por los vascos para votar los presupuestos del gobierno, tengan su efecto, poder aprobarlos, pagándole a los vascos un precio insultante para el resto del país y alimentando con ello de nuevo los nacionalismos, a los únicos efectos de arrimar el ascua a la sardina rajoyana en su pretendida permanencia.

Ustedes no quieren arreglar el problema, sino valerse de él para sus propios intereses. Una vez aprobados los presupuestos y empecinados los independentistas en lo suyo, volver al 155 si fuera necesario y continuar con el problema.

Mire Sr. Rajoy, si usted no quiere arreglar el problema, su política de no hacer nada es la correcta, pero si realmente le preocupa la extensión del fascismo en España, ese no es el camino.

Las cosas hay dos maneras de afrontarlas: venciendo o convenciendo (venceréis pero no convenceréis, según dijo Unamuno, aunque hay teorías al respecto). Si usted quiere vencer al independentismo, pero no a medias, en un voy o vengo, subo o bajo, y al revés te lo digo para que lo entiendas, muy propio de su proceder, aplique la Constitución, el Código Penal, el Civil y el catecismo del Padre Astete si hace falta y acabe con ellos, o al menos con sus líderes, a la alemana, a la inglesa o a la judía, pero con contundencia, con todos en chirona, suspendiendo la autonomía y haciéndose cargo de su gobierno, con ello vencerá pero no convencerá, algo que hizo Franco y duró 40 años. Si por el contrario usted quiere convencer, olvídese de reuniones con los líderes, que no son más que unos fanáticos, fascistas e intransigentes y enamore a sus votantes convenciéndoles de lo contrario a todas las mentiras que han estado oyendo durante años, gracias a los poderes que tanto su partido como el PSOE les han dado para aprovecharse de su voto y sin pensar en las consecuencias, pues estos canallas trabajan y de lo lindo.

Cataluña, políticamente es una auténtica república (en el sentido de cachondeo o casa de putas que se le otorga en general al término) con un fascista de presidente que recibe ordenes de un delirante y delincuente fugado de la justicia y que asegura que seguirá delinquiendo sin reconocer más poder que el legislativo de su autonomía, sin representar por si mismo al ejecutivo, pasando del judicial y legislando en contra de la ley. ¿Se necesita algo más para negar el Estado de Derecho y la democracia, para anular la autonomía?, ¿acaso tiene algo que ver la democracia con votar la ilegalidad y someterse solamente al poder que nos interese?.

A los catalanes que, engañados, votan independencia, les han contado tal cantidad de mentiras que resulta sencillísimo iniciar una gran campaña de información real, seria y responsable, con datos, con opiniones de expertos internacionales, con pruebas y compromisos, con estadísticas, con información veraz sobre lo perdido debido a sus ansias de independencia, derrumbando el castillo de bobadas que se les ha contado en cuanto a una vida mejor, etc. ¿A que esperan?

En Cataluña las elecciones las ha ganado Ciudadanos para que gobiernen una coalición de perdedores independentistas, gracias a una ley electoral absurda que condena a los ganadores, una ley que tanto PP como PSOE se han negado a modificar a lo largo de lustros en el poder, para beneficiarse de los votos nacionalistas a base de pagarles robándole lo suyo al resto no nacionalista, haciéndolos tan grandes que ahora dan miedo y los tienen cogidos por los cataplines.

Al fascista que ahora gobierna por pinganillo en Cataluña, le obsequiaré con el mayor insulto que pueda esperar y que además no puede obviar, !ESPAÑOL!.

Este imbécil (en acertada descripción de Joaquín Leguina), que cada vez que ve dos pes juntas (PP) se pone enfermo, porque le parece que representa a la España que odia, habría que dedicarle, para descripción personal, una fuerte ración de pes. Parodiado patriotero patológico Presidente Puigdemont por pinganillo, por patochada, por patraña, por papo, por pasta, por poder, por patulea, pero provisionalmente, posible prisionero patibulario por paleto, pacotillero, pardillo, pagado, papanatas, pajillero, pájaro, palanganero, paliza, palmero, pamplinero, pandillero, panderetero, pánfilo, papahuevos, papamoscas, papón, paporretero, paquete, paranoico, parasito, parcial, paria, parlanchín, partidista, parvo, pasmarote, pastelero, pastiche, pastoreado, patético, patituerto, patoso, paupérrimo, pavo, payaso, pal parido (perdón por la licencia), etc.

Como comprenderá, Sr. Kim (!anda, como el coreano!), todo esto no es (salvo lo de Español) insulto alguno, sino una mera descripción de su persona a través de la riqueza del idioma que hablamos esos retrasados a los que odia, y solo poniendo ejemplos de la p seguida de una “a”, imagínese el resto.

No Rajoy, no es con estos con quienes hay que reunirse y ser bueno, sino con esa parte del pueblo que equivocadamente les sigue. Hemos de convencerlos, enamorarlos, acogerlos, algo de lo que desgraciadamente poco sabe usted, al igual que con los musulmanes, con los de buena fe, con esa mayoría que no ve su religión como una imposición, un combate, una persecución de infieles o un destino hacia esa casa de putiferio que los fundamentalistas imaginan como su máxima recompensa y por la que matan y mueren, a la espera de todas esa huríes a las que violar, sin cancha para la mujer a semejante compensación. Hay que atraerlos a nuestro sistema de vida, a sus ventajas, a sus derechos y a sus logros, integrándolos al mundo de hoy.

Nada se consigue con la inmovilidad sino prolongar el problema, y esto es enormemente más importante que la prima de riesgo, la deuda externa, o el creerse que la hipotética recuperación del país se debe a la política ejercida.

Pero bueno presidente Rajoy, a usted ni FU (fundamentalismo) ni FA (fascismo), impertérrito, “impasible el ademán”, a la espera de que el tiempo todo lo cure y llamándole prudencia a la cobardía, pero el tiempo en estos casos corre en contra nuestra, en contra de España.

DICTADURA LINGÜÍSTICA
El catalanismo balear, más virulento que el de la propia Cataluña
La Gaceta  16 Mayo 2018

"Sopar Groc" que se celebrará esta noche en Campanet con presencia de algunos familiares de políticos Catalanes que están en la carcel o en el extranjero. EFE
Familiares de presos golpistas en la "Sopar Groc", una cena en Mallorca en solidaridad con los `presos políticos . EFE

Peor que en Cataluña. Así viven en Baleares quienes no son catalanohablantes, tal como denuncia el Partido Popular de las islas.

La diputada del PP balear Tania Marí ha denunciado este martes que la “huida” de la única neuropediatra que había en Ibiza se debe a la exigencia del catalán en la sanidad pública balear y ha señalado que se ha ido a Cataluña, donde “no le exigen el catalán para poder dar un buen servicio sanitario”.

En una pregunta de control al Govern en el pleno del Parlament, la diputada ha recordado que Ibiza es la isla con menos pediatras de Baleares y que, según el jefe de servicio de Pediatría del hospital ibicenco de Can Misses, están “al límite de sus posibilidades” debido a la “sobrecarga asistencial”.

Marí ha recordado que esta doctora trataba a niños con autismo, epilepsia o déficit de atención y que ahora hay padres con dificultades para consultar cambios de medicación o tratamiento.

Estos padres, ha continuado, “denuncian” que el Govern balear gestiona desde su “ideología, sin pensar en los pacientes más vulnerables”.

Además, la diputada ha señalado que el Servicio de Salud de las Islas Baleares (Ib-Salut) ha informado que las visitas de neuropediatría “pasarían a manos de médicos de familia”, por lo que se ha preguntado si es “justo cargar con esta responsabilidad” a estos profesionales sanitarios.

En su respuesta, la consellera de Salud, Patricia Gómez, ha remarcado que a la referida neuropediatra “nadie le ha pedido el nivel de catalán”.

El decreto aprobado este año por el Govern balear permite obtener una plaza sin acreditar el conocimiento del catalán, pero sí es necesario obtener el título en un plazo de dos años para optar a traslados o cobrar los pluses de la carrera profesional.

EN PAMPLONA
UPN denuncia la permisividad de Asirón con los homenajes a etarras
La Gaceta  16 Mayo 2018

La formación ha señalado que “supone una ofensa evidente a las víctimas de la banda” y responde a la estrategia de blanquear la historia criminal de la organización terrorista.

Unión del Pueblo Navarro (UPN) ha presentado una iniciativa en el Ayuntamiento de Pamplona para condenar la exhibición de imágenes de miembros de la banda terrorista de ultraizquierda ETA el pasado fin de semana utilizando para ello mobiliario y espacio urbano.

La formación ha señalado que “supone una ofensa evidente a las víctimas de la banda” y responde a la estrategia de blanquear la historia criminal de la organización terrorista.

Ha rechazado la “pasividad” con la que una vez más ha actuado el equipo de Gobierno del alcalde bildutarra Asirón.

“Es indecente, se les debería caer la cara de vergüenza”, ha dicho Fermín Alonso, edil de UPN, que ha censurado que el equipo de Gobierno ha permitido que se convierta Pamplona”en una valla publicitaria de ETA y de su entorno”. En la misma línea, el edil del PSN Eduardo Vall ha considerado una “vergüenza” este tipo de actos que ahondan en el dolor de las víctimas del terrorismo.

Por su parte, EH Bildu se ha señalado que “la solidaridad no es delito”.

La moción ha contado con los votos en contra de Geroa Bai, Aranzadi, EH Bildu e Izquierda-Ezquerra.

Cabe señalar que en la últimas semanas UPN ha sostenido que “la política penitenciaria no se tiene que hacer en una mesa, en un cambio de cromos, en un trueque; tiene que estar vinculada a la legalidad única y exclusivamente”.

En la historia de ETA “ha habido unos que han movido el árbol y otros que cogían las nueces” por lo que sería, a su juicio, “una indignidad” que “ahora la política penitenciaria la terminen definiendo quienes recogían las nueces”, dijo Javier Esparza sobre el PNV.


 


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