AGLI Recortes de Prensa   Domingo 20 Mayo 2018

Kim Il-Torra reta a Mariano Tse-Tung y el Zar de Galapagar reta a Podemos
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 20 Mayo 2018

A Mao Tse-Tung, ahora Zedong, nunca le cayó bien el coreano Kim Il-sung. Era uno de tantos sicarios de la Komintern cuya carrera, absolutamente mediocre en la guerrilla, se basó exclusivamente el apoyo de Moscú. Y mientras él tenía que enfrentarse, en su estilo sinuoso y tramposo, a dos moscovitas muy serios, Liu Shaoqui y Zhu Enlai, a los que tuvo que adoptar, Kim se convertía, por obra y gracia de la URSS, en el Mao norcoreano. Kim copió a Mao en casi todo, pero su irrelevancia militar lo acomplejaba horrores, así que una vez asentado en el poder decidió invadir Corea del Sur, protegida por mandato de la ONU y respaldada simbólicamente por los USA. Así empezó la gran guerra de Corea: por un chusquero que quiso ser general.

La Guerra de Corea, por un mindundi
A Stalin le venía bien la chulería de Kim para tomarle la temperatura a Truman, pero cuando Kim, aprovechando la sorpresa, tomó la indefensa Seúl, Mao se asustó de verdad. Él nunca había sido realmente un militar, sino un teórico irrelevante de la guerrilla rural aunque muy notable propagandista. Sus dos generales de verdad eran Lin Biao y Peng Dehuai y ambos veían claro lo que podía pasar tras la condena de la ONU a la invasión y el aval a una intervención militar internacional dirigida por los USA: Kim había avanzado tan deprisa que era fácil cortar sus líneas de abastecimiento y volverse las tornas contra el Norte. Stalin no iba a enfrentarse a Truman; y China, fronteriza con Corea en todo el norte a lo largo del río Yalu, debería librar la guerra que el estúpido Kim Il-sung había perdido por pura fatuidad.

Efectivamente, un audaz desembarco de MacArthur partió y destrozó a los norcoreanos, retomó Seúl, llegó a Piongyang y estaba cerca del Yalu, a punto de reunificar Corea… pero anticomunista. Al patriarca de la dinastía antropófaga y generoso financiador de Carrillo le salvó que MacArthur era tan fatuo como él. Y que Mao, Lin y Peng Dehuai, que tomó el mando, habían estado infiltrando durante semanas soldados en las heladas montañas junto al Yalu. La inteligencia militar advirtió a MacArthur del peligro, pero él tenía prisa por unificar Corea y jugar a la política, así que metió a sus hombres en una trampa terrorífica: veinte mil rodeados por doscientos mil. Netflix acaba de estrenar un soberbio documental, The battle of Chosin que explica el sacrificio de unos pocos hombres por la idiocia de un occidental frente a muchísimos hombres, víctimas de la idiocia de un oriental. 400.000 chinos murieron por culpa de Kim para, al final, volver a la misma frontera de antes. A Mao le daba igual su sacrificio: metió un millón de hombres en Corea. Lo que nunca le perdonó a Kim fue que ese esfuerzo militar impidió el asalto a Taiwan, militarmente blindada por los USA tras lo de Corea. Kim, en la rencorosa memoria de Mao, fue el que salvó a Chiang Kai-shek e impidió la unificación de China bajo su mando. ¡Un mindundi norcoreano!

Kim Il-Torra juega a Kim Il-sung
El desafío de Kim Il-sung se parece al del catanazi Torra, cuyo apoyo esencial para lograr la presidencia de la Generalidad -igual que Puigdemont- ha sido el interior de los comunistas de la CUP y el exterior de Podemos. Pero al nombrar un gobierno de presos y forajidos, ha quedado a merced de Mariano Tse-Tung. Igual que Stalin y Mao dejaron a Kim invadir Corea del Sur a ver qué pasaba, y luego les costó mucho empatar la guerra, Mariano ha dejado investir a Torra al no recurrir el voto delegado de Comín y el otro delincuente, porque ese era su pacto con el PNV a cambio de su apoyo para acabar la legislatura. Pero Torra ha hecho lo que menos le convenía: ruido, follón y un abierto desafío al Gobierno, técnicamente responsable del Estado.

Rajoy debe ahora elegir el camino que marca, justificadísimamente, Ciudadanos, que es el de un 155 de verdad, tomando TV3, los Mozos y todas las estructuras golpistas que Torra ha dicho que empleará contra España, o bien, como apunta Iceta, que parece un anuncio de Flan Chino El Mandarín, hacer como que no tiene importancia para la mejilla que se la abofeteen. Pero en el caos sociata surge una novedad: Sánchez, apoyado por Torra en su día, se ha apuntado a la severidad frente al catanazi, para no dejar solo a Rivera recogiendo los frutos, léase votos, de la creciente indignación popular. Así que Mariano debe elegir socio al margen del PSOE: Ciudadanos o el PNV. Como Mao en su día, Rajoy tiene en sus manos algo más que el futuro de Kim Kata-nazi: la postura del Gobierno ante el Golpe… y su propio futuro.

Mariano debe elegir entre Ciudadanos y PNV
Para un PP reducido a la Guardia Ruborizada de Mariano Tse-Tung, la elección del Gran Timonel es esencial. Si Mariano se empeña en apoyarse estos dos años en el PNV y el PSOE contra Ciudadanos -y ojo, contra VOX-, puede quedar electoralmente reducido a pavesas en las elecciones de 2019. Peor aún: Rajoy puede encontrarse, tras la crisis del Leninín podemita, con que al PSOE le conviene hacer frente común con Ciudadanos para no perder más votos por el centro y recibir los que lleguen de Villa Tinaja. De ahí a la moción de censura por no enfrentarse a Kim Il-Torra hay sólo un paso. Puede parecer largo, pero Kim está en guerra, ha invadido a tambor batiente la legalidad constitucional y en la guerra uno elige al enemigo no a los aliados. La decisión no puede tardar. A Rivera le conviene enfrentar a Mariano con sus obligaciones tanto o más que a Torra, y por lo que ya ha dicho Arrimadas, cada vez más importante en la estrategia de Ciudadanos, parece que lo hará. Esta semana puede ser crucial, porque si el PSOE nunca fue un socio fiable, el desafío de Pablenín y la Pablenina a Podemos es uno de esos hechos que, como el audaz desembarco de MacArthur y luego el temerario ataque, cerco y sangrienta batalla de Chusin, no cabe prever: simplemente, suceden.

La crisis de Villa Tinaja y el bramido del Macho Alfa
He vivido con el lógico regocijo la crisis de credibilidad desatada por el Zar de Galapagar al comprar Villa Tinaja para criar a sus principitos rojos. Es lo que han hecho todos los comunistas, de Lenin a Maduro, al llegar al Poder, cuando ya no se les puede criticar sin correr peligro vidas y haciendas. Pero si como ciudadano me divierte ver a estos déspotas cursis ante el espejo de su ambición hortera, como aficionado al psicoanálisis y a la política, me ha encantado la reacción de Pablenín -ya inseparable de Pablenina- ante el escándalo que deberían haber manifestado los suyos y han callado vilmente.

En realidad, lo que los Iglesias plantean es lo que escribió Monedero en términos propios del amigacho del rapero Hasel: "Pablo Iglesias pierde y tú te jodes". Más finamente: a ver quién tira del carro si nosotros nos vamos. Hay algo que sin duda les ha convencido y tal vez confundido: nadie, salvo el Kichi, que es muy poco, se ha atrevido a criticar su exhibicionismo hortera. Ahora tienen la oportunidad, forjando un liderazgo alternativo, de hacerlo. Evidentemente, es un acto de endiosamiento del macho Alfa ante la Manada Alfalfa, pero los comunistas adoran dioses de barro ensangrentado. Mientras Kim Il-Torra avanza hacia Madrid, en los próximos días vamos a ver actos de adhesión incondicional en la nueva Plaza de Oriente, o sea, de Galapagar, y de repudio en el Círculo de Bellas Artes o Checa de Fomento. Imagino que Ferreras anda ya preparando la votación final en el Festival de Sextavisión.

Europa hace aguas (mayores)
Alberto Pozas. vozpopuli 20 Mayo 2018

Quién nos iba a decir que a los europeístas convencidos nos entrarían las primeras dudas por la vía de la Justicia. Anda que no tenemos diferencias que superar en ese camino hacia una Europa de los ciudadanos, pero no se me había ocurrido pensar en que uno de los escollos más importantes serían los jueces. Ya sabíamos que hay un trabajo duro para homogeneizar, en lo máximo que se pueda, los códigos penales que tiene cada país miembro, pero lo que no habíamos previsto es que, además, los jueces iban a jugar a tocar las narices de sus colegas que hablan otros idiomas.

Lo de los alemanes llamó mucho la atención. Tienen un concepto de rebelión que pasa porque el rebelde haya vencido. Si no, les cuesta mucho trabajo creérselo. No sé qué tal quedará cuando Alemania ponga sus ojos en un nazi de los que habitan nuestras costas y lo reclame por eso, por ser nazi. No me imagino a los jueces españoles diciendo que, mire, que no, que nosotros somos más condescendientes con los franquistas y que a su nazi no le vamos a mandar a la sombra de una mazmorra germana con lo ricamente que está al sol de nuestras playas.

Más meridiano resulta lo de Bélgica. Conocimos a sus jueces en la época en la que ETA mataba, y ellos no se querían enterar, que estaban ensimismados con ser tierra de libertades. Con esa actitud permitida por Europa, se convirtieron en semillero de terroristas, mientras ese gobierno y esos jueces silbaban. Hasta que les tocó llorar a sus muertos y entonces admitieron que habían permitido un gueto peligrosísimo para todos.

Pero el que tuvo retuvo, y los jueces belgas se están dando una buena panzada de tocar las narices a la Justicia española. Lo último ha sido para enmarcar en la futura historia de la Unión Europea: devuelves a un juez español una euroorden porque le falta una soberana minucia; ¿no había otra fórmula de cooperación honesta para avisar de que podía existir un error tonto de forma sin dejar en libertad sin medidas cautelares a los presuntos delincuentes? Lo que ha hecho en esta ocasión la Justicia belga es poner una zancadilla al Tribunal Supremo español, a mala leche y con alevosía. Y así no se construye Europa ni nada que se le parezca.

Con todos estos rifirrafes jurídicos dando cobertura a unos independentistas que si se caracterizan por algo es por su orgullosa disposición a pasarse la legalidad vigente por el arco del triunfo, el líder del PSOE ha propuesto modificar esa legalidad, para que en el futuro no se puedan reír de nosotros ni ampararse en jueces extraños que ven muy bien los toros desde la barrera. Vale, pero no soluciona el problema actual, que no es otro que el que Europa permite que sus administraciones de justicia locales jueguen con fuego si el que se quema es otro país.

Lo que hay que promover ya, y si es necesario gritando, es una reforma en profundidad de los sistemas de cooperación judicial, mientras llegamos a un territorio más compatible con el raciocinio. Urge desmantelar estas normas que permiten a un juez de una esquina de Europa tomar decisiones que supongan una gran trascendencia en la otra esquina. Solo faltaba que a estas alturas de partido necesitásemos que un magistrado belga, o alemán, nos firmaran un certificado de demócratas. Si no, Europa hará aguas, pero mayores.

La vergüenza de España
Zapatero es ya un declarado agente del dictador Maduro
Hermann Tertsch ABC 20 Mayo 2018

José Luís Rodríguez Zapatero dice no tener dudas de que las elecciones presidenciales de hoy en Venezuela, convocadas, dirigidas, orquestadas y controladas en su recuento por la dictadura criminal de Nicolás Maduro para garantizar la continuidad de Nicolás Maduro son unas elecciones limpias. Y está molesto con la UE, con la OEA, con EE.UU., con la oposición democrática venezolana y con los obispos y presos políticos venezolanos porque «ven estas elecciones con prejuicios». Prejuicios lo llama. Somos muchos españoles los que ante cualquier venezolano nos disculpamos por la profunda vergüenza que suponen las actividades infames de Zapatero en Venezuela. Incluso quienes nunca nos dejamos engañar por este personaje en su devastador paso por la historia de España estamos sobrecogidos por su aventura venezolana. Hasta quienes siempre denunciamos que tras su insufrible ternurismo de palabra no había sino una implacable voluntad por imponer su conveniencia pasando por encima hasta de presos y cadáveres, nos sorprendemos por el cinismo que despliega como agente de los intereses del narcodictador. Estupefactos ante su permanente escalada hacia nuevas cotas de ignominia. Algún día quizás se sepa qué oscuros intereses le compensan a Zapatero el caminar con tanto aplomo por la senda del peor deshonor. Y por qué aun no ha sido desautorizado por el gobierno español.

Frente a Zapatero que ayer ayudaba una vez más al engaño para la perpetuación de la dictadura criminal, frente al criminal Maduro y al triste figurante Henri Falcón, el monigote colaboracionista necesario para esta patética farsa de cartas marcadas, están las figuras de la dignidad nacional. Son las que llaman a quedarse en casa y negar voto y legitimidad a la farsa orquestada para la continuación de este régimen que ha sumido en el hambre, la miseria, el terror y la humillación al país otrora más rico del continente. Hoy, pese a su exuberante riqueza natural, pese a las mayores reservas de petróleo del mundo, es el país más miserable del continente con Haití en peor condición que la esclavizada Cuba, cuyo régimen comunista controla y dirige al pelele de Maduro. Solo el socialismo es capaz de tan inaudito balance que equivale a convertir oro en basura.

El frente de la dignidad lo dirigen lo mejor del país, desde esa gran mujer que es Maria Corina Machado al episcopado, una de las pocas fortunas que quedan a los venezolanos. Una iglesia valiente, eso tan infrecuente en otros lares. El arzobispo de Barquisimeto, Antonio López del Castillo, llama a los cristianos a boicotear las elecciones que califica de «fraudulentas, ilegítimas e inconstitucionales». «No se presten a esta burla, no voten al que les roba». Monseñor pide enfrentarse a la «dictadura criminal». «Todos los que participan son tan traidores como los mismos delincuentes en el poder». Aunque nunca compense el mal causado, sepan los venezolanos que millones de españoles nos unimos hoy a la trinchera de la dignidad y la verdad de Venezuela frente a las mentiras interesadas de la lamentable figura de Zapatero, esa vergüenza de España.


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Una provocación de Torra que el Gobierno no debe tolerar
EDITORIAL Libertad Digital 20 Mayo 2018

No ha tardado mucho en llegar la respuesta al ofrecimiento de diálogo que el Gobierno hizo el viernes, por boca de Íñigo Méndez de Vigo, al flamante president de la Generalitat. Anticipándose a los plazos previstos, Quim Torra anunció ayer la constitución de su equipo de gobierno, del que forman parte los consellers presos Josep Rull y Jordi Turull, así como Lluís Puig y Toni Comín, ambos fugados para no tener que responder ante la Justicia. Sin duda se trata de una nueva provocación irresponsable y sediciosa cuya consecuencia inmediata será que en Cataluña siga operando el artículo 155, ya que es imposible legalmente la constitución del Govern el próximo miércoles día 23, como se incluye en el decreto de nombramiento firmado ayer por Torra.

Según la Ley de Presidencia de la Generalitat, para que el Gobierno quede formalmente constituido todos sus miembros han de tomar posesión de su cargo. Y esto sólo sería posible si un juez autorizara la salida de prisión de Rull y Turull y luego ordenara su traslado a un centro penitenciario dentro de Cataluña (ahora están en Estremera, Madrid) desde el que pudiesen asistir telemáticamente a los consejos de Gobierno, como recordó el último dictamen del Consejo de Estado sobre la Ley de Presidencia de la Generalitat. Pero además, tanto Puig como Comín deberían abandonar Bélgica y regresar a España, ya que sólo pueden tomar posesión de su cargo de manera presencial. Si eso ocurriese, antes deberían ponerse a disposición de la Justicia que tendría que decidir si ingresan o no en prisión.

Es obvio que Torra no tiene intención de gobernar y que sólo le mueve su deseo de mantener el pulso al Estado de derecho para continuar desarrollando el golpe institucional iniciado por Puigdemont. Los secesionistas sólo buscan el enfrentamiento con el Gobierno, por lo que es necesario frenar legalmente el decreto de nombramiento firmado ayer por Torra.

Pero no basta con eso. El Gobierno debe abandonar ya su parálisis y actuar enérgicamente contra quienes siguen empeñados en situarse al margen de la ley e insultar con sus decisiones a todos los españoles, que ven con creciente preocupación lo que sucede en Cataluña. No se entiende que el Gobierno de Rajoy no haya aplicado el 155 con mayor eficacia para desmontar las estructuras de poder y de control de la opinión pública del independentismo. Tampoco, que no haya explorado otra forma de respuesta que devuelva a Cataluña a la normalidad democrática. El Gobierno debe reflexionar sobre lo ocurrido y no puede seguir permitiendo la radicalización de los sediciosos, que han llevado la situación a niveles de gravedad intolerables.

Ciudadanos y los náufragos del régimen del 78
Jesús Cacho. vozpopuli 20 Mayo 2018

La aparición de Quim Torra en el escenario catalán amenaza con provocar un cataclismo en la política española. Por el Retiro madrileño caminan bien cogiditos de la mano, quién lo hubiera dicho semanas atrás, Mariano y Pedro, cabezas visibles de PP y PSOE, los grandes soportes políticos del régimen de la Transición, que han decidido dejar de ajuntar a un Albert Rivera al que acusan de “aprovechategui” y de “oportunista de salón”. ¿Qué ha pasado aquí? “Qué el PP lleva un cabreo encima de no te menees, porque Rajoy llamó a Rivera con la propuesta de saludar la aparición del racista Torra en escena con una declaración formal de unidad de los partidos constitucionalistas, y Albert le respondió que sí, que la unidad estaba muy bien, pero que de inmediato había que volver a implantar un 155 reforzado, porque para no hacer nada no se necesita unidad. Y Mariano se ha agarrado un mosqueo notable. Todo lo que estamos viendo estos días en los medios, ese fervor patriótico que parece haberle entrado de repente a Sánchez compartiendo tesis con Mariano, no es más que eso: los celos de unos tipos que no saben/no quieren hacer nada en Cataluña, pero a quienes molesta mucho, porque les coloca frente al espejo de su inanidad, que otro lo quiera hacer. Eso es todo”.

El encuentro del jueves en Moncloa sirvió para constatar la falta de sintonía entre ambos. Se entiende la desafección del silente gallego para con un hombre joven que ha metido la flota en su caladero y se está hinchando a pescar votos, hasta el punto de amenazar con dejar secas las redes populares. Mariano no puede con Rivera. No lo soporta. Al contrario de lo que le ocurre con Pablo Iglesias, cuya entrada en el club de la casta ha sido muy celebrada en Moncloa. “Y sí, la realidad es que todo lo que se dice del presidente, aunque suene a tópico, su resistencia a la toma de decisiones, la pereza, la cobardía incluso, es cierto. Pero lo que resulta realmente descorazonador es constatar in situ que le espanta tanto la idea de no poder salir corriendo de Cataluña, le revienta tanto la perspectiva de tener que volver a aplicar el 155, que sólo está dispuesto a movilizarse ante hechos consumados, sólo va a tomar medidas cuando el nuevo Govern que comanda el loco éste se salte las leyes a la torera y cometa delitos flagrantes, porque antes no piensa intervenir. Y naturalmente con el Constitucional por delante, siempre detrás de los jueces. Pero Mariano no es un juez obligado a juzgar hechos probados, sino un político: el presidente del Gobierno obligado a tomar medidas para impedir que se vulnere la legalidad… Es lo asombroso de la situación”.

Mariano, pues, no piensa mover un dedo, y en su tumbona ha fraguado el pacto con Sánchez consistente en no tomar iniciativa alguna en tanto en cuanto Kim Jong-Torra no se subleve, de modo que el susodicho se ha apresurado a recordarles que las tropas de Puigdemont llevan mucho tiempo echadas al monte, y ayer sábado se encargó de confirmarlo nombrando, con un par, a los presos Rull y Turull y los huidos Puig y Comín como nuevos consellers. Bofetón en pleno rostro. Desafío en toda regla. La decisión del separatismo de ir a la confrontación y la falta de respuesta del PP nos sitúa ante una doble realidad: por un lado, que estamos ante el peor de los Gobiernos imaginables para hacer frente a un envite que no sólo acabaría con la unidad de España, sino que se llevaría la democracia por delante; por otro, que tan pusilánime comportamiento deja un enorme espacio de actuación a cualquier partido decidido a defender esos principios a los que Mariano ha renunciado envuelto en un legalismo suicida y a enarbolar la bandera de la unidad de la nación y la regeneración democrática. Una oportunidad que deja fuera de juego tanto a PP como a PSOE.

El PP se apresta al contraataque. El enemigo a batir es Ciudadanos, no Puigdemont y el prusés. Se avecina una guerra muy cruda entre un partido que sigue contando con enormes recursos dinerarios y mediáticos y el joven e inexperto candidato a desplazarle de la representación del centro derecha español, condición que durante tantos años ha ostentado el PP. Ya es casi una consigna en Moncloa: “En cuanto Mariano consiga cerrar los Presupuestos, vamos a ir con todo contra ellos. Leña hasta en el cielo del paladar. Se van a enterar”. En la formación naranja son conscientes de lo que se les viene encima. “La especie nos llega por tierra, mar y aire. Pero aquí estamos, listos para someternos a cualquier fiscalización. Sin cadáveres en el armario. Nosotros financiamos nuestra actividad con las subvenciones a los partidos y las cuotas de los afiliados, eso es todo y todo está en regla. Y en cuanto a la corrupción, pues si un día alguien de C’s se corrompe, se le expulsa y punto”.

Polémico apoyo a los Presupuestos
En esta tesitura, Rivera no va a tener fácil explicar a sus votantes por qué ha decidido apoyar unos PGE que significan prolongar innecesariamente la vida política de Mariano, en lugar de retirarle ese apoyo y obligarle a adelantar elecciones. Difícil explicar el “sí” a la ley más importante de cualquier Gobierno, cuando el partido que le sostiene te quiere sacar de la carrera y enviarte a la cuneta. “Esta es una cuestión que hemos discutido mucho para llegar a la conclusión de que, a pesar de todo, hay que apoyar unos PGE que son buenos para España, y en los que hemos conseguido meter no pocas de nuestras propuestas, como la equiparación salarial de Policía y Guardia Civil con las policías autonómicas, o la semana más de permiso de paternidad. Además, está el hecho de que la vida política de un país no se puede paralizar por intereses partidistas; nosotros no lo vamos a hacer, no podemos poner por delante los intereses del partido a los generales: si creemos que esos PGE son buenos para España, entonces hay que aprobarlos al margen de la disputa política.

Con Rajoy y Sánchez empeñados en frenar el avance de C’s, la iniciativa política española está ahora en manos de Puigdemont, el prófugo berlinés, y de Albert Rivera. Todos los demás son elementos reactivos. El uno, escondido en Moncloa en espera de acontecimientos, parapetado tras el “cúmplase la ley” cuando el verdadero clamor de la ciudadanía exige de nuevo el “Cúmplase la voluntad nacional”, el remoquete que llegó a hacerse famoso en boca del general Espartero durante el reinado de Isabel II. Y la voluntad nacional reclama acabar de una vez con el desafío que el secesionismo le ha tendido a la nación. El otro, perdido en el laberinto de la España Federal y sus “naciones”, esclavo de sus sonoras incoherencias. Al dúo se le acaba de unir ese gran farsante que ha demostrado ser Iglesias, cuya revolución consistía en comprarse un chalé con piscina en la sierra de Madrid, como cualquier familia acomodada salida de las entrañas del sistema. El trío compone gesto y figura de hombres de Estado, en un momento en que no son sino náufragos del paquebote de la Transición, pilotos de bajura que en pleno hundimiento del Régimen del 78 se abrazan para evitar hundirse y aún sueñan con impedir que Rivera alcance la playa desde la que poder reformular un proyecto de futuro para España.

Es el Régimen del 78 que se resiste a morir y prefiere seguir pactando con un nacionalismo, en este caso el vasco, que ha dado sobradas muestras desde el 78 de haber traicionado el pacto constitucional. Mariano se vuelve a echar en manos del PNV para asegurarse dos años más en el poder, a cambio de las dádivas que sean menester. Y Sánchez prefiere votar en contra de los PGE cuando su abstención habría bastado para dejar al PNV en la estacada. Estos son nuestros hombres de Estado. Decididos a mantener un statu quo agotado ya desde el estallido de la crisis, dispuestos a darle hilo a la cometa del sistema de turno, como en la Unión Liberal isabelina, de O’Donnell a Narváez y de Narváez a O’Donnell, y como en la restauración alfonsina más tarde, con Cánovas y Sagasta como protagonistas. Más de un siglo después, PP y PSOE continúan soñando con una alternancia imposible, aunque ello implique seguir echando mano de unos nacionalismos que no aspiran más que a romper España. Un sinsentido radical.

La mafia pujolista
El ecosistema político de la Transición está muerto y sus socios del noreste, donde la mafia tejida por la familia Pujol y sus diversos lugartenientes (los Mas, Puigdemont y compañía) siguen manejando los hilos, se han declarado en rebeldía. Decididos a conservar como sea su patrimonio y a lograr impunidad judicial, exigen al duopolio PP-PSOE, implicados todos en el saqueo de las cuentas públicas durante años, un control exhaustivo de los jueces, el único estamento que al parecer está decidido a salvar el honor mancillado de la nación. Y mientras Pedro se dedica a silbar en el muelle de la bahía, Mariano pide tiempo en espera de un nuevo milagro de Fátima. La corrupción ha terminado por salir a la superficie, obligando a sacrificar muchos y muy notables peones. Y el nivel del agua sigue subiendo, amenazando no pocas coronillas tonsuradas. El problema para ellos, con todo, es Ciudadanos, un partido de nuevo cuño que parece decidido a romper la baraja de la omertá colectiva y a descabalgar los planes de la mafia pujolista y sus terminales madrileñas.

¿Podrá Ciudadanos romper ese designio agotado? ¿Y no será pedir demasiado de un partido al que le falta un hervor? ¿No suena todo demasiado arriesgado? Son preguntas que están en la mente de muchos españoles, convencidos, no obstante, de que las circunstancias del momento son tan excepcionales y la carencia de alternativas tan obvia, que no habrá más remedio que catar ese melón en la esperanza de que en su momento ofrezca el dulzor adecuado. “Tenemos muchas ideas que ofertar a la ciudadanía en economía, en fiscalidad, en educación, en regeneración de las instituciones, en armonización del Estado autonómico, en tantas y tantas cosas, y lo vamos a hacer de inmediato y desde una perspectiva patriótica, desenfadadamente patriótica, sin complejos de ningún tipo, porque este es un gran país, una gran nación a la que queremos llamar a participar, a ser protagonista del cambio, emulando de alguna manera aquel gran lema lanzado por Kennedy en histórico discurso el 20 de enero de 1961: “Así pues, compatriotas, preguntad no qué puede vuestro país hacer por vosotros, sino qué podéis hacer vosotros por vuestro país”. El proceso ha entrado en tal aceleración que los cambios no se harán esperar. A Mariano y sus cómplices les queda cuarto de hora.

Senyfobia
ARCADI ESPADA El Mundo  20 Mayo 2018

Poco después de que Trump ganara las elecciones americanas el Times escribió en un editorial: "La islamofobia y la xenofobia son principios antiamericanos, pero ahora son la política americana". Hay personas de bien que piensan que esta frase podría traducirla así nuestra prensa. "La xenofobia es un principio anticatalanista, pero ahora es la política catalanista". La razón es que El Valido escribió unas letrillas xenófobas en algún inframundo digital. Destacó en 2008 este párrafo, basado en un librito muy mono de Folch i Torres que hacía hablar a los animales: "Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, sin embargo, que salivan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con moho, contra todo lo que representa la lengua. Están aquí, entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos! Viven en un país del que lo desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia. Se pasean impermeables a cualquier cosa que represente el hecho catalán. Les da urticaria. Les rebota todo lo que no sea español y en castellano". Sobre la prístina fuente de este párrafo escribía con acierto Cristian Segura el otro día en El País: "De Salvador Sostres, Torra escribió en noviembre de 2009: 'Coincido casi siempre con él. Diría más, pienso lo que pienso porque él ha escrito lo que ha escrito. Somos lo que hemos leído, escribió un día, y yo le leo'". En efecto. Sostres ha sido un hombre decisivo en el descaro formal xenófobo. Aunque sus imitadores casi nunca alcancen su talento, su gracia y su prudencia.

La hondura del párrafo me parece hilarante. Y también que el Valido vaya a ser investigado por la Fiscalía por un supuesto delito de odio. Pero, sobre todo, que la supuración suponga una novedad. ¡Un delito de odio y una novedad!, teniendo aquel artículo princeps de José Luis Carod-Rovira (escribo su nombre en castellano porque sé que le ofende y quiero ofenderle), escrito poco después del atentado de ETA en Vic, que se titulaba ¡ETA, fora de Catalunya! y que no se publicó en el inframundo sino en el diario Avui (31 de mayo 1991), con esta frase dirigida a los asesinos: "Ahora sólo me atrevo a pediros que, cuando queráis atentar contra España, os situéis, previamente, en el mapa". Donde lo más sucio y miserable es "me atrevo a pediros". Carod-Rovira llegó a ser consejero jefe en el gobierno que presidía Pasqual Maragall. A pesar de su artículo. La Fiscalía, que ahora estudia los palotes del Valido, no dijo nunca una palabra. Le faltaría el tipo.

O sea que el gran descubrimiento de la temporada es que sois xenófobos. Es impresionante. Como sabes, libe, llevo un diario diario y público desde hace 15 años. Sabes también que yo me tengo por mucho en general y por aún más en cosas concretas. La cosa concreta ahora es que fui el primero que os llamé xenófobos a la cara. Para escribirte con fundamento sobre la tradición de vuestra xenofobia no he querido irme ni al coronel Macià ni a los Badia de alcantarilla, ni siquiera al Pujol de los 60 o a su esposa de los 90. Basta con mi diario. La anotación del 10 de junio de 2005, por ejemplo. Hacía pocos días que habíamos dado a conocer el manifiesto fundacional de Ciudadanos. A Félix Ovejero y Ferran Toutain los entrevistaban en un programa de TV3. Mientras hablaban iban deslizándose por el zócalo los comentarios del pueblo soberano. Uno de ellos decía, con su grafía respetada: "Señor Ovejero, sólo le diré una cosa: NO SE PUEDE SER CATALÁN SIN HABLAR CATALÁN ... y si hay sólo un 20% de catalanes que se consideran una nación es porque el resto son los castellanots que vinieron a Cataluña para españolizarla. Y usted los defiende. Para mí nunca serán catalanes ni usted tampoco". ¿Xenofòbia...?: Permetin! como habría dicho Eugeni Xammar, del que nuestro Valido publicó en su día una, digamos, biografía.

El 10 de junio de 2006 el diario Avui incluía una entrevista con Pasqual Maragall. El contexto era las posibilidades de que don José Montilla fuera el candidato socialista. O sea su sustituto. Y dijo entonces Maragall: "Para ser presidente de la Generalitat es importante donde has nacido". Pero todo lo que se haya dicho de Montilla, antes, durante y después lo tiene bien merecido. Aquí está mi anotación del 16 de septiembre de 2009, cuando ya era presidente y catalán de Iznájar: «Don José Montilla ha dicho que los inmigrantes tienen cabida, siempre que no saturen los servicios municipales y eso pueda comportar la pérdida de servicios para los ciudadanos de Cataluña. Desde luego es muy reveladora la distinción que hace don José Montilla entre inmigrantes y ciudadanos de Cataluña". En octubre de 2011 el que hablaba era el que fue considerado durante tantos años en Madrid emperador del seny: "[Lo que no puede ser] es que en otros lugares de España [Andalucía y Extremadura] con lo que damos de aportación conjunta del Estado reciban un PER para pasar la mañana o toda la jornada en el bar de su pueblo". Así hablaba el señor Duran Lleida. Y por eso hay que llamarlo Senyfobia.

Qué pena de cartas tan cortas y que hayamos de pasar con tanta rapidez por el último verano, el de 2017, cuando un Lupiáñez, socialista de Blanes, decía que la diferencia entre Cataluña y el resto de España era la misma que entre Dinamarca y el Magreb. Aquel verano de la xenofobia municipal, cuando la alcaldesa Colau coreaba Tourists go home. Aquel tórrido verano de muertos y coquetería cuando recogiendo los cadáveres de la Rambla, el consejero Joaquim Forn, por fin en la cárcel, "distinguió entre catalanes y españoles sin preguntarles a los muertos, apropiándoselos". La nota del 3 diciembre de 2017. La carta que te escribí sobre unas notas planianas, donde había alguna referencia a los charnegos, como en otras partes de sus obras. Y te decía: "La Gran [sic] Enciclopèdia Catalana da una definición de xarnego que debería llevarse a la ONU: 'Persona de llengua castellana resident a Catalunya i no adaptada lingüísticament al seu nou país', donde inadaptado y su nuevo país son joyitas engarzadas en mierda".

Qué iba a escribir el Valido con este diccionario general. Balidos. Mira, cuando escriba algo nuevo en la catalanesca senda, con algo nuevo le responderé. Mientras tanto ahí te va la última autocita, sin fecha de caducidad: "La fábula de un nacionalismo bueno y sano, en el que ellos creyeron. Nunca hubo ese nacionalismo. Desde el primer minuto fracturó la sociedad, sembró la división entre catalanes buenos y malos, instrumentalizó las instituciones, convirtió la lengua en lengua nacional, subvirtió la pluralidad y aceptó como natural un discurso supremacista, que yo prefiero llamar xenófobo, porque conozco su profundo y pútrido complejo de inferioridad".

Sigue ciega tu camino. A.

Puigdemont quiere más 155
JOSÉ GARCÍA DOMÍNGUEZ El Mundo 20 Mayo 2018

Rull, Turull, Comín y el sardanista Puig. Pero también Bargalló, el mismo Bargalló que en tiempos de Maragall, cuando ejercía de portavoz del tripartito, saludó el manifiesto fundacional de un nuevo partido que se iba a llamar Ciudadanos con el siguiente aviso a navegantes: "Hay una amplia tradición catalana de manifiestos. Yo recuerdo, por ejemplo, otro de intelectuales firmado por el señor Amando de Miguel y el señor Jiménez Losantos". Lo dijo en la sede de la Presidencia de la Generalitat.

Una provocación, sí, en toda regla, pero no una provocación gratuita. Todo lo contrario. El ido, cuya voluntad hoy incontestable ha estado muy presente en esos cinco desafíos chulescos a la troika de Madrid, ansía mantener encendida la llama que alimenta la estrategia de la tensión en su ínsula Barataria. Y es que nada teme más el dueño del Despacho Prohibido que el retorno de alguna mínima apariencia de normalidad institucional a Cataluña. Por eso Puigdemont va a administrar el continuo crescendo de los fuegos de artificio escénicos hasta que, en paralelo con la sentencia del Supremo, ordene a su propio Torra prender la traca final con la disolución del Parlament y una convocatoria de elecciones que a buen seguro se dirán constituyentes y plebiscitarias. Otra vez. Mientras tanto, necesita como agua de mayo que siga en vigor el 155. Desafiar de un modo abierto a la troika cuanto tanto Rajoy como Sánchez y Rivera le han dejado claro cuáles serán las consecuencias de una eventual insubordinación sólo admite esa lectura política.

No el PDeCAT, ahora desaparecido. No Esquerra, ahora empeñada en ofrecer una imagen de moderación y acatamiento al marco legal para no dificultar un tratamiento penitenciario benévolo para Junqueras. Pero sí el Payés Errante, cada día que pasa más imbuido en su inopinado papel de César indiscutible del independentismo. Inopinado porque, a fin de cuentas, fue él quien salió corriendo el día de autos mientras los otros, mal que bien, arrostraron con alguna dignidad personal las consecuencias de sus actos.

Así las cosas, la iniciativa política local se ha convertido en un coto vedado de Puigdemont. Pero el Payés necesita, ya se ha dicho, de la electricidad ambiente para retenerla. Justo lo contrario que Esquerra, cuya táctica de tender puentes conciliadores hacia Colau y el PSC acaba de ser dinamitada desde Berlín con el muy estudiado nombramiento de algo tan aberrante e impresentable como Torra.

Por lo demás, nadie espere acción de gobierno alguna por parte de esa atrabiliaria partida insurgente que acaba de reclutar el interino por delegación. El ido no quería consejeros, quería agitadores. Y agitadores es lo único que vamos a tener en la Plaza de San Jaime. Si la troika le retira el mando supremo de los Mozos alargando sine die la vigencia del 155, puede que todo quede en sólo un desastre. Pero si no se lo quitan, y más pronto que tarde, tendremos una tragedia.

Torra cumple y Rajoy disimula
Pablo Sebastián republica 20 Mayo 2018

El Rey y Jefe del Estado Felipe VI y el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, nunca debieron firmar el decreto de nombramiento de Quim Torra como presidente de la Generalitat sin que, previamente, hubiera acatado la Constitución y la legalidad una vez conocido su previo discurso de desafío frontal al Estado en el Parlament catalán.

Pero el Rey, Rajoy y Pedro Sánchez y Albert Rivera aceptaron culminar la investidura de Torra sin un requerimiento o condiciones previas durante los conciliábulos que celebraron en Moncloa. Y el que más y el peor de todos ellos Albert Rivera quien ahora critica -pidiendo más 155- lo que él había promovido con su apoyo a los Presupuestos de Rajoy junto al PNV, partido que chantajea al Estado pidiendo y logrando más dinero y concesiones a los presos de ETA, ante las narices y con las bendiciones de Cs.

Por todo ello no sabemos por qué protestan y se escandalizan nuestros líderes políticos nacionales Rajoy, Sánchez y Rivera (Iglesias está ocupado con el escándalo de su chalé) de los nombramientos de consejeros que Torrá ha hecho para su Govern y donde se incluyen dos presos preventivos Turull y Rull y dos prófugos Comin y Puig, los cuatro procesados por delito de rebelión en el golpe de Estado catalán.

Quim Torra ha hecho lo que de él se esperaba y esperaban los dirigentes de los partidos independentistas que le apoyan y lo que ha decidido quien Torra considera el verdadero presidente de la Generalitat que es Puigdemont.

Los soberanistas no quieren normalizar la situación de Cataluña, ni dialogar sobre esa normalización. Quieren que el Estado se rinda a sus pies y que la Justicia renuncie a la aplicación estricta de la legalidad y se proceda a una amnistía general para los golpistas y malversadores. Y el reconocimiento de la independencia de Cataluña tal y como fue proclamada en el Parlament a propuesta de Puigdemont y Junqueras el pasado 27-O, tras el referéndum ilegal y fraudulento del 1-O.

Pero para Rajoy España no es la prioridad sino sus Presupuestos de 2018 para seguir en el poder hasta 2020. Y por eso no actuará en contra de las decisiones de Torra hasta que el PNV -que es el partido que ahora manda en España con solo 5 diputados y 286.000 votos- apruebe los Presupuestos en la compañía de Ciudadanos y con apoyo de los partidos canarios a los que Rajoy ha ido este fin de semana a visitar y a regalar en Canarias para que no le fallen en la votación de los Presupuestos.

Porque está claro que España puede esperar por eso él, Mariano Rajoy Brey, no tiene prisas en abordar el nuevo desafío de Torra, el necesita quedarse en el poder hasta mediados de 2020 sin que ningún juez lo llame a declarar por la corrupción del PP y ver si mientras tanto se recupera electoralmente el PP.

Con los nombramientos que ha hecho Torra el presidente en ‘funciones’ de la Generalitat -porque Puigdemont es el verdadero Presidente- ha cumplido con su palabra dada al Parlament. Quien no cumple con España es Rajoy que incluso engañó a las víctimas de ETA en su pacto con el PNV, y todo ello con el apoyo de Sánchez y de Rivera y con la especial bendición del Rey.

El amargo y agónico final del artículo 155
LUCÍA MÉNDEZ El Mundo 20 Mayo 2018

El 155 toca a su fin. Mariano Rajoy devolverá a la Generalitat las competencias arrebatadas en los próximos días, una vez que tome posesión el Gobierno de Quim Torra. Cataluña y España vuelven a su cauce.

Ésta era, expresada en términos administrativos y despojada de pálpito político, la previsión del Gobierno para esta semana. La comunidad autónoma recuperaba el autogobierno, y aquí paz y después gloria. Pero la realidad ha vuelto a truncar los planes de Rajoy. Otra vez. Puigdemont y Quim Torra están decididos a dificultar el deseo del presidente de levantar el 155 para facilitarle al PNVsu voto favorable a los Presupuestos y despejar así el oscuro panorama de la legislatura.

El final agónico del 155 está siendo un acontecimiento amargo para todos los protagonistas, para todos los actores políticos y para todo el país. La crisis territorial española no parece tener fin y monopoliza por completo el debate político.

En la tarde del viernes 27 de octubre del pasado año, el Senado autorizó al Gobierno, con los votos de PP, PSOE y Ciudadanos, a activar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña, después de la declaración unilateral de independencia aprobada por el Parlament. Una hora después, el Consejo de Ministros aplicó la resolución del Senado y destituyó al presidente de la Generalitat y a todo el Govern.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunció al término de la reunión su decisión de disolver el Parlamento catalán y convocar elecciones autonómicas el 21 de diciembre, en uso de sus competencias como máxima autoridad en Cataluña.

Rajoy quería dejar claro que no tenía intención alguna de intervenir la Generalitat, sino de devolver la legalidad a Cataluña dando la voz a los ciudadanos.

Los partidos de la oposición y la práctica totalidad de analistas y medios de comunicación calificaron de "inteligente" y "adecuada" la decisión de convocar elecciones. Una prueba más del fino olfato político del presidente, de su prudencia como gobernante ante una situación endemoniada, y de su capacidad para administrar los tiempos y dejar KO al rival. En este caso, los dirigentes de los partidos de la mayoría independentista que se había rebelado contra el Estado.

Siete meses después de aquello, elecciones catalanas mediante en las que los independentistas revalidaron la mayoría absoluta, el artículo 155 se aproxima a un final que está resultado agónico.

De acuerdo con el texto aprobado en el Senado, el Gobierno levantará estas medidas excepcionales una vez que tomen posesión los nuevos consejeros del Ejecutivo catalán. Si la voluntad declarada de Rajoy era devolver la normalidad institucional y la legalidad a la comunidad de Cataluña, no se puede decir que el presidente haya logrado su objetivo. Salvo que la normalidad consista en un presidente declaradamente racista que obedece las órdenes de su antecesor fugado en Berlín y que ha nombrado consellers a dos políticos encarcelados y a otros dos fugados de la Justicia española.

Nada ha salido como esperaba Rajoy. Todo lo que podía empeorar ha empeorado. Carles Puigdemont, que después de su destitución y posterior huida para no ser encarcelado se consideró un cadáver político, no sólo ha resucitado, sino que lidera desde Berlín la estrategia de la mayoría independentista que sigue controlando el Parlamento catalán.

El final del 155 está siendo penoso para el Gobierno, para la izquierda española, y también para los partidos independentistas, que han elegido presidente de la Generalitat a un rabioso activista cuya obra escrita deja un rastro de racismo y xenofobia contra "los españoles", para escándalo de España, de Europa y del mundo entero.

El racismo de Torra ha asestado un duro golpe a la simpatía que despierta la causa independentista en la opinión pública de algunos países.

La nueva estrategia del independentismo, centrada no en la aprobación formal de leyes o iniciativas que sitúen a sus dirigentes a tiro de la actuación de los tribunales, sino en la teatralidad de una república independiente de ficción, pondrá a prueba la capacidad del Gobierno para responder a actuaciones simbólicas y aparatosas. La toma de posesión del nuevo presidente catalán, clandestina y fuera de todas las normas habituales, es un ejemplo de cómo el 155 ha podido controlar al funcionariado, pero no ha sido capaz de restaurar la normalidad de la institución.

Después del incendiario discurso de investidura de Quim Torra, Mariano Rajoy se aplicó a la tarea de llevar al ánimo de los ciudadanos la idea de que al nuevo presidente se le va la fuerza por la boca. Torra puede decir lo que quiera, pero deberá cumplir la ley porque si no, ya sabe lo que le espera: el juez Llarena. Sin embargo, esta aparente firmeza puede no resistir el contraste con la realidad.

Si Torra mantiene en alto su desafío, aun cuando sea en el territorio de las provocaciones simbólicas, dará la sensación de que el Gobierno catalán se burla en sus propias narices, sin que Rajoy haga nada. El nombramiento de consellers presos o fugados es un buen ejemplo, además de un dislate inédito en cualquier democracia europea. Rajoy se ha comprometido a responder legalmente a los hechos, no a las palabras. La designación de un Govern de estas características, ¿entra en la consideración de hecho concreto que merezca respuesta concreta del Gobierno o son sólo palabras que se lleva el viento?

Con el anuncio de que el Gobierno está analizando la posibilidad de no publicar el decreto de nombramientos del Govern de Torra, Mariano Rajoy lo considera un hecho y frena la acusación de Ciudadanos de permanecer impasible, mientras los independentistas siguen en rebelión.

El presidente ha querido sellar en La Moncloa la unidad de actuación con el PSOE -de forma clara- y con Ciudadanos de manera más escurridiza, ya que Albert Rivera ha pedido un nuevo 155 de contenido más contundente que el aprobado en octubre por el Senado.

El PSOE de Pedro Sánchez apoyó el 155 en octubre sin presumir mucho, incluso expresando tristeza y dolor. Siete meses después, sin embargo, el secretario general socialista se ha mostrado esta semana como el más firme defensor del Estado frente al independentista Quim Torra.

Si es preciso otro 155, sea, ha dicho sin complejos. Sánchez y el resto de los dirigentes socialistas han condenado con firmeza los escritos racistas del nuevo president. El líder socialista ha polemizado con él en la red social Twitter. Pero además, Sánchez ha propuesto cambiar el Código Penal para penalizar el supuesto concreto de rebelión adaptado en el que incurrieron las autoridades de Cataluña y hasta la aprobación de normas legales para que en las tomas de posesión de los presidentes autonómicos sea obligatorio acatar la Constitución. Ni el PP ni Ciudadanos han llegado tan lejos. De hecho, son propuestas que han sorprendido al Gobierno.

Sánchez quiere aparecer ante los españoles como un auténtico hombre de Estado ante su estancamiento -cuando no retroceso- en los sondeos de intención de voto. Después de una temporada en la que el PSOE se ha difuminado, el líder socialista busca apuntalar su condición de alternativa de Gobierno. Rajoy está dispuesto a facilitarle la tarea y le recibió en La Moncloa antes que a Albert Rivera. Con mayores muestras de agrado y más protocolo.

Los socialistas son conscientes de que la crisis catalana ha tenido efectos letales para la izquierda española en general por su excesiva tolerancia hacia los nacionalistas e independentistas. Podemos y su marca catalana han empezado también a tomar conciencia de ello. Xavier Domènech ha endurecido su discurso contra los independentistas y ha cargado expresamente contra el racismo de Torra expresado en sus artículos. Lo mismo ha hecho Ada Colau.

La alcaldesa de Barcelona se ha separado más que nunca de ERC y la CUP, las dos formaciones de la teórica izquierda catalana con las que los comunes mantenían una relación fluida. Incluso Pablo Iglesias ha mostrado su disposición a reunirse con el presidente del Gobierno para tratar la crisis catalana, tal y como le pidió Pedro Sánchez.

El racismo de Torra ha provocado también un gran revuelo en la izquierda independentista. Tanto ERC como la CUP se las ven y se las desean para justificar su respaldo al presidente que les propuso Puigdemont. A pesar de que los máximos dirigentes de ERC están convencidos de que es imprescindible virar hacia el autonomismo, han sido incapaces de imponerse a Puigdemont.

Las críticas de asociaciones pro derechos humanos contra Torra indican que estas formaciones de la izquierda catalana se han desligado de parte de su base social y han renunciado a sus principios ideológicos para abrazar sin matices la causa de Puigdemont.

Comunidad de Madrid: La crisis de Garrido
El Gobierno y el PP no han mostrado un excesivo interés por la investidura del nuevo presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido. Las tribunas de la Asamblea de Madrid estuvieron vacías de invitados en representación de la dirección nacional del PP y del Gobierno. Sólo Fernando Martínez Maíllo se dejó caer por allí el primer día del debate. Y la investidura de Garrido coincidió con su descabezamiento como secretario general del PP madrileño. Rajoy ha disuelto por las bravas los órganos de dirección del partido, sin ni siquiera nombrar formalmente una Gestora. Una decisión sorprendente y prácticamente inédita. La réplica en tono de campaña electoral de Garrido a los grupos, sin embargo, indica que no se resigna a ser un presidente interino.

Andalucía: Susana Díaz y sus elecciones
La presidenta andaluza, Susana Díaz, sigue deshojando la margarita de la convocatoria de elecciones. Las autonómicas andaluzas tocan en marzo de 2019 y son las primeras en el calendario oficial. Es decir, las primeras en las que se podrá contrastar si las tendencias que apuntan las encuestas -sobre todo el ascenso de Ciudadanos y la caída del PP- se confirman en las urnas. Aunque Díaz mantiene la incógnita, existe la sospecha fundada de que podría convocar en otoño de este año. La razón fundamental para el adelanto sería evitar el calvario que tuvo que pasar para su última investidura, cuyas negociaciones se vieron afectadas por la cercanía de las autonómicas y municipales. Tras el duro revés de las primarias, Díaz ha recuperado pulso y el PSOE mantiene en los sondeos su posición de partido más votado en Andalucía.

No es provocación, es estupidez
Miquel Giménez. vozpopuli 20 Mayo 2018

Los finos analistas de La Moncloa aseguran que el nuevo Govern es una “provocación”. Se equivocan. Es solamente una colosal, una enorme estupidez

La cosa gallega se nota mucho en la sede del gobierno de la nación. Al valorar al nuevo ejecutivo de Quim Torra, se han despachado con que van de provocadores, que estudiarán su viabilidad y que esperaban que Quim Torra volviera a la normalidad. Tamaña obviedad parece hija del fatalismo galaico, que se jacta de sólido estoicismo ante los avatares de la vida. A veces, Mariano Rajoy me trae a la memoria a otro gallego, Don Manuel María Puga y Parga, nacido en 1874 en Santiago de Compostela, dos veces alcalde de La Coruña, abogado, periodista, escritor y terrateniente. Don Manuel María era más conocido por su seudónimo “Picadillo”, que usaba para sus divertidísimas y jugosas crónicas gastronómicas. Autor de “La cocina perfecta”, no había boda en toda Galicia en la que la esposa no recibiese un ejemplar como regalo, para una mejor y recta trayectoria en los fogones. Pues bien, lejos de otros escritores que se han ocupado de la cosa del yantar, tales como Curnonsky, Escoffier, Luján o el injustamente ignorado Luis Antonio de Vega, “Picadillo” declaraba solemnemente no querer otra cocina que la nacional, prescindiendo “de la rusa, la francesa o la inglesa”, añadiendo “De ahí que mi libro de cocina carezca en absoluto de tendencias”. Exacto. Como Rajoy, que ni tiene tendencia ni la quiere.

De ahí que maneje los tiempos con la parsimonia del gallego que siempre tiene presente la muerte, el final, sin prisa ninguna. Cuando uno sabe que nada ni nadie va a escaparse de la señora de la guadaña, no viene de un día ni de dos. Es una lástima que no entienda que lo que le están sirviendo para cenar es una ensaladilla rusa con ribetes iranís, algo que no se compadece para nada con la comida del país, la nacional. Pero él, a lo suyo. Calma, que ya escampará. Ya lo dicen en Moncloa, “estudiaremos la viabilidad del gobierno de Torra”, quedándose tan panchos.

A los constitucionalistas nos parece una barbaridad, porque es más que evidente que Torra no iba a hacer algo distinto a lo que ha hecho. ¿Qué esperaban? ¿Qué jurasen la constitución alborozados y diesen vivas al rey? Los conocen poco o nada, y eso que estas gentes de la estelada han mostrado sobradamente de lo que son capaces.

La reiteración – contumacia, se llama – en un delito siempre es un agravante en derecho penal, pero hete aquí que ante estos señores el gobierno de la nación está dispuesto a valorar, a analizar, a considerar. Vamos a ver, haciendo un somero repaso a la lista de convocados al partido entre el separatismo y la nación constitucional, no hace falta ser Madame de Thébes para saber de qué palo andan. Algunos recordarán el verso que dice “No hace falta ser Madame de Thébes para saber como se cuecen los percebes”.

Vean, si no, a los encarcelados y fugados. Rull, Turull, Comín, Puig. No podrán ejercer su cargo, lo saben y les da igual. Todo sea por montar la bronca, el lío, pedirle a Llarena – los que tuvieron la vergüenza de quedarse y dar la cara, al menos- que les dejen salir para ejercer sus competencias. ¿A estos cuatro hay que valorarlos, analizarlos y ponderar sus intenciones, presidente? Y si vamos al resto de la lista, tampoco es que existan demasiadas dudas acerca de los propósitos de los integrantes. Ahí tiene a Elsa Artadi, de profesión sus abrigos, la incansable propagandista del fugado Puigdemont. ¿Cree el gobierno que esta señora ha cambiado tanto como para que deben analizarse sus actos, a ver si ahora le da por apuntarse a una jura de bandera en el cuartel de El Bruch?

¿Y qué me dicen de quien va a ocupar la cartera de Interior, sí, la de los Mossos de Escuadra, el mismo cuerpo policial al que el gobierno del PP le permitirá la compra de la munición a la que le estaba prohibido acceder desde hace dos años? Su conseller titular, ex alcalde de Premiá y ex presidente de la Asociación de Municipios por la Independencia, Miquel Buch, dijo en el acto final de la campaña de aquel pseudo referéndum que, y citamos textualmente, “España es mucho peor que Corea del Norte o que Turquía”. ¿Cree el gobierno de España que hay mucho que valorar en alguien que, creyéndose tamaña barbaridad – también ha comparado a España con Turquía y la dictadura de Erdogan – va a estar al mando de una fuerza armada de catorce mil agentes?

Pero en el gobierno de Torra hay más, mucho más.

La mentira que supone este gobierno
Nadie cree que este gobierno vaya a servir para nada útil. Solo tiene un propósito: liarla lo máximo posible. Mientras Torra habla de diálogo y de reunirse con Rajoy, y este va, y pica, propone como Consellers a encarcelados por delitos graves, a fugados de la justicia, a talibanes separatistas. Si esto son ganas de llegar a acuerdos, que baje Dios y lo vea.

Lo realmente triste, lo preocupante, no es que Rajoy ignore todo esto que digo, y si lo ignora es que el Estado está mucho peor de lo que pensamos. Que la cosa va solamente de ganar tiempo a ver si las órdenes judiciales de extradición tienen mal fin, es evidente. La propia esposa de Torra lo confesaba en una entrevista. “Antes que la cárcel - le ha dicho a su marido - nos vamos al exilio, porque desde allí tú serás una voz, mientras que estando en una cárcel no res nada”. Es decir, ya se la ven venir, porque su única estrategia consiste en marranear todo lo que se pueda, máxime cuando lo que tienen ante sí es un gobierno lleno de complejos y si vienen mal dadas, pirarse al extranjero, que esta parejita ya ha vivido en Suiza.

Fíjense, para que vean la tremenda bambalina que supone este gobierno. La cosa de la pela y las empresas se la han repartido como buenos hermanos entre Puigdemont y Esquerra, colocando el primero a Artadi y los segundos a Pere Aragonés. Este llevará la Consellería de Economía y Hacienda siendo, además, vicepresidente del gobierno. Ahora, si vamos a lo real, al día a día, a lo de las mongetes que decimos en mi tierra, habrá que ver de qué empresas estamos hablando, habiéndose marchado de Cataluña más de tres mil, o de qué economía se trata, estando la Generalitat en bancarrota. Pero ellos fingen que todo va bien, que nada sucede, como en aquella vieja canción de “Todo va bien, señora baronesa”.

Ahora, reconózcanme que la rúbrica que supone toda esta estafa a la sociedad catalana es que nombren al hermanísimo, a Ernest Maragall, como conseller de acción exterior, relaciones institucionales y transparencia. Claro que Torra ya ha declarado que piensa reabrir todas las sedes del Diplocat que quedaron cerradas tras la aplicación del 155, pero de ahí a que pueda hacerlo de manera efectiva hay un mundo de diferencia. ¿Qué hará entonces don Ernest, qué inventará? ¿Acaso declarará el minúsculo despacho de Torra como ciudad abierta? ¿Creará un check-point Charlie en el Ebro? ¿Le expedirá un pasaporte diplomático de la república catalana a Rahola? Es todo tan risible, tan predecible, tan estúpido que, como catalanes, no podemos por menos que sentir una profunda angustia ante la impasibilidad del gobierno del PP.

Uno entiende que Rajoy tiemble ante la posibilidad de extender el 155, que puede hacerlo con la ley en la mano porque este artículo habla también de su aplicación cuando los intereses de España estén en juego, y vaya si lo están. También se comprende que los grandes partidos jueguen al gato y al ratón antes de intervenir en serio la autonomía, con lo que eso conlleva respecto a medios de comunicación de la Generalitat o la administración autonómica, Mossos incluidos. Pero, al igual que se le exige a Rajoy que deje de contemporizar con quienes no tan solo no renuncian a su golpe de estado, sino que pretenden volver a darlo, debemos exigirnos a nosotros, la ciudadanía, un plante, un hasta aquí hemos llegado, un basta ya de perder el tiempo y de gastar nuestros impuestos en mantener a golpistas. No hacerlo sería también una estupidez.

El independentismo se pone sueldo en la Generalitat: hasta 40 millones al año
Con Torra, tiene en su mano más de 300 puestos de altos cargos y asesores, y ocupar los que dejó vacantes el 155
Roberto Pérez ABC 20 Mayo 2018

La investidura de Quim Torra garantiza a los secesionistas poder disfrutar de cientos de privilegiados sueldos con cargo a las arcas públicas, la larga lista de altos cargos o asesores de la Generalitat. En total, si se toma como referencia la estructura que dejó Puigdemont, 336 puestos de altos cargos y de eventuales (asesores), todos ellos de designación política directa. Pero la cifra final incluso podría ser superior si, haciendo uso de sus competencias organizativas, el nuevo gabinete de Torra decidiera crear más puestos de ese tipo -Puigdemont lo hizo al llegar al Ejecutivo catalán-.

En la Generalitat, el presupuesto disponible para sueldos de altos cargos y asesores alcanza actualmente los 40 millones de euros al año. Pero, llegado el caso, esa cifra también podría ir a más porque, al final, depende de lo que se aprueba cada año en el presupuesto autonómico. La mayoría de esos puestos tienen más sueldo que los ministros, y una gran parte más que el presidente del Gobierno de España.

Cuando el Gobierno intervino la Generalitat con la aplicación del artículo 155 de la Constitución, una de las consecuencias inmediatas fue la masiva destitución de los asesores (personal eventual) de la Generalitat de Puigdemont. Y también de una parte de los colocados como altos cargos.

En agosto de 2017, justo antes de que se lanzara el golpe independentista, el Ejecutivo catalán sumaba un total de 179 altos cargos y 157 asesores. A la lista se añadían 96 altos directivos de empresas y entes directamente controlados por la Generalitat, puestos cuyo nombramiento se mantenía bajo el control directo del «Govern». Aquella estructura se aligeró considerablemente tras la aplicación del 155. Así, el pasado marzo la lista había quedado reducida a 138 altos cargos, 7 asesores y 87 directivos. Es decir, la intervención de la Generalitat les hizo perder el sueldo a 41 independentistas que con Puigdemont disfrutaban de salario de alto cargo. También a 150 asesores que fueron destituidos. Y nueve puestos de altos directivos pasaron a quedar vacantes.

A tenor de los sueldos que tenían asignados, esa supresión temporal de altos cargos y asesores ha supuesto un ahorro en sueldos de unos 10 millones de euros, en todos estos meses en los que la Generalitat ha estado intervenida por el Estado. Ahora, con el independentismo de nuevo en la Presidencia de la Generalitat, esos sueldos vuelven a estar a su disposición: Quim Torra tiene en su mano a quién nombrar en los puestos y, por tanto, a quién pagar esos salarios de designación política directa.

Si Torra mantiene una estructura similar a la que tenía Puigdemont, eso significa tener a su disposición 40 millones de euros al año para sueldos de altos cargos y asesores. Es lo que reservó a tal fin el último presupuesto aprobado por la Generalitat hasta este momento, el de 2017.

Los sueldos de asesores de la Generalitat rondan los 65.000 euros brutos al año. En el caso de los altos cargos, los salarios más habituales superan los 80.000 euros. Por su parte, los consejeros del «Govern» están por encima de los 110.000 euros, mientras que el presidente Torra ronda los 140.000 euros brutos al año.

Ovejero: "Hay que desmontar la ficción independentista, moral y políticamente"
El profesor de la UB considera que la idea de 'un sol poble' es una superstición y que los miembros de la clerecía han tenido una gran responsabilidad en llegar a la actual situación en Cataluña
Manel Manchón cronicaglobal 20 Mayo 2018

​Félix Ovejero (Barcelona, 1957) argumenta con convicción. La misma que le ha llevado desde hace años a discrepar sobre los que consideran que se debe llegar a acuerdos con el nacionalismo. Escritor, articulista y profesor titular de Economía, Ética y Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona, Ovejero considera que Cataluña vive una “degradación moral”, que ha asumido cuestiones que atacan la naturaleza de ciudadanía, y que se debería afrontar un cambio de paradigma, para “desmontar la ficción independentista, moral y políticamente”. Ovejero, autor de La trama estéril, La libertad inhóspita, Proceso abierto. El socialismo después del socialismo, o Contra Cromagnon. Nacionalismo, ciudadanía, democracia, considera que la universidad ha pecado de cobarde por asumir el discurso nacionalista.

--Como profesor de filosofía política, ¿cómo se interpreta lo que dice y proyecta el ya presidente de la Generalitat Quim Torra?
--En Cataluña se ha naturalizado el sinsentido moral. Lo que ha contado Torra es volver a asumir explícitamente el programa golpista, en el sentido de Kelsen: un poder del Estado que se sustrae a la Constitución y la modifica en su versión más extrema, hasta el punto de romper la unidad de decisión política. Eso es lo que se puede inferir de sus intervenciones. Que se vuelva a convertir eso en programa, sostenido en la imposible legitimidad (por principio y por procedimiento) de la consulta del 1 de octubre es muy grave. Como ha argumentado Santos Juliá, se trata de recuperar la estrategia de los pronunciamientos, como el de Primo de Rivera. Por otra parte, las informaciones que han aparecido acerca de su ideario (directamente xenófobo y de desprecio de más de la mitad de la población) resulta clarificador, muestra el núcleo imprescindible del nacionalismo. Y el hecho de que esas cosas se puedan decir con naturalidad, sin concesiones a la retórica cívica, nos dice mucho de la degradación moral de nuestra sociedad, como los homenajes a Jordi Pujol, la defensa de profesores que acosan a niños y la presencia de asesinos en TV3, recibidos con aplausos.

--Una de las confusiones desde el inicio del proceso soberanista atañe a la naturaleza de sus defensores. Se apuntó que era un movimiento de las clases medias y que era beneficioso para las clases populares. ¿Qué verdades se ocultan con esas interpretaciones?
--Se buscó, y era razonable, extender el mercado político. Para eso se levantó la retórica del España nos roba. Nada unifica más que el invento de un enemigo exterior y más en tiempo de crisis. Todo eso es mentira y se ha podido comprobar, como lo eran las promesas de que no saldríamos del euro, de que los bancos se quedarían y las grandes empresas estarían encantadas. De modo que verdades ninguna. Pero cuando las personas han embarcado su biografía cuesta apearse de los delirios que han dado sentido a tu vida. Sobre todo cuando enfrente nadie recuerda lo evidente, nadie salvo algunos héroes dispersos.

--¿Por qué apoyan las clases medias un proceso que puede resultar contraproducente para sus intereses?
--Porque el relato es un relato contrafáctico. Tu no comparas dos realidades, sino una realidad, jodida, que era la crisis, con unas promesas. Es la ventaja del amante por así decir, que no hay modo de probarlo hasta que has tomado la decisión. Y por supuesto, nadie se encargó, como le decía, de insistir en serio, en lo que se estaban jugando: el hundimiento del ahorro, los empleos y otras cuestiones. Porque el “relato” incluía una cláusula adicional: cualquier consideración critica se describía como una amenaza, como alentar el miedo. Y los que tenían que recordar esas complicaciones aceptaron ese relato: mejor no asustemos, esto es, mejor, ocultemos el drama. Un proceso de infantilización, casi de sobreprotección: evitemos a las gentes el drama de la vida.

--En La seducción de la frontera, apunta a esa responsabilidad de la izquierda en dejar al nacionalismo como intérprete del relato y dueño del campo de juego. ¿Por qué ocurrió eso, no se vio o no se quiso ver?
--Hay muchas circunstancias: debilidad ideológica, compra del relato nacionalista, asociar el nacionalismo al progresismo, composición de las élites políticas, con una fuerte presencia de un pseudomarxismo catalán (los ex Bandera Roja), aunque habría que estudiarlo bien. En todo caso, hay dos cosas importantes en esto. Primero, que se sustituyó la retórica de la igualdad por la de la diferencia, que se defendía en nombre de la identidad levantar fronteras y privilegios (esto es, lo contrario de la herencia republicana, de comunidad de ciudadanos libres e iguales comprometidos con las mismas leyes para todos). Y todo eso se agravó porque en España, y en casi todas partes, la izquierda es la que otorgó el visto bueno moral a las causas. El resultado es que las ideas más reaccionarias, las que vienen del historicismo alemán, que combatió la revolución francesa, se pasearon como progresistas. Alucinante. La izquierda se situó contra la ilustración, para decirlo, si me permites, con el título que publicaré en pocos meses.

--Usted utiliza a menudo la expresión “mercancía averiada”, ese nacionalismo que ‘compró’ la izquierda catalana y española. ¿Fue fruto de la ingenuidad, o del interés a corto plazo, o lo que ha ocurrido es que ha habido una deslealtad con la que no se contaba, y, por tanto, hay más responsabilidad en uno lado que en otro?
--He ido comentado eso, sí. Creo también que las instituciones tienen incentivos perversos, que en lugar de alentar la fraternidad entre los españoles, rentabiliza el marcar las diferencias, el cultivo de la identidad: si una barrera lingüística me asegura que los de fuera no vendrán a competir tendré incentivos para levantarla. Y los demás, por convicción o a la defensiva, harán lo propio. Además, la condición de bisagra, de masa crítica de los nacionalistas, en el Parlamento español, obliga a quien quisiera gobernar a tarifar, temeroso además de que el otro (PP o PSOE) ofrecieran algo más. Entretanto los nacionalistas iban construyendo nación, con la educación y los medios. La responsabilidad de la izquierda, si acaso, es mayor, porque ese guión choca frontalmente con su ideario. El derecho de autodeterminación, en serio, lo han defendido los mejores apologistas del capitalismo, los críticos con las tareas redistributivas del estado.

--¿Qué hay de verdad o de ilusión en el concepto de Josep Benet de “un sol poble”, que ahora entraría en crisis?
--Es una superstición. Cuando estudias en serio la realidad demográfica, cultural, social, ves que Cataluña no es esencialmente diferente del resto de España, que un barcelonés medio tiene más que ver con un madrileño que con uno de Gerona. Basta con mirar los estudios de apellidos, entre otros.

--Las encuestas del CEO y los estudios de muchos expertos señalan que la idea de la transversalidad se aleja, que la separación entre comunidades por razones de lengua y de orígenes familiares es cada vez mayor, y que se traduce de forma mimética en las opciones políticas. ¿Se había vivido un sueño, era desde el inicio un cuento, o, realmente, se ha ido produciendo esa separación en los últimos años?
--Formaba parte del proyecto nacionalista: existe una identidad colectiva, esa identidad se sostiene en la lengua, que asegura una visión del mundo y, porque somos diferentes, somos una nación, una unidad de soberanía. Cada una de esas premisas resulta conceptualmente insostenible, pero ha inspirado la política de todos estos años. En cierto momento se ha llegado al techo de extensión de ese proyecto y muchos los han comprado. Y eso es un problema, como lo sería si de pronto un millón de personas salen corriendo de Barcelona porque creen que hay una enfermedad contagiosa. Por supuesto, hay que desmentir los datos, las mentiras, pero también resolver ese otro problema. En todo caso, lo primero, moral y políticamente, es desmontar la ficción. Cataluña es una sociedad mestiza, más allá de poblaciones aisladas, fundamentalmente rurales que, como en cualquier lugar del mundo, tienen otras pautas de vida. Pero no somos tan raros.

--Usted escribe tribunas, participa en debates, vive el ambiente académico. ¿En qué medida cree que la llamada clerecy es responsable de lo que ha ocurrido en Cataluña en los últimos años?
--Las responsabilidades de la clerecy son enormes, por complicidades y por silencios. Hay sistemas de incentivos perversos: composición de clase, movilización bien coordinada, penalizaciones de los discrepantes. Y cobardía, mucha cobardía. No se puede imaginar la cantidad de colegas que te felicitan y te animan, pero luego callan sumisamente y se ponen de perfil. Por cierto, lo contrario de lo que sucedió en el PP del País Vasco, en donde sí hubo una respuesta significativa, de historiadores, constitucionalistas, etc. Aquí, enfrente sólo estaban los que iban por libre, historiadores no profesionales, abogados, que con pocos recursos hacían lo que debería haber hecho una academia seria.

--Es decir, ¿Qué papel juegan programas como Polònia, o la APM, y por qué nadie advirtió de ello en su momento?
--No veo ningún canal generalista, tampoco TVE o La Sexta. Pero, vamos, sé lo que hay. El papel es fundamental. Hay estudios: la elección de la lengua, de la ontología, de la descripción del mundo. Para eso se hizo y se ha proclamado explícitamente para levantar la inexistente nación. Y pagaban bien. Y si a eso le unes que había oferta, porque los periodistas salían de la facultad con la idea de amar antes que la verdad a la Patria, pues está todo dicho.


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