AGLI Recortes de Prensa   Domingo 10 Junio 2018

Los pactos de Meritxell
Hermann Tertsch ABC 10 Junio 2018

Ya ha empezado la fiesta de este gobierno y todos sus cómplices, que son más de los que parecen, para llevarse a los españoles a dónde no quieren ir. La fiesta con la que pretenden confundir a la sociedad española hasta que acabe dispuesta a aceptar lo que siempre le ha sido inaceptable. Para que, tras décadas de cesión ante el chantaje, de tolerar lo intolerable, se dé el paso definitivo de llevar a la nación a negarse a sí misma. Meritxell Batet es la ministra de Política Territorial y «secretaria de Impulso Federal del PSC». Es también uno de los socialistas catalanes multados en su día por el PSOE por votar con los separatistas en favor del «derecho a decidir», es decir de la autodeterminación, es decir del golpe de Estado, contra una moción de UPyD.

Esta ministra es tan leal a la Constitución Española como su exmarido José María Lasalle lo es a los programas del PP y a sus votantes que le llevan al Congreso y a altos cargos. Batet es la encargada con Miquel Iceta y José Montilla de convencer a los golpistas supremacistas más subidos al monte de que se puede llegar al mismo fin con otros modos. Que hay que cambiar las formas para convencer «a los españoles», para engañar a esos garrulos y conseguir esa reforma federal que lleve primero a la total bilateralidad y después a la independencia. Sin que los españoles se enteren hasta que no importe. Porque será toda España la que desaparezca con la liquidación de competencias comunes centrales también para otras regiones.

Esto supondrá la puntilla para la Monarquía como última institución de cohesión nacional. Con la república proclamada en diversas regiones independientes para entonces, la monarquía queda huera de sentido. Y los golpistas catalanes consiguen su república cuyos símbolos externos están por toda su geografía catalana solo cuestionados por catalanes dignos que se juegan su integridad física y la seguridad propia y de sus familias por hacer lo que debería hacer el estado.

Se nota que tiene mucha prisa Batet por llevar a cabo el apaño para el que ha sido nombrada. Ayer decía que es «urgente, viable y deseable» una reforma constitucional. Sabe que necesita al PP y Ciudadanos. Seguramente confía en un tándem de Nuñez Feijóo y Sáenz de Santamaría que siempre parecen dispuestos a relativizar todo lo que impida a cada nacionalista tener lo que desea. Pragmatismo lo llaman. Se les pedirá complicidad para este proyecto de camuflar la secesión tras una reforma constitucional que desarma definitivamente al Estado del Reino de España. La pobre Batet no es Metternich. Ayer hablaba de la necesidad para superar la «crisis institucional» con un «nuevo pacto territorial». ¿De qué rayos habla esta señora? Jamás hubo pacto territorial alguno en España. La crisis de España está en la falta, antes como ahora, de un gobierno con voluntad de neutralizar un golpe de Estado. Y Batet pretende un pacto territorial entre el Gobierno de España y unas fuerzas rebeldes de igual a igual. Esto, no hace mucho, se llamaba traición.


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Desmantelar la Constitución para contentar al secesionismo

EDITORIAL El Mundo 10 Junio 2018

No debe aspirar el nuevo Gobierno a gozar de los 100 días de cortesía parlamentaria cuando ha demostrado a las primeras de cambio estar dispuesto a hacer concesiones de calado al independentismo, traspasando así una línea roja que los mismos socialistas proclamaban infranqueable. De hecho, es fácil imaginar el escalofrío que a líderes territoriales como la presidenta andaluza Susana Díaz le producirían ayer las palabras de la ministra de Política Territorial -quizá un eufemismo para no llamarla a secas de Política catalana-.

Meritxell Batet quiere abordar una reforma "urgente" de la Constitución y hacer después cambios legislativos para incluir "partes del Estatut" y otras leyes catalanas que fueron tumbadas tras ser declaradas inconstitucionales. Dicho de otro modo, el Gobierno de la Nación plantea premiar a los secesionistas que han protagonizado un golpe a nuestro Estado de derecho a través de una reforma de la Carta Magna a su gusto, volviendo a agitar fórmulas gaseosas como la de la "plurinacionalidad" que Pedro Sánchez nunca ha sido capaz de explicar. Abrir el melón de la reforma constitucional a modo de ocurrencia puede acarrear consecuencias impredecibles y supone una gran irresponsabilidad.

Tiene que aprender este Ejecutivo bisoño que con las cosas de comer no se juega. Claro que después de cuatro décadas de democracia sería bueno realizar algunas enmiendas en nuestra Ley Fundamental para mejorar los derechos y las libertades de todos los españoles. Pero eso sólo puede hacerse con un amplio consenso de las principales fuerzas parlamentarias, empezando por el PP, el partido con más escaños. Lo que en modo alguno se puede pretender es derribar la actual Constitución, que ha permitido el periodo más próspero en todos los sentidos en la historia de España, para contentar a quienes sólo tienen como objetivo dinamitar España. Esa política suicida nos condena a todos al fracaso, además de rebosar ingenuidad. El presidentTorra, tras frotarse las manos ante tanta pleitesía -que el viernes ya incluyó el regalo del fin del control previo de los gastos de la Generalitat-, avisó de que el diálogo debe incluir cuestiones innegociables como "el derecho de autodeterminación".

Mal vamos si ésta es toda la hoja de ruta de Sánchez. Los españoles -todos-, hayan nacido en Gerona o en Córdoba, tienen derecho a decidir el futuro de su Nación. E incluso si se plantean cambios constitucionales habrá que valorar si como desea la mayoría de los ciudadanos, según las últimas encuestas, el Gobierno central debe reforzar sus competencias, y no a la inversa. Si Batet quiere una Constitución para que Cataluña sea una Nación, en la que se pueda discriminar el castellano y exista un poder judicial independiente, todas ellas cuestiones que se anularon del Estatut por parte del TC, presumiblemente se encontrará con el rechazo de buena parte de los españoles, incluidos muchos votantes socialistas.

Esto no es un Gobierno, es un anuncio… de disolución
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Junio 2018

Este Gobierno es y sólo puede ser un anuncio, porque ante el más grave problema español no caben soluciones antagónicas.

Tras la cohetería tranquilizante de Borrell, Calviño y Robles, ha llegado la mascletá de lo que más que Gobierno es un anuncio. También cabría entenderlo como moción de censura electoral contra Podemos, que podría resultar tan exitosa como la perpetrada contra el PP gracias a Rajoy. La única incógnita que aleja a Sánchez de una posible victoria electoral que era rigurosamente inimaginable hace sólo un mes es lo que este Gobierno tiene de moción de censura contra Ciudadanos. Pero ésta se me antoja más difícil por dos razones: en algún momento reaccionará Rivera del trompazo parlamentario y será difícil no hacerlo con la nacionalista Batet dirigiendo la estrategia de rendición ante el separatismo catanazi.

Esto es esencial. Por abobados que se hayan quedado los naranjitos tras la fechoría gurteliana, que ellos tontamente alentaron sin darse cuenta de que era parte de una operación para rehacer el bipartidismo contra ellos, no hay día que no suponga una afrenta para los españoles de Cataluña. Y la única estrategia de Sánchez ante el golpismo catanazi es hacer lo que digan Iceta y/o Batet, que es rendirse, así que le será fácil a Rivera, si alguna vez es capaz de una cura de humildad, recuperar lo perdido en las expectativas gracias al terreno que este Gobierno está dispuesto a entregar en la realidad.

Publicismo podemita contra Podemos
Pero la primera tarea de este Gobierno, que es preparar las elecciones en situación de ventaja sobre Podemos, puede decirse que la ha terminado antes de empezar a gobernar. Ha bastado una ración de forraje multiprogre para que la grey zurda relinche, barrite, himple y hasta eructe satisfecha. Como la única ideología de la Izquierda es el odio a la Derecha, o sea, al PP de Aznar, ha bastado echar de mala manera a sus hijos renegados para no pedir más. No hay una sola idea en la Izquierda que no sea de revancha, así que cuando les ha caído del cielo el desalojo de Rajoy, a disfrutarlo.

Podemos es una formación caracterizada por un golpismo del mismo tipo revanchista que el PSOE, pero no concebido como una enmienda al Gobierno sino al Estado, que ellos llamaban pomposamente El Sistema. Sin embargo, se alimentaba de lo mismo: el odio contra una Derecha que sólo existe en su imaginación y que sirve para felicitarse por ser de izquierdas, poco o nada más. Derrotada esa Derecha fantasmal, la del fantasmón Rajoy, no tienen ningún objetivo social, apenas unos cuantos eslóganes que ya eran viejos al enunciarse, y que sólo se han mantenido vivos por la renuncia ideológica de la Derecha a combatirlos, que sería derribarlos.

Sin embargo, esos potitos del odio ideológico tienen la ventaja de que basta enunciarlos para cumplirse, siempre que se haga desde el lugar correcto, que es la izquierda. Pero Izquierda es cualquier cosa que recurra a esos mantras arcaicos, así que basta enunciarlos con el suficiente aparato mediático para que se den por realizados. Si los líderes comunistas más feroces cifran su felicidad personal en llegar a ser los hacendados de Villa Tinaja, el socialismo es la distancia que separa al socialista del capitalismo, no su liquidación sino su consecución por la vía rápida. O sea, el felipismo. Y para que el PSOE recupere aquella condición de adanismo sin vergüenza que supuso González, basta otro caradura, las mismas siglas y propaganda, mucha propaganda. Ahí están: Sánchez, desde el PSOE y con la mayoría mediática aplastante que el PP entregó a la izquierda hace ya muchos años.

Todas las banderas arrebatadas a Iglesias
El único obstáculo para este PSOE era el de apropiarse del programa político o arrebato ideológico de Podemos antes de las elecciones europeas, municipales y autonómicas de 2019 y las generales que deben convocarse antes de dos años. No es difícil, si se carece de escrúpulos. Y si alguien no ha tenido nunca ese problema es el PSOE, cuatro siglas, cuatro mentiras.

¿Dice Podemos que "se ha castigado a los trabajadores" con la Reforma Laboral, que en realidad ha creado tres millones de empleos, o sea, que ha castigado al paro? Se les devuelve el poder negociador a los sindicatos. Y eso anuncia la ministra de Trabajo, que volverá ser del Paro. ¿Conviene castigar el Patrimonio, las Sucesiones, la Herencia y demás pruebas del afán de propiedad del pueblo, extraviado por el capitalismo? Ahí está Montero, adicta a la presión fiscal, elogiando a Montoro, vampiro de nuestros bolsillos. Y la pomposa Portavoza, que dice que, por supuesto, se pueden subir los impuestos.

¿Que deberíamos volver a la naturaleza y alumbrarnos con velas? La ministra de Transición Ecológica (la del Castor) dice que ni nucleares ni carbón, o sea, que nos sube la luz. ¿Que la Sanidad debe ser pública? Ahí está Montón, verduga de la Privada. ¿Feminismo? Una docena de ministras. ¿Gays? Dos por el precio de uno. ¿Justicia universal de extrema izquierda? Ahí está la entrañable de Garzón. ¿Queda algo más a la izquierda? ¿No? Pues para Noviembre o Marzo, convocamos Generales y Andaluzas, y matamos dos pájaros de un tiro. ¿No es todo facilísimo?

Pero el golpismo catalán sigue intacto
El único elemento del elenco ideológico podemita que falta en este plan de imitaciones es el apoyo al separatismo catalán y vasco, que implica, por parte del Gobierno, liquidar la monarquía constitucional y entrar en un período revolucionario que aboque a la República confederal, con derecho de autodeterminación para la tribu que lo solicite, previa disolución del principio de soberanía nacional. Y ahí es donde el PSOE no puede imitar a Podemos, porque dejaría de ser Gobierno de España… por falta de España.

¿Frena eso la inclusión del proyecto podemita dentro del sanchista? En absoluto. Para eso está el PSC y su nacionalista de guardia, la Batet, que, recién nombrada, ha proclamado la "urgencia de una reforma federal". También el neoviejo Diario Gubernamental, o sea, El País, dice que así se destensa la relación con la Generalidad. Supongo que se refiere a la foto del catanazi Torra con los terroristas sin arrepentir Bentanachs y Carles Sastre, que es la prueba de que "destensar", para la abyecta izquierda antiespañola, es arrodillarse ante el separatismo, y si lleva o ha llevado pistola, mejor.

Aquí es donde llega el problema, aunque ahora parezca solución. Hay una Izquierda suicida y antinacional, que hubiera desaparecido en las urnas si nos hubieran dejado votar a los ciudadanos, tal vez a Ciudadanos. Pero hay otra izquierda que entiende como puro embeleco el diálogo con los catanazis y los bildutarras y cree en la defensa de la integridad nacional. En el Gobierno, esa es la línea que representan Borrell y Margarita Robles, incompatible con la pro-separatista de Batet y las taifas valenciana y balear. Eso no será nunca un plan de Gobierno sino el de una disolución nacional. Y también el del Gobierno y su castillo de naipes, electorero y efectista.

Los límites de la engañifa
Por eso, este Gobierno es y sólo puede ser un anuncio, porque ante el más grave problema español no caben soluciones antagónicas. Una cierta dilación, una engañifa breve, pase. Con el juicio pendiente a los golpistas catalanes, no caben medias tintas: o se va contra el juez Llarena y a favor de la absolución legal, amén de política, de los golpistas, o se apoya la Ley contra los que la atropellaron y siguen queriéndola triturar. La garzona de Justicia y los antigarzones de Defensa y el CNI son del todo incompatibles.

Y lo único que puede preocupar a Sánchez en este contrarrelojismo electoral es que todo el tiempo en que aflore esta contradicción insoluble, o sea, que el PSOE no tiene solución alguna al problema nacional, porque tener dos es peor que no tener ninguna, es la ocasión para que Ciudadanos reviva y el PP resucite. Basta la bandera nacional para liquidar los pujos tricolores de un socialismo que ha llegado al poder por la puerta falsa y que sólo se puede mantener si revalida en las urnas su enésima -y pésima- reencarnación.

Tras el efectismo, toca gobernar

Editorial ABC 10 Junio 2018

Una vez conocido el golpe de efectismo mercadotécnico del Gobierno de Pedro Sánchez, y una vez que los diecisiete ministros han tomado posesión de sus cargos, comienza la hora de gobernar. El PSOE no lo tendrá nada fácil por dos factores: primero, por su exigua minoría en el Congreso, ya que tratar de gobernar con 84 escaños es un auténtico ejercicio de aventurerismo; y segundo, porque la imagen en política es importante, pero no lo es todo. Ayer, Pablo Iglesias, cooperador necesario de una moción de censura que podría hundir a Podemos en la irrelevancia, auguró un «calvario» para Sánchez porque se ha dedicado a «sonreír» al PP y a Cs, y ha olvidado en veinticuatro horas quien lo ha llevado a La Moncloa. También, la nueva ministra de Hacienda tuvo que desdecirse de su pensamiento real de acabar con el «privilegio» del cupo vasco, y hubo de moderar su discurso ahora que está al frente de un Ministerio. A su vez, Junts per Catalunya cuestionó al ministro de Cultura, Màxim Huerta, por «xenófobo» y por sus comentarios de «odio» contra el proceso independentista catalán. Y para completar, ERC exigió a Sánchez la inmediata libertad de los presos preventivos del proceso separatista, y le advirtió de que, en caso contrario, «deberá atenerse a las consecuencias».

El chantaje de quienes defenestraron a Rajoy para aupar a Sánchez es una evidencia, y es indiciaria de que la legislatura puede generarle un enorme desgaste. De hecho, la complicación para la aprobación definitiva de los Presupuestos puede no venirle a Sánchez solo de la mano del PP y de su «venganza» a la traición del PNV. La aprobación de las cuentas públicas puede complicársele porque sus socios de moción exigen resultados inmediatos a sus demandas y chantajes. Los fuegos artificiales de un Gobierno ampliamente elogiado por buena parte de la opinión pública tendrán poco recorrido porque tanto la imagen como la gestión de un Ejecutivo siempre desgastan, inevitablemente. Con 84 escaños de 350, y con quienes le llevaron a La Moncloa exigiendo desde el primer momento el pago de las facturas políticas pendientes, Sánchez no va a vivir una legislatura pacífica. A estas alturas de nuestra política, ya sobra la ingenuidad de apelar al «diálogo», los «acuerdos» y el «entendimiento» como retórica de su discurso. Sánchez ni siquiera tendrá tiempo para gozar de un mínimo periodo de gracia y cortesía parlamentaria, porque ni las urgencias de la embarrada política de hoy en día lo permiten y porque es de sobra conocido que se trata de una legislatura que agonizará en meses en una permanente atmósfera electoral. Sánchez ha diseñado un Gobierno socialmente afable. Pero presentó la moción de censura para expulsar a Mariano Rajoy y para gobernar, no para fingir que gobierna con unos cuantos gestos ideologizados. Ahora le toca cumplir con sus promesas o su presidencia quedará ampliamente deslegitimada.

¿Cataluña? Peor que con Rajoy, imposible
Jesús Cacho. vozpopuli 10 Junio 2018

Tiene razón José María Aznar. Toda la razón cuando dice que “el movimiento independentista no ha sido desarticulado” en Cataluña, donde “sigue habiendo un Gobierno golpista” en abierta rebeldía contra la Constitución, con un nuevo Govern empeñado en sostenella y no enmendalla, decidido a aumentar la apuesta hasta donde sea menester para hacer realidad ese choque de trenes capaz de internacionalizar el conflicto y forzar la intervención de la Unión Europea, de la ONU, de la Rusia de Putin o del lucero del alba, que cualquier ensoñación es buena para quien ha perdido el oremus. Y tiene razón Aznar -aunque toda la pierda cuando se recuerda que fue él quien, entre otras cosas, cedió las competencias de Educación, responsable final del crecimiento del separatismo, al defraudador Pujol-, cuando dice que “mientras el movimiento secesionista no se desarticule plenamente no se estará haciendo lo suficiente para que España gane a los golpistas” que, de momento y como poco, van empatando el partido.

Y ¿cómo está el Movimiento separata? ¿Qué está pasando ahí? ¿Qué va a ocurrir en Cataluña tras la salida de Mariano Rajoy con el rabo del 155 entre las piernas? Fue el temor que, por encima de cualquier otro, invadió a la España constitucional nada más conocerse el triunfo de la moción de censura, aprensión elevada al cubo por el hecho de que Pedro Sánchez fuera elevado al Parnaso precisamente con los votos, entre otros, del independentismo catalán. ¿Qué precio había pactado por ese apoyo? En estas cuitas andábamos cuando, aún no repuestos de la sorpresa, estalló el bombazo, la noticia que tiene al universo separata desconcertado, sumido en la perplejidad y sin saber muy bien por dónde tirar. Y todo porque Sánchez Pérez-Castejón ha tenido la audacia de promover al cargo de ministro de Exteriores a José Borrell, quizá el peor de los enemigos que podían haberle salido al paso al separatismo. De Dastis a Borrell o de la noche al día; del tancredismo estulto a la determinación de hacer frente al desafío.

Lejos del charnego acomplejado estilo Rufián que necesita lustrar a diario las botas del independentismo para ser aceptado como par, Borrell es tan catalán como Puigdemont o Kim Jong-Torra. “El que fa mal de Josep Borrell és que sigui català. Català autèntic, vull dir, tan català que els espanyols no són ni capaços de pronunciar-ne correctament el cognom. És això, el que no pot ser”, escribía el viernes un tal Albert Soler en Diari de Girona. Catalán pata negra, cuña de la misma madera. El leridano conoce el problema de primera mano, y ha expresado, como acredita su protagonismo en las movilizaciones que Sociedad Civil Catalana (SCC) ha venido realizando en los últimos años, su rotundo compromiso con el constitucionalismo y con la identidad de Cataluña como parte consustancial de España. Su experiencia internacional y su conocimiento de la UE (presidente del Parlamento Europeo entre 2004 y 2007) pueden resultar decisivos a la hora de librar la batalla diplomática de la comunicación, la batalla de la exposición exterior de la verdadera naturaleza sectaria y racista del independentismo, una batalla que España ha estado perdiendo con el Gobierno de acémilas encabezado por Rajoy y sus Dastis, un nombramiento tardío que fue “lo peor que nos ha podido pasar a los constitucionalistas en Cataluña”, aseguran en SCC.

Éste será sin duda el principal cometido de Borrell desde Exteriores: ganar para la España constitucional la batalla de la comunicación que a nivel internacional le ha planteado el separatismo. Su nombramiento ha surtido el efecto de una descarga eléctrica sobre el campo golpista. Basten las declaraciones al respecto de Torra y resto de líderes del prusés. Resulta que con nuestros votos en el Congreso hemos hecho titular de Exteriores al tío que más daño podía hacernos en el objetivo de internacionalización del conflicto. Un pan como unas hostias. El resultado de la moción de censura, por lo demás, ha venido a desmontar buena parte del andamiaje dialéctico del separatismo. Porque ha sido la Justicia española, esa Justicia que Rajoy y PP manejaban a su antojo según el argumentario separata, esa Justicia capaz de meter en la cárcel a “los luchadores por la libertad del pueblo catalán”, la que se ha llevado por delante al PP y a su Gobierno, sentencia Gürtel mediante. Ha sido ella la que ha acabado con Rajoy, no Puigdemont y su capacidad desestabilizadora, como ha venido pregonando el insensato.

Rajoy, el enemigo del pueblo
Pero es que, además, el Gobierno de España no va a estar ya ocupado por el partido de la derecha, sino por la izquierda representada por el PSOE. El vademécum argumental indepe, siempre tan machacón a la hora de identificar a Rajoy como el origen de todos sus males, el enemigo a batir, queda huérfano, al pairo, porque ya no será el PP y su Gobierno, el “enemigo del pueblo de Cataluña” –siempre la parte por el todo, siempre la tentación totalitaria de que dos millones de independentistas se arroguen la representación de 7,5 millones de catalanes- sino que es la España constitucional, a derecha e izquierda, la que no está dispuesta a consentir el atropello contra las libertades de los catalanes no nacionalistas que el prusés y sus mentores representan. Y está bien que sea el PSOE quien se haga cargo del problema, porque hay cosas en este país para las que la izquierda está en teoría más capacitada que la derecha, y viceversa.

Al margen del acierto que ha supuesto un nombramiento en el que hay puestas tantas esperanzas, la suerte de la batalla que el separatismo ha planteado al Estado de Derecho dependerá del papel que juegue la otra pata en la que Sánchez parece querer apoyarse para abordar el problema, la nueva ministra de Política Territorial, Meritxel Batet. Y aquí las opiniones están divididas. Hay quien pone en valor su cercanía a SCC desde el primer momento y, por tanto, su disposición a formar tándem con Borrell en la batalla ideológica contra el separatismo, y quienes, por el contrario, “conociendo al PSC como si le hubiéramos parido”, señalan que el constitucionalismo no puede esperar gran cosa de una mujer que no pasa de ser “la persona de la máxima confianza de Miquel Iceta”, secretario general del PSC, y que como tal va a comportarse: como mera correa de transmisión del inclemente bailarín, cuyas posiciones, una de cal y otra de arena, ni contigo ni sin ti, ni carne ni pescado, ya no puede defender él mismo, que tal es su descrédito dentro del socialismo.

Batet es la típica apparatchik del PSC que no va a hacer otra cosa que representar la posición del dúo Iceta-Montilla, el andaluz que como presidente de la Generalitat encabezó la manifestación contra la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto tiempo ha. La propia Meritxel enseñó sus cartas en fecha tan reciente como febrero de 2013 cuando, tras el Debate sobre el Estado de la Nación de ese año, apoyó en el Congreso una moción de Convergencia en favor del “derecho a decidir”, rompiendo la disciplina de voto del PSOE cuyo líder, Alfredo Pérez Rubalcaba, había ordenado a sus diputados votar no. La rompió Batet y el resto de los diputados del PSC, para ser exactos. Obligados a otorgarle el beneficio de la duda como recién llegada, sus credenciales, sin embargo, no invitan al optimismo, lo mismo que sus primeras declaraciones como titular de la cartera. Poner el énfasis en el diálogo -“recuperar el diálogo con Cataluña”- con quien se cisca en el mismo, porque no atiende otras razones que no sean la rendición del Estado, más que un ejercicio de política naíf es un error palmario como la evidencia ha demostrado. ¿Razón? Soraya Sáenz de Santamaría.

Inútil "gesto de normalización"
En plenos fuegos artificiales del nuevo Gobierno, Puigdemont se ha encargado de recordar a Sánchez las exigencias que, cuando se encuentren cara a cara, le planteará su mandao Torra: “la garantía del derecho a la autodeterminación de Cataluña”, mientras que el propio Torra, liberado del cepo del 155, se apresta a reabrir las “embajadas catalanas” cerradas en virtud del famoso artículo y a poner en marcha de nuevo el Consejo de la Diplomacia Pública de Cataluña (Diplocat), que tan relevante papel ha jugado en la distribución de pornografía secesionista por doquier. Así es como entiende el diálogo esta gente. Y seguramente para hacerle más fácil la tarea a Kim Torra y sus secuaces, el Gobierno Sánchez decidió el viernes en su primer Consejo de Ministros levantar la intervención de las cuentas de la Generalitat como “gesto de normalización”. ¿Cuál será la respuesta del golpismo a tan bello deseo? Subir la apuesta e incrementar el desafío.

Es evidente que el nuevo Ejecutivo está casi obligado a apostar por esa “normalización” aún a sabiendas de que pronto terminará demostrándose un gesto inútil. Cataluña volverá a explotar, porque no ha dejado de hacerlo un solo día al menos desde 2012. El resplandor del nombramiento de Borrell sigue siendo, no obstante, tan brillante a día de hoy, que el optimismo sigue intacto entre las valerosas huestes constitucionalistas que en inferioridad de condiciones se oponen al rodillo separata. “Cuesta decirlo, pero la pura verdad es que a Cataluña de ninguna forma le puede ir peor con Sánchez que con Rajoy”, asegura un miembro del PP catalán. Toda la fe, pues, puesta en José Borrell. Y todas las sospechas apuntando a esa contradicción que se adivina insuperable entre las convicciones democráticas de un hombre determinado a combatir el secesionismo, y el contoneo catalanista de los Meritxel, Iceta y Montilla, siempre dispuestos a “fer la puta i la Ramoneta”. Con el riesgo que implican los pronósticos, no resulta aventurado vaticinar que tal contradicción terminará explotándole muy pronto a Pedro Sánchez en las manos. Nadie se imagina a José Borrell traicionando sus convicciones a sus 71 años.

La historia de la chapuza del control de las cuentas de la Generalitat
CARLOS SEGOVIA El Mundo 10 Junio 2018

El Gobierno levanta el control financiero y lo vende como "gesto" a Cataluña pese a estar obligado a ello

La primera decisión del Gobierno de Sánchez -incluido el ex secretario de Estado de Hacienda Josep Borrell- supone el colofón de la cadena de chapuzas sufridas en el control del Estado a las cuentas públicas de la Generalitat de Cataluña. Se retira así la medida más eficaz posible contra cualquier tentativa de malversación de fondos públicos como es la de obligar a la banca de informar previamente al Ministerio de Hacienda de todo pago realizado por la Generalitat.

El riesgo de que la Generalitat de Cataluña, que no ha descartado volver a la ilegal vía de la secesión unilateral, vuelva a financiar actividades contra el Estado es elevado, pero el Gobierno de Sánchez ha querido tener un gesto al que no estaba obligado, pese a lo que asegura la portavoz de la Generalitat Elsa Artadi. La independentista tiene razón cuando dice que la medida debía decaer con el 155, porque, según descubrieron ayer en la propia sede de Génova y en Ciudadanos, el ex ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, cambió el pasado diciembre con nocturnidad navideña un aspecto esencial de la intervención de las cuentas de la Generalitat. Lo que no estaba vinculado al 155, Montoro lo vinculó -tras decisión, todo sea dicho, de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos- un día después de las elecciones catalanas del 21 de diciembre.

Por tanto, ahora habría que dictar una nueva orden ministerial para restablecer el control y Sánchez podría haberlo hecho con razones suficientes como para obtener el respaldo del PP y de Ciudadanos, pero ha desistido.

El origen de toda la cadena se remonta a la consulta ilegal de 2014 en que, según acredita el Fiscal de Tribunal de Cuentas, la entonces Generalitat de Artur Mas logró colar al Ministerio de Hacienda la primera factura de la campaña de publicidad del 9-N a través del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA). El Gobierno de Rajoy terminó adoptando medidas especiales para Cataluña en 2015 con un control mensual a posteriori de los gastos. El entonces nuevo presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, siguió decidiendo partidas de gasto público para el procés ante la impotencia del Estado y Montoro optó en julio de 2017 por exigir un control ya semanal, también a posteriori a la interventora de la Generalitat.

El entonces ministro de Hacienda se confió y llegó a proclamar el 31 de agosto del pasado año que «hasta ahora nadie en la Generalitat de Cataluña ha habilitado un euro para cometer ese acto ilegal del 1 de octubre». Sin embargo, dos días antes la Generalitat había habilitado 3,4 millones, según los informes de la Guardia Civil.

Visto el panorama, dos semanas después, Montoro dictó la orden ministerial que creó por fin el control previo de los gastos de la Generalitat, obligando a los bancos a comunicar al Ministerio toda transacción. Incluso cuando los bomberos pagaban un peaje.

Y así ha sido desde el 15 de septiembre lo que tampoco ha podido evitar, según el juez Llarena, que haya continuado la tentativa o incluso la ejecución de malversación de fondos públicos vía facturas que no ha detectado el Ministerio.

Aquella orden ministerial fue dictada alegando que el descontrol de déficit de la Generalitat podía afectar a la economía española, lo que fue aprovechado por el entonces vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, para cuestionar su legalidad. Montoro podía haber utilizado ese argumento en los cinco años anteriores, pero justo en 2017 Cataluña estaba cumpliendo el objetivo de déficit por la prórroga de sus presupuestos.

No obstante, el ministro mantuvo la orden hasta que semanas después de aplicación del artículo 155, decidió refugiarla en ese paraguas constitucional sin comunicarlo a, al menos, Ciudadanos, según fuentes de este partido.

Tras toda esta cadena de errores, en el PP aseguran que si Rajoy siguiera habría dictado una nueva orden que mantuviera el control previo desvinculado del 155 como ocurrió en la orden ministerial original. También Sánchez podría haberla aprobado -armándola mejor que en septiembre, eso sí-, pero toca «normalización», asegura.

Videogobierno '4 estaciones' de Pedro Sánchez
FRANCISCO ROSELL El Mundo 10 Junio 2018

En cierta ocasión, el resucitado Josep Borrell, recuperado de la ultratumba política por Pedro Sánchez para que sea su ministro de Asuntos Exteriores, echó mano de un viejo refrán que dijo haberle escuchado a una campesina andaluza, lares meridionales a los que le llevaron tanto razones de pareja (la sevillana Cristina Narbona, presidenta del PSOE) como de índole profesional (consejero de Abengoa). Tal proverbio no era otro que el que invoca "¡líbrenos Dios del día de las alabanzas!".

Tenía muchas y buenas razones para saberlo. No en vano pudo ser el primer catalán en llegar a La Moncloa desde la Transición. Tras ganar en buena lid, pero contra pronóstico, las primeras elecciones primarias del PSOE, se quedó en la estacada o, más bien, le dieron un estacazo. Tras un arduo triunfo que fue visto y no visto, lo doblegó el garrotazo, en forma de dossier letal, que le asestó el rotativo que abanderó la candidatura oficialista de Joaquín Almunia, apadrinada por Felipe González, saliente secretario general.

Cruelmente escarmentado en cresta propia, este gallo de pelea con afilados espolones -"Borrell, cuidado con él"- verificó que puedes darte por muerto en cuanto todo el mundo se deshace en panegíricos hacia ti. No hace falta aguardar al sepulturero. Probablemente, en estos inesperados días de vinos y rosas que goza el cadáver viviente que parecía ser el PSOE en vísperas de su exitosa moción de censura, habrá rememorado el adagio que oyó de labios ceceantes aquel antaño impetuoso Borrell, al que la prensa fotografiaba bajando el río Noguera Pallaresa en una balsa de troncos, que sentó en el banquillo a Lola Flores en su etapa en Hacienda o se las tuvo tiesas con Putin, afeándole la persecución a los disidentes cuando presidía el Parlamento Europeo.

No es para menos después de ver la excepcional acogida inicial -entre el alivio de los ajenos y la levitación de los propios- a este videogobierno preelectoral y para todos los gustos que ha cocinado Sánchez. Todo ello tras auparse inopinadamente a La Moncloa, al prosperar su censura contra un Rajoy que prefirió que su partido perdiera el poder antes que dimitir él. Eran tan bajas las expectativas -bástese repasar las encuestas previas a su advenimiento- y tan clamorosa es su debilidad parlamentaria -84 raquíticos diputados en una Cámara de 350, lo que le hace rehén del populismo neocomunista de Podemos y de una batahola de nacionalistas e independentistas-, que todo presagiaba un monstruoso Gobierno Frankenstein.

Sin embargo, al modo de la popular y recurrente pizza 4 estaciones, Sánchez ha combinado productos de cada temporada del año y en porciones diferentes para evitar que se mezclen sin necesidad. Con tal variedad, es imposible que no sea del gusto de una gran mayoría de comensales que, en función de sus preferencias, tiene siempre la opción de escoger la porción que más le satisfaga de este Gobierno cuatro estaciones que casi iguala en número al de escaños.

En esta España configurada a imagen y semejanza de su televisión, que ha tenido un papel clave en la caída de Rajoy y que ha dado paso a un Ejecutivo condimentado en sus platós, donde el "homo videns" del que hablaba Sartori identifica la realidad con su simplificación por medio de la imagen, entendiendo sólo lo que ve y escuchando por los ojos, puede ocultar el hecho apreciable de que ese felizmente malogrado Gobierno del doctor Frankenstein puede haber dado paso a otro de carácter bipolar del doctor Jekyll y de míster Hyde en función de los eventuales desdoblamientos de personalidad de Sánchez. A diferencia de una pizza, es mucho más difícil combinar productos tan divergentes y contradictorios como los que cohabitan en el seno de un Gobierno que nace, primordialmente, para que el PSOE afronte en mejores condiciones que los demás un año atiborrado de urnas, empezando por Andalucía y siguiendo por las municipales y europeas.

Por eso, antes de que se deteriore su estado de gracia y estallen sus contradicciones, dado los elementos tan incongruentes e inconexos que alberga, Sánchez convocaría elecciones pro domo sua. Al modo de la planificación de las series de televisión, este videogobierno duraría 13 episodios mensuales. Parece además el tiempo justo para evitar el desahucio por el impago de las hipotecas que contrajo para llegar a La Moncloa dado el escaso capital que atesoraba para asumir tamaña propiedad.

En relación a una cuestión clave como es la integridad territorial de España (curiosamente, el único que ha aludido explícitamente a ello ha sido Borrell, contra quien ya cuelgan pancartas en su pueblo, como si fuera Boadella), nada tienen que ver los planteamientos resueltamente constitucionalistas del propio Borrell o de Margarita Robles, por citar a los más expeditos en este terreno, con los de Meritxell Batet, la ministra para Cataluña, aunque figure en su cartera como de "Política Territorial".

Con igual apellido del general que sofocó en horas el golpe de Companys en 1934, Batet rompió la pasada legislatura la disciplina del PSOE para votar en el Congreso a favor del derecho a decidir (eufemismo de autodeterminación) y está por darle carta de legalidad a los artículos declarados inconstitucionales y suprimidos del vigente Estatuto catalán, o bien por dar rango constitucional a uno nuevo sin necesidad de ser sancionado por las Cortes. Ese dislate supondría que el órgano depositario de la soberanía nacional dejara exenta un parte de su territorio. Ello daría pie a que detrás vinieran otras comunidades, como no se le escapa a nadie con la cabeza sobre los hombros y ya apunta el País Vasco, mientras los antiguos señoríos fagocitan el antaño Reino de Navarra.

Caso contrario, sería tanto como suponer que Borrell, Robles y otros más estarían dispuestos a servir de coartada a las hipotéticas concesiones de Sánchez al independentismo, como en su día Bono a la transigente política de Zapatero con los nacionalismos. Más allá de bromas como la que el entonces ministro de Defensa le gastó a su compañero de Industria, José Montilla, cuando regaló a sus colegas la figurilla de un soldado español y, al acercarse al ex presidente de la Generalitat, le soltó: "Bueno, para ti, como sé que no te ha gustado mucho, tengo además otra sorpresa", dispensándole a renglón seguido la reproducción de un mosso d'Esquadra. Entretanto, un Bono convertible (Guerradixit) ordenaba tapar el "A España servir hasta morir" que figuraba en una ladera aledaña a la Academia de Suboficiales leridana de Talarn.

En cualquier caso, si a los toreros los hace el ganado y el público, aunque no haya que desmerecer a aquéllos que lucen en el paseíllo, habrá que ver cómo Sánchez lidia el morlaco soberanista, salvo que busque ganar tiempo con una faena de aliño que no le desluzca el refulgente traje de luces.

De momento, la primera en la frente: Primer Consejo de Ministros y primera concesión a los separatistas como señal de buena voluntad hacia quienes se reafirman en sus postulados e impiden sañudamente que se respeten los derechos mínimos. Incluidos los de quienes se acercan a la Universidad a homenajear a Cervantes, quien hizo cabalgar a don Quijote desde La Mancha hasta Barcelona. Mala andadura es esa de marchar por el camino de servidumbre de una rendición preventiva que explica tantas tragedias como se han registrado en Europa en los últimos 100 años a cuenta de unos nacionalismos que han perseguido su destrucción.

Dando un giro copernicano, Sánchez ha pasado de exigir una reactivación menos lenitiva del artículo 155, sin dejar los instrumentos de poder de que se valieron los secesionistas, principalmente una televisión pública al servicio del odio contra España, a desactivar la intervención de las cuentas de la Generalitat cuando ésta anuncia su pretensión de seguir extendiendo sus estructuras de Estado dentro y fuera de Cataluña. Esta legitimación a quien específicamente tachó de racista y tildó de ser un Le Pen carece de sentido. Mucho más cuando no hay signo alguno de rectificación o propósito de enmienda por su parte.

Todo ello, además, a expensas de cómo se mueve el Gobierno con relación al sumario a punto de cerrarse contra los artífices del golpe de Estado del 1-O. Principalmente la nueva ministra de Justicia, la fiscal Dolores Delgado. Presente en la cacería célebre de Jaén junto a su amigo y juez instructor del caso Gürtel, Baltasar Garzón; el entonces ministro socialista de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, y el responsable de la Policía Judicial. Todos ellos confraternizando a las pocas horas de dictarse las primeras detenciones que han precipitado la moción de censura que ha descabalgado al PP.

Dolores Delgado se ha visto recompensada con un Ministerio. Mejor suerte ha tenido que Garzón, del que es su sombra. En su día, González, cuando lo enroló en su lista electoral para blanquear su reputación por medio de Bono, le prometió el Ministerio que le birló el también juez Belloch, aparcándole en el Comisionado contra la Droga. Allí preparó su venganza contra el "míster X" del Gal al dimitir y volver a la magistratura donde sacó del cajón de doble fondo el aparcado sumario, pero sin cobrarse la cabeza que ahora ha compensado con la de Rajoy, colgándola en su particular pabellón de caza.

Aunque aquella batida de la sierra de Andújar de febrero de 2009 evocará aspectos cómicos propios de la berlanguiana La escopeta nacional, con la perspectiva del tiempo, se comprueba que tuvo más que ver con aquella otra película con tintes más negros que rodara Carlos Saura 12 años antes que Berlanga.

En La Caza, que así figuraba en cartelera al amputarle la censura parte del título ("del conejo") por su connotación sexual, el cineasta aragonés narra la turbulenta jornada de un trío de veteranos de la Guerra Civil en los mismos campos abrasados en los que otros hombres habían monteado a sus semejantes. Ese viaje al abismo retrata una alegoría sobre un guerracivilismo capaz de aniquilar al adversario. Tanto que uno de los monteros concluye cainitamente: "La mejor caza es la caza del hombre".

Siendo cierto que la Justicia renquea desde que Alfonso Guerra sentenciara a Montesquieu, el padre de la división de poderes, ésta quedó entonces tan postrada como los ocho venados que el ministro que fue fiscal y el juez que quiso ser ministro acribillaron en Andújar y enviaron con iniciales al taxidermista.

Por eso, sin necesidad de tratar ningún cordón sanitario en derredor del PP como en su momento Zapatero en sus tratos con el nacionalismo, el PSOE puede obrar el descuartizamiento del principal partido de la oposición con jueces tan malos instructores como Garzón. Aprendieron de éste el enorme poder amedrentador que les da dictar condenas de telediario, mientras siembran el pasillo de filtraciones interesadas de sus sumarios en los que se sugiere más de lo que se dice. Todo ello con relación a un partido remiso a adoptar medidas, cuando la obsequiosidad de jueces garzonitas -como se ha visto en la bomba de relojería introducida en la última sentencia de Gürtel- obliga a reaccionar con presteza si no quiere el PP quedar convertido en cenizas.

Son las prácticas que favorece una Justicia de escopeta y perro en la que un juez apunta con un ojo tapado siempre en la misma dirección y un fiscal-ministro, entonces como ahora, sólo aplica la ley cuando toca la jugada. En tales circunstancias, conviene estar atento a aquello que se mueve detrás del televisor, en la trastienda de la pequeña pantalla, mientas aparece en imagen un luminoso Gobierno de escaparate.

Espectáculos
Jon Juaristi ABC 10 Junio 2018

El pasado jueves, 7 de junio, tomó posesión el gobierno más espectacular de la historia de España. Un gobierno con astronautas, fiscalas estrellas, influencers y viejas rockeras de las que nunca mueren (me alegro), capaces de convertir en espectáculo la ceremonia más ritualizada. Retoquemos el retrato: Carmen Calvo no es una revientamisas como alguna concejala podemita (si acaso, una versión ligera y socialdemócrata del género), pero parece compartir con Rita Maestre (la de las famosas Quemas de Santa Rita) una frustrada vocación de animadora del Imserso. De ahí que los ancianitos agradezcamos tanto sus apariciones en televisión.

Pues bien, estaba tomando posesión en la pantalla Margarita Nelken (digo Margarina, perdón), cuando me acordé de Guy Debord y de los situacionistas, desconocidos seguramente para mis lectores. Los situacionistas fueron una de las sectas más divertidas del mayo francés del 68, y Debord fue su profeta. Un heresiarca que denunció la confluencia de capitalismo y comunismo y la consecuente transformación del mundo en una planetaria Sociedad del Espectáculo. El espectáculo situacionista, a su vez, combinaba numeritos surrealistas y anarcoides. Aportaron lo suyo al festejo parisino antes de que se los llevara por delante el tiempo y el olvido.

El pasado jueves, 7 de junio, se cumplieron cincuenta años de las muertes de José Antonio Pardines Arcay y de Javier Echevarrieta Ortiz. El primero era un guardia civil de Tráfico, de veinticinco años. Echevarrieta, un licenciado en Económicas de veinticuatro, dirigente de ETA. Se encontraron en una carretera guipuzcoana, la tarde del 7 de junio de 1968. Echevarrieta, que, junto a un etarra más joven aún, iba en un coche robado, mató a Pardines cuando este, tras hacerles parar, examinaba, en cuclillas, la matrícula del auto. Pocas horas después, Echevarrieta murió en un enfrentamiento con otros guardias civiles, compañeros de Pardines. Se inauguraba así el ciclo del terrorismo abertzale, que lo que queda de ETA clausuró simbólica y solemnemente hace unas semanas, en el marco incomparable de la Maison Arnaga de Cambo-les-Bains, como si se tratase de un máster universitario de Limpieza Étnica.

El fracaso de la primavera revolucionaria de 1968, en Europa y en los Estados Unidos, desembocó en el terrorismo de los setenta. Los años de plomo en Alemania, en Italia, en el Reino Unido, en España, en América y hasta en Japón. Una convincente evocación ficticia de aquel tiempo se debe al genio de Spielberg, que, en una secuencia de «Munich», su película de 2005 sobre la matanza de los atletas olímpicos israelíes en 1972, muestra el encuentro de un grupo de agentes del Mossad con otro de terroristas palestinos de Septiembre Negro en un indecente tugurio de Atenas. Para evitar liarse a tiros, los israelíes se hacen pasar por un variopinto (y espectacular) conjunto de miembros de ETA, del IRA, de las Brigadas Rojas y de la banda Baader-Meinhoff. El primer sesentayochista europeo pasado al terrorismo fue Javier Echevarrieta Ortiz, un izquierdista afrancesado, lector de Sartre y de André Gorz, que mató a Pardines en mitad de las exequias del 68, entre la gran manifestación gaullista del 30 de mayo y el definitivo desalojo de la Sorbona, el 16 de junio.

Pues bien, si la muerte de Pardines inauguró un ciclo histórico aquel 7 de junio de 1968, sospecho que la toma de posesión del Gobierno del Espectáculo, cincuenta años después, ha abierto otro nuevo. Siento pecar de gafe al resaltar la efemérides, pero es que, tras este comienzo buenista y emotivo a lo «Toy Story», con tanto Buck Rogers y tanto Conejo de la Suerte, me malicio un guión oculto digno de Stephen King. Al tiempo.

Pedro, no rompas España
EDUARDO INDA okdiario 10 Junio 2018

Nadia Calviño, la Cristiano Ronaldo de la economía que sustituye a Román El Breve, fue invitada a pronunciar una conferencia sobre competencia en París. Aceptó sin poner una sola condición y gratis et amore. Por aquel entonces era una altísima técnica de la Unión Europea, que dejaba boquiabierto a todo quisqui en Bruselas por su capacidad técnica y su estajanovismo. París bien debía valer una misa porque allá que se fue a soltar el correspondiente speech. A la ahora ministra la presentaron en inglés pensando que no tenía pajolera idea de la lengua de Victor Hugo, Molière, Voltaire, Verne o Sartre. Error. La hija del ex director de RTVE José María Calviño respondió en un francés no perfecto, sino lo siguiente, y los anfitriones, una de las grandes firmas de abogados mundiales, fliparon con el fondo y las formas de lo que entraba (pero no salía) por sus oídos.

La encargada de que nuestra Economía, que crece al 3%, no se vaya al carajo es la quintaesencia de un Gobierno que ha sorprendido a propios y extraños en las carteras clave. Lo cual demuestra la inteligencia de un Pedro Sánchez al que hasta hace dos semanas todo hijo de vecino (yo, no, porque ningún gilipollas llega a ser secretario general del PSOE) despreciaba. Los grandes líderes son los que se rodean de gente mejor que ellos, los que no tienen miedo a la excelencia ajena, los que conforman lo que el Rey Arturo Kennedy denominó “el Gobierno de los mejores”.

Cero preocupación, por tanto, por cómo le ha quedado el menú gubernamental al chef Pedro Sánchez. Marlaska, Robles, Borrell, Luis Planas y la protagonista de los dos párrafos anteriores no son precisamente unos tuercebotas. Sí nos darán tardes de gloria algunos y algunas de los gerifaltes de carteras menores. Morralla no hay demasiada, pero haberla, hayla. Pero mientras tengamos la Economía, la Policía, la Guardia Civil, el Ejército y ese Estado dentro del Estado que es el CNI en buenas manos, podemos dormir tranquilos. Si se hacen experimentos será con gaseosa y no con ese champán que tanto acostumbraba a derramar José Luis Rodríguez Zapatero.

Calviño es la quintaesencia de un Consejo de Ministros que algunos bautizaron parafraseando a Rubalcaba como “Gobierno Frankenstein”. Al final, la criatura se antoja más parecida intelectual, técnica y pragmáticamente a George Clooney, Gisele Bündchen o yéndonos al terreno patrio, a Banderas y Elsa Pataky, que al monstruoso personaje de Mary Shelley. Entre otras cosas, porque el cuerpo es todo uno y no una sucesión de trozos mal amalgamados los unos con los otros. La verdad es que este Ejecutivo se hubiera parecido más a la Familia Addams que a los Alcántara de Cuéntame con un Pablo y una Irena que una vez más, ya lo eran con el PP, se han comportado como los tontos útiles que son. El tocomocho que les ha pegado Sánchez es sencillamente glorioso. Llevo días llorando de la risa.

Conclusión: la cuestión con este Gobierno no es el quién, lo que los anglosajones denominan el who is who, sino el qué. Y no me refiero al apartado económico que, como digo, está en buenas manos, en manos de gente respetada en Europa y que no hará salvajadas con el Presupuesto. Miedo me da, lo confieso, la titular de Hacienda, que me temo muy mucho terminará siendo una versión más presentable, pero versión al fin y al cabo, de un Cristóbal Montoro que nos mató a impuestos. Mucho me temo que acabará con esa autonomía fiscal que permite que las comunidades autónomas decidan si siguen friéndote a impuestos cuando pasas a mejor vida. Vamos, que habrá impuestazo de sucesiones en las regiones que han decidido que no es de recibo continuar haciéndote pasar por caja cuando ya moras en el cielo o en el infierno. Ojito también a un IRPF que es uno de los más altos de la OCDE. Y cuidadín con poseer el más mínimo patrimonio porque los buitres, o buitras, se hallan al acecho.

Perdón por esta digresión pero si no se la largo, querido lector, reviento. El qué es obviamente la vertebración de España. Una España que es la nación más antigua de la Europa continental junto con Francia y que también ostenta el dudoso mérito de ser la más descentralizada. De Pedro Sánchez tengo cero dudas en el epígrafe territorial. Me consta que es un constitucionalista convencido, un socialdemócrata que idolatra a Felipe González y que siente la misma aversión moral y filosófica por el nacionalfascismo catalán que por el comunismo bolivariano podemita. Que no es poca precisamente. La unidad de España estaría tan garantizada con él como con el PP o Ciudadanos si dispusiera de 160, 170 ó 180 actas y no de la cuarta parte del hemiciclo. Que, por cierto, es menos de la mitad de la mayoría absoluta. Pequeño detalle.

Pero en política, como en la vida en general, uno es rehén de sus promesas. No se puede prometer lo que no puedes cumplir y si lo intentas cumplir, poniéndote el mundo por montera, puedes acabar como un moderno ecce homo. La prensa sanchista, hasta hace dos semanas fanática podemita, jura y perjura que no hay peajes en la sombra por el apoyo de los 17 diputados secesionistas. Lo cual es para mear y no echar gota. Porque nadie da nada a cambio. Menos aún en ese templo de los mercaderes de la Carrera de San Jerónimo que deja reducido el bíblico a la condición de juego de niños.

El peaje en la sombra. Ésa y no otra es la cuestión. Las dos primeras grandes decisiones del Gobierno no invitan precisamente a la tranquilidad. Retirar el control de los fondos que transfiere el Ministerio de Hacienda a la quebrada Generalitat no es de recibo. Y entrevistarse con el Le Pen español, Quim Torra, sin establecer una sola condición recuerda más a Chamberlain que al Kennedy que presidía el despacho de Sánchez en Ferraz. El presidente del Gobierno no puede recibir a un impresentable que considera que los españoles somos “fascistas, resentidos, repugnantes, bestias carroñeras, hienas con una tara en el ADN y víboras”. No, desde luego, si antes no ha pedido perdón públicamente. No, en consecuencia, si continúa incumpliendo la legalidad, permitiendo que se apalee a los catalanes constitucionalistas e invocando al delincuente Puigdemont como “legítimo presidente de Cataluña”.

También hay que ponerse en lo peor teniendo en cuenta a quién ha digitado Sánchez para lidiar con este miura: Meritxell Batet. Una socialista catalana partidaria de la celebración de un referéndum independentista y que aplaude a los 70 alcaldes y grupos municipales socialistas que se han adherido a la Asamblea de Municipios Independentistas. La prueba del algodón la tendremos con los tejerines presos. Si la Fiscalía minimiza la acusación, si se cambia el Código Penal para jibarizar las penas por rebelión o sedición y no digamos ya si hay indulto, el gozo de muchos españoles con Sánchez quedará en un pozo. Lo mismo que si le da por cambiar en la Constitución el término “nacionalidad” por el de “nación” en la definición de Cataluña o si accede a consagrar un referéndum de independencia.

Sánchez, y sólo Sánchez, tiene la última palabra. En su mano está decidir cómo quiere que lo retraten los libros de historia. Como un clon del frentepopulista Largo Caballero que pasteleó a base de bien con los independentistas o como un sosias del Felipe González que edificó un partido transversal que hizo muchas menos concesiones a los que quieren romper España que Suárez o Aznar. En política no vale todo. Vivir en La Moncloa es legítimo pero no a cualquier precio. Lo suyo va a ser un vía crucis pero habrá de echar mano de su proverbial baraka y de su innata tenacidad para no implosionar nuestra nación. El buenismo es el peor camino que puede elegir. Sus antecesores hicieron el imbécil con los separatistas pero circulaban por tierra firme. Él se halla en el abismo y debe cruzar al otro lado sobre un finísimo alambre. Tan cierto es que estamos ante un equilibrista de manual como que las tentaciones de rendirse al enemigo serán el pan nuestro de cada día. Que no olvide que los que traicionaron a su patria acabaron condenados a la pena de “degradación nacional”. ¿Quién quieres ser de mayor, querido Pedro, Pétain o Churchill?

Batalla campal por los chollos del nuevo Gobierno
Gonzalo Baratech cronicaglobal 10 Junio 2018

Ya ha tomado posesión el equipo ministerial nombrado por Pedro Sánchez. De entrada, el socialista ha aumentado de una tacada el número de carteras de 13 a 17. Ahora viene la pedrea. Cada departamento se apresta a designar sus secretarios de Estado, subsecretarios, directores generales, subdirectores, jefes de comunicación y otros destinos de rango menor.

Después, todo quisque encumbrado nombrará a dedo sus propios “asesores”. Este peculiar séquito forma una turbamulta que con Rajoy ascendía a nada menos que 1.100 paniaguados.

Son muchos los llamados y pocos los elegidos. Quienes aspiran a hacerse con alguna prebenda constituyen una legión infinita. Y no hay sitial para todos. De ahí que los aspirantes se las arreglen estos días para hacer sonar su propio nombre por las vías más insospechadas. Esperan que la flauta suene por casualidad y caiga la breva.

Aparte de los cargos políticos, se ha activado a todo trapo la gigantesca tómbola de los enchufes económicos, es decir, de los capitostes de las grandes firmas estatales.
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Por no citar sino las más descollantes, andan en juego los mandarinatos de Renfe, Correos, RTVE, la agencia EFE, Paradores, la minera Hunosa, la holding Sepi, Cesce de seguros de crédito a la exportación, la ferroviaria Adif, la inmobiliaria Sepides, Transformación Agraria-Tragsa, Equipos Nucleares-Ensa y Compañía Española de Tabaco en Rama.

En el mismo andamiaje figuran también Puertos del Estado, la financiadora Cofides, la aeroportuaria Aena y su holding Enaire, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, los astilleros Navantia, los servicios alimentarios Mercasa y la gestora de suelo Sepes.
Los líderes de tales sociedades ingresan entre 90.000 y 220.000 euros anuales.

Los relevos en Madrid coinciden con los acaecidos en Cataluña a raíz de la ascensión del racista Quim Torra. Por estos meridianos, el repertorio de momios no es tan denso como en la meseta. Uno de los más apetitosos es la delegación del Consorcio de la Zona Franca. Todavía se desconoce quién sustituirá al popular Jordi Cornet. Pero seguro que hay bofetadas por usufructuar su sillón: está remunerado con la bagatela de 156.000 euros.

Otra bicoca similar devenga el mandamás de la autoridad Portuaria de Barcelona. El organismo depende de Madrid, pero la Generalitat designa a su titular. En este caso ha elegido a Mercè Conesa.

Hasta ahora ocupaba la poltrona el dinosaurio convergente Sixte Cambra, imputado por el 3%. Cambra lleva casi cuatro lustros viviendo a cuerpo de rey a costa del Erario.

A doña Mercè le llueve del cielo un espléndido chollo: 132.000 euros, casi el doble de lo que cobra el jefe del Gobierno nacional. Todo un dineral por calentar la silla, pues el peso de la gestión recae sobre el director de la entidad José Alberto Carbonell.

La señora Conesa, a sus 49 años, no sabe lo que es ganarse las alubias en el sector privado. Durante todo su quehacer profesional ha estado uncida a las ubres presupuestarias.

Hasta ahora, Mercè Conesa lideraba el consejo nacional del PDeCat, ocupaba la alcaldía de Sant Cugat del Vallès y presidía la Diputación de Barcelona.

El pasado jueves cesó de alcaldesa y en breve plazo renunciará a la Diputación, para acto seguido tomar al asalto el suculento botín del puerto.

Sant Cugat es uno de los epicentros de las mangancias del 3%. Antes de empuñar la vara, Conesa desempeñó ocho años la siempre codiciada concejalía de Urbanismo.

Es hija de Alfons Conesa, exdirector de la Agencia Catalana de Consumo con el gobierno de Artur Mas y miembro destacado de la UDC de Duran Lleida.

Hace unas semanas, previo acuerdo con la Fiscalía, fue condenado a 6 meses de suspensión de empleos oficiales. Su delito: adjudicar de forma “mendaz” una contrata al bufete barcelonés de abogados AGM. En él –casualidades de la vida– trabajaba uno de sus hijos.

Es de recordar que en virtud del artículo 155 se removió a 260 acólitos del Govern, y se les parachutó directamente al paro. Cada una de estas sanguijuelas venía percibiendo soldadas equivalentes a las de un ministro. Pese a la drástica criba, la administración catalana ha seguido funcionando como un reloj suizo y no se ha resentido lo más mínimo.

Se demuestra, así, que los altos cometidos de esa colección de chupópteros revestían la condición de perfectamente prescindibles. Los defenestrados aguardan ahora la revancha con hambre de lobo. Esta misma semana, Quim Torra repescó nada menos que a 36 de ellos: Ya están otra vez tan campantes chupando del bote. En las próximas semanas, vendrá el resto.

Tengo para mí que las purgas estalinistas semejan un juego de niños al lado de la movida que se avecina en Madrid. En Barcelona, lo más urgente es recuperar las butacas que el 155 arrebató. En el fondo, qué más les da a unos y a otros beneficiarios. El festival, como siempre, lo sufraga el contribuyente.
 


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