AGLI Recortes de Prensa   Lunes 11 Junio 2018

La hora de Sánchez
Gabriel Albiac ABC 11 Junio 2018

Escribo esto sin el menor entusiasmo: el entusiasmo es el nombre del autoengaño y está vetado a un analista político que aspire a no ser un farsante. Es la hora de Sánchez. Que para mí personifica todo aquello que me asquea en política: el imperio de lo trivial, la primacía de lo escénico. Pero lo escribo, porque es de rigor hacerlo: si Sánchez administra con prestidigitación hábil sus tiempos, todo juega a su favor. Podrá perpetuarse. Aun cuando sea el hombre más incompetente que haya pisado nunca la Moncloa. Pero la competencia -como la sabiduría- no es virtud política.

Pasado el primer estupor ante el anuncio de un Gobierno que aúna a jueces incompatibles, que baraja a catalanes de enemistad probada, que yuxtapone neoliberales a proteccionistas y cede Cultura a la prensa rosa, me sobrepongo al mareo. Miro hacia atrás. Capítulo XXV de «El Príncipe». La metáfora allí no es muy correcta; acabarán por expurgarla. Pero… «Juzgo con firmeza que es mejor ser impetuoso que circunspecto. Porque la Fortuna es mujer y es necesario, si se la quiere dominar, golpearla y asediarla». Sobrepongámonos al anacronismo literario. Y hablemos de la Fortuna política, que es lo que para Maquiavelo está en juego. Esa Fortuna que «es siempre amiga de los jóvenes, porque son menos circunspectos, más feroces y la dominan con mayor audacia».

La audacia no es, en política, ni virtud ni vicio. Como no lo es en el arte militar, del cual proviene. La audacia es un instrumento que se adecúa -o no- al objetivo perseguido. Pero ese objetivo, para que la audacia no bascule a la catástrofe, debe haber sido sabiamente analizado, en los blindajes que lo hacen inaccesible como en las líneas de fractura que lo fragilizan. La audacia del asalto contra Rajoy en el Congreso hubiera sido suicida sin el cálculo exacto de dos variables: hastío ciudadano tras la sentencia de Lezo e intereses de ERC-PDECat y PNV. La confluencia de ambas es un ejemplo de laboratorio de la definición maquiaveliana de lo político en 1506: «analizar los tiempos y la circunstancias y ajustarse a ellos». Sólo en esa conjunción es mortífera la audacia.

Los efectos inmediatos brillan ahora: el PP, noqueado; el PSOE, en la euforia de votos que acuden siempre en auxilio de los vencedores; Ciudadanos y Podemos, barridos. La coyuntura, volcada. Pero los giros de la Fortuna son volubles. Y político es aquel que sabe montar sus euforias antes de que el golpe de péndulo de sus depresiones llegue. Si un político aspira a perpetuarse en el poder -¿cuál no?- debe hacerse refrendar popularmente en el ascenso. Nada favorece más la cristalización de un nuevo ciclo socialista en España que unas elecciones generales a toda urgencia. Poca duda cabe en eso.

¿Sirve de algo un Gobierno contradictorio y vistoso, como éste de Sánchez? Depende. Para un circunspecto trabajo a largo plazo es inservible: sus engranajes no casan. Para un audaz golpe de escaparate electoral, es perfecto. Si el intervalo es breve. Y la Fortuna, forzada.

¡Les puede el ansia!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 11 Junio 2018

MERITXELL BATET: UNA REFORMA FEDERAL DE LA CONSTITUCIÓN ES URGENTE, VIABLE Y DESEABLE.

Meritxell Batet, la flamante Ministra de Política Territorial y Función pública no ha tardado ni horas en dejar claras las intenciones de este nuevo Gobierno okupa de pedro Sánchez. Y lo primero que suelta aprovechando un acto del PSC en Cataluña ha sido volver a la machacona idea de reformar la Constitución para implantar un sistema federal asimétrico en ese Estado plurinacional que estos traidores a España sueñan para dar solución a sus propias miserias como partido descohesionado con unas federaciones díscolas que van por libre, como sucede en el caso del PSC. Y hete aquí que precisamente sea una militante del PSC y Profesora de derecho Constitucional la que dirija el Ministerio encargado de las relaciones con las comunidades autónomas. Y aquí no voy a decir aquello de poner a cierto animal cánido (“vulpes vulpes” en latín) a vigilar a las gallinas, para no ser mal interpretado y se quiera darle un doble sentido a la literalidad del refrán.

Lo primero que resulta sorprendente es el énfasis que pone Batet en su exposición cuando afirma que “la reforma federal de la Constitución es urgente, viable y deseable”. Que es viable, nadie lo duda porque la propia Constitución lo contempla y define cómo puede reformarse. Lo que ya es más que discutible es lo de que sea urgente y deseable. Batet argumenta que es urgente para poder superar la crisis que sufre el Estado y especialmente Cataluña. Y aquí, lo de generalizar al Estado lo que es una evidente crisis de fractura social provocada por los independentistas y su hegemónica imposición de su doctrina, es querer ver problemas donde no los hay. El Estado goza de buena salud, y la prueba está en la solidez de la respuesta al golpe de Estado, aunque hubiese sido deseable el que lo hubiera sido con mayor contundencia y efectividad.

Batet afirma que el avance hacia el federalismo es deseable porque “lleva soluciones institucionales, que canalizan y resuelven algunos de los problemas más importantes, y satisface la necesidad de renovar el pacto territorial de España”. Lo “problemas importantes” a los que se refiere solo existen en su sectaria visión deformada por la cultura independentista que excluye a más de la mitad de la sociedad catalana. Tampoco existe una necesidad de renovar el pacto territorial, y, si existiera, no sería para ahondar en las exclusividades y discriminaciones que ya existen, sino para terminar con ellas y garantizar la igualdad de derechos y deberes de todos los españoles con independencia de su lugar de nacimiento o de residencia en todo el territorio nacional. Lo que pretende Batet es dar satisfacción a las exigencias de los golpistas que no dudan en someter la mitad de la sociedad catalana violando sus derechos y coartando sus libertades.

Tras dar por probado que existe una crisis social, no duda en criticar que la Constitución está envejecida (40 años, 5 menos que los que la Ministra ha cumplido) y que “la crisis territorial está acompañada de una crisis social y una crisis democrática”. La crisis social en Cataluña es evidente, no así en el resto de España. En cuanto a que exista una crisis democrática lo dirá por lo que percibe de su propia comunidad autónoma de Cataluña y la deformada visión de los golpistas de considerar antidemocrático el que se aplique la ley contra aquellos que se creen impunes para violarla. Precisamente aquellos que por sus cargos de representación democrática estaban obligados a respetar la ley y los derechos democráticos de la oposición parlamentaria. No existe una crisis democrática en España, salvo quizás el que siga aplicándose una ley electoral que aplica fórmulas de compensación (ley D’Hont) favoreciendo el voto del nacionalismo independentista y permitiendo la antidemocrática realidad de que los votos no tengan el mismo valor a la hora de asignar escaños parlamentarios, es norma básica de la igualdad de derechos.

Pero lo más sorprendente de la intervención de Batet fue cuando dijo que la respuesta a las reivindicaciones de los separatistas “no puede agotarse con la aplicación de la ley y la Constitución” y que “Si queremos respetar al otro y garantizar los derechos de todos, hace falta respetar la ley y la Constitución. Pero con esto no es suficiente. Hace falta escuchar las razones y propuestas de todas las fuerzas políticas”. Es decir, que la ley y la Constitución no pueden ser muros infranqueables y hay que escuchar a todos. Pues claro Sra. Batet, escuchar es de personas educadas y no interrumpir al otro cuando habla y expone sus razones. Pero escuchar no significa que no se deban dejar claros los límites del debate y las líneas rojas que no pueden superarse. Y esas líneas rojas son precisamente atenerse a la ley y a la Constitución que todos nos dimos en 1978 en un amplio consenso.

Y es verdad que nada es inmutable, o ,como dije ayer, inevitable, salvo la muerte. Porque lo que ahora nos vende Pedro Sánchez y esta Ministra sobre abrir un diálogo es lo mismo que intentó sin éxito la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría cuando estuvo como “comisionada” para asuntos catalanes y mantuvo reuniones cordiales con Oriol Junqueras, el supuesto moderado dentro del Gobierno de la Generalidad del radical Puigdemont. Lo de hablar con todos los presidentes autonómicos no deja de ser una estrategia de justificar y camuflar el verdadero encuentro, el bilateral entre el Gobierno de España y el Gobierno de la Generalidad, ya que el resto de las autonomías, incluida la de El País Vasco, no tienen por ahora de forma oficial pretensiones secesionistas ni federalistas admitiendo el estatus quo actual.

La Constitución como toda obra física o literaria realizada por los seres humanos es mejorable y eso lo da la experiencia y aprender de los fracasos. Pero lo que no se puede pretender es recaer en los fracasos creando algo mucho peor de lo ya existente. Y eso es lo que sería ceder a las pretensiones de los diferentes grupos políticos y partidos que no intentan permanecer en España, sino independizar sus territorios y constituirse como naciones en igualdad con España. Hablar con todos incluye a todos los partidos políticos con representación parlamentaria y no hacer demagogia ni populismo con asuntos como el de la cohesión territorial. Reformar la Constitución debe tener, además de sólidas bases argumentales de aquello que se quiere reformar, contar con un amplio consenso a nivel parlamentario. Y en ningún caso nada parece justificar lo que Meritxell Batet afirma con esa rotundidad, quizás animada por el lugar amigable donde se encontraba y la receptividad del de los asistentes al acto al mensaje que les lanzaba. No hay nada como decir aquello que los demás esperan oír.

Creo innecesario recordarle a la Doctora y profesora universitaria en Derecho Constitucional lo que precisamente dice la Constitución sobre la reforma de artículos esenciales como el de que afecta a la propia concepción de España como nación, pero nunca está de más explicarlo para que todos sepamos de qué estamos hablando:

“Artículo 167
1. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado.
2. De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso, por mayoría de dos tercios, podrá aprobar la reforma.
3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.
Artículo 168
1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título preliminar, al Capítulo II, Sección 1.ª, del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.
2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.
3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.”

Con 85 diputados este Gobierno pretende imponernos a todos sus quiméricas propuestas aprovechando su acceso fortuito y anómalo al poder sin pasar por las urnas. Me temo que no lo va a tener nada fácil porque nos tendrá a muchos en frente, dispuestos a no jugar ni hacer demagogia con la Unidad de España.

¡Que pasen un buen día!

El iceberg del monstruo de Pedro Sánchez
Pedro de Tena Libertad Digital 11 Junio 2018

¿Cómo es posible que un señor como Sánchez haya llegado a presidente del Gobiernosin que se conozca ni uno solo de los compromisos que ha adquirido con sus socios?

En la obra de Mary Shelley Frankenstein o el moderno Prometeo, el monstruo, una vez comprobada la muerte de su creador, salta sobre un trozo de hielo, un iceberg, y se pierde en la inmensidad helada, camino de una incineración voluntaria. Puede resultar curioso, pero una de las novelitas del nuevo ministro de Cultura de este Gobierno derivado de la solución Frankenstein de Pedro Sánchez se titula precisamente La parte escondida del iceberg. Nuestro monstruo Gobernoide, compuesto por restos extraídos de cadáveres ideológicos, de manipulaciones político-genéticas e incluso de implantes de origen espacial, es la parte visible de un iceberg, entidad gélida que, como es sabido, tiene escondidas sus nueve décimas partes. La visible, como el engendro de Henry Frankenstein, puede presentarse como atractiva e incluso producir en el ánimo cierto pasmo. El problema es su parte oculta, la que no se ve y, sin embargo, existe.

En realidad, Pedro Sánchez, de quien ha sorprendido su capacidad para el paciente camuflaje político, ya que no su voluntad de poder al precio que sea y con quienes sea, como reveló hace dos años, sólo tiene dos opciones. Una, gobernar al margen de las dos docenas largas de partidos que le han permitido acceder a la Presidencia del Gobierno. Dos, gobernar con ellos o con la mayor parte de ellos.

Si hace lo segundo, el carácter monstruoso de su Gobierno se adivinará a las primeras de cambio pero la parte escondida del iceberg tardará mucho en ser descubierta, si es que lo es alguna vez. Recuerden la foto del racista Torra en la manifestación de apoyo a Pedro Sánchez en la puerta de Ferraz cuando Susana Díaz lo estaba defenestrando. Eso no puede ser una casualidad, sino una apuesta clara del separatismo por el liderazgo de Pedro Sánchez, que, como la lógica elemental deduce, no es el enemigo para el independentismo. La patita ha tardado horas en sacarse. La primera negación de Pedro, con deslealtad, de paso, al constitucionalismo supuestamente compartido con PP y Ciudadanos, ha tardado bien poco.

¿Cómo es posible que un señor como Sánchez haya llegado a presidente del Gobierno apoyado por todos estos intereses, muchos de ellos antiespañoles, sin que se conozca ni uno solo de los compromisos que ha adquirido con sus socios? ¿Cómo es que no se exige que Pedro Sánchez descubra la parte escondida de su Gobernoide, sus cesiones, sus promesas, sus claudicaciones y sus protocolos secretos? Y repásese. El pérfido Rajoy, con 50 escaños más que Sánchez, consensuó con Rivera y el PSOE todo paso a dar en Cataluña. Pues Perico el Desinhibido ha tardado un pispás en traicionar el marco común.

Pero si hace lo primero y decide gobernar por decreto con 84 de 350 escaños, habrá consumado otra monstruosidad: la impostura. Precisamente al atrevimiento de quien trata de hacerse pasar por otro, que eso es un impostor, dedicó Bram Stoker, el autor de Drácula, todo un libro en el que afirma que Isabel I de Inglaterra era un tío. Dice de uno de los impostores que contempla: "Un aventurero, y especialmente un aventurero que sea también un impostor, debe ser oportunista, y un oportunista debe estar preparado para moverse en cualquier dirección en todo momento". De perpetrar el plan de gobernar durante un largo período de tiempo sin respetar nada de lo que acordó con quienes le auparon, es que logró convencerles de que era alguien que no era en realidad. Los engañó y nos engañó a todos, propósito de cualquier impostor que se precie. Para consuelo popular, casi todos los impostores lo pagan.

En cualquiera de los dos casos, hay una parte escondida del iceberg gobernoide que los españoles no podemos ni, presumiblemente, podremos nunca ver ni conocer. Democráticamente monstruoso. Claro que no será el primer socialista en aprovechar los caminos de la democracia formal para cargársela. Si le dejamos, claro.

La apoteosis de la igualdad
Amando de Miguel Libertad Digital 11 Junio 2018

¡Cuánto me congratula el hecho de que el nuevo Gobierno de España haya izado la bandera de la igualdad! Nada menos que la vicepresidenta del Gobierno se va a encargar de tal menester.

Imagino que, con la nueva política de la igualdad por encima de todo, se promocionará a las personas de más de 70 años a los puestos de diputados, senadores y altos cargos políticos. Su ausencia actual constituye una de las formas de desigualdad más lacerantes que existen en la organización de la vida pública española. Tanto es así que ni siquiera nos percatamos de esa discriminación. Sin ir más lejos, en la composición de la Conseja de Ministras y Ministros no hay ningún anciano. A pesar de lo cual, el presidente del Gobierno ha dicho que su equipo de ministras y ministros es "intergeneracional". Hay otras muchas realidades desiguales. Por ejemplo, se puede comprobar que las pensiones de los ministros y otros altos cargos, cuando se jubilan, superan con mucho las más altas que reciben todos los demás españoles. Sería un gran logro progresista para nuestro país que el monto (ahora dicen "montante") de las pensiones privilegiadas se acomodara a la norma estadística del resto de la población.

Otra manifestación de la desigualdad que ahora priva es que las vacaciones de los diputados y senadores supongan varios meses al año. No sería un desdoro que se ajustaran al uso general de un mes al año, como se estila para la mayor parte de los trabajadores.

El principio de igualdad se establece ante todo en materia fiscal. Por eso mismo resulta hiriente que los residentes en el País Vasco y en Navarra paguen menos impuestos sobre la renta que el resto de los españoles. Cavilo que en el próximo Consejo o Conseja de Ministras y Ministros se diseñará un plan para acabar con tamaña desigualdad.

No hay forma de saber cuántos coches oficiales hay en España. Ni siquiera llevan un distintivo que los acredite como tales. Es otra manifestación de irritante desigualdad. No solo se habilitan para las altas magistraturas de la nación, sino que gozan de tal sinecura miles de cargos públicos, incluso muy modestos. Se incluyen los dirigentes de los partidos que no están en los Gobiernos. No veo por qué los políticos tengan que disponer de un coche oficial, cuando casi todos ellos pueden conducir su coche particular o subirse a un transporte público.

Uno de los logros más espectaculares en la lucha por la igualdad ha sido acabar con la discriminación laboral por razón del sexo (ahora dicen "género"). Pero falta algún trecho por recorrer. Por ejemplo, en las nuevas hornadas de jueces, profesores, médicos y otras profesiones entran más mujeres que varones. Es una intolerable discriminación por el sexo. Sería bueno recobrar el principio de paridad que tanto han defendido los progresistas. Mal estaba la discriminación contra la mujer; lo mismo que la discriminación contra el varón. La vemos incluso en el nuevo Consejo o Conseja de Ministras y Ministros, donde hay más varones que mujeres.

Hay otras muchas formas de desigualdad de carácter simbólico. Por ejemplo, durante los últimos 40 años de democracia se han gastado cantidades ingentes de dinero público para homenajear a Federico García Lorca, fusilado por los franquistas. No estaría mal que, como compensación igualitaria, se dedicara alguna cantidad de los presupuestos públicos para homenajear a otros dos egregios escritores de la misma generación: Ramiro de Maeztu y Manuel Bueno. Ambos fueron fusilados por los republicanos. Sería una buena muestra de reconciliación nacional. Por lo mismo, todos los Gobiernos de la democracia han subsidiado generosamente las películas sobre la guerra civil y sus consecuencias. Ha sido otra forma de discriminación, por cuanto los buenos son casi siempre los republicanos. La igualdad sería, como compensación, que se subvencionaran películas en las que se enalteciera la causa franquista. Los dos bandos eran españoles; por eso fue una guerra civil. Hubo héroes y villanos en los dos lados.

Claro que lo anterior es mucho pedir cuando se acaba de impedir por la fuerza un homenaje a Cervantes en Barcelona sin que aparezca la policía. No deja ser irónico que Barcelona sea la única ciudad española que se muestra en la acción del Quijote, y además el autor la considera "archivo de la cortesía".

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"La corrupción en el sistema educativo es un fenómeno a escala mundial"
Marina Alías vozpopuli.es 11 Junio 2018

Favoritismo, nepotismo, clientelismo, trabajadores fantasma, tráfico de influencias, contratación de familiares y amigos, sobornos o la extorsión y la malversación de dineros públicos... La corrupción abarca un amplio espectro de conductas que afectan, aunque durante años haya sido tabú, a los sistemas educativos. Y no solo en los países en vías de desarrollo. Según la investigadora Muriel Poisson, responsable del Programa sobre Ética y Corrupción en la Educación en el Instituto Internacional de Planificación Educativa (IIEP), la corrupción en escuelas y universidades es un problema a nivel mundial que también afecta a Europa.

Hace más de diez años, esta investigadora francesa comenzó a estudiar las malas prácticas cometidas en el ámbito educativo en el marco de sus funciones dentro del IIPE, un centro creado por la Unesco en París a principios de los años 60 para fortalecer las capacidades de los estados miembro en el campo de la planificación y la gestión educativa. Aunque la misión del instituto es promover el desarrollo de competencias para la definición y la implementación de políticas, así como de estrategias de cambio educativo, Poisson asegura que no se puede obviar el tema de la ética y la corrupción en escuelas y universidades.

Junto al también investigador Jacques Hallak, presentó en 2010 un extenso informe titulado 'Escuelas corruptas, universidades corruptas: ¿Qué hacer?', en el que explica que la estrategias más eficaces para mejorar el gobierno, la transparencia y la rendición de cuentas en la educación se basan en principios iguales "tanto en los países ricos como en los países pobres" y consisten en mejorar el marco regulador, reforzar la capacidad de gestión, y establecer un control social sobre el uso de recursos. Según los autores, un proverbio oriental lo ejemplifica de forma gráfica: Dejar abierta la puerta de la despensa es una invitación a robar.

¿Qué les llevó a estudiar la corrupción en el sector de la Educación?
Comenzamos a trabajar en el tema de la corrupción hace unos quince años, en un momento en que el tema no era tan discutido como lo es hoy. La función del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE) de la Unescoes apoyar a los ministerios de educación en el desarrollo de sus sistemas educativos en todo el mundo, pero en la práctica de nuestra profesión, no podemos darnos el lujo de no tener en cuenta la corrupción. Si hablamos de financiar los sistemas educativos, no podemos ignorar el hecho de que algunos de los recursos asignados a las escuelas nunca llegan esos sistemas debido a la apropiación indebida de los fondos.

¿Cuáles son los problemas más recurrentes?
Existen múltiples problemas de corrupción en el sector educativo. El primero, se relaciona con el financiamiento de la educación y la pérdida de fondos. Por ejemplo, cuando un ministerio asigna cien dólares, a veces solo 80 llegan a las escuelas debido a la recaudación de fondos.

La contratación de personal del propio Ministerio de Educación, de autoridades descentralizadas y del personal a nivel escolar y universitario es otro de los problemas. La dificultad aquí es que la contratación de personal no siempre se hace de acuerdo con criterios objetivos basados en el mérito, sino más bien por favoritismo o nepotismo, lo que por supuesto puede afectar tanto la eficiencia como la calidad.

Un tercer problema a destacar es el de los procesos de selección de estudiantes en todos los niveles del sistema, es decir, la admisión a instituciones, exámenes y procesos de selección para el acceso a la educación superior, y concesión de diplomas. Hay muchos ejemplos de fraude académico: desde las trampas más comunes durante los exámenes, al plagio, pasando por la compra de títulos universitarios.

¿Difieren los problemas de corrupción en la Educación dependiendo los países?
Efectivamente los problemas difieren según los países porque los niveles de corrupción no son los mismos y porque la capacidad de controlar la corrupción tampoco es la misma. Dicho esto, sería un error considerar que esta cuestión de la corrupción en la educación solo está reservada para ciertos países en desarrollo.

Es un fenómeno ampliamente compartido a escala mundial y los problemas de contratación pública, reclutamiento de personal o selección de estudiantes se dan también en el mundo desarrollado. Ejemplo de ello es la compra de diplomas en Internet o la compra de memorias o trabajos de fin de máster existente en Europa y América del Norte.

¿Cree que es necesario que el Estado establezca mecanismos para prevenir la corrupción universitaria?
En mi opinión, los mecanismos para prevenir la corrupción deberían considerarse tanto a nivel estatal como universitario, incluso en un contexto en el que las instituciones de educación superior disfrutan de una gran autonomía. Depende del Estado establecer el marco general y los principios de transparencia, ética e integridad que deben ser respetados por todo el sistema. Pero corresponde a las universidades traducir estos principios en práctica y garantizar que los riesgos de corrupción y fraude académico del día a día se minimicen.

Incluso en contextos donde las universidades tienen un alto grado de autonomía, es importante contar con sistemas de control externo y auditorías que verifiquen regularmente que las cuentas se mantengan correctamente, que el personal es respetado y los exámenes se desarrollan de forma correcta. No se trata de un acto de desconfianza hacia las universidades, sino de una forma de establecer unas garantías mínimas de buena gestión por parte del Estado y que estas sean respetadas.

¿Qué hay que hacer para evitar la corrupción?
Para luchar eficazmente contra la corrupción en el sector educativo, se deben hacer tres cosas. En primer lugar, es necesario contar con normas y procedimientos más simples y claros que garanticen que los recursos se asignan y utilizan de manera transparente y equitativa. Es importante establecer estándares específicos para la integridad y la ética. Por otro lado, hay que fortalecer la capacidad de los actores para "resistir" a la corrupción. No es fácil, pero significa, por ejemplo, capacitar mejor a quienes están a cargo de cuestiones presupuestarias y contables y a quienes ejercen funciones de control.

La lucha contra la corrupción debe ser un tema de estudio a considerar en el contexto educativo, no hay que olvidar que estamos formando futuros ciudadanos. Además hay que brindar a los ciudadanos la oportunidad de comprender mejor lo que está sucediendo dentro del sector y que puedan ejercer un control social real. Por eso, en el instituto hacemos campaña para promover el acceso a datos básicos sobre los sistemas educativos, tanto a nivel escolar como universitario. Estos pueden referirse a presupuestos, listas de personas a las que han otorgado un título universitario, tesis... Creemos que esta es la clave para fomentar la autorregulación progresiva del sistema a favor de una mayor transparencia.

¿Hay un perfil general de una autoridad universitaria corrupta?
No puedo asegurar que haya un perfil común en cuanto a personas corruptas. Sobre todo, creo que hay procedimientos de contratación irregulares que propician que las personas reclutadas recurran a prácticas corruptas en el futuro. El principio básico del reclutamiento debe ser, ante todo, el mérito y la capacidad de la persona para realizar esta función. Más allá de los individuos, estamos convencidos de que es esencial construir las salvaguardas necesarias para cualquier forma de poder dentro del sistema. No debemos esperar a que los individuos cambien, debemos cambiar las reglas del sistema para alentar u obligar a las personas a cambiar su comportamiento.

¿Qué le parece la idea de crear organismos contra la corrupción dentro de cada universidad?
Esta idea está siendo puesta en práctica por varias universidades de todo el mundo. Es necesario brindarles a los estudiantes, pero también al personal docente y a los agentes administrativos la oportunidad de presentar quejas sobre prácticas que atentan contra la ética. Sin embargo, esto debe hacerse con la obligación, por una parte, de proteger al demandante y, por otra, de garantizar que los procedimientos para tratar su queja se lleven a cabo de manera neutral y objetiva. Dependiendo de la gravedad del caso, las quejas se pueden manejar a nivel universitario, pero en casos graves puede ser necesario ir más allá de la universidad. De los tribunales depende hacer su trabajo.

¿Cree que un político debe dimitir por el hecho de que se le regale un título universitario?
Se supone que cada representante del Estado actúa por el bien público. Se espera que se comporte de una manera que cumpla con los requisitos mínimos de ética e integridad. Hoy, hemos pasado a una nueva era en la que cada vez es más difícil para los cargos públicos ocultar actos de corrupción o violación de la integridad, y la experiencia demuestra que bajo la presión social cada vez es más complicado permanecer en sus puestos, si el sistema no los requiere directamente.

¿En qué posición colocarías universidades españolas en términos de corrupción?
Es imposible clasificar las universidades de acuerdo con su nivel de corrupción por la buena razón de que no existe una visión integrada de la variedad de problemas de corrupción allí surgen ni hay datos suficientes para comparar lo que está sucediendo entre un país y otro. Algunas organizaciones de la sociedad civil han comenzado a establecer clasificaciones universitarias de acuerdo con su nivel de integridad, pero no en el caso español. Se dan por ejemplo en Rumanía o Perú.

¿Qué consecuencias puede tener para la sociedad que la corrupción se instale en la educación?
La corrupción en este sector tiene un fuerte impacto en el acceso, la calidad y la equidad en los sistemas educativos. Son los menos afortunados, aquellos que no tienen los recursos o las relaciones necesarias, quienes sufren más porque no pueden permitirse un sistema corrupto. Más allá de esto, la corrupción en la educación tiene un fuerte impacto para el futuro, porque el principal objetivo de la educación es transmitir conocimiento, pero también valores y normas de comportamiento. Si el sistema educativo en sí mismo se comporta mal, ¿qué podemos esperar de las nuevas generaciones en el futuro?

Inmigración: Esto solo acaba de empezar
Yolanda Couceiro Morín  latribunadelpaisvasco.com 11 Junio 2018

La izquierda (el mundo bienpensante en realidad) tiene desde hace tiempo "sus" pobres en propiedad, como antaño las señoronas de la buena sociedad tenían los suyos para darles la sopa caliente los domingos a la salida de misa.

Estos "nuevos pobres" de nuestros buenos progresistas (de izquierda tanto como de derecha o de centro: cada vez es más difícil hacer la diferencia entre la gente de Podemos, del Psoe y del PP o de Ciudadanos en estas cuestiones) son los inmigrantes en general y los musulmanes en particular. Las otras pobrezas, las otras precariedades, las de los nacionales, los autóctonos, no existen ni se muestran (no vaya a ser que se resienta el discurso oficial de esa visión). Un pobre nativo carece de glamur, suscita poco interés, además no puede ser un verdadero pobre, ya que es blanco, europeo, etc... Su pobreza no puede ser más que sospechosa, ficticia, tal vez simulada, en todo caso exagerada, posiblemente merecida.

La verdadera pobreza no puede venir más que de fuera: el Otro es el pobre auténtico. Las otras pobrezas, las otras precaridades, las nuestras, no existen, peor aun: están discriminadas. De todas maneras, un pobre que no fuera más que nacional, europeo, no perteneciente a ninguna minoría, es necesariamente un pobre sin encanto, un pobre vulgar, un pobre cutre, un pobre que sin duda se merece ser pobre. La pobreza, supuesta o real, de esos buenos inmigrantes, refugiados, musulmanes sobre todo, es una pobreza que tiene el mérito de ser exótica, hasta "chic", una pobreza fotogénica, que tal vez le recuerda a algunos sus vacaciones veraniegas por tierras lejanas, en paisajes con palmeras, arenas calientes y mercadillos abigarrados... La pobreza de estos exóticos, que ahora llegan a nuestras playas y deambulan por nuestras calles, bien merece un selfie. Los buenos salvajes de esa especie de "occidentales por el mundo" pagados de sí mismos, ya los tenemos entre nosotros, sin necesidad de ir a buscarlos a domicilio durante el puente de Semana Santa.

Pero la peor pobreza es la de esos pijoprogres y demás buenistas autocomplacidos, de nuestros humanistas sin pecado concebido, pobreza mental, pobreza espiritual, que les permite verse a sí mismos como los humanistas del tercer milenio, como los héroes de un tiempo sin heroicidad ni valor, como los referentes morales de una sociedad ayuna de auténtico mérito. En realidad son unos traidores, unos renegados, los protectores y favorecedores de la invasión en marcha, los cómplices necesarios de la destrucción de su propios países. Todos los crímenes de esa inmigración siempre son perdonados, minimizados, escondidos y hasta justificados. La culpa es del racismo, la marginación, el rechazo, los prejuicios, la culpa es siempre del Occidente corrupto y corruptor... Cuandon algunos inmigrantes, en solitario o en manada, violan, nunca son culpables de nada, hasta las feministas salen en su defensa: las leyes y costumbres del país que no entienden, el estrés de su condición de parias, su precariedad material, su inestabilidad emocional, las mujeres que nos vestimos de manera un tanto provocadora, sin respetar la cultura de los violadores, etc...

Hay que decir que los problemas y conflictos que traen estos inmigrantes, estos "refugiados", no afectan, por regla general, a los privilegiados de esta clase de pijoprogres que son la mayoría de los amigos de la multicultura y la inmigración. Estos viven, por regla general, lejos de los barrios populares, de los campamentos, de las zonas afectadas en mayor o menor medida por este fenómeno. Ven el problema desde la barrera y pontifican desde la seguridad de sus vidas confortables y sus privilegios de clase. "¡Que aguanten los de abajo!". Y en efecto, son "los de abajo" los que están en primera fila y los que padecen en carne propia este problema. Los predicadores de la tolerancia, la diversidad y la convivencia no tienen idea de lo que eso significa. O peor aun: sí lo saben y no les importa.

Hay inmigrantes que tienen una cultura y tradiciones antagónicas a las nuestras. Este antagonismo no es involuntario, no es un antagonismo de pordioseros incapaces de reflexionar. Por el contrario, se trata de un antagonismo fomentado a consciencia por sus jefes políticos y religiosos. Es el discurso de los líderes comunitarios de esa inmigración, las consignas de los cabecillas de esa invasión, son las sermones habituales que se predican en la inmensa mayoría de las mezquitas.

Gran parte de los países de donde provienen estos inmigrantes están repletos de millones de hombres jóvenes ociosos que no pueden tomar mujer en esas sociedades. En sus países están controlados, encuadrados, vigilados y reprimidos por regímenes autoritarios, muchas veces totalitarios, siempre represivos y dispuestos a la violencia contra los revoltosos y los descontentos. Son hijos legítimos de ese clima de permanente violencia y opresión que es el día a día de esas sociedades. Sueltos en nuestra blanda y tolerante Europa, algunos de estos jóvenes, fanatizados por su religión y llenos de frustración y resentimiento, se vuelven literalmente locos ante las realidades de nuestras sociedades abiertas y tolerantes. Contrariamente a las jóvenes generaciones de occidentales, estos no tienen ninguna duda acerca de la superioridad y legitimidad de sus valores religiosos y sus aspiraciones políticas.

La única respuesta que ofrecemos a estos desafíos son nuestros lloriqueos, nuestra culpabilidad, nuestro masoquismo, nuestras vanas polémicas, para distraernos todavía un poco más de nuestro aburrimiento de occidentales cansados y estériles, esperando que la situación empeore dramáticamente para poder decir que ya es demasiado tarde para hacer nada...

Sic transit gloria mundi.
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El terror continúa en Europa
Jesús Argumosa Pila gaceta.es 11 Junio 2018

Los quince atentados terroristas cometidos en siete países europeos durante 2017 ocasionaron 62 víctimas mortales.

Tras casi seis meses sin que se produjera un atentado terrorista en Europa, el pasado 23 de marzo el terrorismo del salafismo yihadista regresó para golpear en el continente, en las ciudades francesas de Carcasona y Trébes, cobrándose la vida de cuatro (4) personas. El pasado mes de mayo, el salafismo yihadista volvió a atentar en Europa, primero el día 12 en el centro de París, en el que murió una persona y un poco más de dos semanas después, el día 29, en la ciudad belga de Lieja, abatiendo a tres (3) personas. Todos estos atentados han sido reivindicados por Daesh.

El terror ha vuelto a Europa. El salafismo yihadista sigue siendo una de las mayores amenazas contra la paz y seguridad europeas. Después de casi medio año de tregua, el salafismo yihadista ha retornado a nuestro continente, con sus acciones terroristas mortales sembrando el miedo y la confusión en la sociedad europea e intentando doblegar nuestro sistema de vida, basado en la democracia y en unos valores universales, entre los que sobresalen la libertad, la justicia y la pluralidad de opiniones.

La mayoría de los expertos están de acuerdo en que el primer atentado terrorista asociado al salafismo yihadista con víctimas mortales en Europa Occidental se produjo el 25 de julio de 1995 en París – hace ya 23 años – en el que el Grupo Islámico Armado (GIA), de origen argelino – en aquel momento estrechamente vinculado a Al Qaeda – mató a ocho (8) personas e hirieron a más de cien en un ramal de la red ferroviaria Reseau Express Regional (RER) de París.

Hasta el año 2013, la amenaza del terrorismo procedente del salafismo yihadista estaba directa o indirectamente relacionado con Al Qaeda. Pero, a partir de 2014, la amenaza de dicho terrorismo yihadista en Europa Occidental procede, fundamentalmente, del autodenominado Estado Islámico (EI) que, desde entonces y hasta el final de 2017, se constituyó como rival de Al Qaeda en el liderazgo del salafismo yihadista global. No parece haber duda que, tras la derrota militar de Daesh, Al Qaeda recuperará su liderazgo a medio plazo.

Sin embargo, no hay que olvidar que, aunque el Estado Islámico ha sido derrotado militarmente, la ideología del salafismo yihadista sigue viva en muchos militantes y personas radicalizadas en mayor o menor medida, y a pesar de que el Daesh se ha convertido en un movimiento insurgente, su doctrina radical y terrorista sigue expandiéndose mundialmente.

Por ello, la amenaza del salafismo yihadista en Europa seguirá procediendo tanto de la mano de Al Qaeda como del Estado Islámico. En esencia, ambas organizaciones terroristas quieren implantar el califato y la sharía a nivel global y establecer un nuevo orden internacional, luchando contra todas aquellas naciones consideradas “infieles” que no aceptan someterse a la interpretación religiosa que el salafismo yihadista considera como única posible. Solo se diferencian en los procedimientos a utilizar.

De acuerdo con el Anuario del Terrorismo Yihadista de 2017, del Observatorio Internacional de Estudios sobre el Terrorismo (OIET) el año pasado ha marcado un nuevo hito en Europa Occidental ya que se ha convertido en el año con mayor número de atentados cometidos por el terrorismo de inspiración salafista yihadista.

Los quince (15) atentados terroristas cometidos en siete (7) países europeos – Francia, Reino Unido, Bélgica, Alemania, Suecia, Finlandia y España -, durante 2017, han ocasionado 62 víctimas mortales – 0,4% de todas las víctimas del terrorismo salafista global (algo más de 13.600, según la OIET) – aunque también es verdad que, pese al aumento de atentados, el número de víctimas es menor que en los dos últimos años.

El hecho de que los atentados terroristas cometidas en Europa tanto en el año 2017 como en el 2018 – hasta ahora -, hayan sido ejecutadas de forma poco sofisticada e individualmente – excepto el de Barcelona (España), donde actuó una célula local – parece indicar que el EI ya no tiene capacidad para planificar atentados desde el exterior y preparados por células locales operativas.

Es verdad que la caída del Califato del Estado Islámico, de forma progresiva a lo largo de 2017, ha supuesto la derrota de Daesh a nivel militar, pero también es cierto que durante dicha caída ha ido aumentando el número de países objeto de atentados yihadistas mostrando así que su amenaza es de carácter mundial. Dentro de este contexto de globalización de los mencionados atentados se halla Europa Occidental.

Lo cierto es que Europa seguirá siendo un objetivo del salafismo yihadista en el próximo futuro ya sea como consecuencia del retorno de los combatientes que se hayan desplazado, fundamentalmente, a los conflictos de Siria, Irak o Libia – se calcula que unos 5.000 europeos han ido a combatir con el EI, desde 2014 – o ya sea de aquellos simpatizantes yihadistas o personas radicalizadas que se encuentran dentro del propio territorio de la Unión Europea – en la UE hay fichadas unas 65.000 personas sospechosas de tener vínculos con el salafismo yihadista -.

A mayor abundamiento, un momento crítico para la seguridad europea aparecerá cuando se junten las primeras puestas en libertad de combatientes del EI condenados por la justicia, el retorno de los combatientes que han luchado en las filas del Daesh y los procedentes de la radicalización interna. En dichas circunstancias, la respuesta policial, judicial y militar, en su caso, de los Estados, deberá esforzarse al máximo para hacer frente con eficacia a esta triple procedencia de la amenaza.

Por ello, los gobiernos europeos necesitan diseñar una eficiente política de respuesta unitaria contra el salafismo yihadista, cooperar más estrechamente y reforzar sus sistemas de inteligencia para que actúen de forma integrada al objeto de hacer frente a una amenaza compleja y diversa, impedir procesos de reclutamiento y de radicalización, especialmente a través de redes cibernéticas y en las cárceles, así como disponer de un exhaustivo control y vigilancia de personas sospechosas.

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El ángulo oscuro
Juan Manuel de Prada ABC 11 Junio 2018

Como ciegos que guían ciegos, los medios de adoctrinamiento de masas pretenden hacernos creer que el jacobino Borrell y la federalista Batet encarnan dos «posturas irreconciliables» en el nuevo Gobierno del doctor Pedro Sánchez. Pero Borrell y Batet son la gallofa bifronte que el doctor Sánchez, siempre atento a su imagen (que es el oropel con el que los hombres sin alma deslumbran a las masas cretinizadas) se ha sacado de la manga para que no haya cateto que no encuentre consuelo: el cateto atacado por el fervorín de la unidad de España puede consolarse con Borrell; y el cateto engolosinado por la chupitanga de la «nación de naciones» puede consolarse con Batet.

Pero Borrell y Batet significan exactamente lo mismo, que no es otra cosa sino la conversión del cuerpo vivo (aunque terriblemente magullado) de España en una máquina sin alma. Borrell, hombre de feroz inteligencia, es un burócrata que no cree en la unidad de España, sino en el blindaje del Estado-Leviatán al servicio del Moloch europeísta. Alguien que, en contra de la estelada (bandera inventada a medias), enarbola la bandera del engendro europeísta (que es una invención completa), nos demuestra que no ve en España sino un bloque de hormigón armado que conviene a la construcción del engendro que idolatra. Circula por la red un vídeo en el que Borrell vapulea a un sonado Junqueras con un pedrisco de cifras y directivas europeas que desenmascara las falsedades del independentismo… y también la hórrida visión leguleya y ordenancista de Borrell, un estatólatra que no puede entender (y mucho menos amar) la realidad biológica de España, a la que ofrenda en el único altar en el que derrama incienso. Y ese altar es el europeísmo, una ideología vacía de toda idea moral y especialmente corrosiva del patriotismo, atiborrada de clichés ilustrados pero incapaz de generar ningún sentido de pertenencia común; porque el auténtico patriotismo se nutre de amor y dolor ante las realidades concretas de la tierra de nuestros padres, no de una farfolla aritmética o leguleya como la que atiborra las meninges de Borrell, que sólo ve en España un panzer al servicio de la blitzkrieg europeísta.

Y en la construcción de esa máquina hórrida colabora la ministra Batet. Si el ministro Borrell quiere meter España en la hormigonera de su jacobinismo estatólatra, para ofrendarla en los altares de la quimera europeísta, la ministra Batet quiere facilitar esa labor, convirtiendo España en un mecano federal, de tal modo que sólo el blindaje estatal la libre de la descomposición. El federalismo es una música que a muchos ingenuos seduce, porque les suena que España se constituyó en el reconocimiento de una diversidad cordial y solidaria. Pero aquella unidad en la diversidad se logró a través la creación natural de un tejido político de instituciones nacidas desde abajo con vocación ascendente de unidad. El federalismo que ahora nos quieren colar, en cambio, es creación arbitrista que aspira a ahondar desde arriba en la repelente «siembra de centralismos» que favoreció el nefasto autonomismo. Mediante la conversión de España en un mecano federal sólo se harán fuertes los centros de poder partitocrático; y así se contribuirá a tiranizar todavía más a los pueblos de España y a suministrar gasolina a todos los incendios separatistas.

Borrell y Batet ansían una España convertida en máquina hecha de piezas, sin vínculos verdaderos, aherrojada por el blindaje del Estado, controlada por burócratas extranjeros y sometida a los dictados del dinero apátrida. Jacobinos y federalistas son anverso y reverso de una misma moneda, más falsorra que un duro sevillano.

Bipartidismo PSC-PSOE
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 11 Junio 2018

La izquierda está feliz porque ha logrado -sin pasar por las urnas, que las carga el pueblo, o sea, el diablo- su único proyecto político, ideológico y moral: echar del Poder a eso que llaman la Derecha, no importa cómo, ni a qué precio, ni qué Derecha. Y el mismo coro podemediático que ayer despreciaba a Sánchez, hoy lo diputa mago recuperador del bipartidismo. Pero ¿qué es el bipartidismo para la izquierda? Pues el PSOE en el Poder y el PP en la Oposición para siempre jamás. Lo de Felipe y Fraga, vamos. Y con mucho jamalají-jamalajá, imagen sobre imagen, se presumen eternos.

No deberían, porque para que haya bipartidismo real hacen falta dos partidos que realmente se disputen el poder, y esos dos partidos son, hoy y siempre en esta izquierda enfeudada al nacionalismo desde hace décadas, el PSC y el PSOE, la negación disimulada y la afirmación limitada de España.

Aunque el Gobierno, técnicamente hablando, lo formen el PSOE y Mediaset, en términos políticos refleja de forma liliputiense (84 escaños) el equilibrio inestable con el PSC que quebró definitivamente con el golpe de Estado y algo que se olvida: la victoria de Ciudadanos sobre el tevetrismo de Iceta.

Batet es un avatar de Iceta, más cerca de Torra que de Arrimadas. Su primer mensaje, "es urgente una reforma federal de la Constitución", es un acto de sumisión al matón golpista que se fotografía con los terroristas de Terra Lliure, presume de que toda su familia es de los CDR, las SA del catanazismo y, como Artadi, dice que es "irrenunciable" ciscarse en la Ley.

Mientras Arrimadas se enfrentaba valerosamente a los CDR en Vic, Batet, una supremacista algo más disimulada que Torra no corría a su lado, sino que imploraba el pacto con los enemigos de España y la destrucción de la soberanía nacional, que ella también persigue. Así, es sólo cuestión de tiempo, no demasiado, que Ciudadanos vuelva por sus fueros. El PP no recuperará los votos que ganó Inés porque fue Rajoy el que puso a Torra, liquidó el 155 y abandonó a los catalanes españoles a cambio del apoyo del PNV a los Presupuestos. ¿Y los votos del PSC que migraron a Cs? ¿Volverán gracias a Batet y su idilio con los catanazis? Lo dudo. El bipartidismo PSC-PSOE se diluirá en las urnas. Cuanto más tarde, peor.

Y ojo: aunque España vaya mal, siempre nos queda Nadal.

El cuento chino de Batet
José García Domínguez Libertad Digital 11 Junio 2018

La cabra, es sabido, tira al monte. Nadie se extrañe, pues, de que a la ministra Batet, del PSC, le haya faltado tiempo para correr a Barcelona a anunciar la buena nueva de que desacatar desde el Gobierno de España la sentencia firme del Tribunal Constitucional sobre el Estatut sería la mejor manera de restablecer la legalidad en Cataluña. Frente al golpe de Estado de la Generalitat, el golpe de Estado del Ejecutivo central. Dos por el precio de uno. Una doctrina, la del golpismo blando amparado el la quiebra de la autoridad del órgano constitucional encargado de velar por el cumplimiento de la propia Carta Magna, que la ministra Batet ha aprendido a toda prisa de los señores empresarios del Círculo de Economía, genuinos padres intelectuales del invento. Y es que al Ibex 35 le está saliendo últimamente un feo mostacho que empieza a recordar demasiado al de Tejero. Una doctrina, esa alumbrada por el Dinero que abrazan los socialistas en nombre de la izquierda, que, por lo demás, se fundamenta toda ella en una gran falacia. El embuste de que el origen del proceso separatista remite a una imaginaria irritación popular en Cataluña como consecuencia de la sentencia célebre del TC. Ese es el cuento dominante, lo que los cursis llamarían "el relato", impuesto por los publicistas del separatismo tanto en Barcelona como en el Madrid bobalicón con balcones a la prensa.

Un cuento que, como todos los cuentos, bien poco tiene que ver con la realidad. Porque simplemente es mentira que la frustración por el fiasco de la reforma del Estatut constituyera el factor desencadenante del proceso que se consumó con el golpe de octubre. Eso solo es una leyenda urbana. La reforma del Estatut, un asunto que no interesaba a nadie y que Pujol orilló por considerarlo una pérdida innecesaria de tiempo y energía, fue abanderada por Maragall con el exclusivo propósito de atraerse a la Esquerra para desalojar a CiU del poder y, de paso, incordiar al Gobierno de Aznar. No otra fue la razón de que empezara todo aquel lío. La reforma del Estatut era lo último que preocupaba a los catalanes de a pie. Lo último. No lo digo yo, lo decía en El País Josep Ramoneda, periodista nada sospechoso de lealtad a la Constitución: "Los catalanes están mucho más preocupados por el trabajo, por las pensiones, por la seguridad, por la inmigración, por la vivienda, por la carestía de la vida (...) Sin embargo, el principal debate que entretiene a la clase política catalana es la reforma del Estatut". No le importaba a nadie. Y la prueba de que no le importaba a nadie fue el muy risible resultado del referéndum de ratificación. Una consulta legal, aquella sí, en la que más de la mitad de los catalanes con derecho al voto decidió abstenerse. Sí, más del 50%. Razón por la cual el famoso Estatut que tanto se supone que deseaban los catalanes solo obtuvo el apoyo expreso en las urnas de un pírrico 36% de los ciudadanos mayores de edad inscritos en el censo.

Pero es que acto seguido, en las ulteriores elecciones autonómicas, el único partido que se presentó con un programa expresamente independentista, ERC, sufrió un batacazo histórico, quedándose con apenas 10 escaños. Lo mismo que el PSC, que obtuvo el peor resultado desde su fundación. Ganó CiU, con 62 actas, que para nada planteó la reivindicación separatista a los votantes, sino la demanda de un concierto económico similar al vasco. ¿Qué ocurrió entonces para que aquella desidia se tornara poco más tarde en furor por la independencia? Pues ocurrió algo muy sencillo que nada tenía que ver con el Estatut: la Gran Recesión. El fervor separatista es hijo de la crisis, no del Estatut maquillado por el Constitucional. Así, el 15 de marzo de 2011 comienza en todas las plazas mayores de España la variante contemporánea del Motín de Esquilache. Tres meses después, el 15 de junio, los indignados de Barcelona suben la apuesta insurgente: el Parlament es rodeado por la turba, el president Mas tiene que huir en helicóptero de la Ciudadela y el diputado de CiU Gerard Figueras logra ser inmortalizado por las cámaras de televisión mientras corre despavorido gritando "Auxili!". Ahí, justo en ese instante, nació el procés. Tampoco lo digo hoy, lo sentenciaba Enric Juliana, el redactor del editorial conjunto, en La Vanguardia:

Aquel día también podríamos decir que empezó todo. El jansenismo a pensar que quizá se había equivocado. CiU empezaba a bajar en los sondeos y en paralelo a la protesta ciudadana del 15-M, en las capitales de comarca aceleraba y ganaba adeptos el otro movimiento contestatario: "In-de-pen-dència". Dicho en pocas palabras: "Si es la hora de los radicales, también nosotros vamos a ser radicales".

El resto es sabido. Han utilizado la Gran Recesión hoy como ayer utilizaron el Desastre del 98 y como mañana utilizarán el derrumbe del euro en Italia o Francia si llega a consumarse. ¿La sentencia del Estatut origen de la asonada separatista? No nos venga con cuentos chinos, Batet. Que nos han dormido con todos los cuentos y ya nos sabemos todos los cuentos.

El contrapunto
Isabel San Sebastián ABC

Está visto que no hay golpe, engaño, violencia o chantaje capaz de hacerles aprender la lección. Nuestros gobernantes, sean del color que sean, llegan al despacho de La Moncloa y piden «¡otra de diálogo!» como el «cuñao» especialista en hacer lo propio con las gambas. Durante lustros, sin más que una honrosa salvedad, esa costumbre ignominosa se siguió al pie la letra con la banda terrorista ETA y sus cómplices peneuvistas. Una vez consumada la traición a las víctimas y a la verdad, se pasó a la charla amigable con la nueva vanguardia del separatismo, instalada a la sazón en Cataluña.

José Luis Rodríguez Zapatero, artífice del enjuague bautizado como «paz», abrió la ronda catalana con el compromiso suicida de aceptar el estatuto que viniera del parlamento autonómico. Lo que vino era claramente inconstitucional y como tal hubo de ser recortado por el Tribunal correspondiente, brindando con ello un pretexto impagable al independentismo para redoblar la dosis de victimismo, incrementar la presión en la calle y subir varios escalones el listón de sus exigencias.

Lo sustituyó en el poder Mariano Rajoy, a quien los españoles otorgaron una holgadísima mayoría absoluta para, entre otras cosas, poner definitivamente coto a ese desafío. Vano empeño. Ni con ese respaldo abrumador se atrevió el nuevo presidente a cortar las alas del soberanismo. Iba más con su personalidad y con el dictado de lo políticamente correcto tender manos a quien no dejaba de morderlas y habilitar fondos ilimitados, vía FLA, con el objetivo de financiar los dispendios de una Generalitat embarcada en la promoción de su onírica «república catalana» dentro y fuera de nuestras fronteras. Dicho de otro modo, intentar desesperadamente apaciguar a la fiera, como si la historia no diese pruebas sobradas de lo inútil que resulta siempre semejante conducta indigna.

Ahora llega al despacho Pedro Sánchez, sin ni siquiera pasar por las urnas, y vuelve el cántaro a la fuente. De nada sirve la experiencia de los errores cometidos por sus predecesores en el cargo. Tampoco la evidencia empírica de que no hay argumento, ofrenda, humillación, súplica o advertencia capaz de hacer entrar en razón a quienes han hecho bandera de la reivindicación permanente, no aspiran a nada menos que la secesión y exhiben impúdicamente su supremacismo. Borrón y cuenta nueva con el intento de rebelión que instruyen la Audiencia Nacional y el Supremo. Pelillos a la mar con las injurias proferidas contra el Estado español, su Justicia y sus Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, acusados de cometer las peores felonías. Adiós al 155, a la poquita firmeza empleada en defensa del orden constitucional y a la unidad de los demócratas contra los golpistas. ¡Otra de diálogo! Y a seguir reculando ante ellos hasta que no quede espacio para dar un paso atrás.

Nada nuevo hay bajo el cielo de esta España hoy mayoritariamente socialista, a tenor de unas encuestas que pintan al electorado patrio como la «donna móbile» de Rigoletto, voluble y cambiante al albur de cada última noticia. La Soraya del puño y la rosa, Meritxel Batet, flamante ministra de Política Territorial, retoma el discurso del «diálogo» y ofrece algo tan «original» (e ilegal) como lo que originó esta escalada debida a la «genialidad» de Zapatero: desautorizar al Constitucional y regresar al estatuto que pretendía instaurar un poder judicial catalán independiente. En prenda de buena voluntad, el Ejecutivo del que forma parte devuelve a la Generalitat el pleno control de sus gastos, para que sigan empleando a placer nuestro dinero en robarnos la soberanía. Sea el pago debido por su apoyo en la moción de censura o sea que realmente creen poder cabalgar el tigre, demuestran muy pocos escrúpulos y aún menos inteligencia.

Reforma constitucional sin lealtad
 larazon 11 Junio 2018

El discurso del nacionalismo catalán ha establecido que el origen del «proceso» independentista, la gota que colmó el vaso de los agravios, está en la sentencia de junio de 2010 del Tribunal Constitucional en la que declaró catorce artículos inconstitucionales y, por lo tanto, nulos. La mayoría de las normas rechazadas tenían que ver con la administración de Justicia –dibujaba un sistema judicial independiente del conjunto del Estado–, la gestión tributaria y la lengua. Sobre esta última cuestión, en el apartado 1 del artículo 6, hablaba de que el catalán era la lengua «preferente» de la «administración pública, medios de comunicación y enseñanza», contradiciendo frontalmente el artículo 3 de la Constitución.

Además, existían 27 artículos que el TC había avalado, siempre que se interpretarán en el sentido que indicaba. Al parecer, el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez comparte el mismo criterio que los nacionalistas de que la sentencia del TC fue el desencadenante del «proceso», por lo que cree que, enmendando aquella resolución, el independentismo gobernante –y el que está acosando en la calle– volverá a la legalidad.

Así lo expresó el pasado sábado la titular de Política Territorial, Meritxell Batet, que hay que hacer una reforma de la Constitución «urgente, viable y deseable», en la que se incluiría la reposición de aquellos artículos del Estatut anulados.

En primer lugar, existen unos problemas técnicos insalvables: cualquier norma de rango nueva debe someterse a la Constitución. Más ambiguo es, si cabe, el de hablar de reforma en clave «federal», cuestión que el PSOE siempre ha tenido en cartera desde la Declaración de Granada de julio de 2013, pero que nunca ha desarrollado seriamente. Proponía modificar el Título VIII de la Constitución y cerrar las competencias del Estado y de las Comunidades Autónomas, pero en estos momentos no sabemos en qué sentido. Es cierto que desde el artículo 148 al 153 no se establece de forma clara las competencias enumeradas –56 en total– y que sobrepasar el límite sólo depende de la capacidad de presión política y lealtad. Bien lo saben los nacionalistas vascos y catalanes. Y sabe bien el PSOE –y el PSC de Iceta– que el bloque independentista catalán quiere blindar competencias, pero desde la exigencia de desbordar el papel del Estado, basándose en el principio de que el sistema autonómico está agotado.

No tendría sentido minar el propio sistema reconociendo el derecho de autoderminación, que es la «línea roja» que plantea el ultranacionalista Torra. El PSOE debe ser claro y, antes de negociar nada con sus desleales compañeros de viaje que aportaron sus votos en la moción de censura, explicar cuál es su mapa territorial y el sentido de su reforma constitucional. No sabemos si hablan de una España federal «asimétrica», con Cataluña y País Vasco marcando sus propios límites competenciales. Tampoco sabemos si esa futura Constitución debe blindar el principio de ordinalidad en la financiación autonómica, una de las demandas de los socialistas catalanes, y limitar así el fondo de solidaridad interregional para evitar que las comunidades más ricas, tras aportar al fondo común, bajen puestos en financiación per cápita.

Lo único que sabemos es que tanto la Generalitat como el Gobierno Vasco han marcado sus límites por encima de lo que sería aceptable en defensa de la Constitución: el derecho de autodeterminación o el eufemístico derecho a decidir que ayer reclamaban cogidos de la mano Ortuzar y Otegi. Volvemos a entrar en un terreno pantanoso en el que se juegan con palabras de sonoridad bondadosa, pero que rompen de raíz la Carta Magna. No sólo no se dispone de una mayoría necesaria para acometer una reforma –que quiere, además, sumar a los que buscan abrir un proceso constituyente nuevo–, sino algo más importante, que fue lo que sustentó el denostado «régimen del 78»: la lealtad.

Jueces, lengua y hacienda propia, contrapartidas del Estatut
Los socialistas negociarían con la Generalitat incluir en leyes orgánicas estas cuestiones.
Cristina Rubio. Barcelona. larazon 11 Junio 2018

El nuevo gobierno del PSOE ha ofrecido a Cataluña una negociación en tres etapas para tratar de desatascar el conflicto territorial y lograr un pacto con la Generalitat que contente a los independentistas. Una estrategia que, de salir bien, reforzaría el papel institucional de los socialistas e impulsaría su candidatura para las próximas elecciones. En concreto, Sánchez ha puesto encima de la mesa la posibilidad de aceptar las 45 demandas que Carles Puigdemont pidió a Mariano Rajoy hace dos años –centradas en inversiones e infraestructuras– y devolver al Parlament las leyes sociales recurridas por el PP en la pasada legislatura. En segundo término, propone una solución más global –y especialmente difícil– como es la reforma de la Constitución en clave federal, inviable sin el apoyo del PP. Y, por último, ofrece recuperar y legalizar algunos de los puntos del Estatut tumbados por el TC, una iniciativa que nace en gran parte del PSC. ¿Qué implicaría eso para Cataluña? Blindar la lengua, poder contar con un poder judicial propio, tener capacidad para fijar y regular tributos y renovar el sistema de financiación.Veamos.

CATALUÑA COMO NACIÓN
Es el aspecto que más irritó en el seno del catalanismo progresista y del nacionalismo. La sentencia del Tribunal Constitucional mantuvo el término «nación» en el preámbulo del Estatut, aunque dejando claro que no tenía ninguna validez jurídica al entrar en colisión con «la indisoluble unidad de la nación española, consagrada en la Constitución». Este debate ha dividido a los propios socialistas a lo largo de estos años. En el discurso de la moción de censura, Pedro Sánchez aseguró al respecto: «Defiendo que España es una nación, y dentro de la nación española hay territorios que se sienten también nación». Los socialistas también se abren a explorar otras vías como elevar el rango del Estatut antes de iniciar una reforma federal.

USO PREFERENTE DEL CATALÁN
Otro de los puntos más conflictivos. El Tribunal Constitucional anuló «el uso preferente» del catalán por parte de las administraciones y de los medios de comunicación públicos –TV3 y Catalunya Ràdio– al considerar que no podía prevalecer por encima del castellano, un «deber constitucional». Sin embargo, la sentencia sí blindó el modelo de inmersión lingüística de las escuelas, donde el catalán es vehicular. En este sentido, el socialismo propone impulsar una Ley Orgánica de reconocimiento y amparo de la pluralidad lingüística de España, una posibilidad que Miquel Iceta ofreció a Puigdemont en octubre, a cuatro días de la declaración simbólica de independencia aprobada por el Parlament y en el punto álgido de la escalada de tensión con el Estado. El último precedente es la proposición de ley que la propia Meritxell Batet registró el año pasado en el Congreso para potenciar el uso de las lenguas cooficiales en España.

CONSEJO DE JUSTICIA
El Estatut de 2006 incluía la creación de un órgano judicial independiente y «desconcentrado» del Consejo General del Poder Judicial de España, tumbado en su totalidad por el Tribunal Constitucional. El plan era que estuviera al frente la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) y lo integrasen miembros designados por el Parlament de entre jueces, fiscales y juristas de prestigio. En concreto, la sentencia habló de «impropiedad constitucional». Es decir, no es que el organismo fuera inconstitucional, aunque sí detectó un «evidente exceso» y lo vació de atribuciones al prevalecer. «El marco legislativo no lo preveía», explican desde el PSC. De hecho, los socialistas ya se mostraron dispuestos a a realizar cambios legislativos y regular el poder judicial catalán a través de una ley orgánica, una posible solución que ahora recuperarían.

REGULAR TRIBUTOS
Cataluña se reservó la competencia financiera de «establecer y regular los tributos propios de los Gobiernos locales», un artículo que el Alto Tribunal tumbó al ser potestad «exclusiva y excluyente» del Estado. Sobre financiación, la sentencia también anuló el artículo 206.3, que establecía que la Generalitat aportaría «recursos financieros para garantizar la nivelación y solidaridad a las demás Comunidades Autónomas (...), siempre y cuando lleven a cabo un esfuerzo fiscal también similar» al entender que vulneraba «la autonomía financiera del resto de las comunidades autónomas». Ahora, la receta del PSOE pasa por un cambio del sistema de financiación para avanzar hacia la vía federal. En este sentido, una de las primeras peticiones que Meritxell Batet ha hecho a Quim Torra es que acuda a la Conferencia de Presidentes y el Consejo de Política Fiscal y Financiera. El Gobierno del PSOE también se abre a reconsiderar el consorcio de la Agencia Tributaria, un organismo que preveía el Estatut y que permetiría al Estado y la Generalitat compartir la gestión de todos los impuestos. En cuanto a las inversiones, los socialistas ya se han mostrado dispuestos a negociar infraestructuras como el Corredor del Mediterráneo o a estudiar la controvertida disposición adicional tercera del Estatut, que cifra en 700 millones las inversiones en Cataluña.

CONTROL LEGISLATIVO
También fueron anulados del Estatut dos artículos que blindaban las competencias del Síndic de Greuges (el defensor del pueblo catalán) y del Consejo de Garantias Estatutarias. El primero pretendía tener carácter «exclusivo» sobre el control de la Generalitat, mientras que el segundo quería emitir informes de «carácter vinculante» sobre las leyes que impulsara el Parlament. En la actualidad, su función es meramente consultiva. Por ejemplo, rechazó la reciente ley para investir a Puigdemont a distancia.

El experto en Cervantes acosado por la CUP: “Impedir que alguien exprese sus ideas es fascismo”
El profesor Jean Canavaggio, uno de los mayores expertos mundiales en la figura de Cervantes.
M.A. Ruiz Coll okdiario 11 Junio 2018

Los violentos de la CUP, encabezados por el terrorista de Terra Lliure Frederic Bentanachs, obligaron a cancelar el jueves la conferencia que iba a ofrecer en la Universidad de Barcelona (UA) el hispanista francés Jean Canavaggio (París, 1936), uno de los mayores expertos mundiales en la figura de Miguel de Cervantes.

Galardonado con la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, Canavaggio obtuvo en 1986 el Premio Goncourt por su biografía sobre el autor del Quijote y ha dirigido la edición de las Obras Completas de Cervantes publicada por la editorial Gallimard.

–¿Qué le parece que en pleno siglo XXI no se pueda rendir homenaje a Cervantes en una universidad española, porque hay gente dispuesta a impedirlo a golpes?
–Me dijeron que esta violencia procedía de un determinado sector, los CDR, no quiero creer que sea característica de los independentistas catalanes en general. Eran 40 o 50 que aprovecharon el acto para darse a conocer, no porque se hablara de Cervantes; Góngora o cualquier otro autor hubiera provocado la misma reacción.

Yo aproveché para decirle a los asistentes: para Cervantes, Barcelona es el “archivo de cortesía”, vosotros sois barceloneses por la cortesía que me manifestáis, no la gente que está fuera. Sociedad Civil Catalana (SCC) espera volver a organizar el acto, aunque supongo que habrá que esperar varios meses para encontrar un ambiente más favorable.

–¿Cómo vivió los momentos de tensión en la Universidad de Barcelona?
–Cuando llegué a la Universidad, la secretaria de Sociedad Civil Catalana (SCC) me dijo: Parece que hay gente que quiere manifestarse, pero esperamos que no pase nada. Había unos cartelitos puestos al lado de la convocatoria que decían: “Fascismo, no pasarán”.

Eramos unas 250 personas y se oían gritos fuera. Comenzamos el acto con la lectura de un texto de Cervantes y entonces crecieron los gritos, escuchamos pitos y bocinas que se acercaban, y empezaron a dar golpes muy fuertes en la puerta grande del salón.

Mientras tanto, un responsable de SCC fue al Rectorado a pedir que cesara esta algazara. Volvió y nos informó de que el rector se negaba a que interviniera la Policía (los Mossos d’Esquadra), que estaba fuera y no había entrado en la Universidad.

Como las puertas no estaban cerradas con llave, el peligro era que esa gente entrara en la sala. Fuera ya se habían producido enfrentamientos. El acto se suspendió entre protestas de los asistentes, que se pusieron a aplaudir y a gritar “¡Libertad!”. Cuando salimos, con protección de vigilantes, aún había manifestantes con carteles que decían “No pasarán”.

Yo no quiero condenar a nadie, pero comprendo que al rector no le fue posible pedir que interviniera la Policía, porque dentro del recinto de la Universidad hubiera sido bastante grave.

Lo que me molesta mucho es la falta de convivencia. No sé quién apoya a SCC, si el PP o Ciudadanos, pero me da la impresión de que no es ninguna agrupación fascista. Ese calificativo me parece totalmente inadecuado e improcedente. En todo caso, sólo puedo decir que prohibir a unas personas que se expresen sí es una actitud fascista.

–Determinados historiadores independentistas catalanes sostienen que Cervantes era catalán y se llamaba Miquel Servent. ¿Esa teoría tiene alguna base?
–Jaja, ¿catalán? Hay discrepancias sobre la partida de bautismo, pero las últimas investigaciones de gente competente confirman que la de Alcalá de Henares es la auténtica. En todo caso, existe controversia sobre si era converso o no. La trayectoria de sus antepasados nos lleva más bien hacia Andalucía por parte de la madre. Pero catalán, no.

Hay una anécdota que no pude contar en la conferencia: cuando Francisco Rico publicó la primera edición de su Quijote, hizo un acto en Barcelona y el presidente Jordi Pujol le dijo que le parecía bien, pero que no le interesaba mucho porque Cervantes no era catalán.

Julio Llamazares escribió un libro titulado El viaje de Don Quijote, que repite a otra escala el viaje de Azorín. Cuando llega a Cataluña pregunta por el Quijote y un señor, que es el dueño del restaurante, le dice: “Aquí el Quijote no nos interesa, somos más del Tirant”.

En el Quijote, hay un elogio muy fuerte del cura al Tirant lo Blanc, pero al mismo tiempo muestra cierta reserva por la combinación entre verdad histórica y verdad poética, que Joanot Martorell no practica del mismo modo que Cervantes.

–Cervantes sitúa en Barcelona un episodio crucial del Quijote, el último combate antes de abandonar sus aventuras y regresar a casa. ¿Cómo veía a los catalanes de la época?
–Hay un problema histórico, que es saber cuándo estuvo Cervantes en Barcelona, posiblemente en el momento en que se fue a Italia. Cervantes dice que había cuatro galeras catalanas vigilando la costa contra los piratas; el hecho de que no mencionara tres sino cuatro nos ayuda a fechar el episodio después de 1608.

A partir de esta observación, creemos que Cervantes fue a Barcelona para unirse al séquito del conde de Lemos, que se iba a Nápoles. Pero no consiguió acompañarle porque los hermanos Argensola, que eran los adictos del conde, se lo negaron. Lo mismo pasó con Góngora.

Luego tenemos la visión de Barcelona que se desprende de una de las Novelas Ejemplares, y sobre todo del Quijote. Antes de ir a Barcelona tenemos el encuentro de Don Quijote con Roque Ginart, en el que hay una contextualización muy fuerte. Detrás de este encuentro se nota el apoyo de cierto sector de la nobleza catalana al bandolerismo.

En Barcelona, Don Quijote comienza una especie de apogeo, pero al mismo tiempo hay gente que se burla de él. Y allí en la playa ocurre el combate contra el bachiller Sansón Carrasco, el Caballero de la Blanca Luna, donde conoce la derrota que le obliga a deponer las armas y es el principio de su regreso final a la aldea. No recobra la razón, pero es un primer paso hacia un cambio fundamental en su vida y en su forma de ver las cosas.

–Se ha dicho muchas veces que el personaje de Don Quijote es un buen reflejo del carácter del pueblo español. ¿Sigue siendo así?
–Lo interesante de la obra es la combinación entre Don Quijote y Sancho, que se complementan. En el siglo XVII Don Quijote es un personaje de risa, un inadaptado, porque no está en el mundo real sino que tiene una obsesión anacrónica. Y luego los románticos nos dicen que es un idealista, un paladín que se enfrenta a la gente que no tiene su capacidad de idealismo. Esas diferentes lecturas son una muestra de la riqueza del libro y su capacidad de responder a las expectativas de distintos públicos y lectores. Si no, sería un libro castizo que no habría tenido una acogida tan grande en todo el mundo.

–¿Un pueblo entero puede quedar hechizado o ensimismado, viviendo en una realidad paralela como Don Quijote, al verse manipulado durante años por políticos nacionalistas?
-No estoy seguro, no creo que la sociedad catalana en su conjunto se mueva en esta actitud. Hay sectores determinados que llevan la voz cantante, pero hay un amplio sector de gente que no se atreve o que no quiere elegir entre uno u otro bando, que está esperando a que las condiciones de una convivencia deseable se impongan. Es lo que deseo personalmente para Cataluña y España.

–Los capítulos en los que Sancho se convierte en gobernador de la ínsula Barataria constituyen una suerte de manual del buen gobierno, dictado desde el sentido común. De los consejos que expone Cervantes, ¿cuál es el más necesario para los españoles en este momento?
–Hay algo que se desprende de los consejos de Quijote a Sancho: una forma de gobernar sensata y con miras al interés de los gobernados. Otra cosa es la manera en que se porta Sancho cuando está en Barataria. Pero hay una indicación de la moderación que debería imponerse ahora. Mi deseo es que los distintos sectores de la sociedad catalana sean capaces de mantener la convivencia. No se puede cristalizar un enfrentamiento permanente.

Cervantes, la traición del soberanismo
Los radicales del independentismo boicotearon un homenaje en la Universidad de Barcelona a Cervantes que le ofrecía Sociedad Civil Catalana. El autor siempre dibujó la ciudad destacando su belleza y su cultura y nos regaló frases que emocionan 500 años después. Hasta este extremo llega la sinrazón.
En «Las novelas ejemplares», Cervantes define a Barcelona como «flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España»
Alfredo Alvar. larazon 11 Junio 2018

Muchas son las alusiones de Cervantes a Barcelona en toda su obra, y no solo en «El Quijote». Muchas y halagadoras. Es más: incluso nodales, estructurales, de sus escritos. Por ello, la tradición cervantística catalana es de las más ricas que ha habido, en lo material y en la interpretación intelectual, en lo tangible, y en lo intangible. Maestros, coleccionistas, creadores y recreadores, sabios y rigurosos lectores de la obra de aquel que nació en Alcalá de Henares...

Es natural. Porque Cervantes nos ha regalado a los que hemos perdido el juicio por los libros antiguos y sus contenidos unas frases que, en verdad, emocionan todavía, y más aún si vemos que reflejan un mundo que ha durado 500 años y que se nos escapa, se nos escurre entre los dedos, se desagua: «Diole gana a don Quijote de pasear la ciudad a la llana y a pie [...] y, así, él y Sancho [...] salieron a pasearse. Sucedió, pues, que yendo por una calle alzó los ojos don Quijote y vio escrito sobre una puerta, con letras muy grandes: ''Aquí se imprimen libros'', de lo que se contentó mucho, porque hasta entonces no había visto imprenta alguna y deseaba saber cómo fuese. Entró dentro...», etc. ¡Qué pasaje tan bello dedicado a Barcelona y su primor artesanal cultural!

El concepto que tiene Cervantes de la Ciudad Condal es exquisito. Por ella siente un respeto y una admiración apolínea, porque es en Barcelona donde se celebran las justas poéticas más interesantes del momento, o casi las más interesantes. Y una justa poética era tanto como reunir o invitar a participar en un concurso de creación literaria a gentes de la más variada condición y estilos, pero siempre buscando, la originalidad, ser laureados, admirados y reconocidos. ¿Puede alguien que haya sentido algo por Barcelona, por la Barcelona literaria de finales del Renacimiento, no tener en consideración la escena de la «Adjunta» al Viaje del Parnaso: «Cómo fui, fue por mar, y en una fragata que yo y otros diez poetas fletamos en Barcelona; cuándo fui, fue seis días después de la batalla que se dio entre los buenos y los malos poetas; a qué fui, fue a hallarme en ella, por obligarme a ello la profesión mía? Los poetas de profesión tenían la obligación de estar en Barcelona» («El Quijote» II-LIX).

Cervantes comparte con nosotros sus recuerdos de vida marinera. Son esas instantáneas las que reproducirá por escrito con su sensibilidad. ¡Qué bella es la descripción (en la Novela ejemplar de «Las dos doncellas»), en el ocaso del día, de la ciudad con su claridad apagándose: «Con todo esto, no se descuidaron de darse priesa, de modo que llegaron a Barcelona poco antes que el sol se pusiese». Efectivamente, llegaban a Barcelona al atardecer y entonces, «admiróles el hermoso sitio de la ciudad y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradores, amparo de los extranjeros, escuela de la caballería, ejemplo de lealtad y satisfacción de todo aquello que de una grande, famosa, rica y bien fundada ciudad puede pedir un discreto y curioso deseo». ¿Se puede regalar de manera más concisa y atinada la belleza de una metrópoli?

Puerto de peregrinos
En varios pasajes recrea la gran cualidad de Barcelona, la de ser puerto de salida hacia el Mediterráneo; puerto militar (¡qué gran embarque aristocrático europeo en 1535 hacia Túnez!) y puerto..., ¡de peregrinos!. En efecto, sobre la primera condición, una alusión, llena de datos en «El Quijote», II-LX: «Señor, nosotros somos dos capitanes de infantería española; tenemos compañías en Nápoles y vamos a embarcarnos en cuatro galeras, que dicen están en Barcelona con orden de pasar a Sicilia; llevamos hasta 200 o 300 escudos, con que, a nuestro parecer, vamos ricos y contentos, pues la estrecheza ordinaria de los soldados no permite mayores tesoros». Sobre la segunda condición, la de puerto de peregrinos, lo que escribió en «Persiles y Sigismunda» (III-XII): «Determinaron alargar sus jornadas, aunque fuese a costa de su cansancio, por llegar a Barcelona, adonde tenían noticia habían de tocar unas galeras, en quien pensaban embarcarse, sin tocar en Francia, hasta Génova».

Cervantes eleva a los altares a Barcelona. En sus playas empieza el fin de «El Quijote». El fin de la obra literaria y el fin del Quijote, como personaje. Efectivamente: era imprescindible que se pusiera punto y final a la obra, no fuera a haber alguna otra continuación como la aciaga de Avellaneda..., y para ello había que acabar con el personaje. Magistralmente termina con su criatura Cervantes, no dándole muerte, sino haciéndole recobrar el juicio. Con ello, se acaba el loco pues se vuelve cuerdo y..., ¡tiempo vendrá después en que muera –ya sí– el hombre normal, con su testamento, sus zozobras y las lágrimas de sus prójimos! Todo ello imaginado alrededor de 1615.

Una justa patética
Y, en fin, este es el momento lacrimero: se desarrolla en «El Quijote» II-LXIV y siguientes. Se encuentran en la playa de Barcelona don Quijote y un desconocido, pero arrogante, Caballero de la Blanca Luna, que se mofa de Dulcinea. Ni más, ni menos. Don Quijote le reta. Don Quijote sale escaldado del torneo, de la justa, que esta vez, no es poética..., sino patética. Al ser vencido, ha de retirarse a sus estados por un año y deben cesar sus hazañas, pues ha sido derrotado en buena lid. Apesadumbrado y melancólico, «al salir de Barcelona, volvió don Quijote a mirar el sitio donde había caído, y dijo: –¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se obscurecieron mis hazañas; aquí, finalmente, cayó mi ventura para jamás levantarse!». En esa ciudad, en su playa, arranca la declinación de la más fascinante novela que se ha escrito, según el decir de los que la han entendido (entre los que no está Mikita Brottman, excelente autora, que para eso es psicoanalista, filóloga y de Oxford, aunque forense en Baltimore, según creo).

El caso es que tan solo en menos de media docena de alusiones de Cervantes a Barcelona se destila por la tinta de su pluma su innovación, su inmensa y multisecular creatividad, su sensibilidad extrema y su inconmensurable respeto y admiración hacia lo catalán en general (que no sea bandidaje o pillaje) y lo barcelonés en particular. No se pueden terminar estas cortas líneas sin recordar su otro elogio –en detrimento de Zaragoza, cuna del falsario Quijote– a Barcelona y a los barceloneses, tantas veces esgrimido, tantas olvidado, que sirve para imbricarles dentro de la fascinante, enorme y genial variedad de lo español: «Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y, en sitio y en belleza, única» («El Quijote», II-LXXII). Pues eso.

Golpes y empujones para frenar un homenaje a Miguel de Cervantes
Confiaban en Societat Civil Catalana que las amenazas de los CDR de boicotear el acto en el que los primeros pretendían homenajear a Miguel de Cervantes el pasado jueves no se cumplieran. «Como ya ha ocurrido en otras ocasiones», reconocían en las horas previas a las charlas programadas en la Universidad Autónoma de Barcelona. Pero esta vez fue diferente. Los colectivos de la izquierda independentista sí se salieron con la suya y, al grito de «fuera fascistas de la universidad» –en referencia a la asociación y como se muestra en la imagen–, lograron parar las conferencias entre empujones y forcejeos.

¡Libertad! (tras los sucesos de Vic)
Todos nosotros recordaremos el sábado 9 de junio en Vic. Pero lo haremos para defender con más fuerza aún que no van a conseguir callar a todos esos ciudadanos que han despertado para decir basta.
Fernando de Páramo elespanol 11 Junio 2018

¿Alguna vez le han insultado con odio por pensar diferente? ¿Alguna vez ha tenido que caminar por la calle escoltado mientras le llaman "terrorista" o "asquerosa hija de puta"? ¿Alguna vez le han dicho que su barrio y sus calles ya no son suyas? ¿Alguna vez ha mirado a los ojos a alguien mientras le grita "fuera de aquí, basura española"? ¿Alguna vez ha sentido la necesidad de gritar "Libertad"? Ojalá la respuesta a estas preguntas fuese siempre no, pero negarlas ahora sería hacerle un flaco favor a la tozuda realidad.

¿Cómo empezó todo? Los compañeros de Ciutadans propusieron hacer un acto en Vic y el Ayuntamiento les dijo que de eso nada. Sin embargo, unos días antes se celebró un acto organizado por asociaciones separatistas. En ese caso, ninguna pega. ¿Y el primer partido de Cataluña que ha ganado las elecciones y representa a 1.100.000 catalanes? No, ustedes no.

Fuimos a Vic igualmente, sin acto y sin montaje, pero con Inés Arrimadas, con los diputados de Ciudadanos en el Parlament de Cataluña y con los valientes compañeros de la zona. Llegamos a la plaza, atendimos a los medios de comunicación y entonces empezó todo. Sírvanse ustedes mismos. Sin comentarios.

"En Cataluña no hay fractura social", repetían estos días en sede parlamentaria los compañeros de Puigdemont y Torra. Así funciona el nacionalismo: una negación de la realidad incomoda. Solo aquellos que piensan que hay una parte de catalanes que no existimos pueden afirmar que tampoco existe la fractura. Porque su negación de nuestra catalanidad es la negación de la división. Si una de las partes no existe, nada puede dividirse.

Me llamaron amigos, familiares, compañeros y periodistas después de lo vivido en Vic. "¿Que sentisteis?": Tristeza, indignación, rabia, orgullo, una mezcla de sensaciones corría por nuestras cabezas mientras escuchábamos el griterío de gente mayor, jóvenes o padres y madres con sus hijos. ¿Y lo de gritar "Libertad"? No lo sé, Inés empezó y supongo que nos salió de dentro.

Nunca pensé que habiendo nacido en democracia alguna vez tendría que gritarlo en mi propia tierra. Pero hay algunos que creen que Cataluña es suya, que no es de todos, que les pertenece solo a ellos. Que las calles, las plazas, los parlamentos, las escuelas o las instituciones son solo de una parte y que la otra tiene que vivir resignada y acomplejada por el simple de hecho 'revolucionario' de querer seguir siendo catalanes, españoles y europeos. Que la ciudadanía y la dignidad se reparte en función del lazo que lleves en la solapa o la bandera que cuelgue de tu balcón.

Tiempos de supremacismo, confrontación y división nos esperan. Invitaría a los recién llegados a Moncloa, a los que consideran que dejarle vía libre a Torra para que siga con su plan es un "gesto de normalización con Cataluña", a reflexionar. Aunque, por otro lado, es comprensible, al fin y al cabo están donde están gracias al apoyo de los que precisamente niegan que exista división.

Ahora más que nunca es necesario un nuevo proyecto ganador, limpio y sin complejos. Que no salga a pactar con los que quieren separamos, sino que salga a ganarles en las urnas. Que ya está bien de concesiones, pactos y favores con los que no pararán hasta debilitar nuestra democracia, con los que no pararán hasta separarnos.

Todos nosotros recordaremos el sábado 9 de junio en Vic. Pero lo haremos para defender con más fuerza aún que no van a conseguir callar a todos esos ciudadanos que han despertado para decir basta. Por todos ellos: ¡Libertad!

***Fernando Páramo es diputado y secretario de comunicación de Ciudadanos.


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