AGLI Recortes de Prensa  Domingo 17 Junio 2018

Desentierran a Franco para no dejarnos votar
Federico Jiménez Losantos  Libertad Digital 17 Junio 2018

La última vez que el PSOE llegó al Poder por la puerta falsa -tres días después de manipular la masacre del 11M de 2004- nos costó poco entender lo que estaba pasando. No lo que ya había pasado, la masacre y su manoseo mediático, que lo entendimos de inmediato, sino el proceso político de fondo que se abría al llegar Zapatero al Poder. Sin embargo, pocas semanas después de los hechos, media nación tenía claro, gracias a unos medios no muy numerosos pero fuertes y a unos políticos, los del PP, ideológicamente sólidos, que de la mano del PSOE, de quién si no, retornaba el espíritu de la Guerra Civil.

La olvidada resistencia al zapaterismo
Dos son en mi memoria los hitos que llevaron a la extraordinaria movilización cívica contra el proyecto del PSOE, la ETA y el separatismo, con un PP noqueado pero aún no vendido al PSOE como en 2008. El primero fue el de los "agujeros negros" del 11M que Fernando Múgica denunció en El Mundo, que deslegitimaba la forma de llegar al Poder ZP. El segundo, que denunciaba el despeñadero al que quería llevar a España, fue el implacable análisis de Mayor Oreja en una entrevista conmigo en la Cope: la izquierda y el nacionalismo volvían a la estrategia de Ruptura contra el franquismo, que era la media España nacional, deslegitimando la Transición a la democracia y el propio régimen constitucional de 1978, que parte de la Amnistía que se conceden los antiguos bandos de la guerra civil y culmina en el referéndum nacional que aprobó de forma masiva la primera Constitución realmente consensuada de nuestra Historia.

Lo que buscaban el PSOE, los nacionalistas y el aparato mediático encabezado por PRISA relegitimando la II República y la Guerra Civil era echar del sistema a la derecha democrática, el PP, con el "cordón sanitario" de los demás partidos, y recuperar a la ETA y toda la izquierda antisistema. Se había ensayado de 2002 a 2004 con las movilizaciones del Prestige y la Guerra de Irak. Se puso en práctica desde el mismo discurso de investidura de Zapatero, en tres aspectos: 1/ el guerracivilismo, plasmado luego en la Ley de Memoria Histórica; 2/ liquidar la política exterior española desde la Transición, alineada con la OTAN y la UE, que sustituyó por la islamófila Alianza de Civilizaciones, detrás de la cual no estaba sólo Turquía sino el triángulo Teherán-La Habana-Caracas, su cubil actual; y 3/ pactar con la ETA deslegitimando a sus víctimas y corrompiendo a la AVT de Alcaraz. Reconozcamos que, salvo en la política exterior, que evolucionó de traidora a insignificante, el proyecto político de Zapatero está muy cerca de triunfar.

La ilegitimidad de Sánchez y la vuelta a 1936
En la legislatura esencial de Zapatero, de 2004 a 2008, había medios de oposición, aunque acosados por la jauría izquierdista (si Máxim Huerta quiere saber lo que significa "jauría", que lea mi libro El Linchamiento). Pero en 2008, tras perder las elecciones, Rajoy decidió pasarse al régimen nacido del 11M y protagonizar el guión que Polanco y Cebrián escribieron para Gallardón. Lo aceptaron, siempre que atacara a los que más habíamos defendido a él y a su partido frente al guerracivilismo de ZP y su apaño con la ETA. Lo hizo, con esa vileza mohosa que lo ha caracterizado hasta el final. El precio de su supervivencia personal fue la liquidación ideológica del PP.

Cuando la crisis económica hundió al PSOE, pudo recuperar su viejo programa, pero prefirió mantener su pacto con la izquierda y traicionar sus promesas electorales. Los cuatro años de la mayoría absoluta supusieron la continuidad del zapaterismo en lo sustancial: Memoria Histórica, Violencia de Género, golpismo catalán, pacto con la ETA y control absoluto de los medios por la izquierda radical. Los otros dos, los vivió como un rentista de la política, sin más partido que el del Poder ni otra ideología que la de ir tirando. Siempre colgando de Podemos, el monstruo creado por La Sexta para asustar al votante del PP y "hacer el sándwich" a PSOE y Ciudadanos.

Pero hete aquí que tras llegar al Poder por un pacto secreto con el PNV y los catanazis, al que no ha sido ajeno el propio Rajoy, que en vez de dimitir prefirió dejar el Poder a un Gobierno sustentado sólo en 84 escaños y en el apoyo de los comunistas, separatistas vascos y golpistas catalanes. Pues bien, ese Gobierno cuya única función es la impedir que los españoles podamos votar, por si nos da por votar a Ciudadanos, ha decidido llevar a cabo el ensueño guerracivilista y antinacional de Zapatero, Pablenin y el propio Sánchez: sacar de su fosa los restos mortales de Franco, supongo que para metérselos en la cama, como hicieron en tiempos de Carlos II con la momia de san Isidro, a ver si conseguía procrear, uy, mantener la dinastía.

Chantaje al centroderecha maricomplejines
El propósito de Sánchez y el hacendado de Villa Tinaja es idéntico: mantener en el Poder una dinastía de gobiernos de Izquierda presentando a la Oposición este dilema: o apoyáis la operación de sacar de la fosa a los muertos del bando nacional, encabezados por su jefe histórico, militar y político, o estáis contra la democracia, y mi jauría mediática os aniquilará. Y como el PP no fue capaz de anular la Ley de Memoria Histórica que nunca debió firmar Campechano y como Rivera es tan maricomplejines, es decir, tan domado en la escuela catalana y tan cobarde ideológicamente que votó con Podemos y el PSOE desenterrar a Franco, me temo que tragarán. Es decir, que aceptarán que la legitimidad democrática en España la dictan los que defienden las chekas, los paredones, la quema de iglesias, la tortura y asesinato de católicos por decenas de miles, el latrocinio del Patrimonio nacional y el de los particulares, el golpismo permanente del partido que nos llevó a la Guerra Civil: el PSOE, golpista en el 34 contra la República y asesino de la Oposición: no sólo fueron a matar a Calvo Sotelo también a Gil Robles y Goicoechea, los otros líderes de la Derecha en las Cortes, para asegurarse del estallido de la Guerra Civil que creían seguro ganar.

He dedicado todo un libro, Memoria del Comunismo, a recordar todo lo que, desenterrando a Franco, quiere la Izquierda social-comunista enterrar: su propia historia criminal, de ladrones, golpistas y genocidas. Los hubo honrados, como en el otro bando los hubo malvados, y entre los que provocaron la contienda no pocos se arrepintieron, como Azaña o, entre los que llegaron vivos aunque ancianos a la democracia, Tarradellas. Por eso se hizo la Transición como un acuerdo de mutua amnistía, nunca desmemoria. Pero lo que ahora quieren imponernos es una visión guerracivilista de la Guerra Civil, para no olvidar nunca quiénes la perdieron ni perdonar a los que la ganaron. En tantos miles de casos, unos y otros de la misma familia.

Sánchez le da la razón a Franco
Por la vileza del Gobierno y la cobardía de la Oposición, vamos a asistir al triunfo de la manipulación más paradójica de nuestra historia: desenterrar al dictador que ganó la guerra a los partidarios de una dictadura comunista -era lo que se libraba en España, como en Rusia en 1918- y tras ganar una guerra que tenía perdida proscribió las elecciones, con el fin de que los españoles no podamos votar libremente a nuestro Gobierno. Es un acto criminal, antinacional y antidemocrático. También una prueba para ver si hay políticos y ciudadanos dispuestos a defender la nación, toda ella, los azules y los rojos, sin sacar a Franco del Valle de los Caídos ni al fundador del PSOE del cementerio civil, ni a los mártires de Paracuellos de las fosas a que los condenaron socialistas, comunistas y la izquierda casi en general.

Ideológicamente, supone también el triunfo póstumo de Franco, que no creía que los españoles estábamos hechos para vivir en democracia. Si unos no la respetan y otros no la defienden, Sánchez le ha dado la razón.

Gas y postureo
Van dos semanas y Sánchez no pasa del gesto
Luis Ventoso ABC 17 Junio 2018

Tierno Galván, que tras su fachada docta ocultaba un colmillo de curare, solía decir que «las promesas electorales están para incumplirlas». Sánchez, el presidente provisional, que se niega a que los ciudadanos puedan pronunciarse sobre si debe mandar o no sobre ellos, se pasó los últimos tres años repitiendo este mantra: «Lo primero que hará un Gobierno socialista es derogar la reforma laboral de Rajoy». Lo aventaba a voz en cuello en cada mitin. Hoy ya sabemos que lo primero que no hará es derogar la reforma laboral de Rajoy. En cambio sí intentará gobernar con los presupuestos que heredó de él, que tachaba de «antisociales».

Gas y postureo. Tal es el resumen del arranque del nuevo Gobierno, porque no hay más cera que la que arde, pues la UE acogota el margen de maniobra para verbenas contables, y porque no se puede gobernar con 84 diputados y sin presupuesto, la herramienta esencial de un Ejecutivo. ¿Y cómo se enmascara ese gas? Pues con palabrería y gestos cosméticos. Incapaz de aportar soluciones para los problemas medulares de la nación, el eventual presidente disimula su inanidad con raptos de buenísimo poco meditados, como traer al Aquarius apresuradamente a Valencia (hermoso gesto y también perfecto imán para disparar la llegada de pateras), o retirar las concertinas de Ceuta y Melilla (se supone que Marlaska ya habrá previsto qué hacer con las riadas de inmigrantes que anegarán las dos pequeñas plazas).

Todo es lírica buenista, que en nada mejora nuestras vidas, pero que puede cuajar, porque merced a la abulia de Rajoy y la torpeza de Santamaría, la izquierda ostenta el cuasi monopolio televisivo, crucial a la hora de orientar a la opinión pública. En España no existe una sola televisión conservadora robusta, una anomalía única en Europa, pero sí varias del sesgo contrario, que copan la audiencia. «Vamos a devolver a España a Europa», celebra la portavoz del nuevo Gobierno. En puridad es una bobería, pues España ya estaba perfectamente encardinada en la UE, acorde a lo que le toca por peso demográfico, y además Rajoy había establecido una relación privilegiada con Merkel. Pero la frase cala, porque no existe pensamiento crítico y sí mucha emotividad partidista. «Vamos a recuperar la sanidad universal», anunciaron el viernes, como si hubiese sido desmantelada. En realidad se referían a que se otorgará atención médica a todos los sin papeles, ocultando el dato de que el Gobierno anterior jamás la retiró para casos de urgencia y para las madres con problemas. La ciudadanía es tratada como si fuese una grey infantil, a la que se le hurta el debate crucial sobre si el sistema sanitario es sostenible sin medidas de ahorro.

«Rajoy se oculta tras el plasma», salmodiaban a diario Sánchez y su corte. Han pasado quince días y el presidente, que ha tenido que cesar a un ministro y tiene ya a otro imputado, sigue sin aceptar una sola pregunta de la prensa. Gas, palabrería e inhibición pusilánime ante quienes lo han hecho presidente, los separatistas catalanes, que ya reabren sus embajadas mientras el presidente mudo hace el avestruz en su soñada Moncloa.

Sánchez, por el camino de Zapatero
FRANCISCO ROSELL El Mundo 17 Junio 2018

Arrancando de una de las escenas de la celebrada película Sucedió una noche -aquella en la que Clark Gable se quita la camisa y, al no usar camiseta, se queda ante la cámara con el torso al aire-, el genio gallego de Julio Camba pergeña un perspicaz artículo titulado Perder hasta la camisa. En el mismo, divaga sagazmente sobre el inusitado efecto que puede desencadenar un acto aparentemente inane como el del protagonista de la oscarizada comedia del maestro Capra. Así, a raíz de su estreno en 1934, la venta de camisetas interiores cayó en picado en EEUU y arrastró a la quiebra a muchos fabricantes de una prenda cuasi inexcusable entonces. Es más, el despido de trabajadores textiles mermó la afluencia de espectadores y los productores de la cinta no obtuvieron los beneficios previstos.

El efecto dominó de aquella escena, con su concatenación de efectos inesperados, movió a la perplejidad a Camba. "No comprendo -concluía- cómo unos industriales que habitualmente se aseguran contra todo lo divino y lo humano -contra el robo, contra el incendio, contra la guerra y hasta contra la paz, tan perjudicial para muchos negocios- no se aseguran también contra las vedettes cinematográficas que pueden, con sólo un gesto, llevarlos a la ruina".

Si el ademán de Gable operó un tsunami en los manufactureros de ropa interior, al modo de las alas de la mariposas que son capaces de provocar un huracán en otra parte del mundo, otro tanto el gesto de telediario de Pedro Sánchez de acudir al rescate del barco Aquarius, cargado de inmigrantes y refugiados en aguas próximas a Italia y Malta, ante la negativa de ambos países a permitir su desembarco. Ha sido un episodio tan aplaudido y bien apreciado por la opinión pública como lo fue por muchos de sus seguidores la escena del gran galán de la historia del celuloide, pero sus inesperadas consecuencias han aparecido igualmente al momento, para los lenceros masculinos, hasta transformar su audacia en una temeridad.

Del mismo modo que la negativa de Zapatero a levantarse al paso de la bandera de EEUU, a diferencia de Aznar presente también en el desfile militar, le ganó las portadas del día siguiente y los votos de la mayoría que se oponía a la guerra de Irak, pero le hipotecó su diplomacia durante todo su mandato, otro tanto puede sucederle a Sánchez con la política migratoria siguiendo su estela para ensanchar sus magros apoyos electorales. A ello contribuye que no haya otro campo donde los gestos jueguen un papel tan primordial, sobreponiéndose a valores, convicciones y principios, como el de la política. Mucho más para el político de nuestros días aspirante a galán de la actual civilización del espectáculo, donde espectadores con memoria de pez viven prendidos a la novedad permanente.

Ocurrió, en efecto, con los socialistas durante la Presidencia de Zapatero y está volviendo a serlo en estos inicios de andadura de Sánchez en temas que tienen que ver con la prodigalidad en el gasto público o en la memoria histórica -un vicio y una obsesión, respectivamente-, así como en el de la emigración, donde Sánchez puede repetir una década después los mismos errores en los que incurrió Zapatero a su llegada al Palacio de la Moncloa.

Como los gestos no se pueden aislar de sus consecuencias y pueden llevar a "perder hasta la camisa", como en el referido artículo de Camba, es lo que acaece con la bienintencionada decisión de Pedro Sánchez de ir al rescate del buque de emigrantes socorridos por el buque Aquarius. Al abrirle el puerto de Valencia y acoger a estos emigrantes y exiliados, Sánchez no ha hecho otra cosa que reforzar la política xenófoba y racista del populismo que gobierna Italia desde hace unas semanas, pues su imprudencia les ha reafirmado en sus prejuicios ante sus electores, en el sentido de que sí se puede contener la emigración clandestina, y lanza, de paso, un mensaje a las mafias del tráfico de personas sobre España como puerto franco para el comercio de personas.

Ello coadyuva a la implantación en España de partidos del corte ultra como los que gobiernan Italia o supeditan las políticas de países como Alemania o Austria. Sus tres ministros del Interior acaban de constituir un Eje contra la emigración que rememora los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial y que socavan los cimientos de una Unión Europea atenazada por el nacionalismo y por una errada política inmigratoria que está rompiendo el proyecto comunitario. En definitiva, este afloramiento de grupos xenófobos se adueña del gobierno de países, condicionan políticas o directamente la quiebran (Brexit).

Antes de que los náufragos recogidos por el barco de Médicos Sin Fronteras, luego distribuidos en tres embarcaciones de la Armada italiana, hayan recalado en el puerto de Valencia, ya se aprecian de manera ostensible. Yendo en busca del Aquarius, cuando ininterrumpidamente no dejan de llegar inmigrantes por el Estrecho de Gibraltar por medio de cualquier artilugio náutico, se echa por tierra toda la estrategia de contención de la emigración ilegal que viene por el Norte de África con la colaboración de países como Marruecos o Mauritania. Sus mandatarios pueden cuestionarse qué sentido tiene esa cooperación con un país que va a buscar emigrantes a otros países.

Ítem más, su fútil ministro del Interior, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, cual criatura ministerial que desconoce la realidad de las cosas, mirándolas con las anteojeras de sus prejuicios ideológicos, declara que va a cambiar las vallas de Ceuta y Melilla por verjas de solidaridad. En este sentido, Grande-Marlaska obra contra la política de los gobiernos anteriores, incluidos los socialistas, que adoptaron tales medidas después de escarmenar en cabeza propia.

Como era de esperar, Marruecos, cuyo esfuerzo con relación a la emigración ilegal hay que valorar, pese a los muchos peros que se le pueden y deben poner a esa contribución, al acostumbrar a usarla como válvula de presión a España, ya le mandó este viernes su primer aviso a Sánchez tolerando una oleada de pateras a la espera de ese viaje suyo a Rabat con el que todo presidente estrena su mandato.

No se le puede pedir a los gobiernos ajenos que hagan por los españoles aquello que su propio Gobierno ni hace ni está dispuesto a hacer. Marruecos, además, parece poco interesado en cerrar el aliviadero que supone para su difícil situación económica esta nueva forma de esclavitud. Mucho más cuando se suma a la presión demográfica interna aquella otra ejercida por la llegada de los parias del África subsahariana, cuya permanencia está creando problemas añadidos. Aun en medio de la miseria reinante, la situación de estos emigrantes mejora relativamente con relación a sus países de origen, aunque Marruecos no suba sus niveles de renta ni remita sus tasas de analfabetismo.

Todas estas circunstancias constituyen el germen de cultivo de los grupos islamistas, sobre los que domina la organización Justicia y Caridad, dotada de una amplia red asistencial que atiende a los sectores más desguarnecidos, y que puede suponer un elemento eventualmente desestabilizador en una zona clave. La ministra de Defensa, Margarita Robles, debiera propiciar un conciliábulo de jueces con su colega por partida doble de Interior y advertirle de los riesgos de destapar alegre y distraídamente la Caja de Pandora de la Emigración.

Claro que todo es susceptible de mejora -uso de concertinas en las vallas fronterizas incluido-, pero no trasladar un mensaje en el que pareciera que las alambradas fueran a ser sustituidas con carteles de bienvenida como los que algunos ayuntamientos podemitas cuelgan en las balconadas de las casas consistoriales, mientras se deja inermes -repartiendo flores- a los policías y guardias civiles de las ciudades autónomas norteafricanas. Si eso no constituye un efecto llamada, que Dios le mejore la vista (o más bien las entendederas) al Gobierno.

A lo que a este respecto hace, no parece saber lo que tienen entre manos. Además, hace gala de un profundo desconocimiento de la realidad española -cada semana entran pateras con mayor número de emigrantes que el Aquarius- y de su complicada situación geoestratégica. ¡Cómo para darle facilidades a los traficantes de seres humanos! De buenos sentimientos se alfombra el tráfico ilegal de seres humanos y se les llena la cartera a los clanes mafiosos. Hay, en definitiva, remedios falsos que resultan peores que la enfermedad que dicen sanar.

Con su política de probaturas y titubeos, el ex presidente Zapatero, a cuya rueda parece circular Sánchez, desató -conviene recordarlo- un efecto llamada capaz de atraer hasta cargueros de Sierra Leona con 500 inmigrantes apretujados en sus hediondas bodegas. Y hubo de destituir en 2008 al ejecutor de aquella política, el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera. Hasta su defenestración y condena al ostracismo, Caldera había sido su colaborador más estrecho y artífice de su consagración en el cónclave socialista en el que Bono entró como Papa y salió sin la tiara que ciñeron las sienes ajenas del imprevisto nuevo sumo pontífice.

Aquella desatinada política suya del "¡Papeles para todos!" incrementó la llegada de inmigrantes por la puerta del Estrecho de Gibraltar con los más variados artilugios flotantes. Con la puntualidad de un ferry, las pateras iban alcanzando la orilla, donde los hijos de la pobreza no se liberaban de su carga, sino que -en todo caso- franquearon otra puerta de ese interminable laberinto del que difícilmente resulta escapar, resignados a la fatalidad de haber nacido en lugar erróneo y en hora nada propicia.

Ante la inmigración, es difícil poner puertas al campo sin duda. Pero es absolutamente suicida avivar el fuego improvisando normas y modos de actuación. Lejos de desalentar a las mafias, dejan en sus manos el timón. Si periódicamente se legaliza lo que antes se declaró incompatible con la ley, se traslada a aquéllos que quebrantan las normas del Estado de derecho un mensaje sumamente alentador para sus expectativas de negocio en su execrable condición de mercaderes de personas. De manera tan estúpida como suicida, mientras el resto de Europa endurecía sus reglas, las mafias percibían a la España de Zapatero -y hoy atisban con Sánchez- como coladero inmejorable de inmigrantes que luego, si lo desean y pueden, se adentran al interior europeo tratando de mejorar sus condiciones de vida.

España ha cimentado su civilización gracias a las migraciones y debe seguir haciéndolo. Pero facilitando la integración y evitando el desarraigo de los recién llegados, si se quiere preservar la convivencia. Sus gobernantes han de impedir los movimientos migratorios anárquicos y que la instalación del emigrante dependa sólo de su decisión unilateral. Un Estado no puede tolerar que los inmigrantes permanezcan al margen de la ley a la espera de que surja la ocasión de que ceda el Gobierno y legalice su situación, a merced de mafias y aprovechados sin escrúpulo.

Ante un reto de imprevisibles consecuencias y que tan graves contratiempos generó en la Europa de entreguerras, sería un desatino que el PSOE tuviera la tentación y cometiera el error de tratar de consolidarse en el Gobierno zascandileando con una política inmigratoria que favoreciera la aparición de algún grupo xenófobo a la derecha del PP con la esperanza de resquebrajar al electorado rival y disminuir sus posibilidades.

Debiera recordar que Marine Le Pen, como antes su padre, se alimenta de los barrios populares que antaño fueron caladeros tradicionales de la izquierda y como, al final, el PSF tuvo que taparse la nariz para votar a Chirac en las presidenciales de 2002. El líder xenófobo se plantó como sorprendente finalista, por encima del candidato socialista. Luego ha vuelto a repetirse la jugada en las últimas presidenciales en derredor de Macron frente a Marine Le Pen. Un juego peligroso, pero tentador para algún aprendiz de brujo que ignora estar encendiendo su propia pira funeraria. Ya se sabe, parafraseando a Heráclito, que la realidad tiende a ocultarse a los ojos de los hombres, acostumbrados a ver a través del pie forzado de lo que a uno le falta.

Con la inmigración ilegal no se juega
Editorial ABC 17 Junio 2018

A medida que se acerca el desembarco de los inmigrantes rescatados por el buque Aquarius, el Gobierno va matizando su euforia buenista inicial y ya admite que sólo concederá la condición de refugiado a quien la merezca y que abrirá procedimientos de expulsión para los demás. Tras la buenas intenciones vienen los problemas y el Gobierno intenta plegar el mensaje de laxitud enviado a las mafias del tráfico de migrantes. En este deseable aterrizaje del Gobierno en el suelo de la realidad, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, no se ha resistido a aportar su contribución al debate. Anunció el ministro su voluntad de retirar las cuchillas (concertinas) instaladas en la valla que separa Ceuta y Melilla de Marruecos. Aquel dispositivo fue instalado por el Gobierno de Rodríguez Zapatero ante las continuas avalanchas de inmigrantes procedentes de la zona subsahariana. No hay duda de que se trata de un sistema extremadamente lesivo para los asaltantes, pero por eso mismo busca un efecto disuasorio y preventivo. Grande-Marlaska está legitimado para reorientar los procedimientos del control fronterizo, pero antes de lanzar estas ideas al calor de un impulso personal, debería tener a mano el contexto general del problema migratorio y, principalmente, el papel decisivo que juega Marruecos desde hace años en la colaboración con España.

Si se quitan las concertinas, debe haber una alternativa que mejore el blindaje de la frontera con Marruecos. A toda medida que se suprima debe seguir otra nueva que se aplique. Además, cualquier decisión sobre los métodos de control fronterizo debe contar con el conocimiento de las autoridades marroquíes y el respaldo técnico de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que están sobre el terreno. Marruecos se ha erigido en un aliado fiable en dos políticas esenciales para España: la antiterrorista y la migratoria, y sería un error desconectar una de otra porque el análisis de riesgos y amenazas para las democracias europeas no lo permite. Las fronteras de los países no son inventos gratuitos. Delimitan los espacios donde los Estados ejercen sus soberanías y donde los ciudadanos ejercen sus derechos y obligaciones. Las sociedades se articulan sobre la aceptación de unas reglas de convivencia, no siempre fáciles de acordar y de regular, que también deben ser respetadas escrupulosamente por los inmigrantes. No basta con acogerlos entre discursos bienintencionados e ignorar al mismo tiempo las dificultades de integración en los valores sociales y políticos del país que los acoge. El caso de las decenas de niños inmigrantes sin familia que deambulan por Melilla es un ejemplo de las consecuencias de sustituir la responsabilidad política por el sentimentalismo.

¿Aquarius? Esto solo acaba de empezar
Yolanda Couceiro Morín lagaceta.eu 15

La izquierda (el mundo bienpensante en realidad) tiene desde hace tiempo "sus" pobres en propiedad, como antaño las señoronas de la buena sociedad tenían los suyos para darle la sopa caliente los domingos a la salida de misa. Estos "nuevos pobres" de nuestros buenos progresistas (de izquierda tanto como de derecha o de centro: cada vez es más difícil hacer la diferencia entre la gente de Podemos, del Psoe y del PP o de Ciudadanos en estas cuestiones) son los inmigrantes en general y los musulmanes en particular. Las otras pobrezas, las otras precariedades, las de los nacionales, los autóctonos, no existen ni se muestran (no vaya a ser que se resienta el discurso oficial de esa visión). Un pobre nativo carece de glamur, suscita poco interés, además no puede ser un verdadero pobre ya que es blanco, europeo, etc... Su pobreza no puede ser más que sospechosa, ficticia, tal vez simulada, en todo caso exagerada, posiblemente merecida.

La verdadera pobreza no puede venir más que de fuera: el Otro es el pobre auténtico. Las otras pobrezas, las otras precaridades, las nuestras, no existen, peor aun: están discriminadas. De todas maneras, un pobre que no fuera más que nacional, europeo, no perteneciente a ninguna minoría, es necesariamente un pobre sin encanto, un pobre vulgar, un pobre cutre, un pobre que sin duda se merece ser pobre. La pobreza, supuesta o real, de esos buenos inmigrantes, refugiados, musulmanes sobre todo, es una pobreza que tiene el mérito de ser exótica, hasta "chic", una pobreza fotogénica, que tal vez le recuerda a algunos sus vacaciones veraniegas por tierras lejanas, en paisajes con palmeras, arenas calientes y mercadillos abigarrados... La pobreza de estos exóticos, que ahora llegan a nuestras playas y deambulan por nuestras calles, bien merece un selfie. Los buenos salvajes de esa especie de "occidentales por el mundo" pagados de sí mismos, ya los tenemos entre nosotros, sin necesidad de ir a buscarlos a domicilio durante el puente de Semana Santa.

Pero la peor pobreza es la de esos pijoprogres y demás buenistas autocomplacidos, de nuestros humanistas sin pecado concebido, pobreza mental, pobreza espiritual, que les permite verse a sí mismos como los humanistas del tercer milenio, como los héroes de un tiempo sin heroicidad ni valor, como los referentes morales de una sociedad ayuna de auténtico mérito. En realidad son unos traidores, unos renegados, los protectores y favorecedores de la invasión en marcha, los cómplices necesarios de la destrucción de su propios países. Todos los crímenes, todas las fechorías, todos los crímenes de esa inmigración siempre son perdonados, minimizados, escondidos y hasta justificados. La culpa es del racismo, la marginación, el rechazo, los prejuicios, la culpa es siempre del Occidente corrupto y corruptor... Cuando Mohamed, Rachid y compañía violan, en solitario o en manada, nunca son culpables de nada, hasta las feministas salen en su defensa: las leyes y costumbres del país que no entienden, el estrés de su condición de parias, su precariedad material, su inestabilidad emocional, las mujeres que nos vestimos de manera un tanto provocadora, sin respetar la cultura de los violadores, etc...

Hay que decir que los problemas y conflictos que traen estos inmigrantes, estos "refugiados" y demás visitantes indeseados, no afectan, por regla general a los privilegiados de esta clase de pijoprogres que son la mayoría de los amigos de la multicultura y la inmigración. Estos viven, por regla general, lejos de los barrios populares, de los campamentos, de las zonas afectadas en mayor o menor medida por este fenómeno. Ven el problema desde la barrera y pontifican desde la seguridad de sus vidas confortables y sus privilegios de clase. "¡Que aguanten los de abajo!". Y en efecto, son "los de abajo" los que están en primera fila y los que padecen en carne propia este problema. Los predicadores de la tolerancia la diversidad y la convivencia no tienen idea de lo que eso significa. O peor aun: si lo saben y no les importa.

Estos inmigrantes tienen una cultura y tradiciones antagónicas a las nuestras. Este antagonismo no es involuntario, no es un antagonismo de pordioseros incapaces de reflexionar. Por el contrario se trata de un antagonismo fomentado a consciencia por sus jefes políticos y religiosos. Es el discurso de los líderes comunitarios de esa inmigración, las consignas de los cabecillas de esa invasión, son las sermones habituales que se predican en la inmensa mayoría de las mezquitas.

La mayoría de los países de donde provienen estos inmigrantes están repletos de millones de hombres jóvenes ociosos que no pueden tomar mujer en esas sociedades. En sus países están controlados, encuadrados, vigilados y reprimidos por regímenes autoritarios, muchas veces totalitarios, siempre represivos y dispuestos a la violencia contra los revoltosos y los descontentos. Son hijos legítimos de ese clima de permanente violencia y opresión que es el día a día de esas sociedades. Sueltos en nuestra blanda y tolerante Europa, estos jóvenes fanatizados por su religión y llenos de frustración y resentimiento se vuelven literalmente locos ante las realidades de nuestras sociedades abiertas y tolerantes. Contrariamente a las jóvenes generaciones de occidentales, estos no tienen ninguna duda acerca de la superioridad y legitimidad de sus valores religiosos y sus aspiraciones políticas.

La única respuesta que ofrecemos a estos desafíos son nuestros lloriqueos, nuestra culpabilidad, nuestro masoquismo, nuestras vanas polémicas, para distraernos todavía un poco más de nuestro aburrimiento de occidentales cansados y estériles, esperando que la situación empeore dramáticamente para poder decir que ya es demasiado tarde para hacer nada...

Sic transit gloria mundi

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Pedro «El Breve»

Luis Herrero ABC 17 Junio 2018

En poco más de una semana hemos pasado del asombro a la decepción. El primer Gobierno nacido de una moción de censura, el primero que se atrevió a sentarse en el banco azul con menos de un veinticinco por ciento de apoyos en las gradas del hemiciclo, el pionero en reclutar a sus miembros en naves espaciales y programas televisivos del corazón, ha sido también el del ministro más breve, el del presidente más cobarde y el de las promesas más efímeras.

Máxim Huerta, que llevaba camino de convertirse en el bufón del consejo de ministros –no hay mal que por bien no venga– puso a prueba la coherencia presidencial en materia de sujeción a las exigencias éticas que él mismo se había fijado voluntariamente cuando hablar salía gratis. Acto seguido, la situación procesal del ministro de Agricultura desafió por segunda vez la palabra comprometida de cerrar los despachos ministeriales a políticos imputados.

Con Huerta, después de algunos forcejeos, funcionó la guadaña de la ejemplaridad. Pero con Luis Planas, no. La defenestración de dos ministros en menos de 24 horas era un plato demasiado indigesto. El abucheo de la oposición y la mala conciencia colocaron a Sánchez en una situación apurada. Y en lugar de dar la cara, se quitó de en medio. Protegido por un cordón de seguridad que le mantenía alejado de la canallesca decidió esconderse en las zahúrdas de La Moncloa mientras sus asesores cocinaban cuidadosamente las respuestas a una entrevista pactada con el diario gubernamental. Nada de riesgos.

Había sacado a pasear su sonrisa más fotogénica cuando llovieron los elogios inaugurales a su mandato y las encuestas le pusieron por los cuernos de la luna, pero ahora no estaba dispuesto a arrostrar los infortunios que comenzaban a sucederse en tropel.

En pocas horas, el nuevo Gobierno había levantado lleno de entusiasmo todas estas banderas: diálogo inminente con Torra, reforma urgente de la Constitución, acercamiento de políticos presos, derogación de la reforma laboral y concesión indiscriminada del estatuto de refugiado para los 629 inmigrantes del 'Aquarius'. Diez días después no queda ninguna colgada al mástil. Lo de Torra va para largo porque el independentismo no se ha dejado seducir por los requiebros de los nuevos gobernantes y se niegan a rebajar el listón de sus exigencias.

La reforma constitucional cacareada por la ministra Batet se ha dado de bruces con la pavorosa soledad parlamentaria del partido que la propone y el desprecio con que fue acogida en el Palau de la Generalitat. La derogación de la reforma laboral ha quedado orillada en cuanto Magdalena Valerio se ha dado cuenta de que el pragmatismo político le exige poner los pies en la tierra. El discurso solidario de puertas abiertas para los inmigrantes a la deriva ha sido sustituido, después de que Borrell pusiera el grito en el cielo y Susana Díaz le hiciera la ola, por el del estricto cumplimiento de la ley.

El mundo feliz que Sánchez prometía se ha venido abajo como un castillo de naipes. Y lo que es peor: una tercera parte del nuevo Gobierno ya está en serios apuros. Huerta, caput. Planas, en la picota. Valerio, desautorizada. Marlaska, enfrentado a Llarena. Y Batet, desesperada porque ninguna de las ofrendas de paz que le ha trasladado a Elsa Artadi, su par en el Gobierno de Cataluña, ha conseguido apear al independentismo de su programa de máximos. En siete días de negociación los separatistas han destituido al jefe de los Mossos que colaboró con el Estado opresor, han reabierto las embajadas que el 155 había dado por disueltas y ha puesto en marcha la ley pertinente para investir aPuigdemont por videoconferencia.

¿Cuándo saldrá el presidente del Gobierno de su escondite para explicarnos qué conejo le queda en la chistera? Su cobardía empieza a ser proverbial. Lo que hizo el jueves por la tarde, dejando solo al primer ministro irlandés en la sala de prensa de La Moncloa para no tener que vérselas con las preguntas incómodas de los periodistas españoles, es un gesto que no tiene precedentes. También en eso ha batido récords. En dos semanas ha pasado de prometer transparencia a instalarse en la opacidad. Pincho de tortilla y caña a que si sigue a este paso volverá ser, por segunda vez en su trayectoria política, Pedro el breve.

Torra vuelve a las andadas ante la debilidad del Estado

EDITORIAL El Mundo 17 Junio 2018

La piedra de toque del Gobierno de Pedro Sánchez, dure lo que dure, no será tanto la endeblez de su base parlamentaria, que también, sino su respuesta al desafío secesionista. Porque de lo que no cabe ninguna duda ya a estas alturas es que, a pesar del cambio de color en La Moncloa, el independentismo mantiene incólume su voluntad de desbordar los límites legales para acometer un proyecto cada vez más disgregador y excluyente. En la entrevista que hoy publica EL MUNDO, Margarita Robles sostiene que la posición del PSOE es la de una defensa "a ultranza" del Estado de derecho y la Constitución. La ministra de Defensa apela a la exigencia de limitar cualquier vía de diálogo con la Generalitat al marco constitucional. En todo caso, se muestra a favor del traslado a cárceles catalanas de los políticos presos "si el juez no tiene que tomar ninguna decisión sobre diligencias procedimentales".

El Gobierno está modulando sus mensajes para allanar el camino ante la reunión entre Sánchez y Quim Torra. Lo lacerante es que, tras aplicarse el artículo 155, el Govern muestra síntomas inequívocos de volver a las andadas. Torra y sus socios siguen parapetados en la misma posición intransigente y radical que hizo descarrilar a Puigdemont. El president ha restituido el servicio de propaganda del Diplocat, ha reabierto las embajadas en el exterior y ha rescatado TV3 con una inyección de 20 millones de euros. Además, exige "una relación bilateral", como si fuera un jefe de Estado y no el presidente de una región, desdeñando que Sánchez le incluya en el "paquete" de las CCAA en su ronda de entrevistas. Incluso ha avisado que piensa boicotear la visita del Rey la semana entrante con motivo de la inauguración de los Juegos del Mediterráneo en Tarragona.

No se entiende, en un contexto en el que el Gobierno catalán ha dejado claro que el reto soberanista sigue en marcha, que una de las primeras medidas de Sánchez haya sido el levantamiento del control financiero de la Administración catalana. Con sus concesiones, Sánchez ha roto la unidad del bloque constitucionalista tras recibir el apoyo de los secesionistas a la moción de censura y después de que la ministra de Política Territorial, Meritxell Batet, volviera a desempolvar la idea socialista, tan inconcreta como vaporosa, para modificar la Carta Magna en sentido federal. Es un grave error lanzarse a una reforma así sin consenso y con el único fin de saciar el interminable apetito de los nacionalistas. La prioridad de Sánchez, mientras el Govern no se aquiete al marco de relaciones ordinario de comunidad autónoma, debe consistir en hacer frente al embate secesionista. Cualquier acercamiento en vano puede salirle muy caro al Estado.

La causa y el efecto
Ignacio Camacho ABC 17 Junio 2018

Si antes de la moción de censura existía un general consenso en que el principal problema de España es el conflicto separatista, es objetivamente imposible que en quince días haya dejado de serlo. Sin embargo lo parece porque el debate político ha dado un vuelco y porque el nuevo Gabinete se ha propuesto aplicar en Cataluña una bajada de decibelios. El relevo en el poder ha provocado un terremoto interno en el PP y tiene a Cs sumido en un reenfoque estratégico, situación que el Gobierno ha aprovechado para acercarse al nacionalismo en busca de un punto de encuentro. El PSOE siempre ha postulado soluciones de apaciguamiento: reforma constitucional, vuelta al Estatuto de 2006 y otras variantes de un vago confederalismo de privilegios. Su apoyo al 155 fue inevitable porque Sánchez había detectado la indignación de los españoles tras el golpe del referéndum y no podía aislarse de ese general desasosiego. Pero siempre ha tenido otra agenda, más próxima a la del PSC, y ahora que puede imponerla no ha perdido un momento. Aunque no esté en condiciones de ofrecer nada serio, le conviene que descienda el ruido porque la apariencia de baja conflictividad despoja al centroderecha de su principal argumento. Si el presidente logra que Cataluña deje de ser el primer factor de decisión de voto podrá escalar posiciones en poco tiempo.

Por tanto el mayor error que puede cometer la actual oposición es entrar al trapo de maniobras de distracción y otros señuelos, enredarse en discutir la política de gestos -como el del Aquarius o la sanidad para inmigrantes- en la que los socialistas son expertos. Pero no por razones electorales, que también, sino porque el desafío soberanista es la clave del presente y del futuro de España y ningún partido con responsabilidad puede olvidar este concepto. Y no sólo se trata de la cuestión catalana: el cambio en la Presidencia ha coincidido en el País Vasco con una demanda de autodeterminación en términos hasta ahora inéditos. El PNV está calentando motores para su propio procés y teniendo en cuenta los apoyos que recibió la moción de Sánchez resulta imposible no apreciar una relación de causa y efecto.

Si PP y/o Ciudadanos permiten que el sanchismo escamotee el paradigma esencial de la política española, o lo camufle con piruetas y escarceos, la izquierda y los diversos nacionalismos tejerán sin trabas las bases de su proyecto: un pacto de ablandamiento de las estructuras del Estado para acomodar en ellas parte de la pretensión de soberanía de los insurrectos. El regreso más o menos preciso al plan de la «nación de naciones» de Zapatero. Por ahora se trata sólo de detalles y tanteos, pero indican la nueva dirección del viento. Si lo que queda del bloque constitucionalista se despista en su propio aturdimiento, aquella floreciente España de las banderas de octubre se agostará en una amarga condena de desconsuelo.

Sánchez ante el peso del gobierno
 La Razon 17 Junio 2018

Apenas seis meses atrás, el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se deshacía en críticas a su antecesor, Mariano Rajoy, por la perversión que, a su juicio, suponía que la Seguridad Social debiera acudir a créditos extraordinarios para hacer frente al pago de la pensiones. Pues bien, el primer Consejo de Ministros del nuevo Ejecutivo ha tenido que insistir en ese recurso «perverso» y solicitar un préstamo de 7.500 millones de euros para poder abonar la paga extraordinaria de verano que corresponde por ley a los jubilados.

Por supuesto, no pretendemos criticar la decisión, que responde, evidentemente, a los desequilibrios del sistema provocados por la extraordinaria entidad de la crisis económica que sufrió España y que empezaban a corregirse, sino poner de relieve el largo trecho que existe entre la posiciones meramente ideológicas y las exigencias de una gestión pública, que no admite fórmulas mágicas ni apelaciones al voluntarismo a la hora de afrontar sus responsabilidades.

En este sentido, y si algo nos ha demostrado la primera semana en el cargo del presidente Sánchez es que el peso del gobierno no se sostiene ni sobre eslóganes ni sobre la mera buena voluntad de quien lo ejerce, de la que no podemos dudar lo más mínimo. Los hechos son tozudos y el tiempo, ese gran maestro insobornable, acaba por fijarlos. Así, y con independencia de que los recursos a la gestualidad forman parte del arsenal político de cualquier gobernante, no importa del signo que sea, el nuevo Ejecutivo socialista se ha visto confrontado tanto a imprevistos –un nombramiento errado, el del ex ministro Màxim Huerta, y otro criticable, el del ministro de Agricultura Luis Planas, imputado por un juez– como a realidades previas, que la moción de censura por sí misma no podía hacer desaparecer ni mucho menos, transformar.

No habrá, por lo tanto, derogación de la reforma laboral que impulsó el expresidente Mariano Rajoy, que tan buenos resultados está dando en la reactivación del mercado de trabajo, ni la universalización de la asistencia sanitaria supone poco más que una declaración de principios sobre la situación actual, en la que ya las comunidades autónomas y los ayuntamientos prestaban asistencia a los inmigrantes irregulares que la precisaban.

Nada, tampoco, ha cambiado en la situación frente a la Generalitat de Cataluña, cuyo presidente, Quim Torra, pese a los ilusionados llamamientos al diálogo de Pedro Sánchez, se mantiene en el desafío separatista, aunque, de momento, verbal; pretende reanudar las políticas de preparación secesionista de su antecesor, Carles Puigdemont, –caso de la reapertura de las «embajadas» que, en realidad, actúan como difusores propagandísticos– e insiste en la legitimidad de las actuaciones del gobierno autónomo catalán en la organización del referéndum ilegal.

Pero, también otras decisiones que, aparentemente, responden a conceptos humanitaristas generalmente compartidos acaban por tropezar con el hecho de nuestra pertenencia a la Unión Europea y a la necesaria coordinación de las políticas migratorias. El inmediato incremento del número de pateras, muchas simples balsas de playa, en aguas del Estrecho responde, sin duda, a varios factores, pero no es posible descartar entre ellos el «efecto llamada» del acogimiento de la flotilla del «Aquarius», muy publicitada dentro y fuera de nuestras fronteras. Las mafias de la inmigración, siempre atentas a cualquier cambio político en la ribera norte del Mediterráneo, no tardarán en desviar las rutas hacía aguas más amables. En resumen, y dentro del período de gracia que se debería conceder a cualquier nuevo Gobierno, sólo pretendemos señalar que estas primeras dificultades a las que se enfrenta Pedro Sánchez son sólo un pálido reflejo del peso del poder.

Carta del Director JUNTA GENERAL DE ACCIONISTAS
Rajoy/González: los cazadores cazados
Pedro J. Ramírez El Espanol 17 Junio 2018

De igual manera que una tormenta va incubándose en unas determinadas condiciones de condensación de la atmósfera, con la lenta acumulación de cirros, cúmulos y nimbos, hasta formar una masa de nubes negruzcas, que tiznan, poco a poco, de oscuridad caminos, trochas y veredas, llegando a hacer creer al transeúnte que forman parte inexorable del paisaje; y, de repente, en un abrir y cerrar de ojos, el primer relámpago ilumina un escenario espectral, en el que estalla el pandemónium que anega los campos, derriba monolitos y árboles, y espanta por igual a los hombres y a las bestias, así es el planteamiento, nudo y desenlace de la crisis política que acaba de volver España del revés.

Tendría que referirme a lo ocurrido, en cualquier caso, como testigo de la actualidad. Pero debo hacerlo hoy en calidad de presidente y director de EL ESPAÑOL porque sólo la génesis de esta crisis explica bien el accidentado nacimiento de nuestro periódico y su fulgurante desarrollo, hasta superar por tres meses consecutivos la cota de los 33 millones de lectores.

Por segunda vez en mi vida profesional tengo la sensación de estar asistiendo a un gran triunfo de la información sobre el encubrimiento, a través del eficaz funcionamiento de las instituciones democráticas. Y eso es muy reconfortante para quienes nos hemos dejado la vida en el empeño de aportar elementos de juicio a los ciudadanos para que ese proceso se desarrolle con pleno conocimiento de causa.

Ocurrió por primera vez en 1996. Felipe González llevaba trece años y medio en el poder. Había ganado cuatro elecciones generales, tres de ellas por mayoría absoluta. Actuaba como si fuera a ser eterno o, al menos, como si presidiera un régimen de partido único. Una y otra vez había negado toda implicación en la trama de los GAL y en la corrupción que la acompañaba. Una y otra vez se había negado a depurar o asumir cualquier responsabilidad política. Según él, eso ya lo habían dirimido las urnas. Pero nosotros, la prensa, mi periódico, aquel periódico, aportamos las pruebas, la justicia comprobó y corroboró su veracidad, y los españoles le expulsaron del poder.

Ha vuelto a ocurrir, ahora, en 2018. Mariano Rajoy acababa de batir ese récord de trece años y medio de permanencia en el gobierno, si sumamos sus etapas como ministro y vicepresidente. Ya acariciaba su sueño inconfesable de permanecer, como fuera, en la presidencia un año más que Aznar. Con los Presupuestos aprobados, creía que todo sería coser y cantar. O que ni siquiera le haría falta ni lo uno ni lo otro para perdurar. Una y otra vez había negado toda implicación en la trama de financiación ilegal del PP. Por negar, seguía negando la propia existencia de la caja B. La corrupción no era cosa del partido, sino de algunos de sus miembros. Su única responsabilidad era haber elegido mal a alguno de ellos. Según él, eso ya lo habían dirimido las urnas. Pero nosotros, la prensa, mi periódico, aquel periódico, aportamos las pruebas, la justicia ha comprobado y corroborado su veracidad y la mayoría de los diputados le han expulsado del poder.

Aznar y Zapatero dejaron la Moncloa por su propia voluntad, renunciando a la reelección. Sufrieron un fuerte desgaste político de diversa índole, pero nadie cuestionó su integridad personal. Cometieron errores, pero no alentaron delitos. Nunca tuvieron que comparecer ante los tribunales para responder de sus propios actos o iluminar los de sus directos subordinados.

González y Rajoy fueron descabalgados del poder cuando se aferraban al cargo. Cayeron con oprobio bajo la grave sombra de la sospecha, manteniendo una verdad oficial que los tribunales convirtieron en mentira judicial. Uno y otro tuvieron que comparecer como testigos ante los magistrados que juzgaban delitos cometidos por personas a sus órdenes. La polémica sobre si no debían haber comparecido como acusados les acompañará siempre. El uno preside una fundación, el otro vuelve con las orejas gachas a su registro de la propiedad. Y, a la vez, ambos ocupan espaciosas celdas en la cárcel de papel de las hemerotecas.

Es cierto que en 1996 hablaron las urnas y ahora todavía no lo han hecho. Pero eso afecta al margen de maniobra político del nuevo gobierno y no a su legitimidad. Hoy, como hace 22 años, una mayoría heterogénea del Congreso de los Diputados ha otorgado su confianza a un nuevo presidente, en sustitución de aquel considerado indigno de seguir ocupando el cargo.

De igual manera que en 1996 se votó en la calle contra González, hoy se ha votado en el hemiciclo contra Rajoy. Si no hubiera existido una cuestión moral de carácter previo que hacía repudiable a González, no habría ganado aquellas elecciones Aznar. Si no hubiera existido una cuestión moral de carácter previo que hacía repudiable a Rajoy, no habría ganado esta moción de censura Sánchez. Y eso no resta ni un ápice de valor y mérito a los vencedores. Aznar y Sánchez han sido los hombres audaces que estuvieron en el sitio adecuado en el momento adecuado para servir de instrumento a los mecanismos correctores del sistema.

Cada crisis ha tenido circunstancias distintivas, pero la posteridad entenderá fácilmente su denominador común. Tras negar los hechos, cuando crecían los indicios; tras empecinarse hasta convertir la negativa en negacionismo, cuando afloraron las pruebas; tras atornillarse al cargo, a pesar de los avisos que supusieron para Gonzalez las elecciones del 93 y para Rajoy las de 2015 y 2016; al final de la escapada, los dos falsarios tuvieron que marcharse.

El triunfo de la información sobre el encubrimiento ha sido el triunfo de la verdad sobre la mentira. El detonante procesal de cada caso –la confesión de Amedo, la primera sentencia de la Audiencia sobre Gürtel- ha sido lo de menos. Porque llovía sobre mojado. Porque alguna gota tenía que desbordar el vaso.

Cuando Amedo dijo que Barrionuevo había controlado el secuestro de Marey y que González estaba al tanto, el tinglado se le vino abajo al Señor X porque toda España sabía desde hacía años que eso era verdad. Entre otras cosas, porque los hechos no habían podido ocurrir de otra manera. Porque era imposible que el presidente del Gobierno no estuviera al tanto de una trama terrorista controlada desde el ministerio del Interior.

Cuando dos jueces de la Audiencia han dicho, extemporáneamente o no, que en el PP funcionaba una “caja B” y que Rajoy carece de credibilidad al negarlo como testigo, el tinglado se le ha venido abajo al Estafermo porque toda España sabía desde hacía años que eso era verdad. Entre otras cosas, porque los hechos no han podido ocurrir de otra manera. Porque era imposible que el líder del partido apareciera como receptor de sobresueldos ilegales y enviara SMS protectores al tesorero, si no estuviera al tanto de una trama de financiación ilegal, controlada desde debajo de su despacho de la calle Génova.

Perdonadme que me extienda hoy ante vosotros, queridos 5.546 accionistas de EL ESPAÑOL. ¿Ante quién y cuándo iba a hacerlo con más justificación, si estos acontecimientos son los que explican que a finales de 2015 nos uniéramos en la fundación de nuestro periódico y estemos hoy aquí examinando, dos años y medio después, una prometedora trayectoria que empieza a transformarse en fecunda realidad?

Irremediablemente debo hablar de mí. Si no hubiera publicado en 1988 las pruebas que vinculaban a los Gal con el Ministerio del Interior, no habría sido destituido en 1989 como director de Diario 16. Si no hubiera publicado en 2013 mis Cuatro horas con Bárcenas y los SMS de Rajoy al tesorero, no habría sido destituido en 2014 como director de El Mundo.

Los hechos no sucedieron de manera idéntica, pero sí muy parecida. Gonzalez arremetió contra mí en los pasillos del Congreso el 7 de diciembre de 1988, acusándome de servir a los intereses de ETA, y de ello dejó testimonio la cámara de Pastor.

Rajoy arremetió contra mí desde el hemiciclo del Senado, en el que se reunía accidentalmente el Congreso, el 1 de agosto de 2013, acusándome de "manipular y tergiversar" la versión de un "delincuente", y de ello quedó testimonio en el Diario de Sesiones.

En ambos casos había que matar al mensajero. Y vaya si lo consiguieron. Pero para ello, en su afán por destruirme, tanto el gobierno felipista como el gobierno marianista necesitaban cómplices en el ámbito empresarial, dentro y fuera del periódico.

Hace treinta años, los Albertos -Cortina y Alcocer- y otros personajes de la llamada beautiful people presionaron y convencieron al propietario de Diario 16 para que traicionara sus compromisos con los lectores y con el equipo profesional, a cambio de dinero. El Rey Juan Carlos, irritado por las informaciones sobre su relación con Marta Gayá, bendijo y tal vez impulsó sus maniobras. En mi propio entorno no faltó algún Judas Iscariote.

Hace cinco años, Cesar Alierta y algún otro magnate del nefasto y anti-competitivo Consejo de la Competitividad presionaron y convencieron al grupo propietario de El Mundo para que traicionara sus compromisos con los lectores y con el equipo profesional, a cambio de dinero. El Rey Juan Carlos, irritado por las informaciones sobre su relación con Corinna Zu Wittgenstein, bendijo y tal vez impulsó sus maniobras. En mi propio entorno no faltó algún Judas Iscariote.

Ya veis hasta qué punto la historia se repite. Pero, al subrayar este paralelismo plutarquiano en el que me ha tocado representar sucesivamente a Arístides y Catón, no busco ningún ajuste de cuentas, ni político ni personal. Tan sólo, como dicen los ingleses, “to set the record straight”, que se recuerde lo que de verdad pasó. O, por darle la razón a una querida amiga, testigo de ambas peripecias, demostrar que si la historia se repitió tan miméticamente fue por la fatal consistencia de lo que ella llama “el relato”: la inexorable confrontación entre la prensa independiente y el poder que abusa de sus prerrogativas.

Tampoco pretendo que el traidor de turno busque el árbol en que expiar sus culpas, con la bolsa de las 40 monedas colgando del sayal de fariseo. En el fondo me da igual. Pero cuando escucho la torpe excusa no pedida de que “los italianos ya tenían decidido destituir al director y fundador del periódico”, no puedo por menos que sonreír, acordándome de aquella famosa anécdota de Franco cuando, refiriéndose a alguna víctima del sistema represivo por él inspirado, decía: “A ése lo mataron los nacionales”.

Es verdad. Después de que semana tras semana, en Madrid y en Milán, en cenas de confraternidad y reuniones de trabajo, se les hiciera creer que el problema del periódico era su línea crítica hacia un gobierno de derechas con mayoría absoluta y fuerte apoyo empresarial, en efecto, a mí me "destituyeron los italianos”, pero me "mataron los nacionales”.

Todo esto no puede ser sino el preámbulo de una también repetida acción de gracias. El peor trago de acíbar, por amargo que resulte, puede tener primero efectos saludables y luego consecuencias dulces. En eso consiste una bendición disfrazada. De igual manera que si no me hubieran echado de Diario 16, mis compañeros y yo no hubiéramos fundado nunca El Mundo, si no me hubieran echado de El Mundo, mis compañeros y yo no hubiéramos fundado nunca EL ESPAÑOL.

Alguien me preguntaba, hace unos días, cuántos años tardó en madurar mi anterior criatura periodística, es decir cuántos años transcurrieron entre el nacimiento de El Mundo y el momento en que se reconoció de forma generalizada su éxito editorial y empresarial. Mi respuesta fue que entre seis y siete, si hablamos tanto en términos de audiencia e influencia como de cuenta de resultados. Es una buena referencia, aunque con EL ESPAÑOL el proceso esté siendo más rápido, entre otras cosas porque somos depositarios de todo el legado de credibilidad, de toda la carga de responsabilidad que emana de esas confrontaciones, a vida o muerte, con los gobiernos de González y Rajoy.

Eran dos gobiernos de signo opuesto, pero hermanados en el culto a la mentira. En ambos casos mis compañeros y yo decidimos publicar la verdad, a costa del riesgo de perecer. Fuimos “gibelinos entre los güelfos y güelfos entre los gibelinos”, por usar la máxima de Montaigne que hice mía desde el día en que me dieron el premio internacional que lleva su nombre. Estuvimos contra unos y contra otros. Publicamos y perecimos. Por dos veces nos tumbaron con insidias, por dos veces nos levantamos. Nos dieron por muertos y resurgimos. Rajoy ha caído como cayó González. Al final, los cazadores de periodistas han sido cazados por la prensa.

Nosotros, los de entonces, seguimos siendo los mismos. EL ESPAÑOL ha recibido a este nuevo gobierno, fruto de una audaz e inesperada maniobra política, con escéptica esperanza. Creemos que sólo unas elecciones generales anticipadas podrán otorgar un mandato popular y una mayoría parlamentaria lo suficientemente consistente como para abordar la crítica situación que vive España. A la vez, tememos que la dependencia de este Gobierno de lasfuerzas que votaron la moción de censura, proporcione nuevas alas al separatismo golpista y debilite, todavía más, la posición de los defensores de la Constitución en Cataluña.

Tras el final de la versión suave del 155, aplicada inocuamente por Rajoy, los primeros gestos “apaciguadores” del nuevo Gobierno, como el levantamiento del control financiero sobre la Generalitat, las ofertas de toda índole de la ministra Meritxell Batet o los nombramientos de delegados cómodos para los nacionalistas, no auguran nada bueno. Y menos a pocos meses del 80 aniversario de los tristemente célebres acuerdos de Múnich. Fueron festejados como la consecución de una paz duradera, cuando sólo sirvieron de preámbulo a la conflagración bélica más terrible de la historia de la humanidad.

No nos cansaremos de decir que ningún tigre se vuelve vegetariano de la noche a la mañana, que el "apaciguamiento" puede traer el deshonor sin evitar el conflicto, que solo decisiones firmes y cambios profundos podrán revertir la deriva hacia la destrucción de la España constitucional que alcanzó su apogeo el pasado mes de octubre. Pero el presidente Sánchez merece una oportunidad y debemos esperar a que los hechos hablen en su nombre.

Nuestra vara de medir serán de nuevo los principios fundacionales de nuestro periódico, recogidos en las "30 obsesiones de EL ESPAÑOL", a modo de programa regeneracionista. También estaremos muy pendientes de lo que hagan las demás formaciones políticas y en especial el Partido Popular, que afronta, como primera fuerza de la oposición, una oportunidad única de renovación para romper con lo peor de su pasado.

Cuando se tienen 33 millones de lectores en todo el mundo, tantos como usuarios de internet hay en España, es imposible contentar siempre a todos. Incluso entre los 5.546 accionistas que formáis la base social en que se apoya EL ESPAÑOL habrá discrepancias a la hora de compartir o no cada uno de nuestros rugidos.

Reconozco, después de haber repasado esos antecedentes turbulentos, que, como le escribió Larra a otro director de El Español, Andrés Borrego, "constantemente he formado en las filas de la oposición". Pero no ha sido por el afán de practicar el "de qué se trata que me opongo", sino porque, en lo que se refiere a la gran cuestión nacional, por seguir con las palabras de Fígaro, "no ha habido un sólo ministerio que haya acertado en nuestro remedio".

De ahí el escepticismo de nuestra esperanza, al encontrarnos con un ejecutivo tan débil. Si bien no sería la primera vez que Pedro Sánchez revirtiera los negros presagios sobre su futuro en logros inesperados, yo no tengo la fe del carbonero. Me gustaría poder deciros que después de esta tormenta, largamente incubada, fulgurantemente desencadenada, vendrá la calma. Pero todos sabemos que no será así. Los próximos meses serán decisivos para el futuro de España, quién sabe si para su misma existencia, pues lo que está en cuestión es la propia continuidad del Estado constitucional que conocemos.

EL ESPAÑOL hará honor a su nombre, a su emblema y a sus convicciones. Para ello seguiremos necesitando vuestra ayuda. No os pido, como hace Próspero al final de La Tempestad "el socorro sonoro de vuestras manos", aunque a nadie le amarga el dulce de un aplauso, pero sí os pido que "vuestro aliento favorable hinche las velas" de nuestra caja torácica y multiplique nuestra potencia pulmonar como periódico. Porque los rugidos de 5.546 leones en los oídos de 33 millones de lectores, pueden transformar el, hoy por hoy, inquietante sonido de la selva. Hagámoslo juntos.

Este texto corresponde a la parte de la intervención de Pedro J. Ramírez, ante la Junta General de Accionistas de EL ESPAÑOL de 2018, dedicada a analizar la situación política.

LAS MENTIRAS DEL NACIONALISMO
¿Es el español una lengua impuesta a los catalanes tras un proceso de colonización? Responden los expertos
La consejera Laura Borràs está considerada en Cataluña como una radical defensora del monolingüismo. Su afirmación de que el español es una lengua impuesta en Cataluña mediante un proceso de colonización ha levantado ampollas entre lingüistas e historiadores.
Cristian Campos El Espanol 17 Junio 2018

"No quiero eliminar el castellano, pero es una lengua de imposición" dijo el pasado lunes la consejera de Cultura catalana Laura Borràs haciendo caso omiso de ese viejo axioma de la psicología de la comunicación que dice que todas las afirmaciones que preceden a un "pero" son mentira. Las declaraciones de la consejera autonómica, pronunciadas durante una entrevista en el canal de televisión local 8TV, causaron el lógico revuelo entre historiadores, filólogos y lingüistas.

Borràs, considerada entre los propios separatistas como una radical muy cercana a las tesis xenófobas de Quim Torra, fue una de las firmantes en 2016 del manifiesto Koiné, que exige una Cataluña monolingüe a través de un proceso de "toma de conciencia lingüística" que conduzca a la marginación y posterior erradicación del idioma español. Un idioma al que los firmantes del líbelo consideran una lengua "impuesta politicojurídicamente" por el Estado por medio "de una inmigración llegada de territorios castellanohablantes como instrumento involuntario de colonización lingüística".

La lengua principal de los catalanes es… el español
Pero… ¿hay algo de verdad en las afirmaciones de la consejera? Según datos del Instituto de Estadística de Cataluña, es decir de la propia Generalidad, el 55% de los catalanes dice tener como lengua "inicial" el español por sólo un 31% que opta por el catalán. La lengua primaria de identificación de la mayoría de los catalanes también es el español (47%) y no el catalán (36%).

El español, además, es la lengua habitual del 50% de los ciudadanos de la región por sólo un 36% de los ciudadanos que dice optar por el catalán. Atendiendo estrictamente al número de usuarios de una y otra lengua, en definitiva, resulta difícil sostener que el catalán, y no el español, sea la lengua propia de Cataluña. Si es que los territorios tienen lengua propia y no, sencillamente, lenguas más y menos usadas por sus habitantes.

Cosa diferente son los argumentos identitarios, esencialistas y sentimentales esgrimidos por el nacionalismo catalán. Argumentos para cuya justificación se recurre de forma habitual, como ha hecho en este caso Borràs, a la manipulación de la historia. También al diseño de un relato victimista a partir de la tergiversación de términos como "colonos" (en realidad catalanes castellanohablantes o nacidos en otras partes de España), "imposición" (en alusión al uso libre de una lengua que es preferida por su mayor utilidad a otra lengua de uso estrictamente local) o "proceso de normalización" (imposición de la lengua minoritaria y menos útil a los ciudadanos por la vía de las sanciones y de la marginación administrativa de su lengua de uso preferente).

El disparate de la "colonización"
El historiador catalán Joaquim Coll, especializado en política de los siglos XIX y XX, niega la mayor: el español no es una lengua de imposición. "Está demostrada la presencia del castellano en Cataluña desde el siglo XVI, evidentemente entre la aristocracia y con un uso menos extendido en las otras clases sociales. Más en el litoral y Barcelona que en el interior. Hablar de imposición solo puede hacer referencia al siglo XX con las dos dictaduras, particularmente la franquista, en la que el catalán fue, más que prohibido, limitado o folclorizado. En democracia, de ninguna forma se puede sostener que haya imposición del castellano".

Tampoco está de acuerdo Coll con el uso discrecional del término "colonización". "Cataluña, en tanto que parte de la Corona de Aragón, participa en el nacimiento del Estado moderno español con la monarquía hispánica. Luego hubo desencuentros y revueltas entre una parte de las clases dirigentes catalanas y la monarquía, pero también en otros territorios, y en muchos casos fueron guerras también entre catalanes. La guerra de sucesión del XVIII es un ejemplo claro. Hablar de que Cataluña es una colonia o un territorio conquistado es un disparate absoluto que sólo casa con las teorías marxistas y leninistas de la descolonización".

Según Coll, las declaraciones de la consejera no son rigurosas ni bienintencionadas, y esconden un objetivo ulterior. "De sus declaraciones se desprende una visión ultranacionalista. En caso de secesión, sería el argumento para desarrollar políticas con el objetivo de que el castellano dejara de ser a medio y largo plazo la otra lengua de los catalanes. Imposición, en este caso sí, del monolingüismo. La falsa acusación de Borràs (que sólo se aguanta en relación a la época franquista, aunque con matices) refleja cuál es su proyecto político y lingüístico".

Visiones agónicas y románticas de la cultura
El historiador y profesor de la Universidad de Santiago de Compostela Xosé M. Núñez Seixas matiza las afirmaciones de Coll. "El castellano disfrutó desde el siglo XVIII y hasta buena parte del siglo XX de preeminencia legal. El Estado liberal español quiso construir la nación como nueva comunidad política y aplicó la ecuación una nación/una lengua, que podía coexistir con otras lenguas siempre y cuando esa coexistencia fuese asimétrica: el español lengua A, las demás (catalán, gallego, euskera) lengua B, de uso popular y para géneros literarios menores. Desde ese punto de vista, el español utilizó mecanismos impositivos. Pero aceptados conscientemente por muchos catalanófonos, gallegófonos y vascófonos. Desde mi punto de vista, hablar de imposición a secas es inexacto; pero tampoco se puede olvidar que la difusión del castellano gozó del respaldo del Estado, en un tiempo, por lo demás, en que todos los Estados nacionales desde principios del XIX hacían lo mismo".

Según Seixas, las declaraciones de Borràs reflejan una visión agónica de la cultura fruto del pánico a la desaparición de la lengua minoritaria en manos de la mayoritaria. "Sus declaraciones no son rigurosas, obedecen a visiones muy esencialistas de lo que es la cultura y el contacto interlingüístico, y desde luego no son ni intelectual, ni políticamente afortunadas. Sin embargo, denominarlas supremacistas o racistas es igualmente una exageración. Se trata de la sublimación de una visión agónica de la propia existencia cultural –una lengua en peligro de ser absorbida por otra, con más potencia demográfica y que durante siglos disfrutó del status de lengua oficial y lengua de prestigio– en un reflejo defensivo. Téngase en cuenta, además, que ni todos los catalanistas (o galleguistas o vasquistas) suscribirían lo afirmado por la señora Borràs en esos términos, ni el discurso mayoritario del independentismo catalán se pronuncia por el monolingüismo. Pero sí refleja el peso de las visiones románticas sobre la identificación entre lengua, territorio y nación".

El catalán es sólo un dialecto del español
Contacto finalmente con el filólogo y prehistoriador vallisoletano Jorge María Ribera Meneses, heterodoxo de manual y defensor de la teoría que sostiene que el vasco contemporáneo es la evolución del idioma hablado antiguamente en el norte de la Península y del cual descienden el resto de lenguas romances, incluido el español y, por supuesto, el catalán.

"Todo lo que dice el nacionalismo catalán sobre el origen del catalán no es sólo falso sino disparatado" empieza Ribera Meneses. "Las lenguas romances, la más antigua de las cuales es el castellano, son prerromanas e hijas del euskera y del caló. Partiendo de esa base, es obvio que la península ibérica se coloniza, desde el punto de vista lingüístico, de norte a sur. Las lenguas cantábricas –el euskera, el bable, el gallego– se van extendiendo poco a poco hacia la meseta. En el mapa de Hispania más antiguo que se conoce, el que compuso a partir de fuentes más antiguas el grecoegipcio Ptolomeo, ya aparece Cataluña poblada por los castellani, un pueblo que colonizó Cataluña y la antigua Celtiberia descendiendo desde las fuentes del Ebro y reproduciendo los mismos topónimos a lo largo de su recorrido" añade. Y remata: "El nombre de Cataluña es una evolución del original Castallania, transformado luego en Cattallania, Catalonia y, finalmente, Cataluña".

La conclusión de Ribera Meneses es, como poco, sorprendente: "El castellano y el catalán son la misma lengua. Con el tiempo, obviamente, se han ido diversificando, pero el catalán ha conservado formas muy arcaicas, como las "LL" en vez de las "J" del castellano. La toponimia asturiana, por ejemplo, está calcada, después de miles de años, en la Cataluña actual. La realidad es que el catalán es un dialecto del castellano, que es lo mismo que decir del asturiano, que es la lengua original. En los siglos X, IX, VIII, VII e incluso en el VI ya aparecían algunas palabras en castellano en multitud de escrituras de los monasterios del norte de España, aunque con una ortografía euskérica: 'baka' en vez de 'vaca', por ejemplo".

A punto ya de despedirnos, Ribera Meneses lanza su última andanada: "La particularidad del catalán es que es la lengua más parecida al castellano de todas. Lo que han hecho en Cataluña es aprovecharse de una lengua para construir una identidad diferenciada. Es un pretexto para la independencia y lo están explotando a base de disparates. No hay mucho más".

Facciones de los Mossos se reorganizan para “lograr la autodeterminación” tras levantarse el 155
Carlos Cuesta okdiario 17 Junio 2018

Facciones de los Mossos d’Esquadra se reorganizan para “lograr la autodeterminación” tras levantarse la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Tan sólo dos semanas después de finalizar la intervención del Estado en Cataluña, la Policía Nacional ya ha detectado llamamientos de las facciones separatistas a reorganizarse para “lograr la vigencia efectiva de la democracia, el ejercicio efectivo del derecho de autodeterminación y para dejar de estar sometidos a la voluntad de los poderes fácticos externos”.

Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado presentes aún en esta región han interceptado los llamamientos por medio de las organizaciones clásicas de los mossos separatistas, entre ellas, Mossos por la Democracia.

A través de comunicados —como el que hoy reproduce OKDIARIO— estos colectivos, entre los que se encuentra una sectorial de la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) que comanda el golpismo dentro del cuerpo autonómico policial, han empezado a reorganizarse y a subrayar que los Mossos vuelven a ser “una pieza clave” para lograr la “autodeterminación”.

Estas plataformas de mossos —que no han sido desmanteladas durante la aplicación del artículo 155— aseguran que están “a las órdenes de sus instituciones, las cuales representan la voluntad política de nuestro pueblo”.

Y lanzan una advertencia directa contra los mossos —y los no mossos— donde se destaca que estarán atentos a “quién colabora y sigue los dictados de quienes han pretendido extinguir nuestra voluntad”.

Hay que recordar que, de estos colectivos se nutrió la UCRO —Unidad Central de Recursos Operativos—, una unidad desde la que se realizaron espionajes a personas de la sociedad civil, periodistas y políticos constitucionalistas.

Y que un grupo de mossos constitucionalistas lleva meses advirtiendo de que seguían teniendo un poder clave sobre áreas como Asuntos Internos, cuerpo que utilizaban para identificar y controlar a los mossos que no apoyaban el golpismo.

De hecho, agentes de los Mossos llegaron a reunirse con el entonces delegado del Gobierno en Barcelona, Enric Millo, para pedirle ayuda ante la reaparición generalizada de casos de discriminación ideológica contra aquellos integrantes de la policía autonómica que no son separatistas.

La información denunciada ante el delegado del Gobierno alertaba de que las promociones y ascensos seguían favoreciendo a los mossos que acreditaban su separatismo y castigaban a los que no comulgan con ese planteamiento. Entre la información facilitada se recordaba la existencia de colectivos totalmente separatistas que hacían alarde de su desacato a la Constitución y que, sin embargo, campaban a sus anchas sin el más mínimo problema.

De hecho, se recordó concretamente la existencia de una sectorial de la Asamblea Nacional Catalana que agrupa a mossos y que, ya en el pasado más reciente, afirmó que se mantendrían “leales al Parlament y al Govern” y no al 155 o la Carta Magna española.

Los mossos constitucionalistas igualmente denunciaron que la DAI, la División de Asuntos Internos de los Mossos, seguía controlada por grupos separatistas que, pese al control de la policía autonómica por parte del Gobierno de España en la época del 155, habían vuelto a usar su poder para realizar cribas ideológicas entre las que se encuentran, por ejemplo, los desplazamientos a zonas alejadas del domicilio de aquéllos que se significan como contrarios al separatismo.

El caso hecho a las advertencias es descriptible. Hoy, con el 155 retirado, directamente los mossos separatistas llaman a organizarse como cuerpo rebelde y volver a colaborar con el golpe.

Covite alerta de que "la negación de la historia de terror de ETA" solo llevará "a la impunidad"
www.latribunadelpaisvasco.com 17 Junio 2018

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo Covite se ha desplazado a la localidad vascofrancesa de Bayona para alertar de que construir "la gran mentira" sobre la banda, "la negación de su historia de terror", solo llevará "a la impunidad".

En esa ciudad, representantes de Covite, así como el filósofo Fernando Savater, el escritor Martín Alonso y la eurodiputada de UPYD Maite Pagazaurtundua se han reunido con el colectivo francés Memoire et Vigilance, crítico con la cumbre internacional que el pasado 4 de mayo certificó en Cambó-les-Bains la disolución de la organización terrorista.

Todos ellos entienden que ese acto del fin de ETA fue un "teatrillo" en el que la banda y su entorno político "desaprovecharon la oportunidad" de condenar "la historia de terror" de la banda y, en cambio, "escenificaron un supuesta disolución y revelaron su estrategia de blanqueamiento de la historia".

Estas consideraciones las han hecho en una rueda de prensa de la que han informado en un comunicado, en el que además reprochan a ETA no haber pedido perdón a las víctimas ni haber ayudado a esclarecer los 358 asesinatos que quedan sin resolver.

Pagazaurtundua ha presentado un informe titulado "Anormalidad democrática en el post-terrorismo: Agradecimientos a ETA y homenajes a etarras en el País Vasco", que habla de "los desafíos que plantea el nuevo escenario del post-terrorismo", "plagado" de celebraciones y recibimientos a miembros de la banda para conseguir la construcción de esa "gran mentira".

"Tras Cambó han aparecido nuevos enaltecimientos y agradecimiento público a ETA por el terror ejercido durante más de 50 años. El partido lobista de ETA ha intensificado la agenda de la mentira. Aceptar la construcción de la 'Gran Mentira' por parte de los que mataron y atemorizaron, además de tremendamente cruel con las víctimas, es un error para una sociedad que debe mirar al futuro desde la ley, la justicia y la libertad", señala el texto.

Savater ha dicho, por su parte, que "evitar un embellecimiento falsario de la historia de ETA es importante no sólo para comprender mejor el pasado y evitar la impunidad de los culpables, sino sobre todo para defender el presente y el futuro del contagio con los objetivos separatistas y contrarios a la ciudadanía democrática de la banda criminal".

Martín Alonso ha criticado que los llamados "artesanos de la paz" aparecieran cuando ya ETA había dejado de matar y no hicieran "ningún comentario serio" al comunicado de la organización terrorista "con ese incalificable semiperdón".

"El papel de tantos expertos, mediadores, observadores, verificadores, artesanos y asimilados se resume en dar respetabilidad a unas reivindicaciones alucinatorias, difuminar a las víctimas y la responsabilidad ante ellas", ha subrayado.

El responsable de Memoire et Vigilance Maurice Goldring ha denunciado "la impostura en la que los antiguos abertzales radicales quieren hacer que se les reconozca a la vez que se lleva a cabo el blanqueamiento, haciendo olvidar sus crímenes y barbarie".

"Han conseguido a reunir al conjunto de la sociedad vasca menos algunas personas, pero es suficiente unos pocos para que la impostura aparezca claramente", ha advertido, según indica la nota.

Un profesor separatista usa los textos racistas de Torra como materia de examen en la Universidad
M.A. Ruiz Coll okdiario 17 Junio 2018

Un profesor de la Universidad Ramon Llull (URL) de Barcelona, Oriol Izquierdo Llopis, ha utilizado como examen de fin de curso de sus alumnos de Periodismo el artículo racista en el que el presidente Quim Torra califica de “bestias carroñeras con un estremecimiento en el ADN” a los catalanes castellanoparlantes.

El examen final de la asignatura Lengua III, celebrado el pasado 31 de mayo en el campus de Blanquerna, consiste en un análisis del artículo titulado La lengua y las bestias que el actual presidente de la Generalitat, Quim Torra, publicó en la prensa independentista en diciembre de 2012.

En su artículo, Torra afirma que los catalanes castellano parlantes son “bestias carroñeras, víboras, hienas. Bestias con forma humana, que destilan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con verdín, contra todo lo que representa la lengua”.

Más adelante, el presidente de la Generalitat continúa en similares términos y añade que se trata de “bestias con un pequeño estremecimiento en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos! (…) Se pasean impermeables a cualquier acontecimiento que represente el hecho catalán. Les rebota todo lo que no sea español y en castellano. Tienen nombres y apellidos, las bestias. Viven mueren y se multiplican”.

Torra
El artículo racista de Quim Torra “La lengua y las bestias”, en el examen final de la Facultad de Comunicación de Blanquerna.

En la prueba, el profesor Oriol Izquierdo pide a sus alumnos de la Facultad de Comunicación de Blanquerna que aclaren si se trata de un “texto descriptivo, narrativo o argumentativo”, resuman su tesis e indaguen en el sentido que el autor ha querido dar al término “bestias”.

No parece que el objetivo del profesor sea censurar las tesis racistas de Quim Torra, ya que el propio Oriol Izquierdo publica asiduamente artículos en los que defiende las mismas ideas supremacistas.

Izquierdo es doctor en Comunicación por la Universidad Ramon Llull. Fue designado en 2007 por ERC director de la Institución de las Letras Catalanas (ILC), en el Govern tripartito presidido por el socialista José Montilla.

El pasado 18 de febrero publicó en el diario independentista subvencionado por la Generalitat Vilaweb un artículo titulado La infección era España, que incluye frases como las siguientes: “Ciertamente hay una infección. Y nos afecta. Y nos tendremos que desinfectar. La infección es España. Amenaza con hacer metástasis, aunque quizá la metástasis ya es general. Ellos morirán matando por la unidad de España como el cáncer mata el cuerpo que lo alimenta cuando lo coloniza fatalmente”.

bestias
El profesor Oriol Izquierdo pide a los alumnos de Comunicación que respondan a varias preguntas sobre el artículo supremacista de Torra.

Y más adelante, el profesor de Periodismo añade: “Sí, la única vacuna segura contra esta infección que es España ha sido, desde el fracaso del último Estatut, el proyecto de construcción de la república. Si queremos sobrevivir no podemos renunciar. Llegará un día en que habremos conseguido hacer limpieza y cada uno podrá volver a sentirse en libertad de ser lo que quiera ser”.

Pero antes, habrá que “hacer limpieza” de todos los que no comparten su proyecto independentista totalitario. El profesor de la Universidad Ramon Llull (URL) Oriol Izquierdo que escribe este tipo de desvaríos en la prensa independentista, utiliza los artículos racistas del presidente Quim Torra como materia de examen de su asignatura.
 


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