AGLI Recortes de Prensa   Martes 10Julio 2018

Sánchez se arrastra ante un golpista
EDITORIAL  Libertad Digital 10 Julio 2018

Este lunes acudió a la residencia del jefe del Gobierno de España un individuo incurso en un golpe de Estado antiespañol a decirle al jefe del Gobierno de España que piensa hacer todo lo que esté en su mano para que el golpe de Estado antiespañol triunfe.

Pocas veces ha mostrado un Estado democrático europeo tanta intolerable debilidad ante sus enemigos internos como el español este lunes, con motivo de la reunión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el mandatario regional catalán, Quim Torra. El encuentro venía precedido de un amplio repertorio de declaraciones eufóricas de miembros destacados del Ejecutivo, cuyas absurdas expectativas hicieron que la visita del golpista Torra a la Moncloa haya sido, además de una bofetada a todos los españoles, un espectáculo abyecto, grotesco.

Este lunes acudió a la residencia del jefe del Gobierno de España un individuo incurso en un golpe de Estado antiespañol a decirle al jefe del Gobierno de España que piensa hacer todo lo que esté en su mano para que el golpe de Estado antiespañol triunfe. La vicepresidenta del Gobierno valoró el encuentro como muy positivo, porque la conversación con el golpista se realizó en un tono "distendido" y todo transcurrió "mejor de lo esperado".

La desfachatez del Gobierno socialista llevó a la descalificable Carmen Calvo a tratar de convertir la entrevista de la vergüenza en una reunión institucional más. Así, la vicepresidenta trató en vano de poner el énfasis en acuerdos relacionados con nuevas inversiones, futuros traspasos de competencias o reformas legislativas, cuando lo cierto es que esos asuntos eran los que menos interesaban a los golpistas que detentan el poder en el Principado.

El indeseable Torra lo dejó bien claro en la rueda de prensa que celebró posteriormente en la embajada catalana en Madrid, en la que apeló expresamente a la liberación de los golpistas presos y a lo inexorable del proceso de secesión en marcha como únicos asuntos de su agenda oficial.

Los mensajes posteriores del propio presidente del Gobierno en las redes sociales, rindiendo bochornosa pleitesía al personaje al que hace nada tachaba justamente de "racista" y descalificaba como "el Le Pen de la política española", terminaron de dar forma a una jornada signada por el entreguismo del felón Sánchez, que no pierde ocasión de manifestarse como algo peor que un tremendo error.

Pagar más a Cataluña
Pedro de Hoyos Periodista Digital 10 Julio 2018

El grave problema actual de Cataluña empezó cuando sus dirigentes reclamaron un concierto económico similar al vasco. Ese y solo ese fue el detonante. Hay que estar de acuerdo en que cuanto mayor sea la financiación de Cataluña el 3% será también mayor. ¿O era el 4%?

La base de todo es la infrafinanciación de Cataluña. Y según las declaraciones de los ministros de Pedro Sánchez ese problema se va a acabar con nuevas remesas de dinero. De dinero de todos los españoles. Porque Cataluña está infrafinanciada, no como Castilla, que nada en dinero, inversiones, industrias e infraestructuras.

En Castilla la gente joven, universitarios incluidos, emigra a Barcelona o Bilbao para dar envidia, para tocar las guirnaldas inguinales a los paletos, pobres y míseros catalanes y vascos que no tienen donde caerse muertos. Castilla no solo es rica, muy habitada y llena empresas y futuro, sino que además emigramos a otras partes “del Estado” solo para fastidiar. Que las listas telefónicas de Cataluña estén llenas de apellidos castellanos mientras las de Castilla sean cada año más delgadas es solo culpa de la peculiar idiosincrasia castellana: conquistar el mundo con nuestros trabajadores ricos y millonarios, con las exportaciones de nuestras empresas, con el éxito de nuestras infraestructuras, con nuestros emigrantes señoritos de corbatas y camisas de seda.

No es que Castilla necesite una nueva financiación, no es que esté infrafinanciada, en realidad necesitamos un plan Marshall que nos reinvente de arriba abajo, que nos saque de esta destrucción que nos han impuesto PP y PSOE y que todo el mundo parece aceptar con resignación.

Y todo ello con PP y PSOE repartiéndose el gobierno de las comunidades castellanas desde que murió Franco, el dictador que llenó de empresas y puestos de trabajo las regiones donde no había paro, olvidándose de los obreros abandonados por la mecanización del campo.

El problema de Cataluña se arregla con una nueva financiación, que hemos de pagar solidariamente los ricos y pudientes señoritos del resto de España. Cuanto mayor sea el 3%, mejor. ¿O era el cuatro?

Pedro Sánchez o el Bengador Gusticiero
Carlos Díaz Güell Cronica Global 10 Julio 2018

Hay veces que escribir de las medidas económicas que los gobiernos españoles anuncian resulta de un cansino que aburre por la cantidad de marketing y demagogia que incorporan y, por ello, no sorprende que ahora empiecen a hacerse públicos sólidos datos que demuestran que muchos de los contenidos de la tan demonizada reforma laboral han resultado inanes, intrascendentes, inútiles... Cuánta tinta y palabrería malgastada para tan poco resultado.

Y dentro de ese capítulo de cansinas medidas económicas, cabe introducir ahora el anuncio de Pedro Sánchez de subir impuestos para cumplir los compromisos con la Unión Europea y mejorar el Estado del bienestar, lo cual no deja de ser un contradiós al que, para recalcarlo, ha puesto una guinda en forma de interrogante que él ha refutado siempre hasta la saciedad: "¿Queremos tener un sistema fiscal de tercera para tener un Estado de bienestar de primera?, no es posible". Lástima que cuando podía haberse expresado con tanta claridad no lo hiciera y prefiriera manejar las malas artes de la demagogia.

No contento con ello, el presidente del Gobierno ha defendido, en alguna rueda de prensa celebrada allende nuestras fronteras, la necesidad de "abrir un debate sobre una fiscalidad justa en España". ¿“Fiscalidad justa”? Da miedo su simple enunciado. Ni una sola mención a la reforma fiscal integral que España necesita más que ninguna otra cosa y así habrá que entender que fiscalidad justa consiste en subir el impuesto sobre carburantes, crear un tributo especial para la banca y elevar la actual imposición del impuesto de sociedades, además del proyecto heredado del PP de crear una tasa para las tecnológicas. Todo dirigido a castigar a “los ricos” o a las rentas más altas, para hacer frente al incremento del gasto público al que tan aficionada es la socialdemocracia. Habrá pues que olvidarse de aquello de que los tributos deben ser proporcionales, certeros, oportunos y eficientes.

Toda una colección de parches fiscales que, en palabras del secretario de Estado de Seguridad Social, el histórico Octavio Granado, tendrán como virtualidad la cuadratura del círculo: una mínima distorsión de la actividad económica. En versión libre, una subida fiscal que no afectara a la economía. Nadie hasta ahora se había atrevido a tanto.

Aunque las cuatro medidas fiscales que hasta ahora se conocen merecerían un comentario ad hoc, vamos a centrarnos en la panacea que va a solucionar los males de las pensiones: el impuesto especial a la banca. ¡Un tributo extraordinario al sistema financiero que no va a tener repercusión en la economía!, como si la banca no tuviera la obligación de financiar a la economía manteniendo su solvencia y su operatividad en las mejores condiciones y que con medidas como la propuesta por Sánchez van a encarecer el crédito y las comisiones. A eso los ingleses lo llaman wishful thinking.

Se olvida Sánchez del abecedario de cualquier medida tributaria, y es que los impuestos a las empresas o al sistema financiero lo terminan soportando los clientes y consumidores, básicamente por la imperiosa necesidad que unos y otro tienen de obtener beneficios, algo que en el caso de los bancos no solo es consecuencia de una ley natural, sino que es una exigencia de las obligaciones regulatorias que les exige ser rentables para atender las necesidades de provisiones y de capital. Y es por ello por lo que todos los expertos convienen en señalar que donde Sánchez dice impuesto a la banca, lo que en realidad está diciendo es impuesto a los ciudadanos, porque estos son, al final, los que terminan pagando dicho incremento fiscal. Eso lo sabe Sánchez y el maestro armero, pero debe considerar a los ciudadanos de este país unos indigentes intelectuales y merecedores de una argumentación algo escatológica.

Y todo para pagar pensiones, loable objetivo cuyo sistema actual hace aguas por todas partes. Un canto al sol con engaño incorporado porque con ello se pretenden recaudar 1.000 millones de euros para hacer frente a un agujero de 18.000.

Yo no quiero que me engañen y me digan que me quieren. Sanchez, como todo su gobierno y asesores, sabe que así no se va a resolver el problema de las pensiones y que solo creando empleo de alta calidad y de salarios altos se puede empezar a paliar la quiebra del sistema, pero ello solo puede venir de la mano de las empresas privadas, a las que también quiere zurrar fiscalmente, y de la cualificación de los trabajadores que pasa, ineludiblemente, por una profunda reforma de sistema educativo, algo que no está entre sus prioridades.

Puede que todavía venda el transformarse en el forgiano personaje Bengador Gusticiero y dar caña a esos señorones que aparecían en las viñetas de principios del siglo pasado, que usaban sombrero de copa, puro y reloj de cadena; pero el producto está ya muy gastado e incluso huele.

Puede incluso que Sánchez termine subiendo los impuestos especiales sobre los carburantes, especialmente al gasoil, medida que, como es público y notorio, va dirigida a los ricos que contaminan; pero está por ver que termine creando un impuesto especial a la banca y no solo porque requiere de una ley y el apoyo del PNV, sino porque supone una viaje a ninguna parte o mejor dicho a los bolsillos de la clase media y asimilados.

Pedro Sánchez tiene muchos problemas y uno de ellos es su obsesión por Podemos de quien no solo depende para seguir al frente de la gobernanza del país, sino al que trata de emular para hacerse con su corralito de votos. El drama es que el modelo económico de Unidos Podemos es una antigualla que chirría por todos sus goznes.

Lo dicho, cansinos hasta el aburrimiento.

Las verdades inmorales
La libertad de expresión, pensamiento e investigación es un lujo del pasado
Hermann Tertsch ABC 10 Julio 2018

Decir en Alemania que la inmigración musulmana reciente ha traído al país un antisemitismo brutal y un colapso de la seguridad para las mujeres es decir una verdad que todos conocen. Pero es una verdad que una persona de proyección pública no puede expresar sin consecuencias. Viene a ser tan peligroso como afirmar en Madrid que la fiesta del orgullo gay, que se aceptaba bien como celebración de un día y con perfecto respeto de todos hacia los homosexuales, ahora que se prolonga diez días, es percibida como un absoluto abuso y maltrato a la población de ciertos barrios y concluye en una grosera apoteosis de procacidad y mal gusto. Tampoco ayuda a la reputación social y mediática proclamar la verdad histórica de que el golpe de Estado del general Franco fue el último de varios en la II República, la mayoría orquestados por la izquierda. Y que no iba dirigido contra ninguna democracia porque no la había ni contra un orden constitucional que no existía, sino contra el terror y la amenaza bolchevique del ¡Viva Rusia! E impidió, entre otras cosas, el exterminio del clero, la desaparición del patrimonio cultural de la Iglesia y, más que probablemente, la primera dictadura estalinista en Europa occidental.

Son verdades que quieren convertir en moralmente inaceptables. En España se pretende hasta perseguirlas penalmente con una vuelta de tuerca a esa aberración que es la Ley de Memoria histórica impuesta por revanchistas de la izquierda y acatada por cobardes de la derecha. En el siglo XX se persiguió mucho la verdad en Europa. Con frecuencia, a muerte. Ahora en España te quieren meter cuatro años a la cárcel, inhabilitarte y arruinarte. Quieren que dé miedo decir la verdad. En eso está ese personaje que ha demostrado su perfecta idoneidad para cualquier campaña contra la verdad que es Pedro Sánchez. Ese que dijo que convocaría elecciones enseguida y que RTVE quedaría bajo dirección neutral.

En Alemania, la escalada en el terror cultural que ejerce la corrección política bate tristes marcas. Rolf Peter Sieferle, era un celebrado académico, historiador volcado en fenómenos sociológicos y medioambientales, profesor en varias universidades de Alemania y Suiza. Hasta que trató la inmigración y escribió su libro Finis Germaniae. Tachado de nazi, marginado y acosado, se suicidó en Heidelberg en septiembre de 2016. Escritores como Uwe Tellkamp han pasado del altar a la picota al quejarse de efectos de la inmigración. Hasta los grandes Peter Sloterdijk o Rüdiger Safranski son objetivo de la jauría de guardianes de la corrección en los medios. Ahora está en la picota otra vez Thilo Sarrazin en guerra con la editorial DVA del gigante Bertelsmann. Sarrazin no es precisamente un friki. Fue el poderoso consejero de Hacienda del gobierno de la ciudad de Berlín, dirigente del SPD y miembro de la dirección del Bundesbank. Ha escandalizado con libros de opiniones controvertidas pero ante todo de verdades que las almas exquisitas de la corrección consideran inmorales. Es malo decir que las mujeres tienen miedo a salir por los inmigrantes. Aunque las mujeres tengan miedo a salir por los inmigrantes. Son verdades a reprimir para preservar la virtud del ciudadano. Su anterior libro fue «Alemania se autoliquida». Vendió la friolera de millón y medio de ejemplares con DVA. Pues esta editorial no le quiere publicar el ahora escrito que se llama «Ocupación enemiga». Trata de cómo la inmigración musulmana paraliza el progreso y amenaza a la sociedad. Pese al negocio seguro, la editorial no se atreve. Las editoriales con el susto de muerte. Dice que «el libro podría aumentar la actitud crítica hacia el islam en la sociedad alemana». El pretexto moral para la censura es tan categórico que suena a decreto vaticano renacentista.

MADRID Y TARRAGONA
Ciudadanos versus VOX: dos imágenes, dos formas de pasar el fin de semana
La Gaceta  10 Julio 2018

Este pasado fin de semana ha dado para mucho en la política española. Para muchos retratos… Mientras Ciudadanos promocionaba en las redes sociales su participación en la marcha del Orgullo Gay, VOX luchaba contra los intolerantes en Tarragona para poder desarrollar sin incidentes su campus de verano…

Fin de semana soleado en Madrid. La representante del partido naranja y concejal en el Ayuntamiento de la capital Begoña Villacís difundía en sus redes sociales un vídeo de apoyo a la marcha del orgullo. En él se escucha al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, reivindicando una ley de gestación subrogada [vientre de alquiler] para ampliar los derechos de los homosexuales porque “hay familias que no pueden tener hijos como querrían”. Además, señalaba la necesidad de sacar adelante en el Parlamento una ley contra la discriminación y por la igualdad:

Después las redes captaban algunas imágenes más de la celebración naranja en las fiestas del orgullo:

Cambiamos de comunidad autónoma. De Madrid a Cataluña, al municipio tarraconense de La Selva del Camp. Allí están congregados más de 100 participantes en el Campus de Verano de VOX, el partido presidido por Santiago Abascal.

Su presencia ha indignado a los llamados Comités de Defensa de la República (CDR), que tratan de impedir la entrada de los participantes al campus al grito de ‘Pim, pam, pum, que no quede ninguno’ y con el lema ‘La selva será la tumba del fascismo’.

Comparece ante los medios el secretario general del partido, Javier Ortega Smith, para explicar que VOX seguirá adelante con su campus con total normalidad:

Como en el caso de Ciudadanos, las redes sociales transmiten las imágenes ‘oficiosas’ del fin de semana. La que ven aquí abajo, de un grupo de niños de La selva que no comparten las tesis separatistas y que se acercaron al campus de VOX para trasladar su apoyo (y contar, por cierto, que en sus aulas se les bajaba un punto en la nota de los exámenes por no escribir que Cataluña es un país diferente a España).

Dos imágenes, dos formas de pasar el fin de semana.

Advierten de que el Gobierno Vasco quiere construir un falso conflicto a su medida que diluya las responsabilidades criminales de ETA
Víctimas del terrorismo y asociaciones de guardias civiles alertan de que el Gobierno será cómplice de la falsa "teoría del conflicto" si avala la ley vasca de abusos policiales
www.latribunadelpaisvasco.com 10 Julio 2018

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE), el Sindicato Unificado de Policía (SUP), la Unión Federal de Policía (UFP), la Confederación española de policía (CEP), el Sindicato Profesional de Policía (SPP), la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) y la la Asociación Independiente de la Guardia Civil (ASIGC) alertan de la gravedad de la retirada del recurso de inconstitucionalidad planteado hace un año por el Gobierno del PP contra la ley vasca de víctimas de abusos policiales. “Implicaría dejar en manos del Gobierno Vasco una cuestión jurídica que corresponde al Tribunal Constitucional”, aseguran. Asimismo, muestran una profunda preocupación por la puesta en marcha de la comisión de valoración de los abusos policiales sin que se haya retirado todavía el recurso de inconstitucionalidad de esta ley.

Las víctimas del terrorismo y los sindicatos y asociaciones policiales exigen al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que impida la retirada de este recurso: “En su condición de juez, el ministro es consciente de que dejar fuera del control del Tribunal Constitucional las leyes promulgadas por el Parlamento vasco es un ataque severo al Estado de Derecho; todas las leyes de este país deben estar sometidas al control del Tribunal Constitucional, incluidas las que promulguen los parlamentos autonómicos”. Alegan que ley vasca de abusos policiales está recurrida porque parte de su articulado contraviene gravemente la Carta Magna, por lo que el Tribunal Constitucional debe pronunciarse al respecto.

COVITE y los firmantes del comunicado denuncian que la intención del Gobierno vasco con la retirada del recurso de inconstitucionalidad contra la ley vasca de víctimas de abusos policiales es “que el Estado de Derecho no controle su potestad normativa que, en este caso, es decidir quién es víctima de abusos policiales y quién no lo es; constituir un tribunal administrativo fuera de la ley para dar un reconocimiento oficial a supuestas víctimas de abusos policiales”. De esta manera, el Gobierno vasco tendría el empaque legal necesario para “perpetuar una falsa teoría de un conflicto entre dos partes en torno a lo que ha sucedido en el País Vasco en los últimos cincuenta años”.

Recuerdan que la metodología del Gobierno Vasco para dilucidar quién es víctima de abuso policial y quién no lo es quedó totalmente desacreditada cuando la Secretaría de Paz y Convivencia del Gobierno Vasco sacó a la luz en diciembre del año pasado su informe sobre torturas, elaborado por el Instituto Vasco de Criminología, en el que se cifraban en 4.113 los casos de tortura ejercidos desde 1960 hasta 2014. Los 4.113 casos analizados en el informe eran de denuncias de torturas, y de todas estas denuncias, solo 202 habían sido investigadas. El informe se basa en denuncias y en declaraciones de los supuestamente torturados, y en muchos casos incluso se acudió a la hemeroteca sin siquiera tener la declaración de los propios interesados. Por tanto, no se basa en hechos probados y contrastados. “Dar por acreditada la perpetración de un delito tan grave como la tortura por parte de funcionarios policiales al margen de una investigación rigurosa, contrastada e imparcial es muy grave”, aseguran.

COVITE y los sindicatos y asociaciones policiales reconocen la tortura como un crimen deleznable que merece que los Gobiernos pongan sus esfuerzos en impedir. El hecho de que el Colectivo subraye que la historia del País Vasco se caracteriza por la historia del terrorismo de ETA no significa que quiera ocultar los abusos de poder del Estado ni posibles delitos cometidos en el marco de ese abuso de poder. “Sin embargo, en el caso del Gobierno vasco, existen otros intereses detrás de sus actuaciones”, afirman. “Cada uno de los pasos que el Ejecutivo vasco ha dado en los últimos años en materia de política de memoria pública se ha dirigido a reforzar un relato falseado del pasado en el que se blanquea la actividad terrorista de ETA”. En esa estrategia, el Gobierno Vasco necesita argumentos y está dispuesto a obtenerlos “retorciendo la realidad para ajustarla a su relato”.

Todos los firmantes de este comunicado exigen que la comisión de vulneraciones de derechos humanos en el marco de la lucha antiterrorista se contextualice e investigue debidamente, pero que, en ningún caso, se deslice “que las Fuerzas de Seguridad hayan actuado como una organización criminal cuyos miembros eran incitados a cometer crímenes”. “Acusar al Estado de practicar vulneraciones de derechos humanos de forma sistemática es asumir la teoría del conflicto”, alegan. Demandan al Gobierno de Sánchez que estudie esta cuestión en profundidad, sea cauto y tenga en cuenta que la banda terrorista ETA obligaba a todos sus integrantes a denunciar torturas de forma sistemática cada vez que eran detenidos, precisamente para legitimar su uso de la violencia.

¿Pudo el franquismo sobrevivir a Franco?
Pío Moa Gaceta.es 10 Julio 2018

Dado que este blog desaparecerá en breve, según me han indicado, junto con la propia Gaceta, podrán uds seguirlo en www.piomoa.es
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Evolución de al Ándalus desde Abderramán I a Almanzor: https://www.youtube.com/watch?v=l-X0DtS-g00
LA RECONQUISTA Y ESPAÑA PIO MOA
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Aunque por comodidad empleamos el término “franquismo”, sugiriendo una doctrina política ligada a la personalidad de Franco, nunca hubo tal. Franco ocupó una posición política central durante casi cuarenta años, pero no fue nunca un ideólogo. El problema de definir al franquismo ha traído de cabeza a muchos tratadistas. Por un tiempo se autodeclaró totalitario, pero por tal cosa no hay que entender un estado que ocupa una sociedad más un partido que ocupa el estado, al modo de los países comunistas o, bastante más atenuadamente, del nacionalsocialismo. Su “totalitarismo” consistía en hacer del estado un árbitro entre los intereses del capital y del trabajo, supeditando los conflictos entre ambos al “interés general”, para, teóricamente, evitar el predominio excesivo de uno de ellos y acabar con “la lucha de clases” promovida por los comunistas. Evitando el término, el sociólogo J. J. Linz lo definió como “autoritario”, que le valió, siendo quizá el sociólogo más importante de España, la animadversión de la izquierda cultural (más o menos culta, eso es otra cosa). En Los mitos del franquismo acepté el calificativo de Linz, aunque con alguna reticencia: las democracias pueden ser extremadamente autoritarias, como estamos comprobando actualmente en la UE con la ideología LGTBI, su signo de identidad más preciso, y por supuesto en España, con la misma ideología o la “memoria histórica” aceptada e impuesta por casi todo los partidos.

Tampoco fue un régimen de partido único, pues representó a los grupos vencedores en la guerra civil, cuatro básicamente y no bien avenidos: Falange, carlismo, monarquismo juanista y catolicismo político. Aunque teóricamente asociados en el Movimiento Nacional, cada uno de ellos tenía sus propios órganos de expresión y organizaciones, e incluso un sector contrario a Franco; y el Movimiento Nacional era un ministerio más, no muy dotado económicamente y en la práctica manejado por la Falange. Estos grupos políticos no se llamaban partidos, sino “familias”, y la diferencia con los partidos era que sus conflictos y luchas por el poder no se dirimían en elecciones sino por el arbitraje y decisión de Franco.

Los mitos del franquismo (Historia)
Que el franquismo no fuera una ideología no quiere decir que careciera de fundamentos ideológicos. Estos evolucionaron a lo largo del tiempo, pero básicamente podrían definirse como catolicismo, especialmente en sus directrices “sociales”, con una aleación de falangismo, próximo al fascismo italiano. La economía, como recuerda Julián Marías, era básicamente liberal con reglamentaciones y limitaciones de tipo social que han llevado al escritor Francisco Torres a hablar de un “Franco socialista” en un libro reciente así titulado. Llamar socialista a Franco es exagerar un tanto, pero no cabe duda de que su régimen estableció reglamentaciones e instituciones antes pedidas y nunca realizadas por los socialistas.

Con todo, el elemento ideológico fundamental del régimen fue el catolicismo tanto religioso como en sus derivaciones sociales. Era inevitable porque el catolicismo constituía también el elemento básico común entre aquellas “familias”, junto con el respeto a la persona de Franco (y excluyendo, como señalamos a sus sectores antifranquistas, que en el carlismo derivaron a algo semejante al trotskismo). Así, el estado se hizo confesional, y muy fuerte la influencia directa e indirecta de la jerarquía eclesiástica, un tanto enfrentada a la Falange en los primeros tiempos.

Ahora bien, después de haber salvado del exterminio a la Iglesia, otorgándole grandes cuotas de poder, el Concilio Vaticano II rompió de hecho con el franquismo. No solo renunció a la confesionalidad, impuso a obispos enemigos del régimen y en amplios sectores le mostró hostilidad. Y, por el contrario, apoyo a los separatistas, terroristas, y particularmente a los marxistas, precisamente los que habían protagonizado una de las mayores y más feroces persecuciones religiosas de la historia. El Vaticano II prefirió el “diálogo con los marxistas”, por un cálculo político que terminaría saliéndole caro. (Por cierto que algo semejante le había ocurrido a la liberal Restauración después del 98, cuando los intelectuales e ideólogos le abandonaron para hostigarle a fondo en nombre del “regeneracionismo”).

Por tanto, el régimen perdió su principal sustento ideológico. Una ideología puede adaptarse y desarrollarse, y el franquismo lo había hecho, pero el Vaticano II cortó ya toda posibilidad en ese sentido. Y por otra parte la Falange se había anquilosado en unas ideas de combate propias de los años 30, cuando Europa había sufrido una intensísima crisis de supervivencia, abocada a una II Guerra Mundial que le hizo perder su primacía política, militar y cultural en el mundo. Las ideas falangistas eran vistas por gran parte de la sociedad como algo anacrónico, ritual, estancado. Un chiste de la época lo expresaba de modo pintoresco. “¿Sabes por qué han propuesto a Franco para el Premio Nobel de Física? Porque ha demostrado la inmovilidad del Movimiento”

En aquellas circunstancias, el régimen no podía sobrevivir largo tiempo, y estaba expuesto incluso a un derrumbe catastrófico. No fue así porque sobrevivieron dos elementos clave: el avance económico, que frenaba en gran medida las demagogias comunistas y, en general, antifranquistas; y el prestigio de Franco.

Los enormes ataques, calumnias y distorsiones sufridos por la memoria de Franco desde la transición, hacen difícil entender a la gente de ahora el respeto de que gozó hasta el final, pese al abandono de la Iglesia y de la mayor parte de las propias familias. La misma intensidad de ese antifranquismo post mortem indica ese prestigio. El respeto a Franco era, por paradoja, especialmente fuerte en la oposición, comunista o de cualquier tipo: nadie creía seriamente poder derrocarlo, y todos los movimientos en marcha trataban de prepararse para después de su muerte, cuando el régimen, anquilosado y sin futuro, tendría necesariamente que democratizarse. Carrillo, el héroe de Paracuellos, decía que le encantaría firmar la sentencia de muerte a Franco, pero desde luego era el primero en juzgarlo imposible. Y, bueno, algunos creíamos posible derrocarle por entonces, y causamos daños muy considerables poco antes y al principio de la transición; pero éramos cuatro gatos aislado incluso del resto de la oposición, que hasta el final temblaba ante la posibilidad de una involución.

De modo casi instintivo, el pueblo se decantó por el cambio a la democracia “de la ley a la ley”, frente a los locos y demagogos de la Junta y la Plataforma “democráticas” (conjunto de comunistas, marxistas, terroristas, maoístas socialdemócratas y sinvergüenzas varios) que no habían aprendido nada de la historia y querían enlazar con un Frente Popular realmente criminal. De la ley a la ley significaba desde el franquismo y no contra el franquismo, de la legitimidad franquista a la democrática.

Bastante gente, desde Blas Piñar a Julián Marías, percibió el peligro de una deriva que volviera a traer los tiempos caóticos y separatismos de la república, pero muchos de quienes percibían el peligro fueron incapaces de entender el mensaje popular. Las críticas falangistas y otras a la democracia carecían de sustancia histórica y teórica, y ayudaron a la demagogia, que empezó muy pronto, según la cual democracia y antifranquismo venían a ser sinónimos. Pocas cosas han hecho más daño. Con su infantil ataque a la democracia (debían de creer en la posibilidad de continuar el franquismo), utilizando retórica antigua, la llamada extrema derecha favorecía la demagogia de un antifranquismo que no solo no había sido nunca democrático, sino que había sido la mayor amenaza a las libertades y seguiría siéndolo. Por otra parte, la transición, salida de la entraña del franquismo, cayó enseguida, después de Fernández Miranda, en manos de frívolos e indocumentados como Suárez, el rey y otros parecidos. Estos no tuvieron inconveniente en entregar la bandera de la democracia a la oposición, volviéndose poco a poco casi igual de antifranquistas. Y es que para ellos, “la economía lo era todo”, y dado que la situación económica heredada era tan buena, a pesar de una crisis que se esperaba pasajera, no había que preocuparse por “nimiedades” ideológicas.

La retórica al uso dice que en la transición se reconciliaron los españoles. Nada podría ser más falso. Los españoles, muy mayoritariamente, se reconciliaron en los años cuarenta sobre la base de la derrota de totalitarios y separatistas y la abstención en la guerra mundial, que hizo de España un país privilegiado en Europa. Aquellas hazañas están simbolizadas en el magnífico Valle de los Caídos. Quienes se reconciliaron en la transición fueron los políticos. Y lo hicieron sobre bases falsas. Y hoy todos son comparten las mismas ideas “democráticas”: “memoria histórica”, LGTBI, rescate y recompensa a la ETA, entrega de soberanía a Bruselas, multiculturalismo, engorde de Gibraltar, cipayización del ejército y tantas cosas “democráticas” más. Aquí todos son demócratas: ETA, PP, Podemos, separatistas vascos y catalanes, separatistas gallegos y canarios, andaluces de Blas Infante, PSOE, C´s… El concepto “democracia” se ha transformado en una palabra mágica que cada cual usa e interpreta –si se molesta en hacer el esfuerzo de interpretarla– como mejor le parezca. He esbozado un nuevo enfoque del asunto en La Guerra Civil y los problemas de la democracia en España, esfuerzo vano, al menos por el momento. Es precisa una reelaboración política que vaya más allá de reacciones sueltas ante los abusos más evidentes.

Uno debe preguntarse por qué, pese a todo, esos demócratas han tardado tanto en crear crisis tan graves como la actual. Creo que la respuesta está en la herencia de Franco. Ha costado mucho irla socavándola, ir rompiendo su inercia, como la de una nación ya muy antigua y consolidada. Pero estamos llegando a un punto crucial. Conviene darse cuenta de ello a tiempo.

La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)
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*Una policía que toma partido por una ideología o partido no es una policía democrática, sino totalitaria. Y ahí están, insultando a todos los que no aceptamos el despotismo LGTBI, tan cargado de odio.

*Me he hartado de explicar el mito de Guernica, pero la ineptitud de la derecha hace imposible que la gente se entere. Incluso apoya las versiones izquierdistas-separatistas. Cree que así parece más demócrata y es lo contrario.

*Si bien desobedecido dos o tres veces, más por italianos que por alemanes, Franco prohibió atacar objetivos civiles. Los rojos no solo no los prohibieron, se jactaban en sus partes de sus bombardeos sobre población civil. Lo he explicado varias veces. En vano, parece ser.

*ETA, Podemos, PP, PSOE, PP, C´s, y partidos separatistas, son LGTBI memoria histórica y antifranquistas. ¿Significa eso algo?… ¡Eso es!

*Según Inda, Franco “fue un tirano que asesinó a miles de personas amén de las libertades”. A lo mejor se cree que las libertades o la democracia se deben a gente como él. La necedad y la manipulación imperan en los medios. Puede enterarse con libros como estos. Aprendería algo

*Izquierda, ETA y separatistas han entendido muy bien el significado políticamente estratégico de atacar y ultrajar a Franco: con ello cortan la raíz de la democracia, la monarquía y la Iglesia. Las cuales hacen como que no se enteran. Cobardía que pagarán

*Hay que recordar constantemente a la Iglesia y a la monarquía todo lo que deben a Franco, cuya tumba quieren ultrajar los macarras y tiorras del gobierno con apoyo de las mafias llamadas partidos. Están a tiempo de hacer algo. Si no lo hacen cavan su propia tumba política

*Los jefecillos políticos de la policía y la Guardia civil son LGTBI, es decir, prevaricadores que quieren imponer una ideología totalitaria a la sociedad, coincidencia con Podemos, C´s, PSOE, PP, separatistas y la ETA. ¿Por qué estarán todos juntos en esa aberración?

*El catalán es una lengua regional menos hablada que el español común en Cataluña, con mucho menos bagaje cultural, empobrecida por los separatistas, muy poco útil. La literatura catalana en catalán es muy inferior a la catalana en castellano

*El Cid, Alá lo maldiga (…), fue uno de los grandes prodigios de Alá. Con fuerzas reducidas venció siempre a grandes ejércitos…” En “La Reconquista y España” https://twitter.com/PioMoa1/status/1015602765282795520/photo/1pic.twitter.com/Dl7jJomvz4

*¿Y si los muertos de la pateras se quedaran en sus países? ¿Y si las mafias no les sangrasen y engañasen? Y si los amigos de las mafias, tipo La Sexta –otra mafia– dejaran de engañar y manipular a la gente con su sensiblería?

* “Así como la mujer ama al marido, así Toledo te amaba, Munio. Que no sepan tu muerte en Córdoba para que no se alegren las hijas de los sarracenos…” En La Reconquista y España”.

*Ante la enorme superioridad sarracena. Munio les habló: “Que nadie de vosotros muera volviendo las espaldas, porque es mejor que muramos todos en un solo lugar que dispersos aquí y acullá” “La Reconquista y España”

* “Con tropas reducidas acometieron a los moros, los cuales consiguieron rodearlos y poco a poco aniquilarlos con una lluvia de flechas. Luego descuartizaron el cuerpo de Munio y colgaron sus restos en una torre del castillo de Calatrava…” “La Reconquista y España”.

*Hay que recordarlo, sí. La derecha española es fundamentalmente descerebrada. Carece de discurso histórico y político propio, por eso ha adoptado el de la banda de los “cien años de honradez”

*Una universidad que niega la Reconquista solo revela un nivel intelectual más que deplorable. La Reconquista es un elemento esencial en la identidad de España y un fenómeno único en la historia

*El feminismo es histeria. Las feministas odian la maternidad, fomentan el aborto y les tortura la envidia del pene. Además, muy vulgares y maleducadas. Afortunadamente, la gran mayoría de las mujeres no son así.

* Los políticos españoles comparten de la leyenda negra, asimilada por casi todos ellos. Y esa leyenda procede de la propaganda protestante, francesa e inglesa. Aunque, es cierto, explotaron los “informes” de un orate español, goebbelsiano “avant la lettre”: Las Casas.

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–Enlaza ud. la canción “Sous le ciel de Paris” con la escucha de la antifranquista Radio París en tiempos de Franco y con una estancia cuarenta años posterior en Atenas, cenando en un hotel con su mujer y su hija…
–Me interesan las canciones. Transmiten el aroma de la época

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]
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¿Memoria histórica? La lista de los 50 niños asesinados en Paracuellos
YCM lagaceta.eu 10 Julio 2018

El 4 de diciembre de 1936, bajo las órdenes del dirigente comunista Santiago Carrillo, entonces consejero de Orden Público, y bajo la responsabilidad del gobierno republicano que el 6 de noviembre se había trasladado a Valencia, unos 5.000 hombres, mujeres y niños fueron sacados de varias cárceles de Madrid y llevados a Aravaca, Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz, para ser asesinados. Los 89 primeros, asesinados en la mañana del 7 de noviembre, habían sido sacados de las prisiones de San Antón y Porlier. Fueron enterrados en la fosa número 1, al pie del Cerro de San Miguel, sobre el que se sitúa una cruz blanca que domina el Cementerio de los Mártires de Paracuellos, y que es visible desde la Terminal 2 del Aeropuerto de Barajas.

En la masacre fueron asesinados 276 menores de edad
Entre los asesinados había personas detenidas por sus ideas políticas, por ser empresarios o por ser católicos. Entre las víctimas había muchas personas que no habían llegado a la mayoría de edad (situada entonces en los 23 años). El 4 de diciembre de 2006, familiares y amigos de los asesinados publicaron una esquela a toda página en el diario El Mundo citando los nombres de 276 menores de edad asesinados en estas masacres.

La lista de los niños asesinados en las masacres de Paracuellos
Aravaca
Francisco Martín Monterroso, 17 años.
Luis Romeu Cayuela, 17 años.

Paracuellos de Jarama
Luis Abía Melendra, 17 años.
Ramón Alcántara Alonso, 17 años.
Manuel Alonso Ruiz, 16 años.
Jaime Aranda de Lombera, 17 años; también asesinaron a su hermano Andrés, de 22, y su padre Salvador, de 50.
Carlos Arizcun Quereda, 17 años.
José A. Barreda Fernández Cerceda, 17 años.
Manuel Blanco Urbina, 17 años.
Vicente Caldón Gutiérrez, 17 años.
José María Casanova y González Mateo, 17 años.
Antonio Castillejos y Zard, 16 años.
Víctor Delgado Aranda, 17 años.
Vicente Galdón Jiménez, 17 años.
Manuel Garrido Jiménez, 17 años; también asesinaron a su hermano Enrique, de 21.
Aurelio González González, 17 años.
Rafael Gutiérrez López, 17 años.
Adolfo Hernández Vicente, 17 años.
Miguel Iturruran Laucirica, 17 años.
Ángel Marcos Puente, 17 años.
Emilio Morato Espliguero, 17 años.
Saturnino Martín Luga, 17 años.
Ramón Martín Mata, 17 años.
José María Miró Moya, 16 años.
Carlos Ortiz de Taranco Cerrada, 17 años.
Manuel Pedraza García, 15 años.
Francisco Rodríguez Álvarez, 15 años.
Antonio Rodríguez de Ángel, 17 años.
José Luis Rodríguez de la Flor Torres, 17 años.
Epifanio Rodríguez García de la Rosa, 17 años.
José María Romanillos Hernando, 17 años.
Manuel Ruiz Gómez de Bonilla, 16 años.
Samuel Ruiz Navarro, 13 años.
Juan Carlos Sagastizabal Núñez, 17 años.
Alfonso Sánchez Rodríguez del Arco, 16 años.
Alfredo Santiago Lozano, 17 años; también asesinaron a su hermano Manuel, de 20.
Enrique Sicluna Rodríguez, 16 años.
Óscar Suárez Lorenzo, 17 años.
Guillermo Torres Muñoz de Barquín, 17 años.
Bernardino Trinidad Gil, 16 años.
Tarsilo de Ugarte Ruiz de Colunga, 17 años.
José Luis Vadillo y de Alcalde, 17 años; también asesinaron a su hermano Florencio, de 21.
Alejandro Villar Plasencia, 17 años.
Olegario Zorrella Muñoz, 17 años.
Alfredo Zugasti García de Paredes, 17 años.

Torrejón de Ardoz
Enrique Arregui Hidalgo, 17 años.
Rafael Arrizabalaga Español, 17 años.
Félix Berceruelo Martín, 17 años.
Jesús Calvo Quemada, 17 años.
José Luis Pérez Cremos, 16 años.

Señalar para luego exterminar
FERNANDO PALMERO El Mundo 10 Julio 2018

Varios testigos, entre ellos Filip Müller, miembro del Sonderkommando de Auschwitz, han relatado la trágica noche en la que los gitanos que aún quedaban con vida en el campo B2e, el extremo oeste más alejado de Birkenau, fueron asesinados en las cámaras de gas de los crematorios 3 y 5. El campamento gitano (Zigeunerlager) era una anomalía dentro de la estructura concentracionaria, de trabajo y muerte de Auschwitz. Aisladas en barracones de madera, las familias vivían juntas, podían vestir ropa civil (aunque marcadas con una cruz roja en la espalda), no se les rapaba la cabeza, los SS no solían acosarles demasiado ni infligirles muchas palizas y los varones trabajaban habitualmente dentro de la zona del campo reservada para ellos. No obstante, fue gitana la mano de obra forzosa que construyó el nuevo andén y el ramal ferroviario al interior del campo, diseñado para el asesinato de los judíos húngaros en el verano de 1944. El hacinamiento (llegó a haber hasta 10.000 personas a la vez en un terreno rectangular de 500 metros de largo por 120 de ancho), la escasez de comida y las pésimas condiciones de salubridad eran, sin embargo, la contrapartida que los gitanos deportados allí desde los más remotos lugares del Reich tenían que soportar, y que acabaron con la vida de miles de ellos. "En el crematorio", relata Müller en Tres años en las cámaras de gas (ed. Confluencias), "nos dimos cuenta de que cada vez había mayor número de cadáveres del campamento gitano, la mayoría de los cuales eran niños pequeños y ancianos. Los segundos no eran más que piel y huesos, casi todos tenían sarna, mientras a los niños muertos parecía como si los hubieran roído las ratas. Los médicos nos dijeron que en realidad se trataba de una enfermedad llamada noma que afectaba sobre todo a los niños debilitados".

En mayo de 1944, cuando comenzaba el periodo de mayor actividad asesina de Auschwitz, Himmler dio la orden de aniquilarlos. Antes, se efectuó una selección. Unos 3.200 fueron enviados a otros campos como mano de obra esclava. Algunos de los que quedaron, muchos de los cuáles habían sido sometidos a experimentos médicos, fueron asesinados selectivamente mediante inyecciones de fenol aplicadas directamente en el corazón por el personal sanitario. El 2 de agosto, en una tarde especialmente violenta por la dura resistencia que pusieron, los 2.897 gitanos que habían sobrevivido fueron gaseados. «No fue fácil meterlos en las cámaras», recordaría posteriormente Rudolf Höss, comandante de Auschwitz, según recoge Nikolaus Wachsmann en KL (ed. Crítica). En octubre, desde Buchenwald enviaron a otros 800 para llevarlos a unas cámaras de gas que dejarían de funcionar en noviembre, ante la inminente llegada de las tropas soviéticas. Se desconoce el número exacto de gitanos de toda Europa que fueron asesinados durante el Holocausto. Al menos, 250.000. Algunas fuentes elevan la cifra hasta los 500.000. A ese genocidio, cometido sobre todo por la Alemania nazi y por el Estado Independiente de Croacia, y en el que colaboraron también la Francia de Vichy, Serbia y Rumanía, entre otras naciones, se le conoce como Porraimos (literalmente devastación, en romaní).

El genocidio gitano comenzó como lo había hecho el judío. Con un censo racial. Y es difícil sustraerse a su memoria después de que Matteo Salvini, vicepresidente y ministro del Interior italiano, haya anunciado la elaboración de uno para saber quién debe o no quedarse en el país, "aunque a los gitanos italianos", declaró con el tono racista y xenófobo que tiene todo nacionalista, "lamentablemente, nos los tengamos que quedar". Si el antisemitismo fue el abono necesario para perpetrar la Shoá, el ancestral odio a los gitanos (calificados de asociales y a los que se identificaba con la delincuencia, la prostitución y el rechazo al trabajo) posibilitó el Porraimos. Como recordó Raul Hilberg en La destrucción de los judíos europeos (ed. Akal), la policía de Múnich había introducido ya en 1911 la toma de huellas dactilares para controlar a los gitanos nómadas de Baviera, y en 1929 instauró la Oficina Central para Combatir a los Gitanos. También durante los años en los que ejerció como ministro del Interior de Berlusconi, el antecesor de Salvini en la secretaría federal de la Liga Norte, Roberto Maroni, intentó imponer un registro de huellas dactilares de niños gitanos, paralizado por la UE. Ahora, Italia ha lanzado un nuevo desafío a la comunidad internacional con el acoso a los miembros de la comunidad gitana, que ya ha comenzado activamente en Roma, cuya alcaldía está regida por el populista y de izquierdas Movimiento 5 Estrellas, socio de la Liga Norte en el Gobierno.

El censo, decíamos. Entre el 12 y el 18 de junio de 1938, en la conocida como la semana de la limpieza gitana, miles de sinti y romà alemanes y austriacos fueron enviados a campos de trabajo en Salzburgo y en Burgenland, al este, junto a la frontera con Hungría, donde fueron empleados en la construcción de carreteras y la tala de árboles. En diciembre, Himmler emitió una circular para "combatir la plaga gitana" y, como había ocurrido con los judíos en 1935 tras la aprobación de las leyes de Nüremberg, se procedió a una exhaustiva investigación racial para determinar el grado de mezcla sanguínea, retirar la nacionalidad alemana a los señalados y aplicarles normas salariales y fiscales diferenciadas de los ciudadanos arios. A los sinti puros (considerados procedentes del Antiguo Reich y de Austria) y a algunos de matrimonios mixtos (llamados Michlinge buenos) se les permitió quedarse. También, a las familias de soldados en activo y a algunos con residencia y empleos estables, pero bajo la condición de someterse a una esterilización irreversible que evitase la contaminación de la raza aria. El resto, todos los romà y los sinti no puros, entre 22.000 y 23.000 de toda la Europa ocupada por el Reich, según Hilberg, fueron deportados a diferentes campos en el Este, en la Polonia ocupada, especialmente a Auschwitz.

Las deportaciones habían comenzado con una orden de Himmler de 16 de diciembre de 1942, acompañada de otra de 26 de enero de 1943, a partir de la cual se procedió a la confiscación de todas las propiedades de las personas que habían sido enviadas a los campos. Como en el caso de los judíos, el exterminio estaba indisolublemente unido a un robo a gran escala que sirvió para aliviar la carga de los gastos de guerra alemanes, aunque, a diferencia de la Shoá, sobre la que Götz Aly hizo un cálculo aproximado, se desconoce a cuánto ascendió lo sustraído a los romà y los sinti europeos.

El primer transporte de gitanos llegó a Auschwitz el 26 de febrero de 1943 y en fechas sucesivas lo hicieron 10.094 varones y 10.839 mujeres, un total de 20.933 personas. Algunos, como los 2.700 provenientes del distrito polaco de Bialystok, fueron enviados directamente a la cámara de gas ante la sospecha de estar infectados de tifus. Otros murieron víctimas de las plagas que asolaban periódicamente el campamento gitano. Se sabe que en los otros campos de exterminio, Belzec, Sobibór, Treblinka, Majdanek y Chelmno fueron gaseados grupos de gitanos, pero se desconoce el número. También, en el avance de los Einsatzgruppen durante la invasión de la URSS, junto a los judíos fueron fusilados gitanos en Bielorrusia, los Estados bálticos, Ucrania o Crimea.

En Serbia, donde vivían alrededor de 150.000, fueron obligados a llevar un brazalete amarillo con la palabra Zigeuner, similar al que portaban los judíos con la estrella de David. Muchos corrieron el mismo destino que aquellos en el campo de Semlin. También el Estado Independiente de Croacia, un régimen nacional-católico de inspiración nazi, inició el asesinato de sus ciudadanos gitanos con la elaboración, a partir de julio de 1941, de un censo en el que fueron inscritas unas 40.000 personas, perseguidas por razones raciales y religiosas. Al final de la Guerra, sólo quedaron con vida unas 800. Carente de cámaras de gas, en el campo de exterminio de Jasenovac, a pocos kilómetros de Zagreb, murieron 16.173 romà a mazazos, degollados o ahogados en los centros de exterminio de Ustice y Donja Gradina.

Primero fue el censo. Luego llegaron la deportación y la expropiación. Finalmente, el exterminio.

Fernando Palmero es periodista, doctor por la Universidad Complutense y coautor de Guía didáctica de la Shoá (CAM, 2014) y Para entender el Holocausto (Confluencias, 2017).

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Sánchez regala a Torra los cimientos para destruir España
OKDIARIO 10 Julio 2018

Pedro Sánchez está dispuesto a entregar buena parte de la dignidad y de los recursos de España a Quim Torra si con ello se asegura la Presidencia hasta las elecciones generales de 2020. El dirigente socialista sigue haciendo de la irresponsabilidad su modo de gestión. Con tal de permanecer un par de años en La Moncloa, dará oxígeno en forma de dinero y reconocimiento político a las aspiraciones veleidosas del golpismo catalán. Quim Torra se ha presentado en Madrid este lunes con las ideas claras y el lazo amarillo que simboliza el golpe contra España colgado de la chaqueta y de las palabras: “No renuncio a ninguna fórmula para alcanzar la autodeterminación”. Eso significa una petición a España de 17.000 millones de euros en los próximos dos años. Lo peor es que, en una acto de absoluta piromanía política, Pedro Sánchez estaría dispuesto a pactar con ellos una reforma de la Constitución.

La debilidad parlamentaria de los socialistas está provocando que Torra y sus acólitos —seguidores acérrimos del golpista huido Carles Puigdemont— consigan meter el Caballo de Troya del independentismo hasta el epicentro mismo de nuestro país. Esa reforma constitucional marginaría al resto de comunidades autónomas para quedar reducida a una “comisión bilateral”. Un plan con el que los separatistas pretenden conseguir más autonomía para Cataluña y su reconocimiento como “nación”, amén de otras prebendas como la independencia judicial. En definitiva, los separatistas buscarían a medio plazo culminar un remedo del Estatut que ya prohibiera el Tribunal Constitucional. De conseguirlo, las cesiones de Sánchez les servirían para poner los cimientos de su objetivo prioritario: un nuevo referéndum de independencia de cara a 2020. La situación suscita una preocupación extrema en todos los defensores del Estado de Derecho, ya que además provocaría un efecto contagio en el País Vasco.

La exigua presencia parlamentaria de los 84 diputados con los que cuenta Pedro Sánchez, y su ambición de poder carente de altura política y sentido de Estado, provocará que tenga que pasar por el aro y conceder 7.500 millones de euros al año al gobierno golpista de Cataluña a través del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) y otros 1.000 millones más en infraestructuras cada uno de los dos años que pretende estar al frente del Gobierno de España. Sánchez convertirá a un golpista como Torra en su socio preferencial. Algo que no debería permitir ningún país democrático, menos aún cuando el mandatario socialista apoyó a Mariano Rajoy en la aplicación del artículo 155 en Cataluña. La moción de censura va camino de convertirse en uno de los hechos con peores consecuencias de la historia reciente de España.

Sánchez nos humilla
Rivera resumió bien en el Foro de ABC el mayor problema del país
Luis Ventoso ABC 10 Julio 2018

Supongo -estoy seguro- que la inmensa mayoría de los españoles sentimos ayer una mezcla de desazón, vergüenza ajena y enojo al ver al presidente de nuestro país recibiendo en La Moncloa con gran afabilidad a un mandatario que portaba en su solapa el lazo amarillo. No se trata de un adorno inocuo. Denigra a más de la mitad de los catalanes y simboliza la solidaridad con los golpistas que en octubre se alzaron contra nuestra democracia y nuestro país. Después charlaron dos horas y media. Sánchez, que le debe su presidencia al partido de Torra, le ofreció una comisión bilateral de igual a igual, otorgando así a Cataluña rango implícito de Estado, y también revisar los fallos del TC que suspendieron leyes catalanas inconstitucionales (lo cual supone una salvajada jurídica: el Ejecutivo revirtiendo los fallos del máximo tribunal del país, al que dejaría así sin autoridad alguna). Después Sánchez se dio un paseíllo por los jardines monclovitas con aquel al que hace solo dos meses comparaba con Le Pen. Acto seguido, la vicepresidenta Calvo y Torra valoraron el encuentro. Calvo lo consideró «francamente útil». Además, con pésimo estilo y nula lealtad constitucionalista, en lugar de criticar a los separatistas cargó contra Rajoy: «A él le hicieron dos referéndum y nosotros en un mes y dos días hemos recibido al president Torra y hemos hablado durante dos horas y media con él. Este es el sitio», se jactó, alardeando de su entreguismo ante los sediciosos. Pero Torra, que no quiso hacer sus declaraciones en Moncloa, sino en la embajada catalana en Madrid, cantó La Traviatta y soltó la verdad: contó que transmitió a Sánchez que no renuncia a la autodeterminación y a buscar la independencia como sea. Resumen: la nueva operación de márketing sanchicista se salda con que el Gobierno se compromete a ir erosionando el Estado a cambio de nada (o de algo, lo único que a él le importa: que Torra no le decomise la llave de La Moncloa).

En esta España de la posverdad televisiva (léase de la tergiversación sectaria de la realidad) la lectura que se venderá del encuentro será la siguiente: Sánchez dialoga, no como el retrógrado de Mariano, y ya ha logrado apaciguar a los separatistas. Por eso se agradece enormemente la explicación sencilla y nítida que a la misma hora de ayer ofreció Albert Rivera en el Foro ABC. En su discurso en el hermoso comedor del Casino de Madrid, y en sus respuestas posteriores al jefe de política del periódico, Juan Fernández-Miranda, Rivera explicó que «la legislatura está agotada» y que padecemos «el Gobierno más débil de la historia, entregado a Torra, Urkullu y Bildu». También recalcó que «Sánchez es capaz de cualquier cosa por ser presidente unos meses y va a permitir que el separatismo se rearme». Por último, recordó una abrumadora realidad siempre olvidada: España lleva 40 años cediendo ante el nacionalismo y lo único que se logra dando privilegios al separatismo «es agravar la situación, porque el nacionalismo es insaciable».

Rivera dijo la simple verdad de lo que está pasando. La que no escucharán en televisión.

Una distensión para la galería
EDITORIAL El Mundo 10 Julio 2018

La esperada reunión entre Pedro Sánchez y Quim Torra no sirvió para aplacar el desafío secesionista, el mayor reto de nuestra democracia. Y ello a pesar de las pregonadas buenas intenciones de ambas partes -pura retórica- y los elogios a la predisposición del president lanzados por parte de Moncloa a través de Carmen Calvo. El presidente del Gobierno, nuevamente, no quiso salir a dar explicaciones en rueda de prensa. Aunque travestido de ejercicio de responsabilidad institucional, lo que hicieron ayer Sánchez y Torra fue regalarse una sesión de distensión mutua que no solo no soluciona nada, sino que arroja dudas muy inquietantes para los ciudadanos. Ni Sánchez parece decidido a plantear un proyecto de España sólido y solvente, ni Torra renuncia a la unilateralidad y la desobediencia.

El presidente de la Generalitat, que tachó el encuentro de "sincero", no se movió un ápice de las posiciones más radicales del independentismo. Exigió el reconocimiento del derecho de autodeterminación, se acordó de los "presos políticos y exiliados" y mantuvo su pulso a la Corona. Pero sobre todo elogió que Sánchez admitiera, por un lado, que el reto independentista es un "problema político" que requiere una "solución política"; y, por otro, que España es una nación de naciones. La plurinacionalidad, tácticamente aparcada en el PSOE tras prestar apoyo a la aplicación del artículo 155, presta una coartada a la reivindicación del derecho a decidir agitado por los secesionistas. Por eso la confesión de Sánchez es tan preocupante. Primero, porque los españoles desconocen cuál es el contenido de una eventual solución política que, en principio, no parece al alcance de un Gobierno débil y sin base parlamentaria. Segundo, porque el propio Torra afirmó que cualquier salida "pasa por la autodeterminación", lo que revela que el separatismo continúa en la hoja de ruta que desembocó en el 1-O. Y tercero, porque el hecho de que el presidente admita el carácter político de esta cuestión supone una cesión flagrante que alimenta el relato soberanista.

En este contexto, ambos pactaron reactivar las comisiones bilaterales -algo ya contemplado en el Estatut- y el levantamiento del veto en el Tribunal Constitucional a las leyes sociales del Govern, todas recurridas por el Ejecutivo de Rajoy. Fue una escenificación cosmética que no deja satisfechos ni a los constitucionalistas, que asisten con creciente preocupación a las maniobras de Sánchez; ni tampoco a los separatistas, cuyos CDR se apresuraron a pedir la dimisión del president.

Si ya es grave que Torra mantenga su amenaza al orden constitucional, aún lo es más que Sánchez traicione sus propias palabras explorando acuerdos con quien sigue dispuesto a quebrar la legalidad. Un Estado de derecho no dialoga ni negocia con golpistas. La ciudadanía tiene derecho a saber cuál es el precio de sostener a Sánchez en La Moncloa.

Torra sólo pide autodeterminación

 La Razon 10 Julio 2018

Joaquim Torra es el ejemplo canónico del independentismo más radical y dogmático. No es un político al uso –ni ha sido concejal, alcalde o diputado, ni ha gestionado nada que tenga que ver con el bienestar material común–, sólo es un obediente activista capaz de no ocupar el despacho de presidente de la Generalitat porque cree que le corresponde al huido Puigdemont. Es un activista que incluso en el regalo protocolario tiene que expandir su ideología a través de un humilde licor popular «para recordar de dónde venimos». Por lo tanto, es realmente complicado extraer ideas claras y contrastables de sus palabras, aunque sí sabe delimitar una frontera semántica con las ideas que sostiene el «proceso»: autodeterminación, presos políticos, 1-O. Está convencido, y así se lo ha planteado a Sánchez, de que «Cataluña se autodeterminó» en el referéndum ilegal del 1 de octubre y declaró la independencia el 27. De ahí su insistencia en hablar de encuentro «bilateral» –le faltó decir entre Estados– entre los gobiernos de España y Cataluña, «de reconocimiento mutuo institucional y de proyectos».

Es difícil, como decíamos, discernir la mera propaganda de los contenidos concretos. Parece que tras la reunión de ayer en La Moncloa, Pedro Sánchez ha reconocido que existe un problema político y que éste debe resolverse políticamente. Que era un problema político nadie lo había puesto en duda, pero otra cosa es que la solución pase por convocar un referéndum de independencia que acabe con la unidad territorial. Torra le expuso al presidente del Gobierno esta vía a Sánchez, según su propia confesión, incluso no renunció a «descartar otras fórmulas para alcanzar la independencia».

No tiene sentido insistir en «hablar de todo» cuando lo que se está poniendo encima de la mesa es la deslegitimación del Estado de Derecho, como Torra hizo al defender la existencia de «presos políticos» y calificarla de «indecencia jurídica». ¿En base a qué Sánchez tuvo que soportar oír que fuera de España «tengo la libertad de abrazarme con los presos» y tratarnos como una dictadura?

En definitiva, por parte de la Generalitat no hubo ni un mínimo gesto de rectificación sobre la vía emprendida por el «proceso», ni voluntad real de diálogo –«hablar de todo» no es exactamente dialogar, ni una reunión de esa importancia es una terapia– y lo que quiso transmitir posteriormente a la opinión pública es que «no vamos a renunciar a nada».

Suponemos que Sánchez sabrá por qué la reunión fue tan positiva. Que se vuelva a poner en marcha la comisión bilateral Estado-Generalitat, sin actividad desde 2011 (no olvidemos que bastó la llegada al Gobierno de PP para que, en 2012, el Parlament proclamase «el derecho imprescindible e inalienable de Cataluña a la autodeterminación»), es una buena noticia, pero también esperemos que acepten participar en el Consejo de Política Fiscal y Financiera con el resto de gobiernos autónomos, al que se han negado a asistir en los últimos años. ¿Debe verse en esto una muestra de distensión y normalidad? Es pronto para decirlo.

En palabras de la vicepresidenta, Carmen Calvo, ha quedado claro que ni en nuestra Constitución ni en ningún otro estado democrático existe el derecho a la autodeterminación, aunque Torra asegurase que Sánchez «me ha confirmado que España es una nación de naciones». La Generalitat tiene dos vías: o aceptar las reglas del juego o persistir en el delito de saltarse las leyes, con las consecuencias ya conocidas. No anima nada al optimismo que Torra anunciase que no invitaría al Rey al homenaje a las víctimas por los atentados de Barcelona y Cambrills del año pasado, lo que compromete seriamente a Pedro Sánchez, su nuevo interlocutor.

Lo soez
ARCADI ESPADA El Mundo 10 Julio 2018

A su modo patético, Calvo trató de decir que Sánchez y el Valido habían mantenido una reunión institucional. Y cuando un periodista le preguntó si Sánchez seguía creyendo que el Valido era un racista y el Le Pen español, aun se creció en el énfasis: "Hoy hemos recibido al president de la Generalitat". Pero no. Sánchez había aceptado recibir a un hombre que llevaba un lazo amarillo en la solapa. Ese lazo dice que España no es una democracia y exige la libertad de personas presuntamente responsables de un asalto al Estado de Derecho. Es el lazo que lleva un militante, un partidario de la insurrección, y cuyo significado rechazan más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña. Nadie dotado de un sentido institucional, al margen de sus creencias y de las creencias de los partidos que le hubieran dado la mayoría parlamentaria, llevaría ese lazo en la solapa. Porque hay algo más que retórica cuando un investido proclama que es el presidente de todos. Nadie que lleve ese lazo puede serlo. Tampoco el que afirme que su Gobierno no invitará al Rey de España a ningún acto, incluido el próximo duelo en memoria de las víctimas del atentado de Barcelona. Ni puede ser presidente de todos los catalanes ni una figura institucionalmente considerada por cualquiera que tenga una noción adulta y compleja de la política. Lo que, evidentemente, no es el caso de Sánchez. Ha recibido en la puerta al Valido después de que expresara su categórico desdén con el Jefe del Estado y lo ha hecho pasar al interior no obstante ir adornado con el sectario lazo amarillo. El irreflexivo asentimiento de Sánchez se complica, además, por el objetivo ceremonial de su interlocutor, que era escenificar un encuentro entre los presidentes de Cataluña y España. La cargada alforja que traía el Valido -ratafia incluida, ese mejunje- debió ser interpretada como los regalos que traen a la ciudad los amables cazurros del pueblo. Pero el torpísimo Sánchez se encargó de darle vuelo bilateral ¡correspondiendo! con un volumen ilustrado sobre el Palacio de La Moncloa.

Un imposible destello de inteligencia y dignidad política hubiese hecho desviar la cita de Moncloa hasta la sede del Psoe en Ferraz, donde los militantes y las militantas, y las chapitas y los lazitos. Y donde, con mucho menor compromiso, se habría enterado por fin Sánchez de lo que realmente significa "dar solución política a un problema que es político". La autodeterminación es lo que significa. Eso que las personas educadas jamás ejercen fuera del lavabo y mucho menos en los salones de Moncloa.

Espaldarazo a Sánchez
RAÚL DEL POZO El Mundo 10 Julio 2018

"Estaban peleados entre ellos y no sabían qué hacer. En la visita a Moncloa han seguido la retórica de octubre-octubre por un lado y la restauración de la autonomía por otro. Ya hablan de trenes, de competencias, de dinero. Yo resumiría el viaje de Torra como un espaldarazo a Pedro Sánchez". Esa es la opinión de un destacado jurista catalán. Deshielo, diálogo, apretones de manos, paseítos, comunicación fluida, comisión bilateral, buenas palabras. Pamplinas. Naderías. Lo esencial, es que Carmen Calvo (vicepresidenta con empaque jacobino), ha reafirmado que la entrevista "cordial y fluida" no se ha salido del arco constitucional. Para ese viaje no se necesitaba tanta prosopopeya. El supremacista Quim Torra, "cerca de los planteamientos nazis" (José Bono), "el cobrador del lazo" (Inés Arrimadas), llegó en el AVE con una garrafeta de patafría, licor carlista del que Puigdemont es cofrade, aderezado a base de anís, nueces verdes, flores de tila... Ahora se tarda menos que cuando viajaban desde Barcelona a Madrid Josep Pla, acompañando a Cambó, que era el que la pagaba, y los diputados catalanes; dure más o menos siempre es un viaje a ninguna parte.

Pedro Sánchez , para resistir con su minoría parlamentaria, le negó el eterno referéndum a uno de los partidos que le llevaron a Moncloa. El Gobierno y el Govern han chupado cámara porque dependen de la propaganda. Torra se fue contento porque Sánchez habló de España como nación de naciones. Las dos partes fingieron creerse el engaño porque hay que pasar de la conllevancia a las mentiras cuando el procés ya pertenece al género teatral, palabrería, gramática escénica y relato: pura ficción. El público y la claque esperan que pase algo y nada puede pasar porque un presidente del Gobierno de España no pueda ceder la soberanía sin exponerse a que estalle un motín en el Estado. Como le ocurrió a Savonarola, según Maquiavelo, los rebeldes caerán en desgracia cuando el pueblo deje de creerlos porque tenían más palabras que medios para mantener firmes a los que les habían creído, o para convencer a los que no les creían. Las últimas encuestas indican que ha bajado la nata del separatismo y que los sediciosos ya se conformarían con una autonomía menos republicana. Los tres partidos soberanistas y la secta puigdemita miran con envidia al País Vasco. Sobreactúan, amenazan, despotrican, desbarran y cada vez son más débiles. "Junqueras sigue preso y lo que quiere es un tripartito con PSC y Podemos y que Puigdemont deje de trolear", me cuentan desde Barcelona. Como ha escrito Joaquim Coll, "cinco años de procés se han saldado con un monumental fracaso político, una grave erosión de la democracia en el Parlament y un enorme daño para la convivencia entre catalanes".

En manos de nuestros enemigos.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 10 Julio 2018

REUNIÓN “BILATERAL” ENTRE SÁNCHEZ Y TORRA DONDE SE TRATÓ DEL REFERÉNDUM PACTADO.

La reunión ampliamente soñada por el independentismo y los golpistas catalanes se ha celebrado esta mañana entre el Presidente del Gobierno de España, el asaltador del poder Pedro Sánchez que okupa la Moncloa sin haber pasado por las urnas y apoyado por los enemigos de España, y el Presidente del Gobierno de la Generalidad, lacayo y fiel servidor del fugitivo golpista Carles Puigdemont l que tratan como Presidente legítimo de la Generalidad en el exilio. Una reunión que ha sido calificada por Torra de “larga, sincera y de trabajo” y donde se ha hablado de todo incluso de los presos y exiliados en lo que considera “una indecencia jurídica” y que también ha dejado claro que el Gobierno de la Generalidad “no renuncia a ninguna de las fórmulas para llegar a la independencia”. Unas palabras inquietantes en las que ni ha descartado la vía de la unilateralidad, ni el uso de la violencia.

La puesta en escena era la esperable, con un Torra luciendo su sempiterno lazo amarillo en apoyo a sus camaradas presos y exiliados. Por la otra parte, un sonriente Pedro Sánchez que ha admitido que su visitante le suelte frases como esa de llamar a la Justicia de España “indecente” y reconocer, como ha hecho la que ha actuado de portavoz, Carmen Calvo, que lo el asunto de Cataluña es “un problema político que se ha de resolver con política”, obviando que la forma de solucionarlo por los dirigentes catalanes fue desobedecer al Tribunal Constitucional y realizar una consulta y un referéndum inconstitucionales y declarar de forma unilateral la independencia de Cataluña. No se trata de un problema político sino de legalidades vulneradas y de responsabilidades penales.

Porque admitir que el golpe de Estado fue un asunto “político” es admitir que los presos y exiliados son como ellos dice “presos políticos y exiliados políticos”. Y eso es una felonía y una traición a España que incapacita a este Gobierno a seguir ni un minuto más al frente, si es que ya no basta el que hayan usurpado el poder y no hayan convocado elecciones generales una vez que el PSOE y Pedro Sánchez obtuvieron el triunfo de la moción de censura a Mariano Rajoy gracias al apoyo parlamentario de los partidos golpistas independentistas y de los nacionalistas e independentistas vascos. Una mezquindad que solo un PSOE desnortado que olvida su papel de partido constitucional ha sido capaz de permitir con el ascenso al poder de este impresentable y ambicioso sujeto que ocupa actualmente el palacio de la Moncloa.

Se habla de “reactivar la comisión bilateral” prevista en el Estatuto de Autonomía de Cataluña, para eludir el único foro de debate autonómico que persigue la igualdad entre autonomías y ciudadanos de España. Se trata de dar oscurantismo a lo que debería estar a la luz de todos y con taquígrafos para garantizar que se respetan los derechos de todos los españoles y no se hacen concesiones graciosas o bastardas a cambio de “calmar” las ansias independentistas. Porque de hacerlo como lo han pactado hoy, podría desembocar en una explosión de reuniones bilaterales donde cada autonomía se considere en el mismo derecho que Cataluña para extorsionar con la amenaza de la disgregación al exigir plena autonomía en lo que ya se consolidó con las llamadas “cláusulas Camps” que incorporarían todas las mejoras que Cataluña obtuviese de su sempiterna reclamación de autodeterminación (independencia) y trato bilateral con eso que llaman “Estado español” que no es otra cosa que el resto que ni es país Vasco, Ni Navarra, ni ahora Cataluña, que además dice que no renuncia a ninguna de las fórmulas para alcanzar la independencia. Será por eso que reclaman armamento largo de tipo militar para dotar a sus Fuerzas Policiales, los Mossos.

Pedro Sánchez ha cometido hoy una vileza incuestionable al dejar que su interlocutor insulte, injurie y difame a nuestro Estado de Derecho y haya conseguido plantarse en un plano de igualdad con nuestro Gobierno de España. Una reunión que ha estado alejada de la meramente protocolaria de cortesía de la visita de cualquier Presidente autonómico electo, que en el caso del de la Generalidad de Cataluña hace años que han intentado desmarcarse de todo aquello que fuese dar una imagen de sumisión a la Corona o al Estado de Derecho en actos institucionales como el de la celebración del día de las Fuerzas Armadas, donde se han ausentado de forma ostentosa y se han volcado en sus “diadas” reivindicativas de independencia.

Porque no olvidemos que sus aspiraciones no solo son obtener prebendas económicas y no asumir ningún gasto por su posible independencia al no admitir su parte de deuda nacional entre otras cosas, sino que su objetivo esencial es obtener la independencia como República y proseguir en la UE como país asociado en igualdad de derechos que los del resto, incluida España o lo que quede de ella, cosa que les trae al pairo. Y a todo eso es a lo que ha accedido a dialogar este sujeto de Pedro Sánchez.

Es urgente que se haga ostensible el que no está legitimado para realizar aquello que ha prometido a sus socios de moción de censura. Es urgente que la oposición constitucionalista no está dispuesta a transigir con estas tropelías y le obligue a convocar elecciones generales ya, permitiendo a los españoles ejercer la soberanía con sus votos para decidir en quienes confían su futuro. Cada minuto que permanezca en el poder sin convocar elecciones generales es un minuto de usurpación del poder y de totalitarismo sectario por aplicar un programa de Gobierno y decretar leyes sin haber pasado por las urnas.

Debemos evitar que estos impresentables gobernantes nos lleven a pactos inasumibles y habría que dejar alto y claro que no se permitirá que los enemigos de España consigan sus objetivos por culpa de unos miserables traidores a España. No se trata de asuntos políticos, sino de legalidades y legitimidades y este Gobierno de Pedro Sánchez no está legitimado por las urnas.

¡Qué pasen si pueden un buen día! Personalmente creo que hoy es otro día de vergüenza por culpa de un partido que no es la primera vez que traiciona a España.

Cumbre con el Le Pen español
Cristina Losada  Libertad Digital 10 Julio 2018

El Gobierno socialista cree que puede conseguir lo que quiso y no pudo el Gobierno del Partido Popular. El objetivo es el mismo: recuperar la normalidad con el Gobierno separatista catalán. Lo que dice ahora Sánchez como si fuera novedad lo formuló Rajoy decenas de veces antes de irse a Santa Pola, quizá cada vez que veía una estrella fugaz, y tanto en la época de Mas como en la de Puigdemont como en la más breve de Torra. Perdonen, pero le deben el copyright al anterior inquilino de la Moncloa. Lejos, sin embargo, de reconocer esa deuda, por lo menos la deuda semántica, los socialistas sitúan su empeño como antagónico al de sus predecesores. "A otros Gobiernos les han han hecho dos referéndums y nosotros hemos recibido al presidente de la Generalitat dos horas y media". La vicepresidenta, Carmen Calvo, dixit y con tono de "¡toma ya!".

¿Qué significa recuperar la normalidad? En este remake de la película, recuperar la normalidad significa recibir a un presidente autonómico con un lazo amarillo que representa el repudio al Estado de Derecho español y la vindicación del golpe del 1 de octubre. Pero venga, no seamos puristas. Claro que también significa estar de acuerdo en que hay un problema político que requiere soluciones políticas, como han estado los dos. Esa bonita convergencia política –y el hecho de que Sánchez tomara notas durante la reunión– es lo que más le ha gustado del encuentro a Quim Torra.

Sería una banalidad cuasi tautológica si no fuera por lo que sabemos: problema político y solución política es la copulativa secesionista para denotar que hay que quitarse el corsé constitucional y legal. Sin esa liberación de las ataduras que existen en una democracia, cuyo nudo se llama soberanía nacional, los separatistas no ven solución al problema que han creado. Lo primero, por cierto, que tiene que anotar Sánchez para no olvidarlo nunca es quiénes son los autores del problema.

Recuperar la normalidad significa arrullar a Torra con las nanas de la plurinacionalidad y la nación de naciones, conceptos discutibles, discutidos e inexistentes salvo en el Estado plurinacional de Bolivia. Todo para que el presidente de los separatistas diga que la única manera de resolver el problema de la autodeterminación de Cataluña es votando, que es lo mismo que decir que la exigencia de autodeterminarse sólo quedará resuelta y satisfecha autodeterminándose. De ahí no sale el círculo de Berlín, porque lo suyo es el círculo cuadrado, salvo para remarcar que ya se autodeterminaron el 1 de octubre. Y, como indicó Torra en su comparecencia, harán amago de normalidad mientras esperen que Sánchez les cuadre esos círculos, pero rapidito.

Francamente, con estos resultados yo no presumiría tanto como la vicepresidenta Calvo de eficacia normalizadora. Excepto que quieran presumir de normalizar, una vez más, la elevación del nacionalismo secesionista a único y exclusivo interlocutor del Estado sobre el problema creado por el nacionalismo secesionista. Salvo que quieran enorgullecerse de dar por sentado que ese nacionalismo es Cataluña,como se le escapa a cada rato. A menos que les satisfaga decir que mientras el PSOE intenta arreglar el problema, otros partidos quieren que el problema persista. A ver si va a ser esto todo lo que hay: una argucia para atacar al adversario, a ese que se ha llevado los votos del PSC y lo ha dejado tiritando. Esto y la buenísima intención de ayudar a los menos radicales de los secesionistas, que por lo visto se encuentran en Esquerra y en el PDeCAT, quién lo diría. Pues es una intención por la que también le deben el copyright a sus predecesores.

El primer paso del Gobierno Sánchez por aplacar al separatismo catalán no es original, sino copia. Ensaya lo que ya se ha ensayado. No tiene pinta de que vaya a probar lo que no se ha probado. De qué puede sacar pecho el Gobierno de esta reunión, yo no lo sé. Porque supongo que Pedro no se vanagloriará de haberse reunido con el Le Pen español.

La reunión de Sánchez y Torra no puede servir para legitimar al separatismo
ESdiario 10 Julio 2018

Sánchez no puede blanquear al separatismo tras haber llegado a La Moncloa con sus votos, sino disipar con urgencia la sensación de que ahora está pagando su factura a costa de España.

El presidente del Gobierno se reúne hoy en Moncloa con el de la Generalitat, en un encuentro que sólo parece inusual por la contumaz decisión de los dirigentes separatistas de romper todos los puentes institucionales y legales, de un lado, o por mantenerlos como exclusiva alfombra roja para obtener sus fines, de otro.

El diálogo en España, como en cualquier democracia, se practica en los Parlamentos y se modera con la Constitución, que son el procedimiento y el límite que organiza la convivencia en un Estado de Derecho: saltarse ambos, como ha hecho el nacionalismo desde 2012, y acusar al Estado de no admitirlo y de estar cerrado en banda es, amén de una falsedad, una ignominia indiciaria de la catadura democrática de este movimiento netamente totalitario.

La 'normalidad'
Por eso, técnicamente es bueno que Quim Torra reanude su actividad institucional y no tiene tacha que Pedro Sánchez lo asuma con normalidad. El problema son los antecedentes y los objetivos y la certeza de que no se reniega de los primeros y no se renuncia a los segundos.
ERC amenaza con otra declaración de independencia si Sánchez no aprueba un referéndum

Sea una declaración de intenciones real o una pose retórica, lo cierto es que ni la Generalitat ni los partidos que la dominan han variado su hoja de ruta ni sus hirientes expresiones y que, todo lo más, las han adaptado a unos tiempos en los que creen tener otros caminos alternativos sin necesidad de incurrir en responsabilidades penales.

Si el separatismo se atrevió a desafiar a un bloque de PP, PSOE y C's; ¿cómo creer que no lo hace con un Gobierno de 84 diputados que le debe la presidencia?

Y si esto es así, se debe al Gobierno, cuya existencia ha dependido precisamente del lamentable respaldo interesado del nacionalismo. Es imposible creer que si éste se atrevió a desafiar a un sólido y mayoritario bloque constitucional compuesto por PP, PSOE y Ciudadanos; no lo va a hacer por otro sustentado en un Ejecutivo de solo 84 diputados asentado en las movedizas arenas del PdeCat, ERC o Bildu y deudor de un último partido, Podemos, que defiende medidas como el referéndum de autodeterminación que ya se celebró ilegalmente el pasado 1-O.

Blanquear, nunca
La tendencia de Sánchez a creer que la realidad se arregla, enmienda o desaparece por mostrar talante y lanzar buenas intenciones al viento no ayuda a creer en el resultado del encuentro y, mucho menos, a confiar en un repentino cambio de actitud, metas y medios del separatismo. Al contrario, parece más ayudar a blanquearle a éste, de modo que parezca que algo ha cambiado cuando en realidad sigue más vigente que nunca.

Su reafirmación parlamentaria de independencia, la apuesta por una nueva DUI si no le dan lo que pide, el infame boicot público a la Casa Real o la recuperación de todas las herramientas insitucionales que prepararon o promocionaron el Golpe, así lo atestiguan.

La batalla no es solo jurídico, desde luego. También es política, pero en el sentido opuesto al que sostiene ahora Moncloa

Es imposible disipar la sensación de que el independentismo no se va a cobrar, de alguna manera, la factura que Sánchez -y no España- le adeuda por haber llegado a La Moncloa con sus votos, y tampoco tiene especial mérito que el Gobierno niegue la mayor -su oposición a dejar cruzar las líneas rojas- si acepta, sin embargo, concesiones que no superen el límite: no es dadivoso cumplir y hacer cumplir la Constitución, sino una obligación innegociable de cualquier poder del Estado que, en el caso de que no quererse respetar, tampoco se podría. No está en manos de Sánchez, simplemente, dar todo lo que le pida nadie.

Pero sin embargo una postura equivocada o unas concesiones excesivas sí alimenta al nacionalismo, lo legitima de algún modo y además lo refuerza para lograr imponerse, de otra manera quizá menos rápida pero incluso más eficaz, pues tolerarlo contribuye a ampliar su base social hasta hacerla tan dominante como imparable en Cataluña.
El presidente Sánchez no tiene ningún derecho a alimentar los desvaríos de Torra o Urkullu

Antes de su acceso a la presidencia, Sánchez era partidario de ampliar el 155 o de reforzar el delito de rebelión, y comparaba con razón a Torra con Le Pen. Desde que llegó con los votos separatistas, no ha dejado de coquetear con concesiones económicas y políticas pese a que lo único que ha cambiado en ese lapso de tiempo es su estatus político personal: de no ser ni diputado a ejercer el poder Ejecutivo.

La pugna con el nacionalismo es jurídica siempre porque se salta la legislación vigente, pero también es política, social e intelectual. A la segunda parte sí le ha dado importancia el Gobierno, pero en el sentido equivocado: no lo tiene que avalar presentando el conflicto como una consecuencia de la actitud del anterior Gobierno; sino como un asalto sistemático de las instituciones, la ley y la convivencia en Cataluña. Y no parece estar en ello con la suficiente intensidad al menos.

Sánchez vende España por una botella de ratafía
Pablo Planas  Libertad Digital 10 Julio 2018

El racista que amenaza con querellas a quienes le llamen racista ha salido entusiasmado de una reunión con uno que le llamó racista.

Euforia en Moncloa tras la reunión de Pedro Sánchez con el racista Torra. "El señor Torra no es más que un racista al frente de la presidencia de la Generalidad. De ahí que nosotros dijésemos, y yo en particular, que el señor Torra no es ni más ni menos que el Le Pen de la política española", aseguraba Sánchez el pasado 21 de mayo, a diez días de convertirse en presidente del Gobierno con el voto a favor del grupo del Le Pen español, entre otros.

De entonces acá, el racista se ha convertido en todo un presidente, según la cuenta de Twitter "La Moncloa", que después del encuentro emitía un trino en catalán cuya traducción es la siguiente: "Más de dos horas de reunión, cordial y correcta, entre los dos presidentes. Este es un primer paso. Ahora hay que recorrer el camino juntos". En la foto adjunta aparecen Sánchez, Torra, el jefe de protocolo de la Generalidad y dos fotógrafos, por lo que los presidentes deben de ser Sánchez y Torra.

Que Torra sea el presidente de la Generalidad no se lo cree ni él, razón por la que ha emprendido su valoración del encuentro con Sánchez con la gaita recurrente de que el presidente de la Generalidad es Puigdemont y sólo Puigdemont. Sánchez, en cambio, sí que se cree presidente. Vive donde el presidente, como un presidente, y hace cosas de presidente. Por ejemplo, no da ruedas de prensa. Prefiere el antedicho Twitter. A través de su cuenta "Pedro Sánchez", no confundir con "La Moncloa", ha evacuado una reflexión presidencial en catalán. Traducción: "Una crisis política requiere una solución política. Esta reunión es un punto de arranque constructivo para la normalización de las relaciones". Tal texto es el pie de foto de una imagen cenital de Torra y Sánchez subiendo unas escaleras.

De las declaraciones de Torra y la vicepresidenta Carmen Calvo cabría deducir que el encuentro ha sido un fracaso absoluto. La autodeterminación no cabe en la Constitución, sostiene Calvo; la autodeterminación es el único camino, refuta Torra. O sea, lo mismo que en las reuniones de Rajoy con Mas y Puigdemont. Pues no. Resulta que Sánchez y Torra se han caído más que bien y su segunda cita (la primera fue en los Juegos Mediterráneos de Tarragona) alumbra grandes oportunidades al decir de unos y otros.

El mismo racista que amenaza con querellas a quienes le llamen racista ha salido entusiasmado de una reunión con uno que le llamó racista. A su vez, el que llamó racista al racista le atribuye su misma condición presidencial al tipo que además de racista ha insultado al Jefe del Estado. ¿Raro? Y más allá. El ambiente está tan distendido que Calvo ha subrayado que "Estado" y "Generalitat" negocian la presencia del primero en terreno del segundo para las fotos del primer aniversario de los atentados de las Ramblas y Cambrils. Inquirido Torra al respecto ha dicho que sí, pero que el Rey no está invitado.

El secretario del fugado Puigdemont se ha vuelto a Barcelona más feliz que una perdiz. Sánchez, el otro "presidente", le ha enseñado todos los aposentos y rincones ocultos del complejo Moncloa. Torra le ha regalado una frasca de ratafía, un libro sobre el Valle de Arán y otro con mapas de Cataluña, para que no se pierda. Sánchez a su vez le ha regalado España, a tenor del entusiasmo mostrado por el "president" tras la "cumbre bilateral". ¿Dos presidentes?

El valor de la deslealtad
María Jesús Pérez ABC 10 Julio 2018

Ya lo verbalizó el presidente de Cs tras el éxito de la surrealista moción de censura del pasado 1 de junio que tumbó al expresidente Rajoy y que dio paso a un sucesor, a priori, totalmente hipotecado. ¡Algún precio pagaremos todos los españoles por dinamitar al anterior Ejecutivo antes de tiempo a base de apoyos interesados! «No voy a permitir que el obligado cambio de Gobierno sea a cualquier precio», dijo Albert Rivera, que dejó además un aviso sin acuse de recibo a sus adversarios, a los propios socialistas y a sus extraños compañeros de viaje en esta nueva etapa, sobre todo, nacionalistas catalanes y separatistas: «Estaré muy vigilante con las concesiones que pueda otorgar en Cataluña el nuevo jefe del Ejecutivo». Un mensaje, por cierto, que ayer mismo, en el Foro ABC, volvía a enviar al «presidente chollo»: «Sánchez ha recibido a Torra para sobrevivir en el Congreso... vigilaré de cerca sus pasos e hipotecas».

Rivera hacía referencia a la que fue también ayer la primera reunión del presidente Sánchez con su pseudohomólogo de la región en cuestión, Quim Torra. ¿Se pactó alguna transferencia a la Generalitat como pago al apoyo de los partidos catalanistas? Tras casi tres horas de charla, se recordó que dentro de la comisión bilateral existe una comisión de infraestructuras, de Hacienda, y otra de transferencias. Hablaron de empleo, dependencia, derechos sociales... «Queremos hablar del impulso del Corredor Mediterráneo y también del levantamiento de los vetos a las leyes sociales, pobreza energética, universalización sanidad pública, cambio climático...», explicó la vicepresidenta Calvo. ¡Ay cómo suena esto! Vamos, que sí, que algo hay. De hecho, guiños ya, haberlos haylos. Por ejemplo, la presidencia de Renfe, para Isaías Táboas, número dos del expresidente de la Generalitat José Montilla (2006-2010).

Tras el encuentro de ayer, pues... todos debemos estar vigilantes. Está en juego algo más que el precio a pagar por la moción de censura. Resurge el valor de la deslealtad. Mientras Sánchez hablaba de posibles dádivas, Torra seguía con su matraca: autodeterminación. ¿Y hay algo más desleal para con el resto de españoles?

En todo caso, lo que parece claro es que la ruptura del hielo que escenificaron Sánchez y Torra se pagará una vez más, a escote, entre todos los españoles. Los de la estelada independentista, los de la tradicional senyera catalana y los de la enseña nacional. El problema reside en que la póliza con que cuenta el flamante inquilino de La Moncloa no cubre el mínimo seguro a terceros de una «pax» catalana que se antoja como preámbulo de una nueva y fugaz etapa de distensión. Quizá le valga a él para acomodar el manejo de sus tiempos electorales pero desde luego que hundirá las expectativas de una España que desea poner fin de una vez para siempre al separatismo rampante que se esconde detrás del resquebrajado Estado de las autonomías.

Sánchez y la "plurinacionalidad" de quita y pon
Gabriel Sanz. vozpopuli  10 Julio 2018

Pedro Sánchez quiere tiempo, lo necesita. Después del oropel de la formación de Gobierno, muy bien salvo alguna cosa, que diría Mariano Rajoy hablando del exministro Màxim Huerta, el hoy presidente del Gobierno sabe que el conflicto catalán requiere mucho de eso: tiempo. No se va a desencallar ni en un año ni en dos, ni, probablemente, en un lustro. Algún optimista cree que en una generación.

Al líder socialista le ha caído el Gobierno entre las manos porque su antecesor no supo manejar eso, el tiempo (cuando llega el final, ninguno sabe), y no quiere que le ocurra lo mismo. Por eso necesita poner ya encima de la mesa la agenda social en la que tan bien se mueve el PSOE: pensiones, dependencia, más becas -se acaban de incrementar en cien euros para estudiantes con pocos recursos-... Cualquier cosa, con tal de quitar al PP y a Ciudadanos la bandera; mejor dicho, las banderas, la rojigualda y la senyera cuatribarrada catalana.

Su interlocutor, Quim Torra, también lo necesita. La herida nacionalista dará votos durante años, pero no hace falta ser un lince para concluir que el presidente de la Generalitat y los suyos contra Mariano vivían mejor y ahora -ayer mismo- empiezan las contradicciones. Es justo ese sector de la sociedad catalana hiperventilado que ve traiciones a cada vuelta de la esquina, que confunde principios con objetivos inmediatos y que empieza a mirar de reojo a Torra por mucho que Carles Puigdemont les susurre "que sí, que es de los nuestros".

Oriol Junqueras, todavía líder de ERC en el imaginario republicano, siete meses preso preventivo, ya no es de los suyos. No es hiperventilado. Nunca lo fue. "La unilateralidad es el camino más rápido para volver al autonomismo", dicen que ha dicho desde la cárcel. Me lo creo. Sin estar en Alemania o Bélgica, como Puigdemont y otros huidos, se ha dado cuenta de que en esta Europa de los Estados con cada vez más miedo a todo -a los inmigrantes, al crack económico y a la ruptura de fronteras- no es momento de sacar el debate de la autodeterminación.

Por todo eso, y más, el tiempo juega a favor de Sánchez... Y de Torra. Que hay que desempolvar en sus conversaciones esa "plurinacionalidad" a lomos de la cual regresó a la Secretaría General del PSOE y desde el referéndum del 1-O nunca más se supo, se desempolva para vestir el muñeco... Eso y nada es lo mismo porque en esta legislatura no habrá reforma constitucional. Pregunten al PP y a Ciudadanos

Yo a los "racistas" no los recibo
Alejandro TerceroCronica Global 10 Julio 2018

"El señor Torra no es más que un racista al frente de la presidencia de la Generalitat de Cataluña, de ahí que nosotros dijésemos, y yo en particular, que el señor Torra no es ni más ni menos que el Le Pen de la política española".

Estas palabras las pronunció Pedro Sánchez el pasado 21 de mayo, durante una rueda de prensa en la sede del PSOE, en la que también tildó al presidente de la Generalitat de “supremacista” y “xenófobo”.

Siete semanas después, Sánchez --ahora ya como presidente del Gobierno-- ha recibido al “racista”, “supremacista” y “xenófobo” Torra en la Moncloa para “normalizar”? las relaciones entre ambos ejecutivos, nacional y autonómico.

Se podrá decir que el diálogo nunca está de más; que en política hay que hablar hasta con el diablo; que intentar recuperar la convivencia en Cataluña bien vale tragarse algunos sapos; que el presidente del Gobierno está moralmente obligado a recibir a todos los presidentes de las CCAA sin excepción; que este tipo de encuentros forma parte de las obligaciones institucionales de cualquier gobernante; que conviene y es inteligente dar una salida al independentismo más pragmático tras el fracaso del procés... Todo lo que se quiera, pero yo a los “racistas”, “supremacistas” y “xenófobos” no los recibo, ni trato de “normalizar” relaciones con ellos.
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Parece legítimo --e incluso razonable-- que el presidente del Gobierno realice gestos para rebajar la tensión política, que opte por un talante distinto al mostrado por su antecesor e incluso que active comisiones bilaterales sectoriales entre ambas administraciones. También es legítimo --aunque nada razonable-- que apueste por la estrategia del contentamiento para afrontar el problema del nacionalismo catalán, a pesar de que 40 años en esa dirección han demostrado que es un error. Es legítimo --aunque un error histórico-- plantear una reforma constitucional en clave federal y la recuperación de los aspectos inconstitucionales del Estatut para tratar de calmar al insaciable secesionismo nacionalista.

Lo que resulta inaceptable como presidente del Gobierno de España es recibir con todo tipo de atenciones y guiños de complicidad a un dirigente autonómico que acumula escritos y declaraciones insultantes contra los españoles y contra los catalanes castellanohablantes o no nacionalistas por el mero hecho de serlo.

Y todo ello con el añadido de que, a pesar de la mano tendida de Sánchez con el independentismo político desde el primer día que llegó a la Moncloa, este ha respondido con amenazas y desplantes. Así, los Puigdemont, Artadi, Torrent, Tardà, Pujol y demás secuaces han prometido que no han renunciado a la unilateralidad, que volverán a la desobediencia, que aplicarán el “mandato” del 1-O, que de lo único que están dispuestos a hablar con el Gobierno es de la aplicación del “derecho a la autodeterminación” de Cataluña, que hay que “facilitar el momento para la independencia” y que simplemente esperan una ventana de oportunidad para “implementar la república”.

Es cierto que --de momento-- la Generalitat de Torra no ha soltado a los presos preventivos por el intento de secesión unilateral a pesar de que están bajo su custodia. Pero ya veremos si aguanta la presión de los CDR, la CUP y los gurús mediáticos --tipo Enric Vila-- que les tildan de “carceleros” de los héroes del 1-O. Nada es descartable con los que se han atrevido a hacer dos referéndums secesionistas --utilizando a niños y ancianos como escudos humanos contra las fuerzas policiales que debían cumplir un mandato judicial-- y dos declaraciones unilaterales de independencia. Además, la liberación de los encarcelados sería una buena oportunidad para demostrar a los suyos que no van de farol.

Mientras el independentismo político no asuma la derrota del procés, renuncie a la vía unilateral, reconozca que el único camino posible es el autonomismo y cumpla las leyes y las sentencias de los tribunales --empezando por las relacionadas con el bilingüismo escolar--, ningún acercamiento es sensato, y menos con aquellos a los que se les tilda de “racistas”, “supremacistas” y “xenófobos”.

Sánchez recupera la "plurinacionalidad" para salvar el diálogo con Torra
El presidente catalán le había puesto como condición reconocer que hay un "problema político" que solo puede resolverse así. Pero sigue desafiando: no invita al Rey al aniversario del atentado del 17 de agosto
Gabriel Sanz www.vozpopuli.com 10 Julio 2018

"Pedro Sánchez me ha hablado de plurinacionalidad y de que España es una nación de naciones, pero no me ha acabado de concretar", reconocía este lunes el presidente de la Generalitat, Quim Torra. Es el resumen más claro de lo que acababa de ocurrir durante la cita de ambos, dos horas y media en el Palacio de La Moncloa, para escenificar la vuelta a la "normalidad" en y con Cataluña; y, de paso, arrancar a Torra otra reunión en otoño en Barcelona.

Parole, Parole (palabras, palabras), dicen los italianos, pero en el caso del líder socialista estas tienen su importancia porque llevaba diez meses, desde el referéndum ilegal del uno de octubre, sin hablar en público de "plurinacionalidad"; que puede ser nada -no va a haber reforma constitucional a medio plazo- o todo, según se mire, en un conflicto básicamente sentimental: cómo recuperar a esos 2,5 millones de catalanes que han roto con España.

De esto fue la primera aproximación en Madrid con quien simboliza el independentismo, de crear un cambio de clima entre ambas partes respecto al que había entre el soberanismo y el Gobierno de Mariano Rajoy; sin resultados concretos más allá del gesto de Torra de volver a las comisiones bilaterales Estado-Generalitat, que no se reunían desde 2011.

Sánchez se deshizo en obsequisidad con su invitado, al que hace tan solo un mes le tildaba de "racista" y le llamaba el "Le Pen español"

A partir de ahí empezar a andar con otra reunión de ambos en Barcelona sin concretar fecha, eso sí, con mucho detalle por ambas partes: Torra, con un lazo amarillo grande en la solapa de la chaqueta para recordar que hay "presos políticos" en España, pero regalándole al mismo tiempo a su interlocutor libros y hasta una botella de rafia, aguardiente catalán que simboliza amistad.

Sánchez tampoco se quedó corto: como si fuera el mismísimo Barack Obama de visita a nuestro país enseñó, a quien hace un mes tildaba de "racista" por sus escritos contra los no nacionalistas y le llamaba "Le Pen español", los jardines de La Moncloa y la fuente de Guiomar que tanto frecuentaba el poeta Antonio Machado. Toda sobreactuación es poca cuando se viene de una situación tan tensa en el último año.

Para muestra un botón: Hasta la leve cesión de Torra con la vuelta a las comisiones bilaterales ha servido para que los llamados Comités de Defensa de la República (CDR) hayan pedido ya su dimisión por el "cambio de rumbo", esa supuesta vuelta al autonomismo que no se ve por ninguna parte. Porque el sucesor de Carles Puigdemont en el Palau San Jaume tenía muy claro a qué venía a Madrid: "Cualquier solución política pasa por reconocer el derecho de autodeterminación", aclaró a su interlocutor y luego a los periodistas.

Se van a volver a reunir en otoño pero el ' dialogo de sordos' sobre la autodeterminación persiste: Torra dice que sin ella "no hay solución" y Sánchez que eso "no existe en ninguna Constitución"

Frase que ya había sido previamente contestada por boca de la vicepresidenta, Carmen Calvo, quien antes de la rueda de prensa del líder catalán había dejado claro que "la autodeterminación no existe" en la Constitución y así "se lo ha explicado el presidente del Gobierno"... ¿Con qué Pedro Sánchez nos quedamos, con el que habla de plurinacionalidad -según reveló Torra- o con el que relata Calvo? Con los dos.

Aún así, Torra reconoció que había tenido ocasión de "empatizar" con el socialista, y el Gobierno le devolvió el cumplido valorando que la reunión había sido "muy larga" y "llena de cortesía y fluidez".

El presidente del Gobierno sabe que no va a haber una reforma constitucional a corto plazo porque necesita el concurso del PP y Ciudadanos, y estos no están por la labor. Pero para dedicarse a gobernar el circo de seis pistas de un gobierno con solo 84 diputados, necesita desactivar emocionalmente el conflicto catalán o su destino correrá parejo al de Rajoy. Y en ello está.

El Gobierno contesta a Torra que el Rey irá al primer aniversario del atentado islamista en Las Ramblas de Barcelona, el 17 de agosto, porque es "el jefe de todo el Estado, incluida Cataluña"

Por eso mandó Pedro a Calvo a hablar antes que el propio Torra. Porque sabe que, si no, los periodistas habríamos corrido a preguntarle sobre las palabras posteriores del presidente de la Generalitat -"bilateralidad Cataluña-España", "reconocimiento mútuo de los proyectos", "acabar con la persecución judicial"-.

Y no solo eso. Torra dijo que no va a invitar al Rey Felipe VI (ambos mandatarios hablaron de su "papel" tras el referéndum ilegal del 1-O) a los actos del primer aniversario del atentado islamista en Las Ramblas de Barcelona, el 17 de agosto, porque todavía no se ha "disculpado" por aquel discurso televisado el 3 de octubre.

Poco que ver con este deseo expresado por Calvo: "hemos de darnos una oportunidad constructiva y generosa para rehacer lo destruido". La vicepresidenta, con semblante más serio que en el resto de la rueda de prensa le recordó que el monarca irá si quiere porque para eso "es el jefe de todo el Estado, incluida Cataluña".

Los golpistas catalanes tendrán la llave de RTVE tras ‘colar’ a un consejero del PDeCAT
Segundo Sanz okdiario 10 Julio 2018

Los golpistas catalanes del PDeCat, el partido de Carles Puigdemont y Artur Mas, tendrá la llave de las decisiones más complejas en el próximo Consejo de Administración de RTVE. Y es que los independentistas de la formación integrada en Junts Per Catalunya (JuntsxCat) han conseguido colar a un profesor afín a sus intereses entre los 10 consejeros de la nueva dirección del ente público. Pese a que la lista fue presentada formalmente en el registro de las Cortes con la firma de PSOE, Unidos Podemos y PNV, lo cierto es que ya incluía un nombre que contaba con el beneplácito del PDeCAT: Josep Luís Micó Sanz. Una maniobra que se ha ocultado a la medios de comunicación y a la opinión pública, y que destapa ahora OKDIARIO.

Sí era sabido, porque lo desveló también este periódico, que el Gobierno de Sánchez ofreció a ERC un puesto en el Consejo de Administración de RTVE, pero los republicanos prefirieron rechazar el gesto a cambio de mantener el control sobre los medios públicos catalanes para continuar con su política de adoctrinamiento en esta comunidad.

El propio PDeCAT quiso desvincularse de este acuerdo, en el que no aparecía su firma, a través de su departamento de Prensa en el Congreso el pasado 2 de julio. “Hola. El PDeCAT no está en el acuerdo de PSOE-Podemos de RTVE que se ha registrado hace un rato” fue el mensaje trasladado a los medios. A continuación, con la lista de 10 nombres ya conocida, el portavoz del PDeCat en el Congreso, Carles Campuzano, declaró: “Hoy en la (primera) votación optaremos por la abstención con voluntad de desbloquear la situación, pero también a la espera de que se construyan consensos, lo más amplios posibles, en las próximas horas. No es un problema de que no nos guste la lista, es una lista correcta, de profesionales del sector, pero nos parece que todo este proceso tendría que haber sido mucho más serio desde hace bastantes meses”.

La negociadora de Podemos en la Comisión Mixta de RTVE confiesa que el PDeCAT estará presente en la nueva dirección del ente público

Justo al día siguiente, el PDeCAT se sumó a la estrategia de ERC y condicionó su apoyo en la segunda votación a que el Gobierno central aceptara un diálogo “sin límites” con la Generalitat, empezando por la reunión de Pedro Sánchez y Quim Torra celebrada este lunes, donde ambos abordaron un referéndum de autodeterminación y la situación de los presos golpistas, entre otras cuestiones. El portavoz del PDeCAT en el Senado, Josep Lluís Cleries, dijo el 3 de julio: “En función de cómo vayan los temas de Cataluña nosotros estamos más dispuestos a colaborar o no”.

Finalmente, Moncloa accedió a ese orden del día para la cita Sánchez-Torra y el Congreso, con los votos de los independentistas, terminó aprobando los 6 miembros de la lista del PSOE y sus socios. La Cámara baja hará lo propio este jueves con los 4 que debía aprobar el Senado ya que aquí no han salido adelante por la mayoría absoluta del PP. Uno de esos cuatro será Josep Luís Micó Sanz.

Lo reconoce Podemos
La negociadora de Podemos en la Comisión Mixta de Control de RTVE, la diputada Noelia Vera, reconoció este fin de semana en una entrevista en El Salto que el PDeCAT estará presente en la nueva dirección de Radio y Televisión Española. “El Consejo de Administración (de RTVE) es muy plural. El PNV tiene designada a una persona, el PDeCAT, también. Gente poco sospechosa de ser de izquierdas y bolivariana. Creo que los acuerdos a los que se van a tener que llegar son amplios. Estoy convencida que el día a día lo va a demostrar”, confesó la parlamentaria de Podemos. Fuentes del PDeCAT mantenían este lunes en contacto con OKDIARIO que no han “propuesto” a ningún candidato.

De esta manera, el reparto de puestos en el Consejo de Administración transitorio de RTVE (hasta que se materialice el concurso público) queda con cinco miembros próximos a Podemos (Rosa María Artal, Cristina Fallarás, Víctor Sampedro, Fernando López Agudín y Juan Tortosa Marín), tres afines al PSOE (Tomás Fernando Flores como presidente, Concepción Cascajosa e Isabel Cerrada), uno al PNV (Juan José Baños Loinaz) y el citado Josep Lluís Micó Sanz, al PDeCAT.

Con esta distribución, el consejero afín al partido de Puigdemont podrá declinar la balanza hacia Podemos en las decisiones donde las posturas estén más enfrentadas, evitando así que el nuevo presidente, Tomás Fernando Flores, impuesto por el PSOE, haga uso de su voto de calidad en caso de empate.

En la agencia de Puigdemont
Josep Lluís Micó Sanz fue miembro del Consejo de Administración de Intracatalonia SA, la sociedad propietaria de la Agencia Catalana de Noticias (ACN), entre 2012 y 2016. Esta sociedad, de la que el propio Puigdemont fue su primer director, ha estado al servicio del aparato de propaganda del secesionismo.

Micó Sanz, profesor en la Universidad Ramón Llull, arremetió contra los medios de comunicación por ocultar, a su juicio, la “represión policial” el 1-O durante el referéndum ilegal en Cataluña, tal y como publicó OKDIARIO el pasado 3 de julio.

En un artículo publicado en La Vanguardia al día siguiente de la consulta, Micó Sanz afirmó que los ciudadanos que difundieron imágenes de los disturbios a través de las redes sociales “cumplían con su deber”. “Las imágenes del 1-O grabadas y difundidas por miles de particulares han ayudado a demostrar la contradicción entre el discurso político y la represión en las calles”, sentenció.

Sánchez-Torra, primer asalto
Andrea Mármol. vozpopuli 10 Julio 2018

Tuvo lugar este lunes la reunión entre el presidente del Gobierno y el presidente de la Generalitat. Hay que remarcarlo porque parece como si el encuentro se hubiera venido celebrando desde que se anunció, tomando así un cariz de ritual que han cultivado todas y cada una de las palabras y acciones de los miembros del Ejecutivo de Sánchez en relación a la situación catalana. Como lo ha acompañado también la discreción con que se recurrió al Tribunal Constitucional la moción de ruptura aprobada en vísperas de la cita por el independentismo en bloque. Nótese que Sánchez siquiera se ha dejado salpicar por la obligación de aplicar la Constitución, por no hablar del silente PSC en el Parlamento catalán cuando se produjo dicha votación. Nada debía fallar en el decorado de la foto buscada por Sánchez, que la quería con muchas sonrisas. Se equivocaban quienes criticaban la inoportunidad del gobierno catalán para reiterar sus intenciones rupturistas: era el momento idóneo para que este Gobierno dejara pasar cualquier cosa. Ese precio y no el que tendrán las decisiones con las que se saldó la reunión es el primero que pagan, sobre todo, los catalanes ignorados ya por sus ‘dos gobiernos’.

Sánchez sonreía al “Le Pen español” -según él mismo decía antes de ser presidente gracias a sus votos-, y al instante alguien lanzaba un tuit desde la cuenta de Sánchez, en el que explicaba que con esa reunión, ambos presidentes comenzaban a “devolver la normalidad a España”. Puede que Sánchez no ande demasiado equivocado y realmente lo normal, lo frecuente, lo que es costumbre -y como dice el refrán, pronto ley- sea dejar en manos de partidos nacionalistas asuntos cruciales de la vida pública española. Pero todo indica que el presidente del Gobierno quiso dejar por escrito ese objetivo con la misma vocación con la que forzó su sonrisa y forzó la reunión: pensando en desmarcarse del anterior gobierno, aun a costa de dar la razón a Torra y de abrir una fractura dentro del bloque constitucionalista. Está convencido de que eso le valdrá para revalidar su estancia en Moncloa y, en consecuencia, legitimará las demandas separatistas que considere que puede asumir como quien estira un chicle.

El verdadero problema político al que se refería la vicepresidenta es cómo asumir la exigencia de Torra de seguir defendiendo exclusivamente los intereses de la mitad de catalanes independentistas

La reunión ha servido para concretar sólo vagamente algunas de las próximas cesiones: la inconstitucionalidad de unas leyes que desaparecerá de un plumazo, las relaciones bilaterales -esta última, en realidad, empezó con el orden de las reuniones con los presidentes autonómicos: Urkullu y Torra dejan al resto en cola, y eso que no se guardan el as en la manga de saltarse las leyes de nuevo-, y las soluciones políticas para los problemas políticos. “Este Gobierno”, repetía la vicepresidenta Carmen Calvo, “este Gobierno es el que vela por todos los catalanes”. El sábado, por cierto, supimos también que gracias a la llegada del PSOE al Gobierno se le ha devuelto el color a “un país en blanco y negro”, en unas declaraciones bastante ofensivas y paternalistas para los españoles, vistos por su Gobierno como material de tutela en la senda a la felicidad. El problema es que en su intención de demostrar que la moción de censura ha servido para algo más que para romper el consenso constitucional, a Sánchez le da lo mismo exagerar la realidad para erigirse como adalid de la alegría y la modernidad que inclinar la balanza a favor del nacionalismo en la cuestión catalana.

Habló mucho Calvo de la vía política para resolver los problemas políticos. Creo que obvia que el primer problema político de los catalanes es que tienen un gobierno que no descarta volver a jugar con sus derechos y libertades y que además blande orgulloso esa amenaza ante un presidente del Gobierno empeñado en normalizar todo esto. Por supuesto, el problema político al que se refería la vicepresidenta no es ese, sino el de cómo seguir pensando sólo en la mitad de catalanes que sí son independentistas. Sánchez, que reiteró a Torra su plan de ‘nación de naciones’ para España, no quiere ser la alternativa al separatismo para los catalanes no independentistas porque no es eso lo que tiene en la cabeza, pero además tampoco puede porque cada vez caben menos sospechas sobre el cambio de cromos con Torra para abordar la ‘agenda catalana’.

En realidad, no busca nada más que desmarcarse de Rajoy, objetivo político al que nada cabe objetar salvo porque obedece a los deseos del independentismo y aquellos que cedieron sus votos. A Torra ya le va bien, aunque sus más acérrimos le puedan tildar puntualmente de ‘traidor’, que es habitual en Cataluña, un Sánchez dispuesto a no dar ninguna batalla más de la cuenta. Al independentismo lo último que le conviene es un Gobierno de España que pueda rebatir los consensos nacionalistas ante los que Sánchez asiente y “toma notas”, según contó ayer Torra. Los separatistas temen que su destape antidemocrático del pasado otoño se salde con la quiebra del consenso según el cual a más autogobierno se desea más demócrata se es, entre otros cuantos. Y, visto lo visto, Sánchez no es un mal aliado en esa tarea.

VOMITIVO EDITORIAL DE EL PAÍS ALABANDO LA REUNIÓN ENTRE SÁNCHEZ Y TORRA
De los chicos de Pujol a los chicos de Torra: Gallego-Díaz da estatus de hombre de Estado al racista Torra
El País no tiene nada que decir en que Torra se haya presentado con un lacito amarillo en Moncloa
A. PÉREZ Periodista Digital 10 Julio 2018

¿Qué han dicho los gestos entre Sánchez y Torra en su primera reunión?
A la nueva directora de El País, Soledad Gallego-Díaz, se le salen los ojos de las órbitas del entusiasmo al ver a su adorado Pedro Sánchez recibir al golpista Quim Torra, lacito amarillo incluido. Gallego-Diaz ya no se acuerda cuando Sánchez llamaba a Torra "el Le Pen de la política española", porque como votó a favor de su investidura se merece todos sus respetos.

El País de Gallego Díaz y Joaquín Estefanía (con el siniestro Javier Moreno en las sombras) es el garante del golpismo catalán. En su editorial del 10 de julio de 2018 el diario de PRISA el diario está encantado con la reunión entre los presidentes del Gobierno y el de la Generalitat de Cataluña. La tacha de positiva.

"Fue un primer paso, normal y útil, para recuperar el diálogo institucional, reducir la tensión acumulada y explorar vías mediante las que afrontar las tareas para reconducir la cuestión catalana".

Gallego-Díaz aplaude "el diálogo que tanto se echaba en falta y la relación institucional, que presupone el reconocimiento del otro como interlocutor válido, suponen un alivio".

Torra puso el máximo esmero en enfatizar las cuestiones prioritarias de su agenda, el ejercicio del presunto derecho de autodeterminación (apelando incluso a la intransferible resolución de La Haya sobre Kosovo) por los catalanes y la excarcelación de los políticos del procés presos. Se comprende que tratara de reconfortar a sus fieles seguidores.

El País no tiene nada que decir en que Torra se haya presentado con un lacito amarillo en Moncloa, lacito acusador contra el Estado de Derecho, que presupone la existencia de presos políticos en España. Gallego-Díaz está encantada con la respuesta que le ha dado Sánchez:

Pero ambas cuestiones tienen el recorrido que tienen, como le advirtió su interlocutor, Pedro Sánchez: mucho menos que escaso. Porque el derecho a separarse del conjunto no lo contemplan las Constituciones democráticas avanzadas, tampoco la española, y porque los dirigentes presos dependen del poder judicial, no del ejecutivo. Así que la insistencia del dirigente autonómico en que ambos estén de acuerdo en que el de Cataluña es un problema político es correcta y debe pues hallar solución política.

Como bien dice Federico Jiménez Losantos "El País es la cabeza del golpismo. Los chicos de Pujol, lo que han sido siempre". Son los escondían el escándalo de Banca Catalana para cuidar al patriarca del separatismo catalan y de paso las cuentas de resultados de Polanco. Ahí estaba la misma Gallego-Díaz que hoy tiende la mano a los que insultan a España.


 


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