AGLI Recortes de Prensa   Sábado 28  Julio 2018

España: vista a la derecha
Gonzalo Duñaiturria okdiario 28 Julio 2018

Gonzalo Fernández de la Mora, en su libro “El crepúsculo de las ideologías”, apuntó algo que el tiempo le ha dado la razón, una concepción absolutamente real de lo que hoy denominaríamos “disolución de las ideas”, ese “buenismo ideológico” donde solo cabe lo gris. Sostenía, en 1970, que mientras el marxismo, y la izquierda en general, se aburguesan, el liberalismo se socializa. Anticipaba la consolidación de los partidos “atrapa todo” donde lo único que importa es el “elector”, la obtención de votos a cualquier precio, la oquedad de valores y principios. El filósofo conservador, de una derecha sin complejos, aventuraba para la España partitocrática el cercenar el mérito, la capacidad y la preparación mientras eran mostradas en un sucio escaparate la demagogia, el juego doctrinario, la retórica sin contenido y muchas veces, el patetismo. Esa falta de valores y de principios se consagra en el denominado “centro político”, en ese centro gris, que no es sinónimo de moderación ni tampoco busca esta para captar el voto. Que tampoco esconde la indefinición en sus planteamientos, el oscurantismo radical de falsos principios e inexistentes valores. Siendo este un hecho constante y generalizado en la política desde hace cincuenta años, esa cobardía para enarbolar principios y valores abunda mucho más en la llamada “derecha política”. El último congreso extraordinario del Partido Popular así lo ha puesto de manifiesto. El nuevo presidente, Casado, representando no con valiosa sinceridad, principios básicos de la derecha social: Unidad de España, familia, vida, propiedad privada, meritoriaje y progreso social. Y Soraya la indefinición, el consenso, lo gris.

Frente a tan opuestos postulados de un mismo partido “atrapa todo”, España gira a la derecha. Los discursos de ley y orden comienzan a racionalizarse, los secesionistas catalanes nos han resucitado, si alguna vez existió, el sentimiento de Patria y aunque determinados sectores de la progresía y la pseudo derecha tratan de mantener su ya conocido discurso dominante, España ha ido cambiando, sacudiéndose, a veces con exasperante lentitud, complejos y dogmas. Existe y se va desperezando un espacio ideológico, una base social de derecha coherente, defensora de la propiedad privada y de la identidad nacional. Un “suelo social” más amplio de lo que se pudiera pensar, defensor de la identidad nacional frente al multiculturalismo y la inmigración ilegal. Sale de su letargo una derecha con verdaderos principios y valores, social y popular, moderna y frente a las protestas, con propuestas. Europea, del Viejo Continente histórico donde la cúpula del putrefacto establishment funcionarial sigue distribuyendo “carnets de europeo” solo a quien no osa poner en jaque sus sueldos, prebendas y canonjías.

Esa derecha social, renovada y fresca, partidaria de las fronteras nacionales, defensora de la recuperación para el Estado de las competencias de educación y orden público, de la propiedad privada frente a okupas y demás ralea. Una derecha democrática y regeneradora. Brota una dormida comunidad que exige ese liderazgo de ideas, que busca una identidad de la que no tenga que avergonzarse, que cree en unos postulados y reivindica un necesario espacio político donde sentirse representada. Encarnar dichos principios no es tarea fácil. Casado no lo conseguirá. Remover los huesos del pesado “mamut” acomplejado es tarea aciaga. Quizá lo intente, pero referidos “mamuts”, los gigantes del inmovilismo, del “statu quo” imperante e inoperante, de falsos intereses políticos que embozan fines sombríos se lo impedirán. La derecha de hoy busca nuevas formas de expresión con irrenunciables principios, pero sus representantes solo se acomodan en errados postulados de izquierda.

Ya lo dijo Aristóteles: “Es necesario que haya uno o varios principios y aun, en caso de existir uno sólo, que éste sea inmóvil e inmutable”.

Prender con keroseno el pasado
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 28 Julio 2018

Debido a su fluctuante carácter, total carencia de ideas y desmedida ambición, Pedro cisne Sánchez no dudó en mutar en pavo real, con el beneplácito de los partidos que odian a España, para ser investido presidente del Gobierno, aunque lo fuera por la vía antidemocrática alejada de las urnas, que es la vía legal. Pero instalarse en Moncloa junto a su dama, tan necesitada de un peluquero, era su trip en vuelo sin motor. Y el diletante político alcanzó el gran anhelo, su fantasía, siendo catapultado por una rastrera moción y aprovechándose de que en esos instantes Mariano cebú Rajoy, andaba beodo.

De ahí que recurra a un decasílabo de Carlos Edmundo de Ory para titular esta crónica, fabuloso poeta cuya vida, narrada por el escritor Juan Manuel García Gil, ha merecido el premio de biografía 2018 de la Fundación Lara. “Prender con keroseno el pasado”, verso de alta escuela, no tiene vínculo ninguno, más bien cierta similitud, con la ocurrencia del cisne Sánchez, ahora metido a profanador de criptas y empeñado en exhumar lo que quede de la momia del dictador aquel, para demostrarnos que él es un presidente de izquierdas, cuando lo único que es, de ser algo, es un fabricante de humo tóxico que se alía con traidores que denigran a nuestro país, impidiéndonos prosperar. Como no sirve para presidir ni un estanque de patos se dedica a los fuegos fatuos.

Mejor sigamos con Ory, que hacía “fuegos de palabras”. Sí, fuegos y no juegos, como hace este bobo presidente que, por carecer de ideas, no se le ocurre nada mejor que sacar la momia a pasear desde el sórdido garaje de ratones viejos en que ha transformado su aburrida imaginación. Hay quien afirma que si nace más tonto, nace oveja. ¿O es de inteligentes… subirse a un Fantom para librarse unas horas del embalsamado? Parece no saber que de las tumbas sólo vuelven los demonios. La poesía es un vuelo de palabras y para volar no hace falta un Fantom. Si el cisne leyera la sublime biografía de García Gil sobre un poeta inmortal, quizá dejara de soñar con la momia.

Cisne, ya pavo real desplumado, Carlos Edmundo te aconsejaría que abandonaras tu cuelgue: “Insensato, deja en paz el cadáver del feroz dictador, que acabará ensartándote con su sable de oro”. Cumple con tu palabra y convoca elecciones, que ser presidente te queda grande.

La crisis de la luna llena
El Gobierno «bonito» tiene en el Estrecho una crisis muy fea, porque la política de escaparate no sirve en la frontera
Ignacio Camacho ABC 28 Julio 2018

Sí, hay una crisis migratoria, señor presidente; y sí, hay un conflicto grave en la frontera, señor ministro del Interior. Y deberían empezar a aceptarlo cuanto antes porque el problema va a ir a mayores y la responsabilidad será de ustedes dos. Porque el efecto llamada se ha desatado y no por culpa del Aquarius, que fue una decisión humanitaria irreprochable, sino del imprudente discurso que la acompañó. El discurso de las concertinas retiradas y de la nueva sensibilidad ante la inmigración. El frívolo discurso de escaparate que para contrastar con la xenofobia italiana enviaba señales inequívocas a las mafias negreras y creaba en el Estrecho un escenario de altísima presión.

Ahí abajo existe ahora un colapso serio. Los servicios de acogida están desbordados, sin medios, y las fuerzas de seguridad desalentadas, impotentes y muy cabreadas tras haber sido agredidas en un asalto violento. Lo del jueves en Ceuta no fue un barco abandonado a su suerte en mar abierto, sino un conato de invasión por la fuerza de un territorio europeo. A los guardias civiles les tiraron ácido y cal y mientras en el hospital atendían a un buen número de ellos, los agresores celebraban por las calles su éxito. Toda España lo ha visto en la tele; no eran mujeres embarazadas ni niños hambrientos, sino jóvenes sanos provistos de objetos contundentes y armamento casero. Han cometido un delito flagrante que a cualquier español le acarrearía un proceso, y se les veía contentos: estaban en un país que en vez de castigarlos los va a recibir con generosidad y les va a conceder beneficios sociales y otros derechos.

Si se trata de excitar instintos xenófobos en ciudadanos que no los albergan, para luego esforzarse en combatirlos, es un buen camino. Resulta difícil no indignarse ante un ejercicio de apocamiento gubernamental tan transparente, tan nítido. El ministro Marlaska tuvo incluso que justificarse porque los agentes devolvieron a Marruecos por las bravas a unos pocos participantes en el allanamiento masivo. Ni una palabra, ni suya ni de Sánchez, de apoyo a los servidores del Estado heridos; el silencio como única respuesta a la evidencia de una terca realidad que desmonta el buenismo. Bueno, no la única; ayer mismo, el Consejo aprobó restablecer la sanidad universal que el anterior Gabinete había restringido. Y las pateras siguen llegando, favorecidas por la luna llena y el oleaje tranquilo; al otro lado de las vallas hay hacinadas 50.000 personas sostenidas por la ilusión de alcanzar la tierra que los traficantes les han prometido.

Sí, señor presidente, señor ministro: es una emergencia. No es la primera ni será la última porque gobernar consiste en enfrentarse a contratiempos, no en dibujar quimeras. Porque el privilegio del poder conlleva la obligación de solucionar problemas. Y porque hasta los Gobiernos «bonitos» han de lidiar con situaciones feas.

Sánchez se queda solo, abocado al adelanto electoral
EDITORIAL El Mundo 28 Julio 2018

En marzo, cuando resultaba impensable que una moción de censura pudiera llevar en volandas a La Moncloa a Pedro Sánchez, éste, sin saberlo, se anudó una soga al cuello. Negociaban entonces los populares los Presupuestos, pero la tensión política por la aplicación del 155 en Cataluña amagaba con dejarles sin apoyos para sacarlos adelante. En ese contexto ventajista, el líder socialista exigió a Rajoy a que, si las cuentas no salían adelante, se sometiera a una moción de confianza o convocara de inmediato elecciones. Sánchez defendía que su antagonista no podía seguir un solo día más en el poder sin respaldo del Congreso y sin el principal instrumento para la gobernabilidad, que son los Presupuestos del Estado.

Cuánto se acordaría ayer de sus palabras el actual presidente al ver cómo sus poco fiables socios parlamentarios le dejaban en la estacada, mucho antes de lo esperable. Entretenido con el anuncio, legítimo, de Pablo Casado de vetar la senda de estabilidad en el Senado, donde el PP tiene mayoría absoluta, el Gobierno ni se olía que sus muletas -Podemos y los nacionalistas catalanes- estaban orquestando la traición. Sánchez bien podría espetarle a Pablo Iglesias lo mismo que dijo Julio César:"Bruto, ¿tú también?",

Pues sí, también. Casi todos los partidos que respaldaron, junto al PSOE, la moción para descabalgar a Rajoy se abstuvieron ayer en la votación decisiva sobre la senda de estabilidad económica, lo que deja mortalmente herida la legislatura. Ya no cabe hablar de la debilidad del Gobierno, una obviedad desde el primer día por más que, con gestos grandilocuentes, Sánchez pareciera actuar como si tuviera mayoría absoluta. Lo que ayer se materializó es más grave: la gobernabilidad en las actuales circunstancias es inviable. El Ejecutivo ya está en tiempo de descuento. Y aunque aún tiene mecanismos para prolongar más o menos la agonía, la paradoja es que el PSOE podría empezar a pagar en forma de pérdida de apoyo electoral su manifiesta incapacidad en beneficio de los demás partidos que se frotan las manos con el rápido desgaste y la bajada del efecto suflé gubernamental.

La portavoz Celaá no pudo disimular ayer la desilusión por el abandono de sus socios. Aun así, desde Moncloa se insiste en que aún es pronto para tirar la toalla. Una vez tumbada en el Congreso la senda de estabilidad, se abre un plazo de un mes para que el Ejecutivo pueda presentar una nueva propuesta. Pero estaría igualmente abocada al fracaso, porque en el Senado el PP la volvería a rechazar y, además, en la misma Cámara Baja difícilmente se puede convencer a Podemos de que dé su brazo a torcer cuando reclaman elevar el techo de gasto en 15.000 millones, muy lejos de los 6.000 tumbados. La exigencia de Iglesias, lejos de todo realismo, impediría cumplir con los objetivos de déficit o deuda, y no sería aceptada en Bruselas.

El Gobierno también podría elaborar unos Presupuestos ateniéndose a la senda de estabilidad en vigor, la última aprobada por Montoro, algo bastante kafkiano y que obligaría al Gobierno a desdecirse de todo su discurso y a ejecutar importantes recortes. De igual modo, prorrogar las cuentas actuales, confeccionadas por el PP, restaría toda credibilidad a los socialistas. Por todo ello, desde ayer el país está abocado a un adelanto electoral al que Sánchez se resistía confundiendo deseos con la tozuda realidad, que es la que es.

Pedro Sánchez, nuestro hombre en Benicasim
Karina Sainz Borgo. vozpopuli  28 Julio 2018

Hay quienes, como Angela Merkel, se van a festivalear a Baviera -en lugar de a Benicasim- para inaugurar el encuentro wagneriano por excelencia, el Bayreuth. Lo de Pedro Sánchez no es tanto una cuestión de ‘modernez’ como de desfachatez. Se puede ser poca cosa, pero con disimulo

Dice el francés Daniel Pennac que el humor resucita. Conminados por la lucidez del novelista que inventó a Malaussène, toca echar mano del desfibrilador de la risa para despachar esta Polaroid. La semana que hoy completa su quinta jornada comenzó con la fotografía -el meme, habría que decir- de un viajero singular. El más alto y espigado, ¡acaso el más henchido!, de toda la terminal. Se trata de Pedro Sánchez, nuestro hombre en Benicasim. Y aunque el presidente del Gobierno nunca vendió aspiradoras ni hizo de espía en Cuba como el James Wormold de Graham Greene, conserva algo de su ineptitud.

Ocho días después de su expedición a la Comunidad Valenciana, el viaje de Pedro Sánchez retumba todavía, entre otras cosas, porque antes tenía agenciada su entrada para ver a la banda The Killers en el Festival Internacional de Benicasim que los apoyos en el Congreso de los Diputados para elegir a Rosa María Mateo como gestora de RTVE. Aquel viernes, aunque no llevaba gafas a lo Kennedy como en esa primera estampa de la legislatura lotera, Pedro Sánchez sí iba a bordo del Falcon, el avión presidencial. Se fue volando el hombre a cumplir con la agenda cultural nocturna -Carmen Calvo dixit- en uno de los eventos más destacados de la tribu indie veraniega.

Acaso porque quien escribe estas líneas sólo posee la mayoría absoluta de la opinión propia -otros han de negociar las suyas en menesteres más trascendentes y en peores condiciones-, ver la imagen ya reposada de Sánchez paseándose en vaqueros por un photocall -en plan bolo- produce cierta urticaria. No porque parezca una marca ya no blanca sino desteñida de un Obama más moreno. Tampoco porque exista algo casposo en su look de guapo de panadería -¡qué va!, de moderno Sánchez va servido- sino por esa vergüenza que suscita el ridículo ajeno, en especial cuando el objeto del pudor preside un país y su mano derecha en el gabinete se dedica a limpiarle del baby las babas políticas al mozalbete.

Elitistas del mundo, ¡pudríos! Si hubiese ido a la ópera no os pondríais así, aludió la ministra socialista Carmen Calvo cual machacona madre de un niño poco aventajado, una mujer -para más inri- de sobra experimentada en la gestión de los asuntos culturales. Le pasa a las ministras y a las menestras, que de tanto repartir vocales, perpetran una igualdad a la baja. Les toca, pues, tragar las más sosas cucharadas del menú político. Si, bien es cierto, hay quienes como Angela Merkel se van a festivalear a Baviera en lugar de Benicasim -la canciller alemana inauguró esta semana una nueva edición del encuentro wagneriano por excelencia, el Bayreuth-, el asunto del señor Pedro Sánchez no es tanto una cuestión de ‘modernez’ como de desfachatez. Se puede ser poca cosa, pero con disimulo.

En su repertorio de presidente influencer -como lo ha llamado Carlos Alsina en más de un monólogo- Pedro Sánchez parece haber contraído el síndrome del diario de la hija de los Clutter en A sangre fría: esa actitud de quien escribe con letra redondeada a veces y con cursiva en otras. Soy así. Soy asá. El Estado no acepta chantajes, hoy; la próxima semana... quién sabe. El subidón de descubrir el agua tibia cada mañana y la jarra helada que supone constatar, ¡ay!, que alguien más ya la había inventado. A propósito del agua, convendría al lampiño Sánchez poner las barbas en remojo, porque a su predecesor, Mariano Rajoy, de tanto acostarse con nacionalistas amaneció meado: esa tragedia doméstica de quienes duermen con niños. Nunca se sale ileso de esos fregados. Nunca.

Que le guste o no The Killers a Pedro Sánchez es lo de menos -a este paso terminará invitando a James Rodhes a merendar-; el problema es que el presidente de Gobierno, como le ocurre al falso espía de Greene, sigue siendo un turista en La Moncloa, un Superman en funciones al que sólo le han dado la capa. Alguien asombrado por su notoriedad y que, a causa de tanto selfie, termina por no enterarse de nada. Así se mueven por el mundo los que se deslumbran ante el brillo de sus propios fuegos artificiales: a trompicones. A nuestro hombre en Benicasim le pasa lo que a Wormold. No le queda el más elemental de los consuelos: ser capaz de aprender de sus propios errores. O, al menos, de asumirlos. Se puede sacar de la chistera una reunión de veinte minutos con Ximo Puig para adecentar la metedura de pata del viaje a Castellón. Lo complicado es inventarse un plan para no acabar en unas elecciones. Vamos, cortarse la coleta justo después de tomar la alternativa. Pero Sánchez, como la Ana Botella de los Juegos Olímpicos, se las juegas todas al Moncloa 2020. Así se hunde, o de momento flota, nuestro hombre en Benicasim.

“El neomarxismo funciona con una programación de secta
www.latribunadelpaisvasco.com 28 Julio 2018

En una entrevista exclusiva que publica en su último número la nueva revista Naves en Llamas, el prestigioso periodista y escritor Hermann Tertsch realiza un extenso repaso de lo que, a lo largo del último siglo, ha supuesto el diseño, la expansión y la infiltración del marxismo cultural en las principales instituciones políticas, culturales y económicas de Occidente.

Tertsch explica cómo el nuevo comunismo ha tomado las principales universidades occidentales porque la infiltración “viene de lejos”. En opinión del autor de “La acuarela”, “la educación media, en la mayor parte de los países occidentales, y sobre todo en un país como el nuestro, ha colapsado la política de transmisión de conocimientos y lo que se hace es, simple y llanamente, adoctrinamiento; las ciencias sociales son, del mismo modo, ciencias de adoctrinamiento neomarxista todas ellas, con poquísimas excepciones. Se modela de tal manera a los jóvenes que es prácticamente imposible que éstos puedan aprender cosas que pudieran desmentir o cuestionar la ideología comunista aprehendida, y por eso rechazan cualquie tipo de conocimiento o información o datos y lecturas que cuestionen o entren en conflicto con su pequeño mundo establecido. En este sentido, el neomarxismo funciona con los mecanismos de una programación de secta”.

Para Hermann Tertsch, lo que los nuevos marxistas desean es “movilizar a la gente a través de la bondad”, porque cuando se lucha a favor de “la bondad” todo lo demás, las leyes, por ejemplo, no importa. “Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona de extrema-izquierda, lo ha dicho muy claramente: ‘las leyes injustas, las ignoro’. Esta es la nueva forma de asaltar al Estado que han elegido los nuevos comunistas; ya no se trata de asaltar el Palacio de Invierno, se asaltan las instituciones después de haber creado, a través de la educación y de los medios de comunicación, una sociedad dócil, volcada en el sentimentalismo, sin pensamiento crítico, sin pensamiento libre y sin pensamiento individual, y siempre preocupada por militar al lado de los buenos y nunca formar parte de los ‘perversos’... Descarrilamos hace tiempo contra la razón y ahora, a través del neomarxismo, se están minando todas las defensas de la sociedad: los códigos de honor, la tradición, el reconocimiento de una historia exitosa... Se trata de un movimiento inmenso, de una maquinaria cultural abrumadora e implacable, a la que es muy difícil hacer frente, porque también es muy mal enemigo”.

A pesar de esta constatación, en su conversación con Naves en Llamas, Hermann Tertsch reconoce que “hay focos de resistencia muy considerables frente al vendaval de los nuevos comunistas. Tenemos que tener en cuenta que la socialdemocracia como tal ha entrado en crisis, teniendo en cuenta que cuando hablamos de socialdemocracia no hablamos solamente de los partidos socialistas, hablamos de todo, hablamos del Sistema. Tan socialdemócrata es Angela Merkel como Mariano Rajoy. La socialdemocracia, el Sistema, se ha extendido hasta ocuparlo todo y, por ello, cuando surgen reacciones, generalmente a la derecha, se ponen muy nerviosos y sueltan todo tipo de iras”...

“Pero a pesar de su superioridad aplastante, no han logrado la dominación total. En este momento, por ejemplo, el Sistema, en Alemania, es más débil que hace cinco años. Y están países como Hungría, Polonia, Austria o la República Checa. Son países, en general, que han padecido el igualitarismo durante mucho tiempo y por eso tienen elementos de reacción que nosotros no tenemos. A nosotros, el totalitarismo socialdemócrata nos llega a través de la ‘democracia de partidos’, que es una falsa democracia, una ‘partitocracia’, esto es lo que tenemos. A través de los mecanismos de dominación de los partidos, éstos se han convertido en el Estado y, ciertamente, han conseguido un grado de control sobre la sociedad muy grande, pero no sin fisuras. De hecho, en España se intentó el cierre total del Sistema con José Luis Rodríguez Zapatero, cuando éste, a principios de este siglo, trabajó una alianza con la banda terrorista ETA y el tripartito catalán. Cerrar el Sistema consistía en liquidar la idea de España consiguiendo que los separatismos en alianza con la izquierda política crearan un nuevo régimen sobre la base del antifranquismo. Se trata de un régimen cerrado al que, por supuesto, muy rápida y deseosamente se incoporó Mariano Rajoy, tal y como estamos viendo perfectamente estos días”.

Entrevista íntegra en la Revista Naves en Llamas http://www.navesenllamas.com/

Techo de gasto
Sánchez se gasta en 2 meses 4.176 millones que equivalen al 72% de su frustrado techo de gasto

Cynthia Díaz Nobile okdiario 28 Julio 2018

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha gastado, en los dos meses que lleva en La Moncloa, cerca de 4.176 millones de euros. Se trata del 72% equivalente al techo de gasto al que sus ‘socios’ le dieron la espalda en el Congreso el pasado viernes.

Sólo en el pasado Consejo de Ministros, el equipo de Sánchez ha comprometido 1.676 millones de euros. Una cantidad que se reparte en 196 millones en la contratación de servicios de información para la Gerencia Informática de la Seguridad social.

El Consejo de Ministros ha acordado autorizar la aplicación del Fondo de Contingencia por un importe de 50,2 millones de euros para llevar a cabo tres ampliaciones de crédito. De esta manera, Hacienda sostiene que afrontará el importe correspondiente a la liquidación del ejercicio impositivo 2016 respecto a los fines de interés social declarados por los contribuyentes en el IRPF.

El Ejecutivo también destinará 30 millones de euros extra a la Inspección de Trabajo hasta 2020 (15 millones en 2019 y otros 15 en 2020). Por último, el Gobierno ha destinado 1.400 millones a la renovación de los satélites militares. Un gasto destinado para los años 2023 y 2037, pero que este Ejecutivo ya ha comprometido sin tener el respaldo de sus socios. Todas estas partidas suman un total de 1.676 millones de euros.

A todo este gasto se suman otros 2.500 millones procedentes de el restablecimiento de la sanidad universal, la eliminación de los copagos farmacéuticos y la decisión de suprimir peajes.

Es decir, un total de 4.176 millones de euros que equivaldrían al 72% de los más de 6.000 millones de euros que establece la senda fiscal que los socialistas presentaron en la Cámara Baja.

El Ejecutivo propuso aumentar el límite presupuestario en 5.000 millones para fijarlo en 125.064 millones de euros, un 4,4% más que el establecido para 2018. En este margen se reparten en unos 2.400 millones más para las Comunidades Autónomas, otros 2.400 millones para la Seguridad Social. A todo ello hay que sumar cerca de 1.200 millones más para el Estado, por lo que el montante alcanzaría los 6.000 millones.

Convocan una manifestación contra la subida del Impuesto de Sucesiones: "Los contribuyentes no somos su cajero"
La plataforma Stop Sucesiones ha convocado una movilización para el próximo 6 de octubre en Madrid.
Beatriz García  Libertad Digital 28 Julio 2018

Los contribuyentes volverán a salir a las calles. El miedo a que el Gobierno lleve a cabo una armonización del Impuesto de Sucesiones elevándolo en las Comunidades Autónomas donde es más bajo, como Madrid o Canarias, se ha extendido a lo largo de nuestro país.

Por ello, Stop Sucesiones, una plataforma civil que lucha por la derogación de este impuesto, ha decidido convocar "a la sociedad española para salir a la calle y manifestarse" el próximo 6 de Octubre. "Las personas que no puedan desplazarse hasta Madrid, estarán convocadas en sus diferentes provincias", explica este viernes su presidente, Eligio Taboada a Libre Mercado. Todavía no han publicado la hora y el lugar de la manifestación en la capital.

Estamos intentando que la ministra Montero nos reciba, pero no nos contesta asegura. Plataformas como Stop Sucesiones han liderado las primeras manifestaciones de contribuyentes y no politizadas del país a lo largo de 2017 y 2018.

La llamada de esta última movilización se produce "ante las pretensiones del Gobierno de Pedro Sánchez y en particular, de la Ministra de Hacienda, María Jesús Montero, de seguirnos metiendo la mano en el bolsillo", explica Taboada. "Para ellos, el cajero automático somos los contribuyentes y eso no es así", añade.

El Gobierno no se ha pronunciado oficialmente sobre el Impuesto de Sucesiones, aunque hay sospechas de que está estudiando armonizarlo o crear un tipo mínimo para quitar poder a las autonomías en su gestión. "De la ministra Montero nos lo esperábamos. No hay dudas de que lo va a querer hacer porque ya cuando era consejera en Andalucía le parecía mucho establecer la bonificación de Sucesiones en las herencias de hasta 1 millón de euros, tal y como finalmente aprobó con Ciudadanos. ¡Imagínate qué le parece que Madrid lo tenga bonificado al 99%!". Hasta ese acuerdo, Andalucía era una de las regiones más voraces de España con las herencias.

El drama de heredar
El presidente de Stop Sucesiones asegura que hay mucha "preocupación" entre los contribuyentes de las regiones con menor carga fiscal en Sucesiones por este asunto. De hecho, hace unos días aseguraba a este periódico que llevaba "una semana recibiendo continuas llamadas desde Madrid"preguntándole si le iban a subir los impuestos.

Taboada se encuentra a diario con todo tipo de dramas de contribuyentes arruinados por ese tributo a las herencias. Uno de los más llamativos de la última semana es el de una mujer que cuidaba de una anciana en Castilla La-Mancha. Al fallecer esta, le dejó a su cuidadora una vivienda y parte de un local. Con tan mala suerte, y por desconocimiento, la heredera aceptó. Ahí empezó su calvario.

"Le piden 40.000 euros por Sucesiones y ella no los tiene. Me ha llamado llorando porque va a perderlo todo, no sólo el patrimonio de la fallecida, también su propia casa, que ya está pagada", relata Taboada. El patrimonio de la anciana "lo han valorado por encima del precio de mercado y no lo puede vender", apunta. Está atrapada.

Al Impuesto de Sucesiones "se le suma el tsunami de impuestos para los autónomos, carburantes, electricidad o a las tecnológicas", que quieren llevar a cabo los socialistas, recuerda Taboada. Más motivos para manifestarse.

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¿Qué hacer con Cataluña? (y 3)
José García Domínguez  Libertad Digital 28 Julio 2018

Si algo dejó definitivamente acreditado, y como obvio, la asonada catalanista del pasado 1 de octubre, ese algo fue la también definitiva inanidad del modelo español de justicia constitucional para impedir el uso subversivo de las instituciones del Estado en ese territorio durante las últimas tres décadas. Quizá el Tribunal Constitucional retenga alguna razón de existir, pero lo que está ya claro es que entre esas razones no figura la de impedir con alguna mínima, elemental eficacia que los derechos que la Carta Magna otorga a los ciudadanos de Cataluña sean respetados por las autoridades de la plaza. En ese aspecto, su reiterada impotencia en nada se distingue de la pareja que han acreditado tanto el Gobierno como los tribunales ordinarios. Una incapacidad, la del Constitucional, que ha llegado al grado de lo clamoroso con la persecución de la lengua común española por parte del Gobierno de la Generalitat.

¿A qué extrañarse, pues, de que los jueces comunes renuncien de entrada a presentar cuestiones de inconstitucionalidad, ante la certeza de que resulta peor ese remedio de última instancia que la enfermedad misma (el Tribunal Constitucional, siempre atascado por los centenares de casos que debe tramitar, suele alargar durante años y años las sentencias de esos casos, lo que eterniza los procesos)? Lentitud crónica y disuasoria que viene a demostrar que el origen del problema no remite a las leyes sino al supremo órgano encargado de custodiar su eficacia. La historia contemporánea de Cataluña es la crónica interminable de la sistemática e impune invasión competencial de prerrogativas del Estado llevada a cabo por el Ejecutivo autonómico. Y el inmediato futuro normativo del Gobierno asilvestrado de Cataluña, hasta el apuntador lo sabe, está llamado a ser la versión corregida y aumentada de esa misma costumbre convertida ya en tradición local. Un vicio, ese al que tan adictos se muestran desde siempre los separatistas, que tendría fácil remedio, por cierto. Tan fácil que ni siquiera requeriría del trámite previo de una reforma constitucional. De hecho, bastaría para poder llevarlo a cabo con una simple reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

¿Y cómo? Pues simplemente dejando en manos de los jueces ordinarios la facultad para no aplicar las leyes que a su personal juicio resulten contrarias a la letra y el espíritu de la Carta Magna. Tan simple como eso. Ningún niño catalán habría visto pisoteados sus derechos lingüísticos en las aulas si eso fuese así. Ante la duda razonable, la eficacia de la ley se deja en suspenso. Y en el acto, sin la menor demora. Luego ya decidirá sobre el fondo de la cuestión el órgano competente, que podría y debería ser el mismo Tribunal Constitucional. Introducida esa reforma con las preceptivas restricciones y cautelas que aconseja el sentido común, los jueces ordinarios podrían convertirse, y de la noche a la mañana, en una eficacísima fuerza de choque volcada en la defensa cotidiana de la Constitución en Cataluña. Tal como ocurre, por cierto, en Estados Unidos, cuyo muy eficaz modelo de justicia constitucional difusa opera exactamente así. Se puede hacer si se quiere hacer. Lo único que se requiere es voluntad política para implementarlo. Lo único. ¿Lo propondrá el nuevo PP en las Cortes?

Sánchez evidencia su debilidad

 La Razon 28 Julio 2018

Todos los grupos parlamentarios que auparon a Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno, con la excepción del PNV, decidieron ayer no respaldar la nueva senda presupuestaria aprobada por el Consejo de Ministros, dejando patente la minoría en que se encuentra el PSOE. Puede aducirse, y en parte es verdad, que la maniobra carece de consecuencias prácticas por cuanto pendía sobre el acuerdo del techo de gasto presupuestario el inevitable veto del Senado, en el que el Partido Popular tiene mayoría absoluta. Es decir, que los presuntos socios del Gobierno nada arriesgaban con su posición abstencionista, justificada con los manidos argumentos de la falta de diálogo o de la insuficiencia del nuevo gasto público.

Pero la maniobra es tan evidente, tan de manual de desgaste, que puede llevar a muchos ciudadanos a preguntarse si, ante la imposibilidad de atender las demandas de barra libre presupuestaria, que están fuera del alcance de cualquier Gobierno de la eurozona, no haría mejor Pedro Sánchez en adelantar las elecciones, quizás al próximo otoño. Porque tanto Podemos como los separatistas catalanes han querido demostrar que La Moncloa está en sus manos y que sólo apoyarán al actual Ejecutivo mientras las circunstancias políticas lo aconsejen. Pero, ya sea en el ámbito de los Presupuestos Generales del Estado (PGE), ya sea en la cuestión de Cataluña, la debilidad del partido gubernamental augura nuevos sofocos a su presidente. Entre otras cuestiones, porque la votación de ayer en el Congreso no exime al Gobierno del deber de presentar un proyecto de PGE para 2019, condicionado por el techo de gasto que ajustó Mariano Rajoy con Bruselas, que, en mínima coherencia, debería volver a obtener el rechazo de la Cámara, ya sin la excusa del veto del PP.

Incluso recurriendo a la ingeniería legislativa, que vaciaría aún más de competencias al Senado, o a una política impositiva todavía más agresiva que la anunciada, es imposible que el Gobierno pueda atender las demandas demagógicas de la extrema izquierda sin incumplir el precepto constitucional de la Ley de Estabilidad. Y lo mismo reza para los socios de PDeCAT y ERC, cuyos 16 escaños son determinantes, si éstos pretenden vincular como así parece, una negociación bilateral entre la Generalitat y La Moncloa que incluya un referéndum de autodeterminación o una modificación de la situación procesal de los responsables del golpe, con el respaldo a las cuentas públicas, es evidente que Sánchez no podrá conceder, ni creemos que esté en su ánimo, lo que no está en su mano.

En este sentido, ayer, la sala de lo Penal del Tribunal Supremo, que debe enjuiciar el proceso separatista, decidió mantener la prisión preventiva de los encausados, respaldando de pleno al juez instructor, Pablo Llarena, lo que augura una pronta fijación de la vista oral, que puede coincidir con el debate presupuestario. El futuro inmediato está, pues, muy alejado de la alegada estabilidad política con la que Pedro Sánchez justificó su moción de censura y no tiene visos de que vaya a cambiar. En realidad, esta situación era previsible y estaba advertida. Si ya parecía una entelequia mantener un Gobierno de centro izquierda con el respaldo de sólo 84 escaños, más aún cuando los supuestos socios tienen unas agendas políticas en los límites del pacto constitucional, caso de Podemos, o absolutamente fuera de ellos, como ERC y el PDeCAT. La mejor solución, al menos la única que parece viable una vez descartada la negociación con el centroderecha o el incumplimiento de nuestros compromisos con Bruselas, es el adelanto electoral que reclaman el PP y Ciudadanos. La moción de censura sólo tuvo una cualidad negativa –la de todos contra el vencedor de las elecciones– y es preciso un refrendo en urnas.

Sánchez & The Killers
Javier Somalo  Libertad Digital 28 Julio 2018

"El problema no es el transporte sino a quién transporta". El lío del Falcón no es, según Pedro Sánchez, que el presidente del Gobierno tome un avión oficial de ida y vuelta para asistir a un concierto de The Killers sino que ese presidente sea él. Pues tiene razón, el problema es que él sea presidente. Y lo más grave: la forma y compañía con las que lo ha conseguido.

Este presidente Pedrín con aspecto de Roberto Alcázar sólo ha demostrado que quería entrar en La Moncloa para adquirir la condición vitalicia de mandatario, lo que le permitirá después contar las nubes que se le escapen a su antecesor socialista. No puede haber mayor desastre para España en este momento que un presidente así, aupado por quienes tienen como ideario la voladura del sistema democrático que nos llevó de una dictadura a una democracia, quizá para hacer el viaje inverso remediando a la fuerza la Historia.

El problema es Sánchez por abrir una brecha institucional por simple oportunismo personal: aquel al que echaron del partido salió con su mochila y volvió para vencer. A esa grave estupidez se reduce todo, eso sí, con responsabilidad subsidiaria de Mariano Rajoy por no haber accedido a pagar un precio que ya era ineludible: marcharse. "Se colaron por la puerta de atrás", dijo el ex presidente el día del finiquito ante la nueva cúpula de su partido.

El problema es Sánchez por su bilateralidad no ya con una comunidad autónoma que es parte de España sino con el golpismo. Negociando de tú a tú con Tejero. Ofreciendo trato exquisito a su "racista" Torra, poderosa imagen de nuestra decadencia que ya no indigna tampoco a Josep Borrell. De momento, el presidente ya ha aceptado hablar de referéndum y de presos, o sea, de todo y por su orden con los caseros de La Moncloa.

¿Y cómo está el resto de la cuestión tras el carpetazo al tardío y timorato 155? Un simple ejemplo: Lluís Escolà, un sargento de los Mossos que hace de guardaespaldas de Puigdemont, es ahora asesor de Interior de la Generalidad. Escoltó al golpista prófugo en el extranjero de forma ilegal y fue retirado del servicio. Hoy nos falta por ver si solicitará reunirse con el ministro Grande Marlaska para abordar los flecos del "Ja sóc aquí" golpista, el retorno a eso que llaman "la normalidad anterior".

El gobierno Sánchez vende como éxito cualquier atisbo de apunte en el BOE y convoca la rueda de prensa de prensa posterior al Consejo de Ministros con media plantilla de ministras acompañando a la portavoz. Así se aparenta hiperactividad de género y número y se diluye la extraordinaria capacidad de Isabel Celáa para pisar charcos. Pero ya da igual cómo se llamen sus ministros y ministras y qué virtudes atesoren: nada pueden hacer aunque fuera bueno, y encima todo lo que se está haciendo está mal y puede que sea irreversible. El primer gran revés ha llegado este viernes a cuenta del objetivo de déficit que ha suspendido su trámite en el Congreso por la abstención bloqueante de sus "socios". Y como éste habrá otros varapalos parlamentarios hasta que se vea quién manda en realidad y qué efectos se buscaron apoyando una moción de censura.

El presidente lo sabe pero dice estar decidido a agotar una legislatura, que termina en 2020, con un gobierno llegado por moción de censura gracias a fuerzas que dieron un golpe de Estado, a herederos de ETA y a una extrema izquierda bolivariana que necesita desorden para sobrevivir. Se dice pronto.

Por mal que lo haga un gobierno, parece que siempre hay otro dispuesto a superarlo desde aquel aciago 11-M que abrió en canal nuestra democracia. Hoy el enorme problema de España es Pedro Sánchez y los Killers que le han puesto en La Moncloa para gobernar por control remoto. Y en el menor tiempo posible.

Como ser un héroe catalán por 190 euros
Miquel Giménez. vozpopuli  28 Julio 2018

Carles Puigdemont retorna a su casoplón en Waterloo. Loor y más loor al fugado, exclaman los suyos. Y, como no podía ser de otra forma, los héroes del independentismo acudirán a recibirlo poco menos que como a Nuestro Señor en Jerusalén. Pagando, ¿eh?, pagando.

El precio del heroísmo: ciento noventa euros
Siempre he sostenido que el proceso separatista ha sido extremadamente útil para los fabricantes del sector textil catalán. La cantidad de camisetas que se ha llegado a vender en la correspondiente jornada histórica es astronómica. Este año parece ser que, según la ANC, tocará ir vestiditos de color coral, pues es el de las asas de las urnas de plástico compradas a los chinos empleadas en el pseudo referéndum. Ya no saben que inventar.

Otros sectores como el de la automoción, léanse autocares, que antes se dedicaba al Inserso y ahora a trasladar amables ancianitas a gritar libertad para los presos, también deben haber tocado mullat, que decimos en catalán, vulgo pasta. Porque en estas cuestiones de la república catalana y las adhesiones públicas, se está comprobando que, si no movilizas a la comarca carlistona, pinchas fijo. De ahí que la familia Matamala de la que el hijo mayor, Jami, es el acompañante de Puigdemont en su vida peripatética por Europa, haya organizado la comitiva que deberá ir a saludar al líder vencedor de dragones, jueces españoles y malvados botiflers. Los autocares saldrán desde Girona, bressol del independentismo, que la llaman. Pueden ustedes ir directamente a la librería Les Voltes, propiedad de dicha familia, o entrar en su web y pagar allí el estipendo: 190 pavinis por viaje de ida y vuelta y noche en Bruselas. No se dice si habrá bocata de mortadela, porque es de esperar que cada uno se lleve sus propias viandas y vituallas, que la pasta se reserva para pagar fianzas millonarias.

Pueden imaginarse el heroísmo que se vivirá en esos autocares repletos – o no – de enfervorecidos e hiperventilados separatistas. Nada de cantar el “Para ser conductor de primera, acelera, acelera” o mucho menos la siempre socorrida canción de “La cabra”. Solo canciones de Lluís Llach, Els Segadors, y, si acaso, alguna de Núria Feliu, solo para los coneisseurs. Ya les dije ayer, a propósito de la universidad de verano del Institut Nova Història, que hay un calendario de fiestas, festejos y actividades socio recreativas para separatistas este verano muy, muy intenso. Hay que llenar los ocios del personal, no sea que a alguien le dé por pensar y llegue a la conclusión de que todo esto no es más que una inmensa tomadura de pelo que ni sirve para ganar la independencia ni para nada que no sea llenar el pebetero de incienso a los que huyeron cobardemente mientras otros de sus conmilitones se iban de cabeza al trullo.

Igual que los autocares que acudían al Palmar de Troya a ver milagros, lo de los asistentes a la cosa del sábado en Waterloo tiene tintes casi telúricos. ¿Esperarán ver a su Mesías caminar sobre las aguas? ¿Caminarán los cojos? No creo que vean los ciegos u oigan los sordos, porque no los hay peores que aquellos que no quieren ver ni oír nada más que la confirmación de sus prejuicios.

El programa es denso, mazacote y dado a éxtasis estáticos varios: el sábado a las cuatro de la tarde, acto, no sabemos si de desagravio, en el que sudar copiosamente, gritar, enfurecerse con el juez Llarena, el Gobierno de España –da igual el que sea, antes fue el de Rajoy y ahora el de Sánchez-, gritos contra el Borbón, que es cosa socorrida, y hala, a cenar mejillones con patatas fritas. Todos a dormir y el domingo de vuelta a casita, que llueve.

Y uno, malicioso por naturaleza, piensa ¿no tendrá todo esto algo que ver con que el juez José de la Mata haya imputado tanto a la extinta Convergencia como al PDeCAT en el asunto del tres por cinto?

Meros continuadores de la firma Pujol y Familia
Su Señoría, que instruye la causa de la presunta financiación irregular de los Convergentes, lo ha dejado clarito por si las dudas: el PDeCAT es un mero continuador de CDC. Vaya por Dios. Claro está que para el separatismo de ultra derecha que encarnan Puigdemont y su Crida nada de esto tiene la menor importancia. Es pública y notoria la injerencia malévola de la Audiencia Nacional en ese límpido mar de honradez que supone el separatismo convergente. Pero el togado afirma que en el caso conocido popularmente como el del tres por ciento, que es mucho más que ese mísero porcentaje, lo adelantamos, la compleja organización que montó presuntamente el partido de los Pujol, Prenafeta, Alavedra y otros –todos, por cierto, confesos de corrupción– continuó con las nuevas siglas.

Habla el magistrado de una formidable red para financiar ilegalmente al partido nacionalista catalán mediante donaciones a fundaciones ligadas con el mismo, léanse la conocida CatDem o Fórum Barcelona, señalando la forzosa connivencia con empresarios y altos cargos políticos. Delitos como presuntos tráficos de influencias, soborno, blanqueo de capitales, en fin, lo que se esperaba de honrados patriotas que ya en la década de los ochenta se reivindicaban con eslóganes tales como “Primero, los de casa, vota Convergencia” y, lógicamente, si primero son los de casa, todo pa' la saca que diría el clásico.

La cortina de humo que ha supuesto el quilombo del separatismo se disipa ante la evidencia. Tapar la corrupción que iba a salir un día u otro con una enorme bandera, he ahí el ardid trilero. Es un viejo chivo expiatorio en regímenes totalitarios y no debería extrañarnos. Lo curioso es que nadie desde el gobierno de la nación haya dicho ni mú a lo largo de estas décadas en las que Pujol obró y dejó obrar a su antojo a quienes, presuntamente, se lucraban bajo la más miserable excusa que existe, la del patriotismo.

No se salvan ni Felipe González, ni José María Aznar, ni Zapatero, ni Rajoy ni ahora Pedro Sánchez. Y que no se nos diga que tanto PP como PSOE han metido el cazo, porque esto no va de a ver quien ha robado más, si los tuyos o los míos. Esto va de organizar a gran escala un sistema de expolio de las arcas públicas mediante una ingeniería financiera dedicada al beneficio de determinados partidos políticos y determinadas personas.

Ese es el problema real. La corrupción ha sido tan generalizada que quien no ponía la mano quedaba como un tonto. La cura que precisa España en el momento presente, en el que incluso se quiere investigar al Rey Emérito por esos mismos supuestos, o es de caballo o no sirve para nada. Cuando la gente se pregunta, con toda razón, como se ha llegado en Cataluña hasta el momento presente, deben reflexionar acerca de esa corrupción, ese yo no te miro si tu no me miras, esa dejación de la sagrada obligación que deben tener todos los que se dedican a la cosa pública.

Claro que a los que van a entonar los mantras separatistas en Waterloo todo eso les importa un higo. Pero cuidado, que no saben lo que hacen. Son tan españoles, pobrecitos, que prefieren que, si han de robarles, lo haga uno de los suyos. Y si lo pillan en un renuncio, con decir lo de más roban los otros, se quedan tan panchos. ¿Es o no es español eso tan lorquiano de los tuyos y los míos?

Lo que veremos en Waterloo no es más que la españolísima escena de la plebe llevando en andas a Fernando VII gritando el horrible “¡Vivan las caenas!”. Es algo tan vergonzosamente nuestro, tan tristemente nuestro, que quienes pagan ciento noventa euros para sentirse unos héroes liberadores forman parte, ignorándolo, de esas mismas cadenas. Así como Monsieur Jordan hablaba en prosa sin saberlo, los ocupantes de los autocares con destino Puigdemont son tanto o más españoles que el resto de sus conciudadanos. Qué lástima que vayan a imitar a los estraperlistas y no a Daoíz y Velarde, que también eran españoles.

Por ciento noventa pavos no se puede pedir más.

La eternidad no es lo que era
Manuel Cruz El Confidencial 28 Julio 2018

Aquí, en Cataluña, a lo que algo dura un poco más de la cuenta enseguida le llaman eterno. Creo que fue Carod Rovira quien acuñó la expresión "empate eterno" en la época en la que CiU y PSC andaban estancadas en muy parejas preferencias del electorado y él pretendía que ERC fuera clave para permitir el desempate. Pero no es este el único caso que se puede mencionar de tan peculiar interpretación de la eternidad.

Cuando falleció Tito Vilanova, el sucesor de Pep Guardiola en el banquillo del Barça, en la capilla ardiente instalada en el Camp Nou podía leerse, bajo la foto del fallecido, la frase "eterno para siempre", en lo que no dejaba de constituir una curiosa redundancia (si eterno es aquello que, por definición, no tiene principio ni fin, el "para siempre" resultaba de todo punto reiterativo).

Sin duda llama la atención que muchos de esos políticos que en la primera década del presente siglo hablaban en tales términos, ahora hayan cambiado de registro a propósito del nuevo empate que existe en la sociedad catalana entre secesionismo y constitucionalismo. Si de verdad se creían lo que entonces decían, ahora deberían proponer una nueva articulación de las fuerzas políticas que permitiera salir del bloqueo institucional en el que se encuentra sumida Cataluña. En cambio, lejos de proponer eso, parecen estar haciendo una apuesta que, como poco, entra en contradicción con sus premisas pasadas. Porque, en efecto, desde hace un tiempo hablan de insistir en el esquema preexistente, el que precisamente ha abocado al empate, solo que intentando "ensanchar la base social" de los suyos. Con este nuevo planteamiento abandonan, es cierto, un esquema de imposible justificación, el de la eternidad, pero para incurrir en otro que también está lejos de ser obvio.

Y es que en la historia, por definición, todo es contingente y finito (por eso es historia), y las apariencias de necesidad o de eternidad no pasan de ser un espejismo engañoso. Un espejismo destinado a consolar o a reforzar —en este punto resulta obligada a la referencia a Gramsci—, pero engañoso al fin. De la apariencia de eternidad, que se da, desde luego, se podría decir lo mismo que decía el poeta simbolista francés Hénri de Régnier acerca de la eternidad del amor: "el amor es eterno mientras dura". Pero aceptar la finitud de algo para, a continuación, atribuirle a su particular duración un signo predeterminado no pasa de constituir la sustitución de un mito, el de su eternidad, por otro. En este caso, por el mito del progreso.

Porque, en efecto, los defensores de acabar con el empate actual a base de considerar asegurada la victoria futura dan por descontado el signo de la evolución que seguirá la realidad. Y así, repiten afirmaciones del siguiente tenor: si en tan poco tiempo —el que ha durado el 'procés'— ya hemos llegado hasta aquí, con un ligero empujoncito más alcanzaremos por fin la meta soñada. El argumento es calcado, cambiando las referencias, del que me presentaba a finales de los años sesenta, recién ingresado yo en la facultad de Filosofía y Letras de la UB, aquel responsable del PSUC que me hacía proselitismo para captarme para la organización: si en los cincuenta años que han transcurrido desde la revolución rusa, un tercio de la humanidad ya vive en países socialistas, estate seguro, me subrayaba con énfasis, que para cuando venga a acabar el siglo XX el planeta por entero habrá abrazado la causa del socialismo.

Cosas semejantes pensaban sin duda los secesionistas quebequenses tras su segundo referéndum o buena parte de los independentistas vascos en la época de máxima euforia del Plan Ibarretxe, por poner solo un par de ejemplos en los que gustan de mirarse los secesionistas catalanes, y ahora unos y otros están como están. Evoluciones ambas que si algo acreditan es que no cabe prejuzgar la deriva de los acontecimientos en la historia y que hacerlo no deja de ser una forma de incurrir en una variante específica de pensamiento mítico, la progresista.

Por supuesto que alguien podría argumentar que a estas alturas resulta francamente difícil continuar manteniendo una idea tan ingenua y lineal del progreso, sobre todo a la vista de las numerosas refutaciones que un convencimiento de este tipo ha padecido desde hace un tiempo. Pero no se olvide que una de las características del fanatismo es precisamente la de ser inmune a la refutación. Baste con constatar el nulo efecto disuasorio que tuvieron sobre el electorado independentista en las autonómicas de diciembre de 2017 los sonoros fracasos que acababan de sufrir las promesas de sus líderes (con la huida de Cataluña de las principales empresas o la nula solidaridad con la recién nacida república catalana por parte de ningún estado europeo).

Probablemente, tamaña resistencia a la falsación solo sea explicable atendiendo al hecho de que, en el caso del independentismo, el pensamiento mítico de matriz progresista se dobla de pensamiento mágico, uno de cuyos rasgos fundamentales es, como se sabe, el convencimiento de que la mente crea mundo, produce realidad. Pues bien, no deja de ser una variante de este pensamiento el que lleva a sostener a tantísimos independentistas que su sentimiento funda derecho. Y así, proclaman sin pestañear y reiteradamente que, puesto que no se sienten españoles, no son españoles (como si el pasaporte o el DNI fueran cartas de amor, y no documentos civiles). O que, dado que se sienten independientes, son ya realmente independientes. No otros eran, a fin de cuentas, los términos en los que se expresaba hace poco una portavoz de ERC, Marta Vilalta al afirmar: "votamos República, decidimos República, proclamamos República, nos sentimos República [sic], pero no la hemos podido desplegar".

Tal vez tenga razón Daniel Gascón cuando señala que lo que ha ocurrido en Cataluña no ha sido un golpe de Estado tradicional, sino un golpe de Estado posmoderno, pero entonces habría que añadir, para acentuar la especificidad de lo ocurrido entre nosotros, que dicho golpe se ha apoyado en un pensamiento mágico que, en sentido propio, no atiende a razones porque él mismo funda su propia racionalidad. De ahí que no solo las refutaciones resulten irrelevantes, sino que incluso las propias contradicciones carezcan de la menor importancia, sin que generen la más mínima sombra de preocupación o inquietud.

Únicamente de esta manera se entiende que los independentistas puedan hacer en público determinadas afirmaciones sin que nadie entre los suyos parezca percibir la inconsistencia de lo afirmado. Así, en el fragmento antes citado de la portavoz de ERC se afirmaba, además de la intensidad del sentimiento independentista, alguna otra cosa, de indudable interés añadido en la medida en que señalaba con claridad el punto del presunto trayecto ascendente hacia la cima de la independencia en el que nos encontramos. Porque si, como declaraba esta mujer, el referéndum ya tuvo lugar, el pueblo catalán tomó su decisión y la república ya ha sido proclamada, quedando ahora tan solo pendiente "hacerla efectiva", todo eso significa, en suma, que la autodeterminación ya se ha ejercido y ahora es cuestión de (correlación de) fuerzas su materialización. Pero entonces, ¿a qué viene seguir insistiendo y reclamando como cosa pendiente el derecho a la autodeterminación si, según su propio relato, tal derecho ya ha sido ejercido por los ciudadanos catalanes?

Tal vez lo que de veras debería preocuparnos a todos no es que los secesionistas hayan ganado la batalla del relato, algo que a estas alturas nadie parece dispuesto a discutir, sino que hayan podido hacerlo con un relato errático, trufado de contradicciones, renuncios y promesas incumplidas. Digámoslo, si se prefiere, de esta otra manera: que pueda llegar a proponerse como enésima hoja de ruta ¡un cuarto! referéndum (contando las llamadas plebiscitarias) de presunta autodeterminación, sin que quienes se atreven a formular la propuesta alcancen a sentir ni siquiera un ligero rubor en sus mejillas, resulta, como indicador de la salud política de una comunidad, decididamente alarmante. Nada es eterno, desde luego, pero habrá que convenir que el 'procés' empieza a parecerlo. Eterno para siempre, añadirían algunos a buen seguro.

Casado, el último acomplejado
La Verdad Ofende TBN 28 Julio 2018

Falsos espejismos confunden de nuevo el panorama político Español que aposenta sus reales a la derecha del hemiciclo, donde una izquierda cada vez más ufana y descarada luce banderas republicanas, hace apología de la violencia, sienta a criminales condenados, a golpistas confesos, e iza el tiránico y criminal puño marxista bajo cuyo yugo han fenecido cien millones largos de personas durante el pasado siglo, bajo la falacia política de “democracia popular o proletaria”.

Con esta frase lapidaria me desayune el otro día leyendo un artículo en “El independiente”: “no soy de derechas. Quien me conoce sabe que soy moderado”. Pablo Casado, el nuevo y flamante secretario general del que yo llamo sin atisbo de duda alguna “Partido Socialista Popular” viene a confesar poco menos que el hecho de ser o proclamarse de derechas es ser un politico radical, cuando desde los medios de prensa teledirigidos por la izquierda que sigue de modo burlesco reivindicando como demócratas a sus “héroes” chavistas, castristas, leninistas, estalinistas o Frente Populistas, asaltan a Casado con preguntas acerca de sus “conservadoras” ideas políticas.

Bajo mi modo de ver la política, asesinar a tus hijos en gestación vestido como un derecho es ser un radical, defender un estado laico mientras se canta “arderéis como en el 36” y se abren las puertas al intolerante Islam es ser radical, abrir la mano a los golpistas que jamás van a negociar nada más allá que seguir dando pasos hacia la ruptura de España es ser radical... mente imbécil, una práctica que no por ser menos de izquierda no dejó de hacer indisimuladamente el Partido Socialista Popular.

Ser de derechas no es ser radical. Yo mismo me declaro una persona conservadora en valores, absolutamente respetuoso con la libertad de credo y opinión si se ajusta a la ley y los derechos humanos y liberal en lo económico, Lo cobardemente radical o radicalmente cobarde (allá ustedes cómo decirlo) es someterte al discurso falaz de lo “políticamente correcto” que impone cual mordaza moral esa clase política que se autoproclama “progre” mientras deja España como un páramo desierto cada vez que pierde el poder, quebrada, corrupta y arruinada; un erial marxista más.

El Partido Popular no bajó impuestos, los subió hasta el hartazgo también durante la bonanza económica. No redujo Estado, lo incrementó, pues viven felices cómodamente instalados en él con nuestro dinero que saquean vía impuestos (qué definitoria palabra), no ilegalizó los partidos de ETA, se colocó de perfil mientras soltaba a más de quinientos etarras con crímenes gravísimos que fueron homenajeados y que jamás colaboraron, jamás se arrepintieron, jamás pidieron perdón y jamás reconocerán nuestras leyes ni nuestra democracia. Pondrán eso sí, como ya hacen, el cazo de la subvención pública mientras abominan de nuestra absurda democracia que se autodestruye alimentando inexorablemente a sus enemigos. Son comunistas y separatistas, estúpidos.

No, no esperen una mierda del Partido Popular. Son socialdemócratas, están corruptos hasta decir basta, viven rendidos al lenguaje políticamente correcto marxista, son abortistas, no apoyan a la familia, impusieron el invasor catalán en Baleares, han borrado del mapa oficial el español de Galicia donde gobiernan, han dado mil millonarias fortunas a los corruptos golpistas CAT y seguirán haciéndolo una vez retomen el poder.

En España, decir ser de derechas, para algunos, resulta un estigma, dado que la "izmierda", por añadidura, incluye el calificativo de “fascista”, un adjetivo politico que regalan los únicos ámbitos políticos que lo ejercen sin arrugarse un ápice. El fascismo; un invento de izquierdas, esa que se ufana en mantener la falacia de haber sido históricamente democrática, una patraña que harán Ley de Memoria histórica y cuyo máximo exponente fue el primer político en aplaudir el fascio: “Si alguien es capaz de lograr la revolución en Italia ese es Benito Mussolini”. Lenin.

Nadie sabe de quién es la incisiva y certera frase que muchos llevan años atribuyendo a Churchill en las redes sociales, pero vive Dios que es sin duda alguna la más aguda y descriptiva de cuantas hoy pueden definir a esta izquierda marxista que ha copado el paisaje político español: “Los fascistas del futuro se harán pasar por antifascistas”.

@Verdadesofenden


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