AGLI Recortes de Prensa   Viernes 10 Agosto 2018

El alma de España
Rafael Bardají Gaceta.es  10 Agosto 2018

Para todo creyente, la muerte ocurre cuando el alma de separa del cuerpo y éste comienza su descomposición. Pues bien, a las naciones les ocurre lo mismo: cuando pierden su alma, su esencia, arranca la descomposición de todos sus elementos visibles y tangibles. Es lo que está sucediendo con España. Cuando “ancestral” se ha convertido es un descalificativo, poco margen puede quedar para la vida nacional, esto es, para compartir un proyecto único, basado en las vivencias del pasado pero orientado a los retos del futuro.

Yo no se cuándo nuestra querida España empezó a ser más difunta que viva, pero lo que si se es que el llamado “régimen del 78” trajo la libertad tras años de dictadura y dictablanda del Gral. Franco pero la trajo de la mano de una democracia suigeneris y, finalmente, suicida. España nunca ha visto a sus enemigos externos, pero tampoco ha sabido ver a sus enemigos internos que, al fin y al cabo, son quienes nos han llevado al estado de zombificación en el que vivimos y quienes están dispuestos a enterrarnos. No creo necesario tener que nombrarlos a todos, desde separatistas a revolucionarios de izquierda y antisitema.

Ahora bien, como decía Edmon Burke, “para que el mal triunfe basta conque los hombres de bien no hagan nada”. Y el problema esencial de España es que sus hombres y mujeres de bien o no hacen nada o, aún peor, están confusos sobre lo que está sucediendo y lo de se debería hacer. Me explico: a estas alturas tendría que estar ya claro que dos de los cánceres que nos han llevado a donde estamos son tanto la partitocracia que se ha metastizado en todas las instituciones de la vida pública y de buena parte de la privada, y las autonomías, agujero negro financiero, multiplicadoras de las corrupción y disolventes de la causa común nacional. Y sin embargo, apenas nadie se propone acabar con estos males, al contrario, se les defiende como si fueran la esencia de nuestro ser y no lo que en realidad son, una enfermedad mortal de necesidad.

Y eso es posible porque el “régimen del 78” y la clase de democracia que trajo estableció que la modernidad de España consistía en repudiar todo lo anterior, no sólo la etapa de Franco, sino prácticamente la Historia que nos ha hecho como nación y pueblo. Es más, el gran error de los constitucionalistas del 78 fue olvidarse de que España era un ser vivo que residía no sólo en sus instituciones y Carta Magna, sino en el pueblo español, auténtico depositario de sus hábitos, normas y tradiciones. De ahí que frente al separatismo no se le oponga el nacionalismo español, sino esa cosa denominada “patriotismo constitucional”, que sólo ve a España desde el prisma del articulado de nuestra ley fundamental. Pero como es obvio, España precede , y con mucho, a la constitución del 78, a Franco, a la “pepa”… Podríamos llegar, al menos, hasta Covadonga y Don Pelayo.

El liberalismo, con su individualismo, su materialismo y su relativismo, ha sembrado de dudas lo que es ser español. De manera involuntaria, si se quiere, pero no por eso menos letal. Y, aún peor, es incapaz de plantear soluciones para España en el estado de emergencia en que nos encontramos. Difícilmente se puede compatibilizar afirmar un día que no puede haber papeles para todos y correr al día siguiente a estrechar la mano de quienes han entrado en nuestro suelo violando nuestras fronteras. La defensa de España no puede ceder al buenismo, el miedo a las críticas y ni siquiera a los sentimientos humanos.

En la España del 78 se ha consentido, cuando no impulsado, el desorden moral. Y no me refiero simplemente a muchas costumbres que tienen que ver con el sexo. Me refiero a la inversión de los valores que tienen que ver, por ejemplo, con la calidad de discernir entre el bien y el mal, entre el interés común y el individual, entre el sacrificio y la satisfacción, entre la educación y la delincuencia, entre lo justo y lo injusto. Lo moderno y aplaudido era matar a la autoridad, denigrar el esfuerzo y el trabajo bien hecho, y alimentar la picaresca, la desidia, la irresponsabilidad y la falta de respeto hacia normas y leyes. Posiblemente España sea el país con más leyes que no se cumplen porque nadie tiene interés ni en cumplirla ni en hacerlas cumplir. El Estado ha pasado a ser, además, el cortijo de quien accede al poder y no el buen gestor de los recursos públicos de todos los españoles. Claro, que como dijo una líder, perdón, lideresa, socialista hoy en el gobierno, “el dinero público no es de nadie”, solo de quien lo administra.

El estado de emergencia nacional en el que se encuentra España sólo ha sido resistido por un pequeño grupo de valientes, militantes de Vox, que, al menos contra el separatismo catalán, han sabido cómo instrumentar el sistema judicial constitucional y actuar, así, contra los responsables de delinquir contra el estado de derecho. Digno de elogio y verdadera vergüenza para todos los demás, Ciudadanos y Populares los primeros. Pero el hecho de que la vida política sólo pueda encontrar la senda a la normalidad mediante la judicialización, dice mucho de la situación en la que nos movemos, donde el respeto a la ley ha desaparecido. Recuperar a España en los tribunales es como defender a Esparta en las Termópilas, una misión justa y valiente, pero que sólo sirvió para ganar algo de tiempo. Cierto, el arrojo de estos nuevos 300 de Leónidas ha servido para que la bandera española ondease de nuevo, con orgullo y rabia, y para que ese concepto de “pueblo español” sonase de nuevo. Pero se requiere más, me temo.

Construir un muro que blinde nuestras ciudades de Ceuta y Melilla es una medida que dice mucho de quien la defiende. Es una clara ruptura con el actual despropósito de la política de inmigración. Y los flujos de inmigrantes ilegales, se diga o no, son un reto vital para el futuro de España. Acabar con la actual arquitectura de las autonomías, no lo es menos. Como rechazar de plano el esquema de integración europea que se ha hecho fuerte en las instituciones de Bruselas. Pero, con todo, lo esencial es inyectar en la sociedad un antídoto contra el concepto de modernidad nacido del 78. Sin eso y alimentar el sentimiento de ser español nuestra alma se habrá ido para siempre y el cuerpo se nos romperá progresivamente en pedazos hasta desaparecer. Está en nuestra mano poder evitarlo.

Sánchez: dulce verano, amargo invierno
Enrique Navarro  Libertad Digital 10 Agosto 2018

El presidente está exultante y no es para menos: en apenas dos meses ha conseguido que una sentencia que no condenaba penalmente al Partido Popular, y que no es firme, provocara un cataclismo que le llevara a la presidencia del gobierno. Una vez más, y por la incapacidad manifiesta del PP -o mejor de la derecha- para manejar las crisis: le pasó a los radicales con el estraperlo en la República; a Franco con Matesa; a la UCD con la colza; al PP con el chapapote, la guerra de Irak y el 11M; y a Mariano Rajoy con la Gürtel. Y esperen al mini master y la cola que va a traer; ¡ay Pablo, si te lo hubieras sacado en el IE no tendrías a Ignacio Escolar instruyéndote el sumario!

Pedro Sánchez ha logrado sus objetivos a corto plazo: generar una fidelización al interior del partido de pesos pesados, amiguetes en terminología popular, por la vía del nombramiento apresurado de los cargos mejor pagados de la administración; seleccionar un equipo de gobierno de apariencia deslumbrante que no necesita hacer mucho para llamar la atención y que, como siempre pasa, acabará siendo un fiasco (ya hay apuestas de si Borrell llegará a diciembre); irse de conciertos y vacaciones gratis; y darse un baño de liderazgo internacional o, más bien, conocer gente. En definitiva, Pedro Sánchez y su jefe de gabinete, que construyó de la xenofobia el leitmotiv que hizo alcalde de Badalona a García Albiol, lo que es significativo de los principios morales que rigen a este gobierno, han conseguido vivir en la Moncloa y que las encuestas les sean favorables.

Aunque hay que reconocer que como pijoprogre, al final le pesa más la primera cualidad que la segunda. De la universidad privada donde estudió a vivir en Somosaguas, ni Pablo Casado acumula tanto liberalismo. Primero, habla de dar la voz a la militancia y le ocultaba las urnas a sus colegas detrás del telón; luego nos engaña a todos diciendo que censura a Rajoy para convocar elecciones y es que venía a quedarse para siempre; nos habla de la pobreza infantil y usa el avión oficial para irse de marcha; se pasa la vida hablando de puertas giratorias y en agosto, un mes muy normal para contratar altos ejecutivos, coloca a su esposa en el Instituto de Empresa, después de reunirse con los grandes del Ibex que se nutren de los pobres que pagan 30.000 euros por un master del IE. La verdad es que nos ha salido un poco pillín este presidente, apodado "el regenerador" de la misma manera que José I era llamado Pepe Botella, por su condición de abstemio.

Y además, y demostrando que la suerte acompaña al vencedor, ha conseguido que todos los demás partidos entren en barrena: Ciudadanos desaparecido, copiando con retraso los mensajes del PP; éste en plena efervescencia y división, buscando trabajos del máster; y Podemos que se olvidó de asaltar los cielos para formar parte de ese discreto encanto de la burguesía que diría Buñuel.

Pero a Sánchez lo único positivo que le queda para las próximas semanas es esa competición de presidentes sobre la profundidad de la huella cuando corren sobre la playa de Doñana: es un hecho irrefutable que después del verano, pasa el otoño y llega el invierno, y éste será tremendamente amargo para él, porque el escenario le va a cambiar por completo.

La economía ya ha dado sus primeros síntomas de languidecimiento, y eso que estamos regresando al denostado modelo de la burbuja: una política expansiva que hace crecer el sector inmobiliario y el consumo a costa de nuestra competitividad exterior y la inversión en activos productivos. Trump nos tiene cogidos a todos por las partes, y si la guerra comercial avanza todos los escenarios macroeconómicos en Europa van a saltar por los aires. Además, toda acción proteccionista vendrá acompañada de inflación y subida de tipos de interés, así que todo el gasto expansivo que ahora pretenden desviar a gasto social y Comunidades Autónomas acabará pagando la cuenta de la deuda pública.

El actual modelo de creación de empleo tan exitoso está muy condicionado a estos factores de la oferta que se verán muy negativamente afectados por el marco económico, la ralentización del turismo, la menor contribución del sector exterior al crecimiento y la caída del consumo consecuencia de los nuevos impuestos no auguran muy buenos tiempos para el crecimiento del empleo.

Cataluña
El frente catalán también le va a estallar por los aires al gobierno. Aunque no se atreven a decirlo en público, la connivencia de Quim Torra a negociar bajo una aparente normalidad está sujeta a un referéndum que Pedro Sánchez siempre ha tenido en su hoja de ruta. Si se cree que, sólo porque gobierna la izquierda en España, la derecha nacionalista se va a ir de rositas con unas pocas transferencias suponiendo que el problema era Rajoy, se va a pegar una leche monumental. En Barcelona, junto al rey el día diecisiete, Pedro Sánchez se va a retratar, mal que le pese, frente a España, y no vale salir diciendo que no va a judicializar, ni que la libertad de expresión es sagrada, que si lo es debería proteger más a los no nacionalistas. Vamos a pasar del 17A al 155 bis en un periquete.

Está escrito desde los comienzos del siglo XX que Cataluña acabaría partiendo al PSOE, y la toma de partido de Pedro Sánchez a favor del diálogo con los secesionistas apoyando a los socialistas nacionalistas que pretenden ser la izquierda real en la república catalana incide en esa división. Y muchos de los acosados en Cataluña son también socialistas.

El tercer problema, y quizás el que le conducirá a la derrota electoral, es el empeño en gobernar sin los apoyos mínimos. Es fácil formar frentes contra algo, pero de ahí a generar un programa de gobierno que cuente con el respaldo del Congreso hay un abismo. No es una situación inédita como señalaba Pablo Casado, es que es la primera vez que un ejecutivo gobierna sin un programa de gobierno aprobado en el Congreso. El presidente debería haberse sometido de inmediato a una moción de confianza, pero la seguridad de perderla ha provocado que se prefiera levitar sobre el BOE un par de años en la esperanza de que los vientos corran a su favor.

Bruselas ha aceptado el reajuste de gasto porque la ministra prometió que contaba con los apoyos parlamentarios; ahora Bruselas ya no se cree nada que venga de España. Si el gobierno no saca los presupuestos con el techo de gasto presentado, la Unión Europea volverá al plan inicial y Pedro Sánchez deberá gobernar con la política de Rajoy; algo para lo que psicológicamente no está preparado ni él ni todos los que le encumbraron a la Moncloa.

Vamos a un escenario político en el que los votantes de Podemos volverán a la abstención o a Izquierda Unida; la ilusión del 15M murió en el chalet de la sierra, y eso siempre favorece al PP; Ciudadanos ha perdido su razón de ser: viajó de la socialdemocracia al liberalismo español para comerle terreno al PP sin despeinarse, y ahora tienen al genuino liberal conservador español dirigiendo a los populares, así que a competir con Vox o con el PSOE otra vez, por ocupar espacios vacíos, que cada vez son menos.

El Partido Popular y el PSOE se van a disputar las próximas elecciones una vez más, como en los viejos tiempos; pero Pablo Casado parte en una posición de ventaja: ser el partido mayoritario en la oposición; tener rodeado al Partido Socialista con todos los frentes abiertos y un presidente que sólo aspira a mantener el tipo en su partido hasta que cercene toda la división interna y a no perder el moreno, sin duda grandes ambiciones para una persona cuya máxima aspiración era ser expresidente.

Sin presupuestos, con una política que se mueve entre el franquismo proteccionista de gremios como taxistas y el acogimiento de refugiados que ahora pagan el doble a las mafias por venir a España; con un Podemos que necesita tumbar al gobierno para que no sean ellos los tumbados y un PP que ahora dispone de un mensaje potente; y con Ciudadanos que tendrá la llave del cambio en Andalucía y que necesita reivindicarse como fuerza hegemónica y no languideciente, lo que le podría dar en una eventual negociación con el PP el palacio de San Telmo, el escenario para Sánchez es pésimo.

Un presidente sin programa, que llegó para unos meses y que se aferra al cargo, que vino a regenerar y no ha tomado ninguna medida regeneradora y que recupera el discurso del miedo a la derecha, del extremismo, el fascismo o la xenofobia para movilizar al electorado de izquierdas. Es poco bagaje para pretender ganar sus primeras elecciones frente a un PP que ha perdido muchos complejos del pasado. El problema de la derecha española, como la francesa o la italiana, es que tiene una culpa moral que el catolicismo ha generado, que le lleva siempre a dudar de sus principios y abonarse al proteccionismo y la limosna; algo que Lutero, Calvino y Enrique VIII liquidaron en la Europa próspera hace ya unos cuantos siglos.

Si el PSOE insiste en dejar el centro-izquierda, en un escenario de bipartidismo, va a ceder tanto terreno al tándem Ciudadanos-PP que podrá sacar pecho de 110 diputados con los que le arrebate a Podemos, pero no tendrá nada que hacer frente a la mayoría que obtendrán los de Casado y los de Rivera.

Al PSOE le ha ido bien cuando ha defendido España y la economía de social de mercado y luego ha planteado a la izquierda radical la alternativa de socialdemocracia o PP; pero si juega a Podemos hasta los socialdemócratas votarán al PP, con quien tienen más en común que con la izquierda populista de Pablo Iglesias y sus acólitos. Y las viejas facturas pendientes en el interior del partido se volverán a cobrar y con razón, y encima va a ser la familia la que saque a Franco del Valle de los Caídos antes de que le dé tiempo al gobierno, un tanto menos para Pedro Sánchez.

El gasto de la Administración Pública crece tres veces más que el de los hogares
El consumo público sube un 0,7% en el segundo trimestre, frente al 0,2% de los hogares.
Diego Sánchez de la Cruz  Libertad Digital 10 Agosto 2018

La economía española sigue creciendo, pero empieza a confirmar un cierto enfriamiento. Entre los meses de abril y junio, la actividad aumentó un 0,6%, de acuerdo con el último boletín de contabilidad nacional emitido por el Instituto Nacional de Estadística.

El porcentaje del 0,6% implica, en términos interanuales, un ritmo de crecimiento del 2,7%, lo que nos sitúa tres décimas por debajo del 3% en el que se estaba moviendo España en los tres primeros meses del año. De hecho, la cifra de crecimiento trimestral es la más baja desde 2014.

El boletín del INE apunta que la demanda nacional está tirando del carro con cierta fuerza, hasta el punto de que su aportación al crecimiento es de 2,9 puntos. Sin embargo, la demanda exterior arroja una contribución negativa, de 0,2 puntos. Por otro lado, resulta preocupante comprobar que, si desagregamos el gasto en consumo, el ritmo de crecimiento de los hogares es del 0,2%, lejos del 0,7% observado en las Administraciones Públicas.

Empleo y salarios
Este enfriamiento no ha impedido que se siga creando empleo. Si analizamos su evolución en términos de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, encontramos un crecimiento del 2,5%, frente al ritmo del 2,6% con el que comenzó el curso. Esta cifra supone "un incremento de 448.000 asalariados durante el último ejercicio".

La remuneración de los asalariados "presenta un crecimiento interanual del 4% en el segundo trimestre, cuatro décimas superior al del trimestre anterior. Este resultado es consecuencia del aumento del 3,2% del número de asalariados, similar al del trimestre anterior, y de que la remuneración media por asalariado varíe un 0,7%, frente al 0,4% del primer trimestre".

El separatismo: un análisis
Alejo Vidal-Quadras Gaceta.es 10 Agosto 2018

El separatismo, tanto en su versión catalana, hoy violenta y subversiva, como en la vasca, ahora en fase posibilista y pragmática tras haber conseguido gran parte de sus objetivos mediante el recurso sistemático al asesinato durante medio siglo, representa sin duda el principal problema político de la España de nuestros días porque se trata de una amenaza existencial. Hay terrenos en los que está en juego el crecimiento económico, la calidad de nuestros servicios públicos, la honradez de nuestros gobernantes o la solidez de nuestras instituciones, aspectos todos ellos de considerable relevancia para nuestra convivencia y prosperidad, pero el problema secesionista es de una raíz más honda, de un carácter definitivo, de una naturaleza esencial, dado que se trata de nuestro ser o no ser como Nación, es decir, como espacio de derechos y libertades que nos proporciona nuestra condición de ciudadanos y nos proyecta en el mundo.Si el alucinado propósito de Torra, Puigdemont, Junqueras y sus huestes de delincuentes y fanáticos tuviese éxito y Cataluña se desgajase de su matriz histórica, constitucional, cultural y sentimental, los españoles sufriríamos una mutilación civil y espiritual irreversible e incurable. Nuestro fracaso colectivo adquiriría dimensiones cataclísmicas y su mera imaginación provoca un vértigo abismal.

Ante la magnitud de esta catástrofe, resulta llamativa no ya la debilidad de la reacción de los dos primeros partidos, sino su colaboración en ocasiones pasiva y en otras activa, con el nacionalismo totalitario, racista y excluyente. Esta actitud, a la vez absurda y suicida, requiere una explicación porque sólo a partir de la comprensión de las motivaciones del PP y el PSOE para entregar el país cuya integridad y seguridad deberían preservar por encima de todo, a sus peores enemigos para que lo despedacen, podrán los votantes elegir las opciones más eficaces para impedir lo que un prestigioso catedrático de Derecho Constitucional ha calificado recientemente como “el desmoronamiento de España”.

La razón principal por la que populares y socialistas, lejos de cerrar filas frente al más virulento de los agentes patógenos que porfían por liquidar España como proyecto histórico reconocible, han intentado apaciguarlo con concesiones desde la Transición, lo han aceptado como aliado parlamentario y han debilitado sus propias siglas en Cataluña hasta llevarlas a la irrelevancia, no es, como tantas veces se ha repetido, la necesidad coyuntural de disponer de una mayoría en el Congreso. Esta es una consecuencia de una posición de fondo, no la explicación última. La base de la extraña benevolencia de las dos grandes fuerzas nacionales con los nacionalistas catalanes y vascos radica en su debilidad conceptual, en su carencia de convicciones y en su deficiente comprensión del fenómeno deletéreo al que se enfrentan. Cuando se crea la República Federal alemana tras la Segunda Guerra Mundial, ni a la CDU ni al SDP se les pasó por la cabeza elaborar una Constitución que reconociese, aunque fuese parcialmente, que la ideología nazi debería tener un lugar en el nuevo orden político democrático. La perversidad intrínseca de sus planteamientos fue tan generalmente aceptada que la ruptura con el pasado se quiso total. En cambio, en España, los complejos de los sectores afines a la dictadura y la confusa mezcla de la oposición al franquismo impidió separar con nitidez el grano de la paja. Así, una concepción de la sociedad apoyada en la aberrante idea de que la identidad étnica, cultural o lingüística es el valor supremo por encima de la libertad, la igualdad, la solidaridad o el imperio de la ley, fue admitida como parte legítima del sistema de 1978. Semejante monstruosidad moral, como es lógico, ha desembocado con el paso de los años en el extremismo totalitario, antidemocrático e inconstitucional que en la actualidad arrasa Cataluña y pone en peligro a España en su conjunto.

El único enfoque éticamente correcto y políticamente sensato de los defensores de la sociedad abierta ante los movimientos separatistas de corte identitario es el combate sin cuartel en el campo de las ideas, la aplicación implacable del marco legal vigente, su derrota en las urnas hasta privarles de toda capacidad de hacer daño y no darles ni agua bajo ninguna circunstancia. Como tanto el PP como el PSOE han hecho exactamente lo contrario durante cuatro décadas, el resultado está la vista. El hecho de que Pedro Sánchez persista todavía en este camino equivocado cuando los golpìstas dejan claro todos los días que piensan culminar su trabajo de demolición y no cejan en utilizar todos los recursos financieros e institucionales que el Estado pone a su disposición para destruir a ese mismo Estado, es inevitable que cunda el desánimo y los peores augurios parezcan cumplirse.

Tan sólo un partido parece haber entendido la verdadera malignidad del nacionalismo separatista y por eso se enfrenta a él sin contemplaciones y sin darle respiro. Si Ciudadanos es en estos momentos la primera fuerza en Cataluña es precisamente por la contundencia de su oposición al separatismo supremacista y su denuncia constante de sus abusos. Ojalá cunda su ejemplo y el resto de grupos se sume a su meritorio esfuerzo. Si sigue manteniendo en solitario esta lucha heroica e imprescindible, es muy posible que el escenario catalán se extienda al resto de España. Demostrado ya que el PSOE es irrecuperable, Pablo Casado ha de entender la situación y tomar las correspondientes decisiones o no podrá detener el declive que experimenta el PP desde su Congreso de Valencia en 2008, cuando renunció a sus principios para caer en la tecnocracia aséptica y tediosa. Vivimos una etapa histórica decisiva y la esperanza de poder superarla, que por supuesto nunca debe perderse, es más y más tenue a medida que transcurre el tiempo.

Sánchez y la inmigración: el fracaso de la propaganda
EDITORIAL  Libertad Digital 10 Agosto 2018

En pocas ocasiones un gobierno ha quedado en evidencia de una forma tan rápida como lo ha hecho el de Pedro Sánchez en el tema de la inmigración. Sólo unas semanas han bastado para pasar de una política inmigratoria con puertas abiertas, despliegue de cámaras y privilegios de todo tipo a la llegada semiclandestina de barcos que ni siquiera se avisa al alcalde del puerto que los recibe, tal y como ha contado el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, en Es la Tarde de Dieter.

Para empezar Sánchez y su equipo han dejado claro que no son capaces de gestionar un asunto de evidente complejidad como es la cuestión migratoria. Hay decenas de miles de personas en Marruecos esperando cualquier oportunidad para llegar a España y millones en el norte de África tratando de alcanzar Europa, y para ocuparse de ese enorme problema es necesario desarrollar una gestión complicada, en diversos frentes que van desde el mero trabajo policial hasta la dificilísima labor diplomática en Europa y con Marruecos, pasando por la coordinación de múltiples recursos para atender a los que de una forma u otra pisen nuestro país.

Nada de eso está sabiendo hacer el Gobierno, que se ha limitado a gestos de grandilocuente propaganda pero evidentes consecuencias negativas y que, mientras no ha tenido tiempo de coordinar la situación en lugares como la propia Algeciras que están cerca del colapso, sí lo ha encontrado para criticar a todo aquel que señalase cómo está degenerando la situación.

Pero lo cierto es que mientras Sánchez tuvo el otro día la desfachatez -y el escaso sentido del ridículo- de afirmar que hasta su llegada a Moncloa no había habido política migratoria, él ha tenido que cambiar la suya en un tiempo récord desde la fiesta y las salvas que dieron la bienvenida al Aquarius hasta el silencio vergonzante y el trato de patera con el que se ha recibido al Open Arms.

La peor noticia para Sánchez y los suyos es que la inmigración no va a ser el único asunto en el que su propaganda se va a derrumbar como un castillo de naipes. En prácticamente todos los demás campos -Cataluña, economía, política antiterrorista, relaciones con el Parlamento…- su política está siendo tan oportunista y cortoplacista como mal estudiada, así que esta no será la excepción sino más bien la primera de un larga lista de decepciones, fracasos y marchas atrás.

Gobernar se está revelando como algo bastante más complicado de lo que el presidente y su equipo parece que pensaban, resulta que no basta con montar carísimos anuncios publicitarios, que en política las ocurrencias aparentemente brillantes pueden salirte caras y, en suma, que si nada cambia la historia de amor de Sánchez con el poder va a ser bastante más corta de lo que él creía.

Un paseo por el Monasterio de Yuste
JULIO R. NARANJO ESDiario 10 Agosto 2018

El presidente no ha presentado aún un verdadero programa político, como es obligación constitucional. Y bajo una campaña de propaganda constante, en realidad se dedica a dinamitar puentes.

Días atrás tuve la oportunidad de volver visitar el Monasterio de Yuste, donde Carlos V, tan ahíto de poder como indigesto por su destructiva adicción, decidió retirarse. En este maravilloso vergel, escondido entre verdes parajes, la sierra exhala una suave fragancia que huele a naranjos y limoneros; de frondosas laderas tapizadas por bellos cerezos y viejos castaños, rodeado de pinos, eucaliptos y olivos centenarios, circundado por cascadas y pozas de aguas transparentes y gélidas, a pesar del abrasador calor que ha azotado a buena parte de España, fue enterrado el poderoso monarca, aquél en cuyo imperio el sol no dejaba de brillar.

Carlos V tan solo se permitió pescar en el maravilloso estanque de aguas esmeraldas que, noche tras noche y desde la balconada de sus habitaciones, a buen seguro utilizaba para contemplar cómo la Luna rielaba en su serena superficie.

Sus habitaciones, frugales para la pompa de la Corte, pero sin duda ciertamente alejadas del ideal estoico de la serena austeridad contemplativa de este duro transitar. Nadie que no sea Pablo Iglesias e Irene Montero, pues a Echenique le presupongo demasiado concentrado en arremeter contra el país que todo le ha dado, quizá en una nueva derivada del complejo freudiano que estudió la necesidad de matar al “padre” para así reafirmar en quien lo padece una personalidad tan poliédrica como inane, podrá negar la evidencia. A la vista del cortijo de Galapagar, tildar de suntuoso el dorado retiro monacal les parecerá a la regia pareja un exceso de claro corte fascista.

La Historia no deja de ofrecernos a diario ejemplos que hacen de la vieja máxima, de plena actualidad, según la cual nada nuevo hay bajo el Sol. Y en política, podría añadirse, menos. Pero a diferencia de Carlos V, o de Tiberio, que se retiró a la Isla de Capri harto de las conspiraciones palaciegas que él mismo alentó, o de un Lucio Cornelio Sila que tras alcanzar el poder en la vieja Roma, autor de unas proscripciones que dejaron las del Senador McCarthy en un juego de adolescentes, decidió retirarse al campo sin más, habiendo detentado un poder absoluto que tanto rechazaba la herida República romana, aquí, en España, hemos visto cómo el apego al Poder, con mayúsculas, es capaz de dominar hasta al más bravo de los espíritus.

El mordisco
El Poder es una sierpe de verano que en su mordisco inocula el irrefrenable deseo de alcanzarlo en tanto fin, no como un medio al servicio de aquello que le confiere plena legitimidad, que no es otro aquí que el interés general. Interés general tan ambiguo como manipulable, en estos tiempos en los que cuanto mayor es la precisión que requiere aportar soluciones que abarquen al mayor número de beneficiarios sin causar a la vez un perjuicio irrevocable a la minoría- nótese la ambigüedad de esta misma afirmación-, es el asidero al que muchos gobernantes se aferran para hacer de su capa un sayo.

Pedro Sánchez, presidente por accidente, es el nuevo paradigma de esta política recién instaurada; la del postureo y las gafas de diseño; la de unas manos, las del padre de la patria, en cuyo firmeza hemos –debemos- de confiar, el mismo de los vuelos en Falcon, de los conciertos FIB con posado Cinzano.

El mismo Presidente que por acción u omisión acepta que la alta magistratura que desempeña, que requiere e impone el deber de no solo ser, sino también parecer, digno de ella, zozobre ante el infumable nombramiento de su Primera Dama como nueva jefa de expansión en África, ahora que el reguero de subvenciones públicas en materia de inmigración será el nuevo maná y, al parecer, la solución a todos los problemas que acucian al país.

Frentepopulismo: el mal que acecha y vencerá si no se entienden PP, PSOE y C's

El mismo Presidente que premia con sinecuras la ciega sumisión de su corte de acólitos, mostrando que la gestión de la cosa pública solo importa cuando es el enemigo quien de ella se ocupa, pero que tan pronto se accede al poder, el único requisito habilitante es el de la sumisión y devoción al culto mesiánico de su redentora personalidad.

¿Y su programa político?
Un Presidente que si en el Congreso fue incapaz de exponer su programa político, requisito constitucionalmente ineludible, pero políticamente postergado por quien dueño de sus desvelos, reniega que sea el conjunto de la ciudadanía quien decida hasta dónde debe aquél gobernar la nave, pues por el momento parece obedecer exclusivamente a la perspicacia de sus inescrutables designios, aunque en el camino pague con retales de un país, el nuestro, cuyas costuras empiezan a resentirse.

Un Presidente que calla cuando el bloque fascista nacionalista del independentismo catalán agrade la pacífica conveniencia de un país que ha pasado por tantas cosas en tan poco tiempo, que ha conocido un nivel de bienestar como jamás antes lo tuvo en un trayecto de apenas cuarenta años, y que ante tan xenófobas como perseguibles atrocidades, calla y ordena no perseguirlas, porque no quiere judicializar más el citado conflicto.

¿Hasta cuándo callará este Presidente, que ha pactado con quienes defienden a ETA, hacen de las víctimas un problema, cuya presencia se ha convertido en una innecesaria molestia, para su estúpida política de que no hay vencedores ni vencidos, legitimando por igual a asesinos y asesinados? Por un puñado de votos, este Presidente se ha convertido en el artificiero que pretende hacer saltar por los aires el Estado de Derecho que todos no dimos, y dinamitar sus cimientos sin pasar antes por las urnas.

Hacia otro Frente Popular
Exhiba Presidente su blanca túnica y cuente, de una vez por todas, qué es lo que pretende hacer, a plena luz del día y no entre conciliábulos celebrados en oscuras cavernas; no retuerza más la letra y el espíritu de la Constitución, esa que nos define como una monarquía parlamentaria, y deje de malversar la fuerza de un Poder Ejecutivo débil con acciones que tan solo le garantizarán un destacado lugar en las más negras páginas de nuestra historia.

No conozco, de este Presidente, sus grandes aficiones intelectuales; es más, a la vista de su misteriosa tesis, le presupongo una escasa capacidad reflexiva, pero no así una muy desarrollada capacidad ejecutiva, así como una más que preocupante adicción al Poder.

Quizá ahora más que nunca, resultaría más que necesario que Pedro Sánchez, entre viaje y viaje de su –nuestro- flamante Falcon, releyera a los clásicos y recuerde, entre otros, las palabras de Lincoln, cuando dijo que una casa dividida no podría mantenerse unida.

Hoy más que nunca, la Presidencia de este país debe levantar puentes, no destruirlos; aunar voluntades, no enfrentarlas. Actuar como hombre de bien para que el mal no triunfe, pues su inacción es nuestra condena.

El relato de la serpiente
Días atrás, muy cerca de ese Monasterio, en el Valle de Ambroz, y frente al pantano de Gabriel y Galán, releía los relatos de Hawthorne. Uno de ellos siempre llamó mi atención, “El Egoísmo o La Serpiente del pecho”. Roderick Elliston confesaba a todos cuantos se cruzaban en su penoso caminar “Me roe, me roe”, entre gritos de dolor y pánico cerval.

Al cabo del tiempo, su mal fue compartido con quienes tenían la mala fortuna de toparse en su camino. “¿Cómo está su serpiente?”, preguntaba, seguro que, de haber podido hablar con nuestro Presidente, Roderick habría descubierto que en su pecho anidaba una víbora insaciable de poder y vanidad.

Elecciones urgentes, señor Sánchez.

Nunca terminan de irse del todo.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 10 Agosto 2018

MARIANO RAJOY SE APUNTA AL CARRO DE LAS PREBENDAS DE LOS EXPRESIDENTES DEL GOBIERNO DE ESPAÑA.

Mariano Rajoy no se fue por voluntad propia sino forzado por una moción de censura, la primera en la etapa democrática que tuvo éxito y que ha encumbrado a un ambicioso sujeto que ahora demuestra para qué quería el cargo. Quizás a consecuencia de la depresión anímica temporal propia de semejante trance, decidió renunciar a su escaño como Diputado en el Congreso y a su cargo como Secretario General del PP, iniciando así la carrera por su sucesión que ha terminado con una división interna entre sorayistas y el resto de las familias del PP que han aupado al poder a un joven dinámico, Pablo Casado. Esta renuncia llevaba aparejada la vuelta a su vida laboral y la toma de posesión de su destino en Santa Pola (Alicante) como titular de la plaza de Registrador de la propiedad que consiguió a los 25 años, lo que se produjo a finales de junio. Este acto le impide cobrar la indemnización de dos años del 80% del salario de Presidente de Gobierno por incompatibilidad con su desempeño como Registrador. A los pocos días solicitó y ha obtenido el traslado a una vacante como Registrador en el municipio de Madrid, estando pendiente de hacer efectivo el mismo. Motu proprio sí que ha renunciado a formar parte del Consejo de Estado, derecho que le asiste y por el que podría recibir compensaciones económicas por asistencia a las reuniones del Consejo.

Así que la situación real de este hombre es que tiene una plaza de Registrador adjudicada en la sede del Paseo de la Castellana, en el municipio de Madrid, donde tiene fijada desde hace años su residencia privada. Pero todo eso y tras haber tomado conciencia de su nueva situación personal y política, creo que le ha hecho reflexionar sobre la no conveniencia de romper totalmente con lo que ha sido su vida laboral, la política y el desempeño de diferentes cargos públicos de responsabilidad. Y supongo que ha sido esa la causa que le ha llevado a no renunciar a las prebendas que tiene derecho como expresidente del Gobierno de España, que se recoge en el Real Decreto 405/1992 y que se resumen en lo siguiente:

- Artículo 2.
- gozarán del tratamiento de «Presidente» y ocuparán el lugar protocolario que oficialmente les corresponda conforme al Ordenamiento General de Precedencias en el Estado.

- Artículo 3. Los Ex Presidentes del Gobierno podrán disponer de los medios y prerrogativas que a continuación se expresa:
- 1. Se adscribirán a su servicio dos puestos de trabajo, uno de nivel 30 y otro de nivel 18, que serán cubiertos, a su propuesta, mediante el sistema de libre designación. Dichos puestos de trabajo se incluirán en la relación de puestos de trabajo correspondientes a la Presidencia del Gobierno prevista en la del Ministerio de Relaciones con las Cortes y de la Secretaría del Gobierno. El personal que ocupe dichos puestos tendrá la consideración de «personal eventual de gabinete» y, si fuesen funcionarios, pasarán a la situación de servicios especiales.
- 2. Una dotación para gastos de oficina, atenciones de carácter social y, en su caso, alquileres de inmuebles, en la cuantía que se consigne en los Presupuestos Generales del Estado.
- 3. Se pondrá a su disposición un automóvil de representación con conductores de la Administración del Estado.
- 4. Gozarán de los servicios de seguridad que las autoridades del Ministerio del Interior estimen necesarios.
- 5. Disfrutarán de libre pase en las Compañías de transportes terrestres, marítimos y aéreos regulares del Estado.

- Artículo 4.
- 1. Quienes hayan desempeñado el cargo de Presidente del Gobierno, al cesar en su cargo, tendrán derecho a la pensión indemnizatoria prevista en el artículo 10, número 5, norma primera, de la Ley 74/1980, de 29 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para 1981.
- 2. Los Ex Presidentes del Gobierno causarán en su favor y en el de sus familiares los derechos pasivos previstos en la legislación sobre clases pasivas del Estado.
- 3. Los apartados números 3 y 4 del artículo 3 del presente real decreto serán de aplicación al cónyuge o persona unida con análoga relación de afectividad, en caso de fallecimiento de los Ex Presidentes del Gobierno.

omo comprobarán no es algo baladí y este modo de “pago por servicios prestados” a la nación, sirvió para que otros Presidentes autonómicos impulsasen leyes similares e incluso mejores en condiciones económicas y prebendas de las que aquí se exponen. Y habrá siempre quien dirá que, si esto es “el chocolate del loro”, o una cuestión de justicia como si fuese una carga insoportable haber tenido esa altísima responsabilidad, aunque fuese durante meses. Y no, no es el chocolate del loro, sino una muestra más del elitismo de la casta política que sabe protegerse bien los riñones a costa de los impuestos de todos los ciudadanos. La política no es un sacrificio sino una profesión libremente elegida, como lo fue en el caso del joven Registrador de la Propiedad Mariano Rajoy Brey, que optó por ese camino de forma voluntaria.

Esta semana hemos asistido a un ejercicio de casta con el “fichaje” de la mujer de Pedro Sánchez por el Instituto de Empresa en una situación clara de incompatibilidades, por ser una empresa privada que recibe subvenciones públicas. Algo que ya se criticó en el caso de Manuel Chaves y su hija. Igualmente vemos cómo un prófugo de la Justicia, Carles Puigdemont, ha exigido que se le concedan los escoltas a los que dice tener derecho como expresidente de la Generalidad. Y ahora, vemos cómo quien parecía que se apartaba a un lado y se quedaba como “militante raso” del PP, exige disponer de los beneficios que le corresponden como expresidente del Gobierno de España. Y todo con cargo al sufrido contribuyente. y es que al final nunca terminan de irse del todo.

La pregunta es si estamos dispuestos a que este estado de cosas siga produciéndose de modo reiterado o manifestamos nuestro profundo rechazo a que esta casta de políticos siga en los pesebres de las Administraciones públicas a nuestra costa.

Personalmente creo que debemos exigir una regeneración de este sistema corrupto y corruptor y negarnos a aceptarlo como un mal menor y como peaje necesario de esta deficiente democracia. Y no es verdad, en otras democracias no existen esas prebendas, ni siquiera durante la etapa de desempeño del cargo público. No se puede aceptar como normal lo que no lo es, aunque intenten hacérnoslo creer. Las empresas privadas o sociedades anónimas podrán hacer con su dinero lo que sus socios les permitan y consientan, pero en lo público, somos los ciudadanos los que debemos exigir que nuestro dinero sea empleado de forma correcta, transparente y justificada. Hay que evitar que la corrupción siga campando a sus anchas y si no podemos hacerla desaparecer, al menos acosarla y reducirla a la mínima expresión.

¡Basta ya de pagar prebendas a esta élite de pesebreros del Estado! Tenemos que terminar con: esas puertas giratorias; con los enchufismos; con las designaciones a dedo para cargos de responsabilidad en empresas públicas que deberían ser cubiertos por funcionarios de carrera; con los ceses por supuestas “pérdidas de confianza” que no es otra cosa que revanchismo político y pago de favores, etc. hay que barrer bien las dependencias, abrir ventanas y sacar a las ratas de sus agujeros.

¡Que pasen si pueden un buen día!

Estos socialistas están locos, ahora Baleares
Vicente Torres Periodista Digital 10 Agosto 2018

Podría decirse que la aspiración más común entre los socialistas es la de transformar la sociedad; pero no sólo de los socialistas, también de otros tontos.
Esta pretensión delata a quienes la tienen en el sentido de que se creen mejores, ellos sabrán en qué se fijan para pensar eso; también es la prueba de que son irresponsables, porque cuando se cambia algo el resultado final no siempre es mejor que lo que había; muchas veces se empeora, otra cuestión es que quienes han perpetrado el cambio se den cuenta de ello.
Puesto que se creen mejores que los demás, pretenden decirles qué lengua deben hablar. Como tienen cogidos los funcionarios por la nómina, se ensañan con ellos, incapaces de comprender que eso es un abuso, una vileza como la copa de un pino.

Teóricamente, los políticos socialistas, igual que los de los demás partidos, deberían preocuparse por atender a los ciudadanos, por mejorar sus condiciones de vida. En cambio, lo que hacen es complicarles la vida empujándoles a hablar un dialecto -el catalán, que según el padre Batllori es infame e infecto- que no es de su interés.
Una lengua viene a ser como un abrigo, un automóvil, o una olla a presión para los ciudadanos, un instrumento que le sirva para su vida cotidiana. Nadie entendería que el gobierno de cualquier parte obligara a comprar una determinada marca.

Cuando alguien intenta imponer una lengua a los ciudadanos no queda más remedio que atribuirle mala intención. Los manipuladores nunca pueden tener buenos propósitos. Si los gobernantes fueran personas santas dejarían que los ciudadanos, funcionarios o no, se entendieran en la lengua que fuera posible, que alguna habría, y comprenderían que lo que interesa a los baleares, con vistas a sus negocios o profesiones, no es exactamente el dialecto catalán, con el que apenas se pueden entender con cuatro gatos.

Gestión migratoria sin demagogia
EDITORIAL El Mundo 10 Agosto 2018

Como en tantas otras cosas, el Gobierno también se ha rectificado a sí mismo en su política migratoria. Ante la evidencia de que éste es un desafío muy complejo que no admite simplismo ni buenismo populista, ya está aplicando medidas mucho más restrictivas en la acogida de migrantes. Así, el buque Open Arms que fue rescatado por una ONG frente a las costas de Libia desembarcó ayer en Algeciras, el puerto seguro ofrecido por Moncloa, pero las 87 personas que iban en él ya no disfrutarán de las ventajas excepcionales que tuvieron los migrantes del Aquarius o de otros barcos que habían llegado a nuestro país en las últimas semanas. Al contrario, están recibiendo el mismo trato que cualquier persona que pisa nuestro país de forma irregular tras llegar, por ejemplo, en pateras. Los protocolos para pasar a disposición judicial o solicitar, en los casos que corresponda, solicitudes de asilo, son mucho más estrictos. La luna de miel con las ONG con la que Sánchez comenzó su mandato parece haber llegado a su fin. Y el realismo empieza a imponerse, como no podía ser de otro modo.

Lo cierto es que al Gobierno sus gestos propagandísticos en esta materia se le han vuelto como un bumerán y se ha visto obligado a dar marcha atrás afeado incluso por el comisario europeo de Migración. En unas declaraciones recientes, Dimitris Avramopoulos advertía de que no se podía "continuar así". Y es que una cosa es la solidaridad y la obligada prestación de auxilio, denegada de forma inadmisible en casos flagrantes por el Gobierno italiano, y otra bien distinta el peligroso mensaje que estaba trasladando España de que aquí pueden venir todos los inmigrantes que lo deseen y que nos sobran los medios y los efectivos para atenderles.

En esto último se visualizó de forma escandalosa la demagogia y la instrumentalización propagandística del Aquarius. Porque un inmenso ejército de voluntarios, responsables públicos, efectivos sanitarios o policiales, y hasta ministros, participaron en aquella mediática acogida como si nos sobraran los medios. Pero, al mismo tiempo, cientos de migrantes llegaban a las costas andaluzas, donde falta de todo y la situación es de desbordamiento. El alcalde de Algeciras lamentaba ayer que el Gobierno no les ha informado de nada y reclamaba coordinación entre Administraciones y medios acordes al escenario actual, dado que España es ya el país de la UE al que más migrantes llegan a través del Mediterráneo.

La rectificación de Moncloa era obligada. Como lo es que las ONG dejen de actuar de un modo que, en última instancia, hace el caldo gordo a las mafias que trafican con seres humanos, un execrable negocio que ya mueve más dinero que la droga. Sólo desde la responsabilidad de todos los actores implicados se puede afrontar el desafío migratorio de un modo ordenado y que no siga engordando al monstruo del populismo xenófobo en Europa.

¿Ya no son xenófobos los que pedían la regulación de la inmigración, presidente?
ESdiario 10 Agosto 2018

Por mera propaganda personal, Sánchez ha extendido el rechazo al inmigrante en la calle. Ahora sí resulta sospechoso el fichaje de su mujer para trabajar con África.

El Gobierno de España se ha encargado en las últimas horas de recalcar que los 87 inmigrantes del barco Open Arms atracado ya en Algeciras no tendrán el mismo trato que los arribados hace unas semanas en el Aquarius, pese a que su estado y procedencia son similares.

La insistencia en ese mensaje, días después del violento asalto a la valla de Ceuta, refleja la evidencia de que ningún país, y especialmente España por su situación geográfica, puede asumir un flujo migratorio descontrolado, al margen de su capacidad, de las normas europeas y de los recursos existentes.

Que es, precisamente, lo que dijeron tanto el líder del PP, Pablo Casado, cuanto el de Ciudadanos, Albert Rivera; para ser presentados a continuación como una especie de radicales de ultraderecha, desalmados y xenófobos. ¿Significa eso, pues, que el presidente y su Ejecutivo merecen de repente esa misma definición?

Obviamente, ni los partidos de la oposición ni Sánchez son racistas ni carecen de los principios ni de la humanidad inherentes a cualquier persona corriente: nadie es ajeno al drama de muchos de esos inmigrantes y a todo el mundo le gustaría poder acogerlos sin cupos para ofrecerles una vida a la altura de sus expectativas. La cuestión es que eso es imposible y las opciones son negar esa evidencia y generar un problema mayor -en la zona de Algeciras ya existe- o asumirla y gestionarla con eficacia.

La bipolaridad de Sánchez
Sánchez ha intentado las dos cosas a la vez, para parecer un presidente distinto en función del foro al que se dirigía. A la vez que se concedía una campaña de autobombo con el Aquarius, respaldaba al presidente francés Macron en su iniciativa de construir 'campos de refugiados' donde alojar y clasificar a los migrantes. Y al mismo tiempo en que intentaba presentar a sus rivales como unos majaderos racistas, emitía el mensaje internacional de que no habría más Aquarius.

Con todo ello, el Gobierno ha empeorado un problema ya preexistente, incitando un 'efecto llamada' inasumible para el litoral andaluz y las ciudades autónomas en el norte de África; irritando a Marruecos; preocupando al resto de Europa y, en definitiva, sacrificando el sentido común y de Estado por la enésima acción propagandística en beneficio propio.

Los escandalosos enchufes de Sánchez con La Moncloa como agencia de colocación

La inmigración es el gran reto de la Europa presente. Y encontrar la fórmula para combinar con eficacia las tareas de auxilio humanitario, cooperación internacional en origen (sospechosamente el nuevo encargo de la esposa de Sánchez, Begoña Gómez), concesión de asilo y control del flujo descontrolado; la clave para que una oportunidad no se transforme en una pesadilla.

Es de lo más sospechoso que el mensaje de cooperación en África coincida con el fichaje de la esposa de Sánchez para una tarea similar

Nada de eso ha hecho Sánchez en su enésimo viaje promocional, provocando un fenómeno que antes o no existía o no se proclamaba con la claridad con que ahora se hace: la inmigración se percibe ya socialmente como un problema y el rechazo crece en la calle de manera abrumadora, como prueban los sondeos oficiales al respecto.

Él sí estimula el radicalismo
Por querer pasar por el más concienciado y pretender que sus contrincantes sean etiquetados por todo lo contrario, Sánchez ha estimulado, él sí, una reacción contraria en buena parte de la sociedad española y alimentado un fuego que ya prende en toda Europa en favor del recelo al de fuera. Un gran balance, presidente.

Algeciras no puede ser Lampedusa
 La Razon 10 Agosto 2018

Los 87 inmigrantes del barco Open Arms, en el que viajaban también doce menores, ya están en Algeciras. Todos ellos tendrán el mismo tratamiento que habrían recibido si hubieran llegado a nuestras costas en patera o por otra vía ilegal. Esto es, podrán pedir asilo pero serán devueltos a sus países de origen si se demuestra que se trata de migrantes económicos. No hace ni dos meses, el 17 de junio, el Gobierno concedió un permiso de entrada extraordinario de 45 días de duración por motivos humanitarios a los 629 que atracaron en Valencia a bordo del «Aquarius». ¿Dónde ha quedado aquel trato especial? ¿Qué ha sucedido para que las circunstancias hayan cambiado tanto? La respuesta es que se ha impuesto el sentido común. Nadie duda de las buenas intenciones que llevaron al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a aceptar el «Aquarius», pero todo apunta a que el líder socialista ya ha tenido tiempo para comprobar en carne propia lo que es la «realpolitik». O, lo que es lo mismo, que gobernar es sinónimo de la asunción de decisiones difíciles, incluso incómodas y de difícil venta ante la opinión pública, pero imprescindibles si de lo que se trata es de gestionar el país con cabeza y responsabilidad en el marco europeo de legalidad que es al que se debe España.

A estas alturas, parece claro que se ha producido un efecto llamada tras la llegada al poder de Sánchez vía moción de censura. Sus anuncios sobre el restablecimiento de la sanidad universal o el fin de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla, por poner sólo dos ejemplos, tuvieron un impacto entre la población subsahariana cuyo resultado seguimos viendo en nuestras costas. Los «papeles para todos» se antojan una quimera que sólo alimenta las mafias y frustra a aquellos que sólo desean una vida mejor y acaban en el peor de los casos en el fondo del Mediterráneo.

A buen seguro que este fin de semana Pedro Sánchez hablará largo y tendido con la canciller alemana, Angela Merkel, en el encuentro que ambos mantendrán en Doñana. Deben hacerlo porque los enormes desafíos a los que se enfrenta la Unión Europea pasan necesariamente por la gestión de la inmigración y esto sólo se podrá abordar de manera sostenible cuando la estrategia sea común. La solidaridad, ese valor que sirvió de amalgama para la constitución del club europeo, ha de guiar los pasos a seguir, una circunstancia que también se circunscribe a España. El Gobierno tiene el deber de garantizar que el peso de esta crisis se comparte entre las distintas comunidades autónomas. Algeciras no puede ser la nueva Lampedusa. El problema es de todos porque todos compartimos patria y nadie puede ponerse de perfil en un asunto de semejante envergadura. Tenía razón ayer el vicepresidente de la Junta de Andalucía, Manuel Jiménez Barrios, cuando se quejaba de que la última Conferencia Sectorial de Migraciones celebrada el lunes en Madrid no arregló nada. En el primer semestre del año han llegado a las costas andaluzas 3.700 menores y la carga del esfuerzo se ha circunscrito a las distintas administraciones de esa comunidad autónoma.

El Gobierno tiene pues el deber de ponerse manos a la obra para atajar una problemática que no va a desaparecer por muchos barcos que acoja. Más bien al contrario. Es necesaria la adopción de una política integral que combine la defensa de nuestras fronteras con el respeto por la dignidad y la vida humanas. Si nos empeñamos en no colaborar con los países de origen de los migrantes, si continuamos ignorando las llamadas de auxilio de Marruecos, estaremos perpetuando unas circunstancias que pueden provocar cambios quizá irreversibles en nuestro país como ha ocurrido en otras naciones europeas.

DISCURSO EN ALGECIRAS
Abascal: ‘La inmigración no ordenada no es inmigración; es invasión’
La Gaceta  10 Agosto 2018

Centenares de personas, según fuentes del partido, se han dado cita en el acto de VOX celebrado en Algeciras para defender las fronteras nacionales y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

VOX ha podido finalmente realizar su acto en defensa de las fronteras y la aplicación de políticas contrarias al fomento de la inmigración ilegal en Algeciras con éxito. Centenares de personas se han concentrado en la Plaza Alta de la localidad gaditana de Algeciras esta tarde para escuchar al presidente de VOX Santiago Abascal.

Durante el acto, Santiago Abascal ha afirmado que el discurso de VOX que han intentado prohibir en Algeciras “dice lo que piensan millones de españoles y ningún político del Congreso se atreve a decir”. Así, el presidente de VOX ha recordado que “no estamos obligados a permitir la entrada en nuestra casa a los que acceden pateando las puertas y a quienes nos están protegiendo” y ha denunciado las ineficaces vallas de Ceuta y Melilla: “Si hay una valla cochambrosa que algunos saltan cada dos por tres que nuestra frontera se mejore con un muro o con lo que sea necesario para que no se pueda saltar”. También ha denunciado la situación de nuestras Fuerzas de Seguridad: “Queremos que la Guardia Civil y la Policía Nacional puedan utilizar el material antidisturbios para defenderse y para defendernos”.

Santiago Abascal ha propuesto para poner fin al efecto llamada que “quien entra ilegalmente en nuestras fronteras sea inmediatamente deportado y que se ponga fin a ayudas sociales a inmigrantes ilegales que luego les niega a muchos españoles con necesidades”. Santiago Abascal ha explicado que “una inmigración que no se regule bajo las necesidades económicas de España ni se integre no es inmigración, es invasión. La primera obligación de los gobernantes es proteger las libertades y la seguridad de sus gobernados”.

Intento de boicot
En un primer momento el acto se iba a llevar a cabo en el Hotel Alborán de la localidad, pero ante las amenazas de grupos de extrema izquierda y ONGs vinculadas a la mafia del tráfico de personas, los dueños de hotel decidieron cancelarlo. VOX entonces solicitó permiso a la Subdelegación del Gobierno en Cádiz para realizarlo en una plaza pública.

No obstante, y a pesar de la preceptiva previa comunicación de VOX a la Subdelegación del Gobierno en Cádiz, esta denegó inicialmente el derecho de reunión, alegando que supuestamente no se había justificado las razones de dicha urgencia, ante lo que el partido ha vuelto a presentar una solicitud en plazo justificando detalladamente las razones de la urgencia que no son otras que la cancelación en el último momento del hotel que había contratado, además de recurrir al TSJ de Andalucía.

PSOE (XIII) La legitimidad / El diablo en París / Masonería (II)
Pío Moa Gaceta.es  10 Agosto 2018

La huelga revolucionaria de 1917 estaba planteada para derribar la monarquía al modo como se derrumbó al zarismo en Rusia. La intentaron los revolucionarios, y particularmente el PSOE, como vimos, con la convicción de que el régimen estaba muy débil, pese a que las circunstancias diferían mucho de Rusia. Allí un régimen autocrático, aunque en proceso de liberalización, se veía acosado por una guerra desastrosa, mantenida en favor de los intereses de Francia e Inglaterra mucho más que los de Rusia. En España, el régimen era claramente liberal y en buena medida democrático, y había sabido esquivar la guerra europea. No obstante, su debilidad era cierta, y de no contar en aquel momento con un hombre del temple de Dato, es casi seguro que hubiera sucumbido. Esa debilidad de manifestó en su incapacidad para contrarrestar la inmediata campaña de propaganda orquestada por los derrotados, que llevó a sustituir a Dato por García Prieto, modelo de la mediocridad prevaleciente en el régimen, permitió al PSOE llegar a las Cortes, y a los demás realizar sin problemas su agitación y propaganda desde las instituciones y fuera de ellas. Así, la derrota, en lugar de hundirlos, los legitimó.

Pero la raíz profunda de la debilidad de la Restauración era una debilidad psicológica nacida de una sensación de ilegitimidad. Pese a la catastrófica experiencia de la I República, los republicanos se sentían legitimados por su “europeísmo”, que en su tradición se asimilaba a la imitación de Francia. Los separatistas, por el concepto abierto o implícito, de constituir una “raza superior”, que debía separarse del resto (Arana) o dirigir, es decir, dominar y explotar, al resto del país (Prat de la Riba, Cambó). Frente a unos y otros, la Restauración carecía de valedores intelectuales (Menéndez Pelayo, pese a su evolución liberal, era ignorado, simplemente por los nuevos, los regeneracionistas a cuya cabeza emergía Ortega y Gasset, muy inferiores a él como pensadores políticos e históricos); y la derrota del 98, aunque sin efectos prácticos inmediatos, había sumido al régimen en una sensación de ineptitud y precaria legitimidad, sustituida por cierto cinismo práctico, también entre sus propios políticos.

El ataque más profundo y radical a la legitimidad del régimen procedía de anarquistas y socialistas. Esencialmente, el marxismo predicaba que a lo largo de la historia y desde un supuesto comunismo primitivo, todas las sociedades se basaban en la explotación de la mayoría por alguna minoría, que utilizaba el estado como aparato de violencia para asegurar su dominio, y a la religión como instrumento para aquietar con ilusiones ultraterrenas los ánimos de los explotados. Ello era producto, en parte principal, de la escasez de recursos debido a insuficiencia técnica, pero el propio desarrollo “capitalista” estaba superando esa escasez, haciendo posible una sociedad igualitaria, comunista, sin explotación del hombre por el hombre. Ello suponía dos cosas: la ilegitimación de un régimen que mantenía la explotación y las desigualdades sociales, y una doctrina implícita o explícita de guerra civil contra el régimen explotador.

Estas doctrinas, por su sencillez y aparente coherencia, seducían a muchos intelectuales y no encontraron una refutación clara de los políticos ni de los escasos intelectuales del régimen, que se veían así radicalmente deslegitimados. Ortega, que nunca entendió el marxismo, elogió mucho al PSOE como factor de “modernidad”, Unamuno se hizo socialista y predicó la guerra civil por un tiempo, y casi todos los intelectuales mostraban un respeto reverencial hacia el PSOE, precisamente por su doctrina, por otra parte de rasgos asimilables al cristianismo: “los nada de hoy todo han de ser”, cantaba la Internacional: “los últimos serán los primeros”. Y no en un nebuloso “reino de los cielos, sino aquí, en la misma tierra. Desde la intentona revolucionaria de 1917, el régimen de la Restauración viviría aún casi seis años, pero en continua turbulencia

El problema de la legitimidad es crucial en el análisis del poder, lo he tratado en La guerra civil y los problemas de la democracia y otros, pero rara vez aparece de forma explícita en la historiografía corriente.

La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)

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P. ¿Cómo puede ser interesante el diablo si no se cree en él?
–El diablo, a mi juicio, es la personificación imaginaria del mal. Sus representaciones tradicionales reúnen una serie de símbolos que aluden al poder tiránico, a una sexualidad pervertida, etc., algo parecido a las representaciones de la Quimera clásica. Esto lo ha estudiado convincentemente Paul Diel. Es una representación fantasiosa, pero que ha dado lugar a todo un folklore y un arte, a una cultura. Indudablemente se trata de un tema muy interesante.

P. Pero si no se cree en su existencia tendrá el mismo interés que los fantasmas, como instrumentos arbitrarios para provocar terrores infantiles.
–Sí, pero no. El diablo como tal no existe, pero el Mal sí. Y una vez se ha recubierto con los símbolos mencionados, alguien puede llegar a verlo “realmente”. Como una especie de alucinación, si se quiere, pero… En Adiós a un tiempo, titulo el relato “El hombre que quizá vio al diablo”: ese “quizá” es algo irónico, pero también implica una posibilidad: el hombre que vio una encarnación del mal. Claro que hay cierto desajuste, porque el diablo tendría que aparecer como un personaje enormemente poderoso, mientras que lo que él vio serían “pobres diablos”, pero seguramente se refería a que por debajo de la superficie de la sociedad bulle el mal en forma clandestina… También me impresionó mi encuentro con él, al caer la tarde bajo las gárgolas de la Tour Saint Jacques, de París, donde se reunían los peregrinos a Santiago… Por cierto que el Camino de Santiago podría dar lugar, con un poco de imaginación y por sus rasgos misteriosos, a algo de esa literatura que Julián Marías echaba en falta sobre la España de la Reconquista. Pero, bueno, las conversaciones con aquella persona, o con el curioso peruano que afirmaba haber visitado en sueños la tumba de Durero y charlado con él, indican un mundo extraño y sugestivo, también peligroso para la salud mental.

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¿Es la masonería una sociedad secreta?
La Masonería o Francmasonería, cuyos miembros se autodenominan “hijos de la Luz”, se ha considerado tradicionalmente una sociedad secreta, entrar en la cual exige un rito de iniciación. La palabra masonería alude a sociedades antiguas de albañiles o constructores de templos y otros edificios. Según parece, existían ya en tiempos de Roma y luego se adaptaron al cristianismo, conservando reminiscencias paganas. Tenían interés en guardar los secretos del oficio, que envolvían en esoterismos y ritos más o menos pintorescos. Los masones se declaran procedentes de esas sociedades, cosa posible aunque no del todo probada, y aquí poco relevante, porque la masonería actual comienza en el siglo XVIII, con un período de formación a finales del XVII en Escocia e Inglaterra, y por influjo y orientación de personajes ajenos a la albañilería. A esta nueva masonería suele llamársela especulativa para distinguirla de la anterior u operativa, y puso especial atención en integrar a personas influyentes, como políticos, militares, magistrados e intelectuales diversos. De hecho ha sido la sociedad de su tipo más exitosa de la historia y el interés por ella se debe precisamente a su influencia política y social, exagerada o no, pero indudable en los últimos dos siglos.

Sobre la masonería han corrido mil rumores, siendo difícil, de primeras, distinguir lo verdadero y lo falso en ellos. Procederemos, pues, a partir de la ignorancia, resumiendo algunas opiniones. Los propios masones se presentan como miembros de una orden, fraternidad o sociedad filantrópica, respetuosa con el poder público y las religiones, ceñida a labores humanitarias y caritativas en pro de los derechos humanos, la libertad y la razón. Así lo acepta el estudioso jesuita Ferrer Benimeli. La aversión antimasónica de algunos poderes obedecería a que estos defienden el despotismo, la superstición y la ignorancia. Otros estudiosos la han tenido por una empresa diabólica, y así lo ha razonado el historiador Ricardo de la Cierva, entre otros. Para el general Franco, la masonería “no representaba la lucha franca, que incluso el marxismo ha presentado muchas veces: era la lucha sorda, la maquinación satánica, el trabajar en la sombra, los centros y los clubs desde los cuales se dictaban las consignas (…). Sobre los Estados, sobre la vida propia de los gobiernos, existe un superestado: el superestado masónico” (Amanecer, Zaragoza, 12 de IX 75). También encontramos testimonios de ex masones que califican a la orden como una asociación de ingenuos algo estrafalarios. El propio Azaña, que entró en ella, alude con visible desdén a sus barrocas ceremonias. Por su parte, el intelectual italiano Benedetto Croce resumió así su juicio: “Escucho las jactancias de esa institución sobre su grande y saludable eficacia; escucho las atroces acusaciones que le lanzan sus adversarios (…) Y me inclino a creer que jactancias y acusaciones son por igual exageradas (…) Pero conozco la mentalidad masónica (…) y veo en ella un serio peligro para la cultura italiana (…) Abstractismo y simplismo (…) Simplifica todo: la historia, que es complicada, la filosofía, que es difícil, la ciencia, que no se presta a conclusiones precisas, la moral, que es rica en inquietudes y contrastes. Pasa triunfalmente sobre todas esas cosas en nombre de la razón, de la libertad, de la humanidad, de la fraternidad, de la tolerancia. Y con tales abstracciones pretende distinguir a golpe de ojo el bien del mal y clasifica hechos y hombres por signos externos y por fórmulas” Y califica su ideología de “pésima no solo intelectualmente sino también moralmente” (Cultura e vita morale, 1914, p. 162-3).

Hay, por tanto, opiniones para todos los gustos. Empecemos por examinar si se trata de una sociedad secreta o no. Este dato es crucial, porque una sociedad de tal índole persigue por su propia naturaleza fines ocultos, en función de los cuales aspira a manejar al resto de la gente sin que esta se percate. Frente a esta acusación, la masonería suele insistir en que no es secreta, sino solo discreta, al igual que cualquier otra sociedad o club. Para dilucidar la cuestión, lo mejor es recurrir a sus propios rituales, que permanecieron mucho tiempo sin estar escritos y nunca lo fueron en España antes de que Ricardo de la Cierva los tradujera del inglés en su libro El triple secreto de la Masonería”, de gran valor documental. De la Cierva lo plantea como crítica desde el catolicismo, pero aquí me limitaré a hacer una exposición descriptiva.

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Así empiezan las dictaduras
OKDIARIO 10 Agosto 2018

Intimidación, coacción y agresión como dinámica constante. Tres elementos que definen los albores de cualquier régimen opresor pasado o presente. La Generalitat del xenófobo Quim Torra está fomentando tal clima de enfrentamiento y persecución en Cataluña que la región comienza a parecerse a una dictadura de facto. Este mismo jueves, el secretario de Sociedad Civil Catalana (SCC) en Lérida, Oriol Casanova, ha recibido “una bofetada con la mano abierta” en plena calle. Lo peor del ataque, no obstante, más allá del evidente daño físico, es la amenaza que ha venido después, cuando el agresor le ha advertido de que tenga cuidado porque “más gente sabe quién es y lo que hace”. Este hecho resume a la perfección el contexto extremo que tienen que soportar los constitucionalistas en Cataluña.

El propio juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena ha sido acosado sin tregua por la kale borroka catalana, los CDR. Mientras tanto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, víctima de su propia autocomplacencia, no se cansa de reivindicar el éxito inexistente de su “operación diálogo” con los independentistas. Palabras y concesiones que sólo han servido para inflamar los ánimos de los que desprecian la legalidad vigente así como espolear las acciones violentas de sus tropas de asalto. Individuos capaces de acosar a un magistrado, agredir al miembro de una asociación cívica o, incluso, de atacar a los turistas que dejan dinero y prosperidad en la comunidad autónoma.

No es baladí, por tanto, ni mucho menos, que el Gobierno vuelva a aumentar la presencia de guardias civiles y policías nacionales en Cataluña. Es necesario no sólo por la presencia del jefe del Estado el próximo 17 de agosto en Cataluña con motivo de los actos conmemorativos por los atentados de Barcelona y Cambrils, sino por la inseguridad que amenaza la vida de todas aquellas personas que desean vivir en paz y con arreglo a la ley. Postulados ambos que, por contrarios a la manera de actuar de los golpistas, constituyen una amenaza para ellos y que, por tanto, persiguen con dureza. Pedro Sánchez no puede seguir mirando hacia otro lado ante el riesgo más que evidente de que la comunidad autónoma acabe convirtiéndose en una tiranía bananera. Es el momento de que el “no es no” se lo diga a Torra… si se atreve a gobernar de una vez, claro.

La izquierda racista y filoterrorista
Santiago Navajas  Libertad Digital 10 Agosto 2018

El New York Times despidió a Quinn Norton, una reportera sobre tecnología, porque había dicho que tenía amigos neonazis aunque no compartía sus opiniones. También porque retuiteó algunos comentarios que incluían la palabra "nigger" ("negrata"), lo que en Estados Unidos está peor considerado que matar a la propia familia con un hacha. Sin embargo, el periódico que es el faro moral de la progresía ha sido mucho más benevolente, como relata Daniel Rodríguez Herrera en estas páginas, con la racista asiática que considera a los blancos poco menos que escoria que lo que mejor que puede hacer es extinguirse. La reportera asiática se ha mostrado arrepentida para conservar el empleo aunque una compañera suya en The Verge ha lamentado que su Twitter a partir de ahora será más contenido y, por tanto, menos "gracioso". Ya saben, para la izquierda norteamericana cualquier chiste sobre Obama es un delito de odio y racialmente sospechoso pero establecer una analogía entre Trump y Hitler o sacar en portada al presidente republicano con una pistola apuntándole a la cabeza es para partirse de risa.

Pero este caso forma parte de una tendencia más amplia por parte de la izquierda para implementar un doble rasero a la hora de enjuiciar ideas y acciones. Desde que RTVE ha pasado al control de los socialistas sus locutores han llamado "presos políticos" tanto a los etarras vascos como a los golpistas catalanes . Posteriormente se han disculpado y lo han disfrazado como un lapsus. Pero estos lapsus no son casuales sino que no hacen sino poner de manifiesto una creencia latente en la izquierda de que dichos terroristas y golpistas tienen cierta legitimación ya que estarían obedeciendo a directrices políticas de su pedigrí ideológico. Es cierto que también la derecha ha negociado con los nacionalistas xenófobos y ha llegado a hacerse fotos sonrientes con los que hasta ayer los asesinaban. Pero lo que en la derecha obedece a un simple y rastrero cálculo político utilitarista, en la izquierda responde a una afinidad filosófica primaria.

En ese sentido, el presidente socialista Sánchez usa su Twitter para felicitar sus fiestas religiosas a los musulmanes pero obvia sistemáticamente la de los católicos como si le molestase llamarse "Pedro" en lugar de "Yusuf". También se acuerda de las Trece Rosas como víctimas de la barbarie pero hace caso omiso de, por ejemplo, las monjas, más de trece, que fueron asesinadas por la barbarie opuesta. Como si por el hecho de ser religiosas cristianas en lugar de activistas comunistas su sangre fuese menos roja y su dignidad menos mancillada. De este modo muestra el verdadero rostro de la "memoria histórica", un mecanismo de ajuste de cuentas que sirve para continuar la guerra civil imponiendo una "narrativa" que enhebra fake news a través del blanqueamiento del fanatismo izquierdista y el olvido de las víctimas masacradas por la violencia socialista y comunista.

En la novela La séptima función del lenguaje del francés Laurent Binet, un intelectual izquierdista establece una identificación entre el IRA y la Resistencia francesa contra el nazismo. Ya sea IRA, Hamas o ETA, desde el punto de vista socialista en el fondo no son terroristas sino insurgentes y rebeldes contra una opresión de privilegiados conocidos como Thatcher, judíos o españoles. Y es que para la izquierda matar gente o insultarla es permisible o no dependiendo de quién sea la "gente": "los negros son escoria", intolerable; "los blancos son escoria", fina ironía; "trece comunistas fueron asesinadas por sus ideas", memoria histórica, dignidad y justicia; "trece monjas fueron asesinadas por su religión", desmemoria histórica, algo habrán hecho y si te he visto, no me acuerdo. Otro personaje de la novela de Binet, una militante de extrema izquierda, responde a quien acusa a las Brigadas Rojas de haber asesinado a Aldo Moro:

Ma che terroristi? Militantes que utilizan la acción violenta como medio de acción, ecco!

Una frase que sintetiza un siglo y medio de negación por parte de la izquierda no solo de su querencia por la violencia política sino, lo que es más grave, de reconocer en su propio seno la misma monstruosidad política que dice combatir: el fascismo entendido como personalidad autoritaria, inquisitorial y violenta solo que, en su caso, envuelta en narcisismo moral autocomplaciente.

Lo importante ya es urgente
JOSÉ RAMÓN BAUZÁ El Mundo 10 Agosto 2018

Hace unos días trascendió el famoso lost in translation de Baltasar Picornell. Les cuento: tras la tradicional recepción del Rey a las autoridades de las Islas durante el periodo estival, el presidente del Parlamento balear afirmó que Don Felipe le había dicho que estaba "dispuesto a tender puentes" e "intermediar entre las partes" de la crisis catalana. Después de estar a punto de crear un conflicto nacional sin precedentes por atribuir al Monarca competencias que le son ajenas, Picornell tuvo que excusarse utilizando para ello la justificación más escandalosa que he escuchado en años: que como no sabe expresarse correctamente en castellano, se puso nervioso y mezcló las palabras.

Obviando la responsabilidad que ostenta un cargo público de tal magnitud, que debería privarle de hacer afirmaciones tan gratuitas, el escándalo no es ya siquiera que cometiera un error de tales características. El drama es que, para explicar su fallo, dijera que no sabe hablar español con la diligencia suficiente como para saber expresarse de manera adecuada y que ello, además, sea perfectamente creíble.

Mi Comunidad Autónoma no es especialmente mediática en asuntos de índole nacionalista, pero el germen que nuestras islas llevan años incubando está empezando a mostrar síntomas tan evidentes que son imposibles de obviar. Ya es de sobra conocido que estamos perdiendo calidad de vida y capacidad competitiva por culpa de la inmersión catalanista implementada con calzador, hasta el punto de que en Ibiza no hay neurocirujanos pediátricos porque no hay especialistas que sepan hablar la lengua cooficial, requisito de acceso a la administración. También es sabido que nuestros hijos no pueden escolarizarse en el sistema público en castellano; sólo tienen oportunidad de hacerlo en catalán y con un contenido que, en muchos más casos de los que se dice, es tan adoctrinador que causa vergüenza ajena que haya alguna Administración pública que lo admita.

Es una evidencia, además, que nuestras modalidades lingüísticas (mallorquín, menorquín o ibicenco) están siendo sistemáticamente machacadas por las autoridades para imponer el catalán estándar que obvia y oculta nuestra Historia y nuestra cultura. Es una realidad, en fin, que España y el español están desapareciendo de las Islas para ser sustituidos por los Països Catalans y el catalán; la simbología de Cataluña ondea ya en más de un edificio público con total impunidad.

Esos pequeños pasos hacia la consolidación de una sociedad connivente con el independentismo llevan años produciéndose, pero pocas veces tenemos la oportunidad de ver sus consecuencias de una manera tan evidente como la que ocurrió con Picornell.

Y es que, ¿cómo es posible que un ciudadano español de 41 años, profesional liberal y en permanente contacto con el público, pueda decir que no sabe expresarse correctamente en castellano? ¿Cómo puede ser que un cargo público, representante de la sociedad y miembro de ella, no haya tenido la oportunidad de perfeccionar su idioma natal a través del mero uso?

La respuesta es evidente. En las Islas Baleares, en contra de lo que el nacionalismo se empeña constantemente en reiterar, el español se encuentra en una situación de absoluta desventaja respecto al catalán. Muchos niños de la Part Forana de Mallorca, al igual que ocurre en la parte interior de Cataluña, apenas saben expresarse correctamente en castellano cuando se les reclama que lo hagan. El español en nuestras islas es, para una parte de la población, un mero idioma casi extranjero que se enseña unas horas en las escuelas pero que apenas tiene trascendencia en la vida diaria de la ciudadanía. En un escenario de absoluto drama para la lengua oficial del Estado, además, las Administraciones Públicas baleares, con el incomprensible apoyo de partidos constitucionalistas, apoyan subvenciones para que el ya de por sí predominante catalán sea el idioma principal en los rótulos de los comercios de las islas. Como en los peores tiempos de Pujol y del tripartito. Ya estamos ahí.

Todo lo anterior tiene una conclusión evidente, y es que el futuro que nos espera en Baleares, si no hacemos nada por remediarlo, es acabar siendo en unos años la nueva Cataluña. Tanto es así que algunos grupos políticos ya reclaman para 2030, cuando haya aún más ciudadanos producto de la inmersión lingüística y el adoctrinamiento, un referéndum independentista en las islas en las mismas condiciones que las del pasado 1-O.

A su vez, en ese ansia insaciable por acabar con todo aquello que recuerde a España y a los valores que representa, la presidenta Francina Armengol reclama "abrir un debate sobre la monarquía" tras mantener una reunión con el Rey apenas unas horas antes que Picornell.

Si con una Monarquía moderna, eficiente y vertebradora como la nuestra es difícil no sentirse orgulloso de la Institución, más aún es no hacerlo siendo el presidente de las Islas Baleares, que a todas las ventajas que la Monarquía aporta a la nación se deben añadir las propias de las Islas, que se han posicionado como destino turístico internacional de calidad, en gran medida, gracias a la labor de promoción que hacen los Reyes verano tras verano.

Pero en ese rechazo irreversible por nuestras instituciones el nacionalismo es perfectamente capaz de perjudicar los intereses de personas y territorios con el único objetivo de asentar unas creencias totalitarias que, por su acción y por la connivencia de los demás, nos están abocando a un desastre que en unos años seremos incapaces de revertir.

Pero antes de llegar a ese punto es posible dar la vuelta a la situación, aunque para ello hay que estar dispuesto a hacer sacrificios políticos y personales. Desde mi Gobierno los hicimos. Logramos que fuera imposible que los niños del futuro no supieran hablar castellano, porque implementamos un modelo educativo trilingüe en el que se asegurase una equivalencia del 33% en la enseñanza entre español, catalán e inglés. Promovimos una ley de símbolos que acababa con toda simbología pancatalanista habida y por haber. Propugnamos que el catalán fuera un mérito y no un requisito en el acceso a la función pública y yo, personalmente y como Presidente, pedí más inspección educativa de ámbito nacional para acabar con el adoctrinamiento. Iniciativas que pretendían que lo importante, la lucha contra el virus nacionalista, no se convirtiera en lo urgente, el aplacamiento al independentismo más feroz que pusiera en jaque nuestro Estado de derecho.

Se ha convertido en imperativo ya, cuando hasta nuestras principales autoridades se vanaglorian de no saber el idioma común que tenemos con el resto de españoles y quieren "plantear debates" para acabar con nuestras instituciones, que los partidos políticos constitucionalistas hagan de Baleares su prioridad y sean conscientes de que aún estamos a tiempo de hacer que las islas no sean el siguiente capítulo de la lucha de España contra su autodestrucción. Y es que algunos estaremos siempre enfrente del nacionalismo a cada paso que dé, pero no podemos estar permanentemente solos predicando en el desierto excepto cuando la lucha es electoralmente rentable.

Todos estamos de acuerdo ahora, después de que la sociedad catalana esté absolutamente fracturada y los miembros del Gobierno golpista huidos o en prisión, de que debimos hacer algo en Cataluña cuando aún estábamos a tiempo. Todos nos creemos con la determinación de haber tenido la suficiente visión política como para hacer algo cuando los independentistas infestaban la sociedad, al contrario que hicieron los responsables que nos precedieron.

En Cataluña ya no podemos hacer nada para prevenirlo, pero en Baleares aún estamos a tiempo de llevar a cabo todas esas medidas que manifestamos evidentes para haber prevenido el caso catalán. Demostremos con hechos y no sólo con palabras que somos mejores que las generaciones anteriores y que hemos aprendido de nuestros errores aún cuando la herida aún duele y supura. No acabemos con nuestro país por omisión frente a los que pretenden romperlo por acción.

Es nuestra responsabilidad. Ejerzámosla.
José Ramón Bauzá es senador y ex presidente de las Islas Baleares.

Gobierno Pedro Sánchez
La evasiva del Gobierno a las víctimas que piden las actas de negociación con ETA: “Tomamos nota”
María Jamardo okdiario 10 Agosto 2018

Las víctimas del terrorismo solicitaron por burofax el pasado 12 de julio al Centro del Memorial de las Víctimas que hiciese públicas las actas de negociación de José Luis Rodríguez Zapatero con la banda terrorista ETA.

La institución pública que preside Pedro Sánchez tras su llegada a Moncloa respondió el pasado miércoles, tras el envío de un segundo burofax, con un escueto “Tomamos nota”, que las víctimas consideran “ofensivo”.

El documento al que ha tenido acceso OKDIARIO contesta en tres líneas a las peticiones trasladadas por la asociación presidida por José Antonio Alcaraz en su reclamación.

‘Voces contra el terrorismo’ insiste en que el Gobierno ponga en conocimiento de la opinión pública el contenido de las actas de negociación con la banda terrorista ETA a las que Sánchez, en su condición de Presidente del patronato de la Fundación que gestiona el Centro del Memorial, tendría acceso.

La asociación insta a las actuaciones necesarias para su obtención, recuperación y custodia y que se acuse recibo de la petición efectuada, convenientemente digitalizada.

Negociación de Zapatero
La petición iba referida a las conversaciones mantenidas por el Gobierno de España en época de José Luis Rodríguez Zapatero con ETA y Herri Batasuna y supervisadas por los observadores internacionales designados por el Centro Henry Dunant (HDCentre) de Ginebra (Suiza), del que el socialista Javier Solana es presidente honorífico.

Según las víctimas, el Ejecutivo pretende seguir ocultando a la opinión pública española el contenido de las concesiones efectuadas para la disolución de la banda armada.

Las víctimas recuerdan que “es obligación del Gobierno tener las actas” porque “la negociación fue en nombre del Estado y es su deber guardarlas y reclamarlas a quien también las guarda” en alusión al Centro Henry Dunant (HDCentre) . Este centro “dice haber mediado como árbitro en la resolución del conflicto y que por lo tanto custodia los documentos de los acuerdos”, añaden.

El acercamiento de presos etarras a cárceles vascas fue una de las medidas pactadas por Sánchez con Iñigo Urkullu a cambio del apoyo del PNV en la moción de censura.

“Aunque en el pacto con el nacionalismo vasco está el acelerar el acercamiento, el origen real es el pacto con ETA“, consideran las víctimas.

El delegado del Gobierno en el País Vasco, Jesús Loza, admitió este miércoles que se realizarán varios acercamientos de presos a cárceles vascas durante el verano.

Un atentado pendiente de investigar y olvidado
Gabriel Moris  Libertad Digital 10 Agosto 2018

He de confesar que el tiempo que dedico a escribir me gustaría que versara sobre temas muy distintos al que me ocupa habitualmente. Desgraciadamente, no me puedo permitir ese lujo.

Antes de que los terroristas y sus cómplices nos llevaran a ser víctimas del terrorismo, nuestras ocupaciones eran sobre temas lúdicos o sobre asuntos que redundaran en bien de la sociedad, de la que nos sentimos parte. Nuestro escenario vital ha quedado más limitado, máxime cuando ni el Estado ni las víctimas en general parecen tener intención ni urgencia en aclarar y hacer justicia con el mayor atentado terrorista de Europa en el siglo XXI.

En los tiempos que corren, las noticias que no proceden de la clase política o de la iniciativa de los medios de comunicación que la parasitan o que viven en simbiosis con ella no existen. ¿Alguien habla hoy de los Atentados de los Trenes de Cercanías? Rara vez. Ni las asociaciones, ni las propias víctimas, entre las que me incluyo, tenemos una " hoja de ruta" para no olvidar lo inolvidable.

Si comparamos los temas que se abordan, por su importancia, por su gravedad o por la repercusión de los mismos en nuestra vida individual o colectiva, creo que el 11-M debe ocupar uno de los lugares más relevantes de este siglo. En cambio, casi todos los medios se ocupan de temas pretéritos o presentes que ni por su relevancia o por su interés general, deberían ser portada en ningún medio libre y medianamente serio. Obviamente, no hay regla sin excepción.

Recientemente, se habla mucho de temas relacionados con el terrorismo: acercamiento de presos, salida de terroristas sin cumplir condenas de miles de años, cientos de atentados etarras pendientes de investigación. En el primer aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils aparecen informaciones varias que, lejos de tranquilizar a la opinión pública, crean sospechas fundadas sobre la mala utilización del caso, incluidas las víctimas. El 11-M parece engullido por la "desmemoria histórica". No creo necesario recordar algunas cosas sobre este atentado que cambió la faz de España: aprovechamiento político del mismo creando el denominado "cordón sanitario", que nadie ha explicado qué es, ni qué finalidad tiene, ni a qué partido o partidos se aplica y por cuánto tiempo. Los partidos de nuevo cuño no sabemos cómo se sitúan ni qué piensan del 11-M. Ninguno muestra el más mínimo interés por aclararlo. Creo que podemos pensar, sin miedo a equivocarnos, que este atentado dejó de ser un caladero de votos nada más pasar el domingo 14-03-2004.En cambio, deja patente la irresponsabilidad total de nuestra clase política ante el mayor atentado terrorista de Europa. Ningún país de la Unión Europea, ni EEUU por supuesto, han sido tan negligentes en la investigación y en el tratamiento de un atentado de esta magnitud. Resulta, al menos, sospechoso que un atentado de tal magnitud haya generado un consenso total en las tres Instituciones del Estado y en la clase política con representación parlamentaria. No es menos cierta la afirmación de que poco o nada sabemos sobre la verdad real de lo ocurrido. Permítanme rectificar: sabemos que las explosiones afectaron a cuatro trenes, que perdimos a 192 personas e hirieron oficialmente a 1.850 ( 2.042 víctimas directas), que desguazaron los trenes contraviniendo la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que no conocemos a los autores intelectuales, que sólo cumplen condena un autor material y dos colaboradores necesarios, que a las víctimas nos dividieron y así seguimos, que todos los recursos sobre el tema fueron archivados y una juez fue apartada de la judicatura. En una ocasión, la presidenta del Foro de Ermua preguntó al presidente del Tribunal del 11-M: ¿ Cuando vamos a saber quiénes fueron los autores intelectuales del 11-M? La respuesta fue algo así como que "España no estaba aún preparada para conocer toda la verdad".

A cinco años de la prescripción de los delitos, creo que ha llegado el momento de investigar a fondo el atentado y no olvidarlo ni un solo día. La vida de España, como nación, depende en parte de ello.
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