AGLI Recortes de Prensa   Sábado 11 Agosto 2018

11 años después de la crisis
11 años después de la crisis que asoló la economía española, hacemos un balance de la situación actual
Juan Carlos Barba El Confidencial 11 Agosto 2018

Agosto de 2007 marcó el pistoletazo de salida de la Gran Recesión, que afectó especialmente a los países muy endeudados del sur de Europa (Grecia, España, Portugal e Italia), cuya crisis se prolongó mucho más tiempo que en otros países. En España, la crisis se alargó nada menos que seis años y medio, llegando las caídas de la actividad a niveles más bien propios de una depresión económica mayor. En este artículo, repasaremos cuánto se han recuperado los principales indicadores económicos: empleo, industria, construcción, comercio, servicios en general, grandes empresas y comercio exterior.

En primer lugar, vemos la evolución del empleo, que desde máximos del tercer trimestre de 2007 tocó mínimos en el primero de 2014, acumulando en el proceso una pérdida del 18,3%, es decir, que casi una de cada cinco personas perdió su trabajo. Desde entonces, comenzó una fuerte recuperación del empleo que continúa a día de hoy. A pesar de ello, sigue un 6,8% por debajo de los valores precrisis, por lo que harían falta otros dos años y medio de recuperación para alcanzar los niveles de 2007.

A la industria es al segundo sector al que peor le ha ido con la crisis, ya que el desplome fue tremendo (-30,2%) y la recuperación ha sido muy leve, pues la producción aún está un 22,5% por debajo de los niveles precrisis. Es decir, que casi la cuarta parte de nuestra industria ha desaparecido.

La construcción es evidentemente el peor de los sectores, epicentro de la burbuja crediticia y del desplome. Sigue sumido en la más profunda de las depresiones, pues el consumo de cemento (indicador de la actividad del sector) se hundió el 84% y actualmente está un 77% por debajo de los máximos precrisis. Si tomamos los niveles de consumo previos a la burbuja (por ejemplo, 1997), vemos que están un 52% por debajo, lo que da idea de lo que le queda aún al sector para recuperar niveles normales de actividad.

Los servicios sufrieron muchísimo en la crisis, llegando a desplomarse un 34,4% (corregidos de inflación). Después de tocar fondo en marzo de 2013, iniciaron una fuerte recuperación, pero a pesar de ello aún están un 20% por debajo de los del periodo previo a la crisis. Haría falta que continuara esta recuperación unos seis años más para que los servicios recuperaran su actividad. Dentro de los servicios, al comercio minorista le ha ido francamente mal, ya que llegó a bajar un 28,1% (algo menos que los servicios en general) y sigue un 19% por debajo de 2007.

El siguiente gráfico es muy interesante, pues recoge cómo ha afectado la crisis y la recuperación a las grandes empresas. Como se ve, su situación se ha suavizado debido a que están mucho más internacionalizadas que las empresas pequeñas, y la crisis, como sabemos, fue mucho más suave en el exterior. Aun así, como gran parte de sus ventas se realizan en España, no han recuperado ni remotamente el nivel de actividad previo a la crisis, excepto en lo que atañe a exportaciones. Como se ve, la crisis también ha sido un fuerte incentivo para la internacionalización.

Las ventas totales de estas grandes empresas se hundieron un 31,4%, y aún están un 14,5% por debajo de las de 2007. Es decir, que la crisis les afectó tanto como a las pequeñas empresas, pero su recuperación ha sido mejor. ¿Esto ha sido porque han acaparado más del mercado interior o porque exportan más? Es muy fácil verlo si atendemos a las ventas interiores, que llegaron a bajar un 38,7% y actualmente están un 26% más bajas que en 2007. Es decir, que la caída de la demanda interna les afectó más que a las pequeñas empresas y la recuperación del mercado interno ha sido más débil. Lo que quiere decir que sus relativamente mejores cifras se pueden achacar íntegramente a la búsqueda de negocio en el extranjero.

Esto ha repercutido muy favorablemente en que la balanza exterior sea a día de hoy mucho más equilibrada que en 2007, pues como se ve en el gráfico las exportaciones de estas grandes empresas (es decir, la gran mayoría de las exportaciones de nuestra economía) son un 35% mayores que antes de la crisis, mientras que las importaciones —reflejo de la demanda interna y de la internacionalización del comercio— son aún un 2,7% menores que en 2007.

Podemos concluir que la recuperación de la actividad económica es aún parcial, siendo escasa en industria y construcción, y de menos de la mitad de lo perdido en servicios. Sin embargo, el empleo se ha recuperado mucho mejor, lo que es reflejo de que tras tantos años de crisis muchos trabajadores están dispuestos a aceptar empleos mucho peor pagados. Esto se puede comprobar en la encuesta de costes laborales. Según esta, los salarios tocaron techo en 2009 (1.993 euros/mes de coste salarial), siendo en 2017 de 2.020 euros, que corregidos de inflación nos dan una caída salarial total del 9,2%. Esto quiere decir que ha habido un fuerte reparto del empleo, ya que si los salarios siguieran siendo iguales que en 2009, ahora solo trabajarían 17,44 millones de personas en lugar de los 19,33 millones que trabajan actualmente.

Esta es la explicación de que el empleo sea el indicador que mejor ha evolucionado en la economía. Podemos extraer dos lecciones de todo esto. La primera es que la tesis de Keynes de que los salarios se resisten a bajar y por lo tanto es un mercado cuyo precio es poco flexible a la baja es cierta, ya que con la demanda totalmente hundida vimos cómo siguieron subiendo más de dos años. La segunda es que si se deja pasar el suficiente tiempo, los salarios finalmente bajan (aunque solo en términos reales, no nominales) y se reparte el empleo, ya que es a este factor al que podemos achacar casi dos de cada tres empleos creados. ¿Y cuánta de esta bajada se puede atribuir a las reformas laborales?

Pues, a mi modo de ver, el efecto ha sido totalmente despreciable, ya que los salarios ya ofrecían signos de estancamiento antes de la reforma laboral de 2010, sin observarse cambio de tendencia alguna por esta causa. Después de la más agresiva reforma de 2012, tampoco se ve ningún cambio de tendencia. Estaríamos, pues, ante un nuevo ejemplo de economía-vudú, en que se implementan medidas muy polémicas y que en realidad no sirven para nada. Sin embargo, como ese proceso de bajada real de salarios sí que se produjo (aunque fuera por otras causas), los que promovieron estas reformas han creído que fueron la causa.

La economía española ha mejorado claramente desde la crisis en un aspecto fundamental, y es en las exportaciones. Esto permite, en una economía abierta, mantener a largo plazo una mayor demanda y por lo tanto mejores niveles de empleo con nuestros salarios. Pero no es suficiente. Seguimos siendo una economía vulnerable a un 'shock' de precios del petróleo, muy endeudados con el exterior y por tanto dependientes de condicionantes políticos como la disposición de Alemania y el BCE a sostener nuestros bonos. Seguimos siendo poco productivos para nuestro nivel salarial y eso provoca nuestro elevado paro. Los salarios no se pueden reducir por decreto ni sería deseable aunque se pudiera, pero la solución razonable no es esperar a que otra década acabe de ajustar el mercado laboral. Implementar medidas para mejorar la productividad de la economía no es fácil ni barato, pero es la mejor inversión que podríamos hacer, pues haría que se pudieran sostener niveles mayores de demanda y por tanto de empleo. Por desgracia, algo como esto, que es lo podría hacer la vida menos difícil a muchos cientos de miles de españoles, no está en la agenda de ningún político.

Pedro Sánchez pone en riesgo la recuperación económica
EDITORIAL  Libertad Digital 11 Agosto 2018

Todo apunta a que España está entrando en una nueva fase económica tras el fuerte avance del PIB y la intensa creación de empleo registrados en los últimos años. La economía nacional salió de la recesión a finales de 2013 y, desde entonces, ha encadenado cuatro años consecutivos de crecimiento, llegando incluso a superar la barrera del 3% en los últimos tres ejercicios. Esta mejora está permitiendo al país salir de la profunda crisis acaecida tras el estallido de la burbuja crediticia a mediados de 2007, pero el problema es que todavía queda mucho por hacer para garantizar una recuperación sólida y sostenible en el tiempo, especialmente ahora que la debilidad económica empieza a asomar por el horizonte.

A la ausencia total de reformas estructurales que protagonizó el Gobierno de Mariano Rajoy desde 2012 se ha sumado el ascenso al poder de Pedro Sánchez, cuya deriva, tanto política como económica, supone una amenaza para la continuidad de la recuperación. El PIB ha empezado a frenarse. El dato del segundo trimestre, del 0,6%, y el susto que ha dejado tras de sí el pasado mes de julio, con la menor creación de empleo en ese mes desde 2013 y una clara desaceleración de la actividad productiva, son indicadores a tener muy en cuenta. De hecho, ya se descuenta que la economía nacional crecerá menos del 3% este año. El menor impulso de las exportaciones, la moderación del consumo y el escaso empuje de la inversión avanzan un panorama de ralentización económica a corto y medio plazo.

Esta tendencia no resultaría preocupante si no fuera acompañada por el incierto y convulso contexto internacional que está provocando la guerra comercial protagonizada por EEUU o la debilidad económica europea, ya que, hoy por hoy, España sigue sustentándose sobre pilares endebles, como la escasa productividad de su economía y un muy deficiente aparato estatal. La aprobación de reformas estructurales para mejorar la competitividad sigue siendo, por tanto, la gran tarea pendiente. Pero la llegada de Sánchez a la Moncloa no solo la imposibilita, sino que amenaza con agravar la situación de forma muy sustancial.

En apenas dos meses, el Gobierno del PSOE ya ha anunciado su intención de disparar los impuestos al conjunto de empresas y familias, al tiempo que pretende aumentar el gasto, incumplir los objetivos de déficit y elevar, aún más, el nivel de deuda pública. Además, su alianza con Podemos y los separatistas tan solo se traducirá en más inestabilidad política, un creciente deterioro de las instituciones, una menor seguridad jurídica e incluso una posible reversión de las escasas reformas acometidas en materia laboral y de pensiones. Por todo ello, Sánchez es, en definitiva, el mayor riesgo que existe para la recuperación económica.

La crisis migratoria estalla dentro del PSOE
EDITORIAL El Mundo 11 Agosto 2018

La gestión migratoria del Gobierno ha abierto ya una brecha dentro del PSOE por el indisimulado malestar del partido en Andalucía, reeditándose el enfrentamiento siempre latente entre Pedro Sánchez y Susana Díaz. La decisión de Moncloa de hacer desembarcar el Open Arms en Algeciras ha hecho estallar al Ejecutivo andaluz, que tiene la mirada puesta en las próximas elecciones autonómicas -si se adelantan tendrían lugar este mismo otoño- y teme sufrir un coste en las urnas por la imagen que están dando en este delicado asunto.

Como a todos, al Gabinete de Susana Díaz también le cogió por sorpresa la moción de censura que llevó a Sánchez a La Moncloa. Y ahora se encuentra con el paso cambiado a la hora de diseñar una campaña electoral en la que no es posible culpar de todos los males a Rajoy y al PP. Por lo pronto, la presidenta andaluza teme que le salpique la errática política migratoria que ya se le está volviendo como un bumerán al Gobierno, con errores tan de bulto como el uso propagandístico y demagógico que se hizo de la acogida del Aquarius, las irresponsables declaraciones de varios ministros sobre la eliminación de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla o la premura con la que se ha decretado la sanidad universal para todos los sin papeles.

La ministra Batet salió al paso de las críticas del Gobierno andaluz defendiendo que Algeciras era el puerto en mejores condiciones para recibir al Open Arms. Pero no supo explicar en qué se basaba. Por el contrario, casi todos los colectivos han criticado que un barco que fue rescatado frente a las costas de Libia se desviara hasta allí, pasando antes cerca de otros muchos puertos españoles. Pero es que, además, Andalucía carece de centros específicos para la atención de menores migrantes -algo que saca los colores al Gobierno de Díaz-, a pesar de que sólo en lo que va de año han llegado ya a la comunidad unos 3.200. Y en este buque también iban a bordo 12, la mitad no acompañados.

Las autoridades andaluzas sí están cargadas de razón a la hora de denunciar la insolidaridad que están demostrando casi todas las comunidades autónomas, mirando hacia otro lado ante el problema migratorio. Basta recordar que las costas de Andalucía reciben ya más migrantes que Italia, Malta y Grecia juntas. El Gobierno central fue incapaz de arrancar compromisos a los distintos Ejecutivos regionales en la reciente Comisión Migratoria, en la que se reprodujo prácticamente un calco de la división que hoy existe en la Unión Europea, donde se está imponiendo la política del sálvese quien pueda. Difícilmente puede pedir Madrid en Bruselas una mayor coordinación y solidaridad comunitaria en este terreno, absolutamente imprescindible, cuando dentro de España rigen las taifas y las comunidades más alejadas del problema no quieren corresponsabilizarse del mismo y el Gobierno central no tiene mecanismos para repartir las cargas y los recursos de un modo mucho más equitativo.

Las instalaciones andaluzas están desbordadas y los medios son muy escasos ante el fuerte incremento de llegadas. Y, además, se están produciendo problemas derivados tan alarmantes como que en el Campo de Gibraltar los narcos vuelvan a campar a sus anchas como consecuencia de que casi todos los efectivos policiales estén destinados a afrontar la presión migratoria. Una situación insostenible que no puede mantenerse.

Sánchez es presidente por el brazo político de ETA
Javier Igartua Ybarra okdiario 11 Agosto 2018

Se está produciendo un blanqueamiento de la banda terrorista ETA por parte del Gobierno de Pedro Sánchez. El actual Ejecutivo quiere hacer modificaciones en la actual ley de abusos policiales. Así, el relato quedaría en que ha habido violencia por las dos partes y vaciaría la superioridad moral de las víctimas del terrorismo pues se igualaría a las víctimas con los verdugos. Esto es un pago más al apoyo del brazo político de ETA —esencial para la llegada de Sánchez al Gobierno— y supone una estocada casi mortal a la maltrecha situación que sufrimos las víctimas del terrorismo.

Esta modificación daría a entender que ETA no es una banda terrorista sino un ente político, que aquí no ha habido unos que mataban y otros que recibíamos sus balas, sino que ha habido violencia por las dos partes… Este es el escarnio que está provocando el actual Gobierno de España. Equipara a víctimas con verdugos. Niega la actividad de ETA y los terroristas consiguen así que prevalezca el “relato del conflicto” que han perseguido desde siempre.

Esto, como familiar de víctima, me duele. La herida sangra y sangra. No recibimos atención médica, sino que nos quieren quitar el respirador y que nos quedemos muertos. Están asesinando a nuestros familiares otra vez. No podemos permitir que ETA gane. El relato debe ser veraz, donde se explique con claridad que ETA es una banda terrorista que asesinó a mucha gente inocente, que aquí no ha habido ningún conflicto, sino unos terroristas que nos asesinaban. Los pactos para llegar al Gobierno no pueden ser con aquellos que quieren romper España. Pactar con el brazo político de ETA te deslegitima como presidente y como persona.

Dejar España en manos de aquellos que han asesinado a mucha gente, incluidas personas del partido en el Gobierno, demuestra la catadura moral de este presidente al que parece preocuparle su futuro económico y no España, a la que debería defender con ahínco. España sabrá juzgar en las urnas a un Gobierno que nos ha vendido a ETA y a los golpistas catalanes por el simple hecho de tener poder. Un poder que tiene que servir para hacer el bien, nunca para servirse de él. El hecho de que ETA haya decidido disolverse no exime a esta bestia del terror de su responsabilidad ante la justicia. El Ejecutivo tiene la obligación de detener hasta el último miembro de ETA. Tiene la obligación hacer que la justicia resuelva los más de 300 casos si resolver de asesinatos de ETA.

Autoficción de Pedro Sánchez
MANUEL ALBERCA El Mundo  11 Agosto 2018

En el lenguaje político de las últimas décadas ha hecho furor el relato. Si alguno pretendiese ser alguien en la arena política, no le bastaría con tener ideas de buen gobierno ni proyectos razonables. Podría incluso prescindir de todo esto, pero no del relato. Esto lo sabe Pedro Sánchez, que está reelaborando continuamente el suyo. Porque nadie existe políticamente, si no tiene un relato propio. En su acepción política este concepto designa la articulación aleatoria y persuasiva de información e invención, opiniones y sentimientos para construir un liderazgo y avalar intereses mezquinos con argumentos ideológicos. Nada nuevo en realidad. Desde tiempos remotos los cuentos, mitos y leyendas vienen haciendo lo mismo. Al fin y al cabo contar una historia para intentar dominar la complejidad del mundo, es tan viejo como el hombre. Pero ciertamente los actuales relatos políticos suelen ser mediocres o simples remedos de las grandes narrativas.

El relato de Sánchez tiene por supuesto una forma más modesta que los relatos mitológicos. Y no me refiero a la hechura física, pues es innegable su galanura: il bello le apodan ya en Italia. En su relato Sánchez se presenta desafiando la solución de los problemas del país y erigiéndose en el salvador de nuestra democracia, pero, en el fondo, le mueve solo legitimar su ambición personal, que se sostiene, sin el crédito que dan las urnas, en un inestable equilibrio. Por ejemplo, cada medida tomada para remediar nuestro principal problema nacional, léase Cataluña, resulta ineficaz por irreal, y se traduce de hecho en una nueva cesión a los que le facilitaron la llegada al Gobierno. Lejos de resolverlo, lo engorda y lo complica, como lo prueba la ocurrencia de proponer un nuevo estatuto de autonomía que nadie quiere. Lo mismo sucede con las razones que toma prestadas a los que se alinean contra el régimen del 78 y estimulan el guerracivilismo y el desentierro de Franco, una resurrección del dictador en toda regla y la reedicion del mejor eslogan de la Transición: "Contra Franco vivíamos mejor". Ni siquiera es capaz de reconvenir a su correligionaria Armengol, cuando exige un referéndum para decidir la forma del Estado...

En realidad el relato de Sánchez es una porfiada autoficción para dotarse de atributos verosímiles, nunca veraces. En fin, una manera de llenar un pasado sin contenidos profesionales y políticos destacables, de entretener el presente, mientras llega un futuro electoral más halagüeño, como haría un tahúr imprudente que jugase su baza sin calcular los riesgos. En la literatura española última han proliferado las autoficciones, que son novelas con apariencia de autobiografía o autobiografías que parecen novelas, pero sin prometer ni comprometerse a decir la verdad. En ellas el autor se convierte él mismo, y bajo su propio nombre, en el protagonista de su relato. De este modo fabula su vida libremente, mixtifica lo real con lo imaginario a gusto y medida o se inventa una personalidad ad maiorem gloriam. El relato autoficticio juega con las expectativas del lector, le hace dudar de entenderlo como invención o como realidad. De hecho el objetivo es que el lector llegue al final sin saber a qué carta quedarse.

Todo esto que es legítimo y aceptable en literatura, sin entrar en otras consideraciones acerca de su valor artístico, tiene efectos dañinos si, como Sánchez pretende, se lleva al terreno de lo real, más aún si se quiere aplicar a la política. La obstinación, la ambición y la ambigüedad han sido los pilares del relato de las aventuras temerarias en que Sánchez se ha embarcado dos veces. La primera parte se resolvió en un estrepitoso fracaso, cuando, ante lo que parecía una cesión a las exigencias de Podemos y un callejón sin salida para el partido, la dirección le obligó a dimitir. La segunda se ha resuelto, por el momento, de modo triunfal, pero su desarrollo aparece lleno de elipsis sin explicar, secretos impenetrables, dudas que dan miedo y peligros ciertos. Mantenerse en el poder y gobernar con 84 escaños (los peores resultados electorales del PSOE), parece una operación de ficción fantástica, que la ambiciosa porfía de Sánchez ha conseguido hacer creíble.

Una vez en el poder, y con la misma precipitación con que lo buscó, Sánchez y su gabinete de propaganda, además de tejer con urgencia una biografía improvisada, se pusieron a vestir la galanura del hueco de su figura. De acuerdo con su nuevo estatus, y como un arribista cualquiera, se mostró en un lamentable postureo. Con la zafiedad de Facebook o Instagram y las argucias de un osado recién llegado, Sánchez procedió a montar una semblanza de presidente. La improvisación es una mala consejera, pero era urgente rediseñar al personaje. A poco de instalarse en el palacio presidencial, y tal como hacen también algunos famosos, abrió las puertas de su mansión, mostró las estancias y jardines, simuló un trotecillo mañanero y hasta nos presentó su mascota a la que acarició en público. En fin, comenzó a trazar una autoficción con elementos demasiado manoseados. Nada nuevo. En la historia de la pintura abundan los autorretratos en los que el pintor se representa a sí mismo con la apariencia o los atributos de un personaje histórico o legendario. Es muy conocido, por ejemplo, el autorretrato de A. Durero como Cristo, pero los hay también de hechuras menos nobles. Estas poses derivan inevitablemente en una suerte de megalomanía o hagiografía. Bien, ahí encontramos también a Sánchez. En este sentido hay que entender las calculadas fotos en el Air Force One español con las Ray-Ban de cristales negros y pose kennediana, en las que el fotógrafo se deleita en mostrar las manos del líder in progress. Sí, las mismas con las que vimos que acariciaba al perrito.

La invención resiste mal la prueba de la realidad. Y ya se sabe que el algodón no engaña. La autoficción de Sánchez deja demasiadas cosas en la penumbra, que hacen temer que en su acceso al poder hubo contraprestaciones vergonzantes. La visita de Torra a La Moncloa fue esclarecedora de su condición de 'okupa' del palacio presidencial. Un verdadero presidente no puede ni debe recibir a quien, lacito amarillo incluido, hace ostentación del desacato y se reafirma en la vía unilateral. Fue patético, porque, si bien Sánchez adoptó la pose del anfitrión, sabemos que es solo un inquilino en precario, y que uno de sus caseros más intransigentes es el propio Torra, que podría quitarle la llave cualquier día y dejarlo en la calle.

Por muy hábil que sea el autor de una autoficción para mantener la indeterminación de su relato y, por muy lograda que sea la mezcla de ficción y realidad, el lector acabará descubriendo la impostura y exigirá que cese la patraña y se pueda conocer la verdad. Del mismo modo, Sánchez no podrá mantener la ambigüedad mucho tiempo, y entonces el final se precipitará y el relato mostrará sus remiendos y chapuzas. No sabemos cuanto podrá prolongar Sánchez la autoficción de su irreal Gobierno, pero parece evidente que sin unas elecciones generales todos sus gestos resultarán pruebas sin crédito. La del 17 de agosto en el homenaje a las víctimas de Barcelona será la próxima. No es la Corona la que se pondrá a prueba, porque Felipe VI ha demostrado su compromiso con el orden constitucional y con España. La prueba de resistencia es ahora para Sánchez que debe demostrar su capacidad no sólo para llegar a acuerdos con los independentistas, sino de que éstos respeten a las víctimas, al Rey y a todos los españoles. Es una prueba tal vez definitiva para la autoficción de Sánchez. Me temo lo peor.

Manuel Alberca, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Málaga, ha publicado recientemente La máscara o la vida. De la autoficción a la antificción (Pálido Fuego).

Diferencia entre el PSOE y UPyD
Vicente Torres Periodista Digital 11 Agosto 2018

Ya ocurrió en el caso de Alonso Puerta. Ocurrió en aquellos tiempos tan ilusionantes para la mayoría, incluso para muchos de los que no habían votado al PSOE.

Uno de los que estaban llenos de ilusión fue Alonso Puerta. Tanta tenía que cuando en el ejercicio de sus funciones se encontró con un incipiente acto de corrupción en su partido lo denunció inmediatamente a los órganos rectores del PSOE. Se desilusionó por completo y de repente, puesto que en lugar de atender su denuncia lo expulsaron del partido.

Concurrió a las siguientes elecciones en otra formación política, pero los votantes le volvieron la espalda y optaron por los corruptos.

Con UPyD vino a ocurrir algo similar. Cualquier socialista informado podría haber aceptado perfectamente el ideario de este partido, e incluso habría tenido que admitir que se ajustaba mucho más al ideal socialista al estar totalmente exento de nacionalismo, ideología esta que además de nefasta y antidemocrática es incompatible con el socialismo. Y sin embargo los votantes siguen prefiriendo las siglas a la decencia y la coherencia ideológica.

Pero además de esas diferencias en lo que a la ideología se refiere están las que se plasman en los programas y en las formas de actuar. En el de UPyD estaba el adelgazamiento de la Administración. ¿Cómo se puede defender el Estado del Bienestar y el Sistema de Pensiones si el Estado gasta una cantidad indecente de dinero en organismos e instituciones prescindibles? Las televisiones autonómicas nos cuestan más de mil millones de euros.

Por supuesto que el PSOE no quiere reducir la Administración. Lo prueba el hecho de que Pedro Sánchez está colocando a todos los suyos, incluida su esposa. El Estado del Bienestar no le importa tanto como el bienestar de sus allegados. Ya se ve que piensa que los trabajadores tienen las espaldas muy anchas y pueden cargar con todo.

Peripecia del tuit
MANUEL ARIAS MALDONADO El Mundo 11 Agosto 2018

Uno de los fenómenos más peculiares de los últimos años son los viejos tuits de Pedro Sánchez, cuyo momento de esplendor tuvo lugar durante su primera etapa como líder del PSOE. Escritos hace un lustro con una sintaxis mejorable, son en su mayoría banales notas cotidianas: jugar con las hijas, coger un taxi, ver baloncesto. Se trata de textos entrañables, un poco ingenuos, propios de quien no manejaba del todo una herramienta que ya admitía usos más sofisticados. Su posterior estrellato nada tiene que ver con Sánchez, de hecho, sino que obedece a la asimilación posmoderna que de ellos hace la esfera pública digital. De repente, aquellos tuits empezaron a circular como puros objetos pop, separados de su contexto; el destilado irónico de una época que se reconoce en la alusión y el fragmento. Así que se pasaban el día en movimiento, propulsados por el gamberrismo sarcástico del tuitero: una arqueología del presente que convirtió a Sánchez en icono antes de ser presidente. Ahora, como en las novelas góticas, esos tuits han vuelto para atormentarle.

O quizá no tanto. Pero ni el más sesgado de los comentaristas puede dejar de observar el contraste que existe entre la política de nombramientos del presidente Sánchez y lo que el candidato Sánchez decía en las redes sobre puertas giratorias, partitocracias y privilegios políticos. Se calcula que casi la mitad de la ejecutiva socialista habría sido colocada en cargos varios, de Paradores a Correos, perpetuando la desgraciada costumbre española de politizar hasta la gestión del uranio. Tras el fichaje de Begoña Gómez por el Instituto de Empresa, hemos llegado a tener noticia de un tuit de 2013 en el que Sánchez reprocha al ex político del PP Juan José Güemes "apropiarse de lo de todos" como director del Centro de Emprendimiento del mismo Instituto de Empresa. No será lo mismo, pero se parece.

En fin, estos tuits sirven como enésima demostración de la distancia que existe entre la moral del espectador y la moral del participante. ¡Qué fácil es exigir a los demás lo que uno no haría! No es honesto quien invoca una norma ética a voz en grito, sino quien la cumple cuando las circunstancias le obligan a elegir. Y sorprende que un gobierno que llegó al poder hablando de «dignidad democrática» incurra en prácticas semejantes. Salvo que la nueva ética pública que suponíamos nacida con la crisis solo sea aplicable a los rivales, empezando por un líder de la oposición que también tiene pendientes algunas explicaciones.

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El extraño 'error' de los Mossos sobre Es Satty
EDITORIAL El Mundo 11 Agosto 2018

Los Mossos d'Escuadra han tenido que reconocer que, días después de los sangrientos atentados yihadista en Barcelona y Cambrils, cometieron el «error» de no indicar en su primer informe enviado a la Audiencia Nacional que el imam de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, tenía antecedentes penales por tráfico de drogas. El «error» se ha puesto de manifiesto después de unas arrogantes declaraciones del conseller de Interior, Miquel Buch, en las que acusaba a las fuerzas de seguridad españolas de no facilitar información relevante a los Mossos y señalando que las competencias de seguridad están transferidas a la Generalitat. En realidad, ni se "escondió" ni se "ocultó" ningún dato a la Policía autonómica, que tenía conocimiento desde el primer momento de que Es Satty había estado en prisión en 2012.

Es más, tras la explosión de la casa de Alcanar (Tarragona), producida 16 horas antes del ataque terrorista en Las Ramblas, los Mossos ya manejaron el nombre Es Satty como uno de los fallecidos mientras manipulaban los explosivos que pretendían utilizar para provocar una masacre aún mayor tres días después, el 20 de agosto. Esa noche, los Mossos constataron que la matrícula de la furgoneta encontrada en Alcanar era la misma con la Es Satty intentó introducir en España 120 kilos de hachís en enero de 2010, siendo detenido por al Guardia Civil, juzgado y encarcelado dos años después. Y sin embargo, en aquel primer informe enviado al juez Fernando Andreu (curiosamente no en los siguientes) los Mossos negaron que Es Satty tuviese antecedentes con la Justicia española, indicando que su nombre no parecía en los archivos policiales.

Los responsables de la Policía autonómica tendrán que ofrecer una explicación creíble sobre un "error" que han achacado a la transcripción o a la consulta infromática realizada en un primer momento. La reacción iracunda de Miquel Buch responde a la estrategia independentista de intentar desprestigiar al Estado y culpar al Gobierno de las posibles disfunciones en la lucha antiterrorista. Es una evidencia más de la deslealtad institucional de la Generalitat que se permite actitudes irresponsables en un tema que afecta directamente a la seguridad y la estabilidad del país y a la vida de todos los españoles, amenazados por el terrorismo islámico.

Símbolos de un pueblo dividido
 La Razon  11 Agosto 2018

Es una batalla de imagen, de propaganda... que se ha topado con el hartazgo de la mayoría de catalanes no independentistas–y no pocos también en sus propias filas–, que no están dispuestos a aceptar la violencia y la división constante en que han convertido las plazas y calles de Cataluña. Lo que comenzó siendo un símbolo de protesta irracional, de rabia, contra las decisiones judiciales –el lazo amarillo– se ha convertido, gracias al márqueting y al merchandising, o a la actividad de «comandos» de los CDR, en un instrumento de presión visual y sonoro que alcalza a la mayor parte de las comarcas catalanas. Los últimos meses han traído en esta «guerra de símbolos» que divide a los municipios catalanes, desde multas por quitar lazos amarillos hasta sanciones por colocarlos.

En Arenys de Munt, por ejemplo, se decidió multar a quien retirase de las calles o de lugares privados los lazos amarillos a favor del independentismo. La otra cara de la moneda es Castellbell, muy cerca de la anterior población y gobernado por el PSC, que decidió eliminar todos los lazos amarillos que se cuelguen, y también todas las banderas españolas porque, según señalan, «hace falta permiso para colocar cualquier símbolo».

Confusión y ruido. Tras el fracaso del «procés», ante la evidencia del recorrido cero que ha tenido la estéril declaración de la república catalana, el independentismo ha pretendido mantener la tensión –para que no lleguen el desánimo y la frustración– entre los suyos y el enfrentamiento con el Estado con la puesta en escena de banderas, toallas y lazos amarillos. Lo que ha cosechado es resquemor, violencia y enfrentamientos en todo el Principado. Y lo sigue alimentando. De otra manera no se entiende que desde la Generalitat se afirmase que están dispuestos a sancionar a todo aquel que quite símbolos independentistas pues sería una actuación «fascista».

Pretender tildar a todo aquel que disienta –en mayor o menor medida– de tu imaginario político y pretender calificarlo de totalitario es ver en los demás el pecado que uno comete. ¿Acaso el Govern quiere que su ideología sea la única posible y para ello ha emprendido una caza de todo ciudadano que no comulga con sus ruedas de molino amarillas? Nadie se puede extrañar de que los catalanes no acepten el pensamiento único independentista, protesten y arranquen los símbolos para ellos de la opresión que son esos lazos y esas cruces amarillas.

La mejor prueba de que la única solución es que el pensamiento y la ideología se mantenga en un escenario interior y personal es el próximo homenaje que se rendirá en Barcelona a las víctimas de la barbarie yihadista del 17-A. Todas las formaciones han apostado por aparcar sus planteamientos políticos y centrarse en el bien común que son las víctimas del terrorismo. Hasta la ANC y Òmnium han rechazado protestar contra el Rey –como habían planteado inicialmente– para no desviar el foco de lo importante.

No es de recibo que la vía pública, que es de todos, sin distinción de ideología, se convierta en escenario de la batalla política. Para eso ya existen citas electorales, ayuntamientos o parlamentos. El espacio público es de todos, y nadie se puede arrogar su control ni la exclusión del contrario. El independentismo catalán ha errado al pretender manterner con vida el fracasado «procés» haciendo que la calle protagonice lo que es una batalla perdida en el Parlament o en el Palau. De la misma manera resulta cínica la actitud del Govern al afirmar que ellos han obrado con «neutralidad» ante dos maneras de pensar, cuando han sido artífices e impulsores de ese divorcio entre catalanes. No se pueden atacar símbolos constitucionales –los mismos de donde emana su legitimidad como Gobierno o Ayuntamiento– y pretender que se mantenga la paz social. Con su irresponsabilidad perdemos todos.

Al fascista, al fascista
Eduardo Goligorsky  Libertad Digital 11 Agosto 2018

Ya utilicé en otro artículo el símil entre el carterista que grita "¡Al ladrón, al ladrón!" para distraer al público mientras corre huyendo de su víctima, con la táctica del prófugo Carles Puigdemont que clama contra la justicia española, acusándola de fascista, mientras él salta de un zulo palaciego a otro, dictándole a su testaferro Quim Torra las instrucciones precisas para convertir cuatro provincias españolas en un feudo totalitario. Ahora es el testaferro quien nos endilga su propia versión de la misma treta cuando denuncia la amenaza fascista que, según él, se cierne sobre la democracia catalana (El Periódico y La Vanguardia, 4/8). "¡Al fascista, al fascista!", vocifera el fascista de tomo y lomo, mientras pone en práctica su ideología tóxica en la repúblika mostrenca donde lo ha conchabado el dedazo del prófugo Puigdemont.

La naturaleza del monstruo
Ya es superfluo exhumar los mensajes racistas y xenófobos que Torra vomitó en libros, artículos y tuiteos, porque todos están recogidos en las hemerotecas y en las redes sociales, desde la equiparación de los españoles con bestias hasta la atribución de valores ejemplares a los pistoleros fascistas de los años 1930. Con semejante currículum, no es necesario profundizar en los mecanismos psicológicos del sujeto para diagnosticarle una personalidad despótica y agresiva, impregnada de odio. Diagnóstico que la realidad cotidiana confirma a quienes vivimos bajo su férula. Cuando Quim Torra habla de fascismo se le puede replicar que nadie conoce mejor que él la naturaleza del monstruo porque este es el que gobierna su vida política y social.

El fundador del fascismo, Benito Mussolini, el Duce, huyó de Roma ante el avance de las tropas aliadas, se instaló en la población de Saló, destituyó por decreto al rey Victor Manuel III y fundó la República Social Italiana, una pocilga degenerada que Pier Paolo Pasolini retrató en la película Saló o los 120 días de Sodoma. Carles Puigdemont huyó de Barcelona ante el avance de los tribunales de justicia y utiliza sin pudor su DNI español para pasear por Europa ventilando sin éxito otra caricatura de repúblika. Y obedeciendo la voz del amo, el Don Nadie que practica el postureo en los trasteros de la Generalitat tiene la desfachatez de regurgitar que "Felipe VI ya no es el rey de los catalanes". Desplante típico de la chusma fascista que necesita reforzar su ego agraviando a quienes están años luz por encima de ella en la escala ética, social, económica y cultural.

El yugo de la repúblika
Una de las características del régimen fascista es la concentración del poder. Con un Líder Supremo y un Partido Único que no toleran rivales. Hitler se libró del socio Ernst Röhm y de su cuerpo paramilitar SA organizando la matanza de "La Noche de los Cuchillos Largos". Franco no movió un dedo para salvar de la muerte al carismático José Antonio y convirtió la Falange en un apéndice maleable del Movimiento Nacional. Y Mussolini mandó fusilar a su yerno, el conde Galeazzo Ciano, apenas este dio muestras de individualismo.

El prófugo Carles Puigdemont carece de poder para comportarse como un señor de horca y cuchillo, pero hasta donde llega su capacidad de mando no deja títere con cabeza entre los insubordinados de su propio bando. Ahí está el escarmiento del penitente Oriol Junqueras, cogido in fraganti porque su compinche no le comunicó con antelación sus planes y lo dejó en la estacada mientras él huía al paraíso belga. Si se los compara con el traicionado y preso Junqueras, los otros muchos purgados por el caudillo y sus secuaces de CUP, ANC y CDR, como Artur Mas, Santi Vila y Marta Pascal, pueden sentirse afortunados por no vivir, todavía, bajo el yugo de la repúblika prometida.

Mimetismo elocuente
Y el Partido Único. El fascismo tiene una rara habilidad innata para jugar con los nombres y las siglas. Un decreto bastó para comprimir la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista en un escueto Movimiento Nacional. El nacionalismo catalán barajó todas las letras del alfabeto para designar sucesivos partidos con matices ortodoxos, heterodoxos, democristianos, socializantes y simplemente recaudadores del 3 %, pero el tránsito al fascismo exige la adopción de un sello que, de acuerdo con el canon populista, aglutine al tótum revolútum subversivo contra el sistema democrático. El movimiento que aquí se está incubando en el huevo de la serpiente se llamará Crida Nacional per la República, y se inaugurará en la Diada del 11 de septiembre con una marcha "sonora" sobre Barcelona calcada, como las anteriores, de la que los partidarios de Mussolini practicaron sobre Roma. Después, según El Confidencial (8/8), estallará el ataque paralizante de los bárbaros contra la población civil.

El mimetismo es elocuente aunque cambien los colores. La Milizia Volontaria per la Siccureza Nazionale, con sus camisas negras, era el brazo armado del movimiento fascista italiano, compuesto por activistas fanáticos y por elementos lumpen enamorados del saqueo y la violencia. Con el visto bueno de las que deberían haber sido las fuerzas del orden, los también llamados squadristi sembraban el terror entre opositores, estudiantes y sindicalistas. Empezaron blandiendo porras y suministrando dosis punitivas de aceite de ricino y terminaron asesinando.

Abanderados del caos
Bajo la presidencia de Lluís Companys, Cataluña fue escenario de los desmanes xenófobos y antiespañoles de los milicianos escamots, gemelos de los camisas negras italianos, aunque sus uniformes eran verdes. Y ahora, esa semilla fascista, que Quim Torra ha cultivado con esmero en sus mensajes, germina en las fuerzas de choque del secesionismo. Son rufianes que ponen tanto empeño en alzarse contra las autoridades constitucionales como en desarrollar una ofensiva sin cuartel contra la sociedad civil catalana. Intimidan a los padres que piden enseñanza bilingüe para sus hijos, escrachan jueces, acosan a estudiantes defensores de la libertad de pensamiento, insultan a políticos insobornables, invaden espacios públicos con símbolos subversivos, bloquean vías de comunicación, idolatran la estelada en las iglesias, destruyen mobiliario urbano, ahuyentan turistas, boicotean a emprendedores, okupan instituciones, propalan amenazas a diestro y siniestro, denigran a las Fuerzas de Seguridad del Estado y usurpan y pervierten las funciones del poder legislativo. Son, en síntesis, los abanderados del caos. Y portadores del virus fascista.

Los alegatos de Carles Puigdemont y de su testaferro Quim Torra contra el fascismo no contemplan ninguna de las transgresiones arriba enumeradas. Todo lo contrario. Se jactan de ser solidarios con los delincuentes y de contar con estos malhechores para perpetrar sus atentados contra las leyes del Reino de España. Confrontado con el hecho cierto de que los energúmenos de los Comités de Defensa de la República también pintarrajean insultos en las sedes de ERC y PDECat por considerarlos traidores a la línea dura, Quim Torra se limita a rogarles fraternalmente que confíen en la disciplina del rebaño (LV, 5/8):
Los CDR tienen una política de acción… Respeto su libertad de expresión, pero pido un punto de confianza y de respeto también por los partidos independentistas. No nos hemos desviado del mandato republicano que tenemos (…) Tengo a la familia en los CDR.

Es una blasfemia
Lluís Foix desenmascara sin rodeos al embaucador ("Saben que mienten", LV, 8/8):
El president Quim Torra actúa siguiendo la retórica del independentismo que se basa en realidades que no son ciertas. Habla en nombre de Catalunya cuando no tiene ni siquiera una mayoría exigua para hacerlo. Insiste en la unilateralidad que es imposible y mantiene la ficción de ser un presidente vicario de Carles Puigdemont. Actúa como un jefe de Estado cuando es un presidente autonómico. No es democrático que los catalanes tengamos que seguirlo en sus obsesiones que ni siquiera son compartidas por el espectro independentista.

Es una blasfemia que fascistas recalcitrantes utilicen su ideología patibularia como arma arrojadiza, y acusen a los demócratas consecuentes de comportarse con la misma falta de escrúpulos y de racionalidad con que se comportan ellos. Al fascista lo que es del fascista y al demócrata lo que es del demócrata. Y para evitar el contagio de la peste fascista tenemos una vacuna que se llama artículo 155 de la Constitución.


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