AGLI Recortes de Prensa   Viernes 17 Agosto 2018

La deuda pública supera los 1,16 billones y registra un nuevo máximo histórico
EUROPA PRESS El Mundo 17 Agosto 2018

La deuda del conjunto de las administraciones públicas subió en 7.144 millones de euros en junio, hasta 1,162 billones de euros, un 0,6% más que en mayo y un nuevo máximo histórico, y representa en torno al 98,8% del PIB, según los datos publicados este viernes por el Banco de España.

Con este repunte en el sexto mes del año, la deuda pública continúa la alcista después de haberse incrementado en 4.935 millones de euros en mayo y marca nuevo máximo histórico, superando el registrado el pasado mes de marzo (1,160 billones de euros).

En términos interanuales, la deuda de las administraciones públicas creció en 27.808 millones de euros, un 2,45% más que en junio de 2017.

Tras el avance de junio, la ratio de deuda sobre el PIB se situó en el entorno del 98,8%, por encima del objetivo marcado para este año del 96,8% del PIB.

Por administraciones, gran parte del repunte de la deuda pública en junio se debe al aumento de la deuda del Estado, que avanzó en 10.006 millones de euros, hasta superar los 1,019 billones de euros, lo que supone un incremento mensual del 1% y un alza interanual del 4,4%.

Al mismo tiempo, la deuda de las comunidades autónomas aumentó también en junio en 1.058 millones, un 0,36% más respecto al mes anterior y un 2,3% más frente a junio de 2017, hasta situarse en 292.372 millones de euros.

Por su parte, el endeudamiento de las corporaciones locales subió en 485 millones, hasta los 29.349 millones, un 1,7% más respecto a mayo pero un 9,5% inferior a hace un año.

Por último, la deuda de las administraciones de la Seguridad Social aumentó en 7.501 millones de euros respecto a mayo, hasta los 34.888 millones, lo que supone un avance mensual del 27,4% y un repunte interanual del 7,6%, puesto que en junio de 2017 era de 32.429 millones de euros.

Por instrumentos, los valores representativos de deuda volvieron a representar el mayor porcentaje de endeudamiento, con un 85,5% del total, si bien aumentaron un 0,7% respecto a mayo, hasta situarse en 994.934 millones de euros.

Los valores a largo plazo, que en junio se situaron en 929.040 millones de euros, se incrementaron un 0,8% respecto a mayo, mientras que los valores a corto plazo alcanzaron 65.894 millones de euros, un 1,3% menos.

Los préstamos bajaron en 414 millones en el sexto mes del año, hasta los 163.444 millones. Los préstamos a corto plazo se incrementaron hasta los 11.511 millones y los de largo plazo disminuyeron hasta los 151.933 millones de euros.

Pedro Sánchez, el vanidoso
EDUARDO ÁLVAREZ El Mundo  17 Agosto 2018

Hay políticos que sólo aciertan cuando rectifican. Y muchos quieren ver estos días en Pedro Sánchez un apóstol de tal doctrina. Sin embargo, con el vidrioso asunto de la inmigración, por más confundidos que el Gobierno nos tenga con sus vaivenes, el presidente está empecinado en el error. Y, así, cuando parecía que había aprendido la lección de lo rápido que se le volvió en contra el postureo con el Aquarius I, nos sirve en los morros ración doble con el Aquarius II.

Los esfuerzos de Moncloa para espolear a sus socios comunitarios ante un desafío como el migratorio son loables. Pero, a partir de ahí, sí hay un tema en el que quien se ponga al frente de la manifestación lo tiene todo que perder, es éste. En esta materia, cualquier gobernante responsable debe trabajar mucho, pero en silencio, sin dar la nota, sin ataques de vedetismo, sin autobombo. De lo contrario, puede parecer que quedas bien un segundo -Sánchez se creyó nada más llegar a La Moncloa que con su mediático gesto solidario se había ganado el Princesa de Asturias de Cooperación o el Nobel de la Paz, pobre-, pero al minuto siguiente ya has decepcionado a todo hijo de vecino, empezando por quienes más jalean tu bonhomía. Porque con la inmigración ningún esfuerzo es suficiente. Todo lo que se hace es una gota de agua en el océano.

Y de ahí que, por vanidosos, se hayan vuelto a meter otro gol en propia puerta Sánchez y su sanchopanzaCalvo con sus autoalabanzas exageradas sobre el rol mesiánico de nuestro presidente, gracias al cual la Unión Europea habría visto al fin la luz y ya es capaz de repartir a los migrantes entre los distintos países miembros al modo en que en Plácido se distribuía a los mendigos en casas pudientes para pasar la Nochebuena. No es lo más grave que con tanta propaganda se haga el ridículo internacional, porque enseguida sale Macron, más petulante aún que Sánchez, a desmentirte con tal de darse el pisto él. No, lo más grave es la sinsustancia del Gobierno, que parece no comprender lo poco que tiene que ganar al erigirse, sin que nadie se lo pida, en la gran ONG mediterránea a la que todos miran ya y piden cuentas cada vez que un Aquarius vaga por nuestro 'mar de muerte'. Sánchez y Calvo no van a poder traerse aquí a todos los barcos, ni van a lograr que siempre salgan al quite Portugal o Luxemburgo. No, lo único que desgraciadamente va a pasar es que este Gobierno, como todos, decepcionará - mucho- al aplicar el realismo migratorio, que es el único que en verdad aceptan los votantes. Y, ay, Sánchez se quedará sin el Nobel y sin crédito por no ser capaz de rectificar a tiempo y mantenerse en segundo plano en la foto.

En defensa del magistrado Llarena
EDITORIAL ABC 17 Agosto 2018

Acierta el CGPJ en la férrea defensa del instructor de la causa contra los golpistas ante el «ataque planificado» de Puigdemont, y hace bien en implicar al Gobierno en su defensa

El amparo que concedió ayer la Comisión Permanente del CGPJ al magistrado instructor del golpe de Estado en Cataluña, Pablo Llarena, tiene la contundencia que exige el caso. Al Poder Judicial no le cabía otra opción que amparar al juez, contra quien Puigdemont y cuatro exconsejeros huidos han presentado una demanda en Bélgica cuestionando su independencia e imparcialidad. El CGPJ no solo rechaza de plano la exigencia de un Juzgado de Bruselas de que Llarena comparezca el 4 de septiembre, sino que sostiene que esa demanda es fraudulenta y supralegal. De hecho, se trata de otra operación victimista del separatismo en su campaña para desprestigiar nuestro sistema judicial, desautorizar al Supremo y apartar a un magistrado que ha aplicado la ley a rajatabla, y con todo rigor, frente a quienes han intentado romper España. Por eso el CGPJ acierta al sostener que la demanda es «un ataque planificado» contra Llarena para «condicionar e influir» en las futuras resoluciones del caso. Se trata de una férrea defensa de Llarena, extensiva a todo el aparato de garantías constitucionales.

Habitualmente, cuando el CGPJ concede el amparo a un juez nunca se produce ningún tipo de consecuencia institucional, administrativa o penal para los causantes del desamparo, y este tipo de actuaciones quedan a título de inventario. En esta ocasión, ha modificado su tono habitual para denunciar la «flagrante y burda» vulneración de la independencia de un juez a manos del separatismo porque, además, esa estrategia lleva implícito un cuestionamiento de nuestro Estado de Derecho. La ocasión para una defensa radical de Llarena era idónea e inevitable, especialmente porque España no debe permitir un uso de la euroorden con fines extrajurídicos, anulando de facto ese instrumento de cooperación judicial como hace Bélgica, y contribuyendo a una infame campaña de manipulación. Sin duda, es inédito y abusivo que cualquier juez de otro país -se supone que amigo y socio- se inmiscuya de esta manera en la jurisdicción del Poder Judicial de otro Estado, y por eso el CGPJ insta a los Ministerios de Justicia y Exteriores a adoptar las medidas necesarias «para asegurar la integridad e inmunidad de la jurisdicción española» ante los tribunales belgas frente al fraude de ley de Puigdemnot.

No es permisible regalar más bazas al separatismo y permitir que otros jueces extranjeros politicen nuestra Justicia con falacias e interpretaciones grotescas de nuestras leyes. Es nuestro sistema de garantías lo que está en juego y el Gobierno de Sánchez debe tomar nota. Aunque no parece que tenga muchas ganas de hacerlo, al menos con el denuedo y convicción que reclama el Poder Judicial, porque la única vocal del CGPJ que ayer se opuso al atender la petición de amparo de Llarena, Concepción Sáez, acaba de ser fichada por la ministra de Justicia.

El 17-A y la comunidad musulmana
ROGELIO ALONSO El Mundo 17 Agosto 2018

Un año después de los atentados en Cataluña conviene analizar uno de los factores que menor atención ha recibido a pesar de su relevancia: la responsabilidad de la comunidad musulmana en la prevención del terrorismo yihadista. La memoria de la Fiscalía General del Estado de 2017 definía las investigaciones sobre yihadismo como "complejas y de una enorme dificultad técnico-jurídica" debido a la naturaleza de las actividades investigadas, que incluyen captación, adoctrinamiento, autoadoctrinamiento y radicalización; los medios empleados (internet y redes sociales); y porque no sólo se requieren medidas de observación y/o intervención de comunicaciones, sino también la obtención de indicios a través de diferentes medios de prueba de naturaleza personal (testigos protegidos, confidentes, coimputados, agentes encubiertos virtuales, entre otros), y de la incorporación al proceso como material probatorio de informaciones de los servicios de inteligencia. En estas circunstancias aumenta la importancia del entorno de los terroristas, así como la de la percepción política, social y jurídica sobre el papel de la comunidad musulmana y el islamismo radical.

"Aún se precisan otros instrumentos legales", aseguraba la Fiscalía tras tipificar la última reforma del Código Penal el adiestramiento y adoctrinamiento pasivos y la autoradicalización. Estos tipos exigen demostrar una habitualidad y un elemento finalista que requieren pruebas difíciles de obtener y susceptibles de contradictorias interpretaciones. Diversas sentencias propugnan adelantar "las barreras de protección al bien jurídico protegido en los delitos de terrorismo". No obstante, el Tribunal Supremo discrepó de cómo la Audiencia Nacional interpretó esa "barrera de protección" al anular en 2018 la primera condena por auto adoctrinamiento. Mientras el Supremo sentenció en 2017 que el integrismo islámico es incompatible con el arraigo, un juez suspendió la orden de expulsión del imán de Ripoll al valorar "su esfuerzo para integrarse".

Como se desprende del sumario de los atentados en Cataluña, la radicalización de los terroristas sí fue detectada en su amplio entorno familiar y de amistad evidenciando la responsabilidad de la comunidad musulmana en su prevención. Familiares y amigos no alertaron sobre indicadores de una religiosidad radical basada en una ideología salafista justificadora del terrorismo. A pesar de ello, las reacciones al atentado incidieron en la des-responsabilización de la comunidad musulmana asumiendo clichés repetidos por sus representantes al desvincular islam y terrorismo. Evidentemente, como algunos musulmanes reconocen, estos sí tienen algo que ver con los crímenes que se cometen en nombre del islam: al compartir una misma ideología, mayor es su responsabilidad en la deslegitimación del terrorismo perpetrado por los defensores de su versión ultraortodoxa. Esta obviedad se omite ante la corrección política que rehúye abordar la dimensión ideológica indispensable en una estrategia antiterrorista integral. Se soslaya repitiendo un engañoso mantra: los atentados nada tienen que ver con el islam -una religión de paz- y la comunidad musulmana condena todo tipo de terrorismo. Se trata de una cortina de humo que evita calificar el terrorismo perpetrado como islamista o yihadista, alegando que la mayoría de sus víctimas en el mundo son musulmanes, pero ignorando la premisa fundamental: todos los terroristas yihadistas son musulmanes.

Se apreció en los homenajes a las víctimas de los atentados en Cataluña que evitaron identificar la causa de su victimización. Las víctimas no lo fueron de un ente abstracto llamado todo tipo de violencia, como se repitió, sino del terrorismo islamista perpetrado por jóvenes musulmanes procedentes de una comunidad que no alertó sobre su radicalización. Constatar lo obvio, la responsabilidad de la comunidad musulmana en la prevención y en una verdadera deslegitimación del terrorismo que surge del islamismo radical, no supone su demonización. Implica identificar un factor esencial para prevenir este fenómeno que combina la radicalización del islam con la islamización de la radicalización. ¿Cómo enfrentarse al terrorismo yihadista si negamos su inspiración islamista? ¿Por qué reclamar condenas de la comunidad musulmana si aceptamos que el crimen nada tiene que ver con el islam?

«La culpa es de la Policía», declaró el padre de uno de los terroristas de Ripoll culpándola de permitir que el imam estuviera con «su juventud» y transfiriendo su responsabilidad tras admitir que su hijo desconectó el móvil 15 días antes y desapareció. La emotiva fotografía del padre de una víctima consolando a otro imam se vio como una eficaz contra narrativa: el terrorismo no logrará dividir a la sociedad. Otra lectura era posible en el contexto de desresponsabilización analizado. La víctima consuela al imam y provoca compasión victimizándole. Reconfortante elipsis para neutralizar los interrogantes que racionalmente debemos plantearnos sobre la responsabilidad del entorno familiar y religioso en la deslegitimación del islamismo radical.

Algunos progenitores carecen de recursos para detectar los indicadores de radicalización por su escasa capacitación y formación. Otros apoyan tácita e incluso explícitamente esa radicalización compartiéndola o asumiendo que la radicalidad del joven en su interpretación del islam no lo es realmente. La política antiterrorista sigue minusvalorando el decisivo papel del salafismo como marco justificativo de la violencia al destruir los inhibidores morales que hacen posible el terrorismo. También se elude la exigencia de una profunda reforma de los aspectos retrógrados y violentos insertos en influyentes corrientes del islam, como algunos musulmanes demandan al reconocer que el islamismo radical es condición necesaria para este terrorismo. Otros discursos aparentemente moderados encubren la desresponsabilización de los propios radicales y de la comunidad musulmana en la que socializan. Tras los atentados de Barcelona, Fawaz Nahhas, presidente de la Comunidad Islámica de Zaragoza, fue destituido como imán de la cárcel de Zuera por relacionar la acción terrorista con la participación española en misiones militares en países árabes. Aunque aseguró que sus palabras fueron "mal interpretadas", en una entrevista publicada en Heraldo tras los atentados de Charlie Hebdo, Nahhas reproducía un ambivalente discurso.

"Ahora, todos los musulmanes somos los únicos sospechosos", declaraba recurriendo a una genérica victimización que los terroristas explotan. Respecto a la expulsión de un radical expulsado a Argelia por sus actividades, sostenía: "El chico estaba dolido por lo que pasaba en Palestina, Afganistán y Siria. Las Fuerzas de Seguridad estaban convencidas de que este chico podía tener tendencias terroristas. Pero nosotros no lo pensábamos. Lo conocíamos bien y pensamos que fue repatriado de manera injusta". El líder musulmán cuestionaba las muestras de extremismo corroboradas por las autoridades policiales y judiciales. También justificaba la "lucha armada» como parte de "la yihad". Su retórica reflejaba el «patriotismo de comunidad» en el que el profesor Antonio Elorza enmarca la función del islam en la construcción de una ideología sagrada del territorio legitimadora del terrorismo.

La legitimación terrorista puede ser explícita -como hacen los propios terroristas-, además de implícita -como fomentan quienes justifican la violencia-. Esa legitimación implícita puede darse aun condenando el terrorismo y afirmando, como hacía el referido representante musulmán, que los autores de los atentados no eran "yihadistas, sino asesinos". Así ocurre porque estos yihadistas aducen que se dan los requisitos que justifican la violencia, como hace el islam en determinadas circunstancias, y como invocó el líder de la célula de Ripoll al reivindicar "la Yihad por la causa de Dios para alzar su palabra en la tierra usurpada de Al Andalus". La prevención del terrorismo yihadista exige que la comunidad musulmana de la que surgen los terroristas asuma de verdad su responsabilidad en la inequívoca deslegitimación de la ideología que lo hace posible.

Rogelio Alonso es profesor de Ciencia Política y director del Máster en Análisis y Prevención del Terrorismo, Universidad Rey Juan Carlos.

¡Populistas del mundo entero, uníos!
Alejo Vidal-Quadras Gaceta.es 17 Agosto 2018

No hay política europea de inmigración, por bien coordinada que esté ni por grande que sea el volumen de recursos financieros y humanos que se desplieguen, que pueda manejar la ola de decenas de millones de emigrantes ilegales.

Steve Bannon, el que fue artífice e inspirador ideológico de la victoriosa campaña presidencial de Donal Trump, está recorriendo Europa con el propósito de organizar una amplia alianza de fuerzas nacionalistas que, una vez en el poder, acaben con el proyecto de integración continental. Ha denominado a esta empresa “El Movimiento”, así, sin adjetivos que la identifiquen o la caractericen, poniendo de relieve que su heterogénea y desordenada composición no admite precisiones que la harían inviable. Bannon es un católico integrista, historicista, apocalíptico y excesivo en todo lo que hace, dice o piensa. Su falta de contención y su extremismo es tan exagerado que, pese a haber contribuido decisivamente a llevar a Trump a La Casa Blanca, el nuevo primer mandatario norteamericano, que lo había incorporado a su equipo nada menos que como “estratega jefe”, se ha visto obligado a prescindir de él antes de que transformase el Despacho Oval en un manicomio. Tampoco Breitwar News, el medio más destacado de la extrema derecha estadounidense, lo ha mantenido al frente de su redacción porque se había vuelto incontrolable.

Aunque personajes de este tenor pudieran parecer en principio grotescos y puramente anecdóticos y ser vistos con condescendiente displicencia por la gente sensata, conviene no tomarlos a la ligera porque reflejan un estado de opinión que tiene causas reales y que puede dar al traste con muchos años de esfuerzo de construcción de un orden mundial estable, próspero y pacífico. El Brexit se ha producido y líderes como Víctor Orban en Hungría, Jaroslaw Kaczyinski en Polonia, Marine Le Pen en Francia, Geert Wilders en Holanda, Sebastian Kurz en Austria o Mateo Salvini en Italia, tienen un gran predicamento en sus países y representan actualmente a extensos sectores sociales, hasta el punto de estar en el poder o contar con influyentes grupos parlamentarios. La idea de Bannon de unirlos en un propósito común que desmonte la Unión Europea no es el simple delirio de un perturbado, sino que refleja una corriente de fondo a la que hay que prestar la debida atención antes de que cause un daño irreversible.

Cuando nuestro irresponsable Presidente del Gobierno genera un efecto llamada brutal con medidas tan imprudentes como la decisión unilateral de acoger a un barco repleto de emigrantes irregulares en el puerto de Valencia o la alcaldesa de Madrid da rienda suelta a los manteros en la Gran Vía alimentan de forma suicida una reacción defensiva de la sociedad española de consecuencias imprevisibles. En un contexto más general, no hay política europea de inmigración, por bien coordinada que esté ni por grande que sea el volumen de recursos financieros y humanos que se desplieguen, que pueda manejar la ola de decenas de millones de emigrantes ilegales de naturaleza económica que en la próxima década se preparan para invadir el territorio comunitario. El justificado temor a este fenómeno, difícil de mantener dentro de los límites de la racionalidad, es la base del éxito de los partidos euroescépticos, que han dejado de ser marginales para irrumpir con creciente vigor en la escena pública de los Veintiocho.

El aterrizaje de Bannon en Europa y sus flamígeros discurso ante enfervorizadas audiencias de ciudadanos temerosos de una globalización que perciben como una amenaza existencial anuncian un cambio de mentalidad colectiva que requiere urgentemente políticas inteligentes y valientes que defiendan nuestros valores occidentales y que pongan coto al buenismo irreflexivo de un progresismo mal entendido. Es obvio que el ex-consejero de Trump no conoce la política europea y por eso critica ácidamente en Praga la competencia desleal de países que atraen inversión extranjera con sus bajos costes laborales -exactamente lo que hacen con notable éxito los checos-, pero por encima del contenido de sus peroratas pulsa un sentimiento muy fuerte de muchos europeos de que nuestra civilización está en peligro de extinción. De ahí a las teorías conspirativas con George Soros como mano negra que mece la cuna del diablo y la actuación subterránea de una siniestra elite internacional que se propone liquidar el cristianismo, hay un paso que sería conveniente no dar.

Seguramente el plan de Bannon de articular una internacional populista que imprima un giro brusco a la Historia para devolvernos a imaginarias y pretéritas edades de oro sea una fantasía irrealizable, pero nos lanza un aviso que sería imprudente ignorar.

Las ramblas, a lo lejos
Gabriel Albiac ABC 17 Agosto 2018

En la radio sonaba Janis Joplin. La autopista era esa raya infinita que imponen las metáforas cinéfilas: Arizona. Y yo jugaba a representar, en ella, el papel que a mí mismo me había asignado para ese verano de 2017: el del indolente viajero sin destino en una muy convencional road-movie. Pura mitomanía. Que estoy seguro que los de mi edad entienden. Me juzgaba tan lejano a mi mundo, a cualquier mundo, como el Bobby McGee de cuyo abandono se duele la tormentosa voz de Janis Joplin.

Se escribe lo perdido: lo que no recuperaremos. Yo entonces no sabía lo que estaba perdiendo en ese instante en el cual una voz quemada en bourbon esgrimía su manifiesto: freedom’s just another word for nothing left to lose, «libertad es tan sólo otra palabra para decir que nada tienes ya que perder», para decir que lo has perdido. No sabía, vagabundo en la autopista 95, que esa pérdida se estaba consumando en Barcelona.

Se escribe lo perdido. Iba a saberlo. En el corazón de un parque nacional, el hotel era amigable y silencioso. La wifi, como a tal paraje cuadra, saltaba a trompicones. Pero, apenas encendí el iPhone, las etiquetas fueron pestañeando en la pantalla. Imposibles. Reales. Barcelona, Ramblas. Asesinos yihadistas. Paseantes despedazados. Una matanza, a esa hora, todavía no cifrada. Aquella noche en Yosemite, 17 de agosto de 2017, supe que el mundo es hoy demasiado diminuto para jugar al escondite con el espanto, para posponer siquiera el golpe del dolor; que la distancia y el tiempo han sido en él abolidos: y la piedad con ellos. No hay refugio. Y ese sinónimo del desapego, al que la voz de Joplin había llamado libertad, se aniquilaba en la cadena de mensajes en el móvil: no tuve el valor de apagarlo. No, no hay refugio. Ni libertad que merezca ese nombre en un mundo en el cual tal barbarie es posible. O sea, en todos los mundos. Me esforcé en recomponer el hexámetro en que Lucrecio fijó ese estigma humano hace dos milenios: …tantum religio potest suadere malorum…, sí, a un mal así puede sólo llevar una superstición que se dice religiosa. Mi verano había terminado. Terminado, el paréntesis de cada año. La realidad volvía. Y yo podía adivinar lo que iba a venir luego. Lo podía haber adivinado cualquiera.

Decir «libertad» es decir «nada tengo», nada puedo perder. Que es decir: soy un hombre. Poco a poco, en la madrugada, la contabilidad átona de las víctimas se va cerrando. Al final, dieciséis personas. Más ocho yihadistas, que me niego a incluir en el mismo cómputo. Y el recuerdo del Madrid de 2004 me atenaza. Sí, sé demasiado bien qué es lo que vendrá luego. Lo que vino entonces. La humillación de los que ansían ser esclavos. Y sólo eso. La rendición complaciente y, enseguida, el linchamiento rencoroso de aquellos que no aceptaran ese placer fangoso de ser siervo, de aquellos que llamaran a resistir y a plantar combate. Supe que vencerían, después de Las Ramblas de Barcelona, los mismos que vencieron en Madrid después de Atocha: los más abyectos. Del 2004 madrileño nació Rodríguez Zapatero. Y sus epígonos bolivarianos. Del 2017 barcelonés iba a nacer el 1 de octubre. Y, con él, la gangrena. Nos matan. Y besamos la mano que nos hiere. Misteriosa enfermedad, a la que presta endecasílabos deslumbrantes una monja que escribía en la Nueva España de 1688: «Triunfante quiero ver al que me mata, / y mato a quien me quiere ver triunfante». Deberían ser lema en el blasón de España. Amamos ser destruidos. Gloriamos a nuestros asesinos, atizamos su saña.

Aznar en 2004, Felipe VI y Rajoy en 2017… Esos eran proclamados los culpables. Por sólo hablar de España y defenderla. Los asesinos, ¡pobres!, eran mártires cargados de piedad y amor al prójimo, portaestandartes de un fervoroso pueblo al que hemos ofendido. Su venganza era justa. Estaba en su derecho que nos hicieran pagar. Abominemos de España, rindámonos ante esos hombres de fe. Inclinemos la nuca para ser degollados. Es lo que merecemos. Bendito, el que me mata justamente… Es el discurso del esclavo. ¿Locura? Sí: locura en la que vivimos.

Camino del aeropuerto, el cielo es una inabarcable cúpula de estaño que vetean líneas de soldadura en latón dorado. No estoy en una carretera, atravieso un cuadro de Edgar Hopper, donde la luz golpea el cielo desde dentro y quiebra el cóncavo escudo en tenues irisaciones de nácar. Un Cadillac Deville negro del 60 nos adelanta. Bajo sus brillantes cromados, me pasmo en el tétrico disparate de su matrícula: «RIP-JFK». Los humanos están definitivamente locos. Parada para tomar café en un bar de carretera. La bandera de la Unión y la Confederada conviven en él. Sin conflicto. Al entrar, reconozco los primeros acordes de The Girl of the North Country, que está sonando.

En esa grabación del año 1969, Bob Dylan, aún juglar del descontento urbano, y Johnny Cash, tradición intemporal de la América campesina, van turnando sus voces, hasta el litúrgico dúo final que evoca lo perdido: «…si la veis, decidle que ella fue mi único amor…». A mi derecha, sobre la barra, alguien ha abandonado una alta lata de cerveza. Leo, en grandes caracteres azules sobre fondo rojo y blanco, su denominación: América. Y a punto estoy de naufragar en el condescendiente tópico europeo que habla del infantil patrioterismo reavivado por Trump, cuando reparo en el texto que, en letra más pequeña, circunvala la lata: «Esta tierra es tu tierra y esta tierra es mi tierra…». Lo reconozco: es un himno de combate sindical. Lo compuso un comunista, Woody Guthrie, en 1944. Lo cantó luego un antiguo brigadista internacional, Pete Seeger. Hoy, todos lo reconocen como segundo himno estadounidense: «… esta tierra fue hecha para ti y para mí». Campanillazos en el iPhone me traen más horror en Barcelona. El repetido true love of mine de Cash y Dylan va cerrando la canción. Un avión me espera: la realidad. Debo marcharme. Las Ramblas quedan lejos.

17A: Europa sigue en guerra contra el yihadismo y no lo sabe
ESdiario 17 Agosto 2018

Un año después de los atentados, los europeos sigue sin reaccionar ante su mayor amenaza y sus gobiernos carecen del discurso y las medidas necesarias para preservar los valores atacados.

El aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils recuerda, ante todo, cómo el terrorismo fundamentalista pretende cambiar el modelo de vida occidental, basado en la libertad, la igualdad y el progreso.

Y precisamente por eso no se puede sostener a la vez que la mejor manera de preservarlo es no hacer nada, como si la mejor y hasta única forma de conservarlo fuera seguir con la vida tras una barbarie, como si nada hubiera pasado.

Es justo al revés: la reacción es imprescindible para preservar un conjunto de valores, actitudes y derechos desafiados, de manera sostenida, cruel e imprevisible; y más allá de los entrañables eslóganes tras cada tragedia y del conmovedor respaldo a las víctimas, urge aceptar la realidad de los hechos y no la versión idealizada y paralizante que algunos pretenden convertir en hoja de ruta colectiva, como si el imposible diálogo desde un complejo de culpa fuera la mejor manera de responder a las matanzas.

Una postura absurda, cómoda y además ficticia, pues si algo ha reducido desde el 17A la presión del terrorismo yihadista en Europa ha sido justo lo contrario: aislar o echar al DAESH de sus fortines en Siria e Irak obligando a acudir allí a infinidad de terroristas presentes antes en suelo europeo, endurecer el control policial o impedir que en el epígrafe de las libertades individuales se incluya el uso de símbolos fundamentalistas como el burka o la proliferación de mezquitas ilegales ha sido más decisivo que cualquier discurso seudopacifista.

Ni España ni Europa han hecho nada malo; y si lo han hecho ha sido con los propios europeos al no saber defenderlos con más eficacia. Por mucho que algunos se empeñen en situar en una especie de pecado colonialista el origen de una respuesta sanguinaria, legitimando siquiera un ápice y aun sin querer el fenómeno y espàrciendo la ridícula idea de que es posible el entendimiento con los matarifes.

Los sorprendentes problemas de identidad en Occidente muy probablemente expliquen la dificultosa respuesta a un problema enorme pero para nada nuevo –ya son tres décadas de atentados similares- y, también, la insólita incapacidad de la sociedad y de sus instituciones para defenderse, desde una incontestable autoridad moral y cultural, sin pensar al mismo tiempo que está conculcando los valores de terceros.

Medidas concretas
Que sea más fácil encontrar advertencias y reflexiones sobre la islamofobia, un fenómeno felizmente residual, que sobre la magnitud del fundamentalismo, el fracaso del multiculturalismo o las medidas a adoptar sin ambages en el control migratorio, lo dice todo de Europa, capaz de dedicar más tiempo al aislamiento del catolicismo –un credo que nos explica como civilización y que en todo caso carece de capacidad ejecutiva- que a la prevención del radicalismo y a la imposición de nuestros valores a cualquiera que, desde un lugar del mudo u otro, se quiera asentar en Europa: nadie puede dejar se ser europeo, si ésa es la única manera que encuentra de ser musulmán, budista o cualquier otra confesión.

Precisamente porque miles de musulmanes huyen de sus países de origen por el horror que se ha vivido ya en Madrid, parís o Barcelona; garantizar que al llegar aquí se incorporen al sistema de valores, leyes, normas y culturas más avanzado del mundo ha de ser para ellos tanto un derecho como una obligación que las instituciones han de tutelar sin dilación ni excepciones.

Así nacieron los muyahidines
Porque no se puede apelar a tradiciones o credos de ningún tipo si, en su observancia o cumplimiento, se conculca el sistema construido en Europa y sustentado en la separación de poderes, las libertades individuales, los derechos colectivos y el imperio de una ley que garantiza la igualdad de oportunidades y evita la discriminación por sexos.

Defender e imponer unos valores
El fundamentalismo es la visión extrema de una fe cuyos practicantes son mayoritariamente pacíficos, sí; pero bebe de una fuente que política y culturalmente se encuentra muy por detrás de la sociedad europea construida durante siglos. Ayudar a los musulmanes a que incorporen su fe al mismo ámbito que un católico europeo es saludable; no entender que la renuncia a hacerlo por una equivocada interpretación sobre las libertades que nos caracterizan, un error mayúsculo.

Por eso, más allá de la necesaria reflexión sobre la cadena de chapuzas del atentado de Barcelona, cada vez más evidente, es inaplazable un debate de mayor calado que reconozca varias certezas: Europa está en guerra contra unos yihadistas incapaces de razonar ni de recular; y esa batalla tiene en la debilidad de la respuesta y en las –asbsurdas- dudas sobre la necesidad de hacer respetar nuestra identidad milenaria un caldo de cultivo insoportable.

En lo concreto, sería lamentable que el soberanismo se equivocara de enemigo y boicoteara al Rey este 17A

No es con velas ni con solidaridad como se solventa esta mayúscula afrenta; sino sabiendo por qué se nos ataca y defendiéndolo sin complejos y con todas las herramientas al alcance: una de ellas es sin duda la integración, pero a partir del respeto y la asunción de lo que somos y tanto ha costado construir.

Para el caso concreto de Barcelona, que conmemora ahora su triste aniversario, sólo cabe esperar que a la confusión general que suscitan en Europa estos acontecimientos traumáticos no se le añada una particular en forma de aquelarre independentista contra el Rey: si ni en una ocasión así el soberanismo es capaz de identificar al enemigo, siempre estaremos más cerca de volver a sufrir su zarpazo.

El caos fiscal del PSOE y el dilema de Sánchez
Francisco de la Torre Díaz El Confidencial 17 Agosto 2018

“En este mundo solo hay dos cosas seguras: la muerte y pagar impuestos” (Benjamin Franklin)

El gobierno de Pedro Sánchez se ha abonado a la segunda parte de esta cita, y cree que lo más seguro es aumentar los impuestos. A esto ha respondido Podemos doblando la apuesta: siempre se pueden subir más los impuestos. Sin embargo, la mejor definición de la “política fiscal” de Sánchez, incluso antes del chantaje de Podemos, es la imprevisibilidad y el caos: se anuncian nuevos impuestos sin saber qué se va a cobrar, a quién, ni sobre todo cómo se van a cobrar.

Lo peor es que el gobierno socialista se ha comprometido con la Comisión Europea a un “ajuste fiscal estructural” de 0,65 puntos del PIB, es decir unos 7.000 millones de euros y no tiene nada claro cómo hacerlo. Este ajuste fiscal de 2018 podría hacerse vía ingresos o gastos, pero en la senda fiscal enviada al Congreso, se incluía un incremento del gasto estatal en 5.300 millones de euros. Esto quiere decir que todo el ajuste se quiere hacer incrementando permanentemente los impuestos, por eso el ajuste fiscal se denomina como estructural.

Por supuesto, tanto Pedro Sánchez como la ministra de Hacienda, Montero, han prometido que la clase media y trabajadora no se verá afectada por esta subida masiva de impuestos. Esto desde luego no será cierto en el caso del impuesto al diésel, ya que en España hay 17,9 millones de vehículos diésel, un 70% del parque automovilístico. Aquí se ha intentado justificar la subida de impuestos con la excusa ecológica. Pero, como nadie cambia de coche porque suban unos céntimos el litro de combustible, el efecto ecológico será inapreciable, y lo que se conseguirá será una mayor recaudación, eso sí indiscriminada y además regresiva, no procedente precisamente de los ciudadanos más pudientes.

Aquí, con todo, el problema fundamental es la falta de votos en el Congreso para aprobar el impuesto al diésel. Precisamente por eso, la ministra de Industria, Reyes Maroto, anunció que el “nuevo impuesto” al diésel se incluiría en los presupuestos. La ley de presupuestos no puede crear nuevos impuestos, por prohibición constitucional contenida en el artículo 134 de nuestra Carta Magna. Pero, en cualquier caso, tampoco está claro que este gobierno socialista, que no ha sido capaz ni de aprobar el techo de gasto en el Congreso (esto no había pasado nunca), consiga aprobar los presupuestos.

Además del diésel, las otras dos grandes subidas fiscales previstas por Pedro Sánchez son el impuesto a los clientes bancarios, y el tipo mínimo del 15% en el impuesto de sociedades para grandes empresas. Parece que después de las críticas, tanto políticas como de los directivos de las entidades financieras, el gobierno socialista ha pospuesto indefinidamente el nuevo impuesto a los clientes bancarios. Ahora Podemos exige recuperarlo para votar a favor del techo de gasto, con lo que ya veremos cómo acaba esta película. De todas formas, para el Gobierno socialista la cuestión capital para recaudar unos 4.000 millones de euros es la implantación del tipo mínimo efectivo del 15% para las grandes corporaciones.

Como señalaba el ministro de Exteriores, y ex secretario de Estado de Hacienda, Josep Borrell, “lo que no son cuentas son cuentos”. En esta cuestión, como en tantas otras, el gobierno de Sánchez no ha hecho las cuentas. Según los últimos datos oficiales disponibles, los del ejercicio 2016, los grandes grupos consolidados tuvieron un resultado contable positivo de 111.788 millones de euros, lo que es el récord de la serie histórica. Sobre este resultado contable, los grupos consolidados ingresaron 6.862 millones de euros, lo que supone una tasa efectiva del 6,14%. Parece poco, y también parece que si se pagase el 15% se podrían recaudar 10.000 millones más. Sobre esto, una previsión de incremento de los ingresos de 4.000 millones parece más que prudente. Sin embargo, nada de esto es así.

No es fácil encontrar estos datos, porque en el informe anual de recaudación de 2016, no hay una sola mención a los tipos efectivos de los grandes grupos (ni de las pymes), a diferencia de los informes anteriores. Sin embargo, y aunque se han excluido también de los índices de las hojas de cálculo, escondidos entre miles de datos se pueden encontrar los ajustes resumidos de los grandes grupos. Resulta que los grandes grupos han pagado un 19,01% sobre la base imponible, bastante más que lo que quiere imponer el Gobierno, el 15%. La diferencia fundamental entre el resultado contable y la base imponible son ingresos de dividendos y plusvalías exentas (casi todas ellas del exterior). En datos concretos, de los 111.7888 millones que ganaron los grupos, 86.303 millones estuvieron exentos por doble imposición, es decir el 77,2%.

Si una gran empresa gana 100 millones de euros, si se aplica el tipo general del impuesto, debería pagar 25 millones. Ahora bien, si 77 millones son dividendos de filiales en el exterior (donde habitualmente ya se ha pagado el impuesto de sociedades, al tipo que sea), sólo debería pagar el 25% de 23 millones, es decir 5,75 millones. En el caso habitual de una gran empresa, gracias a las deducciones, bonificaciones y otros beneficios fiscales, se habría pagado el 19% de esa cuantía, es decir 4,37. Si se quiere que esa gran empresa pague un 15% sobre la base imponible interna, sobre los beneficios de aquí, 23 millones, entonces apenas se recaudará nada. Si se le quiere cobrar un 15% de los 100, entonces se está exigiendo unos 10 millones, la diferencia entre 4 o 5 millones y 15 millones, a los dividendos del exterior. La única forma de obtener dinero es exigir impuestos a unos beneficios que ya han pagado en otro país.

Esto dará lugar a tres gravísimos problemas. En primer lugar, los convenios para evitar la doble imposición firmados por España (que son un centenar de tratados internacionales) establecen que estos beneficios no deben pagar dos veces, y por eso están exentos. España no puede incumplir unilateralmente estos convenios que priman sobre la ley interna. El segundo problema es que algunas grandes empresas ya han señalado que, si esto se aprueba, se replantearían mantener su sede en España, en algún caso como en el del Banco Santander, hasta lo han dejado caer en público.

Por último, las grandes empresas pueden simplemente no traerse los dividendos del exterior, y si necesitan tesorería, por ejemplo para pagar dividendos, simplemente pedir un préstamo. Esto es lo que en su día hizo Apple para pagar el dividendo más elevado de la Historia, y que ya contaba en mi libro '¿Hacienda somos todos?' (Debate, 2014). En cualquier caso, por este sistema se crearán infinitas distorsiones que perjudican el crecimiento económico, al drenar la liquidez a la economía española, pero apenas se recaudará. Del efecto brutal en la inversión que se deriva de un atentado a la seguridad jurídica de este calibre casi mejor ni hablamos. Y una caída de la inversión siempre supone menor crecimiento económico y, consecuentemente, menor creación de empleo.

Para concluir, el establecimiento de un tipo mínimo en el impuesto de sociedades también genera gravísimos problemas contables en los activos fiscales diferidos que tienen casi todas las grandes compañías en su balance. Pero eso exige una explicación detallada que quizás merezca la pena contar en otra ocasión.

El gobierno temporal de Sánchez se enfrenta a un dilema irresoluble para mantener sus promesas de gasto, y atender las “amables peticiones” de los populistas de Podemos para apoyarles en algunas votaciones: solo puede subir los impuestos a las clases medias y trabajadoras o incumplir con los objetivos de déficit. Las alternativas “imaginativas”: banca, gasóleo o grandes empresas simplemente no son viables. Pedro Sánchez y su gobierno se enfrentan, dada su adicción al gasto, a un dilema tan cierto como los impuestos y la muerte, además agravado por las hipotecas de separatistas y populistas que llevaron a Sánchez a La Moncloa. La salida al dilema son las elecciones y que los españoles decidan qué gobierno y qué política económica quieren. Hasta entonces, desde Ciudadanos nos seguiremos oponiendo al descontrol del gasto, al despilfarro y a las subidas de impuestos para pretender financiarlo.

*Francisco de la Torre Díaz es diputado y responsable de Hacienda de Ciudadanos. Inspector de Hacienda (SE).

17A: convivencia, paz, terror
Roberto L. Blanco Valdés La voz 17 Agosto 2018

Entre los diversos aspectos dignos de mención relacionados con las celebraciones institucionales destinadas a recordar a las víctimas de los atentados yihadistas que se produjeron hace un año en Cataluña (¡vetos al jefe del Estado!, sectarismos ideológicos y oportunismos de partido), hay uno que, a mi juicio, destaca sobre todos los demás: las sorprendentes ideas fuerza elegidas por los organizadores de los dos actos más importantes a tal efecto programados.

Bajo el lema Ripoll por la convivencia, tuvieron lugar ayer en la villa gerundense, donde fueron detenidos parte de los terroristas marroquíes, toda una serie de actividades que culminaron con una manifestación a media tarde. En el acto central, hoy en la capital catalana, el leitmotiv escogido para juntar, más revueltas que unidas de verdad, a las principales autoridades del Estado (centrales, locales y autonómicas) es tan asombroso como el elegido por el Ayuntamiento de Ripoll: Barcelona, ciudad de paz.

¿Paz? ¿Convivencia? ¿Fueron la ausencia de la una, de la otra o de ambas a la vez, las que permiten entender retrospectivamente la génesis de los brutales atentados del 17 de agosto en Cataluña? ¿O es, acaso, que tan inadmisibles como inexplicables actos terroristas deterioraron gravemente la paz y la convivencia en Cataluña, de modo tal que reivindicarlas es hoy una imperiosa necesidad política y social para conseguir que urgentemente se restauren?

La pura verdad es que ni una cosa ni la otra: ni los atentados tuvieron que ver con un previo deterioro de la paz y la convivencia en Cataluña entre la población musulmana y la que no lo es, ni esos han sido ni de lejos sus efectos. Los motivos que llevaron a los terroristas que asesinaron a 16 personas y dejaron decenas de heridos en Barcelona y en Cambrils nada tuvieron que ver con un (inexistente) problema de convivencia, étnica o religiosa, en Cataluña, y mucho menos con un deterioro de su paz civil, sino con un impulso criminal nacido de una degeneración violenta y sectaria del Islam, que lleva a los terroristas a creerse con derecho a asesinar a quienes no comparten sus delirios.

Lo sucedido en Cataluña hoy hace un año no fue un problema de paz o de convivencia, ni generó, por fortuna, un deterioro de ninguna de las dos. Fue, como todos los de su clase, un brutal, injustificable, inexplicable e inadmisible acto terrorista. Por eso resulta increíble que al recordarlo nada mencione las palabras clave de ese día desgraciado: terror y terrorismo. Aunque, claro, la sorpresa es mucho menor al recordar que en la gran manifestación de repulsa celebrada hace un año en Barcelona, que tuvo lugar en plena conmoción por el desastre, pudieran verse más pancartas contra el comercio de armas que contra un atentado terrorista cuya arma fue una furgoneta. Sí, algo huele a podrido. Y no precisamente en Dinamarca.

EDITORIAL
Nuevos retos contra el yihadismo
ABC  17 Agosto 2018

Marruecos urge al Gobierno español a «tutelar» todas las mezquitas

Las reflexiones de Abdelhak Jiam, máximo responsable marroquí de la lucha antiterrorista, son especialmente oportunas cuando se cumple el primer aniversario de los atentados en Barcelona y Cambrills. En una entrevista concedida a la Agencia Efe, Jiam plantea dos grandes retos a los Gobiernos europeos y, por tanto, al español: mejorar la coordinación de los servicios de inteligencia occidentales con Marruecos y controlar la formación de los imanes que predican el islam. La cooperación entre España y el vecino del sur lleva años en máximos niveles de confianza y eficacia, según un diagnóstico compartido por ambas partes. Los dos países están amenazados por el terrorismo islamista y ambos se necesitan recíprocamente para prevenir atentados, vigilar a los sospechosos y desmantelar células yihadistas. Un ejemplo de esta cooperación fue, precisamente, la investigación de las autoridades marroquíes inmediatamente posterior a los atentados del 17-A en Barcelona y Cambrills. Rabat reclama que los servicios antiterroristas de su país puedan acceder a las bases policiales europeas, especialmente para hacer seguimientos de jóvenes en trance de radicalización. Es una petición que la UE debe valorar con cautela y desde la perspectiva doble de la confianza que hay que depositar en Marruecos, como primera línea de prevención del terrorismo en suelo europeo, y de la seguridad de que el posible acceso a esas bases de datos sólo se pone al servicio de la lucha antiterrorista. Además, Marruecos respira por la herida abierta con los servicios franceses de inteligencia, de los que se queja Jiam, lo cual es una situación nociva para el conjunto de la seguridad europea y debería repararse lo antes posible.

La segunda cuestión que plantea Marruecos pone el foco en una de las fuentes de radicalización de los jóvenes musulmanes en Europa, junto a internet. Quiénes son los imanes, qué formación tienen y quién los financia son preguntas que están conectadas con un sistema avanzado de prevención del terrorismo. No se pueden cerrar los ojos ante una realidad que se impone por sí sola. Aunque algún propagandista de tópicos lo llame islamofobia, no es más que pura responsabilidad con la seguridad de todos. Lo que plantea Marruecos está ya analizado por los servicios de inteligencia de todos los países occidentales: la figura del imán puede ser decisiva en procesos fulminantes y absolutamente clandestinos de radicalización, como sucedió con el imán de Ripoll y los terroristas del 17-A. Y no es lo mismo difundir interpretaciones del Corán asimilables a valores democráticos europeos que propagar, con dinero de monarquías del golfo Pérsico, la doctrina wahabí salafista que inspira a Al Qaida y a Daesh. Las decisiones al respecto no son fáciles, pero las democracias a veces tienen que defenderse con dureza.

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Independencia y yihadismo: dos caras, una moneda
Ramón Pérez-Maura ABC 17 Agosto 2018

Cuando hoy hace un año el yihadismo criminal se hizo presente en Barcelona, algunos pensamos en las víctimas. Otros empezaron de inmediato a idear qué provecho podían sacarle a aquella barbarie. Las víctimas no contaban para ellos. La prueba irrefutable de lo que digo se evidenció en la manifestación del 26 de agosto de Barcelona. Nunca antes se había asistido, ni en España ni en ningún otro lugar del mundo, a una manifestación por un atentado terrorista en la que no se denunciara a los asesinos. Verdaderamente notable.

Por las calles de Barcelona las imágenes de televisión no mostraban ni un cartel contra el Daesh, la organización yihadista que la víspera había reivindicado la barbarie. El -entonces- presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y la -todavía- alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, organizaron el orden de prelación de los manifestantes para que el Rey y el presidente Rajoy se vieran rodeados de multitud de carteles contra el Monarca y el Gobierno. Aquella manifestación no era ni de reconocimiento a las víctimas, ni de apoyo a sus familiares ni de denuncia a los asesinos. Todo eso daba igual. Lo importantes para esos hijos bastardos de Cataluña era transmitir al mundo entero un mensaje independentista aprovechándose de la sangre derramada. Independentismo y yihadismo: dos caras, una moneda.

Como aquel discurso era francamente difícil de articular ante las réplicas de cualquiera que no sea completamente idiota, se vistió de carteles contra las armas como encarnación del mal. El problema era que las víctimas habían sido causadas por un vehículo y un arma blanca. Y cabe imaginar que los carteles no se hicieron para denunciar la fábrica de SEAT en Martorell o el supuesto tráfico de cuchillos jamoneros de Toledo. Pero se trataba, sobre todo, de no denunciar a los asesinos. Sólo se podía poner en el punto de mira al Rey y a España.

Todo sabemos lo que vino después: el nuevo 11-S, la pantomima de las urnas chinas el 1 de octubre, la independencia declarada durante unos segundos, el 155, la huida de los valerosos patriotas, las nuevas elecciones con resultado diferente y al fin Quim Torra como presidente de la Generalitat y Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Con estos mimbres sólo puedo temblar imaginando lo que puede ser hoy la manifestación de Barcelona encabezada por los Reyes de España a los que las autoridades locales ya han manifestado su hostilidad. Y para no perder los hábitos adquiridos hace un año, el lema de la manifestación, una vez más, ignora la causa de los asesinatos. Es un melifluo «Barcelona, cuitat de pau». Sepan quienes han puesto ese lema que los asesinos del 17-A también querían la paz. Pero una paz en la que ellos impusieran sus condiciones. Y en eso también se parecen a los independentistas.

Comunidades autónomas y ciudadanos aplastados
Thomas estrelladigital 17 Agosto 2018
 
Parece inevitable que el Gobierno Sánchez, en su política de apaciguamiento con los independentistas catalanes ofrezca resultados materiales tangibles, que tengan buena venta entre los situados en la zona tibia del espectro, que ahora parece situarse en territorio de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y que estimule el pragmatismo atávico de una parte importante de la sociedad asentada en el cuadrante nororiental.

El dinero es el mejor lubrificante de las maquinarias políticas y, en este caso, también se cuenta con que se cumpla esta afirmación, que, a fuer de sincero, no contradice los altos ideales y las inamovibles ideologías de algunos.

En estas jornadas tórridas, ya hay quien lanza a sus escuderos para que vayan sentando las bases de sus aspiraciones y no son pocos los artículos de prensa que en este verano tratan de introducir doctrina sobre el futuro sistema de financiación. Hay una serie de simples opiniones que se quieren pasar por axiomáticas, como si se tratara de delimitar un campo deportivo con el carrito de la cal. Fuera de la línea que se pretende marcar no hay nada y por dentro del terreno de liza, esos mensajes forman el reglamento.

Uno de esos artículos que quieren marcar pautas ha aparecido en El País hace unos días. En dicho artículo se trastoca el modelo actual radicalmente, de tal forma que el Estado queda reducido a garante de unas normas de financiación autonómica y a receptor de los fondos residuales de unas autonomías first classe, para que los distribuya entre eso tan bonito y que tan bien suena de “el resto de España”.

La acumulación de falacias formales poco importa. Por ejemplo, aquella que dice que un sistema fiscal a la carta para las autonomías sería un estímulo a la creación de riqueza y a la solidaridad, como si ambas cosas fueran los dos carriles de una cremallera y como si nuestra experiencia no dijera exactamente lo contrario.

Hay frases verdaderamente hirientes en el artículo de marras, que constituyen otra falacia, cuando se afirma, por ejemplo, que esas comunidades autónomas “que son solidarias, que generan y aportan riqueza al país y que tienen una clara voluntad de autogobierno, podrían acceder a un determinado nivel de autonomía fiscal”, fin de la cita textual.

Ahí quería llegar, “aquellas CCAA que tienen una clara voluntad de autogobierno”. No hace falta decir de qué estamos hablando, señor Durán-Sindreu Bouxadé, autor del artículo que comento. Pero, por si no lo hubiéramos entendido (hay millones de ciudadanos españoles que les entendemos a la primera todo lo que dicen, aunque no lo crea) lo repite un poco después, preconizando una España fiscal de dos o más velocidades, en la que unos gozarían de un “sistema especial” que vendría a ser el reconocimiento explícito y normativizado de su “deseo de máximo nivel de autogobierno en el marco que la Constitución les permite y que son generadoras de riqueza y solidarias con el resto de CCAA”.

Como no puede faltar es este contexto, hay que basar los argumentos en otra falacia: “el derecho a un sistema fiscal propio”. ¿Dónde está expresado ese derecho? ¿Acaso en esa Constitución elástica que interpretan siempre pro domo sua?

Por no alargarme más, pero no callar lo fundamental. Ni una sola palabra sobre los verdaderos titulares de derechos, los ciudadanos. Otro lugar común entre los componedores, ignorar a los ciudadanos vivan donde vivan. Los territorios no pagan impuestos. Los ciudadanos, todos.

Los días de la infamia independentista
Ojalá, sí, ojalá la historia sea implacable con vosotros y sea cierta, que cuente con fidelidad y con lealtad la verdad de estos días de infamia independentista
Javier Caraballo El Confidencial 17 Agosto 2018

Que la historia sea implacable con vosotros, que sea cierta. Que cuando se mire hacia atrás, a la sangre derramada por Las Ramblas, os contemplen como sois, con el desprecio que merecieron vuestros actos. Que cuando en el túnel del tiempo de nuevo se oiga el eco del horror, los gritos de los heridos y el ulular desesperado de las ambulancias, aparezca nítida vuestra figura dibujada por el odio que fuisteis sembrando en Cataluña, en toda España, también en aquellos días de dolor, de miedo, de pena, de rabia. Que la historia sepa reflejaros en estos días, los días de la infamia del independentismo catalán, porque es ahora cuando se os ve mejor, desnudos, en días aniversario como ahora, de cada aniversario que se cumpla, porque es al mirar hacia atrás cuando la miseria que os acompaña, que camina con vosotros de la mano, se despoja de disfraces y enseña su única cara. La miseria imperdonable de encontrar en la desgracia de los demás una oportunidad política para progresar; la infamia de transformar el dolor y el miedo de un pueblo en una ocasión para reivindicar la nada que siempre habéis sido.

Es verdad que la estrategia siempre ha sido la misma, pero incluso del más frío y calculador de los estrategas se espera siempre el instante en el que por un sentimiento, por un solo sentimiento, es capaz de apartarlo todo, de aplazarlo todo, para atender exclusivamente la urgencia de la vida. Ante la muerte, ante la certeza de nuestra insignificancia, el ser humano siempre se aflige, porque no hay grandeza que el paso del tiempo no convierta en oropel pasajero, porque no existe lección mayor que la de vernos en un tránsito constante. Somos pasar y cualquiera, al ver los cuerpos mutilados, arrollados, de personas inocentes tendidos sobre las baldosas de Las Ramblas, queda compungido, por la estúpida ceguera destructiva del hombre desde que es hombre. Ante un atentado terrorista, solo existe una repulsa, la repulsa criminal contra quien nos quiere someter, todas las lágrimas son una, y en las manifestaciones la gente camina de frente, con la cabeza alta, sin mirar quién va a su lado porque, en ese momento, todos somos iguales y todos sabemos que no nos van a derrotar.

El error fue pensar que, tras el hachazo del atentado de Barcelona y de Cambrils, también los independentistas catalanes podrían caminar a nuestro lado, olvidar las diferencias, renunciar a las estrategias, abominar del oportunismo. Fue un error. No pasaron ni 48 horas cuando uno de los más veteranos de esa banda, Josep Lluis Carod Rovira, reivindicó lo ocurrido como una muestra cierta de la capacidad de Cataluña para adentrarse en la independencia. “En 37 años de existencia de la Generalitat, ayer [el día del atentado], el Estado español no ha existido, no ha estado”. Costaba dar crédito a aquellas palabras, pero no eran más que la punta de lanza de todo lo que vendría después. El independentismo catalán no sólo encontró en los atentados de Barcelona y de Cambrils una oportunidad para decirle al mundo que Cataluña ya estaba preparada para la independencia, porque así lo habían demostrados sus fuerzas de seguridad, los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana, sino que, de forma paralela, acusaba al Estado, acusaba a España, de haberlos dejado solos ante la tragedia.

Si algo demuestra el alto nivel de competencias y de efectivos que tienen los Mossos D’Esquadra, al igual que la Ertzaintza??, es la generosidad del Estado español en el proceso de descentralización administrativa emprendido tras la muerte del dictador; no sólo no existe un precedente igual en toda Europa, sino que, por supuesto, jamás en la historia ni Cataluña ni el País Vasco han gozado de un mayor nivel de autogobierno. Convertir la descentralización administrativa y el elevado nivel de competencias de las autonomías en España en una prueba de la existencia de un estado catalán, y hacerlo aprovechando un salvaje atentado, es una acción insuperable de bajeza moral y política. Es la estrategia de siempre, tergiversación de la historia y de la realidad, pero esta vez escrita sobre la sangre.

17-A: un año de miseria política
EDITORIAL LD 17 Agosto 2018

Cada día es más evidente que el separatismo en Cataluña vio en la masacre una oportunidad política y trató de aprovecharla sin el más mínimo pudor.

Un año después del atentado de las Ramblas en Barcelona ya es posible certificar que de nuevo nos encontramos ante la más miserable utilización política del terrorismo que cabría esperar, algo impropio de una sociedad democrática con un mínimo de rigor moral, algo propio de una clase política oportunista, totalmente carente de ética y a la que la historia deparará, si duda, un juicio aún más severo que los que pronto tendrán lugar en el Tribunal Supremo.

Cada día es más evidente que el separatismo en el poder en Cataluña vio en la masacre una oportunidad política y trató de aprovecharla sin el más mínimo pudor. Cuando lo realmente ocurrido deja muy serias dudas sobre la actuación de la policía autonómica, especialmente por la falta de reacción tras la explosión de la casa de Alcanar ocupada por el grupo de terroristas, desde el minuto uno todos los esfuerzos se destinaron a construir un relato sobre la eficacia y la independencia de facto de unos Mossos que llegaron, incluso, a ocultar información al resto de cuerpos policiales españoles.

Este escenario se completó con una serie de escenificaciones de repulsa en las que los asesinos no parecían tener mucha culpa, hasta culminar en la gran manifestación del 26 de agosto en la que se orquestó un terrible espectáculo para culpabilizar al Rey y, con él, a toda España.

Ya desde entonces y durante todo este tiempo las víctimas se han sentido "engañadas, abandonadas, incomprendidas y tristes", tal y como han expresado este jueves en una durísima rueda de prensa. A la tragedia de sus heridas o de la pérdida de sus seres queridos se ha sumado una manipulación política en la que su inmenso dolor sólo era una carta más en una partida inmoral, miserable, con la que el separatismo ha demostrado que es capaz de cualquier bajeza por acercarse sólo un metro más a sus objetivos políticos.

Ni los responsables de las instituciones ni el resto de la sociedad catalana y la española hemos estado -aunque la diferencia de responsabilidad sea evidente- a la altura de unas víctimas que vieron sus vidas truncadas y luego se han visto olvidadas, tal y como para vergüenza de todos ha pasado, por cierto, con la mayoría de nuestras víctimas del terrorismo, molestos testigos de una realidad que por unas u otras razones era incómodo recordar y resultaba políticamente rentable esconder.

Pero es que además los atentados de Barcelona y Cambrils ni siquiera han servido para aprender la lección y solucionar alguno de los problemas de seguridad que evidenciaron. Así, la cooperación entre los distintos cuerpos policiales sigue siendo una asignatura pendiente y, aunque está claro que no se puede decir que esa coordinación hubiese logrado evitar aquel atentado o cualquiera otro en el futuro, es evidente que compartir la información y los recursos de todos mejoraría nuestra capacidad de respuesta al reto terrorista.

Un año después el separatismo sigue empeñado en culpar a España, aunque sea a costa de ningunear el papel de los verdaderos asesinos, e incluso llega a la bajeza de convocar manifestaciones de recuerdo de los crímenes junto a la cárcel en la que están encerrados unos presuntos delincuentes cuyo papel en aquella tragedia no fue, desde luego, como para enorgullecerse.

Respetar el dolor de las víctimas
EDITORIAL El Mundo 17 Agosto 2018

El intento de politizar los homenajes a las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils supone un paso más en la deriva extremista, irresponsable y populista del independentismo. El uso torticero de un acto que debería convocar a todos los demócratas sin más ahínco que el de arropar a las víctimas ha resultado tan abusivo que éstas han dejado constancia de su malestar. Pese a su hipócrita retórica en sentido contrario, el separatismo no ha cejado en su voluntad de politizar el 17-A. Torra acudirá esta mañana a los actos en la capital catalana, pero su intención inicial era la de acaudillar el boicot al Rey. En este contexto, hay que aplaudir y enfatizar la presencia de Felipe VI en las calles de Barcelona. Tanto en la manifestación de hace un año como en la de hoy, su figura supone una garantía de respeto a las víctimas y subraya la presencia del Estado en un momento en el que el desafío secesionista continúa en marcha.

Resulta completamente inadmisible el aprovechamiento partidista de una cuestión tan sensible como el terrorismo. Querer sacar rédito de los actos que evocan a quienes vieron sus vidas segadas en un atentado execrable sitúa con exactitud el grado de inmundicia moral en el que se ha instalado la élite secesionista. Hasta tal punto ha llegado la desconsideración que las propias víctimas denunciaron que se sienten "engañadas" y "olvidadas" por las autoridades. Sus desgarradoras palabras de desamparo deberían ser un aldabonazo para el Govern. La deriva separatista provocó que Barcelona no guardara el debido duelo tras los atentados. Éste es el caldo de cultivo que trata de perpetuar el secesionismo, lo que explica el intento de boicot al Monarca y las evasivas del conseller de Interior para no explicar la falta de colaboración de los Mossos con la Policía a la hora de facilitar información clave sobre el 17-A, tal como reveló EL MUNDO. Ciudadanos, acertadamente, ya ha exigido su comparecencia en el Parlament.

Si el Rey vuelve a ser abucheado, como ocurrió en la marcha de hace un año, serán responsables las autoridades catalanas por anteponer sus espurios intereses a las víctimas. Pero también interpelará al presidente del Gobierno, en la medida que tal conducta está instigada por algunos de sus socios de investidura. La Monarquía es un pilar de la Constitución. Por tanto, no se puede dejar solo al Rey en la defensa de la estabilidad democrática. Como tampoco se puede dejar solo al juez Llarena, amparado ayer por el Poder Judicial a raíz de la demanda de Puigdemont ante el "ataque planificado" de los separatistas.

En una jornada de conmemoración como la de hoy, no cabe más que subrayar la memoria de las víctimas de la barbarie del 17-A y renovar el respaldo al Rey, cuya figura no sólo simboliza el orden constitucional que ampara nuestro Estado de derecho sino la firmeza a la hora de responder a los abyectos zarpazos del terrorismo.

17-A: Sectarismo en Barcelona
 La Razon 17 Agosto 2018

Barcelona acoge los actos de recuerdo en el primer aniversario de los atentados del 17-A en la Ciudad Condal y Cambrils (Tarragona), en los que 16 personas fueron asesinadas y un centenar resultaron heridas en el ataque yihadista. En una comunidad normal, en la que la convivencia se desarrollara bajo unos cánones democráticos asentados y homologables, todos los esfuerzos y las actuaciones públicas tendrían como objetivo sin matiz alguno el de comparecer como una ciudadanía cohesionada y comprometida con los derechos humanos en contra de toda forma de violencia y fanatismo criminal expresado en la gran amenaza que supone hoy el integrismo islámico.

Esa meta es lo suficientemente trascendente para que nada adultere una jornada en defensa de la libertad. En Cataluña hace ya años que la normalidad institucional yace rota por los manejos de la administración separatista y sus organizaciones satélites. Ni siquiera la brutal catarsis emocional de hace un año provocó que se recondujera esa posición de rebeldía contra la legalidad, sino todo lo contrario. De una manera más o menos taimada fue instrumentalizada como parte de su embate contra el orden constitucional de septiembre y octubre. Ya entonces no se respetó el acto presidido por el Rey con las víctimas del atentado diez después del 17-A, manipulado por el separatismo.

Recordar las escenas de abucheos y esteladas con el recuerdo vivo de los sonidos del pánico y el dolor provoca indignación y tristeza. Casi doce meses después, desde hace pocas semanas, la Generalitat de Torra y Puigdemont, de la mano del gobierno local de Ada Colau, ha fomentado una campaña de boicot a la presencia de Don Felipe en la conmemoración de Barcelona. Las presiones, las amenazas y las coacciones sobre lo que podría ocurrir se han sucedido en un intento de que el Rey no esté donde debe como el Jefe de un Estado atacado por el terrorismo que sólo puede ser junto a quienes padecieron la tragedia. En estos días se ha dicho de todo, desde que no sería bienvenido a que los catalanes no tienen rey, pasando por que el protagonismo era para las víctimas y no para los representantes de las instituciones que no tendrían parlamentos.

En la agenda oficial organizada por el Ayuntamiento, la Generalitat y la Delegación del Gobierno el Rey acude hoy al acto de la Plaza de Cataluña y a ni uno más, a diferencia del pasado año en el que tuvo un protagonismo importante con varias comparecencias. Puede que el discurso oficial intente hacer pasar esa residual presencia de Don Felipe en un aniversario de estas implicaciones como un intento de no alimentar polémicas, eludir incómodos momentos que puedan emborronar el objetivo de la jornada y dar todo el protagonismo a las víctimas. Todo ello nos suena a excusas para justificar un trato vergonzoso de esa clase de políticos catalanes para los que es más importante afear la estancia del Jefe del Estado que arropar a los que sufren. Nada esperamos de Torra o Colau. Han demostrado con creces su animadversión a todo lo que simboliza España –nadie mejor que el Rey–, así como su escala de valores y su grado de sectarismo.

Pero ese tono bajo del Gobierno socialista, su papel subalterno cuando no cómplice, ese ponerse de perfil para no incomodar a sus aliados parlamentarios, nos parece inadmisible y reprobable. El Ejecutivo tendrá que explicar por qué se ha marginado al Jefe del Estado a un segundo plano en una efeméride tan significada y por qué no ha exigido el estatus de preferencia que, estamos seguros, las víctimas y los ciudadanos de Barcelona hubieran deseado. De lo que sí tenemos la certeza es de que las víctimas se han sentido olvidadas y abandonadas por los políticos y administraciones que hoy se pelearán por la foto. Ellas mismas lo denunciaron ayer de forma pública para mayor bochorno de esos gobernantes con Torra y Colau a la cabeza.

Un homenaje de vergüenza.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 17 Agosto 2018

HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DEL 17 DE AGOSTO DEL 2017: UNA NUEVA AFRENTA DEL GOLPISMO CATALÁN.

Hoy se cumple un año de los atentados terroristas del yihadismo islámico en las Ramblas de Barcelona y en el paseo marítimo de Cambrils. Un atentado bajo el esquema del atropello a gran velocidad indiscriminado de paseantes. Un acto de terror que aprovechó la falta de medios de defensa eficaces como los típicos bolardos en los puntos de acceso claves de los paseos centrales. Una carrera mortal que causó la muerte de 14 personas y más de cien heridos, a los que hay que sumar el conductor del coche robado por uno de los terroristas y la mujer abatida en Cambrils. La propia característica de Las Ramblas como lugar emblemático de Barcelona hace que las víctimas fuesen una muestra aleatoria de la vida cosmopolita de la ciudad y de su turismo multiétnico y multicultural. Es por ello por lo que existen víctimas de 34 nacionalidades diferentes. Así que el uso político ruin con titulares como “Cataluña homenajea a sus víctimas del 17A” es doblemente insultante y mezquino. Porque en primer lugar es España y 33 países más y no solo Cataluña, la que ha sufrido la agresión terrorista. Y en segundo lugar, las víctimas son ciudadanos inocentes con orígenes diversos y nadie se puede atribuírselas en propiedad. El “sus” debe ser eliminado como inapropiado y demagógico.

Y no será la primera ni la última vez que unos políticos desaprensivos intenten aprovechar una efeméride luctuosa para usarla como arma política y reivindicación de sus objetivos. Y el primer intento ha sido una carta firmada por todos los golpistas presos culpando al Estado y en concreto al CNI de conocer la existencia del Imam inductor de la célula terrorista yihadista y no compartir esa información con los Mossos ni con la Generalidad. Sin embargo, nada indican de los avisos de la CIA sobre posibles atentados en esa zona concreta y de las recomendaciones de poner los bolardos en los accesos a esos paseos centrales de Las Ramblas. La segunda ha sido la de intentar acaparar el protagonismo, rechazando la presencia del rey de España declarando que no había sido invitado y permitiendo manifestaciones de los grupos radicales violentos de los CDR (Comités de Defensa de la República) y la exhibición de pancartas contra el Rey como al que han colocado en la Plaza de Cataluña y aún no ha sido retirada.

Una actitud beligerante indisimulada que ha limitado la presencia oficial por parte de la Generalidad a la mínima expresión y al menor tiempo posible de coincidencia en actos. Este aniversario no va a haber manifestaciones, sino concentraciones en lugares concretos. Lo que intentan evidenciar es que se trata de un asunto exclusivo del sentimiento del pueblo de Cataluña dentro de ese victimismo militante que culpa al Estado, es decir a España, de todos los males que les suceden. Y no es la primera vez que maniobran en ese sentido. Todos debemos recordar la vergonzosa reunión del Diputado por ERC Joan Tardá con representantes de partidos abertzales proetarras para pedirles que “miraran el mapa y verían que Cataluña no es España y pidiesen a ETA que dejase de atentar en su país”.

El año pasado hubo manifestaciones de rechazo a la presencia tanto del Rey D. Felipe, como del Presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, que fueron abucheados mientras aguantaban estoicamente en la cabecera de la manifestación junto a representantes de las víctimas y con la expresión como siempre complacida del que dos meses más tarde dio un golpe de Estado y proclamó la República independiente de Cataluña, el fugitivo Carles Puigdemont. Este año, no parece que vaya a ser diferente y lo más probable es que a pesar de las llamadas a la serenidad, esas palabras suenan falsas e hipócritas cuando no hace ni horas que habían declarado a la visita del rey como inapropiada, porque “no estaba invitado” a los actos.

Y todo esto se puede evitar pero Pedro Sánchez no parece estar por la labor de incomodar a sus socios que podrían retirarle su apoyo de gobierno en cualquier momento. Por ahora se atiene a la política de agrado y de cumplir con las promesas pactadas, como la del acercamiento de los presos golpistas a cárceles en Cataluña, en este caso a la de Lledoners en Barcelona. Un lugar desde el que esos presos han lanzado su ponzoñosa misiva de actuación de connivencia del CNI con los terroristas y deslealtad con la Generalidad y los Mossos. Menos mal que algunos de esos presos habían declarado que abandonaban la vida política, como Carmen Forcadell. Se ve que la cercanía a sus gentes y sentirse casi como en casa les da ánimos para persistir en su actitud golpista y seguir implicándose sin importarles las consecuencias. Y estos son los que pretenden que la Justicia les deje en total libertad.

No sé que va a pasar hoy en esos actos donde el Rey asiste, como siempre, como Jefe del Estado y en representación de todos los españoles, pero es deber de este Gobierno de España poner los medios para garantizar que ningún grupo de “incontrolados” enturbie unos actos de respeto y recuerdo por esas víctimas que son de todos los demócratas y de los que defendemos la libertad contra la barbarie terrorista que quiere arrebatárnosla. Hay 34 nacionalidades implicadas en esos atentados y nadie puede apropiárselas como si fueran solo suyas. Es el mundo civilizado y libre el que sufre este terror indiscriminado.

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

Atentados en Cataluña: la combinación de chapuzas y manipulación del soberanismo
ESdiario 17 Agosto 2018

Una matanza siempre es culpa de quien la comete, pero el aniversario del 17A tiene otra lectura: la pavorosa incompetencia de la Generalitat y la utilización del dolor para su causa.

Los atentados, en todos los casos y sin excepción, tienen como único culpable quien los comete, y los de Barcelona y Cambrils no son una excepción: los majaderos que los perpetraron, envenenados de un fanatismo insólito en sociedades abiertas y de acogida como la española, está detrás de una masacre conmovedora que cumple su primer aniversario.

Pero no se pueda señalar a más culpables no equivale a que no haya otras responsabilidades a señalar y a depurar que, en este caso, son además escandalosas. La cadena de despropósitos que precedió y sucedió a la masacre estuvo clara desde el primer momento y hoy, un año después, es sencillamente incontestable.

La lista de chapuzas de la Generalitat que precedió y sucedió a los atentados es inmensa y hay que exigir que se depuren responsabilidades

Y lo fue en dos sentidos, ambos derivados del delirio secesionista que hoy sigue marcando la vida cotidiana en Cataluña. Desde un punto de vista estrictamente policial, y por mucha medalla que se concediera a los Mossos d'Esquadra para tapar las vergüenzas políticas que marcaron la actitud del Cuerpo de Seguridad autonómico, casi todo fue sonrojante y conviene recalcarlo.

Empezando por la impunidad con que se movió durante meses el inspirador de la matanza, el cruel imán de Ripoll, detenido previamente por tráfico de drogas , quien pudo sembrar el odio desde un proselitismo feroz que nadie quiso ver ni atajar pese a ser público y evidente.

Cadena de chapuzas
Y siguiendo por la indiferencia ante los avisos muy precisos de la CIA; la increíble falta de vigilancia de una casa en Alcanar donde convivían varios radicales; el desprecio a las advertencias de una jueza tras la explosión de decenas de bombonas de gas adquiridas sin control alguno o la sorprendente facilidad con que uno de los terroristas sorteó una identificación de los Mossos previa al cruel atropello en Las Ramblas.

De otro lado, el boicot evidente a la Policía Nacional y la Guardia Civil, premeditadamente apartadas de las investigaciones y solo habilitadas por orden judicial, es la gota que colma el vaso de un episodio trágico que fue gestionado, vergonzosamente, como una oportunidad para difundir ante el mundo un proyecto de República catalana independiente capaz de gestionar de manera autónoma una hecatombe de esta magnitud.

Policía y CNI estallan contra los Mossos con un duro informe: pudieron evitar el atentado
Las comparecencias de Puigdemont, su incompetente consejero de Interior y el mayor de los Mossos, secundados por la bandera de Cataluña y sin esperar a las autoridades nacionales oportunas, resumió en una imagen ese burdo intento por servirse del ataque en Barcelona y de las propias víctimas para ejercer de Estado soberano. Y el boicot al Rey, a quien se impidió encabezar la manifestación de repulsa con la inestimable ayuda de Ada Colau, remata la estrambótica estampa.

Preguntarse si, de haber sido gestionada la información de otra manera, con profesionales de verdad, pudiera haberse paliado el zarpazo fundamentalista, es razonable y necesario: la instrumentación de las víctimas no consiste en señalar ahora los tremendos errores de la Generalitat y las causas políticas que se divisan en tanto despropósito; sino en obviarlas para no estropear el recuerdo a los damnificados.

Las autoridades catalanas no defendieron bien a los conciudadanos y trataron de explotar el atentado para su causa soberanista

Especialmente cuando, un año después, sigue manteniéndose el desafío separatista y la utilización del aniversario con fines políticos, con intento de boicot al Jefe de Estado incluido. Las autoridades catalanas no supieron defender a sus conciudadanos y a los turistas como merecían, y no han dudado en aprovechar su martirio para su causa, en una prueba indecente más de su falta de escrúpulos coronada con una imagen lamentable que veremos de nuevo en estas horas.

¿El héroe Forn?
La intentona de vacío al Rey o el homenaje al consejero de Interior apresado por golpista, Joaquim Forn, a quien lejos de pedir explicaciones por su nefasta gestión, se tratará como un héroe desde las filas de este otro fanatismo de corte nacionalista; recalca ese bochorno e intenta prologarlo. Lamentable, ni los muertos frenan a estos desalmados.

El hecho diferencial catalán a día de hoy

Xavier Salvador CG 17 Agosto 2018

Era un asador de pollos, humilde, de menú barato y contratado con antelación. Una veintena de personas se congregaban en un restaurante la noche del 28 de julio, en Palafrugell. Estaban de celebración. Es una reunión anual, casi siempre al final de julio en la que el grupo decide algunas cosas de su calendario de actividades futuras.

La cena discurrió como de costumbre. Una decena de parejas, entre las que se hallaba el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena y su esposa, también del gremio, junto a Alberto Fernández Díaz, el hombre que lidera el PP en el Ayuntamiento de Barcelona.

A pocos metros tenía lugar lo que se llama ahora una cena amarilla. Son esos encuentros alrededor del pan con tomate y embutidos tan frecuentes en Cataluña entre los grupos asociativos, pero que en esta ocasión tenía por objeto homenajear a Jordi Sànchez, el expresidente de la ANC encarcelado.

Un aviso de alguno de los comensales del asador puso en guardia a los del pan con tomate, luego transmutados al parecer en CDR. El homenaje a Sànchez debería pintar aburrido para abandonarlo. Prestos, fueron a practicar sus escraches veraniegos. Por fortuna son tan descreídos que, pese a tener hasta fotos de la conspirativa cena, llegaron tarde al festival. El juez y su esposa salían ya y acabaron de hacerlo entre insultos, gritos, algún golpe al vehículo y ante la sorpresa de su propia escolta.

Llarena no puede circular por Cataluña sin protección, en lo que constituye un auténtico canto a la libertad y a la división de poderes. Es más, no puede tener amigos catalanes (región en la que vivió muchos años y donde posee primera y segunda residencia) en público, porque así lo han decidido unos totalitarios que tienen todo el día la palabra fascista en la boca, salvo cuando se miran por la mañana al espejo.

Para que el relato fuera suficiente, Vilaweb, unos de los digitales más beneficiados en los últimos años por el dinero público de todos, se aprestó a narrar esos hechos con el añadido de que en la rosticería de marras se había producido una reunión del magistrado, políticos y miembros del CNI. La cosa ya no sorprende tanto por el desconocimiento y la ignorancia que suponen determinadas historias periodísticas en los tiempos de la subvención agradecida. Lo más llamativo es que hasta la portavoz del Govern de la Generalitat, Elsa Artadi, la diplomada en Harvard, cayera de bruces (está por ver si de manera interesada o por mera ignorancia) en dar pábulo a esa supuesta reunión de los servicios secretos españoles entre las patatas fritas y los pollos asados de un humilde asador del Ampurdán, Can Cou-Cou para ser exactos.

La noticia falsa, el relato manipulado, la propensión al bulo interesado, la mentira como primer argumento del debate público o la historia retorcida hasta la conveniencia son hoy el verdadero hecho diferencial de Cataluña. ¡Con lo que luchó Jordi Pujol para que fueran otros atributos! Y eso sirve para un escrache al juez que instruye la investigación del 1-O como para referirse a los atentados terroristas del 17A. Pero a los autores de esta nueva fechoría (y no me refiero a los vándalos de los CDR) les faltó decir dos cosas para conocimiento de la portavoz del Ejecutivo catalán. La primera, que Can Cou-Cou tiene una promoción que incluye un pollo asado, tres canelones, una berenjena rellena, ensalada de pollo, vino de payés (o lambrusco, a elegir) por sólo 23 euros.

La segunda, la auténtica realidad del encuentro: allí se juntaron un grupo de parejas que desde hace años salen juntos en moto para disfrutar de unas rutas de fin de semana. Y sí, los peligrosos y conspiradores agentes de la inteligencia española, no eran más que un grupo de moteros amigos que celebraban el final de la temporada y preparaban las salidas para el próximo otoño e invierno. ¿Lo ven? El hecho diferencial es hoy tan simple que circula sobre dos ruedas únicamente. ¿Quién nos iba a decir que la política y la mentira --convenientemente religados, como el alioli de Can Cou-Cou-- nos iba a convertir a los catalanes en una colla de ximplets enfurismats?

Españolistas
Vicente Torres Periodista Digital 17 Agosto 2018

Este término no debería ser usado más que por los degenerados que disfrutan haciendo el mal. No en vano, entre sus simpatizantes hay individuos condenados por pertenencia a ETA.
En su afán por aparentar que el partido va empatado, los catalanistas, que ni son todos los catalanes ni muchos de ellos ni siquiera son catalanes, han inventado el término españolistas. No debería usarlo nadie más que ellos, no se les debería hacer esa concesión.

Saben que no tienen ninguna posibilidad, ni siquiera con Pedro Sánchez en la presidencia del gobierno, porque lo que pretenden no es justo y tampoco lo quieren muchos catalanes, porque saben lo que saldrían perdiendo si se diera el caso.

El mundo se divide en dos: los ciudadanos que cumplen con sus obligaciones cívicas y los gamberros que quieren subvertir el orden constitucional. Nada de unionistas y separatistas, ni españolistas y catalanistas, eso es caer en la trampa de los desalmados. No es una exageración llamarles así. Uno de ellos, Toni Albá, publicó el siguiente tuit: «Hi ha bambolles de sabó. Hi ha bambolles de gas. Hi ha bambolles d’oxigen. Hi ha bambolla inmobiliària… I després hi ha la bambolleta ballarina: és com aquella llufa a la banyera que balla dins l’aigua escampant tuf putrefacte després d’una mala digestió pseudo-socialista.».

No sé lo que significa todo eso, porque no entiendo ese dialecto, que, por otra parte, se nos quiere imponer a los valencianos, pero debe de ser muy grave a la vista de las reacciones que ha suscitado.
Todos los catalufos, que no los catalanes, son, aproximadamente, de ese nivel, tienen ese deseo de insultar y ofender a los que sencillamente se dedican a pagar sus impuestos y desear que éstos se utilicen para el bien común y no se despilfarren financiando actividades subversivas, secesionistas, ofensivas, o en televisiones regionales cuya degradación moral ya ha llegado al máximo.

Las víctimas del 17A piden a los políticos "una tregua" y que "no utilicen" su dolor
El Confidencial 17 Agosto 2018

Denuncian en el primer aniversario de los atentados que durante todo este tiempo se sintieron "engañadas, abandonadas, incomprendidos y tristes"

Para ocultar los errores que pudo haber en la labor policial de los Mossos d’Esquadra en el seguimiento de la célula yihadista de Alcanar en los días previos al atentado, se ataca al Estado español y se culpa a España de falta de colaboración con Cataluña. La miseria que despuntó Carod Rovira, la continuó después quien entonces era presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y la sostienen todavía hoy, en el primer aniversario de aquella atrocidad, los presos independentistas. “El 17 de Agosto se hizo evidente que Cataluña tenía una policía equiparable a los mejores cuerpos policiales del mundo. Quien mejor lo entendió fue la sociedad catalana (…) Los Mossos hicieron un gran trabajo pero queremos denunciar la falta de colaboración del Estado español y de algunos de sus organismos”.

Dicen las crónicas de prensa que llegan desde Cataluña, que el independentismo tiene preparado un “largo otoño de aniversarios” para intentar resucitar la hoja de ruta de la República y que esas jornadas reivindicativas comienzan con el 17 de agosto, el 17-A. “Luego vendrán el 11-S, el 20-S, el 1-O, el 3-O y el 27-O. Una sucesión de efemérides que han de servir para mantener a la masa social del soberanismo movilizada”, dicen las crónicas. El aniversario del atentado ya se ha convertido en una fecha de reivindicación de la independencia de Cataluña… Ojalá, sí, ojalá la historia sea implacable con vosotros y sea cierta, que cuente con fidelidad y con lealtad la verdad de estos días de infamia independentista.

‘CASO OMISO A LOS AVISOS’
VOX se querella contra Forn y los Mossos por el atentado del 17 de agosto
La Gaceta  17 Agosto 2018

Acusan a Forn, al exdirector de los Mossos Pere Soler, al mayor Josep Lluis Trapero y a varios comisarios de la cúpula de la policía catalana el 17A, entre ellos Joan Carles Molinero, Emili Quevedo y Manel Castellví, de los delitos de abandono de un servicio público, desobediencia y denegación de auxilio y prevaricación por omisión.

Vox ha interpuesto hoy, la víspera del primer aniversario de los atentados del 17A, una querella en un juzgado de Barcelona contra el exconseller de Interior Joaquim Forn y la cúpula de los Mossos d’Esquadra por hacer “caso omiso” a los avisos de posibles atentados y su gestión posterior al ataque.

Vox interpuso inicialmente la querella ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), si bien el alto tribunal catalán la ha devuelto al no tener ninguno de los querellados la condición de aforado, ya que Forn ya no es conseller ni diputado y permanece en prisión preventiva por rebelión en la causa abierta por el Tribunal Supremo por el 1-O.

En su querella, Vox acusa a Forn, al exdirector de los Mossos Pere Soler, al mayor Josep Lluis Trapero y a varios comisarios de la cúpula de la policía catalana el 17A, entre ellos Joan Carles Molinero, Emili Quevedo y Manel Castellví, de los delitos de abandono de un servicio público, desobediencia y denegación de auxilio y prevaricación por omisión.
 


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