AGLI Recortes de Prensa   Sábado 18 Agosto 2018

Sánchez e Iglesias quieren atracar a los españoles
EDITORIAL  Libertad Digital  18 Agosto 2018

El Gobierno de Pedro Sánchez y el partido de Pablo Iglesias negocian ya la aprobación de un nuevo sablazo fiscal al conjunto de los contribuyentes con el fin de engordar, aún más, las arcas públicas y reforzar sus respectivas cotas de poder. La amarga derrota que cosechó recientemente el PSOE en su intento de aprobar el techo de gasto podría convertirse ahora en una victoria pírrica para sus intereses políticos, pero enormemente gravosa para los españoles, ya que ambas formaciones se acaban de otorgar una segunda oportunidad para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado de 2019.

Podemos ha presentado esta semana una nueva lista de demandas fiscales y presupuestarias para otorgar su apoyo parlamentario y el Gobierno se ha mostrado dispuesto a negociar, lo cual, sumado a las habituales concesiones a los grupos nacionalistas, hacen temer la aprobación de unas cuentas públicas cuya entrada en vigor golpeará de lleno el bolsillo de empresas y familias, al tiempo que debilita la solvencia del Estado en un momento de creciente tensión a nivel internacional.

El partido morado propone, entre otras cosas, crear un nuevo impuesto sobre la banca, elevar el Impuesto de Sociedades, incrementar la tributación indirecta con la excusa del medioambiente, así como subir el IRPF, eliminar las deducciones sobre los planes de pensiones o destopar las cotizaciones sociales. En definitiva, una sustancial y generalizada subida de impuestos cuyo coste podría rondar los 10.000 millones de euros al año, lo cual supondría duplicar el histórico sablazo fiscal que aprobó el anterior Gobierno de Mariano Rajoy tras su victoria electoral a finales de 2011. Algunas de estas medidas ya cuentan con el visto bueno de los socialistas y, si bien todavía existen ciertas discrepancias, la consecución de un acuerdo en materia fiscal es bastante probable.

Lo primero que cabe señalar al respecto es que la justificación política de esta particular batería tributaria se sustenta sobre simples y burdas mentiras. España no ha registrado la drástica austeridad que tanto han insistido en denunciar PSOE y Podemos a lo largo de los últimos años, ya que, hoy por hoy, el gasto público se sitúa en un nivel muy similar al existente en 2006 y 2007, en el pico de la burbuja inmobiliaria. Además, España es el único país de la zona euro que aún incumple el límite del 3% del PIB que exige Bruselas, mientras que la deuda pública roza el 100% del PIB, el nivel más alto del último siglo. Tampoco es cierto que estos aumentos tributarios vayan a ser soportados únicamente por las grandes empresas y las rentas altas, puesto que el hachazo se concentrará, una vez más, sobre las clases medias, que es donde se sitúa la mayoría de contribuyentes. La tasa bancaria, la subida del diésel o la eliminación de deducciones fiscales dañarán las finanzas de millones de familias. Y, por supuesto, el incremento de los impuestos y del gasto público tampoco favorecerá el crecimiento, sino que pondrá en riesgo la recuperación.

Al contrario de lo que afirman Sánchez e Iglesias, esta nueva senda fiscal perjudicará a la economía española y agrandará el desequilibrio de las cuentas públicas, tal y como ya sucedió en los años posteriores al estallido de la burbuja, demostrando con ello que la izquierda española no ha aprendido absolutamente nada de las amargas lecciones ofrecidas por la crisis. Estas subidas de impuestos constituyen un injusto y abusivo atraco a empresas y hogares, pero también una receta económica condenada al más absoluto de los fracasos.

Podemos y el mundo al revés
Daniel Lacalle El Espanol 18 Agosto 2018

“Somebody’s gotta pay for this” Steve Bell

Podemos ha lanzado su enésimo plan económico. Ya hemos perdido la cuenta de cuántos llevamos. Estamos acostumbrados a los brindis al sol y las estimaciones de ciencia ficción. Ya se han olvidado de las bobadas de auditar la deuda y se lanzan a endeudarse sin frenos.

Podemos nos dice que quieren subir los impuestos a “los ricos”. Todavía debe quedar alguien que aún se crea ese cuento que siempre acaba en mayores impuestos para todos. Hablan de que hay que equilibrar. Así que uno busca en su última propuesta, “Dejar atrás la austeridad” y no encuentra ningún equilibrio.

Podemos y el PSOE han subido los impuestos en las comunidades donde gobiernan a familias y clase media por encima de la media nacional. Pues no, no se los van a bajar. Nada de equilibrar. Subir. Se los van a subir con el subterfugio de la “fiscalidad verde” -paga usted-, “a la banca” -a los clientes de los bancos-, y el mayor cuento de todos. “El suelo de ingresos”.

El suelo de ingresos significa que todo el sistema fiscal está subordinado a un resultado mínimo que, como no se va a conseguir con sus estimaciones, se conseguirá como siempre hacen, subiendo impuestos a todos.

El plan de Podemos pone a los contribuyentes al servicio de los políticos. El mundo al revés.

España es ya uno de los países con una cuña fiscal más alta a familias y rentas altas y medias, según datos de la OCDE, así que Podemos y sus marcas blancas llaman “renta alta” a los que ganan 60.000 euros o más. Hablamos de menos de 615.000 contribuyentes que aportan más de 22.000 millones a las arcas del estado. En España, “los ricos”, son aproximadamente el 3,2% del total de contribuyentes y aportan el 32,4% de la recaudación por IRPF. Jamás recaudarían un 50% más de esas rentas. Desaparecen. Si usted se cree que 615.000 personas van a pagar 100.000 millones de euros de gasto adicionales en cuatro años, tengo una estatua de la libertad en Nueva York a precio barato que le venderé con sumo gusto.

Podemos y sus marcas blancas hablan de la austeridad como si reducir el desempleo, y con ello los gastos por subsidios de paro, fuera un recorte.

Los propios gobiernos populistas en Italia y Portugal son más listos. Tienen una fiscalidad mucho más atractiva para las rentas más altas para atraer capital extranjero con un tipo ultra-bajo y una cantidad fija máxima por todos los ingresos en el exterior. Pero de esos no aprenden.

Cuando Podemos habla de “las rentas de capital” parece que hablen de millonarios. No. Son los ahorros de todos. Porque eso que llaman “rentas de capital” son fondos y planes de pensiones, que suponen el 90% de los productos de inversión. Sus propuestas ya han mostrado su nula efectividad. En Navarra se quedaron sin SICAV y efecto recaudatorio, cero.

Abandonan completamente la más mínima noción de administración de recursos para endeudar al país mucho más, incumpliendo el déficit -mucha más deuda- vía ingresos y gastos. Con estimaciones de ingresos inverosímiles y gastos muy superiores.

Podemos y sus marcas blancas hablan de la austeridad como si reducir el desempleo, y con ello los gastos por subsidios de paro, fuera un recorte. Entre 2007 y 2016 el gasto público aumentó un 11,9%. Sanidad, una subida del 13,5%, educación, un aumento del 9,3%, protección social un crecimiento del 37,2%. Si consideramos el periodo 2007 a 2017 un aumento del gasto total de más del 13%. ¿Qué austeridad?. Para ellos, austeridad es que no gastamos sobre PIB lo que otros países, sin considerar la estructura empresarial, atracción de capital y atractivo inversor de otros. Para ellos el gasto es un fin en sí mismo.

No existe sector público sin un sector privado sólido. Y ellos quieren dinamitar al contribuyente.

Siguen mintiendo sobre el impuesto de sociedades diciendo que las empresas pagan muy poco, cuando los datos de la Agencia Tributaria muestran que es falso. Las grandes empresas pagan en Impuesto de Sociedades un 19% en 2017 (datos Ag Tributaria), además de impuestos al trabajo, a la inversión, locales, regionales, verdes y de todos los colores. La cuña fiscal a las grandes empresas es de casi el 40%, una de las más altas de la Unión Europea según el informe Paying Taxes de PWC.

Desde 2009, los ingresos por impuesto de sociedades se han incrementado un 15%, mientras que el número de empresas operando en España se ha reducido un 2%. Con un número de empresas similar al de 2010, España recauda un 43% más, a pesar de que las bases imponibles siguen por debajo de 2007. Podemos omite convenientemente que los beneficios empresariales de 2005 a 2007 estaban inflados por la burbuja, y aún así el impuesto de sociedades se ha recuperado con menos empresas y menos bases imponibles.

La última vez que España se lanzó a un incremento de gasto de estas proporciones entramos de cabeza en la mayor crisis económica de nuestra historia.

También faltan a la verdad con los bancos. En 2017 las seis grandes entidades bancarias tributaron en España un total de 2.426 millones de euros sobre su beneficio, un 31% de sus beneficios (7.874 millones).

Si analizamos su amor por el déficit -más deuda- contrasta con su obsesión con subir impuestos. Si consideran que el déficit no es un problema ¿por qué quieren asfixiar a impuestos a familias y empresas? Por el contrario, si la deuda y el déficit les preocupa, ¿por qué aumentar el déficit público tanto en épocas de bonanza como de crisis? Su plan aumenta el déficit estructural en 100.000 millones en el periodo 2019-22.

La última vez que España se lanzó a un incremento de gasto de estas proporciones entramos de cabeza en la mayor crisis económica de nuestra historia. España fue el país de las grandes economías de la Unión Europea en el que más creció el gasto público en el periodo 2004-09, un 48%, casi un 9% anual.

Pero a un aumento de gastos de 100.000 millones en cuatro años se le añaden unas estimaciones por ingresos fiscales inverosímiles e irresponsables. Recordemos que la media de desviación frente a las estimaciones de ingresos presupuestados en España ha sido de 5.800 millones de euros anuales en el periodo 2014-17 y de 12.000 millones de euros en 2008-2011.

La propuesta de Podemos no es abandonar la austeridad. Eso ya ocurrió hace años. Es la receta de la depresión.

En definitiva, en un escenario de enormes subidas de impuestos y gastos, justo cuando se empieza a intuir una ralentización de la economía, supondría un aumento adicional de deuda de entre 60.000 y 90.000 millones. Adicional, ojo, al aumento que ya se contempla en las estimaciones del gobierno.

Impuestos que van contra la tendencia global, que expulsan la inversión, el empleo y atacan a los autónomos para fomentar el gasto clientelar endeudando al país de manera mucho más agresiva. No hace falta recordar la enorme cantidad de estudios que desmontan sus ideas de multiplicadores inexistentes. Lo hemos vivido en España en el pasado.

La propuesta de Podemos no es abandonar la austeridad. Eso ya ocurrió hace años. Es la receta de la depresión.

Sánchez quiere blindar constitucionalmente el ‘papeles para todos’ para que el PP no pueda deshacerlo
Carlos Cuesta okdiario 18 Agosto 2018

El PSOE quiere blindar en la Constitución la extensión del ‘papeles para todos’ para que el PP no pueda deshacerlo a su llegada al Gobierno. El plan de los socialistas pasa por aprovechar la reforma constitucional para colar toda una transformación en el tratamiento a los integrantes.

De este modo, no sólo pretenden que se garantice con rango constitucional el acortar los plazos de concesión de los papales a los inmigrantes que entran de forma ilegal en España, sino que también busca que se incorpore una mecanismo de habilitación para su voto en las elecciones municipales.

El PSOE ya ha solicitado el apoyo a esta reforma a buena parte de sus socios de moción de censura -los que le respaldaron para llegar al poder echando al PP-. Y el acuerdo es mayoritario en esta dirección. Básicamente porque están convencidos de que se trata de una bolsa de potenciales votantes que no acabarán engordando el voto de la derecha sino de sus formaciones de izquierda o antisistema.

Una de la fórmulas jurídicas que se pretenden utilizar con este fin es la de sustituir la actual redacción constitucional para introducir un sujeto portador de derechos: “Las personas”, de manera que no sean exclusivamente los españoles los que puedan ver garantizados determinados derechos, servicios, prestaciones y una reformulación del derecho a la igualdad ante la ley y a la no discriminación que pretende incluir, precisamente, la no discriminación en el voto local.

Con este motivo, además, se quieren incorporar nuevas causas de prohibición de la discriminación. De manera que la reforma suponga un salto adicional en el acceso de los inmigrantes a una protección jurídica amplia.

Y es que el plan final del PSOE es facilitar el derecho al voto de los inmigrantes en futuras elecciones municipales y hacerlo de tal manera que el PP no pueda revertir fácilmente este cambio. Para ello, quiere usar el texto de la Carta Magna. Y, si lo consigue, eliminar a través suyo o de una remisión a la normativa sobre migración el requisito de reciprocidad en el voto y haciendo mucho más asequibles y rápidos los trámites para ser residente.

Los plazos de la reforma hacen prácticamente imposible que un cambio de esta magnitud se apruebe antes de la primavera del año que viene –cuando se celebran las próximas elecciones municipales–. Pero sí servirá al PSOE para amortizar a medio y largo plazo la campaña mediática de apoyo a la entrada de inmigrantes en España que ha dado comienzo a raíz de la llegada del barco Aquarius.

El decálogo de CEOE para acabar con el 'tsunami' normativo que sufre España
El número de normas y regulaciones amenaza con duplicarse con respecto a 2017.
Libre Mercado  Libertad Digital 18 Agosto 2018

El número de leyes, regulaciones y normas aprobadas por las Administraciones Españolas aumentó un 19% a lo largo de 2017. La previsión para 2018 no es nada halagüeña. Según los primeros indicadores, este curso podría duplicarse el número de prescripciones legislativas aprobadas a nivel nacional y autonómico.

Para poner coto a esta deriva, la CEOE ha presentado un informe compuesto por diez propuestas que pretenden reordenar el proceso regulatorio, con ánimo de hacerlo más coherente, menos exhaustivo y más favorable al crecimiento. El decálogo de la patronal abarca las siguientes medidas:

1. Eliminar y evitar las duplicidades legislativas y las normativas contrapuestas. Es imprescindible disponer de una normativa eficiente, actualizada y coherente, con objeto de disponer de un marco jurídico adecuado a las necesidades de cada sector empresarial, que garantice la unidad de mercado y evite restricciones desproporcionadas a una actividad económica.

2. Reforzar el papel del Consejo de Estado, la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos (CDGAE) y el Consejo Económico y Social (CES). Por un lado, el Consejo de Estado debe dictaminar de manera preceptiva los proyectos normativos, limitando el uso del Real Decreto Ley que debe ser la excepción y no la norma a la hora de elaborar normativa. Por otro lado, la CDGAE debe garantizar la eficiencia y la eficacia de cualquier iniciativa gubernamental con impacto económico. Por último, el CES debe ser consultado pero otorgando plazos suficientes y proporcionados para emitir dictámenes sobre materias, en ocasiones, complejas y controvertidas.

3. Reforzar la vigilancia del cumplimiento de la normativa vigente para preservar la competencia leal de los operadores. Según CEOE, se deben aplicar medidas para una eficaz vigilancia de los mercados de los productos, para lo que es fundamental la puesta en marcha del sistema español de vigilancia del mercado de los productos. La mutua colaboración entre las distintas partes de la Administración se convierte en un aspecto clave.

4. Reforzar y revisar la eficacia de las Conferencias sectoriales. Es fundamental desarrollar el proceso de racionalización y simplificación administrativa y convergencia de las legislaciones autonómicas y municipales, potenciando la participación de las organizaciones empresariales y de las empresas, para que la Administración conozca los impactos de las decisiones que se adoptan en estos órganos.

5. Implementar un sistema efectivo de racionalización, simplificación y reducción de cargas administrativas. CEOE considera que las CCAA y las entidades locales (más de 25.000 habitantes) también habrían de realizar la "Memoria de análisis de impacto normativo", con objeto de analizar el impacto acumulado de todas las normativas que afectan a los operadores y a su competitividad.

6. Habilitar o reforzar las ventanillas electrónicas, en las que los operadores económicos puedan señalar casos de incumplimiento de la legislación por parte de cualquier Administración Pública.Asimismo, la Confederación cree que, en materia de innovación, es necesaria la armonización, simplificación y transparencia de los procedimientos administrativos permitiendo hacer las gestiones a través de una "Ventanilla Única".

7. Ejecutar, con carácter anual, un Plan de Acción de Racionalización Normativa que profundice en la correcta aplicación de la normativa existente y evalúe de manera adecuada la implementación de las medidas normativas (evaluación expost) antes de plantear objetivos o revisiones adicionales.

8. Proceder a una racionalización de las empresas públicas promoviendo una mayor eficiencia y competencia en la gestión, evitando la tendencia a la sustitución del sector privado por parte del sector público.

9. Crear una base de datos legislativa única incluyendo toda la legislación vigente (nacional, autonómica y local) y una descripción de los procedimientos administrativos aplicables a cada actividad.

10. Reforzar la participación del sector empresarial en los procesos de información y consulta.Según CEOE, "es absolutamente necesario", reforzar la transparencia y participación del sector empresarial en las consultas previas al diseño de la regulación, así como en su proceso de implementación articulando mecanismos específicos de participación. El resultado sería avanzar y adecuar la normativa necesaria para respaldar la toma de decisiones empresariales en materia de inversiones, muy especialmente las de gran envergadura.

Victimismo ante las víctimas
La memoria del atentado era un pretexto: en el relato paranoico de los nacionalistas, las únicas víctimas son ellos
Ignacio Camacho ABC 18 Agosto 2018

Ese gesto de Torra, el de presentarle al Rey a la esposa del exconsejero encarcelado Forn, revela la convicción de los independentistas de que las verdaderas víctimas son ellos. Es lo único que les importa, el encaje de su relato paranoide en cualquier clase de acontecimiento. En la primera fila del acto de ayer estaban los familiares de los muertos, varios de los cuales eran por cierto extranjeros, pero al presidente catalán sólo le interesaba resaltar la ausencia de su correligionario preso. Al proclamar héroe civil a Forn, junto al mayor Trapero -obviando la responsabilidad de ambos en el aparato de seguridad que cometió graves fallos previos- el separatismo trata de mezclar la memoria del atentado con la del golpe de octubre y el referéndum: una manipulación procaz y sectaria, marca de la casa, con la que manifiesta de nuevo su ruindad impúdica, su grosera impostura, su esencial instinto fraudulento. Era una ingenuidad pensar que la mentalidad nacionalista renunciaría siquiera por un día a la exhibición de su martirologio torticero, pero hacerlo ante los deudos de los difuntos, desviando su protagonismo y pasando por encima de su sufrimiento, revela una falta de escrúpulo ignominiosa, un andamiaje moral abyecto.

No cabe llamarse a engaño. La conciencia victimista, inoculada desde las instituciones autonómicas con una perseverancia sin desmayo, ha arrastrado a una parte de la sociedad catalana a un delirio de ensimismamiento trastornado. La monomanía persecutoria se ha convertido en el leit motiv político que guía el pensamiento (?) de muchos ciudadanos firmemente convencidos de vivir bajo la opresión de un régimen autoritario. En esa ofuscación emocional colectiva no hay circunstancia ni acontecimiento que escape a un enfoque de agravio. Es el paroxismo de la cultura de la queja, de la externalización del fracaso: un desvarío autocompasivo que inventa un daño para señalar como único culpable al Estado.

Sólo que hasta ahora, el lamento no había llegado al grado de suplantar el rol de las víctimas auténticas. El nacionalismo deformaba la realidad, creaba una mitología o tergiversaba la Historia con una ficticia narrativa de la independencia. Utilizaba su habilidad propagandística para construir un poder político basado en la gesticulación plañidera. Pero nunca se había atrevido a reclamar un papel preponderante por encima de la tragedia ajena. El atentado de las Ramblas le empujó a una dinámica de histeria que atravesó esa frontera con el designio de transformar el shock social en una cínica estrategia. Lo que Torra escenificó ayer supone una desaprensiva adulteración de la conciencia: escamoteó la importancia cenital de los caídos para señalar como prioridad institucional a los líderes de la revuelta.

Eso es la Cataluña oficial de hoy: una estructura corrompida por una miseria moral tan imperdonable como obscena.

La enfermedad nacional de la izquierda española
Pedro de Hoyos Periodista Digital 18 Agosto 2018

Por algún motivo que no entiendo a la izquierda española le da vergüenza ser española, es un curioso fenómeno que no se da en ninguna otra parte. La izquierda griega es griega, la izquierda francesa se siente francesa y la tailandesa, congoleña o neozelandesa se siente orgullosa de su país. Nadie rechaza a los suyos o a sí mismo por ser… de su mismo grupo social, nacional, cultural o racial. Menos la izquierda española.

La izquierda española está enferma, le cuesta sentirse española, le parece facha; Pablo Iglesias lo ha reconocido en diversas ocasiones, el himno le parece una pachanga fachosa y le cuesta pronunciar la palabra “España”. Que el PSOE está torpemente en esa misma senda lo demuestra que jamás haya tenido la tentación de salir a parar los pies a los nacionalistas catalanes cada vez que ofenden a España o al Rey… porque al rey no le ofenden por apellidarse Borbón, sino por representar a España.

Pero a pesar de las repetidas ofensas, insultos y faltas de respeto no se le recuerda a Pedro Sánchez no ya una palabra de apoyo sino de defensa de la monarquía como emblema del Estado, de España. Su sintonía repetidamente demostrada con el nacionalismo, su mayor proximidad, su chalaneo continuo queda demostrado en numerosas ocasiones en las que su flojedad, su desidia y sus silencios han sido clamorosas manifestaciones de su falta de empatía con el español medio, con sus sentimientos y apreciaciones. Que en su primer tuit en catalán haya hecho desaparecer la bandera de España (aunque luego haya rectificado), que sí figuraba en el tuit en castellano, no significa más que una inercia descuidada, una tendencia suicida, su propensión a dar la razón a los que deberían ser sus enemigos. Que no haya hecho o dicho nada contra las pancartas que hoy ofendían al rey para ofender a España, que no haya frenado a Quim Torra es, lamentablemente, típico de una izquierda torpe, acomplejada y enferma.

Muchos españoles buscamos una izquierda que repare las injusticias sociales, que luche por la libertad y que defienda la igualdad entre todos los españoles, con independencia de la región donde vivan. Una izquierda como la francesa, la sueca, la argentina o la vietnamita. Por ejemplo.

Tuiter: @pedrodehoyos @pedrodehoyos @pedrodehoyos

No cabe un “fascista” más
Gonzalo Duñaiturria okdiario 18 Agosto 2018

Pablo Iglesias llamó “fascista” a Rivera. Lambán a Quim Torra. La CUP llama “fascista” a Rajoy. El PP llama “fascista” a Puigdemont y además están los “fascistas” de Le Pen, Salvini y Orbán. No cabe un fascista más.

Resulta singular como una ideología es utilizada como insulto al que no opina como quien lo emite, cuando, teniendo la más mínima cultura, el parecido entre nuestra opinión y los postulados de Benito Mussolini sean pura coincidencia. Dicho denuesto se maneja por la izquierda, extrema o menos extrema, como por la pseudo derecha pusilánime y acomplejada.
La izquierda lo utiliza de forma sibilina. Crea, desde tiempos inmemoriales de “papa Stalin”, una acostumbrada asociación entre violencia y fascismo, entre dictadura y fascismo, entre fanatismo y fascismo.

Con tal “estrategia del lenguaje” se deja a salvo el comunismo que ha sido, y es, la falsa creencia política que más terror, muerte y destrucción ha provocado a lo largo de la historia. Una forma hábil, no desenmascarada, de eludir responsabilidades históricas de una izquierda fraudulentamente progre. Y sobre todo de engañar. Es la utilización del mensaje, por encima de absurdos o embustes. La izquierda, tanto la extrema como la progre callan de forma inmediata al disidente con el epíteto de “fascista”.

Es “fascista” quien defiende la unidad de España. Quien cree en la familia. Sin duda aquel que considera esencial para el desarrollo y verdadero progreso la propiedad privada. “Fascista” es quien entienda, desde el respeto más extremo, que solo existen dos sexos y “premio al fascista del año” puede recibirlo quien ponga en jaque el “calentamiento global” y la posible extinción del “myleus pacu” o “pez corta bolas”. Vieja y apolillada forma de dominar la masa iletrada mediante la demagogia, sutil método de tiranizar al ciudadano señalándole con el gran dedo acusador por ser “fascista”, por discrepar, por no ser de izquierdas, con derecho a ser proscrito y condenable.

Mayor bochorno es la utilización que se hace desde la pseudo derecha. Vergonzante por acomplejada y cobarde y por sus perversos efectos. Para esta derecha, la izquierda no realiza conductas censurables, lo hacen los “fascistas” por lo que el rechazo social irá dirigido hacia estos, no hacia los verdaderos culpables, ubicados en la izquierda más radical y extrema.

Arriesgarse a llamar a ETA movimiento marxista fue mucho y ETA era denominada “fascista”. Atreverse a tildar a Podemos y su fárrago como comunistas es demasiado compromiso, por lo que son tachados de “fascistas”. Cuando esta pseudo derecha igualmente iletrada utiliza el término “fascista” como insulto solo consigue dar la razón a la izquierda, la legitima en todos sus comportamientos y actitudes, generando el rechazo social hacia quienes ya la izquierda señaló como tales. En definitiva, a ellos mismos. Vergonzante cobardía, vacía e incoherente doctrina de los que no se ubican en ningún lado. Nuevamente lo gris.

Es necesaria una renovación que comience por llamar a las cosas por su nombre, atreviéndose a manifestar qué quienes pregonan hoy en día la mentira, la opresión y la intolerancia, no son “fascistas”, sino la izquierda radical y por conveniencia irresponsable, con la menos radical. Mientras el fascismo real es hoy residual, la extrema izquierda experimenta un cierto auge letal para el progreso y la verdadera libertad, donde la izquierda socialdemócrata se muta por migajas e intereses y la derecha pusilánime se encoge de hombros y solo atisba adjetivar el peligro con un turbado y retraído grito de “fascistas”. Sin darse cuenta que semejante actitud terminará en una molesta convivencia de ambos en el “gulag”.

Como dijo Francisco de Quevedo: “Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen”.

La gran sustitución
Fernando Sánchez Dragó El Mundo 18 Agosto 2018

Ése es el título que Sertorio ha puesto a un artículo de largo alcance e inequívoca trascendencia publicado por la revista digital El Manifiesto. También habría podido titularlo, a la manera de Ortega, El tema de nuestro tiempo. Lo es. No hay, a mi juicio, ningún otro que le gane en el catálogo de retos de los que depende el futuro inmediato de ese engendro político, económica y cultural que es la Unión Europea. Lo suscribo en su totalidad y en su totalidad lo transcribo...

"Todavía a estas horas la policía británica se resiste a informarnos sobre la ideología de Salih Khater, el conductor que embistió contra peatones y ciclistas en Westminster. Uno de los servicios de información más eficaces del mundo ha tardado más de veinticuatro horas en especificar que el ciudadano británico que provocó semejante caos era de origen sudanés y, tal y como parece reflejar su nombre, todo hace suponer que de religión musulmana. El escamoteo de lo obvio por parte de los voceros de las plutocracias europeas no sólo es ineficaz, sino que además resulta ridículo y casi cómico. Basta con que suceda un atentado y con que las autoridades no digan nada sobre su autor para que ya sepamos que es obra de musulmanes wahabíes, con o sin pasaporte europeo. El silencio de políticos, policías y periodistas es la mejor confirmación. Baste como muestra el caso de Rotherham, en el norte de Inglaterra, donde una red paquistaní de violadores abusó de unas dos mil menores inglesas nativas entre 1997 y 2013 con el silencio cómplice de policías y munícipes, que temían ser políticamente incorrectos. Sobre Rotherham no habrá películas, ni programas prime time en la televisión, ni lazos morados, ni Me Toos, ni feminismo militante del que toma las calles con La Manada.

"Que el alud de inmigrantes islámicos es algo querido, fomentado y privilegiado por el establishment salta a la vista. Los millones de africanos a quienes los gobiernos y las ONGs animan a saltar las fronteras e instalarse en Europa proveen a la oligarquía dominante de una mano de obra muy barata, que sustituirá a los carísimos trabajadores nativos, a los que ya se empieza a diezmar con una legislación que premia la nula fecundidad, la disolución de la familia, la promiscuidad y el hedonismo vulgar. La disminución de la población originaria se verá compensada con la llegada de los muy baratos y fértiles reemplazos africanos, que formarán una casta inferior de subempleados, mientras lo que quede de los europeos será destinado a nutrir los cada vez más escasos cuadros medios, cuando no a descender directamente al nivel de la white trash americana.

"Es decir, de aquí a dos generaciones, Europa Occidental habrá dejado de ser Europa. Su composición étnica habrá cambiado de tal forma que el islam será la religión dominante en el corazón de la difunta cristiandad. Realmente, el terrorismo wahabí no es necesario, basta con esperar poco menos de un siglo para que Francia o Inglaterra sean Dar al Islam.

"¿Cómo se ha llegado a esto? Desde 1945 se ha combatido abiertamente la identidad de los pueblos de Europa mediante la represión del sentimiento nacional, el complejo de culpa -fomentado por las élites académicas-, la extensión del individualismo extremo y, sobre todo, una visión estrechamente economicista del mundo, que valora las políticas esenciales de los Estados en términos de beneficios y pérdidas.

"La industria de la culpa, que achaca todos los males del mundo a la acción de los europeos, es la justificación moral de la intencionada desidia de las autoridades a la hora de frenar este rumbo suicida de nuestra civilización. En el pasado mes de julio, por ejemplo, se produjo un asalto violento a la frontera española en Ceuta; veinte agentes de la Guardia Civil fueron heridos por seiscientos asaltantes, los cuales emplearon métodos que implicaban una organización paramilitar. En cualquier nación dispuesta a defenderse, estos individuos habrían sido devueltos en caliente a su país de origen o encarcelados con graves cargos en su contra. Sin embargo, pese su evidente delito, se les acoge como refugiados y se les permitirá el tránsito a la península. Por lo visto, actuar de manera contraria sería racismo. ¿Se imagina el lector qué hubiera pasado si en una manifestación de españoles se agrediese de manera semejante a los agentes de la autoridad? ¿Por qué se pueden emplear medios de defensa contundentes contra los nativos que pagan sus impuestos, y no se hace nada contra unos extranjeros indocumentados que asaltan nuestras fronteras? Buena parte de la respuesta está en la industria de la culpa, producto básico de las élites intelectuales en los últimos cincuenta años y esencial a la hora de explicar la inhibición psicológica de las autoridades. No nos queremos defender porque se nos ha educado en el autoodio, que ha conseguido el prodigio de que nos sintamos culpables hasta de la violencia que se ejerce contra nosotros. Recuerde el lector el aquelarre que se montó el año pasado por los bonzos de la izquierda catalana en Ripoll y Barcelona, tras los atentados de la Ramblas, donde a los asesinos islamistas se les consideró unos buenos muchachos, tanto que la culpa del atentado no era suya, sino de la sociedad occidental, es decir: nuestra.

"La disolución de Europa en una sociedad multicultural, sin identidades nacionales, islamizada y con unos índices crecientes de pobreza y subempleo, es el objetivo a medio plazo de la Unión Europea y de la plutocracia mundialista que la controla. Sin naciones soberanas, divididas sus grandes ciudades en ghettos, sólo imperarán en el gigantesco mercado persa que nos espera el capitalismo salvaje y su administración oligárquica con sede en Bruselas. Las naciones soberanas tienen la "desventaja" de que sus gobiernos todavía responden ante el pueblo y son relativamente controlables por sus instituciones políticas, cosa que no pasa en las grandes organizaciones transnacionales, coto privado de financieros y burócratas. De ahí la campaña de extinción de las naciones europeas por parte de estos poderes, su cruzada contra los Estados y su coerción migratoria salvaje, que sirve para disolver las culturas originarias con la deportación-importación de millones de "nuevos europeos".

"La lucha contra el caos migratorio y la islamización forzada de Europa no sólo pasa por medidas políticas (que no se toman) ni por sobornos a los países emisores. Tiene también la necesidad de un rearme cultural: un cambio de valores que sirva para poner fin al envenenamiento de nuestra civilización mediante los complejos de culpa y para acabar también con la apología de unas conductas que incitan al suicidio demográfico y que pisotean la tradición europea, que es el mejor remedio contra la peste de la corrección política. Y, sobre todo, el problema empezará a resolverse cuando los cálculos económicos se sometan a la soberanía e identidad de los pueblos.

"Mientras no se actúe de esa manera, seguiremos esquivando coches sin frenos".

Hasta aquí lo escrito por Sertorio, constreñido por los sicarios de la corrección política a buscar refugio en el anonimato. Que Júpiter nos proteja, pues ni Alá ni el dios del papa Francisco van a tomarse esa molestia.

Posdata - Hoy es 17 de agosto de 2018. Lo escribo, lo transcribo y lo cuelgo mientras en Barcelona andan poniendo flores y encendiendo velitas en recuerdo del atentado islamista de un año antes, como si eso sirviera para algo, y rindiendo homenaje a la inexplicable dejadez e incalificable ineficacia, rayanas en el delito, de quienes pudieron cortar de raíz esa cadena de crímenes y prefirieron pasar por alto el aviso de la Cía, la opinión de una juez y la evidencia de que la explosión de la casa de Alcanar no había sido un simple accidente doméstico. Se delinque no sólo por comisión, sino también por omisión.

Casualidades de la vida
Sánchez y la bandera de España de quita y pon
Álvaro Martínez ABC 18 Agosto 2018

Como las casualidades a veces las carga el diablo, Pedro Sánchez sufrió ayer el fatal azar de que el grafismo creado para su mensaje de apoyo a las víctimas del 17-A se averiase, por un problema técnico, en su versión en lengua catalana. La infortunada casualidad, ¡ya es mala suerte!, quiso que en el recuerdo presidencial de la matanza, su condena al terrorismo (sin citar su procedencia yihadista) y el llamamiento a la unidad de todos no salieran la bandera de España ni el escudo nacional, que sí se incluían en la versión en castellano que difundió el presidente en Twitter a eso de las ocho de la mañana, tempranito.

Dos horas después, dos, de que la casualidad, ¡ya es mala suerte!, hiciese desaparecer los dos símbolos, el equipo digital de Sánchez consiguió reparar el «error técnico», y bandera y escudo volvían al mensaje en catalán. Otras fuentes de La Moncloa atribuían todo a un «error humano», ¡vaya por Dios!, y a «los duendes de la imprenta que padecemos todos en ocasiones, sin ningún tipo de intencionalidad política».

La casualidad quiso que el fallo fuese detectado cuando todas las webs de información (bueno, en todas las que no se dedican a la propaganda del «Gobierno bonito») ya habían informado del asunto de la desaparición y aquello era un hervidero de indignación entre quienes, ¡hace falta ser malpensado!, lo consideraban un olvido quizá calculado que formara parte de la estrategia de distensión y diálogo con el «supremacista y racista» (en palabras del propio Sánchez) Quim Torra, que ahora es quien lidera la facción de lazo amarillo. En cualquier caso, la avería tuvo que ser bastante seria pues los técnicos monclovitas tardaron 180 minutos en arreglar la maldita causalidad.

Desde la foto de las manos de Sánchez anunciando a los españoles que «las manos del presidente marcan la determinación del Gobierno», ningún otro mensaje digital del líder socialista había tenido un eco semejante al de la bandera y el escudo de España de quita y pon, sobre todo después de esa fatal casualidad, ¡cagüen la mar!, y esos «duendes de la imprenta», siempre tan socorridos para salir del paso.

Interior anuncia que “por orden del ministro” Marlaska revisará “la utilidad pública” de HazteOír
OKDIARIO 18 Agosto 2018

El Ministerio ha informado de la decisión de su titular, Fernando Grande-Marlaska, de abrir un expediente para “ver si persiste la utilidad pública de HazteOir”. El ministro, a iniciativa propia, saca del cajón una iniciativa de Unidos Podemos y Esquerra Republicana que aprobó el Congreso de los Diputados el año pasado instando al Gobierno de Mariano Rajoy a incoar el procedimiento y los trámites necesarios para la revocación de la declaración de utilidad pública a HazteOír, acusándola de “promover el odio, la intolerancia y la discriminación de las personas LGTBI”.

La asociación impulsó entre los meses de marzo y junio de 2017 una campaña que, según la organización, mostraba su rechazo al “adoctrinamiento sexual” de los menores en los centros escolares. En el marco de la iniciativa, recorrieron diversas ciudades de España con un autobús bajo el lema ‘Los niños tienen pene, la niñas tienen vulva. Que no te engañen’.

El entonces titular de Interior, el ‘popular’ Juan Ignacio Zoido, dio explicaciones ante la Comisión del ramo en el Congreso sobre la situación de HazteOir. En aquella ocasión, aseguró que no podía revocar la categoría de utilidad pública a la asociación y debía esperar a que haya una resolución judicial que acredite que la organización ha incumplido la ley.

Ahora, ha sido el propio Twitter oficial del Ministerio el que ha anunciado, en pleno viernes de agosto y con el país entero pendiente de recordar a las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils del 17-A, que “por orden del ministro” se abre un expediente “para ver si persiste la utilidad pública” de la asociación.

Curiosamente y ante el escándalo de una iniciativa tan extemporánea y anunciada de un modo tan clandestino, sólo después de que fuentes de Interior hayan sido consultadas por la agencia Europa Press, el departamento de Grande Marlaska ha matizado que Interior quiere empezar a hacer una valoración sobre la utilidad pública “en general” de todas las asociaciones, a pesar de que éste es un proceso “que normalmente se hace a final de año”.


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Epítome de la cursilería
Ramón Pérez-Maura ABC 18 Agosto 2018

Resulta difícil imaginar un acto de mayor cursilería que el que se perpetró ayer en la plaza de Cataluña de Barcelona. Se trataba, ante todo y por encima de cualquier otro objetivo, de que nadie dedicase un segundo a recordar el terrorismo ni los asesinos que cometieron los crímenes. Se trataba, esencialmente, de que nada pareciese lo que realmente era. Se repitió ocho veces el mismo texto del poeta John Donne -menos mal que no había que pagar derechos de autor- porque la presentadora del acto, la periodista Gemma Nierga nos explicó que «respetar las lenguas es respetar a las personas». Advertencia que no se entiende muy bien qué tenía que ver con los atentados de hace un año. Y para que todo quedara bien disimulado, para que nada fuese lo que parecía, la cita de Donne la leyó en catalán una musulmana con velo -las políticas de inmigración de Jordi Pujol están dando resultado- y la cita en inglés la leyó un sikh. Todo muy lógico.

En una región de España en la que el castellano es una lengua oficial, la presentadora del acto sólo dijo en español seis palabras. Las de despedida: «Gracias a todos por acompañarnos». Que nadie creyese que ese acto tenía algo que ver con España. Y las cuatro canciones que interpretó un coro de cualidades artísticas manifiestamente mejorables fueron, como por casualidad, tres en inglés y una en catalán. El respeto por las lenguas que pidió Nierga a la hora de explicar las ocho lecturas en ocho idiomas de la misma cita ya se había olvidado a la hora de escoger las canciones que, eso sí, eran traducidas en directo al lenguaje para sordos. Creo con toda sinceridad que sólo un cursi podía escoger para un acto así una canción de «El mago de Oz» o el «Imagine» de John Lennon. Pero mientras se habla de «paz» no se habla de quien asesinó e hirió hace un año a las víctimas.

Hay que reconocer, eso sí, que la presencia del Rey fue el principal factor despolitizador del acto. Porque el rechazo de los independentistas a la presencia del Monarca sirvió para que las bases de la CUP, Esquerra, PDECat et alii no acudieran a la concentración. Lo que demuestra lo que les importa las víctimas: absolutamente nada. Ellos organizaron actos alternativos a lo largo del día y el presidente de la Generalidad, Quim Torra, llegó a desear «toda la suerte» a sus «Comités de Defensa de la República» en su convocatoria de homenaje alternativo. Esos comités son los que proclaman que «Cataluña no tiene Rey». Pero vaya que si lo tiene. Y ayer les dio una gran lección. Con esos mimbres, Torra -que de ninguna manera hubiera podido justificar su ausencia del homenaje oficial por la presencia de los Reyes- tuvo que escuchar los vivas al Rey que clamaron los catalanes a los que él niega sus derechos a diario. Y la ausencia de independentistas y republicanos demostró, sobradamente, quién hace imposible la convivencia pacífica. Esa «ciutat de pau» que reclamaba el lema de Ada Colau es perfectamente posible cuando los independentistas no atacan la convivencia.

A primera hora del día Quim Torra había hecho, rodeado de su Gobierno, una pretendida declaración institucional y empleó el altavoz propagandístico de la Generalidad, Catalunya Radio, para promover la violación de la ley al decir, en el día en que las víctimas de los atentados habían pedido no politizar los actos, que «la realidad de Cataluña es que tenemos presos políticos y exiliados». Desde primera hora de este aniversario del atentado terrorista del 17 de agosto de 2017 Torra dejó claro que a las víctimas las podían ir dando.

La hoja de ruta secesionista

JORGE DE ESTEBAN El Mundo 18 Agosto 2018

Los separatistas catalanes, digámoslo claramente, no tienen más que un único objetivo: seguir la hoja de ruta trazada, pase lo que pase, incluso por encima de sus desavenencias coyunturales, hasta alcanzar la meta final, que es la independencia de Cataluña. De esta manera, los actos que se celebraron ayer, que debían haber sido única y exclusivamente para recordar a los 17 muertos en los atentados de Barcelona y Cambrils del año pasado y para consolar a los familiares y amigos -que han confesado que se han sentido desamparados-, se aprovechó ayer también para un fin que es un claro delito, como ya hemos comprobado, con independencia de lo que decidan los jueces españoles, de las barbaridades que cometen algunos magistrados alemanes y de la persecución a la que quieren someter al competente juez Llarena, instructor de la causa.

Como digo, los separatistas aprovechan todo para conseguir sus objetivos, incluida la utilización del execrable atentado yihadista en las Ramblas, que no sabemos bien si se pudo evitar. Existen muchos hechos todavía sin aclarar, como, por ejemplo, el viaje a Estados Unidos de varios representantes de los Mossos, la actuación del imán de Ripoll y la falta de información policial de lo que se estaba construyendo en el chalet que saltó por los aires. El Parlament de Cataluña, que se autodefine como soberano, ha sido incapaz de crear una Comisión de investigación para aclarar todos estos aspectos obscuros de la matanza.

Del acto institucional de ayer, con motivo del primer aniversario, cabe destacar dos aspectos intolerables en una democracia moderna como es España. Por una parte, ante la presencia de Felipe VI, el presidente Pedro Sánchez y demás autoridades nacionales y autonómicas, destacaron, lo que no ocurriría en ningún otro país del mundo democrático y no democrático, expuestas al menos tres grandes pancartas escritas en catalán o en inglés en las que se decía que el Rey -cuyo retrato estaba boca abajo- no era "bienvenido" a "los Països Catalans". Esos países catalanes sólo existen en la mente enfermiza de los separatistas, pero, en cambio, lo que sí existe es que más de la mitad de los habitantes de Cataluña no son separatistas. Por eso, el agravio no era sólo al Jefe del Estado, sino que era una afrenta a todo el pueblo español y a más de la mitad de los catalanes. Se ha llegado a defender que tales pancartas son una forma legítima y hasta legal de la libertad de expresión y, si me apuran, cuando se trata entre particulares, yo lo defiendo también. Pero es que ayer quienes difundieron, o al menos toleraron esas expresiones, fueron las autoridades de Barcelona. La alcaldesa Colau debió ordenar a los bomberos, que están para casos como éste, que retirasen esas pancartas colocadas la noche anterior. Por ello, quien sobrepasó los límites de la libertad de expresión fue el Ayuntamiento de Barcelona, porque el Estado no puede hacer uso de una facultad que se les reconoce a los particulares, pero que no es posible reconocer a las propias autoridades para injuriar al Jefe del Estado. Si esto se permitiese, el Estado dejaría de existir porque no puede renunciar a la defensa de la legalidad, que es su última justificación.

Otro de los eslóganes que también se distribuyeron ayer alegremente fue, sin conocimiento de la cuestión, que el Rey vende armas a Arabia Saudí. Como digo, si los usuarios de la libertad de expresión son particulares pueden incluso rebuznar, pero que rebuznen las autoridades no es correcto. En todo caso, más valdría que indagasen si es cierto que se está procediendo a militarizar el cuerpo de los Mossos d'Escuadra y si les van a comprar también cañoncitos y ametralladoras para convertirlos en un ejército de Pancho Villa.

Vayamos ahora al asunto del protocolo que, como se sabe, es el conjunto de reglas formales que rigen no sólo en los actos oficiales y diplomáticos, sino también en las relaciones sociales en general. No adecuarse a estas reglas demuestra mala educación y, lo que es peor, sirve para conocer con qué gente nos tratamos. Recuerdo de mi época de embajador en Roma que un alcalde de una capital de provincia me pidió que concertase con el presidente de la República italiana una audiencia con él en el Quirinal para "hablar de asuntos de Estado"; y un delegado del Gobierno de otra región me preguntó igualmente cuántos motoristas uniformados le escoltarían en el Mercedes que yo tenía que enviarle al aeropuerto para un viaje privado. Pero, claro, en el caso de los soberanistas catalanes no dan puntada sin hilo y siempre hay una motivación política. De ahí que fuese la Delegada del Gobierno en Cataluña quien recibiese a los Reyes y al presidente. El insigne Torra le dejó estos menesteres y tuvo que ser Don Felipe quien fuese a saludarle a él.

Torra viola el protocolo y, si se quiere mejor, las más elementales normas del sentido común, es decir, del famoso seny catalán. Cuando Pujol, recién elegido en 1980 presidente de la Generalitat, no tenía bien definidos aún los poderes de su cargo, expresó una frase que hizo entonces fortuna: "Ya que no tenemos todavía poderes, seamos rígidos con el protocolo". Y lo cumplió a rajatabla. Años más tarde comenzó a acumular poderes y hasta fortuna personal, como es bien sabido y, por lo tanto, ya no le era tan necesario el protocolo. Algo que yo pude comprobar en uno de sus viajes a Italia mientras fui embajador. En efecto, cuando la secretaría de Pujol me informó de su viaje oficial a Roma, preparé a conciencia todo el protocolo, poniendo a disposición del president y de sus acompañantes los Mercedes de la Embajada y algún otro coche más. Cuando llegué al aeropuerto para recibirlo con todos los honores, los servicios de seguridad de la Embajada me dijeron que estaban esperando también tres Mercedes que habían alquilado por si el embajador le fallaba... ¡Qué desperdicio de dinero público!

Pues bien, con ello quiero subrayar que si en aquel entonces Pujol decía que había que ser rígido con el protocolo porque no tenía poder, ahora, cuando Cataluña tiene más poder que ninguna otra Comunidad Autónoma y más dinero disponible, a pesar de su déficit público, el protocolo se ha convertido para Torra y sus colaboradores en unas reglas menos respetadas que las del parchís en familia. El hecho es que cuando el Rey se acercó ayer a saludar generosamente a Torra, éste aprovechó para presentarle a la mujer de Joaquim Forn, que está en la cárcel presuntamente por un delito de rebelión o sedición siendo conseller del Interior, es decir, también el que estaba al frente hace un año del orden público cuando ocurrió el atentado de las Ramblas. Con todo mi respeto a esta señora, no era el momento de que se la presentaran al Rey.

Por lo demás, digamos que al menos no hubo ayer en Barcelona más aprovechamiento político de los actos retransmitidos a toda España por televisión. Pero no nos hagamos ilusiones. Mañana mismo, hoy mismo, los soberanistas seguirán aprovechando cualquier ocasión que se les presente para seguir presionando al Gobierno central y sacar tajada. Anteriormente se debía a la estrategia propia del asno de Buridán que parecía imitar Rajoy, siempre indeciso ante qué decisión tomar, es decir, ninguna. Pero ahora su sucesor no tiene más remedio que hacer lo que le digan los dueños de la Posada, porque si no les hace caso le quitarán la silla para comer (léase La Moncloa).

Por supuesto, que nadie piense que el problema catalán se podría resolver ahora o nunca. Ni lo uno ni lo otro, pero lo que sí es cierto es que, como diría Borges, toda su vida obsesionado por los laberintos para no perderse, el conflicto catalán, como recordaba hace un año Màrius Carol, cada vez se parece más a un laberinto en el que parece no haber salida. De este modo, afirma el director de La Vanguardia, "asistimos a un cúmulo de incertidumbres, que a corto plazo pueden despertar emociones desbordadas, sentimientos encontrados y decisiones descontroladas".

En otras palabras, este Gobierno interino y sin poder no puede más que hacer una cosa cuanto antes para cortar el nudo gordiano que atenaza hoy a España: convocar elecciones, antes de fin de año.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Rechazo general a la politización de Torra del 17-A
EDITORIAL El Mundo 18 Agosto 2018

El independentismo volvió a demostrar ayer una gran falta de escrúpulos al politizar la jornada de dolor en recuerdo a las víctimas de los atentados yihadistas que golpearon a Barcelona y Cambrils hace un año. Sin embargo, hay que felicitarse por el hecho de que los ciudadanos, de forma absolutamente mayoritaria, dieran la espalda a los llamamientos de las últimas semanas del presidente de la Generalitat para boicotear al Rey en el acto institucional, que finalmente transcurrió en un clima mucho más sereno del que cabía temerse. De hecho, Quim Torra tuvo que ver cómo se le volvía en contra su obsesión, ya que gran parte de los asistentes explicitaron su respaldo a la presencia de Don Felipe y Doña Letizia.

Sí es de lamentar, en todo caso, que la apropiación y el uso partidista del homenaje que desde días atrás venían realizando los dirigentes secesionistas contribuyeran a que ayer la Plaza Catalunya tuviera mucho menos público del deseado. Cabe interpretarlo como el hastío de los barceloneses, expresado en la denuncia la víspera de las propias víctimas del 17-A, por la desvergüenza de algunos al ensuciarlo todo con el procés. Y, en ese sentido, el discurso institucional pronunciado a primera hora de la mañana por Quim Torra fue de una gran mezquindad, aprovechando un momento tan solemne para denunciar el "injusto encarcelamiento" del ex conseller de Interior. Joaquim Forn, junto a otros ex miembros del Govern no fugados, se encuentra en prisión provisional, acusado de gravísimos delitos, con todas las garantías del Estado de derecho como es obvio. Pero, en todo caso, no era la de ayer una jornada para reivindicaciones políticas de ningún tipo, menos para exaltar actitudes golpistas.

El día comenzó con el despliegue de una pancarta gigante contra el Rey en la Plaza Catalunya. Fue el primero de varios gestos contra los representantes del Estado que podríamos definir de baja intensidad tras la asunción de los líderes secesionistas del impacto tan negativo que habría tenido en la opinión pública internacional convertir un acto tan sobrio y emotivo en una protesta con silbidos al Monarca. Con todo, no faltaron demostraciones de falta de respeto como la de Torra al presentar a Don Felipe a la esposa de Forn con un ánimo provocador que, por el contexto, resultó obsceno.

Los Reyes demostraron su temple y representaron con dignidad a todos los españoles con su acertada presencia en el acto institucional, si bien se reflejó la preocupante excepcionalidad política que se vive en Cataluña, por más que el Gobierno de Sánchez insista en hablar de una "normalidad" a todas luces inexistente. Y, así, por ejemplo, resultó lamentable que sólo la delegada del Gobierno en Cataluña recibiera a su llegada a Don Felipe y Doña Letizia. Ambos cumplieron con lo que se espera de la Corona y fue muy apreciado su saludo a cada una de las 150 víctimas de los atentados presentes, los verdaderos protagonistas del día.

Los ataques de baja intensidad de la mañana dieron paso por la tarde al aquelarre anunciado por las plataformas independentistas, que se manifestaron a las puertas de la cárcel de Lledoners sin mostrar el más mínimo respeto por quienes hace ahora un año sufrieron el zarpazo yihadista, cuyo recuerdo debía ser ayer lo único que guiara las acciones de dirigentes y plataformas cívicas con un mínimo de decencia. Lo único bueno es que, ayer, todos volvieron a retratarse. Y no todos quedan bien.

¿Ha bajado los brazos España?
Xavier Salvador Cronica Global 18 Agosto 2018

En pleno aquelarre por los actos de conmemoración del aniversario del atentado terrorista del 17 de agosto de 2017, con las radios difundiendo reportajes repletos de testimonios lacrimógenos, la televisión transmitiendo los actos programados, en el epicentro de la guerra independentista de las banderas y las pancartas, en medio de todo ese magma convulso, recibo un mensaje del periodista Jesús Cacho, editor del digital Voz Pópuli, en el que entre otros comentarios se confiesa pesimista con lo que estaba viendo y acaba su razonamiento diciéndome: “España ha bajado los brazos”.

Se refiere Cacho al orteguiano “problema catalán”. De su mensaje se infiere la sensación que tienen los mejor informados de la Villa y Corte sobre el agotamiento intelectual que el debate propiciado por el soberanismo causa más allá del Ebro. Las reuniones y actividades del aniversario del 17A vuelven a mostrar una Cataluña parcial, de nuevo ocupada en su reivindicación principal durante los últimos años, preocupada por dinamitar los cimientos del Estado español como fórmula para obtener mejor posición de los intereses regionales, sean políticos, económicos o meramente identitarios.

La hipotética caída de brazos de España ante la situación catalana que esgrime el colega no es más que la sensación extendida fuera de Cataluña (y entre una parte de los catalanes no soberanistas) de que los cambios políticos en la gobernación española pueden haber carcomido la defensa de unos valores constitucionales y de unidad territorial que los intereses partidarios situarían en segundo plano. Los eslóganes y gritos de “¡Viva el Rey!” o “¡No estás solo!”? que se escucharon ayer en la capital catalana dirían otra cosa (que la jefatura del Estado no está en entredicho), pero lo cierto es que la persistencia del independentismo en sus postulados, amplificados por su extensa presencia pública, generan un agotamiento en sus opositores que favorece de manera incontestable los intereses de sus promotores.

Puede que resulte muy taxativo afirmar que España ha bajado los brazos. Es más, el hastío es mayor entre la parte de la población catalana que no está (aún) contaminada de nacionalismo. Esos ciudadanos sí que han desistido de algunas heroicas resistencias (simbólicas, narrativas, lingüísticas o de otras índoles) aplastados por la solitud en la que se hallan. “La calle es de los independentistas”, clamaba ayer una ciudadana entrevistada por una televisión durante el acto central de Barcelona. Pues sí, las calles y los espacios públicos en general. Combatirlo sin apoyo es una numantina actitud que conduce irremediablemente al cansancio. La flojera y el despiste de determinada izquierda en ese contexto es aprovechada por el independentismo. Lo que Jaume Roures, Oriol Junqueras, Pablo Iglesias y el conspirador mediático Oriol Soler vieron claro el verano pasado, hace justo un año, en aquella cena en la que se fijaron algunos hitos políticos del curso que comenzaba, era la debilidad general de quienes se oponen al desbocado nacionalismo catalán. La moción de censura sobre Mariano Rajoy fue el corolario. Eso, a pesar de que Madrid siga atribuyendo el derrocamiento del PP a motivos sólo centrípetos.

Que se haya salvado el asalto independentista a los actos del 17A no es más que una pírrica victoria de la España que Pedro Sánchez o Ada Colau pueden defender. Un corto paréntesis en nombre de las víctimas. Pero que nadie se equivoque, el virus está inoculado y seguirá extendiéndose. Mientras algunos ven al país con los brazos bajos, otros vemos al independentismo con los brazos en jarra, en actitud jotera. Tomen nota, por ejemplo, de cómo el presidente de la Generalitat, Quim Torra, decía a los suyos que no aceptaría al Rey en Barcelona, que no participaría en los actos con presencia real, y, en cambio, al final, él y su séquito, estuvieron en primer plano. Hasta se atrevió a llevar a la esposa de uno de los políticos encarcelados para pasearla entre las víctimas y lograr la imagen de hipotético ridículo real.

Según se resuelva el juicio del 1-O, en función de cómo avancen las situaciones jurídico-legales abiertas, en la medida en que sigan venciendo en la batalla del relato frente la opinión pública, los independentistas pasarán otra vez de los brazos en jarra a los brazos en alto, posición tan propia del totalitarismo de todos los tiempos. Lacismo again.

Que nadie piense que la normalidad política y social está garantizada, al contrario. España no puede permitirse bajar del todo sus brazos, eso sería una derrota, como insinuaba mi colega. La actitud positiva y activa que ahora debe garantizar, sobre todo, es la de aquellos catalanes que defienden la Constitución en la plaza, estimular a los partidos de la izquierda contemplativa y pseudocómplice y a la ciudadanía desasistida por el aparataje del Estado desde tiempos inmemoriales. Y eso es algo que debe entenderse en la Villa y Corte por más pesimismo y aburrimiento que provoque hoy Cataluña. Ahí, y no en otras negociaciones o apuestas políticas, es donde radica la verdadera y efectiva solución de futuro. Aunque no sea sencillo, claro.

Estafa en Barcelona
El acto propio de conmemoración de los independentistas fue por la tarde ante la cárcel de Lledoners: un aquelarre antimonárquico e independentista
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 18 Agosto 2018

“Nuestro pueblo está condenado a que, con monarquía o con república, en paz o en guerra, bajo un régimen unitario o bajo un régimen autonómico, la cuestión catalana perdure como un manantial de perturbaciones, de discordias apasionadas, de injusticias”
Manuel Azaña. Presidente de la Segunda República.

En ocasiones la realidad es tan nítida que ofrece las claves más obvias para interpretar los acontecimientos. La jornada de ayer en Barcelona fue una “estafa”. No lo digo yo. Era lo que proclamaba una de las tres pancartas que colgaban de las fachadas de las Ramblas y de Plaza Cataluña. En una que daba al mosaico de Miró podía leerse: “Sin ellos este acto es una estafa”. Ellos son, claro, los políticos presos que para los independentistas resultan presos políticos. Y el secesionismo se comportó ayer –más allá de los análisis bienintencionados- en coherencia con la calificación (“estafa”) que se propaló desde una fachada barcelonesa a modo de velamen náutico.

Prácticamente, nada fue lo que parecía. Los separatistas decidieron no repetir su vergonzoso comportamiento colectivo contra el Rey del 26 de agosto del año pasado y actuaron a la inversa: se replegaron de manera ostensible, eludieron los símbolos, evitaron los gritos, gotearon consignas amarillas en las horas previas, Torra hizo su esperable aportación en una declaración institucional prescindible y hasta permitieron que unos desavisados y torpes “unionistas” se creyeran por un tiempo que el centro de la Ciudad Condal era el madrileño barrio de Chamberí. La consigna de criogenización del acto en Plaza Cataluña funcionó con la exactitud con la que lo hacen las asiáticas consignas del secesionismo. Estuvo –distante, renuente, forzada- la autoridad competente y los partidos políticos (no la CUP) pero no hubo ni una sonrisa ni un apretón de manos. Formaba parte de la estafa.

Capítulo aparte merece la recepción y el tratamiento protocolario que recibió el Jefe del Estado. Padeció, que no lo dude el Gobierno, la dignidad de la institución por más que la actitud de Felipe VI compensase los desplantes. Fue recibido sólo por la delegada del Gobierno en la Comunidad. Torra se cobró el inevitable saludo al monarca imponiéndole la presencia de la esposa del procesado por rebelión, Joaquim Forn, y tanto él como la Reina soportaron durante todo el acto los mensajes hostiles de las pancartas indemnes en su descaro. Una de ellas colgada en el nº 9 de la misma Plaza Cataluña. Ninguna se retiró antes de que llegasen los reyes o comenzase la ceremonia.

Así los separatistas hicieron al Jefe del Estado “un Tortosa” que es expresión explicativa de una actitud de absoluto menosprecio. En vez de gritos y encerronas, vacíos y silencios. Ellos manejan igualmente bien la mudez como la verborrea, es decir, saben cómo llenar la Diagonal en una Diada o emboscar al Rey en la cabecera de una manifestación y cómo vaciarla o aislar al adversario. Todo forma parte del mismo “expertise” subversivo que alientan Puigdemont y Torra, secundados por las falanges populares que les organizan la ANC y Òmnium Cultural que se reservaron para el acto propio de conmemoración de los atentado que se celebró ante la cárcel de Lledoners en donde están recluidos preventivamente Oriol Junqueras y Joaquim Forn. Allí, sin inhibiciones, se formó un aquelarre antimonárquico y separatista en el que participó un elenco estelar que clausuró el discurso del auténtico Torra.

¿Las víctimas? A nadie se le cayó de la boca su condición de tales; su homenaje; su solidaridad; su cercanía, pero la consigna de aislar al Rey (recuerden: “Sin ellos el acto es una estafa”) pudo mucho más que el impulso de acompañarlas masivamente –como saben hacerlo en la Cataluña que se moviliza recurrentemente- en el primer aniversario de su desgracia causada por la criminal acción de unos terroristas yihadistas que habitaban en Ripoll y de los que nos queda mucho por saber pese a los ditirámbicos elogios a la gestión de la policía autónoma catalana. Las dosis de silencio al respecto son espectaculares en Cataluña y cuando alguien las desafía se cierne sobre el averiguador –sea periodista, sea medio de comunicación- toda clase de represalias. Ejemplos hay de ello.

Habrá quien crea que ayer los acontecimientos discurrieron mejor que el 26 de agosto del año pasado. Se confunde: se desarrollaron, sí, más taimadamente, pero con similar intencionalidad y muy parecidos resultados. El acto conmemorativo de la mañana fue el conveniente en función de las circunstancias internas del propio separatismo; el de la tarde en Lledoners –y los previos del jueves- redundó en la estrategia de agit-prop secesionista que ha inaugurado una larga carrera con etapas volantes: 6 y 7 de septiembre (leyes de desconexión), 11 de septiembre (Diada), 20 de septiembre (registro policial y asedio popular a la consejería de Economía), 1 de octubre (referéndum ilegal), 27 de octubre (declaración -¿o no?- de independencia) y 28 de ese mismo mes, fuga de Puigdemont. Un calendario casi imposible para un Gobierno -¿quién gestiona la cuenta de twitter del presidente Sánchez?- que se mantiene en pie parlamentario porque así lo quieren los que calificaron el acto de la mañana de ayer como de una “estafa”. Sí, efectivamente, lo fue.

Cuando a la cobardía se le denomina normalidad
Miquel Giménez. vozpopuli  18 Agosto 2018

Qué terrible sensación la de pasear este viernes por Barcelona, por la plaza Cataluña y por esas Ramblas que el año pasado la barbarie yihadista tiñó de sangre inocente para después, jamás ahíta de sangre y de dolor, ir a buscar más víctimas en Cambrils. Excúsenme si hoy no les hablo de las relaciones entre la antena catalana de la CIA y Mossos, de por qué no hubo una primera prueba pericial de los Tedax de los Mossos en el chalé de Alcanar tras la explosión, de las razones por las cuales la coordinación entre FFSS es tan mala o, ya que estamos, por qué los Mossos llamaron por teléfono al conductor de la furgoneta asesina solo unas horas antes de que se produjera el vil crimen. Lo que me parece importante destacar en el día de hoy es como, tras un año repleto de intentos de golpes de estado, mentiras, paralización de la vida parlamentaria catalana, reiteración de los separatistas en sus propósitos y una grave, gravísima, perturbación de la economía, así como de la paz social en Cataluña, estamos mucho peor ahora que hace un año.

Recuerden. En la manifestación de apoyo a los vilmente asesinados por los partidarios de la Yihad lo que debiera haber sido, a saber, unidad frente a la barbarie, repulsa al terror y cariño hacia víctimas y familiares se vio gravemente alterado por los separatistas. Quisieron, y lograron, sabotear el acto reconvirtiendo el dolor en bandería, en un totalmente fuera de lugar ataque a las instituciones del Estado, empezando por el Rey y acabando por los políticos constitucionales. Este año, decían los políticos, la cosa iba a ser muy distinta. Habría normalidad, palabra que se han hartado de repetir en este aniversario luctuoso.

Es otra más de las postverdades que prodigan diariamente el separatismo y sus amigos socialistas. Este viernes ha sido cualquier cosa menos normal. Renuncio a enumerar todos los despropósitos cometidos, empezando por el mismo presidente de la Generalitat, incluyendo en su mensaje oficial el sonsonete de los presos políticos “injustamente encarcelados”, sus proclamas en Lledoners en favor de la República o su entrevista en Catalunya Ràdio junto al fugado Puigdemont; tampoco pormenorizaré las injuriosas pancartas, los políticos con lacito amarillo en la ceremonia o los CDR campando a sus anchas.

A toda esa gente las víctimas les importaban una mierda, dicho en román paladino. Buscaban simplemente la ocasión para meter su cuña, para proseguir su campaña en favor del supremacismo. No puede pedírseles nada más, porque nada más dan de sí. Los perjudicados son para esta gente simples excusas y pretextos que poder utilizar en su favor. No, lo grave de esta jornada ha sido la pátina de normalidad que ha pretendido ofrecer a la población la izquierda caviar, la de Ada Colau, que al menos en esta ocasión ha reprimido las risitas que se le escaparon el año pasado cuando fue a ofrecer una vela en el mosaico de Joan Miró junto a los Reyes. O la de Sánchez, que es la misma normalidad de aquellos que pretenden hacernos creer que normalidad es que no aparezcan las banderas nacionales ni suene el himno, la que hace que el rey haga una visita de médico, casi clandestina, no sea que se enfaden los chicos de las CUP. Ocultar los símbolos democráticos no es normalidad, ni lo es cantar Imagine suplantando el himno nacional. No es normal que el Jefe del Estado tenga que aguantar injuriosas pancartas, solo porque Mossos y Ayuntamiento no se han puesto de acuerdo a ver quien de los dos ha de descolgarlas.

No fue normal la foto del Govern en Cambrils, frente a un enorme lazo amarillo – allí había no solo políticos, sino gente uniformada, cuidado, esos mismos que se quejan de que no les permitan asistir a reuniones antiterroristas a nivel europeo -, como no es normal el trágala de parvulitos por parte de Torra, llevando a su lado a la esposa del encarcelado Joaquim Forn para que el Rey tuviera que saludarla. Como si a Don Felipe le viniera de un saludo, siendo como es persona educada y de bien.

No es normal presentar una Cataluña y una Barcelona asépticas, al gusto de aquellos que odian todo lo que suene a constitucional y a España. Es decir, a democracia. Ni normal ni decente, ya que a eso vamos. Los partidos bailaron el minué de la corrección política so pena de excomunión. Que nadie diga nada acerca de un acto que no presiden las banderas de España, Cataluña y Barcelona, que al Rey se le note poco, que no hable ninguno de los representantes elegidos democráticamente, que los separatistas puedan sentirse “cómodos”. Esa es su normalidad.

Nadie se atreve a llamar a las cosas por su nombre en esta tierra, de ahí que, a la cobardía del gobierno de España se la llame normalidad, a los terroristas yihadistas se les califique como interrogantes dignos de estudio por psicólogos y pedagogos o al problema que comporta la emigración incontrolada se lo disfrace de multiculturalidad. Lo dije en televisión, a propósito del terrorismo islamista: tenemos que reconocer de una vez por todas que estamos en guerra, y la estamos perdiendo con tanto buenismo que esconde en no pocas ocasiones algo mucho más malvado e intencionado de lo que parece.

Lo mismo podríamos decir del separatismo. La sociedad democrática está siendo entregada como moneda de cambio por una clase política ávida de poder que no entiende de empatía ni dignidad y que solo tiene como objetivo perpetuarse en sus prebendas. De ahí que, desde el inmenso respeto y cariño hacia los vilmente asesinados por los muyahidines, todos los demócratas nos hayamos sentido también un poco víctimas en este aniversario del atentado de las Ramblas.

Porque es igualmente terrible asesinar a seres humanos que a toda una sociedad. En ello están algunos. De momento, ganan ellos. ¿Hasta cuándo?

Barcelona podrida: así envenenaron el homenaje a las víctimas
Juan Soto Ivars El Confidencial 18 Agosto 2018

Este viernes he madrugado para pasar vergüenza ajena y sentir asco de la ciudad en la que vivo. Me dirigí a la manifestación silenciosa que habían organizado los CDR, que a las nueve y media empezaban a congregarse. Eran los típicos guerreros defensores de la república: jubilados, tietas y unos cuantos nebots de la CUP. La media de edad rondaría los 65 años. Las pancartas culpaban al Rey de los atentados por vender armas a Arabia Saudí, reivindicaban a las víctimas “del poble” y a los presos políticos. Se oían delirios de las teorías de la conspiración: que “el CNI había permitido el atentado para disolver la independencia” y que “por eso el Congreso de los Diputados impide que haya una comisión de investigación, como pasó con el 11M”.

Gritos y peleas entre monárquicos e independentistas en las concentraciones

Una señora me dijo que “sin Forn y Trapero” no hay homenaje que valga y que “a los Mossos los premian con la cárcel por perseguir a los terroristas”, como si la prisión para los responsables de los Mossos de Esquadra tuviera como causa la lucha antiyihadista. Mientras tanto otra señora, de nombre Soledad, le dice a la compañera de 'La Sexta' que “cualquier español decente tendría que estar enfadado por cómo el gobierno español no investiga los atentados” y que ellos hacen esto porque están en contra de las palabras que el Jefe del Estado pronunció después del referéndum 1 de octubre.

El odio al Rey de España es la nota común. Los comentarios que le dedican hablando entre sí no podrían ponerse en Twitter, pero hay solamente una pregunta que me ronda la cabeza y que tardo un rato en formular. Termina saliendo con estas palabras ante la mirada desconfiada de un setentón con lazo amarillo en la correa de la mariconera: “Oiga, señor, ¿y si entre las víctimas del atentado hubiera un monárquico? ¿Seguiría siendo lícito que ustedes se manifiesten contra el Rey?” A lo que me responde que si el Rey no vendiera armas a las dictaduras saudíes no habríamos tenido que sufrir el atentado. Recordemos, por si a alguien se le hubiera olvidado este detalle, perpetrado con una furgoneta. En fin.

La manifestación arrancó antes de las diez y media con una pancarta amarilla que decía que el homenaje es del pueblo y para el pueblo, seguida por otra que informa de que Cataluña no tiene Rey. Avanzaban despacio y en silencio como una santa compaña amarilla, cuando a la altura del carrer del Arc del Teatre la camarera de un bar sale y les grita que “viva España y viva el Rey”, a lo que la multitud, de unas dos mil personas a ojo de buen cubero, responde con un “ssssssh” como de sala de cine. Hago lo que haría cualquier español a las once de la mañana en plena jornada laboral: entro a ese bar a tomarme un café. La camarera dice que ha gritado eso porque no puede ser que utilicen un día como este para sus monsergas. “Tienen todos los domingos para manifestarse”. Pago y me largo, suerte que la marcha es lenta.

En el mosaico de Miró, donde el terrorista dejó la furgoneta antes de darse a la fuga, se acumulan las flores. Ha venido gente de todo el mundo a dejarlas: amigos y familiares de las víctimas, gente sensibilizada, de todo. Pues bien: los CDR han decidido que allí termina su marcha. Rodean el mosaico, dejan flores amarillas y se aplauden mucho a sí mismos. De todo el tinglado, esta es quizás la decisión más repulsiva, la más vergonzosa. El mosaico de Miró queda rodeado de pancartas, incluso despliegan una en un edificio anexo, contra el rey. En Plaza Cataluña ha terminado el homenaje institucional, también politizado según me cuenta el compañero Marcos Lamelas, y las masas han empezado a bajar por la Rambla.

Un dispositivo de los Mossos de Esquadra se despliega con cara de pocos amigos y pasamontañas delante de la boca. Las Ramblas, que tendrían que ser el escenario de la unión de todos contra la violencia y el integrismo, están partidas en dos. Quienes tratan de acercarse al mosaico a dejar sus flores se encuentran una barricada policial y al otro lado, con lazos amarillos, a quienes han decidido que las calles serán siempre suyas. Me encuentro con una pareja de sevillanos que ha venido a dejar flores y que discute, con buenas formas, con dos independentistas igualmente educados.

Dice el sevillano: “Nosotros vinimos cuando el atentado de Hipercor y cuando la casa cuartel de Vic, somos pacifistas, y nunca habíamos visto una cosa así, que la policía tenga que ponerse en medio para que no se pelee la gente es inaudito. Esto está muy mal”. Responde la indepe: “Aquí no pasa nada, usted puede manifestarse como quiera y nosotros también como queramos”. El sevillano: “Joder, pero los sentimientos tendrían que ser los mismos”. La indepe: “Los sentimientos han cambiado, han pasado muchas cosas”.

Barcelona, este viernes, ha sido la demostración de que las ciudades partidas tienden a podrirse. Y este homenaje apesta, porque las víctimas han sido la última preocupación de demasiada gente.

Tocapelotas, y pocos
Arcadi Espada El Mundo 18 Agosto 2018

La conmemoración del atentado de las Ramblas ha transcurrido al modo sucio y mortecino que estaba previsto. Asombrosamente, los periódicos le llaman politización, pero solo es sinvergonzonería. No se entiende por qué la política ha de cargar con este lastre. Una sinvergonzonería de bajo nivel, en cualquier caso. El independentismo, cautivo y desarmado, ya es solo la causa de unos tocapelotas (me gustaría llamarlos casse-couilles, pero uno tiene la lengua que tiene). Y lo único que pueden hacer es tocarlas. El ejemplo de los Mossos d'Esquadra. Naturalmente no tienen pelotas para defender la República proclamada a golpe de arcabuz y chistera. Pero su deliberada incompetencia aún les da para ser incapaces de descolgar una pancarta en un edificio de la Plaza de Catalunya donde se insulta al Rey. El Valido, entre los tocapelotas el principal, organiza dolientes procesiones frente a la cárcel donde están encerrados los presos políticos. Pero no tiene las pelotas necesarias para sacar consecuencias prácticas del hecho de que tenga las llaves de la cárcel. Qué crédito puede tener un tipo que protesta una y otra vez, (¡y ante el Rey!: al que le presenta la mujer de un preso, oh, là là), por el encierro de unos hombres cuando con su poquito de pelotas él podría sacarlos esta noche y enviarlos nord enllà, on diuen que la gent és lliure.

A esta genteta (gentecilla) todo se lo tiene que hacer Alemania.

El incidente más significativo del día lo ha protagonizado el presidente del Gobierno -como de costumbre el único problema realmente existente no es Cataluña sino España-, con la versión catalana de un anodino tuit sobre la conmemoración. En esa versión había una palabra, desraó, que sería la primera vez que la utilizara un catalanesco. Pero lo mejor es que ese tuit estaba calcado de su versión castellana, con la sonrojante excepción del escudo y la bandera españolas, que habían desaparecido. El incidente no es trivial, primero, porque traduce esa realidad binaria perfectamente insertada en el habla, la escritura y la política natural, que es la de Cataluña y España. Pero, sobre todo, porque antes que del presidente Sánchez -que en Twitter como en la política y en la vida se limita a posar- el tuit es responsabilidad de Carolina González, la community manager que tantos días de gloria va a dar a la presidencia del Poseur, y sobre cuya competencia tuve a bien advertir a las autoridades sanitarias hace algunas semanas.

Lo último que debe reseñarse es que al acto no fue casi nadie. Unos, como yo, porque no queremos coger enfermedades. Y la mayoría porque, descartada la altura moral de conmemorar a otras víctimas que no sean ellas —llevan 300 años sufriendo y lo que les queda—, no están ya ni para tocar las pelotas.

Cataluña, una sociedad rota que ha perdido en buena parte la neutralidad institucional

No ha de ser el espacio público sino las instituciones, incluso, la Generalitat, las que deben mostrar neutralidad porque, en teoría, representan a todos los ciudadanos. Pero no fue así
Marcos Lamelas. Barcelona El Confidencial 18 Agosto 2018

Hay debates estériles en democracia. El que proponen Cs y otros partidos sobre la neutralidad del espacio público es uno de ellos. En democracia, la libertad de expresión está por encima de esa neutralidad. Por ejemplo, poner una pancarta en contra del Rey en la Plaza Cataluña es libertad de expresión. Puede no gustar a buena parte de los catalanes, puede romper consensos de protocolo. Pero es libertad de expresión. En cambio, las instituciones, incluso la Generalitat, deben mostrar neutralidad porque, en teoría, representan a todos los ciudadanos. Y es esa neutralidad la que faltó ayer en Cataluña, que ofreció una imagen de sociedad rota, que ha perdido la perspectiva, la razón y el sentido del ridículo.

La sociedad catalana en general, en contra de lo que vendieron las televisiones catalanas y españolas, no estuvo a la altura. Muchos independentistas no se movilizaron porque solo se sale a la calle cuando hay que manifestarse por la independencia o cuando hay que tender una emboscada al Rey, como el año pasado. La cifra del 27 de agosto del año pasado fue de medio millón de asistentes, según el Ayuntamiento. Ayer no hubo 500.000 personas. Ni de lejos. Pero es que la Guardia Urbana ni se molestó en ofrecer una cifra de asistentes.

Con estos mimbres, la foto ayer fue la de una sociedad que no se gusta. Muy lejos del "un sol poble" que defienden Carles Puigdemont y Quim Torra. Los mismos que dicen que tras seis años de 'procés' no hay fractura social. Pero lo de ayer muestra lo contrario. Que hay tanta división que ni siquiera se pudo hacer un acto unitario. No hubo un acto. Hubo cuatro: una ofrenda floral para que las autoridades catalanas estuviesen cómodas sin el Rey, un acto central para desagraviar al Rey por no haberle invitado en un principio, una manifestación paralela para dar gusto a la CUP y a los CDR y una concentración final en la cárcel de Lledoners para que los presos no se sintieran traicionados por los signos de autonomismo que había dejado el día. Como si la próxima vez que los yihadistas ataquen Barcelona fuesen a preguntar antes por el credo político de las futuras víctimas.

Cataluña se desintegra como sociedad. Los independentistas de buena fue que acudieron ayer a Plaça Catalunya sin banderas se sintieron desplazados. El constitucionalismo que ayer hizo alarde de banderas y gritos, también estaba ofendido por la enorme pancarta, colgada de tapadillo por miembros de la ANC, como Adrià Alsina. Todo cutre, triste, como si los 16 muertos y los más de cien heridos fuesen una excusa para luego colocar las cuñas políticas de cada partido cuando se acercaba el micro de La Sexta.

Politiqueo de bajo nivel
Así que toda la jornada fue de politiquería de siempre, con paisaje de víctimas al fondo. Y hay que reconocer que Ada Colau, la misma alcaldesa que evitó invitar al Rey, ayer se esforzó por mantener la neutralidad institucional, tan necesaria y tan escasa en Cataluña. Llegaba tarde. Pero al menos lo intentó.

No fue el caso de Quim Torra. El presidente de la Generalitat venía de Cambrils, donde había homenajeado a las víctimas con un lazo amarillo gigante, como si los presos de Lledoners estuviesen en la cárcel por algo que tuviese que ver con los atentados de Las Ramblas. En el acto de homenaje la prioridad de Torra fue presentarle al Rey a Laura Masvidal, la mujer de Joaquim Forn. No eran las víctimas. Era la mujer del exconseller de Interior. Postureo puro ante sus votantes. Pero no; por mucho que quieran, Laura Masvidal, que seguro que lo está pasando mal pero por otros motivos, no es una víctima de los atentados de la Rambla.

Ya por la mañana, a primera hora, la neutralidad institucional tampoco se respetó en la radio pública. Catalunya Ràdio optó por entrevistar a la vez a Carles Puigdemont y a Quim Torra. Utilizando el recuerdo del atentado para legitimar una bicefalia en la Generalitat que no reconoce ni el Estatut, ni la Constitución… ni la realidad. Pero que el 'procés', que vive del discurso, necesita, precisa, de este tipo de cosas.

El "No tinc por" sencillamente es mentira: todo el mundo tiene miedo y no sólo del yihadismo sino de una situación política que apuesta por la ruptura

Se ha repetido el lema “No tinc por”. Pero nada más falso. Todo el mundo tiene miedo. Y no sólo del yihadismo. Tiene miedo Torra, que asegura que “los catalanes no tienen Rey”. Pero entonces por qué tiene que hacerse perdonar acudir al acto. Por qué, simplemente no acude. Tienen miedo los independentistas que se manifiestan con pancartas que alientan teorías conspirativas sobre el atentado sin prueba alguna. Tienen miedo los constitucionalistas que ayer tiñeron de banderas un acto que cayó en los mismos errores, pero del bando contrario, que se denunciaron el año pasado. Es lo que pasa con las sociedades fracturadas, que el miedo las devora por dentro, por mucho que afirmen lo contrario.

Banderías y vergüenza
Hay tanto pavor que en cada bandería no se respeta ni a los suyos. El mayor Josep Lluís Trapero pidió que no se utilizase su nombre. Lo mismo Forn. Pero al final el fuego amigo hizo lo que tuvo que hacer. Hasta los supuestos héroes han de pasar por la trituradora aunque sea en contra de su voluntad.

Justo antes de que arrancase el acto de Plaça Catalunya se vivió un momento de tensión entre asistentes con banderas españolas y público con lazo. Dos mujeres de más de cincuenta años se increpan. Se acusan una a otra de fascistas. Todo un poco patético y sin sensación alguna de riesgo real. Un 'mosso' las separa con desgana. Muy cerca, dos chicas jóvenes con aspecto de turistas se abrazan llorando. Dos víctimas o dos personas cercanas a las víctimas que nadie parece ver, más pendientes todos de la bronca. El cronista que esto firma se muere de vergüenza.

Atentado Barcelona
DAVID GISTAU El Mundo 18 Agosto 2018

A las banderías políticas les importó muy poco lo que se recordaba ayer

Con el tráfico cortado, sin que hagan ruido los motores y cuando aún es temprano, en los alrededores de las Ramblas y de la plaza de Cataluña hay un sonido constante y particular en el que se tarda rato en reparar. Se trata del que provocan en la acera las rueditas de las innumerables maletas arrastradas por los turistas.

Al estar a menudo vestidos tan sólo con un traje de baño, los turistas confieren al corazón de la ciudad un aire estacional y playero de muy baja estofa. En la plaza, donde un coro infantil ensaya el acto de más tarde, suena Imagine como en un hilo musical distópico. Durante toda la mañana, esa segunda dimensión, la del parque temático de los turistas, convivirá con el bocado de realidad de la evocación del dolor y de la abrupta interferencia política, sin que en ningún momento desaparezca la sensación de que los turistas son hegemónicos, no quieren que se les recuerde demasiado la vulnerabilidad ante el terrorismo, y en realidad nuestras pequeñas rencillas de españoles tribales y mal avenidos no deberían incordiar el servicio ni el decorado por el que han pagado. Tampoco la lluvia debería hacerlo: la tormenta de mediodía parecerá una imprevisión de atrezo en la que muchos cursis influidos por el espíritu Lennon buscarán una alegoría de llantos celestiales, de ángeles compungidos por las desgracias tejidas por los dioses para que los hombres tengan algo con lo que hacerse un lacito y un hashtag.

También la pancarta, por supuesto, parece un error en los propósitos de amarse todos. Desplegada en una fachada de la Ronda, con un retrato de 'FB6' dado vuelta, expresa un rechazo al Rey que ha de importarle un comino al turista que enfila la Rambla a la misma hora en que abren los quioscos de prensa, crêpes y camisetas del Barsa con la misma lentitud rutinaria con la que debieron de hacerlo la mañana de un año antes. Sí ofende, en cambio, a algunos miembros de la Unión Monárquica concentrados en Canaletas con banderas españolas y con cintas rojigualdas ceñidas al sombrero Panamá. En un momento dado piden voluntarios para ir a capturarla, se cuentan para comprobar cuántos son, entre ellos hay algún emblema legionario en la camiseta. También hay identificaciones en las que se lee: «Servicio de orden», junto a una cruz de San Andrés. Llegarán a debatir si hay que retirar o no unas flores con forma de lazo depositadas junto a otras en el arranque de las Ramblas: las dejarán porque se trata de un crespón negro, no amarillo. Vienen dispuestos a reñir el espacio y a encauzar una reacción españolista a la supuesta emboscada preparada para el Rey. Ésta, sin embargo, no ocurrirá. No, al menos, como llegó a temerse. Más allá de las pancartas colgadas en la plaza de Cataluña y junto al mosaico de Miró, lugar de la ofrenda floral, se diría que el independentismo comprendió cuán contraproducente, por miserable, habría sido enturbiar el día de las víctimas con un escarnio masivo. Sólo Torra, obtuso por determinación genética, intentará después, con unas declaraciones de ultra, hacerse perdonar por los CDR haber estado junto al Rey sin hacerle kárate.

Torra intentó hacerse perdonar por los CDR haber estado junto al Rey sin hacerle kárate

No hay mucha gente junto al mosaico a la hora prevista para la ofrenda floral. Tampoco la habrá después en la plaza de Cataluña, donde nadie llegará a sentirse apelmazado. Hay muchas deserciones en la masa civil barcelonesa. Los familiares de las víctimas aparecen primero y depositan sus flores. Son recibidos con una ovación. Luego hay un silencio emocionante, lágrimas, abrazos para insuflarse ánimos, algunas muletas que evocan cuerpos que jamás llegaron a ser restaurados. En ese instante, en el más insensible de los posibles, cae en una fachada, atada por un enmascarado, la pancarta de los presos políticos. Luego las autoridades, sin la presencia del Rey, colocan sus flores. Pese a la carga emocional que acongoja a todos, un quiosquero aún puede lamentar haber perdido la mañana porque se le quedó el negocio dentro del área sellada por la Policía. Otras personas acuden después a dejar sus flores, en algunos casos verdaderas estructuras florales transportadas entre varios que dan a la comitiva una sensación procesional adecuada a esta estación del dolor, a este Calvario.

Cuando el Rey entra en la plaza de Cataluña, sólo resuenan vivas a Felipe, a España y a la Guardia Civil. Los monárquicos de Canaletas son predominantes en un lugar al que, simplemente, se han abstenido de acudir las diversas acepciones del independentismo. De hecho, tiran vivas con tanto entusiasmo que otros presentes no ideológicos se sienten obligados a pedirles moderación para no estropear el acto de recuerdo a las víctimas. Tanto temer que la política reventara la jornada de respeto, y resulta que son los monárquicos quienes están a punto de causarlo, como si el independentismo les hubiera traspasado el error para que lo cometieran ellos. El acto en sí responde al espíritu Lennon, como estaba previsto. Pero, cuando ya ha terminado, de las Ramblas llega la noticia de que hay incidentes. Unos CDR que vienen desde el mosaico, Rambla arriba, se plantan en Canaletas y se mezclan con los monárquicos, con quienes intercambian imprecaciones. La Marcha Real suena a través de algún dispositivo de megafonía. Sólo un cordón de los Mossos evita que se llegue a las manos mientras un monárquico arenga a todos los presentes pidiendo contención por las víctimas: «¡Ya nos pelearemos mañana!».

Justo cuando la Policía ha impuesto una calma precaria, los ánimos vuelven a encresparse por la aparición de Pablo Casado, que ha decidido acudir al mosaico y pasear las Ramblas enteras como buscando una de esas imágenes de bizarría en la calle a las que se está aficionando. Mientras camina, detrás de él hay una estela de monárquicos y CDRS mezclados que se insultan y, esta vez sí, intercambian alguna bofetada. Se marchan Rambla abajo, con centenares de metros todavía disponibles para odiarse y para confirmar que a las banderías poco les importó qué se recordó ayer.

INTENTÓ QUITARLA Y…
‘Los mossos custodiaban la pancarta contra el Rey’
La Gaceta  18 Agosto 2018

Es el organizador de la marcha a favor de la unidad de España que se celebrará en Barcelona el próximo 9 de septiembre y este viernes ha estado a punto de ser detenido al intentar quitar la pancarta contra el Rey de la Plaza de Cataluña.

José Manuel Opazo estaba en la Plaza de Cataluña este viernes por la mañana. Quería acompañar a las víctimas de los atentados yihadistas del pasado año y, además, mostrar su apoyo al rey Felipe VI, que llegaba a Barcelona en medio de la hostilidad del separatismo.

Al llegar a la Plaza, vio la enorme pancarta que colgaba de uno de los edificios; una pancarta declarando ‘no rey’ al Rey de España. Vio, además, que el mismo piso del que colgaba la pancarta estaba en alquiler y… decidió subir a preguntar.

Al llegar al edificio en cuestión, dos mossos de paisano le preguntaron por qué entraba en el inmueble, si trabajaba en él. A lo que Opazo contestó que sí, que el motivo de su entrada en el edificio era laboral: ‘interesarse por la oficina en alquiler’.

Entró en el ascensor y los dos mossos entraron con él. Trataton de disuadirle; no podía ir al piso del que colgaba la pancarta por orden de sus superiores. “Que no entre ni salga nadie”, les habían dicho. Opazo les comunicó que no respetaba demasiado las órdendes de los mandos de la policía autonómica catalana, y siguió, decidido a llegar al piso de la pancarta.

Le dijeron entonces que lo encontraría cerrado pero, oh, sorpresa, al llegar vio las puertas abiertas de par en par. Entró, se asomó al balcón y comprobó que la pancarta colgaba del balcón de al lado. Decidido a ir a por ella, fue apercibido por los mossos. “Si se acerca a ese balcón, le vamos a detener”. Se le requirió la documentación, que presentó, y en ese momento – “este no es el día para ser protagonista de nada, hoy el protagonismo es de las víctimas”- decidió dar un paso atrás.

Salió del edificio enfadado por la presencia de la pancarta y por lo que, a su juicio, es un hecho incontestable: “Los mossos de esquadra estaban custodiando la pancarta contra el Rey”.

El empresario José Manuel Opazo es el hombre que protestó por la ausencia de castellano en un vuelo Zurich-Barcelona de SwissAir.

Fue entonces cuando Quim Torra dedicó, en uno de sus ya célebres artículos, unas ‘amables’ palabras a Opazo, al que definió como una bestia con forma humana que destila odio.

Ahora, Opazo trabaja por el éxito de la concentración por la Constitución y la unidad de España del próximo 9 de septiembre:


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