AGLI Recortes de Prensa   Martes 21 Agosto 2018

Sánchez y sus siniestros amigos
Al final pasará lo que tiene que pasar para evitar males mucho mayores
Hermann Tertsch ABC 21 Agosto 2018

El presidente Pedro Sánchez ha estado muy ocupado en Doñana en estas largas vacaciones que se pega. No ha tenido tiempo ni para acercarse un rato a la Línea de la Concepción y Algeciras, donde se vive una situación tan trágica como alarmante. Entre el narcotráfico y la invasión africana, aquella zona de España parece el ensayo de creación de una zona liberada. O secuestrada, según quieran. Por dejación. Dejada de la mano de Dios con las leyes y la Constitución abolidas por la fuerza de los hechos. Es decir como en Cataluña. Con la clara diferencia en descargo de los narcotraficantes en la Línea que estos no quieren destruir, sojuzgar ni atropellar a nadie. Los delincuentes de las fuerabordas podrían ser referente moral para esos otros que son más de yate y destruyen con ahínco la posibilidad de la paz en Cataluña. Mucho han logrado. Se tardará toda una posguerra en revertirlo. Incluso si la guerra dura solo minutos.

No sabemos cuándo termina Sánchez esas vacaciones de niño rico. Habrá que suponer que su ocio será en general secreto de Estado. Sánchez decretó ya como secreto de Estado todo lo concerniente a su vuelo en Falcon de las FFAA a la juerga playera de Castellón con su mujer y no se sabe quién más. No vaya nadie a pensar que este alarde hortera a costa del erario es más propio de Baby Doc o Nicolás Maduro que del jefe del Gobierno del Reino de España. Secreto era también el encuentro con un personaje siniestro, George Soros. Vendría a darle consejos, esperemos que no órdenes. Tiene guasa que la primera visita internacional de un socialista radical en La Moncloa sea la del mayor especulador financiero conocido por usar sus ganancias para intentar doblegar a gobiernos democráticos. Este enemigo de la Nación que ayudó al golpe de estado en Cataluña fue recibido por Sánchez con la obsequiosidad y premura del subordinado.

Tantos años se permitió que se adoctrinara a los catalanes en que es deseable romper España y posible hacerlo sin costo. Sin acritud, daño ni gasto. Ahora toca lo más duro, devolver a tantos de golpe a la realidad de la que fueron enajenados. Dejar claro que les han mentido. Que destruir España, que ha costado infinito esfuerzo y sangre construir, en muchos siglos de sacrificios comunes, inmensas gestas, paces y mil guerras, costaría infinito dolor y también sangre. Que deben reconciliarse con la realidad y que todo esfuerzo contrario es un inútil disparate. Unos mozos traidores pueden ayudar a violar la ley y a ofender al Rey, pero no pueden arrancar a España parte de ella misma. Este Gobierno no tiene solución ya que debe existencia y dependencia y obediencia a los enemigos del Estado. Pero llegará la suspensión de la autonomía y, quizás, el estado de excepción. Al final pasará lo que tiene que pasar para evitar males mucho mayores. Para defender la existencia de España. Y la Constitución, esa que jamás ha defendido este Gobierno salvo para amenazar grotescamente a cinco militares que jamás la han cuestionado. Torra arenga a «atacar al Estado español» pero al Gobierno las amenazas directas de la Generalidad a los españoles no le importan. Juega con fuego. Su política de hechos consumados que dejan al Estado inerme fuerzan a toda la España que no se resigna a reaccionar con urgencia. Y el Gobierno se puede y debe encontrar este otoño con los españoles en la calle. Porque quien amenaza a la Constitución y a la Nación no es ningún militar, no son «las derechas» que grotescamente quiere el Gobierno criminalizar, sino el ejecutivo de Sánchez y sus siniestros amigos.

Cazafantasmas
DAVID GISTAU El Mundo 21 Agosto 2018

La socialdemocracia confía para su permanencia en el Falcon en una técnica que antaño le funcionaba: marcar, como con el hierro candente medieval, a todos los extremistas, históricos o contemporáneos, que han de ser eliminados y que por añadidura pueden provocar un estímulo reactivo en la militancia de izquierdas. Veamos.

La técnica remite a los tiempos de mayor autocomplacencia progresista, antes de que buena parte de la sociedad europea rompiera con sus directores espirituales laicos y se encomendara a personajes más excéntricos. Pero los predicadores de Sánchez se van a encontrar con una contradicción difícil de superar, la que proviene de salir, como los cazafantasmas de Bill Murray, a pasar por la aspiradora los ectoplasmas ultras de la vida española y no poder reparar siquiera en todos aquellos que le sacaron adelante la moción y ante los cuales el Gobierno arruga hasta cuando lanzan bravatas, como la de Torra, colindantes con la declaración de guerra. El comportamiento de Torra y de las patotas indepes, entre las cuales hay que incluir a la policía política enviada a la calle para reprimir disidentes a los que primero se hace pasar por fascistas y enemigos del pueblo -el siglo XX repetido como Torra-, hace difícil creer que los peligros que acechan a esta democracia estén agazapados en la tumba de un dictador que sólo sirve para que los jóvenes revolucionarios jueguen a adentrarse, como paladines artúricos, en la guarida del dragón. Miren a ver los cazafantasmas de Sánchez si no están pasando la aspiradora en el lugar equivocado.

Por otra parte, parece mentira que, a estas alturas, la socialdemocracia aún crea que le basta estigmatizar como ultra a su adversario para que sociedades enteras se le entreguen. Después de lo que le ocurrió a Hillary Clinton con Trump y sus "indeseables", después de todos los fracasos socialdemócratas ante populismos europeos, hace falta no haberse enterado de nada ni comprendido que las sociedades occidentales dejaron de aceptar sin rechistar las doctrinas del progresismo ortodoxo y de hecho buscaron personajes "disruptivos" con los que liberarse de ellas, sobre todo de la asfixiante opresión de la ingeniería social. Casado lo ha comprendido y por eso, viniendo de un partido clásico, se ha puesto a jugar a ser maquis, resistencia ante una hegemonía contra la cual medio Occidente se ha levantado ya. Fíjense que esta socialdemocracia antaño apabullante ni siquiera ha podido ganar en las urnas el derecho a gobernar.

El nigromante
Más que de desenterrar a Franco se trata de revivirlo para estigmatizar a la derecha con un pecado original ficticio
Ignacio Camacho ABC 21 Agosto 2018

Blacamán el Mago era un personaje de un cuento de García Márquez que tenía la propiedad de resucitar a los muertos. Al final del relato, que en realidad es una historia fantástica de desdoblamiento de la personalidad, el hechicero acaba reviviendo a su propio alter ego, pero lo deja encerrado en su tumba para darle un macabro escarmiento. Algo parecido, pero más prosaico y menos quimérico, es lo que pretende hacer con Franco este Gobierno: devolverle la vida política organizando un ejercicio de espiritismo en su mausoleo. Sánchez, que el viernes llevará a Consejo de Ministros el expediente de desentierro, aspira a completar la obra nigromántica de Zapatero, pionero en descubrir el fabuloso poder de agitación que tienen en España los esqueletos. A base de reabrir fosas y remover huesos, la nueva izquierda ha encontrado un arsenal ideológico en nuestro pasado más funesto, justo el que la Transición logró superar mediante el perdón mutuo y el consenso. Agotada su capacidad de reinventar el futuro, el sedicente progresismo renuncia al progreso para involucionar hacia una polvorienta e improductiva estrategia de cementerios. Y no hay ninguno más atractivo que el de Cuelgamuros, con su karma tétrico y esa grandilocuente, megalómana vocación de trascendencia que expresa su esplendor siniestro.

Esta gigantesca operación de propaganda en torno al Valle de los Caídos no quiere tanto exhumar al dictador como revivirlo, reintegrarlo a la escena pública en su condición de símbolo. Es una trampa para la derecha, a la que tanto el PSOE como sus epígonos populistas y nacionalistas llevan años tratando de encapsular en la falsa herencia del franquismo. La construcción de un marco mental de retorno a la guerra civil exige la estigmatización del PP -y en la medida de lo posible también de Ciudadanos, cuyo líder fue bautizado por la jauría podemita como Falangito- con el marchamo de un pecado original ficticio que invalide a liberales y conservadores como agentes democráticos legítimos. La vieja frase irónica de Vázquez Montalbán -«contra Franco vivíamos mejor»- se ha hecho realidad con efectos retroactivos. Si los dirigentes del centro-derecha muerden ese anzuelo están perdidos: se meterán solos en la trampa a la que sus adversarios desean conducirlos.

Ignorar ese debate envenenado es, pues, la única respuesta inteligente. Que los españoles con autonomía de pensamiento saquen conclusiones propias sobre ese empeño estéril. Que el sanchismo y sus aliados se entretengan solos con su lúgubre juguete. Las últimas palabras del texto de García Márquez parecen escritas para transmitir la reflexión cesárea del presidente: «Pongo el oído en la lápida para sentirlo llorar entre los escombros… Y si acaso se ha vuelto a morir lo vuelvo a resucitar, pues la gracia del escarmiento es que siga viviendo en la sepultura mientras yo esté vivo, es decir, para siempre».

¡A desenlazar!
ARCADI ESPADA El Mundo 21 Agosto 2018

El lazo amarillo es una infamia. Proclama, pestilente, que España no es un Estado de Derecho y que saltarse la ley es la necesidad derivada de esta condición. Al parecer, las leyes españolas permiten que en el espacio público se exhiban estas infamias. Porque hasta ahora no hay noticia de que la policía o alguna otra forma de autoridad hayan intervenido retirando o mandando retirar los lazos de la vía pública y exigiendo responsabilidad en el grado debido a las personas comprometidas en estas acciones. Esta actitud de las autoridades no es la misma que mantienen, por ejemplo, ante las pintadas insultantes contra personas o instituciones que aparecen, a veces, en los muros. Esta diferencia y el hecho mucho más contundente de que gran parte de edificios oficiales exhiben lazos amarillos confirma que la autoridad nacionalista en Cataluña es, en sí misma, una infamia.

Esta constatación ha animado a muchos ciudadanos de Cataluña a desenlazar. Es decir, a retirar todo lazo amarillo que encuentran prendido del espacio público. Yo mismo soy un moderado depredador de lazos, si voy sin prisa y la empresa no requiere de gran agilidad o fuerza. Mientras desenlazo, por cierto, tarareo aquel Viglietti para animarme: "A desenlazar, a desenlazar, que la tierra es nuestra es tuya y de aquel, de Pedro y María, de Juan y José, é, é, é, é, é, é". Si la ley, en fin, permite exhibir infamias en el espacio público, cómo no va a permitir retirarlas.

Y, sin embargo, parece que no. Llegan noticias de que la policía privada del independentismo está empezando a actuar contra grupos que se han propuesto llevar a la práctica una aspiración que está en el programa político de la mayoría de los partidos democráticos: la higienización de la vida pública. La actuación de la policía se produce después de que el Valido llamara a actuar "contra el fascismo" y, según la consejería de Interior del gobierno autonómico, se ampara perfectamente en la legalidad. De esta situación se deducen dos obligaciones inmediatas y excluyentes para el Estado democrático. La primera y más obvia es el desmentido radical de que los ciudadanos que retiran lazos amarillos estén incumpliendo la ley. Y si este no se produjera, si la legalidad amparara el castigo contra los ciudadanos que defienden la democracia -como, por cierto, no supo defenderla el Gobierno del 155 cuando permitió los lazos en los propios edificios que custodiaba-, el Gobierno del Estado tiene la urgente obligación de cambiarla. Cualquier otra decisión confirmaría que el conjunto de la autoridad que ejerce en Cataluña es una infamia en sí misma.

Como hojas al viento
Juan Antonio Sagardoy Bengoechea ABC 21 Agosto 2018

Una persona sin principios ni valores es como una hoja que el viento zarandea y mueve hacia todos los lados. Es decir, es una persona sin rumbo, y como dice un refrán marinero, no hay viento favorable si no sabes a dónde vas.

Un valor importante en nuestras vidas es el patriotismo. Nunca olvidaré, en un viaje a Italia, que al pasear por las calles de Lucca vi una calle que decía en su cartel identificador: «Luigi Fiorino» y debajo «Patriota». Me impactó que esa persona fuera definida por encima de todos los atributos que pudiera tener como patriota, es decir, una persona que amó, defendió, vibró y se enorgulleció de ser italiano.

Dice Spengler (La Decadencia de Occidente) que la Nación se agosta, como las culturas, si no hay un espíritu que la mantenga, y ese espíritu es el patriotismo. En una larga conversación con un amigo, Eduardo Zamarripa, llegamos a unas reflexiones así sintetizadas: el centro de gravedad del patriotismo es el amor a la patria, la nación enaltecida por un sentimiento de sus habitantes de pertenencia, de respeto por su historia, de aprecio por sus triunfos y dolor por sus derrotas, y de esperanza común por su porvenir. Es hacer personal lo que afecta en general a su patria. Patriotismo es un intangible… pero influye decisivamente en el futuro de una nación. Un país sin patriotas y sólo habitantes es como un velero sin velas. Patriotismo es anteponer lo que uno cree que son los intereses generales de su nación a los intereses del partido al que pertenece, y por supuesto, a los intereses personales de cada uno. Y, finalmente, ser patriota es vibrar con España, sufrir y gozar con ella. Estar orgulloso de ser español. El otro día, el pianista James Rhodes decía, hablando de España: «Mi objetivo es que os deis cuenta que es mejor de lo que pensáis. Ante cosas que a mí me parecen mágicas, vosotros os encogéis de hombros. Aquí todo es mejor y nunca había pensado que un país en su conjunto podía tener tan baja autoestima, pero en España sí que ocurre». Estas impresiones son muy ciertas, y tenemos que hacer algo cada uno de nosotros para valorar las magníficas cosas que tenemos y que no valoramos e incluso despreciamos.

Uno de los legados más perversos del franquismo ha sido la percepción de que la Patria, el Himno Nacional y la Bandera son franquistas e incluso su adhesión a tales símbolos algo propio de «fachas». Resulta muy perturbador tal conciencia muy extendida, ya que una nación que se precie tiene en tales signos identificadores un motivo de orgullo y de adhesión ya se milite en la derecha como en la izquierda. Todos hemos sentido admiración cuando vemos a nacionales de otros países cantar con emoción y entusiasmo el himno de su patria.

En el patriotismo hay que sobrepasar nuestra «patria chica», nuestra tierra de nacimiento y enlazar con la Patria global forjada a lo largo de los siglos con triunfos y fracasos, con glorias y desventuras, pero al final con la Patria entera, que curiosamente es la que nos une en los grandes eventos deportivos. Ver la reacción de Francia, con su presidente a la cabeza, en la final del campeonato mundial de fútbol produce una gran envidia. Lo mismo que oír a los jugadores cantar el himno nacional. Eso es orgullo y pasión, de las sanas. No ser patriota es ser apátrida. Una desgracia.

Los nacionalismos radicales que en estos tiempos nos acechan tienen un lado positivo, un ejemplo de lo que es luchar, valorar y defender lo que los nacionalistas consideran su Patria. Lo negativo es el carácter excluyente de su «nacionalismo». Excluyente, además, con dosis de animadversión y odio a la Patria, es decir a España, en la que llevan siglos de convivencia. El odio es inexplicable. Es una desgracia que no se pueda o sepa compaginar lo que podíamos denominar «nacionalismos concéntricos». En mi caso me siento profundamente navarro, profundamente español y profundamente europeo. ¿Por qué un nacionalista radical tiene que ver a España como a un enemigo? Esos caminos falsamente identitarios no son constructivos, sino destructivos. Y es que de modo objetivo es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

Otro valor básico en nuestras vidas es la honradez. Quizás la mejor definición de la honradez, de una persona honrada, es que se trata de alguien que obra con rectitud, no roba, no engaña, cumple sus compromisos, y tiene un código ético de actuación. Quizá se resalta mejor el valor de la honradez si contemplamos lo contrario: el deshonesto, el sinvergüenza, el corrupto. Esa condición es tan deplorable que a todos nos repugna. Y si el corrupto, sinvergüenza o deshonesto es un cargo público, la decepción y la censura alcanzan límites muy altos de repudio, asqueo y escándalo. Y lo curioso es que los escándalos, siempre minoritarios, tienen mucho más eco que los comportamientos honrados. Como dice un refrán «hace más ruido un árbol al caer que un bosque al crecer».

Nuestra historia desde la Transición de 1978 es globalmente positiva, pero tiene unos borrones muy bochornosos y muy censurables: la corrupción de los políticos. Es algo que supone un torpedo en la línea de flotación de un régimen democrático. Pero lo importante en nuestra vida diaria es ser honrado por convicción, no por imposición, y España está llena de personas honradas. El premio es mirarse a la cara cada día, sin vergüenza alguna, sino con aprecio y satisfacción.

Y finalmente están las creencias. Creer en nuestra trascendencia, en que hay algo más que el mundo terrenal en el que vivimos. Pensar en que existe un principio de todo con fuerte presencia en nuestras vidas. Para mí, creer en Dios y en su providencia. Ser creyentes nos hace más seguros y más felices, aunque no es un estado gratuito, sino que hay que cultivarlo. Pero también creer en unos principios rectores de nuestra vida sin los cuales iremos sin rumbo, desorientados, como hojas al viento. Y esos principios son la lealtad, la generosidad, la veracidad, la amistad y la fidelidad a la palabra dada. Luchar por esas cualidades es pelear por nuestra solidez vital y nuestra integridad. Y sobre todo por nuestra dignidad. Cada una de estas cualidades nos daría para una larga reflexión, pero no hay ahora espacio para ello. Sólo decir que si lo ponemos en práctica tendremos algo más valioso que los bienes materiales y los ascensos sociales. Tendremos la honda satisfacción de nuestra fundada autoestima. Y además, con la guía de esos principios es muy difícil que el viento de la vida nos zarandee sin parar, pues más que hoja seremos roca.

Juan Antonio Sagardoy Bengoechea es académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y miembro del colegio libre de eméritos

CINCUENTA ANIVERSARIO
La primavera de Praga: tanques comunistas contra brotes de libertad
Mateo Requeséns Gaceta.es 21 Agosto 2018

Hace 50 años, en plena guerra fría, el 21 de agosto de 1968 las tropas del Pacto de Varsovia entraban en las calles de la capital checoslovaca poniendo fin a la apertura del régimen comunista que Alexander Dubcek había impulsado bajo la denominación de “socialismo con rosto humano”.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la República Popular Checoslovaca no había sido más que un estado títere de la Unión Soviética y, como ocurría con todos los países satélites de la Europa del este, su destino se regía desde el Comité Central del PCUS en Moscú. El poder político se reparte en dos figuras, la del presidente y la del secretario del KSC (partido comunista checoslovaco) ambas bajo la supervisión formal de la Asamblea Nacional checoslovaca, pero dependientes de la aprobación del Kremlin. No existe pluralismo político ni libertades individuales y todos aquellos elementos considerados parte de la oposición —incluida la Iglesia católica— son suprimidos o reprimidos.

Los principios del marxismo-leninismo dominan la vida cultural y la educación a través de una férrea censura. La propiedad privada se prohíbe y la economía planificada del socialismo real impide el desarrollo de la sociedad civil. El descontento popular con el régimen comunista es una realidad casi desde el primer momento y se intensifica aún más con el nombramiento de Antonín Novotný como nuevo secretario del KSC en 1953 y, acumulativamente, presidente de Checoslovaquia en 1957. La ruinosa situación económica del país, unida a la corrupción de altos cargos del régimen, conducen a la destitución de Novotný y al ascenso de Dubcek en marzo de 1968.

Dubcek promueve reformas que hoy nos recuerdan a la Perestroika que 20 años después Mijaíl Gorbachov acometería en la URSS para intentar “salvar los muebles” del régimen comunista. Se intenta modernizar la economía, aunque el Estado seguiría teniendo un papel relevante en su control. Por otro lado, se conceden ciertas libertades individuales y se limita la censura, todo ello, manteniendo al KSC como partido único.

Desde luego el objetivo de Dubcek y el ala reformista del KSC no era instaurar un régimen democrático, pero sí demandaban autonomía frente al control soviético y un liderazgo nuevo, menos dogmático con los postulados marxistas-leninistas. De hecho, Dubcek garantizó a Brezhnev que no tenía ninguna intención de abandonar el bloque socialista y su fidelidad al comunismo. El historiador Jan Adamec explica que el lema elegido por los reformistas, “socialismo con rosto humano” fue “un muy buen ejemplo de mercadotecnia política”, ya que agotadas en Occidente las caducas consignas soviéticas, en él cabían muchas interpretaciones, que iban desde una dictadura comunista con ecos “humanos” hasta una democracia liberal con elementos socialistas, lo que permitiría renovar el atractivo de la ideología de corte comunista. Esta sería la estrategia del eurocomunismo, que, al reconocer la imposibilidad de provocar la revolución en los países capitalistas, rechazó la identificación de los partidos comunistas de la Europa libre con el régimen soviético, y se centró en la búsqueda de la hegemonía cultural según las premisas del pensamiento de Antonio Gramsci.

La Primavera de Praga también convirtió al dramaturgo Vaclav Havel en el disidente más famoso de Checoslovaquia. Sus obras estaban prohibidas…

El problema es que ese atractivo no era tal para los pueblos de los países del Este que habían probado el yugo comunista. En la Checoslovaquia del 68, el ansia de libertad y el descontento con el régimen se coló por las fisuras que permitía la nueva doctrina del “socialismo de rosto humano”, que relajaba el feroz totalitarismo hasta entonces imperante. Se publicaron libros prohibidos, como “Un día en la vida de Iván Deníovich”, de Alexander Solzhenitsyn, se permitió la representación de obras de teatro de Havel e Ionesco, se proyectaron películas occidentales hasta entonces imposibles de ver, la gente escuchaba música pop y se produjeron debates en el ámbito universitario con una libertad hasta entonces impensable. Por primera vez se habla públicamente de los abusos y crímenes del comunismo y la televisión se hace eco de las protestas y manifestaciones.

Intelectuales, como Kundera y Havel, instaron al KSC a garantizar la libertad de expresión, abriendo camino hacia la libertad. Juventudes y sindicatos comunistas se resienten y se forman nuevas organizaciones no comunistas, como el Club de Comprometidos Sin Partido y la Asociación de Víctimas de la Represión, conocidos respectivamente como KAN y K231, o el Club de Escritores Independientes.

Aunque el Gobierno de Dubcek nunca se planteó abandonar la servidumbre comunista, desde el Politburó soviético temían que la situación escapase de las manos del Gobierno de Praga y las demandas populares se desbordasen haciendo caer al régimen, con un peligrosísimo efecto dominó en toda la Europa del Este. Dubcek no cede a las presiones del Kremlin para cancelar inmediatamente las medidas aperturistas y la Operación Danubio comienza el 21 de agosto de 1968. Las tropas del Pacto de Varsovia invaden Checoslovaquia y los tanques soviéticos entran en Praga, a mediodía el país estaba completamente ocupado. Dubcek y sus ministros fueron apresados e inmediatamente enviados a la Unión Soviética. Espontáneamente el pueblo checoslovaco, pese a que Dubcek había pedido a sus compatriotas que no se resistieran, intenta durante 8 días frenar la invasión. Se convoca una huelga general, los ciudadanos se colocan ante los tanques bloqueando las calles y se construyen barricadas. Los praguenses recriminan a las tripulaciones de los carros de combate que repriman al pueblo y dibujan esvásticas en sus torretas, cambian los carteles de las calles para confundir a los soldados… pero lo inevitable sucede, la resistencia pasiva es aplastada. Dubcek y los suyos son depurados y se ven obligados a firmar los acuerdos de Moscú que reconocen la legitimidad de la ocupación soviética de Checoslovaquia, arguyendo la existencia de un golpe contrarrevolucionario. Gustáv Husák sucede a Dubcek y deshace las reformas llevadas a cabo por su predecesor. La represión comunista durante la invasión costó la vida a 72 checoslovacos y causó 702 heridos.

Aunque la Primavera de Praga finalmente fue reducida por las tropas soviéticas, la resistencia nunca cesó. El 16 de enero de 1969, el estudiante de historia Jan Palach, de 20 años, se inmoló quemándose a lo bonzo en la Plaza de San Wenceslao, en protesta contra la ocupación. Jan Zajíc, siguió su ejemplo el 25 de febrero de 1969. En las semanas siguientes 25 jóvenes más se prendieron fuego, muriendo 6 de ellos. La tumba de Palach se convirtió en un punto de encuentro para los jóvenes y disidentes, por lo que la policía secreta comunista decidió exhumar sus restos y trasladarlos a la ciudad natal de Palach, para intentar borrar su memoria. La noche del 28 al 29 de marzo de 1969 más de medio millón de checoslovacos salieron a la calle de 69 ciudades para festejar la victoria de su equipo nacional de jockey sobre hielo contra la Unión Soviética en el campeonato del mundo, 1.526 manifestantes fueron encarcelados. La represión alcanzó de una manera u otra a todo aquel que participó en la Primavera de Praga. El campeón olímpico, Emil Zatopek fue deportado a las minas de uranio en Jáchymov, tras 6 años, se le permitió regresar a Praga, para trabajar como basurero. Marta Kubisova, la cantante de “Una oración por Marta”, que se convirtió en un himno de la Primavera de Praga, fue prohibida en los medios de comunicación.

La Primavera de Praga también convirtió al dramaturgo Vaclav Havel en el disidente más famoso de Checoslovaquia. Sus obras estaban prohibidas, lo que no impidió que fuesen representadas clandestinamente en viviendas particulares, su teatro subterráneo estaba impregnado de crítica contra el régimen. Unos años más tarde ayudó a fundar el movimiento para el cambio democrático Carta 77, documento firmado por unos 300 intelectuales de amplia repercusión internacional en el que se reclama la democratización del régimen y la defensa de los Derechos Humanos. Havel estuvo bajo arresto domiciliario y sufrió diversos periodos en encarcelamiento, al igual que otros firmantes, que perdieron sus trabajos y fueron también encarcelados. La propaganda oficial les acusaba de ser «antipartido, derechistas» y «conspirar junto con otros grupos del exterior contra el socialismo».

En 1989, en plena desintegración del bloque comunista, Havel participó en la fundación del Foro Cívico en el que quedó aglutinada la mayor parte de la oposición. Encabezó la Revolución de Terciopelo, apoyada por una gran movilización popular, que, tras 18 días de manifestaciones pacíficas, consiguió que aquellos brotes de libertad de la Primavera de Praga, por fin floreciesen desmantelando la dictadura comunista.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Cortar los lazos de la tiranía separatista
EDITORIAL  Libertad Digital 21 Agosto 2018

Esos catalanes admirables que defienden su libertad y la de todos arrancando lazos liberticidas merecen un Gobierno que no les traicione y que cumpla con su deber de cumplir y hacer cumplir la Constitución.

Es innegable que desde el 8 de octubre del año pasado algo ha cambiado en Cataluña, territorio sometido a decenios de dictadura del miedo nacionalista.

Encomiable prueba de ello son los catalanes que se están dedicando a liberar el espacio público de las aberrantes cruces y los repugnantes lazos con que la canalla separatista recuerda a los golpistas presos o cobardemente huidos de la Justicia. Ciudadanos anónimos que se arriesgan a sufrir la violencia de los infames CDR, a ser marginados en una sociedad copada por el parasitario nacionalismo hipersubvencionado y, lo más execrable e intolerable, a sufrir la persecución de unos Mozos de Escuadra devenidos en ominosa policía política.

Esos valerosos catalanes, que se organizan y ayudan como buenamente pueden, y que precisan del aliento del resto de la sociedad española –y de valiosísimos consejos para llevar adelante su lucha–, son el núcleo de una resistencia cívica letal para un separatismo juramentado con el control totalitario del Principado, al que pretenden convertir en una republicucha populista pesadillesca.

Los catalanes que salen a limpiar las calles de basura liberticida o lucen la bandera nacional en sus balcones son más conscientes que nadie de la importancia de no dejar el espacio público en manos de los golpistas y sus mamporreros; de acabar de una vez por todas y de la manera más expresiva posible con el mito del "un sol poble" que, sin vergüenza, abanderan unos indeseables que pretenden convertir a la mitad de los catalanes en extranjeros en su propia tierra.

Pero mientras la Generalidad vuelve a estar bajo el control absoluto de los peores enemigos de Cataluña, el Gobierno de Pedro Sánchez, el Ausente, parece aún menos dispuesto que el de Mariano Rajoy a hacer frente a la amenaza separatista. Así, cree que con mesas de negociación sobre temas secundarios va a apaciguar a los golpistas, que el envenenamiento de la convivencia provocado por los nacionalistas se esfumará cualquier día de estos y que es perfectamente legítimo transigir con cualquier desmán supremacista con tal de asegurar lo que queda de legislatura.

Esos catalanes admirables que defienden su libertad y la de todos arrancando lazos liberticidas merecen un Gobierno que no les traicione y que cumpla con su deber de cumplir y hacer cumplir la Constitución. Y el amparo de una Justicia que se muestre implacable con los dinamiteros de la democracia, especialmente con los que detentan posiciones de poder en el Estado contra el que con toda vileza están atentando.

Sánchez cómplice necesario de Torra
Carlos Dávila okdiario 21 Agosto 2018

La certeza del pacto entre Sánchez y Torra se ha aclarado desde el momento en que el primero (me resisto a llamarle presidente de nada) ha contestado, por boca de ganso, al requerimiento que le hizo Pablo Casado: “¿Cómo va a cortar judicialmente las declaraciones de Torra sobre su intención de atacar a España?”. El Gobierno de Sánchez preparó dos respuestas. La primera que hasta que las palabras no se conviertan en hechos, en actos concretos de rebelión nada se puede hacer. La segunda no era una réplica, era sencillamente el silencio más desdeñoso.

La contestación inicial era -es- falsaria y torticera. Por ir a lo cercano: ¿Cuántos periodistas hemos sido sentados en un banquillo incluso penal por frases mucho menos graves que las perpetradas por ese atrabiliario Torra? Y además, como es el caso que me ocupa, con ninguna suerte judicial. El presidente del Tribunal prefirió, contra todas las luces de la razón a su colega Pedraz, el liberador de etarras.

Por tanto, el PP ya se malicia -como asegura un portavoz- que aquí hay gato encerrado, el pacto entre Sánchez y Torra que cada día resulta tan clamoroso como infame. Ahora Casado piensa que ante el panorama judicial que se les presenta este otoño a Torra y sus complotados, lo más útil es cortar por lo insano. Lo más probable es que el cabecilla, por delegación, de la facción rebelde, convoque directamente elecciones anticipadas en Cataluña. A Sánchez no le viene mal esta decisión, según le recomienda su advenedizo gurú Iván Redondo cuya última pifia consintió en la eliminación de la bandera de España en el mensaje de su jefe a los catalanes todos. Fue una actitud tan torpe como miserable, tanto que a toda prisa, y ya con el daño hecho, tuvieron que rectificarla.

Pero en fin ya estamos acostumbrados a estas jugarretas desde que ambos ocupan, contra todas las luces de la razón democrática, La Moncloa. Sánchez es el cómplice de Torra y por eso abandonó al Rey cuando Felipe VI fue objeto de una provocación sin precedentes presentado a la señora de Forn como una rehén práctica del opresor Estado Español. Sánchez se marchó a hurtadillas para no comprometer su acuerdo con Torra. El Rey, se tragó el marrón como un campeón que es, Huyó Sánchez por la puerta de atrás y dejó las declaraciones para un quinta fila de su partido: el pobre Simancas. Tampoco estuvo muy galante Rivera que abandonó el escenario apenas terminados los actos sólo acompañado de su amiga? Arrimadas y un par de militantes incógnitos del partido.

En resumen: el pacto sigue más claro que nunca. Otra cosa son los aspavientos de Torra ante su encendida parroquia y los terroristas de los CDR. Con ellos se comporta como lo que es: un bribón separatista. Torra juguetea con las elecciones anticipadas salvo, claro está, que a Sánchez le entre un ataque de coherencia, decencia y dignidad y llame a las urnas en toda España. Los caballeros auténticos cumplen con la palabra, otros llamados abusivamente así, son como los cochos; vienen de raza.

La intolerable actitud del Gobierno con los abusos del independentismo
ESdiario 21 Agosto 2018

Sánchez no puede exigir subordinación de PP y C's a su tolerancia y blanqueamiento del independentismo al que él, y sólo él, adeuda su llegada a La Moncloa.

El independentismo catalán ha protagonizado un auténtico aquelarre durante todo el fin de semana, en el marco de la conmemoración de los atentados de Barcelona y Cambrills, lo que da cuenta de su falta de escrúpulos y de respeto hasta en las circunstancias más adversas.

La invitación de Quim Torra a "atacar al Estado español" corona una escalada de declaraciones, comportamientos y decisiones incompatibles con esa idea de "normalización" que, confundiendo los deseos con la realidad, pregona el Gobierno de Pedro Sánchez para camuflar, probablemente, la evidencia de que le debe su llegada a La Moncloa a esos mismos indeseables.
El Gobierno se traga las amenazas de Torra, rechaza otro 155 y ataca a PP y C's

El boicot al Rey, la persecución de los ciudadanos que retiran lazos amarillos de espacios públicos, la renovación de la apuesta soberanista, la supresión insólita de la actividad del Parlament y la rehabilitación de políticos fugados como representantes institucionales del Gobierno catalán en lugares como Bruselas jalonan la actividad de la Generalitat en estos meses de "normalidad" que sólo ve Sánchez.

Blanquear al separatismo
Pero si todo es increíble, e incompatible con las obligaciones legales de quien es ante todo un representante de la Constitución por mucho que reniegue de ella, lo realmente lamentable es la respuesta de La Moncloa, siempre entre la negación de las certezas o el blanqueamiento de los abusos.

Que Torra proclamara su deseo de atacar a España, sea o no políticamente, ha tenido escasa respuesta del Gobierno, y la que ha tenido ha sido más para criticar las protestas del PP y de Ciudadanos que para repudiar al Govern e iniciar cuantas acciones de respuesta sean posibles al objeto de frenar semejantes excesos.

Señalar antes a Pablo Casado o Albert Rivera que a Quim Torra sitúa al nacionalismo en un clima de impunidad y a los constitucionalistas en otro de aislamiento frente a ellos, pese a que los primeros son pocos e ilegales y los segundos mayoritarios y, obviamente, con la ley de su parte.

Torra animó a "atacar" a España en pleno aniversario de la matanza del 17A

Frente al soberanismo no basta con contar que, al final, el ordenamiento jurídico, institucional y social de España abortará sus ínfulas secesionistas. También es importante imponer un relato, hacer pedagogía y contraponer a sus excesos un discurso y una actitud que refleje el sentir de la España mayoritaria.

¿Y Sánchez?
Esto es, Sánchez debiera cuidar el bloque constitucional con arreglo a lo que éste tradicionalmente ha defendió, y no pedirle que se doblegue a las estrategias o necesidades que ahora él tiene con respecto a sus socios de moción de censura. Porque deslegitimar al independentismo es tanto o más importante que insistir en que sus fines son ilegales y por tanto nunca prosperarán.

Esto no depende de ningún presidente, que ni puede ni podrá negociar jamás la organización territorial de España; pero lo primero sí: y Sánchez, lejos de cumplir con esa obligación básica, está ayudando como pocos a que esas ideas perversas parezcan propias de una democracia moderna.

Sánchez, Torra y las rodajas del salchichón

Isidoro Tapia El Confidencial 21 Agosto 2018

En algún artículo anterior he comentado en qué consiste la “estrategia del salchichón”. Dos partes se sientan a negociar, y una de ellas empieza a reclamar concesiones como “gestos de buena voluntad”, para ablandar a los “más duros” entre sus propias filas, o para “desbloquear” el diálogo cuando se empantana. Figuradamente, es como si hubiese un salchichón en el centro de la mesa, y una de las partes se fuese sirviendo rodajas cada vez más generosas. A poco que se baje la guardia, el salchichón puede desaparecer antes de que empiece propiamente la negociación.

Aunque tal vez con otro nombre, la “estrategia del salchichón” es de sobra conocida y utilizada por cualquier negociador avezado. Lo primero que hace un policía que entabla contacto con un secuestrador (una de las negociaciones que más se han estudiado), es pedirle una rodaja de salchichón, la liberación de algunos rehenes por ejemplo. Los sindicatos mineros, los negociadores más duros con los que me he encontrado, pedían rodajas de salchichón simplemente para sentarse en la mesa.

El Gobierno de Pedro Sánchez llegó con el muy encomiable objetivo de “desinflamar” el conflicto en Cataluña, un objetivo que muchos compartíamos, porque el nivel de decibelios había llegado al umbral en el que los humanos somos incapaces de entender los sonidos. Para conseguirlo, el Gobierno de Sánchez ha ido ofreciendo una rodaja de salchichón tras otra. El Govern de Torra se las ha zampado todas. Hasta el punto de que, cuando ambos gobiernos se sienten propiamente a negociar, seguramente no quede salchichón en la mesa.

¿De qué rodajas de salchichón estoy hablando? Ha habido rodajas de todos los tipos, algunas previsibles y seguramente justificadas, otras imprudentes, y algunas que me atrevería a calificarlas como inquietantes. Repasémoslas todas.

Entre las primeras, las previsibles y más justificadas, están las adoptadas en los primeros días del Gobierno Sánchez. El levantamiento del control financiero de la Generalitat era una consecuencia natural del levantamiento del artículo 155, aunque admitía diversos grados de control, y el Gobierno español terminó optando por la opción más generosa para la Generalitat.

También justificado estaba el acercamiento de los políticos presos a centros penitenciarios en Cataluña tras la finalización de la fase de instrucción. Asunto distinto es si era obligada la diligencia, o hasta premura, que demostró el Gobierno de Sánchez durante aquellos días. Otra rodaja de salchichón en aras de la desinflamación.

Las siguientes rodajas tienen tonalidades más grises. Que el presidente del Gobierno y el de la Generalitat se reúnan, o que lo haga la comisión bilateral entre el Gobierno central y una Comunidad Autónoma, forma parte de una saludable normalidad institucional. Que la celebración de estos encuentros exija a la vicepresidenta Carmen Calvo aceptar previamente un “diálogo sin cortapisas” arroja alguna sombra de duda. Que en democracia se puede hablar de todo es tan obvio que es una frase sin contenido, no significa nada.

Policía política de gatillo fácil.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 21 Agosto 2018

UN HOMBRE ABATIDO POR ENTRAR ARMADO CON UN CUCHILLO EN UNA COMISARÍA DE LOS MOSSOS AL GRITO DE “ALÁ ES GRANDE”. / LA GENERALIDAD PIENSA MULTAR A LOS QUE QUITEN LOS LAZOS AMARILLOS, PERO NO A LOS QUE LOS PONEN.

Parece una broma, pero no lo es. Al parecer un hombre de origen argelino, aunque con NIE español, ha entrado armado con un cuchillo en una comisaría de los Mossos gritando lo que ya todo el mundo reconoce como peligro inminente de ataque islamista y ha sido abatido de forma inmediata . Desde luego no parece muy proporcionada la respuesta dada de disparar hasta provocar su muerte en vez de intentar reducirle, por ejemplo, mediante una pistola Taser de alto voltaje. Y este hecho totalmente espeluznante lo que demuestra es hasta qué punto se vive en Cataluña un clima de tensión con la sensibilidad a flor de piel en un cuerpo policial que esta siendo usado por la Generalidad como fuerzas de represión políticas contra los que no comparten las aspiraciones independentistas. Y es que no creo que un solo hombre con un cuchillo fuera un peligro real para una comisaría repleta de agentes armados y no creo que solo con las pistolas reglamentarias. Aunque desde luego hay que reconocer que lo que nadie podría saber a priori es si ese hombre, además del cuchillo visible, ocultaba en su interior un chaleco explosivo que pensase detonar inmolándose. Así que ante la duda razonable, la reacción de los agentes parece hasta cierto punto lógica dadas las circunstancias, aunque no cabe duda de que se impone aquello del "gatillo fácil" y disparar antes de preguntar.

Supongo que habrá una investigación oficial y que al tratarse de una comisaría de relevancia existirán grabaciones de este aparentemente insensato suicida intento chapucero de ataque terrorista. Y lo primero es que hay que reconocer que la elección del sitio no parece la más adecuada. Las primeras averiguaciones han establecido que se trata de un joven de 29 años casado con una española, por lo que habría obtenido el NIE y la nacionalidad española. Un vecino del municipio de Cornellá, el mismo donde se ubica la comisaría de los Mossos y donde residía a escasas tres manzanas. Y lo primero que sorprende es que esa identificación haya sido tan rápida, quizás porque o bien portaba documentación, lo cual es ya bastante raro en el caso de los suicidas islamistas, o a través de las huellas dactilares que le tomasen al cadáver aparecieron en la base de datos por algún tipo de antecedentes policiales. El caso es que a las pocas horas ya se conocía su filiación y se detuvo a su esposa para interrogatorio.

Hasta aquí la versión policial que, como digo, deberá ser confirmada por la investigación. Pero en todo este caso algo no termina de cuadrar, mientras no sepamos más de este supuesto “lobo solitario” cuyo olfato terrorista le lleva al peor sitio para inmolarse en el nombre de Alá y llevarse por delante al mayor número de infieles. Portando solo un cuchillo y gritando desaforadamente lo de “Alá es grande” (Allah akbar en árabe) supongo que no pretendería pasar siquiera de la puerta de acceso, como así ha sido, y menos estando en un nivel de alerta por terrorismo de 4 sobre 5 y nada menos que en unas dependencias policiales bien dotadas como es la de Cornellá de Llobregat con agentes de guardia las 24 horas. ¿O creen ustedes que es de lo más normal?

Y es que los Mossos están precisamente en el “ojo del huracán” mediático ya que, a pesar de las declaraciones y felicitaciones, su actuación policial preventiva antes de los atentados del año pasado en Barcelona y Cambrils, tienen más sombras que luces, sobre todo por los hechos acaecidos en el chalé de Alcanar en Tarragona donde los terroristas se juntaban para fabricar explosivos. Su intento de implicar nada menos que al CNI con el Imam adoctrinador de ese grupo yihadista, muestra solo una burda estrategia de desviar la atención sobre su propia falta de previsión y colaboración, que achacan a la falta de confianza de y con las FFyCCSE del Estado y a que no compartieron información sensible, cuando la realidad fue que los Mossos apartaron de la investigación del Alcanar a la Guardia Civil, a los que tampoco informaron de la identidad de los terroristas abatidos en Cambrils hasta pasadas varias horas que ya los tenían plenamente identificados. Una actitud de desconfianza y deslealtad que posteriormente se vio confirmada en las fechas posteriores en pleno proceso separatista en el día de los registros de la Consejería de Hacienda de la Generalidad y en el día del referéndum ilegal 1 de octubre. Una actitud que ha llevado al responsable máximo de los Mossos en esas fechas, el Mayor Josep Lluís Trapero a estar encausado por la justicia a espera de juicio.

Y no deja de ser sintomático el que con el vergonzoso asunto de los símbolos reivindicativos que exigen la libertad de los presos encausados por el delito de rebelión y el golpe de Estado realizado como parte del proceso independentista, los Mossos se presten a ser policía política y amedranten a ciudadanos que intentan que los espacios públicos y dependencias públicas como los ayuntamientos y fachadas de edificios oficiales no se usen como expositor de una ideología no compartida por la mayoría de los catalanes. De hecho, este gobierno golpista de la Generalidad intenta legalizar sanciones económicas gubernativas relevantes de hasta 30.000 euros a quienes osen quitar esos símbolos, mientras considera legal y legítimo el uso sectario de esos espacios y a quienes los colocan con total impunidad y pasividad de las policías locales y la de los Mossos.

Ha sido bochornosa la actuación de este cuerpo durante el día de homenaje a las víctimas de los atentados terroristas de Barcelona, permitiendo la presencia de una pancarta en un edificio de la Plaza de Cataluña, que suponía un peligro de cara a la seguridad de las autoridades presentes al tapar varias ventanas y donde se rechazaba al Rey D. Felipe, que asistió junto a las máximas autoridades del Estado a los actos programados. La excusa fue el que la responsabilidad de quitarla correspondía a la policía municipal dependiente de Ada Colau, por lo que se limitaron a custodiarla evitando el acceso a quien intentase retirarla.

Un proyecto de ley que nace muerto pero que sirve para evaluar el grado de sectarismo y de prepotencia de un Gobierno de la Generalidad que piensa actuar en plan netamente fascista persiguiendo a los disidentes e identificándoles con su policía política, por ahora. Un claro abuso de poder que puede incrementarse si va más allá de la identificación con fines políticos y la toma de represalias en otros niveles creando unas bases de datos con esa disidencia tal y como hacen los chavistas en Venezuela y cualquier sistema dictatorial no democrático.

Poner los símbolos puede que sea legal por considerarlo dentro de la libertad de expresión. Y eso puede ser comprensible en cuanto a lo de poner los famosos lazos colgados. Pero hacerlo en espacios públicos como son las playas llenándolas de macabras cruces amarillas como si fuese un camposanto improvisado, incumple desde luego normativas municipales, aunque sea simplemente por el hecho del deterioro de ese entorno. Así que los obligados a retirarlos son los ayuntamientos y sus servicios de limpieza, así como la identificación y sanción de los responsables de haberlas puesto. Al no hacerlo, incurren directamente en un delito de abandono que debería acarrear una sanción gubernativa. EN cuanto a los voluntarios ciudadanos que a pesar del riesgo evidente a ser violentados se atreven a quitar esas cruces, solo cumplen una labor cívica como la de recoger papeles arrojados al suelo y tirarlos a las papeleras públicas. Lo que es del todo inconcebible es que se les quiera sancionar y además filiarles como si fuesen delincuentes con antecedentes, en este caso políticos.

¡¡BASTA YA!! El Gobierno de España no puede consentir el que unos fascistas sectarios como los que rigen ahora la Generalidad pretendan imponer un régimen de control y de coacción a quienes se niegan a admitir la impunidad de quienes usan las calles, plazas, playas del litoral catalán, edificios públicos como los ayuntamientos o dependencias públicas, como fachadas para su propaganda sectaria secesionista. No se debe permitir que la ley se viole y se vulnere y además se coaccione a los ciudadanos amenazándoles con sanciones y quien sabe que tipo de represalias administrativas tomándoles la filiación a través de las policías locales y autonómica.

Estos son los socios con los que cuenta Pedro Sánchez y su Gobierno Okupa de la Moncloa para mantenerse en el poder y llevar a cabo sus felonías a España y a los españoles. Es su deber, mientras esté en ese cargo, evitarlo. Lo malo es que ya no debería estar ahí y por eso seguiré insistiendo:

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!

¿Qué pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

Torra, el fascismo y el linchamiento de Inés Arrimadas
José Antonio Zarzalejos El Confidencial  21 Agosto 2018

Arrimadas reúne en su persona brillantez intelectual, mestizaje territorial, valentía y capacidad de liderazgo. La están linchando. Ya lleva escolta

Que un Gobierno acepte hablar de determinados temas (como la celebración de un referéndum ilegal), en cambio, es un gesto con un evidente significado político. Como también lo tendría, por ejemplo, que el Gobierno aceptase reunirse con un colectivo homófobo para escuchar sus democráticas pero poco constitucionales reivindicaciones. No, en democracia no se puede “hablar de todo”. Hablar políticamente, me refiero. Hace más de 200 años, en una de las mayores conquistas de la humanidad, el legislador revolucionario francés decidió que había una serie de temas sobre los que “no se podía hablar”. Los denominó, con cierta pomposidad, “Declaración Universal de Derechos del Hombre”.

En España, el legislador constitucional añadió de su cosecha propia: la soberanía es “indisoluble”, la forma política es la “monarquía parlamentaria” y los ciudadanos y poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico. Se puede hablar de estos temas en una charla de bar, como también puede hacerse sobre el sexo de los ángeles. Pero no se debe hablar “políticamente” sobre los mismos. El legislador constitucional decidió blindarlos del debate político.

Aceptar que el referéndum de independencia se incluya en el orden del día de una reunión entre poderes públicos no es un gesto inane: rompe un tabú constitucional, sienta un precedente y manda una señal equivocada, la de que todo cabe en nuestra Constitución. Porque no caben diferentes formas de soberanía, así lo decidió el legislador constitucional y lo ratificaron los españoles. Si se aspira a cambiar los cimientos, debe construirse otro edificio.

Pero la forma verbal es taxativa y sugiere que el Gobierno está dispuesto a plegar velas y embridar la maquinaria judicial. Un escenario inquietante

Pasemos ahora al tercer grupo de rodajas del salchichón, las verdaderamente inquietantes. Una de las menos tranquilizadoras fue la declaración de Pedro Sánchez en su comparecencia hace unos días: “No abriré más vías judiciales con Cataluña”. Si Sánchez se hubiese expresado en forma de desiderátum (“No me gustaría tener”) no pasaría de ser una mera declaración de intenciones más. Pero la forma verbal es taxativa (“No abriré”) sugiere que el Gobierno está dispuesto a plegar velas y embridar la maquinaria judicial. Un escenario sencillamente inquietante, porque si algo paró el desafió independentista hace un año fue precisamente la firmeza en la respuesta del aparato del Estado.

¿Y qué ha ofrecido el Govern a cambio de este banquete de salchichón (o de fuet, si lo prefieren)? La balanza no puede ser más desigual. Dejemos fuera la investidura de Sánchez (soy de los que piensan, cada vez con menos convicción, que no hubo acuerdos previos, sino una confluencia de intereses). En el deber de los partidos independentistas (en el haber del Gobierno central) apenas cabe apuntar el apoyo al decreto de RTVE, a la postre intrascendente.

En el lado contrario, todo lo demás: el rechazo al techo de gasto, la elección de una dirección “dura” en el congreso del PDeCAT, o el impostado comedimiento en la conmemoración del 17-A que reventó tras el llamamiento del 'president' Torra a “atacar al Estado español”. Y vienen curvas, lo que podríamos llamar la rapsodia del independentismo: el aniversario de la aprobación de las leyes de desconexión (6 y 7-S), la diada (11-S), el pseudo referéndum de independencia (1-O) y la DUI (27-O).

En el tema catalán, el Gobierno actúa con un patrón que empieza a resultar familiar, y tiene tres elementos: el primero es un diagnóstico simple y adanista, que asume que el simple cambio de inquilino en La Moncloa tendría efectos taumatúrgicos (Sánchez declaró que la “falta de criterio del anterior Gobierno” era la “causante de la fractura social en Cataluña”). El segundo elemento es la confusión entre táctica y estrategia. Seguimos sin saber cuál es el plan del Gobierno en Cataluña (¿una reforma constitucional?, ¿un nuevo estatuto?), mientras lo fía todo a la desinflamación, una mera táctica, sacrificando cuantas cabezas de cordero hagan falta para conseguirla.

El Gobierno de los 84 diputados parece ignorar cuál es su verdadera fuerza, y pretende navegar solo en el conflicto catalán, sin el concurso de la oposición

Y el tercer elemento lo podríamos llamar el “síndrome del Correcaminos”: el Gobierno de los 84 diputados parece ignorar cuál es su verdadera fuerza, y pretende navegar solo en el conflicto catalán, sin el concurso de la oposición. Incluso si tuviese el doble de diputados, no le alcanzaría para aprobar un nuevo estatuto. Y para reformar la Constitución necesitaría el triple. Como en el Correcaminos, llegará el momento en que el Gobierno mire para abajo y se dé cuenta que va caminando sin red. Para entonces, no tendrá ni una rodaja de salchichón que llevarse a la boca.

Un intolerable acoso policial del Govern
EDITORIAL El Mundo 21 Agosto 2018

En una ofensiva diseñada para imponer el amedrentamiento a través de la represión policial, el Govern independentista de Quim Torra ha decidido identificar a aquellos ciudadanos que retiren del espacio público lazos amarillos y otros símbolos de apoyo a los golpistas encarcelados. Hay que recordar que la simbología separatista cumple la función apologética de reivindicar el golpe institucional del 1-O y que ocupa, de manera abusiva e ilegal, un espacio que es de todos. Ni los edificios oficiales ni el mobiliario urbano pueden estar al servicio de una causa o un partido, sino que han de ser neutrales, ya que son patrimonio de la sociedad. Los Mossos, además, se ponen en evidencia con esta persecución, cuando fueron ellos los que impidieron que se retirase la pancarta contra el Rey el día del homenaje a las víctimas del 17-A.

Por eso han sorprendido las declaraciones de la fiscal general del Estado, afirmando que "no hay delito alguno ni en quitar ni en poner" símbolos en la vía pública. Se equivoca Segarra al reducirlo todo a una cuestión de libertad de expresión y no denunciar lo que a todas luces es una campaña para intimidar, utilizando la Policía autonómica, a todos los catalanes que discrepen del discurso único que pretende implantar la Generalitat.

El otoño catalán
Andrea Mármol. vozpopuli  21 Agosto 2018

Dentro de un mes dará comienzo el esperado otoño político. Se ha especulado mucho a propósito de las mil y una conmemoraciones anunciadas por el separatismo, con las que buscará movilizar a los suyos e insuflar de moral a esa parte de la sociedad catalana que en algún momento confió en que sus representantes, hoy los más destacados están procesados por graves delitos, conseguirían la ruptura con el resto de España. El empeño en copar el calendario de jornadas históricas de las que valerse para caldear el los ánimos forma parte del talante de los impulsores del procés -véase cómo las últimas Diadas han sido utilizadas como pistoletazo de salida a una campaña electoral (2015) o como jornada lúdico-festiva (2017) para vestir de respaldo popular el golpe institucional de septiembre del año pasado-. Y, aunque los sectores independentistas todavía menos convencidos de volver a arremeter contra el Estado -el separatismo pragmático es un oxímoron- exijan no poner más fechas, lo cierto es que pronto volverán a establecer un horizonte concreto para la soñada independencia. Lo necesitan para ganar seguidores. Nadie se apunta, al cabo, a una carrera si no sabe dónde está la meta.

Fechas, en efecto, siempre han tenido para sus celebraciones. Este año tan sólo disponen de alguna más de notable importancia para ellos, como el 1-O. Pero no por ello deberíamos llamarnos a engaño: después de la embestida contra el Estado del año pasado, los otoños ya no son esa suerte de período de gracia en el que se decía “toca hablar de Cataluña” para hablar exclusivamente de los nacionalistas catalanes y de sus demandas. Ya no. El procés comenzó apropiándose del 11-S y utilizando esa fecha para convocar manifestaciones por la independencia. La reacción en la otra parte de la sociedad catalana podía ser de indiferencia por entender que aquello no iba con ellos, de disgusto por comprobar cómo se hablaba en nombre de Cataluña, o incluso de enfado por las consignas que se coreaban contra España. Hoy, lo que ha cambiado es que aquel rechazo a España se lee como lo que es: un rechazo a la mitad del demos catalán.

La huida hacia adelante, hace un año, de Puigdemont y compañía ha supuesto una crisis de convivencia de costes sociales -también económicos- incalculables y de difícil reparación, además del principal desafío para la democracia española. Pero también para el nacionalismo catalán ha sido un mal negocio, porque difícilmente va a encontrar en la mitad de los catalanes a quienes despreciaron, ignoraron y cuyos derechos pisotearon, una indiferencia cómplice ni una disculpa por apropiarse de su voz. Es probable que muchos catalanes no separatistas vieran en las demandas de independencia la expresión ideológica de sus conciudadanos y no las cosideraran una amenaza a la que contestar con contundencia. Como aquel ‘un sol poble’ que, se nos decía, buscaba una sociedad cohesionada. Los hechos de otoño, los de verdad, quebraron ese consentimiento implícito cuando el separatismo decidió sustituir su reivindicación por la negación de millones de catalanes.

La lección está clara. La ciudadanía ha entendido que ni las instituciones catalanas, ni el espacio público, ni Cataluña son patrimonio exclusivo del nacionalismo. Y esa hegemonía en peligro es la que tratan de recuperar. De ahí el infame artículo de Joaquim Torra, Presidente de la Generalitat, aludiendo de nuevo a ese “como un solo pueblo contra el fascismo”, que dejó preparado antes de empezar el período estival. Hay que registrar ese texto, porque pone negro sobre blanco unos planes del todo antidemocráticos: hacer pasar por violento a todo aquel que se oponga a la presencia de simbología separatista es las instituciones para legitimar esa invasión partidista y, de paso, instar a la policía a actuar, incluso preventivamente, contra los catalanes que intenten retirarla. La persecución ideológica es una forma tan eficaz como totalitaria para conseguir, sí, un solo pueblo.

La identificación de 14 individuos que retiraban lazos el pasado sábado acredita las intenciones de Torra. Esa amenaza debería ser la principal preocupación del Gobierno de España si no quiere dejar en una nota al pie los hechos de otoño. De momento no cabe ser demasiado optimista. A las palabras del presidente catalán, que consideró oportuno lanzar la amenaza de “atacar al Estado” en pleno aniversario del 17-A, Carmen Calvo salió apresurada a quitar hierro y a acusar a los partidos de la oposición de tener un discurso radical (el de Torra, en cambio, solo es inaceptable). Teniendo en cuenta que para la vicepresidenta, según ha dicho, tanto el 9-N como el 1-O se los “hicieron” al anterior Gobierno y no al conjunto de las instituciones democráticas del Estado, es demasiado suponer que este Ejecutivo sabrá detectar cuándo es adecuado actuar para frenar al separatismo. Que hayan dejado pasar las actuaciones de la policía catalana sin siquiera toser es un error gravísimo.

Y quizás no sea el primero. Porque da la sensación que a este Gobierno bonito le estorba que una parte de la sociedad catalana ya no tolere las apropiaciones de Torra como parece que sí están dispuestos a hacer los de Sánchez.

Calvo dimisión
Pablo Planas  Libertad Digital 21 Agosto 2018

"Aquí yace el Estado que perdió el Verbo”
La siempre elocuente vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, ha declarado que "con frases no se ataca al Estado". Respondía así, es un decir, a las últimas amenazas del siniestro Torra. Como su antecesora, Calvo es partidaria de pasar de todo, mirar para otro lado y "desescalar el conflicto". Sin embargo, las frases de Torra que a Calvo le parecen inocuas son bastante peores que las de Mas y Puigdemont, quienes a base de frases convocaron dos consultas ilegales que según Rajoy no se celebraron. Y de aquellas frases, estos lodos.

Que Torra diga que hay que atacar al Estado puede que a Calvo le parezca poca cosa viniendo de un individuo que considera "bestias con forma humana" a quienes no hablan catalán. El Gobierno difunde la especie de que Torra desbarra para consumo interno, para aplacar a sus fieras, por pura inercia, pero con munición de fogueo. Nada más lejos de la realidad. El separatismo es transparente y meridiano. La están preparando y lo anuncian con tiempo.

La inefable Pilar Rahola, el abogado de Puigdemont, Jaume Alonso Cuevillas, la nueva jefa de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y el de Òmnium, Marcel Mauri, se están haciendo un hartón de bolos para explicar el programa de actos de la nueva intentona, que comienza el 4 de septiembre con una conferencia de Torra en la que anunciará la hoja de ruta. El 11, a petar la Diagonal. Lo gordo, según Rahola, vendrá el 1 de octubre y después, a reventar al Estado en el juicio contra los golpistas presos. Todo ello, obviamente, con el concurso de miles de personas cortando carreteras o cerrando negocios con la protección de los Mossos d'Esquadra. "Las calles serán siempre nuestras", dicen, cantan y gritan. Se nota en el color amarillo, en las pancartas contra el Rey y en la persecución de quienes osan tocar los sagrados churros de plástico amarillo y las cruces lazis de los Comités de Defensa de la República (CDR).
La idea consiste en liarla parda para reproducir en las municipales del próximo año las de abril de 1931. Y para conseguirlo, el separatismo cuenta con un arma infalible, las frases con las que adoctrina a la población, el España nos roba, muera el Borbón, la revuelta de las sonrisas, el "a por ellos" al revés y todas esas frases con las que hemos llegado hasta aquí. Que "con frases no se ataca al Estado", dice Calvo. Parece el preludio de un epitafio. "Aquí yace el Estado que perdió el Verbo". El PP y Ciudadanos piden el comienzo de los trámites para aplicar el 155 por las amenazas de Torra. Deberían añadir la dimisión de la perjudicial Calvo.

El Gobierno impasible ante las amenazas a España
Sánchez resucita a Franco y Calvo minimiza la amenaza de Torra
Miguel Massanet diariosigloxxi 21 Agosto 2018

Si hay algo claro en todo lo que está sucediendo durante estos días en España, es que nadie parece decidido a afrontar la cruda realidad de que el país está cayendo en manos de quienes no tienen otro objetivo que acabar con todo lo conseguido hasta ahora en nuestra nación; organizar un régimen de gobierno distinto al democrático actual y, sin el más mínimo rubor, dejarse caer los pantalones hasta los tobillos ante las continuas y renovadas demandas del separatismo catalán frente al cual, el gobierno del señor Sánchez, parece dispuesto a arrodillarse con tal de garantizarse su apoyo durante el tiempo que les queda, en el mejor de los casos un año y medio, de gobierno salvo que, por cualquier circunstancia imprevista, los apoyos con los que han venido contando hasta ahora, por parte del separatismo vasco y catalán o de los comunistas de Podemos, dejen de mantenerse, flaqueen o sufran una crisis de confianza en el PSOE, que les induzcan a dejarle sin la mayoría precisa en el Parlamento para poder llevar adelante sus propuestas o proyectos de leyes. Para Sánchez esto sería un gran fracaso y, por tanto, es evidente que va a hacer de tripas corazón – las declaraciones que van haciendo los ministros de su gobierno así lo demuestran – para evitar que estos votos que le siguen apoyando en el Parlamento se mantengan durante todo el tiempo posible aunque ello suponga, como está ocurriendo en estos momentos, en los que el señor Torra, sin el más mínimo recato habla de “atacar al Estado español”.

Resulta que una presunta gran jurista, como se dice que es la señora Calvo, parece que ha decidido eliminar de nuestro CP todos aquellos delitos relacionados con las manifestaciones ilegales que pueden producirse por medio de las palaras, sean los delitos de calumnias, injurias, amenazas, propuestas para delinquir, o incitación al odio por medio de manifestaciones públicas de personas que, por si fuera poco, resulta que son autoridades responsables de que las normas y leyes estatales se mantengan en los territorios sobre los cuales se les han dado jurisdicciones. ¡Sí señores, para la señora Calvo hasta que el señor Torra, que anuncia su intención de cometer un grave delito contra el Estado, no se levante en armas contra el Estado de Derecho, declare de nuevo la independencia de Cataluña o decida aplicar todas las leyes aprobadas por el Parlament Catalá que fueron declaradas inconstitucionales por el TC, hay que permanecer quietos, no hacer nada para evitar que las amenazas se tornen en hechos y, si cabe, se produzca alguna victima fruto de este estado de tensión que están manteniendo constantemente los separatistas catalanes al objeto de evitar que el tema catalán puedas dejar de estar en primera fila de la actualidad en ningún momento.

Tomemos en cuenta algo que dijo el Conseller de Polítiques Digital y Administració Pública catalán, cuando sin cortarse un pelo expresó su deseo de que Cataluña “tiene que crear una nación digital en forma de república”, mientras “no se pueda desplegar la república catalana de forma física”. Al parecer el señor Jordi Puigneró considera al Estado español anticuado de modo que, para él, en el mundo digital, los catalanes “sean invencibles”. En este punto quisiéramos hacer un pequeño comentario que creemos tiene relación con el tema cuando, ustedes lo recodarán perfectamente, el Gobierno decidió aplicar el 155 en Cataluña, los que apoyaron esta medida se opusieron a que se intervinieran los medios de comunicación catalanes, que venían realizando una campaña de ataque y derribo, evidentemente mal intencionada, en contra de España, de su unidad y de que Cataluña siguiera siendo una autonomía más del Estado español.

Es obvio que, cuando se habla de volver a abrir las embajadas (esto no son palabras, señora Calvo, son hechos evidentes) o cuando se piden guardaespaldas para el señor Puigdemont al Gobierno español, se trata de una de las tomaduras de pelo mayores que se le pueden hacer al gobierno de una nación o cuando se presume, de crear “una República digital catalana”, por el mismo señor Puigneró y de haber utilizado “las herramientas digitales” que fueron precisas para haber conseguido llegar tan lejos con aquel referéndum que, para ellos (aquel simulacro lleno de incongruencias, falta de control de los escrutinios, urnas desparramadas por los suelos y, como colofón ser declarado nulo por el TC), resulta que sigue siendo un referente para todo el nacionalismo catalán; en el cual basan (olvidándose de que más de un 50% de los habitantes de la autonomía no comulgan con este intento, utópico, de una Cataluña independiente de la nación española) para justificar una mayoría de la que carecen afirmando, según sus propias manifestaciones: “que todos estábamos en grupos de Whats App para organizar los colegios, las urnas o el censo digital”.¡ Con toda la caradura del mundo este sujeto confiesa su participación directa en una actividad delictiva puesta en la ilegalidad por el propio TC, cuando declaró ilegítima la convocatoria fuera de la ley del referéndum propuesto por los soberanistas catalanes

¿Qué pasa para que, ningún fiscal, todavía no haya iniciado un expediente sancionador contra este señor, para incluirle dentro de los que ya están investigados, en las cárceles, por haber desobedecido las leyes penales españolas y ser acusados de distintos delitos penales? Cuando es obvio que, a pesar de que ellos pretenden salirse por peteneras argumentando que se tratan de delitos políticos, es evidente que todos ellos están incluidos, como graves, en nuestro vigente CP. Claro que, para la señora Calvo, sólo son palabras inofensivas, desagradables pero, según estima esta señora, no merecedoras de ningún tipo de actuación preventiva porque ellos, los socialistas, lo tienen todo previsto, resultando que ya están al tanto de los hechos y son conocedores de lo que se debe hacerse en similares circunstancias. Es evidente que, para ellos, los socialistas, en estos momentos sólo existe una consigna clara a la que todos, sin excepción, parecen agarrarse como a un clavo ardiendo: no hacer nada que pudiera perjudicar la mayoría que precisan para no tener que adelantar los comicios, algo que no pueden tolerar de ninguna manera, hasta que ellos hayan conseguido continuar engañando a todos los españoles crédulos, de forma que consigan los votos que han sido incapaces de obtener en los últimos comicios celebrados durante los años que han precedido a este golpe de mano, que les ha dado el poder gracias al apoyo de todas las izquierdas y separatistas, algo que ya debiera de ser causa suficiente para que se les obligara a abandonar el poder.

El que la ministra Calvo tenga la cara dura de dedicarse a criticar las políticas del PP en materia de defensa de la unidad de España, no es más que una más de las falsedades que, sin ningún tipo de vergüenza se dedican a propalar estos ministros que, desde que han llegado al poder, han sido incapaces de hacer otras políticas que las de ir cediendo o intentando esquivar a quienes los apoyaron en su moción de censura, para escaquearse de pagar sus deudas políticas que evidenciarían, sin duda alguna, que si están en donde se encuentran actualmente se debe a las concesiones que tuvieron que hacer a comunistas y separatistas para conseguir su objetivo de robar el gobierno al PP. Quizás pronto se vaya a producir, en toda esta gente que dirige el PSOE, algún caso donde se pueda demostrar la existencia de alguna prevaricación respecto a posibles cesiones incorrectas respecto a cuestiones que puedan poner, a corto o medio plazo, a España en la tesitura de tener que abrir otro tipo de lucha para impedir que, el soberanismo catalán y vasco, consigan llevar adelante sus objetivos de separarse de España. Lo peor es la incapacidad o lo que sería más grave, falta de voluntad de que, a aquellos sobre los que se aplicó el 155 por el evidente peligro de que se declararan como una república independiente; ahora, cuando la situación se debió recomponer al contexto anterior a aquella en la que se iniciaron las reclamaciones soberanistas, nos encontramos en una postura de indefinición tal en la que parece que, no solamente el soberanismo ha salido reforzado, sino que se está llevando a efecto una campaña en todo el mundo, especialmente en la Europa comunitaria, en favor de los procedimientos independentistas catalanes, mientras el Gobierno permanece indiferente dejando que la pelota de nieve del soberanismo catalán vaya creciendo cada día más.

Sánchez abre un nuevo frente de confrontación con la pretensión de sacar a Franco del Valle de los Caídos, al tiempo que el ministerio del Ejército abre expediente a 100 militares retirados que reivindican la figura de Franco como una persona que supo impedir que España cayera en manos de las milicias comunistas que, precisamente, es lo que viene incomodando a los embusteros de la Memoria Histórica, a los resentidos que no supieron aceptar que habían sido vencidos, a los capellanes catalanes, resabiados que se han olvidado de los más de 6.000 sacerdotes, monjas, católicos y obispos que fueron masacrados por los milicianos de la República y por los sindicatos ácratas de la CNT y la FAI con el apoyo de la UGT y más tarde de los comunistas del señor Negrín. Cuyos componentes asaltaron, torturaron, mataron y robaron a miles de personas solamente por sus ideas políticas o religiosas

¿Dónde está el proyecto de distensión del señor Sánchez que, por lo visto, se centra en darles gusto a los resentidos de la Guerra Civil, incluso aquellos que tuvieron parientes que fueron juzgados y condenados por haber cometido asesinatos o torturas en las chekas durante la guerra en la retaguardia? Los europeos que tuvieron dos guerras calificadas de mundiales en un corto periodo de tiempo, durante las cuales se utilizaron métodos más sangrientos de los que se usaron en nuestra guerra civil, aún que el tiempo transcurrido de la segunda de dichas confrontaciones es menor que el que ha pasado de nuestra contienda, ya han sido capaces de perdonarse mutuamente, celebrar actos de reconciliación nacional y olvidar, en beneficio de la paz y la buena convivencia en los cementerios donde reposan, a veces sin ser identificados, los cadáveres de los de uno y otro bando, sin que ello sea causa de acusaciones mutuas. En España, por el contrario, los que nos gobiernan intentan, con el pretexto de una reparación absurda, que los viejos recuerdos de los traumas de la guerra civil se vuelvan a resucitar para que, los descendientes de los que reposan en paz allí donde se encuentren, vuelvan a odiarse mutuamente por algo que ya debiera de estar en el lejano terreno del olvido más completo.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, insistimos una vez más en que la falta de experiencia de estos que nos gobiernan puede poner en peligro esta paz que habíamos sabido reconstruir con la transición española y la Constitución de 1978. El que se crea que, porque estamos en el siglo XXI, ya no existe peligro de que acabemos reincidiendo y los errores de los años 30 del siglo pasado, o no sabe de Historia o no quiere aplicarse aquella frase admirable de Lucio Anneo Séneca: “Procuremos olvidar lo que traído a la memoria nos entristece” o no es capaz de prever las consecuencias que para España y los españoles puede producir la perpetuación de los recuerdos guerra civilistas.

La utilización política de los Mossos como policía represora del separatismo
ESdiario 21 Agosto 2018

Perseguir a ciudadanos por retirar cruces o lazos amarillos no sólo es ilegal, sino propio de un régimen totalitario que usa a su policía para reprimir a disidentes. ¿Moncloa reaccionará?

Retirar lazos amarillos de espacios públicos y sedes institucionales es, a juicio del despótico Gobierno de la Generalitat, un acto a reprimir y a sancionar por los Mossos d'Esquadra, tratados de nuevo como una policía del independentismo, al servicio de sus postulados y dirigida para perseguir políticamente a quienes no los compartan, que son al menos el 53% de la población catalana.

Así lo demuestra la identificación de catorce ciudadanos que replicaron la invasión amarilla del nacionalismo, nada improvisada ni casual y perfectamente teledirigida desde las propias instituciones y sus entidades satélite que, como la Asamblea Nacional u Ómnium Cultural, llevan lustros recibiendo ingentes cantidades de dinero público.

C's declara la guerra a los lazos amarillos 'okupas' y ya los quita
Lo más sonrojante es que tanto el Tribunal Constitucional cuanto la Fiscalía General del Estado han avalado la legalidad de esa respuesta cívica, tan valerosa como humilde e ínfima al lado de la poderosa maquinaria separatista que coloniza, de manera asfixiante, todo el espacio público en Cataluña: de manera directa a través del Govern, con TV3 y las aulas como emblemas de su política absolutista; y de forma indirecta a través de sus altavoces sociales con la colocación de lazos y cruces en todos los rincones.

Que a Quim Torra y sus secuaces no parezca importarles lo que diga la Justicia y mucho menos lo que sienta y piense más de la mitad -al menos- de sus propios conciudadanos, lo dice todo del espíritu totalitario del nacionalismo, que funciona siempre de la misma manera: cuando no se puede imponer en las urnas, por la riqueza y pluralidad de la sociedad catalana, hace lo imposible para que ésta se reduzca y adapte ideológicamente a sus delirios.

El soberanismo es totalitario y quiere echar al disidente: el Estado no puede seguir mirando para otro lado

Pero lo realmente grave es la sensación de indefensión que, una vez más, pueden tener los catalanes no nacionalistas, convencidos probablemente de que el amparo de la Justicia es irrelevante y de que el apoyo institucional no llegará de una manera contundente y eficaz: si había dudas con Rajoy -y con todos sus antecesores- por esa absurda idea de que al secesionismo se le calmaría mirando hacia otro lado cuando perpetraba sus fechorías; con Sánchez casi hay certezas de que no tendrán amparo.

Obligación de La Moncloa
Es muy loable que Ciudadanos haya anunciado que serán sus cargos públicos quienes retiren esos lazos y se expongan a las sanciones, toleradas por esos mismos que llamaban 'Ley Mordaza' a evitar los linchamientos de policías en algunas manifestaciones invadidas de antisistemas violentos; pero la defensa de los derechos de los españoles no puede depender del heroísmo cívico de unos cuantos.
Cruces y lazos amarillos: una invasión teledirigida que debe ser frenada por el Estado

Ha de ser una obligación indelegable de los poderes públicos, con el Gobierno como principal garante de los mismos e instigador de la respuesta si acaso se pisotean. Pedro Sánchez no puede seguir hablando de "normalidad", en fin, mientras los excesos soberanistas ocurren a diario y se promocionan con impunidad. El abuso, el acoso y la coacción nunca son "normales", presidente.

Los agujeros negros de la Transición
Pablo Sebastián Republica 21 Agosto 2018

Por más que se entierren en el campo santo del olvido los que han sido y son ‘los agujeros negros de la Transición’ estos forman parte indiscutible del origen de los serios problemas institucionales que hoy sufre la democracia española en coincidencia con este año en el que celebra el 40 aniversario de la Constitución de 1978.

La que incluye, con la Transición, un balance muy positivo pero también errores y desafueros, cuando no flamantes violaciones de la legalidad sobre las que se extendió un tupido velo que el viento de la Historia destapará con suma facilidad, aunque todavía quedan muchas sombras por iluminar.

Como la verdad completa del golpe de Estado del 23-F, los crímenes del GAL, las tramas de la corrupción, las trampas del referéndum de la OTAN, el privilegiado circuito del tráfico organizado de influencias y especialmente el de la ‘promiscuidad’ entre el poder económico y político y sus derivadas en el control del poder judicial y la información creando zonas de impunidad.

En fechas recientes y ante el mayor problema actual de España como es el desafío secesionista catalán también existe y persiste la cara oculta de esta locura, basada en la mentira, el delirio y la ambición de unas élites.

Y por ello está por aclarar quienes, al margen de los partidos secesionistas, sus líderes y organizaciones sociales (Òmnium y ANC), han estado y están en el núcleo duro del golpe de Estado de descarada o de taimada manera (por ejemplo Roures y Godó) y ayudando en su financiación y la propaganda con dinero y medios de comunicación militantes o disfrazados con una calculada ambigüedad.

Y por supuesto están los errores políticos previos al golpe catalán del 27-O con una temeraria escalada de concesiones soberanistas que, desde 1993 año en el que el PSOE perdió la mayoría absoluta, se hizo a los gobiernos nacionalistas y progresistas de Pujol, Montilla y Maragall a cambio de sus apoyos en Madrid a través de CiU y PSC.

A un catalanismo rampante que escondía el independentismo. Y en todo ello cayeron Felipe González, José María Aznar, José Luís Rodriguez Zapatero (este de demencial manera) y Mariano Rajoy antes y durante el golpe catalán que no vio venir ni controló aunque lo paró.

Las revelaciones (o más bien confirmaciones de algo que todos sabían) de las andanzas aventureras y económicas del Rey Juan Carlos I de las que habla su ex compañera Corinna en el vídeo del comisario Villarejo, fue algo consentido por todos los gobiernos de la Transición, y lo que condujo con cierta naturalidad al escándalo de Nóos que tiene en la cárcel a Urdangarin después de maniobras para salvar a la Infanta Cristina). Y fue finalmente y ello llevó a la abdicación del Rey Juan Carlos I. Y esperemos que la cosa quede ahí y no se extienda por el resto de ramificaciones de la familia de Villar Mir, los últimos ‘proveedores palaciegos’ como antes lo fueron Ruiz Mateos, Prado, De la Rosa, Conde y ‘los Albertos’.

La mencionada en este artículo ‘promiscuidad’ entre los poderes Ejecutivo y Económico -que continúa- en la Transición y la ausencia de la separación de los poderes del Estado, dado que en el Poder Judicial manda el Ejecutivo desde que, como dijo Alfonso Guerra, el Gobierno de Felipe González ‘mató’ a Montesquieu, están en la base de muchos problemas de la Transición.

Y de la impunidad flagrante de los poderosos de las instituciones, la política y el mundo económico. Y esta organizada o espontánea trama completaba su poder con el absoluto control de los medios de comunicación, que ahora tienen una incipiente válvula de escape por la vía de internet.

Y todo esto se debe tener en cuenta, sé debería aclarar y de reconducir e incluso controlar en el seno de una reforma necesaria constitucional que además refuerce al Estado, adapte el país a los trepidantes tiempos de la modernidad y facilite una justa y representativa ley electoral y garantice una más justa mejora social en solidaridad.

De lo contrario el deterioro de la vida pública, institucional y democrática de España seguirá y continuará con el jaque del soberanismo catalán (que otras regiones empiezan a imitar) a la unidad de España. Lo que nunca prosperará aunque puede que algún día obligue a drásticas decisiones que se deberían de evitar.

Se acerca pues un tiempo de reforma democrática en la que será importante la promoción e independencia de los poderes públicos y sociales que han de garantizar y controlar el buen funcionamiento de la vida democrática y de sus instituciones así como toda forma de poder (público o fáctico), poderes garantistas de la Democracia y la Libertad com el Parlamento, la Justicia y unos medios libres, de calidad y sostenibles de comunicación.

La amenaza del yihadismo es real
EDITORIAL El Mundo 21 Agosto 2018

Apenas tres días después de cumplirse el primer aniversario de los atentados yihadistas del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils, Cataluña amanecía ayer con la noticia de un nuevo episodio de violencia terrorista, según el relato policial. Esta vez, por fortuna, el agresor pudo ser neutralizado antes de que consumase su amenaza. Al filo de las seis de la mañana, un hombre de 29 años identificado como Abdelouahab Taib se presentó en la comisaría de Cornellá y se abalanzó -al grito de "Alá es grande"- con un cuchillo de grandes dimensiones sobre la agente que le abrió la puerta "con voluntad claramente homicida y predeterminada de agredirla y acabar con su vida", en palabras del comisario Rafael Comes. Palabras, por cierto, expresadas en un trabajoso castellano por el que el propio Comes pidió disculpas.

La investigación está en marcha, pero desde el principio los Mossos han trabajado con la hipótesis yihadista, sin descartar motivaciones complementarias de carácter personal como el hecho de que Taib, que no tenía antecedentes y vivía en un piso cercano a la comisaría, se hubiera separado recientemente de su pareja. Nada nuevo en la mecánica interna del terror: el radicalismo islamista a menudo proporciona al fanático una coartada religiosa a través de la cual desahoga su frustración o da rienda suelta a su odio a Occidente. La fe se transforma en ideología que canaliza el apetito criminal.

Pero quede la psicología para criminólogos; a los ciudadanos les importa la seguridad, y concierne al Estado el deber de garantizarla. Cuando se recuerda el avance del islamismo -que no del islam- en Cataluña no siempre se repara en lo que eso significa: la creación y consolidación de barrios impermeables a los valores de la sociedad abierta en los que el salafismo, a través de la proliferación de mezquitas y mediante la astuta explotación del buenismo triunfante en ciertos sectores sociales y políticos pretendidamente progresistas, pueda ir ganando nuevos adeptos a su causa. Una causa enemiga de la libertad y de la vida. Como afirma en la entrevista que hoy publicamos la coordinadora del Área de Estudios Islámicos del GEES, Hannan Serroukh, no se trata de un puñado de fanáticos primitivos, sino de una estrategia global de infiltración paulatina que llegue a establecer un orden social islámico en Europa, un Estado dentro del Estado cuyas grietas aprovecha y cuya tolerancia liberal traiciona con su intolerancia dogmática. Países como Francia o Reino Unido conocen bien las fases del proceso por el que la integración se va por el sumidero del multiculturalismo: victimismo identitario, obtención de espacios propios, retirada de lo público y su sustitución por guetos que aspiran a la implantación oficiosa de la sharia.

Xenofobia y buenismo son dos extremos del mismo error: la ignorancia. Pero el único que no puede permitirse ignorar lo que pasa en su territorio es el Estado.

Hannan Serroukh, coordinadora de estudios islámicos del GEES: "En Cataluña estamos llegando al punto de confrontación"
ÁNGELES ESCRIVÁ. Barcelona. El Mundo 21 Agosto 2018

Hannan Serroukh, coordinadora del Área de Estudios islámicos del GEES, un grupo que asesora a diferentes fuerzas policiales sobre el riesgo de amenaza terrorista, asegura que su historia personal es el reflejo de la evolución experimentada por Cataluña en los últimos años.

Ella, musulmana, nacida en Barcelona y de padres marroquíes, pasó de estar perfectamente integrada en la sociedad en la que había nacido, sin que su religión implicase ninguna distinción, a tener que escapar de casa cuando su madre, tras enviudar, se casó con uno de los primeros salafistas que llegó a España para imponer su doctrina como la única válida.

Entre otras cosas, asegura que lo que pretenden los musulmanes radicales es "establecer un orden social islámico", advierte de que están preparando líderes yihadistas en las universidades españolas y denuncia la "irresponsabilidad" de los políticos al reconocer, por conveniencia e ignorancia, el estatus de determinados musulmanes permitiendo algo en lo que éstos son expertos: filtrarse por las "grietas" del sistema democrático occidental para romperlo.

"El radicalismo no lo podemos menospreciar, ni pensar que son cuatro fanáticos primitivos sin más. Es mucho más complejo y es un peligro para occidente que viene desde hace tiempo y se ha internacionalizado. Los atentados nos han hecho tomar conciencia de su existencia pero desde los años 80, los que apelan a un orden social islámico, que salían huyendo de Egipto o de Argelia, sabían dónde se instalaban y qué pretendían. Vieron que podían utilizar el flujo migratorio como un elemento de fuerza si lo manipulaban, que podían llegar a las nuevas generaciones. Y se dieron las circunstancias: una gente formada, con una idea obsesiva, junto a sus paisanos, que ya estaban aquí, en una situación más frágil y delicada. Se generó a partir de ahí el discurso del victimismo y de la islamofobia, del ellos y del nosotros", asegura.

Usted lo llama muy gráficamente "terrorismo de desestructuración social"
Hay diferentes víctimas del yihadismo y cuando dicen que la mayoría de las víctimas de ese terrorismo son musulmanes, es cierto. No sólo se les decapita la cabeza, también la dignidad o las ideas...
Y supongo que, desde su punto de vista, es imposible que la desestructuración social sólo afecte a los ciudadanos musulmanes que viven en España y, por ende, en Europa.

En Cataluña se han producido tensiones respecto a la instalación de mezquitas. Yo suelo poner un ejemplo muy sencillo: el de la señora María jubilada que siempre ha ido a la carnicería de al lado a comprarse 100 gramos de jamón y después a tomar un café con sus amigas. De repente, el barrio se transforma. La carnicería es jalal, ya no tiene jamón y ella no entra a comprar, no porque rechace el comercio sino porque no tiene un producto. Y en el café ni entra porque la mayoría son hombres y se siente desplazada. ¿quién está ayudándola a entender todo esto? ¿Quién la está acompañando? Sólo la extrema derecha, los racistas de verdad, le dan su versión. Tenemos que vigilar. Está claro que Europa va a tener un volumen de ciudadanos de confesión musulmana que no suponen ningún problema. Pero de la confesión al orden islámico hay un tramo frente al que tenemos que ser responsables porque hay quienes se aprovechan de la situación en todos los sentidos.

En los servicios de Información de este país se habla de un Estado oculto dentro del Estado que desdeña la Constitución y no se rige por el Código Penal. Hasta qué punto es esto cierto.
En Cataluña hay varias fases. Una primera en la que están presentes las entidades que se relacionan con la administración. Agentes sociales que explotan el discurso del victimismo y cuyo concepto de integración es el de normalizar la idea islámica, que no del Islam. Son cosas distintas. Yo hago una distinción entre asociaciones religiosas, como la del señor Halpud, del consejo Islámico, cuya actividad es como la de cualquier iglesia, y las organizaciones islámicas. Estas últimas organizan actividades colectivas para la infancia, la adolescencia o la juventud, dedicadas a la identidad islámica -no a la fe musulmana-, con unos baremos de control por parte del Estado casi nulos. En la segunda fase hay grupos que se dedican a distinguir quiénes pueden volcarse en una lucha más activa en la instauración de esa identidad islámica. Estos grupos ya no tienen relación con la Administración excepto en casos puntuales. Aquí entrarían las mezquitas salafistas, los supuestos imames que ni saben ni les interesa saber en qué país están, ni el idioma en el que se habla. Lo suyo es controlar. En Inglaterra se ha descubierto que existe la policía islámica. Aquí se ha descubierto que, según en qué barrios, las chicas tienen que cuidar su vestimenta si su familia no quiere tener problemas. Pasa en Figueras, en el barrio de la Marca del Ham. Apenas quedan españoles. O en Can Anglada, en Terrasa, o en zonas de Vic, Salt y Torre d'Embarra. La tercera fase es la de los grupúsculos violentos.

Los partidos políticos se acercan a los líderes musulmanes buscando votos. ¿Animan así a los verdaderos musulmanes?
Hacer fotos, fomentar la presencia mediática de quienes pretenden normalizar la identidad islámica no quiere decir tener un proyecto de gestión de la inmigración ni de cohesión social. Eso no es trabajo. Ni siquiera es una respuesta, es un maquillaje que esconde la falta de ideas y de compromiso. Están animando a los líderes no musulmanes, sino islámicos, que aprovechan todas las fisuras para normalizar ese discurso de la identidad islámica. Tanto que pedimos la separación Iglesia Estado, no es admisible que aquí lo hagamos al revés. Estamos haciendo que la política vaya a la mezquita y que desde la mezquita se esté haciendo política. Eso no es fe. Es adoctrinamiento.

Nous Catalans, la organización de Convergència dedicada a fomentar las relaciones de este tipo adquirió bastante relevancia en este sentido.
Nous Catalans, que buscaba la exaltación de una identidad musulmana catalana para garantizarse una participación en la política, unos votos, terminó. Fue una demostración de irresponsabilidad e inconsistencia totales. Sin calcular cual puede ser el perjuicio para el resto de la sociedad. La foto folclórica tiene consecuencias y las tiene porque es el estatus de un reconocimiento y una presencia a una ideología islámica en la política y, por lo tanto, reconoce la posibilidad de que haya un orden político islámico sin profundizar adónde nos puede llevar todo eso. Sin ni siquiera debatirlo.

¿Llegaría a algo una discusión social al respecto? ¿No es obligación de los políticos entender el problema y dar soluciones?
Yo creo que en este caso hemos de consensuar al menos cuáles deben ser las líneas rojas, cual es nuestra identidad. Hablamos mucho de la identidad del otro pero existe la identidad occidental, española y europea y tenemos que preservarla. Tenemos que saber y ser realistas. Tenemos que empezar a dialogar para sentar las bases de la sociedad del futuro donde ciudadanos españoles van a ser de confesión musulmana. Yo no reniego de ser musulmana pero lo soy en una sociedad occidental en la que he nacido. No todo el islam ni el orden islámico (Hamás, Hermanos musulmanes...) se pueden asentar en Europa y en España. Eso lo tenemos que tener claro. El problema no es la mezquita o el hiyab, el problema es que hay gente que ha llegado a España o a Europa pero no sabe que vive en Europa. En cualquier caso, hay que debatirlo, hay que hablarlo. Mientras haya debate se sabrá el porqué de los cambios que se han ido sucediendo. Sin debate, un día los ciudadanos se encontrarán que el último día del Ramadán es fiesta nacional en Cataluña y no lo entenderá. Y los problemas crecerán de forma exponencial.

¿Cuándo usted habla de un orden islámico se refiere a estructuras islámicas que han sido trasladadas a nuestro país?
A las mezquitas, los colegios, los pisos en los que educan a los niños... Se está produciendo una captación aquí en Cataluña de líderes jóvenes, universitarios, formados, que han normalizado la idea de identidad islámica. Son perfiles de jóvenes que han nacido aquí, que no son inmigrantes, son españoles, están en las universidades, que han pasado por todas esas fases y que, una vez llegan a la universidad pueden llegar a ser futuros líderes con un potencial para instaurar un nuevo orden islámico. quieren tenerlos preparados. Son sus juventudes, como las tienen los partidos políticos. Son las juventudes islámicas.

Hablaba de fisuras...
El terrorismo es algo muy complejo. No es simplemente un ataque. Le precede una estructura y una historia muy antigua, con un ideal que es el sometimiento al orden islámico y la función de quienes quieren establecerlo es entender las fisuras de un Estado para poder filtrarse. Por ejemplo, cuando se dice: los jóvenes miran internet y se radicalizan. No es cierto, no funciona así. Es cierto que los grupos armados organizados hacen los vídeos pero saben que donde va a llegar la publicidad, quien la va a consumir está en un entorno que ya es receptivo.

¿Eso es lo que ocurrió en el atentado de hace un año?
Es que no basta con hablar de prevención, hay que trabajar en ello. Las Fuerzas de Seguridad estaban trabajando a nivel 4. ¿Los agentes sociales estábamos trabajando al mismo nivel? ¿Sabemos en qué fase estamos trabajando y quién es quién? ¿Tenemos conciencia de cómo actuar ante situaciones como las de estos chavales de Ripoll que atentaron? Se conformaron con sorprenderse. 'Si estaban integrados, si hablaban catalán...', decían. En la fase secundaria es donde se genera la ideología de la identidad islámica y donde se localizan aquellos que pueden acabar generando una actuación violenta como la que se produjo.

Quiere decir que hay carencias en la Administración, en este caso en la Administración catalana...
Yo creo que después del atentado, todos los discursos previos fueron puestos en evidencia. La fotografía que se nos enseñaba no era la fotografía de la realidad. Se aferraron a la idea de que Cataluña es integradora pero esto no aborda los problemas. Que no haya debate -y sigue sin haberlo- y que no haya fisuras no significa que la convivencia esté siendo buena sino que está habiendo una resistencia. En estos momentos, en Cataluña, en lugar de generar cohesión en la diversidad, se están generando distancias y espacios: el espacio islámico y el español, el islámico y el occidental. La cuestión es cuando llegaremos al punto de confrontación.

¿Llegaremos?
Yo creo que estamos llegando pero los políticos empezarán a cuestionárselo todo cuando llegue un dirigente político, como está pasando en Bélgica, que quiera instaurar la tan temida sharia. Hasta entonces habrá muchas fases que se habrán dilapidado por el camino.

La reconquista del espacio público
Las brigadas de limpieza: «Nos quieren atemorizar, pero seguiremos, Cataluña es de todos»

Àlex GubernÀlex Gubern ABC 21 Agosto 2018

La persecución por parte de los Mossos d’Esquadra de los grupos que se dedican a limpiar de lazos amarillos las calles de las poblaciones catalanas no les va a detener. La identificación la pasada semana de un grupo de catorce personas que se habían coordinado en Tarragona para retirar propaganda independentista, y la amenaza de imposición de sanciones de hasta 30.000 euros –tal y como difundió la consejería de Interior de la Generalitat–, no solo no ha acobardado a estos grupos, sino que les impulsa a seguir en esa línea, tal y como adelantan a ABC.

Mientras formaciones como PP o Ciudadanos acusan al Gobierno catalán de convertir a los Mossos en una «policía política» para disuadir a los contrarios a la independencia, las brigadas contra el lazo amarillo preparan nuevas batidas de limpieza. «Vamos a seguir con nuestra actividad a pesar de este susto. Ya hemos limpiado en multitud de municipios, unos 40 o 50, y nunca hemos tenido ningún conflicto. Si nos gritan, seguimos en silencio, vamos a continuar porque no hacemos nada malo, eso está muy claro. Nos quieran atemorizar, pero seguiremos. Cataluña es de todos», explica a este diario, queriendo mantener el anonimato, el coordinador del grupo Resistencia de Alta Tabarnia, responsable de la «acción» del pasado jueves por la noche en los municipios de Tivissa, Vandellós y Móra la Nova, los tres a orillas del Ebro, en la provincia de Tarragona.

Los episodios de tensión que se vivieron hace semanas en Cataluña con motivo de la plantada, y retirada, de cruces amarillas en diversas playas, o el atropello de cruces en la plaza mayor de Vic (Barcelona), hacían presagiar un verano conflictivo que en las últimas semanas no ha sido tal. No obstante, el vaticinio finalmente se está cumpliendo, aunque no tanto por el enfrentamiento entre grupos contrarios a favorables a la independencia –muy puntual– como por la acción «exagerada» de los Mossos, tal y como denuncian desde las brigadas de limpieza de voluntarios tarraconenses.

«Es cierto que con los Mossos la cosa se ha ido tensando poco a poco. Antes no nos decían nada y ahora, en cambio, su actuación roza la exageración. Ahora tienen protocolos diferentes. Si se encuentran a un grupo poniendo lazos solo identifican a uno o dos de ellos. A nosotros en cambio nos pararon a casi todos y nos retuvieron durante horas», explican desde Tarragona, donde barajan incluso la posibilidad de empreder acciones legales contra la policía autonómica.

Exceso de celo
En este contexto, denuncian la filtración de que uno de los detenidos es agente de la Guardia Civil, o el exceso de celo en las identificaciones. «Nos tuvieron bastante tiempo parados, como unas tres horas y le hicieron test de drogas y alcoholemia al conductor. También nos requisaron palos, cutters para quitar lazos y una escalera, pero en absoluto navajas o armas como han dicho algunos medios», explican. Los Mossos por su parte han iniciado acciones por presunta infracción grave de la ley 4/2015 de Seguridad Ciudadana –que la izquierda bautizó como «ley mordaza»–, que contempla sanciones 601 a 30.000 euros, aunque al comunicar las identificaciones solo aludían a «daños en la vía pública»..

Junto a los grupos que actúan en Tarragona, los trabajos de limpieza de lazos amarillos se concentran principalmente en Barcelona y su área metropolitana. En concreto, el grupo Segadors del Maresme es uno de los más activos. Gabriel, uno de sus líderes, reconoce a este diario que han percibido un cambio de posición por parte de los Mossos, que de una actitud de cierta inhibición ante sus acciones, han pasado a otra de persecución. «Casi nos tratan como a terroristas», denuncia a ABC Gabriel, que subraya el absurdo de que se persiga por quitar unos lazos que están puestos contraviniendo las ordenanzas municipales.

Tanto el grupo del Maresme como el de Tarragona subrayan que su forma de actuar trata siempre de evitar el enfrentamiento: «Nuestra línea es limpiar espacios públicos, no buscar la confrontación, por eso hacemos nuestras acciones de noche, tapados, en silencio y lo más rápido posible para evitar que nos señalen o publiquen fotos de nuestras matrículas».
Gran acción a final de mes

Con los Mossos pisándoles los talones, y el independentismo propagando que estos grupos son prácticamente escuadrones de violentos, estos no piensan detenerse ante lo que consideran una apropiación abusiva del espacio público por parte del indepenedentismo, y para final de este mes ya están preparando una gran acción de «limpieza».

Jaume Vives: "No tenemos a nadie detrás que nos ayude a frenar este odio"
El portavoz de Tabarnia explica en esRadio las claves del creciente enfrentamiento social en Cataluña alrededor de los lazos y las cruces amarillas.
esRadio  Libertad Digital 21 Agosto 2018

Jaume Vives ha explicado en esRadio la situación en Cataluña después de que los ciudadanos que quitan lazos amarillos en la vía pública vean cómo la policía autonómica empieza a perseguirlos e identificarlos, algo que en su opinión causará precisamente el efecto contrario: "No creo que haya suficientes hojas para apuntar a toda la gente que va a empezar a quitar lazos a partir de ahora".

En opinión de Vives el efecto intimidatorio de estas acciones policiales es nulo: "Han convertido a los Mossos en una policía política a la que nadie teme", y la gente se oculta para limpiar las calles de lazos "pero no por los Mossos, es porque el separatismo ha conseguido que los que quitan lazos sean considerados fascistas, así es imposible que haya convivencia porque el que piensa distinto es el enemigo".

"Hay zonas en Cataluña en las que todavía no se puede ser disidente", ha explicado Vives que ha contado que los separatistas sienten que tienen detrás a las instituciones públicas, mientras que los que les hacen frente "no tenemos a nadie detrás que nos ayude a frenar este odio".

En este sentido, el portavoz de Tabarnia ha apuntado que "ellos tienen un gobierno detrás para ir ensuciando la calle y nosotros no tenemos un gobierno detrás para acabar con este odio" y que "les sale muy bien". Ha explicado que "lo barato y fácil es poner los lazos" mientras que "lo caro es tener que ir limpiando".

"Aquí el Estado ha desaparecido" ha admitido Jaume Vives que asegura que los separatistas "ven como las instituciones les dan apoyo mientras que los nuestros no tienen el apoyo de nadie y se lo pagan de su bolsillo".

Un ejército de psicólogos para Cataluña
El portavoz de Tabarnia piensa que con la aplicación del artículo 155 de la Constitución el Gobierno cometió "dos grandes errores: No se tocaron ni la educación ni los medios de comunicación". Sobre el papel de los medios en la agitación de los separatistas ha contado que "lo lógico es que ya se hubieran cansado" pero "cuando tendrían que estar con la moral baja y ver que no pueden más aparecen unos medios de comunicación que consiguen convertir eso en rabia y odio y encender a las masas".

Porque la realidad es que "aquí oprimido no vive nadie" y lo que ocurre es que los separatistas "cada vez son más pelmazos" ha indicado Jaume Vives. Cree que es "muy importante" que "los nacionalistas vean que ya no pueden campar a sus anchas". Además opina que "habría que hacer una especia de terapia psiquiátrica colectiva" porque "estamos llegando a unos extremos desquiciantes". "Necesitamos un ejército de psicólogos que ayuden a esta gente que ha perdido la cabeza", ha dicho el portavoz de Tabarnia.

INICIATIVA EN LA RED
La calle estalla contra PSOE y Podemos: 6 de octubre para echar a Pedro Sánchez
Salomon Lush. Periodista Digital 21 Agosto 2018

La forma de llegar a La Moncloa, sus socios Bildu o los golpistas catalanes, sus primeras decisiones como presidente, sus avión oficial para ir al FIB, la crisis del Aquarius, el sospechoso empleo de su mujer, Begoña Gómez, los 500 "enchufes" del nuevo Gobierno socialista, la subida de impuestos, el acercamiento de presos de ETA y golpistas del 'procès' a cárceles vascas y catalanas, la manipulación en TVE...

Son algunos de las decisiones que ha adoptado Pedro Sánchez en las pocas semanas que viene ejerciendo de jefe del Ejecutivo y que han sido muy criticadas no solo en el escenario político español sino también en las redes sociales (La Moncloa esconde la factura del viaje en Falcon de Pedro Sánchez a ver a 'The Killers' como 'secreto oficial').

En este sentido, tanto en Twitter como en no pocos grupos de Facebook se ha organizado una acción que va a trascender de lo virtual para llegar a la calle.

Así, el próximo 6 de octubre hay una cita a la que no deben faltar los críticos al Gobierno de España. Se trata de una gran manifestación convocada en Madrid contra Pedro Sánchez y con un lema simple, directo y bastante contundente: "Manifestación para echar a Pedro Sánchez".

El poder de la iniciativa, y la clave del posible éxito de la convocatoria, se basa en las fuerza de las redes sociales y en una imperativa petición que bien recuerdan en el PSOE que aupó a Zapatero: "pásalo", piden los convocantes.

Varias plataformas, grupos y cuentas de Facebook y Twitter han impulsado esta iniciativa que ya cuenta con una impresionante aceptación y un sinfín de adhesiones. Tanto que ha llegado a sorprender a muchos de los coorganizadores de esta manifestación prevista para el primer sábado del mes de octubre, que también se reivindica bajo los hastag de ‘DefiendeEspaña', ‘pedrosanchez', ‘DimisionPedroSanchez', ‘FueraPedroSanchez' o ‘EspañaNoTeQuierePedroSanchezFuera'.

La cita coincide con otra manifestación en Madrid de STOP SUCESIONES "ante las pretensiones del Gobierno Socialista de Pedro Sánchez y en particular, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, de armonizar para Madrileños, Canarios, Extremeños, Murcianos, Andaluces, Aragoneses.... y resto de Españoles, el saqueo al bolsillo de la clase obrera y emprendedora de este país", tal y como han explicado a Periodista Digital fuentes de la plataforma.
 


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