AGLI Recortes de Prensa   Jueves 23 Agosto 2018

La violenta y mal llamada "inmigración irregular"
EDITORIAL  Libertad Digital  23 Agosto 2018

La tolerancia cero hacia la inmigración ilegal resulta imprescindible si queremos que nuestras leyes sean tan respetadas como nuestras fronteras.

Una mema y pseudoprogresista corrección política censura que se califique de "ilegal" al movimiento migratorio de personas que cruzan las fronteras sin atender los requerimientos legales del país de destino, fenómeno al que esta nueva y suicida forma de puritanismo ideológico prefiere referirse con el eufemismo de "inmigración irregular".

Lo cierto es que no hay casi ninguna actividad humana que no pueda ser acertadamente considerada ilegal si no cumple determinados requisitos; y es un hecho que cuando unas personas cruzan las fronteras de un país sin respetar su legalidad cometen un delito, con independencia del grado de violencia que utilicen o de la finalidad que persigan al hacerlo.

Más aun cuando los inmigrantes utilizan cizallas y mazos para cortar los mallazos de protección exterior e interior de las vallas fronterizas y, sobre todo, cuando utilizan piedras, palos, bolas de heces con cal viva, objetos punzantes, lanzallamas caseros e, incluso, ácido contra los agentes del orden que las protegen. Esto es precisamente lo que ha ocurrido con un grupo de 200 subsaharianos que ha asaltado el perímetro que separa Ceuta de Marruecos por la zona de la Finca Berrocal, el mismo lugar por donde el pasado 26 de julio lograban acceder otros 602 inmigrantes, con una violencia que se viene incrementando en los últimos meses y que este miércoles ha causado heridas a siete agentes de la Guardia Civil.

Desde el Gobierno, la secretaria de Estado de Seguridad, Ana Botella, ha tratado de explicar esta escalada de violencia únicamente por "el cierre de las puertas de salida de los emigrantes de África por el Mediterráneo más oriental y central", pero lo cierto es que también ha contribuido a ello la sensación de "abandono institucional" que con "rabia e impotencia" han denunciado no pocos agentes de la Benemérita, que reclaman mayores efectivos en la zona, la utilización de material antidisturbios y el arreglo de las cámaras de seguridad.

A ello hay que sumar el efecto llamada de la insostenible e irresponsable política migratoria con la que se estrenó el Gobierno de Pedro Sánchez y de ese discurso buenista que califica de racista, xenófoba e incluso inhumana la legitima represión de la violencia cuando la protagonizan los inmigrantes al cruzar ilegalmente las fronteras. No menos denunciable es, finalmente, la absoluta desidia del Ejecutivo a la hora de exigir mayor colaboración de los Gobiernos de los países de origen o de tránsito, como es el caso de Marruecos.

Aunque Pedro Sánchez haya sacado pecho en su cuenta de Twitter por un inexistente "trabajo de colaboración" en el ámbito internacional, lo cierto es que no se conoce una sola iniciativa gubernamental para recabar la cooperación de un país como Marruecos, lugar desde donde han venido los más de 1.400 inmigrantes que han entrado este año por la violenta vía del asalto a la valla.

Aunque no fuese suficiente para solventar un problema tan profundo y complejo, un discurso que, en lugar de avergonzarse, llevase a la práctica la tolerancia cero con la inmigración ilegal resulta absolutamente imprescindible si queremos que nuestras leyes sean tan respetadas como nuestras fronteras. Y eso empieza por no tildar de simple "irregularidad" lo que es una clamorosa y cada vez más violenta "ilegalidad".

La frontera 'vendida'
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN El Espanol 23 Agosto 2018

Este miércoles se ha producido un nuevo asalto masivo a la frontera de Ceuta. Casi 300 personas armadas con objetos punzantes, lanzallamas de fabricación casera y botellas con excrementos se han abalanzado contra la valla. 116 inmigrantes han logrado penetrar en territorio español y se han dirigido directamente hasta el colapsado CIE (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) de la Ciudad Autónoma.

El salto, que ha dejado heridos a siete agentes de la Guardia Civil, ha tenido lugar en el mismo punto por el que se produjo la avalancha del 26 de julio, la conocida zona de Finca Berrocal. En sólo un mes, se calcula que 800 inmigrantes han podido llegar a Ceuta sólo por esa vía.

Coincide este salto con un momento de gran presión migratoria en el sur de Europa y el Mediterráneo, y también con las quejas de las asociaciones mayoritarias de guardias civiles, que denuncian la falta de medios materiales y humanos. Junto a estas carencias, a los agentes destinados en Ceuta y Melilla se les impide el uso de material antidisturbios -legal en el resto del Estado- para enfrentarse a avalanchas "cada vez más agresivas". Se da la paradoja de que el agredido apenas tiene medios para hacer frente a las agresiones, y por ello reclaman material protector.

Insuficiente
Los propios guardias civiles llevan ya mucho tiempo solicitando medidas efectivas a los diversos ejecutivos. La respuesta del Gobierno de que ya se han reforzado los puestos de Ceuta y Melilla -con 120 agentes y un helicóptero- es tan insuficiente como peligroso resultó el anuncio del ministro Grande-Marlaska de retirar las concertinas.

Conviene tener en cuenta que la frontera entre España y Marruecos no sólo separa dos países, sino el primer y el tercer mundo. No hay que olvidar que la renta per capita de España es diez veces superior a la marroquí, por lo que se entiende que a los subsaharianos que han protagonizado el salto del miércoles, originarios de países como Gambia, con una renta media inferior a 300 dólares anuales, les vaya la vida en entrar en Europa.

Frontera sensible
Queda claro que la UE debe estipular urgentemente un protocolo concertado de actuación en su linde más sensible, y que mientras tanto hay que defender la legalidad del Estado de Derecho y sus fronteras con todos los recursos.

Ni la protección fronteriza es una cuestión ideológica, ni se debe caer en la hipocresía de creer que proveer de mejores medios a las dotaciones de Ceuta y Melilla equivale a dar la espalda al drama migratorio. Comparar a Salvini con quienes abogan por no dejar indefensos a los agentes que custodian las vallas es un ejercicio de demagogia.

España tiene rota su frontera
EDITORIAL ABC 23 Agosto 2018

Lo que pasó ayer en Ceuta no fue una crisis humanitaria de personas hambrientas, sino la ruptura violenta de nuestra frontera

Más de cien inmigrantes asaltaron ayer la valla de Ceuta y causaron heridas a siete guardias civiles a los que arrojaron cal viva. Los asaltantes utilizaron cizallas para cortar la alambrada y lanzaron también heces, ácido y sangre a los agentes que acudieron a la valla para frenar la avalancha. Es el mismo método que otros 600 subsaharianos emplearon a finales de julio, cuando lesionaron a 22 agentes de la Benemérita. Es evidente que el Gobierno de Pedro Sánchez no ha aprendido nada del asalto de julio y que con una indolencia escandalosa se ha dedicado a la palabrería buenista en vez de organizar un plan de contención de nuevas avalanchas e implicar de nuevo a Marruecos en una política común. Ahora ninguno de los portavoces habituales podrá culpar al Gobierno de Rajoy, porque este segundo asalto es reincidente y ha desvelado la falta de competencia del Ejecutivo socialista y, en particular, del Ministerio de Interior. Uno y otro estaban avisados desde el asalto de julio. Casi treinta agentes de la Guardia Civil heridos y más de 700 inmigrantes que han entrado ilegalmente en España en menos de un mes y en el mismo sitio. Este saldo, más el de las pateras que descargan a diario cientos de rescatados por Salvamento Marítimo, ponen al Gobierno de Pedro Sánchez ante un fracaso sin paliativo en materia de inmigración ilegal.

Y algo más que añade una gravedad suplementaria a lo sucedido. Guardias civiles desplegados en Ceuta denuncian que se les impide utilizar todo el material de que disponen para evitar los asaltos. Esta información es de suma gravedad porque juega con la vida de los agentes y anima a las mafias a enviar nuevas avalanchas contra las vallas de Ceuta y Melilla. El ministro de Interior debe aclarar sin dilación cuáles son las instrucciones precisas que recibe la Guardia Civil para hacer frente a estas situaciones. Esos mismos guardias civiles aseguran que antes o después la violencia en los asaltos costará la vida a algunos de ellos y, por desgracia, no es un escenario inverosímil. Los asaltantes -todos jóvenes, en buen estado de salud y enardecidos por el tumulto- se emplean con una violencia que sólo es explicable por su comprensible desesperación y la incomprensible falta de contundencia en la respuesta. El Estado se encuentra encogido ante este problema -como en otros- por temor a ejercer la fuerza legítima. Lo que pasó ayer en Ceuta no fue una crisis humanitaria de personas hambrientas, sino la ruptura violenta de nuestra frontera -y la de Europa- con Marruecos. Y el Gobierno, en vez de asumir la extrema gravedad de lo que está sucediendo, prefiere diluir el asunto en su cada día más insoportable levedad política, reflejada en esos prescindibles y adolescentes tuits del presidente del Gobierno.

Ideología contra realidad
Alejo Vidal-Quadras Gaceta.es 23 Agosto 2018

Dos millones de venezolanos han huido ya del régimen de Maduro y este verano quince mil atraviesan diariamente la frontera con Colombia mientras varios centenares lo hacen hacia otras naciones limítrofes como Brasil, Ecuador o Perú. Escapan de la represión, de la miseria y de unas condiciones de vida insoportables impuestas por un Gobierno que se autocalifica de socialista. En Venezuela no existen imperio de la ley ni garantías constitucionales ni economía de mercado ni elecciones libres ni nada que se asemeje a una democracia mínimamente aceptable. Los estantes de los centros comerciales están vacíos, la inflación ha alcanzado el inaudito nivel del millón por cien anual, la gente no tiene medicamentos ni artículos de primera necesidad y cuando sale a la calle a manifestarse para protestar de semejante desastre, grupos paramilitares disparan a matar.

En un contexto menos cruento, pero asimismo dramático, los griegos han visto sus pensiones disminuir a la mitad, su paro situarse en el 20% con el juvenil en el 60%, sus salarios considerablemente rebajados, su PIB caer un 25% y su deuda pública encaramarse al 180% de la riqueza nacional. Los Gobiernos que han provocado esta catástrofe, de signos políticos distintos, han aplicado sistemáticamente durante décadas, con este nombre o con otro, programas de corte socialista.

Las políticas empleadas para sumir a Venezuela y a Grecia en la pobreza, por ceñirnos a estos dos ejemplos, muy de actualidad por distintos motivos, han sido básicamente las mismas: intervencionismo feroz, corrupción desatada, gastos del Estado desaforados muy por encima de la capacidad productiva del país, beneficios sociales irracionales destinados a comprar votos y voluntades, socialismo en dosis masivas, en definitiva.
Estos casos vienen a cuento porque en España el Ejecutivo de Pedro Sánchez va por el mismo camino. Tres de sus anunciadas medidas, si se ponen en marcha, infligirán un duro golpe a nuestra economía y detendrán en seco nuestro proceso de recuperación.

La primera es la reforma de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, aprobada por cierto hace seis años por otro Gobierno socialista con el concurso de un PP entonces en la oposición. Esta iniciativa legislativa, consecuencia de la modificación del artículo 135 de la Constitución y auspiciada por Bruselas y por los principales organismos internacionales, fue determinante en plena crisis para evitar el derrumbe de la confianza de los mercados en nuestro país y el consiguiente rescate. Su debilitamiento tendría efectos devastadores sobre la inversión y la creación de empleo. La segunda es la derogación de la reforma laboral realizada en 2012 por Rajoy, también bajo la presión de las instituciones comunitarias, del BM y del FMI, que introdujo algo de buen sentido en nuestra regulación del mercado de trabajo eliminando rigideces y haciéndolo más eficiente. Gracias a ella en gran parte se han podido generar en los últimos ejercicios medio millón de empleos por año. El regreso a la legislación anterior sería simplemente suicida. La tercera es una subida generalizada de impuestos sobre la banca, el transporte, las grandes corporaciones digitales globales y las sociedades mercantiles. Como es evidente, esta intensificación de la presión fiscal acabará repercutiendo sobre el contribuyente de a pie con consecuencias nefastas sobre el ahorro y el consumo. Tal como ha quedado ampliamente probado por la experiencia, el resultado final será la ralentización del crecimiento y muy probablemente una menor recaudación.

Esta insistencia en recorrer sendas que conducen al precipicio en contra de la teoría económica y de los hechos conocidos, demuestra una vez más que la política es el arte de inventar problemas inexistentes para resolverlos mediante soluciones equivocadas y que el socialismo como doctrina es una de las máximas muestras de este absurdo y dañino proceder. El método científico ha proporcionado espectaculares éxitos a la Humanidad y sus reglas son bien sencillas: observación, experimentación y rechazo de las hipótesis que contradicen los fenómenos observados. Los políticos que gobiernan con criterios inamoviblemente ideológicos gustan de la receta contraria, es decir, fijación previa de la teoría y si la realidad demuestra su falsedad, peor para la realidad.

Nos queda la esperanza de que la extrema precariedad parlamentaria de Sánchez y la inmanejable heterogeneidad de sus montaraces socios haga inviable la continuidad de la presente legislatura y los españoles tengamos pronto la oportunidad de acudir a las urnas para elegir una mayoría dotada de algo de sensatez. El mero pensamiento de que esta pesadilla pueda durar hasta 2020 produce escalofríos.

Totalitarismo: recuerdo y reflexión
ELÍAS COHEN El Mundo 23 Agosto 2018

A Karl Popper se le atribuye una de las citas más acertadas para exponer la operativa de los totalitarismos: "Aquellos que nos prometieron el paraíso no trajeron otra cosa que el infierno". Es cierto, anteayer en términos históricos, los europeos erigimos un mundo en tinieblas sobre falsas promesas de una sociedad mejor. Hoy es un día para reflexionar sobre ello y para recordar a los millones de víctimas que fueron injustamente asesinadas por los regímenes totalitarios.

Aunque sea al final de verano, no estemos atentos al calendario y todo pase desapercibido, hace 79 años Viacheslav Molotov y Joachim von Ribbentrop, respectivos ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética y de la Alemania nazi, firmaron el Tratado de No Agresión por el que ambas potencias se repartían Polonia, marcando así el inicio de la guerra más devastadora de la historia. Fue, en palabras del ex primer ministro polaco, Jerzy Buzek, "la colusión de las dos peores formas de totalitarismo en la historia de la humanidad".

La cifra total de víctimas civiles bajo el nazismo y el estalinismo roza los 20 millones de personas. Los nazis asesinaron a 11 millones de civiles no combatientes, y los soviéticos, en el período estalinista, a 9 millones, según las cifras que arrojó en 2010 el historiador Timothy Snyder. A estos abismales números corresponden otros 40 millones de muertos durante la Segunda Guerra Mundial.

Por ello, el 23 de septiembre de 2008, mediante una aséptica Declaración, el Parlamento Europeo estableció el 23 de agosto -tradicionalmente señalado como el Día del Listón Negro para denunciar los crímenes del comunismo- como el Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo; conocido también como el Día Europeo de Recuerdo de las Víctimas del Totalitarismo.

En la actualidad tenemos muchos días conmemorativos: el Día del Trabajo, el Día de la Mujer, el Día del Orgullo Gay, o el Día por la Eliminación de la Discriminación Racial, por ejemplo. Y está bien que así sea. Incluso, tenemos el Día de Recuerdo de las Víctimas del Holocausto, en el que hacemos extensivo nuestro homenaje y recordamos a todas las víctimas de la voracidad totalitaria -no sólo a los seis millones de judíos- y alertamos sobre los peligros de buscar culpables colectivos a los problemas cotidianos. A pesar de ello, a esta efeméride que nos ocupa no le damos la importancia que merece.

Este día sirve, en primer lugar, para que saquemos a las víctimas de la estadística, -Borges decía que la democracia es un abuso de la estadística- e intentemos ponerles nombre y apellidos. Por un mecanismo de supervivencia mental, y también social, tendemos a olvidar a los muertos y a anonimizarlos en grandes números. La sangre se seca y las víctimas se diluyen en las heladas cifras que nos han dejado cronistas e historiadores. Los millones de muertos bajo el nazismo y el estalinismo eran padres, madres, hijos, hijas, hermanos y hermanas. Tenían historias personales, inquietudes, sueños, vicisitudes y rutinas. Como nosotros. Se convirtieron en el otro, en el enemigo. En "una masa de carne en putrefacción" como dijo Franz Stangl, comandante de los campos de Sobibor y Treblinka, cuando fue interrogado sobre sus sentimientos al observar los cadáveres de prisioneros hacinados como si fueran escombros.

Es sano que curemos las heridas, que miremos hacia adelante y que dejemos atrás un tiempo inundado de muerte y locura, pero no debemos olvidar nuestro pasado ni a todos los que sufrieron por el derecho humano más elemental: ser o pensar diferente sin sufrir por ello.

Como ciudadanos libres, tenemos el deber moral de recordar en este día a todos los que fueron perseguidos, defenestrados, torturados, hacinados, apresados, explotados, asesinados y exterminados por tener endosada la etiqueta de enemigos del Estado. Es nuestra obligación, por ende, permanecer alerta y no tratar al totalitarismo como una reliquia de un tiempo ido, sino como un virus que puede mutar cuando menos lo esperemos.

Personalizar la estremecedora cantidad de 20 millones de muertos sirve a su vez para mitigar la latente lucha de narrativas sobre la historia del pasado siglo. En este sentido, dicha lucha lleva a que de Auschwitz sepamos mucho, pero muy poco sobre el Gulag. Como bien recordó Martin Amis en su certero Koba el Temible (Anagrama, 2002), "todo el mundo ha oído hablar de Auschwitz y Belsen. Nadie sabe nada de Vorkutá ni de Solovetski... Todo el mundo ha oído hablar de Himmler y Eichmann. Nadie sabe nada de Yeyov ni de Dzerzhinski...".

Que el Holocausto sea un crimen masivo e industrial de características únicas en la historia de los hombres no debería eclipsar los estremecedores crímenes cometidos en la Unión Soviética durante el estalinismo. Pese a que existen ciertas diferencias, ambos hechos tienen su origen en el mismo fenómeno: la absurda y peligrosa creencia de que el responsable de nuestras miserias se apellida diferente, reza diferente, se relaciona diferente o piensa diferente.

En segundo lugar, esta jornada llama a la reflexión sobre la naturaleza del totalitarismo, mucho más temible que cualquier catástrofe o epidemia. De acuerdo con la definición que dio el propio Benito Mussolini, el totalitarismo se reduce a "todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada en contra del Estado". Pero más allá de la apropiación absoluta de la maquinaria estatal, el totalitarismo basa su credo y su praxis en la destrucción de la persona y en la construcción demagógica del siervo y en la potestad arrogada -sostenida sobre la mentira y generalmente otorgada por una turba entusiasta y cómplice- de decidir quién es apto para vivir en el nuevo orden y quién no. El totalitarismo, en suma, convierte a los ciudadanos en súbditos, a los vecinos en enemigos, a la discrepancia en crimen y a la diferencia en condena; "un estado de la sociedad en el que los hijos denuncian a sus padres a la policía", como sentenció Churchill.

Desde aquel infausto día de agosto de 1939, que hoy recordamos, hemos avanzado mucho. No obstante, la democracia sigue siendo más frágil de lo que parece. En 2018 somos testigos de cómo vuelven a infravalorarse nuestros regímenes garantistas y de cómo se coquetea con el nacionalismo excluyente, con la búsqueda de culpables imaginarios, con la xenofobia y con formas autoritarias de gobierno.

Solemos pensar que el asesinato indiscriminado, el abuso de poder, y la persecución del diferente permanecen extramuros de nuestros cómodos torreones occidentales. Sin embargo, debemos hacer un alto en el camino y acordarnos de lo que sucede cuando la democracia es cuestionada. Hitler y Stalin no fueron extraterrestres de Ganímedes, fueron seres humanos como nosotros, así como toda la larga, silenciosa y anónima cadena desde los tiranos hasta los ejecutores. Parafraseando al gran estudioso del Holocausto, Raul Hilberg, "fueron hombres quienes a otros hombres hicieron esto".

Si aspiramos a seguir teniendo sociedades abiertas y pacíficas, nunca la voluntad de un grupo puede apropiarse de nuestros derechos individuales como ciudadanos, sin distinción ni excusa. Nunca, ningún concepto u ofrenda, por loable o hermoso que se presente ("justicia", "prosperidad", "futuro") debe estar por encima de nuestra propia libertad ni de toda la estructura que la protege: los contrapesos al poder, la educación basada en el respeto, la prensa libre, la presunción de inocencia y todos los demás instrumentos que los totalitarismos aspiran a derruir.

La advertencia de Popper, en este día de recuerdo a las víctimas del totalitarismo, es muy actual: aquellos que nos prometen el paraíso, terminarán trayéndonos el infierno. Sin metáforas, el totalitarismo mata en masa y nuestras democracias son muy preciadas. Hoy es un día para recordar ambas cosas.

Elías Cohen es abogado, analista político y Secretario General de la Federación de Comunidades Judías de España.

Ya está aquí el "¡exprópiese!"
Vicente A. C. M. Periodista Digital 23 Agosto 2018

AHORA A EXPROPIAR BIENES DE LA IGLESIA: EL PSOE ESTÁ EN UN PELIGROSO CAMINO HACIA EL GUERRACIVILISMO.

Pedro Sánchez está dispuesto a reventar por las costuras la Constitución y el consenso de 1978 ante la imposibilidad de poder gobernar sin el apoyo de los enemigos de España en su okupación del poder. Su apuesta va por reavivar el enfrentamiento civil resucitando viejos fantasmas de una época que todos ya dábamos por superada. Pero al parecer para este sectario revanchista, ha llegado la hora de cuestionárselo todo y reescribir la Historia para dar satisfacción a los nostálgicos mas radicales de su partido y de otros nuevos de ultra izquierda nacidos del mismo lodazal. Una labor que retoma la que inició su antecesor de partido en el cargo, José Luís Rodríguez Zapatero, convertido en su fuente de inspiración y ejemplo a seguir. Una labor que emprende contando con la colaboración del ala más sectaria e involucionista de su partido como la de la Vicepresidenta y Ministra de Igualdad, la prescindible y olvidable Carmen Calvo.

Pedro Sánchez intenta desesperadamente imponernos su revanchista visión de la Historia con actuaciones sobre temas necesariamente controvertidos y extremadamente sensibles que sabe conscientemente que dividen a la sociedad española. Su empeño obsesivo en borrar de la Historia la parte de los acontecimientos previos, la guerra civil fratricida y los cuarenta años de dictadura del régimen militar de Francisco Franco, le lleva a plantear problemas y debates que ni interesan ni son prioritarios para los españoles, pero que tienen una profunda carga ideológica y sentimental para muchos. Para ello no duda en recurrir a las viejas reivindicaciones populistas y demagógicas que ponen el foco en los enemigos clásicos de las llamadas izquierdas, el capital o lo que es lo mismo el poder, en este caso el de aquél que logró derrotarles y en la Iglesia católica como símbolo de ambos males, el del capitalismo y el de su alineación con el poder.

Zapatero puso los cimientos de la campaña de demolición con esa bazofia sectaria y perversa que representa la Ley de Memoria Histórica. Una vergonzosa visión sesgada de una etapa que no engloba el total sino solo la parte que más le interesa a esa izquierda que más que nunca muestra su cara revanchista más descarnada y ruin. Porque la memoria nunca puede ser selectiva y deformar la realidad al verla solo bajo una perspectiva interesada y no desde todos los ángulos en una visión de 360º como esas cámaras que nos muestran las jugadas de fútbol en las retransmisiones televisadas. Una ley de memoria sectaria y parcial que se ha ido aplicando como esa maquinaria de demolición que es en monumentos, placas conmemorativas, estatuas y todo aquello que recordase remotamente o se sospechase que pertenecía al odiado régimen de Franco. Un afán enfermizo que les ha llevado a cometer auténticas tropelías que demuestran además su tremenda incultura.

Pedro Sánchez está dispuesto a acelerar el paso y ha puesto su empeño en acabar con el Valle de los Caídos, comenzando por exhumar los restos del dictador. Pero también está en su objetivo el otro gran símbolo de la victoria humillante y resistencia del llamado bando nacional sublevado, el Alcázar de Toledo y su defensor el Coronel Moscardó. Otro lugar considerado de peregrinación para las huestes fascistas y nostálgicos del régimen. Esta sería la segunda vez que las izquierdas intentasen demoler a bombazos el Alcázar, porque cada piedra de ese edificio les recuerda su derrota final, su exilio y su incapacidad de derrocar al dictador durante cuarenta años.

Pero su desaforada venganza no acaba aquí, sino que han puesto en su mira al otro pilar cómplice del régimen, la Iglesia católica. Su intención es cuestionarse el patrimonio de esa Institución religiosa fruto de siglos de historia indisolubles de la evolución de España como nación. Un patrimonio incalculable e irreemplazable que ahora es objeto de deseo en un afán que se vislumbra expropiatorio disfrazado de trato igualitario, La primera acción que se prevé es la de realizar un censo de todos esos bienes y confirmar su titularidad. Es decir, catalogar todas las construcciones ligadas a la Iglesia, iglesias, conventos, catedrales, sedes como obispados, seminarios, universidades, etc. La excusa es relativa al impuesto que debe pagar la Iglesia por disponer de esas propiedades en un plan de trato no discriminatorio.

Y aquí, como bien decía el Quijote a su escudero “con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho”. Y el caso es que lo de hacer un censo, - la Iglesia ha dicho que no dispone de él-, resulta sorprendente que no existiera. Porque cada municipio de España es responsable de saber qué construcciones se encuentran en el mismo, catalogarlas en función de su uso e identificar a la propiedad, así como saber el estado en que se encuentra esa construcción. El caso es que precisamente son muchos de esos bienes de la Iglesia (que a veces han dejado de serlos al haberlos desacralizado) han sido declarados patrimonio cultural o de la humanidad y eso les concede un estatus especial de tratamiento. Su abandono y falta de protección se evidencia en actos de vandalismo o directamente de robo donde reliquias, esculturas, ornamentación y hasta objetos de culto son expoliados. Es absolutamente inaceptable el saqueo que hemos conocido esta semana donde desmontaron el pórtico del siglo XI de la Iglesia de La Mercadera en Soria y se llevaron otros objetos de ornamentación como una balaustrada de madera.

La hipocresía es querer culpabilizar a la Iglesia de ese abandono o de incapacidad económica para acometer la conservación del patrimonio, para expropiarlo. Una actitud que resucita viejos fantasmas que fueron determinantes en los sucesos tumultuosos de quema de iglesias, de conventos, asesinatos impunes por parte de hordas de masas en los años convulsos de la segunda República que dieron paso a la rebelión militar y la guerra civil. Una actitud que pretende dejar sin efecto el Concordato con la Santa Sede y ese párrafo que molesta en la Constitución en el que se indica en el artículo 16 punto 3 “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Esta particularización es la que hace que el Estado subvencione a la Iglesia católica con un porcentaje del IRPF para su mantenimiento como Institución religiosa, así como aplicarle exenciones fiscales a su patrimonio cultural.

Es evidente que la Iglesia católica es incapaz por sus propios medios de mantener semejante responsabilidad sobre su patrimonio, que no olvidemos fueron donaciones del pueblo y sus gobernantes en esa especie de relación fetiche de garantizarse una vida celestial tras la terrenal. Una actitud que lleva milenios con la humanidad y de la que el poder mundano y espiritual han sabido aprovecharse.

Pero lo que pretende Pedro Sánchez es reavivar un debate que puede reabrir viejas heridas y hacer que esa Memoria Histórica saque a relucir hechos que deberían avergonzar a quienes ahora fijan su diana en la Iglesia católica. Se está jugando con fuego y no es solo retórica.

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

Pedro Páramo llega al Valle
JORGE BUSTOS El Mundo 23 Agosto 2018

EL REALISMO mágico lo inventó Juan Rulfo, García Márquez lo popularizó e Iván Redondo lo metió en La Moncloa, desde donde cada día nos cuentan el cuento del hombre de tuits legendarios y manos milagrosas que comparte con el cacique Pedro Páramo el nombre de pila y la obsesión por los muertos, Franco sobre todo. La legislatura avanza como una novela picaresca, género generoso que permite al protagonista cabalgar toda contradicción con tal de satisfacer su afán de medro. Nuestro personaje no viene de Comala sino de Pozuelo, pero sus hazañas ya nutren el canon de la literatura fantástica. Encarna el cambio pero gobierna con los presupuestos de PP y Cs; trae a voces el Aquarius pero improvisa calladamente centros de internamiento en Algeciras; apoyó el 155 pero corteja a Torra; invoca el consenso parlamentario pero fomenta un presidencialismo de nuevo rico; formuló en La Sexta el ataque a Prisa más crudo que se recuerda pero hoy recibe el solícito calor de ambos grupos; cargaba en la oposición contra la afición marianista al decretazo antes de redoblarla en el poder; cultiva el desenfado indumentario pero no se priva de ninguna residencia de rancio abolengo -de Doñana a Quintos de Mora-; y se presenta como la regeneración mientras propaga el clientelismo de sigla y ampara sus escapadas a conciertos en el secreto de Estado. Lleva camino de convertir a Lázaro de Tormes en Bernarda Alba.

Todo en el sanchismo es de plástico, salvo la ambición, pero su liderazgo siliconado es hijo de la época. Muchos bautizaron este consejo de ministros como un brillante escaparate, cuando se trata de un espejo favorecedor: un reflejo perfecto para la vanidad moral del votante contemporáneo. ¿Quién no quiere luchar contra Franco, salvar a un náufrago, esquilar al empresario obeso para socorrer al niño pobre, ayudar a bien morir al próximo Ramón Sampedro? Sánchez, o quien escribe su relato, ha entendido que para ganar elecciones hay que estimular la glándula del narcisismo, masajear el mejor concepto que el elector tiene de sí y ahorrarle a toda costa la retrógrada deferencia de tratarle como adulto. Si votas Sánchez votarás a tu mejor yo, tu yo feminista, solidario, ecológico, guapo. De las cosas de comer ya se encargan en Bruselas, donde prefieren la prosa naturalista.

Que el pícaro siga vestido de presidente dependerá de que el lector acepte el pacto de credulidad que toda ficción exige. Mañana, sin ir más lejos, le contarán la increíble historia del heroico caballero que rebanó el cuello del dragón fascista, cuyo nombre daba escalofríos 40 años después de muerto.

Última hora
DAVID GISTAU El Mundo 23 Agosto 2018

De nuestro corresponsal, John Dos Passos IV. Fechada en el hotel Florida, en el mes de fructidor de 2018.

La caída del Nido del Águila es inminente. Después de setenta años de claustrofobia en blanco y negro, la dictadura estaría llegando a su fin. Así lo ha comunicado el presidente-comandante Sánchez en el centro de mando aerotransportable instalado en el Falcon. El presidente iba vestido con el mono guerrillero que le fue confeccionado a petición de la secretaría de comunicación y del que, combinado con las gafas ahumadas de puto amo, no se ha desprendido desde el comienzo de la guerra. Sánchez, que volvía de liberar personalmente tres campos de exterminio de los situados en la provincia de Ávila y abandonados en su retirada por las tropas franquistas, aseguró que la resistencia en Descuelgamuros es todavía dura por la determinación del fanático enemigo, que habría comenzado a alimentarse con los cuerpos de los hipsters capturados durante la razzia de hace un mes en un festival de cine iraní subtitulado. La noticia del canibalismo de las huestes franquistas está perfectamente acreditada al haber sido confirmada por tres Pe-Rio-Dis-Tas cuya neutralidad ha sido garantizada por no menos de tres mil tuits borrados por cabeza.

El peso mayor de los combates lo estarían soportando los tanquistas del coronel Iglesias, acogido con lluvias de pétalos en todos los pueblos de la sierra de Guadarrama que ha ido liberando en su avance hacia lo que él denomina el Vientre del Diablo. Aunque corrientes internas de su División prefieren llamarlo la Panza de Belcebú. Las heroicas prestaciones de Iglesias en primera línea han permitido solapar la polémica del cuartel de La Navata elegido por el bravo luchador antifascista para dirigir el asalto y del cual dijo que la piscina era una tentación burguesa que él se imponía para vencerla cada mañana, y que en cualquier caso necesitaba un sótano amplio por si llegaban a caer en sus manos los Romanov.

A pesar de la euforia en el Bando Correcto de la Historia, algunas declaraciones de comandos de los aliados indepes infiltrados en lo que ellos llaman la Guarida de la Bestia, como el gallardo capitán Rufián -no confundir con el rufián capitán Gallardo-, que tantas doncellas castellanas tiene enamoradas por su donosura, aseguran que las tropas victoriosas podrían encontrarse con que el dictador les ha hecho la faena de no esperarlos vivo para escamotearles la entrega en carreta a la justicia popular, la de la Gente.

Los huesos de dios
¡QUIA! El Mundo 23 Agosto 2018

SI LA oposición política tuviera nervio esperaría a que llegara el Poseur al Congreso a convalidar su decreto ley para desenterrar a Franco y le preguntaría:

-Muy bien, señor Sánchez, pero dígame antes qué hacemos con la Cruz.

Tengo delante cuatro maravillosas páginas del diario Abc, del año 1957. Una conversación de Tomás Borrás con el arquitecto Diego Méndez, que dirigió los trabajos y diseñó la Cruz. Explicaba que el Risco de la Nava le había parecido apropiado al Caudillo en todos los órdenes: «Hermosura del sitio, magnitud, aspecto imponente y bravío que recoge el ánimo a la meditación, mas no le afemina». Qué grande. Y seguía ya de lleno en el asunto: «Presentar una Cruz en lo alto del risco que trepa a las nubes sin que pareciera enana, vulgar de estilo y proporciones era la pesadilla, repito, tanto del Caudillo como mía». Borrás tampoco era manco. Así remataba: «Y en el puño de la montaña coloca tesonera esa fe una Cruz que alcanza al cielo... Un cielo de vagarosa palabrería de viento batiente, de aves señoras que se inmoviliza en la altura, de alta cetrería de nubes, que condicionan desde su nido en el canchal las llanadas secas de la Sagra manchega. El mayor exvoto concebible, muestra de las fuerzas de eternidad de España».

El Valle de los Caídos es, secundariamente, la tumba de Franco. Lo sustancial es la Cruz y este canchal de palabras. De ahí la necesidad de la pregunta parlamentaria. Los 300 metros de risco y cruz señalan el punto culminante del régimen que, con notable apoyo popular, gobernó España durante 40 años. Es la Cruz y no los huesos de Franco los que hacen del Valle un extraordinario testimonio del nacionalcatolicismo. Y lo que debería ser objeto prioritario de una izquierda veraz: Franco es un angelito al lado de dios. El monumento no puede reconvertirse. El Valle puede dinamitarse pero es imposible hacer de él un Arlington. La Cruz pesa. El Gobierno, aislado en un océano, dice ahora que convertirá el Valle en una suerte de Auschwitz. Me alegra que al Gobierno le traiga sin cuidado la ley de Godwin. ¡Así lo quiero siempre! Aunque ahora que ha pronunciado la palabra habrá de convencer a la Iglesia de lo bonito que quedaría un auschwitz rematado con la Cruz. Pero la idea va en la dirección adecuada. Un paso más y el Gobierno caerá en la cuenta de que un elemento fundacional de su auschwitz son los restos del otro creador. Para ilustración de las masas y hasta por venganza, inútiles.

Nepotismo y nada más
Enrique de Santiago okdiario 23 Agosto 2018

Si existe un tiempo en el que un país se cierra, se apaga, se duerme profundamente, es la segunda quincena de agosto, en la que la información no existe, la neurona se encuentra en “off”, la barriguita cervecera alcanza su máxima expresión y la tendencia natural del ser humano es al relax; por eso, cuando un gobierno pretende alguna canallada, la hace en el mes de agosto, que nadie se entera o al menos nadie tiene capacidad de movimiento.

Hasta el momento, por más que unos y otros, pretenden aparentar que unos gobiernan y otros están ojo avizor, lo cierto es que Sánchez no ha sido capaz de gobernar, de aplicar medidas o acciones de gobierno, más allá de la colocación de su mujer y sus “amigochos” en puestos de suculento emolumento.

Resulta vergonzante que, una vez más, aquel que venía a aplicar decencia a la política, a acabar con las puertas giratorias y las prebendas a los propios, como siempre, es el más sinvergüenza, el que más personas coloca y el más corrupto. Es claro que hoy nadie imputa o investiga lo que hacen los Sánchez que han llegado al poder, pero no tardará demasiado el que se les busquen las cosquillas; en ese momento, volveremos a escuchar que no es verdad, que es un acoso al que pretende el cambio, que la derecha es cruel, que no se les permite actuar…. Finalmente, llegará el “tú más” y los “perritos sin alma”, una vez más, con “el culo como la bandera del Japón”, “mirando a Cuenca”.

Esto se hace en este mes muerto para que la información, y la vergüenza, pase como una tormenta de verano en la que se diluye todo y, cuando llegue septiembre y el trabajo de verdad, nadie se acuerde de las canalladas realizadas por corsarios habituados al latrocinio y a quedar impunes.

En este momento, con el mismo silencio, con la misma poca vergüenza, se ha dictado un Real Decreto por el que se pone en manos del “mangarranas” de turno la patria potestad de un padre, sin tutela judicial, sin la más mínima cautela y la más mínima precaución legal, en una acción muy propia del sectarismo y de la generación de una guerra de sexos que sirva, a una izquierda mamporrera, para mantener la lucha que precisa para sobrevivir. Antes, era la de clases y, como eso se acabó, ahora tenemos la de sexos, por la que muchas sufren y mueren, muchos padecen y otros, muchísimos y muchísimas, viven del erario público, en un entramado, sumamente lucrativo, que se autoabastece del dolor ajeno para mantener disfrute y lucro propio.

Nuevamente, se hace en este tiempo muerto para ocultar la cuestión y pueda pasar desapercibida a una sociedad de por sí dormida, pero que ahora está muerta.

¿Qué más han hecho los Sánchez? Pues, aparte de intentar cambiar los términos de emigrante, inmigrante (el que llega a un país extranjero para buscar mejores medios de vida) por el de migrante (el que se traslada de lugar), en un intento de manipulación de la lengua, de decir que iban a quitar, que no lo han hecho, las famosas concertinas que parecen ser muy crueles para impedir la invasión, pero muy efectivas y cariñosas cuando se colocan para evitar que el preso salga al exterior, en un sin sentido más propio del buenismo estúpido de algunos o, mejor dicho, la intención de vestir de cordero al lobo de quienes lo utilizan… lo cierto y verdad es que hacer, hacer como acción de gobierno… nada de nada.

España pide urnas a gritos
Isabel San Sebastián ABC 23 Agosto 2018

No se puede gobernar el país con un cuarto de los diputados del Congreso y el apoyo condicionado de partidos cuya única razón de ser es destruir lo que uno gobierna. No solo es una pretensión vana, cargada de arrogancia irresponsable, sino que constituye una deslealtad flagrante a todo aquello que uno juró servir al tomar posesión del cargo. Pedro Sánchez ha tenido tiempo suficiente para comprobar hasta qué punto es rehén de fuerzas incontrolables empeñadas en llevar a España a un punto de no retorno. Ha constatado la voluntad inequívoca de confrontación proclamada por el separatismo catalán desde lo más alto de las instituciones autonómicas, con ese «vamos a atacar a este Estado español injusto» tronado por Torra en tono amenazador aprovechando cual carroñero el aniversario de un atentado islamista. Conoce el precio que han fijado los populistas para respaldar el techo de gasto y es consciente de que pagarlo supondría sentar las bases de una nueva recesión, que asoma ya su rostro oscuro en forma de previsión de crecimiento inferior al tres por ciento vigente desde 2015. También se ha asegurado una jugosa pensión vitalicia y un estatus de ex presidente que elevará hasta las seis cifras su caché de conferenciante. ¿A qué espera el ambicioso líder socialista para convocar elecciones? A recuperar los votos que se fueron a Podemos. Y mientras llegan o no llegan, se entretiene y nos distrae con los huesos del general Franco, a ver si así consigue achicar el espacio electoral a Iglesias.

Incluso podría vencer ¿quién sabe? Eso aseguraba la última encuesta del CIS. Si lo publicado respondía a la verdad demoscópica y no a la cocina de Tezanos, el Partido Socialista tendría ante sí un horizonte triunfante que debería servir de acicate a Sánchez para aceptar la prueba de las papeletas. Porque, de momento, no deja de ser un perdedor aupado hasta La Moncloa por una carambola llamada moción de censura, que liquidó a su adversario a traición y le rescató a él de su derrota. Cualquier político que se respetase a sí mismo y respetara el sentido de la palabra «democracia» se sometería de inmediato al escrutinio de la ciudadanía, como único mecanismo legitimador de su posición. Él mismo aseguró en su día que lo haría. Después le pudo ese síndrome agudo que ataca a cuantos inquilinos ha tenido la residencia presidencial, en este caso nada más traspasar la puerta. Demostró que no tiene palabra, ni coraje, ni vergüenza. Por eso no se atreve a darnos voz. Le asusta el veredicto que podamos dictar los auténticos propietarios de la soberanía cuya titularidad cuestionan sus aliados, obviamente interesados en mantener en el Gobierno a un jefe del Ejecutivo débil, maniatado por su minoría absoluta y sujeto a su letal tutela. Él asume ese papel de títere. Su conveniencia personal prevalece sobre la de la nación a la que le ataría el honor, en caso de que lo tuviera. Le ha cogido gusto a veranear en Doñana y hará lo que sea menester para repetir la experiencia.

España pide a gritos ser oída, porque lo que votó no se acerca siquiera a lo que está padeciendo, por mucho que sea legal. En nuestro sistema de representación cabe un sindiós como el actual, lo cual no hace sino subrayar la necesidad perentoria de modificar la ley electoral con el fin de privar de una vez a los separatistas de su actual poder decisorio. La Presidencia de Sánchez es válida, sí, pero es tan indigna como inmerecida. Queremos y exigimos ser llamados a las urnas.

'Deslazificación'
Cristina Losada  Libertad Digital 23 Agosto 2018

La ocupación permanente del espacio público, sedes de instituciones incluidas, es inaceptable.

Circula un tuit que ha reunido fotos de los momentos estelares de los lazis. Es instructivo verlas. No será fácil encontrar ahora mismo otras estampas más grotescas. Una muy impresionante, en ese sentido, es la de un hombre que camina por el monte metido dentro de una jaula de barrotes amarillos. Pero hay otras muchas: grupos de señoras tejiendo a ganchillo larguísimas estolas biliosas; hombres con la barba teñida en ese tono; personas procesionando con capirotes amarillos; otras totalmente envueltas en vendas de plástico amarillo cual momias; mujeres cubiertas con lazos amarillos gigantescos, que sacan la cabeza por el óvalo; árboles de Navidad cuyo único y antiestético adorno son los lazos de marras; estatuas vestidas con capas y sombreros amarillos de ganchillo, quizá tejidos por las señoras mencionadas; puentes y fuentes invadidos por la bilis de plástico y hasta campos de viñedos atacados por la plaga de los lazos.

Los casos pintorescos muestran bien los extremos a los que pueden llegar personas que, como suele decirse, parecen muy normales, cuando se dejan llevar por la histeria política y la política histérica. Pero luego están las estampas de la vida amarilla más frecuentes en las calles, parques y playas, que los lazis ocupan con su simbolismo cutre de manera invasiva. Son éstas las problemáticas. Los individuos son libres de disfrazarse y hacer el ridículo, sea metiéndose en jaulas, vendándose como momias o poniéndose fregonas amarillas en la cabeza. Pero la ocupación permanente del espacio público, sedes de instituciones incluidas, es inaceptable. Aunque, por otro lado y desde su lado, esa ocupación y esa apropiación son lógicas. De lógica perversa. Son la extensión visible de la creencia política del nacionalismo catalán de que Cataluña es de su propiedad.

El colérico activismo de los lazis dura ya meses, prácticamente desde que la Justicia dictó prisión provisional para los golpistas que no se dieron a la fuga, y no tiene pinta de amainar. Al revés: van a perseguir y sancionar a los ciudadanos que retiren escoria amarilla de la vía pública. El Gobierno regional ha dado orden a la policía autonómica de que actúe contra esos ciudadanos, esto es, de que actúe como una policía política, y ya dispone de la identidad de catorce deslazificadores.

Ese sostenido amarillismo, esa persecución contra los disidentes y esa porfía en el lazismo se da por hecho que responden a la conducta habitual del nacionalismo catalán, y es verdad. Pero hay algo nuevo o algo más de lo que dar cuenta. Algo que se percibe si uno, en lugar de preguntarse por qué lo hacen, se pregunta qué harían si no lo hicieran. ¿Qué sería del separatismo si no se dedicara a una frenética actividad que llene el vacío dejado por el fallido golpe de octubre? Todo cuanto hacen los cabecillas y los seguidores por mantener alta la temperatura del enfrentamiento está destinado a servir de sustituto y sucedáneo de la rebelión fracasada.

Al fallar la profecía de la independencia, aunque fuese una profecía que pocos independentistas tomaron realmente en serio, los creyentes, incluso creyentes tan poco dispuestos a correr riesgos como éstos, se emplearon a fondo para reafirmarse en su creencia política. Es lo que suele ocurrir en casos así. El modo de mitigar el efecto del encontronazo con la realidad, de acallar posibles dudas, de reducir la disonancia cognitiva, es redoblar los esfuerzos por sostener y extender la creencia. El apoyo de un grupo es, en ello, fundamental. Sin esa red social, activa, movilizada y vigilante, el creyente flaquearía y podría, ¡quién sabe!, abandonar y hacer algo de provecho.

La plaga de los lazos mantiene prietas las filas y cerradas las mentes de los separatistas. Tan cerradas que son incapaces de apreciar, no ya los defectos políticos de sus creencias y conductas, que eso es pedir demasiado, sino el ridículo que hacen. De ahí que sea tan necesaria y urgente, incluso por su bien, esa labor de deslazificación que llevan a cabo, de forma desinteresada y pese a los riesgos, tantos cívicos ciudadanos de Cataluña.

No van contra Franco, van contra la libertad
Rafael Dávila Álvarez. General de División (R) latribunadelpaisvasco 23 Agosto 2018

Escribía no hace mucho que si yo fuese la familia de Franco retiraría en silencio sus restos y me los llevaría a la intimidad familiar. Sé lo que digo y no creo estar muy lejos de la opinión más noble y acertada. Quizá fuese la voluntad del mismo Franco. Claro que, por otro lado, ¿quiénes son estos personajes para imponer su voluntad y escribir el pasado a su gusto y semejanza?

Pero esto no es Franco, ni el Valle de los Caídos, ni la Guerra Civil, ni nada que se le parezca. Esto es otra cosa, es decir, la misma: el regreso triunfante, ahora, a buenas horas, del Frente Popular. Nunca se fueron. No van contra Franco. Vuelven a Franco. Lo que cueste, en valores absolutos, no les importa con tal de que sea el humilde y sencillo pueblo español el que pague las consecuencias de la contienda y, ellos, Largo Caballero y compañía, queden indemnes. En definitiva esto es: la provocación, el enfrentamiento.

Atónitos los jóvenes y algunos menos jóvenes, nada saben de Franco ni les interesa. Pero la historia conviene conocerla para lo bueno y para lo malo. El que no quiera leer, saber historia, allá él. “Lee, y conducirás; no leas, y serás conducido”. Nada hay peor para la libertad que los directores de mentes. (Fíjense que no adjetivo: dementes).

Leamos. Por ejemplo:
Constitución española. Artículo 86.
"En caso de extraordinaria y urgente necesidad, el Gobierno podrá dictar disposiciones legislativas provisionales que tomarán la forma de Decretos-leyes y que no podrán afectar al ordenamiento de las instituciones básicas del Estado, a los derechos, deberes y libertades de los ciudadanos regulados en el Título I, al régimen de las Comunidades Autónomas ni al Derecho electoral general".

No hay mucha discusión. No es necesario saber de leyes, solo saber leer y hacerlo. Aplicar un Real Decreto-ley para sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos no encaja en el artículo 86 que la Constitución prevé en casos de: ¿necesidad?, ¿extraordinaria?, ¿urgente? Es decir, hay motivos más que suficientes para que se presente un recurso de inconstitucionalidad. ¿Lo hará alguno de los partidos con representación en el Parlamento? Porque lo que pretende hacer el señor Sánchez es, hablando en román paladino, un fraude de ley.

Les animo a Partido Popular y a Ciudadanos a presentar el recurso ante el Tribunal Constitucional. A no apoyar este decretazo. No es por Franco, ni por el Valle de los Caídos. Es por la Libertad. Se lo explicaré de otra manera.

Les han tendido una trampa. Están a punto de caer en ella.

No, no es Franco, ni el Valle de los Caídos, ni la Guerra Civil, ni nada que se le parezca. Son ustedes, Partido Popular y Ciudadanos, una gran parte del pueblo español que en ustedes han confiado, los únicos que pueden hacer frente al Frente Popular, al enfrentamiento de nuevo, a este nuevo Largo Caballero advenedizo, huérfano de historia y perdón. No caigan en la trampa.

Negarse a la exhumación de los restos de Franco, presentar recurso ante el fraude de ley que pretenden, no es apoyar aquel 18 de julio de 1936, ni ser franquista, ni ser, como pretenden acusarles, golpistas, ni asimilarles a nada de lo que tengan que avergonzarse. Aquí el único golpe de Estado, la única vergüenza con la que vivimos, está en Cataluña y son precisamente los golpistas los que apoyan a este Gobierno que usa las leyes a su conveniencia y placer. Sin oposición. ¿Oposición? Perdonen el paréntesis: Hasta ahora lo único que hemos visto de este Gobierno, de su presidente, ha sido: utilizar un avión de las Fuerzas Armadas para una juerga nocturna con su mujer declarando el asunto como secreto de Estado; y hablar de Franco, poner a toda su tropa a pensar en Franco y su tumba. ¿La oposición? ¿Vacaciones?

Pues no se asusten. Están a tiempo de defender, no, no se trata de Franco, se trata de la libertad, la de todos, la de ellos también.

Repítanlo conmigo: el problema no es Franco, historia, el problema es la libertad. Les están retando, probando, al partido Popular y Ciudadanos. No caigan en la trampa. La trampa se llama Torra, separatismo, independencia, España, se llama libertad, es la defensa de la libertad. El 36 es historia; la historia de ahora se llama Cataluña. Hay muchos españoles que confían en ustedes, Partido Popular y Ciudadanos. Hay muchos españoles que no sienten ni piensan como Zapatero o Sánchez, como Largo Caballero. ¡Libres!

He llegado a pensar, después de la sorpresa del fraude de ley, del Decreto-ley que pretenden aplicar, que es peor el señor Sánchez que el mismísimo Torra. El peligro es el señor presidente del Gobierno que está dispuesto a llevarse por delante la Transición española y desenterrar las batallas perdidas. Huele a podrido, a dolor de enfrentamiento, de nuevo a lágrimas, cuando España se levantaba de su tristeza y largo rencor.

Una vez que ustedes, Partido Popular y Ciudadanos, cedan ante este fraude de ley, reto que les plantean, se vendrá abajo la Transición y el Frente Popular renacerá victorioso. Después vendrá todo lo demás. No lo duden.

Háganlo, hagan frente a este reto-trampa que les plantea el señor
Sánchez. No se trata de Franco, ni del Valle de los Caídos. ¡No!

Es algo más grave: la libertad. Depende de ustedes.
Después vendrá todo lo demás. Preferible es no recordar.

Por último ¿Qué hará la Iglesia desde Roma?

Artículo publicado inicialmente en el blog del autor

Los huesos de Franco y la Segunda Transición
Agapito Maestre  Libertad Digital 23 Agosto 2018

La exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos tiene obviamente un objetivo político, o mejor, es una acción simbólica relevante en el proyecto socialista que abrió Zapatero en el pasado y prosigue Sánchez, después de la huida de Rajoy de la política. Desarmado el PP y expectante Ciudadanos, los socialistas persisten en una nueva organización del Estado que dé muerte, definitivamente, a la Nación democrática. Mejor un reino de cantones que una gran nación, si eso asegura, dicen los cabezas de huevo del PSOE, el poder de los socialistas y los populistas.Los socialistas sacarán los huesos de Franco del Valle de los Caídos no tanto para dar carnaza a sus votantes, que no son tan menores de edad como los pintan los melifluos periodistas de la derecha mediática, sino para hacer pasar a los de PP y Cs por el aro de su agenda política, a saber, es menester una Segunda Transición, aquella gran aspiración de Zapatero, que arrase con la Constitución del 78 y el modelo de convivencia de los últimos cuarenta años.

Es menester para Sánchez actualizar el proyecto de Zapatero, que no era otro, recuérdenlo bien, queridos lectores, que dar esperanzas a los independentistas vascos y catalanes de una futura secesión de esos territorios. Sí, el objetivo del pacto entre Zapatero y ETA era dar alguna esperanza al "Movimiento de Liberación Vasco" (PNV y ETA) de que conseguirían por la vía política e institucional la secesión de España. El modelo se podría extender fácilmente a Cataluña. Esa era la esencia del pacto de Zapatero con los terroristas de ETA para que dejasen de matar. ETA entró, en efecto, en las instituciones y el PSOE sigue hoy, como ayer, horadando los fundamentos del Estado nacional para que un día los separatistas vascos y catalanes consigan su objetivo: la autodeterminación.

En ese horizonte tiene que inscribirse la decisión del Gobierno de Sánchez sobre los restos de Franco. No solo se trata de una obsesión psicológica o un juego ritual de los socialistas con los huesos del viejo dictador para revivirlo y, después, matarlo. Es algo más que una nueva estigmatización del franquismo. El socialismo español quiere reafirmar su existencia política con una acción relevante, desde el punto de vista simbólico, que dé correa y vitalidad, o sea, genere expectativas de poder, a los terroristas, los separatistas y los populistas, mientras los socialistas detentan el poder. Sacar los restos de Franco no es sólo una exhibición o ejercicio de musculatura socialista frente a sus socios separatistas, sino una prueba para sacar del tablero político no sólo a uno de los actores principales que hicieron posible la primera Transición, el PP, sino a quienes defienden la idea democrática de Nación española.

Sánchez quiere ejecutar con precisión el viejo proyecto socialista que dejó inacabado Zapatero y entre paréntesis Rajoy. El Proceso abierto por Zapatero con los terroristas y separatistas, después del terrorífico 11-M, ya no es, como algunos se malician, una reivindicación de la izquierda para toda España, sino un plan que está ejecutándose. La decisión de exhumar los restos de Franco de Cuelgamuros representa la primera gran escenificación de que estamos ya en plena Segunda Transición. El Proceso, iniciado por Zapatero según el viejo esquema de Bosch Gimpera y Anselmo Carretero sobre la necesidad de actualizar una España de pueblos y tribus cuasi prerromanas, ha comenzado su final sin que hasta el momento el PP haya dado alguna prueba de autocrítica de su política meliflua con los nacionalistas y separatistas, o sea, con los principales socios de Zapatero ayer y de Sánchez hoy.

No bastará, pues, con abstenerse o votar abstractamente por la exhumación de los huesos del viejo dictador en pro de una retórica reconciliación entre españoles, que llevan reconciliados más de cuarenta años, sino que se requerirá discurso, o sea, política por parte de la Oposición, para saber qué significado tiene esa decisión gubernamental para el desarrollo de la democracia española.

El correcaminos de Cuelgamuros
FÉLIX BORNSTEIN El Mundo 23 Agosto 2018

El decreto-ley es un instrumento legislativo excepcional y de carácter limitado. Esta peculiar disposición legislativa no disfruta de un contenido libre, pues está cercada por determinados límites trazados por la Constitución. Por ejemplo, no pueden resultar afectadas por decreto-ley las libertades fundamentales de los ciudadanos o el régimen de las comunidades autónomas. Por otra parte, el Gobierno sólo puede recurrir a esta iniciativa en los casos de «extraordinaria y urgente necesidad». La urgencia que demanda la intervención legislativa del Gobierno debe ser tan acuciante que haga vacua e inútil (por su tardanza) la tramitación del procedimiento legislativo ordinario e incluso la del urgente. El límite jurídico binario -«extraordinaria y urgente necesidad»- es el presupuesto obligatorio que habilita al Gobierno para aprobar un decreto-ley.

La legitimidad constitucional del uso gubernativo del decreto-ley depende de su motivación. El Gobierno debe justificar y acreditar la circunstancia de la «extraordinaria y urgente necesidad». Puede cumplir dicho requisito en la exposición de motivos del propio decreto-ley (que es lo más frecuente), en el debate parlamentario de convalidación y/o en el expediente de elaboración de la norma.

Un buen resumen de la doctrina constitucional sobre la validez de los decretos-leyes nos lo ofrece la reciente STC 61/2018, de 7 de junio. Apunte el lector las siguientes notas:

El límite jurídico impuesto por la Constitución prohíbe al Gobierno la utilización abusiva o arbitraria del decreto-ley.

El Tribunal Constitucional debe verificar (no suplantar) el juicio político o de oportunidad efectuado por el Gobierno.
Para dicha fiscalización, el Gobierno ha de justificar la «extraordinaria y urgente necesidad» que le obliga a aprobar esa disposición legislativa provisional, y debe hacerlo de manera explícita y razonable. No sólo eso: el Gobierno también resulta obligado a probar la conexión imprescindible que debe ligar la urgencia del momento con las medidas concretas adoptadas. Esta demostración causal repele las fórmulas rituales, retóricas o genéricas.

Han transcurrido muchos años desde aquel 23 de noviembre de 1975 en que fue enterrado en la basílica de El Valle de los Caídos Francisco Franco Bahamonde. Durante todo este tiempo nadie, que yo sepa, ha achacado a la permanencia subterránea del general en el valle de Cuelgamuros la producción de un terremoto, una inundación devastadora o cualquier otra calamidad pública natural. Tampoco he advertido la relación de causa a efecto del entierro del dictador con una hipotética epidemia de cáncer de próstata, un aumento imposible de la deuda pública nacional o la dramática caída de las vocaciones sacerdotales. Nada, en suma, que fuerce al Gobierno a cavar a toda prisa en la tumba de Franco y a sacar de allí sus restos.

Si, como parece, Pedro Sánchez tira de decreto-ley para entrar en el cuadro de honor de la Historia de España y complicar las acciones judiciales de los afectados por la exhumación de los restos de Franco, le hará un flaco favor a la democracia. Ser demócrata es debatir las leyes en el Parlamento. Ser demócrata es no invadir arbitrariamente las competencias del Poder Legislativo y respetar las reglas del Estado de Derecho. Ser demócrata es abstenerse de una política de hechos consumados de imposible reparación posterior por los tribunales de justicia.

Historia y memoria histórica
Daniel Martín Ferrand Republica 23 Agosto 2018

Lo del Decreto Ley para exhumar los restos del dictador Francisco Franco es un indignante desafío contra el orden jurídico. En España, ahora, hay asuntos mucho más urgentes, como la deuda pública, la estructura económica, la dependencia judicial de los partidos, el futuro de las pensiones, el golpismo catalán o la inmigración ilegal. Pero el gobierno de Don Pedro Sánchez quiere seguir jugando a la Guerra Civil, por lo que desea reformar y ampliar la Ley de memoria histórica.

En principio, más allá del estúpido pleonasmo, lo de la memoria histórica es buena cosa. Hay que recordar el pasado; pero en toda su amplitud –algo que les vendría bien a los catalanes–. Que le quiten su calle al general Yagüe tiene todo el sentido del mundo.

Pero, ¿qué pasa con Largo Caballero, que en la campaña de 1936 no dejó de aludir a una probable, necesaria y deseada guerra civil? ¿Y qué con “La Pasionaria”, de encendidos discursos y amenaza velada a Calvo Sotelo en el mismísimo Congreso de los Diputados? ¿Y con el golpista Lluis Companys?

Puestos a poner en duda, podríamos poner en duda a muchos nombres más: el intelectualista y parcialísimo Manuel Azaña, la arbitraria, caprichosa y torpe Isabel II, el no siempre limpio marqués de Salamanca, el felón Fernando VII… Pero, ¿quién fue tan santo como para realmente merecer una calle o una plaza?

Son muchas las vergüenzas de nuestra Historia. Innumerables, quizás mayores que nuestros grandes momentos y hazañas. Por eso no se puede realizar una Ley –realmente, ¿también vamos a legislar la Historia?– que sirva como arma arrojadiza. No se busca la reconciliación, sino el enfrentamiento, alargar un conflicto que ya debería ser pura “memoria histórica”.

Porque sí, hace falta revisar la visión que tenemos de nuestra Historia. Pero en un sentido amplio. Por ejemplo, son multitud los historiadores que hablan, en la Guerra Civil, de una tercera España. Por otro lado, hay que superar la idealización de la II República, un periodo tan caótico como oscuro – ¿cuántos intentos de golpe de Estado hubo antes de 1936?–. Ya puestos, hasta podríamos incluir el término Tercera República, nada democrática, que nació el 19 de julio de ese mismo año, término empleado por numerosos expertos.

Quizás inevitablemente, la Historia se reduce a unos pocos tópicos. Pero así se camina bien lejos de lo que pretendía Heródoto. Hay que conocer bien el pasado, los muchos hechos, y siempre intentando abarcar el mayor número posibles de distintas perspectivas. Eso es auténtica memoria histórica.

Y ahí entra el Valle de los Caídos, monumento a la infamia de una época cruda, cruel, asquerosa de nuestra Historia. Más que convertirlo en un santuario para condenar los crímenes, muchos, del Franquismo, habría que ampliar su significado. Como la Casa del Terror de Budapest, debería servir para mostrar todas las vergüenzas acaecidas durante la II República, la Guerra Civil y la dictadura de Franco.

Aún más, podría abarcar también los anteriores periodos históricos: la huelga y represión de 1917, la Semana Trágica, el terrorismo anarquista… incluso los desmanes cometidos durante la Primera Guerra Carlista.

Claro que aquí nadie quiere hablar de reconciliación. La memoria histórica es un arma, nada más. Porque aquí solo se quiere utilizar el pasado para el enfrentamiento, para conseguir que perdure el mito de las dos Españas, ahora absolutamente obsoleto –aunque no en el plano intelectual, partidista, falsamente ideológico–.

Lo que es realmente urgente es aprender Historia. Bien. Pero a la educación, más aún la humanística, que la den.

P.S.: En cuanto a anular las sentencias del Franquismo, poco hay que decir. Es algo tan inútil como propio de patanes. La Historia está ahí; no se puede cambiar, por muy perversa que haya sido.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Una peligrosa manera de gobernar que sienta inquietantes precedentes
 ESdiario 23 Agosto 2018

Pedro Sánchez gobierna por decreto, despreciando el resultado de las urnas, pactando con cualquiera e intentando anular ahora al Senado. En apenas tres meses, su legado no puede ser peor.

Pedro Sánchez es el presidente que más veces ha recurrido al decreto-ley en sus primeros días en el Gobierno y, además, el único que se ha planteado intentar cambiar la legislación, en compañía de Podemos, para acabar de tal manera con la mayoría parlamentaria de un rival en una cámara con capacidad de veto como el Senado.

Todo ello obedece a la debilidad del grupo socialista y recalca la inquietante manera de entender la política que ya le llevó a Sánchez a La Moncloa: de igual forma que para buscar una mayoría parlamentaria obvió que, por elemental respeto democrático, primero hay que tenerla en las urnas; para paliar ahora las consecuencias de acceder así al Gobierno recurre a mecanismos excepcionales para compensar su falta de apoyo ciudadano.

Si Sánchez ignoró que para buscar mayorías en el Congreso primero hay que tenerlas en las urnas, pisotear todo lo demás le resulta sencillo

El 'todo vale' de Sánchez, plasmado en su acuerdo con los partidos independentistas a los que debió aislar pero ahora les adeuda el cargo, le ha llevado a asaltar literalmente RTVE para colonizar el ente público y ponerlo a su servicio; a designar a militantes sin experiencia para cargos en empresas y organismos estratégicos donde debiera primar la capacidad profesional; a convertir la financiación autonómica y el Consejo de Política Fiscal en un mero cambalache con sus propios barones regionales o, ahora, a estudiar con Pablo Iglesias cómo anular la mayoría del PP en la Cámara Alta para aprobar un techo de gasto distinto al que él mismo apoyó al introducir en la Constitución un mecanismo de regulación del mismo en el artículo 135.

Un viejo tuit sobre "decretazos" explota a Sánchez en la cara y destapa su doble juego

Con Sánchez es simplemente imposible saber a qué atenerse, cuáles son sus principios y dónde están los límites, como demuestra su insólito cambio en la cuestión catalana: en apenas dos semanas pasó de reclamar un 155 más contundente y proponer el endurecimiento del delito de rebelión a aceptar los votos soberanistas para lograr en los despachos lo que le negaron las urnas por dos veces.

Convertir esa alianza provisional con PdeCat, ERC o incluso Bildu en un supuesto ejemplo de una política dialogante y en el clímax de un sano ejercicio de parlamentarismo para, a la vez, pisotear en el Senado una versión mucho más acorde con las urnas de ese juego de mayorías; es el penúltimo despropósito de un presidente que adapta la realidad a sus necesidades personales y prescinde de todo aquello que perturba ese objetivo, incluyendo a los propios ciudadanos.

Sánchez adapta la realidad a sus necesidades personales, prescindiendo de todo lo que le molesta, incluidos los votantes

Esa manera de gestionar el poder, como una herramienta personal ajena a cualquier otro objetivo que no sea el suyo propio, sienta además un peligroso precedente que en el futuro podrá explorar ya cualquier presidente: si no valen ya los votos de los ciudadanos, si se puede pactar con cualquiera y si además se puede gobernar por decreto, ¿para qué sirven las elecciones?

Una herencia terrible
El legado de Sánchez, en términos democráticos, va a ser doloroso y poco acorde con la regeneración que predicaba para camuflar su inaceptable tendencia caciquil y su clamorosa indiferencia hacia los propios españoles.

Cataluña: contra la ocupación del espacio de todos
EDITORIAL El Mundo 23 Agosto 2018

Pese a la inacción del Gobierno de Pedro Sánchez ante los abusos político-policiales que se están cometiendo estos días en Cataluña, donde la policía autonómica identifica y abre diligencias a ciudadanos de a pie por retirar de las calles simbología al servicio del separatismo, bueno es comprobar que la sociedad civil, al menos, sigue viva. Así lo demuestra la avalancha de apoyos que están recibiendo las 14 personas que fueron interceptadas este fin de semana por los Mossos d'Esquadra para unirse a su campaña e intentar poner freno a la ocupación de los espacios públicos promovida por el Govern de Torra a través de la proliferación de lazos amarillos.

La sociedad ha soportado demasiado tiempo la usurpación secesionista de las calles, la privatización del espacio de todos para su causa excluyente y el gravísimo quebranto de la neutralidad a la que están obligadas todas las administraciones. Pero no está dispuesta a observar impasible cómo unos gobernantes sectarios usan a los cuerpos de seguridad para amenazar, además de para obtener de forma torticera datos personales de vecinos que podrían acabar en listas negras que faciliten el escrache. Lo triste es que quienes se rebelan ante el proyecto de "pueblo único" de Torra no tengan el aliento del Gobierno.

La guerra de los lazos
José García Domínguez  Libertad Digital 23 Agosto 2018

Se vendrán abajo en cuanto interioricen que las largas condenas de cárcel que les van a caer a sus jefes implicarán eso mismo: largas condenas de cárcel.

La guerra de los lazos ya cotidiana que se viene desarrollando en las calles y plazas de Cataluña de un tiempo a esta parte, el constante ir y venir de trozos de plástico amarillo depositados y retirados de la vía pública por simpatizantes y contrarios a los reos de sedición, más allá de la dimensión algo pueril de ese agit prop separatista ilustra la disputa, nada simbólica y muy real, entre el Estado y la Generalitat por el monopolio efectivo de la violencia legítima. Torra quiere alumbrar una nación y con ese fin ha comenzado a actuar como un Estado. Para nada trivial, la cuestión de que su policía se haya atribuido la misión política de garantizar la señalización del espacio público en tanto que ámbito propiedad exclusiva de los proclives a los insurrectos, más que un desafío al Estado, supone la afirmación de la Generalitat como nuevo Estado. Detrás de la querella en torno a esos jirones de bolsas de basura yace la irrupción tácita de un Leviatán catalanista. No estamos peleando por cuatro bolsas de basura, estamos disputándonos quién es el titular de la soberanía en la plaza. Por eso es tan importante ese asunto en apariencia menor.

Asistimos, por lo demás, a la paradoja de que una derrota material, la de los promotores de la ruptura durante el pasado octubre, adopte sin embargo en las calles de Cataluña la apariencia de una victoria política. Algo, ese contraste tan acusado entre los hechos y las percepciones, que solo es posible gracias al grado de movilización permanente de su base social, esos dos millones de devotos creyentes procesistas, que han logrado consumar los dirigentes. Movilización permanente que en última instancia se explica por el peculiar perfil psicológico del grueso del electorado separatista. Y es que el separatista tipo en la Cataluña de hoy responde al retrato robot del socio de grada del Barça: un autóctono de la sufrida clase media que todos los domingos por la mañana compra la bandeja de pasteles para el postre familiar en la confitería del barrio. Apolítico en el fondo y gregario en la forma, medroso de cuanto suponga salirse de las normas grupales no escritas y siempre pendiente de por dónde va la mayoría para no perder el paso. Gente más que de orden, del orden, del que sea. Lo que hace medio siglo hubiera sido el franquismo sociológico puro y duro, para entendernos.

Una tropa, esos dos millones de soldados de reemplazo del ejército lazi, que solo se desmoronará internamente cuando descubra que esto va en serio. Mentalmente aún están blindados, pero se vendrán abajo en cuanto interioricen que las largas condenas de cárcel que les van a caer a sus jefes implicarán eso mismo: largas condenas de cárcel. Dirigentes y dirigidos se liaron la manta a la cabeza el 1 de octubre porque, en su fuero interno, tanto los unos como los otros andaban persuadidos de que nada les iba a ocurrir. manta que sigue enrollada a sus muy limitadas testas porque todavía hoy siguen pensando que, al final, el asunto se arreglará en un despacho de Madrid. Como siempre. Continúan creyendo en el gratis total, su eterna divisa. De ahí que se antoje imprescindible a fin de hacer viable el retorno de una mínima convivencia civilizada en Cataluña que Junqueras, Forn, los Jordis, Trapero y el resto de los revoltosos cumplan íntegras sus condenas entre rejas. Solo cuando constaten que los cabecillas de la asonada van a perder los mejores años de sus vidas en una celda angosta y mal ventilada, los de abajo, la carne de cañón de los lacitos, atenderá a razones. Es la única vía. La única.

Quitar o poner lazos amarillos
José Manuel Sánchez Fornet okdiario 23 Agosto 2018

Hace unos días, en la provincia de Tarragona, un grupo de personas que quitaban lazos amarillos fue identificado por los Mossos. Llevaban un mapa señalando zonas donde hay lazos amarillos y esteladas. Los Mossos registraron sus coches sin orden judicial, intervinieron el material destinado a quitar los lazos, según unos medios se han remitido diligencias al juzgado correspondiente, según otros se les va a proponer sanción como autores de una falta grave en aplicación de la “Ley Mordaza”. Ser constitucionalista en Cataluña está castigado por fuerzas de seguridad del Gobierno autónomo, una parte del Estado que, en la práctica, ya funciona autónomamente contra el propio Estado español y las personas que lo reconozcan.

Desde hace muchos años algún sindicato y policías han venido denunciando prácticas ilegales de identificaciones arbitrarias y masivas existentes en España que aplican todos los cuerpos de seguridad. Prácticas que en países de América como Argentina están prohibidas, y en todas las democracias consolidadas europeas, también. En Alemania, tras los últimos atentados, la Policía anunció mediante una disposición legal que durante una semana y en una concreta zona, podrían identificar a cualquier persona por encontrarse en situación de alerta terrorista. Después amplió el plazo una semana. En España, una inspectora y un Oficial se apuestan el desayuno para ver quien identifica a más ciudadanos esa noche y acaban a las seis de la mañana en la estación identificando a pasajeros que bajan de los autobuses. Es práctica habitual montar lo que llaman un filtro en la vía pública e identificar a cualquiera que pasa por allí, si es joven cachearlo, y si lleva droga para consumo propio se le incauta y se sanciona con multa por aplicación de la “Ley Mordaza”.

Es una práctica la de las identificaciones masivas y arbitrarias que viene de lejos. Comenzó a aplicarse a partir de la ley 1/92 de protección de la seguridad ciudadana de Corcuera y que ha tenido continuidad con la actual “Ley Mordaza”, y entre una y otra, las prácticas operativas policiales mayoritariamente se han dedicado a eso. Quienes más identificaciones presentan mejor son valorados por los jefes. Cuando está acreditado que bajan los delitos si los vehículos están en movimiento, a los mandos y políticos solo les interesan las estadísticas de actuaciones que no combaten el delito y vulneran derechos civiles de la ciudadanía. Se ha cambiado la estructura de las brigadas de seguridad ciudadana para dedicar numerosos efectivos a identificaciones. Como consecuencia, el 091, que era el mejor servicio de emergencia y que respondía en menos tiempo de todas las policías del mundo ahora deja sin atender miles de llamadas cada mes. Es prioritario estar identificando a chavales en un parque porque fuman un porro que acudir a una llamada de una persona que está siendo agredida.

Si esta práctica policial ilegal se traslada a un cuerpo de seguridad como los Mossos bajo las órdenes de un gobierno independentista, los catalanes que se sientan españoles y que quieran combatir el independentismo están indefensos. El Gobierno de España, el Estado, debe proteger el derecho de esos constitucionalistas a quitar lazos amarillos, símbolo de la imposición de una ideología independentista, siendo inaceptable que los Mossos protejan su colocación. Si los Mossos ayudan a quienes los ponen e identifican y sancionan a quienes los quitan, el Estado está fomentando el clima social de independencia que defienden los supremacistas. El Estado español y los derechos de la ciudadanía deben estar por encima de la ambición del presidente del Gobierno y actuar ya. Un 155 indefinido sería una buena y justa decisión política.

Yo no soy constitucionalista
Nota del editor 23 Agosto 2018

Tras casi setenta años aguantando el quinto frente de la guerra civil, parece que ya la hemos perdido. Así que tendremos que abrir el sexto frente. Y como somos personas de sentimientos españoles, lo primero que tenemos que afirmar es que en absoluto pueden llamarnos constitucionalistas. Esa denominación aplicada a nuestra forma de ser es un insulto. Primero porque nos ponen al mismo nivel que los locos de la lengua propia y segundo porque la constituciónn española es tan irracional que más que una constitución es una cadena de estupideces. Y para empeorar, su interpretación se deja a un grupo de tipos seleccionados por los partidos políticos que nos pastorean desde que nos dijeron en democracia nuestro voto serviría para algo, y que hacen que la constitución española sea el primer ladrillo de la inseguridad jurídica y de la seguridad de la broma macabra en la que estamos sumidos.

En segundo lugar, a los que no tenemos nada en común con los locos de la lengua propia, salvo la desgraciada situación de tener que aguantarlos por los siglos y los siglos, nos asignan al grupo de los monárquicos por aquello de que los republicanos son los de la lengua propia, y nada mas lejos de la realidad. La irracionalidad de la constitución arranca con la igualdad de la desigualdad, que en eso consiste la monarquía.

Deslacificar
Teresa Giménez Barbat okdiario 23 Agosto 2018

“Tan lícita es una manifestación que aporta como otra que retira.” La insólita declaración de la Fiscal General del Estado, que se proyecta sobre la institución en forma de descrédito, abriga la convicción de que contaminadores y descontaminadores son uno y lo mismo: expresiones opuestas de una idéntica degeneración.

El propio paralelismo sintáctico parece ir en auxilio de la ocurrencia, confiriéndole aspecto de velada frikie: los que aportan (¡!) vs los que retiran. ¡Cómo resistirse al espectáculo! Diríase que la realidad es un reflejo disparatado de dicha equiparación. A los perturbados que siembran de crucifijos la plaza mayor de Vic sigue un perturbado que las arrasa.

Se trata de una operación semejante a la que identifica como una forma de fanatismo o extremismo la reivindicación de una enseñanza bilingüe, la contestación al referéndum del 1-O (y al del 9-N) o, sin ir más lejos, la inquietud ante el propósito del presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, de “atacar al Estado”. Pero releamos de nuevo a la Fiscal: “Tan lícita es una manifestación…”. Una manifestación, en efecto. Y no: poner lazos amarillos en la vía pública no guarda relación alguna con el libre ejercicio de la opinión, del mismo modo que el envío de anónimos amenazantes no está amparado por el libre ejercicio de la comunicación. (Resulta desmoralizador, ciertamente, aclararle este punto a la máxima autoridad de los fiscales, pero habremos de hacerlo cuantas veces sean necesarias, siquiera para no perder pie.)

Quienes portan un lazo amarillo en la solapa no hacen sino gritar (amarillo chillón) que los políticos que están presos por el intento de pisotear los derechos de la mayoría de la población no merecen estarlo; que no cabe renuncia alguna al plan de secuestro de la soberanía nacional en razón de un delirio identitario; que la fractura social, la quiebra institucional y la ruina económica son un precio asumible cuando lo que está en juego es la posibilidad de forjar una nueva patria.

Eso, exactamente eso, es lo que pregona el distintivo de marras; sobre esos presupuestos se funda el anhelo de libertad para Junqueras y compañía. Y siendo desagradable rozarse con individuos que lucen dichas proclamas en su prenda de vestir, que las exhiban los balcones de los ayuntamientos y otros edificios oficiales es directamente intolerable. No ya por una cuestión de partidismo, que también, sino por lo que tiene de desprecio a la convivencia, de vileza antidemocrática y, en el caso de los municipios gobernados por el PSC y el podemismo, de servidumbre ideológica, de resignada asunción del rol de comparsas que el nacionalismo les tiene reservado.

La utilización de los Mossos d’Esquadra para sofocar la imparable ola de deslacificación que recorre Cataluña, es una razón más de las muchas que acumula Torra para que el Gobierno de España se plantee aplicar de nuevo el 155. En cualquier caso, no parece de recibo apelar a los derechos de unos y otros, como invocando las tragaderas del sistema para con sus depravados. Máxime teniendo en cuenta que los ciudadanos que se ocupan de velar por que el espacio público siga siendo un ágora, hacen las funciones de un Estado que, como otras tantas veces ha sucedido en Cataluña, no pierde oportunidad de reafirmar su absentismo. Y sólo el hecho de que yo (sí, esto es una autoinculpación) también haya contribuido a la causa durante alguno de mis paseos por Tarragona, impide que les rinda, con este artículo, el tributo que sin duda merecen.

Boxear con el fantasma de Franco
Pablo Planas  Libertad Digital 23 Agosto 2018

Desenterrar un cadáver no es fácil, pero tampoco imposible. La denuncia de una mujer que decía ser hija de Salvador Dalí desembocó en la compleja exhumación de la momia del genio para comprobar que efectivamente no era el padre de la querulante. El embalsamador, don Narcís Bardalet, quedó encantado al comprobar que treinta años después el bigote estaba intacto y aún marcaba las diez y diez.

En el caso de Franco, Antonio Piga, el único embalsamador que queda con vida de los cuatro especialistas forenses que acondicionaron el cadáver, asegura que el cuerpo debería estar en las condiciones óptimas de estos casos: como la mojama por efecto de la deshidratación. Claro que no se le puede desenterrar como a Dalí porque nadie va por ahí diciendo que es hijo de Franco ni ha puesto una denuncia para sostener tal causa. Encontrar al hijo o a la hija perdida de Franco es lo último que le falta al Gobierno de Pedro Sánchez en su ofensiva contra el dictador muerto. Sería una vía legal más practicable que las ponderadas hasta ahora.

El bello Pedro boxea contra un fantasma al que ya ha convertido en el Cid Campeador. El cadáver resiste, el Alcázar no se rinde y los benedictinos hacen su agosto en el escenario de la última batalla de la Guerra Civil. El PSOE ha puesto de moda a Franco, el cadáver cotiza cada vez más alto en un combate terminal. O Sánchez o la momia.

El presidente que no ha pasado por las urnas se ha buscado al peor enemigo para mostrar su virilidad de macho alfa de la izquierda europea. El Gobierno da muestras de haber dado por perdida Cataluña y ha causado un estropicio de dimensiones continentales en materia de inmigración. Las mafias del tráfico de desesperados corren la voz de que España ha abierto las puertas y muestran las imágenes de la alegría de los cien "migrantes" del último salto de valla ceutí. Más son los que se echan al mar y mueren, pero también los que consiguen alcanzar las costas de Europa por esa vía.

Sánchez echa el resto con Franco. Si fuera el presidente de la Generalidad no tendría ningún problema con la Iglesia, que en este caso se remite a la familia del fiambre. La curia es la autoridad competente en materia de finados en sagrado según el concordato con el Estado Vaticano. Incluso en Cataluña, donde los curas colocan la estelada en los campanarios y celebran misas amarillas por los golpistas y cenas a base de guardias civiles andaluces a la brasa y manitas de jueces y fiscales.

En el asalto al Valle de los Caídos, el Gobierno exhibe un decreto ley, modificación de la ley de memoria histórica del comandante Zapatero. Los deudos consanguíneos de Franco se remiten al Papa y el arzobispado de Madrid, órgano competente en camposantos, desliza que el Gobierno tendría que acordar con la familia el traslado del cuerpo o no hay caso.

El asunto de las inmatriculaciones de la Iglesia es una de las escaramuzas más interesantes del fragor de la batalla del Valle de los Caídos. El Gobierno amenaza con una Desamortización de Mendizábal, dejar a la Iglesia en cueros, sin la catedral, antes mezquita, de Córdoba, el Pilar y la Sagrada Familia, que son el negocio turístico del siglo. Los nietos de Franco podrían estar abiertos a negociar. La vía jurídica les favorece. Tras años de patadas judiciales hacia arriba, el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos podría considerar una ignominia remover a los muertos.

Si Sánchez se ajusta a los procedimientos y no actúa a la manera catalanista, en la próxima Navidad y más allá se tendría que estar hablando del monstruo del lago Ness de este verano. Otra cosa es que haga como Mas, Puigdemont y Torra, se limpie el trasero con la legalidad y entre a saco Paco en la propiedad privada donde yacen los restos del muerto. De la ley a la ley, el Valle de los Caídos debería ser el Stalingrado de Sánchez.

El peligroso síntoma del miedo
Luis del Val ABC 23 Agosto 2018

El miedo es la antesala que conduce al salón de la dictadura, y eso se puede producir en el seno de una familia, de una empresa o de un país. No es frecuente que una tiranía se establezca de la noche a la mañana, de un día para otro, de la misma manera que es improbable que una familia que se acostó feliz amanezca con la opresión del temor, hosca y desconfiada. El miedo es el pórtico que anuncia el despotismo de la misma manera que la acumulación de nubes oscuras es el prefacio de la lluvia. Y puede ocurrir que no llueva, claro, incluso que el miedo se detenga allí y no abra las puertas del totalitarismo, pero sería muy imprudente pensar que los nubarrones pasarán sin descargar agua, como sería insensato no tomar conciencia del miedo e ignorar a dónde suele conducir.

Aunque filósofos como Foucault, nos descubrieron que el poder no es sólo el político, y que existe una urdimbre de micropoderes que influyen en nuestro pensamiento y en nuestra conducta, no deja de ser evidente que el poder político ejerce una influencia determinante cuando nos referimos al miedo de los ciudadanos, a ese temor que, al principio parece intangible, y que se va apoderando de nosotros, de la misma manera que las ideas que parecen dominantes nos obligan a reprimir nuestro criterio.

Los ciudadanos occidentales estamos acostumbrados al miedo individual, porque forma parte de nuestra cultura, y es un viejo compañero que surge a nuestro lado, cuando somos conscientes de la muerte. El miedo a la muerte forma parte de nuestro crecimiento intelectual, y se queda con nosotros, con independencia de nuestras creencias religiosas o ausencia de ellas.

Pero mientras ese miedo filosófico, que no compartimos con ningún otro ser vivo, forma parte de nuestro desarrollo, el miedo social es algo que se establece merced a circunstancias determinadas. En las empresas, por ejemplo, la combinación del temor al despido, unido a una jefatura caprichosa y tiránica, produce un ambiente en el que sólo faltan los efectos especiales para captar el terror.

No sé si se lo leí a Jon Juaristi, o me lo contó un amigo de Pamplona, pero tengo presente la secuencia de una comida de un grupo de amigos, en Bilbao, en aquellos años de plomo y sangre, cuando la animada conversación sufre la interacción de la noticia de un atentado que aparece en la pantalla del televisor. Y, entonces, sobreviene el silencio, largo, muy largo, es decir, la evidencia de que el miedo ha llegado hasta las parcelas de la amistad, porque cuando el miedo cala, la víctima, el miedoso, ya no se fía ni siquiera de sus amigos. Diría más: no se fía ni siquiera de la familia.

¿Y cómo se llega a eso? Por la exhibición y presencia permanente y constante de una manera de pensar, que se muestra como la única noble, mientras cualquier disidencia es considerada una traición. Todo eso lleva consigo la ocupación de las calles, la toma del poder político, y el control de los principales medios de comunicación. El secesionismo catalán es un paradigma de ese proceso. El procés más importante no es el que, según ellos, conduce a la independencia, sino ese proceso de ocupación de las entidades civiles, económicas y culturales, la desaparición o irrelevancia de aquellos ciudadanos que no son secesionistas, y la exaltación de cualquiera -aunque sea un tonto contemporáneo- que exhiba los símbolos de esa sociedad cada vez más autoritaria y, naturalmente, más atemorizada.

La promoción de los forofos y el aborrecimiento de los que no lo son causan ese miedo que nos arrebata la libertad, porque un ciudadano con miedo, habla, actúa e incluso piensa, bajo el yugo de esa corriente dominante que, aunque no lo sea porcentualmente, lo aparenta proyectando sobre los demás la tentación de considerarse extravagantes, los patitos feos del estanque.

Y, a medida que el miedo se extiende y se contagia, por el mismo procedimiento por el que se transmiten muchas enfermedades, por contacto, aparezcan las fases siguientes del totalitarismo: la persecución dialéctica y física, la amenaza, las llamadas telefónica, los boicots a las actividades comerciales de esas personas, es decir, el totalitarismo en su ensayo general con luces y vestuario.

Ya lo hemos vivido. Es el «sabemos dónde vives y dónde trabajas» que se usaba en el País Vasco, en la mafia calabresa o en Cataluña. La superioridad del que se cree vencedor -un vencedor rarísimo, que siempre presume de víctima- se ceba en el que cree enemigo, porque un totalitario parte de la premisa de que cualquiera que no piense según el dogma establecido es un enemigo a abatir.

El ejemplo más palmario de cómo el miedo alcanza a instituciones que parecían ser inmunes por sus características intelectuales e históricas, la hemos tenido en la Universidad Autónoma de Barcelona, cuyo rectorado negó la inscripción de una sociedad de estudiantes, que se presentaba bajo los principios de la Sociedad Civil Catalana. La Universidad admitió más de medio centenar de asociaciones estudiantiles, y habría que ver los doctrinarios y discutibles objetivos de algunas de ellas, pero sólo se prohibió la que parecía más susceptible de provocar enfados en los detentadores del pensamiento nacionalista. Fueron los tribunales los que tuvieron que demostrar al rectorado que había menoscabado la libertad de asociación de los estudiantes y obligaron a admitirla. Que los tribunales tengan que dar lecciones de libertad de pensamiento y asociación a una universidad que debería ser el templo de la racionalización de las libertades es un signo deslumbrante de qué nivel han alcanzado las aguas de esta riada de despotismo.

Y yo no acusaría de cobardía al rectorado. Hombre, tampoco me parece gallarda su actitud, pero entiendo que las subvenciones son necesarias, agradar al poder político es conveniente, pero no hasta el punto de este servilismo atroz, porque si en la universidad se obedecen las consignas totalitarias qué no sucederá en asociaciones menos armadas intelectualmente.

Si esto sucede con catedráticos y profesores universitarios, cuesta poco imaginar lo que debe ser el día a día de un funcionario que trabaje en un ayuntamiento o en algún departamento de la Generalitat, y se presente cada día, por ejemplo, sin llevar un lazo amarillo sobre la camisa o sobre la blusa, sin asistir a las concentraciones periódicas y abundantes que se convocan, y sin que en la casa donde vive se haya desplegado una estelada. No creo que reciba muchos parabienes de sus jefes, y nos lleva a recordar el ambiente que sufrieron, en los pueblos pequeños del País Vasco, aquellos concejales del PP y del PSOE, señalados, amenazados y perseguidos.

No, no tenemos madera de héroes, ni la obligación de serlo. Pero el miedo se ha instalado en Cataluña, y el miedo ha infestado a la sociedad. Y habrá que recordar que el tirano siempre nos parece alto y poderoso, cuando lo miramos de rodillas. Pero cuando nos levantamos, podemos comprobar que nosotros somos igual de altos, y no hemos caído en la miseria de amenazar en manada, que esa sí que es actividad a la que siempre se apuntan los cobardes.

Luis del Val es escritor

Dictadura lingüística en Valencia
Puig y Oltra “penalizan” profesionalmente a los profesores que usen el nombre español de su universidad

María Jamardo okdiario 23 Agosto 2018

Puig y Oltra premian con ‘sobresueldos’ a los docentes que imparten clases sólo en valenciano
Las universidades públicas valencianas subvencionan con 3.500 € las tesis doctorales en catalán

Profesores universitarios de Valencia denuncian el “chantaje” lingüístico de la Generalitat —gestionada por el bipartito de Ximo Puig y Mónica Oltra— por la que se les impone el uso del nombre de sus centros en valenciano en los trabajos de investigación a cambio de no ser “penalizados” económicamente.

La polémica —resultado de la aplicación normativa en materia lingüística liderada por Compromís y que reproduce el modelo impuesto por los partidos nacionalistas en Cataluña— surge los últimos meses del pasado curso cuando, según ha podido saber OKDIARIO, varios docentes recibieron la recomendación verbal, por parte de sus respectivos Consejos de Departamento, de utilizar en todas aquellas publicaciones, materiales didácticos, diapositivas y apuntes la nomenclatura valenciana de las universidades donde imparten clases.

En caso contrario, todos ellos quedarían condicionados a que dichos trabajos no fuesen computados como méritos curriculares lo que afectaría a una reducción de su índice investigador, que es la referencia objetiva utilizada para determinar sus retribuciones variables como docentes.

Se arriesgan a que sus publicaciones e investigaciones no sean computadas como méritos curriculares, con repercusión en el sueldo

Así, aquellos profesores que durante el próximo curso opten por mantener una postura “españolista” en el ejercicio de su libertad de cátedra verán congelado el aumento de su índice a pesar de que su número anual de documentos supere el de los elaborados y firmados por sus compañeros “valencianistas”.

Además de mermar el importe de sus sueldos mensuales, todos ellos verían estancada la consolidación de pluses adicionales como trienios o sexenios e incluso eliminada la posibilidad de reducir créditos de docencia a cambio de horas libres para investigación en la misma proporción que quienes acepten cumplir las indicaciones recibidas.

La medida, sin embargo, encierra una ‘trampa’ ya que sólo se estaría ignorando la productividad investigadora —aplicada a las publicaciones que contengan el nombre del centro universitario en su versión española— para penalizar individualmente a los docentes.

En cambio, sí tendrían en cuenta en el cómputo global de la Universidad los trabajos firmados en dichas condiciones para evitar que con ello quedase afectado el ranking del propio centro, ya que el ratio investigador es uno de los criterios considerados para baremar la posición asignable a cada uno de entre el total de universidades españolas incluidas en el mismo.

La ‘dictadura lingüística’ de Puig y Oltra
La polémica nace a partir de los cambios de denominación sufridos por varias Universidades públicas, como la Politécnica de Valencia o la Jaime I de Castellón, cuando tras la aprobación del Decreto 182/2011, de 25 de noviembre, del Consell, se aprueba la reforma de los Estatutos de la Universidad valenciana.

Resultado de la aplicación estricta de la normativa lingüística, liderada por los nacionalistas de Compromís, a los centros de enseñanza superior de la Comunidad Valenciana, varios de ellos perdieron su nomenclatura en español para pasar a denominarse oficialmente en valenciano como única opción.

Así lo recoge, por ejemplo, el artículo 1 del referido Decreto de 2011 de reforma estatutaria de la universidad valenciana, en relación a la denominación, naturaleza, valores y principios inspiradores: “La Universitat Politècnica de València es la denominación oficial única que adopta la institución regida por estos Estatutos”.

La citada norma deroga la vigente hasta entonces, el Decreto 253/2003, de 19 de diciembre, del Consell, que a diferencia de la modificación ulterior permitía la utilización indistinta de ambas nomenclaturas en cualquiera de las lenguas cooficiales con idéntica validez.

Puig y Oltra “penalizan” profesionalmente a los profesores que usen el nombre español de su universidad

Los docentes consultados por OKDIARIO confirman que hasta la fecha no se había producido antes un ‘chantaje’ similar, aunque recuerdan las discriminaciones públicas y notorias que se producen en materia de sueldos y de becas a alumnado y doctorandos en base a criterios exclusivamente lingüísticos.

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