AGLI Recortes de Prensa   Sábado 1 Septiembre 2018

El charrán azul, tampoco en lo económico
Sigfrid Soria Gaceta.es  1 Septiembre 2018

Muchos se aferran a la idea de seguir votando al PP con la excusa de que en lo económico lo han hecho bien…

Es tal el aturdimiento de la derecha española que a pesar de haber sido traicionada por el Partido Popular, y sirvan como ejemplos de dicha traición la no derogación (teniendo mayoría absoluta) de la ley de Memoria Histórica, o la no derogación de la ley del aborto de plazos, o el desprecio a las víctimas del terrorismo, o la transigencia ante la política de inmigración europea y la consiguiente invasión musulmana, o el dontancredismo en la gestión del 9-N, del 1-O y en la aplicación del ridículo 155, todavía se aferra a la idea de seguir votando a ese Partido con la excusa de que en lo económico lo ha hecho bien. El objetivo de este artículo es demostrar que esa excusa es harto necia.

Vaya por delante que mi análisis se dirige a lo hecho por el PP y a lo que debería haber hecho desde el 2012 y no a comparar la gestión económica popular con la gestión socialista precedente, en cuyo caso sería como comparar la fast food con el ayuno involuntario. Porque tan cierto es que España estaba al borde del default a finales de 2011 y que a mediados de 2018 era la economía de la eurozona que más crecía como que el PSOE dejó 4,5 millones de parados y que el PP entregó España a Pedro Sánchez con 3,3 millones. Aunque no es menos cierto que los españoles merecíamos superar el ayuno socialista con algo más que con comida rápida barata e indigesta.

Recuperación, pero ¿cómo?
El Gobierno de Rajoy y el PP cambiaron la recesión por crecimiento, la destrucción de empleo por afiliación a la Seguridad Social, la prima de riesgo disparada por la confianza de los mercados financieros internacionales, pero, ¿cómo lo hicieron? Partiendo de la base de que no podían hacerlo peor que sus predecesores socialistas, o que cualquier cosa que hicieran sería mejor, aplicaron un esquema socialdemócrata intervencionista, es decir, incrementaron la presión fiscal, evidenciando con dicho esquema la primera de las grandes traiciones a su ideario político y a sus promesas electorales. Al mismo tiempo que subían salvajemente impuestos, intentaban teóricamente contener el gasto con los célebres recortes. Digo teóricamente porque en absoluto consiguieron el objetivo, con lo que los recortes sirvieron para que la izquierda se regocijara en lo perniciosos que eran mientras el principal indicador de su efectividad se disparaba y demostraba su total ineficacia: la deuda pública.

En resumidas cuentas, un Partido que decía ser liberal en lo económico lo que hizo fue subir impuestos y disparar la deuda pública en 400 mil millones €, rematando su escandalosa inutilidad al haber aplicado unos recortes que solo sirvieron, a la vista de la evolución de la deuda, para que los demagogos de siempre tuvieran argumentos en su contra. Oye, ya que la izquierda te iba a machacar inmisericordemente, haber aplicado con valentía y decisión medidas reales, por drásticas que hubieran sido, para frenar el gasto y contener la deuda. Una vez más, el complejo y el buenismo se impusieron en el PP. ¿Compensa el crecimiento y la creación de empleo que consiguió el PP a la brutal deuda pública que dejó en herencia a todos los españoles? ¿Podía el PP haber conseguido el mismo crecimiento y la misma mejora en el empleo sin haber recurrido al salvaje, sin precedente en toda la historia, incremento de la deuda pública? Yo afirmo que sí podía haberlo hecho. Es más, tenía la obligación de hacerlo, y falló.

Por supuesto que en este artículo voy a mojarme, como siempre. Voy a exponer cómo pudo el PP haber conseguido los buenos indicadores económicos que consiguió sin que estos se vieran eclipsados por las inaceptables subidas de impuestos y el execrable incremento de la deuda pública, porque que el PP presente dentro de su balance estos dos lamentables parámetros, demuestra que hasta en lo económico el PP ha traicionado la ideología liberal que define a un Partido político conservador.

¿Voy a ser criticado por subir impuestos en contra de mi ideología y de mi promesa electoral? ¿Voy a ser denostado por aplicar unos recortes con los que no voy a conseguir siquiera frenar el incremento de deuda y voy a condenar a las próximas generaciones a una brutal hipoteca? Pues recorto de verdad y en 4 años bajo la deuda heredada del PSOE en 2011:

-Liquido las 17 autonomías y sus 17 parlamentos y gobiernos con sus más de 500 empresas públicas autonómicas.
-Elimino las prebendas de todos los expresidentes autonómicos.
-Subo impuestos inicialmente para evitar pedir el rescate total al mismo tiempo que trazo y expongo un plan para terminar la primera legislatura con una carga impositiva por debajo de la heredada del PSOE en 2011.

Si el PP hubiera actuado conforme a la ideología que tenía, incluyendo en el aspecto económico, yo no estaría escribiendo este artículo.

Los españoles deben ser idiotas -para TVE
Ramón Pérez-Maura ABC 1 Septiembre 2018

Entonces, el diario gubernamental -hay características que generan adicción- dice que lo que hace seis años eran purgas, ahora son simples relevos de nuevos jefes que se parapetan en la quinta planta y no bajan a redacción de TVE. Como la cosa más natural del mundo. Y todo esto porque hay que «recuperar la información al servicio de los ciudadanos y de la verdad». O sea, que los ciudadanos españoles deben ser idiotas, porque ha sido llegar este nuevo equipo directivo a gestionar los informativos y a impedir que se siga mintiendo y la caída en audiencia ha sido notable. Los telediarios de La 1 ya no lideran. Por primera vez en veintiún meses los informativos de la televisión pública de todos los españoles han perdido el liderazgo en favor de otra cadena. Estoy deseando oír explicar a la jefa de relaciones externas de TVE, María Escario, que a los españoles les gusta más que les mientan. Y que no me vengan con la milonga de que es por el mes de agosto. Porque en 2017 también hubo un mes de agosto y TVE fue igual de líder.

La purga que está viviendo TVE no tiene precedente equiparable. Aquí no están sacando de sus funciones a los jefes, están haciendo una limpia hasta del último redactor sin mando en plaza. La gran mayoría de los equipos de edición están siendo convertidos en redactores de base. Y se dice que se está sustituyendo a la gente que vino de fuera por los de la casa de toda la vida. Lo que tampoco es cierto. Porque para editar el matinal se ha designado a Inma Gómez Lobo, que es una interna que incorporó Luis Fernández. Igual que en etapas anteriores, bajo la dirección de Fran Llorente, se incorporó a altos puestos a periodistas de fuera de la casa como fueron los casos de Ana Pastor o Mara Torres, por ejemplo. Se habla del agravio que se hizo en 2012 con los profesionales que estaban al mando entonces. Pero, por ejemplo, a un tipo como Matías Montero, que era subdirector de informativos, se le dio la dirección de «Crónicas», un programa de La 2 cuajado de premios. Algo que ya quisieran para sí los múltiples decapitados de la hora presente.

Esta izquierda es muy partidaria de los convenios colectivos hasta que tiene que cumplirlos en en beneficio de trabajadores a los que no considera afines. Los que no se han vestido de negro los viernes. Pero la «Norma reguladora de las condiciones de trabajo del personal directivo de la Corporación RTVE», establece en Anexo II, punto 8 que «El personal fijo o indefinido, dentro del ámbito subjetivo de aplicación del Convenio de la Corporación RTVE, que haya desempeñado cargo directivo, será destinado, cuando cesen, a un puesto adecuado a su experiencia y dedicación». Que se lo pregunten a Sergio Martín, Víctor Arribas y a docenas de profesionales en estos días. Pero todo esto se hace en bien de la Verdad. Y la Verdad es contar de pasada el fichaje de Begoña Gómez por el Instituto de Empresa o es no dedicar un segundo en los telediarios de las 15,00 y las 21,00 del 27 de agosto a informar de la muerte del ex vicepresidente del Gobierno, Alfonso Osorio. Total, él sólo fue miembro del Gobierno que hizo la reforma política que acabó con el franquismo, legalizó el Partido Comunista y convocó las primera elecciones democráticas. Un mindundi, vamos. Y sobre todo, que no se entere nadie que en España la democracia la trajo la derecha, porque durante la mayor parte de los casi cuarenta años de la dictadura, la gran mayoría de la izquierda estuvo de vacaciones.

Golpistas y analfabetos
OKDIARIO 1 Septiembre 2018

El fatuo provincianismo de los separatistas está arrasando el uso del español en Cataluña. La carta de la delegada del gobierno autonómico en la Unión Europea, la huida e imputada por la justicia Meritxell Serret, es tal despropósito de fondo y forma que sirve para ejemplificar el drama social y cultural que está viviendo la región con la persecución que los separatistas están efectuando contra la principal lengua del Estado. Dicha marginación provoca que, desde hace mucho tiempo, una gran masa de personas menores de 50 años no sepa escribir en castellano y lo hablen con suma dificultad. He ahí una de las desastrosas herencias que dejarán los golpistas para las próximas generaciones.

Decía el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa que “la pasión puede ser destructiva y feroz cuando la mueven el fanatismo y el racismo. La peor de todas es la pasión nacionalista”. Esa destrucción de la que habla el escritor peruano no sólo está colonizando Cataluña desde el punto de vista político y económico, sino que, además, se está adueñando de sectores tan importantes como la educación y la cultura. En ese sentido, los independentistas han tenido claro desde el principio que erradicar el español era vital para imponer su propaganda. De ahí que se hayan afanado en un constante adoctrinamiento en los colegios públicos de la región. Si lavaban la cabeza de los niños, conseguían configurar sin dificultad la ideología de cara al futuro.

El problema de ese plan abyecto es que la analfabetización de la comunidad autónoma es cada vez más notoria, tal y como se demuestra en la carta de Serret. Resulta vergonzoso que un cargo público y su ejército de asesores sean incapaces de expresarse en un español aceptable. El esperpento llega al punto de que incluso separa la palabra ‘desde’ para escribirla como ‘des de’ o compone frases sin la más mínima concordancia donde pide “una Unión Europea que se construye des de la igualdad y el respeto mutuo, que defensa el bienestar de las personas”. Una situación penosa que, por la sinrazón de unos pocos, está hipotecando el futuro de una región condenada por su presente xenófobo y reduccionista, sometido a las veleidades de pirómanos de la política como Carles Puigdemont o su acólito Quim Torra.

El final del verano llegó y tú no partirás
Gonzalo Duñaiturria 1 Septiembre 2018

Contradictoria paradoja la de la canción del Dúo Dinámico, ‘El final del verano’, cuando dice “el final del verano llego, y tu partirás”. Porque si efectivamente el final del verano llegó, Pedro Sánchez, “presidente por accidente”, no ha partido. Lo tenemos aquí, vagando en errores, flotando en constantes contradicciones, obstinado desde su necedad en el mal gobernar de España con el único pilar de quienes solo buscan la demolición de nuestra vetusta nación. Necia obstinación el propósito de exhumar los restos de Franco, remover huesos y odios ya superados. Libre de opinar, como no puede ser de otra forma, quien lo defienda. Engañado e ingenuo quien considere que se trata de un hábil medio legal para su proceder. “Real Decreto”, medio para aprobar normas de “extraordinaria y urgente necesidad” convertido en blasón de odio, de “sobresaliente y perentoria inquina”. Despertar odios para instituir su cementerio civil, y éste hasta una nueva ocurrencia.

Quizá eliminar la paga extra, los pantanos, la Seguridad Social y la clase media, hasta dejar España sin la más mínima connotación franquista. Necia obstinación poniendo a su ministra de Justicia a los pies de los caballos, dejando al juez Llarena ante los impúdicos y cobardes dardos del soberanismo catalán, de sus socios, teniendo que actuar como funambulista principiante sin tener en cuenta que no es él, sino todos los españoles, los que se juegan no su futuro, sino un ya desconcertante presente. Necia obstinación la que realiza con el problema más importante, difícil y desconcertante. Problema que romperá las estructuras de la Europa de las instituciones, llena de intereses y podrida en mercaderes. La inmigración ilegal. Rápidas serán quienes me acusarán de xenófobo, racista o parecidas “lisonjas”. Nada más lejos de la realidad. Se trata de atajar y solucionar un problema social, cultural y de seguridad. Los movimientos migratorios son historia del hombre y han aportado progreso y desarrollo. Hoy son el fin de la identidad y de la propia historia pues sajan cuan bisturí los valores culturales y de convivencia de las naciones de la vieja Europa.

Nos topamos con la “doctrina” falsa y progre del multiculturalismo que frente a lo que nos tratan de vender, frena la integración de los inmigrantes ya que impide la incorporación de estos, provocando una sociedad fraccionada en diferentes grupos raciales y religiosos enfrentados y aislados unos de otros y todos en guerra contra Occidente. Actúan al margen del Estado y de sus leyes. Propaganda progre donde ese multiculturalismo, y desde lo políticamente correcto, distingue entre quienes son los oprimidos, los inmigrantes, y los opresores, aquellos que en su casa tienen la “mala” práctica de pedir respeto, miramiento y deferencia a su historia y sus costumbres. Aventurado y peligroso sembrar la semilla del “victimismo” transmitiendo con ello al inmigrante esa victimización que le supone una superioridad moral que le arroga todo tipo de derechos sin conciencia de obligaciones.

Perversa utilización del lenguaje que se aprovecha de la “ingenuidad” del individuo, vendiendo una “sociedad plural” cuando lo que se pretende es crear una “comunidad tribal” que deshaga nuestra sociedad occidental libre, próspera y desarrollada. Necia obstinación, actuando de manera distinta con el Aquarius y con los centenares de inmigrantes que cruzan nuestra frontera. Sin atajar el problema, ni una sola medida de coacción contra Marruecos, contra Túnez, ni presiones a Francia, con costa también en el Mediterráneo. Salvini, el “Grupo de Visegrado” o el partido de derecha Alternativa por Alemania son culpables. Sánchez sigue desde su necedad en la obstinación más absoluta. El final del verano llegó, pero él no partirá. Porque como bien afirmó Baltasar Gracián, escritor y filósofo español: “Todos los necios son obstinados y todos los obstinados son necios”.

La Comisión de la Verdad (1)
José García Domínguez  Libertad Digital 1 Septiembre 2018

El presidente Sánchez acaba de anunciar en Sudamérica la creación de una extravagante Comisión de la Verdad cuya misión última sería fijar una versión canónica de la historia de España que abarque desde el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 hasta la muerte del dictador, el 20 de noviembre de 1975. Extravagante, decía, porque esas llamadas comisiones de la verdad obedecen casi exclusivamente al ámbito político latinoamericano, más en concreto a Argentina, Uruguay y Chile, los países del Cono Sur que sufrieron la barbarie militar a finales del siglo pasado. Allí, esas figuras tenían sentido en la medida en que con ellas se trataba de llevar a cabo una pesquisa judicial para esclarecer decenas de crímenes cometidos en un pasado muy inmediato por sus respectivas dictaduras castrenses. Así, ni en Chile ni en Argentina ni Uruguay se pretendió en ningún momento fijar desde el Estado, y en concreto desde su Poder Ejecutivo, un relato oficial de la historia contemporánea de sus respectivos países. Esa misión, como no puede ser de otro modo, se les deja a los historiadores, los únicos competentes en la materia. Nada que ver, pues, con nuestro caso, el español. Entre otras razones de peso, porque la represión violenta contra los vencidos en la guerra civil de 1936 se concentró, como es lógico, en la inmediata posguerra, y de aquello pronto hará un siglo.

¿Una Comisión de la Verdad con enviados de la ONU para establecer quién mató a Durruti? ¿Qué sentido tiene eso? No ha habido comisiones de la verdad en Europa; en ninguna Europa, ni en la Occidental ni en la Oriental. No la hubo en Portugal, donde la ruptura con el orden autoritario fundado por Salazar se produjo de un modo brusco y revolucionario, esto es, sin contar para llevar a cabo la transición con el concurso del personal político de la dictadura. Pero tampoco se produjo en ninguno de los antiguos países del socialismo real, incluida la llamada en su día República Democrática de Alemania, el territorio donde nació y vivió hasta la primera madurez la canciller Ángela Merkel. Y la razón fundamental de que no las hubiese obedeció en todos los casos al mismo motivo. Porque tanto en el Este como en Portugal, la longevidad de sus respectivas autocracias, al igual que sucedería en la España de Franco, llevó a que el Estado y el régimen se mezclaran y confundiesen entre sí de modo inextricable. Ante esa realidad ingrata pero insoslayable, proceder a una depuración política a fondo tras la caída del sistema implicaría desmantelar el Estado. Porque las sociedades polaca, húngara o checa no eran comunistas, pero las columnas vertebrales de sus Estados sí lo era y hasta el tuétano, además. Y lo mismo sucedía en Portugal y España con sus respectivos autoritarismos de derecha.

La fantasía de la ruptura frente a la reforma de Suárez, el mito que alimenta la frustración de esa parte de la izquierda española que aún hoy sigue soñando con lo que pudo ser y no fue tras la muerte de Franco, se sustenta en una incapacidad crónica para entender eso; para entender que la ruptura habría sido imposible en cualquier caso, como imposible fue también en Portugal, porque nos hubiera llevado a una situación como la de Irak tras el derrocamiento de Sadam, cuando los norteamericanos incurrieron en la supina estupidez de crear el caos más absoluto por la vía de licenciar a todos los funcionarios estatales que procedían del partido Baaz. La verdad histórica, y sin necesidad de comisión ninguna, es que en la Transición ocurrió lo mejor que nos podría ocurrir. Continuará.

Tratan de dinamitar las protestas de los ciudadanos con contramanifestaciones
Socialdemócratas y comunistas se alían para blindar la llegada de millones de inmigrantes musulmanes a Alemania
www.latribunadelpaisvasco.com 1 Septiembre 2018

Desde 2015, la política socialdemócrata de "puertas abiertas" de Angela Merkel con respecto a la inmigración, fundamentalmente musulmana, se ha saldado con la llegada a Alemania de más de 1.500.000 inmigrantes. A lo largo de este tiempo, en el país se han incrementado exponencialmente los atentados islamistas, las violaciones de mujeres, los ataques callejeros con cuchillos, la proliferación de enfermedades infecciosas y los conflictos callejeros. Hace unos días, un joven alemán era apuñalado por dos inmigrantes y las protestas estallaron en diferentes lugares del territorio germano impulsadas por partidos y organizaciones ligadas a la nueva derecha europea como Alternativa para Alemania (AfD) o el movimiento Pegida.

La respuesta del totalitarismo socialdemócrata alemán, impuesto por el abanico íntegro de los partidos politicos y medios de comunicación del Sistema, apoyándose en organizaciones de extrema-izquierda autodenominadas "antifascistas", ha sido tachar de "xenófobos" a los ciudadanos que protestan contra la llegada impuesta a su país de centenares de miles de inmigrantes musulmanes reacios a aceptar las normas, valores y leyes de Alemania, y convocar contramanifestaciones que apelan al sentimentalismo, la demagogia, la bobería y la emotividad más elemental. De hecho, en las próximas horas, y bajo el lema "Corazón en vez de persecución" ("Herz statt Hetze", en alemán), colectivos "antifascistas", comunistas e izquierdistas, liderados por el partido de Angela Merkel, saldrán a la calle para tratar de bloquear, si es necesario violentamente, las movilizaciones de centenares de miles de ciudadanos alemanes que únicamente reclaman libertad y seguridad para poder viviendo en su país en libertad y con seguridad.

Hay que recordar que la nueva derecha de Alternativa para Alemania aumenta semana a semana su fuerza en los sondeos, hasta el punto de hacer temer a la hasta ahora omnipotente Angela Merkel por su futuro al frente del Gobierno alemán.

Hispanofobia. Sobre el libro de doña María Elvira Roca Barea, "Imperiofobia y leyenda negra"
www.latribunadelpaisvasco.com 1 Septiembre 2018

La lectura del libro de María Elvira Roca Barea, Imperiofobia y leyenda negra no me ha dejado indiferente. Más bien, me ha conmovido. Había pospuesto la lectura de este libro para el estío vacacional, y ya tardaba en caer en mis manos. El texto, no sé muy bien por qué extraños resortes mentales, causó en mí el efecto de una emotiva liberación. La liberación de prejuicios hondamente arraigados y la urgencia por verme en la necesidad de revisar y estudiar profundamente el origen de esos mismos prejuicios. El libro, me parece, es todo un éxito editorial, y ni la autora ni el editor necesitan de publicidad alguna de mi parte. Escribo estas líneas como quien recomienda con fervor algo bueno a un amigo.

Acabo de consultar la web de Siruela y veo que ya va por la 18ª edición, y el número de reseñas y entrevistas a la autora se multiplica desde su salida. Si escribo esta breve reseña no es por otro motivo que el de compartir sensaciones y reflexiones, animar a su lectura, recomendar el estudio serio y objetivo de la Historia, la de España y la del mundo, y cerrar el paso a toda suerte de racismo.

¿Racismo? Sí, el libro es un alegato contra el único tipo de racismo que aún está consentido, tolerado y hasta bien visto a escala mundial: la hispanofobia. En realidad, ésta magnífica obra de la señora Roca es un tratado sobre la hispanofobia. Ocurre que sobre la civilización hispánica, nacida en las agrestes montañas cantábricas y, secundariamente, las pirenaicas, se pueden verter todo tipo de insultos y maldiciones, y aquí no pasa nada. Se trata de una agresión que apenas va a encontrar respuesta. Desde el siglo XVI, la munición desplegada contra la idea de España, contra su proyecto geopolítico y espiritual, contra su misma razón de ser, ha sido una munición cargada de odio, de alto poder destructivo y de enorme rentabilidad justificativa para quien la ha empleado. La "víctima", España como idea y como proyecto, nunca ha reaccionado eficazmente contra los ataques. En su etapa imperial y ascendente, podía entenderse el gesto altanero y orgulloso de quien no hace mucho caso de las moscas que le revolotean en su camino triunfante. Pero ya en la fase de crisis, y no sólo crisis militar y geopolítica sino crisis existencial, el Imperio español no pudo y no supo articular una "leyenda blanca" que limpiara o neutralizara la muy negra invención que se lanzó contra él.

María Elvira Roca traza con maestría los orígenes de la leyenda negra por antonomasia: la leyenda negra española. Es cierto que todo Imperio desata el rencor y la envida de los vencidos, de los segundones, de los rivales, de los periféricos. Es un fenómeno universal. Roma, Rusia, Estados Unidos, etc. son casos analizados por la autora, y en todos ellos se detecta la creación de una leyenda negra. Pero es muy significativo que el propio término, leyenda negra sin más, sin el apellido de "romana", "inglesa", "rusa", "norteamericana", se aplique a España. A la España imperial, primero, y a la actual España nacional, ahora. La leyenda negra es, sin más especificación, una leyenda negra contra España.

Los orígenes de la Leyenda hay que localizarlos en Italia. La cuna del Humanismo, en pleno renacimiento, es también la cloaca de unos "intelectuales" italianos llenos de resentimiento y envidia que no podían encajar de forma saludable su insignificancia político-militar en tanto que italianos, con la anchurosa y ambiciosa creación imperial que se gestaba en otra península, la Ibérica. La nueva Roma no era la Roma italiana. La nueva Roma era, en realidad, España. España como corazón de un Imperio mundial, del que había de formar parte una gran extensión de Italia. El Humanismo italiano, como su derivación ulterior, la Ilustración francesa, fueron hervideros de "intelectuales" autocomplacientes, henchidos de orgullo nacional herido, ciegos o falsarios en todo cuanto representó la aportación española a la civilización europea, cristiana y mundial. Una Italia impotente desde el punto de vista nacional, en el siglo XVI, así como una Francia frustrada, desde el punto de vista imperial, en el XVIII, han sido centros de propaganda anti-española sumamente eficaces. Lo peor de las Leyendas inventadas en contra de nuestro Imperio y en contra de nuestro pueblo no es que nos mancillen ante el mundo, que nos ataquen. Lo peor es la merma de la verdad, el insulto a la verdad objetiva. Corregir la Leyenda Negra es rendir un homenaje no sólo a nuestros antepasados. Se trata de rendir el debido homenaje a la Verdad. Se trata de estudiar y enseñar adecuadamente la Historia, sin ocultar tampoco los errores y tropelías de otros tiempos, y cuando éstos hayan de ser reconocidos en justicia, se trata también de contextualizarlos en su tiempo. Pero cortar el paso al error, destruirlo y denunciarlo, es un requisito para la recuperación de nuestra identidad colectiva como pueblo, y es un deber para con la Humanidad. La tarea que propone la profesora Roca no puede ser más estimulante.

El carácter racista de la hispanofobia se ve mucho más claramente cuando doña María Elvira pasa a estudiar la leyenda negra surgida en el mundo protestante: Alemania, Países Bajos, Inglaterra, etc. Los italianos y franceses seguían siendo, a fin de cuentas, correligionarios católicos y de latina tradición. A pesar de ser parientes nuestros y vecinos mucho más cercanos, los italianos y franceses nos tacharon de moros y de judíos para subrayar así nuestro falso catolicismo y nuestra dudosa europeidad. Pero, aunque ya había racismo en estas leyendas, de España les podía molestar más bien la existencia de su mismo Imperio, más que nuestra idiosincrasia, y lo que para ellos les parecía temible y propio de un Imperio hegemónico: nuestra soberbia, nuestra supuesta crueldad. Pero en el mundo protestante, verdadera cuna de la raciobiología, esto es, del racismo de base biológica que postula la jerarquía de razas, el católico, el habitante del Sur europeo (al que había que añadir al irlandés) era un ser inferior desde el punto de vista corporal y moral, un ser despreciable y vitalmente decadente. La hispanofobia fue, para los protestantes, el núcleo de la catolicofobia. Había que echar toda la basura propagandística sobre los logros de la civilización católica, cuyo "renacimiento" lo estaba protagonizando la España de los grandes Austrias. La civilización católica, el cristianismo "fáustico" en palabras de Spengler, había conocido su culmen entre los siglos X y XIII. El proyecto del Emperador Carlos I de España y V de Alemania, ya en el XVI, había sido, en realidad, el proyecto de una restauración y perpetuación de esa catolicidad que, atendiendo a su significado, significa "universalidad".

Luteranos y calvinistas no fueron mejores en su intolerancia, como demuestra la señora Roca, antes bien, fueron especialmente fanáticos en sus orígenes, y traidores a la civilización en la que se insertaron, aliándose con los turcos y prefiriendo el yugo de éstos, al yugo suave del Imperio carolino. La historia les juzgará, pues ahora son justamente esos países intolerantes y catolicofóbicos los que han hecho de la "tolerancia" su religión o sucedáneo de religión. Y ahora sí, deshecho ese Imperio universal que extendiera una civilización católica, tienen al "turco", o algún análogo suyo, metido dentro, destrozándoles en sus entrañas.

Sin embargo, es curioso que los países del sur europeo, bien católicos de tradición, bien ortodoxos (como Grecia), sean siempre los países bajo sospecha, los perpetuos e incorregibles zascandiles merecedores de calificativos económico-financieros tan poco amables como el de países PIGs (pig es cerdo en inglés). Es evidente que nuestro carácter porcino destaca ante la supuesta pureza ética (ahorradores y emprendedores weberianos) de los protestantes de sangre nórdica o anglosajona que mandan en las agencias de clasificación o en los bancos podridos de Wall Street. En la parte final del libro Imperiofobia y Leyenda Negra hay todo un programa de investigación destinado a elevar nuestro amor propio y cuidar de nuestros propios intereses, en tanto que españoles y en tanto que miembros de una amplísima civilización hispánica, si no queremos hipotecar el futuro de nuestros hijos y nietos. Nos va el futuro en ello.

Esta llamada "globalización" es, en realidad, la dictadura de poderes financieros que hace ya tiempo no tienen patria, pero que siguen manipulando con éxito las opiniones públicas angloamericanas y germanas, así como la de otros países nórdicos. Esta globalización que padecemos sigue siendo, en gran medida, "americanización", contando con la sucursal alemana que ha creado un tingladillo llamado "Unión Europea" destinado únicamente a comprarnos, malvendernos, esclavizarnos y saquearnos. El tingladillo es especialmente corrupto, opaco y despótico, y guarda conexiones muy estrechas con las monarquías mahometanas del petróleo, que se están haciendo dueñas de todo.

La idea del Imperio católico, esto es, "universal", siempre será objeto de leyenda negra, de desprecio, de manipulación sin límite, de estereotipo, burla, escarnio en este contexto siniestro en que nos movemos. Siempre. Es evidente que, como idea, la de Imperio puede ser malinterpretada. El imperio del que hablamos no es el imperio de una nación sobre otras. Nunca debe confundirse Imperio Español con nacionalismo español. Éste surge después, en el siglo XIX, tarde, mal y nunca… El nacionalismo surge cuando el Imperio se pierde. Tampoco hemos de confundir Imperio con colonialismo. De éste libro de la señora Roca Barea se desprendería, con facilidad toda una "teoría del Imperio". Los ingleses, portugueses, holandeses y, mucho menos, los franceses, nunca tuvieron auténticos imperios. Lo que tuvieron fueron dominios coloniales. Esta teoría (o metateoría) de los imperios ha empezado ya a ser edificada. Don Gustavo Bueno distinguía entre imperios depredadores e imperios generadores, aunque es más clara la tajante y escueta distinción de Roca Barea entre colonialismo e imperio (en sentido estricto). Un imperio auténtico siempre es protector y padre de futuras naciones ante terceros (ante "bárbaros") y siempre es "civilizador" en su sentido genuino. Por mi parte, he cruzado la distinción buenista con otra distinción, la que media entre imperios aglutinantes e imperios absorbentes. Con ello, creo poder situar al Imperio español dentro de los imperios civilizadores ("generadores"), como Roma, pero no reducirlo completamente a un imperio absorbente, como lo fue la romanización frente a los bárbaros, sobre todo occidentales (celtas, germanos, etc.) sino aglutinante, esto es, un Imperio mucho más considerado con respecto a peculiaridades étnicas, jurídicas, lingüísticas, de los distintos pueblos aglutinados, acercándose así al ideal del Sacro Imperio Germánico en algunos aspectos.

Para terminar mi reseña o recomendación, también debo deslizar una crítica a Imperiofobia. No estoy de acuerdo con el análisis que la autora hace de los E.E.U.U. como imperio víctima de fobias. El yanqui es un imperio claramente depredador, que mina los fundamentos culturales de los países que subyuga y que irá cambiando su "coloración" cultural a medida que su composición étnica interna vaya cambiando. De hecho, ya ocurre que el idioma inglés americano se va distanciando del inglés británico, y que no es una civilización anglosajona (WASP) la que se expande por el mundo. Cada vez más ese imperialismo se muestra como un artificio pseudocultural (a veces pseudoafro, a veces, pseudohispano, etc.) que sirve como mero envoltorio de unas relaciones económicas descarnadas. No se entiende muy bien la defensa, a mi juicio incoherente, que la autora hace del imperialismo yanqui, sabiendo que la muerte del imperio hispano (1898), mejor dicho, el entierro de un moribundo de larga agonía, fue debida a los engaños y abusos de ese artificio, pseudo-nación o conglomerado étnico articulado en torno al dólar, y que se llama los "Estados Unidos de América". Pero de los norteamericanos ya hablaré otro día.


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El PP se pasa de frenada.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 1 Septiembre 2018

MAROTO: UN POLÍTICO NO ESTÁ PARA QUITAR LAZOS. JOAQUIM TORRA: SU LEALTAD ES CON EL PUEBLO DE CATALUÑA.

El PP parece querer retomar el camino de dontancredismo característico de Mariano Rajoy. Bueno, al fin y al cabo, la estructura del PP en Génova y el Parlamento permanece casi intacta tras la “purguita” de Casado. Y ha sido efectivamente uno de los portavoces, Javier Maroto, quien ha salido con unas declaraciones donde el PP se pone “estupendo” y quiere dar lecciones de cuales son los cometidos de un político. Y todo porque al líder de CIUDADANOS, Albert Rivera, se le ha visto en primera línea junto a Inés Arrimadas quitando lazos amarillos de zonas públicas que habían sido colgados por los independentistas. Una imagen que se critica porque saben perfectamente que vale más que mil palabras y avergüenza a quien quiere contemporizar con aquello que considera superfluo e indigno de mancharse las manos habiendo cosas mas importantes. Y como excusa, decir la obviedad de que al quitarlos se fomenta la crispación, sin tener en cuenta que al ponerlos se intenta coaccionar y acallar a los que no comparten sus reivindicaciones.

Maroto ha dicho que “La foto está muy bien, pero si el mensaje es 'hagan todos como yo', se puede buscar la confrontación”. Y le indica cual es el papel del político en cuanto a legislar para que no se puedan colocar esos lazos. Lo que demuestran estas declaraciones es la inquina que el PP siente por el que considera su enemigo a batir, CIUDADANOS, que le disputa el protagonismo en España, y le ha relegado en Cataluña a un papel menos que comparsa sin ninguna influencia. La vergüenza es que el PP, como antes sucediera con el PSOE, ha permitido que se violen los derechos de todos los españoles por parte de proetarras, nacionalistas y ahora los golpistas independentistas con esa política de no confrontación dejando que esos partidos gobernasen en sus autonomías imponiendo su ideología, sus símbolos y sus medios de coacción y adoctrinamiento durante décadas. Las ikurriñas han ondeado de forma impune en ayuntamientos de Navarra y hasta en consistorio de la capital, Pamplona. Y ahora hacen lo propio las “esteladas” independentistas en Cataluña.

La vergüenza es que el PP de Maroto y de Pablo Casado, abracen esta estrategia de “no mancharse las manos en la obra” y fiarlo todo a legislar. Una hipocresía que se ve desmentida por la inacción durante las legislaturas donde el PP disponía de mayorías absolutas. Muy al contrario, fue precisamente esa inacción, ese mirar para otro lado el que permitió a los golpistas ir avanzando en su desafío y culminarlo con una rebelión en toda regla y la proclamación de independencia obligando al Estado de Derecho a actuar en defensa de la unidad de España y de la Constitución. Javier maroto ni al parecer Pablo Casado, pueden dar lecciones de que lo mejor es no significarse para no molestar ni crispar a quienes nos insultan y nos agreden. Quizás la mujer que fue agredida por un energúmeno nazi independentista con un puñetazo en la nariz no debería haber sido denunciado y la víctima asumir que con su acción de quitar lazos estaba provocando las iras y la irrefrenable respuesta violenta del fanático hijo de la gran butifarra catalana.

El que sí que se manchó las manos, pero de sangre, fue ese fanático y violento independentista solo porque consideraba una ofensa el que alguien se atreviese a quitar esos lazos que representan las reclamaciones de libertad de los que consideran injustamente presos por sus ideas políticas. Una agresión brutal que lo es doblemente por tratarse de una mujer que ni tuvo tiempo de defenderse, aunque seguramente hubiese sido aún peor ante el estado de excitación violenta de esta acémila exponente del odio inculcado por esos políticos que, como dice Maroto, se dedicaron en Cataluña a legislar a favor del proceso de independencia.

Ya existe legislación que está siendo ignorada e incumplida de forma sistemática sin que los partidos políticos que pudieron evitarlo obligando a su aplicación hicieran nada. Ni siquiera en el momento de tomar decisiones valientes como la de intervenir la autonomía ante la sedición flagrante, se tuvo la intención de ir más allá de lo absolutamente preciso para no perturbar demasiado y no crispar aún más la situación. De hecho, las medidas de intervención han sido totalmente inútiles e ineficaces, hasta el punto de que estamos en el mismo punto donde los golpistas han recuperado todo el poder parlamentario y pueden legislar lo que les convenga a sus intereses. Y con los golpistas, otro tanto, unos a espera de ser enjuiciados pero disfrutando de una estancia carcelaria excesivamente permisiva para la gravedad de sus delitos, mientras otros se encuentran disfrutando de total libertad tras fugarse ante la ineptitud o mejor decir incompetencia de esos políticos “bocazas” que les anunciaron lo que les esperaba a la vuelta del fin de semana.

El PP no se quiere ensuciar ni los zapatos ni las manos en las calles al lado de quienes reclaman libertad y justicia, y eso es precisamente lo que les va a llevar a la inanidad, no solo en Cataluña que ya lo han conseguido, sino en el resto de España, al menos en la que sigue creyendo en esta nación unida en un proyecto común y no en un puzle imposible entre “naciones” imaginadas por mentes calenturientas que no respetan el legado que hemos recibido de anteriores generaciones que lucharon por la grandeza de esta Nación.

No esperaba esta salida de tono ni la fijación enfermiza que el PP tiene con CIUDADANOS que solo le pone delante del espejo para que se vea en todas sus miserias. Javier Maroto ha errado el tiro y se ha dado en el propio pie. CIUDADANOS, aunque con la torpeza e ingenuidad que da el ímpetu de ser una formación joven, señala el camino de la dignidad de quienes llevan años oprimidos y acobardados por los independentistas. Eso no es fomentar la crispación sino quitarse el miedo y hacer ver al mundo la verdadera cara de esos energúmenos que no dudan en usar la violencia para amedrentar a los que se les opongan. Los CDR’s son solo la punta de iceberg de organizaciones civiles que incitan al odio y al enfrentamiento llamando a sus bases a concentraciones, manifestaciones y escraches como los que sucedieron el pasado septiembre, ahora hace un año, en Barcelona frente a la sede de la Consejería de Hacienda de la Generalidad mientras funcionarios públicos cumplían con su deber por orden judicial.

Quitar los lazos es también una acción política pero, sobre todo, es un acto de reivindicación de la libertad y del imperio de la ley para que no exista impunidad con los que han tomado las calles , plazas y edificios públicos como suyas y escaparate de su ideología y propaganda. Porque hay que demostrar ese rechazo a ser callados, a ser amedrentados y decir que ese pueblo de Cataluña, que no es otro que el español, del que los golpistas dicen ser sus representantes y al que deben lealtad también son estos ciudadanos que quitan esos símbolos y que de ningún modo se sienten representados por esas opciones políticas, que no comparten sus ideas y además que son mayoría como han demostrado en las urnas.

Javier Maroto y Pablo Casado ven en CIUDADANOS a un enemigo político cuando los enemigos de España son precisamente aquellos que han logrado con sus apoyos parlamentarios que triunfe la moción de censura que presentó el PSOE con Pedro Sánchez y que ahora legisle sin haber pasado por las urnas y someter su programa de Gobierno sectario e involucionista a los españoles en las elecciones generales. Mejor haría el PP en centrar todos sus esfuerzos en forzar la renuncia de Pedro Sánchez a sus planes suicidas para la economía y el futuro de España. Mejor haría el PP en luchar por recuperar su imagen fuertemente dañada por errores graves donde esa política de mirar para otro lado y no hacer nada permitió que la corrupción y la indignidad avanzase sin freno y nos haya llevado a esta situación desesperada tras haber desperdiciado múltiples oportunidades con mayorías absolutas incluidas.

Creo que no debemos permitir que Pedro Sánchez y sus socios de Gobierno nos lleven otra vez al abismo y nos hundan la economía. Hay que tener el valor de denunciar sin descanso las tropelías que piensan cometer y evitar que las lleven a cabo. No es cuestión de valentía sino solo el deber como español, sin adjetivos ni banderas ni eslóganes que solo intentan dividirnos. Primero acabemos con nuestros enemigos y después volvamos a consensuar el marco de convivencia. Si fuimos capaces de hacerlo en años convulsos donde imperaba el terrorismo y los que no deseaban el cambio, creo que seremos capaces ahora si no dejamos que esos enemigos logren sus propósitos. hace solo falta voluntad y decisión.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día! El próximo lunes se abre la veda política, ahora veremos si el PP y Pablo Casado dan la talla y demuestran que quieren mancharse las manos y los zapatos con el polvo del camino y de las calles.

La trampa de los golpistas
NICOLÁS GONZÁLEZ-CUÉLLAR SERRANO* El Mundo 1 Septiembre 2018

La demanda interpuesta en Bélgica por los golpistas fugados, capitaneados por Puigdemont, contra el magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo Pablo Llarena, persigue distintos fines, como son: dañar la imagen de España en el extranjero; perjudicar al juez por hacer su trabajo; fingirse víctimas de lo que tratan de presentar como un siniestro Estado tiránico; disculpar ante sus correligionarios independentistas su cobarde huida de la acción de la justicia; y, sobre todo, colocar a este Capitán Araña, gran líder supremo del movimiento supremacista en el que milita el president Torra, en la primera línea de la actualidad mediática, ante el riesgo de que su ausencia de Cataluña le prive del protagonismo que sus insatisfechas aspiraciones políticas precisan.

La demanda, fraudulenta y falsaria, constituye un claro ejemplo de maniobra procesal torticera. Formalmente dirigida contra el magistrado, materialmente tiene como objetivo denigrar nuestras instituciones democráticas, así como violar la integridad y dignidad de la jurisdicción española. Con base en un relato de los hechos inventado, esperpénticos juicios de valor y manipulación de la traducción al francés de palabras de Llarena, piden a un juez belga que efectúe una revisión de la actuación procesal del magistrado español, a quien atribuyen, con tanta vehemencia como mala fe, falta de imparcialidad, lesión de su presunción de inocencia y menoscabo de su reputación. Tan peregrina solicitud de servil supeditación de la potestad jurisdiccional española a la belga la efectúan invocando un reglamento de la Unión Europea relativo a la competencia judicial en asuntos civiles y mercantiles, con el pretexto de que permite la exigencia de responsabilidad civil por hecho dañoso en el lugar donde el resultado se produce. Prescindiendo de los matices de la previsión normativa al respecto, el reglamento indicado carece claramente de aplicación en el presente caso, porque los daños producidos por error o funcionamiento anormal de la Justicia española, incluidos los derivados de actos ilícitos de los jueces, no son asuntos civiles ni mercantiles, ni corresponde su enjuiciamiento a jurisdicción alguna distinta de la española (salvo a la propia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, a la que España se halla sometida por su propia voluntad).

La trampa que los demandantes utilizan, para cazar incautos o proporcionar excusa a pusilánimes o ventajistas, son unas palabras pronunciadas por el magistrado en Oviedo a la prensa, mediante las que esencialmente afirmaba que en España no hay presos políticos, que el proceso habría de tramitarse con celeridad y que en el mismo se investigaban hechos que, si habían sucedido, están previstos en el Código Penal. Pues bien, sustituyendo en la demanda en francés -la destinada a ser leída por el juez belga- el condicional por una proposición expresamente afirmativa, encabezada con un taxativo oui, los demandantes clamaban contra una supuesta pérdida de imparcialidad y una pretendida presunción de culpabilidad, lesiva de la presunción de inocencia.

La alteración de la traducción es innegable y ha sido admitida por la defensa de los demandantes. Pero conviene dejar claro que incluso sin ella, la demanda resultaría del todo inadmisible. Los actores de esta farsa procesal no reclamaban por un perjuicio derivado de unas palabras pronunciadas en un ámbito particular, sino por la actuación procesal del magistrado, incluidas las medidas cautelares adoptadas y su calificación de los hechos en el auto de procesamiento, un trabajo jurisdiccional cuya valoración denigratoria conforma la práctica totalidad del contenido del escrito. Las palabras pronunciadas por el magistrado se encuentran referidas a su desempeño judicial y carecen de cualquier relevancia jurídica en sí mismas. Las realmente pronunciadas por él son de una neutralidad exquisita, pero aún en el hipotético caso de que alguna expresión hubiera sido indicativa de falta de neutralidad, las consecuencias legales que de ello se derivaran, en su caso, tampoco correspondería dilucidarlas a la justicia belga.

Tan clara es la añagaza urdida en Waterloo que sorprende que la ministra de Justicia y la vicepresidenta del Gobierno mordieran el anzuelo, para pasmo de la comunidad jurídica. Contaba el Ministerio con dos informes de la Abogacía del Estado sobre la necesidad de la prestación de asistencia jurídica al demandado en el proceso para invocar la inmunidad de jurisdicción ante el juez belga y el Consejo General del Poder Judicial, amparando al magistrado, la había solicitado. Felizmente, después de la enérgica protesta de todas las asociaciones de jueces y fiscales, salvo una de ellas, el presidente del Gobierno ordenó rectificar la ejecución de la política del avestruz y sacar la cabeza del Estado de la arena pantanosa en la que los golpistas querían verla hundida.

Para el día 4 de septiembre está prevista una audiencia preliminar ante el juez belga, en la que se planteará su carencia de jurisdicción. Hasta ahora dicho juez no ha tomado decisión alguna sobre la demanda. Conforme al sistema belga, la demanda se notifica a la parte demandada por el huissier de justice, una figura híbrida entre procurador y agente judicial, antes de que el juez se haya pronunciado sobre su admisibilidad. Es de esperar que el juez rechace de plano la burda maniobra que se ejecuta ante sus ojos y se muestre respetuoso con la soberanía jurisdiccional de España.

Pero conviene que la ciudadanía conozca los remedios legales de los que los españoles disponemos para la defensa del sistema de Justicia, del que depende el disfrute de nuestros derechos fundamentales y libertades públicas, y que conozca que la sociedad civil no está indefensa ante una usurpación de la jurisdicción española por un juez extranjero, no sólo por la posible reacción del Gobierno, en el ámbito diplomático, o del Ministerio Fiscal, en el jurídico, como promotor oficial de la Justicia, sino por la posibilidad de impulso por los particulares de acciones judiciales, tanto en el terreno penal, como en el civil, para exigir en España frente al juez extranjero las responsabilidades correspondientes por lo que constituiría una prevaricación y una usurpación de funciones, delitos establecidos en el Código Penal.

La Asociación de juristas Movimiento24DOS ha anunciado que, si la demanda de los golpistas huidos es admitida en Bélgica, presentará querella criminal contra el juez belga, para que el tribunal español competente -que sería la Audiencia Nacional- protegiera nuestra jurisdicción del injustificado ataque que un paso así supondría. Ello a través de la acción popular, institución constitucional de gran tradición en nuestro Derecho y que ya recordaba en el siglo XVI Jerónimo Castillo de Bovadilla, en su obra Política para Corregidores y Señores de Vasallos en Tiempo de Paz y de Guerra, que sirve a los vecinos para ejercer la vindicta frente a los desacatos e injurias contra los corregidores (los cuales ejercían funciones judiciales). También ha informado la misma Asociación de que, en caso de admisión de la demanda, se reservaría contra el juez belga el ejercicio de la acción civil en España para la protección del interés colectivo en la integridad y dignidad de la jurisdicción, mediante la presentación de una demanda en los Juzgados de la Plaza de Castilla, en la que le reclamaría 1 euro, la misma cantidad que se pide al magistrado Llarena.

La Asociación, cuyo nombre obedece al artículo de la Constitución que proclama el derecho de defensa, está formada, en su mayoría, por abogados, comprometidos con las garantías del Estado de Derecho. Nuestra tarea como letrados sólo puede ser eficaz si disponemos de un Poder Judicial independiente y sometida a la ley emanada de la soberanía del pueblo español, una jurisdicción formada por magistrados imparciales y rectos como Pablo Llarena, a quien -por serlo- los golpistas quieren poner en la picota, para vergüenza de todos los españoles. No contarán con nuestro silencio ni con nuestra resignación.
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*Nicolás González-Cuéllar Serrano es catedrático de Derecho Procesal y abogado.

Torra busca el choque final
 La Razon  1 Septiembre 2018

La anomalía política que vive Cataluña queda reflejada en cómo son respetados los tres poderes del Estado: legislativo, judicial y ejecutivo. Primero, el Parlament está cerrado desde julio y no abrirá hasta octubre por decisión –y discrepancias– de la mayoría independentista. La oposición, como así lo ha denunciado, ha sido silenciada.

Segundo, el juez Pablo Llarena, instructor del caso contra los instigadores de la declaración unilateral de independencia, está siendo literalmente perseguido por grupos nacionalistas ante la complacencia de la Generalitat, sumándose así a la campaña contra nuestro sistema judicial.

Tercero, Torra, que preside el Govern, acepta ser el «vicario» –según su propio definición– de Puigdemont, huido de la justicia, y que decide desde Waterloo. Es el gobierno sólo de una parte de los catalanes. Esta es la situación. Por contra, la Generalitat está plenamente dedicada a preparar un órdago contra el Estado, la desestabilización de las instituciones democráticas y a convertir la calle en su patrimonio, calco de una Cataluña excluyente, teñida de amarillo, en la que sólo tienen cabida los que comulgan con el credo nacionalista.

Nada de esto es nuevo. Se viene fraguando desde hace años y se ha ejecutado a cargo del dinero público sin importarles si se cumplía o no la legalidad: el 6 y 7 de septiembre de 2017 el Parlament aprueba las llamadas «leyes de desconexión» con España, el 1 de octubre se celebra el referéndum de secesión y el 27 se declara la independencia de Cataluña. Todo ello propiciando el enfrentamiento civil. Nada es nuevo, como decíamos. La novedad ahora es que el Gobierno de Pedro Sánchez abrió negociaciones con los que impulsaron aquellas infaustas jornadas con el objetivo de buscar una solución a un conflicto que para los nacionalistas pasa, sí o sí, por la celebración de un referéndum que nuestras leyes no contemplan.

Sánchez recibió a Torra en la Moncloa el pasado 9 de julio, símbolo de un deshielo que no oculta que el iceberg independentista es profundo y está dispuesto a repetir el choque con el Estado. Más fuerte, si es posible. El símil del Titanic en el catalanismo más reciente no es nuevo: en la música de la orquestina que clama por el diálogo sólo hay voluntad de entretener al pasaje antes del desastre. Sánchez aceptó el reto por supervivencia política, pero los hechos vuelven a demostrar que Torra-Puigdemont insisten en forzar su programa máximo hasta el final anunciando con un ultimátum que hará efectiva la república. Sánchez le ha advertido de las consecuencias de «volver al unilateralismo, la quiebra de la legalidad y desacato». Extraña forma de dialogar la de Torra y Sánchez cuando éste le recuerda la aplicación, de nuevo, del 155 y cuando ambos siguen utilizando a Mariano Rajoy como nexo de su buena sintonía en la Moncloa –después de todo, ambos sumaron sus votos para acabar con él en una moción de censura– y en futuros encuentros, si es que se producen.

Pero lo más significativo es que el presidente del Gobierno haya tenido que recurrir al mismo planteamiento empleado por Rajoy durante todo el desafío separatista: el Gobierno está dispuesto a hablar, pero sólo dentro de la legalidad. La última vez que el expresidente lo dijo fue el pasado 15 de mayo, en un viaje oficial a Sofía, dos semanas exactas antes de la moción: el presidente del Gobierno «tiene que hablar siempre dentro de la ley». La «escalada dialéctica» de Torra, como así la define la portavoz gubernamental, no es sólo de palabra, si se tiene en cuenta que la palabra es el principio de la acción y que ésta tiene tanta responsabilidad como los hechos (bien lo sabe Puigdemont en su mentirosa traducción). La Generalitat ha anunciado una ofensiva en toda regla para otoño y luego, asegura, se volverá a ver con Sánchez. El coste social de los días que preparan –siempre según ellos mismos se encargan de anunciar– obligará al Gobierno a replantar su política de apaciguamiento de unos irresponsables.

El lazo amarillo, estigma contra el discrepante
EDITORIAL El Mundo 1 Septiembre 2018

La guerra de los lazos amarillos continúa su escalada en Cataluña. Y como toda guerra, la primera víctima que se cobra es la verdad. Pero nunca es tarde para hacer pedagogía. El lazo amarillo, que empezó siendo una forma insidiosa de solidarizarse con los políticos presos a base de considerarlos presos políticos, ha ido ampliando su significado político hasta convertirse en un marcador identitario que ha mutado del victimismo a la agresividad, es decir, que hoy sirve antes para estigmatizar al catalán no independentista que para expresar el recuerdo de la situación procesal de un puñado de dirigentes a la espera de juicio. Lo ocurrido en el restaurante de Blanes -cuyo dueño, al retirar los lazos de su local, se hizo acreedor al escrache de la patrulla de la intolerancia que va por las calles de Cataluña amarilleando lo público y hasta lo privado- es solo el penúltimo incidente que llega hasta los medios, incapaces de registrar ya todas las manifestaciones de una grave fractura en la convivencia cotidiana.

En realidad, se está cumpliendo el guion que Quim Torra consignó en su último libro (Els últims 100 metres), y que describe las tres fases de su plan para la independencia de facto: protesta, no cooperación y suplantación. El irresponsable supremacista que pilota la Generalitat se propone pasar en septiembre de la primera a la segunda fase, al precio de seguir pisoteando la representación de más de la mitad de sus gobernados y de reeditar la desobediencia al Estado del que es cabeza ordinaria en la comunidad catalana, como prometió en su toma de posesión. Ante semejante designio, resulta necio o cobarde colocar en pie de igualdad democrática a los que colonizan el espacio público con el apoyo del Govern -y de sus Mossos- y a los que reaccionan en defensa de la higiénica imparcialidad de lo común. Unos se saben respaldados y financiados por la hegemonía nacionalista en las instituciones para quebrar la Constitución y otros se organizan civilmente para defender la ley, hartos de tragar con un dogma que hasta se proclama desde orwellianos altavoces como el del Ayuntamiento de Vic. Que se produzcan altercados e incluso agresiones es lamentable y condenable, pero es lo que ocurre cuando el Estado hace dejación de su función primordial: asegurar la neutralidad de la calle y la seguridad y libertad de sus ciudadanos. El desorden crece en el vacío.

De ahí que nos cueste entender el último movimiento de Pablo Casado, desmarcándose del compromiso en primera persona con la retirada de lazos después de haberla alentado, y pretendiendo que quienes perseveran en esa actitud generan una crispación estéril. Se trata de un claro reproche a Ciudadanos, después de que Albert Rivera e Inés Arrimadas se sumaran a la acción simbólica de quitar lazos amarillos en Barcelona. Da la sensación de que Casado, en su búsqueda de perfil propio, quiere evitar que se le acuse de hacer seguidismo de Rivera; pero cuando se trata de resistir la ofensiva del supremacismo no caben coqueteos con la tibieza o el tacticismo. El votante constitucionalista en Cataluña y los electores del centroderecha en toda España no entenderían que el PP se equivocase de adversario en un asunto como este, máxime cuando esperaba mayor firmeza de Rahoy cuando gobernó Cataluña por siete meses a través del 155 y cuando el relevo del tancredismo marianista había despertado la ilusión de una batalla decidida contra el nacionalismo.

Sánchez repite errores en la gestión del problema catalán
“Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error” Napoleón Bonaparte.
Miguel Massanet diariosigloxxi 1 Septiembre 2018

Durante años hemos estado recriminando al PP del señor Rajoy su escasa decisión respecto al separatismo catalán; nos parecía que estaba incurriendo en un grave error de valoración de las consecuencias de ir respondiendo con mera palabrería a los graves acontecimientos que estaban teniendo lugar en Cataluña, no se sabe si pensando que con su flema gallega, su confianza en que el tiempo es capaz de solucionarlo todo o que manteniendo una actitud indefinida junto a conversaciones secretas ( de ello creemos que sabe bastante la ex vicepresidenta Sáez de Santamaría) con los líderes separatistas, conseguiría salvaguardar una tregua si les seguían inundando las arcas deficitarias de la autonomía con los millones que les estaban inyectando a través del FLA. Con todo y con esto llegó un momento en que al señor Rajoy no le quedó otro recurso que enfrentarse, aunque fuera a contrapelo, con el problema separatista catalán cuando, los líderes de los partido soberanista se liaron la manta a la cabeza y, con la excusa de aquel referéndum absurdo, ilegal, lleno de incidencias y anomalías capaces, por sí solas, para invalidar su resultado, se atrevieron a proclamar, aunque fuera sólo por unos segundos, la República Independiente Catalana. Las consecuencias de todo ello son de sobra conocidas por los españoles y la aplicación necesaria del 155 no sirvió, a causa de la falta de visión política de los gobernantes del PP, más que para aplicar las medidas estrictamente necesarias para acabar con aquella revolución independentista, dejando aquel proceso a medio camino de las que hubieran sido indispensables para darle el hachazo final a aquella revolución, motivada en gran parte por la dejadez del Gobierno y del resto de partidos políticos, que se creyeron que nunca llegaría la sangre al río a pesar de las amenazas de los políticos de la Generalitat y el Parlamento de la Comunidad Autónoma catalana.

La deslealtad de aquellos partidos, especialmente del PSOE del señor Pedro Sánchez con el partido en el Gobierno, a partir de que se vio que la aplicación del 155 no había hecho otra cosa que crear una serie de problemas añadidos, como el de que algunos de los factótums de aquella seudo-rebelión habían conseguido evitar la Justicia española, refugiándose en países extranjeros que no se prestaron a facilitar su extradición, como se les pidió, con la entrega de los imputados a la Justicia española. Los que sustituyeron a los encarcelados fueron una copia corregida y aumentada, de los sustituidos, cuando se enrocaron en las instituciones y, desde ellas, comenzaron una nueva batalla en la que se incluyeron, con la ayuda de Puigdemónt y el resto de exiliados, campañas destinadas a desatar una ofensiva propagandística que fue acompañada por la negativa de Bélgica y Alemania, basándose en excusas de poco peso, a cumplir lo que debía haber sido un mero trámite, consistente en la entrega inmediata de los prófugos de la justicia a la autoridades españolas.

Consecuencia de toda esta complicada situación fue que, el señor Sánchez, creyó ver la oportunidad de desbancar al gobierno del PP, con el apoyo, en principio insospechado, de todo el resto de la Cámara baja, excepto Ciudadanos. La moción de censura acabó de un plumazo con la estrella de Rajoy, que entendió el mensaje retirándose de la política. Sin embargo, señores, el señor Sánchez necesitó hipotecarse con los partidos que apoyaron la moción de censura y ello le puso en una situación de dependencia de todos ellos que, naturalmente no han tardado en pedir la recompensa a su ayuda. Si los vascos de Urkullu sacaron su tajada económica, los separatistas catalanes, a los que seguramente Sánchez pensó que los conseguiría llevar a su terreno, a base de untarles de millones; no parecen estar dispuestos a esta clase de arreglos ( la misma equivocación en la que incurrieron los del PP), entre otras razones porque, en su empeño de conseguir el apoyo del pueblo catalán se pasaron de frenada y ahora se encuentran atados por sus mismas promesas de una Cataluña independiente y, aunque quisieran, no podrían convencer a los suyos de que Cataluña siguiera siendo una autonomía aunque en lo económico consiguieran alguna compensación.

Torra ya le ha dicho claramente a Sánchez que lo que quieren es un referéndum por el derecho a decidir; la excarcelación de los que siguen en prisión (algo que no depende del Gobierno, ya que está en manos de los jueces), anunciando de antemano que no van a aceptar de ninguna manera una sentencia condenatoria del Alto Tribunal, al que no le conceden el derecho a juzgar a los suyos, a los que siguen empeñados en considerar como presos políticos. En realidad, nadie puede decir que los soberanistas no hayan trabajado en el desarrollo de su estrategia contra el Estado español. Al parecer, tienen la idea de poner en marcha un gran pandemónium con motivo de la diada del 11 de noviembre y, más tarde, con motivo del 1.O, rematar con grandes manifestaciones, actos de apoyo a los presos, recriminaciones al España y al resto de españoles y grandes escenificaciones de protesta popular, con destino a las cámaras de las TV del resto de Europa y de los periódicos sensacionalistas, siempre ávidos de esta clase de noticias que les ayudan a vender ejemplares de sus periódicos.

Ya tienen los eslóganes preparados, sabiendo que las multitudes están ávidas de poder expresarse en contra del Estado. Frases como “España nos roba”, “muera el Barbón”, “a por ellos”. Ante estas perspectivas para obligar a Sánchez a ceder a sus peticiones, aun sabiendo que no puede hacerlo, pocas armas le quedan al señor Sánchez para poner en marcha su proyecto de convencer a los soberanistas catalanes de que se conformaran con un cambio constitucional ( habría que ver cómo se las arreglaba para conseguirlo con sus 84 escaños) para convertir a España en un estado federal; entre otras razones porque, ya desde la primera vez que se sacó del sombrero esta propuesta, todos los separatistas ya se manifestaron en contra de semejante solución. Poco favor le han hecho, a la señora portavoz del Gobierno, señora Calvo, sus declaraciones públicas cuando cae en la frivolidad de decir que “con frases no se ataca al Estado”, cuando ella sabe perfectamente que la prensa y la TV, con frases e imágenes, son capaces de desacreditar a cualquier gobierno sólo con proponérselo. En parecido fallo cayó la fiscal ministra de Justicia cuando despreció las palabras ofensivas del señor Torra de que había llegado el momento de “atacar al estado”, manifestándose en el mismo sentido de la señora Calvo, cuando dijo que las palabras no eran un delito y que se debía esperar a que se materializasen en hechos ¡Otro de los errores, en este caso garrafales y de aprendiz de ambas ministras!

Si a Rajoy, situado en una mejor posición para afrontar el grave desafío de los catalanes, la puesta en acción del 155 ya le costó tener que transigir con los socialistas, comprometiéndose a no meterse con la TV3 y con los periódicos catalanes de propaganda separatista, y tuvo que comprometerse a convocar elecciones al poco tiempo de su finalización, lo que llevó a una situación peor a la que existía antes de la aplicación de dicho artículo constitucional; no digamos lo que le espera a P.Sánchez, si no se produce un milagro que le permita salvar el obstáculo que se le pone por delante si el señor Torra, no olvidemos que dirigido desde Waterloo por el señor Puigdemont, decide mantener su postura y recurre, como ya viene amenazando, a retirarle el apoyo en el Parlamento español, estrictamente necesario, si es que el socialista tiene intención de aprobar nuevas leyes y de convalidar los numerosos decretos que se ha visto obligados a dictar, ante la imposibilidad o gran dificultad de conseguir los apoyos necesarios para sacar adelante otras leyes que, no necesariamente, van a concitar el apoyo de todos los que necesita para que salgan aprobadas.

Es evidente que la situación, a pesar del falso optimismo que se empeña en mostrar el presidente Sánchez, no es la más favorable para los planes de alcanzar el fin de la legislatura al mando del país. No somos capaces de dilucidar cuáles serán las cartas secretas de que dispone Sánchez para convencer a los irreductibles políticos catalanes (por otra parte enfrentados entre sí a causa de sus particulares ambiciones respeto a su papel en lo que podría ser una futura Cataluña independiente de España), para que renuncien a la tan cacareada independencia, para acabar conformándose con seguir siendo parte del Estado español, a cambio de unas cuantas migajas relativas a sus facultades recaudatorias que, como es evidente, se traducirían en un aumento de impuestos para los residentes en esta Cataluña que, los independentistas, nos vienen queriendo vender.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la íntima convicción de que, ahora con los catalanes y, si es que consiguiera convencerlos a base de dinero, luego con los vascos que, como ya ha dicho Urkullo, no se van a conformar con tener una posición menos beneficiosa de la que consigan para sí los catalanes. Lo que, a la vez, y esto se verá seguramente cuando se trate de la futura financiación de las comunidades autónomas, va a crear un malestar en el resto de comunidades autónomas que forzosamente van a salir perjudicadas se las que tradicionalmente y se llevan la parte del león en el reparto; siguen viendo que esta diferencia, a causa del especial trato dado a las comunidades mal llamadas Históricas, en lugar de ir disminuyendo, sigue agrandándose en favor de las comunidades más ricas del país. Sí, señores, es evidente que, al señor P.Sánchez, tan ansioso de llegar al poder, es muy posible que sus ilusiones de una legislatura de mero trámite se queden en agua de borrajas. Lo sentimos por él.


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