AGLI Recortes de Prensa   Domingo 2 Septiembre 2018

En defensa de la democracia
Jesús Cacho. vozpopuli  2 Septiembre 2018

Fin del verano. Vuelta al cole. Retorno al trabajo, a las incógnitas del futuro. Y regreso al pasado, al recuerdo de esta España que en realidad son dos, al menos dos, dos Españas decididas en apariencia a disputarse el presente siempre a garrotazos. Pocas veces un mes de septiembre se presentó tan amenazador, tan cargado de malos presagios para millones de españoles, para esa España de amplias clases medias que prosperó en el franquismo y que ha disfrutado con la democracia del mayor periodo de paz y prosperidad conocido en nuestra historia.

Una de esas dos Españas parece decidida a arramblar con el pasado reciente para abrazar un futuro reñido con la democracia liberal, la democracia parlamentaria con separación de poderes, del brazo de fórmulas económicas que han demostrado sobradamente su ineficacia y que, so capa de favorecer a los menos protegidos, acaban distribuyendo pobreza por igual entre pobres y ricos de la mano de una elite revolucionaria que, ella sí, nada en la abundancia. Es tan conocido el proceso que casi da vergüenza ajena tener que recordarlo. Dispuesto a sacar ventaja de unas hipotéticas elecciones generales, el Gobierno Sánchez está decidido a tirar del dinero público hasta donde sea menester, con desprecio total del déficit y de la deuda pública, ya en unos niveles insoportables. En vez de racionalizar el gasto público, anuncia subidas de impuestos a las grandes empresas y “a los más ricos”, antesala de la huida de la inversión extranjera y de esos supuestos “ricos”, que tratarán de poner a buen recaudo, el que pueda, su patrimonio. Es la obsesión de esta izquierda desnortada por convertir en pobres a los ricos, en lugar de tratar de recorrer el camino a la inversa creando riqueza antes de pretender repartirla.

Pero no es la economía lo que está en peligro, con ser ello grave. De las crisis económicas se suele salir con más o menos esfuerzo, y hasta esa miseria moral e intelectual llamada Mariano Rajoy fue capaz, simplemente tocando cuatro palillos, tal que la reforma laboral, y no cometiendo ningún disparate, de permitir a la sociedad española levantar el vuelo. No es la economía, no, lo peor. Lo peor está en la política. En el intento de convertir en papel mojado la Constitución de 1978 para sustituirla por algún experimento bolivariano al gusto del sanchismo y de su principal aliado, Podemos. El anuncio de que el Gobierno que preside el okupa Sánchez, con el apoyo de quienes le situaron en Moncloa, todos enemigos declarados de la España constitucional, está dispuesto a cepillarse el Senado simplemente porque le estorba, porque se trata de un valladar, un poder que no controla, es un dato con la gravedad suficiente para encender todas las alarmas y transformarse en el toque de corneta capaz de movilizar a todo auténtico demócrata.

Y no es que este Senado convertido en una tan costosa como inútil antigualla merezca la categoría de casus belli. No es eso, no es eso. En todo caso, los cambios que sea necesario introducir en la institución deberán serlo con el imprescindible consenso. Lo que resulta inaceptable es que un Gobierno con 84 diputados pretenda protagonizar un golpe de mano que recuerda las derivas de todas las democracias que en fecha reciente han pasado a mejor vida, desde la Turquía de Erdogan hasta la Venezuela del siniestro Maduro, simplemente porque el Senado se ha convertido en un obstáculo para sus planes de perpetuarse en el poder sin haberlo ganado en las urnas. Que el largocaballerismo que hoy maneja al PSOE esté siquiera dispuesto a escuchar una solución tan abiertamente antidemocrática, incluso golpista, es un claro indicio de los peligros de acechan a nuestra doliente, siempre pobre, deficitaria democracia, pero que, con todos sus achaques, ha permitido un extraordinario periodo de paz y libertad. Los enemigos de la unidad y el progreso de España ya no residen sólo en Cataluña y en los nacionalismos reaccionarios y xenófobos sostenidos por la izquierda neocomunista, sino que están ya en el propio corazón del Estado, nada menos que en la presidencia del Gobierno y en su entorno.

Quienes en nuestra primera juventud militamos en el PCE en vida de Franco, nunca pudimos imaginar que llegaríamos a ver momentos de incertidumbre democrática como los que estamos viviendo. Ninguno de los amigos con los que compartí militancia (Nati Gálvez, Ángel Vivas, José María Barredaet al) éramos comunistas ni Cristo que lo fundó. Simplemente nos sentíamos antifranquistas dispuestos a aportar nuestro granito de arena en la tarea de acabar con la dictadura y acelerar el tránsito hacia una democracia. No puedo alabar aquella aventura (ni siquiera presumir de haber recibido un simple porrazo de un gris), y sí, en todo caso, avergonzarme de ella. Pero empleé un tiempo precioso de mi juventud en soñar una España mejor, más libre, más justa y más rica, soportando con estoicismo las homilías que el camarada Carrillo remitíadesde París y que las tardes de los domingos comentábamos en clandestinidad en lugar de estar retozando con una moza en el cine. Todos abandonamos el partido inmediatamente después de aprobada la Constitución del 78. Y lo hicimos con un cierto regusto amargo, porque no entendimos bien por qué razón el plasta de Carrillo había entregado el partido, desmantelándolo, a cambio de su legalización.

Construir una democracia sin demócratas
Pronto comprendimos que en aquella decisión de un PCE que había perdido la guerra civil estaba la clave de la reconciliación entre españoles, del nunca más al derramamiento de sangre entre compatriotas por grandes que fueran las diferencias ideológicas. Todos emprendimos con ilusión el camino de la naciente y promisora democracia, a pesar de golpes tan dañinos como la decisión de Felipe González de acabar ya en 1985 con la independencia del poder judicial. Siempre confiamos en que las imperfecciones y carencias del sistema, la calamitosa estructura territorial del Estado, por ejemplo, se irían corrigiendo con el paso del tiempo. Que el sistema sería capaz de purgar sus errores y regenerarse desde dentro. Pero nunca sospechamos que fuera a resultar tan difícil construir una democracia sin demócratas. Nunca imaginamos que el cáncer de la corrupción llegara a ser tan profundo y letal. La derecha pudo hacer realidad, gracias a las mayorías de las que dispuso, esa democracia con contrapesos eficaces, esa economía liberalizada, esa educación clave para el crecimiento… Pudo hacer muchas cosas, pero, veteada de caciquismo franquista, renunció a la tarea, limitándose a convertir en millonarios a algunos de sus amigos. La última herencia de esa derecha se resume en el legado de ese personaje mil veces maldito apellidado Rajoy y su escandalosa tocata y fuga en la tarde noche del jueves 31 de mayo. Esa es la herencia a la que ahora nos enfrentamos.

Lo que jamás sospechamos entonces es que al frente del Gobierno de España llegaría a estar un personaje encumbrado por los enemigos de España y decidido a hacerse fuerte en el poder incluso haciendo añicos la Constitución, como ejemplifican sus intenciones con el Senado. Un tipo incapacitado para hacer cumplir la ley en Cataluña y meter en vereda a quienes le han hecho presidente. ¿Dispuesto incluso a jugar a Maduro si necesario fuera, con el respaldo de nuestros maduros y demás enemigos de la nación? Lo que nunca imaginamos es que a nuestra provecta edad volveríamos a vernos obligados a movilizarnos en defensa de nuestra democracia y contra los designios de quienes, 43 años después de muerto Franco, pretenden revertir la Historia y conducirnos por senderos de miseria y dolor pasados. En esa tesitura nos hallamos. Que nadie se engañe. Este sicópata del poder (discípulo ignoto de esa nietzscheana “voluntad de poder” enemiga de toda mejora de la condición humana) desprovisto de cualquier otro aditamento intelectual o moral ha venido para quedarse a poco que se lo consintamos, a mucho que nos quedemos en casa y renunciemos a salir a la calle para reclamar cuanto antes elecciones generales, advirtiendo al pueblo soberano de lo que se juega en el envite.

Y ahí estamos, dispuestos de nuevo a enarbolar las banderas de la libertad contra todo tipo de populismos y totalitarismos nacionalistas, convencidos de que en esta pelea podremos contar con millones de españoles simplemente sensatos, desde luego con buena parte de esa militancia socialista que padeció la dictadura y que, como la gran mayoría de la derecha, no entiende la obsesión de este atrabiliario personaje, este fantoche todo opereta gestual dispuesto a hacer bueno a Zapatero, por desenterrar cadáveres y sacar a pasear a los demonios familiares históricos de los españoles. Toca movilizarse de nuevo. Toca arremangarse para impedir la tropelía de la vuelta atrás. Toca luchar por la Constitución y la unidad es España, que es tanto como decir por la paz y el progreso. Por los valores de la Ilustración. Este es el gran reto del curso que se nos viene encima, y en esa pelea estará sin dudarlo este periódico, libre de cargas y servidumbres. Ni PP ni PSOE nos dieron nunca los buenos días. Simplemente dispuestos a cumplir con nuestra obligación: la defensa de nuestra democracia parlamentaria desde la siempre utópica atalaya de una España liberal.

La que nos has liado, Mariano
EDUARDO INDA okdiario 2 Septiembre 2018

No me van a decir ni me van a contar qué ocurrió en esa semana transcurrida entre el 25 de mayo y el 1 de junio. Es decir, entre la presentación de la frentepopulista moción de censura y la investidura de facto de Pedro Sánchez aquel infausto primer viernes del sexto mes de 2018. Siete días que se nos hicieron eternos y en los que vivimos peligrosamente. Pocos saben mejor que yo lo sucedido entre bambalinas en unos días que cambiaron la historia de España, tal vez para siempre. Bueno, eso en el improbable caso de que la nación más antigua de la Europa continental continúe existiendo como la conocemos tras este experimento con champán.

La gran conclusión es exactamente la de siempre en la historia de las grandes cosas: no fue como nos la contaron. El gobernante siempre tiende a pervertir la realidad para quedar bien o para que no se note que abusaron del poder, que trincaron, que mataron física o civilmente al enemigo de turno o que se beneficiaron siquiera puerilmente de la poltrona. El cuento para no dormir que nos trasladaron a los ciudadanos españoles, que nos solemos creer la trola que nos cuenta el primero que pasa, es que fue una confabulación antiPP. Una de esas verdades a medias que suelen ser las peores de las mentiras. Era más bien, una confabulación antiRajoy. La pieza a cobrar era él y nada más que él.

Pedro Sánchez se lo pudo trasladar más alto pero no más claro ni más públicamente a su antecesor: “Si usted dimite, señor Rajoy, retiro inmediatamente la moción de censura”. Entre otras cosas, porque ser presidente del Gobierno antes de tiempo le daba un canguelo tremendo habida cuenta de la gentuza con la que tendría que pactar. Aunque ahora tenga que comulgar con ruedas de molino, él sabe tan bien como yo y como ustedes quién es Pablo Iglesias. Mariano Rajoy y su más que mejorable entorno cumplieron a rajatabla ese viejo aserto que sostiene que “la mentira es una forma de autodefensa”.

Todo lo que nos soltaron por esas boquitas los corifeos marianos entre el martes 29 de mayo y la madrugada del 1 de junio era más falso que Judas. Lo afirmo sin titubeos, sin un solo matiz, porque viví la movida en primera persona. Vamos, que no toco de oídas. “El tema se les ha puesto chungo”, me espetó aquel tétrico 29M el gran negociador (bautizado entre bastidores como el Señor N) entre Moncloa y la cúpula del PNV. Es decir, entre Mariano Rajoy Brey y ese dos en uno que son Íñigo Urkullu y Andoni Ortuzar. Hasta esa mañana el PP daba por hecho que la censura al sexto presidente de la democracia quedaría en un susto. El Señor N les abrió los ojos.

El miércoles el dilema ya no era “Rajoy sí-Rajoy no” porque el partido del cómicamente racista Sabino Arana había decidido que el pontevedrés de Santiago debía abandonar La Moncloa sí o sí. Al final, cinco de los 350 miembros del Congreso decidían la suerte del ganador de las generales de junio de 2016. “No hay marcha atrás, Mariano”, se le indicó al hombre que metió 52 escaños de diferencia a Pedro Sánchez, 66 al del chaletazo, 105 a Albert Rivera y 132 a quienes le acabarían poniendo de patitas en la calle. Todo muy democrático y muy legal pero también muy ilógico e indudablemente nada legítimo.

El presidente fue informado a través del Señor N que la puerta no estaba cerrada sino entreabierta. Poco, poquísimo, pero entreabierta al fin y al cabo. Se adivinaba una rendija de luz. OKDIARIO fue el primer medio en informar a la opinión pública que los de Sabin Etxea aceptaban dar carpetazo a la moción de censura si caía el pez gordo.

—Eso sí—, condicionaron su voto, —Rajoy debe dimitir—.
—¿Y a quién apoyariais en su lugar?—, inquirió intrigado el Señor N.
—Nosotros no ponemos ninguna objeción a Ana Pastor y a Soraya, nos fiamos plenamente de las dos porque han demostrado que son personas de palabra—.

Antes se lanzó el órdago, antes llegó el mensaje a Moncloa en el tránsito del miércoles 30 al jueves 31. El entonces presidente y ahora registrador de la Propiedad se resistía cual gato panza arriba. “No pienso dimitir…”, advirtió un Rajoy que a esas alturas era ya un boxeador groggy que se tambaleaba contra las cuerdas, “hacerlo sería tanto como admitir que he hecho algo malo, que he cometido un delito, cuando la condena de Gürtel es por hechos de la época de mi predecesor en la Presidencia del partido”.

Los acontecimientos se sucedieron a velocidad de vértigo en la tarde previa a la decapitación. A primerísima hora de la tarde, Rajoy dejó entrever que podía renunciar si se investía a Ana Pastor o Soraya Sáenz de Santamaría. El peor escenario era un 175-175 que hubiera abocado a unas nuevas elecciones generales en la que los ciudadanos hubieran decidido quién querían que les presidiera hasta 2022. Si Soraya, o quien quiera que se sacase de la chistera el PP, si Rivera o si Pedro Sánchez. No digo Pablo Iglesias porque el terrateniente tenía y tiene las mismas posibilidades que yo de presidir los Estados Unidos de América. En el peor de los escenarios se ganaba tiempo, en el mejor Dios acabaría repartiendo suerte.

La noticia de este diario inconformista provocó un terremoto en Génova 13 o más bien en la Carrera de San Jerónimo, que es donde asentaban sus reales las fuerzas vivas del PP. María Dolores de Cospedal y buena parte de los barandas del gran partido del centroderecha español amenazaron con un motín si se investía provisionalmente a Soraya. Olvidaban que había un plan B llamado Ana Pastor que sí contaba con el consenso de prácticamente todos los discípulos marianos. La rueda de prensa de la número 2 del partido acabó con las especulaciones mientras el presidente saliente se bunkerizaba en uno de los dos reservados del restaurante Arahy con la compañía de una docena de fieles y un par de botellas de Johnnie Walker que se pimplaron entre todos.

Rajoy no era Rajoy, estaba KO y equivocó a todos. Incluida la híperleal Cospedal que, advertida por unos cuantos vía sms, optó por telefonear a Ortuzar y cía que a primeras horas de la noche cenaban en casa de un prestigioso empresario vasco. El PNV no varió un ápice el discurso: “Si Rajoy dimite, no apoyamos la moción”. El “no” a Sánchez de los nacionalistas vascos hacía matemáticamente imposible el triunfo de la cuarta moción de censura de la democracia. Un 175- 175 convertía en papel mojado los deseos de Pedro y Begoña. La Constitución exige 176 “síes”.

Moraleja: Rajoy antepuso su orgullo personal al deber institucional. Su martirio hubiera salvado a España de un Gobierno que, más que Frankenstein, se me antoja Belcebú. Si se hubiera sacrificado para salvar una vez más a este país no tendríamos TVE convertida en La TVErca, a los bolivarianos a sueldo de Maduro marcando el paso, no se habría acercado a los golpistas a Cataluña ni vivirían en la cárcel al estilo Pablo Escobar, los multiasesinos de ETA continuarían dispersos por toda la geografía nacional, no tendríamos una invasión de inmigrantes ilegales en las costas andaluzas por culpa de un bocazas que olvidó el consejo bíblico (“que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha”) y no estarían a punto de meternos la mayor subida de impuestos en un cuarto de siglo. Además, Franco no pasaría de ser lo que siempre fue, un capítulo más negro que blanco de nuestra historia, el Pacto de la Transición, lo mejor que hemos hecho en nuestra historia reciente, seguiría tan vigente y con tanto éxito como en los 40 años anteriores y nuestro PIB no habría pasado de crecer al 3,1% a hacerlo al 2,7% en sólo tres meses que se dice pronto.

La maldición de Moncloa también se cumplió con Rajoy. Se fue quemado y por la puerta de atrás Adolfo, tres cuartos de lo mismo ocurrió con el gran Leopoldo, la historia se repitió con González, qué quieren que les diga de un Aznar que cerró su Presidencia con una gestión inempeorable del 11-M o de un Zapatero que se largó a la carrera para no arruinar definitivamente España. Nuestro protagonista tuvo la oportunidad de pasar a la historia con mayúsculas tras salvar un país en default, crear dos millones de puestos de trabajo y ponernos a la cabeza de Europa en creación de riqueza. Pero me temo muy mucho que sus logros quedarán empañados por su egoísta salida que nos trajo un Frente Popular que parece calcado del que robó las elecciones en febrero de 1936. Entonces estaban en el ajo PSOE, comunistas, ERC y PNV y la alineación titular es 82 años después la mismita: PSOE, comunistas, ERC y PNV. Gracias, Mariano.

El Gobierno prepara una lluvia de actos públicos en defensa de la República para divulgar su guerracivilismo
Carlos Cuesta okdiario 2 Septiembre 2018

El Gobierno prepara una lluvia de actos públicos en defensa de la República para divulgar su guerracivilismo. Lo quiere hacer como mecánica para impulsar el ambiente necesario que acompañe a las exhumaciones y a la búsqueda de víctimas del franquismo por toda España. Y lo pretende regular de forma obligatoria, de manera que las administraciones -locales y autonómicas- se unan a un alarde de presencia guerracivilista que haga avanzar la ‘verdad’ impuesta por el PSOE y mantenga la atención sobre Franco.

El plan se ha denominado como de “medidas de satisfacción y reparación simbólica”. Y consiste en realizar acciones dirigidas a restablecer lo que los socialistas denominan como dignidad de las víctimas y difusión de la versión oficial de lo sucedido.

Las denominadas como medidas de satisfacción incluyen, entre otras el “reconocimiento público del carácter de víctima, de su dignidad, nombre y honor; efectuar las publicaciones a que haya lugar relacionadas con el literal anterior; actos conmemorativos y homenajes públicos; y reconocimientos públicos y solicitudes de perdón institucional”, tal y como recoge la propuesta socialista de inyección de la memoria histórica.

Además de todo ello, el Gobierno planteará la construcción de monumentos públicos con “perspectiva de reparación y reconciliación”. Y se mezclará, por supuesto, con la pretendida remodelación del Valle de los Caídos para, según la última y cambiante versión de Pedro Sánchez, convertirlo en un cementerio civil.

Hay que recordar que no es la primera vez que los socialistas aluden a estas campañas de divulgación de su versión de la Guerra Civil y la II República.
De hecho, la última proposición de los socialistas sobre memoria histórica planteó incluso la creación de un “día de recuerdo y homenaje a todas las víctimas”. Ese día debía ser el 31 de octubre de cada año, concebido como un día de recuerdo y homenaje “a las víctimas del golpe militar y la Dictadura, coincidiendo con el aniversario del 31 de octubre de 1978, fecha en que fue aprobada la Constitución Española en sendas sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado”, tal y como recoge el texto de la proposición de ley del PSOE de diciembre de 2017.

La regulación de sanciones para quienes divulguen versiones de ese periodo histórico no aceptadas como oficiales; la creación de un banco de ADN para lanzar las búsquedas de víctimas del franquismo por toda la geografía española; la preparación de permisos administrativos de ocupación temporal de espacios privados o públicos para que los que lo reclamen puedan realizar sin problemas ni trabas judiciales las búsquedas de los restos mortales; o la preparación de un manual de estilo de obligado cumplimiento en todos los medios públicos en el que se recogerá esa versión oficial de la Guerra Civil. Todo ello forma parte de un cúmulo de medidas que pretende sumarse a este alarde de actos de conmemoración de la II República y de recuerdo permanente del franquismo. Y todo ello con el fin de mantener de actualidad lo que parece que se ha convertido ya en el tema favorito, por no decir único, de los socialistas como mecanismo para ocupar a la opinión pública y evitar que se hable de otras cuestiones.

La arbitrariedad
Hermann Tertsch ABC 2 Septiembre 2018

Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno por la gracia de Pedro Sánchez y de todos los separatistas, comunistas, extremistas y enemigos de España en el Congreso, dice que ya está bien de pedir elecciones. Dice esa señora que pedir las elecciones que Sánchez prometió es «crear tensiones». Lo que deben hacer los partidos es «arrimar el hombro». Lo demás es «hacer oposición al Estado». Asegura Calvo que antes de cualquier elección hay que restablecer el Estado de bienestar tan dañado por «la derecha». «O la democracia es Estado de bienestar o estamos hablando de contar votos malamente». Las elecciones generales son «contar votos malamente». Este procaz desprecio a la voluntad expresa del pueblo soberano debería hacer sonar las alarmas de esa oposición cuyos líderes parecen «el petimetre» de Lucky Luke. Así se las ponían… a Chávez y Maduro. Como allí, es la arbitrariedad la que gobierna.

Si se toman en serio a Calvo, que afirma que no habrá elecciones hasta que se haya «restablecido el Estado del bienestar», se puede acabar pensando que, en su permanente delirio cambiante, este Gobierno evalúa la posibilidad de no respetar la legislatura y suspender elecciones indefinidamente. Porque Sánchez no va a restablecer ni el Estado ni el bienestar ni nada de aquí a 2020. Al contrario, todo indica que este Gobierno puede provocar en meses una crisis general de catastróficas consecuencias. Ya se intensifica el frenazo de la economía y, con anuncios de expolio a la población, disparado el gasto, sin margen de maniobra en la deuda y los tipos de interés determinados al alza, la economía de la España de Sánchez puede hundirse en tiempo récord. Y ahí no van a ayudar banqueros feministas. Por otra parte y debido a su servidumbre a los compromisos secretos, Sánchez toma sin parar medidas que debilitan al Estado frente a sus enemigos, que son los socios del jefe de Gobierno.

Con el enfrentamiento civil en Cataluña en marcha y su posible extensión a otras regiones y siendo pelele de todos en una crisis de inmigración en la que este Gobierno ha puesto a España en la peor situación imaginable. Así las cosas, para Sánchez y su tropa de ninfas fanáticas la salida más sensata a una situación que escapa rápidamente a su control sería la convocatoria de elecciones. Pero Sánchez y Calvo sufren -o gozan- ya el síndrome del sátrapa que no quiere «contar votos malamente». No vaya a haber pocos propios. ¿Cómo evitarlo? Como campeones de la arbitrariedad pueden hacer cualquier cosa. Igual invitan a media África a España que deportan a miles de africanos en vagones de ganado. Tan dispuestos a entregar Cataluña a los golpistas como a mandar al Ejército. Cualquier cosa para quedarse ellos donde nunca habrían llegado a través de elecciones. Hace días, el gran periodista peruano Jaime Bayly preguntaba que cómo era posible que Sánchez abrazara a un dictador repugnante como Evo Morales. Y se negara a llamar dictador al asesino de Maduro. Porque Sánchez, para quedarse, está dispuesto, en ese reino de la arbitrariedad total, hasta a emularlos a ellos.

CASO ERE DE ANDALUCÍA
Así es la gran familia de los ERE: más de 120 millones para parientes, amigos y políticos socialistas
El sumario desmonta la teoría de que en el PSOE andaluz nadie se benefició personalmente: hay 18 familiares directos, 85 militantes y 17 amigos
Alberto García Reyes. Sevilla ABC 2 Septiembre 2018

En el escándalo de los ERE de la Junta de Andalucía, uno de los mayores de la historia de España por el volumen de dinero distribuido irregularmente, se ha extendido la idea de que no ha habido lucro personal por parte de los responsables políticos y que sólo se trata de un modelo ilegal para la concesión de ayudas ideado por el gobierno del PSOE para lograr la paz social en Andalucía. Las defensas de los procesados han derivado el caso a asuntos excesivamente técnicos, como las llamadas transferencias de financiación –que es como se denomina el proceso administrativo de concesión del dinero- y otros conceptos bastante farragosos para la opinión pública. Y con esa estrategia han desviado la atención hacia las antípodas del verdadero fraude que se ha cometido en la Junta durante más de una década. La realidad pura y dura es que sí hubo enriquecimiento por parte de los principales procesados, en unos casos de manera directa y en otros de forma indirecta.

El sumario del caso desvela un sinfín de beneficiarios de estas ayudas que tienen conexiones familiares con quienes las concedían, además de nexos políticos o de amistad. La clave de los ERE no sólo está en que se otorgaban subvenciones saltándose todos los procedimientos legalmente establecidos de publicidad y libre concurrencia, lo que permitía a la Junta dar el dinero a su capricho esquivando todos los controles. También está en que un altísimo porcentaje de las empresas y personas que recibieron las ayudas forman parte de la telaraña clientelar del PSOE: eran familiares, militantes o simpatizantes.

Uno de los miembros de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil que han llevado a cabo la investigación lo declaró de manera muy nítida en el juicio: «Las ayudas eran opacas y se daban por vecindad, amistad o afinidad política». El agente incluso profundizó: entre los agraciados «hay muchísimos alcaldes socialistas» que se beneficiaron electoralmente en sus pueblos de este riego indiscriminado de dinero y muchos familiares directos de los políticos, mientras que «era imposible que un empresario cualquiera de una almazara de Jaén pudiera conocer» las subvenciones y solicitarlas.

En los ERE hubo una red de conexiones internas que atrapó al menos un tercio del dinero supuestamente destinado a solucionar los conflictos laborales de las empresas andaluzas. Dicho de una manera más clara: se formaron clanes. Familias enteras de socialistas cobrando prejubilaciones de compañías en las que no habían trabajado nunca, empresas de antiguos concejales recibiendo una lluvia de millones, municipios gobernados por el PSOE que obtenían inyecciones económicas que no tenían que justificar… Los dos expresidentes de la Junta implicados, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, estaban al tanto de todo esto porque los interventores alertaron de cuanto estaba sucediendo y porque acudieron a algunos municipios a atender a los sindicatos y aparecen en fotos junto a los conseguidores.

Consejeros como Gaspar Zarrías, José Antonio Viera y Antonio Fernández están en el centro de todo el entramado y beneficiaron a personas de sus respectivos entornos… ABC ha ordenado todos los atestados policiales en los que se detallan las relaciones personales del caso y ha sumado la factura de todas las ayudas destinadas a amigos y familiares. Los datos son muy claros: hay al menos 8 clanes que se traducen, entre prejubilados sin derecho y receptores directos de subvenciones, en 18 parientes, 85 militantes socialistas y 17 amigos declarados de los políticos. En total, 120 personas o empresas del entorno del Gobierno y 127 millones de euros en sus cuentas corrientes, aparte de las comisiones pagadas a las mediadoras y conseguidores, que duplican la cifra y que resumió de la forma más ilustrativa la madre del intermediario Juan Lanzas en su declaración ante la Guardia Civil: «Mi hijo tiene dinero para asar una vaca».

Coincidiendo con el inicio del curso judicial y la reactivación del juicio de los ERE a partir de mañana, este periódico desgranará cada uno de los ocho clanes en los próximos días con todos los detalles sobre parentescos y relaciones de afinidad o amistad. Pero, de entrada, aquí va un avance.

Clan de la Sierra Norte
Este clan tiene dos responsable políticos a la cabeza. Por un lado actuaba el director general de Trabajo, Francisco Javier Guerrero, que fue quien bautizó la partida de los ERE como «fondo de reptiles» en su primera declaración policial. Guerrero había sido alcalde de la localidad sevillana de El Pedroso, situada en la Sierra Norte. Por otro lado operaba José Antonio Viera, consejero de Empleo de la Junta que tenía una casa en la zona. La Guardia Civil los señala directamente en todos sus atestados como manijeros de todas las subvenciones que se repartieron por esta comarca. Todos los beneficiarios tenían relaciones directas con ellos. Guerrero metió a su suegra en un ERE. Viera tenía a su hija trabajando en la empresa de dos exconcejales socialistas que obtuvieron ayudas millonarias. Al menos cinco familiares directos, seis militantes del PSOE y cinco amigos fueron agraciados con esta lotería. En total, repartieron entre sus conocidos 56.401.307 euros. De hecho, su condición de benefactores era motivo de conversación en los bares. Todos los investigados declararon ante los agentes lo mismo sobre cómo conocieron las ayudas: «Se rumoreaba por el pueblo».

Familiares:
-Victorina Madrid (suegra de Guerrero)
-Sonia Viera (hija de José Antonio Viera)
-Jesús Caballos (hijo de José Caballos, diputado del PSOE)
-Madre de Juan Francisco Trujillo (chófer de Guerrero).
-Coflosur (marido de la secretaria de Guerrero)

Militantes del PSOE:
-Rafael Rosendo (alcalde de El Pedroso 1995-1999)
-José Enrique Rosendo (hijo del anterior)
-Ángel Rodríguez de la Borbolla (alcalde de Cazalla de la Sierra)
-José María Sayago (exconcejal del PSOE)
-Carmelo Montero (alcalde de Guadalcanal)
-Enrique Rodríguez Contreras (socialista natural de Las Navas de la Concepción)
-Antonio Diana (exalcalde de El Pedroso)

Amigos:
-Antonio Arquero (taquillero de la piscina de El Pedroso)
-Andrés Carrasco (churrero de El Pedroso)
-Juan Francisco Trujillo (chófer de Guerrero)
-Alejandro Millán (vecino de El Pedroso)
-Manuel Valdecantos (socio de José María Sayago)
-José Gómez (tabernero de El Pedroso)
-Eustaquio Reina (vecino)
-Antonio Diéguez (vecino)

Total: 5 familiares, 7 militantes del PSOE y 8 amigos.

Cantidad recibida: 56 millones de euros.

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Falconetti, el Gobierno de garzones, Maroto y la moto de la crispación
Federico Jiménez Losantos  Libertad Digital 2 Septiembre 2018

En su primer error grave al frente del PP, Casado ha asumido la doctrina de Soraya de que hacer frente a la peste amarilla de los lazos “favorece la crispación”.

Mientras Falconetti cruza Europa, vuela a América, chapotea en Africa y amenaza Asia y Oceanía, se acumulan los disparates del Gobierno Garzón-Boye, porque este no es un Ejecutivo de jueces, sino un Ejecutado por dos bufetes: el de un juez prevaricador que manda en Madrid y el de un condenado por terrorismo que dirige la defensa de Puigdemont y el Golpe.

En esta semana se han acumulado las noticias que prueban que los lerdos agavillados por el okupa monclovita insisten en atropellar la Ley que juraron, como Poder Ejecutivo, defender. Si se quitaran puntos por cada ilegalidad del Gobierno, Falconetti estaría ya más sancionado que Piqué.

El Gobierno se queja de los que atropella
La Portavoz eeehhh, del eeehhh, Gobierno, balbuceó este viernes que la familia Franco, eeehhh, en otras versiones la Fundación Francisco Franco, había "amenazado" al Gobierno. Ahora resulta que defenderse con la Ley en la mano de los atropellos del Gobierno es una amenaza. Aquí, la única amenaza es la de este Gobierno, que ha convertido el Ministerio de Justicia en la Casa de los Garzones, que ha encargado a Baltasar y su banda nada menos que la Justicia Universal, que tras abandonar al juez Llarena y tropezarse con un motín de jueces y fiscales ha rectificado pero ha filtrado, (antes perderá Garzón el pelo que las mañas) una astronómica minuta del bufete belga contratado, más falsa que esa Justicia Universal convertida en negocio particular -tres millones confesados este año- de la banda de Balti.

Si la ministra Delgado tuviera decoro, dimitiría, porque fue el propio Falconetti, naturalmente volando, el que la desautorizó públicamente. Ella esgrimió en su típico estilo ojiplático el argumento garzonoso o boyesco (al picapleitos Cuevillas no se le adjudica capacidad ni siquiera de calumnia) según el cual Llarena barbotó ocurrencias particulares contra el derecho de defensa y estaba muy bien puesta la demanda de Puigdemont. Aunque lo repita o rebuzne el otro Garzón, el Pitufo Gruñón, lo había adelantado en la tele Escolar, que comparte Boye con el golpista, de ahí que se atribuya la ideación contra Llarena al chileno, curtido en el terror de extrema izquierda cuando Allende, carcelero de la ETA en el secuestro de Emiliano Revilla y condenado a siete años de cárcel. Una joya, como Rodríguez Menéndez o Garzón, expulsado de la Justicia por prevaricación, que retrata al Colegio de Abogados y que ilustra la triste situación nacional, porque hoy Garzón en Madrid y Boye en Barcelona son los letrados con más poder de España.

La huelga de prostitutas empoderadas
Si la Ojiplática Delgado no dimite por falta de decoro, porque el Rey Baltasar y el paje Prada no le dejan o porque la Prevarijusticia Universal, sin la apoyatura del Gobierno de los Garzones, volvería a las zahurdas de Putin, Maduro, Kirchner y demás famiglias de progreso, debería al menos vigilar a la ministra Valerio, que tras confesar "el mayor disgusto de su carrera", larga cuanto nula, porque "le han colado el gol" de la legalización de un sindicato de prostitutas, ahora quiere revocar lo publicado en el BOE.

Es lógico que un Gobierno cuya idea fija es exhumar a Franco, que representa también la legalidad democrática, no en balde España pasó en la Transición "de la Ley a la Ley", sin abrir tumbas ni reprocharse muertos, acabe queriendo exhumar la cuna literal de las leyes, que es el BOE. Por supuesto, Falconetti se lanzó velozmente por la pendiente golpista, la suya, y dijo que un abogado del Estado se encargará de anular ese permiso legal concedido por la portera Valerio, que se enteró del gol en propia meta un mes después. Si seguimos por la pendiente futbolera para hablar de política, antes que aplicar el VAR de la prevaricación, o sea, el prevariVAR, a los autogoles del equipo de Falconetti, habrá que aplicarlo a la moción que le llevó al Poder, porque a la vista está su condición fraudulenta: dijo que iba a convocar elecciones de inmediato, por la emergencia moral que suponía Rajoy y ahora quiere quedarse en el Poder con separatistas y comunistas.

El veloz Snchz, la rauda Carmen de Cabra y Susana La Instantánea, diez años para que le terminaran la carrera de Derecho, han cargado, en nombre del feminismo, contra las colipoterras legalizadas y empoderadas, porque, tal vez para compensar que ayer se nos casó Pitita- usan la jerga podemita y hablan contra el capitalismo (cobrarán en bolívares y lingoticos de Maduro). Y como, según Falconetti, el suyo es un "Gobierno feminista" defienden y hasta declaran la ilegalidad de la prostitución, cuando lo ilegal en España es el proxenetismo y delitos conexos, como la trata de blancas, no la venta de servicios sexuales. ¿Exhumarán también el Código Penal?

El suegro (¿ex-proxeneta?) de Falconetti
Pues tendrán que exhumar también la hemeroteca, porque la fortuna familiar de los Falconetti, según las informaciones, no muchas pero muy detalladas en algunos medios -la más completa, la de Voz Pópuli-, parece provenir… de la prostitución. Precisemos: de la explotación comercial de la prostitución en la amplia red de saunas gay que Sabiniano Gómez, suegro del ahora Presidente tenía en Madrid y otras ciudades, entre ellas Sauna Adán, la mayor de Europa, en la calle San Bernardo. Cuando Sánchez se alzó con la Presidencia del PSOE, fracasó en las urnas y Susana Díaz quiso echarlo, empezaron a correr rumores y dossiers sobre el dinero caliente de los Gómez. El más triste se refería el trágico accidente de un fontanero que se electrocutó haciendo unas reparaciones en Sauna Adán y por el que Sabiniano Gómez, fue condenado como responsable civil subsidiario.

Pero el asunto de más enjundia política era el del juicio y condena de un concejal del PP de Palma de Mallorca que usaba una tarjeta black para frecuentar diversos lugares "de alterne", o sea, de sexo a cambio de dinero, en Palma y, ay, en Madrid, en la mismísima Sauna Adán. Y el nombre del local que aparece en la sentencia condenatoria del juez Carlos Izquierdo es ni más ni menos que el de "Sabiniano Gómez". O sea, que queda clarísima la propiedad del prostíbulo -camuflado como sauna- del padre de Begoña.

Durante la pelea por la Secretaría General del PSOE, el sector de Sánchez dijo que hacía tres años que Sabiniano había vendido su imperio. No decían por qué precio. Pero tras el asalto a la Moncloa, se ha exhumado un argumento más ridículo, según el cual el negocio prostibulario de los Gómez se cerró "mucho antes de hacerse público el noviazgo de Sánchez". Desconocía que el PSOE anunciara los noviazgos, sobre todo de jóvenes que aún no habían hecho nada en política. Pero no cuadra que si el imperio de don Sabiniano se vendió hace tres años -cuatro, cinco, como máximo- y los Sánchez-Gómez, ahora Falconetti, tienen dos hijas ya pollitas, nacieran varios años antes de que el PSOE supuestamente anunciara el noviazgo. ¿Y dónde y cuándo nacieron? Cambiarlas de colegio por disimular su riqueza ya fue malo. Cambiar su fecha de nacimiento las volverá locas, pobrecitas.

Imagino que cuando Falconetti dice que quiere abolir la prostitución -por decreto-ley, claro- quiere tapar el estigma de la fortuna de los Gómez. Pero es fácil desmentirlo. Ante la propuesta de legalización de Ciudadanos y la de ilegalización del PSOE, debería crearse una comisión informativa en las Cortes y que vaya Sabiniano. Pocos saben más del negocio del sexo. Como además han detenido en Grecia a una de las ONG más famosas por dizque ayudar a los ilegales del Mediterráneo -hasta Obama los recibió- y como Begoña ha estado sacando dinero público para estas organizaciones que pueden ser la tapadera legal de la mafia de trata de personas, que vaya también a explicarse. De paso, aclara su escandaloso nombramiento como sabia africanista por el IE, coincidiendo con el intento -aún pendiente del Gobierno- de compra de varios edificios de la SEPI en el centro de Madrid.

Maroto le vende a Casado la moto de la crispación
Pero si el Gobierno está criminal, la oposición constitucionalista en Cataluña, frente en el que se dirime la existencia misma de la nación, está de pena En su primer error grave al frente del PP, Casado ha asumido la doctrina de Soraya, esgrimida por Maroto, de que hacer frente a la peste amarilla de los lazos "favorece la crispación", infamia moral y disparate político que sólo en el enrarecido ambiente interno del PP puede prosperar. Maroto ha presumido públicamente de su inacción como alcalde de Vitoria ante atropellos semejantes de los etarras, como si haber asumido la doctrina nacionalista de "evitar la crispación", o sea que sólo puedan crispar ellos, no hubiera desanimado a la sociedad vasca y llevado al PP a la ruina actual.

Dice Maroto que valió la pena esperar a que la policía se encargara de hacer cumplir la Ley. Me parece estar viendo a Soraya con el abanico de locomía, esperando a la Brigada Aranzadi o a los Mocitos de Trapero. Que Maroto quiera vender la moto tiene explicación. Que Casado la compre, no. Lo peor, en rigor lo único irreversiblemente malo que puede hacer el nuevo presidente del PP es recordar a Rajoy y el sorayismo, que delegó en jueces y policías su responsabilidad. Esa cobardía mató al Gobierno y dejó medio muerto al partido. Se le votó para romper esa dinámica, no para renovarla. Consensuar algo con las arenas -en Génova las llaman unedisas- movedizas no es siquiera pan para hoy y hambre para mañana: es sumarse a la política que vino a combatir para ser luego defenestrado por los que la defendieron.

La trampa consensual no puede ser más idiota: diferenciarse de C´s. Hace una semana, como consignó escandalizada Cayetana Álvarez de Toledo, Rivera dijo en Onda Cero a preguntas de Arcadi Espada la misma sandez que repitió Casado pocos días después: que "un aspirante a la Presidencia del Gobierno no estaba para quitar lazos". El fin de semana siguiente rectificó y se fue con Inés a quitar lazos en Gerona. ¿Alguien se lo reprochó? Nadie. Ni siquiera los que ahora se lo reprochan a Casado. Es tan evidente el reto de los golpistas y la traición de Falconetti que no unirse a los ciudadanos en la resistencia es traicionarlos. ¿Cómo una persona inteligente, y Casado lo es, puede cegarse y no verlo?

Todos debemos rectificar
Pero necesitamos las rectificaciones de todos: de Ciudadanos, que no han sido pocas; del PP, que tienen que ser muchas; y también las de Vox, que ha demostrado con humildad y eficacia que aprende de sus errores. Los españoles no queremos que hagan milagros, pero sí que no estorben. Y si sirven a lo que dicen servir, aunque la política sea siempre egoísta, deben unirse para luchar contra el enemigo común, que es el de España. También en los medios de comunicación, por desgracia lo más degradado de España. En un mes, nuestra nación, no sólo el Estado en el Tribunal Supremo, habrá de afrontar retos decisivos. La política de partido, ya digo que inevitable, no debe perder de vista lo que está en juego. Hay que obligar a Falconetti a convocar Elecciones, sin esperar resignadamente a Mayo. Para entonces, algunas de las fechorías del Gobierno Garzón-Boye no tendrían remedio.

Las 10 pruebas que evidencian el fracaso de la política de apaciguamiento de Pedro Sánchez con Quim Torra

Pedro Sánchez buscaba relajar la tensión social y política en Cataluña con una política de apaciguamiento y vista gorda respecto a Quim Torra. Su fracaso, a sólo unos días del inicio del "otoño caliente catalán", ha sido innegable.
Cristian Campos El Espanol 2 Septiembre 2018

1. La guerra de los lazos: algo más que un fetichismo
Si algo demuestra la historia es que las independencias no se consiguen colgando lazos, sino colgando de ellos a los que se oponen a la secesión. Y quizá por eso Europa huye de ellas como alma que lleva el diablo y el proceso secesionista catalán no ha cosechado ni un solo apoyo internacional.

Al nacionalismo callejero, en fin, la fuerza se le escapa por el fetichismo de los lazos de plástico amarillo, una parafilia política vistosa pero intrascendente y sin resultados concretos en la práctica.

Más grave es el hecho de que ese fetichismo haya sido diseñado y esté siendo fomentado y protegido por los poderes públicos catalanes. Y, muy especialmente, por los Mossos d'Esquadra, una fuerza de 17.000 hombres armados que, a día de hoy, parece obsesivamente centrada en la protección de los intereses de sólo la mitad de los catalanes.

La respuesta del Gobierno español, por boca de Pedro Sánchez, ha sido pedir diálogo entre aquellos en Cataluña que controlan todos los resortes del régimen (políticos, presupuestarios, mediáticos y policiales) y aquellos que no controlan ninguno. En el mejor de los casos, un brindis bienqueda al sol. En el peor, puro cinismo.

2. No van contra Llarena: van contra el Estado de derecho
Tras ser recibido Quim Torra en la Moncloa, y mientras fontaneros del Gobierno y la Generalidad trabajan en un acuerdo "aceptable" para el nacionalismo, Carles Puigdemont y su abogado Gonzalo Boye han presentado una demanda contra el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena frente a la Justicia belga. Una demanda sin fundamento jurídico, manipulada y sospechosa de fraude procesal cuyo objetivo no es ya el juez instructor del TS, sino la credibilidad de la Justicia española en pleno.

Una andanada de la democracia española a la que el Gobierno respondió en un primer momento abandonando al juez Llarena en manos del nacionalismo para rectificar después, forzado por la rebelión de una amplia mayoría del Poder Judicial.

3. Un otoño caliente: a la espera de un Maidán español
El nacionalismo lo ha anunciado por activa y por pasiva: la Diada del próximo 11 de septiembre será el pistoletazo de salida para un mes en el que se intentará tensar al máximo el clima social en Cataluña e, indirectamente, las relaciones con el Gobierno central.

Torra y Puigdemont sueñan con un Maidán español, con el bloqueo de infraestructuras clave, con acampadas callejeras permanentes y con actos masivos de desobediencia "civil". Idealmente, con la ocupación de organismos clave, como las Delegaciones de Gobierno. Tras la deserción del Gobierno en Cataluña, que eso ocurra depende sólo de dos factores: el azar y la voluntad de las masas independentistas.

4. ¿De qué sacrificios habla Torra?
"Habrá que defender la república catalana. Hay que pensar en los sacrificios que habrá que hacer para hacer efectiva la república" dijo este viernes, en Perpiñán, el presidente de la Generalidad catalana.

Torra no especificó a qué tipo de sacrificios se refería, pero esa es la mayor de las peores virtudes del nacionalismo catalán: su habilidad para retorcer el lenguaje y el verdadero significado de las palabras de manera que una misma expresión ("hacer sacrificios") puede ser interpretada de una u otra manera por distintos sectores sociales. Como una llamada a salir a la calle a colgar lazos, para el jubilado que vota al PDeCAT, o como una llamada a incrementar el nivel de agresividad en las calles contra los catalanes no nacionalistas, para el hiperventilado de la CUP.

5. ¿Diálogo o chantaje?
No parece que el plan de Pedro Sánchez para "solucionar" el tema catalán fuera más allá de una genérica apelación al diálogo destinada a agotarse una vez escenificada entre grandes aspavientos.

Pero una vez representada la obra teatral de la reunión entre Torra y el presidente del Gobierno, y agotado ya el sonsonete del "diálogo", el nacionalismo ha respondido como era de prever: con un ¿qué hay de lo mío? al que Sánchez no puede ni podrá dar respuesta por su falta de apoyos en el Congreso de los Diputados para las reformas de calado.

Torra y el Gobierno catalán, por su lado, no han retrocedido ni un solo milímetro en sus exigencias. Su línea roja es un referéndum de independencia prohibido por la Constitución y eso confirma que el "diálogo" con el nacionalismo jamás ha sido un "diálogo", y ni siquiera una "negociación", sino tan sólo un chantaje en el que los acuerdos siempre han beneficiado a uno de los bandos "dialogantes".

6. Mejor preso independentista en Lledoners que ciudadano catalán constitucionalista en un pueblo de la Cataluña profunda
Vistos los privilegios de los que disfrutan los presos independentistas en las cárceles catalanas y el acoso, las amenazas y los señalamientos a los que son sometidos los catalanes no nacionalistas en los pueblos de la Cataluña profunda, parece obvio que el traslado que el Gobierno socialista debería haberse planteado en su momento no era el de los presos catalanes a prisiones cercanas a sus localidades de residencia, sino el de los catalanes constitucionalistas a ciudades en las que impere el Estado de derecho. Es decir a cualquiera en la que no gobiernen Podemos o el nacionalismo vasco y catalán.

7. Muecines independentistas y bolsas de mierda colgadas de las vallas
Ningún observador externo y 100% imparcial podría calificar más que de patología psiquiátrica la degeneración surrealista de las escenificaciones independentistas. Llamadas a la "resistencia" por megafonía en Vic, bolsas de basura amarillas rellenas con mierda junto a un cartel de "Rivera quita estos", cruces de madera en las playas, lazos amarillos en monumentos protegidos o pintados en parajes naturales protegidos…

El proceso separatista ha dejado de ser un movimiento ideológico para convertirse en un amalgama de violencia política y esperpento que deja una pregunta en el aire: ¿Qué tipo de sociedad crearía el independentismo si sus ideas llegaran a triunfar?

8. El acoso de los Mossos a los catalanes no independentistas
Un paso más en el acoso institucional catalán a los discrepantes, espoleado por la inacción de un Gobierno que ha convertido el apaciguamiento no en un medio para llegar a un fin determinado, sino en el mismo fin de su política respecto a Cataluña. Identificaciones arbitrarias, acoso y sanciones por parte de los Mossos están al orden del día y han convertido la actividad de retirar simbología independentista de las calles en una actividad de riesgo.

Examinados los hechos, no resulta difícil adivinar que el separatismo está testando los límites de la paciencia del Gobierno central: todo el terreno que ocupe ahora el nacionalismo es terreno que jamás será recuperado para el Estado. El paso dado ha sido enorme. En Cataluña se ha pasado de normalizar el hecho de que se le impida a los niños estudiar en español en las escuelas a normalizar el de que la policía tome partido por uno de los bandos en conflicto y ejerza de fuerza de choque del independentismo.

9. Una retórica guerracivilista
Quienes creían que Torra moderaría su retórica una vez instalado en el palacio de la Generalidad y después de que Pedro Sánchez le acariciara un poco el lomo han debido ejecutar un aterrizaje forzoso en la realidad: sus declaraciones de las últimas semanas no desentonarían en el panorama social y político de la España de 1936.

Quienes a ello responden que son sólo aspavientos sin consecuencias en la práctica olvidan que en la Cataluña separatista ese ha sido, siempre, el primer paso para la ocupación por parte del nacionalismo de nuevos espacios políticos, legales y mediáticos.

10. Los constantes viajes de pleitesía a Bélgica
Existen dos Cataluñas sociales y dos Cataluñas políticas. La Cataluña social está dividida entre nacionalistas (que incluye a los independentistas y a los equidistantes) y los constitucionalistas.

La Cataluña política está dividida entre la Cataluña institucional oficial, paralizada desde las elecciones de diciembre de 2017, y la Cataluña institucional paralela: esa que se mueve por el palacio de la Generalidad y el Parlamento como si ya se viviera en una república independiente y en la que se rinde pleitesía periódica a un supuesto presidente legítimo en el exilio, en realidad un prófugo de la Justicia en cuyas manos descansa, eso sí, el futuro político de Pedro Sánchez gracias a un arma nuclear llamada "elecciones anticipadas".

Es Pedro Sánchez el que ha puesto ese arma en manos de Carles Puigdemont al no reactivar un 155 que a día de hoy, desaparecido el Estado de derecho de la región y con la sociedad catalana abocada a un enfrentamiento civil que se prevé duradero y de intensidad desconocida, es más imperativo incluso que en septiembre y octubre del año pasado.

Lazos que ahogan como sogas
FRANCISCO ROSELL El Mundo 2 Septiembre 2018

En el opresivo universo totalitario de 1984, George Orwell recoge el rito diario de estigmatización del otro en un ceremonial bautizado como "Dos Minutos de Odio". Inspirado en la persecución estalinista del trotskismo en la extinta Unión Soviética, los habitantes de Oceanía estaban obligados a concurrir en este acto de exorcismo ante una pantalla con imágenes de Goldstein, al que profesan un odio cerval, aunque sólo sepan que merece ser odiado y que, por merecerlo, es designado "enemigo".

Como la realidad imita al arte, quienes participan de querencias despóticas suelen hacer su propia adaptación de la conocida distopía. Así, en la Cataluña que Orwell homenajeó tras intervenir en la Guerra Civil y que hoy es esa "masa de mentiras, evasivas, estupidez, odios y esquizofrenia" que configura el autoritarismo nacionalista al decir del propio autor británico, se ejercita cotidianamente ese rencor bilioso contra el disidente. No se le caracteriza con los rasgos simiescos de Goldstein, el antagonista por antonomasia del Gran Hermano y cuya mera existencia legitima el régimen de esclavitud de los habitantes de Eurasia, pero se le da el mismo trato animal.

Así, el mentecato alcalde separatista de L'Ametlla de Mar llama "bicho" a Arcadi Espada por garabatear un par de rayas rojas sobre el lazo amarillo de una rotonda, un energúmeno grita "Marrano, fuera de Blanes" al dueño de un bar que se reserva el derecho de admisión para no ser uniformado con el lacerante lazo y un camorrista le vocifera "extranjera de mierda" a una vecina que deshace los lazos que le salen al paso, al tiempo que el bravucón le parte la nariz de un cobarde puñetazo. Junto a sus víctimas directas, esa violencia de baja intensidad, pero letal en sus consecuencias por sugerir las depuraciones étnicas de las repúblicas balcánicas, desencadena una onda expansiva que supone un aviso de navegantes. En cabeza ajena, todo catalán comprueba las secuelas que, en sus vidas y haciendas, puede acarrearle salirse de la vereda que encarrila hacia el aprisco de la dictadura silenciosa. En estas circunstancias tan comprometidas, el silencio es una forma de suicidio.

No es seguro que el común de los catalanes aprecie como tales estas bestialidades y desafueros. Inoculados con el infeccioso virus nacionalista no sólo no condenan las malas acciones de los suyos, sino que tienen una increíble capacidad para ni siquiera darse por enterados. Igual que le ocurría a muchos alemanes con las agresiones a los judíos primero y luego a otros más. En One, two, three, Billy Wilder lo sintetizó certeramente en una genial escena. En aquella Alemania de la Guerra Fría, uno de los personajes inquiere a otro sobre qué hacía durante el mando de Adolf Hitler. "¿Adolf? ¿Qué Adolf?", se sorprende. "Tenga en cuenta -se justifica ante el sorprendido interlocutor- que, en aquellos años, era conductor de metro y allá abajo era difícil enterarse de lo que pasaba arriba".

Al margen del espacio mediático que domina el secesionismo por medio de TV3 y los satélites que orbitan alrededor de la televisión pública, esa socialización del odio encuentra un marco característico en ayuntamientos como el de Vic. Tras plantar 2.500 cruces amarillas en su plaza mayor, lo que propició un incidente con un conductor que se vio arrollado en su derecho al libre movimiento, ahora el consistorio hace sonar consignas, al modo de aquella hipnopedia que persuadía en sueños a los habitantes del Mundo feliz de Aldous Huxley.

Con la puntualidad del reloj de iglesia dando las ocho campanadas, insta a los vecinos a no desviarse de la independencia y a tener presentes a los golpistas, empecinados en presentarlos como presos políticos cuando no son otra cosa que políticos presos. En el lenguaje oficial de la Cataluña orwellizada, las mentiras se convierten en verdaderas y el crimen se transforma en obra respetable.

Pero ojo, la mentira no es un mero instrumento para conseguir el fin que persigue el nacionalismo, sino algo intrínseco sin lo cual éste no podría sobrevivir. En consecuencia, la lucha contra ese patriotismo echado a perder es una cuestión política, desde luego, pero esencialmente moral. Ello justifica plenamente a esos resistentes ciudadanos que están librando, con el arrojo de la desesperación, una batalla capital en favor de la libertad. Con su coraje cívico, hacen bueno aquel aserto del primero de nuestros filósofos de que aquello que no hace el pueblo se queda sin hacer.

Todo ello debido al desamparo del Gobierno, al desnorte de algunos partidos constitucionalistas que no están a la altura de las exigencias del órdago en marcha y la equidistancia de cierta inteligencia que se arroga ser «la conciencia del mundo», pero permanece sorda y ciega ante un proceso que no es de hoy ni de ayer, sino que está ahí desde el principio. Si es que, en el colmo del absurdo, no se criminaliza a esta resistencia cívica, poniendo del revés la verdad y corroborando que, en este país de viceversas, al que grita ¡Fuego! lo llaman incendiario.

Visto con perspectiva, esta condescendencia, rayana en la displicencia en algún epatante caso, rememora la impotencia que removía las entrañas y empapaba en alcohol al escritor Joseph Roth. Como se recoge en el conmovedor epistolario entre ambos genios de la literatura universal, Roth no podía entender la actitud contemporizadora de su amigo y benefactor Stefan Zweig con la Alemania hitleriana, confiado éste en que la situación habría de mejorar indefectiblemente antes de precipitarse en el horror criminal. "¿Aún no lo ve usted? La palabra ha muerto, los hombres ladran como perros", espeta a quien, a la postre, advertiría tardíamente aquella "filial del infierno en la tierra" que fue el Tercer Reich. En la Alemania de 1933, el autor de La marcha Radetzky -la gran crónica novelada del ocaso de los Habsburgo- ya atisbó que todo conducía a una nueva guerra. Ante la imposibilidad de hacerse oír en medio de aquella locura y tras arrojar al suelo la espada de la razón, Roth saldría corriendo de aquella casa en llamas.

Por eso, contrariamente a lo declarado por la fiscal general del Estado, María Jesús Segarra, lavándose las manos con la jofaina y la palangana de Poncio Pilatos, no se pueden considerar sendas muestras de libertad de expresión tanto la colocación de lazos amarillos -mucho menos si estos se enseñorean de fachadas y balcones oficiales- que su retirada por parte de los acosados con esas insignias que denigran la democracia española por parte de quienes invaden el espacio público y allanan sus derechos fundamentales. Como bien expresa la reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sobre la decisión del Consistorio de Sant Cugat de instalar una bandera independentista en una plaza, la "ocupación permanente por un elemento que representa una opción partidista, con vulneración de los principios de objetividad y neutralidad", entraña "la privatización del espacio público de uso común". Para el Alto Tribunal, no constituye un acto de obligado cumplimiento obedecer a una decisión del pleno municipal ni puede invocarse el derecho a la libertad de expresión atendiendo a la jurisprudencia del Constitucional.

Empero, a lo que se ve, este veredicto, como tantos otros, ha ido a parar a la papelera municipal, pero también a la de la Fiscalía General del Estado, cuando su doctrina podría extenderse, en pro de la "neutralidad institucional", a otras invasiones del ámbito público por símbolos independentistas. Es difícil entender algunas cosas cuando tu cargo depende de no entenderlas. No obstante lo cual, no caben equidistancias, sin claro menoscabo del Estado de derecho, entre el cumplimiento de la ley y su vulneración.

Con esa actitud tan negligente, se entiende que el Gobierno tratará de colar de matute como un asunto entre particulares la fraudulenta querella de Puigdemont contra el juez Llanera, cuando se trataba de una desautorización en toda regla del Estado de derecho en España ante los tribunales belgas. Afortunadamente, pese al entripado de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, cuyo enfermizo sectarismo la inhabilita para el desempeño de función tan principal, al Gobierno no le ha quedado otra que dar su brazo a torcer por mero decoro institucional. En su común política de apaciguamiento con el secesionismo, tímida si se quiere con Rajoy o temeraria con Sánchez al deberles la Presidencia, la independencia judicial de que ha hecho gala el magistrado Pablo Llarena en la instrucción del golpe de Estado del 1-O se ha revelado de gran incomodidad para ambos presidentes y de plena garantía para la defensa de los intereses generales de los españoles.

Primordialmente, esos lazos amarillos no encierran un acto de protesta. Ambicionan estigmatizar a quienes no asumen el credo independentista y ahogar como sogas a los discrepantes del nacionalismo obligatorio, condenados a sentirse extranjeros en su propio país. A este respecto, la claudicante deserción del Estado ha llegado al extremo de que, sin necesidad de proclamar la independencia, el separatismo ha logrado aquella aspiración que Macià prefiguró en su Constitución Provisional de 1928 en La Habana. En su artículo 115, se disponía que, a la mayor brevedad, una vez proclamada la independencia, los ayuntamientos harían desaparecer de su término todo vestigio público que rememorara personajes, hechos o cosas relacionadas con España. Sin consumar la separación, todo ese proceso se ha hecho a la vista de todos y sin que la mayoría dijera nada.

En ese brete, carece de sentido que el nuevo presidente del PP, Pablo Casado, por diferenciarse de Albert Rivera y de Ciudadanos, se niegue a participar en la retirada simbólica de esos lazos ominosos. Cuando le correspondería arropar ese encomiable movimiento de resistencia contra el totalitarismo secesionista, el bisoño líder del PP arguye que lo hace para "evitar la crispación". Una muletilla -parece olvidar- que antaño tanto se empleó como arma arrojadiza contra aquel PP que se curtió saliendo en defensa de las víctimas del terrorismo etarra. Claro que han de ser las instituciones quienes lo hagan, pero una manera de inferir su inexcusable misión es esa.

Si Pablo Casado quiere darle una nueva impronta a la organización, y eso fue lo que resolvió el cónclave de su elección, ello no debiera ser excusa para el nuevo líder de un partido que cuando intervino la autonomía catalana por medio del artículo 155 no supo usarlo ni tan siquiera para desprender esos ignominiosos lazos de los frontispicios de las consejerías. Al modo del príncipe de Lampedusa, Mariano Rajoy lo cambió todo para que todo siguiera exactamente igual. De esta guisa, los independentistas han podido reemprender con renovados bríos e igual osadía el trabajo dejado a medias en octubre.

Casado, haciéndose perdonar la vida, no volará del nido. Mucho menos cuando, ante este proceso imprevisible en su desenlace, una España en vilo se guía por un Gobierno que no es tal, sino que confiesa ser un comité electoral. Lo timonea un presidente veleta que tiene una opinión diferente para cada hora del día en función de cómo varíe la dirección del viento demoscópico y cuya palabra se deprecia a la velocidad del bolívar venezolano. Se enfrenta a un Govern que tampoco es tal, sino un comité revolucionario que, cual remedo de la nave de los locos, capitanea el prófugo Puigdemont por medio de su segundo de a bordo Torra. Ambos prosiguen, lazo en mano como los cuatreros del Lejano Oeste, el abortado golpe de Estado.

Consenso inútil
Un Gobierno que lo hace todo sin el menor consenso, monta ahora el paripé de la concordia en el cambio de horario
Antonio Burgos ABC 2 Septiembre 2018

Con letra del bolero del mexicano Roberto Cantoral habré de decirle al reloj que no marque las horas, ni la de invierno ni la de verano, porque al final tendremos, como en todo, como en las bolsas de los supermercados o en el diésel, lo que quiera Europa. Y porque de momento ha dejado en evidencia al Gobierno, como el Sindicato de las Trabajadoras del Sexo, pero sin gol por la escuadra. Este Gobierno Bonito del Guapo Sánchez, que no eligieron más que los enemigos de España, de la Monarquía, de la Iglesia y de la Constitución de 1978, ha anunciado que en el debatido asunto del horario con el que nos quedamos, si el de invierno o el de verano, «buscará un gran consenso» y nombrará a una comisión de expertos. ¿Ustedes no han oído hablar del chocolate del loro? Pues esto del cambio de horario es el Reloj del Loro. Así que un Gobierno que hace de su capa un sayo y se pasa por el forro de las carteras de los ministros a la oposición, a los partidos que realmente sí fueron votados mayoritariamente, que lo hace todo por una suprema razón, sin consultar con nadie ni buscar el menor consenso, porque le sale de los co...nsejos de ministros, monta ahora el paripé de la concordia en una materia tan absolutamente secundaria cual el cambio de horario. Que no sé cómo no le han aplicado ya la malhadada Memoria Histórica sin consultar con nadie, cual suelen, y arrollando y arrasando. Pues sabrán que España está en el huso horario donde anda, el mismo de Berlín y no el que geográficamente le corresponde, porque puso así los relojes el General Franco para quedar bien con Hitler. Algo así como la División Azul, pero sin héroes de la Patria contra el comunismo. Hubiera bastado con que le hubieran aplicado a la hora el mismo decreto que al Valle de los Caídos, en la misma collada, para que nos hubieran puesto en nuestro sitio, y que salga el sol por Antequera a la hora que les dé la gana, que es lo que está haciendo el okupa de La Moncloa en todo, durante el tiempo en que no está montado en el Falcón camino de sus cuchipandas o en el «Air Fors Juan» en viajes transatlánticos absolutamente innecesarios, en cuyos vuelos le entra la misma peligrosísima verborrea que al Papa Francisco cuando se monta en un avión y sale a hablar con unos periodistas que mueren y matan por encontrar un titular.

Así que a la vuelta de los baños nos encontramos a España mucho más descuajaringada y en tenguerengue que cuando la dejamos el día de San Ignacio, y vemos que se está haciendo verdad lo que anunció Alfonso Guerra: no la conoce ni la madre que la parió. Mas para nada de eso de destruir a España busca este Gobierno ni consenso ni concordia. Mira para otro lado en el cada día más grave proceso de independencia de una Cataluña llena de lazos amarillos, con la mala suerte que da el amarillo; lo mismo mete la quinta que pone la marcha atrás con la inmigración ilegal; reabre todas las heridas cerradas por la Concordia de 1978 con la Ley de Memoria Histórica que el cobardón de Rajoy no se atrevió a derogar; hace una purga a la soviética en TVE; evidencia con las subidas del IRPF para las rentas más altas que aquí quien manda de verdad es Podemos; acerca presos asesinos etarras a sus lugares de origen; quita y pone altos cargos y coloca a 3.000 amiguetes, 3.000; nos mete en el camino de la «venezuelización» saltándose al Senado... y para nada de esto busca consenso con nadie, porque todo es menos importante (¡por aquí!) que si horario de invierno o de verano. Y cuando alguien, como la vejada familia Franco, quiere ejercer sus legítimos derechos contra la profanación de tumbas dice que es una «amenaza» al Gobierno. Me imagino que será otra «amenaza» que el coronel de la Guardia Civil don Manuel Sánchez Corbí recurra su incomprensible cese como jefe de la UCO. Y todo así. Pero, nada, donde hay que buscar consenso es si en adelantamos los relojes o no los adelantamos. Yo, con que no tenga que atrasarlo a 1934 me conformo.

Cataluña, diálogo en un campo minado
El intento de distensión ha chocado con el empecinamiento de los secesionistas, y Sánchez, que ya tuvo que rectificar en el caso de Llarena, ya amenaza con otro 155
T. N. La voz 2 Septiembre 2018

Pedro Sánchez se adentró con la bandera del diálogo en el campo de minas que es Cataluña. Y cada paso que da corre riesgo de explosión, que será aún más extremo en las próximas semanas.

Cuando estaba en la oposición, Pedro Sánchez apoyó la intervención de la Generalitat en aplicación del artículo 155 de la Constitución. Pero se esforzó en limar sus aristas. Esta mayor receptividad a tender puentes hacia el secesionismo catalán le facilitó el apoyo de los independentistas en la moción de censura, confiados en que la propia aritmética parlamentaria, con un Gobierno en franca minoría, les serviría para arrebatarle concesiones que con el PP en el poder habían sido imposibles. Sánchez hizo oídos sordos a la retórica independentista y prefirió atender solo a los hechos. Con palabras no se ataca al Estado, llegó a decir la vicepresidenta Carmen Calvo. Y el Gobierno trasladó a cárceles catalanas a los dirigentes políticos presos por su responsabilidad en el desafío secesionista. Convocó la primera comisión bilateral Gobierno-Generalitat en siete años. Y recibió en la Moncloa al presidente Quim Torra. Pero toda esta serie de gestos de acercamiento no ha recibido más que desplantes y nuevos desafíos por parte de las autoridades los dirigentes secesionistas.

Un desafío que ha ido creciendo en intensidad a medida que se acerca el primer aniversario del golpe a la Constitución perpetrado por los secesionistas en septiembre del año pasado y que concluyó con la declaración de independencia del 27 de octubre frustrada por la aplicación del 155. El empecinamiento de los independentistas, que se niegan a desandar el camino, y la presión por otro lado de Ciudadanos y de PP, que pugnan entre sí por liderar la línea dura y ocupar los espacios que va dejando el Gobierno, han arrinconado a Pedro Sánchez contra la pared. El jefe del Ejecutivo ha ido retrocediendo hasta volver a amenazar a Torra con el 155. Un viaje en círculo que puede acabar en el punto de partida tres meses después.

Por si tenía alguna duda de las verdaderas intenciones de los independentistas, los actos conmemorativos de los atentados de Barcelona y Cambrils del 17 de agosto del año pasado deberían haber servido para disipárselas. En su habitual juego de equilibristas, los secesionistas mantuvieron una cierta apariencia de formalidad en presencia del rey, pero aprovecharon todos los resquicios posibles para provocar. Desde la enorme pancarta contra el rey hasta la negativa del presidente de la Generalitat a colocarse junto al monarca. Los independentistas acabaron convirtiendo lo que debía ser una jornada de luto y solidaridad con las víctimas de los atentados, en un homenaje a los políticos presos. En un acto ante la prisión de Lledoners, Torra llamó a atacar al Estado. Por si a alguien le quedaba alguna duda. «Con una frase inaceptable como la de Torra no se ataca al Estado», fue la respuesta de la vicepresidenta Carmen Calvo, que prefirió mirar hacia otro lado.

Exceso de celo jurídico
También lo intentó el Gobierno con la presión de los independentistas contra el juez Pablo Llarena, al que han convertido en su bestia negra, hasta el punto de demandarlo ante los tribunales belgas en un evidente intento de coaccionar la instrucción de la causa por el desafío secesionista. El magistrado pidió amparo. Y el Ejecutivo, en una especie de juicio salomónico, optó por defender la soberanía jurisdiccional española mientras se desentendía de la defensa personal del juez. La airada reacción de la práctica totalidad de las asociaciones judiciales y fiscales, así como de PP y Ciudadanos, obligó al presidente a reaccionar unos días después reconociendo que la demanda contra Llarena es una cuestión de Estado. Una desautorización en toda regla de su ministra de Justicia, que Sánchez trató de disimular atribuyendo la decisión inicial a un exceso de celo jurídico de Dolores Delgado.

También en la polémica por los lazos amarillos, el Gobierno se ha visto obligado a cambiar de criterio. Inicialmente se desentendió del asunto, que consideró una cuestión de libertad de expresión. Hasta que la pugna para disputar los espacios públicos a los independentistas elevó la tensión en la calle y provocó, primero, la intervención de la Fiscalía para investigar a los Mossos por perseguir a quienes retiraban los lazos, y, después, para llevar el incremento de la tensión en las calles a una reunión de la junta de seguridad que se celebrará el jueves.

Los renglones quebrados de Pedro Sánchez
La premura de su llegada al poder y la debilidad parlamentaria de los socialistas han hecho que el Gobierno se vea obligado a rectificar y corregir sobre la marcha sus iniciativas políticas

La llegada al Gobierno le pilló a Pedro Sánchez con el pie cambiado y sin las fuerzas necesarias para tamaña empresa. Presentó la moción de censura forzado por las circunstancias y sin grandes esperanzas. Contra todo pronóstico, triunfó y entonces llegaron los problemas. Porque no tenía un programa pensado para gobernar. Porque su debilidad parlamentaria era, y sigue siendo, extrema. Porque su empeño en no atarse en compromisos políticos que lo hipotequen de cara a las próximas citas electorales merma considerablemente su margen de maniobra en las Cortes. Sánchez gobierna con un ojo puesto en las elecciones. Por mucho que hable de agotar la legislatura, sabe que eso es prácticamente imposible, y solo busca el momento que le resulte más oportuno para convocarlas. Y como él, están los demás. Todos los partidos se han colocado ya en modo electoral, así que la tensión y el enfrentamiento político crecerán exponencialmente en el futuro. Sin pausa, sin tregua. En medio de esta tempestad, Sánchez pilota la nave del Gobierno dando bandazos, a merced de las ráfagas de viento que le empujan por todos los puntos cardinales.
 
Independentismo en Cataluña
Torra engordará la Generalitat con 30.000 funcionarios más: 15.658 serán profesores
Agustín de Grado okdiario 2 Septiembre 2018

Bajo el pretexto de reducir la temporalidad, el Govern ultima unas oposiciones para reforzar una administración fiel a su causa
Noventa altos cargos, exdiputados y personal eventual del Govern destituidos por el 155 han sido ya recolocados

El independentismo no da puntada sin hilo. Bajo el pretexto de “reducir la temporalidad” en la administración catalana, el gobierno de Quim Torra ultima estas semanas la convocatoria de varias unas oposiciones que engordarán la Generalitat con 30.000 funcionarios más.

Con las arcas de la comunidad autónoma catalana en números rojos (77.740 millones de deuda, la mayor de España), el ejecutivo independentista no está dispuesto a dejar pasar la legislatura, sea más o menos corta, sin haber perdido la oportunidad de seguir consolidando una administración fiel a su causa.

Según los planes de la Consejería de Políticas Digitales y Administración Pública, se convocarán 4.323 plazas de funcionarios de Administración y Técnicos, 15.658 profesores, 9.307 estatutarios del Instituto Catalán de la Salud (ICS) y 685 de personal laboral.

El consejero responsable de la convocatoria, Jordi Puigneró, ha explicado que en las convocatorias de nuevas plazas se valorará la capacidad digital de los aspirantes, requisito que se está tratando de cerrar con los sindicatos. Entiende Puigneró que la futura ‘república’ catalana será ante todo digital.

Como no podía ser de otra manera, la administración es una de las obsesiones del independentismo. Ahora, bajo el pretexto de la digitalización y la estabilidad laboral, 30.000 personas más pasarán a depender del presupuesto público. Jordi Pujol creó la administración de la Generalitat, pero ya en 1998 montó una comisión asesora para su modernización. Quince años después fue Artur Mas quien promovió otra comisión de expertos para la reforma de la administración pública.

Altos cargos restituidos
En paralelo al inflado de la administración, el gobierno de Torra se afana en restituir a los ‘damnificados’ por el 155. Noventa altos cargos, exdiputados y personal eventual del gobierno catalán destituidos por Rajoy en aplicación del 155 han sido ya recolocados por Torra. Son un tercio de los despedidos durante la intervención de la Generalitat por parte del Gobierno central. Se trata en su mayoría de personas vinculadas a JxCAT y ERC. La mayor parte de ellos han recuperado el mismo pueso de trabajo u ocupaciones parecidas, aunque hay casos de cambios significativos de responsabilidad o de ascensos.

Los más relevantes son los de los exconsejeros de Cultura y de Agricultura, Lluís Puig y Meritxell Serret, que han sido nombrados, respectivamente, director del Programa para el Desarrollo de Proyectos Culturales de Ámbito Internacional y delegada del Govern ante la Unión Europea. Puig y Serret huyeron a Bélgica en octubre del año pasado para evitar su procesamiento en España.

La reapertura de la ‘embajadas’ de la Generalitat permitirá a Torra ir reincorporando a más personas destituidas por el 155. Torra ya ha restituido a los delegados en el Reino Unido, Alemania, Italia y Suiza, además del delegado en Madrid, Ferran Mascarell, uno de los impulsores de Crida Nacional, la nueva fuerza política liderada por Puigdemont. Martí Anglada, que fue delegado en París, se quejó a través de las redes sociales que no fuera restituido en el mismo cargo. Finalmente, el Govern ha planteado que Anglada pase a dirigir la ‘embajada’ en Suecia.

Carmen Calvo, oráculo de Sánchez, portavoz de su gobierno feminista
“El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres” Platón.
Miguel Massanet diariosigloxxi 2 Septiembre 2018

Hemos visto gobiernos de todas clases, de derechas, de izquierdas, de vulgares politicastros o de expertos tecnócratas, de defensores de la democracia o de furibundos dictadores que no han tenido escrúpulo alguno si ha sido preciso, para conseguir sus propósitos, masacrar a una parte del pueblo que no les había rendido pleitesía; incluso han gobernado reyes o reinas con dispares modelos y fórmulas de dirigir a sus súbditos, según fueran absolutistas o pertenecieran a estirpes dedicadas a proporcionar felicidad y bienestar a sus ciudadanos. No obstante, la señora Carmen Calvo, uno de los pilares de este gobierno paritario que ha creado (podríamos decir que a su imagen y semejanza) el señor Pedro Sánchez, en una de sus comparecencias que tanto gusta de prodigar, nos ha hablado por primera vez de un nuevo tipo de gobiernos: el gobierno “feminista” que, por lo visto, es el que actualmente preside y dirige nuestro acurado Presidente del Gobierno. Y es que, esta señora de aspecto serio, de ceño huraño y expresión sincopada y tajante, no se priva nunca de hablar ex cátedra, expresando sus convicciones o las de su mentor, el señor Sánchez, con la seriedad y suficiencia de quién no admite réplica a sus argumentaciones.

Lo malo es que toda esta parafernalia no le priva de cometer, en sus declaraciones, pifias y errores que no se corresponden con personaje de tan alta categoría como es la que ostenta, por delegación expresa del señor Sánchez la señora vicepresidenta. Por ejemplo si el otro día incurrió en abultado disparate cuando habló de que con frases no se delinque, hace poco ha vuelto a insistir en algo que de puro sobado ya no debería ser motivo de discusión y menos de empecinamiento como sucede en el caso de todos estos que todavía no se han enterado de que, con el nacionalismo catalán, no hay quien pueda discutir de nada ya que sus premisas a cualquier discusión y concepto de lo que debe tratar en ellas es tan limitado y excluyente que, en todas las ocasiones en los que se les han dado ocasiones de departir con los respectivos presidentes del Gobierno español, de lo único que han pretendido hablar, no conseguido, ha sido de las condiciones, plazos, fechas y circunstancias en las que se podría plantear un referéndum en Cataluña sobre, el tantas veces mentado, derecho a decidir.

Puede que a un gobierno de una nación le tiente el solucionar los problemas por la vía más rápida, menos dura y más lógica de tratar las posibles diferencias mediante el diálogo, el estira y afloja, el “yo te doy para que tú me des” o el “te cambio esto por aquello”. En este tema que nos ocupa, de una forma u otra se lleva dialogando, por los distintos gobiernos que han intervenido en este contencioso con Cataluña, siempre en forma de un desesperante diálogo de sordos, porque los planteamientos de los separatistas nunca han variado a través de la serie de años que se viene discutiendo acerca de esta ruptura anunciada que, para los soberanistas, no tiene otra solución o enfoque que, el gobierno central de la nación, se preste a aceptar que se les conceda un gobierno independiente para el territorio catalán; algo tan absurdo e inimaginable que cualquier conversación sobre este tema no es más que una pérdida de tiempo y una cesión que nunca se les debe dar a los traidores a la patria que, por cualquier medio a su alcance, llevan intentando conseguir su propósito, cualesquiera que sean las malas artes de las que se hayan de valer ( aquí tenemos la repugnante campaña de Puigdemont y su compañía de prófugos de la justicia, encaminada a crear un ambiente de hostilidad y rechazo hacia la nación española, su jefe de Estado el Rey, sus instituciones y, en especial, su soberanía sobre la aplicación de Justicia.

Que a estas alturas las comparecencias de cara a la galería del presidente del gobierno, don Pedro Sánchez, se centren en repetir, como un ave psitácida cualquiera, con la machaconería que les es consustancial, que en Cataluña la solución está en el diálogo político, mientras Torra y su séquito de separatistas, como la CUP, ERC, la ANC y el Omnium Cultural se centran, sin desviarse de ni un ápice de su obsesión separatistas, en los dos puntos en los que vienen centrando su interés: la libertad de los presos que, para ellos, son políticos y en la celebración de un referéndum, en este caso pactado con el Estado, en el que los catalanes pudieran decidir si quieren seguir perteneciendo a la nación española o, por el contrario, deciden independizarse de la misma; en cuyo caso, es evidente, que la petición de independencia sería la única salida viable, según su forma de presentar los hechos, con una única particularidad ¡ que sería absolutamente inconstitucional y, en consecuencia imposible de llevar a cabo!

Lo que desearíamos que nos explicase el señor Sánchez o su oráculo, la señora Calvo, ¿qué es lo que quiere decirles a Torra o a sus compañeros de aventura, que no se les haya dicho por activa y por pasiva, tanto durante la época del gobierno del señor Rajoy, como desde que, el nuevo gobierno, ha entrado a gobernar la nación española? Es evidente que de lo que se trata es de ir intentando retrasar aquellas decisiones, evidentemente claras, que se deberán tomar si estos señores soberanistas, como vamos a ver dentro de unos pocos días, con motivo de la “diada” del 11 de septiembre y, con toda posibilidad, dependiendo del éxito de la primera manifestación que, sin duda, van a organizar para aquella fecha, cuando se celebre el primer aniversario del fallido e ilegal referéndum del 1 de Octubre, una consulta sin ninguno de los requisitos precisos para garantizar la legalidad, la limpieza y los requisitos esenciales para que cualquier consulta al pueblo se pueda considerar que se ha realizado con todas las garantías para que refleje, con claridad y sin la menor sombra de duda, la verdadera voluntad de la ciudadanía.

El insistir, tercamente, en la solución del “diálogo” nos hace sospechar que, lo que hay escondido detrás de tan repetitivo argumento, pueda rozar la ilegalidad y que, las conversaciones que ya existen entre ambas partes, preparatorias de la reunión que van a volver a celebrar Sánchez y Torras, puedan intentar preparar algún tipo de maquinación, añagaza legal

( recordemos la que tienen in mente Podemos y el PSOE para evitar que el tema de la elevación del techo de gasto, Lastra habló sobre ello, siga el trámite constitucional de su paso obligatorio por el Parlamento de la nación) o contubernio por el que Sánchez intente conseguir alargar el plazo que precisa para llegar a la fecha de las próximas legislativas, de modo que, en una nueva legislatura, se acordara alguna concesión, amparada en una modificación constitucional, si se consiguiera una mayoría suficiente que apoyase tal tipo de cambio.

Y un comentario sobre las señoras ministras de este nuevo gabinete en el que el señor Sánchez no ha regateado representación femenina. Si la señora Calvo, como ha dicho ella misma, se declara feminista, ¿cómo es que, ante la agresión que ha sufrido una señora que quitaba lazos amarillos de las calle, saliendo trompicada y herida del ataque de aquel energúmeno, no hemos oído a ninguna de las señoras ministras de su gobierno ni de las distintas asociaciones que tanto se dan a conocer cuando salen a las calles para pedir más concesiones en favor de las mujeres, que manifestase un apoyo incondicional, una repulsa en contra del atacante o una petición de que la Justicia actuase en su contra, algo que, vean ustedes, todas ellas se apresuraron a pedir cuando los de “la banda” fueron acusados de violar a una chica? Tenemos que pensar que el feminismo o, las feministas de este nuevo gobierno, sólo se preocupan y reaccionan cuando las afectadas por una agresión semejante pertenezcan a la izquierda o a los separatistas que se enfadan si alguien retira los lazos amarillos cuando, en realidad, se trata de un apoyo ilegal hacia unas personas pendientes de ser juzgadas por gravísimos crímenes sobre la unidad de España. Todo lo que se diga en apoyo de los presos o es ignorancia o demuestran que no son merecedores de esta independencia que solicitan, porque no son capaces de aceptar las leyes, algo imprescindible en cualquier democracia.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no podemos llegar a entender que, estando así las cosas en España y ante la falta de democracia que se viene notando en todos los ámbitos, quienes tienen la obligación de impedir semejante estado de cosas, sigan en la inopia, sin reaccionar y permitiendo que la escalada de delincuencia en contra de los derechos de los ciudadanos siga aumentando, ante la pasividad de quienes debieran dar ejemplo de defensa de nuestro ordenamiento jurídico.

El conflicto por los lazos amarillos profundiza la fractura social en Cataluña
Ante el aumento de la tensión, hay independentistas que sugieren zanjar el pulso por el temor de que se les vuelva en contra
La polémica de los lazos en el día a día: el dueño de un restaurante se enfrenta a los independentistas Atlas
cristian reino. barcelona / colpisa La voz 2 Septiembre 2018

«O baja la tensión o esto acaba a golpes». Es la opinión de un dirigente socialista catalán sobre la polémica de los lazos amarillos en Cataluña. Un pulso en la calle que ha hecho saltar todas las alarmas de la convivencia. Hasta la Junta de Seguridad de Cataluña abordará el asunto en su reunión de este jueves.

En solo una semana se han producido dos agresiones en la calle. La primera, contra una mujer que retiraba lazos con su familia en Barcelona. La segunda, contra un cámara de televisión en la manifestación que organizó Ciudadanos el miércoles pasado para apoyar a la mujer agredida. En el verano caliente, que se anticipa al otoño que se prevé aún más candente, se han contabilizado una treintena de incidentes.

Los independentistas se han lanzado a llenar las calles, monumentos, edificios públicos y playas de color amarillo para pedir la libertad de los dirigentes secesionistas que están en prisión. En el lado opuesto han decidido retirar la simbología de ese color para «limpiar» Cataluña.

Las iniciativas ciudadanas siempre han ido de la mano de una escalada verbal por parte de los líderes políticos. Quim Torra ha hablado de brotes «fascistas» contra los lazos y pidió a la policía catalana que actúe contra los «grupos agresivos». Albert Rivera e Inés Arrimadas se pasearon el miércoles por Alella (Barcelona), retirando símbolos con sus manos y tirándolos a la basura. Unos y otros se acusan mutuamente de poner en riesgo la convivencia.

De momento, el día a día en Cataluña es más bien tranquilo a pesar de la tensión política. Pero la chispa puede saltar en cualquier instante si las pequeñas batallas van a más y el conflicto político se sitúa en los parámetros de octubre del año pasado. ¿Está fracturada la sociedad catalana?, ¿hasta qué punto estos últimos incidentes son un síntoma y un anticipo de la quiebra de la convivencia o son casos aislados como trata de presentar el secesionismo, que niega la fractura social y admite únicamente la división?

Conflicto latente
«Hay un conflicto latente», afirma Gabriel Colomé, profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), exdirector del CEO y alto cargo del Ministerio de Exteriores a partir de mañana. «Hay fractura y cansancio», añade. «Es evidente que hay una fractura social», según Joan López Alegre, consultor de Comunicación, exdirigente del PPC.

Salvador Cardús, profesor de Sociología en la UAB y que formó parte del consejo asesor para la transición nacional que creó Artur Mas, niega la mayor: «No hay tensión en la calle», asevera. «Es como con la lengua, que alguno ha querido presentar como un conflicto», señala. Cardús, que en las pasadas elecciones se presentó en las listas de JxCat, considera que los últimos episodios ocurridos en los que se ha llegado a las manos «son expresiones verdaderamente aisladas» (la misma opinión del Gobierno catalán), que no cree que tengan «mucho recorrido». Es más, apunta que desde el propio soberanismo ya están surgiendo voces que piden dejar de insistir en la colocación de lazos, pues consideran que la guerra de símbolos «no lleva a ningún lado» y puede acabar perjudicando al propio movimiento secesionista, si se producen casos de violencia.

Batalla por la calle
Lo que se está librando con el pulso de los lazos es, según Gabriel Colomé, quién tiene la hegemonía del espacio público. A su entender, la novedad es que se ha roto la espiral de silencio que existía en la sociedad catalana hasta octubre del año pasado. Y ha ocurrido, según mantiene este profesor de Ciencia Política de la Universitat Autónoma de Barcelona, que una parte de la sociedad que en sus manifestaciones grita que las calles siempre serán suyas ha tratado de apoderarse del espacio público, poniendo cruces, lazos y esteladas por todas partes.

«Los lazos en el espacio público responden a una estrategia de amedrentamiento social, de imposición de una ideología única», según López Alegre. «Quieren implantar una república a la brava, por lo que necesitan el control del espacio público», señala. «Si no hay respuesta social, si no se quitan lazos, será un primer paso del éxito de su propuesta totalitaria», remata.

Cardús, desde la óptica soberanista, se niega a aceptar que se pueda poner en el mismo nivel colocar un lazo que retirarlo. Ponerlos es un acto de democracia. Sacarlos es limitar la libertad de expresión, considera.

Todos ellos coinciden en que incidentes siempre puede haber. «Puede pasar que salte la chispa», según Gabriel Colomé. El elemento preocupante, a su juicio, es el «clima de tensión que se está creando». «Un ambiente tenso que puede explotar por cualquier tontería», advierte.

«A los independentistas les da igual si hay violencia si al final el resultado da la obtención de la independencia», replica López Alegre.

Colomé considera en cambio que el deshielo «va a seguir su curso», porque, añade, «el escenario de un Gobierno que dice ‘hablemos’ desconcierta a los independentistas radicales».Una treintena de altercados dispararon todas las alarmas

La treintena de encontronazos entre partidarios de la independencia y personas que retiraban lazos amarillos o iconografía secesionista ya ha derivado en violencia en algunos casos. Estos son los más significativos.

-Agresión a una mujer en Barcelona. El 25 de agosto, una mujer recibió un puñetazo en la cara cuando retiraba lazos amarillos de la valla del parque de la Ciudadela, en Barcelona, junto a su marido y sus tres hijos. El hombre fue detenido y denunciado por un delito de odio. Antes, en abril, una mujer de 67 años también fue agredida por retirar lazos en Barcelona, y el 16 de agosto, en Canet de Mar, un hombre que estaba quitando simbología atacó con un cuchillo a una persona que se lo recriminó. El fotoperiodista Jordi Borràs fue agredido supuestamente por un policía el 17 de julio.

-Golpes a un cámara de Telemadrid en una manifestación de C’s el miércoles pasado en apoyo a la mujer atacada unos días antes en Barcelona. Fue confundido con uno de TV3 por llevar una camiseta con un dibujo amarillo.

-Cementerio de cruces en la playa de Canet (Barcelona). En mayo hubo una trifulca entre unos encapuchados que quitaban cruces amarillas que los CDR habían plantado en el arenal. Cuatro personas resultaron heridas y 13 fueron identificadas por la policía local. En Mataró, Llafranc y Calella se vivieron escenas similares.

-Un vehículo irrumpió en plaza mayor de Vich el 22 de julio para tumbar el cementerio de cruces amarillas que la ocupaba.

-Brigadas de limpieza en Tarragona y Gerona protagonizaron acciones nocturnas de retirada masiva de simbología secesionista. Visten como los que limpiaron las playas de chapapote, en Galicia.
 


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