AGLI Recortes de Prensa   Lunes 3 Septiembre 2018

Dictadura de verano
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 3 Septiembre 2018

En sólo un mes, ha perpetrado Falconetti tal cantidad de fechorías liberticidas, solo o en compañía de sus secuaces separatistas y comunistas, que, de no mediar la modorra de agosto y de tener una oposición decente, estaría en marcha una moción de censura para salvar nuestra libertad, que en manos de esta patulea corre mortal peligro. Ignorante cuanto arrogante, la bachillera Lastra declaró contrario a la soberanía nacional al Senado, una de las dos cámaras que la representan, porque la nación votó lo que Echeminga llama "la mayoría espuria del PP". Podían acudir a las urnas y ganarlo. Prefieren liquidarlo por decreto ley. O liquidar la Ley por decreto.

Siempre incumpliendo su palabra, el que dijo que la moción era una emergencia para convocar cuanto antes elecciones generales, ahora quiere esperar hasta que, según Carmen la de Cabra, consiga "la justicia social", que básicamente consiste en desenterrar mensualmente a Franco, siempre, claro, por decreto ley. Ahora ya no es para cumplir la Ley de Venganza Histórica sino porque quiere hacer un cementerio civil. Sin tocar la cruz, que dice que "a él no me molesta". A mí tampoco. Lo que me molesta es él.

También se ha cargado el techo de gasto y anuncia un montón de atracos fiscales, obedeciendo a Pablenin y su modelo venezolano, que, por cierto, se ha negado a llamar dictadura. En rigor, es un narco-matadero. Y como ha cogido el vicio con lo de Franco, también quiere exhumar el BOE, donde Valerio legalizó una asociación de prostitutas. No ha dimitido nadie, antes morir, por el "gol por toda la escuadra" que le han metido, según gimoteó la portera. Pero si quiere ilegalizar lo legalizado, debe llevarlo a las Cortes, no encargarlo al abogado del Estado.

Y lo que hace de este Gobierno algo intolerablemente golpista es la manipulación de la Justicia en favor del golpismo catalán, con guion de los bufetes de Garzón y Boye, a los que la ojiplática Delgado sirvió negando oficialmente el apoyo al juez Llarena. Lo hizo en los mismos términos del abogado de Puigdemont y Escolar, denunciado por estafa procesal tras manipular las palabras del juez. Días después, la desautorizó Falconetti. Aún no ha dimitido.

Un Gobierno de prestado, que depende de Torra, Urkullu, Iglesias y Otegi, sólo puede ser una zarrapastrosa tiranía. De verano, pero dictadura.

La izquierda y las urnas
EDITORIAL  Libertad Digital 3 Septiembre 2018.

Pedro Sánchez planteó su moción de censura a Mariano Rajoy para –dijo–encabezar un Gobierno de transición y convocar elecciones en el menor tiempo posible. Las promesas de los socialistas al resto de los diputados para obtener su confianza y hacer a Sánchez presidente incluían expresamente la obligación de llamar a las urnas "en un plazo corto", tal y como confirmó la hoy vicepresidenta, Carmen Calvo. Pues bien, la propia Calvo se ha encargado de despejar cualquier duda al rechazar de plano la convocatoria de elecciones anticipadas, pues, a su estupefaciente juicio, "no les convienen a los ciudadanos y ciudadanas (sic)".

Según este Gobierno, lo que le conviene a la ciudadanía es que se falsifique la Historia para fabricar odios cainitas, se cruja a los contribuyentes, se desboque el déficit público y se permita a los catalanes golpistas seguir atentando contra las libertades de todos. Y, por supuesto, lo que le conviene a la ciudadanía es que se la gobierne a golpe de decreto, a pesar de que una de las razones que esgrimió Sánchez para presentar la moción de censura contra Rajoy era que éste dialogaba poco en el Parlamento.

La estrategia de los socialistas refleja perfectamente el desdén con que la izquierda trata a los votantes, convertidos en mera carne de cañón para alcanzar y detentar el poder. Por eso cabe decir lo mismo de Podemos, que reclama para sí la representación exclusiva de un Pueblo al que desprecia cordialmente porque sabe que, con muy poderosas razones, jamás le confiará el poder.

Esto no es más que un clamoroso caso de despotismo por parte del socialismo menos ilustrado que imaginarse quepa. Las urnas son para esta izquierda ignara y siniestra un estorbo para sus planes liberticidas, y una amenaza directa para tanto bueno para nada que necesita parasitar el Presupuesto para seguir dándose la gran vida a costa de los esquilmados contribuyentes.

Cien días de Sánchez y parece una eternidad: tocan Elecciones ya
esdiario 3 Septiembre 2018

Sánchez tiene un pecado de origen imposible de olvidar: llegó a la presidencia sin ganar en las urnas y gracias al independentismo. Desde entonces, todo son malas noticias.

Pedro Sánchez alcanza sus primeros cien días de Gobierno con una sensación de agotamiento, improvisaciones, errores y contradicciones que aumentan su ya funesto pecado de origen: alcanzar el poder sin haber ganado las Elecciones y mediante un lamentable pacto con todos los partidos independentistas en pleno desafío a la España constitucional puede ser muy legal, pero es impresentable.

Tanto como para que el propio beneficiario de esa componenda, opuesta a la tradición del PSOE como herramienta vertebradora fundamental del país, la rechazara reiteradamente por perniciosa hasta cinco minutos antes de aprovecharse de ella para lograr así lo que los españoles con su voto, por dos veces en seis meses, le habían negado con contundencia.

Ha roto todos los consensos, incluyendo con los ciudadanos y las urnas, para sufragarse desde Moncloa su campaña electoral

Que nadie busque mayorías parlamentarias sin tenerlas primero en las urnas, especialmente cuando la distancia con respecto al ganador es sideral como en este caso, es algo más que una tradición que se respeta y aplica en toda Europa: es la única manera de combinar las posibilidades enriquecedoras de los sistemas parlamentarios, consagrados al pacto, con el respeto elemental a la opinión de los ciudadanos.

Si alguien debiera haber respetado este axioma era especialmente Pedro Sánchez, que hizo de la apuesta innegociable por la democracia directa de los militantes del PSOE el trampolín para, con infinita pero eficaz demagogia, vencer en sus Primarias a una torpe Susana Díaz. ¿Lo que valía para 100.000 afiliados socialistas no sirve para millones de españoles?

La economía española pierde velocidad en los 100 primeros días de Sánchez
Este antecedente supone ya una barrera casi insalvable para Sánchez, que carece de la autoridad y de la legitimidad que tuvieron todos sus predecesores, de cualquier partido, para ser percibidos como auténticos presidentes más allá de quién les hubiera votado: desde Aznar hasta Zapatero, pasando obviamente por Suárez, Felipe González y Rajoy; fueron presidentes de todos los españoles -incluso de quienes les detestaban- por haber comenzado sus mandatos con el plácet mayoritario de los ciudadanos.

El atajo de Sánchez, buscado a cualquier precio dentro y fuera del PSOE, no ha sido además una excepción, sino la norma en todas las decisiones que desde ese momento ha impulsado o intentando desde su pírrica realidad parlamentaria: el asalto a RTVE, con una purga bochornosa; el recurso al decreto-ley; la tolerancia hacia el independentismo; las concesiones económicas a Podemos o la colonización del Estado con un ejército de enchufados sin otro mérito que su cercanía al presidente; forman parte de la misma visión caciquil y muy poco democrática que le aupó a La Moncloa.

Blanquear al separatismo
Y si todo ello es deplorable en términos de democracia conceptual, también lo es a efectos prácticos. El separatismo, que no nace con Sánchez y no resulta sencillo frenar exclusivamente por su culpa, ha sido blanqueado y reforzado al concederle la llave del Gobierno cuando más aislado estaba por la acción conjunta de los poderes del Estado.

Lo que ahora se calla el Consejo de Informativos de TVE: purgas, manipulaciones, despidos y censura

La economía se ha empezado a ralentizar; la fractura social en Cataluña es más amplia que nunca y la recuperación de fantasmas del pasado en el viaje razonable de culminar la concordia nacional es un hecho provocado por la sustitución del afán de conciliación por el de venganza.

Sánchez se está pagando desde La Moncloa su próxima campaña electoral, pues es más fácil desarrollarla desde el poder que desde una agrupación, y todo lo que ha hecho para alcanzar el Gobierno y mantenerse en él obedece en exclusiva a ese objetivo. Y ya que es así, que al menos sea rápido: convocar Elecciones Generales con urgencia es una necesidad democrática nacional, más allá de cómo le vengan de bien o de mal a cualquiera de sus participantes.

Los costaleros de la infamia
Sin verdadera voluntad cívico-política, el sistema seguirá su corrosivo devenir
Diego Vadillo López diariosigloxxi 3 Septiembre 2018

Pasan muchas cosas a diario, muchas de las cuales requerirían de actuaciones inmediatas por parte de quien ostenta ciertas prerrogativas, por ser el ciudadano, o grupo de estos, aisladamente, poca cosa a la hora de emprender y acometer ciertas vías de solución, ya que las burocracias estatales se imponen como barreras arquitectónicas ante la desesperación del ciudadano corriente cuando este boga por “desfacer” sobrevenidos entuertos. No hay ya institución que defienda al ciudadano, ni siquiera que lo atienda con un mínimo de solvencia e interés, por lo que todos andamos a la deriva intentando capear el temporal de la mejor manera posible con los modregos aperos de nuestra propia insignificancia.

La suma de irresponsabilidades forja un sistema degenerado que tiende a abotargar a sus pánfilos sostenedores. A los costaleros de la infamia.

El Defensor del Pueblo es una institución testimonial que se defiende a sí misma de su incapacidad para defender consistentemente al susodicho pueblo, sosteniendo su permanencia con el mero sonido de los significantes que portan significados harto sonoros no llevados a la praxis como sería deseable.

El Fiscal General del Estado no es un fiscal de todos y para todos (aunque se apellide “General”) sino al servicio del presidente de turno que lo nombra quitando al que nombró el predecesor… y así todo. Como apuntaba el profesor José Antonio Gómez Yáñez: “La carrera de los altos funcionario es frustrante, dependen de sus relaciones personales y políticas para ascender, no tienen una trayectoria basada en méritos, van de unos destinos a otros cambiando de materia. Pero los políticos siguen encantados de repartir puestos funcionariales. Necesitamos Administraciones estables, con carreras de los funcionarios basadas en el mérito, la jerarquía, la especialización e impermeable a la política. Reducir la cantidad de personas que vive de la política” (1). No en vano, Santiago González-Varas escribía: “para hacer algo de interés hoy día socialmente hay que ser político. El resto podemos aspirar a hacer cosas y cosas, y hasta vivir bien, pero las decisiones o proyectos interesantes quedan en manos de políticos” (2) y continuaba: “para realizar cualquier proyecto de interés hay que seguir la senda del politiqueo” (3), una actividad consistente en aferrarse denodadamente al poder, lo que, como seguía apuntando González-Varas, de poco sirve al cuerpo de ciudadanos, por lo que el catedrático llegaba incluso a vislumbrar la demarquía como alternativa a este estado de las cosas (4).

“Necesitamos un proyecto de país basado en la sociedad, no en la política y las Administraciones” (5), afirmaba Gómez Yáñez, de lo que se desprende que hemos asumido que se trastoquen las esencias de un sistema saludable. Por ejemplo, los subsistemas económico y empresarial habrían de ser subsidiarios de lo social, y el Estado por su parte tendría que garantizar que así fuera, que para eso le detrae impuestos al conjunto de paganinis. Pero nada tiene visos de cambiar hasta que una gran mayoría del conjunto ciudadano, sin grandes alharacas, se ponga en su sitio y exija tranquila y seriamente que las cosas se hagan de otra manera a los “servidores públicos”, que es lo que habrían de ser aquellos que en realidad ejercen como servidores del poder financiero transnacional y que acostumbran a mirar con ostensible desdén a quienes no parecen poder botarlos una vez los votaron.

Influye mucho asimismo en la perlesía social la administración de los relatos que se nos lanzan desde los resortes mediáticos al servicio de los distintos poderes, a los cuales no siempre se accede desde el mérito; de hecho casi nunca van de la mano el esfuerzo y el éxito social; el talento y la capacidad de influencia política, una malversación, esta apuntada, que viene a ser una de las claves de la corrupción residente en el Sistema. Pau-Marí Klose se refería a la desigualdad como una de las claves que refuerzan la percepción de la citada corrupción, que se vería como algo irremisible, puesto que, aunque pueda incomodar, si se quiere progresar hay que pasar por ese aro de una lógica putrefacta, reflexión a partir de la que este profesor llegaba a la siguiente conclusión: “La mejor receta contra la corrupción son las políticas que favorecen la inclusión y la igualdad de oportunidades”, y lanzaba el siguiente consejo: “Acojamos pues con cautela las promesas de profetas que nos anuncian la posibilidad de erradicar la corrupción con un puñado de reformas institucionales, regalando los oídos a la ciudadanía indignada” (6).

Dicha ciudadanía, en efecto, habría de actuar responsablemente no apostando incondicionalmente a unos u otros predicadores ávidos de gloria personal su futuro. Solo así, en un momento dado, el ciudadano medio de la actualidad podría empezar a dejar de ser costalero de la infamia.

Notas
(1) Gómez Yáñez, José Antonio: “Un proyecto para la sociedad”, “El País” (26-4-2016), p. 13.
(2) González-Varas, Santiago: “¡Oh, poder!”, “La Razón” (28-4-2018), p. 19.
(3) Ibíd.
(4) Ibíd.
(5) Gómez Yáñez, José Antonio: “Op. cit.”.
(6) Klose, Pau-Marí: “Contra la corrupción, más igualdad”, “El País” (27-9-2016), p. 11.

La sibila de Cabra
Pedro de Tena  Libertad Digital 3 Septiembre 2018

Hay sibilas que, anulando la flecha del tiempo, son capaces de adivinar el pasado, el presente y el futuro.

Hay sibilas y sibilas. Las sibilas clásicas se limitaban a profetizar, a iluminar el futuro, a advertir de sus consecuencias y paisajes. Hubo muchas, de Cumas al Helesponto, pasando por Samos, Babilonia o Delfos. "Profiriendo con su convulsa boca graves palabras sin ornato ni perfume, años miles traspasa con su voz la sibila, porque así el dios lo quiere", se conserva de Heráclito. Fíjense, "años miles traspasa" la sibila. Pero hay sibilas que, anulando la flecha del tiempo, son capaces de adivinar el pasado, el presente y el futuro. Concretamente, una, nuestra y de Cabra, que responde al nombre de Carmen Calvo y vicepreside el gobierno frankoestein, se atreve con todo el tiempo.

En primer lugar, se atreve con el pasado. Dado que decide que la mejor manera de conocer el pasado es reinventarlo, se afana en la Comisión de la Verdad, una degradación del Ministerio de la Verdad de Orwell. "Si el Partido podía alargar la mano hacia el pasado y decir que este o aquel acontecimiento nunca había ocurrido, esto resultaba mucho más horrible que la tortura y la muerte", reflexionaba Winston en 1984. La sibila de Cabra, que no ha leído a Von Mises, claro, no comprende que "jamás la historia podrá abordarse más que partiendo de ciertos presupuestos, de tal suerte que todo desacuerdo en torno a dichos presupuestos, es decir, en torno al contenido de las ramas no históricas del saber, ha de predeterminar por fuerza la exposición de los hechos históricos". O sea, que tal Comisión, a menos que sea copada por la policía social-comunista del Pensamiento, sólo podrá reflejar las diferentes interpretaciones que ya se tienen, a 80 años de distancia, sobre lo que ocurrió.

Tal empeño –la sibila de Cabra no está atenta– puede ser fatal para una izquierda a la que la Transición le regaló, como al franquismo, el blanqueador perfecto de su historia desde el siglo XIX al naufragio republicano, la Guerra Civil y años siguientes: la reconciliación y sus olvidos como valor supremo para construir futuros. Pero, claro, memoria tenemos todos si alguien se empecina en hurgar en el pasado.

También se atreve con el presente. "No hay elecciones porque no conviene a los ciudadanos". ¿A qué ciudadanos? ¿A cuántos? ¿De qué silogismo lógico extrae la sibila de Cabra su conclusión? De uno muy sectario y muy sencillo: "Lo que conviene a los ciudadanos es conocido por sus auténticos representantes. No hay más representantes auténticos de los ciudadanos que el PSOE y la izquierda. Por tanto, si al PSOE y a la izquierda no les convienen las elecciones, a los ciudadanos evidentemente tampoco". No importan los hechos sociológicos que muestran que la mayoría de los ciudadanos quieren elecciones ya, ni importa que ella misma las anunciara "en meses" antes de la dolosa moción de censura. Los hechos no importan, peor para ellos dijo Lenin, sólo sus interpretaciones sibilinas.

Y, cómo no, la sibila de Cabra, famosa además por aforismos agudos como aquel glorioso de que "el dinero público no es de nadie", vaticina el futuro. Que sí, que lo dice ella, que va a haber presupuestos generales, que su líder carismático y crecientemente zapaterino, a golpes de decretos desde sus 84 diputados y a fuerza de contradecirse hasta el punto de dolernos a todos la cabeza, conseguirá el consenso entre nacionalistas vascos de derecha e izquierda, separatistas catalanes a diestra y siniestra, comunistas clásicos y avisperos podemitas varios nutriendo a cada cual con los mimbres que necesita. Y, sobre todo, logrará el acuerdo sobre su premisa axiomática: que una victoria del PSOE en las próximas elecciones, sean cuando sean, será buena para todos ellos.

Hay sibilas torpes y listas. Las avispadas se refieren a escenarios que no podrán ser comprobados durante su vida. Las lerdas no tienen en cuenta ese pequeño detalle. Juzguen la lucidez de la de Cabra si la realidad les da tiempo.

La Comisión de la Verdad (y 2)
José García Domínguez  Libertad Digital 3 Septiembre 2018

Esa idea tan problemática del presidente Sánchez, la de promover una Comisión de la Verdad sobre la guerra civil y la dictadura, tendría que apoyarse en muy sólidos motivos, dado su enorme potencial divisivo, para ser llevada a la práctica. Motivos que por un mínimo sentido de la responsabilidad y de la honestidad intelectual tendrían que ir bastante más allá del simple afán propagandístico, el propio de la reyerta política cotidiana. Y esos motivos no terminan de estar claros. ¿Por qué y para qué abrir ahora en canal el territorio más oscuro de nuestra memoria colectiva? ¿Para saber la verdad? La verdad, al menos lo fundamental de ella, se sabe ya. Y desde hace mucho tiempo. El inventario exhaustivo de las matanzas y los crímenes de lesa humanidad que cometieron los dos bandos con saña animal está ahora mismo depositado en los anaqueles de las bibliotecas, al alcance de quien quiera saber de él. Y también ahí se conserva catalogada la memoria documental de la parca piedad que los vencedores supieron tener después con los vencidos.

Pero, sobre todo, lo principal que hoy sabemos acerca de la verdad es que no sirve para nada conocerla. Porque da igual que se acuse recibo de los hechos si los hechos no importan. Y no importan. Está más que comprobado que no importan. Los crímenes contra los civiles y los religiosos cometidos por las distintas fuerzas que integraron en su día el bando republicano, crímenes del dominio público casi todos ellos gracias a la labor de los historiadores, no han provocado que se modifique en absoluto la adhesión sentimental que una parte notable de la población española contemporánea sigue manifestando hacia los perdedores de 1939. Y otro tanto de lo mismo ocurre con los que aún se sienten tributarios de la dictadura. Igual de documentados que los de sus contrarios, tampoco los parejos asesinatos de inocentes llevados a cabo por los falangistas y demás grupos alzados el 18 de julio del 36 han motivado que, casi ochenta años después de aquel carnaval de barbarie colectiva, la adscripción emocional del grueso de la base social del conservadurismo español deje de identificarse, siquiera en voz baja y en privado, con el régimen de Franco. Y eso, por desgracia, no lo va a poder cambiar ninguna Comisión de la Verdad. ¿Para qué entonces la iniciativa? ¿Para llevar a cabo otro ejercicio más de venganza intergeneracional, el enésimo de nuestra sanguinaria historia? ¿Solo para eso?

Los españoles nos pasamos dos siglos, el XIX y el XX, matándonos los unos a los otros casi sin interrupción. Y siempre los vencedores humillando a los vencidos. ¿Acaso no iría siendo el momento, llegado ya el año 18 del siglo XXI, de comenzar a admitir de una vez que los hijos no son culpables de los pecados que cometieron sus padres? Ni los hijos ni menos aún los nietos. En el fondo, y la idea no es mía sino de Ignatieff, que escribió un ensayo célebre sobre la Comisión de la Verdad en Sudáfrica, la fe de los defensores en el valor taumatúrgico de ese tipo de proyectos viene a ser una rémora de la fe en las virtudes curativas del psicoanálisis freudiano, solo que aplicado no a los individuos sino a las colectividades. Freud, es sabido, creía que hurgando con paciencia y una linterna en el pasado se le podría expulsar del presente. Pero Freud solo era un escritor, no un científico. Ningún individuo se ha curado nunca en el diván de un psicoanalista (ni siquiera en el de un psicoanalista argentino). Como tampoco ninguna sociedad ha exorcizado sus fantasmas históricos con una comisión de la verdad. Y nosotros no seríamos la primera. ¿Para qué entonces?

¿Para qué?
Si no hay periódicos del Estado, ¿debe haber televisiones?
Luis Ventoso ABC 3 Septiembre 2018

Si lo reflexionamos un instante, no tiene demasiado sentido que en las sociedades abiertas existan televisiones del Estado, del mismo modo que ya no se conciben los periódicos de propiedad estatal, anacronismo que solo pervive en rancias dictaduras tipo Cuba, pues esos diarios son aparatos de propaganda. Lógicamente, en las democracias occidentales tampoco contamos con editoriales comerciales del Estado, ni clubes de fútbol, buscadores de internet o empresas de videojuegos de la Administración. ¿Por qué siguen existiendo entonces los canales públicos de televisión? La primera justificación que se invoca es que constituyen «un servicio público». Suena bien. Pero, ¿cuál es ese «servicio»? ¿En qué se sustancia tan elevada vitola? ¿Qué aporta en concreto la televisión estatal que no pueda encontrarse en la inabarcable oferta de las cadenas y plataformas privadas? Cuesta hallarlo. De hecho, las cadenas públicas reservan su horario estelar al mismo tipo de chabacanerías que dan audiencia a sus rivales comerciales. El segundo argumento a favor de la televisión pública es que garantiza «la pluralidad y objetividad informativa». Y aquí nos sobreviene un síncope de carcajada. No existe televisión pública en España, ni antes ni ahora, ni estatal ni autonómica, ajena a la presión partidista, que no haya recibido la presión del Gobierno de turno para convertir sus informativos en un botafumeiro del poder. Esto ocurre muy acusadamente en el órgano independentista TV3, donde la propaganda es grosera, sin embozo. Pero todas las autonómicas reman para sus gobiernos, sean nacionalistas (ETB), socialistas (Canal Sur), o del PP (TVG). Salvo que logren liberarse de la batuta estatal, lo cual es harto difícil, las televisiones públicas vician la democracia, pues son un formidable agente informativo plegado al poder. También subvierten el libre mercado, pues se costean con nuestros impuestos, pero compiten con rivales sin tal ventaja.

Solo encuentro dos razones que justifiquen hoy RTVE: la defensa activa de la cultura española -esencialmente la lengua- y fomentar entre el público la idea de España, algo vital cuando está siendo erosionada por una campaña eficaz y sostenida de los separatistas. ¿Pero da RTVE esas batallas? Es discutible, y cada vez lo hará menos, porque nuestra izquierda es alérgica al patriotismo español.

Siempre ha habido cierto grado de presión sobre TVE. Pero desde los días del principal colaborador de Sánchez (léase Franco), no se había visto un sometimiento de la televisión pública tan zafio y poco inteligente. El rencor ideológico del mal llamado «progresismo» está tan envilecido, y el nivel intelectual de Rosa María Mateo es tan ramplón, que van ya un centenar de profesionales purgados, incluidos locutores que se limitaban a leer lo que se les ponía delante. Pero quién sabe, tal vez la comisaria Mateo ha logrado leer en sus mentes y ha detectado peligrosos rasgos subversivos de pensamiento centrista, católico o liberal. Y ahora, la pregunta del millón: ¿Apoya usted que el dinero de sus impuestos se utilice para sostener una televisión de parte? Mucho me temo que no...

******************* Sección "bilingüe" ***********************

A desenlazar, a desenlazar, que Cataluña es nuestra
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  3 Septiembre 2018

La ocupación ilegal e intimidatoria de los espacios públicos catalanes por lazos amarillos de todos los tamaños y ubicaciones tiene como fin hacer visible de cara a la opinión pública mundial y del resto de España una Cataluña homogénea, pétreamente independentista, solidaria con los prófugos y los encarcelados preventivamente por rebelión, sedición y otros graves delitos, e injustamente oprimida por un Estado represor. Los secesionistas son maestros en acuñar símbolos, eslóganes, cánticos y referencias movilizadoras de las emociones en la misma medida que los dos grandes partidos nacionales han demostrado hasta la saciedad su total incapacidad en este terreno. Durante décadas los separatistas han ido construyendo, sin respuesta apreciable por parte del PP y del PSOE, mediante los medios de comunicación, las escuelas, la Administración, el riego de subvenciones e incluso el deporte, su nacioncilla imaginaria y supuestamente agraviada por un enemigo exterior también inventado, de tal manera que una gran parte de la sociedad catalana se convirtiera en una olla a presión dispuesta a estallar.

El golpe perpetrado a partir de Septiembre de 2017 con la aprobación en el Parlament de las leyes de Transitoriedad Jurídica y de Referéndum ha sido la culminación de un lento, paciente, pertinaz y hábil trabajo que ha durado décadas de creación de una comunidad dispuesta al combate para liberarse de un marco institucional, jurídico, económico y político que le garantiza la democracia, el pluralismo, la prosperidad y la integración en Europa y precipitarse en una sima oscura de racismo, totalitarismo, fractura social y empobrecimiento material y espiritual. Hay ocasiones en que la definición del ser humano como animal racional queda en entredicho, aunque paradójicamente haya sido Quim Torra el que haya calificado a los demás españoles como “bestias con forma humana”.

Llegados a este punto de ruptura, es evidente que el método elegido por los separatistas para culminar su propósito de liquidar a España como Nación es el de los hechos consumados. Una vez comprobado por su parte que ninguno de los dos mayores grupos parlamentarios les va a hacer frente de verdad y que el único obstáculo que todavía les separa de la realización de su sueño febril es la estructura del Estado, es decir, jueces, fiscales, cuerpos de seguridad y la Corona, se han lanzado a una triple estrategia, deslegitimar a la democracia española -querella contra el juez Llarena en Bélgica-, amedrentar a la mitad larga de catalanes que quieren seguir siendo españoles y europeos con una presencia masiva en calles, plazas y carreteras marcando territorio con los dichosos lazos amarillos y desenraizar a la Monarquía de Cataluña generando una imagen de Felipe VI que le desprestigie a los ojos de millones de sus conciudadanos. Esta creciente marea gualda prepara el segundo y definitivo putsch confiando en que la aplicación tímida, corta e incompleta del artículo 155 haya servido de vacuna e inmunizado a la trama subversiva contra el santo temor a la acción correctora del imperio de la ley. Si el lobo no muerde o simplemente amaga, es lógico que se le pierda el miedo.

En esta tesitura de tensión aguda, ha surgido la pregunta de si es conveniente por parte de los constitucionalistas pasar al contraataque cívico y retirar las cintas separatistas del mobiliario urbano y de entornos que deben mantenerse visualmente neutrales sin ser monopolizados por nadie porque pertenecen al conjunto de la ciudadanía. Ciudadanos ha entendido la situación y se ha lanzado valientemente a una campaña de limpieza de material amenazante encabezada por el propio Albert Rivera y por Inés Arrimadas. El PP, como es su costumbre, se ha arrugado y ha declarado que no participará en la retirada porque esta actitud “contribuye a la crispación”. Pablo Casado, al igual que sus predecesores en la planta séptima de Génova 13, no se entera de qué va este combate por la democracia y la libertad. Este pusilánime argumento de que la defensa franca y firme de los valores de la sociedad abierta aumenta la crispación y que, por consiguiente, hay que quedarse quietos mientras los separatistas van avanzando implacables sin respetar ninguna norma de convivencia, es el que ha colocado a su partido al borde de la desaparición en Cataluña y le ha hecho perder, según las últimas encuestas, un centenar de escaños en el Congreso.

En la célebre canción de Víctor Jara se llama a los desposeídos a alzarse contra la injusticia y la explotación en un texto de tanta belleza poética como coraje revolucionario. “A desalambrar, a desalambrar, que la tierra es nuestra, tuya y de aquél, de Pedro y María, de Juan y José…”. Hoy en todas las ciudades y pueblos catalanes la estrofa ha de rezar: “A desenlazar, a desenlazar, que Cataluña es nuestra, de Pere y María, de Joan y José…”. Si queda todavía alguien en el lado de la Constitución y de la legalidad que crea que el apaciguamiento y el diálogo calmarán a gentes cuya divisa es el odio ciego sin rastro alguno de sensatez, no sólo estará contribuyendo al triunfo de la barbarie tribal, sino cometiendo la peor de las traiciones. La línea que separa la moderación de la cobardía a veces es delgada y el que la cruza queda deshonrado para siempre.

Cataluña y el Estado incompetente

Xosé Luís Barreiro Rivas La voz 3 Septiembre 2018

La mayor equivocación que hemos cometido en Cataluña fue la de confundir una alevosa e ilegal rebelión de las élites, impulsada con prevalimiento de las instituciones del Estado, con una revolución popular, casi espontánea, que, nacida en la calle por impulso de la historia, había secuestrado a las sorprendidas autoridades de la Generalitat, que después fueron obligadas a ponerse al frente de la manifestación. La realidad es la contraria. Porque el pueblo que se creía más rico, más admirado y mejor gobernado de España fue arteramente informado de que no era más que un rebaño de tontos de capirote que estaban siendo engañados por la ruda Castilla y la vaga Andalucía; y que aquella Cataluña que Pujol había vendido como paradigma del éxito político, social y económico no era más que una colonia explotada y empobrecida por falta de libertad política, y que la única salida posible era la reposición de la república independiente que, admirando a Europa y al mundo, había fundado Guifré el Pilós (865-697), conde de Urgel y maestro de Montesquieu (1689-1755).

En la España que vivimos -cuyos éxitos empañan sus complejos, su ignorancia histórica, sus leyendas negras de importación y su concepción ideologizada de la propia tierra que habitamos-, tanto el discurso político como el mediático contribuyeron de forma miserable a esta inversión interpretativa del procés, lo que hizo que el Estado, en vez de poner orden en este cachondeo, asumiese la obligación de ‘entenderlos’, ‘conllevarlos’, ‘buscarles un encaje en España’, y ‘cerrar la fábrica de independentistas’ que había en la Moncloa. Una estúpida payasada, en la que picaron políticos, historiadores, juristas, columnistas, editorialistas y obispos, y que el sabio pueblo resumió en ese ‘habrá que darles algo’ que sirve de base para todas las inconsistentes reformas legales y constitucionales que alimentan la idea de que la única salida posible de esta enrevesada cuestión es la de darle privilegios y pasta para que se callen.

Muchos de estos complejos y disparates florecieron años como parte de una estrategia de acoso al PP de Rajoy, cuya tesis vertebradora era la de usar la crisis, los ajustes, el populismo antisistémico, el mono de poder del PSOE, el nacionalismo y el independentismo para montar un ‘cuanto peor, mejor’ de carácter urgente, irracional, transversal, obsesivo y compulsivo. Y de aquí surgieron dos resultantes que hay que considerar: que Rajoy no pudo exprimir el artículo 155 para dejar las cosas donde quiso y era necesario ponerlas; y que el débil Gobierno de hoy está cautivo del independentismo y del buenismo que Sánchez se inyecta en vena, a diario, para no romper la burbuja de poder de sus 84 diputados.

Cataluña nunca será independiente, porque ninguna unidad estratégica pervive sobre el disparate. Pero su pulso actual con el Estado lo va ganando por goleada. Porque a las debilidades de un país acomplejado se han sumado las de un Estado incompetente.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial