AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 5 Septiembre 2018

La 'Armada Falconetti'
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 5 Septiembre 2018

Raudo como el Falcon del que toma su apodo, el presidente Sánchez Castejón, alias Falconetti, ha inaugurado el curso político con una ideica que recuerda mucho la de Armada para acompañar y rectificar el golpe de Tejero. El que fuera jefe de la Casa del Rey, que, tras reunirse con Múgica y el alcalde de Lérida, amén de Milans del Bosch, creía contar con apoyo civil y militar suficiente para echar a Suárez sin pasar por las urnas, se presentó tras la tejerada en el Congreso con una lista de Gobierno que incluía representantes de todos los partidos, PCE incluido, y en el que Felipe González era vicepresidente. Aparte de la intolerable humillación a la sede de la soberanía nacional, la ideica de Armada, aun si hubiera sido aceptada por todos, tenía un problema: era inconstitucional. Y el Ejército de Franco -ese al que, con la media España nacional, se quiere humillar en el Valle de los Caídos- respaldó, con el Rey al frente, el orden legal votado por los españoles en 1978. Y a los golpistas del 23-F les cayeron 30 ejemplares años de cárcel.

El golpe de 1981, cuya toma del Congreso copió Tejero de la de los sandinistas a las órdenes de Edén Pastora, Comandante Cero, no quería romper el Estado sino fortalecerlo, limitar el Estado de las Autonomías y endurecer la política antiterrorista, que cosechaba cien muertos al año. Un Gobierno de concentración nacional podía haber sido aceptado por los partidos políticos y buena parte de la opinión pública. Pero el régimen constitucional ni permitía ni permite esas cabriolas. La Transición, que también se pretende enterrar en Cuelgamuros, se hizo "de la ley a la ley", y ningún golpe, civil o militar, puede saltarse la Ley de Leyes más que reformándola legalmente.

Sánchez quiere cumplir el pacto con sus socios catanazis que le llevó al poder con un plebiscito contra el TC, o sea, contra la Constitución, que quedaría por debajo de una consulta regional para aceptar lo inaceptable: los 14 artículos -de 200 del Estatuto de ZP y Mas- que imponen una justicia sólo nacionalista -no catalana, que es la española- en la que los delitos del separatismo serían méritos; y los impuestos, pesebre para el Golpe blando permanente con que sueñan Iceta, Batet... y Snchz. Menos mal que Torra, más bruto y peor que Tejero, se negó ayer a aceptar el golpe de la Armada Falconetti.

La lógica determinación del golpismo separatista
EDITORIAL  Libertad Digital 5 Septiembre 2018

La determinación de golpismo secesionista no es más que la lógica consecuencia de la no menos persistente pusilanimidad y condescendencia de los Gobiernos centrales.

Se supone que la primera tarea a la que debería encomendarse cualquier presidente del Gobierno respecto a Cataluña debería ser la de someter a esa parte irrenunciable del territorio nacional al orden constitucional y acabar, mediante una profunda y duradera suspensión de su Administración regional, con la inadmisible, silenciada y persistente independencia de facto desde la que los separatistas pretenden erigir su propio Estado soberano.

Está visto, sin embargo, que Pedro Sánchez, en lugar de enmendar los errores de sus antecesores en el cargo, pretende incurrir en ellos de forma aun más escandalosa y contraproducente, como pone en evidencia su ocurrencia de ofrecer a los golpistas un referéndum para un mayor autogobierno sobre la base de un nuevo estatuto que tendría como referencia el que fue en parte declarado ilegal en 2010 por el Tribunal Constitucional.

Grave es que el anterior Gobierno socialista, presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, cometiera en su día la insensatez de someter a votación el estatuto catalán sin constatar previamente su compatibilidad con la Carta Magna, pero es mucho peor que Sánchez ofrezca esa zanahoria a los golpistas cuando ha sido declarado inconstitucional por el TC. Si lo primero fue una temeraria irresponsabilidad, la oferta de Sánchez entraría de lleno en lo tipificado como delito de prevaricación, pues no otra cosa es impulsar una reforma legislativa a sabiendas de que es contraria al ordenamiento constitucional.

Lo más bochornoso de todo, al tiempo que previsible, es que esta repugnante e ilegal oferta del Gobierno a los golpistas ha resultado, tal y como sucede con todo intento de contentar a los que no se van a contentar, completamente contraproducente: lejos de apaciguar a los sediciosos, les ha reforzado en su determinación de persistir en su abierto y radical desafío al Estado de Derecho. Si el lunes fue el golpista prófugo Carles Puigdemont el que rechazaba por insuficiente la oferta de Sánchez, este martes ha sido su testaferro o sucesor en la presidencia de la Generalidad, Quim Torra, el que se ha permitido rechazarlo en beneficio de un referéndum de autodeterminación, al tiempo que reivindicaba la consulta secesionista del 1-O y la no menos ilegal declaración de independencia del 27 de octubre.

Las sediciosas declaraciones de Torra, que ha instado a los ciudadanos a movilizarse contra los tribunales y convocado una "gran manifestación" contra el orden constitucional, justificarían por sí solas que el Gobierno le exigiera una retractación pública so pena de destituirlo fulminantemente a todo su Gabinete mediante la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que, como todo el mundo debería saber, y a diferencia del Código Penal, no está previsto para castigar delitos sino para evitar que se perpetren desde las propias instituciones autonómicas en contra del interés general de España.

La determinación de golpismo secesionista no es más que la lógica consecuencia de la no menos persistente pusilanimidad y condescendencia de los Gobiernos centrales, que no sólo no ven con malos ojos la independencia de facto de la Cataluña nacionalista, sino que la estimulan e impulsan con la quimérica esperanza de que al hacerlo los separatistas renuncien a la independencia de iure.

Así las cosas, ya no se trata de preguntarse, en términos orteguianos, si España puede conllevar la autonomía catalana con indeseables como Mas, Puigdemont o Torra al frente de la Generalidad, sino si puede soportar a sujetos como Zapatero, Rajoy o Sánchez al frente del Gobierno sin desarticularse como Estado de Derecho.

El efecto Sánchez ya se nota: directos a la ruina
OKDIARIO 5 Septiembre 2018

El efecto Pedro Sánchez se deja notar en la economía, pero para mal. Para muy mal, de hecho. La llegada del Partido Socialista a la Presidencia del Gobierno está ocasionando una cascada de retrocesos en unos números que, hasta hace apenas unos meses, eran paradigma en la Unión Europea. Desde que Sánchez está al frente del Ejecutivo, España ha decrecido tres décimas. En menos de 100 días, hemos pasado del 3 al 2,7%. Una auténtica ruina en términos de recaudación que este martes ha tenido una preocupante continuidad con los datos del paro, los peores en el mes de agosto desde 2011. Se han destruido 203.000 empleos y el desempleo ha subido en 47.047 personas.

Un contexto agravado por la inacción de los sindicatos, que ni están ni se les espera. De hecho, llama la atención su doble discurso. Cuando el PP creaba empleo hablaban de “pobreza laboral” y ahora que el PSOE lo destruye de un modo significativo, analizan la coyuntura con un laxo “estamos un poco peor”. Con semejante salvaguarda, y ante una realidad cada vez más preocupante por la inestabilidad política que viene de Cataluña, los españoles asisten atónitos a la avalancha de subidas fiscales que ha anunciado el Gobierno. Algo que incidirá negativamente en la creación de empleo, ya que a más impuestos, menos actividad económica y, por tanto, menos trabajo. Ésto acabará por darle el frenazo definitivo a nuestra economía.

Antes de la moción de censura que acabó con Pedro Sánchez en La Moncloa, si algo caracterizó a la Administración Rajoy fue la apuesta decidida por el empleo para activar la economía. Sobre esa convicción, y mediante la reforma laboral de Fátima Báñez, los populares consiguieron darle la vuelta a la realidad de un país que quedó al borde del default al final de la etapa del socialista José Luis Rodríguez Zapatero. De seguir así, Sánchez no sólo malogrará todo lo conseguido en los últimos años, sino que además nos retrotraerá a los peores tiempos económicos de la historia reciente de España. Todos los indicativos comienzan a estar en ámbar. De seguir así, que nadie se sorprenda si pronto llegamos al rojo.

Nadia es Nadie
Mikel Buesa  Libertad Digital 5 Septiembre 2018

El mes de agosto ha sido prolijo en asuntos económicos de envergadura, tanto interiores como exteriores. Algunos de ellos se han desenvuelto en el terreno de la retórica que precede a la adopción de medidas relevantes que, cuando se toman, inciden sobre el bienestar —o incluso el malestar— de los ciudadanos corrientes. Otros son realidades que se van significando con fuerza y que preludian cambios a peor en el curso de la economía. Y pese a ello, a la ministra del ramo —Nadia Calviño— no se le ha oído decir ninguna palabra al respecto. Doña Nadia es, al parecer, Nadie, pues nadie de su ministerio tiene nada que señalar sobre los temas que detallaré a continuación. Da la impresión de que la señora ministra lleva en el tuétano de sus huesos las viejas rutinas funcionariales que hacen de agosto un mes inhábil, sólo apto para estar de vacaciones. No me extraña, porque los políticos de esta hora creen que son trabajadores con derechos laborales en vez de servidores públicos que han vendido su alma al diablo de la política y que, por ello, no tienen disculpa posible para justificar su ausencia.

Pero vayamos a los asuntos. Primero a los retóricos, que en esta ocasión se han centrado en el ardor izquierdista para subir los impuestos —todos menos los del tabaco, de momento— y para crear otros nuevos. Dicen que es para aumentar la recaudación y, de esa manera, ampliar el desembolso social, aunque eso está por ver porque el tema es de fácil palabrería —al punto de que hasta los más ignorantes se atreven a sentar cátedra sobre ello— pero de difícil concreción, sobre todo para acertar, pues los ciudadanos afectados tenemos la manía de reaccionar a los atropellos de la administración fiscal, no para defraudar a los recaudadores, sino para evitar caer en los supuestos gravados o para trasladar a otros la carga correspondiente. Nadia —o más bien nadie de los de economía— ha dado la callada por respuesta porque, según parece, esto es una materia de la ministra de Hacienda y a lo mejor, tal como está el cotarro, ni pasa por la Comisión Delegada de Asuntos Económicos —que, por cierto, la Calviño preside—. Claro que lo de los impuestos se ha mezclado con el tortuoso asunto del techo de gasto —que ya ha producido sinsabores parlamentarios al señor Sánchez—, porque lo de recaudar más es para pulírselo ampliando sobremanera los dispendios del Estado. Y para ello, dado que a los del PP —y a otros que, en esto, cuentan poco— no les convencen los planes del Gobierno y tienen la llave del Senado, es necesario modificar la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera —de pomposo título, como se aprecia— para dejarla en agua de borrajas, como cuando gobernaba Zapatero. Total, que tampoco esto parece preocuparle a Nadie —digo Nadia—, a pesar de que le corresponde bregar con este tema en Bruselas, donde nunca sienta bien que un Gobierno europeo dé cuerda a la manilla del gasto sin tener ingresos seguros.

Y están luego las realidades. El catálogo es amplio. Está lo de las pensiones, que no encuentran buen asiento principalmente porque la demografía —me refiero a la de hace medio siglo— no hay quien la cambie. Se añade a ella la desaceleración del crecimiento, con el consumo empezando a dar tumbos, las exportaciones estancándose gracias a la ola de proteccionismo que ya está afectando al comercio mundial, el turismo resintiéndose de la mejora política de los mercados mediterráneos y la inflación que sube poco a poco y se coloca ya por encima del objetivo de estabilidad. Y luego quedan las amenazas que vienen de fuera, con la crisis monetaria turca —que ya contabiliza estragos en el sistema bancario español— y el ya muy cercano Brexit, al que se suele hacer referencia como si no tuviera mayor relevancia, pero que puede darnos más de un susto. Tampoco en estos asuntos se conoce la opinión de Nadia, pues Nadie es quien perece haber esgrimido la batuta en el Ministerio de Economía. Claro que, dirán los lectores, lo de las pensiones es cosa de la ministra de Trabajo, lo del comercio exterior se asigna a la de Industria, el crecimiento lo contabiliza el INE y para lo de fuera ya está Borrell. Así que lo que le corresponde a Economía es más bien la ausencia.

Sería al menos hermoso que esta última —la ausencia— constituyera la inspiración de la ministra Nadia Calviño, porque evocaría uno de los más bellos poemas del más izquierdista de los poetas —Pablo Neruda— que han empleado nuestra lengua:

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.

Pero no lo creo. Tal vez sea fruto de la galbana veraniega, o de la distancia aún no recorrida entre Bruselas y Madrid, o quién sabe si de la impericia en política. Aunque siempre queda la hipótesis de la emulación hacia quien fuera el más exitoso –porque lo hizo dos veces en sendos Gobiernos socialistas– de los técnicos comerciales que ocuparon la cartera de Economía: Pedro Solbes. También él procuró no mover ficha —y dejó, por cierto, dos crisis irresueltas a quienes le sucedieron—; también él, como Nadia, fue Nadie.

Inmigración ilegal y corrupción
Emilio Campmany  Libertad Digital 5 Septiembre 2018

La izquierda plantea el debate acerca de la inmigración ilegal con el burdo maniqueísmo de calificar de buenos a quienes son favorables a tolerarla y de malos a quienes quieren restringirla. Naturalmente, el planteamiento tiene trampa, pues, si la inmigración ilegal fuera buena, lo que habría que hacer es legalizarla. Y nadie propone esto. En realidad, el debate se limita a si debe sancionarse con la deportación la entrada ilegal en España. Los que creen que los ilegales no deberían ser expulsados defienden que se les tolere permanecer en el territorio nacional ilegalmente como un acto de generosidad. Esta solidaridad no llega a defender que se les dé permiso de trabajo porque entonces podrían competir con los trabajadores españoles y hacerlo por un sueldo inferior, y eso no está dispuesto a propugnarlo nadie porque no sería muy popular entre los trabajadores afectados. De manera que lo que se defiende es que a los ilegales se les tolere residir ilegalmente sin permiso de trabajo y, por lo tanto, y esto no lo dicen, abocados a mantenerse realizando actividades ilegales.

De esta mano de obra se benefician empresarios sin escrúpulos que abusan de la situación de ilegalidad en la que se encuentran esos inmigrantes. Incluso en el caso de que sean contratados para actividades perfectamente legales, como el trabajo en el campo, la imposibilidad de contratarles legalmente ofrece la oportunidad de hacerlo por sueldos de hambre, en condiciones insalubres y, por supuesto, sin tener que pagar la costosa Seguridad Social. No hablemos de las ventajas que esta mano de obra ofrece a quienes se dedican a actividades ilegales, desde la prostitución hasta el top manta.

De manera que alrededor de la inmigración ilegal no sólo florecen los negocios de las mafias que cobran más de 5.000 euros por dar a los inmigrantes un pasaje en una patera, o de las ONG que reciben subvenciones y donaciones por colaborar con aquéllas y trasladarlos a Europa. Prosperan asimismo los empresarios que los emplean ilegalmente en actividades legales y sobre todo los de quienes los reclutan para actividades ilegales.

Especialmente para estos últimos, la afluencia de inmigrantes ilegales es esencial para que el negocio pueda mantenerse. Si la empresa está dedicada a vender películas pirateadas o copias de objetos de marca, ¿cómo podría sostenerse sin manteros que no tienen alternativa real a venderlos por la calle? Si la empresa se dedica a la prostitución, ¿cómo competir favorablemente ofreciendo servicios baratos sin inmigrantes que, por no tener otra forma de obtener ingresos, se ven obligadas a dedicarse a esa actividad? Y eso, dando por supuesto que lo hacen más o menos voluntariamente.

No dudo de que la mayoría de los políticos que defienden la tolerancia con la inmigración ilegal obran de buena fe. Pero sospecho que algunos de ellos, aunque no sé quiénes, lo hacen para defender los intereses de esos empresarios sin escrúpulos y son debidamente recompensados por ello. Si son capaces de corromperse por cualquier cosa, ¿por qué no iban a hacerlo también por esto?

Habla Sánchez, sube el paro
Daniel Lacalle El Espanol 5 Septiembre 2018

"Take the phone off the hook and watch you go wild, you’re all talk".

El 8 de julio, la vicepresidenta Carmen Calvo anunciaba que a "este país vuelve a la alegría".

La última vez que se dedicaron a "defender la alegría" destruyeron 3,5 millones de puestos de trabajo.

Dicho y hecho. Llegaron al gobierno de minoría absoluta y empezaron los "globos sonda". Subidas brutales de impuestos y gastos, y "acuerdos" con Podemos para aumentar los desequilibrios desde 2019 a 2021. Los datos del paro de julio ya mostraban una tendencia preocupante. La afiliación sólo aumentaba en 35.819 personas, el menor incremento desde 2013. El número de afiliados crecía al peor ritmo interanual desde junio de 2016.

¿Qué hizo el gobierno? No solo ignorar la desaceleración como si fuera irrelevante, sino seguir amenazando con enormes subidas de impuestos, incluso inventando nuevas, y lanzar "la guerra al diésel" en un país donde se fabrican 1,2 millones de estos vehículos al año, dando trabajo a 40.000 personas en más de 17 centros de producción.

Y llegaron los datos del paro de agosto. Ante la batería de amenazas fiscales:

Alegría. La afiliación a la Seguridad Social pierde casi 203 mil afiliados. El peor agosto desde 2008 y el peor -junto con 2007 y 2008- en más de dieciocho años, con una destrucción de más de 200.000 afiliados. Aproximadamente un 40% más de lo habitual en este mes.

Alegría. El paro registrado crecía en 47.047 personas. El peor agosto desde 2011, con subidas especialmente preocupantes en Cataluña y Andalucía.

Lo más preocupante, además, es que la contratación desciende un 23,20% respecto a julio.

Alegría. La tasa de empleo indefinido alcanza un aumento del 33,40% anual, pero -ojo- cae un 19% desde julio.

Ya hemos comentado en esta columna que volvemos a las andadas con los "globos sonda". Esa desastrosa práctica que creíamos olvidada de hacer enormes anuncios que impactan a la economía y luego decir, con una sonrisa que no, amigos, que era broma, hay que ver cómo son ustedes.

Y no es broma. La irresponsable comunicación del gobierno de Sánchez amenazando con enormes subidas de impuestos y cambios legislativos drásticos no solo era imprudente ante una leve desaceleración del crecimiento, es que es completamente suicida al hacer lo contrario a lo que cualquier gobierno serio hace y debería hacer ante la desaceleración. Supone un frenazo a la contratación, la inversión y el empleo.

¿Caerá el paro en septiembre? Puede. Pero la tendencia de contratación y afiliación que se había iniciado en 2013 se ha frenado abruptamente.

¿Es por el turismo? No. Educación, Agricultura, Industria manufacturera y Construcción sufren grandes caídas en la afiliación.

¿Qué el gobierno constata cierta desaceleración? Pues no se les ocurrirá nada más y nada menos que anunciar más subidas de impuestos para que se desacelere todavía más la economía.

Mientras Europa, Estados Unidos y China bajan impuestos para fortalecer el crecimiento, los redistribuidores de la nada se turnan a ver quién anuncia algo más dañino para la economía.

Lo peor de todo es que los políticos piensan que sus amenazas son irrelevantes, que no pasa nada porque, en realidad -como me dijeron el sábado- aún no se han subido los impuestos ni se han cambiado las leyes que se han lanzado a poner en peligro. Hay que ver cómo somos, que no contratamos y consumimos lo que ellos quieren cuando nos amenazan con asaltos fiscales.

No lo duden. Muchos lo achacarán a la herencia, a Trump, a los mercados o a la reunión de Abba. Aunque usted asuma todos los factores mitigantes que desee, es irresponsable e inaceptable que un gobierno serio se lance a la amenaza fiscal y mandar mensajes anti-crecimiento y anti-empleo ante una relativa desaceleración.

El político piensa que sus palabras no tienen impacto a menos que la economía mejore, entonces se apunta todas las mejoras.

La actitud despreciativa y amenazante hacia los creadores de empleo y los contribuyentes pasa factura. Las decisiones de contratación, inversión y consumo se frenan.

Y lo que no se puede tolerar es que un gobierno de aparentes expertos se enfrente a una moderada desaceleración poniendo escollos al crecimiento y anunciando hachazos fiscales para empeorar las cosas.

Un gobierno serio no puede quedarse mirando a una desaceleración moderada como si fuera un rayo caído del cielo y rezar para que no le caiga encima. Debe apoyar y fortalecer el crecimiento y el empleo. Y nada de eso se hace pactando un asalto fiscal innecesario y contraproducente a familias y creadores de empleo.

"Vuelve la alegría". Esperemos que reflexionen.

Sánchez: cien días, mil ocurrencias
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli  5 Septiembre 2018

Tres meses después, constatamos que aún no se sabe para qué quiere Pedro Sánchez el poder, más allá de permanecer en él durante el mayor tiempo posible

El sábado la dirección de RTVE retiró un reportaje sobre los primeros cien días de Pedro Sánchez en la Moncloa que iba a emitirse dentro de "Informe Semanal", un espacio que lleva casi medio siglo en antena y que ha sobrevivido a todos los Gobiernos desde tiempos de Carrero Blanco. La pieza, preparada por el equipo del recién destituido Jenaro Castro, no era al parecer del gusto de los nuevos responsables del programa y pasó al archivo sin siquiera ver la luz.

Esta de "Informe Semanal" es una metáfora de la antológica purga que se está viviendo en el Ente, algo digno de los peores tiempos de Alfonso Guerra allá por los primeros ochenta. En un par de meses, la nueva mandamás de la casa, la veterana periodista Rosa María Mateo, ha despedido a una treintena de presentadores y directivos, algunos muy populares como Sergio Martín, Víctor Arribas, Pedro Carreño, Raquel Martínez o el propio Jenaro Castro.

La que iba a ser la televisión de todos al final está resultando que sólo lo es de unos pocos. Aunque sea y parezca escandaloso tampoco es para echarse las manos a la cabeza. Esto era perfectamente previsible habida cuenta de cómo el PSOE -y, especialmente, Podemos- ha tratado siempre a los periodistas que no les bailan el agua.

Pero, ¿a qué tanta premura?, ¿por qué una depuración tan a fondo sin siquiera haber pasado por las urnas? El PSOE del 83 limpió RTVE, pero con 202 escaños y un apoyo popular sin precedentes. No es el caso de Pedro Sánchez, que vivaquea con 84 escaños condicionado en todo por un heterogéneo batiburrillo de partidos unidos tan sólo por el odio cerval al PP y a Ciudadanos.

Sólo en esa clave de equilibrio sobre un alambre pueden explicarse los primeros cien días de un Gobierno imposible, que se ha agarrado al poder como se agarra un náufrago a un tablón de madera en mitad del océano. Bien podría haber llegado Sánchez con un tono moderado y conciliador, que era exactamente lo que le pedía la sociedad española en el momento de la moción de censura. España estaba harta de Rajoy, sí, pero eso no era sinónimo de meterse en una operación constituyente como en la que Sánchez pretende embarcarnos.

Los primeros cien días de Rajoy, allá por 2012, se resumieron en una subida brutal de impuestos. No hubo nada más reseñable. El Estado se encontraba al borde de la bancarrota y el presidente estaba dispuesto a recortar el mínimo gasto posible. El resto habría de venir del bolsillo de los contribuyentes, que fueron quienes soportaron el coste del ajuste. Sánchez se ha encontrado en una situación mucho más desahogada. Le bastaba con no estropear lo que ya funcionaba. Con echar algo de alpiste a los suyos y convocar elecciones en marzo era más que suficiente para cumplir el expediente y probar suerte en las generales.

Pero no, está haciendo todo lo contrario. ¿Moderación?: ¿para qué? En la sala de máquinas de Iván Redondo pensaron que antes de cualquier otra cosa había que recuperar los tres millones de votos que se fueron a Podemos. Sin ellos no habrá victoria posible. Sánchez quiere seguir gobernando, no se ve como un presidente de transición entre el rajoyato y el riverismo, sino como el propietario del cargo durante una generación.

¿Cómo seducir a los que abandonaron el barco cuando éste hacía aguas en los infaustos días de Rubalcaba? Con varios cucharones de ideología y mucho golpe de efecto, que son la especialidad podemita. Es por ello que se ha metido en todos los charcos imaginables y en unos cuantos más que ni siquiera acertábamos a imaginar.

Entre los primeros figura la purga en RTVE o la voluntad de cepillarse la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Los votos cuestan dinero, por lo que no era difícil pronosticar que desembolsarían hasta el último céntimo disponible para recuperar votantes por la vía del clientelismo.

Lo que era mucho más difícil de prever era la obsesión que le ha entrado con la tumba de Franco, un asunto menor que se ha convertido en el tema estrella del verano. Lo de Franco, con ser preocupante en tanto que echa vinagre en heridas que Zapatero se encargó de reabrir, es empeño mínimo al lado de la que ha armado con la inmigración.

El Aquarius y todo lo que vino de después no sólo era innecesario, sino que se ha demostrado perjudicial para el propio Gobierno y, por descontado, para el país. Cuando a principios de junio Sánchez decidió acoger por su cuenta y riesgo a un barco cargado de inmigrantes rescatados frente a las costas de Libia, abrió la caja de unos truenos que ahora resuenan con fuerza en Ceuta, Melilla, Algeciras y las aguas del estrecho.

La ligereza del Aquarius, comprensible sólo en términos de pura propaganda, ha reavivado un problema muy delicado y le ha granjeado críticas de otros líderes europeos, ante quienes tuvo que agachar la cabeza tan pronto como le llamaron a capítulo. Porque si algo ha caracterizado este primer trimestre sanchino es decir una cosa y la contraria, a veces con sólo unas horas de diferencia.

El caso de la demanda que Carles Puigdemont interpuso en Bélgica contra el juez Llarena es quizá el más ilustrativo. El Gobierno cambió de opinión de un día para otro. La ministra Dolores Delgado hizo un ridículo espantoso y con ella los terminales mediáticos adictos a Moncloa, que tuvieron que dar un volantazo en plena curva.

Ateniéndose a los hechos podemos constatar que, a pesar de que lleva tres meses en el poder, no sabemos aún para qué lo quiere más allá de permanecer en él durante el mayor tiempo posible. Se encontró con unos presupuestos expansivos ya aprobados y un sistema fiscal confiscatorio que recauda como nunca gracias a la bonanza económica. Bien pudo haber aprovechado el regalo, pero se metió en anuncios contradictorios de nuevos incrementos fiscales para los que no hay demasiado margen.

Se ponga Echenique como se ponga, los impuestos en España ya son muy altos. El nuestro es uno de los países con el esfuerzo fiscal más alto del mundo. Esto es fruto del consenso socialdemócrata del que participan en mayor o menor grado todos los partidos del sistema. Lo que tocaba ahora, superados los peores años de la crisis, era aligerar el dogal impositivo, que es a lo que se afanaba el PP antes de ser desalojado del poder.

Sánchez ha hecho lo contrario. Ha empezado a sacarse nuevas tasas de la chistera, algunas abiertamente antisociales como el impuesto al gasóleo, que castigará directamente a millones de españoles que se lo ponen a sus vehículos, e indirectamente a toda la población, ya que las mercancías se transportan en camiones y trenes propulsados por motores diesel.

Los desatinos fiscales probablemente provengan de los atavismos podemitas, cuyo ambicioso programa de regeneración nacional se ha quedado al final en crujirnos a impuestos, excitar el resentimiento de la clase baja y en dar soporte intelectual y político a todo cuanto vaya contra la Constitución.

Quedan otros cien días para que entremos en el periodo navideño y enfilemos el final del año. El efecto sorpresa, la ilusión por lo nuevo y el voto de confianza se han consumido. Sánchez no podrá seguir haciendo equilibrios durante mucho más tiempo. Si quiere aplicar un programa como el que ya ha esbozado tendrá antes que pasar por las urnas.

Otoño imbécil
JORGE BUSTOS El Mundo 5 Septiembre 2018

A este tipo, Torra, lo define el modo en que hurtó el rostro a Albiol para cortar una discusión en el homenaje de Cambrils. Ese movimiento accionado por la cobardía a medias con la intransigencia revela el carácter paradójico del supremacista, que comparte con el machista esa debilidad íntima que trata de enmascarar con la violencia. Torra no alienta el enfrentamiento porque sea malvado, sino porque es imbécil: etimológicamente, un hombre sin atributos. Uno que ignora que inventamos la política institucional para reglar el conflicto, y que su principal deber como dirigente público consiste en mantener las formas cuando discute con otro político de signo opuesto. Se reconoce al fanático irrecuperable cuando esa cortesía elemental le exige un esfuerzo superior a sus fuerzas. Y cuando el poder recae en una personalidad subdesarrollada, detenida en el radicalismo de la niñez mental, sobreviene el desastre. Porque a un niño siempre le sobra la democracia.

Cómo echamos de menos a los políticos profesionales, tan denostados por esta ola populista que atiza resentimientos necios a cambio del relevo en los despachos. El sabio pragmatismo de los diplomáticos de culo de hierro que jamás se levantaban de la mesa de negociación ha sido vencido por la estupidez triunfal de los puros, los insobornables, los imbéciles poseídos de misiones y ayunos de inteligencia. Cuenta Cicerón que Catón no se explicaba que un arúspice no rompiera a reír al encontrarse con otro arúspice, conscientes ambos del fraude del que vivían y de la extendida credulidad de sus clientes; pero cuando Torra se encuentra con Puigdemont, cuando estos dos aprendices de brujo salidos del sobaco más profundo de Wilfredo el Velloso se miran a la cara, nadie se ríe. Y ese es el drama: que la fase cínica -representada por Artur Mas- ha sido superada por la fase dogmática.

Según Nietzsche, el hombre es una cuerda tendida entre la bestia y el superhombre. No añadió que el imbécil se balancea sobre esa cuerda y cree que las bestias son los demás.

Un régimen llamado PSOE de Andalucía
Fran Carrillo okdiario 5 Septiembre 2018

En su habitual proceder, Pedro Sánchez ha decidido que los españoles debemos hablar, con la connivencia de los medios y tertulias afines, de aquellos temas que no nos importan ni preocupan pero que, sin embargo, nos entretienen. En cuanto nos aprietan, nos sentimos confortables como charlatanes de lo ajeno. De ahí que, coherente con su programa de marketing permanente, haya convertido a Franco en un trasunto de Sálvame político con el que tener a la masa ocupada en el pan y circo constante. En la era de la gestocracia, este PSOE es un continuo plan de comunicación y propaganda. Pero ya que el presidente del Gobierno quiere que hablemos del pasado, hablaremos. Porque en Andalucía se encuentra un régimen que lleva dirigiendo la vida de los andaluces más tiempo del que Franco mandó en España. Mientras se afana en exhumar al dictador, millones de andaluces deseamos inhumar —entiéndase el sentido del concepto— a esta Junta que se ha pasado casi cuarenta años dictándonos a los andaluces cómo debemos pensar y qué debemos hacer.

Cuando en 1977, el PSOE hablaba de ‘Levantar Andalucía’, pocos pensaron que se podría tratar de un eslogan imperecedero, usado a conveniencia con cada excusa electoral. Porque Andalucía, en la cola del desarrollo en el tardofranquismo, sigue esperando un gobierno que deje de hablar por los andaluces y empiece a hacer algo por ellos. Porque tras cuatro décadas, Andalucía sigue la última de España y de Europa en todos los parámetros importantes que inciden en el progreso social, a saber: creación de empleo, cohesión provincial, emprendimiento o calidad educativa. Es la comunidad con mayor fracaso escolar, con más personas en riesgo de exclusión social, con más paro juvenil y más diferencias entre zonas urbanas y rurales, según los últimos informes. Y todo ello, a pesar de haber recibido de la Unión Europea más de 45.000 millones de euros en los últimos veinte años, tal y como confirmó Corina Cretu, la comisaria europea de política regional, a finales del año pasado.

En Andalucía la cohesión social de la que presume la Junta ha pasado siempre por vertebrar en el pesebre del poder al partido más corrupto de Europa —junto al PdCAT— que hace y deshace a su antojo, construyendo una red clientelar de enchufados como en ningún otro lugar se ha visto. Con más de 4.000 millones de euros de los cursos de formación y de los EREs despilfarrados sin saber hacia dónde, con dos expresidentes y una red ingente de funcionarios sentados en el banquillo esperando a ser juzgados por corrupción —El PSOE andaluz también su propio valle de los caídos—. No extraña que la Unión Europea también sitúe a la Andalucía de Susana Díaz a la cola en calidad democrática. ¿Es esa la Andalucía que queremos? No, esa es la Andalucía que le interesa mantener al PSOE. No quiere que las personas progresen, sean productivas, emprendan y no tengan que salir de la región por falta de oportunidades. Porque entonces se pondría en riesgo su monopolio político y el oasis de tranquilidad en el que ha vivido la señora Díaz y sus antecesores todo este tiempo. Quiere a los andaluces controlados, amenazando su pan mediante el miedo atizado, azuzando el inexistente peligro que supondría una conveniente y necesaria alternativa política.

Porque nacieron para mandar, ordenar, enchufar y hablar en nombre de los andaluces, sin consultarles, haciendo ver que Andalucía son ellos, como hacen los nacionalistas en Cataluña, impidiendo que podamos ofrecer a los ciudadanos una opción política más saludable, limpia y transparente. En suma, más democrática. Si hay una región que necesita imperiosamente que entre aire respirable en las instituciones es Andalucía. No aguanta más susanismo, más caciques de sonrisa y abrazos que luego juegan con el futuro de las personas, otorgando a dedo a los amigos un dinero público cuya función de destino debería ser otra. Una hegemonía con mando en plaza y una única misión: mantener el cotarro, salvaguardar el chiringuito. Y Andalucía no aguanta más. Los andaluces no aguantamos más.

El gran dislate de un nuevo referendo
Roberto L. Blanco Valdés La voz 5 Septiembre 2018

Sumido en una confusión cósmica, que aumenta cada día, la última ocurrencia de Pedro Sánchez (¡veremos cuanto dura!) ha consistido en sacarse de la manga la peregrina idea de realizar en Cataluña «un referéndum de autogobierno, no de autodeterminación», cuyo objetivo sería «votar para alcanzar un nuevo Estatuto que represente a todos los catalanes».

Nacida tanto de su ya evidente ineptitud como de la esquizofrenia que ha provocado en el Gobierno una política de pactos tan necesaria para mantenerse en el poder con 84 diputados como disparatada y constitucionalmente desleal, la propuesta del presidente socialista ha concitado de inmediato la unanimidad de todos los partidos.

Y es que todos, salvo el PSOE, están en contra. El Partido Popular y C’s porque ven en ella un despropósito que no hace otra cosa que confirmar las trastornadas tesis de los secesionistas, mientras estos y Podemos consideran que todo lo que no sea una consulta de autodeterminación resulta pura filfa.

Y filfa es, sin duda, la iniciativa del presidente del Gobierno, pero no por lo que afirman Torra y compañía, a quienes Sánchez les da, en efecto, la razón, al aceptar, con ellos, la tesis demencial de que la rebelión secesionista no tiene otra salida que una consulta al pueblo catalán. No, la ocurrencia de Sánchez es pura filfa porque supone un dislate monumental y descarado.

Teniendo de vicepresidenta a un portento del constitucionalismo -Carmen Calvo, cuya cacareada brillante trayectoria desconocemos, sin embargo, todos sus colegas- Pedro Sánchez debería saber que cualquier texto estatutario tiene que ser aprobado, además de por el Parlamento catalán, por una ley orgánica de las Cortes Generales, algo imposible solo con los votos del PSOE, que no parece vaya a contar en un horizonte previsible con la mayoría absoluta en el Congreso, necesaria para adoptar leyes orgánicas. Pero es que, además, ese eventual Estatuto, debería pasar el control previo de constitucionalidad que atribuye al Tribunal Constitucional nuestro ordenamiento, lo que sin duda abortaría cualquier intento de apaciguar a los rebeldes mediante un Estatuto que fuera en realidad la puerta para una futura secesión.

La extraviada propuesta de Sánchez es solo una nueva versión de aquella delirante promesa que realizó en su día Zapatero («Aprobaremos en el Congreso el Estatuto que apruebe el Parlamento catalán») con la que el entonces presidente hizo trizas el consenso básico entre la izquierda y la derecha presente durante la construcción del Estado autonómico, y echó a rodar la bola de nieve que, tras el gran follón estatutario catalán, acabaría en la abierta rebelión separatista contra nuestra democracia.

Un desastre que, por lo que se ve, Sánchez parece dispuesto a repetir con tal de que ello le permita aguantar unos cuantos meses más en el Gobierno. Eso es un estadista y lo demás un cuento.

El «momentum» nacionalista
Ignacio Camacho ABC 5 Septiembre 2018

Como la política española carece por completo de pensamiento estratégico, lo único que parece importar ahora del conflicto catalán es que los separatistas no armen demasiado jaleo. Que no desestabilicen la pax petrina con que Sánchez pretende instalarse en el Gobierno mientras juega una engañosa partida entre tahúres con Podemos. Que se den por satisfechos con el desalojo de Rajoy y se limiten a la agitación retórica sin salirse del tiesto. Esto se llama táctica de apaciguamiento y requiere que el presidente les dé margen para escenificar su postureo de rebeldía civil y sus ritos de solidaridad con los líderes presos. Ellos lo saben, y saben también que necesitan tiempo para recomponer la cohesión interna antes de encontrar el momentum -Torra dixit- de relanzar su proyecto. Saben que el 155, pese a su blandura, los dejó maltrechos y que entre su gente, salvo los irreductibles, cunden síntomas de agotamiento. Se sienten en una etapa de transición y les falta masa crítica para embarcarse en otro proceso.

Pero sería un error catastrófico, una confusión descomunal sobre la esencia del nacionalismo, pensar que existe alguna forma conciliadora de lograr que renuncien a sus objetivos o creer que van conformarse con la exhibición litúrgica de sus símbolos. El programa soberanista, el que inspiró Pujol a finales del pasado siglo, está intacto en su concepción de destino colectivo. Aunque el frenazo al golpe de octubre sofocase provisionalmente aquel desvariado estallido, no existe la mínima posibilidad de que reconduzcan su designio. Antes al contrario, están convirtiendo el fracaso en combustible victimista para reemprender el camino. Pueden haber aceptado en su fuero interno que aún no suman mayoría social suficiente para conseguirlo, pero si algo tienen demostrado es persistencia histórica y terquedad de espíritu. Y gozan de la enorme ventaja que durante décadas el Estado les ha concedido: la de la construcción de un régimen que les permite asegurar la hegemonía de sus mitos. Ya no tienen vuelta atrás salvo en la hipótesis, hoy por hoy inviable, de una derrota de gran calibre que los devuelva a la melancolía estéril del pesimismo.

Por eso no se debe minusvalorar, en el aniversario de la revuelta, toda esta apelación a la legitimidad republicana y a la épica de la resistencia. Existe en la mentalidad nacionalista un componente quimérico de creencia, pero también una paciente terquedad moral de la que obtiene fortaleza. El gran desacierto español en Cataluña ha consistido en la confianza, tan ingenua, de que esa quimera se disiparía en el pragmatismo de las concesiones y las prebendas. Y ahora, tras la sacudida crítica de 2017, estamos -o más bien está la izquierda- cayendo de nuevo en la trampa inducida por esa autoconvicción benévola. Los Torra et altri se encargarán, como ayer, de recordar hasta qué punto se trata de una mala idea.

¿Y éstos son los que dan lecciones morales a los demás?
OKDIARIO 5 Septiembre 2018

El diario El País se ha convertido en la hoja parroquial del Gobierno de Pedro Sánchez a pesar de que sus responsables no se cansan de dar lecciones de ética y deontología profesional a los demás. La otrora referencia del periodismo español es ahora una suerte de periódico gubernamental dispuesto a justificar el fracaso gestor del Partido Socialista aunque sea mediante argumentos peregrinos. Da igual que la economía española dé claros signos de parálisis desde la llegada de Sánchez a La Moncloa, el diario de Prisa es capaz de decir que la importante caída del turismo a lo largo de este último verano se debe “a la ola de calor en Europa”. Para más escarnio, abunda en que los europeos ya no tienen que venir a España porque en sus países hay buen tiempo.

Con este nivel, no es de extrañar que la credibilidad del medio esté cada vez más en entredicho. El Ejecutivo de Pedro Sánchez, de tan débil, se tiene que ocupar de contentar a sus socios de moción de censura con diversas ocurrencias —comunistas, independentistas y nacionalistas— en vez de atajar las cuestiones capitales del día a día de nuestro país. El turismo aporta casi un 15% a nuestro Producto Interior Bruto (PIB), un peso demasiado significativo como para tratar de disimular la falta de ideas e iniciativas gubernamentales con una simple “ola de calor”. Por mucho que intenten suavizar la incapacidad gestora de Pedro Sánchez, la realidad es tozuda y, amén de la caída del turismo, se dan otros hechos tan graves o más.

Por ejemplo, cuando escondieron entre sus páginas la agresión de un independentista a una mujer que acabó con la nariz rota por el mero hecho de quitar lazos amarillos. Todo con tal de falsear la difícil situación que amenaza a los catalanes y así no reconocer el caos que ha provocado Pedro Sánchez con sus innumerables cesiones a los golpistas. Desde que Soledad Gallego-Díaz dirige el autoproclamado “periódico global”, el calado de la publicación se ha reducido a la defensa numantina de Sánchez y del PSOE. Hasta el punto de tratar de blanquear el fracaso de la ministra Magdalena Valerio con el sindicato de prostitutas. El diario El País debería mirar hacia dentro y analizar su ética y deontología antes de dar lecciones a los demás.

La Venezuela de Sánchez
Miguel Henrique Otero ABC 5 Septiembre 2018

Presidente del Diario «El Nacional» de Caracas

Ha dicho Pedro Sánchez: «Venezuela tiene que abrir un diálogo consigo mismo, entre venezolanos, para encontrar una solución a esta crisis política». La frase es, en lo primordial, un parapeto insostenible, un doble ejercicio de ocultamiento, que exige ser diseccionado. Comenzaré por el final.

No es una «crisis política», señor Sánchez. Lo de Venezuela es una enorme crisis humanitaria y de violación sistemática de los derechos humanos a cargo de un tiránico narcopoder, donde los más pobres mueren a diario de hambre y de las enfermedades más básicas, porque no hay medicamentos, no hay insumos hospitalarios y, cada vez con mayor frecuencia, ni siquiera hay médicos ni paramédicos, porque miles y miles de esos profesionales han huido del país.

No es una «crisis política», señor Sánchez. Es una catástrofe económica, donde las familias deben hacer frente a una escalada de precios, en medio de una caída brutal de la producción petrolera. El Fondo Monetario Internacional, el pasado 24 de julio, estimó una inflación de un millón por ciento para este 2018. Economistas venezolanos de la más alta calificación técnica estiman que esa estimación será sobrepasada, tres o cuatro veces.

No es una «crisis política», señor Sánchez, sino un estado de cosas mucho más complejo, donde lo que está en juego a cada minuto es, ni más ni menos, que la vida de las personas, asediadas por poderosas bandas de delincuentes, verdaderas estructuras armadas y dotadas de vehículos de lujo, tecnologías y guaridas, que matan, secuestran, atracan, torturan, violan, extorsionan, trafican con drogas (parte de ella llega a España) y hasta controlan pedazos del territorio venezolano, a menudo con la protección o la complicidad de policías, militares o, todavía más, del mismísimo Gobierno de Nicolás Maduro.

No hay transporte público, Señor Sánchez. Las estimaciones más optimistas señalan que 60 por ciento de las busetas están paradas. No hay estacionamiento o garaje que no guarde vehículos parados por falta de repuestos. Algo más: el Gobierno es propietario de enormes cementerios de buses. Alrededor de medio millón de trabajadores -léase bien, en un país que tenía casi treinta millones de habitantes- han abandonado sus trabajos porque, o no tienen cómo desplazarse o la totalidad de su salario -insisto, me refiero al cien por cien- no les alcanza para ir y regresar.

Cuando usted dice «crisis política» pienso en una sociedad que, en alrededor de treinta meses, perdió más de seis kilos de peso de promedio. No sé si se lo contaron: mientras usted viajó por América Latina, cientos de miles de venezolanos se desplazaban a pie por caminos y carreteras -en más del 20 por ciento de los casos, familias con niños y ancianos- de Colombia, Brasil, Ecuador, Perú y Uruguay. No se si tuvo la oportunidad de adquirir un ejemplar de la revista «Semana» de Colombia, la que circuló justo la semana pasada, que contiene un vívido relato de lo que han llamado «las marchas de la infamia». Allí, en un reportaje impecablemente elaborado, está expuesta la desnuda realidad del colapso humanitario venezolano. También, permítame recomendárselo, son de mucho interés los análisis realizados por expertos internacionales -no venezolanos- en los que comienzan a compararse la huida de los venezolanos con las del pueblo sirio.

Pasa, señor Sánchez, que en Venezuela el diálogo fue erradicado por el poder, de forma paulatina. Por ejemplo: cuando un grupo de ancianos se concentra para protestar porque no le ha sido pagada una pensión equivalente a 0,6 euros (sesenta céntimos de euro), llega un grupo militar, los empuja, los golpea y hasta los gasean, hasta que disuelven la manifestación: es decir, liquidan el derecho a la protesta, violan la ley, cierran el diálogo, acaban con la política. Ocurre todos los días, en pueblos, pequeñas y grandes ciudades: se aplastan las protestas, bajo los métodos más desproporcionados. La cantidad de venezolanos apaleados, gaseados, amenazados o violentados en los últimos tres años no tiene antecedentes en América. Quizás usted ha escuchado que en Venezuela hay presos políticos, torturas, persecución diaria de activistas y dirigentes políticos. Quizá le hayan contado que hay ciudadanos de nacionalidad española que han estado detenidos y han sido torturados; por ejemplo, Wilmer Carballo, asesinado, y Juan Manuel Carrasco, torturado. Quizá sepa que son centenares los expedientes que activistas de los derechos humanos han presentado ante la Corte Penal Internacional.

Los demócratas venezolanos, quiero decir, parlamentarios y calificados representantes de otros sectores de la sociedad, participaron en los llamados al diálogo, que tuvo a su compañero de partido, Rodríguez Zapatero, como agente promovido por la dictadura venezolana. Todo el proceso de «diálogo» ocurrido en los años 2016 y 2017 fue una trampa, una vitrina para cazar bobos, un truco para reducir la destrucción de un país y el sometimiento de toda una sociedad, al precario simplismo de si hay o no hay diálogo.

Señor Sánchez: su propuesta carece de asidero, aparece ajena a la realidad: no hay partes. Hay un perseguidor y un perseguido. Un poder corrupto y unas víctimas. La venezolana es una de las dictaduras más feroces que haya conocido América Latina. Sin duda, la más desalmada, la de poderes más ilimitados, la más caradura -el caradurismo propio de las izquierdas, pero multiplicado, como la tasa de inflación, por millones-, la más peligrosa. En cinco palabras: la más opuesta al diálogo.

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Torra reanuda el golpe
EDITORIAL El Mundo 5 Septiembre 2018

Oír encadenar disparates solemnes a Torra sería cómico si a las tablas del Teatro Nacional de Cataluña se hubiera subido un humorista y no el máximo representante ordinario del Estado en Cataluña. Pero conviene tomar en serio sus amenazas, precisamente porque controla las instituciones catalanas, el presupuesto y los Mossos, y solo responde ante Puigdemont, ese mentor con el que rivaliza en fanatismo. Torra anuncia que no acatará una sentencia condenatoria y propone desbordar la Diagonal con la marcha de un supuesto "pueblo constituyente" que tuvo la desfachatez de comparar con el movimiento por los derechos civiles de Luther King. Así espera predisponer en su favor a la opinión pública internacional y presionar a Sánchez -cuyo referéndum estatutario le movió a ternura- en dos sentidos: para que "oriente" a la Fiscalía a la rebaja penal de los procesados y para que se abra a negociar un referéndum de autodeterminación. La presencia de dos miembros del PSC en primera fila, encajando insultos a España, resulta humillante.

Pero la democracia pierde su nombre allí donde los dirigentes cierran el Parlament y condenan la política a la calle, mientras someten el debate público a la asfixiante contaminación de su propaganda mentirosa y subvencionada. El golpe sigue en marcha.

Torra pierde el sentido de la realidad
 La Razon 5 Septiembre 2018

Lo realmente alarmante del plan de Joaquim Torra expuesto ayer es que fuera en un teatro –en el Teatro Nacional de Cataluña, eso sí– y no en el Parlament, que fue cerrado el 19 de julio a mitad de un pleno. Es ahí donde se deberían hacer las propuestas políticas, y donde todos los partidos pudieran tomar la palabra, especialmente la oposición. Pero prefirió un auditorio entregado, devoto, como es propio del caudillismo que rige desde hace demasiado tiempo la política catalana y que Torra interpreta con venenosa dulzura. No defraudó: fue un ejercicio de «agitprop» para preparar el anunciado «otoño caliente». Ayer empezó, pues, el otoño. Expuso las líneas maestras, que sólo es una, del nuevo curso político en Cataluña que pasa irremediablemente por fortalecer la opción de declaración unilateral de independencia a través de la presión en la calle en una cadena de movilizaciones.

Si las negociaciones de Pedro Sánchez con la actual Generalitat se debe medir por lo expuesto ayer por Torra, sólo cabe extraer que o el presidente del Gobierno es un irresponsable capaz de aceptar los votos de los independentistas para mantenerse en La Moncloa, o que lo oído es la prueba de que esa entente no tiene el menor sentido. Torra se lo puso muy difícil a Sánchez. Su exposición fue un ejercicio de odio hacia España que fue más allá de las injurias, de la mentira y de la manipulación. Se situó en un nuevo plano no ensayado hasta ahora abiertamente: la fantasía que los sitúa fuera de la realidad. Es realmente difícil negociar en términos políticos efectivos con alguien que desprecia, insulta y sitúa al nivel de los regímenes totalitarios a todas las instituciones del Estado. Incluidos a todos los ciudadanos: no se puede entender el nacionalismo catalán en el actual momento sin esa pérdida de sentido de lo que es posible y de lo que es ilegal en una democracia madura, sea por mandato del pueblo de Cataluña o de cualquier otro: desafiar al Estado de Derecho declarando la independencia unilateral y querer tomar la calle en un gesto de provocación sin límite.

Tener al frente de la Generalitat a alguien como Torra es un verdadero riesgo para la paz social y para la democracia. No sólo actuó como un iluminado («libertad o libertad») desde un púlpito impropio de una democracia moderna, sino como un irresponsable que desde el cargo que ostenta, aunque sea como vicario, hizo un llamamiento a la movilización general al enfrentamiento con el Estado. «No aceptaré ninguna sentencia que no sea la libre absolución», retó. Lo único relevante de lo oído ayer es la confirmación de que, pese a insistir en que el independentismo tiene la mayoría social, su incapacidad de crecer y cambiar la realidad de la sociedad catalana le obliga a ampliar el radio de protesta y situar en el centro de estas a Felipe VI bajo el criterio ominoso de que un ochenta por ciento de los catalanes «no quieren la Monarquía que amparó la violencia contra su propio pueblo». El llamamiento a una «marcha por los derechos civiles, sociales y nacionales» buscando la solidaridad en toda España es la constatación del aislamiento del independentismo. Acusar a continuación al pueblo español de «no ser dueño de su soberanía» es una pérdida del sentido de la realidad muy preocupante que, insistimos, sólo demuestra que Cataluña está gobernada por un grupo de nacionalistas más propio de los años 30, fundamentalista y con aires de la nefasta banda de Estat Català que tanto admira Torra. Su insistencia en ser un movimiento «democrático y pacífico» sólo indica las propias carencias. Diálogo, pidió, pero «para hacer efectivo el derecho de autodeterminación». La amenaza es clara y Sánchez debería replantear de manera inmediata su negociación con la versión más nefasta del nacionalismo radical. Lo que se evidenció ayer es que Cataluña necesita una mayoría centrada, moderada, que devuelva a sus instituciones a la realidad y utilice su autogobierno al servicio de todos los catalanes. Es urgente.

A Sánchez hay que aplicarle un 155 popular
Liberal Enfurruñada okdiario 5 Septiembre 2018

Sobran razones para hacer que se marche de una vez este presidente ‘okupa’ y mentiroso que llegó al Gobierno prometiendo que inmediatamente convocaría elecciones para enseguida asegurar que piensa agotar la legislatura. Un presidente del Gobierno que perdió las elecciones generales y que sólo tiene 85 diputados, 52 menos que el PP, 5 menos que el anterior peor resultado histórico del PSOE que también había conseguido él. El Gobierno más débil de la historia de la ya no tan reciente democracia española y el más carente de principios y sobrado de intereses personales. Igual que Hugo Chávez se inventó el socialismo del siglo XXI, Sánchez ha reinventado el Frente Popular. El primer Frente Popular, el que condujo a España a la Guerra Civil tras el pucherazo de las elecciones de febrero del 36, estaba formado por el PSOE unido a los comunistas y los independentistas vascos y catalanes, los mismos que ahora han llevado a Sánchez al poder.

Igual que ahora, aquella coalición electoral estaba integrada por varias minorías de intereses contrapuestos que ni formaron grupo parlamentario ni entraron a formar parte del Gobierno. Lo primero que hicieron entonces fue amnistiar a los condenados por el golpe de Estado que dio el PSOE contra la II República en octubre de 1934, así como a los condenados por declarar la independencia en Cataluña, a los que repusieron al frente del autogobierno catalán, autonomía que había sido suspendida por la II República. Lo primero que hizo Sánchez fue trasladar a los presos golpistas a cárceles controladas por la Generalidad. Y lo último que acaba de decir es que acepta realizar el referéndum que le exige el racista Quim Torra, la marioneta del cobarde Puigdemont. En sus primeros 100 días no ha parado de hablar de la momia de Franco mientras nos amenaza con una Comisión de la Verdad inspirada en la censura franquista.

A los pocos días de ser investido, atendiendo a las instrucciones que le había dado George Soros, ese gurú de la especulación financiera que se embarca en todos los tejemanejes que perjudiquen a las democracias occidentales, montó el pollo del Aquarius, provocando que ahora los inmigrantes ilegales se piensen que pueden asaltar nuestras fronteras igual que Sánchez tomó al asalto La Moncloa. Rectificando una decisión tras otra e incumpliendo todas sus promesas, Sánchez se ha centrado en enchufar a amigos y familiares y en convertir la radiotelevisión pública en TelePodemos. Y ahora está en cargarse el Senado para que no le puedan vetar las brutales subidas de impuestos con las que nos pretende masacrar, mientas acerca a los etarras presos no arrepentidos a la casa de sus papás.

100 días en los que ha hecho lo que le ha dado la gana sin oposición, con el PP enfangado en sus primarias y C’s más perdido que Pablo Iglesias en una peluquería, quitando lazos amarillos mientras Sánchez devuelve favores a los que le consiguieron su pensión vitalicia y el puestazo para Begoña, la del curriculum ‘fake’. Esta oposición que tenemos parece más interesada en que se agote la legislatura que el propio Sánchez, unos porque necesitan tiempo para intentar que se olviden sus escándalos de corrupción y los otros para que no nos acordemos de que firmaron con Sánchez un pacto de investidura. Vamos a tener que organizamos solos para salir en masa a la calle exigiendo unas elecciones en las que meterle al ‘okupa’ una patada en el culo que lo sitúe en la órbita de Saturno. O le aplicamos a Sánchez un 155 popular o al Presidente por Accidente no nos lo quitamos de encima ni con aceite hirviendo.

Casado vuela con alas de plomo
Alejo Vidal-Quadras Gaceta.es 5 Septiembre 2018

En la inauguración del curso político celebrada en Cotobade, provincia de Pontevedra, el joven, voluntarioso y flamante presidente del PP ha evocado la figura de su antecesor, con el que había volado en el mismo avión hacia Galicia, pero que no asistió al acto, en términos tan elogiosos que rozaron el ditirambo. Una cosa es tener unas palabras de cortesía afectuosa con el que encabezó su partido durante doce años y otra es identificarse con su legado y sus métodos. Lo primero es un gesto elegante, lo segundo, a la luz de la evolución del voto azul, un suicidio.

Pablo Casado ganó el Congreso Extraordinario del PP contra los deseos de Rajoy, que tenía ostensiblemente puestas todas sus complacencias en Soraya Sáenz de Santamaría, y que maniobró entre bastidores para que resultase ganadora, aunque sin éxito. Si Casado se alzó al final claramente con el triunfo fue precisamente porque los compromisarios interpretaron sus mensajes de campaña como una apenas disimulada rectificación de la pasividad, el burocratismo y el vaciamiento ideológico de la etapa que se cerraba. La herencia del presidente estafermo (copyright, Pedro J. Ramírez) es sencillamente un desastre. Deja un país con trescientos cincuenta mil millones más de deuda, un golpe de Estado en marcha en Cataluña y La Moncloa ocupada por un individuo al que se puede definir de manera amable como una veleta desorientada carente de cualquier principio. El desaprovechamiento de la mayoría absoluta de 2011 para acabar perdiendo sesenta escaños es uno de los fiascos políticos más notables que ha vivido España en el último siglo. Los españoles depositaron en Rajoy una enorme confianza tras la pesadilla zapateril y pusieron en sus manos el Congreso, el Senado, trece Comunidades Autónomas y cuarenta capitales de provincia. Un gobernante medianamente responsable y dotado de un mínimo de sentido de la oportunidad hubiera utilizado este inmenso capital de manera rápida e incisiva para acometer las reformas estructurales que el país necesita, embridar a los separatistas, racionalizar la Administración, despolitizar la justicia, poner en marcha un sistema educativo de calidad, abordar con eficacia el problema de la inmigración y dotar de competitividad a la economía.

La inacción que caracterizó la ejecutoria del Gobierno hasta su rendición envuelta en vapores alcohólicos a una coalición siniestra de golpistas, chavistas, etarras y un PSOE obsesionado por llegar al poder sin reparar en medios ni en riesgos, se puede calificar sin exageración de criminal. Si hoy estamos como estamos, con Cataluña desgarrada y desgarrándonos, con las fronteras convertidas en un coladero de asaltantes violentos, entrampados hasta las cejas y con nuestros jueces convertidos en objetos de irrisión por nuestros supuestos socios europeos, es en gran parte porque Mariano Rajoy se dedicó durante los cuatro años que pudo lo máximo a sestear en lo mínimo.

No en vano las encuestas le auguran en estos momentos al PP la pérdida de un centenar de escaños respecto a su espectacular victoria de 2011, lo que por sí solo debería hacer comprender a su actual cúpula que la identificación con los autores de semejante catástrofe no parece la estrategia de comunicación más inteligente. Casado dijo en Cotobade que “admira mucho todo lo que hizo” Rajoy, que “le gusta escucharlo y seguir haciéndole caso” y que en el PP deben “sentirse orgullosos de su labor”. A este despliegue de incienso ha añadido la peregrina idea de ponerle un despacho en Génova 13, deferencia innecesaria por cuanto el ex-presidente dispondrá de uno pagado por el presupuesto público. Semejante exhibición de adulación y de sumisión al dirigente que invitó a conservadores y liberales a marcharse, lo que, teniendo en cuenta que el PP se supone que es una formación liberal-conservadora, es bastante llamativo, rebaja la figura de Casado, demuestra inseguridad y le debilita frente al electorado y a sus enemigos internos. Si a lo anterior se añade su reproche a Ciudadanos por retirar lazos amarillos en Cataluña con el pusilánime argumento de que esta actitud valiente “aumenta la crispación”, cabe deducir que si bien al frente del PP hay otro rostro, los consejeros áulicos no han cambiado.

Pablo Casado vuela bajo porque lleva plomo en las alas y no se atreve a sacudirse el peso del pasado. O entiende que cada vez que se muestra identificado con el período rajoyesco-sorayesco vuelca paladas de los votos que todavía le quedan a las alforjas de Albert Rivera, o capotará sin remedio en el barro del fracaso.

No, querido progre, no existe un nacionalismo español
Cristian Campos El Espanol 5 Septiembre 2018

Tengo por ahí un par de artículos nacionalistas. Son de cuando yo pensaba que una hipotética Cataluña independiente sería un edén racionalista y neoliberal. La Massachusetts del Mediterráneo y tal. Rascacielos en las Ramblas y Steven Pinker dando clases en la Pompeu Fabra.

Bernat Dedéu, Jordi Graupera, Enric Vila y algún otro lo siguen creyendo, aunque a ratos se les intuye el desengaño. Creo que han empezado a asumir que el catalán medio se identifica más con Ada Colau y los rústicos de los tractores que con Francisco Cambó, para desgracia del catalán medio y de los que hemos de compartir ciudad con él.

Un buen amigo mío sueña con una Cataluña a la israelí. Con Mossos entrenados por el Mossad, empresas de tecnología punta en Vic, leyes de destierro para perroflautas y John Millius de presidente. Le compro la utopía, pero jamás se hará realidad: las elites catalanas son rurales y curiles a derecha e izquierda. Sobre todo a izquierda.

En fin. Por algún lado me tenían que salir treinta años de adoctrinamiento y me salieron por ahí. De niño, cantábamos cada día Els segadors antes de empezar las clases por la mañana. La profesora nos afeaba nuestro escaso oído musical pero de lo de “buen golpe de hoz, afilemos las herramientas, que tiemble el enemigo” en boca de doceañeros le sonaba a coro de querubines celestiales.

Por las ventanas de mi instituto de la avenida Gaudí de Barcelona se veía, a la remanguillé, la Sagrada Familia. Nos decían que no había nada igual en todo el mundo. Luego empiezas a viajar y descubres que todas las ciudades del mundo tienen algo que no tiene igual en el resto del mundo. Pero en ese momento yo no le veía nada raro a la baba cuatribarrada que los profesores derramaban a diario sobre nosotros. Era lo habitual. A esa edad te dicen que eres especial y te lo crees porque la alternativa (ser igual que tus vecinos) suena peor.

Otros se hacen comunistas y no salen jamás de esa mierda. A mí se me pasó relativamente rápido el nacionalismo. Pero durante unos meses, todos los que ahora se cuelgan el lazo amarillo en su perfil de Twitter me consideraron un héroe por “decir las cosas claras”. Se entiende. Llevaban décadas leyendo prensa catalana y el cuerpo les pedía un estilo más masculino que la melosa bazofia afrancesada que se estila por estos pagos, a fin de cuentas la retórica cursilona del cacique que se sabe sin oposición y puede dedicarse a plagiar impunemente artículos del Courrier International. Sólo hay una cosa más ridícula que un alemán bailando reggae y es un escritor de provincias con pretensiones de malote fino.

Ahora, los del lazo me llaman "cuñado" y me preguntan en los bares si Pedro J. me paga lo suficiente por “hacerle esto a Cataluña”. Se les ve oprimidos, con el gintonic en la mano. Todo lo que antes les parecía en mi boca la santa palabra de Dios son ahora fake news.

Pero a esos te haces. Peores son los otros. Los madrileñitos y galleguitos de izquierdas que comparan el nacionalismo catalán con un supuesto nacionalismo español. Alguien debería explicarles la diferencia entre patriotismo y nacionalismo. Que básicamente consiste en que el primero cree que su país es la hostia, mientras que el segundo cree que él (personalmente, en pelotas frente al espejo y en razón del pago administrativo en el que ha tenido el azar de nacer) es la hostia y los demás, una mierda. Cuando los supuestos mierdas viven en su mismo edificio, el nacionalismo se encuentra a un paso del nazismo.

Explicado de otra manera. La diferencia entre un patriota que se caga en todos los muertos del prusés y un nacionalista que se caga en todos los muertos de los colonos que han venido a afearle el paisaje es la que va de la rabia al asco. Lo explica aquí Cayetana Álvarez de Toledo. La rabia es coyuntural y tiene vuelta atrás. El asco es una enfermedad crónica.

No digamos ya si la izquierda nacional contribuye a equiparar moralmente ambas. “Ni rabia ni asco”, dicen. No, miren. No es lo mismo: la rabia es reactiva y el asco, proactivo. La primera puede provocar guerras. La segunda, genocidios, y es residual en la mayoría de España, salvo en Cataluña y el País Vasco. Y eso no quiere decir que esa sea la situación en esas dos regiones. Sólo que, en otras circunstancias históricas y políticas, como por ejemplo las existentes en la década de los años 30 del siglo pasado, podría serlo. No parece tan difícil de entender.

Sánchez intenta frenar a Torra privilegiándole con un cupo fiscal como el vasco
Carlos Cuesta okdiario 5 Septiembre 2018

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ofrece a Quim Torra aplicar los privilegios del cupo fiscal en Cataluña, como sucede actualmente con el País Vasco. El mismo Sánchez que aseguró en noviembre de 2017 que Cataluña debía seguir dentro del sistema general de financiación ha pasado a una segunda versión: la de ofrecer al presidente de la Generalitat pasar a tener los mismos privilegios fiscales que tienen los vascos gracias al sistema de concierto económico.

Esto se traduce en dar prácticamente independencia económica a los catalanes y la capacidad de poder recaudar ellos los impuestos, comunicar los ingresos que logran y negociar cada cinco años un cupo con el que salden los servicios prestados por el Estado en esa comunidad autónoma.

El ofrecimiento ha sido ya comunicado a la Generalitat. Y, de hecho, forma parte de la reforma estatutaria que el pasado lunes ofreció el presidente del Gobierno a Torra: un nuevo estatuto abierto a “todo lo que permita la ley”, como señalan los conocedores del plan. Y en esa ley ellos consideran que está incluido aplicar el trato fiscal vasco y navarro a Cataluña, pese a que lo cierto es que el sistema de concierto y fueros está recogido en la Constitución y no exclusivamente en una ley.

Las bases del PSOE nunca han apoyado el cupo
El respaldo al cupo nunca ha sido bien acogido por las bases del PSOE. De hecho cuando en noviembre de 2017 el PSOE votó a favor de la ley del Cupo vasco lo hizo con el fin de acercar posiciones a PNV y empezar a trabajar posibles alianzas de cara a la moción contra Rajoy que posterior y efectivamente llegó.

Las quejas internas no tardaron en llegar hasta el despacho de Pedro Sánchez. Pero el fin justificó los medios. Y Sánchez se enfrentó entonces a la mayoría de sus propios barones -Andalucía, Asturias, Castilla La Mancha y Valencia- que le pedían no respaldar el Cupo vasco porque para él era mejor contentar al PNV que atender las demandas de un aumento de los fondos regionales de sus propios feudos.

La escena se ha vuelto a repetir. Pero ahora directamente en territorio catalán. El presidente del Gobierno quiere una tregua en Cataluña. Quiere ganar tiempo para conseguir alargar la legislatura. Y claramente Torra no está por la labor. Y en esa tesitura, Sánchez volvió a tirar de interés propio y abrió la posibilidad a esta medida fiscal.

La contestación de los separatistas no tardó en llegar en forma de desplante: “No queremos autogobierno. Queremos independencia”, respondieron de inmediato desde la Generalitat.

Un desastre económico para el país
El desastre económico que podría suponer esta medida es notable. País Vasco y Navarra no llegan a sumar un peso del 10% del PIB nacional. Cataluña, sin embargo, casi el 20%. Y eso significa que sacar a Cataluña del sistema general equivaldría a perder su aportación al sistema nacional de solidaridad del resto de regiones. Porque desde el sistema de concierto se paga por los servicios prestados por el Estado en ese territorio. Y se abona desde la confianza de que las cifras de recaudación propias que se comunican son correctas. Dos premisas que en el caso catalán servirían obviamente para reducir la aportación al resto de territorios.

Según las balanzas fiscales, Cataluña aporta unos 8.000 millones de euros al sistema de solidaridad regional. Es la mitad de lo que aporta Madrid. Pero lo cierto es que equivale también, y justo, a lo que recibe Andalucía. Por lo que mantener esas transferencias de solidaridad sin la aportación de Cataluña sería muy complicado.

La caída del turismo, un indicio del desastre creado entre Moncloa y Generalitat
ESdiario 5 Septiembre 2018

La imagen exterior de España está lastrada por los conflictos y la demagogia que caracterizan a Pedro Sánchez y a Quim Torra y ya se puede cifrar con números muy inquietantes.

El mes de agosto ha sido el peor en diez años en materia de desempleo, lo que unido a otro dato desasosegante sobre la caída del 4.5% del turismo a España, dibuja un paisaje desastroso e inquietante que tiene responsables claros y no obedece ni a la casualidad ni a factores estacionales.

La coincidencia entre esas dos cifras y otras menos vistosas pero de igual impacto negativo (la bajada del consumo interno o del índice de producción industrial) completan, junto a la infame subida de las tarifas eléctricas y de los carburantes, un cuadro económico que nadie puede ya ocultar.

La imagen que proyecta España, por Sánchez y Torra, es de tensión, inseguridad, asaltos y coacciones
El desempleo y la reducción del turismo son efecto y causa de un mismo fenómeno que se explica fácilmente repasando la imagen internacional que España lleva meses proyectando, con especial intensidad este verano: coacciones con los lazos amarillos, mociones de censuras a cualquier precio, asaltos violentos a las fronteras, palizas de manteros a visitantes, turismofobia, acoso a hosteleros, espectacular incremento de las pateras por el efecto llamada o xenofobia independentista ocupan la crónica diaria en medio mundo por las decisiones directas -o falta de ellas- del Gobierno de Pedro Sánchez y de la Generalitat de Quim Torra.

En un ámbito tan competitivo y sensible como el del turismo, dar siquiera la sensación de inestabilidad o inseguridad es letal para el país de acogida, pues nada hay más renuente al conflicto que una familia programando sus vacaciones: no hace falta que el peligro o la incomodidad sean ciertos; basta con que así sean percibidos para que se busquen otros destinos.

Populismo y soberanismo
Y eso es lo que ha provocado Sánchez con su errática política migratoria, su inacción ante la presión soberanista en las propias calles ya y su complicidad con Torra, más por necesidad parlamentaria que por convicción ideológica. Y es lo que también han generado la Generalitat, con su política agresiva de imposición nacionalista, o alcaldesas como Colau o Carmena con su insólita tolerancia hacia la venta ambulante o la ocupación del espacio público de distintas maneras.

La frivolidad de políticos como Sánchez, Colau, Carmena o Torra daña ya a la economía y a la sociedad
El deterioro de la imagen de España es un hecho, especialmente lamentable teniendo en cuenta el peso que el sector tiene en la economía nacional en su conjunto. Pero además es una consecuencia directa de la frivolidad disparatada y la falta de criterio de Gobiernos insolventes que ponen en peligro la convivencia, el progreso y la riqueza del país mientras sus titulares, ellos sí, disponen de retribuciones y recursos sin límite alguno: no hay más que recordar el aumento de sueldo autoconcedido por Torra o la ligereza de Sánchez en el uso lúdico de aviones y helicópteros oficiales para constatarlo. Vergonzoso.

Por prevaricación y usurpación
Los juristas de 24DOS se querellan contra la jueza belga por "su inaceptable abuso de poder"
También se dirige contra Carles Puigdemont y los cuatro exconsellers fugados, contra Gonzalo Boye y contra la traductora del escrito.
Estrella Digital 5 Septiembre 2018

La asociación de juristas Movimiento 24DOS ha presentado hoy una querella contra la jueza belga que estudia la demanda civil contra el magistrado Pablo Llarena, que también se dirige contra Carles Puigdemont y los cuatro exconsellers fugados, contra Gonzalo Boye, uno de sus abogados, y contra la traductora del escrito.

En la querella, presentada ante la Audiencia Nacional, la asociación considera "del todo inadmisible" la demanda presentada en Bélgica por el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y cuatro de sus exconsellers contra el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena.

Tras conocer que la jueza belga no ha rechazado de plano la demanda y que el procedimiento sigue adelante después de que la magistrada aplazase hoy la vista al próximo 25 de septiembre, la asociación ha decidido presentar una querella en la Audiencia Nacional contra la magistrada en la que solicita la declaración de todos los querellados.

En concreto, Movimiento 24DOS se ha querellado por los delitos de prevaricación y usurpación de funciones contra la jueza belga del juzgado de primera instancia francófono de Bruselas, que estudia la demanda. "La intromisión de la jueza belga puede ser combatida por la jurisdicción atacada mediante el mecanismo establecido por la ley para depurar la responsabilidad penal de los jueces que cometan acciones prevaricadoras. Si no fuera así. la potestad jurisdiccional española se acabaría entregando a órganos extranjeros a los que no se les puede exigir responsabilidad por inaceptables abusos del poder que se les ha concedido, en base a una confianza que se ve burlada".

A Carles Puigdemont y los cuatro exconsellers les atribuye "indiciariamente" un delito de prevaricación y usurpación de funciones en calidad de inductores, el mismo por el que se querella contra el coordinador de su defensa, Gonzalo Boye.

La asociación considera que este abogado también podría ser autor de un delito de presentación de traducción falsa o, alternativamente, de falsedad documental "en el caso de que actuara concertado con la traductora" para tergiversar las palabras que Llarena pronunció en una conferencia de Oviedo, donde negó la existencia de presos políticos. Un "error" de traducción, según la defensa de Puigdemont, que hoy ha puesto de manifiesto a la jueza belga durante la audiencia preliminar.

Pero, a juicio de Movimiento 24DOS, "la traducción falseada tergiversaba intencionadamente "las palabras de Llarena y "en el hipotético caso de que alguna expresión hubiera sido indicativa de falta de neutralidad", no es competencia de la Justicia belga estudiar "las consecuencias legales que de ello se derivaran".

Además, la querella incluye a la traductora ante "la necesidad de tomarle declaración" dado que el abogado de Puigdemont le atribuyó "públicamente" el error de la traducción. La asociación considera que la demanda pretende "violar la integridad y dignidad de la jurisdicción española", "amedrentar" a Llarena y "perjudicar" la causa abierta por el "procés" en el Tribunal Supremo.

Movimiento 24DOS está presidido por Nicolás González-Cuéllar, catedrático de Derecho Procesal en la Universidad de Castilla-La Mancha y socio director del despacho González-Cuéllar Abogados, y entre su equipo directivo figuran el exfiscal de la Audiencia Nacional Ignacio Gordillo y el exjuez del Supremo Adolfo Prego.

Dictadura lingüística en las Islas Baleares
La socialista Armengol informa a los turistas en los hoteles que Baleares “forma parte de los países catalanes”

Nacho Doral okdiario 5 Septiembre 2018

El gobierno de la socialista Francina Armengol en Baleares ha comenzado a distribuir más de 4 millones de tarjetas en hoteles de las islas para difundir el catalán entre los turistas. Una campaña ideada por la Obra Cultural Balear (trasunto de la Ómnium separatista en Cataluña) y que persigue difundir entre los visitantes de las islas que ese es el idioma que se habla en los imaginados ‘Països Catalans’, y entre los propios baleares la “necesidad de tener autoestima lingüística”. La campaña ha costado 24.500 euros y ya está siendo objeto de crítica por parte de pequeños y medianos hosteleros.

Los primeros paquetes de tarjetas (en nueve idiomas) y expositores de pared que incluye esta campaña de la Dirección General de Política Lingüística del gobierno balear, denominada ‘Benvinguts’, ya están siendo recibidos en las oficinas y recepciones de estos establecimientos. Las cajas de material vienen acompañadas de una carta firmada por la vicepresidenta del Govern y responsable de Turismo, Bel Busquets, y la consellera de Cultura, Fanny Tur.

Una carta en la que se pide que coloquen los expositores y las tarjetas “en un lugar visible, como el mostrador de recepción o de atención”. Asimismo, el gobierno balear se ofrece a “reponer las tarjetas” en caso de agotarlas. Los hoteles han sido los primeros en recibirlas pero la Conselleria de Cultura ha avanzado que se repartirán en un total de 1.554 lugares, y además de en hoteles, también en oficinas de turismo, puntos de información e incluso museos.

El nuevo paso del Ejecutivo pancatalanista que integran PSIB-PSOE, Podemos y Mès bajo la presidencia de Francina Armengol ha recibido las críticas de hosteleros contactados por OKDIARIO que ya han comenzado a recibir las tarjetas y que piden no decir sus nombres “por temor al boicot” . “Es ridículo y además se han gastado un dineral que sale de nuestros impuestos “, indica el propietario de un establecimiento en Palma de Mallorca, mientras que desde Ibiza, donde siguen a la espera de recibirlos, otro empresario ya anuncia: “Acabarán en la basura”.

Contra”la lengua de otra comunidad”
La Plataforma Mos Movem, que lucha contra la erradicación del español de la Sanidad, la Administración y la Educación pública en Baleares y que reivindica el balear frente al catalán, ha denunciado asimismo que se destine “más dinero” a imponer “la lengua de otra comunidad”. Entretanto, la Dirección de Política Lingüística ya está haciendo llegar los folletos a los puntos de distribución de las cuatro islas: Mallorca (1.187), Ibiza (182), Menorca (136) y Formentera (49).

En las tarjetas aparece este texto de presentación del catalán: “Soy la lengua catalana, propia de las Islas Baleares y junto con los demás territorios catalanoparlantes formo una comunidad de más de diez millones de hablantes”. En el reverso figura un breve diccionario de palabras y expresiones básicas en catalán como ‘bon dia’, ‘gràcies’ o ‘bon profit’.

Esta campaña responde a la exigencia de la Obra Cultural Balear (OCB), cuando reclamó el pasado julio al ‘Govern’ que una parte de la recaudación de la ecotasa se trasladara al turismo la “normalización del catalán”, y que esta entidad aspira a imponer en lo que denominan ‘Països Catalans’. La OCB recibe subvenciones de la Generalitat de Cataluña (60.000 euros le concedió el golpista y prófugo Carles Puigdemont el pasado año) y ha concedido premios a ‘Los Jordis’.

Los turistas aragoneses abandonan la costa catalana: "Es una reacción sentimental"
Las inmobiliarias de la Costa Dorada, en Tarragona, confirman que las familias españolas prefieren invertir en Castellón y avisan de que algunas agencias terminarán quebrando
David Brunat El Confidencial 5 Septiembre 2018

El turismo nacional ha dado la espalda este verano a los principales destinos de sol y playa catalanes. No ha sido un abandono masivo, pero sí notable. La propia Generalitat ha señalado en un informe reciente que el turismo español se ha desplomado un 11,3% respecto a 2017, en comparación con el 3,9% del turismo extranjero. Los efectos los ha padecido principalmente Tarragona, que ha visto cómo su cliente estrella, la familia que viene de Aragón y también de Navarra, se ha decantado este año por otros destinos como Peñíscola y la costa de Castellón, casi a la misma distancia y con menos controversias políticas.

"Nos preocupa porque no se trata de una crisis económica o de algo cíclico que ya pasará, esta es una reacción que afecta a los sentimientos. Será difícil deshacer en el futuro la percepción de toda esa gente que ya no viaja a Cataluña por cuestiones políticas", explica Pilar Oliver, gerente de Servicios Inmobiliarios Sant Just, ubicado en La Pineda. En efecto, el turista aragonés de la Costa Dorada es una persona muy leal al destino, familias que en muchas ocasiones llevan décadas veraneando en los pueblos de Tarragona donde ya han establecido un vínculo fuerte. "El problema no viene tanto de que la gente esté vendiendo sus apartamentos, por ahí aún no notamos mucha diferencia. Pero sí se nota un bajón en las compras, en mi caso del 30%". A la hora de comprar, indican los agentes, a las familias no les importa ir un pueblo más arriba o más abajo. "Y eso lo están agradeciendo las agencias de Peñíscola, donde me consta que están vendiendo muchísimo", sostiene Oliver.

En general, los inversores no confiesan que dejan de comprar o que venden sus casas por el 'procés', aunque algunos lo dan a entender. "Hay propietarios de Aragón que te dicen que les da mucha pena poner su piso en venta después de tantos años, pero que ya llevaban tiempo pensándolo y con todo lo que está pasando se han decidido. Luego hay otros que ni mencionan la política", cuenta la gerente de Servicios Inmobiliarios Sant Just.

Para los agentes de Tarragona, el cliente nacional es sinónimo casi en exclusiva de turista aragonés y en menor medida navarro. Para Oliver, los aragoneses suman el 40% de su cartera de clientes, cifras que comparten casi todas las inmobiliarias de la Costa Dorada. Por eso, que la comunidad vecina esté dando la espalda a Cataluña significa que la superviviencia de muchas agencias inmobiliarias está en peligro. Todo mientras Cambrils y Salou, núcleos turísticos por excelencia, vivían en pleno agosto sendas concentraciones a favor y en contra de la independencia de Cataluña, que finalmente se saldaron sin incidentes.

Caídas del 90%
“Si antes vendía 30 inmuebles a clientes del resto de España en un año, ahora he vendido tres. Y eso hace que el pastel sea mucho más pequeño", confirma Álvaro García, gerente de Metrofinques. "Todos estamos preocupados. No nos metemos en si el bajón ha sido por la política o por otros factores, pero nadie puede negar que el bajón existe y que nos está perjudicando. Por suerte, mantenemos el cliente extranjero, pero por muy bien que vaya nunca va a suplir lo que no compra el cliente nacional. El problema se hará más grave cuanto más dure la inestabilidad política en Cataluña, porque a la familia que viene de Zaragoza, una vez coge el coche, le da igual hacer dos horas hasta Cambrils que dos horas y media hasta Castellón. No sabemos si volverán y eso nos preocupa".

En efecto, el mercado inmobiliario de Castellón vive una auténtica luna de miel a causa de varios factores, y el 'procés' es uno de ellos. "Podríamos decir que lo de Cataluña viene a sumarse al buen momento que vive la costa de Castellón, pero en absoluto se debe solo a eso", puntualiza Paco Brau, gerente de Inmobiliaria Brau, en Peñíscola. "Un motivo claro es que el turismo español es sobre todo familiar y tradicional. Aquí la gente viene a comer bien y a alejarse del ambiente de discotecas y jaleo que hay en la Costa Dorada. Y luego Castellón sigue siendo más barato que Tarragona y eso influye mucho. Yo lo de la política lo pondría en segundo plano".

Los datos de Castellón son espectaculares. Cada día se venden tres casas a compradores extranjeros, mientras el turista nacional desembarca en masa, lo que se ha notado especialmente en el alquiler vacacional este verano. En el primer trimestre de 2018, Castellón vendió un 23% más de propiedades que en el mismo periodo de 2017. Más allá de las causas, que pueden ser discutibles, la realidad es muy tozuda: la autopista y las carreteras secundiarias de Castellón aparecían atestadas de coches estas últimas semanas de agosto. Apenas unos kilómetros al norte, en los parajes del Delta del Ebro en Tarragona, kilómetros de playa lucían semivacíos.

En Sant Carles de la Ràpita, por ejemplo, los clásicos restaurantes de pescado han pasado noches enteras medio vacíos, faltos de ese cliente aragonés que siempre ha llenado en verano sus locales y que ahora no ha aparecido. Algunos hosteleros lo achacan al vídeo de los enfrentamientos del 1 de octubre, que se hizo viral porque la Guardia Civil tuvo que retirarse a causa de las pedradas que recibía por parte de defensores de las urnas.

Joaquim Cristià, gerente de Brisasol y vicepresidente de la Asociación de Apartamentos Turísticos Costa Daurada y Terres de l’Ebre, trata de contextualizar el batacazo inmobiliario de Tarragona, aunque comparte el miedo a que esta situación de crisis haya venido para quedarse. "No sabemos si pasará o si esta es la nueva realidad, pero debemos analizar muy bien las causas y no ser alarmistas. Ojalá no se hubiera producido la crisis política en Cataluña y todo fuera maravilloso, pero las cosas son así y debemos adaptarnos al mercado. Habrá agencias que desaparecerán porque el pastel es más pequeño, y la clave estará en saber adaptarse a este nuevo entorno. Por ejemplo, saber captar otros mercados, como Francia, que puedan llegar a sustituir la caída de la demanda de la zona de Aragón".

Solo unos pocos aseguran que no han perdido negocio este año. Es el caso de Immocambrils, cuyo gerente, Marc Codina, afirma que tiene "el doble de cliente nacional" que hace un año, familias de Aragón, País Vasco o Andalucía que no se sienten en absoluto condicionadas por el 'procés'.

En términos globales, Cataluña cerrará la temporada turística con un descenso de la ocupación de más del 5% en relación con 2017. A nivel hotelero, la Costa Dorada pasará del 86,9% de ocupación al 80,3%. Por su parte, la facturación de viviendas de uso turístico caerá hasta un 10%, según datos de la Asociación de Apartamentos Turísticos (Apartur).

La RTVE de Sánchez: España y Cataluña, "dos países tan polarizados"
El cambio se nota y mucho. Este martes el nuevo presentador de Los Desayunos de RTVE se refería a España y Cataluña como "dos países tan polarizados".
Libertad Digital 5 Septiembre 2018

Ha sido uno de los empeños de Sánchez en sus primeros días en la Moncloa, cambiar la dirección de RTVE. Sus escasos 84 diputados y sus apoyos golpistas, proetarras y comunistas en el Congreso le alcanzaron para consensuar una "administradora única" provisional, Rosa María Mateo. Su provisionalidad, sin embargo, no ha sido impedimento para darle un giro copernicano al ente público.

Las pistas del giro, bulos para algunos, pasan por la purga de buena parte de presentadores y tertulianos, además de programas, y por cambios de tendencia que se evidencian, por ejemplo, en comprar el discurso a los separatistas catalanes: para el nuevo presentador de Los Desayunos, España y Cataluña son "dos países muy polarizados".

Este martes por la mañana el programa informativo matinal de RTVE, ahora capitaneado por el periodista Xabier Fortes, entrevistaba al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, horas antes de que Joaquim Torra, presidente xenófobo de la Generalidad, profiriese nuevas amenazas en su conferencia política. En la entrevista, Xabier Fortes preguntó al líder naranja por su pronóstico sobre el discurso que se escucharía esa misma tarde y por si creía que había puntos de encuentro entre "estos dos países tan polarizados". Ponía así al mismo nivel a Cataluña y España y asumía que defender el constitucionalismo es una actitud de un país "polarizado".

Este miércoles Xabier Fortes ha pedido disculpas y ha explicado que fue un lapsus después de "tres horas de programa". Se trata de la misma excusa que puso la presentadora del canal 24 horas del ente público cuando se refirió a etarras en prisión como "presos políticos". También habló de lapsus.

Desde que Begoña Alegría se ha encargado de los informativos del ente público han salido del mismo periodistas como Sergio Martín, Pedro Carreño o Víctor Arribas. Pese a todo, dice Alegría en un periódico digital que no se ha producido ninguna purga.

En el mismo medio Alegría también resta importancia al hecho de que se anulara la emisión de un reportaje sobre los 100 primeros días de gobierno de Pedro Sánchez en el programa Informe Semanal. Según su propio relato, el problema de ese reportaje es que estaba incompleto, porque no se incluían asuntos como el apoyo del Gobierno al juez Llarena. Al estar incompleto, y cumplirse los 100 días de gobierno el próximo día 12, se decidió no emitir el reportaje, según dice.

TRAS LAS PALABRAS DE TORRA
VOX reclama la suspensión ‘sine die’ de la autonomía de Cataluña
La Gaceta  5 Septiembre 2018

Ha sido la respuesta más rotunda del espectro político tras las amenazas de Quim Torra. El presidente de VOX, Santiago Abascal, ha señalado, después del discurso separatista del presidente autonómico catalán, que la única opción que cabe en Cataluña es la suspensión sine die de la autonomía:

“Ante la continuación de la rebelión anunciada hoy por Torra solo cabe: suspensión de la autonomía sine die; ilegalización de organizaciones y partidos golpistas; disolución de la policía autonómica catalana”. Y añade: “Eso, o la situación derivará en enfrentamientos civiles en la calle”.

La respuesta de Ciudadanos
Desde Ciudadanos, el presidente de la formación naranja, Albert Rivera, ha urgido al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a aplicar en Cataluña el artículo 155 de la Constitución al considerar sus palabras desde el Teatro Nacional “otra ofensiva para tratar de liquidar España”. “Torra desprecia a la mayoría de catalanes y anuncia otra ofensiva para tratar de liquidar España. Basta ya, señor Sánchez: rompa con los separatistas, apliquemos el 155 antes de que sea tarde”, ha escrito Rivera en su cuenta de Twitter.

Según un comunicado remitido por la formación naranja, el Govern se ha “declarado en rebeldía” y ante su anuncio de acometer “un nuevo golpe a la democracia”, el Gobierno debe requerir a Torra de manera urgente que cumpla la Constitución y el Estatut y, si no lo hace, aplicar el artículo 155 para proteger a millones de catalanes.

El PP catalán
Desde Cataluña, y a falta de un comunicado oficial del líder del PP, Pablo Casado, el líder autonómico del partido, Xavier García Albiol, tildaba de “declaración de sublevación en toda regla” las palabras de Quim Torra. “Lo importante hoy ya no es este último desvarío sino cómo Pedro Sánchez va a parar este ataque a la libertad y al Estado de derecho en Cataluña”, añadía.


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