AGLI Recortes de Prensa   Sábado 8  Septiembre 2018

La Educación no puede funcionar con 17 sistemas
EDITORIAL El Mundo 8 Septiembre 2018

España funciona de facto con 17 sistemas educativos diferentes. Cada uno con su currículo particular, con su normativa diferenciada y su peculiar forma de financiación. Así, al menos, lo denuncia la Asociación Nacional de Editores de Libros que señala a la actual ley educativa, la Lomce, de ser la responsable de que existan 17 ediciones específicas para cada materia y para cada curso. En total casi 11.000 libros de texto distintos. Una realidad que da cuenta del fracaso colectivo que representa la Educación en nuestro país, donde cada comunidad autónoma utiliza las herramientas que le permite una ley mal concebida para encargar libros a la carta que recojan elementos de su identidad regional en materias tan poco dadas a la interpretación como las matemáticas. Al menos, un 30% del contenido de los libros de texto es diferente en cada autonomía.

Ayer, en un acto de cinismo que poco sorprende ya en miembros de este Gobierno, la ministra Isabel Celaá intentó minimizar el problema y reducir a "cuatro o cinco" editoriales las que editan libros de texto escolares, cuando la realidad es que existen alrededor de 50. Por esta razón, editores, padres y familias han pedido al Gobierno que tome cartas en el asunto, imponiendo un solo libro de texto por materia al que se incorporen como anexo los contenidos propios de cada comunidad. Esa fórmula, además de introducir coherencia y uniformidad en los contenidos que se imparten en toda España, representaría un considerable ahorro para las familias, que verían abaratado en al menos un 20% el coste de los libros de texto.

Sorprende que el Ejecutivo de Sánchez se haya mostrado dispuesto a revisar los libros de texto para eliminar posibles contenidos sexistas y argumente en esta ocasión que la Educación está transferida, declarándose incapaz de racionalizar esta disfunción, que repercute negativamente en la calidad del sistema educativo y en la formación de nuestros estudiantes, cuyo nivel dependerá del lugar en el que le toque estudiar. Es una locura que libros que se utilizan en una comunidad autónoma sean inservibles en otras. O que, con motivos que exceden lo estrictamente formativo, las consejerías autonómicas de Educación se inventen nuevas asignaturas y obliguen a los alumnos a comprar manuales de, por ejemplo, Cultura Asturiana o Cultura Digital. Nuestro país necesita con urgencia un Pacto de Estado que elabore una ley consensuada de Educación, que además de estable sirva para formar y educar a los ciudadanos del futuro y a unos jóvenes que tendrán que encontrar su sitio en un mercado laboral globalizado y cada vez más competitivo. Seguir promulgando y derogando leyes educativos con el sello de cada partido político es una irresponsabilidad que está provocando que España se encuentre siempre a la cola en los ránkings internacionales que evalúan la calidad educativa.

Resulta paradójico, además, que un instrumento idóneo para articular la integración territorial como es la Educación, sirva en nuestro país para lo contrario, para dividir y establecer diferencias entre los ciudadanos. Es necesario que determinados contenidos sean estrictamente iguales para todos los alumnos en todas las CCAA.

El pacto de los necios
EDITORIAL  Libertad Digital 8 Septiembre 2018

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tienen un principio de acuerdo, según anunció el líder de Podemos el pasado jueves tras la reunión mantenida con el presidente del Gobierno en la Moncloa. PSOE y Podemos llevan varias semanas negociando diferentes medidas en materia fiscal y en el ámbito de políticas públicas de cara a la posible aprobación de los Presupuestos Generales del Estado en 2019. Sin embargo, este posible pacto no solo carece de la más mínima credibilidad, sino que, en el peor de los casos, su puesta en marcha volvería a situar a España al borde de la quiebra, regresando así a los peores momentos de la crisis económica.

Lo primero que llama la atención es que Podemos, en realidad, no pretende negociar las cuentas públicas, sino imponer su particular programa de gobierno a Sánchez, a imagen y semejanza de lo que intentó en su día cuando el secretario general del PSOE se postuló por primera vez a la Presidencia. Una cosa es discutir las subidas de ciertos impuestos o la modificación de algunas partidas y otra muy distinta condicionar la aprobación de los Presupuestos a la aceptación de la mayoría de promesas electorales formuladas por un partido, que es a lo que aspira Podemos.

La novedad, en este caso, es que el líder socialista está dispuesto a transigir con el largo listado de demandas y peticiones diseñadas por la formación morada, a pesar de que la mayoría son de imposible cumplimiento. Entre las cuestiones aceptadas, destaca la revalorización de las pensiones con el IPC, el aumento de las becas, la gratuidad de la educación infantil y de los libros de texto, la eliminación del copago farmacéutico, la limitación en los precios del alquiler, la derogación de la reforma laboral y hasta la prohibición de armas nucleares, por poner tan sólo algunos ejemplos.

De ahí, precisamente, que el pacto entre Pedro y Pablo no deje de ser un acuerdo de necios. En primer lugar, porque no es creíble, y, en segundo término, porque supondría un suicidio desde el punto de vista económico. O bien Sánchez mintió el pasado jueves al comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, al prometerle que España cumplirá los objetivos de déficit o bien mintió a Iglesias esa misma tarde tras dar su visto bueno a las insostenibles promesas de gasto propuestas por Podemos, pero lo que no puede ser son ambas cosas a la vez. El Gobierno socialista insiste en que el déficit se situará por debajo del 3% del PIB este año y bajará del 2% el siguiente, lo cual requerirá un ajuste de 15.000 millones de euros, como mínimo. Pero esa meta es absolutamente incompatible con unos Presupuestos hechos a imagen y semejanza de las prioridades de Iglesias, ya que la suma de todas las promesas que están encima de la mesa de negociación ascendería a varias decenas de miles de millones de euros. O una cosa o la otra.

Lo más grave, sin embargo, es que la aceptación del programa podemita condenaría a España a una nueva crisis. Y ello con el único fin de que Sánchez se parapete en el poder hasta 2020. Disparar el gasto público, el déficit y la deuda, al tiempo que se aumentan los impuestos a familias y empresas y se revierten reformas estructurales, especialmente la laboral, volvería a colocar a la economía nacional en el ojo del huracán. Basta echar un vistazo a lo que está sucediendo en Italia para percatarse de que el populismo se cobra una elevada factura.

Sea como fuere, la imagen que transmite el Gobierno español resulta, simplemente, vergonzosa. Sánchez e Iglesias tan sólo buscan su propio interés y, con tal de conseguir sus objetivos, están dispuestos a llevarse por delante la solvencia del país y el bienestar de los españoles.

Tres tristes trileros
Carlos Dávila okdiario  8 Septiembre 2018

La romería monclovita del vicepresidente efectivo del Gobierno, conocido prócer, Pablo Iglesias, constató la siguiente evidencia: todo está atado y bien atado. Bien visto, los iconoclastas de Franco son émulos muy aplicados de la política que siguió durante cuarenta años el general y que consistía en sólo esto: no estáis preparados para vivir en autonomía, por eso me tengo que ocupar de vosotros. Sobre Franco por cierto una digresión mínima: como sigan empeñados en llevarse la momia a no se sabe dónde, el Valle de los Caídos va a declarar el no hay entradas. Esta semana, camino de El Escorial, crucé por los alrededores y la cola de acceso a la tumba llegaba casi hasta el pueblo de Guadarrama, no hasta el centro de la villa porque allí mora Montoro, el depredador más grande los últimos siglos de España, y la gente le huye no vaya a ser que le sise la cartera otra vez.

Pero volvamos al caso. Presidente efectivo y vicepresidente adosado se pegaron durante un par de horas un festín político para decidir qué hacer con nosotros —unos pobrecitos que no les merecemos— de aquí a dos años cuando este país se caiga definitivamente. Como están en perseguir la ruina a base de imponer impuestos que parecen ya las hojas de alcabala, como están en predicar mejores pensiones después de subirles la vida universalmente a los jubilados, y como están en presentar al rico en plazas públicas para que la plebe orine sobre sus vergüenzas, los dos trileros, ya han decidido que para lograr tan grandes réditos, la receta el es diálogo, sobre todo si éste se entabla con presuntos delincuentes como es el caso del tercer trilero de la serie: Torra.

El Frente Popular que está en marcha se sustenta sobre el acuerdo de estos tres tristes trileros. Tristes porque ¿no me negarán que Sánchez, Iglesias y Torra son más tediosos e infaustos que aquel gafe de Primo de Rivera que cada vez que se acercaba al dictador causaba una desgracia morrocotuda? Él era incluso cenizo consigo mismo. Se presentaba ya en la República como la mano derecha de Calvo Sotelo, así que cuando la horda roja asesinó a don José, le faltó tiempo para buscar al presuntuoso y darle el paseíllo.

Ya se ve que en España se está poniendo de ultramoda otra vez el lenguaje del Frente Popular. En los treinta, los trileros eran por este orden Largo Caballero (el Sánchez de ahora), Companys (el Torra de este momento) y La Pasionaria (salvando el género y el tiempo, lo más parecido al actual Pablo Iglesias). Entre los tres, tristes trileros del XXI, han subvertido el orden político de España sin importarles ni un pimiento qué será de esta Nación antigua y entregada (aquí de valientes, nada de nada) el día en el que el Dios en el que no creen, decida enviarles al tinte. Se contradicen, pactan por lo bajo, se intercambian cromos y juguetean con nosotros como si ellos fueran los payasos de la tele y el país entero una colección de descerebrados que según pregona el gurucillo recortado y verborreico Redondo, entregará su voto al trío porque ni como tal, ni cogidos individualmente tiene rival conocido. Esta semana empieza de verdad la fiesta; sólo hay que desear que la España de la sensatez y el progreso, no de respiro a estos tres tristes trileros y que eso sí, en su bondad, les envíe a esconder su bolita en cualquier plaza pueblerina. Aunque no sé: tampoco ese es su sitio.

Una tele controlada por los comunistas y pagada con nuestros impuestos
OKDIARIO  8 Septiembre 2018

Ser vicepresidente y controlar TVE. Esas eran las dos exigencias que Pablo Iglesias le planteó en enero de 2016 a Pedro Sánchez, como parte de un posible acuerdo de investidura para que el socialista llegara a La Moncloa. Sin embargo, el pacto no se materializó y las aspiraciones de Iglesias se truncaron. Dos años después, el líder de Podemos se ha encontrado de sopetón con una nueva oportunidad de conseguir sus dos objetivos primigenios. El primero, de facto, ya lo ha logrado “cogobernando desde el Parlamento”. Y el segundo, a tenor de la situación que se vive en estos momentos en TVE, también.

La purga stalinista puesta en marcha por la provisional Rosa María Mateo no ha hecho más que enervar y enrarecer todavía más el ya de por sí irrespirable ambiente en el Ente público. Los ‘viernes negros’, que buscaban una TVE más plural y acabar con la supuesta manipulación por parte de los directivos impuestos por el PP, ha desembocado en una caza de brujas digna del comisario Lavrenti Beria. El revanchismo se ha apoderado de los pasillos de la sede de la calle O’Donnell, con frases como la que pudo escuchar el pasado martes el secretario general del PP, Teodoro García: “Ahora la dirección somos nosotros [por el PSOE o más bien por Podemos]”.

Pedro Sánchez ha cedido a las exigencias del dueño del casoplón en Galapagar, pensando quizá que la mayoría de la plantilla de la ‘nueva’ RTVE seguía siendo fiel al puño y la rosa. Sin embargo, el líder del PSOE se equivoca. La pluralidad que demandaban los ‘camisetas negras’ sigue brillando por su ausencia, no hay más que ver los resúmenes de prensa que se realizan en programas informativos, que obvian a medios que no son de la cuerda de los nuevos comisarios políticos pese a que, por audiencia, deberían estar reflejados. Los que antes guardaban la fidelidad más absoluta a los socialistas se han ido podemizando y ahora están encantados con el nuevo rumbo que ha tomado la tele pública. TVE ha pasado a estar controlada por comunistas, eso sí, sin jugarse ni un euro porque en este caso pagamos todos.

La tele del señorito
LUIS MIGUEL FUENTES El Mundo  8 Septiembre 2018

La televisiones públicas no son públicas, ni de partido (como si el partido fuera algo más que un montón de gente expectante bajo la peana del jefe, igual que esos cuadros del Juicio Final). Las televisiones públicas son televisiones de señorito. El señorito llega, el señorito dispone, que para eso es el señorito. Y eso no es tiranía, sino el orden natural de las cosas, como el de la vajilla, como el de los cubiertos formados igual que fusileros o ángeles trompetistas, el orden militar o teológico de la casa. El señorito ni siquiera tiene que mandar, ya aparecen las cosas antes de que las pida, con un leve crujido repostero de toquilla. Ni con Felipe (señorito y capataz a la vez, como un papa soldado), ni con Aznar, ni con Rajoy, ni siquiera con Zapatero (que quizá era la Viridiana de los señoritos, pero todavía señorito), ha sido muy diferente. Menos con Sánchez, señorito con hambre de pobre harto de pan (que pregunten a su servicio cómo es el señorito). Para acabar con las teles de señorito habría que acabar con toda una forma de vivir, como si demoliéramos el estilo colonial. Aquí no hay cultura de lo público, ya lo hemos dicho. Lo público es un botín de guerra. No podríamos hacer una BBC como no podríamos hacer una liga de críquet.

La limpieza de Rosa María Mateo, urgente y total, de gobernanta, de salfumán, es desinfección ideológica, y eso sólo se puede hacer desde otra ideología. No ha quedado casi nadie, sólo algunos rostros neutros, blancos como caretas, inofensivos por trasplantables. Hasta Jesús Álvarez, ya con su voz histórica y subliminal de vuelta ciclista, ha sido purgado. Ahora, en la TVE libre, Torra pronuncia su conferencia de pausado totalitarismo, como un Nüremberg curil, y Canal 24 Horas rotula el miércoles: «Abiertos a dialogar». Y el reportaje de 'Informe Semanal' sobre los 100 días de Sánchez se lo come el perro. Y Xabier Fortes se refiere a España y Cataluña como «dos países». Se disculpó, luego, por ese "lapsus linguae", y lo terminó de arreglar aclarando que se refería a "dos sentimientos identitarios opuestos". "Sentimientos", y además «opuestos», o sea equiparables, nada de la ley contra su negación. Así huele la libertad, al whisky del señorito. Ya está la casa limpia, como al señorito le gusta.

Una jodida vergüenza
JORGE BUSTOS El Mundo  8 Septiembre 2018

A Podemos no le ha gustado que un excombatiente nacional y uno republicano conversen amigablemente. A Monedero le ha parecido "una jodida vergüenza". Iglesias no imagina a un judío (el republicano) dialogando con un SS (el nacional), y nosotros tampoco, porque ningún judío violó y mató a ninguna monja nazi, por coronar su delirante analogía. Toda la sensibilidad para la equidistancia inicua que les falta para advertirla entre supremacistas y partidarios de la legalidad en la España de hoy la derraman amargamente sobre el golpe de ayer. Pero esta hipermetropía moral, que ve mucho de lejos y nada de cerca, no obedece al intento melancólico de ganar la guerra 80 años después, como se dice, sino a la clara conciencia de que el pasado, bien manejado, ni siquiera es pasado, como sabía Faulkner. Occidente libra una guerra cultural cuyo armamento es el victimismo retrospectivo. La memoria histórica a la española no es un combustible diferente del indigenismo, el hembrismo o el trumpismo redneck: todos cultivan el fetichismo de la herida propia. Quien exhiba la cicatriz más honda ganará la empatía presente y la elección futura. Con el poder llega la subvención, con ella el clientelismo, con este la religión organizada. Y al que se desvíe del dogma le aguarda la hoguera de los fachas.

A riesgo de arder recordaremos que José no es superior moralmente a Germán por haber luchado en el bando republicano. Tampoco es verdad que se enfrentaran sin más fascismo y democracia, estúpido esquematismo que olvida el peso de la religión en unos y el del estalinismo en otros. Pero el peor error de los adanes cainitas es confundir la amnistía con la amnesia. José y Germán se abrazan porque ningún profesor de la Complu les tiene que contar lo que vieron. Kipling explicó en tres palabras la Gran Guerra: "Nuestros padres mintieron". Ahora se ponen a mentir los nietos porque no estaban allí. No han visto una guerra civil en su puta vida. Aunque quizá Monedero esté a tiempo: solo tiene que regresar a Venezuela.

Primer Año Triunfal
Javier Somalo  Libertad Digital 8 Septiembre 2018

Hace ahora un año, la entonces vicepresidenta del Gobierno dijo: "La democracia ha muerto en Cataluña". Sucedió cuando el Parlamento de Cataluña inició, ya operativamente, el golpe de Estado.

En el año que nos separa de aquella frase han sucedido muchas cosas. El Rey sacó a las calles de Barcelona a un millón de personas con banderas de su país, o sea de España. El Gobierno aplicó unas gotitas de ese artículo "que nadie quiere aplicar" dejando intactas las estructuras golpistas. La Justicia encarceló a unos cuantos. Otros huyeron. Un tal Pedro Sánchez volvió del olvido y planteó una moción de censura contra el presidente Rajoy a cuenta de la sentencia del caso Gürtel. Conmovedor. Ganó y se convirtió en presidente del Gobierno, su única meta, con el apoyo de extrema izquierda, separatistas y colegas de los terroristas de siempre. Rajoy, que pudo evitarlo y no quiso, accedió a la censura, dimitió de su cargo en el PP, tramitó el sueldo y privilegios vitalicios y, tras una elección a vuelta y media, fue sustituido por Pablo Casado, que logró sortear los cepos colocados por furtivos de su bancada.

No es el primer año acelerado de la Historia de España del siglo XXI. Baste recordar aquel 2014 en el que la extrema izquierda entró por Europa en las instituciones, el PSOE se hundió y el rey Juan Carlos abdicó en su hijo Felipe. Aquella primavera de 2014 mostró muchas señales de lo que hoy sucede. Repasemos, por ejemplo, aquel encuentro privado y fuera de agenda entre Felipe González y el rey Juan Carlos en el que el ex presidente propuso una gran coalición PP-PSOE ante la amenaza de una secesión en Cataluña y el horizonte de una España ingobernable.

En este periódico, Pablo Montesinos dio cuenta entonces de las posibles intenciones de Mariano Rajoy por formar dicha entente que rotaría sobre el eje de Alfredo Pérez Rubalcaba. Días después, un partido cuyo logo era el rostro de un tertuliano de extrema izquierda dio la campanada electoral en Europa. Menos de un mes más tarde, el rey Juan Carlos abdicó. Y a las dos semanas, Rubalcaba dejó la política para volver a su otra química orgánica. Todo ello, entre mayo y junio de aquel 2014 que hoy merece recordarse. A partir de entonces, la política española entró en un túnel acelerador con Cataluña y la extrema izquierda como colisionadores y con la Constitución como blanco. Parece –y no es así– como si en cuatro años todo hubiera sido inevitable.

De hecho, lo grave y desolador de este 2018 que enfila su última recta es la persistencia, por consentimiento, de un golpe de Estado. Se da por sentado que Cataluña no puede ser una república independiente, que ningún estado europeo lo admitiría: caso cerrado. Con Sánchez posando en la presidencia e Iglesias "cogobernando", la normalidad de la ilegalidad se convertirá en ley y terminaremos el año celebrando otra fecha más, los cuarenta años de la Constitución. Eso sí, con Franco en el patio para enfatizar el acto y cerrar el círculo de las cuarentenas que persigue a España desde 1939. El fin del "régimen del 78" del que tanto habla el copresidente Iglesias.

¿Queda alguna puerta sin derribar? Lo bueno de Rivera es que el PP de Casado le obliga a estar en forma. Lo bueno de Casado es que su propio partido le obliga a estar en guardia. Lo malo de los dos es que viven al día, al tuit de los tiempos, esquivando a propios y extraños, entre Franco y los lazos nazis, mirando encuestas y descontando el tiempo que los separa de la residencia de Sánchez –antes Moncloa– donde no tardarán en llegar tinajas para adornar los jardines.

Otra puerta que parece resistir el ariete es –con la debida prudencia y todas las cautelas– la de la Justicia, que ya fue salida de emergencia para un Rajoy que no sabía cómo combinar el mensaje sobre la independencia de los poderes del Estado con el de su supuesto pulso firme al mandar a golpistas a prisión. La Justicia fue aliviadero del Gobierno del PP y hacia ella y a jueces como Llarena fueron y van a parar los daños colaterales. La tercera esperanza es la sociedad civil que ya respondió en Cataluña y debe volver a hacerlo, aún con más razones, ante el nuevo impulso que para el separatismo supone el Gobierno Sánchez con la inestimable e inexplicable ayuda del PP retro que quiere volver a dar la palabra al Tejero catalán en la sede de la soberanía.

El otoño ya amarillea Cataluña y toda España tendrá que soportar la celebración impune de muchas efemérides que marcarán el ritmo de la nueva normalidad. Sucedieron muchas cosas y a una velocidad vertiginosa entre 2014 y 2018. Lo que nos espera no son sino los fastos del Primer Año Triunfal del Golpe, periodo inaugurado por la frase de una vicepresidenta –"La democracia ha muerto"–que hoy recuerda más bien a la que pronunció Carlos Arias Navarro: no era una denuncia, sino la constatación del hecho biológico inevitable.

La tentación de los cuatro
JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA El Mundo 8 Septiembre 2018

Cuatro líderes, cuatro candidatos a la presidencia del Gobierno. Pedro Sánchez, nacido en 1972; Pablo Iglesias en 1978, Albert Rivera en 1979 y Pablo Casado en 1981. Ninguno de ellos tiene la más mínima memoria personal del franquismo, ni siquiera de la transición a la democracia o del golpe de Estado de 1981. Alcanzan su mayoría de edad entre 1990 y 1999, cuando la democracia está consolidada y España ha superado el pasado y vuelto al mundo. Son la prueba del éxito colectivo del país. Pero andan enzarzados en un debate sobre la memoria del franquismo y la Guerra Civil.

Que la generación anterior alcanzara un gran acuerdo en los años 70, celebrado dentro y fuera de España, y que ellos no sólo sean incapaces de ponerse de acuerdo sobre las cuestiones clave que marcarán el futuro de este país sino siquiera de ofrecer una visión compartida del pasado transcurridos 40 de la aprobación de la Constitución es para preocuparse.

Se puede y se debe criticar lo logrado por las generaciones anteriores. Sin duda. Pero si uno todavía no ha logrado algo que se acerque mínimamente a la altura histórica de aquello que critica, lo aconsejable sería hacerlo honrando lo logrado, entendiendo las limitaciones que sus autores enfrentaron y aspirando, con mucha modestia, a retomar la tarea donde aquellos la dejaron.

Puede ser una ensoñación pero uno esperaría que transcurridos más de 40 años de la muerte de Franco y 80 de la Guerra Civil, esta generación de jóvenes, que tan bien representa todo lo logrado por los que pactaron la Constitución del 78, no tardara más de 10 minutos en, como ciudadanos educados en una democracia europea que son, mirar al pasado con la misma justicia y equidad que, por otra parte, la mayoría de la sociedad que aspiran a gobernar ya practica. No parece pedir mucho.

Pero como ironizaba Oscar Wilde: "Puedo resistir todo menos la tentación". Así que ante la sospecha de Sánchez e Iglesias de que Casado y Rivera podrían retratarse ante una conveniente utilización del franquismo por parte del PSOE y Podemos, ¿qué es lo que hacen éstos? Retratarse con un proyecto de ley de concordia que supura equidistancia, abstenciones que siembran la duda sobre el liberalismo que se predica y miradas nerviosas a las encuestas. ¡Qué previsible todo! Si cuando estamos a punto de conmemorar los 40 años de la Constitución de 1978, lo único que nos pueden ofrecer cuatro jóvenes líderes es un desacuerdo, precisamente, sobre el pasado, es que estamos haciendo algo muy mal.

Teoría de los tres frentes populares
Pío Moa Gaceta.es 8 Septiembre 2018

P. Volviendo al tema del Valle de los Caídos, ha sorprendido a algunas personas que el profesor Bárcena no le citase.
–Bárcena está haciendo una labor importante aclarando la verdad sobre el Valle, aunque lo haga desde posiciones un tanto integristas. Que no me citase es algo chocante, porque desde que empezaron las asechanzas al Valle de los Caídos me esforcé en contrarrestarlas, en artículos explicativos, en mi blog en Libertad Digital, que era entonces el más leído de ese diario. Incluso escribí un manifiesto de historiadores, que fue publicado en varios periódicos: Hasta ahora [marzo de 2010] han dado su firma al manifiesto sobre el Valle de los Caídos los historiadores Ricardo de la Cierva, Jesús Palacios, Miguel Platón, José Andrés -Gallego, Serafín Fanjul, Jesús Salas Larrazábal, Ángel D. Martín Rubio, David Gress, José Luis Orella, Dominique Venner, Salvador Fontenla, Juan Blanco, José M. Manrique García, Juan Ernesto Pflüger, Santiago Velo de Antelo, José Pla Blanch, Ángel Maestro, Lucas Molina Franco, Guillermo Rocafort Pérez, Teodoro A. López López, Alberto González Rodríguez, Carlos Gregorio Hernández, César Ramos, Antonio Manuel Barragán-Lancharro, Carlos Caballero Jurado, César Alcalá, y Pablo Sagarra Revuelta. También se han adherido intelectuales como Fernando Sánchez Dragó, Aquilino Duque y otros (la firma sigue abierta). En otras palabras, si alguien se movilizó entre los primeros, en primera línea y movilizó a otros muchos, fui yo.

P. ¿Atribuye ud esta falta de cita a una campaña de ninguneo o cosa por el estilo?
– Puede que lo de Bárcena haya sido un simple olvido, porque hablando se improvisa y no es raro que pasen esas cosas. Pero en otro sentido, viene siendo muy común. Cuando escribí Los orígenes de la guerra civil me costó encontrar editor, incluso entre editores muy de derecha, porque estaban literalmente acojonados. Me decían: “El libro está muy bien, pero búsquese otra editorial. Solo por casualidad di con Ediciones Encuentro, que se atrevió. Hoy se ha olvidado un tanto que por entonces, finales de los 90, la partida parecía totalmente ganada por las versiones de izquierda y las políticas correspondientes, según las cuales los nacionales eran los malos, que gracias a la ayuda de Hitler habían arruinado la brillante experiencia democrática de la república. Solo Ricardo de la Cierva mantenía en alto la bandera de la verdad, pero había sido reducido a un verdadero gueto, ninguneado y desacreditado por todos y especialmente por los señoritos del PP, que ya escupían descaradamente sobre las tumbas de sus padres y abuelos. Naturalmente, en aquel estanque podrido mis libros sucesivos, en especial Los mitos de la guerra civil, cayeron como otras tantas pedradas que lo removieron todo. Yo creí que era el principio del final del imperio del embuste y de las políticas derivadas, pero en gran medida me equivoqué, porque la universidad seguía en sus manos, los medios de masas también, y sobre todo porque la derecha fue uniéndose al boicot que me declararon enseguida las izquierdas. Con todo, se había abierto una brecha, y entonces bastantes que antes se mantenían asustados y como en escondrijos empezaron a publicar o a decir cosas que antes no osaban. Pero lo hacían casi siempre sin citarme. Bueno, la intelectualidad española es así, qué se le va a hacer. En El erótico crimen del Ateneo la represento en el Ateneo mismo, y su cultura en el plan de crear un burdel “ilustrado”.

P. Hoy es ud quien más vuelve a remover ese estanque de que habla y de nuevo en relación con Franco y el Valle de los Caídos. ¿Teme que le pase lo mismo que la vez anterior?
–Eso ahora mismo no me preocupa. Yo remuevo el estanque porque considero que nos amenaza un peligro que ya se vuelve inminente. Que amenaza a las libertades, por tanto a la democracia y a la misma España, y que ese grave peligro tiene sus raíces en una versión falsa de la historia. Demoler esa versión es esencial, cosa que no quieren ver muchos necios que se hacen los virtuosos hablando de “mirar al futuro”, como si en el futuro hubiera algo que mirar, y sandeces por el estilo. Otros lloriquean porque “no acabamos de superar la guerra civil”. Y no acabaremos hasta que no quede claro entre quiénes se libró y por qué. Y a esto se resisten todos, las izquierdas y separatistas porque tienen que defender con uñas y dientes la falsedad de la que tanto beneficio político han sacado, las derechas porque les han imitado demasiados años y les es muy difícil volver atrás. Y porque de esas versiones derivan unas orientaciones políticas que ahora mismo amenazan todos los valores en que se basa la continuidad de la democracia y de la misma nación.

P. El franquismo decía oponerse a “la antiEspaña”, declarando antiespañoles a cuantos no comulgaran con sus ideas.
–A mí me pareció durante muchos años que eso de la Antiespaña era un pretexto totalitario. Pero es la realidad: ni uno solo de los partidos que defienden el ultraje a Franco y al Valle de los Caídos, o se hacen los locos ante el ultraje, ninguno de ellos siente o defiende a España. Unos tratan de disgregarla en pequeñas nacioncitas fácilmente utilizables por potencias externas; otros piensan en disolverla progresivamente en el magma LGTBI, multiculturalista y economicista de la Unión Europea, mientras intentan erosionar la misma idea desde el origen de la historia. Solo tiene que ver lo que se viene diciendo sobre la Reconquista, negándola o denigrándola, lo trato un poco en mi libro. O lo que han hecho con Gibraltar… No acabaríamos. Son enemigos de España, el Frente Popular se componía de enemigos de España o indiferentes a ella, como los partidos actuales.

P. Ud. habla precisamente de un nuevo Frente Popular.
–Ese conjunto de partidos e intereses tomaron forma política y hasta cierto punto orgánica en el Frente Popular de 1936, que empezó dando un golpe de estado falsificando las elecciones e instaurando un verdadero estado de terror. Ese frente popular fue vencido militarmente por Franco en 1939. Tras la muerte del general, volvió a amalgamarse una gran variedad de grupos, juntas y plataformas se llamaban, semejantes a los derrotados en la guerra, que querían la ruptura con el franquismo para enlazar con aquella “democracia” derrotada. Y este nuevo y difuso frente popular fue derrotado cívicamente, en el referéndum de diciembre del 76. Podría decirse que Franco había vuelto a vencer después de muerto. Por lo tanto, aquellos partidos tuvieron que adaptarse políticamente, pero sin renunciar a sus estúpidas, por no decir delictivas intenciones. Entendieron bien el valor de la falsificación de la guerra y el franquismo, no tuvieron resistencia cultural, en las ideas, y con Zapatero ya volvieron a las andadas, con sus leyes totalitarias que trataban de destruir el legado de Franco, la complicidad abierta con la ETA y los separatistas, etc. Un tercer frente popular de hecho, apoyado, y eso es una novedad histórica, por el PP, por la derecha. Por entonces me moví cuanto pude contra aquella peligrosa deriva, denunciando su origen y sentido, hay que decir que en vano. Y ahora, con el macarra, el peligro se ha hecho de verdad inminente y por fin parece despertar alguna resistencia, sobre todo popular. Y hay que volver a derrotarlo, y esta vez de forma definitiva. Es mi teoría de los tres frentes populares. La primera vez perdió militarmente, la segunda perdió cívicamente, y esta vez tiene que perder culturalmente. Aquí, como ya he señalado, se libra una batalla política y legal, pero para ser definitiva tiene que librarse ante todo en e terreno cultural, del que han sacado fuerzas todos estos años para resurgir, como la hidra famosa. En otras palabras: debe clarificarse de una vez la historia, debe acabarse con el imperio del embuste. Han planteado clara y abiertamente la batalla en ese terreno, amenazando de paso todas las libertades, y hay que librarla ahí. Creo que por mi parte he hecho lo suficiente, si se quieren utilizar a fondo sus materiales.

P. Resulta sorprendente, en efecto, cómo una y otra vez resurgen esas fuerzas.
–Porque se apoyan en el terreno cultural, algo que la derecha nunca ha entendido. Creo que puede datarse su origen en el “desastre del 98?, como una especie de daño colateral. Entonces tomaron auge movimientos internacionalistas como el PSOE o los ácratas, para quien antes de ellos solo había habido opresión y explotación, que presuntamente iban a remediar. Esto era común en toda Europa. Pero tomaron también auge los separatismos, hasta entonces insignificantes, basados en un racismo irrisorio que les hacía creerse superiores a los demás españoles. Y aún más grave fue, a mi juicio, el regeneracionismo, que infectó a la intelectualidad y a partidos de toda índole. Según ellos, la historia de España había sido una verdadera enfermedad, una anormalidad en Europa, y el país debía europeizarse para hacerse “normal”. Y como tampoco tenían la menor idea clara sobre Europa, su europeísmo consistía en exagerar los problemas de España para los que no tenían solución algo sensata. Se limitaban a denostar, como decía Menéndez Pelayo, “todo lo que España ha hecho grande en el pasado”. En la práctica, sus “soluciones” abocaron a una república caótica y a la guerra civil. Entre todos esos movimientos había rivalidades y odios a veces tremendos, pero se entendían contra un enemigo común: el régimen liberal de la Restauración, la Iglesia y la propia España. Ya en 1917 lograron cierto grado de unidad en la intentona revolucionaria de ese año, fue el primer esbozo de esa antiEspaña o frente “popular”. Y ya es hora de entender el pasado y pasar a una etapa histórica más fructífera.

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Cataluña, el golpe de Estado permanente
General Ricardo Martínez Isidoro ABC 8 Septiembre 2018

François Mitterrand, flamante presidente de la República francesa en 1981, escribía en 1964 su obra, «El golpe de estado permanente», refiriéndose antaño a la ejecutoria política del entonces presidente, el inefable Charles De Gaulle, ejerciendo la reglamentaria oposición parlamentaria y política en profundidad. Más tarde, llegado aquel a la Presidencia, por dos mandatos de siete años, desarrolló un ideario «gaullista» con meros cambios cosméticos, dos ministros comunistas en su Gabinete y cambios de nombres a algunos organismos militares significativos, convirtiéndose en el más adicto de los presidentes socialistas a la V República que ha tenido Francia.

Lo que está sucediendo en la comunidad autónoma de Cataluña, larvado desde hace muchos años («la larga marcha»), se le puede llamar también «golpe de estado permanente», con mucho más sentido probablemente que en la obra de Mitterrand, dado que se ha alcanzado el cenit del golpismo, con la disposición en Madrid, como consecuencia de una moción de censura coyuntural, de un Gobierno central que se mantiene con el apoyo de los votos de todas las formaciones independentistas catalanas, nacionalistas vascas y extrema izquierda próximas a las tesis de los golpistas.

Me animo a analizar esta situación por varias razones, todas ellas descritas en mi artículo publicado en ABC el 30/09/17, víspera del malhadado intento de referéndum en Cataluña, pero también por mi condición de Oficial General del Ejército en situación de retirado, aspecto por el que probablemente, espero, no se producirá quebranto si reitero de nuevo «que a mí me sigue importando Cataluña», y mucho. Además, y como consecuencia de lo anterior, soy partícipe «alícuotamente», de la misión constitucional que el artículo 8º del Preámbulo de la Constitución confiere a las Fuerzas Armadas; la segunda razón de mi análisis son mis antecedentes de analista de los riesgos, amenazas y desafíos que pesan sobre España, en un periodo activo de mi carrera profesional, también por el momento especialmente graves que estimo concurren en nuestro país, con respecto a su cohesión y por ende en la misma Unión Europea, espacio de unidad política a la que debemos tender, y que se ve seriamente comprometido por las últimas decisiones judiciales, y alguna política, que aunque independientes, según Montesquieu, no dejan de sorprender por la magnanimidad y comprensión para con los autores del golpe de estado en Cataluña.

Los que vivimos en directo el intento fallido del golpe de estado del 23 de febrero de 1981, desde instituciones con cierta capacidad de observación general, y analizamos su resolución fracasada, juzgada, sentenciada y rematada con el cumplimiento de largos años de prisión, ejemplarizantes en cualquier caso, cumplidas en general en establecimientos militares de lo más vetusto, los que había, y alejados, no dejamos de pensar que el Consejo Supremo de Justicia Militar de la época había cumplido con su trabajo, eso sí apreciamos sensibles diferencias con el bien llamado «procés», aunque habría que ponerle el apelativo de «subversivo».

En primer lugar se aprecia lentitud, la lentitud que es enemiga de la ejemplaridad, aunque sea la tónica de la mayoría de los procedimientos judiciales, pero resulta muy perjudicial y facilita la causa de los golpistas, pues dan la impresión de que van ganando en la consecución de sus fines. En segundo lugar, la profundidad en las reformas introducidas en las Fuerzas Armadas, a raíz del 23/02/1981, fueron profundas y consistentes, cuando en el caso catalán ha sido aplicado «un 155» somero y edulcorado, con poco énfasis en suprimir las causas del golpe de estado, adoctrinamiento, propaganda, grupos hostiles, racismo nacionalista, cumplimiento de sentencias, y un largo etcétera; finalmente, la implicación política general, de todas las fuerzas opositoras a los sucesos del 01/10/17, no ha tenido la convocatoria nacional y gubernamental que antaño, la iniciativa civil ha suplantado a la oficial, y aquella no ha tenido la manifestación rotunda debida que, aunque esperanzadora sin duda, no se acercó a la impresionante muestra de reparo nacional a los sucesos del 23 febrero de 1981.

Como aprendíamos en la magnífica y añorada Escuela de Estado Mayor, cuyos antiguos diplomados (3 años de estudios y preparación previa) siguen sin obtener las equivalencias en el marasmo de la Enseñanza Superior Militar actual, la subversión es un proceso que tiene por finalidad la conquista del Estado, y también la del estado de derecho votado por todos los españoles después de muchos años de privaciones políticas. Los procedimientos para conseguirlo pueden ser variados, los que en cada momento se precisen, los más adecuados a los fines propugnados, incluidos los violentos cuando sean necesarios y convenientes a la causa, aprovechando también las facilidades que proporciona el sistema político imperante, como es el caso.

La subversión en Cataluña existe, como existe la guerra en otros lugares, el enemigo, el combate y la muerte, aunque no sea el final para muchos, y se debe de huir de aquellos que no aceptan los hechos consumados, aunque no sean políticamente correctos, como el desafío que supone el golpe catalán, ahora aderezado por la favorable situación política en España.

La diada portátil
Llevar a USA un partido entre los clubes con mayor sesgo soberanista es exportar un aquelarre de propaganda política
Ignacio Camacho ABC 8 Septiembre 2018

Con el loable objetivo de promocionar el fútbol español en Estados Unidos, las autoridades de la Liga no han tenido mejor idea que programar en Miami un aquelarre separatista. Eso es en lo que tiene pinta de convertirse el Girona-Barça, los dos clubes del campeonato con mayor vocación de agitación política. Que a Roures, el magnate de los derechos de televisión, se le haya podido ocurrir esa iniciativa entra dentro de cierta lógica porque es conocida su implicación en la causa soberanista; la patronal y la Federación, en cambio, deberían mostrar un poco más de picardía antes de caer en una trampa tan peregrina. Ese partido será un escaparate internacional para que el independentismo despliegue su marea amarilla y dé a gusto la habitual matraca sobre la persecución de la justicia y del Estado autoritario contra la pequeña nación oprimida. Y encima está previsto subvencionar el viaje a los aficionados para que las criaturitas puedan manifestarse sin cortapisas, como si las plataformas activistas catalanas no tuviesen demostrado que nunca les faltan recursos con que financiar sus performances propagandísticas.

Sea como fuere, si el sindicato de jugadores no lo impide por intereses de corporativismo, lo que la Liga va a exportar es una Diada de bolsillo. Lo más divertido es que, con el loable propósito de neutralizar el presentido jolgorio nacionalista con toda su parafernalia de símbolos, los organizadores han concebido la genial solución de hacer sonar en el estadio… ¡¡el himno!! Es decir, que si la parroquia viajera no llevase en el equipaje suficiente provisión de esteladas, pancartas y lacitos, siempre podrá divertirse con su pasatiempo favorito: pitar la Marcha Real a pulmón henchido, como en cualquiera de las finales en que participan sus equipos. Esta ocurrencia torera merece que el autor salga montera en mano a saludar al tendido: se trate de un jeta descomunal o de un fabuloso pardillo, hace falta mucho cuajo para tomar de esta manera a los españoles por cretinos. A esto se le dice en catalán «cornut i pagar el beure», que se entiende sin necesidad de traducirlo.

Porque es del todo imposible que nadie haya reparado en el sesgo político de semejante proyecto. Que de entre todos los clubes del país se haya seleccionado por casualidad a los de arraigo secesionista más notorio y expreso. Que para representar al fútbol español en el extranjero se elija a dos instituciones que en cada encuentro abren sus campos con pleno consentimiento a toda clase de demostraciones de desafecto. Por muchos beneficios económicos que pueda haber por medio, no existe manera objetiva de ver en el asunto un simple descuido ingenuo. En el deporte moderno confluyen muchos intangibles y muchos sentimientos además del dinero. Y sus dirigentes tienen la obligación de saberlo y de estar atentos, en consecuencia, para no encajar goles en fuera de juego.

Torra, ese imán de racistas
José García Domínguez  Libertad Digital 8 Septiembre 2018

En la romería del 11, los de Torra y los de Salvini irán de la manita por una única razón: porque son la misma basura.

Contra lo que ordena el latiguillo, no es verdad que solo los niños y los locos digan siempre la verdad. También la suelen pronunciar con sumo desparpajo los zafios racistas de la Liga, esa banda fundada por un delincuente común que robó en su día hasta los cepillos de las iglesias, aquel Umberto Bossi que era como una especie de Jordi Pujol transalpino con tacones y crecepelo. Porque, a diferencia de sus hermanos gemelos, los separatistas catalanes, la extrema derecha identitaria, ramplona y mezquina que ahora mismo gobierna Italia ni siquiera se preocupa por disimular un poco, siquiera de modo cosmético, la matriz xenófoba que impulsa su acción política toda. Nadie se extrañe, pues, si los únicos invitados internacionales de alguna entidad mínima con que contará Torra en la procesión del 11 vayan a ser precisamente los enviados de la partida de Salvini.

Igual que a Puigdemont, a Mas y al Gran Ladrón, también a Torra le gusta fantasear con figuras históricas como Kennedy, Luther King o Gandhi para buscar espejos históricos en los que reflejarse. Pero, fuera de ese narcisista mundo onírico de grandezas soñadas, las únicas imágenes reales que se prestan a aparecer en los cristales cóncavos de su particular callejón del Gato son esos patanes de la Liga, unos apestados ante cuya presencia en la calle cualquiera respetable en Europa cambiaría de acera. Dios los crea y ellos se juntan. A fin de cuentas, el separatismo catalán y el populismo italiano más tabernario, el que se ha inventado la Padania, tienen en común el ser ambos, y bajo todas sus infinitas capas de retórica grandilocuente e hipocresía moral, dos movimientos políticos de los ricos, por los ricos y para los ricos. Por algo el 79% de esos catalanes que se identifican a sí mismos como miembros de la clase baja se manifiestan abiertamente contrarios al separatismo. Eso es lo que dicen las encuestas de la propia Generalitat, la fuente de la información. Como de idéntico modo, y también según la misma cata demoscópica llevada a cabo por la Administración catalana, apenas un tercio de los catalanes en situación de desempleo sería proclive a apoyar el alumbramiento de un Estado segregado de España. Los parados de casa nostra no creen que una bandera estelada vaya a resolver su problema laboral y vital.

No, los catalanes de abajo, los que de verdad sufren para sacar a sus familias adelante, no se creen el cuento de la republiqueta feliz. Por eso en la misma encuesta oficial podemos acusar recibo de que las personas que han tenido menos oportunidades educativas en la infancia y juventud, algo que siempre va en estrecha correlación con los niveles de renta, también se muestran de modo muy mayoritario contrarias al separatismo de los burguesitos y burguesitas del PDeCAT, los niños y niñas mimados y mimadas de la CUP, y demás ralea de casa bona. En concreto, la encuesta de la Generalitat certificó en su día que entre los adultos catalanes carentes de estudios académicos reglados, la adhesión al golpismo doméstico no llega ni al 25% del total. Dato que los separatistas suelen adobar siempre con esa repugnante mezcla tan suya de clasismo y racismo a partes iguales. En la romería del 11, los de Torra y los de Salvini irán de la manita por una única razón: porque son la misma basura.

Sánchez no puedo dejar tirados a los policías
OKDIARIO  8 Septiembre 2018

El independentismo sigue preparando su otoño caliente. Dos citas inmediatas, la Diada y el primer aniversario del golpe catalán el 1-O, están elevando por momentos la tensión que desde hace tiempo recorre las calles de ciudades y pueblos en Cataluña. Hace menos de una semana, la retirada de lazos amarillos centraba la atención y la ira de los secesionistas, con agresiones físicas incluidas. Ahora la llegada de policías de refuerzo ante la que se avecina en las fechas señaladas vuelve a elevar el nivel de crispación hasta pasar las líneas rojas del Código Penal.

Es inadmisible que la acción de los separatistas promoviendo campañas de acoso a unos servidores públicos a los que llaman “ratas” y “nazis” y la inacción de un Gobierno sumiso, vendido al apoyo de un puñado de diputados para sustentar una legislatura insostenible, se mantenga ni un minuto más en Cataluña. Torra y los suyos saben que, aunque la sombra del 155 planea sobre sus cabezas, Sánchez va con el freno de mano puesto. Eso sí, cualquier conato de violencia, cualquier episodio similar al que sucedió con el acoso a los guardias civiles que custodiaban una comisión judicial en la sede de la Hacienda catalana, obligaría a Marlaska a tomar medidas correctivas. Algo que ni él ni Torra desean.

No cabe duda de que si hace casi un año se agitaron las calles buscando la provocación, el enfrentamiento con la Policía y la Guardia Civil, en 2018 pasará exactamente lo mismo. El ministro del Interior se ha mostrado, hasta el momento, dialogante y ha mantenido la equidistancia con los responsables de Interior catalanes –tan independentistas como Forn y compañía– a la espera de que la sangre no llegue al río. Pero ayer, como hoy, la mecha ya está encendida.

La hora de los cobardes
Eduardo Goligorsky  Libertad Digital 8 Septiembre 2018

Fanfarrones de pacotilla, balbucean su asentimiento cuando los caciques de la tribu amotinada les recitan su pliego de condiciones.

En agosto de 1968 viajaba desde Buenos Aires rumbo a Nápoles en un crucero que hizo una escala de pocas horas en Barcelona. Atrapado por el infantilismo de izquierda, me negué a pisar el país gobernado por un dictador llamado Francisco Franco. Y un buen amigo, el admirado escritor y editor de ciencia ficción Domingo Santos, debió subir abordo para conversar conmigo. En 1975, cuando Franco agonizaba, vencí aquellos pueriles escrúpulos y visité Madrid y Barcelona, allanando el camino para huir del infierno argentino. Y en 1976 me radiqué definitivamente en Barcelona.

La hora de los valientes
Tuve el privilegio de asistir a la epopeya de la Transición. Aquella fue la hora de los valientes. Se llamaban Juan Carlos I, Adolfo Suárez, Rodolfo Martín Villa, Manuel Fraga Iribarne, Santiago Carrillo, Felipe González, Josep Tarradellas, Manuel Gutiérrez Mellado y una pléyade de políticos, juristas, empresarios, sindicalistas, militares e intelectuales que, anteponiendo la racionalidad a las vísceras, sentaron las bases de la convivencia en una sociedad democrática regida por una Constitución modélica e integrada en la Comunidad Europea.

Y tuvieron que ser valientes porque enfrente se alzaban fuerzas poderosas que sembraban el terror moviéndose en direcciones opuestas: asesinos de ultraderecha entreverados con militares golpistas; asesinos de ultraizquierda vinculados con tenebrosas bandas extranjeras; y asesinos ultranacionalistas conjurados nada menos que para adueñarse de fragmentos de España después de hacerla saltar en pedazos. El corolario de esta ofensiva perpetrada por fanáticos embrutecidos fue un tendal de víctimas, entre las que ocupaban un lugar sobresaliente los miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, acompañados por adultos y niños civiles. Los valientes y los mártires quedaron eternizados en la memoria histórica de la Transición.

Lobotomía selectiva
Nada que ver con el engañabobos que nos endilgó con ese nombre –Ley de Memoria Histórica– en el 2007, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando todavía se estaba entrenando, a costa de los españoles, para convertirse en el alcahuete de Nicolás Maduro. Esa ley, que su discípulo Pedro Sánchez está tuneando con los guerracivilistas y los renegados de su acta de nacimiento española, es unescalpelo de lobotomía selectiva, que borra los recuerdos fácticos que contradicen el dogma ideológico y los sustituye por posverdades sectarias, para así anular los efectos terapéuticos de la Transición.

El historiador Josep M. Fradera impugnó esta manipulación del pasado practicada con alevosía (La pàtria dels catalans, La Magrana, 2009):
En realidad, los españoles adoptaron este camino de reconciliación de manera mayoritaria a partir de los años 1976-1977 y se reafirmaron en el momento del golpe de Armada, Milans del Bosch y Tejero, en una combinación, difícil de definir, de olvido, de esperanza en un futuro libre de los fantasmas del pasado y de confianza en las capacidades de la democracia que precisamente se estaba consolidando. En términos generales, respondía a una reflexión, a menudo silenciosa, sobre el desastre colectivo de periodos anteriores, y respondía, además, a la experiencia colectiva de los últimos años del franquismo. El hecho de plantear el rescate del pasado como una rectificación de esta percepción mayoritaria es una operación políticamente insensata y moralmente execrable.

Tira y afloja obsceno
La "operación políticamente insensata y moralmente execrable" ha ido in crescendo desde que se puso en marcha. Cambios arbitrarios en el nomenclátor urbano; ocultamientos y falsedades añadidos en los textos escolares; expurgación de placas conmemorativas de avances sociales y de inauguraciones de infraestructuras; símbolos e imágenes descolgados de los edificios y lugares públicos, olvido de las checas y de los "paseos" homicidas. Hasta llegar al extremo de emprender un tira y afloja obsceno con una momia que lleva cuarenta y tres años arrumbada en el pudridero. En otra época se habría interpretado esta pantomima como una blasfemia, pero hoy la vemos como una maniobra de distracción típica de los demagogos timadores que subestiman la inteligencia de los ciudadanos.

El locuaz supremacista Carles Mundó no se conforma con la espectacularidad del esperpento y exige más claudicaciones al pelele ("Enterrar a Franco", LV, 30/8):
Han tenido que pasar cuatro décadas para que un gobierno socialista se atreviera a dar ese paso, que nunca dio ni Felipe González ni José Luis Rodríguez Zapatero. El frágil apoyo parlamentario de Pedro Sánchez explica que a falta de resultados tangibles se dedique a sustentar su acción política en cuestiones de fuerte carga simbólica para acentuar perfil ideológico.

Fanfarrones de pacotilla
Ha sonado la hora de los cobardes, propulsados al puesto de mando por los traficantes de odio. Estos advenedizos han salido de sus idílicos despachos burgueses para comportarse como si hubieran ganado la guerra incivil y estuvieran castigando a los vencidos y recogiendo el botín. Fanfarrones de pacotilla, balbucean su asentimiento cuando los caciques de la tribu amotinada les recitan su pliego de condiciones. Se ensañan con los muertos, pero permiten que los vivos los atropellen, los humillen y les vacíen la bolsa.

Cobardes sin remedio, asisten acojonados a la okupación de cuatro provincias del Reino de España por los jerarcasdepredadores de una repúblika inexistente. "Sánchez avisa a Torra de que aplicará el 155 si vuelve a la vía unilateral", truena La Vanguardia (31/8). Pero el día siguiente, leemos en el mismo diario que la ministra portavoz, Isabel Colaá subrayó que la advertencia al Govern catalán de que no debe saltarse la ley "no quiere decir que el Gobierno tenga encima de la mesa la aplicación de nuevo del artículo 155, porque no se lo ha planteado". Con dos titulares intencionalmente hilvanados en la misma página. Arriba: "Torra responde al Gobierno que su misión es `obedecer al pueblo´". Y abajo: "…y Sánchez pide al president que abra un diálogo político en Catalunya".El pozo del servilismo no tiene fondo

Borregos complacientes
Solo en un país gobernado por borregos complacientes es posible que los políticos, empresarios, periodistas y aquella fracción de la sociedad que se preocupa por el futuro, hayan estado pendientes de la arenga que amenazó con pronunciar el 4 de septiembre el cabecilla vicario de la banda que ha invadido cuatro provincias del Reino de España, regurgitando las órdenes del capo emboscado en el palacio de Waterloo.

Y por fin descargó su órdago contra el Gobierno constitucional el golpista que usurpa contra natura, con el 47 % de los votos y el 36 % del censo electoral, la representación de la mayoría social del pueblo de Cataluña, mayoría social por la que este intruso siente y demuestra un desprecio mayúsculo. No solo dio por válidos los actos delictivos que culminaron en la proclamación de una falsa repúblika, sino que despotricó contra el Poder Judicial con la misma virulencia con que lo hacen los autócratas ultrarreaccionarios polacos y húngaros, y se comprometió a desobedecer las sentencias si estas castigan a los jerarcas del Estado Mayor del entramado subversivo que lo cuenta entre sus cerebritos. Eso sí, Torra reclama que las masas apoyen su política con movilizaciones semejantes a las que organizaban disciplinadamente nazis, fascistas, comunistas y peronistas, y radicalmente opuestas, por sus fines discriminatorios y segregacionistas, a las que encabezaban dos próceres de cuyos nombres los supremacistas se apropian arteramente: Nelson Mandela y Martin Luther King.

Instrumento de liberación
Recuerdo una vez más la lúcida advertencia que formuló Marius Carol, director de La Vanguardia, apartándose, en un acceso de hartazgo, de la tibieza oportunista de su diario ("Salir de la rueda del hámster", 4/12/2017):

O enterramos el procesismo o cavará nuestra tumba.
Para enterrarlo, España deberá tener un Gobierno que no descanse, como el de la minoría socialista, sobre las palas de quienes están cavando nuestra tumba. Este nuevo Gobierno de salvación nacional entenderá que aplicar el artículo 155 equivale a tratar una gangrena con ibuprofeno. Los sabios que redactaron la Constitución nos legaron el artículo 116, convencidos de que para evitar amputaciones territoriales como la que estamos padeciendo es imperioso recurrir a los estados de alarma, de excepción y de sitio. Cuando existe este instrumento de liberación, es imperdonable dejar a la mayoría social de Cataluña sometida a la estulticia de sus invasores.

PD: Desesperado por alcanzar la mayoría social que la ciudadanía le niega perseverantemente, el caradura Oriol Junqueras publicó una empalagosa "Oda a la amistad" (El Periódico, 3/9) en la que hace votos de amor fraternal, incluso con aquellos con quienes discrepa. Esto, escrito por uno de los caudillos de la horda etnocéntrica que se subleva para levantar fronteras materiales y emocionales entre los habitantes de cuatro provincias del Reino de España, por un lado, y sus hermanos del resto del país, por otro, bate records de desfachatez.

¿Y si cerramos TV3?
Miquel Giménez. vozpopuli  8 Septiembre 2018

Albert Rivera se las tuvo tiesas con una presentadora de TV3. El líder de Ciudadanos se atrevió, ¡oh, pecado de lesa majestad!, a decirle en toda la cara que esa cadena pública es una máquina de propaganda separatista. Esas cosas no se hacen en la Cataluña del helado de postre todos los días, Albert.
“¿Me está usted diciendo que yo hago propaganda?”

Así se puso de chuleta Lidia Heredia, de profesión sus consignas, cuando Albert Rivera, a saber, dirigente máximo del partido ganador en las últimas elecciones al Parlament, le dijo que aquella televisión mentía y era un instrumento propagandístico al servicio del separatismo. Rivera, que por ser de la Barceloneta resulta harto improbable que se impresione ante la chulería, le contestó calmadamente “Pues sí, cada mañana, todo el día, porque esta televisión solo hace propaganda”.

La señora no se lo podía creer. Mientras Albert hablaba tranquilo, sonriente, sabiendo que la verdad, los datos, la razón e incluso la decencia estaban de su parte, la encargada de la tienda estelada de las mañanas se iba poniendo visiblemente más y más nerviosa. Con un tono netamente raholiano – para mi que las llevan a todas a la misma clase de retórica y argumentación – se puso a debatir con Rivera como si fuese la representante de Torra y su banda de amiguetes, que lo es, vamos, sin darse cuenta de que en la BBC la habrían puesto de patitas en la calle hace años.

Y no nos sirve que digan que en TVE o en las autonómicas existe politiqueo, porque lo sabemos y más, si me lo permiten, quienes trabajamos en los medios desde hace unos cuantos años. ¿Saben cual es la diferencia? Que, mientras en RTVE los comités profesionales, los de empresa y los sindicatos han protestado incesantemente ante la censura del PP y han exigido que se despoliticen los medios públicos – recuerden los viernes negros de presentadores y presentadoras de informativos, que no hace mucho de esto – en TV3, por el contrario, tales organismos han callado como muertos históricamente, sin denunciar nunca nada de nada, ni a los comisarios políticos, ni el chanchulleo con los cargos internos, ni las llamaditas desde Palau ni mucho menos el sesgo totalmente perverso de la línea editorial de la casa. ¿O no recuerdan cuando se entrevistaba a Jordi Pujol, porque él lo pedía directamente al director de turno, y hasta el último de los cámaras se ponía chaqueta y corbata porque, en palabras de los mismos, “Venía el amo”? ¿Son tan desmemoriados como para haber olvidado que, cuando mandaba Prenafeta, no entraba nadie en informativos que no fuese de la mano del consejero áulico y hombre de confianza del omnipotente Pujol? ¿De verdad nadie sabe por qué ToniSoler tiene un programa diario que nos cuesta un Congo a los contribuyentes, por qué está en antena el infumable debate del 324 de Xavier Grasset, que parece más el Pravda separatista que otra cosa o por qué a Pilar Rahola, finalizado el programa de Cuní en 8TV, se la recolocó rápidamente en la cadena autonómica con unos estipendios sustanciosos? Con tanto soberanismo, que hasta la fachada exterior de TV3 está repleta de pancartas en favor de los presos y de lazos amarillos ¿no se cuestionan por qué jamás se invita a notables separatistas como López Tena, Santiago Espot o mi admirado Xavier Rius? Ah, vale, es que estos mantienen una postura crítica hacia la neoconvergencia que ha pretendido mantenerse en el palo más alto del gallinero, transmutándose en un partido separatista de corte xenófobo. Entesos, nens.

Lo más indignante es ver como se hacen de nuevas los que han cerrado los ojos a todo lo que no fuera exaltación nacionalista y psuquera – siempre han ido de la manita en esa tele – y se rasgan las vestiduras ante un político electo que se atreve e a decir lo que el resto no tiene coraje de decir. Anda y que han tardado en salir en tromba a criticar al líder de Ciudadanos. ¿Cómo se atreve el tal Rivera, ya ves, con ese apellido, a decir que TV3 no es pura e inmaculada cual virgen de novela de Pedro de Répide? Si es que estos de la ultra derecha falangista neo franquista unionista son la leche, encima de que los invitan, aún pretenderán que los traten bien. Y así llevamos décadas.

Quién le pone el cascabel al gato
Uno de los errores más graves que cometió Rajoy al aplicar l55 fue no intervenir TV3. En Valencia hace tiempo que no tienen el Canal 9 y no creo que eso haya afectado seriamente la vida ni la economía de nadie, salvo la de aquellos que medraban como auténticas garrapatas del erario público, que ahí había más trampas que en una película de chinos. Yo aún recuerdo a cierto directivo de dicho canal que mandó construir una piscina enorme - costó un mundo - porque debía hacerse un programita de la productora de un compi yogui, claro y, tras el programa que pasó sin pena ni gloria, la piscina se vació, se cubrió con maderas y hala, aquí no ha pasado nada salvo que un puñado de millones se esfumaron hacia esos países donde las vacas guardan silencio al pasar frente al Pilar. Eso que se ahorran los valencianos, créanme.

Otrosí les digo, con TV3 abierta y diciendo barbaridades, mentiras, provocaciones a diario en toda la parrilla, de pe a pa, es imposible rebajar la hiperventilación de los supremacistas. Lo de Albert no es el primer caso ni, nos tememos, será el último. Tener que enfrentarse a replicantes programados desde el PDECAT es común en aquella casa. A Jordi Cañas le insultaban desde el público del programa “PreguntasFreqüents”, público aleccionado, seleccionado y alentado; a Inés Arrimadas, la tal Heredia le ha dicho de todo en las diferentes entrevistas que no tiene más remedio que hacerle porque, caramba, es la líder del partido más votado en Cataluña; a Albiol, ni les cuento, le dicen de todo menos bonito. Las escaletas de los informativos están hechas de manera tan sesgada que, hoy mismo, tras una información como la de que no se investiga a Juan Carlos I por el asunto Corina – la inviolabilidad del Jefe del Estado es repugnante, no hace falta ser podemita o separatista para tener sentido común – gracias a los votos del PP, PSOE y Ciudadanos, ponen a Rivera y a la pieza en la que dicen que el hombre se queja. Como diciendo “Ya ven que pájaro es este tío”.

Y es que en TV3 se ha disparado sobre la figura del Rey, de Salvador Sostres, se han entrevistado a terroristas de Terra Lliure y otros grupos presentándolos como patriotas de piedra picada, se han celebrado infinitas tertulias en las que los cuatro tertulianos separatistas de turno abusaban como matones de patio de colegio contra el único que no lo era de manera bochornosa, se ha dejado que Mikimoto hiciera un carísimo programa en el que viajaba por todo el mundo luciendo una estelada en la ropa, en fin, me limito a señalar algunos casos porque enumerarlos todos, lo decía Rivera, sería larguísimo.

En serio ¿hay que aguantar mucho tiempo más esta barbaridad? En tiempo de recortes gravísimos, ni Mas ni Puigdemont ni Torra han tocado un céntimo de ese monstruo llamado Corporación Catalana y ya va siendo hora de hacerlo. La plantilla está sobre dimensionada, la producción se da a productoras externas de amiguetes, la mendacidad de los informativos es superior a la de Corea del Norte, en fin, qué quieren que les diga, cerremos esa casa y extirpemos ese tumor. De hecho, yo cerraría todas las televisiones y radios públicas. Si el Estado no tiene diarios – en su momento se vendió la cadena de prensa del Movimiento - ¿por qué ha de tener radios y televisiones? Cuidado, que el espacio audio visual quede en manos de operadores privados no significa que no deba exigírseles unos mínimos de ética, de servicio público, de calidad y de transparencia. Visto lo visto, prefiero trabajar para un empresario que tiene su línea ideológica- todos la tienen y, en definitiva, la última es ganar dinero porque esto es un negocio – que hacerlo para un político mierder que se esconde tras su despacho oficial y vocación de salva patrias.

Me gustaría ver a muchas de estas estrellitas en el mercado laboral libre, sin Consellers que les protegieran ni diputados que les colocaran. Nos íbamos a reír un montón, nos ahorraríamos una pasta y, de paso, a personas como Albert Rivera no le entraría vergüenza ajena al ver que lo que tiene delante no es una periodista, sino un simple eco.

Arcadi Espada: "Los españoles somos moralmente superiores a los nacionalistas"
El escritor y periodista publica una reedición de 'Contra Catalunya', uno de sus libros principales, en las vísperas de la Diada del 11 de septiembre
Juan Soto Ivars El Confidencial 8 Septiembre 2018

Ocurrió hace algo más de veinte años. El periodista Arcadi Espada (Barcelona, 1957) publicaba en 1997 un libro que sería cómodo calificar de profético, de sibilino, de "hoja de ruta" de los acontecimientos que se iban a desarrollar en su tierra a velocidad creciente hasta desembocar en esa quimera de farsa y tragedia que hemos convenido en llamar "procés independentista". 'Contra Catalunya' (Ariel) vive ahora, algo más de veinte años después, una reedición en vísperas de una secuencia de efemérides claramente excesiva: la Diada, el 1-O, la fugaz declaración de Independencia... Un año después de que Cataluña entrara en barrena, Espada entona el "os lo dije" y algo más: "os lo digo, os lo seguiré diciendo".

Cuando me encuentro con Espada le recuerdo nuestra primera cita: "La primera vez que tú y yo nos vimos fue en Málaga, en un homenaje a Manuel Alcántara. Yo apenas acababa de empezar en esto y tú te habías peleado con Almudena Grandes ante un montón de universitarios. En la comida nos tocó frente a frente y tú, por romper el hielo, me preguntaste: ¿vives en Barcelona? Asentí y tiraste este gancho: y ¿cómo es ser pobre en Barcelona? Así que...". Me interrumpe con una ruidosa carcajada. "¡Cómo es ser pobre en Barcelona, qué cosas digo! Si hago esa pregunta es porque, como dice Carlos Herrera, yo soy inmensamente rico. ¡Inmensamente rico!". Ah... Pero no, qué pena, yo no soy inmensamente rico.

PREGUNTA: El caso es que mi primera pregunta va a ser esta: ¿cómo es ser Arcadi Espada en Cataluña?
RESPUESTA: Muy cómodo. Lamento decepcionar a personas que me quieren y se preocupan por mí, pero yo vivo cómodamente. Tengo la costumbre de pasear. En Cataluña la gente solo me para para darme las gracias. Es verdad que hay gente que me mira de través, y que incluso prorrumpe en alguna exclamación idiota, pero nunca va más allá.

P: Gajes del oficio.
R: Los periodistas hemos de aprender que no hemos venido al mundo a veranear. El nuestro es un trabajo cuesta arriba. Siempre se hace desde la discrepancia. La libertad de juicio tiene un precio: yo no me he hecho rico, por ejemplo. En cualquier caso, yo en Barcelona, aparte del aburrimiento que a veces me coge de haber vivido siempre aquí, estoy bien. El estado casi de paraíso natural de Barcelona solo se ve cruelmente descompensado por la pútrida calidad de su clase política.

P: Hoy es 7 de septiembre de 2018, un día para empezar la promoción no desprovisto de gracia.
R: Muy adecuado, ¿no?

P: Quizás. Pero la Cataluña de tu libro, la del pujolismo, parece muy distinta a la que hay 365 días después del 7 de septiembre de 2017.
R: No lo sé, ¿eh? El libro no es un presagio de nada, sino la narración de lo que hoy está sucediendo.

P: Curiosamente, el 7 de septiembre también es el día mundial de la prevención del suicidio.
R: No me digas. Es adecuado, muy adecuado. El suicidio parlamentario del 6 y 7 del año pasado tiene tres responsables. Los autores independentistas, los legitimadores (el PSOE) y los narradores, que son los periodistas.

P: Otra efeméride. El día 15 de septiembre hará diez años de la quiebra de Lehman Brothers. ¿Qué peso tiene esto en la cuestión catalana?
R: Nada económico tiene importancia directa, porque nadie puede pensar que la independencia mejorará su situación económica, pero sí desde el punto de vista del desprestigio del estado en los tiempos del rescate. La baja autoestima española se hizo agónica. El discurso de "la malvada Transición", que solamente los brutos de la "podemia" compraron, tuvo un gran esplendor en aquellos momentos catatónicos. Aquello favoreció los planes insurreccionales del gobierno de la "Generlidad".

P: Estamos en la sede de Planeta, que es curiosamente el edificio de Banca Catalana, tema sobre el que te extiendes en tu libro.
R: Ah, es un gran escenario para hablar de esto, sí, tras los hermosos jardines colgantes que puso Ferrusola en la fachada... ¡Hidroplant! Algo de eso hay en mi libro, sí... Un libro lleno de curiosidades.

P: La curiosidad que más me ha sorprendido es que hubiese un rumor de que Pujol tenía una amante.
R: Sí. Sí, sí, sí... Se supo el nombre, en fin. Etcétera. Las cosas son así. Pero eso... Es el rumor. La antesala de la noticia.

P: Cuando publicaste este libro por primera vez, en el 96, Aznar acababa de formar gobierno gracias a Pujol, que se negó a aceptar ministerios en el Gobierno español.
R: Pujol siempre ha sido independentista. Un nacionalista que no sea desleal o un nacionalista que sea democrático no existe. Eso es un oxímoron. El nacionalismo se basa en que tú tienes más derechos porque llegaste antes aquí que otro. Y es desleal porque siempre quiere destruir el estado contra el que lucha. Otra cosa es que en las fases haya apaciguamientos y disimulos.

P: ¿Contra Pujol se vivía mejor?
R: Pujol era un corrupto y un político profundamente inmoral. Un tipo que no pagó impuestos en veinte años se iba todos los fines de semana por los pueblos de Cataluña diciendo a la gente que fueran nobles y patriotas como él. Esa es la corrupción mayor de Pujol, y la historia del nacionalismo es la historia de una ciénaga.

P: Recuerdas en tu libro que, cuando se incendia el Liceu, Pujol convierte en un lema "El reconstruirem!". Este me parece el leitmotiv oculto en la Cataluña pos155.
R: No. No reconstruirán nada. Lo han perdido todo. Estamos a la espera de que aparezca entre las ruinas de ese naufragio nacionalista un héroe del repliegue. Y ese no va a ser "el Valido", ni Puigdemont, ni el siniestro clérigo Junqueras, ni nadie de estos.

P: Para que uno se repliegue, el otro tiene que dejarle espacio. ¿Crees que se les va a dejar espacio para hacerlo dignamente?
R: Lo que ha tenido el secesionismo es precisamente demasiado espacio. Porque España ha sido un Estado confiado y generoso, hasta casi el suicidio. Lo único que tiene que hacer el Estado es observar y ser muy riguroso con el manejo de los espacios simbólicos.

P: Los lazos han cambiado el espacio simbólico tras el 155.
R: Un presidente del gobierno no puede recibir a alguien que lleva el lazo amarillo. Cuando se aplica el 155 no se puede permitir que haya lazos amarillos en los edificios que el Gobierno español gestiona. Y sobre todo: una mayoría política no puede construirse en el Parlamento español a expensas de la decisión de un fugado de la justicia. Cuando el Estado resuelva esto, estará en condiciones de resolver el asalto a la democracia.

P: ¿Entonces está bien quitar lazos?
R: Sí. Yo estoy muy orgulloso de haber hecho eso. Cualquier ciudadano tiene a veces la obligación de dejar de arreglar cañerías y dedicarse a los deberes de la comunidad. Y yo lo hago quitando lazos, montando partidos políticos, etc.

P: Pensé que lo de quitar lazos era para hacer promoción de tu libro.
R: Has descubierto nuestro secreto, pero te pido que lo guardes. No, pero hablando en serio, creo que no hay que dar más explicación. Yo retiro lazos. Para mí es como borrar una pintada que dice "Espada hijo puta".

P: Entonces, cuando al lazo amarillo le añades el rojo, ¿estás diciendo "Oriol hijo puta" o algo así?
R: No, cuando le añado la parte roja lo que hago es borrarlo.

P: A ver. Amarillo es "hijo puta, Espada". Pero cuando tú lo repintas...
R: Lo que hago es dejar un mensaje indescifrable.

P: No sé si me lo creo, pero bueno, sigamos. Insistes en que Cataluña no es una nación durante todo el libro. Añades que el catalán no es una lengua, sino un 'volapük': propia de un país artificial.
R: A mí lo que me interesan son los estados. Se puede pensar que Getafe es una nación, marcas unos límites, elevas unos sentimientos, ¡bah! Así que si ustedes quieren ser de la nación Getafe, o Valladolid, o Cataluña, pues muy bien. Pero no pretendan que, a cada una de esas opciones autoconstituidas, le corresponda un estado. Porque detrás de esa pretensión hay 80 millones de muertos.

P: Pero en cualquier intercambio tienes primero que reconocer a tu interlocutor: su entidad. Si no, el diálogo será imposible. Si el interlocutor "Estado" niega que el interlocutor "Cataluña" es una nación, por ejemplo...
R: Uno debe reconocer al otro, no las ficciones del otro. La realidad objetiva existe con independencia de las percepciones. Pero la política contemporánea se hace a partir de las percepciones. El razonamiento por el que Cataluña no es una nación es el siguiente: una nación reserva al discrepante y al disidente un lugar. La falta de reconocimiento hacia la mitad de la población catalana es algo real y objetivo. De hecho, lo que hace grande al Estado español es este empecinamiento, compartido con la pequeña Europa, en vivir juntos los distintos. ¿Cuál es la base del proyecto nacionalista? La xenofobia. Los nacionalistas catalanes, como los vascos, no quieren vivir con el resto de españoles.

P: Lo cierto es que muchos nacionalistas dicen que sí quieren vivir con el resto de españoles, pero que prefieren gestionar sus propios asuntos y sus cuentas.
R: Mienten. No quieren.

P: En tu libro dices que el verdadero motivo es que odian a los españoles, y sobre todo a los españoles en Cataluña. ¿Cómo lo sabes?
R: Sé que cada día amanece.

P: Eso es un hecho objetivo y lo otro una valoración sobre el sentimiento que esconde un amplio grupo de gente.
R: No es ninguna valoración. Yo he oído a esta gente expresarse durante muchos años y hacer política en razón de ese sentimiento. Esa gente desprecia a los que no considera de su tribu, y esto está en nuestro cableado, en la condición humana. Ahora bien: hay gentes superiores. Nosotros. Los buenos. Los españoles. Los españoles somos superiores a los nacionalistas, moralmente superiores. Los españoles demócratas tenemos una gran superioridad moral, porque nosotros no planteamos ninguna segregación.

P: Cuando hablas de "demócratas españoles" ya estás haciendo una segregación. De hecho, decir "los demócratas" para separar a unos grupos de otros en una democracia... (Niega con la cabeza) Por ejemplo, he oído a Rivera dejar fuera a Podemos cuando se refiere a "los demócratas".
R: Ah, no sé, eso de Rivera, no sé. Pero vamos a ver: es muy importante lo de "los demócratas" porque en el pleito nacionalista lo que está en juego es la democracia. Yo lo que le reprocho siempre a la "podemia" es su completa ignorancia sobre todo. Tan ignorantes que despreciaron la posibilidad de ser una fuerza hegemónica en la izquierda practicando una suerte de segregacionismo colateral cuando reconocieron el supuesto derecho a la autodeterminación de Cataluña.

P: Mi pregunta iba más bien por lo que has dicho antes: "los demócratas no planteamos ninguna segregación" es ya establecer una segregación. "Nosotros, los buenos".
R: Es que efectivamente somos superiores, es una cosa objetiva. La verdad no está siempre en el medio. Por eso no se puede ser equidistante, no es una garantía de acertar. Pero te voy a explicar, si me dejas, lo de la democracia. El pleito catalán es un pleito sobre la democracia, de ahí que sea muy importante decir "los demócratas españoles". Por mucho que los nacionalistas hayan tratado de pervertir la semántica, en su insurrección hay un atentado contra la democracia. Algo objetivo: quieren privar al resto de los españoles de sus derechos. Cuando uno entabla un pacto como el de la Constitución, ese pacto solo se puede romper si están de acuerdo todos lo que pactaron. Si los independentistas quieren llevar a cabo su proyecto, solo hay un camino. Que en España se expanda la "podemia" lo suficiente para ceder nuestra soberanía a los catalanes. Ese es el único camino democrático, malo pero democrático. Todo lo demás es un camino totalitario.

P: ¿No tiene el constitucionalismo un problema para separar a sus cabrones de sus buenos, como le pasa al independentismo?
R: Vamos a ver. Para hablar de estas cosas, es importante precisar en todo momento. Yo quiero saber cuáles son las cabronadas de los cabrones constitucionalistas. ¿Hay alguna cabronada equiparable? ¿En algún momento hay algún cabrón español merecedor de atención que haya dicho que hay que suprimir la autonomía de Cataluña?

P: Diría que sí.
R: No, no lo hay, ni ha habido declaraciones en ningún sentido. En cambio en el otro lado tenemos un gobierno que plantea que hay que liquidar la democracia española. Cuando yo digo que somos superiores estoy demostrándolo con los hechos, con la comparación. No es una percepción.

P: La creencia en la superioridad ¿no es la clave del supremacismo?
R: Vamos a ver. El supremacismo catalán está basado en una ficción que ellos son incapaces de argumentar, porque lo único que podrían decir es que los españoles les dan asco, y eso es impresentable y nunca lo dicen abiertamente. En cambio, la superioridad moral de los demócratas es la de decir: nosotros los conflictos los resolvemos democráticamente. No los resolvemos a la manera totalitaria. Entre Manuel Azaña y el general Franco hay una superioridad moral. Uno era un demócrata y el otro un totalitario. Uno que defendió la democracia española y otro que la rompió. Y esa es la misma diferencia entre los constitucionalistas como yo, sí, superiores, y el gobierno presuntamente criminal que gobierna Cataluña.

P: Niegas que existe una nación catalana, pero niegas también que existe un nacionalismo español.
R: Llaman nacionalismo español a lo que no lo es.

P: Creo que el nacionalismo es un patriotismo a la contra. No me parece casual que las banderas españolas hayan aparecido cuando lo han hecho, a la contra. El nacionalismo es un exceso del patriotismo, quizás. Te pregunto entonces, ¿hay un exceso del patriotismo español?
R: A mí esos juegos amanerados para distinguir entre nacionalismos y patriotismos no me interesan. El nacionalismo español, si existe, es el autor de la Constitución del 78, es decir: de un estado ejemplar en la gestión de esa cosa llamada "culturas" o "sentimientos nacionales". Eso es lo único que puede asemejarse a un nacionalismo español. Lo demás es caspa, folclore. Vuelvo a lo de antes: no ha habido ningún partido español que haya planteado disolver la autonomía catalana, pero la "Generalidad" sí ha intentado disolver España. Así que sí existe un nacionalismo catalán, y no existe un nacionalismo español en ese sentido que quieren darle.

P: Las banderas...
R: La bandera española es moralmente superior a la bandera independentista.

P: ¿Puede una bandera ser moralmente superior a otra?
R: Sí puede.

P: Bueno, la bandera de EEUU es superior moralmente a la bandera nazi, pero más allá de...
R: Efectivamente. Pues eso. Tú mismo lo has dicho. Por supuesto que hay banderas superiores a otras. Esa posición que tú sostienes es la fuente de los problemas. Pensar que hay una equiparación posible entre quienes quieren defender la democracia y quienes intentan su destrucción.

P: No tengo claro que una bandera quiera destruir la democracia y otra quiera preservarla.
R: Ah, bueno, entonces es más grave.

P: Daría para un debate, pero volvamos a la entrevista. Escribes: "Alguien, docto, dice que toda declaración judicial basada en la venganza puede anularse, más allá de que la declaración contenga hechos verdaderos". ¿Detectas un poso de venganza en la prisión preventiva, por ejemplo, de Junqueras?
R: No, pero sí algo de incompetencia. La actitud del juez Llarena, quien goza de mis simpatías, no me parece correcta del todo. Las razones para dejar en libertad a la señora Forcadell no variaron cuando el juez Llarena tomó la decisión de meterla en la cárcel.

P: ¿Y en la clase política? ¿Detectas la alegría de la venganza en Ciudadanos?
R: Preferiría hablar por mí. Yo puedo decir con claridad que la actitud de Artur Mas y Puigdemont merece un castigo. El menor de sus castigos debería ser el apartamiento de la política permanente. Y esto no es venganza. El mal existe y debe ser castigado.

GRAN RECOGIDA DE FIRMAS
Topónimos en español ¿por qué no?
Mateo Requeséns GCT ?? 8 Septiembre 2018

El respeto por nuestras lenguas regionales no precisa de ninguna manera la exclusión del español y la imposición de un monolingüismo regional.

La instrumentalización política de las lenguas en España ha logrado que algo tan natural como que las personas en las regiones con dos lenguas cooficiales usen aquella que les resulte más conveniente se haya convertido en una batalla de lenguas. Desde el nacionalismo disgregador se ha declarado la guerra al español, que se pretende excluir, primero del ámbito oficial y en último término del ámbito particular, hasta convertirlo en una lengua ajena o extranjera en la comunidad de que se trate, es evidente en Cataluña, y en ello están en Valencia, Baleares, País Vasco y Galicia.

Fruto de las reivindicaciones de estos nacionalismos se ha aceptado que los topónimos con forma en español queden relegados en su uso al ámbito privado, de manera que las denominaciones de los lugares en las Autonomías con dos lenguas tendrán como única forma oficial la correspondiente en la lengua regional. Así se deduce de la Ley de política lingüística de Cataluña que en su artículo 18 establece que “los topónimos de Cataluña tienen como única forma oficial la catalana…” En las Islas Baleares, la Ley de normalización lingüística afirma en su artículo 14 que “los topónimos de las islas Baleares tienen como única forma oficial la catalana”. En Galicia también su Ley de normalización lingüística impone en su artículo 10 que “los topónimos de Galicia tendrán como única forma oficial la gallega”. En la Comunidad Valenciana, la Ley de uso y enseñanza del valenciano en su artículo 15 otorga al Consell de la Generalidad Valenciana, “determinar los nombres oficiales de los topónimos de la Comunidad Valenciana”. Por su parte en el País Vasco la Ley básica de normalización del uso del Euskera regula en su artículo10 que la fijación de los topónimos oficiales se hará “respetando en todo caso la originalidad euskaldun, romance o castellana con la grafía académica propia de cada lengua”.

Excluir el español en la denominación oficial de cualquier topónimo que tenga forma “endónima” en la correspondiente lengua regional, es una autentica aberración jurídica. Tal práctica revela el alto grado de contradicción de un Ordenamiento Jurídico que en el artículo 3 de su Constitución proclama expresamente el carácter oficial del “castellano” en todo el Estado y el derecho a usarlo, mientras en otras normas de rango inferior, niega al “castellano” ese mismo carácter oficial para nombrar topónimos que cuenten con la correspondiente forma en español.

Por supuesto, también es una aberración gramatical. Según la RAE, los topónimos con cambio de denominación oficial en favor de la forma local, pero que cuentan con una forma tradicional española plenamente vigente deben escribirse según la grafía que corresponda en español. Por ejemplo, debe escribirse Lérida, no Lleida, Gerona, no Girona, Orense, no Ourense, La Coruña, no A Coruña, Fuenterrabía, no Hondarribia, Mahón, no Maó, Alicante, no Alacant etc. Es bien sencillo de entender, habrá que usar la forma correspondiente según el idioma que estemos empleando. La existencia de diferentes formas toponímicas para denominar un determinado lugar es algo muy normal, en España y en cualquier otro país del mundo; cada idioma ha desarrollado, bien originariamente o por adaptación fonética, por traducción, o simplemente por transcripción, la denominación de los lugares, siendo estas la forma correcta de designarlos cuando se esté usando uno u otro idioma.
Todos podemos ayudar

Que un legislador pretenda eliminar en España la forma en español de la denominación de un lugar y vetar su empleo en el ámbito oficial, atentado contra el sentido común, la congruencia del Ordenamiento Jurídico y las normas gramaticales, nos muestra la clase de distorsión que llevamos sufriendo durante lustros a la hora de diseñar la política lingüística de nuestra patria.

El respeto por nuestras lenguas regionales que, como bien dice también el artículo. 3 de la Constitución, forman parte de nuestro patrimonio cultural, no precisa de ninguna manera la exclusión del español y la imposición de un monolingüismo regional a la hora de nombrar los topónimos. El País Vasco, al menos cuando acepta Donostia-San Sebastián y Vitoria-Gasteiz como topónimos oficiales, ejemplifica un trabajo legislativo coherente con la existencia de dos lenguas cooficiales y el respeto a sus respectivos hablantes. En otras regiones, con la indecente colaboración de PSOE y PP, se ha impuesto la visión del nacionalismo excluyente, que quiere sustituir el español con la disculpa de la “normalización” de la lengua “propia”.

Se trata de cambiar los hábitos lingüísticos de la población, pues la convivencia de hablantes de las dos lenguas, y el empleo indiferente de la española y la regional, se contempla como una anomalía a corregir, prescindiendo por completo de la libertad de las personas. De ahí el simbolismo que encierra proscribir el español para designar los lugares donde habitamos. Se trata de que los ciudadanos dejen de verse como miembros de la comunidad española, y que ningún sentimiento de pertenencia se proyecte a través de la lengua común, pues debe ser reemplazado –no compartido- por el sentimiento de pertenencia local, representado por la lengua regional. Esa, y no otra, es la oscura razón por la que no se permite emplear en el ámbito oficial las formas en español de los topónimos en las Comunidades Autónomas con lengua cooficial.

Este sábado todos tenemos una oportunidad de aportar nuestro granito de arena para cambiar esta situación: La asociación Hablamos Español recoge firmas en todas las provincias de España para presentar una Iniciativa Popular Legislativa a favor de la libertad de elección de lengua.

Puede ver los lugares de recogida de firmas haciendo clic en este enlace: Gran_Recogida_Firmas_8sept
https://gaceta.es/wp-content/uploads/2018/09/Gran_Recogida_Firmas_8sept.pdf
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