AGLI Recortes de Prensa   Domingo 9  Septiembre 2018

¡Es la economía...!
Las medidas dictadas por el populismo han puesto en riesgo la recuperación y el empleo. Las señales de frenazo son preocupantes
Daniel Lacalle. La Razon 9 Septiembre 2018

¿Qué podemos decir de los primeros cien días del gobierno de minoría absoluta de Pedro Sánchez? Nada bueno.

Han sido cien días de improvisaciones y mensajes contradictorios más orientados a los favores debidos a sus socios de moción de censura que a fortalecer la recuperación.

Ante una desaceleración moderada en la que España seguía liderando las estimaciones de crecimiento y empleo de la eurozona, el Gobierno ha decidido tomar el camino más peligroso, el de los anuncios maximalistas: la amenaza a creadores de empleo con enormes subidas de impuestos y entregarse a las exigencias de Podemos de gastar mucho más e incumplir nuestros objetivos de déficit en los próximos años.

Ningún país responsable decide poner escollos al crecimiento, el empleo y la inversión y aumentar déficit estructural –endeudarse más con gasto corriente– ante un cambio de política monetaria y subidas de tipos.

Las señales de frenazo económico son preocupantes. El consumo minorista caía en España en julio un 0,4% mientras crecía en las principales economías europeas una media del 2%. La afiliación a la Seguridad Social perdía en agosto casi 203.000 asociados, el peor mes de agosto desde 2008, y un 40% peor de lo habitual en este mes. La contratación laboral se desplomaba un 23,2%.

Estos datos se pueden achacar a distintos factores, pero nadie puede negar el efecto «frenazo» de incertidumbre e inseguridad inversora que producen los anuncios de enormes subidas de impuestos y revertir las principales reformas llevadas a cabo en España. Son los agentes económicos domésticos los que dejan de consumir o contratar ante la incertidumbre.

Cuando Pedro Sánchez llegó a la presidencia con una moción de censura pactada con partidos de signos opuestos y políticas antagónicas, muchos comentaristas apostaban a que buscaría el centro. Se equivocaron: ha vuelto la política de los «globos sonda», esa que consiste en hacer enormes anuncios que afectan a la economía «a ver qué pasa» y luego desdecirse como si fuera una broma.

El ataque a las grandes empresas fue inmediato. El presidente anunciaba en televisión que «constataba» que España «recauda poco»: recaudamos menos sobre PIB porque tenemos una cuña fiscal sobre la inversión, el empleo y el ahorro superior a la media de la OCDE y de Europa. Según datos de Eurostat y PWC las familias y empresas españolas sufren una de las mayores cuñas fiscales de nuestro entorno.

Las grandes empresas pagan un 19% de tipo efectivo sobre su base imponible, y los bancos un 20%. Una fiscalidad superior, en tipo efectivo y en cuña fiscal total, a la mayoría de los países europeos.

La guerra al diésel fue también otro factor de incertidumbre e irresponsabilidad. España fabrica alrededor 1,2 millones de vehículos diésel al año y el sector da trabajo a más de 40.000 personas. Además, el diésel contamina menos que la gasolina. ANFAC (Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones) demuestra que los nuevos vehículos diésel emiten menos CO2 que los de gasolina y hasta un 84% menos de óxido de nitrógeno. El impuesto «al diésel» lo pagan los consumidores y afectará a más de 11 millones de consumidores.

Los «impuestos verdes» son más costes que el consumidor medio pagará en la luz, los servicios y su vivienda, en términos generales. Además, ya existen: España recaudó más de un 5% del total de ingresos fiscales en la llamada «fiscalidad verde», más de 20.700 millones de euros en 2017.

El mal llamado impuesto a la banca funciona como un impuesto regresivo, es decir, afecta a los consumidores, depositantes y familias con menores recursos porque la capacidad de asumir mayores costes es mucho más limitada.

Como con el diésel, el «impuesto a la banca» parece otro «globo sonda» dudoso, añadido a la irresponsable decisión de acabar con los acuerdos con Arabia Saudí que casi dejan sin empleo a la bahía de Cádiz.

Anunciar un «tipo mínimo de Sociedades» del 15% sobre el resultado contable a empresas que facturen más de 8 millones de euros no solo es un escollo a la inversión y la contratación, es una locura legal. Supone instaurar la doble imposición unilateralmente. Lo mismo que las subidas a las mal llamadas «rentas altas». Un sueldo de 60.000 euros o 150.000 euros ya paga el 48% de impuestos incluyendo la parte autonómica. El 10% más rico recauda el 48% del impuesto de la renta, y pasa más de 177 días al año trabajando para pagar impuestos.

Imponer un tipo mínimo del 15% a empresas y arrebatar más de la mitad de sus ingresos a los trabajadores va contra los principios constitucionales de capacidad económica, igualdad y no confiscatoriedad.

Por supuesto, las subidas de impuestos incluyen aumentar la cuota a más del 70% de los autónomos y, además, subir impuestos directos e indirectos que, aparte de ir contra la lógica, no solucionan los problemas de pensiones o déficit.

Los anuncios de enormes impuestos con nombres engañosos se han acompañado de promesas de subir gastos para pagar los favores derivados de la moción de censura socialista. El subterfugio de decir que es para pagar las pensiones o el estado de bienestar se desmontaba cuando se rechazaba cualquier mejora de la eficiencia de la administración, en un año en que solo Cataluña y Andalucía gastarán 28.000 millones de euros en administraciones paralelas.

Lo más grave de estos cien días es que se ponga en peligro la recuperación y el empleo con peligrosas improvisaciones y medidas dictadas desde el populismo. La irresponsabilidad la pagamos todos.

El sanchismo-leninismo, con el golpismo catalán
Federico Jiménez Losantos  Libertad Digital 9 Septiembre 2018

Como recordó ayer Javier Somalo en un gran artículo, hace sólo un año, la Vicepresidentísima del Gobierno dijo: "en Cataluña, la democracia ha muerto". Y a continuación se unió a los enterradores. Porque fueron los dos días de la "desconexión" en Septiembre los que en rigor constituían ya el Golpe de Estado que obligaba a intervenir de inmediato al Ejecutivo. Pero Rajoy dejó correr el tiempo, que desde la Generalidad tomaran los colegios electorales para coreografiar un referéndum ilegal pero muy real, porque era parte del golpe. Doña Diáloga dijo como ante el de Artur Mas: que legalmente la votación no valía. ¡Como si jugara al parchís! Lo que no valía era lo que siguió haciendo el ruin gobierno de Rajoy, secundado por la abyecta oposición: hacer como que no había Golpe. Para no combatirlo.

El partido golpista mediático toma Madrid
Un año después de la reaccioncita escasa y, por breve, casi nula, del gobierno de Rajoy, la estructura política y mediática del golpe en Cataluña ha echado al Gobierno del PP, ha impuesto un Gobierno socialista, con el compromiso fundacional de llevar a referéndum la independencia catalana. Y como para hacerlo hay que destruir las bases del régimen constitucional, en apenas tres meses se ha instaurado un sistema de gobierno por decreto que es calcado de todo régimen comunista en su primera fase, de transición a una "democracia popular", "directa" para imponer la "justicia social, ya". Lo más importante es el "¡ya!"; acelerar la acción política vulnerando los trámites que impone la legalidad, y que precisan tiempo para cumplirlos.

En realidad, es el golpismo mediático de La Sexta, Cuatro y, ahora, TVE lo que llevó al Poder a Falconetti a medias con los golpijueces. Y es lo que sostiene esta operación que repugna a la mayoría de los españoles. La exhumación de Franco, nos dicen, "no podía esperar un minuto más". La acogida de los ilegales del "Aquarius" tampoco podía "esperar un solo día". La condena del diesel corría "muchísima prisa". La toma de RTVE era "inaplazable". Todo es "urgentísimo" y por decreto-ley. La bondad supuesta de los fines permite atropellar los medios, empezando por el reloj, el calendario y cualquier forma de medida y control. Porque de eso se trata: de evitar el freno a la acción de un Gobierno que se coloca fuera de la Ley.

Iglesias proclama el Co-gobierno social-comunista
Perdone el lector, pero no tengo más remedio que referirme a mi Memoria del Comunismo, porque lo que está pasando ahora mismo en España recuerda lo más estúpido que ha sucedido en todos los países que han caído bajo la dictadura comunista: el "aquí no puede pasar". Y pasa. Esta semana, el comunista Pablo Iglesias, incensador a sueldo del régimen narcoterrorista de Venezuela durante muchos años y que viene cobrando de la teocracia iraní desde que Pitita hacía de reportera pizpireta de La Tuerka, ha proclamado que su partido, o sea, el comunista Podemos, "cogobierna" desde el Parlamento. Y la RTVErka que le ha entregado Falconetti lo ha celebrado como lo que es: un paso importante en la creación de un régimen que sustituya al demócrata-liberal que pretende ser el constitucional del 78. Además, ha firmado con Falconetti -y el Izbestia (antes El País) lo ha loado con idéntico gozo- un programa económico que puede destruir la economía española en seis meses. ¿"Aquí no puede pasar"? Está pasando.

Los disparates en materia fiscal del programa Falconetti-Pablenin prueban algo que las sociedades en general y la derecha en particular no ha entendido jamás: la miseria es lo que necesita el comunismo en el Poder. Lo que ha hecho Maduro en Venezuela es acabar con el dinero mediante la inflación, lo mismo que Lenin. Eso lo fortalece, porque tiene en su mano la cartilla de racionamiento, es decir, la administración del hambre, que es el arma más temible para desactivar, amortecer y liquidar cualquier oposición.

Por supuesto, España está lejos de esa situación. Estamos en la UE. ¿Y de qué nos sirve ante lo más grave que le puede suceder a un país, que es que se perpetre, con apoyo exterior, un golpe de Estado para liquidarlo? Se dan muchos de los elementos teóricos que impiden la liquidación de la democracia. Se están dando todos los elementos prácticos para liquidarla. El que no lo quiere ver es porque está como Rajoy y Soraya hace un año: cobardeando en tablas, esperando que no pasara lo que había pasado ya.

La traición de Marlaska y Ana Pastor
Y lo que pasó hace un año sigue pasando ahora. Con un factor que lo agrava terroríficamente: el Gobierno de España apoya a los golpistas. Les debe el poder y lo está pagando. ¿Cómo? Atacando desde el Estado a los enemigos del separatismo, que básicamente son el PP, Ciudadanos y Vox. El guión es el de Iceta insultando a Arrimadas, pero lo repiten Falconetti y su vicepresidenta, que se fue con Lastra a celebrar un acto de Mongolia, la revista de Boye, el abogado de Puigdemont y condenado por terrorismo. La semana pasada decía aquí que la política española, o sea, antiespañola, la llevan dos bufetes: el de Garzón en Madrid y el de Boye en Barcelona. ¿Hay alguna duda, tras ver a Carmen la de Cabra riéndose con los chikos del maíz morado, de Boye y de Rufián, de Podemos y demás chequistas?

Una foto resume la traición a España del Gobierno: la de Marlaska con Torra, ataviado con el churro amarillo, camino de encajar, como el que oye llover, que en España hay presos políticos. Se lo espetó un empleado suyo, porque Interior, que es la policía autonómica catalana, depende de él. Y sonrió como un hámster amaestrado.

Pero como los golpistas están en el Poder, no están del todo solos: la rajoyana Ana Pastor ha hecho lo mismo que Marlaska al invitar al catanazi Torra al Congreso, siguiendo órdenes de Falconetti y a espaldas de Casado, que, la verdad, no sé a qué está esperando para limpiar de traidores del PP. Soraya y su pandilla lo afrentan un día sí y otro también. Se retratan, pero está claro que su empeño en sabotear a Casado es más que una venganza, que ya sería bastante sucio. De hecho, empieza a parecer un encargo.

Casado, entre el patriotismo y el partidismo
He leído completo el discurso de Casado ayer en Cataluña. Puedo suscribirlo de principio a fin. Pero el patriotismo, no sólo constitucional, sino simplemente nacional, se ve ensombrecido por la tendencia mostrada esta misma semana de culpar a Ciudadanos de no se sabe qué provocación a los golpistas por salir a la calle a quitar lazos amarillos, es decir, a no aceptar la dictadura golpista que el Gobierno acepta sumisa, perrunamente.

Además, Rivera protagonizó, en vísperas de la movilización cívica de hoy y del aquelarre separatista del miércoles, un enfrentamiento muy serio con la comisaria matinal de TV3, el verdadero partido de Torra y el golpismo irredento. Eso merece no ya respeto sino aplauso. Tal vez lo habrían hecho Casado o Abascal, pero lo ha hecho Rivera. Y no se le puede atacar en los términos que Montilla. Esas sorayadas se pagarán muy caras.

El patriotismo exige generosidad. Y la mezquindad fatalmente ligada al interés de partido es lo contrario del patriotismo. Si Casado cree que se puede ser patriota y sectario, o aparentarlo, se equivoca. Muchos dejaron de votar a su partido por su cobarde actuación en Cataluña. Y al insultar a Ciudadanos -y a Vox- por ser parte de esos compatriotas que limpian las calles de basura naziamarilla, nos sentimos insultados todos los que los vemos como verdaderos héroes. No se obtiene el respeto que no se guarda.

“Esta fiesta la van a pagar los ricos”
Jesús Cacho. vozpopuli  9 Septiembre 2018

Las noches de verano suelen aflojar la lengua de aquellos obligados a guardar secreto de lo que ven y hacen sus jefes en la sombra. Son las cenas copiosas, los cielos estrellados, el glamur de esas confidencias que se entrevén plagadas de promesas. “Pedro tiene cuatro objetivos: acabar con la imagen desastrada, heredada de los tiempos de Zapatero, de gente incapaz de gestionar la Economía; dinamitar el abrazo siamés del PPSOE, es decir, romper el lazo de esa corrupción que nos ha ligado a la derecha; ser amable con los catalufos, a los que habrá de colmar de promesas, y, finalmente, tirar del gasto social hasta donde lo permita Bruselas y más allá. Si cumplimos estos objetivos, tendremos Pedro Sánchez para rato”. Tal decía este pasado agosto, cena de verano en casoplón de la costa mediterránea, uno de sus hombres de confianza. “Oye, oye”, surgió alarmada la vocecita de la elegante anfitriona que corría con la cuenta, “¿cómo pensáis gastar más y cumplir con Bruselas?” “No te preocupes, fulana”, respondió el aludido, “que esta fiesta la van a pagar los ricos”.

Es lo que quiere Pablo Iglesias. Él ya es uno de ellos, con dacha en la sierra madrileña por la que dice haber pagado 600.000 pero que los expertos valoran justo en el doble. Iglesias sigue la pauta de todos los líderes comunistas que en el mundo han sido. La vanguardia vive bien, en realidad vive como un obispo preconciliar, pero para justificar su estatus necesita una parroquia a la que subsidiar y mantener detrás cual feroz guardia de corps, a costa de una mayoría que sufre las penurias del experimento. Iglesias salió el jueves de su encuentro con Sánchez investido de la condición de copresidente. “Vamos a cogobernar juntos desde el Parlamento”. Y recitando una panoplia de medidas que abarcan de lo humano a lo divino. Sin puta idea de nada. Como cuando alguien le pregunta cómo se va a materializar la prometida rebaja del IVA para algunos productos básicos. “Es un tema al que no puedo responder”, titubea, “porque es de una extrema complejidad”. El señor marqués de Galapagar, verborrea fatua, exuberancia capciosa, despliega una cultura oceánica de un milímetro de espesor. Él no ha dado palo al agua en su vida; jamás ha dirigido una pyme ni pagado una nómina. La señora marquesa ha trabajado menos aún. Que paguen los ricos. Y ¿qué dice Pedrito de esta orgía de gasto que anuncia su socio? En su cuenta de twitter ha dicho sentirse “muy satisfecho por el productivo encuentro de esta tarde. Estamos en el buen camino para presentar en noviembre unos presupuestos sociales que comiencen a recuperar el Estado de bienestar destruido por la crisis y los recortes”.

¿Qué es lo que se ha destruido, Pedro, cuando el PIB y el gasto social están ya en niveles muy superiores a los de 2007? En la mañana del mismo jueves, el okupa que nos preside había recibido en Moncloa al comisario Moscovici, al que prometió enviar un proyecto de PGE para 2019 antes de finales de octubre, amén de asegurarle el cumplimiento de los objetivos de déficit. ¿Mintió Pedro por la mañana a Moscovici o mintió por la tarde a Iglesias? ¿Engañó a los dos al tiempo? Las alarmas han empezado a sonar en la Economía. Ya desde la moción de censura los principales indicadores (confianza de los consumidores, producción industrial, sintético de confianza económica), empezaron a mostrar una tendencia hacia la desaceleración que se ha visto confirmada a la vuelta de las vacaciones en las ventas al por menor (índice clave), desempleo, caída del turismo, etc. Se trata de una tendencia agravada por dos factores exógenos tan importantes como la subida del precio del petróleo (brutal shock de oferta) y el comienzo de una política de normalización monetaria por parte del BCE (drástica reducción de la compra de bonos), con expectativa de subida de tipos.

Con todo, la situación no es alarmante, ni mucho menos. Si bien perdiendo fuelle, la economía española tiene todavía recorrido, al punto de que este curso podría cerrarse con un crecimiento del PIB superior al 2,5% (3% en 2017) y una creación de empleo neta cercana a los 400.000 (cien mil y pico menos que en 2017). Todo hace prever que la desaceleración, aún con crecimiento positivo, será más pronunciada en 2019, pero nada de lo que ocurra, salvo catástrofe catalana, tendrá influencia directa en unas generales que Sánchez pretende convocar en mayo próximo, coincidiendo con municipales y autonómicas. Los efectos de esa desaceleración todavía no serán percibidos por el votante medio en 2019, si bien empezarán a hacerse evidentes a lo largo del ejercicio 2020. La desaceleración no dañará pues las expectativas electorales del indocumentado que nos preside, así de simple.

Un camino sembrado de bombas
Naturalmente, cualquier gobernante serio, cualquier presidente “normal” consciente de su responsabilidad, procuraría, al margen de su ideología, adoptar las medidas necesarias para contrarrestar esa desaceleración mediante un ajuste “suave” del gasto, con la vista puesta en cumplir a rajatabla los objetivos de déficit y deuda, y la determinación de volver cuanto antes al pleno crecimiento evitando esos brutales ajustes, con pérdida de millones de empleos, a los que las crisis nos tienen acostumbrados en España. Justo lo contrario de lo que en apariencia pretende hacer el inquilino de La Moncloa. La idea de ese “programa social” que vende Iglesias, consistente en regar con dinero público cualquier iniciativa o sector calificado de progresista, al tiempo que fríe a impuestos a particulares y empresas (por no hablar de acabar con la reforma laboral, devolver el poder a los sindicatos, etc.), no puede por menos de reavivar el fantasma de una eventual nueva crisis de dimensiones profundas a partir de 2020. “La desaceleración en curso no sería preocupante si se adoptaran las decisiones correctas; lo alarmante es que Sánchez, urgido por su precaria minoría, empiece a sembrar el camino de bombas que podrían empezar a explotar en un par de años”.

El resultado es desconcierto y desconfianza. Expertos hay que sostienen que si este Gobierno realmente llegara a poner en marcha algunas de las medidas aludidas por Iglesias (la subida del salario mínimo, por ejemplo, con efectos devastadores sobre el empleo menos cualificado), el crecimiento del PIB podría irse por debajo del 1,5% en 2019, mucho antes de lo que considera el consenso de los economistas, porque la desaceleración en curso está siendo más intensa de lo previsto. La alarma es general en el empresariado. Como la decisión de esas fortunas a las que el marqués de Galapagar persigue de poner su patrimonio a buen recaudo. La banca privada está haciendo su agosto. “Estamos viviendo situaciones que podrían calificarse de hilarantes. Gente de la calle que viene a que le coloques fuera 40.000 euros, porque quiere poner a buen recaudo sus ahorros. Lo siento, señora, pero nosotros no trabajamos con esas cantidades”, asegura, pidiendo anonimato, el delegado en Madrid de un banco luxemburgués.

Desconfianza y miedo. Desde las filas del socialismo clásico, no precisamente afecto al sanchismo, llaman a la calma: “La gente está demasiado nerviosa y no es para tanto. La presentación de los PGE en octubre/noviembre y su tramitación por vía reglamentaria, con el Congreso cerrado en enero, nos llevará a febrero sin acuerdo, sin respaldo suficiente para aprobarlos, de modo que en marzo Pedro podrá disolver las Cortes y convocar elecciones con el argumento de que no ha podido aprobar sus Presupuestos por falta de apoyos, por lo que cede la palabra a los ciudadanos. Calma, pues, porque iremos a las urnas en mayo. Ello contando con que el separatismo catalán no lo haga saltar todo por los aires antes de tiempo, claro está”. Un argumento que muchos españoles comprarían hoy sin discutir el precio, en vista del desbarajuste general que parece haberse apoderado del país. El drama de España no es que siga sin haber Gobierno, como ocurría durante los últimos tiempos de Rajoy, sino que al frente del mismo figura un necio presuntuoso sin idea de casi nada, dominado por un sectarismo puesto al servicio de una ilimitada ambición de poder, y sin una sola voz de peso que le llame al orden, desde luego no la ministra del ramo, desaparecida en combate, empeñada en hacer bueno lo que en Moncloa dicen de ella ahora mismo: “la Calviño no pinta Nadia”.

Gobierno de ineptos, dispuesto a ponerle palos a la rueda del bienestar colectivo, como el episodio ocurrido estos días con Arabia Saudí ha puesto de relieve. La ministra de Defensa decide por su cuenta prohibir el embarque en Santander de unas bombas destinadas a ese país. Ella misma redacta la nota de prensa y la filtra a la SER. Cuando desde Riad avisan al comité de empresa de Navantia, San Fernando, Cádiz, 6.000 familias viviendo de los astilleros, que van a proceder a suspender la construcción de cinco corbetas, carga de trabajo para cinco años, la plantilla se moviliza y se echa a la calle, y el Gobiernito da marcha atrás y se la envaina sin rechistar. “El Gobierno hace lo que dice”, dijo ayer el pollo feminista, europeísta y social. Y bien, ¿ha dimitido ya Margarita está linda la mar? Si lo que está ocurriendo aquí y ahora no fuera un drama, podría ser el perfecto argumento para una farsa. La comedia de los idiotas. Sin nadie que levante la voz y diga que esta fiesta no la van a pagar los ricos, sino los españoles más humildes. Nadie que salga a recordar que no se puede jugar con las cosas de comer. ¿Dónde están los Felipe, Guerra, Rubalcaba…? ¿Dónde, los que en octubre de 2016 mataron al sujeto sin enterrar su cadáver? ¿Cómo es que ahora no dicen ni mu? ¿Dónde se esconden los empresarios? ¿No tienen nada que decir en esta coyuntura? ¿Les preocupa la cuenta de resultados? ¿Les importa algo el dinero de sus accionistas? Y ¿qué decir del PP? ¿Por dónde anda el PP? ¿Qué está pasando ahí? ¿Por qué no salen de una vez de la maldita cueva de Génova y se preocupan un poco por el futuro de un país que ha descarrilado entre la maldad de unos y la desidia de casi todos?

Un gobierno demacrado
Juan Fernández-Miranda ABC 9 Septiembre 2018

Si rectificar es de sabios Pedro Sánchez es el faro del pensamiento de occidente. Desautorizada la ministra de Justicia por el desleal rechazo a Llarena; goleada la de Trabajo por el sindicato de prostitutas; desubicada la de Industria con el diésel; topándose el propio Sánchez con la compleja realidad de la inmigración, con las finas entretelas de las relaciones comerciales con Arabia Saudí y con el peor de sus molinos de viento: su propia demagogia en la oposición. Ahora no habrá impuesto a la banca, ni buscará un acuerdo de financiación autonómica y agua, ni importa nada que RTVE se gobierne por decreto, ni va a convocar elecciones hasta el final de la legislatura. O eso pretende. O eso dice en público que pretende.

La pregunta es: ¿cuánto tiempo está dispuesto a aguantar el presidente del Gobierno antes de convocar elecciones? O mejor: ¿cuánto tiempo podrá aguantar? Tres factores a tener en cuenta: el primero, la encuesta que publica hoy ABC revela un desgaste impropio de un presidente que lleva solo tres meses, siendo además uno de ellos agosto. Al Gobierno bonito, como acertó a bautizar Colmenarejo, se le está borrando el maquillaje a marchas forzadas. Seis de cada diez españoles rechazan la política de Sánchez en inmigración, pensiones y economía, y siete de cada diez en el caso de Cataluña. Solo uno de cada cuatro le apoya en esos temas (inmigración 28,3%, pensiones 26,8%, economía 20,6% y Cataluña 16,6%).

Si tenemos en cuenta que en las elecciones el PSOE alcanzó el 22,63% de los votos (84 diputados), pues todo encaja: solo uno de cada cuatro quería a Sánchez en Moncloa, y solo uno de cada cuatro aprueba su gestión en La Moncloa. Escaso apoyo.

Un segundo factor importante es la oposición interna. Cada vez son más en el Gobierno y en el PSOE los partidarios de adelantar elecciones para evitar un desgaste mayor, conscientes de que la propaganda tiene un límite y la erosión va en aumento. El tercer factor es también relevante: la economía muestra síntomas de desaceleración.

En Moncloa, donde se cultiva con esmero el eufemismo, regatean el verbo «rectificar» diciendo que «este Gobierno escucha». Si efectivamente es así, y Sánchez escucha, el mensaje de la encuesta que hoy -y mañana- publica ABC es nítido: urnas.

¿Quién manda aquí?
Antonio Burgos ABC 9 Septiembre 2018

Cada vez está más visto y demostrado que con 84 diputados no se puede gobernar. Que como saben son los que tiene el que cada vez es más conocido como «el Okupa de la Moncloa». Esto del «okupa» tiene más fondo (o «más recorrido y hondo calado», que se diría en tertulianés) de lo que parece. Sánchez está en La Moncloa como podía habitar el casoplón que se han comprado los padres de los mellizos que felizmente han superado la peligrosa prematuridad de cinco meses, gracias a la tan denostada Sanidad pública de Madrid, administrada por cierto por el PP. Aunque oficialmente es el presidente del Gobierno del Reino de España por culpa, culpita de Rajoy, y duerme en La Moncloa y, si no tiene que coger el Falcon para ir a cualquier chuminada lejos, allí desayuna, almuerza y cena. Los inquilinos de La Moncloa suelen ser los que mandan en España. Pero mandar, lo que se dice mandar, ¿manda de verdad Sánchez? ¿O es un mandado de los que le permitieron su sueño de dormir en La Moncloa a pesar de tener 84 diputados?

El canto de la gallina lo ha dado Pablo Iglesias, precisamente en su visita a La Moncloa para una charleta de comienzo de curso y de importancia de la asignatura. Por cierto: sale Sánchez a recibirlo a esas escalinatas monclovitas de donde quitan la bandera de España y a los guardias civiles de gala presentando armas cuando quien llega es un separatista catalán. Sale muy bien trajeado, como corresponde al sitio que ocupa, y nunca mejor dicho lo de ocupar. Y he aquí que llega Iglesias con el uniforme del 15-M en la Puerta del Sol, el Belén del ídem que tiene montado. Y aparece en mangas de camisa, marca de la casa, como si en lugar de acudir a debatir los altos asuntos de Estado y gobernación del Reino fuese a cambiar la zapatilla de un grifo que se sale. Y demuestra luego Iglesias lo que me ha recordado aquella vieja copla que el cantar ponía en boca de un bandolero: «El Rey mandará en el llano/que en la sierra mando yo». Sánchez duerme en La Moncloa y se cree que manda, pero los que gobiernan y mandan de verdad son los que lo hicieron presidente. Por eso el ministro Marlaska tiene que callarse la boquita y decir que lo blanco es negro cuando a su lado un consejero separatista de la Generalidad de Cataluña dice que los encarcelados por sedición y rebelión son «presos políticos». Y por eso tenemos un Gobierno que parece el título de una obra de Jardiel Poncela: «84 diputados con freno y marcha atrás». Cada Consejo de Ministros de los viernes tiene que deshacer el manto de Penélope de los petardazos que ha pegado el verborreico presidente de los globos-sonda o alguien de su presunto ¿Gobierno? a lo largo de la semana. Y a las bombas que tiran los fanfarrones sobre los puestos de trabajo de los astilleros de Navantia en la Bahía de Cádiz y a las corbetas para Arabia Saudí me remito.

El canto de la gallina trata precisamente de esto: de la capacidad de gobernar España o lo que va a consentir que los separatistas catalanes nos dejen de ella. Iglesias, sin que Sánchez lo corrija, se ha autoproclamado de hecho vicepresidente de un Gobierno del que no forma parte. Tras la charleta con Sánchez ha proclamado que Podemos quiere «cogobernar desde el Parlamento», pese a que entre ambos grupos no alcanzan la mayoría de la Cámara. Sí, gobernar desde el Parlamento, no desde La Moncloa. ¡Y a la separación de poderes, que le den morcilla! Tomo las palabras de mi querido y ubicuo letrado Joaquín Moeckel para expresar mi perplejidad: «Habrá que explicar a la gente cómo se gobierna desde el Congreso y cómo se legisla desde el Gobierno. El mundo al revés». El mundo al revés, no, querido Moeckel: el imperio del decreto-ley y un presidente de... ¿te acuerdas de las marionetas de Herta Frankel? Pues lo mismo, pero sin Herta, sino con Podemos y todos los que quieren acabar con España.

Sánchez y el rabino de la cabra
FRANCISCO ROSELL El Mundo 9 Septiembre 2018

En cierta ocasión, Winston Churchill, con su proverbial capacidad para redondear frases como titulares de periódico, admitió que, a menudo, se había tenido que comer sus palabras y que había comprobado -remachó- que resulta "una dieta equilibrada". No hay que ser, desde luego, Kant para discernir que sólo un necio puede presumir de no cambiar jamás de opinión y el héroe de la Inglaterra contemporánea no se hallaba entre tales cernícalos. Modificar el punto de vista -más difícil cuando se trata de erradicar un prejuicio- puede ser una muestra de inteligencia.

Otra cosa es cuando se trata de opiniones tornadizas que, cual caprichosas veletas, giran gráciles en función del viento. Ello lo plasmó Zapatero con aquella declaración en la que, para pasmo general, petrificó que las palabras deben servir a la política, y no al revés. En aquellos términos, resumió su volatinera forma de gobernar. Si eso sucedía con el ZP de la holgada mayoría, esa práctica se multiplica exponencialmente en la peculiar circunstancia de Pedro Sánchez.

A merced de los acontecimientos, personifica la incoherencia. En sus primeros cien días de Gobierno, está por ver un solo asunto en el que no haya debido desandar lo andado, no una, sino varias veces. Ni siquiera cabe aplicarle la socorrida frase de Fraga de que el PSOE sólo acierta cuando rectifica. Con tales bandazos, luego justificados como supuestos globos sonda, resulta prodigioso que el Gobierno no haya descarrilado, pese al corto trayecto recorrido desde el golpe de fortuna que le franqueó La Moncloa.

Para afrontar un mandato tan azaroso, imprevisible y volátil, dada su precariedad de escaños y su alta dependencia del independentismo y del populismo neocomunista, Sánchez se rodeó de un gabinete arco iris en el que cohabitan especies de todos los pelajes, de suerte que le facultara disponer del ministro de conveniencia para proyectar el mensaje que cuadrara en cada momento. Ora Josep Borrell, al que ERC borra del callejero de su pueblo ilerdense, ora Meritxell Batet, que les baila el agua; ora Margarita Robles, que defiende al juez Llarena, ora María Dolores Delgado, que pone al instructor del golpe de Estado del 1-O a los pies de los caballos de los bárbaros... y así hasta darle la vuelta a la mesa del Consejo de Ministros.

Lo peor es que, al cabo de semanas asistiendo a funciones cuasi diarias de ministros contradiciéndose entre sí y obligando al presidente a tener que desmentirlos, ahora es éste quien protagoniza en persona el espectáculo de desmentirse a sí mismo cada cuarto de hora. Tal desbarajuste le somete a tales niveles de irradiación mediática que ello puede apresurar su ingreso en la unidad de quemados antes de que estos daños sean irreversibles.

Atendiendo a su carrusel de declaraciones contradictorias y actuaciones contrapuestas en función del interlocutor o del auditorio, nuestro Yes man, el presidente del sí por adelantado, tras el "no es no" y del "qué parte del no es la que no ha entendido", evoca una de las anécdotas que se le adjudican al Conde de Romanones. Aconteció en las Cortes republicanas y fue a raíz de un alarde declamatorio del presidente de la Cámara, Niceto Alcalá-Zamora, paradigma del prohombre que antepone modular bien una frase a darle sentido a las cosas que decía. Un grupo de periodistas se arremolinó en derredor del cacique de la Restauración para interesarse por su opinión. Aunque ya debía andar sordo como una tapia, contestó sin titubeos que el discurso le había parecido magistral. Como quiera que un reportero de los de colmillo retorcido creyera detectar un deje irónico en aquel galápago de innúmeras conchas, le repreguntó qué habría respondido si el prócer cordobés hubiera dicho lo contrario. Cachazudo, Romanones sentenció sarcásticamente: "Pues le contestaría exactamente lo mismo".

La humorada de aquel vestigio del viejo orden político ilustra la conducta de Sánchez: repetir la misma respuesta afirmativa sin reparar en el tenor de la pregunta. Así, sin andar de por medio ni horas 24, pudo comprometerse el jueves de mañana con el eurocomisario Moscovici en presentar un plan claro de control del déficit y, por la tarde, pactar un mayor gasto con su socio preferente o de "cogobierno" Pablo Iglesias. Inevitablemente, engañó a uno o a otro, si es que no lo hizo con los dos.

Al modo de Groucho Marx -"He aquí mis principios; pero si no les gustan... ¡estoy dispuesto a cambiarlos!"-, Sánchez quizá piense ganar tiempo con una argucia como la del genial cómico cuando se dispone a fichar al tenor Baroni en Una noche en la ópera, esto es, introduciendo en ambos compromisos incompatibles entre sí una cláusula tan enmarañada como aquella: "La parte contratante de la primera parte se considerará como la parte contratante de la primera parte..." Quizá eso explique el trabalenguas de Iglesias cuando trató de explicar los acuerdos que apalabró con Sánchez y que, a la hora de concretarlos, le llevó repetidamente a remitirse a una de esas mesas de diálogo abiertas entre ambos grupos parlamentarios.

Como no es posible soplar y sorber a la vez, de igual manera que no se puede estar en misa y repicando, más pronto que tarde Sánchez tendrá que deshacer el equívoco. Si es que antes no se precipita a convocar elecciones al confluir la fecha de pago de sus deudas de juego electoral y el agravamiento de la situación económica de modo tan apreciable que haga resentirse el bolsillo y el voto de los ciudadanos. Asunto éste sobre el que el Gobierno se hace el distraído al igual que los monos de Gibraltar. Como tampoco quiere ver ni oír lo que ocurre en Cataluña, limitándose a cerrar la boca no sea cosa de que le entren moscas.

Claro que siempre Sánchez podrá recurrir a la argucia de la cabra, como el rabino aquel al que se encomienda una menesterosa madre para remediar su penuria de criar a sus cinco hijos apretujados en un mísero chamizo. Tras prestar oídos a su penalidad, el rabino se interesa en saber si posee una cabra. Al responderle que sí, le sugiere que meta también al animal en el cuchitril para que conviva como un miembro más de la familia.

"¿Pero cómo vamos a vivir entonces?", le objeta. "Haz lo que te digo", insiste el clérigo. Al fin, la atribulada acata la recomendación con la obediencia del que fía su suerte a un milagro. Al poco, acude más descorazonada si cabe quejándose de que "nuestra vida es un infierno mayor". "Bueno, siendo así, saca la cabra", le admite. A la semana, la mujer retorna feliz como unas castañuelas: "¡No sabe qué a gusto vivimos ahora con los cinco niños en la habitación y sin la cabra!".

Moraleja: Ocultar un problema con otro mayor, a veces, obra portentos tan inesperados como el del rabino siempre que la cabra no se adueñe de la estancia y sea "la casa de las chivas", rememorando el exitoso drama teatral de Jaime Salom sobre la Guerra Civil.

De momento, como ha puesto de manifiesto la visita del ministro Grande-Marlaska a Barcelona para asistir a la Junta de Seguridad, el Ejecutivo opta en reducir los hechos a palabras. Persiste en la estrategia fallida de tratar de aplacar al tigre independentista como si fuera de papel, aunque se pasee con sus víctimas entre las fauces. Así, deja en manos de Torra la retirada de los lazos amarillos, cuya colocación él mismo promueve y que lleva en la solapa como si fuera una alta condecoración.

Al tiempo, el xenófobo Torra acosa policialmente a quienes retiran esta muestra denigratoria para la democracia española y de apoderamiento del espacio público por el independentismo. Menos mal que los jueces han salido en defensa de esos resistentes y deberían hacerlo también en protección de los derechos de tantos Manolo García a los que no sólo se les relega a ser los últimos de la fila en una sociedad excluyente, sino que se les hostiga en su actividad laboral. Obviamente, no me refiero al popular cantautor barcelonés -Dios no lo quiera-, sino al hostelero de Blanes de ese nombre que se niega a que le afrenten plantándole lazos en su modesto bar.

Sin duda, un acto de ceguera consciente o de ignorancia deliberada, si se quiere, por parte de Grande-Marlaska y tan contagiosa como la del Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago. Ya infecta también -esperemos que no irremediablemente- a la presidenta del Congreso, Ana Pastor.

No ha tenido mejor ocurrencia que mostrar su predisposición a extender la alfombra roja para que acuda a la Cortes el mismo Torra que mantiene clausurado el Parlamento catalán para no someterse al control de la oposición y ser él, por contra, quien fiscalice a esta, como en los regímenes totalitarios. Parece que Pastor ha querido echar su particular cuarto de espadas después de que Pedro Sánchez quisiera reponer al Estatuto catalán sus artículos declarados inconstitucionales en su día. Ello no satisfará a los independentistas. Por contra, sí abona sus tesis y deslegitima al Tribunal Constitucional, dándole alas en sus propósitos a los soberanistas.

Así, cabe preguntarse: ¿En qué cabeza entra que, al cabo de un año de aquel "golpe parlamentario revolucionario" -como certeramente lo califica el catedrático Antón Costas, ex presidente del Círculo de Economía de Barcelona- la residencia de la soberanía nacional rinda tal pleitesía a quien se ratifica en su determinación en romper de forma unilateral el ordenamiento y la estructura del Estado? ¿En que mundo viven estas "criaturas ministeriales" a los que el coche oficial encapsula y enajena de la realidad?

Mucho más ininteligible resulta aún que la promotora de esta ingeniosidad sea el principal cargo institucional del mismo PP que aplicó un artículo 155 de mínimos para abortar aquel acto de subversión, tras negar denodadamente que fuera a celebrarse aquel referéndum ilegal e ilegítimo, y cuya dirección actual, con Pablo Casado a la cabeza, exige su restablecimiento en vista de que el títere Torra está resuelto a llegar tan lejos como su ventrílocuo, el prófugo Carles Puigdemont. Viendo los palos de ciego de los dirigentes del PSOE y de algunos del PP por no querer ver lo que tienen delante de sus narices, se asiste a un caos como el que se desata en el pabellón psiquiátrico de la celebrada novela del Nobel luso.

Comportarse como esos monos de Gibraltar que «tapan los ojos para no mirar», siguiendo el estribillo de aquella canción de Víctor Manuel, no sirve cuando Cataluña se adentra de la mano de los independentistas por un camino que lleva a darse de bruces con una tapia como aquella otra de Tarazona que se interponía en el desfile procesional que guiaba el sacristán y que cerraba el alcalde. Cuando el ensotanado acólito, a punto de estamparse con la medianera mandó retroceder, el regidor, terco como una mula, le cortó en seco a voz en grito: "¡Tarazona no recula, aunque lo mande la bula!", al tiempo que ordenaba saltar la tapia con insignias y estandartes.

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Cien pesadillas
EDUARDO INDA okdiario 9 Septiembre 2018

Cuando echamos la vista atrás y nos ponemos a analizar un mandato político no necesitamos ser Einstein para divisar la verdad, tampoco politólogos (de los de verdad, no de los de Somosaguas), ni desde luego Dios Todopoderoso. A un ciudadano del montón le basta con autoplantearse una sencillita pregunta, un cuasisilogismo que hasta Abundio acertaría a desentrañar: ¿Estamos mejor, peor o igual? Cuando se cumplen 100 días y 100 noches de la legal que no legítima llegada de Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno es menester formularse la pregunta del millón de euros.

Más allá de simplismos, subjetivismos, eslóganes o lugares comunes, hay que colegir que obviamente no estamos mejor. Que, desgraciadamente, la situación no es igual ni por el forro. Y que ni tan siquiera es peor. ¿Entonces?, se preguntarán intrigados todos ustedes. La respuesta al enigma es durísima sin necesidad de echar mano de hipérboles: estamos peor que peor. Ni en la peor de mis pesadillas imaginé que se sobrepasasen todos los límites institucionales habidos y por haber. Jamás sospeché que se pudiera destruir tanto empleo y tanto crecimiento en tan poco tiempo. Y si me cuentan que un presidente constitucionalista español accede al poder con los votos de proetarras, independentistas y golpistas directamente hubiera pensado que mi interlocutor se había vuelto tarumba y lo hubiera llevado en mi propio coche al frenopático más cercano.

La gallina fue en este caso peor que el huevo porque el mayor sacrilegio en términos constitucionales fue la propia articulación de la moción de censura, preparada con sumo mimo y total desvergüenza e impunidad por ese ¡¡¡magistrado!!! que da mítines con proetarras y que responde al nombre de José Ricardo de Prada. Este sujeto preparó desde la Audiencia Nacional el caldo de cultivo que propició la defenestración mariana. Obviamente, en un sublime tikitaka con socialistas y comunistas que el dream team guardiolesco de las mejores épocas no hubiera superado.

La irrupción de Sánchez en Moncloa es el mayor golpe moral a nuestro régimen de libertades en 40 años. No por el qué, el marido de Begoña Gómez tiene todo el derecho del mundo a ser presidente, sino más bien por el cómo. En política en particular y en la vida en general no vale todo. Porque cuando vale todo, nada, absolutamente nada, vale. Trincarle la poltrona a Rajoy con los síes de quienes hace un año declarararon la independencia de Cataluña, con los colegas de quienes asesinaron a 850 compatriotas y con los comunistas financiados por una dictadura que mata conciudadanos en tiempo real supone la mayor deslegitimación de la democracia constitucional que nos regalamos en 1978.

Sensu contrario, el cómo de la moción de censura supone normalizar lo anormal, avalar a quienes delinquen, a quienes perpetran golpes de Estado, a aquéllos que asesinaban hasta hace bien poco y a los que pretenden instaurar en Europa una tiranía similar a la de sus jefes venezolanos e iraníes. Nada que ver con ese Felipe González que abandonó el marxismo en 1979, remitió a la marginalidad al PCE, combatió a ETA con uñas y dientes y jamás permitió la más mínima tentación secesionista en Cataluña. Bueno era el de Heliópolis para que le tomasen el pelo.

El 1 de junio de 2018 se recordará dentro de muchos años en los libros de historia como una jornada luctuosa. Como uno de esos días que cambiaron España a peor. Como ese de enero de 711 en el que los musulmanes iniciaron la conquista de la Península Ibérica, como ese 10 de diciembre de 1898, cuando nos quedamos sin Cuba y Filipinas en París, como ese 16 de febrero de 1936 que supuso la llegada por las malas de ese Frente Popular que tantas analogías tiene con el que estamos padeciendo o como ese 18 de julio de 1936 en el que la liamos definitivamente.

Lo peor de estos 100 días es que se ha normalizado la inmoralidad, la contradicción, la patraña y la demagogia. Cualquiera de los episodios de este Gobierno, escojan el más light, hubiera sido un escándalo de marca mayor hace 30 años. Ahora pasan casi desapercibidos porque la realidad se mueve a velocidad supersónica y lo que en este instante es noticia 24 horas después es la prehistoria. ¡Ah! Y porque la mayor parte de los medios está podemizada hasta la náusea.

Lo peor de todo es el balance económico. Cuando ese economista de pitiminí que es Pedro Sánchez fue investido, el PIB patrio crecía al 3%-3,1%. Ahora al 2,7%, con tendencia al 2,6%, y gracias. Cuatro décimas en tres meses que se dice pronto. Sólo en junio se las piraron de España 11.000 millones de euros, es decir, un punto del PIB. Las cifras del paro son acongojantes. Las desveladas el jueves lo dicen todo: en agosto se destruyeron 203.000 empleos, guarismos homologables a los que experimentábamos en los inicios de la mayor crisis de nuestra historia (2007 y 2008). El turismo ya no es lo que era y el Ibex está en 9.100 puntos cuando en enero marcaba un maravilloso 10.600. Esto no son los cuentos que nos intenta colar el eternamente gubernamental diario El País sino más bien las cuentas de un país que va directito y cuesta abajo a una nueva recesión.

Los sablazos fiscales con los que Pedro Sánchez y el copresidente Iglesias nos van a deleitar en los próximos meses provocarán un crecimiento exponencial del desempleo, de la recaudación y de la fuga de capitales. Tiempo al tiempo. Los impuestos “a los ricos” se traducirán, por ejemplo, en una subida del 31% del diésel, combustible que no sólo lo emplean los Ortega, Del Pino, Villar Mir y demás multimillonarios patrios en sus barcazos sino también más de 10 millones de españoles en sus humildes vehículos. Por no hablar del atraco a mano armada que representará el incremento de la tributación a las rentas del capital, que pasará del 21% a un máximo del 35% si Dios y el Parlamento no lo remedia. Avisados quedan: invertir en bolsa, en fondos o en planes de pensiones será un ejercicio de masoquismo. Y más tal y como están nuestros mercados.

¿El problema catalán está como estaba, peor o ha mejorado con el amiguete de los indepes? Perogrullo respondería lo mismo que cualquiera de nosotros: “Está desbocado”. La mierda de 155 que Rajoy aprobó a instancias de Sánchez y Rivera y el tocomocho que le hizo el PNV para que lo levantara dieron rienda suelta a unos golpistas que tienen cogido de la entrepierna a un presidente que les prometió el oro y el moro. Tampoco pensé nunca que un Gobierno de España defendiera sistemáticamente a los golpistas de las lógicas críticas de populares y ciudadanos.

Lo de la inmigración es también para llevarse las manos a la cabeza. La altisonante demagogia del presidente con el Aquarius el 10 de junio, que no fue solidaridad sino repugnante electoralismo, ha provocado que los inmigrantes ilegales (yo no practico la modita prisaica de escribir migrantes) se olviden de Italia y Grecia y entren en Europa por España. Por Andalucía, para más señas, en una suerte de regalo envenenado del presidente a su íntima enemiga. Sólo en junio desembarcaron en las costas andaluzas 6.700 subsaharianos, los mismos que en los cinco meses anteriores, arrebatando a italianos y griegos el dudoso honor de ser los primeros del ránking comunitario.

Peor aún que todo lo anterior (lo coyuntural tiene remedio, lo estructural normalmente no) es el asesinato del Pacto del 78, lo mejor de toda nuestra historia, y la resurrección de ese guerracivilismo que nos devuelve al cruento 36. El revanchismo, el resentimiento y el enfrentamiento civil están servidos. Ojalá me equivoque pero me temo que la mecha que ha prendido el indocumentado que nos preside acabará llevándose por delante todo lo que hemos conseguido en estos benditos 40 años. Esta hégira se antoja similar a la que vivió España en los albores de la Segunda República o a la que padecimos tras el golpe de Estado mal llamado revolución de 1934. Parafraseando a Ortega, no caeré en la benevolencia afirmando que el error de lo que está ocurriendo es de Sánchez. Más bien hay que concluir que el error es Pedro Sánchez, una suerte de Berenguer en versión posmoderna y democrática. Que Dios o el diablo nos pille confesados.

PD: por respeto a todos ustedes he omitido la palabra “Franco” y el término “exhumación”. Salvo que me obliguen, no voy a contribuir a establecer como categoría lo que no es sino una anédota electoralista. Éste no es el gran problema nacional. El dictador murió hace 43 años.

¿TERRORISTAS TRATADOS DE VÍCTIMAS?
Cómo reescribir la historia del terrorismo de ETA
Hay Derecho / Macarena Olona. ESdiario_com  9 Septiembre 2018

El nacionalismo intenta blanquear a ETA convirtiendo en víctimas a terroristas. Lo sorprendente es que el Gobierno de España lo consiente renunciando a intentar anular una ley concreta.

El Consejo de Ministros, en su Sesión del pasado 3 de agosto, acordó solicitar del Sr. Presidente del Gobierno el desistimiento del Recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el Gobierno de España contra la Ley del País Vasco 12/2016, de 28 de julio, de reconocimiento y reparación de víctimas de vulneraciones de derechos humanos en el contexto de la violencia política en la Comunidad Autónoma del País Vasco entre 1978 y 1999(la comúnmente conocida como “Ley vasca de abusos policiales”).

La “Ley vasca de abusos policiales” gira entorno a la creación de un Órgano administrativo, la Comisión de Valoración, que, integrada por miembros elegidos en su práctica totalidad por el Gobierno vasco (designa a 8 de sus 11 miembros), tiene por finalidad constatar y aflorar una supuesta verdad que los Tribunales de Justicia españoles no han sido capaces de determinar.

Una potestad de investigación que, no limitada por la exigencia de una acreditación fehaciente de los supuestos ilícitos penales investigados, y al margen de las garantías propias de nuestro sistema judicial, permite al Ejecutivo vasco, a través del Órgano creado, desoír y contradecir, incluso, lo ya sentenciado por la Jurisdicción penal.

Esa supuesta realidad que la Comisión de Valoración esta llamada a aflorar es la supuesta práctica sistemática del Estado español que, oprimiendo al pueblo vasco, habría cometido las más graves atrocidades contra sus ciudadanos, en un “contexto de violencia política”, entre los años 1978 y 1999, a través de sus Funcionarios Públicos, como brazo ejecutor del Estado español represor.

Supuestos abusos
Se incluyen los supuestos abusos que -como se pretende extender en la Sociedad-, se habrían cometido sistemáticamente por las Fuerzas Policiales en el País Vasco, pero también la investigación de las actuaciones de otros Colectivos como Jueces, Fiscales, Médicos Forenses, Funcionarios de Prisiones, y, en general, todo aquel Servidor Público que, por razón de sus cometidos, haya intervenido en la lucha contra el terrorismo de ETA.

El nacionalismo vasco y la autodenominada Izquierda Abertzale se han dotado así, normativamente, de un instrumento fundamental para construir y fundamentar, mediante Resoluciones administrativas emanadas de la Comisión de Valoración, un falaz relato de la historia del terrorismo de ETA en el que, en el contexto de un supuesto “conflicto político”, dos partes, en plano de igualdad, se habrían enfrentado durante los últimos 40 años: de un lado, el Estado torturador español; y, de otro, los “gudaris” (guerreros), miembros integrantes de la organización terrorista ETA, que, para conseguir la libertad del pueblo vasco, se habrían visto en la necesidad de defenderse frente a los ataques del Estado opresor, ejecutados por sus Funcionarios Públicos.
43 años de terrorismo y 829 asesinatos en once imágenes para la memoria

Tal particular visión justificativa y equidistante se pone de manifiesto desde el mismo ámbito subjetivo de la Ley vasca. Así, la “Ley vasca de abusos policiales” permite declarar la condición de víctima a aquéllas personas que sean miembros integrantes de la organización terrorista ETA.

La normativa estatal de referencia en la materia si recoge esta exclusión subjetiva y ha sido avalada por nuestros Tribunales de Justicia por considerar, en esencia, que el solicitante de las ayudas públicas debe quedar privado “de la solidaridad de la Sociedad” en que las mismas se sustentan, en aquéllos casos en que se acredita su pertenencia o vinculación a una organización terrorista.

Una exclusión del ámbito asistencial específico que, hemos de precisar, no implica falta de resarcimiento de quienes han sufrido un daño ilegitimo dado que, en aquellos casos en que se haya constatado con todas las garantías jurisdiccionales, que ha existido un ejercicio ilegítimo de las funciones públicas, con resultado de muerte o lesiones, los afectados han podido reclamar la indemnización que proceda, en sede del correspondiente proceso penal en concepto de responsabilidad civil.

Las 'víctimas' de represión declaradas podrán ir a los colegios a ofrecer su testimonio a los niños
Los efectos que han de seguirse de las Resoluciones dictadas por la Comisión de Valoración se extienden a muy diversos órdenes. Desde el derecho de las supuestas víctimas declaradas a un reconocimiento público -con obligación de los poderes públicos vascos de impulsar medidas activas para asegurar, mediante actos, símbolos o elementos análogos, su recuerdo y reconocimiento público-, hasta la percepción deindemnizaciones que, según los casos, alcanzan un importe de 390.000 euros, completándose con otras medidas de carácter público-asistencial.

Por último, que no menos importante, las victimas declaradas, a propuesta de la Comisión de Valoración, acudirán a las aulas de los Colegios vascos, con el fin de ofrecer su testimonio a los alumnos menores de cuarto de la ESO y Bachiller, luego de obtener el sello oficial de victima otorgado por el Gobierno vasco. Se consigue así la adecuada extensión –¿inoculación?– del relato oficializado.

Una reacción en contra
En el mes de mayo de 2017 el Estado accionó contra la realidad normativa descrita y el Consejo de Estado y la Abogacía del Estado fundamentaron la impugnación constitucional de la “Ley vasca de abusos policiales” en la flagrante vulneración material y directa que dicho Texto legal comportaba de la Constitución Española (fundamentalmente, de su artículo 117), y sus efectos sobre los derechos fundamentales al honor (art. 18 CE) y a la presunción de inocencia y a la tutela judicial efectiva (art. 24 CE) de los Colectivos de Servidores Públicos cuyas supuestas actuaciones delictivas estaba llamada a investigar la Comisión de Valoración, así como en la vulneración de la distribución de competencias entre el Estado y la Comunidad Autónoma del País Vasco (art. 149.1.5ª, 6ª, 16ª, 18ª y 29ª CE). Infracciones constitucionales que, en adecuada lógica –la que se presupone a la Administración Pública-, fundamentaron el previo Recurso de inconstitucionalidad que el Gobierno de España había interpuesto contra la mimética “Ley navarra de abusos policiales”(la Ley Foral 16/2015, de 10 de abril, de reconocimiento y reparación de las víctimas por actos de motivación política provocados por grupos de extrema derecha o funcionarios público).

He ahí la cuestión jurídica pendiente de decisión jurisdiccional hasta que el pasado 29 de julio –5 días antes de acordarse el desistimiento por el Consejo de Ministros-, se hizo público el fallo del Tribunal Constitucional (Sentencia del Pleno núm. 85/2018, de 19 de julio) que estimó, en lo sustancial, el Recurso de inconstitucionalidad promovido frente a la mimética “Ley navarra de abusos policiales”, anulando, en su mayor parte, el Texto navarro, por considerar que la Comisión de Valoración que la citada Ley crea, a la que se atribuyen funciones de averiguación y fijación de hechos o conductas constitutivas de delito a fin de reconocer la condición de víctima de supuestos abusos policiales y de otros colectivos de Funcionarios Públicos, al margen, por entero, del Poder Judicial, y con potestad, incluso, para desconocer lo ya resuelto por la Jurisdicción penal, es contraria a la Constitución Española.

Más concretamente alude al menoscabo constitucional del principio de reserva de jurisdicción consagrado en el artículo 117 de nuestro Texto Fundamental, vinculado al adecuado funcionamiento de los Órganos Jurisdiccionales en el cumplimiento del propio y fundamental papel que la Constitución les atribuye.

El citado fallo judicial, que ha merecido cinco extensos Votos particulares, inclinaba la balanza en la batalla del relato que se está librando en Navarra y País Vasco, a favor de la dignidad y la memoria de quienes, en la lucha contra el terrorismo de ETA, estuvieron en primera línea de fuego. Rechaza de plano, en su suprema función de interpretación de nuestro Texto Constitucional, que, bajo la pátina de una supuesta voluntad de reconocimiento y reparación de unas supuestas víctimas a quienes la Justicia española no ha amparado, una Comisión administrativa pueda investigar y declarar supuestas conductas delictivas que nuestro sistema constitucional y legal judicial no habría sido capaz de aflorar.

Ese el axioma apriorístico del parte esa norma, pues ya parte de cuantificar en más de 4.000 supuestas víctimas de las torturas y malos tratos infringidos por las Fuerzas Policiales en el País Vasco, en el periodo comprendido entre 1960 y 2014 todo ello según el Informe encargado por el Gobierno Vasco y publicado en diciembre de 2017.

Una vez el Estado de Derecho ha conseguido derrotar a la organización terrorista (su estela de terror incluye 864 muertos y más de 7.000 víctimas), la decisión de desistimiento del Gobierno de España del Recurso de inconstitucionalidad supone dejar de ejercer la obligación de defender las instituciones del Estado y sus competencias. Al mismo tiempo supone sacrificar la dignidad de las verdaderas víctimas del terrorismo que se sienten –cómo no entenderles- traicionados y abandonados por quienes, precisamente, estaban llamados a salvaguardar su memoria.

Así, la decisión de desistimiento ha conseguido unir y alzar la voz de Sindicatos Policiales, Asociaciones de Guardias Civiles y Victimas del Terrorismo de ETA que, unidos en un apolítico y espontáneo Grupo de Trabajo, vienen promoviendo desde el pasado mes de julio diversas acciones para denunciar el verdadero alcance de la concesión otorgada por el Gobierno de España al nacionalismo vasco –tantas veces reclamada por el Ejecutivo vasco desde que se interpusiera el Recurso de inconstitucionalidad el pasado mes de mayo de 2017-, y, una vez adoptado el acuerdo de desistimiento, activar todas las vías legales a su alcance con el fin de evitar la ignominia de la aplicación de la “Ley vasca de abusos policiales”.

Hipercor, un atentado icónico de la crueldad terrorista hoy en entredicho

El precedente normativo que el Gobierno Central ha admitido mediante el desistimiento del Recurso de inconstitucionalidad tendrá derivas gravemente perjudiciales para nuestro Estado de Derecho. Así, retirar el Recurso una vez conocido el fallo del Tribunal Constitucional implica permitir las vulneraciones constitucionales que habían sustentado el citado Recurso y al mismo tiempo la quiebra del derecho fundamental a la igualdad de todos los españoles ante la Ley y no discriminación (art. 14 CE), dado que, por mor del desistimiento acordado, los Colectivos afectados se verán sujetos a una doble justiciaexclusivamente en el territorio vasco: (i) La común a todos los españoles, dotada de esenciales garantías, en el seno de un proceso judicial; y (ii) la propia y diferencial vasca, al margen de la Administración de Justicia, por una Comisión administrativa a quien la “Ley vasca de abusos policiales” ni tan siquiera exige que sustente sus declaraciones en una prueba fehaciente de los hechos denunciados, bastando al efecto la simple declaración de la supuesta víctima o un supuesto testigo, sin elementos objetivos de corroboración que avalen dicho testimonio.

Y Cataluña
Junto a lo anterior, no resulta ocioso recordar cómo el pasado mes de octubre de 2017, la Generalitat de Cataluña creaba una “Comisión especial sobre violación de derechos fundamentales que se hayan producido en Cataluña con motivo del referéndum de autodeterminación celebrado el 1 de octubre de 2017” (ACUERDO GOV/138/2017, de 2 de octubre), a quien se atribuyó la “función de documentar, determinar y difundir las violaciones de derechos fundamentales de las personas que se hayan producido en Cataluña, como consecuencia de las acciones y omisiones imputables a las instituciones y órganos del Estado y, de forma particular, de las actuaciones del Gobierno del Estado, de la Fiscalía, del poder judicial y de las fuerzas y cuerpos de seguridad, con el objetivo de aclarar los hechos y evitar la impunidad de los órganos y las personas que sean responsables de los mismos.”

La película que deberían ver Carmena e Iglesias
Luego de alzar su voz frente a dicha Comisión administrativa hasta siete Asociaciones de Jueces y Fiscales, el Presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo solicitó de la Abogacía General del Estado que se promoviesen las acciones legales oportunas con el fin de defender “el ordenamiento constitucional y legal que mediante el citado acuerdo se ha visto conculcado”. Indicando en el escrito remitido, que: “No es de recibo que el Poder Ejecutivo se arrogue una suerte de función supervisora de la actividad que puedan desarrollar los tribunales en el ejercicio de las competencias que conforme a la Constitución les atribuyan las leyes”.

El Gobierno de España promovió Recurso de inconstitucionalidad frente al citado Acuerdo que, derogado luego de la aplicación del artículo 155 de la CE, se archivó por pérdida sobrevenida de su objeto (Auto núm. 28/2018, de 20 de marzo).

¿Hay remedio?
Si las acciones que el Grupo de Trabajo ha promovido–de manera particular, el recurso contencioso-administrativo interpuesto en el mes de julio ante la Sala vasca por el Sindicato Unificado de Policía del País Vasco al que se han adherido o se adherirán el resto de Sindicatos y Asociaciones integrantes del Grupo- no consiguen anular la “Ley vasca de abusos policiales” y se consuma el precedente normativo, ¿qué lógica esgrimirá el Gobierno de España cuando, hoy, decaída en Cataluña la aplicación del artículo 155 de la CE, revivan experiencias normativas como la articulada a través del Acuerdo catalán mencionado?

Allí donde las razones en Derecho no se encuentran siempre quedará un último argumento: París bien vale una misa. ¿Lo compartirá nuestro Tribunal Constitucional? Podría ordenar la continuación del Recurso de inconstitucionalidad interpuesto frente a la Ley Vasca, no obstante el desistimiento acordado por el Gobierno de España, caso de apreciar interés constitucional en su prosecución, tal como le han solicitado la Asociación Dignidad y Justicia y la Unión de Oficiales de la Guardia Civil. Quizás, sólo quizás, no esté todo dicho.

* Macarena Olona fue, entre otros cargos, Abogado del Estado-Jefe de la Comunidad Autónoma del País Vasco (2013-2017) y es Secretaria General y del Consejo de Administración de la Sociedad Pública Estatal MERCASA. Colabora habitualmente en 'Hay Derecho'.

Situación límite
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 9 Septiembre 2018

Faltan dos días para que la Diada le estalle en las manos, señor Sánchez. No sólo en las suyas, sino en las de todos sus compatriotas -perdone que recurra a una palabra que parecerá malsonante a quienes le apoyan-, pero es usted, hoy por hoy, quien tiene por el mango esa sartén.

Le aconsejo, si quiere pintar algo en el futuro, que no se cruce de brazos, pues las sombras de Chamberlain y de Casares Quiroga son alargadas y la pasividad le pasará una factura de oprobio y ostracismo análoga a la que ellos pagaron en su día. Si, por el contrario, se deja de negociaciones, pega en la mesa un puñetazo y se decide a gobernar, subirá su cotización en la bolsa de las encuestas como lo hacen las burbujas en el champán. Déjese de cavas, de diálogos y de amagar sin dar. No juegue al póquer con golfos apandadores. No ría las gracias a reos confesos, aunque todavía no convictos, de alta traición. Tenga usted altura de miras y sea valiente, pues valor y ojo avizor es lo mínimo que cabe pedir a todo un jefe de gobierno. Nuestro Rey Felipe señaló el camino hace ya un año. No tire a la basura su lección. No escuche los cantos de sirena del podemismo madurista.

Le quedan cuarenta y ocho horas para aplicar 'manu militari', si preciso fuera, el 155 -el de verdad, no el que descafeinó Rajoy, a no ser que quiera seguir su misma suerte-, disolver a los Mossos -squadristi eran los grupos de choque de Mussolini- y suspender el gobierno de la Generalidad. Y si de paso cierra o descabeza TV3 con el férreo puño estalinista con el que ha purgado la radiotelevisión pública, mejor aún. Ya que tanto le gusta la draconiana Ley de Memoria Histórica, haga suyo el grito de "No pasarán". ¿Quiénes? Las (y los) camicie nere de los lazos amarillos. No confunda el separatismo con el izquierdismo. Cierto es que Franco no toleraba delitos como los perpetrados por Puigdemont, su marioneta y sus mariachis, pero tampoco la República lo hizo. A sus dirigentes no les tembló el pulso cuando Companys proclamó el Estat Catalá. Y no caiga, señor Sánchez, en la tentación de pensar que le pongo estas líneas pensando en mí. ¡Qué va! Pienso en usted. Tengo ochenta y un años. La unidad de España, cuando yo críe malvas, me dará igual. Los bochinches catalanes son para mí tambores lejanos. Pero usted es joven y quizá le haga tilín la idea de seguir viviendo en el país donde nació. Cuando se despierte, si no se faja ahora, el dinosaurio catalán todavía estará aquí.

Boadella: «Me considero el traidor nacional de Cataluña y estoy orgullosísimo de serlo»
La actualidad le ha obligado a combatir el desafío independentista con todo el humor del mundo, pero sin dar la espalda a los escenarios porque para eso son su casa. Por ello retoma «El sermón del bufón» en los Teatros del Canal
Marta Robles. La Razon 9 Septiembre 2018

Sobre los escenarios se suelen contar historias de ficción, pero cuando la propia vida es una aventura constante y se es un comediante de prestigio, no hay mejor argumento que la realidad para ponerla sobre las tablas. Eso es lo que hace Albert Boadella en «El sermón del bufón», hasta el 22 de septiembre, en los Teatros del Canal de Madrid.

–¿Hay un momento en la vida en el que es preciso hacer un balance artístico, personal y hasta social? ¿De ahí «El sermón del bufón»?
–Puede ser. Escribí mis memorias en 2002 y esto es algo parecido, pero de una manera teatralizada.

–Cuando uno revisa lo suyo ¿queda espacio para el arrepentimiento?
–Sí. Incluso en el propio «Sermón del bufón» hay momentos en los cuales una parte de mí mismo –me desdoblo en, Boadella y Albert– le reprocha a la otra ciertas actitudes artísticas y también personales. Eso diría que casi es imprescindible cuando uno habla de sí mismo, para que no se convierta en una especie de auto homenaje.

–O sea que cuenta en público sus contradicciones...
–Las contradicciones están en todo ser humano pensante –porque hay muchos seres humanos que no son directamente pensantes–, eso es lógico. Lo complicado es hacerlas públicas. Requiere un cierto sentido de distancia sobre uno mismo y de pensar que, en el fondo, pues tampoco hay nada que perder cuando se llega a una edad como la mía, en la cual me siento razonablemente satisfecho de lo que he hecho y tengo un poco la sensación de que vivo un poco de regalo. El riesgo de perder cosas no es tan alto cuando una de ellas es la vida y esto ya lo tienes en tus cuentas.

–¿El paso del tiempo ha cambiado sus señas de identidad dentro y fuera del escenario?
–Yo he cambiado poco. Quizás era más ancestral, más reaccionario cuando tenía 20 años que ahora. Eso ya entiendo que a la gente le puede costar mucho comprenderlo, pero es así. Yo era un tipo enormemente ancestral en el sentido de que cualquier novedad me ponía nervioso.

–¿Y ahora no?
–Menos. Con los años soy un poco más abierto. Ten en cuenta que a mis 18 o 19 años no me gustaban ni los Beatles. Los encontraba unos tipos deleznables, peludos, asquerosos... Ahora hace unos años incluso puse una canción suya en un espectáculo mío, por tanto, algo hemos ganado.

–Sobre los escenarios se miente mucho, ¿hablando de uno mismo también?
–Ese es el gran juego y quizás te diría que la singularidad de esta obra, porque en ella todo lo que cuento es verdad. Reflexiono sobre mi verdad, que no es la general, pero sí la mía. Esa es la parte singular del Sermón del bufón, porque hoy en día mucha gente hace monólogos, pero no hacen de ellos mismos. Y hacer de uno mismo y encontrar ese punto de frescura, espontaneidad, conexión e incluso en algunos momentos improvisación, requiere mucho oficio.

–¿Y para qué meterse en ese fregado?
–Pues, yo creo que tengo cosas que contar. Empecé mi teatro en el franquismo, en el año 61. Así que conocí 14 años de franquismo y tuve enormes rifirrafes con instituciones y personas. He estado en el ojo del huracán del nacionalismo en Cataluña, manteniendo una batalla constante, he conocido a los personajes más significativos de España, he hablado a menudo con el rey Juan Carlos... Salvo con Zapatero y Sánchez he comido con todos los presidentes de España. He tenido una vida muy interesante y creo que puedo transmitir cosas de interés en lo artístico e incluso en lo personal y político.

–En ese ojo del huracán sigue, ¿qué diría que es Boadella para Cataluña? ¿Un miserable? ¿Un superhéroe? Le han llamado de todo sin término medio.
–Hombre, yo me considero el traidor nacional de Cataluña. Estoy orgullosísimo de serlo respecto a esta Cataluña que hay en este momento. Y cuando me llaman de todo pues..., siento una cierta vanidad. Hombre, me quejo si me cortan los árboles como hicieron aquí en el pueblo, pero nada más. Cuando hacen pintadas diciendo que me largue o cosas así me las tomo con un humor, porque prefiero que me pinten las paredes a que me pinten la cara. Yo creo que es lógico y quiere decir que soy una persona molesta. Y estoy orgulloso de ser una persona molesta en la Cataluña actual.

–Hubo un tiempo en que se hartó de todo, se largó a Madrid y se refugió como director en los Teatros del Canal en los que ahora actúa... Pero el terruño debe tirar, porque volvió y como presidente de Tabarnia...
–Era casi una obligación cívica. Otra forma de estar en la trinchera. Pensé que como Tabarnia tiene este lado satírico esencialmente, era de cierta lógica que yo estuviera porque venía a ser una parte de lo que ha sido mi vida. Mi vinculación a Cataluña y muchas cosas teatrales han sido enormemente satíricas, así que esto no es nada nuevo. Lo que pasa es que yo estoy saturado, como la mayor parte de los ciudadanos que en Cataluña no son nacionalistas Y por eso en lo personal lo que hago es mucha desintoxicación: me encierro en casa y cuando salgo voy a Madrid y a otras poblaciones. En territorio catalán solo paseo por mi jardín.

–Estamos a dos días del 11 de septiembre ¿pasará algo en la Diada?
–Pues supongo que aprovecharan para hacer un «show», el mérito de cada año...

–Todo se repite, ¿estamos igual que el año pasado?
–Igual no, porque hay gente en la cárcel y en el exilio y eso cambia un poco el panorama; pero quizá en el fondo estamos peor, porque esto es una epidemia que se alarga sin perspectivas de solución, dada la línea que ha tomado el nuevo gobierno, que es absolutamente inútil. El diálogo con ellos no es posible, perdemos el tiempo y engañamos a los españoles y a los que estamos en Cataluña.

–Pero si sus socios son los independentistas, poco puede hacer el Gobierno, ¿no?
–Este Gobierno nació mal porque lo hizo bajo un procedimiento legal, sin duda, pero desde el punto de vista de la dignidad muy discutible, porque salió mintiendo: se suponía que tenía que promover nuevas elecciones y hemos visto después que de elecciones nada y además que hablan de diálogos que ellos saben que no van a existir... Pero para tratar de conseguir una cierta calma con sus socios –que quieren destruir España–, se inventan lo que sea. Visto desde un punto de vista práctico si quisieran ganar las elecciones yo les aconsejaría que aplicaran un 155 profundo y sin límites, porque el ciudadano español ya está harto de este asunto y además le da la sensación de que constantemente se están riendo de él. Estamos ante un conjunto de la ciudadanía española que quiere acabar con este asunto y acabarlo bien, que significa que la constitución sea la que prevalezca.

–Veo que está contentísimo con Pedro Sánchez en la Moncloa...
–Me inquieta que un señor llegue a la Moncloa no para servir a los españoles sino para servirse de los españoles para ser presidente y que la incompetencia campe a sus anchas. Seamos francos, ¿cuál es la preparación de este hombre para ser presidente de una nación? ¿Sabe lo que es trabajar como el 90 por ciento de los españoles en el sector privado?, ¿Qué experiencia tiene? Cuando vemos que este señor pasa a la presidencia de un gobierno de una nación tan importante como España, aquí puede suceder cualquier cosa. Porque lo que hemos visto es que cultiva su propia imagen para ser presidente de España, lo demás para él es secundario. Y claro, a partir de aquí tenemos una cascada de errores, cosas hechas con mala fe para marear la perdiz y distraer, como el caso Franco o el propio caso de Cataluña; así que estamos en una situación para mí enormemente preocupante. Puede haber gobierno de derecha, izquierda, extrema derecha o extrema izquierda, lo importante es que sepa lo que quiere hacer y sobre todo que lo pueda hacer. Aquí estamos frente a una gente que no sabe lo que quiere hacer y lo poco que saben, no saben si se puede hacer...

 


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