AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 12 Septiembre 2018

La España que vio Azaña
Fran Carrillo okdiario 12 Septiembre 2018

Pedro Sánchez presume de 100 días de Gobierno feminista, ecologista y no sabemos cuántos ismos más. Se supone que en el amplio diccionario de la izquierda cabe todo aquello que su buenismo, el principal de todos los ismos, admite. Arropado bajo su mesa presidencial, viste la propaganda con el mismo arte que un ilusionista nos convence de su magia, aunque en el fondo todos sepamos que, tras el espejo, siempre hay un doble fondo. Suele ocurrir cuando la progresía fetén llega al poder, sea marxista o socialdemócrata. Se preocupa por honrar la memoria de Gramsci antes que la de Besteiro y así articula, urbi et orbe, su ideología trasnochada. En una sociedad como la nuestra, anestesiada por lo efímero, creemos con facilidad aquello que nos cuentan sin reparar en la verdad de lo que sucede. Nos vende Sánchez una España en color, de justicia social y poética, bajo los acordes del No-Do monclovita que cada mañana glosa sin parar sus éxitos por el BOE de las redes sociales. Resuena el tararí musical mientras vemos despegar el Falcon hacia la España del futuro, ya en 2030, libre de corruptos y separatistas, con pleno empleo y Sanidad universal hasta para los bonsáis. Una España unicornio, con Calvo ejerciendo todavía de portavoz de la trola buenista.

Pero hoy es siempre todavía, que decía el bueno de Machado. Cuando gobierna el PSOE la marmota del despropósito aparece de nuevo: no he visto una izquierda más obsesa con el pasado que la española. Incapaz de proyectar las miserias hacia adelante, se afana en extraer nuestros demonios con el único fin de perpetuar sus fosas morales. Todo cabe en este mandato de ocurrencia y marketing. Lo que haga falta menos ocuparse de lo importante. No extraña que con los socialistas el paro sea lo de menos. De hecho, les ayuda que haya desempleo, así tienen como garantizar el voto cautivo de los que menos tienen, mientras fríen a impuestos a los que aún resistimos al cadalso del INEM.

En sus primeros tres meses podemos ya confirmar que Sánchez es el presidente peor preparado de la historia de España. Y será el peor presidente que nos ha gobernado. Ha entregado TVE al chavismo, Economía y Hacienda al populismo y España entera al separatismo. Y no se moverá de allí, porque ha hecho de su sillón su reino, aunque sea el de un país en el que no cree. Dirigir España con los enemigos de España es algo que solo en este ruedo se torea y tolera. Se ve como normal ver al golpista Torra pasearse por El Objetivo, en siniestra paradoja, impartiendo un máster de cinismo sectario, con la aquiescencia de la presentadora, que dejó sus implacables entrevistas, sus extenuantes repreguntas y su inquisitorial interrogatorio para otro día. La equidistancia era esto, masajear el lomo al separatismo a ver si olvida su pedigrí racista. No hay nada peor para una nación que los creadores de opinión hablen en nombre de la democracia, ese concepto que ha tenido tantas interpretaciones como contextos. Y encima que sólo les importe ésta cuando gobiernan los suyos del brazo de quienes desprecian al resto.

Empero, y a pesar de todo lo que hace para autodestruirse, España subsiste, como gritó Azaña desde el Ayuntamiento de Barcelona un caloroso verano de julio del 38. Sabía, como Bismarck antes, que la fortaleza de la nación española excede a sus protagonistas, que antes arman el odio que la palabra, y cavan la trinchera del desacuerdo para no aceptar que España es una en su historia, pero no en su discrepancia. “Donde haya un español o un puñado de españoles que se angustian pensando en la salvación del país, ahí hay un ánimo y una voluntad que entran en cuenta”, decía don Manuel. Claro que él tuvo que sufrir a Companys, el golpista bíblico del separatismo. Pero hasta la nación más fuerte del mundo puede sucumbir a los cien días bajo el mandato de un tipo como Pedro Sánchez. Por eso pide que le soportemos otros doce años más. Hasta él mismo sabe que es inaguantable.

España tiene un problema estructural: el paro
José María Gay de Liébana okdiario 12 Septiembre 2018

España tiene un problema estructural: el paro. Los malos datos correspondientes al mes de agosto con una pérdida de más de 200.000 afiliados a la Seguridad Social arrojan un jarro de agua fría a nuestras expectativas económicas. Entretanto, la tasa de paro en España, según Eurostat, se sitúa en el 15,1% sólo por detrás de Grecia (19,5%), prácticamente doblando a la de la zona euro (8,2%) y casi triplicando a la de la Unión Europea (6,8%). Seguimos estancados en el terreno económico y confiando en demasía nuestra suerte a los bonancibles efectos de la temporada turística.

El verano de 2018 no cumple las previsiones tan positivas que los más optimistas planteaban y se confirma una contracción en el flujo de visitantes, fundamentalmente de los procedentes de los países tradicionales que son Reino Unido, Francia y Alemania. Como tantas veces hemos dicho, parte de ese infiel turismo prestado, al igual que el desodorante barato, pronto nos ha abandonado y lo ha hecho en busca de destinos más competitivos sobre todo en cuestiones de precio: Turquía, Egipto, Túnez, Grecia, Croacia.

En algunos de estos lugares, el miedo a actos terroristas se difumina y paulatinamente van volviendo a la normalidad. Sin embargo, también merece la pena que hagamos una reflexión sobre algunas circunstancias más domésticas que han servido para empañar los números del verano del 2018. La turismofobia en Cataluña y algunos otros lugares de la geografía española ha causado un impacto de pavor hacia España. Esos actos que nos han dejado impresionados a los lugareños han sido ampliamente difundidos en el mundo entero y nos han hecho un flaco favor, agravado por la pasividad con la que las autoridades actúan.

Añádase a ello que determinadas ciudades españolas se han convertido en la meca del movimiento de los manteros, donde los derechos de la propiedad intelectual y el copyright son permanentemente mancillados para asombro de propios y extraños mientras nuestras autoridades, de nuevo, hacen la vista gorda ante unas estampas que son más propias de ciudades sin ley donde el Derecho brilla por su ausencia y la legalidad se contraviene con la aquiescencia de los que mandan.

Doble récord
Sánchez, el gran regenerador, ya ha perdido a dos ministros por chanchullos
Luis Ventoso ABC 12 Septiembre 2018

Cierto, la acumulación de casos de corrupción en el PP se había vuelto hedionda, con exdirigentes destacados desfilando por la cárcel. Por su parte el PSOE también arrastraba su costra: el robo de los ERE de los parados andaluces por importe de mil millones, el mayor escándalo de nuestra democracia; o los hitos de mangancia de sus rapaces sindicalistas mineros. Podemos, con solo un lustro de vida, también se esforzaba por no ser menos que la maligna «casta» y se sumaba alegre a la corte de Rinconete y Cortadillo: Monedero cayó en el minuto uno por bucanero fiscal; Errejón, que sigue impartiendo empalagosas lecciones, trincó el dinero de una beca sin trabajarla; Espinar, tan social, se embolsó 30.000 euros comerciando con su vivienda protegida; y el líder supremo Pablo, tan feminista, cobra de Irán, uno de los regímenes más machistas y opresivos del orbe.

El ser humano es falible. Se sabe desde que el viejo sapiens camina por el planeta. Pero existían dos personas que no se habían percatado: Sánchez y Rivera, quienes se pasaron el ciclo final del maloso marianismo pregonando que con sus partidos nacería el político angélico. Sánchez convirtió la regeneración en su coartada para llegar al poder. España iniciaría con él la era sin mácula de su progresismo.

Una vez más el gran Sánchez no midió bien sus palabras y ahora suma un nuevo récord. El primero fue el mayor descalabro electoral de la historia del PSOE. El segundo llegó con su segundo intento en las urnas, cuando logro batir su toña anterior. El tercero ya forma parte del Libro Guinness: primer presidente español que se ve forzado a echar a dos ministros en solo tres meses en el cargo. El Gobierno «bonito» se nos va quedando en chamuscadito. La secuencia de los hechos de ayer constituyó una ridícula rectificación, como casi todo en este ejecutivo igualitario, paritario, exhumador y metepatas. A las cinco de la tarde, nuestro presidente no votado se ponía estupendo en el Senado y afirmaba que «la ministra de Sanidad está haciendo un trabajo extraordinario y lo va a seguir haciendo». Cinco horas más tarde, la ministra extraordinaria dimitía por su extraordinaria trampa para hacerse con un máster chanchullero. El lunes, la señora Montón se había puesto brava y retaba a la prensa con un enérgico «no todos somos iguales», en alusión a que la izquierda progresista y exhumadora es de una pasta moral pura, y jamás caerá en los vicios de la pérfida derechona. Hoy Montón ya es historia. Cuando a las ocho y media de la tarde se supo que había fusilado 19 de las 52 páginas de su trabajo de fin de máster, Sánchez ya no pudo sostenerla.

Ahora algunos politólogos zurdos y avezados explicarán que todo es una hábil jugada de Sánchez, pues al echar a su ministra gana fuerza moral para arremeter contra Casado sobre sus estudios. Pero no se confundan: aquí el que ha pinchado es Sánchez, el que ha tenido que echar a dos ministros bonitos por corruptelas es Sánchez, el que comienza a parecer un modelo hueco envuelto en celofanes de propaganda es Sánchez, que por eso no atiende a la petición de elecciones.

Y habrá nuevas y emocionantes sorpresas…

Pedro Sánchez lo está haciendo bien
Pablo Molina  Libertad Digital 12 Septiembre 2018

Hay que agradecerle a Pedro Sánchez su empeño en acabar con el PSOE. Si la destrucción es suficientemente intensa, el okupa monclovita habrá rendido un gran servicio a la patria... por supuesto sin proponérselo, que para eso es socialista. No socialista "de toda la vida", porque, según cuenta alguna compañera de instituto, cuando el joven Sánchez batallaba con los latines del Bachillerato era más de derechas que un paraguas negro. La conciencia socialista le nació después, ya talludito.

Su radicalismo desnortado al frente del Gobierno, tratando de ahormar con podemitas y separatas una coalición que le permita llegar hasta el final de la legislatura, tiene toda la lógica, tratándose de un político desoficiado que conoce bien al votante medio de izquierdas. Su victoria en las primarias socialistas se forjó precisamente ofreciendo al militante un programa similar al de Podemos, con la promesa firme de erradicar de su gestión cualquier atisbo de sensatez o centralidad. Por supuesto, ganó. Y ahora que manda en España está haciendo honor a sus promesas con enorme satisfacción de los que le eligieron para dirigir al PSOE. En eso no cabe achacar a Pedro Sánchez ninguna deslealtad.

Pero una cosa es hacerse con los votos de los militantes socialistas, un cuerpo electoral tan degradado desde Zapatero que hasta Sánchez se ha convertido en su líder, y otra algo distinta contar con el favor de una amplia mayoría de españoles para afrontar con garantías unas elecciones generales.

Sánchez ha decidido contribuir decisivamente a que el hueco electoral en la zona socialdemócrata del arco político tenga ya las dimensiones de la Fosa de las Marianas. El PSOE, en sus manos, es un partido radical dirigido por personajillos sin fuste dispuestos a todo con tal de mantener a su líder en la Moncloa, sobre todo ahora que ha colocado a la parentela y a decenas de amiguetes en puestos con los que, de otro modo, jamás habrían podido soñar.

La profanación de los restos del anterior jefe del Estado es solo un paso más en esa estrategia de podemización socialista, que amenaza con dejar a los de Iglesias sin discurso político. A este paso, los podemitas tendrán que pedir el encarcelamiento inmediato de todas las personas que no piensen como ellos para distinguirse del PSOE. Todo se andará.

El abuelo de Pablo Iglesias
Liberal Enfurruñada okdiario 12 Septiembre 2018

En una sentencia que no es firme, la Audiencia Provincial de Zamora ha desestimado el recurso de apelación del periodista Hermann Tertsch contra la del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3 de Zamora que le condenó a indemnizar con 12.000 euros al padre de Pablo Iglesias por publicar un artículo de opinión en el que los jueces estiman que el periodista cometió una intromisión ilegítima en el honor del abuelo de Pablo y sus familiares. En dicho artículo, el periodista había dicho que “el abuelo de Pablo Iglesias fue condenado a muerte por participar en sacas”, haciéndose eco de informaciones publicadas en diferentes medios con anterioridad. Informaciones que habían tenido una amplia difusión mediática sin que Pablo Iglesias ni sus familiares hubieran demandado jamás a quienes las publicaron.

Basándose en la información publicada por otros, Hermann Tertsch escribió su artículo de opinión acerca de la nula crítica que hace Pablo Iglesias a los crímenes cometidos por el Frente Popular durante la Guerra Civil, centrado como está en un discurso del odio tan alejado de la reconciliación. La Audiencia de Zamora considera que en los artículos publicados con anterioridad y que sirvieron de base a la opinión de Tertsch había un error y por él condena al periodista de ABC. Es totalmente cierto que el abuelo de Pablo fue condenado a muerte y que dicha pena fue posteriormente conmutada por otra de 30 años de prisión, saliendo de la cárcel a los cinco años con un puesto de alto funcionario en el Ministerio de Trabajo dirigido por el falangista Girón de Velasco. Y también es cierto que fue acusado de participar en la “saca” del marqués de San Fernando, don Joaquín Dorado y de su cuñado, don Pedro Ceballos, quienes fueron asesinados a continuación; habiendo sido denunciado por la viuda del marqués.

El abuelo de Pablo también fue acusado de otros muchos crímenes. Así en el libro del activista de extrema izquierda Francisco Espinosa ‘Masacre. La represión franquista en Villafranca de los Barros (1936-1939)’ leemos que “varios fueron los cargos que recayeron sobre el abogado: haber llevado fusiles a Villafranca a fines de julio del 36, intervenir como delegado gubernativo en el desarme y traslado de la Guardia Civil… por lo que se le considera responsable de los delitos y desmanes que en esta ciudad se cometieron, como fueron incendiar la iglesia cuando estaban los detenidos de derecha dentro”. Pero no fueron necesarias más diligencias ni investigaciones ya que las nueve sentencias de muerte que había firmado como presidente de un Tribunal del Ejército eran suficientes para condenarlo a muerte por rebelión. Las acusaciones están ahí, pero no se necesitaron para la condena.

Por lo tanto, decir que el abuelo de Pablo Iglesias fue condenado a muerte por participar en sacas es tan inexacto como afirmar que no fue acusado de ello. Pablo Iglesias se agarra a un tecnicismo para amedrentar a un periodista crítico. El mensaje que se quiere transmitir es claro: “Si cuentas los crímenes del Frente Popular te vamos a demandar y si tenemos la suerte de dar con un juez afín o poco conocedor de las libertades de expresión y de información, te saldrá caro tu atrevimiento, así que es mejor que te estés calladito y mires para otro lado”. Una prensa atemorizada es su mejor garantía de que nadie desmentirá su falsa memoria histórica, esa en la que sólo hay un bando criminal porque nadie se atreve a investigar ni revelar las barbaridades cometidas por el otro. El miedo ya se ha instalado entre unos periodistas a los que nadie paga por convertirse en héroes mártires de tu derecho a estar informado. Es a ti a quien te corresponde luchar por él, ¿vas a dejar que Pablo Iglesias te lo arrebate?

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Huir del incendio no es la solución

EDITORIAL El Mundo 12 Septiembre 2018

El día de ayer estaba programado por el separatismo para marcar un punto de inflexión en su estrategia de desafío al Estado y a todos los españoles. Y el programa se cumplió punto por punto, ante la ceguera voluntaria del presidente del Gobierno, que ayer en el Senado volvió a defender su política de diálogo con quienes en ese instante reiteraban a gritos su voluntad de aplicar las leyes de desconexión y la declaración unilateral de independencia proclamada hace casi un año. Y que además exigen la liberación de los políticos golpistas en prisión preventiva, un deseo en el que coinciden con el ministro de Exteriores, Josep Borrell, según declaró ayer a la BBC en unas lamentables declaraciones, inaceptables por el cargo institucional que ostenta y por el día en que las pronunció. Decepciona que también Borrell legitime las reivindicaciones de los separatistas, cuya visión autoritaria de la política les impide aceptar la separación de poderes. Por eso sus ataques se dirigieron a los jueces y al Rey Felipe VI, garante de la unidad nacional.

La jornada comenzó con altercados en la calle, como ya habían advertido los Comités de Defensa de la República (CDR). Arran, las juventudes de la CUP, inauguraban la celebración de la Diada lanzando pintura y botes de humo a la fachada de la Jefatura de Policía. Durante la ofrenda floral a Rafael Casanova, una controvertida figura ensalzada y reconvertida en héroe independentista gracias a la manipulación histórica del nacionalismo, los Mossos se vieron obligados a reforzar el cordón policial por la presencia de manifestantes ultraderechistas de diferentes puntos de Europa, con esteladas y banderas de la Liga Norte de Matteo Salvini. Frente a ellos, jóvenes antifascistas cantando el Bella Ciao. Entre el público, se encontraban el ex etarra Arnaldo Otegi y Artur Mas, padre del procés, condenado por desobediencia. Cataluña parecía ayer haber regresado a la Europa de los años 30, la de los totalitarismos, regímenes que despreciaban las instituciones y lanzaban a las masas a la calle para hacer la revolución. No hay que olvidar que el Parlament permanece cerrado por voluntad del Govern rebelde y los partidos que lo sostienen, y que Quim Torra ha llamado a secundar el plan de los CDR de ocupar las vías públicas durante un mes.

Cataluña está empezando a acostumbrarse a la anómala y corrosiva situación de involución permanente, en la que las instituciones han dejado de ordenar la convivencia cívica y la legalidad constitucional ya no rige. En parte, por incomparecencia del Estado. Es necesario que los tres líderes constitucionalistas se pongan de acuerdo y tomen conciencia de que los supremacistas, el verdadero peligro para España y los españoles, no está dispuestos a retroceder, sino más bien a acelerar el paso a la vista de que enfrente tiene un Gobierno débil y una clase política que antepone sus intereses partidistas a la estabilidad nacional.

Crónica de un cansancio
En esta Cataluña parapolítica, cada día se deviene en una improvisada Diada
Sergi Doria ABC 12 Septiembre 2018

Hace cuarenta y un años, la Diada fue realmente de todos. Corría 1977, celebración del retorno de Tarradellas y la recuperada Generalitat con un gobierno de todas las fuerzas políticas. Aquella transversalidad alegre solo sería comparable a las victorias del Barça y la inauguración de los Juegos Olímpicos que el pujolismo detestaba.

Cuando el 92, ya hacía tiempo que el nacionalismo había acaparado y solidificado las falsedades históricas del «Onze de Setembre». A ello contribuyó en gran medida el complejo de inferioridad «catalanista» de una izquierda que, desde su hegemonía cultural, no se atrevió a contradecir el relato oficial que avalaba el victimismo patológico nacionalista.

Ayer, a primera hora, nos desayunamos con los balbuceos del consejero Buch: afirmaba que la Diada conmemoraba cuando «el Estado Español invadió Cataluña en 1714». Respondía así a Carlos Herrera en la COPE y este daba por concluida la entrevista para no romper en carcajadas. Sostenía también Buch que no es lo mismo poner lazos que quitarlos, pero no decía nada de cuando él se vanagloriaba, como alcalde de Premià, de quitar la bandera española en vísperas del 12 de Octubre.

Hoy la Diada es la conmemoración del secesionismo y el estadio del Barça -desde la presidencia de Laporta- un océano de esteladas y griterío en el minuto 17 con 14 segundos: se acabaron los tiempos en que Núñez preservó al club de la «influenza» pujolista. En este sexenio del «procés», la Diada se ha hecho inhabitable; tanto, que muchos catalanes prefieren que les pille fuera de Cataluña.

Un largometraje de Scola
Nos recuerda «Una jornada particular» (1977), aquella película de Ettore Scola que transcurre el 6 de mayo de 1938, cuando Mussolini preparó a su aliado Hitler un recibimiento romano e imperial. Sophia Loren es Antonietta, un ama de casa esclavizada por seis hijos gritones y un marido calavera; en total, siete camisas negras para lavar y planchar.

Marcello Mastroianni es Gabriele, un locutor despedido de la radio estatal por su homosexualidad y su nulo entusiasmo hacia el Duce. Dos seres aislados que conversan e intiman en el inmueble vacío; les rodea el estentóreo rumor del triunfalismo radiofónico, sus arengas y sus desfiles. Y también la portera, adicta al Régimen, con el ojo puesto en la mirilla.

Muchos de esos catalanes que prefieren que la Diada no les pille cerca podrían identificarse con Antonietta y Gabriele. Aislados de la Cataluña oficial del separatismo, conocen un exilio interior que se soporta bien en Barcelona, pero agobia en las pequeñas localidades y en los ambientes de una administración autonómica con cargos de designación política. Un ejemplo reciente de ese «totalitarismo ambiental» es Vic: toque de somatén carlistón y el altavoz con la cavernosa voz del actor Lluís Soler llamando a culminar, como un cura «trabucaire», la sacrosanta República Catalana.

En los lares del dogmatismo, algunos padres y madres se parecen al marido de Antonietta: siguen la conseja de Eduard Pujol -«imagínate que eres hijo de un preso político»; sus retoños irán hoy a la escuela convenientemente adoctrinados desde casa. Otros se identifican con Gabriele, el hombre que prefiere leer «Los tres mosqueteros» y bailar una rumba con Antonietta que salir a corear consignas similares a «las calles siempre serán nuestras». Preparan los libros de texto de sus retoños y se conjuran para que mañana no les hagan escribir un comentario sobre la Diada.

Son los catalanes que «hacen» su vida; es la ardua tarea de pensar -y equivocarse- por cuenta propia; ayer no contestaron según qué wasaps grupales con memes de memos. Entre estos, uno muy chusco: una empresa -murciana para más inri- vendía una imitación de la camiseta de la ANC: «No lleva ribete en las mangas y cuello, la vía a la cima es roja, la cima negra y el banderín blanco con un punto redondo. Quien la lleve puede ser un piolín», advertía con escándalo el memo de turno.

Los catalanes que ayer evitaron la Diagonal okupada -era día de Operación Retorno en Barcelona- conllevan las diadas como una enfermedad crónica: en esta Cataluña parapolítica de la ANC y los CDR, con un gobierno que cierra el Parlament hasta octubre, cada día deviene en improvisada Diada.

Y tantos días repetidos componen la crónica de un cansancio. La salud mental aconsejaba obviar la programación de TV3 consagrada -es pertinente el verbo teológico- a esta Diada del 47 por ciento de los catalanes. A las 11.30, «Els Matins (Las Mañanas) de la Diada»; 13.55, «Telenotícies» monográfico; 16.10, programa especial... de la Diada; 18.30, directo de la manifestación independentista (toda la tarde). 21, «Telenotícies» noche (¿adivinan sobre qué?); 22.30, «Històries del Palau» (no es precisa la traducción). Un amigo -de los que no se dejan «enredar»- nos envió un pasaje de Josep Pla escrito el 11 de septiembre de 1918. Ni rastro de Diada. Solo otoño, lúcido y fecundo. Nada que ver con el Ampurdán de 2018: árboles manoseados con lazos amarillos. A las 20.45, unos contaban manifestantes y otros veíamos el España-Croacia.

La dictadura de un 'sol poble'
ANDRÉS BETANCOR El Mundo 12 Septiembre 2018

Manuel García nació en Castro del Río (Córdoba); llegó a Cataluña hace 50 años. Convertido en pequeño empresario de la restauración, regenta un negocio en Blanes. Simpatizante del PSC, ha dicho basta; basta a los lazos amarillos en su negocio. La reacción del poble es la conocida: el boicot, las amenazas, las agresiones... El pasado sábado sufrió un escrache promovido por los partidos y organizaciones secesionistas, encabezados por el Comité local de Defensa de la República (CDR).

No es el único caso. Es la otra Cataluña, la que Q. Torra y sus seguidores se niegan a reconocer. Como ha afirmado Torra, "un catalán que aspire a ser español no es nada". Es la nada; no existe; no debe existir. Niegan su existencia, niegan sus derechos. Manuel ya prevé que deberá irse, como tantos otros.

La Cataluña oficial es otra, a la que Torra se dirigió en su conferencia del pasado martes; la que inaugura el mes de gloria del secesionismo; la expresión esencialista del nacionalismo, de lo que es, de lo que quiere y de cómo lo conseguirá. La conferencia ha sido calificada como pregón: el pregón en las fiestas otoñales (León Gross). Es, según la definición del Diccionario de la Lengua Española, el "discurso elogioso en que se anuncia al público la celebración de una festividad y se le incita a participar en ella"; elogioso de lo alcanzado y de incitación a continuar en el procés.

En primer lugar, la aversión a la democracia. El lugar elegido es un teatro, presidido por un gran lazo amarillo. ¡El símbolo de la liberación es lo que sirve para atar! Enfrente, un público callado; ante el gran líder de un sol poble sólo cabe el aplauso, el asentimiento. Un gran acto religioso en el que el sacerdote pone voz a la verdad y el público, la aquiescencia. El poble es el poble elegido; y sus dirigentes, sus clérigos.

Ni comparecencia, ni intervención, ni debate en el Parlament. La institución de la democracia no encaja en el relato identitario: si hay un único poble, unido, entregado, luchador... ¿cómo el partido ganador de las pasadas elecciones puede dar existencia a la "nada"? Se rompe el mito, en consecuencia, se cierra el Parlament; se substituyen los debates parlamentarios por pregones, por arengas.

En segundo lugar, el mito del poble catalán. En las 19 páginas de discurso, la palabra poble se repite más de 50 veces. Es "un sol poble", cohesionado, "un poble de opción, no... de DNI ni pasaporte", tolerante, respetuoso, de paz. Un poble maduro, plural, crítico, adulto, soberano, solidario, comprometido con la igualdad, unido contra el fascismo, ... "una sociedad mayoritariamente comprometida con la causa justa de la independencia de Cataluña". Sobran los Manueles, las Ineses, los Pedros, los Alberts, los Josés... los que no encajan en el estereotipo político, lingüístico... Los que, en palabras de Torra, son los "tarados", las "bestias con forma humana", con "un pequeño bache en su cadena de ADN".

En tercer lugar, el hilo conductor del discurso secesionista es represión v. "procés independentista radicalment democràtic i pacífic". Entra en juego el heroísmo; el sentimiento. Torra, llevado por la emoción, nos habla de "vidas robadas, de instantes de amor secuestrados, de miradas entre barrotes. Os hablo de las lágrimas derramadas". El peso del escenario se deja sentir; en un teatro, un mal poeta, ante un auditorio entregado, el pregón y sólo el pregón. Se habla de disonancia cognitiva cuando una persona sufre el conflicto entre pensar una cosa y actuar de otra; entre los hechos observados y las ideas (expresadas). Cuando hay tanta distancia entre el poble y la realidad, la ideología del nacionalismo es la que hace posible reducir la disonancia. Asumirla, convierte lo imaginado en lo real. La ideología no es una guía para la acción; es la descripción de los hechos. La adhesión pasa a ser fanática; es el fanatismo.

En cuarto lugar, el nacionalismo, según A. D. Smith, se organiza alrededor de tres ideas fundamentales: identidad, unidad y soberanía. La nación, entendida como entidad natural, perenne, disfruta de unos derechos que no admiten límite o restricción. Toda nación tiene el derecho a aspirar a la máxima expresión de su libertad. Que sea, como sostuviera, de manera convincente E. Hobsbawm, una invención, no le ha restado fuerza. Al contrario, el mayor éxito del nacionalismo es haber creado a la nación, titular de unos derechos tan naturales como su propia existencia, que es la que le da sentido. No importa la circularidad simplona del razonamiento. En el fondo, son los sentimientos de pertenencia y de exclusión. La poesía, el relato heroico, la persecución... son suficientes.

Los derechos nacionales son absolutos. El Abate Sieyès, a comienzos de 1789, en un panfleto dedicado al tercer estado, identificado como la nación, proclamaba que "la nación existe antes que todas las demás cosas y es el origen de todo. Su voluntad es siempre conforme a derecho, es la ley misma... En cualquier forma en que se presente la voluntad de la nación, su voluntad será suficiente; todas las formas son válidas y su voluntad es siempre la ley suprema". Inventada la nación, titular de derechos absolutos, cualquier restricción es inadmisible. Torra centra su soflama en aquello que encarna, en el momento presente, la limitación a la voluntad de su nación; el único poder efectivo contra el secesionismo: los Tribunales.

En quinto lugar, el Poder Judicial es la bestia negra. Torra habla de "persecuciones judiciales", "legalismo autoritario", "violencias legales y judiciales", "juicio político, una herramienta más de la que se ha valido el Estado para tratar de anular una idea, de combatir desde la no política lo que es una cuestión política", "gran causa general contra los derechos civiles y nacionales que el Estado español ha instruido y mantiene"; "acto de venganza contra ellos [los presos] y, también, contra todo el pueblo de Cataluña"; "causa general contra el independentismo". Y amenaza que "las sentencias contra los presos políticos [que] sólo podemos concebir como absolutorias, porque los delitos de los que son acusados nuestros compañeros son inexistentes"; "no nos resignamos a unas sentencias injustas que sólo llevarían más dolor, más conflicto, más represión". Los tribunales tienen que soportar el peso del Estado democrático de Derecho contra el golpismo. Hablamos de personas, de jueces. Algunos, como el magistrado Llarena, y no es el único, han tenido que sufrir las consecuencias, incluso, personales del ejercicio de su función. Esas personas hoy se sienten más vulnerables. El titubeo del Gobierno Sánchez en la defensa de Llarena les ha sembrado de dudas.

Y, por último, sobre el Gobierno Sánchez, Torra reconoce que es "interesante" que haya "reconocido la crisis institucional provocada por la sentencia contra el Estatuto y, al mismo tiempo, que la solución tiene que venir por una vía política y democrática". Sánchez ha asumido este discurso cuando ha afirmado categóricamente que "Cataluña, tras la sentencia del Constitucional, tiene un Estatuto que no votó". No sólo es incorrecto, sino falso: el que el Tribunal Constitucional haya anulado 14 artículos de 223 porque violentaban, de manera escandalosa, la unidad del Poder Judicial con la creación de una organización propia de gobierno de los jueces, no sólo no le resta vigencia al Estatuto sino que, precisamente, el haber superado mayoritariamente el control de constitucionalidad, lo refuerza.

Se quiere negociar, se nos dice; apaciguar al monstruo, pero asumiendo sus coordenadas ideológicas. El líder del PSC, Miquel Iceta, ha propuesto a su partido como "instrumento de reencuentro nacional", en contraposición, nos dice, a un presidente de la Generalitat que se dirige "sólo a la mitad" de catalanes. Es significativo, para Iceta la nación (catalana) es el lugar de reunión de los catalanes; Torra ya decía que "un catalán que aspire a ser español no es nada". No hay "nada" fuera del marco ideológico y político del nacionalismo. ¿Qué hacer con los que no comparten la vuelta al redil nacional, los que no participan, como lo definió Arcadi Espada, en su magnífico libro recientemente reeditado (Contra Catalunya), la preexistencia de la nación, el "axioma fundamental y antihistórico de Cataluña"? Nos lo imaginamos. Los ojos de Manuel nos lo dicen.

*Andrés Betancor es catedrático de Derecho administrativo de la Universidad Pompeu Fabra.

Políticos y empresarios ante Cataluña
Mikel Buesa  Libertad Digital 12 Septiembre 2018

La lectura de la prensa, en lo que atañe a Cataluña, nos deja perplejos. Por una parte, las reseñas de lo que dice el president Torra revelan el discurso radicalizado de un dirigente dispuesto a imponer la independencia si no se la arreglan antes –y en el mismo sentido– desde Madrid. Digamos que se muestra dispuesto a dialogar con el poder central, pero sólo para que sea éste el que proclame la separación de Cataluña y, de paso, le resuelva el odioso problema del reconocimiento internacional. Pero hete aquí que, cuando la ministra de asuntos territoriales, Meritxell Batet, toma la palabra, su versión del tema es completamente irreconocible –y eso que, por hablar en catalán, le podríamos presuponer un mejor entendimiento de lo que dice su convecino–. Sus palabras en el Congreso de los Diputados no tienen desperdicio. Ella ve en la diatriba torrense la confirmación de que la Generalitat asume "ir más allá de sus reivindicaciones soberanistas" para aceptar "una discusión sobre sus posibilidades de actuación en el marco constitucional y como gobierno autonómico". Esto se parece cada vez más a diálogo de palurdos sordos e incluso ciegos.

La cosa no tendría mayor alcance si no fuera porque estos llamémosles entendimientos entre políticos son trascendentes para los negocios y los bolsillos. Los que mejor lo van apreciando son los empresarios, especialmente los catalanes, que van comprobando cómo esta merienda de negros –dicho sea sin el menor atisbo racista– les está comiendo la cuenta de resultados. Así lo ha puesto de manifiesto una encuesta, cuya muestra comprende a directivos de 826 empresas catalanas y de otras 400 del resto de España, y cuyos resultados acaba de publicar la Cámara de Comercio de España. De su lectura se desprenden dos conclusiones relevantes:

La primera es que, entre los industriales catalanes, el independentismo tiene pocos seguidores, de manera que sólo un 11,7 por ciento se adscriben a la idea de que el fututo pasa por un escenario secesionista. La mayoría –un 58,5 por ciento– se inclina por una Cataluña autonómica. Y el resto –29,8 por ciento– prefiere no mojarse, según parece porque no saben de qué parte va a soplar el viento y, como me dijo a mí una vez un empresario vasco que quería poner dinero para mis investigaciones sobre el separatismo cuando lo del Plan Ibarretxe, aunque se negaba a contestar a mis encuestas, "ellos lo saben todo" –deduzco que se refería a los nacionalistas, pero no me lo aclaró–.

Y la segunda es que mayoritariamente los empresarios catalanes –que en esto coinciden con los del resto de España– valoran negativamente el impacto que puede tener un escenario secesionista para la economía en general –empleo, costes laborales y financieros, seguridad jurídica, nivel de renta e inflación– y para la microeconomía de sus compañías –demanda de consumo, inversiones, gasto en I+D, exportaciones, impuestos y costes de transporte, energéticos y de materias primas–. Ello contrasta con la expresión de un optimismo intenso si el escenario fuera el opuesto; o sea, la estabilización definitiva del clima político en el marco constitucional.

Pero, más allá de su concreción, lo que los resultados de la encuesta de la Cámara de España revelan es que, en la coyuntura actual, se está produciendo un divorcio, una separación radical entre los empresarios y los políticos, principalmente en Cataluña, pero también del resto de España. Puntualicemos: mi referencia es a los políticos que ostentan responsabilidades de gobierno en ambos ámbitos; es decir, a los nacionalistas y a los socialistas. Y de esa ruptura la que más me interesa ahora es la que concierne a Cataluña, pues señala una circunstancia históricamente nueva. El catalanismo se forjó en buena medida a partir de la confluencia entre ambos cuando –como expuso Vicens Vives en su Industriales y políticos catalanes del siglo XIX– trataron de hacer del impulso económico de Cataluña, a través del proteccionismo, el soporte de España. Esa alianza, de una u otra forma, perduró en el tiempo. Y ahora se rompe definitivamente. Vicens, en una entrevista publicada en 1959 con ocasión de la edición de su obra, comentó como de pasada: "No todos los nietos son dignos émulos de sus abuelos", aunque no especificó si se refería a los primeros o a los segundos. Que el lector lo interprete.

Cataluña no es una nación ni 'un sol poble'
EDITORIAL  Libertad Digital 12 Septiembre 2018

Si hasta Borrell critica al juez Llarena y afirma que Cataluña es una nación, ¿qué cabe esperar del resto del Gobierno?

La multitudinaria manifestación de la Diada de 2012, que llevaba por lema "Catalunya, nou Estat d'Europa", supuso el pistoletazo de salida del proceso separatista; desde entonces, los impulsores del golpe de Estado tratan de inflar todos los años el número de asistentes al aquelarre antiespañol y vuelven comprometerse a "llegar hasta el final" en su inicuo desafío a la soberanía nacional y al Estado de Derecho.

Pero por mucho que los impulsores del golpe inflen las cifras, y por orwelliana que sea la cobertura que de semejantes episodios de delirio colectivo liberticida hacen medios de comunicación como la descalificable Televisión Española, la realidad es que los partidarios de la independencia no han ganado correligionarios desde 2012 y que más de la mitad de los catalanes siguen queriendo que el Principado no se desgaje de España.

Aun cuando la totalitaria ingeniería social nacionalista ha conseguido, después de cuatro décadas, que casi la mitad de la población catalana abrace la secesión, el número de separatistas parece, en efecto, haberse estancado en los últimos años, circunstancia aún más llamativa si se tiene en cuenta el deplorable desempeño de una clase política sedicentemente constitucionalista que, para empezar, en su día no tuvo reparo alguno en que se diera a la Diada carácter de fiesta nacional de Cataluña, pese a que remite a una guerra de sucesión –que no de secesión– en la que los catalanes –como el resto de los españoles– combatieron en ambos bandos y con la mente puesta en lo que consideraban mejor para España.

El desprecio o directamente el odio a España inoculado durante décadas por los nacionalistas desde las escuelas y los medios de comunicación no ha podido sin embargo aniquilar a esa mitad de catalanes que quieren seguir siendo españoles, pese a la orfandad y el desamparo que reciben de un Gobierno y de una clase política nacional que se muestran impasibles ante el envenenamiento de la convivencia perpetrado por el separatismo y que hasta consienten que un cabecilla del golpe siga ostentando la máxima representación del Estado en Cataluña como presidente de la Generalidad.

Pocos ejemplos más graves y elocuentes de la actitud del Gobierno español que las declaraciones de Josep Borrell –único ministro supuestamente combativo con el nacionalismo– a la BBC, en las que se ha permitido criticar la prisión preventiva dictaminada por el juez Llarena contra los miembros del anterior Gobierno golpista de Puigdemont y, sin vergüenza, ha afirmado que Cataluña es una "nación".

Si hasta un ministro como Borrell finge ignorar que la parte nunca puede ser igual al todo, que Cataluña ni es ni fue nunca una nación, y hasta se permite criticar las medidas de un juez en defensa del orden constitucional, ¿qué se puede esperar del resto del Gobierno? ¿Qué critica cabe hacer a los separatistas sin hacerla extensible a unos gobernantes españoles que hacen suyos los delirios de los primeros y toleran una independencia de facto a la Cataluña nacionalista tanto o más repugnante que la independencia de iure que andan estos persiguiendo?

Pese a las quimeras de los separatistas y a la condescendencia y pusilanimidad de los partidos constitucionalistas, lo cierto es que la soberanía nacional la sigue ostentando el pueblo español y que Cataluña no es "un sol poble" que clama por la secesión. Lo cierto, en fin, es que la población de esa parte de España está profundamente dividida y enfrentada, debido tanto a los proyectos totalitarios de los nacionalistas como a la cómplice dejadez de quienes deberían combatirlos con todas las armas del Estado de Derecho.

La ‘Diada’ del 47%
José García Domínguez  Libertad Digital 12 Septiembre 2018

Son el 47% y han vuelto a hacerlo. Personalmente, yo solo conozco un lugar en el mundo donde las autoridades puedan ordenar a la mitad de la población que desfile por la calle a una hora determinada embutida en una ridícula camiseta rosa con la esperanza cierta de ser obedecidas. Eso únicamente ocurre en el sitio donde resido desde el día que cumplí tres años de edad, por más señas una demarcación llamada Cataluña. En ninguna otra parte de Europa resultaría posible contemplar semejante espectáculo coral de sometimiento lanar al mando. Poco se ha escrito, y menos aún pensado, acerca de la asombrosa dimensión gregaria del nacionalismo catalán. Porque grandes movimientos de masas los ha habido –y hay– en muchos otros rincones de Occidente, pero un fenómeno tan definitivamente jerárquico, disciplinadamente obediente y en extremo pastueño como el que, año tras año, escenifica en las principales arterias de Barcelona el catalanismo difícilmente se podría repetir fuera de aquí. ¿O dónde, si no, a los participantes en una manifestación callejera que se presenta como popular y festiva se les indica durante semanas antes, y a través de la televisión oficial, el lugar exacto de la trama urbana en el que deben colocarse? Sépase que a todos los romeros de la Diada se les asigna un número de serie y una muy precisa cuadrícula de terreno en la que han de ubicarse de modo imperativo a fin de cumplir con la partitura coreográfica ideada por los escenógrafos oficiales del evento. ¡A todos! ¡Y acceden sin rechistar!

Una rendida sumisión sin fisuras, unánime, de los dirigidos hacia los dirigentes, ese rasgo psicológico tan peculiar y propio del nacionalismo local, cuyas raíces acaso habría que buscarlas en las formas de socialización infantil y juvenil que tanto han cuidado los catalanistas desde el origen mismo de su movimiento, hace ya más de un siglo. Experiencias muy iniciales de sometimiento al grupo en el que los caus (madrigueras), las colonias escolares y el excursionismo, tres variantes de esparcimiento pautado de honda tradición entre las capas medias autóctonas, irían dando forma desde la más tierna infancia a ese insólito carácter colectivo tan dado al acatamiento de las directrices de los líderes. Sin reparar en ese sesgo tan acusado hacia la obediencia que les caracteriza no resulta posible comprender, por ejemplo, la súbita conversión al independentismo visceral de la totalidad del electorado de la antigua CiU, el antiguo exponente de los sectores más paniaguados, medrosos y tímidos de las capas conservadoras de la sociedad catalana. De un día para otro, les ordenaron que había que tirarse por un balcón… y se tiraron sin rechistar. Son así. Y conviene saberlo. Conviene mucho saberlo porque el día en que quienes ellos consideran sus líderes naturales les ordenen lo contrario también lo harán. E igualmente sin rechistar. Porque son dócilmente obedientes para todo, tanto para lo malo como para lo bueno. Y si se les ordena que se rindan, se rendirán.

Urge aprovechar que son el movimiento más sumiso del que hay noticia del mundo conocido. Como urge tener presente que los presos, empezando por Junqueras y siguiendo por los pedecatos Rull y Turull, ya lanzan señales inequívocas de que quieren rendirse. Porque si en la calle hace mucho frío, en la cárcel hace muchísimo más aún. Basta con leer entre líneas cuanto escriben los que están entre rejas para darse cuenta de que la familiaridad con los barrotes les ha mejorado el riego cerebral a todos. Si la condena judicial es dura y se terminan de convencer de que no habrá indulto, se derrumbarán. Repárese en que son eternos adolescentes, cincuentones a los que todo les ha salido gratis en la vida, tipos y tipas que no conocían el significado del verbo pagar. Por eso la sentencia tiene que ser muy dura. Porque entonces se vendrán abajo. Y cuando eso ocurra cursarán la orden a los mandados de las camisetas rosas de que todo se ha acabado. Y los mandados harán lo que mejor saben hacer: obedecer.

Contra la mitad de Cataluña
 La Razon 12 Septiembre 2018

El objetivo principal de la Diada se ha alcanzado con éxito. Ya sólo es la fiesta nacional del independentismo, cumpliéndose con precisión el desgarro existente en la sociedad catalana. Fuera se queda el resto, el sobrante que no se ajusta a la Cataluña ideada por el nacionalismo más esencialista, que es el que detenta el poder, con Joaquim Torra y Carles Puigdemont como bicefalia heráldica. La toma de todas las instituciones de autogobierno es absoluta y la de la calle debe corresponderse con esa situación totalizadora.

La oposición –Ciudadanos, PSC y Partido Popular– han permanecido al margen de los actos institucionales, expulsados de un sistema mental donde es cada es más difícil tener voz y ser escuchados, calco de la situación de desprecio al que es sometida en el Parlament. Los actos, por lo tanto, del 11 de Septiembre, son la expresión de una parte de los catalanes, podría decirse que de la mitad, si nos atenemos al voto representado en la Cámara.

En el actual estado de excitación política instalado en Cataluña, está a la alcance de la maquinaria propagandística del nacionalismo movilizar centenares de miles de personas –la cifra es siempre un millón, aunque no pasó de los 300.000–, pero en ningún caso representa al conjunto de la sociedad catalana, más civil que activista, más trabajadora que política, más tolerante que militante, demasiado más silenciosa que vociferante. Esa es su fuerza del nacionalismo, la calle, la capacidad de movilización y la agitación permanente. La hace valer hasta el límite, pero no puede aspirar a que tenga un valor más allá del que tiene las urnas. Es muy meritorio sacar miles de personas a la calle –aun teniendo la inestimable colaboración de los medios públicos y el papel de coordinación en directo de TV3–, pero sería un error poner encima de la mesa una movilización que parte de una falacia inadmisible: la libertad de unos políticos que se saltaron las leyes más básicas para acabar con el orden constitucional.

De nada servirá presionar al Gobierno para que, a su vez, influya en la Fiscalía General del Estado, mucho menos en el Tribunal Supremo, para que dicte una sentencia suave o absolutoria. La gran irresponsabilidad de los dirigentes independentistas fue despreciar al Estado de Derecho. En esta depuración de la Diada hasta convertirla en la fiesta exclusiva del independentismo, reflejo de la imposibilidad de crecimiento, es importante tener en cuenta su escoramiento hacia las posiciones de la extrema derecha europea –ya cuenta con la complicidad de la extrema izquierda española y catalana– y cómo ésta ha correspondido con su presencia en las calles de Barcelona: nacionalistas flamencos, escoceses, de la Liga Norte o del Tirol. Es la Europa que reclama la excepcionalidad, los derechos históricos y particulares frente a la unidad e igualdad de las naciones. En este sentido, es importante que el secretario general del Consejo de Europa, el noruego Thorbjorn Jagland, dé «un respaldo total a España» ante el desafía independentismo. En este momento en el que la presión al poder judicial es el objetivo principal del independentismo, es necesario que las declaraciones del Gobierno eviten también entrar en un juego que sobrepasa el poder constitucional que se le otorga, de ahí que las declaraciones realizadas ayer por el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, son inoportunas. Hablar de que preferiría que a los dirigentes independentistas no se le aplicara la detención provisional es algo que no es de su atribución.

Un día cualquiera en Tabarnia
Sabino Méndez. La Razon 12 Septiembre 2018

Mientras los separatistas ocupaban como cada año el centro de Barcelona, lo interesante ayer era darse un paseo por el litoral sur de la ciudad. En teoría, era el día nacional de Cataluña; esa jornada en que la región se sumerge en una hipnosis colectiva para intentar autoconvencerse de que es nación. El catalanismo desea imitar al 4 de julio americano o el 14 del mismo mes en Francia pero, como la burra no da para tanto, ayer en la zona costera entre Barcelona y Tarragona –una grandísima franja intensamente poblada– el discurrir de los peatones no parecía estar por la labor. Pasando pueblo a pueblo desde Gavá hasta más allá de Calafell (para entendernos: la zona donde tienen sus casas los rumberos de Estopa), la vida era simplemente la de un domingo por la mañana. No se veía ninguna bandera; ni catalana, ni española. No habían manifestaciones ni marchas. Los paseos estaban llenos de gente, los comercios estaban abiertos y la gente sencillamente aprovechaba para hacer sus compras. Jubilados y trabajadores marroquíes tomaban el aperitivo a las doce en las terrazas en una imagen claramente más veraniega que política. Resulta curioso comprobar cómo la gente de la Cataluña central y el Bages se dirige a Barcelona cada Diada para gritar consignas y, en cambio, la población de la zona de influencia natural de la capital se va sencillamente ese día a ignorarlos disfrutando de la playa.

Todo muestra un panorama donde ha desaparecido cualquier comunidad posible de valores. Unos tienen unos y otros tienen otros absolutamente diferentes. Se habla de fractura y nadie es capaz de definir de una manera precisa si es fractura política, social o de convivencia. Pero está claro que, para unos, Torra es un filántropo de la genética que debería sustituir a Felipe VI y, para otros, no es nada ni remotamente parecido a un presidente, sino el más adecuado relevo de Krusty, el personaje de los Simpson. Los dos proyectos administrativos son tan diferentes y sus valores y símbolos tan alejados que, con buen juicio, ambos grupos de catalanes deciden ignorarse en la cotidianidad para no discutir.

El no hablar de aquello que nos separa, sino de lo que nos une, ha sido habitual en la región para mantener la convivencia. Parecía razonable para evitar enfrentamientos, pero ahora ya nadie sabe si realmente era una buena idea. Las cuestiones no abordadas se corrompen, fermentan y crean distancia. El frágil equilibrio se ha roto por la irresponsable actitud excluyente de TV3, el uso de las instituciones para exclusivo catalanismo y la curiosa idea separatista de que sólo se debe dialogar con quien no muestre ninguna disidencia.

Los separatistas paradójicamente han autolesionado su ideario: Pujol se pasó cuarenta años intentando que el eslogan «somos una nación» fuera aquí dogma indiscutible. Pero, si aplicamos la canónica definición de Renan sobre nación, los hechos afloran que los catalanes no tenemos una única voluntad. Para empezar, hay como mínimo dos, si no más. Un millón de catalanes quiere hacer excursiones con tractores, desde el campo a Barcelona, en los días de fiesta. Y otro millón se va a la playa a esperar que, en veinticuatro horas, los visitantes abandonen la ciudad para volver a sus obligaciones, mientras las palabras «república» y «represión» les parecen simples delirios. O sea que, al final, no somos una nación e incumplimos todas las definiciones en ese sentido. Es como si un líder se hubiera pasado cuatro décadas repitiéndoles a una bandada de avestruces que son mamíferos y una gran parte de ellos vivieran convencidos de serlo.

No les despiertes, déjales dormir
Salvador Sostres ABC 12 Septiembre 2018

No les despiertes, déjales dormir. Así han vivido y así quieren quedarse. El Gobierno tiene que aprender a celebrar sus éxitos. Si yo fuera Pedro Sánchez, patrocinaría la Diada con todas sus camisetas, bocadillos y autocares.

Es una inaudita, abrumadora victoria del Estado que los independentistas, que se han tragado la aplicación del artículo 155 sin armar el menor jaleo y con el más asombroso colaboracionismo de sus líderes políticos, hagan el ridículo con demostraciones como las de ayer, vistiendo camisetas con el lema de que van «directos a la cumbre» cuando han sido derrotados sin oponer ninguna resistencia ni ninguna capacidad de sacrificio.

El presidente del Gobierno tendría que pagar lo que cuesta el atrezzo de cada Diada porque ni en las comunidades que gobierna el PSOE encontrará mejores vasallos que los que creen que la independencia es venirse del pueblo en autocar a ensuciar los parterres de la ciudad, mientras los dirigentes a los que han votado en nombre de la libertad de Cataluña, y que prometieron desobediencia, mantienen encerrados a los que llaman «presos políticos» en sus propias cárceles.

La principal garantía de la unidad de España, que el Gobierno tendría que cuidar como si se tratara de un tesoro, son estos supuestos líderes de la secesión incapaces de articular su mayoría parlamentaria, que se odian entre ellos mucho más que a España y que nos convidan cada día al espectáculo de ver cómo se destrozan en su guerra africana y fratricida por retener o alcanzar el poder autonómico que tanto desprecian pero que ha sido desde siempre su único modo de vivir.

Ni volver a aplicar el artículo 155 sería más eficaz que los que gritan que «somos república» y luego aceptan y participan del folclore de camiseta y táper, como cada Diada desde hace 6 años, en lo que ya parece una parodia que ellos mismos se hicieran para ahorrarles a sus adversarios el chiste fácil.

Además, los manifestantes de ayer -bastantes menos que en los años anteriores- no entendieron las instrucciones de la performance, que pretendió sin éxito ser una «gran ola sonora». Pocos callaron cuando tocaba guardar silencio y gritaron escasamente llegado el momento de hacerse oír. Si no entienden la diferencia entre callar y hablar es normal que tampoco sepan ver lo que va de una república independiente al fraude con que les han estafado desde el mes de octubre del año pasado.

Los animadores del acto gritaban de un modo demencial las más absurdas proclamas. Una de ellas dijo «lo hemos vuelto a hacer», pero sin aclarar qué, tal vez porque le hubiera resultado demasiado duro. El escenario donde los parlamentos y las actuaciones musicales tuvieron lugar resultó ser un camión con las barandillas mal colocadas, lo que subrayaba el aire venezolano de la fiesta. Una buena metáfora del independentismo es que al final del recorrido de la manifestación levantó unos muros de mentira para poderlos derribar.

No les despiertes, déjales dormir. Así han vivido todos estos años, y así quieren quedarse, inventando muros de cartón piedra para humedecerse con la falsa épica de jugar a demolerlos; banalizando la idea de la democracia y de la libertad para tratar de ahorrarse el precio que siempre hay que pagar por lo que quieres.

La vergonzosa y humillante cola de autocares pagados por la ANC que ayer llegaron a Barcelona desde los distintos pueblos de Cataluña, embutidos de paleto entusiasmo por tirar de la cinta de la piñata, creyendo que es así como se logra hacer saltar por los aires un Estado como España, era el retrato de un público vencido por su inanidad intelectual, por su gregarismo, por la acrítica veneración de unos líderes que se hacen los patriotas con sus exaltaciones imposibles mientras por detrás negocian con el Gobierno una solución personal para fugados y encarcelados -el indulto- a cambio de renunciar a la independencia y conformarse con una reforma constitucional que solo Dios sabe cuándo y cómo acabará.

Igual de lejos
Hoy Cataluña continúa exactamente igual de lejos que el sábado de su independencia, los partidos políticos separatistas continúan igual de enfrentados, sin ser capaces de hallar, ni juntos ni cada cual por su lado, una estrategia que les lleve a la tan prometida constitución de un Estado para los catalanes. Una Diada más de cenefas y serpentinas para gente de autocar que se regodeaba comiendo en el suelo y jugando al fútbol en los parterres de la Diagonal con las bolas que hacían con el papel de plata con el que habían envuelto sus bocatas.

Tercermundismo físico, tercermundismo moral. El independentismo ha servido de tren de enganche de muchísimos hombres y mujeres que habían perdido el protagonismo de sus vidas y el mismo gusto por vivir. Como cualquier populismo, les ha dado vínculo y abrigo, y por eso no quieren despertar: no tanto por la desilusión de tener que admitir que Cataluña no es independiente, sino para no tener que volverse a mirar al espejo y ver solo a un perdedor cuya vida no tiene objeto ni sentido.

Fechas y flechas
Javier Barraycoa Gaceta.es  12 Septiembre 2018

Dicen los expertos que en las guerras mueren más soldados por fuego amigo que por fuego enemigo. Y me lo creo. Porque en estos intensos años de lucha contra el separatismo he recibido más flechazos por la espalda que ataques frente a frente del separatismo, que ya es decir. Las ulteriores flechas no las ha lanzado precisamente cupido y sus efectos pueden ser letales. Incluso pueden ser más mortíferas que un futuro indulto colectivo que planea sobre el aire ante un acelerado proceso legal contra los golpistas y que el gobierno quiere ver culminado en pocos meses, antes de que se inicie el intenso ciclo electoral que se avecina.

Tras un verano caliente, en cuestiones de lazos tóxico-amarillos, que culminó con una agresión a una pobre mujer ante el parque de la Ciudadela de Barcelona, a todos nos sorprendió que los líderes de un partido reaparecieran acabadas sus vacaciones -bien morenitos- para fotografiarse quitando solidariamente lacitos rodeados de decenas de periodistas. Con los políticos no se cumple aquello de que si te mueves no sales en la foto. Ellos no se mueven hasta el último momento y son los que sacan tajada de la foto por saber cuándo moverse. Pero a lo que vamos. Desde julio se viene trabajando, para contraponer al otoño caliente que nos han preparado los “PuigdeTorra”, diferentes iniciativas. Hubo muchas reuniones antes del verano, con muchos grupos y muchas disparidades. No está mal y es lo normal hasta que no se concretan o acuerdan las cosas.

Con sus más y sus menos, al final empezamos el verano con unas fechas agendadas para cuatro grandes manifestaciones en Barcelona: 9 de septiembre, manifestación organizada por un empresario con la intención de dar voces a ciudadanos de a pie que habían sufrido el separatismo y la petición de nuevas elecciones. El 16 de septiembre -este próximo domingo- “Hablamos español” realizará una gran manifestación que saldrá de la Plaza Universidad, y será apoyada por múltiples asaciones. Les pido que observen en los carteles si ven ciertos logos de ciertas asociaciones. El 29 de septiembre Jusapol volverá a las calles de Barcelona a reclamar lo que es justo y necesario: la equiparación salarial de los cuerpos policiales. Por último, el ya más que tradicional 12 de octubre, día de la Hispanidad en la Plaza Cataluña, liderada la organización por el Movimiento Cívico de Espanya i Catalans que extiende generosamente la mano a otras asociaciones para cooperar en su organización.

Expuestas las fechas, repasemos ahora los flechazos. Personalmente puse mis objeciones a la conveniencia de celebrar un acto el 9 de septiembre, especialmente por la fecha tan cercana al inicio de curso. Pero cuando me pidieron arrimar el hombro, lo hice, y para colmo me tocó un pequeño parlamento. En mi discurso sólo cité una fecha. Con todo convencimiento dije que todo este gran movimiento de resistencia se había iniciado con una inolvidable manifestación el 30 de septiembre de 2017 en la Plaza San Jaime, la víspera del referéndum ilegal del 1 de octubre. Los que estuvimos allí lo sabemos. También sabemos -y esto lo he dejado por escrito para que quede constancia- que la semana previa al Referéndum ilegal, la Delegación de Gobierno de Barcelona nos estuvo presionando (incluso diría amenazando) para que el 30 de septiembre nadie se manifestara en Barcelona.

La hemeroteca nos puede demostrar con facilidad que una de las asociaciones civiles más poderosas en Cataluña, se posicionaron con el gobierno y afirmaron que no era el momento para las grandes manifestaciones. Pero el 8 de octubre de 2017, tras el fatídico referéndum ilegal y el penoso papel del gobierno español, con la tensión a flor de piel, misteriosamente aquella asociación dio un giro de 180 grados. Los que 10 días antes afirmaban por activa y por pasiva que no había que realizar manifestaciones masivas, convocaron una manifestación para el 8 de octubre. Sorpresas te da la vida.

Era evidente que cualquiera que hubiera convocado una manifestación en esos días habría arrastrado a cientos de miles de catalanes hartos del reto separatista. Y como en democracia no se puede permitir que las asociaciones que no controla el gobierno vayan por libre, alguien tenía que “controlar” ese movimiento social, no fuera que se desmadrara y dejara de confiar en los políticos. Saquen ustedes sus conclusiones. En democracia se hace lo que dicen los partidos democráticos y a callar … y votar. Como todo lo que afirmo es verdad, no cambio una coma.

Cuento esto para entender lo que viene ahora. Los organizadores de la manifestación de este pasado domingo 9 de septiembre, recibieron el rechazo de casi todos los partidos constitucionalistas. Incluso el de aquel partido cuyos líderes se habían fotografiado escasos días antes sacando lacitos. Y, la todo poderosa asociación de la que hemos hablado, la que nunca quiso organizar grandes manifestaciones (hasta que otros las organizaron), también se negó a participar el 9 de septiembre con el argumento de que no tenían en mente grandes manifestaciones. Todos somos libres de actuar en conciencia (si tenemos conciencia, claro).

Tras el éxito de asistencia y entusiasmo popular de este 9 de septiembre, vino la gran sorpresa en forma de dardo envenenado por la espalda. Al día siguiente por la mañana, el presidente de la asociación aludida (el que ya nos había escandalizado pidiendo reiteradamente entrevistarse con la ANC y el Omnium Cultural para rebajar la tensión en Cataluña, gesto que por cierto tronchó de risa a los separatistas), nos dejaba ojipláticos en una entrevista que le realizaban en Espejo público. Afirmaba -literalmente- que no tenía pensado nada para rebajar la tensión y que a lo mejor habría que plantearse organizar grandes manifestaciones de nuevo. El flechazo que en la espalda fue tal que escribí un twit para recordarle que si interesaba movilizar masas, la manifestación ya se había celebrado el día anterior.

Alucinante. Se volvía a repetir la historia. Al igual que el separatismo hemos caído en el bucle del día de la marmota. Un principio de las democracias que se vuelven tiránicas es que cuando las gentes se mueven por sí mismas, no hay que permitir que el rebaño vaya sin pastores. Parafraseando un dicho, me invento el siguiente: “dicen que el azar lo carga el Diablo”. Digo esto, porque durante la primera semana de este mes de septiembre, los partidos constitucionalistas fueron dejando caer en los medios la necesidad de realizar un gran acto que rememorara la gran manifestación del 8 de octubre de 2017 (es la manifestación que ellos sí pudieron controlar). O el mismísimo Borrell nos ha asombrado estos días declarando que siente “personalmente” que haya políticos en la cárcel. Para los que duden que consulten a la maldita hemeroteca. Sí Borrell, ese que el 8 de octubre de 2017, cuando una masa de catalanes gritábamos ante sus narices “Puigdemont a prisión”, él desde su estrado se apresuraba a decir que esa no era la actitud.

Otro flechazo ya nos lo clavaron meses antes. Cuando se estaba preparando la manifestación de “Hablamos español” en Barcelona, se tuvo que desplazar a este 16 de septiembre. La fecha no era la ideal pues ya se preveían demasiadas concentraciones. Pero tuvo que tomarse esa decisión porque, ahora no diré nombres para no ahondar en heridas innecesarias, se boicoteó -de forma sutil pero efectiva- el apoyo a la manifestación. Una asociación imprescindible para organizar un acto de tal magnitud, les querían imponer una serie de condiciones inaceptables a la noble entidad de “Hablamos español”. Es una asociación que no tiene más recursos que su generoso voluntariado, su honestidad y que no rinde pleitesía a los partidos políticos. Estuve en esas reuniones y soy testigo presencial de los hechos. De Jusapol no digo nada porque a estos nadie les toma el pelo y todos les apoyaremos porque es una obligación moral.

El último aldabonazo por la espalda de fuego “amigo” ya ni siquiera sorprende. Tantos flechazos atontan. Hace dos días en una conversación informal, en las previas de la organización de la manifestación del 12 de octubre en Barcelona, me dejaron caer que igual habría intento de boicot. Se rumoreaba que se iba a montar otra manifestación “españolista” en días cercanos al 12 de octubre para contraprogramarlo. Mi sorpresa viene cuando ayer leo, en el digital elcatalan.es, la confirmación del rumor.

Una poderosa asociación civil, que en poco tiempo ha cambiado su color corporativo de morado a rojo socialista, que es la que cuenta con más recursos y liberados para luchar contra el separatismo; que por activa y por pasiva ha intentado movilizar y desmovilizar las reacciones antinacionalistas en función de intereses particulares nunca generales, … ha anunciado que organizará una gran manifestación para conmemorar el 8 de octubre de 2017. “El azar lo carga el Diablo, créanme”. La fecha, por lógica, caerá cercana, muy cercana, peligrosamente cercana al 12 de octubre y -si es así- afectará a la asistencia al acto. Todos sabemos lo que pasa en estas situaciones: saturación de concentraciones, cansancio, sensación de división. Reconozco que este último machetazo lleva mucho veneno.

Muchos flechazos para tan pocas fechas. Mi padre, cuando los hermanos éramos pequeños y entrábamos en fase regresivo-infantil nos gritaba: ¡Dejad de hacer el indio”. Yo les pido a los que se dedican a tirar flechas sin ton ni son, sólo por su puro interés grupal o personal, que abandonen esta fase infantiloide y dejen de lanzarnos flechazos por la espalda. Primero, porque no somos tontos y ya hemos superado la fase pueril hace muchos años; y, segundo, porque nos estamos jugando el ser de España y no podemos salvarla haciendo el indio.

Bocazas sin contención.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 12 Septiembre 2018

PABLO CASADO DICE “ESTAR DISPUESTO A ASUMIR EL DESGASTE DE APLICAR EL 155 DE NUEVO./ JOSEP BORREL DICE ANTE LA BBC QUE CATALUÑA ES UNA NACIÓN Y NO UNA REGIÓN.

Desde luego a esta clase política que nos ha tocado en desgracia padecer la define muy bien su actitud de absoluta falta de escrúpulos, algunos dirían “principios”. Todos parecen cortados por el mismo patrón y forman parte de ese amplio grupo juvenil estructural de todos los partidos políticos, en donde comienzan y desarrollan su particular camino “profesional”. Son gentes que pronto destacan por su absoluta ambición, por hacer lo posible por destacar entre el resto y arrimarse al poder para hacerse notar. Algunos los definirían directamente como los clásicos “trepas” de empresa. Una actitud que no pasa casi nunca desapercibida por los mandos intermedios y finalmente por los mandos superiores que suelen ver a esos impulsivos jóvenes como una imagen de sí mismos en tiempos pasados. Porque si algo caracteriza a esta clase dirigente es que además de apoyarse y promocionarse como auténticos clanes, valoran el descaro, el desparpajo y la determinación de estas jóvenes promesas.

Pablo Casado es el típico ejemplo de quien ha llegado a lo más alto de su partido gracias a esa imagen que lleva trasmitiendo desde hace unos años cuando destacaba en las Nuevas Generaciones del PP y fue promocionado apareciendo en diversas tertulias en medios afines y programas de gran audiencia entre lo que llaman la base de votantes del PP. También es verdad que no hay mejor imagen de regeneración que la sonriente cara de un joven con suficiente desparpajo para lanzar mensajes en un entorno en el que en el PP se imponía una voz monocorde en plan coral monacal del medievo. Y también es cierto que se suele cumplir lo de “en el país de los ciegos el tuerto es el Rey”. El caso es que este joven aprendiz “padawan” ha logrado superar a los “maestros Jedi” y ahora gobierna los destinos del Partido como Secretario General, aprovechando las luchas intestinas y la falta de determinación de alguno de los aspirantes y el exceso de confianza en sus fuerzas de otros u otras.

Lo que está destapando a este fulgurante nuevo líder del partido que se dice de centro derecha, son sus posiciones y declaraciones políticas titubeantes y que dan la impresión de no tener muy claras las convicciones ni la confianza en las propias fuerzas. Bien es verdad que solo lleva ejerciendo dos escasos meses en los que ha debido adoptar decisiones de calado en su propio partido, como la de hacer un encaje de bolillos para no evidenciar la “purga” de la antigua Ejecutiva y mantener la promesa de buscar la cohesión interna. El caso es que esa labor ha terminado por ser un auténtico fiasco donde la candidatura perdedora se siente ninguneada y humillada al relegar su responsabilidad en un reparto raquítico de cargos en la nueva Ejecutiva. Tras lo que parecía un pulso de desgaste y desafío por el poder, la opositora ha terminado por “tirar la toalla” y se retira de la vida política dejándole el camino expedito y sin ataduras del pasado.

Este titubeante comienzo como Jefe de la oposición no augura nada bueno al no mostrar esa determinación y claridad de ideas que exhibía durante su corta campaña en las primarias. Al contrario, en asuntos claves como el desafío secesionista en Cataluña, se muestra incapaz de mantener un mensaje nítido de rechazo y se deja llevar por la especulación más obscena y cínica al decir que está dispuesto a “asumir el desgaste” por su apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez a una nueva aplicación de las medidas de intervención del artículo 155. Y es que responder ante un golpe de Estado no puede ser objeto de aceptar un mayor o menor desgaste político por hacer cumplir la Ley, considerando el improbable caso de que los ciudadanos castigasen esta decisión por inapropiada o desproporcionada e injusta tal y como defienden los golpistas.

Espero que las motivaciones que muevan a este PP no sean solo poniendo en la balanza el posible desgaste o rédito político de sus acciones, y que estas lo sean por seguir sus convicciones y principios.

Josep Borrell, el ministro catalán de cuota de la no independencia, ha concedido una entrevista a la BBC en la que, de forma cuanto menos irresponsable, ha definido a Cataluña como nación y no una región y ha declarado que personalmente preferiría que los presos golpistas estuvieran “libres condicionalmente”. Dos afirmaciones que en estos momentos y en plena Diada resultan totalmente inoportunas e inadmisibles. A ver Sr. Borrell, Cataluña, desde que en el siglo XIX (1822) se estableció el sistema administrativo por regiones y provincias, fue definida con las cuatro provincias integrantes actuales que conforman la autonomía. Como usted sabe perfectamente, no fue sino hasta que los partidos nacionalistas se reinventaron el movimiento independentista fraguado durante la guerra de sucesión y que hasta que llegó la República no se reconoció lo que hoy se llama Gobierno de la Generalidad con toda su parafernalia inculcando el sentimiento nacionalista excluyente, incluida la primera declaración de independencia que tuvo que ser sofocada militarmente por el Estado. Cataluña es una autonomía o región de España, eso que se reconoce impropiamente en la Constitución como “nacionalidad” por la singularidad de que en su acervo cultural incluye una lengua autóctona de raíces latinas como el castellano o el francés, con las que tiene innumerables similitudes.

Por otra parte, es loable su deseo de que no existan presos de forma incondicional y sin fianza, Pero es que era también deseable el que no existiesen fugitivos de la Justicia refugiados en otros países aprovechando las facilidades de una justicia particularmente inquisidora con la de España y dispuesta a interferir en los casos como este de un golpe de Estado. Tampoco sería deseable el que esos golpistas presos sigan manteniendo empecinadamente su actitud beligerante de estar injustamente presos y de haber actuado de forma correcta sin ningún sentimiento de arrepentimiento y con riesgo claro de que, de estar en libertad, pudieran o bien fugarse o bien reincidir en sus delitos. Desde luego que es una situación que no es del agrado de los golpistas y por ello no se cansan de exigir su liberación sin cargos y la libre absolución, porque desde su perspectiva, ellos no han delinquido sino que solo han cumplido con el mandato del pueblo de Cataluña expresado en el referéndum inconstitucional del 1 de octubre del 2017. Es por lo que los independentistas les califican de “presos políticos” que lo están por sus ideas. Una absoluta mentira que, sin embargo, está calando a nivel internacional denunciado por los prófugos golpistas porque no hay nadie del Gobierno de España ni del Ministerio de Exteriores que ahora dirige Josep Borrell que lo rebata.

Va siendo hora de que quien tiene tan altas responsabilidades como un Ministro de Exteriores deje de dar razones y argumentos a los enemigos de España al corroborar con sus imprudentes declaraciones las reclamaciones inadmisibles y falaces de estos. Ya que no ayuda en nada, al menos no entorpezca la labor de los jueces cuestionando sus decisiones de mantener a semejantes delincuentes golpistas en prisión incondicional.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

El fuego del supremacismo
Ignacio Camacho ABC 12 Septiembre 2018

Con antorchas, mare de Déu. Es imposible que a esta gente experta en las grandes escenografías, en los movimientos corales de masas y en la «cultura de estadio» definida por Sloterdijk -en la que fue pionera, ay, Leni Riefenstahl-, se le haya escapado el sentido de esa simbología. El significado siniestro que ese ritual nocturno de teas encendidas tiene desde el siglo XX en la conciencia colectiva de la Europa que vivió el terror nazi o de la América profunda de los movimientos racistas. Por sectarios que sean no lo pueden ignorar, ni soslayarlo sólo por el efecto magnético de los hachones en las imágenes televisivas. Si mantienen esa liturgia, como la de las tétricas cruces victimistas, es porque contiene, desde las civilizaciones más antiguas, un mensaje de purificación intimidatoria, de propaganda mística, de exhibición de identidad dominante, de mágica energía. No es la luz de la libertad la que exhiben, lo sepan o no, sino el fuego vestal de la pureza supremacista.

Frente a esa demostración retadora, que Torra y los suyos refuerzan con un discurso explícito, este Gobierno -como el anterior, y el anterior del anterior, etc- prefiere restarle importancia al desafío. Desdeñarlo como un folclore más o menos agresivo, como si fuese una haka pendenciera del nacionalismo. Eso en el mejor de los casos, cuando no le hace gestos amistosos a los secesionistas o les lanza guiños, cuando no retira recursos de inconstitucionalidad o manda aflojar la inspección del marco educativo. Cuando no siente el impulso de retirarle al juez Llarena el amparo jurídico; cuando no declara, como ayer Borrell, -¡¡Borrell!!- que le gustaría ver libres a los presos, en una inopinada versión verbal del lazo amarillo. Cuando no muñe entre los bastidores del poder judicial una mayoría favorable a la benevolencia penal en el juicio. Cuando no coquetea con la quimera de una salida pactada al conflicto. Cuando no ignora a la mitad de los catalanes -entre ellos todos sus votantes- despojados de facto de su ciudadanía y reducidos, no ya a la invisibilidad mediática y social, sino a la condición sometida de ilotas, de parias políticos.

Esa estrategia (?) de cortesía, contemporización y deferencia, que no se explica sin la necesidad de mantener el poder al precio que sea, constituye un error ya contrastado que acabará de la peor manera. Los tipos de las antorchas no son cuatro iluminados sino una fuerza de choque xenófoba, una brigada de agitación callejera protegida y financiada por gobernantes que comparten a pies juntillas su desquiciada creencia. Se saben los dueños de la situación y de la escena frente a un Estado reticente a su propia defensa. Y han formulado, por boca de su líder vicario, una advertencia: tienen, porque se las han dado, las llaves de las cárceles donde están encerrados los presos que anhelan ver fuera. El que pueda entender, que entienda.

Opazo, el emigrante que desde Suiza paga manifestaciones como antídoto contra la Diada
Marta Espartero El Espanol 12 Septiembre 2018

Entre llamadas de megafonía y controles de seguridad se despereza habitualmente José Manuel Opazo. Viajero habitual, este vasco residente en Zúrich se ha acostumbrado a utilizar el asiento de su avión de turno para trabajar. Ex guardia civil reconvertido en empresario de éxito, ahora es la cabeza visible de las manifestaciones españolistas en Cataluña. Pone el rostro, sí, pero también el bolsillo. Es el organizador y financiador de la primera concentración convocada a título personal en España con fondos privados en el marco del procès.

El empresario no ha parado en las últimas horas. “Ayer [por el domingo] estuve en Barcelona, hoy en Madrid y ahora en Basilea”, desliza en conversación con EL ESPAÑOL. Se muestra satisfecho en su vuelta a casa, a Suiza. No le duele el dinero invertido en lo que cree; tanto, que ya está preparando otra convocatoria, porque esta ha sido todo lo que esperaban: el primer paso de su estrategia, que pretende dar “un golpe de mano” sobre la situación en Cataluña y el desafío independentista.

Opazo (Durango, Vizcaya, 1965) es “una persona con hondo sentimiento patriótico”, según lo describe su mano derecha en la cocina de la manifestación, Xavier Codorníu, ex del PP y de otras organizaciones españolistas como Societat Civil Catalana o la ultra Somatemps. El financiador también tiene un pasado ligado a la política: era afiliado a UPyD, pero sin ningún cargo dentro del partido. Ahora no quieren relacionarse con ninguna organización política, dicen, pero el domingo paseaban sus reivindicaciones de la mano de Santiago Abascal, el líder del partido extraparlamentario ultraderechista VOX.

Primer enfrentamiento bajo las siglas de UPyD
Cuando aún figuraba en las listas rosas -hace una década-, precisamente, sucede el encontronazo entre el empresario y el ahora presidente de la Generalitat, Quim Torra. Fue, cómo no, en un avión. Era una nave de la aerolínea Swiss Airlines y allí se originó la columna xenófoba de Torra en el diario catalán El Singular (ahora El Món) titulada La lengua y las bestias: Opazo se quejó por carta -con el membrete del partido de Rosa Díez, pese a no ocupar ningún cargo orgánico- de que no se incluyera el español en los vuelos operados por la compañía. Pidió que se aplicara el bilingüismo, al informarse únicamente en alemán, inglés y catalán, omitiendo el castellano. Lo consiguió.

“Hace un par de semanas viajaba en un vuelo de Swiss una de estas bestias. Al llegar al destino, se anunciaron en catalán las típicas observaciones previas al aterrizaje. La bestia, automáticamente, segregó en su boca agua rabiosa. Un hedor de cloaca salía de su asiento. Se removía, inquieta, desesperada, horrorizada por oír cuatro palabras en catalán”, escribía el supremacista Torra.

“¿Que por qué hago esto ahora? Por lo mismo que hice aquello entonces. Porque quiero cambiarlo”, admite, sin ápice de dudas. Opazo, poco a poco, a golpe de talonario, está dibujando sus deseos más íntimos en la calle. “Yo imagino este tipo de acciones desde hace muchos años. Vengo de una familia pobre y sé lo que es que nadie te proteja”, afirma. Su relación con Barcelona (en inicio, puramente laboral y comercial; hoy, con vínculos afectivos, puesto que llegó a residir con su mujer e hijas en Pineda de Mar cuando las niñas eran pequeñas) es su principal motivación. Aunque la visite sólo ocasionalmente, cuenta que “en Cataluña no se defiende a los que defienden la Constitución y el Estado de derecho. Y una parte de la población vive en la clandestinidad”.

Ex guardia civil forrado con empresas de construcción
Así que él decide dar el paso. No es la primera vez que opta por ponerse a disposición de sus ideales: así lo hizo cuando, de joven, se unió a la Guardia Civil en el País Vasco en los 80, en el cénit de los años del plomo de ETA. Después emigró a Alemania, se pagó sus estudios universitarios “limpiando en centro comerciales” y pegó el salto al empresariado.

“Empezó a desarrollar su fortuna, con algunas máquinas de obras públicas, con constructores, edificaciones, encontró la oportunidad de comprar alguna empresa alemana al borde de la quiebra y la reflotó”, detalla Codorníu. Eso le llevó de una a otra. Amasa “una fortuna bastante importante. Tiene empresas en Suiza, Alemania y, Austria, además de en España”, detalla su mano derecha en la organización de las convocatorias.

Pero Opazo tiene un plan. Por mucho que sufrague los gastos de las manifestaciones, que quiera liderar una “respuesta ciudadana” ante la situación catalana, hay límites. “Yo pongo hasta donde puedo, no me juego mi patrimonio”, reconoce él mismo. Ha decidido preparar una campaña de captación de capitales. Eso sí, en Suiza: “Nosotros también vamos a coger lo que nos conviene del Estado de derecho”, ríe. “Abriremos una cuenta en Suiza” para obtener beneficios fiscales.

“El Estado está en inferioridad frente a las estrategias del independentismo”, argumenta. Así que ha decidido que esta vía, la suiza, será el eje vertebral de una respuesta mayor, como deslizó ante los medios al término de la concentración del pasado domingo en Barcelona. En ese momento se arrogó el ser "la resistencia" y el azote de Pedro Sánchez, su enemigo, “porque pacta con terroristas y separatistas”. Y está organizando un "plan de ataque dentro de la legalidad" para traer a los políticos en el extranjero a España.

¿En qué consiste ese plan? ¿Se intentará secuestrar a Puigdemont, Anna Gabriel o Marta Rovira? Opazo se vuelve enigmático al otro lado del teléfono. No da apenas detalles y se remite a un discurso algo vacío. Al menos, de momento. “Yo me acojo a un derecho, a una vía legal para conseguir que esas personas regresen a España con la ley en la mano. Vamos a analizar qué estrategias se pueden hacer. Si queremos que esto pare es que todos estemos con las mismas armas. No voy a dar un paso atrás”.

Dictadura lingüística en Baleares
Un instituto balear mide a través de un test el nivel de ‘catalanidad’ de sus alumnos
Raquel Tejero okdiario 12 Septiembre 2018

Un instituto de educación secundaria de las Islas Baleares, el Pau Casesnover, ha enviado un cuestionario a sus alumnos con el que mide su índice de implicación con el catalán y con todo lo que tiene que ver con los “países de habla catalana”.

“Indica qué lengua utilizas fuera del aula: Catalán, castellano u otras”, “¿Qué grado de utilidad crees que tiene el aprendizaje del catalán en el ámbito social y laboral?”, “¿Tienes sentimiento de estima a la lengua y cultura catalana?” o ¿En qué lengua escribes?, son algunas de las preguntas a las que los menores deben contestar.

“Nuestro centro tiene implantando un sistema de gestión de calidad. Como parte de este sistema debemos recoger, periódicamente, diferentes datos sobre el funcionamiento de nuestro centro en todos sus aspectos”, se puede leer en el encabezado del cuestionario que justifica el mismo.

Una de las curiosidades que cabe destacar es que el catalán siempre aparece como primera opción, seguida de ‘castellano’ y de ‘otras lenguas’. A través de las preguntas, el personal del centro puede conocer el grado de integración del catalán en la vida privada y escolar de los alumnos.

Además de preguntar por estos asuntos a los menores también se hace referencia a los padres. Al finalizar el test, el profesorado conoce el idioma que usan sus alumnos en clase, con sus amigos, en casa y en qué lengua interlocutan sus progenitores.

Otra de las diferenciaciones que se hace en el documento es la de ‘Países de habla catalana’ y ‘Estado español’. Como en otras ocasiones se califica de país los territorios en los que se habla catalán.

A finales del pasado año, el conseller balear de Educación y Universidad, Martí March, afirmó que únicamente actuarían “si hay pruebas evidentes de que ha habido adoctrinamiento”. Lo que no comentó Martí es que el 70% de los colegios tenían reclamaciones por “adoctrinamiento nacionalista”,

Se han recibido en los últimos años, y va en aumento, denuncias y quejas de los padres no sólo por la imposibilidad de estudiar en la lengua del Estado en colegios públicos y concertados de Baleares, sino el adoctrinamiento político en diferentes lugares.

Adoctrinamiento en Cataluña
Torra reparte agendas escolares elogiando a los maestros que humillaron a hijos de guardias civiles
Raquel Tejero okdiario 12 Septiembre 2018

Los colegios catalanes están distribuyendo agendas escolares en las que se defiende a los profesores que acosaron a hijos de Guardias Civiles del Instituto de Enseñanza Secundaria El Palau. Los padres presentaron denuncias de adoctrinamiento contra docentes del centro después del referéndum ilegal del 1-O.

“Mientras había docentes catalanes encausados por la justicia por debatir en clase sobre el referéndum del 1 de octubre, la autodeterminación de Cataluña va a ser el tema elegido por el concurso de debate entre los estudiantes de 400 institutos de los Estados Unidos”, se lee en la agenda, en citando un artículo del periódico ‘La Vanguardia’.

De esta manera ponen de manifiesto que los profesores no eran culpables por las humillaciones a sus alumnos, sino por debatir en clase sobre la independencia de Cataluña.Torra reparte agendas escolares elogiando a los maestros que humillaron a hijos de guardias civiles

La Fiscalía de Delitos de Odio denunció a los nueve profesores por lanzar comentarios humillantes contra la Guardia Civil delante de sus hijos. “Que levanten la mano los hijos de los guardias civiles”, llegaron a decir los docentes en clase para identificar a los menores.

Sin embargo, los centros catalanes, que siempre se han posicionado a favor de los encausados, ahora han repartido entre sus alumnos esta agenda fabricada por Ediciónes AT, que lleva editando este tipo de material desde el año 2012.

En la encuadernación también se hace mención constante a los ‘Países catalanes’ y los ‘Países valencianos’ en muchas de sus páginas y se elogia el catalán a través de mapas que marcan los territorios en los que se habla.

“El catalán no es una lengua minoritaria. Actualmente lo hablan más de 10 millones de personas repartidas en cuatro estados de Europa: España, Francia, Andorra e Italia”, se puede leer en la agenda.

Torra reparte agendas escolares elogiando a los maestros que humillaron a hijos de guardias civiles

Represión policial
La agenda escolar también reserva espacio para criticar el dispositivo policial que actuó durante el pasado otoño e invierno en Cataluña.

“Debería el miedo a la represión policial o judicial condicionar el ideal del que, legítimamente, aspire a seducir a una mayoría por vías pacíficas y democráticas?”, se lee en uno de los textos.

“Históricamente ha existido una ciudadanía responsable que se ha atrevido a poner en duda la legitimidad de las leyes”, asegura en la agenda distribuida en los colegios.
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