AGLI Recortes de Prensa   Martes 25 Septiembre 2018

Delgado y la Cloaca deben ser la tumba del Gobierno de la vergüenza
EDITORIAL Libertad Digital 25 Septiembre 2018

El doctor Sánchez ha de destituirla fulminantemente. Y acto seguido convocar elecciones y dimitir.

Tras la dimisión del defraudador ministro de Cultura Màxim Huerta y de la plagiaria ministra de Sanidad Carmen Montón, y con el caso de la tesis del doctor Sánchez con cuerda y pólvora para rato, un nuevo escándalo sacude al abracadabrante Gobierno socialista aupado por golpistas, neocomunistas y filoterroristas. Esta vez la protagonista es la ministra de Justicia, Dolores Delgado, debido a sus relaciones con el condenado exjuez Baltasar Garzón y con el tenebroso excomisario José Manuel Villarejo, actualmente en prisión acusado de blanqueo de capitales y organización criminal.

Las grabaciones de un amigable encuentro entre Delgado y ese par de turbios personajes echan por tierra las declaraciones iniciales de la ministra, en las que negaba cualquier tipo de relación "personal, profesional, oficial o no oficial" con Villarejo. Muy por el contrario, los audios divulgados dan cuenta de unas relaciones de gran confianza entre la todavía ministra y el excomisario que encarna lo más hediondo del submundo cloaquil.

El Gobierno de Sánchez hace aguas por todas partes, y lleva sólo 100 días de ejercicio del poder. En tan breve espacio de tiempo, no sólo ha dado increíbles muestras de ignorancia e incompetencia, y de sectarismo de la peor ralea, sino que sus miembros parecen paradigmas de antiejemplaridad para el desempeño de cualquier responsabilidad pública.

El caso de Delgado resulta especialmente grave por la extraordinaria relevancia de sus competencias. La Justicia no puede estar en manos de alguien con tanto plomo en las alas, que para tratar de blanquearse ha mentido flagrantemente a la opinión pública. El doctor Sánchez ha de destituirla fulminantemente. Y acto seguido convocar elecciones y dimitir: es un presidente impresentable, como lo es su Gobierno de la vergüenza.

Los cien días de Sánchez
Julio R. Naranjo esdiario 25 Septiembre 2018

Aceptar que la vida es un devenir sujeto a perpetuo cambio, que por su propia esencia se halla sometida a avatares que en ocasiones retratan al ser humano como una frágil criatura privada del control de su propio destino, tal vez ayude a comprender el inextricable dédalo de la política, que vive, quizá, uno de sus momentos más convulsos. Cuando más se la espera, cuando más necesario resulta la existencia de un liderazgo de la clase dirigente, unos cuantos parecen empeñados en enterrarla bajo toneladas de descrédito.

La tradicional costumbre de conceder al nuevo gobierno de turno cien días de cortesía parlamentaria sin duda alguna pertenece al pasado, y a la vista de la atomización del voto, no parece que el tradicional bipartidismo vaya a regresar, no al menos en las próximas fechas ni desde luego en los siguientes comicios; resulta innegable la cruenta lucha que entre todos ellos se libra, de manera que, como en la famosa película de “Los inmortales”, solo puede quedar uno.

Y mientras tanto, es inevitable que la cada vez más insoportable tensión que ocupa el espacio público se propale entre la ciudadanía, que tiende de igual manera a polarizarse en extremos irreconciliables.

Supongo que Pedro Sánchez habrá vivido en sus propias carnes el lancinante aguijón del orgullo herido, de la vanidad maltrecha y, en definitiva, del menoscabo de la propia honra y fama, cuando en estos primeros cien días, celebrados con toda pompa y boato en un sonrojante autohomenaje, en aplauso colectivo de la corte de turiferarios que le rodean, ha descubierto el terrible abismo que separa dos conceptos tan próximos entre sí como distantes. Que ocupe la primera magistratura del país de manera legal, no conlleva que lo haga además de manera legítima.

¿Por qué no convoca Sánchez Elecciones Generales ya?
Escribió Shakespeare que la fama, vano ruido y falsedad e impostura, las más de las veces de ganaba sin mérito y se perdía sin culpa. Hasta en eso ha demostrado nuestro Presidente su innata capacidad para contravenir nada menos que al Gran Bardo, en ocasiones sospechoso de haberse servido de la pluma de terceros para culminar la más grande obra literaria en lengua inglesa. Pero a diferencia de él, quizá víctima de ese mal tan humano como reprochable, el de la envidia, suerte de admiración no reconocida ni aceptada al decir de Kierkegaard, que envenena el corazón con la hiel del vanidoso, nuestro Presidente es un plagiador reconocido y confeso, pero solo a medias.

Pedro Sánchez ha hecho no ya de la política, sino del Gobierno de todos los españoles, su particular atalaya desde la que pontifica su laico credo, evidenciando que quien no esté con él, contra él ha de estar. Nunca antes se ha mostrado por parte de ningún Presidente una mayor falta de imparcialidad y objetividad, de vocación de servicio público para todos y en nombre de todos.

Los recursos públicos
Es ahí donde radica la verdadera esencia de su magistratura, de la que debe exigirse y también esperarse una inmaculada ejemplaridad. Tan alérgico a las urnas como a la transparencia de su gestión, hemos descubierto que sus inefables viajes en el Falcon son de tal naturaleza que solo la Ley de Secretos Oficiales puede actuar como un escudo antimisiles ante la malsana costumbre que ya arraiga en este país, de inquirir cuando se trata de saber en qué y por qué, un mandatario público, decide emplear los recursos también públicos en quehaceres personales.

Dos son, a mi modo de ver, los únicos posible antídotos frente a este mal que ya circula por el torrente sanguíneo de una ciudadanía harta, y con razón, de los desmanes de nuestros gestores; el primero no es otro que la inmediata rendición de cuentas. Solo cuando la presión mediática y el clamor público alcanzaron tal repercusión, se ha visto forzado, días después, a exhibir su famosa tesis, oculta a los ojos expectantes de quienes han podido comprobar que su texto, además de poco riguroso, se halla repleto de burdas copias sin referencia alguna a sus legítimos autores, cuando para mayor sorpresa, el tribunal examinador suscita evidentes dudas acerca del proceder seguido en este sórdido asunto.

El segundo antídoto es el de la ejemplaridad, exigible a quien, investido de la necesaria potestas, debe además hacer uso de una impoluta auctoritas. En la ancestral Roma, quienes aspiraban a ocupar algún cargo público, comparecían en los foros adecuados para exponer el porqué de su elección frente a otros aspirantes.

Para ello, vestían una blanca túnica,- la candida, de ahí proviene el término de candidato-, contribuyendo así a fortalecer sus aspiraciones. Quinto Cicerón ya escribió un opúsculo para que su ínclito hermano, el famoso Marco Tulio Cicerón, ganara su elección al Consulado. Más pragmático, pero también más desengañado, Plutarco dejó sus famosos Consejos Políticos.

Ignoro si los asesores de Pedro Sánchez han leído tales obras, aunque me sospecho que en estos tiempos de telepolítica son más partidarios de House of Cards y El Ala Oeste de la Casa Blanca, ambas excelentes, pero sin duda muy alejadas de nuestro sistema constitucional.

Filibusterismo
Quizá ahí radique si no la única explicación, sí al menos una de ellas, acerca de este giro presidencialista de nuestro sistema parlamentario, más próximo aquél al modelo americano que al de la democracia liberal parlamentaria representativa que la Constitución, mal que les pese a algunos, consagra.

Quizá por ello, la adulteración de nuestro sistema mediante esta propensión filibustera a hacer del Decreto Ley el asiduo compañero de viaje de Sánchez, que de él se sirve lo mismo para un roto que para un descosido, explique también por qué surgen tantas serpientes de verano en su errática presidencia, pues sus ocurrencias nacen con el vigor de la aurora pero mueren con la oscuridad de cada anochecer.

Sánchez y la víbora del poder y la vanidad
Pedro Sánchez debe convocar elecciones de manera inmediata. Es difícil encontrar un periodo tan corto de presidencia marcado por decisiones tan erráticas como injustificables. La extraordinaria y urgente necesidad en la que se ampara para adoptar tan agresivas decisiones, incluyendo un intento de atropello a la Cámara Alta, el Senado, para cambiar de manera, una vez más, torticera, el derecho parlamentario, nada menos que modificando con una ley escoba la LO. de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, la misma que puso coto al déficit público que, como un caballo desbocado, alcanzó dobles cifras con Zapatero, es un síntoma más de la grave enfermedad que el Parlamento actual padece; la falta de ejemplaridad en la contratación de su mujer como profesora asociada universitaria; los ceses de sus ministros réprobos y la larga cadena de errores acaecidos en apenas cien días, presagian un oscuro horizonte si la nave prosigue a la deriva y el capitán, entretanto, consulta más su espejito mágico para saber que sigue siendo el más bello del reino, descuidando el cuaderno de bitácora, y navegamos por aguas encrespadas, la costa repleta de amenazantes farallones.

Muestre ya, señor Sánchez, y a plena luz del día, lejos de conciliábulos secretos y alejado de trileros y truchimanes despreciables, si su túnica permanece tan impoluta como asegura; deje que seamos otros, el conjunto de los votantes de España, quienes así lo decidamos.

Elecciones ya.

Más mentiras en el Gobierno
A la ministra de Justicia, Dolores Delgado, le rodean hoy los embustes y las amistades peligrosas. Motivos para dimitir le sobran
ABC 25 Septiembre 2018

Cuando hace una semana la ministra de Justicia, Dolores Delgado, dijo públicamente que no había mantenido «ningún tipo de relación personal, profesional, oficial o no oficial» con el excomisario de la Policía José Villarejo, hoy en prisión acusado de corrupción, no dijo la verdad. Ayer, y en un inusitado ejercicio de memoria selectiva tras una mentira previa, admitió que mantuvo reuniones con él en tres ocasiones. Unas conversaciones grabadas en 2009, durante un almuerzo junto a Baltasar Garzón y cinco altos cargos policiales, demuestran que la relación entre ambos era más que fluida. Aquel año, Delgado ejercía como fiscal de la Audiencia Nacional y asistía junto a su íntimo amigo Garzón a una comida reservada de homenaje a Villarejo, a quien se había concedido una condecoración policial. Tanto el tono de aquella conversación como la forma tan coloquial de dirigirse unos a otros revelan que había una relación personal fluida y de absoluta confianza. De otro modo, sería impensable que Garzón y Delgado fuesen «Balta» y «Lola», o que se produjesen chanzas de índole sexual. Lo grave no es que Delgado tuviese una aparente vinculación amistosa y de confidencialidad con Villarejo. Lo grave es que no haya dicho públicamente la verdad al respecto. No se trata de una coincidencia casual en un «evento», como ella sugirió tratando de blindarse cuando negó conocer a Villarejo. Más allá del origen espurio de esas grabaciones, hechas seguramente sin consentimiento, y más allá de la capacidad de Villarejo de chantajear a conocidas personalidades, lo cierto es que Delgado no sale bien parada. La ministra participó activamente y de modo cómplice en una confabulación contra una docena de policías de la Audiencia, a los que ella y Garzón exigieron sustituir por otros más afines. «Que el comisario me mande a alguien nuevo (…) Que dinamite a todo el que esté allí», pidió Garzón, como si la Audiencia Nacional fuese un cortijo de su propiedad. Mientras, Delgado asentía llamando «gilipollas integral» a uno de los policías de la Audiencia

Delgado también participó, como fiscal en activo, de otra conversación en la que se vulnera el secreto judicial con motivo del secuestro del barco Alakrana en el sur de África. En ella Garzón y Delgado proponen acuerdos bajo cuerda, al margen del procedimiento jurídico español, para que esos piratas detenidos no fuesen trasladados a España. La fiscal llega a tachar a España de «país bananero» por la gestión que hizo el Gobierno socialista. Delgado participó además de comentarios despectivos hacia otros jueces de la Audiencia, incluido su entonces presidente, Ángel Juanes, o contra su actual compañero de gabinete, Grande Marlaska, sin contar chascarrillos racistas y homófobos nada ejemplarizantes. A Delgado le rodean las mentiras y las amistades peligrosas. Motivos para dimitir le sobran.

Abocados a nuevas elecciones
 larazon 25 Septiembre 2018

La Mesa del Congreso ha impedido la acción filibustera que pretendían el PSOE y sus socios de Podemos y ERC para sustraerse al control del Senado, en el que, no lo olvidemos, también reside la soberanía nacional. La decisión es, reglamentariamente, inatacable, como demuestra el bajo perfil de la respuesta socialista, que no se plantea recurrir a instancia superior. En efecto, y pese a que la formación que lidera Pablo Iglesias parezca ignorarlo, fue el propio Tribunal Constitucional el que determinó que correspondía a las respectivas mesas del Congreso y del Senado comprobar e impedir, en su caso, la utilización de una enmienda legislativa para «alumbrar una realidad nueva», sorteando el normal trámite parlamentario.

Es, exactamente, lo que pretendía el Gobierno de Pedro Sánchez cuando trató de introducir en la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial –que estaba consensuada con el Partido Popular y Ciudadanos por afectar al pacto de Estado contra la violencia de género–una enmienda que arrebataba al Senado su capacidad de veto a la modificación del techo de gasto que contempla la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Ya hemos señalado en nota editorial anterior que el Gobierno está en su perfecto derecho si pretende eliminar la prerrogativa del Senado, –otra cosa muy diferente es que tenga razón–, pero, en cualquier caso, siempre que se ajuste a los procedimientos parlamentarios, indisociables de una democracia representativa como es la española. Lo contrario nos trae reminiscencias de las prácticas chavistas, que desprecian la realidad electoral que no les gusta, o nos retrotrae a lo que ya hemos vivido en Cataluña, donde la mayoría separatista en la Cámara autonómica pasó por encima de la letra y el espíritu del reglamento, con las consecuencias sabidas.

Pero a la espera de la próxima maniobra torticera –«argucia», en expresión del presidente del Gobierno– que, con seguridad, sería desbaratada de nuevo por una Mesa del Congreso que está obligada a velar por los derechos de sus 350 diputados, la situación de fondo sigue siendo la misma: que la aritmética parlamentaria impide al Ejecutivo por el momento sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado, dentro de los plazos acordados con Bruselas, a menos que llegue a un acuerdo con el principal partido de la oposición, que ostenta la mayoría absoluta en el Senado. Es, todo hay que decirlo, la misma aritmética que obligó al anterior Gobierno del Partido Popular a entablar una larga y compleja negociación con otros miembros del Congreso para aprobar los actuales Presupuestos. Que el PSOE, que entonces se desentendió de cualquier posibilidad de acuerdo, se rasgue ahora las vestiduras, como ha hecho el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, acusando a la derecha de bloquear la acción de un gobierno legítimo, no deja de ser un mero recurso retórico.

Lo cierto, como ya hemos denunciado, es que toda la gestión del actual Ejecutivo denota una indefinible sensación de provisionalidad que lleva a este tipo de actuaciones. No cabe duda de que buena parte de la responsabilidad recae en sus socios de legislatura, Podemos, notablemente, para quienes los Presupuestos, con su incremento de gasto público y de presión fiscal, más parecen un instrumento para la propaganda y el clientelismo, que el elemento primordial en la gestión de los intereses generales de los españoles. El presidente del Gobierno, que cada día da muestras de su escasa capacidad de maniobra, tiene, sin embargo, otras opciones, como negociar con el PP y Ciudadanos, o convocar elecciones.

Sánchez y La Manada golpista
Pablo Planas Libertad Digital 25 Septiembre 2018

Hace un año por estas fechas, el separatismo tenía prisa por alcanzar la república prometida. Ahora tiene prisa por sacar a sus líderes de la cárcel, cosa para lo que no basta querer y tener "voluntad política". Pasa que los dirigentes y partidos separatistas que llevan décadas intoxicando a la población con la especie de que Cataluña es una nación han constatado gracias a jueces y fiscales que sus pelotas no son un argumento de peso ni fuente de autoridad; que no pueden abrir las celdas, por mucho que las cárceles en Cataluña sean competencia de su Generalidad, otro disparate del Estado autonómico, como la cesión de la enseñanza pública y la seguridad ciudadana.

La impaciencia impide a los separatistas percibir hasta qué punto estuvieron perdidos y qué cerca vuelven a estar de la impunidad más absoluta. Pero si hasta Trapero se ofreció voluntario para trincar a Puigdemont después del 1-O. De un año para otro, los separatistas han pasado de poner pies en polvorosa o dar con sus huesos en la cárcel a negociar con un presidente del Gobierno y unos ministros que han interiorizado perfectamente los principales mantras del nacionalismo y van por las esquinas propagando indultos y proponiendo excarcelaciones. Lo siguiente es dinamitar la separación de poderes. Todo se andará, pero a su debido tiempo. Primero los Presupuestos.

De momento, Sánchez se ha largado hasta el Quebec para lanzar el mensaje de que el Gobierno ha captado la naturaleza "política" de la crisis en Cataluña y "responderá desde (sic) la política". O sea, que la Justicia queda abolida. La denominada vía judicial, consistente en responder con la ley a quienes se saltan la ley, ha sido el principal dique de contención del golpismo catalanista; pero según Borrell, Meritxell Batet, Carmen Calvo y la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, ahora es un lastre que los golpistas que no se entregaron estén en la cárcel. Sólo faltaba Sánchez en el Quebec, no en Móstoles ni en Hospitalet, poniendo como ejemplo la región francófona, donde los separatistas trabajan en pos de un tercer referéndum de secesión.

Pero no sólo ha ponderado Sánchez el caso quebequés como modelo, lo que debería satisfacer de largo a los separatistas, sino que al taponar la vía judicial aboga por una "solución" que no podría serles más favorable. Con la política por encima de la ley, los golpistas pueden volver a hacer lo que quieran, pero con la diferencia de que esta vez no habría consecuencias penales. Carta blanca para reventar España con un presidente mirando para el Quebec, donde, por ejemplo, el francés es la única lengua oficial.

El Estado está en manos de una gente que es capaz de vender un trozo para mantenerse en el poder. Si Torra es el muñeco de Puigdemont, Sánchez es un títere de Junqueras, el amo de la cárcel de Lledoners. La táctica es cosa de Carmen Calvo, que dijo en La Vanguardia lo siguiente:

Las medidas las decide un juez, no le voy a decir lo que tiene que hacer, faltaría más. Pero si se alarga tanto en el tiempo, quizá el juez se plantee la medida que considere. Para estos preventivos como para cualquier otro. Salieron los de La Manada, por ejemplo. Si se retrasara mucho en el tiempo sería alargar demasiado una situación de prisión preventiva. Y parecería lógico que el juez, en el ámbito de sus competencias y con total independencia, sin presión de nadie, pudiera decidir que estuvieran en otras condiciones.

Así es que el pienso para el pueblo es comparar a Junqueras con el Prenda y a los Jordis con el resto de la pandilla violadora de los Sanfermines, que salvo uno están en la calle. Y si aquello no fue violación, el golpe no es rebelión.

Fin a un fraude de ley
Daniel Lacalle elespanol 25 Septiembre 2018

La Mesa del Congreso ha tumbado el intento de fraude de ley del PSOE y Podemos por el cual querían saltarse al Senado y las instituciones.

Las reacciones por parte del Gobierno de la minoría absoluta no se han hecho esperar. “6.000 millones menos para políticas sociales”.

Sin embargo, la frase es mentira. El proyecto de “estabilidad presupuestaria” significaba todo menos eso. De estabilidad, nada.

Se trataba de aumentar el déficit aún más y la deuda y, con ello, poner en peligro los compromisos no solo para 2018 y 2019, sino los de 2020 y 2021.

Tampoco se trataba de mejorar el gasto social, sino de aumentar el gasto clientelar. Pagar favores de moción de censura y una enorme campaña electoral sufragada con el dinero de los contribuyentes.

Como explicaba hace unos meses, llevamos con Presupuestos expansivos desde 2008. El déficit acumulado desde la mal llamada “crisis” -el pinchazo de la burbuja de gasto- supera los 759.114 millones de euros. No hemos visto nada más que Presupuestos expansivos.

Entre 2007 y 2016 el gasto público aumentó un 11,9%. Sanidad, una subida del 13,5%, educación, un aumento del 9,3%, protección social un crecimiento del 37,2%. Si consideramos el periodo 2007 a 2018, un aumento del gasto total de más del 15%.

En 2018, los Presupuestos que el PSOE se apunta de manera publicitaria y rechazó cuando se presentaron ya incluyen un aumento de 4.020 millones de euros para las Comunidades Autónomas. Los Presupuestos Generales del Estado de 2018 financian con 123.250 millones de euros a las Administraciones territoriales, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, la cifra más alta de la historia.

No hay ninguna razón para aumentar el gasto por encima de lo que ya es el gasto público más alto desde 2007.

Cuando hablan de revertir los recortes, en realidad hablan de aumentar los recortes a los ciudadanos. De recortar nuestra renta disponible.

Aumentar el déficit y el gasto en este momento era y es una irresponsabilidad. Y la receta para volver a una crisis mucho más severa. Incumplir nuestros objetivos y aumentar gasto corriente para financiar gasto político es simplemente suicida cuando España se ve abocada a una economía en desaceleración y el final de los estímulos del BCE.

España se enfrenta a una desaceleración moderada y unos vencimientos de deuda que podía acometer de manera holgada gracias a la recuperación de la confianza y de un entorno que favorece el crecimiento.

Es una irresponsabilidad lanzarse a un aumento de los desequilibrios estructurales, el gasto que se genera haya crisis o no, y además poner escollos al crecimiento con enormes anuncios de asaltos fiscales y globos sonda que ya nos han costado miles de empleos. Lo reconoce hasta UGT.

España recauda, según Eurostat, un 11% menos que la media de la Eurozona. Sin embargo tiene más del doble de paro. Recaudamos poco porque se ponen constantes escollos al crecimiento y al empleo desde la burocracia extractiva y un sector político que piensa que todos ganamos demasiado y ellos gastan demasiado poco. Lo que necesitamos es seguir favoreciendo el empleo y atraer inversión.

Después de 40 años de gobierno en Andalucía y más de 100.000 millones de euros en ayudas comunitarias, el PSOE tiene el dudoso honor de seguir gobernando en una comunidad que es líder en pobreza, paro y desigualdad con una de las presiones fiscales más altas de España. Con una Administración paralela que cuesta más de 3.000 millones de euros anuales y más de 20.000 “empleados” que ahora quieren hacer fijos antes de las elecciones. Eso es lo que llaman “gasto social” y “redistribución”. El asalto al contribuyente.

Es momento de devolver el esfuerzo a los españoles que han ayudado a fortalecer el país tras los fracasos de 2008. No de volver a cometer los errores de entonces.

La Mesa del Congreso ha evitado un fraude de ley que nos habría llevado a aumentar más la deuda, poner escollos al empleo y atacar a la recuperación.

No, no son 6.000 millones menos para las Comunidades Autónomas. Son 6.000 millones menos de deuda y de lanzarnos a otra crisis.

¡Oh, Sánchez!
ARCADI ESPADA El Mundo 25 Septiembre 2018

La política española no resiste más. La prueba es este silencio. Tal vez presagie el definitivo shock anafiláctico, pero de momento solo es silencio. El presidente del Gobierno ha dicho en Canadá tres cosas impresionantes.

Quebec es un ejemplo. Pero no de las virtudes de la política, sino de la siniestra capacidad del nacionalismo para destruir las comunidades aparentemente más prestigiosas. Hay que leer ¡Oh, Canadá!, ¡Oh Quebec! Réquiem por un país dividido, de Mordecai Richler para saber de qué es Quebec ejemplo. El presidente y sus voceros subrayan que tras el referéndum el apoyo al independentismo ha bajado. Y con su cara de palo habitual insinúan cuál es la causa. Ved que los referéndums son buenos... Ocultan que el referéndum no salió adelante por un estrechísimo 1,16% de los votos. La veleidosa opinión hoy no es independentista, pero pudo destruir un país. El referéndum: como si para ganar confianza en uno mismo al paciente se le aconsejara practicar con la ruleta rusa.

En Cataluña ya ha habido dos referéndums. Ningún español había oído nunca este prodigioso argumento para rechazar las exigencias nacionalistas. El presidente otorgó legitimidad y limpieza democrática a dos consultas ilegalizadas por el Tribunal Constitucional. Sus irregularidades fueron manifiestas y en la última la Generalidad incurrió en el fraude más descabellado, que incluso denunciaron algunos de los llamados observadores internacionales invitados a pan, y sobre todo a cuchillo, por los convocantes.

El presidente empatiza con los indultos. Respeta la vía judicial, pero se reserva la vía política, vino a decir. De manera insólita en el historial democrático el presidente habla de indultos antes de un juicio y se adhiere a la estrategia de presión a los jueces que habrán de juzgar. En realidad da igual lo que sentenciéis. La política lo solucionará. Al plantear la clemencia no como una extensión de la justicia sino como un instrumento de la política el presidente revela su auténtico punto de vista sobre el proceso: una maniobra de la política y no del delito. Justifica, además, oblicuamente una de sus últimas decisiones: donde haya un buen indulto que se quiten los aforamientos. Y se prepara para la negociación política cardinal de los próximos meses: lograr de los presos nacionalistas un mínimo reconocimiento de culpa y un cierto propósito de enmienda. Un no lo haré más, al menos. Porque a ver cómo indultarás a unos tipos que digan arrogantes que lo volverían a hacer.

Pero lo más impresionante es el silencio ante todo esto. El timbre de sentido y de plausibilidad que el silencio otorga.

Corruptos interruptus
Fran Carrillo okdiario 25 Septiembre 2018

La semana en la que el Congreso de los Diputados aprueba una moción de Ciudadanos para eliminar los aforamientos políticos en España, el debate mediático y social sigue a otra cosa. No reparamos en la magnitud del avance, sobre todo cuando se ha conseguido que los dos arietes del vicio, PSOE y PP, apoyaran una reforma de la Constitución a tal efecto. Algún mal corroe los cimientos de ciertas democracias liberales cuando aún hay que pedir que los políticos no tengan privilegios. Su subordinación a la ciudadanía les exige rectitud ética en cada comportamiento y honestidad de procedimiento constante. Salirse de ese carril obliga a su inmediata salida de la gestión y representación pública.

Pero todo apoyo tiene sus deudas. Y el PSOE, el partido más corrupto de España a pesar de sus más de “cien años de honradez”, enmienda una reforma necesaria acortando el tallo de las hojas. Dicen que la supresión de los aforamientos no debe sufrirlas aquellos cargos que, en ejercicios de sus funciones, cometan delito. Es decir, que si algún ministro de Pedro Sánchez fuera imputado por corrupción, seguiría siendo juzgado por tribunales especiales. Y ya sabemos qué partidos se oponen también a una reforma de la justicia para que los jueces no sean nombrados entre la propia Magistratura. En la cúspide de la desvergüenza, el socialismo, tan igualitario como siempre, aduce que los aforamientos es una “prerrogativa contra los excesos de la acusación popular”. Traducido significa que la opinión del pueblo solo vale a los socialistas cuando les afecta positivamente. El jaleo popular conviene si me dan la razón, reza el nuevo eslogan de Moncloa. Tanto marketing para acabar plagiando el despotismo ilustrado de toda la vida. Ahora, con ilustres iletrados.

Porque Sánchez es como el gobernante del Antiguo Régimen: que parezca del pueblo, pero no demasiado. Aplica la máxima del buen dictador: las liturgias, controladas, y los desafueros, pactados. En realidad, se demuestra que su pretendida regeneración solo fue una devoción pasajera, con la que contentar a quienes siguen sin creer que accedió a la presidencia por la puerta de atrás. España, que no merece que sus líderes políticos se tomen un descanso, ve cómo llega un inquilino a Moncloa que hace de la siesta su modus vivendi. Se despierta para pedir la comida, en esos quiebros del bostezo que hacían las delicias de don Camilo cuando se metía entre las sábanas con su pijama y orinal preparados. Tras el condumio, regresa el déspota al ronquido profundo de su mal llamado proyecto. En pleno apogeo de la moralidad, Kierkegaard habló el carácter estético como uno de los estadios del hombre en el que éste opta por ser y pensar desde su individualidad y particularismo. Un esteta que se crea a sí mismo desde la nada y muere en la nada, porque todo en él es ficticio, ilusorio. Un conversador de instantes inútiles.

No puede, no debe, haber corruptos de primera y de segunda. Mientras los haya, España no se regenerará completamente. La honradez sigue siendo quimera entre tanto Ali Babá usando las instituciones a su antojo. Esta semana hemos sufrido la enésima demostración de que sólo hay un partido que, en virtud de su contrato con la sociedad civil, quiere que la política, y los políticos, sean firmantes de lo correcto. No más primus inter pares, un privilegio demodé que el socialismo conservador y el conservadurismo socialdemócrata quieren normalizar, perpetuando en las instituciones un ardid tan poco funcional como caduco y antidemocrático. En el fondo, se entiende que el PSOE nunca quiera acabar en serio con la corrupción. Porque igual se quedan sin partido en Ferraz. Sobran meritorios a la causa. De la misma manera que el PP convirtió Génova en Numancia, aferrados en diferido a su caída a los infiernos, en la tribu de Sánchez siempre importó más dormir en palacio que gobernar el reino.

La política del indulto imperial
Cristina Losada Libertad Digital 25 Septiembre 2018

Será otro caso que demuestre que la ley no es igual para todos.

En la gran manifestación contra el golpe separatista que se hizo en Barcelona el 8 de octubre del año pasado, Josep Borrell, hoy ministro de Exteriores, se revolvió contra la falta de respeto a la Justicia que, según su parecer, estaban mostrando los asistentes al corear con frecuencia y vehemencia: "¡Puigdemont a prisión!".

Haciendo un inciso en el discurso que pronunciaba, Borrell afeó al público aquel clamor como si fuera una intromisión en decisiones que sólo los jueces podían tomar. Como si corear aquello transformara automáticamente a la manifestación en un tribunal popular y una plebe linchadora. Yo, que asistí a aquella primera ruptura de la espiral de silencio en Cataluña, no escuché a Borrell. La aglomeración me impidió concluir el trayecto. Pero si le hubiera oído me habría quedado de piedra por una regañina que era, a todas luces, salirse de madre.

La reprimenda de Borrel fue en los siguientes términos: "No gritéis como las turbas del circo romano. A la prisión nada más va quien dice el juez que debe ir". Eso ya lo sabían los ciudadanos a los que comparó con el público del circo romano, un público que, según la leyenda y las películas, siempre estaba sediento de sangre y pedía la ejecución del gladiador caído. Lo que no sabían los abroncados es que el Gobierno del que iba a formar parte después Josep Borrell echaría mano de otro ritual del circo romano para aliviar las penas de los cabecillas del golpe separatista: la clemencia del emperador. Porque eso es, mutatis mutandis, el indulto que el Gobierno está poniendo en el horizonte de los procesados por rebelión y sedición. La medida con la que podría dejar sin efecto una sentencia condenatoria.

A ver qué dice Borrell de esa intromisión para anular las decisiones que tomen los tribunales. A ver si resulta que al hombre que regañó a las turbas por pedir cárcel para Puigdemont le parece mejor que quien decida finalmente sobre la condena y prisión de los golpistas sea el Gobierno: el emperador en el circo. Y no estamos en la antigua Roma, sino en una democracia con separación de poderes, en teoría al menos, y en un Estado de Derecho.

El indulto imperial se presentará entre algodones retóricos, después de hacerle muchas reverencias, corteses e hipócritas, a la independencia judicial. Exactamente como hizo la vicepresidenta al pronunciarse a favor de levantar la prisión provisional de los acusados si el juicio se retrasa. A Calvo le parece lógico que los jueces decidan "sin presiones" lo que a ella le parece lógico. ¡Sin presiones! Claro: la presión ya la está ejerciendo con sus declaraciones, que no van a ser las últimas ni las únicas formas de presión que emplee el Gobierno.

La traducción real de "soluciones políticas a problemas políticos", perogrullada con la que se quiere decir que los políticos separatistas están por encima de la ley, era ésta: indultos si los condenan y salida de la cárcel de los que están en prisión provisional cuanto antes. Los socialistas quieren perdonar a los que atropellaron la soberanía nacional nada menos que en nombre de la empatía. Pero su obsesión por ganarse el afecto –y alguna otra cosa– de los independentistas les impide ver la cara B de su perdón para los que dieron el golpe.

Es muy sencillo. Quítese la adscripción política y lo que queda es que piensan indultar a unos políticos, miembros de un Gobierno, si la Justicia determina que cometieron graves delitos. Para la opinión pública no serán los pobres separatistas con los que hay que empatizar: serán otros políticos más que pueden saltarse la ley sin que les pase nada. Serán unos políticos más que se van de rositas. Y será otro caso que demuestre que la ley no es igual para todos. Francamente, yo no sé dónde han estado los socialistas estos años. No parecen haberse enterado de que fue la percepción de que la clase política está por encima de la ley lo que hizo saltar en pedazos el mapa de partidos y hundió al suyo. Pues nada, continúen.

Las tonterías de Pedro Sánchez (II)
Javier Caraballo elconfidencial 25 Septiembre 2018

Dices que no has cambiado, que sigues pensando igual, pero yo te he notado algo más desvaída en tus arrebatos. Igual te ocurre como a mí, que me da la sensación de que esta es una legislatura comprimida, como un archivo zip, una legislatura zip, en la que todo se desarrolla con una celeridad de vértigo. Lo que normalmente ocurre en dos años, sucede ahora en dos meses, y ahí tienes al Gobierno de Pedro Sánchez, que ha atravesado los 100 días con un desgaste desconocido para ese tiempo de gracia parlamentaria.

Debe ser que el principio marca el tempo, y de la misma forma que la investidura de Pedro Sánchez se forjó en una semana, ya todo se produce acelerado. Como los nombramientos, qué me dices de eso. No existen las cifras, solo el cálculo, y la cosa debe andar entre los 3.000 y los 5.000 nombramientos, desde ministros a jefes de prensa, pasando por embajadores, empresas públicas y asesores. Todo eso, en dos meses. Legislatura zip, ya te digo. Las alegrías y los desencantos se producen a la misma velocidad. Lo que no sabemos es si se desvanecen al mismo ritmo. Tendríamos que preguntarnos qué queda de la ilusión que despertó el Gobierno de Pedro Sánchez, aquel abanico de celebridades que sorprendió a todo el mundo, pero sobre todo a la gente como tú, que cuando llegan unas elecciones lo único que tiene claro es que va a votar a la izquierda.

La impresión es que los muertos en política se amortizan muy rápido, que lo más duro para el partido y para el Gobierno es el trance, la polémica que va consumiendo al afectado hasta el día que convoca una rueda de prensa y, con sonrisa prestada de tanatopraxia, decide presentar la dimisión para no hacerle daño al Gobierno ni a su presidente. Podríamos hacer el cálculo con Màxim Huerta, preguntarnos dónde queda ya en la memoria, pero como esa respuesta es más obvia, lo trasladamos incluso a la última dimisión, porque no creo que haya mucha gente que recuerde en qué cartera estaba la ministra que acabó fatalmente contagiada por la peste de los másteres que se ha extendido entre la clase política.

Habrá, incluso, hasta quien la confunda con la ministra de Justicia, que es quien la ha seguido fielmente en la absurda estrategia de afirmar tajantemente una cosa que, a los dos días o a las tres horas, ya no puede seguir sosteniendo porque no era cierta. Al final, como sabes, acaban enredados en sus propias mentiras y es por eso por lo que dimiten.

Dices que lo peor de todo esto es cómo se está radicalizando la derecha en España, que se te atraganta cada vez que oyes en la radio a Pablo Casado o a Albert Rivera, y esa afirmación tuya, tan inexplicable en el contexto en el que estamos, es el único dato cierto que, con posterioridad, me hace explicarme las encuestas. No es la primera vez que lo hablamos, pero el tiempo acaba confirmándolo: una campaña de acoso y derribo a un Gobierno socialista acaba convirtiéndose en un arma de defensa.

De alguna forma, cuando los ataques se intensifican, cuando se hacen campaña, lo que se instala en la mentalidad del simpatizante de izquierdas es que todo obedece a una conspiración contra el Gobierno socialista. Y es más fuerte el sentimiento de rechazo hacia la derecha que los propios escándalos que afecten al Gobierno. Eso es lo que he querido ver en tus palabras y debe ser por eso por lo que el Gobierno de Pedro Sánchez sigue subiendo en las encuestas, y las lidera todas, a pesar de que le han dimitido en 100 días dos ministros y medio —una directora general—, de que no tiene un horizonte cierto de aquí a un mes porque carece de estabilidad parlamentaria para seguir adelante, y de que a su propio presidente lo han puesto en la picota y lo van llamando por ahí ‘presidente cum fraude’. Pese a todo, ahí están las encuestas y ahí estás tú, con la derecha indigesta.

Por esos sondeos tan favorables, a pesar de la evidente adversidad de estas últimas semanas en este inicio de curso político también zip, recuerdo bien aquello primero que me dijiste, lo mucho que te irritaba que el presidente tirase todo el caudal por la borda por equivocarse en lo más elemental, como si pudieras decirle al oído lo que tantos pensáis, “a ver, Pedro Sánchez, que es muy fácil, con no hacer tonterías, tienes suficiente en esta legislatura, el tiempo que dure. ¿Cómo no te das cuenta de que lo único que tienes que hacer es dar ejemplo, que otra cosa no puedes, y te empeñas en equivocarte en eso, que es elemental?”.

Aquello lo decías por el uso del avión a un concierto de música y luego, ya ves, ha vuelto a repetir la misma equivocación cuando se ha ido a la boda de un cuñado en un helicóptero oficial. Un helicóptero Super Puma del Ejército de Aire para que lo llevaran a él y a su mujer a la boda de un cuñado, a poco más de 50 kilómetros de La Moncloa. Un helicóptero y un cuñado; está todo dicho. De todas formas, si he percibido en tus afanes un aire desvaído, no es por ese episodio chusco y, ciertamente, evitable, sino por el discurso sobre Cataluña que comienza a adentrarse en el fango de lo inexplicable para un socialista español.

Dices, con razón, que destensar el ambiente político en Cataluña no debe confundirse nunca con la debilidad ante los independentistas y que, en cualquiera de los casos, esa política de acercamiento debe tener la prudencia de que quien se sienta enfrente es un grupo de acreditados desleales. Es difícil que el diálogo con los actuales independentistas catalanes salga bien, pero lo que es seguro es que en el intento, si no se sabe conducir con firmeza de principios constitucionales, muchos simpatizantes socialistas pueden acabar desencantándose. En eso, a diferencia de todo lo demás, no hay un pase. Puede ser, incluso, que la cosa catalana se te atragante tanto como una parrafada de Pablo Casado.

Mar de fondo en los poderes del Estado
José Javaloyes republica  25 Septiembre 2018

La desautorización gubernamental de jueces y fiscales sobre los políticos presos por las probadas responsabilidades en el golpe de Estado durante el mandato de Carlos Puigdemont en la Presidencia de la Generalidad de Cataluña, prefigura un conflicto entre los poderes del Estado, propio de choque institucional de mayor cuantía; por inquietante semejanza con las peripecias del régimen chavista en la actual Venezuela. Cuando la peripecia electoral “bolivariana” bajo la mano de Nicolás Maduro, arribó, por la derrota electoral absoluta, a la crisis institucional plenaria. La Asamblea Nacional quedó sustituida por otra “Constituyente”. Máscara efectiva de la dictadura.

Pero volvamos a lo primero. No es propio de un régimen liberal, como el restablecido en España con la Constitución de 1978, dónde los poderes del Estado no estén rigurosamente separados; es decir, rigurosamente independientes entre sí. Por eso, que desde distintos componentes del Ejecutivo, del Gobierno, se activen interferencias sobre las actuaciones del Poder Judicial y del ministerio Fiscal, supone una intromisión. Pero no sólo eso, que viola los principios constitucionales; es que, además, siendo lo cual aun más escandaloso, y por ello mismo tan grave como lo primero, atiende el propio discurso de los separatistas catalanes y de los jueces belgas y alemanes en sus respectivas cargas contra la Justicia española.

Ítem más. No tiene otro menester de mayor relevancia para la política exterior de España en Europa, que la defensa de nuestro sistema de democrático de gobierno, con separación de poderes e independencia de los jueces. La anomalía, por tanto, es de mar de fondo, por causa de la tensión del Gobierno con la Judicatura por los presos separatistas. Es asunto de la mayor gravedad.

Lo que faltaba en el Tesisgate
OKDIARIO 25 Septiembre 2018

España siempre fue un país prolífico en el género literario del sainete. No obstante, ni siquiera los geniales hermanos Álvarez Quintero —Serafín y Joaquín— habrían podido idear una trama tan absolutamente disparatada como la que ha protagonizado Pedro Sánchez en el Tesisgate. La Universidad Camilo José Cela (UCJC) no sólo regaló el cum laude más fake de la historia de España al actual presidente del Gobierno —y por consiguiente su puesto de profesor universitario en la institución— con una de las tesis doctorales más paupérrimas en fondo y forma que se recuerdan, repleta de párrafos plagiados, erratas, faltas ortográficas, fórmulas sin desarrollar y escrita por tres ‘negros’.

Un ridículo que en cualquier democracia de calidad hubiera sido suficiente como para que Pedro Sánchez devolviera el título y, a continuación, convocara elecciones ante su falta de legitimidad representativa, pues alguien así no debería presidir ni su comunidad de vecinos. No obstante, y por si fuera poco dislate y menoscabo para la imagen de nuestro país, este sainete sigue fortaleciendo su vertiente de escándalo mayúsculo. Pedro Sánchez, socialista y autodenominado como garante de la “igualdad” y de los servicios públicos, dio clases en un centro cuya matriz está ubicada en el paraíso fiscal de Panamá. La propietaria del SEK-Universidad Camilo José Cela pertenece a un holding educativo inscrito en ese paraíso fiscal.

Por lo tanto, una empresa que no tributa en España y cuyos impuestos dejan de contribuir en el desarrollo de ámbitos tan importantes como la propia Educación, las Pensiones, las Infraestructuras o la Sanidad. Todos ellos, puntales de los discursos de cartón piedra pronunciados por Pedro Sánchez. Un hombre que ha rechazado las “tesis copiadas” y ha copiado, que se ha puesto como garante de la “ejemplaridad” en la moción de censura contra Mariano Rajoy y de su “ejemplaridad” ya no queda nada. En definitiva, pura teoría y marketing desprovistos de la verosimilitud que dan los hechos. Un dirigente que no debería de dirigir nada porque, por no cumplir, no cumple ni sus amenazas: 12 días después, aún no ha llegado la demanda con la que amenazó a OKDIARIO. Ahora, además, sabemos que trabajó para una universidad cuya estructura societaria se encuentra ubicada en un paraíso fiscal. Demasiado sainete y escarnio presidencial para España.

La fundamentada tesis de Alfonso Ussía para llamar imbécil redomado al "infame" Zapatero
Periodista Digital 25 Septiembre 2018

Alfonso Ussía se descojona del libro de Sánchez: "Pediré un ejemplar a Amazon si viene con la firma de sus 200 autores"

Alfonso Ussía no da puntada sin hilo desde su espacio en 'La Razón', y este lunes 24 de septiembre de 2018 hace lo propio haciéndole un traje a medida a José Luis Rodríguez Zapatero.

Con la ayuda de la Real Academia Española y el oportuno calificativo que le ha dedicado al expresidente español el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, lanza no sin cierto disimulo un dardo al mentado con el título, cómo no, de "Imbécil":

"El origen de una voz se aleja en muchos casos de su significado real. Creo que «imbécil» proviene de «in báculo», el débil que precisaba de un bastón, o una vara, o cualquier instrumento de apoyo para moverse. De la debilidad física a la intelectual. El imbécil no era otra cosa que aquel que necesitaba de un apoyo, de una ayuda para pensar, discernir o simplemente, entender cualquier situación, cuestión o problema.

Yo soy, por ejemplo, un perfecto imbécil aritmético o matemático porque, ni con báculo, ni con ayuda o apoyo he conseguido resolver el más sencillo y elemental problema en aritmética, y menos aún, en matemáticas.

La Real Academia Española es condescendiente con el imbécil. Sus acepciones son breves. «Imbécil: Del latín, "imbecillis". Alelado, escaso de razón. Flaco, débil». Se muestra más pujante con la imbecilidad: «Imbecilidad: Del latín, "imbecillitas/ atis". Alelamiento, escasez de razón, perturbación del sentido. 2/ Acción o dicho que se considera improcedente, sin sentido, y que molesta. 3/ Minusvalía intelectual originada por ciertas disfunciones hormonales. 4/ Flaqueza, debilidad». Y admite el adverbio «imbécilmente»: Con «imbecilidad».

El tiempo y la costumbre son menos proclives al academicismo. En la actualidad, un imbécil es un majadero, un tonto, un necio, un idiota, un retrasado, un cretino, un faltoso, un débil mental, un insensato, un mentecato, un borrico, un ganso, un papanatas y un babieca, como así consigna don Fernando Corripio en su «Gran Diccionario de Sinónimos», editado simultáneamente por Bruguera en 1977 en Barcelona, Bogotá, Buenos Aires, Caracas y Mexico DF. En América, por lo tanto, ser señalado como imbécil es tan desagradable como en España.

Podría estar escribiendo del doctor Sánchez, que encaja perfectamente con muchos de los sinónimos previamente enunciados. Pero no. Escribo de Rodríguez Zapatero, que por su defensa inadmisible de una dictadura comunista, la bolivariana de Venezuela, ha sido tildado de imbécil por el secretario general de la Organización de Estados Americanos, don Luis Almagro.

«Por sus dificultades de comprensión, Zapatero transcurre por el más alto grado de imbecilidad». En este punto, habría que añadir a su burricie comprensiva, su exceso de hipocresía y cinismo. El secretario general de la OEA se permite aconsejar a Zapatero, ofrecerle su apoyo, abrirle las ventanas de su alelamiento, y lo hace con elegante cortesía: «Le aconsejo que no sea imbécil. No se puede defender una dictadura como él ha hecho en 2016, 2017 y 2018.

Eso sí que es ser un político arcaico y anacrónico». Le solicita el entrevistador a don Luis Almagro su opinión acerca de la teoría zapatera en la que acusa a los Estados Unidos de ser los culpables de la ruina, el hambre, la tortura, la indefensión, la persecución de la libertad y la quiebra de Venezuela. Y el mandatario americano le responde: «Esto es aún más grave que lo anterior. No entiende nada.

Las sanciones al régimen comunista de Maduro, a la dictadura venezolana, impuestas por los Estados Unidos, la Unión Europea y la mayoría de los países latinoamericanos, no pretenden nada que afecte a Venezuela. Han sido adoptadas contra un régimen que mantiene su poder gracias a la corrupción y el narcotráfico».

El infame Zapatero puede molestarse conmigo por haberle lanzado al saco de la infamia. Pero nada más. Ha sido la Real Academia Española, el diccionario de Corripio y el secretario general de la Organización de Estados Americanos los que le han puesto en su incómodo lugar, en su sitio perverso.

Hay otros que comparten la imbecilidad, pero mejor lo dejo para otro día, que hoy ya he alcanzado el límite de mi espacio."

Con estas ganas intentan partirle la cara a Zapatero en Venezuela: "¡Asesino!"

Maldita Babel
Miguel Ángel González. vozpopuli 25 Septiembre 2018

Es importante empezar por el principio. Una lengua sirve para comunicarse. A lo largo de la historia se han forjado muchas, que han durado el tiempo que han servido para comunicarse. Cuando una lengua perdía esa utilidad ?su utilidad?, los hablantes dejaban de usarla poco a poco hasta que, al cabo de unas generaciones, desaparecía para siempre. Seguro que algunos se lamentaban cuando llegaba la melancolía, cuando se acordaban de que de niños la hablaban los abuelos. O ni siquiera: la añoranza llegaba mucho después, al hacer repaso de antepasados y comuniones sanguíneas. Pero entonces no había afán conservacionista: se aprovechaba lo útil y se desechaba lo que no valía. Basta mirar el latín, la lengua de las lenguas: fue deshacerse la cohesión imperial y empezar a fragmentarse y dividirse y diluirse en otras hablas que, con el tiempo, dieron lugar a su vez a algunas lenguas hechas y derechas. Esta misma que aquí se ve. El latín se mantuvo en la escuela como una suerte casi de código estandarizado, aunque en cierta forma útil todavía para establecer una comunicación real, de ahí que durara tanto y que incluso hoy todavía se use en ciertos márgenes sociales. Pero la gente común dejó de hablarlo y los padres de enseñárselo a sus hijos. Solo quedaba la cultura.

Como el latín produjo una cultura larga, los intelectuales del Renacimiento quisieron revivirla. Lorenzo Valla decía que Roma había perdido su dominio efectivo, pero que todavía dominaba a todos los demás pueblos gracias al latín. Una forma como otra cualquiera de disfrazar la impotencia itálica. Aun así, ya hubo quien detestaba la proliferación de lenguas como condena divina: Juan Luis Vives, por ejemplo, abogaba por la recuperación del latín como lengua koiné, en detrimento de las numerosas lenguas vulgares que no hacían sino impedir la comunicación fluida entre todos los hablantes de la Cristiandad. Pero las razones nacionales eran ya muy poderosas y pronto se vio, como aquí Nebrija, que la lengua era compañera del imperio. Empezaron los elogios al vulgar y los intentos de dotarlo de categoría literaria. Lo hizo Pietro Bembo con sus Prose della volgar lingua y poco después Du Bellay con su Défense e illustration de la langue française.

El español recibió también, cómo no, su buena porción de encomios, sobre todo porque era entonces instrumento real de civilización en tierras americanas y, claro, debía estar a la altura. Hay un médico español llamado Andrés Laguna que se lamenta de que sus compatriotas no cultivasen la lengua como se merecía ?y como él mismo estaba haciendo al poner en ella la Materia médica del griego Dioscórides. Así le dice a Felipe II en su dedicatoria: “Pordonde yo, viendo que a todas las otras lenguas se havia communicado este tan señalado author, salvo a la nuestra española, que o por nuestro descuydo, o por alguna siniestra constellation, ha sido siempre la menos cultivada de todas, con ser ella la mas capaz, civil y fecunda de las vulgares, [...] resolvime de hazerle de griego español [...], en beneficio immortal de toda la patria”. No digan que no suena bonito.

Sonaba bonito y sonaba nacional. La coincidencia de lengua y nación no se ha perdido nunca, pese a tantos ejemplos en que la nación abarca varias lenguas. El imperio español de entonces creó su propia koiné, una lengua española (nada de castellana, simplemente española) con la que todos los súbditos pudieran entenderse. Y dentro del Imperio había muchas más, incluidas las americanas, algunas europeas y las propiamente peninsulares. Eran lenguas a veces con su cultura y su literatura, pero eran lenguas de ámbito muy reducido y no podían sino seguir siendo lenguas familiares, lenguas de aldea.

Pero la unión de lengua y pueblo suele traer problemas graves, como ha pasado sobre todo desde el Romanticismo. La lengua ha dejado así de ser instrumento de comunicación para dotarse de la esencia metafísica de un pueblo. Y ahí ya no hay quien lo pare. La lengua pasa a convertirse en seña de identidad social, lo que quiere decir instrumento de distinción social y, por tanto, herramienta xenófoba. El pueblo tira de la lengua para realizarse, siente orgullo de la lengua (que es como sentir orgullo de ser zurdo) y usa la lengua para fijar bien sus fronteras. La condición arqueológica del hombre moderno favorece la conservación de todas las lenguas y permite que se reinventen y se reinstalen en sociedades que no quieren perder la sustancia de su ser (o lo que sea). Y se llega justamente al uso pervertido de la lengua: un instrumento real de incomunicación. Es la condena babélica. Como Vives proponía en el siglo XVI, y ya que ahora tenemos el inglés de koiné, habría que ir poco a poco dejando morir todas las otras lenguas hasta que por fin el hombre pudiera entenderse en una sola. Idílico.

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Sánchez se queda sin Presupuestos y sin legislatura
Crecen las presiones en el PSOE para que no olvide que «está en Moncloa para disolver cuando más convenga, no para no hacer nada»
Carmen Morodo. larazon 25 Septiembre 2018

El naufragio del Gobierno hace mella dentro del PSOE. Y la Mesa del Congreso cortocircuitó ayer la confianza en que pueda haber Presupuestos de 2019 al anular la maniobra del Ejecutivo para forzar que se levantara el veto del Senado a la Ley de Estabilidad. Sin Presupuestos, el horizonte apunta a elecciones en primavera. En las filas socialistas pesa la sensación de que todo empieza a estar descontrolado, de que no hay coordinación en el Gobierno, de que no hay estrategia con el independentismo porque no hay pacto alguno y sí gestos de debilidad, que en el Ministerio de Justicia hay un problema grave que por mucho que se aguante acabará estallándole en la cara al presidente del Gobierno, que Podemos, en cuanto pueda, empezará a soltar lastre para evitar cargar con el desgaste de la crisis y que fallan hasta los asesores del presidente del Gobierno incluso en cuestiones tan de manual como «guardar las formas» a la hora de preservar la institución en sus viajes privados.

Esto no son comentarios de la oposición, sino ruido que se escucha dentro de las filas socialistas y hasta en el Gabinete del Presidente. Sin Presupuestos de 2019, el Gobierno no podrá aguantar más allá de primavera, y tampoco porque lo diga la oposición, sino que es en el PSOE donde se escucha que «si el presidente y sus ministros siguen metiéndose en líos, pueden acabar estropeando lo que tienen fácil de ganar». Que no les conviene «dar oportunidades a Pablo Casado y que es mejor dejarle sin tiempo para darse a conocer y consolidarse».

La Mesa del Congreso dio ayer otro golpe mortal a las expectativas sobre la viabilidad de los Presupuestos de 2019 al acordar, con los votos de PP y Ciudadanos, excluir la enmienda del PSOE para anular el veto irrevocable del Senado al techo de gasto a través de una ley de medidas contra la violencia machista. Los recursos de PP y de Ciudadanos prosperaron y de nada sirvió la protesta del PSOE y Unidos Podemos por entender que la Mesa del Congreso no tiene competencias para corregir la decisión previa adoptada por la Mesa de la Comisión de Justicia, donde los socialistas y ERC tienen la mayoría y la semana pasada aceptaron tramitar la controvertida enmienda. Una discusión de carácter reglamentario y técnico, pero con contundentes efectos políticos ya que Sánchez está hoy más débil que el pasado domingo.

Por mucho ruido y protesta que organice la izquierda, la única salida que les queda es recurrir al Tribunal Constitucional (TC). Y con el mantenimiento del veto de la Cámara Alta, el Gobierno puede presentar un proyecto presupuestario, aunque no será el que quiere, porque no puede aumentar el techo de gasto en 6.000 millones. Sánchez no puede contentar a Podemos, no puede jugar la baza electoral del gasto social, y es muy difícil que aplaque al independentismo con la promesa de un indulto a los políticos que impulsaron la declaración unilateral de independencia y que están pendientes de juicio en el Tribunal Supremo. Así lo ven en su propio partido.

Pero éste no el único incendio que «quema» al Gobierno. Las asociaciones de jueces y fiscales reaccionaron ayer airadamente a las declaraciones de la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, en las que, en una entrevista en «La Vanguardia», defendió que si se retrasa mucho el juicio contra los políticos independentistas no sería lógico alargar demasiado la situación de prisión preventiva. El malestar judicial ya obligó al Gobierno a cambiar su posición inicialmente en contra de apoyar la defensa del juez Llarena ante la demanda presentada en su contra por el ex presidente de la Generalitat Carles Puigdemont.

Al mismo tiempo, PP y Ciudadanos endurecieron también la presión sobre la ministra de Justicia, Dolores Delgado, tras la difusión de audios grabados durante una comida que compartió en 2009 con, entre otros, el ex comisario José Villarejo. El PP exigió su dimisión porque entiende que no puede estar en el cargo «ni un minuto más» después de que haya quedado demostrado que ha «mentido de forma tan descarada» sobre su relación con Villarejo. Ciudadanos exigió su comparecencia urgente. Y a la titular de Justicia no le ha quedado más remedio que fijar fecha para acudir al Congreso a explicar su polémica relación con Villarejo, pero antes será reprobada por el Senado. El portavoz del PP en la Cámara Alta, Ignacio Cosidó, sentenció ayer que confía en que la ministra de Justicia dimita en las próximas horas de su cargo antes de que se ejecute esa reprobación bien mañana por la tarde o el miércoles por la mañana, según el ritmo del Pleno. El Grupo Popular la formalizó por el trato del Ministerio de Justicia al juez Pablo Llarena, pero el debate se producirá después de conocerse las citadas conversaciones de la ministra con el ex comisario de Policía, difundidas por el digital Moncloa.com.

La dirección popular volvió a exigir ayer la convocatoria de elecciones depués de la reunión que presidió Pablo Casado en Génova. Este sábado el líder popular empezará a presentar a sus candidatos para mayo.

Usted también financia la propaganda golpista

OKDIARIO 25 Septiembre 2018

Por mucho que le duela, querido lector, usted también financia la perniciosa propaganda golpista. El dinero público sirve en Cataluña para pagar obras de teatro como las de Tarragona, donde se grita “¡puta Guardia Civil!'”, se queman fotos de Felipe VI, acusan a la Policía Nacional de torturadores o relacionan a Ciudadanos con el consumo de droga. Con la excusa de la “sátira”, este espectáculo incide en lo peor del separatismo catalán: violencia, discriminación, falacias y persecución contra todo aquello que sea español y constitucional. Esta “crítica contra la gente de poder” no se fija, sin embargo, en la famglia Pujol ni el nefasto 3% que tanto ha carcomido la viabilidad de la región. Es tan sólo una constante diatriba contra España.

Más allá de los graves insultos y acusaciones —que lo son y en grado sumo— lo peor es que estos intolerables espectáculos donde se profieren estos ataques están pagados con el dinero de todos los españoles. Una permisividad alimentada por el Gobierno. Si Pedro Sánchez comenzó su mandato dando prebenda tras prebenda a los independentistas, concediendo gesto tras gesto al xenófobo Quim Torra, este fin de semana tanto su vicepresidenta, Carmen Calvo, como la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, han hablado de la posibilidad de indultar a los golpistas presos.

Algo que es combustible para los pirómanos de la política que habitan al otro lado del Ebro. El Ejecutivo del PSOE sigue en una “operación diálogo” que no tiene sentido más allá de fortalecer las veleidades sediciosas. Cada gesto o concesión es contestado con actos como el de Tarragona, donde el dinero público alimenta la propaganda violenta y xenófoba contra España. ¿Es eso lo que quiere Pedro Sánchez y su equipo? Si primara el sentido de Estado, aplicarían un 155 ante tanta provocación y ataque gratuito. Un uso de la norma constitucional para controlar el uso del dinero público, a los Mossos conniventes y a los medios de comunicación que, con su cobertura, alimentan ataques como los que hemos podido ver en Tarragona.

¡Ya está bien!
PLÁCIDO FERNÁNDEZ-VIAGAS El Mundo 25 Septiembre 2018

Decía Tribe, en su Constitutional Choices, que, "en temas de poder, el fin de la duda y la desconfianza es el comienzo de la tiranía". Es cierto, ningún poder, ni siquiera el judicial, puede quedar al margen de sospecha. Por ello, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha establecido tajantemente que no sólo debe hacerse justicia, debe parecer también que se hace. Lo que requiere que la ciudadanía adquiera la convicción psicológica de que los órganos encargados de fallar los litigios están situados por encima de las partes, pudiendo decidir libremente.

En una sociedad democrática, todos los asuntos son discutibles, pero lo que no pueden los miembros de su Ejecutivo, porque irresponsablemente pondrían en peligro esa convicción, es realizar manifestaciones sobre el comportamiento a seguir por sus jueces y tribunales. Con respecto a las diligencias del procés, un ministro de nuestro Gobierno acaba de señalar que "no sería lógico alargar la prisión preventiva" de los procesados. ¿No se da cuenta que eso puede constituir una presión? Veamos

Primero.- ¿No es consciente el Gobierno que el objetivo esencial de los independentistas es negar la imparcialidad del instructor de las diligencias? La demanda presentada en Bélgica contra el juez Llarena, que sencillamente inicia el camino a seguir, así lo pone de manifiesto. No lo han ocultado. Continuamente ponen de relieve que todo terminará en los tribunales europeos. Y es cierto que, de una u otra manera, el Estado español se va a encontrar con una demanda ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). Cuando no se tiene nada que perder, la moral no existe y los procesados van a utilizar todos los medios, que no son pocos, como se ha visto en Alemania, para acusar a nuestros jueces. ¿Queremos darles más motivos?

Segundo.- ¿Tampoco se han dado cuenta que el ataque a los tribunales de justicia va unido a la puesta en cuestión de la forma del Estado español, es decir, la Monarquía parlamentaria? ¿Tampoco? Pues es evidente, todo estado implica un orden jurídico que se garantiza por los tribunales. Si éstos desaparecen, o son puestos en cuestión, el sistema entero se viene abajo. No habrá nadie capaz de defender el pacto social que nos dimos con la Constitución de 1978.

Tercero.- Según el artículo 56 de la Constitución española, el Rey es el símbolo de la unidad y permanencia del Estado. Quien quiera destruirlo ya sabe entonces lo que tiene que hacer: eliminar su capacidad de influencia, evitar otra intervención televisada como la de octubre. ¿Somos tan tontos que no nos damos cuenta de ambas cosas? Los independentistas pretenden cargarse a la vez nuestro sistema jurídico y el símbolo del Estado. Ambas cosas van unidas.

Es cierto que los problemas políticos no pueden solucionarse sólo con la justicia penal. También que nuestro amor por Cataluña exige buscar el restablecimiento de la confianza mutua y la exploración de caminos en ese sentido. Así la labor de PSC puede ser imprescindible con personalidades tan valiosas como la de Iceta o Borrell. Pero no es tolerable el nivel de tensión a que están sometidos en esta materia los órganos judiciales competentes. ¡Ya está bien!

Niños que dejan el cole por el nacionalismo
OLGA R. SANMARTÍN El Mundo 25 Septiembre 2018

Los padres de un colegio en Solsona (Lérida) denunciaron el año pasado que su hijo de cinco años llegó a casa con un papel que le habían entregado los profesores en el contexto del 1-O. Le dijeron que se trataba de una cosa "muy valiosa" y "muy importante". Lo abrieron y era una estelada. Los docentes habían explicado a los alumnos que se trataba de "la bandera de un pueblo libre".

El caso aparece citado en un informe que Maite Pagazaurtundúa, europarlamentaria de UPyD, remitió ayer al Defensor del Pueblo para instarle a investigar la "manipulación" y el "fanatismo" que han sufrido varios alumnos en escuelas catalanas. Vulneración de los derechos del niño y ataques a la diversidad en las aulas son 34 páginas con historias como la de Solsona o las denuncias más conocidas del colegio Gaspar de Portolà de Balaguer, el instituto El Palau de Sant Andreu de la Barca o la escuela Albert Vives de La Seu d'Urgel, ejemplos de "persecución" de familias por no asumir los preceptos de "un imaginario nacionalista hegemónico que excluye a todo aquel que piensa diferente".

La eurodiputada sostiene que el adoctrinamiento que "ha impuesto" la Generalitat "viola" dos artículos de la Constitución Española, así como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Convenio sobre los Derechos del Niño. Asegura que ha producido "estrés psicológico" y "riesgo de agresión física" en los niños. Algunos han tenido que abandonar los colegios en los que estudiaban por el hostigamiento al que han sido sometidos. Por ejemplo, los hijos de Ana Moreno -la madre de Balaguer que pidió una asignatura más en castellano- o los de un guardia civil destacado en Solsona.

"Los niños están sufriendo una microviolencia muy grave", explica por teléfono Pagazaurtundúa. "Es intolerable que esté pasando en un estado democrático. Si esto hubiera ocurrido en la Hungría de Orban, se hubiera levantado Europa entera".

La eurodiputada no es complaciente con el Ejecutivo central. Dice que "la intervención que ha realizado en este asunto ha sido muy débil" y considera que "el Gobierno de España debe reemplazar los cimientos de un sistema educativo que, lejos de respetar la neutralidad, está transmitiendo a los alumnos valores de parte, contrarios al pluralismo realmente existente en la sociedad catalana".

El trabajo se hace eco del "ignorado" informe de la Alta Inspección sobre libros de texto, adelantado por EL MUNDO. También alerta de la existencia de una corriente de profesores "con objetivos ideológicos esencialistas" que "abusan de su situación de dominio" con los niños. Recuerda que los propios editores de manuales escolares denunciaron presiones autonómicas en la elaboración de sus contenidos y cita los tres requerimientos enviados a la Generalitat por el entonces ministro Íñigo Méndez de Vigo.

También muestra varias comunicaciones de colegios catalanes llamando a no ir a clase para condenar la "represión brutal" de las fuerzas policiales el 1-O y destaca las agendas escolares con lazos amarillos que se han repartido este curso en nueve colegios de Gerona. El Defensor del Pueblo fue, precisamente, la primera institución en actuar contra estos símbolos. "Aún no nos ha llegado el informe, pero lo estudiaremos, como todo lo que nos llega", dicen fuentes de este organismo.

Historiadores catalanes y su 'procés'
JORDI CANAL El Mundo 25 Septiembre 2018

En 1988 los gobernantes nacionalistas catalanes organizaron el Milenario de Cataluña. En uno de los actos de aquella conmemoración, dedicado específicamente a la religión y a los diez siglos del nacimiento político de Cataluña, Marta Ferrusola, la esposa del entonces presidente de la Generalidad catalana Jordi Pujol, aseguró que "nuestra fe se alimenta con la lectura de los evangelios, nuestro nacionalismo se alimenta con nuestra historia". Un cuarto de siglo después, en 2014, la Generalitat independentista celebró con grandes fastos el famoso Tricentenario 1714-2014. En la presentación de los actos de aquel año, el president Mas afirmó, en la misma línea, que la historia era uno de los pilares principales o fundamentos de "nuestra nación".

Historia y nacionalismo mantienen relaciones profundamente viciosas en Cataluña. Cierto es que el uso y el abuso de la historia constituyen características fundamentales de todos los nacionalismos, pero en el caso de Cataluña esta circunstancia llega hasta puntos obsesivos y delirantes. Sirvan como ejemplo los intentos burdos y ahistóricos del Institut Nova Història de catalanizar a Santa Teresa, Colón, Hernán Cortés, Ignacio de Loyola, Leonardo da Vinci, Erasmo, El Bosco, Cervantes y El Quijote. Las teorías contubernistas de los Bilbeny, Cucurull y compañía reciben, desde hace años, jugosas subvenciones y premios de entes nacionalistas y el apoyo público de políticos como Pujol, Rull o Carod-Rovira.

Tiene la historia, en Cataluña, una dimensión muy especial a la hora de pensar el presente y el futuro. Cataluña es, como afirmara Ricardo García Cárcel, una sociedad enferma de pasado. El nacionalismo tiene buena parte de responsabilidad en esta dolencia, puesto que la historia, junto con la lengua, constituyen la base de la definición nacional de Cataluña -un argumento de fuerza para la reclamación de un Estado, como ya escribió Prat de la Riba en 1906-. Quizás no sea ninguna casualidad el notable número de historiadores metidos, en los tiempos recientes, a políticos independentistas, como Junqueras o Mascarell.

Historiadores o no, en cualquier caso, los políticos catalanes gustan de hablar y pontificar sobre el pasado. No otra cosa hizo el consejero de Interior de la Generalidad, Miquel Buch, el pasado 11 de septiembre. En unas declaraciones a la Cope, explicó que Cataluña "tiene una de las democracias más antiguas de Europa" y que, en 1714, "el Estado español invadió Cataluña por la fuerza". Ambas afirmaciones constituyen una burda manipulación que no puede resistir ningún análisis histórico crítico y serio. Mito, mentira e historia se han confundido siempre en la historia de Cataluña.

Los nacionalistas catalanes otorgan una gran importancia a la construcción de un relato, generador de identidad y sustentador de intereses y proyectos políticos. La historia ha resultado un instrumento fundamental en el proceso de nacionalización de la sociedad. El relato nacional-nacionalista de la historia de Cataluña ha sido y continúa siendo hegemónico. Ha sido elaborado por los historiadores para el nacionalismo catalán o bien simplemente apropiado por este, con o sin permiso: desde el neorromanticismo patriótico conservador de Ferran Soldevila al nacional-comunismo romántico de Josep Fontana, sin olvidar a autores como Antoni Rovira i Virgili o Jaume Sobrequés, ni tampoco los precedentes provincialistas de Víctor Balaguer y otros en el siglo XIX.

En este relato histórico nacional-nacionalista, Cataluña constituye una viejísima nación que se dotó pronto, entre la época medieval y la moderna, de un Estado, siempre acechado por Castilla-España y en vías de convertirse, a finales del siglo XVII, en un modelo de democracia. El 11 de septiembre de 1714 supuso el fin de una nación y de un Estado. La nación revivió en el siglo XIX, con la Renaixença en lo cultural y con el catalanismo y el nacionalismo en lo político. El Estado propio se convirtió, en cambio, en los siglos XX y XXI, en una deseada e irrenunciable aspiración, a corto, medio o largo plazo. En estos más de mil años de historia hubo, supuestamente, momentos de desnacionalización y, por encima de todo, mucha resistencia frente a los ataques permanentes de Castilla-España, que fueron evidentes, según reza este relato, en las derrotas de 1714 o de 1939.

Desde un punto de vista estrictamente histórico, sin embargo, ni Cataluña es una antigua nación, ni el primer gran Estado-nación de Europa, ni fue un Estado, ni un modelo de democracia en el siglo XVII e inicios de la centuria siguiente, ni la Guerra de Sucesión o la Guerra Civil española fueron guerras contra Cataluña. Ya en 1938, el periodista Gaziel aseguraba que las obras que sustentaban este relato -él se refería sobre todo a la Història de Catalunya (1934-1935) de Soldevila-, a pesar de basarse en hechos reales, no contaban la verdadera historia de Cataluña, sino la historia del sueño de Cataluña. La historia nacionalista, al igual que toda historia con adjetivos ideológicos, era falsa.

El relato nacional-nacionalista fue cuestionado por algunos historiadores en el siglo XX. Los intentos parcialmente renovadores de Jaume Vicens Vives en las décadas de 1930, 1940 y 1950 -a pesar de una obra esencialista como Notícia de Catalunya (1954)- o de otros historiadores, ya desde el marxismo, en las de 1970 y 1980, con un intenso trabajo de deconstrucción de los mitos nacionales, no consiguieron desplazar al discurso dominante. Desde la última década del siglo pasado han regresado con fuerza inusitada algunos de los caracteres y problemas de la historia nacional militante. Ello resulta especialmente evidente en las obras de síntesis sobre la historia de Cataluña, en los textos de divulgación y, asimismo, en el amplio uso político que del pasado se está haciendo día tras día.

Tres razones me parecen fundamentales a la hora de intentar explicar el cambio de rumbo de la historiografía catalana a principios de la década de 1990. En primer lugar, el éxito del proceso renacionalizador pujolista y su gran interés e inversiones en la historia como pilar de un proyecto nacional. La crisis y el hundimiento del marxismo, en segundo lugar, que iba a llevar a muchos historiadores catalanes a abrazar el nacionalismo como fe de sustitución o, simplemente, complementaria. Ernest Lluch aludía, en 1994, al "pujolismo-leninismo". Finalmente, la fuerte presión ejercida sobre los historiadores catalanes para que definieran su compromiso nacional -o catalán o español- que se vivió en la primera mitad de los años 90, con polémicas y libelos anónimos denunciando a los traidores que estaban al servicio de España.

Desde finales del siglo XX, el relato nacional-nacionalista en la historia de Cataluña -inculcado desde la escuela y las instituciones autonómicas, así como repetido una y mil veces en la televisión y medios de comunicación públicos o bien subvencionados- carece, con escasísimas, aisladas y vilipendiadas excepciones, de alternativa. Un par de libros, una revista y un congreso ejemplifican adecuadamente su pervivencia y su fuerza: Història de Catalunya (2007), de Jaume Sobrequés; La formació d'una identitat. Una història de Catalunya (2014), del recientemente fallecido Josep Fontana; la revista de divulgación Sàpiens, controlada por algunos de los ideólogos del proceso independentista; y, finalmente, el tristemente célebre coloquio Espanya contra Catalunya: una mirada històrica (1714-2014), de 2013, patrocinado por la Generalidad, organizado por Sobrequés e inaugurado con una conferencia de Fontana.

La incapacidad para distinguir entre hacer historia y construir patria ha sumido, en la actualidad, a buena parte de la historiografía catalana en un pernicioso e improductivo ensimismamiento. Mientras que la militancia, la connivencia o el silencio ante el nacionalismo erosionaron profundamente la profesión durante años, el proceso independentista ha acabado situando, en el siglo XXI, a los historiadores catalanes al borde del abismo. La mezcla de nacionalismo e historia resulta, en fin de cuentas, aquí y siempre, nefasta.
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*Jordi Canal es historiador y profesor en la EHESS (París). Su último libro publicado es Con permiso de Kafka. El proceso independentista en Cataluña (2018).

Policarpo Sánchez
Superado un cáncer, retoma la lucha por la unidad del Archivo de Salamanca
Hermann Tertsch ABC 25 Septiembre 2018

Desde hace siglos los pensadores españoles se proclaman frustrados por la pasividad y sumisión de sus compatriotas ante el maltrato, la injusticia y el abuso del poder. Hoy como siempre una mayoría de los españoles viven desentendidos y resignados, indiferentes cuando no cínicos ante la cosa pública. Por eso precisamente es España patria de héroes solitarios que se baten en batallas quijotescas sin reparar en costos para sí y su entorno. Policarpo Sánchez es uno de ellos. Este salmantino de 54 años, abogado y archivero y documentalista de vocación, va a cumplir diez años de lucha contra dos gobiernos, el de España y el de la Generalitat de Cataluña, por impedir primero y revertir después una de las grandes canalladas históricas cometidas al amparo de la despreciable Ley de Memoria Histórica. Que es el asalto y saqueo del Archivo de Salamanca perpetrado por el Gobierno de Zapatero y el separatismo. Y continuado bajo el Gobierno de Rajoy con el mismo entreguismo y desprecio a la necesidad de preservar este archivo común de España.

El poder tiene hoy mecanismos de coacción e intimidación más eficaces que nunca. Son los métodos suaves que no requieren cadenas o mazmorras. Se ignora al hombre justo, se le aísla de los intermediarios con la opinión pública y se le neutraliza. Si es desconocido se impide que deje de serlo. Si es conocido se le desprestigia, se mina su entorno con sospecha y miedo, se descalifican sus intenciones y ponen sus motivos bajo sospecha, se le ridiculiza hasta la muerte civil. Muchos se rinden. Policarpo ha pasado por todo. Incluso por un cáncer que se le echó encima como todas las represalias por su actitud incorruptible y su defensa inagotable de la memoria real de España. Comenzó su heroica lucha por el Archivo de Salamanca allá en 2009, cuando aún trabajaba allí. En 2011 se inició la fechoría. Las intenciones de los separatistas estaban claras: destruir un archivo nacional porque quieren destruir la nación y la memoria real de su pasado. Nadie sabe cuántos de los muchos centenares de miles de documentos sustraídos hacia Cataluña han sido destruidos, porque desmienten esa historia mentirosa inventada para fomentar el odio y ocultar la españolidad de Cataluña. Josep Boya, un golpista y jefe de manipulación histórica de la Generalitat, lo dejó claro: «El dolor de las familias no me importa. Lo único que me importa es que desaparezca el Archivo de Salamanca».

A Policarpo le amenazaron desde el Gobierno de Madrid con el despido del Archivo si continuaba sus denuncias. Y lo echaron. Tuvo que buscar trabajo como comentarista para grandes compañías. Pero no dejó de reunir y movilizar a gentes en toda España, de luchar contra la desidia y el desinterés, con el boicot de todos los medios de izquierda y la hipócrita pasividad de la derecha y unas elites económicas indiferentes hacia cualquier iniciativa de defensa de la nación. Con un pequeño grupo de entusiastas Policarpo ha logrado grandes victorias judiciales y la devolución de muchos miles de documentos desde Barcelona. Y culminaron en diciembre del 2017 con una sentencia que vuelve poner en Madrid la decisión de restaurar una unidad de ese archivo que tiene tanta lógica como la unidad de la Biblioteca Nacional o cualquier archivo del mundo. La suerte del Archivo de Salamanca es metáfora y símbolo de la suerte de España en tiempos de inmensa zozobra y agresión de sus enemigos. Policarpo Sánchez, restablecido de su cáncer, vuelve a la lucha con una renovada y fortalecida «Asociación Salvar el Archivo de Salamanca». Y pide ayuda a todos los españoles para esta gran batalla que es la de España, en la defensa de su integridad, su libertad y la verdad histórica.

"Cuatripartito kanpora": un libro imprescindible para comprender qué sucede en Navarra
Fernando José Vaquero Oroquieta  latribunadelpaisvasco.com 25 Septiembre 2018

La imagen que se tiene de Navarra en el resto de España, generalmente, se sigue nutriendo de tópicos. Para una mayoría se trata de una tierra lejana, aunque muy conocida por el evento festivo de los sanfermines, pobladas por gentes un tanto carcas y ásperas, si bien nobles y sanotas. Pero también va creciendo el número de quienes ven en los navarros a unos personajes reivindicativos, transgresores y rupturistas; muy radicalizado en el panvasquismo.

Ambas percepciones se ajustan bastante a la realidad, complementándose muy bien. De hecho, Navarra ha sido siempre –y sigue siéndolo- un espacio plural en geografías y paisajes; pero sobre todo, en sus pobladores, querencias, idearios, estilos de vida e idiomas. Una riqueza que muchos querrían eliminar; y no nos referimos únicamente a los impulsores del nomadismo globalizador y desenraizado.

Navarra ha cambiado muchísimo en las últimas décadas. Al igual que el resto de España; acaso más. Ya no es aquel territorio predominantemente rural habitado en buena parte por católicos y carlistas, de familias numerosas que generaban sucesivas promociones de misioneros repartidos por todo el mundo. No obstante, sigue conservando un nivel de adhesión al catolicismo importante; pero, paradójicamente, un porcentaje de ateos de los más altos del país. Y ellos fijándonos, únicamente, en uno de tantos datos chocantes que presenta la compleja sociología navarra.

En consecuencia, Navarra también está mutando estructural y mentalmente; y no podía ser de otra manera. Por otra parte, los cambios culturales y sociales tienen una traducción necesariamente política.

Sin Navarra –todos los sabemos- el proyecto panvasquista carecería de territorio e historia que lo justificara. De ahí la permanente y machacona ofensiva, en todos los planos de la vida pública –e incluso privada- de los navarros: desde la progresiva imposición del euskera, hasta la persistente campaña social, cultural, mediática y política de las numerosas entidades separatistas implantadas en Navarra. Una empresa desplegada a costa de mucho voluntarismo, paciencia, continuidad y generosas aportaciones de los “hermanos vascos”. Pero el panvasquismo también ha avanzado merced a las prácticas terroristas perpetradas por ETA y su ley del silencio, eliminando obstáculos y ganando aliados; a la par que incorporaba a su cuerpo doctrinal nuevas corrientes ideológicas en alza. Así pudo alzarse, finalmente, con el Gobierno de Navarra, en 2015, y sus principales instituciones públicas.

Con todo, Navarra sigue siendo mayoritariamente españolista, pero un rápido y extremo cambio social avanza, día a día, destilado en una batalla de las ideas que alcanza a toda la sociedad navarra.

Cuatripartito kanpora, que significa “fuera el cuatripartito” (término referido a la coalición hoy gobernante de Geroa Bai, EH Bildu, las dos facciones de Podemos e I-E), además de una razonable y legítima consigna política, es un libro necesario, valiente e imprescindible.

Necesario, pues resalta en negro sobre blanco todos los factores que inciden en la compleja y cambiante sociología navarra que tanto desconcierta a los demás españoles que se aproximan a nuestra tierra; y, especialmente, por lo que a su subtítulo refiere, Eusko chollos, discriminaciones, atropellos y más…

Valiente, pues hace propia una cosmovisión que bien podríamos calificar –tal y como se le conoce en Europa- como conservadora-social, sin complejos no disfraces; de ahí su remisión, en la página 432, a la formidable Declaración de París “Una Europa en la que podemos creer”. Nos referimos al instrumento interpretativo y programático elaborado por un conjunto de intelectuales europeos de gran nivel; también útil para aquellos navarros interesados en la edificación de un orden europeo y democrático enraizado en las fuentes operativas de nuestra identidad popular.

Imprescindible, pues proporciona datos y argumentos válidos, de diversa naturaleza, frente a la cascada de tópicos importados por las omnipresentes corrientes de moda, además de los propios del separatismo panvasquista; Memoria histórica, ideología de género, animalismo… Pero también para armar y dar consistencia intelectual al navarrismo, más sentimental que doctrinario, que caracteriza al españolismo de sus gentes.

Son muchas las editoriales existentes en Navarra, no obstante, los autores del libro han optado por la autoedición: un signo de los tiempos… ¿o acaso ninguna editorial local se ha atrevido a hacerlo por ellos? Y no será porque no esté siendo un merecido éxito en ventas.

No sería un caso aislado. Recordemos, por poner un reciente ejemplo, que el último libro de Jaime Ignacio del Burgo, Navarra en la Historia. Realidad histórica frente a los mitos abertzales fue editado por el andaluz Grupo Almuzara. O el grueso volumen, de carácter científico, coordinado por Mercedes Galán Navarra en la monarquía hispánica: algunos elementos clave de su integración, lo fuera por el grupo transnacional Thomson Reuters Aranzadi.

Tenemos la íntima convicción de que el libro de Berro y Guelbenzu tampoco se habrá podido depositar en cualquier librería navarra, no en vano la presión de la hiperactiva y siempre en guardia militancia separatista ya no se limita a sus numerosos espacios de contrapoder (una veintena de geztetxes, los euskaltegis, decenas de “peñas”, edificios okupados, sociedades deportivas y gastronómicas, empresas culturales…), sino que se ha extendido a muchos otros ámbitos cívicos teóricamente neutros que debieran permanecer expeditos de embates proselitistas y sectarios. Una situación que, en su conjunto, presenta preocupantes signos de deriva totalitaria: si bien los actuales ocupantes del gobierno navarro aseguran estar desmontando lo que falazmente denominan “el régimen” de la derecha, persisten en la ampliación -desde la plural acción institucional ahora en sus manos, en conjunción con los múltiples brazos de la izquierda abertzale- de una red de comisarios, silencios, clientelas y afecciones que no tolera réplica alguna y que pretende controlar todo.

Este libro tiene una cuarta virtud: no es un texto únicamente para los próximos ocho meses; es decir, no se ha elaborado en aras del tiempo restante hasta la celebración de las próximas elecciones. Por el contrario está pensado, no ya a medio o largo plazo, sino a una o dos generaciones. Y es que los cálculos políticos son, generalmente y salvo los propios de proyectos totalitarios, muy cortos; si bien la vida se expande todo lo que puede. De tal modo, la batalla de las ideas corre pareja a la defensa y promoción del que los autores consideran como un estilo de vida que merece la pena experimentar y transmitir; lo que requiere una mirada y programación a muy largo plazo. Una dinámica que exige estructuras materiales, medios económicos, tácticas, estrategia y voluntad de permanencia en el tiempo, que el navarrismo, poco orientado a la acción y al compromiso cotidiano, si quiere un futuro deberá construir desde ya.

No tema el lector: incluso desde el conjunto de presupuestos ya señalados, no es un libro difícil: todo lo contrario. Un lenguaje coloquial; artículos cortos; áreas sectoriales bien definidas; un estilo que va desde la anécdota, la crónica periodística y el análisis político. Todo ello facilitado por numerosas y oportunas ilustraciones en blanco y negro.

En definitiva, si usted se lanza a su lectura, lo que aconsejo encarecidamente, no encontrará ni una sesuda y pesada tesis doctoral, ni una esotérica compilación propia de esnobs incapaces de moverse por un bien superior al propio interés y que –de ser así- no interesarían a casi nadie.

Una última apreciación. Ya apuntamos, antes, que los presupuestos teóricos y vitales de ambos autores podemos definirlos, básicamente, como conservadores-sociales y, añadiremos ahora, anclados en el catolicismo; pero no por ello se trata de un texto conformista o resignado, sino de un trabajo bien hecho, políticamente incorrecto, audaz y propositivo. Y todo ello a un precio realmente módico.

En conclusión: un libro por completo recomendable, para leer, informarse, reflexionar y decidirse por la acción y el compromiso.

"Cuatripartito kampora. Eusko chollos, discriminaciones, atropellos y más…" Berro Uriz, Rafael y Guelbenzu Morte, Ricardo. Azpilicueta Center, Pamplona, agosto de 2018, 360 páginas, 10 €. De venta en librerías de Tudela, Corella, Cascante, Pamplona, Estella, Sangüesa… También a través del correo electrónico: info@cuatripartitokanpora.com

Cataluña con Ñ de España
Sergi Doria ABC 25 Septiembre 2018

El nacionalismo no sabe qué hacer -aparte de ignorarla- con la cultura catalana en castellano. Si el catalán se presenta como «lengua propia», ¿deducimos que el castellano es «lengua impropia»? En «Otra Cataluña» (Destino), el periodista e historiador de la edición Sergio Vila-Sanjuán recorre seis siglos de cultura castellana en castellano, casi un centenar de autores. «El castellano es parte fundamental de la tradición cultural catalana. En las obras de Capmany, Balmes o Feliu de la Peña se reflexiona sobre la catalanidad», advierte.

Corría 1976 cuando la revista «Taula de Canvi» que dirigía Alfons Carles Comín planteó una encuesta sobre la cultura catalana expresada en castellano. La pregunta era sesgada: ¿Debía considerarse a los escritores en castellano como un fenómeno coyuntural a liquidar en la medida que Cataluña asumiera sus propios órganos de gestión política y cultural?

El afán por «liquidar» esa realidad lo refrendó Xavier Bru de Sala, director general en 1990 de Promoción Cultural de la Generalidad: las manifestaciones culturales en castellano, dijo, «no pueden ser consideradas parte integrante de la cultura catalana por un nacionalista… por ser fruto de una anormalidad y una excepcionalidad que no se deberían consolidar». Fenómeno coyuntural, elemento opresor identificado con 1714 y el franquismo, anormalidad, excepcionalidad… «El bilingüismo ‘excepcional’ de Bru de Sala se ampliaba muchos siglos a sus espaldas. Tantos que quizás se parecía sospechosamente a una constante», acota Vila-Sanjuán.

Ese no reconocerse en castellano del nacionalismo lo constató el autor un Sant Jordi del 97 en un encuentro con Jordi Pujol. Al valorar a Eduardo Mendoza, este replicó: «No és el mateix» («No es lo mismo») y zanjó la conversación. «La respuesta del President me inquietaba. ¿La tradición literaria catalana en castellano no era tan buena como la otra? ¿No era tan catalana? ¿Pertenecía a una segunda categoría?».

Una historia que se remonta incluso antes de Juan Boscán, situado en los manuales de literatura como el primer escritor catalán que escogió el castellano: «No arranca en el siglo XVI sino en el XV, tras el Compromiso de Caspe, con figuras como Enrique de Villena o Francisco de Moner», puntualiza Vila-Sanjuán. La primera novela catalana en castellano, «Triste deleytación», data de 1458. Y Boscán no es un caso aislado: «La producción cultural catalana en castellano resulta durante largo tiempo (al menos entre 1550 y 1850) absolutamente central en Cataluña», explica.

La extensa nómina de escritores, impresores, editores, cineastas y cantautores reunidos en «Otra Cataluña» desmiente la teoría de que el castellano se impuso en 1714 con el Decreto de Nueva Planta. «Cuando el Decreto de Nueva Planta la cultura catalana ya estaba castellanizada desde 1550», apunta el autor. De lo ocurrido en 1714 existen diversos puntos de vista, añade: «El del nacionalismo, que lo identifica con la pérdida de libertades, y también el de José Finestres o Ramón Lázaro de Dou que elogia a Felipe V por abatir el feudalismo. En el tricentenario de 2014, solo se escuchó a una parte del debate y no se invitó a especialistas como John Elliott», lamenta Vila-Sanjuán.

Las razones para escribir en castellano en Cataluña son diversas, subraya: «Unos autores porque es su lengua materna o familiar; otros, porque se han educado con ella; porque aspiran a mayor difusión de la que les brindaría la catalana; porque tienen más facilidad en su uso por falta de normativa en catalán; porque se identifican intelectualmente con la tradición hispánica; por razones coyunturales…»

La identificación de cultura y lengua catalana que impuso el Congrés de Cultura Catalana en la Transición se sostuvo con el pujolismo y el Tripartito: Maragall cedió la Cultura a Esquerra. Vila-Sanjuán no cree que el proceso consiga la hegemonía editorial barcelonesa en el libro hispanoamericano: «La coyuntura política no puede borrar seis siglos, aunque no podemos ignorar el cambio de sede de Planeta y la posible marcha de otras editoriales en caso de independencia».
Seis siglos de cultura catalana en castellano

Los siglos XV y XVII son de los cronistas: Antonio Lofrasso y Jerónimo Pujades; en el XVIII, la obra eclesiástica y académica: Francisco de Castellví, Antonio de Capmany, José Finestres; en el XIX, despliegue de la industria editorial y los grandes hombres de letras y polígrafos: Antonio Bergnes de las Casas, Manuel de Cabanyes, Félix Torres Amat, Pablo Piferrer, Jaime Balmes, Buenaventura Aribau, Rivadeneyra, Fernando Patxot, Manuel Milà y Fontanals, Francisco Pi y Margall. El siglo XX eclosiona la novela, la poesía, el teatro, el periodismo y la canción: Eduardo Marquina, Eugenio d’Ors, José Pijoan, Ignacio Agustí, Carmen Laforet, José María Gironella, Carlos Barral, Martín de Riquer… Realidad reafirmada y pujante en un siglo XXI de bestsellers con Carlos Ruiz Zafón o Javier Cercas.


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