AGLI Recortes de Prensa   Jueves 27 Septiembre 2018

El doctor Sánchez se va a enrocar
EDITORIAL Libertad Digital 27 Septiembre 2018

En cualquier país democrático, una grabación como la que ha desvelado la estrecha relación que mantenía nada menos que la ministra de Justicia con siniestros personajes como el excomisario José Manuel Villarejo, actualmente en prisión provisional, o el condenado exjuez Baltasar Garzón haría caer no sólo a la ministra en cuestión sino al Gobierno en pleno; más aun si días atrás esa misma ministra negaba taxativamente haber tenido relación de ningún tipo con el tenebroso excomisario.

Si a las gravísimas y acreditadas mentiras de Dolores Delgado sumamos el fraude y la malversación de fondos públicos que pudo ser la tesis por la que el presidente del Gobierno adquirió su condición de doctor; o el hecho de que Pedro Sánchez haya tenido que dejar caer a dos ministros en apenas cien días, muchos podrían pensar que el propio Sánchez no tendrá más remedio que convocar elecciones generales cuanto antes, tal y como dijo que haría en la moción de censura con la que –gracias a las fuerzas golpistas catalanistas, a los antisistema comunistas y a los albaceas de ETA– arrebató el poder a Mariano Rajoy.

Pero está por ver que lo haga. Para empezar, este miércoles no se ha mostrado ni siquiera partidario de destituir a la mentirosa Delgado, tan próxima a los execrables Garzón y Villarejo, condenado el primero por prevaricación e imputado por blanqueo de capitales y organización criminal el segundo. Por el contrario, el presidente del Gobierno ha tenido la desfachatez de presentar a la susodicha como una víctima del "chantajista" Villarejo, sin dar explicación alguna de por qué ostenta la condición de ministra de Justicia y Notaria Mayor del Reino una persona susceptible de ser chantajeada por un individuo de semejante calaña.

Por otra parte, no hay que olvidar que lo que no pasa en democracias asentadas, como que un partido con los peores resultados electorales de su historia ocupe el Gobierno con el apoyo de formaciones golpistas, neocomunistas y filoterroristas, sí ha ocurrido en España; por lo que habrá que plantearse la posibilidad de que Sánchez, a pesar de tan monumentales escándalos y de una desaceleración económica cada vez más visible, se enroque. Las formaciones que auparon a Sánchez no tienen el menor sentido de Estado o la más elemental preocupación por los intereses generales de España, sino que, por el contrario, pretenden dinamitar el orden constitucional y acabar con la propia España como nación y como Estado de Derecho. Es tremendo pero es lo cierto: se trata de una magnífica noticia para Sánchez.

Así las cosas, de hecho la única posibilidad de una pronta celebración de elecciones generales pasa por una rebelión contra Pedro Sánchez en el mismo PSOE que, exultante, se alió con golpistas, neocomunistas y filoterroristas para poner al propio Sánchez en la Moncloa. Es difícil concebir algo más perentorio... y más imposible.

Sánchez niega la evidencia
Editorial ABC 27 Septiembre 2018

Lejos de reconocer la desaceleración que ha empezado a sufrir la economía española, el Gobierno de Pedro Sánchez se limita a sacar pecho del aumento que todavía registra el PIB, sin reparar, por tanto, en los riesgos que se ciernen sobre la recuperación en caso de no adoptar los ajustes y reformas pertinentes para superar la crisis de forma definitiva. El Banco de España rebajó ayer su previsión de crecimiento al 2,6 por ciento este año y al 2,2 el siguiente, con lo que el país se aleja cada vez más del fuerte avance cosechado desde 2015, con tasas superiores al 3 por ciento. El menor empuje de las exportaciones y el turismo, unido a la moderación del consumo, se traducirán en una tasa de paro mayor de la prevista inicialmente, hasta rozar el 12 por ciento en 2020, al tiempo que el déficit se desviará al alza, incumpliendo así los objetivos acordados con Bruselas.

Y todo ello en un contexto de incertidumbre, tanto a nivel exterior como interno, marcado por el proteccionismo comercial, la subida del petróleo y la crisis de los emergentes, por un lado, así como la inestabilidad parlamentaria y la tensión en Cataluña, por otro. La debilidad política del PSOE y su irresponsable acción de gobierno, centrada, única y exclusivamente, en tratar de mejorar la imagen de Sánchez de cara a la próxima cita con las urnas, imposibilita aprobar las medidas necesarias para revertir la tendencia a la baja de la economía. Lo más grave, sin embargo, es que las propuestas del Ejecutivo y sus aliados, consistentes en elevar los impuestos y el endeudamiento público, pondrían en riesgo la recuperación y la creación de empleo. Sánchez, por tanto, no solo niega la evidencia de la desaceleración, como hizo en su día Zapatero, sino que la fomenta

¿Quién bloquea las instituciones?
Jorge Vilches. vozpopuli 27 Septiembre 2018

El periodista Gaziel escribía en 1929 que los sinsabores, inquietudes y desdichas de un gobierno representativo no deben achacarse al parlamentarismo, sino a su perversión. El origen de los males, escribía aquel catalán en el estertor de la Dictadura de Primo de Rivera, estaba en el egoísmo y la incompetenciade los políticos.

De lo primero estamos bien nutridos. Pedro Sánchez creyó que podía tomar el Gobierno de España como una inmejorable pasarela propagandística donde construir un proyecto personal. Se desdijo de la palabra dada de convocar elecciones inmediatas. Permitió que los enemigos del orden constitucional, esos mismos que habían dado un golpe de Estado o que habían justificado su espíritu, fueran su sustento parlamentario ante los atónitos ojos de la Unión Europea.

Desde entonces, esa dependencia parlamentaria y la falta de proyecto gubernamental provocan la cesión constante a la política de confiscación fiscal y ruina económica que exige Podemos. Al tiempo, han obligado a dar un giro a la otrora responsabilidad de Estado de Pedro Sánchez, allá por octubre de 2017, cuando se aprobó el 155. Ahora ha inaugurado una política de apaciguamiento con los independentistas, a lo Chamberlain, abriendo canales informales con Puigdemont y formales con Torra, y hablando de indulto a los golpistas antes de que haya una condena.

Ese egoísmo ha hecho que Pedro Sánchez olvide su propuesta de mayo de 2018, cuando dijo que había que reformar el Código Penal para actualizar -léase “endurecer”- el delito de rebelión. El regente del PSOE decía entonces que había que equipar el golpe civil con la rebelión militar, y, por supuesto, pactar ese cambio con el PP. Luego vio la oportunidad de encaramarse a La Moncloa, y defendió que la “vía judicial” era antagónica de la “vía política”, como si la primera pudiera suspenderse a capricho, tal como se hace en una dictadura.

El daño que ha hecho a las bases de convivencia esa argumentación y la consiguiente acción de gobierno no se puede calibrar todavía. No deja de ser una desautorización absoluta de la aprobación y aplicación del artículo 155, de la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado el 1-O, del discurso antológico del Rey, y de la reacción de la gente en toda España, incluida especialmente la de Cataluña, contra el golpismo de los supremacistas.

Esa política egoísta, que tantas veces en la Historia ha arruinado gobiernos, regímenes y países, es la que se ha seguido también con la Ley de Estabilidad Presupuestaria. PSOE y Podemos, es decir, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, decidieron seguir la tradición socialdemócrata de gastar más para crear clientela. Sin embargo, y aquí vuelvo sobre el desprecio intrínseco a las reglas de juego de la democracia, encontraron que el Senado se negaba a aumentar la deuda pública y recortar los recursos particulares vía impositiva.

Era Maduro en La Moncloa, como se ha visto aquí con acierto, que consiste en forzar, anular o eliminar las instituciones cuando chocan con el plan gubernativo. No prosperó en el Congreso la reforma urgente de la Ley de Estabilidad para saltarse el Senado, por lo que los socialistas y sus aliados tenían que someterse al procedimiento ordinario, lento pero democrático. Disgustó a los egoístas, que urdieron un fraude con la Ley de Violencia de Género, que fracasó.

Mostrado el egoísmo, aparece la incompetencia de la que hablaba Gaziel. No tardaron los Echeniques y las Lastras en desautorizar y restar legitimidad a la Cámara Alta y a la Mesa del Congreso, justo donde este frentepopulismo no tiene mayoría. Amenazaron con reprobar a Ana Pastor, presidenta de la Cámara Baja, pero ya les advirtieron que en una democracia parlamentaria el Ejecutivo no controla al Legislativo, ni, en consecuencia, está prevista tal figura en la Reglamento del Congreso.

Entonces empezaron a decir, con ese discurso autoritario propio de la Europa de entreguerras, que el funcionamiento de la Mesa era “ilegal” y “arbitrario”, y que contradecía el deseo de la mayoría social. Sin embargo, ese supuesto deseo mayoritario no se contrasta con el mecanismo natural y lógico que se utiliza en los países respetables: los votos.

Aun así, esos frentepopulistas insisten en que “las derechas”, en referencia a PP y Cs, bloquean el sistema. No obstante, quien está bloqueando el funcionamiento de las instituciones es el gobierno de Pedro Sánchez, generando una parálisis en el problema golpista, el migratorio y el presupuestario.

Los problemas que está generando el egoísmo y la incompetencia son graves. No se resuelven con tres fotos cool y una exhumación que no interesa a nadie aunque rediseñen el Valle de los Caídos como si fuera el Guggenheim. Urge desbloquear el sistema, y ni siquiera los resultados proporcionados por el CIS del chef Tezanos pueden compensar esa necesidad. La ingobernabilidad y la inestabilidad, sobre todo si están salpicadas de dimisiones y ceses de ministros, solo tienen una solución en democracia: las elecciones.

La insostenible continuidad de la ministra de Justicia y el cinismo de Sánchez
EDITORIAL esdiario 27 Septiembre 2018

El presidente está en caída libre, acentuada por su insólita defensa de una ministra achicharrada que debe marcharse por dignidad elemental. Todo es gravísimo.

Pedro Sánchez se ha negado a admitir o propulsar la dimisión de su ministra de Justicia, Dolores Delgado, con un argumento ciertamente inaudito: que no puede permitir que la agenda política se la marque "un corrupto", en referencia al controvertido excomisario Villarejo.

Por inquietante que sea el policía en cuestión y preocupante que resulte la profanación de la intimidad y el uso torticero de grabaciones años después de haber sido realizadas; ni uno fue el autor de las barbaridades proferidas en las cintas ni lo segundo diluye la certeza de que todo lo difundido es cierto y que, pese a ello, se desmintió.

Sánchez ya no podrá hablar de homofobia ni de feminismo tras apostar por una ministra que pisoteó esos principios

Fue Delgado la que llamó "maricón" al entonces juez y hoy ministro Grande Marlaska; la que denigró a las mujeres como mejor opción para impartir justicia en los tribunales y la que, entre otras lindezas, desveló un oscuro contubernio entre juristas del Supremo y de la Fiscalía General con menores de edad durante un viaje a Colombia.

Y Garzón
Y además de todo eso, Delgado mintió, al negar haber reunido nunca con un policía al que conocía bien y con el que mantenía una relación de estrechísima confianza, en compañía del no menos poliédrico Baltasar Garzón.

Todo eso son hechos, de extrema gravedad, y por cierta que sea la necesidad de frenar la burda contaminación del espacio público procedente de las cloacas, eso no se puede lograr si se ha salido de ellas. Que es lo que las grabaciones de Villarejo sugieren de una ministra ya invalidada.

Otra dimisión haría caer al propio Sánchez, con récord de salidas ministeriales por la puerta de atrás

El cinismo de Sánchez, que hubiera hecho un llamamiento a la movilización general si en lugar de ser una ministra del PSOE lo fuera del PP, es inaceptable y demuestra que sus principios no son sólidos ni siquiera cuando habla contra la homofobia o sobre igualdad.

Deterioro irreversible
Pero hay algo aún más grave. Sostener en una cartera tan relevante como la de Justicia a una persona manchada de manera tan escandalosa, pone en entredicho la labor de todo el Gobierno en este ámbito.

Pero quizá al presidente eso le preocupe un poco menos que la opción de dejar caer a su tercer ministro en cuatro meses y arrastrarse él mismo por una pendiente irreversible de deterioro. Tal vez si frena la dimisión pueda creer que para esa degradación, pero con seguridad será sólo un espejismo.

La voluntad torcida de manipular la verdad
Enrique de Santiago okdiario 27 Septiembre 2018

Cada vez que contemplas el panorama político nacional te topas con la mierda independentista que llevamos padeciendo ya demasiado tiempo, que se admite por la inconsistencia política de las fuerzas democráticas que se sientan en el Congreso y la insufrible coexistencia con formaciones que, desde las instituciones, cobrando de ellas, pretenden destruirlas y generar el caos en el que ellas gozan. Parece mentira tener que plasmar obviedades y recordar que la democracia y el Estado de Derecho se rigen por un marco de juego y unas reglas aceptadas por todos en las que, como no puede ser de otro modo, se organizan las formas, tiempos y condiciones para cambiarlas, de manera que, aquel que pretenda hacer cambios por otros sistemas, debería de encontrarse con el muro democrático y la defensa férrea de la misma.

El totalitarismo y el secesionismo se fundamentan en un incumplimiento y alteración unilateral de las reglas democráticas, imponiendo las propias al resto, con lo que, esa imagen buenista y lacrimógena que pretende dar no es más que una burda máscara de la realidad que encubre la creencia de que son una raza superior y el resto una panda de mangarranas sin inteligencia a los que se puede manipular a su antojo. Como en todo fascismo, el problema surge cuando, en lugar de combatirlo, los diferentes gobiernos aceptan pulpo como animal de compañía y se pliegan o regatean con ellos, hablando del problema o sentimiento catalán, sin aplicar la ley de forma rotunda por melindrosos cobardones incapaces de hacer frente a problema alguno. El sentimiento se combate con educación y con el diálogo sincero sin permitir la mentira, la política se resuelve con política; pero, cuando se incumple la Ley, sólo se puede resolver reponiendo la legalidad y persiguiendo a quienes la infringen, no valen los atajos o la confusión de caminos.

La historia de una nación la hace grande; su conocimiento, la hace libre y la defensa de la ley la hace fuerte y, cuando, desde determinados sectores, se pretende revisar la historia, aplicando una sola de sus fuentes, cual es la “memoria histórica”, pero no se defienden con uñas y dientes las fuentes “documentales” mucho más objetivas, lo que subyace es una voluntad torcida de manipular la verdad, de cambiar la historia y de romper el pasado y, esa, es una tentación en la que se cae con demasiada facilidad en esta nuestra piel de toro. La defensa que hace Policarpo Sánchez, desde Salamanca, con la Asociación en Defensa del Archivo, que ha intentado ser manipulado por el PP, por el PSOE, vilipendiado por la canalla, sin que ninguno le haya prestado su apoyo sincero u obtenido su desaliento, es el exponente máximo de cómo una sociedad se defiende ante la agresión de los políticos que sólo buscan su rédito.

Que los “perritos sin alma”, con independencia de credos, ideologías o planteamientos sociales, hemos de defender la gloria de una nación que descubrió el mundo como lo vivimos, con gestas heroicas, hizo nacer los Derechos Humanos, con la defensa del indígena, cristianizó el mundo, dotándolo de cultura y de derechos, que de otro modo se hubiere perdido o no hubiéramos alcanzado y, todo ello, dejando la vida, la sangre, para defenderlo. Cuando escuchemos las soflamas rupturistas de esta gran nación, debemos dejar al margen las ideologías y defenderla; pues, en ello, nos jugamos el futuro, la libertad, y debe ser lo que nos mueva a defender la historia, la unidad centenaria de nuestra nación y, luego, ser de izquierdas, derechas o “mediopensionistas”, pero con un alma grande.

Gobierno degradado
Agapito Maestre Libertad Digital 27 Septiembre 2018

Cualquier cosa puede pasar, en efecto, cuando el pueblo, la ciudadanía, ha sido degradada a masa electoral fácilmente manipulable por la casta política.

La degradación no tiene límites en la política española. La leve confianza que suscitaba Sánchez a los españoles desapareció el día que dijo que agotaría la legislatura. Seguiría hasta el 2020. Mintió a todo el mundo y, sobre todo, se mintió a sí mismo. No presentó la moción de censura para echar a Rajoy y convocar elecciones. Su objetivo no era otro que mantenerse en el poder el mayor tiempo posible… Todo esto ya es muy sabido. No merece la pena perder una sola línea con las mentiras de este señor. Es lo que hay.

La cuestión ahora es otra más grave: ¿tiene este político alguna posibilidad de convertirse en un líder creíble desde la jefatura del Gobierno de España?, ¿le saldrá rentable al PSOE seguir utilizando la institución del Gobierno como principal soporte de una larguísima campaña electoral como la que estamos viviendo?, ¿quedará alguien legitimado en el Gobierno socialista para regenerar el tejido político podrido de estos meses de gobernación convulsa y atrabiliaria? Para este cronista todas esas preguntas quedan abiertas, entre otras razones, porque uno no confía mucho en la conciencia democrática de las masas de votantes españoles. Cualquier cosa puede pasar, en efecto, cuando el pueblo, la ciudadanía, ha sido degradada a masa electoral fácilmente manipulable por la casta política, por el poderío de los medios de comunicación y por la incultura democrática generada por las universidades y centros de educación.

De un país fanatizado que tiene abierto en canal su Estado-nación, como es hoy España, nadie espere que surja algo bueno. Todo es empeorable, incluso el experimento bienintencionado de Valls en Barcelona puede acabar con lo único sensato que ha dado la política española en la última década: el partido Cs. Por lo tanto, nadie descarte que Sánchez, el más genuino representante de la quintaesencia de la degradación de una profesión no menos honorable que la de periodista, se apalanque en el poder hasta que Dios quiera…

El estado de ánimo de la mayoría de los españoles es fácilmente descriptible. Lo recogen los periódicos, las radios y la televisión. Se manifiesta en los parlamentos y en los bares, incluso hay miembros del Gobierno que lo expresan en los mítines. El grito empieza a ser unánime: convoque, señor Sánchez, elecciones. Pero no lo hará. Nadie mejor que él sabe cuál es el estado de ánimo de los españoles, pero se niega a darle salida, porque también sabe que su figura ya apenas es nada en campo abierto, o sea, en un proceso electoral libre de coacciones y presiones. Seguirá embarrando la vida política y manipulando al electorado todo lo que pueda. La señora Rosa María Mateo, la jefa de la tele, es su principal aliada: agitación y propaganda a tope.

Estamos, pues, ante un imparable proceso de degradación de la vida política al que Sánchez no sólo no pondrá fin sino que agitará aún más, porque es su única tabla de salvación. A partir de ahora, su tesis, las dimisiones y ceses de ministros, las mentiras del jefe del CIS, el señor Tezanos dando unos resultados espectaculares en intención de voto al PSOE, las ineptitudes y meteduras de patas del ministro de Asunto Exteriores ante el Brexit, etcétera, nos parecerán asuntos menores… Ya todo está permitido, sencillamente, porque las palabras no valen nada. Ahí tienen las declaraciones del señor Marlaska como ejemplo extremo de encanallamiento de la vida pública: ha negado estar ofendido con la señora Delgado. El ministro del Interior no se cansa de repetir que "las palabras no importan". Da igual lo que diga su compañera en el Consejo de Ministros sobre su figura y su vida privada. Él no se molesta por las habladurías y las grabaciones secretas de gentes sin escrúpulos. Lo único importante son los hechos para el bueno de Marlaska. ¿Son o no un hecho las conversaciones de la ministra con el policía?, ¿son o no un hecho las preferencias sexuales del señor ministro del Interior? En fin.

Pedro Sánchez en su Waterloo
Enrique Ossorio (*) esdiario 27 Septiembre 2018

El portavoz del PP en la Asamblea de Madrid recorre los primeros cien días de Gobierno de Sánchez para repasar todos sus errores y falsedades, a juicio del autor.

Los cien días más famosos en la historia universal son los que transcurrieron en 1815 desde que Napoleón recuperó el poder en Francia, tras su huida de la isla de Elba, hasta su derrota definitiva en Waterloo. Ahora en España hemos tenido otros cien días; el triste y convulso periodo de gobierno de Pedro Sánchez desde el triunfo de su moción de censura. Veamos lo que ha sucedido en ese lapso temporal.

En poco más de tres meses se ha podido ver el contraste entre varias promesas que el actual Presidente del Gobierno lanzó cuando estaba en la oposición y su manera de actuar ahora que está al frente del ejecutivo. Así, se ha podido comprobar que faltó a la verdad cuando justificó su moción de censura al gobierno de Rajoy diciendo que convocaría elecciones cuando alcanzara el poder; mintió cuando afirmó que si llegaba a la Presidencia del Gobierno publicaría la lista de los acogidos a la amnistía fiscal; prometió en falso cuando en 2015 aseguró que limitaría el uso del Decreto Ley a las situaciones indicadas para ello y volvió a engañar cuando se comprometió a no aceptar votos independentistas en una investidura.

Los desatinos del Gobierno se han extendido a la purga estalinista en RTVE o a las barbaridades económicas

Otra característica de estos 100 días ha sido que el gobierno ha navegado rumbo a lo desconocido mientras el Presidente y sus ministros demostraban ser grandes virtuosos en la rectificación y la metedura de pata. Es triste, pero solo han acertado cuando han rectificado. El caso de los bandazos en materia de inmigración ha sido legendario.

Primero acogiendo el buque Aquarius con el máximo despliegue fotográfico, añadiendo que había que suprimir las concertinas en las fronteras de Ceuta y Melilla y recuperar la sanidad universal. Todo esto ha generado un efecto llamada sin precedente entre las mafias que traen inmigrantes a España con la consecuencia de la crisis que han padecido las costas españolas este verano.

Aplauso de la extrema derecha alemana
A la vista de esta situación, Sánchez y sus ministros cambiaron su proceder de manera espectacular y no quisieron recibir de nuevo al buque Aquarius y expulsaron inmigrantes de manera fulminante en 24 horas, recibiendo el aplauso de la extrema derecha alemana.

Otro signo distintivo del Gobierno de Sánchez ha sido estar más pendiente de satisfacer las demandas de los que quieren dividir España que las de aquellos que trabajan para mantenerla unida: acercando presos independentistas, no apoyando al Rey frente a los vergonzosos ataques de los independentistas, no reaccionando cuando Torra dijo que había que atacar al Estado, no actuando tampoco ante la radicalización de la Generalidad de Cataluña y no queriendo defender al Juez Llarena de los ataques de Puigdemont.

En estos tempestuosos 100 días también hemos presenciado la inmediata dimisión de un ministro por haber cometido fraude fiscal, la de otra ministra por plagiar un trabajo de fin de máster y la de otra directora general por registrar el sindicato de la prostitución.

Algo sin precedentes en la Democracia española, pero la traca final han sido los gravísimos problemas del Presidente del Gobierno para defender su honestidad por los plagios existentes en su tesis electoral y en un libro.

¿Qué hará ahora?
Es increíble pero no sólo ha sucedido esto durante los últimos 100 días. Los desatinos del Gobierno se han extendido a la purga estalinista en RTVE o a las barbaridades económicas anunciadas por el ejecutivo que han llevado a fomentar la desaceleración y a los peores datos de afiliación desde 2008.

Tras el imperio de los 100 días y la completa derrota de Waterloo, Napoleón fue internado en la Isla de Santa Helena. Los franceses y los europeos se libraron de las interminables guerras que asolaron el continente durante su mandato ¿Qué hará Sánchez tras fracasar durante ese mismo tiempo en la gobernación de España?

Pues me temo que se atrincherará en La Moncloa e intentará que se olvide su fracaso como gobernante, escritor y doctor en economía utilizando todos los medios a su alcance, incluida RTVE. Desgraciadamente, los españoles no nos libraremos de un Presidente y un ejecutivo que no han podido empezar peor su mandato.

De Faisán a Rianxo
Gabriel Albiac ABC 27 Septiembre 2018

Es algo que un ciudadano debe recordar siempre: en ausencia de Estado, sólo hay mafias. El poder aborrece el vacío, y allá donde un Estado se gangrena, florecen los poderes sin código socialmente pactado y regulado: son poderes sin ley, brutalidades primarias que disponen de la ley a su servicio, gansterismos.

Dos ministros dimitidos (por fraude a Hacienda y por falsificación de título académico). Un presidente cuestionado (por plagio de tesis doctoral). La ministra de Justicia ahora… Y, sobrevolando todo, el poder ejecutivo en manos de un partido que cuenta con poco más del 24% de los escaños en Congreso y Senado: un castillo de arena, en suma, que se desmorona. Y, en el vacío que la gangrena abre, proliferan las mafias. Es inexorable.

En las cintas de Delgado se cruzan dos líneas de podredumbre. Vieja y nueva: Villarejo y Garzón; la herencia de las zahúrdas de la dictadura y la prevaricación judicial que es siempre un riesgo en las democracias. Oír el compadreo festivo de esa gente, tiene la acidez del vómito. No por la zafiedad de una fiscal y de un entonces aún juez que denigran la sexualidad de otro magistrado. Sí por algo más peligroso. Para todos. En 2009 y en el restaurante Rianxo, se cruzan los nombres clave de una operación opaca que dejó estupefacto a este país y que no será nunca puesta en claro: la del restaurante Faisán en 2006.

Aún hoy, al recordarlo, parece una mala versión de las novelas de espías de Le Carré. Los recaudadores de ETA están reunidos en ese bar de Irún. La Policía, que los viene rastreando desde hace meses, va a detenerlos en unos minutos. Entonces, un agente se cuela en el local con un teléfono, a través del cual un alto mando policial avisa del peligro. «No me lo puedo creer», exclama Elosua, «me acaba de dar el cante la txakurra». El caso cae en las manos del entonces juez Garzón, quien lo entierra en un cajón de su escritorio. Luego, se va de sabático. Durante todo un año, habrá de ser un joven juez, Grande-Marlaska, quien deba partirse el pecho para desenterrar el caso. En 2009, y ya con Garzón de nuevo al mando, cuando el festín de juez, Policía y fiscala se produce, su estrategia parece encarrilada al éxito: la Fiscalía pide a Garzón que archive el caso por ausencia de pruebas. A punto está de conseguirlo. Ha logrado, el juez luego expulsado por prevaricación, empantanar la instrucción hasta reducir al mínimo los costes de los delincuentes.

Los odiosos enjuagues entre policías corruptos y jueces prevaricadores no son precisamente nuevos en la historia de España. Basta leer al Valle-Inclán del Ruedo Ibérico para hacerse una idea de esas bellas tradiciones nuestras. Hoy, sólo diferenciadas por la sencillez técnica que permite a un guripa despabilado grabar a jueces pardillos que se juzgan demasiado listos. Pero es lo mismo de siempre: allí donde no hay un Estado que esgrima fuertes garantías, hay imperio despiadado de los gánsteres.

Nadie sabe ahora cuáles nuevas grabaciones aguardan a la incauta parlanchina: sí sabemos que nadie que precie en algo su reputación puede compadrear con gente así; y que, si lo hace, es un cadáver político.

Gentes como Garzón y Villarejo son riesgos convencionales en las sociedades modernas: parásitos que habitan en las sórdidas cloacas del Estado. El verdadero problema sólo surge cuando un Estado se gangrena hasta perder sus controles y eficacias. Entonces sí, en ausencia de Estado, el poder se transfiere a las cloacas. En ausencia de Estado. Esto es: ahora.

Reprobada y sin defensa
Editorial ABC 27 Septiembre 2018

La permanencia de la reprobada Dolores Delgado al frente de Justicia es insostenible. Las conversaciones difundidas retratan a una ministra autoritaria, homófoba y misógina, un «pack» que es exactamente lo contrario de lo que predican el «Gobierno de la igualdad» y el «Consejo de ministros y ministras». Forzar la destitución de Delgado se ha convertido en un dilema para Pedro Sánchez, ya que si por un lado no puede dejar caer a un tercer ministro en apenas 110 días de Gobierno, por otro mantiene en el Ejecutivo a una ministra convertida en una bomba de relojería. Delgado no solo ha sido desautorizada por La Moncloa en el caso Llarena, sino que además tendrá difícil compartir sillón con Fernando Grande-Marlaska, a quien tilda de «maricón» en las grabaciones. El silencio en el Gobierno y en el PSOE es muy revelador porque Delgado se ha quedado sola y sin defensa. Ese silencio solo es proporcional a la indignación interna entre los escaños del PSOE por los errores de Sánchez en la selección de sus ministros y por el plagio de su tesis doctoral. Es innegable que el Gobierno ha entrado en colapso.

La ministra argumentó ayer que las cintas han sido manipuladas, y que nunca hizo alusiones homófobas y despectivas contra Marlaska. Dos horas después, se corrigió a sí misma diciendo que era solo una «expresión fuera de contexto» y que no se refería a la condición sexual del ministro del Interior, pero ya resulta imposible saber cuándo dice la verdad y cuándo no. Ese es el disparatado nivel de sus increíbles explicaciones públicas. Cabría la posibilidad de que, en efecto, fuera una manipulación orquestada por el excomisario José Villarejo. Pero la propia ministra, al rectificarse hasta cinco veces en ocho días, no ha hecho más que mentir una y otra vez tratando de cuadrar versiones de un modo inverosímil. Más aún, cabe hacerse dos preguntas. Si Delgado no ha desmentido la autenticidad de otros comentarios grabados en esa comida, ¿por qué habrían de estar manipulados solo los alusivos a Marlaska? Y si, como alega Delgado, esos comentarios se hicieron en un «ambiente distendido» y su publicación es un «ataque execrable», ¿no es eso un reconocimiento implícito de su veracidad? Razones le sobran a Delgado para estar indignada. Pero ahora lo determinante no es su sobreactuación para no dimitir, sino si realmente mintió o si comparte los criterios de igualdad del gabinete que la sostiene. De hecho, el listón de lo digno e indigno en el poder lo ha puesto el PSOE. Ahora toca ser consecuente y no escudarse en encuestas, como la de ayer del CIS, obsoleta y desfasada porque no tiene en cuenta ni el escándalo de la tesis plagiada, ni la destitución de Carmen Montón, ni las revelaciones sobre Delgado. El de Sánchez es un Gobierno en descomposición, por brillante -y sospechosa- que sea la cocina del CIS.

De Gobierno bonito a zombie
Delgado es una muerta viviente que aguanta aferrada al cargo por una sola razón: Sánchez caería con ella
Isabel San Sebastián ABC 27 Septiembre 2018

Hay que ver en qué se nos ha quedado el «Gobierno bonito» de Sánchez… A su gabinete le ocurre exactamente lo mismo que a él: encoge, mengua, pierde lustre y muestra su auténtica naturaleza en cuanto traspasas la corteza exterior para escrutarle las tripas. Lo que esconde ese Ejecutivo parido a semejanza de su creador es en realidad tan feo como aparente llegó a ser su imagen. Falso, maloliente y fraudulento. Un gobierno Dorian Grey cuya verdadera esencia, oculta tras gruesas capas de maquillaje mediático, permanecía a buen recaudo en los sótanos del sanchismo hasta que ha empezado a vérsele el rostro.

Contemplada en perspectiva, la caída de Màxim Huerta se antoja ahora tan cruel como injustificada. Al fin y al cabo, el depuesto responsable de Cultura no era más que uno de los muchos españoles sometidos por la Agencia Tributaria de Montoro a un proceso inquisitorial filtrado con evidente intencionalidad política, del que salió con bien pagando lo que le exigía el fisco. En comparación con Dolores Delgado, Huerta podría considerarse un servidor ejemplar. Incluso Carmen Montón, la fugaz ministra de Sanidad, estaría en su derecho de pedir el reingreso en el Consejo si permanece un minuto más en él la todavía titular de Justicia. ¿Qué llevó al doctor Sánchez a dar la patada a Montón? La mentira sobre su presunto máster, obtenido a modo de regalo. O sea, una actuación similar a la mantenida por él en lo referente a su tesis. Pero insisto; lo de la fiscal en excedencia Delgado es infinitamente más grave. Aquí ya no hablamos de chanchullos, medias verdades o adornos curriculares, sino de connivencia con las cloacas más hediondas del Estado. Y la notaria mayor del Reino no puede ser una persona pillada en flagrante compadreo con un individuo como Villarejo. Lo que representa ese excomisario es totalmente incompatible con el concepto mismo de Justicia y no digamos con la cartera encargada de ese negociado.

El contenido de las conversaciones grabadas por el policía actualmente encarcelado produce tanta vergüenza ajena que sorprende la resistencia numantina de «Lola». Cualquiera en su lugar no solo habría dimitido ya, sino que desaparecería de la circulación una temporada. Cualquiera que tuviera dignidad, claro está. Ella afirma que este Gobierno «no va a ceder al chantaje». Si ha cedido pública y notoriamente al del separatismo catalán ¿por qué no iba a sucumbir al de ese paseante de los bajos fondos conocido por deshonrar sistemáticamente su placa? El tipo dispone de material para la extorsión, es evidente. Aunque se ve que la amiga del juez prevaricador Garzón tiene la cara de cemento armado. Tanto como para mirar sin sonrojarse al ministro a quien llama jocosamente «maricón», después de haber dado cinco versiones distintas sobre el contexto y destinatario de semejante apelativo. Tanto como para relatar entre risas un episodio de pederastia protagonizado al parecer en Colombia por un grupo de togados españoles a quienes la entonces fiscal en activo sorprendió in fraganti y no denunció. Tanto como para permitir que la Audiencia Nacional sea sospechosa de haber brindado un trato de favor a un delincuente reclamado por la Justicia de Guatemala, previo pago por parte de éste de cinco millones entregados al excomisario acusado de corrupción con el fin de que los repartiera entre los encargados del caso y/o sus sustitutos ocasionales.

Los políticos; joder, qué tropa
Javier Caraballo elconfidencial 27 Septiembre 2018

Qué tropa, joder, pero qué tropa. Lo dijo el conde de Romanones y la frase ya se ha quedado para la política como concepto, como definición. Falsedad, cinismo y mentira. Odios escondidos y venganzas guardadas; intereses ocultos y alianzas espurias. Los políticos, cuando se les graba en sus actos privados, cuando no se ciñen a un guion de corrección política y lenguaje de género, cuando se expresan entre las bambalinas de sus actos oficiales, aparecen como son, una tropa de privilegios, de impostura, de rivalidad y pocas lealtades. Lo sabe todo el mundo porque esto es “más simple que el mecanismo de un chupete”, como dice el siniestro comisario Villarejo en su conversación con la ministra de Justicia.

Un partido político puede degenerar hasta convertirse en “una pandilla de amigos y amigas, de palmeros, donde el que más aplauda es más raudo en su ascenso”, como confiesa el portavoz de Ciudadanos en Sevilla, Javier Millán, que ha sido el otro ‘pillado’ de la semana. Quiere decirse que el colectivo es así, que la clase política es así; luego están las individualidades, así que cada cual se piense tal como es porque no va la cosa de ofensas personales sino de los vicios de un colectivo que se expresa en esas grabaciones de navaja trapera, a traición, en las que nadie puede imaginar que le están grabando y, mucho menos, que esas conversaciones pueden salir a la luz pública algún día.

La clase política española, por mucho que se haya refrescado con la incorporación de dos nuevos partidos políticos, Ciudadanos y Podemos, y por mucho que se nutra de profesionales de otros sectores, como jueces y fiscales, sigue siendo una tropa de intereses creados y de privilegios. Por eso, como se ha repetido tantas veces, cada vez que se habla de los políticos españoles con preocupación, como si fueran a extinguirse por la dureza y los sacrificios de la cosa pública, lo único que hay que recordar es que en un partido político lo que hay son zancadillas y peleas por estar, por colocarse delante de los demás. Los problemas de vocaciones se dan en los monasterios y en los conventos, no en los parlamentos ni en los gobiernos.

Las grabaciones de la ministra de Justicia, al margen de la relevancia política que se les pueda dar por su pertinacia en el engaño y en el intento inútil de ocultar la verdad, tienen relevancia social cuando se descubre cómo hablan con sus amigos aquellos que nos machacan día y noche con el absurdo lenguaje de género, los “desdoblamientos artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico” de los sustantivos, como ha dictaminado desde hace tiempo la Real Academia de la Lengua. Aquellos que, como mecanismo de defensa, han generalizado la acusación de machismo y homofobia ante cualquier comportamiento que no se encorsete en lo políticamente correcto.

Si la ministra dice que prefiere “un tribunal de hombres, de tías no quiero, y no me llevo mal con las tías, pero de tíos sé perfectamente por dónde van”, no está expresando más que aquello que piensan otras muchas mujeres. ¿Soy yo la única persona que ha oído decir antes a una mujer que prefiere que su jefe sea un hombre, que son más elementales? ¿Soy yo la única persona que ha oído decir a una madre, ante sus hijos, que "los niños son más nobles" y que las niñas son más listas? Lo realmente peligroso para una sociedad no es convivir con esos juicios o prejuicios sociales entre hombres y mujeres, que nada tienen que ver con la igualdad ni con el machismo; el problema es escandalizarse falsamente y luego querer legislar esa impostura hasta convertirla en dictadura de género, con tribunales de género y similares.

Al final, todo es mucho más elemental, más sencillo. Como las luchas por el poder que se dan en todas las profesiones, en todos los sectores, es cierto, pero que se encarnizan en la política. Lo ha expresado con toda claridad el portavoz de Ciudadanos en Sevilla, Javier Millán, al que le grabaron una conversación en su propio entorno político que ahora ha dado a conocer 'Diario de Sevilla'. Lo relevante no es la descripción que hace de un partido político, porque esa trama de intereses y de lucha por mantener unos privilegios ya se conocía desde antiguo; lo relevante es que Ciudadanos se haya mimetizado en tan poco tiempo con todos aquellos vicios de la política que quería combatir.

Su experiencia es que Ciudadanos se ha convertido “en una pandilla de amigos y amigas”, en la que la mejor estrategia para ascender es el culto al líder, provincial, regional o nacional, “los palmeros” son los que progresan y se colocan por delante en las listas. Todo lo que se salga del elogio al líder correspondiente, toda crítica, se convierte en “purga”, “un pecado capital, un pecado mortal”. ¿Y cuál es el principal objetivo, el sueño anhelado? Un cargo público en el que se haga poco y se gane mucho.

Como dice el portavoz de Ciudadanos en Sevilla de la diputada en el Congreso por esta provincia, Virginia Salmerón, que “quiere Cámaras [el Parlamento nacional o regional] y los 5.000 o 6.000 euros” que gana en el Congreso. “Tú compara el ayuntamiento con lo que ella tiene y, bueno, es que no hay ni punto de comparación, ni en el nivel retributivo ni en el trabajo, ni en el día a día (…) Ella lo que quiere es vivir bien, ella no quiere trabajar, además es que no sabe…”. ¿Se entiende bien el motivo de las principales disputas internas en un partido político? Lo dicho, qué tropa, joder, pero qué tropa…

Una justicia sin fronteras que sustituye a los derechos nacionales
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), un peligro para las democracias occidentales
  latribunadelpaisvasco.com  27 Septiembre 2018

¿Qué tienen en común Henri Parot, Carles Puigdemont y el rapero Valtonyc? Que todos han acudido al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (en Estrasburgo) para hacer ver su idea de que la justicia española no funciona. En el caso de Puigdemont, además, se trata de una estrategia calculada para internacionalizar "su" conflicto particular, ya que hay muchas posibilidades de que el Tribunal lo titule como "el caso de España contra Cataluña". Esto daría un altavoz mediático europeo a las pretensiones del ex-presidente en su intención de denigrar a España como sea y avanzar en su proycto secesionista. Sus abogados ya se han preparado para una pelea judicial que puede durar hasta mediados del año 2019.

Ahora bien, ese tribunal al que han acudido no pertenece a las instituciones de la Unión Europea de la que formamos parte. ¿Qué organismo es ése, entonces, y por qué España tiene que respetar su jurisprudencia, renunciando a más y más soberanía? Antes de que el tribunal se pronuncie sobre los asuntos de Puigdemont, hemos querido comprobar si en otros países de la UE surgen voces críticas ante el cuestionamiento de la soberanía nacional, de los Estados miembros, por esa vía oficiosa.

Artículo de Por Olivier Maulin publicado en Valeurs Actuelles (Nº 4.257).
Introducción del tema y traducción a cargo de Esther Herrera

Estamos atados de pies y manos. En la lucha contra el terrorismo, como en otros ámbitos, Francia se topa regularmente con el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, cuyo objetivo es dictarle a Francia su ley. Es urgente ya librarse de esta situación.

El 19 de septiembre de 2007, una resolución de alejamiento a Argelia fue firmada contra Djamel Beghal, privado de su nacionalidad francesa un año antes por haber proyectado un atentado contra la embajada de Estados Unidos en París en 2001. Estimando que su expulsión le ponía en peligro, el islamista argelino interpuso un recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (en adelante TEDH)… ¡que le dio la razón! No era ni la primera ni la última vez que este tribunal con sede en Estrasburgo se descolgaba con una resolución surrealista privilegiando hasta el absurdo la libertad individual sobre la libertad pública, contra el derecho legítimo de un Estado a proteger a sus ciudadanos contra el terrorismo.

Esta institución poco conocida por los franceses, que no hay que confundir con el Tribunal de Justicia de la UE (el cual pertenece a la Unión de los 28), depende del Consejo de Europa (47 países miembros) y se ha impuesto poco a poco como un verdadero tribunal constitucional europeo, dictando sentencias por encima de los 47 Estados (820 millones de habitantes), censurando con ligereza las legislaciones nacionales y condenando a los Estados que no respetan su interpretación de los “derechos humanos”. Este Tribunal ha desarrollado una concepción no solo procedimental de la democracia, sino “sustantiva”: dicho de otra manera, defiende una ideología. Formado por jueces militantes, expande mediante su jurisprudencia la vulgata “progresista” hecha de desconfianza sistemática hacia el Estado, de una caza fanática contra las “discriminaciones”, de la primacía dada a los delincuentes sobre sus víctimas, del respeto sagrado a los “derechos” de los terroristas, de un liberalismo absoluto en cuestiones de sociedad, de la defensa del individuo sobre el interés colectivo, de la negación de las fronteras y de la promoción de la inmigración.

El TEDH se ceba con los países occidentales culpables de “discriminación en el trabajo” y otras menudencias, pero no se le escucha pronunciarse sobre lo que sucede en otros países del Consejo de Europa donde los ataques a los derechos humanos son mucho más graves.

Es en 1945, después de la experiencia totalitaria europea, cuando comienza una política de derechos humanos. La Declaración Universal de los Derechos Humanos fue adoptada en 1948 por la Asamblea General de la ONU y, dos años más tarde, la Convención de Derechos Humanos y Libertades fundamentales fue firmada por los estados miembros del Consejo de Europa (N.T.: este organismo no pertenece a la Unión Europea). Pero estos textos, poco operativos, tenían sobre todo un valor simbólico en esencia. Eran simples comisiones, formadas por políticos y no por magistrados, las que se encargaban de verificar el respeto de los compromisos internacionales.

En 1959, se creó el TEDH, pero su competencia estaba subordinada a la decisión previa de la Comisión Europea de los Derechos Humanos, un órgano político una vez más. No se reunía más que algunos días al año. Pero bajo el impulso de los militantes de los derechos humanos reunidos alrededor de René Cassin, uno de los redactores de la Declaración Universal, el TEDH suplantó progresivamente al conjunto de las disposiciones de los derechos nacionales, incluyendo a las Constituciones; expresando claramente que los derechos humanos tenían por vocación estar por encima de la democracia. En 1998, la adopción de un Protocolo (nº 11) añadido a la Convención suprimió la Comisión Europea de los Derechos Humanos. El TEDH se convirtió en una jurisdicción permanente a la que pueden tener acceso directo los ciudadanos de los 47 Estados miembros del Consejo de Europa. El número de denuncias anuales ha pasado de cinco mil en 1990 a sesenta y tres mil en 2017; el número de asuntos pendientes llega a los cincuenta y cinco mil.

Actuando en lugar de la política, este Tribunal formado por jueces de Azerbaiyán, Moldavia, Albania o Turquía, moldea impunemente nuestra sociedad e impone sus decisiones, sin ninguna legitimidad democrática y fuera de todo control. Es un gobierno de jueces absolutamente contrario a la concepción francesa de Estado soberano y de democracia. “En Francia, el único Tribunal Supremo es el pueblo francés” decía De Gaulle.

En el momento histórico en el que estamos desde hace unos años, con una inmigración descontrolada y un enemigo interior islamista dispuesto a todo, la ideología transmitida por el TEDH nos lleva al desastre, y ya es urgente librarse de él de una manera o de otra. El Parlamento ruso lo entendió muy bien cuando votó en 2015 una ley poniendo al Tribunal Constitucional de Rusia por encima de la jurisdicción internacional. El TEDH había condenado en aquel momento al país a pagar 1,9 millones de euros a los ex-accionistas del grupo petrolero Loukos, desmantelado por las autoridades rusas después de un fraude fiscal masivo. “No pagaremos, y no aplicaremos sus decisiones” respondió entonces Putin. Otra solución podría ser salir de la Convención lo cual, al contrario de lo que se piensa, es jurídicamente posible. “La soberanía nacional pertenece al pueblo, que la ejerce a través de sus representantes y por la vía del referéndum” dice el artículo 3 de nuestra Constitución. No dice en ningún sitio que haya que rebajarla ante un tribunal supremo formado por jueces extranjeros, poco claros y fanáticos.

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El Estado, ausente de Cataluña
EDITORIAL El Mundo 27 Septiembre 2018

La crítica que dirigió Pedro Sánchez al nacionalismo durante la comparecencia previa a su intervención de hoy ante Naciones Unidas sería más creíble si él no gobernara en España gracias al independentismo. Toda la razón que asiste al Gobierno cuando emplaza al Govern a hacer autocrítica para abrirse al diálogo con la mitad constitucionalista de sus gobernados la pierde cuando concatena presiones sobre jueces y fiscales para que excarcelen a los políticos procesados. O cuando mira para otro lado mientras se consolidan la anormalidad y el desacato por la vía de los hechos consumados, se ahonda la fractura social y no se revierte el deterioro económico. En tanto dura la gira americana de Sánchez, Quim Torra ha anunciado para antes del 15 de octubre la activación de un órgano -otro más- que siente las bases de una «constitución catalana», y Roger Torrent se dispone a reabrir el Parlament para desobedecer al Tribunal Supremo y permitir que los diputados presos y huidos de la Justicia española conserven su acta y sus derechos de voto. Cataluña, en suma, sigue en las manos del fugado de Waterloo, a cuyo insensato capricho se sacrifican los intereses desatendidos de todos los catalanes.

A todo esto se añade el intolerable insulto a la reputación de España en que incurrió el presidente del Parlamento flamenco, un tal Jan Peumans, cuando entregó a Carme Forcadell -a la que visitó en la cárcel a principios de mes- una carta con membrete institucional que cuestiona el estatus democrático y europeo de España. Acierta Josep Borrell convocando al embajador belga en Madrid para trasladarle su malestar y elevando una queja ante la cancillería de Bélgica. Poco esperamos de un país transido de nacionalismo cuya Justicia deniega sistemáticamente las extradiciones de etarras y golpistas, pero todavía esperamos mucho de la Unión Europea y del activo compromiso diplomático de Borrell, que haría bien en distinguirse de la pasividad de Alfonso Dastis y haría mucho mejor en ahorrarse en adelante opiniones procesales irrespetuosas con el Poder Judicial.

Por si fuera poco, hoy publicamos en exclusiva nuevas comunicaciones internas entre los Mossos el 1-O. Allí quedan registrados los argumentos delirantes empleados por la desleal policía autonómica para incumplir el mandato del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Y un informe de Sociedad Civil Catalana detalla la cotidianidad del adoctrinamiento en la escuela catalana, lo cual delata la retirada de facto del Estado de una parte del territorio español. La aplicación del 155 no sirvió para paliar esa ausencia porque solo fue concebido para convocar elecciones. Nada cambiará hasta que el Gobierno de España, sea del signo constitucionalista que sea, no asuma la tarea de hacer presente al Estado en Cataluña y de combatir la hegemonía nacionalista sin complejos en lugar de cortejarla por un puñado de votos en las Cortes.

Engordando a los 'traperos'
Pablo Planas Libertad Digital 27 Septiembre 2018

Para el separatismo, los Mossos son el embrión del Ejército catalán. Al parecer hay interés en que los 'traperos', así se les llama ahora, opongan más resistencia la próxima vez.

El Gobierno ha llegado a un primer acuerdo económico con la Generalidad, por el que el Estado pagará a los representantes de los partidos golpistas en el Ejecutivo catalán 1.450 millones de euros en los próximos cuatro años si se aprueban los Presupuestos. De entrada, el Ministerio de Hacienda de María Jesús Montero se compromete a incluir 300 millones en el próximo Presupuesto, la mitad para financiar la recluta de más Mossos y su rearme. Sin noticias, entre tanto, de la equiparación salarial, para que los guardias civiles y los policías nacionales cobren lo mismo que los policías regionales de Cataluña y el País Vasco.

El anterior Gobierno catalán se quedó con las ganas de adquirir armamento pesado –con su munición correspondiente– semanas antes del golpe de Estado. En aquellos momentos, el que era jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero, al frente de una tropa armada de 17.000 efectivos, se mostraba reacio, como mínimo, a cumplir las órdenes judiciales relativas a prestar auxilio a la Guardia Civil o impedir el referéndum ilegal del 1-O. Venía de protagonizar una impresionante campaña de marketing sobre el emergente Estado catalán por su respuesta a los atentados islamistas del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils.

Por entonces, los Mossos practicaban seguimientos a políticos y particulares "unionistas", según su jerga. Existía y existe una activa sección de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) llamada Mossos per la República y cuyo jefe, Albert Donaire, se dedica a propagar vídeos en YouTube en los que dice que los españoles son una excrecencia. El agente es seguidor de las teorías racistas de Torra. También existe una asociación secreta de Mossos nacida contra el 155, el grupo Guilleries, que distribuye panfletos entre los agentes. Un mosso de la científica es columnista habitual de la prensa separatista, donde escribe cosas como esta: "Encara vibra la meva ànima als crits dels centenars de milers de vinguts d’arreu dels Països Catalans que, passades les 17.14 hores, tombaven amb la seva força els murs de l’Estat". Hay esteladas en las comisarías y hasta carteles que piden la libertad del exconsejero Forn y gloria para Trapero.

Además, las imágenes de los Mossos durante el referéndum ilegal, sus enfrentamientos con guardias civiles y policías nacionales, las comunicaciones internas en las que reportaban la situación de las furgonetas de la Guardia Civil y la Policía Nacional muestran a las claras que no obedecían precisamente a los jueces.

Lo único que ha cambiado en los Mossos desde el 1-O son los jefes. El exconsejero espera el juicio en la cárcel y Trapero está en libertad condicional, apartado del cargo pero con nómina y despacho de florero. Se le mantiene el grado de major, el máximo y el único que hay en el cuerpo. En cumplimiento estricto de las órdenes, los Mossos vuelven a estar al servicio del golpe. Amenazan e identifican a los que retiran propaganda separatista y velan para que los matones de los Comités de Defensa de la República (CDR) impidan cualquier manifestación de signo contrario en las calles.

Para el separatismo, los Mossos son el embrión del Ejército catalán, el cuerpo que debería haber tomado el control del territorio una vez proclamada la república. Fracasaron estrepitosamente. Lo único que pudieron hacer fue evadir a Puigdemont y prestarle máxima cobertura a pesar de su condición de prófugo de la Justicia española. Es obvio que no todos los Mossos son separatistas, como también resulta evidente que si no actuaron tras la proclamación de la república fue porque Puigdemont echó a correr y sus jefes se entregaron a la Justicia. Que iban de farol para provocar una negociación, según dicen. En esas circunstancias, los mossos que estaban dispuestos a defender la república se fueron a sus casas para no poner en riesgo la nómina.

El separatismo no retrocede. Está recuperando el aliento y "ensanchando la base". Necesita más dinero para comprar más voluntades y el Gobierno de Sánchez está dispuesto a aflojar la pasta. Que bajo subterfugios y mandangas sobre disposiciones adicionales estatutarias se vayan a distraer 150 millones para los Mossos d'Esquadra debería disparar todas las alarmas; pero, como escribe Ignacio Vidal-Folch, "el Estado español dedica ingentes recursos financieros a combatirse a sí mismo". Al parecer hay interés en que los traperos, así se les llama ahora, opongan más resistencia la próxima vez.

Pedro Sánchez, paradigma de la elite política posmoderna
Mateo Requeséns gaceta.es 27 Septiembre 2018

Se suceden anuncios de medidas para ocupar primeras planas, las de hoy hacen olvidar las de ayer, las propuestas no se fundamentan en datos ni en debates serios, sino en sentimientos…

El absoluto predominio de la imagen frente a los contenidos es tal vez uno de los aspectos más llamativos de la posmodernidad. Más que lo transcendental de una idea, lo que importa es a cuantas personas llega el mensaje y lo rentable y competitivo que resulta frente a otros. Se impone la velocidad frente a la duración, la novedad frente a la tradición, lo aparente frente a lo teórico, el placer frente al esfuerzo, lo útil frente a lo ético. Consecuentemente no hay convicciones firmes, solo opiniones más o menos en boga; las noticias, la cultura, las ideas políticas, no se reflexionan, se consumen.

Esta celeridad posmoderna no nos deja tiempo para la meditación, ni para la búsqueda de la verdad, ni para investigar los fundamentos de una razón, ni para formación alguna que no revierta dividendos. Se trata de llegar rápido y con el menor desgaste posible a la fama, al éxito profesional, a la buena posición económica o al poder político, objetivos que acaban convirtiéndose en el fin último de la existencia humana, en una ecuación que alimenta el vacío, o, si quieren, el nihilismo que caracteriza nuestra época.

Cuando el triunfo se mide por la popularidad y el dinero, no es de extrañar que nuestras elites dirigentes estén plagadas de profesionales de la política que jamás han trabajado en otra cosa que en cultivar su propia carrera política, sin preocupación autentica por adquirir una formación sobre la ontología de las ideas y una preparación practica para intentar discernir la causalidad de los problemas y aplicar las soluciones más justas y acertadas. Están muy ocupados posicionándose dentro del partido y vendiendo su imagen a los electores como para estar dispuestos a perder el tiempo en semejantes menesteres. Podríamos citar decenas de ejemplos, desde Zapatero, pasando por Cifuentes y la recientemente dimitida Montón, hasta el propio Casado. Pero si alguien representa este fenotipo es Pedro Sánchez.

Sin ninguna virtud destacable, sin más mérito que saber manejar la imagen ante la opinión pública, sin más capacidad que la de dominar los resortes de las redes clientelares y de contactos del sistema partidista, Pedro Sánchez ha llegado a lo más alto del cursus honorum del sistema político español. En su proyecto no hay fundamentación ni última, ni única, predomina ante todo su ansia personal de goce del poder.

El escándalo de su tesis ilustra esta nueva forma de penar posmoderna, lo importante es conseguir rápido y sin esfuerzo un objetivo, que resulta útil para conseguir un prestigio, que a su vez, en este caso, sirve para entrar en el mundo universitario. El contenido de la tesis, la calidad de la enseñanza, es indiferente. No se trata de investigar, son incómodos pasos que hay que dar para engordar currículos que permitan seguir con el postureo y haciendo contactos beneficiosos para la carrera política.

La inmadurez del personaje Pedro Sánchez la detectamos en su afición por utilizar los medios del Estado, ya sean reactores o helicópteros, para sus traslados privados, pero la trivialidad que transmite a su acción de gobierno nos sitúa ante esa realidad liquida que denunciaba Bauman. Se suceden anuncios de medidas para ocupar primeras planas, las de hoy hacen olvidar las de ayer, las propuestas no se fundamentan en datos ni en debates serios, sino en sentimientos, tal y como sucede con las pensiones o la subida de impuestos, cuando no en falsedades sectarias como en el asunto del Valle de los Caídos y Franco. Con total frivolidad se sustituyen unas medidas por otras, sin mayor reflexión ni quebranto, como ha sucedido con la venta de bombas inteligentes a Arabia Saudita.

Con Pedro Sánchez se confunden las ocurrencias con ideas y damos por buenas como tesis políticas meras opiniones que se agotan en un hilo de twitter, pero consiguen una fugaz popularidad. Como no hay más certeza que el fin último de mantenerse en el poder, da igual pactar con separatistas, proetarras o comunistas, porque todo es negociable con unos y otros. Se trata de una política evanescente, un gobierno que, como apuntaría Sloterdijk, ha pasado del estado liquido al estado espumoso, porque como la espuma, se expande o decrece, se inclina a uno u otro lado, animado, no por un contenido sólido, sino por el aire que le insuflan los medios de comunicación y el cambiante estado de ánimo de la opinión pública alimentada por sus miedos, prejuicios y sentimientos.

Este es el problema esencial de la sociedad española, que más allá del bienestar material individual somos incapaces de encontrar un proyecto que tenga entidad y vigor. Navegamos sin hoja de ruta y sin conciencia de destino. Con este estado de zozobra no nos debe extrañar que la Nación, al fin y a la postre, no sea más que una estructura emocional y como tal moldeable, divisible o prescindible a utilidad del individuo, incluso aunque ese individuo se llame Pedro Sánchez.

Repeticiones peligrosas
JOSEBA ARREGI El Mundo 27 Septiembre 2018

El ex lehendakari Carlos Garaikoetxea acostumbraba a repetir que no se puede empezar el credo a partir de Poncio Pilato. Cierto: hay cortes en la narración que traicionan radicalmente su sentido. En el caso de la cuestión catalana planteada por los nacionalistas radicales, la narrativa que se ha ido haciendo oficial también comienza por su propio Poncio Pilato: el recurso del Partido Popular al Tribunal Constitucional. Pero se olvida la prehistoria de este acto que, de tener un comienzo, lo tiene en la decisión del líder del PSC Pasqual Maragall de plantear una reforma del Estatuto catalán como el camino necesario para desbancar del poder a los nacionalistas de CIU.

Aquella propuesta conllevaba varios aditamentos muy significativos y graves. En realidad, se trataba de una reforma de la Constitución por fraude de ley, revestida de reforma estatutaria, algo que nunca debiera haber podido ser votada ni en el Parlamento catalán. Y, además, se hizo acompañado del Pacto del Tinell: firma de partidos ante notario para excluir al PP de cualquier alianza, negándole así su legitimidad democrática.

Lo mismo que está sucediendo en la política española desde que el presidente Pedro Sánchez abusó, malinterpretando, de una frase en una sentencia dedicada a otro objeto de juicio para organizar el desalojo de Mariano Rajoy de la Presidencia del Gobierno por medio de una moción de censura que respondía a la misma lógica del Pacto del Tinell: excluir al PP de la posible alianza con otros partidos. Fue una moción de censura teóricamente positiva, como exige la Constitución -en torno a un programa concreto de gobierno-, pero, en realidad, puramente negativa: fuera Rajoy y su programa de gobierno, adentro Sánchez sin programa de gobierno.

El Pacto de Tinell venía a acompañar la voluntad de Maragall de reformar la Constitución por la puerta de atrás. Ahora parece que las cosas cambian. Pero sólo lo parece. Porque es cierto que quien plantea la reforma de la Carta Magna es el propio Gobierno de España, pero no se sabe hasta qué punto se trata de voluntad propia o sobrevenida para satisfacer en todo lo que se pueda a los nacionalistas catalanes, y si hiciera falta los nacionalistas vascos, es decir, a quienes eran compañeros de viaje y coaligados de Maragall. Es lo que está en la lógica de la izquierda española encarnada en el PSOE: para llegar a gobernar es preciso aislar al PP, dejarle sin posibles aliados para conseguir la mayoría absoluta, satisfacer las apetencias de los nacionalistas, y ofrecer disposición a abrir en canal la Constitución de España contando con la ayuda de quienes rechazan cualquier reforma que no implique la invalidez de la misma en lo que consideran sus territorios por derecho dinástico, que no otra cosa son en el fondo los derechos históricos.

En este contexto aparece una y otra vez el término valentía. Hay que ser valientes, se dice, como repetía Zapatero. Pero la democracia no se basa en la valentía ni en el arrojo -no es cuestión de batallas ni de guerras-, sino en el respeto a la ley, y a las reglas y procesos establecidos para su cambio. La valentía y el arrojo parecen ser coartadas para saltarse la ley a conveniencia. Pero hay otros términos que también tienen paralelos graves en la historia reciente de España. El presidente Sánchez no se cansa de repetir, al igual que el PSOE, que la cuestión catalana no se soluciona en el ámbito judicial, sino haciendo política, pues se trata de una cuestión política. Quienes hacen política en un Estado de derecho no son sólo los partidos. Éstos, en demasiados casos, se limitan a hacer política partidista hasta el punto de que para la mayoría de los ciudadanos se confunde política con partidismo. Pero cuando sólo se hace política partidista es necesario que vengan los jueces y los tribunales, y al final el Tribunal Constitucional, para revisar si lo aprobado por los partidos se ajusta a Derecho. También en eso consiste la Política con mayúsculas. Y el Tribunal Constitucional es un tribunal político no porque sus componentes hayan sido nombrados por los representantes de los partidos, sino porque cuida y garantiza el bien político fundamental que posee el conjunto de la ciudadanía española: su Constitución. Sin ella, la sociedad española sería una masa amorfa sin columna vertebral.

En tiempos no tan lejanos, cuando el Estado de derecho que es España decidió actuar con todos los medios posibles para acabar con el terrorismo de ETA, incluyendo el poder judicial, se escuchaba, sobre todo de los partidos que en su día firmaron el Pacto del Tinell y ahora han firmado la moción de censura para derrocar a Rajoy y aupar a Sánchez, que no había que judicializar el conflicto vasco, que más allá de la actuación policial se requería hacer política, que era otra forma de decir diálogo y negociación.

Es difícil de entender que se pueda contraponer actuación policial y actuación política si no se olvida que la definición del Estado de derecho implica el monopolio legítimo de la violencia -policía, jueces, hacienda-, es decir, el núcleo constitutivo de la política de Estado. Querer jugar fuera de esos ámbitos para hacer otra política no conduce más que a sospechar que se quiere hacer partidismo fuera de lo que constituye la Política con mayúscula. La política no es cuestión de amigos o enemigos -Carl Schmitt-, ni de empatías, simpatías o antipatías, sino de normas, procesos, reglas, acuerdos constituyentes, de leyes sometidas a derecho, de lealtad constitucional.

Por el camino de la política con mayúscula se consiguió que ETA tuviera que cesar en su actividad de terror y de asesinatos, no por la vía del partidismo, no por la vía del diálogo y la negociación: éstas solo consiguieron que la banda siguiera demasiado tiempo con su terrorismo esperando poder conseguir algo a cambio de su violencia. La clave fue la ilegalización de Batasuna por el Tribunal Constitucional, un acto de importancia crucial para forzar el fin del terrorismo de ETA, un acto político por excelencia. Ese fin es fuente de contento y alegría para todos, menos para quienes fueron derrotados: el terrorismo de ETA, los que apostaban por el diálogo y la negociación y quienes creían en un fin del terror sin vencedores ni vencidos, es decir, sin víctimas ni verdugos.

Pero pronto se le dio la vuelta a esta situación que fue transitoria aunque permitió poner fin al terrorismo: a la ilegalización de Batasuna siguió la legalización de Bildu y de Sortu, la presencia de los acompañantes necesarios de ETA en toda su historia de terror en las instituciones, la reclamación de la puesta en libertad de los presos etarras, al menos de los enfermos graves -Uribetxeberria Bolinaga-, como alternativa el acercamiento a cárceles próximas, un plan de paz del Gobierno Vasco que mezcla todo tipo de terrorismo, reduce el de ETA a simple -con todo lo grave que es- violación de derechos humanos, sin otro significado político. Y así siguen las cosas confundiendo virtudes privadas como el perdón y la reconciliación con la defensa del Estado de derecho y con la exigencia de acatarlo como paso previo a todo lo demás, con las ayudas a víctimas que lo serán solo por resolución administrativa fundada en una comisión de expertos, y al final con el pacto PNV-Bildu para volver a hacer fraude de ley intentando reformar -para liquidarla- la Constitución por medio de la reforma estatutaria.

Libertad de presos, acercamientos, exclusión de PP y Ciudadanos, reconciliación, convivencia, virtudes privadas, empatía, valentía y arrojo en lugar de respeto a la Constitución, imperio del Derecho por encima de sentimientos particulares, reconocimiento de legitimidad democrática a los partidos excluidos -alguien debiera pensar lo que significa excluir a PP y Ciudadanos, e incluir a la CUP, a ERC, a PDeCAT, a PNV, a Bildu y Sortu, cuando ninguno de estos partidos acatan ni reconocen la Constitución española si no es para denigrarla-: todo esto suena a un dèjá vue que produciría perplejidad si no fuera demasiado grave y peligroso para nuestro futuro, el futuro que nos prometía la Constitución de 1978.

Por si sirve de algo: Felix Ensslin -hijo de la terrorista de la RAF Gudrun Ensslin- se pregunta en un ensayo publicado por la revista semanal Die Zeitqué tienen en común el terrorismo y el indulto. Y se responde: ambos adolecen de fundamento y apuntan con ello a la dimensión de un acto soberano fuera del orden establecido. Ciertamente: el indulto lleva a cabo la excepción de la ley, mientras que el terror apunta a su destrucción, ambos revelan, sin embargo, la falta de ley en el interior mismo de la ley.

Joseba Arregi, ex consejero del Gobierno Vasco, es ensayista.

Sánchez sigue pagando el chantaje a Cataluña, por su apoyo
“Los pactos políticos entre fracciones adversas son siempre de mala fe, aunque sean convenientes” John William Cooke
Miguel Massanet diariosigloxxi 27 Septiembre 2018

Los españoles, a fuerza de recibir sorpresas, de ser engañados por nuestros políticos, de que sea menospreciada nuestra inteligencia y de que tengamos que sufrir los cambios de rumbo, con los que se nos intenta ocultar lo que verdaderamente tienen entre ceja y ceja, aquello que han decidido, desde el Gobierno, que va a ser más conveniente para sus fines electorales que, por supuesto, no tiene nada que ver con lo que le conviene a España y a los españoles; parece que hemos llegado a un punto en el que nos cuesta reaccionar ante la serie de absurdos, provocaciones, arbitrariedades y maquinaciones que, cada vez con mayor desparpajo, cara dura y frecuencia utilizan, los que nos gobiernan, para intentar llevarnos del ronzal hasta aquella situación a la que pretenden arrastrarnos; que es, evidentemente, allí donde nos tienen a su merced, cuando han conseguido lavar el cerebro de aquellos a los que, con falsas promesas de futuros beneficios, es fácil convencerles y que suelen ser, por desgracia, la mayoría.

Era difícil imaginar que Pedro Sánchez consiguiera regresar triunfante como líder del PSOE, sin embargo así sucedió. Era complicado pensar que habiendo colaborado, aparentemente, con lealtad a luchar contra el desafío separatista planteado a consecuencia del 1.O, en un intento de crear una situación de rebelión contra el Estado de derecho, para conseguir lo que, para ellos, era la antesala de la separación de Cataluña de España mediante un supuesto referéndum “por el derecho a decidir” que, de haberlo ganado, en estos momentos no sabemos en qué situación nos hubiera colocado. Fue uno de los que, finalmente, se adhirió a la aplicación del 155, seguramente porque no le quedó más remedio ante una situación que no se podía negar que representaba un grave peligro para la unidad de España. No obstante, ya se cuidó de impedir que se interviniesen los principales medios de la propaganda soberanista, la TV3 y Radio Cataluña, que no cejaron en todo los días en los que se estuvo gestando el proyecto revolucionario, de animar a los separatistas, informarlos de donde estaban las fuerzas de seguridad encargadas de impedir la consulta ilegal y orientando a los grupos destinados a crear disturbios hacia los lugares en los que, las fuerzas del orden, no estaban presentes.

En todo caso, no tuvo inconveniente, aprovechando la debilidad del gobierno de Rajoy y la repulsa general de todo el resto de partidos en contra de su persona, para crear una fuerza que le permitió obtener los votos precisos para poder ganar la moción de censura, que presentaron en contra del anterior presidente del Gobierno. Mintió, una y otra vez, para que los que le apoyaron se decidieran a hacerlo, prometiendo que, en tres meses, se celebrarían unas nuevas elecciones. Cuando consiguió acceder al poder todas sus promesas quedaron en agua de borrajas y aquellos planes a corto plazo que se había comprometido a llevar a cabo preparando las elecciones, se han convertido, como se han cansado de repetir todas las ministras, sobrevivientes a la tala que, los problemas sobre la originalidad de sus respectivos masters, les llevaron a pedir la dimisión; hayan cerrado filas en torno a Sánchez para decir que van a estar gobernando hasta el 2020, sin que la puesta en cuestión de la Señora Delgado, ministra de Justicia, parezca que haya influido en ellos si bien, el caso todavía no ha quedado cerrado. Todo ello sin que Sánchez, en el extranjero, un truco para no verse comprometido en todos los problemas que asedian a su partido, haya dicho más que generalidades que no le comprometen a nada.

Hete aquí que, entre tanto, como era de suponer que estaba sucediendo, se han intensificado la serie de reuniones de enlaces de los socialistas con los políticos catalanes, en un intento de conseguir encontrar una rendija por la que se pudieran colar los acuerdos que satisficieran al nacionalismo catalán, sin poner en un grave aprieto al señor Sánchez y sus socialistas. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que tiene entre sus prioridades satisfacer a los de Podemos, que son los que marcan su agenda fiscal, aumentando desorbitadamente los impuestos, precisamente en un país que, anteriormente, era de los que menos pagaban de Europa, para convertirnos, en la actualidad, en uno de aquellos en los que, la presión fiscal, se está volviendo más agobiante para la clase media y obrera.

Los frutos de estas conversaciones, que podríamos calificarlas más bien de chantajes, han salido a la luz cuando, la señora ministra de Hacienda, ha confesado que han llegado a un acuerdo con los políticos soberanistas catalanes por el que, en la Comisión Mixta de Asuntos Económicos y Fiscales Estado-Cataluña (fíjense ustedes el absurdo de crear una comisión en la que el Estado se sitúa al mismo nivel que Cataluña, sin que estén presentes para poder opinar sobre lo que se trata el resto de las 16 comunidades autónomas españolas que, incomprensiblemente se ven privadas de poder presentar sus objeciones a este acuerdo, evidentemente espurio y denigrante) el Estado, se compromete a saldar, en cuatro años, 1.459 millones de los 7.600 de “deuda pendiente” por una obligación asumida por el Estado de invertir en Cataluña “un valor equivalente al peso del PIB en el conjunto del país”. Entendámonos para no llevarnos a engaño ¿estamos hablando de algo que, el Gobierno, se obligó a invertir en la comunidad catalana cuando, precisamente, esta misma comunidad estaba luchando para conseguir su independencia, nos llamaban cerdos a los españoles, se negaban a cumplir las leyes y las sentencias de los tribunales españoles y, para más INRI, unos delincuentes que además eran políticos se revolvieron contra España pretendiendo declarar Cataluña como República Independiente? Y, señores: ¿A estos presuntos reos de rebelión, algunos delos cuales permanecen fugados en otras naciones, todavía se les han de facilitar más medios para que puedan continuar subvencionando su carrera hacia la utópica “nación catalana”, pagándoles unas inversiones que, en teoría, según aprecian los separatistas, se deberían de haber realizado en un territorio extranjero?

La ministra no se ha quedado corta en sus cesiones ante la Comisión mixta pues, a cambio de nada (o a cambio del apoyo a los PGE) se ha comprometido a aliviar la situación de gravedad económica por la que pasa la Generalitat sin que, por parte de ellos, se hayan podido argumentar que han existido contraprestaciones para justificar las cesiones mencionadas. Porque los separatistas, como siempre, se olvidan de la separación de poderes y siguen insistiendo en que “se saque de los tribunales el conflicto político y se lleve a una mesa de negociación”. La solución de siempre que, desgraciadamente, también la comparten muchos periodistas, imbuidos de este “buenísimo” ciego que afecta a todos estos que siguen creyendo en Papá Noel, la del mal llamado “diálogo” que, en el caso de los separatistas, se convierte en un monólogo ya que no escuchan las propuestas de sus interlocutores, encerrándose en una única y exclusiva petición: “un referéndum pactado con el Estado por el derecho de los catalanes a decidir”. Lo curioso es que, todos aquellos que insisten en una actuación pacifista, esperando que los separatistas vayan a renunciar a su proyecto, repiten su propia cantinela inconmovibles a sus sucesivos fracasos en todas las ocasiones en las que han venido repitiendo lo del diálogo, mientras se ha demostrado que, todo lo dialogado hasta ahora, no ha servido más que para que, el soberanismo catalán, se haya ido reforzando mientras la postura del Estado, ya está sufriendo consecuencias fuera de España por no haber zanjado, de una vez por todas y con mano firme, este problema que ya debiera ser un mero recuerdo en la lejanía del tiempo.

Pero, por si faltaba algo en este sinsentido de las conversaciones con la Generalitat, el Gobierno (que no olvidemos que ha respaldado la Deuda catalana para que, la Generalitat pudiera emitirla, deuda basura, según las tres agencias de rating, sin cuyo aval nadie del mundo financiero hubiera comprado un solo de los bonos emitidos desde Cataluña) ha autorizado la refinanciación de 2.773 millones de euros que pasan “de deuda a corto plazo a medio plazo”. Es decir, les están dando una financiación complementaria que, en otro caso y con un gobierno que quisiera acabar, de una vez, con estas tontería separatistas, lo que hubiera hecho sería cortar todo apoyo económico para que se vieran ante el trance de tener que provocar una suspensión de pagos con las consecuencias de verse imposibilitados de continuar manteniendo a los fugados que viven a cuerpo de rey en Bélgica, Suiza o en Escocia, todos ellos financiados desde Cataluña con los apoyos de varios mecenas, que no han dudado en apoyar la causa desde sus abultadas fortunas. ¡Bravo señor Sánchez, usted sí que sabe! Traiciona a España y siguen pensando que es la persona adecuada para dirigir sus destinos. Peor imposible.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, seguimos admirados que alguien, en este país, siga creyendo que, de la mano del socialismo del señor Sánchez (podríamos decir: …y de su compadre el señor Pablo Iglesias, que es quien dicta la política fiscal) tenemos alguna posibilidad, aunque fuera mínima, de que España, que ya está dando muestras del cansancio económico, (algo que, en Cataluña, parece que ya empieza a ser preocupante), dentro de unos meses no se encuentre en situación parecido o peor a aquella en la que la dejaron los del gobierno socialista de Rodríguez Zapatero a finales del año 2011. Recuérdenlo ustedes, se lo recomiendo.

La globalización terrorista
Raúl González Zorrilla  latribunadelpaisvasco.com 27 Septiembre 2018

Artículo introductorio al Nº3 de la Revista Naves en Llamas

Todo atentado terrorista encierra consecuencias intensamente dramáticas y dolorosas que se reflejan en las víctimas directas de la barbarie, en el sufrimiento inconmensurable de los allegados a las personas asesinadas y, materialmente, en el balance económico de la destrucción producida. Pero, además, cualquier atentado terrorista, sea de la magnitud que sea, posee una profunda carga de significación simbólica (macroterrorismo) que es buscada por los criminales con el ahínco de quienes saben que de este impacto emocional se derivará el mayor o menor "éxito" de su acción criminal.

En este sentido, los centenares de ataques terroristas islamistas llevados a cabo en los últimos años en diferentes países del mundo han inaugurado un nuevo escenario de horror global que, retransmitido al segundo a través de Internet, busca convulsionar los pilares fundamentales sobre los que se asienta la civilización occidental. El terrorismo que tiene su origen en determinadas zonas del planeta y que se expande globalmente beneficiándose de las efectivas macroinfraestructuras comunicacionales que se derivan de las más recientes tecnologías, no es, como se quiere hacer creer desde posiciones intelectuales demasiado ancladas en lugares comunes, el “arma” que utilizan las gentes y los territorios depauperados del orbe para hacer oír el grito de su miseria. Por el contrario, la violencia terrorista internacional es la herramienta de aniquilación que emplean quienes, en muchos casos proviniendo de orígenes geográficos, ideológicos, económicos y educativos radicalmente diferentes, coinciden en el objetivo común y supremo de buscar la aniquilación de los pilares más visibles de la civilización occidental para tratar de imponer al mayor número posible de seres humanos sus designios doctrinales, sus ensoñaciones espirituales, sus intransigencias culturales y sus derivas fanáticas.

A los terroristas, respondan éstos a las siglas de una organización de extrema izquierda local o formen parte de esa marca bárbara en que se ha convertido el autodenominado Estado Islámico, les preocupa muy poco las posibles situaciones de injusticia o desigualdad que atraviesen el resto de los humanos. A los asesinos, bien financiados, correctamente alimentados y excelentemente formados, que han acabado con centenares de vidas en Nueva York, París, Londres, Bruselas o Madrid, entre otros muchos lugares, no les arrastraba el impulso de liberar a sus compatriotas de una presunta miseria, sino su sometimiento a religiones o ideologías políticas totalitarias y liberticidas, como el Islam o el comunismo, que ven en el ocaso de Occidente el amanecer de un nuevo mundo plegado a su barbarie. A los psicópatas del Ejercito Rojo que en 1995 sembraron con gas sarín el metro de Tokio nos les movía ninguna reivindicación política o ideológica inteligible, sino su necesidad de salvar el "honor" de Japón; a los islamistas que degüellan a sus víctimas no les mueve motiva salvar de la indigencia a una población que apenas pervive por encima de los niveles de subsistencia, sino su obsesión por instaurar en su ámbito de influencia una perversa, malévola y desquiciada visión del Islam; y, en fin, a los criminales etarras que durante cinco décadas han sembrado de muerte las calles de nuestras ciudades nada les estimulaba tanto como creerse miembros privilegiados de una comunidad, “nacionalista y socialista”, elegida para “liberar” al “pueblo vasco” de las más falsarias e imaginarias afrentas que alguien pueda imaginar.

Las organizaciones terroristas internacionales coinciden todas ellas, en la mayoría de los casos, en su apuesta por defender una serie de postulados primales y prepolíticos, emocionalmente devastadores, subjetivamente imperiosos, sentimentalmente embaucadores y racionalmente vacuos, que se enfrentan directa y brutalmente con la complejísima elaboración teórica, racional, política e ilustrada sobre la que se asientan las sociedades democráticas modernas. Frente al arduo y siempre convulso esquema dialéctico, dinámico, cambiante y versátil sobre el que se levanta nuestra civilización, los abanderados del terror apuestan por una caverna rebosante de dogmas y credos drásticamente irracionales y brutalmente impuestos que en el marco de un mundo interconectado, hipertecnologizado y guiado por el economicismo, la racionalidad y la ciencia, solamente pueden estar abocados al naufragio.

Ciertamente, los iluminados prestos a matar en algún lugar por una deidad, por un manifiesto o por una revelación, siempre han existido y, en su esencia, siempre han dejado al descubierto una profunda animadversión ante el avance del progreso. Pero ha sido solamente ahora, en los albores del siglo XXI, en el momento en el que la mundialización de los mercados, la explosión tecnológica, la revolución en las comunicaciones, la universalización de la economía liberal, la fusión de culturas y los deslumbrantes avances científicos han expandido la civilización occidental hacia un todo globalizador, cuando el terror arcaizante y anticivilizador ha podido saltar de lo local a lo global, de lo tribal al World Trade Center.

La lucha sin cuartel contra el terrorismo internacional es algo más que una batalla entre "buenos y malos". Se trata de un combate por defender, del modo que sea necesario, una forma de entender el mundo, la nuestra, que, a pesar de las muchas carencias, desigualdades e injusticias que porta en su interior, es la única que hasta el momento, y basándose en la defensa activa y a capa y espada de las libertades, tanto públicas como privadas, ha sido capaz de incrementar el bienestar colectivo de extensas capas de la población mundial.

Hace algunos años, un oscuro funcionario del Pentágono norteamericano, Francis Fukuyama, sentenció en un libro que con el triunfo de las democracias liberales frente al bloque comunista, la Historia había entrado en una fase terminal que, en su opinión, alumbraba un tiempo de bonanza económica, de progreso social y de desarrollo cultural que, además, conviviría con un largo periodo de equilibrio político. El nuevo terrorismo global desmiente esta visión demasiado optimista y cándida del porvenir y pone sobre el tapete que todavía resta por escribir el último y más importante capítulo de la Historia: el que debe dilucidar si nuestra civilización, que es una delicadísima obra de la razón, de tradiciones culturales que se pierden en la noche de los tiempos y del legado espiritual judeocristiano, que se ha ido modelando lentamente a lo largo de los siglos, es capaz de imponerse a quienes, mediante la utilización del terror indiscriminado, desean hacernos regresar a tiempos nebulosos repletos de irracionalidad, ignorancia, oscurantismo y barbarie.

Dictadura Lingüística
Torra amplía su dictadura lingüística: prohíbe que los profesores hablen entre ellos en español
Raquel Tejero y Borja Jiménez okdiario 27 Septiembre 2018

La Generalitat de Cataluña impone nuevas restricciones al español en un documento difundido en los centros escolares, con motivo del nuevo curso. El texto no solo establece limitaciones al uso del castellano en el aula, sino que impone a los profesores el empleo del catalán en todo el recinto escolar como lengua de preferencia.

“La lengua catalana no es únicamente una lengua objeto de aprendizaje. Es la lengua de la institución y, por tanto, la lengua de uso habitual en todos los espacios del centro, en la relación con la comunidad educativa y con todos los estamentos sociales en general”, se puede leer en la normativa bajo el título “Documento para la organización y la gestión de centros: El tratamiento de las lenguas en el sistema educativo”.

Hasta el momento los profesores tenían cierta libertad de cátedra a la hora de elegir la lengua en la que impartían sus clases. Aunque muchos de ellos se quejaban de continuas presiones para que éstas fuesen en catalán, no existía una normativa clara al respecto y si el director así lo decidía se podía elegir entre español o catalán. Las nuevas reglas, sin embargo, se endurecerán para favorecer al catalán.

Así, se exige que las “las actividades internas de los centros, tanto orales como escritas (reuniones, actos, informes y comunicaciones); las exposiciones de los profesores, las actividades de aprendizaje y de evaluación, la interacción entre docentes y alumnos y las actividades de formación del profesorado se llevan a cabo en lengua catalana, a excepción de las actividades que tengan como objetivo explícito promover el conocimiento y el uso de otros lenguas”. Es decir, que exceptuando asignaturas como ‘Castellano’ o ‘Inglés’, se deberá usar el catalán para el resto de clases y para las actividades extras.

De la misma manera se usará el catalán para la comunicación con los padres, ya sea oral o escrita: “Las actividades administrativas, las comunicaciones entre el centro y el entorno y la documentación que expiden los centros se llevan a cabo normalmente en lengua catalana o en aranés en Arán”.

Rótulos en catalán
La rotulación de los centros educativos también estará regulada por esta nueva normativa. De la misma manera que en el resto de aspectos, Torra quiere asegurarse de que los colegios cuenten con los carteles e indicaciones en catalán.

“La rotulación de los espacios del centro es en lengua catalana, lengua de referencia del sistema educativo”, recoge. La única libertad que concede en este aspecto es la que corresponde a las “producciones de los alumnos”.

Jose Manuel Soto: “Estoy harto de que te llamen fascista por sentirte español”
Raquel Tejero okdiario 27 Septiembre 2018

El cantante José Manuel Soto se convertirá en el embajador de Tabarnia en Sevilla. OKDIARIO ha hablado con él para conocer su futuro en la plataforma y sus próximas andaduras profesionales.

P.¿En qué momento decides pasar a tomar parte de algo como Tabarnia?
R. Me llaman ellos porque me seguían por las redes sociales. Sabían que estaba bastante comprometido con el tema de España y querían buscar gente notoria en la sociedad que les ayude a involucrar a otros y a externalizar la plataforma y que no fuese algo catalán sino que se tratase de algo todos los españoles.

P. La extensión de Tabarnia es innegable pero, ¿Qué significa para ti?
R. Es un movimiento que está haciendo frente al nacionalismo catalán con valentía y sentido del humor. Son gente que se ha unido con una tema que parece una broma, pero no se sabe cómo puede terminar. Tabarnia une a personas que se sienten identificadas con ese mensaje.

P. ¿Cuál es tu objetivo como embajador de Tabarnia en Sevilla?
R. Es algo simbólico y divertido. Queremos llamar la atención y por ello hemos organizado un almuerzo el próximo viernes 28 en Sevilla en el popular restaurante Río Grande, en la calle Betis.

P. ¿Cuándo fue la última vez que estuviste en Cataluña?
R. No hace mucho pero de visita privada. Vuelvo y canto el día 16 de octubre en el teatro Victoria en Barcelona. Lo que sí puedo decir es que ahora han cambiado las cosas. Aquella Cataluña que conocíamos todos, cosmopolita y abierta, ha cambiado .

P. Si pudieses enviar un mensaje para aquellos catalanes que se sienten españoles, ¿cuál sería?
R. Tienen que saber que no están solos y eso es lo que necesitan oír, que el resto de los españoles estamos con ellos. Vivir en una sociedad que te margina y te convierte en ciudadano de segunda no tiene que ser agradable.

P. El próximo mes irás a Barcelona y darás uno de tus conciertos, ¿te da miedo la acogida?
R. Miedo no me da pero antes había gente a la que yo le gustaba y a la que no. Ahora es lo mismo pero existe gente que no me puede ni ver. Hay un componente nuevo que no lo había vivido nunca

P. ¿Hay algún tema que te apetezca cantar más en el concierto?
R. Hay una canción que se llama ‘Soy español’ y que está teniendo repercusión en todas partes. Es una reivindicación con la que no pretendo ofender a nadie, sino mostrar que ser español es una cosa hermosa y un motivo de orgullo.

P. ¿Te inspiraste en la situación política actual para componer la canción?
R. El sentimiento siempre estuvo ahí pero a los que tenemos un sentimiento español se nos está llamando fascistas y se nos insulta… Nos llaman antiguos, retrógrados y yo estoy harto de las cosas . Sentirse orgulloso de tu país y amar a tu tierra no es ningún motivo para que te digan esas cosas. Hay mucha gente que esta como yo y que se siente así y han recibido la canción muy bien. En la mayoría de los conciertos tengo que cantarla varias veces.
 


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