AGLI Recortes de Prensa   Martes 2 Octubre 2018

Los ciudadanos españoles exigimos a las Fuerzas Armadas que defiendan con firmeza la Constitución y la libertad aplicando el artículo 8 de la Constitución en Cataluña
La Tribuna del País Vasco 2 Octubre 2018

Si la chusma política que lidera el Gobierno central no hace lo que debe hacer y, por ejemplo, no aplica nuevamente y con imediatez el artículo 155 de la Constitución para detener el Golpe de Estado que el totalitarismo independentista catalán, en alianza con la extrema izquierda, mantiene vivo desde hace más de un año, la situación de España se hará insostenible. Y será una situación intolerable no solamente por el devenir tortuoso que sufrirá Cataluña, y especialmente las decenas de miles de ciudadanos no nacionalistas que viven y trabajan en esta región, sino, sobre todo, porque las principales instituciones españolas, desde la Monarquía a las Justicia, pasando por el Parlamento y las fuerzas armadas, quedarán ante los ciudadanos como instrumentos inútiles que no pueden salvaguardar lo que nos es más querido y más valioso: la libertad, la convivencia civilizada, el respeto a las leyes, la igualdad entre los ciudadanos y la seguridad para nuestros hijos

Ante el Golpe de Estado declarado en Cataluña, el Gobierno de Mariano Rajoy, la Monarquía de Felipe VI y el Ejército español han de saber que los ciudadanos demócratas españoles les estamos mirando fijamente, con tanta atención como desconfianza. Y que esperamos encarecidamente que, a través del artículo 8 de la Constitución, defiendan nuestros derechos como hombres y mujeres libres que somos, que esperamos que protejan el futuro de nuestros niños (y su derecho a vivir y estudiar en su país hablando en su lengua materna) y que esperamos que resguarden con fuerza nuestro sistema de convivencia de esa contumaz chusma nacionalista, incendiaria y radical que, malversando los recursos públicos, trata de imponer a todos los españoles sus pesadillas más delirantes y fanáticas.

En estos momentos de la historia, los ciudadanos simplemente decentes, quienes pagamos religiosamente nuestros impuestos, quienes tratamos de facilitar la convivencia colectiva, quienes tratamos de transmitir ideales de tolerancia a nuestros descendientes y quienes todavía confíamos y creemos en los valores que se derivan de palabras como patria, tradición, familia, estirpe o historia, nos encontramos excepcionalmente indignados por la absoluta incapacidad y el desinterés de nuestras instituciones, mayoritariamente en manos de la extrema izquierda y los independentistas, para defender nuestros derechos más elementales: sobre todo, a la seguridad física, a la protección normativa, a la garantía de podermos entender en español con nuestros vecinos, a la libertad en cualquier parte de nuestro territorio y a la esperanza de un futuro para nuestros hijos.

Cada vez tenemos menos cosas, menos certezas, menos seguridades y menos confianza en este Estado. Y cada vez tenemos más rabia y más tentaciones de defendernos por nuestra cuenta. Y algunos deberían comenzar a imaginar qué puede ocurrir si muchos españoles comienzan a tomar las decisiones necesarias y urgentes que sus instituciones son incapaces de tomar… Los demócratas españoles esperamos que el Rey, el Presidente y la Jefatura del Ejército nos defiendan de la sinrazón y castiguen a los golpistas como marca la Ley. Y habrán de hacerlo así, con contundencia, eficacia y rapidez, porque, en caso contrario, podría darse la situación de que una posible independencia de Cataluña pasase a ser el menor de sus problemas.

Ayer fue un gran día
Llega la España consciente de que los nacionalismos debenser derrotados
Hermann Tertsch ABC  2 Octubre 2018

Ayer fue un gran día para España. Sí, ayer, día en que bandas de separatistas, dirigidos y jaleados desde las instituciones autonómicas catalanas, demostraron al mundo que Cataluña es hoy un territorio sin ley. Día en que Cataluña demostraba una vez más que se ha convertido en una región profundamente anómala y peligrosa, que vive bajo el miedo a la total arbitrariedad de sus gobernantes regionales y a la violencia de las camadas del odio y el fanatismo. Ayer fue un buen día de esos que transmiten a una sociedad más información, lucidez, certeza y realismo que años de discursos, debates o mensajes. A pesar de los medios de comunicación que intoxican con sus mensajes de indisimulada comprensión y simpatía hacia separatistas de extrema izquierda. Tampoco en España son los medios ya lo que eran. La nación crea resistencias. Cada vez es menos vulnerable a esas mentiras. También por eso, ayer se dio un paso de gigante en la victoria de la convicción de que habrá una intervención clara, seria, prolongada y tan convincente como inapelable en Cataluña. Para desarmar al nacionalismo, neutralizar el fanatismo, evitar el caos, el enfrentamiento civil y el más que probable derramamiento de sangre en aquella región. Para garantizar libertades, derechos y una vida política civilizada en Cataluña. Ningún estado puede dejar una región en manos de fanáticos que aterrorizan al resto de la población. No sería solo alta traición a España. Sería un crimen contra la humanidad. Y un suicidio que llevaría a toda España a una catástrofe sangrienta. No va a pasar.

Ayer, Pablo Casado, el líder del Partido Popular, en el Foro de ABC en el Casino de Madrid, pronunció un largo discurso no escrito, brillante como pocos se han escuchado en años a un político español. Brillante e importante, porque de él ya se desprende que ya hay una España política consciente de que el nacionalismo debe ser derrotado y dispuesto a actuar en consecuencia. Se acabó el sempiterno engaño de la negociación con el insaciable y desleal. Una vez derrotado por la Constitución, las leyes y los jueces, una vez restablecida la ley en Cataluña como en toda España, habrá paz. No antes.

Casado confirmaba ayer el retorno del PP a la defensa de la legalidad para plantear la ilegalización de todos los partidos que inciten y llamen a la violencia. Ya lo hizo Aznar. Ahí están PDECat, ERC y la CUP como objetivo inmediato. Mañana se cumple el aniversario del colosal discurso del Rey Felipe VI que es bandera, lema y faro de millones de españoles que ansían la reconquista de la legalidad, los derechos y la libertad de todos en Cataluña y toda España. Ahí está la nación a movilizar. Casado quiere la inmediata aplicación del artículo 155. Coincide con Albert Rivera. Tienen el deber de entenderse ante un Frente Popular cuya catadura y objetivos están claros. Quien crea poder ser ariete con unos u otros acabará como la oposición venezolana. El Frente Popular son quienes son y el resto, tontos útiles. En momentos de tan extraordinaria gravedad, Casado y Rivera, y también a su derecha el partido VOX que ya se atisba, tienen el deber de hacer frente al frente. Con la constitución contra sus enemigos. Ayer se cumplía un año del referéndum ilegal, la provocación, farsa y grotesca manipulación de imágenes para hacer creer al mundo que la policía española había hecho exactamente lo contrario de lo que hizo. Hace un año el 1 de octubre fue nefasto para España. Este año ha sido un gran día. Confirma que España está mucho más cerca de dejar de alimentar sus problemas. Y por tanto de atajarlos.

Un oprobio para el Estado de Derecho
Editorial ABC 2 Octubre 2018

Pedro Sánchez asegura que su Gobierno no cederá ante un chantajista, pero el chantajista contó, junto a Baltasar Garzón, con el aplauso de su ahora ministra Delgado

EL contenido de las grabaciones del comisario Villarejo revelan algo más grave que las reprobables actitudes y comentarios de quienes las protagonizaron: expresan la existencia de una trama de jueces, fiscales y policías convertidos en una suerte de organización clandestina nutrida por los inmensos recursos que el Estado debe poner al servicio de la ley y de los ciudadanos. Las procacidades de la ahora ministra de Justicia, las indiscreciones del exjuez Baltasar Garzón y la sordidez de los métodos del excomisario Villarejo serían anecdóticos si ninguno de ellos hubiera estado investido entonces de las más importantes funciones públicas en un Estado de Derecho. La terrible pregunta que puede hacerse cualquier ciudadano de buena fe es ¿en quiénes hemos confiado la protección de nuestros derechos y libertades? El banquete de Villarejo es el retrato de un oprobio para el Estado de Derecho, porque cualificados representantes de sus poderes básicos en la aplicación de la ley -Justicia, Fiscalía, Policía- se sentaron juntos y revueltos para compartir y jalear ilegalidades, infamias y hasta delitos. Porque delito es que un comisario monte una red de prostitutas para que informen sobre sus afamados clientes. Porque delito sería que un policía y un juez preparasen un caso -el de la Gürtel- mucho antes de que ese juez esté en condiciones de admitirlo a trámite. ¿Cómo sabía Baltasar Garzón que él iba a ser el instructor? ¿Puede alguien extrañarse de que Garzón fuera condenado precisamente por grabar ilegalmente a los imputados y sus abogados en el caso Gürtel? Su suerte estaba echada antes de que empezara la causa. La Fiscalía General del Estado debe investigar estos hechos. Delgado y Garzón conocían y aplaudían los métodos mafiosos de Villarejo y esto no puede quedar sin una explicación judicial.

La Audiencia Nacional es víctima de esta indignidad perpetrada por Garzón, Delgado y Villarejo. No sería justo que este tétrico episodio de Villarejo y sus amigos manche el historial de ese tribunal en la lucha contra el terrorismo. La inmensa mayoría de sus jueces y fiscales han sido y son testimonio ejemplar de entrega al servicio público. Sin embargo, tampoco hay que ignorar que la acumulación de tanto poder jurisdiccional en tan pocas personas puede generar riesgos para un cabal desempeño de sus funciones a largo plazo.

El presidente del Gobierno quiere ignorar un escándalo que habría provocado su caída en cualquier otro país democrático. Dice que su Gobierno no cederá ante un chantajista, pero el chantajista contó con el aplauso de su ahora ministra Delgado. Sánchez ha hecho de su permanencia en el poder una cuestión personal, sin escrúpulos éticos, y por eso mantiene al frente de Justicia a una persona que no es digna políticamente de ese cargo.

El pirómano Torra no puede seguir jugando con fuego
EDITORIAL Libertad Digital 2 Octubre 2018

En el primer aniversario de la farsa electoral golpista del 1-O, bandas separatistas del terror se han enseñoreado de amplias zonas de Cataluña con gran impunidad. Los liberticidas Comités de Defensa de la República (CDR) han tomado calles, paralizado el tráfico rodado y ferroviario, perpetrado todo tipo de fechorías incívicas y acosado a los medios de comunicación que no se dedican a blanquear su conducta de todo punto intolerable.

Lo que sucede en Cataluña desde que la Generalidad está en manos del fanático supremacista Quim Torra es de enorme gravedad, y las cosas no hacen más que empeorar. Ya no es que la violencia separatista imponga su ley de la jungla antidemocrática, sino que el propio Gobierno regional se comporta como lo que de hecho es: el gran envenenador de la convivencia, el pirómano dispuesto a incendiar todo con tal de sacar adelante su proyecto criminal y criminógeno y profundamente anticatalán, pues sólo quien odia profundamente al Principado puede pretender transformarlo radicalmente y convertir en extranjera a la mitad de su población.

Como el año pasado con el ahora cobarde prófugo Carles Puigdemont, con Torra el separatismo ha sobrepasado con creces el punto de no retorno. "Presionad, hacéis bien en presionar", ha bramado a los aterrorizadores que andan aplicando en Cataluña los métodos de toma del espacio público que aplicaban ETA y sus cachorros del terrorismo callejero en el País Vasco. Pavorosamente cierto: la máxima autoridad del Estado en Cataluña está incitando al separatismo violento a subvertir el orden constitucional en el Principado.

Torra se ha colocado no sólo fuera de sino frente a la legalidad, y debe pagar por ello y por llamar al conflicto civil en un momento en que la tensión está en unos niveles elevadísimos. El Gobierno de la Nación no debe tolerarlo ni un día más: ha de proceder a la intervención de las instituciones copadas por los golpistas, perseguir toda alteración del orden constitucional y facilitar a la Justicia el cumplimiento de sus cruciales funciones.

De una vez por todas, hay que poner fin a la impunidad con que este hatajo de guerracivilistas están devastando la tierra a la que dicen amar.

Margarita Robles es la próxima
Carlos Dávila okdiario 2 Octubre 2018

Este Gobierno cautivo y desarmado ante el ya separatismo feroz está roto por dentro, de modo que los pesos pesados ni siquiera se hablan entre sí y en confianza se desacreditan recíprocamente como si fueran verduleras del peor mercadillo aldeano. Cada uno o una va a salvar su tafanario, sólo el suyo. Lean por favor lo que un miembro o “miembra” —no pretendo dar pistas— recalca a quien le quiere escuchar: “Mi lealtad se circunscribe a Pedro Sánchez”. En el Gobierno, los independientes, los que no tienen el carné rojo de Ferraz, creen que van a por ellos. Y no están descaminados. Ahora por ejemplo a Margarita Robles, ministra de Defensa, le ha salido un auténtico divieso: Angel Olivares, su secretario de Estado que guarda una biografía plagada de las más sucias operaciones perpetradas en las cloacas del Estado.

Villarejo, que posee años de grabaciones en las que va a ir saliendo si se tercia hasta el Dalai Lama, revela que Olivares le pagaba por espiar a José María Aznar. Pues bien; eso ya se sabía, pero el Partido Popular nunca quiso desvelarlo. Antes del 2000, un secretario de Estado me confesaba, entre atónito y cachondo, esta perla cultivada: “Aquí no se escucha a nadie, pero a nosotros nos escuchan desde aquí”. Apuntaba —así lo creo ahora— a Villarejo. Un tipo, por lo demás, enormemente contradictorio: trabajaba para Olivares, pero llegaron una vez a las manos y el director de la Policía le echó del Ministerio. Se daba el morro con Garzón —“Tú eres un hombre de fiar”, le decía, arrobado, el juez— pero luego le tenía cogido por donde más daño había.

No es imposible que Villarejo o los filtradores ocasionales de ahora mismo posean una versión completa con voces incluidas de la famosa cacería de Jaén que le costó el Ministerio de Justicia a Mariano Bermejo. En aquel sarao festivo y cinegético en el que el ministro tiraba sin tener autorización autonómica para a ello, también estaba presente González, el comisario jefe de Investigación. González sustituyó tras algunos años a otro comisario, Gabriel Fuentes que ahora ha aparecido como invitado especial de otro almuerzo, el que “celebraron en “Rianxo” los complotados de Villarejo. En la finca de Jaén se urdió la trama judicial, policial y política que terminó con los mafiosos de Gürtel. Garzón, más embravecido que nunca, había cogido el portante en Madrid no sin antes dejar metidos en los calabozos de la Audiencia Nacional a Correa y sus secuaces, una medida insólita que acumuló un vendaval de críticas en la Audiencia Nacional que ya estaba, como ahora, partida en dos mitades.

En todo este lío que se acrecienta por días se encuentra inserta Robles, ahora en la disyuntiva de destituir o no a su secretario favorito Angel Olivares. Si lo hace se quedará sin parapeto alguno, expuesta al fuego amigo de un partido que le desdeña y de un Gobierno que no se fía, según acreditan varios testimonios de su proverbial locuacidad. Robles lleva tiempo pensando, justo desde que se formalizó el escándalo de su nada amiga Dolores Delgado, que los objetivos son los independientes del Gobierno y que entre ellos figura por derecho propio ella misma. En el PSOE no se tolera la autonomía que Robles se toma en cada paso que da y menos aún se soporta la escasa empatía que la ministra ha demostrado con los caídos de la división roja. Sabe que, si continúa el goteo, ella es la principal candidata a subir las escaleras del patíbulo.

Tragaderas
Ignacio Camacho ABC 2 Octubre 2018

El discurso separatista ha sufrido en un año un visible retroceso, pasando de declarar la independencia a reclamar la libertad y/o el indulto de sus líderes presos. No sería mal balance si no estuviesen por medio dos matices concretos imprescindibles para situar la cuestión en sus justos términos. El primero y más significativo es que el actual presidente se apoyó en los golpistas para acceder al Gobierno. El segundo es que, a consecuencia de este hecho, la única institución del Estado de Derecho que permanece en el sitio correcto es la justicia y, de forma más precisa, el Tribunal Supremo. No sin esfuerzo habida cuenta de que, a tenor de las declaraciones reiteradas por ciertos ministros, la instrucción de la causa contra el Proceso parece estorbar al Gabinete en su política de apaciguamiento, que va bastante más allá de la distensión para adentrarse en el territorio del compadreo.

Por eso, cuando el portavoz del PSOE califica de «asumibles» los actos de sabotaje y violencia perpetrados por las brigadas que el independentismo utiliza como milicia de choque callejera, está confundiendo sumisión con templanza e impunidad con transigencia. Los radicales, a los que Torra jalea pidiéndoles que «aprieten» con más fuerza, son conscientes de que su guerrilla urbana goza de dispensa para apoderarse del espacio público sin que nadie los entorpezca. La autoridad autonómica les otorga campo libre para camuflar su mala conciencia por el fracaso de la revuelta y la nacional mira para otro lado temerosa de meterse en problemas. Y en cada ejercicio de intimidación o de chulería con que el nacionalismo lo pone a prueba, el Gobierno de Sánchez responde con la desacomplejada exhibición de sus amplias tragaderas. Las de quien sabe que su cargo depende en última instancia de la condescendencia aleatoria del fugado de Bruselas. Ésa es la cruda realidad, a duras penas disimulada en el celofán de supuestas estrategias.

En este momento, Cataluña es un limbo político. Tiene un presidente títere de un prófugo, un Parlamento inerte y un sistema institucional destruido, cuya única actividad relevante consiste en decorar el paisaje con lazos amarillos. El régimen autonómico no funciona y la clase dirigente, rehén de un grupo de exaltados levantiscos, vive instalada en la soflama de un monólogo propagandístico. Por simple dejación de responsabilidades cabría volver a invocar el artículo 155, aunque sólo fuese para administrar una comunidad atascada en la catalepsia del soberanismo. Pero este presidente no lo puede hacer sin lesionarse a sí mismo porque su propia estabilidad depende del apoyo de los causantes del conflicto. Así, la legislatura española está también atrapada en el bucle de un doble laberinto: el de unos sediciosos que no encuentran salida a su desvarío y el de un poder ejecutivo sostenido en precario por no se sabe qué clase de compromisos.

España: la vida de los otros
Fran Carrillo okdiario 2 Octubre 2018

Somos el resultado de los fracasos ajenos, dijo alguien una vez. Seguramente un pesimista. O un optimista con experiencia, que repite siempre el spinozista Albiac. Andamos por el mundo bajo esos patrones que marcan una convención social determinada. Vivir como dice la religión, sobrevivir como quiere el Gobierno, fracasar como solo sabe un español. Si miramos en derredor, todo lo que nos merece admiración tiene ese punto de mundanidad que nos avergüenza reconocer. Admiramos lo ordinario por costumbre, con una desatada pasión que pone en duda nuestra oposición a enterradores del éxito. Lo extraordinario, en España, siempre fue sospechoso. Nos hemos vuelto tan amigos de lo mediocre que soportamos que dirija nuestras vidas, incluso con la censura de una moción de conveniencia. De ahí que nos guste vivir las vidas ajenas —o imaginar que las vivimos—, porque así es más fácil explicar los vacíos propios, que solo rellenan los huecos destinados a esos pecados que llamamos capitales pero que siempre fueron naturales.

Por eso extrañamos los abrazos que no dimos, más que aquellos que pudieron ser. Olvidamos los para cuando mientras esperamos el mismo porqué. La vida de los otros empezó cuando nacimos en la cultura de la envidia y la desidia. Abrir ese melón no es sino el reconocimiento de que fracasar es la mejor forma de saber que vives en el deseo constante de tener éxito. Porque, cuando dejamos de vivir la propia vida, empezamos a construir metafísica, agujeros negros de la realidad que nos alivian de las miserias que el mundo ofrece. El pesimismo siempre fue el mejor café de la creación. Fiel aliado del éxito, ha llegado a inspirar la mejor literatura, el arte más sublime, la historia más perfecta. El pesimismo es bueno incluso tras los fogones. Las mejores recetas de cocina siempre partieron de intentonas con platos que nunca llegaron a probarse. Por eso, el mundo está repleto de optimistas fracasados. Siempre creen que hay motivos para sonreír tras cada derrota. Asumen que fracasar se ha convertido en la constante más perfecta de su existencia.

Aquí, en el Reino de la Utopía, gobierna Mr. Wonderful, un tipo que siempre quiso llevar la vida que llevaban otros. En concreto, anhelaba la de un tal Mariano. La deseaba con tanta fruición, que se abrazaba a todo quisqui útil para su propósito. Vendió su alma a centro y siniestra, besando la mano de otros aliados despóticos que reinan por tierras del norte, llamadas por los exitosos rebeldes Tractoria. Atrapado por su pasado, el vividor de sueños, como aquel falsificador de conciencias que un día llegó a gobernar bajo la vara del talante, sólo quiere que le dejen disfrutar de su utopía consentida. No admite que su vida es un fracaso antes de asaltar por los cielos del Congreso una legitimidad que nadie le concedió, más allá de la compraventa de estómagos que, desde su fraudulento escaño, venden el futuro como mercancía de costo.

Mr. Wonderful vive una vida que no merece, para la que no fue elegido pero que siempre soñó disfrutar. La diferencia entre llegar y usurpar parte de la confusión entre legitimación y legitimidad. Lo que la sociedad no te da, que el pacto no te lo quite. Por eso, mientras su sonrisa fracasada pasea por la Quinta Avenida, en su reino, los fracasados de otra utopía, atropellan la convivencia de quienes nunca se rendirán ante la farsa. ¡Fuera fascistas! gritan los fascistas de ahora en Cataluña. En su papilla de bilis, arrojan el dolor por la mentira permanente bajo salivazos de odio. La masa adulterada siempre fue más peligrosa que un tonto con bastón de mando. Mr. Wonderful habita en palacio, cuya puerta deja abierta para que la plebe lo visite, mientras él se dedica a conocer mundo. Hasta que descubra qué hay en su vida real, se dedica a vivir la de los demás. Una triste impostura que esconde el relato de un fracasado que un día supo ganar unas primarias.

Aquel magnífico octubre
ARCADI ESPADA El Mundo 2 Octubre 2018

Hace un año pasé por momentos muy alegres. Empezaron a darse a las nueve de la mañana cuando la Guardia Civil ocupó el colegio electoral de Sant Julià de Ramis e impidió que el presidente Carles Puigdemont y otros vecinos votaran en el referéndum ilegal convocado por la Generalidad. Hasta ese momento había temido que se repitieran las ominosas escenas del 9 de noviembre de 2014 cuando el Gobierno permitió que el Estado de Derecho dejara de estar vigente en Cataluña y facilitó que el entonces presidente Artur Mas organizara con comodidad (y con un mínimo y vergonzante castigo penal luego) el primer referéndum ilegal. A ese primer chispazo de felicidad siguieron otros. La confirmación de la noticia de que la policía había desmantelado el sistema informático del referéndum y abortado los intentos del gobierno desleal de reinstalarlo. Y, sobre todo, el éxito de las fuerzas antidisturbios. Trabajando en unas duras condiciones técnicas y políticas y lastrados por el boicot de la policía autonómica, que actuó mayoritariamente contra el orden constitucional, la Policía logró explicar a los revolucionarios de cuarto de estar cuál era el precio del asalto a la democracia; y lo hizo con un bajo coste en el que hubo sólo que anotar la pérdida del ojo de un asaltante.

Mi alegría ante los hechos del 1 de octubre -la alegría de ver cómo una democracia lograba rechazar la agresión nacionalista, sin dejar de serlo- se prolongó hasta el día 3, cuando el Rey de España pronunció un firme discurso contra los golpistas, especialmente brillante en sus minutos iniciales. Era la primera vez, en cinco años de infamante Proceso, en que la mitad más uno de los ciudadanos catalanes, obstinadamente contrarios al nacionalismo, recibían un aliento inequívoco por parte de la máxima autoridad del Estado. Cinco días después, el domingo 8, centenares de miles de catalanes, más otros miles también de ciudadanos llegados solidariamente desde lugares distintos de España, se reunían en una asombrosa manifestación en defensa de la Constitución. Era la primera vez que en las calles de Cataluña se exponía con atrevimiento plástico una vieja certeza: que la unidad civil catalana en torno al nacionalismo era un mito falso. La manifestación fue la alegría culminante de la semana pletórica en que la democracia española encaró y venció a la sedición nacionalista.

Por más que sea el único no voy a dejar de celebrar este aniversario.

¡Franco, Franco, Franco!
Jesús Laínz Libertad Digital 2 Octubre 2018

¡Ah, aquellos 1 de Octubre en Cataluña! ¡Menudas celebraciones se organizaban cada año cuando llegaba el Día del Caudillo!

Porque la muy franquista Cataluña se destacaba en su devoción por quien, tras cinco años de creciente caos republicano y tres años de guerra y crímenes en la retaguardia gobernada por Companys, había restaurado el orden, la paz y la prosperidad.

Cada aniversario de la exaltación de Franco a la Jefatura del Estado fue celebrado por el pueblo y las instituciones catalanas con todo tipo de ceremonias, recepciones, discursos, concentraciones, manifestaciones, paradas militares, festejos y desfiles. Las banderas españolas adornaban edificios y balcones, así como los barcos atracados en los puertos. Las instituciones públicas y las corporaciones privadas –cabildos, academias, cámaras, colegios profesionales, escuelas, universidades, etc.– se sumaban a los festejos y enviaban sus testimonios de adhesión

De todo ello dio cumplido testimonio durante décadas la prensa catalana, con su buque insignia, La Vanguardia de Carlos de Godó Valls, refugiado en la Italia fascista durante la guerra y posteriormente procurador en Cortes, a la cabeza.

El primer 1º de octubre tras la guerra, el de 1939, La Vanguardia encabezó la portada con un contundente "¡Dios guarde al Caudillo, como a España misma!". Y su editorial declaró lo siguiente:
La Vanguardia, en este día –que es el primero de la conmemoración de referencia que se celebra, a la luz vibrante y orientadora de las antorchas de la paz, ya que las del triunfo la iluminaron desde el primer año–, rinde el homenaje, no sólo cordial de todos sus sentimientos entrañables, sino de su razón reflexiva puesta en el supremo fin de la salud de España, al hombre providencial que en la paz como en la guerra resume en su persona y en su misión la unidad del mandato histórico que la Patria le confiere (…) Ésta es, pues, la esencia de la fiesta que celebramos al conmemorar el Día del Caudillo: la Unidad de España. Unidad con Franco. Unidad bajo el mando de Franco. Unidad para los Destinos de que Franco es indiviso custodio y depositario ante la Historia.

En la catedral se celebró un solemne oficio durante el que los coros interpretaron la Misa de Nuestra Señora de Montserrat. Y en el desfile posterior, junto a soldados y organizaciones del Movimiento, participaron entusiastas el Real Club Deportivo Español y el Fútbol Club Barcelona.

El año siguiente, 1940, la prensa informó sobre una Ciudad Condal engalanada con cientos de miles de banderas, sobre la enorme multitud que llenó el Paseo de Gracia por la mañana y sobre la magna corrida de toros celebrada por la tarde.

La Vanguardia resumió así la celebración de 1941:
Barcelona entera vibró ayer, al unísono, de emoción española. Una vez más, esta bella capital mediterránea quiso reiterar su fervor y su devoción y su amor a la figura del Caudillo. La ciudad, asociándose de corazón a la fausta fecha, vistió desde el alba sus mejores galas y exornó sus edificios y embelleció sus calles con colgaduras y, sobre todo, con el símbolo sagrado e inmortal de los inmarcesibles colores patrios.

Y así la de 1942:
Barcelona entera fue ayer una ciudad en fiesta, manifestada no solamente en el asueto de fábricas, talleres y despachos, sino también en la nota patriótica que colgaduras y banderas pusieron en los balcones de todas las casas, tanto en el centro de la urbe como en las barriadas, y que fueron una patente demostración de la gratitud que todos guardamos para el que nos redimió de la esclavitud comunista y antinacional.

Especialmente solemne fue la celebración de 1955, pues Barcelona contó con el privilegio de la presencia del homenajeado, que presidió el acto central en el salón del trono del Palacio de Pedralbes mientras miles de barceloneses se agolpaban en las cercanías para aclamarle. Así lo reflejó La Vanguardia:

Que el Caudillo haya querido conmemorar en Barcelona el aniversario de su exaltación a la jefatura del Estado buscando precisamente en las vísperas de ese día su llegada a nuestra ciudad para que tal fecha adviniese durante su estancia aquí, es una nueva prueba de emocionado cariño y de alta consideración que Barcelona debe agradecer entrañablemente a Franco. La solemnidad del día, festejado siempre aquí con el lucimiento y el júbilo que merece, tuvo ayer caracteres verdaderamente nacionales que permiten sin hipérbole decir que en Barcelona estuvo ayer, como estará mientras el Caudillo se halle entre nosotros, la capitalidad del reino.

Los fastos del 1º de Octubre ocuparon durante cuarenta años la portada de La Vanguardia con una sola excepción, la de 1970, debido a la llegada a España, precisamente aquel mismo día, del presidente Nixon.

El año siguiente volvió a ocupar la portada, dedicada a la gran manifestación de apoyo a Franco celebrada en la plaza de Oriente de Madrid y titulada "Casi sin palabras":
Casi sin palabras tenemos que acompañar estas fotos del homenaje que ayer le fue rendido a Franco. Casi sin palabras, porque es imposible encontrar las frases capaces de expresar lo sucedido, de contar con un verdadero realismo lo que fue la explosión del fervor popular que tuvo por escenario la madrileña plaza de Oriente. Allí, dos protagonistas se encontraron frente a frente. Uno de ellos, el Generalísimo; el otro, el pueblo español. No creemos que ya nunca en futuras ocasiones puedan superarse horas de tan intensa emoción como éstas, en las que el entusiasmo desbordado de más de un millón de personas demostraba en el presente y otorgaba como un legado a la historia, que Franco siempre estuvo al servicio de España y que España, desde hace treinta y cinco años, siempre lo tuvo como único Caudillo.

El último 1º de Octubre celebrado por La Vanguardia antes de su oportuna deriva hacia el separatismo fue el de 1975, con la última aparición de Franco en la plaza de Oriente un mes antes de su fallecimiento. Éste fue su título: "Impresionante manifestación patriótica de homenaje a Franco. España por encima de todo".

Cataluña, siempre leal. Al poder.
www.jesuslainz.es

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Cuatro enseñanzas del 1-O

El autor analiza el proceso independentista y hace balance de la situación con la perspectiva que da el año transcurrido desde el referéndum ilegal.
Jorge Vilches elespanol 2 Octubre 2018

No era cierto que fueran un solo pueblo, ni de que se tratara de la “revolución de las sonrisas”, ni que quien no es nacionalista catalán es porque abandera el nacionalismo español, ni son mejores catalanes aquellos que comulgan y obligan a comulgar con la religión catalanista. Tampoco era verdad el bloque monolítico que pretendían ser, y hoy el independentismo está dividido y enfrentado.

A un año del referéndum ilegal del 1-O hay algunas enseñanzas que sacar, aunque la distancia sea tan corta que no sea posible todavía deducir todas las consecuencias.

1.- La institución del Gobierno es débil
El Estado de las Autonomías se configuró sobre la premisa de ir debilitando progresivamente al Gobierno central -no confundir con Estado-, en beneficio de los Gobiernos autonómicos. Esto ha supuesto cuarenta años de vincular el progreso y la democracia a la descentralización y al crecimiento artificial, institucional y subvencionado de las identidades regionales y nacionales.

Ese desarrollo autonómico y su espíritu han sustituido la noción de obediencia que debe caracterizar a todo Gobierno central por la noción de diálogo entre Gobiernos iguales, aunque sean de rangos distintos. El procés ha mostrado que el Ejecutivo nacional no es capaz de ejecutar sus órdenes, hacer que se respete la legalidad o conformar la conducta de la gente en aquellas partes del territorio que más han asumido la esencia del régimen: la descentralización progresiva.

El golpismo desarrollado desde el 6 y 7 de septiembre de 2017, al menos, cuando se aprobaron las “leyes de desconexión”, hasta la aplicación del artículo 155, el 27 de octubre, muestra esa debilidad de la institución del Gobierno. El despliegue de la Policía Nacional y Guardia Civil en Cataluña aún habiendo fuerzas en teoría suficientes para salvaguardar el orden el 1-O, los Mossos, es una prueba contundente. Fueron tratadas como “tropas de ocupación”, humilladas y perseguidas, frente a los policías “simpáticos” y “colaboradores” de Trapero.

El comportamiento de la mayor parte del sistema educativo catalán y de los medios de comunicación confabulados en el referéndum ilegal no es una muestra de la fortaleza de nuestra democracia, sino de todo lo contrario. La propagación de doctrina supremacista en las escuelas, la instrumentación coreográfica de los niños, el uso de edificios públicos, así como la manipulación ejercida por los medios de información catalanes, son costumbres propias de las dictaduras.

No se trata ya de que se cumpla la ley, sino de asegurar el libre ejercicio de los derechos individuales y la convivencia, en franco deterioro progresivo en los últimos cuarenta años. Ese pisoteo de la libertad no ha traído a Cataluña más que decadencia en todos los órdenes. Por esto sería conveniente, como enseñanza del 1-O, replantear que el Gobierno central recuperara educación y orden público.

2.- La calle es del supremacismo
El nacionalismo se ha articulado como un movimiento social posmoderno; es decir, no ha partido de manera espontánea ni autónoma, sino ligado política y económicamente a la Generalitat. Omnium, ANC, y los CDR y Arran como brazo armado, no son contraculturales, sino propagadores de la verdad oficial y fautores de la premisa independentista: la necesidad de un pueblo de cumplir con su “unidad de destino en lo universal”.

Las técnicas del activismo se han aplicado con mucha eficacia: desfiles, comparsas y performances, bloqueos de edificios y lugares públicos, así como violencia ambiental y física. A esto sumamos que en este último año han demostrado su victoria en el lenguaje y el aspecto simbólico con el lazo amarillo. Es esa capacidad que han tenido para extender la idea de que los golpistas son “presos políticos” ya que siempre hay que recordar que no lo son; o que todo es una cuestión de democracia y que el Estado español es “opresor”, “fascista” o “franquista”.

Su éxito ha sido tal en este año que mucho analista ha incorporado la explicación de que el Estado no existe en Cataluña para referirse al Gobierno central, olvidando que las instituciones autonómicas y locales son Estado. Esto ayuda al discurso independentista, ya que convierte el procés en un enfrentamiento del “pueblo de Cataluña” contra el Estado, y no en un golpe institucional.

3.- Al mundo le da igual
La estrategia nacionalista para dar a entender al mundo que Cataluña no es España fue la de crear una diferenciación cultural en el exterior. De ahí el desvarío de las embajadas catalanistas. Al tiempo, desarrollaron un discurso falso sobre la interpretación de la ONU del “derecho de autodeterminación”, y que Escocia y Quebec eran el mismo caso. Incluso llegaron a nombrar a Romeva una especie de “ministro de Asuntos Exteriores”, mientras Artur Mas se prodigaba en medios extranjeros para asegurar que era el representante de una nación oprimida.

A partir de aquí montaron una estrategia de comunicación muy clara para el 1-O: mostrar la violencia del Estado español frente al pobre pueblo catalán que, en su “revolución de las sonrisas”, solo quería democracia y paz. La debilidad e incompetencia de los gobiernos españoles permitieron esta ventaja, y aquel día, como los siguientes, la prensa extranjera, bien adoctrinada desde la Generalitat, filmó y fotografió los enfrentamientos entre las Fuerzas del Orden y la tropa golpista.

Pareció entonces que la UE y el mundo civilizado se echarían al cuello del Gobierno español, pero solo hubo unas declaraciones biensonantes. Las puertas se cerraron al independentismo cuando, a renglón seguido, le comunicaron desde Bruselas que quedaría fuera de la UE. Y de nada valió la fuga de Puigdemont para concienciar a Europa. La negativa del juzgado de Schleswig-Holstein de no conceder la extradición de Puigdemont cayó en saco roto, al igual que la actitud belga.

Desde entonces, tan solo los patéticos grupúsculos ultraderechistas, alguno con pasado nacionalsocialista, han apoyado al independentismo. La evidencia ha forzado a Puigdemont, expulsado del grupo de los liberales europeos, a confesar que la UE no les apoya. Al mundo le da igual, o piensa que es un asunto español, o que los supremacistas son unos carcas. Fracaso.

4.- Una sociedad tan aburrida como dividida
No se puede negar que los defensores del orden constitucional en el resto de España no han mostrado durante este año la deseable unidad, responsabilidad ni sentido de Estado. La aprobación del artículo 155 fue un apaño orquestado para mantener un delicado equilibrio entre hacer y aparentar: era preciso acabar con el golpe, pero hacerlo de forma que no dañara su imagen de demócratas.

El discurso del Rey y la reacción de la gente en las calles, espontánea y sincera, tanto en Cataluña como en el resto de España, hubieran merecido una respuesta diferente por parte de los dirigentes políticos. Enseguida empezaron las voces alertando de la resurrección de la ultraderecha en España, de que tanto “patriotismo de balcón” era populismo del malo, nefando, de postal franquista. A esto le siguió el enfriamiento popular, la abulia y, finalmente, la desafección.

Luego llegó la moción de censura en la que el PSOE de Pedro Sánchez, el mismo que había dicho en mayo de 2017 que había que endurecer el delito de rebelión, y que aseguró su apoyo en la represión del golpe, pactó con los golpistas derribar al Gobierno. A partir de ahí los socialistas cambiaron. Tuvieron que rectificar su negativa a defender al juez Llarena, Borrell dijo que Cataluña es una nación, Sánchez habló de un “referéndum de autogobierno”, y Carmen Calvo de poner en la calle a los golpistas.

El conjunto ha mostrado una sociedad española en su mayoría aburrida del tema, mientras que en Cataluña el enfrentamiento es cada día mayor, la brutalización de la política se masca en las calles, y el ambiente está mucho más enrarecido. Mal año.

*** Jorge Vilches es profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad Complutense.

Un año después, el golpe continúa
EDITORIAL El Mundo 2 Octubre 2018

Un año después del golpe perpetrado por el secesionismo, la Generalitat continúa instalada en el desafío, la sociedad catalana sigue partida en dos y la frustración independentista ha derivado en violencia callejera. El órdago soberanista, plasmado en la aprobación de las leyes de ruptura y la convocatoria de un referéndum ilegal de autodeterminación, incendió Cataluña y situó al Estado al borde del colapso. Solo el Rey, en virtud de su firme y balsámico discurso del 3 de octubre, y los tribunales de Justicia estuvieron a la altura del reto planteado por Puigdemont y sus socios. El primer aniversario del 1-O ha servido para acreditar que Cataluña permanece bajo el yugo de quienes no renuncian a desbordar el marco constitucional. La diferencia es que ahora el Gobierno de Pedro Sánchez, que carece de estrategia para afrontar el mayor problema de España desde el 23-F, se empeña en dilatar una estéril y temeraria política de apaciguamiento a cambio de mantenerse en el poder.

Aunque la retórica secesionista pretenda hacer pasar el 1-O como un hito histórico en su imaginario colectivo, lo cierto es que aquel día las fuerzas de seguridad solo trataron de aplacar el asalto a la democracia que las autoridades catalanas perpetraron con la complicidad de los Mossos, cuyos mandos desobedecieron el mandato judicial. El Ejecutivo de Rajoy fue incapaz de frenar la organización del referéndum, pero ello no exime a los convocantes de su responsabilidad. De ahí que el mantenimiento en prisión preventiva de los líderes del procés procesados por los delitos de rebelión, sedición y malversación esté justificado en la medida que concurren los riesgos de fuga, destrucción de pruebas y reiteración delictiva. El separatismo puede seguir cebando el victimismo a cuenta de los dirigentes encarcelados o fugados. La realidad es que, en España, el Estado de derecho funciona con impecable independencia procesal.

Pese a que el Gobierno minimiza sus afrentas, Torra se permite el lujo de amenazar con culminar la ruptura. Y lo hace ante la condescendencia de Sánchez, atado a sus aliados en la moción de censura. El presidente catalán reivindica la quimérica república catalana, reabre embajadas, redobla el adoctrinamiento en las escuelas y sigue usando TV3 como propaganda. Es cierto que las grietas entre la CUP y la Generalitat han puesto al descubierto la división en las filas separatistas. Sin embargo, produce estupor que Torra, máximo responsable de preservar el orden en Cataluña, respalde a los CDR. Jalear a los comandos más radicales, que ayer cortaron autopistas y vías férreas con total impunidad, resulta inaceptable, pero resulta más preocupante la impavidez de Sánchez. El Gobierno no puede abdicar de sus obligaciones en Cataluña. Urge que rectifique su acercamiento a los golpistas y ampare a los ciudadanos que observan con creciente inquietud la deriva violenta y excluyente del separatismo.

La gran manipulación del 1-O
 larazon 2 Octubre 2018

Fue el presidente vicario de la Generalitat, Joaquim Torra, quien mejor ha descrito el momento político que vive Cataluña. «Apretad, hacéis bien en apretar», animó a los llamados Comités de Defensa de la República (CDR), grupos de acción que se han adueñado de la calle y que no dudan en utilizar la violencia cuando alguien les impide campar a sus anchas.

No hace falta que intervengan los Mossos d’Esquadra: son ellos los que se encargan de mantener el orden público e impedir que se manifiesten los no independentistas. A estos «amigos», como así los reconoce Torra, les pidió que no aflojasen, y así lo demostraron ayer, cortando calles, autopistas, vía férrea del AVE o quitando la bandera nacional de la delegación del Gobierno en Gerona ante la pasividad de la policía autónoma.

Es decir, quien defiende a los CDR es la máxima representación del Estado en Cataluña. Ese es el problema. Con el apoyo del presidente de la Generalitat actuaron ayer con total impunidad, lo que evidenció que el actual Govern persiste en un golpe con el que creen tener la legitimidad, en el nombre del pueblo de Cataluña, de romper con todas las normas democráticas.

Pedro Sánchez debería dar cuenta de la situación que vive Cataluña, con un presidente que llama a la violencia. Sería un motivo suficiente para que la oposición pidiera la comparecencia de Torra en sede parlamentaria, pero no hay que olvidar que el Parlament está cerrado. Las instituciones democráticas han desaparecido de Cataluña. Celebrar el 1-O en estas circunstancias sólo muestra la ceguera, el mesianismo y la gran irresponsabilidad de los dirigentes de la Generalitat, incapaces de afrontar lo que supuso aquella jornada, ni explicar a la ciudadanía, o por lo menos a sus afines, que fue un error y, algo peor, un asalto al orden democrático. Por contra, persisten en exaltar un victimismo que, en poco tiempo, se acabará convirtiendo en el acto fundacional de la inexistente república catalana.

En eso ha acabado el «proceso»: en una gran manipulación sentimental donde el uso de la mentira se ha impuesto en una administración que ha renunciado a gobernar. No deberían olvidar los que tan fielmente siguen las pautas del guión del independentismo, que el 1-O fue la consecuencia de la aprobación en el Parlament, el 6 y 7 de septiembre, de una serie de leyes que supusieron la ruptura con el orden constitucional. De aquella jornada debería estar avergonzado el pueblo de Cataluña al que se invoca. Los activistas del nacionalismo, sus bases y sus votantes más fieles, ni se inmutaron y aceptaron la ilegalidad –o la ignorancia de ella– como la vía que debía seguir el «proceso».

En realidad, el resultado del referéndum tuvo menos importancia que lo que se quería provocar con él. Hasta los «observadores internacionales» formaban parte de la tramoya de un simulacro en el que lo que realmente contaba no era el resultado –por descontado, favorable a la causa–, sino provocar un acontecimiento: el Estado reprime al pueblo de Cataluña. Ha pasado un año y desde entonces las terminales nacionalistas no han cejado en aprovecharse de aquellas imágenes, manipularlas y fabricar un relato ante el mundo, cuando los ciudadanos fueron utilizados como una verdadera «carne de cañón» con el único interés de, en el peor de los casos, doblegar al Estado, aunque todo quedó en una farsa que acabó con la huida del líder de la insurrección. Sánchez debe explicar en las Cortes cómo es compatible que la Generalitat reciba hace una semana 1.459 millones de euros para inversiones e infraestructuras, de los que 700 millones son para financiar a los Mossos d’Esquadra, una policía que permite que se actúe contra el orden democrático.

Sánchez se deja humillar por el independentismo que le regaló La Moncloa
EDITORIAL esdiario  2 Octubre 2018

El Gobierno tolera la kale borroka, las agresiones a policías, los lazos amarillos y el lenguaje bélico con tal de no molestar a los partidos independentistas que le dieron el poder.

El aniversario del 1-O ha evidenciado, ante todo, la sumisión de dos Gobiernos distintos a la marabunta radical que se ha puesto al frente del independentismo en Cataluña. De un lado, el de España; pero de otro, el de la propia Generalitat.

Es lamentable comprobar cómo Pedro Sánchez mira sistemáticamente hacia otro lado por no ofender a los partidos que, con la excusa de la "ejemplaridad" de la que tanto adolece, le llevaron a ocupar un cargo que los españoles no le habían concedido en las urnas.

Sánchez no se puede permitir desairar a quienes le pusieron en Moncloa, y esa certeza explica su lamentable pasividad

Con la excusa de una supuesta apuesta por el diálogo, el presidente y su Ejecutivo se han callado ante la vergonzosa celebración callejera de un Golpe a la Constitución; no se han pronunciado sobre las agresiones violentas a policías nacionales en Barcelona; han tolerado el boicot durante el 1-O de autovías y estaciones del AVE y han admitido, durante los meses precedentes, la invasión de lazos amarillos como símbolo de opresión a los catalanes que no comparten el desvarío.

Y lo más grave, ha aceptado como si fuera normal el lenguaje bélico del presidente catalán, Quim Torra, capaz de instigar a los CDR a que cometan fechorías y reiteradamente proclive a proclamar la República de Cataluña al precio que sea.

Torra, desbordado
Que Torra sea también un títere desbordado por el radicalismo callejero y que no se haya atrevido a sortear las líneas rojas que han llevado a sus predecesores al banquillo no le hace menos peligroso ni menos responsable ni más impune.

Un país que se respete un poco a sí mismo no puede tolerar la estampa cotidiana que se vive en Cataluña, el constante desafío a las leyes y a la convivencia y la reiterada conculcación de derechos individuales y colectivos elementales.

No hay ninguna razón objetiva decente para hacerlo, y la única que asiste a Sánchez para asumirlo es su propio interés: simplemente no se puede permitir desairar a quienes le pusieron en La Moncloa, y esa certeza explica su lamentable pasividad.

La kale borroka que se empieza a adueñar de Cataluña no tiene la respuesta que merece

El conflicto en Cataluña es ya, ante todo, un asunto de seguridad ciudadana, pues los excesos políticos e institucionales que se siguen cometiendo y se cometerán ya tiene un cauce judicial perfectamente definido. Pero la kale borroka que se empieza a adueñar de Cataluña, las agresiones cada vez más cotidianas y el clima guerrillero que intentan imponer los CDR no tienen la respuesta que merecen.

Que con ese panorama Sánchez, y ministros tan decepcionantes ahora como Borrell, se limiten a apelar al diálogo mientras desatienden sus obligaciones constitucionales es, simplemente, deplorable. Y una razón añadida para convocar a los españoles a las urnas.

10 claves electorales (y muy pocas dependen de Sánchez)
Francisco Muro de Iscar diariosigloxxi 2 Octubre 2018

MADRID, 29 (OTR/PRESS)Este Gobierno nació para convocar elecciones. Bueno, para acabar con el Gobierno de Rajoy y para convocar elecciones. Sánchez decidió que tenía una gran oportunidad de aparcar las elecciones, "gobernar" y convencer al país de que era la solución. Cuatro meses después, las elecciones parecen la única salida. Estas son las claves y muy pocas dependen de Sánchez.

1.- El juicio del procés comenzará en diciembre o enero y tensará aún más las relaciones con la Generalitat. Difícil hacer política sin mediatizar a la justicia.

2.- Las incoherencias de Sánchez y de su equipo sobre el propio problema catalán --liberar ya a los presos, interferir en la acción de la Justicia, caminar en el diálogo al margen de la Justicia, firmeza sobre Cataluña y concesiones a Torra-- y un previsible incremento de la violencia secesionista en los próximos meses incendian el problema en lugar de calmarlo.

3- La situación económica puede empeorar en los próximos meses por una desaceleración lenta pero creciente. El índice de confianza empresarial está cayendo. Europa vigila de cerca el déficit y la deuda y PP y Ciudadanos no van a dar facilidades.

4.- La descomposición progresiva del Gobierno. Parece difícil que aguanten tanto Delgado como Duque. Y aunque lo hagan, una reprobada y otro sin argumentos, la debilidad de Sánchez es creciente. Hay otros ministros en la cuerda floja. ¿Aguantará Sánchez más dimisiones o destituciones encubiertas?

5.- Las nuevas revelaciones de Villarejo. ¿Cuánto le falta por contar? Cada día, un escándalo más y un descrédito más para muchos.

6.- La imposibilidad de hacer ninguna de las grandes reformas previstas, por mucho que haya "acuerdos": pensiones, fiscalidad, financiación autonómica, reforma constitucional... Tampoco los Presupuestos expansivos que reclama Podemos.

7.- La amenaza de los aliados. Podemos quiere marcar la agenda gubernamental y arrancar concesiones, pero si ve debilidad en Sánchez, tratará de nuevo de hundir al PSOE para alcanzar el liderazgo de la izquierda. El PNV y el PDCAT le pueden dejar solo en cualquier momento.

8.- Las elecciones andaluzas no serán a la medida de Sánchez sino de Susana Díaz y serán antes de las municipales. Un buen resultado "de Susana" o un mal resultado "del PSOE" afectaría a nivel nacional.

9.- Aunque el presidente ha hecho un CIS a medida y para sus intereses --el dato mensual y no los hechos marcarán cuando convoca elecciones-- la manipulación de los datos puede volverse en su contra. Frente a los 10 puntos de distancia con el PP, según el CIS, no son más de 4 y reduciéndose, los de otras encuestas.

10.- "Resistiré" es el himno de Sánchez. La resistencia es la gran cualidad de Sánchez. Ha superado lo insuperable. Por eso, siempre hay que dejar un espacio a lo inesperado.

Una democracia seria no puede permitirse a estos émulos de las SA nazis
OKDIARIO 2 Octubre 2018

El Partido Nacionalsocialista de Adolf Hitler tenía a las Sturmabteilung, cuyas siglas eran ‘SA’ —sección de asalto en español— y los separatistas catalanes tienen a los Comités de Defensa de la República (CDR). Ambos escuadrones violentos, con casi un siglo de separación entre sus respectivos orígenes, tienen un denominador común: el terror en las calles como modo de presión y amenaza contra las sociedades democráticas que parasitan. Desde el pasado fin de semana, y con especial intensidad este lunes 1 de octubre que han celebrado el aniversario golpista, hemos podido comprobar de nuevo su devastador modus operandi en Cataluña: agresiones, ataques, heridos y amenazas.

Todo ello, con la permisividad y el apoyo del presidente de Cataluña, el xenófobo Quim Torra, quien incluso los ha espoleado con vehemente inconsciencia a pesar de los daños sufridos por numerosos efectivos de la propia policía autonómica, los Mossos d’Esquadra. “Presionáis y hacéis bien en presionar”, ha dicho este pirómano de la política metido a dirigente regional que parece empeñado en llevar a Cataluña hasta el precipicio del enfrentamiento civil. Torra ha echado así más gasolina sobre el fuego independentista y alienta a un grupo de violentos que no sólo emulan a las SA nazis o a los camisas negras italianos, sino que, además, actúan como la kale borroka batasuna que sembró de violencia las calles vascas.

A tal punto han llegado que incluso han asaltado el perímetro del Parlament mientras lanzaban vallas contra los Mossos hasta obligarlos a recluirse en el interior del edificio. Ése es el contexto intolerable que carcome ahora mismo la viabilidad de Cataluña. Intolerable como el hecho de que pueda haber un grupo violento como los CDR en una democracia como la española. ¿A qué espera el Gobierno para mandar más agentes fijos a Cataluña? ¿Para cuándo más Policía y Guardia Civil en la zona y de manera permanente? ¿Qué más tiene que pasar para que Sánchez aplique de una vez un nuevo 155? Son preguntas de rápida respuesta si lo que prima es el sentido de Estado y la prevalencia de la legalidad vigente. Si el Ejecutivo se deja llevar por otro tipo de intereses, entonces todo se vuelve mucho más ambiguo, laxo y complicado y, lo peor, es que se prolongará sine die una situación insostenible.

Esquela del catalanismo

RAFA LATORRE El Mundo 2 Octubre 2018

Con el otoño se ha desatado la melancolía brutal del nacionalismo. Nadie debería sorprenderse por ello. El nacionalismo vive de celebrar sus derrotas y la del 1 de octubre está todavía demasiado reciente como para que los fastos se reduzcan a una ofrenda floral.

El catalanismo murió víctima de la letal combinación de negligencia y corrupción. Cada 1-O la prensa indepe debería publicar su esquela, como hacían los diarios del Movimiento cada 20-N con José Antonio. De la descomposición del cadáver del catalanismo surgió este engendro amorfo que no sólo impugna el monopolio de la violencia del Estado que pretende derruir sino también el de aquel con el que lo pretende sustituir. La prueba de que el principal ejecutor jamás pagará por el homicidio es que nadie se ha acordado este aniversario de Artur Mas y de aquel pleno de un 9 de noviembre en el que el parlamento autonómico anunció que ya no se sometería a los dictados de la Justicia española. Estos días en Madrid se escribe mucho sobre la división del independentismo en Cataluña, igual que hace un año y que hace dos, quizá hasta tres, con lo que cabe concluir que el constitucionalismo no ha aprendido nada. Si las urnas llegaron a los colegios aquel 1 de octubre fue porque las habían escondido allí donde un Estado no puede mirar sin convertirse en totalitario, que es en las casas de la gente. Sin los CDR el procés era imposible, con los CDR sólo podía ser antidemocrático. Ese dilema fue al que se enfrentó el nacionalismo burgués en la hora crucial. Cometió el error tradicional del conservador que se mete a revolucionario. Creyó que la CUP era su compañero de viaje y no al revés y hoy Quim Torra va mendigando una prórroga vital de comité en comité. "Ni un paso atrás", le ordenan; "ni un paso atrás...", repite él como si fuera el eco de la ira cederrista.

Conviene hacer memoria y regresar a aquel 1-O. Volver a aquel colegio del barrio de El Putxet en Barcelona donde entraron, a las 7 de la mañana, dos mossos. Llegaron con la orden de llevarse las urnas y se fueron con un clavel en la mano, lágrimas en los ojos y despedidos con aplausos. El nacionalismo vivirá encerrado en este bucle de melancolía brutal que se ha adueñado de las calles hasta que no entienda la violencia, más salvaje y duradera que cualquier carga policial, que encerró esa cursilería. Cuando lo asuma, los aniversarios de esta nueva derrota los celebrará con una ofrenda floral. Algo habremos avanzado. O retrocedido, quién sabe.

Efeméride de un doble fracaso.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 2 Octubre 2018

Y LOS INDEPENDENTISTAS FUERON A VOTAR. HISTORIA DE UN DOBLE FRACASO DEL GOBIERNO DE ESPAÑA DE MARIANO RAJOY.

Hoy se cumple un año del día en que los independentistas catalanes consiguieron imponerse al Estado de Derecho celebrando la jornada de votación que había sido declarada inconstitucional. De nada sirvieron las solemnes promesas lanzadas desde el Ejecutivo de Mariano Rajoy de que no se celebraría el referéndum, ni se abrirán colegios electorales y se incautarían las urnas y las papeletas. Nada de eso sucedió, como tampoco se cumplieron las medidas preventivas que supuestamente coordinaron la actuación de las FFyCCSE con los Mossos. Fue un doble fracaso del Gobierno de España de Mariano Rajoy: su impotencia e incapacidad para evitarlo y el impacto mediático de algunas desafortunadas intervenciones policiales hábilmente manipuladas por el victimismo crónico de los independentistas. Un día que también supuso un fracaso para los independentistas, pero que saben manipular para convertirlo en una efeméride como si se tratase de una victoria. Lo mismo que llevan haciendo con la derrota militar en 1714 en la guerra de secesión a la corona de España.

La hemeroteca es cruel y deja en muy mal lugar a quienes intentan relatar otra realidad distinta de la que tuvo lugar. Porque en esas semanas y días previos al 1 de octubre sucedieron situaciones que anunciaban que el día del referéndum ilegal la situación podría derivar en enfrentamientos violentos que debían ser evitados. Fue esperpéntico el operativo de búsqueda de urnas y papeletas y la infructuosa vigilancia de los gastos de la Generalidad. Y también lo fue el paripé del establecimiento del mando único para las FFyCCSE y los Mossos fiándolo todo a unos mandos nada confiables que estaban claramente a favor de la no intervención e incluso en clara connivencia vergonzosa con los manifestantes, como ya demostraron en las jornadas del 26 y 27 de septiembre en las concentraciones de rodeo y coacción a los agentes judiciales que cumplían con su trabajo de inspección en la Consejería de Economía de la Generalidad.

Pero no podemos olvidar el trato vejatorio inmerecido que se dio a nuestras FFyCCSE desplazadas a Cataluña, por las condiciones tercermundistas de alojamiento y manutención que les obligaron a soportar en su larga y estresante estancia. Basta recordar el famoso barco de una conocida naviera crucerista cuyo símbolo, el pájaro Piolín, fue usado para burla y escarnio de unos hombres forzados a estar en un ambiente claramente de rechazo. Porque no es admisible esa falta de consideración y respeto a quienes tenían encomendada una difícil misión en tierra hostil donde no iban a encontrar colaboración alguna y sí rechazo, desprecio y acoso, sin poder responder ni defenderse con seguridad de los ataques que recibieron por tener limitado el uso de sus defensas. Una desconsideración que fue seguida de una torpe estrategia de prevención, a pesar de disponer de suficiente información facilitada por los mismos independentistas que publicitaban sus pasos, como el de ocupar de modo festivo los Colegios desde la tarde de víspera o la de llamar a rodear esos colegios para impedir el acceso a las FFyCCSE.

El día 1 de octubre desde primera hora de la mañana ya se comenzó a evidenciar la inutilidad de las medidas adoptadas y que iban a la postre a verificar el fracaso de la estrategia del Gobierno de España de Mariano Rajoy. Los colegios además de estar ocupados en el interior aparecieron rodeados por cientos de personas e incluso tractores actuando de barricadas. Fue sintomático ver cómo los Mossos se burlaban del mando coordinador desplazándose a los colegios y permaneciendo en actitud pasiva y hasta colaboracionista en que las urnas llegasen a los colegios electorales. En ningún caso cumplieron con su misión de evitar la celebración del referéndum ilegal al dejar que la muchedumbre se interpusiera sin tomar medidas disuasorias para despejar los accesos y proceder a la incautación de urnas y papeletas y el cierre de esos colegios electorales ilegalmente abiertos.

Fue de auténtico bochorno ver cómo los principales dirigentes independentistas intentaban despistar a las FFyCCSE cuando se veían forzados a cambiar de colegio electoral por estar cerrado el que les correspondía en su particular censo. Carles Puigdemont fue uno de los que supo eludir esa vigilancia especial y aparecer sonriente en los medios de comunicación depositando su papeleta. Una actitud que luego repetiría un mes más tarde en su huida rocambolesca a Bélgica tras el golpe de Estado y la intervención de la autonomía con el cese en pleno del Gobierno de la Generalidad.

Una jornada que tuvo momentos de alta tensión entre manifestantes y FFyCCSE donde hubo constantes desafíos y acosos que en ciertos casos llegaron a provocar una respuesta más vehemente y contundente por parte de algunos agentes de esos Cuerpos desbordados por la sensación de una situación de auténtico peligro para su seguridad. Unas imágenes que fueron hábilmente usadas por los golpistas para mostrar al exterior ese victimismo tan manoseado que provocó la reacción de la comunidad internacional, sin que nadie por parte del Gobierno desmontase ese falso relato de un pueblo reprimido por el solo hecho de querer votar de forma democrática. Una mentira que oculta el que ni ese supuesto pueblo está reconocido, ni la legalidad vigente permite realizar un referéndum local sobre la soberanía de un territorio de España.

Y ya no quiero referirme a la farsa posterior del recuento de papeletas y la proclamación de la victoria aplastante de la opción del sí a la declaración de independencia en forma de República. Una monumental mentira que fue tomada como aval para todas las fechorías que después siguieron hasta la consumación del golpe de Estado.

Ha pasado un año y estamos en similares o peores circunstancias donde los golpistas siguen al mando del Gobierno y del Parlamento de la Generalidad y mantienen intacto su desafío y exigencias. Un camino que vuelven a transitar y en el que imponen como condición la realización de un nuevo referéndum pactado y vinculante, ya que son conscientes de que lo que hicieron hace un año carece de validez y no ha sido reconocido por ningún país de la UE y solo por algunos bananeros cocaleros o aquellos que aspiran a la independencia como el partido flamenco belga, Escocia o Quebec. Los golpistas siguen instalados en el victimismo y no están dispuestos a asumir sus responsabilidades penales, ni siquiera políticas por sus acciones que han enfrentado a la sociedad española en Cataluña, ha provocado incertidumbre política a los inversores y ha denigrado la imagen de Cataluña y España en el exterior.

El 1 de octubre tuvo hace años durante la dictadura de Franco otro significado, ya que era el día que se rememoraba el que el dictador fue nombrado en 1936 Jefe del Estado en Burgos del primer Gobierno del régimen militar que se había alzado ilegal y violentamente el 18 de julio contra la República. Este 1 de octubre recuerda otra ilegalidad, la de una farsa de referéndum que los golpistas tomaron como aval para legitimar su golpe de Estado el 27 de octubre del 2017 y declarar de forma unilateral la República independiente de Cataluña.

Ninguna de las dos efemérides debería celebrarse. Pero los golpistas parecen empeñados en lo contrario y legitimarse en la ilegalidad.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

La violencia del 1-O
Cristina Losada Libertad Digital 2 Octubre 2018

Lo de la "revolución de las sonrisas" es un oxímoron. O hay revolución o hay sonrisas. Y no hay engaño sin autoengaño.

De entre los dogmas de fe del separatismo catalán, uno ha tenido un éxito sorprendente. Es el dogma que establece el pacifismo absoluto de su insurrección. Lo que hace sorprendente el éxito de esa paparrucha no es que lo pregonen y lo crean así los independentistas, tanto en las cúpulas como en las bases, sino que haya calado en quienes no lo son. De hecho, cada vez que unos separatistas amenazan, insultan o agreden a ciudadanos que no son de su cuerda, como pasó este fin de semana en las calles de Barcelona, lo usual no es ver en ello una prueba más de la violencia de ese movimiento –violencia que se ha presentado en distintas formas y gradaciones–, sino echar en cara a los independentistas que no cumplan con sus estándares de pacifismo. Como si eso, su pacifismo, hubiera tenido en algún momento, de alguna manera, aunque fuera en el reino de las intenciones, entidad real.

La gran mentira del carácter pacífico de la rebelión separatista está en la raíz de la gran mentira que ha hecho del 1 de octubre de 2017 el día de los santos mártires de la non nata nación catalana. Puesto que son pacíficos, el día en que se movilizaron para intentar destruir un Estado pisoteando la democracia, cosa que nada tiene de pacífica, se transforma en el día en que muchos honrados ciudadanos fueron a votar –o sólo a expresar su opinión, como decían algunos– y se encontraron con la porra despiadada de la Policía española, con la "brutalidad policial" más cruel e insospechada; con aquello, en fin, que constituye, en sus dogmas de cartón piedra, la auténtica naturaleza del Estado español: bárbara, inhumana, tosca, bruta y bestial, de bestias apenas humanas, que diría Torra.

La patraña ha llegado tan lejos que dos ministros del Gobierno han calificado de error las cargas policiales que hubo aquel día, y uno de ellos, el ministro Ábalos, acusó al Ejecutivo del PP de regalar "parte de su argumentario al independentismo", porque "han quedado esas imágenes de una violencia ejercida para no poder votar". ¡Y habla de regalo, Ábalos! Lo que ha dicho equivale a regalar no un argumento, sino toda una posición al separatismo. El anterior Gobierno, preso en la tela de araña de una visión extemporánea del nacionalismo catalán que le hacía creer que no daría el paso final y fatal, fue gravemente irresponsable al no tomar el control de la situación antes del 1-O. Pero una vez ante los hechos consumados, tenía que impedir, por la fuerza legítima si era necesario, que la rebelión se encaminara sin obstáculos a su objetivo. En Cataluña hubo una situación de doble poder. Sin la actuación de las fuerzas de seguridad del Estado, el poder golpista se podía haber impuesto. Y el señor Ábalos, aunque este sea un efecto menor, hoy no sería ministro.

Asombra, por otro lado, que las intervenciones de la Policía Nacional y la Guardia Civil el 1-O se adjetiven como si nunca antes se hubieran visto cargas policiales de aquella contundencia. Cualquier huelguista del metal o del naval, por poner dos sectores que con frecuencia se han enfrentado a los antidisturbios, ha visto o ha sufrido cargas mucho más duras. Hasta los indignados fueron desalojados por los Mossos en Barcelona con menos contemplaciones que los que ocuparon ilegalmente los colegios electorales el 1-O. Es verdad que el independentismo magnificó las cargas, difundiendo vídeos elegidos, algunos de ellos falsos, tan falsos como los dedos rotos de cierta señora, para fines propagandísticos. Pero también es cierto que sus bases, los que fueron a los colegios electorales y recibieron allí el bautismo de porra, están convencidas de que se les trató con una brutalidad desorbitada, inédita y sin parangón.

Una de las paradojas del movimiento separatista procede del carácter de su base social. No son los compañeros del metal, no. Tampoco son los antiglobalización del bloque negro. La mayoría son clase media y gente de orden, que en su vida privada no haría nada de lo que está haciendo en la vida pública, es decir, no haría nada remotamente revolucionario ni se embarcaría en aventuras ilegales, inciertas y violentas. Son personas que habrán visto enfrentamientos con la policía por la tele, y considerarán bien dados los porrazos a la chusma de revoltosos que rompe escaparates de buenos comercios. Para esas gentes de orden, que la policía cargue contra ellas, como si fueran igual que la chusma revoltosa, era inimaginable. Como sólo querían romper España, y no un escaparate, pensaron que no les podían impedir por la fuerza –fuerza legítima– que lo hicieran.

El grueso de la base social del separatismo conforma la peña menos idónea para un proceso revolucionario. Quizá por eso se inventaron lo de la "revolución de las sonrisas". Pero la "revolución de las sonrisas" es un oxímoron. O hay revolución o hay sonrisas. Y no hay engaño sin autoengaño.

Violencia independentista
Alejandro Tercero cronicaglobal 2 Octubre 2018

La violencia mostrada por el independentismo en los últimos días ha sorprendido a algunos constitucionalistas. Articulistas y tertulianos han considerado que las agresiones a policías y guardias civiles que se concentraron el sábado en Barcelona y los ataques a los Mossos d’Esquadra en la contramanifestación del mismo día --aliñados con vivas? a la extinta banda terrorista Terra Lliure--, así como el intento de asalto al Parlament de este lunes, son hechos novedosos, una línea roja que se ha cruzado, un cambio de rumbo de los secesionistas.

Se equivocan. Hace tiempo que el independentismo --no todo, por supuesto, pero sí una parte nuclear-- viene dando muestras inapelables de que es violento. Hace tiempo que el huevo de la serpiente eclosionó. Pero los que ahora se asombran prefirieron mirar hacia otro lado, blanquear una amarga realidad, probablemente para no ser acusados de ultras, de fascistas o de anticatalanes, as usual. Creerse la propaganda procesista --"somos un movimiento pacífico: en nuestras manifestaciones se movilizan millones de personas sin que se rompa una papelera”-- o defender que, como mucho, se trataba de casos aislados, era mucho más cómodo.

¿Casos aislados? ¿Cuántos casos aislados son necesarios para que dejen de ser considerados aislados? Creo que vale la pena recordar algunos de esos casos aislados de violencia independentista que han tenido lugar en los últimos tiempos.

El asedio a la Consejería de Economía del 20 de septiembre de 2017 fue uno de los prinicipales hitos del procés. Miles de personas, convocadas por la ANC y Òmnium Cultural, coaccionaron durante horas a una comitiva judicial. Varios vehículos de la Guardia Civil fueron destrozados. La secretaria del juzgado tuvo que huir por la terraza del edificio. Y, de madrugada, los Mossos d’Esquadra tuvieron que cargar contra los manifestantes que se negaban a hacer un pasillo para poder evacuar a los agentes de la Guardia Civil, mientras les tiraban todo tipo de objetos.

Durante el referéndum ilegal del 1-O la supuesta resistencia pacífica no fue tal. Buena parte de los activistas que trataron de evitar la actuación de la Policía Nacional y la Guardia Civil --que cumplían un mandato judicial, no lo olvidemos-- no fueron precisamente hermanitas de la caridad. Hubo 431 agentes heridos de diferente consideración, 111 de ellos por contusiones, y diez tuvieron que coger la baja.

Pese a que TV3 no lo recoge en su evocación casi diaria del 1-O que realiza a través de sus informativos, no está de más destacar algunos ataques de los independentistas pacíficos. Por ejemplo, el policía derribado de un sillazo en Sant Joan de Vilatorrada (Barcelona) entre aplausos de los independentistas allí presentes; el agente pateado en la cabeza en Sant Esteve de Sesrovires (Barcelona) entre gritos de “venga”; la lluvia de pedradas lanzadas por una turba de radicales a un grupo de guardias civiles que tuvo que huir despavorido en sus vehículos oficiales en Sant Carles de la Ràpita (Tarragona) o las agresiones y lanzamiento de vallas a los antidisturbios por parte de Roger Español --el activista que perdió un ojo por una bola de goma-- en los alrededores de la escuela Ramon Llull de Barcelona. Los posteriores escraches tumultuosos a los que fueron sometidos los policías en diversos hoteles son insólitos en cualquier democracia occidental. Al igual que el acoso a los hosteleros que acogieron a policías.

Las huelgas políticas convocadas por la principales entidades independentistas bajo la denominación de “paro de país” el 3 de octubre y el 8 de noviembre de 2017 tampoco fueron precisamente pacíficas. Los cortes de carreteras y vías de tren por la fuerza fueron un buen ejemplo de ello. Como también lo fueron los altercados junto al Parlament del 30 enero de 2018 con motivo del intento de investidura de Puigdemont.

No está de más recuperar los disturbios generados por las hordas independentistas descontroladas tras conocerse la detención de Carles Puigdemont en Alemania el 25 de marzo pasado. En los alrededores de la Delegación del Gobierno de Barcelona los violentos lanzaron todo tipo de objetos --incluidos contenedores--, rompieron el cordón policial e hirieron a 23 Mossos. En Girona, la muchedumbre tomó a la fuerza la Delegación del Gobierno. Mientras que en Lleida, los antidisturbios de la policía autonómica, a los que lanzaron desde huevos a latas, tuvieron que defenderse de los asaltantes disparando al aire.

Por otra parte, en los últimos años las amenazas y los ataques de grupos independentistas a sedes de partidos constitucionalistas --e incluso a miembros del Gobierno-- se han intensificado, los atentados contra Cs, PP y PSC se contabilizan por decenas. Para los naranjas, realizar actos en algunas zonas de Cataluña es casi una actividad heroica.

La redacción de nuestro medio, Crónica Global, también sufrió la kale borroka nacionalista el 25 de enero pasado. Pese a que fue reivindicado por Arran --los cachorros de la CUP--, el ataque ha quedado impune.

Incluso las comisarías y casas cuartel han sufrido coacciones y ataques por parte de los radicales independentistas. La Guardia Civil recibió más de un centenar de escraches únicamente en los meses finales del año pasado.

El 7 de junio, un grupo de extremistas independentistas --liderados por el exfundador de la banda terrorista Terra Lliure Frederic Benanachs-- reventó por la fuerza un acto de Societat Civil Catalana (SCC) sobre Cervantes en la Universidad de Barcelona. Los asistentes se vieron obligados a atrincherarse en el aula magna para protegerse de los violentos ante la pasividad del rectorado.

En la UAB --donde ahorcan muñecos vestidos de guardias civiles con el mensaje “pim pam pum que no quede ni uno”--, la agrupación universitaria de SCC ha sido víctima de varias agresiones de grupos nacionalistas por el simple hecho de instalar casetas informativas, como el resto de entidades. Un acoso que se remonta ya a varios años.

Retirar lazos amarillos del espacio público se ha convertido en una actividad de riesgo en Cataluña. Hacerlo te convierte en el blanco de los radicales y es fácil ser agredido o recibir amenazas por ello.

Significarse en contra de la secesión tiene un coste en Cataluña. Que se lo pregunten a Boadella o al restaurador de Blanes que levantó su voz contra los lazos amarillos.

Formar parte de la plataforma Barcelona con la Selección tampoco es gratis. Miembros de la entidad han recibido agresiones, amenazas, intimidaciones y coacciones únicamente por reivindicar la presencia de la selección nacional española de fútbol en la ciudad. El último episodio se ha producido hace solo unos días.

El acoso a los jueces en Cataluña también es computable en la larga lista de acciones violentas del independentismo. Al juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena --encargado de la instrucción del procés-- y a su esposa --también magistrada y residente en Cataluña-- les han hecho la vida imposible. Los CDR realizaron pintadas amenazadoras junto a su residencia de la Cerdanya, difundieron datos personales suyos en las redes y le hicieron un escrache durante una cena en Girona.

Algo parecido le sucedió al juez Ramírez Sunyer, que investiga el 1-O, que fue víctima de una campaña de hostigamiento independentista en toda regla --con pintadas y amenazas-- hasta el punto que perdió su casa de alquiler en la Costa Brava. Como también lo fue la ex fiscal jefe de Barcelona Ana Magaldi, a la que incluso allanaron su casa en varias ocasiones.

Así las cosas, sorprenderse ahora de la violencia del nacionalismo y del independentismo catalán me parece una muestra de cinismo indignante.

1-O, el aniversario de un burdo desafío alimentado ahora por el Gobierno
EDITORIAL esdiario  2 Octubre 2018

Sánchez ha debilitado a España rompiendo la cohesión entre PSOE, PP y Cs y aceptando legar al poder con el voto de partidos a los que debía haber aislado.

Hace ahora un año la Generalitat de Cataluña impulsó un referéndum ilegal de independencia, como culminación de un desafío constitucional larvado durante décadas e iniciado, formalmente, en 2012 con Artur Mas aún en el Gobierno catalán.

Aquel día, contraviniendo todas las leyes y utilizando a los propios ciudadanos como escudo de sus desvaríos, las instituciones catalanas convocaron a las urnas a sus seguidores, para hacerles partícipes de una farsa y una agresión a la vez: el fracaso de aquella consulta no sólo fue su inutilidad en los términos buscados por el soberanismo; sino también su carácter de afrenta a los catalanes que no creen en la secesión.

Que Sánchez se empeñe en hablar de "normalización" y haya dinamitado la cohesión que ahora debería aplicar un nuevo 155 más amplio; es un horror

La única ruptura que ha provocado el 1-O, y la posterior Declaración Unilateral de Independencia, es la existente en el seno de la sociedad catalana, cada vez más enfrentada y difícil de reconciliar: triste balance para unos políticos incapaces de entender que su primera obligación es cumplir y hacer cumplir la ley para, con ello, garantizar la convivencia entre desiguales.

El 155 como mínimo
Pablo Planas Libertad Digital 2 Octubre 2018

Están chiflados y son peligrosos. A falta de Estado, sólo les frena que se odian entre ellos.

El tipo que preside la Generalidad por delegación de Carles Puigdemont no ha tenido mejor ocurrencia que jalear a los Comités de Defensa de la República (CDR) que han dedicado el 1 de octubre a cerrar estaciones y cortar calles y carreteras. A Quim Torra le parece estupendo que grupos de zánganos, macarras y matones se paseen por Barcelona un lunes por la mañana interrumpiendo el tráfico y pegando vivas a la república catalana, que se asalte la estación del AVE en Gerona o que en esa misma ciudad se arríe la bandera española del edificio de la delegación de la Generalidad. De hecho, Torra se jacta de que parte de su familia milita en los CDR y lleva un cabreo de mil demonios porque los Mossos impidieron el sábado que sus chicos reventaran a palos la manifestación de Jusapol.

Torra quiere que haya mambo, le va la marcha y no tiene ninguna intención de apaciguar los ánimos, sino todo lo contrario. Es un pirómano desbocado, un irresponsable al que no se le cae de la boca la desobediencia y todas las vainas de que las calles serán siempre suyas y ni un paso atrás. Torra llama a la insurrección y ata a los Mossos en corto para que no se les ocurra impedir las pacíficas actividades de los CDR y la CUP. Genera tensión y crispación, busca el estallido que precipite un conflicto abierto, que el separatismo se eche a la calle definitivamente y hasta tumbar la legalidad. El tan cacareado "control del territorio" que falló el año pasado.

"Amigos de los CDR, presionad, hacéis bien en presionar", ha dicho Torra. Un presidente autonómico incitando a cometer sabotajes a las partidas de encapuchados patrocinadas por la Generalidad. Claro que no es precisamente una novedad en Cataluña que los separatistas se salten las leyes a la torera y pisoteen los derechos de la población no independentista. Torra está fuera de la ley e incurre día sí y día también en pronunciamientos que están pidiendo a gritos una respuesta judicial. Pasa que no le va nada mal. Tiene a medio Gabinete de Sánchez pidiendo a gritos la excarcelación de los golpistas.

Hay motivos más que sobrados para aplicar un 155 ampliado, mejorado y por tiempo indefinido. El Gobierno catalán no se hace responsable de la seguridad ciudadana y su presidente celebra los disturbios y alteraciones del orden público protagonizados por sus amigos. Las escuelas están llenas de propaganda separatista, los profesores de bachillerato animan a los alumnos a manifestarse contra el Estado franquista y hay gente que cree que cientos de miles de policías causaron miles de muertos entre los millones de catalanes que sólo querían votar. De hecho hay una asociación de víctimas del 1-O, un ciudadano que perdió un ojo y decenas que sufrieron ataques de ansiedad al ver las cargas por televisión. Por todos ellos y en especial por el ojo han guardado Torra, Colau y toda la banda de la ANC, Omnium, los sindicatos y los CDR un sentido minuto de silencio. Tal cual. Están chiflados y son peligrosos. A falta de Estado, sólo les frena que se odian entre ellos.

Deberle el cargo al separatismo
El estropicio del referéndum ilegal, replicado con la aplicación del artículo 155 para garantizar el respeto a la ley en Cataluña, ha tenido unas consecuencias devastadoras para sus impulsores, todos ellos en prisión, fugados o denunciados; pero no ha frenado las causas ni los objetivos ni los medios que utilizaron para su intentona.

Al contrario, la sonrojante alianza de Pedro Sánchez con el independentismo para llegar a La Moncloa ha provocado que, un año después de aquellos hechos, sus paladines tengan una influencia enorme, fruto de la lamentable ambición de un presidente que jamás tuvo que serlo con el apoyo de partidos a los que, desde cualquier formación constitucional, se debe ayudar a aislar.

La legitimación del independentismo y la cierta subordinación del Gobierno a sus máximos cabecillas proviene de las necesidades personales de Sánchez y consiste, por eso mismo, en intentar presentar como un acto de diálogo lo que en el mejor de los casos un ejercicio de ceguera ingenua y, en el peor y más probable, de entreguismo inaceptable.

El 1-O fue una farsa y una injusticia: la única ruptura que provocó fue la de la sociedad catalana

Lo cierto es que el independentismo no ha renunciado ni a los fines ni a los medios y, en este año, ha ahondado en la utilización subrepticia de las instituciones, en la presión callejera, en el desprecio a la jefatura del Estado y en la persecución de los mismos fines pero disimulando en los medios para ahorrarse problemas judiciales.

Que ante todo el Ejecutivo socialista se empeñe en hablar de "normalización" y haya dinamitado la cohesión del bloque constitucional que ahora debería estar ultimando un nuevo 155 más amplio; es una mala noticia para España y una muy buena noticia para el separatismo, encantado ante la perspectiva de división entre PSOE, PP y Cs y simplemente emocionado ante la constatación de que España tiene ahora un presidente que le debe el cargo.

Ese viejo «matar al mensajero»
No se recordaba un ataque más directo a la libertad de información como el que está llevando a cabo el equipo de Sánchez, que cuanto más acosado se ve mayores son los derrotes que lanza por salir tan mal en la foto
Álvaro Martínez ABC 2 Octubre 2018

Isabel Celaá es la portavoz del Gobierno «que hace cosas» (sic). Y de alguna manera es junto a la vicepresidenta Calvo quien sostiene el ariete contra esa prensa perversa que no se dedica a lanzar vítores y albricias al gabinete del doctor Sánchez. Volvió Celaá ayer con el pesado tole-tole contra los medios que se inventan las noticias en la presunta «cacería» organizada contra el Ejecutivo socialista, con «noticias falsas» como munición. No serán tan falsas cuando ya son dos los ministros que han caído y al menos dos más estén a punto de caramelo pues solo les salva que el propio presidente haya sido cazado haciendo trampas y mintiendo. Después de que Calvo tocase la corneta, sugiriendo meter en vereda a la libertad de expresión, Celaá se embaló y ayer denunció que la prensa hace preguntas «que no se pueden consentir». ¿Qué será lo siguiente, expulsar a los periodistas de la sala, como hacía Jesús Gil al grito de «a la p... calle con ese»? No se recordaba un ataque más directo a la libertad de información como el que está llevando a cabo el equipo de Sánchez, que cuanto más acosado se ve mayores son los derrotes que lanza por salir tan mal en la foto.

Más allá de la infamia que supone y de la pulsión liberticida que esconde, hay un peligroso efecto secundario en eso de acusar a la prensa de inventarse las noticias con fines cinegéticos, en ese viejo «matar al mensajero». Lo vimos ayer en las calles de Barcelona, donde las siniestras brigadas callejeras de la banda del lazo hostigaron a los periodistas que cubrían el aniversario del 1-O y que bien de mañana fueron alentadas por Torra para que hicieran su «trabajo». «Hacéis bien en presionar». Y dicho y hecho. Reporteros que cubrían a pie de calle los festejos de la derrota de hace un año eran atosigados por la turba hasta que cortaban la conexión, acosados por el típico idiota haciendo de sí mismo. Alguno tuvo peor suerte y solo la Policía le salvó de un previsible linchamiento pues ni escoltado se libró del lanzamiento de huevos, escupitajos y botellas, que de todo hubo. Y todo al grito de «Prensa española, manipuladora».

Quizá, en vez de escuchar TV3, tele-lazo o radio golpe, alguna de esas acémilas esteladas que tienen una yogurtera de odio por cabeza, escuchara por la mañana a Celaá diciendo lo mismo pero más despacito. Y luego pasa lo que pasa.

Un aurresku en la Moncloa
Cayetano González Libertad Digital 2 Octubre 2018

La sede de la Presidencia del Gobierno ha sido este lunes escenario de un acto institucional que tenía una gran dosis de media verdad y por lo tanto una mentira.

La sede de la Presidencia del Gobierno ha sido este lunes escenario de un acto institucional que tenía una gran dosis de media verdad y por lo tanto una mentira. Se celebraba el mal llamado "fin de ETA", y se aprovechaba la ocasión para agradecer a Francia su colaboración en la lucha contra la banda terrorista. El acto ha terminado con un txistulari y un dantzari interpretando y bailando ante todos los presentes un aurresku de honor, con el lehendakari Urkullu sentado en primera fila. ¿A quién mató ETA? ¿Sólo a vascos? ¿No asesinó también a andaluces, extremeños, gallegos, castellanos, catalanes, valencianos, aragoneses, riojanos, etc.? ¿Se imagina alguien que en la sede de la Presidencia del Gobierno vasco en Vitoria, en el Palacio de Ajuria Enea, se interpretara en un acto similar el himno nacional de España, o, si esto resultara muy fuerte para el lehendakari del PNV, se bailara un chotis o unas sevillanas? Todo absolutamente ridículo, pero significativo. Como significativas han sido también las ausencias y las presencias en el acto.

Ninguno de los dos presidentes del Gobierno del PP, Aznar y Rajoy, quisieron estar presentes. Y hay que decir que han hecho muy bien en no ir, para no dar cobertura a lo que ha sido una escenificación más de un supuesto final de ETA, continuación del acto que tuvo lugar en Cambó el pasado 4 de mayo, organizado por los conseguidores internacionales.

En cuanto a las presencias en la Moncloa, destacó sobre todo la del PNV, a través del lehendakari Urkullu. Que el partido que ha gobernado en el País Vasco desde la Transición –salvo el corto paréntesis del lehendakari Patxi López–, y que ha puesto todos los obstáculos posibles a las medidas que desde el Estado de Derecho se han tomado para derrotar a ETA, quiera apuntarse ahora a la foto del supuesto final de la banda terrorista es, cuando menos, un sarcasmo. Por supuesto, el incansable negociadorZapatero no podía faltar, así como el brazo ejecutor de este proceso, Alfredo Pérez Rubalcaba. El primero fue quien llamó a Otegui "hombre de paz" y el que dio, en 2004, con su proceso negociador, un gran balón de oxígeno a ETA cuando la banda estaba asfixiada. Con ello, muy probablemente, retrasó su final operativo unos años.

Vayamos con la supuesta colaboración de Francia en la lucha contra ETA. En junio de 1996, cuando la banda terrorista llevaba ya casi cuarenta años asesinando a ciudadanos españoles, el ministro francés de Interior, Jean-Louis Debré, visitó en Madrid a su homólogo español, Jaime Mayor Oreja, que acababa de tomar posesión de su cargo en el primer Gobierno de Aznar. El día anterior a esta visita, Mayor Oreja había hecho unas declaraciones en ABC en las que, entre otras cosas, señalaba que Francia era un santuario para ETA. Nada más empezar la reunión, Debré le dijo a Mayor que esperaba que tuviese pruebas de lo que había señalado, porque era una acusación muy grave. El ministro español le contestó que su experiencia en la política, desde que empezó en la UCD vasca en 1977, le llevaba a estar seguro.

Al mes de esa reunión en Madrid, Mayor Oreja devolvió a Debré la visita trasladándose a París. Antes de comenzar la entrevista, el ministro galo le llevó a su colega español a una habitación del Ministerio donde estaba el material incautado a un comando de ETA días antes, en la propia Francia. Entre ese material había varios uniformes de la Policía francesa y algunos carnets falsos de gendarme. Debré le dijo a Mayor Oreja: "Tengo que reconocer que usted tenía razón. La estructura de ETA en Francia es mucho más sólida que, por ejemplo, la del terrorismo islamista".

He traído a colación este sucedido para poner de manifiesto que si en 1996 un ministro del Interior francés ponía en duda que la dirección de ETA se refugiara en y operara desde territorio galo es que algo muy grave había fallado en las décadas anteriores, a pesar de, por ejemplo, los esfuerzos de Felipe González por convencer a Mitterrand o a Chirac de la necesidad imperiosa de que colaboraran con las autoridades españolas para acabar con ETA.

Quienes realmente han acabado con la banda terrorista han sido las Fuerzas de Seguridad del Estado. Recomiendo la lectura del libro Sangre, sudor y paz, donde se relata con todo lujo de detalles la lucha de la Guardia Civil contra la banda terrorista. Es verdad que las autoridades francesas, en un momento determinado, permitieron la actuación de guardias civiles y policías nacionales en suelo francés en labores de seguimiento, información, que fueron determinantes para el éxito de muchas operaciones antiterroristas en suelo galo. El mérito por tanto fue de nuestras fuerzas de seguridad. La colaboración de Francia llegó tarde, aunque vino muy bien. Y si tanto colaboró el país vecino, ¿por qué no ha entregado hasta hoy unos documentos que pueden ser claves para esclarecer algunos de los más de 300 crímenes de ETA que están todavía sin resolver? Es importante contar y conocer la verdad de los hechos tal y como sucedieron, y no como nos los quieren contar quienes pretenden un final de la banda terrorista en el que no haya vencedores ni vencidos.

Los arietes contra el secesionismo se van
Funcionarios de la carrera judicial y de las fuerzas de seguridad, hastiados de la presión independentista, buscan ser trasladados a otros destinos fuera de Cataluña
mercedes lodeiro. BARCELONA La voz 2 Octubre 2018

Los funcionarios estatales arietes contra los desmanes legislativos de los políticos independentistas, entiéndase jueces y fiscales y fuerzas de seguridad del Estado, llevan un año sufriendo una tensión desmedida en Cataluña. Muchos son los que cuentan los días para lograr un desplazamiento a otras zonas de España. Pero las circunstancias actuales han obligado este año al Gobierno central a adoptar medidas excepcionales en algunos concursos. Es el caso anunciado a principios de septiembre de la suspensión de traslados de 300 guardias civiles destinados en Cataluña y a los que ya se les había aprobado otro destino fuera de la comunidad autónoma. Ellos, y sus familias, fueron víctimas el año pasado, y lo siguen siendo, de insultos y agresiones en lo que alguno define como «un ambiente irrespirable». Conocido es lo que aconteció a hijos de guardias civiles del cuartel de San Andrés de la Barca (Barcelona), que al día siguiente del 1-O tuvieron que soportar en clase vejaciones por parte de algunos profesores que conminaron a los alumnos a indicar si eran hijos de guardia civil. Esos señalamientos también los padecen las familias de los policías nacionales. Durante este último año, 360 agentes solicitaron el traslado a otras comunidades y lo lograron el pasado julio.

También en el sector judicial hay deseos de irse de Cataluña por la tensión derivada del desafío independentista. En lo que va de año ya se han ido 15 jueces y solo ha llegado uno a la comunidad, según fuentes del Consejo General del Poder Judicial. Las asociaciones de jueces hablan de «incomodidad» y «anormalidad», aunque también se muestran firmes y aseguran que «los ataques que se dirijan contra los jueces no tendrán la menor eficacia».

Señalamiento y persecución
Los mismos manifestantes de los CDR que ayer rompieron la tranquilidad en las calles de Barcelona y en los transportes en Cataluña son los protagonistas de las amenazas al juez Llarena, cuya casa en la localidad gerundense de Dans fue objeto de pintadas. «Te esperamos», «prevaricador», «los Països Catalans serán tu infierno» son mensajes con la firma de Arran que demuestran el acoso al que también se ven sometidos los jueces en Cataluña y por el que, cada vez más, los magistrados emigran de la comunidad. La mujer de Llarena, Gema Espinosa, hasta hace poco directora de la Escuela de Práctica Judicial en Barcelona, fue víctima de una campaña de coacción e intimidación por parte de sectores radicales independentistas, por ser la esposa del instructor del caso Procés. Aspira ahora al traslado al Consejo General del Poder Judicial en Madrid.

Este sector vilipendiado por los separatistas experimenta un goteo constante de funcionarios hacia otras comunidades. Esto se suma a la escasez de jueces que eligen Cataluña como destino y al déficit de tradición opositora en Cataluña a la Administración del Estado por parte de los graduados, explica José María Mollinedo, del sindicato de técnicos de Hacienda, Gestha.

En las últimas 21 promociones de la Escuela Judicial ha habido 239 jueces en prácticas con residencia en Cataluña, el 8 % cuando la población de la comunidad representa un 16 % de la del Estado. Celso Rodríguez Padrón, de la Asociación Profesional de la Magistratura, no cree que la situación sea alarmante, pero sí «muy incómoda». Coincide con él Jesús Gómez, de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria, y admite que, como muchos compañeros, él también se ha planteado marcharse para vivir «tranquilo y con los problemas de un ciudadano normal».

PREVARICACIÓN Y DESOBEDIENCIA
VOX amplía su querella contra Torrent mientras el Parlamento catalán desafía al Supremo
La Gaceta  2 Octubre 2018

VOX ha presentado este martes una ampliación a la querella que interpuso el pasado 9 de mayo ante la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) contra Roger Torrent y tres miembros más de la Mesa del Parlamento de Cataluña — Josep Costa, Eusebi Campdepadrós y Alba Vergés— por los delitos de prevaricación y desobediencia, cuando estos admitieron la modificación de la Ley de Presidencia de la Generalidad y del Gobierno de Cataluña, aprobada por el Pleno el día 4 de mayo.

En esta ocasión, la ampliación se realiza como respuesta a la aceptación por la Mesa del Parlamento de Cataluña de incluir como punto del orden del día de la sesión plenaria a celebrar este 2 de octubre el debate del contenido de una disposición judicial del Tribunal Supremo que suspende automática a los procesados que se encuentran presos en el ejercicio de su cargo público como diputados.

VOX solicita con carácter urgente en la ampliación la detención, puesta a disposición judicial e ingreso preventivo en prisión, sin fianza de Roger Torrent, Josep Costa, Eusebi Campdepadrós y Alba Vergés. Pedro Fernández, vicesecretario jurídico de VOX, ha afirmado que: “Esto es la clara demostración que el separatismo catalán está en la reiteración delictiva golpista, y VOX seguirá denunciándolo cuantas veces sea necesario”.

Aprobado con el apoyo de los comunes
Pese a la denuncia de VOX, el Pleno se ha celebrado y la iniciativa ha saludo adelante gracias al apoyo de Catalunya en Comú Podem, que ha permitido que se pueda aprobar por mayoría simple que los diputados suspendidos por el Tribunal Supremo cedan sus funciones mientras no se resuelva su situación judicial, ya que esta solución permite “desbloquear” la Cámara.

“El país, que es su gente, no se merece un parlamento a medio gas”, ha justificado la diputada Marta Ribas, que ha añadido que tampoco los políticos presos ni sus familias “merecen un parlamento que no sea fuerte”.

José Miguel Cedillo, víctima del horror: "Por mis venas corre sangre de héroe"
Nora Vázquez ESdiario_com 2 Octubre 2018

Su padre murió en 1982 rematado de un tiro en la nunca tras sobrevivir a un primer atentado. Cedillo reivindica el estatus de las víctimas, quiere vivir sin rencor y explica cómo sufre aún.

ETA convirtió la vida de José Miguel Cedillo en un vía crucis de orfandad y terror, de agorafobia y pánico que le mantuvieron durante muchos años encerrado entre las cuatro paredes de su casa. ETA le robó a tiros a su padre y le hurtó la infancia, la adolescencia y la juventud.

José Miguel Cedillo tenía sólo 7 años. La mirada de aquel niño tuvo que contemplar, con el espanto cosido a los ojos, en la Capilla Ardiente instalada en el Gobierno Civil de Guipúzcoa, cómo un compañero de su padre se descerrajaba un tiro en la cabeza porque la sangre, el terror y el dolor por sus compañeros muertos le derrotaron la voluntad de seguir viviendo. Jesús María Zabarte Arregui, alias el Carnicero de Mondragón, formaba parte de la partida de asesinos de ETA que en 1982 cosieron a balazos en Oiartzun a tres policías nacionales.
La deuda eterna de España con las víctimas del terrorismo debe ser saldada

Hoy ese niño tiene 36 y acaba de volver al lugar del atroz crimen de su padre, Rentería (Guipúzcoa); ni su madre ni él habían vuelto a pisar el País Vasco desde el 15 de Septiembre de 1982 y lo ha hecho para homenajear a su padre.

Julen Mendoza, actual alcalde de Rentería por Bildu, se interesó por la historia y trasladó la iniciativa al Ayuntamiento para hacer efectivo el reconocimiento. El asesinato de Antonio Cedillo fue especialmente cruel. El 14 de septiembre de 1982 su patrulla de la Policía Nacional fue atacada por un comando de ETA .Tres agentes cayeron abatidos. Pero Cedillo, herido, sobrevivió. Lo recogió el conductor de una furgoneta para trasladarlo al hospital. Los terroristas, al percibirlo, pararon la furgoneta y lo remataron de un tiro en la nuca.

-¿Cómo pudiste llevar todo lo sucedido durante tu adolescencia?
-Pues siempre he estado más preocupado de mi salud porque he estado enfermo desde que ocurrió todo. Incluso en la adolescencia tuve episodios bastante graves de pánico y agorafobia. No quería acercarme a nada relacionado con terrorismo ni ETA ni menos aún mi padre. Los estudios fueron imposibles al no poder salir de casa tuve que hacer muchos esfuerzos para hacer aunque fuera lo mínimo. Con mis amigos no salía y no tenía vida social más allá de las paredes de mi casa. Empecé con medicación con 12 años hasta el día de hoy y con mucho trabajo con 30 años decido hacer psicología a través de la UNED y los exámenes con muchas pastillas. Lo conseguí. Empecé hace 5 años con dolores de origen desconocido y hace 2 me diagnosticaron una enfermedad autoinmune que me ataca a los músculos y los huesos. A día de hoy la vida se me sigue haciendo muy cuesta arriba.

La lucha del día a día hacen a personas como José Miguel Cedillo una auténtica estrella fugaz a ojos de la sociedad, una persona que tuvo que luchar desde muy pequeño con el auténtico horror, reinventarse y crecer. Sin duda, Antonio Cedillo late en nuestros corazones gracias a su hijo. Aprender de las víctimas de terrorismo y los actos de superación en su vida es una gran suerte que tenemos que prestar atención, ¿en qué pueden tener fe para perdonar?

- A día de hoy creo en algo pero no es Dios. Todo lo que estoy viviendo actualmente, mi madre con cáncer, mi situación … me lo pone muy difícil. Pero en algo sí creo. El perdón es algo que tiene que salir de uno. Yo hace tiempo perdoné a mi manera ya que nadie me ha pedido perdón. A quienes no perdono es a quienes a día de hoy me hacen daño y no me ayudan a cerrar este capítulo y ni me dan reconocimiento ni dignidad. En ese sentido creo que lo que hacemos aquí de alguna manera lo llevamos para siempre arrastrando en nuestro karma en nuestra energía, en eso si creo tanto para lo bueno como lo malo.

-¿Qué opina sobre la realidad de la sociedad vasca actualmente?
-Desconocía la situación actual y los esfuerzos que allí están haciendo por reconstruir la convivencia. Sé que allí han sufrido muchísimo pero aún tiene más valor todas esas personas que han seguido allí al pie del cañón. Para mí son un ejemplo a seguir.

-¿Cambiaría alguna Ley, verdad?
-¡Por supuesto! Los huérfanos en mi situación deberíamos estar incluidos en la Ley de Solidaridad, por dignidad y reconocimiento, y también por seguridad ya que en mi caso personal no se a dónde me llevarán mis secuelas y me gustaría sentirme protegido por una ley creo pionera pero que deja atrás estos cabos sueltos que no se deberían permitir. Estoy esperando a que el señor ministro Grande Marlaska sea la persona que me consiga dar paz y cerrar este círculo al que yo ya he contribuido y he hecho todo lo que podía hacer.

-¿Qué le inspira para seguir luchando?
-¡Mi padre! Porque creo que lo dio todo por nosotros, por los españoles, incluso su vida. También sé que por mis venas corre sangre de héroe y voy a hacer lo que haya que hacer para que lo que nos ocurrió sea algo que me haga crecer y nos haga aprender. ¡Mis hijos! Porque creo que como padre tengo la responsabilidad de educarles en un mundo sin miedo, sin violencia y sobre todo sin rencor. Ellos al tener a día de hoy la misma edad que yo tenia cuando ocurrió todo creo que son los que están marcando mi camino.

-¿Qué sueño querría convertir en realidad?
-Querría vivir lo que me quede pensando que de alguna manera esto ha servido para algo y que mi testimonio puede aportar para que las cosas cambien. El legado de mi padre es algo que me inspira mucho a día de hoy y honrarle es mi camino. El cambio de Ley sería lo que necesitaría para descansar y sentirme pleno y como digo, en el sitio que me corresponde como víctima de terrorismo que soy.

Sus palabras son una enseñanza fuerte y grande. José Miguel Cedillo resulta valiente, noble y justo; sólo en busca de honrar a su padre, honrar a las víctimas que, como él, buscan una Ley mejor. Y encontrar una paz interior que permita que los demonios del pasado queden sepultados para siempre…

Decenas de profesores firman un manifiesto "contra el sectarismo" en la escuela catalana
Denuncian que, en Cataluña, la educación es "un mecanismo insolidario que agranda la brecha entre ciudadanos de primera y de segunda".
Libertad Digital 2 Octubre 2018

Niños en una escuela catalana con carteles independentistas | Sociedad Civil Catalana y Asamblea por una Escuela bilingüe

Decenas de profesores firman el manifiesto "Contra el sectarismo en las escuelas", publicado este martes en El Mundo, en el que expresan su "preocupación por el contenido de las informaciones recientemente publicadas sobre el estado de nuestro sistema educativo", refiriéndose, en concreto, al Informe de la Alta Inspección Educativa del Estado que alerta sobre los libros de texto en Cataluña y al informe sobre "Instrumentalización nacionalista del sistema educativo en Cataluña: el caso del 1 de octubre", elaborado por la Asamblea por una Escuela Bilingüe y Societat Civil Catalana.

El texto está arropado por 77 firmas –casi todas, de profesores–, entre las que destacan la del fundador del Foro de Profesores, Alfonso Varela; el catedrático de Filosofía (jubilado) Fernando Savater; el portavoz de Plataforma Ahora, Gorka Maneiro; el profesor de la Universidad Camilo José Cela David Jiménez Torres o el profesor de Ética y Economía en la UB Félix Ovejero.

Los firmantes señalan que "desde casi la enseñanza primaria hasta la superior, el sistema educativo español ha avanzado en la erradicación de conductas de abuso y acoso a los más vulnerables. Este logro, sobre el que hay que seguir avanzando, ha sido sin duda un éxito compartido de toda la comunidad educativa". Sin embargo, en Cataluña, la educación "se ha convertido en un mecanismo insolidario que agranda la brecha entre ciudadanos de primera y de segunda, según su lengua materna". "Sobre la falsedad de que solo el catalán y no también el castellano o español es la lengua de Cataluña, se ha construido un sistema educativo identitario basado en la inmersión. Prueba de lo regresivo e insolidario de este modelo educativo es que el fracaso escolar de los estudiantes castellanohablantes es el doble que el de los catalanohablantes", agregan.

El texto continúa señalando que "a diferencia de otros servicios esenciales como la sanidad o la seguridad ciudadana, con resultados visibles a corto plazo, la educación exige más tiempo para mostrar el éxito o fracaso de su diseño". Por todo ello, exigen "a las autoridades competentes" que se tengan en cuenta las informaciones vertidas por los citados informes "y se actúe para corregir esas irregularidades", y "que cumplan y hagan cumplir el derecho a la educación en los términos del artículo 27 de la Constitución Española, excluyendo la discriminación y el sectarismo en las escuelas de todo el territorio nacional".

Marcos Veiras: «El objetivo de los independentistas es echarnos»
La vida de los policías: aislamiento social, bajo salario, temor a hablar y ni poder colgar la ropa en sitios visibles
MERCEDES LODEIRO. BARCELONA. La voz 2 Octubre 2018

Hace casi ocho años que Marcos Veiras, natural de Ordes, llegó a Barcelona como policía nacional y otros tantos que solicita el traslado a un destino fuera de Cataluña, porque «el ambiente es irrespirable por la presión, el aislamiento social y las agresiones». Compara la situación con Venezuela. «Los Mossos funcionan como la Guardia Nacional Bolivariana, y los CDR, como las asociaciones vecinales en Venezuela».

-¿Qué representó para la policía y la Guardia Civil el 1-O?
-Fue un punto de inflexión, aunque el acoso y la persecución hacia nosotros y nuestras familias venían de antes. Mi pareja se tuvo que salir de un grupo de WhatsApp porque los compañeros no entendían las actuaciones policiales en los colegios. Cargan contra nosotros y no contra quién dio las órdenes del dispositivo.

-¿Qué tipo de acoso sufren?
-Mensajes en nuestros coches, el aislamiento social a nuestras parejas en el campo privado y en los trabajos, y la presión que sufren nuestros hijos. Esto, unido al precario salario, hace que ningún compañero quiera quedarse aquí. El objetivo de los independentistas es echarnos.

-¿Qué le llevó a pedir el traslado?
-El 90 % de los compañeros al año siguiente de llegar a Cataluña solicitan marcharse por el salario y por la persecución que nos hacen los radicales independentistas. Los Mossos y la Guardia Urbana cobran 700 euros más. Los catalanes opositan a esos cuerpos y los de fuera vivimos hacinados porque una habitación cuesta unos 500 euros. Y a esto hay que sumarle el aislamiento social .

-¿Y en ocho años no ha logrado irse?
-En Galicia hay déficit de policías nacionales, pero no se abren plazas. En la última convocatoria hubo siete plazas, y solo una para Santiago. Todos los compañeros tenemos solo en mente regresar a casa. Hay uno que va cada quince días y no hace vida aquí porque es complicado, no estás cómodo. Tienes que tener cuidado adónde vas. Si uno se lía con una chica y se entera de que eres policía nacional acaba mal con ella. Tienes que tener cuidado de lo que hablas en espacios cerrados y abiertos. Esto es la libertad de expresión. Es el síndrome del este, como hubo en el País Vasco el síndrome del norte.

-Pero ¿tanta es la presión?
-Te sacan fotos, te reconocen entrando o saliendo de una comisaría, se las pasan por las redes sociales... No podemos colgar la ropa a secar en sitios visibles.

-Usted organizó la manifestación del sábado pasado.
-Sí, porque aquí el sistema político es independentista y usa a los Mossos y a todas las instituciones, por eso una manifestación de Guardia Civil y Policía Nacional es para ellos una agresión. Nosotros decimos que no hay que entrar en provocaciones, pero denunciaremos a la Generalitat por el mal dispositivo y la vulneración del derecho a la manifestación, pues hasta cambiamos el recorrido de la marcha. Aquí solo se pueden manifestar los independentistas.
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