AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 3 Octubre 2018

Los ultimátums los debería dar Sánchez, no el golpista Torra
EDITORIAL Libertad Digital 3 Octubre 2018

Cualquier gobierno de la nación mínimamente prudente y sensato ya hubiera dado en 2012 un ultimátum a los mandatarios regionales en rebeldía

Está por ver que las formaciones separatistas cumplan su amenaza de dejar caer a Pedro Sánchez si, en menos de un mes, el cuestionadísimo doctor no claudica y consiente la celebración una nueva consulta secesionista en Cataluña, tal y como ha amenazado con hacer el golpista Quim Torra un día después de llamar a los liberticidas Comités de Defensa de la República a "seguir presionando" a su violenta manera en las calles del Principado. Sea como fuere, clama al cielo que sean los propios golpistas los que se permitan plantear ultimátums, cuando lo lógico y lo urgente es que el Gobierno de la Nación inste a quienes detentan el poder regional en Cataluña a acatar de inmediato el orden constitucional si no quieren que se intervenga la autonomía catalana, durante el tiempo que haga falta, en aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Ante una desafío tan grave como el que Artur Mas planteó al poner en marcha en 2012 un proceso de secesión que no pararían "ni tribunales ni constituciones", cualquier Gobierno mínimamente sensato habría instado al sedicioso a acatar públicamente el orden constitucional so pena de intervenir la Generalidad para evitar que desde las propias instituciones del Estado se organizaran aquelarres golpistas como los perpetrados el 9 de noviembre de 2014 y el 1 de octubre de 2017, consulta esta última que los sediciosos acompañaron con una no menos ilegal declaración unilateral de independencia.

Sin la más mínima critica por parte de la oposición, el Gobierno de Mariano Rajoy se dedicó a mirar para otro lado, a quitar gravedad al desafío separatista o incluso a negar la independencia de facto en la que ya estaba instalada la Cataluña nacionalista y a hacer vergonzosas ofertas de diálogo y negociación. Eso, por no recordar la financiación indirecta pero decisiva del golpe de Estado a través de las multimillonarias ayudas que la Generalidad recibió, año tras año, de los Fondos de Liquidez Autonómica.

Con todo, lo más bochornoso no fue que el Gobierno –y el PP, el PSOE y Ciudadanos– esperara a que las dos consultas secesionistas se consumaran para poner en marcha la aplicación del artículo 155 que debió evitarlas, sino que, llegada esa tardía aplicación, sólo se acometió para celebrar cuanto antes unas nuevas elecciones regionales, que, tal y como era previsible, no hicieron sino devolver el poder a los golpistas.

Obviamente, la llegada de Sánchez a la Moncloa, aupado por los propios golpistas, no supuso un cambio para mejor. Todo lo contrario. Pero al menos el PP y Ciudadanos ya se atreven a reclamar lo que no reclamaron cuando era Rajoy el que estaba en el Ejecutivo: una aplicación del 155 orientada no a la celebración de unas nuevas elecciones regionales sino a garantizar la sujeción de Cataluña al orden constitucional, para que, entre otras cosas, allí se pueda estudiar en castellano sin el menor problema y los medios públicos de comunicación no sean una vomitiva maquinaria de agitprop antiespañol.

Así las cosas, es harto dudoso que los separatistas vayan a hacer caer a un Gobierno como el de Sánchez, cuya debilidad les fortalece sobremanera. Lo que parece claro es que el golpe de Estado separatista seguirá adelante mientras no haya un cambio en el Gobierno de la Nación como el que aparente y felizmente ya se ha producido en el PP de Pablo Casado y el Ciudadanos de Albert Rivera.

Un repaso al Gobierno cum fraude
Liberal Enfurruñada okdiario 3 Octubre 2018

Este lunes, la ministra portavoz, Isabel Celaá, ha dicho que el Gobierno sufre una “ola de fake news” procedente de medios de comunicación digitales. Un día antes, la portavoz del PSOE en el Congreso, Adriana Lastra, pidió tenacidad frente al intento de la derecha y de la “basura mediática” de “pervertir” la política del Gobierno de Sánchez. Parece claro que ese es el argumento con el que el Gobierno del doctor cum fraude quiere poner pie en pared para evitar que se les caiga ningún ministro más por las escandalosas noticias que estamos conociendo sobre casi todos ellos; tachar de “fake news” y de “basura mediática” la información que les perjudique al más puro estilo podemita. Merece la pena que hagamos un repaso de esas noticias de las que están hablando.

No han pasado cuatro meses del día que Sánchez anunció el nombre de los ministros que integrarían su ejecutivo y causa sonrojo recordar las alabanzas conque la mayoría recibimos su habilidad para repartir carteras entre personas que parecían medianamente presentables. Aunque la alegría duró poco, ya que a los siete días cayó el ministro de Cultura, Màxim Huerta, tras conocerse que había sido multado por Hacienda por defraudar más de 200.000 euros. Y aunque parezca imposible no ha sido el único en caer, a los tres meses de ser nombrada la ministra de Sanidad, Carmen Montón, tuvo que dimitir por haber plagiado su trabajo de fin de máster. Tenemos que suponer que cuando Sánchez admitió la dimisión de estos dos ministros estaba dando por veraces estas noticias.

Deben referirse a las informaciones publicadas por OKDIARIO que le han hecho merecedor del deshonroso título de doctor Cum Fraude, esas por las que anunció que se iba a querellar aunque ahora no parece muy dispuesto a defender su verdad ante un juez. Pero también es posible que de lo que hablen sea de la información que hemos publicado acerca de esa sociedad patrimonial con la que su ministro de Ciencia, Pedro Duque, se ahorró tramposamente unos impuestos de esos que los socialistas nos quieren subir mucho a todos. O quizá hablan de la noticia que cuenta que su ministra de Industria, Reyes Maroto, ha consignado en su declaración de bienes un plan privado de pensiones como si fuera un seguro de vida, avergonzada por su poca confianza en el sistema público.

O de las conversaciones de su ministra de Justicia, Dolores Delgado, con Baltasar Garzón y el comisario Villarejo, a quienes confesó que en un viaje de trabajo a Cartagena de Indias (Colombia) vio como “una serie de jueces y fiscales españoles terminaron con menores de edad”, cosa que jamás denunció. O de las declaraciones de su ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, quien reconoce que “no sé mucho de economía”. O de como la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, mintió durante cinco años a la Junta de Andalucía con un falso máster en su currículo y está denunciada por “prevaricación continuada” en la realización de “nombramientos ilegales” en la Sanidad andaluza. O de cómo el multimillonario ministro de Exteriores, Josep Borrell, declaró que “Cataluña es una nación y prefiero a los independentistas presos en libertad condicional”. La lista sigue, pero no creo que necesitéis más ejemplos, aquel Gobierno que tanto os gustó se ha demostrado un fraude de cabo a rabo. Todo lo que toca Sánchez es más falso que una moneda de tres euros. Éstas no son “fake news” y quienes os denunciamos no somos “basura mediática”. Enfrentaros a la verdad poniendo las urnas y dejando que los españoles os digan lo que piensan de vosotros, ministros Cum Fraude.

El golpismo-leninismo
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 3 Octubre 2018

Para Lenin, Stalin y Mao, en la estela de Marx y Bakunin, "la forma superior de la lucha de clases es la guerra civil". El delicado Trotski, al que sólo separaba del genocida Stalin que uno tenía el poder absoluto que el otro apetecía, gritaba en sus mítines "¡Viva la guerra civil!". Y aunque el guerracivilismo comunista toma desde 1917 formas muy distintas, desde las terroristas e insurreccionales a las de nuestro Frente Popular de 1936 para imponer la "democracia de nuevo tipo", o sea, la dictadura, a partir del "parlamento burgués", sólo en el "eurocomunismo" de los años 70 del siglo XX, tres partidos comunistas (PCI, PCE, PCF) renunciaron formalmente a la violencia para alcanzar el poder y mantenerlo a sangre y fuego. Pero en la práctica la defendían en Cuba, Venezuela, China y el resto del mundo, o sea, que doctrinalmente ni podían ni querían cambiar. Desde la caída del Muro y la implosión de la URSS, los comunistas migraron al liberalismo, se disolvieron en la socialdemocracia -y ésta en la nada- o han vuelto al guerracivilismo.

En Lenin y sus ancestros del XIX, los nacionalismos, siempre en pos de la guerra para romper un Estado y crear otro, eran un aliado estratégico que les permitiría imponer sobre los pedazos de antiguos imperios, como el ruso o el austrohúngaro, una dictadura comunista. El primer ministro (consejero) para las Nacionalidades del primer gobierno de Lenin fue Stalin. Georgia y Ucrania comprobaron el significado real de la "autodeterminación de los pueblos" en la Constitución de la URSS.

Pablo Iglesias es un leninista coherente y sostiene, con razón, que los comunistas no llegarán nunca al Poder en España "en circunstancias normales", porque lo normal para la gente normal es votar a partidos normales, como PSOE, PP o Ciudadanos. En España lo anormal y tendente a la guerra civil es el separatismo. Por eso ayer, en el Parlamento catalán, los podemitas se alinearon con los golpistas. Por eso, el domingo Iglesias dijo en La Sexta, ante una sumisa Ana Pastor, que Rivera y Casado son la extrema derecha franquista. No dijo kulaks, chinches o insectos que hay que aplastar sin piedad por si Ana desconocía que estaba citando a Lenin y llamaba al PACMA. Pero los CDR catalanes son una copia de los CDR cubanos. Y Podemos es un CDR con apetencias de régimen.

Habrá referéndum
Pablo Molina Libertad Digital 3 Octubre 2018

Por supuesto que habrá un referéndum de autodeterminación en Cataluña con todas las de la ley. La única incógnita es cuánto tardarán los nacionalistas catalanes en convencer a PP y PSOE. Pasará más o menos tiempo, pero se celebrará una consulta legal sobre la independencia de Cataluña, de eso no cabe duda.

El hartazgo que la situación de Cataluña provoca en el resto de España está llegando a unos niveles inasumibles para una sociedad que pretende mantener cierta cordura en términos generales. Pero no es esa la clave de la futura victoria de las tesis separatistas. Lo esencial es que PSOE y PP acaban siempre asumiendo el programa máximo de los separatistas, aunque el proceso les lleve su tiempo.

¿Quién podía pensar que el llamado Espíritu de Ermua iba a desembocar en un pacto de los socialistas con la ETA, más tarde asumido por el PP, para excarcelar a sus presos más sanguinarios y permitir a su franquicia política volver a las instituciones? Pues eso ha ocurrido con la mayor normalidad, solo que hubo que esperar una década y media para que los partidos integraran la estrategia y los medios la vendieran como un éxito a toda la sociedad.

En el caso del nacionalismo catalán, está aún más próxima en el tiempo la última reforma del estatuto de autonomía, que consagraba de facto la independencia de la región. El PSOE introdujo algunas enmiendas, el PP lo recurrió y el Tribunal Constitucional suprimió algunos de los muchos artículos que vulneraban la legalidad. Menos de una década después, un presidente socialista ofrece volver a ese estatuto inicial y en el PP, por su parte, estarían encantados de recuperar la legalidad estatutaria, aunque fuera disparatada, si con eso se pone fin al clima sedicioso actual.

Todo es cuestión de plazos. En esto del referéndum, también. La aceptación de los chantajes nacionalistas es un imperativo histórico de la política madrileña que ni siquiera podrán hacer fracasar dos gafes morrocotudos como el prófugo y su amigo Torra. Que alguien tranquilice a los separatistas descerebrados y sus medios afines, a ver si de una vez conseguimos que nos dejen en paz.

España, Gibraltar y el 'Brexit'
Emilio Campmany Libertad Digital 3 Octubre 2018

El Brexit tiene, o mejor, tenía, la ventaja de permitirnos revisar el estatuto de Gibraltar y poner sobre la mesa la cuestión de su soberanía. Nada de eso se está haciendo. La dejación del Reino de España llega al extremo de haber tenido la UE que hacerse cargo de la cuestión. Al principio, Bruselas determinó que el futuro de Gibraltar era un asunto que tenían que negociar Madrid y Londres y se comprometió a asumir lo que España pactara. Sin embargo, viendo que estamos dispuestos a bajarnos los pantalones por debajo de lo que la Unión está dispuesta a consentir, Michel Barnier, el negociador europeo, ha decidido hacerse cargo del tema. ¿Cabe mayor humillación?

No es fácil saber la verdadera postura del Gobierno español. Puede que realmente pretendiera que todo siguiera igual tras el Brexit, y por eso habla de los intereses de los trabajadores españoles que todos los días cruzan la Verja. O puede que, por miedo a ser responsable de las consecuencias económicas que para el Campo de Gibraltar tendrá el incremento de las dificultades para cruzar la frontera tras el Brexit, prefiera que sea Bruselas la que negocie. De esta forma podría luego echar la culpa de lo que pase a los burócratas europeos.

Lo cierto es que la economía del área no sólo se sustenta en las libras que ganan los trabajadores españoles en el Peñón, sino que también se nutre del contrabando y el tráfico de estupefacientes. Y ya hemos visto cómo allí los narcotraficantes campan a sus anchas porque cuentan con el apoyo de parte de la población, que percibe que su bienestar depende de ese comercio. El caso es que, para nuestra vergüenza, será Bruselas la que defenderá los intereses de España, pero lo hará sólo en la medida en que sean comunes a los del resto de la Unión. De modo que no se hablará de la soberanía.

La postura española no puede ser más bochornosa. No sólo renegamos de uno de los intereses nacionales más sagrados, la defensa de la integridad territorial, sino que dejamos que sean otros los que protejan los más prosaicos, como son los de combatir el contrabando y el tráfico de drogas.

La Verja debería cerrarse aprovechando el Brexit. Si no quiere hacerse, como debería, por una cuestión de principio, hágase para evitar que Gibraltar siga enriqueciéndose a nuestra costa. Si preocupan los trabajadores que se ganan la vida en Gibraltar, prevéanse subsidios que los atiendan (pagamos tantos que unos pocos más no importarán), hagamos allí inversiones que alivien la pobreza de sus habitantes y establezcamos una economía alternativa al narcotráfico y el contrabando. Y los llanitos que se sirvan ellos mismos las cervezas. Y si están a gusto siendo ciudadanos británicos de segunda a cambio de ser ricos, que con su pan se lo coman, pero al menos que dejen de reírse de nosotros en nuestras barbas.

www.alertanacional.es
Nace el digital "Alerta Nacional"
  latribunadelpaisvasco.com 3 Octubre 2018

Queremos que sea un "vítor y un desafío a un tiempo difícil en el que España está siendo pisoteada hasta límites que no se podían sospechar", dice su subdirector, Luis Romero.

Alerta Nacional nace con la firme voluntad de demostrar la inviabilidad de un Sistema en el que ya resulta escandalosa las contradicciones entre los principios y valores que todo hombre bien nacido defiende y el papel que desempeñan los representantes de la casta institucional. En más de una ocasión pudimos decir, con dolor punzante, que esa contradicción no podía ser permanente, ni aquí ni en Europa, y que antes o después, se rompería. Defendemos la necesidad de purificar a esta vieja nación, devolviéndole su lozana virilidad, sustituyendo los principios que la han llevado a un clima de disolución nacional; es decir, a lo que había evitado, con derroche de heroísmo, hace 80 años.

Alerta Nacional, ante la intolerancia culpable, la cobardía contagiosa, la deserción masiva, la traición sin escrúpulos, recoge como un tesoro sagrado esas ideas y el heroísmo con que fueron defendidas, y hasta los símbolos que la representaban, sin distinción ni espíritu partidista.

En este panorama desolador subsiguiente al engendro constitucional, que difrazó, para engañar a los ingenuos, el cambio y la ruptura, Alerta Nacional no se limitará amorosamente a recoger ideas, sino que quiere hacer cristalizar en algo concreto y operante lo que se halla difuso y gaseoso, y penetramos ya en sus ordenadores, sin jactancia pero sin miedo, a proclamarlo así, sin el mínimo rubor en identificarnos sin reservas con toda la carga religiosa, política y social, con la doctrina de la Tradición y el compromiso con Europa.

La historia de nuestro proyecto informativo, aún en pañales, pretende serlo de presencia gallarda y operativa en todo el territorio nacional, sumando lectores procedentes de todos los estratos sociales y económicos, lo que no hace sino conferir fecundidad a nuestra apuesta informativa.

Comparecemos ante ustedes, día a día, como un auténtico revulsivo nacional, superando los complejos y alzando la bandera de nuestra identidad en todas las ocasiones.

Con un esfuerzo que honra a quienes directa o indirectamente colaboran con nosotros, pretendemos exaltar todo lo que tenga un valor emocional, sin importarnos su sujeción a lo políticamente correcto. Alerta Nacional asume la responsabilidad plena de defender esas ideas porque tenemos el convencimiento de que la Tradición española, llena de recuerdos incitantes, es el único espacio donde el pueblo, con una intuición extraordinaria, terminará descubriendo las razones extraordinarias de su continuidad histórica, de su supervivencia cultural.

Somos plenamente conscientes de la lista de zancadillas y trabas que soportaremos a diario y que pretenderán limitar o cercenar nuestra diaria labor. La democracia liberal se asienta supuestamente en el respeto para todos, en la libertad de expresión. Y Alerta Nacional exige ese respeto y el derecho a expresarse. El hecho de que se criminalice la defensa de determinadas ideas obedientes del orden natural pone de relieve hasta qué punto no vivimos en una democracia que respete las ideas, sino en un régimen que mezcla la demagogia con los intereses espurios de los peores. Por eso no pueden exigir sus defensores el respeto de los que no somos liberales.

Tenemos las espaldas anchas y la conciencia limpia. Superaremos, con la ayuda de Dios, esta noche oscura de abandono, de aplausos sin votos, de gallinero enloquecido que se refugia en el mal menor dentro del Sistema. Seguiremos montando la guardia en esa noche oscura en la que parece conjurarse todo para hacer nuestra empresa más difícil y hasta humanamente imposible.

Pero lo imposible no tiene cabida en los hombres de fe. La libertad de decir cosas está siendo pisoteada, pero está ahí. Alerta Nacional quiere representar el espíritu yacente de cada vez más españoles, y ese espíritu no muere. Ese espíritu soplará cuando la noche oscura termine y vuelva a amanecer. Nosotros, los centinelas de esa noche, saludaremos la brisa suave que se irá haciendo más fuerte y enérgica por segundo. Ese espíritu, del que Alerta Nacional ha tomado su relevo, alma de nuestro pueblo, renovará otra vez, con brio jubiloso, la faz y el corazón de España, otra vez centinela y salvadora de Occidente.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El golpe de Estado sigue en marcha
EDITORIAL ABC 3 Octubre 2018

La respuesta del Gobierno de Sánchez al último chantaje del separatismo fue tan vergonzosa como decepcionante, no es la que merecen los españoles. No hay otro camino que el del 155

Una vez más, el Gobierno tuvo que rectificar sobre la marcha para reconocer la gravedad del asedio del radicalismo independentista al Parlamento de Cataluña. Inicialmente, el Ejecutivo había defendido por boca del ministro Ábalos que lo ocurrido era «asumible», infravalorando así la violencia empleada por los CDR contra los Mossos. Otra vez La Moncloa rebajaba el tono y mantenía su humillado perfil bajo para no ofender al separatismo, en esta inútil estrategia de Sánchez de «normalizar» Cataluña por el apaciguamiento y la cesión. Pero ese apaciguamiento no es tal. Casi dos millones de catalanes a los que los dirigentes de la Generalitat prometieron una república ya saben que les tomaron el pelo. Se sienten engañados y frustrados porque llegaron a creer que Mas, Junqueras, Puigdemont, o ahora Torra, iban a satisfacer sus expectativas. Ahora, el movimiento separatista se ha resquebrajado -hasta los Mossos cuestionan a Torra- y por eso resulta inexplicable que Sánchez contribuya de forma tan decidida a oxigenarlo.

Las reacciones del Gobierno a lo ocurrido frente al Parlament fueron el festival del despropósito. A primera hora, Sánchez desautorizaba a Ábalos sosteniendo que «la violencia no es el camino», pero a renglón seguido su portavoz, Celaá, opinó que «Torra no parece responsable porque no ha llamado a la violencia». A su vez, Batet contradijo a Celaá al afirmar que Torra sí fue responsable por «alentar el movimiento en la calle», y Grande-Marlaska desafinó de Batet y de Sánchez reduciendo todo a un «momento de tensión improcedente». Para añadir confusión, Susana Díaz dijo que «Torra se ha comportado como un hooligan incitando a la violencia»... Resulta desconcertante que en el PSOE sean incapaces de ponerse de acuerdo sobre qué es, o no, violencia. Todo en este Gobierno es una mascarada. No hay matices. Torra agitó a los radicales animándoles a violentar las calles, pero se le volvió en contra provocando una rebelión interna en el independentismo, que empieza a no reconocer en él mucho más que una marioneta irrelevante. Haber sembrado la semilla de la independencia, como hace Torra, para después acobardarse por miedo a la cárcel, ha desengañado al separatismo y ha descolocado al «Gobierno del diálogo».

De hecho, ayer Torra chantajeó a Sánchez: o plantea un referéndum para la independencia en un mes o le retirará su apoyo parlamentario. Lo que faltaba. La respuesta del Ejecutivo fue tan melíflua como, de nuevo, decepcionante: no se dio por enterado del chantaje y volvió con el insufrible mensaje de la distensión y el diálogo. Los españoles no merecen un Gobierno que tolera coacciones de quien alienta la violencia y el enfrentamiento civil. Porque el chantaje no se lo hace Torra a Sánchez sino al Estado, ese que debería defender un Gobierno socialista que solo parece centrado en defenderse a sí mismo. No hay otro camino que el del 155.

Fascismo rampante en Cataluña
Editorial ABC 3 Octubre 2018

Tenía razón Pedro Sánchez cuando dijo de Quim Torra que era «el Le Pen español», aunque luego el presidente del Gobierno se esté apoyando en «el Le Pen español» para mantenerse en el poder. Lo cierto es que las declaraciones de Torra a favor de los CDR constituyen una apología del delito que debería ser investigada por la Fiscalía General del Estado. Si después de agredir a policías que se manifestaban en Barcelona, de cortar carreteras y vías de tren, de ultrajar la bandera de España y de enfrentarse violentamente a los Mossos d’Esquadra, el presidente de la Generalitat anima a los terroristas de los CDR «a seguir presionando», la única respuesta digna y admisible en un Estado de Derecho es la aplicación del Código Penal y del artículo 155 de la Constitución. El criterio del Gobierno de Sánchez al afirmar que lo que pasó ayer en Cataluña «es asumible» ya no es pasividad, sino complicidad explícita con la actitud de Torra hacia la violencia. El Gobierno está incumpliendo sus deberes constitucionales de proteger y garantizar la legalidad en Cataluña.

La situación dista mucho de ser «asumible». Por el contrario, ha empeorado sensiblemente porque desde que cesó la vigencia del artículo 155 el separatismo ha encontrado acomodo en la estrategia de supervivencia de Pedro Sánchez. El PSOE bendice la deslealtad de Torra y su apología de la violencia con una retórica voluntarista del ciego que no quiere ver. Pero la realidad en Cataluña se acerca mucho más a un escenario dominado por dinámicas fascistas, esas que culpan a la víctima, incumplen la ley, señalan a traidores y se justifican en nombre del «pueblo». España necesita un Gobierno que la defienda frente a esta agresión continuada y creciente por parte del separatismo, y ahora mismo no lo tiene porque el PSOE antepone la retención del poder a sus deberes con el país.

El único diálogo posible es la ley
OKDIARIO 3 Octubre 2018

El Gobierno de Pedro Sánchez se equivoca cuando ofrece más diálogo ante las amenazas chantajistas de Quim Torra. El president xenófobo no sólo apoya a los violentos Comités de Defensa de la República (CDR), sino que ataca con un ultimátum al líder socialista: “O acepta un referéndum en un mes o dejaremos de apoyar su Gobierno”. Sin embargo, ante esa provocación, la portavoz del Ejecutivo, Isabel Celáa, responde con una declaración de intenciones naíf y laxa: “El Gobierno sigue con la vía del diálogo”. Una insistencia en las palabras que ha fortalecido a los separatistas más radicales hasta el extremo de organizar la batalla campal que tuvo lugar el pasado lunes en Barcelona.

¿Qué clase de socio de Gobierno es éste que pone en solfa la viabilidad de España? ¿Hasta cuándo piensa Pedro Sánchez seguir aferrado al poder a costa de pagar una factura tan alta? El único diálogo posible con los independentistas tiene que venir a través de la ley. Después de lo sucedido a principios de semana, la mejor respuesta posible se circunscribe a una palabra y tres dígitos: artículos 155. Todo lo demás será seguir dándole munición a esa kale borroka de nuevo cuño que conforma los CDR y que ayer llegó a cercar a los Mossos en el interior del Parlament, amén de causar numerosos heridos y cuantiosos daños en el mobiliario urbano.

Quim Torra lo ha dejado claro: quiere un referéndum independentista, y por ende ilegal. Además, pretende que los golpistas presos sean exonerados. Eso, o amenaza con colapsar España. ¿Qué más “evidencias” —Celáa dice que no hay suficientes— necesita el Ejecutivo para decretar el 155? Si Sánchez apoyó a Rajoy en su anterior aplicación, resulta incomprensible que, en una situación aún peor que la de hace un año, se niegue a la norma constitucional y siga, con su inacción, dando alas a las veleidades del independentismo más recalcitrante. La “cuestión de Estado” a la que ha aludido el Gobierno para pedir el apoyo de PP y Ciudadanos no puede puede ser, en ningún caso, prolongar esta disparatada operación diálogo. Si ha de darse algún gran pacto de Estado, que sea para hacer cumplir la ley en Cataluña y sacar adelante las cuentas públicas sin depender de los separatistas en el Congreso de los Diputados.

Pegarse un tiro más arriba del pie
Jesús Cacho. vozpopuli autores 3 Octubre 2018

El 1 de octubre de 2018, primer aniversario de una derrota sin paliativos que el nacionalismo quiere convertir en otra de sus espléndidas victorias, fue un mal día para el independentismo. En realidad, fue su peor día en mucho tiempo. La inmensa mayoría de la población pasó del intento de transformar el primer aniversario del 1-O en el Día D del Movimiento. Por primera vez la ciudadanía se quedó en casa, mayoritariamente, abrumadoramente. De modo que el arrebato quedó en manos de los sectores más radicalizados, más intolerantes, más violentos, jaleados, además, por el propio presidente de la Generalidad, el filonazi Torra. Todo el tinglado al descubierto, sin el menor pudor, sin lugar a equívoco. El viaje a los infiernos de una nave pilotada por indeseables. Planeado como un recordatorio de la represión de la Guardia Civil en el infausto 1 de octubre del año pasado, el aniversario se saldó con imágenes de la represión de los Mossos contra los CDR, los “camisas pardas” de la supuesta República Catalana. La confusión es total. El separatismo se ha pegado un tiro más arriba del pie.

Un tuit de Carod-Rovira, el ex dirigente de ERC famoso por el episodio de la corona de espinas, lo ponía ayer negro sobre blanco: “No podemos continuar más tiempo sin una dirección política y una estrategia unitaria, lejos de la violencia y la represión, pero lejos también del tacticismo de partido y la mirada corta. El pueblo se ha movilizado y se moviliza, pero empieza a estar cansado del desbarajuste y la falta de proyecto”. Y en la tertulia diaria de la noche –Més324, conducida por Xavier Grasset, con Jaume Roures, el millonario rojo capo de Mediapro, entre los tertulianos- de TV3, volaron los reproches como puñales. Lo que La Vanguardia llama “el soberanismo institucional” (sic) se apresuró ayer a poner tierra por medio con lo ocurrido, en particular con el intento de asalto nocturno al Parlament en el parque de la Ciudadela. Hay que tranquilizar a las buenas gentes del Eixample, alarmadas por el recuerdo de una violencia que el inconsciente colectivo del barcelonés medio tiene bien interiorizada. “Algunos acontecimientos que se produjeron ayer no tienen que volver a ocurrir” decía ayer el hombre fuerte de ERC, Pere Aragonès. Confusión y miedo. Los unos han enloquecido y los otros se han acojonado.

La división se ha instalado en el independentismo. A todos los niveles. Empeñados en convertir una farsa de referéndum en una gran victoria, electoral y política, el desánimo ha ido tomando cuerpo incluso entre los convencidos, conforme esa ficción de República se ha ido diluyendo en un paisaje sin futuro, sin recorrido político, sin reconocimiento internacional, y cada vez más cerca del enfrentamiento civil. ERC intenta frenar y repensar la ruta, pero el bloque que comanda el prófugo de Waterloo es incapaz de domeñar al monstruo que durante años ha alimentado. Hipotecado por el apoyo de la CUP, es ahora su rehén. ¿No dijo usted que ya había República? Pues hagámosla efectiva, que arda Barcelona, que ilumine la noche como una tea de perenne odio. Y la gente se ha asustado. Gente que un día decidió apuntarse al bando de ese Movimiento Nacional (¡!) que imaginaron ganador, empieza a bajarse del tren antes de que sea demasiado tarde. Empieza a quedarse en casa. Y a la calle salen los más violentos, hijos de señoritos y de funcionarios, criados en la inmersión y el odio a lo diferente. Una minoría. Ayer se vio su fuerza real. Y a la hora de la cena, todos a casa.

Mal día para el separatismo, y aún peor para Pedro Sánchez y su Gobierno, atado de pies y manos por quienes le llevaron en volandas a la Moncloa, prisionero de ese nacionalismo totalitario al que con la ley en la mano estaría obligado a combatir. El ejercicio de tancredismo puesto el lunes en práctica por este cínico infatuado raya en lo increíble. Mientras los CDR trataban de tomar por la fuerza la Cámara catalana, representación de la soberanía popular, el presidente del Gobierno de España colgaba un tuit que es un insulto a los españoles de bien: “Decisión, ilusión y un proyecto para continuar avanzando por el cambio y la regeneración democrática. El #PSOE está preparado. Activamos el "modo electoral" de cara a las municipales, autonómicas y europeas. Seguimos”. Situación fuera de control en Cataluña, como en los peores momentos de la década de los treinta del siglo pasado. Con el presidente de la Generalidad, representante del Estado en Cataluña, alzado contra el Estado, y con un Gobierno en Madrid incapaz de hacer cumplir la ley, incapaz de defender a los catalanes constitucionalistas sencillamente porque no puede, prisionero como es de ese independentismo que le ha colocado en Moncloa.

Desenmascarar a los separatistas y a los traidores
Es esa dependencia la que impide al Estado sacar ventaja de episodios como los ocurridos el domingo y el lunes en Barcelona, capital de un territorio donde el Estado de Derecho es un mero recurso teórico incapaz de proteger vidas y haciendas. Dicho lo cual, el balance del primer aniversario del 1-O no es tan malo como las escenas presenciadas por televisión parecerían indicar, incluso es bueno: porque ese primer aniversario ha servido para desenmascarar a la vez a los separatistas en Barcelona y los traidores en Madrid. Al loco de Barcelona y al enfermo de poder de Madrid, incapaz de poner orden porque no puede incomodar a sus socios sin poner en riesgo su proyecto personal. Nadie puede seguir embebido en el engaño de que el secesionismo es pacífico. Torra y los suyos sacaron al monstruo a pasear, lo azuzaron y, como es inevitable, como se ha demostrado tantas veces a lo largo de la historia, el monstruo se ha negado a volver dócilmente a su jaula una vez demostrado que, si quiere y con cuatro gatos, es capaz de sembrar el terror en calles y plazas.

Tan en el ADN del nacionalismo está esa querencia a la violencia que ayer mismo, sin duda escandalizado por los abucheos de los CDR que piden su dimisión, Torra se permitió lanzar un ultimátum al Gobierno títere de este PSOE largocaballerista: “Si no hay una propuesta para ejercer la autodeterminación antes de noviembre, el independentismo no podrá garantizar ningún tipo de estabilidad en el Congreso a Pedro Sánchez”. Una amenaza en toda regla: o referéndum vinculante sobre la secesión de Cataluña, o fin de la gloriosa aventura del aventurero Sánchez. Porque “nuestra paciencia no es infinita”. De modo que al gran Narciso le queda cuarto y mitad de bufoneo. La pobre Celaá salió ayer tarde en televisión a exponer en público sus miserias. Ella y su jefe pretenden embaucar a los españoles con la especie de que hay nacionalistas malos y nacionalistas buenos con los que se puede negociar, faltaría más. A cambio de más competencias, de más dinero, de más humillaciones. El tiempo nos ha enseñado, sin embargo, que el separatismo es un único movimiento con una perfecta división del trabajo, que tiene en los CDR a sus comandos de la porra. Un proyecto totalitario, excluyente y violento, que hay que combatir sin desmayo en defensa de las libertades.

Flores para Hitler
Sánchez sigue encajando mandobles golpistas para conservar su sillón
Luis Ventoso ABC 3 Octubre 2018

En 1964, el formidable Leonard Cohen, judío canadiense y nieto de rabino, se permitió la salvaje ironía de titular uno de sus poemarios como «Flores para Hitler». No pude evitar recordar ese título cuando ayer a la tarde compareció la ministra portavoz para dar cuenta de la respuesta del Gobierno ante el ultimátum que acababa de lanzarle Torra. El presidente separatista catalán había amenazado tres horas antes a Sánchez con retirarle el apoyo con que lo mantiene en La Moncloa si no le concede un referéndum de independencia este mes. ¿Y cuál fue la respuesta del Gobierno por boca de Isabel Celaá ante esa amenaza golpista? «Ley y diálogo», porque «no podemos caer en un perpetuo 155». Flores para los sediciosos.

El Gobierno de España nunca podría permitir un referéndum, porque nuestra legalidad no lo admite. Sánchez, como presidente, incurriría en un delito. Pero Celaá se cuidó con esmero de no molestar al dirigente insurrecto, porque el primer y único objetivo de este Gobierno de cartón piedra es simple: propiciar como sea que Sánchez disfrute un día más de su sueño egotista de dormir en La Moncloa. A cualquier precio. Aun a costa de afligir la dignidad del pueblo español, de tolerar que se vulnere el orden público en Cataluña, de que se castigue la economía catalana y se dañe el prestigio de España, permitiendo una bufonada golpista que ninguna otra nación de primer orden de la UE soportaría un minuto.

Padecemos un Gobierno orwelliano, de Ministerio de la Verdad, que trata de imponer una realidad alternativa mintiendo a diario. Celaá concluyó ayer que «no hay razones para otro 155». Discrepamos. El lunes, Torra, presidente de Cataluña, y por tanto máximo representante del Estado allí, animó a los CDR a «apretar más». Espoleó a la organización encargada del vandalismo independentista, la que corta los AVE y las autopistas, organiza algaradas y agrede a la policía autonómica. Solo ese hecho ya exige la aplicación inmediata del 155, pues es evidente que un enemigo activo de nuestra legalidad, que incluso anima a pisotearla con violencia, no puede estar al frente de una región española. Pero hay más: Torra ha animado a los catalanes a levantarse contra España de una manera organizada, ha anunciado que incumplirá las sentencias de la justicia española si condenan a los golpistas, ha vetado al Jefe del Estado y ha boicoteado su presencia, ha impulsado iniciativas en el Parlament frontalmente opuestas a los dictados de la justicia, como la de ayer en relación a los diputados presos y fugados.

Desde que recuperó la democracia, España jamás había sufrido a un presidente de la ralea del actual, capaz de aparcar el más básico patriotismo solo por salvar su pellejo (que por lo demás es el de un zombi político, que se aferra maniatado a su poltrona solo por el goce narcisista de ser presidente un día más). En la memoria de la civilización occidental todavía retumban las palabras que pronunció Cicerón en el Senado de Roma para denunciar el intento de Catilina de hacerse con el poder de forma espuria: «¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?». Iba a caer en el juego de poner Sánchez en la cita. Pero prefiero respetar a los clásicos.

Lo "perpetuo" no es el 155, sino el diálogo estéril
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 3 Octubre 2018

Horas después de que el presidente de la Generalitat instara a Pedro Sánchez a pactar un referéndum de autodeterminación en un mes, so pena de retirarle el apoyo en el Congreso, la ministra portavoz respondía con un mensaje manido que nos devuelve una y otra vez a la casilla de salida.

El Ejecutivo relativiza este ultimátum del mismo modo que un día antes dio por no pronunciado el llamamiento de Torra a la violencia. De hecho, Sánchez dice estar dispuesto a mantener el diálogo, esto es, a seguir pagando el respaldo parlamentario de Torra con acuerdos millonarios en las comisiones bilaterales con la Generalitat.
155 perpetuo

Sánchez está en su derecho a interpretar que la amenaza de Torra tiene mucho de pose y de farol en una coyuntura de división del independentismo. Pero está fuera de lugar que el Gobierno, como hizo Isabel Celaá, equipare el "salto al vacío" de los independentistas con los llamamientos de Casado y Rivera para que se aplique un 155 que la ministra tildó de "perpetuo".

Creemos que no es momento de blanquear más al nacionalismo y que ya no puede recurrirse al argumento de que estamos sólo ante palabras subidas de tono sin consecuencias reales. Exactamente así pensaban Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría y se encontraron con una declaración unilateral de independencia.
Bochorno democrático

Toda vez que Sánchez se resiste a pactar un 155 que devuelva la normalidad a Cataluña, la única solución pasa por disolver el Gobierno y evitar el bochorno democrático de ver cómo el presidente de España sigue sentándose a la mesa con Torra, un tipo que un día hace comentarios racistas y al otro anima a los violentos a tomar las calles.

Lo que está claro es que no hay nada más "perpetuo" que el diálogo estéril que el Gobierno se trae con el separatismo.

Las cuatro amenazas de Torra a Sánchez
El autor considera que el últimátum del presidente de la Generalitat obliga a Pedro Sánchez a convocar elecciones al plantearle cuestiones imposibles.
Cristian Campos elespanol 3 Octubre 2018

"El Gobierno no ha acabado de apagar el último incendio provocado por el separatismo cuando el presidente de la Generalidad ya ha provocado uno nuevo". Esa sería la frase con la que deberían empezar todas las crónicas si el Gobierno central, efectivamente, hubiera intentado apagar alguno de los incendios provocados por Quim Torra en vez de responder a ellos con retóricas apelaciones al diálogo, a la calma, a la serenidad y a todas esas cosas que los negociadores le suelen pedir a los locos con cuchillo, a los secuestradores con rehenes y, ahora, a los líderes nacionalistas catalanes.

El último de esos incendios, el provocado este martes por Torra en el Debate de Política General en el Parlamento regional catalán, contenía no una sino cuatro amenazas.

1.- Retirar el apoyo
La primera de esas amenazas es la de retirar el apoyo que los partidos separatistas otorgan al PSOE en el Congreso de los Diputados. Torra condicionó ese apoyo, la única razón por la que Pedro Sánchez sigue siendo a día de hoy presidente del Gobierno, a la convocatoria de un referéndum de independencia.

2.- Reactivar las leyes inconstitucionales
La segunda amenaza es la de aprobar de nuevo todas las leyes declaradas inconstitucionales por el Tribunal Constitucional.

3.- Redactar la Constitución catalana
La tercera, crear un fórum de derechos políticos y constituyentes que "decidirá las bases fundacionales de la república en un gran proceso de participación". En plata: la redacción de las bases de la futura Constitución catalana mediante un proceso de participación ciudadana.

4.- Revuelta contra las condenas
La cuarta amenaza de Torra hacía referencia a las previsibles sentencias condenatorias que el Tribunal Supremo dictará en unos meses contra los líderes del golpe catalanista. "Si las sentencias son condenatorias será el punto de inflexión y de no retorno de esta legislatura", dijo el presidente de la Generalidad. "Si condena a los presos, condena a la mayoría del pueblo catalán. ¿Creen ustedes que el pueblo no reaccionará? El día de las sentencias será el día de otra victoria, estamos aquí para hacer efectiva la República Catalana" añadió luego Torra.

La primera de esas amenazas es no sólo imposible de asumir por el Gobierno sino también imposible de ejecutar. Incluso en el caso de que el plan maestro del PSOE para Cataluña fuera la convocatoria de un referéndum de independencia, el Gobierno jamás aceptaría negociarlo bajo amenaza y en el plazo de un mes.

La segunda de las amenazas roza el golpismo. No acatar una sentencia es un delito de desobediencia sancionado por el artículo 410.1 del Código Penal. Pero cuando ese desacatamiento es anunciado en un Debate de Política General como parte esencial del programa de un Gobierno instalado en la confrontación abierta y explícita contra la democracia y el orden constitucional, estamos hablando de algo diferente.

La tercera es golpismo. Implica dinamitar el Estado de derecho y crear un poder institucional paralelo no sometido a la Constitución o al propio Estatuto de Autonomía catalán y en el que no tendrían efecto los derechos y garantías amparadas por el ordenamiento jurídico español. Implica también la derogación de la Constitución en una parte del territorio español por un procedimiento no previsto en ella, es decir, mediante la violencia.

La cuarta es desconcertante. ¿Cómo puede decir Torra que las sentencias judiciales serán "el punto de no retorno" de una legislatura que, en sus propias palabras, se habrá acabado en un mes? O miente cuando amenaza con retirarle el apoyo a Sánchez o su amenaza de invocar una lluvia de ranas, fuego y sangre sobre España si se dicta sentencia contra los presos es, de nuevo, simple retórica.

Amenazó Pedro Sánchez el viernes pasado con convocar elecciones si el independentismo "priorizaba el conflicto". 'Priorizar' implica la anterioridad de algo con respecto a otra cosa. Pero para el Gobierno catalán no hay más 'cosas' que la república catalana. Torra no 'prioriza' la secesión porque la secesión es el primer, el último y el único punto de su programa. Un observador racional concluiría que el incremento del belicismo en la retórica de Torra es directamente proporcional a la debilidad que el movimiento secesionista percibe en sus filas y consecuencia de la carencia de líderes claros, rumbo inequívoco y estrategia realista. Pero nada es hoy racional en Cataluña.

Sánchez respondió a las pocas horas por medio de la portavoz Celaá: "Autogobierno sí, independencia no". O lo que es lo mismo: "Entre la ilegalidad y el 155 perpetuo hay mucho terreno". En realidad, no lo hay. El independentismo ha quemado y despreciado ese "terreno", que es el de la ley. Pero si el PSOE necesita cuatro semanas más de tiempo, Torra se las ofreció baratas. Las cuatro siguientes serán mucho más caras.

Ni diálogo, ni honor, ni votos
EDITORIAL El Mundo 3 Octubre 2018

Se cumple hoy un año del discurso del Rey. Sus palabras, comparables en trascendencia a las de Juan Carlos I tras el 23-F, activaron la reacción de un Estado catatónico y devolvieron el ánimo a una Nación deprimida. Sin embargo, aquella intervención fue fruto de una decisión personal por la que Felipe VI pagó un precio, pues le enajenó -si alguna vez lo había tenido- el afecto no solo del nacionalismo sino también de la izquierda populista. Pero el Rey debía actuar como garante de la unidad del Estado y hoy sabemos que lo hizo sin contar con el apoyo inicial del Gobierno de Rajoy, quien por entonces marcaba distancias con el Jefe del Estado. Rajoy ya pagó el error de su pasividad, pero el actual presidente, Pedro Sánchez, exhibe algo peor que tancredismo: una premeditada condescendencia con el separatismo cuyos votos le auparon al poder y sigue necesitando.

Pese a su apoyo al 155, Pedro Sánchez en cuanto llegó a Moncloa inventó el relato del tiempo nuevo y la distensión, y se ciñó a él despreciando los hechos. Ni las provocaciones constantes de Torra, ni la colonización del espacio público mediante los lazos amarillos ni las denuncias del grosero adoctrinamiento escolar alteraron su retórica. Hasta el aniversario del 1-O. El plan del Gobierno seguía siendo la ceguera voluntaria, y de ahí que Ábalos hablara de tensión "asumible" y que Sánchez se permitiera tuits electoralistas en pleno asedio al Parlament; pero al día siguiente, con las televisiones dando imágenes de grupos separatistas descontrolados, el Gobierno se apresuró a cambiar el paso: Sánchez recriminó a Torra que ponga en peligro la "normalización" y la portavoz Celaá le reprochó sus amenazas.

La normalización no existe en Cataluña -es decir, fuera de la propaganda gubernamental- como mínimo desde hace cinco años. Y la burda estrategia de apaciguamiento de Sánchez saltó ayer por los aires cuando Torra le lanzó un ultimátum: si no le garantiza un referéndum en un mes, le retira todo apoyo en el Congreso. Torra sabe que ni siquiera Sánchez puede satisfacer semejante demanda, y que negarle al PSOE el apoyo a los Presupuestos aboca al adelanto electoral; pero lo hace por miedo al monstruo que arengó en la mañana del lunes y que por la tarde ordenaba reprimir. La kale borroka catalana es ya una realidad que se revuelve contra sus creadores para reclamar la república escamoteada, y el efecto dominó llega a Moncloa. Pero Torra no tendría ese poder si Sánchez no se lo hubiera concedido a cambio de votos y a despecho del honor. Ahora no tendrá ni una cosa ni otra.

¿Estamos mejor o peor que hace un año? Lo único positivo es que los líderes separatistas saben que el tope de la ley existe e incluye la cárcel. En lo demás -de la frustración canalizada como violencia a la dependencia del Gobierno de la voluntad de Torra- el horizonte es aún más oscuro que cuando el Rey habló.

Frente a Torra sólo valen elecciones
 larazon  3 Octubre 2018

Como no parece creíble que el presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, confíe en una respuesta positiva a su ultimátum de ayer, habrá que colegir que el dirigente catalán no tiene otro objetivo que mantener la estrategia de la tensión con el Estado, confiando en que la debilidad parlamentaria del actual Gobierno socialista le proporcione algunos réditos, cuya naturaleza, ciertamente, se escapa a un análisis racional. Llegados a este punto, como bien ha señalado el expresidente Felipe González, la cuestión a reconocer es si la oferta de diálogo con los separatistas conducía a algún otro lugar que no fuera el mismo callejón sin salida del «procés». Y, en efecto, sólo desde una ingenuidad palmaria, incluso sospechosa, puede llamarse a la sorpresa Pedro Sánchez de que los nacionalistas catalanes, los mismos que le dieron su apoyo en la moción de censura, le estén marcando el calendario.

Ni los hechos ni, mucho menos, las palabras permiten aventurar el más mínimo cambio en la actitud de los representantes del independentismo catalán, que sólo se avendrían a un aplazamiento táctico de sus fines máximos a costa de unas concesiones que el Gobierno de la nación, simplemente, no está en condiciones de ofertar. Ocurre con la demanda de un referéndum de autodeterminación «pactado y vinculante» o con la exigencia de que el Ejecutivo presione al Tribunal Supremo y a la Fiscalía para favorecer la impunidad de quienes se saltaron gravemente la legalidad en Cataluña, desobedecieron al Tribunal Constitucional y se rebelaron contra el Estado. De ahí que pareciera superflua la intervención de la portavoz del Gobierno y ministra de Educación, Isabel Celaá, reiterando lo evidente, que el camino a la independencia está cerrado, y ofreciendo la misma fórmula de acuerdo que ya ha sido rechazada por los independentistas.

 Podrá argüirse que, ante la amenaza con plazo perentorio del presidente de la Generalitat, el Gobierno de Pedro Sánchez se ha decidido por fin a elevar el tono de sus respuestas, –con una explícita referencia al artículo 155 de la Constitución, y reclamando a los partidos constitucionalistas, al Partido Popular y a Ciudadanos específicamente, el debido apoyo a «una cuestión de Estado»– pero lo cierto es que la ministra Celaá volvió a incurrir con sus ofertas de diálogo y sus protestas de ecuanimidad en el mismo afán equidistante que ha marcado al partido socialista durante demasiado tiempo. Volviendo al diagnóstico de Felipe González, es difícil pretender que haya una negociación con quienes buscan la destrucción de la unidad de España y parten, además, de la base de que nadie va a tocar las competencias autonómicas. Por supuesto, nadie cuestiona que las formaciones constitucionalistas estarán detrás del Gobierno si, en Cataluña, la situación vuelve por los derroteros de la rebelión, pero lo que escapa a la lógica política es buscar una vinculación con la continuidad del Ejecutivo, si es que éste pierde los apoyos parlamentarios de los que precisa.

No es algo de lo que pueda quejarse Pedro Sánchez. Desde el principio sabía los riesgos de pactar con los separatistas la moción de censura y el corto recorrido de una alianza contra natura. Ahora, emplazado por quien puede forzar su caída, no queda más que una opción válida: la de convocar elecciones generales y devolver la palabra a los ciudadanos. Lo contrario no es más que un ejercicio voluntarista de resistencia al frente de un Gobierno que está abrasado por todos sus flancos, sin una probabilidad real de aprobar unos Presupuestos Generales que respeten los compromisos con Bruselas y a merced de las estrategias propias de los enemigos de la España constitucional. Los intereses generales de los ciudadanos no pueden ser gestionados desde la debilidad.

Adiós a las sonrisas
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli  3 Octubre 2018

No estamos como hace un año. La situación, aunque similar en algunos aspectos, es muy diferente. Véase si no el cariz violento de las últimas acciones de los independentistas

La movilización general del lunes pasado para conmemorar como mandan los cánones el referéndum del 1 de octubre se saldó con disturbios por toda Cataluña. Los CDR trataron de bloquear las vías de comunicación, ocuparon las calles con gran profusión de pancartas y con cara de muy pocos amigos. Los militantes más entusiastas se encadenaron al edificio de la Bolsa de Barcelona y atacaron la sede de Foment del Treball, la principal organización patronal catalana. Las sonrisas de antaño han mutado en la rabia de hogaño.

Creen estar haciendo dos revoluciones al tiempo. Por un lado la de la independencia en sí, que traerá la anhelada república catalana. Por otro la revolución social que acabará con el capitalismo. Todo muy loco, la verdad, pero nos sirve para ver de cerca el completo desfonde del movimiento independentista, al menos tal y como fue concebido por Artur Mas hace más de seis años.

Pero, a pesar de que lo tenemos delante de nuestras narices, se viene desde hace unos días repitiendo la idea de que estamos como hace un año, que nada esencial ha cambiado y que, por lo tanto, en cualquier momento puede encenderse la misma mecha que dio lugar a los acontecimientos de septiembre-octubre del año pasado. No es del todo cierta la apreciación. No estamos como hace un año. La situación, aunque similar en algunos aspectos, es muy diferente en otros. La demostración más palpable la tememos en el cariz violento que han tomado las acciones de los independentistas.

¿Por qué Torra no va más allá? Porque sabe de antemano que, al margen de quien gobierne, el Estado actuará. Ahora ya no es una conjetura

Hasta 2017 proliferaban los happenings patrióticos. Actos multitudinarios para toda la familia, gente que bajaba de los pueblos a Barcelona exhibiendo banderas y globos, butifarradas populares, música de Lluís Llach y optimismo desbordado. La inmensa operación de márketing que supuso el procés forjó un movimiento que ellos mismos denominaban "revolución de las sonrisas".

Las sonrisas se apagaron hace ya tiempo. Y no tanto por la aplicación del 155 o los meses de confusión tras el encarcelamiento de los sus líderes o la fuga de Puigdemont como por el hecho de que nada de lo prometido se ha convertido en realidad. La facción más radicalizada del movimiento no puede admitir que un año después de proclamar la república ésta sólo habite en sus ensoñaciones.

Cataluña sigue siendo una autonomía y la vida sigue igual. Hay muchos independentistas que están convencidos de que quizá llegue la independencia algún día, pero no ahora. Y, lo que es peor aún, que a ella no se accederá por las bravas. Resumiendo, que la vía unilateral, esa idea de bombero que adoptó Puigdemont hace algo más de un año, es un camino cegado, tal vez para siempre.

Este choque con la realidad ha creado mucha frustración entre esa minoría ruidosa que el lunes se manifestó violentamente por toda Cataluña. Como buenos radicales, habían interiorizado que la independencia era algo parecido a la salvación. No entienden ahora que la salvación se aplace por los cálculos políticos de unos cobardes.
La gran prueba de las municipales de mayo

Torra trata de hacerles ver que aún es posible, pero se niega a trasladar su discurso incendiario al plano de lo real. Torra, no lo olvidemos, es un independentista del sector radical, más puigdemontista que Puigdemont. ¿Por qué no se decide a dar el paso? Tiempo ha tenido. Preside la Generalidad desde el mes de mayo y la confusión política en Madrid se lo ha puesto especialmente fácil. El Gobierno de Sánchez es débil, está de hecho a su merced, y el PP se encuentra sumido en una crisis de la que sólo saldrá tras las próximas elecciones si Casado consigue resistir. En una como esta no se va a volver a ver, ¿por qué no lo hace ahora?

Seguramente porque sabe de antemano que, al margen de quien gobierne, el Estado actuará. Ahora ya no es una conjetura. Oriol Junqueras lleva casi un año en la cárcel y ni toda la presión ejercida sobre los jueces y el Gobierno ha servido para sacarle de ahí. Podría también proclamar la república y salir huyendo como hizo su jefe, pero eso tampoco tendría mucho sentido. Lo único que conseguiría con ello es un nuevo 155 recrecido que podría llevarse por delante también a TV3.

Luego, al final de lo que se trata de volver a la casilla de salida, pero no al 1-O, sino mucho antes, al momento en el que Mas parió el procés. Una vez ahí reinventárselo desde cero. A eso no parece dispuesto el independentismo más entregado, el de la CUP y el PDeCAT de obediencia puigdemontesca cuya expresión callejera son los vándalos de los CDR.

El ‘procés’ edificó su apuesta a partir del poder municipal logrado en 2015, especialmente en la Cataluña interior. El embrujo podría romperse en mayo

De modo que entre unos que no quieren y los otros que no pueden se encuentran en un callejón sin salida. Esto les está llevando a encadenar los errores a sólo unos meses de las elecciones municipales en las que cambiarán de manos muchas alcaldías y habrá nuevo reparto de concejales. El actual mapa municipal de Cataluña data de 2015, momento álgido del procés y, en general, del gran descontento provocado por la crisis económica.

En esos comicios el nacionalismo obtuvo unos resultados históricos. De los poco más de 9.000 concejales que se eligen en todo el Principado, 6.500 pertenecen a partidos independentistas, el 72%. Sobre ese poder municipal omnímodo edificaron el movimiento, especialmente en la Cataluña interior. El embrujo podría romperse en mayo.

Hoy, a diferencia de hace tres años y medio, los campos están mucho mejor delimitados y partidos como Ciudadanos han tomado la delantera. Los de Rivera no sólo son el partido más votado de Cataluña, sino que tan seguros están de sí mismos que han realizado una apuesta arriesgada con la operación Valls. Si les sale bien les convertirá en la fuerza hegemónica de toda la región.

Un nacionalismo dividido y enfrentado no está hoy por hoy en condiciones de poner sobre la mesa algo igual. Tienen a Ferran Mascarell, cierto, pero no es ni mucho menos un candidato de consenso. Se trata del enésimo capricho de Puigdemont que desde Waterloo quiere seguir gobernando y disponiendo, a pesar de que su desconexión de la realidad es cada día mayor. Su momento, como las sonrisas, pasó hace tiempo.

¡España insólita!
Roberto L. Blanco Valdés La voz 3 Octubre 2018

España insólita: el actual Gobierno de España, un país cuyo problema político más grave desde la aprobación de la Constitución no es otro que la insurrección de las autoridades regionales catalanas contra nuestro sistema democrático, llega al poder con el apoyo de los partidos rebeldes y se sostiene con sus votos, sin los que no puede tomar ni una sola decisión necesitada del aval parlamentario.

España insólita: el actual presidente de la Generalitat llama a los independentistas a movilizarse en un nuevo 1 de octubre «sin miedo, hasta el final y con todas las consecuencias», lo que provoca gravísimos desórdenes (entre ellos un intento de asalto al Parlamento catalán), desórdenes que deben contener los Mossos de Esquadra, un cuerpo que depende, en última instancia, del propio presidente catalán, quien, ¡al mismo tiempo!, incita a la intifada separatista y ordena reprimirla.

España insólita: la vicepresidenta y varios miembros del Gobierno manifiestan que los líderes separatistas en prisión preventiva por la presunta comisión de gravísimos delitos deberían estar en libertad provisional, lo que supone no solo una increíble violación de la separación de poderes en que se basa toda democracia, sino también una gravísima desautorización de la labor de unos jueces sobre cuyas espaldas recae hoy la terrible tarea de sustanciar las responsabilidades penales del golpe de Estado independentista. Para que no haya duda alguna sobre la voluntad gubernamental de interferir la labor judicial, la delegada del Gobierno en Cataluña pide que los golpistas presos sean indultados antes incluso de su juicio, sin que la desautorice ni un solo miembro del ejecutivo.

España insólita: los secesionistas catalanes basan su defensa de la independencia en la supuesta (y falsa de toda falsedad) falta de respeto por parte del Estado a la diversidad de España, mientras practican una política sistemática de represión brutal de la diversidad interna existente en Cataluña, comunidad de la que no forman parte según ellos los no nacionalistas.

España insólita: ante un informe de la alta inspección del Estado denunciando la sistemática manipulación de la enseñanza en Cataluña, concebida como un instrumento para la formación de nacionalistas, la reacción del Gobierno es poner a caldo a sus propios inspectores en lugar de adoptar medidas para evitar la espeluznante realidad de la manipulación en las escuelas catalanas, que es del dominio público desde hace muchos años.

España insólita: en lugar de unirse con los partidos constitucionalistas para hacer frente al nuevo intento de proclamación de una república catalana independiente, el Gobierno se confabula con los separatistas y denuncia a los defensores de la Constitución como corresponsables de la crisis catalana.

Sí, España insólita, que nos alarma, nos irrita y, al fin, nos avergüenza de un modo que no deja de crecer.

Los deberes económicos están por hacer
José María Gay de Liébana okdiario 3 Octubre 2018

Cuando los crecimientos de nuestra economía han sido algo buenos, como así ha sucedido durante el trienio 2015–2017, no se han hecho los deberes ni las reformas necesarias con que acometer y gestionar la recesión económica ni la tempestad financiera que están por venir justo cuando se cumplen 10 años tras el crack de Lehman Brothers y todo el desastre que se desató.

Ha crecido el PIB y simultáneamente no se ha sabido sacar partido de la coyuntura para podar el déficit público en tanto que la deuda pública sigue cabalgando alocadamente. En suma, al no haber aprovechado los tiempos de bonanza para poner en orden nuestras desgarradas cuentas públicas, ganando músculo fiscal para combatir con políticas contracíclicas las próximas complicaciones que se presenten, el futuro, entre nosotros, se presenta bastante peliagudo.

Gasto dadivoso
Lo precedente tiene que vincularse a esas ansias dadivosas que, a lo que se ve, van a regir en materia de gasto público. Para 2019, con toda probabilidad, su cuantía superará con creces los 504.000 millones de euros, incrementándose con un gasto más emocional y de sello marcadamente incrustándose en la más pura industria política —cuya nómina propende a una oronda obesidad—, que racional, extendiendo por ejemplo la sanidad universal para todo quisque, con un coste adicional estimado superior a los 1.000 millones de euros anuales. Mientras, los grandes profesionales del sistema sanitario catalán sufren con impotencia mucha más carga de trabajo, menos recursos para desarrollar su labor, peores condiciones y con constantes recortes salariales a causa de la errática política de la Generalitat al extremo que muchos de ellos ya se plantean abandonar su tierra en busca de nuevas y mejores compensadas oportunidades profesionales.

La actualización de las pensiones según la inflación, que se está barajando, supone cargarse definitivamente la reforma de 2013 y el sistema de pensiones podrían encaminarse hacia serios riesgos de insuficiencia y a su pronta insostenibilidad. A la postre, ese aumento del gasto público pone en jaque el objetivo de déficit público comprometido con Bruselas y alerta en Frankfurt al BCE que otea complicaciones en cuanto al endeudamiento español. El final del mes de agosto deja otro sabor agridulce: repunta el paro y el empleo amaina. La estacionalidad y la pérdida de turismo afecta al mercado laboral que sigue sumido en una preocupante fragilidad y sometido a una excesiva temporalidad. En cualquier caso, el problema crónico, como siempre insistimos, es el paro estructural que sobrepasa el 15%.

Desasosiego bursátil
Y un último apunte que sumar a la ristra de desasosiegos: la caída de la capitalización de las empresas del Ibex 35. Factores de índole internacional al margen —como esa guerra arancelaria cuyos tambores resuenan en la Casa Blanca, instigada por el inefable Donald Trump, con la diana puesta en China y apuntando a cualquier otro objetivo, que conllevará un parón en el comercio mundial— y sumando el impacto negativo de las inversiones de grandes empresas españolas en países emergentes cuyas crisis se están desencadenando, como es el caso de Argentina, Brasil y Turquía, y cabría añadir que la misma Rusia, las dudas sobre los tics populistas de determinados países del sur de Europa, con Italia y España a la cabeza, apremian retiradas de fondos en nuestra Bolsa ante la incertidumbre tanto política como económica que se palpa.

Hay miedo por parte de los inversores a las subidas generalizadas de impuestos tanto en sociedades, que socavarían sus excedentes cristalizando en menores dividendos y mayor dependencia financiera, como en las personas físicas, constriñendo sus rentas. Al mismo tiempo, se detectan gestos de preocupación por parte de las mismas compañías que cotizan en los mercados bursátiles y la inestabilidad que se cierne sobre el Gobierno al apoyarse, en sus afanes gastadores y presupuestarios, en partidos políticos nacionalistas proclives a fragmentar el Estado y romper con la Constitución y en formaciones marcadamente populistas.

Cuando los cachorros crecen
Javier Barraycoa gaceta.es  3 Octubre 2018

Pujol necesitaba perros de caza y para ello había que criarlos desde cachorros.

Cuando el 19 de julio de 1936 estallaron las revueltas anarquistas en Cataluña y empezaron a sucederse los primeros incendios de iglesias y asesinatos, ya todo olía a revolución imparable. Uno de los primeros en escaparse de Barcelona fue José Puig y Cadafalch, hombre fuerte del catalanismo conservador representado por la Lliga y que había presidido la Mancomunitat. Era uno de los mejores arquitectos modernistas, burgués elitista, inteligente a la par que apasionado catalanista. Perplejo por lo que acontecía en Cataluña, al llegar a Francia, entró en la primera biblioteca pública que encontró. Pidió una historia de la Revolución Francesa que leyó con avidez y finalmente suspiró. Quedó consolado al comprobar que en países civilizados como Francia también habían acontecido revoluciones como la que en ese momento se estaba produciendo en nuestra tierra, por lo tanto ¡Cataluña era normal! Este es un ejemplo claro de cómo el nacionalismo ciega incluso a las mentes más brillantes.

El ya casi desconocido marxista greco-francés, Nico Poulantzas, aparte de su suicidio, nos dejó una interesante interpretación del papel de la burguesía en los procesos revolucionarios que heredó del cada vez más rescatado ideólogo comunista Antonio Gramsci. La reinterpretación marxista de Gramsci, retomada por Poulantzas, propone que la burguesía es la primera clase dominante en la historia que necesita que la administración del aparato de Estado sea llevada a cabo por clases sociales distintas a ella misma, especialmente clases más bajas. Con esta premisa, Poulantzas intentó elaborar una teoría para comprender el Estado burgués-democrático y explicar cómo un sistema económico capitalista individualista y separador de clases podía convivir con un Estado que necesitaba crear cohesión social y cierta igualdad para sostenerse. La solución se hallaba en una clave que nos proporcionaba Gramsci: la teoría de la hegemonía cultural y el consenso.

Gramsci reescribiendo a Marx, interpretaba que inconscientemente la burguesía cavaba su propia tumba pues, para evitar la lucha de clases, no sólo renegaba de su hegemonía cultural en cuanto que clase dirigente, sino que buscaba consensos culturales con otras clases sociales inferiores. El fundador del Partido Comunista Italiano confiaba en que los grupos más revolucionarias serían capaces de generar intelectuales para manipular a su favor ese consenso con la burguesía. Una vez la burguesía conservadora aceptara la hegemonía cultural de izquierdas, moriría solita desde dentro -por metástasis- y la lucha de clases sería la puntilla. ¿Y para qué les cuento este rollo? Pues sencillamente para entender lo que está pasando en Cataluña y por qué el radicalismo separatista empieza a desplazar a los viejos poderes burgueses que en su día representó CiU. Cuando Pujol decidió exteriorizar su independentismo congénito, sabía que nunca podría lograrse la independencia desde una mera perspectiva conservadora burguesa.

Necesitaba perros de caza y para ello había que criarlos desde cachorros. La cesión se la competencia de Educación, del Estado a la Generalitat, ha iniciado el principio del fin del Estado burgués español que creía consensuar la paz social con los nacionalistas, cuando en realidad era el nacionalismo quien se hacía con la hegemonía cultural en Cataluña. El pujolismo ya tenía a su disposición a cachorros institucionalizados en “su” sistema educativo, incluyendo buena parte de las clases sociales bajas. Paralelamente, el día que la burguesía catalana decidió dejar de ser productiva para dedicarse a la administración autonómica, iniciaba un itinerario mental hacia la independencia. Para ello, el catalanismo conservador debía llegar a un consenso con el catalanismo revolucionario y extenderle la mano. El trueque consistía en entregarse ideológicamente a cambio de la fuerza de la izquierda. Los libros de texto en Cataluña ya no inculcaban la obediencia y disciplina, sino la rebelión contante, proyectada bajo la estética imaginaria de un pueblo oprimido. Así se ha alimentado a una generación que ya está crecidita y con ganas de liberarse del Estado español y, de paso, de la burguesía catalana que la engendró.

Cuando los cachorros crecen y no han sido convenientemente adiestrados sino asilvestrados, acaban mordiendo la mano que les da de comer y con rabia. Por eso, es más que comprensible que, el pasado 1 de octubre, Quim Torra por la mañana alentara a los CDR a “apretar” en las calles, y por la noche casi lo linchan en el Parlamento regional de Cataluña. En estos momentos, el poder cultural y hegemónico del independentismo está en manos de los revolucionarios radicales y la débil burguesía sólo puede contemplar cómo la jauría mordisca y ya no responde a las órdenes. La reciente muerte del amigo íntimo de Jordi Pujol, Macià Alavedra, es un icono del futuro de la decrépita burguesía catalana ante unos antisistema que no tienen futuro ni lo quieren. Mi consejo es que, si quieren entender el independentismo, estudien primero los procesos revolucionarios. No en vano, el intento de asalto del Parlamento de Cataluña tenía asomos de la toma de bastilla.

La irresponsabilidad de Sánchez alimenta la revolución separatista catalana
El desafío descarado de Torra, incitando a los CDR a intensificar sus acciones desestabilizadoras, demuestra que cualquier hipotética conversación del Gobierno con los soberanistas carece de sentido
Miguel Massanet diariosigloxxi 3 Octubre 2018

Si hacía falta una muestra más de lo que pretenden los políticos catalanes, ha bastado con esta especie de circo que montaron los seguidores de Puigdemont, a través de su delegado en Cataluña, el señor Torra, mediante el cual, una vez más, han pretendido montar un espectáculo de multitudes con eslóganes y estandartes separatistas que, si bien en cuanto al resto de España lo único que provoca es rechazo, indignación y antipatía, lo que se pretende en realidad, por estos despreciables traidores a la patria, no es más que enviar mensajes al extranjero, con la finalidad de intentar vender las pretensiones de independencia de la región catalana sin que, de momento, parezca que consigan ningún avance si tenemos que referirnos a las quejas que, el mismo Puigdemont, traslada a través de sus declaraciones, protestando por el poco caso que le hacen los mandatarios del resto de países europeos.

En todo caso, nos encontramos ante una situación en la que, el actual presidente del Gobierno, no hace más que mirar de perfil estos actos de clara intención separatista, en un intento inútil del mandatario de hacer creer al resto de españoles, (como ya hizo Rajoy en su tiempo, cosechando un fracaso espectacular) que, mediante diálogo político (ya que, en la parte judicial, no tienen potestad alguna, debido a la separación de poderes existente) algo tan absurdo como es darles cancha a unos sujetos fanáticos, intolerantes, sectarios y convencidos de que están en el buen camino para conseguir sus objetivos de separarse del resto de España. Ya sabemos que, en nuestro país, hay una parte de ciudadanos, entre los que se encuentran gran número de periodistas, incluso de los que son contrarios al separatismo catalán y vasco, que piensan que todas las acciones del Estado encaminadas a acabar con la revolución de los partido catalanes independentistas, se han de tratar con guante de seda y rehúsan y protestan cuando, para reprimir la violencia en las calles de los exaltados del CDR, se usa (con toda la contención, paciencia y disciplina de unos cuerpos acostumbrados a aguantar humillaciones, insultos, golpes y heridas antes de intervenir, algo que no hacen, sino reciben órdenes de sus superiores de cargar), la fuerza adecuada y lo suficientemente contundente para que unos pocos ( la policía) pueda enfrentarse a multitudes exaltadas ávidas de destrucción.

Este ha sido uno de los errores de un Gobierno, el central, tanto cuando gobernaba el PP como ahora que lo hacen los socialistas, que por el miedo a lo que pudieran decirnos desde Europa, por la aplicación de la idea de que, una actuación valiente de utilizar las fuerzas del orden para acabar con la amenaza de unas minorías activas y adoctrinadas, sería un buen medio para desanimar a aquellos que saben que, en las circunstancias actuales, pueden hacer lo que quieran, incluso romper mobiliario urbano, intentar entrar en los edificios públicos o atacar, impunemente, a quienes desean dar a conocer sus ideas políticas intentando manifestarse pacíficamente por la vía pública, previa autorización de la autoridad competente. No parece que el señor Torra, animando a actuar a los CDR desde la tribuna pública, esté siguiendo lo que vienen intentando demostrar que, lo que ocurre en Cataluña se desarrolla dentro de la Ley, antes bien su forma de comportarse sería un buen argumento para ilegalizar su partido si buceáramos en las posibilidades que ofrece la Ley de Partidos Políticos.

Ocupar las calles. impidiendo el tránsito de coches; invadir de neumáticos las autopistas para cerrar el paso; ocupar las estaciones de trenes para impedir con amenazas su avance; intentar entrar, utilizando la fuerza y arrojando objetos contundentes contra las fuerzas del orden, en edificios oficiales, como fue el caso del Parlamento Catalán,; proferir amenazas, insultos hacia las instituciones del Estado y perseguir amenazando a los parlamentarios que salían de su reunión en el mismo Parlamento catalán; demuestra que lo que está ocurriendo en la actualidad, en Cataluña, ya ha dejado de ser una simple petición por la vía legal; una expresión mayoritaria de la población catalana ( solo 2.000.000 dicen que participaron en una votación donde nadie controló los resultados, ni los contenidos de las urnas, algunas de las cuales volcaron por el trayecto cuando eran transportadas llenas de papeletas, antes de iniciarse la votación) cuando, en ningún momento, han conseguido sobrepasar el 50% de apoyo al separatismo, lo que dice con claridad que lo que intentan lograr, con engaños y atribuyéndose falsamente el sentir de todo el pueblo catalán, se hace a espaldas de una parte tan importante o más, que la que se dice que apoya el separatismo que, para más INRI, está constituida mayoritariamente por elementos de extrema izquierda, como los de la CUP que, como es evidente, en el utópico caso de que consiguieran su propósito independentista, serían los que, finalmente se harían con el poder en Cataluña, implantando en ella una república al estilo de las que proliferan en los países Hispano-americanos del cono sur de América.

Es hora de que se acabe con este estado de cosas. Al tiempo que se les consiente a los separatistas que se adueñen de la comunidad catalana, sin que, por parte del Estado español, se tomen las medidas adecuadas para impedirlo, se están produciendo cosas como que la amenaza a los guardias civiles que retiren lazos amarillos con la advertencia de expedientarlos; se les dan instrucciones a los mossos de que no intervengan en aquellos casos en los que los separatistas agresivos muestren su verdadera catadura de sicarios de la revolución catalana, etc. Al ciudadano que se atreva a mostrar su disconformidad con la situación a la que nos han llevado los soberanistas, más le vale ahuecar el ala antes de que sea objeto de la condena o, incluso, de las agresiones de aquellos que hablan de democracia, ignorando por completo lo que significa este término, pretendiendo que todos los que vivimos en esta comunidad tengamos que aceptar el absolutismo que pretenden imponernos todos estos que se han apoderado de las calles de Barcelona y del resto de la región catalana.

Tiene razón Pablo Casado cuando se queja de que sigan ocurriendo todas estas cosas sin que el Gobierno tome la iniciativa de volver a implantar el 155, para devolver la normalidad que, de nuevo, se ha perdido en manos de sujetos tan peligrosos como el señor Torra, un individuo a las órdenes del verdadero organizador de todo lo que viene sucediendo en Cataluña. Pero no dejemos de comentar el comportamiento de este gobierno títere del PSOE que, aparte de haber sido mermado por haber cometido aquellos engaños que ellos mismos criticaron en personajes del PP, en cuanto a anomalías en masters y doctorados ( muchas de ellos, como la del señor Presidente, todavía sin aclarar) y hablemos de otros temas. Ya criticamos al gobierno de Rajoy, en su día, el que no hubiera utilizado el arma de congelar las ayudas a Cataluña cuando se sabía, positivamente, que parte de ellas estaban dedicadas a la construcción de una administración paralela a la del Estado español, para tenerla preparada para el momento en que declarara su anunciada independencia); al contrario de lo que debería ocurrir, los socialistas están empleando el sistema de darles más ayudas, sin que parezca preocuparles en lo que las van invertir ( de hecho, fueron ellos quienes quitaron el control que el Gobierno llevaba sobre el destino de las ayudas y créditos que el Gobierno les proporcionaba para que pagasen sus deudas a proveedores).

El nuevo gobierno socialista, completamente obnubilado por su responsabilidad y dependiendo de una serie de partidos independentistas para salvar la cara en las sesiones del Parlamento, no para de mentir, tergiversar, descalificar, engañar con el propósito flagrante de confundir a una ciudadanía que, a medida que transcurren los días, se está dando cuenta de que lo que sucede en Cataluña es gravísimo; cuando para el señor Ávalos, ministro de Fomento, del PSOE no son más que pequeños “inconvenientes “ fácilmente “asumibles” los graves hechos que se han producido en Cataluña este 1.O ¿qué serán para el los graves ataques destinados a romper la unidad de España, acaso una invasión armada?. ¿Qué entenderá este señor, que sigue cargando sobre el PP todo lo malo que nos viene de parte de los independentistas catalanes, ignorando, de una forma absurda y torticera, que su partido, el PSOE fue copartícipe de la decisión de que se aplicase en Cataluña el 155 y, aún más, fueron ellos los que le impusieron al PP la limitación de impedir que se interviniesen los medios de comunicación afines a los soberanistas, tales como los infames, embusteros, fanáticos y colabores activos en la organización del falso referendo del 1.O, la TV3 y el Periódico de Cataluña, expertos en demagogia, sin cuya colaboración directa y efectiva es muy probable que, a los que impidieron que la policía nacional y la Guardia Civil ( los mossos es evidente que estaban controlados por los separatistas dirigidos por los políticos que actualmente siguen en las cárceles catalanas)cumplir con plena perfección con su deber de impedir la votación, no hubieran tenido la información exacta y precisa que se les proporcionó desde la TV3 catalana.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, lo que, en estos momentos de desconcierto, de parálisis del Gobierno, evidentemente atrapado entre dos frentes: o se actúa, como es el deber de todo gobierno cuando una parte del país pide la separación de España, sin utilizar los medios legales que, en todo caso, serían precisos para conseguirlo o, por la otra parte, cumplir con los compromisos adquiridos con los dirigentes de la campaña separatistas, que los convierten en rehenes de sus propios actos, cuando se ven coaccionados ante las exigencias de quienes cumplieron con el acuerdo de recibir su compensación por su apoyo.

Una situación en la que, el señor Sánchez, deberá elegir, si pretende mantenerse en el poder, entre dos posturas en las que, seguramente, se va a sentir muy incómodo. Lo malo es que, aquellas luminarias que le encendió la cocina del director del CIS, convertido en sumiso servidor del PSOE, anunciando una ventaja de 10 puntos sobre el PP; milagrosamente, se ha esfumado cuando, otra encuesta, más fiable, ha situado a ambos partidos a la par y, ya veremos cuando, el efecto de lo sucedido en Cataluña, se recoja en nuevas catas de las agencias de investigación sobre la intención del voto de los ciudadanos españoles, vuelvan a dar noticias sobre este tema tan utilizado para despistar a la ciudadanía, respecto a la nueva situación que se produzca dentro unos cuantos meses. Puede que tengamos sorpresas.

Vox 'reventará' Vistalegre para echarle un pulso a Casado en Madrid
Mas de nueve mil personas se han inscrito ya para asistir este domingo al acto en el que Vox exigirá la convocatoria de elecciones
Jose Alejandro Vara vozpopuli.es 3 Octubre 2018

Un pulso al nuevo PP. Una demostración de músculo en la plaza clave de los populares. Vox ha registrado ya 9.000 solicitudes para asistir este domingo en el Palacio de Vistalegre al acto con el que arrancará su precampaña para las citas electorales de primavera. Un reto a Pablo Casado. Un desafío por amarrar a los simpatizantes del PP que renunciaron a sus colores fatigados de la asepsia de Rajoy. "Elecciones ya" es el lema de este cónclave, sin duda el compromiso más importante desde su fundación hace cinco años. La formación que dirige Santiago Abascal pretende 'reventar' el coliseo madrileño con diez mil banderas de España que se repartirán entre los asistentes.

Es esa bandera con la que pretende hacerse con un sector del electorado, firme y beligerante, que duda aún sobre las verdaderas intenciones del PP de Casado. El acto se sufraga mediante aportación popular. En estos momentos han recibido ya más de 70.000 euros sobre los 90.000 que tienen presupuestados para cubrir los gastos.

La derecha es suya
Suenan vientos favorables al único partido que se define 'de derechas' en nuestro país. Las encuestas les conceden ya más votos que al PNV, al PDeCat y a Bildu a nivel nacional. También les auguran de uno a tres escaños en el Parlamento Europeo. "Hemos vivido años de ninguneo, de enorme entrega y sacrificio, de confianza en nuestro país y de respuesta firme a todos los ataques ante los que nos encontramos", señalan en la dirección de Vox. Hasta el momento el acto más concurrido de la formación conservadora tuvo lugar en Barcelona el pasado 3 de junio con un mitin por la unidad de España al que asistieron más de 2.000 personas.

Vox reclamará la salida del Gobierno de Pedro Sánchez, que sólo se sostiene gracias "al respaldo de los enemigos de España, separatistas y populistas", y la convocatoria inmediata de elecciones generales. Abascal no le teme a una posible recuperación del PP tras la elección de Casado como presidente de la formación. "El PP promete mucho, se indigna mucho, pero cuando llega al Gobierno ya sabemos lo que pasa, ya lo hemos visto, con la inmigración, en Cataluña, con los radicales", señala uno de sus dirigentes.

Abascal no le teme a una posible recuperación del PP tras la elección de Casado como presidente de la formación

De acuerdo con los cómputos de esta formación, desde julio de 2017 hasta agosto de 2018 han pasado de contar con 3.400 afiliados hasta 9.500. La llegada de Sánchez a la Moncloa ha disparado el número de afiliaciones. En el cuadro de oradores está confirmada la participación, además de su presidente, la titular del partido en Madrid, Rocío Monasterio y José Antonio Ortega Lara, antiguo militante del PP y víctima de ETA.

Vox mantiene una actividad incesante en los juzgados. Este mismo lunes ha ampliado su querella contra Roger Torrent, presidente del Parlamento catalán, y el resto de los miembros de la Mesa por los delitos de prevaricación y desobediencia por haber incluido en el orden del día del 2 de octubre el debate sobre la disposición del Supremo que impedía que los presos puedan seguir ejerciendo como diputados.

Josep Bou (Empresarios de Cataluña): “Hay que intervenir Cataluña, no hay otra solución”
Borja Jiménez okdiario 3 Octubre 2018

Josep Bou, presidente de Empresarios de Cataluña, ha explicado en OKDIARIO que, bajo su punto de vista, sólo existe una solución al conflicto catalán: intervenir la región. Bou alega que, para evitar que se siga acelerando la deslocalización de empresas (5.500 que suponen unos 100.000 euros de facturación, según Empresarios de Cataluña), sólo queda que “el Gobierno y la Corona actúen”.

Pregunta: ¿Cómo está Cataluña un año después del ‘procés’?
Respuesta: En Cataluña, desaparecieron tras el 1-0 31.000 millones de euros, el 17% de los depósitos de nuestros bancos. Pero, con el 155, esto se fue frenando más o menos, y fue gracias a que el ‘procés’ descarriló. Sin embargo, los empresarios nos hemos dado cuenta de que el ‘procés’ está volviendo, gracias a Torra, por lo que seguimos teniendo un gran problema.

Al final, se han ido deslocalizando empresas continuamente. El último dato que tenemos son unas 5.500 empresas deslocalizadas, y esa es una realidad absoluta. Esto supone más de 100.000 millones de euros deslocalizados, que es lo que facturaban estas empresas. Las empresas están creciendo fuera y tienen más posibilidades de expandirse.

En Cataluña, sobre todo en Barcelona, tenemos un sistema muy farragoso. Nos piden, licencias, permisos y mil cosas, mientras que fuera de Barcelona es todo mucho más fácil, y encima te acogen con los brazos abiertos. Las empresas que se han ido, excepto Agbar, no van a volver.

Los independentistas se basan en que prácticamente no se ha notado. Pero no son conscientes de que la economía es mucho más lenta que la política, y poco a poco iremos viendo el decrecimiento de Cataluña. De todos modos, ya podemos decir que Cataluña, hace tres décadas, tenía 35 puntos por encima de Madrid, y a día de hoy ya podemos afirmar que Madrid está un punto por encima de Cataluña.

P: ¿Se van a ir más?
R: Ahora entramos en el último trimestre de 2018. Veamos cómo están las cosas el 27 de octubre. Se está haciendo lo posible para que el turismo y el crecimiento quede destruido. Visto lo visto, el turismo se va a ausentar de Barcelona. Ahora veremos cómo se reconduce todo, pero aquí hay un responsable, y el responsable es Torra. Ha perdido los papeles, y no sabe ni dónde está, ni quién es, ni lo que representa. No puede dirigirse como hizo este lunes, porque a unos delincuentes que queman la bandera nacional les apoya para que vayan en contra de su propia policía, y eso es una barbaridad.

P: ¿Os habéis reunido con Torra?
R: Con Torra ni queremos hablar, es perder el tiempo. Hablaremos con la señora Chacón, consejera de Empresas, para decirle que hay que respetar la economía. Los inversores se asustan, las empresas se deslocalizan, y queremos explicarle la importancia del bien común y del bien de Cataluña, muy por encima del independentismo. Nosotros hemos pedido reunirnos con ella, pero no nos ha contestado. Están metidos en un mundo nacionalista, que es un mundo opaco.

P: ¿Está actuando bien el Gobierno?
R: El Gobierno y la Corona nos tiene que apoyar. Estamos muy a la expectativa, a ver qué puede ocurrir. Nosotros creemos que el PSOE, que recordemos, es el Partido Socialista Obrero Español, tiene un alma española, y tiene que entender las cosas. A Europa parece que le ha agradado mucho que Sánchez intente pactar, porque no quieren problemas. Pero realmente nosotros, que conocemos el tema de Cataluña, vemos que esto es muy complicado.

Se terminará dando cuenta de que la única forma de evitar el problema pasa por intervenir la Generalitat de Cataluña. No hay otro camino. Pero no intervenir como se hizo hace un año con el artículo 155. Hay que intervenir Cataluña y gobernar, pero gobernar bien. Y que los catalanes vean que esa es la solución. Se pueden poner parches, que es lo que se pretende, pero no es la salida. No hay otra solución.

Odian a Asturias. Así crece el movimiento "asturchale" sin que nadie reaccione
Javier Jove esdiario 3 Octubre 2018

¿Qué está pasando en Asturias? El apogeo de un movimiento que detesta a España, ataca al Rey, impone una lengua ficticia y defiende el aislamiento enciende ya algunas alarmas.

Odian a la Santina, al Rey, a la Princesa de Asturias y hasta la propia bandera asturiana, de la que eliminan de la Cruz de la Victoria el alfa y el omega y le añaden la estrella de cinco puntas comunista. Y odian a España.

Les hemos visto estos últimos días intentando sabotear –infructuosamente- la visita Real al Real Sitio de Covadonga con motivo del triple centenario: de la Coronación de la Virgen de Covadonga, de la creación del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga y del decimotercer centenario de los orígenes del reino de Asturias.

Empapelaron Asturias con carteles contrarios a la Corona y colgaron del puente romano de Cangas de Onís una pancarta en el mismo sentido. Pero no consiguieron evitar el masivo y caluroso recibimiento que miles de asturianos dispensaron a Sus Majestades.
 
TPA, la nueva TV3 de Asturias
Por odiar, odian hasta el nombre de Oviedo, el de San Claudio, Arriondas o Gijón. Odian hasta la propia lengua de los asturianos, que es un español trufado de deliciosos modismos y giros locales; y también odian las prácticamente extintas variedades dialectales de los bables, a los que quieren sustituir por el "babloa", ese constructo artificial de filólogos subvencionados.

Es más, estoy convencido de que muchos de ellos –por su profundo odio a España- hubieran preferido que Pelayo hubiera perdido contra las huestes de Munuza en la Batalla de Covadonga.

Más supremacismo
Odian el carácter abierto de los asturianos, su espíritu generoso y de acogida. El proyecto que tienen para esta tierra no tiene nada que ver con Asturias, su proyecto se parece más al de los hermanos Castro y al de Maduro o -por no irnos tan lejos- al régimen supremacista del nacionalismo catalán.

Quieren subvertir y acabar con todas las instituciones tradicionales de Asturias e imponer un nuevo régimen de inspiración bolivariana. Para ello se sirven de una neolengua extraña a los asturianos, una neolengua artificial que ni tan siquiera ellos hablan ni emplean, pero de la que quieren servirse para concederse privilegios laborales en el acceso a la función pública, creando así un sistema de castas con trabajadores de primera y de segunda.

Imponen un nuevo régimen de inspiración bolivariana. Para ello se sirven de una neolengua extraña a los asturianos, una neolengua artificial

De esta manera, pretenden blindarse plazas de funcionarios. Quieren ensimismarnos y encerrar Asturias tras los Picos de Europa, convertirnos en una especie de Bután atrasado y escondido entre las brumas y las montañas. Su propósito es impedir la llegada de profesionales de primer nivel que les puedan disputar los menguantes empleos de una Asturias ya en decadencia, empleos que ellos consideran suyos, de su propiedad.

Ellos, como Trump, enarbolan el “american first” reconvertido en el “falantes first”. El conocimiento del engendro del “babloa” se establece como prueba de sumisión ideológica al régimen asturchal.

Otra estelada
Si le quitamos a Asturias todo lo que ellos odian ¿qué queda de Asturias? Su modelo para Asturias no tiene nada que ver con Asturias; su modelo es el de una ultraizquierda nacionalista enemiga del progreso social, un modelo de sociedad subsidiada y sedada, sin pulso económico ni vigor social. Enemigos del capitalismo, del libre mercado, de la atracción de talento y capitales, sus recetas no pueden más que traer empobrecimiento, frustración y pérdida de libertad. Se envuelven en su bandera estelada pero en el fondo odian las esencias más auténticas de la asturianía.

Los sindicatos de los Mossos se rebelan contra la cúpula política
La acusan de dejarlos desprotegidos, piden el cese del consejero de Interior y que no se los instrumentalice
mercedes lodeiro la voz 3 Octubre 2018

Prácticamente todos los sindicatos policiales de los Mossos d'Esquadra coincidieron este martes en criticar a la dirección política del cuerpo y acusarla de «irresponsabilidad» por la falta de previsión en el dispositivo diseñado para la manifestación celebrada con motivo del aniversario del referendo ilegal del 1-O, que concluyó con disturbios ante el Parlamento catalán y la Jefatura de la Policía Nacional. La acusan de fallo en la prevención, de que los efectivos eran escasos y de poner en juego la vida de los agentes (32 resultaron heridos) y de los manifestantes, y más «teniendo en cuenta el nivel de alerta extremo».

Los sindicatos denuncian la «instrumentalización política» y argumentan que el despliegue de solo dos unidades de la Brigada Móvil (Brimo), los antidisturbios de la policía autonómica catalana, teniendo en cuenta que cada una está integrada por una furgoneta y ocho agentes, es «claramente insuficiente». El sindicato mayoritario, SAP-Fepol, criticó que los agentes de seguridad ciudadana fueran requeridos urgentemente para realizar tareas de orden público «por la falta de efectivos sin tener ni la formación ni los materiales adecuados, poniendo en riesgo su seguridad».

Desde el Sindicat de Mossos d’Esquadra exigieron explicaciones por la falta de previsión y por que fueran los agentes de seguridad ciudadana los que tuvieran que garantizar la seguridad ante el Parlamento, con todos los Mossos desbordados: «¡Lamentable, inadmisible, irresponsable!». El Sindicat de Policías de Catalunya reclamó la dimisión del consejero de Interior, Miquel Buch, y de la dirección de los Mossos por «irresponsables» en el diseño del dispositivo de seguridad, que puso en grave riesgo a los agentes, afirman. Y la Unió Sindical de la Policia Autonòmica de Catalunya reprochó al presidente, Quim Torra, que alentara la violencia y pusiera «contra las cuerdas» a los Mossos.

Fuentes de la Unió de Mossos per la Constitució (UMC), que califican de «valiente» la petición hecha por el CSIF de dimisión de Torra, afirman no entender cómo en la mañana del lunes se convocó a los jefes a un curso para mandos dejando descabezado el cuerpo «de forma deliberada». Añaden que «se dejó desprotegido el Parlamento catalán con solo ocho agentes, siendo la sede de la soberanía de la comunidad autónoma; y cuando se conminó a los de seguridad ciudadana a acudir allí se dejó desprotegida toda la ciudad, con riesgo para ellos, porque no son expertos en orden público, y para la integridad física de otras personas».

Asalto al Parlamento
UMC denuncia también la politización de los mandos, en alusión al director, Andreu Joan Martínez, quien este martes «tuvo que hacer equilibrios entre acatar la legalidad y las órdenes políticas». UMC acusa a Martínez de ser ambiguo y niega que hasta ahora las manifestaciones fueran tranquilas. «Tienen sistemas de conocimiento de cuántos van a tener enfrente, así que es mentira que no tuvieran la previsión de lo que podía pasar», como aseguró el director de los Mossos en su comparecencia para explicar la actuación de los agentes. «Ha sido un intento de golpe de Estado asaltando el Parlamento como Tejero, y esto estaba previsto, mientras Torra invitaba a los CDR a apretar», valora UMC.

Martínez se limitó a asegurar que quien inició los disturbios fue «una minoría con una clara voluntad de confrontación» y que actuaron «para restablecer la situación». Y se justificó en que «desde este fin de semana ha habido un cambio en las manifestaciones pacíficas del último año por parte de grupos radicales, que buscan la confrontación con los Mossos».
 


Recortes de Prensa   Página Inicial