AGLI Recortes de Prensa   Jueves 4  Octubre 2018

España nos roba
José Manuel Sánchez Fornet okdiario 4 Octubre 2018

El pasado año el independentismo catalán lanzó un órdago al Gobierno de España. El Gobierno respondió con tibieza, pactando con el PSOE aplicar un 155 “blando” que no contempló, entre otras actuaciones, erradicar las prácticas antiespañolas del Gobierno catalán ni intervenir TV3. El PSOE no representa a nadie en Cataluña porque allí no existe como partido. En Cataluña está subordinado al PSC, quien mantiene como fórmula para salir de la situación actual blindar las competencias en lengua y educación y financiar a Cataluña mejor que a otras comunidades autónomas. El PSC es un partido distinto al PSOE, con identidad propia y con plena autonomía de actuación en todo el territorio catalán; más nacionalista que socialista, como señalan sus siglas. El PP en Cataluña representa a pocos, según su último resultado electoral. Recurrió al Tribunal Constitucional por interés partidista un Estatuto que años después el Gobierno de Rajoy —el recurrente— hubiera aceptado plenamente.

El nacionalismo catalán reaccionó al recurso y a ser investigado, tras décadas de robos de la casta política catalana liderada por Pujol, girando de su falsa moderación al independentismo que hoy abandera. La indiferencia de todos los gobiernos de España ante el “España nos roba” es responsable de la situación actual. Se han cedido competencias que en la mayoría de comunidades no plantea riesgos para la integridad territorial de la nación, pero allí donde se tergiversa la historia, se odia lo español, su bandera y sus símbolos, es un camino a la confrontación y la ruptura. Si no se activan poderosos mecanismos de control en la educación, se recupera la misma para el Estado o se activa el 155 en todas aquellas comunidades que ataquen la lengua común y los símbolos españoles, que adoctrinan a los menores en el odio a España, el Estado y menos pero también en el País Vasco, Galicia, Comunidad Valenciana y Baleares que odian la bandera, la lengua, las instituciones y todo lo que representa la identidad española.

Quienes se sienten españoles y quieren usar la lengua común en la asistencia sanitaria, atención en administraciones públicas, o que sus hijos estudien en español en distintos territorios, singularmente en Cataluña, ya no pueden hacerlo. Ciudadanos españoles que en su territorio no se pueden relacionar con la administración en su lengua y que sus hijos no pueden usarla en los colegios. Esa es la realidad en España hoy. En Cataluña se precisan años de 155 para restablecer derechos de quienes hoy los tienen prohibidos por el independentismo con la complicidad de los gobiernos de España. Al cumplirse un año del referéndum ilegal golpista, todo sigue igual o peor. Rajoy dijo que urnas contra porras, batalla mediática perdida, pero de esa valoración no se derivaron responsabilidades políticas.

Ni Rajoy, ni la vicepresidenta, ni el ministro de Interior Zoido, ni el secretario de Estado Nieto, ni directores generales de Policía y Guardia Civil, ni responsables policiales y en especial el director del CNI, han asumido ninguna responsabilidad por ese brutal error cometido el 1-O que quedará como un día negro en la historia de España y Cataluña. 15 policías que cumplieron órdenes actuando en Cataluña están hoy imputados. No hay mayor prueba de debilidad de un Estado. Un Gobierno decente habría anunciado ya el indulto a todos los policías que pudieran resultar condenados por cumplir órdenes contra acciones que pretenden romper la nación. El Gobierno habla de indultar a los golpistas, no a sus policías. España, sus gobiernos, siempre fueron una mala madrastra. Y España pierde.

Los separatistas no quieren acabar con Sánchez, sino exprimirlo
EDITORIAL Libertad Digital 4 Octubre 2018

Resulta esperpéntico que el Ejecutivo de Pedro Sánchez afirme que no acepta ultimátums de los golpistas al mismo tiempo que se niega a intervenir la Administración en la que los golpistas detentan el poder y sigue ofreciéndoles diálogo... pero se niega a reunirse con Torra en Barcelona, tal y como el supremacista le ha pedido por carta este miércoles, alegando que "no es el mejor momento".

En cuanto a las formaciones separatistas, está por ver que sean las que hagan caer al Gobierno de Sánchez si no autoriza la celebración de un referéndum de autodeterminación, algo que no está en su mano por la sencilla razón de que choca frontalmente con la Constitución. De momento, el golpista Torra no ha puesto plazo en la referida misiva. Y ERC, por boca del grotesco Rufián, ha advertido de que "los ultimátums los carga el diablo".

Ni que decir tiene que este aparente paso atrás de los secesionistas no obedece a ninguna moderación sobrevenida, tal y como dejan en evidencia sus renovadas críticas a los jueces o su propuesta de que el Parlamento regional de Cataluña repruebe al Rey. Las dudas en el seno del separatismo respecto al ultimátum de Torra obedecen sólo a la clara comprensión del hecho de que, sin llegar a la autorización del referéndum, son muchas las cosas que pueden obtener de un Gobierno como el que preside el oportunista Sánchez. A este respecto, no hay que olvidar que la Generalidad va a necesitar, más pronto que tarde, que el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) vuelva a tapar los agujeros que deja en sus cuentas el proceso de construcción nacional y el sostenimiento de sus estructuras de Estado, entre las que se cuentan las reabiertas embajadas en el exterior.

Por otra parte, la materialización de la amenaza del golpista Torra de dejar caer a Sánchez en noviembre abocaría a los separatistas al riesgo de que se conformara un Gobierno central con PP y Ciudadanos, que ahora tienen un discurso mucho más firme que el que lamentablemente mantuvieron durante las fases en que el golpe estuvo capitaneado por Artur Más y Carles Puigdemont. Eso, por no hablar de la previsible representación parlamentaria que pudiera obtener Vox, que desde el primer momento se opuso a la aplicación insustancial del 155 y a seguir cebando a los golpistas vía FLA.

Bien está que el PP y Ciudadanos reiteren su exigencia de una aplicación del 155 que no constituya una farsa como la que tuvo por objeto celebrar unas nuevas elecciones regionales en Cataluña. Pero mejor estaría que esa exigencia la hicieran en sede parlamentaria, forzando así al Gobierno de Sánchez a retratarse y a dejar en evidencia hasta qué punto está a merced de los separatistas.

Terrible pero cierto: la permanencia de Sánchez en la Moncloa aboca a un desgobierno del que sólo pueden sacar tajada las formaciones secesionistas.

Políticos de mierda ensucian España
Enrique de Santiago okdiario  4 Octubre 2018

Cada vez tengo más claro que nos consideran “perros sin alma” a los que pueden despreciar y tomar el pelo. Han calentado los motores de las pensiones, desde los sindicatos, contra la derecha; ahora, pretenden engañar a los pensionistas y, aun dándoles lo que piden, que supondría una mierda para los “perritos”, eso hace un roto importante en las cuentas nacionales que, como siempre, pagaremos los “perritos”. Si en lugar de aplicar austeridad a los “perritos”, como hizo el PP, subir los impuestos como propone el PSOE y la canalla, y vendernos humo para que nos callemos, ora con la momia, ora con la violencia de género, ora con los desahucios, ora con la libertad… se dejan de zarandajas y eliminan las comunidades autónomas como órganos políticos y descentralizan la administración, acaban con las duplicidades, terminan con las pensiones vitalicias, finalizan con la magra política desmesurada, que soportamos y amamantamos los “perritos”, como se les pedía desde Europa cuando se hablaba de la intervención o rescate y que, ahora, nos vuelven a pedir en sus “recomendaciones”, otro gallo nos cantaría; pero, eso, ninguno lo propone y menos hace.

El gasto anual de las autonomías, según datos oficiales del 2011, alcanza los 163.000 millones. Si consideramos que Bankia, según datos oficiales, nos costó 12.676.229 €, ¿cuántos rescates nos habríamos ahorrado eliminando las autonomías? ¿Cuántas pensiones podríamos pagar sólo con quitarles las pensiones a los políticos? ¿Cuántas prestaciones podríamos dar a los “perritos” si esta panda de “desgarramantas” —toda generalización es injusta y ruego disculpas a aquellos políticos que sean honrados y trabajadores, por pocos que sean— cobrase conforme a su trabajo, mientras trabajen y acabásemos con las prebendas que disfrutan?

Demagogias fascistas, clamará la rufianesca y el resto de políticos agacharán la cerviz no sea que les quitemos la teta de la vaca; pero, no creo que sea preciso ser premio Nobel de Economía para ver que España podría tener pensionistas con pensiones dignas sólo con gestionar los impuestos debidamente, y no metiéndolos en la saca de los políticos de todos los colores. Demagogia la que hacen nuestros dirigentes cuando dicen luchar por los pensionistas sin reducirse un euro las propias, ni acomodarse a la realidad de esos “perritos” a los que estrujan y si no ¿cuánto se embuchan el coleta y su santa por decir que hacen política? ¿Cuántos matrimonios de pensionistas podrían pagar, entre los dos, más de medio millón de euros en un casoplón?

Creo que no hace falta que te impongan la Cruz de San Hermenegildo para ver que un fiscal y un juez no pueden comer con policías corruptos, organizar procedimientos, mafias y prostíbulos que sirven para “pruebas vaginales” a utilizar en los Tribunales y que no se pueden cobrar 7 millones de euros para obtener libertades o paralizar extradiciones; como no se puede mantener una ministra de Justicia que porta tan “preciosa” mácula. El Juez ya es reconocido delincuente por sentencia firme. No es preciso haber alcanzado el máximo reconocimiento internacional en Ciencia Política para comprender que no se puede permitir el desprecio, la quema, el pisoteo de los símbolos nacionales en una incomprensible comprensión, para después permitir el uso, la loa y el engrandecimiento de símbolos rupturistas, supremacistas, totalitarios o filofascistas o incluso recordatorios de repúblicas que cubrieron de sangre a España, sin que ello sirva para inhabilitar políticamente al Príncipe que así trata sus símbolos. Parece innecesario ser un asceta para resolver que no es buen hijo aquel que repudia y no defiende a su madre para apoyar a los que la violan.

Golpe de Estado permanente
Agapito Maestre Libertad Digital 4 Octubre 2018

Aznar ha hecho una declaraciones extrañas. Rarísimas. Es como si hablara un político idealista que niega lo evidente. Sí, Aznar ha dicho que España "no puede estar en un golpe de Estado permanente con la complicidad del Gobierno". Creo que confunde sus deseos con la realidad. Mire, hombre, a su alrededor y comprobará el error de su apreciación. Rajoy aceptó el golpe de Estado de los separatistas con naturalidad. Simuló que lo paraba. Cínico. Traicionó a su nación. Es cierto que lo echaron, pero por ahí anda tan ricamente, disfrutando de la vida, sin que nadie le llame la atención; ni siquiera lo han acusado de alta traición por no haber reprimido a los golpistas del 1-O. Sánchez traga con el golpe de Estado de los separatistas. Ellos mismos lo pusieron en la Presidencia del Gobierno de España, o sea, que ni siquiera tendrá que justificar su traición a la institución del Gobierno. No hay que ser muy listo para saber que pronto lo echarán. Ya ha dicho el actual jefe del golpe de Estado permanente, un tipo que llama bestias a los españoles, que si no hay autodeterminación, lo expulsarán del Gobierno.

Es obvio que aquí ningún político paga por aceptar vivir en el golpe de Estado permanente: Rajoy disfruta de su Registro y Sánchez del Palacio de la Moncloa, va en avión a los conciertos, se pasea con su esposa por USA y no parar de decir imbecilidades sobre lo que hará con España… Nada. Rajoy, Sánchez, como el resto de la faramalla institucional, viven sin preocupación por el presente ni por el mañana, sencillamente, porque España para esta gente ya está vacía de espíritu. Es solo inercia. Les vale únicamente como el nombre de una empresa que les da de comer… Mire, mire, señor Aznar, a su alrededor, a todos los partidos, incluido el suyo, y verá que no hay nada más que tacticismo, planes para dentro de un rato… No existe un proyecto de colaboración con el resto de fuerzas políticas para hacer funcionar el Estado. No hay, en efecto, política, porque todos viven instalados en el golpe de Estado permanente. Nadie quiere decir España, pero todos quieren vivir de ella. Se esconden hasta para mandar; ahí tiene el ejemplo de Sánchez, que ni siquiera es capaz de dar una rueda de prensa para expresar su opinión sobre los golpistas catalanes. No quiere mandar, no sea que los golpistas lo expulsen de sus placeres monclovitas antes de lo previsto.

En fin, señor Aznar, usted debería saber que un país que no sabe quién manda no es una nación. Es un gentío. Nuestros políticos son poca cosa: no creen ni en el poder del Estado… Son nihilistas. La estatificación de la vida, el intervencionismo del Estado, como diría Ortega y Gasset, no es ya para esta gente el mayor peligro que amenaza a la civilización, sino que lo ofrecen como sacrificio a la masa separatista catalana. Nuestros políticos se parecen cada vez más a unos mamarrachos jaleados por unos medios de comunicación sin otro objetivo que cobrar la nómina a final de mes. Por lo tanto, señor Aznar, el golpe de Estado seguirá instalado en un país que no lo reconoce ya ni la madre que lo parió.

Si nadie sabe quién manda y, sobre todo, nadie tiene claro quién podría mandar, entonces estamos al borde del abismo. Sin conciencia nacional, el Estado se desmorona. El colapso de las instituciones políticas y de otra gran parte de las administrativas es casi absoluto. La gente se refugia en lo privado y huye de lo público. Entonces, señor Aznar, ¿por qué mantiene con la facundia propia del político de ideas, o sea del que pasa de largo de la realidad, que "no podemos vivir en el golpe de Estado permanente"? Falso. Vivimos y chapoteamos en las aguas sucias que nos vierten todos los días los partidos separatistas, filoterroristas, comunistas y socialistas. Calle, pues, amigo y siga pensando sobre los efectos de la globalización en el espíritu de las naciones importante de Europa y América. Pero reconozca que España, sí, la realidad nacional española, no es nada en el conjunto de las naciones europeas. Solo somos un gentío dispuesto a consumir cualquier producto falso con tal de que tenga un sello de extranjero. En fin, no sé por qué ha declarado que España no puede vivir en el golpe de Estado permanente, porque usted es lo suficientemente listo para saber que el personal, el populacho y sus elituchas aguantarán lo que haga falta para que esto siga igual. España no es hoy por hoy nada como nación.

Repito: los separatistas, los filoterroristas, los comunistas y los socialistas de Zapatero y Sánchez han partido a España la espina dorsal, naturalmente con la ayuda del PP de Rajoy. En pocas palabras, los cuarenta años de democracia en general y el Título VIII de la Constitución en particular han conseguido dejar este país para el arrastre. O sea, vivimos arrastrados por una casta política que es incapaz de decir España para acabar con los asesinos de la nación y los golpistas del Estado.

El Gobierno se queda sin crédito en los mercados
EDITORIAL El Mundo 4 Octubre 2018

No hay peor ciego que el que no quiere ver. El Banco de España, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, prestigiosos centros de estudios como el BBVA Research e incluso el propio Ministerio de Economía son solo algunos de los numerosos organismos que desde hace meses alertan al Gobierno de la necesidad de dotar a la economía española de una estabilidad que desde la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa brilla por su ausencia, amenazando gravemente lo conseguido tras la crisis a costa del esfuerzo de los españoles. El último toque de atención llegó ayer y fue mucho más severo que los anteriores, tanto por su emisor como por su contenido: sin tapujos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha exigido al presidente que incluya en los Presupuestos de 2019 "un paquete de medidas creíbles".

El informe del FMI sobre la revisión anual de nuestra economía es demoledor. Primero por la evidencia manifiesta: la explícita desconfianza hacia la política económica del Gobierno, lastrada por los continuos bandazos, desautorizaciones y globos sonda. El regulador internacional ha revisado a la baja la previsión de crecimiento para este año, constatando la desaceleración; advierte de los ineludibles retos estructurales -la elevada deuda pública, el alto desempleo, sobre todo juvenil, un lento aumento de la productividad, etcétera- y fía el revertimiento de la situación a una política integral, no a parches y ocurrencias peregrinas. Con toda lógica, el FMI circunscribe la estabilidad de nuestra economía a la puesta en marcha de los Presupuestos, y no esconde el riesgo que supone que, a octubre de 2018, el documento que debe fijar el rumbo de 2019 no exista ni tenga visos de tramitarse exitosamente. Si la credibilidad de Sánchez ya no gozaba de buena reputación en el ámbito doméstico, este varapalo coloca en el escaparate internacional la debilidad de un Ejecutivo constituido gracias a una moción de censura poco constructiva, con una dependencia absoluta de socios indeseables que someten a chantaje el futuro del país con ultimátums inconstitucionales e inadmisibles.

El FMI no se limita a unas líneas generales sino que dispara al centro de la diana: vincular el alza de las pensiones al IPC pondría en peligro la sostenibilidad del sistema. En un ejercicio de pedagogía un tanto sonrojante de puro elemental -quizá a la vista de las contradicciones entre Magdalena Valerio y Nadia Calviño-, el organismo señala que "a menos que exista una correspondencia entre ingresos y gastos, no podrá evitarse una futura reducción de las pensiones". Bien haría el Gobierno en prestar atención y servirse del Pacto de Toledo para aprobar, con el máximo consenso posible, una reforma que garantice la viabilidad del sistema.

155 o eleciones, o ambas cosas
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 4 Octubre 2018

Las elecciones municipales y autonómicas seguirán siendo en mayo, pero puede que no sea la primera vez que en que tengamos que acudir a las urnas. Tal y como se está poniendo el panorama político lo más probable es que antes estemos convocados a generales. Por obligación, como mal menor o por conveniencia o por un poco de todo a Sánchez, por mucho que siga con la égloga del 2020, en lo que en realidad Moncloa no ha creído del todo nunca, no le va quedando otra que convocar y puede que antes de que termine el año.

El y su “gurú” Redondo tenían, desde luego, otros planes pero por un lado la debilidad parlamentaria de sus exiguos 84 diputados, después los apoyos que mas bien son arenas movedizas de sus socios, la escandalera alrededor de las prácticas de su gobierno y de él mismo, del negro al plagio, los dos suyos, de la arana fiscal de Duque a la cloaca de “Lola y Balta”, o sea su ministra Delgado y su jefe Garzón y ya con dos caídos, Huerta y Montón, la cosa se estaba poniendo oscura.

Pero ha sido Torra y los separatistas catalanes quienes se la han puesto negra o a lo mejor le han abierto una puerta de poder salir un poco airoso, aunque ya cada día más pringado por ellos y las connivencias que se ha traído. Su mantra era y es todavía que el “conflicto” venía por culpa de Rajoy que no dialogaba. Ponían así a al PP al mismo nivel de responsabilidad en el desastre que a los separatistas y ellos se postulaban como los “dialogantes salvadores”. En realidad nunca había ni hay dialogo posible alguno, porque lo que hubo y sigue habiendo es el contumaz intento de violar la Constitución y la soberanía de los españoles con un referéndum mendaz donde nos roban el voto a todos para apropiárselo ellos en exclusiva y cuyo único objetivo es la secesión de Cataluña. Lo avisaba, una vez más, Felipe González. No hay con ellos ni sobre ello dialogo posible que valga, porque solo quieren imponer su delirante designio.

Pero en ello ha estado Sánchez y su gobierno estos meses, mareando a las gentes y al tiempo en continua zalema con los independentistas, cediendo, obsequiando, justificando y en genuflexión oferente continua. Así incluso hasta cuando Torra arengaba a los CDR para lanzarlos al ataque, o acaso no era eso lo que hizo aunque luego le acabara por dar a el en sus protuberantes narices, salieron a disculparle, mientras el presidente tuiteaba ñonerias, a decir que era “asumible”, que aunque estuviera muy feo no llegaba a “violencia”. En fin, la retahíla de ruedas de molino con la que pretendían que comulgáramos.

Pero la última ha sido ya de imposible tragadera. El ocasionado Torra, la palabra mejicana le viene como anillo al dedo al supremacista catalán, calenturiento y escocido, se tiraba en plancha donde no puede haber jamás agua. Un ultimátum de que o se permite el referéndum ilegal, inconstitucional y excluyente que pretende o rompe la baraja, reactiva la republica, su sobado espantajo, y pone en marcha las leyes declaradas inconstitucionales por los tribunales, pone en marcha la elaboración de una constitución catalana y vuelve a la declaración unilateral de independencia.

Ante ello al Gobierno no le queda, no le va a quedar más salida, aunque por ahora Sánchez siga escondido o quien sabe si todavía vestido de Luciano por la V Avenida, y sea la cada vez menos creible Celáa quien de una replica que pretenda a la vez soplar y sorber. Enfatizar contundencia, decir que el Gobierno de España no puede admitir ultimátum ni amenazas, que es en realidad lo que no han dejado de hacerle pero que ahora de explicita y brutal manera, y pretender seguir con el mantra del dialogo que ya es una milonga y ni siquiera campera no aguanta ya ni un pase más ni un día.

Al gobierno solo le cabe ya, más pronto o más tarde, que una respuesta en hechos y decisiones. Porque ahí van a llevarlo. Y para el será mejor que sea rápido. Porque sino la situación, como todos detectan menos los cocineros de la olla podrida del Cis, no hace sino deteriorarse para ellos. La aplicación del 155 o las elecciones, o tal vez las dos cosas. Porque el 155 no le va a quedar más remedio que aplicarlo, por muchos asquitos que le hagan el Iceta y la Celáa, y a lo mejor es la única salida que le queda para ponerse en “formato electoral” como tuiteaba Sánchez pero no como creía de elecciones locales y autonómicas sino de generales. Ahí puede tener su baza, pero con lo que ha hecho, sigue empeñado y como lo lleven del ronzal puede que ya no tenga el efecto y potencia en urna que desea y a la que aspira como clavo al que asirse. Puede encontrárselo ya ardiendo y que le socarre la mano. Porque arrastrado a ello y visualizados Casado y Ribera como los impulsores cruciales y únicos aliados en el trance puede que le acaben ahorcando al as que tiene como último recurso en la manga.

La incitación al odio no puede salir gratis
OKDIARIO 4 Octubre 2018

Cataluña es una constante de odio. Faltos de argumentos y cada vez más divididos, los independentistas recurren con creciente asiduidad a la violencia física y verbal para tratar de consumar la falsa república catalana. Un recurso que deja bien a las claras la falta de argumentos políticos del separatismo. No obstante, y ante la laxitud del Gobierno y su operación diálogo, la Fiscalía ha de estar muy atenta y perseguir los delitos de odio que pudieran producirse en la región. La integridad física y moral de los ciudadanos está por encima de todo y, ahora mismo, ser constitucionalista al otro lado del Ebro es un riesgo evidente.

Este mismo martes, la población gerundense de Olot —donde gobierna el independentista Josep María Corominas— ha alentado el odio emitiendo en bucle el discurso de Felipe VI tras el 1-O con unos altavoces que habían colocado en las alcantarillas. Una oda a la estupidez y el mal gusto que, sin embargo, es también una manera de fomentar de manera irresponsable la tensión entre los ciudadanos. Algo que debería ser perseguido y vigilado por el Ministerio Público. La prueba de que los sediciosos están situando Cataluña al borde del enfrentamiento civil es que cada vez hay más denuncias por delitos del odio. De hecho, han aumentado en todas las provincias. Por citar dos ejemplos, en Tarragona han subido un 65% durante el último año; en Barcelona, por su parte, han pasado de 198 a 279 en el mismo lapso de tiempo.

Un contexto que alimenta de manera kamikaze Quim Torra al alentar a los violentos CDR con frases como “apretáis, y hacéis bien en apretar”. Además, le siguen otros pirómanos de la política como Bernat Castro. El asesor del diputado Gabriel Rufián gritó a una periodista de OKDIARIO: “¡Ojalá os quemen la redacción!”. Eso, por no hablar de JxCat, que ha propuesto que se repruebe al Rey en el Parlament así como abolir la Monarquía. Los partidos independentistas sólo quieren que la mitad de Cataluña someta a la otra mitad, que la xenofobia y la exclusión se apoderen del espacio que ocupa la democracia. Ante esto, la Fiscalía debe hacer valer el artículo 510 del Código Penal, donde se tipifican la incitación al odio y la violencia. Resulta perentorio atajar este tipo de mensajes. De otra manera, se ignoraría un caldo de cultivo que tiene todos los elementos para derivar en un enfrentamiento civil.

No quieren perder a Pedro Sánchez
Editorial ABC 4 Octubre 2018

El órdago de Quim Torra al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha estrellado con la oposición de sus socios separatistas, ERC y la CUP, más que con la reacción tibia del Gobierno central. Poner a Pedro Sánchez entre la espada del referéndum y la pared de unas elecciones generales anticipadas no ha gustado a los republicanos de Oriol Junqueras, no sólo porque ha sido una iniciativa que Torra no les ha consultado, sino también porque supondría precipitar una posible salida de Pedro Sánchez de La Moncloa y esto haría perder a los nacionalistas el actual escenario propicio para el discurso secesionista. No quieren perder tan pronto al socio Sánchez. La lección de esta nueva crisis entre nacionalistas es que no representan un proyecto viable siquiera para ellos mismos, por lo que no hay razón política que justifique la insistencia del Gobierno en dialogar cuando no hay sobre qué dialogar y, por lo visto, tampoco con quién hacerlo. La debilidad interna del nacionalismo es la oportunidad del Gobierno de Sánchez para anteponer el interés nacional, y desmantelar el golpe contra la Constitución de una vez por todas, al interés partidista, centrado en conservar el puñado de escaños de los separatistas catalanes para que Sánchez cumpla su sueño personal de seguir en el poder.

Se está cumpliendo el pronóstico del expresidente Aznar de que antes se rompería Cataluña que España. Se ha quebrado la sociedad catalana, se ha quebrado la confianza en las instituciones autonómicas y, ahora, vuelve a quebrarse el frente nacionalista, que ya va por el tercer presidente de la Generalitat defenestrado. Tampoco sería razonable confiar en que estas disputas internas hagan fracasar definitivamente el proceso secesionista, porque en las situaciones límite los separatistas se reencuentran; pero sí es el momento político de ahondar en sus diferencias con una política firme desde el Gobierno y el Parlamento . La condescendencia del Gobierno al ofrecer siempre diálogo como respuesta a cada insulto o amenaza de Torra no es una reacción digna, ni es políticamente útil. Desaprovecha la ocasión de poner en marcha una política orientada a ganar el pulso a los separatistas, en vez de buscar ese apaciguamiento inútil, que, además, no representa más que la coartada del PSOE para sostenerse en el poder contra toda lógica democrática y patriótica.

Torra no es el problema, sino su manifestación más burda. El problema es el estado creciente de crispación social provocada por el separatismo, que está interiorizando poco a poco la violencia callejera y el acoso a la oposición como métodos admisibles. Torra pone rostro a la verdadera naturaleza del separatismo supremacista, que es, por definición, antidemocrático. Por eso, las debilidades del nacionalismo deben ser aprovechadas como oportunidades para desarticular el golpe separatista, no para darle oxígeno con diálogos tramposos.

Los nacionalbolcheviques en Cataluña
Jorge Vilches. vozpopuli 4 Octubre 2018

A un año del referéndum ilegal y del discurso del Rey lo que ha quedado en evidencia es la debilidad institucional del Gobierno de España. En ese proceso autonómico interminable, fundado en vincular la democracia a la descentralización, el Ejecutivo central se ha ido vaciando de poder como un reloj de arena. Al tiempo, los gobiernos autonómicos, en especial aquellos basados en una “nacionalidad histórica”, han ido creciendo hasta el punto de que ponen en cuestión el principio de obediencia y tratan de tú a tú al gobierno central.

En ese viaje al cantón de Mr. Witt, en palabras de Ramón J. Sender, se han ido perdiendo la idea de legitimidad y la noción de soberanía nacional. La clave ha sido la educación y la información, que han construido la interpretación del mundo que anima a la generación de nacionalbolcheviques que hemos visto estos días en Cataluña. Una generación y media han sido suficientes para crear una tropa joven que repite las consignas supremacistas y anticapitalistas, y esgrime las formas violentas de la Europa de entreguerras pasada por la kale borroka.

El golpe institucional necesitaba tropas de asalto que escenificaran el falso choque entre “el deseo del pueblo catalán” y “el Estado”. La oligarquía catalana, necesitada de escapar a cualquier precio de la investigación judicial por malversación de fondos y prevaricación, aceleró el proceso de independencia. Para algo debían servir cuarenta años de adoctrinamiento escolar y mediático.

El giro autoritario del populismo nacionalista se veía venir, y nadie hizo nada. Levitsky y Ziblatt presentan en “Cómo mueren las democracias” los cuatro elementos que definen el proyecto autoritario en un sistema democrático, y que encajan perfectamente con la política de los gobiernos supremacistas en Cataluña.

Primero, han rechazado las reglas democráticas de juego, las legales, para asumir una legitimidad que no tienen. De ahí el golpe de Estado y el desprecio a la letra y al espíritu de la Constitución de 1978 y del Estado de las Autonomías. Segundo, niegan la igualdad de derechos de quienes piensan distinto o no comparten su proyecto político, como se demostró con la actuación violenta y planificada de los independentistas contra la manifestación de JUSTAPOL y, luego, contra los Mossos.

Tercero, los supremacistas muestran una predisposición a restringir las libertades civiles de la oposición, bajo la excusa de que obstaculizan el “mandato” de la nación, obviando que esos opositores también son “nación”. Y cuarto, y a esto voy, toleran o fomentan la violencia política de los suyos contra disidentes y opositores.

Los CDR, trasunto de las organizaciones de vigilancia y acción totalitarias que existen en Cuba y Venezuela, los puso en movimiento el independentismo gobernante. El propósito era canalizar la violencia estructural contra “los españolistas”, al tiempo que se victimizaba a los agresores y se toleraba la restricción de las libertades y derechos de los ciudadanos.

Ese discurso del “pueblo” contra el “Estado”, falso porque una Comunidad Autónoma es Estado y Torra, además, el máximo representante estatal en Cataluña, supuso alentar una situación en la que la moral catalanista estaba por encima de la ley. No había mayor legitimidad que trabajar para cumplir con el “destino nacional”, aunque con ello se enterraran los últimos vestigios de la democracia en aquella tierra.

“La calle es mía”, que diría Fraga, y así lo asumieron los grupos nacionalbolcheviques, cruzados por igual de nacionalismo que de anticapitalismo, que igual que enarbolan la estrellada, llevan la enseña comunista o la del grupo terrorista “Bandera Negra”. La democracia, dicen, es la consecución de una comunidad homogénea, catalana, basada en el colectivismo. Es una batasunización del catalanismo político.

No faltó, como en todo proceso histórico similar, la tropa que, convertida en vigía de la pureza, llama “traidor” y “colaboracionista” al que tiempo atrás le llevó a la calle. Es el riesgo que tiene hacer un llamamiento al “verdadero pueblo”, otorgarle la pureza y la vigilancia de un proceso revolucionario o golpista que no hay manera luego de reconducir. Son los bolcheviques acorralando al tonto de Kerenski, aquel pobre hombre que, entrevistado por Chaves Nogales en 1931, todavía no sabía cómo había perdido el poder.

La última bala
DAVID GISTAU El Mundo 4 Octubre 2018

Este Gobierno, que ya tiene un lugar en los apéndices de la historia, aún puede evitarse una humillación final: que sea el petit caporal carlista, el que arenga a las patotas de los CDR y luego se asusta y no sabe cómo devolver a su caja el monstruito liberado, quien decida cuándo se disuelven cámaras en España. La dignidad de la última bala del tambor reservada para uno mismo es la única que le queda a Sánchez antes de que lo cojan vivo y terminen de desbaratarle a bofetadas la ficción de puto amo kennediano todos esos personajes de extramuros con los que alcanzó en la moción de censura un indigente acuerdo fáustico. Iglesias incluido, pues hemos vuelto a comprobar que Podemos, pese a sus pomposas simulaciones institucionales, no pierde jamás ocasión de apoyar cualquier cosa que contribuya a destruir desde dentro el régimen del 78 sobre cuyos escombros anhela cumplir todos los sueños fracasados de la España que perdió la guerra: cuanto mayor sea la destrucción, más jugosa será la patente de obra de esa nueva Transición fetén que ya ha comenzado con la expurgación social de la derecha y su reducción primaria al cliché franquista.

Tampoco puede decirse que entre los diversos motivos disponibles para avenirse Sánchez a convocar elecciones haya ninguno especialmente decoroso. La impotencia parlamentaria. El despelote de la rectificación constante que revela que no existe una sola idea sólida aparte de la voluntad de ocupar el espacio de poder y de repartir el botín otorgado por la costumbre partitocrática. Los amagos censores a los que sólo falta concretarse en una palabra tan sonora como mordaza. El desastre de los presupuestos y sus ardides. La agresión al relato constitucional del golpe y a los magistrados. Las dimisiones, la tesis, la ministra que deja al pisar las alfombras restos fecales de las cloacas... En fin, que cada cual agregue en esta línea de puntos (..........) el motivo de su preferencia que se me está olvidando, aunque apiádense del astronauta, pobre. Pero cualquiera es preferible a la posibilidad de que el independentismo pueda mostrar, a modo de trofeo de caza, la cabellera de un gobierno español que hasta el último instante fue ante los golpistas suplicante y falaz en cuanto al bulo negociador. A qué tanto miedo a las urnas, si Sánchez puede hasta ganar las elecciones, sacudirse las dependencias y disponer de cuatro años completos para seguir paseando por Nueva York con la quijada prieta y rodeado de guardaespaldas como un boss de los Gambino.

Federico Jiménez Losantos: "El frente popular siempre ha sido una cosa de niños de papá"
Jesús Fernández Libertad Digital 4 Octubre 2018

Federico Jiménez Losantos, Carlos Cuesta y Hermann Tertsch participaron este miércoles en la primera sesión del nuevo ciclo de conferencias organizada por las fundaciones Villacisneros y Valores y Sociedad, Un nuevo frente popular. El acto se celebró en el Auditorio de la Mutua, en la Castellana, a la altura de Rubén Darío. El aforo del inmueble es de unas 550 personas; según los organizadores, se inscribieron más de 1.100 personas. La gente que estaba de pie se contaba por decenas; la que se quedó fuera, también.

La sesión que inauguraba el ciclo se titulaba "Su gravedad y su naturaleza". Al acto, acudieron los populares Esperanza Aguirre, Jaime Mayor Oreja y José María Álvarez del Manzano, así como el presidente de VOX, Santiago Abascal, y el secretario general de la formación, Javier Ortega.

La esencia del frente
Jiménez Losantos empezó celebrando que la líder de Cs en Cataluña, Inés Arrimadas, sacara durante su intervención de este miércoles en el Parlamento catalán la bandera de España: "Creo que es la mejor manera de conmemorar el aniversario de que, tal día como hoy, el único de los españoles -refiriéndose a Felipe VI- de las élites salió en televisión y dijo ‘no pasarán’".

El presidente de Libertad Digital explicó la "naturaleza del enemigo al que nos enfrentamos", creado por los soviéticos "para que, con los tontos útiles, sobre todo los socialistas, masones y radicales, pudieran hacerse con el poder". Jiménez Losantos afirmó que, "ante un frente popular, no hay más que enemigos", no adversarios, y lo ejemplificó con la desunión de la derecha española en las elecciones generales de febrero de 1936: "Al final los mataron a todos. Y habían ganado las elecciones. Y tenían más votos. Sin embargo, como estaban desunidos, los otros dijeron: 'vamos a liquidarlos'".

El director y presentador de Es la mañana de Federico recordó que "el comunismo es una ideología contra la propiedad": "Para quitarle a uno la propiedad, hay que quitarle la libertad y luego, matarlo. Por eso, el frente popular siempre ha sido una cosa de niños de papá. Los obreros nunca han votado a los comunistas. Nunca. Porque les ha costado mucho ganar lo que tienen".

Sobre los medios, Jiménez Losantos dijo que "el PSOE los ha combatido siempre; el PP los ha aniquilado. No es que haya dejado pocos, es que los ha liquidado". Refiriéndose a la entrevista queAna Pastor hizo al líder de Podemos, Pablo Iglesias, en la que calificó al presidente del PP, Pablo Casado, y al de Cs, Albert Rivera, como "políticos de extrema derecha franquistas que hay que combatir. ¿Qué decía la Pasionaria de Gil Robles y de Lerroux?".

"¿Qué podemos hacer? Lo primero, cumplir nuestra obligación, y después, hacer comprender a Albert Rivera, a Pablo Casado y a Santiago Abascal que el enemigo es otro y hay que combatirlo. Es el momento de echarlos del poder antes de que no podamos echarlos", concluyó.

Tertsch y el "periodismo-leninismo"
Por su parte, Hermann Tertsch inició su intervención cargando contra los medios, quienes "han estado mirando hacia otro lado porque muchos, sobre todo, han estado haciendo dinero". El columnista de ABC lamentó que el PP los entregara en "su totalidad a la izquierda" y destacó que, de los audiovisuales, sólo esRadio "es el único totalmente serio que se enfrenta al rodillo". En este sentido, agregó que, en las facultades se enseña un "periodismo-leninismo" en el que profesores "que hacen homenajes a Stalin" están fabricando "fanáticos, milicianos, castrados para la causa".

Sobre Cataluña, Tertsch dijo que "habría que aplicar otro tipo de artículos que van bastante más allá" del 155. "Estamos en un proceso muy peligroso. Aun así, yo soy optimista y creo que el movimiento de recuperación del individuo a través de la identidad, de la conciencia, de la nación, del respeto", añadió.

Por su parte, Carlos Cuesta, apuntó que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, "comanda en estos momentos es lo más antidemocrático que te puedas echar a la cara". El director adjunto de OkDiario señaló que los planteamientos del frente popular "llevan a la destrucción del propio país". "La única forma que tiene un país de prosperar es defender sus libertades y derechos. En España, las libertades y los derechos no están garantizados", advirtió.

Debate Cuesta, Losantos, Terstch 
Cuesta contra el frentepopulismo: “Cacería la del Gobierno a los periodistas críticos”
María Jamardo okdiario 4 Octubre 2018

Los periodistas Carlos Cuesta (adjunto al director de OKDIARIO), Federico Jiménez Losantos (presidente del Grupo Libertad Digital) y Hermann Tertsch (columnista de ABC) se han dado cita esta tarde en Madrid convocados por la Fundación Villacisneros y la Fundación Valores y Sociedad -esta última presidida por Jaime Mayor Oreja- para debatir contra el ‘frentepopulismo‘ en España.

Ante más de 700 asistentes, en un auditorio con aforo para 600 personas, los tres ponentes han analizado la crisis política a la que se enfrenta nuestro país, víctima de un relativismo extremo que ha convertido el pensamiento único en el mensaje recurrente desde los poderes públicos y la mayoría de los medios de comunicación.

Cuesta reflexionaba en el transcurso de su intervención sobre cómo la amenaza creciente que supone la confluencia de proetarras, separatistas, populistas y comunistas en España se ha hecho “más que evidente con el Gobierno de Pedro Sánchez, en el que estamos asistiendo a una destrucción acelerada de la Constitución y de sus valores, los de la transición y los de su sistema de libertades”.

Cuesta contra el frentepopulismo: “Cacería la del Gobierno a los periodistas críticos”
“El proyecto que comanda Sánchez es lo más antidemocrático e intolerante que se ha visto en los últimos años” añadía, tras afirmar que el actual Gobierno denuncia ser víctima de una cacería que no es tal. “Son ellos los primeros que no respetan a todo aquel que tiene una forma de ver las cosas que difiere de la suya. Para cacería la del Gobierno con los medios de comunicación y los periodistas críticos“, añadía.

“Cuando en un país se sufren violaciones sistemáticas de derechos es que algo terrible está ocurriendo. El frentepopulismo actúa silenciosamente, pero actúa siempre para destruir. En España ahora mismo las libertades están secuestradas: la de empresa, la de propiedad privada, la de libre elección de la lengua, la educativa y la de prensa” advertía Cuesta “y contra esa cuota de intoxicación y totalitarismo todos tenemos que defender con claridad España y su Estado de derecho para ir revocando la situación” concluía.

Jiménez Losantos
En un alegato que comenzaba con un tono optimista, el veterano periodista, aplaudía la intervención del Rey Felipe VI, hace hoy un año, a propósito de Cataluña y su contundente mensaje televisivo.

Losantos se ha referido a la amenaza separatista catalana como ejemplo de ‘frentepopulismo’ al que define como una evolución del comunismo en la que confluyen una facción totalitaria pero también una debilidad manifiesta. “El Frente Popular en forma de nacionalismo aspira a hacerse con el poder en Estados donde por la vía democrática nunca podrían conquistarlo” aseguraba.

Para continuar desentrañando con ironía y sarcasmo la esencia del ‘frentepopulismo’: “Es una engañifa” e incidir en la importancia de los medios de comunicación para combatir las herramientas de propaganda de populismo, demagogia y totalitarismo: “Mentir a la gente siempre ha sido muy fácil porque se trata de hacerle creer lo que más cómodo les resulta. Por eso la prensa crítica es esencial para desenmascarar la mentira“.

Hermann Terstch
El polémico columnista ha apostado en su reflexión sobre la importancia de tomar conciencia sobre el peligro que corremos: “Más de una década advirtiendo de lo que venía y nos han llamado de todo, fachas, castastrofistas y hasta antiespañoles. Y esas acusaciones venían de quienes más responsabilidades tenían para neutralizar el rodillo neomarxista que es el frentepopulismo mientras miraban hacia otro lado”.

“Cuando la revolución no puede hacerse por métodos violentos se recurre a otros métodos de penetración en la sociedad del proyecto colectivista. Uno de ellos son los medios de comunicación. Y el periodismo está intoxicado hasta tal punto que la mayoría de facultades fabrican fanáticos sin capacidad para contradecir las convicciones impuestas” se lamentaba “hace falta mucho carácter para resistir el aluvión de adoctrinamiento que se recibe desde la educación pública” concluía.

Para cerrar el panel con un mensaje en positivo ya que, en opinión de Terstch, “existe una profunda reacción de rechazo, cada vez más evidente, contra el intento de dominación colectivista al que asistimos por parte de una izquierda que ha tocado poder sin escrúpulos ni dificultades morales para dar los pasos que sea necesario según su instinto de conservación del poder a cualquier precio”.

“Soy optimista. Frente a todos los mecanismos totalitarios que ofenden permanente a la verdad de forma habitual y abusiva -entre los que se encuentra la corrección política- está surgiendo un movimiento de recuperación del individuo a través de la nación, de la conciencia, del respeto y una mayor conciencia de España, pese a todo” concluía.

¿Hay alguien transparente en este Gobierno?
OKDIARIO 4 Octubre 2018

El Gobierno de Pedro Sánchez nació con dos máximas: ejemplaridad y transparencia. A día de hoy, ni una cosa ni la otra. Ambas brillan por su ausencia y si alguna cualidad se le puede atribuir al equipo que conformó el secretario general del PSOE es, precisamente, la opacidad. Isabel Celaá ha sido la última en ser descubierta en una práctica que, cuanto menos, es muy poco ética. Portavoz y ministra de Educación y Formación profesional de un Ejecutivo que se jactaba de ser un paradigma moral —está claro que ya no lo es— Celaá esconde en su declaración de bienes un chalé de lujo por valor de 1,5 millones de euros que tiene en régimen de gananciales con su marido.

Poco tiempo después de que iniciaran mandato es normal que los españoles se pregunten si hay alguien realmente transparente en este Ejecutivo. Si gobernaran por objetivos, tendrían que haber dejado La Moncloa al poco de llegar. Resulta imposible hacer más deméritos en menos tiempo. Tienen ya dos ministros dimitidos, otra reprobada y una densa sombra de sospecha sobre varios de sus miembros más importantes. Los escándalos no dejan de producirse y ponen en cuestión la legitimidad de estos representantes para ejercer sus funciones institucionales.

El caso Celaá aparece cuando aún nadie ha explicado cómo es posible que la administradora única de Radio Televisión Española, Rosa María Mateo, cobre de los impuestos de todos los españoles cuando tiene una sociedad instrumental con la que elude el pago de esos mismos gravámenes. ¿Qué decir de Pedro Duque? El ministro de Ciencia, Innovación y Universidades aún no ha dimitido pese a tener una sociedad instrumental donde contiene su chalé de lujo en Jávea y su chalé de 335 metros cuadrados en una de las zonas más elitistas de Madrid. Por no hablar, claro está, de Pedro Sánchez, el presidente que más y peor ha plagiado en la historia de España. Sánchez dijo que venían a “limpiar” nuestro país. El concepto limpieza también debió dejarlo a los negros que escribieron su tesis fake, de otra manera no se entiende que tanto él como su equipo lo tengan tan distorsionado.

El libro que el Gobierno necesita leer para actuar en Cataluña
José Antonio Zarzalejos elconfidencial 4 Octubre 2018

Isabel Celaá, Carmen Calvo, José Luis Ábalos, ministros varios, creen que la retórica de Torra, incendiaria, no se corresponderá con hechos que podrían desbordar de inmediato la legalidad. Creen que una cosa son las palabras y otra los comportamientos, sin reparar en que, en política, las unas se encadenan con los otros. No se sabe qué estratega ha aconsejado al Ejecutivo de Pedro Sánchez capear el temporal catalán con esta argumentación tan simplista.

Acabo de terminar la lectura de 'La manipulación del lenguaje' (editorial Espasa), de Nicolás Sartorius. El autor fue diputado constituyente por el Partido Comunista de España después de una larga trayectoria de opositor al franquismo. También fue cofundador de Comisiones Obreras y siempre una personalidad relevante de la izquierda española que sigue en la brecha como vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas.

Su libro, aparte de la calidad de sus reflexiones, tiene el don de la oportunidad y deberían leerlo todos los miembros del Gobierno que manejan ese peligroso sofisma de la inocuidad del lenguaje. En el prólogo de este ensayo —subtitulado 'Breve diccionario de los engaños'—, Sartorius escribe lo siguiente: “A lo largo de una dilatada actividad política fui comprendiendo mejor algunas cuestiones referentes al uso del lenguaje y sus efectos. La primera fue que, en política, las palabras son 'hechos', tienen sus propia densidad 'física' y sus efectos pueden ser beneficiosos o catastróficos”. Una reflexión que viene como anillo al dedo para contradecir la tesis que manejan algunos miembros del Ejecutivo en relación con la retórica del secesionismo catalán.

Continúa el autor advirtiendo de que “a lo largo de la historia, palabras habladas o escritas han provocado o impulsado guerras, matanzas, levantamientos, pronunciamientos o quiebras, pero también los hechos más positivos y las expresiones más extraordinarias de la mente humana. No es verdad, por lo tanto, que como se dice vulgarmente 'las palabras se las lleva el viento'. Muy al contrario, son como rocas o piedras que pueden provocar auténticos aludes o sostener sólidas arquitecturas políticas”.

El relato independentista que nos ha llevado a la crisis ha consistido en una manipulación constante de la realidad y ha cristalizado en expresiones casi icónicas que el constitucionalismo no ha sabido rebatir con eficacia. Sartorius desmantela algunas de esas manipulaciones, de entre las 65 que el autor examina en su ensayo.

Así, mantiene que el “derecho a decidir” es un “encubrimiento de lo que se denomina 'derecho de autodeterminación', que en la esfera internacional se reconoce a los países sometidos al yugo colonial o que formaban parte de imperios autocráticos”, y añade que defenderlo es una tesis “profundamente reaccionaria… y supone un torpedo en la línea de flotación de la izquierda política y sindical”. El autor es partidario de la expresión 'diálogo', pero el sentido del que propugna el secesionismo lo considera “más un dialoguismo que otra cosa… y se reduce todo a la unilateralidad de la independencia sí o sí, o de la supuestamente inamovible situación actual”.

Nicolás Sartorius desmonta con gran inteligencia la expresión “España nos roba” y sostiene que también es una manipulación, en algunos casos, hablar de “Estado español”. Porque “para defender su derecho a ser 'naciones', niegan la realidad del conjunto, esto es, de España. Para estos sectores nacionalistas, España sería un Estado, pero no una nación, es decir, no existiría, lo que es a todas luces no solo un disparate sino que choca con la realidad más obvia”.

Por lo que se refiere a la utilización de las palabras 'exiliado político', nuestro autor considera que tienen como objetivo “demostrar a las propias huestes y a la opinión pública internacional que el Estado español no es una democracia”. Una trampa semántica, igual que la utilización banal de “fascismo o facha” que en el debate catalán ha alcanzado “niveles grotescos, llegándose a calificar de 'fascista' a todo aquel que se opone o combate la actividad secesionista de los partidos nacionalistas, cuando, en realidad, en donde aparecen algunos rasgos del fascismo es en los partidos nacionalistas radicalizados”.

No es posible resumir con brevedad la labor depurativa que Nicolás Sartorius realiza en este libro. De ahí que su lectura —por otra parte, didáctica y accesible— resulte particularmente indicada y nos remita al valor de las palabras en la política y al error de relativizarlas como están haciendo algunos miembros del Gobierno. De la misma manera, la descripciones contrarias —es decir, las tremendistas y viscerales— implicarían una manipulación de distinto cariz. La aspiración común debería consistir en entender que las palabras no son inocentes ni inocuas, que encierran un pacto sobre su significado y que adquieren una especial relevancia en la política.

Sartorius tiene razón: las palabras son 'hechos' y, como es mejor prevenir que curar, no hay que olvidar que lo verbal tiende a cristalizar en lo fáctico. Seguro que Sánchez echará una ojeada a este ensayo y lo recomendará tan vivamente como yo lo hago hoy en este artículo. Más que nada para que nadie se engañe y para que el futuro inmediato no nos coja desprevenidos, como podría suceder si el Gobierno sigue instalado en la falsa creencia de que las palabras de Torra solo son una retórica encendida y no el prólogo de otra desesperada asonada.

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Sánchez y el golpe catalán seguirán
Pablo Sebastián republica 4 Octubre 2018

La pretendida falta de unidad entre los independentistas sobre el ultimátum de Torra al Gobierno de Sánchez, con la que ayer se consolaban en La Moncloa, es solo un espejismo que no conducirá a ninguna parte. Donde de verdad falta la unidad es entre los partidos constitucionales, PP, PSOE y Cs, porque el Presidente Sánchez antepone su permanencia en el poder hasta 2020 al interés general de España.

Sánchez se niega a convocar elecciones como debiera mientras Torra le invita, bajo amenaza de ruptura a reunirse con él en Barcelona para hablar de la autodeterminación, y todo ello mientras en Cataluña continúan los enfrentamientos callejeros entre los Mossos y los CDR.

Y al fondo de todo ello hay que considerar que Carles Puigdemont y Pablo Iglesias están consiguiendo lo que ambos habían pactado en vísperas de la moción de censura contra Mariano Rajoy: echar a Rajoy y al PP del poder; y luego echar a Sánchez y al PSOE del poder. Creando con todo ello una crisis de estabilidad en el seno del Gobierno de España lo que en opinión de Puigdemont e Iglesias va a favorecer sus posiciones contrarias a España, la Democracia, la UE y la Constitución de 1978.

La que va a celebrar en diciembre su 40 aniversario en medio de una grave crisis institucional en la que sobresale la ruptura de la unidad de los tres partidos constitucionales, PP, PSOE y CS, por el lamentable empeño de Pedro Sánchez de anteponer su ambición personal y permanencia en el poder hasta 2020 a la unidad de los demócratas frente al golpe de Estado catalán que sigue vigente.

Y que en las últimas horas ha recuperado los signos de identidad de la declaración de independencia del 27-O al: jalear Quim Torra desde la presidencia de la Generalitat la violencia de los CDR; desobedecer la Mesa del Parlament y los diputados que la secundan el auto del juez Llarena que obliga a la suspensión de los diputados procesados por el golpe de Estado; y al regresar la violencia independentista a las calles de Cataluña con asalto a las instituciones y la intimidación a la ciudadanía, lo que vulnera el orden constitucional.

El fuego y el agua no se pueden mezclar como tampoco es posible el diálogo político, democrático y en la legalidad entre el Gobierno de España de Pedro Sánchez y el gobierno independentista catalán que preside Quim Torra, como ahora lo reconoce Felipe González y lo sabía todo el mundo, Sánchez ahí incluido.

Pero el presidente socialista necesitaba simular un diálogo para ‘la normalización política en Cataluña’ para lograr: en primer lugar el triunfo de la moción de censura contra Mariano Rajoy; y luego su permanencia en el Gobierno hasta 2020 con un pretendido programa social a financiar con los Presupuestos de 2019 que Podemos, PNV, ERC y PDeCAT tienen que apoyar.

Lo que no será posible si Torra mantiene su ultimátum. Pero eso no va a impedir que Pedro Sánchez continúe en La Moncloa sin adelantar las elecciones porque llegado el caso renovará los Presupuestos de 2018 de Rajoy.

Y ello pesar de los problemas internos de su gobierno -con dos ministros cesados y dos por cesar-, del empeoramiento de la situación económica y de sus contradicciones sobre las pensiones y otros gastos sociales que no podrá llevar a cabo si no logra unos Presupuestos para 2019 y que con las cuentas públicas de 2018 solo cumplirá si España rompe sus compromisos de déficit con la UE y entra por la senda de la recesión.

De manera que pase lo que pase con Torra y la ruptura anunciada de su diálogo con Madrid el golpe de Estado catalán latente continuará y Sánchez no dejará Moncloa arriesgando su presidencia con un adelanto electoral.

Puigdemont, un buen hombre
Cristina Losada Libertad Digital 4 Octubre 2018

En una de las escenas iniciales de una película de Indiana Jones, posiblemente la primera, el aventurero se prepara para robar una pequeña estatuilla dorada que está sobre un pedestal. Lleva en una mano un saco de arena, que calcula será del mismo peso que la pieza de la que quiere apropiarse, para dar el cambiazo sin que salten los que hoy llamaríamos dispositivos de seguridad. La maniobra que pretende hacer Indy, y que le sale mal, porque cueva y templo se desmoronan en cuanto hace el truco, recuerda mucho a aquella parte del procés que tanto se elogió en su momento, al punto de que se le dio categoría de "arquitectura jurídica", y a su autor principal, Carlos Viver Pi-Sunyer, título de genio.

La tramoya de leyes preparada por los arquitectos del procés tenía una función muy parecida a la de aquel saco de arena del amigo Jones, y el propósito era el mismo: robar. Aunque lo que querían robar los separatistas, y de un golpe, no era una pieza olvidada de un lugar remoto, sino la soberanía nacional española. En la fe que pusieron en la maniobra, fe de la que dan prueba los elogios citados, los arquitectos y promotores de todo aquello mostraron una doble condición que todavía sorprende, en retrospectiva. A fin de cuentas, lo suyo no dejaba de ser un truco de estafador. Poco más o menos, un truco de tendero para sisar en el peso. Al mismo tiempo, tenían la creencia. La creencia, para empezar, en que a un Estado se le puede desgajar una parte de su territorio simplemente sustituyendo sus leyes por otras. Cuando los cabecillas del golpe repetían que lo tenían todo listo y preparado, querían decir, y lo decían, que la declaración de independencia producía, de manera inmediata y fáctica, la existencia de su república independiente. Aún siguen enredados en si existe o no.

La doble condición de trileros y creyentes de los autores del golpe de octubre, la amalgama de estafa y fanatismo que ha caracterizado sus actos y sus personalidades, mueve a la perplejidad y es seguramente el motivo de que los análisis de lo sucedido y los intentos de reconstrucción nos dejen con la sensación desagradable de que no hemos entendido la película. Es por eso, por la dificultad de decidir entre dos rasgos en apariencia incompatibles, que continúa surgiendo la cuestión de si realmente querían o no la independencia, si estaban o no dispuestos a llegar hasta el final en el latrocinio y, en definitiva, si el golpe no fue un auténtico golpe sino una performance destinada a presionar a Madrid para sentarse a negociar, como sostuvieron los jueces de Schleswig-Holstein a fin de no entregar a Puigdemont por rebelión, en una elucubración impropia de su oficio.

La condición de creyente, no el religioso, ése no, pero sí el ideológico, funciona como un salvoconducto moral. Es asombroso que siga siendo así después de la inmensidad de crímenes causados por creyentes ideológicos en el siglo XX. Pero lo es: erre que erre, al fanático, que no otra cosa es, se le continúa colocando en el pedestal del idealista. Y si el fanatismo tiene, como suele, escenografía sentimental, entonces no hay nada que hacer: se le rinde culto. Los sentimientos son sagrados. Alguien que crea sincera y profundamente en su causa y que vaya con el corazón en la mano ya tiene abiertas las puertas del cielo, al menos en la Tierra. Por lo menos, se dirá que es buena persona, como leo que ha dicho el periodista Gabilondo de Puigdemont en un documental de Netflix sobre Cataluña. "Es un buen hombre", dice. "Se siente como un patriota catalán independentista de nacimiento". Ahí está todo: causa, sentimiento, sinceridad. No puede ser malo. Siente que nació patriota. ¡Así es la rosa!

La buena prensa del creyente es tal que incluso los que más se oponen a los separatistas insisten, sobre todo, en la condición de estafadores de los golpistas y los acusan de engañar a sus bases prometiendo una república de farol. Algo que, de paso, irresponsabiliza a sus fieles, al extremo de convertirlos en una masa infantilizada que se deja engañar con relativa facilidad. Yo creo que se equivocan. No porque pueda decidirme sobre si son más trileros que fanáticos: son las dos cosas y no importa cuánto pese cada una. Pero es su carácter de fanáticos, de fanáticos de una ideología cuyo núcleo duro es racista y cuyo combustible sentimental es el odio, lo que hace falta desvelar y revelar. Justamente enfrente y en contra de sus fieles.

Para evitar muertos en Cataluña
Pablo Planas Libertad Digital 4 Octubre 2018

La única manera de evitar tragedias personales en Cataluña es aplicar el artículo 155 con generosidad y por tiempo indefinido. El separatismo ha perdido por completo el sentido de la realidad. Torra se hace acompañar en los actos por unos tíos disfrazados de payeses que pegan tiros de trabuco al aire a modo de salvas de homenaje a las "víctimas" del 1-O. También lleva consigo castellers, sardanistas y a los CDR, por supuesto. Es un circo ambulante, pura diversión, salvo para los miles de afectados por los cortes de carreteras y los asaltos a estaciones de tren de los encapuchados, que hay que ver lo que aprietan en los días señalados.

Desde que se constituyó el Gobierno catalán, ni Torra ni ninguno de los consejeros han hecho otra cosa que visitar los presos y al vecino de Waterloo. Mandan Puigdemont y Junqueras, que no se comunican ni por terceros desde que uno le puso la zancadilla al otro y viceversa. El primero tarda en procesar la información que le llega a Bélgica porque el partido de sus amigos es un par de grupos de Whatsapp de independentistas pijos que se ponen a parir entre ellos mismos. El segundo maneja los hilos de ERC desde la prisión de Lledoners a la vieja usanza de los grandes capos. Baste decir que a la consejera de Justicia, la de las cárceles, la designó él. Pero se le escapa el control total de la Generalidad y le falla la conexión en Madrid porque nadie se toma en serio ni a Rufián ni a Tardà.

En cuanto al representante de Puigdemont, hay imágenes y cortes de voz de Torra dando ánimos a los CDR, departiendo amigablemente con los que habían acampado en la Plaza de San Jaime, levantando el puño y arengando a unos universitarios que venían de lanzar botes de pintura y piedras contra la Jefatura Superior de Policía, cosas que deben ser delito hasta en Schleswig-Holstein.

Moncloa le resta importancia. Dicen que es sólo retórica, que Torra no se ha fotografiado con cinco requerimientos del Tribunal Constitucional antes de usarlos en el retrete. Cierto. No le hace ninguna falta porque, según la terminología indepe, esa pantalla ya está superada. Lo hizo Puigdemont y "ni un pas enrere [atrás]", que gritan los cachorros de Torra cuando se mean en la pechera de los Mossos d'Esquadra maniatados por sus jefes políticos.

Se queja Torra de que el Gobierno de Sánchez es igual o peor que el de Rajoy. Tiene razón. Según el representante de Puigdemont, la represión contra los independentistas es la misma, pero en eso se equivoca. El PSOE presiona a los jueces para liberar a los golpistas y machaca a los fiscales para retirar los cargos mayores. En lo que son iguales Sánchez y Rajoy es en la bovina pasividad con la que contempla el bello Pedro el galopante deterioro de la situación en Cataluña. Mientras se sucedían los episodios de violencia en Barcelona el pasado lunes, el doctor tuitero emitía mensajes sobre los preparativos socialistas para las municipales. Pues claro que sí, guapi. "La violencia no es el camino", se permitió sugerir a Torra el día después del intento de asalto al Parlament.

El president le respondió con un ultimátum porque era martes. Este miércoles le ha mandado una carta para quedar en Barcelona y hablar de la autodeterminación, pero ya sin plazos. Y todo esto a espaldas de sus socios de gobierno y de la CUP. En paralelo, lanza advertencias y amenazas contra los jueces y el Rey en el Parlamento regional. Hay abundante literatura científica sobre esa clase de comportamientos.

Los separatistas no están dispuestos a permitir que sus líderes se pasen ni tres años entre rejas o dando tumbos por Europa. No se les puede negar la claridad con la que manifiestan que están dispuestos a incendiar las calles si hay condenas. Se podría pensar que, como en el caso de la ilegalización de Batasuna o la aplicación del 155, las calles son un mito, pero las amenazas de los separatistas constan en acta parlamentaria. El portavoz de ERC en el Parlament dice que el pueblo de Cataluña se rebelará y Torra se suma entusiasmado a la moción. Llevan años acosando a la ciudadanía refractaria a sus delirios totalitarios, machacando los derechos lingüísticos y laborales de más de la mitad de la población, inoculando odio y racismo.

No se puede esperar a que los separatistas cometan otra ilegalidad porque ya las han cometido todas y siguen mandando en Cataluña. Torra no va a volver a proclamar la república porque sería una redundancia. Lo que está diciendo es que el punto de partida es la autodeterminación y que, como haya condenas, el separatismo se echará a la calle y que pase lo que Dios quiera, muertos incluidos. Es evidente que hay que suspender la autonomía de Cataluña.

No aplicar el artículo 155 frente el 9-N de 2014 condujo al 1-O de 2017, que se podría haber evitado de haber intervenido la Generalidad justo después del golpe parlamentario del 6 y 7 de septiembre de ese mismo año. Aplicar el 155 para convocar elecciones autonómicas fue un error que no niega ni Rajoy. No aplicarlo ya y por tiempo indefinido es, vistos los antecedentes, un auténtico suicidio. Al contemporizar con los golpistas, Sánchez no sólo condena a España, sino que se hace el harakiri. Por mero instinto de conservación, debería promover inmediatamente el cese del Gobierno regional catalán.

¿Qué esperaba el doctor Sánchez?
Isabel San Sebastián ABC 4 Octubre 2018

Tal vez pensara que su cara bonita y sus aires de galán de teleserie bastarían para cautivar a los separatistas. Conociendo al personaje, es seguro que se dejó llevar por la vanidad hasta el extremo de confundir sus deseos con la cruda realidad tantas veces constatada. El sacrosanto «diálogo» al que ya se encomendaba su alter ego, Zapatero, sería la fórmula milagrosa que resolvería por sí sola los problemas cada vez más graves que amenazan la convivencia entre catalanes y la unidad de la nación española. En su voz, los tributos de apaciguamiento ofrendados en vano por cuantos jefes de Gobierno pasaron por La Moncloa obrarían el prodigio de satisfacer la insaciable voracidad del independentismo y poner fin a su desafío. Él marcaría la diferencia merced a sus dotes de seducción y a la superioridad moral de la que se siente imbuido… ¡Pues no!

Ni la percha, ni el apellido «socialista», ni la palabrería hueca, ni las humillaciones soportadas con paciencia digna de mejor causa, ni tampoco ese doctorado tan sospechoso como clandestino han librado al actual presidente de chocar contra la misma pared de fanatismo con la que se toparon sus predecesores. Ese muro de piedra granítica no se sortea con promesas vanas, sobornos u ofertas de «diálogo» inconcretas, sino que se blinda o se quiebra. Blindarlo supone ceder al chantaje de quienes lo han levantado y violentar la Constitución permitiendo la celebración de un referéndum de autodeterminación. Quebrarlo obliga al Ejecutivo a honrar su deber de cumplir y hacer cumplir la ley, con todas las consecuencias. Es decir, cortando de cuajo los suministros a quienes utilizan los resortes del poder autonómico para traspasar una y otra vez el marco legal vigente en beneficio de sus pretensiones, a costa de pisotear a la mitad de catalanes leales a la democracia. Claro que cortar los suministros a quienes te han aupado hasta la poltrona significa correr el riego de que te echen de ella a patadas, que es exactamente el escenario al que hoy se enfrenta el «doctor» Sánchez.

Nunca debió haber alcanzado el alto despacho que ocupa. Nunca debió haber aceptado el apoyo de independentistas, golpistas, filoetarras y populistas empeñados en romper España. Nunca debió haber aspirado a una posición incompatible con los escuálidos 84 escaños conseguidos por el PSOE en las elecciones generales. Nunca debió haberse escudado en la lucha contra la corrupción cuando su casa estaba hasta arriba de basura. Pero lo hizo. Quiso volar muy por encima de lo que le permitían sus alas, contrajo deudas imposibles de saldar y ahora el socio a quien vendió su alma exige el pago de la factura. También éste, Quim Torra, está cogido por el pescuezo. Los «sacudidores de árboles» a quienes animó a «apretar» le tomaron la palabra y aprietan con violencia en la calle, exigiendo que se cumpla lo pactado; que se proclame la independencia de forma unilateral y salga el sol por Antequera, aunque él acabe procesado.

Tanto Torra como Sánchez tienen lo que merecen. Han alimentado a un monstruo que ahora empieza a devorarlos. Quienes no merecemos lo que tenemos somos los españoles gobernados por un líder pusilánime, tutelado por separatistas, y los catalanes oprimidos por una Generalitat que respalda sin pudor el golpe perpetrado el 1-O. Lo que merecemos nosotros es la oportunidad de hablar libremente en las urnas y poner a cada cual en su sitio. Al frente del Gobierno, a un leal servidor de España. A los rebeldes, en la cárcel.

Deconstruyendo el procés
Teresa Giménez Barbat okdiario 4 Octubre 2018

El 1-O la policía actuó salvajemente contra ciudadanos que pretendían votar. La intervención de la policía nada tuvo que ver con la fake new que proyectó el nacionalismo –todo el procés, de hecho, no es más que una enorme fake new—. Los agentes hicieron su trabajo en condiciones muy adversas, entre tumultos en los que se mezclaban el borroka y la abuelita, con arreglo a un diseño de producción donde nada se había dejado al azar, y que tuvo como preámbulo la indigna espantá de los Mossos. Y aun así, se trató de una actuación casi modélica. Baste recordar que no hubo más que un herido grave, Roger Español, que perdió un ojo de resultas de un pelotazo, y no precisamente en el vestíbulo de un colegio, sino en mitad de una algarada callejera en la que él mismo tomó parte, como demuestran las imágenes en que se le ve lanzando una valla metálica contra un furgón. Por lo demás, los catalanes votamos en las elecciones municipales, autonómicas, generales y europeas. Lo que impidieron las fuerzas del orden no fue el derecho al voto, consagrado en la Constitución, sino el secuestro de la soberanía.

En España, una democracia europea, hay presos políticos. Ello no entraña contradicción alguna, por más que el nacionalismo —cuya relación con la democracia se aprecia nítidamente en el principio que lo informa: yo tengo más derechos por haber llegado primero—, insista en presentar a España como una gran mazmorra bananera. Sí, en España hay presos por razones políticas. ¿Y qué? También es el caso, por ejemplo, de los terroristas de ETA, cuya criminalidad era de orden político. ¿O es que los delitos que se cometen en nombre de la política son más susceptibles de ennoblecimiento que los delitos sexuales o los delitos económicos? España es una gran democracia, en efecto, y no ha hecho más que activar sus defensas frente a individuos presuntamente responsables de actos gravísimos, como son la rebelión y la sedición.

La llama del procés sigue encendida. En absoluto. Lo que ahora estamos viviendo es el crepúsculo de una revuelta por la que, en verdad, ningún revoltoso estuvo dispuesto a sacrificar una sola hora de trabajo, y a la que ya sólo le quedan el folklore y algún que otro conato de violencia, que a medida que la agitación vaya retrocediendo será cada vez más residual. En el aniversario del 1-O, el soberanismo ha tratado de tomar la calle, pero la verdad es que apenas ha reunido efectivos. Al menos en Barcelona, que es lo que importa.

Es la hora de la política. Todo apuntaba a que Pedro Sánchez trataría de finiquitar la crisis con un nuevo capítulo de concesiones, es decir, aplicando la misma receta que nos ha llevado a este punto. A esto se reduce la mal llamada ‘hora de la política’, a seguir cediendo al chantaje. De todos modos, no parece que vaya a llegar a tiempo. Torra, o lo que es lo mismo: el CDR presidencial, no sabe qué hacer con el poder. De acuerdo con su lógica, debería arriar la bandera española de la Generalitat y liberar a los presos, pero le faltan arrestos. De ahí que plantee ultimátums como el del referéndum en 30 días, que lo que persigue en verdad es la reactivación del 155, y así regresar al mullido sofá del victimismo.

Torra y su "astucia incoherente"
María Jesús Cañizares cronicaglobal 4 Octubre 2018

Me había propuesto tomarme un chupito cada vez que los tertulianos afines al Govern hablen de la "astucia" de Quim Torra. Ya lo hacían en vida (política) de Artur Mas y de Carles Puigdemont, así que he renunciado a ello ante el riesgo de sufrir un coma etílico. El procés ya es lo suficientemente embriagador como para recurrir al alcohol. Un día lanza a los aguerridos cachorros de la CUP a la calle y, al otro, les manda a los Mossos d’Esquadra para reprimirles. Muy astuto todo, sí.

Que venga David Madí y lo vea. Entiendo que el gurú del nacionalismo saliera por piernas cuando vio venir este despiporre independentista. Cualquiera que tenga un poco de dignidad hubiera hecho lo mismo. Algunos lo hicieron y fueron acusados de traidores. Otros lo están haciendo de forma discreta, conscientes de que este “hacer república” --nuevo neologismo soberanista que sustituye a unilateralidad-- no se sostiene o ya no da para convertir el activismo en un modus vivendi.

Los hay también que se resisten a dar su brazo a torcer. “Estrategia es determinar el día D y la hora H sin que nadie lo sepa”, ha asegurado Salvador Cardús, firme apoyo del procesismo desde hace años. Sí, amigo lector, así pretende Cardús defender el discurso errático, torpe, estridente de Torra durante la primera sesión del Debate de Política General. Y sigue el eminente sociólogo (aquí sí que me he tomado un chupito, ¡qué demonios!): “Estrategia es votar que no asumes Llarena, pero delegar votos. Es incoherente, sí, pero astuto”. ¡Lo ha dicho! Astuto.

Torra se ha convertido en el hazmerreír de propios y extraños. Doy fe de la carcajada que un dirigente de ERC dio al conocer ese “astuto ultimátum” a Pedro Sánchez que tanto los republicanos como PDeCAT desconocían. El presidente catalán, malquerido por esos jóvenes de Arran que piden su dimisión, quiso demostrar que tiene carácter y amenazó con hacer caer al presidente español si no plantea un referéndum antes de noviembre. Lo hizo sin levantar la vista del discurso leído. Sin declamar. Sin vigor.
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Torra es un oxímoron en sí mismo: dice que desobedece, pero cumple con las resoluciones del juez Pablo Llarena. Anima a los CDR a “empujar” e incluso les da una palmadita en la espalda durante su acampada en la plaza Sant Jaume, pero luego ordena a su policía autonómica que les disuelva. Y para rizar el rizo, ni condena la toma frustrada del Parlament ni apoya a los agentes de los Mossos que, mal organizados y sin efectivos, han tenido que hacer frente a las radicales protestas independentistas.

Para el presidente catalán, la dualidad nuestros-suyos es cada vez más confusa. Mientras los cargos políticos de los Mossos afirman que los altercados del 1-O nada tienen que ver con los CDR, Torra y Junts per Catalunya sacan pecho de esa agitación advirtiendo que “el pueblo catalán reaccionará”. Ay, ay, ay, que se vislumbra un nuevo mesías. Y eso que Puigdemont, su padre político, dijo en la televisión belga que no tiene "vocación de mártir".

Por cierto, menudo zasca el del tertuliano que le acompañaba. Este no destacó las "astucias" de los líderes del procés, sino su "falta de credibilidad".

Los privilegios que consagrara nuestra Constitución
Ricardo Chamorro gaceta.es  4 Octubre 2018

¿Qué ocurriría si dijéramos que es la Constitución quien consagra la singularidad vasca y catalana? ¿Si resultara que la única base jurídica que legitima una situación diferenciada territorial en la España del siglo XXI es nuestra Carta Magna?

Los fueros, tan famosos en vascongadas y Navarra no legitiman nada, es la Constitución Española quien crea tristemente el problema, quizás la reforma de la que tanto se habla debe ir a la inversa de lo que pide izquierda y separatistas.

Todo el programa nacionalista es falso e incongruente. Los fueros medievales vascos y navarros, concedidos por sus reyes y señores – nunca vascos – eran un conjunto de privilegios sociales, territoriales y económicos en todo similares a otros estatutos jurídicos contemporáneos. Fueros y privilegios tuvieron también muchas ciudades, comarcas, estamentos y grupos castellanos, aragoneses, catalanes, gallegos, valencianos, etc.. En España habría así, a ojo de buen cubero, unas dos mil entidades con “derecho histórico a la autodeterminación”. En la misma “Euskalherria”, dos docenas de villas y ciudades navarras, con fueros medievales propios, podrían declararse a su vez independientes.

En realidad, los fueros vascos y navarros no son diferentes a otras situaciones de la España medieval y moderna, y no otorgan a los secesionistas derecho alguno a la autodeterminación, o a la independencia como ahora prefieren matizar. Los derechos históricos que la Constitución de 1978 recoge y ampara tienen vigencia sólo derivada de la propia carta magna, y son parte del ordenamiento jurídico español, con todas las consecuencias del caso. Sin la Constitución y las normas que la desarrollan, los restos de normas preconstitucionales estarían tan derogados como los Principios Fundamentales franquistas o como las pruebas de limpieza de sangre.

Además, los llamados “derechos históricos” sólo existen en la medida en que no se vulneren los principios esenciales del mismo ordenamiento constitucional. Si bien en virtud de esos recuerdos de la legislación predemocrática algunas Comunidades Autónomas tienen más competencias que otras (función pública, normas civiles, tributos), ninguna de ellas tiene un estatuto diferente en cuanto a su pertenencia innegociable a la Nación.

Los secesionistas están jugando con fuego, el PNV se va dando cuenta aunque juega al despiste. Si pretenden manipular la historia y el Derecho para convertir los viejos fueros en permanente derecho a la independencia, el resultado puede ser, muy al contrario, que se pongan en cuestión los privilegios y singularidades que los nacionalistas obtuvieron en la Transición al amparo de Eta y de una lectura muy discutible del pasado.

Es evidente que si los derechos se ejercen en fraude de Ley y con la intención de romper la unidad constitucional, bien puede resultar que un Gobierno nacional enérgico prefiera dar todo su peso a la igualdad jurídica entre los españoles y hacer una verdadera reforma donde se acabe con los chiringuitos autonómicos y los privilegios de unos españoles frente a otros.

La situación en Cataluña de desobediencia flagrante a la Constitución, hace plantearse reformas de calado en sentido contrario a lo que pide PODEMOS y PSOE. En el espectro político de la derecha solo VOX ha pedido una reforma constitucional contundente que revise por completo el Sistema Autonómico, eliminando todos los parlamentos autonómicos, y recuperando competencias para el Estado, manteniendo una centralización política que no disperse la representación de la Soberanía Nacional, y planteando una descentralización administrativa radical orientada hacia los municipios y provincias. En el PP y Cs ya se oyen voces en el mismo sentido de recuperar competencias, ilegalizar a partidos separatistas y aplicar un nuevo 155 en Cataluña, mucho más contundente, que recupere el orden Constitucional en ese territorio. También existe un número creciente de socialdemócratas, izquierda jacobina e izquierda moderada, que consideran que la situación de privilegio no puede seguir tolerándose más.

Veremos si la tan cacareada reforma Constitucional es pedida finalmente por una mayoría de españoles hartos, pero en el sentido contrario al que pide una parte de nuestra partidocracia federalista y pro autonomías.

Si hay reforma ha de ser para fortalecer la Nación Española, para el capricho de minorías egoístas y extractoras ya no estamos dispuestos.

La era de Pericles Sánchez
Xosé Luís Barreiro Rivas La voz 4 Octubre 2018

Mi propuesta es que los meses que dure este Gobierno pasen a la historia como la Era de Pericles Sánchez, una sonora denominación que no solo implica la excepcionalidad del momento, sino la paradójica descripción de un personaje que se ve a sí mismo como aquel Pericles que gobernó Atenas en el siglo V a. C. -o, dicho en lenguaje laico, en el siglo V antes del solsticio de invierno del año 27 de la era de Augusto-, mientras los españoles lo vemos como el esperpéntico gobernador de esta ínsula Barataria en la que, de forma imperceptible, nos estamos convirtiendo. De esta forma, valiéndonos del clásico recurso de la antífrasis, que consiste en escribir lo contrario de lo que se quiere significar, el hecho de rebautizar a Sánchez como el Pericles del siglo XXI nos evita el engorroso deber de calificarlo como el gobernante más desnortado, ignorante e irresponsable de los que tuvo España desde la Constitución de Cádiz.

Más allá del milagro que supone el hecho de rectificarlo todo sin haber ejecutado nada, me parece necesario investigar su extraño empecinamiento en hablar de diálogo y distensión con Cataluña, cuando lo que realmente está haciendo es un monólogo -estilo Dani Rovira- cuya esencia consiste en pronunciar una sarta de disparates con la apariencia formal de una lógica impecable y atiborrada de silogismos en «bárbara». Este choque conceptual entre la chuminada real y la apariencia lógica, hace que se partan de risa las parroquias que integran las dos Españas: la independentista, que gusta de ver cómo el presidente patalea sobre las arenas movedizas del procés, y se hunde sin remedio; y la de los españoles corrientes, a los que les sorprende contemplar cómo, después de criticar sin pudor los silencios y los plasmas de Rajoy, convirtió la Moncloa en un nido de twitteros y monologuistas -como las señoras Celaá y Calvo-, cuyo trabajo consiste en desfigurar matemáticamente la realidad, para hacerla engordar o adelgazar mediante el viejo truco de reflejarla a conveniencia en espejos cóncavos o convexos.

Yo, igual que Felipe González, no entiendo para qué sirve vender los monólogos como diálogos; cerrar los ojos a la evidencia de una rebelión institucional contra el Estado; devaluar todos los riesgos a base de bordear la ley y al sentido común; chapotear en la minoría para salvar su pellejo político; y asumir la jaculatoria del «yo sigo» -como Felipito Tacatún- cuando Torra, los CDR, el Parlament y las calles de Barcelona están pidiendo a gritos que se les aplique el artículo 155 -esta vez en serio- para salvar el match antes de que sea tarde. Pero este Pericles de nuestro tiempo tiene su poder enraizado en la parte más inestable y desleal de su ínsula Barataria. Y por eso ha decidido poner a España en almoneda a cambio de pasar otros seis meses volando en helicóptero y disfrazado de presidente. ¡Triste destino para este país que tiene por presidente al genio que, carente de discurso, acabó especializándose en el sainete monologado!

Las cinco grandes mentiras de Pedro Sánchez para llegar y sobrevivir en Moncloa
Javier Rodríguez. ESdiario_com 4 Octubre 2018

El actual presidente ha incurrido en al menos cinco grandes mentiras para volver a la jefatura del PSOE y, después, a La Moncloa. La última, anunciar unas Elecciones que ahora obvia.

Hace menos de una semana, Pedro Sánchez fue muy contundente: si el independentismo ponía en peligro la estabilidad de su Gobierno manteniendo una hoja de ruta cercana al unilateralismo, convocaría Elecciones Generales. Unos días después, cuando Quim Torra redobló su desafío anunciando un ultimátum a Moncloa; el presidente se desdijo de sus propias palabras y movilizó a su ministra portavoz, Isabel Celáa, a desmentirle a él mismo: no habrá urnas al corto plazo.

Es la última mentira de Sánchez, si por tal se entiende hacer lo contrario exactamente de lo que se anuncia, pero no la primera. Su trayectoria para llegar de nuevo a la secretaría general del PSOE y para acceder después a La Moncloa está jalonada de ellas, y todas son muy aparatosas. Hasta cinco, incluyendo la más reciente de esta misma semana.

"Convocaré Elecciones"
Cuando en junio encabezó una moción de censura contra el Gobierno del PP, se comprometió en la mismísima tribuna del Congreso de los Diputados a permitir que los ciudadanos votaran a corto plazo para elegir al Gobierno que estimaran oportuno. Y se lo repitió a su propio grupo parlamentario y al resto:
"Es el consenso que yo ofrezco a todos y cada uno de los 350 diputados y diputadas que estáis en las Cortes Generales. Un consenso en torno a la censura, un consenso en torno a qué entendemos por estabilidad y normalización de la vida política y un consenso necesario que se tiene que dar en torno a la convocatoria de elecciones".

Por si había alguna duda, paralelamente sus principales colaboradores, como José Luis Ábalos y Adriana Lastra, acotaron en el tiempo ese compromiso de convocar elecciones: "Cuanto antes", expresaron literalmente. Unos días después, cambió de mensaje radicalmente y anunció, sin más, que su intención era llegar a 2020.

"No pactaré con independentistas"
Es la mayor de las mentiras, y la repitió varias veces, referida tanto a los partidos soberanistas cuanto a Podemos, a quien tildó de populista y de querer implantar en España un régimen "como el de Venezuela". Su caída en el PSOE se debió, de hecho, al intento de pactar con todos ellos tras su segunda derrota electoral, en junio de 2017, aunque la Gestora que entonces le sustituyó nunca lo reconoció abiertamente, avalando con ello su resurrección en unas Primaras contra Susana Díaz que ganó apoyándose en el "No es no" a Rajoy que, en realidad, era un "Sí es sí" a la alianza con PdeCat, Podemos, ERC y Bildu.

Este pacto, precisamente, llegó en junio de 2018, después de que Sánchez incluso se vanagloriara despectivamente de haber desmentido con su actitud a quienes decían que estaba dispuesto a pagar cualquier precio con tal de llegar al poder. Y lo hizo.

"Estará fuera si intenta pagar menos impuestos"
Otra de sus mentiras más aparatosas. Lo dijo con rotundidad en 2015: "Si alguien crea una sociedad interpuesta para pagar menos impuestos, estará fuera". Una frase que no admite interpretación alguna de la que, sin embargo, se desdijo cuando llegó el momento de aplicarla en al menos dos casos: el ministro de Ciencia, Pedro Duque, y la administradora única de RTVE nombrada por él, Rosa María Mateo, utilizaron ese recurso para rebajar sus carga fiscal.

Y a ambos los ha defendido, por acción u omisión. Una paradoja teniendo en cuenta que a su primer ministro de Cultura, Maxim Huerta, sí le dejó caer por algo similar.

"En Alemania dimiten por plagiar"
Otro ejemplo, especialmente llamativo, por lo que dijo y por cuándo lo dijo. Fue durante la moción de censura a Rajoy, que sustentó en la necesidad de devolver la "ejemplaridad" a la política española, y elevó el listón de exigencia hasta el punto de poner como ejemplo de su actitud un caso que semanas después le golpearía: "En Alemania dimiten por plagiar una tesis".

Comprobado y documentado que eso fue precisamente lo que él hizo, tal y como reconoció hasta la empresa que utilizó para desmentir el plagio de su trabajo doctoral, miró de nuevo para otro lado y achacó sus problemas a una conspiración de la oposición y de medios de comunicación críticos. Mientras, las pruebas de que copió artículos, párrafos y trabajos ajenos son ya irrefutables.

Hay que parar a los CDR y a quienes les animan, protegen y ayudan
EDITORIAL esdiario 4 Octubre 2018

Los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR) llevan más de un año boicoteando la convivencia en Cataluña, paralizando autovías y estaciones de tren, convirtiendo las calles en el escenario de una guerrilla urbana ocasional y agrediendo, de un modo u otro, a todo aquel que no comparte sus objetivos.

Que esta tribu se inspire en el partido que ha decantado quién gobierna la Generalitat, la ínclita CUP, lo dice todo del presidente Quim Torra y del partido que lo soporta, capaz de echarse en brazos de una formación antisistema y violenta pese a que su origen ideológico es conservador: el principal objetivo de la reconvertida CiU, con una sopa de siglas adaptable en cada momento a los intereses de sus distintas facciones, es la conservación del poder; muy por encima de la alocada independencia.

En el caso de Torra, ha ido más lejos que nadie en su tolerancia hacia los CDR, una copia de aquella Jarrai que en los años 90 llenó de conflictos las calles del País Vasco con su tristemente famosa kale borroka. El presidente de Cataluña, un supremacista confeso que denigra con infinita xenofobia a todo aquel que se aleja de su canon catalán, les ha pedido además que "aprieten", auspiciando que más de treinta de sus propios trabajadores, del cuerpo de los Mossos, resulten heridos.

Y existen fundadas sospechas de que, de algún modo, la ayuda no es sólo moral. En todo caso, es inaceptable la impunidad con que los CDR atacan espacios públicos, se miden a los Cuerpos de Seguridad, coaccionan a la sociedad en su conjunto y encuentran un espacio de confort y complicidad en las autoridades catalanas.

Pero, con ser grave esto, la indiferencia del Gobierno Central y de su Ministerio del Interior es escandalosa. Constatar la violencia casi en directo y no hacer nada ni contra quienes la protagonizan ni contra quienes la alimentan es inadmisible en un Estado de Derecho, por mucho que ministros como Ábalos se empeñen en considerar "soportable" este fenómeno.

No lo es, y mirar para otro lado es también una lamentable manera de alimentarlo, como se ha comprobado desde que el pasado sábado se iniciara la escalada violenta con el boicot a la concentración convocada por Jusapol para pedir mejores condiciones laborales en la Policía.

Lejos de frenar, los CDR han incrementado su presión, demostrando que confían en que la violencia le permita lograr a su Cataluña medieval lograr lo que los políticos no han conseguido. El temor de Quim Torra a desairar a esta guerrilla de fanáticos es, a la vez, un gesto de complicidad de quien en el fondo cree que ese comportamiento puede ayudarle en su cruzada secesionista.

¿No molestar al independentismo?
Sin embargo, Pedro Sánchez es el primer responsable de todo, pues no hay transferencia de competencias que justifique el abandono de la capacidad y autoridad superior salvo que se quiera eso, precisamente: no molestar al independentismo o dejarle cocerse en sus propias divisiones.

Sea cual sea la razón del Gobierno, es igual de intolerable: su obligación es restituir el orden en las calles, un espacio público donde todos pueden y deben convivir sin miedo a que unos vándalos subvencionados les amarguen la vida

La identidad navarra
Juan Antonio Sagardoy Bengoechea ABC 4 Octubre 2018

Sigue impresionando la reflexión agónica de Laín Entralgo cuando se preguntaba: «¿Qué va a ser de España? ¿Se producirá en ella una paulatina desintegración? ¿Se alcanzará la realidad de una nueva y más satisfactoria convivencia?». España es una gran nación, que ha supuesto durante más de mil años algo más que una Nación; ha sido una cultura entera que traspasa siglos y continentes; la única universal -con la anglosajona- que aún perdura. Y en esa unidad conviven diversas tierras, costumbres e historias que la enriquecen con sus aportaciones al todo. Una de esas tierras es Navarra. Si hay algún Reino que pueda codearse de igual a igual, e incluso mirar un poco por encima, a los demás reinos medievales, es el de Navarra. Tierra de acendradas costumbres, de recia personalidad, de hondos sentimientos de identidad, y que sin embargo ha sido un ejemplo de unidad-diversidad, al no excluir a España de su identidad sino asimilarla dentro de su originalidad. Bien se puede comparar a un centenario olivo: profundo en sus raíces y extenso en su ramaje. Muy local y profundamente universal.

Pero en nuestra España tenemos un retroceso, después de tantos siglos, en el ámbito territorial. Con sangre, sudor y lágrimas conseguimos, a partir del siglo XV, que se fuera forjando la nación española, con respeto a las peculiaridades de sus diversas tierras.

En Navarra, en la que tanto se juega España, la cuestión tiene rasgos especiales puesto que lo que puede ocurrir, si así lo decide el pueblo navarro por referéndum (Disposición Transitoria 4ª de la Constitución), es la anexión al País Vasco. Si eso ocurre sería democrático pero, a mi juicio, un golpe mortal a la identidad navarra, que pasaría a ser una parte de la «Nación Vasca» o «Euskalerría», con un Parlamento ajeno al que ahora tiene Navarra.

Recientemente el PNV ha presentado en el Parlamento vasco una propuesta para crear un nuevo Estatuto que lleve al reconocimiento de la identidad nacional del Pueblo Vasco. Y ahí estaría Navarra. A nadie se le oculta que el nacionalismo vasco tiene a Navarra como objetivo primordial para crear esa Nación vasca. Qué pasaría luego no es difícil imaginarlo.

A lo largo de la historia, en más de mil años, jamás los navarros tuvieron conciencia de pertenecer a una supuesta comunidad euskalherriaca porque era inexistente. Cuando el Reino de Pamplona luchaba con francos y musulmanes, los territorios vascongados permanecieron totalmente al margen. Y cuando en 1542 se produce el destronamiento por Fernando el Católico de los Reyes de Navarra, Juan de Albret y Catalina de Foix, los vascongados son los primeros en invadir el solar navarro, bajo el mando del Duque de Alba y, dicho sea de paso, después de la integración en Castilla, Navarra conservó sus fueros y privilegios.

Ya en tiempos posteriores, Navarra sigue conservando una identidad propia y diferenciada, lo mismo con la Ley paccionada de 1841, que con el Decreto-Ley de 4 de noviembre de 1925 (Primo de Rivera) que disuelve las diputaciones, exceptuando a las que tenían un régimen privilegiado «hijo del concierto y de pactos antiguos» como fue el caso de la Diputación navarra. Y así, en 1927, se firma con el Estado el primer convenio económico con un cupo contributivo de seis millones de pesetas. Y, más recientemente, tanto en las dos Repúblicas como en la Transición de 1978, Navarra ha conservado su identidad (Ley Orgánica de 1982 de Amejoramiento del Fuero). Queda la Disposición Transitoria 4ª de la Constitución (fruto del chalaneo pactista en su elaboración) que establece una posibilidad de unión, mediante referéndum, con el País Vasco que ha dado y sigue dando alas al nacionalismo vasco para intentar formar esa patria vasca soñada. Y como bien ha dicho Vargas Llosa «no hay nacionalismos inofensivos». El nacionalismo cierra, no abre; excluye, no une, da alas a la pasión anulando la razón; y en esa tesitura se pretende por todas las vías «vasconizar» Navarra. Y como ha ocurrido con otras autonomías, se ha elegido, con mucha sabiduría, la vía educativa como el mejor cauce para lograrlo. Hay en todos los terrenos, y el educativo es el buque insignia, una ofensiva en toda regla para que Navarra se integre en el País Vasco. No se puede olvidar lo que dijo en 1977 Arzallus en El País: “…vamos a entablar la guerra política en Navarra y en los próximos años va a quedar sacudida por este signo: Euskadi sí; Euskadi no; lo cual la radicalizará y terminará metiéndola en Euskadi». Por ejemplo con la desatada implantación de ikastolas en la Ribera navarra. Y si eso ocurriera, entraríamos en una dinámica de notable peligro para la unidad de España. Pensar en una España con separación de Cataluña y el País Vasco (con Navarra) supondría, entre otras cosas, la pérdida de un 20% de la población y casi un 30% del PIB. Y desde luego, una ruptura social y cultural muy lacerante. De ahí la importancia de que Navarra conserve su independencia e identidad propias, sin perjuicio de las buenas relaciones sobre todo económicas que ha tenido y debe tener con la Comunidad Vasca; pero una cosa es la relación de hermandad y otra la de filiación.

El actual Gobierno de Navarra está compuesto por formaciones políticas (Geroa Bai, Bildu..., etc.) que unidas tienen mayoría parlamentaria y que de un modo inequívoco se declaran partidarias de la anexión de Navarra al País Vasco. Impacta la declaración de la presidenta de ese Gobierno que dijo el 22 de julio de 2015, en su toma de posesión, que «soy consciente de ser una presidenta abertzale en una región no abertzale». E impresiona más cuando hace un año dijo que «el euskera la lengua de los navarros fraguó la identidad de un territorio, Navarra, y de sus habitantes, los navarros». La realidad es que sólo el 6% de la población utiliza el euskera. Pero que haya un gobierno empeñado en ello y además lo hace con sentido nacionalista y toma la educación como arma ofensiva, es muy preocupante como estamos viendo en el caso catalán.

El reto de no perder su identidad es hoy el mayor desafío para la sociedad navarra.

Juan Antonio Sagardoy Bengoechea es académico de número de la Real de Jurisprudencia y Legislación. miembro del Colegio Libre de Eméritos.

Jóvenes catalanes contra el separatismo: “1-O, ni olvido, ni perdón, golpistas a prisión”
Manifestación juvenil en Barcelona a favor de la unidad de España para contrarrestar los fastos de los CDR por el 1 y el 3-O.
 Libertad Digital 4 Octubre 2018

"Ni olvido, ni perdón, golpistas a prisión". Dos centenares de jóvenes han marchado este atardecer por Barcelona con banderas rojigualdas. Coreaban consignas a favor de la unidad de España y en contra del golpe de Estado separatista. Son "los de la plaza Artós", un grupo de jóvenes del barrio barcelonés de Sarrià que comenzaron a salir a la calle en pleno golpe de Estado del año pasado.

En medio de las celebraciones separatistas por el simulacro de referéndum y la huelga general de octubre del 17, "los de Artós", que así se hacen llamar, han vuelto a manifestarse. En los días más crudos del golpe de Estado, estos jóvenes desconcertaron al separatismo con marchas de banderas españolas a plena luz del día. Grupos de ciudadanos se encontraban en la calle oponerse a la declaración de independencia de Puigdemont. Eran las vísperas de la gran manifestación del 8 de octubre del año pasado, día en el que más de un millón de personas colapsaron la capital de Cataluña para frenar el atentado contra la democracia en España.

A día de hoy se mantienen activos. No sólo el separatismo exhibe músculo. Este miércoles han recordado a los separatistas que las calles no sólo son suyas. Un grupo de autoproclamados antifascistas han tratado de reventar la manifestación a favor de España. Los Mossos, vendidos y utilizados por sus jefes políticos, han utilizado las porras contra los provocadores. La manifestación contra el golpismo transcurría pacíficamente. La contramanifestación buscaba el choque. La CUP, ERC, los CDR y la Asamblea Nacional Catalana (ANC) piden la cabeza del consejero de Interior por evitar las confrontaciones que persiguen los cachorros de Torra.
 


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