AGLI Recortes de Prensa   Martes 9  Octubre 2018

El momento de Vox
Cayetano González Libertad Digital  9 Octubre 2018

En política, como en otros órdenes de la vida, hay una serie de factores que contribuyen al éxito o fracaso de un proyecto: dar con el momento adecuado, tener sentido de la oportunidad, ser percibido como útil o incluso como necesario. Algo de eso le ha pasado a Vox, partido que nació en enero de 2014 y que, tras una dura travesía por el desierto, sin obtener escaños en las elecciones europeas, generales y autonómicas que se han ido sucediendo, con problemas internos y un descarado boicot de casi todos los medios de comunicación, se encuentra ahora con unas expectativas de voto que le pueden dar representación en próximas citas electorales.

El uno de setiembre de 2014 publiqué un artículo en este mismo espacio de opinión de LD que titulé "El negro futuro de Vox", y en el que, después de recordar algunos episodios poco edificantes que habían sucedido ese mismo verano en ese mismo partido, tras no obtener escaño en las elecciones europeas, decía lo siguiente:

En teoría, hay motivos más que suficientes para justificar la necesidad de la existencia de una formación como Vox, a la derecha del PP, que defienda lo que este partido de forma suicida ha dejado de defender. Pero en la práctica, en el momento presente, su viabilidad es muy complicada. En algún momento una formación como Vox será necesaria, pero quizás ese momento no ha llegado todavía.

Parece claro que ahora sí, que ahora ese momento ha llegado. Primero, gracias a la perseverancia y constancia de los líderes de Vox, con un Santiago Abascal curtido en muchas batallas contra ETA y contra el nacionalismo en su tierra vasca natal y un referente moral para muchísimos españoles como es José Antonio Ortega Lara. También ha ayudado, sin duda, la labor de destrucción ideológica del PP llevada a cabo por Rajoy. Se calcula que Vox podría recibir en torno a medio millón de votos procedentes del PP. Se puede argumentar, y con razón, que el discurso de Pablo Casado, en el escaso tiempo que lleva al frente de los populares, dista mucho del de Rajoy, y que aquél es consciente de esa fuga de votos hacia la derecha que puede representar Vox, razón por la que está haciendo hincapié en una serie de mensajes sobre cuestiones que en otro tiempo fueron señas de identidad del PP, para intentar recuperar ese voto perdido.

Los insultos y descalificaciones que está recibiendo Vox desde sectores mediáticos de la izquierda le vienen muy bien, porque lo único que conseguirán será fidelizar el voto que ya tiene. Más llamativas resultan algunas valoraciones que se han hecho desde el PP, por auténticos genios del análisis político como Javier Maroto o Rafael Hernando. El primero ha dicho que "el voto a Vox significa tener a Sánchez cuatro años más en la Moncloa", y el exportavoz parlamentario ha expresado la siguiente ocurrencia: "Que haya un partido de ultraderecha era un sueño de la izquierda".

Menos mal que el propio Pablo Casado ha puesto un poco de orden y mostrado su respeto a Vox, destacado su buena relación con Abascal, señalado sus coincidencia en muchas cuestiones, su discrepancia en otras y, sobre todo, hecho hincapié en que su empeño es aglutinar a todo lo que hay a la derecha del PSOE para hacer frente a la grave situación que atraviesa España, con el Gobierno frentista de Sánchez y el golpe de Estado en Cataluña. Que Casado lo consiga o no es una cosa que está por ver, y, además, está el ejercicio libre de los ciudadanos a la hora de votar. Tengo para mí que los llamamientos que se puedan hacer desde el PP al denominado "voto útil" cada vez van a funcionar menos y a enfadar más, sobre todo a quienes durante bastantes años se han sentido engañados por ese partido con ese tipo de argumentos. Y si esos desencantados votan a Vox, será en el ejercicio legítimo de un derecho fundamental. Como dijo Aznar en junio de 2015, refiriéndose a su partido: "No hay electorados cautivos, no hay votos cautivos, ni siquiera el mío". Rajoy no tuvo en cuenta ese aviso de su mentor y así le fue.

Los verdaderos enemigos de la democracia
Jorge Mestre okdiario  9 Octubre 2018

En los últimos tiempos asistimos a una adulteración tendenciosa del lenguaje, con clara finalidad política, que pretende situarnos a los enemigos de la democracia en ese espectro político que homologa el populismo con la extrema derecha. No hace mucho que el ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, decía que las formaciones que dirigen Casado y Rivera competían “en el lado extremo de la derecha”. Sin embargo, desde que el CIS apuntó a que VOX podía lograr representación parlamentaria, un buen número de analistas y medios de comunicación se han echado en tromba contra el auge de la llamada extrema derecha que había estado tiempo prácticamente huérfana de una marca política. Y es ese advenimiento de la denominada extrema derecha del que nos alertan como un riesgo para nuestra democracia.

Aquí se mezcla, por un lado, a VOX, y en días alternos al PP e incluso a Ciudadanos. Fuera de nuestras fronteras, a Viktor Orban, primer ministro de Hungría, y Matteo Salvini de Italia. Del discurso de los 90 donde la extrema derecha en Europa la encabezaban líderes políticos como Jean-Marie Le Pen y Kurt Waldheim en Austria, hemos pasado a relativizar los límites de la extrema derecha como desde algunas tribunas se nos quiere hacer ver. Equiparar control de la inmigración ilegal con xenofobia, racismo y extrema derecha es un verdadero disparate que pretende extraer inútilmente rédito electoral desde una izquierda que ronda de día con los suyos y flirtea con unos antisistemas que rechazan de entrada el proceso constituyente español.

Lo que VOX pide respecto a la inmigración es lo mismo que aplica el gobierno liberal de Australia que dirige Scott Morrison. Yo no he oído a ningún dirigente europeo decir que en el gobierno australiano esté instalado la extrema derecha. El canciller austríaco, Sebastian Kurz, de la familia del Partido Popular Europeo, también está en el mismo grupo de países que como Hungría o Italia defienden un mayor control de la inmigración ilegal. Pero como tradicionalmente ha guardado buena relación con el especulador millonario George Soros su red de lobbies y ONGs lo respetan por ahora y no le etiquetan de “fascista”. Ni Orban, Ni Kurz, ni Scott persiguen dejar que los seres humanos que tratan de buscar mejor vida en suelo europeo perezcan en el mar. Eso es lo que una parte de la izquierda política y sus satélites mediáticos nos venden. El objetivo es luchar contra los traficantes de seres humanos y disuadir a los inmigrantes de una peligrosa travesía que, en el caso de Australia, por ejemplo, costó la vida a más de un millar de personas.

Aquí nunca hablamos de la cifra de inmigrantes que mueren cada año ahogados en el Mediterráneo por culpa de unos traficantes ilegales que los conducen a ese fatídico destino. Casi 8.200 personas han fallecido intentando cruzar el Mediterráneo en los últimos dos años. Y eso son sólo estimaciones. La política migratoria no hace a un partido más o menos democrático siempre que la separación de poderes y el respeto a los derechos individuales sean defendidos. Lo que sí hace a un partido menos democrático es cualquier ensoñación dirigida a coartar la libertad de expresión. Y aquí, el Gobierno de Sánchez va camino de ello.

Es el Gobierno ¡estúpido!
Enrique Navarro Libertad Digital  9 Octubre 2018

La historia moderna de la política ha sido un enfrentamiento constante entre el gobierno y los ciudadanos; es decir entre los que creen que el eje de la política radica en el poder ejecutivo y los que piensan que éste debe estar en los ciudadanos. En el primer plato de esta balanza se asientan los partidos conservadores y socialistas, que comparten una única preocupación; quién debe gobernar; o mejor dicho, dirigir toda la acción política para obtener el gobierno. En el otro plato de la balanza se hayan los denostados liberales, cuyo principal eje vertebrador consiste en delimitar los poderes del gobierno frente a las personas.

La alternancia en el poder de socialistas y conservadores sólo ha tenido un destino común, la macrocefalia del gobierno, invadiendo progresivamente todo lo que tiene que ver o afecta a la vida del ciudadano. Y este largo periodo de postguerra nacido en 1945, sólo ha servido para justificar moralmente la falacia, es más, el imperativo categórico, de que sólo los derechos estarán garantizados con gobiernos fuertes; en especial los denominados derechos sociales, una definición manifiestamente tergiversada para justificar la invasión del estado en la economía y en la asignación arbitraria de derechos.

Al Partido Popular, como a todos los partidos de la derecha, les encantan los gobiernos poderosos, con fuerzas de seguridad y armadas que reflejen el poder del estado; que concentre más y más competencias, especialmente al servicio de su moral, que es muy respetable pero sólo suya. La derecha nunca adelgaza gobiernos ni baja los impuestos salvo para recaudar más, utilizando una falacia económica de dudoso contraste en términos generales.

A la izquierda, también le apasiona el gobierno; regular al máximo la vida de los ciudadanos en la creencia diseñada por Hobbes, de que el hombre es un lobo para el hombre; cuando más bien debería redefinirse el término por el "el Gobierno es un lobo para el hombre". En los partidos socialistas se ha extendido la idea de que la clase profesional política y los funcionarios se hayan en la mejor ubicación moral e ideológica para hacer política social, que los ciudadanos individuales nunca harían, basándose en la desconfianza que les generan las personas guiándose por su libre arbitrio.

Pero este planteamiento es en primer lugar inmoral; es impropio de un sistema democrático y por último es falaz.

No hay nada más inmoral que ser irrespetuoso con otras moralidades; y el conservador recela de otros modos de vida o de relación que no se asemejen a su modelo tradicional. Tampoco parece muy moral pensar que las personas son capaces de elegir gobernantes, de sacar adelante a sus familias o empresas, y que nunca podrían decidir lo mejor para la colectividad sin el superior mando del gobierno. Y sobre todo es inmoral porque supeditamos el bienestar de todos los ciudadanos a una elección basada en criterios cambiantes y a menudo poco éticos; es decir si nos equivocamos y nombramos a un gañán, no hay forma de quitárselo de encima una vez que se asienta sobre la estructura mediática dominada por el gobierno y pagada por los ciudadanos, para lo que sin duda sí que son útiles las personas.

En una democracia avanzada como la mayoría de las europeas, las personas tienen unos criterios morales y pragmáticos mucho más elevados o al menos iguales que la de los ciudadanos que ocupan los gobiernos y la administración; son capaces de organizarse con mayor flexibilidad y de generar adhesiones a grandes objetivos morales, políticos y económicos. Elegir a un dictador cada cuatro años, sin controles reales sobre la gestión, sin capacidad de crítica ante una legión de medios de comunicación subvencionada, sin posibilidad de recurrir al Constitucional cuando se vulneran derechos fundamentales, cuando se permiten golpes de estado que ya han sido perdonados cuando todavía huele el cadáver de la Constitución en Cataluña, es la clara demostración de que los gobiernos desoyen a sus ciudadanos; que les dirigen en su vida económica, familiar y moral, sin atender a sus criterios individuales sino a las necesidades de un político que busca la reelección como el principal objetivo político en si mismo. Un gobierno que domina el 50% del producto interior bruto y amenaza al otro 50% es un gobierno de escasa pureza democrática.

Finalmente es una falacia. No es cierto que necesitemos de gobiernos fuertes para garantizar el acceso a la vivienda, el final de la pobreza infantil, la escolarización plena, el salario mínimo digno; de hecho ninguno de estos objetivos se ha conseguido a pesar de décadas de gobiernos omnipotentes, luego ¿Por qué insistimos en el modelo que además de amenazarnos constantemente en base a una supuesta superioridad moral del gobierno frente a los ciudadanos, ha sido incapaz de terminar con las miserias que nuestra sociedad todavía padece?

La alianza del sector público y la clase política, fruto de la constante politización de la primera, es el mayor obstáculo para el desarrollo social y económico; donde el sector productivo asiste impávido al desarrollo de una serie de privilegios cuyo coste al final recae sobre los que generan riqueza, trabajadores, autónomos, creativos y empresarios.

Por eso ha llegado la hora de dar una oportunidad al liberalismo; al ciudadano frente al estado; el gobierno debe, como mucho, ser el timonel que ajuste la deriva de la nave nación, pero de ahí a que sea el armador hay una gran diferencia. Pero ¿De qué sirven los gobiernos fuertes si cuando chocamos con el iceberg, se empeñan en decir que no pare la música, mientras el buque nación se hunde?

El gobierno en el liberalismo moderno tiene un gran papel esencial, hacer que se cumplan los derechos de los individuos y se respeten, especialmente por los propios gobiernos, y no necesita para ello de miles de regulaciones, códigos ni de una legión de funcionarios, sino de un adecuado sistema de incentivos y penalizaciones. No se trata de definir quién va a gobernar si no de para qué queremos al gobierno, y de cómo vamos a controlar que está a nuestro servicio.

En una sociedad plural, confiar en los ciudadanos no es transferir el poder a los ricos, horroroso concepto que mantengo por claridad, en el empresario opresor enemigo de los derechos mal llamados sociales, explotador en la terminología marxista, sino en todos y cada uno; pensionistas, parados, trabajadores, empresarios; seguro que todos y cada uno de ellos saben mejor que nadie cómo deben ser manejadas sus vidas, sus valores y sus destinos; sólo necesitan que el gobierno asigne los recursos para corregir los desequilibrios, pero sin invadir esferas de privacidad, sin imponer su moral, sin bombardearnos con sus proclamas ni monopolizando el producto interior bruto. El problema, parafraseando a Clinton, es el gobierno, estúpido.

Sánchez y su alergia a la democracia
ABC  9 Octubre 2018

El presidente del Gobierno ha confundido lo que debería ser la agenda razonable y realista de un Gobierno precario con una estrategia de supervivencia personal. El coste de esta distorsión de la realidad está siendo un deterioro del sistema democrático y parlamentario. Por un lado, Sánchez elude sistemáticamente el control de la opinión pública, evitando comparecer ante los medios de comunicación para someterse a sus preguntas o amenazándolos con querellas o leyes mordaza. Por otro lado, Sánchez y su Ejecutivo han decidido no comportarse como el gobierno de una democracia parlamentaria, generando riesgos autoritarios en la toma de decisiones que sólo persiguen esquivar la ausencia de una mayoría estable en el Congreso.

El Ejecutivo socialista tiene previsto un plan alternativo en caso de que su proyecto de ley de presupuestos sea derrotado en el Parlamento. Consiste en acudir, de nuevo, al Real Decreto-Ley para aprobar impuestos que financien lo que la izquierda llama «agenda social», que suele consistir en un incremento del gasto público sin una paralela reforma de la gestión para aumentar la eficiencia del sistema. La retórica socialista envolverá estas iniciativas en el mantra de «la reconstrucción del Estado de Bienestar», nunca tan destruido como en el último mandato del Gobierno de Zapatero. Sánchez miente y no cumple sus promesas. Evita rendir cuentas y se oculta de la opinión pública. Es débil en el Parlamento y utiliza atajos para pasar por encima de las Cámaras. España se asoma a una nueva crisis y el PSOE reclama el derecho a llevar a España de nuevo a la ruina, como si fuera legítimo que cada nuevo Gobierno experimentara a su gusto con el país. Otra vez los socialistas niegan los avisos de la desaceleración y engañan al ciudadano con el señuelo de más gasto público, más deuda y más déficit. El bucle socialista del fracaso.

Cien días económicos de Sánchez: de la tesis a la antítesis
J. S. Íscar okdiario  9 Octubre 2018

Pedro Sánchez ha cumplido en estas fechas 100 días desde que llegó al Gobierno a lomos de aquel engendro parlamentario donde cabían desde el partido de Otegi y lo que se llamó “brazo político de ETA”, después ilegalizado como parte de la banda terrorista asesina, hasta los partidos cuyos líderes están en la cárcel por el intento de golpe de Estado en Cataluña, pasando por el apoyo del populismo comunista y de extrema izquierda de Podemos. Eso conformó un Gobierno de 84 diputados, rehén de sus acuerdos, cuyas deudas le exigen ahora al cobro.

Pues bien, durante estos 100 días en el banco azul —no se puede decir que sea gestión lo que han hecho, sino mera estancia en el poder—, Pedro Sánchez ha dibujado un camino que daña lo más profundo de nuestra estructura económica, deshaciendo todo el trabajo que permitió enderezar la economía española desde el estado de hundimiento en el que la dejaron los socialistas, con Zapatero a la cabeza, en 2011.

De esta forma, esquemáticamente, Sánchez ha perpetrado —o pretende perpetrar— lo siguiente:

Un incremento desorbitado del gasto público, en 6.000 millones de euros. Es decir, 6 décimas del PIB, que elevará el déficit en dicha cuantía.
Dicho incremento del déficit hará que España incumpla sus compromisos con Bruselas, elemento que dañará nuestra imagen y que hará que España sea poco fiable.

Ante dicho incremento de gasto, pretende subir cuatro o cinco puntos el IRPF para el tramo de más de 140.000 euros, hecho que empobrecerá a muchos contribuyentes, que son, además, los que aportan más de 8.000 millones de recaudación por ese impuesto. Si muchos, por ello, emigran, se perderá ese sostén recaudatorio. Adicionalmente, aunque permaneciesen, no serviría de nada, pues la propia ministra de Hacienda ya ha dicho que es una medida cosmética para contentar a Podemos, sin impacto positivo en las arcas públicas.

Esta barbaridad puede ser frenada por el Senado, como recoge la Ley de Estabilidad Presupuestaria, pero Sánchez pretende quitarle la voz a la Cámara Alta a través de una ignominiosa enmienda en la Ley de Género, treta que ha parado la mesa del Congreso.

Sánchez va camino de hundir el sector del automóvil, tan importante en España, al incrementar el gravamen sobre el diésel.

Por último, su buenismo socialista pone en riesgo los pactos internacionales de España y las relaciones económicas internacionales, al generar polémica con la venta de bombas a Arabia —llamadas después por los socialistas, para justificar que continúe la transacción, “misiles inteligentes”—, que puede hacer que no puedan venderse corbetas encargadas por dicho país, con el quebranto para España a través de Navantia.

Si en su controvertida tesis exponía que la diplomacia económica jugaba un papel muy positivo para el crecimiento económico de España, sin duda ahora está aplicando la antítesis, pues con sus medidas económicas nos lleva hacia el abismo. Debe convocar elecciones de inmediato y dejar, así, que los españoles decidan.

El elefante sigue ahí
Es innegable que Sánchez hizo trampas en su tesis y en su libro
Luis Ventoso ABC  9 Octubre 2018

El elefante sigue en la habitación, aunque la verdad oficial establezca que el paquidermo no existe. El elefante es grande, barrita e incordia al eventual ocupante del poder; aunque los medios «progresistas» y los de querencia pesebrista se hayan plegado a la presión gubernamental e impongan un telón de olvido sobre el corpulento mamífero proboscidio.

Sánchez, único dirigente del orbe que cada cinco frases se llama a sí mismo «presidente», continúa enmarañado en la red de embustes que tejió alrededor de su tesis doctoral. Los estrategas monclovitas contaban con que ABC, el periódico que reveló los plagios el pasado 13 de septiembre, «acabará aburriéndose del tema». Lo que unido al toque de corneta ordenando silencio a los suyos bastaría para pasar página. Pero el elefante, ay, sigue siendo enorme y resulta imposible no verlo.

El primer reflejo de Sánchez cuando asomó la amenaza fantasma de su tesis fue mentir y amenazar a la bancada de Ciudadanos con un «os vais a enterar», insólito en un gobernante democrático. Rivera le había preguntado por qué no estaba a disposición del público su trabajo de doctor cum laude. Sánchez, muy irritado, respondió que sí lo estaba, que se hallaba «colgado» en internet. Al responder así mintió en el Parlamento, pues 52 horas después el Gobierno anunció que por fin subía la tesis, haciendo obvia la falsedad del jefe del Ejecutivo.

El día de la publicación de la exclusiva de este periódico, Sánchez madrugó para subir un tuit amenazando con represalias en tribunales. Posteriormente remitió un escrito de rectificación, que por ley es obligado recoger. Sin embargo no ha consumado su amenaza de pleito. ¿Por qué? Pues porque el cúmulo de pruebas de sus corta y pegas y chapuzas en su tesis y libro es tal que ir a tribunales solo le serviría para amplificar su engaño. Está probado que en la tesis hay textos de otros autores que no son referenciados según las normas académicas. Está probado que plagió de documentos oficiales e incurrió también en autoplagios, refritando artículos suyos previos, práctica vetada en una tesis. Está probado que las citas están plagadas de errores, algunos tan risibles como hablar del autor Voir M. Granovetter, cuando «voir» es su copia chapucera del verbo «ver» escrito en francés (tal autor pasa así a tener Ver como nombre de pila). Está probado que el libro que publicó con el material de la tesis plagia una conferencia y documentos oficiales (según destapó un periódico afín al propio Sánchez, quien despachó el engaño con un simple «se corregirá»). Por último, sigue pendiente una respuesta del Gobierno ante una gravísima acusación de la compañía alemana PlagScam, que sostiene que Moncloa manipuló su programa de software antiplagio para dar solo un 0,96% de copia en la tesis, cuando la firma germana asegura que el resultado correcto es un 21%. Parafraseando el célebre micro cuento de Monterroso: Cuando Sánchez se despertó, el elefante seguía allí.

Cerramos con una gran cita: En Alemania, «personas con responsabilidades ministeriales y a las que les han descubierto que han plagiado una tesis, lo que han hecho es dimitir» (Doctor Pedro Sánchez Pérez-Castejón, 1 de junio de 2018 en el Congreso).

Torra y Vox
José Antonio Zarzalejos elconfidencial  9 Octubre 2018

El mitin de Vox en Vistalegre el domingo pasado ha dado carta de naturaleza a un partido político que, electoralmente, no ha acreditado su dimensión, aunque en términos demoscópicos pueda representar al 1% del electorado. La oportunidad de su emergencia se producirá en los comicios europeos de mayo de 2019, porque la circunscripción electoral es única y resulta plausible que obtenga alguna representación, como probablemente sucederá con el partido animalista (Pacma).

La formación que dirige Santiago Abascal es una versión española del populismo de derechas que está muy presente en Europa. Se trata de una organización con tesis iliberales que se catalogan en el coloquialismo político como de ultraderecha o extrema derecha. Vox está en línea con las tesis de Salvini, Le Pen, Orbán y otros. De las formaciones que estos lideran toma préstamos en sus 100 medidas presentadas el pasado domingo: desde la reclamación de deportaciones de inmigrantes al antifeminismo, la lucha contra el aborto y la defensa de la familia, todo ello —y más aspectos— llevado a términos extremos.

Vox llena Vistalegre con el objetivo de ganar escaños en las próximas elecciones

No era realista suponer que en España no se produjera una manifestación de iliberalismo populista desde la derecha, como ya la teníamos desde hace años (2014) en la izquierda que representa una parte de Podemos (la de Iglesias, no la de Errejón). Pero seguramente Vox no habría alcanzado el grado de notoriedad del que ahora dispone si no hubiese recibido un estímulo reactivo que podríamos denominar autóctono. Me refiero, por supuesto, al proceso soberanista, que ha puesto en peligro objetivo la integridad territorial de España consagrada en la Constitución (artículo 2).

No extraña que haya un sector que replique en términos sentimentales y dialécticos exorbitantes —y, desde luego, también programáticos— a políticos como Quim Torra, presidente de la Generalitat de Cataluña, un político sin credenciales y un activista mediocre que confraterniza intelectualmente con la peor tradición hispanofóbica del nacionalismo catalán, cuyos orígenes se sitúan en el primer tercio del siglo pasado y el romanticismo decadente del XIX. El resultado de esas caminatas xenófobas de Torra remite a sus escritos ofensivos para los españoles (“carroñeros, víboras, hienas, bestias con forma humana”) que este personaje no ha remediado con la petición de un sincero perdón. Por ello, es en ese independentismo que ha adquirido las peores adherencias ideológicas y las peores prácticas también ilberales (las tesis de Carl Schmitt están muy presentes) donde reside el mecanismo de reacción que propulsa a Vox.

Recordaba Joan Coscubiela en el programa de Ana Pastor ('El Objetivo') del pasado domingo que TV3 gusta de enfrentar en sus debates a representantes de Vox con secesionistas para aumentar el voltaje del choque y alimentar así la victimización de un secesionismo fracasado al que a Antoni Puigverd ('La Vanguardia' de ayer en el artículo titulado "Tragicomedia de otoño") inspira “vergüenza ajena”, y al que acusa de estar empeñado en “dar la razón a sus adversarios”, para añadir que “ahora la épica y la lírica independentistas se han convertido en motivo de escarnio y caricatura”, para rematar que los dirigentes separatistas “han convertido la política catalana en una comedia de enredo”, preguntándose: “¿Olvidan que la farsa es el prólogo del desprestigio?”. Es recomendable la lectura de este durísimo artículo porque viene de la pluma de una personalidad del catalanismo que no se ha distinguido precisamente por redacciones contundentes sino, por el contrario, siempre matizadas. Escrito en un medio que no fuera catalán, este texto resultaría insoportable para el convencionalismo de algunos sectores mediáticos de allí.

En ese fraude del proceso, al calor de sus muchos acontecimientos y desvaríos, hay que enmarcar este sarpullido (de momento) de Vox. Que tendrá continuidad en la medida en que Torra y lo que él significa sigan operando en la vida política española y poniendo en riesgo los fundamentos constitucionales que el partido de Abascal ya quiere tumbar: las autonomías. En las que, por cierto, gobierna (algunas) el PP y en las que el apoyo de Ciudadanos —a populares o socialistas como en Madrid y Andalucía— es decisivo. De ahí, entre otras muchas razones, que atribuir a una supuesta radicalización de Casado y/o de Rivera la explosión patológica de emotividad patriótica del pasado domingo en Vistalegre sea una añagaza de la izquierda y de los nacionalismos para deteriorar a los conservadores y liberales españoles que, sometidos a contraste con sus pares en los países de la Unión Europea, resultan irreprochables.

La extrema derecha, el iliberalismo —en definitiva, el populismo de Vox—, no se ha activado por los movimientos del PP y de Cs sino por el estímulo reactivo hiperbólico de lo que representa Torra en cuanto simple vicario de Puigdemont, actores de la “tragicomedia” otoñal a la que se refiere Puigverd en su ya mencionado artículo. Ocurre lo mismo cuando el PSOE pide lealtad a Casado y Rivera, obviando que a quien debe reclamarla es a sus aliados en la moción de censura: Podemos, el partido de Puigdemont que sostiene a Torra, la ERC de Junqueras y el PNV de Ortuzar y Urkullu.

El proceso soberanista es destructivo. Lo he escrito decenas de veces. Lo es con las realidades y valores de Cataluña. Pero también del conjunto de España. Y es directamente responsable, como efecto colateral, de la aparición de expresiones radicales como Vox, que no pueden tener conexión alguna con la derecha y el liberalismo español (PP y Cs) a los que primeramente quiere destruir para sustituirlos. Por fin, Vox no concierne solo a estos partidos, sino al entero sistema de representación, como se ha acreditado en escenarios extranjeros muy próximos.

Que viene el lobo
Carlos Esteban gaceta.es  9 Octubre 2018

Vox reunió a unas 10.000 personas en Vistalegre, y eso es terrible para El Mundo, terrible para La Razón y no ha sucedido para mis otras dos cabeceras. En ABC, que da una sola noticia, la cosa tiene un pase; en El País, que da ocho titulares en primera, algo menos.

Y es curioso, porque muchas de las otras noticias de sus primeras ayudan a entender qué hacían allí esas diez mil personas. Por ejemplo, la primera noticia de El País: ‘España pide a la UE que dé más fondos a Rabat para la migración’. Naturalmente, quieren decir para la NO migración. Y no puedo dejar de preguntarme qué hubiera pensado un español, cualquiera de nosotros, hace veinte años de un titular de prensa como este. Piénsenlo: España, un Estado soberano, ve preocupado cómo su vecino del sur facilita a todos los subsaharianos que lo deseen atravesar ilegalmente las fronteras de nuestros país, así que nuestro gobierno se dirige a unos tipos que viven en Bruselas para que paguen a Marruecos con el dinero que nos sacan a los europeos para que deje de hacerlo. Retorcido, ¿no?

Al lado, y con foto, ‘Brasil vive las elecciones más turbulentas de su democracia’. No querría ofender a ningún lector brasileño, pero no es un país cuya historia esté ayuna de elecciones turbulentas. ¿A qué llama, entonces, El País, “las elecciones más turbulentas”? A unas en las que el candidato de la derecha arrasa, naturalmente.

En ABC vemos a Sánchez de espaldas en la pista dirigiéndose al Falcon: ‘Sánchez acapara la agencia exterior y restringe la del Rey’. Sánchez actúa en todo como un tipo a quien el banco hubiera ingresado una millonada por error y quiere vivir a todo trapo antes de que se enmiende el error.

Su proyecto es ese, en realidad: exprimir las posibilidades de goce antes de despertar del sueño, sabiendo que está donde está por una retorcida carambola del destino.
Nos cuenta El Mundo que ‘Arabia Saudí vetó al Gobierno de Sánchez en la inauguración del AVE a la Meca’, lo que no nos extraña nada y nos da cierta envidia: ¿quién no querría vetar al Gobierno de Sánchez?

De segundo, con foto, lo de Vistalegre: ‘Vox se reivindica en Madrid con un ataque radical contra PP y Cs’. Bueno, sí, claro. Debajo, un entrecomillado del borrador de Ley de Infancia que prepara el Gobierno: “Se prohíbe cualquier tipo de castigo físico o psicológico a los niños”. A ver: están el castigo físico, el castigo psicológico y… ¿cuál era el tercero? Ah, no, que cualquier castigo es físico o psicológico. Es decir, se prohíbe el castigo a los niños, punto. Lo que solo, exclusivamente, irremediablemente, puede llevar a una de estas dos consecuencias: o la gente deja de tener hijos (en mayor proporción, digo), o se salta sistemáticamente la ley. Esa es la esencia de la anarcotiranía: leyes que sean imposibles de cumplir y que solo se apliquen caprichosamente a modo de arma contra los enemigos del poder. Sin desincentivos de ningún tipo, las criaturitas se convierten en tiranos que nadie en su sano juicio querría tener en su casa siendo, como son, también una pérdida de dinero, libertad y energía.

Y si el Gobierno cree que basta con los incentivos positivos, ¿por qué no hace lo mismo con los adultos? ¿Por qué hay cárcel? ¿Por qué, si no pago a Hacienda lo que debo, no viene un cariñoso funcionario de la Agencia Tributaria a explicarme con mucho amor que el Gobierno se va a poner muy, muy triste y los pensionistas no van a poder comer si no aporto mi cuota?

En La Razón, ‘Sánchez enviará a Bruselas unos Presupuestos ficticios’. Bueno, si Bruselas los acepta, da un poco igual, ¿no? ¿Qué no es ficticio en este gobierno?
Y lo de Vox: ‘Vox exhibe músculo con su mensaje “anti”: “Los españoles, primero”. A diferencia del propio diario que, si alguien se toma la molestia de revisar sus últimas 500 portadas, no encontrará nunca jamás un mensaje “anti”.

VOX no debe verse como enemigo del PP ni Ciudadanos
“Cuando las arañas unen sus telas pueden matar un león” Proverbio etíope
Miguel Massanet diariosigloxxi  9 Octubre 2018

Cuando los que nos consideramos conservadores de las tradiciones, defensores del libre comercio, amigos de las libertades individuales, enemigos del caos y de la dictadura comunista, mantenedores de la Constitución del 1978 y partidarios acérrimos de la unidad de España y de la igualdad entre todos los españoles; nos encontramos ante una situación en la que se juntan, en un congreso de un partido, unos cuantos miles de españoles, en este caso convocados por VOX, que reúnen todas las condiciones mencionadas anteriormente, en un lugar como la plaza de Vistalegre, abarrotada hasta la bandera y cuajada de esta hermosura, alegría para los sentidos, que pocas veces tenemos ocasión de contemplar, consistente en una verdadera invasión de los colores rojigualdas de nuestra bandera, repetidos hasta formar un gozoso espectáculo de policromía bicolor para regocijo de todos aquellos que continuamos sintiendo, en nuestro corazón, este profundo amor por nuestra patria, desgraciadamente en trance de perder su identidad, si es que sigue en manos de gobiernos incapaces de defenderla de aquellos que, desde el comunismo bolivariano, desde el extremismo de quienes intentan cambiar la estructura democrática del país o desde las pretensiones soberanistas de aquellos, cuya aspiración máxima consiste en conseguir desmembrar la nación española, para debilitarla y dejarla a merced de todos aquellos que ha esperado siglos intentando conseguir hacerse con ella.

El mero hecho de que, esta exitosa convocatoria de diez mil personas en la plaza de Vistalegre, donde todos los reunidos son partidarios de una España fuera de las manos de la izquierda venida de fuera de España, en concomitancia con los resentidos que siguen guardando su rencor desde sus ideas tabernarias ancladas, después de casi un siglo, en sus viejos e irrepetibles intentos de implantar el rancio comunismo soviético que, desde un intento de restablecer en nuestra nación el Frente Popular, en febrero de 1936, afortunadamente sin éxito, pese a que la incuria de nuestros gobernantes, la tolerancia de nuestras instituciones y la inconsciencia de una sociedad instalada en la comodidad, el egoísmo de sentirse instalado en la buena vida, la poca o nula afición por la política, y la falta de estímulos que los alertaran de los peligros que rodean a toda sociedad, instalada en la seguridad de que nada malo puede ocurrir, de que los “malos” siempre acechan escondidos en las alcantarillas de la traición, la deslealtad, la envidia y el afán de venganza que siempre existe en aquella parte del lumpen social, que se siente postergado por la sociedad en general; todavía no han conseguido su propósito. Ha puesto en aviso, por distintos motivos, a izquierdas y derechas, celosas y preocupadas de que un partido al que no se le había concedido posibilidad alguna de formar parte del arco político del país, haya sido capaz de despertar, de asomarse a la ventana del Parlamento y ser capaces de conseguir, si los distintos estudios realizados por las empresas de confección de encuestas no fallan, en las próximas elecciones, arañar algunos escaños para la próxima legislatura.

El efecto en las izquierdas, que se ha apresurado a ponerle el san Benito a Vox de ser de extrema derecha, sin que exista motivo alguno para aplicarles tal apelativo si no es que, para los de la izquierda, si bien son capaces de las ideas más atribularías y las actuaciones más totalitarias, lo que nunca consienten es que haya quien sostenga unas ideas radicalmente contrarias a las suyas sin que, por ello, dejen de calificar a quien las mantenga de ser un extremista, fascista, franquista y como colofón: una persona que no tiene derecho a vivir en sociedad, al menos en la que ellos en su aberración suma, piensan que debe existir. No han dejado discurso sin criticar, promesa sin descalificar, ovación sin calificar de sectaria ni himno sin acusarlo de ser una copia de otras melodías existentes (dijeron que a una canción gay de los Pet Shop Bois, le habían puesto una letra entonada como “ “En pie si eres español ¿ Y qué si así fuera? No importa quien la escribió si servía para ayudar a animar a todas aquellas personas reunidas con el sólo fin de intentar acabar con todo lo que las izquierdas han conseguido implantar durante el tiempo en que, el señor Rajoy y su PP descafeinado, teniendo mayoría absoluta, fueron incapaces de impedir. Y un periódico como La Vanguardia, de los Godó, siguiendo su línea de apoyo al independentismo, no ha tenido inconveniente, en uno de los comentarios al acto de Abascal, de sin el más mínimo miramiento utilizar, para calificarlo, la palabra “pastiche”, olvidándose de que, el hecho de utilizar una melodía para ponerle una letra improvisada para el momento, sin afán comercial ni crematístico alguno sino, simplemente, en tono festivo, no puede considerarse nunca como un plagio o una apropiación indebida, de un tema musical. Nos andaríamos con tiento, si fuéramos responsables de dicho periódico, como es el caso del director del mismo, La Vanguardia; con lo que algunos de sus colaboradores, sin el menor sentido de la responsabilidad, se atreven a publicar en su publicación diaria ya que algunos, como la señora Rahola, puede que, en sus referencias a España, a los españoles y a sus políticos rondan, en muchas ocasiones, lo que penalmente se considerarían calumnias o injurias y, en otros de sus bodrios, es muy posible que existiese una verdadera incitación a delinquir en contra de nuestra Constitución y de la unidad de nuestra nación.

En el caso de las derechas, ya comentamos en su día, cuando el señor Pablo Casado consiguió ser nombrado presidente del PP en su enfrentamiento a la, felizmente, apartada de la política activa, señora Sáez de Santamaría, corresponsable con el señor Rajoy, de lo que ha estado sucediendo en este país durante los últimos años; la posibilidad de que tuviese contactos con los señores de VOX, dado que sus intenciones puede que, si en realidad pensaba lo que decía cuando se pronunciaba como un revulsivo contra la política pazguata de su antecesor, como un político dispuesto a entrar en aquellas cuestiones que, el PP de Rajoy, había prometido que tendría en cuenta y luego, cuando subió a poder, no se sabe si por mojigatería, por no tener enfrentamientos con sus oponentes en el Congreso de Diputados o por el simple hecho de que, entre los que subieron al poder, juntamente con Rajoy, los había que no estaban de acuerdo con políticas que se pudieran considerar tan de derechas que temieran que iban a complicarles la legislatura. Y así fue como se cayó en el polo contrario y los enemigos de España y los separatistas tuvieron la oportunidad de sacar buen provecho de todo ello.

Yo de Casado no entraría, como se puede deducir de sus primeros comentarios sobre el éxito de Abascal, en descalificaciones prematuras, ninguneos precipitados o, si me apuran, en campañas descalificatorias inoportunas, gastando salvas en enfrentamientos fratricidas con un partido que, si bien puede considerarse en competencia con el PP, no hay nada en su ideario que, a una gran mayoría de los que simpatizan con el PP, no les agrade y no suscribiese si se les pusiese delante. Más bien, sin renunciar a defender con toda valentía y eficacia las propuestas, evidentemente innovadoras que, con toda seguridad va a poner a la vista de los votantes el señor Casado, olvidándose de las viejas comadres que todavía puedan quedar entre los menos maleables del PP, que pudieran aconsejarle más moderación; no le aconsejaría que perdiera su tiempo en enfrentamientos con VOX porque, si después de celebrarse las elecciones, los tres partidos que más parecen defender la actual Constitución, tuvieran oportunidad de, aliados, conseguir formar un gobierno de centro, en lugar del que pudiera proponer la izquierda, liderada por un presidente tan peligroso como es Pedro Sánchez y con la necesaria colaboración de Pablo Iglesias de Podemos, es evidente que, el riesgo de que una entente semejante representaría para la nación española, requeriría de cualquier esfuerzo o sacrificio para impedir que una desgracia semejante se pudiera consumar.

Es evidente que, desde la atalaya de mero ciudadano de a pie, no estamos lo suficientemente documentados para tener una visión como la que disponen los políticos del Gobierno o de la misma oposición, no obstante, si uno sigue con cierta regularidad los acontecimientos que se vienen produciendo en nuestro país, observa como el actual gobierno del señor Sánchez está medio desarbolado por los acontecimientos que, quieran o no reconocerlo, ya han servido para que el carisma del primer momento de su acceso al poder, vaya despareciendo poco a poco a medida que los hechos van desmontando, ladrillo a ladrillo, esta especie de torre de babel que pretendieron construir, al margen de los ciudadanos, en sus negociaciones secretas con los separatistas vascos y catalanes, por las que ofrecieron compensaciones ( fácilmente identificables en las concesiones que cada día se pueden apreciar que se les van haciendo a los separatistas) y promesas de futuras facilidades, si no para conseguir la independencia pretendida, algo que ningún gobierno puede prometer sin cometer deslealtad con la nación, puede que sean de carácter económico, de autogobierno en un sistema federal que requeriría una reforma de la Constitución, algo impensable sin la colaboración del PP.

El tema es lo suficientemente enjundioso para que se tome con sumo tiento y precaución si es que, tanto el señor Pablo Casado, como los señores Rivera y Abascal, aun manteniendo una cierta rivalidad, si es que no deciden presentarse a las municipales como una coalición (algo que, sin duda sería muy ventajoso), al menos que no hagan “sangre” en sus inevitables enfrentamientos en sus campañas electorales. Lo contrario, permítanme que lo diga, constituiría una imperdonable falta de sentido común y. con muchas posibilidades, un grave error para España entera.

Roberto Centeno acusa a El Confidencial de despedirle por un artículo sobre Franco: "Están a sueldo de Soros"
Desde El Confidencial niegan que eso haya tenido nada que ver y lo atribuyen a "una decisión estratégica"
Luis Balcarce Periodista Digital  9 Octubre 2018

Un desatado Roberto Centeno acaba a gritos con un portavoz de los pensionistas que le acusó de diseñar "políticas liberales" para "robarles la pensión"
Roberto Centeno: "El Gobierno ordenó parar las investigaciones en las instituciones bancarias"

El Confidencial ha despedido al economista y columnista Roberto Centeno tras 17 años de colaboración ininterrumpida. Centeno era uno de los columnistas históricos del digital, además de uno de los más leídos.

El 29 de septiembre de 2018 el digital que dirige Nacho Cardero publicó el artículo de Centeno titulado 'El legado económico de Franco: hechos y cifras'.

El artículo fue el más leído de ese día. También iba a ser el último: la dirección de El Confidencial decidió despedir a Centeno 48 horas después (que jamás cobró un euro por sus artículos en todos estos años) por explicar con hechos y cifras cuál fue el balance económico y social de los 40 años de gobierno de Franco.

Carlos Sánchez, director adjunto del digital de José Antonio Sánchez 'Totoyo' y amigo de Centeno, fue quien le comunicó la decisión de prescindir de sus artículos.

En conversación telefónica con PD, Sánchez niega que el artículo haya sido el detonante del despido y lo atribuye a una "decisión estratégica" de la empresa. "Llevaba muchos años con nosotros y decidimos que ya era tiempo de poner fin a esa colaboración". Pero la versión que da Centeno a Periodista Digital es muy diferente.

Cuenta que a él quien le llamó fue Carlos Sánchez y le dijo:
-"Joder, cómo se te ocurre escribir eso sobre Franco"
-Carlos, te llamé dos días antes para consultártelo y me dijiste: "Mientras sean datos objetivos y contrastados no hay ningún problema con que escribas sobre Franco".

-Pero, coño, es que Franco era un dictador.
-Sí, ¿y eso qué tiene que ver?

"Al tomar esa decisión demostraban que lo que yo decía sobre la gran influencia y poder que tiene (George) Soros en ese periódico. Necesitan estar a bien, o mejor muy muy bien, con el multimillonario Soros que es un comprador potencial directo o indirecto como lo es de otros medios", dice en conversación telefónica con PD. --Roberto Centeno acusa: El Confidencial al servicio de Soros y de la Memoria Histórica-- Desde la redacción de Pozuelo no han querido valorar esta afirmación: "No merece la pena".

La relación entre Centeno y El Confidencial llevaba tiempo siendo tirante. Los tira y afloja se remontan al menos a agosto de 2016 cuando Centeno puso a caldo al BBVA Research. El artículo, titulado BBVA Research, al servicio del poder, provocó los primeros roces entre ambas partes.

El artículo de Centeno se resume en la siguiente frase: "en 1975 España no era una republica popular empobrecida y hambrienta, sino un auténtico milagro".

En solo 25 años, nuestra nación experimentaría el mayor crecimiento económico y social en cuatro siglos. De un país básicamente subdesarrollado había a pasado al tener el décimo PIB mundial, hoy el decimocuarto. De una renta per cápita en 1950 equivalente al 45% de la de los nueves países centrales de Europa que en 1975 constituían la Comunidad Económica Europea, al 83%, el mayor grado de convergencia con la Europa rica jamás alcanzado desde el siglo XVI, hoy en el 71%. De una industria que en 1950 representaba el 12% del PIB, al 36% en 1975, y hoy hundida al 15% con una estructura productiva tercermundista de enchufados públicos, especuladores y camareros.

Para muestra, un botón: en 1975, el año de la muerte del dictador, la Administración española "era una de las más eficientes de Europa, gracias a los grandes cuerpos del Estado, abogados, ingenieros o economistas, y un riguroso sistema de oposiciones a todos los niveles. Con solo 700.000 empleados públicos formados y capaces, España funcionaba perfectamente, pero 40 años después ni siquiera sabemos cuántos empleados públicos hay: 2,5 millones según las AAPP, tres millones según la EPA y 3,4 millones según la Agencia Tributaria, la cifra más exacta por razones obvias".

Centeno quita hierro al asunto y se toma la decisión de El Confidencial con total naturalidad. Amigos del economista como el torero Morante de la Puebla le wasaparon enseguida: "Qué cojones tienes . Ojalá yo le echara esos al toro".

Luis Balcarce es redactor jefe de Periodista Digital. @lbalcarce

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Vox asusta a los socialdemócratas de todos los partidos
Liberal Enfurruñada okdiario   9 Octubre 2018

El pasado domingo VOX celebró un acto multitudinario en el Palacio de Vistalegre. En la misma plaza de toros donde Podemos celebró su asamblea fundacional ante 7.000 asistentes, llegando a los 9.000 en su segundo Congreso, el partido de Santiago Abascal ha reunido a más de 13.000 personas, de las que más de 3.000 tuvieron que quedarse fuera al completar el aforo. El último barómetro del CIS otorgó a VOX un porcentaje de intención de voto por encima de PNV, En Marea y Bildu y ya muchas encuestas estiman que podrían obtener entre 1 y 4 escaños, lo que, en un hemiciclo tan fragmentado, los convertiría en un partido influyente en la política nacional. Durante años, gran parte de la prensa ha escondido las noticias de VOX, incluso cuando han sido los que han sentado en el banquillo a la mayoría de los golpistas catalanes, pero ahora que desbordan Vistalegre empiezan a preocupar.

Así El País titula que “La extrema derecha de Vox llena Vistalegre”, El Mundo dice que “Vox llena Vistalegre con un proyecto contra los extranjeros, el independentismo y el feminismo”. Y La Vanguardia señala que “Los ultraderechistas de Vox llenan Vistalegre”. En un país en el que tanto al PP como a Ciudadanos se les llama fachas e incluso unos sectores de Podemos y del PSOE llaman fachas a otros de su mismo partido, el significado de ese término ha quedado reducido a un lenguaje infantil, por eso la prensa lo adorna con otros calificativos como “extrema derecha xenófoba y machista”. Pero, ¿es eso cierto? Analicemos en qué se basan esas acusaciones y veamos cómo de ciertas son.

La Ley Orgánica 4/2000, de los derechos y libertades de los extranjeros, prevé, como no podría ser de otra manera, la expulsión de los inmigrantes que hayan cometido infracciones graves o muy graves a dicha ley, entre las que se concreta “encontrarse irregularmente en territorio español”. VOX pide que se cumpla la Ley y eso debe de ser muy facha. Nuestro Código Penal indica que “son reos de sedición los que… se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o a cualquier autoridad… el legítimo ejercicio de sus funciones… o de las resoluciones… judiciales”. VOX pide que los sediciosos sean condenados y eso debe de ser muy facha. Nuestra Constitución indica que “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española” y eso también debe ser facha. Y también dice nuestra Carta Magna que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de… sexo” y eso además de facha debe ser machista y heteropatriarcal.

En el Congreso de los Diputados hay varios partidos políticos que pretenden poner fin a nuestra monarquía parlamentaria e instaurar una tercera república, haciendo gala de la bandera tricolor de la segunda república en sus actos oficiales, bandera que, por cierto, es tan preconstitucional y alegal como la usada durante el franquismo. No obstante que VOX proponga la devolución al Estado de las competencias autonómicas de Educación, Sanidad, Seguridad y Justicia se considera una afrenta inaceptable. Dice Santiago Abascal que “los insultos nos los ponemos como medallas en el pecho”, porque en España por todo te llaman facha: “Que amáis a vuestra patria, xenófobos y fachas. Que la inmigración tiene que controlarse, racistas y fachas. Que les gustan las tradiciones, retrógrados y fachas. Que les molestan los impuestos abusivos, insolidarios y fachas”. Muchos ya hemos perdido el miedo a que nos llamen fachas. Ahora a la derecha liberal y conservadora sólo la representa VOX.

Dictaduras y mentiras
Los españoles tienen cada vez menos miedo a decir la verdad
Hermann Tertsch ABC  9 Octubre 2018

Muchos se han puesto muy nerviosos en España después de ver las imágenes del domingo al mediodía en el palacio de Vistalegre en Madrid. Algunos tertulianos en televisiones y radios recuerdan a aquellos histéricos periodistas del Frente Popular que en noviembre de 1936 daban cada media hora la noticia de la consumada entrada de las tropas de Franco en Madrid. Tardaría treinta meses en ser cierta, pero el Gobierno huyó a Valencia y sus milicianos perpetraron sus grandes matanzas de civiles. «¡Ya está aquí el fascio!» o «Alarma ultra». Lo dicen unos medios que aplauden todos los días a ultras de verdad. Ultras separatistas y ultras golpistas, ultras de los violentos de CDR o ultras de Bildu y ERC, ultras comunistas pagados por dictaduras extranjeras. Lo malo ahora y entonces es que creen las propias mentiras. Así pasó a las fuerzas totalitarias que secuestraron aquella república en la que tantos españoles habían depositado sus esperanzas. Sus mentiras y crímenes les hicieron perder aquel «plebiscito armado» que fue la guerra tras el golpe contra un régimen en deriva a la dictadura soviética.

El problema de esos medios es que las mentiras oficialistas ya no cuajan. El cuento del lobo. Cuando han llamado fascista a todo lo que no es izquierda, pueden llamar fascista a quien sea. Los españoles desprecian cada vez más a los periodistas y les creen menos su manida letanía «antifascista». Es efecto del inmenso hartazgo tras años de humillaciones y vejaciones a los españoles como contribuyentes y a España como nación, que el Estado ha permitido con el anterior Gobierno y con este. En Vistalegre no había fascistas ni lemas ni conceptos fascistas. Las grotescas manipulaciones solo aumentan el ridículo y desprestigio de los medios. Y catapultarán a VOX hacia una popularidad hoy impensable.

La verdad se está poniendo de moda. Y eso es un peligro para la construcción de mentiras oficiales sobre nuestro pasado y presente que maniata a partidos y personas y sostiene esa hegemonía izquierdista de los medios. Los llegados a Vistalegre de toda España para escuchar verdades que los medios les ocultan. Hace muchos años que se empezaron a prohibir subrepticiamente muchas verdades bajo tácitas amenazas de represalias. Convenía evitar el sambenito de «facha» o «franquista» que generaba problemas. Hoy el poder intimidatorio se ha agotado. Quienes estaban muy solos en la defensa de verdades proscritas lo están hoy menos.

Desde hace tiempo someto a comparación en las redes dos dictaduras, la militar de Augusto Pinochet y la comunista de Fidel Castro. La de Pinochet impidió en Chile otra como la de Castro en Cuba. En Chile hubo algo más de tres mil muertos en 15 años. La dictadura se disolvió tras un referéndum que el dictador acató. Dejó el país en magnifica situación económica y social para volver a ser la sólida democracia que es hoy. De eso hace ya 30 años. Sin Pinochet, Chile cumpliría ahora 45 años de dictadura comunista y sería lo que Cuba tras 60 años, una cárcel miserable. Con una dictadura que ha causado centenares de miles de muertos. Decir que las dos dictaduras son iguales es hipócrita, mentiroso y cobarde. Tan absurdo como decir que la dictadura de Primo de Rivera fue igual que la de Pol Pot. No se trata de aplaudir ninguna dictadura. Sino de probar el coraje cívico y el compromiso con la verdad que desafía al rodillo totalitario que impone el mantra izquierdista que pocos se atrevían a cuestionar. Cada año son más los españoles que se atreven a llevar la contraria a la turba de los comisarios ideológicos mediáticos. Es decir, los españoles son cada vez más libres. Eso tendrá muchas consecuencias políticas sin duda. Como Vistalegre.

Un plan de distracción.

Vicente A. C. M. Periodista Digital  9 Octubre 2018

PEDRO SÁNCHEZ INTENTA ENGAÑAR A LA UE CON UN PLAN PRESUPUESTARIO IMPECABLE PERO FICTICIO. / LOS PGE REALES DEPENDEN DE LAS NEGOCIACIONES DISCRETAS CON LOS GOLPISTAS Y LOS PACTOS CON PODEMOS.

La idea de Pedro Sánchez pasa por cumplir con la UE presentando en plazo (en esta semana) un plan presupuestario para el 2019, obligatorio ante el retraso en la presentación de los Presupuestos Generales del Estado para ese año. Este plan debe recoger de forma general las previsiones “grosso modo” y los escenarios previstos de acuerdo con lo que la UE requiere de información para hacerse una composición de lugar. Lo malo es que este plan presupuestario no es vinculante ni tiene necesariamente que corresponderse con lo que se presente en los PGE. Se trata meramente de cumplir un requisito formal y quizás también de frenar suspicacias sobre el grado de cumplimiento de los compromisos adquiridos, sobre todo el del gasto y control del déficit. El caso es que lo que pretende Pedro Sánchez es presentar un documento impecable e incontestable pero absolutamente irreal. Un brindis al sol que oculta lo que realmente pretende proponer en el nuevo Proyecto de los PGE que se acerca más a lo que fue rechazado en el Congreso de los Diputados y que será maquillado y presentado nuevamente en unas semanas para aprobación.

Y aquí en esa aprobación es donde Pedro Sánchez tiene el mayor escollo al no contar todavía con el visto bueno de sus socios golpistas de ERC y PDeCAT. De hecho, hasta ahora solo PODEMOS se ha declarado públicamente favorable a unos PGE expansivo, inflacionarios y engrosados con partidas inasumibles de gastos sociales que llevarían el déficit por encima del 4%. En cuanto a los golpistas su única pretensión es la de obtener vía libre a realizar un referéndum de autodeterminación pactado y vinculante y comenzar de modo inmediato negociaciones bilaterales sobre el Catalanexit. Es decir pactar las condiciones de salida tras la declaración de independencia de la República de Cataluña, como por ejemplo la fijación a la baja o condonación de la deuda con el Estado, no poner veto para la permanencia de Cataluña en la UE, transmisión de todos los bienes actuales del Estado en Cataluña, etc.

Pedro Sánchez ya ha dejado claro que su único objetivo es el de agotar la legislatura y estirarla hasta donde sea legalmente posible retrasando al máximo el momento de convocar elecciones generales. Su plan es gobernar con el apoyo de su socio de referencia, PODEMOS y “normalizar” la situación política a base de dar satisfacción a las exigencias de los separatistas golpistas catalanes y ahora también del nacionalismo vasco que se apunta a esta puja de avance hacia la independencia. Las declaraciones de Urkullu no dejan lugar a dudas. Para conseguir ese objetivo Pedro Sánchez está dispuesto a todo, incluso a prorrogar unos PGE para no tener el rechazo de la UE y gobernar vía Decreto Ley para saltarse las limitaciones que esos PGE imponen. Se trata de sobrevivir unos meses hasta que las elecciones europeas y locales definan el panorama político. Y en esa estrategia es ahora de vital importancia los resultados que se den en las elecciones autonómicas que Susana Díaz ha adelantado a diciembre de este año.

Pedro Sánchez emula al histriónico y radical Presidente de los USA asumiendo el eslogan de “América first (Lo primero América)” adaptándolo a “lo primero el PS” , pero referido no al Partido Socialista (lo de Obrero y Español sería inapropiado), sino a él, Pedro Sánchez y como líder supremo de ese PSOE irreconocible y desnortado capaz de pactar con los enemigos de España para mantenerse en el poder y secuestrar la democracia, hurtando a los españoles el que nos podamos definir en las urnas en unas elecciones generales. Y es que una vez cumplida su ambición de haber logrado ser nombrado Presidente del Gobierno de España, aunque haya sido a través de una moción de censura con los apoyos de los enemigos de España nacionalistas vascos, proetarras, y golpistas catalanes, lo que intenta es aprovechar la que puede que sea su última oportunidad para llevar a cabo su revancha ideológica y su particular visión de la Memoria Histórica heredada de su admirado Zapatero.

Solo hay una cosa que puede trastocar esos planes y es precisamente la volubilidad del apoyo de los golpistas catalanes que ya están suficientemente divididos. Y aquí predomina el radicalismo de Carles Puigdemont, su fiel lacayo Joaquim Torra y las exigencias sobre la independencia. El ultimátum de Puigdemont (Torra) sigue vigente y la cesión a las condiciones siguen siendo inasumibles si se quiere mantener el Gobierno de España de Pedro Sánchez dentro de la legalidad y de la Constitución. De no aprobarse, habría que acudir al plan “B” de la prórroga de los PGE del PP del 2018, cosa que su socio preferente PODEMOS Nunca aceptaría. Y gobernar por Decreto Ley saltándose los límites de gasto seria algo que pondría a la UE en contra y adoptaría sanciones económicas por los incumplimientos. Una situación indeseable que obligaría a Pedro Sánchez a convocar elecciones generales.

Sea como fuere, quienes salimos perdiendo, como siempre, somos los españoles que vemos cómo la ambición personal de un individuo apátrida oportunista y demagógico y los intereses partidistas del PSOE, se imponen sobre el interés general de España y de sus ciudadanos. Esta parálisis de Gobernabilidad que parecía haber acabado con el inicio de la legislatura de Mariano Rajoy, se ha visto truncada en plena recuperación económica por el cambio radical impuesto tras la moción de censura con la elección de un Presidente que lo es solo gracias a haber buscado y aceptado el apoyo de los enemigos de España, a los que ahora debe pagar por ello. Un Gobierno improvisado y accidental, sectario y radicalizado en extremo, empeñado en recuperar el frentismo y el guerra civilismo resucitando fantasmas de un pasado ya lejano y sin aplicar un verdadero plan de Gobierno que respete los compromisos adquiridos y transmita seguridad y confianza a nuestros socios de la UE de que avanzamos en el camino del control del gasto, de la deuda y del déficit.

Hay que evitar que Pedro Sánchez y su pandilla logre sus propósitos que son suicidas y van contra los intereses de España traicionando a los españoles.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

Contra la confederación reaccionaria
Fernando Navarro García Libertad Digital  9 Octubre 2018

Otegi no va desencaminado al proponer una coalición electoral de partidos secesionistas vascos, gallegos y catalanes. El terrorista etarra plantea una buena estrategia para continuar desestabilizando al Estado al que durante décadas ha atacado con las armas y la extorsión. Sabe que los tiempos exigen nuevos enfoques y que los bombazos y secuestros no les permitieron lograr sus objetivos secesionistas. Una entrevista en prime time es mucho más eficaz que un bombazo en un supermercado y un editorial en algún medio del apaciguamiento bien maquillado con los tópicos del humanitarismo cosmético es infinitamente más operativo que un secuestro.

Otegi sabe que los casi 900 asesinados, 15.000 heridos y los miles de afectados por el terrorismo de ETA - a cuyos intereses sirve y sirvió - empiezan ya a ser una idea borrosa y antigua entre una generación de millenials emboscada entre la búsqueda de un empleo que no llega y un culto al ego que nunca parece suficiente. Los muertos son siempre antiguos y huelen a rancio. El ensimismamiento generacional excluye el dolor ajeno, especialmente cuando es invisible pues la llamada 'narrativa' que imponen los medios del apaciguamiento ha decidido que víctimas y verdugos son parte de un desgraciado accidente de la Historia. Un 'desliz' de quienes hoy van saliendo de las cárceles para ser homenajeados ante las puertas de sus víctimas. 900 muertos, un desliz.

Y Otegi no va a desaprovechar la oportunidad que se le brinda desde las inanes instituciones del Estado y los comprensivos medios para intentar cohesionar esa amalgama de siglas e ideas miserables que pretenden destruir la Constitución, la nación española y, sobre todo, nuestra convivencia. Sabe bien Otegi que aisladamente no dejan de ser grupúsculos minoritarios y rabiosos, pero unidos pueden transformar su odio nacionalista y por ende medieval en un ariete poderoso contra nuestro Estado de Derecho y nuestras libertades.

Con las reglas del juego vigentes esa opción es realmente una amenaza real, pues nuestra Constitución no impide los partidos secesionistas. Somos uno de los pocos países democráticos que no prohíben la existencia de tales partidos e ideologías disolventes. Quizás ha llegado el momento de incorporar también a esa demandada reforma constitucional un nuevo articulado impidiendo la existencia de tales partidos.

Las propuesta planteada recientemente por C's de exigir una base mínima electoral del 3 o 5% para obtener escaño podría ser fácilmente sorteada con una coalición de separatistas como plantea Otegi. Su propuesta es realmente una confederación de partidos anticonstitucionalistas, cuyo objetivo es disolver España. Destruirla, vaya, aunque el término suene apocalíptico. Lo que no han logrado en 500 años ni guerras, ni invasiones, ni crisis noventayochistas pretende conseguirlo Otegi con su coalición de bilis reaccionaria en donde caminan revueltas sotanas y tractores, y en donde el olor a porro se confunde con el incienso y el estiércol de los antepasados.

Y creo que su estrategia es buena, pues no quiero caer en el error de pensar que la podredumbre ideológica y ética que Otegi representa no puede ser defendida con inteligencia.

Oponerse a tal estrategia - que sin duda contará con la simpatía y comprensión de Podemos y sus variopintas huestes- exige una visión de Estado responsable que aparque provisionalmente las discrepancias políticas entre PSOE, PP y C's y aglutine todo lo que creo que aún les une: la defensa de España y de sus instituciones. No propongo una macro coalición de esos partidos, pues dada la tensión política actual creo que es imposible, pero sí al menos una entente cordiale para dejar gobernar al más votado (que difícilmente obtendrá mayoría absoluta), apoyando u oponiéndose a sus políticas concretas y sosteniendo al Gobierno en todo aquello que refuerce la Constitución y debilite a los nacionalismos disolventes. Pretender a estas alturas seguir 'dialogando' con ellos es no solo una pérdida de tiempo, sino también una irresponsabilidad suicida cuyos resultados estamos viendo. Si en 40 años el diálogo y las concesiones nos han llevado a esto, es evidente que hay que probar otra fórmula ya que, como dicen en Valladolid, el que nace barrigón, tontería que lo fajen.

Un año después de la manifestación sigilosa contra el 'procés'
Alejandro Tercero cronicaglobal  9 Octubre 2018

La prensa independentista ha puesto en marcha una campaña para crear un nuevo relato sobre la fuga de depósitos de las entidades bancarias catalanas a causa del procés. El objetivo es librar de toda responsabilidad a los promotores del intento de secesión unilateral. Se trata de atribuir al Estado español los efectos catastróficos que supuso --y supondrá-- para la economía catalana el desafío al orden constitucional y, a la vez, indultar a los verdaderos culpables: el Govern. No es más que un episodio más del victimismo al que el nacionalismo nos tiene acostumbrados.

Empresas y entidades estatales --como Renfe, Adif, Puertos del Estado, RTVE, etc.-- retiraron miles de millones de euros de las cuentas que tenían en Caixabank y en Banco Sabadell en los días posteriores al 1-O. El secesionismo mediático cuantifica --según una metodología de cálculo rudimentaria y poco precisa-- que el Gobierno retiró aquellos días unos 10.000 millones de euros, casi un tercio de los 35.000 que supone que en total emigraron de las dos entidades.

A partir de ahí, el nuevo relato independentista lanza su tesis: la retirada de depósitos de las empresas estatales fue un “castigo” premeditado contra Caixabank y Sabadell; “el movimiento sacudió los mercados, los mercados castigaron el precio de la acción y el miedo llegó a la calle”; todo eso llevó, finalmente, al cambio de sede de ambos bancos. “El efecto buscado se había conseguido”, concluyen.

Sin embargo, este relato presenta serias lagunas. En primer lugar, la retirada de fondos por parte de las empresas estatales de los principales bancos catalanes no puede considerarse un “castigo” --ni una medida para alterar el precio de las acciones, como insinúa Gonzalo Boye, abogado de Puigdemont--, sino una obligación. La Generalitat había anunciado en repetidas ocasiones que haría efectivo el resultado del referéndum secesionista ilegal del 1-O, es decir, que Cataluña se convertiría en las siguientes semanas en un Estado independiente. Era razonable --o, más bien, indispensable-- que el Gobierno velase por sus intereses económicos y, por tanto, trasladase a bancos con sede en territorio nacional los fondos que --según la promesa del Govern--, en breve, iban a estar en entidades radicadas en el extranjero, y sin la protección del paraguas financiero de la UE.

En segundo lugar, el nuevo relato del independentismo presta poca atención a que la mayor parte de la retirada de depósitos --unos dos tercios, según sus propios cálculos-- la llevaron a cabo los particulares. Además, admiten que los movimientos realizados por el Gobierno “fueron invisibles para los ciudadanos”. ¿Cómo argumentan entonces la supuesta relación causa-efecto entre la retirada del dinero del Estado y la retirada del dinero de particulares --que supuso el volumen principal--? Pues según el neorrelato indepe, “la noticia” de las caídas del precio de las acciones de Caixabank y Sabadell --de entre el 8% y el 12% en una semana-- “llegó a la calle” y “la bola creció”. No parece muy verosímil que los particulares acudiesen en masa a sus bancos a retirar sus ahorros por una caída del precio de las cotizadas de esa magnitud. Es más razonable concluir que la gente se llevó su dinero a otra parte preocupada por la inestabilidad política y la tensión social que aquellos días alcanzó niveles nunca vistos hasta entonces y que podría derivar en un episodio de pánico bancario.

Y en tercer lugar, la retirada de depósitos era una opción que meses --e incluso años-- antes del 1-O muchos particulares ya valoraban en caso de que las cosas se pusiesen feas. De hecho, en noviembre de 2015, Joaquín Romero reveló en Crónica Global que las sucursales bancarias situadas en Cataluña recomendaban a sus clientes más preocupados por la deriva secesionista abrir cuentas-espejo fuera de la comunidad para garantizar sus ahorros.

Que no les engañen, la retirada masiva de fondos de las entidades bancarias catalanas por particulares no fue provocada por el Gobierno. Fue una respuesta de buena parte de la ciudadanía que estaba harta del procés. Sí, fue una medida para proteger el patrimonio personal, pero también una forma discreta y a la vez efectiva y contundente de mostrar el rechazo de muchos catalanes a la determinación de unos dirigentes independentistas dispuestos --así lo aseguraban entonces-- a llegar hasta el final en su locura rupturista ilegal y unilateral. Fue la gran manifestación sigilosa contra el procés.

8 de Octubre
Pablo Planas Libertad Digital  9 Octubre 2018

Se ha cumplido sin pena ni gloria un año de la histórica manifestación española del 8 de octubre de 2017 en Barcelona. La descomunal reacción social contra el golpe de Estado no sólo desconcertó a los separatistas. Sociedad Civil Catalana (SCC), la entidad convocante, presumía que con la ayuda de Ciudadanos y el PP podía congregar a unas cincuenta mil personas. Más de un millón desbordaron las calles de la capital catalana.

De primeras, a Puigdemont y Junqueras les cambió la cara y los socialistas, que a última hora habían dejado a criterio de sus cuadros y militantes asistir a la manifestación, corrieron a sentarse en la mesa que negociaba un 155 de chichinabo a la altura moral e intelectual de sus ejecutores. El discurso del Rey enlazó con la indignación de una gran parte de la ciudadanía ante el chorreo de bulos sobre la actuación de la Guardia Civil y la Policía Nacional en el referéndum ilegal, el tradicional victimismo catalanista y el indecente acoso separatista en los hoteles y pensiones donde se hacinaban los agentes enviados a Cataluña.

El episodio de los profesores del instituto de San Andrés de la Barca humillando a hijos de guardias civiles el 2 de octubre, la huelga salvaje del día después, el odio desatado por los separatistas al grito de "Els carrers seran sempre nostres!" y la pavorosa inacción del Gobierno alimentaron una respuesta que refutó de arriba abajo todos los mantras del catalanismo asumidos sin deglutir a izquierda y derecha en Cataluña y el resto de España.

Existe una Cataluña que el 8 de octubre del año pasado dijo "ya vale", sin signos de admiración, una Cataluña que gana en votos pero pierde en escaños, una sociedad invisible, una mayoría silenciada, reprimida, anulada y ridiculizada. Tres semanas después, el 29 del mismo mes, esos mismos ciudadanos repitieron la gesta de plantarse en las calles. Visto el percal, Puigdemont salió por piernas. No es que sea más listo que Junqueras, es que la ciudadanía proponía "Puigdemont a prisión", no "Junqueras a la trena".

Del 8 de octubre de 2017 se infieren muchas más cosas, como la alianza de Sánchez con Iglesias y Junqueras en Can Roures, la caída del gobierno de Rajoy, la ruptura del bloque constitucionalista (Casado y Rivera), la irrupción de Vox, acusación particular en los procedimientos concernientes a los golpistas, y una inesperada y abrumadora señal de vida de España.

Bochorno, vergüenza e indignidad
Carlos Dávila okdiario  9 Octubre 2018

Hay un precedente. La televisión socialista ya se metió una vez en la cárcel para entrevistar a un delincuente promotor del GAL: Julián Sancristóbal. Ahora Sánchez y su monaguilla Mateo han revivido la fechoría con el preso sedicioso Junqueras. Sánchez ha puesto la televisión estatal al servicio de los que quieren destruir el Estado, la propia España. Bochorno, vergüenza e indignidad. Los independentistas le tienen cogido por los escaños y él, en las vísperas de otra transgresión democrática les da bolilla. Y es que este martes, a las tres de la tarde, se abre de nuevo la casa de los líos en esa asamblea barriobajera que es el Parlamento de Cataluña. Desde Bélgica, indecentemente acomodado en Waterloo, el fugitivo Puigdemont —no es un “expatriado”, señor director de La Vanguardia; es un huido de la Justicia— encela a su pobre mamporrero Tardà para que desobedezca al juez Llarena y convierta a los suspendidos diputados —unos en la cárcel, otros en la deserción— en propietarios de una representación que pueden delegar incluso en su mascota.

Los súbditos de Puigdemont, aparte de presuntos maleantes, son castizamente unos mastuerzos. Son como esos indios fanáticos que se largaban estopa de la buena mientras sus jefes se columpiaban en las tipis de las flechas y el frío. Por eso este Puigdemont es un desvergonzado y sus acólitos unos bodoques. Probablemente, les van a caer años de cárcel por seguir a un visionario de pitiminí. Companys y Dencàs, sus antecesores de los 30 del siglo pasado, se dieron el piro cuando vieron que la cosa se les ponía fea, pero al menos no se hicieron acompañar en el tránsito por un séquito de los CDR, sujetos en camiseta muy parecidos a los boixos nois del Barça.

Este martes se va a consumar muy probablemente otro golpe de Estado en Cataluña mientras Pedro Sánchez, silente, imparte la especie de que, nada, que los independentistas son unos chiquillos alterados que no hacen otra cosa que trastadas. Se está comportando como cómplice activo del huido belga y compañero de equipo de los sediciosos. La única buena noticia que nos podemos llevar a la boca en estos días es que el presidente del Parlamento, Torrent, muchos de los consejeros de la Generalidad, y hasta el patético Torra son unos cobardes que no quieren terminar almorzando “pa amb tomaquèt” en la cárcel. Eso es lo único que tienen claro.

Ahí les espera Sánchez, un presidente del Gobierno sin merecimiento electoral alguno, que va a pasar una semana de aúpa en el Senado y en el Congreso respondiendo a las trapisondas, ora fiscales, ora académicas, de sus ministros y, claro está, de él mismo. En ningún otro país del Occidente civilizado se toleraría a un presidente así. Aquí nos causa bochorno y vergüenza y rezuma indignidad, pero sigue en el machito con pensión incluida, sostenido por golfos terroristas, secesionistas de vario pelaje y comunistas de la estirpe de Maduro. El corresponsal Miquelarena se tiró al Metro de París con una nota manuscrita en el bolsillo del abrigo que, como todo testamento, lamentaba: “!Qué país, Miquelarena¡”. Pues eso.

Somos fachas y somos españoles

ARCADI ESPADA El Mundo  9 Octubre 2018

Me parece muy bien y muy pedagógico que el líder de Vox corrija a Emilia Landaluce, la que acaba de publicar un libro negándolo. En gesto que le honra, Abascal asegura que una de las medallas que lleva con orgullo en la pechera es la de facha. Es una gran novedad española. Los únicos fachas que hasta ahora había en España eran, sobre todo, catalanes y vascos, y era por ellos que circulaba en exclusiva la savia nacionalista xenófoba, común en muchos países de Europa. Por el contrario, la forma realmente existente de ser español era esa empecinada voluntad de vivir juntos los distintos. En nombre de España, y hasta ayer mismo, no se echaba a nadie a la calle. Se hizo y se hace en nombre de Catalunya y de Euskadi. Pero de España no. El fruto más contundente y perdurable del nacionalismo español moderno era la Constitución de 1978: de ahí la superioridad moral del supuesto nacionalismo español sobre los periféricos. Pero esto se ha acabado. Diez mil fachas dijeron ayer que son españoles y nadie debe negarles su derecho.

La novedad está cargada de ventajas. El caso de la Sexta, por ejemplo. Después de años de hacer negocio con comunistas, nacionalistas y terroristas, la locutora Pastor se pregunta ahora en público cómo hay que tratar al fascismo en la tele: esperanzadores signos de vida en el planeta rojo. El registro en propiedad de la palabra facha supone también una acción de higiene social indiscutible. Facha era una palabra en busca de tomante. Por usar lo que tengo más a mano: no hay día que no me la donen. De modo que identificados ya los tomantes confío en que el paisaje se vaya aclarando y empiecen a insultarme con el adjetivo socialdemócrata, que es el que en verdad merezco. En términos de equilibrio social también hemos ganado: ya era hora de que algún orgullo estallara pletórico desde la derecha. El orgullo facha, a ver por qué no, dados los vigentes.

Desde ayer la portavoz Celaá está preparando el comunicado que dice: "Cautivo y desarmado el ejercito faccioso, las tropas republicanas han alcanzado sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado". Se comprende la irreflexiva euforia: por fin van a ganar la guerra civil. Pero no sabe la lerda cuál es su problema principal. Y es que cuando ahora diga herederos del franquismo sabrá ya que obligatoriamente apunta a menos del 2 por ciento electoral.

Propaganda en catalán
Jaime Malet  elconfidencial  9 Octubre 2018

Cataluña se divide en tres comunidades. La primera es escrupulosamente catalanoparlante, es decir, escucha, lee y visiona exclusivamente en catalán. La segunda es castellanoparlante: escucha, lee y visiona solo en castellano. Y hay una tercera comunidad, mixta, a la que pertenecemos los que nos nutrimos de información en ambas lenguas. La primera es hegemónica en la Cataluña profunda, la segunda, en el cinturón industrial de Barcelona, y la tercera, en Barcelona.

Las comunidades catalanoparlante y mixta reciben en catalán, a todas horas, información deformada perfectamente orquestada para crear diferentes variantes de unas pocas ideas, a la manera de Goebbels: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto, sin fisuras ni dudas”. Tras muchos años de bombardeo informativo, la gran mayoría de los catalanoparlantes puros son fervientes independentistas y en el grupo mixto abundan los equidistantes (es decir, no están a favor de la independencia pero le ven sus razones).

La mayoría de estos medios en catalán fomentan desde hace décadas la supremacía de la cultura catalana y el desprecio hacia España. Gracias a la tutela política (Programa 2000, diseñado en 1990 por Pujol), se han destinado abultados presupuestos que han formado excelentes profesionales, expertos en la creación de marcos mentales y la manipulación, y cuyo objetivo es radicalizar a personas sensatas adentrándose en sus emociones más profundas. En los últimos cinco años, estos marcos mentales se pueden dividir en dos grupos: el de las razones para separarse y el de las consecuencias de la secesión.

Dentro del grupo de las razones se vende que Cataluña tiene derechos históricos que provienen del comienzo de los tiempos y de 1714, cuando Barcelona era un villorrio de 35.000 habitantes y sus líderes —entre ellos, Rafael Casanova, antepasado del que escribe estas líneas— decidieron encerrar a los barceloneses en las murallas y continuar por su cuenta la ya acabada Guerra de Sucesión. Esta mitología historicista procedente de la tradición nacionalista romántica de finales del siglo XIX (especialmente de Prat de la Riva) se ha inflamado durante los últimos tiempos bajo el paraguas del presupuesto público, hasta el punto de hacer emerger supuestos derechos inalienables. No importa que Cataluña haya pertenecido siempre a España, que 1714 se adelantase décadas a la creación del Estado moderno, que haya 47 diputados catalanes o que la Generalitat maneje más de 35.000 millones. Sencillamente, para muchos catalanes, España es un Estado invasor.

Esta misma propaganda se extiende a señalar repetidamente que los catalanes somos diferentes al resto de los españoles. La diferencia y rivalidad, que puede tener sus raíces —como en todos los países donde hay dos ciudades poderosas—, difícilmente se aguanta hoy en una comunidad diversa donde los primeros 24 apellidos más comunes son de matriz castellana (García, Martínez…) y el primer apellido catalán (Vilá) es el 25º. Los medios también han deformado de tal manera la realidad que muchos creen a pies juntillas que Cataluña es un oasis de virtuosismo (sic) en una España corrupta y antidemocrática.

Otras de las razones que avalan la separación es el 'España nos roba', el poderoso marco diseñado con la crisis financiera. Dejando de un lado los dislates numéricos repetidos hasta el infinito por algunos líderes políticos, según los cuales una Cataluña independiente tendría el PIB per cápita más alto del mundo, nadie explica a qué se dedicaría ese exceso, en una comunidad que sin haber dado premios Nobel ni grandes patentes, tiene, como el resto de España, una calidad de vida envidiable con educación y sanidad gratuitas, seguridad y, como especialidad, los servidores públicos mejor pagados del sur de Europa.

Muchos catalanes reconocen sin rubor que se han hecho independentistas por la falta de inversión del Estado en infraestructuras, victimismo que no se aguanta en una comunidad con un estupendo aeropuerto, dos excelentes puertos, una red vial envidiable, impresionante infraestructura social y cuatro capitales de provincia unidas por la alta velocidad. Pero, claro, dentro de este marco están las Cercanías, una de las pocas infraestructuras que todavía están bajo la gestión del Estado y que, sí, funcionan mal… como en el resto de países avanzados.

La poderosa propaganda ha hecho independentistas a muchos pasajeros maltratados por los trenes de corta distancia. Cada retraso se ha reflejado en las redes. Sin embargo, ver al presidente de la Generalitat inaugurar la línea 9 del metro de Barcelona —que ha costado de momento casi 10.000 millones (3.000 millones más que el AVE La Meca-Medina) y encima está infrautilizada— quejándose de la falta de infraestructuras… sin que nadie se queje de su queja, solo puede entenderse por esta falta de contraste.

La otra categoría de argumentos está en las consecuencias. Durante cuatro años, se vendió que el proceso de independencia era imparable por la debilidad del Estado, no supondría el traslado de empresas, no dividiría a la sociedad y sería acogido con alegría por la comunidad internacional. Resulta que el Estado no ha sido tan débil; que han cambiado de domicilio social nada menos que 4.700 empresas (hecho sin precedentes en la historia); que la sociedad está peligrosamente dividida, y que ningún país apoyó a la 'non nata' república saltándose el principio de integridad territorial consagrado en prácticamente todas las constituciones del mundo desde la Paz de Westfalia.

Pese a ello, el aparato mediático vende fácilmente inverosímiles matices a estas realidades que se materializaron tan inequívocamente hace un año: al Estado todavía se le puede 'atacar' desde la calle y la opinión pública internacional; las empresas se trasladaron por presiones (¿un 'call center' en Moncloa?) y volverán pronto; los países pronto se darán cuenta de lo mala que es España, etcétera. En cuanto a la división de la sociedad, esta proviene de los enemigos de los catalanes, entre los cuales se encuentra un reducido grupo que, pese a que representamos más del 50% de la población, supone para la mayoría de catalanes catalanoparlantes tan solo una minoría molesta y traidora.

La lista es interminable y se renueva a velocidad de vértigo con nuevos silogismos que aferran a la población a sus íntimas creencias (el 'derecho a votar', los lazos amarillos, la lucha contra la Corona o la judicatura, las grandes movilizaciones de consignas únicas al estilo Venezuela…).

Con el dinero de todos los catalanes (cientos de millones) y mucha inteligencia y coordinación política en la televisión pública, radios, periódicos y redes sociales, bajo el control de gente con excelencia profesional, un grupo de comentaristas, articulistas y blogueros se dedica en cuerpo y alma, todos los días, a difundir estas realidades paralelas y a desacreditar agresivamente a los disidentes. Aquellos que se alimentan exclusivamente de estos medios en catalán carecen de todo contraste informativo. Por su parte, una gran parte de la comunidad mixta está parcialmente intoxicada, y duda, y como 'buenos catalanes' consiente, ofrece soluciones imposibles o calla.

La propaganda es tan buena que han acabado creyéndosela hasta sus propios autores, algunos de los cuales han pagado, triste e inesperadamente, su irreductible fe con su propia libertad.

Como decía el Gran Manipulador: “La propaganda opera a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y perjuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que arraiguen en actitudes primitivas. Para ello hay que mentir y mentir, cuanto más grande sea la mentira más gente se la creerá”.

Haber utilizado políticamente el idioma catalán para esta monumental campaña hacia lo imposible es otra insensatez, y no la menor, de estos malos catalanes.

*Jaime Malet, presidente de Telam y de AmchamSpain

Bochorno, vergüenza e indignidad
Carlos Dávila okdiario  9 Octubre 2018

Hay un precedente. La televisión socialista ya se metió una vez en la cárcel para entrevistar a un delincuente promotor del GAL: Julián Sancristóbal. Ahora Sánchez y su monaguilla Mateo han revivido la fechoría con el preso sedicioso Junqueras. Sánchez ha puesto la televisión estatal al servicio de los que quieren destruir el Estado, la propia España. Bochorno, vergüenza e indignidad. Los independentistas le tienen cogido por los escaños y él, en las vísperas de otra transgresión democrática les da bolilla. Y es que este martes, a las tres de la tarde, se abre de nuevo la casa de los líos en esa asamblea barriobajera que es el Parlamento de Cataluña. Desde Bélgica, indecentemente acomodado en Waterloo, el fugitivo Puigdemont —no es un “expatriado”, señor director de La Vanguardia; es un huido de la Justicia— encela a su pobre mamporrero Tardà para que desobedezca al juez Llarena y convierta a los suspendidos diputados —unos en la cárcel, otros en la deserción— en propietarios de una representación que pueden delegar incluso en su mascota.

Los súbditos de Puigdemont, aparte de presuntos maleantes, son castizamente unos mastuerzos. Son como esos indios fanáticos que se largaban estopa de la buena mientras sus jefes se columpiaban en las tipis de las flechas y el frío. Por eso este Puigdemont es un desvergonzado y sus acólitos unos bodoques. Probablemente, les van a caer años de cárcel por seguir a un visionario de pitiminí. Companys y Dencàs, sus antecesores de los 30 del siglo pasado, se dieron el piro cuando vieron que la cosa se les ponía fea, pero al menos no se hicieron acompañar en el tránsito por un séquito de los CDR, sujetos en camiseta muy parecidos a los boixos nois del Barça.

Este martes se va a consumar muy probablemente otro golpe de Estado en Cataluña mientras Pedro Sánchez, silente, imparte la especie de que, nada, que los independentistas son unos chiquillos alterados que no hacen otra cosa que trastadas. Se está comportando como cómplice activo del huido belga y compañero de equipo de los sediciosos. La única buena noticia que nos podemos llevar a la boca en estos días es que el presidente del Parlamento, Torrent, muchos de los consejeros de la Generalidad, y hasta el patético Torra son unos cobardes que no quieren terminar almorzando “pa amb tomaquèt” en la cárcel. Eso es lo único que tienen claro.

Ahí les espera Sánchez, un presidente del Gobierno sin merecimiento electoral alguno, que va a pasar una semana de aúpa en el Senado y en el Congreso respondiendo a las trapisondas, ora fiscales, ora académicas, de sus ministros y, claro está, de él mismo. En ningún otro país del Occidente civilizado se toleraría a un presidente así. Aquí nos causa bochorno y vergüenza y rezuma indignidad, pero sigue en el machito con pensión incluida, sostenido por golfos terroristas, secesionistas de vario pelaje y comunistas de la estirpe de Maduro. El corresponsal Miquelarena se tiró al Metro de París con una nota manuscrita en el bolsillo del abrigo que, como todo testamento, lamentaba: “!Qué país, Miquelarena¡”. Pues eso.

Veinte etarras se frotan las manos por el gol que Europa le va a colar a Sánchez
Miguel Blasco esdiario  9 Octubre 2018

Las víctimas se llevan las manos a la cabeza y exigen a Delgado y Borrell "pedagogía diplomática". Pakito, Txelis o Josu de Mondragón saldrán de la cárcel gracias a Estrasburgo.

Las asociaciones de víctimas del terrorismo han activado todas las alertas. Y, a la desesperada, exigen al Gobierno de Pedro Sánchez "pedagogía diplomática" de última hora para evitar que Europa le cuele a España un nuevo gol judicial de consecuencias imprevisibles.

Un gol este que se avecina, de difícil digestión. Porque se trata de la excarcelación inminente de algunos de los más sanguinarios dirigentes de ETA, aquellos que ordenaron centenares de asesinatos en los años de plomo de la banda terrorista.

Nombres como los de Francisco Mújica Garmendia Pakito; Joseba Arregui Erostarbe Fiti; Iñaki Bilbao, Josu Arkauz Arana Josu de Mondragón, Santiago Arróspide Santi Potros, o Jesús María Altable Txuma. Y así hasta 21 miembros de los comandos más siniestros de la historia de la banda asesina.

Si el Gobierno -a través de las alegaciones del Ministerio de Justicia y de la ofensiva diplomática de última hora del de Exteriores- no lo impide, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, ultima una sentencia demoledora para las víctimas y para su triple reivindicación de memoria, dignidad y justicia.

Las consecuencias de esta sentencia, que se conocerá previsiblemente en noviembre, además de abrir las puertas de sus celdas a esa veintena de etarras -los considerados históricos- rebajará notablemente las condenas de otros casi 50, al revisar el tiempo de estancia en las cárceles de Francia. En concreto, según las primeras estimaciones de los colectivos de víctimas, los etarras se verán beneficiados al restárseles más de 560 años de sus condenas.

En el fondo del asunto está en la homogeneización de las penas en los países de la Unión Europea derivada de una directiva comunitaria. Sin embargo, durante su tramitación parlamentaria en España, el PP introdujo una cláusula para evitar la aplicación de esta directiva a las sentencias anteriores a agosto de 2015. De esta forma, quedaban a salvo la inmensa mayoría de las condenas que la justicia española impuso a los etarras.

Si Estrasburgo -como parece viendo sus antecedentes con la doctrina Parot- falla de nuevo contra España y a favor de los etarras, entre los beneficiados por una importante reducción de sus condenas se encuentras algunos de los pistoleros más temidos, como Alberto López de Lacalle Mobutu y Juan Carlos Iglesias Chouzas Gadafi.

Algunas de las asociaciones de víctimas, consultadas por ESdiario, temen además al "estrecho margen de maniobra" del Gobierno socialista, debido a su dependencia de los diputados de Bildu y PNV, que defienden este sistema de conteo de las penas por los cientos de asesinatos cometidos en las décadas de los 80 y 90.

La televisión pública discrimina a una policía por no saber valenciano
Redacción Valencia ESdiario  9 Octubre 2018

Una entrevista en À Punt ha levantado polémica. La policía entrevistada, que dijo no entender el valenciano, no daba crédito ante la negativa del periodista a preguntarle en castellano.

El estatuto de autonomía valenciano confiere que el "idioma valenciano es el oficial en la Comunitat Valenciana, al igual que lo es el castellano, que es el idioma oficial del Estado. Todos tienen derecho a conocerlos y a usarlos y a recibir la enseñanza del, y en, idioma valenciano". Según la ley,"nadie podrá ser discriminado por razón de su lengua".

La nueva televisión autonómica, À Punt, que cuesta 55 millones de euros por ahora y está financiada por los impuestos de todos los valencianos, "rechaza" el uso el castellano. El caso más llamativo se produjo esta semana al negarse un entrevistador a formularle unas preguntas en castellano a una delegada de un sindicato de la policía.

Además, la última pregunta del periodista vinculando al partido de extrema derecha Vox con la policía ha provocado un profundo malestar en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Con su actitud, para muchos intransigente, el informador despidió a la representante sindical de forma abrupta: Si no me entiendes en valenciano no hablo más contigo.

La polémica surge días después de que la directora general Empar Marco pidiera en Les Corts Valencianes aumentar el presupuesto para 2019 de los actuales 55 millones de euros a 69 millones, ya que, en su opinión, la televisión autonómica es tan importante como la sanidad o la educación. El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, (PSPV-PSOE) no está por la labor de incrementar la partida. En cambio, la vicepresidenta Mónica Oltra (Compromís) se muestra más partidaria de elevar la dotación presupuestaria.

A pesar de que las emisiones empezaron hace sólo tres meses, los primeros datos de audiencia marcan un 0,8 % lo que ha producido “espanto” en fuentes del sector, sobre todo teniendo en cuenta el presupuesto anual de la empresa. Y eso, en la actual coyuntura política valenciana, puede tener consecuencias.

Los costes del personal superan ya el tope establecido en 1/3 del presupuesto total de la Corporación Valenciana de Medios de Comunicación (CVMC). La directora general de la CVMV para corregir este descuadre solo contempla un aumento del 25% a fin de que el capítulo de personal vuelva a representa 1/3 del total. "Hecha la ley... Una huida hacia adelante que, en buena lógica debe haber provocado la mayor de las alarmas", escribía esta semana el ex director de Levante-EMV, Ferran Belda.


 


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