AGLI Recortes de Prensa   Jueves 11  Octubre 2018

¿Qué más tiene que pasar para que Sánchez convoque elecciones?
EDITORIAL Libertad Digital 11 Octubre 2018

Pablo Casado expresó este miércoles en su interpelación parlamentaria al presidente del Gobierno el sentir de una amplia mayoría de la ciudadanía, consciente de que esta legislatura tan accidentada y tremebunda no da más de sí. ¿Qué más tiene que pasar para que Pedro Sánchez haga honor a su palabra y llame a los españoles a las urnas? Eso se preguntaba el jefe de la oposición ante un presidente acorralado por los escándalos –empezando por el que tiene en el foco su escandaloso doctorado cum laude– y cada vez más (de)pendiente de los golpistas separatistas.

España soporta en estos momentos un Gobierno en el que han tenido que renunciar dos ministros por mentirosos y tramposos (Màxim Huerta y Carmen Montón), otros dos han ocultado buena parte de sus sustanciosos patrimonios (Pedro Duque e Isabel Celaá), uno se aferra al cargo pese a ser reprobado por el Parlamento por sus estrechísimas relaciones con personajes execrables (Dolores Delgado) y uno más (Josep Borrell) tiene en su hoja de faltas una multa de la Comisión Nacional del Mercado de Valores por haber utilizado información privilegiada para enriquecerse cuando era consejero de una multinacional.

Este caos ministerial, que convierte al Ejecutivo del doctor Sánchez en una banda impresentable de advenedizos comandados por un arribista sin escrúpulos, con ser grave, no es el mayor problema de España en estos momentos. El mayor problema es que este Gobierno indefendible está en manos de unos golpistas juramentados con la voladura del orden constitucional y con la destrucción de España como nación y como Estado de Derecho.

Nunca se olvide: el arribista Sánchez llegó al Gobierno gracias a unos partidos incursos en un golpe de Estado. El ultraderechista Quim Torra se lo recuerda día tras día y hasta se permite amenazarlo políticamente, a lo cual el desprestigiado doctor reacciona mostrándose dispuesto a tragar con lo que sea con tal de seguir donde de ninguna de las maneras le puso la ciudadanía, que de hecho expresó su parecer sobre el personaje y sobre su partido propinándoles un resultado electoral deplorable, el peor de los cosechados por el PSOE desde la instauración de la democracia.

La descomposición acelerada de este Gobierno que ya nació marcado con el pecado imperdonable del apoyo de los golpistas debería llevar a Sánchez, si es que conserva un adarme de esa decencia que negaba a su predecesor, a cumplir de una vez con su palabra y convocar elecciones generales.

Vox y voto
Fernando Sánchez Dragó El Mundo 11 Octubre 2018

Asombroso titular de un reportaje aparecido hoy en este periódico: "Los expertos creen que no habrá una explosión electoral de Vox".

¿Expertos en qué?, me pregunto ante una ceguera tan descomunal como la que se aprecia en la contundente frase que provoca mi asombro. ¡Ah, caramba!, me digo... ¡Pero si son los magopops de las empresas que malgastan su tiempo elaborando encuestas desquiciadas y los arriolillas de turno que con sus interesados consejos conducen al desastre a los políticos que, como lo hizo Rajoy, se atienen a sus consejos! En cierto modo, aunque por vía de paradoja y negativismo, esos expertos en no dar ni una aciertan en esta ocasión: el estallido al que aluden no va a producirse por la sencilla razón de que ya se ha producido. Sucedió ayer, al mediodía, en el coso carabanchelero y cascabelero de Vista Alegre. Santi Abascal y sus samurais consiguieron llenarlo hasta la bandera, que fue, por supuesto, más rojigualda que nunca, y aún quedaron extramuros otras tres mil personas deseosas de unir su Vox y, dentro de unos meses, su voto a las nueve mil que estuvimos dentro. El llenazo se produjo en el mismo lugar donde los podemitas y los ciudadanitas se habían estrellado en sendas convocatorias anteriores. ¿Y cuántos diputados tienen ahora, señores expertos en falsas profecías, las dos formaciones citadas?

Hay que ser miope, y bizco, y astigmático, y tener en los ojos de la sesera más cataratas que las del Niágara, Iguazú y el lago Victoria para no reparar en la evidencia de que por fin llega a España lo mismo que ha llevado a Trump a la presidencia de Estados Unidos, a Putin al Kremlin, al brexit en Inglaterra, al inminente triunfo de Borsanaro en Brasil y a la irresistible ascensión de la derecha identitaria y patriótica (ni ultra, ni populista, en contra de lo que la prensa controlada por Soros, por Rockefeller y por los magnates de la globalización megacapitalista y esclavista asegura) en toda la Europa bruselina.

Yo, y Morante, y Hermann Tertsch, y tantos otros, estuvimos ayer donde había que estar: en el hoyo de las agujas del no por civilizadísimo menos huracanado ojo del tifón de un país que dice basta y vuelve a ponerse en pie.

Como en el título de uno de sus libros dice Ferlosio: mientras los dioses no cambien, nada ha cambiado. Pero ayer, en Vista Alegre, los dioses de la progresía, del relativismo moral y de la socialdemocracia empezaron a cambiar.

Chez nous la liberté.

La tesis de Pedro Sánchez
El Supremo da 8 días a Vox para abonar los 12.000 € de fianza por la querella al plagiario Sánchez
Carlos Cuesta okdiario 11 Octubre 2018

El Supremo exigió a la acusación particular contra Rajoy sólo 3.000 euros de fianza
Vox amplió la querella con información que revela que Sánchez se lucró con su tesis fake

El Supremo ha dado un plazo de 8 días para que Vox deposite 12.000 euros de fianza para analizar la querella contra el plagiario Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno fue cazado por OKDIARIO usando ‘negros’ para confeccionar su tesis fake y el corta y pega de ‘su’ tesis.

Aunque es verdad que el importe solicitado por el Tribunal Supremo es elevado –la querella que puso este mismo partido a Mariano Rajoy por su tardanza en aplicar el 155 requirió de una fianza de 3.000 euros– también es cierto que la elevada cuantía puede se un indicativo de que el Supremo se ha tomado en serio este asunto y exige el mismo compromiso por parte de la acusación popular.

Es más, el plazo de 8 días -que serán 12 reales, porque se mide en días hábiles- para depositar la fianza es más amplio de lo normal. Un nuevo indicativo de que el proceso puede ir en serio.

Y es que el escándalo del ‘Tesisgate’ de Pedro Sánchez sigue engordando por momentos. La última pieza aportada por Vox a su acusación y publicada por este diario demuestra que el ahora presidente del Gobierno se lucró con ‘su’ tesis fake formando parte de tribunales que evaluaban a los nuevos doctores, algo que la ley no le permitía hacer dado que carecía de la experiencia investigadora necesaria.

De este modo, la tesis de Pedro Sánchez, calificada nada menos que con un cum laude, acumula ya la evidencia de que fue elaborado por el ‘negro’ Carlos Ocaña; que plagió múltiples artículos e informes de Industria; que incluyó la copia de artículos elaborados en compañía de los propios miembros del tribunal examinador y de la directora de tesis escritos, todos ellos, con anterioridad a la entrega de la tesis; y que incluso discursos y power points del entonces ministro de Industria Miguel Sebastián fueron sumados a una tesis que, como todas, debía haber sido el fruto de un trabajo original e individual.

Para colmo, el presidente del Gobierno se ha negado ya a comparecer en el Senado para explicar su falso doctorado. La última y decisiva revelación en este escándalo es el lucro logrado por Sánchez gracias a su tesis medio año después de recibir su título cum laude. Y es que en ese plazo Sánchez empezó ya a formar parte de tribunales por los que pasaban otros aspirantes a doctor. Y todo ello lo hizo, pese a conocer la ley y normativa interna de la UCJC, que exigía ya por aquellas fechas, que los miembros de tribunales de tesis fueran doctores con “acreditada experiencia investigadora”.

La mayoría de las universidades españoles piden al menos 6 años de experiencia investigadora para estar un tribunal de tesis.
Sánchez llevaba medio año de doctor y consideró que era suficiente para igualar el sexenio investigador que pedían en la mayoría de las universidades españolas para considerar cumplido el requisito de la “acreditada experiencia investigadora”.

Esta exigencia investigadora la reclamaban tanto el Real Decreto de 2007(artículo 21: “Todos los miembros [del tribunal de tesis] deberán tener el título de doctor y experiencia investigadora acreditada”), como el Real Decreto de 2011(artículo 14: “La totalidad de los miembros que integren el tribunal deberán estar en posesión del título de Doctor y contar con experiencia investigadora acreditada”).

Y también la propia normativa interna de la Universidad Camilo José Cela (artículo 28: “La Comisión Académica facilitará un listado de 8-9 posibles miembros, todos ellos doctores con experiencia investigadora acreditada, de los que se seleccionarán los 5 miembros titulares y los 2 suplentes del tribunal”).

VOX ha ampliado ya la querella contra Pedro Sánchez con este nueva información. “El documento detectado hace referencia a que el presidente del Gobierno intervino como vocal en al menos un tribunal calificador de una tesis doctoral con posterioridad a obtener su cuestionado título de doctorado, lo que demostraría que obtuvo un beneficio económico como consecuencia del plagioen su tesis doctoral, que es uno de los requisitos exigidos para la comisión del delito contra la propiedad intelectual (artículo 270 del Código Penal)”, señalan desde los equipos jurídicos de Vox que aclaran, además, que depositarán sin duda la fianza para llevar ante el Supremo a Pedro Sánchez.

«Lola», «Balta» y «Pepe» en la alcantarilla
Álvaro Martínez ABC 11 Octubre 2018

Solo su condición de escudo humano de un Pedro Sánchez en constante huida, que no la pone fuera del Gobierno porque también él ha sido cogido en colosales mentiras, solo eso evita que Dolores Delgado (conocida como la «Lola» en la «peña Rianxo») esté fuera del Ministerio de Justicia. Ya ha sido reprobada por el Senado y el Congreso ha pedido su dimisión, incluso su gestión ha sido criticada por las asociaciones de jueces y fiscales, las progres y las conservadoras, porque hablamos de una calamidad política de difícil parangón y mira que España tiene dónde elegir.

Delgado ha cambiado hasta cinco veces de versión de aquella comida de la «peña Rianxo» en la que ella y Garzón («Balta», para los peñistas) le reían las gracias al entonces comisario Villarejo («Pepe», para «Lola» y «Balta», según se escucha en la grabación) mientras este iba narrando la comisión de delitos graves, como montar un puticlub para extorsionar a políticos y empresarios. Toda España ha podido escuchar al entonces juez y la entonces fiscal jalear la estrategia de «Pepe», cuando cualquier miembro de la Audiencia Nacional hubiera salido de la «peña Rianxo» directo al despacho para comenzar a redactar una querella contra él.

Ayer, en el Congreso, aquel «Pepe» ya volvía a ser Villarejo, lo peor de la «mafia policial», de cuya extorsión se aprovechan la «derecha, la extrema derecha y la extrema extrema derecha», que la idea del Gobierno socialista es ir añadiendo extremos a su derecha según se descompone el gabinete y los ministros vayan quedando en evidencia, hasta que al final en España no haya más que «fachas».

Y se extendió Delgado hablando de las «cloacas del Estado» y de un «presunto delincuente» que intenta «chantajear al Estado» porque, al igual que Sánchez, ella es el Estado. No explicó, claro, por qué le tomó tanta afición a almorzar en las alcantarillas, ni por qué el guardián de esas cloacas, por entonces «Pepe», fue condecorado ese mismo 2009 por Rodríguez Zapatero con una medalla pensionada. Para rematar las excusas, el origen de esta cacería de la que se siente víctima, Delgado vino a decir que se la critica por ser «mujer»... ¡Lo que faltaba! Ella hablando de discriminación cuando en aquel almuerzo de la «peña Rianxo» dijo preferir un «tribunal de tíos, de tías no quiero», llamaba «maricón» a Grande-Marlaska y venía a poner de pederastas a un grupo de jueces y fiscales españoles de viaje por Colombia. Pero ojo, que lo que pasa es que vienen los «fachas».

El miedo cambia de bando
Pablo Molina Libertad Digital 11 Octubre 2018

La izquierda justiciera, promotora directa del enfrentamiento a muerte con todo el que no acepta sus mandatos, está en estos momentos aterrorizada con la mera posibilidad de que un partido conservador llegue al Parlamento. Los medios afines tratan despavoridos de agitar el fantasma ultraderechista y sus periodistas de referencia insultan a los simpatizantes de Vox como porteras hiperventiladas. Están acojonados. Muy bien.

Resulta vergonzoso este espectáculo obsceno de damiselas aterrorizadas por el surgimiento de un partido que pide bajar los impuestos, suprimir las autonomías y acabar con el golpe de Estado separatista, protagonizado por los mismos personajes que llevan años sirviendo de felpudo a la izquierda más zarrapastrosa que ha padecido jamás cualquier país civilizado. Las grandes corporaciones mediáticas han tocado a rebato y sus tertulianos se desgañitan advirtiendo a la humanidad del surgimiento de la ultraderecha en España. Para ellos, un partido cuyos dirigentes han estado vinculados con dictaduras comunistas, que cobran de una tiranía teocrática y piden acabar con los medios privados de comunicación es el oráculo de la ética política y sus mandamases unos prescriptores morales a los que hay que escuchar con la debida consideración. Desde la perspectiva enfermiza y gloriosamente suicida de esta tropa mediática, los que amenazan expresamente con volar el sistema constitucional del 78 no son un peligro para la democracia, sino un pequeño partido sin representación parlamentaria que exige, precisamente, poner fin al golpe de Estado permanente de este Frente Popular.

Los dirigentes de la izquierda bolivariana animaban a sus simpatizantes en campaña electoral con el mensaje "el miedo cambia de bando". Mira por dónde han acabado teniendo razón, solo que, como siempre les ocurre a los comunistas, el resultado es exactamente el contrario del previsto y ahora corretean despavoridos entre las faldas del Wyoming, a ver si consiguen que el boicot generalizado decretado contra Vox surta efecto.

Y lo cierto es que si el partido de Ortega Lara fuera una formación ultraderechista, la estrategia más lógica para la izquierda sería promocionar a Vox en sus televisiones para que la gente vea lo peligroso que es. Al PP le funcionó perfectamente con Podemos. ¿Por qué no lo intentan otra vez?

Sánchez y su ‘facherio’ contra Vox
Agapito Maestre Libertad Digital 11 Octubre 2018

Estigmatizar a Cs y PP escupiendo contra Vox es toda la inteligencia del Gobierno para mantenerse en el poder. Girauta ha desmontado esa estrecha estrategia con un sencillo chascarrillo popular: "Nada tiene que ver el culo con las témporas". Pues eso, los socialistas, los comunistas, los separatistas y los filoterroristas hacen el ridículo cada vez que llaman "facha" a Santiago Abascal. El vocablo facha, como dice mi ilustrado amigo Amador Rego, es propio de gentes de pocos recursos de lenguaje, vamos que no han pisado las aulas y han leído pocos libros, y sobre todo que tampoco saben lo que son ellos mismos. Es una expresión muy vulgar que dice muy poco de quien la pronuncia. Es como cuando dicen "hijo de puta", otra vulgaridad, porque entre esos hijos quizá haya grandes hombres, al igual que sus madres bien pudieran ser grandes señoras en el ejercicio de su profesión.

El problema no termina con los partidos políticos de la llamada izquierda, o sea, con la izquierda que se apoya en los golpistas de Cataluña, sino que es la gran estrategia de todos los grandes medios de comunicación de España. Escupen la palabra facha contra Vox para despreciar a Cs y PP. Todo vale para unos medios que tienen más miedo que vergüenza. La prensa independiente ha desaparecido de España. Casi todo es prensa de partido. Ni siquiera en los medios más decentes pueden prescindir de esos periodistas, en realidad, son militantes de la mentira y el engaño, que cierran los ojos ante la realidad llamándole facha a todo el que pasa por allí. Basta leer las crónicas del acto de Vox en Vistalegre para saber qué periodistas son ilustrados o estultos: mientras que los primeros describen lo que allí pasó, los segundos se limitan a insultar a los asistentes al acto de Vox con la palabra facha.

La decadencia de la prensa libre en España no es opinable. Es un hecho. Su quiebra de credibilidad roza el esperpento. La televisión, la radio y la prensa escrita han hecho el ridículo en la valoración del acto de Vox en Vistalegre. Como he dicho en otro lugar, podría poner cien ejemplos para mostrar la torpeza de los periodistas que confunden la información con la opinión sobre el acto de Vox, o la mala fe de algunos comunicadores que se esconden en los viejos ideologemas de algo que murió hace años, el bipartidismo, para despreciar a Vox. También la mayoría de las crónicas del acto de Vox producen vergüenza ajena, entre otros motivos porque confunden dar razón del acontecimiento con las opiniones del periodista.

No me extraña que un asistente al acto de Vistalegre se haya abochornado y escandalizado de un titular de su periódico; sí, se asombra Fernando Sánchez Dragó de este titular: "Los expertos creen que no habrá una explosión electoral de Vox". Y con buen criterio Sánchez Dragó ha desmontado a esos botarates de las encuestas y los ha mandado con su cortesía habitual al garete. Felicidades por su atrevimiento. Mas si de verdad desea, el amigo Sánchez Dragó, cuestionar el trato que le han dado a Vox los periódicos, analice las contradicciones del editorial de su periódico titulado "Vox, o los riesgos de un populismo desde la derecha".

¡Ay, amigos, cierta prensa está en babia, o peor, para hacer el egipcio! Porque lo cierto es que Vox ha aprendido bien del asesor de Trump, con el que llegaron a un acuerdo de colaboración a través de Bardají. Sí, sí, cuando Abascal dijo que los insultos de "facha" y "racista" se los ponía como medallas en el pecho, estaba emulando lo que Steve Bannon viralizó el pasado marzo en un mitin del Frente Nacional de Marine Le Pen: Let them call you a racist and wear it as a badge of honor (dejar que os llamen racistas y llevadlo como un emblema de honor).Es decir, se acabó el complejo. Vox ha llegado para quedarse. Entrarán en el Parlamento Europeo y en el Congreso de los Diputados. El resto es faramalla.

La España viva que quiere ser grande otra vez
Marta González Isidoro  latribunadelpaisvasco.com 11 Octubre 2018

Hacer grande una nación puede ser un eslogan de marketing político y electoral impactante y muy útil en algunos casos porque apela a la emoción, a la subjetividad más primaria de un individuo que siente su alma cosida a su bandera y a unos símbolos que le dan identidad y le recuerda de dónde viene. Impactante… y vacío si no va acompañado de una profunda convicción ética de que mejorar la calidad de vida, garantizar la seguridad, la igualdad, la libertad y la justicia, y dar la batalla por la dignidad de su gente es lo que aporta realmente valor a un Gobierno. En una época caracterizada a nivel global por el conformismo, por la corrupción moral del silencio y por una ciudadanía que acepta cómoda su propia manipulación, sin coraje suficiente para arriesgarse por la defensa de la libertad cada vez más cercenada, la idea de recuperar el espacio político como servicio social suena muy alentador. Disentir de la tiranía de la corrección política y de las políticas que reescriben la Historia – o se la inventan - o encorsetan y victimizan al individuo en infinidad de categorías en función de raza, religión, lengua, sexo o colectivo, o confrontan a los ciudadanos de un mismo país, es un acto de resistencia no exento de riesgos.

Hace falta valor para ir de frente sin atajos ni grises, sin miedo a sufrir el ostracismo social, político y mediático o la descalificación, incluso la violencia personal. Aunque casi es mejor estar solo que mal acompañado. Compromiso con la libertad y la responsabilidad individual, con el esfuerzo, el mérito, la disciplina y el servicio a la sociedad, con el cumplimiento de la ley, una fiscalidad responsable y no confiscatoria, la defensa de las fronteras y la cohesión nacional, con un proyecto nacional que recupere en el interior las competencias de Educación, Sanidad y Seguridad y sea euro-exigente frente a una burocracia manifiestamente ineficaz para hacer frente a muchos de los desafíos a los que se enfrenta nuestro continente. Propuestas sensatas y de sentido común perfectamente asumibles por todo un abanico de sensibilidades si no fuera por la deslegitimación y tergiversación constante de una derecha sociológica acomplejada y una izquierda oportunista, corrupta, desleal y arrogada de una superioridad moral bochornosa.

Dar la batalla de las ideas en un mundo descafeinado y desnortado y proponer un ideario ideológico capaz de recuperar la España de los Valores en un acto multitudinario de afirmación democrática es un desafío impresionante y un éxito político incuestionable a pesar de la feroz reacción mediática que, ya sea por mala fe o por ignorancia supina, confunde información con la opinión más torticera trufada de ideología, engaño y mentiras.

La desafección con el sistema democrático establecido tiene mucho que ver con la inacción de determinadas élites para resolver de forma satisfactoria los desajustes que se han producido en el sistema de bienestar en las últimas décadas, y que han puesto de manifiesto la fragilidad de nuestras sociedades libres ante una globalización que muestra su cara más amarga en la incompatibilidad de una inmigración descontrolada que no siempre se integra, que denigra la cultura occidental pero que se aprovecha de sus servicios, en la pérdida de autoridad del Estado nación, en el distanciamiento de los ciudadanos frente a sus Instituciones, y en la aparición de opciones que, como en el caso particular de España, cuestionan los fundamentos mismos de nuestro sistema constitucional, la libertad y el estado plural y de Derecho.

Curioso que sean precisamente los que persiguen el derribo del orden constitucional en un asalto a las instituciones amparándose en el resentimiento y el odio más cavernario, y los que se sirven de la intimidación y la violencia para imponer su particular paraíso totalitario, los que tachen de retrógrados, insolidarios, racistas…y fachas a los que simplemente creen que ya es hora de rectificar el rumbo para mejorar. El fantasma que recorre Occidente no presagia esta vez muerte ni desolación, sino esperanza e ilusión. Es, quizá, el último tren del sentido común para recuperar los verdaderos valores que hicieron de Occidente el baluarte del humanismo hoy secuestrado por el marxismo cultural.

Si hay voto de extrema derecha, no está en VOX. No en la gente ni en los dirigentes del VOX de Vistalegre del pasado 7 de octubre. Si asusta un discurso claro, sensato, liberal y cohesionador es porque es necesario. Porque remueve conciencias, amenaza chiringuitos y desmonta el mito de que somos una nación frustrada y echada a perder. Los españoles somos Europa y Occidente y tenemos cientos de motivos para sentirnos orgullosos de nuestra Historia, nuestra lengua, nuestras tradiciones y nuestra bandera. Ante la evidente pérdida de su libertad y su independencia, la España Viva ha despertado de su letargo y no tiene que pedir permiso ni perdón por querer, juntos, hacer España grande otra vez.

En torno a la derecha superflua
Pedro Carlos González Cuevas  latribunadelpaisvasco.com 11 Octubre 2018

A estas alturas, no creo que pueda existir la menor duda de que la sociedad española atraviesa una de las crisis más importantes de su reciente historia, a nivel tanto económico y social como cultural y político. En 1934, el célebre filósofo Oswald Spengler, en su libro Años decisivos, una incisiva crítica desde la derecha al nacional-socialismo en el poder, presagiaba en el futuro unas “décadas grandiosas”, es decir, “terribles e infaustas”. Creo que en eso estamos, tanto a nivel nacional como internacional. Y es que tras la etapa de gobierno de Rodríguez Zapatero, muchas de las certezas sobre la supuesta fortaleza del régimen político y de la sociedad española en su conjunto se evaporaron. La mayoría de los problemas que se creían superados salían de nuevo a la luz con singular virulencia. La cuestión religiosa continuaba viva, ya que permanecía el enfrentamiento entre católicos y laicistas, aunque ambos grupos fuesen minoritarios. En la sociedad española, el proceso de “irreligión natural” (Augusto del Noce) resulta arrollador; y es una de las sociedades más secularizadas de Europa. Pero el laicismo sigo siendo una de las señas de identidad del conjunto de las izquierdas. Tampoco parece que la cuestión de la forma de gobierno haya encontrado una solución definitiva. En junio de 2014, Juan Carlos I abdicó en su hijo Felipe VI. La institución y la figura del monarca fueron incapaces de resistir la erosión de las críticas de que fueron objeto, por su tormentosa vida privada y la corrupción que caracterizaba a no pocos miembros de la Familia Real. Sin embargo, el discurso de Felipe VI del 3 de octubre de 2017 contra el separatismo catalán logró, al menos en parte, frenar el proceso de deslegitimación que padecía la institución desde hacía varios años.

Además, en estos momentos, asistimos, como ha puesto de relieve José Ramón Parada, al fracaso del modelo de descentralización política. El modelo autonómico no sólo no consiguió integrar a los nacionalismos periféricos catalán y vasco, sino que ha favorecido las tendencias centrífugas; además, implica unos costes económicos excesivos, que lo hacen, a medio plazo, inviable. Su dialéctica intrínseca lleva a la confederalización y luego a la fragmentación del Estado. En relación al modelo económico, el Estado benefactor ha salido muy dañado de la crisis económica. Junto a ello, el denominado “invierno demográfico” español que pone en cuestión, entre otras cosas, la continuidad social, cultural y los fundamentos del Estado benefactor. Al mismo tiempo, se ahondaba en la crisis de representación del régimen político español. Hoy, el modelo de democracia liberal representativa se encuentra en crisis en la mayoría de las sociedades desarrolladas, a causa del proceso de globalización económica y el cuestionamiento del modelo de Estado-nación. Progresivamente, el sistema político nacido en 1978 se presentaba, sobre todo ante las nuevas generaciones, como cerrado y oligárquico. La democracia española sigue siendo plana y partitocrática. De ahí el auge actual de los movimientos populistas de izquierda en nuestro suelo, como Podemos. A ello se une el recurso de la izquierda a la denominada política de “memoria histórica”, cuyo objetivo es no sólo demonizar al conjunto de la derecha española, sino someter a crítica el modelo de transición español hacia la democracia liberal, basado en el pacto y no en la ruptura.

En este contexto tan problemático, Mariano Rajoy Brey no parecía, desde luego, el líder político más indicado, ni un modelo de estadista. El hasta hace poco líder del Partido Popular no era un hombre de pensamiento, sino un político muy apegado al terreno; un político de gestión, con fama de lento y de proclive al inmovilismo. No obstante, es preciso profundizar más en el análisis. Y es que la ejecutoria de Rajoy, al igual que la de su partido, es, en realidad, producto de las contradicciones que caracterizan a la praxis de los partidos conservadores en la actual situación social y política. Y lo mismo podríamos decir de los partidos socialdemócratas. En el caso de la derecha existe, por un lado, un importante sector de su base social y política que se muestra partidario del respeto a las tradiciones, al orden moral, a la nación, a la estabilidad vital o a las ideas de patria y religión; por otro, estos principios chocan cada vez más con la realidad de un orden socioeconómico global que necesita fluidez, ausencia de fronteras y de tradiciones; un orden que, en el fondo, se basa en el cambio permanente. Mariano Rajoy y su partido no han podido o no han querido sintetizar ambas perspectivas. En lo fundamental, han optado por la segunda opción en detrimento de la primera. En toda esta actitud, subyace igualmente el triunfo de lo que el filósofo Peter Sloterdijk ha denominado “razón cínica”, una actitud difusa muy característica de ciertos sectores sociales y de ciertas elites fatigadas, escépticas. Ese “nuevo cinismo”, que, según el filósofo alemán, actúa como “una negatividad madura que apenas proporciona esperanza alguna, apenas a lo sumo un poco de ironía y de compasión”. Un “cinismo” que Sloterdijk describe como la “falsa conciencia ilustrada”, la de aquellos que saben que todo ha sido desenmascarado y no pasa nada. A mi modo de ver, la “razón cínica” se encarna hoy, políticamente, en el denominado “centrismo”.

Así, el Partido Popular se centró, a lo largo de su mandato, en la economía, siguiendo a rajatabla los parámetros establecidos por la Comunidad Económica Europea, a través de la reforma del sistema tributario y del mercado de trabajo, así como en el logro de la estabilidad presupuestaria. Las reformas políticas y de carácter moral y cultural brillaron por su ausencia. Nada se hizo en lo referente a las garantías para el logro de la independencia del poder judicial. Tampoco se derogó la Ley de Memoria Histórica. En lo relativo al aborto, el ministro Alberto Ruíz Gallardón presentó un anteproyecto de Ley de Protección de la Vida del Concebido y los Derechos de la Mujer Embarazada, que fue finalmente rechazado por el propio Mariano Rajoy, lo que provocó la dimisión del ministro de Justicia. El Estado de las autonomías no sufrió reforma alguna. Las medidas pronatalistas brillaron por su ausencia. El Partido Popular, como ha señalado Rogelio Alonso, dio una adhesión tácita a las medidas de Rodríguez Zapatero con respecto a ETA. Su actuación ante el proceso separatista catalán fue tan cobarde como miope y errática. Ni tan siquiera se planteó, no ya en la etapa de Rajoy, sino en la del ahora tronitruante José María Aznar, la articulación de un nuevo nacionalismo español. Es más, fue Aznar, en el fondo, uno de los “inventores” de la “memoria histórica”, con su estúpida reivindicación del mediocre Manuel Azaña.

A ese respecto, un tal Ramón Punset, a la sazón catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Oviedo, publicó, con el título de “¿Hay un camino transitable a la derecha?”, un artículo en algunos diarios regionales, en el que sometía a una crítica solapada algunos de los planteamientos defendidos en mi libro El pensamiento político de la derecha española en el siglo XX. De la crisis del 98 a la crisis del Estado de partidos (2015). Apenas conozco la obra del señor Punset, y eso que ha llegado a catedrático, o quizás por eso. Hace ya muchos años, cuando elaboraba mi tesis doctoral sobre Acción Española, pude leer su tesis doctoral, nunca publicada, que llevaba por título Las clases medias ante la crisis del Estado español. El pensamiento de José Calvo Sotelo, luego resumida en un artículo publicado en la revista socialista Sistema. La verdad sea dicha, su lectura no me sirvió para nada; era de una mediocridad abrumadora. Sin duda, Pedro Sánchez –y muchos otros- tienen sus antecedentes y genealogía. Pero dejemos, al menos por un momento, su pasado a un lado y pasemos a sus opiniones sobre el presente.

Frente a mis críticas al PP de Marian Rajoy, el señor Punset estima que éste no podía dar respuesta al desafío de la memoria histórica, ya que no le quedaba más que “aceptar como muestra de reconciliación nacional, la revisión simbólica promovida por las izquierdas, como éstas aceptaron, y el PSOE sigue haciendo, la institución de la Corona y la bandera rojigualda”. Tampoco cree que el PP pueda crear una simbología integradora o un nuevo nacionalismo español, por la influencia de los nacionalismos periféricos y la “debilidad anímica” de los defensores de la unidad nacional. Y escandalosamente afirma: “Para mí está claro que una nación que se avergüenza de su unidad histórica no merece permanecer unida”. “Así que atengámonos a las consecuencias”. Menos aún acepta el fracaso del Estado autonómico, ya que, según él, la descentralización es “en sí misma un buen porque ha acercado el poder a los ciudadanos, ha constituido un gran éxito y contribuido no poco a la revitalización de una España entonces mortecina y polvorienta”. Sin embargo, se ve obligado a reconocer que los pactos con los nacionalistas confieren “al sistema territorial un sesgo de Antiguo Régimen y una apariencia de geometría variable que es fuente principal de las desdichas secesionistas actuales”. Y, en fin, estima que la política afín al proceso globalizador seguida por el PP es una muestra de “modernidad”, porque tampoco serviría un PP “demagógicamente contrario a los flujos migratorios”. Es decir, que para el señor Punset la derecha, propiamente hablando, es superflua, en realidad inexistente, ya que su única función real viene a ser la de una especie de partenaire de la izquierda, que, en un momento dado, gestione y sanee la economía desactivada y destruida por las estolideces de esa misma izquierda.

Claro que el señor Punset se equivoca al estimar que yo pudiera creer que el PP, bajo la égida de Pablo Casado, pudiera cambiar de actitud. En realidad, como historiador de la derecha, nunca he creído tal cosa, y no ya por la ejecutoria de Rajoy, sino por la de Aznar, hoy de nuevo una especie de mesías para el partido hegemónico de la derecha española. A mi modo de ver, al PP le ocurre como, según Jorge Luis Borges, le ocurría al peronismo. No es que sea malo; es que resulta incorregible. Desde hace varios años, vengo sosteniendo que el principal dique para la construcción de una auténtica derecha en España es el PP. La triste etapa de Mariano Rajoy al frente del gobierno me ha dado, desgraciadamente, la razón. La inacción y la degradación del PP llegaron a tales extremos de abyección que ha hecho inevitable una decisión. A mi modo de ver, no hay marcha atrás. Las opiniones del señor Punset no son sólo absolutamente escandalosas, sino, como mostraremos, contradictorias e inválidas. Su derrotismo nacional es imperdonable. En muchas ocasiones he pensado que debería exigirse a los funcionarios lealtad a la nación y al Estado. Hoy, en España ocurre lo contrario. El señor Punset sostiene que la derecha no puede dar respuesta a las leyes de la memoria histórica de la izquierda, porque rompería el pacto de la transición entre socialistas y comunistas y la Monarquía. Sin embargo, estas leyes –caracterizadas por lo que el antropólogo Tzvetan Todorov denomina “memoria incompleta”, es decir, parcial- son las que rompen ese pacto. Por poner un ejemplo, la exhumación de los restos mortales de Franco de su tumba en el Valle de los Caídos supone, no de otra cosa se trata, de una clara ruptura simbólica con lo que fue el pacto de la transición. Aparte de eso, es preciso señalar que en los mítines y manifestaciones del PSOE y de la izquierda en general destacan las banderas republicanas. Poco a poco, la ruptura simbólica va abriendo paso a la ruptura social y política. Y es preciso que la derecha lo asuma con todas sus consecuencias. Además, ¿por qué el pueblo de derechas ha de soportar periódicamente, a través de la televisión, del cine o de la literatura, que se acuse al bando nacional, donde militaron sus padres y abuelos, de “fascista”, “nazi” o “genocida”? ¿Por qué en Madrid existen calles dedicadas a Dolores Ibárruri o a Francisco Largo Caballero? ¿Por qué han de estar en sitio preferente las estatuas de Indalecio Prieto o de Largo Caballero? ¿Por qué ha de suprimirse del callejero los nombres de Ramiro de Maeztu o de Pedro Muñoz Seca, vilmente asesinados por los revolucionarios?. ¿Cómo puede permitirse que el Ministro de Cultura haya comparado el Valle de los Caídos con Auschwitz?. Las leyes de memoria histórica del PSOE, no digamos las de Podemos, no persiguen la reconciliación nacional, sino la imposición de la memoria de izquierdas –disfrazada miríficamente de “memoria democrática”- al resto de la población. Contra todo esto, la derecha ha de luchar; de lo contrario, desaparecerá del mapa; no sólo será discriminada, sino que sufrirá, como está ya pasando, el abandono de sus bases sociales. Todas estas agresiones simbólicas han de ser contestadas. Y es que resulta preciso honrar a los muertos y educar a las nuevas generaciones en una conciencia histórica compartida. Tal es el resto.

Con respecto al “Estado de las autonomías”, el señor Punset incurre en palmarias contradicciones. Si su resultado histórico es tan positivo, ¿cómo es posible que, al mismo tiempo, sostenga que nos ha llevado poco menos que a un retorno al Antiguo Régimen? ¿Dónde está entonces el éxito? ¿Por qué calificar a la pujante España del desarrollo de “mortecina” y “polvorienta”?. Creo que la España actual se asemeja más a ese modelo. Y es que el “Estado de las autonomías” no ha contribuido ni poco ni mucho a la vertebración de la sociedad española; todo lo contrario, la he desvertebrado. Ha consolidado, además, una serie de oligarquías locales que ejercen un poder incontrolado. Lejos de acercar el poder a los ciudadanos, ha favorecido el clientelismo y el control de la población por parte de esas oligarquías. ¿Cómo es posible que la hegemonía socialista en Andalucía haya durado cuarenta años, y que no tenga perspectiva de finalización?. ¿Cómo es posible que los nacionalistas catalanes y vascos, a pesar de sus tropelías, sigan mandando en sus respectivas autonomías desde los comienzos de la democracia?. ¿Tiene algo que ver el desarrollo económico con la descentralización?. Economistas como Mikel Buesa o Roberto Centeno, entre otros, niegan la mayor. Pero es que, además, el “Estado de las autonomías” nos lleva más pronto que tarde a la balcanización del país. En eso, estamos ya. Y no es sólo eso; es que nos arruina económicamente. Como han sostenido no pocos economistas, llegará un día en que los españoles tendremos que elegir entre autonomías, pensiones y Estado benefactor. Porque las autonomías suponen, entre otras cosas, empresas públicas inútiles, cupo vasco-navarro, parlamentos, clases políticas privilegiadas y extractivas, duplicidades burocráticas, etc. ¿Hasta cuándo podemos soportarlo?

Con respecto al tema de la globalización y de la Unión Europea, la auténtica modernidad es una perspectiva crítica. No un euroescepticismo, sino un europeísmo crítico, que sea capaz de analizar las insuficiencias y contradicciones del proyecto europeo actualmente dominante. ¿No es ya de por sí evidente que a los Gobiernos se les ha ido la mano en el tema de la inmigración?. Además, los recortes sociales, la disciplina presupuestaria y la deslocalización de las actividades productivas dificultan la absorción del paro y la consolidación de los servicios sociales. Por otra parte, la actual ideología europeísta implica un cosmopolitismo abstracto y ramplón, favorecedor en el fondo de la hegemonía de Alemania; que socava la cohesión nacional, y que, en el fondo, favorece los secesionismos.

Toda esta labor crítica y política no puede llevarse a cabo por un partido tan comprometido con el régimen actual como es el hoy acaudillado por Pablo Casado; muchos menos por esa inanidad ecléctica y evanescente como Ciudadanos, un día socialdemócrata, otro liberal o conservador, o lo que le echen. Hoy por hoy, el único partido que puede afrontar esa problemática es VOX, que dirige Santiago Abascal. Por ello, no resulta extraño que ya haya sido demonizado, no sólo por la izquierda, lo que es completamente lógico, sino por los portaestandartes mediáticos de la “razón cínica”, como ABC o La Razón. El PP clama ya por el voto útil, pero ya no puede engañar a nadie salvo a los incautos, porque ha dado de sí lo que podía. Es, esa sí, la derecha superflua, cuyo fundamento ideológico es la “razón cínica”.

Esto no son Presupuestos, es la receta de la recesión
Daniel Lacalle elespanol 11 Octubre 2018

“That’s the law around here, said the King of Sunset Town” Steve Hogarth

Nunca en mi vida he visto unos presupuestos sin casi cifras. En más de 27 años analizando economías, nunca había visto un documento tan vago y a la vez tan ridículo y peligroso como el acuerdo de Presupuestos Generales del estado de 2019.

El documento supone un asalto a la credibilidad de España plagado de demagogia y exento del más mínimo rigor.

Unos presupuestos sin apenas cifras. Con un aumento del gasto real, estructural y acumulativo; pero unos ingresos ficticios y dependientes de la coyuntura económica.

Ni a los populistas italianos se les ocurriría lanzar un presupuesto lleno de vaguedades y brindis al sol sin cifras ni detalles.

Volvemos a los errores del pasado
Empecemos por los acuerdos “estrella”. La subida del salario mínimo a 850 euros al mes ya se pactó con los sindicatos, orientada al crecimiento y pactada entre los agentes sociales.

Este gobierno destruye ese pacto menos de diez meses después de firmarse, y lanza una señal que destruye empleo, y encima los salarios mínimos pierden poder adquisitivo. Un salario mínimo perderá lo "subido" de 850 a 900 euros en más impuestos indirectos y destrucción de empleo.

Sánchez e Iglesias podrían haber pactado aumentar el salario mínimo neto reduciendo impuestos, que sí depende de ellos, pero es más populista y fácil decir que los subes en términos nominales y luego lanzar la batería de hachazos fiscales vía impuestos al diésel, verdes, etc.

La subida de las pensiones con el IPC como único baremo de cálculo no la defiende ni la propia ministra de economía, que va a encontrarse con un problema tras los avisos de la Comisión Europea y el FMI.

Subir las pensiones con el IPC en 2018 y 2019 costará entre 37.000 y 40.000 millones en el medio plazo, una cifra que es imposible cubrir vía nuevos impuestos y a la que se añade el déficit actual de la Seguridad Social. Si además se ponen impuestos y escollos a la contratación, el crecimiento y el empleo, ese agujero solo va a empeorar. Las pensiones se pagan con más crecimiento y más empleo y estos presupuestos atacan ambos factores.

Las subidas anunciadas ya van a costar al 85% de los autónomos más de 400 euros anuales, según ATA, además de lo que ya sufren.

Si la indexación es a 5 años, costaría unos 8.000 millones de euros al año, y si es hasta 2030, 14.000 millones.

La equiparación progresiva del permiso de paternidad al de maternidad costaría 1.300 millones, según el Ministerio de Trabajo

Se han lanzado a decir que la subida de pensiones de 2018 no estaba presupuestada, lo cual demuestra su falta de rigor y ética, porque cualquiera puede comprobar que sí se hizo.

Pero lo peor de los presupuestos es la irresponsable falta de concreción. Tanto en promesas de gastos como en la inexistente lista de estimaciones de ingresos. Para qué hablar de sensibilidades.

Un cálculo somero nos lleva a una conclusión muy evidente. Estimaciones de ingresos de ciencia ficción y muy cíclicos llevarán a un aumento mucho mayor del déficit porque los aumentos de gastos son reales, anuales y acumulativos. Se dispara el déficit estructural ante una ralentización.

Las estimaciones más optimistas de ingresos hablaban de unos 4.500 millones de euros adicionales, sin embargo un cálculo rápido de los gastos anunciados nos lleva a una cifra mínima de 9.000 millones de euros que podría dispararse hasta los 17.000 millones. Es decir, el déficit estructural va aumentar en al menos un 25% cuando tenemos que reducirlo.

Es aún peor, las subidas de impuestos al trabajo, ahorro y al patrimonio anunciadas han demostrado tener un efecto recaudatorio inexistente o negativo, como explicamos aquí.

Esto nos lleva a unos presupuestos que son claramente repetir los errores del pasado, hundir el potencial de crecimiento, inversión y empleo con medidas populistas injustas y de impacto recaudatorio imperceptible para financiar un aumento de gasto desproporcionado e innecesario cuando los presupuestos de 2018 ya incluían mayor financiación y mejores pensiones.

Parece una broma pesada que en los presupuestos hablen de bajar el Impuesto de Sociedades a las pymes de 25% a 23% cuando la inmensa mayoría están en pérdidas pero sufren una brutal fiscalidad local y regional antes de llegar a la base imponible, y a más del 70% de los autónomos les van a duplicar los impuestos vía cuotas.

Factores como limitar el precio del alquiler por parte de los ayuntamientos que a su vez suben el IBI incesantemente son la peor solución para mejorar el acceso a la vivienda.

Ahora habrá que ver lo que tienen que añadir de favores a los partidos vascos y catalanes para que les apoyen, pero les aseguro que esas regiones verán los beneficios de la partida de gastos pero no la carga de impuestos.

Si la Comisión Europea no envía estos presupuestos donde merecen estar, en la papelera, España se encamina a un problema mayor al de Italia. Y nos lanzamos a otra crisis de deuda por gastar mucho más con estimaciones ficticias de ingresos.

Unos presupuestos serios tienen un detalle de gastos e ingresos específicos por partidas, un escenario macroeconómico y unas estimaciones de magnitudes. Esto no son presupuestos. Esto es un programa electoral de populismo barato que nos costará mucho a todos los españoles.

Si la Comisión Europea no tumba estos presupuestos, este gobierno nos va a tumbar a todos.

Un Gobierno muy poco ejemplar
EDITORIAL El Mundo 11 Octubre 2018

Han bastado cuatro meses para que el Gobierno de "la ejemplaridad", tal como lo presentó Pedro Sánchez en un alarde adanista, se convierta en un espejismo. A las dimisiones de Huerta y de Montón, y a la posición insostenible de Dolores Delgado -doblemente reprobada en sede parlamentaria- y de Pedro Duque, se sumó ayer la delicada tesitura de Josep Borrell. La CNMV expedientó al titular de Exteriores por la venta de acciones de Abengoa por un valor de 9.030 euros cuando era consejero de la compañía y obraba en su conocimiento información privilegiada. Se trata de una conducta reprobable que colisiona con el eslogan regeneracionista del que se jacta el Ejecutivo. Borrell, que ya ha anunciado que recurrirá la sanción del regulador bursátil, está obligado a ofrecer explicaciones detalladas y no sucintas evasivas como ha hecho hasta ahora.

En todo caso, quien ha situado al Gobierno en el disparadero es la ministra de Justicia, cuya insistencia en no asumir sus mentiras tan solo prolonga su agónica posición. Al día siguiente de que el Congreso aprobara una moción reclamando su "dimisión inmediata", lo que se suma a su reprobación en el Senado, Delgado se parapetó ayer durante la sesión de control en la Cámara Baja en la estrategia del ruido y la victimización que tanto gusta al Gabinete Sánchez. Acusó al PP de sumarse al "chantaje" de Villarejo, de cuya táctica de defensa judicial se considera víctima, y dio un recital de altanería y escapismo, lo que provocó que desde la bancada popular se exigiera su dimisión a gritos. Por la tarde, en la Comisión de Justicia, dividió en tres tipos a todo el que ose ponerla ante el espejo de sus vergüenzas: "derecha, extrema derecha y extrema extrema derecha". Y volvió a reiterar los subterfugios con los que pretende diluir su responsabilidad y esquivar la renuncia, que sería tanto como la antesala de la caída del Gobierno. Pero no es la oposición ni tampoco la prensa habitualmente señalada por Celaá la que ha puesto en un trance a Delgado. Es ella misma la que se niega a asumir la realidad de su reunión con un personaje de dudosa tacha como Villarejo cuando ejercía de fiscal, por el contenido que revelan los audios difundidos y por faltar a la verdad acerca de los mismos. También fue ella la que se opuso, tal como reveló EL MUNDO, a extraditar a un cliente del bufete de Baltasar Garzón vinculado al caso Villarejo.

El encastillamiento de Sánchez, plasmado no solo en las sombras de su tesis sino en la decisión de apuntalar a los ministros para blindarse él mismo, expone en toda su crudeza la falta de acierto a la hora de hacer el casting de ministros. Máxime teniendo en cuenta que tanto Delgado como Borrell se ven salpicados por escándalos que arrastraban desde el pasado. Mientras sus ministros no sean capaces de rendir cuentas ante la ciudadanía, Sánchez no está en condiciones de dar ninguna lección de ejemplaridad.

Derechita sin complejos
RAFAEL MOYANO El Mundo 11 Octubre 2018

Una de las tareas más complicadas tras la inesperada irrupción de Vox del pasado domingo ha sido identificar al paisanaje que abarrotó las gradas de Vistalegre. Cuentan las crónicas que había cerca de 10.000 personas en la plaza de toros. Muchos de ellos serían de los 46.238 que le dieron su voto, en toda España, en las generales de 2016, pero es evidente que otros muchos son nuevos seguidores que el partido de Santiago Abascal ha conseguido atraer en los dos últimos años. Lo estaban adelantando las encuestas, que empiezan a darles resultados similares a los de las últimas europeas. En 2014, su candidato, Alejo Vidal-Quadras, con casi un cuarto de millón de votos, se quedó a unas pocas papeletas de ser eurodiputado. Las próximas elecciones para Vox son, por cierto, las europeas.

El reto político ahora es identificar el potencial votante de Vox, al que se supone representado en el acto del pasado domingo. Hay quien dice que hasta allí, hasta la parada de metro de Vistalegre, en el popular Carabanchel, ya no solo llegaban viajeros desde las líneas 4 y 5, los del barrio de Salamanca. Llegaban también de Usera y de Tetuán, de Villaverde y Vallecas. Sí, hay quien cuenta que el paisanaje ya no era el habitual en estos actos hasta ahora marginales en la política española. El fenómeno que se resistía a llegar a España ya está aquí. Hay quien quiere distanciarlo de esa moda europea, pero son sus mismos promotores los que necesitan pescar en ese caladero. Porque ¿cómo se denomina a ese partido a la derecha del PP? ¿La derecha de la derecha? ¿La derecha extrema? ¿La ultraderecha? Si no quieres ser "la derechita cobarde" a la que desprecia el líder de Vox, tienes que ocupar el espacio de la derecha a lo bestia, la de Le Pen, la de Salvini, la de Orban... sin complejos, la que ya está presente en 17 de los 28 parlamentos nacionales de la Unión Europea. Compartir con ellos sus antis -la antiinmigración, el antiislamismo- y desarrollar los propios, -anti-autonomías, anti-antisexismo-.

El reto político ahora, sobre todo para el PP aunque también para Ciudadanos, es identificar al votante que se le puede escapar por ese otro lado, porque a la derecha de la derecha nunca había habido nadie. Y en Génova, aunque pongan cara de póker, les preocupa lo de Vistalegre. Desde dentro, alguien plantea: "Tan malo es que Casado intente ocupar ese espacio como que no pueda hacerlo". No es un contrasentido. El problema, no sólo para el PP, es que en España se haya abierto ese espacio.

El hombre que se cargó Cataluña
Pablo Planas Libertad Digital 11 Octubre 2018

No hay nadie con más responsabilidad personal en la catástrofe política, social y económica de Cataluña que él.

Vuelve Artur Mas, pero al banquillo del Tribunal de Cuentas y acompañado por Francesc Homs, Joana Ortega e Irene Rigau, los otros tres procesados por el primer referéndum ilegal, el del 9 de noviembre de 2014. Mas les ha arruinado la vida pero se ve que no les importa. Comparecen los cuatro sin lazo amarillo. Mas, muy tieso, parece Isabel Pantoja en la secuencia de los dientes. Mentón al cielo, el expresidente de la Generalidad que activó el proceso para tapar la corrupción se cree la viva imagen de la dignidad institucional. Una fantasía derivada del exceso de amor propio y de lo que ha venido después.

Quitarse el lazo amarillo ha tenido que ser duro para Mas, pero es que el hombre se juega el patrimonio y la casa, igual que sus tres exsubordinados que tanto se felicitaron cuando el 9-N, otro pedazo de fiesta de la democracia separatista. Puigdemont no se habría quitado de la solapa la gran cruz del churro amarillo. De hecho es que Puigdemont no habría atendido la citación del Tribunal de Cuentas como no fue a la Audiencia Nacional. Torra, tampoco. Ahí estaba el hombre en el funeral de Montserrat Caballé, el representante ordinario del Estado en Cataluña, dando el cante con el lazo.

Mas y los demás están terriblemente preocupados ante la perspectiva de tener que afrontar con su bolsillo el coste de aquella juerga de referéndum que Mas rebajó a "consulta" primero y a "proceso participativo" después. Dice que le quieren arruinado, que todo esto es una venganza de Soraya Sáenz de Santamaría y de Sociedad Civil Catalana (SCC), acusación particular, y que los siete mil ordenadores que se compraron para las mesas del 9-N eran en realidad para los colegios, para los niños y los estudiantes. Anda que no, qué arte tiene Mas y qué casualidad la de los ordenadores para las escuelas que estrenaron los voluntarios de un referéndum ilegal.

A la salida, el sucesor político de Pujol se ha deshecho en elogios del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y se ha asegurado de que quedara muy claro que él remó a favor de la moción de censura. Un tipo vivo, este Mas. En cambio, Junqueras está en la cárcel y Puigdemont se ha tenido que fugar el pobre por hacer exactamente lo mismo que el hombre que esquía en Suiza, navega en Menorca y mendiga dinero para la causa de sus fianzas y sus defensas. No hay nadie con más responsabilidad personal en la catástrofe política, social y económica de Cataluña que él, porque Puigdemont no hizo sino ejecutar el plan previamente acordado cuando el mal ya estaba hecho.

VOX: sin miedo a ser de la derecha democrática
Enrique de Santiago okdiario 11 Octubre 2018

En abril de 2014 me hice cargo de organizar VOX en Salamanca, compromiso que adquirí por 2 años y, así, en 2016 dejé de ser el coordinador. En esos dos años, caía aceite hirviendo, tanto la derecha como la izquierda nos despreciaban, éramos cuatro, nos pagábamos hasta las pipas, teníamos nuestra ilusión, un manifiesto fundacional para engrandecer España y ganas de demostrar que se pueden hacer las cosas de otro modo. En la intervención que tuve en el acto de presentación en Salamanca, de la mano de Vidal Cuadras, definía a los hombres y mujeres de VOX como un grupo de pequeños, locos, paracaidistas. Pequeños por ser pocos, locos por tener una idea en la cabeza que era España y paracaidistas por venir con una mochila a la espalda a realizar un trabajo y dejar a otros seguir la senda sin perpetuarnos en los cargos.

Una vez que dejé la coordinación, cumpliendo mi palabra de no estar más de 2 años, no he dejado de ayudar, apoyar y defender los criterios de VOX, y cuando no he estado de acuerdo, no he hecho ruido, lo he dicho donde tenía que decirlo y he seguido ayudando. VOX debe, si quiere algo más que un testimonio, dejar de ser un partido “guerrillero” contra el independentismo, la corrupción, etc. y, sin dejar de actuar en esos campos, presentarse, porque puede, como un partido con vocación de gobierno, sin histrionismos, sin militarismos, transversal, unificador de los valores de la derecha democrática, demostrando, siempre, que la política se puede hacer de otro modo, honradamente, cumpliendo la palabra dada, respetando al adversario, desde la solidaridad y sin dar un paso atrás, defendiendo una idea de España.

VOX defiende la libertad individual y cumplimiento de la ley, la unidad de España con respeto a las costumbres singulares, tener un papel importante en Hispanoamérica y Europa sirviendo de nexo de unión, una nueva ley de partidos y electoral que expulse a los antisistema que buscan destruir la democracia, acabar con las autonomías en la concepción actual liquidando magra política y recuperando competencias vitales para el Estado, una radical separación de poderes dotando a la Justicia de recursos procesales y económicos y sacando la mano política de su seno, una auténtica economía de mercado con una reducción de la carga fiscal, un sistema educativo de calidad, una universidad de élites intelectuales sin diferencias económicas, la implementación de políticas en defensa de la vida… ¿Dónde está el fascismo? Otros claman, expresamente, una dictadura del proletariado o la destrucción del sistema democrático y hasta parecen ser la quintaesencia de la ética y la política, cuando no pasan de regurgitado ponzoñoso.

Defenderé esos valores dentro o fuera de VOX, en política o en la vida cotidiana, erraré en mis pasos; pero, mis convicciones son fuertes y si eso es ser de ultra derecha, ¿qué defienden otros? La gestión desde el Estado considerándonos “perros sin alma”, la división de España, abandonar Hispanoamérica o Europa, mantener el “status quo” que no funciona de unas autonomías que son la cuna de la corrupción, apoyar la liquidación del sistema democrático, una economía dirigida y devoradora con impuestos que pagan siempre los mismos “perritos sin alma”, una educación en la que se desconozca el pasado, el presente y el futuro haciendo bobos hipertitulados. Una universidad mediocre, una defensa de la muerte adelantada, el aborto y la despoblación que sirva de excusa para traer inmigrantes ilegales y acabar con los molestos, esto ¿no es fascismo? En la libertad de cada uno está la decisión, pero unos respetamos las decisiones y otros las imponen.

Sánchez no puede mantener ni un minuto más a Dolores Delgado en Justicia
EDITORIAL esdiario 11 Octubre 2018

La práctica totalidad de las Cámaras pide ya la dimisión, con mayor o menor intensidad, de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, sometida a un calvario en el Congreso y el Senado por una única razón: su decisión de aferrarse a un cargo que, simplemente, es incompatible con las barbaridades que se han conocido de ella en compañía del siniestro comisario Villarejo y de su amigo y mentor Baltasar Garzón, no menos controvertido.

Que Delgado intente explicar su caso como un chantaje al Estado del que ella es en realidad la víctima responde, patéticamente, al deplorable discurso oficial del propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decidido a mantener en el puesto a la ministra para no ver caer a su tercer miembro del Gobierno: de permitirlo, tendría simplemente imposible mantenerse en su ya endeble e injustificable negativa a convocar Elecciones Generales.

Resulta lamentable que tanto Sánchez como Delgado pretendan esquivar las gravísimas evidencias que recogen unas grabaciones que quizá se han utilizado arteramente, pero que una vez conocidas resultan imposibles de olvidar.

En ellas, la hoy ministra y entonces fiscal se muestra homófoba con el ministro Grande Marlaska y machista con los tribunales compuestos por mujeres; se escama pero no denuncia un supuesto encuentro de jueces y fiscales con menores de edad durante un viaje oficial a Colombia y, lo más grave de todo, se ríe y de algún modo anima al propio Villarejo cuando le cuenta cómo había montado una red de extorsión a cargos públicos con prostitutas.

Todo lo descrito encierra una gravedad máxima en cualquier servidor público, pero especialmente en quien ejerce la máxima autoridad en el ámbito de la Justicia, cuya imagen queda resentida por sostener a una titular que, cuando nadie la ve, imparte una lamentable lección de cómo funcionan las cloacas del Estado.

Alegar que fueron conversaciones privadas o presentarse como damnificada de un complot no solamente es vergonzoso, sino también falso. Por Villarejo y Garzón no sólo no han sido precisamente agresivos con Delegado y el PSOE, sino que han estado bien cerca de él en unos momentos especialmente delicados en los que un juez fue clave para derribar al Gobierno de Rajoy mediante una moción de censura justificada en dos líneas de una sentencia menor de la trama Gürtel y en la supuesta necesidad de ejemplaridad.

Si aquí ha habido un complot contra Estado, no habrá sido con el PSOE al frente, si no antes. Y para sostener algo así harían falta datos y pruebas que ahora mismo nadie ha sido capaz de exponer. Lo que sí hay es una ministra achicharrada y sin autoridad ninguna. Y un Gobierno que, tras presumir de igualdad, transparencia y otros valores que cree poseer en exclusiva; mira para otro lado ante el mayor ataque a esos principios que jamás se ha escuchado a un ministro en España.

El cazaplagios que tumbó a dos ministros alemanes a OKDIARIO: “Sánchez debe dimitir”
Segundo Sanz okdiario 11 Octubre 2018

OKDIARIO entrevista en exclusiva a Martin Heidingsfelder en Nuremberg (Alemania)
El fundador de VroniPlag sostiene que el jefe del Ejecutivo tiene que renunciar al título de doctor y someterse a nuevas elecciones

El mayor cazador de plagios de Alemania y de Europa, Martin Heidingsfelder, considera que el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, debe dimitir. Así lo ha señalado en exclusiva a OKDIARIO tras analizar en detalle la tesis doctoral del jefe del Ejecutivo socialista (‘Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público‘) con la que obtuvo la calificación de cum laude por la Universidad Camilo José Cela (UCJC) de Madrid en 2012. Heidingsfelder contribuyó enormemente a la dimisión de los dos ministros alemanes Karl-Theodor zu Guttenberg (2011) y Annette Schavan (2013) por plagiar en tales trabajos universitarios.

A raíz de que el pasado septiembre estallara el escándalo en España y Sánchez hiciera pública ‘su’ tesis –seis años después de presentarla–, este medio se puso en contacto con Heidingsfelder, fundador de la plataforma VroniPlag, para que analizara la supuesta investigación académica del presidente del Gobierno. Tras aplicarle el programa antiplagio PlagScan y, sobre todo, utilizando su experiencia, instinto y su capacidad para detectar fuentes copiadas que escapan a esos programas antiplagio, además de la ayuda de su pareja Patrizia, que habla español, ha podido emitir un veredicto inicial: Pedro Sánchez “debe dimitir, renunciar a su título de doctor y someterse a nuevas elecciones”.

OKDIARIO le ha entrevistado esta misma semana en su casa de la ciudad alemana de Nuremberg (Baviera) y éste ha sido el resultado. A la pregunta en inglés sobre si el presidente del Gobierno tiene que renunciar al cargo debido al plagio que realizó en su tesis doctoral, Heidingsfelder responde así: “Para mí, si él muestra y dice: ‘Yo cometí un error. Lo siento. No quiero ser un doctor nunca más, pero quiero ser un presidente perfecto. Fui elegido, así que tengo el derecho a seguir’. Entonces, él puede seguir. Es una decisión privada que debe tomar. Pero la gente tiene que confiar en él o no confiar en él, y él tiene que ir a las próximas elecciones. En mi opinión, debería renunciar y regresar con una nuevas elecciones. Cuando haga eso, será un hombre honesto. En el caso de la tesis, debe ver sus propios errores y debe tomar una decisión; si mantiene o no el título de doctor. Y debe hacerlo muy rápido”.

“Pero si lo conserva -continúa Heidingsfelder- y dice ‘no he cometido errores; la universidad dice que todavía soy doctor’, para mí no es suficiente, porque sé que las universidades no siempre deciden correctamente en estos casos. Tenemos mucha experiencia con casos políticos en Alemania, y creo que las universidades no están demostrando correctamente qué es plagio y qué no es plagio. Es decisión de uno mismo y luego mantener esa decisión”.

En la moción de censura
Se da la circunstancia de que fue precisamente Pedro Sánchez quien en la pasado 1 de junio, durante el debate de la moción de censura contra Mariano Rajoy (PP), espetó al todavía jefe del Ejecutivo: “Lo que no hay en Europa son partidos gobernando sentenciados por la justicia. Lo que hay en Europa son Gobiernos donde, como en Alemania, personas que han desempeñado responsabilidades ministeriales y se les ha descubierto que han plagiado una tesis, lo que han hecho ha sido dimitir”, afirmó Sánchez durante su intervención en la tribuna del Congreso de los Diputados.

“Lo que quiero decirles es que ustedes tendrían que haber asumido su responsabilidad política y no haber provocado esta crisis institucional”, sentenció el secretario general del PSOE aludiendo a la sentencia del caso Gürtel por la que el PP fue considerado “responsable civil subsidiario” (no condenado por financiación ilegal).

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El espejismo regenerador
ELISA DE LA NUEZ El Mundo 11 Octubre 2018

Pasados ya sobradamente los primeros 100 días del Gobierno de Pedro Sánchez, parece que la esperanza que despertó fue más un espejismo que otra cosa. No ya porque son patentes los previsibles problemas derivados de la falta de una mayoría suficiente para un proyecto de Ejecutivo estable -que tampoco era el objetivo, al menos inicialmente, dado que la moción de censura tenía como principal finalidad acabar con el insostenible Gobierno de Mariano Rajoy-, sino porque cada día pesan más la herencia y las hipotecas del viejo sistema de partidos. Bajo la apariencia de modernidad que tanta ilusión despertó tanto en cuanto a los perfiles de determinados ministros (y sobre todo ministras) como en cuanto al lenguaje y los gestos, late el alma del turnismo y del clientelismo de siempre.

Sigue funcionando la ocupación de las instituciones por el partido ganador, ya se trate de empresas públicas, del CIS o de cualquier otro organismo público; el cambio de los principales niveles directivos en todos los Ministerios ha sido similar al que realizó en su día Rajoy, y parece tener menos que ver con méritos profesionales que con criterios de afinidad o de pura y simple amistad; funciona a pleno rendimiento el denominado puente de plata, de manera que los puestos funcionariales más apetecibles se adjudican a dedo a los ex altos cargos del PP descabalgados (hoy por ti, mañana por mí). Y ahí siguen los pactos de toda la vida con el PP para repartirse el órgano de gobierno de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial, con la necesaria colaboración de unos cuantos jueces ambiciosos y con ganas de hacer carrera de la única forma en que es posible en España, mediante la proximidad al poder político a través de asociaciones judiciales. Las tímidas reformas regeneracionistas anunciadas -muy bien acogidas por la opinión pública- son rápidamente descafeinadas o postergadas, y los estándares éticos proclamados se rebajan una vez se constata que su falta de adecuación a la realidad social supone un coste político inasumible.

De nuevo, se echan en falta las políticas públicas coherentes y a largo plazo, de manera que con algunas excepciones todo se reduce a una política de gestos y en ocasiones de gesticulación. En definitiva, las grandes cuestiones siguen pendientes y el clientelismo patrio sigue campando a sus anchas, rindiendo pleitesía a los nuevos titulares del Poder. Como siempre. Lo más curioso es ver cómo el PP y el PSOE intercambian sus papeles como Gobierno y oposición sin ningún pudor. A las primeras críticas, la vicepresidenta cuestiona la libertad de expresión, exactamente como hacía el PP de Rajoy. Los filibusterismos y las triquiñuelas parlamentarias que emplea el nuevo Gobierno para aprobar las normas cuando no dispone de las mayorías necesarias o quiere evitar los debates parlamentarios no tienen nada que envidiar a las del PP en su momento. El abuso de los decretos-leyes es constante, entre otras cosas porque todo el mundo sabe que hasta que el Tribunal Constitucional se pronuncie faltan muchos años y para entonces nadie asumirá responsabilidades políticas por las normas declaradas inconstitucionales, todo al más puro estilo Rajoy. Se vetan iniciativas de la oposición que pueden molestar al Gobierno -como la proposición de ley sobre transparencia universitaria- con la excusa de que aumentan el gasto, sea o no cierto. Igual que hacía el PP cuando estaba en el Gobierno. Y, mientras tanto, normas imprescindibles para combatir de forma eficaz contra la corrupción, como la que establece la protección de los denunciantes, duermen el sueño de los justos en el Congreso desde hace más de dos años. Claro que por el camino se van quedando el Estado de derecho y la confianza en las instituciones, pero esto no parece importarle mucho a nadie. En definitiva, aunque no lo expliciten (que a veces sí), está claro que nuestros viejos partidos siguen pensando que el fin justifica los medios. Y el fin, como ocurría también con el PP de Rajoy, parece ser mantenerse en el poder una temporada, aunque no se sepa muy bien para qué.

De nuevo es el problema catalán -que es, en definitiva, el problema español- el que evidencia con más fuerza todas las limitaciones del sistema de partidos actual. El PSOE se aferra al viejo esquema de siempre que tan bien funcionó hasta que los nacionalistas catalanes rompieron el tablero. Más allá de la retórica se sigue intentando el intercambio de favores -normalmente dinero, competencias o retirada de recursos ante el Tribunal Constitucional- a cambio del apoyo a un Gobierno minoritario. Estos acuerdos se venden como muestra de la existencia de una voluntad negociadora pero lo que no se atisba por ninguna parte es la existencia de una estrategia política más a largo plazo, salvo las vagas referencias de costumbre al federalismo o a la reforma constitucional, o a la ley de claridad canadiense como si fueran ensalmos que harían desaparecer el secesionismo por arte de magia.

Incluso se habla de retomar iniciativas cuyo fracaso ha sido evidente, como la recuperación del Estatut declarado inconstitucional en 2010. Mientras tanto, se mira hacia otro lado cuando la desagradable realidad viene a desmentir el discurso oficial y a poner de manifiesto día tras día la existencia de una fractura política y social creciente en Cataluña, ahora aderezada con toques de violencia e intimidación tolerada, cuando no alentada por las propias instituciones autonómicas al servicio del independentismo. La postura de Sánchez en este sentido también empieza a recordar a la de Rajoy: es mejor no hacer nada mientras que la cosa no pase a mayores. Y, por otra parte, la actitud más abierta y dialogante del nuevo Gobierno no parece que haya dado muchos frutos y que el apoyo independentista tiene más que ver con el temor a que un adelanto electoral les lleve a un escenario mucho peor que con una voluntad de alcanzar acuerdos.

Claro está que nadie sabe muy bien en qué momento los ciudadanos se van a cansar de gobiernos incapaces no ya de resolver sino incluso de debatir de forma responsable sobre los problemas básicos que les afectan, ya se trate de la creciente desigualdad, de la digitalización y su amenaza para el empleo tal y como lo conocemos, de la brecha generacional, de la reforma educativa, de la cuestión demográfica, de la sostenibilidad del Estado del bienestar, de la neutralidad y la profesionalidad de las instituciones, de la lucha contra el clientelismo o incluso de la seguridad de las personas no siempre garantizada por lo que estamos viendo en algunas partes del territorio nacional. La desconfianza en el sistema de partidos no para de crecer y ciertamente hay motivos sobrados para que así sea. Y sin embargo, sin partidos que funcionen razonablemente no puede sobrevivir la democracia representativa liberal que es el modelo más idóneo para abordar este tipo de retos por la sencilla razón de que es el único modelo político con la suficiente flexibilidad y pragmatismo para permitir -una vez escuchadas todas las voces- una integración razonable de los intereses de unos, y aunque no sea satisfactorio por completo para nadie, proponer soluciones que nos permitan seguir conviviendo.

Pero, además de unos partidos responsables y con visión de largo plazo, necesitamos también una Administración despolitizada y profesional. Hay que recordar que incluso el mejor Gobierno posible no puede hacer nada si no cuenta con un instrumento eficaz para gestionar y ejecutar sus políticas. Y una Administración pública tan politizada y tan desmotivada como la nuestra sencillamente no lo es. Cabe preguntarse, por ejemplo, cómo es posible que nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores tenga que distribuir como argumentario un powerpoint de un profesor de la Universidad de Córdoba para combatir las mentiras independentistas sobre la calidad de la democracia española. Tenemos además una bomba de relojería en el seno de nuestra Administración con un envejecimiento de plantillas que va a llevar a la jubilación en la próxima década a un millón de empleados públicos, entre ellos buena parte de los que forman parte de los niveles superiores de la Administración. Deberíamos tomarnos en serio de una vez la necesidad de poner al día nuestro sector público y de repensar el modelo de Administración Pública necesario para afrontar los retos apuntados. Lo que está claro es que mientras los organismos públicos sean sólo un botín a repartir entre los partidos y no separemos las carreras políticas de las funcionariales no podremos avanzar.

Por último, hay que señalar que todas las cuestiones apuntadas no se van a resolver ni por un partido de izquierdas ni por uno de derechas, por muchos escaños que tengan, ni tampoco por un bloque de derechas y otro de izquierdas conformado por más de un partido. Por la sencilla razón de que se trata de abordar decisiones que necesitan de grandes acuerdos transversales que superen el eje izquierda-derecha y la política turnista y cortoplacista de siempre. Los nuevos partidos, por su parte, deben de evitar replicar el comportamiento político de aquellos a quienes aspiran a sobrepasar lo que no es fácil dado que los incentivos para hacerlo son muy grandes. En definitiva, estamos hablando de redefinir nuestro Estado social y democrático de derecho para adaptarlo a las necesidades de la sociedad española, tal y como otras generaciones hicieron hace ahora 40 años. Nadie puede quedarse fuera de esa gran tarea.

Elisa de la Nuez es abogada del Estado, coeditora de ¿Hay derecho? y miembro del consejo editorial de EL MUNDO.

Hispanidad
Javier Barraycoa gaceta.es 11 Octubre 2018

Por mucho que se diga desde fuera lo mal que está Cataluña, aquí existe un pueblo hispano resistente y capaz de liderar la recuperación de la identidad patria que un día nos robó la partitocracia.

En 2012, ante las primeras exclamaciones formalmente separatistas en la Diada del 11 de septiembre, nació una iniciativa. Una incipiente y espontánea asociación, en poco menos de un mes, conseguía montar una concentración el 12 de octubre, día de la Hispanidad y fiesta nacional de España. La organización era la plataforma de “Espanya i Catalans” y el proyecto lo lideró un ciudadano de a pie que se convirtió en un referente para muchos: Manel Parra.

Es cierto que mucho tiempo antes, se habían destacado iniciativas como Asociación por la Tolerancia, Convivencia Cívica Catalana, Foro Babelia y, tantas asociaciones que temo nombrar por no olvidarme alguna. Y tras esas asociaciones estaban hombres y mujeres, algunos conocidos y aún en la palestra; y otros héroes anónimos que con su sacrificio y labor callada trabajaron -sobre todo- para frenar las políticas lingüísticas del nacionalismo y su aparato adoctrinador a través de la lengua. Muchos siguen en la brecha y desde aquí nuestro más rendido homenaje. Alguno de los protagonistas de aquellos tiempos, han dejado testimonios escritos valiosísimos de aquellas cuitas. En ellas, el denominador común fue la habitual traición de los partidos políticos especialmente el PSC y otros que alardean de constitucionalismo.

También hay que recordar, en honor a la verdad, que Barcelona durante los años 90 se destacó en las celebraciones del 12 de octubre que tradicionalmente se celebraban en la antigua Plaza de Salvador Anglada (presidente del tradicionalismo de Sants, asesinado en 1936), rebautizada en la transición como “Països Catalans”. Barcelona, me atrevería a decir que ha sido de las pocas ciudades de España que ha celebrado espontáneamente el día de la Hispanidad aparte de los actos oficiales. La corrección política y el acostumbrado silencio mediático, hicieron pasar casi desapercibidas aquellas celebraciones antes del cambio de milenio. Pero los más jóvenes deben saber que Barcelona nunca renegó de su condición hispánica a pesar de la hegemonía cultural nacionalista.

Como decíamos, las concentraciones -desde 2012- en la Plaza de Cataluña el día de la Hispanidad han sido fundamentales para entender el inicio de la resistencia de la sociedad catalana ante el embate ya explícito del separatismo. Sin esas iniciativas, no se hubieran explicado innumerables movilizaciones posteriores en las calles, o la incansable lucha por recuperar el espacio público para todos los catalanes, liberándolo de todo tipo de símbolos nacionalistas. Estas más que meritorias acciones y movilizaciones han permitido desmontar el relato imaginario del nacionalismo. Cuántos catalanes anónimos han puesto su tiempo y dinero para limpiar Cataluña, mientras que los parlamentarios debatían cómodamente en sus sillones.

Los diferentes actos del día de la Hispanidad han pasado por muchas vicisitudes: desde la desconfianza de los políticos, a su entusiasmo por salir en la foto. Recordamos que en 2012, algunos políticos estaban esperando en el parking sito bajo la plaza Cataluña y enviaban emisarios para comprobar si la plaza se llenaba o el acto iba a ser un fracaso. Al confirmarles que la plaza se estaba llenando entonces salieron a buscar las cámaras. Como estas son miserias humanas a las que nos hemos acostumbrado, ahora las tomamos como motivo de jerigonza.

Este será el séptimo año desde esa segunda fase del asociacionismo antinacionalista iniciada en 2012. Podríamos relatar las discrepancias, dificultades, tensiones, pero no vale la pena. Las cosas se van superando y todos los que rechazamos el nacionalismo totalitario sabemos que el camino será aún largo y difícil, por mucho que el catalanismo radical dé muestras de fatiga y fractura interna. Ellos seguirán ahí. Pero esta vez, la gran diferencia es que nosotros estaremos donde el deber y el honor nos indica: frente a ellos y unidos. Este año, creemos no equivocarnos, todas las asociaciones antinacionalistas han madurado en el arduo combate. Se han dado grandes pasos para armonizar esfuerzos, limar diferencias y aceptarse como somos. Y todo ello permite que se pueda augurar que en Barcelona este próximo día de la Hispanidad, como celebración popular se habrá consolidado, mostrando que -por mucho que se diga desde fuera lo mal que está Cataluña- aquí existe un pueblo hispano resistente y capaz de liderar la recuperación de la identidad patria que un día nos robó la partitocracia. Madrid será la capital de España, pero Barcelona ha de ser la de la Hispanidad.

Por ello, también, debemos de ser más precavidos que nunca. A los partidos políticos no les gustas los movimientos sociales que no pueden controlar, por mucho que digan que se identifican con ellos. Por tanto, para que este hermoso sueño de una capital hispana no se trunque debemos trabajar en dos direcciones. La primera es que las asociaciones, aunque tiendan puentes necesarios con los partidos políticos, mantengan siempre su independencia. Ellas deben ejercer la función de su conciencia cuando desvaríen (que por desgracia suele ser bastante a menudo). En segundo lugar, el día de la Hispanidad no puede quedarse en una mera celebración reactiva contra el nacionalismo, sino que debemos dotarla de contenido para profundizar en el sentido de la Hispanidad como proyección universal de la tradición e identidad hispana que forjó nuestro ser durante siglos, y que uno estamos dispuestos a perder. Con otras palabras, nuestro enemigo no es solo el nacionalismo, sino el folklorismo (Si Manolo Escobar es el referente de nuestro patriotismo, es que es tan peligroso como Lluis Llach). Celebrar la Hispanidad no es un ejercicio de sentimentalismo ni costumbrismo; es reactualizar una realidad pasada, vivirla en el presente y proyectarla en el futuro.

Abascal (Vox): «En política europea admiro a la Reina Isabel la Católica»
El presidente de la formación explica a ABC que cuando les llaman «fachas» es porque hacen «lo correcto para enfrentar a la izquierda y para combatir a los enemigos de España»

Mariano Calleja ABC 11 Octubre 2018

La sede de Vox en Madrid amaneció el lunes con una pintada en el portal: «Nazis, no». El mitin de Vistalegre del domingo superó todas las expectativas del partido, que pensaba reducir el aforo de la plaza con paneles, para que no se vieran sillas vacías. No hizo falta. Empujados por su dato en el CIS, que les sitúa por primera vez con posibilidades de entrar en el Congreso, en Vox se han disparado las afiliaciones. La sede se les ha quedado pequeña, y ya piensan en una mayor.

En la mesa de su despacho, el presidente de la formación, Santiago Abascal, tiene un mapa de España con sus autonomías: curioso, cuando este partido defiende el final de las Comunidades. «Sí, pero defendemos el imperio de la ley, y ahora esta es la España que hay».

«España, lo primero». Su tarjeta de presentación es una copia del lema de Trump.

España, lo único importante, decía Fraga. Más que un lema es una intención. Quiere decir que España está por encima de cualquier partido político, y que los intereses de los españoles están por encima de lobbies, de empresas y de potencias extranjeras. A Trump lo vemos como expresión de un gran malestar en potencias de occidente. En ese sentido, tenemos algunos coincidencias.

¿A quién admira en la política europea? Le comparan con Le Pen.
En la política europea, a la Reina Isabel la Católica y a Carlos V. Y en la actualidad, debemos hacer un reconocimiento a Viktor Orbán, que ejerce el liderazgo de una nueva Europa, asentada en la soberanía de sus naciones, en la identidad cristiana de Europa y en la oposición a la inmigración masiva.

¿Se considera europeísta? ¿Cree en la Unión Europea?
Nosotros, los españoles, somos Europa con más derecho que nadie, a pesar de que a veces han tratado de decirnos que Europa termina en los Pirineos. Si Europa acaba en los Pirineos, es porque empieza en Gibraltar. España ha salvado a Europa del avance islámico. Pero hay que distinguir muy bien Europa de la Unión Europea, y nosotros vemos a la actual Unión Europea, sobre todo en su pulsión federalista, como una enemiga de Europa.

¿Qué medidas tomaría Vox ahora mismo en Cataluña?
Lo que hay que hacer es restablecer el orden con los mecanismos constitucionales que tengamos. Si es el 155, el 155, si es el 116, pues el 116. No hay que tener ningún complejo. Hay que poner encima de la mesa la ilegalización de las organizaciones golpistas que han actuado como organizaciones criminales, es decir el PDECat, CUP, ERC, Òmnium Cultural, la ANC, y también la disolución inmediata de los Mossos d’Esquadra. Y ha de ponerse encima de la mesa una nueva ley que ilegalice a los partidos separatistas.

¿Cuál es el modelo territorial de Vox?
Vox no oculta su objetivo final, que es la conversión del Estado de las Autonomías en un Estado unitario, políticamente centralizado, administrativamente descentralizado, con un único Gobierno, un único Parlamento. Sabemos que exige una reforma constitucional. Mientras tanto es perfectamente factible iniciar un proceso de recuperación de competencias.

¿Usted es monárquico?
Yo fundamentalmente creo en España, y creo que la Monarquía representa la pervivencia de España en estos momentos, la unidad. Mientras la Monarquía sea leal a eso, pues los españoles seremos leales al Rey.

Vox se ha nutrido de antiguos votantes del PP desencantados. ¿Ve algún cambio en el PP de Pablo Casado como presidente?
Sí, veo un cambio hacia el nerviosismo por la irrupción de Vox. Una parte de los votantes y militantes de Vox proceden del PP, casi a partes iguales de los que proceden de Ciudadanos y de los que vienen de un abstencionismo crónico, que tiene mucho que ver con el rechazo al Estado de las Autonomías. Y estamos entrando en las líneas de la izquierda, por la defensa de la unidad nacional, la resistencia a un feminismo absolutamente radicalizado y la inmigración masiva.

Pablo Casado propone la unidad de la derecha. ¿Lo ve posible?
Vox se distingue en muchos terrenos del PP y Ciudadanos. Seremos responsables cuando tengamos escaños.

¿A quién se refiere cuando habla de derechita cobarde?
Es un análisis de lo que ha sido el Gobierno de Rajoy. Esa derechita cobarde, cuando llega al poder, se dedica a gestionar el legado de la izquierda, pero no transforma nada.

¿Qué contesta cuando llaman xenófobo a Vox?
Llaman xenófobos a millones de españoles que queremos sin más que las fronteras de España sean defendidas. Y desde luego si un extranjero obtiene la nacionalidad, y se dedica a atacar la unidad de España, a convertir España en Venezuela, nosotros plantearemos que se les retire la nacionalidad y sean expulsados.

¿Qué haría con la ley del Aborto?
Derogaría la actual ley.

¿Y con la ley de matrimonio homosexual?
Sustituirla por una ley de uniones civiles. El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer.

¿Quién es el mejor presidente que ha tenido España?
Con luces y sombras, Aznar.

¿Cómo definiría, en pocas palabras, a Pedro Sánchez?
Sin escrúpulos.
¿Mariano Rajoy?
Blando.
¿Pablo Iglesias?
Malo.
¿Albert Rivera?
Indefinido.
¿Pablo Casado?
Bien intencionado, pero impotente.

A usted le están llamando de todo estos días, pero sobre todo facha.
No perdemos ni un segundo. Cuando nos llaman eso es porque hacemos lo correcto para enfrentarnos a la izquierda y para combatir a los enemigos de España.

¿Vox está en la ultraderecha?
No, está en la ultranecesidad, el sentido común y las cosas normales que nos enseñaron nuestros padres.

La política según Torra: o sentencia favorable o agitación
Teresa Giménez Barbat okdiario 11 Octubre 2018

Joaquim Torra envió recientemente una carta a Pedro Sánchez con copia a 40 personalidades —¡a punto he estado de escribir ‘otras 40 personalidades’!— para presionar a la justicia española y así lograr que quienes están en prisión provisional por haber atentado contra el Estado de Derecho reciban un trato de privilegio. Mediada la misiva, y con claridad meridiana, el líder del CDR de Presidencia tiene la osadía de reclamar al Gobierno “to invite the Public Prosecutor to withdraw the charges”, petición envuelta en la habitual retahíla de falsedades, como la que proclama el “increasing suport for catalan Independence” por parte del “pueblo catalán”.

El delegado de Puigdemont vierte amenazas puramente pírricas, como que si los reos son juzgados y finalmente condenados a prisión, la demanda de independencia será “overwhelming”, cuando lo que sería “overwhelming” es que la agitación de los grupúsculos más radicalizados, cuyo poder de movilización no hemos de desestimar, llevara a los catalanes a una ruptura realmente grave de la convivencia. Ello no obsta para que insista en un diálogo que es, además, falsa, pues lo que en verdad plantea el soberanismo es discutir la forma y los plazos en que se lleva a cabo el referéndum de autodeterminación. Ése es todo el horizonte de lo que, en la cuadratura mental de Torra y compañía —y más de un tercerista despistado, pleonasmo—, supone dar paso a la política. De ahí que resulte un sarcasmo que Torra afirme pomposamente que “the catalan side —por “the independentist side”— is ready to begin this process without preconditions”.

Y es que Torra no tiene ningún derecho a hablar de “Catalan Side” porque la sociedad catalana no es un frente homogéneo proindependencia. Yo misma, sin ir más lejos, tengo el catalán como lengua materna y he escrito libros en esta lengua, sin que ello sea óbice para estar felizmente unida a mis conciudadanos españoles y europeos. Aunque si un ejemplo es pertinente estos días es el de Montserrat Caballé, que paseó el buen nombre de España por el mundo y, libre como fue, jamás escatimó una sola crítica al nacionalismo. Torra se cobró su ínfima y postrera venganza acudiendo al funeral con un lazo amarillo. Como observa con tino el columnista Albert Soler, de Diari de Girona, “que se joda la muerta”. Con todo, la principal falsedad del documento es la oposición entre “Catalonia” y “Spain”. Frente a ello, debemos subrayar, una vez más, que la mayoría de los catalanes no sentimos otra cosa que horror ante la posibilidad de que a nosotros nos priven de la ciudadanía española y europea, y el resto de los españoles sean declarados extranjeros en Cataluña.

El Gobierno español, por último, no necesita ningún tipo de mediador nacional ni extranjero para tratar con Cataluña, así que destierren esta idea, que parte de la insidiosa premisa de que España presenta un déficit de calidad democrática, cuando lo cierto es que todos los indicadores lo describen como uno de los países con mayor calidad democrática del mundo. Como eurodiputada, también me dirijo, igual que Torra, a la UE y a los líderes mundiales sensibles al ataque contra la democracia por parte del nacionalpopulismo catalán; el más grave intento de desestabilización de la prosperidad de la Unión desde la Segunda Guerra Mundial. Tengan en cuenta las últimas palabras de Torra, su advertencia de que una sentencia que no sea favorable a sus intereses detonará una suerte de estallido nacionalista. Recuerden, en suma, que la declaración ilegal de independencia del pasado octubre —ayer, precisamente, se cumplía un año— fue previa a todo esto. Y muy especialmente, que el appeasement, como demuestra la triste historia europea del siglo XX, nunca es la solución.

Delgado es el problema y debe irse
 larazon 11 Octubre 2018

Llena de perplejidad escuchar a una fiscal del Estado, de no poca experiencia además, la afirmación de que la revelación de unas conversaciones grabadas por el comisario José Manuel Jiménez Villarejo, hoy en prisión, pudieran influir en la «obtención de una ventaja procesal», literalmente, servirle «para salir de la cárcel», o condicionar la acción del Ejecutivo del que Dolores Delgado forma parte como ministra de Justicia.

Sólo el mero enunciado de un chantaje de estas características, por proceder de alguien que ha servido en la defensa de la legalidad, traslada a la opinión pública un mensaje demoledor para la confianza en las instituciones: el que un procedimiento judicial puede modificarse por medios ilícitos. No fue el único flaco favor que, acorralada por sus propios errores, hizo ayer la ministra a la democracia española. Delgado, cierto, tenía todo el derecho a defender su honorabilidad, pero nunca a costa de la verdad y, sobre todo, de la proporción. Y es que, después de la intervención de la titular de Justicia, pareciera acreditada esa fantasmagórica organización subterránea –las «cloacas del Estado»– capaz de cambiar el devenir de España desde las sombras.

Por supuesto, no perdieron la oportunidad de subirse al carro ni los separatistas catalanes, a quienes Delgado ofrendó una supuesta «operación Cataluña» como si ella misma ya la hubiera investigado, instruido, juzgado y sentenciado; ni Bildu, que aprovechó para pedir la disolución de la Audiencia Nacional, ni, por supuesto «Podemos», que recibió con placer la aparente confirmación de la Notaria Mayor del Reino a sus pintorescas teorías conspiratorias. No. La ministra Delgado podía defender su posición, por más insostenible que nos parezca, ya fuera con el ataque bajo a la oposición en la figura del ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que nada tenía que ver con Villarejo en 2009, cuando el policías se relacionaba con la hoy ministra y con el exjuez Baltasar Garzón; o con la simple negación de los hechos, pero es indignante que con sus intervenciones haya convertido a un policía presuntamente corrupto, con una trayectoria de cuatro décadas de irregularidades de baja estofa, más o menos sospechadas, tanto en sus etapas de funcionario como en los períodos en que trabajó de detective privado, en un paradigma del Doctor No jamesbondiano, empeñado en subvertir una de las democracias más avanzadas de Europa.

No fue, sin embargo, éste el único error que cometió la ministra al excusarse. Tal vez en un lapsus de memoria, Dolores Delgado describió con crudos tintes la actividad chantajista del comisario Villarejo, olvidando que, en las grabaciones hechas públicas, ella misma consideró de «éxito seguro», en expresión textual, el sistema prostibulario del que presumía Villarejo para obtener informaciones comprometedoras. Ella misma, una fiscal del Estado, convenía en que era muy fácil «que un hombre babee», cuando el comisario en cuestión le describía con pelos y señales cómo grandes empresarios cometían graves indiscreciones con sus prostitutas. Sólo las extraordinarias circunstancias de un Gobierno como el de Pedro Sánchez, abrasado por todos sus flancos y con dos ministros dimisionarios, explica que Dolores Delgado –reprobada por el Congreso y el Senado– aún se mantenga en el cargo. En definitiva, su comparecencia no sólo demuestra el enrocamiento del Ejecutivo en el poder, sino una preocupante pérdida del sentido de la realidad y, como hemos señalado antes, de las proporciones. Escuchándola, parecía que sólo desde su advenimiento al cargo, la Justicia española había recuperado su legitimidad. No es de extrañar que entre la magistratura se extienda el rechazo a quien tanto descrédito ha traído al prestigio de los tribunales.

Independentismo en Cataluña
Mossos se unen a policías y guardias civiles en una asociación para defender la Constitución
Nacho Doral okdiario 11 Octubre 2018

La constante utilización por parte de la Generalitat de Cataluña y su Departamento de Interior de los Mossos d´Esquadra ha llevado no sólo al hartazgo de gran parte del cuerpo, sino a un paso histórico. El sector constitucionalista, cada vez más activo ha decidido unirse a los distintos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado en una asociación que se presenta este jueves. Con el nombre de POLITEIA, sus promotores quieren defender la Constitución y el respeto a la normativa vigente tal y como avanzan su manifiesto.

Esta organización, que se define como una Asociación de Policías en Cataluña asegura que nace a raíz para reforzar lazos entre las personas que forman parte de los diferentes Cuerpos de Seguridad que desarrollan sus tareas diarias en esta comunidad autónoma. En su carta de presentación citan a Mossos d’Esquadra, Guardia Civil, Policía Nacional, Policías Locales y Policía Portuaria.

El documento de POLITEIA con el que se dará a conocer no prescribe ninguna ideología política, tampoco la independentista, pero deja claro que sus miembros deben respetar la Constitución y la Ley vigente. “Defendiendo las propias ideas, pero bajo la fuerza de un sentimiento conjunto de respeto a la norma que refuerza nuestros lazos de convivencia, la Constitución Española y, el respeto a la Normativa vigente”, señalan.

Sus impulsores dentro del Cuerpo de Mossos d´Esquadra reivindican la necesidad de dar un paso adelante contra la politización (por ejemplo, en la retirada de lazos golpistas) por parte de la Generalitat de Cataluña. Un problema que no sólo viven los policías autonómicos. Fuentes policiales denuncian las presiones que sufren agentes de la Guardia Urbana en Barcelona, o de las policías locales de muchos ayuntamientos gobernados por partidos separatistas.

Una “policía política”
Las mismas fuentes añaden el gran otro motivo para la creación de esta asociación de policías además de que hayan sido convertidos en una policía política, como son percibidos por una parte cada vez más importante de la población. Un motivo que sin embargo, no aparece en su manifiesto.

“Una iniciativa como POLITEIA surge también como canal de reclamación ante los reiterados incumplimientos en materia económica del ‘Govern'”, indican. Deudas que arrastran de la última época de Artur Mas, que se consolidaron con el prófugo Carles Puigdemont y que ahora han estallado hasta llegar a las manifestaciones en la calle con su sucesor, Quim Torra.

La deuda que fijan los mossos ha sido cifrada en 4,4 millones de euros, y exigen que la Conselleria de Interior que dirige Miquel Buch cumpla el acuerdo de 2008 por el cual se equiparaba el sueldo de los mossos al de otros cuerpos, como el de Bomberos. En estos momentos, denuncian, cobran un 10 % menos de media.

El manifiesto de llamamiento a Mossos y resto de policías de Cataluña opta por animar a la colaboración y se centra en “reforzar este sentimiento” de unidad en torno al ordenamiento vigente, puesto en entredicho por las actuaciones del Ejecutivo de Torra.

El pasado sábado, cerca de 5.000 mossos se manifestaban ante el Palacio de la Generalitat al grito de “Estamos hasta los huevos” “¡y polític qui no boti!” (político el que no bote). La indignación contra el actual ‘Govern’ deriva ya en la unidad de acción sino entre las direcciones de las distintas fuerzas de seguridad, sí entre sus plantillas.

¿El euskera se prohibió con Franco? FALSO
http://www.yolanda.info 11 Octubre 2018

“…Madariaga –el muy eminente dirigente republicano gallego, activo antifranquista hasta su muerte poco tiempo después de poder regresar a España tras cuarenta años– recordó en varias ocasiones a sus compañeros de exilio que esas acusaciones se fundaban en las mentiras más desvergonzadas. En numerosas ocasiones contrarrestó los esfuerzos que los nacionalistas vascos y catalanes realizaron ante diversas potencias en busca de apoyo para sus pretensiones. Por ejemplo, con motivo de una carta que dirigió Aguirre al presidente americano Eisenhower con ocasión de su visita a España en 1959, en la que reiteraba todos los tópicos posibles, Madariaga le contestó con una carta en la que, entre otras muchas cosas, le dijo:

"Y vengo ahora al régimen. Con frecuencia se presenta al régimen como un opresor de las libertades de Euskadi y de Cataluña, y se atribuye esta opresión a España; o a Madrid. Este modo de hablar y de escribir y de pensar es una tremenda injusticia a los españoles no-vascos y no-catalanes, y sobre todo a Madrid. Eso que nos oprime a todos es un aspecto de España, intolerante, reaccionario, antiliberal, pero no situable en ningún lugar de nuestra geografía. Y aún diré más. Si se va a intentar un mapa de España coloreando aproximadamente la densidad de eso que nos oprime a todos, no serían ni Cataluña ni Euskadi las regiones más blancas. Y aún diré más: este régimen vino con la ayuda fervorosa y aun heroica de los navarros; lo manda un gallego; lo apoyan los banqueros vascos y catalanes; y en su alto personal político y diplomático predominan vascos y catalanes. En su advenimiento cooperaron todos los pueblos españoles activa y pasivamente sin que ni uno solo pueda decir ni 'yo no tomé parte' ni 'yo no tengo la culpa'" (Carta a José Antonio Aguirre, 5 de marzo de 1960. Memorias de un federalista, Ed. Sudamericana, Buenos Aires 1967, pp. 140-148).

Madariaga subraya que esta carta no tuvo contestación. Aguirre murió al poco tiempo, y su sucesor tampoco se dio por enterado. Escribió Madariaga al respecto:
"Cuando es reiterado, el silencio adquiere caracteres de argumento".

Al año siguiente constestaba Madariaga a otro artículo de un nacionalista vasco aparecido en la prensa venezolana:
"Habrá pues que examinar algunos de los asertos que este separatista vasco hace en 'El Nacional'. Primero. Que los españoles son los opresores y los vascos los oprimidos. Todo el mundo sabe que el régimen actual franquista que padece España es más vasco que castellano. Comenzó con una entrevista con Mussolini que cuenta el señor Lizarza Iribarren, entrevista preparada por don Rafael Olazábal y de que formaba parte don Antonio Goicoechea. Vascos son los más de sus figurones como Bilbao, Areilza, Aznar, Iturmendi, todos los Urquijos, Lojendios y demás ministros, embajadores, banqueros que pululan en la plana mayor del régimen. Todo el mundo sabe que la banca vasca, que se enriquece a costa del pueblo español, todo él, incluso desde luego el vasco, apoya y sirve al régimen. De modo que pintar el régimen actual como una opresión del país vasco por los españoles es burlarse de la gente" (Memorias..., p. 346).

Efectivamente, hubo infinidad de vascos y catalanes en las altas esferas del franquismo. En cuanto a los vascos, se podría mencionar a Antonio Iturmendi, ministro de Justicia de 1951 a 1965, presidente de las Cortes y del Consejo del Reino; José Luis Arrese, principal ideólogo del régimen, secretario general del Movimiento, ministro y miembro del Consejo del Reino; Rafael Sánchez Mazas, ministro y uno de los principales dirigentes de la Falange; Tomás Domínguez Arévalo, ministro de Justicia en el primer gobierno franquista; José Félix Lequerica y Erquiza, embajador, ministro de Asuntos Exteriores, vicepresidente de las Cortes, embajador permanente ante las Naciones Unidas; José Antonio Sangróniz, jefe del Gabinete Diplomático y de Protocolo de Franco durante la guerra; Esteban Bilbao y Eguía, ministro de Justicia y presidente de las Cortes de 1943 a 1965, entre otros muchos altos cargos; el general Orgaz, que preparara el alzamiento con Franco, capitán general de Cataluña en la inmediata postguerra y jefe del Alto Estado Mayor del Ejército; Felipe Abárzuza, gaditano de evidente estirpe vascongada, jefe del Estado Mayor de la Armada franquista durante la guerra, comandante general de la flota y ministro de Marina; José María de Areilza, conde de Motrico, embajador, director general y ministro; Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores; el embajador que protagonizó el famoso suceso interrumpiendo a Fidel Castro en directo en la televisión cubana a causa de sus ataques al gobierno español, fue el donostiarra Juan Pablo Lojendio. Significativamente, el ministro de Asuntos Exteriores bajo cuya autoridad se encontraba el vasco Lojendio era el vasco Fernando María Castiella, y su jefe de Gabinete, el vasco Marcelino Oreja Aguirre; la dinastía de los Churruca, embajadores en varios países y jefes de protocolo de las Naciones Unidas; Antonio Ibáñez Freire, director general de la Guardia Civil y ministro del Interior; Antonio María de Oriol y Urquijo, ministro y presidente del Consejo de Estado, etc. Para poner fin a esta relación, no exhaustiva, el abad de un lugar tan emblemático para el régimen franquista como el Valle de los Caídos fue el donostiarra Luis María de Lojendio. Y ya que hablamos de símbolos, el autor de la música del Cara al Sol y del himno de la División Azul fue el falangista guipuzcoano Juan Tellería.

El franquismo se dedicó, fundamentalmente en los primeros y más exaltados años del régimen, a llevar a efecto una política de represión lingüística que en unos casos provoca la indignación y en otros la risa. Se prohibieron en la Universidad las asignaturas sobre lengua, literatura e historia de Cataluña; se cancelaron las actividades del Institut d'Estudis Catalans; se prohibió a los funcionarios hablar en otras lenguas en el ejercicio de sus funciones; la predicación en las iglesias debía ser en castellano; se estableció la obligatoriedad en las regiones bilingües de poner los rótulos comerciales en castellano. La preocupación por evitar la extranjerización de las costumbres y la polución de lo español mediante usos lingüísticos no estrictamente castellanos, suscitó medidas como la prohibición de la nomenclatura sabiniana para bautizar a los niños (por sabiniana, es decir, por separatista, no por vasca, pues de vasca no tenía nada).

Sin embargo, a esta primera época de irracionalidad, que podríamos extender hasta 1945, sucedió una paulatina apertura para la utilización pública de las lenguas regionales –porque la privada, obviamente, nunca sufrió prohibición alguna, a pesar de que corra por ahí una dolosa propaganda nacionalista (dirigida sobre todo al extranjero, donde es más fácil sostener cualquier mentira) que difunde la falsedad de que hablar catalán o vasco estaba incluso penado con la muerte–.

Las ediciones de literatura en vascuence se cuentas por miles, y desde fechas tan tempranas como 1941. Por ejemplo, en 1952 se fundó la editorial Kuliska Sarta de Itzaropena, dedicada a libros en vascuence. En 1961 se fundó la editorial Auspoa, dedicada asimismo a revitalizar la lengua. En vascuence se publicaron durante el régimen franquista multitud de cancioneros, recopilaciones de leyendas, cuentos y novelas. Se editaron tebeos en vascuence en los que se enseñaba a los niños vascos la gramática, geografía e historia vascas. Desde 1961 existió un curso de vascuence por correspondencia, en discos, de la CCC. Desde los años 60 se celebra la Feria del Libro y Disco Vascos. También en pleno franquismo (desde 1948) editaba la Diputación guipuzcoana la revista literaria en vascuence Egan,que sería utilizada por numerosos escritores nacionalistas. El Consejo Provincial del Movimiento de Vizcaya publicaba su propia revista en vascuence. Y la editorial Lur, dedicada a promover la literatura moderna en vascuence, empezó a funcionar a finales de los 60. El mencionado Estornés Lasa fundó la Editorial Auñamendi a su regreso a España en 1958. En 1968 publicó el primer volumen de su monumental Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, que lleva ya publicados más de 60 volúmenes. La editorial Auñamendi está dedicada a la publicación y difusión de obras de tema vasco, escritas en castellano, en euskera o en ambas lenguas. En 1968 nació en Vizcaya Euskerazaldeak, grupo en el que participaban personas de ideología varia en apoyo del vascuence. Se cuentan por cientos los estudios de lingüística vasca, de ortografía y sintaxis del vascuence, de historia de la literatura en vascuence, de orígenes y geografía histórica del vascuence, de toponimia, diccionarios, etc. Las ikastolas estaban subvencionadas por el Ministerio de Educación Nacional desde finales de los 60.

Mención aparte merece la Euzkaltzaindia, Academia de la Lengua Vasca, la cual, tras los primeros años de la postguerra, reanudó su actividad a partir de comienzos de la década de los 50, trabajando a partir de entonces con normalidad e incluso celebrando con fastos su cincuenta aniversario en 1968. Convocó anualmente premios literarios de novela, poesía, teatro y bersolaris en vascuence y editó decenas de miles de ejemplares de un método de aprendizaje de la lengua, método que se impartía por la radio y a través de la prensa del Movimiento.

"Se reformaron los Estatutos (1954) y se eligieron nuevos académicos de número, y a partir de 1956, Euskaltzaindia tuvo una vida más normalizada, tanto en sus actividades internas, como en la celebración de encuentros o congresos de carácter público y abierto (primer congreso de la postguerra: Arantzazu, 1956). La década que siguió (1956-1968) corresponde a una nueva generación de colaboradores, a la introducción creciente del euskera en los centros escolares bilingües de iniciativa social no-pública (ikastolak), la renovación de la prensa euskérica, los primeros intentos de alfabetización en euskera, etc. Todo ello subraya la urgencia de una normativa académica única para las manifestaciones escritas de la lengua. Esta demanda social culmina en el Congreso de 1968 (Arantzazu), que establecerá, de forma ya más sistemática, las pautas básicas para lograr tal objetivo (léxico y morfología: declinación, ortografía), lo que se completará poco después con una propuesta sobre la conjugación (1973)".

Podría pensarse que se trata de un panfleto de propaganda franquista destinado a mostrar una imagen de normalidad del euskera durante el régimen. Sin embargo, el párrafo anterior es un fragmento de la información que la propia Euskaltzaindia da hoy sobre su historia en su página web (http://www.euskaltzaindia.net/Inicio_c.htm, 7-04-2003).

Efectivamente, el batúa comenzó a forjarse en pleno franquismo. Para amoldar el vascuence a las necesidades lingüísticas de las sociedades actuales y para evitar que la incomprensibilidad entre los dialectos del vascuence obstaculizasen aún más su supervivencia, en la segunda mitad del siglo XX se desarrolla desde la Academia de la Lengua Vasca la unificación de aquéllos en una lengua nueva: el euskera batúa (unificado).

El batúa siempre ha tenido una importante oposición por parte de muchos vascófonos, nacionalistas o no, que le reprochan su alejamiento del verdadero vascuence y opinan que con ello se ha matado una lengua que, aunque sumamente dialectalizada, estaba viva, a cambio de la fijación de una cosa que no se sabe si acabará arraigando. En todo caso, es curiosa la dedicación del nacionalismo –en teoría defensor de las tradiciones vascas– al batúa, al fin y al cabo una adulteración de la verdadera tradición lingüística vascófona. Y como consecuencia de la creación de esta neolengua, muchos son los hijos escolarizados en batúa que tienen dificultad para entenderse con sus padres y abuelos vascófonos, por lo que se ven forzados a entenderse con ellos en castellano.

Así lo explica el autor y sacerdote nacionalista Anastasio Arrinda:
"La rotura con la tradición se ha efectuado al imponer un modelo de Batua, inspirado en el dialecto labortano y con muchas dificultades añadidas. La rotura con la tradición ha sido total. Euskeras milenarios sacrificados ante el nuevo ídolo aséptico y electrónico. Lo llaman exigencias del progreso. Las viejas generaciones no se entienden con las nuevas educadas en este Batua y recurren para entenderse, al castellano".

Respecto a Navarra, la Diputación Foral publicó desde 1966 un suplemento mensual de la revista Príncipe de Viana en vascuence. En 1973 dicha diputación aprobó las bases para la enseñanza y fomento del vascuence. En 1969 apareció el primer número de la revista Fontes Linguae vasconum. Studia et documenta. El Diario de Navarra tenía una página quincenal escrita íntegramente en vascuence. Numerosas revistas laicas y religiosas fueron publicadas en vascuence”.

El alcalde socialista de Huesca adopta la ‘fabla’ como lengua cooficial: “Uesca ziudat bilingüe”
OKDIARIO 11 Octubre 2018

El Ayuntamiento de Huesca, gobernado en coalición por el PSOE en coalición con la marca podemita Aragón Sí Puede, ha comenzado la instalación de carteles en español y en la conocida como fabla, un dialecto típico de los valles del norte de Aragón y que el socialista Luis Felipe y su exiguo equipo de gobierno pretenden elevar a la categoría de lengua cooficial en la ciudad.

No han sido pocos los comentarios de vecinos al comprobar la existencia de carteles con el nombre de la ciudad escrito en la fabla: Uesca. Anunciando que la capital oscense se ha convertido en “ciudad bilingüe”, en la que, según el Consistorio, “se habla castellano” y “charramos aragonés“. Muchos oscenses han reconocido que el que denominan como aragonés nunca se ha utilizado en la capital, pese a que pueda existir en algunos valles pirenaicos dentro de la provincia.

La iniciativa de colocar estos carteles no es la primera que adopta el Ayuntamiento de Huesca para la promoción y el uso de la fabla. En este caso, se trató de una idea que contó con la colaboración de los comerciantes locales, que instalaron en sus negocios carteles de “abierto” y “cerrado” en español y en aragonés.

El PSOE, que hace unas semanas rompió con sus socios de Cambiar Huesca y ha quedado en minoría junto a los podemitas, no hace sino seguir los pasos iniciados por el gobierno autonómico, en concreto desde la Dirección General de Política Linguística, en manos de la Chunta. La promoción de la fabla, que a penas conoce el 1% de la población aragonesa, ha sido uno de los empeños de socialistas y regionalistas. Tanto es así que el año pasado comenzó un proyecto para extender, a través de cursos de formación, el uso del llamado aragonés entre los funcionarios.

El ejemplo de Huesca no hace sino ahondar en una política linguística que deriva entre la protección y fomento de la fabla entre la población local y el impulso del catalán que los propios socialistas se encargaron de promocionar como “lengua propia” de Aragón. El PSOE de Lambán, que gobierna con el apoyo de la Chunta y Podemos, incluyeron la trampa lingüística como una modificación del estatuto de autonomía, vía una enmienda presentada en la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos.

Independentismo en Cataluña
El alcalde del PSC en Granollers homenajeará a Companys responsable de más de 8.000 asesinatos
Nacho Doral okdiario 11 Octubre 2018

El alcalde del Partido Socialista de Cataluña (PSC) en Granollers, Josep Mayoral, ha organizado un acto de homenaje al líder golpista de ERC Lluís Companys, responsable del asesinato de 8.129 catalanes durante su mandato al frente de la Generalitat de Cataluña. Un acto en memoria del 78 aniversario del fusilamiento de un político que dio un golpe de Estado contra la República en 1934 y llevó a cabo una campaña de terror con ejecuciones, torturas y purgas en toda Cataluña.

El Ayuntamiento de esta localidad barcelonesa ha enviado las invitaciones para acudir al acto con el siguiente texto: “El alcalde de Granollers, Josep Mayoral y Antigas, se complace invitaros al acto de Homenaje al presidente Lluís Companys en el 78 aniversario de su fusilamiento con la participación del Sr. Pere Ysàs Solanes, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador del Centro de Estudios sobre Dictaduras y Democracias”.

Un acto en recuerdo de uno de los personajes que llevó la violencia a las calles contra el ejército de la República y que ordenó fusilar personalmente a varias personas en 1938 pero al que se quiere dotar de un tono bucólico. Para ello, contará incluso con música de la Escuela Municipal Josep Maria Ruera.

El homenaje al fundador de ERC se celebrará el lunes 15 de octubre, a las siete y media de la tarde en los Jardines de Lluís Companys, junto al Pabellón de Deportes de titularidad también municipal.

El alcalde del PSC es un independentista reconocido, que reclama el derecho de autodeterminación alegando que los catalanes deben expresar “con firmeza y convicción el derecho a decidir democráticamente la forma de gobernarse como lo hacen otros países”.

Lazos amarillos y “represión del Estado”
Para Mayoral, que también defendió el referéndum ilegal, hay “un grave conflicto político” y llama a luchar “contra la represión y la imposición” del estado español. Recientemente ha propuesto la creación de un “frente unitario” independentista con otros municipios del Vallé Oriental.

Josep Mayoral es miembro de la Ejecutiva del PSC que dirige Miquel Iceta, y pertenece al denominado Consell Nacional. Ni su militancia socialista ni su condición de alcalde (desde 2004) de una localidad con 60.000 habitantes le impiden apoyar la presencia de lazos amarillos y demás simbología golpista.

El alcalde daba muestras de su afinidad a la causa por la secesión hace sólo unos días. Durante las Fiestas de Granollers, permitía a los radicales colgar pancartas pidiendo “libertad para los presos políticos” en el balcón del Ayuntamiento y lazos amarillos de los bafles y vallas de los conciertos celebrados en la localidad.

 


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