AGLI Recortes de Prensa   Domingo 28  Octubre 2018

Casado, Rivera y la España que no se resigna a morir
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 28 Octubre 2018

La brillante oratoria de Casado y Rivera contra el Gobierno de Sánchez deja por primera vez claro el deslinde político nacional: golpistas y antigolpistas.

Rara vez se ofrece a los representados la ocasión sentirse orgullosos de sus representantes políticos. Este miércoles sucedió. Los discursos de Casado y Rivera contra el Gobierno de Podemos que preside Falconetti y administra desde la cárcel el golpista Junqueras fue una de esas ocasiones.

Del discurso de Casado se han resaltado muchas cosas, excepto una: la aplastante superioridad intelectual que exhibió el joven presidente del PP en el Hemiciclo. La campaña para presentarle como un analfabeto al que le regalaron sus títulos continuará, porque así es la Izquierda, pero nadie, que yo recuerde, ha hecho un primer discurso semejante en la tribuna, de casi media hora, sin mirar un papel ni errar un número, una fecha o una cita de esos acuerdos europeos donde suelen naufragar la memoria y la paciencia.

Hace un par de años hizo algo parecido Rivera, excelente orador que ganó premios de joven, pero al que le faltaba un rival serio con el que medirse. Ya lo tiene. Los dos líderes del centro-derecha en España -a la espera de la entrada en las Cortes de Santi Abascal- están tan por encima de las demás tribus de culiparlantes parlamentarios, que van a tener que disputar una liga ellos solos, como Messi y Cristiano en la última década de oro futbolística.

O se está con el Golpe o contra el Golpe
La ventaja de tener el grupo mayoritario en las Cortes es que cabe decidir los asuntos a debatir, obligando a contestar a los que intervienen después. Esa ventaja que nunca usó Cobardiano Rajoy, siempre esperando a lo que hicieran los demás, la aprovechó perfectamente Casado al poner el acento en lo esencial del momento político: el Golpe de estado en Cataluña y la abierta complicidad con él del Gobierno y Asociados, demostrada en la visita de Iglesias al recluso Junqueras para negociar los Presos-puestos, porque nunca se ha negociado ni se tiene interés en el Presupuesto, sino en sacar de la cárcel a los separatistas presos tras el Golpe de Estado de 2017.

Por eso fue decisiva, por su contundencia y claridad, la acusación de Casado a Sánchez de ser "partícipe y responsable de un Golpe de Estado". A partir de ahí, y de la forma de acusar el golpe por parte de Sánchez, esa es la cuestión a debatir en la política española. Y como Rivera se negó a desmarcarse de Casado y abundó en las acusaciones a Sánchez, quedó por primera vez claro el deslinde político nacional: golpistas y antigolpistas. Al día siguiente, Carmen Calvo gemía y confirmaba: "¡no, no hubo rebelión!".

El Gobierno Falconetti y sus terminales mediáticas llevaban así al extremo su hipocresía y ruin deslealtad al régimen constitucional: fingían escándalo porque les llamaban golpistas pero obedecían a Junqueras y le servían lo que había pedido: presionar desde la abogacía del Estado a la Fiscalía para anular el cargo de rebelión, un delito contra la Constitución, y limitarse al de sedición, que lo es sólo contra el Orden Público y acarrearía una pena más leve y más fácil de indultar antes de las elecciones generales.

El papel esencial de Rivera
Pero cuando te han llamado golpista en el Parlamento es más difícil favorecer el Golpe sin que se note. Por eso los medios golpistas están que muerden con Casado y el Asador Tezanos sirvió de inmediato una encuesta dizque del CIS en la que aparece como menos popular que Pablo Iglesias, algo que ni siquiera Monedero ha conseguido. Empeño inútil. La acusación ha hecho daño porque es verdad y vale más porque no sólo compromete al acusado sino al acusador. Este ya no es PP de Rajoy, haciendo como que no se entera del golpe de Estado para no combatirlo. Pero Casado no ha quemado sus naves como líder del PP. Las ha fletado como líder nacional.

Pero he insistido en estos días, tanto en la radio como en El Mundo, en que la fuerza de la posición de Casado se basa también en la de Rivera. Si el líder de Ciudadanos, que habló tras Casado y Sánchez, hubiera cedido a la tentación centristoide y equidistante ("ni la derecha dura ni la izquierda radical") el PP se habría quedado solo en el Parlamento, si acaso con cierto apoyo exterior de Vox. Pero al enfrentarse Rivera de forma contundente a Sánchez, y responder éste llamándoles "mellizos", eran los dos partidos del centro y la derecha en el Parlamento, además del emergente de Derecha fuera de él, los que se perfilaban y eran percibidos como un frente unido de resistencia nacional contra el golpe de Barcelona y sus aliados en Madrid.

Estamos ante una Revolución
Es difícil no recordar los discursos de Gil Robles y Calvo Sotelo en vísperas de la Guerra Civil denunciando al Gobierno del Frente Popular y su política de exclusión criminal contra la España de centro y derecha. En esos discursos sobresale, tras la enumeración de las atrocidades del Gobierno y los partidos que lo sostenían, la frase de Gil Robles: "Media España no se resigna a morir". La situación actual parece mejor. No hay facciones del Ejército, la Guardia Civil o la Policía, salvo las cloacas de Interior, dispuestas a someter desde las logias y por la fuerza a esa España que se niega a la esclavitud y la disolución. A cambio, la Revolución -y el Golpe de Estado de Sánchez, Iglesias y Junqueras es eso: la Revolución- tiene una potencia mediática mucho mayor que en el 36. Y el centro y la Derecha, de la que ha desertado la Iglesia Católica, muchísimo menor.

Por eso resulta siniestro que el PP se abstenga cuando la Diputación de La Coruña, para quitar mezquinamente su nombre a un instituto, llama "responsable de la guerra civil" a Calvo Sotelo, asesinado por escoltas de Prieto días antes de que empezara. No cabe seguir fingiendo que la condena del franquismo no es lo que es: el primer paso para liquidar la monarquía parlamentaria. Si están con el Rey y la Nación, ni Casado ni Rivera pueden aceptar la condena de la media España nacional. Y eso es la profanación de la tumba de Franco, aplicación perfecta de la Ley de Venganza Histórica.

En fin, lo importante es reconocer, para poder empezar a combatirlo, que este Gobierno ha dejado de ser un anuncio electoral. Es el pasquín de una revolución que quiere extender el Golpe de Estado en Cataluña a toda España. Su jefe nominal -el real es el comunista venezolano Iglesias-, el Dr. Fraude hará lo que sea para alcanzar un poder personal sin límite y sin freno. Hace cinco meses decía que lo de Cataluña era, sin duda, un acto de rebelión; ahora jura lo contrario. Sostendría que el PSOE no es su partido ni España su país ni conoce a Begoña Gómez. Y sólo mentiría en lo último.

Así empezó Venezuela: destrozando el poder judicial
EDUARDO INDA okdiario 28 Octubre 2018

Una mujer con español impecable, ése que ya sólo se habla al otro lado del charco, se aproximó y me susurró al oído mirando a norte, sur, este y oeste: “Señor Inda, ¿puedo hablar con usted un minuto?”. Iba ataviada con un mandil, debía superar los 50, su acento era inequívocamente venezolano y se le notaba una categoría intelectual superior a la media. “Claro”, respondí sin titubear. “Acompáñeme”, me rogó llevándome a un puesto en un mercado capitalino de cuyo nombre prefiero no acordarme para no poner en riesgo su seguridad. Más que nada, para que la gentuza podemita no le dé un susto el día menos pensado.

Quince metros más allá estábamos ante su negocio. Humilde negocio. Un puesto de croquetas de todo tipo de sabores y colores. Rosadas, blanquecinas, verdosas y negruzcas. De jamón, pollo, espinacas y hasta chipirones. Me contó que llevaba dos décadas en la madre patria. “¿Se dedicaba usted allá al mundo culinario?”, cuestioné echando mano de lo obvio. “No”, terció rápidamente casi sin dejarme terminar, “yo era fiscal en Venezuela y al poco de llegar Chávez al poder, en el ecuador de los siglos XX y XXI, me destituyeron y me tuve que exiliar. Y aquí me tiene dedicándome a algo que no es lo mío pero bueno…”. Mi cara era, como se podrán imaginar, todo un poema. Estupefacción pura. Y dura. La suya, de una tristeza indescriptible.

Me desveló que en los 90 era una de las fiscales más importantes de la nación con las mayores reservas petrolíferas del mundo. Pero que tuvo que tomar las de Villadiego cuando los medios vendidos a la dictadura (a la fuerza ahorcan), que entonces debían ser el 80% y ahora no bajan del 95%, la empezaron a poner en la diana, a injuriarla, a calumniarla y a difamarla. Como a cientos de garantes de la legalidad. “Los escraches a mí y a mis compañeros se hicieron insoportables por lo rutinarios y lo feroces que eran”, apostilló.

Consecuencia: se vino a España en busca de un mundo mejor. Y aquí sigue. Con añoranza de su bellísima tierra natal, melancolía a raudales y la sensación agridulce del que sabe que ha salvado la vida pero ha perdido a su familia tal vez para siempre porque ellos carecen de posibles para comprar el pasaje y ella es igual de consciente de que regresar allá es optar a una tómbola en la que cuentas con todos los boletos para que te den un susto o directamente matarile.

Hugo Chávez, un narcoasesino con todas las letras, un ladrón con todos los números, lo tenía claro: una verdadera democracia es aquella en la que hay un sistema de contrapesos en el que unos poderes se controlan los unos a los otros en una suerte de círculo virtuoso. Como quiera que nació y murió sátrapa, este malnacido al que Satanás tenga en su gloria tuvo claro desde el minuto 1 que la perpetuidad de su satánico proyecto pasaba por convertir al Legislativo y al Judicial en un apéndice del Ejecutivo.

No había pasado ni un año y con la excusa de limpiar la Justicia puso en la calle a cientos de magistrados y fiscales. Casualmente, todos los miembros del poder judicial sucios eran aquéllos y aquéllas que, como nuestra exiliada amiga, habían expresado su malestar con la invasión chavista de los tribunales. Y si encima eras ideológicamente un liberal o te situabas en la derecha democrática tus posibilidades de trabajar en lo que tanto te había costado conseguir y de seguir con vida se reducían a la mínima expresión.

Chávez tardó seis años en tocar el Tribunal Supremo porque aquello eran palabras mayores. Pero como quiera que era tan malo como tenaz consiguió en 2004 ponerlo bajo su bota matonil. Quien controla la máxima magistratura de un país lo controla todo. La Asamblea Nacional tardaría un poco más pero resulta perogrullesco recordarles que hoy día es un órgano sin poder real por cuanto éste se halla residenciado en el Palacio de Miraflores, sede de la Presidencia de la República, y en la servil Asamblea Constituyente. El Legislativo y el Judicial son tan sólo un recuerdo de un tiempo pasado que fue infinitamente mejor. Económica y democráticamente.

España no es Venezuela. En eso estamos todos de acuerdo. Pero cada vez somos más los que puntualizamos un inquietante… “de momento”. Qué casualidad que, como por arte de birlibirloque, se haya desatado de repente una cacería contra el Tribunal Supremo de España, en el que están los mejores de la carrera. Los cristiano ronaldos y los messis de la judicatura. Los mejores de los mejores. Tipos de una brillantez superlativa. Y de una independencia a prueba de presiones, extorsiones y manipulaciones en el 95% de los casos.

La sentencia sobre el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados y la posterior reacción del presidente de la Sala de lo Contencioso fue la tormenta perfecta que sirvió en bandeja al fascio podemita la excusa para poner caldo a nuestra más alta magistratura. El objetivo podemita era obvio: dejar en la opinión pública la sensación de que los jueces del Supremo eran poco menos que unos tipos malignos a la par que peseteros al servicio de los bancos, los cuales les habían sobornado como el diablo manda para que fueran “buenos chicos”.

Casualidad o no, lo cierto es que tanto el ponente como uno de los miembros del tribunal de lo Contencioso que dictó el fallo que puede generar un agujero de hasta 20.000 millones de euros a las entidades bancarias son magistrados próximos a la izquierda extrema. Ni quito ni pongo. Sólo aporto el dato. Nunca he creído en las casualidades, en las coincidencias o en el cruce de astros. Mi única fe es la estadística y la estadística indica que las cosas son normalmente lo que parecen. Empirismo puro.

La segunda andanada al Tribunal de la Plaza de la Villa de París juega directamente con las cosas de comer. Con la España constitucional. Con el Estado de Derecho. Con la división de poderes. Con la democracia en suma. Contemplar a socialistas y podemitas todos a una advertir de manera concertada al Supremo que no hay rebelión en el golpe de Estado del 1 de octubre del año pasado supone efectuar un viaje en el tiempo a esa Venezuela en la que todo terminó quién sabe si para siempre el día en que se empezó a linchar mediática y políticamente al Tribunal Supremo.

Otra afrenta al poder judicial, ésta de libro, de manual de golpes de Estado más bien, fue la visita de ese diablo vestido de guarro que es Pablo Iglesias al jefe del golpe, Oriol Junqueras. Un desafío, una burla y una desautorización en toda regla de los poderes Ejecutivo y Legislativo. No imagino yo a Leopoldo Calvo-Sotelo ni a Felipe González remitiendo a su socio parlamentario Paco Ordóñez a la prisión militar del Castillo de la Palma en Coruña a negociar el silencio de Antonio Tejero. Básicamente, porque les hubieran montado el pollo del siglo y se hubieran tenido que ir por donde habían venido.

Han salido todos en tromba para desautorizar la calificación penal que tanto el juez Llarena, como la Fiscalía y la Abogacía del Estado han hecho de lo acaecido entre el 6 de septiembre y ese 27 de octubre en el que se proclamó la República Catalana. Carmen Calvo, el pinochesco presidente Sánchez que dice “Diego” donde hace cinco meses decía “digo”, el infausto Pascualone Sala, sobrecogedor amigo de Jesús Polanco, obviamente Pablo Iglesias, Dolores Delgado y el que faltaba, José Luis Rodríguez Zapatero, el hombre que transportó España de 1978 a 1936. La todavía ministra de Justicia llegó a asegurar allá por el mes de junio que había que modificar el delito de rebelión “a la nueva realidad”. Lo que vienen a colarnos entre líneas es que el 1-O fue una expresión democrática, más o menos afortunada, pero expresión democrática al fin y al cabo.

En resumidas cuentas, nos quieren vender una moto muy concreta: que no se puede encarcelar a nadie por sus ideas. Eso es lo que subyace de toda esta controversia. A todos ellos les invitaría a dedicar dos segundos de su augusto tiempo y leer lo que manifestó un tal Fernando Grande-Marlaska, cuando aún era el excelente magistrado que siempre fue: “En España no hay nadie en la cárcel por sus ideas o por sus opiniones políticas”.

Desprestigiar el Supremo para luego controlarlo es lo que se consumó en Venezuela con las terribles consecuencias por todos conocidas. Y es lo que tiene toda la pinta que se va a intentar perpetrar en España. Pedro Sánchez quiere un Tribunal al estilo González: cómodo y que no ponga pegas ni peros a su indisimulado deseo de perpetuarse en el poder. Y si hay que eliminar la tipificación del 1-O como rebelión (hasta 30 años de reclusión) para contentar a los que te transportaron a La Moncloa, pues se elimina. Estoy convencido de que es un firme creyente en la división de poderes pero más aún lo estoy (a los hechos me remito) de que el fin, morir dentro de 40 años en Moncloa, justifica para él cualquier medio. Y aquí paz y después gloria. Pablo Iglesias va más allá. Su objetivo último es desnaturalizarlo, destrozar lo que los anglosajones denominan check and balances y mandar a paseo a los magistrados indomables (la inmensísima mayoría) para convertirlo en un apéndice de la satrapía venezolano-iraní que quiere instaurar. Malos tiempos para Montesquieu y peores para nuestra democracia. Estas cosas siempre acaban igual: con menos libertad. En dictadura o en dictablanda, en democracia vigilada o en pseudodemocracia. Es la historia del mundo.

PD: las croquetas de nuestra amiga venezolana estaban buenísimas. Pero preferiría que estuviera en Venezuela haciendo Justicia, sancionando el terrorismo de Estado y a su narcopresidente que deleintándonos el paladar y el estómago a los españoles.

Vergonzosa actuación del Gobierno
Roberto L. Blanco Valdés La voz 28 Octubre 2018

Desde que se instauró nuestra democracia, y al margen de los macro procesos por corrupción (Gürtel, ERES, tarjetas black, entre otros varios), solo ha habido un juicio -el del 23-F- de trascendencia comparable al de los implicados en el golpe de Estado independentista.

La intentona protagonizada por Tejero, que acabó con fortísimas condenas para los principales juramentados en la conspiración, a punto estuvo de dar al traste con nuestras libertades. Pero la firmeza de los tribunales frente al complot -primero la del Consejo Supremo de Justicia Militar y luego, en casación, la de la sala de lo penal del Tribunal Supremo- convirtió el 23-F en el canto del cisne de una larga y trágica tradición de intervencionismo militar. Por eso, dado el gran peligro que entonces España atravesó, hubiera sido increíble, y absolutamente intolerable, que el Gobierno hubiera tratado de influir en los tribunales poniendo en duda la gravedad de la acción de los golpistas.

Pues bien: en flagrante violación de un principio vertebral del Estado democrático -la división de poderes- eso, ¡exactamente eso!, es lo que está haciendo el Gobierno surgido de la moción de censura con el apoyo de dos partidos que dirigían quienes ahora van a ser juzgados por, entre otros, un presunto delito de rebelión. Y lo está haciendo, ¡nada más y nada menos!, que por la voz, entre otras, del presidente y la de la vicepresidenta del Gobierno, que insisten, de una forma no por velada menos evidente, en la inexistencia de delito de rebelión en el proceso por el que serán juzgados los principales cabecillas de la insurrección secesionista catalana. Solo falta que a ese dúo de la africana (y nunca mejor dicho, pues las interferencias del Ejecutivo en la acción de la justicia son más típicas de los países africanos que de las democracias europeas) se adhiera nuestra sin par ministra de Justicia, para completar un esperpento que supone el más grave atentado a la independencia judicial que se ha producido en España desde que se asentó la democracia.

En la actuación del Gobierno no hay, para más inri, ningún motivo noble, que pueda conectarse, ni remotamente, con la defensa de los intereses generales. Pues si tras el 23-F podría alguien haber sugerido desde del Gobierno alguna forma de clemencia llevado del temor de que la aplicación estricta de la ley hubiera desembocado en una abierta insurrección militar, la vergonzosa actuación del Gobierno no persigue ahora otro objetivo que trasladar un mensaje a los partidos golpistas para que se avengan a aprobar unos Presupuestos que permitan a Pedro Sánchez seguir algún tiempo más en la Moncloa.

Un mensaje que se envía aunque sea al precio de colocar al Tribunal Supremo, que afronta el proceso más difícil de su historia reciente, al pie de los caballos. Lo que da una perfecta idea de quien está hoy al frente de la presidencia del Gobierno.

Voladuras en cadena
La ofensiva contra la monarquía y la democracia obliga a elegir bando
Hermann Tertsch ABC 28 Octubre 2018

Créanselo o no, pero este Gobierno, que en realidad no dirige el fatuo personaje que figura como presidente de ese patético Consejo de Ministros, sino el cabecilla de un partido surgido como franquicia de una dictadura comunista extranjera, se plantea la voladura la cruz de la Basílica del Valle de los Caídos. Si el anuncio de la voladura de un inmenso símbolo de la cristiandad nos llegara de un remoto virreinato talibán en Afganistán o de una región de Oriente Medio ocupada por ISIS conmovería a los medios del mundo entero. Sería portada del NYT y de todos sus obsequiosos emuladores en Europa. Contaría con la condena obligada de políticos, artistas y consabidos intelectuales como otra prueba de la infinita barbarie y odio enfermizo del fanatismo.

Es muy posible que Pedro Sánchez y sus ministras, «Doctor Fraude y sus ninfas fanáticas» los llaman, no se hubieran planteado un acto de semejante vesania. Es incluso probable que prefirieran evitarlo. Pero ellos no dictan una agenda que es la de los comunistas de Podemos, los golpistas y separatistas, todos ellos conscientes de que Sánchez es su gran oportunidad para la voladura del edificio institucional del Reino de España. No hay acto de simbolismo más poderoso para esa ambición que la destrucción de la gigantesca cruz en la falda del Guadarrama.

Es el símbolo de todo lo que odian las fuerzas que pretenden destruir España. Empezando por su Constitución de 1978, la que, con sus debilidades, injusticias y errores, trajo la libertad a la convivencia en paz y el desarrollo que los españoles construían laboriosamente desde la guerra. Es el símbolo del cristianismo, fuente de la civilización y de la libertad del hombre, del ser sagrado hecho a imagen y semejanza de Dios. Este concepto es enemigo irreconciliable de quienes pretenden hacer del individuo un objeto sometido, pieza intercambiable en su colectivismo totalitario. Es la cruz símbolo de la victoria del amor sobre la idea del odio y rencor, sus principales motivaciones. Como también de la derrota sufrida hace ochenta años por quienes hoy vuelven a intentar esclavizar a los españoles. Que el general que les frustró su proyecto de dictadura impusiera él mismo una dictadura bien distinta es lo de menos. Ellos ni luchaban ni luchan contra la dictadura sino por su propia dictadura. No son enemigos de Franco, esa condición tan absurda hoy, son enemigos de la democracia y de España. La Transición confirma su fracaso histórico. Por ello vuelven a la guerra civil que hoy quieren ganar en revancha brutal y anacrónica. Con la cruz quieren volar la monarquía a la que ya someten a un masivo y obsceno acoso con la complicidad, cierto que taimada, del Gobierno. Con la monarquía pretenden volar también la unidad de España. Muchos no serán conscientes de que nos llevan a la guerra real. Con estas voladuras en cadena de la legalidad, del Estado y los símbolos de la nación, los españoles están otra vez condenados a elegir bando.

Idiócratas
ARCADI ESPADA El Mundo 28 Octubre 2018

Mi liberada:

Este jueves la vicepresidenta Calvo se pasó toda la entrevista con Alsina presionando a la Abogacía del Estado y a la Fiscalía del Supremo para que rebajen la petición de pena contra los presos nacionalistas. Su principal argumento fue que los hechos del pasado otoño no fueron un golpe de Estado. Y si no fueron un golpe de Estado, decae a su juicio el delito de rebelión del que el instructor Llarena los acusa. En los días del 155 Calvo había calificado los hechos de golpe, en una réplica a Ada Colau. Le pregunté por esa contradicción y le invité a que pusiera nuevo nombre a los hechos. La buena mujer me encargó a mí la tarea, que no obstante desdeñé por razones de competencia.

-Pues, entonces, diga golpe, golpe -me contestó.
-¿Pero golpe de qué? ¿Golpe de martillo, golpe de.?

Luego, en la escalera de siempre, se me ocurrieron otros muchos. Un golpe de calor. Un golpe bajo. Un golpe de aire. Un mal golpe, en recuerdo de Bayón. Y el mejor, que se lo grité solo al viento: ¡un golpe franco!

-Una ruptura -eso había sido lo último que le oí decir.

La vicepresidenta dice que hubo una ruptura. Sintetizando: Calvo, claro, dice que no hubo delito. Las presiones a los abogados del Estado y a la Fiscalía tienen un sentido: tratar de limitar al máximo las responsabilidades de la política. Oí mucho durante el tiempo de Rajoy el mantra de que el Gobierno dejaba en manos de los jueces lo que le tocaba hacer a él. Es un afirmación algo sorprendente, si se tiene en cuenta que solo después de que Rajoy destituyera en pleno al gobierno de la Generalidad los jueces lo metieron en la cárcel. Ahora no oigo decir eso a nadie. Y es un buen momento. El objetivo gubernamental está trazado aunque los caminos sean tortuosos y estén sujetos al imponderable del cisne negro: reválida electoral de la actual mayoría parlamentaria e indulto a cambio del abandono de la vía unilateral. El indulto, por cierto, requiere de los golpistas un último golpe, de pecho. Pero el Gobierno necesita ayudas. La de los jueces es básica. No es lo mismo indultar a rebeldes (hasta 30 años de cárcel) que a desobedientes (dos años de inhabilitación tomando a Artur Mas por testigo).

Desobediencia se parece a ruptura. "Desórdenes, desobediencia, eso es lo que puede haber" [y no rebelión y no sedición], había dicho días atrás el expresidente del Constitucional y del Supremo, Pascual Sala, de 83 años. Para cualquiera que haya leído los periódicos en estos últimos seis años la calificación sería asombrosa. Pero ya nadie lee los periódicos. El 20 de septiembre de 2012, después de que el presidente Rajoy rechazara en su entrevista con el presidente Mas la exigencia nacionalista de un pacto fiscal, el gobierno de la Generalidad y la Asamblea Nacional Catalana pusieron en marcha lo que acabó llamándose el Proceso. Un intento de derrocamiento del orden constitucional que combinó el quebrantamiento de la ley a manos de instituciones del propio Estado (Gobierno, Parlamento, Policía, Administración) con el uso, primero, de la capacidad de intimidación de las masas y luego de su pura fuerza, concretada especialmente en la jornada del 1 de octubre, cuando miles de ciudadanos impidieron que se cumplieran las órdenes judiciales de retirada de las urnas dispuestas para el referéndum ilegal que había convocado el presidente de la Generalidad. Cualquier ciudadano -ciudadano- sabe que ése es el hecho que debe juzgarse. Y que sus responsables (muchas veces la Justicia es inevitablemente sinecdótica) pueden encontrarse tanto entre aquellos que "se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales". (544, delito de sedición) como entre los que «se alzaren violenta y públicamente para declarar la independencia de una parte del territorio nacional (472, delito de rebelión). El régimen constitucional español solo puede cambiarse por el acuerdo entre los españoles o por la violencia contra los españoles. Es evidente que los nacionalistas eligieron esta última vía. No fueron los primeros. ETA y el coronel Tejero quisieron hacer lo mismo. La primera provocando miles de víctimas. Como el de Tejero, el golpe catalán ha sido incruento: con violencia, pero sin sangre. Sus consecuencias políticas, morales y económicas han sido, sin embargo, mucho más graves.

Es legítimo que, ante este cuadro, la política plantee sus exigencias. Al igual que, como pretende la podemia, el resto de los españoles podrían ceder una parte de su soberanía a los catalanes, con lo que hablar de catalanes y españoles cobraría sentido político, los españoles podrían decidir perdonar a los culpables del golpe. No es necesario, por supuesto, un referéndum: basta con que la izquierda se presentara a las elecciones con esta propuesta y obtuviera la mayoría. El problema es que el Gobierno no está seguro de que con esta condición su mayoría prosperase. Así que prefiere trabajar por debajo de la mesa. Es posible que encuentre alianzas judiciales. Hay un precedente poderoso. El 13 de marzo del año pasado Artur Mas fue condenado a dos años de inhabilitación por haber organizado el primer referéndum ilegal de autodeterminación. Fue condenado por desobediencia y absuelto de prevaricación. Esta última absolución supone que los jueces creyeron, asombrosamente, que el expresidente de la Generalidad actuó con el convencimiento de que era legal todo lo que hizo. La resolución la tomaron los jueces, pero después de que el fiscal Emilio Sánchez Ulled se la pusiera en bandeja. En su desganado alegato final anunció que no retiraba la acusación de prevaricación, pero que si el presidente del tribunal no la tenía en cuenta haría santamente y bien. Sánchez Ulled tenía experiencia en desganas. De sus conclusiones provisionales en el juicio oral había descartado acusar a Mas de malversación. O sea, había descartado que fuera a la cárcel. Semejante favor a la democracia, al Estado de Derecho, a la moral pública y al respeto a la inteligencia de los ciudadanos, suponía pasar por alto que entre 2012 y 2014, es decir, entre el frustrado pacto fiscal y la consulta del 9-N, el gobierno catalán no había malversado un euro de los ciudadanos españoles en la decisiva primera parte del Proceso. Es decir, que la democracia española no solo toleraba las ideas que propugnaban su destrucción y transigía con las conductas que trabajaban por su destrucción; mucho más y más ejemplar: la democracia española financiaba las actividades destinadas a su destrucción. Por desgracia nadie, y quién habría podido hacerlo sino una acusación realmente popular -popular, preparada y tajante-, se levantó en aquel juicio para decirle a Sánchez Ulled y a la Fiscalía en pleno, y a aquel Gobierno de aquella Nación lo obvio: "Bien está que la nuestra no sea una democracia militante; otra cosa es que tenga que ser una democracia idiota".

El problema es cómo explicar esto ahora, dada su propia e incontrovertible presencia, a la vicepresidenta Calvo, claro.
Sigue ciega tu camino. A.

El país horrible
Algunos datos sobre ese lugar en crisis perpetua
Luis Ventoso ABC 28 Octubre 2018

Pablo Manuel Iglesias nos lo ha explicado bien desde su cabal atalaya en la tele al rojo vivo. España es un país terrible, hundido en la miseria y donde «la gente» agoniza explotada por una «casta» de sinvergüenzas. Esta situación agónica no es fruto de la casualidad, sino de una siniestra trama. Algunos pánfilos estábamos en la inopia, pero el líder del partido comunista nos ha abierto los ojos: el desastre atiende a que seguimos bajo la bota de Franco, aunque no nos percatamos. Solo hay un modo de abrazar el progreso, y es «derribar el Régimen del 78». En cuanto sea abolida la Monarquía, nos cepillemos la Constitución que trajo la democracia, abrasemos al personal a impuestos, fumiguemos la libertad de expresión y aprobemos consultas de autodeterminación para que España se extinga y sea suplida por cinco minipaisitos; ese feliz día esto será la nueva Dinamarca. O mejor. España es hoy una calamidad, como bien señala el profesor Iglesias:

-La Universidad de Washington calcula que los españoles, a fuerza de vivir tan mal, seremos en 2040 el país con mayor esperanza de vida: 87,4 años (hoy somos ya los cuartos, con 82,9).

-A pesar de que como es sabido la sanidad pública fue desmantelada por Mariano Manos Tijeras, se da la excentricidad de que desde hace 26 años España es líder mundial en donaciones de órganos y trasplantes, operaciones complejísimas, que hoy se llevan a cabo hasta en pequeñas capitales de provincia.

-La economía, ¡una pesadilla!, como bien advirtieron en su día los profesores Krugman y Stiglitz, quienes en plena crisis vaticinaron con evidente acierto que España se vería forzada a salir del euro «en semanas». Durante tres años seguidos hemos sido el país grande de la UE que más ha crecido. Desde 2014 a 2018 se crearon dos millones de puestos de trabajo. El modelo económico ha cambiado y hoy el país presenta superávit por cuenta corriente, algo insólito, y es una potencia exportadora. Pero evidentemente estamos como Burkina Faso, así que urge dinamizar la economía con más carga fiscal para las empresas, más cotizaciones y más trabas intervencionistas.

-La casta empresarial es una plaga. Acomete algunas de las mayores obras de ingeniería del mundo (la ampliación del Canal de Panamá, el AVE a la Meca, la depuradora de Los Ángeles, el mayor proyecto de infraestructuras de Australia...). La primera multinacional de moda es española, como dos de los mayores bancos del Reino Unido, o el aeropuerto de Heathrow, y nuestras compañías son omnipresentes en Hispanoamérica. La Europa norteña cena verde con la huerta española y la gastronomía se ha tornado la más inventiva y observada. Da igual: somos una mierda. Voy acabando. España está exportando series con enorme éxito y cuenta con una generación de novelistas convertidos en «best sellers» internacionales. Además es un país seguro, alegre y solidario. Chorradas. A ver si desenterrando a Franco vamos saliendo de este espanto...

Ignacio Camuñas: "España está enferma, su cáncer es el Estado de las Autonomías"
Daniel Ramírez elespanol 28 Octubre 2018

Aunque han pasado cuarenta años desde que abandonó el Gobierno, Ignacio Camuñas (Madrid, 1940) sigue siendo ministro. Traje impecable, corbata y ese caminar raudo, con el pecho echado hacia delante. La vida deprisa. Cruza la calle Velázquez y entra en el hotel Wellington, donde le espera esta entrevista, que no es otra cosa que el recuerdo. Cuando Suárez lo eligió, le tocó dar muchas. Hizo las veces de portavoz.

Paco Umbral lo apodó “Nacho de noche” porque en las horas crepusculares de los setenta se lo encontró en una comedia de nombre parecido. En aquel Diario de un snob, Camuñas quedó reflejado como la “carne fresca” del Ejecutivo de la UCD: con 37 años se convirtió en uno de los ministros más jóvenes de la democracia naciente. Colocado en el espejo del franquismo, ofreció una novedad jugosa. El propio Camuñas lo dijo así: “Voy a ser el pimpampum del Gobierno”.

Ahora, después de fundar y abandonar Vox en 2014, quiere fraguar el “pimpampum” del Estado de las Autonomías. Ha afilado -y coordina- la plataforma España Siempre, que apuesta por el viraje hacia un único Parlamento, un solo Tribunal Supremo y un Gobierno global. Esto no supondría -recalca- el ataque a las particularidades lingüísticas y culturales de las distintas regiones.

Camuñas pide un descafeinado con leche. Además de la taza, el camarero aporta distintos timbales plateados: uno para las pastas, otro para el azúcar… Un clima muy de Transición. Para sellarlo, Felipe González, que dirige una tertulia en la mesa de atrás.

Por qué Garci, Dragó e Ignacio Camuñas quieren acabar con las autonomías.. La plataforma España Siempre reúne a más de una treintena de intelectuales, entre ellos Luis Alberto de Cuenca o Gabriel Albiac. Garci: "Sánchez ha mentido, fue a una moción para echar al presidente y lo que quería es quedarse". Sánchez Dragó: "Hay que cerrar las puertas de Europa para que no nos invada el fascismo".

¿Me permite una primera declaración?
Adelante.

Después de cuarenta años, se ha abierto un debate sobre el modelo territorial. De lo que ocurra en este momento, viviremos varias décadas en el futuro. Queremos participar en esa conversación. Desde la sociedad civil y con radical independencia. La crisis económica y la corrupción han alumbrado dos partidos nuevos: Podemos y Ciudadanos. Siento que a veces se comportan como niños ricos. No son conscientes del esfuerzo que han hecho sus padres para acumular la libertad de la que disfrutan. Gracias, ahora pregunte lo que quiera.

Vuelve a la política con una plataforma que propone abolir el Estado de las Autonomías.
Nunca me he marchado. Los políticos son como los actores de teatro. Siempre mantienen su condición, unas veces con obra en cartel y otras no.

Ahora usted tiene obra en cartel. Cuando fue nombrado ministro, dijo que iba a ser el pimpampum del Gobierno. ¿Pretende ser ahora el de las autonomías?
España Siempre es una plataforma para renovar la democracia y fortalecer la unidad de la nación. Abordamos tres cuestiones clave: el modelo territorial, la ley electoral y la separación de poderes.

Empecemos por el modelo territorial.
En 1978, el independentismo no tenía un radio de acción más allá de un 5%. Cuarenta años después, ha alcanzado más del 40%. A los nacionalistas se les ha dado medios de comunicación, un sistema educativo, abundantes recursos económicos y financieros… Y lo han puesto todo al servicio del hecho diferencial. Las autonomías han incentivado y han hecho crecer el separatismo sedicioso, que está poniendo en riesgo la convivencia y la unidad. Los independentistas catalanes han dado un golpe de Estado, que está sobre la mesa y sin resolver.

Los Gobiernos nacionales han amparado el crecimiento del nacionalismo con la técnica del virreinato. “Mientras usted no moleste en Madrid, haga lo que quiera en su casa”. Véase el caso de Jordi Pujol.
Eso no ocurrió en mi etapa. El Gobierno del que formé parte, en 1977, era todavía preconstitucional.

En los años posteriores, ¿la UCD no vislumbró siquiera el precipicio?
En aquellos momentos, verano del 77, mantenía una relación diaria con Adolfo Suárez. Teníamos los despachos al lado. Él estaba obsesionado con alcanzar una Constitución que fuera aprobada gracias al mayor consenso posible. Le preocupaba que pudiera ocurrir como con las constituciones del siglo XIX, que cambiaban con cada gobierno. Para eso había que lograr el mayor acuerdo posible. Ahí ya estuvo el nacionalismo catalán. Fue imposible prescindir de su aportación, también de la del vasco. No fue ingenuidad. La labor de diálogo implicaba el reconocimiento de las fuerzas nacionalistas, que habían hecho su campaña electoral al grito de “Libertad, amnistía, estatuto de autonomía”. Creímos que con esa fórmula podíamos lograr la pacificación.

Pero...
El correr del tiempo ha denotado la deslealtad de los nacionalistas. Hasta cierto punto podríamos decir que nos han engañado. ¿Dónde está la ingenuidad y dónde está el engaño? Ha habido una actitud censurable por parte de PP y PSOE, que han dado demasiada cancha al nacionalismo.

Al hilo de su reflexión: usted dice que en ese momento fue imposible no amparar en la Constitución a las fuerzas nacionalistas. En este momento, ¿demoler el Estado Autonómico no dejaría fuera a las fuerzas nacionalistas no separatistas que en aquel momento se acogieron?
La supresión del Estado Autonómico no supone suprimir a esas fuerzas. En absoluto. Seguirían existiendo. Tendrían circulación política. Podrían conquistar sus reivindicaciones en el Parlamento, en Madrid. Si lo consiguen, adelante.

¿Usted ilegalizaría los partidos independentistas?
Yo, personalmente, no. Sé que hay una corriente de opinión importante a favor de eso que usted menciona. Prefiero que representen lo que de verdad encarnan, que es muy poco, en el Parlamento. Esa pretensión de ser hegemónicos en Cataluña... Pasarían a tener muy poca representación en el Congreso. El PNV creo que entraña el 1,7% del electorado. ¿Con eso podrían lograr sus aspiraciones? No.

¿Cómo proponen implantar ese Estado unitario? ¿Vía referéndum?
En una democracia, la opinión pública manda. Los partidos no tienen más remedio que escucharla. Nuestra plataforma nace para convencer a esa sociedad civil, y no a los partidos. Ella luego exigirá a las formaciones la solución debida. Trabajamos con el riego por goteo, señalaremos las disfunciones que genera el Estado Autonómico. España sería menos compleja, más barata, más eficiente y garantizaría mejor la igualdad de todos los españoles.

Y si ustedes convencen a la opinión pública, ¿qué camino elegirían en la práctica para implantar ese Estado unitario?
Ni quiero ni puedo adelantarme. ¿Qué día y cómo se va a extirpar al enfermo el cáncer que acabamos de diagnosticar? Hoy, nos conformamos con ese diagnóstico y proponemos un tratamiento, pero todavía no hemos llegado a decidir qué cirujano va a operar, en qué sanatorio y qué día. El Estado Autonómico es un cáncer que hay que extirpar. La solución es darnos el modelo que tradicionalmente más ha convenido a España: el Estado unitario, que tiene su parangón en otros países de la Unión Europea. Hay que combatir esa corriente de la izquierda que dice que la democracia exige autonomía. Eso es una falacia.

¿Por qué?
Se puede preservar la libertad de todos los españoles sin necesidad de un régimen autonómico. Eso sería decir que Francia y Portugal no son democracias. Hay una doble posibilidad de organización territorial: unitarismo o federalismo. Después de cuarenta años, es ridículo considerar que el Estado Autonómico nos ha beneficiado. Cambiemos de rumbo. Esto no nos ha ido bien, hemos sufrido un golpe de Estado. Cada vez que España ha implantado una descentralización seria ha acabado como el rosario de la aurora: la I República, la II en 1931, y la Constitución de 1978 con el golpe de Estado en Cataluña.

Los Estados unitarios que ha conocido España fueron monarquías absolutas y una dictadura franquista.
Así es. España nunca ha sido un Estado unitario en democracia. Sería la primera vez. Apostamos por una monarquía parlamentaria. Si alguien ha cumplido escrupulosamente en estos cuarenta años es la Corona, que no ha fallado en sus decisiones. Monarquía parlamentaria con libertades para todos los partidos. Un sólo Gobierno, un solo Parlamento y un solo Tribunal Supremo, pero con una descentralización administrativa a través de municipios y diputaciones. Respeto escrupuloso a las particularidades culturales y lingüísticas de cada una de las regiones, pero no podemos permitir que nos obliguen a aprender todos los idiomas.

Ha mencionado la Corona. Imagino que conoce las cintas de Corinna publicadas por este periódico. ¿Le da veracidad a los delitos que se le atribuyen al Rey emérito?
No puedo creer en nada de eso. No está verificado ni probado.

¿Confía en la honestidad de Juan Carlos I?
Ha tenido una trayectoria política sensacional. Cogió un país cuyos poderes ostentaba el franquismo y los entregó al pueblo. Cada vez que ha habido una crisis ha estado en su sitio. Y ha ayudado a la proyección internacional.

¿Independientemente de las revelaciones de Corinna?
¿Cómo voy a hacerme eco de unos presuntos delitos que no me constan? No tengo capacidad para enjuiciarlos.

Su plataforma asegura que las autonomías se han convertido en agencias de colocación. ¿Teme que, al abolirlas, esas “agencias” se instalen en las diputaciones?
Si desaparecieran las autonomías, nos gustaría mantener a los funcionarios de carrera en las estructuras de la Administración central, pero no a los enchufados.

¿Y quién gobernaría las diputaciones?
Tanto los alcaldes de los municipios como los presidentes de las diputaciones serían cargos electos, no los nombraría el Gobierno central.

Teniendo en cuenta que quiere sustituir las autonomías, ¿el 155 en Cataluña le parece demasiado light?
El 155 tiene todo el sentido mientras se mantenga la estructura actual. Con nuestra perspectiva no existiría, claro.

¿Cómo lo aplicaría ahora?
Me gustaría que fuera una operación para poner las cosas en su sitio. Habría que tomar conciencia de la actividad de los medios nacionalistas, de los excesos en el sistema educativo, de las fuentes de financiación… No para quitarles medios, sino para procurar que los utilicen debidamente.

Imagino que en su propuesta tampoco caben las policías autonómicas.
No. Desparecerían. La Guardia Civil y la Policía Nacional, además de los cuerpos municipales, son garantía suficiente para el mantenimiento de la convivencia.

¿Se fía de las policías autonómicas?
No vivo en Cataluña ni en el País Vasco. No soy el más indicado para responder. No he visto directamente su actuación como para afirmar desde Madrid si me fío o no.

Sus postulados no tienen representación en el arco parlamentario. En un momento dado, ¿se plantearía dar un paso al frente y participar en una lista electoral?
No voy a volver a presentarme a unas elecciones. Para hacer política no hace falta estar en los parlamentos.

Hay un partido, aunque sin escaños en el Congreso, que defiende sustituir el Estado de las Autonomías: Vox.
La razón es muy clara: yo, personalmente, fui el autor del programa electoral de Vox. Me responsabilizo hasta septiembre de 2014, cuando concurrimos al Parlamento Europeo y nuestro candidato era Alejo Vidal-Quadras. Pero pedí mi baja y me fui.

¿Por qué?
No me gustaron determinadas actuaciones de algunas personas en relación a Alejo. Hubo una serie de maniobras, empujones y zancadillas intolerables.

¿Comandadas por quién?
Prefiero no contestar.

¿Ha visto las últimas propuestas de Vox?
Se han ido desviando del espíritu fundacional. Inicialmente, Vox fue una llamada de atención al PP por los flagrantes incumplimientos de su programa. Con el tiempo, la nueva dirección está asumiendo una serie de actitudes alejadas de eso. Nosotros, en su día, no nos planteamos ninguna batalla con la inmigración. Teníamos una perspectiva liberal y democrática. No aspirábamos a entendernos con la extrema derecha y el populismo.

Abascal ha propuesto deportar a Pablo Echenique.
No me gusta. Lo digo con respeto y cariño a quienes fueron mis compañeros. Algunas de esas manifestaciones no concuerdan con el proyecto inicial.

¿Considera ultraderecha al Vox actual?
No exactamente. Creo que ese es un epíteto típico de los medios y los partidos. Es una derecha robusta, que no se calla sus principios ni sus intenciones. Actúa con cierta agresividad argumental y dialéctica. ¿Eso se llama extrema derecha? Yo no lo llamo así.

¿Lo define como populismo?
Tiene facetas emparentadas con el populismo. Es posible, sí, que tenga ribetes populistas.

¿Podría hacer un retrato de Santiago Abascal?
A nivel personal lo considero amigo. Siento afecto por él, no mantenemos relación, ni le veo ni le trato. Me ha sorprendido el volumen de propaganda e información que han conseguido. Hay quien habla de una operación Soraya 2. Del mismo modo que se dijo que Sáenz de Santamaría alentó el nacimiento de Podemos para dividir a la izquierda, he leído que el PSOE podría estar aupando a Vox para dividir a la derecha. No lo sé. Pero me extraña que un mitin como el de Vistalegre produzca este torrente informativo.

¿Pero se lo ha escuchado a una fuente fiable?
Lo he leído. Tengo la malísima costumbre de leer todas las mañanas catorce periódicos digitales, además de los de papel.

Usted dedica entonces tres horas todos los días. Eso de ministro no podría hacerlo.
Como ministro te preparan unos informes. Ahora no dispongo de secretaría política, lo hago yo.

Volvamos a su estrecha relación con Adolfo Suárez. ¿Alguna vez le confesó el fracaso del modelo autonómico?
Tuve mucha menos relación una vez se produjo la desaparición de UCD, cuando él se puso a trabajar en el CDS. La última conversación larga fue en casa de mi suegro, Enrique de la Mata, cuando falleció. Encontré al Suárez retador. Me dijo: “Te juego una cena a que volveré de nuevo a la Moncloa”. Era 1987. No llegué a hablar nunca con él del fracaso autonómico. Además, cuando estábamos en el Gobierno todavía no había explotado.

El hijo de Suárez apoya al PP, pero el partido que se arroga el centro es Ciudadanos. Usted conoció muy bien a Suárez. ¿Dónde cree que se hubiera situado hoy?
En Ciudadanos.

¿Por qué lo tiene tan claro?
Viví las tensiones que se generaron en UCD entre Suárez y el ala más a la derecha. Adolfo siempre creyó que la mayoría sociológica del país era de centro izquierda. Como quería ganar las elecciones, coqueteó y bordeó esas posiciones. Evidentemente, el PP no es hoy el centro izquierda. Y Suárez no se hubiera hecho jamás del PSOE.

Cuando Rivera despuntó se hicieron esos paralelismos con Suárez. ¿Le parecen acertados o exagerados?
Adolfo tenía un encanto personal descomunal. Una capacidad de persuasión muy superior a la de Rivera, pero el candidato de Ciudadanos es mucho mejor parlamentario. Recuerdo los malos momentos y lo que le costaba a Adolfo el debate en el Congreso. No le gustaba. Suárez habría sido un grandísimo presidente de la República. Elegido por sufragio universal, pero sin pisar el Parlamento.

¿Mal escénico?
No, simplemente creo que no tenía esa capacidad. Es como el fútbol. Unos tienen dribiling y otros no.

Y usted, tras abandonar Vox, ¿se ha quedado huérfano? ¿Quién es el líder que más le gusta?
Tengo una buena impresión de Pablo Casado. Llega con buenas intenciones. Y tengo una buena impresión parlamentaria y dialéctica de Rivera, aunque no me gustan algunos de sus silencios.

¿Cuáles?
No estoy de acuerdo con los vientres de alquiler, el aborto...

¿Casado es el líder que necesita el PP?
Eso pregúnteselo a los del PP.

Con su llegada, ¿el partido ha virado hacia la derecha?
Ha resaltado y subrayado los valores propios del PP, que estaban abandonados y marginados por Rajoy. Ha vuelto a colocar al PP en su cauce natural.

Tres adjetivos para Pedro Sánchez.
No soy partidario de adjetivar a nadie.

Usted ha sido editor. ¡Y editor de Umbral, que adjetivaba profusamente!
No siento simpatía por Sánchez. Le doy un gran valor a su capacidad y arrojo durante la campaña que le devolvió a la secretaría general del PSOE. Estoy muy alejado de su forma de ejercer el poder. Se apoya en aquellos que quieren romper España.

¿Y si tuviera que hacer un ranking de Gobiernos de la democracia?
Este es el peor con mucha diferencia.

Lo dice sin dudar.
Es un desastre. Se atreve a gobernar con poco más de ochenta diputados.

¿Y cuál sería el mejor?
Lo comparten Suárez y González. Adolfo posibilitó el tránsito de la dictadura a la democracia y Felipe consolidó ese proceso y abrió las puertas a Europa.

Antes de esta legislatura, ¿le parecía impensable que PSOE y Podemos llegaran a un acuerdo?
Sí y no. Siempre depende de la correlación de fuerzas dentro del PSOE. Hay dos alas. El problema es que la victoria de Sánchez ha sido claramente de una de esas dos alas frente a la otra. González, Díaz, Guerra, Solana y Rubalcaba están marginados y en silencio. Han tomado el poder aquellos elementos que consideran que para mantenerse deben unirse con quienes militan más a su izquierda. Eso también ocurre en Portugal, pero allí no tienen el problema separatista.

¿Qué opinión le merece Pablo Iglesias?
No lo conozco. Es un líder bolivariano. Con eso he dicho suficiente.

¿Qué le parece tipificar como delito la apología del franquismo?
Una barbaridad. Todo proviene de una lucha de la izquierda, que no es aquella con la que conviví en la Transición. Tratan de hacer creer a la población que la II República fue un régimen estupendo, perfectamente democrático y que la derecha dio un golpe de Estado para acabar con él. Eso, en términos vulgares, es darle la vuelta a la tortilla. Revalorizan la República como un oasis de libertad y condenan al bando nacional. A través de la ley de la Memoria toman decisiones totalitarias y antidemocráticas. La Historia no puede ser escrita por uno de los dos bandos. Imponer una versión es un excremento totalitario. Honradamente, es una vergüenza.

¿Y eso está haciendo Sánchez?
Sí, pero ya empezó con Zapatero. Sánchez le ha dado carta de naturaleza.

El Gobierno lo propone porque asegura que, así, no estaríamos a la zaga de Europa. Mencionan que en Alemania ya ocurre con el nazismo.
Comparar el nazismo con el franquismo es una barbaridad. No tienen nada que ver.

¿Sacaría a Franco del Valle de los Caídos?
No. Mover a los muertos de un lado para otro me parece una operación de mal gusto y de dudosa eficacia política. No creo que los españoles estén interesados en eso. Es propaganda política.

Una curiosidad: usted participó en el Club Bilderberg. ¿Cómo es por dentro?
Fui invitado por un alto cargo alemán. No vi nada extraordinario que resaltar. Otra cosa es que los cabecillas tengan sus propios caucus e influyan en el devenir de los acontecimientos internacionales, pero yo no lo vi.

¿Cree que tiene algo de cierto eso de que Bilderberg es un ente oscuro que rige los destinos del mundo?
No. El mundo no lo dirige nadie. Existen personas muy influyentes en la esfera política y financiera que tienen capacidad de poder. De ahí a que un gran banquero comande el mundo…

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Un 155 inmediato y duradero para aplacar al separatismo
EDITORIAL El Mundo  28 Octubre 2018

Un año después de la declaración unilateal de independencia (DUI), que forzó la aplicación del artículo 155 de la Constitución por primera vez en democracia, Cataluña continúa siendo una sociedad fracturada y la economía de esta comunidad continúa resintiéndose de las consecuencias del desafío al Estado. La Generalitat sigue lejos de renunciar a la unilateralidad. La prueba es que Quim Torra aprovechó ayer el primer aniversario de la intentona secesionista para amenazar al Tribunal Supremo con paralizar Cataluña si los políticos presos procesados por rebelión no eran absueltos durante el juicio. Sus palabras deberían servir de aldabonazo para el Gobierno, cuya porfía en sostener un diálogo imposible con los golpistas no obedece más que las hipotecas que Pedro Sánchez se ve obligado a abonar para blindar su supervivencia en La Moncloa.

La aplicación del artículo 155, tal como advirtió este periódico, se quedó corta para la envergadura del envite y la deslealtad del independentismo. La aprobación de las leyes de ruptura durante los días 6 y 7 de septiembre ya justificaban su activación, pero no fue hasta que Puigdemont y sus socios pusieron a Cataluña al borde del precipicio cuando Rajoy se decidió a ejecutar los mecanismos constitucionales previstos en caso de órdago secesionista. Rajoy priorizó el acuerdo con el PSOE y con Ciudadanos para consensuar un paquete de medidas que orilló la intervención en TV3 y los Mossos. Su voluntad permitió tejer el bloque constitucional, el mismo que Sánchez dinamitó en pedazos el día que decidió ser elegido presidente pagando el precio de aceptar los votos de quienes aspiran a romper España. Pero lo cierto es que el 155, incluida la convocatoria de elecciones autonómicas al amparo del marco estatutario, frenó el golpe pero no liquidó las raíces que llevaron al independentismo a vulnerar el orden constitucional.

La reacción tardía del anterior Gobierno está siendo agravada ahora por la temeraria contemporización y las inaceptables presiones al Poder Judicial con las que Sánchez pretende apaciguar a los secesionistas. La segregación articulada por Puigdemont y Junqueras duró apenas unas horas. Sin embargo, el Estado nunca debió permitir que se llegara al extremo de quebrar la legalidad a través de la convocatoria de un referéndum ilegal y una declaración de independencia que derivó en la destitución del Govern, la disolución del Parlament y la suspensión del autogobierno. Dada la contumacia del secesionismo, el Gobierno debería reconstruir el consenso constitucionalista y aplicar un 155 inmediato y con la duración necesaria a fin de que recuperar el control de Cataluña, lo que exige intervenir la policía autonómica y la televisión pública. El independentismo no conoce la marcha atrás. El Gobierno debería aprender de los errores del pasado y actuar con la determinación necesaria para dar respuesta a la mayor amenaza de la democracia española.

El golpe de Estado sigue vigente.
Vicente A. C. M. Periodista Digital  28 Octubre 2018

DUI INTERRUPTUS Y 155 DESCAFEINADO: RESPONSABLES DE SEGUIR IGUAL O PEOR QUE HACE UN AÑO.

Hoy es el primer aniversario de dos decisiones trascendentales en lo que se ha llamado el proceso separatista catalán. El primer hito lo marca la decisión de la mesa del Parlamento autonómico de someter a aprobación la declaración de forma unilateral de independencia (DUI), avalada por los resultados obtenidos en la farsa del referéndum ilegal y declarado inconstitucional del 1 de octubre del 2017. La votación se produjo con el abandono de los diputados del PPC, CIUDADANOS, y el PSC. Para evitar posibles futuras imputaciones penales, la mesa decidió que la votación se realizase mediante voto secreto en llamada personal depositándolo en una urna situada en la Mesa para su posterior recuento. El resultado es de sobra conocido: 70 votos a favor, 10 votos en contra y 2 votos en blanco. Los votos contrarios fueron los de los de Catalunya Sí qu’es pot que llegaron siete de ellos a mostrar públicamente su voto negativo. La propuesta de Junts p’ el si que se aprobó la leyó la Presidenta de la Mesa, Carme Forcadell: “En virtud de lo que se acaba de exponer, constituimos la república catalana, como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social”.

El segundo hito se produjo ese mismo día que hubo una sesión plenaria del SENADO donde se debatieron las medidas a adoptar en virtud del artículo 155 de la Constitución para la intervención de la autonomía de Cataluña si se producía la declaración de independencia. Parecía una guerra de legalidades en una carrera contra el tiempo. Y lo primero que se produjo fue la DUI y posteriormente la aprobación por mayoría absoluta en el SENADO de las medidas de intervención. Tras ello se mantuvo una reunión extraordinaria del Consejo de Ministros con la aprobación de las primeras medidas de intervención. Fue el propio Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quien apareció esa misma noche para anunciar esas medidas entre las que destacaban: el cese del Gobierno de la Generalidad, la disolución del Parlamento autonómico, así como la convocatoria de elecciones autonómicas para el 21 de diciembre. Con anterioridad a la comparecencia, la Fiscalía anunció la presentación para el siguiente lunes 30 de octubre del 2017 de una querella ante el Tribunal Supremo por rebelión y otros delitos contra los miembros del Gobierno cesado y de la mesa del Parlamento autonómico.

La Fiscalía, presidida entonces por José Manel Maza, presentó la querella efectivamente contemplando todos los acontecimientos que ocurrieron en los últimos meses hasta la DUI subrayando los episodios de violencia para justificar el delito de rebelión. Ante el anuncio, es mismo fin de semana tuvo lugar una reunión discreta del Gobierno cesado de la Generalidad donde al parecer decidieron libremente sus miembros la postura a adoptar en caso de ser llamados a declarar, con la posibilidad real de prisión. Es de todos conocido la rocambolesca huida de Carles Puigdemont y otros exconsejeros en un periplo que los llevó a Bélgica, mientras que otros exconsejeros y componentes de la Mesa del Parlamento, decidieron quedarse y exponerse a la posibilidad de entrar en prisión, aunque nunca pensaron seriamente que llegara a producirse. Sin embargo, el Tribunal Supremo en primera instancia no asumió su competencia y esta recayó en la Audiencia Nacional con la jueza Carmen Lamela que instruyó la causa citando a todos los querellados y decretando prisión condicional y sin fianza para los que consideraba principales responsables de la DUI y resto de delitos imputados. Con anterioridad ya se había decretado prisión contra los "Jordi's" Sánchez y Cuixart por los hechos violentos del 26 y 27 de septiembre frente a la Consejería de Economía de la Generalidad.

Carles Puigdemont y el resto de exconsejeros fueron declarados en rebeldía al no presentarse y se emitieron las correspondientes euroórdenes de detención y extradición, como prófugos de la Justicia de España. Carles Puigdemont comenzó de inmediato su campaña de victimismo declarándose perseguido y represaliado político y negándose a reconocer su cese proclamándose como legítimo Presidente de la Generalidad, acogiéndose a la Justicia de Bélgica y negándose a ser extraditado contratando los servicios de abogados. El resto de fugados secundó esa posición. Desde ese momento la Justicia belga se mostró muy reacia a colaborar con la española pidiendo el juez belga encargado de la tramitación aclaraciones a las euroórdenes y dilatando sin justificación la toma de decisión, hasta que finalmente sentenció negando la extradición salvo por el delito de malversación, negando el delito de rebelión por no existir correspondencia en la legislación de Bélgica, lo que obligó a retirar las euroórdenes y dejarlas sin efecto.

No fueron mucho mejor las elecciones autonómicas del 21 de diciembre. Y eso que las encuestas daban el triunfo de CIUDADANOS y la posibilidad de un pacto entre partidos constitucionalistas para mandar a la oposición a los secesionistas. Los resultados sí que dieron a CIUDADANOS ser el partido más votado, pero el estrepitoso fracaso del PPC de Albiol y el modesto resultado del PSC, con la ambigua postura de la coalición de la marca de PODEMOS, dejó la mayoría parlamentaria en manos de los separatistas del nuevo PDeCAT creado y liderado por Carles Puigdemont y otros fieles como Elsa Artadi , ERC con el también preso Oriol Junqueras y las CUP, que pudieron presentarse como candidatos al no tener suspendidos sus derechos al sufragio pasivo. Estos formaron Gobierno tras meses de un juego perverso de legalidades de candidaturas fallidas por la situación procesal y de prisión de los candidatos propuestos en un claro desafío a los Tribunales, con un nuevo Presidente de la Mesa, Roger Torrent, dispuesto a colaborar con ese esperpento con visitas incluidas al candidato fugitivo Carles Puigdemont y visitas a los presos candidatos.

Se había consumado el primer gran error de esas medidas de intervención que se mostraron altamente ineficaces, como las que se adoptaron para asegurar la no realización del referéndum ilegal del 1 de octubre. El Gobierno y el Parlamento de la Generalidad volvían a estar en manos de los golpistas, y solo la decidida actuación de los Tribunales impidió que se cometiese una aberración al haber investido como Presidente de la Generalidad a un prófugo de la Justicia o a un imputado preso por graves delitos. Pero lo que no se ha evitado es que ese Gobierno y Parlamento mantengan el desafío y las amenazas, restituyendo aquello que había sido suprimido por el Gobierno de España durante los meses de intervención efectiva hasta la constitución del nuevo Gobierno de la Generalidad, como son las llamadas “embajadas” en el extranjero. Una actitud que se ha visto reforzada por el cambio forzado del Gobierno de España gracias a la moción de censura presentada por el PSOE de Pedro Sánchez.

Una moción que pudo prosperar gracias al apoyo bastardo de partidos nacionalistas como el PNV, proetarras como EH BILDU, y los partidos golpistas catalanes, así como el fundamental apoyo de los extremistas radicales de UNIDOS PODEMOS, que han sabido rentabilizarlo para obtener beneficios económicos y políticos. Una situación que deja a Pedro Sánchez rehén de sus promesas y que se ve forzado a pagar o a renunciar al poder. Y como esto último no entra en sus planes, la traición se impone como solución indigna de quien está dispuesto a todo con tal de mantenerse en el poder. Su mezquindad llega al extremo de asumir el discurso de los golpistas intentando minimizar los delitos cometidos y cuestionar la comisión de aquellos que conllevan penas de prisión más severas. Un cambio cobarde y miserable que le hace entrar en contradicciones consigo mismo al negar la comisión del delito de rebelión por no haberse usado armas ni ser una asonada militar, en una interpretación personal pero que se ha convertido en el eslogan de la campaña emprendida por el Gobierno que preside y por el PSOE.

Es evidente que lo que ha sido desde le primer momento la visión de la Fiscalía, de la Abogacía del Estado y de los jueces del Tribunal Supremo, resumidos en el Auto de enjuiciamiento emitido por el juez Pablo Llarena, donde se hace un relato exhaustivo y fundamentado de los hechos que se produjeron con actos de violencia que califican la comisión del delito de rebelión. La actitud de Pedro Sánchez y de Ministros de su Gobierno es un claro acto de injerencia e intento de influir en las acusaciones y la calificación definitiva de los delitos de los enjuiciados.

Estamos mucho peor que hace un año, porque ya no existe ese bloque constitucionalista que aprobó las medidas de intervención, aunque fuesen descafeinadas e ineficaces. El PSOE se ha convertido en aliado de los golpistas y rehén del apoyo que le prestan y que le mantiene en el poder. Los golpistas se sienten mucho más fuertes y exigen la liberación de los que llaman “presos políticos”, un termino que ha sido asumido también por los apátridas de UNIDOS PODEMOS que comparten esa petición de liberación y la realización de un referéndum pactado que no cuenta con la oposición del PP, ni de CIUDADANOS, pero sí con la del PSOE que aboga por un Estado plurinacional, cosa que no satisface a los golpistas que exigen la independencia.

Y lo dramático de esta situación es que el PSOE de Pedro Sánchez no quieren renunciar al poder porque sabe que esta es la oportunidad que nunca llegó siquiera a soñar contando con solo 84 escaños. Usará todos los resortes del poder para imponer su revancha ideológica y anular a la oposición apostando por una reedición de este Frente Popular donde UNIDOS PODEMOS es pieza clave de un futuro Gobierno de coalición de izquierda. Y eso será así si los partidos constitucionalistas no lo impiden y se dedican a desprestigiarse mutuamente. Es urgente una respuesta contundente democrática contra el intento de Pedro Sánchez de perpetuarse cediendo al chantaje de los enemigos de España donde su socio principal UNIDOS PODEMOS actúa de facilitador e impulsor de la traición que se está cometiendo contra España y los españoles.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

El 'procés' español y las tesis de Iglesias
FRANCISCO ROSELL El Mundo  28 Octubre 2018

En vísperas de la ofensiva final contra Saddam Hussein, los periodistas interpelaron a Donald Rumsfeld sobre si había pruebas fehacientes de que el régimen iraquí almacenara armas de destrucción masiva, como parecía dar pábulo la cerrazón del sátrapa. El secretario de Defensa de Bush hijo respondió evasivamente y se valió para tal menester de un trabalenguas. A su entender, estaba aquello que "sabemos que sabemos", lo que "sabemos que no sabemos" y aquello otro que "no sabemos que no sabemos". Dicho lo cual, Rumsfeld se negó en redondo a aclarar cuál de esas tres posibles respuestas correspondía a la pregunta en cuestión, dejando con un palmo de narices a los reporteros. Hubo que aguardarse a la ocupación de Irak para discernir a ciencia cierta que no había ni rastro del supuesto armamento.

En cambio, para descubrir el pastel de la sorpresiva moción de censura que removió a Rajoy del Gobierno por parte de un aspirante con tan sólo 84 escaños en los peores resultados de los últimos 40 años del PSOE, ha habido que esperar cinco meses. Al destaparse la composición de su relleno, cubierto por una almibarada capa de engaño, han quedado a la vista las gravosas hipotecas contraídas por Pedro Sánchez con podemitas e independentistas, amén de sus irreversibles consecuencias para el destino de España.

Si resultó llamativa la defenestración de Rajoy, por medio de una operación político-judicial apoyada en un par de líneas de una pieza del caso Gürtel en que se cuestionaba la veracidad de su declaración de testigo, ahora queda nítidamente claro que su reprobación fue la punta del iceberg de un proyecto que consolida el golpe de Estado en Cataluña y la impunidad de sus artífices. Pero que también extiende el procés al conjunto de España mediante la apertura de un periodo constituyente con el Rey como principal pieza a cobrar al simbolizar la España de la Transición, retomando el proyecto de ruptura que fracasó frente a la vía reformista de salida de la Dictadura.

Una vez descolgado el PSOE del bloque constitucional, tras su alianza con podemitas e independentistas, siendo la Carta Magna hija propia de la que ahora reniega, se configura un panorama en el que el Doctor Sánchez, ¿supongo? es sostenido por unas minorías que dictan la suerte de España, haciendo de ella mangas y capirotes. Esta deriva socialista desatiende los mensajes de la Historia, en vez de evitar el retorno a dolorosas encrucijadas. Por mor de ello, cunde la sensación de que hay males sin remedio y padecimientos que parecen congénitos.

En 15 días, Sánchez ha librado los correspondientes pagarés a quienes le franquearon La Moncloa. Con Podemos suscribió un acuerdo de Gobierno en común, enmascarado de pacto presupuestario, y ha hecho suyos, a instancias de Iglesias, los argumentos del tribunal regional alemán que se opuso a la extradición del prófugo Puigdemont en base a que no concurrían las circunstancias precisas para ser procesado por rebelión. Pasar de una condena por rebelión a otra por sedición no sólo están de por medio menos años de presidio, sino pasar de un delito contra la Constitución a otro de desórdenes públicos. Cuestión no baladí.

Dicho y hecho a los cinco días de que Iglesias emplazara a Sánchez a mover ficha con los reos del 1-O, tras visitar a Oriol Junqueras en la cárcel y recoger su guante de que Esquerra no negociaría los Presupuestos si el Gobierno no hace un movimiento de "categoría" en favor de los políticos presos. A instancias de Jaume Roures, presidente de Mediapro, grupo que participa de La Sexta, Iglesias y Junqueras ya habían puesto las bases, en el curso de una cena en casa del magnate televisivo, de una hipotética moción de censura apadrinada por quien fuera beneficiado con un canal televisivo por Zapatero, lo que le hizo figurar en la selecta lista de "brujos visitadores de La Moncloa" (Cebrián dixit). Cual cumplido embarazo, la moción de censura se alumbró a los nueve meses justos de su concepción en aquel día triste en que una concentración en apoyo de las víctimas de la masacre de Las Ramblas trocó en encerrona al Rey y a su Gobierno.

Aquellos "brujos visitadores de la Moncloa" fueron el soporte de la nefasta gestión de Zapatero, ese embajador plenipotenciario del bolivarismo criminal, así como luego con Rajoy crearon el contexto de la pobreza infinita en un país que mostró la inusitada resistencia de su Estado de bienestar en una situación límite. Sin el dominio que ejercen en las televisiones españolas, quienes les han entregado sus programas de entretenimiento e incluso sus informativos a estos simpatizantes del secesionismo catalán que dan una falsa aureola de mártires a los autores del procés, es imposible entender la anómala circunstancia española en el que se blanquea a unos golpistas y se les entrega las llaves del presidio.

Atendiendo al reclamo de Iglesias y al aparato mediático que le ha aportado Roures, Sánchez se desmarcaba clamorosamente este miércoles de la petición de los jueces del Tribunal Supremo de juzgarlos por rebelión. Justo lo que sostenía hasta su repentino viraje, como plasmó tajantemente el 17 de mayo en Espejo Público de Antena 3: "clarísimamente ha habido un delito de rebelión". Sus principos se ha revelado tan reversibles como los de Groucho Marx, pero con menos gracia.

En los prolegómenos de aquel Café con Susanna Griso que tuve ocasión de compartir con el entonces jefe sin escaño de la oposición, Sánchez estaba resuelto a reponer el artículo 155 de la Constitución y a endurecer el Código Penal. En aquellas semanas, participaba de una entente cordiale con un Rajoy con el que se había reconciliado tras calificarle de "indecente" y que aplaudía su sentido de Estado, en contraste con la carencia del mismo de Albert Rivera. Era palmario que llegar al poder en las condiciones de Sánchez iba a producir los daños irreparables que ya se aprecian.

Visto con perspectiva, pareciera que Sánchez practicara aquellos días previos a su bandazo el doble juego de Zapatero con Aznar. Con la mano derecha firmaba el Pacto Antiterrorista y con la otra autorizaba negociaciones bajo cuerda con ETA por medio de Eguiguren. A éste le confiaría que se planteó conceder indultos a presos de ETA en la tregua del 2006. Eguiguren ha debido facilitar su reciente cita en Elgoibar con el coordinador de EH Bildu, Arnaldo Otegi, ex pistolero claramente interesado en conectar los conflictos vasco y catalán para que su implosión conjunta subvierta irreversiblemente España.

Zapatero, con su pacto del diablo con los nacionalistas y su empecinamiento en resucitar aquella bipolarización cainita que entenebreció siglo y medio de la Historia de España, pero que parecía felizmente suturada con una modélica Transición, mudó de raíz el PSOE que heredó de González y que ahora sirve de modelo a Sánchez, tras claudicación para ser presidente sin votos propios. Zapatero, lejos de ser un rehén nacionalista, compartió sus intereses buscando el aislamiento y el fraccionamiento del PP, y su sucesor socialista va camino de lo mismo.

En este sentido, resultó muy clarificador el debate del Congreso del miércoles, donde Sánchez cantó la gallina cuando el nuevo líder del PP, Pablo Casado, desenmascaró agudamente el proceso golpista en marcha, lo que explica la irritación del presidente;y donde el máximo dirigente de Ciudadanos, Albert Rivera, retrató a éste como una persona sin escrúpulos, dispuesta a lo que sea y como sea por mantenerse en el poder. Su "como sea" marcó la política de Zapatero a raíz de que un micrófono indiscreto recogiera esa taxativa orden suya en la cumbre Euromediterránea de 2005 en Barcelona.

Empero, a diferencia que Zapatero, que no tenía nadie a su izquierda con la fuerza de Podemos y que negociaba con unos nacionalismos que aún no se habían declarado en rebeldía, pero que se pertrecharon para ello con sus indecentes concesiones y dádivas, el procés español de Sánchez se revela suicida para el PSOE y letal para España. Contrariamente a lo que algunos arguyen, Iglesias no es ningún correo del zar Pedro, sino que él mismo opera para erigirse en zar. A este fin, Iglesias se atiene a las tesis leninistas de conquista del poder por medio de la defensa del derecho a la autodeterminación.

Frente a los internacionalistas que estimaban que el nacionalismo era incompatible con el marxismo, Lenin se valió de esta herramienta para socavar al imperio zarista y, apenas conquistado el poder, se opuso a la autodeterminación reconduciendo a la fuerza a las repúblicas que habían logrado su independencia. No es de extrañar que Lenin incluyera el derecho de autodeterminación en su proyecto revolucionario, con la guerra civil como principal artífice de un cambio histórico sin precedentes. Para Iglesias, igualmente todo vale -primera tesis de Lenin-, con tal destruir lo existente. Lo que no se entiende es la ceguera de Sánchez -bastante debe tener con su particular tesis doctoral-, creyendo quizá que esos costaleros le llevarán a ganar las elecciones y, posteriormente, podrá deshacerse de ellos, si es que para entonces queda lugar donde mandar.

Cuando el presidente norteamericano Wilson consagró en 1916 la doctrina de la autodeterminación como base del nuevo orden mundial tras la I Guerra Mundial, su secretario de Estado, Robert Lansing, anotó premonitoriamente: "la expresión está simplemente cargada de dinamita. Alimentará esperanzas que nunca podrán hacerse realidad. Seguro que al final acabará desprestigiada, considerada el sueño de un idealista que no cayó en la cuenta del peligro hasta que fue demasiado tarde para contener a quienes trataban de implantar el principio. ¡Qué desastre que llegase siquiera a pronunciarse la frase! ¡El sufrimiento que provocará! ¡Pensemos en los sentimientos del autor cuando cuente los muertos derivados de articularla!"

Una contradicción insalvable
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli 28 Octubre 2018

Se ha repetido hasta la saciedad que la política es el arte de lo posible y desde que Maquiavelo escribiera El Príncipe y Max WeberEl sabio y la política muchos gobernantes han actuado prescindiendo de su conciencia moral sintiéndose justificados por el hecho de que una cosa es el campo de la ética, con sus exigencias absolutas, y otra el del manejo de los asuntos públicos, donde el límite entre lo lícito y lo ilícito en ocasiones se hace borroso y el interés superior del Estado obliga a cometer determinadas atrocidades. La lista de crímenes perpetrados en nombre del interés general es interminable desde la Antigüedad hasta nuestros días. Por citar un ejemplo reciente, es posible que los que ordenaron el asesinato y posterior despiece de Jamal Khasshogi lo hicieran convencidos de que era un mal necesario para asegurar el futuro del reino saudí.

No se sabe cuáles son los fundamentos filosóficos que orientan el comportamiento de Pedro Sánchez, aunque sí empieza a existir abundante especulación sobre sus técnicas de comunicación. Alejandro Magno tuvo a Aristóteles, Margaret Thatcher a Friedrich Hayek, Tony Blair a Anthony Giddens y Zapatero a Philip Pettit. De momento a Sánchez le basta con Iván Redondo. Sin negar la relevancia de la imagen a la hora de ganar votos, ejercer la Presidencia del Gobierno exclusivamente a base de photo opportunities resulta algo endeble incluso para un plagiario que pregunta en un tuit si alguien tiene alguna idea sobre el tema que va a constituir su tesis. No parece que los inventores de Twitter lo lanzasen para reemplazar a la investigación bibliográfica.

La originalidad del joven, apolíneo y probablemente fugaz inquilino de La Moncloa radica no tanto en sus imaginativas aportaciones al protocolo de la Casa Real española y de la Comisión Europea como en una pirueta que no tiene precedente en el mundo occidental, salvo en la literatura. Se trata de gobernar una Nación en estrecha y fraternal alianza con aquellos que tienen como proyecto explícito y en plena ejecución la destrucción de la misma. Una vez consumada esta brillante maniobra con la inestimable colaboración de un predecesor que consideraba la impavidez el método óptimo de gestión de los tiempos, mientras el mundo se derrumbaba a su alrededor -actitud asimismo notable-, a Sánchez se le plantea un problema conceptual, práctico e incluso psicológico, que es vivir todos los días instalado sobre una contradicción insalvable. Los afanes cotidianos de nuestro atlético jefe del Ejecutivo son equivalentes a los de un hijo que ha aceptado como huésped en su casa a un asesino que ha anunciado que va a matar a la madre de su anfitrión. Es obvio que una de las maneras de soportar esta tensión insufrible es dejar de pensar y estar continuamente saltando de un avión a otro y sonriendo ante las cámaras. Si uno respira en incesante padecimiento la solución es transformarse en un holograma. Los hologramas no sufren. Subsiste la dificultad de que el depredador sí es real y sigue puertas adentro rondando a la autora de nuestros días con el cuchillo en la mano. Cuántas semanas o meses aguantará Pedro Sánchez este ejercicio de funambulismo suicida es un misterio inquietante.

Como dijo el célebre torero, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. El audaz secretario general del PSOE está empeñado en demostrar que El Guerrita no tenía razón, pero ignorar la sabiduría de un tipo que enlazó diez naturales de una tacada sin alterarse es muy peligroso, y por eso la fecha de caducidad de Sánchez está próxima. Pablo Iglesias pretende destruir el sistema capitalista o, lo que es lo mismo, nuestra libertad, y Puigdemont, Junqueras y Otegi, también socios del presidente aéreo, pugnan con acabar con España como Nación, es decir, con nuestra democracia. Trabajar en semejante compañía para mejorar el bienestar de los españoles, impulsar su prosperidad y garantizar su seguridad, no es que sea una misión irrealizable, es que entra de lleno en el dominio de la demencia. Se puede tirar adelante pisoteando principios morales, pero no en contra de las reglas implacables de la lógica.

Goethe ya inmortalizó lo que le sucede al hombre que pacta con el diablo para conseguir sus fines. Está escrito en el Fausto de manera sobrecogedora: “El hombre yerra tanto como ambiciona”. Esperemos que esta ambición ciega y arrasadora dure poco antes de que sus consecuencias sean irreversibles.

Rato en la cárcel, Pujol en casa
Jesús Cacho. vozpopuli 28 Octubre 2018

La de Rodrigo Rato arrastrando en solitario el petate camino de la entrada de Soto del Real es la foto de un final de régimen. La instantánea que muchos nunca imaginaron llegar a ver, convencidos como estaban de que ese régimen sabía proteger a sus hijos dilectos de las traiciones del tiempo por muchas que hubieran sido las tropelías cometidas. Rato o la representación de la aristocracia de la derecha política española, mucho más que José María Aznar, dónde va a parar, y desde luego infinitamente más que ese lechuguino apellidado Rajoy. Un hombre que reunía en sí mismo la arrogancia de una clase social con posibles, los Rato y los Figaredo, ricos apellidos astures, con el ímpetu en el ejercicio del poder político: Ímpetu y arrogancia que el alambique del poder destiló en soberbia, la que para dar y tomar caracterizaba al personaje en sus buenos tiempos, aquellos en los que se desempeñó como todopoderoso vicepresidente y ministro de Economía, y la facultad de hacer ricos a sus amigos con la privatización de las grandes empresas públicas bajo el primer Gobierno Aznar, y la enorme decepción de quien se creía llamado por derecho propio, y casi divino, a la sucesión, para al final verse preterido por el infame Mariano, ello por culpa de unos informes que Carlos Aragonés, jefe de gabinete, había depositado sobre la mesa de trabajo de Aznar.

Vino después su consagración como estrella de las finanzas mundiales con su elección como director gerente, con rango de jefe de Estado, del FMI, y su asombrosa tocata y fuga camino de vuelta a Madrid sin mediar explicación plausible. A partir de aquel momento, el personaje se entregó con enfermizo frenesí a la acumulación de dinero, que sus amigos eran todos muy ricos y él solo disponía de un buen pasar, un camino de perdición que ha terminado con sus huesos en la cárcel. Ha entrado en Soto del Real por una minucia, un discutible asunto penal, las tarjetas black, uno de esas cuestiones elevadas por un imaginario popular sediento de venganza, revancha social excitada por el populismo rampante, a la categoría de ofensa nacional. Los impuestos de Capone. En el escándalo de las tarjetas ha caído la crème de la derecha, desde luego, pero también la izquierda política y sindical, toda, asunto que el gochista mainstream mediático ha tratado de ocultar. Gente del PSOE, de Izquierda Unida, de CC.OO y de la UGT. Una auténtica foto fin de régimen.

Confieso que verle caminar de esa guisa rumbo al talego me ha causado cierta tristeza: la que producen los juguetes rotos reflejados en el espejo gris del destino. Acostumbrado a tenérmelas tiesas con el personaje en sus días de gloria, cuando llamaba hecho un basilisco a Pedro J. Ramírez, un sábado sí y otro también, a cuenta de mi dominical Rueda de la Fortuna en el diario El Mundo, su caída en los infiernos me ha dejado el regusto amargo de un castigo inútil, de una venganza castrada para la noble tarea de regenerar un sistema hoy asediado por los vientos huracanados de un final de época. “Desengáñese Julián; el problema de España es que nadie está en el sitio que le corresponde”, que decía Ortega a su amigo Marías mientras paseaban por el Retiro madrileño. ¿Tenemos una Justicia igual para todos? ¿De verdad llega, antes o después, puntual para castigo de tirios y troyanos? ¿Sirve para algo este castigo? ¿Será la doña capaz por sí sola de regenerar este patio de monipodio? En días como los actuales, con espectáculos tan lamentables como el protagonizado esta semana por el Tribunal Supremo a cuenta de los pagos hipotecarios, las respuestas no pueden sino estar cargadas de profundo escepticismo. “Desdichada la generación que debe juzgar a sus jueces”.

“Acepto mis obligaciones con la sociedad, asumo los errores que haya podido cometer y pido perdón a la sociedad y a las personas que se hayan podido sentir afectadas y decepcionadas”. Una declaración que le dignifica. Rodrigo Rato en Soto del Real y Jordi Pujol i Soley en su casa de la ronda del General Mitre, zona alta de Barcelona. “Rato en la cárcel. ¿Los Pujol? Bé, gràcies”, titulaba ayer “Dolça Catalunya”, una web barcelonesa que lleva años luchando casi en solitario contra las mentiras del separatismo, ejemplo de sociedad viva dispuesta a pelear hasta el final por su libertad. Autentico emperador del Paralelo catalán, este evasor fiscal confeso atesoró una gran fortuna en el extranjero conspirando contra el Estado, implantó la mordida del 3%, infectó Cataluña con el virus nacionalista mediante su famoso “Plan 2000”, convirtió en millonarios a sus siete hijos, y cuando el tinglado comenzó a amagar quiebra hizo emprender a sus huestes una loca carrera hacia el precipicio de la independencia con el solo objetivo de escapar de la justicia española y poder nombrar a sus propios jueces, naturalmente nacionalistas. La doctrina de Pujol ha terminado destrozando familias, ahuyentando empresas y ulsterizando Cataluña. “Si decides que no quieres muertos, la independencia tarda más”. ¿Están tardando en poner alguno en la balanza?
¿Quién protege a la familia Pujol?

Pero el señorito, auténtico Juan March del prusés, sigue en su casa, sin nadie que le moleste. Todos sus hijos están imputados, pero ninguno en la cárcel. Todos en casa. En su confesión del día de Santiago de 2014, el gran evasor escribió: “Demano perdó a tanta gent de bona voluntat que poden sentir-se defraudats en la seva confiança (…) i que aquesta declaración sigui reparadora en el que sigui possible del mal i d´expiació per a mi mateix”. A diferencia de Rato, no pidió perdón a la sociedad a la que robó y defraudó, sino sólo a quienes confiaron en él, es decir a quienes le votaron. Tiempo después, ante la comisión de investigación abierta en el Parlament para marear la perdiz, el gran capo tuvo la desfachatez de advertir, a preguntas de la camiseta sudada de un tal David Fernández, CUP, aquello de que “si se siega una rama del árbol, caen las demás”. Y la rama sigue firmemente anclada al tronco del nacionalismo supremacista, sin nadie que ose romperla. Convertido en una especie de ayatolá Khamenei, guía espiritual de un prusés al que hoy pone cara un tal Torra, uno de esos monaguillos que en los buenos tiempos de los Alavedra y Prenafeta apenas hubiera servido para abrir la puerta del coche del señorito, don Pujolone ha superado el pánico inicial, pasea tranquilamente por General Mitre-Vía Augusta, se deja ver entre aplausos en actos sociales y de partido, y lleva camino, si el cuerpo aguanta, de retomar los mandos de la nave. Qui protegeix la “famiglia”? ¿Quién protege a la familia Pujol? Es la clave del arco de la ópera bufa catalana.

La protegen los secretos que este peculiar don Vito guarda en caja fuerte sobre los negocios compartidos con la clase política madrileña, y muy en particular con el PP de Mariano Rajoy, de muchos de los cuales, si no de la mayoría, es testigo el inefable Jorge Fernández Díaz. En una entrevista que El Mundo publicaba el domingo pasado, el ministro meapilas contaba que en julio de 2012 pidió permiso a Mariano para negociar con Pujol “algún tipo de acuerdo que evitara que Cataluña entrara en una confrontación con el Estado”. No se le ocurre ir a negociar con Artur Mas, no. Va directo a la cabeza de la serpiente, al gran responsable del dislate que hoy acongoja a Cataluña y a España entera. Pero, ¿cómo podía ir a negociar con Pujol el hombre que durante tantos años le llevó la cartera? ¿Qué autoridad para hacerle entrar en razón podía tener quien, descolocado tras el fin de Alianza Popular, pide trabajo a Pujol y Pujol se lo da (Fundación Asepeyo) y le nombra senador autonómico –con mayoría absoluta convergente-, y le salva de la miseria y le regala tantas y tantas cosas, hasta un bingo en Travesera de Gracia?

El capo catalán sabe demasiadas cosas
Dice Mariano en la entrevista de marras que no cree que la gestión vaya a tener éxito. Nadie mejor que él para saberlo. No lo tuvo. El capo catalán sabe demasiadas cosas. Hasta las razones de su matrimonio. “Si quieres hacer carrera política en el PP, ya sabes lo que tienes que hacer…” Los más avisados en la Ejecutiva del PP estaban al cabo de la calle de las miserias del hombre que no podía aplicar la Ley en Cataluña so pena de saltar por los aires con algunos de los secretos que guarda el gran payés. Las miserias de esta España lacerada por la corrupción. Recuerdan una ejecutiva, previa al referéndum del 1 de octubre de 2017, cuando un valiente toma la palabra y le pregunta qué va a hacer el Gobierno si al final Puigdemont logra poner las urnas en los colegios. El gallego, a su vera la virreina Soraya, duda, pone ojos en blanco, se mesa la barba cana y musita una cita digna de encabezar el historial de la infamia:

-Mejor que no las ponga.

“Ya”, responde el aludido tras intercambiar miradas perplejas, “en eso estamos todos de acuerdo, pero me gustaría saber qué vamos a hacer nosotros, qué medidas piensa adoptar el Gobierno si al final estos tíos logran poner las urnas el día del referéndum”.

-Repito, es mejor que no las pongan…

Se acabó la discusión. También la carrera política de quien se atrevió a interpelar al sátrapa gallego. Dicen que don Jorge prepara unas memorias donde seguro nos contará los muchos años de negocios compartidos, incluso después de que dejara de cobrar de Pujol, cuando por fin consiguió entrar en la almendra del PP como número dos de un Rajoy que acababa de ser nombrado ministro de Administraciones Públicas (5 de mayo de 1996). Muchos años de fructífero business. Hasta la Lotería de Cataluña, conocida hasta 2007 como Loto Catalunya, en el que participaron el Padrone y Manolo Prado y Colón de Carvajal, el intendente de Juan Carlos I. Y esa huida vergonzante a esconderse y mamarse la tarde noche del 31 de mayo, mientras en el Congreso se decidía el destino de España, que ahora solo puede interpretarse en clave de chantaje. Años de negocios y de miserias, que explican por qué la democracia española ha llegado hasta aquí arrastrándose como una sabandija apaleada. Con un presidente del Gobierno cautivo y desarmado ante quienes le auparon a la Moncloa, gente poco o nada amiga de la felicidad de los españoles. Rato en la cárcel, la familia Pujol en casa. Nada se podrá hacer hasta que las vergüenzas de toda una época salgan a la calle y se aireen a plena luz del día.

Los 4.000 soberanistas que quisieron una ETA catalana
La desclasificación de documentos del archivo general militar de ávila evidencia que hubo catalanistas conciliadores, como josep tarradellas, y otros mucho más radicales, como Josep Batista i Roca, que creó el violento ejército popular catalán y que decía contar, según el espionaje, «con 4.000 muchachos con posibilidades de ser integrados en grupos de acción tipo Eta».
Jorge Vilches. larazon 28 Octubre 2018

El gobierno socialista de Pedro Sánchez, presionado por el PNV, ha desclasificado documentos del Archivo General militar de Ávila anteriores a 1968, pero lo ha hecho mal y de forma apresurada. En lugar de esperar a la aprobación de la reforma de la Ley de Secretos Oficiales, y encargar a los archiveros que hagan un inventario previo del contenido de las 500 cajas, labor minuciosa, especializada y necesaria que lleva tiempo, ha ordenado mostrar ya a los investigadores los legajos. No existe, por tanto, una ordenación temática ni temporal, ni una descripción archivística de cada conjunto documental. Al revés, se mezclan los papeles ya consultables con los todavía secretos bajo etiquetas demasiado generales. De esta guisa, cada carpetilla que se saca al investigador debe ser expurgada en el momento por el archivero para retirar cartas o informes aún confidenciales. Este despropósito se salva, según Andrés Rojo y yo hemos comprobado, por la diligente acción del personal del archivo. El inventario confirma que los servicios de inteligencia del régimen de Franco dedicaron no pocos esfuerzos a seguir a la oposición que existía en España y, con menos intensidad, la que estaba en el exilio. Es curioso que entre los papeles que el gobierno socialista ha ordenado mostrar no haya información sobre el PSOE, pero sí mucha nota superficial de los Agregados Militares en capitales europeas. No obstante, encontramos unos pocos informes y copias de cartas sobre los nacionalistas catalanes. Los documentos mostrados confirman la tajante división que existía entre los catalanistas partidarios del autonomismo, como Josep Tarradellas, y los independentistas de Carles Pi i Sunyer y Josep Batista i Roca. Los primeros, asentados en Francia en los últimos años de la dictadura franquista, abogaban por el «entendimiento con otras fuerzas políticas y sindicales». Así lo escribió Tarradellas en una carta a Jesús María Leizaola, lehendakari del gobierno vasco en el exilio, fechada el 31 de diciembre de 1970, en París, y presente en los papeles desclasificados en el Archivo General Militar de Ávila. En la misiva, el catalán señalaba que los opositores a Franco debían unirse para que «España forme parte del conjunto de los pueblos que viven en un régimen de democracia y libre albedrío». No había que caer en esas «endémicas conspiraciones», señalaba Tarradellas, que solo causaban «graves daños al país». Estos catalanistas, más conciliadores, no consideraban «ni útil ni necesario constituir en Francia ni fuera de ella un Gobierno de Cataluña», no solo para evitar las luchas políticas entre facciones por los «ministerios», sino por ser realista: no había nada que gobernar. Esto lo decía Tarradellas a Gibernau el 7 de junio de 1968 en la carta que ahora se puede consultar en el archivo abulense.

Planteamientos racistas y eugenésicos
El ánimo conciliador de este catalanismo autonomista era muy distinto del de los independentistas de Josep María Batista i Roca, instalados en Gran Bretaña y con importantes ramificaciones en asociaciones culturales y deportivas en América y en el territorio catalán. Batista, nacido en Barcelona en 1895, pasa hoy por ser uno de los etnólogos y antropólogos más importantes del siglo XX catalán. Sin embargo, Batista i Roca se distinguió por sus planteamientos racistas y eugenésicos. En 1925 publicó en la «Revista de Catalunya» un texto «científico» en el que animaba a interpretar la historia de la Humanidad como la historia de las razas humanas; en este sentido, consideraba que la raza catalana no se había alterado en 5.000 años. Por esto, en 1934 animó a la Generalitat a emprender medidas médicas eugenésicas, como los nacionalsocialistas, para evitar su mezcla con los pueblos del resto de España. Ese tipo de catalanismo estuvo vinculado con la violencia desde el principio. Batista colaboró con el grupo terrorista Bandera Negra, ligado al Estat Català, el partido de Francesç Macià, que intentó matar a Alfonso XIII en 1925. Batista se hizo cargo después de la Societat d’Estudis Militars (SEM), por orden de Macià, y la transformó en una banda armada, la Organización Militar Catalana (ORMICA), que se integró en el Grupo 1640, en referencia al año de la revuelta de los segadors. Ya en la Segunda República se convirtió en lo que el historiador Ucelay-Da Cal llama «promotor cultural»; esto es, una persona que actuaba sin filiación partidista concreta, pero que se encargaba de reclutar nacionalistas en defensa de la cultura propia en organizaciones parapolíticas. Creó así el grupo Palestra bajo la presidencia de Pompeu Fabra, una asociación deportiva juvenil para formar una élite física e intelectual catalanista. No se detuvo ahí: en 1931 organizó una Guardia Cívica Republicana para, decía, defender Cataluña de la República española. Estuvo implicado en el golpe de Estado de 1934 y llegó a culpar a Companys de su fracaso, por lo que formó parte del complot para su asesinato en noviembre de 1936. Luego vivió en el exilio como profesor en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Batista i Roca siempre pensó que era necesario adoctrinar a las nuevas generaciones en el nacionalismo, por lo que creó el «escultismo», la versión catalana de los boy scouts. La idea era el encuadramiento de los menores para que aprendieran y difundieran la cultura y el paisaje catalanes. Esa práctica resurgió en los años cincuenta ligada a asociaciones clandestinas inspiradas por Batista i Roca como forma de contrarrestar el empeño falangista por educar a la juventud en Cataluña. El «escultismo» logró su legalización en 1966 por mediación del episcopado catalán, y a partir de ahí constituyeron escuelas para educadores y padres de familia. El plan de Batista era utilizar una organización como un modo de preparación física y doctrinal de élites que pudieran desempeñar acciones armadas para defender la futura independencia de Cataluña. En la caja 21.650 del Archivo General Militar de Ávila se ha desclasificado un documento que relaciona a Batista i Roca con la organización del terrorismo en Cataluña en los últimos años del franquismo. El texto da cuenta de la reunión de la tercera Conferencia Nacional Catalana, grupo dominado por Batista, celebrada entre el 24 y el 26 de mayo de 1969. El informador dice que ahí se encontraba el «sector más exaltado y violento del separatismo catalán», mientras que los de Tarradellas, decía, «no han asistido». El agente, que mandó su informe desde Barcelona, relata que se planteó la necesidad de organizar en Cataluña grupos terroristas. En esa reunión, se lee en el documento ahora desclasificado, Batista i Roca manifestó que existían «4.000 muchachos jóvenes en cuadros de Minyons de Muntanya» (su asociación de «escultismo»), con «posibilidades de ser integrados en grupos de acción tipo ETA». Batista encargó entonces a Jaume Martínez i Vendrell la constitución de una organización armada: Exèrcit Popular Català (EPOCA), con unos 50 activistas jóvenes, adiestrados con armamento enviado por un exiliado suizo y cerca de 200 simpatizantes. Tras cometer dos asesinatos, el cerco policial se estrechó, pero no cesaron sus actividades. La necesidad de supervivencia hizo que los miembros de EPOCA, el grupo inspirado por Batista i Roca, se uniera a otras dos organizaciones para fundar la banda terrorista Terra Lliure en 1978. Tras varias atentados mortales, se disolvió y algunos de sus dirigentes se incorporaron a ERC. Batista i Roca volvió a España tras la muerte del dictador, fundó Unió Democrática de Catalunya y murió en 1978. Dos años después, los cómplices de EPOCA delataron su protagonismo en los atentados terroristas. Pasó el tiempo, y la Generalitat le realizó un homenaje en 1993 y publicó sus textos políticos con un prólogo de Jordi Pujol que decía que era un «luchador incansable a favor de la causa nacional de su país». Tres años después, siendo Pasqual Maragall alcalde de Barcelona, se erigió un monumento a su persona en la calle que lleva su nombre. En Cataluña existen lugares públicos dedicados a esta «personalidad humana –escribió Pujol– rica en valores del espíritu». Desde 1988 el bien subvencionado Institut de Projecció Exterior de la Cultura Catalana otorga los Premios Batista i Roca a la presencia catalana en el mundo, que se entregaron durante un tiempo en el Saló de Cent del ayuntamiento de Barcelona por decisión de Xavier Trias (CiU).

Secuestros y crueldad
El grupo terrorista EPOCA asesinó el 9 de mayo de 1977 a José María Bultó Marqués, empresario, poniéndole una bomba en el pecho que detonó en su casa, destrozando por completo su cuerpo. Fue encontrado por su hijo en una escena que, relatada en el juicio, dejó a las claras la crueldad del terrorismo independentista. Lo mismo ocurrió el 25 de enero de 1978 con Joaquín Viola Sauret, ex alcalde de Barcelona, y su esposa Montserrat Tarragona Corbella. Les pidieron dinero –500 millones de pesetas a Bultó y 18 al matrimonio Viola–, lo obtuvieron y les asesinaron. En el juicio celebrado a principios de la década de 1980, Jaume Martínez Vendrell (condenado y fugado, con calle en Santa Coloma), Manuel Viusà (homenajeado por Maragall en 2010), Lluís Montserrat Sangrà (cuya fortuna está hoy entre las 200 mayores de España), Montserrat Tarragó y Carles Sastre (quien ya era miembro de Terra Lliure, que pasó solo nueve años en prisión y es hoy dirigente de la Intersindical que apoya el «procés» y miembro de la CUP), declararon que el creador y autor intelectual había sido Josep María Batista i Roca. El nacionalismo catalán se resistió a aceptar la responsabilidad de quien habían encumbrado y mitificado como intelectual republicano, y fundador, además, de Unió Democràtica de Catalunya. En el juicio, sin embargo, los acusados señalaron a Batista como inductor y se mostraron orgullosos de haber seguido sus indicaciones. A pesar de la negación actual del nacionalismo catalán, los documentos desclasificados en el Archivo de Ávila aportan nueva luz sobre el vínculo entre Batista y el terrorismo «tipo ETA».

La paradoja navarra: intentar 'euskaldunizar' aleja la unión al País Vasco
Gabriel Sanz vozpopuli.es 28 Octubre 2018

"Nadie convoca un referéndum para perderlo", reflexiona a Vozpópuli un conocido dirigente político ante la posibilidad, hoy lejana pese a la suspicacia de PP y UPN, de que el Parlamento Navarro decida activar la disposición transitoria cuarta de la Constitución para someter a consulta la anexión al País Vasco.

Se refiere esta fuente a la paradoja de que la agenda nacionalista desarrollada desde 2015 por la presidenta de la Comunidad Foral, Uxue Barkos, en particular la derogación de la Ley de Símbolos, para permitir que la ikurriña ondee en las instituciones, o la promoción del modelo D de enseñanza en euskera en un territorio donde solo lo habla el 12,9%, ha tenido un efecto boomerang: aumenta el rechazo a la unión entre ambas comunidades e incluso a la creación de un órgano conjunto.

Según datos comparados de estudios que realiza el Parlamento Foral, a finales de 2014 un 55% de los navarros rechazaba "la unión de la Comunidad Autónoma Vasca y la Comunidad Foral de Navarra"; en 2016, ya con el gobierno de Barkos apoyado por Geroa Bai, EH-Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra, el porcentaje se elevaba hasta el 74,10%, es decir, tres de cada cuatro navarros.

De hecho, la propia presidenta afirmaba en septiembre pasado que, pese a que ella es partidaria, no ve "en un horizonte cercano" el referéndum y añadía: ese debate "es un clásico de UPN cuando se van acercando las elecciones".

Tras recordar que todos los dirigentes del PP, en sus visitas a Navarra, "han prometido una derogación" de la Transitoria Cuarta "que nunca se ha producido", la presidenta navarra censuró a ese partido y a los regionalistas por usar "este señuelo" para crear en la sociedad "un miedo que cada vez tiene menos calado".
Algo que comparte el secretario de Organización del PSN, Santos Cerdán. "Nadie plantea un referéndum de anexión y me preocupa que siempre que se acercan las elecciones la derecha saca este fantasma", asegura tajante a este periódico.

En una postura diametralmente opuesta se sitúa la presidenta del PP en esa comunidad, Ana Beltrán, para quien el proceso de anexión ya están lentamente en marcha aunque los sondeos digan lo contrario.

Beltrán sostiene que el euskera es "patrimonio" de Navarra pero nunca van a permitir que una lengua que habla solo el 7% de la población -básicamente en la zona norte, fronteriza con Guipúzcoa y Francia- sea "impuesta" al resto del territorio para lograr la unificación con el País Vasco en una gran 'Euskalherria'.
La reforma del Estatuto vasco

Barkos y su gobierno, señala la dirigente popular, intentan imponer en la enseñanza pública el modelo D de enseñanza, prioriza el euskera en los concursos para ser funcionario y llega hasta anteponer una lengua "no oficial" al castellano en la cartelería viaria o institucional. Incluso los formularios anteponen el euskera al castellano, insiste.

Por eso ve con mucho pesimismo el futuro de la Comunidad Foral si los nacionalistas mantienen otros cuatro años el Gobierno de esa comunidad; sobre todo, avisa, porque va a coincidir con la tramitación del nuevo Estatuto del País Vasco, pactado por PNV y EH-Bildu, que insiste en la anexión.

Ser español en territorio de nacionalistas
Pablo Mosquera  latribunadelpaisvasco.com 28 Octubre 2018

(Dedicado a un gran español. Dr. Unzueta Merino)

Estando en Euskadi aprendí que "español" podía ser un insulto. Estando en Euskadi aprendí que ser español era estar en el centro de una diana. Estando en Euskadi aprendí que ser español era una cuestión a ocultar, algo así como sucedió históricamente con la condición de judío en pleno dominio del Santo Oficio.

Ser español y además profesional de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, era el colmo de la provocación. Ser español y miembro del Benemérito Instituto era hacer méritos para ser perseguido y abatido. Lo malo es que hubo tiempos en los que morían cumpliendo con lo que antecede, pero sus féretros salían por la puerta de atrás y sin hacer ruido, ya que formaba parte del ambiente sufrir un atentado y regresar a España en un ataúd.

Tuve una bronca descomunal cuando quise llevar a Mendizorroza a la Selección Española de fútbol que entrenaba Camacho. Entre Azcargorta y Clemente me pusieron a bajar de un burro acusándome de provocador. Previamente, sufrí una moción de censura en las Juntas Generales de Álava, por haber realizado una treintena de campeonatos de España en Álava, dada mi condición de responsable Foral del deporte. "Estaba españolizando Álava". Esa era la cuestión central de la iniciativa del Parlamento Foral que esgrimían contra mi persona los Procuradores del PNV.

Cualquier manifestación escrita o hablada que usara del término España y español, era de inmediato "indicio racional" de actuación y pensamiento fascista. Y es que los nacionalistas crearon un credo con su propio lenguaje y lograron reavivar los tradicionales complejos de culpabilidad que han mostrado históricamente los españoles.

Pude comprobar que tales sentimientos se situaban en las esferas del "modernismo político", la progresía liderada por los socialistas vascos y el mando socio cultural que manejaba el PNV o sus acólitos más radicales eran dogma de fe, en un proceso dónde el mito sustituía a la historia y la repetición de mentiras daban lugar a la verdad oficial.

Ahora en Cataluña vuelven las "oscuras golondrinas". El nacionalismo catalán usa de los mismos métodos que los vascos en pleno conflicto. Sí, es verdad que los catalanes adoctrinados por la estirpe Pujol, no disponen de una organización armada tipo ETA. Lo que no quiere decir es que no haya violencia. ¡La hay!. Sólo que de forma menos tosca, más sibilina, cargada de hipocresía, incluso trasladando a quien quieran escucharles un victimismo en el que Cataluña, no sólo es una nación con derechos históricos a la autodeterminación como Estado; es que son las víctimas "inocentes y civilizadas" de la violencia de España.

Y una vez más, los socialistas por el medio. Y una vez más, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, sufriendo la cobardía de los políticos, con sus vaivenes al servicio de aquello tan cínico de que: "política es el arte de hacer posible lo imposible".

Cuando alguien vulnera la Ley puede ser un presunto delincuente. Cuando alguien con poder público se erige en enemigo manifiesto del Estado, carga con la responsabilidad de ser sometido al imperio de la Ley. Cuando alguien hace lo que se hizo, con premeditación y alevosía, hace un año en Cataluña, se convierte en un peligroso delincuente. Peligroso por las consecuencias de su conducta. Delincuente por activa y pasiva, al ejecutar acciones que son delictivas, e inducir a la población para que las cometa.

No es mi intención ponerme a discutir la semántica del "golpe de Estado". No es mi intención reflexionar sobre los argumentos jurídicos para entrar en el espacio condicional de la rebelión y la sedición. Pero tengo frescas las imágenes de lo que sucedió en Cataluña, televisado en directo, tanto en su Parlamento como en las calles, para afirmar que ni en los peores momentos del conflicto vasco se dieron tales circunstancias. Los vascos nunca se atrevieron a declarar la independencia. Los vascos nunca se atrevieron a enfrentarse en las calles, de forma abierta y con la colaboración de su policía autónoma, a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Por el contrario, Ibarreche tuvo la gallardía de ir a las Cortes y plantear en su tribuna los pormenores del Plan para la Autodeterminación, cuestión que los "bravos nacionalistas catalanes", hijos de la burguesía demócrata cristiana, no se atrevieron. Es más. En cuanto vinieron mal dadas y hubieron de comparecer en sede judicial, les faltó tiempo para contar milongas en las que el núcleo de sus argumentos eran que aquello había sido "un anuncio de Almacenes Jorba". O salir pitando al grito de: "el último que apague la luz". Y así pasar a la honorable condición de exiliado político.

Pero volviendo al titular. Ser español en Cataluña es muy peligroso. Ejercer públicamente la condición de español en Cataluña supone llevar una estrella de David en la solapa. Me gustaría saber si hay listas y listeros. Me gustaría saber qué están dispuestos a usar, los más radicales, para borrar los símbolos de España de su República Catalana.

Pero qué más da. La política española, a falta de intelectuales, está plagada de charlatanes y cínicos que hacen las funciones del "capitán Araña". Usan a los jueces y luego los dejan tirados. Usan a la Guardia Civil y luego la señalan como culpables de los "incidentes". Usan a los funcionarios españoles y luego los acusan de no distinguir la escala de los delitos. Entonces, si el Gobierno Sánchez está dispuesto a bajarse los pantalones para asegurarse la mamandurria de los Presupuestos Generales, ¿qué podemos esperar suceda en Cataluña, con los españoles?. Me temo que algo similar a lo que les hizo el General De Gaulle a sus compatriotas y compañeros de armas, en aquella vil historia de la independencia en Argelia.

Como esto siga así, con la nube de oportunistas, prometo repasar los artículos de Mariano José de Larra, "Fígaro", cuando afirmaba con amargura que España era un país sin rumbo interior, con una clase política corrupta y miserable, que en suma daba una imagen de mangancia con sindicatos de clase extractiva. Pero... esto último lo dejo para otro día. Si bien ya advierto que hoy cuando se abre un grifo, nunca se sabe lo que va a salir. En mi caso, puede que en vez de agua, salga licor café.


 


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