AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 7  Noviembre 2018

'Voxtitucional'
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 7 Noviembre 2018

Además de una profunda injusticia, empeñarse en hacer un "cordón sanitario", de momento mediático, a Vox, como partido "inconstitucional" o "anticonstitucional" me parece un gravísimo error. Si Manuel Valls se quiere enterar de la catadura contemporánea de ese "catalanismo histórico" que reivindica en su programa euromunicipal (Stendhal ya lo retrató en el puerto de Barcelona: mercado libre para nosotros, aranceles para los otros), tendrá que sentarse detrás de Javier Ortega, segundo de Abascal, que lleva la acusación popular contra los golpistas.

Ni el PP, ni Cs; es Vox, y no quiero pensar qué hubiera sido del juicio sin la acusación popular. Sí sé que Ortega defendió desde el principio la actuación de Llarena y la Fiscalía, y que ese "bloque constitucional" en la instrucción ha sido esencial para llevarla a término, contra viento, marea y dos gobiernos: el del PP que quiso excarcelar a Forn, y el de Podemos que preside Sánchez, que quiere aprovechar el golpe para liquidar el régimen constitucional de 1978.

De creer a no pocos columnistas de la izquierda golpista y el centro-centro exquisito, los de Vox que, mucho antes de subir en las encuestas, defendían contra el golpismo, en los juzgados y en la calle, a España y su "constitución histórica" -que así llamaba Jovellanos a nuestras libertades, consignadas en los fueros y en la doctrina del gobierno limitado del XVI y el XVII-, son los enemigos del régimen constitucional. Y sus defensores, Lancelot du Valls, el PSC y el Camelot del catalanismo histórico, o sea, la xenofobia tinta en racismo que va de Prat y Cambó a Pujol y Torra.

Pues no. Vox está ahí porque el Gobierno del PP traicionó a España antes, durante y después del golpe en Cataluña. Con un 155 de verdad, hoy los golpistas no estarían en el poder. Pero Rivera, tan constitucional, apoyó la convocatoria de elecciones en Cataluña por Rajoy sin haber desnazificado la Generalidad, los Mozos y todos los medios golpistas, de TV3 al duopolio sorayino-podemita de A3Ferreras y Dani Mateo, el que se suena los mocos con la bandera y el dinero de todos los españoles.

En Alsasua, Abascal, símbolo histórico de la resistencia nacional y constitucional contra el separatismo vasco, estaba con Rivera. Enfrente, el carnicero de Mondragón, la Iglesia, el PSOE y Podemos. No nos confundamos.

Opazo: "Quien se duerme en la democracia se despierta con una dictadura"
El empresario anuncia en esRadio una manifestación en Valencia por la unidad de España.
Libertad Digital 7 Noviembre 2018

José Manuel Opazo, empresario y presidente de España Responde, anuncia una gran manifestación en Valencia el 18 de noviembre por la unidad de España y contra la alianza del Gobierno con los separatistas.

La movilización de Valencia ha dicho que "nos consta que va a ser superior a la de Barcelona, que fue una gran manifestación, ya que muchas asociaciones y partidos como Los Verdes se están sumando".

Precisamente sobre los partidos ha dicho que "es una convocatoria abierta a todos los partidos que respeten la democracia en España, que es la base de este movimiento". Opazo se ha alegrado de que "los partidos constitucionalistas se estén uniendo" y "acercando por primera vez en 20 años a la ciudadanía".

Entrevistado en Es la mañana de Federico, Opazo dijo que "el gran problema aquí no es el 'problema catalán', sino que el Gobierno central está permitiendo y contribuyendo a que se desintegre la nación"."Tenemos que formar un ejército del pueblo que no permita que el Gobierno haga lo que está haciendo",

"Una de las bases de que esto esté cogiendo cada vez más fuerte es que la ciudadanía se da cuenta de que quien se duerme en la democracia se despierta con una dictadura".

Franco vence de nuevo al Frente Popular
Liberal Enfurruñada okdiario 7 Noviembre 2018

En julio de 1936 parte del ejército español se alzó en armas contra la Segunda República del Frente Popular que formaban el PSOE unido a todos los partidos de extrema izquierda e independentistas. La Guerra Civil la ganó el bando liderado por Franco, quien se mantuvo al frente de una dictadura hasta su muerte hace 43 años. Pese a que ni él ni su familia lo tenían así previsto, el rey don Juan Carlos, en nombre del Gobierno de Arias Navarro, solicitó al abad del Valle de los Caídos que Franco fuera enterrado allí. Desde entonces sus restos han reposado a más de 50 kilómetros de Madrid, en plena sierra de Guadarrama, en el valle de Cuelgamuros, muy cerca del casoplón de los Iglesias–Montero, apartado y aislado.

El monumento no se construyó como homenaje a Franco, sino para rendir honor a todos los caídos en la Guerra Civil “sin distinción del campo en que combatieran” y en él se hallan también sepultados entre 33.700 y 50.000 combatientes, además del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera. Hasta que la Ley de Memoria Histórica lo prohibió, en aquel lugar apartado de la civilización se celebraba cada 20 de noviembre, en el aniversario de la muerte de Franco y José Antonio, una misa y una concentración a la que acudían un puñado de sus ya hoy escasos nostálgicos, con símbolos franquistas y falangistas. Por su valor arquitectónico el monumento era visitado por unas 280.000 personas al año, cifra muy alejada de los 4,5 millones de visitantes que recibe la Sagrada Familia de Barcelona, o los 1,5 millones que visitan cada año el Palacio Real de Madrid. Pero eso ha empezado a cambiar, ya hay atascos en la autovía de acceso y largas colas para entrar.

En junio de 2018 Pedro Sánchez fue investido presidente del Gobierno con los votos de un reinventado Frente Popular que, al igual que el del 36, conforma el PSOE unido a todos los partidos de extrema izquierda e independentistas. Y este nuevo Frente Popular se propuso que casi 80 años después, esta vez sí que iban a ganarle la Guerra Civil a Franco. Decidieron que lo iban a desenterrar costara lo que costara y en contra de la opinión de sus familiares y de la Abadía del Valle de los Caídos y sin contar con el consenso de la Conferencia Episcopal Española ni de la Santa Sede. Posiblemente influyera en esta decisión que Pablo Iglesias y su señora ‘portavoza’ no desean ser molestados en su mansión de Guadarrama. Pero su familia dice que va a trasladar sus restos a la Catedral de la Almudena para que las colas den vueltas a la Plaza de Oriente, en pleno centro de Madrid.

Cuenta la leyenda de Cardeña que el Cid Campeador —otro fascista, dirán los cultos podemitas— ganó batallas después de muerto gracias a la treta de colocar su cadáver sobre su caballo para hacer creer al enemigo que no había fallecido. Pues parece que Pedro Sánchez va a conseguir algo parecido resucitando a Franco. Su cadáver, que descansaba casi olvidado entre las rocas de la sierra madrileña, va a vencer de nuevo a la extrema izquierda independentista, como hizo en los años 30. Y ahora ya no son sólo los nostálgicos del régimen franquista los que se levantan contra el nuevo Frente Popular, sino que todos los demócratas exigen al doctor Cum Fraude que deje en paz a los muertos y convoque elecciones de una vez. Ni los golpistas catalanes, ni los amigos de los terroristas vascos, ni la extrema izquierda chavista van a salirse con la suya. ¡Ríndete Pedro Sánchez, QUEREMOS VOTAR!

Franco y cabra
¿Qué habría pasado si la hubiesen bombardeado aviones nacionales?
Luis Ventoso ABC 7 Noviembre 2018

El 7 de noviembre de 1938, hace hoy 80 años, era día de mercado en Cabra, población rural cordobesa de 20.000 habitantes. España enfilaba la fase final de una crudelísima Guerra Civil, con la República débil y con pronóstico de derrota. En Cabra, lejos del frente, la vida discurría con cierta normalidad. A las siete de la mañana los jornaleros se afanaban para salir al campo y los mercaderes para acudir a la plaza de abastos. A las 7 y 27 minutos tres aviones republicanos Tugolev SB-2, traídos de Rusia, se ensañaron con el pueblo durante cinco minutos. Los llamados «Katiuskas» arrojaron seis toneladas de bombas, que alcanzaron la escuela, por fortuna aún vacía, y el mercado, donde mataron a 36 personas. El ataque fue militarmente absurdo, una inútil maniobra de distracción de los estrategas republicanos, que en nada cambió el curso de la guerra. En total causaría 109 muertos, 73 en el acto. Todos eran civiles ajenos a las cuitas bélicas, incluidos 12 niños.

Cabra fue un acto de ensañamiento malvado y sanguinario, como el de Guernica, población destrozada por las bombas nazis e italianas y donde según los últimos estudios murieron entre 250 y 300 vecinos (no los 1.600 de los que siempre se hablaba). La Guerra Civil resultó un compendio de barbaridades por parte de ambos bandos (también con numerosos actos de heroísmo y bondad espontánea, pues siempre hay personas con la conciencia en su sitio). La Transición no fue más que un acertado intento de pasar página, darse la mano y construir un país libre, estable y próspero.

Hoy se cumplen 80 años del bombardeo de Cabra, pueblo natal de Carmen Calvo, cuya misión central como vicepresidenta es desenterrar a Franco. Si a los vecinos de Cabra los hubiesen matado aviones nacionales, en España habría pasado más o menos esto: serie de novelas por entregas de Almudena Grandes relatando la masacre de Cabra; película-denuncia de León de Aranoa en Cannes; mural de Barceló; un documental con la voz en off de Bardem; concierto homenaje en el Teatro Real; y hoy, en la plaza de abastos bombardeada hace 80 años, visita de Sánchez, Carmen Calvo, Grande-Marlaska y Lola Delgado, muy meditabundos antes de anunciar un retoque a la Ley de Memoria Histórica para que vergüenzas así sean por siempre denunciadas. Por último, «Informe Semanal» ofrecería un reportaje por orden directa de Rosa María Mateo, titulado «Matanza franquista en Cabra», mientras que la televisión al rojo vivo emitiría un especial del Follonero desde el campanario del pueblo evocando el vuelo de los «aviones asesinos».

Pero no habrá recuerdo del Gobierno para Cabra. Tampoco nuestros artistas e intelectuales recordarán a los civiles masacrados. Y es que como ya explicó la extraordinaria Isabel Celaá, existen bombas buenas y bombas malas. Y también una historia real y otra oficial, la única permitida y que pronto proscribirá por decreto contar ciertos hechos, so pena de multa y escarnio público. Me repugnan Franco y el franquismo. Pero también que en el año 18 del siglo XXI quieran lavarnos el cerebro y censurarnos desde un Gobierno mediocre, sectario, maniqueo y no elegido en las urnas.

¿ Repugnante Franco y el franquismo ?
Nota del Editor 7 Noviembre 2018

¿ Que habría hecho Vd. en aquellas circunstancias con los antecesores de los que llevan luchando (sin nadie haciendo frente) en el quinto frente desde que
fueron derrotados por los españoles a quienes les importaba su dignidad ?.

Memoria Histórica
Este miércoles se cumplen 82 años de la primera ‘saca’ de Paracuellos
Luz Sela okdiario 7 Noviembre 2018

Este miércoles, 7 de noviembre, se cumplen 82 años del inicio del horror de Paracuellos, la mayor matanza de la Guerra Civil española. Miles de presos considerados opuestos al bando republicano -unos 2.500, aunque los datos son aún imprecisos- fueron asesinados en dos localidades madrileñas: Paracuellos de Jarama y Soto de Aldovea, en Torrejón de Ardoz.

El término ‘saca’ hacía referencia a los grupos de presos que eran trasladados entre cárceles. Precisamente, ese fue el engaño que pusieron los asesinos a los prisioneros: que serían evacuados a otros penales, como el de Valencia. Sin embargo, su destino era otro. De las 33 sacas que se contabilizaron entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, 23 acabaron en muerte.

Entre los presos había militares, religiosos, falangistas, militantes de derecha… Todos fueron apresados sin acusación. Por poner un ejemplo, la víctima más joven, Samuel Ruiz, apenas tenía 13 años, y nulas sospechas de delito.

Desangrados y enterrados vivos
Las instrucciones se inspiraban en las matanzas comunistas de la Rusia soviética de Stalin. Los presos eran trasladados en autobuses de dos pisos -para ocupar la máxima capacidad- desviados de su recorrido, y asesinados finalmente, atados de dos en dos y ametrallados, en la orilla del río Jarama y Henares. Muchos fueron enterrados aún vivos. Otros murieron desangrados.

La cronología fue la siguiente: el 6 de noviembre, el Gobierno republicano de Francisco Largo Caballero (PSOE) -integrado también por comunistas, miembros de Izquierda Republicana y Unión Republicana, PNV, ERC y sindicalistas de la CNT- partió hacia Valencia ordenando la organización de una Junta de Defensa en Madrid.

El objetivo de esa Junta era la “defensa de Madrid, que deberá ser llevada al límite”, rezaba una carta dirigida por el mismo Largo Caballero al general Miaja. El órgano quedó integrado por miembros del PSOE, PCE, UGT o CNT, entre otros.

Un día después, el 7, comenzaron los asesinatos. Las víctimas serían los presos de la cárcel Modelo, evacuados y conducidos a Paracuellos de Jarama, donde sus fosas ya estaban cavadas. Se calcula que ese mismo día fueron asesinados un millar de personas. El terror se prolongó hasta el 4 de diciembre.

Quién dio la orden de ejecutar sigue siendo objeto de controversias, aunque la Consejería de Orden Público la dirigía, por entonces, Santiago Carrillo. Los presos eran sacados de las prisiones con listas elaboradas con órdenes por escrito en papel oficial de la Dirección General de Seguridad, muchas firmadas por Segundo Serrano Poncela, el delegado de Orden Público de la Consejería de Carrillo.

ANIVERSARIO DE UNA BRUTAL SACA
Paracuellos, la ilegitimidad de la izquierda que la memoria histórica no puede borrar.
Mateo Requeséns gaceta.es 7 Noviembre 2018

Aunque el terrible episodio de la mayor matanza perpetrada durante nuestra guerra civil es de sobra conocido por todos, no debemos de dejar de recordar lo que ocurrió entre el 28 de octubre y el 4 de diciembre de 1936 en Paracuellos del Jarama.

Tras el fracaso del Alzamiento en Madrid la represión republicana se desató ya durante los meses de agosto, septiembre y octubre. Las masas frente-populistas, de escaso nivel cultural y embrutecidas por la propaganda marxista, dieron rienda suelta a un salvajismo sin precedentes contra sus vecinos señalados como derechistas, monárquicos, tradicionalistas, falangistas, religiosos, militares o ricos, estigmatizados como fascistas que había que exterminar. No fueron casos aislados los actos de tortura, violación y crueldad, como el asesinato del general Eduardo López de Ochoa, encargado en su día de sofocar la revolución de Asturias, al que los milicianos sacaron del Hospital Gómez Ulla en el mes de agosto y al que, después de fusilarlo, cortaron la cabeza con una navaja, para pasearla clavada en una bayoneta por las calles de Madrid en una escena digna del genocidio tribal de Ruanda.

La ferocidad de la persecución improvisada en aquellos primeros meses de la guerra civil pronto fue sustituida por una política de genocidio planificada y ejecutada sistemáticamente desde la Junta de Defensa dirigida por el general Miaja como jefe militar, pero, políticamente al mando de Santiago Carrillo que, con las Juventudes Socialistas Unificadas y bajo el mando del Partido Comunista, se había hecho con el control de la seguridad y el orden público gracias a la complicidad del socialista Ángel Galarza.

Aniquilados antes que liberados
Miles de españoles habían sido encerrados en las cárceles de Porlier, San Antón y la Modelo como desafectos al Frente Popular. Las autoridades republicanas decidieron que debían ser aniquilados antes de que pudiesen ser liberados por el ejército nacional que se acercaba a Madrid. Así comenzaron los horrores de las sacas que llevaron a las fosas comunes de Paracuellos y Torrejón de entre 6.000 a 8.000 personas. Las víctimas del terror rojo eran derechistas, como Jesús Cánovas del Castillo y Vallejo, sobrino nieto del que fuera protagonista de la Restauración, el ex Ministro de Trabajo de la República Federico Salmón, el conocido abogado Antonio Comyn, el magistrado Pablo Callejo Triana, Ricardo de la Cierva Codorniú, padre del historiador o Carlos Fernando Stuart Falcó, duque de Peñaranda y hermano del Duque de Alba. Militares, como los Tenientes Generales, José Rodríguez Casademunt y Jorge Fernández-Heredia Adalid, el Almirante Juan Magaz Fernández de Henestrosa, el General de Marina Esteban Martínez Cabañas, el Intendente Pedro Pombo y Romero Robledo, los Coroneles, de Artillería, Alfonso Cano Orozco, de Caballería, Victoriano Moreno Pérez-Brito, de Infantería, José Salcedo Cárdenas, y de E. M. Nicolás Prat Court. Falangistas, como Ramiro Ledesma, Juan Canalejo o el pasante de José Antonio, Manuel Sarrión Sanmartín. Intelectuales, como Ramiro de Maeztu, Muñoz Seca, José Calvache, José M.ª Angoloti, Manuel Font y de Anta o el periodista Delgado Barreto. Religiosos, entre los que destacan 22 hermanos de la Orden de San juan de Dios, beatificados como mártires de la fe por la Iglesia.

Inmisericordes, los milicianos rojos ejecutaron a familias enteras, incluso asesinan a 50 niños de entre 13 y 17 años. Podemos destacar la familia del farmacéutico Luis Madariaga Moras y sus hijos Ángel y Luis Madariaga Cenedese; los cuatro hermanos Antonio, Carlos, Emilio y José M.ª Paramés de Casa Buylla; Gregorio Sáenz de Heredia y sus hijos José y Joaquín; el militar Francisco Serrano Alguacil y sus hijos Manuel y Alfonso Serrano y García-Ibáñez; el militar Enrique Sicluna Burgos y sus hijos Luis y Enrique; el Abogado Mariano Soria Monje y sus tres hijos, Rufino, Mariano y Luis; los hermanos Enrique e Ignacio Triana Arroyo, hermanos de Monchín, jugador del Real Madrid también asesinado con ellos; el Notario Alejandro Arizcun Moreno, con sus cuatro hijos, Ramón, Francisco, Luis y Carlos; y los hermanos Florencio y José Luis Vadillo Alcalde.

Es imposible conocer la infinidad de víctimas anónimas masacradas por la barbarie roja en Paracuellos y Torrejón de Ardoz. Las fosas nunca fueron excavadas y allí descansan en paz los muertos, sin que los familiares hayan reclamado nunca su exhumación. Su recuerdo debe servir para no repetir nunca los errores que nos llevaron a la guerra civil, pero también para condenar a aquellos que hoy quieren recuperar el espíritu de aquella guerra civil.

Los responsables de la Ley de Memoria histórica, en vez de buscar la reconciliación, con memoriales comunes en recuerdo a todas las víctimas sin distinción de bando, andan empeñados en buscar, por supuesto sin éxito, una gigantesca fosa común que oponer a Paracuellos para “equilibrar” al bando nacional en atrocidades con el bando rojo. La justa causa de recuperar los cadáveres de las víctimas del bando perdedor (también aparecen del bando ganador) que aún anden perdidos por los campos de España, para darles una sepultura digna, se ha transformado en una operación de propaganda política monopolizada por comunistas y socialistas que nada tiene que ver con la paz, la piedad y el perdón y mucho menos con la verdad.

Las leyes de memoria sectaria que alumbró Zapatero y hoy impulsan Pedro Sánchez y Podemos, no hacen más que renovar irresponsablemente el mensaje de estigmatización y odio contra el enemigo político que tristemente nos llevó a que fuese posible un Paracuellos. Cuando se pretende aprobar una ley para criminalizar a quienes justifiquen al bando nacional y perseguir a quienes tengan una opinión positiva del franquismo, cuando incluso hablan de demoler la cruz del Valle de los Caídos o sacar a Franco de su tumba para hacer desaparecer sus restos, nos están revelando que siguen albergando la misma intención intolerante de eliminar a aquellos que, según su forma de pensar y entender la vida pública, no deberían existir. Hoy no pretenden la muerte física de nadie, pero si su muerte civil, demostrando que la izquierda española tiene una “Transición” pendiente por la que pasar. Se suponía que la Constitución de 1978 hacía tabula rasa de la ira y el rencor que todos podíamos invocar rememorando las atrocidades sufridas a manos de uno u otro bando, sin embargo, esta izquierda de hoy no parece haber superado la guerra civil de ayer, ni asimilado auténticamente los valores democráticos de pluralismo y libertad.

En una sociedad democrática no cabe fijar por ley la única y verdadera interpretación de la historia, practica indiscutiblemente totalitaria, pero aún menos sobre un hecho tan complejo y tan doloroso como una reciente guerra civil y sus consecuencias. Si entonces media España no se resignaba a morir, hoy media España tampoco se resigna a que le impidan expresar libremente su opinión. Y Paracuellos nos recuerda que la indignación y animadversión que unos legítimamente puedan sentir hacía el franquismo y el bando nacional, otros la sienten tan legítimamente como ellos contra el Frente Popular y el bando republicano. La reconciliación consiste en que seamos capaces de convivir con esta realidad mirando al futuro y no al pasado, el problema es que no parece que esa sea la intención de la actual izquierda española.

Cabra, la Guernica silenciada
«Un bombardeo inexplicable y canalla que tuvo lugar hace ochenta años sobre Cabra y del que misteriosamente nunca se habla»
Inocencio F. Arias ABC

La controvertida memoria histórica no puede ser selectiva. Menos en la Guerra Civil. Si encontramos malísimo al bando de Franco, parece equitativo mencionar, esporádicamente, para no significarte, que los otros, los del bando republicano, también hicieron sus cositas. Alguna, un buen puñado, atroz.

No recalcaré el asesinato de unos 8.000 sacerdotes durante la contienda. Aunque en el reinado del doctor Sánchez no sea políticamente correcto mencionarlo, ocurrió. Traigo a colación un bombardeo inexplicable y canalla que tuvo lugar hace ochenta años sobre Cabra y del que misteriosamente nunca se habla. Esto no se da en la asignatura de Memoria Histórica, y si el alumno lo menciona habrá mohines de reprobación de los nuevos catedráticos.

En la mañana del 7 de noviembre de 1938, tres bombarderos Tupolev SB-2 y Katiuska procedentes de una base republicana en Murcia descargaban su mortífera carga en la plaza Vieja y el mercado de abastos de Cabra. Había bastante gente y los efectos fueron espantosos. El doctor Leña, del hospital local, manifestaría: «Perdieron la vida 112 personas y el hospital acogió a más de 400 heridos, de los cuales 50 eran de extrema gravedad».

La guerra entraba en sus últimas boqueadas, lo que hace más grave e irresponsable el bombardeo. Aunque corresponsales tendenciosos como Hemingway, reacio siempre a informar de cualquier desmán del lado republicano -lo que le costó una pelea irreparable con Dos Passos- afirmase poco antes, en una conferencia en Nueva York, que Franco, con pocos efectivos, chocaba con los extranjeros que le apoyaban, mientras que los republicanos estaban bien organizados y tenían bastantes posibilidades de ganar; observadores más imparciales sabían que el fin de la contienda se aproximaba y que los vencedores serían los insurgentes.

La segunda razón más poderosa que muestra la futilidad criminal de la acción de Cabra es que, como cuenta Antonio M. Arrabal en «El Guernica de la Subbética», «el interés militar de Cabra en noviembre del 38 era nulo». No era nudo de comunicaciones, no había tropas, los soldados italianos habían abandonado la ciudad un año antes y todo ello era conocido por el mando republicano. En los días anteriores, tres aviones rusos Natacha habían efectuado un reconocimiento aéreo de la ciudad.

No es fácil explicar las motivaciones de Cabra, que Arrabal sitúa en el contexto estratégico de la batalla del Ebro. Los republicanos buscarían una retirada con pocas pérdidas e intentaban que los nacionales distrajeran aviones. Más curioso aún es el silencio sobre el bombardeo, sobre todo si lo comparamos -me excuso de nuevo- con el realizado por los insurgentes franquistas contra Guernica. Hugh Thomas, quizá la máxima autoridad sobre el conflicto, no hace referencia a Cabra en su voluminosa obra, y trata detalladamente de Guernica. Escribe que Franco se puso furioso con los alemanes cuando conoció las consecuencias del ataque y que Guernica «era un blanco militar al ser un centro de comunicaciones, muy cercano al frente». Abunda en ello Phillip Knightley («The first casualty»): «Fue bombardeado por razones militares tácticas», aunque siga siendo motivo de discusión el valor estratégico de la sufrida ciudad vasca.

De Cabra, no hay duda. No tenía el menor valor. Guernica (126 muertos, según Salas; 200, según Vicente Talón; varios centenares, según otros) padeció también un ataque artero: era día de mercado, muy letal. Ha obtenido, gracias al cuadro de Picasso, pero no solo, una amplísima cobertura. Sobre la ciudad cordobesa, el silencio. Parece que los malos aquí eran menos malos o tenían cabalísticas razones para dañar una ciudad en zona fascista.

Es el péndulo español. Me crié oyendo que los «rojos» eran unos desalmados. En el pueblo al que fui a vivir habían dado «el paseo» a 80 personas, entre ellas dos tíos de Bruno, mi amigo de infancia. Su crimen: ser de derechas y además creyentes. El abuelo de otro amigo había sido echado al mar en Cartagena, maniatado a otra persona junto con decenas de otros… Horrible, pero cuando tenías uso de razón vislumbrabas que hubo rojos canallas, pero que había muchos más decentes.

Ahora estamos en lo contrario. Los franquistas eran invariablemente crueles, sanguinarios. Muchas películas y novelas lo atestiguan. Moscardó era un cabrón y Largo Caballero, respetable (¿pero no estuvieron los dos en sendos golpes de estado?). Cualquier franquista de los cuarenta era un impresentable, mientras que Companys (¿no fue un golpista que, además, enviaría a decenas de personas sumariamente a la ejecución?), alguien venerado. Tampoco es asumible.

Una sugerencia. Si conmemoramos con fanfarria los fusilamientos de Paterna, hagamos lo propio con los ahogamientos de Cartagena o con Paracuellos. También con autoridades y discursos. Vayamos todos con boato en su día a las ciudades bombardeadas. Y describamos minuciosamente las atrocidades de todos los casos. Adorando la memoria histórica total seremos más equitativos, pero también más gilipollas, porque estaremos abriendo de nuevo heridas. De las dos Españas.

Inocencio F. Arias fue embajador de España en Naciones Unidas

80 años del Guernica andaluz. El bombardeo republicano sobre mujeres y niños que dejó 109 muertos en el pueblo de Carmen Calvo
César Cervera ABC 7 Noviembre 2018

La Guerra Civil había entrado en su último otoño, pero la noche es oscura y alberga horrores. El 7 de noviembre de 1938, a las 07.30 de la mañana, tres bombarderos republicanos de fabricación soviética arrojaron durante cinco minutos seis toneladas de bombas sobre la localidad de Cabra, en Córdoba, entonces bajo el control del llamado bando Nacional. El resultado fueron 109 muertos (entre ellos 14 niños) y más de 200 heridos, la mayoría jornaleros, en lo que algunos han calificado como el «Guernica» andaluz por lo gratuito del ataque.

En el 80 aniversario de la catástrofe, hay quienes piden a la vicepresidenta Carmen Calvo, nacida precisamente en Cabra, la misma consideración para todas las víctimas de la guerra, especialmente si sus paisanos, y que no siga obcecada en una «Ley de Memoria Histórica» que estudia el conflicto desde una visión excluyente. Los pocos historiadores que han estudiado a fondo el bombardeo a Cabra han calificado este episodio, sin medias tintas, como un crimen republicano contra población civil indefensa. Y es que la localidad cordobesa estaba muy lejos del que era, para entonces, el frente principal de la guerra: el Ebro. No era un objetivo militar o industrial y, de hecho, no murió ningún militar en el bombardeo. Solo gente humilde que había madrugado para ir al mercado.

El rastro italiano que nunca apareció
Los republicanos bombardearon durante varios minutos Cabra por los cuatro costados usando tres aviones Tupolev SB-2, un avión ligero bimotor que los republicanos apodaron Katiuska, que estaban pilotados por españoles. Los objetivos principales fueron el barrio de la Villa y la plaza del mercado de Abastos, donde los comerciantes y jornaleros se congregaban en masa a pesar de lo temprano de la hora. Una bomba de 200 kilos, la mayor de las portadas por estos aviones, sembró el horror en el lugar donde amas de casa, jornaleros y niños compraban bienes de primera necesidad.

Si bien dos semanas antes un bombardeo similar sobre Aguilar de la Frontera había dejado 43 muertos, nada anticipaba un ataque así a la localidad de Cabra, y menos con tal ensañamiento. Los lugareños no intentaron refugiarse, ni hubo reacción de los antiaéreos, pues pensaron que se trataba de una patrulla sobrevolando la zona. Los 109 muertos pagaron el precio de que, creían los informes republicanos, en aquella plaza andaluza se encontraba un campamento de soldados italianos mandados por Benito Mussolini para apoyar a Franco.

Al día de hoy no está identificado quien dio la orden de bombardear Cabra, y se desconoce si partió del Estado Mayor o de instancias superiores. Dentro del relato republicano, los pilotos confundieron las lonas del mercado con tiendas militares por una mala información suministrada por inteligencia. En el parte de operaciones de ese día, no dudaron en reconocer la ausencia de toda hostilidad en Cabra:

«A las 7,27 (hora republicana) despegaron tres B. K. para efectuar un servicio de reconocimiento y bombardeo de Cabra. Se batió el objetivo eficazmente observándose las explosiones en el centro del pueblo. Se obtuvieron fotografías del frente reconocido. No se observó caza enemiga ni se les hostilizó con fuego antiaéreo, tomando tierra todos los aparatos sin novedad»

Ojo por ojo
Más allá de la excusa de los italianos, lo más probable es que aquella tanda de bombardeos sobre Córdoba fueran parte de una maniobra de distracción en medio del derrumbe del frente del Ebro. Sin embargo, únicamente consiguieron encender la propaganda del otro bando y levantar aún más ánimo de venganza. «A eso vinieron, a vengar esas derrotas del Ebro en este pueblo indefenso (...) una población tranquila, que no ha cometido más delito que ser española», dejó escrito el Estado Mayor de Franco. Entre las víctimas hubo un gran número de mujeres, ancianos y niños. Diez de ellos eran menores de 12 años, el más joven un bebé de solo 13 meses.

Solo a causa de la bomba que cayó sobre el mercado murieron 36 personas en el acto y otras 14 fallecieron en los días siguientes a consecuencia de las heridas.

Gonzalo Queipo de Llano, general jefe del Ejército del Sur, reclamó a Franco que respondiera con fuego al fuego en un teletipo enviado el mismo día 7 de noviembre: «Estimo por mi parte, Excmo Sr., que única forma que cesen estos bombardeos, que impunemente realiza el enemigo, sería efectuar varias fuertes acciones represalias sobre poblaciones de su retaguardia tales como Jaén, Torredonjimeno, Martos, Andújar, Pozoblanco, etc, en las cuales hay establecidos cuarteles generales, grandes unidades y tropas reserva, avisando al enemigo motivo tales bombardeos». En su libro «La guerra civil en Córdoba (1936-1939)», Francisco Moreno Gómez relaciona la llamada de venganza de Queipo de Llano con un bombardeo sobre Pozoblanco el día 15 de noviembre y otros de intensidad en el Valle de los Pedroches y en el sur de la provincia de Jaén, en fechas cercanas.

Aquellos ataques no pudieron ser tampoco errores de observación, ni parte de los preparativos de la ofensiva Valsequillo, que fue una última carga republicana acontecida a principios de 1939, porque los objetivos apenas fueron militares

Ojo por ojo y todos ciegos. Al día siguiente del bombardeo de Cabra, el 8 de noviembre de 1938, otros 18 aviones de «La Gloriosa» (nombre que recibía la aviación republicana) bombardearon la aldea de Albendín y la localidad vecina de Luque ocasionando un total de cuatro víctimas. No fue el único ataque de los Katiuska a la retaguardia andaluza durante ese otoño: el 8 de noviembre visitaron Albendín y Luque y, a finales de diciembre, Martos. Aquellos ataques no pudieron ser también errores de observación, ni parte de los preparativos de la ofensiva Valsequillo, que fue una última carga republicana acontecida a principios de 1939, porque los objetivos apenas fueron militares. En el bombardeo a Peñarroya-Pueblonuevo el 28 de octubre la estación y el cerco industrial industrial quedaron intactos, mientras que la destrucción se concentró en un alto número de casas.

Cuando se cumplen 80 años de aquel bombardeo, el pueblo inaugura hoy una exposición fotográfica sobre el bombardeo con imágenes del archivo de la Biblioteca Nacional. Este sábado, además, el ayuntamiento local descubrirá un azulejo en la fachada del consistorio en recuerdo a los fallecidos y Antonio Arrabal Maíz, autor del libro «El bombardeo de Cabra: El Guernica de la Subbética», ofrecerá una charla sobre la tragedia.

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Voz a Vox
Antonio Burgos ABC 7 Noviembre 2018

Aunque se llama Vox, parecía un partido afónico, porque apenas se le oía nada. O no hablaba. O no lo dejaban hablar. O no decían lo que había hablado. Llenaban «hasta completar aforo» sus actos, y decía las cosas que querían oír los votantes del PP, defraudados por la blandenguería de Rajoy y por la dictadura del perfil plano dictada al partido por el malhadado marido de Celia Villalobos, por Arriola.

Vox hablaba contra el aborto y la eutanasia, a favor de la propiedad privada, contra los impuestos confiscatorios, de la permisividad y pasividad ante la inmigración ilegal, de la necesidad de plantar cara al separatismo catalán y aplicar con todas sus consecuencias el artículo 155 de la Constitución, de la unidad de España, de las virtudes de esa Constitución de 1978, del necesario papel arbitral de la Corona, defendía al Rey, los valores que representan las Fuerzas Armadas, la familia, el humanismo cristiano como inspirador de principios. Vox hablaba ni más ni menos que de España. Y sin avergonzarse. Hablaba y hablaba, pero no salía en parte ninguna, apenas en las redes sociales muy bien manejadas por cierto por sus militantes y simpatizantes. Ni en los periódicos, ni en la radio, ni en la TV salía Vox. ¿Existe en el Código Penal, querido juez Serrano, candidato por Vox a la Presidencia de la Junta de Andalucía, la pena de silencio, que está en la misma escala que la pena de banquillo o la pena de telediario? Bueno, pues a Vox en España entera le aplicaban la pena de silencio. Igual que en Sevilla hay cofradías de silencio, en España hay partidos de silencio, y el más destacado era Vox. Hasta que una tarde, mientras en la TV daban el informativo (manipulado) de las 3, me llamó a gritos la Jefa de mi Casa Civil:

-¡Corre, corre, que en el telediario están hablando de Vox, qué cosa más rara!

No es que yo more un casoplón como el de Pablo Iglesias, pero como estaba en el otro extremo de la casa al llegar a la salita, el televisor ya había terminado de dar la noticia sobre Vox cuya emisión tanto extrañó a Isabel. Ya hablaban de otra cosa, y le pregunte:

-¿Y qué han dicho de Vox en el telediario?
-¿Qué van a decir? Que es el extremo de la extrema derecha, ultraderecha, lo peor de lo peor.

La tranquilicé en su pesimismo. Le dije que los partidos, en precampaña andaluza sobre todo como estamos, deben de tener en cuenta el aforismo de Cela: «Que hablen de ti, aunque sea bien». Así han empezado a darle voz a Vox: para ponerla verde. Hablan de Vox, aunque no sea precisamente para bien. Los que nos gobiernan sin pasar por las urnas, alzados a «okupas» de La Moncloa por los que quieren destruir la Constitución, la Monarquía y la unidad de España han roto en hablar de la «ultraderecha» y dado consignas a las televisiones que dominan para que larguen sobre la hasta ahora afónica Vox. Para mal, naturalmente. El PP es la extrema derecha. Ciudadanos es la extrema, extrema derecha. Y Vox, ni te cuento: la xenofobia, el racismo, Le Pen y Blas Piñar en una pieza. Lo peor de lo peor.

¿Las encuestas pregunta usted? ¿Qué dicen las encuestas sobre las expectativas de voto de Vox? Ah, eso entra también en el paquete de silencio. No preguntan siquiera por Vox al encuestar, no vaya a ser que tenga mayor intención de voto que el PNV o Bildu, que pudiera ocurrir, y hasta ahí podíamos llegar. Nunca verá usted a Santiago Abascal o a Alejo Vidal-Quadras, y mucho menos al juez Serrano, en las listas de valoración de líderes. Me huelo que Vox dice lo que quieren oír los votantes del PP que, hartos, se pasaron a Ciudadanos, aunque me parece que ahora lo dudan, ante las posturitas de Rivera. He pasado de escuchar «yo votaría a Vox si no fuese tirar el voto» a que me digan muchos: «Pienso a votar a Vox».

Mientras pueda aferrarse a la poltrona, al Dr. Sánchez no le importa quedar cien veces en evidencia
EDITORIAL Libertad Digital 7 Noviembre 2018

Sería la segunda vez que Sánchez hace suyos unos PGE que rechazó el PSOE por "injustos, ideológicos y un ataque al estado del bienestar".

"Si el presidente del Gobierno no puede aprobar su principal ley, que son los Presupuestos Generales del Estado, lo que tiene que hacer es someterse a una cuestión de confianza. Y si esa moción de confianza la pierde, no tendrá ya ninguna excusa para anticipar las elecciones en nuestro país". Esto es lo que decía literal y categóricamente Pedro Sánchez el pasado mes de marzo, cuando aún se dudaba de que Mariano Rajoy fuera capaz de lograr los apoyos parlamentarios suficientes para sacar adelante los PGE de 2018.

Está por ver que el actual presidente sea coherente con estas palabras si sus socios separatistas le niegan el apoyo para los Presupuestos de 2019, tal y como se han comprometido reiteradamente a hacer si la Fiscalía General del Estado no retira los cargos contra los golpistas fugados o en prisión preventiva. Aunque la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, haya asegurado este martes que el Gobierno "en absoluto" da ya por hecho que habrá que prorrogar las cuentas de 2018, la titular de Economía y Empresa, Nadia Calviño, abría el lunes tal posibilidad, que dejaría en evidencia al Sánchez que hablaba de mociones de confianza y elecciones anticipadas. Eso, por no recordar que sería la segunda vez que el socialista hace suyos unos Presupuestos aprobados por Rajoy y contra los que votó el PSOE por considerarlos "injustos, ideológicos, no creíbles y un ataque al Estado del Bienestar".

Sea como fuere, el hecho de que el Gobierno no se comprometa a convocar elecciones en el caso de no poder sacar adelante los Presupuestos deja en evidencia nuevamente la catadura del doctor Sánchez, sujeto sin escrúpulos capaz de ponerse cien veces en evidencia con tal de seguir en una poltrona en la que de ninguna de las maneras le colocó el votante, que de hecho le convirtió en el peor candidato socialista de lo que va de democracia. Recuérdese, por ejemplo, que ya incumplió su palabra de convocar elecciones en cuanto llegara a la Moncloa, o que, como dijo la ministra de Hacienda, no tiene el menor problema en "negociar intensamente" con formaciones golpistas y proetarras los Presupuestos ya acordados con la extrema izquierda podemita.

La posibilidad de que Sánchez siga gobernando con los Presupuestos de Rajoy ha forzado a Pablo Iglesias a pedir nuevas elecciones en el caso de que el resto de las formaciones que llevaron al socialista a la Moncloa no brinden su apoyo a las nuevas cuentas. Aunque no le falte razón al comunista cuando viene a señalar lo "políticamente difícil" que sería explicar que el Gobierno frentepopulista siga gobernado con los Presupuestos del PP pero con el apoyo de la extrema izquierda y de las formaciones separatistas y proetarras, que en su día votaron en contra de esos mismos PGE, no hay que olvidar que ese es exactamente el permanente espectáculo grotesco que protagoniza el doctor Sánchez desde que irrumpió en la Moncloa con los peores resultados electorales de la historia de su partido.

El retorno de la caverna
Vuelta a la cerrazón que tanto daño hizo, a los tiempos del terror, a no poder hablar en libertad porque te jugabas la vida
Ramón Pérez-Maura ABC

Platón narró su «mito de la caverna» en el libro VII de La República. Describía ahí un grupo de hombres -Platón debía de ser machista- encadenados por el cuello al fondo de una caverna, de forma que sólo podían mirar hacia la pared en la que se proyectaban las sombras de personas que pasaban entre una hoguera y los prisioneros. Pero estos no podían girar la cabeza para ver la realidad. Para ellos esa realidad estaba limitada a las sombras que proyectaban esas personas en el muro al que estaban forzados a dirigir sus miradas. Platón narra después cómo un prisionero se libera y ve la luz de la hoguera y después sale de la cavidad y ve el mundo real con hombres, árboles, animales que son mucho más que sombras... Ese hombre conoce la realidad.

Cuando el hombre que ha conocido la verdad vuelve a la caverna a informar a los suyos del mundo real, sus compañeros de tantos años se ríen de él, diciéndole que sus ojos se han dañado con la luz. Y cuando Platón plantea que el prisionero libre desate a sus compañeros para que conozcan la verdad, ellos prefieren matarlo antes que ser sacados de la comodiad de la mentira en la que viven. Porque, aunque cueste creerlo, hay muchos que viven más felices en la mentira.

El pasado lunes me llamaba mi amiga Pancha Navarrete, una navarra entera y sin matices. Es decir, una española de verdad. Fue activa en política partidista y ese tiempo sólo le dejó sinsabores. Baste como ejemplo que pidió a su jefe, Manuel Fraga, que fuera el padrino del menor de sus hijos y éste envió a representarle en el sacramento a Jorge Verstrynge. El muchacho sobrevive y es persona de bien. Pancha fue una de las muchas personas que el pasado domingo fue a Alsasua a homenajear a los guardias civiles -y sus novias- agredidos por los filoetarras hace dos años. Es decir, fue a manifestarse en defensa del imperio de la ley. Y es por lo tanto una de esos españoles a los que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la de Defensa, Margarita Robles, han recriminado por defender la idea de España.

Fue Pancha la que me describió lo vivido en Alsasua, diciendo que «es el retorno de la caverna». Yo sé que ella no estaba pensando en el mito de Platón. Estaba pensando en la vuelta a la cerrazón que tanto daño hizo, a los tiempos del terror, a no poder hablar en libertad porque te jugabas la vida. Y ella sabe de lo que habla porque le he oído contar muchas veces los intentos abertzales de asaltar la casa de su familia en Leiza, el corazón de la Navarra euskadizada, cuando en las fiestas de agosto ondea en el balcón la bandera nacional. Es decir, cuando, según el Gobierno, provocan.

Los asesinos están crecidos porque saben que el Gobierno de la nación necesita de sus votos. Se saben fuertes porque por primera vez el Gobierno de España está en manos de los que quieren destruir España. Y si alguien sale a plantarles cara, ellos saben que pueden ganar. Por eso vuelve a imponerse el mito de la caverna platónico. Porque esos bárbaros agresores de Alsasua siguen creyendo que la verdad es la que les ha sido inculcada al margen de la realidad. Si alguien intenta abrirles los ojos y hacerles ver que la realidad es otra, hay que agredirlo y, si llega el caso, matarlo. La deriva en la que ha entrado España demuestra que el derecho más básico de una democracia, la libertad de expresión, es arrollado por los amigos de los terroristas. Y lo hacen con el apoyo -tácito o explícito- del Gobierno que les necesita para seguir en La Moncloa.

Alsasua y la buena gente
JOAN MESQUIDA El Mundo

El 10 de Octubre de 1980, precisamente en Alsasua, era asesinado a tiros el ex guardia civil Sebastián Arroyo. Cinco disparos acabaron con su vida y dejaron huérfanos a sus cuatro hijos. Es una víctima de las 854 que ETA asesinó en su historia sangrienta. Han pasado 38 años desde aquel asesinato y el cáncer de la violencia y el odio siguen presentes en algunos de los habitantes del municipio navarro. Algunos de los que expresaron su odio el domingo pasado contra el acto de la plataforma ciudadana seguro que ni habían nacido en 1980 y posiblemente han vivido siempre en democracia, pero están contagiados de aquel virus que tanto nos costo vencer y que se volvió a manifestar el 15 de octubre de 2016 cuando dos guardias civiles y sus parejas fueron salvajemente agredidos por ocho valientes gudaris en un bar de Alsasua precisamente por ser guardias civiles, por ser garantes de la libertad y la seguridad de todos.

Y en defensa de esta libertad, el domingo pasado se organizó un acto de apoyo a la Guardia Civil. Bajo una lluvia de insultos los violentos trataron, sin éxito, de reventar el acto. Un acto pacífico que tuvo que ser protegido por la propia Guardia Civil, que contemplaba cómo en la acera de enfrente se pavoneaba el sanguinario carnicero de Mondragón, autor de 17 asesinatos, y que incluso esta probado que detuvo a una ambulancia para rematar a un agente de policía.

Incomprensiblemente, desde el Gobierno y desde el PSOE se ha criticado este acto por ser una "provocación", porque "quiebra la convivencia" ¿Como puede considerarse que personas que respetan el orden constitucional sean consideradas provocadoras de otras personas que ni creen, ni respetan dicho orden? Personas invadidas por el odio que jalean a asesinos que precisamente trataron de destruir este orden. ¿Qué clase de convivencia se quiebra cuando ciudadanos pacíficos deciden organizar un acto pacífico reiterando el compromiso y apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado?

Defender la libertad y la democracia y a sus garantes, nunca es una provocación sino un deber moral de cualquier demócrata. Imagínense lo que sería hoy la humanidad si defender las libertades y los derechos del ser humano manifestándose contra su violación se hubiese considerado una provocación y un acto reprobable. Martin Luther Kingprovocando en el corazón de Estados Unidos con su famosa marcha por la libertad en 1963, las jornadas de protesta contra Pinochet en 1983 con decenas de muertos que sin duda fueron calificadas de provocadores, no por los que reclamaban libertad y democracia, sino por los fascistas que apoyaban al régimen dictatorial .Las cientos de manifestaciones de repulsa a ETA que se celebraron en Euskadi deberían ser consideradas como "una provocación ", con el análisis que se hace desde el Gobierno y el PSOE. Las declaraciones del portavoz socialista Ander Gil son una auténtica infamia hacia las víctimas, un insulto a todas aquellas personas que, de forma heroica, formaron parte de las candidaturas de partidos constitucionalista en Euskadi cuando este hecho suponía arriesgar la propia vida. Una infamia hacia todos aquéllos que tuvieron que vivir años escoltados, a mirar a diario en los bajos de su vehículo por si había una bomba, o aquéllos que se vieron obligados a dejar su tierra.

En Alsasua, manifestarse en favor de la Guardia Civil es calificado como una provocación, como un "acto que puede generar crispación", según ha afirmado el ministro del Interior. Parece olvidar el ministro que a la libertad y a la democracia se la defiende con firmeza, en cualquier parte de España. Esta determinación y esta firmeza nos permitió derrotar a ETA, y fue precisamente la fortaleza de la democracia la que nos permitió vencer a los enemigos de la democracia . El acto de Alsasua no fue una provocación sino la constatación de que la libertad, la democracia y la integridad territorial de España hay que defenderlas a diario en cualquier parte de nuestra geografía.

Olvidan algunos miembros del Gobierno y del PSOE que hay muchos miles de personas, policías, guardias civiles, militares, jueces y fiscales que ejercen en Navarra y en Euskadi una función constitucional que no es ni mucho menos la de provocar a aquellos que les gustaría echarlos de allí.

Con esta peculiar posición de algunos miembros del Gobierno y del PSOE, cuando los no independentistas se manifiesten en Cataluña a favor de la unión de los españoles serán considerados unos provocadores y unos generadores de crispación, y así aquéllos podrán mirar para otro lado dejando a millones de personas desamparadas por parte del Gobierno del Estado al que están tratando de defender.

Hoy quizás, como presidente, Pedro Sánchez piense que aplicar el 155 fue una provocación.

La raíz del problema es que Sánchez, para alcanzar el Gobierno con su exigua minoría, ha necesitado los votos de los independentistas y de los que apoyaron a ETA y está es precisamente la provocación que quiere evitar no sea que sus socios se molesten y le retiren su apoyo. Frente a este despropósito hay que apelar a los dirigentes y militantes del PSOE con sentido de Estado, que los hay y muchos, para que reaccionen de la misma manera que lo hicieron en el famoso Comité Federal cuando le dijeron bien claro a Pedro Sánchez, todavía secretario general del PSOE, que no debía apoyarse para gobernar España con los que quieren romper España. Apelar a que digan en público lo que dicen en privado, y que reaccionen ante la evidencia de observar que, aquellos temores que manifestaron si se pactaba con independentistas, con partidarios de ETA y con antisistema estaban justificados.

Hoy desgraciadamente tenemos un Estado más débil, al que se le ha sumado un Gobierno de España más débil, con cuya actuación trata de debilitar al Poder Judicial y a la Abogacía del Estado. Y si el máximo responsable de las FCSE manifiesta que un acto de homenaje a la Guardia Civil en Euskadi o Cataluña genera crispación entonces también tendremos unas Fuerzas de Seguridad más debilitadas y la consecuencia de todo ello será una democracia más débil. Ante este sombrío panorama quiero recuperar las palabras del guardia civil Óscar Arenas, que fue agredido en Alsasua cuando dijo un año después del ataque que "volvería destinado a Alsasua porque hay muy buena gente". Palabras que honran a un servidor público aunque a algunos este deseo les pueda parecer una provocación.

Joan Mesquida es ex director general de la Guardia Civil.

La democracia derrotó al golpe
JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA El Mundo 7 Noviembre 2018

Hace poco más de un año que el intento de derogar la Constitución pasando por encima del Parlamento de Cataluña, pisoteando los derechos de los representantes de la mayoría de los catalanes e ignorando la voluntad de todos los españoles de convivir en paz y libertad, fue derrotado. Fue, sin duda, el momento más delicado por el que ha transitado la democracia española desde el golpe de Estado de 1981.

Aquello no fue, como algunos pretenden todavía hoy, un intento pacífico y democrático de consultar a la ciudadanía catalana sobre su futuro, sino un referéndum de autodeterminación ilegal. Un referéndum basado en una ley exprés aprobada en desafío al Tribunal Constitucional y que no contó ni con los informes preceptivos del Consell de Garanties Estatutàries ni con la participación de la oposición. Una ley que, disfrazada de inocua fiesta cívica, abocaba a la proclamación de la independencia de Cataluña en las 48 horas posteriores a una votación celebrada sin garantías y sin requerimientos de participación para considerar el resultado válido y vinculante. Una ley por la que el Parlament, sin haber pasado por la Asamblea General de Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad o la Corte Internacional de Justicia, se concedía a sí mismo el derecho a la autodeterminación. Una ley que se postulaba a sí misma como inderogable y "superior jerárquicamente a todas las demás" y, por tanto, se situaba por encima de la Constitución española y el Estatuto de Autonomía de Cataluña.

Sorprende el consumo de horas dedicado todavía hoy a si lo acontecido fue o no un golpe de Estado o de si hubo o no rebelión con o sin violencia. Se trata de una discusión nominalista y tramposa que pretende generar un ruido que enmascare y diluya la gravedad de lo sucedido. Es evidente que el independentismo pretendió dar un golpe a la democracia, la Constitución y la convivencia. Que lo hiciera desde las instituciones del autogobierno valiéndose del Govern, el Parlament, la Administración Pública, los Mossos d'Esquadra y los centros educativos, y que pretendiera legalizar su golpe con una (en realidad dos) leyes, distinguen a Puigdemont y Junqueras de Tejero en los métodos, pero no en los propósitos (atentar contra la Constitución).

El golpe de Estado parlamentario (o autogolpe sin violencia) no es una novedad. Han sido muchas las democracias que se han derogado a sí mismas utilizando mayorías parlamentarias o plebiscitos populares. Desde la Asamblea Constituyente de Venezuela, que con su mera existencia perpetra todos los días un golpe de Estado contra la misma Constitución bolivariana, hasta la defunción de la República de Weimar, que no requirió que Hitler entrara pistola en mano en el Reichstag, sino lograr que éste concediera todos los poderes del estado al Führer. Fijémonos pues, en lo sustantivo, que es el intento de derogar la Constitución y el Estatuto de Autonomía, y no en la técnica para ejecutar el golpe.

Es seguro que Carl Schmitt, el teórico de los estados de excepción, no hubiera dudado en homologar un golpe tan perfecto como el diseñado por los independentistas catalanes. Y es seguro que cualquier demócrata en cualquier parte del mundo hubiera advertido la aberración que suponía cometer semejante atentando contra una democracia precisamente en su nombre. Pese a las autoalabanzas sobre el 1 de octubre como un momento cumbre de la ruta democrática catalana hacia la república, ningún demócrata puede hablar de «resultados» ni de «referéndum» de un proceso que hasta los observadores internacionales invitados por la Generalitat certificaron que careció de ninguna posibilidad de verificación de su integridad. Pero incluso salvando la inexistencia de una junta electoral independiente o un censo válido, todo demócrata sabe que cuando en una consulta no comparece la mitad del censo y la mitad que comparece vota abrumadoramente en favor de la opción que defiende el gobierno, se trata de una votación que no cuenta con el suficiente consenso ni legitimidad.

En la cuestión catalana queda mucho por hacer. Las heridas dejadas por la profunda división sembrada en nuestra sociedad tardarán todavía en cicatrizar. Con todo, estoy convencido de que la crisis catalana ha llevado a la ciudadanía a reforzar, no debilitar, su aprecio por la democracia, la Constitución y el Estado de derecho. Salvo Podemos y los nacionalistas, la mayoría de los políticos lo han sabido ver. Y aunque oportunistas y arriesgados, si el actual Gobierno socialista se puede permitir los devaneos, gestos, contradicciones, cambios de discurso y aproximaciones "empáticas" al independentismo, es justo porque sabe que éste ha sido derrotado por la democracia.

Si el independentismo fue derrotado no solo fue por fortuna, sino por virtú democrática. Lo fue gracias al coraje cívico de los cientos de miles de personas que salieron a la calle a defender nuestro proyecto en común. El resto lo lograron nuestros representantes políticos, dejando atrás temporalmente sus diferencias e intereses partidistas, los jueces y fiscales, la Policía y la Guardia Civil, actuando conjuntamente en defensa del Estado de derecho y las instituciones democráticas, así como nuestros diplomáticos, que defendieron ante el mundo la legitimidad de la posición de España y la justicia de las razones que asistían a la democracia española.

También hay que honrar a los medios de comunicación independientes, que cumplieron con su deber de proveer información plural y veraz que desmintiera las falacias y mentiras de un independentismo, que no sólo contó con el aparato de propaganda oficial de la radio y televisión pública de Cataluña y sus medios afines, sino del apoyo activo y la injerencia de los medios de la órbita rusa y sus operadores en las redes sociales, como Julian Assange.

Ese triunfo de la democracia lo es también de nuestros socios europeos, cuyo apoyo y solidaridad hemos recibido más allá de unas estridentes excepciones cuyo papel no es sino revelar la generalidad del apoyo a la democracia española fuera de nuestras fronteras. Los gobiernos de nuestros vecinos y amigos entendieron la necesidad de cerrar paso a la peor forma de nacionalismo que conocemos: el irredentista y chauvinista, el que aspira a convertir la pretendida superioridad moral, social o económica de un grupo en un derecho a excluir y discriminar a los que son diferentes y piensan distinto. Esa fue la mejor mediación internacional de la que nos pudimos beneficiar: la de los que dijeron claramente y sin ambigüedades que en ningún caso aceptarían una secesión unilateral e ilegal llevada a cabo en contra de la mayoría de los españoles y en violación abierta de la Constitución. Ese rechazo de las capitales y las instituciones europeas también hizo fracasar en este caso el intento de dar un golpe mortal a la Constitución de 1978.

El año 2017 fue un año traumático para la democracia española. Para una generación entera de españoles, que no vivió el golpe de estado del 81 o lo vivió de lejos, los dramáticos momentos de septiembre-octubre del año pasado reforzarán su sentimiento de pertenencia a esta comunidad política. Como entonces Juan Carlos I, el Rey Felipe VI ha enfrentado ahora y superado su momento crítico democrático y constitucional. El daño causado ha servido a la inmensa mayoría de los españoles para redescubrir el valor de la convivencia en paz y libertad bajo unas mismas normas, en una democracia donde caben todos y en una Europa donde 40 años después de la aprobación de la Constitución todavía somos admirados por nuestro compromiso cívico con los valores de una sociedad abierta, democrática y plural. El independentismo cree haber despertado al nacionalismo español y que eso le legitima para negociar de igual a igual, pero lo que ha reforzado es la nación política y el sentido de pertenencia a ella.

José Ignacio Torreblanca es profesor de Ciencias Políticas en la UNED y Director de la Oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations.

Contra Otegi
Josep Maria Cortés cronicaglobal 7 Noviembre 2018

Arnaldo Otegi no es ningún pacifista y no merece el espaldarazo de Estrasburgo. Podrá presumir de estrategia (la de un tradicionalista) pero no de derechos humanos; vivió en el magma social del terrorismo etarra y lo justificó hasta el último momento, incluso cuando una magistrada partitocrática de la Audiencia Nacional lo sentenció a 6 años de cárcel. La Corte de Derechos Humanos de Estrasburgo falla ahora la nulidad de aquella sentencia lamentable de la magistrada de la Audiencia Nacional Ángela Murillo, autora de comentarios despectivos contra el reo, que no debió repetir el juicio. Digamos también que Otegi nunca mostró arrepentimiento porque, para él, las víctimas de ETA eran el precio de una guerra necesaria, como la revolución de Octubre, narrada por John Reed en Diez días que estremecieron al mundo (última versión en Básica de Bolsillo).

En Euskadi no hubo toma de la Bastilla, lo que nos ahorró una visión heroica de Otegi. Tampoco la hubo en Cataluña durante el otoño del año pasado, una etapa en la que la indagación de Lluís Bassets (autor de La rebelión interminable, Catarata) concluye no haber encontrado ningún Trotski --el estratega del asalto al Palacio de Invierno del Zar-- a la hora del golpe final catalán, desarmado y falsamente legitimado en leyes paralelas. Los diez días de Rusia entre Kerenski y Lenin fueron aquí el santiamén de Anna Gabriel, entre Artur Mas y Carles Puigdemont (todo se pega menos la hermosura).

Todos los grandes revolcones sociales han tenido su protagonista y sus días. Así fue en la Francia del Napoleón revivido, entre su regreso de Córcega y el destierro en Santa Elena, tal como narra con maestría Dominique de Villepin en Los cien días; el final de la era napoleónica, Inedita Editores; en el México insurgente, entre Cárdenas y Pancho Villa, como escribió Paz Solórzano, el padre de Octavio Paz y lugarteniente de Emiliano Zapata; en la Cuba de Fidel, entre el desembarco del Granma y la toma del palacio de Batista (1959), a cargo de Camilo Cienfuegos; en la Nicaragua sandinista de 1979, entre la montaña y la toma del búnker de Somoza por parte del comandante cero y también si se quiere en el desalojo del Sha de Persia (en el mismo año 79) por parte de los muyahidines hasta la llagada a Irán del Ayatolá Jomeini. Y en otros muchos países.

La experiencia nos muestra que las tomas del poder son rápidas. Sin embargo, las guerras civiles no confesadas tardan años en dar frutos, como le ocurrió a ETA, que todavía hoy actualiza su macabro balance de muertes. El último Zutabe, el documento interno de la banda, difundido un mes antes de anunciar su disolución y que fue publicado ayer en el diario Gara, fija en 758 el número de personas asesinadas, “decenas menos que los listados del Ministerio del Interior”. No en el número, pero si en la responsabilidad. En eso debería pensar Otegi, y también en ir, casa por casa, a pedir perdón a los familiares de los masacrados bajo la mirada fría de Batasuna, base civil de los comandos armados, que salían a matar inocentes, bien comulgados y confesados, al amparo del entonces santuario francés.

No tengo ninguna duda de que Otegi es bien recibido en el Pati dels Tarongers, donde se piensa solo en cómo desmontar la democracia española para sumirnos en el caos de la república catalano-corporativa. Un retorno al aislacionismo, la tentación de Jaume Balmes --el filósofo al que el retardatario y antisemita Pío XII calificó como “Príncipe de la Apologética”-- y de Félix Sardà Salvany, aquel arcipreste tradicionalista, pastor de la corriente neocatólica y autor de El liberalismo es pecado, un libelo aparecido al final del Sexenio Revolucionario español, tras la renuncia a la corona de Amadeo de Saboya y el declive la Gloriosa, por el asesinato del general Juan Prim en la Calle de Turco. El catalanismo indepe escala posiciones en los momentos de mayor atasco cultural y político. Por lo visto, debajo de la armadura de Savalls y de la sotana de Verdaguer, todavía se mantiene el fuego primigenio de la patria. La Cataluña metafísica germina en la dificultad. Un concepto heredado sin disimulo en los discursos no pasarán de Quim Torra, el presidente soso, de sacristía y misa cantada acompañada de órgano y escolanía; un conservador nato, del gusto de Arnaldo Otegi, por mucho que reciba con carantoñas a Pablo Iglesias, en la zaguán de piedra y molde, bajo los arcos neogóticos del primer piso del Palau. El gran historiador John H. Elliott explora la locura indepe en su libro Catalanes y escoceses (Rosa dels Vents/Taurus); lo analiza todo a la luz de las analogías, y concluye rotundo: “Lo del procés es infantilismo puro”.

La actualidad de Otegi en Estrasburgo nos devuelve al clima de 2010, cuando la magistrada Murillo decidió abstenerse de juzgar al exdirigente de ETA Francisco Javier García Gaztelu, Txapote, y a otros tres etarras después de haberles llamado "cabrones" el primer día de juicio. A la señora la entiendo, a la jueza la recuso. Pero a quien debo señalar es a Otegi, incapaz de sentir y aficionado a desmentir. La Euskadi de sus mejores momentos era una hermosa desolación, un valle (tots els colors del verd...) con los mausoleos al fondo. Aquí, por favor, no les de ideas a los indepes. Solo decirle que, frente a los morbosos conflictos identitarios, Michael de Montaigne sale a nuestro encuentro para recordarnos que si “cometí una locura, fue a mis expensas y sin daño para nadie”. Era el sabio que en pleno Renacimiento hizo grabar en su medalla el lema Que sais-je?

Negociando con ETA en Estrasburgo
Emilio Campmany Libertad Digital 7 Noviembre 2018

Desde 1982, nos tratan como menores de edad, y no sobran periodistas para colaborar en la difusión de las mentiras. ¿'Fake news'? Las peores son las oficiales.

La prensa supuestamente seria, muy especialmente El País, aplaude cualquier propuesta que pretenda poner coto a las fake news. Sin embargo, es precisamente El País el que con más ahínco propaga ficciones en forma de noticia. La más notable es la que dice que Zapatero no cedió nada cuando negoció con la ETA. La mentira salta a la vista sin necesidad de ulterior investigación, porque, si nada se cedió, ¿para qué se negoció? ¡Claro que se cedió! Lo preocupante es que no nos han contado qué, probablemente porque es inconfesable.

Los temores pueden alcanzar a muchas cuestiones. La actual situación de Navarra, cada vez más dominada por el nacionalismo vasco, hace temer que ésa fuera una de las cosas que se entregó a la banda. En cambio, una concesión que sin duda se hizo fue la derogación de la Doctrina Parot. Aunque fue el Tribunal de Estrasburgo el que acabó con ella, lo hizo sólo para el caso de un miembro de la banda. Fue Grande Marlaska quien, apenas conocida la sentencia, se apresuró a aplicar su doctrina a todos los etarras que en virtud de ella continuaban en la cárcel. A partir de ahí, la carrera política del magistrado fue meteórica. Cumpliendo lo pactado con la ETA de esta manera, ni el PSOE tuvo que asumir ninguna responsabilidad por lo entregado, ni el Gobierno del PP tuvo que responder por haber aceptado cumplir lo que Zapatero acordó.

Hace poco, el mismo tribunal negó a los presos etarras entregados por Francia el derecho a descontar en España el tiempo que estuvieron en prisión en el país galo. Esto le proporcionó un halo de independencia, aunque cabe conjeturar que quizá este asunto fue algo que los etarras olvidaron negociar. Ahora, sin embargo, falla a favor de Otegui, lo que en la práctica podría suponer el fin de su inhabilitación. Que Otegui pueda presentarse a unas elecciones tiene toda la pinta de ser uno de los flecos de lo que se negoció. No se olvide que se reunió con Zapatero hace poco y, aunque no trascendió lo que trataron, cabe intuir que quizá hablaron del modo en que se iba a cumplir el compromiso en su día alcanzado.

España no tiene una obligación insoslayable de levantar la condena de Otegui. Si finalmente lo hace y se permite al sanguinario etarra ostentar un cargo público, nadie podrá impedir que algunos sospechemos que se hace así para cumplir lo pactado con la ETA sin que quienes consintieron tengan que asumir ninguna responsabilidad.

Es posible que en su día compensara ceder todo lo que se cedió con tal de que la ETA dejara de matar. Pero, aunque fuera así, los españoles tenemos derecho a saber qué es lo que concretamente se entregó. Y es ultrajante, por parte de Zapatero, Rajoy y ahora Sánchez, que se nos haga pasar por ello disfrazándolo de decisiones judiciales de tribunales extranjeros que además no estamos estrictamente obligados a acatar. Desde 1982, nos tratan como menores de edad, y no sobran periodistas para colaborar en la difusión de las mentiras. ¿Fake news? Las peores son las oficiales.

Otegi fue condenado en justicia
 larazon 7 Noviembre 2018

Como primera providencia, y pese a la alegría desbordada de los portavoces de los partidos separatistas, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no ha puesto en duda ni lo hechos probados de la sentencia que condenó a Arnaldo Otegi ni, por lo tanto, su pertenencia a la banda etarra. Es más, la decisión de la gran sala de Estrasburgo no es firme y podrá ser recurrida por la abogacía del Estado, pese a que no estamos ante una resolución que trascienda el mero recurso juzgado. De hecho, España ya ha recibido seis sentencias contrarias por la apariencia de imparcialidad de sus tribunales y 18 dictámenes negativos por infracción al derecho a un juicio equitativo, cifras, sin embargo, inferiores a las que registran otros países de nuestro entorno como Francia e Italia, sin ir más lejos.

Dicho esto, no es posible minusvalorar los efectos negativos de una sentencia que desautoriza al Tribunal Supremo y al Tribunal Constitucional, y que deja entredicho la probidad de los magistrados que juzgaron al terrorista demandante. Y todo, por un comentario menor, aunque extemporáneo, hecho por uno de sus miembros en una vista anterior y que ya fue puntualmente corregido por nuestro alto Tribunal, que ordenó la repetición del juicio. Es decir, que la preocupación por la apariencia de imparcialidad, motivo de recusación de un magistrado muy extendido entre los miembros de bandas criminales con proyección pública, como era el caso de ETA, no es ajena en absoluto a nuestra administración de Justicia.

Como hemos señalado antes, la demanda de Arnaldo Otegi se vio en las correspondientes instancias judiciales, por unos magistrados cuyo criterio, por demás coincidente, no tiene porque ser de peor condición que el de los jueces de Estrasburgo. Aún así, y pese a que la sentencia europea en cuestión puede ser calificada por exceso de rigor o por una exagerada aplicación de la doctrina de imparcialidad, se corre el riesgo de que se instale en la opinión pública española la sensación de que nuestros tribunales actúan negligentemente y al margen de los derechos de los justiciables, lo que no es cierto. Por esta razón, el Reino Unido decidió sustraerse a la jurisdicción del organismo europeo, cansado de que los magistrados que lo integran pretendieran marcar la jusrisprudencia de la Justicia británica, que es proverbial en su hondura y eficacia jurídica.

En el caso que nos ocupa, la situación se agrava por el altavoz que suponen los partidos nacionalistas catalanes que, desde que se incoaron las primeras actuaciones judiciales por el golpe frustrado en Cataluña vienen llevando a cabo una campaña sistemática de descrédito de la justicia española y utilizando a discreción la figura de la recusación de los magistrados actuantes. Campaña que, por supuesto, busca causar sus mayores efectos entre los medios extranjeros, puesto que en la estrategia de defensa de los golpistas, el último horizonte está puesto en los recursos a los tribunales internacionales. Argucias de leguleyo que no causarán el menor efecto, pero que obligan a nuestra judicatura a extremar el celo garantista a lo largo de todo el procedimiento. Otra cuestión, no menor, que deberían plantearse los distintos gobiernos europeos es si el Tribunal de Derechos Humanos se conformó para que actuará como una corte más de apelación, que es la dinámica en la que parecen haberse embarcado sus responsables, o como garante de los derechos de los ciudadanos. En la causa de Otegi, los jueces internacionales han actuado como instancia de casación, puesto que han puesto en duda las decisiones de los tribunales españoles que ya habían tratado el recurso del proetarra. Así, imponiendo criterio contra criterio, se desdibuja la verdadera razón de ser del Tribunal de Estrasburgo.

¿Es el Tribunal de Estrasburgo quién impone la Ley en España?
“Muchos jueces son absolutamente incorruptibles; nadie puede inducirles a hacer justicia.” Bertolt Brecht
Miguel Massanet diariosigloxxi 7 Noviembre 2018

¿Qué les pasa a estos jueces del tribunal de Estrasburgo que parecen ser los representantes oficiales de los terroristas que han intentado acabar con la democracia en España, afortunadamente sin conseguirlo? ¿Qué clase de información es la que reciben acerca de nuestros tribunales, de nuestras leyes, de nuestra Constitución que les hace creerse superiores y en condiciones de dictarnos lecciones de cómo los españoles tenemos que dirigir nuestros destino, aplicar nuestras leyes y, en especial, como deberemos luchar contra estos gudaris que, como este individuo, Otegui, no tuvieron inconveniente en masacrar o colaborar con quienes lo hicieron, ignominiosamente, a cientos de ciudadanos españoles, intentando justificarse con la excusa de que España estaba invadiendo su territorio, la famosa e imaginaria “patria vasca”, una de estas invenciones fantasiosas de un sujeto, Sabino Arana, que quiso imponer en el país vasco sus ideas independentistas que ha estado haciendo creer, a los vascos, que eran, como hizo Hitler con el pueblo alemán, una raza superior, privilegiada y, por supuesto, superior al resto de los ciudadanos alemanes.

Si Europa, como parece evidente, está en un momento de horas bajas, si los ciudadanos de la GB han decidido separarse de ella cuando más importante era mantener la unidad y si, para más INRI, esta comunidad de países no ha conseguido poder aprobar una Constitución, para toda ella, que fijara las directrices legales para todos los países miembros, debido a las muy arraigadas raíces que los ciudadanos de los distintos países mantienen en su interior que los diferencian de los otros que, a diferencia de otras comunidades en las que los reunidos tienen grandes similitudes, buenas relaciones de vecindad, un pasado común y costumbres parecidas, en el especial caso de Europa no ocurre lo mismo y, las cicatrices de los duros enfrentamientos, en ocasiones sangrientos, que han tenido lugar de unos contra los otros, no han permitido que, aunque hayan aprendido a tolerarse, mantengan relaciones comerciales entre ellos y hayan conseguido crear algunas instituciones comunes con la intención de limar asperezas; lo cierto es que, en muchas ocasiones se producen roces, se tensan las relaciones y se crean circunstancias adversas en las que el sentimiento patrio, independiente y poco propicio a dejarse gobernar desde fuera, explota y sale la raza que, por mucho que se haya intentado doblegar y dominar, continúa viva en el fondo de los patriotas.

Y sucediendo, como sucede, que los problemas que se vienen produciendo respecto a diferencias entre naciones de la comunidad, de disputas en el propio Parlamento de Bruselas en cuanto a las distintas ideologías políticas que se dan en sus seno, agravadas por los populismos, recientemente surgidos, y por aquellos que están deseando volver a la situación anterior, recuperar sus monedas y su plena independencia, disgustados por no haber alcanzado aquellas ventajas que pensaron que se iban a derivar de la unión europea. De pronto se produce algo insólito, algo que parece incomprensible que se de en un organismo creado especialmente para solucionar los conflictos relativos a las posibles infracciones de los tan cacareados derechos humanos. Todos entendemos que lo primero que hay que preservar, sin duda alguna, es el derecho de todo ciudadano europeo a ser respetado, a ser defendido contra aquellos maleantes que, de alguna forma, intenten perjudicarlo, ya fuere físicamente o mediante la palabra, la coacción, el chantaje, la amenaza o cualesquiera otros medios que, de alguna manera, pudiera causarle malestar o temor.

Sin embargo, hete aquí que toda una colección de togados, jueces de distintas procedencias, lenguas o pensamientos políticos, que integran este presuntuoso tribunal, resulta que a pesar de la apariencia de estar por encima de cualquier error o influencia, sin embargo, resulta que no son inmunes a lo que dice la prensa, no dejan de ver lo que las TV quieren hacernos tragar y, tampoco son tan rígidos que no se dejen tentar e influir por quienes tienen la habilidad de desvirtuar, trasformar o denigrar la verdad, fabricar pruebas falsas o representar, convincentemente y con marrullería ( hay abogados en Europa especialistas en estos menesteres, como hemos podido comprobar en el caso de Puigdemont y sus compinches separatistas) verdaderos sainetes, donde sujetos como el etarra Otegui, cuya historia de gulari convencido y colaborador distinguido de ETA, es conocida de todos menos de aquellos que han preferido dejarse engañar por quienes siguen intentando crear un ambiente contrario a la democracia española y que encuentran, en estos terroristas o separatistas, una valiosa ayuda para reforzar sus intentos de acabar con el orden y la Ley en España.

Si en esta nación no estuviéramos en manos de un gobierno completamente superado por los acontecimientos; si quienes gobiernan no estuvieran atados de pies y manos por sus compromisos con quienes tienen la llave para que puedan seguir al frente del país o si las izquierdas, hoy en el poder, tuvieran un mínimo de patriotismo, no estuvieran completamente entregadas a intentar acabar con la oposición de derechas, escarbando en el guano de la indecencia, refocilándose en el estiércol de la desvergüenza o poniendo en funcionamiento la KGB hispana, capaz de hurgar en el pasado de sus adversarios, con la repugnante intención de encontrar alguna falta, descuido o pecado de juventud que poder sacar a la luz, para fregárselo con fruición por la cara de cualquiera que haya tenido el atrevimiento de opinar de forma distinta a la suya y no haya sido capaz de vacunarse contra semejantes virus humanos.

Una vez más y ¿cuántas contamos ya? Una sentencia viene a apoyar a un delincuente, etarra, responsable de no se sabe cuántos actos cometidos directamente o mediante el apoyo a la banda ETA, defendiendo a los abertzales vascos en su intento de conseguir emanciparse de España para implantar en Euskadi la república comunista, que hace años intentan establecer. Dicen los magistrados que no se han respetado sus derechos y que el tribunal que lo juzgó no supo otorgarle los medios para defenderse ni se tuvieron en cuenta sus objeciones al procedimiento utilizado. ¿Qué dirían estos magistrados del Tribunal de Estrasburgo si alguien, en su país respectivo, quisiera independizar a un Lander o provincia mediante el procedimiento de aterrorizar a la población civil, asesinar a personas inocentes o dejar a familias enteras sin padres, abuelos o hermanos, simplemente, porque unos viles asesinos, sin piedad, deciden como si fueran Dios, sobre la vida y la muerte de sus víctimas?

Y nos preguntamos, simplemente por mera curiosidad: ¿Quiénes son los que nombran a los componente del Tribunal de Derechos Humanos?, ¿Se han elegido, todos ellos, simplemente por los méritos contraídos en el ejercicio de la judicatura o se han tenido en cuenta sus tendencias políticas o si, como ocurrió con un magistrado catalán que estuvo en dicho tribunal, se le permitió que, durante todo el tiempo que se mantuvo en él, no dejase de maniobrar en contra de España y de su gobierno, debido a sus ideas separatistas? Lo que ocurre es que, en esta España desconocida en la que vivimos, fruto de todos estos progres, activistas, independentistas, antisistema, bolivarianos, vividores, pasotas, drogadictos, okupas y demás chusma irresponsable y violenta; ya ha desaparecido lo que ahora se considera una cursilería y que, para otros, es la esencia de cualquier país que estime el orden, la seguridad, la paz, el progreso, la prosperidad y el respeto mutuo. Se trata del orgullo de ser español, de respetar los signos que representan la unidad de España y acatar nuestras leyes, la más importante de las cuales, nuestra Constitución de 1.978. La consecuencia de todo ello es que nadie en el Gobierno va a salir a protestar contra esta continua intromisión, por parte de países extranjeros, en lo que es nuestra Justicia, donde se respetan los procedimientos y los derechos de las personas, con tanta minuciosidad y respeto por las leyes, como puede ocurrir en cualquiera de las naciones que se creen con derecho a criticarnos, algunas de las cuales ya se darían con un canto en los dientes si tuvieran una Justicia como la nuestra.

Ya es hora de que los pazguatos que hoy en día están dirigiendo, mal dirigiendo, nuestro país, aprendan a comportarse como verdaderos ciudadanos españoles y sepan protestar en donde fuere preciso hacerlo, con toda la energía que fuere precisa y sin que, la opinión de las izquierdas que, en realidad, son las que tienen la responsabilidad de que en Europa sucedan estas cosas, permita que actuemos con la contundencia necesaria, exigiendo que este presunto tribunal de derechos humanos, sea en realidad un defensor de los mismos, de los de todos aquellos que han sido víctimas de la violencia terrorista y no se dejen embaucar por la propaganda de quienes han decidido defender a los criminales. En ello les va su prestigio y la confianza de aquellos que entienden, como se debe, la verdadera Justicia.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezamos a pensar que, si seguimos manteniendo esta actitud sumisa, si nos dejamos asustar por aquellos que han decidido anularnos y convertirnos en sus esclavos, si permitimos que todo lo que durante años se ha conseguido en España ahora, cuando la izquierda pretende hacerse con las instituciones e imponer sus nuevas ideas, mamadas del comunismo bolchevique o si no alzamos nuestras voces clamando por la vuelta al orden, la Justicia, la paz, la sensatez y la seguridad; es posible que llegue un momento en el que las posibilidades de recobrar todo lo que nos estamos jugando con una actitud tolerante, sumisa y entregada, ya no tengamos la oportunidad de levantar de nuevo al país, para volver a situarlo en el lugar del que nunca debió de haberse apeado.

Veinte años trabajando por la Memoria y la Justicia de las víctimas
Consuelo Ordóñez en representación de COVITE  latribunadelpaisvasco.com 7 Noviembre 2018

El próximo sábado 24 de noviembre celebraremos en San Sebastián la resistencia de COVITE. Seguimos adelante tras veinte años de intenso trabajo. Nos hemos hecho fuertes en la adversidad, en un entorno hostil. Ha habido momentos de sufrimiento, de tensión y de incertidumbre entre las propias víctimas. Pero también de satisfacción por no desistir en nuestra determinación por recordar a nuestros familiares, por defender su Memoria y por que se les haga Justicia. Hemos resistido dos décadas y seguiremos haciéndolo porque hay logros pendientes que merecen todo nuestro compromiso.

Durante estos veinte años hemos mantenido nuestra independencia y pluralidad. Hemos defendido el Estado de derecho, razón por la que siempre nos hemos opuesto a cualquier negociación con ETA. Nuestros principios se han aplicado en coherencia para tiempos de falsas treguas, de terrorismo y, ahora, de posterrorismo. COVITE es necesario porque en estos nuevos tiempos existe el riesgo de que la impunidad se abra paso entre los terroristas y el olvido se imponga sobre las víctimas. Los terroristas se presentan ahora como abanderados de la paz y nos acusan a las víctimas que reclamamos Justicia de ser un “estorbo” para la convivencia. Seguiremos evidenciando que los únicos que han impedido –y siguen impidiendo– la normalidad democrática en el País Vasco y en Navarra son quienes provocaron las víctimas, quienes legitiman a ETA y no están dispuestos a reconocer el carácter totalitario de sus acciones criminales, así como quienes les apoyan e intentan blanquearles. Seguiremos defendiendo la libertad y no la falsa paz de quienes quieren imponernos su proyecto político autoritario, antes matando y ahora utilizando la democracia para su beneficio.

Mientras haya quien evite condenar el terrorismo y admitir su parte de responsabilidad en la historia criminal de ETA no habremos alcanzado la libertad. Mientras una parte de los ciudadanos continúe legitimando el terrorismo etarra, y tanto los herederos políticos de los pistoleros como sus ideólogos estén sentados en las instituciones, ETA seguirá de alguna manera viva y será necesario deslegitimarla. Solo podremos pasar página cuando se marque una línea divisoria clara entre quienes han defendido el Estado de derecho y quienes han intentado destruirlo; cuando haya una distinción entre vencedores y vencidos y las víctimas seamos parte de los vencedores; cuando la intimidación y el miedo hayan desaparecido por completo; cuando ETA haya sido derrotada social, política y culturalmente; cuando sintamos que se han agotado todos los recursos para intentar esclarecer los 359 crímenes sin resolver.

Tras demasiados años en silencio, ocultas y ocultadas, el 28 de noviembre de 1998 –día en que nos constituimos– decidimos hablar por nosotras mismas y reivindicar que no queríamos ser también víctimas de la paz. Veinte años después, nuestra principal reivindicación es la misma. Durante estas dos décadas nos ha tocado, por responsabilidad y por coherencia con la defensa de los valores de Memoria, Verdad, Justicia y Dignidad, ejercer la crítica a un nacionalismo dominante y gobernante que siempre ha buscado un entendimiento con la ETA política. Un nacionalismo que ha analizado la realidad del terrorismo y sus terribles consecuencias basándose en la equidistancia entre víctimas y verdugos, así como en la puesta en duda de nuestro sistema constitucional y estatuario para dar un marco de comprensión al terrorismo, lejos de deslegitimarlo. Un nacionalismo mucho más sensible y permisivo con los intereses de los terroristas que con los derechos de las víctimas. Un nacionalismo que, ahora, promueve una visión del pasado donde todos fuimos culpables y todos fuimos víctimas porque todos sufrimos, con independencia de los motivos, para borrar así el significado político de las víctimas de ETA. Un nacionalismo que difunde una mentira perfectamente organizada para exculpar a ETA y blanquear sus responsabilidades criminales.

Durante estos veinte años hemos reivindicado nuestro papel político. No somos daños colaterales, no somos víctimas de accidentes de tráfico ni víctimas al azar. Nuestros familiares han sido asesinados por representar la pluralidad ideológica y la convivencia libre. Somos víctimas de un proyecto totalitario que, se persiga mediante el terrorismo o sin él, es antidemocrático porque se basa en la exclusión y la limpieza ideológica. Hemos soportado que, hasta el año 2011, ETA nos asesinara, hiriera, amenazara y extorsionara. Hemos visto cómo distintos gobiernos democráticos se han plegado ante los intereses de ETA y se han embarcado en una –para nosotros– equivocada estrategia de negociación con los terroristas, cuyas consecuencias todavía resuenan a día de hoy.

Pero también hemos contribuido a abrir un camino de reconocimiento y dignificación de las víctimas. Hemos condenado el terrorismo de cualquier signo e ideología desde la defensa de la ley y el Estado de derecho. Hemos hecho oír nuestra voz, siempre desde el respeto. Hemos luchado por ser un referente moral a nivel político y social, especialmente en el País Vasco. Hemos sido –y somos– el espejo en el que muchos evitan mirarse. Hemos puesto placas por la Memoria de nuestros familiares, a pesar de que desde las instituciones y la sociedad se quiera promover el olvido y sean arrancadas a las pocas horas. Hemos plantado cara a los radicales allí donde hemos visto que se vulneraban nuestros derechos. Hemos proporcionado amparo judicial a las víctimas y hemos luchado por que a aquellas víctimas a las que se les ha negado el derecho a la Justicia no se les niegue también el derecho a la Verdad.

Nos alegramos de los avances conseguidos en el reconocimiento de las víctimas y, por supuesto, de los éxitos policiales contra ETA. Sin embargo, no obviamos que nunca una derrota proclamada como tan rotunda ha resultado tan poco visible y tan amarga. En el marco de nuestro XX aniversario prometemos seguir resistiendo para que la supuesta derrota de ETA no siga hiriendo a nuestro Estado de derecho; para defender la pluralidad, la democracia y los derechos de las víctimas del terrorismo; para que no se imponga un relato edulcorado del terrorismo basado en el olvido, la impunidad y, lo que es peor, en la equiparación de las víctimas de ETA con las de otras violencias cuya naturaleza es diferente para lograr así el empate infinito. En nuestro XX aniversario hacemos también un llamamiento a las nuevas generaciones: recoged, por favor, el legado de dignidad cosechado por COVITE.

A mí que me borren de esta democracia. Yo he dejado de ser demócrata, me defenderé como pueda.
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 7 Noviembre 2018

Tenía pensado ir al encuentro de desagravio a la Guardia Civil en Alsasua. Iba a ir con un amigo de Hablamos Español y mi mujer.

Pero tras oír y leer a Uxue Barkos, la ilegítima presidente de Navarra cuya formación no alcanza ni de lejos los votos que obtuvo UPN, descabalgado por la fuerza de los soviet separatistas que no respetan la voluntad de la mayoría de los navarros, ya sabía que iba a haber incidentes y que la presencia de los constitucionalistas allí iba a tener rasgos de alto riesgo.

Yo, a mis 68 años, tras once largos años con escoltas, amenazado, marginado y hostigado por las huestes proetarras, no tenía ganas de repetir la mala bilis, las ganas de arrear una patada en donde mejor se pudiera situar mi pie para desahogar mi mala leche, y acabar el día del domingo, contraviniendo el mensaje de Jesús, el crucificado, de amar hasta al enemigo. Así que le llamé a mi amigo y le dije que me quedaría en mi casa, sintiéndome un poco cobarde, eso sí, pero cuidando mi tensión arterial.

Se sabía lo que iba a pasar, y de ello hay que responsabilizar al Gobierno de Uxue Barkos, que había pedido a los vecinos de Alsasua, la “defensa de la libertad, la pluralidad y la honradez”, y que dieran una respuesta desde la “dignidad inteligente” al acto de España Ciudadana. Lo que, leyendo entre líneas, era un claro llamamiento desde la institución que tan mal representa al sabotaje a los actos respaldados por Vox, Ciudadanos y Partido Popular. Hombre, a estas alturas de la película, y tras cuarenta años de "kale borroka", el llamamiento de Barkos estaba impregnado de una evidente mala baba. Es decir, era una proclama sutil pero llena de mala intención para la subversión del orden público, lo que en boca de una presidente de una comunidad, más si es Navarra, exponente hasta hace muy poco de la ley y el orden, es vomitivo, inaceptable y miserable. En la misma categoría está esta independentista que rige el gobierno bolivariano de Navarra que la de los que deben ser imputados por rebelión en Cataluña, es decir los que proclamaron la independencia y se fugaron.

La “dignidad inteligente” ha consistido en tirar piedras, echar mierda para que se pringaran los asistentes y otras lindezas por el estilo propias de miserables, hienas, y caterva ultramontana digna del carlismo más exaltado. Pero no son carlistas en este caso, son comunistas que quieren terminar con lo que queda de orden constitucional para restaurar las checas, el comunismo al estilo de Castro y Maduro, y el totalitarismo. No es una alusión infundada, es la constatación de un rosario de despropósitos ajenos al interés general que el Gobierno navarro va desarrollando con una programación perfectamente calculada, sin que nadie sea capaz en este Estado sin Estado de impedirlo.

Se han atrevido a llamar fascistas, terroristas y otras flores dialécticas, de un orden intelectual similar al de una hormiga, a los asistentes, en una clara proyección de lo que son ellos, pues es evidente que entran en la categoría de liberticidas, incapaces de vivir en sociedad, totalmente inhabilitados para aprender que la democracia es precisamente pluralismo, libertades y derechos individuales, pues han sido adoctrinados en el odio. Y, para asumir que la libertad de uno termina donde empieza la de los demás, algo que a mí me enseñaron en la primaria, y eso que eran tiempos de Franco.

A mi entender, las autoridades del Estado actúan con prevaricación, pues cuando se observa que alguien comete un delito hay que detenerle, llevarle ante el juez y aplicarle la pena que esté establecida en el Código Penal. Y a nadie se le oculta que impedir que unos conciudadanos ejerzan los derechos fundamentales establecidos en la Constitución española es un delito. A nadie se le oculta que atacar violentamente a quien ejerce la libertad de manifestación, expresión, opinión, reunión, y otros derechos contemplados en nuestro ordenamiento jurídico es un delito. A nadie se le oculta que violentar las normas que protegen nuestra convivencia y el funcionamiento democrático de nuestras sociedades, practicando el terrorismo callejero, la coacción o la extorsión es delito. Y quienes observaren la comisión de un delito siendo agentes de la autoridad, o en su caso sus inmediatos o mediatos mandos o delegados del órgano institucional competente, sin cumplir su obligación de ejercer la legitimidad de la fuerza, comete un auxilio al delito por omisión, y, por tanto, es reo de colaboración con el delito.

No vale ni es suficiente con separar a las dos partes, la que legítima y legalmente se manifiesta y la que trata de impedir el ejercicio de unos derechos cubriéndose el rostro para no ser reconocido. El simple hecho de taparse la cara es ya indicio de dolo en la comisión del delito pues quien lo hace sabe que puede ser imputado por el mismo. Hay que neutralizarle, detenerle y llevarle ante un juez.

Si esto es una democracia, bórrenme. Yo he dejado de ser demócrata. Me defenderé como pueda.

‘Kristalltag’ en Alsasua
Carmelo Jordá Libertad Digital 7 Noviembre 2018

No pretendo decir que la Alsasua de hoy es como el Núremberg nazi, pero sí creo que hay los suficientes paralelismos como para poder extraer las conclusiones oportunas.

La noche entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938 fue especialmente terrible en Alemania: se asesinó a más de 90 personas y se detuvo a unas 30.000, que después fueron deportadas; se incendiaron 1.300 sinagogas, escuelas y hospitales; y, por si todo esto no fuese suficiente, se destruyeron más de 7.500 negocios privados y se saquearon decenas de miles de viviendas.

La vida para los judíos alemanes llevaba años siendo difícil: la presión nazi era cada día mayor y, especialmente desde la promulgación de las Leyes de Núremberg en 1935, en muchos aspectos la situación de las familias y los ciudadanos de origen judío estaba degenerado bastante, pero hasta esa fatídica noche, recordada universalmente como la Noche de los Cristales Rotos (Kristallnacht en alemán), no se había vivido un brote de violencia masiva como aquel.

Por supuesto, todo estuvo alentado y organizado por el Gobierno nazi, que utilizó como excusa el asesinato de un diplomático alemán en París y que después acusó a los propios judíos de provocar. Algo muy parecido a lo que tantos –y algunos tan importantes– están diciendo de los que este domingo se manifestaron en Alsasua en defensa de la libertad, de la Guardia Civil y de España.

Afortunadamente –no en vano han pasado ocho décadas–, lo ocurrido entonces fue mucho más terrible, pero eso no evita que haya más paralelismos; por ejemplo, que los salvajes que entraban en templos, escuelas, comercios y casas les gritaban a los judíos "¡Volved a Palestina!", tal y como –entre otras lindezas– los cafres en Alsasua gritaban a los españoles: "¡Volved a la Meseta!".

Lo sustancial, más allá de los gritos concretos, es el espíritu que imperaba tanto en la Alemania nazi de 1938 como en la Alsasua batasuna de 2018: en los dos lugares se usa la violencia para expulsar a una parte de la población y conseguir unos objetivos políticos igualmente espurios.

No pretendo decir que la Alsasua de hoy es como el Núremberg nazi, pero sí creo que hay los suficientes paralelismos –especialmente en las intenciones– como para poder extraer las conclusiones oportunas y, sobre todo, para que no confundamos de qué parte hay que estar, quiénes son las víctimas de estas cosas y quiénes los verdugos y, en suma, si ir a un pueblo a defender pacíficamente tus ideas es provocar y, por tanto, motivo suficiente para que se desate un pogromo, que fue al fin y al cabo lo que pasó en Alemania la noche entre el nueve y el diez de noviembre de 1938 y lo que les habría gustado a algunos que pasase en Alsasua el 4 de noviembre de 2018.

Covite recuerda que ETA “asesinó a 853 personas” y no a 758 como la banda ha asumido
OKDIARIO 7 Noviembre 2018

En un comunicado, Covite ha recordado que la banda "asesinó a 853 personas, hirió a 2.597, extorsionó a unas 10.000 y forzó al exilio a 100.000 para defender un proyecto político antidemocrático y totalitario".

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco, Covite, cree “inaceptable” que ETA no haya reconocido, en su último Zutabe –boletín interno de la banda–, que “asesinó a 853 personas”, y solo asuma 758 crímenes.

El diario ‘Gara’ ha publicado, en su edición de hoy, una información en la que apunta que ETA elaboró un último Zutabe, fechado un mes antes de su disolución, en el que solo admite que ha asesinado a 758 personas en sus atentados, alrededor de un centenar menos de las que le atribuyen el Ministerio del Interior y las asociaciones de víctimas.

En su boletín interno, la banda ha reconocido dos atentados que no había reivindicado hasta el momento y que se suman a los 2.604 que ya había asumido con anterioridad. Se trata del asesinato de tres personas en Tolosa (Gipuzkoa) en 1981, a las que confundió con policías; y la acción terrorista en la que hizo estallar un potente artefacto explosivo en 1974 en el interior de la cafetería Rolando, situada en el número 4 de la calle del Correo de Madrid, a pocos pasos de la Dirección General de Seguridad, en la que fallecieron 13 personas.

En un comunicado, Covite ha recordado que la banda “asesinó a 853 personas, hirió a 2.597, extorsionó a unas 10.000 y forzó al exilio a 100.000 para defender un proyecto político antidemocrático y totalitario”. Además, considera “una humillación” para las víctimas del terrorismo que “su propaganda” se difunda antes del ‘Día de la Memoria’, que se celebra el 10 de noviembre. “Esto supone que “la memoria que quieren construir los terroristas se basa en el blanqueamiento de su pasado criminal”, apunta.

El colectivo presidido por Consuelo Ordóñez ha denunciado, una vez más, “el asesinato selectivo y sistemático de centenares de personas en el contexto de un conflicto inexistente que los herederos de ETA se empeñan en mantener para fundamentar su historia y blanquear su responsabilidad sobre los crímenes cometidos”.

España debe dejar un tribunal que ampara siempre a los etarras
OKDIARIO 7 Noviembre 2018

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha vuelto a ponerse del lado del mal. En este caso, ha dado la razón a Arnaldo Otegi, uno de los personajes más abyectos de nuestra historia reciente. Miembro en el pasado del comando ETA político-militar (ETA pm), partícipe en el secuestro del director de Michelin en Vitoria, Luis Abaitua, y del político Javier Rupérez. Hoy en día es el líder de EH Bildu, la formación proetarra que sigue poniendo en solfa con su radicalidad la paz social en el País Vasco y Navarra. El TEDH considera que tanto él como otros cuatro dirigentes abertzales tuvieron un juicio injusto por el caso Bateragune. Otegi no condenó el terrorismo de ETA en aquel juicio celebrado en la Audiencia Nacional que ahora califican como “injusto” desde Estrasburgo. Nuestros país debe abandonar un tribunal que ampara constantemente a los etarras.

Otegi siempre ha justificado las acciones mafiosas y criminales de una organización que en su último boletín interno ha reivindicado dos atentados que no había asumido hasta ahora. Una banda que a lo largo de más de medio siglo ha asesinado a más de 900 personas, ha herido a otras 16.000 y por la que 42.000 seres humanos siguen pagando las consecuencias de sus acciones. Eso es ETA. Y, a pesar de ello, su fiel Otegi aún tiene la desvergüenza de decir que España es un “Estado antidemocrático”. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos se equivoca gravemente con su fallo. Un error que no hace sino reforzar su deriva de criterio y la necesidad de salirse de él para tener un marco jurídico congruente. El pasado mes de febrero obligaron a nuestro país a pagar 30.000 euros al asesino Igor Portu y 20.000 a su sosias Mattin Sarasola, responsables del atentado en la T-4 del Aeropuerto de Barajas que mató a dos personas e hirió a otras 20 en 2006.

En marzo, volvieron a incidir en el dislate al condenar a nuestras instituciones a pagar 9.000 euros a dos independentistas catalanes que quemaron la foto de los Reyes en 2007. Cada una de estas sentencias dan munición propagandística y argumental a los enemigos de la democracia. Por ello, nuestro país debe oponerse a ellas. Así lo hizo una nación tan seria como Reino Unido, que estuvo a punto de abandonar su jurisprudencia cuando el TEDH falló en contra de ellos en 1995 por la muerte de tres terroristas del IRA en Gibraltar. Algo que volvió a repetirse cuando en 2012 impidieron extraditar a terroristas confesos como el yihadista Abu Qatada. El Tribunal de Estrasburgo debería considerar con más cuidado las consecuencias de sus decisiones. Todo lo demás es dar alas a causas que, como en el caso de Otegi y ETA, no entienden ni de “derechos” ni de “humanos”. España no puede ni debe continuar en una institución así.

Tras los ataques proetarras en Alsasua
Fernando Savater: "La izquierda nunca ha caído tan bajo”
www.latribunadelpaisvasco.com 7 Noviembre 2018

Después de los vergonzantes ataques proetarras sufridos en Alsasua, y la indignante respuesta del Gobierno golpista de Pedro Sánchez afirmando que hay lugares en España donde defender la Constitución y a la Guardia Civil es “crispar”, Fernando Savater, uno de los presentes en la localidad navarra, ha explicado al diario ABC sus opiniones:

“Un personaje impresentable” (el portavoz socialista en el Senado, Ander Gil) se ha atrevido a decir que el domingo “fueron a agitar el odio a Alsasua los que nunca tuvieron que mirar por la mañana bajo su coche”.

“Es uno de los puntos más bajos que ha alcanzado nunca la izquierda y algún representante de la derecha”, se lamenta el filósofo donostiarra, al mismo tiempo que recuerda al senador del PSOE que eso de no tener que estar pendiente de las amenazas de ETA “habrá sido él. Otros, desgraciadamente, nos hemos pasado muchos años mirando bajo el coche, y no digamos gente como Ortega Lara o como Beatriz Sánchez (otra de las intervinientes en el acto), que sufrió un atentado en la casa-cuartel de Zaragoza a los cinco años”.

De Ander Gil añade que “no tiene entidad para tomarlo en serio”, pero que lo del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, previniendo de ir a “defender nuestras creencias” en según qué contextos, sí lo es. “Con la experiencia de muchos años dando la cara por el País Vasco, si nos hubiéramos atenido a los modos de no provocar, de no crispar, seguro que el lendakari sería hoy Arnaldo Otegi y el jefe de la Ertzaintza ‘el carnicero de Mondragón”.

La respuesta del Gobierno de extrema izquierda de Pedro Sánchez a lo sucedido en Alsasua ha sido, en opinión de Savater, una reacción “de las más desmoralizadoras”, propia “de un Gobierno que llegó al poder mediante una triquiñuela y que se quiere mantener a costa de congraciarse con los elementos menos deseables”

La víctima silenciada con campanas en Alsasua: “Pronto dirán que vivir en un cuartel también era provocar”
Beatriz Sánchez Seco iba a celebrar su quinto cumpleaños cuando ETA atentó en la casa cuartel de Zaragoza donde vivía con su familia: “Si Ander Gil tiene vergüenza, que me llame”
Alejandro Requeijo vozpopuli.es 7 Noviembre 2018

Una fuerte explosión despertó abruptamente a Beatriz Sánchez Seco la mañana del 11 de diciembre de 1987. Aquel día iba a celebrar su quinto cumpleaños, pero se adelantó un atentado de ETA en la casa cuartel de Zaragoza donde vivía con sus padres y su hermano. Murieron once personas, entre ellas cinco niñas, amigas suyas de juegos infantiles. Su familia en cambio se salvó de milagro. Para calmarla, su padre, guardia civil, le dijo que los fuegos artificiales de su fiesta habían llegado antes de tiempo. Pasaron años hasta que se volvió a hablar del tema en casa.

Esta es la historia de la víctima que 30 años después se subió el domingo al escenario del acto convocado en Alsasua (Navarra) por España Ciudadana. Pero cuando empezó a hablar, las campanas de la iglesia comenzaron a tañer de una forma desordenada e histérica en un intento de silenciar sus palabras. “Como insulto nos decían: ‘¡madrileños iros a casa!’”, relata para Vozpópuli esta víctima del terrorismo nacida en Estella, a 40 kilómetros de la plaza en la que se encontraba. Allí estaban también los vascos Fernando Savater o Santiago Abascal o el catalán Albert Rivera, entre otros.

¿Qué siente cuando les dicen que fueron a provocar?
¿Quién provoca a quién? Nosotros no lanzamos piedras ni pusimos petardos. Simplemente yo fui como invitada a esa ponencia. Fuimos a hacer un manifiesto en homenaje a esos dos guardias civiles que fueron agredidos ¿Ir a honrar a una persona atacada es atacar?

Algunos dirigentes que han opinado estos días creen que sí.
Sí, claro, te refieres a Ander Gil, ¿verdad? Entonces ni yo ni Abascal hemos tenido que mirar debajo de los coches ¿verdad? Primero que tenga la dignidad de llamarme o a los compañeros de mi padre -fallecido hace ocho años- cuando llegó a Zaragoza, que todos los días según llegaba a hacer la ronda miraba debajo de los coches y le decían: “que obsesionado estás”. Él contestaba que eso era el día a día en Navarra. Y al final llegó.

¿Ha escuchado las declaraciones del ministro Grande-Marlaska?
No he llegado a escucharlas. Lo que me ha llegado es que dijo que podíamos haberlo hecho de otra forma. Tres cuartos de lo mismo, no fuimos a provocar, fuimos a homenajear. Que un asesino (Por Josu Zabarte, el ‘carnicero de Mondragón’) de un niño de 13 (José María Piris) años esté allí a una calle de nosotros... creo que no hay mucho más que decir. Es lamentable que un ministro del Interior sea capaz de decir eso y más si es juez.

Lo que dijo Marlaska exactamente es que “había una alta posibilidad de que los incidentes que finalmente acontecieron, surgieran”. “Podemos creer que el mundo es perfecto, que todo el mundo va a respetar el derecho de terceros a manifestarse, pero la realidad no es esa. En ese contexto, entiendo de una forma tranquila que quizás para defender a la Guardia Civil y la españolidad de Alsasua y Navarra se pueden plantear acciones que no determinen la posibilidad de crispación o de incidentes”, dijo el magistrado, nacido en Bilbao y objetivo de ETA.

Beatriz Sánchez Seco lamenta que “en unos años dirán que el mero hecho de vivir en un Cuartel ya era provocar” y que la frase del ‘estábais provocando “es el nuevo ‘algo habrá hecho’” con el que se justificaban los atentados antaño. A esta víctima no le importó el sonido de las campanas y siguió hablando en un duelo contra el ruido del campanario y los gritos de las calles aledañas. La paradoja es que el discurso -que tenía escrito en su móvil- arrancaba así: “Quiero dar las gracias por haber sido elegida para ser la voz de las víctimas que han sido silenciadas”.

¿Se esperaba un ambiente tan hostil?
En Alsasua, como si hubiese sido en Estella, hay aún mucho movimiento y no se para desgraciadamente. Incluso en otras localidades se les sigue pagando a chicos de 14 años para que acudan a estos actos a tirar piedras, actos de kale borroka, para que sean menores, que no se les pueda identificar y que se si se les identifica no les pueda pasar nada.

¿Le han dado alguna explicación a lo de las campanas?
Al parecer el sacerdote dijo que habían sido los borrokas los que le quitaron las campanas y que fueron ellos los que estaban repicando, pero no sé hasta qué punto creerlo. Si tu eres el jefe y cierras las puertas, ahí no entra ni Dios. A mi que no me vendan la moto, si entraron es porque tuvieron forma de acceder, no fue trepando. Para que ellos entren, otro tiene que colaborar.

Además de los 11 asesinados, entre ellos las cinco niñas, el atentado se saldó con más de ochenta heridos. Por estos hechos sigue huido el histórico dirigente terrorista ‘Josu Ternera’, encargado de anunciar la disolución definitiva de la banda por medio de un mensaje grabado. Beatriz Sánchez Seco confiesa que cada 11 de diciembre se levanta sobresaltada a las 6.05 recordando como la puerta de su habitación se le viene encima y su hermano de once años se refugia debajo de su cama.

En su casa el atentado siempre fue tema tabú.
Fue tabú hasta que yo cumplí 18 años. En el año 2003 nos enteramos de que había una sentencia del año 1994 en la que se decía que éramos damnificadas. Fue por un cotilleo de un compañero del cuartel que le preguntó a mi padre cuánto había cobrado. Nadie nos dijo nada. Yo le dije a mi padre que iba a reclamar lo que la ley les reconocía. Lo que no se reclama se deroga y no hemos pasado por lo que hemos pasado para que se derogue lo poco que se va consiguiendo.

Usted tiene un hijo de 3 años, ¿le contará lo que pasó?
En todo momento sabe lo que hay. Él ha estado en todos los homenajes. Para mi hijo la muerte y los atentados los va a ver con mucha naturalidad. Va a conocer la historia de primera mano por si mañana alguien quiere manipularla va a poder decir que eso no es lo que vivió su familia.


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