AGLI Recortes de Prensa   Domingo 11  Noviembre 2018

Un día en la vida de España
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 11 Noviembre 2018

Los manteros pululan por el centro de las ciudades, estafan a los viandantes, expolian a los comerciantes, agreden a los vigilantes y enriquecen a los mangantes con la bendición de los ayuntamientos sociopodemitas y de algunos que no lo son.

Los okupas, en connivencia con quienes tendrían que meterlos en cintura, confiscan pisos, expulsan a sus inquilinos, arruinan a sus propietarios, destrozan, emporcan, rebuznan, vivaquean, alcahuetean, trapichean con drogas y se ríen en las barbas de quienes intentan desahuciarlos o expulsarlos por las bravas para recuperar lo que les pertenece.

Las jaurías de los antisistema vuelcan contenedores, revientan cajeros, rompen escaparates, queman coches, saquean tiendas, insultan a las personas decentes, se mofan de los policías y, en el colmo del cinismo, los denuncian por cumplir con su deber. Los hooligans, los tifosi, los hinchas y los forofos se pelean a sillazos y a botellazos que nada tienen que envidiar a las peleas de las películas del oeste.

Los chinos venden litronas callejeras a los adolescentes, las furcias, los chaperos y los camellos. La suciedad y las cacas de las mascotas o de sus dueños alfombran el adoquinado. Los pintamonas se creen picassos y asaltan los convoyes del metro como si fuesen los de la Union Pacific en una película de John Ford. Los ciclistas van de chulos por su carril o fuera de él y se creen los reyes del mambo ecologista. Los patinadores atropellan a niños y viejecitos en las aceras. Los maratonetas cortan en dos las ciudades.

Los inmigrantes desembarcan en las playas andaluzas como si fuesen las de Normandía y soldados de la Wehrmacht los veraneantes que toman el sol en ellas. Intrusos de piel cetrina invaden los puertos, fuerzan las aduanas, vierten perolas de cal viva y orinales de excrementos sobre los guardias civiles, lanzan gritos belicosos en las zonas colonizadas y reciben las carantoñas, mantas, calditos y chuches repartidas por las madres y padres teresos de las órdenes no gubernamentales.

Los golpistas convierten sus churros amarillos en lazos de horca y roban al resto del país lo necesario para financiar sus trapisondas. Algeciras parece Chicago en los años 30 o Ciudad Juárez en los de ahora. El jefe del Gobierno dinamita el Estado de derecho. Alguien, algún día, tendrá que hacer algo, ¿no? A grandes males, grandes remedios. Se me ocurren muchos, pero tengo un hijo pequeño y me faltan agallas para mentarlos.

Nuestro aprendiz de Maduro madura adecuadamente
Jesús Cacho vozpopuli.es 11 Noviembre 2018

Lo escribían antaño los maestros de escuela cuando remitían a casa las notas del trimestre: “progresa adecuadamente”, y padres y madres se sentían satisfechos con tan breve explicación y volvían tranquilos a sus quehaceres. El símil podría valer ahora para el personaje que ocupa la presidencia del Gobierno, un psicópata del poder que no dudaría en aliarse con el lucero del alba, de izquierda o de derecha, con tal de seguir en el centro del escenario. Aupado a la silla gestatoria por el populismo de Podemos, la nueva izquierda comunista española, Pedro Sánchez progresa adecuadamente en esa línea que muchos han creído ver en él desde la famosa noche, 31 de mayo pasado, con Mariano empinando el codo en un garito de la calle Alcalá, de la moción de censura: un aprendiz de Maduro dispuesto a poner punto final al régimen de la Transición, para, con Iglesias como guía espiritual, explorar en la Europa del siglo XXI la experiencia de república bolivariana que Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, han puesto en marcha en Venezuela para desgracia de los venezolanos. Nuestro aprendiz de Maduro madura adecuadamente.

El tiro en el pie, por no mencionar otra parte más sensible de su anatomía, que los excelentísimos señores magistrados que componen el pleno de la Sala Tercera, de lo Contencioso-Administrativo, del Tribunal Supremo (TS) se han metido esta semana, ha venido a ser para el audaz mentecato que nos preside una especie de nuevo 'Aquarius', un regalo caído del cielo que le ha permitido desplegar lo más granado de su arsenal argumental “todo a cien”, y protagonizar un salto adelante en esa su calculada estrategia de despiece del régimen que inauguró la Constitución del 78. Al día siguiente de que el alto tribunal se enmendara a sí mismo la plana diciendo digo donde había dicho Diego y llevándose por delante el prestigio de una de las pocas instituciones que, hasta ahora, parecían haber salido incólumes del tsunami político que nos aflige, Sánchez apareció en rueda de prensa para anunciar, solemne, que el impuesto de Actos Jurídicos Documentados (AJD) lo van a pagar los bancos a partir de ahora, y no los pobres ciudadanos. Robin Hood en guapo, limpio y aseado.

Lo dicho podría resultar hasta simpático si no viniera avalado por un inconfundible tufo a dedazo de dictador bananero. Estos días ha desfilado por las redes sociales un meme con el siguiente texto: “Año 1993, el PSOE se inventa un nuevo impuesto a las hipotecas; año 2015, Podemos e Izquierda Unida votan subir ese impuesto un 50% en Aragón; año 2018, Podemos apadrina una manifestación contra ese impuesto injusto y el PSOE dice que nunca más lo volverán a pagar los ciudadanos”. Imposible definir de forma más acertada la hipocresía de la izquierda española. Ocurre que este episodio, que durante una semana ha convulsionado al país, rebasa con mucho los límites de una discusión técnico-jurídica sobre las características de un impuesto, incluso sobre su justificación en términos morales y políticos, para inscribirse de lleno en el marco argumental de la gran crisis política española y en el propio futuro de España como nación.

En primer lugar, porque lo ocurrido con el TS ha venido a poner en evidencia la aguda crisis por la que atraviesa una Justicia politizada hasta la náusea. Son las consecuencias de una politización que se inició hace ya muchos años, con el primer Felipe González -había que oponer una “justicia popular” a la justicia franquista-, y que con Zapatero se agravó hasta convertirse en cáncer. El cáncer de la Justicia populista. ¿Qué ocurre? Que en el Supremo pasta una ganadería de jueces que pretende hacer política con la Ley. En el Supremo, en la Audiencia Nacional, en las Provinciales, en los TSJ de las CC.AA., y, si me apuran, en el Constitucional. Y los jueces, por muy excelentísimos que se pretendan, están para aplicar la Ley, no para modificarla, porque de legislar se encarga el Legislativo, un poder que los españoles eligen democráticamente cada cuatro años. Esa es la gravedad del esperpento ocurrido estos días en la dichosa Sala Tercera, donde unos señores magistrados, seis en concreto, decidieron cargarse la jurisprudencia del propio tribunal con una resolución sobre el “sujeto” del IAJD que decía lo contrario de lo que ellos mismos habían dicho once meses antes. Para hacer “justicia popular”. Para hacer demagogia contra la banca.

Y en segundo lugar, porque el lance permite a Sánchez saltar a escena de inmediato para indultar a esos jueces justicieros, jueces populistas, y cargarse al resolución del pleno de la Sala de lo Contencioso Administrativo, anunciando que los españoles no van a volver a pagar el impuesto hipotecario, a Dios pongo por testigo, nunca mais, como si los españoles fueran tontos de baba y no supieran lo que les espera cuando, en el ejercicio de su personal libertad, vayan a solicitar un crédito en una oficina bancaria para comprar un piso. Lo más grave, con todo: que Sánchez anuncia el derribo por Decreto de una Ley aprobada en el Parlamento. Es el apestoso tufo chavista que despide el entero episodio. Un ensayo general de cómo el poder Ejecutivo mancilla al poder Judicial. Fin de la separación de poderes. Sánchez y sus cuates se sitúan por encima del Judicial y anuncian, aviso a navegantes, que cuando llegue el momento serán capaces de revertir esa otra sentencia, de protagonizar ese otro golpe, en la cuantía necesaria, con la violencia precisa, consistente en indultar a los presos golpistas del nacionalismo xenófobo y supremacista catalán.

Sánchez, presidente; Iglesias, vicepresidente
Si me he atrevido a esto, me atreveré también a lo otro, viene a decirnos. Esa es la razón para agotar la legislatura, el motivo de su obsesión por durar en Moncloa. Estamos ante una coalición que opera en el marco conceptual del chavismo, un movimiento que, tras perder las elecciones de diciembre de 2015, creó una Asamblea Nacional paralela para reducir la genuina a papel mojado. Sánchez ha pretendido eliminar el Senado porque allí no tiene mayoría y eso era un obstáculo para hacer aprobar sus PGE. Ahora le enmienda la plana al Supremo. Lo ocurrido estos días con la Sala Tercera es el molde del que Sánchez y su socio proyectan servirse para abordar nuevas aventuras en la epopeya de ir destruyendo la separación de poderes imprescindible para el cambio de modelo de sociedad que persiguen. De hecho, Sánchez ha revitalizado la mortecina figura de un Iglesias de capa caída, porque lo suyo ya no es competir con Podemos. Estamos ante un juego de suma cero, donde a Sánchez le da lo mismo que el PSOE gane votos a costa de Podemos o viceversa, porque lo importante es que la suma de PSOE y Podemos le garantice la mayoría. Con él como presidente y con Iglesias de vicepresidente. Más o menos lo de ahora mismo.

Un viaje no exento de riesgos, con el aliento de Iglesias constante en el cogote de Sánchez. Sostiene el marqués de Villatinaja que el atentado cometido por el presidente “no es suficiente”, de modo que ha decidido sacar las masas a la calle para protestar contra el Supremo, acabar con el escaso crédito del Supremo, que el señor marqués no se va a dejar robar el queso de esta revolución por un don nadie al que quiere echar un pulso en la calle y en las instituciones. Todo lo ocurrido esta semana ha sido malo para la democracia española, para la separación de poderes, para el imperio de la Ley. La más grave, la más reveladora, es la sentencia de la Audiencia de Barcelona conocida el jueves, según la cual Policía y Guardia Civil tendrían que haberse abstenido de utilizar la fuerza para impedir el referéndum del 1 de octubre, puesto que “no tenía consecuencia jurídica alguna”. ¿Un referéndum ilegal sin consecuencias jurídicas? Estamos ante el descaro de un reconocido juez independentista, José María Assalit Vives, haciendo política independentista desde la judicatura. El cáncer y sus metástasis, o el problema generado por la falta de respeto a un Estado que ha dejado de respetarse a sí mismo, contra el que ya se atreve cualquier canalla.

Un poder Ejecutivo que no tiene empacho en situarse por encima de la Ley y que tampoco lo tiene para fabricarse un supuesto atentado frustrado contra su titular, aureolar a Sánchez, por parte de un tipo de extrema derecha de 63 años sobre el que el gerente del Club de Tir del Vallès, Manuel Moreno, ha dicho en Els Matins, el informativo diario de TV3, que “es un mediocre tirador en la modalidad de aire comprimido y es imposible que sea un francotirador”. Un montaje típicamente venezolano, un tráiler de la película de miedo que se nos viene encima y que obliga a los partidos constitucionalistas a dejar a un lado asuntos menores, refriegas de patio de colegio, para taponar la senda que conduce a la experiencia venezolana, esa donde la gente hace tres comidas al día en versión Errejón, de la mano de un tipo que está “madurando” a pasos acelerados, dispuesto si le dejamos a convertir nuestras vidas en una pesadilla. Más que un Kérenski incapaz de contener la revolución bolchevique, un Maduro vocacional que aspira a encabezar el cambio revolucionario de régimen.

John Fitzgerald Sánchez, del atentado falso al golpismo verdadero
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 11 Noviembre 2018

Para este Gobierno de las 'fake news' y del 'Fakesidente cum fraude', la verdad no existe. Sólo cuenta la propaganda, y para eso tiene el control absoluto de todas las televisiones, obsequio de Rajoy.

Ningún país ha padecido tanto una noticia falsa como España el 11M de 2004, cuando los informativos de la SER, dirigidos por García Ferreras dijeron que el Gobierno ocultaba la existencia en los trenes de Atocha de "al menos dos islamistas suicidas, con varias capas de calzoncillos". Todo lo que ha sucedido después, hasta el Golpe de Estado contra el régimen constitucional que estamos padeciendo, viene de aquella inmensa trola, que, hábilmente manipulada por las cloacas policiales de villarejos y garzonejos y las sentinas mediáticas del imperio del PRISOE, provocó la salida del Gobierno de aquel PP que Aznar legó voluntariamente a Rajoy.

VOX salva del Franco-tirador a JFK Sánchez
Tras esa trola y las que se amontonaron después en la instrucción del caso y la sentencia posterior, monumentos a la prevaricación continuada, la de esta semana, el supuesto atentado que un francotirador preparaba contra el heroico Sánchez, que acababa de infligir un golpe terrorífico a la Banca anulando por decreto-ley la sentencia del Supremo sobre el IAJ hipotecario, es muy poca cosa. Sobre todo, cuando, para servirla a la teleplebe, se aliña con una cantidad pasmosa de mentiras adjuntas. El atentado sólo existió como comentario en un grupo de WhatsApp, que una dirigente de VOX, no se sabe por qué, denunció a los mozos de Escuadra. Y éstos, que nunca se caracterizaron por su pulcritud legal ni por su transparencia operativa, lo llevaron ante un juez que lo guardó siete semanas, tal vez para ver si así se parecía a lo que 'Echeminga' y su banda llamaron "proyecto de magnicidio".

El último magnicidio en España fue el asesinato de Carrero Blanco, del que siguen haciendo chistes los podemitas. Y fue obra de la ETA, socia de Sánchez e Iglesias, como los dos últimos, afortunadamente frustrados. Uno fue contra el avión del presidente Aznar, al que, siendo todavía jefe de la oposición y aprovechando su desprotección por el Gobierno del PSOE, ya le colocó una bomba al paso de su coche, de la que escapó de milagro, aunque mató a una anciana en un edificio cercano. Del otro, contra Juan Carlos I, en Mallorca, sí se encargaba un francotirador de verdad, que tenía, como todo asesino que se precie, su cómplice para huir amén de los planos y horarios para el asesinato. Creo recordar que la policía detuvo a dos, que fueron juzgados y condenados. Si viven, que no sé, tal vez sean concejales.

Hablaba de Cataluña, no de Franco
El franco-tirador, un tío de Tarrasa de 62 años, no tenía ni planos ni horarios para matar al Dr. Fraude. Tan poco sabía de su víctima verbal que pidió ayuda a ese grupo whatssapero amigo de la policía para que le dijeran por dónde andaba y adónde iba. Primer caso en la historia del magnicidio en que el criminal lo anuncia en una red social… ¡y luego se olvida de él! Lógico, si no sabía ni siquiera que en la Presidencia del Gobierno existe una agenda oficial con el calendario de actos del inquilino monclovita. Los que sí sabían qué hacer con el magnicida más inútil de todos los tiempos eran los Mozos de Escuadra, que el día anterior habían hecho el ridículo al dejar circular con una presunta granada que era una hebilla de cinturón al AVE Barcelona Madrid, desalojando hasta Atocha y sin detener a la lista de la hebilla ni parar el tren, ni cosa semejante.

A diferencia de la ejecución en campo abierto del único islamista vivo del atentado de las Ramblas, heroica tarea de la que presumieron, esta vez los Mozos llevaron al aprendiz de terrorista al juez, que lo mandó a la cárcel, no han dicho por qué. Moncloa lo supo todo desde el principio, pero no dijo nada en siete semanas del supuesto magnicidio. Lo que sí hizo fue cambiar el móvil, que en la red dijo que era el pacto con el separatismo catalán y se convirtió en venganza franquista por la exhumación venidera. Al efecto, la versión oficial añadió que era un expertísimo francotirador, de ahí el grave peligro que había corrido el presidente, aunque nunca lo corrió.

Lo malo es que tampoco resultó un experto tirador. Coleccionista de armas, sí, en el caso de que no hayan puesto los mozos el arsenal del preso, pero como tirador, malísimo, según el encargado del club de tiro olímpico del que era socio. "Es muy mediocre: de cuatro niveles, el cuarto", reveló.

La mentira abrumadora por televisión
Para este Gobierno de las fake news y del Fakesidente cum fraude, la verdad no existe. Sólo cuenta la propaganda, y para eso tiene el control absoluto de todas las televisiones, obsequio de Rajoy, amén del periodismo pardillo, que aún sigue digiriendo las trolas del 11M. Durante dos días -y los suplementos semanales- nos han estremecido con el dizque atentado del dizque francotirador que iba a asesinar a Sánchez, ocultando -el 'Izbestia' tuvo que cambiarlos- los datos que no encajan con el cuento de miedo del gran peligro que corre España: Franco, sí, que través de un zombi se habría querido vengar de J. Fitzgerald Sánchez por sacarlo del Valle, no dejarlo entrar en la Almudena y tentar al Vaticano con el escote de Carmen Calvo.

"Lamento ser el involuntario protagonista de la noticia", dijo Fráudez muy repuesto del susto tras revelarse el sensacional complot franquista que nunca existió. Pero ya llevaban medio día contando la trola las televisiones, para disimular la inmensa fechoría de la víspera: el golpe, vía decreto-ley, del Ejecutivo contra el Judicial a cuenta del IAJ, ese impuesto que no existe en media Europa y que en la otra media cuesta diez veces menos que aquí.

J. F. Sánchez nos prepara para el Gran Golpe
John Fitzgerald Sánchez ha matado así tres pájaros de un tiro: se ha adornado contra la Banca, se ha fingido víctima ilesa de Lee Harvey Franco y nos ha acostumbrado a una normalidad genuinamente golpista: que el Gobierno puede enmendar sobre la marcha y sin cambiar siquiera las leyes cualquier sentencia del Tribunal Supremo. Humillarlo en el ámbito de lo Contencioso-Administrativo es lo de menos. Lo esencial es hacerlo en el de lo Penal, cuando llegue la sentencia sobre el Golpe de Estado en Cataluña. Sánchez quiere anularla indultando a los golpistas y asegurarse sobre ese golpe de mano contra la legalidad constitucional la presidencia de lo que Iglesias gobernará como Bloque de Progreso, del Cambio, o contra las Tres Derechas; o sea, el Frente Popular Separatista que venimos denunciando y que está resueltamente decidido a liquidar el Estado y a destruir la Nación.

Vámonos que nos vamos
Sánchez gobierna a saltosde cigarrón, sin saber dónde va a caer
Antonio Burgos ABC 11 Noviembre 2018

Llegó al poder sin pasar por las urnas, sólo tragando con los enemigos de España. No ganó las elecciones, sino una moción de censura que le salió redonda. Ni él mismo se cree que sea presidente. Por eso tanto repite «yo soy el presidente del Gobierno», porque no se lo cree y hasta se pellizca para ver que no está soñando. Se presentó sin programa. Bueno, sí, con uno incumplido: convocar elecciones. Pero le cogió gustirrinín al avión oficial y quiere acabar la legislatura, para que le dé tiempo a pagar todas las promesas a sus socios de moción de censura. Aunque, pensado mejor, sí tiene programa, el que le imponen sus amiguetes de la moción de censura. Sánchez gobierna a saltos de cigarrón, sin saber dónde va a caer. Es el programa del «vámonos que nos vamos», a la gaditana. Sus puntos esenciales podrían ser los que siguen:

Vamos a cargarnos la Monarquía Constitucional, ayudados por los enemigos de España y para no defraudar a los que nos trajeron a La Moncloa con sus votos contra Rajoy.

Vamos a cargarnos la economía de libre mercado por sobreexplotar los recursos y la vamos a transformar en una de mercado social de igualdad y reequilibrio de las rentas: robaremos a los ricos para dárselo a los pobres.

Vamos a poner el déficit por las nubes, diga lo que diga Bruselas, y el que venga atrás, que arree.

Vamos a cargarnos el equilibrio y el principio de solidaridad entre las regiones, implantando la plurinacional nación de naciones, diga lo que diga el artículo 2 de la Constitución.

Vamos a cargarnos el Ejército, porque un país serio no necesita soldados ni violencia para defenderse de los peligros interiores ni exteriores.

Vamos a cargarnos «el espíritu de la Transición» y volver la vista atrás para recuperar el terreno perdido y desagraviar los desmanes del fascismo con la Ley de Memoria Histórica que Rajoy no derogó, porque ya no tiene sentido en la España Plurinacional de la nación de naciones que implantaremos.

Vamos a cargarnos las vallas de Ceuta y Melilla para acoger a todo migrante, con el principio de política social por excelencia: «Papeles para todos».

Vamos a cargarnos la libertad de Prensa, que ya nosotros nos ocuparemos de copar y manipular todos los medios de comunicación y todo será como una gran Sexta columna de la propaganda al servicio de la causa.

Vamos a cargarnos la enseñanza concertada, que aunque cueste la mitad que la pública y con mejores resultados, no son de los nuestros y además enseñan a los niños Religión y a pensar.

Vamos a cargarnos la Fiesta Nacional del 12 de octubre, el Pilar, los toros y todo lo que huela a España.

Vamos a cargarnos la Semana Santa, fiesta facha y católica tradicional y arcaica que ocupa los espacios públicos y que atenta contra el laicismo del pueblo, además de ser un menosprecio para otras religiones.

Vamos a cargarnos la Constitución y a abrirla en canal, ya que está vieja y obsoleta, y además que la gente joven no la votó.

Vamos a cargarnos el uso por la Policía de la fuerza, de las porras y de las pelotas de goma y además la Policía deberá avisar por megafonía que van a cargar en las manifestaciones: «¡Manifestante, mira que voy a cargar!» «¡Pues carga cuando quieras!».

Y cuando España quede como un solar, que no la conozca ni la madre que la parió, desde los cimientos de la ruina construiremos un país próspero, envidia del mundo, tomando como ejemplo el chavismo y como norte y guía de la construcción plurinacional la democracia cubana, fuente de socialismo, riqueza, libertad y prosperidad per secula seculorum... «y per los coxones». Y si no fuera un santo, Sanseacabó.

Sánchez sobrevive con trampas
EDITORIAL ABC 11 Noviembre 2018

La manera de gobernar de Pedro Sánchez no solo consiste en un ejercicio de supervivencia, sino que también representa una inmensa apología de la mentira. Gobierna sin estabilidad alguna con 84 diputados, ha servido como conejillo de Indias para el separatismo catalán, pretende sustituir la legitimidad parlamentaria y la lógica de las mayorías gobernando a golpe de decreto y se ha convertido en un clon de Pablo Iglesias. Sánchez es hoy sinónimo de propaganda, demagogia y engaños al ciudadano, y además ha escorado al PSOE hacia la extrema izquierda, solapándose con Podemos y silenciando las voces incómodas de su partido, ayer ausentes del Comité Federal celebrado en Fuenlabrada, hecho a la medida de su cesarismo.

Su última propuesta para la reforma de la ley de Educación revela que este PSOE tiene poco que ver con el que defendía una socialdemocracia moderna y sólida. Todo en Sánchez está orientado a una falsa grandilocuencia «social». Edulcora su propósito revisionista y sectario con conceptos políticamente correctos, y utiliza los medios públicos de comunicación y el CIS como gabinetes de propaganda personal. Sin embargo, sus errores están calando en la sociedad tanto como sus rectificaciones. Sánchez se ha revelado en apenas cuatro meses como el presidente más impostado de nuestra democracia, más allá de ser el único al que nadie ha elegido mayoritariamente en las urnas. Ha mentido sobre su tesis doctoral, sobre la política de inmigración o sobre los presupuestos del Estado; improvisa con su sectaria visión de la memoria histórica y la exhumación de los restos de Franco, y la UE le reprocha su política económica. Ese es Sánchez, que también permite contradecirse a sus ministros sin rubor alguno, convirtiendo la mesa del Consejo de Ministros en una tomadura de pelo para los españoles.

Bruselas sí sabe echar cuentas
EDITORIAL ABC 11 Noviembre 2018

Calviño tiene que afrontar el trabajo imposible de contentar a los compañeros de viaje del Gobierno -independentistas y todos los sectores antisistema- y a sus antiguos colegas de Bruselas

En manos de Podemos, que llegó a marcar territorio y estampar su sello en el borrador de los Presupuestos redactado e impreso en La Moncloa, el Gobierno de Pedro Sánchez ha planteado a la Comisión Europea unas cuentas impregnadas de ideología, lastradas por el posibilismo y cuajadas de trampas, tan evidentes que Bruselas no ha tardado en detectarlas. A la ministra de Economía, Nadia Calviño, le sobra currículo. Ha llegado al Gobierno con un expediente lleno de laureles y con una reputación impecable de buena gestora en la muy exigente administración europea. No solamente sabe cuáles son las reglas que España tiene que cumplir, sino también por qué es necesario hacerlo. Sánchez espera de Calviño una cosa que la titular de Economía sabe, por experiencia propia, que resulta contraproducente, según las reglas comunes de la zona euro. Hasta ahora, la crisis italiana, en la que los partidos demagógicos y nacionalpopulistas en el poder en Roma quieren meter a toda Europa, ha servido para camuflar las importantes lagunas que contiene el proyecto de Presupuestos, pero tarde o temprano será necesario para Calviño afrontar el trabajo -imposible- de contentar al mismo tiempo a los compañeros de viaje del Gobierno (independentistas y todos los sectores antisistema) y a sus antiguos colegas de Bruselas. Entre sus predecesores en gobiernos socialistas hubo un excomisario europeo -Pedro Solbes- que ya sufrió el peso de esa misma dualidad, como él mismo reconoció después de haber abandonado el gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero. El problema es que todo el tiempo de silencio y complacencia de Solbes frente a las derivas insensatas del Gobierno del que formaba parte nos ha lastrado durante más de una década, porque aquellos errores agravaron una crisis de la que apenas estamos saliendo. Como hoy revela en una entrevista en ABC, la ministra Calviño puede tener las mejores intenciones, pero no debería perder de vista este ejemplo.

De hecho, la Comisión Europea ya le ha dicho que el Gobierno ha de enviar las verdaderas cuentas que piensa proponer a las Cortes, no un ramillete de ideas difusas, y que de lo que han visto hasta ahora casi todo es superficial y difícil de creer, especialmente el aumento previsto de los ingresos. España necesita seguir reformando su economía, pero en dirección contraria a la que propone Podemos, principal inspirador de estas cuentas públicas. También hay que fortalecer el mercado interior, precisamente lo que no quieren los nacionalistas. Con estos apoyos, los Presupuestos no pueden ser buenos para España. Si, además, Sánchez no logra aprobarlos, debe convocar elecciones sin dilación. También por el bien de España.

La España caótica y su oficina de infiltrados
Pedro de Tena Libertad Digital 11 Noviembre 2018

La España constitucional, que tanto trabajo costó fraguar se ha llenado de infiltrados que trabajan por intereses ajenos a los ciudadanos.

Pintando con brocha gorda, podría decirse que desde 1978 a 1993, casi todos los partidos, menos los nacionalistas -de modo abierto o encubierto según los vientos y los asesinos de ETA-, respetaron casi siempre el marco constitucional. Pero en 1993 el bipartidismo consagrado por la realidad electoral comenzó a quebrarse debido a la dependencia de los gobiernos nacionales del separatismo desleal.

Empezó Felipe González, pero siguió José María Aznar. Su incapacidad para vertebrar una estrategia de defensa nacional de la democracia en España, desde posiciones socialdemócratas sinceras y liberal-conservadoras, condujo a un incremento de poder y oportunidades para quienes, dentro y fuera, no quieren ninguna España fuerte, tampoco la democrática. Por aquel entonces, ya había infiltrados en los grandes y pequeños partidos, como el comunista, el PSOE e incluso el PP, que trazaban una operación de derribo que lograba configurar la España caótica de la que escribió Fernando García de Cortázar enmarcándola en la crisis económica de 2008.

Pero empezó antes. La España constitucional, hasta 2004, había crecido, resuelto problemas, asentado sus instituciones y fijado metas, sólo amenazada por una corrupción económica, política, judicial y policial que mostraba el peor rostro de la democracia y la amenaza, terrorista o no, del separatismo. Gracias a ello, y a una concepción amoral y cínica de la política, fue posible lo que pasó en las elecciones de marzo de 2004, cuando algunos en el PSOE decidieron romper la baraja tras el peor atentado de la historia de Europa - acusando al gobierno democrático de invitar al terrorismo, que ya es vergonzoso para siempre jamás -, y apostar por la España caótica con la exclusión de más de una mitad de ella.

Si lo piensan, desde entonces, desde la memoria histórica al gasto presupuestario demagógico, desde el cordón sanitario contra el centro derecha a las concesiones al separatismo o la usurpación de la comunicación pública y privada y luego, en plena crisis, con la reinvención del comunismo, ya no europeo sino castro-bolivariano-filoislámico, que manipuló a los legítimamente indignados, no más que carne de cañón para sus fines, el caos nacional ha ido creciendo. Llegó el PP de Rajoy en 2011, con la mayoría absoluta más apabullante de la democracia en toda España, fuése y no hubo nada. Eso sí, ocurrió el segundo golpe de Estado desde 1981 apoyado por separatistas ya crecidos en la legalidad, neocomunistas y la inquietante ambigüedad de un PSOE dividido que levantó sospechas.

En Francia hace unos años se dio a luz una serie de televisión que lleva por título Oficina de Infiltrados. En ella, se refleja la realidad del poder de un Estado convertido en fin en sí mismo antes que en medio de servicio a la Nación, y sus métodos indecentes, turbios y manipuladores. Tengo para mí que la España constitucional, que tanto trabajo costó fraguar se ha llenado de infiltrados, propios y extraños, que trabajan por intereses ajenos a los ciudadanos. Tomen nota: el descrédito sistemático de la monarquía, el desprestigio de la Justicia, la purga de los estamentos policiales y su depravación, la ruina de la educación adoctrinante (y hasta con suspensos se aprueban cursos), el desconcierto de la política exterior llena de embajadas traidoras y de defensores de Maduro, el control sectario de las televisiones, las exhumaciones anacrónicas, la mentira sistemática, el uso inmisericorde de las redes sociales…El plan en marcha, no de la segunda transición a una mejor democracia , sino de retorno a una ilusoria República española de naciones, previa amputación de dos de ellas pudriendo incluso la historia de la II República real que nunca quiso eso, conduce nuevamente a una España caótica, como entonces. Es un resumen.

Una vez instalado el caos en la Nación, se irá fraguando un enfrentamiento que sólo se resolverá calzando botas, no depositando votos, como acaba de susurrar, qué tardío, Felipe González. Está claro quiénes tienen organizadas las botas para imponer su orden al desorden provocado. Sin embargo, no está claro quiénes van a defender los votos sin consentir el triunfo del caos zapateado. Creo que haría falta una alternativa nacional de emergencia, con socialdemócratas sinceros y otros demócratas de izquierda incluidos, que pueda votarse. Desde su deseable triunfo, habría que aplicar las reformas que acaben con la confusión, legalmente y sin contemplaciones. O eso, o las botas y ya veremos de quién.

La herencia de la Gran Guerra
 larazon 11 Noviembre 2018

La última guerra europea terminó en 1995. Fue la de Bosnia, que concluyó con un reparto fronterizo basado en la limpieza racial en la que cada parte podía disfrutar de su pequeño Estado sacrificando la convivencia entre grupos religiosos y étnicos diferentes. Pero incluso podíamos llegar a la de Kosovo, también con un viejo protagonista de las guerras europeas, Serbia, cuya paz se selló en 1999, aunque todavía andan ajustando fronteras. Pero si consideramos a los enfrentamientos armados del este de Ucrania de 2014 como algo que nos atañe a los europeos, la independencia de los rusos de Donetsk y la anexión de Crimea por la fuerza –con la intimidación bastó– por Puntin, habrá que aceptar que la paz en Europa es más frágil de lo que parece. En definitiva, todavía se están acomodando las fronteras dibujadas hace un siglo con el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial el 11 de noviembre de 1918.

El escritor Joseph Roth, nacido en Brody, antiguo imperio austrohúngaro, hoy Ucrania –después de formar parte del imperio comunista de la URSS–, pero siempre autor en alemán y judío, dijo ante el panorama que se avecinaba de una guerra total en el corazón multicultural europeo –y entonces no era un mero eslogan–: «Todos los pueblos montarán sus propios estaditos miserables». Eso hicieron y algunos todavía persisten. Hacer prevalecer su origen cultural, su lengua y su identidad propias –saco sin fondo donde se mete todo aquello que le puede diferenciar del contrario– por encima de una entidad política común.

Bajo el principio de que a toda nación cultural le debe corresponder su propio Estado con el único objetivo de crecer y ser fuertes (la «comunidad popular» indestructible de la que Hitler hizo una religión) por encima de las leyes, ideario que hoy vuelve a tener adeptos embebidos por una nacionalismo redentor. Un nacionalismo populista y zafio que esté por encima de la Unión Europea. Stephen Pinker dice que la humanidad vive la época más pacífica de su historia, y probablemente sea así, pero no lo es menos que hay síntomas de los viejos tics que reclaman identidades separadas.

El encuentro entre Angela Merkel y Emmanuel Macron que tuvo lugar ayer en el vagón de Compiègne donde se firmó el armisticio hace cien años entre los aliados –Francia e Inglaterra y Alemania– es más que un gesto: es la voluntad de mantener la unidad de Europa, verdadero baluarte para la paz. Dice la historiadora Margaret MacMillan, una autoridad en la Gran Guerra, que en 1914 nadie se esperaba el inicio de un conflicto de aquellas dimensiones en uno de los momentos más prósperos de Europa y tras un siglo de paz (desde 1815 y las guerras napoleónicas), pero con lo que nadie contaba era con unos dirigentes políticos irresponsables que pusieron la violencia a su servicio para mantener sus posiciones y el predomino de las grandes potencias dispuestas a mover las fronteras a su conveniencia.

Tras aquella inmensa carnicería en la que hubo siete millones de muertos nada volvió a ser igual y ni mucho menos la relación de los gobiernos, sean vencedores o vencidos, con sus propios ciudadanos, que desconfiarán siempre de su ilimitada incompetencia. No se entendería el mundo actual sin aquella sangría y sin los nuevos mapas trazados –por ejemplo, los actuales conflictos en oriente medio–, con el desarrollo de Estados Unidos como potencia global y su pareja de baile representado por el imperio soviético, hoy la vieja Rusia. Bertrand Russell, un pacifista convencido al que le costó la plaza en el Trinity College de Cambridge por mantener su posición, dejó escrito: «Me convencí profundamente de que la mayoría de los seres humanos están poseídos por una honda infelicidad que se desahoga en odios destructivos». Como antes, el nacionalismo sigue siendo la semilla destructiva de Europa.

Tal como son
Errejón ha mostrado a las claras la entraña moral de esta gente
Luis Ventoso ABC 11 Noviembre 2018

Aunque es sabido lo bien que marcha Venezuela, algunos datos ayudan a componer un fresco del país, hoy un Estado fallido. El año pasado el PIB cayó un 17% y la hiperinflación es de récord Guinness (500.000%). Según la OPEP, Venezuela, un país pródigo en dones naturales, alberga las mayores reservas probadas de petróleo del planeta. Pero el nivel de extracción actual supone solo un tercio del de hace veinte años. Los apagones son constantes, el combustible escasea y se registran enormes colas para repostar. Faltan alimentos (con el gran régimen bolivariano el peso medio de los venezolanos ha caído en diez kilos). Los fármacos muchas veces ni existen, llegando a darse el caso de pacientes que ingieren artículos veterinarios. La violencia está fuera de control: 26.616 asesinatos declarados el año pasado y cada día tres menores muertos. Además las ejecuciones extrajudiciales suponen un goteo constante (8.200 solo entre 2015 y 2017, según Amnistía Internacional). «Las fuerzas de seguridad matan a gente de manera injustificada y sin aparentes consecuencias», explica la ONU, que concluye que «el Estado de Derecho está virtualmente ausente». El último escándalo fue la ejecución de un concejal de la oposición lanzándolo desde una ventana de la cheka de los servicios secretos bolivarianos. La consecuencia de semejante catástrofe humanitaria es que 2,3 millones de personas han huido del país. El Banco Mundial acaba de informar de que se han exiliado en Colombia casi un millón de venezolanos.

Pero hay quien considera estos datos poco concluyentes. Íñigo Errejón, madrileño de 34 años, que debería estar fuera de la política por haber robado una beca, pasa por ser la mente templada de Podemos. Es alto, flaquito y con una cara blanquecina y aniñada, con expresión de no haber roto un plato. Ha concedido una entrevista a «The Clinic», un semanario político satírico chileno de corte liberal. Sus respuestas son una empanada conceptual comunistoide más bien ininteligible. Pero cuando le preguntan por el balance del régimen bolivariano se le entiende claramente: «El proceso político de Venezuela ha conseguido importantes avances en una transformación de sentido socialista e inequívocamente democrática, donde se respetan los derechos y libertades de la oposición». Pasmado, el entrevistador le pregunta por la miseria económica (hoy el 90% de los venezolanos son pobres): «Los venezolanos comen tres veces al día», responde Errejón, que también defiende unos quiméricos éxitos de la sanidad bolivariana. Si hay algún problemilla, lo achaca a una oposición retrógrada y a «poderes extranjeros y oligarquías que torpedean a los gobiernos que quieren hacer cambios sociales».

Educación para el rebaño
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  11 Noviembre 2018

La extrañamente portavoz del Gobierno -es difícil encontrar a alguien menos dotado para la función de transmitir con concisión y claridad la labor del Ejecutivo- es también ministra de Educación. Ha anunciado hace pocos días una nueva ley de la materia de su responsabilidad, y ya van nueve desde la Transición, que procede a desmontar la norma anterior promovida por el Gobierno del PP, que tampoco es que fuera una maravilla, y que recupera el modelo igualitarista, permisivo, sindicalizado, fragmentado y destructor del mérito, del esfuerzo y de la búsqueda de la excelencia, tan caro a la izquierda autodenominada progresista. Todos los elementos negativos que se pueden introducir en un ordenamiento del sistema educativo para hacerlo totalitario, ineficiente y mediocre están presentes sin faltar uno en el documento elaborado por el equipo de Isabel Celaá, en palpable demostración de que los socialistas siempre tiran al monte de la eliminación de la competitividad y la calidad en la enseñanza. Eso sí, en un ejercicio de cinismo propio de un Consejo de Ministros y Ministras presidido por un individuo que no sólo no ha escrito su tesis doctoral, sino que hay serias dudas de que la haya leído entera, tras anunciar unas bases para regular la educación completamente inasumibles por la mitad del Parlamento hace una llamada al diálogo y al acuerdo. El inolvidable François Revel ya dejó escrito que la principal fuerza que rige el mundo es la mentira, mucho antes de que se conocieran los conceptos de fake news y de posverdad. Si levantara la cabeza y asistiera a la fulgurante tarea de Pedro Sánchez como gobernante llegaría a la conclusión de que su célebre frase, pese a su inapelable contundencia, puede quedarse corta a la hora de describir las hazañas de algunos.

Cualquier cabeza mínimamente sensata comprende que la sustitución de las reválidas por “pruebas muestrales multianuales”, sin consecuencia académica alguna, rebaja el nivel de exigencia peligrosamente y elimina un incentivo eficaz del estudio y de la fijación de conocimientos. En mi juventud teníamos dos reválidas, que se pasaban en Institutos de Enseñanza Media y donde éramos evaluados por catedráticos de las distintas disciplinas cuyo rigor y objetividad eran incontestables, por la sencilla razón de que no nos conocían ni tenían la menor relación con el centro en el que cursábamos los dos Bachilleratos de entonces, el Elemental y el Superior. Con decir que mi dominio de la Literatura Española fue juzgado por Don Guillermo Díaz Plaja y de Filosofía por Don Joaquín Carreras Artau, por poner dos ejemplos que recuerdo, no hay que añadir más. Lo mismo sucedía con el Curso Preuniversitario, puerta de entrada a la educación superior, cuya prueba se celebraba en la Universidad en análogas condiciones que las reválidas. Cualquier comparación con el coladero de la actual selectividad es simplemente ociosa.

La reducción de la repetición de curso para aquellos que no han superado un cierto número de asignaturas troncales a una figura “excepcional” y la creación de un plan individualizado para este tipo de alumnos equivale en la práctica a permitir que suba al curso siguiente la totalidad de la clase con independencia de su dedicación, destreza y resultados. Una forma irresponsable de engañar a los estudiantes y a sus familias y de condenarles a un probable fracaso en el futuro.

La obsesión sectaria contra la enseñanza concertada es la manifestación de la aversión a la libertad propia de la izquierda. Nuestra Constitución consagra el derecho de los padres a elegir el estilo de formación que desean para sus hijos y la manera concreta de garantizarlo es la pluralidad de oferta, incluyendo, les guste a no a los adeptos a la ideología de género, la separación en aulas distintas de chicos y chicas. Esa es una opción de sus progenitores y no del Gobierno. Al dar preferencia a los centros concertados con integración de sexos y al suprimir la demanda social como criterio de ampliación de plazas, se impone dictatorialmente en no pocos casos la escolarización en la red pública, con absoluto desprecio de la voluntad de los afectados.

Y, por último, el espinoso tema de la asignatura de Religión. Si no es evaluable ni cuenta para nada ni se implanta una materia espejo, pues es de cajón que se la está expulsando de los colegios. En mis tiempos de bachiller, años de 1956 a 1963, cursábamos siete años de religión, el Catecismo en Ingreso y a continuación la Vida de Jesús, el Dogma, la Moral, la Historia de la Iglesia, cada año un contenido distinto de la doctrina católica con un creciente grado de profundidad a medida que avanzábamos en madurez y edad. Con independencia de la actitud de cada uno respecto a lo trascendente en su existencia adulta, el contacto en la etapa escolar con las preguntas últimas sobre el ser humano, sobre los misterios inabarcables del tiempo y la materia, sobre cuál es el comportamiento correcto respecto a nosotros mismos y los demás, sobre la evolución de las relaciones entre el poder religioso y el civil a lo largo de los siglos, son temas de un considerable efecto formativo, que obligan a pensar más allá de lo puramente material o episódico. Es imposible entender la civilización occidental sin una apreciación seria y completa del significado y el peso de la religión en Europa y en el mundo.

La izquierda dogmática y sectaria no tiene el menor interés en una sociedad de ciudadanos libres, alerta, cultos, dotados de discernimiento, capaces de comprender que una subida brusca del salario mínimo es una medida antisocial que expulsa del mercado de trabajo a decenas de miles de personas, que aumentar la presión fiscal y el gasto del Estado en un período de desaceleración económica es un disparate y que desgajar una Comunidad Autónoma de su principal mercado y de su matriz histórica, condenándola a la división y a la ruina, es un crimen político. Para sus perversos fines colectivistas y liberticidas es mejor dirigirse a un conjunto de mentes previamente vaciadas, susceptibles de tragar demagógicas ruedas de molino. El nuevo esquema educativo que nos propone el Gobierno Sánchez es exactamente eso, la transformación del cuerpo electoral español en un rebaño indefenso ante sus impúdicas falsedades.


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Independentismo miserable y peligroso para las libertades

Pablo Mosquera  latribunadelpaisvasco.com 11 Noviembre 2018

Tormenta perfecta. Caos en el Estado de Derecho. ¿Hay algo que inspire seguridad y confianza? Los tres poderes del sistema democrático están pervertidos. La crisis de honestidad o decencia, abarca todo lo que se mueve dentro del espectro de la responsabilidad ante los ciudadanos. Es decir, estamos en una etapa negra en la que no hay asidero ante la zozobra en la sociedad civil, que se ha quedado, en el mejor de los casos paralizada por las noticias, y en el peor asume la indecencia como una realidad descontada por el mercado y con la que se debe convivir en un ejercicio que navega entre el cinismo y el pragmatismo.

Y de inmediato los independentistas aprovechan para justificar su desprecio hacia España. Como si no hubieran constituido en su Cataluña un régimen corrupto, embustero y xenófobo. Mezclando las churras con las merinas, tratan de esquivar a los tribunales que les aplican la ley por la declaración unilateral de la República Catalana precedida con toda suerte de "presiones" a inventario de un golpe de Estado que movilizó a sus huestes en las calles. Que alguien me diga si lo que vimos en directo o diferido a través de la televisión en aquellas fechas no dio miedo a los españoles, tanto los que residen en el antiguo condado del reino de Aragón como a los que residimos en el resto de España.

Pero si tienen dudas, no hay más que hacerse, a través de Internet, con el contenido del Sumario 1/2018 de la Audiencia Nacional, desde el Juzgado Central de Instrucción nº3, y en concreto en la Sección Primera de la Sala de lo Penal. Pone los pelos de punta, viendo para qué sirvieron y a quién el "valeroso" cuerpo de la Policía Autónoma Catalana -Los Mossos de Escuadra-.

Los sucesos que protagonizaron por activa y por pasiva entre septiembre y octubre del 2017, con instrucciones de obediencia debida a la cadena de mandos, muestra lo peligrosos que pueden ser más de diecisiete mil funcionarios de la Generalitat armados y competentes como policía integral; todo ello pasándose por el arco del triunfo las resoluciones del Tribunal Constitucional, del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y de los diferentes juzgados interesados con los sucesos que se vivieron en Cataluña durante el denominado "proceso". Claro que el primero en actuar cuan felón fue el representante legal del Estado español en Cataluña, es decir, el Honorable Presidente de la Generalitat, que una vez que tira la piedra esconde la mano, con aquella estrambótica declaración en sede Parlamentaria, y a continuación, suponemos que temiendo la aplicación de la ley contra truhanes y malandrines, salió pitando hacia su exilio; escribiendo una nueva página de "valor ante el enemigo" o reinventado el mito de los acontecimientos sufridos cuando se equivocan apostando por el aspirante de la Casa de Austria, recibiendo los réditos de su conducta en forma de guerra de Sucesión, que nada tuvo de Secesión.

Sin embargo, en las fechas antes citadas sí se contempla la secesión donde políticos con cargos de representación institucional y presuntas asociaciones de la sociedad civil promueven una algarada pública y notoria para instrumentar, por las malas, la independencia de una comunidad autónoma del Estado español. Todo ello con arreglo a un plan que se gesta en el 2012.

Los Mossos son esa fuerza intimidatoria y capaz para de hacer frente a una eventual reacción del Estado español. Estos hechos que relato están contenidos en el "Libro Blanco de la Transición Nacional" redactado desde la presidencia de la Generalitat. Incluso se llega a contemplar la "ampliación de las funciones" del cuerpo de la policía autónoma a modo y semejanza de un ejército.

La implicación de los mandos superiores de la Policía Autonómica de Cataluña en la desconexión de la comunidad con respecto al resto de España es absolutamente real, perfectamente planificada y de enorme valor para la consecución del proceso independentistas. De ahí la conducta que siguieron los efectivos de tal cuerpo policial ante los disturbios y frente a la actuación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Pero no fue sólo una inhibición calculada, es que practicaron seguimientos y oposición a los otros cuerpos de seguridad para intimidar o dificultar las funciones que habían establecido las autoridades competentes frente al dislate, en lo que era un plan urdido como "Plan Ágora".

De la lectura del documento se desprende que el contingente de la policía catalana era un instrumento de la máxima importancia para la implantación de la República a través de un auténtico golpe de Estado. Es más. Cualquiera que lea lo que redacta el documento del Órgano Judicial, no puede caberle dudas sobre la planificación técnica de un golpe de Estado. Otra cuestión es que sigamos anclados en el pasado y las imágenes de los tanques en las calles, con el ejército tomando posiciones y como resultado, enfrentamientos armados con víctimas civiles.


Pues bien, con todo lo que sucedió, ni hay propósito de enmienda, ni se ha detenido el proceso. Tan sólo hay tres novedades. La justicia ha puesto bajo presión preventiva a determinados agitadores. Los mandos de la policía implicados deberán responder ante los tribunales. Y lo más sorprendente. El Gobierno trata de llegar a un acuerdo con los "facinerosos" para conseguir la aprobación de unos presupuestos que son disculpa para no convocar elecciones generales.

Pero sigo asombrado. ¿Cómo es posible que nadie haya calculado los efectos demoledores que pueden tener más de diecisiete mil funcionarios armados y dispuestos a obedecer a los secesionistas frente al Estado y frente a los ciudadanos españoles que no secunden el golpe?.

Ahora entiendo algunas conductas. ¿Quién impidió intervenir los medios de comunicación de la radio y televisión públicas al servicio de la Generalitat con toda suerte de soflamas contra España y en favor del proceso?.

Pues sí. Los mismos que apoyaron -en parte- la aplicación del artículo 155. Pero en una estrategia en la que el Partido del Gobierno se quemaba, no sólo por estar instalados en la absoluta falta de honestidad, también por la inanición en uno de los asuntos más graves que ha sufrido España, desde la guerra civil con la posterior dictadura.

Sánchez Primero, el bachiller de la Moncloa
Pedro de Hoyos Periodista Digital 11 Noviembre 2018

Cuando la sociedad tiene un problema es necesario probar y experimentar políticas, modos y maneras nuevas. Si los resultados son positivos los gobiernos están legitimados para seguir adelante con ellas. En caso contrario se retiran. O deberían ser retiradas. Por el contrario insistir en políticas fracasadas solo puede llevar al fracaso. Repetir conductas, actividades o métodos que históricamente se estrellan contra la realidad no va a cambiar el resultado: seguirán estrellándose contra la realidad: mismas acciones, mismos resultados.

En España tenemos pruebas de que el asentimiento continuo a las políticas nacionalistas no los aplaca, no los satisface ni los… “reeduca”, entiéndanme esta palabra en el más democrático de los sentidos. Aznar habló catalán en la intimidad cuando le convino. Zapatero prometió que “Madrid” aceptaría lo que saliera del Parlament cuando los catalanistas quisieron reformar su estatuto. Años después los catalanistas han viajado a un extremo ideológico sin sentir nunca colmadas sus aspiraciones, en ninguna república del mundo, real o fantasmagórica, existiría una clase política racista, clasista y excluyente. Quizá, no sé, en Burundi o el Congo. A pesar de lo cual Sánchez Primero se dispone a repetir la política de concesiones inútiles de sus antecesores.

Los fracasos educativos de España son evidentes, tanto los meramente instructivos como los formativos o más puramente actitudinales. Sufrimos un torbellino de leyes rápidamente sustituidas por otras leyes que serán rápidamente sustituidas por otras. Una y otra vez. A pesar de lo cual Sánchez Primero lo va a volver a hacer. Una nueva ley de Educación, que durará lo que la legislatura, nos amenza.

En esas leyes se ha ido eliminando paulatina e incesantemente las exigencias de trabajo, de nota o de respeto, facilitando la tarea de los alumnos menos destacados, igualando a todos en medida de los alumnos menos preparados. Se dejó de buscar y apoyar la excelencia, subestimándola. Incluso hubo un tiempo, recordémoslo, en que todas las notas se reducían a un “Progresa Adecuadamente”. Salvo unos enigmáticos símbolos “+” que señalaban los factores en que destacaba el alumno. Del clásico aprobado raspado al sobresaliente todos progresaban adecuadamente. Sin distingos ni diferencias, no se me fueran a “traumar” los más burros o menos esforzados, pobricos.

A pesar de los negativos resultados que están en boca de cualquiera, desde la barra del bar hasta las estadísticas más fiables, el gobierno permanece en la misma senda que ha producido resultados despreciados por todos. Ahora los alumnos que tengan un suspenso en el bachillerato tendrán igualmente el título. Como si hubiesen estudiado, como si hubiesen trabajado, como si se hubiesen esforzado. ¿Estudiar, para qué? Sánchez Primero de la Moncloa.

Repetir las mismas acciones una y otra vez conduce a los mismos resultados. Da igual el nombre, las ideas o la tendencia de los gobiernos.

La 'catalanización' valenciana
EDITORIAL El Mundo 11 Noviembre 2018

Del mismo modo en que el nacionalismo vasco -y muy especialmente la izquierda abertzale- sueña con esa entelequia llamada Euskal Herria que pasa por la anexión de Navarra al País Vasco, el pancatalanismo persigue desde principios del siglo pasado la creación de esa Cataluña grande que engulliría el espacio hasta los lindes murcianos, incluidas las Baleares. Es éste un anhelo político especialmente peligroso desde que los líderes nacionalistas catalanes han mutado en independentistas y su único objetivo es la voladura de España. Por ello, resulta indigerible que en la Comunidad Valenciana cierto pancatalanismo esté reviviendo gracias a la inyección económica de las propias Administraciones públicas, que en esta última legislatura casi en su totalidad están copadas por Compromís y, sobre todo, por el PSOE.

Hasta la pérdida del poder territorial en Valencia de los populares, la más importante organización que aboga por la anexión a esa Gran Cataluña, Acció Cultural del País Valencià, era una plataforma bastante residual a pesar de que desde los años 80 la Generalitat catalana le ha otorgado subvenciones que suman unos 30 millones de euros. Pero la llegada al poder en la Comunidad de los socialistas y de la formación de Mónica Oltra la ha impulsado gracias al generoso riego de fondos públicos. Es una auténtica aberración política y un insulto a los españoles, a quienes ataca ese neocatalanismo.

Jesús Rul: "Ningún gobierno ha luchado contra el adoctrinamiento escolar"
María Jesús Cañizares  cronicaglobal 11 Noviembre 2018

“Es muy grave lo que está ocurriendo con la inspección educativa”. Habla el inspector Jesús Rul, quien en declaraciones a Crónica Global, advierte sobre la posible creación de un cuerpo de inspectores propio en Cataluña. Una antigua reivindicación del nacionalismo que ahora ha recuperado el consejero de Enseñanza, Josep Bargalló. Este inspector jubilado asegura que “ningún gobierno ha luchado contra el adoctrinamiento escolar, presente en el tratamiento discriminatorio de las lenguas cooficiales y el tratamiento nacionalista de las materias curriculares de Ciencias Sociales, Geografía e Historia con un enfoque sectario y deformador de la realidad la nación española”.

A esta situación se añade ahora la reforma de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce) anunciada por el Gobierno español, que deja en manos de las comunidades autónomas la regulación del uso de las lenguas cooficiales, blindando así la inmersión lingüística escolar exclusivamenre e catalán.
Lo que dice la Ley

Según la Ley Orgánica 2/2006 de Educación (LOE), la inspección del sistema educativo es competencia y responsabilidad de las administraciones públicas dentro de sus respectivos ámbitos territoriales. El Gobierno de España conserva una serie de competencias en este ámbito a través de la Alta Inspección, como comprobar el cumplimiento de los requisitos establecidos por el Estado en la ordenación general del sistema educativo en cuanto a modalidades, etapas, ciclos y especialidades de enseñanza, así como en cuanto al número de cursos que en cada caso corresponda, o vigilar la inclusión de los aspectos básicos del currículo dentro de los currículos respectivos y que éstos se cursan de acuerdo con el ordenamiento estatal correspondiente.

La Alta Inspección también debe velar por el cumplimiento de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de sus derechos y deberes en materia de educación, así como de sus derechos lingüísticos, de acuerdo con las disposiciones aplicables.

Para ello, “los funcionarios del Estado gozarán de la consideración de autoridad pública a todos los efectos, pudiendo recabar en sus actuaciones la colaboración necesaria de las autoridades del Estado y de las Comunidades Autónomas para el cumplimiento de las funciones que les están encomendadas”. Y corresponde al Gobierno de España regular “la organización y régimen de personal de la Alta Inspección, así como su dependencia” y los procedimientos de actuación de este organismo del Estado.

"Suárez cedió ante Pujol"
Sin embargo, Jesús Rul afirma que las cosas se hicieron mal desde el principio. “Suárez cedió las competencias en inspección ante Pujol, pero para mantener el control, creó la Alta Inspección, que no tiene funciones supervisoras”, explica. Añade que en Alemania, cuya Constitución inspiró la Carta Magna española, incluso en lo que respecta a la aplicación del artículo 155. Alemana es un estado federal pero la supervisión escolar es estatal: “El sistema escolar, en su totalidad, está sometido a la supervisión del Estado” (art. 3) .

Durante veinte años no ha habido oposiciones en Cataluña para acceder al cuerpo de inspectores, sino concursos de mérito como forma habitual de acceder a un cuerpo al que se debe acceder por oposición. Por sentencia judicial firme esta forma de proceder fue declarada en fraude de ley”, afirma Rul. Según el citado informe de AEB, “el 80% de los inspectores de Enseñanza de la Generalitat son funcionarios docentes que ocupan sus plazas de manera interina (en comisión de servicios), siendo renovados anualmente por la administración autonómica, con algunas pruebas de notable carácter discrecional como proyectos o entrevistas personales. Se les conoce como ‘inspectores accidentales’.

Ninguna otra comunidad autónoma tiene este número de interinos”. A finales de 2017, y por orden de una sentencia judicial, se convocó por fin oposiciones en Cataluña, Extremadura y Baleares.

Una posibilidad contemplada en la LEC
Rul afirma que crear un cuerpo propio de inspectores catalanes es una antigua reivindicación de los nacionalistas y una posibilidad contemplada en la Ley de Educación de Cataluña (LEC) que “con voluntad política podría llegar a ser realidad. Cuando las cosas no se hacen bien desde arriba, se abre la puerta a este tipo de cosas”.

Critica que se haya pasado de un Estado democrático descentralizado a “una atomización de competencias” con problemas endémicos de coordinación, eficacia y eficiencia global del sistema. Defiende que “el Estado debería recuperar la competencia de la Inspección educativa como garantía de supervisión efectiva, garantía de los derechos de los alumnos, coordinación y homologación del sistema educativo suprimiendo la Alta inspección por anómala”.

El inspector afirma que “no ha habido ninguna acción del Gobierno de la Nación ni de la Generalitat” para evitar el adoctrinamiento que se producen en las aulas ni para hacer cumplir las sentencias judiciales que obligan a impartir un mínimo del 25% de clases en castellano. Así lo denuncia el informe “Instrumentalización nacionalista del sistema educativo en Cataluña: el caso del 1 de octubre”, elaborado por la Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB) en Cataluña, que aborda el papel de la inspección educativa durante el procés.

“El ministro del PP tenía un informe al respecto, pero lo escondió. No actuó incluso cuando estaba en vigor el 155. Ahora ha habido un cambio de gobierno y ahora se aplica una política de no molestar, de dejar hacer, mientras que ERC ha asumido las competencias en Enseñanza”, avisa Rul. Considera “muy grave” la situación de “dejar hacer” y “dejar pasar” porque se están conculcando derechos básicos de familias y alumnos y se agranda la brecha de la fractura del sistema educativo en su conjunto que limita la libertad en el ejercicio de los derechos de los españoles".

Rul es impulsor del Proyecto Inspectio, que agrupa a inspectores e inspectoras de educación que defienden el ejercicio de su profesión de forma independiente.

Los CDR "marcan" a agentes de los Mossos en las redes sociales
El separatismo más violento rompe con la policía de la Generalidad, a quien también califica de "fuerza de ocupación".
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 11 Noviembre 2018

Los Mossos d'Esquadra están en el punto de mira de los violentos separatistas. Los Comités de Defensa de la República (CDR) avalados por el presidente de la Generalidad consideran que también son "fuerzas de ocupación", como la Policía Nacional y la Guardia Civil. Las cargas del sábado para impedir que los CDR chocaran con la manifestación de Jusapol, la organización de policías que reivindica cobrar lo mismo que Mossos y Ertzaintza, han vuelto a ser objeto de algo más que críticas.

Los CDR no sólo piden la dimisión del consejero Miquel Buch (nada dudoso de veleidades autonomistas) sino que han empezado con los señalamientos con nombres y apellidos en las redes sociales contra los agentes autonómicos. Es el caso de un subinspector de los Mossos al que los separatistas acusan de torturador.

Según la "lógica" de los CDR, los Mossos deberían haber facilitado que medio millar de violentos chocaran con una manifestación de mil quinientos policías para demostrar que no están al servicio de la Guardia Civil y la Policía Nacional. Los Mossos no se distinguieron el sábado por una especial contundencia, si bien realizaron un par de cargas que los separatistas difunden como una muestra de "brutalidad policial" de los "cómplices" de la Guardia Civil y la Policía Nacional.

El cuerpo policial autonómico está a la expectativa del juicio al "major" Josep Lluís Trapero en la Audiencia Nacional por el intento de linchamiento de una comitiva judicial y la actuación de los Mossos durante el referéndum ilegal. Unos setenta mandos y agentes son investigados en diversos sumarios abiertos en Cataluña por el 1-O, los mandos y agentes separatistas mantienen intacto su prestigio, pero crece el malestar laboral entre los agentes.

Pieza clave de la rebelión
En un año, los Mossos han pasado de ser pieza clave en la rebelión separatista, "fuerza intimidatoria" según el escrito de la Fiscalía, y héroes de la "república catalana" a recibir pedradas y no merecer la señera que portan en el uniforme, según les gritan a la cara los cachorros del movimiento separatista. Han bastado tres actuaciones (dos para evitar que reventaran sendas manifestaciones de policías y otra para impedir el asalto al "Parlament") para que se haya roto el idilio entre el separatismo y la Policía de la Generalidad.

Según el escrito de la Fiscalía del Tribunal Supremo, el concurso de los Mossos fue imprescindible para la celebración del referéndum. El texto fiscal sintetiza el particular "modus operandi" impuesto por Trapero a través de una circular interna a la que se dio publicidad en la que advertía a los agentes de "la necesidad de actuar conforme a los principios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad".

Operativo ridículo
Tal consigna se tradujo en un operativo destinado a facilitar la celebración del referéndum, según la descripción de la Fiscalía: "El dispositivo del Cuerpo de Mossos d'Esquadra movilizó unos 7.000 agentes, cuando en jornadas electorales normales eran movilizados unos 12.000. Las fuerzas policiales se repartieron de manera ineficaz, pues distribuyeron los agentes disponibles, no en el sentido de poder garantizar el cierre de los grandes centros de votación, sino en el de garantizar la presencia de al menos dos agentes en cada uno de los 2.259 centros de votación existentes, muchos de los cuales -se ha calculado que unos 297- ni siquiera llegaron a abrir sus puertas en la mañana del día 1 de octubre, lo que inutilizaba de facto casi a 600 de los agentes desplegados, al no haber recibido instrucciones para desplazarse a otros lugares más conflictivos".

Vigilando a los "compañeros"
La Fiscalía apuntó también el papel de algunas parejas de agentes autonómicos: "Incluso en algunos centros de votación fue la propia dotación de los Mossos d'Esquadra la que se enfrentó con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para impedir que estos clausuraran el centro.

También se ha acreditado la existencia de efectivos de Mossos d’Esquadra que vigilaban los movimientos de las Unidades del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil, su salida de los lugares donde estaban concentrados y prevenían de su llegada a los centros de votación. (...) En resumen, el auxilio y la colaboración de los Mossos d’Esquadra fue determinante para la celebración del referéndum y la producción de los graves sucesos que finalmente acaecieron, pues lejos de cumplir el mandato judicial al que venían inexcusablemente obligados por imperativo legal, optaron por sujetarse a las directrices de los responsables políticos de la Generalitat, poniendo a disposición de los mismos y de sus ilegales propósitos secesionistas todo el poder coactivo que representaba un cuerpo policial armado y muy numeroso en efectivos (unos 17.000 miembros aproximadamente)".

Tabla rasa y agentes apolíticos
Los separatistas han olvidado ya los servicios prestados por la policía regional. Ya no hay escenas de confraternización ni aplausos a las dotaciones de los Mossos por parte de los asistentes en las manifestaciones que organizan la Assemblea Nacional Catalana (ANC), Òmnium y los partidos nacionalistas.

Los agentes, por su parte, protestan por sus condiciones laborales, por el impago de horas extra y por la utilización política del cuerpo. Se manifiestan sin banderas y vestidos de negro, dicen que son apolíticos, aplauden a sus compañeros de la Policía Nacional y reclaman un mando ajeno a las presiones de los partidos nacionalistas.
 


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